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Korad.

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Material Information

Title:
Korad.
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Korad
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
quarterly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin America -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - K31-00012
usfldc handle - k31.12
System ID:
SFS0024292:00010


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EDITORIAL Les presentamos Korad 11 correspondiente al trimestre septiembre-octubre-diciembre del 2012. Korad es la revista que persigue aglutinar la narrativa fantstica c ubana en su sentido ms amplio, incluyendo la ciencia ficcin, la fantasa heroica, el terror fantstico y la poesa especulativa, entre otros. Pero Korad tambin divulga ensayos, crnicas, crticas y reseas. En este nmero publicamos tres magnficos artculos tericos sobre el gnero fantstico: Las vueltas de tuerca en la ciencia ficcin a cargo de Yoss, un estudio sobre las tumbas del tiempo de la saga Hyperion de Dan Simmons, a cargo de Carlos A. Duarte, acompaado por ilustraciones del artista argentino Guillermo Enrique Vida l y la primera parte de un excelente ensayo sobre el world-building en la fantasa pica, de la escritora esta dounidense Stephanie Cottrell Bryan. Nuestra seccin Plstika Fantstika cuenta con una j oven artista: la ilustradora y anima dora cubana Leonor Hernndez. En cuanto a las ficciones, incluimos al gunas colaboraciones que nos han enviado amigos de Cuba y otros pases, como el espaol Carlos Prez Jara y el estadounide nse Keith P. Graham. La seccin de Humor ofrece el cuento Patrones de conducta del villaclareo Claudio del Castillo Esperamos que la disfruten. Les recordamos que nuestra revista est abierta a recibir colaboraciones tanto de creadores cubanos como de otros paises. Las mismas nos las pueden hacer llegar a trav s de la direccin de email de Korad donde sern atendidas por nuestro comit editorial. Consejo editorial Editor : Ral Aguiar Co-Editores : Elaine Vilar Madruga, Jeffrey Lpez y Carlos A. Duarte Correccin : Zulln Elejalde Macas y Victoria Isabel Prez Plana, Olimpia Chong Carrillo y Sunay Rodrguez Andrade Colaboradores : Claudio del Castillo, Dana Chaviano, Rinaldo Acosta, Yoss Diseo y composicin : Ral Aguiar Seccin Poesa : Elaine Vilar Madruga Ilustracin de portada : Leonor Hernndez, Halloween Ilustracin de contraportada: Grupo Arcngel Ilustraciones de interior : Guillermo Enrique Vidal, Leonor Hern ndez, Mario C. Carper, Ral Aguiar. Proyecto Editorial sin fines de lucro, patrocinado por el Taller de Fantasa y CF Espacio Abierto y el Centro de Formacin Literaria Onelio Jorge Cardoso Redaccin y Administracin: Centro de Formacin Litera ria Onelio Jorge Cardoso. 5ta. ave, No. 2002, entre 20 y 22, Playa, Ciudad Habana, Cuba. CP 11300 Telef: 206 53 66 e-mail : revistakorad@yahoo.com Los artculos y cuentos publicados en Korad expresan exclusivamente la opinin de los autores. Korad est disponible ahora en el blog de la escritora cubana Dana Chaviano All podrn descargar versiones de mayor calidad que las que enviamos por email.

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ndice: Editorial/2 Las “vueltas de tuerca” en la ciencia ficcin. (Ensayo) Yoss/4 Todo excepto el gruido.(Cuento)18 Los misterios de Hyperion: un breve viaje a las tumbas del tiempo. (Ensayo) Carlos A. Duarte/24 Orilan (Cuento) Carlos Prez Jara / 31 Seccin Poesa Fantstica: El mensajero de la muerte El vampiro. John Stagg/44 Sobrevivientes. (Cuento) Mariela Varona/ 48 Seccin Plstika Fantstika: Leonor Hernndez /50 Gua del constructor de mundos mgicos. (Ensayo) Stephanie Cottrell/52 Seccin Humor: Patrones de conducta (Cuento) Claudio del Castillo/66 Concursos: Oscar Hurtado/Minatura/Ciudad de Utrera/ Terbi / Planes B/72 Prximos ttulos de la editorial Letras Cubanas: 78

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LAS “VUELTAS DE TUERCA” EN LA CIENCIA FICCI"N O LOS GOLPES SUCESIVOS DE “MS EXTRAO TODAVIA” COMO ESTRATEGIA PARA NOQUEAR LA INERCIA MENTAL DEL LECTOR… Y LA SOCIEDAD. Por Yoss Introduccin En la pgina 310 de su obra Crnicas de lo ajeno y lo lejano1, el crtico e investigador cuba no Rinaldo Acosta incluye, como parte de la ltima de las tres caractersticas bsicas que en su opinin definen a una obra de CF contempornea, esta reflexin: En la buena cf siempre se aplican “d os vueltas de tuerca”: la primera es par a crear un mundo alternativo, meramente distinto; la segunda produce un efecto de “fantasa dentro de la fantasa”, una intens ificacin del campo de lo imaginario. Sin entrar aqu en consideraciones que seran necesariamente s ubjetivas sobre qu o cul es la buena ciencia ficcin (en lo adelante CF), vemos que posteriormente pasa Rinaldo a defini r los dos procedimientos principales por los que este “otro mundo”2 es creado: primero, por extrapolacin o desarrollo lgico de tendencias cientficas, sociales o tecnologas ya existentes hoy3; y segundo, por disrupcin o ruptura4, entendidas tales como la aparicin de factores en este momento an imprevistos. O, usando el referente asimoviano5, de las tres preguntas bsicas: “Si esto sigue as…”, correspondiente al primer caso; y “Qu pasara si…? y “Si tan slo…” que se pueden equiparar al segundo. Aclaremos en primer lugar que, grosso modo compartimos este punto de vista de Acos ta. Este trabajo pretende tan slo profundizar un poco ms en el aspecto especfico del nmero de cambios en el nivel de realidad circundante, considerando que el esquema de las “dos vueltas de tuerca” constituye slo uno de los casos posibles, entre al menos tres opciones o alternativas bsicas a las que, consciente o inconscientemente, se enfrenta todo cr eador del gnero a la hora de construir sus historias. 1 Letras Cubanas, 2011; un estudio sobre la CF y sus convenciones, actualizado, profundo y valiossimo, sobre todo para el lecto r cubano, que tan poca (o ms bien ninguna) bibliografa terica de este tipo tena hasta ahora a su alcance. 2 O “universo contrafactual”, pa ra utilizar su terminologa. 3 Ejemplos: fisin nuclear finalmente eficaz o rentable como mtodo de obtencin de energa; creciente superpoblacin; carrera espacial ms masiva y otros similares. Perfeccionamientos futuros de tecnologas hoy ya existentes o al menos predecibles en un desarrollo lineal consecuente, en pocas palabras. 4 Ejemplos: la llegada a la famosa Singularidad Tecnolgica de la que hablaba ya en 1993 Vernor Vinge; la aparicin de la Inteligencia Artificial. O el contacto con ot ra raza inteligente extraterrestre; o el de scubrimiento de otra s dimensiones o de un mtodo para viajar en el tiempo. Es decir, acontecimientos absolutamente inesperados, aunque puedan, sin embargo, ser concebidos a gol pe de pura y audaz especulacin. 5 Isaac Asimov, Sobre la ciencia ficcin Editorial Sudamericana, 1999 (traduccin de Salvador Ledesma) El libro se ha vendido en CUCs en nuestro pas. Se trata de una recopilacin de artculos so bre el gnero, en general de bajo nivel terico, aunque con a lgunas ideas interesantes.

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Para ilustrar y esclarecer nuestra hiptesis, aunque tambin podran servir muchos cuentos, hemos elegido como ejemplo a un puado de novelas (o series de ellas, en algunos casos) que consideramos representativas del amplio acervo de la CF del siglo XX. Tomndolas, en lo posible, de entre las ms conocidas… incluso para el lamentablemente poco informado lector cubano medio. Pero a la vez, sin incluir ningn ttulo de autores cubanos en el anlisis, en aras de mayor distanciamiento y objetividad. Un mundo como este… o casi como este, pero distinto. Y luego… Resulta ya un lugar comn que algunos af icionados extremistas se ufanen de que resulta comparativamente ms difcil escribir una buena historia de CF que de realismo6. Aducen muy orondos que, mientras en la narrativa del mainstream el autor y sus lectores comparten el conocim iento de un universo comn, la realidad7, pudiendo entonces centrarse en el desarrollo argumental y de personajes, en el fantstico en ge neral y la CF en particular buena parte del esfuerzo del escritor debe dedicarse a describir a su pblico el universo “diferente a este” que ha imaginado ( wordbuilding ) hasta lograr que ese mundo irreal con sus propias leyes e historia resulte coherente en s mismo, o sea, ms o menos verosmil8… al menos mientras no se llega a la ltima pgina del libro. Es el famoso efecto de suspensin de la incredulidad, que se apoya en elementos diversos, como por ejemplo el alto grado de feedback del gnero9. Concretando; segn se deduce de lo arriba expuesto por Rinaldo, en el caso tpico un autor de CF dara la primera “vuelta de tuerca” precisamente describindonos su universo contraf actual: mundo extrao-nuevo-dife rente de este… para que, cuando ya nos sintamos ms o menos c onfortablemente instalados en las c onvenciones de dicho mundo, venga la “segunda vuelta”: un segundo fenmeno, giro argumental o novum10 que potenciando an ms la extraeza del anterior contrafactual, nos vuelve a cambiar el color del decorado, dand o as perfectamente la idea de que la realidad evoluciona (como ocurre de hecho, bien que no a gol pes de timn tan bruscos como en la lite ratura) en consonancia con la famosa aunque a la vez bastante imprecisa definicin asimo viana de la CF como “literatura del cambio”. Pero hay que tener muy presente que no todo giro argumental es una “vuelta de tuerca” o verdadero novum de CF. La simple aparicin (o muerte) de personajes, el surgimiento de nuevas relaciones entre ellos, etc, por trascendental que pueda ser para la dramaturgia interna del texto, no es tamb in por necesidad un cambio drstico en el concepto que del mundo ah descrito nos hacemos. Asmismo vale la pena considerar que la de las “vueltas de tuerca” es slo una analoga, una de las varias metforas posibles; tambin se podra establecer un paralelismo con, por ejemplo, el uno-dos jab de izquierda-directo de derecha del clsico boxeo occidental. O con la sucesin de las patadas mae-kazumi y gyaku-mawachi del krate-do. En ambas combinaciones, si bien el primer golpe sorprende, el segundo es el que realmente conmociona… o incluso noquea. Y, sobre todo, como advertamos antes, queremos hacer notar la circunstancia fundamental, ncle o de este trabajo, de que, atenindonos a la analoga, vendra a resultar que algunas obras del gnero, ms que c onfiar en un par de golpes contundentes para romper el cmodo concepto de realidad co tidiana en que se supone habitualmente instalado al lector, prefieren apostar por una larga serie de impactos, a cul ms demoledor… o jugrselo todo a un impactante y nico “supergolpe”. 6 Otra expresin del llamado “espritu de ghetto” tpico de la mayora del fandom del gnero: “somos demasiado buenos para que nos acepten esos aburridos mediocres de las masas…” Para m s pormenores sobre esta situacin, vase el artculo Entre feed-back y slipstream: el ghetto de la ciencia ficcin del autor de este trabajo, publicado en las revistas Extramuros y El cuentero 7 Claro que, en rigor, pudiera cuestionarse incluso hasta qu pun to es “realmente real” (y valg a la redundancia) el mundo “convencional” descrito por la narrativa rea lista. Ponindonos algo solipsistas: qu es la realidad, qu el mundo? Pero tales consideraciones resultan ya ms bien metafsicas, y trascienden por tanto ampliamente el campo de anlisis de este trabajo. Mej or dejrselas a los filsofos, entonces. 8 Ya han dejado en claro los tericos que la literatura de ficci n debe ser verosmil. Que sea veraz o testimonial es un aspecto puramente extraliterario: un valor agregado, en el mejor de los casos. 9 Y es fcil darse cuenta de cmo funciona: si ya se ha ledo mucha CF cuesta menos esfuerzo mental aceptar sus convenciones y “dejarse llevar por la ilusin”… al menos si el autor ha hech o bien su trabajo. Que no siem pre es el caso, por desgracia 10Para seguir cindonos al vocabulario de Acosta: un giro no s lo dramtico, sino tambin en la concepcin misma del mundo o Weltanschung como diran los filsofos alemanes serios.

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Dicho esto, veamos en primer lugar los ejemplos ms tp icos de ese uno-dos, que ya casi podramos llamar cannico dentro del gnero. Para comenzar hemos elegido la novela El planeta encantado11, del autor sovitico Albert Valentinov. Resumen de la trama: el futuro, por supuesto, pertenece por entero al comunismo. La Tierra est unida y en paz, los vuelos interestelares son co sa de todos los das, y los humanos han encontrado muchos planetas con vida… o con restos de civili zacin. Pero slo en uno, Takria, han hallado tambin a hermanos de intelect o… bien que, por alguna extraa razn, encantamiento? no han an superado el estadio social de la comunidad primitiv a, no obstante que su historia parezca tan antigua como la terrestre. As que los altruistas terrcolas acuden en masa, como fervorosos misioneros, a “civilizar” a sus semejantes de otro mundo, tratando sin embargo de que sean los takriotas los que “descubren” y “aprenden” las cosas, para no convertirse en dioses12 ante sus ojos. Este panorama sera el primer novum Y cuando ya el lector le ha casi “cogido la vuelta” a la cotidianeidad en Takria, con su vida de esforzados pioneros, de sa crificios y proezas diarios, pero todo en nombre de un hermoso objetivo; que los takriotas lleguen a la altura intelectual de lo s terrestres, entra en juego otra sorpresa. La investigacin que Irina, la protagonista, desarrollaba sobr e las “sanguijuelas”, extraos seres que slo habitan en una cinaga takriota, la lleva a conclusiones inesperadas: no se trata de autnticos an imales, sino de robots dejados all por alguien y que con el paso de milenios casi se han convertido en seres biolgicos de tanto imita rlos para pasar inadvertidos: y el pantano tampoco es natural, porque su forma es perfectamen te circular. En su fondo est lo que las falsas sanguijuelas custudiaban: un emisor de radiaciones que frenen el desarrollo cerebral, responsables de que el progreso mental y social casi no exista en Takria… y ¡sorpresa! an ms abajo, una espacionave de manufactura evidentemente no humana. La inclusin en la ecuacin Takria de este nuevo y por completo inespera do factor es, desde luego, el segundo novum o “doble vuelta de tuerca” tpico: por primera vez los humanos, que han explorado ya buena parte del cosmos, se topan, no ya con seres inteligentes en las etapas inic iales de desarrollo social, sino con la ev idencia de toda una civilizacin de nivel tecnolgico por lo menos equivalente al suyo, si es que no superior… y que adems ¡horror de horrores! no parece para nada atada a las consideraciones ticas humanas. Claro que, teniendo en cuento de nuevo el clsico feed-back del gnero, se trata slo de una sorpresa a medias, un novum de novedad limitada, si cabe el juego de palabras; las escenas finales de la novela, cuando los misteriosos entes13 que mantenan en el atraso a los takrio tas se revelan en toda su maldad, puede que sonaran novedosas dentro de la CF sovitica de aquellos aos casi obligadamente optimista y llena de fe en la coexistencia pacfica y las bue nas intenciones de otras razas extraterrestres (eran los tiempos de los tratados antinucleares SALT I y II no hay que olvidarlo)… pero para el lector occidental, ms que aburrido de insectoides, lagartos, pulpos y otros invasores ms o menos monstruosos, agresivos y desp iadados llegados del cosmos, probablemente resultaran tremendamente adocenadas y propias de las ma las “novelitas del espacio” de Serie B. O sea, se trata de un segundo golpe bastante pobre, un directo de derecha que slo podra “noquear” al oponente que no se lo esperara siquiera mnima mente; que estuviera con la guardia baja, pensando en las musaraas y nunca hubiera visto antes semejante puetazo. Mantenindonos dentro de la Europa del Este, entonces toda socialista, si bien ya fuera de la extinta URSS, analicemos en segundo lugar la novela El Invencible14 del polifactico autor polaco Stanislaw Lem. 11 Publicada en nuestro pas al final de la antologa homnima (con traduccin de Z. Borisova) de la Coleccin Dragn, por la editorial Arte y Literatura en 1985. 12 S, ser dios es difcil, ya lo haban dicho aos antes los hermanos Strugatsky… pero tampoco es cosa sencilla no parecerlo cua ndo se tienen poderes tecnolgicos equivalentes a los divinos, o que los superan de plano; como deca Arthur C. Clarke, una tecnolog a suficientemente desarrollada puede resultar indistinguible de la magia. 13 ¡Tenan que ser reptiles! 14 Edicin cubana de Arte y Literatura, 1985, traducido por Anna Strzelczyk.

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En primer lugar, sorprende el que el mundo del futuro que aqu se nos describe sea ms propio de la imaginera capitalista que de los cnones socialistas15. Hay viajes a otros mundos, s, y la humanida d parece estar unida… pero en lugar de pacficas misiones de exploracin, aqu las naves que se aventuran en nuevos pl anetas parecen ms bien cruceros de guerra, bien provistas de escudos protectores, con los hangares repl etos de vehculos a cul mejor blindado, de robots con armas terribles, y con sus tripulaciones sometidas a una estrict a disciplina y cadenas verticales de mando, tpicamente militares. Son paranoicos compulsivos los humanos, o con qu terribles enemigos se han topado ya antes en su exploracin de la Galaxia? Lem no lo dice, pero su om inosa sombra planea silenciosa por sobre toda la novela. En este preocupante universo, la premisa concreta de la hist oria es simple: la nave “Cndor” desaparece, y su gemela, el “Invencible”16, siguiendo su rastro, va a dar a un planeta sin vida or gnica, pero en el que algo que indudablemente no es la furia de los elementos ha causado la muerte de muchos de sus tripulantes… y la extraa y total prdida de la memoria de un infeliz puado de supervivientes. La mesa est servida para que sigamos de cerca la meticul osa investigacin, en el mejor estilo de la corriente ms hard del gnero… hasta que junto con los tripulantes del “I nvencible” nos topamos con una sorpresa, el segundo novum : s, era una entidad racional la que asesin a los hombres del “Cndor”… pero no viviente, sino ciberntica. El planeta revela estar habitado por los ltimos descendient es de las mquinas creadas por sus primitivos pobladores, a los que en su momento destruyeron. Se trata de pequeos artefact os individualmente frgiles y “tontos”, pero a la vez capaces de combinarse entre s en grandes nmeros, sumando sus capacidades para aniquilar cual quier amenaza que perciban como tal. El resultado final de una curiosa evolucin en la que la versatilidad modular ha derrotado a la especializacin. Una verdadera vida o casi-vida ciberntica. La simple (y muy revolucionaria en su momento) nocin de la existencia de una entidad colonial no biolgica semejante es el segundo y demoledor golpe de efecto de la novela. Aunque, dram ticamente hablando, si bien no desde el punto de vista de CF, an hay otro giro argumental, bien que no un novum : cuando ya parece que los hu manos debern retirarse del planeta con la cola entre las piernas, derrotados por los peque os artefactos a los que su tremenda tecnologa no consigue vencer, Rohan, el oficial protagonista, da un paso ms all con osado razonamiento: quizs, por una vez, la cosa no vaya de demostrar quin es el ms fuerte. Y lo que las potentes mquinas superarmadas no lograron, porque eran percibidas por los pequeos cbers como una amenaza, lo consigue un hom bre solo. En todo caso, habr que aceptar que ese mundo no es para el hombre, que las mquinas lo han reclamado para s … y que contra algunas fuerzas, de momento, no es posible luchar. Veamos ahora algunos ejemplos similares de la CF occidental. A la pluma de C. J. Cherryh se debe la interesante space–opera El Orgullo de Chanur17 aparecida a finales de los aos 80. Aqu el primer golpe o novum es, una vez ms, la misma extica concepcin del mundo en el que se inserta la historia: hay muchas razas que viajen por el espacio, entre ellas respiradores de metano y de cloro… tan raras que la ms “ normal” es una especie de leones bpedos a los que pertenece la protagonista, la comandante de nave Pyanfar Chanur. La estructura social de esta raza es singular, al menos segn los estndare s humanos (en realidad es ms bien la tpica de estos grandes carnvoros, nicos flidos que viven en comunidades): los pocos machos son muy valiosos y permanecen en tierra, las hemb ras viajan comerciando para ganar dinero y estima que les permita alguna vez reproducirse. Y ni rastro de humanos por ninguna parte en todo este espacio. Pero cuando hemos empezado a sentirnos ms o menos cmodos en este universo tan de veras aliengena… aparece el humano18. El primero que ven tanto Chanur y su tripulacin como otras especies, y tan valioso por su misma rareza y las 15 Por lo visto, los autores polacos disponan de mayor libertad creativa que los rusos, aunque los Strugatsky se las arreglaron varias veces para burlar astutamente la frrea censura sovitica. 16 Ntese lo marcial-agresivo de sus nombres. 17 Publicada en espaol a finales de los 80 en la Coleccin Nova de Ediciones B, Grupo Editorial Z, Espaa. La novela luego tendra otras tres secuelas, en realidad un nico y extenssimo libro pu blicado en tres partes por motivos editoriales, pero ya sin el deslumbrante inters de la primera entrega: apenas ms de lo mismo, sin nuevos giros contrafactuales que valga la pena menciona r.

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posibilidades de tratos comerciales con su cultura que re presenta, que se establece toda una intriga a su alrededor, compleja trama en la que la improbable y delicada relacin de amistad establecida c on el terrcola por la capitana Chanur la convertir en vencedora, permitindole al final ganar tanto prestigio que su felina raza incluso acepta cambiar un poco sus ancestrales tradiciones y permitir, por ejemplo, que tambin los machos viajen por el espacio ganando experiencia: un pequeo hecho ha transformado radicalment e el universo descrito en la novela. Al mismo esquema de El Orgullo de Chanur aunque enmascarado por la abrumadora riqueza de los mundos presentados como novedad, responden otras dos novelas de la CF occidental, muy populares en su momento… y que an hoy gozan de notable popularidad entre el fandom: El hombre demolido ; y ¡Tigre, tigre! ambas de Alfred Bester19. Las dos novelas de Bester pueden muy bien analizarse conjuntamente, pues ambas son ejemplos cannicos del “ novum parapsicolgico”: si en El hombre demolido se trata de una sociedad en la que los telpatas, una aristocrtica minora, han vuelto tericamente imposible el delito, pues nadie puede ocultarles siquie ra la intencin de cometerlo, en ¡Tigre, tigre!20 la “vuelta de tuerca” de partida es an ms ambiciosa y radical: se trata aqu del jaunteo o teleportacin21, funcin mental dominada por todos los humanos (salvo tristes excepci ones, virtuales invlidos) que transforma drsticamente la sociedad tal y como la conocemos hoy, de un modo muy bien pensado y todava mejor descrito por Bester.. En estas dos sociedades utpicas (aunque no perf ectas, por cierto… a veces casi distpicas, de hecho) los protagonistas son hombres singular es, inteligentes y enrgicos, pero ms bien antisociales, porque se niegan a ser como los de ms, a ser absorbidos por la masa, a renunciar a sus intereses personales en nombre de un s upuesto bien pblico del que desconfan casi por instinto. El astuto financiero empeado en co meter un crimen y no ser castigado de El hombre demolido y el Gulliver Foyle de ¡Tigre, tigre! obsesionado con vengarse de la nave Vorga que no lo recogi cuando flotaba nufrago en el espacio son casi avatares del mismo individuo. Prototipos de la arriesgada e indi vidualista mentalidad de frontera que hizo grandes a los EUA; autnticos self made men en tres palabras. Bester tiene una imaginacin tan audaz y f rtil que casi resulta perversa y es tambin dueo de una prosa atractiva y especialmente fluida22. Las peripecias, las rarezas, los personajes exticos y fascinantes y los golpes dramatrgi cos de efecto se acumulan en ambos textos… que, sin embargo, al final se resuelven en “segundas vueltas de tuerca” completamente distintas: 18 Aunque en verdad, pocos se sorprendan con este novum : resulta en extremo difcil para la CF tejer historias sin relacin alguna con el marco habitual de re ferencia actual: humanos-la Tierra. (ni siquiera Is aac Asimov lo logra: la segunda parte de la que probablemente sea su mejor novela, Los propios dioses aunque completamente aliengena, slo funciona cuando se contrasta con la primera y tercera del libro, que transcurren en la Tierra y la Luna, respectivamente, y entre humanos) Los ejemplos “puros” de mundos completamente desligados del “realista” humanos-aqu-y-ahor a (o de sus evoluciones posibles en el tiempo: humanos-enalguna-parte-en-algn-tiempo, ya sea futuro o pasado) escasean bast ante en el gnero, mientras que en la fantasa pura, por cie rto, no tanto. 19 Lamentablemente, ninguna de las dos publicada an en Cuba, ni con versin flmica conocida. 20 Originalmente titulada Las estrellas mi destino (Stars my destination) aunque ediciones posteriores privilegiaron la culta referencia al clebre poema homnimo del pintor y escritor mstic o ingls William Blake. Es un libro popular, sin duda; hay por lo menos cuatro ediciones en espaol: una de Edici ones Dronte, la editorial de la revista ibrica Nueva Dimensin con el ttulo original; otra en la coleccin Superficcin de la editorial Martnez-Roca y la ltima en la Biblioteca de Ciencia Ficcin de Ediciones Orbis (estas dos ya como ¡Tigre, tigre!) amn de otra ms reciente con el ttulo original en Gigamesh, todas la misma traduccin de Sebastin Martnez. 21 Bien que con un claro lmite. Es imposible teleportarse entre di ferentes cuerpos celestes, aunque estn tan cercanos como la T ierra y su Luna, detalle de suma importancia en la trama y su tratamient o (entre otras cosas, le da ri betes de space-opera, con combate s entre naves y otras acciones espaciales, de las que El hombre demolido careca) y que ser tambin trascendental en su grandilocuente desenlace. 22 Habilidades, dice el mismo Bester, adquiridas dura nte sus aos de trabajo como guionista para TV.

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El asesino que ha intentado burlar a los telpatas es capturado y descubrimos no slo que siempre quiso ser atrapado, sino que la demolicin mental no es el terrible castigo al que tanto tema; ms bien resulta apenas el imprescindible principio de la construccin de una nueva pers onalidad no socioptica, menos egosta; hay esperanza para l, pese a todo. En cuanto al Foyle de ¡Tigre, tigre! su ciega ansia de venganza lo lleva a enamorarse de Olivia, una extica albina ciega e hija de su peor enemigo, el despiadado financiero Presteign… pero tambin, tras poner en pe ligro la existencia misma de la humanidad con una potentsima sustancia psicorreactiva, el Pyros, a trascender los hasta ese momento infranqueables lmites del espacio y el tiempo, jaunteando a distancias interpla netarias, adems de adelante y atrs en la corriente temporal. Ha llegado el hombre a su prximo estadio evol utivo? Sin dudas, se trata de un segundo y apotesico novum un “subir la parada” perfectamente adecua do para concluir una esplndi da novela que, por si fu era poco, ha envejecido muy bien. En todos los ejemplos anteriores, el primer golpe o vue lta de tuerca era siempre la misma concepcin del mundo, radicalmente distinto del “normal y actual” que c onocemos, aunque su heredero directo del futuro. Pero, por supuesto, la frmula admite ci ertas variaciones: tambin es posible “a rrancar de este mi smo mundo” del hoy-yaqu, descrito y reflejado con absoluto realismo, e introducir como primer golpe de efecto el cambio que lo transforma. Por solo poner un ejemplo de esta subclase, veamos el sper clsico La Guerra de los mundos23 de H. G. Wells: partiendo del presupuesto de que la historia ocurre en la Inglaterra victoriana que el autor y sus lectores contemporneos tan bien conocan, el primer novum o golpe de efecto es la llegada misma de lo s invasores del planeta rojo, dispuestos con su superior tecnologa a colonizar al pas que tradiciona lmente haba sido colonizador de otros, gracias a esa misma superioridad tecno-cientfica relativa24. Y es este un golpe tan demoledor, que se extiende a travs de toda la novela, hasta que slo cuando parece perdida toda esperanza, resultan ser los microbios terrestres los que derro tan a los hasta entonces invencibles trpodes marcianos: el novum de la importancia capital de la vida pequea, con una moraleja tica casi religiosa a las que tan aficionado era Wells. Como ejemplo final de la “doble vuelta de tuerca” hemos elegido la novela Dune25 de Frank Herbert, compleja space-opera de trasfondo poltico-ecolgico que constituyera un verdadero hito del gnero cuando fue publicad a, en los aos 60, siendo todava hoy un referente insoslayable en cuanto a ecologa y dinmicas sociales. Una vez ms el primer novum es aqu la concepcin misma del mundo, muchos siglos hacia el futuro: una extica especie de feudalismo hipertecnolgico, con emperador, casas nobles y esclavos, pero tambin armas sofisticadas26 y vuelos interestelares, gracias a los Navegantes, curiosos seres que guan las naves a travs del hiperespacio en el trance de melange la carsima especia adictiva del desierto de Arrakis, donde slo viven los terribles gusanos gigantes, Shaid-Ulud, y los duros nmadas fremen, con una cultura guerrera basada casi por completo en el ahorro de la inapreciable, escassima agua. La especia, clave de la historia, es la sustancia ms valiosa de todo el universo, pues tiene adems fuertes propiedades geritricas: quien la controla, domina toda la civilizacin. 23 Hay una edicin cubana de Arte y Literatura, coleccin Dragn, de finales de los 60, con reedicin en los 80. Por largos aos fue la nica novela de Wells conocida en nuestro pas. 24 El cazador cazado, un recurso argumental lueg o muy utilizado en el gnero… y no slo. 25 Primera parte de lo que luego sera una saga de 6 libros, de calidad variable pero siempre interesantes, interrumpida por la m uerte de su autor, aunque su hijo Brian ha escrito, junto con Kevin Arnold, dos trilogas de precuelas ms bien desangeladas: Casa Atreide, Casa Harkonnen y Casa Corrino (algunos de estos disponibles en Cuba en los ltimos aos en las libreras… en cuc, por desgracia); y The Butlerian Jihad, The Machine Crusade y The Battle of Corrinn antes de cumplir su palabra y continuar la historia donde el sexto volumen, Casa Capitular: Dune la haba dejado. Los libros de la serie original, popularsimos y con mltiples ediciones en espaol, son sin embargo, salvo raras excepciones, por completo de sconocidos del lector cubanoAunque gracias al filme de Davi d Lynch en los 80 y a la serie televisiva de ya hace casi una dcad a con William Hurt, al menos el argumento y los personajes de la saga de Herbert les son ms o menos familiares al gran pblico nacional. 26 Cierto que no hay computadoras, por la Jihad Butleriana que prohibi la construccin y/o posesin de mquinas pensantes tras u na feroz guerra que vencieron los humanos contra las IAS… pero hay Mentats, virtuales computadoras humanas, que casi es lo mismo.

