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Disparo en Red

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Material Information

Title:
Disparo en Red
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Disparo En Red
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - D42-00027-n26-2006-10
usfldc handle - d42.27
System ID:
SFS0024301:00025


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Full Text

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HOY: 33 de OCTUBRE del 2006 DISPARO EN RED: Boletn electrnico de ciencia-ficcin y fantasa. De frecuencia mensual y totalmente gratis. El sitio web del Fantstico Cubano http://www.cubaliteraria. cu/guaican/index.html

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Editores: Darthmota. Jartower. Colaboradores: Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa. espiral@centro-onelio.cult.cu espiralgrupo@yahoo.es Proyecto de Arte Fantstico Onrica. oniricacuba@yahoo.es Anabel Enrquez Pieiro Juan Pablo Noroa Miguel Bonera Miranda Jorge Enrique Lage Coghan Vctor Hugo Prez Gallo Ral Aguiar Portada: Jimnez. Universo: Desconocido.

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0. CONTENIDOS: 1. La frase de hoy : Robert A. Heinlein. 2. Artculo : De kzintsi vs. titerotes a raman contra. La evolucin del extraterrestre en la CF (II): Desde los 60 y la New Wave hasta los principios de los 90, Yoss. 3. Cuento clsico : El ruido de un trueno, Ray Bradbury. 4. Cuento made in Cuba: Quimera, Juan Pablo Noroa. 5. Entrevista : Liliana Bodoc, Literatura fantstica en Espaol. 6. Las cosas que vendrn (…y que pasan) 7. Cmo contactarnos?

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1. LA FRASE DE HOY: Toda mi vida he deseado ir a la Tierra. No para vivir en ella, por supuesto; slo para verla. Como todo el mundo sabe, Tierra es un lugar maravilloso para ser vi sitado, pero no para vivir en l. En realidad no resulta muy adecuada a la vida humana. Robert A. Heinlein. Podkayne de Marte. Al INDICE

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2. ARTICULO: DE KZINTSI VS. TITEROTES A RAMAN CONTRA VARELSE. LA EVOLUCION DEL EXTRATERRESTRE EN LA CF (II): DESDE LOS 60 Y LA NEW WAVE HASTA PRINCIPIOS DE LOS 90. Por Yoss Ya es un lugar comn en los trabajos sobre la historia del gnero achacar la revolucin estilstica y temtica en la CF que se conoci como New Wave a la falta de oportunidades de publicacin rentada de autores ms del mainstream Las revistas literarias que publicaran cuentos y pagaran eran cada vez menos, mientras que el mercado para las narraciones cortas de CF segua siendo boyante. El resultado fue que muchos autores que ya escriban bien se vieron prcticamente obligados a escribir CF, aunque sus nociones de ciencia fuesen mnimas o inexistentes. Unos pocos prendieron ciencia, pero la mayora opt por la alternativa de la exploracin del “espacio interior”: la psicologa del hombre. La revista inglesa New Worlds dirigida por el tambin escritor Michael Moorcock, cogi a autores tan radicalmente renovadores con Brian Aldiss, John Brunner, Bob Shaw y J. G. Ballard, y otros escritores ms “cientficos” pero al mismo tiempo dueos de una soltura estilstica que antes era patrimonio exclusivo del monstruoso Robert A. Heinlein, como Frank Herbert, Ursula K. Le Guin, Philip Jos Farmer, Larry Niven, Fritz Leiber, Roger Zelazny, Jerry Pournelle, Jack Vance y Robert Silverberg, empezaron a copar las pginas de las revistas norteamericanas del gnero1. Ya a finales de los 80 y principios de los 90 hubo otras plumas hoy igualmente famosas qu e se les unieron, como Gene Wolfe, Orson Scott Card, C. J. Cherryh, Octavia Butler y Dan Simmons. Fue una autntica revolucin: de pronto ya no bastaba con tener buenas ideas y una base cientfica: ya haba que escribir bien, manejar una prosa sin vicios narrativos y tener un control casi teatral del argumento, sin abusar de golpes de efecto ni dilogos o acotaciones 1Suponemos que muchos notarn que dejamos fuera a Philip K. Dick, el Gran Maestro de la Paranoia y el Solipsismo. Y no es olvido ni encono personal: la verdad es que l solo merecera un subgnero, adems de que, en trminos de concepcin sus extraterrestres, cuando los tiene, son demasiado obviamente humanos como para tomrselos en serio, ms all de cuentos excepcionales como Aqu yace el Wu o Situacin de Emergencia

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explicativas a lo Asimov en sus primeros tiempos. Incluso el mismsimo buen doctor se vi obligado a superarse. Desde medidos de los 60, pues, la CF asisti a una asombrosa renovacin en la concepcin misma de sus seres extraterrestres. Los malo s por gentica y los buenos por superioridad moral ya no resultaban tan crebles como antes. Entre ambos extremos de la escala estaban todas las posibilidades habidas y por haber: la incomunicacin interespecies, la incapacidad de encontrar intereses comunes, etc. Hagamos entonces un necesariamente breve recuento algunos de los seres y obras que constituyen hitos en este largo y fertil simo perodo de casi medio siglo. Y empecemos justamente por los exticos seres tan magistralmente descritos por el maestro Isaac Asimov en la segunda parte de la que es casi unnimemente considerada como su mejor novela, Los propios dioses Los Blandos son entidades gaseosas inteligentes cuyas molculas se mantienen unidas gracias a poderoso campos de fuerza. Aunque pueden cambiar de contornos, llegando a solidificar su materia lo suficiente como para poder manipular objetos slidos, generalmente mantienen una forma ovoide. Realimentan de enrga solar y se comunican mediante pulsos. Los Blandos se agrupan en Tradas, colectivo formado por un individuo Emotivo, otro Racional y un Criador. Los primeros son los ms sutiles, tanto que pueden llegar a “afinar” sus cuerpos para pasar a travs de cueros slidos, mientras que los terceros son los ms “sustanciosos”. Al final de su vida, cuando la Trada ha reunido suficiente energa, sufren una compleja metamorfosis y se convierten en un ser Duro, no sin antes haberse reproducido en una nueva Trada de descendientes.El eje de toda la trama es el descubrimiento de un efecto de flujo interdimensional de electrones ente nuestro mundo y el de los Blandos y Duros. Al inicio esta Bomba de Electrones se considera una especie de man celestial de energa pura y gratuita. Ms tarde se descubre que tal filtracin de materia entre universos paralelos podra precipitar al nuestro en una catstrofe termodinmica y finalmente se encuentra una solucin. Pero toda la novela es una sesuda exploracin sobre las d divas que no resultan ser tan desinteresadas y sobe las dificultades de colaboracin autntica entre razas y culturas totalmente diferentes.

