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Disparo en Red

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Material Information

Title:
Disparo en Red
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Disparo En Red
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - D42-00013-n12-2005-04
usfldc handle - d42.13
System ID:
SFS0024301:00012


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n No. 12 (April 25, 2005)
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HOY: de 25 ABRIL del 2005 DISPARO EN RED: Boletn electrnico de ciencia-ficcin y fantasa. De frecuencia quincenal y totalmente gratis. Editores: darthmota Jartower Colaboradores: Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa. Proyecto de Arte Fantstico Onrica. Anabel Enrquez Pieiro Juan Pablo Noroa Miguel Bonera Miranda Jorge Enrique Lage Coghan Vctor Hugo Prez Gallo Ral Aguiar

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0. CONTENIDOS: 1. La frase de hoy : Aldous Huxley 2. Artculo : Esbozos de una analtica de lo monstruoso, Fabin Gimnez Gatto. 3. Cuento clsico : El juego de Ender, Orson Scott Card. 4. Cuento made in Cuba : Nada que declarar, Anabel Enrquez Piero. 5. Artculo : Como estrellas en el cielo, Cristbal Prez-Castejn. 6. Las cosas que vendrn : Jartower. 7. Cmo contactarnos?

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1. LA FRASE DE HOY: -Mi joven y querido amigo -dijo Mustaf Mo nd-, la civilizacin no tiene ninguna necesidad de nobleza ni de herosmo. Ambas cosas son sntomas de ineficacia poltica. En una sociedad debidamente organizada como la nuestra, nadie tiene la menor oportunidad de comportarse noble y heroicamente. Las condiciones deben hacerse del todo inestables antes de que surja tal oportunidad. Donde hay guerras, donde hay una dualidad de lealtades, donde hay tentaciones que resistir, objetos de amor por los cuales luchar o que defender, all, es evidente, la nobleza y el herosmo tienen algn sentido. Pero actualmente no hay guerras. Se toman todas las precauciones posib les para evitar que cualquiera pueda amar demasiado a otra persona. Un mundo Feliz. Aldous Huxley. Al INDICE 2. ARTICULO: Esbozos de una analtica de lo monstruoso* Fabin Gimnez Gatto Licenciado en filosofa Es coautor (junto con Alejandro Villagrn) de Esttica de la oscuridad (Trazas, Montevideo, 1995). Vive en Mxico y trabaja en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Es colu mnista de la revista cultural El Huevo Contacto electrnico: fgimenezgatto@yahoo.com.mx Del Dracula de Stoker al Bram Stoker`s Dracula de Coppola Esbozar una analtica de lo mo nstruoso, en trminos cinemato mticos, no resulta fcil. Nos enfrentamos, en la actualidad, con una enorme galera de monstruos que vienen haciendo su aparicin en el celuloide desde los albores del cine. Desde el Nosferatu de Murnau hasta el Bram Stoker's Dracula de Coppola, los monstruos neo-gticos han inundado las pantallas.

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Podemos, en este sentido, distinguir tres momentos en el mito del monstruo, una etapa preliteraria, constituida principalmente por tradic iones orales y tratados de demonologa, en segundo lugar, una etapa literaria, que se consolida en el siglo XIX a partir de la literatura gtica y, finalmente, una etapa post-literaria donde los medios masivos resultan ser una pieza clave en la constitucin de los mitos en torno a lo monstruoso. Parafraseando a McLuhan, podramos decir que el medio es el pastiche, el cine produce ciertas mezclas e hibridaciones que reconfiguran el espacio teratolgico clsico. El filme Frankenstein Meets the Space Monster nos presenta al monstruo combatiendo contra aliengenas, a fin de cuentas, el monstruo de Frankenstein es un cyborg terrcola. En Furakenshutain tai Baragon la criatura se enfrenta a dinosaurios, y en Frankenstein meets the wolf man su rival es la licantropa o, en otro filme Drcula vs Frankenstein -, el vampirismo. Estos son algunos ejemplos de los fenmenos de intertextualidad presentes en la constitucin de los mitos post-literarios del monstruo de Mary Shelley. Estos entrecruzamientos, estas mezclas explosivas, son impensables en la etapa literaria, el cine rompe definitivamente las barreras literarias que antao separaban a un monstruo de otro, produciendo algo as como una especie de esquizopoiesis teratolgica, una intertextualidad de lo monstruoso que va a generar figuras cada vez ms excesivas (Bambi meets Godzilla, Marv Newland, 1984). Siguiendo esta hiptesis crono(mito)lgica, me centrar en una serie de mutaciones que se han venido produciendo en la figura del vampiro desde que ste abandon las polvorientas pginas de la literatura gtica y se instal c modamente en la cultura masiva del siglo XX. En este sentido, la incidencia de personajes antihericos en la cultura de masas contempornea -Jason, Freddy Krueger, Hannib al Lecter, el vampiro Lestat, etc.puede interpretarse como un regreso a la cultura underground del culto al monstruo, feed back al cmic de terror estadounidense de los cincuent a y las B-movies de los sesenta, resurreccin de Vampirella, Creepy y sus criaturas de la oscuridad. Cabe realizar una aclaracin, los mitos masivos no nos reenvan a un arquetipo, a una supuesta (anti)naturaleza de lo monstruoso, sino que, en cambio, nos remiten a una serie de

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estereotipos que expresan, de forma bastante explcita, cmo la cultura occidental ha percibido la alteridad que todo monstruo -que se precie de serlosimboliza. Analizar estas mutaciones la figura del vampiro nos ayudar a percibir el lugar que ocupa la alteridad en el imaginario del fin del siglo XX. La desmesura y la irregularidad son, como afirma Omar Calabrese, los principios barrocos que fundan la teratologa como ciencia de los monstruos. El monstruo es, por excelencia, la desviacin de la norma, aquello que est ms all del orden, de la regularidad y de la Ley. La ley de Murphy toma cuerpo en los gticos personajes de la teratologa, en el crujir de dientes y en el besuquear de los muertos en sus tumbas ". El ethos del monstruo es el de la espectacularidad que se exhibe en la obscenidad de lo hiperreal, de lo que se muestra (monstrum) en la inmediatez de una presencia sobrenatural que se mantiene en el enigma (monitum). Su carcter excesivo lo convierte en un desafo lanzado contra la naturaleza y la racionalidad. Estas figuras de la alteridad representan nuestros miedos ms profundos, aquellos que nos sumergen en el corazn del caos y las tinieblas. Los monstruos transgreden lo prohibido por excelencia, los tabes de la muerte y el sexo son un buen instrumento para medir la transgresin de lo monstruoso en la poca del SIDA. A su vez, la ambigedad del monstruo resulta una pieza clave en la interpretacin de los fenmenos mitolgicos ligados al terror contemporneo, la ambigedad sexual del vampiro, ya presente en Carmilla de Joseph Sheridan Le Fanu, no hizo ms que aumentar a lo largo del tiempo, generando toda una gama de filmes donde la bisexualidad era la tnica romntica por excelencia, quizs The Hunger de Tony Scott, sea uno de los ms logrados ejemplos del polimorfismo sexual del vamp post-revolucin sexual. Los noventa instauran un renacimiento de lo gtico, ahora, a la luz de un neo-romntico espritu postmoderno, los monstruos dejan de ser los malos de la pelcula para convertirse en los antihroes del spleen terrorfico. Las rele cturas de los clsicos de la literatura gtica alcanzan su clmax en 1994, con el estreno de Bram Stoker's Dracula dirigida por Francis Ford Coppola y Mary Shelley's Frankenstein a cargo de Kenneth Branagh, adems de otra

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incursin en el nuevo sturm und drang de la mano de Neil Jordan, a partir de la adaptacin flmica de la novela de Anne Rice Interview with the Vampire publicada en 1977. Las pseudo-adaptaciones de las clsicas novelas de Stoker y Shelley son una constante a lo largo de la historia del cine de terror, sin embargo, el fenmeno de esta dcada tiene que ver, sobretodo, con ciertas relecturas que se alejan ms y ms del espritu de la obra original, recreando a los viejos monstruos de antao como trgicos hroes romnticos, outsiders malditos que an creen en el amor y, efectivamente, siempre acaban enamorndose de alguna damisela. Los temibles monstruos de antao se vuelven cada vez ms humanos, paradjicamente, el amor los humaniza al mismo tiempo que los conduce a la tumba. Humanizacin del monstruo en clave neo-romntica, humana (in)humanidad. La visin de Coppola convierte al vampiro en un trgico enamorado, la caza del vampiro es, en realidad, una cruel persecucin de dos almas embarcadas en un amor eterno, love never dies ". El filme rescata al personaje histrico que dio origen al vampiro de Stoker, luego de ser sazonado por los relatos populares durante cuatro siglos. En la primera secuencia, nos topamos con una especie de prlogo -flmico y apcrifoque nos narra el origen de Drcula: el empalador Tepes -luego de regresar de la batallaencuentra a su esposa Elizabeth sin vida sobre el altar de una iglesi a, iracundo se revela contra la voluntad de Dios, blasfema contra el Creador y se convier te en una criatura maldita. Elizabeth, la infortunada esposa del conde, nos remite a ot ro personaje histrico sobre el que se han tejido muchsimas leyendas, nos referimos a la condesa Elizabeth Bathory, la cual comparta los gustos hemoglobnicos de Vlad, afecta a los baos de sangre de jvenes vrgenes, convencida de sus efectos cosmticos y revitalizantes. Lo interesante es que Mina, smbolo de pureza y virginidad en la novela de Stoker, se transforma -en el film de Coppolaen la reencarnacin de la mismsima Elizabeth Bathory, alma gemela de Dracula y versin femenina del personaje histrico que lo precede. A pesar de las duras crticas a las que ha sido sometido el filme de Coppola, basadas, en su mayora, en su falta de fidelidad con respecto a la novela de Stoker -no en vano el

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screenplay de James V. Hart llevaba originalmente el ttulo Dracula: the Untold Story -, creo que esta produccin marca un hito realmente importante en la mitologa vamprica, las crticas que han llovido sobre ella resultan exageradamente puristas y pierden de vista lo mucho que el filme expresa sobre el sentir de una poca. Veamos los descargos de Coppola, cuando comenta los objetivos de esta neobarroca interpretacin de la novela centenaria: ...quera hacer Drcula como un oscuro, apasionado, sueo ertico Sobre todas las cosas, es una historia de amor entre Dracula y Mina... almas alcanzndose a travs de un universo de horror y pathos Pues bien, el mrito de Coppola, a mi entender, es el de haber convertido una novela victoriana ms o menos moralista en una historia de amor romntico-metafsica de fin de milenio, donde Drcula ya no es solamente el monstruo que sexualiza a las castas damiselas gracias a su bautismo de sangre y, por tanto, debe ser destruido por hroes decentes, leales y, por sobretodo, cristianos, sino, un ser desgarrado por la prdida de su amada esposa, quien reencuentra -reencarnacin medianteen su viaje a Inglaterra, luego de haberse pasado siglos en orgas de sangre sin senti do, que no lograban acabar del todo con el recuerdo de su amada. Ni ms, ni menos, una historia de amor. El vampiro ha dejado de ser, en la cultura contempornea, el smbolo del mal, para convertirse en el emblema del outsider, como seala la escritora de historias vampunderground Poppy Z. Britte, el vampiro no es solamente popularmente perenne, l es la nica criatura sobrenatural que se ha convertido en un modelo de conducta ". Segn Britte, el asesino serial ser el vampiro del nuevo milenio, lo interesante de esta radical afirmacin es la humanizacin de la figura del vampiro convertido en psychokiller, es decir, aunque nos resulte difcil de aceptar, en un mortal de carne y hueso, la discursividad del terror convertida en nota roja. La campaa publicitaria del filme The Lost Boys de Joel Schumacher, rezaba ms o menos as: Dormir todo el da. Fiesta toda la noche. Nunca envejecer. Nunca morir. Es divertido ser un vampiro ". Mientras sonaba el tema central de la cinta, "People Are Strange" de The

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Doors una banda de adolescentes de look amenazante -entre punk y heavy-, se deleitaba durante la noche con los placeres del rock and roll, las Harley Davidson, la cerveza y la sangre humana. Como seala Leonard Wolf, podemos observar, en la actualidad, dos tendencias con respecto al vampiro centenario de Stoker, por un lado, las relecturas revisionistas de Drcula, que nos presentan un a elite de vampiros elegantes, refinados y seductores (es el caso de Anne Rice y buena parte del cine comercial) y, por el otro, los vampiros de filmes como The Addiction de Abel Ferrara o Nadja de Michael Almereyda (o ciertas incursiones literarias como las de Poppy Z. Britte ), donde estas criaturas de la noche adoptan el aspecto del antihroe marginado, el yunkie o el psycho. En ambos casos, sin embargo, es notorio el surgimiento de una nueva mitologa neo-romntica en torno a los bebedores de sangre, que rescata, como comn denominador de las mltiples visiones, su condicin de outsiders, las mticas figura s de la alteridad del fin del siglo XX. *Publicado originalmente en El Huevo (Revista cultural de Mxico) Fabin Gimnez Gatto : Se licenci en filosofa en el In stituto de Profesores Artigas en 1995. Obtuvo maestra y doctorado en filosofa por la Universidad Iberoamericana de Mxico. Es coautor (junto con Alejandro Villagrn) de Esttica de la oscuridad (Trazas, Montevideo, 1995). Vive en Mxico y trabaja en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Es columnista de la revista cultural El Huevo Contacto electrnico: fgimenezgatto@yahoo.com.mx Al INDICE

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3. CUENTO: EL JUEGO DE ENDER Por Orson Scott Card -Sea cual fuere vuestra gravedad cuando lleguis a la puerta, recordad: la puerta del enemigo est abajo. Si cruzis vuestra puerta como si fuerais de paseo, sois un blanco apetecible y merecis que os acierten. Con ms de un paralizador. Ender Wiggins hizo una pausa y ech un vistazo al grupo. La mayora lo miraba nerviosamente. Algunos entendan. Ot ros se mostraban huraos y hostiles. Era su primer da con este ejrcito de novatos, y Ender haba olvidado lo pequeos que podan ser los nuevos. l llevaba tres aos en aquello, los novatos slo seis meses. Ninguno tena ms de nueve aos de edad. Pero eran suyos. A los once, le faltaba medio ao para ser comandante. Haba tenido su propio pelotn y conoca algunos trucos, pero haba cuarenta en su nuevo ejrcito. Novatos. Tiradores de primera, o no estaran all, pero eso no significaba que no pudieran liquidarlos en su primer combate. -Recordad -continu-, no pueden veros hasta que crucis esa puerta. Pero en cuanto salgis, os atacarn. As que atravesad la puerta como querris estar cuando os disparen. Las piernas abajo, bajando en lnea recta. -Seal a un chico hurao que pareca tener slo siete aos, el ms pequeo de todos-. Dnde est abajo, novato? -Hacia la puerta enemiga. -La respuesta fue rpida. Tambin fue hostil, como si dijera: Vale, vale, ahora vayamos al grano. -Tu nombre, hijo? -Bean. -Te lo pusieron por el tamao de tu cerebro? Bean no respondi. Los dems rieron un poco. Ender haba escogido bien. Ese chico era menor que los dems, deba de estar avanzado porque era sagaz y listo. Los dems no le tenan gran simpata y se alegraban de que lo humillaran un poco. Tal como su primer comandante haba humillado a Ender. -Bien, Bean, eres avispado. Ahora escuchadme: nadie cruzar esa puerta sin gran

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riesgo de recibir un disparo. A muchos os transformarn en cemento en alguna parte. Procurad que sean las piernas. Entendido? Si slo os dan en las piernas, slo os anulan las piernas, y en gravedad cero eso no constituye un problema, Ender se volvi hacia uno de los ms azorados-. Para qu sirven las piernas, eh? Desconcierto. Confusin. Tartamudeo. -Olvdalo. Supongo que tendr que preguntrselo a Bean. -Las piernas sirven para impulsarse desde las paredes an aburrido. -Gracias, Bean. Habis entendido eso? -Todos lo entendieron, y no les gust que fuera Bean quien lo explicara-. En efecto. No podis ver con las piernas, no podis disparar con las piernas, y en general son un estorbo. Si os las paralizan cuando estn estiradas os transformis en blanco fcil. Imposible ocultarse. Entonces, cmo van las piernas? Unos pocos respondieron esta vez, para demostrar que Bean no era el nico que saba algo. -Debajo del cuerpo. Plegadas. -Correcto. Un escudo. Vais arrodillados en un escudo, y el escudo son vuestras piernas. Y los trajes tienen algn secretillo. Aunque os congelen las piernas, podis pa tear para impulsaros. An no he visto a nadie que lo consiga, salvo yo... pero todos aprenderis. Ender Wiggins conect el paralizador, que despidi un fulgor verdoso. Se elev en la gravedad cero de la sala de ejercicios, pleg las piernas debajo del cuerpo como si se arrodillara, y se las congel. El traje se puso rgido en las rodillas y los tobillos, de modo que no poda moverse. -Bien, estoy congelado, veis? Flotaba un metro por encima de ellos. Todos !o miraron intrigados. Se inclin hacia atrs, cogi una agarradera y se aplast contra la pared. -Estoy atascado en una pared. Si tuviera piernas, las usara para saltar como una habichuela, correcto? Rieron. -Pero no tengo piernas, y eso es mejor. Entendis? Por esto. -Ender arque la cintura y se estir violentamente. Atraves la sala en un santia mn. Desde el otro lado dijo-: Comprendido? No us las manos, de modo que an poda disparar mi