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No vale la pena entrar en detalles del argumento, tan enre vesado como el mejor folletn, y tan adictivo como la misma melange Basta decir que, en medio de una sofisticada trama de intrigas bizantinas sobre el p aso del seoro del planeta Arrakis de la Casa Harkonnen a sus peores enemigos —los At reides—, hay otra subtrama: la hermandad Bene Gesserit, una especie de orden religiosa de mujeres que en el trance de la especia pueden contactar con la memoria gentica de sus antecesoras, est a punto de terminar su programa eugentico secreto, que ha durado siglos, para lograr su sueo: el Kwisatz Haseratz, el hombre vidente, el Mesas que conducir a toda la humanidad a una nueva y todava inescrutable frontera… pero bajo el sabio? control de la Bene Gesserit, por supuesto. Slo que Dama Jessica, la concubina del duque Leto Atreides, por amor, viola las rdenes recibidas y le pare un hijo, en vez de una nia, que habra sido destin ada a tener descendencia con el sobrino del perverso barn Harkonnen, el bello pero sinuoso Feyd Rautha. Este pequeo de talle precipita lo inesperado: el joven Paul Atreides es el Mesas, una generacin antes de lo previsto… y mientras su padre es asesina do en Arrakis, vctima de una trampa de los Harkonnen en contubernio con el mismo Empera dor para deshacerse de los peligrosamente infl uyentes Atreides, l huye con su madre al desierto, donde los fremen lo encuentran y lo entrenan. All aprende a controlar su inmenso poder de presciencia, y sobre todo aprende que el gusano produce la especia y la especia produce al gusano, en un complicadsimo ciclo vital. Es este el segundo novum; el descubrimiento de la verdad mstica tras Dune y la especia, que se desata con el contraataque de Paul, ahora convertido en Mouadib, al frente de un ej rcito de fanticos guerreros fremen que cabalgan monstruosos gusanos, toma por sorpresa a sus enemigos, el barn Harkonne n y el emperador. Uno es muerto, el otro destronado… y un nuevo poder, la Jihad Fremen, religiosa y salva je, sacude la galaxia, ahora dirigida por un hombre capaz de ver el futuro. Tanto xito tuvo la novela, que pronto se convirti en una saga popularsima. De ah que la hayamos escogido, sobre todo en sus primeras cuatro entregas27, para ejemplificar cmo, para que una serie logre verdaderamente el favor del exigente fandom del gnero, aunque parezca que los lectores slo pide n ms aventuras de los mismos personajes y en el mismo ambiente, necesita en cada libro intro ducir nuevos elementos que den giros radi cales al mundo que describen… so pena de caer en el aburrimiento28 y el olvido. A la inicitica Dune la siguieron, en rpida sucesin, y sin lograr, en verdad, ms que una mnima parte del inters de la primera, El Mesas de Dune e Hijos de Dune hasta la esperada y esplndida culminacin, Dios Emperador de Dune Herbert demostr ser, para ser justos, un maestro de la intrig a y el giro dramtico inesperado. Con perturbadora velocidad y a la vez un cierto hiertico estatismo estilstico, las perip ecias se suceden en los tomos 2 y 3 de la serie: la esposa de Mouadib pare mellizos, nio y nia quin ser el heredero? Su padre, habiendo pe rdido la vista en un atentado, renuncia a su condicin de Mesas y se pierde en el desierto; Alia, hermana de Mouadib nacida en Arrakis y con conocimiento innato de sus vidas pasadas, es poseda por la abominable personalidad del barn Harkonnen, su antepasado; se vuelve amante de un ghola o clon de Duncan Idaho, recreado por los misterio sos tleilaxu. Una coalicin antifremen cra y entrena a dos terribles felinos para que den cuenta de los mellizos, y aunque logran escapar con vida del atentando, Leto, el varn, se pierde en el desierto slo para regres ar con nuevos poderes, pues se ha convertido en simbionte de la trucha de arena, la larva del poderoso gusano. Pero, salvo este ltimo, todos son giros argumentales… ninguno un novum de CF verdadero. El mundo, tras la Jihad Fremen, sigue ms o menos igual. Es slo con Dios Emperador de Dune que comienza cuando Leto el Emperador Gusano, convertido en casi inmortal por su simbiosis, ha reinado por ¡5000 aos! sobre la humanid ad, que un nuevo y audaz contrafactual irrumpe. De algn modo, en este cuarto libro Herbert regresa al origen, rizando el rizo: Leto ha elegido la Senda Dorada, la frrea tutela sobre la galaxia que su padre no se atrevi a asumir. Su Pax Vrmica29, sin embargo, aunque ha realizado el viejo sueo fremen, convirtiendo a Arrakis casi en un vergel, con slo un as pocas millas de desierto remanentes de la extensin original, no ha logrado aplacar a todas las facciones que luch an an por el poder… y al final Leto permite que le den 27 Ya que el quinto y sexto libro, Herejes de Dune y Casa Capitular: Dune constituyen en realidad los comienzos de otra serie que por desgracia Herbert dej inco mpleta con su fallecimiento. 28 Como las tres secuelas de El Orgullo de Chanur ya citadas arriba. Y otras tantas sagas de a tres-por-kilo de las que mejor ni hablar. 29 Latinazgo nuestro y no de Herbert, pero etimolgica y socialmente correcto: si hay Pax Romnica, Pax Vrmica podra muy bien denominar a los 50 siglos de calma impuestos por el gobierno del Gusano ( Vermis )

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muerte, con lo que Arrakis se ve revitalizada, pues los millon es de truchas de arena en los que se fragmenta su enorme cuerpo devolvern a Dune el desierto… y la maravilla de la especia, ya rarsima sin gusanos que la produzcan. Por el contrario, y sin dudas aleccionado por el ejemplo de Herbert, otro maestro ms reciente de la space-opera, Dan Simmons, convirti su popularisma e hiperpremiada tetraloga de los Cantos de Hiperin30 en un verdadero desfile de contrafactuales. Pr cticamente cada giro argumental va aparejado a otro novum hasta conformar un mundo del futuro lejano dotado de una complejidad extraordinaria y de un cambiante dinamismo, donde los enemigos de un momento pueden ser aliados el instante siguiente, y viceversa. Definir en pocas palabras el argumento de esta complicadsima serie, lo mismo que su detallado universo, resultara todo un desafo31. Pero, de un plumazo, y simplificando enormemente, podra decirse que la saga narra al gunos episodios de la lucha casi mstica entre diversas facciones de IAs cuyos poderes las ha n convertido prcticamente en divinidades. Una lucha en la que la humanidad entera, lo mismo que todos los seres vivos de la galaxia conocida, tan slo son peones. Pero los Cantos de Hyperin son mucho ms que eso. Su primer tomo, Hyperin32, ya presenta una verdadera avalancha de contrafactual es. De hecho, la “primera vuelta de tuerca” tpica del gnero segn Rinaldo aparece aqu fragmentada en, o multiplicada por siete, pues tal es el nmero de peregrinos que acuden a ver al terrible Alcaudn en las Tumb as del Tiempo. Sabiendo todos que slo uno ver su deseo cumplido a cambio de la muerte de los otros. Cada uno va contando su historia33 y el libro termina con tan magistral reticencia que prcticamente no habra hecho falta ninguna continuacin para entronizarlo como uno de los clsicos del gnero. Adems del verdadero tour de force que representa el que cada una est escrita en un estilo bien distinto y contadas por personajes por completo diferentes, cada una de estas hi storias va aportando datos pa ra la concepcin del mundo. Sabemos as del Cruciforme, el terrible parsito que da la in mortalidad de la regeneracin constante a quienes infecta, idiotizndolos al pasar de los siglos; de los estrs, humanos biolgicamente adap tados a vivir en el espacio que ahora fungen como brbaros atacando los confines de la Hegemona; de los Templarios, interesante culto mstico ecolgico con sus naves-rboles; de los cbridos, la Esfera virtual y los tele portales; de los mundos de gravedad superior a la terrestre, cuyos nativos tienen una descomunal fuerza fsica… se trata prct icamente de un desfile de contrafactuales, de giros a cul ms deslumbrante, que sin embargo no logran “fatigar el msculo” del sense of wonder del lector, por la cuidada y coherente manera en que van siendo expuestos. Por supuesto, no slo en sagas aparece est a variante de mltiples giros. En ocasiones, aunque no muy a menudo, en una misma novela hay tambin varias versiones sucesivas de la rea lidad, descubrimientos de verdades una dentro de otra como las muecas matrioshkas rusas o acercamiento s sintticos a la ltima verdad. Aunque lo cierto es que abusar de este recurso puede llegar a volver agotadora la lectura, inducie ndo una incmoda sensacin de que nada es lo que parece. 30 Formada por cuatro libros (nuevamente, en realidad dos muy extensos divididos por motivos editoriales): Hiperin y La Cada de Hiperin; y Endymin y El Ascenso de Endimin respectivamente. En espaol son conocidos por las varias ediciones ibricas de la coleccin Nova, todas con prlogo de Miquel Barcel y traduccin de Carlos Gardini. Nu evamente, otra saga cardinal del gnero a la que la abrumadora mayora de los lectores cubanos permanece ajena, quizs tambin porque de ella ni siquiera se han hecho versi ones flmicas o televisivas hasta hoy… y dado lo monumental del texto, tambin parece difcil que las haya a corto plazo. 31 Ante el cual han inclusive fracasado esos profesionales de la concisin que redactan las notas de contracubierta. 32 El ttulo (lo mismo que Endymin) viene de dos poemas mitolgicos sobre la cada de los titanes en su guerra con los dioses, de la autora del britnico John Keats, (1795-1821) quien es mucho ms conocido por su breve oda A una urna griega … y que tambin aparece (al menos un cbrido o recreacin cibernti ca suya) en la saga como personaje fundamental. 33 Una estructura, confiesa Simmons, elegida para atrapar la atencin del lector, y tomada del clsico medieval Cuentos de Canterbury del tambin britnico Geoffrey Chaucer (1340-1400) un extenssimo poema sobre varios peregrinos que se dirigen al santuario ingls, cada uno refiriendo su vida y obras durante el largo trayecto.

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As pues, dado que hemos extrado varios re ferentes de la CF sovitica, tomemo s ahora a la novela de un autor nacido ruso (en Petrovichy) pero que vivi y pub lic toda su obra en los EUA; nos referimos, claro, a Isaac Asimov. Y el libro en cuestin es El fin de la Eternidad34. Aqu el primer contrafact ual es evidente y lleno de sense of wonder ; el concepto mismo de la Eternidad, esta fantstica corporacin que, duea del secreto del viaje en el tiempo, comerc ia a travs de los miles de siglos de historia humana, y cuyos casi monsticos integrantes, los Eter nos, son desarraigados de sus sociedades de origen para formar la burocracia y empleomana de esta extraa organizacin. Es un universo muy extrao, ms bien disf uncional. Vamos descubriendo sus peculiares caractersticas a travs de la vida y acciones de Andrew Harlan35 al que el coordinador jefe Twisell apadrina y casi obliga a convertirse en Ejecutor, uno de los tres cargos principales de la Eternidad (los otros dos son Observador y Analista) pues, como descubriremos luego, est escrito que un tal Ejecutor Harlan ense Hi storia Antigua (de antes de la Eternidad) nada menos que a Vikkor Mallansohn, el creador de toda la teora matemtica sobre la que se basa el viaje en el tiempo… antes de que este fuera enviado al pasado en un viaje sin retorno. Nos enteramos de la existencia de los Siglos Ocultos, milenios enteros en los que, por motivos desconocidos, resulta imposible pasar de l tiempo “neutro” de la Eternidad al tiempo local, y del mecanismo (nunca demasiado detallado, es obvio) del Cambio Mnimo Necesario para producir el Mximo Efecto Deseado, mediante el cual la Eternidad se asegura a travs de sus Ejecutores que en ningn siglo aparezcan costumbres o invenciones pelig rosas para su existencia… y frena de paso el progreso humano en numerosas esferas, como el viaje espacial. Y descubrimos que incluso el fro ejecutor Harlan puede enamorarse de una chica temporal, la hermosa y aparentemente superficial Noys. Y ah ataca de nuevo Asimov; en medio de la estable Eterni dad, los acontecimientos se precipitan: Harlan es obligado a huir con Noys, despus de que su envidioso rival Finge lo haya hecho caer en una trampa para desacreditarlo y a Twisell a travs de l, y la lleva a los Siglos Ocultos, y luego desc ubre que su aprendiz Brinsley Sheridan Cooper no es otro que Vikkor Mallansohn: para la existencia mi sma de la Eternidad es preciso que el crculo se cierre, porque, de algn modo, ya se ha cerrado. Pero no era nicamente Cooper quien no resulta ser quien d eca. Harlan descubre tambin que su amada Noys es en realidad una mujer de los Siglos Ocultos, con la misin de impedir por todos los medios el establecimiento de la Eternidad, pues concentrarse en el dominio del tiempo slo c onseguir que, cuando el ser humano llegue al espacio, se lo encuentre ya ocupado por otras raza s, lo que constituye el segundo novum Y hay ms aun; Harlan, guiado por Noys, tras muchas dudas, elig e el espacio, en dos inolvidables frases finales: “…el fin de la Eternidad. Y el comienzo del Infini to”, un ltimo y apabullante golpe de efecto36; el novum -avance (pudiramos muy bien llamarlo as) de un futuro diferente y esperanzador. Veamos ahora, por contraste y para concluir, al gunos ejemplos de “una sola vuelta de tuerca”. Y nuevamente comenzaremos con la siempre recordada CF sovitica. Ahora con ese superclsico que es ¡Qu difcil es ser dios!37 de los insoslayables hermanos Strugatsky. Aqu el primer “golpe” o “vuelta de tuerca” es uno muy frecuente en el gnero. Es el futuro, el desarrollo es mayor, la humanidad unida (y comunista, claro) viaja a otros planetas, en algunos de los cuales hay vida, a veces racional e incluso casi humana, slo que menos avanzada tecnocientfica y socialment e. Pero como interferir en el proceso de desarrollo de 34 Tampoco publicado en Cuba. La versin al espaol ms conocida es la ibrica de la Biblioteca de Ciencia Ficcin de Ediciones Orbis, con traduccin de Fritz Sengespeck. 35 Tal vez una broma del Buen Doctor con el nombre de su eterno colega y rival Harlan Ellison? 36 Y tanto, que sus secuelas se extienden hasta bastante despus de cerrar el libro; Asimov, que muy tarde en su vida unific tod os sus cuentos y novelas sobre Robots, Imperio y Fundaciones en un solo universo coherente, ha llegado a decir que El fin de la Eternidad sera lo que habra pasado si todo lo dems nunca hubiese ocurrido ¡una realidad alternativa! 37 Versin al espaol de Antonio Molina Garca para la Editorial Mir, 1970.

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estas sociedades extraterre stres podra ser traumtico para ellas de muchas formas, los esforzados exploradores agentes infiltrados? terrestres se limitan a observar y recopilar datos, sin jams intervenir. Un caso clsico de respeto a las elecciones ajenas y su derecho a recorrer su propio camino evolutivo38. As, durante las 3 cuartas partes del libro nos vamos familiarizando con la pl cida cotidianeidad del mundo feudal de Arcanar, a decir verdad ni mejor ni peor que tantos pequeos re inos del Medioevo terrestre39, a travs de los ojos del observador te rrcola-aristcrata Antn-Rumata de Estoria… supuestamente ecunime e imparcial, pero cada vez ms preocupado ante lo que cree los albores de una tpica escalada fascist a, (todo el movimiento de los grises, de siniestra similitud con los camisas pardas hitleri anos) y sin embargo esperanzado de que lo mejor de los hombres se imponga y en un ma ana no muy lejano Arcanar llegue a los niveles de desarrollo social de la Tierra. Slo al final se precipitan los hechos; hay en efecto, una especie de golpe de Estado… pero no propinado por los grises. Tras su ttere, el siniestro oportunista don Reba, son fuerzas an ms oscurantistas y retrgradas las que toman el poder: la Orden Sacra con sus jinetes negros, en una palabra: el clero. Pero incluso en medio de tal caos el estoico Rumata mantiene an su ataraxia, la calma filosfica de los terrcolas, superiormente desarrollados, que saben que en un futuro, tr as estos y otros vaivenes histricos ms o menos sangrientos, los de Arcanar llegarn a su altura moral. Observa, no le gusta lo que est viendo, pero ni siquiera as interviene. Su cdigo se lo prohbe. Tal contencin dura justo hasta que, cuando ya estamos a punto de odiarlo por no tener sangre en las venas, como antes casi lo compadecimos por escrupuloso en exceso, por no lograr adaptarse a este mundo mugriento y salvaje, pero que reconocemos no demasiado distante del nuestro… matan a la chica local, Kira novia, amante nativa? que Rumata estaba educando, a la que soaba con llevar un da a la desarrollada Tierra. Y ah la paloma se convierte en halcn; el pacfico observador terrestre se vuelve furioso berserker … y con una espada en cada mano, y una sofisticadsima tcnica de lucha que an tardar siglos en aparecer en el feudal Arcanar, un hombre slo y su ira se abren paso a travs de decenas, cientos, miles de soldados, dejando un rastro de sangre a travs de la capital… y oblig ando a sus superiores terrestres a hacer precisamente lo que siempre procuraron evitar: intervenir directamente, adormeciendo a toda la ciudad con gas, para evitar que su hijo descarriado cambie demasiado drsticamente el curso de la historia. Es el giro argumental que uno deseaba, pero a la vez no se esperaba: es que, aunque pretendan ser dioses imparciales desde la altura de su moral superior, los humanos de la Tierra siguen todava siendo hombres, vctimas de sus pasiones y ansias… y precisamente por eso, por ceder a ellas, es que sus antiguos amigos de la infancia miran ahora a Antn (que parece estar atravesando una especie de convalecencia psiquitrica de su furia) a la vez con miedo y con respeto. Puede que sea un salvaje primitivo sediento de sangre s, que haya ma tado a cientos por su propia mano… pero acaso habran ellos mismos actuado de manera diferente, en su lugar? A la vez, este dramtico final no constituye un novum tpico de CF, por drstico que sea el cambio que introduce en la narracin. No nos altera la percepcin del mundo ya descrito al principio de la novela. Slo la de uno de sus personajes. Aunque, por supuesto, s lo habra sido si, por ejemplo, Ruma ta descubriese algo realmente nuevo: que hay otras razas no autctonas observando Arcanar, quizs empujando por sus propios fines tras la Orden Sacra…40 38 Ntese como partiendo de premisas muy similares, la antes citada, aunque cronolgicamente posterior El planeta encantado justiciaba un proceder por completo opuesto; entusiasta solidaria y… algo irreflexiva injerencia “benvola”. 39 Con un innegable y delicioso saborcito a Europa del Noreste: Letonia, Lituania o Estonia, tal vez Polonia. 40 La comparacin con El planeta encantado de Valentinov se impone de nuevo.

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La misma estructura de “sorpresa nica” se evidencia en otra novela algo posterior, tambin de los Strugatsky, Una isla habitada no publicada an en Cuba41, pero cuya versin flmica en dos partes s fue proyectada por la TV en el 2010 con motivo de ser Rusia pas invitado a la 19na Feria Internacional del Libro de La Habana. En Una isla habitada el joven protagonista, Maxim, naufraga en un planeta casi terrestre y habitado por seres que sin muchos reparos se puede llamar humanos42, pero dividido en varios pases en guerra unos con otros. En uno de ellos, la inescrupulosa lite gobernante est experimentando con un sofis ticado y casi ideal sistema de dominio de masas: la trasmisin de impulsos neuromodificadores desde torres espec iales. Todas las personas “medias” o “normales” los asimilan y siguen as dcilmente las directivas del gobierno; s lo unos pocos, los “pervertidos” sufren terribles dolores de cabeza al captarlos. Pero, como pronto queda claro para Maxim, resulta que “perver tido” es, para este sistema, todo el que tenga ideas propias, el inteligente, el audaz, que podra poner en peligro al rgimen, con lo que resulta la paradoja de que los primeros en sufrir terriblemente estas emisiones son justo sus propios dirigent es, que sin embargo se ven obligados a ocultar su terrible padecer en nombre del bienestar de Estado. Por cierto que, co mo era de esperarse, el terrestre es inmune a todo efecto de estas emisiones. No hay espacio en este trabajo para referir en detalle todas las peripecias del protagonista, primero integrado al cuerpo militar de lite de los legionarios, ms tarde enamorado de la dulce y bella herm ana de uno de sus compaeros de tropa, luego proscrito, yendo a dar al medio de una guerra… pero b aste saber que, cuando tras muchas vicisitudes, el generoso humano se suma a las filas de la resistencia local y aprovecha ndo su inmunidad destruye la torre emisora principal en la capital, descubre que quien crea su peor enemigo, el Jefe de Seguridad, es en en realidad ¡otro terrestre! y que las terribles torres eran un plan bien concebido para, a travs de un slid o gobierno central, evitar grandes traumas en el desarrollo social al planeta. Giro dramtico que tampoco es un novum bien que s deja claro que las cosas en este mundo, esta pequea isla habitada, un planeta ms en el cosmos, no eran tan simples como parecan, ni Maxim tan nufrago en un mundo desconocido a su gente como crey al principio. De paso los Strugatsky retornan a la tesis de no intervencin por ellos mismos enunciada en ¡Qu difcil es ser dios! reevalundola. Asimismo vemos esta “nica vuelta de tuerca” en una singular versin “dos en una” que casi parecen dos, en una tercera novela de los Strugatsky: Cataclismo en Iris43. En Iris, planeta polgono o mundo laboratorio, se experimenta el Transporte Cero, un apasionante problema fsico que divide a los cien tficos entre los tericos, que se empean en seguir estudiando la teletransportacin; y los que consideran mucho ms fascinante la Ola, ondas de energa gemelas que como efecto colateral se extienden tras cada experimento desde los polos hasta los trpicos, arrasando todo lo vivo a su paso. Este sera apenas el primer novum de cualquier novela de CF ms convencional, pero aqu los hermanos Boris y Arkadi, no contentos c on tan original premisa, se empean en un autntico tour de force : casi desde las primeras pginas se nos describen paso a paso las consecuencias de uno de estos experimentos… slo que no uno de rutina, sino algo nuevo y catastrfico, porque las Olas gemelas que ha provocado son tan potentes que rebasan con gr an impulso los cinturones de los trpicos, por lo visto decididas a encontrarse en el ecuador… lo que significar la muerte de todo humano, anim al o vegetal que no abandone Iris antes del suceso. 41 Bien que apareci como historieta en sucesivos nmeros de la llorada revista sovitica Sputnik a finales de los aos 80… En cuanto al autor de este trabajo, ley la no vela en la edicin italiana de la coleccin Urania en el 2002. 42 Es curioso cmo los Strugatsky rara vez hicieron aparecer “en primer plano” a entid ades inteligentes extraterrestres que no tu vieran forma humana en sus obras. En una entrevista confesaron que preferan no adentrarse en las complejidades de un pensamiento y mo do de actuar realmente aliengena. Al mximo, como en las novelas El Pequeo (tampoco publicada en Cuba) y Picnic en los Suburbios (en Cuba publciada por Sed de Bell eza, 2010, traduccin de Pilar Sa), en la que se inspir Andrei Tarkovski para su magnfico f ilme Stalker se insina su existencia a travs de sus acciones en un discreto fondo. 43 Versin al espaol de Antonio Molina Garca para la Editorial Mir, 1973.

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He aqu la genalidad de los Strugatsky: en vez de mostra rnos primero el paraso futurista y luego romperlo con el cataclismo, parten de la catstofe misma para irnos describiendo un futuro tras alcanzar el comunismo? que para nada es perfecto. Rara avis en la CF socialista, se trata de una novela inequvocamen te fatalista, pero a la vez llena de optimismo. El fin est cerca, parece que no hay nada que hacer: las naves espaciale s en el cosmdromo local alcanzan apenas para evacuar a un puado de nios, y otras no llegarn a tiempo; cavar un prof undo refugio bajo tierra podr salvaguardar los resultados de las investigaciones, pero no a los investigadores; unos teme rarios logran pasar a salvo al otro lado de la ola en un batscafo, pero por supuesto, tampoc o es una ruta de escape masiva. Y sin embargo, no cunde el pnico, pocos buscan su salv acin individual, la abrumadora mayora sigue pensando dignamente en el bien colectivo. Lo in exorable del destino de millones de seres humanos, y a la vez su entereza ante la catstrofe terrible que ellos mismo han provocado, su est oica negativa a dejar de luchar y rendirse al terror y la autolstima revelan aqu el verdadero novum el contrafactual autntico de la historia, que sin duda alguna no habra jams podido escribir un autor occidental44… entre otras cosas porque, la experiencia lo demuestra, en la realidad muy raras veces grupos de hombres abocados a tal fin lo han afrontado con la casi estlida entereza y dignidad que aqu se describen. Para terminar con la CF “made in URSS” tomaremos a la novela Plutonia45, de V. Obruchev. Ejemplo claro del u-topos o tierras fantsticas en nuestro propio planeta, narra cmo una expedicin cientfica de la Rusia zarista se adentra en una zona an inexplorada cerca del polo norte y desciende por el enorme crter que all en cuentran al interior de la Tierra, verdadero mundo concntrico alumbrado por un pequeo sol cautivo, Plutn, y que encuentran poblado de animales prehistricos de diferentes perodos geolgicos46, por cierto que en un orden y estricta separacin de ecosistemas que dara envidia a cualquier museo. Este es el nico novum que en verdad y segn confiesa Obruchev en un eplogo, se trata apenas de una mnima coartada lgica, una excusa argumental47 para lanzarse a describir la fauna y flora prehistricas. Pero tras este contra factual de apertura, sin dudas magistralmente escrito, ¡todo un golpe de knockout todos los sucesivos encuentr os con bestias antediluvianas no son ms que simples peripecias narrativas; ni siquiera la parte final del libro, que narra el descubrimiento de hombres primitivos introduce ningn concepto nuevo. Por el estilo ocurre en otra extraordinaria novela del polaco Lem, Solaris48; aqu el concepto mismo del planeta-ocano viviente y de la solarstica, la ciencia creada ad hoc por los humanos para desentraar los misterios de tan extico mundo, 44 Una clara alegora del disciplinado (o, desde otro punto de vi sta, casi borreguil) espritu de sacrificio patritico tpico de l pueblo sovitico, que le permiti detener en la Gran Guerra Patria a las hordas fascistas sin flaquear, pese al altsimo precio en vid as humanas pagado por tal intransigencia. No en balde esta ha sido histr icamente la novela de los Strugatsky ms popular y vendida dentro de su pas, con tiradas millonarias. Se dice incluso que era la obra de CF favorita de Jruschev y de Brezhnev… tal vez porque ambos Secretarios Generales del PCUS nunca sospechar on lo que hoy ya es evidente: que tambin se trataba de una metfora sobre el ter rible holocausto en que el errtico, cr uel mando de su antecesor Stalin y su horda de fanticos comisarios polticos haba sumido a l a URSS, como si de una calamidad natural se tratase. Y eso que el para lelismo resultaba bastante transparente: Iris era Rusia; la Ola, el experimento de Transporte Cero, la construccin del Socialismo; la Ola las terribles purgas y los campos de trabajo stalinistas en Siberia… 45 En nuestro pas circularon al menos dos ediciones: una sovitica, de Progreso, y otra cubana, de Gente Nueva (coleccin Suspen so) ambas a mediados de los 70. La novela es obvia deudora de El mundo perdido de Arthur Conan Doyle, por su fauna prehistrica superiviente, y del ciclo de Pellucidar de Edgar Rice Burroughs por el mundo subterr neo y la Tierra hueca que describe (aunque The life and adventures of Peter Wilkins de Robert Paltock utilizaba este antiguo concepto mstic o-contrafactual mucho antes, en 1751 y luego S. Fowler Wright y otros volvieron a recurrir al expediente) Tambin de Viaje al centro de la Tierra de Jules Verne (mundo subterrneo y animales prehistricos, aunque no tan numerosos ni tan bien descritos como en las obras de Obruchev y Conan Doyle) Tal vez la mana ruso-sovitica de reescribir los clsicos a su estilo que hizo a Alexei Tolstoi recontar el Pinocho de Carlos Collodi como Buratino ?47 Hay que creerle, pues en el momento de ser escrita la novela slo los ms fervorosos ingenuos misticoides (como algunos ldere s nazis) podan an creer absurdos trasno chados como el de la Tierra Hueca. 48 No publicada en Cuba. Existen varias ediciones en espaol, siendo la ms famosa la de Minotauro de los aos 70.

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es el gran novum Y tan enorme que en verdad no hace falta otro: las especulaciones sobre la posible inteligencia de la entidad Sola ris, sobre sus intentos de investigar a los humanos que a su vez lo investigan, cr eando seres neutrnicos extrados de los recuerdos de los cientficos que lo orbitan, la angustia y la locura de los hombres enfrentados a sus recuerdos y remordimient os encarnados, no son ms que aristas de ese nico contrafactual, de la gran pregunta, tpica de la CF: estamos de veras seguros de que seramos capaces de reconocer a una inte ligencia si es lo bastante diferente de la nuestra? Y, ms an de que tal inteligencia nos reconocera a nosotros como tales? Es una premisa de tal envergadura que, ms que noquear, nos inmoviliza y estrangula en sus anillos de reflexi ones y contrarreflexiones. Analicemos entonces algunos ejemplos de “ nica vuelta de tuerca” en la CF occidental. Tropas del espacio49, de Robert. A. Heinlein nos describe una Tierra del futuro en la que slo quienes han prestado voluntariamente servicio en el Ejrcito tienen derecho a vot ar. Una democracia militarizada y hasta fascistoide, que se enfrenta a las Chinches o Bichos, una agresiva raza inteligente extraterrestre de insectoides coloniales con clara divisin en castas, que simplemente no entienden de tratados o coexiste ncia pacfica. Con ellos la lucha es a exterminio o muerte50. Es casi el mismo novum que ya planteara Well en La Guerra de los Mundos … aunque aqu, autntica space-opera, los humanos estn luchando fuera de su planeta para que la guerra no llegue a sus seres queridos. En un teatro blico de operaciones tan claramente definido, la novela narra las peripecias de Johny Rico, un recluta no muy avispado, pero decidido y con suerte, en las filas de la formidable e hipertecnolgica Infantera Mv il. Libro trepidante, rico en peripecias, magistralmente escrito en primera persona la novela no plantea sin embargo nuevos contrafactuales de CF. Por ms que, en giros m s o menos inesperados, el bizoo soldadito del inicio termine siendo todo un aguerrido Tenien te y comandando nada menos que a su propio padre, que en los primeros captulos se opona a que ingresara en el Ejrcito, ni siquiera la accin final, en la que es capturada una Chinch e o Bicho cerebro, introduce hechos realmente novedosos en la concepcin de su universo. Algo anterior cronolgicamente al libro de Hein lein, la primera novela de Poul Anderson, Guardianes del tiempo51 tambin nos arroja prcticamente a la cara su contrafactual desde las primeras pginas: los viajes en el tiempo s on posibles, y una organizacin semipolicial, los Guardianes52, para la que se recluta personal de todas las pocas, vi gila que no se produzcan alteraciones en la corriente temporal, supervisados por los poderossimos Danelia nos, que son supuestamente hombres o ms que hombres descendientes de ellos, slo que en un lejansimo futuro. Pasada la sorpresa inicial de esta fascinante posibilidad, las 4 narraciones del fix-up se limitan a explorar distintas posibilidades, d esde las paradojas hasta las ucronas o historias 49 Starship troopers en el original ingls. Ediciones en espaol en Orbis y Super-Ficcin de Martnez Roca, entre otras. En la coleccin Nova de Ediciones B ha aparecido tambin como Las brigadas del espacio Es probablemente la obra ms reeditada del siempre popular Heinlein. Hay un film de Paul Verhoeven de 1995 y una serie de animacin 3D inmediatamente posterior. Es la ltima de sus doce novelas para adolescentes de los aos 50 (fue Premio Hugo en 19 60), y dice la leyenda que fue escrita por en cargo expreso del Departamento de Propaganda del U.S. Marine Corps… y por tanto no debe sorprender que sea responsable en buena medida de las muchas acusaciones de derechista, militarista y hast a fascista que histricamente ha afrontado su autor, al que p or otro lado nadie pudo nunca acusar de procomunista. Las Chinches son los rojos, ms claro ni el agua. Aunque por momentos se insina que al menos otra raza, los Huesudos, podra estar dudando entre aliarse con las Chinches o con los humanos; ligera incongruencia que en la serie animada es brillantemente resuelta: los huesudos que luchan contra los hombre s son slo esclavos mentalmente controlados por una casta parsita de las chinches, y al ser liberados se vuelven sus peores enemigos .51 Indita en Cuba, hay ediciones espaolas en Nebulae y Orbis (esta con traduccin de Manuel de la Escalera) y en fecha relativamente reciente Nova public las 4 narraciones originales que forman el libro, ms otras dos nuevas, bajo el ttulo La patrulla del tiempo 52 Esta novela, por cierto, apareci en la misma poca que la asimoviana El fin de la Eternidad Y aunque ms amena y sin duda ms imaginativa en los detalles, su concepcin es ligeramente ms pobre que la de aquella.

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paralelas. Pero pese a estar atractivamente concebida, l as abundantes peripecias de su protagonista slo tienen inters argumental, no de novum de CF. Finalmente, encontramos tambin una nica “vue lta de tuerca” en la interesantsima novela Antihielo53, del britnico Stephen Baxter. Se trata de un libro curioso, revisitacin y homenaje del “romance cientfico” decimononnico al estilo “verneano”54. Una novela clsica, a la vez ucrona y steam-punk donde domina Inglaterra y la tecnologa es bsicamente la del va por de la poca victoria na… slo que aqu ha experimentado un tremendo salto hacia adelan te, por obra y gracia del descubrimiento de un material fantstico, verdadero paradigma del unobtainum tan frecuente en las primeras etapas del gnero: el antihielo, sustancia llegada por azar en un meteorito a la Tierra en cantidades muy limitadas, pero de la que puede extraerse tal cantidad de energa (por lo visto, se trata nada menos que de ¡antimateria!) que deja a la nucl ear casi en ridculo… y sin radiaciones residuales peligrosas, adems. Baxter se concentra en trazarnos en unos cuantos vigorosos plumazos el panorama poltico social de esta historia alternativa donde los ingleses ganaron la guerra de Crimea con un solo y terrible proyectil de antihielo que destruy tod as las posiciones rusas de Sebastopol, y en 1870 han construido un “crucero terrestre”, especi e de gigantesco tanque de guerra, aunque fuese concebido originalmente con propsitos pacficos… e incluso viajan a la Luna. Y en describirnos al “genio del antih ielo” el cientfico-empresario si r Josiah Traveller, verdadero carcter verneano, un hombre excepcional en cereb ro y decisin, al estilo del capitn Nemo, de Robur el Conquistador y tantos otros h roes del visionario de Nantes… al que es un homenaje an ms explcito el confuso, temera rio patriotismo de los franceses que aparecen en la novela. Pero, por atractiva que sea la prosa de Baxter e ingeniosas las peripecias que hace atravesar a sus bien diseados personajes, lo cierto es que tras la llamativa concepcin de este mundo, no hay ningn otro novum autnticamente de CF. Por ms que sir Josiah, en un rapto de consciencia humana y remordimiento, llegue a pensar en que el antihielo ha causado ms problemas a la humanidad que todo el bien que le reportara55, el libro entero se basa en la nica premisa del “qu pasara (o hubiera pasado) si…?” De este modo, tras haber analizado argumenta lmente en detalle este extenso ¡tal v ez demasiado! repertorio de novelas de autores socialistas y occidentales del gnero, consideramos c onfirmada la premisa inicial: bien que, en efecto, a menudo la trama en las historias de CF sufre dos cambios principales en el llamado “nivel de realidad”, esta es slo una de las alternativas posibles. Uno, dos, tres… muchos, lo que resulta de veras indiscutible es que sin esta clase de cambios, no sera CF. Jos Miguel Snchez (YOSS) (Ciudad Habana, 1971) Licenciado en Biologa. Miembro de la UNEAC. Ensayista, crtico y narrador de realismo y CF. Su obra ha obtenido diferentes premios y menciones, tanto en Cuba (David 1988 de CF; Revolucin y Cultura 1993; Ernest Hemingway 1993; Los Pinos Nuevos 1995; Luis Rogelio Nogueras de CF 1998 y Calendario de CF 2004) como en el extranjero (Universidad Carlos III de CF, Espaa 2002; Mencin UPC de novela corta de CF, Espaa, 2003, Domingo Santos de cuento de CF, 2005 y UPC de CF, 2010. Ha publicado Timshel, 1989; W, 1997; I sette peccati na zionali (cubani) 1999; Los pecios y los nufragos (novela de CF) 2000; Se alquila un planeta (cuentinovela de CF, en Espaa, 2001); El Encanto de Fin de Siglo, 2001; Al final de la senda 2003; La causa che rinfresca e altre meraviglie cubane 2006 ; Precio justo, 2006 y Pluma de len 2007. Ha sido asimismo antologador de los volmenes Reino eterno 1999 y Escritos con guitarra (2006). En Korad hemos publicado sus ensayos Idiomas aliengenas (Korad 0) y Generacin V (Korad 5) un fragmento de su novela corta Super Extragrande premio UPC; Entrevista inconclusa a Agus tn de Rojas Anido (Korad 6) y La pica farsa de los sobrevivientes una crtica a la pelcula cubana Juan de los Muertos (Korad 8) 53 Publicada en espaol en la Coleccin Nova de Edicio nes B en 1998, con traduccin de Pedro Jorge Romero. 54 Ya antes, en otro libro, Las naves del tiempo Baxter haba rendido similar homenaje a su compatriota Wells y su inmortal La mquina del tiempo 55 Muy al estilo de Robert Oppenheimer, uno de los lderes del Pr oyecto Manhattan de la bomba atmica norteamericana, por cierto.

