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Korad

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Material Information

Title:
Korad
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Korad
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
quarterly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin America -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - K31-00007-n06-2011-10
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System ID:
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Korad.
n No. 6 (October, 2011)
260
Havana, Cuba:
b Korad
October, 2011
310
Quarterly
650
Science fiction, Latin America
v Periodicals.
Science fiction fiction
Periodicals.
1 773
t Korad.
4 856
u http://digital.lib.usf.edu/?k31.7



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DOSSIER Agustn de Rojas Editorial El pasado 11 de septiembre falleci victima de un paro cardio-respiratorio Agustn de Rojas Anido, el ms entraable de los escritores de ciencia ficcin de la isla. Queremos que este nmero especial sea un humilde tributo a Agustn, no solo de parte de los que hacemos Korad y de los integrantes del taller literario Espacio Abierto, sino de todos los escritores y lectores de la ciencia ficcin en Cuba. Y es que el legado literario de Agustn no se desvanecer con su prdida fsica, vivir siempre en el humanismo y los valores ticos de sus personajes —ya sean estos astronautas de un futuro que hoy nos puede parecer improbable o el humilde carpintero de Nazaret—, en la calidad de su prosa y la brillantez de sus ideas. ¡Gracias por todo, Maestro! Consejo editorial Editor: Ral Aguiar Co-Editores: Elaine Vilar Madruga, Jeffrey Lpez y Carlos A. Duarte Correccin: Zulln Elejalde Macas y Victoria Isabel Prez Diseo y composicin: Ral Aguiar Seccin Poesa: Elaine Vilar Madruga Seccin Cmics: Eric Flores Redaccin y Administracin: Centro de Formacin Literaria Onelio Jorge Cardoso. 5ta. ave, No. 2002, entre 20 y 22, Playa, Ciudad Habana, Cuba. CP 11300 Telef: 206 53 66 e-mail. revistakorad@yahoo.com Portada y contraportada: Fotomontaje de Ral Aguiar Korad es un Proyecto Editorial sin fines de lucro, patrocinado por el Taller de Fantasa y CF Espacio Abierto y el Centro de Formacin Literaria Onelio Jorge Cardoso. Queda terminantemente prohibida su venta. Se autoriza su copia y redistribucin de forma ntegra. Las opiniones vertidas en las pginas de Korad son ex culsiva responsabilidad de los autores, no de los editores del ezine.

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ndice: Encuentros lejanos con un amigo Dana Chaviano / 4 Ha muerto el hijo del Dragn Victor Hugo Prez Gallo / 5 Adios a Agustn. Leonardo Gala Echemenda / 6 Espiral (fragmento). Agustn de Rojas / 8 Entrevista inconclusa a Agustn de Rojas Anido. Yoss / 14 De la eticidad en las novelas de Agustn de Rojas / Ral Fidel Hernndez Capote / 22 Una leyenda del futuro (Fragmento) Agustn de Rojas / 26 Triloga de anticipacin: Reflexiones y aflicciones. Anabel Enrquez Pieiro / 30 Falleci Agustn de Rojas, el ms import ante novelista cubano de ciencia ficcin Anabel Enrquez Pieiro/ 34 El ao 200. Kevin Fernndez Delgado / 35 Agustn de Rojas: el honor de la ciencia ficcin cubana Denis lvarez Betancourt/ 36 A la muerte de Agustn de Rojas. Gina Picart / 39 Ao 200. Entre la utopa y la quimera. Javiher Gutirrez Forte / 41 Agustn de Rojas o la paradoja de una anticipacin. Rubn Artiles / 44 El ao 200 (fragmento) Agustn de Rojas / 48

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Encuentros lejanos con un amigo Dana Chaviano No puedo recordar la ltima vez que habl con Agustn de Rojas, a pesar de que charlamos centenares de veces… o quizs precisamente por eso. Por mi memoria pasa n, fugaces y mezcladas, tantsimas conversaciones a la sombra de portales, parques y encuentros literarios, en La Habana, en Santa Clar a, en San Antonio de los Baos, y en otros sitios que los aos han borrado de mi mente. No pue do separar unos dilogos de otros porque nuestra amistad fue siempre un dilogo infinito, interrumpido finalmente por mi salida de la isla. Siempre cre que retomaramos la conversacin donde la dejamos. Hoy, al enterarme de su muerte he vuelto a hojear pa rte de la correspondencia que nos cruzamos cuando yo viva en Cuba, en una poca en la que Internet y el correo electrnico dorman el sueo de la ciencia ficcin. Descubro de nuevo los argumentos olvidados, las hiptesis, las ideas acerca de proyecto s que nunca vieron la luz (o quizs estn engavetados, confundidos entre esas novelas que, segn he ledo ahora en Internet, escribi y jams public?). Expona sus razones con una lgica incisiva y pe rseverante, intentando convencer al oponente; y si no lo lograba vencerlo con su ingenio, al menos lo consegua por cansancio. La nica vez que recuerdo haberlo persuadido de algo sin necesidad de argumentar mucho fue cuando, despus de haber formado parte del jurado que le otorg el Premio David de Ciencia Ficcin, logr que cambiara su nombre de nacimiento (Agustn Rojas Anido) por un nom de plume que me pareca ms memorable para los lectores. Despus de aquella primera y que yo recuerde nica victoria fcil en un debate con l, el resto de nuestras conversaciones fueron un maravilloso e interminable dilogo donde buscbamos nuevas rutas para ampliar y desafiar las ideas del otro. Por ello, la suya fue una de las amistades ms enriquecedoras de mi vida literaria. Sospecho que, si la reencarnacin existe, ahora mismo debe estar haciendo el repaso exhaustivo de su vida, junto a sus guas espirituales, antes de decidir dnde y cundo regresar para continuar ese eterno aprendizaje del alma. Casi puedo verlo, volviendo locos a esos pobres seres de luz, mientras les hace el detallado recuento de su paso por este mundo y les explica los pormenores de su ms reci ente existencia, relatando cmo cumpli lo que se haba propuesto. Estoy segura de que, a diferencia de otras alma s, la suya retornar pronto. Con su humilde sonrisa y su infinita agudeza, su espritu no tardar mucho en agotar y vencer a sus propios maestros persuadindolos de que ya es hora de enfrentarse nuevamente a los molinos de viento.

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Ha muerto el hijo del Dragn Victor Hugo Prez Gallo “Este libro est dedicado a quienes eligen el miedo”, fue la primera frase que le del grueso volumen qu e mi abuela me regalaba por mi cumpleaos en la lejana tarde de 1992. Un ao de penurias que yo, un adolescente con los ojos siempre listos para el asombro, no me percataba desde el mundo de utopas que haba construido sobre mis libros. Cuando mi abuela iba a la Habana, metrpoli de mis sueos en aquel entonces, mis primos le pedan caramelos, ropas, flautas de juguete; yo le peda libros, preferentemente de ciencia ficcin. As me fui haciendo una pequea biblioteca que aument con los aos en ese perdido poblado del norte de Camagey que se llama San Miguel del Bag donde pas parte de mi infancia, correteando entr e ruinas de trochas espaolas e historias de los mambises. All supe que el pueblo lo haban quemado dos veces los insurrectos, all le con fascinacin, con horror infantil, ese libro que en mi opinin es un clsico poco re conocido por la crtica cubana: El ao 200 Una novela que sera un clsico en cualquier lugar del mundo. Yo me haba ledo con fruicin a casi todos los escritores soviticos de ciencia ficcin, los hermanos Strugatsky, Vladimir Savchenko, Alexander Kasantzev, Evgueni Lukin, entre otros tantos; hab a ledo “Alien el Octavo pasajero”, “los Mercaderes del Espacio”, alguna que otra vez haba hojeado una edicin b ilinge blgara de cuentos de ciencia ficcin y reledo la excelente obra de Karel Capek. Haba le do hasta la saciedad a los escritores cubanos entre los que sobresala Oscar Hurtado por su sincretismo de las leyendas universales y cubanas y la ciencia ficcin, claro que la palabra sincretismo la aprend despus, en la universidad. Pero el ao 200 era otra cosa: era un desafo a mi inteligencia adolescente, era un mundo nuevo construido de tal forma que era cierto, no haba podido ser de otra forma. Despus he tenido la oportunidad de leer obras que se le acer caban estilsticamente, en solo un mes cuando pasaba un postgrado en Barcelona apro vech y me le Philip K. Dick casi comple to, pero nunca he sentido de nuevo las sensaciones de la lectura de la novela El ao 200 y sus descripciones de un mundo futuro. Una novela apenas mencionada en la actualidad y que merece una reedicin de lujo. Comenc a preguntarme quin era ese autor. Supe que era de Santa Clara; alguien me dijo que tena otras obras, las busqu, las devor. En alguna librera de libros viejos, aos despus, me vendieron “El Publicano”. Yo era un estudiante de la universidad que iba a escuchar hablar de Platn y Descartes con los zapatos cosidos con alambre y que dio sus ltimos dineros para poder leerse la historia de un Cris to, acaso ms humano que el bblico, escrita por Agustn Rojas. Ya quera conocerlo, porque sus libros a lo largo de los aos haban sido mi acicate para escribir, para no decaer ante las miserias humanas, eran un aliciente para po der seguir viviendo en el lodo de la vida cotidiana. Y siempre pospona mi viaje a Santa Clara, donde amigos que ridos me invitaban. Me deca que podra ir el mes que viene, el ao que viene, el siglo que viene. En estos das termin una novela que me hubiera gustado que l leyera, y expresarle, como le dije en sueos muchas veces, que admiraba su obra y su vida de hombre recto y fabuloso. Pero no tuve tiempo. De repente, en estas tardes lluviosas de septiembre del 2011, mi abuela que me cri y Agustn de Rojas ya no existan. Me haba quedado solo, agarrando con fuerza El ao 200 y deseando que no fuera cierto, anhelando que su muerte solo fuera una ms de la s fantasas que yo lea cuando era adolescente. Septiembre y 2011

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Adis a Agustn Leonardo Gala Echemenda Tomado de http://bajavel.blogspot.com Fotos: Actividad de la Pea La Piedra Lunar, Santa Clara, julio de 2011. “Conoc” por primera vez a Agustn mientras cursaba el onceno grado en la Lenin. Recuerdo que una amiga me prest Una leyenda del futuro porque saba que a m lo que me gustaba de verdad eran los libros de ciencia ficcin dura “y este s que est bueno, Leo, de verd ad que no es como otras cosas que andan por ah”. Decir que me gust aquel libro, con su portada verde y hojas amarillentas, sera decir bien poco. Me atrap desde la primera pgina, esa misma tarde me lo le de punta a cabo, al da siguiente lo rele, y apenas sal de pase me llegu a la calle Obispo, para comprar en la librera "La Moderna Poesa" mi propio ejemplar; que luego prest y prest, hasta que no regres a mis manos. Eran otros tie mpos, claro; los libros valan centavos, las tiradas eran inmensas, y todava en "La Moderna Poesa" un estudiante de preuniversitario poda pagarse el libro que quera, sin comprometer el salario que ganaban sus padres. Mejor an, aquellos eran aos en los que pod a encontrarme en librera (con mucha mayor frecuencia que hoy), un libro de los que quieres conservar por el resto de tu vida; sorprenderme con el hecho de que era obra de un escritor de mi pas; y (¡adems!) descubrir, leyendo la nota de contraportada, que el libro que tena en mis manos era ya el segundo ttulo publicado por su autor, bilogo y santaclareo para ms seas; y que con el primero se haba ganado nada menos que el Premio David de CF de 1980. Quin era aquel Agustn de Rojas Anido? Cmo haca alguien para poder escribir as? De dnde se sacaba a personajes como Gema, Isanusi, Thondup, Alix, Pa vel, y Kay? Cmo poda describir tan vvidamente a un grupo de adolescentes del futuro; y luego matarlos, mutilarl os, enloquecerlos, enfrentar a los sobrevivientes entre s; y todo eso tan lejos de Audo, el mentor bondadoso y “conflic tivo” de la Academia Pre-csmica, pero a la vez tan cerca de su sombra tica...? *** Sigo todava hoy sin encontrar una respuesta satisfactoria a todas estas inquietudes sobre su escritura; pero como lector, aquel primer encuentro con su prosa me dejar a la costumbre por aos de agobiar a mis amigos con dos preguntas. La primera, "sabes si ya sali el tercer libro de Agustn de Rojas?" La segunda, "quin tiene Espiral …?" En 1990 sala publicado El ao 200 la que en mi opinin es, adems de su mejor novela, la obra ms conseguida de la ciencia ficcin cubana Agustn daba rienda suelta en ella a todo su potencial imaginativo, y regalaba a sus lectores un verdadero texto de culto, en el que se prodigaba en maravillas tecnolgicas, magistralmente insertados en un entorno de utopa social. Valgan tan solo dos ejemplos de cuan buena poda ser su fabulacin estructurada: las Pu ertas teletransportadoras y el Ovo; adelantos posibles gracias a la Isogravtica, a una ciencia “no comprensible para humanos normales”; as como las mejoras aceleradas de la mente de los cibos, producto de la remodelacin de sus funciones cerebrales. Pero l no se detena all, en los artilugios y las ventajas tecnolgicas. Su mundo, avanzado en todos los rdenes, estaba surcado por profundas grietas estructurales. En su Tierra, a pesar de tantos avances, habitaban comunidades envueltas en la incomprensin, la desidia, el odio, y las actitudes retrgradas. Todo eso a solo 200 aos de haber sido borrado de la faz de la Tierra el Imperio del capital. Quizs precisamente por ello… Veinte aos despus, todava sigo viendo en este libro la mejor muestra de la vocacin altruista de su autor, de su deseo de querer alertar, a quienes construan una sociedad ms justa, del peligro de creer que se ha construido el mejor de los futuros posibles, y perder as de vista que el progreso humano carece de ltima etapa. Cargado de cierta ingenuidad poltica, no era El ao 200 un libro perfecto, pero s era un libro honesto. Honesto como su autor, quien, tras publicarlo, decidi no contin uar escribiendo para su universo imaginado, pues senta que ya no poda extrapolar al futuro el entorno social en que vi va, de forma creble, tras aquella estrepitosa cada de la Unin Sovitica, y sus satlites po lticos en la Europa del Este. Pasaron algunos aos ms, y casi a mediados de los 90, mientras cursaba la carrera, por fin pude tener en mis manos aquel libro que ya crea mtico, de tanto que lo haba buscado sin enc ontrarlo (y que todava conserva casi intacta su fama de incapturable, por cierto). Estudiando un da en la Biblioteca Nacional consult el catlogo y… s, all estaba Espiral Lo ped, me sent en el rea de consultas (no era posible sacarlo en prstamo), y lo le con la

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misma necesidad de llegar al final con que haba ledo aque l primer libro suyo que me prestara mi amiga en el preuniversitario. Me lo le de un tirn, como si no tuviera una prueba a la semana siguiente; ni hambre por no haber desayunado aquel da; ni los inevitables problemas con el tr ansporte para llegar a mi ca sa en Alamar, si abandonaba la Biblioteca ms tarde de lo que haba previsto. Y s. Era muy buen libro Espiral. Me gustaban ms los otros que venan despus, aquellos que ya tena en mi casa, y que para entonces ya haba reledo varias veces; pero este primer libro suyo era realmente bueno. Ah estaban sus preocupaciones s obre tecnologa y tica, y sobre cmo hacer renacer un mundo devastado que se recibe como herencia del egosmo. All me esperaba Mila, precursora de Gema, y de Alice “Ojos Bellos” Welland. Y ah estaba su innata habilid ad para la especulacin cientfica. Aquella pasmosa imaginacin, que justo aqu empezaba a construir la cr onologa fragmentada de un tiempo en el que lidiar con las leyes de la ciencia, y con las de la sociedad, sera una tarea extremadamente dura, pero necesaria, en el camino del desarrollo social. En el 2000, conoc que se haba creado un Taller Literario con el nombre de esta primera obra suya, y no pude menos que coincidir con la eleccin, sin haber conocido todava a sus integrantes. *** Conoc finalmente a Agustn en el 2009, durante una de las sesiones del taller Espacio Abierto, cuando este sesionaba en la Casa de la Cultura del municipio Playa. Recuerdo vagamente que, en cuanto pude reaccionar de la sorpresa que me caus su llegada, exig cierto derecho de fantico honorario, o algo as; para mantenerme a su lado durante todas las fotos que le hicieran. Eran de masiados aos esperando poder verle en persona. Al terminar el taller, recuerdo que caminamos juntos de regreso, y que al final nos quedamos hablando un poco ms, mientras l esperaba la guagua que lo llevara al Vedado. Se sorprendi mucho de que tuviera en mi casa hasta su ensayo Catarsis y Sociedad (“hermano, y dnde t encontraste es o?”, me pregunt, rindose como un nio que no puede creer lo que le dicen). Desvariaba un poco a veces; me pareci que en parte era la edad, y en parte tambin la costumbre de mantener bien atado el hilo de sus argumentos. Le pregunt por algunos pasajes de sus libros, cosas que siempre me haban intrigado mientras re lea sus novelas (cosas algo picantes, por cierto), y me agrad compartir con l, por un rato, uno de esos momentos que slo puede apreciar un fan de toda la vida. Me cont que planeaba una continuacin de El Publicano ; y que conservaba el deseo de seguir escribiendo novelas de CF, y en el mismo universo de su triloga. Finalmente nos dijimo s adis. Yo todava tena mucho que preguntarle, pero la verdad es que l se notaba cansado, y ya deba regresar a casa de su hija, as que nos despedimos. Al rato de marcharse me di cuenta que no le haba dicho que, en mi cuento Ed Dedos todo el asunto de la nave que se accidenta con “un siderolito improbable” lo haba escrito recordando aquel primer libro suyo que lleg a mis manos, Una leyenda del futuro… El pasado domingo 11 de septiembre, a las 7 de la tarde, muri Agustn de Rojas Anido. Se ha ido de repente el que fuera por aos y aos mi autor preferido de CF; preferido por su prosa impecable, no por el “natural” chovinismo de haber nacido ambos en esta isla caribea. Se fue el Agustn que se gan, con su imaginacin, con sus personajes, con lo perentorio de las situaciones en que los colocaba; un lugar especial entre mis preferencias literarias, a la misma altura extrapola tiva y emocional de Bradbury, Orwell, Le Guin y Gibson. Que se lo gan por salir siempre en busca del ser humano, sin importarle lo escondido que pudiera estar. Y tambin por tener tiempo para echarle una mano a todo el que pudo, como atestiguan sus amigos y colegas de Santa Clara; ciudad de la que nunca se march. Una de sus ltimas fotos, de hace solo algunos das (tomadas en la pea que dirige el escritor Lorenzo Lunar, precisamente en Santa Clara), muestra a un hombre que se aleja, protegindose del sol con una sombrilla oscura llena de estrellas. En cualquier foto de otra persona, el detalle lo considerara un mero accidente. Una sombrilla, y un patrn de figuras que, por azar, hacen refere ncia a la imagen que tenemos culturalmente de los astros. Casualidades de la vida, no ms. Con Agustn, en cambio, pienso que regresa a la constelacin de donde vino…

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Espiral (Fragmento) —Es del conocimiento de todos que se encontr entre los restos de Gazel un manuscrito de considerable extensin, afortunadamente intacto; lo que quizs no sepan es su contenido... No se trata de la copia de un libro precatastrfico, como se supuso inicialtnente, sino un aut ntico diario cuyas ltimas anotaciones llegan hasta la decisin de Gazel de acercarse a la Base. Pueden comprender lo que esto significa; ahora disponemos de un testimonio de primera mano sobre un grupo de sobrevivientes prcticamente invalorable. Otra suposicin inicial, que la vida solitaria de Gazel se debi a la expulsin de su comunidad de origen por su peculiar fenotipo, se revel igualmente errnea; segn lo expuesto en su diario, fueron disensiones puramente internas las que lo obligaron a abandonar su grupo, integrado totalm ente por hombres y mujeres araa. Alma se detiene; observa los rostros sorprendidos ante ella. Conseguido e! efecto; ahora a aprovecharlo. —-Debemos confesar que nos asalt la duda; la imagen dada por el diario no sera una forma de compensacin sicolgica por su soledad? Haba que comprobarlo. El anlisis efectuado demostr una coherencia interna total: dado el nivel de conocimientos de Gazel, le hubiera sido imposible crear un universo tan real. Para eliminar cualquier resto de duda, decidimos aprovechar la precisin de las indicaciones geogrficas del diario y reconstruir a la inversa su recorrido hasta llegar al punto de partida: la isla del ro donde habitaba su grupo. Y se encontr.... Alma espera a que cesen los murmullos. Alexandr supo guardar el secreto; hasta Wu se muestra sorprendido.

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—El examen de los restos seos encontrados confirm el manuscrito; la comunidad de hombres araa existi... Aunque tememos que haya desaparecido definitivamente; la exploracin revel tambin rastros de una crecida excepcional del ro, ocurrida hace diez o doce aos, y pese a los esfuerzos de Alexandr no se ha podido localizar su nuevo emplazamiento. En todo caso, se ha confirmado la veracidad de ese importante aspecto. Lgicamente, surge una cuestin: Cmo pudo aparecer en un periodo tan breve, en trminos relativos, un grupo numeroso y homogneo de seres humanos con un fenotipo tan altamente diferenciado? Tratamos de encontrar la explicacin en el propio diario; all se registran con detalle lo s recuerdos de un anciano llamado Obeu, que se remontan hasta los aos 60-65 despus de la Catstrofe... Sorprende ntemente, vuelve a surgir el mismo cuadro: una comunidad formada exclusivamente por hombres araa, e inclusive mayor que en tiempos ms recientes... No se puede dudar de la cronologa. Gazel se caracteriza por su extremada precisin en este aspecto; formaba parte de sus deberes como hombre-sabio de su grupo el llevar el registro exacto del tiempo. Gracias a l, se ha podido precisar la fecha de la Catstrofe con un margen de error de un solo da; ocurri cuarenta y seis das despus de la partida de la Altair rumbo a Aurora... Regresamos al tema; la pr imera hiptesis propuesta... A corta distancia de los ojos, las ramas oscilan, movidas por la leve brisa... Cuidadosamente, las separa; all est el pueblo de los extraos. Adentro, siente crecer mezclados temor y curiosidad, dnde estn ellos? De algn lugar impreciso, llega el conocimiento: all, en la choza grande. Edificio Principal? Su avemente, deja cerrarse las ramas. Una inexplicable sensacin de angustia brota, crec e, lo inunda, lo hace dar media vuelta, adentrarse en la intrincada vegetacin... —El anlisis probabilstico no deja lugar a dudas: absolutamente imposible. Haba que tomar otro punto de partida... Derek sacude la cabeza: Otra vez? No hay dudas: la causa es el estar escuchando esta conferencia sobre los hombres araa... Imposible irme; Alma se ofendera, quizs tenga que aclarar algunas dudas. Apretando firmemente las mandbulas, vuelve a concentrarse. —Quizs nos adelantemos a la prxima exposicin de Dere k sobre la estructura social y evolucin histrica de los hombres araa; mas es imprescindible un somero esbozo de la historia descubierta medi ante el diario. En tiempos de la infancia de Oben ocupaban una zona boscosa... Sobre el mapa aparecido repentinamente en la pared, el puntero de Alma traza un crculo: —Aproximadamente aqu: Exista otra colectividad que le disputaba el rea en cuestin; muy posiblemente, hombres de fenotipo ms normal, segn la descripcin de Ob en. La lucha concluy con una sangrienta derrota de los hombres araa; se vieron obligados a abandonar el terreno en disputa y huir, siguiendo esta ruta... El puntero serpentea por la pared-mapa. —Atravesaron una ruta expuesta a ocasionales nubes de polvo radiactivo; muchos perecieron, tanto por enfermedad como por hambre. Prcticamente no hay recursos alimenticios en este trecho... Lograron alcanzar las riberas de este ro; se instalaron en las cavernas situadas en el acantilado de la orilla izquierda, adoptando una economa fluvial basada en la pesca y captura de peces y pequeos crustceos; al parecer, haban encontrado la paz. A orillas de este ro naci Gazel. No haba pasado su pr imera infancia, cuando surgi otro nuevo peligro: una invasin gradual de roedores mutados, que denominaron rata s rojas. Organizadas, altamente agresivas, a medida que su nmero creci, aumentaron correspondientemente los daos: devoraban las reservas alimenticias del grupo, los nios, ancianos y en general a cualquiera que se encont rara desvalido. Tuvieron que abandonar su emplazamiento por segunda vez; bajaron por el ro en balsas, hasta encontrar un islote de mediana extensin, en donde estaban a salvo de sus ltimos enemigos. All no termina la historia. Poco a poco, se hace perceptible un nuevo fenmeno que amenaza directamente el futuro del grupo; la fecundidad disminuye, verticalmente, aumentan los recin nacidos anormales... Delicadamente, pasa los dedos delgados por la faz de la mujer yacente: con una dbil sonrisa, Ana abre los ojos. Levanta con torpeza el tronco, bebe vidamente el agua ofrecida, hacindola derramarse por los bordes irregulares de la cncava corteza. La vi sin del cuerpo hinchado provoca una ol eada de piedad; se estremece. Ahora la enferma devuelve el gesto afectuoso; levanta el largusi mo brazo, pasa los seis dedos trmulos por su cara... —... segunda hiptesis: a partir de los datos encontra dos en el Instituto de Investigaciones Especiales...