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paralizador, y no tena piernas que me hicieran ms vulnerable. Ahora observad de nuevo. Repiti la maniobra y cogi una agarrade ra en la pared ms cercana a ellos. -Ahora bien, no quiero que hagis eso slo cuando os congelan las piernas. Quiero que lo hagis cuando an tenis piernas, porque es mejor, y porque nadie se lo espera. De acuerdo. Ahora todos al aire y arrodillados. La mayora se elev en cuestin de segundos. Ender congel a los rezagados, que colgaron en el aire mientras los dems rean. -Cuando doy una orden, moveos deprisa. Vale? Cuando estemos en la puerta y la desbloqueen, dar rdenes en dos segundos, en cuanto vea la configuracin. Y cuando d la orden ser mejor que estis fuera, porque quien salga primero ganar a menos que sea tonto. Yo no lo soy y espero que vosotros tampoco, o regresaris a los escuadrones de enseanza. -Vio que algunos tragaban saliva, y los congelados lo miraron atemorizados-. A ver, los que estis all colgados. Atentos. Os descongelaris dentro de quince minutos, y veamos si podis alcanzar a los dems. Durante media hora Ender los tuvo botando de una pared a otra. Les concedi un descanso cuando vio que haban comprendido la idea. Quiz fueran un buen grupo. Mejoraran. -Ahora que os habis calentado el cuerpo, empezaremos a trabajar. Ender era el ltimo en salir despus de las prcticas, pues se quedaba para ayudar a los ms lentos a mejorar su tcnica. Haban tenido buenos profesores, pero como todos los ejrcitos, eran dispares, y algunos podan convertirse en una verdadera molestia en una batalla. La primera batalla poda ser dentro de semanas, o poda ser al da siguiente. Nunca se publicaba un programa. El comandante se despertaba y junto a la li nterna encontraba una nota donde figuraba el momento de la batalla y el nombre del oponente. As que al principio hara trabajar a sus muchachos hasta que estuvieran en ptima forma. Todos dispuestos a cualquier cosa en cualquier momento. La estrategia era importante, pero no vala un bledo si los soldados no soportaban la tensin. Al doblar la esquina para dirigirse al ala residencial se encontr cara a cara con

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Bean, el chico de siete aos con quien se haba ensaado ese da durante la prctica. Problemas. Ender no quera problemas. -Hola, Bean. -Hola, Ender. Una pausa. -Para ti soy seor -murmur Ender. -No estamos de servicio. -En mi ejrcito, Bean, siempre estamos de servicio. Ender sigui de largo. Lo sigui la voz chillona de Bean. -S lo que ests haciendo, Ender, seor, y te prevengo. Ender se volvi lentamente para mirarlo. -Me previenes? -Soy lo mejor que tienes. Pero te conviene tratarme como tal. -O qu? -Ender sonri amenazadoramente. -o ser lo peor que tienes. Una cosa o la otra. -y qu quieres? Amor y be sos? -Ender se estaba enfadando. Bean no se inmut. -Quiero un pelotn. Ender camin hacia l y lo mir a los ojos. -Dar un pelotn a quienes demuestren su vala. Deben ser buenos soldados, deben saber acatar las rdenes, deben ser capaces de tener iniciativa en un momento conflictivo y deben ser respetuosos. As fue como llegu a comandante. As es como llegars a jefe de pelotn. Entiendes? Bean sonri. -Es justo. Si de verdad trabajas as, ser jefe de pelotn en poco menos de un mes. Ender le cogi la pechera del uniforme y lo aplast con fuerza contra la pared. -Cuando digo que trabajo de tal modo, Bean, es porque trabajo tal como digo. Bean se limit a sonrer. Ender lo solt y se alej sin mirar atrs. Estaba seguro de que Bean lo segua con la mirada, sonriendo con desdn. Tal vez fuera buen jefe de pelotn. Ender lo vigilara. El capitn Graff, un metro sesenta y un poco rechoncho, se acarici la barriga retrepndose en la silla. Del otro lado de l escritorio estaba sentado el teniente

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Anderson, quien sealaba puntuaciones elevadas en un grfico. -Aqu tiene, capitn. Ender ya les est enseando una tctica que desconcertar a quien los enfrente. Duplica su velocidad. Graff asinti. -y usted conoce la puntuacin de sus exmenes. Tambin sabe pensar. Graff sonri. -Es verdad, Anderson, es un buen estudiante. Muy prometedor. Aguardaron. Graff suspir. -Pues qu quiere que haga? -Ender es el indicado. Tiene que serlo. -No estar preparado a tiempo, teniente. Tiene once aos, por amor del cielo. Qu quiere usted, un milagro? -Quiero que participe en batallas, todos los das a partir de maana. Quiero que tenga todas las batallas de un ao en un solo mes. Graff sacudi la cabeza. -Su ejrcito ira a parar al hospital. -No, seor. Los est poniendo en forma. y necesitamos a Ender. -Correccin, teniente: necesitamos a al guien. Usted cree que es Ender. -De acuerdo, yo creo que es Ender. Cul de los comandantes, si no l? -No lo s, teniente. -Graff se acarici el vello de la calva-. Son nios, Anderson. No lo comprende? El ejrcito de Ender tiene nueve aos. Los vamos a enfrentar con los mayores? Vamos a someterlos a un infierno durante un mes? El teniente Anderson se inclin sobre el escritorio de Graff. -¡Las puntuaciones de los tests de Ender, capitn! -¡He visto sus malditas puntuaciones! Le he observado en batalla, he escuchado grabaciones de sus sesiones de entrenamiento, he observado sus patrones onricos, he odo citas de sus conversaciones en los corredores y los lavabos. ¡Puede decirse que estoy hasta la coronilla de Ender Wiggins! y contra todos los argumentos, contra sus innegables cualidades, sopeso una sola cosa. Imagino a Ender dentro de un ao, si usted se sale con la suya. Lo veo to talmente inutilizado, agotado, fracasado,

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porque le habrn exigido ms de lo que nadie poda rendir. Pero eso no cuenta, verdad, teniente? Porque hay una guerra, y hemos perdido a nuestro hombre ms brillante, y las mayores batallas nos estn esperando. As que dle a Ender una batalla por da esta semana. y luego presnteme un informe. Anderson se levant y se cuadr. -Gracias, seor. Casi haba llegado a la puerta cuando Graff lo llam por el nombre. Dio media vuelta. -Anderson -dijo el capitn Graff-, ha salido ltimamente? -No desde mi ltimo permiso, hace seis meses. -Ya me lo pareca. No porque cambie mucho las cosas. Pero ha estado en Beaman Park, aqu en la ciudad? Un hermoso parque. rboles. Hierba. Sin gravedad cero, sin batallas, sin preocupaciones. Sabe qu ms hay en Beaman Park? -Qu, seor? -Nios. -Nios, claro -dijo Anderson. -Quiero decir nios de verdad. Chicos que se levantan por la maana cuando los llaman sus mams, y van a la escuela, y por la tarde van a jugar a Beaman Park. Son felices, sonren bastante, se ren, se divierten. -No lo dudo, seor. -Es todo lo que puede decir, Anderson? Anderson carraspe. -Es bueno que los nios se diviertan, seor. S que me diverta cuando era nio. Pero ahora el mundo necesita soldados. Y ste es el modo de conseguirlos. Graff asinti y cerr los ojos. -Oh, claro, usted tiene razn segn las pruebas estadsticas y todas las teoras importantes, y desde luego son atinadas y el sistema es correcto, pero aun as Ender es ms viejo que yo. No es un nio. Apenas es una persona. -Si eso es verdad, seor, al menos sabemos que Ender est posibilitando que otros de su edad jueguen en el parque -Y Jess muri para salvar a todos los hombres. -Graff se levant y mir a

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Anderson con tristeza-. Pero nosotros, Anderson, nosotros somos los que clavamos los clavos. Ender Wiggins se tendi en la cama mirando el techo. Nunca dorma ms de cinco horas por noche, pero las luces se apagaban a las 22.00 y no se encendan hasta las 06.00. As que miraba el techo y pensaba. Haca tres semanas y media que tena su ejrcito. El Ejrcito Dragn. El nombre era impuesto, y no era afortunado. Oh, los grficos decan que nueve aos atrs un Ejrcito Dragn se las haba arreglado bastante bien. Pero en los seis aos siguientes haba sido el nombre de ejrcitos inferiores, y al fin, como el nombre provocaba un temor supersticioso, el Ej rcito Dragn se haba retirado. Hasta ahora. y ahora, pens Ender con una sonrisa, el Ejrcito Dragn los coger por sorpresa. La puerta se abri en silencio. Ender no volvi la cabeza. Alguien entr con sigilo en la habitacin y se march cerrando la puerta. Cuando los suaves pasos se alejaron, Ender rod en la litera y vio un pa pel blanco en el suelo. Lo recogi. Ejrcito Dragn contra Ejrcito Conejo, Ender Wiggins y Cam Carby, 07.00. La primera batalla. Ender se levant y se vist i de prisa. Fue a la habitacin de sus jefes de pelotn y les orden que despertaran a sus muchachos. Cinco minutos despus estaban reunidos en el pasillo, soolientos y remolones. Ender habl con voz suave. -Primera batalla a las 07.00, contra el Ejrcito Conejo. Combat contra ellos en dos ocasiones, pero tienen un nuevo comandante. No he odo hablar de l. Son un grupo mayor y conozco algunos de sus trucos. Ahora a despertarse. A la carrera, calentamiento en sala tres. Durante una hora y media se ejercitaron, con tres batallas simuladas y calistenia en el pasillo, sin gravedad cero. Luego permanecieron quince minutos en el aire, relajndose en la falta de peso. A las 06.50 Ender los despert y entraron deprisa en el corredor. Ender los condujo pasillo ab ajo, de nuevo a la carrera, dando algn que otro salto para tocar un panel de luz del techo. Todos los chicos tocaban el mismo panel. Ya las 06.58 llegaron a la puerta de la sala de batalla. Los integrantes de los pelotones C y D cogieron las primeras ocho agarraderas del

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techo del corredor. Los pelotones A, B y E se agazaparon en el suelo. Ender enganch los pies en dos agarraderas del medio del techo, para estar fuera del paso de todos. -Dnde est la puerta del enemigo ? -susurr. -¡Abajo! -respondieron riendo. -Conectad los paralizadores. -Las cajas que empuaban se pusieron verdes. Aguardaron unos segundos, y luego la pared gris que tenan enfrente desapareci y la sala de batalla se hizo visible. Ender la evalu de inmediato. La familiar cuadrcula abierta de la mayora de los primeros juegos -como las barras donde los nios se colgaban en el parque-, con siete u ocho casillas desperdigadas en la cuadrcula. Llamaban estrellas a las casillas. Haba bastantes, y en bastantes posiciones de vanguardia, como para que valiera la pena ocuparlas. Ender decidi esto en un segundo. -Ocupad las estrellas cercanas -o rden-. Pelotn E, aguardad. Los cuatro grupos de los rincones se zambulleron por el campo de fuerza de la puerta y cayeron en la sala de batalla. An tes de que el enemigo apareciera por la puerta de enfrente, el ejrcito de Ender se haba desplegado desde la puerta hasta las estrellas ms cercanas. Los soldados enemigos cruzaron la puerta. Por su postura, Ender comprendi que haban estado en otra gravedad, y no saban lo suficiente para reorientarse. Pasaron erguidos, sus cuerpos enteros extendidos e indefensos. ¡Matadlos, E! –orden Ender, y sali por la puerta con las rodillas por delante, disparando con el paralizador entre las piernas. Mientras el grupo de Ender volaba por la sala, el resto del Ejercito Dragn dispar para protegerlo, de modo que el grupo E lleg a una posicin de vanguardia con un solo chico totalmente congelado, aunque todos haban perdido el uso de las piernas, lo cual no les entorpeca en absoluto. Hubo una pausa mientras Ender y su oponente, Carn Carby, evaluaban sus posiciones. Aparte de las perdidas del Ejrcito Conejo en la puerta, se haban producido pocas bajas, y ambos ejrcitos gozaban de la casi totalidad de sus fuerza s. Pero Carn no tena originalid ad. Recurra a un despliegue en cuatro esquinas que se le habra ocurrido a cualquier pequen de cinco aos. Y

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Ender saba como derrotarlo. Orden en voz alta: -E cubre a A, C abajo, B y D a la pared este. Protegidos por el pelotn E, B y D se alejaron de sus estrellas. Mientras an estaban expuestos, A y C abandonaron sus estrellas y flotaron hacia la pared cercana. Llegaron juntos, y juntos rebotaro n en la pared. Aparecieron detrs de las estrellas enemigas al doble de la velocidad normal, y abrieron fuego. La batalla termin en cuestin de pocos segundos, con el enemigo casi totalmente congelado, el comandante incluido, y el re sto desperdigado en las esquinas. En los cinco minutos siguientes, en escuadrones de cuatro, el Ejrcito Dragn limpi los rincones oscuros de la sala de batalla y empuj al enemigo al centro, donde sus cuerpos, congelados en posturas absurdas, quedaron amontonados. Ender llev a tres de sus chicos a la puerta enemiga y cumpli la formalidad de revertir el campo unidireccional tocando simultneamente todas las esquinas con cascos del Ejrcito Dragn. Luego reuni a su ejrcito en hileras verticales cerca del amontonamiento de soldados paralizados del Ejrcito Conejo. Slo tres soldados del Ej rcito Dragn estaban inmovilizados. Su margen de victoria -38 a 0era ridculamente alto, y Ender se ech a rer. El Ejrcito Dragn comparti las carcajadas. An rean cuando el teniente Anderson y el teniente Morris entraron por la puerta de profesores del extremo sur de la sala de batalla. El teniente Anderson adopt un semblante adusto, pero Ender le vio guiar el ojo cuando extendi la mano para manifestarle las rgidas y formales felicitaciones que se ofrecan al vencedor del juego. Morris encontr a Cam Carby y lo descongel, y el chico de trece aos se present ante Ender, quien ri sin malicia y le tendi la mano. Carn la estrech grcilmente e inclin la cabeza. De lo contrario lo congelaran de nuevo. El teniente Anderson despidi al Ejrcito Dragn, que se march en silencio por la puerta enemiga, otra parte del ritual. Una luz parpadeaba en el lado norte de la puerta cuadrada, indicando dnde estaba la gravedad en ese corredor. Ender, a la cabeza de sus soldados, cambi de orientacin, atraves el campo de fuerza y cay de pie en la gravedad. Su ejrcito lo sigui a la carrera hasta la sala de

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ejercicios. Cuando llegaron all se formar on en escuadrones, y Ender colg en el aire, observndolos. -Una buena primera batalla -dijo, lo cual fue excusa suficiente para una ovacin. Ender los acall-. El Ejrcito Dragn supo enfrentarse a los Conejos. Pero el enemigo no siempre ser tan torpe. y si hubiera sido un buen ejrcito, nos habran triturado. Habramos vencido, pero nos habran triturado. Veamos, los pelotones B y D. Dejasteis las estrellas con demasiada lentitud. Si el Ejrcito Conejo hubiese sabido apuntar con un paralizador, os habran congelado antes de que A y C llegaran a la pared. Hicieron ejercicios el resto del da. Esa noche Ender fue por primera vez al comedor de comandantes. Nadie poda ir all hasta haber ganado la primera batalla, y Ender era el comandante ms joven que lo haba logrado. No se produjo un gran revuelo cuando entr. Sin embargo, algunos nios le clavaron los ojos cuando vieron el Dragn que luca en el bolsillo del pecho, y cuando cogi su bandeja y se sent a una mesa vaca, todo el comedor guardaba silencio. Los dems comandantes lo observaban. Intimidado, Ender se pregunt cmo lo saban, y por qu demostraban tanta hostilidad. Entonces mir encima de la puerta por donde haba entrado. Haba una gran pizarra en la pared. Mostraba los antecedentes del comandante de cada ejrcito: las batallas de ese da estaban iluminadas en rojo. Slo cuatro. Los otros tres vencedores haban ganado a duras penas. Los mejores slo tenan dos hombres enteros y once efectivos mviles al final del juego. La puntuacin de treinta y ocho efectivos mviles del Ejrcito Dragn era embarazosamente superior. Otros nuevos comandantes haban sido acogidos en el comedor de comandantes con hurras y felicitaciones. Otros nuevos comandantes no haban ganado treinta y ocho a cero. Ender busc el Ejrcito Conejo en la pizarra. Se sorprendi al ver que la puntuacin de Carn Carby hasta la fecha totalizaba ocho victorias y tres derrotas. Tan bueno era? O slo haba peleado contra ejrcitos inferiores? De un modo u otro, an haba un cero en las columnas de mviles y enteros de Carn, y Ender no pudo contener una sonrisa. Nadie respondi a esa sonrisa, y Ender supo que le