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El puerco estaba enfadado y no hablaba con nadie. Phil el Tuerto lo haba llamado Porky otra vez y l no estaba de humor para aguantarlo. Se sent lejos de la fogata y se recost a un rbol. La me dia docena de vagabundos sentados alrededor del fuego miraron al hombre-puerco. —Vamos hombre —dijo Jim el Grande, tratando de consolar al cerdo—. Phil no lo dijo con malas intenciones. Slo estaba bromeando. —Diablos —dijo Willie—, no creers que me gusta que me digan Pequeo Willie todo el tiempo? O s? —Ywo no te amo pecwueo Wiwwie —dijo el puerco, las pa labras distorsionadas por su lengua y paladar porcino. —Pero puedes hacerlo si quieres —argument Willie—. Todos tenemos apodos. Nadie me llama William Fischer. Hay un Willie el Gordo y yo soy Pequeo Willie. Eso no me ofende. Ernesto DiMaiale es demasiado difcil de pronunciar, Phil solo trataba de darte un apodo. —Pero mi nombre es Ernesto DiMaiale —dijo l. El Puerco tena las manos cruzadas sobre su pecho. Los de dos cortos terminaban en uas gruesas como pezuas y los pulgares estaban cerca de las muecas. Miraba h acia la oscuridad afuera, al borde del bosque. —Eres uno de nosotros ahora —dijo Jim el Grande—. Lo compar timos todos por igual. No importa si eres negro, blanco o puerco. —¡Yo no soy un puerco! —chill Ernesto DiMaiale. —Perdn —dijo Jim—, quise decir Sus sapiens De todas formas es igual. Eres un hbrido hombre-puerco creado por ingeniera gentica y tan humano como cu alquiera de nosotros. Es lo que digo. Hubo gritos de acuerdo por parte de los hombres. El pue rco los mir y sus ojos se llenaron de lgrimas. —Lo swiento —dijo Ernesto cambiando el tono—. Tengo la pi el delicada. Ustedes son los mewores amigwos que he twenido. —¡Uno para todos y todos para uno! —grit el Pequeo Willie y levant una botella de oporto barato. Todos se sumaron y la botella circul. Incluso Ernesto tom un trago. Los hom bres compartieron el oporto hasta que se termin y entonces alguien encontr un cuarto de galn de Clot45 y cada uno se dio un buche. A medida que el fuego mora, los hombres y el

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hbrido hombre-puerco se tornaron ms silenciosos. Ed el Gra nde y Phil el Tuerto comenzaron a roncar en un rtmico contrapunto. Algunos pocos retrocedieron hacia la lnea de rboles para aliviarse, pero pronto solo Pequeo Willie y Ernesto quedaron despiertos. Pequeo Willie se acerc sigiloso a Ernesto. —Entonces, crees que esta es la noche? —Eso creo. El puerco tom un pedazo de pa pel del bolsillo de sus vaqueros marca L.L Bean de Ajuste Relajado, talla 48 y entrepierna de 24 pulgadas. Willie se percat de que ente nda mejor al puerco despus de unos tragos. —Este es un diagrama del complejo. —Cmo conseguiste un diagrama del lugar? —Olvidas que nac aqu —dijo el hombre-puerco. —Ah, s. Pero escapaste hace ms de un ao. —No olvido cosas como esas. —Espera aqu —dijo Willie y fue hacia un pequeo refugio h echo con tablones de roble y lminas de plstico. Willie volte la cabeza para echar un vistazo alrededor y luego registr bajo el plstico y sac una pequea pistola. Comprob el cargador y se la meti en el bolsillo. Regres y le dijo a Ernesto: —La tengo. —Sabes —dijo Ernesto—, no tienes que venir conmigo. Lo ms probable es que ninguno de los dos salga con vida. —Conozco las probabilidades —replic Willie—, pero no puedo dejar que vayas solo. —OK, hagmoslo. Pronto el fuego no era ms que pequeas ascuas rojas que se tr ansformaban con rapidez en cenizas. La luna declinaba en el cielo occidental y pronto se ocultara. Willie y Ernesto se levantaron despacio y abandonaron el c rculo de vagabundos dormidos si n emitir un sonido. Pequeo Willie mereca su apodo pero aun as era ms alto que Ern esto. Los dos tomaron el cami no hacia el pueblo. Cuando llegaron a la interestatal, cruzaron por debajo en la rampa de entrada de Elmer Road a travs del parque industrial y luego siguieron las huellas de la vieja lnea de ferrocarril hasta la parte trasera del complejo Orgo-Vida. Orgo-Vida cultivaba corazones, riones, hgados y otros rga nos usados en la mayora de los transplantes del pas. Criaban puercos genticamente modificados, sembrndolos con porciones del genoma humano, de manera que produjeran piezas humanas en un animal desechable. Pasaron por debajo de una valla metlica despus de halarla h acia arriba y doblar hacia atrs el cable oxidado. Haba un espacio all donde los animales que saqu eaban los contenedores buscando comida es carbaban el suelo arenoso. Willie y Ernesto no tuvieron problemas en pasar por debajo y a travs de la cerca. Las puertas del puerto de carga estaban abiertas, pero no ha ba ningn camin parqueado all. La noche era clida y las haban abierto para buscar ventilacin. Ernesto subi las escal eras contiguas a los muelles. Aplast su cuerpo contra la pared y escudri a travs de las puertas abiertas dentro de la planta procesadora. Le hizo seas a Willie y este salt haca el muelle y se desliz en silencio hacia las puertas desde la otra parte. Un viento de aire hmedo escap de las aberturas matiza do con el casi inaguantable olor a mierda de puerco. Ernesto hizo un signo de OK con sus dedos, lo cual era difc il para l, pero Willie entendi. Los dos reptaron entre las sombras hacia la planta procesadora. De repente, Ernesto se ap ret contra la pared y sostuvo su mano hacia afuera en un movimiento que significaba mantente atrs. Mir a Willie y seal hacia una pasarela que corra unos veinte pies encima de ellos. Un hombre-puerco desnudo caminaba a travs del puente. Cargaba una escopeta grande de dos caones. —Cuidado —susurr Ernesto. —Pero l es como t. —¡Al carajo! El es un comisario. Cambia la vida de sus hermanos por algo de vida extra.

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Aguardaron mientras el comisario caminaba por la pasarela hacia la parte lejana de la planta. —Dnde est ella? —pregunt Willie. —Si est viva an, debe estar en los corrales de las hemb ras. Es abajo a la izquierda despus de los tanques. —Viven en corrales? —Ellos les llaman corrales, pero es como un dormitorio. Si les llamaran de otra forma tendr an que considerar humanos a los que viven all. Agachndose entre sombra y sombra, escondindose en portales y tras los equipos, los dos compaeros continuaron su camino hacia los corrales de las hembras. —Tu amiga, Sandra, cmo sabes que vive an? —pregunt Willie mientras se agachaba detrs de un montacargas. —Ellos mantienen a las hembras hasta que tienen catorce aos cuando cosechan las mamas para las cirugas cosmticas. Tienen entre diez y doce tetas cuyo tamao vara entr e B y doble D. Hay mucho dinero en las tetas. Se detuvieron justo fuera de las puertas de los corrales de l as hembras. La puerta no tena guardia pero escuchaban voces. Se escondieron tras un piso grande de contenedores Purina H og Chow. Ernesto se desliz hacia las puertas y la abri de un golpe. Mir dentro de los corrales y, de sbito corri hacia atrs a esconderse junto al Pequeo Willie. —Shhh —susurr Ernesto con un dedo en los labios. Las puertas se abrieron y dos humanos vistiendo uniform es de guardias salieron de los corrales. Rean. —Esa Delilah es demasiado —deca uno—. Nunca se cansa de m. —S, y viste a Mimi? —dijo el otro—. Se puso ese vestido se xy que Ronnie le trajo. ¡Qu lstima que la van a cosechar la semana prxima! —Quizs lo sabe y est tratando de ganar ms tiempo. A Whitlock le gusta ella, as que quizs se libre de eso. Los hombres rieron y bromearon mientras se alejaban del lugar. —¡Escoria! —chill Ernesto cuando se alejaron. —Clmate —lo aplac el Pequeo Willie—. Sa quemos a Sandra de aqu lo antes posible. En los corrales las luces estaban apagadas. Haba cuartos a ambos lados del largo pasillo con filas de literas en cada cuarto. Cada vez que pasaban frente a un cuarto se escuchaba un murmullo de voces. Caras con hocicos de puerco asomaban como borrones a travs de las puertas cerradas y lu ego desaparecan cuando sus du eas regresaban a sus camas. —¡Es Ernesto, ha regresado! —grit una voz que damente al pasar frente a uno de los cuartos. —Dnde est Sandra? —susurr Ernesto a travs de la rejilla pero nadie contest desde el cuarto oscuro. —Sandra? —llam Ernesto en cada cuarto que pasaban Percibieron movimientos y fugaces visiones de cuerpos desnudos cuando las ocupantes regresaban a sus literas y se tapaban con las mantas. —Sandra? por favor, dnde est Sandra? Una figura estaba parada a la entrada de uno de los cuarto s. Vesta un neglig descuidado, medias pantis y cinco sostenedores de diferentes colores y tallas. —Sandra no puede verte —les dijo la mujer-puerco. —Por favor, dnde est? Slo quiero hablar con ella. —No hay nada que puedas hacer. Esta planificada pa ra la cosecha del lunes. La tienen encerrada. —¡No, tengo que hablar con ella! —Ernesto gir y ech a co rrer desandando el camino por el que haban entrado. Mimi, no poda ser otra, sonri seductora al Pequeo Willie y se re lami sus labios pintados. Co mo un pjaro hipnotizado por una serpiente, Willie no poda apartar sus ojos de aquellos pechos. El hechizo se rompi cuando Ernesto le grit: —¡Apresrate Willie! Willie gir y sigui a su porcino amigo.

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Ernesto saba a dnde deba ir. Corri sin cuidarse de los guard ias o puercos en pasarelas. Willie lo sigui pero pronto se vio perdido en el laberinto de pasillos, salas de estar y al macenes. Nadie los descubri mien tras recorran el camino hacia el rea de encierro. Ernesto tir del cerrojo de una puerta. Willie pudo escuchar grit os y gruidos del otro lado. Willie mir a su alrededor buscando alguna herramienta adecuada para abrir la puerta pero no encontr nada. —¡Sandra! —llam Ernesto a travs de la puerta. Su llama da fue respondida desde el otro lado de la puerta: —Erni? Eres t? —¡Aguanta Sandra, voy a entrar! Tir de la cerradura. Willie vio un montacargas en el pasillo y corri a buscarlo. Apre t el encendedor y el motor de propano arranc. Gir la rueda y apunt hacia la puerta. —¡Sal del medio! —grit y el vehculo sali disparado. Las horquillas del montacargas golpearon la puerta de acero lanzando chispas en derredor y la puerta se comb. Sin embargo, la cerradura aguant. Willie retrocedi y atac la puerta otra vez. Las hojas de l puerta se sacudieron y el picaporte se desprendi del metal. Mientras Willie empujaba el montacargas hacia atrs, Ernesto penetr corriendo dentro del cuarto y grit: —¡Sandra! Willie escuch gritos de hombres y puercos-hombres que se acercaban. —¡Ernesto! —grit—, es el momento de largarse pal carajo de Dodge! Willie sac la pistola, listo para abrirse camino con ella. Ern esto corri fuera de la prisin arrastrando a una joven tras l. Hbridos hombre-puercos salie ron del cuarto corriendo y chillando. Algunos era ms puercos que hombres, corran en cuatro patas, pero otros eran indistinguibles de los humanos excepto por la nariz de puerco y el pelo rizado. Todos ellos conocan su destino y estaban corriendo por sus vidas. Ernesto salt sobre el montacargas y hal a Sandra tras l. —¡Por all! —seal y Willie ech a correr por el corredor. Guiados por Ernesto, el tro corri resoplando por los retorcidos pasillos del complejo. Sandra abrazaba a Ernesto y gimoteaba. Willie not que era en realidad muy hermosa para ser una puerca. Doblaron las esquinas en el montacargas con tal velocidad que est e se par en dos ruedas. Ernesto los diriga, consultando su pequeo mapa de vez en cuando. Giraban en una u ot ra direccin y Willie se sinti completamente perdido. Al doblar de una esquina vieron que el camino estaba bloquead o. Willie apret los frenos y el montacargas se detuvo. Tres enormes hbridos hombres-jabales les cerraban el paso. Cada uno de ellos pareca pesar un cuarto de tonelada e incluso con sus posturas agachadas median ms de seis pies de alto. Largos colmillos se curvaban fuera de sus bocas y los miraban con rojos y furiosos ojillos de puerco. Caminaron lentamente hacia los tres amigos esgrimiendo bates de bisbol en las manos. Willie sac la pistola. Era un calibre 32 especial de la polica. La haba conseguido en una granja vecina. Se preguntaba si al menos sera capaz de retardar a estos monstruos. —Aqu —dijo Willie y le dio el arma a Ernesto—, voy a trat ar de abrirme paso. Mantenlos ocupados con la pistola. Ernesto trat de disparar el arma mientras Willie mova su pie del suelo al acelerador, pero sus dedos, demasiado anchos, no lograban entrar en la guarda del gatillo. Sandra le quit la pi stola a Ernesto. Salt y se coloc en posicin de pie en el montacargas y se abraz a la barra protectora. Willie se agach mientras la 32 ladraba sobre su cabeza. H ubo gritos de dolor cuando las balas encontraron sus blancos. Los puercos gigantes saltaron hacia atrs y el montacargas abri un surco entre ello s. Willie mir a la heroica muchacha puerca. Sostena sin miedo la pistola frente a ella, lista para pelear por su libertad. Sus doce perfectos pezones sealaban el camino.

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Hombres con escopetas guardaban la entrada de los puertos de embarque. Haba puercos-hom bres desparramados por el piso. Sandra comenz a disparar tan pronto los vio y los hombr es saltaron para cubrirse. W illie lanz un grito de guerra indio mientras arrojaba el montacar ga a toda velocidad hacia delante. Los hombres abrieron fuego, pero los fugados eran un blanco mvil en una poca en la que a los muchachos no se les permita jugar con armas de fuego. Los hombr es inexpertos trataron de disparar, pe ro se sobresaltaron por el sonido de sus propios disparos. La mayora de los disparos pasaron por encima de ellos. El montacargas vol a travs de las puertas del puerto de carga hacia el parqueo de camiones. Willie martill los frenos y el vehculo gir 180 grados al detenerse. Sandra cay haci a delante desde su percha y aterriz con fuerza contra el pavimento. Ernesto salt desde la parte trasera del montacargas y la le vant. Los tres volaron fuera del complejo. Ernesto tuvo que ayudar a Sandra que presentaba problemas para caminar. Corrieron agachados a travs de los terrenos. Cuando alcanzaron el otro lado de la valla Sandra se desplom y dijo: —Sigan sin m, Ernesto. Yo no puedo. —Seguro que si puedes, querida —pero ambos hombre lo vieron al unsono. El pecho superior de la iz quierda de Sandra, una perfecta copa B estaba cubierta de sangre. Haba un agujer o irregular abierto por un disparo de escopeta justo debajo de la clavcula. Sangraba profusamente. —Estoy desahuciada —dijo ella—. No puedo caminar m s, ¡estoy tan cansada! Sigan sin m. Djenme aqu. —No, Sandra —dijo Ernesto—. Jams te dejar. Mir a Willie. —Tendremos que cargarla. Sandra se atragant y tosi escupiendo sangre. —Ernesto —dijo mientras lo miraba profundamente a los oj os—. Siempre supe que un da vendras por m. Gracias. —Tena que venir, Sandra. Te amo y no poda dejarte aqu para morir. —Y ahora soy libre. Ella tosi ms sangre y su cuerpo se arque adolorido. —¡Sandra! —Soy libre —susurr ella—. Soy finalmente libre. Su cabeza se inclin hacia un lado. Sus ojos permanecieron abie rtos, la perfecta sombra azul mirando a la nada. Su cuerpo se estremeci y quedo inmvil. —¡Oh, Sandra —grit el hombre-puerco entre agitados sollozos sobre el cuerpo. Las alarmas sonaban por todo el complejo Orgo-Vida. Figur as plidas desnudas corran en la oscuridad, renegados Sus sapiens huyendo de su destino. Ernesto no se movi. Slo gritaba sobre el cuerpo de la valiente Sandra. Willie escucho sirenas y entonces vio una flota de carros de polica que corr an por las puertas hacia el lado ms lejano del complejo. Con los faros encendidos barran el terreno con sus haces lumnicos. Willie tir de Ernesto. —Vamos, hombre. Tenemos que irnos de aqu. Es to se est calentando. Nos encontrarn pronto. —No puedo dejarla, no as. —Ok, la cargaremos. Willie agarr la pistola, aun en la mano de Sandra y sostuvo el cuerpo de Sandra por debajo de sus brazos. Ernesto aferr sus pies. Willie se preguntaba que haran con el cuerpo una vez de regreso a la jungla de los vagabundos. Tendran que deshacerse rpidamente de l o los policas descubriran que ello s haban estado en el complejo. A la polica y los matones de Orgo-Vida no les importara romper algunas cabezas. Era ya la aurora cuando regresaron al campamento. Willie devolvi la pistola a su escondrijo. Durmi la mayor parte de la maana. Cuando la polica y los matones de la compaa registraron el campamento ms tarde, no encontraron la pistola y

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Ernesto estaba escondido en los arbustos bajos del bosque co n algunos de sus amigos nuevos. l no regres hasta que oscureci a la hora de la cena. Trajo un puerco-hombre y dos puercos-mujeres con l del bosque. Los vagabundos les prestaron algunas ropas viejas para vestir a los fugitivos y W illie, Ernesto y el resto de lo s vagabundos se sentaron con los nuevos amigos para disfrutar de la libertad y una comida caliente. Ernesto estaba aun tan destrozado que casi no hablaba. —Ella era tan joven, tan inocente —dijo Ernesto. El puerco-hombre no poda evitar las lgrimas que corran sobre el hocico. Alguien le paso una botella de vino y se dio un trago. Willie pas un brazo sobre los hombros de Ernesto y le dio un clido abrazo. —Oye hombre, no pienses eso. Sandra lo intent y eso es lo que cuenta. Mejor morir luchando por la libertad que vivir siendo esclavo. Ernesto chill un poco mientras sollozaba y pas el vino a Willie. Se sent muy derecho y mir las estrellas. —Siempre tendremos esos momentos de libertad compartida. As es como la recordar. —Vendrn otros das, otras empresas e incluso otras mujer es —dijo Willie. Le gui un ojo a la mujer-puerca al lado de Ernesto. Tom un sorbo de la botella de vino de 99¢, y lueg o se sac una tira de carne de entre los dientes—. No sern iguales que ella, y nunca la olvidars, pero te pr ometo que la herida ir atenundose con el tiempo. —Ella era muy dulce —Ernesto pareci tranquilizarse a s mismo. Willie cort otro trozo de carne del asado y lo mastic. Jim el Grande ofreci a Ernesto un plato del asado. —Cmelo, hermano. Mira que quien que no malgasta, no carecer. Ernesto tom el plato y el tenedor de W illie. Trinch un pequeo pedazo de carne, lo acerc a la nariz y lo olfate. Se encogi de hombros y se meti la carne en la boca. Lo mas tic lentamente al principio y luego cerr la boca y trag. —S, ella era algo muy bueno y dulce —dijo Ernesto. —Y tierna tambin —respondi el Pequeo Willie, mi entras trinchaba otro pedazo de puerco. Keith P. Graham es programador de computadoras, apicultor, intrprete de armnica para blues, escribe ficcin especulativa y cra pollos en su fin ca. Ha publicado unos 60 cuentos. Keith vive en West Nyack, NY, con su esposa con la que cu mplir prximamente 40 aos de casado y seis desagradables gatos. Dice que tiene edad suficiente como para haber participado en el concierto de Woodstock. Puede visitar sus blogs en http://www.cthreepo.com http://www.blogseye.com y aprender como tocar blues con armnica en http://www.jt30.com En la foto, Keith visita la tumba de H.P.Lovecraft

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LOS MISTERIOS DE HYPERION: UN BREVE VIAJE A LAS TUMBAS DEL TIEMPO Por Carlos A. Duarte Cano La literatura de ciencia ficcin (CF) es rica en lugares memo rables. Sitios inslitos labrados por la imaginacin de los escritores que, en complicidad con la de los lectores, l es confieren una aureola de realidad casi palpable. As encontramos, por ejemplo, Arrakis, el planeta desrtico de Frank Herberth con sus gusanos de arena, la milagrosa especie y los nativos fremens en sus sitchs, o el Trantor de Asimov, el planeta metrpoli con su inmensa estructura de acero globalizada56; o el planeta prisin, la delirante Shayol del originalsimo Cordwainer Smith. Uno de esos sitios inolvidables es sin duda el planeta Hyperi on de la novela homnima de Da n Simmons y, en particular, el lugar conocido como Las Tumbas del Tiempo que constituye el vrtice de la accin de la premiada novela y del volumen complementario La Cada de Hyperion Los invito a un viaje por las Tumbas del Tiempo en el pl aneta Hyperion de la mano del artista argentino Guillermo Enrique Vidal, quien recre estos lugares para nosotros con su acostumbrada maestra. 56 Bastante inverosmil por cierto pues es difcil explicar de donde provena el oxigeno de atmosfrico que respiraban los humanos en un planeta sin vida vegetal

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Para que se comprenda la rele vancia de Las Tumbas del Tiempo debemos comen zar por adentrarnos en el universo creado por Dan Simmos para la saga Los Cantos de Hyperion. La misma est compuesta por cuatro libros: Hyperion, La cada de Hyperion, Endymion y El ascenso de Endymion Casi todos los lectores y crticos coinciden en que Hyperion el primer tomo, es por mucho la joya de esta saga y una de las obras maestras en la CF universal. El universo de Los Cantos Imaginen un futuro donde la humanidad fue perfeccionando las inteligencias artificiales (IAs) hasta un punto en que estas decidieron independizarse del hombre para seguir sus propios obje tivos y tuvo lugar la Escisin entre la humanidad y las IAs. Estas ltimas, liberadas tambin de sus antiguos soportes f sicos (hardware), habitaban un sitio fsicamente indefinido llamado Tecnoncleo. En el nuevo equilibrio creado, el Tec noncleo se mantuvo, no obstante, como un aparente aliado de la humanidad. Los seres humanos, por su parte, agrupados bajo la gida poltica de la Hegemona y su brazo armado de Fuerza se lanzaron a conquistar otros planetas en las regiones aledaas de la Va Lctea. Esta expansin tuvo como base tecnolgica precisamente tres regalos del Tecnoncleo a la humanidad: a) El motor Hawkings. Primer dispositivo FTL (Faster Than Light) que aceler radicalmente los viajes interestelares y redujo la deuda temporal c ontrada por los viajeros. b) La ultralnea: Sistema de Comunicacin Instantnea entr e dos receptores situados en cualquier punto de la galaxia. (El equivalente al Ansible de Ursula K Le Guin) c) Los teleyectores: Sistema de Transporte Instantneo en tre dos receptores situados en cualquier punto de la galaxia. Se eliminaron las distancias entre los planetas de la hegemona enlazados por el sistema teleyector. Para compulsar a los humanos a abandonar la madre Tierra y lanzarse a conquistar el universo, el Tec noncleo, de manera solapada, indujo a los cientficos del grupo de Kiev a cometer el Gran Error del 38. Este consisti en la creacin de un microhueco negro en el centro de La Tierra, que poco a poco fu e deteriorando el planeta y forz el exilio de los ltimos habitantes hacia otros mundos. De esa forma los supuestos con sejeros en realidad manipular on a los humanos a su propia conveniencia. El Tecnoncleo no es una unidad monoltica como pudiera pensar se, tiene al menos tres grandes facciones (ms adelante se revela un cuadro aun ms complicado): Los Estables, que c onsideran que las mquinas debe seguir conviviendo con la humanidad; los Voltiles que, por el contrario, optan por la elim inacin de la humanidad por c onsiderarlos seres inferiores y prescindibles y los Mximos, a quienes solo les interesa la cr eacin de la Inteligencia Mxima; una especie de Dios de las Mquinas. Los humanos, mientras tanto, ya dijimos que estn organizados polticamente en la Hegemona, cuyo rgano poltico es la Entidad SUMA con su Senado tradiciona l y dirigidos por la Funcionaria Ejecutiva Mxima (FEM), Meina Glastone. Cuando comienzan los sucesos narr ados en Hyperion, La Hegemona incluye ya ms de treinta planetas, todos conectados por teleyectores y la humanidad goza de un momento de esple ndor econmico. Muchos de estos planetas se describen en la saga, cada cual con sus caractersti cas peculiares y sus pobladores, desde m undos de alta gravedad con ciudades colmenas como Lusus, hasta planeta ecol gicos como Alianza-Maui; planetas habita dos por descendientes de judos como Hebrn; colonias de origen palestino en Marte o musulm anas como Qom-Riyadh; o planetas ocenicos como Mare Infinitus. La filosofa expansionista de la Hegemona es la Terrafo rmacin, cada uno de estos planetas ha sido adaptado para permitir la civilizacin humana aun a costa de la transform acin drstica de su clima y la destruccin de su ecologa nativa. En algunos mundos fueron eliminadas incluso especies de organismos inteligentes para dar cabida al ser humano. Pero no todos los humanos han aceptado la hegemona y la dependencia del Tecnoncleo. Grupos enteros de humanos decidieron escapar de la hegemona para ir a conquistar el esp acio profundo. Su filosofa expansionista es opuesta a la del Tecnoncleo. En lugar de Terraformar, ellos buscan la evoluc in del ser humano para adaptarse a nuevos ambientes. Son mutantes que han adoptado una gran variedad de formas individuos con alas gigantes que navegan en el espacio propulsados por el viento solar, seres resistentes a los rayo s csmicos y con infinidad de adaptaciones para vivir en ambientes extremos pero que conservan la esencia humana me jor que los propios humanos y respetan la vida en el cosmos.

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Los Exters, como llaman a estos mutantes, han sido debidame nte satanizados por la Hegemona para presentarlos como una especie de brbaros sedientos de sangre y el principal pelig ro para la humanidad. Ya en el pasado reciente ocurrieron sangrientos choques entre enjambres extras y las tropas de Fuer za en el planeta Brescia. Estos enfre ntamientos causaron numerosas muertes militares y civiles. Hyperion: La variable impredecible En medio de este balance inestable entre tres fuerzas antagnicas Ncleo-Hegemona-Exters hay un mundo que funciona como un disparador del conflicto. El Tecnoncleo, que se preci a de poder vaticinar todo lo que ocurrir, se ve impotente ante el fenmeno de Hyperion y Las Tumbas del Tiempo. Hyperion es un planeta situado en las fronteras de la Hegem ona. La entidad SUMA ha querido anexarlo varias veces a travs de los teleyectores pero el Ncleo se ha opuesto tajant emente. El motivo es la aparicin de un lugar cuya funcin y comportamiento el ncleo no es capaz de predecir: Las Tumbas del Tiempo Las Tumbas del Tiempo Las Tumbas aparecieron en Hyperion de forma inesperada y nadi e conoce su verdadero origen. Lo cientficos que las han investigado consideran que estas construcciones fueron creadas en el futuro por alguna entidad desconocida y lanzadas hacia atrs en el tiempo. Se considera que las tumbas son artilugios tetradimensionales con intrincados pliegues en el espaciotiempo. Estn compuestas por ocho edificios que se alzan en el llamado Valle de Las Tumbas del Tiempo al norte del continente de Equus en Hyperion; La Esfinge, La Tumba de Jade, el Obelisco, El Monolito, Las 3 Tumbas Cavernosas y el Palacio del Alcaudn Las tumbas estn aparentemente abiertas pero se so specha que encierran muchos ms secretos de los que muestran a simple vista. Alrededor de las tumbas encontramos un fenmeno fsico p eculiar conocido como las Mareas Antientrpicas. Estas, como buenas mareas cambian su intensidad de forma peridica. En los momentos de mnima intensidad pueden provocar mareos y deja vu en los seres humanos, en su apogeo pueden hasta d esaparecer a quien se exponga a ellas. Se supone que las mareas son un sistema instalado por los misteriosos c onstructores para la proteccin de las instalaciones… y para mantener controlado al Alcaudn. Junto a las Tumbas viaja el Alcaudn. Este es un instrumento de muerte, una figura humanoide de tres metros de altura con el cuerpo cubierto de espinas metlicas capaz de modi ficar el tiempo a su antojo, moverse instantneamente entre presente y pasado y crear portales espaciotemporales. Lucha en “tiempo lento” lo que significa que en comparacin sus rivales quedan prcticamente congelados mientras l los asesina a su antojo. El Alcaudn emplea e l rbol del Dolor o de la Expiacin Final, un in menso rbol con espinas metlicas que se alza hasta los lmites visibles en el cielo de Hyperion. Cuelga a sus v ctimas de las espinas del rbol, y estas quedan all atravesadas y condenadas a la expiar por tiempo i ndefinido los pecados de la humanidad. El Valle de Las Tumbas est cercado por montaas. La tumba ms cercana a la entrada del valle es la Esfinge. A est a le sigue la Tumba de Jade, a menos de cien metros se eleva el Obelisco y un poco ms lejos el Monolito de Crista l. A continuacin se encuentran las tres Tumbas Cavernosas, cuya entrada slo resultaba visible gr acias a los gastados senderos que conducen a ellas y, por ltimo, casi un kilmetro valle abajo, se alza el Palacio del Alcaudn. La Esfinge Le llaman as por la similitud con los monumentos egipcios. No se describen bien las figuras, solo que estn provistas de estructuras semejantes a grandes alas. Ti ene una entrada ancha rectangular siem pre abierta y todo el edificio puede iluminarse en determinadas condiciones. Entr e las alas se desplazan ondas de corriente. Aparte de esos detalles su descripcin, como casi todas, es de liberadamente ambigua. Al final de la saga se revela que La Esfinge es en realidad un portal cronoyector haci a el futuro desde el que se lanzaron las Tumbas. La Tumba de Jade

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La Tumba de Jade se llama as porque emite un fulgor verde y lechoso. Las suaves curvas y crestas parecen baadas en aceite. Sus paredes son traslcidas slo de maana y en el ocaso. Por dentro tiene varias salas que se van estrechando y dan paso a una serie de catacumbas pero en esa especie de laberinto no siempre estn abiertos todos los secretos. La Tumba de Jade guarda secretos relacionados con los plan etas gigantes gaseosos y su colonizacin, por lo que es de inters especial para los xters. El Obelisco El Obelisco no tiene habitaciones, slo un conducto central donde una empinada rampa de caracol asciende entre paredes negras. Dentro hay un eco extraordinario. No hay ventanas en la parte superior de la rampa, a cincuenta metros del suelo. Este edificio encierra legiones de Alcaudones que habran si do liberados si la Inteligenci a Mxima de las mquinas no hubiese sido derrotada en la gran batalla en el futuro en la que particip Kassad. El monolito de cristal El ms alto de los edificios, segn la somera descripcin de Simmons: …luego el sendero se ensanchaba conducie ndo hacia la tumba ms grande, situada en el centro: el Monolito de Cristal, cuya superficie lisa no tena aberturas y cu yo techo plano reflejaba las paredes del valle El monolito de Cristal es en realidad la tumba de un guerre ro legendario en cuya personalidad se basaron los creadores del Alcaudn. Tumbas Cavernosas Quizs las tumbas menos descritas en la obra. A decir de Simmons: … Estn situadas en la base de los riscos al norte del valle. Los primeros arquelogos pensaban que estas Tumbas eran las ms viej as, a causa de su tosquedad. En sus paredes hay mil dibujos indescifrables labr ados en la piedra. Ninguna caverna tiene ms de cuarenta metros de profundidad. Todas terminan en una pared de piedra detrs de la cual ninguna sonda ni radar ha descubierto nada. Una de las tumbas cavernosas es en realid ad una va de acceso a los misteriosos laberintos de Hyperion y de otros mundos. Palacio del Alcaudn El ms alejado de los edificios y uno de los ms misteriosos. Dice Simmons: El Palacio del Alcaudn es ms bajo que las dems tumbas y est oculto por una curva en las paredes del risco. Es ms pe quea que la Tumba de Jade, pero su intrincada construccin -rebordes, torres, contrafuertes y columnas que se arquean y curvan en un caos controladola hace parecer mayor de lo que es. El interior del Palacio del Alcaudn es una cmara resonante con un suelo irregular constituido por miles de segmentos curvos articulados que evocaban las costillas y vrtebras de una criatura fosilizada. A quin ce metros de altura, la cpula esta entrecruzada por docenas de hojas de cromo que pasaban a travs de las paredes y de s mismas para surgir como espinas a ceradas por encima de la estructura. El material de la cpula es ligeramente opaco y da un tono lechoso al espacio abovedado. Los rebordes aguzados y capiteles curvos del edificio evocan las espinas del Alcaudn. En este edificio es donde se ubica el rbol de la Expiacin. El rbol de la Expiacin

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Este es un rbol dantesco de gigantescas proporciones, de cuy as espinas el Alcaudn gustaba de enganchar a sus vctimas. Segn Simmons: El rbol de espinas pareca hecho del mismo acero y cromo y cartlago que el Alcaudn: a todas luces artificial pero espantosamente orgnico. Su tronco tena ms de doscientos me tros de grosor en la ba se y las ramas inferiores eran igualmente anchas, pero las ramas y espinas menores pront o se ahusaban como estiletes y se alzaban al cielo con su carga atroz de frutos humanos. Era imposible que los humanos empalados pudieran vivir mucho tiempo; doblemen te imposible que lograran sobrevivir en el vaco de este lugar apartado del espacio y del tiempo. Pero sobrevivan y sufran. Es puro sadismo lo que mueve al Alcaudn y sus amos a sacrificar de esa forma a tantos seres humanos? Debemos esperar a la ltima parte de la tetraloga para entender sus propsitos. Aqu solo les adelantaremos que el rbol y sus vctimas son solo un seuelo. Una carnada para atrapar al componente Empata de la divinidad humana surgida en el futuro remoto. Por lo dems las victimas sufren, s, pero no mueren. Lo entendern cuando lleguen al final de la saga. La iglesia del Alcaudn y los Peregrinos Como todo buen misterio, las Tumbas y el Alcaudn estimul aron el misticismo de los hombres. De esa manera, en un mundo donde el Cristianismo es una iglesia venida a menos y predomina el Gnosticismo Zen, surgi la Iglesia del Alcaudn o Iglesia de la Expiacin Final. Esta orden venera el Alcaudn como el Seor del Dolor enviado por su Dios a la Tierra para hacer que la humanidad expe sus pecados. Cada ao la Iglesia del Alca udn organiza una peregrinacin a Las Tumbas del Tiempo. Los peregrinos escogidos van a pedirl e un deseo al Seor del Dolor. La leyenda dice que solo a uno de ellos le es concedido; el resto va a parar al rbol del Dolor. En Hyperion se narran las historias de los ocho peregrinos escogidos ese ao de crisis, cuando la guerra entre la Hegemona y los Exters por el Dominio de Hyperion es inmi nente, para hacer la peregrinacin hacia las Tumbas del Tiempo. A travs de las historias de los siete peregrinos —o de seis de ellos porque el templario Het Marsteen nunca llega a contar su historia— Lenar Hoyt, un padre cristiano; Martin Sile nius, poeta; Fedmahn Kassat, un soldado; Sol Weintraub, acadmico judo que viaja con su hija Rachel; Brawnie Lamia, detective privada, y un ex-Cnsul de la hegemona, Simmons nos va dando de forma muy orgni ca una visin general de su universo. Desde el punto narrativo la novela se ha comparado con Los Cuentos de Canterbury de Chaucer. Todas las historias tienen una gran fuerza y nos van transmitiendo adems de form a muy dosificada la intriga de poderes que se desarrolla tras bambalinas. Cada una de las historias contadas tiene su s propias caractersticas y estilo, de acuerdo al narrador que la cuenta. Lenar Hoyt, la historia del cruciforme El padre Lenar Hoyt narra primero el viaje de otro clrigo, el padre Paul Dur a Hyperion y sus vicisitudes con la aldea de los bikura, una tribu de nativos salvajes que vivan aislados en un lugar recndito de Hyperion, mas all de las selvas flamgeras en el continente de Aquila. Dur y luego Hoyt enviado por el Vaticano a rescatarlo, descubren como estos seres con rasgos idiotas y degenerados ha n encontrado la inmortalidad a travs de una especie de parsito que llaman el Cruciforme. Los que llevan el cruciforme insertado en el pecho no mueren jams, o ms bien son regenerados completamente por el parsito, solo que a costa de una prd ida paulatina de su inteligencia y de su virilidad. Este cruciforme va a jugar un papel importante en la segunda parte de la historia (libros 3 y 4) pero de eso no hablaremos aqu. El Coronel Fedhman Kassat: Los amantes de guerra La historia de Kassat, la guerra y su amor con Moneta, misteriosa dama guerrera que comienza a visitarlo durante las simulaciones virtuales de la academia pa ra oficiales de FUERZA, es de una fuerza trepidante. El coronel de origen palestino va a convertirse en una especie de dios de la guerra y el principal rival del Alcaudn.