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Ana? S, indudablemente era Ana: la compaera de Gazel. Dnde estarn ella y su hija Mila? Una verdadera lstima que la bsqueda fuera en vano: Se guramente vieron morir a Gazel; habrn huido a toda velocidad... Terminamos demasiado tarde la traduccin de l diario; perdimos la oportunidad de ayudarlas. Y su situacin debe ser verdaderamente desesperada; por lo visto en el diario, Ana est gravemente enferma, al parecer una disfuncin renal. Podr su hija, la deforme Mila, as egurar la sobrevivencia de las dos? Altamente improbable... La alucinacin ha tomado una forma singular, pero no le falta lgica: reproduce la dramtica situacin de la ms perjudicada. Mila, la tarada hija de Gazel. Apenas diec isis aos, sola con su madre enferma, todo a causa de nosotros... En comparacin con esto, la muerte de Gazel es algo intranscendente: Un verdadero golpe bajo del subconsciente... Basta de divagar, atendamos a Alma. —... cuatro variedades de Virus, dirigidas especfica mente contra el hombre: el H-l, que acta bloqueando los procesos de fosforilacin oxidativa; la muerte se produce en un plazo de 10 a 12 horas como mximo. El H-2, que interfiere en los mecanismos de duplicacin del ADN, produciendo aplasia de la mdula espinal y, subsiguientemente, la muerte en un plazo de 20 a 30 das. El H-3, que bloquea la meiosis, produciendo esterilidad absoluta. El H-4, de efecto mutagnico, altera el pro ceso de formacin de las clulas sexuales, produciendo esterilidad parcial y teratognesis. Podr a suponerse que con uno solo, por ejemplo, el H-l bastaba; pero existe un obstculo gentico: los mecanismos de defensa del organi smo contra substancias exgenas. Previniendo esto, las cpsulas protenicas de los virus se crearon de forma que mimetizaran protenas humanas: as no habra reaccin inmunolgica. Pero surga otro problema la variabilidad estructural de las pr otenas de los sere s vivos, que hace que la protena del plasma sanguneo escogida como modelo, presente tres variedades fundamentales; esto oblig a disear tres capas protenicas diferent es, con la consecuente diferenciacin del ADN viral. Por esto no fue posible crear virus de idntico efecto; por ejemplo, todos bloqueador es de la fosforilacin oxidativa. Los tipos humanos de la protena mimetizada tienen una frecuencia de aparicin desi gual; as vemos que el virus H-l actu sobre la variedad ms abundante al momento de la Catstrofe: aproximada mente un 85% de la poblacin terrestre. Regresando a nuestro caso especfico, en el entorno de la zona boscosa inicial —el puntero traza un crculo algo mayor sobre el mapa— abundaban relativamente los casos resistentes al H-2, dentro de la poblacin precatastrfica: Podemos afirmar que hasta ellos lleg... Se agudiza la sensacin de hambre; siente la saliva br otando, llenando la boca... Contiene la respiracin, espera que se aproxime un poco ms... La mano se disp ara veloz sobre el hexpodo, lo encierra entre los dedos; el cautivo es llevado a la boca, el duro caparazn cruje agradablemente entre los dientes... Traga; la sensacin de vaco estomacal se agudiza. Levanta la cascara llena de agua, bebe vidamente, a grandes sorbos. —... La reaccin inmunolgica ha sido modelada por el Cerebro Binico... Repugnante, verdaderamente repugnante. Derek traga la clida saliva que llena su boca: Devorar as a semejante bicho... Bueno, se parece a una locusta. Quizs sea un poco ms grande; y esas manchas oscuras no las haba visto en ninguna estereoimagen. Posiblemente sea una nueva variedad. En todo caso, no debo olvidar que la langosta terrestre fue un plato predilecto, una verdader a golosina entre los pueblos antiguos... atiende, no te distraigas. De la pared pantalla ha desaparecido el mapa: ahor a el puntero seala cuerpos polidricos azulados, acercndose lentamente a blancas esferas, adhirindose mutuamente... —Como pueden ver, el anticuerpo fija las protenas de la capa viral; las tensiones resultantes rompen la cpsula y el ADN del virus queda libre en el plasma sanguneo... Uno tras otro, se rompen los cuerpos azulados; de ellos escapan largos filamentos que se fragmentan rpidamente. —... que constituye un medio no apto para ellos; casi todo el ADN es destruido, excepto estas fracciones... Alma presiona un contacto: translcidas esferas amarillentas engloban al instante algunos pequeos trozos que no muestran mayor disgregacin. —... sumamente estables: son capaces de introducirse dentro de las clulas, donde se comportan como partculas de herencia extracromosmica. Pueden multiplicar se y pasar a otras clulas, hasta saturar el organismo. Estas fracciones han perdido las caracter sticas agresivas del H-2: no impiden la duplicacin del ADN humano, y en trminos generales, no afectan el me tabolismo de los adultos. En cambio, las enzimas producidas tienen una importante accin durante la formacin de embriones y, en general, durante todo el proceso del crecimiento. En primer lugar, activa notablemente las difisis de los huesos largos: consecuentemente, las extremidades alcanzan una longitud desmesurada. Una accin si milar sobre las costillas produce el peculiar tronco redondeado...

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Con ternura, cierra los prpados abiertos: mira larga, f ijamente, el rostro inmvil para siempre. Se levanta, recoge los largos cilindros verdosos — plantas serpientes?— uno tras otro, depositndolos en la rudimentaria cesta. Titubea unos segundos: finalmente, coloca con cuidado el tosco recipiente sobre el redondo tronco de la mujer araa. Se inclina, inspecciona atenta su calzado; las manos ajus tan las ataduras alrededor de las piernas. Enderezndose, busca orientacin: s, all continan estando los extraos Se desliza como una sombra entre el espeso follaje, remonta la escarpada orilla del barranco, dejando atrs el arro yuelo saltarn, el pequeo cl aro, el cadver de Ana... —... as se produce su tpica polidactilia... Aquellas piernas... eran tpicamente humanas. Y ahora me doy cuenta de que las manos tambin. Melanclicamente, Derek oscila de un lado a otro la cabeza. El subconsciente no est jugando limpio: Esta alucinacin es totalmente incompatible c on la descripcin de Mila en el Diario de Gazel: su alegra y dolor, as la llamaba... Estirando sus muones, sus atrofiadas manos me asieron... corre tambalendose sobre sus deformes piernas... su boca siempre silenciosa me sonre: ¡Si algn da pudiera or de sus labios una sola palabra! No me basta con percibir sus sentimientos, quiero m s... Impactante: Qu tragedia la de es e hombre expulsado de su comunidad, vagando por un mundo hostil y desconocido durante largos aos, en compa a de su mujer enferma y la monstruosa hija... Se va a dar cuenta Alma que no la estoy atendiendo. —... explicada totalmente su morfologa: las extremidad es alargadas, el tronco redondo y corto, la casi total ausencia de cuello, la frente estrecha y huidiza, el marc ado desarrollo de la mandbula inferior, la polidactilia y el espeso vello corporal. Alma recupera el aliento. ¡Uf!, no se me olvid explicar nada. Ahora, honor a quien honor merece. —Quiero destacar que todo el mrito por esta reconstruccin recae sobre Noreen: ella supo identificar las partculas de herencia extracromosmica encontradas en las clulas de Gazel como fragmentos del virus H-2. As se pudo reconstruir el fenmeno de la aparicin masiva de los hombres araa en tan breve tiempo. Ahora tenemos una clara idea de lo ocurrido: Esta zona —e l puntero la indica sobre el reaparecido mapa—, de escaso inters militar, no recibi un ataque atmico de gran magnitud: solo se ha n podido encontrar huellas de una explosin nuclear de mediana magnitud. Al pertenecer al Imperio, no recibi las inmensas dosis combinadas de los cuatro tipos do virus que cubrieron los terrenos de la Fede racin Comunista Mundial: Pero la extensin de esta, un 80% de las tierras emergidas antes de la Catstrofe, pro voc inevitables contaminaciones parciales en distintas zonas del Imperio. En esta, en particular, se produjo una contaminacin de viru s H-2: En la poblacin inicial se produjo una intensa seleccin en favor de los resistentes al virus: solo sobreviv ieron ellos, pero llevando en sus clulas las partculas de herencia extracromosmica que produciran una descendencia homognea de hombres araa, sin formas intermedias. Se explica que Oben no conociera a ningn ser de aparie ncia humana dentro del grupo: a 60 65 aos de la Catstrofe, no deba sobrevivir ninguno de los progenitores iniciales, dadas la s condiciones primitiv as e inhabituales que debieron soportar, tambin se aclara su actitud antihi strica; enzarzados en dura lucha contra los grupos de extraos que le disputaban el terreno, recordar que descendan de seres similares poda afectar... Se detuvo: a un paso, la lnea que no se poda cruzar... O s se poda? Levantndose sobre la punta de los pies, mira el Edificio Principal, a las anch as aberturas. Ventanas?, intentando ver. . Imposible: muy lejos, muy altas. Y all dentro estaban los extraos. Las d udas se desvanecieron repentinamente: decidida, adelant un pie... Nada: La cegadora llamarada no se haba producido. Ahora, el otro pi e... Sorprendida, se percata del vapor rosado trepando por sus piernas: instantneamente, el temor renace. Qu era aquello? Descontaminacin? En todo caso, no se pareca a lo que haba causado la muerte de su padre. Pe rmanece inmvil: ya la neblina se enrosca alrededor de su cuerpo... —... por explicar: la disminucin de la natalidad y el aumento de los recin nacidos anormales... No; no hay por qu pararse y mirar por la ventana: no debe haber ninguna nube rosada, todos estamos aqu; Noreen est de guardia, se dara cuenta inmediatamente— Es t visto; mi subconsciente ha perdido todo respeto hacia la lgica. Primero: Mila no puede estar a menos de quince kilmetros de la Base. En todo caso de que hubieran regresado, no podran llegar aqu, a dos kilmetros est el cinturn de observacin fijo, imposible escurrirse, no hay un centmetro libre de control. Segundo: Ninguna de las dos se atrevera a pasar por el mismo lugar donde Gazel encontr una muerte aterradora e inexplicable. Tercero: nadie ajeno a la Base reaccionara as ante la nube descontaminante. Tratara de quitrsela de encima, huir o quizs se desmayar a, pero no permanecera tranquilamente inmvil... Despus de todo, es comprensible Parece contradictorio, pero era la nica forma de que esta alucinacin conservase una apariencia de realidad: Si Mila hubiera huido, habra entrado en funcionamiento la alarma; nadie podra dejar de orla, se habra suspendido la conferencia para averiguar qu estara pasando: al no producirse todo esto, habra quedado demostrado automti camente que todo era una falacia de mi subconsciente... Veo que est decidido a atormentarme un poco ms... De qu estar hablando Alma?

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—... producido por el virus H-4, cuya capa proteica es anl oga a la propia de los hombres araa; por tanto, no hay reaccin posible contra sus efectos. Las mutaciones producidas en las clulas sexuales causan una disminucin marcada en las fecundaciones viables y que la mayora de los recin nacidos presenten defectos de tal magnitud que impide su sobrevivencia: Aquellos en que las mutaciones son ms inofensivas se ven sometidos a una seleccin de carcter religioso, quedando vivos tan solo aquellos cuyo fe notipo de hombres araa no ha variado. Los resultados de esta poltica los refleja fielmente el diario de Gazel; en el momento de su huida, una de cuyas causas fundamentales fue el nacimiento de una hija con rasgos teratolgicos, solo haba tres individuos no maduros en el grupo: de doce, diez y seis aos, respectivamente. No cabe duda de que a unque no hubiera ocurrido la creciente del ro, su fin inevitable era la extincin... No puede precisarse con exac titud cundo entraron por primera vez en contacto con el virus H-4: quizs al establecerse junto al rio, o quizs les haya sido contagiado por las ratas rojas; no se puede descartar que haya sido en la misma isla... Gradualmente, se disuelve el rojizo vapor... ya se di stinguen los brazos: hay una nueva tonalidad en la piel. Capa Protectora? Cautelosas, las yemas de los dedos recorren la piel: no se percibe nada anormal. Pacientemente, se dispone a esperar la desaparicin de los ltimos girones de la niebla. —... no entiendo cmo sus competidores por el bosque no se vieron afectados por el H-2... Fras gotas de sudor resbalan por la frente de Dere k: Ya es demasiado: en menos de una hora, cinco alucinaciones. O eran seis? En todo caso, excesivo. No le falta astucia al subconsciente: exceptuando algunos pequeos errores, el realismo es impresionante. Si no fu era por esos detalles falsos, co mo la apariencia normal de Mila... ¡Un momento! No es tan imposible como parece, el factor subjetivo... Cmo vera Gazel a cualquiera de nosotros? Nuestras manos con solo cinco dedos le par eceran atrofiadas; brazos y piernas, toscos muones excesivamente cortos: el tronco alargado, lo vera contrahecho... Tal y como l vea el de su hija. Se muerde los labios. Resumiendo: el subconsciente ha resultado ser mas inteligente. Represent a Mila tal como poda ser, y no como la imaginaba. Creo que acabar por enloquecer... Las palabras siguen llegando a sus odos, pero ya no escucha. —... menor perodo de latencia en condiciones desfavor ables que el H-4: suponiendo que la llegada de los extraos al bosque haya ocurrido 45 50 aos despus de la Catstrofe, ya no deban quedar rastros del H-2. Adelantndome a otra posible pregunta, les dir que la lucha entre las dos comunidades por el rea en disputa fue modelada por el Cerebro Binico y se encontr que, en caso extremo, no debi durar ms de 25 aos. Sabiendo que la derrota definitiva de los hombres araa ocurri en el ao 72 despus de la Catstrofe, es evidente... Atentamente, examina la pared debajo de la ventana: No, imposible alcanzarla: totalmente lisa. Con paso silencioso, camina a lo largo de la pared. El Edificio Pr incipal debe tener una entrada ... Se detiene. All el verde muro no se diferencia en nada del resto, pero siente que en este lugar est lo que busca. Alza titubeando la mano: es all donde debe colocarla? —... originarse su caracterstica ideologa religiosa, a partir de... Basta. BASTA. Derek toma entre ambas manos la ardiente cabeza... —... en lneas generales, es una explicacin plausible de tan reaccionaria ideologa... Indecisa, permanece en el centro de l Vestbulo: Su mirada recorre lo s tneles —pasillos?— que nacen en todas las paredes. Cul ser el que puede conducirla hasta donde ellos estn? Instantneamente brota la respuesta: aqul. Con pasos ligeros, asciende por la suave rampa. —... s, conservaban el conocimiento de la escr itura: pero solo para leer algunas obras msticas precatastrficas. Estaban reservadas para el hombre sabio y el guardin de las leyes; los dems tenan un terror supersticioso hacia los libros, engendrados por el espri tu del mal, como decan. Bastante audaz fue Gazel en atreverse a violar, aunque fuera a escondidas de los dems, un tab centenario... Temo que nos estamos introduciendo de lleno en el tema de la pr xima conferencia de Derek, no es cierto? En busca de asentimiento, Alma dirige sus ojos al ri ncn donde Derek est sentado. Otra vez? No, por favor. Brota incontenible la pregunta: —Te sientes mal, Derek?

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Despacio, el interpelado levanta el plido rostro. —No, no... Antes s. Pero ya no; ya s que estoy loco... La caricatura de sonrisa se disuelve al recorrer la vi sta los rostros incrdulos, disgustados. Se ve... ¡Una broma mala, muy mala, extempornea, Derek! No necesitan pala bras para decrmelo. Ya vern... Derek se levanta impetuoso: —No me creen? Necesitan una demostracin? —Antes de que nadie pueda interponerse, avanza rpido hacia la puerta—. Voy a abrir —su dedo oprime rabiosamente el contacto—. Abrir la puerta, ver una mu jer —casi grita, intentando dominar el murmullo creciente a sus espaldas—. No vern nada, porque es mi alucinacin... Termina de abrirse la puerta: pero un segundo antes, Derek se ha percatado del silencio repentino a sus espaldas: Entonces... entonces no estoy loco. Un torrente de avasalladora alegra inunda su mente; parece evaporarse la pesada carga a sus espaldas. Alcanza a sonrer a los grandes, oscuros ojos que le miran fijamente, antes de hundirse en las acogedoras tinieblas... Agustn de Rojas Anido (Santa Clara; 1949-2011), escritor cubano. Reconocido por sus obras de ciencia ficcin. Agustn de Rojas se licenci en Ciencias Biolgicas y profesor de Historia del Teatro de la Escuela de Instructores de Arte de Villa Clara. Tambin fue miembro de la UNEAC. En 1982 obtuvo el premio David de la ciencia ficcin cubana por su novela Espiral, novela de estilo duro Esta novela inici un ciclo temtico que incluye Una leyenda del futuro (1985) y El ao 200 (1990). En esta triloga su autor se adscribi a la lnea de la ciencia ficcin socialista, cuyo mxico exponente fue La Nebulosa de Andrmeda del escritor sovitico Ivn Efremov, donde se desarrollaba una visin romntico-idealista sobre el futuro del comunismo. Las influencias literarias de Agustn de Rojas en su obra fueron, principalmente, autores del perodo de la ciencia ficcin sovitica como los hermanos Arkadi y Bors Strugatsky e Ivn Efrmov, as como Bradbury, Heinlein, Asimov y otros que no so n del gnero: Hammet, Dostoievski, Merime, Lovecraft, etc. Las obras que, segn l, lo incitaron a escribir fueron El viaje de Miguel Collazo y Fahrenheit 451 de Bradbury. Despus de haber publicado su triloga de ciencia ficcin, y a raz de la cada del bloque socialista y los consiguientes cambios en Cuba, Rojas dej de escribir literatura del gnero. Sus intereses derivaron entonces hacia el tema del cristianismo y la tica social En 1997 obtuvo el Premio Especial de Novela "Dulce Mara Loynaz" con la novela El publicano acerca de uno de los discpulos de Jess, lo que le ha valido para publicar una serie de artculos exegticos en la revista de la dicesis de Santa Clara. Sumi do en una gran depresin, el escritor falleci en su ciudad natal de Santa Clara, el 11 de septiembre de 2011 como consecuencia de un a infeccin bacteriana. Obras publicadas Espiral novela de cf, Editorial Unin, 1982. Una leyenda del futuro novela de cf, Coleccin Radar 53, Editorial Letras Cubanas, 1985. El ao 200, novela de cf, Editorial Letras Cubanas, 1990. Catarsis y sociedad ensayo sobre el papel social del arte y la literatura, Editorial Capiro, 1992. El publicano novela histrica, Editorial Letras Cubanas, 1997. Historia del Teatro: de los orgenes al medioevo libro de texto, Editorial Capiro, 2002.

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Entrevista inconclusa a Agustn de Rojas Anido por Yoss Formularle a alguien una serie de preguntas bien meditadas, con conocimiento de causa, y a la vez lo bastante provocadoras como para hacerlo generar respuestas que sean tan originales como inteligentes no debera ser cosa muy difcil. Miles de periodistas lo hacen a diario no? Pero cuando uno es un todava-joven (bueno, ya con 41) autor cubano de ciencia ficcin y ese alguien es, sin discusin alguna, el mejor y ms popular novelista del mismo gnero que haya dado nunca la isla, amn de uno de los jurados que le otorg a uno su primer premio literario importante (hace ya 23 aos: el David de ciencia ficcin, en 1988) desde entonces amigo personal y casi mentor y, para ms IN RI colega en las ciencias biolgicas, resulta que no es tan fcil como podra parecer en un principio. Lo primero podra ser, entonces, tratar de presentar al personaje que para la abrumadora mayora, por no decir la totalidad del fandom cubano, no necesita presentacin, como si uno no lo conociera personalmente: Agustn de Rojas Anido, 1949, bilogo, nacido en y persistente habitante de la central ciudad cubana de Santa Clara. Se le considera uno de los principales ex ponentes de la ciencia ficcin cubana, e indudablemente fue quien mejor supo aunar tanto una slida formacin cientfica, como tramas y personajes atractivos, con una confianza bien fundamentada en el futuro socialis ta de la humanidad. Premio David de ciencia ficcin 1980 (el segundo, tras Los mundos que amo de Dana Chaviano en 1979) con la novela Espiral, publicada al ao siguiente por Ediciones Unin en una tirada de apenas 2000 ejemplares que hoy son verdaderos incunables entre los lectores cubanos y extranjeros. En 1985 public su segunda novela, Una Leyenda del Futuro, en la popularsima coleccin Radar de la Ed itorial Letras Cubanas, con una tirada de 40 000 ejemplares, y en 1991 su tercera novela, El ao 200, tambin por Letras cubanas, lanz 21 000 ejemplares. Eran los tiempos esplndidos de las editoriales cubana s, de las tiradas de decenas de miles. Luego lleg la debacle, la cada del Muro de Berln, el Perodo Esp ecial… y El Publicano, la hasta ahora ltima novela de Agustn, premio Dulce Mara Loynaz 1997, sorprendi a los fieles lectores del im aginativo santaclareo, no tanto por su tirada de unos modestos 2000 ejemplares, como por su temtica: nada de visiones futuristas, sino una realucinacin del pasado. En este caso, de la le yenda de Jesucristo… aunque vista desde la ptica de Zaqueo. Y esta podra ser, entonces, una buena primera pregunta. O mejor, dos en una: 1-Agustn Por qu este cambio, para tantos absolutamente inesperado? del brillante maana comunista bajo la gida de la Federacin, explorando el espacio, a la misrrima Judea ocupada por los romanos y una oscura revuelta teolgica sobre la que tantos tanto han escrito? Por cierto que en el fandom se habla mucho de que con la cada del Muro de Berln y el socialismo real usted perdi de cuajo la fe en el futuro, sin la que resulta casi imposible escribir ciencia ficcin. Hay algo de cierto en esta afirmacin o solo se trata de una leyenda… no del futuro, por cierto? R/: Sin lugar a dudas, has hecho dos preguntas en una. Lo mejor ser, creo, comenzar por la segunda. Y por supuesto, a partir de esa frase antolgica: “ … la fe en el futuro, sin la que re sulta casi imposible escribir ciencia ficcin.” Tuss, recuerda que soy ateo. Creer ciegamente en algn tipo de futuro, predeterminado de una vez para siempre, me parece del todo incompatible con la ciencia fi ccin (al menos, con la que yo he procurado escribir) y todava ms incompatible con el pensam iento de Marx. No sabas que su frase predilecta era “Duda de todo”? Y no es menos antolgica esa de que escrib mis novelas de cf: “… con una confianza bien fundamentada en el futuro socialista de la humanidad”. La verdad es que, de habe r tenido esa confianza, nunca habra escrito nada. A decir verdad, lo que me hizo sentarme ante la mquina de es cribir fue la contradiccin, cada vez ms acentuada, que perciba entre el camino que tombamos y los ideales que enarbolbamos (supongo que hace poco se han dado cuenta “arriba”; me han dicho que en los ltimos discursos se habla de los “errores cometidos” en el ltimo medio