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teman, lo cual significaba que le odiaran, lo cual significaba que quien entrara en batalla contra el Ejrcito Dragn estara asustado y furioso y sera menos competente. Ender busc a Carn Carby en el gento y lo encontr a poca distancia. Mir fijamente a Carby hasta que otro de los chicos code al comandante Conejo y seal a Ender. Ender sonri de nuevo y agit la mano. Carby se ruboriz y Ender, satisfecho, se puso a comer su cena. Al final de esa semana el Ejrcito Dragn haba librado siete batallas en siete das. La puntuacin era de 7 victorias y O derrotas. Ender nunca tuvo ms de cinco congelados en cualquiera de los juegos. Los dems comandantes ya no podan ignorar a Ender. Algunos se sentaban con l y departan sobre estrategias de juego que haban usado los oponentes de Ender. Grupos ms numerosos hablaban con los comandantes derrotados, tratando de averiguar qu haba hecho Ender para vencerlos. En medio de la comida se abri la puerta de profesores y los grupos callaron mientras el teniente Anderson entraba y echaba un vistazo. Cuando localiz a Ender, atraves el comedor y le susurr algo al odo. Ender asinti, termin su vaso de agua y se march con el teniente. Al salir, Anderson entreg un papel a uno de los muchachos. La algaraba de la conversacin llen el comedor cuando Anderson y Ender se marcharon. Ender atraves corredores que jams haba visto. No emitan el fulgor azul de los pasillos de soldados. La mayora tenan paneles de madera y suelos enmoquetados. Las puertas eran de madera, con placas de identificacin, y se detuvieron ante una que deca Capitn Graff, supervisor. Anderson llam suavemente. -Entre -murmur una voz. Entraron. El capitn Graff estaba sentado detrs de un escritorio, las manos entrelazadas sobre la barriga. Asinti, y Anderson se sent. Ender tambin se sent. Graff carraspe y luego habl. -Siete das desde tu primera batalla, Ender. Ender no respondi. -Has ganado siete batallas, una cada da. Ender asinti. -y con puntuaciones inusitadam ente altas. Ender parpade. -Por qu? -pregunt Graff.

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Ender mir a Anderson y le habl al capitn. -Dos tcticas nuevas, seor. Las piernas plegadas como un escudo, de modo que el rayo no inmoviliza. Arquearse para rebot ar en las paredes. Estrategia superior, como nos ense el teniente Anderson. Pensar en lugares, no en espacios. Cinco pelotones de ocho en vez de cuatro de diez. Contrincantes incompetentes. Excelentes jefes de pelotn, buenos soldados. Graff mir a Ender inexpresivo. Esperando qu? se pregunt Ender. El teniente Anderson intervino. -Ender, en qu estado se halla tu ejrcito? Esperaban que pidiera un relevo? Ni soarlo. -Un poco cansado, en ptimas condiciones, moral elevada, aprendizaje rpido. Aguardan con impaciencia la prxima batalla. Anderson mir a Graff. Graff se encogi de hombros y se volvi hacia Ender. -Hay algo que desees saber? Ender se apoy las manos en las piernas. -Cundo nos enfrentamos a un buen ejrcito? Graff solt una sonora carcajada y le entreg un papel. -Ahora -dijo. Ender ley el papel: Ejrcito Dragn contra Ejrcito Leopardo, Ender Wiggins y Pol Slattery, 20.00.. Mir al capitn Graff. -Eso es dentro de diez mi nutos, seor. Graff sonri. -Pues ser mejor que te des prisa, hijo Al marcharse, Ender comprendi que Pol Slattery era el chico a quien le haban entregado una orden cuando l sali del comedor. Reuni a su ejrcito cinco minutos despus. Tres jefes de pelotn ya se haban acostado. Los envi a toda prisa a reunir a sus pelotones, y l mismo recogi los trajes. Cuando todos los chicos estuvieron reunidos en el pasillo, la mayora an vistindose, Ender les habl. -sta es difcil y no hay tiempo. Llegaremos tarde a la puerta, y el enemigo estar desplegado fuera de nuestra puerta. Es una emboscada, y jams haba odo que esto sucediera. As que nos tomaremos nuestro tiempo en la puerta. Pelotones A y

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B, cinturones flojos, y entregad los paralizadores a los jefes y segundos de los dems pelotones. Desconcertados, sus soldados obedecieron. Ya estaban todos vestidos, y Ender los condujo al trote hasta la puerta. Cuando llegaron, el campo de fuerza ya estaba en unidireccional, y algunos de sus soldados jadeaban, Ese da haban tenido una batalla y ejercicios intensos. Estaban fatigados. Ender se detuvo en la entrada y mir la posicin de los soldados enemigos. Algunos estaban agrupados a menos de diez metros de la puerta. No haba cuadrcula ni estrellas. Un gran espacio vaco. Dnde estaban la mayora de los enemigos? Tendra que haber una treintena o ms. -Estn aplastados contra esta pared -dijo Ender-, donde no podemos verlos. Orden a los pelotones A y B que se arrodillaran con las manos contra las caderas. Luego los congel. -Sois escudos -dijo Ender, y orden a lo s pelotones C y D que se arrodillaran y engancharan ambos brazos bajo el cinturn de los chicos congelados.. Cada cual empuaba dos paralizadores. Ender y los miembros del pelotn E cogieron a los dos, de tres en tres, y los arrojaron por la puerta. El enemigo abri fuego de inmediato. Pero acertaron ante todo a los que ya estaban congelados, y en pocos instantes la sala de batalla fue un caos. Todos los soldados del Ejrcito Leopardo eran blancos fciles, pues estaban aplastados contra la pared o flotaban sin proteccin en medio de la sala; y los soldados de Ender, armados con dos paralizadores cada uno, les acertaban sin dificultad. Pol Slattery reaccion rpidamente y orden a su gente que se alejara de la pared, pero ya era tarde: slo algunos lograron moverse, y fueron congelados antes de cobrar una distancia prudencial. Cuando termin la batalla, el Ejrcito Dra gn tena slo doce ch icos enteros, la puntuacin ms baja que haban logrado. Pero Ender estaba satisfecho y durante el ritual de la rendicin Pol Slattery falt a las formalidades estrechndole la mano y preguntando: -Por qu esperaste tanto tiempo para salir de la puerta? Ender mir de soslayo a Anderson, quien flotaba en las cercanas.

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-Me informaron tarde -dijo-. Me tendieron una emboscada. Slattery sonri y le estrech la mano una vez ms. -Buen juego. Ender no sonri a Anderson esta vez. Saba que ahora organizaran los juegos contra l, aumentando las dificultades. No le complaca. Eran las 21.50, casi hora de apagar las luces, cuando Ender llam a la puerta de la habitacin que compartan Bean y otros tres soldados. Uno de los otros entreabri la puerta, retrocedi, la abri de par en par. Ender titube, pregunt si poda entrar. Respondieron que s, por supuesto, y se dirigi a la litera superior, donde Bean haba dejado su libro y se apoyaba en un codo para mirar a Ender. -Bean, puedes concederme veinte minutos? -Ya apagan las luces --objet Bean. -En mi habitacin. Yo te cubrir. Bean se incorpor y baj de la litera. l y Ender atravesaron sigilosamente el corredor. Ender entr primero, y luego cerr la puerta de su habitacin. -Sintate -dijo, y ambos se sentaron en el borde de la cama, mirndose-. Recuerdas lo que dijiste hace cuatro semanas, Bean? Que queras ser jefe de pelotn ? -S. -He nombrado a cinco jefes desde entonces, verdad? Pero t no figurabas entre ellos. Bean lo mir con calma. -Estuve acertado? -pregunt Ender. -S, seor -respondi Bean. Ender asinti. -Cmo te ha ido en estas bata llas? Bean lade la cabeza. -Nunca me han inmovilizado, seor, y he inmovilizado a cuarenta y tres enemigos. He obedecido las rdenes rpidamente, y estuve al mando de un escuadrn de limpieza y jams tuve una baja. -Entonces lo comprenders. -Ender hizo una pausa, decidi recapitular y decir otra cosa antes-. Sabes que eres precoz, Bean. Vas medio ao adelantado. A m tambin me sucedi, y me nombraron coma ndante con seis meses de antelacin.

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Ahora me ponen en batalla al cabo de slo tres semanas de entrenarme con mi ejrcito. Me han dado ocho batallas en siete das. Ya he tenido ms batallas que algunos chicos a quienes nombraron comandantes hace cuatro meses. He ganado ms batallas que muchos de los que son comandantes hace un ao. Y ahora lo de esta noche. T sabes qu ha sucedido esta noche. Bean asinti. -Te avisaron tarde. -No s qu estn haciendo los profesores. Pero mi ejrcito se est cansando, y yo tambin, y ahora cambian las reglas del juego. Vers, Bean, he consultado los viejos grficos. Nadie destruy jams tantos enemigos ni conserv tantos soldados enteros en toda la historia del juego. Soy nico... y estoy recibiendo un tratamiento nico. Bean sonri. -Eres el mejor, Ender. Ender sacudi la cabeza. -Quiz. Pero no tengo los efectivos que tengo por casualidad. Mi peor soldado podra ser jefe de pelotn en otro ejrcito. Tengo lo mejorcito. Han jugado a mi favor... y ahora juegan en mi contra. Ignoro por qu. Pero s que tengo que estar preparado. Necesito tu ayuda. -Por qu la ma? -Porque aunque hay algunos soldados mejores que t en el Ejrcito Dragn (no muchos, pero algunos), no hay nadie que piense mejor y con mayor rapidez. Bean call. Ambos saban que era verdad. -Necesito estar preparado -continu Ender-, pero no puedo entrenar de nuevo a todo el ejrcito. As que quitar un hombre a cada pelotn, contigo incluido. Con otros cuatro, formaris un escuadrn especial a mi mando y aprenders algunas cosas nuevas. En general estars en los pelotones comunes, como ahora. Pero cuando te necesite... Entiendes? Bean sonri y asinti. -De acuerdo, me parece bien. Puedo escogerlos personalmente? -Uno de cada pelotn excepto del tuyo, y puedes seleccionar jefes de pelotn. -Qu quieres que hagamos?

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-No s, Bean, pues no s con qu nos sorprendern. Qu haras si nuestros paralizadores no funcionaran, y los enemigos s? Qu haras si tuviramos que vrnoslas con dos ejrcitos al mismo tiempo? Hasta puede haber un juego donde ni siquiera importe la puntuacin. Slo buscar la puerta del enemigo. Es el momento en que la batalla se gana tcnicamente... cuatro cascos en las esquinas de la puerta. Quiero que ests preparado para ello en cuanto te lo pida. Comprendes? Ejer ctalos dos horas al da durante la gimnasia normal. Luego, t y yo y tus soldados trabajaremos de noche, despus de la cena. -Nos cansaremos. -Presiento que no sabemos lo que es cansarse. -Ender estrech la mano de Bean con fuerza-. Aunque nos tiendan una trampa, Bean, ganaremos. Bean se march en silencio y atraves el pasillo con sigilo. El Ejrcito Dragn no era el nico que haca ejercicios despus de hora. Los dems comandantes haban comprendido que tenan que ponerse al da. Desde la madrugada hasta la noche los soldados del Centro de Entrenamiento y Mando, ninguno de ellos con ms de catorce aos, aprendan a arquearse para rebotar en las paredes y usar a los dems como escudos vivientes. Pero mientras otros comandantes dominaban las tcnicas que Ender haba usado para derrotarlos, Ender y Bean buscaban soluciones a problemas que an no se haban presentado. Todava haba batallas todos los das, pero por un tiempo fueron normales, con cuadrculas, estrellas y sbitas zambullidas por la puerta. y despus de las batallas, Ender, Bean y cuatro soldados ms se separaban del grupo principal para practicar extraas maniobras. Ataques sin paralizadores, usando los pies para desarmar o desorientar al enemigo. Uso de cuatro soldados congelados para revertir el campo de la puerta enemiga en menos de dos segundos y un da Bean asisti a los ejercicios con una cuerda de trescientos metros. -Para qu es eso? -An no lo s Bean enroll distradamente un extremo de la cuerda. Tena apenas tres milmetros de grosor, pero podra haber izado a diez adultos sin romperse. -Dnde la has conseguido? -En la cooperativa militar. Me preguntaron para qu la quera. Dije que para

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practicar nudos. Bean hizo un nudo en un extremo de la cuerda y se la desliz sobre los hombros. -Vosotros dos, aferraos a esta pared. No soltis la cuerda. Dejad flojos cincuenta metros. Obedecieron, y Bean se alej tres metros por la pared. En cuanto ellos estuvieron dispuestos, rebot en la pared y vol cincuenta metros en lnea recta. La cuerda se tens. Era tan delgada que resultaba casi invisible, pero era tan fuerte, que oblig a Bean a virar casi en ngulo recto. Fue tan repentino que traz un arco perfecto y choc contra la pared antes de que los dems entendieran qu haba sucedido. Bean rebot perfectamente y regres al lugar donde aguardaban Ender y los dems. Muchos soldados de los cinco escuadrones convencionales no haban reparado en la cuerda, y preguntaron cmo se haca. Era imposible cambiar tan repentinamente de rumbo en gravedad cero. Bean se ech a rer. -¡Esperad al prximo juego sin cuadrcula! Ni siquiera sabrn qu les pas. En efecto, no lo supieron. El siguiente juego fue slo dos horas despus, pero Bean y otros dos haban adquirido destreza para apuntar y disparar mientras volaban raudamente en el extremo de la cuerda. Les entregaron el papel, y el Ejrcito Dragn trot hacia la puerta para batallar con el Ejrcito Grifo. Bean enroll toda la cuerda. Cuando abrieron la puerta, slo haba una gran estrella opaca a cinco metros de distancia, que les impeda ver la puerta enemiga. Ender no titube. -Bean, usa quince metros de cuerda y rodea la estrella. Bean y sus cuatro soldados atravesaron la puerta y al instante Bean se lanz hacia el flanco de la estrella. La cuerda se tens y Bean vol hacia adelante. A medida que cada borde de la estrella detena la cuerda, el arco se estrechaba y la velocidad aumentaba, hasta que choc contra la pared a poca distancia de la puerta, y apenas pudo dominar el rebote para terminar detrs de la estrella. Pero al instante movi brazos y piernas para anunciar a quienes aguardaban junto a la puerta que el enemigo no lo haba paralizado.