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Tambin de los 60 es otra de las entidades ex traterrestres ms singul ares descritas por la CF, la Nube Negra de la novela homnima del astrnomo y escritor ingls Fred Hoyle. Se trata de una entidad orgnica no biolgica, vasta agrupacin de hidrgeno, de hasta 150 millones de kilmetros de dimetro, cuyo centro es un “cerebro” formado por cadenas moleculares que funcionan como unidades del banco de memoria de un ordenador, ligadas entre s por flujos electromagnticos y de gases. Cuando la nube negra se acerca a un sol, adopta forma de disco para absorber ms eficientemente su energa, que concentra en una pequea rea para generar reacciones de fusin mediante las que obtiene las sustancias que necesita para alimentarse y reponer sus “tejidos”. Del mismo modo puede emitir un chorro de hidrgeno caliente que le permite acelerar, frenar o cambiar de direccin. Las nubes negras se comunican ente s mediante trasmisiones de radio, conversando sobre matemticas, filosofa y la naturaleza del univ erso a trvs de la banda de un centmetro, aunque no permanecen nunca mucho tiempo en el mismo lugar: demasiado lejos de un sol, agotan su energa y “mueren”; demasiado cerca, corren el peligro de que las potentes fuerzas gravitacionales del astro las condensen en un cuerpo slido. Larry Niven trata de mantenerse dentro de los estrechos lmites de la CF hard sin renunciar a la avenura ni al sense of wonder … y la mayor parte del tiempo lo logra. En su amplia obra, que puede agruparse en la saga nica del Espacio Conocido, de la que forman parte novelas tan famosas como Mundo Anillo, Los ingenieros del Mundo Anillo, el Trono de Mundo Anillo, Protector, El Mundo de los Ptavvs y una serie de cuentos relacionados y todos protagonizados por el astronauta Beowulf Agathe como Estrella de neutrones y El ojo de un pulpo hay una larga lista de seres extraterrestres2 a cul ms asombroso. De esta amplia panoplia de imaginacin citaremos solo dos razas de las vivientes, y dos de las extintas. Estn los orgullosos kzintzi, irascibles, co rpulentos y fsicamente muy fuertes felinos carnvoros inteligentes de pelaje naranja, en cuya civilizacin agresiva y ultramilitarista solo los machos son racionales. Sostienen tres guerras con la humanidad, perdindolas todas sin que nunca comprendan ellos o los hombres muy bien por qu, hasta que se 2 Y al decir extraterrestres aqu debe entenderse como “de origen no humano”. Porque, por ejemplo, l inmenso Mundo Anillo est repleto de variedades y subrazas de homo sapiens que ya a duras penas pueden llamarse humanas, como los vampiros sexuales o los gigantes herbvoros.

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convierten, sino en sus vasallos o aliados, al menos en unos “buenos vecinos” aunque a menudo a regaadientes y esperando su oportunidad para “recobrar su honor”. Estn los titerotes, su contrapartida: herbvoros y ultracobardes, con un extica anatoma: dos patas delanteras pero solo una trasera, dos largos y flexibles cuellos, terminado cada uno en una cabeza con un solo ojo y fauces de dientes planos y labios llenos de protuberancias carnosas a manera de “dedos”, para que as pueden actuar como “manos” bajo el control del cerebro, situado en el torso. Los titerotes son hermafroditas y no les gusta hablar de sus asuntos sexuales. Son pa ranoicos en extremo, el eptome del buen comerciante que nunca corre ries gos: su compaa Productos Generales fabrica varios modelos de cascos para naves espaciales que tienen reputacin de ser a prueba de cualquier clase de radiacin o ataque, pero nadie conoce la situacin exacta de sus mundos natales3. Los thrint son entidades de poco ms de metro y cuarto de alto, completamente cubiertos de escamas de un verde iridiscente, con grandes cabezas de batracio dotadas de un nico ojo central y una ancha boca erizada de dientes pequeos y afilados como agujas, flanqueada por sendos manojos de tentculos que usan para alimentarse o manipular objetos cerca del ojo. Tienen manos de tres dedos muy gruesos separados 120 grados entre s. Pero su caracterstica fundamental es su capacidad para imponer telepticamente su voluntad a otros seres, gracias a la que hace billones de aos crearon un imperio galctico esclavizando a otras razas inteligentes de mayores habilidades tecnolgicas que las suyas. Una nica familia de thrints telpatas controlaba cada mundo: si alguno de ellos no mostraba indicios de poseer telepata al llegar a la adolescencia, era inmediatamente clasificado como Ptavv y destruido o esclavizado. Tas milenios de dominio tirnico, el imperio thrint fue finalmente vencido por la ciencia de los tunctipun, una de sus razas esclavas, que lograron desarrollar especies de animales semiinteligentes pero inmunes al control mental de sus amos, contra los que se volvieron, aniquilndolos. Todo lo que se sabe sobre los thrint viene de algunos artefactos de la poca del ocaso de su dominacin que llegaron hasta el mundo del Espacio Conocido gracias a hallarse 3 De hecho, como se revela en Los ingenieros del Mundo Anillo su cobarda? prudencia? Llega al punto de que, al enterarse de que el centro de la galaxia ha estallado y que el frente de ondas de la explosin los alcanzar dentro de miles de aos, deciden huir hacia las Nubes de Magallanes… con planeta y todo.

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protegidos por campos de xtasis, o por mediacin de un nico thrint que sobrevivi encerrado en un artefacto similar. Los seres ms inquietantes creados por la frtil fantasa de Niven no son, sin embargo, ni los titerotes ni los thrints, sino los Paks. Se trata de una especie cuyos individuos jvenes, los Criadores, son casi totalmente humanoides y pueden reproducirse, pero no son muy inteligentes que digamos. Pero si un Criador come del Arbol de la Vida en el momento adecuado, o sea, tras haber pasado su edad reproductiva, adquiere un virus que contienen las clulas del vegetal, por cuya accin se me tamorfosea en un Protector: un ser de afilada inteligencia pero asexuado, sin dientes pero con los labios convertidos en un pico crneo, de piel rugosa y gruessima, con las articulacione s engrosadas para aumentar el vigor fsico y con un segundo corazn extra a la altura de la cadera. Su nica preocupacin: proteger a los Criadores de su linaje gentico de cualquier dao y lograr que medren el mximo posible. En la inquietante novela Protector Niven nos revela que el autntico origen de la humanidad son los Paks: una expedicin de Protectores y Criadores huyendo de la tremenda competencia de su planeta natal lleg a la Tierra tras un largo viaje, unos cinco millones de aos atrs y la hall poblada ya por algunos homnidos muy primitivos. Pero entonces descubrieron que el Arbol de la Vida, indispensable para su ciclo vital, no creca bien en el planeta, cuyos terrenos carecan de la adecuada proporcin de uno de los elementos de tierras raras imprescindible para el desarrollo de la planta. Sin Arbol de la Vida no habra ni virus de la metamorfosis ni ms Protectores, y sin ellos los Criadores estaran constantemente amenazados por cualquier peligro, idea que los Protectores sobrevivientes les resultaba in stintiva y absolutamente intolerable… por lo que recurrieron a su ciencia para lograr que sus Criadores p udieran mezclarse con los homnidos locales, y desarrollaron, con el tiempo y la evolucin y gracias a la neotenia4, la inteligencia que originalmente solo posea su ra za en la fase de Protector. As, seramos descendientes de aquellos Pak, y las caractersticas habitualmente asociadas a la vejez, como la prdida de los dientes, el debilitamiento del corazn torcico o el 4 Para los que no estn muy fuertes en biologa, es cuando un organismo inmaduro muestra caractersticas tericamente exclusivas del adulto. Por ejemplo, cuando los ajolotes, larvas de la salamandra gigante mexicana, se reproducen sin perder las branquias externas. En este caso en concreto, si los Criadores de Pak se mostraban racionales sin convertirse en Protectores.