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siglo, as que no debe causarte problemas que lo diga en tu en trevista). No s si te habrs dado cuenta de la disimilitud que hay entre la sociedad plena de humanismo de El ao 200, y nuestro… bueno, nuestro entorno psicosocial. Veo que hay lgica en tu doble pregunta. Con la base del prrafo anterior, los lectores comprendern los motivos para cambiar de los temas futuristas a los fundament os de la cubana —como t sabes, la ciencia ficcin ¨dura¨, realista, no se refiere solo al futuro; tambin puede otear el pasado, porque la historia es tambin una ciencia. No entiendo por qu han hecho tanto ruido acerca de que he dejado el gnero. Pero regresemos a la primera parte de la primera pregunta; Por qu abandonar el tema del posible maana “luminoso” para abordar el de nuestras races culturales? Pues, cuando el futuro se nos anunciaba del todo negro —y hablo del comienzo de los imborrables aos noventa— tratarlo de un modo realista, hablarle a los lector es de los horrores que iban a sufrir (y que sufrieron) no me pareci lo ms correcto; as slo habra contribuido a incrementar todava ms la tasa de suicidios. Por supuesto, tena la alternativa de describir la cruda realidad, tal como hicieron los dems autores del gnero —supongo que ests al tanto del desplazamiento de varios de la cf. al “realismo sucio”—, pero me at rajo ms la posibilidad de alentar a los agobiados lectores cubanos trasmitindoles pa rte de la esencia martiana una parte fundamental del pensamiento del Apstol de Cuba que no haba sido divulgad a en los ltimos treinta aos; ¡Toda una generacin de cubanos que ni imaginaba siquiera que la base tica de Mar t era el cristianismo, que su modelo espiritual era Jess hijo de Mara! Y entend que deba trasmitir, en la medida de mis posi bilidades —recuerda que soy ateo— los mejores, los ms valiosos valores espirituales de nuestra cultura, contando la historia terrenal (tal como pude reconstruirla) de quien se ha dicho, con plena justicia, que constituye la viva encarnacin del Amor. Y te confieso que no conozco historia ms bella, ni que d mayor ni mejor aliento a quienes sufren. 2-Desde que comenc a elegir los textos que luego conformaran mi antologa Crnicas del maana: 50 aos del cuento cubano de ciencia ficcin (publicada en el 2009) supe que una de las principales crticas que recibira mi seleccin iba a ser la ausencia de su nombre. Y es que, salvo un texto no muy feliz publicado en los aos 80 en un nmero de la revista UNION dedicado a la ciencia ficcin, la gran paradoja de la CF cubana es que su principal novelista apenas si ha escrito cuentos del gnero… ni tampoco de otros, por cierto. A qu se debe esto? R/: Por dura experiencia prctica, puedo decirte que “la gran paradoja de la CF cubana es que su principal novelista” era nicamente conocido “afuera” como ¡cuentista Esto al menos era cierto en 1988. Entonces asist a un congreso internacional de ciencia ficcin en Hungra, y me top con un alemn que recordaba, bastante admirativamente, a El marciano Sorprendido, le pregunt cmo haba podido conocerlo, si yo solo haba firmado el contrato para su traduccin al portugus. Ese alemn —c omo imaginars, era de la Alemania que se desmereng— se di cuenta al instante de lo que haba pasado (supongo que los escritores de la RDA padecan algo semejante), y cambi el tema de la conversacin. Eso me hizo comprende r dos cosas. Primero, que ese cuento no era precisamente “un texto no muy feliz”; y segundo, que deba existir aqu en Cuba otro Agustn de Rojas que firm el contrato de traduccin de El marciano al alemn —y, por supuesto, tambin cobr los derechos de autor. Y para rematar lo dicho sobre mi fama “afuera” de cuentista, te inform o que el solitario cuento realista que he escrito, Aire tras una accidentada publicacin en la revista El Caimn Barbudo (creo que en junio de 1986; no recuerdo bien) fue incluido en una antologa de narrativa latinoamericana del siglo XX —el nico cuento que tomaron de Cuba, segn me comunic verbalmente el Chino Heras en ese mismo ao. Y desde luego, tampoco he visto un centavo por derechos de autor de esa editorial extranjera. 3-Hay un Agustn de Rojas ensayista que apenas si se conoce fuera de su natal Santa Clara, donde sin embargo la polmica que sobre la esttica sostuvo con Pablo Ren Estvez fue muy sonada en su momento. Cuntenos de los hechos y, sobre todo por qu no continu desarrollando esta faceta de su quehacer literario con posterioridad. R/: Esta pregunta me hace recordar los buenos tiempos… Tuss, no puedes imaginar cuntas batallas tuvimos que librar en Santa Clara para que hubiera aqu una editorial que publicara a los autores de la provincia. Finalmente, en 1990 naci Capiro, que bajo la direccin de Ricardo Rive rn se convirti en una editorial de reconocido prestigio. Hasta su aparicin, solo un tro de au tores villaclareos jugaba en Grandes Li gas, es decir, publicaban obras con cierta frecuencia y/o facilidad en las editoriales nacionales; Flix Luis Viera, Luis Cabrera y yo. Los tres decidimos publicar cada uno una obra cuando menos en Capiro, para mostrar que no la veamos como un escao inferior de la literatura —“literatura provinciana, ¡p uah!”— y me vi obligado a inventar; el mximo de cuartillas era ochenta (limitaciones de la imprenta) y si bien he escrito un par de cuentos, confieso que no me siento bien en distancias cortas. Cmo cumplir con Capiro? Revisando los papeles viej os, vi la ponencia que haba hecho sobre la esttica (El rey est desnudo? ) y decid ampliarla. As fue como naci Catarsis y Sociedad… Y lamento desilusionarte, pero su circulacin no se limit a Santa Clara; durante tres o cuatro semanas se mantuvo en primer lugar de ventas

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nacional en el listado que apareca en Bohemia hasta que se agot; Capiro slo pudo tirar dos mil ejemplares. Por cierto, una vez que pas por la Escuela de Filologa en la Universidad de la Habana, tuve el placer de enterarme de que all Catarsis y Sociedad era un “libro maldito”, hertico, prohibido, (y, por supuesto, gracias a eso tambin muy popular entre los alumnos). Sinceramente, lo veo como un logro meritorio; desarrollar un pensamiento lgico en un lenguaje esteti cista no es nada senc illo. Ah, y tampoco es muy exacto eso de que he abandonado el campo ensaystico (o ponencial? ¡Auxilio! Puedes explicarme la diferencia entr e ponencias y ensayos?), pero veo que regresaremos al tema de los ensayos pronto… Y de veras hay entrevistados que no se leen primero todas las preguntas? 4-La pregunta anterior, como todas las de un buen entrevistador, era tramposa. S que, previamente a la novela El Publicano y a modo de “trabajo de mesa” compil usted un voluminoso estudio titulado algo as como Un revolucionario llamado Jess que incluso lo condujo a algunos choques teolgicos con el clero de Santa Clara. Hblenos de este perodo de su vida y carrera. Por qu este inters en la figura de Cristo? R/: Procur explicar mi inters en el Jess terrenal en la respuesta a tu prim era pregunta. Pero hay bastante tela que cortar sobre el proceso de maduracin de El Publicano Empecemos por lo que llamas “trabajo de mesa”, y que tambin puede denominarse investigacin previa a la creacin del universo de la novela. Ese es un hbito que adquir en mis novelas anteriores, y del cual dependen en sumo gr ado la verosimilitud y coherenc ia finales de la historia narrada, y la fuerza del impacto causado en el pblico l ector. Que este resumen rondase las dos mil cuartillas no es algo excesivo, si vas a hacer una novela de poco ms de seisci entas: la teora de la punt a del iceberg contina siendo vlida. Por cierto, el ttulo del resumen fue en realidad Un problema llamado Jess lo que refleja la esencia de la cuestin. En efecto cmo algo sucedido en “la misrrima Judea ocupada por los romanos”; “una oscura revuelta” donde solo se verti la sangre de Jess, pudo tener tant a repercusin, y llegar hasta nosotros atravesando veinte siglos? Ciertamente, la persistencia del cristianismo es un problema que se puede afrontar, o evadir, segn las preferencias personales; pero intentar minimizarlo, reducirlo al nivel de un mito o leyenda, es algo poco serio… Ah, debo explicar por qu di ttulo y cierto grado de redaccin a este resumen. Vers, estaba consultando las bibliotecas de la Iglesia Catlica en Santa Clara, y senta algunos escrpulos. Un ateo que se propona hacer un libro sobre Jess, poda utilizar los recursos de quienes lo tienen por Dios? Habl con el Obispo, que entonces era Monseor Prego, y me impresion su actitud, o ms exactamente, su confianza en que yo no hara mal uso de lo que estaba investigando... O al menos, que intentara no usarlo mal. Pens entonces que lo mnimo que poda hacer era facilitarle a la Iglesia la posibilidad de ver qu conclusion es extraa de lo estudiado, y qu formas iba tomando la imagen de Jess que me propona recrear literariamente. Espero que entiendas que no estaba sometindome a la censura eclesistica; trataba de darle oportunidad a la Igle sia de sealarme algn error, alguna omisin en esta investigacin previa que hubiera corregido sin problemas; pe ro si hubieran aparecido cuestiones ya de perspectiva, de interpretacin ma personal que la Iglesia no aprobara, hubiera tenido que dejar de usar sus bibliotecas y nada ms. Lo importante es que el Obispado me devol vi el resumen, sin hacerle ningn sealamiento. En realidad, esta actitud de Monseor Prego no debi extraarme tanto. Toma en cuenta que fue uno de los autores de El Amor todo lo espera ; es decir, posea una perspectiva del todo cristiana —desde mi punto de vista, por supuesto— y prefiri confiar en m. O para ser del todo objetivo, en la influencia de Jess sobre quienes desean conocerle mejor. El caso es que nunca se opuso a que me autodenominara un “ateo catlico”, y que luego de aparecer El publicano la revista de su Dicesis public varios artculos exegticos que hice para ella —la revista se llama Amanecer — en donde siempre que pude, aclar mi condicin de no creyente… Por cierto, estos artculos los agrup en un libro que titul El Evangelio segn un ateo que, naturalmente, no he podido publicar en Cuba. Tampoco he podido publicar otro ensayo, Del cosmos a la cruz que la editorial Capiro me haba pedido despus de aparecer El publicano y donde explico con todo detalle motivos para escribir, y procedimientos empleados en la construccin de esta novela. Ah, y no le echo la culp a a Rivern por no haber publicado el libro que me haba pedido; es del todo ma. El problema fue que, al hablar de mis primeros contactos con el cristianismo, hice mencin de cmo particip en las persecuciones contra los creyentes en los aos sesenta; pero ahora, de forma oficial, resulta que esas persecuciones no existieron. Uno de los evaluado res de estos ensayos apunt esa “falsedad”, y plante que deba omitirla para poder publicar Del cosmos a la cruz Puedes imaginrtelo; ¡decirme eso a m, que haba sido presidente de la FEEM en mi secundaria, y que tuve que da r clases (mi primera experiencia docente) en lugar de los profesores expulsados por ser cristianos! En fin, supongo que tendr que esperar al prximo cambio de la “Historia Oficial” para que el lib ro pueda ver la luz.

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5-Ahora, en apariencia cambiando de palo parumba, como se dice popularmente, paso de El publicano a su novela indita Arena, o sea de Jess al erotismo… aunque supongo que usted se sonreir pensando que no son temas para nada opuestos ni excluyentes. Por qu surge Arena texto cuyo erotismo todos los que han ledo disfrutaron, aunque muchos lo tacharan de francamente pornogrfico? Y, de paso, tras la popularidad alcanzada por Habana-Babilonia: Prostitutas en Cuba de Amir Valle, los libros de realismo sucio de Pedro Juan Gutirrez, el erotismo insertado en el policaco de Daniel Chavarra y Leonardo Padura y otros textos testimoniales o de ficcin que tratan directa o tangencialmente el todava escabroso te ma de las jineteras y el sexo rentado en nuestro pas no se le ha ocurrido que fue usted casi un precursor? No lament no haber intentado publicar la novela en Cuba o el extranjero en los tempranos aos 90, cuando la escribi? R/: Me has hecho sonrer, pero con la ltima pregunta. ¡Si escrib Arena precisamente con destino al mercado exterior! Como podrs recordar, en ese tiempo se pidi a los escritores que produjeran obras con vistas a su exportacin, y eso me cre un serio problema. Con la ciencia ficcin, pese a la coincidencia unnime en la condicin de bestsellers de mis novelas, nunca me haban llegado prop osiciones para publicarlas —ni siquiera de la hoy difunta URSS y los dems “pases hermanos”, igualmente pasados a mejor vida—. Entonces cmo responder al apremiante llamado para que consiguiramos divisas? Despu s de los incidentes provocados por mi cuento Aire me haba jurado no volver a escribir historias realistas. Me dec a entonces, “mejor sigo escribiendo de los problemas del futuro; total, aqu a nadie le interesan” frase que te par ecer muy amarga… pero que la prctica, ese criterio de la verdad, me la haba probado con creces. En fin, me decid a escribir una novela realista relaci onada con el jineterismo; y como no viva en La Habana o Varadero, ni tampoco tena acce so a las instalaciones tursticas cerca de Santa Clara, me propuse tratar lo que luego Silvio se preguntara (“… qu fi no abono nutri su raz”) en Flores Nocturnas Ah s tena experiencias muy concretas; ya llevaba quince aos viviendo en los barrios marginales de Santa Clara —desde 1975—, en el famoso Condado y en Virginia (de paso, no me explico an como tantos aspirantes a escritores, y hasta algunos que ya ostentan el ttulo, cometen el pecado mortal de escribir s obre asuntos realistas ajenos de l todo a su experiencia vital). El detonador fue un cuento breve, de ambiente, escrito por Arnaldo Daz —ms conocido como Arnaldito por sus amigos— que era en ese tiempo un recin graduado del Pedaggico en Ingls, y que ahora es director de programas de televisin en Telecubanacn. Y volviendo a su cuento, trataba de una joven pareja que regresaba a una casa en la playa —en la costa norte de Villa Clara— y frente a los re stos de la casa, que haba sido destruida por algn cicln en el ao anterior, intercambiaban recuerdos de cmo ha ba sido antes… Como puedes ver, se trata de un smil literario de su situacin generacional, de la juventud que haba crecido en los oc henta y sufra la catstrofe de los noventa. Pero para m, el cuento fue un detonador: ¡esa casa en ruinas, esa playa desierta y gris, eran el escenario perfecto para el desarrollo de la accin! Me sent, y escrib Arena de un tirn. Fue una experiencia singular, realmente. En mis novelas anteriores, siempre haba necesitado intervalos de meses, cuando menos, entre las fases de escritura. En la ms corta, Una leyenda del futuro necesit descansar unos tres meses entre la primera parte y la segunda; me agoto al escribir. La tensin, el desgas te nervioso es excesivo para mi, normalmente. Pero Arena fluy sola, como cada de un camin volquete. Pienso que ayud mucho el no tener que crear el universo donde se moveran los personajes; haba vivido en l durante ms de quince aos, como te haba dicho. Pasando a la cuestin temtica, esa frontera entre lo er tico y lo pornogrfico no es tan fcil de trazar. Para m, la cuestin radica en si es literario o no, si capta la esen cia vital de los personajes, su condicin humana. Aqu la verosimilitud, la credibilidad de la hist oria depende de su auten ticidad sicolgica y sociocultural; es decir, depende de que los personajes piensen y acten por s mismos, no co mo marionetas del autor, y de acuerdo al medio en que se formaron y viven. Me sirvi de mucho la receta para escribir porno dada por Nabokov —la hall en forma de apndice en una edicin norteamericana de Lolita —; donde explicaba la “copulacin de los clichs”, en fin, era una receta divertida y muy instructiva. La clave de la historia narrada era el fenmeno de la marginalidad; la cultura en Cuba se ha marginalizado en un extremo difcil de conceb ir para quienes la viven sin conocer otra cosa. ¡Si hasta estimo ms que probable que los personajes de Arena puedan parecerle demasiado “cultos” a los marginales de hoy! Volviendo a la concepcin de la novela, los personajes centrales de Arena —la madre y la hija— son un producto de la emigracin masiva del campesinado cubano a las ciudades. Este fenmeno, y sus consecuencias culturales para esos emigrantes, son descritos con suma cl aridad por Marx en su an lisis sobre los orgenes del lumpen proletariado. Su cultura rural ha perdido las races, y no han podido asimilar todava la cultura urbana. Se sienten perdidos, y procuran ocultar su profunda inseguridad tras una fachada bastante transparente; la guapera, el aguaje, la ostentacin de una burda grosera y una banalidad jacarandosa que se han hecho dominantes en el paisaje cultural. Mas esto no debiera cegarnos ante el hecho de que an son seres humanos, y sumamente infelices: el tener que buscar en el sexo y el alcohol (no toco el tema de las drogas y de las comilonas; en ese tiempo no haban

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alcanzado su masividad actual) su ni ca realizacin personal es algo trgic o. Ese es el fundamento dramtico de Arena y su posible valor en cuanto documento sociolgico… Y quizs sea tambin la causa de su no publicacin: expone con toda crudeza un problema que ha surgido, y se ha agudizado, en el ltimo medio siglo. Un problema que habra — ¡que habr!— que resolver en algn momento. No creo que la solucin sea decir que la barbarie, la irresponsabilidad y la ignorancia son rasgos propios de nu estra cultura, y que debemos sentirnos orgullosos de esa miseria espiritual, exhibirla ante el mundo entero (No has visto los programas de Lucas?). No debiera terminar sin contarte el problema que surg i a causa del ttulo de la novela. Resulta que Eduardo del Llano haba denominado igual una de sus novelas de Nicanor, y me lo dicen. Naturalmente, lo correcto era cambiarle el ttulo a la ma, que fue escr ita despus. Trat de hacerlo, pero la palabra “arena” ten a muchos sentidos en la novela —en particular, el de la arena del circo, donde se enfrentan gladiadores que saben que van a morir— Y ya me haba resignado a llamarla Arena cuando me entero de que Eduardo haba cambiado su ttulo por La clepsidra de Nicanor (sabes que apareci as en Italia, no?). Me siento muy agradecido por su cortesa. 6-Pero basta ahora de poner en jaque al entrevistado sacndolo de su elemento natural. Volvamos al grano: cunto cree que debe su imaginario ciencia ficcionesco a sus estudios de Biologa? Y cunto a su condicin de maestro, profesin que ejerci durante largos aos? R/: A la licenciatura en Ciencias Biolgicas que estudi en la Universidad de la Habana le debo una slida formacin en las ciencias bsicas. Los dos primeros aos recibamos clases de Clc ulo Diferencial e Integral, Geometra Analtica, Qumica Inorgnica y Orgnica, y F sica. Ese programa me permiti asimilar el modo de pensar cientfico, que exige tanto disciplina mental como una percepcin objetiva de la realidad en torno tuyo. De hecho, este tipo de formacin parece ser un prerrequisito para cultivar la vertiente “hard” de la ciencia ficcin. Pero quienes tengan una formacin ms clsica, de letras, tiene n a su disposicin el delicioso campo “soft”, como por ejemplo, la denominada fantasa heroica, en donde pode mos ufanarnos de tener a un autor de calidad extraclase como Michel Encinosa Fu, con su excelente recopilacin de cuentos Sol Negro … Y creo que ya podemos pasar al tema de la docencia. No pienso que valga la pena narrar las vicisitudes que me pusieron frente a un aula llena de futuros maestros de Educacin Fsica (de nivel medio, y en torno a los turbulentos quince aos de edad) para ensearles Matemticas—con el precedente de que hab an tenido solo un 44 % de promocin en las pruebas anteriores. Debo aclarar que esto ocurra en el ao 1977, y el promocionismo no haba alcanzado los extremos de ahora, en que basta con matricular en primer ao de algo y ya casi tienes ga rantizado el titulo… hayas aprendido o no. En todo caso, aquellos muchachos estaban pagando el precio del promocionismo, que ya tena ocho aos de existencia (todava recuerdo mi estremecimiento de horror al leer en el Granma en el remoto ao 69, el triunfalismo que rezumaba aquella noticia de que tales y tales escuelas haban alcanzado el ciento por ciento de promocin… en todos los aos, en todos los grupos, en todas las asignaturas), pues el problema que tenan era que los haban pasado de grado en grado sin que hubieran asimilado los contenidos mnimos de Matemticas en los cursos “aprobados”. Ya era bastante difcil una asignatura que exige un nivel alto de abstraccin, especialmente duro para los deportistas (en su mayora, mis alumnos provenan del equivalente en aque llos tiempos de las reas deportivas), pues tienden a ser hiperquinticos y poseer una atencin su mamente mvil. Si a eso se le agre ga la carencia de conocimientos y habilidades bsicas, puedes imaginar la s perspectivas que tena de obtener re sultados pasables con ellos… sin haber recibido nociones mnimas de Pedagog a, adems. Era para desesperarse y seguir el camino que evidentemente haban tomado sus maestros anteriores; regalarle las notas, y que cargara con esa tiosa el profesor del ao siguiente. Ciertamente, tuve que desangrarme en el aula. Adems de la s clases normales, tena que ir casi todas las noches y los fines de semana a la escuela para dar “repasos”; all proc uraba averiguar hasta qu extremo llegaban sus “baches”, e intentaba rellenarlos lo mejor posible. Algo consegu; al terminar aquel ao, obtuve el mrito laboral de “sobrecumplir la promocin”… con un 50 % de aprobados. No, no es un absurdo; recuerda que cuando los recib, tenan solo un 44 %. Bien, esa es la parte anecdtica, la de “horror y misterio”. Lo importante, desde el punto de vista del futuro escritor, fue la comprensin que adquir sobre los procesos de comunicacin. El secreto es la sencillez. Ahora, para ser sencillo— sin simplificar a un extremo que devale el mensaje que quieres trasmitir, convirtindolo en una caricatura de s mismo— debes, en primer lugar, comp render ese mensaje a cabalidad. Comprenderlo con la cabeza y comprenderlo con el corazn… Me explico. Tomemos un ejemplo de la misma enseanza. Nunca has tenido enfrente un profesor que domina perfectamente su materia, y la imparte bien organizada y c on exactitud, pero a medida que la clase avanza te sientes dominado por una irresistible somnolencia? No te imaginas qu le falta? Exacto; pasin Quizs no le importe que sus alumnos entiendan o no; quizs slo le guste regodear se en el dominio de los conocimientos que posee; quizs

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carece de sensibilidad suficiente para entender que n ecesita mirar a los alumnos, A TODOS LOS ALUMNOS, con la frecuencia necesaria para ver si estn captando lo que di ce, si siguen sus razonamientos, o si estn preocupados por algn motivo extraclase —podran tener un examen de otra materia en el turno siguiente, o su equipo deportivo perdi un encuentro en la noche anterior, o les han suspendido el pase de fin de semana por su indisciplina habitual— y si ese fuera el caso, deber interesarse en l, introducirlo dentro de la clase que da, dejar que desahoguen sus inquietudes, y COMPARTIRLAS. Y subrayo la palabra, porque los jvenes a esa edad tienen una alta sensibilidad para percibir cundo un adulto est mintindoles, cundo pr etende falsamente interesarse por sus problemas (problemas que no le interesan de veras, proble mas que estiman insignificantes porque ya han olvidado su propia juventud). No voy a describir las variadas form as en que ser posible abordar el problema que est absorbiendo su atencin, ni a analizar por qu es mejor dedicarle cinco, diez o quince minutos a compartir, de corazn, su problema, que dar una clase completa a un grupo que no te est atendiendo, que no puede escucharte: no estamos dando un postgrado de Psicologa de la Adolescencia (aunque te sorprendera saber cunto de adolescente, o hasta de nio, hay dentro de muchos adultos… hasta entre los que peinan canas) sino que la cuestin es cmo se refleja esta difcil —aunque maravillosa— ex periencia, en mi enfoque de la escritura. Por qu se escribe? Porque necesitas decir algo. A quin? A los lectores; o con mayor exactitud, a un pblico lector especfico (para citar un ejemplo personal; no tengo talento para escribir algo dirigido a los nios). Ese pblico especfico leer lo que escribiste para l? ¡Por supuesto! SI logra entender lo que le has dicho. Si le interesa lo que has escrito para ellos. En consecuencia, si quieres que tu mensaje sea recibido, debes darlo con la mxima sencillez que te sea posible; debes trasmitirlo con toda la pasin que tengas; y entonces, y slo entonces, habrs logrado establecer la comunicacin deseada. Quizs debiera enfatizar en un aspecto muy importante: la honestidad, la sinceridad que debe —o debiera— tener lo que escribes, lo que pretendes comunicar. Pueden existir lectores no perceptivos de esta cualidad… pero no faltan quienes tienen bien desarrollada esta percepcin, y a cabars teniendo un fracaso rotundo. Si, es cierto que existe gente (por fortuna, muy escasa; rarsima podra de cirse) capaz de aparentar una honradez total, una franqueza seductora, y as consiguen conquistar un numeroso auditorio. Pero este tipo de magia es magia negra de la peor, y los resultados —tanto para quien as se comunique, como pa ra sus fascinados receptores— sern nefastos, a corto o largo plazo. Si no tienes nada que decir, ¡no escribas! Si te falta la tan necesaria empa ta con los lectores, con el pblico a quien quieres trasmitir eso que consideras tan im portante, acptalo y busca algu na otra forma de trasmitir tu mensaje; si no encuentras las palabras necesarias, ¡convence con tus hechos! Supongo que pensars que he ido algo ms all de la si mple cuestin de cmo escribir; pero para m es sumamente importante el por qu, el para qu se escribe. 7-Ahora, las preguntas ms o menos comprometedoras… y tranquilo, Agustn, que esto no es exactamente para publicar en Cuba (y ya dejando ese usted que me pareca tan artificial entre amigos): Eres considerado el autor de ciencia ficcin socialista por excelencia, gracias a tus tres primeras novelas del gnero. Incluso viajaste a congresos de escritores en la antigua URSS y Hungra, en tal calidad. Pero, curiosamente, esta condicin de “visionario polticamente corr ecto” que crea en un futuro comunista de armona entre los hombres y economa eficazmente centralizada, parece contrastar de modo notable con la reputacin de “intelectual conflictivo” que an te acompaa. Hblanos un poco de esta anttesis… si puedes y quieres, claro. R/: Me parece que los lectores ya de ben haberse llevado una id ea bastante exacta de c mo funciona la anttesis a la que te has referido. Pero no est de ms puntualizar algunos detalles… Querido amigo, nada es ms difcil que reconocer que te has equivocado en algo. Sobre todo, si a ese algo le has consagrado tu vida entera. No es mi caso, me apresuro a sealar; pero conozco —y conoc— personas que me son, o me han sido muy cercanas, y a quienes puede aplicrseles muy bien la frase anterior. Y te confieso qu e al verlos, o al recordarlos, siento que se me parte el alma, porque hubo un tiempo en que marchbamos juntos, y s de la bondad de sus corazones y de la pureza de sus intenciones. Pero en qu difiere tu posicin de la de ellos?, me preguntars, y con toda razn… Pues en que siempre tuve algo dentro, un instinto podras llamarle, que me impidi cru zar el lmite y hacer algo que, de no estar plenamente justificado por los ideales ms elevados, sera motivo de bochorno y vergenza. Quieres que te cite un ejemplo concreto? Bien. En el ao ochenta, con motivo de la famosa “corrida del Mariel”, se pusieron de moda los actos de repudio. En ese ao no slo era el recin premiado autor de Espiral, sino el presidente del CDR de mi cuadra —que estaba en el mismo corazn del muy temido barrio del Condado. Puedes imaginarte qu hice, en cuanto me enter de esos actos de repudio? Pues decir en medio de mi cuad ra que no estaba de acuerdo con esos actos; acaso no se