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Ender cruz la puerta y Bean le inform rpidamente cmo estaba desplegado el Ejrcito Grifo. -Tienen dos cuadrados de estrellas alrededor de la puerta. Todos sus soldados estn cubiertos, y no hay modo de acertarle a ninguno hasta que lleguemos a la pared del fondo. Incluso con escudos tendramos tantas bajas que no podramos vencer. -Se mueven? -pregunt Ende r. -Tienen que hacerlo? -Yo lo hara. -Ender cavil un instante-. Esto es difcil. Buscaremos la puerta, Bean. El Ejrcito Grifo empez a llamarles. -Eh, hay alguien all? -¡Despertad, estamos en guerra! -¡Queremos participar en la juerga! An estaban gritando cuando el ejrcito de Ender sali por detrs de la estrella con un escudo de catorce soldados congelados William Bee, comandante del Ejrcito Grifo, aguard con paciencia mientras se acercaba la pantalla protectora. Sus hombres esperaban en los bordes de las estrellas el momento en que se hiciera visible lo que haba detrs de las pantallas. A diez metros la pantalla estall de golpe cuando los soldados que iban detrs la impulsaron hacia el norte. El mpetu los llev al sur al doble de velocidad y en ese instante e] resto del Ejrcito Dragn sali de detrs de su estrella al otro extremo de la sala disparando rpidamente. Los chicos de William Bee entraron prontamente en la batalla, pero William Bee estaba ms interesado en lo que haba quedado atrs al desaparecer el escudo. Una formacin de cuatro soldados congelados del Ejrcito Dragn se mova deprisa hacia la puerta del Ejrcito Grifo, unida por otro soldado congelado que llevaba los pies y las manos enganchados en los cinturones. Un sexto soldado iba colgado de su cintura y flameaba detrs como la cola de una cometa El Ejrcito Grifo ganaba la batalla rpidamente, y William Bee se concentr en la formacin que se aproximaba a la puerta. De pronto, el soldado que flameaba detrs se movi. ¡No estaba congelado! y aunque W illiam Bee lo paraliz de inmediato, el dao estaba hecho. La formacin enfil hacia la puerta del Ejrcito Grifo, y sus cascos tocaron las cuatro esquinas simultneamente Son una alarma, la carga se invirti y el soldado congelado situado en el centro atraves la puerta llevado por su

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impulso Todos los paralizadores dejaron de funcionar y el juego termin La puerta de profesores se abri y entr el teniente Anderson Al llegar al centro de la sala de batalla se detuvo con un ademn -Ender -llam, rompiendo el protocolo Uno de los soldados Dragones congelados cerca de la pared trat de llamar, pero tena las mandbulas inmovilizadas por el traje. Anderson fue flotando hasta l y lo descongel. Ender sonrea. -Le derrot de nuevo, seor. Anderson no sonrea. -Pamplinas, Ender. Tu batalla era con William Bee, del Ejrcito Grifo. Ender enarc las cejas. -Despus de esta maniobra -dijo Anders on-, se cambiarn las reglas. Es imprescindible que todos los soldados enemigos estn inmovilizados antes de revertir la puerta. -De acuerdo -dijo Ender-. De todos modos slo poda funcionar una vez. -Anderson asinti, y ya iba a marcharse cuando Ender continu-: No habr una nueva regla para que los ejrcitos puedan pelear con igualdad de oportunidades? Anderson dio media vuelta. -Si t ests en uno de los ejrcitos, Ender, no puede haber igualdad, ests donde ests. William Bee cont atentamente y se pregunt cmo demonios haba perdido cuando ninguno de sus soldados estaba paralizado y Ender slo tena cuatro efectivos mviles. Esa noche, cuando Ender entr en el comedor de comandantes, lo saludaron con aplausos y ovaciones, y su mesa estaba rodeada de comandantes respetuosos, muchos de ellos dos o tres aos mayores que l. Ender se mostr afable, pero mientras coma se pregunt qu tramaran los profesores para la siguiente batalla. No tena por qu preocuparse. Sus dos prx imas batallas fueron victorias fciles, y despus de eso no volvi a vi sitar la sala de batalla. Eran las 21.00 y Ender se irrit un poco cuando llamaron a su puerta. Su ejrcito estaba exhausto, y haba ordenado a todos que se acostaran despus de las 20.30. Los ltimos dos das haban sido batallas normales, y Ender esperaba lo

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peor por la maana. Era Bean. Entr tmidamente y se cuadr. Ender devolvi el saludo militar y rezong: -Bean, he ordenado que todos se acostaran. Bean asinti pero no se fue. Ender pens en ordenarle que se marchara, pero por primera vez en semanas cay en la cuenta de que Bean era slo un chiquillo. Haba cumplido ocho aos la semana anterior, an era menudo y... No, pens Ender. No era un chiquillo. Nadie lo era. Bean haba estado en batalla, y haba actuado y vencido cuando un ejrcito entero dependa de l y aunque era menudo, Ender ya nunca lo considerara un chiquillo. Ender se encogi de hombros y Bean entr y se sent en el borde de la cama. Se mir las manos un rato, hasta que Ender se impacient. -Bien, qu ocurre? -Me transfieren. He recibido las rdenes hace unos minutos. Ender cerr los ojos un instante. -Saba que se valdran de una nueva treta. Ahora me sacan... Adnde irs? -Al Ejrcito Conejo. -Cmo pueden ponerte con un idiota como Carn Carby? -Carn se ha licenciado. Escuadrones de soporte. Ender se sorprendi. -Y quin comanda entonces el Ejrcito Conejo? Bean extendi las manos con resignacin. -Yo. Ender asinti y sonri. -Claro. A fin de cuentas, tienes slo cuatro aos menos de lo normal. -No le veo la gracia. No s qu est pasando. Primero todos los cambios en el juego y ahora esto. Y no soy el nico a quien han transferido, Ender. Ren, Peder, Brian, Wins, Younger. Todos son comandantes. Ender se levant con furia y camin hacia la pared. -¡Todos mis jefes de pelotn! -vocifer, y se volvi hacia Bean-. Si van a disolver mi ejrcito, Bean, por qu se molestan en nombrarme comandante?

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Bean mene la cabeza. -No s. Eres el mejor, Ender. Nadie logr nunca lo que t has logrado. Diecinueve batallas en quince das, y las ganaste todas, sin importar lo que te hicieran. -Y ahora t y los dems sois comandantes. Conocis todos mis trucos, yo os entren, y con quin os sustituir? me dejaran con seis novatos? -Esto apesta, Ender; pero t sabes que si te dieran cinco enanos invlidos y te armaran con un rollo de papel higinico, venceras. Ambos rieron, y entonces notaron que la puerta estaba abierta. Entr el teniente Anderson, seguido por el capitn Graff. -Ender Wiggins -dijo Graff, entrelazndose las manos sobre el vientre. -S, seor -respondi Ender. -"rdenes. Anderson le dio un papel. Ender lo ley deprisa, lo arrug y se qued mirando el aire. Al cabo de unos momentos pregunt: -Puedo informar a mi ejrcito? -Ya se enterarn -respondi Graff-. Es mejor no hablarles despus de las rdenes. Facilita las cosas. -Para ustedes o para m? -pregunt Ender. No aguard una respuesta. Se volvi hacia Bean, le estrech la mano, enfil hacia la puerta. -Espera -dijo Bean-. Adnde vas? Escuela Tctica o de Soporte? --Escuela de Mando -respondi Ender. Se fue y Anderson cerr la puerta. Escuela de Mando, pens Bean. Nadie iba a la Escuela de Mando sin haber pasado tres aos en Tctica. Pero nadie iba a Tctica sin haber pasado cinco aos en la Escuela de Batalla. Ender slo haba estado tres. El sistema se estaba dislocando. Sin duda, pens Bean. O algn jerarca estaba perdiendo el juicio, o algo andaba mal en la guerra, la guerra verdadera para la cual los entrenaban. Por qu otra razn alteraran el sistema de entrenamiento permitiendo que alguien (aun tan destacado como Ender) ingresara en la Escuela de Mando? Por qu otra razn un novato de ocho aos como Bean comandara un ejrcito? Bean pas un buen rato hacindose todas esas preguntas, y al fi n se acost en la

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cama de Ender y comprendi que nunca lo vera de nuevo. Sinti ganas de llorar. Pero no llor. El entrenamiento preescolar le haba enseado a tragarse las emociones. Record que su primer maestro, cuando tena tres aos, se habra enfadado al verle los labios trmulos y los ojos llenos de lgrimas. Bean se someti a su rutina de relajamiento hasta que se esfumaron las ganas de llorar. Luego se durmi. Tena la mano cerca de la boca. La apoyaba con vacilacin en la almohada, como si Bean no supiera si comerse las uas o chuparse los dedos. Tena la frente arrugada. Respiraba deprisa y ligeramente. Era un soldado. Si alguien le hubiera preguntado qu quieres ser de ma yor, no habra entendido la pregunta. Hay una guerra, decan, y eso justificaba toda la prisa del mundo. Lo decan como consigna y exhiban una tarjeta en cada desp acho de venta de billetes, cada control aduanero, y cada puesto de guardia. As sorteaban todas las filas. Ender Wiggins viajo de un lugar a otro con tanta prisa que no tuvo tiempo de examinar nada. Pero vio rboles por primera vez. Vio hombres que no vestan uniforme. Vio mujeres. Vio extraos animales que no hablaban, pero que seguan dcilmente a mujeres y nios. Vio maletas y cintas transportadoras y letreros con palabras que jams haba odo. Habra querido preguntar qu significaban, pero la determinacin y la autoridad lo rodeaban, encarnados en la persona de cuatro altos oficiales que nunca se hablaban ni le hablaban. Ender Wiggins era un extrao en el mundo que le entrenaba para defenderse. No recordaba haber salido nunca de la Escuela de Batalla. Sus primeros recuerdos eran pueriles juegos de guerra al mando de un profesor, comidas con otros nios vestidos con el uniforme gris y verde de las fuerzas armadas de su mundo. No saba que el gris representaba el cielo y el verde representaba los grandes bosques de su planeta. Todo lo que saba del mundo era por vagas referencias al "afuera". Y antes de que pudiera entender ni papa del mundo que vea por primera vez, lo encerraron nuevamente en el mbito castrense, donde nadie tena que decir Hay una guerra, porque en el mbito castrense nadie lo olvidaba ni un solo instante de

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un solo da. Lo pusieron en una nave espacial y lo enviaron a un gran satlite artificial que giraba en torno del mundo. La estacin espacial se llamaba Escuela de Mando. All estaba el ansible. En su primer da, Ender Wiggins recibi instrucciones sobre el ansible y lo que significaba para la guerra. Significaba qu e, aunque las naves estelares de las batallas del presente se haban lanzado cien aos atrs, los comandantes eran hombres del presente, que usaban el ansible para enviar mensajes a los ordenadores y los pocos hombres de cada nave. El ansible enviaba las palabras en cuanto se pronunciaban, las rdenes en cuanto se impartan, los planes mientras se libraban las batallas. La luz era lenta como un peatn. Durante dos meses Ender Wiggins no lleg a conocer a nadie. Trababa conversacin con gente annima que le enseaba lo que saba y luego era sustituida por otros profesores. No tuvo tiempo para echar de menos a sus amigos de la Escuela de Batalla. Slo tena tiempo para aprender a operar el simulador, que reproduca situaciones de combate como si l tripulara una nave estelar en el centro de la batalla; a comandar naves simuladas en batallas simuladas, manipulando las teclas del simulador e impartiendo rdenes por el ansible; a reconocer al instante cada nave enemiga y las armas que llevaba por los grficos que mostraba el simulador; a transferir todo lo que haba aprendido en las batallas de gravedad cero de la Escuela de Batalla a las batallas entre naves estelares de la Escuela de Mando. Si antes se tomaban el juego en serio, aqu lo acuciaban a cada paso, se enfadaban y enfurruaban cada vez que se olvidaba de algo o cometa un error. Pero trabaj como de costumbre, y aprendi como de costumbre. Al cabo de un tiempo dej de cometer errores. Usaba el simulador como si fuera parte de s mismo. Entonces dejaron de preocuparse y le pusieron un maestro. Maezr Rackham estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas cuando Ender despert. No dijo nada mientras Ender se levantaba, se duchaba y se vesta, y Ender no se molest en hacer preguntas. Haba aprendido que cuando ocurra algo inusitado, se enteraba antes si esperaba en vez de preguntar. Maezr an no haba hablado cuando Ender estuvo preparado y se dispuso a salir

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de la habitacin. La puerta no se abri. Ender se volvi hacia el hombre sentado en el suelo. Maezr era un cuarentn, es decir, el hombre ms viejo que Ender hubiera visto de cerca. Sus patillas blancas y negras formaban una sombra ms oscura que el pelo cortado a cepillo. Tena la cara floja y surcos y arrugas en tomo a los ojos. Mir a Ender con indiferencia. Ender volvi hacia la puerta e intent abrirla de nuevo. -De acuerdo -dijo, dndose por vencido-. Por qu me han encerrado con llave ? Maezr sigui mirndolo en si lencio. Ender se impacient. -Llegar tarde. Si no debo presentarme hasta ms tarde, dgalo y seguir durmiendo. -Ninguna respuesta-. Es un juego de adivinanzas? -Ninguna respuesta. Ender lleg a la conclusin de que el hombre quera provocarlo, as que realiz un ejercicio de relajacin mientras se apoyaba en la puerta, y pronto recobr la calma. Maezr no apartaba los ojos de Ender. El silencio persisti durante las dos horas siguientes, Maezr observando sin cesar a E nder, Ender tratando de fingir que el hombre no exista. El chico se puso cada vez ms nervioso y empez a caminar de un lado a otro de la habitacin. Una vez, cuando pas junto a Maezr, el hombre estir la mano y le empuj la pierna izquierda contra la derecha en medio de un paso. Ender cay al suelo cuan largo era. Se levant con furia. Maezr estaba sentado con calma, las piernas cruzadas, como si no se hubiera movido. Ender se dispuso a luchar. Pero la inmovilidad del otro le impeda atacar, y se pregunt si slo se haba imaginado que el hombre le hubiera hecho caer. Sigui caminando una hora ms, tanteando la puerta de cuando en cuando. Al fin desisti, se quit el uniforme y se dirigi a la cama. Cuando se inclin para retirar la colcha, una mano se le hundi bruscamente entre los muslos y otra mano le aferr el cabello. En un instante estaba cabeza abajo. La rodilla del hombre le aplastaba la cara y los hombros contra el piso, mientras su espalda se arqueaba dolorosamente y los brazos de Maezr le sujetaban las piernas. Ender no poda usar los brazos ni encorvarse para usar las piernas. En

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menos de dos segundos el viejo haba derrotado a Ender Wiggins. -De acuerdo -jade Ender-. Usted gana. La rodilla de Maezr lo apret dolorosamente. -Desde cundo debes decirle al enemigo que ha vencido? murmur Maezr con voz spera. Ender guard silencio. -Te sorprend una vez, Ender Wiggins. Por qu no me destruiste de inmediato? Slo porque te result apacible? Me diste la espalda. Estpido. No has aprendido nada. Nunca has tenido un maestro. Ender se enfureci. -He tenido demasiados maestros. Cmo iba a saber que usted resultara ser un...? -Ender busc una palabra. Maezr se la sugiri. -Un enemigo, Ender Wiggins. Soy tu enemigo, el primero que has tenido que ha sido ms listo que t. No hay ms maestros que el enemigo, Ender Wiggins. Nadie salvo el enemigo te dir lo que har el enemigo. Nadie salvo el enemigo te ensear a destruir y conquistar. Soy tu enemigo a partir de ahora. A partir de ahora soy tu maestro. Maezr solt las piernas de Ender. Como el viejo an apretaba la cabeza de Ender contra el piso, el chico no pudo usar los brazos para compensar, y las piernas chocaron contra la superficie de plstico con un crujido y un dolor lacerante. Maezr se levant y dej que Ender se incorporase. El chico recogi las piernas con un gruido de dolor y se qued a gatas un instante, recobrndose. De golpe tendi el brazo derecho. Maezr se apart grcilmente y la mano de Ender se cerr en el aire mientras el maestro le lanzaba un puntapi a la barbilla. La barbilla de Ender ya no estaba all. Ender estaba tendido de espaldas, girando en el suelo, y durante el momento en que Maezr perdi el equilibrio por el puntapi, el pie de Ender se incrust en la otra pierna de Maezr. El viejo cay al suelo hecho un guiapo. Lo que pareca un guiapo era una trampa. Ender no encontraba un brazo ni una pierna que se dejaran aferrar, y mientras tanto le descargaban golpes en la espalda y los brazos. Ender era ms menudo, no poda franquear las defensas del viejo. Brinc hacia atrs y se plant cerca de la puerta. El viejo dej de patalear y

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se sent, cruz las piernas riendo. -Esta vez anduvo mejor, muchacho. Pero lento. Tendrs que ser mejor con una flota de lo que eres con el cuerpo, o nadie estar a salvo bajo tu mando. Leccin aprendida? Ender asinti despacio. Maezr sonri. -Bien. Entonces nunca libra remos semejante batalla otra vez. El resto con el simulador. Yo programar tus batallas, yo disear la estrategia de tu enemigo y t aprenders a ser rpido y descubrir qu trucos te depara el enemigo. Recuerda, muchacho. A partir de ahora el enemigo es ms listo que t. A partir de ahora el enemigo es ms fuerte que t. A partir de ahora siempre estars a punto de perder. Maezr recobr la seriedad. -Estars a punto de perder, Ender, pero ganars. Aprenders a derrotar al enemigo. l te ensear cmo hacerlo. Maezr se levant y camin hacia la puerta. Ender le cedi el paso. Cuando el viejo toc el picaporte, Ender brinc en el aire y le golpe la espalda con ambos pies. El impacto fue tan fuerte que Ender rebot y aterriz de pie, y Maezr se desplom con un grito. Maezr se levant despacio, aferrando el picaporte, el rostro demudado de dolor. Pareca vencido, pero Ender no se fiaba. Aguard cautamente. Pero a pesar de su recelo, la celeridad de Maezr lo sorprendi . En un santiamn se encontr en el suelo, cerca de la pared de enfrente, sangrando por la nariz y la boca,, pues haba chocado contra la cama. Logr volverse parar ver que Maezr abra la puerta y se marchaba. El viejo cojeaba y caminaba despacio. Ender sonri a pesar del dolor,. se tendi de espaldas y ri hasta que la boca se le inund de sangre y comenz a ahogarse. Se levant y fue penosamente hasta la cama. Se acost y al cabo de unos minutos entr un enfermero que se encarg de sus heridas. Mientras la droga surta efecto y Ender se dorma, record que Maezr haba salido cojeando y ri de nuevo. An rea cuando su mente qued en blanco y el enfermero lo cubri con la manta y apag la luz. Durmi hasta que el dolor lo despert por la