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engrosamiento de las articulaciones, seran solo grados preparatorios para la transformacin en Protector, imposible sin la accin del virus del Arbol de la Vida… por o que, an hoy, si un humano de cierta edad encontrara el Arbol de la Vida, la atraccin fijada en sus genes se lo hara irresistible… y al comerlo, el virus desencadenara la metamorfosis, como les ocurre a al menos dos humanos adultos en las obras de Niven: al viejo minero que descubre al primer Pak, y a Teela Brown, la muchacha afortunada, que descubre la sala de control Pak (pues fueron ellos y no otros los ingenieros del asombroso Mundo anillo) oculta bajo el mapa de la Tierra… y las enormes plantaciones de Arbol de la Vida que contiene. Larry Niven no solo escribi por su cuenta, sino en tandm con Jerry Pournelle5. A este do se deben, entre otras obras6, la interesante novela La paja en el ojo de Dios y su por desgracia muy mediocre secuela, El tercer brazo Una humanidad dividida, militarizada y dirigida por aristcratas, descubre la civilizacin de los pajeos, la ensima cultura dividida en ca stas laborales al estilo de los insectos coloniales terrestres. Los pajeos, evolucionados a partir de artrpodos, son bpedos erectos, pero ya solo tienen tres brazos, pues el cuarto se les ha atrofiado. Un brazo para tareas pesadas, a un lado, dos para las de precisin, en el otro. Es probable que ni antes ni despus de Niven y Pournelle haya sido tan bien concebida o descrita una sociedad de este tipo: aunque de base colonial, sus miembros no son piezas intercambiables, sino especialistas individualmente valiosos. Hay Ingenieros, Comunicadores, Relojeros (diminutos y no muy inteligentes, pero de incomparables habilidades tecnomanuales) Decididores, Guerreros (cuya letal existencia se intenta en un principio ocultar a los humanos) y todos manejan una tecnologa y una ciencia tan sofisticadas que en comparacin los humanos parecen casi brbaros. Pero la sofisticada civilizacin de la Paja (as llamada porque su planeta orbita en torno a una gran mancha roja en un nebulosa con aspecto de cabeza: el Ojo de Dios) est atrapada en un crculo vicioso por lo aislado de su planeta y por dos de sus caractersticas: su agresividad y su desmedido potencial reproductivo. Sin conocer propulsiones ms rpidas que la luz y sin mundos cercanos que colonizar, peridicamente los pajeos, desesperados 5 Considerado el seguidor de Robert Heinlein en el campo de la Cf “militarista”, gracias a sus novelas El soldado y El mercenario … pero todava ms de derechas, si tal cosa cabe, que el autor de Tropas del espacio 6 Digns de destacarse son igualmente Infierno y sobre todo Juramento de fidelidad aunque en ellas no aparezcan seres extraterrestres de ningn tipo.

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por su explosin demogrfica, se enfrascan en guerras fraticidas que precipitan toda su civilizacin de nuevo en la barbarie, y vuelta a empezar. Pero esta vez, la aparicin de la humanidad y de todo el espacio que sus naves podran abrirles pudiera representar la diferencia… Uno de los autores ms populares y prolficos de la CF durante las ltimas dcadas es Jack Vance. Aunque ms conocido por su inimitable habilidad para describir culturas exticas pero humanas (al menos de origen) en otros mundos7, probablemente su obra ms apreciada por el pblico sea la tetraloga de Tschai, el Planeta de la Aventura, que algunos crticos y fans8 parangonan incluso a La Odisea El argumento de la serie es simple: una nave humana se acerca a un planeta del que se han recibido trasmisiones radiales extraas. Cuando estn desprendiendo una lanzadera de exploracin, un par de misiles destruyen la nave y daan de tal modo al vehculo de reentrada atmosfrico que los dos exploradores que lo tripulan apenas si logran posarse. Uno de ellos, herido, es casi inmediatamente rematado por un grupo local de humanos. El otro, Adam Reith, protagonista de la epopeya, es capturado vivo y alejado de su lanzadera por otra tribu humana, y durante toda la tetraloga intentar regresar al espacio y a su mundo, con la ayuda de un joven nmada, Traz Onmale y de Ankhe at afram Anacho, un hombre dirdir renegado. La empresa ya sera difcil en un planeta comn, pero Tschai es cualquier cosa menos comn. Se trata de una verdadera encrucijada y batiburrillo csmico. originalmente poblado por los pnume, fue luego invadido por los viejos chasch, a los que luego llegaron a hacerles la competencia los chasch azules, procedentes de un planeta colonizado en eras anteriores por los viajeros espaciales chasch. Ambas subrazas emplearon a los toscos y enormes chasch verdes como tropas de choque, pero entonces llegaron los dirdir, en aquel momento entregados a una tendencia expansionista, y cuando estas dos grandes razas parecan haber alcanzado un equilibrio, en fe cha relativamente reciente, como unos diez mil aos atrs, aparecieron a su vez los wankh, enemigos de los dirdir y enfrascados en una larga guerra con ellos. A tan compleja situacin se suma el hecho de que los dirdir, conocedores del 7 Y si alguien lo duda, que lea su serie de Los Prncipes Demonio (magnfica CF policaca, adems); la triloga del Cmulo Globular de Alastor; otra triloga, la del Anomo; Los lenguajes de Pao, Mundo Azul, Estacin Araminta, Lmpara de Noche, Maaske: Taaeria y tantas otras obras inolvidables. 8 Ms bien algo exagerados, en nuestra personal opinin.

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viaje espacial desde al menos 70 000 aos atrs, han visitado en dos ocasiones la tierra y cargado con tribus enteras de humanos proto-mongoloides y proto-caucasianos, que en la condiciones peculiares de Tschai han evoluciona do diversificndose. Cada raza no humana ha “adoptado” a grupos de humanos moldendolos a su imagen y semejanza, y a veces estos humanos mimticos son tan o hasta ms fascinantes y exticos que sus amos. Las peripecias de Adam Reith y sus amigos, primero por regresar al punto donde tom tierra su lanzadera… solo para descubrir que alguien se la llevado; luego para robar una nave construida por otra raza, intento en el que son capturados, y finalmente, o comprar y equipar una nave dirdir para poder viajar al espacio, son dignos de seguimiento detallado. Pero queremos al menos destacar a dos de las cuatro razas no humanas que viven en Tschai. Una son los dirdir: descendientes de carnvoros arborcolas, que pese a su sofisticada tecnologa se entregan peridicamente a terribles freneses primordiales de caza, matando presas vivas solo con garras y dientes. Pese a su fiereza (sus cachorros son poco ms que bestias salvajes), su fuerte instinto de cooperacin grupal los ha llevado a desarrollar una curiosa cultura que conjuga un expansionismo persistente y el dominio del vuelo espacial con una estricta divisin en castas que gnra una sociedad fuertemente conservadora. Su piel flexible, pulida y sin vello oscila entre el blanco hueso y el malva plido, sus pies tridctilos esconden garras filosas y retrctile s, sus bocas estrechas y sobresalientes estn erizadas de colmillos, sobre sus ojos amarillentos tien en un par de antenas sensitivas de tono iridiscente. En cuanto a su sexo, existen 12 clases distintas de rganos sexuales femeninos y 14 de masculinos, cada tipo compatible solo con algunos del sexo opuesto y asociado a la vez a ciertos atributos culturales. Aunque el sexo de un dirdir es obvio, por su color y talla, su tipo especfico de atributos sexuales es su secreto mejor guardado. Ningn extrao ha sido jams capaz de comprender las complejas convenciones que rodea y restringen la reproduccin ente los dirdir. En cuanto a los pnume, los habitantes originales de Tschai, una vez vivieron en la superficie, en casas parecidas a domos, pero las sucesivas invasiones sufridas por el planeta durante los siete millones de aos de su historia registrada los llevaron a refugiarse en el subsuelo, que acab por quedar atravesado por una compleja red de tneles de varios niveles que casi recorren toda s las entraas del planeta.