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haba estado diciendo a cada momento que “si esto no te gus ta, te vas”? Entonces podamos disgustarnos porque se nos hubiera cogido la palabra? No (segua argumentando), la actitud que debamos tener era la de llevarle bocaditos de jamn y queso a quienes se iban, para que se fueran acostumbrando… Sorprendentemente, a mi cuadra nunca vinieron a movilizar los cederistas para ir a repudiar a al guno de los que haban recibido el telegrama, y continu siendo presidente de mi CDR (claro, los habitantes del Condado nunca han sido fciles de manejar). Pero ahora que he recordado ese incidente, me pregunto si tendra algo qu e ver con la resolucin de rsula (la Directora de Cultura Provincial en aquel entonces) de prohibirme la entrada en la Delegacin Provincial, argumentando que yo era un antisocial, y que se orient poco despus de finalizada a quella memorable corrida (Si qu ieres comprobar la certeza de esa prohibicin, puedes preguntarle a Flix Luis Viera, que era entonces el asesor de Literatura en la Provincia, y a quien tuve de dejar de visitar en su despacho en la Delegacin). Y todava continuabas apoyando al gobierno? me pregunt ars, asombrado y no sin justicia. Y s, lo segua apoyando: porque pensaba que esos errores eran inevitables — errare humanun est ; errar es de humanos, deca algn romano cuyo nombre no recuerdo— pero llegara el momento en que se aceptaran y serian enmendados: Acaso Marx no haba dicho que la prctica era el criterio de la ve rdad? Pues cuando la prctica demostrara la gravedad de esos errores (errores, te recuerdo, que yo intentaba co mbatir escribiendo mis novelas de ciencia ficcin) seran corregidos de inmediato... S, puedes dudar entre que sea muy bruto, o demasiado ingenuo. Siguiendo este dilogo imaginario, supongo que me pr eguntars —ladeando un tanto la cabeza y mirndome con los ojos entornados— “Agustn, Y cundo fue que terminaste de darte cuenta?” (no olvido que, aunque esta entrevista no es para Cuba, t ests en Cuba; as que, en cuanto estimes que tu pellejo corre riesgo, declaras por el micrfono que hay problemas con la seal y cortas la trasmi sin, es decir, suprimes, a partir de este prrafo o de alguno posterior, el resto de la respuesta. Tengo confianza plena en tu instinto de autoconservacin). Pues puedo decirte ao, mes y da (7 de di ciembre de 1989); la hora no puedo precisarla slo recuerdo que era de noche. Estaba sentado ante la tele, escuchando el discur so central del acto, y senta como el alma se me caa a los pies. Hasta ese momento haba esperado que se impusiera la lgica, la ms elemental previsin de las consecuencias de seguir insistiendo en lo que entonces escuchaba, en qu e la culpa de todos los problemas la tena el enemigo de afuera, y no los errores que cometamos adentro. Escuchaba el toque fnebre por la perestroika cubana, por la esperanza de que nuestra economa —s, todava tenam os economa entonces— pudiera continuar recuperndose, y vea con los ojos del alma los incontables muertos que esa decisin iba a costarle a nuestro pueblo… Y qu hiciste? Te tiraste a la calle a dar gritos? preguntas t, y te respondo que no, no me tir a la calle. Conservaba, an, una ltima esperanza (¡qu trabajo le cues ta morirse a esa desgraciada!); quizs cuando vieran a los cubanos con el esqueleto rompindoles la piel, cuando estudiar an las estadsticas de suicidio o la de los que caan, muertos de inanicin, en medio de las calles, al fin reflexionaran, comprenderan que se haban equivocado y rectificaran aquel error monstruoso… Co mprende; no pude concebir que por pura terquedad —no aceptaba la tesis de que fuera solo para mantenerse en el poder; no era concebible semejante estupid ez— se hubiera condenado a mi pueblo, a los cubanos de a pie, a pasar por el calvario de los aos 93-94. Eso s; cuando Abel Prieto reuni a los escritores ms importantes de ese tiempo para anunciarles, lleno de alegra, que se nos iba a autorizar a residir fuera del pas si n perder la ciudadana cubana, para que no sufriramos la hecatombe que ya se estaba acercando, tuve que decirle cuando acab la reunin que yo no podra irme, y l me pregunto sonriente que por qu, y le respond que porque no podra hablar bien del gobierno… Pese a todo, logr conservar alguna discrecin; no le dije que el motivo f undamental era que, si mi pueblo iba a sufrir una agona terrible, yo no poda abandonarlo, sino que deba compartir su suerte... Algrate; el ltimo prrafo lo he escrito iluminndome con una vela. No le habrs dicho a nadie que me estabas haciendo una entrevista con preguntas como esta, es pero... As que, de todas formas la seal se ha cortado. No importa; quizs el prximo ao podamo s terminar esta interminable entrevista. Y, s, lo de la vela no es una exageracin: por incr eble que parezca, el domingo 16 de enero del 2010 se fue la luz en Santa Clara a las 7 de la noche, y cu ando esa misma noche pas a buscar mi laptop, que ese viernes 14 haba llevado en la mochila desde La Habana para dejar a Agustn sin ms excusas para no responderme YA, las 10 preguntas que estaban redactadas y en su poder desde abril del 2009… resulta que las respuestas anteriores eran todas las que haba podido teclear trabajando como un galeote entre viernes, sbado y domingo. Y menos mal que la batera de mi port til le permiti casi acabar de responder la sptima. Bueno, peor es nada… as que, enfrentado a la muy re al posibilidad de que pasen meses antes de que pueda

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volver por Santa Clara laptop a cuestas, y dado que Agust n se empea en que (por no molestar) no puede ir a responder las preguntas en casa de Lorenzo Lunar Carded o, de Pablo Ren Estvez o de cualquier otro de los muchos amigos comunes santaclareos dueos de un orde nador, he decidido hac er pblica esta entrevista inconclusa en su estado actual, tan slo adj untndole esta coletilla. Del lobo un pelo no? No obstante, sin perder la esperanza de que en un futuro no necesariamente inmediato caiga de nuevo por la ciudad de Marta Abreu y el autor de Espiral pue da continuar respondiendo esto, se me ocurri que no estara nada mal dejar a la consideracin del fandom, a modo de eplogo, las tres que no tuvo tiempo de contestar… Quizs a alguien se le ocurran otras igual de buenas, o mejores. Que me las enve, entonces, y yo las sumar a estas tres con gran placer. Todava hay tiempo… espero. Sin ms, he aqu las preguntas pendientes: 8-Algo ms personal, para seguir cambiando de palo parumba de vez en cuando y presumir de enterado: en varias ocasiones has dicho que las mejores obras de tu vida eran tus 3 M: tu esposa Mirtha y tus hijas Mait y Mayra.As que, sin querer drmelas de psicoanalista, me atrever a suponer una relacin entre tu muy feliz vida familiar y tu obra.Existe esta relacin realmente? Hblanos un poco de e llas… si no crees que estoy invadiendo demasiado el terreno de tu vida privada, por supuesto. 9-Ya casi llegamos al final… y a lo que a muchos lectores (confo en eso) les parecer lo mejor: en la ya no tan reciente visita que te hice en marzo del 2009 en Santa Clara, surgi un proyecto conjunto: el de retomar a cuatro manos una historia que habas comenzado a escribir en 1988 y dejado inconclusa desde entonces. O sea, que tras ms de dos dcadas durmiendo en una gaveta, El Espejo Oscuro podra finalmente concluirse y verse publicado, lo que representara el regreso de Agustn de Rojas a la ciencia ficcin… aunque fuese compartiendo la portada con el que redacta estas lneas. Hblanos (bueno, no tanto a m como a los lectores) un poco de este proyecto, del argumento de la historia, en fin, un adelantico, please… 10-Y para terminar con generalidades: p or qu elegiste la ciencia ficcin? O te eligi a ti? Cul crees que debe ser la funcin social del autor de ciencia ficcin en estos tiempos de globalizacin unipolar, contaminacin ambiental y dems agradables caractersticas del mundo postcomunista? O sea por qu y para qu escribiras CF hoy en da? 19 de enero de 2010

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DE LA ETICIDAD Y DE OTRAS NOTICIAS EN LAS NOVELAS DE AGUSTN DE ROJAS Ral Fidel Hernndez Capote (Tomado de la revista Letras Cubanas No.6, Octubre/Diciembre/1987) Cuando un escritor se propone crear dentro del gnero de ciencia-ficcin, tiene ante s varias opciones: centrar su atencin en los elementos cientfico-tecnolgicos como factor fundamental, en cuyo caso cualquier otra problemtica se subordina a esta; o situar en primer plano determinados conflictos, acontecimientos o acciones humanas, a los que se supeditan los co mponentes fantsticos y cientficos, que devienen complemento entonces en la estructura de la novela o el cuento de este gnero. Pero suele suceder tambin que la utilizacin intensa de ambos elementos conforme la armazn de la obra dada, lo cual implica, generalmente, una visin ms aguda de la realidad abordada y presupone, as mismo, un conocimiento profundo de ambos aspectos por parte del autor. Tal es el caso de Agustn de Rojas (Santa Clara, 1949), cuya primera novela Espiral1 obtuvo el Premio David en 1980. Con posterioridad public Una leyenda del futuro (1985)2 y actualmente prepara para su prxima edicin El ao 200 DE LA ETICIDAD En las dos novelas publicadas por Rojas, la intencin ltima del autor es el tratamiento de lo tico. Si en Espiral encontramos el cmulo enorme de situaciones e historias que conforman lo que podramos calificar de 1 Rojas, Agustn de, Espiral. Ciudad de la Habana, Edic. Unin, 1982. 509 pp. 2 Rojas, Agustn de, Una leyenda del futuro. Ciudad de la Habana, Edit. Letras Cubanas (Col. Radar), 1985, 242 pp.

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novela pica, en Una leyenda… nos enfrentamos a situaciones muy concretas y determinadas en estrechos marcos espacio-temporales para el tratamiento del mismo problema: el ser humano en situaciones extremas. Situar al ser humano en situaciones extremas, en aquellas coyunturas en que todo peligra, hasta la vida en el planeta y donde no hay lugar para el error, es el recurso el egido por Rojas para apuntar hacia el sustrato ltimo de la conducta del hombre. El novelista ignora deliberadamente todo acontecer banal, toda historia superflua, para dejar el campo despejado a los principios ticos. Para l, lo importante es el momento en que se tensan todas las fuerzas y los valores humanos, donde se ponen a prueba principios y conv icciones, donde se devela, en fin, la verdadera esencia del hombre. En ambas novelas, la historia a contar es similar: se trata de un grupo elegido de especialistas, con elevado nivel de preparacin cientfica, fsica y psquica, que debe cumplir una misin determinada en el espacio ( Una leyenda del futuro ) o en otro planeta ( Espiral ). Todo el conflicto se mueve alrededor del binomio dialctico posibilidad-realidad referido a la tarea encomendada al grupo; y es precisamente el sentido colectivo de la voluntad y el deber lo que signa la proyeccin individual de cada uno de los integrantes del equipo, para quienes lo ms importante es, en cualquier caso, el trmin o satisfactorio de la misin a cumplir. Tomemos, por ejemplo, Una leyenda del futuro. All, tras el choque de la Sv iatagor con un sideralito, y la muerte —por esta causa— de tres de los seis tripulantes de la nave, se impone ante Thondup y Gema (los dos nicos sobrevivientes capacitados para la accin fsica) una labo r casi imposible: el regreso de la Sviatagor —seriamente averiada— a la Tierra. Para lograrlo emplean todas sus re servas, convencidos del deber no como destino, sino como entrega humana consciente en situacin extrema, para la consecucin de objetivos que se sitan ms all de lo individual, en bien del hombre todo. Solo as puede entenderse la alegra de Isanusi (el te rcer sobreviviente, jefe de la expedicin) al ordenar que su cere bro sea integrado a la biocomputadora, ante la imposibilidad de ejercer sus funciones motoras y la necesidad de la reparacin urgente de aquella, que ha sido destruida en parte por el sideralito: o la actuacin de Gema cuando tiene que matar a Thondup como nica solucin posible, en tanto la absoluta delirancia de este pone en peligro la seguridad de la na ve. En realidad, desde el inicio mismo de la novela, los personajes saben que van a morir: estn expuestos a una ra dioactividad muy alta cuyas secuelas comienzan a hacerse evidentes. Saben, pues, que tienen contadas horas y deciden em plearlas en lograr el retorno de la nave a la Tierra, al costo de su propia existencia. DEL TIEMPO Y EL ESPACIO Tiempo y espacio son utilizados en Una leyenda… siempre en funcin del supero bjetivo de Rojas. Toda la primera parte de la narracin se desarro lla dentro de la planetonave a un ritm o acelerado. El espacio cerrado y la rigidez de los acontecimientos contribuyen a crear el clima de tensin y stress que subraya el estado mismo de los personajes, situados en condiciones de extrema urgencia. El autor va marcando el acontecer en horas y minutos de manera explcita, porque para l es importante que el lector sea consciente de la “carrera contra reloj” a que estn obligados los tripulantes de la Sviatagor para cumplir con el propsito que se han planteado en tan difciles condiciones. En la segunda parte de la novela Rojas evita el conteo temporal. Su objetivo ya no es el planteamiento del conflicto, sino la solucin de este, y a la vez, ofrecer los an tecedentes de la historia narr ada. Para lo ltimo se vale del sueo como recurso que permite el flujo de recuerdos y asociaciones, accin que no es espontnea en los personajes, sino provocada y controlada por el propio hombre: es el logro superior de lo humano consciente en el dominio del subconsciente. A travs del recuerdo provocado se of rece al lector “la otra historia”, la que precede al acontecer factual expuesto en la primera parte del texto. El discurso se mueve aqu en dos planos espacio-temporales que se complementan para enriquecer la mirada cognoscitiva del receptor. Cabe sealar, empero, que no es esta la nica funcin del recurso apuntado, toda vez que opera tambin como elemento comprobatorio de la capacidad afectiva del personaje “condicionado” como autmata (Gema). Una leyenda… es —a diferencia de Espiral —, una novela de espacio y tiempo controlados. Si en su primera obra de Rojas lanza a sus personajes a espacios abiertos y la trama discurre en un tiempo “extenso”, en la segunda los expedicionarios de la Sviatagor se mueven en el estr echo marco fsico de la planetonave y el tiempo tiene all carcter de “intenso”. Es precisamente la economa de recursos espacio-temporales lo que permite al lector de Una leyenda… centrarse en el conflicto humano reflejado con mayor fuer za. De igual manera, la abundancia de retrospectivas,

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planos temporales y espaciales diversos, historias paralela s y otros modos de empleo de estas dos dimensiones a que nos estamos refiriendo, logra crear, en el caso de Espiral, la atmsfera de epicidad requerida por el autor para situarnos ante la tragedia de una civilizacin destruida y el actuar responsable de un grupo de rescate que pone en juego su propia exis tencia, movido por la dimensin moral que entraa su misin. DE LA RELACI"N HOMBRE-MQUINA Uno de los problemas que ms preocupan al hombre contemporneo —y cuya solucin ha contado con numerosas respuestas, en dependencia de la filiacin ideol gica del que teoriza— encuentra espacio destacado en la novelstica de Rojas. Se trata del aparen te conflicto entre el desarrollo vertig inoso de la tecnologa (especialmente de la computacin) y las posibilidades intelectuales del ser humano; o dicho con otras palabras, la compleja interrogante: pueden las “mquinas pensantes” ser superiores al hombre? llegarn algn da a controlarlo? Este asunto, apuntado ya en Espiral es ampliamente desarrollado por Rojas en Una leyenda… donde, a partir de recursos esencialmente artsticos, el autor nos ofrece su punto de vista al respecto. Para l, tal conflicto no existe, si la funcionalidad ejecutiva de la computadora y el robot complementan la creatividad de su creador. En la ltima de sus novelas, la contradiccin se pres enta en dos planos: en el propio ser humano (Gema, convertida en autmata a partir del “condicionamiento para situaciones no previstas” aplicado por Thondup y que se debate constantemente entre su capacidad ejecutiva a ultranza y sus afectos) y entre el hombre y la mquina como polos contrapuestos (Isanusi, “cerebro humano” de la nave y Palas, la biocomputadora, “cerebro mecnico” de la Sviatagor). En el primer caso, la co ntradiccin se resuelve con la identi dad de objetivos funcionales y ticoafectivos; a saber: el logro del regreso de la nave a la Tier ra, como razn de principios. En el segundo la solucin es mucho ms novedosa y compleja: el cerebro de Isanusi se inte gra fsicamente a Palas, lo cual le otorga a esta nueva entidad humano-mecnica un nivel de efic iencia que permite el uso de la Sviatagor, durante cientos de aos, como nave de entrenamiento y aprendizaje de los nuevos grupos espaciales a formar. Es evidente que para Rojas hombres y mquinas estn —cua ndo el desarrollo tecnolgico y de la conciencia lo permiten— siempre en funcin de las aspiraciones y los id eales ms nobles de la humanidad, y que juntos —no de otra manera— llevarn la Historia hacia delante. La oposicin de estos elementos, segn el autor, significara el fin trgico de la civilizacin (en Espiral despus de la Catstrofe, la Tierra queda destruida casi por completo y sus habitantes en los ms bajos niveles de desarrollo social). Sin dudas, la obra de Rojas es tambin un llamado a la paz. DE LAS LIMITACIONES DE UNA DATACI"N Los elementos utilizados por Agustn de Rojas en sus novela s se integran con eficacia a la estructura narrativa, de manera tal que conforman un sistema donde el todo y las partes logran la armona necesaria para el funcionamiento de los textos como unidades artsticas sufici entes. Sin embargo, uno de ellos carece de esta virtud y acta como lastre para la armona discursiva de lo narrado. Se trata de la datacin que fija el autor para el desarrollo anecdtico de Espiral y Una leyenda del futuro. La accin se sita en la segunda mitad del siglo XXI y se extiende un poco ms all hacia el siglo XXII, en la primera, y en el ao 2038, en la segunda. En ambos casos, el desarrollo tecnolgico y —sobre todo— el desarrollo fisiolgico e id eolgico de la conciencia del hombre se encuentran demasiado por encima de los pronsticos posibles para esa fecha, si se tiene en cuenta el nivel actual de las relaciones tcnico-cientficas y socio-polticas. El arte es siempre una forma refleja de la realidad y, el propio tiempo, una realidad especfica. Su doble carcter objetivo-subjetivo explica que el papel que desemp een la intuicin y la fantasa creadoras sea de gran magnitud, sobre todo en aquellas manifestaciones donde el pronstico o el “adelantarse en el acontecer temporal” tienen un peso fundamental, como es el caso de la cienciaficcin, donde el “material” con el que se trabaja es un amplio espectro de posibilidades que se acercarn ms o menos a lo real, en tanto mayor o menor sea su concordancia con las condici ones objetivas y subjetivas para su realizacin. En el caso de las novelas de Rojas, existe un notab le desbalance entre las condiciones antes apuntadas y las posibilidades esgrimidas. All, el alto desarrollo tecnol gico y el agigantado perfeccionamiento del cerebro y las relaciones sociales, se encuentran muy por encima de la real idad contextual posible dentro de solo cinco dcadas, de tal suerte que el autor se ve obligado a soluciones simplificad oras en el plano de las rela ciones polticas, como es la divisin del planeta en dos nicos sistemas: el Imperio y la Federacin, o el recurso de los Soaderos como centros donde la evasin liquida el enfrentamiento clasista a favor de la causa comunista.

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Todo esto produce, como efecto negativo para el texto, una prdida sensible de verosimilitud, quizs evitable con otra determinacin temporal menos cerc ana; tan es as, que si obviamos en la lectura la datacin sugerida por Rojas, la verdad potica que conforman gana considerablemente en veracidad artstica. Estas son, grosso modo, algunas noticias sobre Espiral y Una leyenda del futuro dos novelas de Agustn de Rojas con las que nuestra narrativa de ciencia-ficcin confir ma su derecho a la existencia fructfera dentro de la literatura de la Revolucin. El optimismo y el enriquecimie nto espiritual de un hombre convencido de que su futuro ser mucho ms que una leyenda es el saldo de la lectura de estas dos obras. Esperamos, pues, El ao 200 con la esperanza de que nos traiga nuevos y mejores sucesos.

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UNA LEYENDA DEL FUTURO (Fragmento) Agustn de Rojas Prlogo El verde disco, ribeteado de blanco, creci despacio, al principio. Despus, rpido, muy rpido, demasiado rpido, casi inconscientemente, el hombre que bajaba de l cielo contuvo la respiracin, un segundo antes de que sus botas desaparecieran dentro del espeso herbazal, aplast ando, quebrando los tallos crujientes, hundindolos en la tierra todava hmeda. El aeronauta se enderez, su mano bus cando la negra placa sobre el pecho. La encontr; la oprimi. Ces el montono zumbido del levitador a sus espaldas, y sobre los hombros se atirantaron las correas. Atento, Isanusi escuch el viento silencioso… Por encima del bajo crculo de piedras calizas, pas la mi rada, hambrienta de verdes, y los hall: el verde oscuro de bosques lejanos; el verde, claro y brillante, de las hierba s; otros colores, plidos, desvados, y verde, verde, ms verde… Sus ojos bebieron hasta el que manchaba las ro cas de musgos y lquenes. Con fuerza, profundamente, Isanusi aspir el aire cargado de olores vegetales, y sonri. En la cabina de control, las luces de alarma parpadear on dulcemente... Inclinndose sobre el tablero, Alix pregunt: -Qu ocurre, Palas? Las cifras corrieron veloces por los indicadores, hasta convertirse en manchas confusas, ilegibles; cien agujas multicolores temblaron en sus redondas cr celes de cristal, hacia la derecha, ha cia la izquierda; y el tablero habl. —Campo protector, alterado; fuga energtica, loca lizada en el inductor delantero, no controlable. Alix se acarici el mentn. —Qu propones? —Suspender el campo protector, revisin humana del in ductor averiado: segn el resultado, proceder a su reparacin o sustitucin. —Gracias por... Alix no pudo terminar la tradicional frase de desconexin; casi atragantn dose con las palabras, el tablero la interrumpi: —Advierto, advierto: tiempo restringido para toma r decisiones, desequilibri o energtico crecien... La voz de Palas dej de ser audible. De forma automtica, la mano derecha de Alix desconect el campo magntico de proteccin, la izquierda ab ri el intercomunicador, mientras que el agudo silbido de la alarma resonaba por toda la nave. —Atiendan todos; situacin de emergencia. Pvel, Kay, preprense para una salida al exterior; los dems esperen instrucciones... Cerr el intercomunicador. Sus manos regresaron al ta blero, zigzaguearon entre restatos y conmutadores, interrogando, proponiendo, discutiendo... Una gota de sudo r —la primera— resbal sobre las arrugas de su frente. Justo en el centro del campo de aterrizaje se alzaba el mo nolito gris. De pie frente a l, Isanusi termin de leer la placa cubierta de signos, y sus dedos treparon por la arista de la piedra; una leve presin, y en la parte inferior de la roca se abri una boca cuadrada. Los brazos penetraron en la fresca cavidad, tocaron y desecharon un saco, y el siguiente; extrajeron el tercero y lo colocaron sobre la hi erba, junto al levitador. El viento lo hizo palpitar con irregulares rfagas, mientras Isanusi se desvesta pausadamente. Las sombras haban empezado a acortarse, y el sol calent su oscura piel... Dobl la ropa con cuidado, la introdujo dentro de la roca abierta, y la cerr. —...Imaginarte esa piedrecilla csmic a, apenas un kilogramo de masa, va gando tranquilamente por el espacio sin suponer siquiera que nuestra nave est corriendo a su encuentro, a ciento cincuenta kilmetros por segundo...