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El Coronel Fedhman Kassat: Los amantes de guerra

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Martin Silenious, la honestidad del artista La historia del poeta Martn est llena de vicisitudes. El leiv motiv de su vida es la necesidad de un artista de ser honesto y no prostituir su arte a las exigencias del me rcado. En la bsqueda de su verdad arts tica, Martin va a parar a Hyperion y el Alcaudn se convierte en su Musa perdida. Es Martin el crea dor de Los Cantos de Hyperion, poema que da ttulo a la saga. Sol Weintraub: El ro Leteo sabe amargo La tragedia del acadmico judo Sol Went raub, condenado a ver a su hija Raquel rejuvenecer ao tras ao hasta ser una beb con solo das de nacida, es quizs la ms conmovedora y asombrosa. La nia Raquel, quien contrajo la increble enfermedad llamada el Mal de Merln en una visita a las Tumbas, tambin tiene un papel cr ucial que jugar ms adelante, pero de eso tampoco les contar. Brawne Lamia, El largo adis Brawne es detective privada en Lusus, planeta con 1,3 g de gravedad y cuyos habitantes son, por consecuencia, los ms fuertes de la galaxia. Su historia esta escrita en clave de novela negra (El mismo ttulo es un homenaje a Raymond Chandler) con toques de cyberpunk y se centra en su relacin amorosa con Johnny, un cbrido del poeta ingls John Keats, creado por el Tecnoncleo. Los cbridos son individuos biolgicamente humanos pe ro cuya conciencia reside en el Tecnoncleo o sea es parte humano y parte IA. La relacin entre ambos va a ser clave en el resto de la saga. El verdadero John Keats es el autor del poema inconcluso Hyperion y Brawne era realmente el nombre de su gran amor. El Cnsul: Recordando a Siri La historia del Cnsul versa principalmen te sobre la vida de sus abuelos Siri y Merin, una bella historia de amor, deuda temporal, ecologa y lucha por la libertad en el planeta Alia nza Maui. Las acciones del Cnsul estarn marcadas en gran medida por el legado de sus abuelos. Eplogo He tratado en este artculo de no dar demasiados spoilers, en definitiva lo ms disfrutable en Hyperion no son las respuestas sino las interrogantes que plantea, esas semillas de especulacin que echan a volar la imaginacin. Es ms estimulante porque sugiere y hace pensar al lector y la obra no queda lastrada por un exceso de explicaciones (como pasa luego en cierta medida en el tomo 4). El resto de la saga es buena (excepto quizs el tomo 3, Endymion el ms mediocre) pero no tienen el encanto ni la perfecta conjugacin del factor especulativo y el literario que lograra Simmons en Hyperion No s ustedes, pero al menos a m, en cuando descubran el motor Hawkings, me gustara hacer mi primer viaje espacial a las Tumbas del Tiempo. ¡A pesar del Alcaudn! Carlos A. Duarte Cano (La Habana, 1962) Es doctor en Ciencias Biolgicas y trabaja en el Centro de Ingeniera Gentica y Biotecnologa de La Habana. Es uno de los fundadores y coordinadores del taller de literatura fantstica “Espacio Abierto” y uno de los organizadores de los cuatro eventos tericos homnimos celebrados en La Habana. Obtuvo Premio en el Prim er Concurso Internacional Sinergia, Realidades Alteradas 2008. Un relato suyo fue s eleccionado para la antologa Fabricantes de Sueos 2008 de la AECFT. En el 2008 gan el primer premio del concurso de CF de la revista cubana Juventud Tcnica. Me ncin especial en el Concurso Luis Rogelio Nogueras de Ciencia Ficcin, 2010, Cuba. Finalista del XI Certamen Internacional de Mi crocuento Fantstico miNatura 2011 y del III y IV Certamen Internacional de Poesa Fantstica miNatura 2011. Finalista del Concurso UMA de relato fantstico en 2012 Primer Premio en el Concurso La cueva del Lobo 2012 Varios de sus cuentos han aparecido en antologas de Argentina y Cuba, en la revista Argentina Sensacin y en los ezines Axxon, Qubit y la Vo z de Alnader. De Duarte publicamos antes en Korad los artcu los Espacio abierto para la fantasa y la CF (Korad 0) La biologa en la construccin de mundos fantsticos (Korad 10) y la resea crtica Crnicas del Maana (Korad 0).

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Oriln Carlos Prez Jara 1 Pocos lugares hay ms tristes que una estacin espacial de viajes. Tarde o temprano, llega el momento en que el observador descubre una cierta pesadumbre en esas filas de ma letas annimas que viajan solas en las cintas mecnicas, o en el murmullo montono de los altavoces que dispersan anuncio s sobre nios perdidos. En realidad, nadie puede huir de esa sensacin abrumadora de despedida continua que provi ene de las salas desde las que pueden verse las naves alejndose hacia otros mundos. En los numerosos tablones electrnicos aparecen y desaparecen los horarios de salidas y llegadas desde diversos puntos de la galaxia, en un proceso inagotable: Crthes (Pennsula Sur de Luna de Europa): 3 das: 8 horas: 34 minutos. Augusta Flavia (Marte): 45 das: 23 horas: 08 minutos. Singapur-Oeste (Tierra): 21 das: 12 horas: 06 minutos. Todo se encuentra siempre bajo un perpetuo estado de mudanza, de cambio, de prisa por salir o por llegar. Junto a las cabinas de reposo, en las que descansan centenares de viaj eros en estado de trance, se extienden muchos pequeos edificios de poca altura con funciones muy diversas: tie ndas de empeo, consultorios y oficinas burocrticas para problemas con los pasaportes o las aduanas en los centros de destino. Por este paseo sinttico, bordeado de flores artificiales, camina ahora una joven embarazada con una maleta en la mano. A veces se detiene en los escaparates, y con la mirada perdida se fija en algo que la distrae de sus medit aciones. De estatura media, con el pelo castao corto a la moda del sur de Luna, se acaricia la barriga de ocho meses como si fuera su fetiche s ecreto. Lleva unos pantalones negros y una camisa marciana de color naranja ensanchad a por la prominencia de su embarazo. Una fachada roja absorbe hoy toda su atencin. Parece una oficina como las de subastas, pero sin ningn cartel que indique su actividad comercial ni el sentido mismo de su exis tencia en esa avenida populosa. Detrs de una cristalera sucia se vislumbran los reflejos plidos de varias luces artificia les de color amarillento, as como un pedrusco rojo que resplandece desde una pared, incrustado en un escudo. La j oven descubre una mscara tribal encima de una repisa, una rplica de un milenario reloj de cuco y un anacrnico escritorio vaco.

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—Vaya —murmura, y se toca el anillo de su mano izquierda de forma inconsciente. Aqu, en la estacin, todo se anuncia o se describe, ya sean los viajes, las llegadas y sus horarios, los precios de la comida, o las fechas de las subastas para poder lograr algo de crdito en caso de apuros. Por eso la atrae ese curioso anonimato de la tienda, con su campanilla sobre el marco de la puerta verde, y esa vaga percepcin de soledad que embarga su interior entre las sombras. Casi acostumbrada al infierno burocrtico de los mostradores, de las oficinas de registro pobladas por funcionarios rapaces y sin escrpulo, y en medio de una turba de comerciantes y turistas, el local parece invitarla con el encanto de su propio silencio. Cuando la campana suena, un aire polvoriento se sacude de varios anaqueles antiguos, de splazando una fina nube de partculas por el entorno. Una vez cerrada la puerta, par ece como si el ruido constante de personas y mquinas se hubiese amortiguado de golpe, encerrando al local en una dimensin desconocida. La jove n da dos pasos, indecisa, con la intencin de volverse de nuevo a la ca lle y seguir su periplo, pero una voz ronca la detiene en el vestbulo. —Pase, pase —y enseguida escucha una tos al fondo. —Disculpe —dice la muchacha, alargando el cuello hacia el interior, donde por fin ve a un hombre de edad madura y medio calvo; se encuentra detrs de un mostrador de made ra con una mquina registra dora y varios dispositivos electrnicos bastante ms modernos. —S? —insiste el hombre, curioso. —Yo... —balbucea la joven—. Creo que me he equivocado. El comerciante le hace un gesto rpido con la mano para que se acerque. La joven mira a su alrededor, a los jarrones de falsa porcelana, a los huecos en los que se acumulan libros de pa pel y estatuas, a una puerta estrecha en un rincn, y a un hombrecillo rubio sentado en un sof leyendo como si fuera parte del catlogo de objetos en venta. Por un segundo tiene la impresin de encontrarse de nuevo en casa, o al menos en una tienda de su pequea ci udad nativa, pero esa engaosa certidumbre la inquieta en lugar de calmarla, como si estuviese segura de que un espacio as no debiera estar nunca colocado en una estacin tan asptica, tan fra. —En qu puedo ayudarla? —dice al fin el hombre, entrelaza ndo los dedos de sus manos sobre el mostrador. Al fijarse mejor en su estado, el anfitrin dibuja una mueca amable: —Desea algo de recuerdo? Mire, tenemos todo tipo de cosas, ve nidas de todos los rincones de la galaxia —y le seala a una urna redonda en la que flota una esquirla de cr istales azules que resplandecen con un fulgor mgico. —Esto... es una casa de empeos? —pregunta al fin, y deja la male ta a su lado. Por la cristalera se divisa gente que va de un lado para otro, atareada. —Bueno —comenta el hombre, al que la luz diluida de una lmpara trasera destaca una calvicie mal disimulada por unos pocos mechones de pelo suelto—, la verdad es que no, est o solo es una tienda de antige dades de varios mundos. Me llamo Gotem. —Dira —dice la joven—. Encantada. —Lo mismo digo, Dira. Un viaje de placer? Tras varios segundos confusa, la muchacha responde al fin: —No. Gotem arruga un poco su nariz carnosa. —Disculpe la pregunta. A veces hablo demasiado, y no me doy ni cuenta. Llevo aqu tanto tiempo que olvido las buenas maneras... en fin, soy un desastre. —No se preocupe —le disculpa Dira, al go nerviosa—. No tiene... importancia. Los ojos azules de Dira se humedecen mientras la boca se arquea hacia abajo en un rictus incmodo.

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—Bueno —dice Gotem, rascndose la nuca—. Y ve algo que le guste? Mire, tenemos vasijas de la colonia de Persac, lmparas estilo Titn, de todo. Hasta un casco labrado de la din asta Otari. Por all, lo ve? Claro que entre usted y yo, no tengo la menor idea de qu dinasta es esa, pero a mi agen te se lo vendieron as, y suena bien, no le parece? —No lo s —responde Dira sin mirarle, y se seca un lagrimal hmedo con un nudillo—. Tengo... que irme, lo siento. —Se encuentra bien? La joven agacha la cabeza, tambalendose un poco. —Ay, ay —dice Gotem, y sale del mostrador rpidamente—. Sintese aqu, por favor. El comerciante coge una silla plateada de patas bajas y la co loca sobre una alfombra de colo res chillones. Dira se sienta mansamente, colocando sus dos ma nos sobre la barriga. —Est mareada? Un momento, solo un momento. A continuacin, Gotem se acerca a una vitrina en la pared en la que reposan numerosas botellas de diversas formas y tamaos; mientras busca el objeto oportuno, habla en voz alta, de espaldas a ella: —Tengo agua de los manantiales de Sogu, sabe? Recin extr ada de las cuevas que hay debajo de este cascajo flotante, dentro del asteroide. Es lo mejor para los mareos, sin duda Ver, espero que no se sorprenda, pero yo hace tiempo vine aqu porque haba odo hablar de los cr uceros de larga distancia. Como lo oye. Quera hacer un estudio sobre... Justo en ese instante se escuch a una campana en la puerta. —¡Vaya, hoy estamos de suerte! —dice con la botella y un vaso azul en la mano, pero en la silla ya no hay nadie. —Se ha ido —le notifica el hombrecillo del sof. A Dira la maleta le pesa ahora una tonelada, y ni siquier a sabe adnde encaminarse. Todo le da vueltas, y un torrente amargo de emociones trepa por su garganta hasta aturdirla, ralentizando sus pasos. La avenida se alarga y se ensancha cada pocos segundos, y los rostros de los turistas y los func ionarios se transforman en semblantes grotescos, casi animales, figuras que le sonren o la sealan. Nunca podr salir se dice sudorosa. Apenas un momento ms tarde, ve a su alrededor a un coro de seres indiferentes que la observan desde arriba mientras un hombre le habla sin pronunciar sonido alguno. Al fin, tras un largo rato inmvil, despierta sobre una espec ie de cama blanda, en una hab itacin espaciosa con vistas a las estrellas. Se endereza como puede, llevndose una mano a la frente. —Qu... qu ha pasado? —susurra. —Est usted bien? —le pregunta un ho mbre maduro sentado en una silla. Pront o reconoce al individuo de la tienda. —Uff —resopla Dira, y se agarra la tripa para co mprobar que an sigue c on ella—. Dnde estoy? —Se desmay —explica Gotem con un trapo en una ma no. Dira le mira de soslayo, avergonzada. —Lo siento... de verdad. Tena que irme. —Lo gracioso es que ahora se creen que es usted mi mujer, s abe? Los ganumas de las tiendas de al lado. Un mdico local la asisti aqu, hace un rato, es un buen tipo... Espere, espere, descanse, por favor. Dira vuelve a reclinar la cabeza sobre la almohada, sin tiendo la humedad de su sudor en el cabello pegajoso. —Yo... —Necesita crditos para volver a su casa? —N-no... —responde Dira y se fija en las facciones ma duras de ese hombre de ojos negros y nariz gorda. —Entonces —dice Gotem con cautela—. Puedo preguntarle por qu no se marcha? Ha visto al go que le gustara de este sitio?

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—No lo s —responde de nuevo con los ojos vidriosos y contiene una mueca de dol or. De pronto mira a su alrededor con expresin nerviosa: —Y mi maleta? Dnde...? —Tranquila, est ah, la ve? —y Gotem le seala a un rincn del cuarto. Ya un poco ms re lajada, Dira contempla las estrellas. —Son preciosas —comenta al fin, casi con un susurro. —Bueno, no tanto, al menos en mi opinin. De cerca dan demasiado calor, se lo aseguro. Dira no puede evitar sonrer un poco mi entras desva sus ojos hacia Gotem. —Vive aqu? —Yo? —y Gotem se rasca la nuca en un gesto con el que parece buscar una expresin ms adecuada a sus ideas—. Ver, le estaba comentando antes, cuando decidi irse sin decir adis... —Lo siento, de verdad —responde con voz plaidera. Gotem sonre alegre. —Es broma, mujer, no se apure. En realidad, ahora mismo llevo este negocio. El edificio entero pertenece a un hombre que vive en Astromus, un planetoide con una base cientfica muy lejos de aqu. Es mi socio, y a veces viene de visita, pero no mucho. Se encuentra ya mejor? —S, muchas gracias —responde Dira, y resopla. —Me alegro —dice con una ceja ms levantada que la otra—. Puede decirme dnde est su casa? —Ya no lo s —responde seria—. Antes crea saberlo... pero ya no. —Venga, arriba ese nimo. Qu me dira si le dijese que llevo casi quince aos sin salir de esta estacin? —Quince aos? —pregunta Dira, incrdula. —Ya s lo que est pensando. Que estoy como una cabra, a que s? Y no se equivoca, esa es la verdad. —Yo no he dicho eso —se defiende Dira con una breve risa juvenil. Gotem hace una pausa mientras se reclina sobre su silla. Lue go, mientras se rasca la nuca, comienza a hablar despacio: —Quince aos aqu es como treinta en cualquier mundo, se lo aseguro. Cuando la vi entrar con la maleta me record usted a m, hace tiempo. —De verdad? —masculla Dira y se endereza en la cama como pue de mientras flexiona las piernas todo lo que le permite su barriga. —Como se lo digo —asiente Gotem con una expresin amable —. Sabe? Tengo que confesarle una cosa. Al principio pens que era una de ellos. —A qu se refiere? —A la gente que viene por aqu —revela Go tem, y observa con aire nervioso a la j oven—, y no hablo de la clientela, est claro. Esos no cuentan. —Hay ms mujeres embarazadas que vengan a visitarle? —dice Dira dibujando una sonrisa triste. —Pues de momento es usted la nica. No, yo me refiero a lo s que vienen a vernos y no saben el motivo, me sigue? Son como las polillas con la luz, si me permite la comparacin. Un da se despiertan, abandon an sus casas, sus mundos y vienen a las estaciones en busca de noticias. Ninguno sabe c mo encontrarlo, pero pueden pasarse hasta meses buscando la forma de conseguirlo. —Encontrar? Encontrar el qu?

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—A Oriln —dice Gotem y la sonrisa se esfuma de su boca, desviando la mirada hacia el espacio. —Oriln? Es un hombre? —No, es un planeta —revela Gotem. —Pero quieren ir a su mundo, no? —deduce Dira. —Es un poco ms extrao que eso, Dira. Ni siquiera lo conocen. —Usted... es de all —concluye Dira en una afirmacin que pretenda ser una pregunta. —No, no. Yo soy de la vieja Tierra. Ni tampoco ellos son de all todava, pero qu ieren serlo, se lo aseguro. S, no me mire as. Parece una locura, lo s, pero pasa desde hace siglos. —No le entiendo. —Ese es uno de los enigmas, Dira. Puede levantarse? —Creo que s —y se levanta despaci o ayudada del brazo por Gotem. —Acompeme, por favor —le dice, y la conduce fuera del cu arto, hasta una sala grande con algunos muebles robustos en la que hay una mujer anciana sentada en una butaca, y un nio tirado en el suelo pinta rrajeando un papel con lpices de colores. —Merlilen, esta chica se llama Dira. Est aqu de paso. —Hola, Dira —dice la anci ana entornando los ojillos. Gotem la mantiene por el brazo para que no se tropiece, y al pasar junto al nio, que no hace el menor gesto para mirarles, aade: —Este chico no s cmo se llama, la verdad. Es el hijo de un matrimonio que espera en las salas de horarios, como los otros. —Y qu hacen aqu? —pregunta Dira. Go tem se encoge un poco de hombros. —Mercel, mi socio... bueno, digamos que yo les doy una direcci n por si quieren reunirse con otros como ellos. En el puerto hay varias naves que los llevan a As tromus. Mi socio dice que han llegado ya bastantes, sabe? Dice que gracias a su equipo estudian mejor lo que ha podido ocurrir con Oril n. Forman una sociedad pequea pero til, en una ciudad mediana, ahora mismo no me acuerdo del nombre. Eso es parte de nuestro pacto: yo llevo la tienda y a cambio le mando gente que quiera unirse a su grupo. Dira queda absorta en varios cuadros en la pared que d escriben un mundo azul con una franja que divide un hemisferio oscuro. Todas las pinturas representan el mismo planeta. —Los pint la hija de mi socio —aclara Gotem—. Nada de hologramas y esas cosas, como se pintaba hace siglos. Dice que la visin le lleg en un sueo. No sabe ni cmo pas, pe ro est segura de que esa es su forma, y el color de la atmsfera. Es una visionaria, se da cuenta? —Oriln —murmura Dira, y se para frente a un leo grande en el que el mundo es dibujado con ms detalles, una tierra alargada rodeada por mares desconocidos, siempre con la franja de oscuridad que separa una cara de la otra. —Los que vienen por aqu miran estas pi nturas, hasta que se convencen de que as lo suean ellos tambin. Yo no s dibujar nada, ni un garabato. Ya le he dicho que soy un desastre. Abandonan la sala por una puerta que pronto les lleva hasta el sal n de la tienda, donde el hom brecillo de antes limpia una mquina antigua con un trapo hmedo. Es un individuo de piel blanca y ras gos suaves con la frente algo abombada. —Una parejita ha comprado el reloj de pared —anuncia con voz aptica, levanta ndo sus ojos saltones para volverlos a sumergir en la reliquia. —Me alegro —responde Gotem—. Vamos a salir un momento, Bituf. —Claro, no hay problema.

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2 Salen a la avenida de tiendas y oficinas, y el marasmo cotid iano vuelve a aturdir a Dira como una oleada de formas y sonidos caticos. —Por favor, Dira, confe en m —dice Gote m, que la coge con suavidad del brazo. —Mi maleta —masculla. —No se preocupe por eso. Los huspedes van y vienen, pero en esa habitacin no entra nadie, eso seguro. Es mi cuarto y est sellado con un cdigo. Adems, nadie puede en trar sin que lo vea Bituf, mi ayudante. —Usted les da cobijo. A esa gente. —Bueno, no se crea, tampoco soy un samaritano, sabe? Cobro seis crditos por habitacin. Los que buscan a ciegas ese mundo no saben ni su nombre. Si se lo pronuncias te dicen en seguida que es ese, justo, el que buscaban. Lo peor es cuando se obsesionan, cuando se quedan por aqu, en la estacin, o no se fan de mi socio en Astromus. Si le digo la verdad, tengo un buen olfato para reconocer orilenses reales: as llamo yo a los que suean con el planeta, pero el nombre es lo de menos, vaya. A los falsos o los curiosos, los echo sin contemplaciones. Muchos estn seguros de que algn da llegar una nave que les lleve a Or iln... Lleva un anillo muy bonito. Dira levanta melanclica su mano izquierda para mostrarle una alianza de plata terrestre con una piedra griscea y redonda engarzada. Gotem sostiene su mano un instante para luego mirarla. —Sabe usted qu piedra es esta? —N-no, no lo s. No la compr yo... y no me lo dijo. —Vaya, disculpe de nuevo, no pretenda... —se excusa, sin de jar de observar la piedra redonda, que ahora parece emitir un brillo licuado en medio de una enorme sala de venta de pasajes—. Soy coleccionista, y a veces me fijo... Al pasar junto a un caf cubierto de neones fosforescentes, una joven pequea y morena se les queda mirando con una sonrisa: —¡Eh, Got! Tu nueva novia? —Pero qu le has hecho a esa chiquilla, br ibn? —grita un hombre gordo con una r oncha en el cuello—. ¡No se te puede dejar solo! —¡Ya era hora, muchacho! —suena otra voz a lo lejos. —Ni caso —le murmura Gotem a Dira sin mirarla a la cara. Al poco rato recorren los hangares principales, donde las sinuo sas colas de viajeros se agolpan tratando de concentrarse sobre los mostradores de azafatas y los kioscos de informac in. Atado por una cadena a un poste, un perro solitario otea los alrededores buscando a su dueo; dos jvenes se abrazan d esconsolados junto a una cabin a de estampas sensoriales. Definitivamente hay algo triste en este sitio, se dice la j oven, que de pronto se suelta de Gotem para observar a un muchacho delgado que les mira desde un puesto ambulante de comida sinttica: en sus ojos se dibuja un brillo de hostilidad indefinible. —Es uno de esos, s. Un orilense —le explica Gotem—. Vino a m hace unos das. Cuando le cont lo que sabemos se enfad conmigo, todava no s por qu. Creo que quiere volver a su Marte natal. De todos modos no le di la direccin de Astromus, donde est mi amigo. No me gustan los violentos. —Gotem —dice Dira tras unos segundos—. Ha dicho que esos... orilenses vienen aqu y no saben por qu. —Bueno, el problema es otro, Dira. Son muy pocos los que vienen de vez en cuando, apenas cinco o seis cada mes estndar, sabe? El problema est en Oriln, desde el principio. —No le entiendo.

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—Yo lo llamo planeta sombra —dice al fin Gotem y desva sus ojos oscuros hacia el espacio que se vislumbra en las cristaleras gigantes del puerto mayor—. Mi socio lleva mucho buscando su posicin ex acta, casi media vida segn dice. Si le digo lo que pienso, creo que quiere formar una socied ad que influya en Astromus, sobre todo para que se muevan fondos de crditos y se busque el mundo con ms fuerza. Yo lo dudo, sinceramente. Quiz Oriln es como un espejismo, por qu no? Por alguna razn que no conocemos, ma ntiene una influencia sobre algunos elegidos. —Pero... —masculla Dira— Eso es imposible. —Una estrella extinguida lleva su lu z a nosotros aunque se haya apagado hace miles de aos. Pues lo mismo puede pasarle a Oriln, quin sabe? Caminando, llegan hasta las cristaleras que dan a los hangares externos, donde flotan las naves de remolque. Una farola solitaria produce un monlogo de destellos ocasionales, destacando las sombras de una extraa flor mutante que crece en una esquina. —Ver —prosigue Gotem— en el fondo son una minora. Qu son unos cuantos centenares entre millones de pasajeros de cada ao estndar, eh? Pues nada, como que no existen. En cada estacin se repite esto, seguro. De golpe se despiertan, lo dejan todo, y se van a una estacin a buscar el vuelo que les lleve a Oriln. No saben ni cmo se llama, pero lo hacen casi por instinto, como los sonmbulos. Luego vienen a la tienda, muchos, no todos, y all conocen el nombre. Los que de verdad lo desean, se marchan en las naves que les digo y se van con Mercel y su grupo. Suena absurdo, pero ocurre. Por supuesto, esto no interesa a nadie. —Pero... eso no tiene sentido —protesta Dira dbilmente, y sus oj os se iluminan al excitarse con la historia—. Un planeta no puede atraer as, desde esas distancias. Y s... si ya desapareci, peor an. Gotem mira a Dira como si le estuviera contando un gran secreto. —Bueno, quiz el planeta se fragment, los pedazos salier on por el espacio, y no s... en algn momento llegaron a nuestra galaxia, y luego a nuestro sistema. Imag nelo, quin sabe? Es solo una hiptesis. —Quines son ellos? —dice Dira y se gira buscando con la mirada a uno cualquiera entre los pasajeros—. Esos orilenses —Gente como usted o como yo, nada ms, ya se lo he dicho. Toman una nave, lle gan hasta aqu, y deambulan sin saber lo que estn buscando. Al menos mi socio acoge a los que puede a ca mbio de trabajo en su comuna. En Astromus la vida es ms dura, y mi amigo necesita tiempo, y colaboracin. Dice que esos radares... bueno, que le ayudarn a descubrir dnde est. —Pero entonces... —Escuche —la interrumpe Gotem con gesto tierno, y se acerca al cristal de separacin con los muelles flotantes—. Puede que Oriln ya no exista siquiera, quiero decir ahora mismo. Pero algo de su influencia, algo, se mantiene, como una radiacin. A Mercel le hace gracia mi teora, dice que soy un metafsico. De verdad que ya se encuentra bien, Dira? —Mucho mejor —dice la joven, y se acaricia instintivamente su barriga—. Gracias, Gotem, por todo. Creo que ya podemos tutearnos, no? —Pues yo creo que s —sonre Go tem nervioso, y pestaea un poco. Pasean por un corredor hasta una sala mugrienta en la que se apian mendigos y viajeros humildes, tumbados en sillas de plstico o en los rincones, entre cacerolas y hamacas. —Algunos de estos son orilenses, aunque no lo sepan —comenta de pasada— Dentro de una semana como mucho, alguien les dir que hay un sitio donde se les acoge un rato, donde se les da informacin, o donde pueden compartir experiencias; lo que sea. Siempre la misma historia. Dira mira a las estrellas y busca en su imaginacin un lugar en el que exista Oriln. Pero eso solo la deja abstrada durante varios segundos, como si el espacio acabara transformndose en un laberinto eterno, sin fin ni principio. —Volvemos? —pregunta Gotem con voz suave.

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—S, por favor. Al regresar a la tienda, Dira se disculpa para ausentarse un momento. —Eso no hace falta ni decirlo —aclara Gotem—. El bao est en la puerta de la derecha, Dira. El cdigo de mi habitacin es 1, 2, A. Por si quieres coger algo del equipaje. Pocos minutos despus, Gotem observa en su sala de objet os pintorescos la urna en la que flota la roca azul, que ahora se ha oscurecido al acercarse un poco sobre ella; mientras, el hombrecillo le mira de reojo desde el sof con un libro entre las manos. —Se lo has dicho? —le pregunta. —No, todava no. Se fueron ya los otros? —S, en el vuelo del Calixto de hace media hora. Me da la espina de que ni se lo huele. —No lo creo —dice Gotem con aire meditabundo—, tiene los mismos sntomas, claro. Solo que est un poco confusa, nada ms. Durante una larga pausa ninguno dice nada. Bituf deja el libro que ojeaba sobre una rplica de cojn terrestre. —Y qu vas a hacer con ella? Sup ongo que mandarla con Mercel, no? Gotem se rasca la nuca, azorado. —Bueno, ella es un poco distinta, sabes? No me importa si quiere quedarse una temporad a con nosotros, la verdad. Necesita tiempo para pensar... y no parece que quiera volver a su casa. Hay cuartos de sobra, y Mercel no vuelve hasta dentro de doce semanas por lo menos. O eso me dijo. —Ya, ya —dice el hombrecillo con una sonrisa, y se levanta del sof. —S lo que ests pensando y no es eso. No sigas por ah, te lo advierto. Por qu estis todos siempre con lo mismo? —Yo no he dicho nada, Got. T sabrs lo que haces. Un rato despus Gotem mira por las cristaleras de la calle, observando a la gente. Lleva las manos a la espalda y una ceja ms levantada que la otra. Debe llevarla con Mercel y los ot ros? Casi nadie dura demasiado tiempo a solas en la estacin, excepto los parias, los que viven en las bodegas internas, lo s que cantan las leyendas del planeta fantasma y annimo. Mira hacia la puerta que le separa de las habitaciones, y pi ensa en su husped, en la causa de tenerla en casa. Es una orilense est seguro. —No seas idiota, Gotem —murmura al fin. Entonces, como ca da vez que libra un conflicto consigo mismo, nota un dolor agudo en su cerebro, una de esas terribles neuralgias que a veces le aturden durante sus descansos o en ciertos momentos imprevisibles. Aprieta los puos y cierra los prpados con fuerza. No, ahora no, se dice, y se apoya sobre el marco interior de la ventana con el cuello hundido entre los hombros. Poco a poco distingue una esfera solitaria en medio de las tinie blas. Bajo la atmsfera, sobre capas de gases turbios, ve mejor las culebrillas de luces aterradoras que cruzan el aire de una nube a otra como viejos espectros demenciales. As, desciende en cada libre a las regiones s lidas de los archipilagos de nice, a las montaas rojas, y al mar divisorio, que casi en la mitad de sus aguas permanece para siempre aisla do por las sombras de la cara oculta, la que nunca da al misterioso sol que le dio vida: justo en ese ocano desc onocido, en cuyos fondos se esparcen las llanuras de rocas de tantos esqueletos fsiles, surgen en masa los orilanes, cria turas inmensas y milenarias que ahora salen a las orillas de sus costas y miran a las estrellas con grandes ojos negros. Les llaman, en silencio, invocan a los viajeros del futuro a encontrarles. Ori-lnnnnnnn mugen en grupo, en un canto que se eleva por el cielo como la promesa de un encuentro imposible. Al cabo de unos minutos abre los ojos y se endereza con lentitud, casi le falta aire, pero lo recupera inspirando hondamente por la boca. Ya pas, piensa y se palpa la coron illa, que an le late un poco. Como si no pasara nada en absoluto, Gotem regresa al mostrador de madera.