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Fsicamente son altos y delgados, con un duro y plido exoesqueleto, ms blando en las articulaciones y dedos. Tienen tres dedos prensiles y moteados de negro y rojo en cada pie y dos largos y fuertes en cada mano. Su boca es un complejo aparato raspador de aspecto mecnico, sus ojos estn profundamente hundidos en las cuencas y sus rodillas se doblan hacia atrs. Dignos y graves cuando estn en posicin bpeda, los pnume pueden hacer girar 180 grados las articulaciones de sus hombros y caderas, as como su cabeza sobre el cuello, con lo que adoptan una postura cuadrpeda en la que se desplazan mucho ms velozmente, y en la que se atreven a salir a la superficie por las no ches en pequeos grupos: los humanos de Tschai les llaman las Jauras Nocturnas y les temen, sin saber que se trata de los elusivos pnume. Pasivos y resignados a su papel secundario, aparentemente sin lamentar tener que esconderse en su propio mundo, los pnume, que se ocultan en la sombras gracias a sus caractersticas capas y sombreros negros, tienen una sola pasin en la vida: recopilar herramientas, instrumentos, armas y seres extraos para su Museo de la Eternidad, que agrupa muestras de todas las culturas que han pasado por Tschai en su larga y convulsa historia. Raza sabia y antigua, son la viva representacin del tedium vitae y de la no accin. Considerado el gran revitalizador de la space-opera con su saga de Dune el eclogo Frank Herbert salpic su obra de monstruos diversos e impresionantes, como los titnicos gusanos de arena de Arrakis, productores de la melange, o los insectos mutados de su novela El cerebro verde Pero, si en la hexaloga de Dune los seres inteligentes autnticamente extraterrestres escasean (a no ser que se considere como tales a los Navegantes de la Cofrada o al Dios Emperador Leto con su pax de 5000 aos, pese a su origen ms o menos humano) en otro de sus ciclos, el llamo del Universo Sintiente, nos encontramos una autntica profusin de criaturas tan extraas como dotadas de raciocinio. Estn los gowachin, que aparecen en El experimento Dosadi y (fugazmente) tambin en Estrella flagelada: seres altos, delgados, y con aspecto de ranas, que son anfibios y pueden resprar tanto el aire como el agua. Carecen de caja torcica, por lo que su pecho es plano, y en los dedos de sus manos, unidos por grande s membranas interdigitales, se esconden sus garras de pelea retrctiles. Los gowachin consideran a sus hembras apenas inteligentes y aptas solo para procrear, por lo que las mantienen secuestradas de por vida en los graluz o piscinas de cra, a los que

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entran los machos nadando por tneles subacuticos donde tambin crecen los tads o renacuajos, an incapaces de respirar aire. En el frenes nupcial, ante de copular con las hembras los machos adultos persiguen y dan muerte a todos los renacuajos que no son lo bastante giles como para huir. Los gowachin se agrupan en familias o phylums, cuya pertenencia se indica con tapujes caractersticos en los prpados de cada individuo. Se pude pertenecer a una de estas grandes familias por nacimiento o adopcin, y excepcionalmente algunos humanos han sido incluidos en esta segunda categora. Otra raza de curiosa anatoma son los palenki, un hemisferio crneo con cientos de patas en su base plana para el desplazamiento rodeando la boca, y un nico brazo musculoso y rematado por una mano con cuatro dedos y dos pulgares que brota de su cspide, en el centro de un anillo de ojos. Los palenki son hermafroditas, muy individualistas, tremendamente fuertes y carecen de toda clase de escrpulos o tica. Pero sin duda las entidades extraterrestres raci onales ms fascinantes de oda la obra de Herbert son los calibanes, protagonistas de la novela Estrella flagelada Se trata de inteligencias energticas cuya existencia trasciende los planos dimensionales de la realidad perceptible por le hombre, capaces de manejar niveles de potencia tan grandes que pueden abrir tneles en el espacio tiempo para que humanos y otras especies burlen la relatividad deslizndose por ellos. Los calibres anhelan comprender el significado de conceptos como dolor, muerte o amor, y su verdadera naturaleza permanece siendo un misterio hasta el final de la obra, cuando queda claro que se trata de autnticas estrellas pensantes, y capaces de proyectar una parte de su mente fuera de su existencia fsica como soles para mantener conversaciones con humanos y otras entidades, aunque tales dilogos se ven fuertemente limitados por sus carencias sintcticas. Los calibanes son la concrecin del problema de cmo comunicarse con una entidad tan distante de nuestra esfera de percepcin que casi podramos llamarla dios, uno de los problemas que constituyen un constante leit motiv en la obra de Herbert. Uno de los autores ms controvertidos de la New Wave fue Philip Jos Farmer, el primero que introdujo de lleno el sexo en la CF en sus novelas Carne y Los amantes y su coleccin de cuentos Extraas relaciones

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Vale la pena resear brevemente la trama de Los amantes: una nave exploradora de una Tierra reprimida por una teocracia totalitaria llega un mundo habitado por seres insectoides inteligentes (no coloniales, sino autnticos individuos independientes, para variar), pero en el que encuentran evidencias de la reciente extincin de una raza humanoide por feroces guerras intestinas. Uno de los tripulantes hu manos descubre a una muchacha bellsima que le parece la ltima sobreviviente de esta espe cie idntica a la suya, y sostienen relaciones a escondidas del resto de la dotacin de la nave. Ella es el sueo de todo ciudadano reprimido: una impresionante atleta sexual, aunque insiste en copular siempre con la luz encendida, nica manera en que alcanza el orgasmo. Y la trama se complica: la chica resulte ser alcohlica, y para suministrarle las grandes cantidades de bebida que requiere el humano tiene que procurarse la complicidad de uno de los afables insectoides, que lo lleva a un bar local donde una especie de escarabajo produce alcohol a cambio de alimento, y le explica que junto con su raza racional y dominante medran varios tipos de insectos mimticos o simbiontes, la mayora inofensivos y hasta beneficiosos, como el escarabajo-alambique, pero otros francamente peligrosos, depredadores que imitan a sus presas para darles caza con mayor eficacia9. Se trata de una clara advertencia, verdadera epifana de lo que podra estar pasando el terrestre, pero este la desoye. Sintindose moralmente obligado a librar a su hermosa dama de su adiccin al etanol, pide al qumico de la nave una sustancia que cause efectos similares, pero no adictiva, y la proporciona a la chica, con la que ha decidido permanecer incluso despus que la nave se marche. Ahora los acontecimientos se precipitan: en efecto, la bella muchacha no era humana, sino una thalita especie de insecto que mimetiza a las hembras del homo sapiens, y un verdadero callejn sin salida evolutivo. Las thalitas son inmortales y se mantienen eternamente jvenes… mientras no queden embarazadas de sus consortes humanos, situacin que pueden evitar solo bebiendo grandes cantidades de alcohol, para adormecer sus nervios fotoptic os, que dan a las futuras cras rasgos similares a los de la faz de su padre (por eso siempre copulan con la luz encendida) Pero, como el afligido amigo 9 En cualquier hormiguero hay varias clase de insectos u otros seres comensales, simbiontes o parsitos de esta clase, desde los pulgones fidos o los escarabajos Melolonta que segregan un licor azucarado que les encanta a sus anfitrionas, hasta las voraces araas y avispas que se camuflan como hormigas para poder capturar a estas impunemente.