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maana. So con derrotar a Maezr. Al da siguiente Ender fue a la sala del simulador con la nariz vendada y el labio tumefacto. Maezr no estaba. En cambio, un capitn que ya haba trabajado con l le mostr un aadido que haba hecho. El capitn seal un tubo con un rizo en un extremo. -Radio. Primitivo, s, pero se curva sobre la oreja y metemos el otro extremo en la boca. As. I-Cuidado -advirti Ender cuando el capitn le pas un extremo del tubo por el labio hinchado. -Perdn. Ahora slo hablas. -Bien. Con quin? El capitn sonri. -Pregunta y vers. Ender se encogi de hombros y se volvi hacia el simulador. Una voz le retumb en el crneo. Era demasiado resonante para entender, y se arranc la radio de la oreja. -Trata de dejarme sordo? El capitn sacudi la cabeza y movi un a perilla en una caja que haba en una mesa cercana. Ender se coloc la radio. -Comandante -dijo una voz conocida. -S -respondi Ender. -Instrucciones, seor? La voz era decididamente conocida. -Bean? -pregunt Ender. -S, seor. -Bean, habla Ender. Silencio, y luego una carcajada. Luego seis o siete voces ms, riendo, y Ender aguard a que regresara el silencio. -Quines ms? -pregunt. Varias voces hablaron al unsono, pero Bean las acall. -Aqu Bean, y tambin Peder, Wins, Younger, Lee y Vlad. Ender reflexion un instante. Luego pregunt qu diablos suceda. Rieron de

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nuevo. -No pueden dividir el grupo -dijo Bean-. Fuimos comandantes durante dos semanas, y aqu estamos en la Escuela de Mando, entrenndonos con el simulador, y de pronto nos dicen que formaramos una flota con un nuevo comandante. Y se eres t. Ender sonri. -Sois buenos? -En caso contrario, ya nos lo dirs. Ender ri entre dientes. -Quiz funcione. Una flota. Durante los prximos diez das Ender entren a sus jefes de pelotn hasta que pudieron maniobrar con sus naves con precisin de bailarines. Era como estar de nuevo en la sala de batall a, slo que ahora Ender siem pre lo vea todo, y poda hablar con sus jefes de pelotn y alterar las rdenes en cualquier momento. Un da, cuando Ender estaba sentado ante el tablero de mando y conectado al simulador, unas crudas luces verdes parpadearon en el espacio: el enemigo. La hora de la verdad --dijo Ender-. X, Y, ba la, C, D, pantalla de reserva, E, rizo sur, Bean, ngulo norte. El enemigo estaba agrupado en una esfera y les superaba en nmero por dos a uno. La mitad de la fuerza de Ender estaba agrupada en una formacin estrecha, con forma de bala, y el resto en una pantalla circular chata, excepto por una diminuta fuerza al mando de Bean, que se desplazaba fuera del simulador, buscando la retaguardia enemiga. Ender pronto aprendi la estrategia del enemigo: cuando la formacin en bala se aproximaba, el enemigo ceda el paso con el propsito de atraerlo hacia el interior de la esfera y rodearlo. Ender les dio el placer de caer en la trampa, llevando su bala al centro de la esfera. El enemigo comenz a contraerse, sin querer acercarse hasta poder atacar con todas sus armas al mismo tiempo. Entonces Ender comenz a trabajar en serio. Su pantalla de reserva se aproxim al exterior de la esfera, y el enemigo concentr sus fuerzas all. Luego la fuerza de Bean apareci en el lado opuesto, y el enemigo despleg sus naves en ese flanco.

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Esto debilit las defensas de casi toda la esfera. La bala de Ender atac, y como en el punto de ataque superaba abrumadoramente en nmero al enemigo, abri un agujero en la formacin. El enemigo intent tapar el boquete, pero en la confusin la fuerza de reserva y la pequea fuerza de Bean atacaron simultneamente mientras la bala se desplazaba hacia otra parte de la esfera. Al cabo de unos minutos la formacin qued desbaratada, con la mayora de las naves enemigas destruidas y los pocos sobrevivientes escapando a toda velocidad. Ender desconect el simulador. Todas la s luces se apagaron.. Maezr estaba al lado de Ender, las manos en los tobillos, el cuerpo tenso. Ender lo mir. -Cre que el enemigo sera listo -dijo Ender. Maezr no se inmut. -Qu has aprendido? ~-Que una esfera slo funciona si el enemigo es tonto. Tena las fuerzas tan desperdigadas que le super en nmero en cada punto donde me trab en combate. -.y? -y no conviene atenerse a un esquema rgido. Se vuelve demasiado previsible. -Es todo? -pregunt Maezr. Ender se quit la radio. -El enemigo pudo haberme derrotado rompiendo antes la formacin en esfera. Maezr asinti. -Tenas una ventaja injusta. Ender lo mir framente. -Me superaban en nmero por dos a uno. Maezr sacudi la cabeza -T tienes el ansible. El enemigo no. Incluimos eso en las batallas simuladas. Los mensajes de ellos viajan a la velocidad de la luz. Ender mir el simulador. -Hay espacio suficiente para que eso cambie las cosas? -No lo sabas? Ninguna de las naves estuvo nunca a menos de treinta mil kilmetros de las dems. Ender trat de estimar el tamao de la esfera enemiga. La astronoma le superaba. Ahora sinti curiosidad.

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-Qu clase de armas hay en esas naves? Cmo pueden ser tan veloces ? Maezr sacudi la cabeza. -No entenderas los principios cientficos. Tendras que estudiar muchos aos ms de los que has vivido para dominar siquiera los rudimentos. Slo necesitas saber que las armas funcionan. -Por qu tenemos que acercamos tanto para estar al alcance? -Las naves estn protegidas por campos de fuerza. A cierta distancia las armas son ms dbiles y no hacen mella. De cerca las armas son ms poderosas que los campos. Pero los ordenadores se encargan de eso. Disparan continuamente en cualquier direccin que no afecte a una de nuestras naves. Los ordenadores escogen los blancos, apuntan; se encargan de todos los detalles. T slo les dices cundo y los pones en posicin de ganar. Vale? -No. -Ender torci el tubo de la radio entre los dedos-. Tengo que saber cmo funcionan las armas. -Te dije que tardaras... -No puedo comandar una flota, ni siquiera en el simulador, a menos que lo sepa. Ender aguard un instante y aadi-: Slo a grandes rasgos. Maezr se incorpor y se alej unos pasos. -De acuerdo, Ender. No servir de nada, pero lo intentar. Tratando de simplificar. -Se hundi la s manos en los bolsillos-. Es as, Ender. Todo est constituido por tomos, partculas tan pequeas que no puedes verlas a simple vista. Existen pocas clases de tomos, y todas estn constituidas por partculas an ms pequeas que son muy parecidas. Estos tomos se pueden desintegrar para que dejen de ser tomos. De este modo el metal se deshace, y el suelo de plstico, y tu cuerpo. Incluso el aire. Cuando desintegras los tomos es como si desaparecieran. Slo quedan fragmentos. y stos echan a volar y desintegran ms tomos. Las armas de las naves configuran una zona donde resulta imposible mantener una aglomeracin de tomos. Todos se desintegran. y las cosas que hay en esa zona desaparecen. Ender asinti. -Tena razn, no lo entiendo. Es posible bloquearla? -No. Pero se ensancha y debilita cuanto m s se aleja de la nave, de modo que al cabo de un trecho un campo de fuerza la bloquea. Entiendes? y para que sea lo

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bastante intensa, tiene que estar focalizada, de modo que una nave slo puede efectuar disparos efectivos en tres o cuatro direcciones al mismo tiempo. Ender asinti de nuevo, pero no lo entenda del todo. -Si los fragmentos de los tomos desintegrados desintegran ms tomos, por qu no desaparece todo? -El espacio. Esos miles de kilmetros que hay entre las naves estn vacos. Casi no hay tomos. Los fragmentos no chocan contra nada, y cuando al fin lo hacen, estn tan desperdigados que no pueden causar ningn dao. -Maezr lade la cabeza con curiosidad-. Necesitas saber algo ms? -Las armas de las naves... operan contra otras cosas adems de naves? Maezr se acerc a Ender y dijo con firmeza: -Slo las usamos contra naves. Nunca contra otra cosa. Si las usramos contra otra cosa, el enemigo las usara contra nosotros. Entiendes? Maezr se alej, y estaba a un paso de la puerta cuando Ender lo llam. -An no s su nombre -dijo Ender dcilmente. -Maezr Rackham. -Maezr Rackham -dijo E nder-. Le he derrotado. Maezr ri. -Ender, hoy no peleabas contra m. Peleabas contra el ordenador ms estpido de la Escuela de Mando, usando un programa de diez aos de antigedad. No creers que yo usara una esfera, verdad? -Sacudi la cabeza-. Ender, querido amigo, cuando luches contra m lo sabrs. Porque perders. Maezr sali de la sala. Ender an practicaba diez horas al da con sus jefes de pelotn. Nunca los vea, slo oa las voces por radio. Libraban batallas cada dos o tres das. El enemigo le reservaba una sorpresa en cada ocasin, cada vez ms difcil, pero Ender saba afrontarla. y siempre venca. y despus de cada batalla Maezr le sealaba los errores para que aprendiera a manejar el final del juego. Hasta que al fin Maezr se le acerc solemnemente y le estrech la mano. -Muchacho, sa ha sido una buena batalla. Como ese elogio haba tardado tanto en llegar, Ender qued ms complacido que nunca. y como el tono era

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condescendiente, se irrit. -A partir de ahora -dijo Maezr-, podemos darte problemas difciles. A partir de entonces la vida de Ender fue un lento ataque de nervios. Comenz a librar dos batallas al da, con problemas cada vez ms arduos. Toda la vida lo haban entrenado nicamente para el juego, pero el juego empezaba a consumirlo. Despertaba por la maana con nueva estrategias para el simulador y se dorma de noche obsesionado por los errores de ese da. A veces despertaba llorando por una razn que no recordaba. A veces despertaba con los nudillos ensangrentados pues se los haba mordido. Pero todos los da iba impasiblemente al simulador y entrenaba a sus jefes de pe lotn hasta las batallas, y los entrenaba despus de las batallas, y soportaba y estudiaba las duras crticas de Maezr Rackham. Advirti que perversamente lo criticaba ms despus de las batallas ms duras. Advirti que cada vez que empleaban una nueva estrategia el enemigo pasaba a usarla a los pocos das. y advirti que mientras su flota siempre conservaba el mismo tamao, el enemigo aumentaba en nmero da a da. Consult a su maestro. -Te estamos demostrando cmo ser cuando ests al mando de verdad. La proporcin entre el enemigo y nosotros. -Por qu siempre nos superan en nmero? Maezr inclin la cabeza cana un instante, vacilando en responder. Al fin tendi la mano y toc el hombro de Ender. -Te lo dir, aunque la inform acin es secreta. Vers, el enemigo nos atac primero. Tena buenas para atacarnos, pero eso es asunto de los polticos y, al margen de quin fuera la culpa, no podamos deja rle ganar. Cuando el enemigo vino a nuestros mundos, resistimos ferozmente y perdimos a nuestros mejores jvenes en las flotas. Pero vencimos, y el se repleg. Maezr sonri con amargura. -Pero el enemigo no haba terminado, muchacho. El enemigo no terminara nunca. Regres en nmero creciente, y cada vez era ms difcil derrotarlo. y perdimos otra generacin de jvenes. pocos sobrevivieron. As que elaboramos un plan. Nuestros jefes prepararon el plan. Sabamos que debamos destruir al enemigo de una vez

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por todas, eliminar totalmen te su capacidad para combatir contra nosotros. Para ello tenamos que llegar a sus mundos natale s..., su mundo natal, para ser precisos, pues el imperio enemigo est centrado en el mundo capital. - Y? -pregunt Ender. -y as preparamos una flota. Tenamos ms naves que ellos. Fabricamos cien naves por cada nave que haban enviado contra nosotros. y las lanzamos contra sus veintiocho mundos. Comenzaron a zarpar hace cien aos. y llevaban consigo el ansible, y muy pocos hombres. Para que algn da un comandante pudiera sentarse en un planeta alejado de la batalla y comandar la flota. Para que el enemigo no destruyera nuestra mejores mentes. La pregunta de Ender an no tena respuesta. -Por qu nos superan en nmero? Maezr ri. -Porque nuestras naves tardaron cien aos en llegar all. Han tenido cien aos para preparar su contraofensiva. Seran idiotas si aguardaran en viejos remolcadores para defender sus puertos. Tienen nuevas naves, grandes naves, cientos de naves. Nosotros slo tenemos el ansible, ms la ventaja de que deben poner a un comandante en cada flota, y cuando pierden, como de hecho ocurre, pierden a sus mejores mentes en cada oportunidad. Ender quiso hacer otra pregunta. -Basta, Ender Wiggins. Ya te he dicho ms de lo que deba. Ender se levant colricamente, dispuesto a marcharse. -Tengo derecho a saber. Cree que esto puede seguir para siempre, trasladarme de una estrella a otra sin decirme qu propsito tiene mi vida? Nos usan como herramientas Un da mandaremos las naves; un da quiz salvemos las vidas de todo, pero no soy un ordenador, y tengo que saber, -Pues hazme una pregunta, muchacho y si puedo la responder -Si usan nuestras mejores mentes para comandar las flotas, y nunca pierden ninguna, para qu me necesitan? A qu in sustituir, si todos estn all? Maezr sacudi la cabeza -No puedo darte la respuesta Ender. Confrmate con saber que te necesitaremos

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pronto. Es tarde. Acustate. Tendrs una batalla por la maana. Ender sali de la sala del simulador. Pero cuando Maezr sali por la misma puerta instantes ms tarde, el chico lo esperaba en el pasillo -Bien, muchacho -dijo Maezr con impaciencia-, qu ocurre? No tengo toda la noche y t necesitas dormir. Ender no estaba seguro de cul era la pregunta pero Maezr aguard. Al fin Ender pregunt en voz baja -Viven? -Quines? -Los dems comandantes. Los de ahora y los que me precedieron Maezr replic -Viven. Claro que viven ¡Qu pregunta! Riendo entre dientes el viejo se sali por el pasillo. Ender se qued un rato donde estaba, pero al fin sinti cansancio y se fue a dormir Viven, pens. Viven, pero no puede decirme qu les pasa Esa noche Ender no despert llorando Pero se despert con sangre en las manos. Transcurrieron meses con batallas todos los das, hasta que al fin Ender adopt la rutina de la autodestruccin. Dorma cada noche menos, soaba ms, y comenz a sentir dolores terribles en el estmago. Le pusieron una dieta suave, pero pronto ni siquiera tuvo apetito para eso. -Come -deca Maezr, y Ender se llevaba la comida a la boca mecnicamente. Pero no coma si nadie le insista. Un da, mientras entrenaba a sus jefes de pelotn, la sala se puso negra y l despert en el suelo con la cara ensangrentada. Se haba golpeado contra los controles. Lo llevaron a la cama y pas tres das muy enfermo. Record haber visto caras en sus sueos, pero no eran caras reales, y la supo incluso mientras crea verlas. A veces crea ver a Bean, ya veces al teniente Anderson y al capitn Graff. Pero cuando despert era slo su enemigo, Maezr Rackham. -Estoy despierto -le dijo a Maezr. -Ya veo -respondi Maezr-. Has tardado bastante. Hoy tienes una batalla.

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Ender se levant, libr la batalla y venci. Pero ese da no hubo segunda batalla, y le permitieron acostarse ms temprano Le temblaban las manos cuando se desnudaba. Durante la noche crey sentir manos que la acariciaban, y so con voces que decan: -Cunto tiempo podr aguantar as? -Lo suficiente. -Tan pronto? -Dentro de pocos das habr terminado. -Cmo le ir? -Bien. Hoy ha estado mejor que nunca. Ender reconoci que la ltima voz era la de Maezr Rackham. Le fastidi que Rackham invadiera hasta sus sueos. Se despert y libr otra batalla y gan. Se fue a acostar. Se despert y gan de nuevo; y el da siguiente era el ltimo en la Escuela de Mando, aunque l no lo saba. Se levant y fue al simulador para la batalla. Maezr estaba aguardando. Ender entr despacio en la sa la del simulador. Arrastraba los pies. Pareca cansado y demacrado. Maezr frunci el ceo. -Ests despierto, muchacho? Si Ender hubiera estado despejado, le habra inquietado la voz preocupada del maestro. En cambio se limit a dirigirse a los controles y se sent. Maezr le habl. -El juego de hoy necesita algunas explicaciones, Ender Wiggins. Por favor, mrame y presta atencin. Ender se dio la vuelta y por primera vez advirti que haba gente en el fondo de la sala. Reconoci a Graff y Anderson de la Escuela de Batalla, y record vagamente a algunos hombres de la Escuela de Mando, profesores que haba tenido varias horas. Pero no conoca a la mayora de los presentes. : - Quines son ? Maezr sacudi la cabeza. -Observadores. En ocasiones permitimos que haya observadores que presencien la batalla. Si te molestan pedir que se marchen.