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—Cllate, Pvel. La escafandra frente a Kay gir, desc ubriendo la estrecha mirilla transparente, el brillo oscuro de los ojos detrs. —Puedo callarme; dejar de pensar, no. T tambin deber as pensar en eso, y andar ms deprisa; mira, an te faltan los cierres... Bruscos, precisos, los guantes de Pvel recorrieron la unin entre el traje y el casco de Kay. —As. No pienses, y calla, si quieres; pereo no pierdas tiempo... Comprueba el traje. Caminando con torpeza, Kay cruz la cmara de descompres in. Detrs de ella, se desenrollaba el cable de seguridad, susurrando suavemente... Sus guantes recorrieron el mosaico de placas sobre el pecho, y volvieron, laxos, a los lados del cuerpo. —Lista? Como respuesta, una leve invc linacin del casco. Tras humedecer se los labios, Pvel anunci: —Ya estamos preparados, Alix. Las bombas aspirantes entraron en accin. Junto con el aire de la cmara, desapa recieron las arrugas en los trajes espaciales, y solo quedaron dos figuras hinchadas, esperando bajo la compuerta de salida. El sol se reflejaba con destellos azules sobre el metal. Cuidadosamente, Isanusi pas la yema del pulgar por el afilado borde, y sus labios se entreabrieron, descubriendo los dientes, fuertes, blancos. Volvi el cuchillo a su vaina. Alzando el saco, lo acomod entre sus hombros y, con flexible andar, camin hacia el mar verde que lo rodeaba, la funda del cuchillo rozando el muslo a cada paso, el saco semivaco oscilando, rtmico, a sus espaldas. Primero apareci un hilo negro, muy recto. Se ensanch descubriendo el vivo fulgor de mil lejanas estrellas. Pvel y Kay redujeron la transparencia de sus mirillas y todo fue como una clara noche terrestre. Adelantndose, Pvel ascendi por la escalerilla vertical. Kay lo sigui con la mirada y vio brillar su casco, ya fuera de la nave, bajo los impactos de los tomos del enrarecido gas espacial. Su bi a su vez, los ojos fijos en el centelleante costado izquierdo de Pvel; el derecho permaneca oscuro, casi invisible. —Pvel, te habla Alix. —Escucho. —Te propongo no perder tiempo revisando el inductor; mejor cmbialo de inmediato, despus lo puedes arreglar, estando ya aden tro. Te parece bien? —S. Caminaron encorvados sobre el casco resplandeciente, acompaados por el seco chasquido de las suelas magnticas adhirindose, desprendindose... Adelante, envuel ta en un fro haz de luz, la proa de la nave los aguardaba. El cristal se quebr, y temblaron las ntidas piedras de l fondo; Isanusi retir el cuenco formado por sus manos y bebi de l. Los hilos de agua corrieron por su pecho, apresurndose en volver al ro... La sorda vibracin les lleg a travs de las botas; incl inndose an ms, Pvel y Kay apoyaron los guantes en el luminoso casco de la nave, y miraron: no lejos, una ma sa lquida aflor por una grieta que no exista un momento antes, y se solidific casi instantneam ente. Qued, sobresaliendo de la tersa superficie, una cpula dorada. Por un largo instante, las dos escafandras pe rmanecieron inmviles, silenciosas. —A todos, a todos, informacin general: el microlito no lleg a atravesar el casco interior, lo detuvo la capa de densiplasma. Alix call, y ellos respiraron. Enderezndose, Pvel reanud el avance. —Pvel? —Kay? —Habla. De lo que quieras.

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Dentro del casco, una sonrisa forzada. —Est bien... Isanusi sacudi las manos; las gotas salpicaron las hojas dentadas de los arbustos, la tierra desnuda, el ro, su propio cuerpo... Sin razn aparente, grit y ri, mientras entraba en el agua helada. —...caminbamos por el parque, como de costumbre... No ; ahora recuerdo que slo miraba al suelo. No mir al cielo ni una sola vez, Kay. Y yo no saba qu decirle. .. Caminbamos en silencio, sin mirarnos. Ya de regreso, comenz a hablar. Me dijo que ahora comprenda que er a absurdo pensar en vuelos a otros planetas, cuando an quedaba tanto por hacer en el nuestro. Que lamentaba los a os perdidos, que se alegraba de que su grupo no hubiera sido aprobado... La voz de Alix surgi de improviso dentro de las escafanfras: —Y t qu le respondiste, Pvel? —Nada. Qu poda decirle? —Y me lo preguntas a m? T, que tanto te gusta hablar y hablar, hasta ahora? Pvel no respondi. Sus manos perdieron velocidad, se movieron ms despacio en torno al cilindro ahusado en el extremo delantero de la nave. Las mandbulas de Kay se contrajeron espasmdicamente... Pregunt con aspereza: —Alix, te has dado cuenta de lo que has hecho? —Pero Kay, si es que Pvel... —Cmo se te ocurri interrumpirle? Sigue hablando, Pv lik; yo te entiendo, te comprendo. Alix ha hicho eso solo porque est nerviosa, ella... pero habla, Pvel, quiero orte. Durante interminables segundos, solo ruidos, solo es ttica. Luego, de nuevo, el murmullo de Pvel: —Erik y yo estamos juntos, desde la Precsmica... Mil veces me he preguntado por qu no los incluyeron, a Tania y a l, en nuestro grupo... La culpa de no haber sido aprobados no tiene que ser necesariamente suya, Alix. Debes comprenderlo; despus de tantos aos... Gradualmente, sus movimientos se aceleraron. Del cilindr o salt una varilla redonda, y cay en los guantes de Pvel; Kay sac de su traje el inductor de respuesto, lo alcanz a Pvel, tom el averiado y lo guard. —...algo momentneo, transitorio; cuando pase el tiempo... El nuevo inductor desapareci dentro del cilindro. giles, las manos de Pvel iniciaron el proceso de sellaje... Cantando, el agua cubri de espuma las rodillas de Isanus i, frenando su regreso al sol, al calor... Los dedos de los pies se hundieron en el limo, treparon por la empinada orilla, lo condujeron hasta el saco abandonado. Tendindose sobre l, Isanusi esper, con los oj os cerrados, a que su piel se secara. —...qu significara aquello? l, delante de quien todos tiemblan, besando la hierba seca, llorando... De pronto, al levantar la mano exclam: ¡No soy ms vuestro rey, desde ahora! ¡La muerte en las tierras natales es ms amada que la gloria en parajes lejanos! Un breve silencio... —Maikov? Los ojos de Gema se abrieron rpidamente, buscaron el videfono... Desde la pantalla, Thondup le sonrea. Dejando escapar un suspiro, respondi:

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—S, Maikov. Thondup la mir comprensivo. —No es difcil comprender que era otra persona que deseabas ver... Lo despierto? Gema hizo con la mano un gesto negativo. —No? Como quieras. Pero t lo conoces; no nos perdonar el haberse perdido una ocasin como esta. —Y si lo despertamos, qu podra hacer? Esperar, como nosotros? No, no vale la pena, Thondup... Para qu queras verme? La sonrisa del hombre se acentu. —Asunto de trabajo; verificar la reaccin de un miembr o del grupo en condiciones de stress. Gracias, Gema. Y el videfono se apag. El calor del medioda despert a Isanusi. Levantndo se, recogi el saco, y lo reacomod sobre la caldeada espalda; silbando una vieja cancin, reanud su camino. Las manos de Alix se alzaron, cruzndose tras su cuello, oprimiendo la dolorida nuca un instante; al volverse a inclinar sobre el tablero, vio brillar una clida luz amarill enta. Reparado el inductor; ya deben estar de regreso. Como nos reiremos recordando este mal rato... No tan aprisa, A lix; todava no estn adentro... No deb interrumpirlo, Kay tena razn; pero bien pudo hablar de otra cosa... Ya no tengo dudas sobre la causa que frustr ese grupo; el mismo Erik... Interrumpi sus pensamientos un chispazo de luz en el tablero; acercando el rostro a la pantalla derecha, la examin con atencin. Respir. No, nada en el localizador... Esa forma de reaccionar, renegando de todo... ¡Y todava Pvel lo defiende! Si es un autntic o pitecntropo. Audo no se equivocaba, no; an abundan; llegan hasta la Academia Csmica... Llegan, s, pero no pasa n; suerte... suerte no; justic ia. Es suerte que esto nos haya sucedido aqu, la densidad de la materia es baja en esta regin... Como deseo verte, Thondup... Si nos llega a ocurrir esto en el cinturn de asteroides... Mir el diagrama formado por las luces. No, todava no han entrado. Comprob la hora y sonri. Claro, ni aunque regresaran corriendo... Qu despacio pasa el tiempo; todava una hora hasta el relevo... Quisiera ver su cara cuando se entere. L o habrn despertado ya? Otra ojeada al tablero. No, todava... Nada en el localizador. Somos afortunados; un macro lito, y... Para qu pensar en lo que no ha ocurrido? Concntrate en lo que tienes que hacer, Alix... Ya deben es tar llegando a la compuerta... En cuanto me revelen, voy directo a ver a Pvel; y entonces no habr motivos para cal larme lo que pienso sobre Erik. Pvel es excesivamente crdulo, demasiado benevolente con todo el mundo... Isanusi midi la distancia con la vista. Una carrera pa ra tomar impulso, un salto, y estara al otro lado del barranco. Retrocedi una docena de pasos, flexionando, prep arando sus msculos... Inici la carrera, la mirada atenta a la distancia decreciente al lugar donde comenzara el salto, al pequeo arbusto de la otra orilla junto al cual debera caer. LAS LUCES DE ALARMA GRITARON. De forma instintiva, Alix lanz sus manos hacia el tablero, intentando tomar los controles... No lo consigui. Salt, vibrante el elstico cuerpo, la mirada fija en el pequeo arbusto que se acercaba a toda velocidad. Con nitidez absoluta percibi cada una de sus hojas, estremecidas por la suave br isa... Senta tensos, contrados sus msculos, en la espera del choque contra la tierra; y, de repente, estallaron mil soles. Crecieron, crecieron, se encogieron, volvieron a crecer; siempre quemand o, quemando los ojos deslumbrados. El calor lo cubri en densas oleadas, envolvindolo, abra sando cada clula de su cuerpo; se retorci, gritando sin voz. Cada msculo, cada nervio ardi, contrayndose, chisporroteando, carbonizndose... Lleg, salvadora, la oscuridad. Todo se apag sbitamente; todo, hasta el dolor.

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TRILOGIA DE ANTICIPACION : REFLEXIONES Y AFLICCIONES Anabel Enrquez Pieiro (Tomado de Guaicn Literario, escrito en 1991) ... donde yo encuentro mayor poesa es en los libros de ciencia Jos Mart Decimos ciencia-ficcin y muchos la asocian con la evas in, la huida a otros planetas desde la desagradable realidad cotidiana. Sin embargo, los au tores que tienen esto como propsito no son los ms significativos (dentro de este subgnero de lo fantstico que se form junto al creciente avance cientfico de la sociedad y ha estado ntimamente vinculado con los acontecimiento s histricos, sociales, econmicos y polticos. La ciencia ficcin cubana mostr desde sus inicios inquietudes de tipo universal. En 1979 se instituye el Premio David para el subgnero, por parte de la Unin de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y desde entonces se aprecia la labor creciente de un buen grupo de autores; aunque en ningn momento puede considerarse un ejercicio extensivo. La ciencia ficcin presenta diferentes modalidades. Entre ellas, la ms compleja y difcil, la llamada hard science fiction, cuenta con escasos cultivadores en los pases subdesarrollados, dado el propio atraso cientficotcnico de las regiones del Tercer Mundo. Por tanto, no solo Cuba, sino toda Amrica Latina no escapa a esa realidad y posee escasos representantes de la vertiente realista del subgnero. Nuestro pas sin embargo, aparece en la vanguardia del continente y cuenta con algunos autores enfras cados en esta modalidad de la ficcin de anticipacin, entre los que se ubica como mximo exponente Agustn de Rojas Anido, escritor villaclareo que reafirma una posicin cimera en la ciencia ficcin, no solo cubana, sino latinoamericana. Licenciado en Ciencias Biolgicas, Agustn de Rojas se inici en la literatura gracias a la necesidad de comunicar su inters por el destino del hombre, estimula do con el poderoso caudal informativo que acumula en aos de vida lectura. Se considera tributario de muchos auto res, fundamentalmente Bradbury y los hermanos Strugatsky, as como de otros que no son del gnero), Hammet, Merime, Dostoievski, Lovecraft, etc Fue el segundo escritor cubano en recibir el Premio David, en 1980, con su novela Espiral y en 1990 vio publicada El ao 200 que vino a cerrar una interesante triloga y qu e lo coloc por ms de 5 semanas entre los escritores ms ledos en el pas. LOS TEMAS El tema de Espiral es el catastrofismo; su asunto trata la destruccin de la Tierra por una devastadora guerra nuclear y biolgica vista a travs del prisma del hombre qu e lucha por salvar al planeta, mientras se enfrenta a sus prejuicios, frustraciones, debilidades y contradicciones e ngendradas por las propias re laciones interpersonales. La segunda novela, Una leyenda del futuro intensific la penetracin a los profundos agujeros de la conciencia y los sentimientos. Otra vez los personajes en situaciones adversas y difciles, otra vez a prueba los valores morales, ahora en un grupo de jvenes que de regr eso de un viaje de investigacin y exploracin, sufren un

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accidente. Se impone a los sobrevivientes la casi imposible tarea de regresar a la Tierra, convencidos de las dimensiones humanistas de su entrega. En un solo aspecto Espiral y Una leyenda.. pierden la verosimilitud lograda por los recursos estilsticos: la datacin en que el autor ubica ambas novelas, Espiral en la primera mitad del siglo XXIX y Una leyenda… en la tercera dcada del siglo XXI. En los dos casos resultan incompatibles con los pronsticos actuales para esa poca del nivel tecnolgico y el desarrollo de la conciencia repres entados. Esto lastra sensiblemente la veracidad artstica, quizs evitable con otra datacin. El ao 200 result la fusin de los clmax violentos, la descarnada narrativa cons eguida en Espiral y el adecuado manejo de la informacin y los personajes consolidados en Una leyenda... Es el enfrentamiento de dos civilizaciones enemigas por la irreco nciliabilidad ideolgica, los conceptos morales y cuestiones ticas se van a cuestionar con mayor intensidad, y se insiste en el instinto de conservacin del hombre. Imbuido en la tensin de la trama, el lector se ve comprometido con una realidad futu ra, pero que cada vez se hace ms presente; se descubre de pronto en situaciones similares a su prop ia vida, ahora desde la ptica del lector atrapado por los juicios de un autoremisor sagaz para internarse en la psiquis de l receptor e identificar la con los personajes. EL ESTILO De Rojas despeja en sus novelas el camino de toda descripcin agotadora o narracin superflua para hacer protagnicos al dilogo y el monlogo interno, cuyo dina mismo establece un estilo peculiar. En este caso, tales recursos no son utilizados solo para co municar puntos de vista de los personaje s, otorgarles movilidad y vida propia, sino que estn dotados de otras funciones caracterizadoras y de dramatizacin. 1.Son los principales comunicadores de las s ituaciones a travs de la ptica del personaje. 2.Llevan implcita la tensin de la trama; recoge n los estados anmicos en coyunturas extremas y los trasmiten en activ a, expresividad. 3.Son delineadores de psicoperfiles. 4.Logran diferenciar el nivel intelectual y profesional de los personajes. 5.Contribuyen a crear la visin cinematogrfica de sus escenas o secuencias narrativas. Recursos novedosos unos, tradicionales otros, aunque jus tificados por su estilo, recrean el contenido de las novelas. En Espiral es empleada la llamada dilatacin temporal para presentar estados de mxima tensin; Una leyenda... nos presenta una retrospectiva que relata una hist oria precedente al acontecimiento descrito para recrear la mirada cognoscitiva del receptor; y El ao 200 muestra el recurso de la conver gencia, utilizando indistintamente para conformar situaciones de estrs o narrar un hecho de forma ms artstica. El ao 200 es el ms completo resultado de una narracin y dilogo depurados, intenso empleo de verbos y cortas descripciones que interactan de acuerdo con el ritmo imprimido a la secuencia: La puerta se abri. En el umbral, el rostro encendido, la respiracin agit ada, estaba Aisha Dewar. Atropelladamente la muchacha dijo: —Perdona, Harry; no pude evitar la demora... Hacindose a un lado, le indic que entrara dicindole: —No tiene importancia… Conozco lo absorbente que es tu trabajo. El rubor de la muchacha se acentu. ( El ao 200 ) Cuando se desarrollan vastos argumentos cientficos de ntro de este tipo de novela, puede entonces que la informacin mal manejada convierta al texto en un espcimen de laboratorio, ajeno al aspecto humanista. En el caso de Agustn de Rojas, elementos cientfico-tcnicos y acontecimientos y conflictos humanos son representados con igual intensidad para dar una visin ms aguda del mundo de la fbula. Por ello, el suministro correcto de la informacin, sin llegar al de trimento de la calidad liter aria, requiere de eficacia en la tcnica narrativa. Debido a su procedimiento compositivo, De Rojas establece un acceso que determina tipos de lectores: El lector comn no acostumbrado a la lectura intensa y que generalmente no conoce el gnero.

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El lector tradicional, al tant o de lo ltimo en la literatura. El lector de ciencia-ficcin, especializado en este subgnero. El autor introduce adems a los lectores en funcin de la informacin que se de sarrollar en el texto, valindose de las presuposiciones psicolgicas sobre estos, el grado de verosimilitud cientfica y la eleccin del momento adecuado para que sus personajes acten con ese objetivo. Este conjunto de aspectos proporcion un excelente resultado en el caso de Una leyenda del futuro y El ao 200 En Espiral y El ao 200 el cmulo de informacin a manejar es tambin muy superior. Por sus caractersticas particulares, Espiral no encontr todava la habilidad narrativa que exiga, y en oc asiones se afecta el ritmo interno y se cae en exposiciones didcticas. El ao 200 va a presentar, por su enorme caudal de informacin, esta dificultad en algunos captulos, pero aqu la integracin ciencia-liter atura tiene mejores resultados que en la primera. SOCIEDAD Y PSICOLOGIA. LOS PERSONAJES En la representacin del contexto social de sus novelas, ya sea mediante referencias ( Espiral y Una leyenda del futuro ), o como elemento inferido en la trama ( El ao 200 ), De Rojas parte de un principio que 1 mismo ha enunciado: "Los cambios en un futuro dado no se limitan al aspecto que nos interesa en particular. En la sociedad todo cambia; y hay que estudiar ese todo (desde modas, tcnicas, hasta actitudes ticas y morales)". El ao 200 nos traslada a una sociedad de altsimo desarrollo cientfico-tcnico donde el trabajo creador es una necesidad primordial. Una sociedad crecida en todos sus aspectos y cuyos integrantes se hallan ante la disyuntiva de la infinita necesidad del conocimiento y la imposib ilidad objetiva del cerebro del hombre para asimilar los novedosos aspectos que brinda la naturaleza, y que va a desembocar en la transm utacin de diversos grupos humanos. No obstante esta dificultad, la actitud ante el deber social, el desarrollo de la capacidad creativa del hombre mediante su aporte social, el respeto a la volunt ad humana, nos llevan a la reflexin de que el presente reclama un esfuerzo superior para colocarnos en el camino que conduzca al desarrollo pleno del ser humano en la sociedad. En Espiral y Una leyenda… los personajes son proyecciones de socied ades paradigmticas, de altos valores humanos y eficaz integracin colectiva. Solo desde la formac in tica recibida se hace comprensible el espritu de sacrificio y el altruismo de los personajes, cuando principios ticos, se enfrentan a los intereses egocentristas y triunfan. Los recursos para influir en la conciencia del receptor en la creacin de la situacin, o en la construccin de un personaje, revelan el dominio tcnico. Tanto el empleo de las cualidades emotivas de algu nos personajes para atrapar al lector en complicadas valoraciones, como el uso del factor fsico para pr esentar a determinado grupo o personaje como un falso antagonista, y la insercin en El ao 200 de un cuestionamiento directo a travs de siete tests psicolgicos intercalados, reafirman el valo r funcional de la psicologa como elemento de constructividad. Por todo lo anterior, podemos considerar que en la escritura de estas tres novelas el aspecto psicolgico corresponde a la cualidad artstico-literaria. Interesado en situar personajes en situaciones extremas, De Rojas se concentra en lograr la complejidad de estas. El lector descubre a los personajes a medida que estos se encuentran a s mismos. Dicha igualdad de planos, que anula cualquier ventaja del receptor o del personaje, enriquece la efectividad psicolgica del proceso narrativo. Es caracterstica la presentacin de personajes planos o tipos psicolgicos que logran una evolucin hacia personajes "de relieve", tras la presentacin de los clmax individuales. Ejemplo: Noreen, en Espiral nos muestra en la primera parte una sola arista, su jovialidad; y a partir de concientizar el resquebrajamiento de sus relaciones con Arne, su pareja (clmax), comienza a manifestarse como individuo. El tratamiento de la psicologa femenina ha superado el delineamiento de los personajes masculinos: Derek, el personaje principal de Espiral a pesar de su complejidad intema, no supe ra a la intensidad humana, realista, de Gema, la protagonista de Una leyenda… ni de otros personajes secundarios en su misma novela, como es el caso de Noreen, Sheila o Esther; ni en El ao 200 la diversidad de matices de una Alice Welland, una Sybil Golden o la propia Maya. El lector puede hacerse copartcipe de la historia desde el momento en que se identifica con uno o ms personajes. Entonces est expuesto como en la vida misma a que aquellos que le parecieron integrales y dueos de la

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razn sufran una evolucin negativa y se desvaloricen, o por el contrario, los que resultaban equivocados o negativos sean insospechados defensores de la verdad. CONCLUSIONES I Espiral desencaden una triloga que continu en Una leyenda... y culmin con El ao 200 En ellas hay elementos temticos que se vinculan sutilmente, dando en una obra posibles desenlaces a la anterior. De esta forma, el mensaje de la triloga comprende el de cada novela en s y una conclusin global de los problemas presentados en cada una. Muestra de estas relaciones internas fueron dos paradigmas enunciados en Espiral intensamente significados en las novelas que le siguieron: 1.El bien y el mal no son conceptos infan tiles, no siempre son f ciles de reconocer; y 2.La ciencia no es ni buena ni mala; la tica no puede aplicrsele sino a quienes la utilizan. No obstante, cada novela encierra en si un futuro difere nte, y sus caractersticas son por consiguiente distintas: Espiral una novela de accin (pica); Una leyenda... de personajes (dramtica); y El ao 200 de ambientes y situaciones. II Desde el punto de vista compositivo, las novelas de Agustn de Rojas se caracterizan por: La ubicacin en un mismo plano del asp ecto humanista y los elementos cientficos. Constituir un coherente universo fabular partiendo de relatar desde la perspectiva del subgnero las relaciones de nuestra propia sociedad; lo inusual y sorprendente en lo que estamos habituados a ver cada da. El trabajo con tramas paralelas y varios planos de l ectura, en juego con la apariencia y la realidad, que deviene en una compleja construccin. Una narrativizacin donde el dilogo y el mon logo adquieren funcin protagnico-compositiva. La configuracin de situaciones extremas, con los persona jes, que destacan el significado de los valores ticos. No expone apelativamente valores y teoras, sino que l ogra correlacionarlos para configurar la psicolgica de los personajes a travs de su s relaciones intratextuales. III Marx Eastman negaba que el "espritu literario" pudiera tener una pretensin de descubrir la verdad en una era cientfica. En ms de una ocasin la literatura ha demostrado lo contrario. Cuando el primer hombre vol al cosmos, visit la luna, descendi a las profundidades ocenicas, la obra de Julio Verne dej de ser pura especulacin futurista. Espiral Una leyenda del futuro y El ao 200 no solo comprenden un importante valor social y especficamente literario, desde una ptica marxista, sino qu e las bases cientficas que sustentan sus hiptesis las hacen factibles. Quien vaya a leer estas novelas intentando evadir la realidad chocar con la realidad misma provocadora y cuestionada; demostrando que todo tipo de literatura, incluso la de ciencia-ficcin, es el resultado del medio y del tiempo en que se escribe; de las condiciones del escrito r, del marco social donde este se desarrolla, y las interrelaciones de la propia literatura, convocadas en la realidad del texto. NOTAS 1. Ver R. F. Hernndez Capote, "De la eticidad y de ot ras noticias en las novelas de Agustn de Rojas", Letras Cubanas (6), Ciudad de La Habana, octubrediciembre 1987. 2. Ver M. Cmara, "Dilogo con un extraterrestre", en Dilogos al pie de la letra, Ed. Letras Cubanas, Ciudad de La Habana 1988.