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—Bueno, Got, pues voy a dejarte —dice Bituf y se abotona su abrigo oscuro—. Es mejor que os deje un poco de intimidad. Gotem frunce el ceo. —Vas a ser siempre igual de pelmazo? —No siempre, amigo, no siempre —y le da unas palmadit as en el hombro—. Nos vemos el Intervalo que viene. —Aqu estar, ya lo sabes. Gracias, Bituf —y Gotem se co loca detrs de su mostrador con una sensacin extraa que recorre sus manos. Al girarse para ordenar algunos objetos de las vitrinas vuelve a or la campana. 3 De espaldas a la puerta del negocio, Bituf introduce sus manos en los bolsillos con aplomo. Luego, mientras mira a un lado y a otro de la calle, chasquea la lengua con sus dientes en seal de molestia. Al fin se pierde entre la muchedumbre de la avenida, por entre los comercios y l as oficinas burocrticas. Sobre su cabeza distingue como de costumbre la estela de varias naves que se alejan en la distancia, pero no parece prestarles ms atencin que si hubiera descubierto algunas moscas en la tienda de Gotem. Al cabo de un rato baja por las oscuras escaleras de una galera de transportes, y luego en un ascensor que le lleva despacio a la planta Menos Siete, donde hace una llamada desde una cabina de pared. Mientras espera, se sienta en un banco de acero junto a otros individuos. Recoge un peridico local, Encrucijada, y lee distrado algunas noticias y rumores. Un cuarto de hor a despus una voz le hace subir la mirada: —Seor? Es un muchacho muy joven, casi un adolescente con granos en la barbilla, enfundado en un uniforme azul de mozo. Bituf dobla el peridico metdicamente y lo deja sobre el asiento. A continuacin se sienta en la parte trasera de un cochecito pilotado por el muchacho, y se interna por los tneles prof undos. El adolescente le cuenta algo sobre una obra en las plantas menores, pero el hombrecillo no le escucha. Cuando c oncluye su viaje introduce su tarjeta crediticia en la ranura del vehculo. —¡Gracias, seor! —se despide el muchacho. El resto de su viaje lo completa caminando hasta llegar a un ed ificio sin ventanas en una sala enorme y sobre cuya fachada sobresale un signo grabado en oro puro. Una pareja de policas mu y altos le detiene en la entrada y le pide su documento acreditativo. —Adelante, caballero —dice al fin uno. En el enorme vestbulo una mujer robusta de pelo corto se le acerca con un casco gris en las manos y le seala a las botas imantadas que cuelgan de unas barras de acero, en el hueco de una repisa. Bituf coge el casco sin decir nada y busca su nmero de calzado oportuno. Luego pulsa un botn en la pare d que se ilumina enseguida. Unos segundos ms tarde se abre una compuerta que descubre un montacargas con va rias personas en su interior, todas con cascos. Durante el trayecto en el descensor rotato rio, esa mquina que atraviesa el asteroide en el que fue construida la base espacial, Bituf nota ciertos temblores en sus vsceras, los mism os de costumbre: el cambio del eje magntico siempre le perturba y, durante varios segundos, ya al salir de la cabin a propulsora, permanece quieto con el casco debajo del brazo, como un piloto exhausto por la fatiga. —Bienvenido —le dice una azafata pelirroja, que recoge su pr oteccin con una sonrisa. Bituf mira a las cristaleras superiores y apenas tiene conciencia de encontrarse en el otro lado del asteroide, justo en las antpodas de la estacin, una zona solo reservada a ciertas empresas. Despus de saludar framente a varios hombres y mujeres que se cruzan con l a su paso, se adentra en una sala espacio sa a travs de una puerta automtica de acero: es una galera coronada por una esplndida claraboya con varias mesas en las que trabajan func ionarios que hablan con las pantallas de sus ordenadores. Casi aptico, Bituf recorre la galera observando las estatuas de los fundadores que abundan entre ciertas plantas exticas y pequeas fuentes de dos niveles sobre las que caen cortinas mansas de agua pura.

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Al fondo, un anciano de pelo platino y nariz ganchuda se le acerca junto a una secretaria joven y muy alta. El hombre lleva un adusto traje negro con una srima azul, una especie de corbata marciana con triple nudo, y se apoya en un bastn en cuyo pomo sobresale una esfera de bronce. —Alguna novedad? —le dice. Bituf desva la mirada a la se cretaria, que le observa como si fuera un objeto inerte. —Ninguna, seor. Lleg una muchacha, pero no sabe de dnde vi ene. Podra hablar con el Regente, por favor? —Hoy? —dice el viejo enarcando las cejas—. Hoy imposible, es t de viaje. Tiene algo de inters que notificar? Puedo decrmelo a m, sin problemas. —No tiene importancia —se excusa Bituf y vuelve a meterse las manos en los bolsillos. —Hablemos —dice el viejo, y gira con lentitud sobre sus pasos. Caminando despacio por las baldosas de granito artificial, B ituf escucha algunos comentarios del anciano sobre el estado de ciertos suministros y sobre los cargueros que llevan el androcylus en sus bodegas. Luego atraviesan una puerta de dos hojas y llegan hasta un saln con decenas de individuos que estudi an datos en las pantallas de unas mquinas de gran tamao de las que brotan hologramas luminosos y fantasmales. —Todo bien al otro lado, entonces —dice al fin el viejo. La secretaria camina casi detrs de l golpeando el suelo con sus tacones. —S, seor. —Hbleme de esa mujer, la que ha venido hoy. —Bueno —comienza algo azorado—. Es como todos. Gotem la est estudiando, por si puede ir a Astromus y servir en algo til. Pero est embarazada. —¡Vaya! Interesante —observa el viejo, y le mira de reojo con curiosidad—. Y de cuntos meses? —Pues... no lo s, seor. No estoy seguro. —Eso puede significar muchas cosas, hijo Muchas. Puede que venga de algn planeta donde le hayan inoculado el suero. O que sea de nuestras reservas, alguna desertora. A veces afecta a las embarazadas, no sera el primer caso. —Pero Got, eh, Gotem... —S, Bituf? —Creo... no s. Se le ve un poco cansado, seor. Creo que lleva demasiado tiempo en la tienda. No deja de hablar de su teora sobre Oriln, y adems se la cuenta a casi todos los que vienen. —Bah, es inofensivo, muchacho, y usted lo sabe. Y por lo que sabemos cumple muy bien su papel, o no? Sin saberlo, ha detectado a varios espas de OPTIMUS. Suena irnico pero es as. —S que hace bien su trabajo, seor. Doy fe de de ello. Solo digo que... —Sugiere que debemos preocuparnos por l? —y el anciano se detiene para mirarle con su s acuosos ojos verdes—. O quiz de usted? —De m, seor? —y Bituf enarbola una mueca de sorpresa. —Claro, claro, de usted. Tambin usted lleva mucho como insp ector de ese punto. Puede que su amistad con el sujeto le impida ver las cosas claramente. —Con todos los respetos, seor... —Ese Gotem —dice el viejo y mira al techo como si al guien estuviera suspendido en el aire—. Laska, algo de informacin, por favor. La secretaria saca una pequea lmina electrnica que pulsa va rias veces. Luego habla con una voz fina y algo montona: —Segn nuestro informe naci en Nueva Npoles. A su madre le inyectaron un suero ms primitivo que el de ahora.

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El anciano sacude la mano libre y sonre con el ceo fruncido. —Lo recuerdo, lo recuerdo. A los de esa generacin les dio por varios problemas y sndrom es, se lo he contado ya, Bituf? —Alguna vez, seor. —Alguna vez —masculla el viejo algo molesto por la respuest a, pero enseguida contina, ignorando el comentario—. Tenan visiones ms claras al inducirles el mismo complejo, pero se volvieron inestables. La mayora, claro. Gotem no, Gotem es perfecto para lo que nos importa. Digamos que en tiende mejor que nadie a los que vienen, y los manda donde hacen falta. Usted y yo, por ejemplo, no podramos hacerlo bien nunca. Nos sobra distancia con los afectados. Nos delataramos enseguida. —Tiene usted razn —admite Bituf, sumiso. —Claro que la tengo —sonre el viejo—. Cu ando yo era nio viv varios aos en otra estacin. Mi padre era ingeniero, y trabajaba para la empresa. Era un gran hombre. Pero demasia do temerario, muy impulsivo. Se inyect l mismo la dosis, y eso lo perdi al final. El viejo lo condujo hasta un corredor con varias puertas rojas de dos hojas cada una. Sin detenerse abre una de ellas y se adentran en una sala alargada con numerosos pupitres en los que unos nios atienden a una profesora alta y morena que usa plataformas y que viste un adusto traje negro; sus rasgos huesudos adquieren el aspecto de un pjaro extico gracias al moo tirante que luce sobre su nuca. Sobre una pantalla hol ogrfica se representa un mapa con montaas y valles, y un mar que lo ocupa casi todo. En la parte infe rior destacan un nombre y varios cdigos. —Saludos, profesora. —Saludos, seor —dice la mujer algo excitada, y enseguida mira a su clase con gesto severo—. ¡Nios, levantaos! Saludar al profesor. Los nios se levantan a la vez con un ruidoso estrpito de sillas y emiten un saludo casi inarticulado. Sobre los pupitres hay un conjunto de dibujos y apuntes, adems de una pequea panta lla redonda con el mismo mapa que se proyecta detrs de la profesora; enseguida, el viejo seala a su secretaria. —Laska, trae un dibujo de esos, por favor. La muchacha recoge un papel de la mesa de una nia plida que les mira con ojos diluidos. —Ha visto, Bituf? —y le muestra el dibujo de unas tierras extraas con ros y lagos—. Las nuevas generaciones mejoran. A estos chicos no hace falta rescatarlos, ni educarlos, porque ya lo estn. —Ya lo veo, seor. —Gracias, Laska —dice el anciano, que vuelve a entregarle el papel a la secretaria. Luego se dirige a la profesora—. Saludos, profesora. —Saludos, seor. Al salir de la clase, Bituf parece ms taciturno que de co stumbre, pero al fin pregunta lo que tiene en la cabeza: —Son de algn nuevo programa, seor? —Esos cros? —y el anciano arquea hacia abajo su boca, formando arrugas grises entorno a su barbilla—. No, son los hijos de los monitores, de los pilotos, de algunos func ionarios de la corporacin, todos impregnados, claro. Ahora se desplazan despacio por la sala de mquinas hologrficas mientras Bituf siente la tensin de un poder inefable en la figura de ese viejo de cabellos grises, en la forma en que se agarra al pomo con forma de planeta de su bastn de bano. —Escuche, Bituf. Yo le entiendo, de ve rdad. Para ustedes, los inspectores, no es fcil, lo s. Pero no se implique demasiado. Gotem es uno de los mejores aqu, y las cosas son co mo son. En esa oficina crediticia, la de la calle Foltac, tenemos otro agente que recluta a los nufragos, como yo les llamo. Y tambin all tenemo s a un inspector como usted, aunque no lo conozca. Es un proceso co mplejo que requiere organizacin. Sab e el presupuesto que le cuesta a la corporacin mantener estas delegaciones, hijo? Aqu depuramos y rastreamos lo que nos interesa.

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Bituf piensa ahora en los descartados, en esas masas de perdid os que deambulan de una estacin a otra, o enloquecen y se meten como polizontes en grandes cargueros, rumbo a colonias lejanas. —Tarde o temprano —prosigue el viejo— uno se hace siempre las mismas preguntas, verdad? Para qu? Por qu hago esto o lo otro? Es inevitable. Mire, hace ms de tres siglos que encontraron nuestra substancia en el asteroide de Montus Morut. Supongo que lo habr ledo en su instruccin. —Hace tiempo, seor —concede Bituf. —En el 225, Arten, opina que el parsito reproduce las visi ones cuando se estimulan de form a adecuada. Pero es solo una hiptesis, claro. Todava nos queda mucho por descubrir sobre su naturaleza, las imgenes co munes entre unos y otros. Se est invirtiendo mucho dinero en esto, se lo repito. Pero se espera ganar mucho ms a la larga. —ARMEDIA es la ms grande en el espacio —aade Bituf, como si an fuera un nio que recita en clase una leccin muy valiosa. —Eso sin duda. Perdi la Quinta Guerra Capital, pero fue la ms rpida fuera de la atmsfera terrestre. La conquista del meta-espacio es nuestra. Nuestros fundadores comprendieron lo que aportaba el androcylus, eso est fuera de toda duda. Bituf recuerda lo que ha estudiado. La corporacin compr el androcylus a cierto gobierno de palurdos lunarios, mucho antes de que l o incluso ese vejestorio naciesen. Con eso se acabaron los debates teolgicos, las dudas existenciales; toda esa basura, piensa. Tomaron los casos de Luna y Virakia y estudi aron los efectos en los sujetos cobayos hasta que dieron con la forma de sacarles partido: as de fcil. No siempre se ha podido controlar y localizar a los hijos de los hijos, pero para eso tienen las estaciones: es el sitio perfecto donde recoge rlos. En el fondo no sabe quin tuvo la primera visin del planeta, pero lo que importa es que se ha hereda do de padres a hijos, de una generacin a otra. —Esos monstruos que dicen que ven —dice el anciano con una sonrisa amarilla de dientes diminutos—, y esos mares, no los cre ARMEDIA, de eso estoy seguro, digan lo que diga n. Ellos aadieron los detalles, no nosotros. Y eso es lo misterioso, Bituf, no le parece? El androcyclus es un ser vivo que modifica nuestra ma teria, pero nos ayuda, siempre nos ha ayudado. —El Efecto Clmades, seor —recita Bituf, y se re prende de ser tan servil con ese viejo soberbio. —Exacto, ya nadie sabe cmo surgi la idea del mundo, pero apareci as, tal como suena. A m lo que ms me asombra es cmo acaban por reunirse entre ellos, aunque no se conozcan de antes, o uno sea de Marte y el otro de Eruki. Sospecho de algunos receptores genticos del androcylus para formar comunas humanas, pero todava no est demostrado. Hay delegaciones supremas donde se estudia el asunto a fondo, Bituf. Nosotros solo somos un departamento residual en una estacin de segunda categora, no podemos hacer mucho. Por eso lo mejor es seguir el proceso desde los embriones, en va directa. Mire ah. Se detienen junto a una gran pa red de cristal con vistas a unos hangares en lo s que reposa una oscura nave mediana con un nombre escrito en su costado: explorador 14. —Hay veinte unidades como estas, Bituf, todas nuestras —y el anciano levanta el bastn para sealarla con aire de orgullo—. Sabe que ya hemos logrado construir otro puerto en Hilateke? Adivine con qu ma no de obra se ha hecho. Esa gente tiene una especie de energa propia por encontrar Oril n, y esa energa es nuestro combustible. Solo tenemos que decirles lo importante que es descubrir ese mundo antes que nuest ros enemigos. En lo que nos atae, Oriln ser la joya del universo, un nuevo paraso es condido entre las estrellas. Nuestro objeto es reconducir, sistematizar, unificar, recuerda los principios que le ensearon? —Lo s, seor —responde Bituf y siguen caminando por la sala. —Por supuesto que lo sabe. Un inspector nunca debe olvidar estas cosas. Ni lo que han hecho otras corporaciones, cuando adulteraron el suero. Bituf observa a la secretaria que camina junto a ellos: no recu erda haberla visto antes, pero tiene un aire melanclico que le recuerda a esa joven que se encuentra hoy con Gotem, la ch ica embarazada. Ser tambin ella otra hija o descendiente de orilanos artificiales?

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—Mala cosa —prosigue el viejo sacudiendo la cabeza con le ntitud—. Es algo que preocupa a ARMEDIA, y mucho. Supongo que conoce lo de PRIMA OPTIMUS. Cmo convirti a los suyos en adoradores de una especie de agujero negro mstico que llaman Marsila. Y no es la nica corporacin que u sa esos mtodos, usted lo sabe, pero la mayora son drogas sintticas que no tienen nada que ver con nuestro suero puro. Todo sea por se guir construyendo naves y expandindose ms all, verdad? Desengese, Bituf: nada une ms a las m asas que la fuerza de una sola idea. No podemos dejar que nos quiten el terreno que hemos ganado en los ltimos cien a os. Oriln debe ser ms real que Marsila o cualquier otra cosa que salga del suero cuando permuta. Y tengo una noticia para usted: van a construir una nueva ciudad, en el planeta Liro. Una ciudad financiera con controles m ilitares de espionaje. Adivine su nombre. —Entiendo, seor. —Y ahora debo irme. Tmese unas horas de descanso y no le de tantas vueltas al coco, que es malo. El viejo se marcha con la joven y deja a Bituf solo en la sala. De nuevo piensa en Gotem y sus ilusiones perdidas, en esa vaga conciencia de estar representando una fa rsa para reclutar a futuros siervos de la corporacin. Tras la tapadera de la tienda, Gotem ampara y cobija a los que puede, les da esa in formacin que conoce gracias a Mercel y otros ingenieros superiores, gente que le manipula en la sombra. Luego, c on los ms adecuados para cada caso, hace una sola llamada: cuando se les reconoce y se los registra a fondo, van a parar a Go natus, la nave nodriza corporativa; de ah viajan a otros puertos, otros mundos, se los recluye en almacenes, se les instru ye y forman parte de la mano de obra, como militares o simples constructores. No dejan de salir naves con ese cometido, pero pocos podra n imaginarlo. Sabe que la co rporacin no invent nada; tan solo se aprovech de los resultados de la substancia misteriosa para conseguir ejrcitos con los que expandirse por otras galaxias formando ciudades, colonizando mundos Sabe todo eso pero prefiere ignorar lo. Oriln seguir siendo la fuerza vital y ciega que los lleva a unirse a una misma causa. Es la tierra prometida que los ayuda a mantenerlos mansos, a obedecer ciegamente, en busca de un imposible. No, Gotem no debe ser su amigo: tan solo es el hombre a quien asesora o controla, y por quien informa a sus jefes. A veces ha querido saber qu es lo que ven de verdad los afectados, y cmo consiguen verlo, en qu rincn del cerebro se esconde el androcylus visionario, o de dnde procede. Solo entonces recuerda su primera visita a las salas estacionari as, en la ciudad de Minsk, en la vieja Tierra, cuando era muy joven y acababa de ser nombrado inspector de tercer ni vel con destino la Luna. A lo largo de interminables mamparas grises se extendan filas de camas con mujeres embarazadas con tubos in yectados en los brazos o las piernas. Algunas le miraban con expresiones enigmticas en sus rostro s aturdidos; en cambio, para muchas otras pareca haberse vuelto invisible. Durante aquella inspeccin no pudo evitar fijarse en las peque as bolsas de sueros de los ganchos, en ese lquido color mbar de apariencia siempre inofensiva. Al fin se detuvo an te una cama cualquiera, donde vio a una joven con una gran barriga de casi nueve meses. La chica le miraba desde la almohada en silencio, hasta que cerr los prpados, como aptica. Nuestra guerra, se dijo exaltado, ser por la causa de planetas imposibles y galaxias imaginarias: el parsito har legiones de sus hijos, y venceremos. Ahora, mientras abandona la sala cabizbajo, Bituf evoca como si fuera ayer aquel goteo sin fin, aquella solucin turbia que se deslizaba por el tubo de plstic o sin que nada ni nadie lo evitasen. —Venceremos —murmura la consigna oficial, pero ya no sabe qu significa esa posible victoria, ni quines sern los futuros perdedores. Carlos Prez Jara (Sevilla, Espaa, 1977) Licenciado en Ciencias Econmicas. Ha publicado hasta ahora en diversas revistas electrnicas y de papel como NGC3660 Bem On Line ; el fanzine Los zombies no saben leer y la revista electrnica arge ntina de ciencia ficcin Axxn (donde ha publicado la mayora de sus cuentos y relatos del gnero). Ha sido seleccionado en dos ocasiones para las antologas de terror Calabazas en el trastero (n 6, Bosques; y n 11, Empresas), de la editorial saco de huesos, e igualmente ha participado con dos relatos en los nmeros 14 y 15 de la revista de ciencia ficcin argentina PROXIMA de la editorial Ayarmanot. Sus cuentos y relatos suelen moverse entre la ciencia ficcin, la fantasa general o el terror. Esta es su primera colaboracin en Korad.

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SECCI N POES A FANT STICA El Mensajero de la Muerte John Stagg Levntate de tu lecho, bella Lady Jane, y remueve de tus ojos el sueo, levntate de tu lecho, bella Lady Jane, pues vengo noticias que traigo para ti. Pero rara vez duerme Lady Jane, casi nunca el sueo visita sus ojos; desvelada y rendida por su pena, an as pregunta: Qu noticias traes para m? Alto y soberbio aulla el glido vendaval, ¡Escucha cmo corren los cercanos torrentes! Temo que sea la caprichosa penumbra que se re de m en la medianoche. Despjate del sueo, Lady Jane, levntate de tu lecho, y vete; quita de ti el sueo, Lady Jane, pues tengo prisa y no debemos quedarnos. Di, extrao, cul puede ser tu prisa o cul puede ser tu recado? Quin y de dnde te envan, o di qu noticias me traes? Lord Walter, mi querido marido, ahora vence en las llanuras de Hesperia, donde con ondean con orgullo los estandartes de Bretaa, donde la muerte y la devastacin reinan. Tres meses apenas han pasado, aunque tres largos y penosos meses para m, desde que el valiente Lord abandon estas armas, y con sus valientes se hizo a la mar. Aunque parezca largo y tedioso el tiempo, todava es poco lo que aoro pensar en noticias de mi lord o en noticias de la lamentable guerra. Levntate de tu lecho, bella Lady Jane, deja la solitaria alcoba y sgueme; es de parte de Lord Walter que vengo, yo soy su mensajero para ti. Pero dime, extrao, dime dnde Lord Walter vence, y como le est; pues, aunque de buena gana oira sobre l, mi pecho espera por cuidarte.

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Lo har la esposa de Lord Walter, lo har su lady Jane, a medianoche abandonar su lecho y con un extrao por la llanura caminar? Levntate de tu lecho, Lady Jane, levntate, y no demores ms; la noche ha casi culmina, y tengo prisa, y aqu no puede permanecer ms. Cerca de donde el espumoso Derwent corre, sus corrientes hacia el oeste van al mar, all en la playa, del lado de Solway, Lord Walter os espera ansioso. Rpido a la llamada de su bien conocido amo, por el bosque aparece el halcn, y a los silbidos acude volando, de forma rpida, con las alas extendidas. Y as de su lecho Lady Jane salta, en realidad, no es perezosa ni lenta, ni teme por una vez la lluvia torrencial, ni por los glidos vientos que puedan soplar. Se coloca su sobrefalda verde, su bufanda y su capa azul, se cierra todo con mucha rapidez para comenzar su viaje de medianoche. Ya est fuera de la puerta de entrada y se aventura entre el viento y la lluvia con una urgente y extraa rapidez, por la triste pradera azotada por la tormenta. Ms all de la colina y el valle, por el pantano y el arroyo y por muchos pramos ellos se apresuran. No hablan ni una vez, no paran a descansar hasta alcanzar el lado del Solway. La noche es oscura, el turbulento ocano golpea impetuoso contra la costa, y fuera del agua se escucha un duende gritando con terrible estruendo. Dnde est mi amado?" ( dijo Lady Jane) Traedme pronto a Lord Walter. Veo el mar, veo la costa pero no puedo ver a mi Seor. Oh Lady Jane (el extrao grit) Dulce dama, siempre amable y fiel; Porqu te encoges con inocente pavor? ¡El espritu de tu Seor quien te habla! En la famosa y tormentosa baha de Biscay, nuestro navo se hundi para no navegar ms. All, enterrados en una tumba salada, tu amado marido yace inerte. Fiel y amable conmigo en vida tuviste dominio sobre mi alma. Nuestro amor era mutuo, por eso nuestro ser quebrado por la muerte? Un horror fro sacudi a Lady Jane. Sus huesos temblaron de horror. Un fro terrible hel su sangre y el pulso la abandon. Con mirada silenciosa e insensible, observ y observ al espectro. Era tan terrible y horrorosa visin como sus ojos jams haban visto. La voracidad oscureca su cara oscura, Voracidad de carne arrancada por monstruos insensibles. Burbujas del mar llenaban sus ojos vacos, y de su ropa el agua brotaba. Sus sienes, una vez gentilmente rubias se acompasaban ahora con las algas marinas; y una maraa inmunda de sucias cuerdas unan las partes de su hermoso cuerpo. Luego as, con sepulcral voz, una vez ms, el fantasma dijo: ‘Sea como sea t debes, mi bella dama, compartir mi lecho en la muerte. Ella tembl, y sin vida, sobre la orilla, Ella cay; y una gran ola, rpidamente sobre ella rod, y con su retroceso la arrastr hacia una tumba marina. Nada ms se oy de Lady Jane; Lord Walter no fue visto ms. Sin embargo los viajeros suelen ver dos luces vagando por la costa. Y entre las rfagas de la tormenta, se escucha un grito estremecedor, y dos extraas figuras a menudo se deslizan a lo largo de la orilla del arroyo Derwent.

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El Vampiro John Stagg Por qu est tan mortalmente plido, mi seor? Por qu se desvanece el rubor de su mejilla? Qu puede a mi querido marido afligir? ¡Sus cuidados sentidos, oh Herman, habla! Por qu a la silenciosa hora del descanso t te lamentas tan tristemente mientras duermes? Ests oprimido por la afliccin ms pesada, aflicciones demasiado dolorosas para ser guardadas? Por qu palpita tu pecho? Por qu se estremece tu corazn? ¡Oh, habla! Y si hay algn alivio Tu consuelo Gertrudis te lo dar, Si no, al menos comparte tu afliccin. Plida est esa mejilla que una vez la floracin de la reluciente belleza varonil ense; apagados estn esos ojos, en pensativa penumbra que antiguamente con entusiasta lustre brillaban. Di, por qu tambin a medianoche, t tristemente jadeas y te estiras para respirar como si algn poder sobrenatural estuviera arrastrndote hacia la muerte? Inquieto, aunque durmiendo, an te quejas, y con un horror convulsivo te sobresaltas. ¡Oh, Herman! Haz saber a tu esposa ese pesar que atormenta tu corazn. ¡Oh, Gertrudis! Cmo podr relatarte la extraa angustia que siento?; extraa y severa como es este mi destino; un destino que yo no puedo esconder ms tiempo. A pesar de toda mi fuerza acostumbrada el destino severo ha sellado mi suerte esta espantosa enfermedad a la larga me arrastrar a la silenciosa tumba. Pero di, Herman, cul es la causa de esta afliccin y de todo lo que te preocupa que, como un buitre tus vitales roe y mortifica tu pecho con desesperacin? Seguro que esto no puede ser una afliccin comn? Seguro que esto no puede ser un dolor comn? Habla, si este mundo contiene alivio Que pronto tu Gertrudis lo obtendr. ¡Oh, Gertrudis! Es una causa horrenda. ¡Oh, Gertrudis! Es una inquietud inusual que, como un buitre, mis vitales roe y mortifica mi pecho con desesperacin. El joven Segismundo, mi una vez querido amigo, pero quien ltimamente renunci a respirar, con otros lo acompa a la silenciosa casa de la muerte. Por l llor, por l llev luto, pagu todo lo que deba por amistad pero tristemente la amistad ha vuelto y tu Herman tiene que seguirlo tambin. Debo seguirlo a la tenebrosa tumba a pesar de las artes o las habilidades humanas; ningn poder en la tierra puede salvar mi vida, es la voluntad inalterable del destino. El joven Segismundo, mi una vez querido amigo pero ahora mi vil perseguidor extiende su malevolencia incluso para torturar mi alma. Por la noche, cuando, envueltos en profundo sueo todos los mortales compartimos un suave reposo, mi alma mantiene espantosas vigilancias ms intensas de lo que el infierno apenas sabe. Desde la tenebrosa mansin de la tumba desde las profundas regiones de los muertos el fantasma de Segismundo vaga y me persigue horriblemente en mi cama. All, vestido de forma infernal, (de una manera que yo no entiendo) el duende yace cerca de m y bebe mi sangre vital. Chupa de mis venas la vida que fluye y drena la fuente de mi corazn. ¡Oh Gertrudis, Gertrudis! ¡Mi querida esposa! Indecible es mi dolor. Cuando est saciado, el horrendo duende con el banquete de la sangre amamantada se retira a su sepulcro hasta que la noche lo invita a venir una vez ms. Luego l terriblemente volver y de mis venas los jugos de la vida drenar; mientras que yo, inerte lloro con angustia y me sacudo con dolor agonizante. Pronto estoy exhausto, gastado, su carnaval est casi acabado; mi alma est hendida con agona. maana no estar ms.

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Pero, oh Gertrudis, mi querida esposa. Las ms penetrantes punzadas al fin permanecern pues muerto, yo tambin buscar tu vida; tu sangre por Herman ser drenada. Pero para evitar este horrible destino, en cuanto muera y yazca en tierra cruza mi cuerpo con una jabalina; esto prevendr mi regreso. Oh mira conmigo esta ltima y triste noche, miremos en tu habitacin aqu solos pero cuidadosamente esconde la luz hasta que escuches mi quejido de despedida. Entonces a la hora en que la campana de vsperas de aquel convento repique ese repique llamar a mi despedida y el cuerpo de Herman estar fro. Entonces, y slo entonces tu lmpara descubre, el rayo primero, la luz radiante harn asustar al duende a mi lado y lo har visible a la vista. Toda la noche la pobre Gertrudis estuvo sentada vigilando a su moribundo marido; toda la noche ella llor el destino del objeto que su alma adoraba. Entonces, a la hora en qu e la campana de vsperas de aquel convento tristemente son su despedida fue entonces repicada y el desventurado Herman estaba fro. Justo en ese momento Gertrudis descubri de debajo de su capa la escondida luz, cuando, ¡horrible!, ella tuvo a la vista la sombra de Segismundo. ¡Triste visin! El indigno puso sus colricos ojos en blanco Que brillaban con mirada salvaje y terrorfica, Y con sorpresa contempl por un momento Pasmado la esclarecedora iluminacin. Sus cadavricas mandbulas estaban embadurnada con coagulada matanza y todo este horror pareca distante y lleno con sangre humana. Con horrible ceo el espectro huy. Ella chill muy alto, luego se desvaneci. El desventurado Herman en su cama Todo plido, un cuerpo sin vida yaca. Al da siguiente en consejo fue decretado (impulsado a peticin del estado) que la naturaleza escalofriante debera ser liberada de pestes como esta antes de que fuera demasiado tarde. El coro entonces llen la cpula del funeral Donde Segismundo estaba enterrado, Y lo encontr, aunque dentro de su tumba An templado como la vida y sin deterioro. Su cara no estaba manchada de sangre. Ensangrentados estaban sus temerosos ojos. Cada signo de vida pasada permaneca aunque all sin movilidad yaca. Ellos llevaron al mismo sepulcro el cuerpo de Herman y a travs de los dos cadveres introdujeron profunda en la tierra, una afilada estaca. As acaba su carrera, con esto no podrn vagar ms. De ellos no tendrn que temer ms sus amigos. Los dos guardan silenciosos la inactiva tumba. John Stagg (1770-1823) Poeta ingls del romanticismo. Conocido por haber publicado uno de los primeros poemas en ingls centrados en el tema del vampirismo, The Vampyre en 1810. Su obra no es demasiado prolfica, pero colabor para estra tificar algunos conceptos que, con el tiempo, llegaran a ser lugares comunes de la literatura vamprica. Conocido en Cumberland como “El bardo ciego”, naci en 1770 en Burg, cerca de Carlisle, donde su padre, un sastre, posea una peque a propiedad. Un accidente le priv de la vista siendo todava muy joven y puso fin a sus es tudios. Durante algn tiempo se gan la vida manteniendo una biblioteca en el pequeo pueblo de Wigton y tocando su violn. En su vigsimo ao de casado y en la misma fecha public un volumen titulado Varios poemas Despus de dejar Wigton para una estancia corta en Carlisle, tom su residencia en Manchester, donde permaneci ms o menos hasta su muerte, pero con frecuencia regresaba a su condado natal y pas mucho tiempo entre el campesinado, divertido por sus actuaciones en el violn y que le permiti la recopilacin de ese conocimiento ntimo de sus costumbres y el dialecto que luego utilizara en sus obras. En 1809 visit Oxford. Muri en Passent en 1823. Fue padre de siete hijos.Entre sus obras publicadas se encuentran Minstrel of the North Londres, 1810, Miscellaneous Poems (Carlisle, 1804,); Miscellaneous Poems (Wigton, 1807) y The Cumberland Minstrel : (Manchester, 1821).

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SOBREVIVIENTES Mariela Varona Daniel y yo miramos nuestros papeles sin cansarnos, hasta que la noche y el fro nos obligan a cerrar los ojos y apretarnos uno junto al otro, y a hablar entre susurros para no molestar a los dems. Hace un tiempo nos llaman “raros”, porque no queremos olvidar que sabemos leer y l ya no frecuenta a lo s muchachos de su edad. Yo tambin he dejado de reunirme con mis amigas. Desde que empec a sangrar en luna llena, nuestra complicidad est mal vista en la casa comunal, pero Daniel y yo nos aburrimos demasiado cua ndo no estamos juntos. Insistimos en apr ovechar cada descanso para meternos en nuestro mundo de letras, palabras de sconocidas, imgenes… Por las revistas, y por las vallas que asoman aqu y all, sabemos cmo fue esa vida anterior de la que hablaba el viejo Matas. Muchas veces sueo que vivo en esa poca y me veo reco rriendo ciudades, descubriendo puentes y plazas, dando de comer a unas palomas. Me siento levitar dentro de unos zapat os verdaderos. Hay mucha gente en las calles, y todas tienen la piel lisa y el cabello exuberante. Incluso yo, en lugar de mi cabeza calva, tengo una larga cabellera que llevo alborotada, suelta y libre, y el viento la hace bailar como las llamas de un fuego. Todo est lleno de msica, color, movimiento. Otras veces, miro al cielo y veo un azul deslumbrante, y cpulas de edificios perdindose en las nubes. Y mquinas voladoras sobre mi cabeza. Y a veces, siento un ol or maravilloso, de alguna comida que no he probado pero est en algn lugar de mi memoria, y entro al lugar iluminado y clido de donde viene ese olor, un lugar donde me sirven cosas exquisitas a cambio de un trozo de papel coloreado. Luego viene el despertar, el hambre y el fro de todas las ma anas, entre el ocre silencioso de los campos y esta niebla perpetua que el sol no atraviesa casi nunca. Las voces de la comuna me obligan a deshacerme del abrazo de Daniel y ocupar mi puesto en el rincn donde el fuego amanece mo ribundo, y alimentarlo rpidamente para que no se extinga. Y as empieza una cadena interminable de ob ligaciones que cumplo por turnos junto a lo s dems: remover la sopa dentro del caldero, calentar con mi cuerpo a los animales ateridos, sacar su boiga hasta el cobertizo, cargar agua desde el ro, escarbar en los surcos donde puede quedar algo de la cosecha, vol ver a remover la sopa, recoger y acarrear lea, cuidar el fuego, hilar un poco para los tejedores, hasta que al fin, Da niel y yo podamos juntarnos lo ms cerca posible del fuego y repasemos nuestros amados papeles. Ese momento con l es mi premio cada da, su rostro amable iluminado por las llamas y la excitacin de lo desconocido es lo nico agradable de mi vida. Cuando lo miro, trato de imaginarlo con pelo tambin en su cabeza, y pienso que me gustara pasar la ma no por ese pelo y dejar los dedos demorarse ah, sobre su frente. Por las fotos sabemos cmo er a el Holy Big Clit, un santuario de peregrin acin femenina situado en la ms poderosa de todas las ciudades. Parece que en l reinaba la Gran Seor a Universal, que sale sonriente en todas las imgenes, cargando siempre a una nia diferente y rodeada por muchas espo sas. Tambin hemos visto el Unknown Cocksacker’s Center, reverenciado por los hombres del mundo y presi dido por Talullah el Exquisito. Estaba en otra ciudad, muy lejana pero no menos poderosa que la primera. Talullah se ve joven y fuerte y tambin sonre en las imgenes. Todos llevan ropas complicadas, de colores brillantes.