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Ender se encogi de hombros. Maezr inici su explicacin. -El juego de hoy, muchacho, contiene un nuevo elemento. Estamos montando una batalla en torno a un planeta. Esto complicar las cosas de dos maneras. El planeta no es grande, en la escala que usamos, pero el ansible no puede detectar nada al otro lado, as que hay un punto ciego. Adems, va contra las reglas usar nuestras armas contra el planeta mismo. Comprendes? -Por qu? Las armas no funcionan contra los planetas? -Hay reglas de la guerra -respondi framente Maezrque se aplican incluso en los juegos de entrenamiento. Ender sacudi la cabeza. -El planeta puede atacar? Maezr qued desconcertado un instante, luego sonri. -Tendrs que averiguarlo por tu cuenta, muchacho. y una cosa ms. Hoy, Ender, tu oponente no es el ordenador. Yo soy el enemigo hoy, y no te dejar escapar tan fcilmente. Hoy es una batalla a muerte. y me valdr de todos los medios para derrotarte. Maezr se fue y el aturdido Ender condujo a sus jefes de pelotn en las maniobras. Todo iba bien, pero varios observadores menearon la cabeza y Graff no poda dejar las manos ni las piernas quietas. Ho y Ender sera lento, y hoy Ender no poda darse ese lujo. Son una alarma y Ender despej el tablero del simulador, aguardando a que apareciera el juego del da. Se senta aturdido, y se pregunt por qu haba observadores. Era un examen? Decidiran si serva para otra cosa? Para otros dos aos de extenuante entrenamiento, otros dos aos de luchar para superarse? Ender tena doce aos. Se senta muy viejo. y mientras esperaba a que apareciera el juego, dese perder, perder la batalla de forma tan humillante que lo retiraran del programa, lo castigaran como quisieran. No le importaba, as podra dormir. Entonces apareci la formacin enemiga, y la fatiga de Ender se transform en desesperacin. El enemigo le superaba en nmero por mil a uno, haba parpadeos verdes en todo el simulador, y Ender supo que no podra vencer.

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Adems, el enemigo no era estpido. No era una formacin que Ender pudiera estudiar y atacar. Los vastos enjambres de naves se movan continuamente, pasando de una formacin a otra, de modo que un espacio vaco se llenaba al instante con una formidable fuerza enemiga. y aunque la flota de Ender era la ms numerosa que haba tenido, no poda desplegarla en ninguna parte donde pudiera superar al enemigo en nmero el tiempo suficiente para lograr nada. Por otra parte, detrs del enemigo estaba el planeta. El planeta sobre el cual Maezr le haba advertido. Qu diferencia estableca un planeta, si Ender ni siquiera poda acercarse? Ender aguard el arrebato de intuicin que le indicara qu hacer, cmo destruir al enemigo. y mientras esperaba, oy que los observadores se agitaban en los asientos, preguntndose qu haca Ender, qu plan seguira. y al fin todos comprendieron que Ender no saba qu hacer, que no haba nada que hacer, y algunos hombres emitieron sonidos guturales. Entonces Ender oy la voz de Bean. Bean ri entre dientes. -Recuerda, la puerta del enemigo est abajo. Todos los jefes de pelotn rieron y Ender evoc los simples juegos que haba jugado y ganado en la Escuela de Batalla. All tambin lo haban enfrentado con situaciones imposibles, y haba vencido. Qu diablos, no dejara que Maezr Rackham le venciera con el truco barato de superarle en nmero por mil a uno. En la Escuela de Batalla haba ganado un juego recurriendo a una treta que el enemigo no esperaba, algo que iba contra las reglas. Haba ganado atacando la puerta del enemigo. Y la puerta del enemigo estaba abajo. Ender sonri, y comprendi que si rompa esa regla quiz lo expulsaran de la escuela, y as ganara con toda seguridad. Nunca ms tendra que jugar otro juego. Susurr instrucciones. Cada uno de sus seis comandantes tom una parte de la flota y se lanz contra el enemigo. Siguieron cursos errticos, cambiando a cada instante de rumbo. El enemigo interrumpi sus maniobras y comenz a agruparse alrededor de las seis flotas de Ender. Ender se quit el micrfono, se reclin en el asiento, mir. Los observadores murmuraban. Ender no haca nada. Haba renunciado al juego.

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Pero un diseo comenz a aflorar a partir de las rpidas confrontaciones con el enemigo. Los seis grupos de Ender perdan naves constantemente en sus escaramuzas, pero nunca se detenan para una pelea sostenida, aunque por un instante podran haber obtenido una pequea victoria tctica. En cambio continuaban en un curso errtico que poco a poco conduca hacia abajo. Hacia el planeta enemigo. Y a causa de su curso aparentemente aleatorio, el enemigo no lo comprendi hasta el mismo momento en que lo comprendieron los observadores. Para entonces ya era demasiado tarde, tal como haba sido demasiado tarde cuando William Bee quiso impedir que los soldados de Ender activara n la puerta. Cada vez ms naves de Ender quedaban destruidas por los impactos, de modo que slo dos de la seis flotas pudieron llegar al planeta, y stas fueron diezmadas. Pero esos pequeos grupos lograron penetrar, y abrieron fuego sobre el planeta. Ender se inclin hacia delante, ansioso de ver si su corazonada daba resultado. Tema que en cualquier momento sonara una alarma y se interrumpiera el juego, pues haba violado la regla. Pero apostaba a la precisin del simulador. Si poda simular un planeta, poda simular lo que suceda cuando un planeta era atacado. y as fue. Las armas que destruan pequeas naves no destruyeron el planeta entero al principio. Sin embargo causaron terribles explosiones. Adems, en el planeta no haba espacio para disipar la reaccin en cadena. En el planeta la reaccin en cadena encontr cada vez ms combustible para alimentarse. La superficie del planeta se ondul, y de pronto se dispers en una inmensa explosin que lanz relmpagos de luz por doquier. Devor la flota de Ender. y luego alcanz las naves enemigas. Las primeras se vaporizaron. A medida qu e la explosin se propagaba y perda brillo, fue evidente lo que suceda con cada nave. A medida que la luz las alcanzaba, relampagueaban un instante y desaparecan. Todas eran combustibles para el fuego del planeta. La explosin tard ms de tres minutos en llegar a los lmites del simulador, pero para entonces era mucho ms dbil. Todas las naves haban desaparecido, y si alguna logr escapar antes de la explosin, quedaban tan pocas que no eran de

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cuidado. No haba nada donde haba estado el planeta. El simulador estaba vaco. Ender haba destruido al enemigo sacrificando su flota entera y rompiendo la regla de no destruir el planeta enemigo. No saba si sentirse eufrico ante su victoria o irritado ante el reproche que pronto sufrira. As que no sinti nada Estaba cansado Quera acostarse y dormir Apag el simulador y al fin oy la algaraba que haba detrs Ya no haba dos filas de discretos obser vadores militares, sino un caos. Algunos se palmeaban la espalda, algunos hundan la cabeza entre las manos, otros lloraban El capitn Graff se separ del grupo y se acerc a Ender. Le corran lgrimas por la cara, pero sonrea. Extendi los brazos y, para sorpresa de Ender, lo abraz con fuerza y susurr -Gracias, gracias, gracias, Ender Pronto todos los observadores se reuni eron alrededor del desconcertado nio, agradeciendo, animndole, palmendole el hombro y dndole la mano. Ender trat de entender lo que decan Haba aprobado el examen? Por qu les importaba tanto? La multitud cedi el paso a Maezr Rackham, quien se acerc a Ender Wiggins y tendi la mano. -Optaste por lo ms difcil, muchacho Pero el cielo sabe que no podas vencer de otra manera Muchas felicidades Los has derrotado; ahora todo ha terminado -Le derrot a usted, Maezr Rackham Maezr lanz una risotada que retumb en la sala -Ender Wiggins, nunca jugaste conmigo. Nunca jugaste un juego desde que soy tu maestro Ender no entendi la broma Haba jugado muchsimos juegos, y haba pagado un alto precio. Empezaba a enfadarse. Maezr le toc el hombro. Ender se zaf. Maezr se puso serio. -Ender Wiggins, en los ltimos meses has sido comandante de nuestras flotas. No hubo juegos. La batallas eran reales. Tu nico enemigo era el enemigo. Ganaste cada batalla. y hoy combatiste en su mundo natal, y destruiste su mundo, su flota, los destruiste por completo, y nunca ms volvern a atacarnos. T lo hiciste. T. Real. No era un juego. Ender estaba demasiado cansado para afrontarlo. Se alej

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de Maezr, atraves en silencio la multitud que an le susurraba gracias felicidades, sali de la sala del simulador, lleg a su dormitorio y cerr la puerta. Estaba dormido cuando Graff y Maezr lo encontraron. Entraron en silencio y lo despertaron. Tard en despertar, y cuando los reconoci quiso seguir durmiendo. -Ender -dijo Graff-, tenemos que hablarte. Ender se volvi hacia ambos. No dijo nada. Graff sonri. -Ayer fue un golpe para ti, lo s. Pero debes estar orgulloso de saber que has ganado la guerra. Ender asinti. -Maezr Rackham nunca jug contra ti. Slo analizaba tus batallas para hallar tus puntos dbiles para ayudarte a me jorar. Dio resultado, verdad? Ender cerr los ojos con fuerza. Ellos esperaron. -Por qu no me lo dijeron? Maezr sonri. -Hace cien aos, Ender, descubrimos ciertas cosas. Que un comandante se atemoriza cuando su vida corre peligro, y el temor le entorpece el pensamiento Cuando un comandante sabe que est matando gente, se vuelve cauto o pierde el juicio, y nada de eso ayuda. Y cuando es maduro, cuando tien e responsabilidades y cierta comprensin del mundo, se vuelve excesivamente prudente y no cumple su tarea. Por eso entrenamos a nios, que no conocan nada excepto el juego y nunca saban cundo se volvera real. sa era la teora, y t demostraste que es correcta. Graff toc el hombro de Ender. -Lanzamos las naves para que llegaran a destino durante estos meses. Sabamos que quiz slo tuviramos un buen comandante, si tenamos suerte. En la historia ha sido muy raro que hubiera ms de un genio en una guerra. As que decidirnos tener un genio. Era una apuesta. y t nos permitiste ganarla. Ender abri los ojos y los dos comprendieron que estaba furioso. -En efecto, ustedes ganaron. Graff y Maezr Rackharn se miraron. -No lo comprende -susurr Graff. -S lo comprendo -dijo Ender-. Ustedes necesitaban un arma, y la consiguieron: era

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yo. -En efecto -res pondi Maezr. -Pues bien -continu Ender-, cunta gente viva en ese planeta que destru? No le respondieron. Aguardaron en silencio, y al fin Graff dijo: -Las armas no tienen por qu entender hacia dnde apuntan, Ender. Nosotros apuntamos, y nosotros somos los responsables. T slo realizaste tu tarea. Maezr sonri. -Por supuesto, Ender, cuidaremos de ti. El Gobierno nunca te olvidar. Nos has servido muy bien. Ender rod hacia la pared, y aunque trataron de hablarle no les respondi. Al final se marcharon. Pas largo tiempo tendido en la cama hasta que alguien lo molest. La puerta se abri nuevamente Ender no se volvi. Una mano lo toc. -Ender, soy yo, Bean. Ender se volvi hacia el nio que estaba de pie junto a la cama. -Sintate -le dijo. Bean se sent. -Esa ltima batalla, Ender. No sa ba cmo nos sacaras de all. -Pues no lo hice. Hice trampa. Pens que me expulsaran. -¡Increble! Ganamos la guerra. La guerra ha terminado; creamos que tendramos que esperar hasta ser mayores para combatir, y ramos nosotros quienes pelebamos. Vaya, Ender, somos slo nios. Yo soy un nio, al menos. Bean ri y Ender sonri. Guardaron silencio un rato, Bean sentado en el borde de la cama, Ender mirndolo con ojos entornados. Al fin Bean pregunt: -Qu haremos ahora que la guerra ha terminado? Ender cerr los ojos. -Necesito dormir, Bean. Bean se levant y se fue. Ender durmi. Graff y Anderson entraron en el parque. Soplaba la brisa, pero el sol les haca arder los hombros. -Abba Technics? En la capital? -pregunt Graff

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-No, en el condado Biggock. Divisin de entrenamiento -respondi Anderson.Creen que mi trabajo con nios es buena preparacin. y usted? Graff sonri y mene la cabeza. -No tengo planes. Me quedar aqu unos meses ms. Informes, reorganizacin. He recibido ofertas. Desarrollo de personal para la DCIA, vicepresidente ejecutivo para U&P, pero me negu. Una editorial quiere que escriba mis memorias de la guerra. No s. Se sentaron en un banco y miraron las hojas que tiritaban en la brisa. Los nios rean y gritaban colgados de las barras, pero el viento y la distancia se llevaban sus palabras. -Mire -dijo Graff, sealando. Un chiquillo salt de las barras y se acerc corriendo al banco. Otro nio lo sigui, imit una pistola con las manos e hizo un sonido explosivo con la boca. El nio a quien le disparaba no se detuvo. Dispar de nuevo. -¡Te he dado! ¡Vuelve aqu! El otro nio sigui corriendo hasta perderse de vista. -No entiendes que ests muerto? -protest el perseguidor, hundiendo las manos en los bolsillos y pateando una piedra. Anderson sonri. -Nios -dijo. Ambos se levantaron y salieron del parque. Orson Scott Card : Nacido en Richland, Washington, el 24 de agosto 1951, Card creci en California, Arizona y Utah. Vivi en Brasil dos aos como misionero para la Iglesia Mormona. Es licenciado por la Brig ham Young University (1975) y la Univesidad de Utah (1981). Escritor estadounidense, cono cido especialmente por su Ciencia Ficcin. En 1978 obtuvo el Campbell Award de 1978 pa ra autores nveles. Los pasos iniciales de Orson Scott Card fueron en el campo del relato y su primera historia de ciencia ficcin publicada fue El juego de Ender (1977), en la revista Analog, nominada para el Hugo como mejor novela corta y que acabara convirtindose en el embrin de la multipremiada novela por la que an hoy es bsicamente conocido. Sus primeros libros

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tambin resultaron recopilaciones de cuentos, algunos encadenados entre s en busca de una cierta unidad: Capitol (1979), Hot sleep (1979) y Unaccompanied sonata (1981). Posteriormente la mayor parte de su obra breve ha sido recogida en el volumen Maps in the mirror (1990). Influido tal vez por la extraordinaria acogida que se haba dispensado a su novela corta El juego de Ender, tomo la decisin de alargar la historia original. Esta novela y su continuacin, La voz de los muertos, situada tres mil aos en el futuro, pero con un Ender an joven gracias a los efectos de la relatividad, ganaron sendos Hugo y Nebula, los ms prestigiosos premios del gnero, y pronto se convirtieron en una serie, a la que se aadira Ender, el xenocida (1991). Entre su extensa obra encontramos: La es peranza del venado (1983), Maestro cantor (1987), la saga de Alvin Maker (El sptimo hijo (1987), El profeta rojo (1988), Alvin, el aprendiz (1989) y Alvin el oficial (1995)) y la saga del retorno (La memoria de la tierra (1992), La llamada de la tierra (1993), Las naves de la tierra (1994), Retorno a la tierra (1995) y Nacidos en la tierra (1995)). Al INDICE

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4. CUENTO MADE IN CUBA: NADA QUE DECLARAR Por Anabel Enrquez Pieiro A la memoria de Leide das Neves Ferreira Padre entreg toda una vida de ahorros a cambio de este hueco en la cmara de reciclaje de desechos. Cierto que es mnimo el espacio. Anela, Soulness y yo sentimos calambres en los brazos, tensin en el cuello y la respiracin caliente de uno sobre los otros. Pero, qu ms pedirle al viejo. En las palmas enguantadas del capataz del espaciopuerto sus manos depositaron, temblando, los dos megacrditos. Temblaba porque tema que se frustrara el viaje por algn imprevisto y perdiramos toda posibilidad de un segundo intento; temblaba por la emocin de cumplir su sueo de vernos partir de aquel infierno y retornar al origen; temblaba porque la fiebre de las canteras consuma sus nervios perifricos. No pudo siquiera despedirnos. El da antes de la partida del trasbordador fue llevado junto a su cuadrilla hacia las recin abiertas minas, unos diez kilmetros al norte de la granja, donde los sismos haban reventado nuevas vetas de estao. Por suerte ya ninguno de nosotros volver a "lamerlas". No tendremos que temer a las erupciones que chamuscan la piel, ni a las fumarolas de azufre que queman los ojos y pudren los pulmones en las granjas mineras de Io. Io queda debajo, detrs, como una esfera que encarcela mil hambrientos dragones en perenne batalla. Este carguero nos aleja para siempre de sus fauces... y del beso de buenas noches que nunca nos ha dejado de dar Padre. Vamos en el carguero rumbo a la Tierra, a comprobar que no es tan solo el mito del que hemos odo hablar desde que abrimos los ojos al cielo escarlata de Io. Como descendientes de colonos convertidos en esclavos, de esclavos convertidos en "autmatas" menos co stosos y ms desprotegidos que los ciborg, no tenemos otro modo de salir de la pesadilla ardiente si no en los resquicios de los cargueros que transportan minerales y materias primas desde las colonias exteriores hasta la Tierra. La Tierra, nostalgia delirante del bisabu elo, la que abandon por una quimera de prosperidad. A nosotros slo nos dej por herencia la continua lucha por sobrevivir en un mundo que se deshace constantemente bajo los pies. Y la misma nostalgia. Anela dibuja,