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insectoide que lo llevara al bar explica compungido al terrestre, privando del alcohol a su “chica” ha hecho que esta quede encinta… claro que no de fetos humanos, (por lo visto se trata de un fenmeno de partenognesis10: solo dan a luz hembras) sino de varias feroces larvas que devoran su carne y rganos desde dentro. Mientras su tegumento se endurece convirtindola en una momia viviente y a la vez en capullo protector para sus cras. Claro que ahora el terrestre tendr un consuelo, las cuatro “nias” con sus rasgos que deber educar solo, sin otra presencia humana, y que volvindose velozmente adultas se disputarn sus favores. Y solo ahora comprende que fueron las thalitas, con cuya belleza extraordinaria ninguna hembra humana poda competir, las que llevaron a la civilizacin humanoide del planeta11 a su final, actuando como reinas poderosas e inmortales que lanzaron a sus sbditos a guerras frati cidas hasta su exterminio total. Ms all de la metfora sexual y de lo biolgicamente rocambolesco de la trama, la thalita como entidad que imita al humano es una de las grandes creaciones de la imaginera de la CF. Otro tanto ocurre con la Madre, del cuento homnimo del fix-up Extraas relaciones. Un astronauta llega a Baudelaire, un planeta cubierto de nubes, para investigar unas extraas trasmisiones de radio, y buscando refugio de un temporal, viene a dar al interior de una especie de caverna en lo alto de una colina. Pero la “cueva” resulta ser una entidad viva que lo aprisiona, aunque sin hacerle dao. Se trata de la Madre, un organismo ssil12 inteligente y omnvoro envuelto en una resistente concha calcrea que imita a la roca, y que atrae a sus presas exudando olores cautivantes y que se comunica con sus semejantes mediante radiofrecuencias. Adems de la gran cmara rgida de unos 9 metros de dimetro donde mantiene atrapado al astronauta, este ser dispone de una poderosa boca masticadora interna con afilados dientes, cuatro estmagos, varios corazones, potentes pulmones y un cerebro complejo. Su especie est solo compuesta por hembras: cualquier ser mvil puede actuar como macho… basta con que raspe, perfore o hiera la mancha de concepcin, una estructura anular en su cmara interna, para desencadenar el proceso de partenognesis, tras 10 Para los que no estn fuertes en biologa, tambin se le llama “concepcin virginal”: es el proceso mediante el cual ciertos organismos dan a luz cras casi clnicas, de su mismo sexo, sin tener contacto de ningn tipo con los machos o su esperma 11 Ah; se insina, para seguir enredando la pita, que pudieron ser descendientes de los atlantes que descubrieron el viaje csmico ¡Uf! 12 O sea, inmvil, como las esponjas y los corales. ¡Hay que mejorar el vocabulario cientfico si uno quiere

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cuyo inicio el desgraciado “macho” es digerido por la Madre13, y del que se originan diez larvas con aspecto de gusanos ciegos que medran dentro de la cmara protegida de su progenitora hasta que, cuando alcanzan el metro de largo, salen y ruedan hasta la base de la colina para luego arrastrarse cada una por su cuenta hasta la cima de otra y repetir el proceso hasta que dan con la concha vaca de una Madre muerta donde establecerse y poder crecer sin peligro… o hasta que los muchos predadores mviles de Baudelaire dan cuenta de su indefensa carne. Lo interesante de la historia es que el astr onauta cautivo, que sobrevive alimentndose de las sobras de las presas de su captora, tras verse obligado a actuar como macho, logra hacerse “perdonar” por la Madre, establece una relacin amistosa con las larvas, sus propias “hijas” y as hasta que vuelve a empezar el ciclo: es el perfecto macho parsito, como en ciertas especies de peces abisales terrestres14. Desagradable, sin duda alguna… pero al mismo tiempo una historia que hace pensar, como debera hacerlo toda la buena literatura. No sera justo pasar revista a estos aos sin incluir al que se ha convertido en uno de los arquetipos del organismo extraterrestre: Alien15 del filme homnimo de Ridley Scott. Pese a que ya le dedicamos un extenso anlisis de viabilidad biolgica en otro trabajo16, se impone al menos sealar lo innovador del concepto de una forma de vida extraterrestre casi infinitamente adaptable, con un complejo ciclo de vida que incluye fases parsitas, y otras escribir o por lo menos leer CF sin cargar con el diccionario a todas partes! 13 Philip Jos Farmer juega hbilmente con los clsicos temores masculinos al “misterio femenino”: copula y luego muere. Esto pudiera considerarse la ensima versin de la vagina dentada o de la mantis. Y la idea de que las hembras solo necesitan marginalmente al macho parece una constante en su obra: los que tenga estmago, que lean La concha de Venus que ya es casi pornografa-ficcin. 14 Que el macho sea menor en tamao que la hembra parece ser ms regla que excepcin en ciertos grupos zoolgicos, como entre las araas, por ejemplo. Pero en los peces pescadores del gnero Melanoceto (fciles de reconocer por su cuerpo achaparrado y su enorme boca que les otorgan una fealdad de sapo) que capturan a sus presas con “cebo” (un apndice con un promisorio aspecto de gusano y hasta luminescente en las especies de aguas muy profundas) el macho, de muy pequeo tamao, se adhiere a la comparativamente inmensa hembra de por vida, como un parsito ms. Su boca se funde con los tejidos femeninos, sus sistemas nervioso, digestivo y muscular se atrofian, su sistema circulatorio se conecta al de su consorte y se convierte en poco ms que un testculo colgante con aletas. Se supone que este mecanismo tiene la funcin de garantizar la reproduccin de especies con relativamente pocos individuos y por tanto con escasas posibilidades de tener encuentros fortuitos para copular en la inmensidad de los abismos marinos. 15 Para los que estn flojitos en ingls, recuerden que la palabra significa simplemente “extrao o ajeno”. Los trminos hispanos “alienacin”, “alienado” y “alienista” son puros anglicismos. 16 Nuevamente Alien-notion: algunas nociones bsicas de fisiologa y ecologa para aspirantes a escritores de ciencia ficcin, consultar pgina web del autor: www.cubonet.org/yoss