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Pero, segn el viejo Matas, ni la Gran Seora ni Talu llah pudieron controlar a los gr upos fanticos que queran exterminar al otro sexo. Los hombres repetan cada vez ms a lto que una criatura que sangr aba peridicamente y ola a pescado podrido, no mereca vivir. Y las mujeres fortalecan la conviccin de que eran “ellos” los que contaminaban al planeta con su orina apestosa, su promi scuidad y su beligerancia. Los hombres dejaron de convivir con nosotras en los mismos barrios, y as fue creciendo el odio. Nadie quera mudarse a una casa donde viviera alguien del sexo opuesto, ni que hubiese profesores mixtos en las escuelas pblicas. Tampoco era ya posible que en las clnicas para hombres sirviera una enfermera, o que en las salas de fiesta para muje res hubiese un cantante masculino. Despus de cada pacto o negociacin, alguien pona una bomba en algn edificio rival, hasta que estall la guerra. Fuego y ruido, hambre y epidemias, muerte y dolor, gritaba Matas cuando agitaba en el aire sus muones. Hemos crecido en esta casa comunal y quedamos alrededor de tres docenas, pues poco a poco han ido muriendo las ancianas y los ancianos. De mis dos madres slo recuerdo vagame nte a una, con el pelo castao y largo, que me alz en brazos y me bes antes de partir, vestida con sus ropas de combate. Daniel no recuerda nada. Pero es igual que yo, no quiere olvidarse de leer. El viejo Matas fue quien nos ense, usando antiguos peridicos. Antes de su muerte, logramos salvar mucha papelera del rincn donde almacenaban los co mbustibles. Y tenemos un escondite de donde los sacamos de uno en uno, a veces de dos en dos, esquivando las miradas c odiciosas de los que piensan que es injusto que acaparemos algo que sirve para alimentar el fuego comn. Cuando termin la guerra las ci udades haban sido destruidas y con ellas, lo s bancos de clonacin que se ocupaban de la continuidad de nuestra especie. A Daniel y a m eso nos pa rece terrible, pero los dems no se inquietan, no se preguntan nada: para ellos, el destino es inexorable. Slo rumian su hambre eterna mientras trabajamos para sacarle a la tierra alguna cosecha miserable. Nadie se propone reconstruir algo, salvar un grano de conocimiento antes de que terminen de oxidarse las mquinas, cuyas piezas asoman, a veces, en medio de los campos. Creemos que hay otros sobrevivientes. S que el mundo es inme nso, y tiene ocanos y montaas, aunque para mis amigas el mundo se acaba en el ro adonde vamos cada amanecer. Sus so nrisas no se parecen a las de las mujeres de mis revistas. Estn siempre inquietas por la salud de las tres vacas; si murieran, de dnde sacaramos l eche para sostenernos. Y de dnde estircol para fertilizar la tierra arada. Adems, este a o el invierno parece interminable. El fro nos obliga a dormir en grupo, sin respetar la divisin sagrada entre hombres y mujeres. Por eso Daniel y yo podemos acostarnos siempre juntos, y cuchic hear en la oscuridad hasta que viene el sueo. Pero ltimamente siento cosas nuevas en mi cuerpo, cosas que no entiendo y me llena n de vergenza. Cuando Daniel me abraza, el calor de su pecho y de su bajo vientre encie nde otro calor muy extrao entre mis muslos. Y los senos se endurecen y mi respiracin se agita, y no consigo dormir. No he sentido nada as cuando he sido acariciada por mis amigas mayores. Y tengo que contenerme para no tocar a Daniel para no echarme sobre su boca que conserva los dientes casi intactos, e imagino apetecible como la fruta roja que encontramos hace dos meses entre los arbustos. Hemos ledo mucho y s que debo ser anormal, como esos “b i” y “hteros” de los que hablan algunas revistas. Gente despreciable, ciudadanos de segunda cate gora que no respetaron las leyes universales. Si alguien lo descubre, me expulsarn de la casa. Pero puedo preguntarle a Daniel, con mucho cuidado, qu piensa de eso. Preguntarle por qu no abraza por las noches a cualquier otro muchacho, por qu busca mi compaa a todas horas. O mejor, lo besar de pronto, cuando estemos solos, y lo acariciar como hacen los mayores, y ver qu pasa. A fin de cuentas, ya han empezado a llamarnos “raros”. Si l es tan anormal como yo, no me importa que nos echen. Buscaremos otro ro, construiremos una choza, y quin sabe si algn da descubrimos el secreto para echar a andar las mquinas gigantes. Mariela Varona Roque (Banes, Cuba, 1964) Ingeniera el ctrica. Ha publicado los libros El verano del diablo (Editorial Holgun, 2003), Cable a Tierra (Editorial Unin, 2003), La casa de la discreta despedida (Editorial Caja China, 2010), y sus cuentos han aparecido tambin en antolo gas publicadas en Brasil, Espaa y Estados Unidos. Ha obtenido los premios David de Cuen to, La Gaceta de Cuba y la Beca de Creacin Caballo de Coral. (Fotomontaje de Ral Aguiar)

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Seccin Plsti Fantsti Leonor Hernndez Martnez (La Habana, 1984) Graduada de Tcnico Medio en Construccin Civil en el Instituto Politcnico Pablo de la Torriente Brau (2003) se ha dedicado profesionalmente a la animacin en en los Estudios de Animacin ICAIC desde el ao 2005. Sus principales intereses incluyen el dise o grfico, la ilustr acin y la animacin tanto tradicional como digital. Ha publicado sus obras en libros de las editoriales cuba nas Gente Nueva, Letras Cubanas, Abril y Ediciones Extramuros Ha colaborado con proyectos de los grupos DiALFa Hermes, An ime no Kenkyu y Habana Cosplay. Es diseadora del e-zine Cuenta Regresiva Obtuvo el premio de la popularidad en ilustracin del ev ento Behique 2010

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Gua del Constructor de Mundos Mgicos Stephanie Cottrell Bryant (traduccin por Victoria Isabel Prez Plana y Carlos A. Duarte Cano) La Gua del Constructor de Mundos Mgi cos es una herramienta para crear un universo imaginario. Aunque hay varias buenas guas para crear un mundo de ciencia ficcin, pocas tratan los elementos quintaesenciales de un reino fantstico. Esta gua intenta ayudar a los autores del gnero fantstico a d escubrir sus reinos mucho antes de que se sienten al teclado y se ocupen de los detalles. Adems, yo he escrito un buen tutorial llamado 30 Das de Construccin de Mundos1, diseado para ayudarle a realizar con entusiasmo su world-building2 invirtiendo slo unos minutos por da. La fantasa, como toda ficcin, es un producto de la imaginacin. Un elemento comn en la ficcin fantstica es la magia, una fuerza misteriosa que rompe las leyes fsicas y cientficas normales. Se ha dicho que cualquier tecnologa suficientemente avanzada es indistinguible de la magia, esto es vlido tambin para la fantasa. Tomemos el ejemplo de la saga de los Jinetes de Dragones de Pern (Dragonriders of Pern) de Anne Mc-Caffrey. Aunque basados en una premisa de ciencia ficcin, estos libros comparten un sabor imaginario por el uso sin ningn esfuerzo del viaje instantneo, o teleportacin. De hecho, esta saga tiene tres aspectos mgicos: teleportacin, telepata, y viajes en el tiempo. Estos tres aspectos mgicos se centran en los dragones de Pern. Aunque algunos hum anos que no son jinetes pueden comunica rse telepticamente ellos no tienen las habilidades para la teleportacin o los viajes en el tiempo de los dragones y lagartos de fuego, que s pueden hacerlo. 1 Tutorial que publicaremos por entregas en los prximos nmeros de Korad 2 Por lo extendido de su uso hemos preferido mantener el trmino w orld-building en ingls a usar la traduccin en castellano “construccin de mundos” (todas las notas al pie son de los traductores)

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En otro ejemplo mgico clsico, los Magos de Terramar (The Wizards of Earthsea) de Ursula K. Le Guin, se pueden usar muchos tipos de hechizos mgicos, pero todos ellos se basan en los nombres. Para manipular de forma mgica cualquier objeto o criatura el mago debe conocer su nombre verdadero, el cual usa para controlar la esencia de esa criatura. La hechicera, entonces, es el estudio de los nombres, y las responsabilidades inherentes a conocer el nombre de otra criatura. De esa manera, si un mago desea teleportar una piedra desde un espacio a otro, l debe conocer el nombre de la piedra, y posiblemente el de su destino. Este sistema parece trabajar mejor para las criaturas y objetos encantados, los cuales pueden ser transformados en ot ros objetos, y atrapados. La existencia de la telepata parece improbable en este tipo de mundo. Invocar las energas mgicas puras tambin es improbable, aunque invocar al relmpago no lo es (y quin dice que uno es realmente menos destructivo que las otras?). Los mundos fantsticos de Calabozos y Dragones ( Dungeons and Dragons, D&D ) son una base mgica popular para mucha de la ficcin fantsti ca, sobre todo las novelas basadas en los mundos de D&D. Sin embargo, estos mundos tienen un sa bor “D&D” definido, que cualquier persona familiarizada con los juegos puede reconocer. Empezando c on las clases de personajes del jugador comn (luchador, montaraz, paladn, mago, clrigo, druida, ladrn, bardo), est as novelas estn llenas de referencias al juego que los nojugadores (y los jugadores que estn cansados de tales creaci ones faltas de imaginacin) encuentran irritable. Quizs uno de los problemas ms comunes de estas novelas es el hecho de que se basan demasiado en el mismo sistema de magia. Voy a referirme a menudo a mi experiencia de jugadora mien tras escribo este manual, pero mi objetivo es ayudar a que otros autores creen nuevos sistemas de magia que sean tan ricos y diversos como los de los libros de D&D. World-building bsico Para el world-building bsico, comience con un mapa. Dibuje su mapa de cualquier cosa, pero recuerde que el mundo natural est lleno de irregularidades. Algunas veces, dibujar un continente basado en la mancha que dej una hoja en la acera despus de una tormenta es mejor que tratar de hacer uno. De modo semejante, si sus personajes alguna vez entran en un pueblo, una ciudad, o un asenta miento, se encontrarn con que, en la mayora de los casos, stas son ms bien formacion es caticas y “naturales”. Si al guna vez ha estado en Europa, sabr que muchos de los pueblos parecen estar construi dos alrededor de un camino serpenteante. Hay muchas razones para esta estructura de calles, entre las cuales est la defens iva. Pero el motivo principal es que la carretera estaba all antes de las construcciones y los camino s antiguos seguan lneas naturales y formaci ones geogrficas. Slo en los grandes imperios (y los que intentaban serlo) se usaron lneas re ctas. Las carreteras romanas fueron tan fenomenales y tan atemorizantes porque eran una lnea recta desde el origen hasta su destino; los romanos no dejaron que las barreras geogrficas los apartaran de sus objetivos. De modo semeja nte, muchas ciudades estadounide nses fueron edificadas con lneas rectas, para reflejar el estilo de vida ordenado que se esp eraba encontrar en su frontera. Ms al oeste, y en muchos de los pueblos del medio-oeste, las ciudades simplemente no aparecieron; fueron planificadas al detalle. Salt Lake City y Washington DC son dos ejemplos maravillosos de ciudades que se planificaron antes de que fueran construidas. Una vez que usted tenga su mapa, decdase por un nivel de t ecnologa. Seguro usted no qu err que sus personajes de fantasa tengan armas de fuego (o s?), pero qu hay de caones? ballestas? espadas? armaduras de placa? cotas de malla? kevlar3? Y las embarcaciones: Son los drakares primitivos lo s dragones de los mares, o los enormes galeones mandan y saquean a travs de la piratera y el corso? Hay carreteras pavimentadas o empedradas, o las personas simplemente siguen los caminos de un pueblo al siguiente? Q u tan difcil o peligroso es viajar, y qu clases de peligros existen? Si elige un mundo de baja tecnologa, es lgico esperar que espadas, lanzas, y alabard as sean las armas normales. Recuerde tambin que las poblaciones animales eran un poc o menos controladas, pero los depredadores naturales eliminaban a los dbiles. El “enano” de la camada de cerdos no era una mascota (vea La telaraa de Carlota4), sino una 3 Polmero sinttico cuyas fibras se utilizan entre otras cosas para chalecos antibalas, blindaje antimetralla, cascos de combat e, guantes, etc, por sus propiedades de resisten cia al corte, la friccin y el calor. 4 Pelcula de animados de 1973 producida por Hanna y Barbera.

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comida de primavera. Ser muy raro encontrar en estos m undos gente muy apegada a su gato casero, aunque los perros de caza y de trabajo recibirn a menudo tratamiento especial. Un mundo de tecnologa media podra ser algo como La Tierra a inicios del siglo XX. Los sistemas de comunicaciones se estn volviendo fidedignos debido al telgrafo y las fbricas dan trabajo para muchas personas. Pero las condiciones de trabajo no son necesariamente humanas, y las personas todav a tienen (y siempre lo tendrn, en cualquier poca) conflictos con otras personas, y con ellos mismos. Finalmente, un mundo de alta tecnologa puede ser entretenido, especialmente cu ando usted le aade los elementos del fantstico. Solo cuide de no aadir dem asiados elementos irreales a su historia. En un mundo de alta tecnologa en el cual la magia tradicional tambin funciona, es mejor enfrentar el asunto de la magia de manera directa, o el lector se ver demasiado confundido por la introduccin simultnea de tecnologas avanzadas y principios mgicos. Los Niveles de Magia Algunos universos son muy ricos en magia. En ellos todo el mundo tiene determinada experiencia con la magia, y los magos no son raros. En ciertos mundos ( Xanth de Piers Anthony y la triloga Darksword de Weis y Hickman), cada cual en el planeta tiene un talento mgico de algn tipo, y algunos indi viduos afortunados tiene n ms de uno. Aunque los plebeyos no se sienten a gusto con los magos poderosos (quin no, dadas las posibilidades), no les apedrean en cuanto los ven. En esta clase de mundo, las culturas que temen u odian la magia han encontrado alguna sa lida o mtodo para tratar con magos. Quizs a los nios que exiben mucho talento mgico se les aliente para convertirse en sacerdotes (el equivalente de la academia militar para escol sticos). Quizs sean asesinados, aunque en un mundo rico en magia, eso implicara una gran cantidad de cadv eres. Algunas veces son meramente deportados, y los reinos o las culturas cercanas tendrn una inci dencia superior de refugiados mgicos desde un rea intolerante. De modo semejante, en mundos donde todo el mundo tiene un talento mgico, los nacidos sin tales talentos pueden ser estigmaticados y convertirse en parias, o simplemente vergenzas. Un mundo rico en magia puede o no tener artc ulos mgicos de poder significativo. Si uno usara el sistema de juego AD&D (Advanced Dungeons and Dragons) sera lgico que un gran nmero de magos signifique una gran cantidad de artculos mgicos. Pero no necesariamente. Podran requerirse cantidades enormes de energa mgica para crear un artculo; ms de lo que cualquier mago cuerdo est dispuesto a gastar en cosas frvolas. Tales artculos seran muy raros, y muy personales para el mago que los posee. Las armas y armaduras mgicamente encantadas seran una rareza, e inusual un mago que tenga tiempo para aprender cmo usar cosas as. Por otra parte, un reino mgico promedio podra ser abundante en artculos mgicos. Tomemos, por ejemplo, el mundo de la serie La Rosa del Profeta ( Rose of the Prophet ) de Margaret Weis y Tracky Hickman. Aqu hay un mundo en el cual toda magia viene ya sea de artculos, o de los Inmortales (genios, ngeles, diablos, y otros subalternos de los dioses). Hay una situacin inusual en la cual un mago debe usar las energas mgicas cargadas en ciertos artculos (pergaminos, pociones, amuletos, etc) para lanzar hasta los hechizos ms simples. Pero t odos los magos aprenden a hacer tales artculos como parte de su en trenamiento. Estos no son artculos mgicos permanentes, sino herramientas para conjurar, que deben estar presentes cuando el mago trata de moldear la energa mgica. La nica otra forma de lograr efectos mgicos es a travs de la intervencin de los Inmortales. Y mientras al gunos de los Inmortales sirven a los humanos directamente, otros tienen prohibido por sus di oses comunicarse con cualquiera excepto con los adoradores ms devotos. En reinos donde la asistencia de Inmortales es comn y directa, el conjuro puro, mgico es menos prevaleciente. Los mortales han tenido menos motivos para investigar nuevos mtodos para lanzar magia, y muchos de los hechizos ms poderosos se han

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perdido. Un mundo pobre en magia es donde pocas personas muestran al gn talento mgico, y aun menos de ellas reciben el entrenamiento para usarlo correctamente. Los magos y hech iceros podran haber formado una clase de lite, gobernando a los otros en virtud de su poder, o encerrndose ellos mismos con sus libros y sus tomos. Son respetados, temidos, pero no amados. En contadas ocasiones son buscados para solicitarles as istencia mgica, porque la mayora de la gente puede pasarselas sin magia, muchas gracias. Sin embargo, esto plan tea un dilema interesante cuando el protagonista descubre sus propios poderes mgicos, y la profundidad atemorizante de sus habilidades (la saga Primera Regla del Mago ( Wizard's First Rule) de Terry Goodkind y La Rueda de Tiempo ( Wheel of Time) de Robert Jordan son grandes ejemplos de este tipo de mundo de lite de magos). De modo semejante, un mago en un mundo pobre en magia podra ser un paria, una presa. De hecho, cualquier mago no dispuesto a conve rtirse en parte del grupo de elite puede encontrarse en esa circunstancia de todos modos. En el mundo AD&D Sol Oscuro ( Dark Sun ), hay tres tipos de hechiceros mgicos: Seores-dragn (los gobernantes de cada ciudad desrtica), preservadores, y profanadores. Los seores-dragn son un gr upo lite con magia altamente poderosa que ha tomado el poder. Los profanadores usan un sistema mgico que literalmente erosiona la tierra, dejando un d esierto rido a su paso. Finalmente, los preservadores usan slo energa mgica obtenid a por s mismos y no provocan estos daos mgicos. El resultado: ambos profanadores y preservadores son cazados por la lite de seores-dragn, quienes los ven como la competencia. Por la contaminacin creada por la magia del profanador, todos los magos son so spechosos a los ojos del populacho mundano. Recuerde, sin embargo, que si un mundo es tan pobre en magia, cualquier par de magos debe ran tener una buena razn para viajar juntos. En otras palabras, es poco probable que un mago bisoo (descubriendo sus poderes) viaje con o en la compaa de un mago experimentado, a menos que uno haya deliberadamente buscado al otro por alguna motivo (el novicio quiere aprender, el mago estaba neutralizando una amenaza, lo que sea). Lo anterior es vlido para cualquier clase de mundo. Aunque ex ista una mayor incidencia de magos en un mundo rico en magia, eso no necesariamente significa que sern compaeros. Las Criaturas Mgicas Su bestiario mtico no necesita ser extenso. Tras ejecutar varias campaas de AD&D, y esc rito muchos, muchos mundos con una coleccin variada de razas y tipos de personajes, fi rmemente creo que las criaturas ms nefarias del mundo son las humanas, como tambin son las ms ejemplares y he roicas. Cuando uso razas no humanas en mis historias, se presentan como “parecidas a determinadas culturas humanas, con alguna diferencia menor” o como un complemento de las sociedades humanas. El relato de fantasa est escrito por y para seres humanos, y somos el centro de nuestro multiverso. Por consiguiente, las sociedades aliengenas (o m itolgicas) nos deberan mostrar facetas diferentes de la experiencia humana, y ensearnos en cierta forma c mo tratar lo aliengeno dentro de nuestro mundo. Dicho eso, hay algunos seres estereotpicos comunes de la fantasa que usted puede o no elegir para usar: Duendes y trasgos: traviesos, malos, bromistas. Los duend es son raramente una amenaza seria; son como una clase de payasos del mundo fantstico. Elfos: Ya sean altos o bajos son personajes bellos vincula dos con las regiones vrgenes, son usualmente maestros de encantamientos e ilusiones, y muy longevos. Hadas y dradas: Son habitantes selvticas primitivas, traviesas, consideradas. Se representan a menudo como hembras, vistiendo materiales difanos (la pelcula Magos ( Wizards ) acert al representar las hadas como defensores militantes). Dragones: Enormes seres semejantes a lagartos, los dragon es usualmente inspiran mucho temor y son intrnsecamente mgicos. Varan desde monstruos marinos hasta serpientes aladas. Pueden respirar fuego, o absolutamente nada, y varan en el rango completo del bien o el mal. Sin em bargo, los buenos dragones parecen ser incapaces de acciones malvadas, y viceversa, rasgos no compartidos por humanos buenos y malos.

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Enanos: Enano y severo parecen ir de la mano. Los enanos son humanoides pequeos, re gordetes que pasan una gran cantidad de tiempo en la minera, y no salen mucho. Se representan casi universalmente como varn; algunos especulan que eso es porque las hembras son indistinguibles de los varones. Orcos, ogros: stos son humanoides grandes, malolientes que consideran romper y comer a los buenos humanos algo divertido para hacer en una noche de sba do. Viven para la violencia, y participan de orgas violentas para divertirse. Unicornios: Atrados por las vrgenes (por alguna razn) o las doncellas, estos equinos tienen un solo cuerno que sale de la frente. Se representan generalmente como el eptome de la pureza, pero son tambin criaturas salvajes y elusivas. stos son solo unos pocos de los habita ntes que usted puede tener en sus tierras. Naturalmente, podra tomar cualquier aspecto de la humanidad, tergiversarlo ms o menos, y convertir lo en una cultura o especie. Recuerde que, sin embargo, los individuos no pueden representar la raza entera, y el enano amigable que odia el oro hace un personaje secundario interesante (si bien cmico) para su historia de fantasa. Demasiados “individuos” convierten su historia en el club de “annimos inadaptados”, pero eso es a veces la premi sa correcta para una novela de fantasa humorstica. Los Cataclismos Mgicos Construir un mundo de fantasa es como construir un mundo de cien cia ficcin; tenga en cuenta la gravedad, la edad, y su formacin segn se construya. Pero recuer de que los accidentes mgicos pueden ser tan ambientalmente dainos como un meteorito. Casi todos los mundos de fantasa con capacidade s mgicas tienen alguna suer te de accidente mgico misterioso en su historia. Desde las siempre populares guerras m gicas hasta el nacimiento de la magia en el reino, estn todos all, como una fuente de misterio (y las aberraci ones geogrficas), y como una advertencia para aquellos que esgrimiran tales poderes en los tiempos actuales. En algunos reinos, estos accidentes mgicos han creado grandes espacios desrticos, despojados de vida y (a menudo) de energas mgicas. Otros crean reas mgicamente cargadas, dond e la magia es tan fuerte que muta y transforma a los habitantes. Finalmente, algunos cataclismos mgicos han ocu rrido lo suficientemente lejanos en el pasado y desde entonces toda la magia se ha ido apagando, de manera que l as tierras que fueron deformadas ya no lo estn. Sin embargo, los ros, las montaas, y aun los continentes podran haber se creado o destruido durante este cataclismo, y all donde una vez se alz la Ciudad Perdida de Anadolia ahora encontramos el Profundo Ocano Azul. Si algn cataclismo mgico form parte de su mundo, necesita r saber exactamente dnde ocurri este acontecimiento en relacin a su historia, cronolgica y geogrficamente. En la serie Velgarth de Mercedes Lackey (autora de la saga Valdemar), las guerras mgicas dejaron un crter enorme donde yacen enterradas las armas de los magos antiguos. En las cercanas, las energas mgicas han deformado tanto un bosque que muchos de sus habitantes son parodias torcidas de lo que deberan ser. Y el “presente” de la historia ocurre unos 4000 aos despus de este cataclismo, cuando otro acontecimiento similar es inminente. La historia catastrfica de su mundo debera jugar un papel en la obra, o no existir en absoluto. Aun si sus personajes slo lo encuentran como una advertencia de sus das de entrenamiento mgico, debe ra tener alguna importancia sus vidas. Despus de todo, quiz esa advertencia sea oportuna para entrar en razn a una protagonista loca de poder al percatarse de lo qu podra causar con tanta energa mgica. O tal vez se de sarrolle una gran batalla cua ndo los personajes deban cruzar un rea que ha estado mgicamente daada de algn modo.

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Los Sistemas Mgicos: Diferentes Tipos de Magia Hay cuatro tipos bsicos de magia que se han descrito en libro s, televisin y los juegos. La primera es la magia “clsica”, o hechicera. La hechicera consiste en la manipulacin del mundo a travs de una energa mstica que es inexplicada e inexplicable. Esta energa podra ser la “fuerza”, nodos mgicos (las corrientes y r os nunca vistos de energa mgica en todo el mundo), nombres mgicos, conjuros y rituales, msica, o algn mtodo similar para obt enerla. En general, esta clase de magia se caracteriza por los conjuros, que son b sicamente la prctica usada por el mago para manipular esa energa. El segundo tipo de magia es de origen divino. stos son milagros sacerdotales, y van desde crear agua en el desierto hasta sanar a los enfermos y heridos. El poder es concedido por lo s dioses mismos; el ser humano es simplemente un conducto para el poder del dios, aunque l o ella podran tener igualmente otras habilidades. En AD&D, los personajes de la clase sacerdotal tienen conjuros muy especficos que pueden pedi r a su deidad; estos por lo general son concedidos directamente, pero pueden ser negados si el personaje ha ofendido a su deidad recientemente. Otro ejemplo de magia sacerdotal puede verse en la serie Votos y honor ( Vows and Honor ) de Mercedes Lackey. La diosa Ojos de Estrella les concede a sus seguidores (especi almente a sus pocos sacerdotes) unos muy poco s, especficos milagros como conjuros. Algunos ejemplos son las marcas del fue go divino en Tarma y las manos de Kethry para el Hechizo de Rompepromesa. Sin embargo, en la mayora de las soci edades, incluso en mundos de fantasa, la intervencin divina es una cosa rara y valiosa. Usualmente viene en la forma de visiones y sueos, en vez de hechizos directos, y el conocimiento cicatrizante posedo por clrigos es conocimiento puro, como el de un doctor o un cirujano, no un re galo de un dios. Los sacerdotes son entonces estudiosos respetados, y portadores de las palabras de sus dioses. Pero no son usualmente hechiceros (este no es el caso en AD&D, y es una de las cosas que c onforman el “sabor” nico de una novela AD&D). Finalmente, las habilidades psquicas son el ltimo tipo de fenmenos mgicos que pueden usar directamente los personajes. Estas habilidades son extradas del mundo mundano de la parasicologa. Tambin conocido como psinica, magia de la mente y talentos mentales, van desde la percep cin extrasensorial hasta la teleportacin, y todas las fases intermedias. Debido a los experimentos cientficos hechos en el “mundo real”, las habilidades psquicas tambin puede aparecer en la ciencia ficcin pura, y ciertas habilidades paranormales no contra dicen principios cientficos conocidos, aunque los desafan. Quien puede afirmar, por ejemplo, que no hay manera de que una pers ona pueda ver algo desde muy lejos; Acaso sabemos que no hay un sexto rgano sensorial que, como el apndice, yace inactivo en la mayora de la gente? El cuarto tipo de fenmenos mgicos ya se ha discutido; los artculos mgicos. Se han escrito series enteras alrededor de las sagas de artculos mgicos y las personas que los portan. Y en la mayora de los casos, son libros inmensamente populares. Sin embargo, la buena ficcin se trata de personas, no de cosas. A menos que sus personajes sean al menos tan interesantes como su inventario, no hay historia. Confe en m. Entonces, cuando su hroe reciba la Gran Espada del Destino, convierta la espada en una herramienta para las accione s del hroe, no a la inversa. O, para acotar una de mis

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lneas favoritas del Hombre de la Mscara de Hierro ( The Man in the Iron Mask ), “traigo puesta la mscara, ella no me lleva a m”. Para un debate excelente de “inventario como trama”, lea Dispositivo de intriga bien templada ( The Well-Tempered Plot Device ) por Nick Lowe. Es una crtica excelente de las historias de ciencia ficcin y fantasa del estilo “coleccionando el cupn mgico”. La ltima lnea: Su hroe debe tener c ontrol de su destino. l puede despreci ar aquello en lo que est destinado a convertirse o puede temer al futuro, pero fi nalmente debe ser dueo de s mismo y de su artculo de poder. De lo contrario usted podra omitir al hroe y slo enfocar la atencin en la espada misma. Tipos de Mago Una vez discutidos los tipos de magia, me gustara proponer varios tipos magos que podra usar en su novela. Algunos de ellos han sido tomados o adaptados de otr as fuentes. La intencin es que sean solo un punto de partida para su creatividad. Tome las sugerencias y luego embellzcalas. Nadie quiere leer una historia que usa exactamente el mismo sistema mgico que su autor favorito. Cambiando estos sistemas bsicos, puede hacer el suyo propio. Mago de libro (Spellbook Mage) ste es el sistema clsico AD&D de hacer hechizos. El mago tiene un libro de hechizos en el cual ha escrito sus frmulas mgicas. Alguien con el conocimiento correcto o entrenamient o puede descifrar esas frmulas y u sar los hechizos, pero se necesitan literalmente aos para aprender cmo leer e interpretar la magia (o se requiere un hechizo). Alguien sin el conocimiento y entrenamiento correcto que trate de usar tal libro en el mejor de los casos, meramente fallar. En el peor de los casos, causar un accidente mgico mayor, de los que tornan su cara permanentemente azul (en el caso de una novela de fantasa cmica), o entrampa su alma dentro de algn dispositivo demonaco (en una fantasa ligeramente ms seria). Antecedentes del personaje: El hechicero es un estudioso, y un es pecialista en conocimientos arcanos e inusuales. Esta persona no slo sabe de hechizos mgico s, sino tiene un conocimiento inusual de otros curiosos temas. Los temas podran ser desde la genealoga de los hombres lobos hasta los orgen es y las interpretaciones de las Profecas de Methaine (o quienquiera). Estos pedacitos de conocimie nto inusual pueden o no volverse tiles en el transcurso de la historia. Su tarea: Escriba los hechizos conocidos por el mago y que aparecen en su libro de hechizos. Deberan ser apropiados para su carcter: un pacifista no va a hacer un hechizo de relmpago, por ejemplo, lo mismo que un mago de combate probablemente no tendr hechizos de encantamiento, a pesar de lo tiles que podran ser. Evite usar libros AD&D para estos hechizos. Si en realidad necesita ideas, mire Great.Net.Spellbook y adapte unos pocos de all. Los hechizos de AD&D son muy bien conocidos por los jugadores como para que no se les reconozca. Recuerde que este sistema de magia usa frmulas; esas frmulas pueden o no tener palabras, movi mientos, o artculos materiales requeridos para que los hechizos funcionen. O trabajar el hechizo desde el libro pue de ser tan simple como leer del libro mismo. De cualquier forma en que trabajen, recuerde que su mago tiene un repertorio limit ado del que escoger. Mago Verde, Bruja herbolaria, Mujer Sabia Esta clase de mago usa magias naturales para manipular el mundo. Las hierbas y las pociones son sus instrumentos de trabajo, pero puede arreglrselas con algo tan simple como una mirada penetrante y una buena amenaza. El mago verde armoniza especialmente con el estado natural del mundo. Por supuesto, estas clases de magos se sieten muy incmodos dentro de las ciudades. La mayora de las comunidades premodernas contaron con un hombre o mujer sabio(a) que conocan las propiedades de las plantas y sus usos. La famosa Baba Yaga fue una bruja natural; estaba claramente ligada al mundo natural, lleno de hierbas beneficiosas, as como tambin de venenos. Desafort unadamente, estos expertos en hierbas medicinales y estas brujas eran tambin los primeros a los que se culpaba cu ando se malograban las cosechas, o un nio desapareca misteriosamente. Como consecuencia, un conflicto comn para estos magos no parte de ellos mismos, sino de las comunidades a las que siempre sirven. Esta clases de usuari os de la magia est a menudo en conflicto con otros brujos, especialmente con los que aprenden la magia de los libros. Los magos verdes ven a estos brujos como antinaturales, porque no entienden los ritm os naturales de la tierra. Antecedentes del personaje: El personaje es un experto en hierbas medicinales y un sanador. l o ella es un miembro aceptado de la comunidad, aunque tambin es temido por los mi embros ms ignorantes o supersticiosos. l(la) a menudo

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vive solo(a), o con una pareja mundana o esposa(o). Los animales afectivos son una caracterstica comn de esta clase de brujo(a), quienes pueden confeccionar un veneno ta n fcilmente como una pocin cicatrizante. Tarea: Decida qu clases de pociones y encantos son posib les y qu grado de efectividad poseen. Dada la regin geogrfica en la cual vive este mago, estn disponibles las hierbas que l normalmente necesitar para ciertos brebajes mgicos? Qu necesita para lanzar un hechizo, y qu porta normalmente para hacerlo? Cunta de su magia es verdadera, y cunta es simplemente “magia de la mente” o un engao que parece real? Si todo es falso, entonces cmo se siente la bruja acerca de s misma y su magia? Se ve por encima de sus ignorantes clientes, o teme que un da descubrirn su secreto? Finalmente, est escondiendo un poder mgico mayor hacindose pasar por un mago verde? Invocador de Espritus Esta clase de mago llama a las esencias espirituales de otros para cumplir co n su precepto. Pueden ser invocadores de genios, nigromantes, elementalistas, chamanes y bailarines espritu. Estos magos conjuran a los espritus —sean estos muertos, nimas, elementos, o genios— a realizar tareas para l o ella. Los efectos del hechizo incluyen transportar objetos, hacer aparecer otros artculos (el criado espiritual trae el artculo de cualquier parte), afectar directamente a otro s (el espritu recibe rdenes de hacer determinada diablura a ot ra persona), y as sucesivamente. Raramente el invocador de espritus puede transformar las criaturas u objetos. De modo semejante, sus habilidades no le permiten la comunicacin mental. Aunque los espritus del aire, por ejemplo, podran servir para comunicacin a grandes distancias, el mensaje, como todo lo que el mago hace, ser traducido a travs del lent e de la propia experiencia del espritu. Los efectos directos, sin embargo, pueden ser muy poderosos, por lo que los espr itus se muestran naturalmente poco inclinados a ponerse en peligro directo a travs de tales efectos. Un elementalista de la tierra puede invocar un terremoto, mientras un nigromante podra emplear a los muertos vivientes para cumplir con su trabajo sucio. Recoger informaciones es una de las cap acidades principales del invocador de espritus. Los espritus manejan una informacin que los habitantes del mundo visible no tienen. Los elementales acuticos rast rearan fcilmente un barco pirata, los elementales de aire pueden ve r todo lo que conoce el cielo y los secretos de los muertos no estn a salvo de las preguntas indagatorias de un nigromante. Entonces, son el sh amn o el bailarn de espritus quienes invocan a los espritus de los ancestros o del mundo natural para contestar su s preguntas. Los magos que invocan espritus obtienen un conocimiento e informacin a la que los mortales ordinarios no pueden acceder. Tarea: Qu hacen los invocadores de espritus en su mundo para llamar a sus asistentes espirituales? Es su relacin la de amo-sirviente, socios, amigos, dueo-pertenencia, padre-h ijo, o algo completamente diferente? Quin es la parte dominante en la relacin? Qu peligros existen con este tipo de sistema de invocacin? Si el invocador se convierte en el siervo del espritu, qu sucede? Qu peligros existen para el espritu, y qu beneficios recibe que lo hacen obedecer al invocador? El Manipulador de Esencia El manipulador de esencias es un mago clsico, moldea las esencias puras de un objeto con sus hechizos. Los manipuladores pueden o no tener hechizos de frmulas, pero raramente dependen de libros de hechizos mientras los ejecutan. Los magos de Los Magos de Terrama r (The Wizard of Earthsea) son buenos ejemplos de ma nipuladores de energa, ya que usan el nombre del sujeto para manipular su esen cia. De modo semejante, los brujos de la serie Belgariad de David Eddiings simplemente usan una orde n de sola palabra para hacer que la magia cumpla con su mandato. La naturaleza intrnsecamente pode rosa de esta clase de magia la hace propicia pa ra el abuso. Considere cun peligroso es poder usar la esencia de una criatura no slo para ayudarla, si no para daarla. Al manipular de esa forma a la criatura se la est despojando de su libre albedro? El Cristal Oscuro ( The Dark Crystal5) tiene algunas escenas muy fuertes, donde los Skeksies chupan la verdadera esencia de los habitantes locales para confeccionar pociones de longevidad. Hay una perversin del manipulador de esencias, pues estos Skek sies saben cmo acceder a la esencia de una criatura subordinndola al Cristal, pero no saben cmo usar esa esencia excepto para fines dainos. Un manipulador de esencia puede no solo transformar al sujeto, sino tambin encantarlo o hechizarlo fcilmente. 5 Pelcula fantstica de marionetas producida y dirigida por Jim Henson (creador de los Muppets) en 1982.