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una y otra vez, una ciudad de torres blancas con banderolas sobre un lago de agua verde, y llena el cielo con aves como estrellas de nieve. Dice que as le contaba el bisabuelo al Abuelo, y este a Padre, y Padre a ella, y as era el lugar donde vivan nuestros antepasados, y al que los tres aoramos volver. Anela duerme ahora, recostada en mi hombro, y algunas veces habla dormida, repitiendo la palabra que tanto le fascina, an cuando duerme: nieve... la nieve de la Tierra, que es blanca como los dientes del capataz de la cuadrilla y fra como cristal de metano. Soulness me distrae con la insistencia de que Anela est muy caliente, “ms caliente que lava”; y que tal vez no habla en sueos sino que delira. Es hambre, le respondo. Nuestras reservas de alimentos estn justas para una comida diaria. A m tambin me percuten las tripas. Trato de distraerlos hablndole de esa cosa que Padre escuch de su abuelo, que parece nieve y que se come... helados, creo que lo llaman, y que le compraremos a Anela con nuestro primer salario. En el Anillo de Produccin que circunda la Tierra hay gente llegada de todas las colonias, incluso de Io. Seguro que nos tendern una mano para arrancar tal como nos prometi Padre. Pero Soulness parece aburrirse, y empieza con la letana de que siente mareos, con vmitos a punta de labios. Despus de todo es solo un nio, dos aos menos cuentan. Me pide que salgamos a un lugar ms ventilado. Cree que si encontramos otros “peces pegas” nos ayudarn, si tienen, con alguna medicina. Yo le recuerdo que lo ms probable es que nos quiten lo que llevamos y nos maten, por el simple temor a compartir el riesgo de ser descubiertos. Pero Soulness canta y canta y las sienes me estn a punto de reventar. Salimos de la cmara de reciclaje y tomamo s con cuidado el estricto itinerario que nos indic el capataz ante de colarnos en la nave. Tememos que el carguero est infectado de cibers vigilando los corredores, y que nos dete cten para los del puesto de mando. All los navegantes, limpios, bien alimentados, disfrutan la experiencia de ver acercarse despacio la Tierra. Algn da yo ser el comandante de un carguero... mejor, de un crucero civil. Y ser siempre el primero en verla, arropada con su traje de espuma azul y blanca como si fuera la novia de los cielos. Pero ahora somos polizones, y ningn pez pega viaja en primera clase. El carguero lleva hierro, estao y azufre para las obras del Anillo. Como carga programada entrar sin problemas ni chequeos en aduana. Nada que declarar. Nosotros con la carga, asidos a los contenedores autnomos. Espero que nuestras viejas mscaras resistan el paso

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desde la esclusa hasta los almacenes, unos cuarenta metros de vaco. Soulness vuelve a distraerme. Suda a mares y siento su incmoda respiracin quemando mis orejas. Anela se mueve inquieta entre mis brazos y gimotea. Sus cuatro aos me pesan, aunque sean casi puro hueso; su carita more na est salpicada de sudor. Yo siento sin embargo un fro intenso y un cansancio que me pega los pies al suelo. Soulness, apretando mi hombro, suplica una tregua, dice que est muy dbil para seguir. Acepto el descanso, pero me niego a abrir algn blister de alim entos. Soy el mayor y debo velar por los horarios. Y a propsito de velar, me sorprenden las pocas luces de los corredores, la ausencia de robots celadores y el no habernos tropezado con ningn “pez pega” despus de caminar casi una hora por este laberinto. Soulness tiembla, se aprieta el estmago y finalmente vomita. No sabemos nada sobre los efectos del viaje, pero nos decan que son malestares normales para los novatos. Anela sigue desmadejada, y ni siquiera intenta seguirme cuando canto una de sus canciones favoritas “... Mary tiene una ov ejita... blanquita co mo la nieve...”o era una vaquita? Da igual. Anela duerme, y se queja. Soulness, pli do como vapor de azufre, pero ms aliviado, quiere probar suerte tras la puerta que cierra este pasillo. Piensa que conduce a las bodegas, y que tal vez encontremos provisiones. Se aven tura finalmente con la pequea linterna de pulsos, mientras yo arropo a Anela con mi chaqueta. Bajo los ojos de mi hermana crecen ojeras azules. Una mano helada me estruja el corazn y reconozco los dedos fros del miedo. Me aprieto los dientes. Un rato despus Soulness ha vuelto, trastabillando, los ojos como un doble plenilunio de Jpiter en el cielo de Io. Sus ocho aos parecen haberse duplicado sobre su cuerpo sucio y tembloroso. Apenas logro arrancarle las palabras de la boca, rgida por el terror. Estn muertos, all adentro... los cuatro chicos peces pega que viajaban en el compartimiento de higiene... Estn descomponindose y sus huesos pare cen derretidos, y la piel... Cllate, digo en un susurro ahogado, asustars a Anela. Pero l sabe que le creo y que nuestra hermana no nos escucha. Su carita se desdibuja en la oscuridad con expresin ausente. Dejo a Anela en brazos de mi hermano. Estoy decidido a presentarme ante la tripulacin. No me importa que me regresen a Io o a otra colonia de extraccin. Solo quiero salvarla. Salvarnos. Soulness solloza y yo le gruo. Lo atajo por la solapa, hmeda de su propia bilis, y enredo sin querer mis dedos en sus largos cabellos. El espeso mechn queda en mis

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manos como una hebra de sombra. Tengo que ir por ayuda. Corro por los pasillos sin luces, apenas alumbrados por el reflejo del sint-metal desde alguna fuente indeterminada que convierte la oscuridad en penumbras. Donde debe estar el puesto de mando no hay ningn navegante. Solo la consola de un cibernavegador, y todos los asientos vacos. No hay humanos en el carguero, solo nosotros. Ni autmatas, ni alimentos, ni medicinas, porque no hay tripulacin que las necesite. Regreso por Anela y Soulness. Durante la di fcil carrera de retorno sobre mi corazn restallan los ltigos del miedo. Al cruzar cerca de las puertas que identifico como las bodegas un signo hecho sobre el sint-metal con pintura roja luminiscente me detiene. No s leer, ninguno de nosotros sabe, pero reconozco el dibujo que parecen las aspas de un extractor de hlices antiguo cercado por un tringulo; y tambin el crculo con la tachadura que prohbe y amenaza; y la calavera negra. Comprendo ahora que no es este un carguero de metal y subproductos en viaje hacia la Ti erra. Vamos junto a los desechos txicos de todas las colonias hacia otra parte... Venus, con seguridad: el Vertedero Solar. Por mi mente cruzan los muchos momentos en que he visto a estos cargueros atracar en Io y despegar con tantos “peces pegas” desde la Estacin Ecuatorial del satlite… Ni ellos, ni nosotros, comprobaremos si es tan azul como cuentan el cielo de la Tierra. Encuentro a mis hermanos todava conscientes. Anela me mira con sus ojos de luna en eclipse y me tiende los brazos. Ayudo a levantarse a Soulness y apoya contra mi hombro todo el temblor de su cuerpo. Al puesto de mando, les digo. Soulness murmura algo sobre encontrar ayuda. All estaremos bien, le re spondo, ser el mejor lugar para ver la bienvenida que nos dar la Tierra, vestida con su traje azul y blanco de novia csmica del Tiempo. Soulness apenas se sonre con sus labios violceos. Anela ha vuelto a dormirse y tal vez ya no despierte. En el puesto de mando acomodo a Soulness en un silln. Yo a su lado, con Anela en brazos, sostengo su mano helada. Pienso que tal vez era este el silln del comandante del carguero que alguna vez llev vida a la Tierra. Y me creo que yo soy l y que llevo a mis hermanos, a mi padre y todos los nios de Io hacia esa ciudad de torres blancas sobre un lago verde... Lucho contra el sueo definitivo que me aplasta. Quiero verla aparecer. Quizs no tenga tiempo para guiarle un ojo... El ca rguero pasar de largo sobre ella... Sin nada que declarar.

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FIN Anabel Enrquez Pieiro. (Santa Clara,1973) Licenciada en Psicologa, cursa el Master en Ciencia de la Comunicacin Trabaja como especialista de Marketing y Publicidad. Miembro de la Asociacin Hermanos Saz. Miembro fundador del Taller de Creacin Literaria Espiral de Ciencia Ficcin y Fant asa, hoy Grupo de Creacin ESPIRAL del gnero Fantstico. Ha cursado el Taller de Narrativa Fantstica Qusar Dragn y el Curso de Tcnicas Narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso (2004-2005). Es colaboradora de la Revista Digital de Ciencia Ficcin y Fantasa “El Guaicn Literario”. Ha publicado un ensayo sobre ciencia ficcin en Dimensiones Regionales de la Literatura Contempornea. Edit. Capiro, Santa Clara, 1992 y tiene un cuento de ciencia ficcin dentro de la antologa del Taller Espiral Secretos del Futuro en proceso editorial. Al INDICE

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5. ARTICULO: Como estrellas en el cielo. Cristbal Prez-Castejn. Un elemento fundamental de la trama de Final Fantasy una de las pelculas de animacin mas logradas tcnicamente de los ltimos tiem pos, es la idea de Gaia. Esta hiptesis, aparecida a finales de los aos sesenta, sostiene que la Tierra es en realidad un ser vivo, cuya conciencia se nutre de la esencia vital de todos los seres que alguna vez vivieron sobre su superficie. De este modo, el alma del planeta vendra a ser, en cierto modo, una especie de entidad colectiva que servira de amalgama a todos esos espritus individuales. Aunque no desprovista de elementos bastante msticos, incluso esotricos, la imagen del planeta vivo tal y como la describe esta pelcula (imagen que tambin recoge Asimov en sus ltimos libros de la serie de Fundacin y que Lem desarrolla magnficamente en Solaris ), puede servirnos para introducir el concepto de gestalt: una sinergia donde varios organismos se unen para formar un todo mas complejo y evolucionado. Como estrellas en el cielo enlazadas por la fuerza de la gravedad, los miembros de la gestalt estn enhebrados por la existencia de una mente comn que potencia y supera la suma de las mentes individuales de cada uno de sus elementos. La idea de un superorganismo constituido por la cooperacin de muchos organismos ms sencillos no es precisamente nueva en la na turaleza. La propia raza humana tiene una notable capacidad de colaboracin entre sus miembros. A pesar de ser profundamente individualistas, podemos subordinar ese faceta de nuestra personalidad a la consecucin de un bien comn mas amplio. Y trabajando de este modo es como hemos conseguido llevar a cabo algunas nuestras obras mas impresionantes: para cualquier extraterrestre que hubiese asistido a la construccin de las pirmides de Egipto o de la gran muralla china, la humanidad podra haber sido fcilmente descrita como un ente colectivo donde muchos cuerpos trabajaban y slo un puado de mentes dirigen y guan hacia su fin a la obra realizada. De todos modos, los mejores ejemplos de sinergia los encontramos en el mundo de los insectos, donde hormigas y abejas han evolucionado hacia sociedades sumamente complejas, estratificadas en castas especializadas y con una direccin centralizada, que son

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capaces de resolver complicados problemas y realizar complejsimas obras de arquitectura a pesar de la escasa inteligencia individual de los elementos del enjambre. Hormigueros inteligentes Este principio ha sido recogido en numerosas ocasiones por la ciencia-ficcin. Por ejemplo, en la novela de Charles Sheffield La caza de Nimrod aparece una especie extraterrestre denominada el compuesto remiendo, formado por la integracin de numerosos elementos individuales de escasa inteligencia que, a partir de una cierta masa crtica, se transforman en un organismo consciente. El compuesto remiendo "no come, ni bebe, ni se aparea. En un sentido es inmortal pero en ot ro no tiene existencia permanen te". Este concepto de masa crtica aparece tambin es otras obras, especialmente aplicado a inteligencias artificiales. Dos magnficos ejemplos de esto los encontramos en "Respuesta", de Fredric Brown, un excelente relato ultracorto sobre la aparicin de una peculiar IA al interconectarse todos los ordenadores de la galaxia y en "Marque F de Frankestein", de Arthur C. Clarke que relata el mismo proceso pero esta vez asociado al incremento de la capacidad de proceso de la red de comunicaciones de nuestro planeta. La posibilidad de la evolucin de una especie de insectos inteligentes en el universo tampoco es exactamente ajena al gnero. Por ejemplo, en la conocida novela de Heinlein Tropas del espacio el archienemigo de la humanidad son las chinches, una especie de insectos sociales organizados de un modo semejante a las hormigas, con castas de obreras, constructores, guerreros, etc., pero dotados de inteligencia... y de la feroz capacidad de expansin de su gnero. En Ciudad de Clifford D. Simak, en una poca muy remota la humanidad se ha extinguido y la Tierra ha sido heredada por dos especies: los perros, que han evolucionado hasta convertirse en seres inteligentes que recuerdan a la raza humana como una leyenda, y las hormigas, que tambin han evolucionado para adquirir una incomprensible forma de inteligencia. Algo semejante sucede en la obra de Orson Scott Card El juego de Ender En ella, la humanidad esta a punto de ser derrotada por la raza de los insectores, unos extraterrestres que han seguido una lnea evolutiva semejante a la de nuestros insectos pero que la han completa do adquiriendo inteligencia y un fascinante mecanismo de telepata mental que les permite transmitir instantneamente sus pensamientos sin tener en cuenta las limitaciones fsicas de la velocidad de la luz. Esto permite que el enjambre permanezca cohesionado y activo en distancias no solamente

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planetarias, sino incluso interestelares. Los insectores son un buen ejemplo de cmo una sociedad de insectos inteligentes podra llegar a dominar el universo. Prolficos, flexibles, sus flotas funcionan como una sola unidad ante las acometidas humanas, que resultan en principio incapaces de enfrentarse a ellos debido a la inexistencia de referencias comunes. Sin embargo, tienen el mismo punto dbil de cualquier colonia de insectos: la inteligencia no se encuentra distribuida entre todos los miembros del enjambre, como en el caso del compuesto remiendo de Sheffield, sino que se centraliza en la figura de la reina, exterminada la cual el enjambre desaparece. Gestalts estelares No todos los extraterrestres organizados en forma de un organismo colectivo son necesariamente insectos. Por ejemplo, en La guerra interminable de Joe Haldeman, la humanidad se ve enfrentada a la raza de los taurinos, una mente colectiva formada por numerosos cuerpos individuales, con la que se ve abocada a una guerra de miles de aos de duracin no solamente por los efectos relativistas asociados a los viajes espaciales sino tambin por los problemas de comunicacin derivados del enfrentamiento entre dos razas de caractersticas tan dispares. A diferencia de los insectores de Card, los taurinos exhiben una inteligencia distribuida que les hace mucho menos vulnerables a un ataque decisivo. Mas temibles resultan los aliengenas que el mismo Haldeman nos describe en Puente mental En esta novela, la humanidad entra en contacto con una mente grupal con caractersticas telepticas. Dotada de un inme nso nivel tecnolgico, estos extraterrestres adoptan la forma de las espe cies que encuentra durante su expansin para facilitar el contacto. Y si la raz del enfrentamiento de los taurinos con la humanidad era una simple cuestin de comunicacin, en este caso las razones del conflicto resultan mucho mas prosaicas: una vulgar lucha por el espacio vital. Slo que una de las partes en este caso est dotada de un arma capaz de destruir soles. Otro ejemplo curioso de seres ajenos a nuestro planeta organizados en forma de una mente colectiva nos lo proporciona Heinlein en Amos de tteres donde se nos relata la invasin de la Tierra por parte de unos parsitos que se apoderan de los cuerpos humanos a los que controlan conectndose a travs de la nuca a nuestro sistema nervioso. El libro, que contiene numerosas referencias a la guerra fr a, plantea sin embargo un motivo interesante de reflexin: los invasores, deberan ser considerados como parsitos... o quizs como