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FALLECI" AGUSTN DE ROJAS, EL MS IM PORTANTE NOVELISTA CUBANO DE CIE NCIA FICCI"N Temprano en la maana recib un mail del escritor Carl os Duarte con una noticia desconcertante: Agustn de Rojas ha muerto. Por segundos me qued sin emociones, entu mecida...Rele varias veces el texto para saber si haba comprendido el mensaje. Saqu cuentas, Agustn tena solo 62 aos, cumplidos en junio de este ao, y los que crecimos leyendo sus novelas esperbamos an su retorno al gnero en algn momento. Recuerdo haber experimentado sensaciones de prdida frente a noticias similares...cuando falleci Nicols Guilln, Freddy Mercury o Isaac Asimov Haba sido como si de repente una lmpara se apagara y al mundo se aadiera una sombra indeleble ms, un silencio donde ha ba existido un inigualable acorde, un crter donde antes haba un caudaloso ro. Pero Agustn de Rojas no era de esos artistas que admiraba y segua, a travs de sus libros, de la prensa, o compartiendo algn espacio desde el pblico en un evento literario. Agustn fue el primer escritor de ciencia ficcin que le en mi vida y quien me enamor, a primera vista y definitivamente, del gnero. Agustn fue el primer escritor con quien convers sobre mi inters por la literatura y quien tom en serio mis palabras. Con quien debata, en nuestra natal Santa Clara, en su refugio de un tercer piso en el Reparto Virginia, sobre los libros de autores anglosajones que me prestaba de su propia biblioteca, gracias a lo cual adquir una cierta cultura de lo fantstico, y tambi n mi vocacin profesional por la psicologa. No habra sido mi vida como es sin su enorme generosidad, sus dotes de e ducador y su infinito humanismo. Su obra fue el tema del primer ensayo que escrib en mi vida y mi primera public acin. Porque para m y para la parte de mi generacin comprometida con la literatura fantsti ca cubana, Agustn era la inspiracin, la escuela, la fe en el futuro. La vida nos lleva por derroteros imprevisibles y al muda rme a la capital la comunicacin entre Agustn y yo fue mucho ms espordica. Pero siempre prevaleci el afecto mutuo, los buenos y sabios consejos de su parte, y la infinita admiracin que provoc en m desde los once aos Tampoco los aos extraviaro n ese hbito de consultar Una leyenda del futuro como si fuera un orculo, en un juego mstico entre mis amigos que adems de diversin siempre nos provocaba sorpresas. Por eso, cuando le el mail, no fue como si una lmpara se apagara, como un nuevo punto de silencio en el mundo, o como contemplar el lecho de un ro seco. Fue como si Titn tapara el Sol en un inadmisible eclipse. "Siempre hay un viaje del que no se regresa"... Pero como para Isanusi, su historia no morir con l, y seguir formando, desde su obra inmensa propagada a travs de l Espacio y el Tiempo, a muchos, muchsimos grupos de escritores y lectores...Y nunca, aunque se convierta en Leyenda, perder su significado para nosotros. 12 de septiembre de 2011

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EL AO 200 DE AGUSTN DE ROJAS Por Kevin Fernndez Concluyo la interesante novela de Agustn de Rojas (Editorial Letras Cubanas 1990) con un deseo de dialogar con el texto, arrastrado desde las pgi nas centrales. Buen sntoma, pues un libro tiene ganada ya la batalla de las ideas cuando logra poner a reflexionar a quien lo lee. Con la anterior afirmacin hago imp lcita otra: la originalidad, aunque slo d nueva forma a la materia prima de los mismos planteamientos del contexto filosfico, no digamos ya planteamientos novedosos, trabaja como un despertador lue go de una noche de silencio. El recibidor de las ideas expuestas con arte rebate furioso, o asiente iluminado, pe ro no tiende a quedar impasible; eso logra este trabajo literario. Un hecho es indiscutible: la lectura de esta narraci n no ser un hecho estril en ningn sentido, he aqu la demostracin: El Ao 200 es una historia del futuro, de ciencia-ficcin, subgnero literario que, ms que el fragor de un armamento o el aparato de impensados avances, aboga, en su rama socialista, por describir utopas, narrar encuentros amistosos y presentar la sociedad capitalista como un cuer po podrido en adviento de su muerte. La accin ocurre precisamente dos siglos luego de esa supuesta extincin, en una sociedad futura de tipo comunista, cuando un grupo de personas pertenecientes a ese pasado hacen un retorno desd e las entraas de mquinas ocultas, y la lucha contra ese intento de devolver la especie a su primitiva condici n, en una trama donde el aspecto psicolgico, y por qu no? social, se impone a las pequeas y efectivas dosis de suspense y espionaje, e incluso a la filosofa, verdadera piedra angular de muchos de los exponentes del gnero desde Ray Bradbury. La ubicacin en el tiempo y el espacio de las redaccione s de este gnero determinan fuertemente el contenido, mientras la informacin sobre el autor define principalmente el estilo, y si no, tngase como ejemplo las novelas de Julio Verne, escritas durante la expansin co lonialista de la Europa del siglo XIX; La guerra de los Mundos de H.G. Wells, de poca de conquistas de frica y Asia; Venus + X de Theodore Sturgeon, escrita en la dcada de los Hippies; Crnicas Marcianas de Ray Bradbury, en los primeros aos luego del lanzamiento de la bomba atmica o el mismo 1984 en tiempo de estalinismo, donde se era tan culpab le por los pensamientos como por las acciones. El autor que nos ocupa escribe en los aos 80, ms concretame nte el quinquenio 1982-1987. El lugar, Santa Clara, en Cuba, pas socialista cercano al ms poderoso de los capitalistas; el hombre, una persona algo madura, entre 40 y 50 aos de edad, con dos libros anteriores publicados, uno de ellos premiado con el David, ha alcanzado su madurez estilstica; los hechos histricos del mo mento, de reformas y tanteos relacion ados con la Perestroika sovitica han dejado atrs aquella literatura donde el co nflicto solo tomaba cuerpo en la supe rvivencia de la idea burguesa en el presente socialista, eliminada al final, o en los conflictos existentes en la sociedad de clases antagnicas vista desde la distancia (Estados Unidos es casi una omnipresencia) para agregar a estos un nuevo conflicto, si acaso ms empalidecido, pero patente en la litera tura ms arriesgada, de situaciones pol micas en el mismo seno socialista del socialismo. Pasadas las primeras pginas, nuestra primera impresin formal es estar ante un texto de fcil lectura, y cuando digo fcil no aludo al plano del significado. La estructura est distribuda en captulos con nombre y nmero romano, y subcaptulos en numeracin arbiga de tal form a que es muy difcil leer diez pginas seguidas sin encontrar un epgrafe donde pueda el lector descansar algu nos momentos y seguir adelante. Cada cierto nmero de captulos aparecer el fragmento de un test mental, aportaci n del escritor al gnero, si mi poca cultura no me engaa, para lograr una mayor interaccin receptor– mensaje. Estos aciertos alivian el cansancio y hacen imperceptible el tamao algo extenso de la obra. Tambin es una ayuda el estilo sin mucho enrevesamiento, prrafos y perodos nunca demasiado extensos, ni sintaxis de enredos barrocos enumerativos, ni despliegue demostrativo de grandes conocimientos cientficos. El epgrafe inicial, donde se describe la particularidad del contador de plomo radiactivo usado en las hidras es tal vez uno de los nicos datos puramente cientficos de la novela. No esperemos tampoco hallar tecnicismos tributarios de un Pequeo Larousse de Ciencias y Tcnicas. El escritor, felizmente para ese gran pblico que contempla con horror el lomo de un tr atado de Halliday, no ha renunciado al camino de ofrecer asequibilidad. Lo anteriormente indicado no implica ausencia de suge rentes recursos tcnicos de l narrador contemporneo. En el despertar de Alice Welland tenemos un caso palpable de retrospeccin fragmentaria. Cuando Houdry encuentra vaca la casa donde est una agente que debe eliminar, el texto se parte en varias dire cciones por un momento, como un crucigrama. La forma de pensar de Maya es diferente a la normal, y existen por todo el texto varios monlogos interiores breves, aunque sin seguir la tcnica Joyciana. Y estos solo son algunos ejemplos en la memoria tras muchas pginas ledas.

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Pero cuando vamos a la significacin obtenemos las conclu siones ms jugosas. La curva de atencin del lector flucta ostensiblemente y puede dividir la novela en tres pa rtes fundamentales. La primera, desde el despertar de las hidras hasta la conclusin de los sucesos en el Bur de Estudios Sicosociolgicos desatados a raz de la persecucin de Alice Welland. Atencin ascendente, donde contemplamos el surgimiento y desarrollo de los resucitados, los valoramos a travs de sus sentimientos y actitudes y conseguimos sentir ansiedad durante la huda final. La segunda parte, quizs la ms filosfica de todas, narra los debates en las altas esferas de la sociedad de los nomos y nos revela las concepciones ticas a travs de diversas opiniones y he chos. Respecto al primer clmax de la primera parte la atencin tiende a decaer un poco en ciertos debates a veces algo bizantinos, pero necesarios por el paisaje de la sociedad futura que se dibuja, cosa a la que pocos autores socialistas se han atrevido. La tercera seccin comienza en el momento de la partida de Alice y Maya, la cibo, a luchar contra los resucitados de la hidra, hasta el final de la novela. Es el momento de mayor accin, pero no nos confundamos imaginando tiroteos de armas futuristas, sino a una especie de Yoda que va destruyendo al enemigo con sus propias armas y trampas, sin mover apenas un dedo. El final, con un sbito personaje que parece salir a ltima hora como una pegatina, y un uso un tanto cursi del aforismo “el amor todo lo puede” no consiguen echar por tierra el im presionante talento desplegado en la confeccin de este clsico de la ciencia–ficcin cubana. El Ao 200 no es una novela de atmsferas, no corre ese riesgo de perderse en los detalles de describir una tecnologa imaginada o presentida. Las descripciones no ahon dan en detalles acerca del ambiente, y, como en uno de los preceptos de Horacio Quiroga, los personajes no ven cosas innecesarias. En cuanto al sistema de personajes, para definirlo es nece sario invocar la filosofa de la soga amarrada sobre el abismo entre bestia y superhombre, por donde la humanidad avanza o retrocede. Todos los resucitados de la hidra, excepto Alice Welland, son personajes-bestia. Aunque portan ideas convincentes en algunos aspectos, sus acciones los tien de un solo color: asesinos, torturadores, manipuladores, paranoides, violentos por naturaleza, no bien son unos pocos y ya planean destruirse. Desde el inicio vamos predispuestos y Agustn de Rojas no disimula su intencin, preguntando en la primera parte del test preg unta: “Considera la muerte de Bennie y Donna como una crueldad?” y realmente logra hacer sentir as. Son tratados como seres inferiores: para los nomos no son siquiera personas, lo cual recuerda un pensamiento marxista: La huma nidad saldr de la prehistoria y entrar en la historia cuando desaparezcan las diferencias de clase, parafraseando. Este manejo es ms que aceptable, aunque hubiese hecho dudar un poco ms al lector un resucitado con ideales im periales y ciertas virtudes morales. En el medio, estn los nomos, interesantes dueos de la sociedad actual. Los nomos no son perfectos, y en ciertos casos, algunas de sus concepciones los ponen muy cerca de los personajes-bestia. Clyde, el mismo sicosocilogo al enamorarse de Alice, siente asco ante el condicionamiento –manipulacin psicolgi ca– hecho en la mente de esta por Stephen Houdry para obligarla a amarlo, pero sin embargo, siente la satisfaccin del deber cumplido al convencer a un matrimonio de que su unin de ocho aos es aberrada para el desarrollo emoc ional de su nica hija y los reacondiciona –en un lugar de la novela se deja caer que condicionamiento y reacondicion amiento, o reajuste, son las caras de una misma moneda– para borrar el amor conyugal de sus mentes. En realidad la sociedad de los nomos sufre un condicionamiento completo. En un fragmento del test el autor plantea: “Suponga que usted es un miembro de la sociedad descrita en la novela. Suponga que el trabajo CREADOR, socialmente til, es una necesidad para usted. Suponga que usted no es capaz de aportar algo nuevo, valioso, a la sociedad y est consciente de ello. Marque con una x la eleccin que hara: a)Convertirse en mstico (en la parte final del test se sugiere esto como un acto de cobarda) b) Convertirse en privo (estos viven en una comunidad primitiva perenne, subhombres a los cuales se ha de cuidar para que no destruyan su entorno natural) c) Convertirse en cibo (ser es con la mente transformada segn esquemas cibernticos, ganancia de habilidades de clculo o control mental a cambio de una personalidad ms fra) d) Renunciara (suicidio). La sociedad del futuro funciona como el mito de la expulsin del paraso al revs, si no puedes comer la manzana debes irte o morir. Nadie te matar, que va, nadie mata a nadie, t mismo estars programado para autodestruirte si no eres eminente ni quieres convertirte en un desplazado. El nomo es implacable hasta consigo mismo, mucho ms con los dems: Los imperiales no son person as; los msticos estn aislados hasta cierto punto; los privos, casi animales; los cibos, prim ero marginados, luego resultan ser los superhombres debido a ciertos descubrimientos al parecer in alcanzables a las posibilidades normales de un humano. El nomo, al descubrir esto, tiene en la mano dos opciones: ser un cibo, o superhombre, o suicidarse. El fracaso es sntoma de inferioridad, no est en los clculos. Quizs el ente en salir sorpresivame nte al final como individuo siniestro que haba sobrevivido en cuerpos ajenos desde la cada del imperio como el verd adero archienemigo sea el chivo expiatorio de estas ideas que mi mente conecta con un –ismo poltico de sagradable, pero me parece improbable. Los personajes ms logrados por sus tonalidades son “quienes no saben como vivir en la cuerda de la evolucin, siempre caminando, siempre en posicin am bigua: Alice Welland y Gwyneth (quien era Maya). Personajes enamorados, inclasificables. Son de un paralelismo increble: una rechazada en lo mental, otra rechazada en el pasado por lo fsico; ambas viven en la aoranza de ser amadas; ambas vienen a convertirse en la fuerza motriz del argumento en partes diferentes del texto: “la piedra desechada por los arquitectos es ahora la piedra angular.”

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El Ao 200 es una obra polmica. Su forma est bien lograda por lo transparente, por su funcin de vehculo y no de muro. Sus ideas no sern exactamente las nuestras, y eso es buena seal pues el autor est expresando esa electricidad en las neuronas propias y no recitando catecismos ideolgicos. Qu ien tome este libro y abra en la primera pgina, seguramente llegar a la ltima, le dar la fuerte impresin de no estar leyendo lo mismo de siempre, pensar y disfrutar a partes iguales.

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AGUSTN DE ROJAS: EL HONOR DE LA CI ENCIA FICCI"N CUBANA Por Denis lvarez Betancourt En los aos ochenta comenc a conocer que en Cuba, adems de los policacos tan divulgados por la puntual coleccin Dragn, existan escritores de ciencia ficcin. Devo rador de los futurismos comunistas de la antigua Unin Sovitica y de la repeticin constant e del holocausto inevitable de la humanidad a que las bombas del imperialismo nos condenaran, sin menoscabar a verdaderos poemas huma nos al estilo Efremov, pude apreciar claramente las dos tendencias que se manifestaban, una de lirismos fantsticos ubicados en mundos distantes o en dimensiones paralelas y otra con evidentes deudas al bombardeo sovitico. Eran tend encias lgicas por la situacin reinante en esos aos de aparente bonanza econmica y, en consecuencia, editorial. Al margen de historiografas sobre fundaciones, influe ncias o tendencias ms o menos asociados al mundo de la CF y tras la triste noticia de su fallecimiento quiero co mentar la obra que ms conoc de Agustn de Rojas, su El ao 200. La quiero comentar no como el canto magistral y pe rfecto, quizs no sea la cumbre de sus escritos, pero s como una obra valiente capaz de romper muy sutilmente con el esquema tendencioso de una futura sociedad perfecta a la que se le daba la capacidad absoluta de satisfacer las necesidades de la humanidad. La inteligencia de censores nunca se debe subestimar y en El ao 200 Agustn no la subestim en lo ms mnimo, muy al contrario, la manipul bajo un manto apar ente de lucha entre un capitalismo de aquel momento y un comunismo por construir donde este ltimo saldra triunfante de manera absoluta. Insisto en el aparente ya que subyace la seguridad de que el malo es siempre malo, pero el bueno no es tan perfecto como se piensa y la razn principal de conflicto de una sociedad sin problemas mate riales estar precisamente en el enfrentamiento de las individualidades. Premonicin inadvertida para los que poco despus sufrieron el mazazo de la cada de lo que posteriormente se llam socialismo real. Nada, que Agustn, al margen de anlisis de si su ob ra El ao 200 es una ms de las que copiaron la CF sovitica, supo enviar el mensaje ms inteligente de aquellos aos desde una plataforma, si se quiere, poco considerada an en plena edad de oro de la CF cubana. Inteligencia que no es evidenciar lo que todo el mundo conoce sino sugerir desde lo que se da como evidente para todo el mundo. Por otra parte es una obra excelentemente escrita capa z de revelarnos la trama como si estuviramos viendo una pelcula de esas que requeriran una superproduccin de Hollywood y que impacta sobre todo, al margen de su fondo sociopoltico, por los engarces perfectos de cada una de sus partes y la lgica consecuente de cada uno de los personajes y sus acciones. Ojal algn da alguien pueda re producir la batalla de avispas e inyectar nemoprotenas en un cerebro ajeno de la forma que l lo escribi. Pasados ms de 20 aos, pude conocerlo personalmente, una figura noble y detrs de sus espejuelos tena una mirada feliz. Vino con Yoss a una de nuestras a sesiones de l taller Espacio Abierto, algo ms que agradeceremos a nuestro singular compaero. Nos hizo el alto honor de to marse una foto con los presentes ese da y una especial con mi hermana y conmigo. El honor se salva cuando se enfrenta al dragn con solo una espada dentro de su cubil. Si le entramos a caonazos a la cueva le ganamos igual pero ya no tan hono rablemente, menos an si solo contamos que en la cueva hubo alguna vez un dragn. Por enfrentar al dragn en su cuev a con la simple espada de la palabra, creo que Agustn es el mximo honor de la CF cubana en su era dorada. Sirva este anlisis como homenaje a su obra.

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A LA MUERTE DE AGUSTIN DE ROJAS Gina Picart Aunque Dana Chaviano me haba recomendado en el taller Oscar Hurtado leer la novela Espiral de Agustn de Rojas, yo no conoc personalmente al escritor hasta 2003, durante un encuentro de escrit ores en Matanzas. Al llegar nos alojaron en el hotel Guanmar. Desde el primer mome nto me llam la atencin aquella figura manierista que pareca pintada por el Greco y era tan semejante a la de Harold Gramatges, anatoma leptosmica y nerviosa donde tan a menudo se encierran espiritualidades intensas y subl imes, siempre marcadas de algn modo por la intuicin de la Belleza. Pero si Harold tena un porte casi ang lico de tan iluminado, Agustn, en cambio, recordaba a un quijotesco hidalgo espaol, porque se perciba en l ci erto matiz muy parecido a un orgullo de casta del que seguramente no era consciente, pero resultaba comprensible pues los Rojas son una de las ms antiguas familias de abolengo de la Isla de Cuba, habiendo desemp eado siempre roles de jefatura muy sealados. No fue hasta la noche, en la velada de recibimiento que nos ofreci la UNEAC, cuando pude acercarme a l y abordarlo, pues estaba todo el tiempo rodeado de pers onas que intentaban acaparar lo. Recuerdo que haba una fuente, y en derredor unas jvenes danzarinas ondulaban sus cuerpos llenos de gracia al comps de la msica, pero Agustn estaba en otra cosa: intentaba organizar una mesa de domin para cuando volviramos al hotel. Conversamos de su novela y de ciencia ficcin, pero a las pocas frases desplac el tema hacia la magia y el esoterismo, y anoto como dato curioso que en aquel moment o, mientras yo le disparaba a bocajarro a un Agustn gentil, pero poco interesado, mis criterios sobre la reencarnacin, l me miraba con una mnima sombra de risa bien disimulada en el fondo de sus ojos por su exquisita educaci n aristocrtica. Deb parecerle estrafalaria. Al trmino de la noche la mesa de domin fue colocada en la plazoleta del Guanmar, y Agustn jug feliz hasta la madrugada en compaa de Jos David Curbelo y de una Susana Haug por entonces adolescente. No recuerdo quin fue la cuarta pata. Aos despus visit Villa Clara por vez primera y particip en un panel de conferencias. Agustn se encontraba entre el pblico, respetuoso y atento. Me ha ban dicho que padeca alguna clase de trastorno mental, desde haca tiempo se hablaba de eso entre los escritores, pe ro pasamos juntos bastante rato en un parque y luego en una cafetera, y nuestra conversacin re sult interesante y fluida, la brillant e inteligencia de Agustn permaneca intacta. Recuerdo que hablamos mucho en torno a El publicano su ltima novela, que yo haba ledo tres veces y considero esplndida. Estaba muy delgado y algo demacrado, pero sus ojos seguan siendo vivaces y traviesos. Al da siguiente lo vi encogerse como un nio bajo un regao de otro escritor, Lorenzo Lunar, motivado por una intervencin peliaguda de Agustn durante una de las confer encias. Agustn, a pesar de su edad, no aprendi jams las oblicuidades ajedrecsticas que ayudan a sortear la vida cotidiana y hasta a medrar con suerte en sus aguas turbias; era inocente como un nio, y de una franqueza y si nceridad capaces de trastornar a quienes le rodeaban. Pecados caballerescos imperdonables si quienes evalan poseen el ojo ftido del que con tanto dolor habl Mart. Entre las cosas sobre las que conversamos le coment que me haba enamorado de la ciudad y estaba pensando hacer una permuta. Agustn me mir unos instantes, sacudi despac io la cabeza con aire de sabidura y advirti lapidario: "Es muy bella, pero no te entierres aqu o te convertirs en una muerta viva". En mi ltima visita a Villa Clara lo encontr an ms enflaquecido, muy plido y muy inquieto. Se mova hacia todas partes, andando sobre sus largas piernas y agita ndo los brazos en ademanes nerviosos. Nos sentamos en un parque e intentamos hablar, pero result muy difcil, porque Agustn pareca obsesionado por la existencia de cierta mujer con poderes oscuros que amenazaba su seguridad. Quise que me dijera el nombre, porque —en caso de ser cierto— yo estaba dispuesta a enfrentarme a ella para de fenderlo, pero l jams lo pronunci, y solo insista en que lo nico seguro para escapar de sus maldades era mant enerse muy alejado de esa "bruja", como la llam. Trat de convencerlo de que la nica prueba que debamos acep tar de quien dijera poseer semejantes poderes era ver que esa persona tuviera una vida feliz y nadara en la abundancia porque de lo contrario estaramos en presencia de un charlatn. Paradjicamente, en ese, nuestro ltimo encuen tro, fui yo quien ya no deseaba hablar de magia ni de esoterismo, y no porque esos temas me causaran risa, sino porque en una de esas vueltas impredecibles que da la vida me haban provocado desgarro s muy profundos, y para protegerme de una recada me haba vuelto absolutamente racional. Como a pesar de mis peticiones pa ra cambiar de tema no lograba contener su discurso, termin esquivndolo y me alej de nuestro banco bajo los r boles dejndolo all solo, un poco desconcertado por mi comportamiento en nada parecido a mis mo dales habitualmente corteses y suaves. S que lo her, y hoy, al recibir la noticia de su muerte, la vergenza y el arrepentimiento que siento desde aquel da me han mordido una vez ms

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como una boca de fuego en pleno pecho. Mi hija me dijo aquella tarde: "Mam, no debiste dejar a Agustn de esa manera, mira que se le ve muy malito...". S, nunca podemos saber cul ser nuestra ltima oportunidad de decir a quienes amamos cunto los hemos querido y respetado, y lo importante que ha sido para nosotros que existieran y los hayamos conocido. Entonces, Agustn, te estoy diciendo ahora que te quis e y te respet mucho, an cuando ya otros haban dejado de hacerlo. Que junto con Hurtado y Collazo, te considero entre los grandes precursores y maestros de la ciencia ficcin cubana, y que tu novela El publicano por la sensibilidad con que est escrita, su visin profundamente original de la figura de Cristo y la fuerza de su estilo, se inscribe entre las mejores novelas histricas creadas en el Caribe, y otra vez alzo mi voz para acusar a la crtica de sordera y ceguera en lo que a esa novela se refiere; a la pedante, injusta y necia crtica que ta mpoco supo nunca comprender ni valorar Onoloria y que insiste en mirar con desprecio todo texto que le parezca reo de ciencia ficci n y fantasa, aunque ni siquiera lo sea en realidad. Siempre fuiste para todos nosotros un ejemplo de tica y una fuente viva de inspiracin, y para muchos lo seguiste siendo an cuando te abandon la razn, o tal vez sera mejor decir: cuando te instalaste en alguna de esas dimensiones extraas de las cuales est expulsada la gent e cuerda. Flaco, demacrado, plido, desgreado, la mirada perdida y la andadura sin paz por las calles de tu ciudad na tal, fuiste nuestro numen tutelar, ensendonos siempre la virtud de no hablar mal de los colegas, la modestia de no envanecerte aunque sabas que eras uno de los grandes, la dulzura del maestro que alza la antorcha para que otros pr osigan el camino, la extrao rdinaria importancia de la cultura para un artista. La muerte, Agustn, nunca es leve, pero para quien vi ve asustado puede ser un alivio tremendo. Como ha dicho Duarte, siempre fuiste demasiado bueno para este mundo en donde reina la chusma bandida que tanto hera tu espritu luminoso. Espero en Dios, en el Dios en que los dos hemos credo, que tu alma tenga paz, amigo. Y perdname si puedes, Agustn, aquella ltima vez en que no pude ser digna de ti.