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Antecedentes del personaje: La manipulacin de esencia es proba blemente un talento nato, algo que puede ser hereditario. No obstante, los manipuladores deben ser bien instruidos, en la habilidad necesaria para reali zar las manipulaciones, pero tambin en el autocontrol y la responsabilidad inherente al h acerlas. Los buenos magos sern altamente ticos en el uso de esta habilidad, y pueden tener cdigos especiales para usar sus poderes. Los magos malos o no entrenados, como los Skeksies, estarn en la posicin de literalmen te tener el control sobre el libre albedr o de otros, pero sin los dilemas ticos o morales que tal control debera conlleva r. Sern lo suficientemente autocontrola dos para manipular la magia, pero se divertirn usando y abusando de otros para lograr sus metas. Tarea: Determine qu mtodo usa el mani pulador para emitir sus hechizos. Dice una palabra (un mtodo comn), escribe sus rdenes, o simplemente enfoca o medita? Qu clases de hechizos puede lanzar? Qu limitaciones, verdaderas o impuestas, hay en su magia? Qu tipo de reglas morales y ticas ha establecido para s mismo y cmo son impuestas esas reglas por la comunidad de invocadores? Finalmente, cules so n sus mtodos preferidos para usar la magia? Prefiere retorcer a un monstruo hasta la sumisin, hacerle dormir, o amenazarlo con encogerlo hasta un tamao ms dcil (como 3 o 4 pulgadas)? Los Magos de Energa Los magos de energa usan la energa mgica disponible en el mundo para realizar tareas mgicas. Aunque es uno de los sistemas mgicos ms comunes, estos magos podran extraer ener ga de fuentes nunca vistas, piedras, artculos de poder, bosques, msica, sangre y sacrificios, o alguna fuente similar. Esta clase de mago trabaja mejor en un mundo de ambiente mgico, en el cual las energas mgicas estn disponibl es, aunque no necesariamente asequibles para los humanos comunes. La “Fuerza” de La Guerra de las Galaxias (Star Wars) es una forma clsica de magia ambiental, y los Jedis son Manipuladores de Energa (aunque tambin son mucho ms que eso). Los manipuladores de energa pueden usar la energa mgica na tural para derribar a golpes a enemigos, envolver con ella al objetivo en una ilusin, levantar barreras protectoras, e incluso abrir puertas para conectar dos reas mgicas (teleportacin). Quiz pueden usar la energa para encan tar a alguien, aunque tendran que poseer alguna metodologa o razn (la msica sera una buena fuente de energa para eso, ya que de por s el la es encantadora). Los manipuladores de energa pueden ser o no buenos comunicador es, telepticamente o a larga distanci a, segn la naturaleza de la energa mgica en su mundo. Si un mundo tiene una fuerza mgica salvaje e indmita la comunicacin puede ser demasiado difcil. Pero si la magia es como la “Fuerza”, y est lig ada a todas las criaturas, de manera que el ms leve tirn o fluctuacin de esa Fuerza puede ser percibido por cualquier mago talentoso, la hace un mtodo viable e instantneo de comunicaciones. Esto en realidad depende de si usted quier e que la comunicacin sea tan fcil (o ms fcil) para sus personajes, como lo es hoy en da el correo electrnico y el telfono. Antecedentes del personaje: Como el manipulador de esencia, el mago de energa nace usualmente con la habilidad de sentir y usar la magia disponible. Si estos magos recibe n una educacin deficiente pueden ser peligrosos; un mago de energa no entrenado podra fcilmente aplanar un castillo, ya que carece del necesario autocontrol para manipular las energas mgicas por s mismo. Los magos de energa tienen la probabilida d de formar grupos, al igual que los ma nipuladores de esencia, basados en sus puntos de vista ticos en el uso de magi a. El uso descontrolado de la magia es pe ligroso, no solo para el mago, sino para las personas que le rodean. Y tambin es pe ligroso para la fuente de energa mgica, la cual todos ellos deben compartir. As, ellos podran formar organizaciones para regular el uso de esta fuente de energa, e impedirle a otros despilfarrarla. Tarea: Cunta energa mgica hay en su mundo? Cuntas s on las personas que pueden acceder a ella? Es eso comn, o raro? Hay lugares donde la energa es fuerte y otros donde es dbil, o su distribucin es uniforme? Hubo acontecimientos catastrficos que cambiaron la distribucin de la energa mgica? Qu clases de cosas puede hacer un ma go de energa en su mundo? Qu uso inadecuado del poder hay all? Cmo son tratados los magos de energa por otros magos (magos de energa u otros hechiceros), y que tipo de entrenamiento reciben? Los magos de energa se organizan conjuntamente pa ra regular el uso de energa, o la atesoran celosamente cada uno? La Creacin de la Cultura

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La mayor parte de la gua de world-building est dedicada a construir al mundo fsico, y sistemas mgicos que tengan sentido. Pero recientemente se me ocurri una pregunta: c mo se le pueden ocurrir nom bres que no provoquen la burla de sus lectores? Note que la pregunta no es cmo nombrar cosas a fin de que su lector no se ra. Uno solo necesita leer un buen libro de Terry Pratchett para querer seriamente crear nombres que hagan rer a sus lectores. Pero la pregunta es cmo evitar que el lector se ra de usted, el escritor. Porque, enfrentmoslo, muc hos nombres en la literatura de fantasa son complejos hasta el extremo de lo absurdo. As es que recientemente estuve considerando seriamente es ta pregunta y obtuve la nica respuesta conveniente; no invente un nombre, invente una cultura. Mire, los nombres s on el componente ms visible y vocal de una sociedad, una cultura. Los humanos nombran todo: el planeta en el que est n, las cosas que comen, toca n, hacen, aman, odian, matan, todo. Nombran a cada cual, y nombran los lugares donde vive n. Y todos los nombres que los humanos usan nacen de nuestra constante fascinacin con el id ioma; estamos siempre inventando el lenguaje y ha sido as desde que nos convertimos en homo sapiens Cuando comience a poblar a su mundo con personas sensibles —s ean humanos o no—, hgase la pregunta del idioma de inmediato. Es un trabajo enorme crear un idioma enterament e nuevo para una cultura de pe rsonas que no existen, nunca han sido y nunca sern. Tolkien hizo eso ms de una vez, pero l fue lingista por entrenamiento, un genio, y para l fue una tremenda diversin. Si a usted le gusta inventar idiomas completos, divir tase con eso. Si usted es como yo y solo quiere deslizar algunas nuevas palabras porque suenan “correctas”, hgalo. De todas maneras, sin embargo, cree un lxico para los idiomas de su mundo de fantasa, pero si las pe rsonas del Desierto de S'nnari tienden a los sonidos lquidos (muchas erres y eles), entonces cualquier palabra con una “k ” debera ser algo extraa para ellos, o tener un impacto particular cuando lo dicen (como en una mala palabra). Las personas a menudo dicen que el alemn raramente suena “bonito” y en cierta forma es cierto, muchos sonidos duros en el idioma alemn le dan un “sonido” ms rudo para odos Romanizados. Los productores de Estrella Viajera (StarTre k) no fueron estpidos cuando crearon las slabas del idioma Klingon con esos sonidos speros. No puedo sugerir muchos recursos para esto, excepto que el Manual de Poesa ( A Poetry Handbook ) de Mary Oliver tiene un captulo sobre el sonido que es asombroso. All est t odo acerca de los sonidos de las palabras, las diferencias entre las vocales y los diferentes tipos de consonantes y qu efect os tienen en la poesa. Use esto, o algo por el estilo. Oliver realmente tom la mayor parte de su informacin de una vieja cartilla de idioma que ella recogi cerca de su casa. Aprenda cmo suena el idioma. Tambin puede sentirse justificado de apropiarse liberalmente de los mundos e idiomas de la Tierra. De hecho, eso es lo que la mayora de los escritores hacen. De hecho, eso fue lo que hizo Tolkien; la mayor parte de El Seor de los Anillos es una versin re-contada del Rheingold6, pero sin sexo. La mayora de las veces, usted escribir en su lengua materna, as que automticamente tendr “traducida” cualquier cosa que sus personajes hagan en el idioma que usted escribe. Necesita saber cmo suena el idioma de los personajes solo para aquellas palabras que quiera agregar, para dar una elegancia extica a su mundo. En general, estos se subdividirn en tres categoras: personas, lugares, y cosas. Los verbos, siendo muy ab stractos, no deberan presentarse en el idioma de fantasa a menos que sea absolutamente necesario. In cluso entonces, trate de que esos verbos suenen lo ms parecido a su idioma como sea posible. Otro recurso que puede ser valorado en su bsqueda de buenos nombres : Libros de nombres para nios. Para padres y, ahora, ms genricos para escritores. Tengo dos libros de nombres que encuentro tiles. Uno lista los nombres por asociacin cultural as como tambin apellidos y nombres masculinos y femeninos. El otro es un libro encaminado especficamente a nombrar personajes de fantasa. Tarea: Escuche cun diferente le suenan las slabas. Le excitan? Asocia uste d un sonido particular con una emocin o un lugar o un recuerdo? Ponga por escrito algunas preferencias genricas para sus idiomas, por ejemplo; “quiero que el idioma hablado por los elfos suene como al agua, y el idioma hablado por los enanos como la grava rozndose entre s” y 6 Tesoro Escondido en el Rhin de la saga de los Nibelungos.

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luego escuche como suenan esas cosas. Escr iba las slabas que usted oye cuando abre un grifo o se sienta en una corriente; use esos sonidos al crear sus nombres lficos para lugares, personas y cosas. Nombrando a las Personas Una cosa interesante en las novelas de fa ntasa es que casi siempre hay personajes con nombres que suenan inusuales con escrituras asombrosas en palabras impronunciables. Otra cosa que llama la atencin es que un mal nombre puede arruinar una novela decente. Piense acerca de eso. Quiere en realidad avanzar con dificultad a trav s de 500 pginas de narrativa pica acerca de Ffrinnithelia el Ubicuo? Si alguna vez ha le do las novelas de Elric Melnibone, hay algo que debe haber notado: La mayora de la gente en la vida real le llama “Elric”. Por qu? ¡Porque lo pueden pronunciar! D a sus personajes nombres que usted pueda pronunciar. Fcilmen te. Rpidamente. Y si eso no funciona, hgalos bastante complicados para acortarlos a un apodo. Ffrinnithelia pronto se convierte en "Frin" o "Lia". Algunas familias, sin duda, tendrn nombres ms largos que su enan ms impresionantes. Quiz haya al gunas razas no humanas que prefieran el toque ms elegante de un nombre apenas pronunciable. Pero cuando esa gente caigan en una situacin apremiante, o lleguen a conocer bien a alguien, descartarn la formalidad y usarn muy pronto una versin acortada de su nombre. En ingls, un nombre largo es cualquier cosa con 3 slabas; muy pocos nombres tienen 4 o ms. Esa es una buena pista para su escritura; 3 slabas es un nombre largo para el pblico lector ingls, as que tenga un buen apodo a mano. Cuando escribo mi fantasa, tiendo a preferir nombres cortos con una combinacin simple de vocales y consonantes, y siempre acorto el nombre del hroe hasta una o dos slabas si me es posible. La advertencia, claro est, es que en muchos casos es totalm ente apropiado para su persona je tener un nombre ms largo. El mundo de la fantasa no parecera real sin oficiales pompos os que insistan en aadirle slabas intiles a sus propios nombres, con la esperanza de hacerlos ms impresionantes para los que les rodean. O magos que busquen un nombre memorable o un epitafio para acrecentar la mstica de sus poderes. ¡Y, claro est , en cualquier buena fantasa cmica, necesitar tener esa bolsa de motes incoherentes con los cu ales jugar! Simplemente acurdese de tener los apropiados: Harry Potter es un xito en parte porque los personajes de apoyo todos tienen nombres que son apropiados para sus representaciones de dos dimensiones (los Malfoys, por ejemplo? “mal” en latn significa "malo") No olvide, por supuesto, que muchos muchos muchos nombres en la Tierra son tomados de figuras religiosas. El nombre masculino ms popular en el mundo es Mohammed y eso no es una coincidencia. Si la cultura de su mundo tiene un sistema espiritual particularmente fuerte, entonces los nom bres que se encuentran en esas teologas deberan aparecer frecuentemente en el mundo de sus personajes. Y qu hay acerca de los apellidos? En su fantasa cmica, ese apellido es a menudo el piazo pero y en una novela ms seria? Hasta el Renacimiento, los apellidos se tomaban us ualmente del lugar donde uste d naca o vino (Chretien de Troyes), su ocupacin (o la ocupacin de su padre, como "Smith" (herrero) o "Scribner"), el nombre de su padre ("Ericson", y todos los nombres de clanes clticos Mc y M ac), o un epitafio adoptado por algo extraordinario que ha hecho la persona (Guillermo el Conquista dor). Muchos apellidos que han llegado hasta nuestros das son descendientes de esos primeros nombres. El apellido de su personaje puede ser al go como eso, o usted puede decidir que su personaje (o tal vez incluso la mayora de las personas en su mundo) no necesitan apellido en absolu to. Eso est bien pero, antes de que empiece a escribir, decida si su hroe ser el nico sin un apellido que lo identif ique o no, y si es as, qu clase de estigma puede implicar eso. Tarea: Quines fueron los padres de su hroe? Quin le nom br? Finja que usted es el padre o madre de su hroe y le nombra de la forma que le habran nomb rado. Si su hroe no tiene padres, o ha escogido su propio nombre, descrbase a usted mismo ponindose en sus zapatos en el momento que l se nombr a s mismo. Se sinti orgulloso al tomar un nombre digno de l? O estaba quitndose de encima un p asado vergonzoso, buscando un nombre que sera un nuevo comienzo? Nombrando Lugares A pesar del ttulo que Ursula Le Guin le dio a su novela, en la mayora de las culturas, la palabra para mundo es suciedad. Comoquiera que las personas nombren su mundo, en alguna part e de su pasado lejano, ese mundo una vez signific “esta cosa sucia bajo nuestros pies”.

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Pero, y qu hay de los nombres para otros lugares? La ma yora de los lugares ms pequeos, pueblos, aldeas, municipios, y cruces de carreteras se nombran a partir de caractersticas geogrficas cercanas. Es perfectamente aceptable llamar a la ciudad natal de su hroe “Leftcrook”, lo cual una vez la iden tific como el giro en la corriente que corre hacia la izquierda. Usted saba que Oxford se denomina as actualm ente por un vado? Los vados son importantes para las sociedades preindustriales. Son puntos bajos en un ro o una corriente donde las personas y los animales pueden cruzar sin un puente. Lo mismo ocurre para los bosques; “Gre ywood” podra ser un nombre apropiado para un bosque particularmente oscuro y profundo (quizs incluso hasta embruj ado?). Y no olvide el potencial para el humor en sus nombramientos: una de las grandes ironas en California es un lago designado “lago claro” el lago de agua dulce ms grande enteramente dentro de los lmites del estado, y, en todo punto de vista, un lugar lbrego que no es claro en lo absoluto. Adems de las consideraciones geogrficas, los lugares tambi n pueden llevar el nombre de las personas que los fundaron, o de las personas que inspiraron a esos que los fundaron. As tenemos Washington, D.C., Roma (por Rmulo), y Benden Weyr (en los libros de Pern de McCaffrey). Esto es muy popul ar para ciudades que estaban deliberadamente establecidas como tales, y no surgieron como colectivos agrcolas que cr ecieron despus. Si usted tiene algn rey muy influyente (o simplemente arrogante) en el pasado de su mundo, su nombre podra estar en muchos lugares y en muchas formas diferentes. Un pueblo podra ser designado Thorinswood, a causa del Rey Thorin el Conquistador, mientras que un pueblo cercano es Thorinton. Cuando el Rey Thorin fue finalmente ex pulsado, el rgimen nuevo trat de restituir los nombres anteriores, pero por supuesto el idioma se resiste a cambiar en formas interesant es, as que Thorinswood se mantiene, pero el pueblo es ahora “Thorton”. Un esquema similar de nominacin es llamar a las cosas a partir de figuras religiosas. Cuntas ciudades en su provincia, estado, o regin tienen nombre de un santo catlico? La ciudad ms grande cerca de la que vivo es San Francisco, nombrado por San Francisco, y en parte de una gran tradicin de misioneros espaoles en la vieja California. Otra vez, pregntese si hay santos o semidioses que se sentiran muy honrad os si se bautizara a una ciudad con su nombre? El mito de cmo obtuvo Atenas, Grecia su nombre es un buen ejemplo de una mitologa de la ciudad que usted puede crear para su mundo. Tarea: Saque el mapa que hizo y esboce algunos nombres. Tiene una gran cadena de montaas? Qu piensan los habitantes de su mundo cuando ven esa lnea maciza de tierr a amenazadora? Hay una ciudad importante en sus aventuras? Quin posee la ciudad, y qu clase de historia ha tenido? Busque al menos cinco lugares a los que usted podra referirse en su historia, y escriba sus nombres, qu tan grandes o pequeos son, quien vive all, etc. Nombrando Cosas Imagine que est escribiendo solo, desenro llando su historia, tremendamente satis fecho consigo mismo, y entonces se detiene. Su hroe se ha sentado para una comida y una bebida fermentada de su eleccin. Qu est bebiendo? Cerveza tradicional? Cerveza? Vino? Champ aa? ¡S! ¡Champaa! !Mat un dragn y quiere celebrar! ¡Un momento! !La champaa es una palabra claramente francesa! ¡No tien e lugar en el Desierto de S'nnari! ¡Ack! Ahora qu? Pues bien, se le ha ocurrido una bebida diferente para cel ebrar; quiz una copa de vino ms humilde o leche de camello fermentada (koumiss para esos cazadores de dragones que moran en el desierto). O, usted puede inventar una nueva palabra para vino blanco espumante. Bueno, de dnde es su vino espumante? Obviamente no es un vino desrtico; la carbonatacin nunca se mantendra bien aqu en su clima desrtico7. ¡Ah, entonces es extranjero, incluso para su hroe criado en el desierto! De acuerdo, entonces. De dnde es? Eh.... El norte? Compruebe su mapa, quin vive all, y qu clase de idioma usan? Pues bien, usted se encuentra con que ha ba puesto all una tribu guerrera, robusta y brbara, pero eso est bien; incluso un brbaro puede hacer un vino espumante si las condiciones son adecuadas. Sus brbaros hablan un tipo de idioma gutural como el Klingon? Pues bien, qu di ran despus de beber una copa de su vino espumante? Yep, usted justamente ha inve ntado lo que los brbaros llaman “jugo de eructo”8 pero a los odos desrticos de su hroe le suena como “braak-nos”: 7 Lo cual nos hace preguntarnos por qu los vinos de Dorne, en Cancin de Hielo y Fuego de GRR Martin son tan deliciosos si este es un reino esencialmente desrtico. 8 burp-juice en el original en ingls

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Dravin sacudi el polvo de su capa de viaje y se encorv en la tienda de campaa de la taberna. —¡Una copa del mejor, mi anfitrin! —el anfitrin sac una frgil botella de braak-nos el legendario vino espumante de los brbaros del Norte, y le verti una copa brillante llena.... Dicen que los esquimales tienen 500 palabr as para “nieve”, y nadie lo duda; obviam ente, la nieve (y sus diferencias sutiles) es de suma importancia para las tribus esquimales. Qu podra ser importante para las culturas de su mundo? Puede imaginarse que una raza de cria turas intrnsecamente mgicas podra tener 50 formas diferentes de describir una corriente mgica? Usan sus elfos cien palabras para “cancin”? Tienen sus en anos 80 palabras para “roca”, pero 200 para “oro”? Piense acerca de los muchos sinnimos que podra n tener sus culturas. Aun si su hroe nunca encuentra las 200 formas diferentes para decir “sangre” en orco, podran exis tir unos cincuenta o sesenta ms en la toponimia usada por los pueblos que fueron una vez dominados por los clanes orcos. Tarea: Usted tiene una buena idea de quines son sus personajes, donde van, incluso las clases de magia que podran encontrar. Segn escribe, piense en dos o tres objetos peque os que sus personajes encontraran lo suficientemente extraos para usar sus nombres extranjeros. Ahora decida : cmo les llaman los pueblos que hacen esas cosas? Vuelva a su mapa y sus sonidos otra vezqu sonidos asocia usted con las personas, y qu sonidos asocian ellos con el objeto? Finalmente, es una cosa comn o bastante preciada para tener ms de un nombre? Y si eso es comn, puede usarse para nombrar lugares al igual que cosas? Material de referencia Si mira en mis libreros, pensara que soy una chica de trece aos de edad, saliendo de la fa se “unicornios y hadas”. Mis estantes de fantasa estn llenos de maravillosos libros en rstica9 llenos de mundos increbles. Vuelvo a visitar estos mundos en ocasiones para recordarme a m misma las grandes historias y reinos contenidos all. Junto a mis libros en rstica de fantasa estndar, entre mis estantes tambin hay uno o dos con libros de tapas duras10 “de tamao grande”. Estos estn a medio camino entre libros de ar te y guas de referencia. Varan desde una copia de tapa dura de El Unicornio hasta El Libro de D'Aulaire de Mitos Griegos ( D'Aulaire's Book of Greek Myths ) (uno que debe leerse todo el que se interese en la mitologa grie ga). Tengo libros de caballeros, cuentos de hadas, Mam Oca ( Mother Goose ), y Shakespeare. Algunos de mis libros, como Personas Fantstica s ( Fantastic People ), El Libro Definitivo del Laberint o ( The Ultimate Maze Book ), y Los Duendes de Laberinto ( The Goblins of Labyrinth ) son libros guas para ver cmo otras personas y otras culturas imaginan lo inimaginable. Me refiero a estos libros infrecuentemente, pero me conforta saber que estn a mi ser vicio incondicional, cada vez que necesito una buena criatura fantstica o un villano. Se podra decir que son mi bestiario. Y hay tambin muy pocos libros decentes en esta coleccin de sistemas mgicos. Libros Libros del Compendio del Escritor (Writer's Digest Books): The Writer's Complete Fantasy Reference (La referencia de Fantasa Completa del Escritor) (Introduccin de Terry Brooks). Incluye algunos captulos de magia y paga nismo, as como tambin comercio, negocios, ropa, castillos, y culturas del mundo real. Writing Science Fiction and Fantasy (Escribiendo Ciencia Ficcin y Fantasa ) Incluye un captulo llamado The World-Builder's Handbook and Pocket Companion (El ma nual de bolsillo acompaan te del constructor de mundos). World-Building de Stephen L. Gillet. Este es indispensable. Es un GRAN recurso de cmo hacer un mundo fsico que tenga sentido. 9 Paperback o softcover: encuadernacin en rstica o de tapa blanda, usado para ediciones ms baratas, el libro, cosido o encola do, est forrado simplemente con una cubierta de papel o de cartn, generalmente fuerte aunque no necesariamente rgida, y encolada al lomo (tomado de Wikipedia). 10 Hardback, hardcover o hardbound: encuadernacin carton o de tapa dura, ms duradera que la rstica. El libro, cosido o encola do, est forrado con una cubierta rgida de cartn, pegada al lomo. Esta cubierta recubre el libro en todas sus superficies exterio res. Los planos interiores de las tapas son de papel y la parte interior del lomo (no aparente, pues est recubierta por el lomo de la c ubierta) es de tela, aunque tambin puede ser de papel (tomado de Wikipedia).

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Aliens and Alien Societies (Aliengenas y sociedades aliengenas) por Stanley Schmidt. No lo he ledo an, pero debera ser aplicable para las razas de fantasa as como tambin a los extraterrestres de la ciencia ficcin. Character Naming Sourcebook11 (Lib ro de Nombres de Personajes) por Sherrilyn Kenyon. Realmente, cualquier libro decente de nombres de beb servir ase grese que contiene el significado del nombre, ortografas alternas, y orgenes. En este aparece la lista de nombr es por pas /cultura, as que podr seleccionar nombres para los personajes que tienen sentido para culturas ms o menos similares. The Writer's Guide to Creating a Science Fiction Universe (Gua del Escritor para Crear un Universo de Ciencia Ficcin) por George Ochoa y Jeffrey Osier. Otro bueno pa ra crear el mundo fsico, definiendo donde van las montaas, etc. Libros del Compendio de los No-Escritores (Non-Writers Digest Books): A Poetry Handbook ( Manual de Poesa ) de Mary Oliver – Un recurso bueno y comprensible de cmo suenan las palabras. Tambin til si usted inventa culturas e idio mas, as es que podr escribir poesa para sus gnomos. Life in a Medieval Castle ( La vida en un Castillo Medieval ) de Joseph y Frances Gies. Tambin tienen libros de la vida en ciudades medievales, etc. Recurso til de uso variado. Todas las novelas de misterio del Hermano Cadfael por Ellison Peters son geniales —Peters es un medievalista entrenado as como tambin un novelista— sus libros son a menudo lectura requerida en los cursos de historia de la universidad. Sitios Web (websites) Qu hay en un Nombre? Gua para la etimologa de nombr es de Harry Potter. Contiene gran informacin sobre el origen de los nombres en Harry Potter. ¡Vaya! ¡Vea cmo lo hace un maestro narrador de cuentos! Stephanie Cottrel Bryan naci y se cri en Chicago, ms tarde se mud a California donde estudi en la Universidad y permaneci por quince aos. Comenz a disear pginas web todava en la universidad, en los primeros tiempos de la Internet. Cuando se gradu, busc empleo como escritora de libros tcnicos o diseo de Webs. En 2002 escribi su primera novela, para participar en NaNoWriMo ( National Novel Writing Month ). Uno de sus mayores xitos como autora es Videoblogging For Dummies (2006) entre otros libros tcnicos como Teach Yourself HTML 4 (199 9); Teach Yourself Micr osoft Frontpage 98 in a Week (2nd Edition, 1998) y GIMP for Linux Bible (2000). Tiene cinco novelas escritas. 11 Sourcebook: libro que funciona como complemento o reemplazo de un libro de texto

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Seccin de humor Patrones de conducta Claudio del Castillo (Ilustracin MC Carper) Para F. Mond, el primer escritor de ciencia ficcin cubano que le. El tres es un nmero habitual en la anatoma de los marcianos: tres ojos, tres patas y tres brazos (por tanto tres manos y, cuando las cierran, tres puos). Eso lo sabe cualqui er terrcola. Y que parecen muy torpes tampoco es un secreto pues tales chismes eran divulgados con profusin de detalles en las columnas del holodiario Tiempos Galcticos. As que yo tambin estaba enterado la noche que cruc el umbral de aquella taberna en Fobos. Solo que los humanos tenemos determina dos patrones de conducta grabados en el cerebro que en raras ocasiones conseguimos modificar y, cuando esto sucede, la transicin suel e ser traumtica. Desde los al bores de nuestra conquista de los planetas telricos hasta la actualidad, en que libramos la gue rra contra el Imperio Joviano, dichos patrones de conducta han entrado en franca contradiccin con lo que encontramos “all afuera”. Esta fue la explicacin que me dio un psiclogo (con sus palabras, desde luego) durante mi convalecencia en Ca ribdis, un planetoide tranquilo a mitad de camino entre el Cinturn de Asteroides y Marte. Por entonces mi choque con esa gran verdad haba sido un tanto brusco y, para ms seas, doloroso.

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Yo era un tipo pendenciero y bravucn, debo ser sincero. Llegu a capitn del carguero “Atila”12 apelando a mtodos que incluso hoy me avergonzara sacar a la luz. Y no es que fuera un incompetente (la ingeniera en electrnica no me la haban regalado), pero la violencia se me daba fc il. Ser suficiente con aclarar que la tripulacin me odiaba y tema con el mismo fervor con que me respetaba. nicamente Marie no me odiaba. Tal vez me tema un poco mas no me odiaba. Intuyo que le atraan mi aspecto salvaje y mi recia determinacin, o quiz mis amplios pectorales. Ya nunca lo sabr. Lo cierto es que cuando yo vociferaba las rdenes en el puesto de mando, ella daba salticos de pura alegra, aplaudiendo como una escolar. Su devocin me halagaba, lo admito, y no pocas veces me exceda en las reprimendas a mi tripulacin con tal de verla contenta. Mi tonta Marie no tena otra obligacin en la nave salvo la de adorarme con sus bellos oj os azules. La mantena en el “Atila” por mis pantalones, infringiendo as hasta la ms liberal regulacin de contratacin vigente. Tambin permaneca a bordo, ¡qu diantres!, pues en prin cipio me fue imposible deshacerme de ella. Marie y yo nos conocimos en el centro para la adaptacin al espacio de los Marines de la Flota Estelar: la cpula “Mrtires de Mercurio”, en la Luna. Ella era la que repar ta el almuerzo, si as poda llamarse al desaborido alimento sintetizado que constitua nuestra dieta en el espacio. Luego del entrenamiento, oficiales y cadetes nos reunamos en el comedor donde Marie, con su sonrisa pcara, nos convidaba: —Qu tal una racin de espinacas, eh, muchachos? O esos cuerpotes cansados prefieren la ternera que nos lleg ayer? —Dame un tubo de ternera de los grandes, preciosa —peda invariablemente un fornido sargento albino, y haca un gesto obsceno con sus labios. —A m siete, nia, y cuatro de papa —agregaba yo, y eructaba la Pepsi que me haba acabado de tomar. ¡Cmo rea la desgarbada Marie! S, fueron das felices. Hasta que mi compaero de mesa le dio una espectacular nalgada y me enred a trompones con l. Entre sollozos el albino me aseguraba a brazo partido, en el sentido que se quiera, que eran novios. Y ahora que lo pienso, probablemente era hasta cierto. ¡Pero es que a m me da ba igual! El tema es que al extender su garra lasciva el sargento me haba revuelto los pelos de la barba, lo cual no era ninguna bobera habida cuenta del empeo que yo pona en peinarla. De cualquier manera, mis malas pulgas me co staron la expulsin del Cuerpo de Marines. Con mi mochila a cuestas esperaba la lanzadera que haca la ruta Mare Imbrium Santa Clara y que llevara mi frustracin de vuelta a la Tierra, cuando sent que me tocaban en la espalda. Era Marie. —Me marcho contigo —dijo, y se aferr a mi cintura. De nada valieron los “Ests loca?”, los “Apenas te conozco” o los “No soy de esos” que le grit en el embarcadero durante la hora y tantos que se retras el arri bo de la lanzadera. Desde entonces me sigui a todas partes. Incluso, cuando me alist como operador de radar en el “Atila” para evadirla, me la encontr de polizn en el armario del camarote. Casi me da un patats. Sin embargo, el enclaustra miento y la hostilidad de la tripulacin hicieron lo suyo, y un da me sorprend coqueteando con ella. Solo despus que desapareci supe que la amaba. Era mi primera incursin ms all de las fronteras de la Tierra. La Armada se preparaba para el tan cacareado ataque decisivo a las fortalezas del Cinturn de Asteroides. El sector defensivo de Jpiter en el Cinturn se haba 12 El “Atila” era una astronave clase Ragbart h acondicionada como carguero por la War Sh ipments Co. Estas naves, debido a su novedoso sistema de propulsin telequintica, constituan el botn de guerra ms preciado que podamos arrebatar a las patrulla s de reconocimiento de Urano. (N.A.)