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que son francamente racionales… o al menos actan como si lo fueran, aunque la verdad es que nadie parece tener muchas ganas de comprobarlo estableciendo un dilogo con l. Y ya que de cine hablamos y que en un film reciente se les relaciona al fin (aunque solo tras aos de coprotagonizar una exitosa serie de comics), mencionemos al menos de pasada a otro de los aliengenas mejor concebidos de la pantalla: el Depredador17. Al menos, de facciones mejor concebidas, claramente inspiradas en las de algunas araas terrestres; muchos podrn criticar que con rostro tan extico tenga dos brazos y dos piernas, por grande y poderoso que sea. Pero hay que recordar que, al menos hasta fecha muy reciente, los extraterrestres de Hollywood estaban ms bien limitados al modelo humanoide18. Pero lo ms interesante del Depredador no es su aspecto, sino sus sentidos, u tecnologa y su cdigo tico: aunque capaz de detectar solo la franja infrarroja del espectro, sofisticados sistemas visuales le permiten suplir esta carencia desplazando su faja visual a otras longitudes de onda19. Su equipamiento mdico de primeros auxilios hace parecer toscos implementos de curanderos tribales a nuestros ms avanzados mtodos, y sus armas conjugan la hipertecnologa de los lanzadores de energa, el camuflaje hologrfico y las aleaciones de alta dureza con la elegante sofisticacin de la parafernalia blica de los ninjas y samurais, muy en correspondencia con la especie de bushido20 que rige sus vidas: por lo que aprece, se trata de una sociedad a la vez muy individualista y organizada de un modo casi militar21: todos sus miembros son guerreros-cazadores que deben demostrar su vala emprendiendo expediciones cinegticas a mundos ms atrasados. Cierto que lo hacen apoyndose sin escrpulos en su superior tecnologa, pero tambin siempre solos o al 17 Predator en la versin original en ingls, pero parece que el trmino le son algo brbaro a algn traductor ibrico… aunque ahora est plenamente aceptado por la academia. El filme, claro, es Alien vs. Predator que vendra a ser Alien 5 y Predator 3 para dejar las cosas claras. 18 Hay que ser tolerantes: a fin de cuentas, algn actor tena que ponerse la mscara o maquillarse. No es fcil hacer actuar a un caballo y menos disfrazado. Por eso y por falta de imaginacin es que el universo de Stars Trek est lleno de humanoides como Spock y compaa. Pero ahora, con las nuevas tecnologa digitales, se pueden hacer maravillas: vean la mismsima Alien vs. Predator Aunque el guin no est nada mal, los efectos especiales se llevan la palma, como est ocurriendo demasiado a menudo en el cine de CF. 19 Recuerden en Predator 2 con Danny Glover y Rubn Blades, cuando el equipo especial de inteligencia intenta capturar vivo al aliengena tendindole una trampa en un frigorfico donde su vista infrarroja tericamente no podra detectarlos, y el astuto ser se vuelve de cazado en cazador precisamente desplazando el espectro de su visin al ultravioleta. 20 Camino del guerrero en japons. El cdigo de conducta que controlaba cada aspecto de la vida de los antiguos samurais. 21 Por cierto, que nunca se ve una hembras o sern hermafroditas, tal vez?

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mximo en pequeos grupos, y que solo enfrentan a quienes pueden ofrecer cierta resistencia, no a los dbiles o heridos. Y si alguna de las presuntas presas vence a su supuesto victimario, el resto de sus colegas le rinden pleitesa perdonndola la vida que ha ganado en buena lid. Interesante resulta tambin la idea de que un a cultura tecnolgicamente tan superior a la nuestra como la de los Depredadores pueda u tilizarnos como “coto de caza” sin manifestar mayor inters por establecer contacto “oficial” con nuestra civilizacin22. Que, por otra parte qu tena para ofrecerles, salvo piezas de caza? Fritz Leiber es mucho ms conocido como autor de fantasa heroica23 que como escritor de CF, no obstante lo cual tiene en su haber un buen puado de novelas de este gnero24. Una de las ms interesantes es El planeta errante en la que todo un mundo aliengena en cuya cara visible aparece un inmenso smbolo del Yin y el Yang en oro y prpura se materializa inesperadamente y con todos sus habitantes cerca de la Tierra, donde su aparicin genera terribles terremotos y tsunamis por culpa del efecto de marea, y permanece all durante tres das, con la gran cantidad de peripecias subsiguientes que son de imaginar. Es una novela excntrica, a la vez de desastre y space-opera pero sobre todo un compendio de los enciclopdicos intereses de su cultsimo autor. Los personajes hablan todo el tiempo de matemticas, filosofa, metafsicas y sexo… y precisamente en el aspecto sexual es que se inserta el curioso episodio de uno de lo s protagonistas, Paul, que acompaado de Miau, la gatita de su amiga Margo, est a punto de ser ahogado por un maremoto cuando es salvado por un platillo interiormente decorado con profusin de flores y espejos cuya tripulante es una hermosa felina que el humano bautiza jocosamente Tigrishka, y que aunque los ha rescatado pensando que Miau era, como ella, un ser inteligente, resulta tan 22 Aunque en Alien Vs. Predator ya aparece que los cazadores del espacio fueron los tutores-inspiradores de varias antiguas y misteriosas civilizaciones humanas constructoras de pirmides, como mayas, egipcios y khmers camboyanos, que los adoraron como a dioses (Eick Von Daniken brincara de gozo en su luneta al ver esto). Pero tambin es cierto que el nico objetivo de esta “tutela” parece haber sido utilizar a los humanos como hospederos vivientes para los Aliens, las piezas de caza ideales (creadas quizs mediante ingeniera gentica?) el mayor desafo para los guerreros Depredadores por su ferocidad, resistencia, inteligencia y capacidad de reproduccin rpida. La cacera de los dbiles y lerdos humanos se habra vuelto una opcin solo despus de que tres cuatro catstrofes en las que los Aliens estuvieron a punto de escapar del control de sus amos y cazadores hubieran mostrado que se estaban volviendo demasiado peligrosos como para usarlos frecuentemente como presas. 23 De hecho, el trmino “espada y brujera” con el que a menudo se designa este subgnero proviene de su magnfica serie de novelas sobre el do del brbaro Farhd y el ladrn Ratonero Gris. 24 Las hilarantes Un fantasma recorre Texas y Los cerebros plateados por ejemplo, ms toda la serie de la guerra multidimensional y multitemporal entre las Serpientes y las Araas, como Crnicas del Gran Tiempo

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juguetona y desprejuiciada que tras aprender ingls or telepata a increble velocidad, condesciende en mantener una despectiva conversacin con el humano (al que llama constante y muy peyorativamente “mono”) de la que surge cierta amistad que culmina en un inesperado acto sexual. La c pula fascina al humano, qu le expresa a la bella felina su deseo de abandonar la Tierra y macharse con ella a lo que la gata inteligente bufa ofendida que tal accin carecera de sentido, cortando la s protestas amorosas de Paul con la clebre y lapidaria sentencia: “Alguna vez te has dejado masturbar por un animal inferior? Pues fue eso y nada ms.” que, sarcasmos aparte, insina elegantemente una apertura sexual anteriormente presente en la tradicionalmente mojigata CF solo en los ms atrevidos pasajes de Philip Jos Farmer. Robert Silverberg es uno de los autores ms prolficos de la CF, desde los das dorados de la New Wave hasta hoy. De su amplia obra25 nos limitaremos por razones de espacio a dos novelas en las que las criaturas extraterrest res tienen un papel ms o menos protagnico… lo que, por otra parte, resulta relativamente ra ro en su produccin. La primera de estas novelas es El hombre en el laberinto A primera vista parece solo una versin moderna del mito de Teseo y el Minotauro: un explorador humano es enviado a contactar con una raza de araas pensantes, y tras meses entre ellas sin que parezcan prestarle atencin, regresa desalentado entre los suyos, pensando que el contacto ha fracasado. Pero no; los hydranos le han otorgado un terrible don: la teletransmisin: todos sus pensamientos, emociones y sensaciones pueden ser ahora detectados por cualquier ser humano que se acerque lo suficiente. Es la prdida total de intimidad y absolutamente insoportable para sus semejantes, por lo que, convertido en un virtual apestado, rechazado por todos, elige el ostracismo y se exila al planeta del Laberinto, un complejo lleno de trampas mortales construido por una ignota raza extinta mucho tiempo ha y hasta cuyo centro hasta el momento nadie haba logrado llegar vivo. Pero, quizs porque ya no le importa morir, l lo consigue. Aos ms tarde, un grupo de humanos llega al letal Laberinto para rescatarlo. Una terrible amenaza se cierne sobre la humanidad: seres extragalcticos con capacidad teleptica estn 25 Amplia de verdad y adems, bueeena: El libro de los crneos, El mundo interior, Alas Nocturnas, Espinas, Muero por dentro, Sadrac en el horno, Las mscaras del tiempo, Tom OBedlam, La faz de las aguas, y un largo etc que hace palidecer de envidia a cualquier escritor del gnero.