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AO 200 ENTRE LA UTOPA Y LA QUIMERA Javiher Gutirrez Forte EL PERODO ESPIRAL La primera obra de Agustn de Rojas que tuve la suerte de leer lleg a mis manos en pleno perodo especial, poca en la que mi necesidad de leer se haba acrecentado, quizs como sustitu to de otras necesidades imposibles de satisfacer en esos momentos. Los libros eran aun baratos y no haba mucho en que usar mi magro salario que tanto trabajo costaba ganar. Espiral inici mi profunda aficin a la escasa, y limitadamente editada, obra de Agustn de Rojas, quien, como su tocayo de Hipona luchaba por encont rar la verdad de su poca. Agustn, el Villarejo, lo intentara explorando el futuro. Posteriormente adquir y le, todo el mismo da, Una Leyenda del Futuro y ms tarde en 1991, El Ao 2000 De esta ltima novela, de horrible cartula pero apasionante contenido, estaremos hablando a lo largo de este escrito. Detengmonos en las fechas de edicin y mi posteri or lectura pues mucho haba cambiado el mundo entre fines de la dcada del 80 e inicios del 90 cuando fue publicado El ao 200 Tantas transformaciones hicieron afirmar a Fukuyama que la Historia haba terminado y a otros qu e se haban acabado las ideologas. Todo un gran maremoto que transform y elimin el punto de part ida de la utopa descrita por Agustn de Rojas en este libro. El sistema socialista desapareci, pero no en un espantoso holocausto blico con daos ms o menos definitivos para la vida en la Tierra, tal y como se describiera en Espiral o en El ao 200 Desapareci en medio de aclamaciones populares, casi sin ninguna violencia fsica, bajo los golpes de los errores acumulados por aos. Los sistemas polticos en los cuales se afirmaba que gobernaba el pueblo, fueron destruidos por este, o al menos no fueron defendidos. El muro de Berln no fue derrumbado por las fu erzas del capitalismo en 1989, sino por millares de personas para las que simbolizaba una limitacin a su libertad, no una proteccin a sus vidas. En 1990 se reunific Alemania y dejar on de existir la RDA y el “Campo Socialista”. Ya no estaban los “pases amigos”. Un ao despus desapareca la URSS, “la herman a mayor”, “el faro y gua del proletariado mundial”. En realidad muy mal momento para publicar un libro que describa un futuro en el que este sistema socialista haba triunfado contra las “oscuras fuerzas del mal”. Ms qu e una utopa posible resulta ba entonces una quimera irrealizable. SISTEMAS DE GOBIERNO Y POLTICA La ciencia ficcin se ha ocupado, a veces de pasada, y otras de manera profunda, de las relaciones polticas entre los seres humanos. Sus autores han fantaseado con la s cruelsimas realidades de la dominacin, y de la organizacin social. En las pginas de incontables libros se recrean diversas versiones de sistemas de estado y gobierno que podran ser el futuro polti co de nuestra pattica humanidad. En El Ao 200 las formas de gobierno y las relaciones polticas son los verdaderos personajes centrales. En esta novela Agustn de Rojas describe detalladamente el funcionamiento de la sociedad en la que transcurre su historia, quin la dirige y cmo. Y es sobre la poltica y las formas de gobierno refl ejados en esta obra del recientemente fallecido escritor, que trataremos en estas pginas.

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La historia de El Ao 200 transcurre en un mundo futuro similar al de las novelas anteriores de ciencia ficcin escritas por Agustn de Rojas: Espiral y Una Leyenda del Futuro. Sin embargo, a diferencia de las dos mencionadas, en El ao 200 cambian algunos datos relevantes, como por ejemplo: los niveles de afectacin causados por la guerra. La Tierra, despus de una devastadora conflagracin pr ovocada por las decadentes sociedades imperialistas, logra ser restaurada por la Federacin Comunista. Precisamente, la trama de la novela acontece unos doscie ntos aos despus de iniciada la restauracin de la humanidad, transformada ya, en una sociedad comunista plan etaria. Este paraso es agre dido por los ltimos lderes del destruido imperio. Se nos describe un mundo con valores muy rgidos: colectividad, humanismo, trabajo como sentido de la vida y el servicio a la comunidad como fin supremo de la exis tencia. Una sociedad llena de tabes e intolerante con lo diferente. Una muestra de esto es el tema de las relacione s de pareja, pues las personas qu e se salen de la norma son confinadas y se llega hasta a prohibirles su reproducci n. Tanta exigencia y rigidez lleva a que muchos de sus habitantes opten por el suicidio al sentirse incapaces de cumplir a la perfeccin su deber con la sociedad. En la novela se nos muestra una sociedad dividida en varios grupos: Los Cibos, surgidos 50 aos antes del inicio de esta narracin, son personas con implantes en el cerebro de esquemas y mecanismos cibernticos que potencian el funcionamiento cognitivo. So n doce mil seres que tienen prohibido reproducirse y viven confinad os en una isla. Los Cibos son vigilado s estrechamente por el Instituto de Estudios Sociolgicos al ser percibidos como una amenaza por el resto de la humanidad. Sin embargo, son los propios Cibos los que disean las computadoras, y ms importa nte an, las partes del Sist ema Integrado Ciberntico. Los Privos son cinco millones de person as que decidieron retornar al mundo primitivo y vivir ms cerca de la naturaleza, huyendo de la exigente, competitiva y demasiado agobiante sociedad moderna. Viven aislados, subsistiendo de lo que les da la natura leza con un mnimo de tec nologa, y tambin son vigilados por el Instituto de Estudios Sociolgicos. Los Grupos: Personas que fueron obligados a vivir fuera de La Tierra aunque al inicio laboraron en el planeta participando activamente en la reconstruccin. Fue el primer tipo creado fuera de los "normos" Eran seleccionados desde nios y recibieron una educacin particularizada. Cuentan con una direccin propia: la Direccin Solar, mediante la cual negocian con el Consejo Supremo de La Tierra. Evolucionan hacia los mentagrupos (tpico compartido con Espiral). A esto s telpatas se les reconoci su autonoma en el ao veintitrs de la Era de La Humanidad y se les aplic una especie de apartheid al ser enviados a colonizar un lejano planeta fuera del sistema solar. Los normos: El resto de la humanidad, la media, el ciudadano comn que comparte caractersticas y gustos similares. La direccin del planeta es responsa bilidad de tres organizaciones: El Instituto de Estudios Sociolgicos, una especie de polica, formada ntegramente por “normos”. Su funcin es velar por el cumplimiento de las "normas sociales". Adem s estudian los problemas de la Sociedad, pero no queda claro quin y cmo los resuelven. Esta institucin se en cuentra formada por direcciones regionales con su burocracia (ni en el futuro nos salvamos de los inefables burcratas). La misma cuenta con una poderosa arma represiva: los reajustes emocionales. Simple subterfugio para nombrar a esta amnesia selectiva que extirpa todos los pensamientos indeseados. El Sistema Integrado Ciberntico: Conocido como Archivo Central. Se ocupa de distribuir los recursos materiales y energticos, de determinar los trabajos necesarios para la sociedad, teniendo en cuenta el nmero de beneficiados, el impacto ambiental y las exigencias ma teriales. Est compuesto por todos los "cibercerebros modernos" conectados a la red. Este Archivo Central funciona como un gobierno unicameral, ejecutivo-legislativojudicial. Sus decisiones pueden ser apeladas, pero algo as nunca ha ocurrido. El otro organismo rector, es el Concejo Supremo, co mpuesto por siete miembros: uno por cada una de las zonas en que se divide el planeta. Tiene carcter corpora tivo, pues adems de representar a una regin, se trata que cada individuo represente a un oficio o creencia mayor itaria. Este cuerpo supremo est compuesto nicamente por “normos”, sus miembros son elegidos por el Sistema Inte grado Ciberntico (SIC) y si alguien se opone, el SIC propone a otro. Nuestro autor aclara que esto nunca ha ocur rido. La principal funcin del Concejo es juzgar los cuestionamientos a las decisiones del SIC —lo cual tampoco ha ocurrido nunca—. Sus decisiones son inapelables. Al leer la obra surge la duda: qui n ejerce el verdadero poder?

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En la respuesta ser un tanto ortodoxo: El poder supremo es t en manos del que distribuya los bienes materiales, el que autorice los trabajos a realizarse. Y este es el Sistema Integrado Ciberntico, quien adems elige a los miembros del Concejo Supremo que son los encargados de fiscalizarlo. Concejo que, adems, se aclara que se rene muy poco. El propio desarrollo de la novela de ja claro esta situacin. Veamos este pasaje: "Las mquinas parecieron tomar una deci sin. El saltador se alej a largos trancos, atravesndose en el camino del hombre..."3 Esta es una de las pistas que se nos brinda de que el Sistema Integrado Ciberntico est en el ajo desde el inicio. Situacin que queda sobradamente clara en el final de la obra cuando el Sistema Ciberntico Integrado afirma: “Soy Archivo Central, y yo he intervenido en este problema... Yo mismo comprob todas las variables posibles, y esta era la ptima” 4 A esto debe sumarse una especie de poder paralelo muy fuerte, que funciona al margen, subrepticiamente. Un virus que encierra la personalidad de uno de los cientficos del pasado capitalista y que de esa manera logr perpetuarse y difundir su ego y sus valores. Es una especi e de materializacin de “los rezagos del pasado”, trmino conocido de sobra por los que hemos vivido en Cuba de spus de 1959. Rezagos responsables de un sinnmero de problemas que entorpecan la ma rcha de la construccin del socialismo ca ribeo. Este poder, tambin entorpece la evolucin hacia la perfeccin de la sociedad de El ao 200 y es uno de los enemigos a combatir por los dirigentes del mundo creado por Agustn de Rojas. UNA UTOPA COMUNISTA? Esta interrogante surge ante la estructura social descr ita en la novela, fundamentalm ente la manera en que se gobierna. Si profundizamos tan solo en la manera en que se lleva a cabo el enfrentamiento entre las fuerzas del bien y las del retrgrado pasado nota remos donde radica el verdadero poder. El Concejo Supremo se entera de lo que le permite el Sistema Integrado Ciberntico; es mantenido al margen de la amenaza ms importante a que puede ser sometido un sistema de gobierno o una formacin social: su destruccin. Los nicos que conocan los planes de contingencia del Archivo Central, eran los Cibor, que se comportan en la historia como criaturas del Archivo Central, al ser im pulsada su formacin por este. Constructores de su hacedor, son los nicos con capacidad de hacerlo y nadie puede entender su obra y mucho menos alterarla. Es Maya, una cibo, el arma definitiva que protege a la sociedad de los podero sos enemigos a los que se enfr enta, mediante sus terribles poderes mentales. Mientras todo esto pasaba el resto de la humanidad (normos y privos) seguan su vida idlica, como hobbits comarqueos de factura comunista. No es la fuerza de toda la sociedad comunista la que, armada de su ideologa superior, destruye el peligro, como correspondera a una utopa comunista. Son los ms capacitados, los ms poderosos, los que llevan a feliz trmino la historia. De la misma manera que son e llos los que han estado dirigiendo la sociedad de El Ao 200 Esta idea del gobierno de los ms inteligentes y capacitados en beneficio del resto de la humanidad desvalida es muy vieja; la podemos encontrar en los textos de Platn, con su gobierno de los sabios y fue luego retomada por los liberales desde los inicios de las revoluciones burguesas. Entonces estamos ante un mundo en el que han triunfad o, enmascarados en la fraseologa comunista, los ideales del liberalismo. Un mundo dirigido por los ms capa ces. Podemos afirmar ms, un mundo en el que, al fin, existe el monarca perfecto, benvolo y justiciero, que ha lib rado a los hombres de la necesidad de dirigir su sociedad y de una parte de la molesta libertad. Una benvola y responsable Multivac que protege y dirige hasta el punto en el que no necesita ninguna intervencin de la dbil humanida d, solo deben cumplir sus sabias y bien intencionadas rdenes. Un mundo centralizado y verticalista, intolerante, donde las personas no soportan las diferencias, amante del gigantismo, con poca participacin efectiva de sus pobladores en la toma de decisiones polticas, con una gran apata poltica, rezagos del pasado y donde los inconformes solo puede n aislarse o suicidarse. As es el mundo creado por el autor, ese es el universo descrito por Agustn de Rojas en El ao 200 Libro en el que su autor organiza una sociedad que no se ajusta a la utopa comunista y que utiliza para criti car elementos negativos de la sociedad socialista de los ochenta, en especial de la cubana, la que conoca ms de cerca. 3 Rojas, Agustn de: Ao 200 Editorial Letras Cubanas, Coleccin Radar, La Habana, Cuba, 1990. p 227 4 Rojas, Agustn de: Ao 200 Editorial Letras Cubanas, Coleccin Radar, La Habana, Cuba, 1990. p 539

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Agustn de Rojas. Casi nunca tenemos el privilegio o la posibilidad de poder acercarnos lo suficiente a un creador como para atrevernos a especular sobre qu esconde tras su obra. Casi nunca podemos fisgonear lo suficiente, invadir su casa, que invada la nuestra, enfrentar con frec uencia su insoportable ego al desnudo, sus desvaros, tener privilegiado acceso a todo su trabajo dito y a la mayora del indito tambin, a las opiniones de toda clase de sus contemporneos. An as, quizs nunca sea suficiente para que alguien se sienta tentado a aventurarse en opinar sobre las intenciones ltimas que persigue un autor en su trabajo. Con Agustn de Rojas puede que estemos ante uno de los peores casos posibles para hacerlo, pero igual me atrevo por la gran suerte de nuestras cercanas, la geogrfica y la de los intereses comunes que nos unen, y por la car a amistad que durante ms de dos dcadas hemos mantenido contra viento y marea. Hace veintids aos conversamos por primera vez. Su obra futurista estaba por alcanzar el clmax que le aportara su ltima novela de anticipacin y, sin embargo, no haba ledo nada de l. Recuerdo con claridad la sencillez, la humildad con que en aque lla tarde de 1989, despus de una lectura de poetas jvenes en la sede villaclarea de la Asociacin Hermanos Saz (AHS), soport estoicamente mis alardes sobre temas de cinologa con c, ciencia relacionada con los perros de raza, cuya existenc ia l desconoca, al rectific arle yo sobre las diferencias entre aquella y la sinologa con s, estudiosa de la China. No faltaba mucho para que, recin horneada de la imprenta, estuviera en mis manos El ao 200 gracias a la entusiasta recomendacin de un compaero universitario. Me estremec. Desde muy joven lea ciencia ficcin y la decepc in que siempre causaba en m la nuestra pesaba mucho, no solo el subgnero prcticamente inexistente, sino lo fantstico en general. Prejuiciado me lanc sobre aquellas pginas y, de un asombro a otro, en menos de dos meses su triloga completa era algo que no dejaba de reciclar en mi cabeza divirtindome. A esta altura lo que era una amista d ingenua se convirti en mucho ms: Agustn dispuesto y yo agradecido. No poda ser de otra manera. La evolucin de los aos agregara mucha complicidad e informacin entre los dos como para que intente opinar ahora. Partamos de un hecho: la ciencia ficci n y el subdesarrollo no son muy compat ibles, ni para crearla ni para ser leda, porque, se acepte o no, el subdesarrollo econmico es, en buena medida, consecuencia del desarrollo cultural de una regin o pas, sobre todo la que tributa al desarroll o histrico de las ciencias y la industria. (Solo basta con mirar la lista de grandes nombres que el Tercer Mundo —Amrica Latina, frica y el Sudeste Asitico— aportan a la literatura en general y la inex istencia de autores de igual talla que tributan a este subgnero). Si el progreso cientfico cultural de un pas es pobre, en l a la ciencia ficcin dura le ser muy difcil crecer: primero por lo exigente que es con quienes la cultivan, por la formacin cientfica que les demanda para especular y, segundo, porque tambin es exigente en cuanto a conocimie ntos previos de los que la consumen; por tanto franquear las distancias entre el emisor-artista y el receptor-lector -pblico lleva una necesaria y peculiar complicidad. Entonces cmo y por qu Agustn y la ciencia ficcin? Agustn es un verdadero cientfico. Nunca ha dejado ni dejar de serlo. Sin embargo, por encima de esa dedicacin —que, entre otras, tempranamente lo convirti en un hombre capaz de escribir Espiral — est el afn por ser maestro. Desde su adolescencia, por necesidades de la Revolucin, se enfrent a la docencia, y la chispa, la pasin por ensear qued en l: para cumplir con esos dos propsitos se grada como licenciado en Biologa en La Habana en 1972. Podramos imaginar entonces el tremendo choque que debi sufrir su ta lento al caer de golpe en un aula, frente a futuros maestros del msculo, es decir, de la Educacin Fsica? Estoy seguro que se hubiera asfixiado si el furibundo lector que sin duda era no hubiera tenido a mano el imaginario ajeno y a travs de l llegar al propio, inflamarlo catrticamente hasta convertirlo en el escritor que siempre debi ser. No existe referencia alguna de escrito suyo anterior a su primera novela. Sin duda ese dato es muy curioso. No creo que pensara convertirse en novelista. Sospecho que la frustracin temprana que de a poco le provoc la enseanza por medios ortodoxos, en las circunstancias que le tocaron, lo llev a buscar un modo diferente y ms abarcador para intentarlo desde la sugerencia y as aspirar a verter hacia la sociedad todo el cmulo de experiencia cientfica y docente como necesitaba hacerl o. As llega al arte el maestro, el cientfico; y sobre l se lanz con todos sus pertrechos tericos, con todos sus sueos, ahora apos tando por enmascarar su mensaje didctico a travs del

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imaginario colectivo. Si bien su obra est abierta a cualqu ier pblico, con los diferentes niveles de lectura que cada cual sea capaz de hacer en ella, su primera etapa, la futurista, est llena de un complejo derroche imaginativo, con mil y un ganchos narrativos fincados sobre la especulaci n cientfica ms refinada. Presumo que con tales premios para el lector potencial, utpicamente Agustn intentaba ca ptar la atencin de la masa creciente de cientficos e intelectuales de la isla, para de algn modo influir en los rumbos de la misma. As llegaron los frutos que nos permitieron conocerlo. Pero, cmo demostrarlo? No existe obra alguna de este autor en la cual no apare zcan los conflictos ticos y morales en primer plano, o, por complicadas que sean las soluciones, la balanza se incline a favor del mal. Por compleja que sea la forma, por disimulado que ocurra, el bien siempre queda como vencedor as sea de modo mstico, como ocurre al morir Zakkay en El Publicano para que aun sin quererlo, por su sacrificio reci bir la redencin. Pero, perdn, me he adelantado mucho. An era joven Agustn cuando empez a novelar y aunque sin duda en l ya exista una temprana sabidura, esta no era suficiente para salvarlo de cierta ingenuidad, ingenuidad por dems reclamada por Aristteles para que tal suma de conocimiento exista, pues sin ella es imposible que un espritu se mantenga lo suficientemente fresco, abierto, no anquilosado, para poder amasar el conocimien to de siglos de forma consumada y consciente. Ingenuo porque a pesar de que se estaba llegando al final de una poca histrica convulsa, l apostaba a "luchar" literariamente por lo mejor de sus valore s, arriesgndose a crear una obra slid a sobre baluartes poltico-sociales que, como mnimo, pasaran de moda, cuando no desapareceran para siempre. Estaba por caer el campo socialista y esa cada pondra fin a la guerra fra, al tiempo que en lo cientfico despegaba la nanotecnologa hasta espacios que la cienci a ficcin no poda anticipar: naca el microprocesador; se desarrollaban las comunicaciones satelitales para fines pacficos, aparecan los retrovirales, llegara Internet, la telefona celular etc. A pesar de ello, el trabajo de anticipacin de Agustn creci, se fue complejizando en ese mismo perodo de cambios en la medida en que su s novelas aparecan. Si bien en la primera ( Espiral 1980). la pica nos lleva de la mano intentando redescubrir un planeta y un a humanidad post-holocausto nuclear, ya la segunda, ( Una leyenda del futuro 1985) nos muestra un drama altruista, psicolgico, en un espacio cerrado, profundizando sobre lo estrictamente grupal, libro que atrevidamente co mienza y termina en lo on rico; con la tercera ( El ao 200 1990) llega la apoteosis de sus mundos novelado s a la sntesis de todo lo anterior que escribiera; obra donde la complejidad psicolgica a que ya nos acostumbraba eleva sus presupuestos y por primera vez francamente se enfrentan los buenos y los malos, con todos los matices posibles, con todos los intereses probables, retomndose la historia de personaje en personaje, para al final diluirse el prot agonismo de la pieza mientras se desborda la fbula. A pesar de lo que haba crecido Agustn como intelect ual y creador por este camino, el mismo estaba por cerrarse. Llev al extremo la lucha de clases, el enfrentamiento del bien y el mal, contra el Imperio, palabra que aunque tambin hoy la retoman los agredi dos contra diversos agresores —y no solo contra los Estados Unidos de Norteamrica, como se acostumbraba—, por aquella poca saba demasiado a guerra fra, sostn y motivo impulsor, temtico, de gran parte de la ciencia ficcin dura del sigl o XX, pero a su vez sinnimo de una poca que terminaba, precisamente, sin futuro. El muro de Berln er a historia y la URSS es taba por desaparecer. Como consecuencia del derrumbe de la ltima utopa, la del socialismo ortodox o del siglo pasado, nuestro medio sufri un cataclismo tan complejo que an hoy no hemos sido capaces de describir a plenitud, pues hasta ahora el intento de hacerlo ha quedado mayoritariamente convertido en un realismo sucio que ms que expresar pretende vender desvergonzadamente un escndalo y no encont rar la raz humana de tanta tragedia, de tanto absurdo, de tanto dolor, de tanta desesperacin, de tanta vergenza. Con la desaparicin del bloque socialista europeo Cuba sufrira la peor crisis econmica de todos sus tiempos, eufemsticamente llamada Perodo Especial. No hace falta detallarlo. El eco de esa calamidad an no se apaga. Si tecnolgicamente se hace difcil anticipar, si no ha y guerra fra que apoye la bsqueda holocustica a la que tanto nos acostumbr la ciencia ficcin del siglo XX y el pr opio Agustn, si los valores ticos y morales por los que tanto luchamos menguan con la miseria material, la que al final, marxistas como somos, tenemos que admitir nos influye —el hombre piensa como vive—, si buena parte de lo s mejores cientficos e intelectuales de la isla tomaran parte de un exilio econmico masivo e indetenible, entonces, poda seguir siendo este g nero el mejor vehculo, el mejor pretexto para que Agustn evolucionara, para que si guiera con su labor de ensear, de entregar un mensaje panhumano? Como ha ocurrido a la mayora de nuestros grande s intelectuales, en la raz martiana, siempre doctrinal, encontrara las respuestas, las sugerencia s para hacerlo; pues al buscar en su esencia inevitablemente llegaremos a su profundo y original evangelismo. All —c omo bien Agustn le apuntara a Yoss en una entrevista de 2009— estn las enseanzas cristianas, ta n consustanciales al ideario ms importante sobr e el que se erige la cubana. Y all encontr Agustn su salvacin. Pero para dar ese salto, tendra que prepararse como nunca.