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convertido, por veinte aos, en la muralla troyana donde se hac an aicos los afanes belicist as de los terrcolas contra el Imperio Joviano. En vista de ello, habam os recibido la orden de apoyar el aprovi sionamiento de las tropas que el Mariscal Cheng concentraba en Marte. En Tharsis convergan los fieros guerreros Jablai, de Mercurio; las escuadrillas kamikazes venusinas; los 3ro, 9no y 27mo Ejrcitos de la Reserva de la Flot a Estelar, las hordas mercenarias marcia nas… Todos a la espera de cargamentos similares al del “Atila”. En nuestras bodegas se hacinaban los howitzers fotnicos, los rifles de plasma, los misiles apodados “desguasameteoritos”… Recuerdo que agregar un pedido de ltimo minuto de caones snicos antimotines13 result una faena titnica. Fuera de eso, la travesa discurra sin novedades hasta que colaps el lbulo occipital de “Carrie”… o sea, el cerebro Generador Controlado de Impulsos Telequintic os (GCIT), el motor principal del “Atila”. Los psico-mecnicos examinaron a “Carrie” y di agnosticaron “nostalgia”. As, sin ms. —Nostalgia de qu? —les pregunt, iracundo. Se encogieron de hombros. —Simplemente nostalgia. Su oficio tena mucho de adivinacin, lo s. La emergencia imprevista nos oblig a recurrir al Sistema Auxiliar de Propulsin Sublumnica para el aterrizaje en la base militar “Desembarco del M ”, ubicada en Fobos. Mientras el neuro-ingeniero y una brigada de psicomecnicos buscaban en los almacenes castrenses la materia gris necesaria para la reparacin, Marie y yo salimos a dar un paseo. Pronto divisamos una taberna, por lo que decidimos cal entar el gaznate con un buen whisky. La temperatura regulable de la cpula rozaba los 5oC. Era obvio que el Coronel Filipenko, co mandante de la base, haba cedido a las presiones del “equipo de casa”: con el nada encubierto objeti vo de esquilmar a la soldadesca, los comerciantes marcianos traan al pequeo satlite sus curiosas art esanas. La taberna estaba repleta de ello s. Inmersos en el humo azul de sus habanos farfullaban exalta dos, beban como vikingos, tropezaban entre s… Lo normal, en fin. Hasta que uno tropez conmigo. Yo no soy tonto; s discriminar entre una accin no premed itada y una burda provocacin. Y como en el caso que nos ocupa la intencin se me antoj evidente, apliqu el axio ma del colonizador que procura ser respetado: presumir mala fe y “soltar los perros”. Conque puse mi peor cara. El marciano era pan comido, al menos a primera vista. A unque destacaba por su estatur a sobre los de su especie, no me llegaba a la barbilla. Sus pupilas violetas, rutilantes a causa de la cerveza, me exploraron de pies a cabeza con altanera y desprecio insoportables. Por mi parte, no negar que la impresin que me produjeron sus tres ojos dispuestos sobre largos pednculos fue surrealista. Tal pareca que era observado por tres seres distintos. Buscando remedio a mi aturdimiento lo mir directo a la trompa, situada justo en el medio de su rostro, y ya desde ese momento hice mis clculos. Traquendome las coyunturas de los dedos e hinchando los bceps, le espet desafiante: —Qu hay? Mi voz reson atronadora en las pared es de la taberna. El murmullo incesante se acall y un hormiguero de hombrecillos vagamente humanoides de color esmeralda se co mpact a nuestro alrededor. Expectantes, activaron sus Rosettas14 porttiles, mi marciano incluido. Cuatro o cinco venusi nos apuraron los tragos que sorban, desplegaron sus 13 Ya se sabe el papel que jugaron durante la intentona de sedicin de los marcianos en Deimos. All el “grito” de los caones confirm los rumores de que los valores ticos que sustentaban el Imperio Terrestre se desmoronaban. (N.E.) 14 Un convoy, que transportaba miles de estos artilugios hacia Tharsis, cay en la emboscada de una seccin de comandos Khammelion, de Haumea. Enseguida se desat el escndalo y el ministro de Comunicaci ones accedi a dar una conferencia de prensa

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alas y escaparon por una ventana. Supongo que deban tener bastante con la gelidez insufrible del local. —Que qu hay? —repet, y el tringul o equiltero que formaban las patas del marciano se convirti en issceles al dar ste un paso atrs. Marie, perfecta en su papel de acompaante-escudera, me quit el abrigo y se qued contemplndome absorta, como si viviera un ensueo. Sus fosas nasales se abran y cerraban impetuosas; sus pechos15 vibraban marcando el ritmo de su corazn desbordado. La excitacin que la emba rgaba tena, sin duda, un fuerte componente sexual. Se me acerc y atus mi bigote con ternura: —Pgale duro, Enrique —musit en un temblor. Resolv aprovechar al mximo la presencia de Marie. No estara de ms que alguien le relatara a mi tripulacin lo que sucedera, y el entusiasmo y parcialidad con que lo hara e lla afianzaran mi prestigio de camorrero invencible y mi autoridad. S, tena que lucirme. Mi contrincante puls el conmutador de su Rosetta y pa rlote algo ininteligible. Fuera una disculpa o una ofensa, ya no me importaba. Imaginarn que quien escribe no era dado a la charlatanera, menos si su dignidad se hallaba en entredicho. Por toda respuesta ejecut impecable mi tcnica de barrido, hasta la fecha infalible, con el propsito de derribarlo. Solo que un marciano no es una silla y, a pesar de su sorpresa y su pata en el aire, el bichejo mantuvo el equilibrio con las dos restantes. Yo era harto avezado en la lucha cuerpo a cu erpo, as que no me turb por mi inesperado fiasco. Haciendo acopio de aplomo le lanc un recto de iz quierda que hubiera desquiciado a un bramontono16 pero, ¡caramba!, de forma inexplicable err el guantazo. Sin contar con que perd el balance y cuando gir para enfrentar al marciano, recib en pleno rostro un tremendo escupitajo con inconfundible hedor a tabaco. La risa se manifiesta casi por igual desde Mercurio hast a Marte; aun distorsionadas por los peculiares armnicos aliengenas, carcajadas son carcajadas. Y eso escuch: decenas de chirriantes car cajadas. Fue ms de lo que pude soportar. Mascndome los mostachos proyect mis trescientas libras de musculatura ptrea contra el esculido marciano. Ese da corrobor que las trifulcas se rigen por leyes veleido sas: ms temprano que tarde, sin saber cmo, me vi de espaldas en el suelo. En un santiamn el engendro verde aten az mis dos muecas con firmeza y, sentado en mi estmago, gorje su tonada de victoria. —¡Pelea! —o gritar. Ech un vistazo a la multitud delirante que nos rodeaba y di stingu a Marie. Su arrebato anterior se haba trocado en desencanto. Forzando una sonrisa, le dediqu un guio de complicidad para an imarla. No era la primera vez que una ria me deparaba circunstancias aparen temente desfavorables. Adems, mi paso por el ejrcito me haba dotado de recursos no convencionales para salir airoso del trance y, a fin de cuentas, ¡era un solo marciano! Solo uno era pero a la sazn yo ignoraba lo de los pa trones de conducta adquiridos que, justo es decirlo, me jugaron una ma la pasada. Tal como yo perciba las cosas, el bichejo debera sentirse satisfecho de pactar un empate (empate que yo no haba siquiera considerado). No s por qu, lo juro, asum que mi ventaja era incuestionable: l sujetando y yo sujeto, mas con mi eterna carta bajo la manga. Riendo malicioso, con mis dientes en pleno, visualic c on antelacin el instante en que mis piernas cerraban una tijera mortal en torno a su cuello. Pero no haba iniciado la abdominal artera cuando record el tercer brazo y con el brazo, el puo; ese tercer puo que ya se aproximaba supersnico a mi boca. En su alocucin ponder la brillante labor del “piquete de much achones” que haba encriptado los cdigos del traductor. “No hab r tal espionaje. Quien reg la bola de que estamos con el culo al aire, es un majadero”, dijo. (N.A.) 15 Equivalentes a los bubis de las neptunianas pero presente s en menor cuanta y, definitivamente, ms pequeos. (N.E.) 16 El bramontono marciano es tan corpulento como el clebre hosteghatopinkshus de Saturno; aunque no es acorazado ni capaz de teleportarse, lo que lo hace inservible en una batalla. Damos la comparacin para que al lector se haga una idea de la magnitu d del puetazo. (N.E.)

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No deseo pormenorizar. Baste sealar que en mi vida a nhel tanto tener a mano un rifle de plasma de los de repeticin. Lo ltimo que registr mi memoria fue que un golpe de ad renalina, o algo por el estilo, me impeli a levantarme y salir corriendo. No, ms que correr, volaba. En breve dej bien atrs a los venusinos de marras y llegu al “Atila” vomitando sangre y casi ciego. Antes de d esvanecerme susurr un nombre: Marie. No me haba seguido. No pocos tripulantes, una vez que nos reinsertamos en la caravana que iba rumbo a Ma rte, me reprocharon haber ordenado el despegue demasiado pronto. Lo s menos atrevidos, o los que se condolie ron al verme abatido en la camilla de la enfermera, opinaron que Marie debi extrav iarse en el camino de regreso a la nave. Sea cual fuere la causa, lo cierto es que la haba perdido. Esa misma noche descargamos el armamento en Tharsis y c ontinuamos viaje para mi ingreso de urgencia en el hospital de Caribdis. Transcurri un ao terrestre en el planetoide hasta que cay en mis manos un ejemplar de la revista local Bohemios, una de esas obsoletas tiradas en papel muy comn en los sanatorios. Las notic ias eran alarmantes: el prolongado asedio a las fortalezas del Cinturn de Asteroides ha ba culminado en fracaso. Aun as, la revista se gastaba un discurso exultante: que el Arma Total estaba en la fase de puesta a punto, que era mentira que la Flota Estelar reclutaba a menores de edad, que lo de las ejecuciones extrajudiciales de marcianos en Deimos haba sido una calumnia del enemigo, que el Esfuerzo Final nos dara el Triunfo… Yo no lo dudaba (ahora no estoy tan seguro17) pero hacan diez meses desde que, restablecido fsica y mentalmente, le haba comunicado a la Compaa mi renuncia y me haba agenciado una contrata de jardinero en el hospital. Las noticias de la guerra solo despertaban en m un vago inters. Lo que en verdad llam mi atencin fue la seccin “¡Extrao!” de la revista. Inclua una fotografa a todo color de a que no adivinan quin. En efecto: de cuerpo entero y escoltada por su amante, le sonrea a la cmara mi t onta Marie. Aupaba en su regazo a una mirada de revoltosos cangrejillos verdes de adorables ojos azules. Conmocionado, le ense la instantnea a un enfermer o (un guerrero Jablai que se haba automutilado un birloro para huir del Frente) y le confi mis penas. Al muy “fie ro” se le arrebolaron los cachetes y os aventurar que “si tres brazos y tres patas, entonces quiz tambin tres…” Soy conscien te de que en mi poca de capitn ese payaso no habra sobrevivido un minuto a su chanza numrica, pero los hechos aqu narrados me haban in fundido una humildad a toda prueba. En cuanto a Marie… Ahora lo s: debieron ser sus tercos patrones de conducta… Que no pudo. ACLARACI"N Estimado lector: Las notas del Editor son prescindibles; no tiene n otro objetivo que el de contextualizar el relato. Si opina que interfieren en el libre fluir de las imgenes en su cerebro, no dude en contactarnos. Haremos los ajustes pertinentes al Filtro de Inyeccin Neuronal de Caracteres de su producto. ¡Cero desembolso por concepto de tentculo de obra! Recuerde siempre: nuestro trabajo es usted. ¡Okhrab le otorgue un milenio de vida! El Editor FE DE ERRATAS M : No es una errata per se aunque desconocemos el significado de esta palabra y cmo se pronuncia. La 17 Dicen que Caribdis se volatiliz cuando el enemigo deton la semana pasada la bomba de kavrones. Sera una lstima. Tambin se comenta que los restos de la Armada se dispersaron en las cercanas de Marte y que el Ejrcito Joviano se dirige hacia la Tierr a. No lo creo. En todo caso, al momento en que escribo estas lneas en Santa Clara, no se conoce a ci encia cierta lo ocurrido. Las noticias ofrecidas por el Tiempos Galcticos son fragmentarias y contradictorias. ¡Tal es el caos reinante! (N.A.)

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traduccin del original, basada en los cdigos de las Rosett as que tan amablemente nos cedi el Octgono, es de momento imperfecta. Por ello le pedimos perdn a usted. S quisiramos recordarle que en los inicios de la alia nza del Imperio Joviano con los plutoides del Cinturn de Kuiper, nos ocurri igual con la “” explosiva anal de los or oritos de Makemake en la traduccin de su Libro Sagrado. Con el tiempo nuestras civilizaciones interactuaron en profundi dad y fuimos capaces de hablar su idioma, de admirar su cultura, de respetar su religin, de comprender sus patrones de conducta… Y tal es el fin ltimo de la publicacin que hoy ponemos a su disposicin. o, Jpiter, da 267 de 10159 d.A. “Ao I de la Gran Victoria” Claudio G. del Castillo ( Santa Clara, 1976). Es ingeniero en Tel ecomunicaciones y Electrnica y trabaja en el aeropuerto internacional de Santa Clara. Miembro del taller Espacio Abierto participa adems en el taller Carlos Loveira de Santa Clara y es integrante de la Red Mundial de Escritores en Espaol (REMES). Fue alumno del curso online de relato breve que impartiera el Taller de Escritores de Barcelona en el perodo junio/agosto de 2009. Entre las numerosas distinciones ganadas se encuentran el I Pr emio BCN de Relato para Escritores Noveles (Espaa) en 2009; Finalista del Certamen Mensual de Relatos (septiembre /09) de la Editorial Fergutson (Espaa); Tercer Premio del Concurso de CF 2009 de la revista Juventud Tcnica; Finalis ta en la categora Fantasa del III Certamen Monstruos de la Raz n (Espaa); Premio en la categora Fantasa del III Concurso Oscar Hurtado 2011 (Cub a); Finalista en la categ ora Terror de la IV Muestra Cryptshow Festival de Relato de Terror, Fantasa y CF (Espaa); Primera Mencin en la categora Cuento de Humor del Festival Aquelarre 2011; Finalista en el IX Certamen Internacional de Minicuento Fantstico miNatura 2011 (Espaa); Mencin en el Concurso La Casa Tomada 2011 (Cuba); Tercer Premio en el III Concurso La cueva del lobo (Venezuela); Segundo Premio en el Concurso de CF 2011 de la revista Juventud Tcnica. Ha publicado relatos en las antologas Tiempo Cero (Editorial Abril, 2012) y Cryptonomikon 4, mientras que otros text os suyos se han difundido a travs de diferentes publicaciones digitales como Axxn, NGC 3660, miNatura, Tauradk, Cosmocpsula, Qubit, Korad, Cuenta regresiva, Prxima, La cueva del lobo, Isliada as como en los blogs literarios del grupo Heliconia Ha publicado en Korad: Escenario 0: Valle del Chessick (Korad 4), Crnica de unas vacaciones (Korad 5) y Azul (Korad 8).

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CONCURSOS V CONCURSO LITERARIO DE CI ENCIA-FICCI"N y FANTASA “OSCAR HURTADO 2013” El Taller de Creacin Literaria “Espacio Abierto” y el Cent ro de Formacin Literaria Onelio Jorge Cardoso, convocan al quinto concurso de Ciencia-Ficcin y Fantasa “Oscar Hu rtado 2013”, que se organizar de acuerdo a las siguientes bases: La convocatoria est abierta a todos los escritores cubanos, sin lmite de edad. Los ganadores del premio en aos anteriores no podrn par ticipar en la categora en la que fueron premiados. Se premiarn los mejores textos en las categoras: A) cu ento de CF, B) cuento de fantasa (incluyendo al terror fantstico) C) poesa de CF o fantasa y D) artculo terico sobre temas afines a la fantasa y la CF (esta categora incluye tanto ensayos como artculos y reseas crticas de obras fantsticas. El jurado tomar en cuenta la coherencia en la exposicin de las ideas, la calidad de la redacci n, la profundidad de los c onocimientos expuestos y la originalidad del pensamiento del autor). Los participantes podrn competir con un solo cuento o poe ma por categora. Si enviaran ms de uno, todos seran eliminados. Los cuentos y artculos tendrn una extensi n mxima de 15 cuartillas tamao carta, con mrgenes de 2 cm abajo y arriba y 3 cm a ambos lados, interlineado 1,5 y letra Times New Roman 12. Los poemas tendrn una extensin mxima de 2 cuartillas con las mismas condiciones. La temtica es libre, siempre que se enmarque dentro del gnero Fantstico. Los relatos han de ser obligatoriamente inditos (inclu idas publicaciones electrnicas), no deben haber recibido premios o menciones con anterioridad en ningn certamen ni estar comprometidos con otros concursos o editoriales. Los envos se realizarn por va electrnica, a la direccin: concurso.oscarhurtado@gmail.com Las personas que tengan dificultad para comunicarse con correos de gmail desde su buzn pueden escribir a la direccin open@fed.uh.cu Se dar acuse de recibo de cada participacin.

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Los textos se enviarn firmados bajo seudnimo y, en doc umento aparte, se incluirn los datos del autor (Nombre y apellidos, telfono, email y direccin particular). El plazo de admisin est abierto desde la publicacin de estas bases y hasta el 1ro de marzo del ao 2013. Los Jurados, compuestos por prestigiosos escritores del g nero, otorgarn un nico Premio y cuantas menciones estimen pertinentes. Los Premios en cada categora recibirn diploma y 500. 00 CUP (pesos cubanos no convertibles). Las menciones recibirn diplomas, as como libros o pelculas del gnero. Los participantes ceden los derechos de autor sobre los relatos concursantes a los organizadores con fines exclusivos de su publicacin en la revista Korad, despus de lo cu al conservarn estos derechos para su publicacin en otros medios. Los resultados se harn pblicos durante la jornada de clausu ra del V Evento Terico de Arte y Literatura Fantstica “Espacio Abierto”, a finales de marzo del 2013. Los ganador es y finalistas sern contacta dos por los organizadores del concurso una vez se conozca el fallo del Jurado, en la medi da de sus posibilidades, se comprometen a asistir al acto de premiacin. La participacin en el concurso implica la aceptacin ntegra de estas bases. Para ms informacin, usted puede escr ibirnos a: evilarmadruga@gmail.com (Elaine Vilar); beren022002@yahoo.com (Carlos Duarte); jeffrey@delta.co.cu (Jeffrey Lpez); cursos@infomed.sld.cu ; (Gabriel Gil); raul@centro-onelio.cult.cu (Ral Aguiar). (Fotomontaje de Oscar Hurtado por Ral Aguiar) V CERTAMEN INTERNACIONAL DE POESA FANTSTICA MINATURA 2013 (Espaa) La Revista Digital miNatura convoca el V Certamen Internacional De Poesa Fantstica miNatura 2013 BASES DEL CERTAMEN 1. Podrn concursar todos los interesados, sin lmite de edad, posean o no libros publicados dentro del gnero. 2. Los trabajos debern presentarse en castellano. El tema de l poema tendr que ser afn a la literatura fantstica, la ciencia ficcin o el terror. 3. Los originales tienen que enviarse a la siguiente direccin: revistadigitalminatura.certamenesliterarios@blogger.com 4. Los trabajos debern ir precedidos de la firma que in cluir los siguientes datos: seudnimo (que aparecer publicado junto al poema para su evaluacin), nombre completo, naciona lidad, edad, direccin postal (calle, nmero, cdigo postal, ciudad, pas), e-mail de contacto (importante su inclusin pu esto que no queda reflejada en el correo recibido), y un breve currculum literario en caso de poseerlo (estos datos no sern publicados). 5. Se aceptar un nico poema por par ticipante. La publicacin del mismo en las horas posteriores al envo dentro del blog Certmenes Literarios miNatura (http://certamenesliterarios minatura.blogspot.com.es/), pr evia moderacin, har las veces de acuse de recibo, porque la cuenta de correo dispuest a para el recibo de las mismas no ofrece la posibilidad de mantener correspondencia con los participantes.

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6. Cualquier consulta sobre el certamen o el envo del poema deber hacerse a la siguiente direccin de correo electrnico: revistadigitalminatura@gmail.comImportante: la cuenta de correo dispue sta para el recibo de las participaciones no es un buzn de correo, slo admite entrad as, no ofrece la posibilidad de mantener correspondencia con los participantes, ni tan siquiera queda reflejada la direccin del remitente. 7. Los poemas tendrn una extensin mnima de 10 versos y un mximo de 50 en su totalidad. Debern presentarse en tipografa Time New Roman puntaje 12, sin formatos aadidos de ningn tipo (justificacin, interlineado, negrita, cursiva o subrayado, inclusin de imgenes, cuadros de texto, etc). De poseerlos stos sern borrados para su inmediata publicacin en el blog. (Para comprobar la extensin de lo s poemas se utilizar una plan tilla de documento de Word tamao de papel Din-A4 con tres centmetros de margen a cada lado). 8. Aquellos poemas que no cumplan con las bases no ser n etiquetados como ADMITIDO A CONCURSO. Los poemas no etiquetados de esta forma dispondrn de una nica oportunidad, dentro del plazo de recepcin, para modificar su envo y que su texto pueda entrar a concurso (NOTA: se ruega a los participantes que revisen el blog del certamen para certificar la perfecta recepcin del poema). 9. Las obras debern ser inditas y no estar pendien tes de valoracin en ningn otro concurso. 10. En el asunto deber indicarse: “V Certamen Internaci onal De Poesa Fantstica miNatura 2012” (no se abrirn los trabajos recibidos con otro asunto). 11. La participacin y los datos exigidos, debern ir integrados en el cuerpo de l mensaje. No se admiten adjuntos de ningn tipo. 12. Se otorgar un nico primer premio por el jurado cons istente en la publicacin del poema ganador en nuestra revista digital, diploma. As mismo se otorgarn las menciones que el jurado estime convenien tes que sern igualmente publicadas en el nmero especial de la Revista Digital miNa tura dedicado al certamen, y obtendrn diploma acreditativo que ser remitido va e-mail en formato jpg. 13. El primer premio no podr quedar desierto. Los trabajos presentado sern eliminados del blog una vez se haya hecho pblico el fallo del certamen, y tan slo quedarn en l aquellos poemas que resulte n destacados en el mismo. En ningn supuesto los autores pierden los derechos de autor sobre sus obras. 14. El jurado estar integrado por miembros de nuestro equi po, y reconocidos escritores del gnero. El fallo del jurado ser inapelable y se dar a conocer el 30 de abril de 2013 y podr ser consultado a partir de ese mismo da en nuestros blogs (Revista Digital miNatura, miNatura & Soterrnia y Certmenes literarios miNatura). Tambin ser publicado en pginas afines y en el grupo Revista Digital miNatura en Facebook: ( http://www.facebook.com/ groups/126601580699605/ ) 15. La participacin en el certamen s upone la total aceptacin de sus bases. 16. El plazo de admisin comenzar el 20 de diciembre de 2012 y finalizar el da 1 de marzo de 2013 a las 12 de la noche hora espaola. Ricardo Acevedo E. y Carmen Rosa Signes Directores de la Revista Digital miNatura

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I PREMIO DE NOVELA CORTA DE TERROR “CIUDAD DE UTRERA” Al objeto de incentivar la creacin literaria en el mbito naci onal, el Exclmo. Ayuntamiento de Utrera (Sevilla) junto con la Editorial Autores Premiados, convocan el I Premio de Novela Corta de Terror “Ciudad de Utrera”, con arreglo a las siguientes bases: 1.PARTICIPACI"N Podrn concurrir a este premio todos los originales que renan los siguientes requisitos: Las obras debern estar escritas en caste llano, enmarcarse en el gnero de la novela de terror y tener una extensin comprendida entre las 70 y las 185 pginas en tamao foli o (DIN A4), mecanografiadas a doble espacio con tipografa Times New Roman tamao 12. Estas habrn de ser inditas, no premiados en ningn otro conc urso ni publicadas en soporte fsico y/o formato digital. 2.-PRESENTACI"N Las obras se enviarn por duplicado, a una o doble cara a el eccin del autor. Los originales no irn firmados. Se presentarn con un ttulo y acompaados de un sobre cerrado (plica) en cuyo exterior pueda leerse slo el ttulo de la obra, y cuyo interior contenga: -Ttulo de la Obra. -Nombre y apellidos. -Direcci n y telfono. -Fotocopia del D.N.I. No podr presentarse ms de una obra por persona. 3.-RECEPCI"N DE LAS OBRAS Las obras junto con la plica, se enviaran a la siguiente direccin: Casa de la Cultura de Utrera./ Rodrigo Caro, 341710 UTRERA (SEVILLA); indicando en el sobre: “Para el Premio de Novela de Terror Ciudad de Utrera”. 4-.PLAZO DE PRESENTACI"N El plazo de admisin/recepcin de las obras finalizar el 15 de Febrero de 2013 (se aceptarn los envos recibidos con matasellos anterior a esta fecha). 5.-PREMIO Se establece como nico premio la publicacin de la obra gana dora por parte de la Editorial Autores Premiados, dentro de la coleccin Galardn de Narrativa, y el correspondiente pago de los derechos de autor, que ser del 15% sobre el precio de venta al pblico (sin IVA). Tanto el coste de la publicacin de la obra premiada como el pago de los derechos de autor corrern a cargo de la Editorial Autores Premiados. En el preceptivo contrato de edicin con la Editorial Autores Premiados, que el autor deber suscribir a la percepcin del Premio, aqul ceder en exclusiva y para todo el mundo los derechos de explotacin de la obra ganadora, incluidos los de traduccin y audiovisuales. La Editorial Autores Premiados podr efectuar, durante el perodo mximo que permita la Ley, cuantas ediciones juzguen oportunas de la obra, decidiendo segn su criterio el precio, distribucin, modalidad y formato de la edicin. 6.-JURADO El Jurado estar compuesto por personalidades relevantes del m bito literario, ser designado por la Alcalda-Presidencia del Ayuntamiento de Utrera y se dar a conocer en el mome nto del fallo. Como secretario actuar el del Ayuntamiento o persona en quien delegue. 7.-ENTREGA DE PREMIOS Y DISPOSICIONES FINALES El autor galardonado, a quien se le comunicar personalmente el premio obtenido, se dar a conocer en el acto de entrega del mismo, que tendr lugar en la Casa de la Cultura de Utrera durante el mes de marzo de 2013. El Autor Premiado se compromete a comparecer al objeto de dar lectura a un extracto de su obra galardonada, o en su caso delegar a un representante para tal fin. El Ayuntamiento facilitar la asi stencia del Autor Premiado sufragando el alojamiento para dos personas, en habitacin doble, durante la noche de la entreg a en un hotel de Utrera. Con posterioridad a dicho acto se publicar una nota informativa que ser enviada a los diferentes me dios de prensa de la provincia de Sevilla. As mismo,

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el fallo del jurado ser publicado en la we b municipal www.utrera.org, y en la pgina de la Editorial Autores Premiados, www.autorespremiados.com. III PREMIO TERBI 2013 DE RELATO TEMTICO FANTSTICO: “VIAJE ESPACIAL SIN RETORNO 1.Se abre la recepcin de relatos originales inditos, no premia dos en otros concursos, ni presentados con igual o distinto ttulo a otro premio literario pendiente de resolucin, escrito s en castellano y que puedan ser encuadrados dentro de los gneros de Ciencia-Ficcin, Fantasa o Terror. El argumento deber especular sobre el tema: Viaje espacial sin retorno 2.El plazo de recepcin de originales comenzar al hacer se pblicas estas bases, finaliza ndo el da 28 de Febrero de 2013. Se aceptarn textos remitidos con esa fecha. 3.Se admitir un solo texto por autor, hasta un lmite mxi mo de 8.000 palabras. Slo se aceptarn obras redactadas en formato word, rtf o pdf con letra Times New Roman, cuer po 12 e interlineado a doble espacio. No sern admitidas las obras editadas con versiones antiguas de procesadores de texto, siendo labor del participante asegurarse de la compatibilidad, bien utilizando un formato estndar como el RTF o bien realizando la c onversin correspondiente a una versin del formato ms actual de .doc .pdf. 4.Los originales debern presentarse por correo electrnico a la siguiente direccin: terbicf.concurso@gmail.com Se incluirn dos archivos: uno cuyo nombre ser el ttulo de l relato y el seudnimo del autor, y un segundo archivo cuyo nombre ser el ttulo del relato, el seudnimo del autor y la palabra PLICA y que contendr todos sus datos personales: nombre y apellidos, D.N.I. o documento identificativo del pas al que pertenezca el concursante, direccin completa includo el pas, telfono y direccin de correo electrnico. Ejemplo: Fichero 1: Titulo del Relato – Seudnimo.doc/.rtf .pdf Fichero 2: Titulo del Relato – Seudnimo PLICA.doc/.rtf .pdf 5.Se rechazarn los textos que no se cian al tema. No se admitirn faltas de ortografa. 6.El autor, por el solo acto de enviar un relato a concurso, se hace responsable de que la obra es original y de su propiedad. 7.Se establece como nico premio un trofeo conmemorativo al relato ganador. Tambin podr hacerse una mencin de hasta cinco finalistas. 8.Todos los relatos presentados recibirn acuse de recibo y no se mantendr ms contacto con el autor salvo con los autores que resulten premiados o seleccionados, una vez levantada el acta del veredicto por parte de los miembros del jurado. 9.El jurado estar formado por escritores del gnero fantstico y socios de la TerBi. El acta del jurado se har pblica en el Acto de la TerBi que se celebrar en el primer semest re de 2013, en una fecha que se comunicar oportunamente en los blogs de la Asociacin: http://terbicf.blog spot.com/ http://notcf.blogspot.com/. As mismo, se publicar una lista de los 10 relatos seleccionados en la ltima fase (con seudnimo). 10.Los escritores conservan en todo momento sus derechos de autor sobre las obras presentadas. Todos los textos que lleguen a la fase final ceden automticamente el derecho de reproduccin durante un ao, por una nica vez en las publicaciones web y en el e-book de la TerBi, comprometindose a mantenerlo indito (tanto en papel como en versin digital) hasta despus de dichas publicaciones, y renuncia ndo los autores a cualquier remuneracin econmica o de cualquier otro tipo en esta edicin. 11.Los miembros del jurado y sus familia res no podrn presentar obras a concurso. 12.Cualquier imprevisto no contemplado en estas bases ser resuelto por la organizacin de este concurso. 13.La presentacin al concurso implica la total aceptacin de estas bases.

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I Certamen de Fantasy-Steampunk, Steampunk-Fantasy de Planes B Espaa Espaa Bases: 1. Se aceptarn tantos relatos por autor como el autor qui era enviar, siempre y cuando estn escritos en castellano y sean de vuestra autora, en Times New Roman 12 puntos, co n 1,5 de interlineado, con un mximo de 10.000 palabras aproximadamente. 2. La temtica de los relatos ser, como se ha dicho an teriormente, Steampunk-Fantasy, Gaslamp, o cualquier obra que mezcle la magia o fantasa, con la tecnologa. Tendrn especi al valoracin aquellos relatos, que dentro de la temtica solicitada, estn ambientados en la poca Victoriana mundos alternativos o cualquier retrofuturismo. 3. Los relatos se enviarn por correo electrnico a info@p lanesb.es y como asunto se deber dejar claro que es un relato para la convocatoria Gaslamp. 4. El plazo de recepcin de relatos finalizar el viernes 22 de marzo del 2013 a las 12 de la noche, momento en el cual el jurado pasar a deliberar los relatos que formarn parte del tercer volumen de la coleccin de Planes B. 5. Como Planes B es un proyecto sin nimo de lucro, los au tores seleccionados siempre tendrn los derechos sobre sus obras, permitiendo a Planes B su uso nicamente para esta edicin. 6. El tercer volumen de Planes B se distribuir, como sus antecesores, mediante la web www.bubok.es, donde se podr descargar gratuitamente en formato digital, y comprar a precio de imprenta en formato papel.

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Michel Encinosa Vladimir Hernndez Prximos TtulosEditorial Letras Cubanas

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Jos Miguel Snchez (YOSS) (Ciudad Habana, 1971) Licenciado en Biologa. Miembro de la UNEAC. Ensayi Su obra ha obtenido diferentes premios y menciones, tanto en Cuba (David 1988 de CF; Revolucin y Cultura 1993; Ernest Hemingway 1993; Los Pinos Nuevos 1995; Luis Rogelio Nogueras de CF 1998 y Calendar io de CF 2004) como en el extranjero (Universidad Carlos III de CF, Espaa 2002; Mencin UPC de novela corta de CF, Espaa, 2003, Domingo Santos de cuento de CF, 2005 y UPC de CF, 2010. Ha publicado Timshel, 1989; W, 1997; I sette peccati nazionali (cubani) 1999; Los pecios y los nufragos (novela de CF) 2000; Se alquila un planeta (cuentinovela de CF, en Espaa, 2001); El Encanto de Fin de Siglo, 2001; Al final de la senda 2003; La causa che rinfresca e altre meraviglie cubane 2006 ; Precio justo, 2006 y Pluma de len 2007. Ha sido asimismo antologador de los volmenes Reino eterno 1999 y Escritos con guitarra (2006).,