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esclavizando uno a uno los planetas habitados, y la nica persona posiblemente capaz de comunicarse con ellos es precisamente el exilado. No se trata solo de llegar hasta l sorteando los mil ingeniosos obstculos con los que la desconocida y extinta raza sembr los recodos del Laberinto, sino sobre todo de convencerle de que tiene un deber para con la misma humanidad que lo rechaz. Al final lo logran, y el extrao embajador acude al encuentro de los invasores extragalcticos, permanece un rato ante ellos y luego regresa, ileso… y ya libre de su maldicin. Los telpatas esclavistas comienzan a retirarse de los planetas humanos, liberando a sus habitantes de su influjo. Ha habido contacto o no? Imposible saberlo, y el hombre, ya igual a todos los dems, regresa de todos modos al Laberinto que ha sido su casa durante tantos aos… aunque ahora tanto l como todos los dems saben que no ser para siempre. Es una novela que aborda comple jos dilemas ticos, pero lo m s fascinante de ella es la pesimista impresin de que toda comunicacin interespecies es absolutamente imposible, y que ni siquiera seremos capaces de comprende r a una civilizacin extraa analizando sus artefactos. El Laberinto, de cuyos constructores se ignora todo, es el smbolo de lo desconocido, de lo vano del empeo arqueolgico de reconstruir el propio pasado de la humanidad, un claro ejemplo de que la CF, an ocupndose de mundos lejanos y seres exticos, siempre mira hacia nuestro presente y pasado. La segunda y todava ms “aliengena” novela de Silverberg es Regreso a Belzagor26. Su argumento debe no poco a la genial El corazn de las tinieblas de Joseph Conrad27: Edmund Gundersen, que fuera administrador humano de la colonia de Belzagor, regresa a sus antiguos predios, ahora un mundo independiente gobernado por sus habitantes nativos, aunque algunos humanos an permanecen en el planeta, que por estar curiosamente dividido en zonas tropicales y rticas, sin faja templada, todava es un destino turstico de poca importancia. El quid de la cuestin est en que los nildoror y los sulidor, las dos especies inteligentes del planeta, no solo no parecen necesitar nada de los seres humanos y su tecnologa o ciencia, sino que se muestran profundamente resentidos contra ellos sin que quede clara la causa. 26 En ingls originalmente Downward to Earth No deja de desconcertarnos y a veces hasta indignarnos la despreocupada liberalidad con la que algunos traductores o algunos editores? cambian los ttulos de las obras literarias o flmicas… y no solo de CF, por cierto. 27 En efecto, Silverberg confiesa que “escribi el libro tras una visita a Africa, y teniendo muy presente la poderosa novela de horror psicolgico de Conrad” (sic)

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Los nildoror son una especie de mastodontes con grandes colmillos y pequeos cuernos, herbvoros, mientras que los sulidor recuerdan a megaterios o perezosos gigantes bpedos, o abominables hombres de las nieves con espeso pelaje que va del caoba al bronce largas y robustas colas, cortas trompas y filo sos colmillos y garras: son carnvoros. Ambas especies conviven pacficamente: pese a sus diferentes hbitos alimentarios, comparten el mismo lenguaje, as como una extraa religin cuya nica obligacin de culto parece ser, cada cierto tiempo, a veces una nica vez en la vida, emprender la peregrinacin a las lejanas Montaas del Renacimiento, situadas en el Pas de la Niebla. Edmund Gurdensen se siente culpable de haber menospreciado y explotado a los elefantisicos nildoror, y sobre todo, de aos, antes haber impedido a un grupo de ellos que se dirigieran a su peregrinacin. Ahora regresa con la intencin no muy clara de expiar la culpa y averiguar si es posible qu es lo que ocurre en las misteriosas Montaas del Renacimiento. Pronto descubre que es culpable de algo ms: en las trridas junglas de Belzagor viven unas “serpientes” (en realidad no son re ptiles, sino una especi e de enormes gusanos) cuya linfa, extrada por medios mecnicos, resulta especialmente valiosa para la medicina terrestre, por sus sorprendentes propiedades de reductor de las reacciones inmunitarias…adems de su extraa potencia alucingeno. Pero los trabajadores de la “estacin de ordeo”, en la que el mismo Gurdensen permaneci algunos das, no se limitaban a cosechar el valioso jugo, sino que, con travieso placer, lo compartan con los nildoror, sin saber o precisamente porque saban? que dicha sustancia tena en su peculiar religin una funcin cardinal. Gurdensen descubre finalmente qu es lo que ocurre en las Montaas del Renacimiento: gracias a las propiedades del “jugo” de las “ser pientes” y a una estricta disciplina mental, los nildoror se metamorfosean en sulidor y viceversa, en un proceso lento y doloroso que dura semanas, pero que ambas razas o variedades? Consideran bsico para la estabilidad mental de cada individuo y la de toda su curiosa sociedad. El humano se somete tambin a la transformacin, y a diferencia de Kurtz28, el esposo de su antigua novia, que tras pasar 28 Otro nombre que remite directamente a la novela de Conrad, por cierto, tambin versionada por el director cinematogrfico norteamericano Francis Ford Coppola en su inolvidable film antibelicista sobre la guerra de Viet Nam, Apocalypsis Now con Marlon Brando y Martin Sheen.