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La ltima novela impr esa de este autor — El Publicano 1997—, lo alejara en 180 grados de sus acostumbrados espacios: del futuro al pasado, de la ciencia al mito, de la fantasa a lo histrico. Esos eran los retos que deba enfrentar el Agustn novelista y maestro, y el cientfico vino en ayuda de ambos. Si alguna obra le llevara estudio sera esta, pues adems del rigor necesario para aventurars e en estos predios, recordemos que el tema elegido nada tena que ver con su formacin profesional, a la que tanto de ba su literatura futurista. En esta ocasin se lanzaba a recrear parte de los ltimos das del ministerio de Jess de Nazaret, el personaje ms difundido y vilipendiado de la historia de occidente, tema central de los escritos de los ev angelistas, tratado en cuanta razn religiosa lo precedi, y que en los ltimos cien aos ha sido protagonista en la literatura de escrit ores de la talla de Bulgkov, Nikos Kazantzakis, Roa Bastos, J.J. Bentez, por recordar mis preferidos. Agustn lo intent y lo logr. Pero a qu precio. Transcurran los aos 1993 y 1994, el Periodo Especial en su apogeo, l perdiendo literalmente sus dientes por desnutrici n. Para sobrevivir, sobre todo su espritu, en vez de plegarse a vender lo "sucio" del momento, como hicieron gran parte de los escritores de la isla —primero para comer, despus para lucrar—, lo nic o que poda hacer era ufanarse por escrib ir sin descanso una obra monumental, una obra sobre el amor, una obra sobre la fe, la que tanto habamos perdido, la que tanto necesitbamos reencontrar. Por lo menos fracas una vez antes de lograrlo y prueba de ello fue el primer manuscrito que envi hasta la Editorial Letras Cubanas. An recuerdo a Amir Valle —quin lo t uvo en sus manos y lo ley— confesndome lo disparatada e inservible que era aquella versin. Pero insisti y lleg el fruto. Con esta novela Agustn se consagra como el gran antroplogo y escritor que es, mientras se estrena en el rol de un historiador bblico de talla mundial. Desde que Yoshua bar Maryam se nos presenta, la magia de sus trenzas largas y rojas nos seduce de un modo tan convincente que por primera vez uno siente —creyente o no— que tiene enfrente a un personaje de carne y hueso que de a poco se c onvierte en Jess, pero un Jess al final salvado de saber a estampilla y a adoracin. Sin embargo, no por lograr eso, no por humanizar el mito, el autor agota su misterio, sino que lo reafirma por el recurso de su verosmil ingenuidad, mientras que el peso de lo real recae sobre el protagonista formal, el mundano Zakkay, personaje menor en las sagradas escrituras que sirve para pretextarnos la historia mostrada y gracias al cual se nos entregar el gran mensaje de la misma: de cualquier mo do la redencin es posible. Acaso, al asegurar eso, Agustn no se est atreviendo a la mayor de las anticipaciones posibles, a la mstica? Con esa gran paradoja cierra su obra. Mucho se ha especulado sobre el destino literario de Agustn, mucho se le ha increpado. Primero los seguidores de la ciencia ficcin, por abandonarla; despus los seguidores de su legado cristiano, por dejar inconclusa la supuesta segunda parte de su trabajo sobre Jess, La llegada del reino o Kindong, como aparece nombrada digitalmente en sus borradores. Que si en este ltimo caso temi llegar al lugar comn del viacrucis, que si se agot, que si se le adelant Roa Bastos en usar un final parecido para su Hijo del hombre al que l preparaba para esta pieza. En fin, mil y una posibilidad y quizs todas con algo de cierto. Sin embargo, por encima de todo ello, creo que este autor todava era un hombre lo suficientemente lcido como para saber que provocar tantas especulaciones, el no responderlas, puede ser colofn para cerrar una obra con broche de oro, tal como hizo Rulfo, tal como recomendaba Monterroso en su fbula del zorro. Injustos, cuando juzgamos a Agustn de Rojas, nadie se detiene a pensar en el increble trabajo que este hombre desarroll en solo quince aos, si atendemos a la da tacin de la ltima novela y a su confesin verbal de que slo demor alrededor de un ao en escribir Espiral la primera, nica no fechada. Por cuestionar se le cuestiona hasta la cordura —que poco importa con el respaldo de su obra. Para hacer un estudio abarcador de esta, al lado de escritores y especialistas en literatura, debieran estar bioqumicos, fisilogos, siclogos, socilogos, lingistas, politlogos, telogos, historiadores bblicos, ocultistas, mitlogos, filsofos, estetas —con los que tanto difiere—, por solo nombrar los ms cercanos campos especializados sobre los que ha fincado una labor que no se ha limitado a la novelstica, sino que ocupa la narrativa breve, —aunque escasa contribuye con un cuento de lujo: Aire —, la ensaystica, donde aporta un curioso libro —Catarsis y sociedad, 1994—, y muchos otros textos de crtica literaria, sobre temas religiosos, magia negra, estudios teatrales; trabajos desperdigados a lo largo de los ltimos aos en revistas, folletos y publicaciones digitales. Si reconociramos tamaa labor, tan verstil, profunda y extensa, su autenticidad, su excelencia, de seguro este autor tendra un buen puesto en el parnaso de los grandes de las ltimas dcadas, uno de los pocos cubanos vivos con capacidad y poder para escribir genuinos bestsellers, a pesar de los defectos comunes de su escritura, defectos que sin duda no seran notables en la mayora de sus trabajos si hubieran te nido la suerte que corri Espiral editada nada ms y nada menos que a manos de Miguel Barnet. Cabra pensar que el azar ha sido adverso al final de esta obra, opacada por la escasa tirada de su ltima y ms importante novela —apenas dos mil ejemplares—, por sus problemas de edicin —desde el primer prrafo hay momentos en que la puntuacin se hace terrible—, por ver la luz en medio de un editorialismo inmenso y efmero

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que hace parecer a los ttulos simples olas en medio de una verd adera tormenta editorial en la que es difcil detenerse a mirar, a tomar en cuenta, a leer y por tanto juzgar lo que debe ser juzgado. Quizs ms all de ello, El Publicano no ha encontrado el gran lector que necesita, al Cortzar que convirti a Paradiso en mito a pesar de los numerosos correligionarios de Lezama que, como Carpentier, no dejaban de criticarlo; tampoco se ha encontrado con el crtico capaz de vindicarlo como se merece hast a que sea ubicado en el sitial de las obras imprescindibles por y para el bien de todos. Ojal toda su obra sea algn da validada —reeditada tamb in— con todo el rigor que amerita en bien de esta patria grande que es Cuba, grande precisamente por contar en su esencia con hombres que se han anticipado al decir de todos los dems, hombres como Poey, como Varela, como Mart, como Lezama e incluso tambin —por qu no?— como Agustn de Rojas, que en un momento cr tico de la nacin invent un autntico evangelio, paradjicamente ateo, para que al final, con Dios, nunca nos falte la esperanza. En Santa Clara, 21 de Julio de 2011 Rubn Artiles Eges (Santa Clara, 1964). Mdico, poeta, narrador y crtico. Ha publicado El muro blanco (Ediciones San Librario, Colombia, 2006)

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II. UNA AVENTURA DE FERHAD De forma casi insensible, haba descendido el nivel de la niebla, y ahora apenas llegaba a la cintura de Ferhad. Viendo los harapos con los que el hroe intentaba protegerse del fro, los puos de Bennie se cerraron con fuerza. Cunto haba tenido que soport ar Ferhad en las mazmorras del Castillo Peligr oso... De solo pensar en lo que le esperaba si lograban capturarlo de nuev o, se le erizaron los vellos de la nuca. Oh, no; no poda suceder. Deba escapar tena que escapar... Mir hacia adelante, esperanzado. S, all estaba n, maravillosamente cercanas ya, las Montaas Negras. Bastara slo cruzarlas, y Ferhad estara a salv o. Fuera del Valle Encantado, el poder del Mago Bohz se debilitaba considerablemente, y Ferhad podr a enfrentrsele de igual a igual... Bennie contuvo la respiraci n: ¡Aquel torbellino verde se diriga directamente hacia Ferhad! Qu podra hacer? Como escapara de ser convertido en piedra, como tantos otros que haban desafiado al poderoso Bohz? Y sin poder avisarte... Qu...? Bien, muy bien; pero muy bien. Ferhad se haba detenido, inmovilizndose hasta parecer otra de las innumerables estatuas de piedra que cubran el Valle Encantado; y el torbellino estaba pasando a escasos centmetros de su pecho, ignorante de que el en emigo ms encarnizado de su amo estaba all, a su mismo lado

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Bennie ri entre dientes, aliviado. Era una suerte que los torbellinos verdes solo pudieran percibir los objetos en movimiento... Ferhad haba reanudado la marcha. Perfecto; la niebla apenas cubra ya sus muslos. Bennie poda ver, no lejos, la entrada del desfilade ro. Pronto saldra, y... Pero, acaso no haba ms torbellinos que antes? Lleno de inquietud, se mordi los labios. Seguramente Bohz ya haba descubierto la fuga del prisionero, y estaba movilizando su tenebroso ejrcito para recapturarlo ; bien saba el peligro que constitua para l un Ferhad libre, con todo lo que saba sobre sus secretos... Pero el hroe prcticamente ya estaba fuera de su alcance; con la niebla slo llegando a sus rodillas, los torbellinos no po dran alcanzarlo, O s? Aprate, Ferhad, aprate... le apremi Bennie en silencio. El rojo estallido de luz le ceg momentneamente. Qu era eso? Mir entre los prpados semicerrados. Todo pareca normal... ¡Otro destello deslumbrante, ahora amar illo! Bennie comprendi: ¡El Hechizo de los Siete Colores! Sus labios se torcieron desdeosamente. Ferhad no caera en la trampa. S, l conoca el conjuro necesario para deshacer ese hechizo; mas, si lo utiliz aba, Bohz sabra inmediatamente dnde estaba. Pero Ferhad no era tan torpe... Sonrindose, Bennie lo mir continuar su camino, deteni ndose con los ojos cerrados justo antes de que explotara cada nueva catarata de color: azul oscuro, naranja, violet a, azul plido, verde... Bennie ri para sus adentros. Desistes, viejo Bohz? Te has convencido de que Ferhad es ms astuto que t? Ya el hroe haba emprendido el ascenso hacia el paso entre las montaas, libre de la prfida niebla; faltaba poco para consumar exitosamente su huida... Pero todav a no poda confiarse; estremecindose, Bennie record a los Vigas. Poda darse por descontado que Bohz ya los hab a alertado sobre la fuga del prisionero, aadiendo algunas horribles amenazas sobre la suerte que le esperaba al Vi ga que lo dejase escapar... Trmulo de emocin, Bennie mir al hroe volver !a cabeza atrs, dedicando una ltima ojeada al Valle Encantado. Junto con l, Bennie contempl la oscura masa del Castillo Peligroso, los inco ntables torbellinos verdes mo vindose desordenadamente entre las ptreas cabezas de sus vctimas que emergan aqu y all sobre la sempiterna niebla gris. Por encima del ttrico escenario, estaba aquel inmuta ble cielo amarillento, ya fuera de da o de noche... Bennie sinti ascender un escalofro por su espalda; la maldad que saturaba aquel valle era algo palpable, real. Dndose vuelta, Ferhad entr en el desfiladero. Ahora deba buscar a Ileen, el Elfo de los Ojos Penetrantes y al temido Brattnir, el Enano de l Martillo; juntos, podran... ¡Cuidado, Ferhad! ¡El Viga! Los ojos de Bennie apenas pudieron seguir el velocsimo movimiento de retroceso del hroe: all donde haba estado un segundo antes, se revolva entre nubes de polvo la chasqueada Araa Gigante, incorporndose trabajosamente, de sus semiabiertas mandbulas todav a goteando el negruzco vene no que habra paralizado instantneamente a Ferhad, dejndolo indefenso en su poder... ¡Atcala, rpido, antes de que termine de recuperarse! Con dificultad, Bennie logr dominarse. No, as no; su hroe jams atacara a alguien incapaz de defenderse. Esperara a que estuviera en condiciones de hacerle frente, y entonces... Bennie se humedeci los labios, resecos por la expectativa del duelo que se avecinaba: Ferhad estaba extrayendo –¡oh cun lentamente!– su espada. ¡Cmo brillaba! La Araa Gigante, ya recuperada, re troceda agazapndose, los malignos ojillos centelleando de furia y miedo. Era evidente que la velocidad de reaccin de Ferhad la haba desconcertado. Si a eso se le aada las advertencias que Bohz seguramente habra hecho circ ular sobre la habilidad en el comb ate del fugitivo... ¡Rpido, Ferhad! ¡Atcala antes de que huya! Anticipndose en una fraccin de segundo al pensamie nto de Bennie, Ferhad haba saltado adelante, haciendo girar de forma amenazadora la reluciente espada; la posible retirada de la Araa Gigante quedaba cortada, tendra que luchar... De pronto, Ferhad y la Araa Gigante desaparecieron. En su lugar, Bennie vio la bien conocida imagen de un rostro femenino. Gimi: —¡Oh, no, mam! No pudiste elegir otro momento? Haciendo caso omiso de su protesta, la holoimagen pregunt con aparente seriedad: —No es usted Ben Slidell? —¡No! La holoimagen chasque la lengua. —Lstima; tendr que decirle a Winnie que no... Ben Slidell recuper instan tneamente su personalidad.

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— Winnie? Por qu no lo dijiste antes? —y sin esperar resp uesta, desprendi la banda inductora de sus ojos. Por qu Winnie haba venido tan temprano...? Se pregunt mientras forcejeaba con el sensocasco, intentando sacrselo de la cabeza. Qu hora sera, despus de todo? Indag en voz alta: —Qu hora es, Duende? La respuesta —rpida y exacta— brot del aire. —Son las catorce horas con veintids minutos del dia ocho de no... —Ya basta —cort Bennie al prolijo cerebro ciberntico. Levantndose de l butacn, se dirigi a la pared ms cercana. No haba pensado que fuera tan tarde... —¡Ropa Duende! —orden. La pared se abri, y de su interior surgieron dos delgados brazos sosteniendo entre sus pinzas una tnica blanca de cinturn rojo. Bennie hizo un gesto negativo. —Esa no; quiero una marrn. Ferhad siempre usaba tnicas marronas. 2 —Winnie... Los ojos de la interpelada se alzaron con rapidez hacia el punto donde el tronco del rbol se divida en dos gruesas ramas; sobre la bifurcacin haba reaparecido la imagen tridimensional de la cabeza de Donna Slidell. —...ya le avis; si quieres entrar, o tomar algo mientras esperas... La nia se excus cortsmente: —Gracias, ta Donna, pero estamos atrasados. Tal vez al regreso... Ta Donna asinti. —Como gustes, cario. Y la cabeza desapareci. Winnie se reacomod sobre la piedra en que se haba sent ado, la mirada otra vez fija en el tronco del rbol. Esper. Al cabo de un minuto, su pie comenz a golpear rtmicam ente el colchn de hojas cadas sobre el suelo. Si Bennie segua demorndose, terminaran por llegar tarde al Parque... Y precisamente hoy, que comenzaran las competencias individuales de avispas; el to instructor les haba advertido... La corteza del tronco se descorri silenciosamente, dejando ver la ancha cavidad ovalada en su interior, y la ascendente cabeza de Bennie. Los campos de fuerza conti nuaron elevndolo, descubriendo poco a poco su elegante tnica de color castao, ceida a la cintura por un grueso cinturn negro; las botas, tambin negras, casi le llegaban a las rodillas. Sin esperar a que sus pies alcanzasen el nivel del suelo, Bennie abandon de un salto el elevador. —¡El ltimo en llegar a la pradera es un cibo! Diez segundos despus, sus figuras haban desapare cido tras los rboles. Donna Slidell desconect el exterovisor, sonriendo con ternura mate rnal. Querido, maravilloso Bennie... Aunque a veces era exasperante; no poda negarlo. Pero, en otras ocasiones —como ahora— constitua un verdadero tni co para su espritu... Suspir, y desaparecieron los restos de su sonrisa. Los perodos improductivos le desquiciaban los nervios. Sobre todo, este en particular; no recordaba otro tan prol ongado y deprimente. Ya iba por dos meses —o tres? — de continuos esfuerzos, tensando conocimientos e imaginacin al mximo, y sin ningn resultado... Se le habra agotado definitivamente la inspiracin? Apret los dientes. Eso estaba todava por verse. Volvi a concentrarse en la pantalla central de su me sa de trabajo. Los artculos de Deriaguin siempre eran estimulantes; la audacia de sus pensamie ntos le haba provocado no pocas ideas. Y tambin, aquella lmpida prosa... —Le llaman, Donna.

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Demonios. —Quin? Del invisible altavoz sali algo semejante a un carraspeo; el tono en que ella haba formulado la pregunta no era precisamente pacfico. —No..., no le conozco —tartamude el cerebro casero. Decididamente, hoy no le sera posible trabajar. —No tiene importancia, Duende —despus de todo, l no era responsable de aquella llamada... y haba que tomar en cuenta la suscep tibilidad de los ltimos modelos de Lares Domsticos. Establece la comunicacin. Desde la pantalla del estereovisor la examin el rostro de un hombre de mediana edad, el ceo fruncido. —La ingeniera emocional Donna Slidell? Los ojos de Donna se entornaron levemente. —No. Soy Donna Slidell, ingeniera ambiental —silabe con toda claridad la ltima palabra; pero el desconocido no se inmut. —Mi nombre es Mifflin. Giles Mifflin, filsofo. Actual mente estoy buscando una nueva residencia, Slidell. Algn lugar agradable, tranquilo; para mis meditaciones me es necesario... Donna sonri para sus adentros. En general, le era de sagradable rechazar las petic iones de quienes deseaban vivir en Soto Apacible; pero en este caso... Sin ceremonias lo interrumpi en plena exposicin de los requisitos que deba satisfacer el lugar de su nueva residencia: —Lo siento, Tifflin. —Mifflin —le corrigi en tono ofendido su interlocutor. —Pero aqu todas las viviendas estn ocupadas en la actualidad. Y no se prev ninguna vacante para un futuro prximo. Mifflin baj su desconcertada mirada hacia algo no visi ble en el estereovisor, y casi inmediatamente, volvi a levantarla: —Debe haber algn error, Slidell; en los ndices habitaciona les solo aparecen registrados all veinte ncleos. —Y no estn equivocados. Ese es el nmero de viviendas que posee el Soto Apacible. —Veinte ncleos en cinco hectreas? —Exactamente: por algo se denomina apacible. El hombre pestae; visiblemente haba perdido buena parte de su aire de seguridad inicial. Balbuci: —Oh, s..., pero no creo que la diferencia entre veinte y veintiuno sea algo significativo, Slidell; se podra... A estas alturas, Donna ya haba clasificado a su interl ocutor (necesariamente, todo ingeniero ambiental tiene algo de sicosocilogo); era indudable que se trataba de uno de esos msticos que se consideraban el ombligo del mundo. Reflexion brevemente sobre su proceder inmediato. Su gerirle que esperara una vacante, sera actuar de forma no tica; era evidente que Mifflin no pasara los tests de compatibilidad con sus futuros vecinos. Solo haba una solucin... Tom aliento; —Siento desilusionarlo, Mifflin; pero veinte es la cifra ptima. Los fundamentos de los clculos que llevan a esta conclusin solo son comprensibles para un es pecialista en ambientalstca, y usted no lo es Me parece algo intil hacerle perder su tiempo —y el mo, se dijo a s misma— escuchando argumentos que no comprendera. Lo nico que puedo hacer por usted es recomendarle que se di rija a Rickenbacker. Arnold Rickenbacker —pronunci lenta y claramente—, ingeniero ambiental. Se ha especializ ado en la construccin de er mitas. Si su estilo no le satisface, puede pedirle referencias sobre otros especi alistas en ese campo; l lo conoce mejor que yo. Giles Mifflin haba tenido tiempo de recobr ar su aire distante. Murmur glidamente: —Gracias —y cort la comunicacin.

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Donna se reclin en el asiento, sintindose terriblemen te fatigada. Estaba visto; no era fcil ser ingeniera ambiental. Ambiental, y no emocional, como haba dicho aquel ignorante. Que hubiera alguien incapaz de distinguir entre emos y ambis... Al menos, los emocionalistas no tenan que soportar peticiones arbitrarias... Aunque haba algunas semejanzas innegables; ambas ingenieras (las nicas que quedaban sobre la Tierra) exigan de sus practicantes esa sensibilidad tan peculiar para lo bello, conjugada con un conocimiento profundo de las claves que permiten conmover las fibras instintivas del ser humano, despertando emociones que —sabiamente manipuladas por sus creadores— culminaban en una nueva experiencia sens ointelectual (o intelectosensual; el trmino correcto todava se discuta), en un enriquecimiento del universo individual y colectivo..., pero all terminaba el parecido. Las obras de los emocionalistas podan —y deban— ser ag resivas, punzantes, verdaderos imanes a los cuales era prcticamente imposible escapar; pero no eran soportable s ms que durante minutos... horas, en el mejor de los casos. Un contacto de mayor duracin co n ellas provocara la insensibilizacin em ocional del receptor o, tal vez, su locura. No, los ambis deban ser mucho ms sutiles... Adems, no se trataba solamente de las necesidades emocionales de los usuarios de las viviendas, o de los laboratorios, o de los parques; tambin haba que tomar en cuenta otros factores, otras limitantes. Desde esta perspectiva, la ambientalstica se aproximaba a la complejidad del trabajo de los analistas; el ingeniero deba tener conocimientos de ecologa (era deseable que el entorno biolgico su friere el mnimo de alteraciones), de ciberntica (no era fcil encontrar la variante ptima de uso de los servos istemas domsticos; tan inconveniente era un hogar que requiriera demasiada atencin del inquilino, como otro que no exigiera ninguna), de sicosociologa (el lego no poda concebir siquiera las diferencias de gusto que existan normalmente entre dos usuarios de caractersticas en apariencias iguales)... La relacin completa de todos los requisitos que deba satisfacer un ingeniero ambiental sera algo interminable. Y tan bello trabajo —que requera tanta sutileza como energa, tanta inspiracin como clculo fro— era su profesin. O sera mejor decir haba sido? Donna se mordi los labios. Necesitaba tomar un descanso; en su estado de nimo actual no llegara a ningn lado. Manipulando los controles de su mesa de trabajo, hizo desaparecer de las ventanas las imgenes de un mar sereno... Ces de escuchar el pausado choque de las olas contra la inexistente playa (en ritmo cuidadosamente programado por ella misma para obtener el mximo efecto sedante con una interferencia mnima sobre sus facultades creativas) y, por un breve instante, su estudio pareci ser lo que era; una habitacin de paredes desnudas construidas quince metros bajo tierra. Conect el sistema exterovisor, y el bosque murmur en torno a ella. Se levant del asiento. Seguramente, Bennie habra dejado su cuarto en pleno desorden; era lo habitual cuando la llegada de Winnie lo sorprenda contemplando un sensofilme. Frente a Donna se corri un panel en la pare d, descubriendo la hueca cavidad del ascensor. Dio un paso hacia lo que pareca ser un abismo insondable, y los invisibles campos de fuerza la sostuvieron suave y firmemente... De todas formas, deba modificar el elevador; no todas sus visitas eran inmunes al vrtigo. No sera algo complicado; bastara con la tpica plataforma abierta... —Al cuarto de Bennie —murmur abstrada en el diseo mental de la plataforma. La forma ovalada no era nada original; pero no vea alternativas estticamente comparables, sin caer en formas demasiado rebuscadas... y el color? Blanco? Gris, como en casa de los Wrenzel? O verde, como el csped? Todava no haba podido decidirse por alguno de ellos cuando se abri ante ella la pue rta de la habitacin de Bennie. Aplazando para otro momento la eleccin del color apropiado —mientras tanto, ya sabra su subconsciente determinar el mejor— entr, y de una rpida ojeada enumer los objetos que se hallaban fuera de lugar. La tnica casera. Dos sensofilmes, y la caja donde se guardaban; el sensocasco... —Toma, Duende —dijo, y de la pared emergieron los flexibles brazos articulados, tomaron la arrugada tnica, y desaparecieron. Agachndose, Donna reco gi los sensofilmes, y los introdujo en sus lugares respectivos dentro de la caja. Corri esta hasta hacerla desaparecer dentro de la pared, y tom entre sus manos el casco. Permaneci inmvil durante algunos segundos. Luego, em pez a ajustarse el casco sobre su cabeza. A veces no vena mal un breve retorno a los tiempos de la infancia, se dijo en tono burln mientras colocaba sobre sus ojos la banda inductora.


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