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simbiontes? Porque es cierto que toman el control de los cuerpos que ocupan. Pero no es menos cierto que la comunin de mentes que implica la fusin tambin tiene sus ventajas. La menor de las cuales no es, sin duda, el hecho de que bajo esa simbiosis ningn ser humano volvera a sentirse solo jams. En cualquier caso, la mente colmena aliengena por excelencia es sin duda la del colectivo Borg de la serie Star Trek El Borg es una especie mixta, formada por ciborgs biomecnicos pertenecientes a diferentes especies orgnicas. Los cuerpos fsicos que lo integran estn modificados nanotecnolgicamente para incorporar diferentes componentes biomecnicos que incrementan sus potencialidades. Los diferentes elementos del colectivo se encuentran interconectados a su mente grupal de un modo semejante a los insectores, utilizando en este caso campos subespaciales. Pero lo que hace especialmente implacable al Borg es su mecanismo de reproduccin. Cuando el Borg se encuentra con una especie, no tiene necesariamente por qu destruirla. Antes al co ntrario, el Borg "asimila" a sus miembros dentro de su colectivo. Un pequeo equipo Borg sobre la superficie de un planeta convertir en Borgs a algunos nativos, que a su vez convertirn a otros en una progresin geomtrica que no finalizar hasta que todo el planeta haya sido implacablemente asimilado. Adems, el Borg no se limita a apoderarse de los cuerpos: tambin adquiere los conocimientos y habilidades que esa raza posea. Este mecanismo les permite curiosamente "anticiparse" a los efectos de determinados sistemas de armamento para hacerse inmunes a ellos. El Borg se adapta por inspeccin: solamente sufriendo los efectos de las armas en cuestin es capaz de superarlas. Pero una vez adaptado, no vuelve a sufrir sus efectos jams. Todas estas caractersticas hacen del Borg una raza casi invencible. En el ejercito Borg no existen prisioneros, ni campos de concentracin: el Borg slo tiene enemigos o aliados y los civiles se engloban rpidamente en la segunda categora por la pura fuerza de los nmeros. El destino de aqul que se enfrenta al Borg es ser simplemente ser asimilado o desaparecer. El dulce placer de la conexin mental Aunque las ventajas militares y expansivas de una raza organizada como un colectivo son evidentes, tampoco son las nicas. Por ejemplo, Arthur C. Clarke nos propone un sorprendente sistema de comunicacin interestelar utilizando la potencia compartida de

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todas la mentes de la Tierra en su relato "Amad este Universo". Otra aplicacin mas obvia es la conexin de varias mentes en paralelo para potenciar sus habilidades individuales formando una especie de biordenador avanzado. De este modo, en "Servicio temporario", de Haldeman, aparece una sociedad futura en la que los ciudadanos deben prestar un ao de servicio a la comunidad durante el cual sus cerebros son interconectados, dando lugar a un superordenador biolgico que se encarga de la gestin de los recursos de la ciudad. Las personalidades de los ciborg tienen que hacerse un hueco entre el mar de datos mientras que los diferentes elementos de sus cerebros se encargan de controlar el trafico, almacenar estadsticas y conseguir que todo funcione adecuadamente. Sin embargo, qu sucede cuando una de las personalidades enloquece y se propaga como un virus a travs de la interconexin? En La era del diamante de Neal Stephenson, tambin aparece un peculiar ordenador basado en la simbiosis hombre-maquina: los tamborileros, una supercomputadora biolgica formado por la conjuncin de nanomquinas con seres humanos y en la que el flujo de datos tiene lugar durante las relaciones sexuales. Y en la serie de Hyperion de Dan Simmons, el Tecnoncleo, un conjunto de IAs evolucionadas a partir de las redes de comunicacin y datos y que residen fuera del espacio y el tiempo, utilizan las mentes de aquellos que viajan a travs de los teley ectores que unen los diferentes planetas como procesadores de clculo distribuido para llevar a cabo sus tareas. Al desaparecer la red de teleyectores, el Tecnoncleo vuelve a reincidir en esta estrategia mediante el desarrollo de un simbionte que concede una peculiar forma de inmortalidad al que lo porta... La interconexin mental tambin ofrece in teresantes posibilidades como medio de entretenimiento. Por ejemplo, uno de los elementos principales de "Blue Champagne", de John Varley, es el transer : la grabacin de los sentimientos de una persona para que puedan ser compartidos por todas aquellas que dispongan del reproductor adecuado. Este tema se desarrolla tambin en la pelcula Das extraos en la que aparece todo un submundo dedicado al comercio ilegal de grabaciones que permiten al usuario vivir durante unos instantes la vida de otras personas... o incluso su muerte. Sin embargo, en ambos casos la interconexin a este nivel es una experiencia puramente unidireccional que no tiene nada que ver con la aparicin de una mente grupal. "Piedra", de Edward Bryant, si va mas all ofreciendo una peculiar aplicacin de esta tcnica en un concierto de rock. En efecto, este

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relato parte de un hecho bastante conocido : la "qumica" que destilan muchos cantantes cuando actan en directo. Para cualquiera que ha ya tenido la suerte de acudir a uno de estos espectculos, esta claro que en determinadas ocasiones especiales existe algo que va mucho mas all de la msica que se interpreta. Ahora bien, qu sucedera si ese algo pudiera ser aprehendido y modificado mediante una mqui na? Bryant propone la utilizacin de un intensificador de emociones, un sistema informtico de realimentacin neuronal con el que se focalizan los sentimientos del publico y se le devuelven intensificados. El cantante, como en un concierto real, acta como catalizador de esas emociones, pero esa relacin catalizada es moderada, manipulada y controlada por medios electrnicos en lugar de ser dejada al azar. Pat Cadigan retoma este enfoque desde una perspectiva diferente en su relato "Rock On", incluido en la celebre antologa ciberpunk Mirrorshades. Cadigan parte de unos objetivos algo menos ambiciosos que Bryant, pero igualmente interesantes: en lugar de intentar moderar a esa bestia incontrolada que es el publico, la "pecadora" (un juego de palabras genial en versin original) acta como aglutinante de la banda, actuando como una especie de sintetizador biolgico y sacando lo mejor de ella. Es el caso de la estrella que es capaz de hacer que aquellos que toquen con ella funcionen infinitamente mejor como conjunto que como suma de sus individualidades: la definicin clsica de gestalt. A partir de estos puntos de partida, ambos relatos ahondan en la relacin de dependencia, casi de drogadiccin, que puede implicar una relacin de este tipo. Las dos protagonistas estn completamente controladas por el poder que ostentan sobre el pblico y en cierto modo no pueden prescindir de l. Y sin embargo, las dos estn siendo arrastradas por una profunda corriente de autodestruccin, sienten que estn siendo sometidas, absorbidas, que estn perdiendo su propia individualidad dentro de la mquina con la que trabajan. En suma, el viejo dilema del ciborg de sacrificar lo que le convierte en humano para conseguir ser algo ms que humano. Los caminos de la fusin Muchos son los mecanismos que se han propuesto para acceder al estadio de entidad colectiva que estamos analizando. En alguno s casos se utiliza como intermediario una especie extraterrestre catalizador de la fusin. Por ejemplo, en "Cuatro en uno", de Damon Knight se nos plantea una curiosa interconexin mental a travs de una especie de ameba

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que digiere todo el cuerpo de sus vctimas... a excepcin del sistema nervioso, que pasa a utilizar en su propio beneficio. En otras ocasi ones, el estado de mente colectiva se alcanza al someter a un grupo a una sbita tensin, como si del forjado de una espada se tratase. Por ejemplo, en La caza de Nimrod se lanza una persecucin despiadada contra unos artefactos biolgicos, llamados las criaturas de Morgan, que tras haber sido creadas como instrumento de defensa escapan del control humano y se convierten en una peligrosa amenaza. Los equipos perseguidores estn formados por un miembro de cada una de las razas inteligentes que pueblan el sector del espacio conocido en el que tiene lugar la accin: humanos, tubos rilla, ngeles y remiendos (a los que ya nos hemos referido antes). Los problemas aparecen cuando al verse enfrentados a una criatura de Morgan en el selvtico planeta de Travancore, los cuatro miembros de uno de los equipos se funden dando lugar a una entidad colectiva mucho ms potente que cada uno de los miembros originales del equipo del que parta e incluso que el equipo global que formaban. Otra variante bastante utilizada implica la actuacin de alguna forma de proceso biolgico. Especialmente interesante resulta el empleo de clones. En efecto, es bien conocido que los gemelos univitelinos muchas veces alcanzan un estadio de interconexin mental poco habitual. Qu sucedera si en vez de gemelos tuvisemos clones, imgenes idnticas de un mismo individuo repetidas hasta el infinito? En Hoy escogemos rostros, de Roger Zelazny, ese mecanismo de clonacin da lugar efectivamente a la aparicin de una mente grupal. Algo parecido sucede en La guerra interminable donde la utilizacin de clones para mejorar al mximo las caractersticas de la raza humana da lugar a la aparicin del Hombre, una especie formada por individuos idnticos con una mente comn que por fin es capaz de entenderse con la mente colectiva de los taurinos y detener la guerra. La utilizacin de mquinas mas o menos sofistic adas para conseguir la gestalt, como el caso del colectivo Borg que comentbamos mas arriba, tambin es una estrategia bastante socorrida. Por ejemplo, en el clebre relato "La ultima pregunta", de Asimov, la humanidad termina por convertirse en una sola mente colectiva refugiada junto a un superordenador en el hiperespacio huyendo del incesante avance de la entropa en el universo. En Paz interminable de Joe Haldeman, ganadora de los premios Hugo y Nebula, se nos describe un mundo con energa de fusin barata, en el que la nanotecnologa puede fabricar cualquier cosa y en el que existe una tecnologa de interconexin mental, una interfase

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directa entre el cerebro humano y la mquina. Esta tecnologa se utiliza principalmente en sistemas de telepresencia que se emplean para pilotar a los robots que actan como los soldados del mundo rico en su lucha contra los pases pobres. Por medio de este sistema, los soldados comparten sus experiencias y emociones y, aunque no llegan a formar una mente colectiva (cada individuo del pelotn tiene una identidad bien definida), a nivel militar el pelotn se convierte en una entidad compuesta prcticamente invencible. Sin embargo, en un momento dado, al superar el tiempo de conexin mental una determinada magnitud, esta interconexin hace avanzar a los miembros del pelotn a un estadio superior de conciencia, a una gestalt que puede eliminar completamente la violencia contra los de nuestra misma especie. Desgraciadamente, las implicaciones de ese afortunado hallazgo ya no resultan tan evidentes. Para empezar, el Homo Superior no es el resultado de la evolucin de la especie, sino de una manipulacin mecnica. La modificacin no es gentica y por tanto no es heredable, lo que implica que a partir de ese momento todo ser humano deber someterse a una peligrosa op eracin para mantenerse a la par de sus congneres. Y la operacin no siempre tiene xito, por lo que la humanidad se ve abocada a un cisma entre conectados y desconectados que puede convertir algo tan noble como eliminar la guerra en la peor dictadura de la historia. La senda de la evolucin La gestalt de Paz interminable es un proceso reversible, en cuanto que cualquiera que no sea sometido a la operacin continua siendo un ser humano normal y corriente. Pero, qu sucedera si el destino ltimo de la humanidad fuese convertirse en una mente colectiva, renunciando a la individualidad de sus miembr os en el proceso? Una de las novelas que trata de un modo ms interesante este problema es El fin de la infancia de Arthur C. Clarke. En ella, en un da cualquiera, la humanidad descubre de repente que no est sola en el universo: las gigantescas naves de los supers eores se ciernen sobre todas las ciudades de la Tierra avasallando al genero humano con su poder. Los superseores proclaman que su presencia en la Tierra est destinada a ayudar a la humanidad en todo lo posible. Pero poco despus de su llegada, los nios del planeta comienzan a tener extraos sueos, en los cuales se ven viajando con destino a una entidad ignota que se sita en la ms remota frontera del espacio y del tiempo. El fin de la infancia trata el tema de la mente colectiva como una evolucin, como una meta alcanzada por una humanidad que salta a un estadio

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superior al fundirse con la mente que duerme en el corazn de la galaxia. Y la partida de los hijos dejando atrs a sus padres y al mundo que les vio nacer est cargada con un profundo y emocionante simbolismo. Sin embargo, la obra cumbre sobre el papel de la gestalt en la evolucin del genero humano es sin duda Ms que humano de Theodore Sturgeon. En esta obra el lector asiste al nacimiento del Homo Gestalt, con sus vacilaciones, sus avances y sus retrocesos, pero cada vez ms firmemente encauzado en el camino que lleva a la aparicin de una nueva especie. Con una estructura narrativa muy caracterstica, los personajes van trazando una peculiar danza en cuyos giros se esconde la autentica naturaleza de los hechos que se narran. Ms que humano es una novela de descubrimiento, en la que una prosa dulce y hermosa lleva al lector cogido de la mano en el periplo de unos personajes que van en busca de su propia percepcin del nacimiento del Homo Hestalt, nuestro heredero. Un nacimiento, que aun siendo violento, como todos los nacimientos, lleva implcito la semilla de un mundo mejor. Eplogo La idea de integrarse en una mente colectiva de cualquier tipo resulta profundamente desagradable a la mayor parte de los humanos. Ese proceso de fusin en algo mayor, aun cuando lleve aparejado un incremento del poder o la promesa de un mundo nuevo y maravilloso, tambin implica en cierto modo la renuncia a algo que nos resulta indispensable como humanos: el concepto del yo inviolable. En ese sentido la mente colectiva resulta un poco como la muerte, y como tal la rechazamos. No es de extraar que muchos de los grandes villanos del genero, como el colectivo Borg, o los insectores de Ender, formen parte de mentes colectivas ms o menos definidas y ms o menos amenazantes. Sin embargo, nada puede inducirnos a pensar que, quizs maana, quizs en este mismo momento, la humanidad no est dando los pasos necesarios para avanzar a un estadio superior de la evolucin que implique alguna forma de gestalt. Un estadio en el que, quizs, el hombre descubra que no tiene por qu estar solo nunca ms. Cristbal Prez-Castejn Carpena : Nacido en 1962 en Yecla (Murcia), vive en Madrid desde hace varios lustros. Es Ingeniero Superior de Telecomunicacin y trabaja en una importante multinacional alemana del sector.

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Sus aficiones principales son viajar, la fotografa, la astronoma y leer, su autor favorito es Borges. En el campo de la ciencia ficcin, mas que autores prefiere obras: Arthur C. Clarke cuando escribe relatos, casi todo lo de Stanilslaw Lem, Philip K. Dick, Pohl, Benford... Ha escrito un sinnmero de artculos sobre los ms variados temas de ciencia ficcin. Los links pueden encontrarse en: http://www.arrakis.es/~cris/articulos.htm AL INDICE

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10. LAS COSAS QUE VENDRN MUY CERCA YA: ANSIBLE 2005 Por segundo ao consecutivo el Grupo de Creacin Artstica del Gnero Fantstico ESPIRAL convoca al Encuentro Terico del Gnero Fantstico ANSIBLE 2005, bajo el auspicio del Centro de formacin literaria “Onelio Jorge Cardoso”, Instituto Cubano del Libro y la AHS. Ansible 2005 se desarrollar lo s das 6, 7 y 8 de mayo del presente ao, en el propio Centro “Onelio Jorge Cardoso”, sito en Ave 5ta esq. a 20, Miramar, Playa. El encuentro tiene como propsito la promocin del gnero fantstico y propiciar el intercambio entre escritores, investigadores y creadores en general que desarrollan su trabajo dentro del gnero en sus diferentes expresiones artsticas. Es una actividad sin fines de lucro y cuya participacin, tanto de los artistas como de los aficionados es totalmente gratuita. Los asistentes podrn disfrutar de exposiciones de obras plsticas y presentaciones de libros, muestras cinematogrficas, y un amplio espacio para el intercambio entre especialistas, escritores y aficionados del gnero fantstico en sus mltiples temticas y subgneros. Este ao se convoca tambin la segunda edicin del Premio ARENA 2005, para cuento sobre tema fantstico en el que podrn participar todas las personas que no tengan libros publicados dentro del gnero, y el premio de cuento breve miNatura 2003 para cuentos de una cuartilla de tema fantstico. El resultado de ambos concursos se dar a conocer el da 8 en la clausura del encuentro. El Grupo de Creacin Artstica del Gnero Fantstico ESPIRAL convoca al II Encuentro Terico del Gnero Fantstico ANSIBLE 2005 6, 7 y 8 de mayo

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Para mayor informacin, contactar con los organizadores del encuentro a travs del correo: espiral@centro-onelio.cult.cu CENTRO ONELIO JORGE CARDOSO, del 6 al 8 de mayo, Ansible 2005 Al INDICE

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7. COMO CONTACTARNOS? S tienes algn comentario, sugerencia o colaboracin escrbenos a: darthmota@centro-onelio.cult.cu jartower@centro-onelio.cult.cu jartower74@yahoo.es aceptamos cualquier colaboracin seria y desinteresada. Traten de ponerla en el cuerpo del mensaje. Advertencia: Los mensajes de direcciones desconocidas que contengan adjuntos sern borrados. Para suscribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la palabra "BOLETIN" en el asunto. Para desincribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase "NO BOLETIN" en el asunto. Al INDICE