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por el proceso queda convertido en un monstruo inhumano, emerge del cambio ms humano que antes. A diferencia del escepticismo imperante en El hombre en el Laberinto la muy optimista tesis fundamental de Regreso a Belzagor parece ser que la comprensin entre la humanidad y otras culturas inteligentes no terrestres es posible, siempre que seamos capaces de renunciar al antropocentrismo y enfrentarnos a los hbitos y prcticas de otra raza sin prejuicios tipo “nosotros somos los normales, ellos son solo monstruos aberrados”. El britnico John Brunner es bien conocido en la CF por sus novelas distpicas de especulacin social escritas desde finales de los 60 a mediados de los 7029, pero en su extraordinario dptico El crisol del tiempo (The crucible of time) y Las mareas del tiempo (The tides of time) nos ofrece el ambicioso panorama del desarrollo de toda una cultura absolutamente aliengena y para nada huma noide. Sus miembros, que son se dan otro nombre que “hombres”, son seres que recuerdan a moluscos, pero de origen vegetal, sin esqueleto, que se mantienen erguidos solo gracias a la presin hidrulica en unos tmulos que cubre el manto. Tienen zarpas para manipular objetos, un nico ojo y un sofisticado sentido-del-clima, y son inteligentes, pero el ha mbre los hace caer en un peligroso estado de ensoacin durante el que son especialmente vulnerables a la peor histeria religiosa. La saga de cmo este curioso pueblo debe superar sus limitaciones anatmicas y las adversidades de la naturaleza para llegar a la rbita, nico refugio seguro contra las peridicas y catastrficas lluvias de meteoros y cometas que azotan a su mundo natal, es una de las ms conmovedoras historias no human as de toda la CF, una novela coral cuyos protagonistas son un amor al conocimiento y un voluntad de sobrevivir, sin embargo, muy humanas. Dentro de la CF, gnero tradicionalmente sexista y dominado por los hombres, surgieron sin embargo a partir de los 60 varias notables voces femeninas30, cuyo abordaje de las entidades extraterrestres no poda menos que ser bastante innovador. 29 La llamada Triloga del Desastre, integrada por Todos sobre Zanzbar (Stand on Zanzbar), El rebao ciego (The sheep look up) y Orbita inestable (Jagged Orbit) ms la mucho menos pesimista El jinete de las ondas de choque (The shockwave rider) Adems escribi otras novelas menores, como Jugadores del juego de la gente (Players at the game of people) sobre el clsico tema del grupo secreto que domina y dirige la marcha de la sociedad. 30 Las damas de la CF ya son casi legin, y a diferencia del “fenmeno James Tiptree, Jr.” Ya no necesitan esconderse tras un seudnimo masculino, sino que rocalman orgullosamente su sexo: Ursula K. Le Guin, C. J. Cherryh, Zenna Henderson, Joanna Russ, Kate Wilhem, Naomi Mitchinson, Lois Mc. Master Bujolds,

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Uno de los ejemplos ms tempranos de ese enfoque femenino o feminista? es la curiosa Memorias de una mujer del espacio (Memoirs of a Spacewoman) de Naomi Mitchinson. No es una obra especialmente bi en escrita: su trama, al estilo de los clsicos “relatos de viajes” decimonnicos, est salpicado de altibajos argumentales, pero su inquieta e irreverente protagonista, la primera cosmonauta feminista del gnero, es un personaje singularmente bien logrado. Y algunos de los seres con los que se tropieza en sus andanzas son bastante singulares an para la CF31. Por ejemplo, los radiados: una raza de orga nismos inteligentes similares a las llamadas “estrellas de mar frgiles32” terrestres, con un centro pentagonal coronado por un anillo de ojos y cinco brazos musculosos retrctiles y cubiertos de delicadas ventosas, con los que manipulan herramientas e instrumentos. Viven en aldeas formadas por edificios bajos y casi sin parees, con el cielo raso decorado por plantas y hongos dispuestas en patrones espiralados. Peridicamente todos los miembros de la aldea se trenzan en un danza giratoria que parecer fungir como rito unificador de la comunidad. Pero lo ms interesante de esta especie no es su morfologa, sino su filosofa, aunque la segunda est determinada por la primera: no piensan en trminos de bueno-malo, luzoscuridad, o sea, categoras duales, sino segn un sistema pentagonal de lgica cuya misma concepcin revela las intenciones de autora de hacer que los lectores se cuestionan lo “natural” de las dicotomas aristotlicas, qu izs determinadas solo por nuestra simetra bilateral. Sin duda la ms influyente y respetada de las autoras de CF33 es Ursula Kroeber Le Guin, que sin embargo, no describi muchos extraterrestres en sus novelas del gnero, prefiriendo concentrarse en los problemas de seres ms “humanos”34. Pero en dos de sus obras Octavia Butler y ms recientemente Nancy Kress, Connie Willis, Sheri S. Tepper, Eleanor Arnason y hasta la espaola Elia Barcel, por no dejar a ninguna fuera y quedar bien con los estudios de gnero, aunque en este trabajo solo abordaremos a unas pocas de las que han descrito en sus obras a seres extraterrestres novedosos o interesantes. 31 Con ms de uno tiene intercambio sexual. Ah, esos locos aos 60, paz, amor y sexo, aunque fuera interestelar. 32 El trmino zoolgicamente correcto es Ofiuros, ( Ophyuroidea ) algo as como “con brazos de serpiente”, una de las cinco clases actualmente vivas del Phyllum Equinodermata, al que tambin pertenecen las estrellas marinas de brazos rgidos, los erizos de mar, las holoturias y los lirios marinos. 33 Aunque tambin bien conocida por su tetraloga fantstica de Terramar, ha sido su CF la que ms fama le ha reportado, con las novelas citadas en el cuerpo de este trabajo, adems de otras como La ciudad de las ilusiones (City of ilusions) y Los desposedos (The dispossesed) y cuentos estremecedores como Los que se van de Omelas 34 Si bien ms de uno titubeara antes de considerars 100% humanos a los hermafroditas de La mano

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tempranas, El mundo de Rocannon (Rocannons world) y El nombre del mundo es bosque (The word for the world is forest)35 s que aparecen estos. En la primera de estas dos novelas, el antroplogo terrestre Rocannon, atrapado en un mundo primitivo en medio de una guerra, decide emrender una misin casi suicida: recorrer medio planeta hasta el sitio donde el enemigo oc ulta varias letales na ves ms veloces que la luz y el nico ansible en varios aos luz a la redonda, para apoderarse de este y trasmitir a su gente la posicin de los peligrosos ingenios blicos. Es un periplo accidentado, una odisea casi homrica, el clsico Viaje, durante el cual encuentra, adems de sus aliados naturales de la especie dominante, completamente humana, (y de clara inspiracin “feudal-caballeresca”: montan en felinos alados, los barilor usan espadas y lanzas para el combate areo, habitan en castillos en forma de domo para protegerse de ataques desde el aire), a otras razas como los gredosos: caverncolas fotfobos y por eso mismo elegidos por la especie no humana que supervisa el planeta, los centaurianos, como depositarios de su conocimiento tecnolgico; a una voraz especie de seudohumanos alados, coloniales como los insectos y que sin ser inteligentes “ imitan el raciocinio de modo aterrador36” ; y otra especie que vive oculta en las montaas y poseen el don de la telepata, que le trasmiten como inesperada carta de triunfo que lo ayuda a cumplir su difcil misin. En cuanto a El nombre del mundo es bosque, tiene por escenario Athshe, un mundo mayormente cubierto de agua, con archipilagos salteados y cinco grandes masas de tierra dispuestas en un arco de unos 2500 kilmetros en el hemisferio norte, todas densamente cubiertas boscosas. Los vidos colonizadore s humanos explotan los recursos mineros y forestales del planeta, sin dudar en esclavizar o matar37 cuando los desobedecen a sus pobladores originales, los atsheans, delicados primates de apenas y metro de altura y cubiertos de pelo, evolucionados a partir de monos arborcolas despus de que una especie nativa ms humana se autodestruyera en feroces guerras. Son omnvoros y poseen dos izquierda de la oscuridad (The left hand of darkness) 35 Por desgracia, el juego de palabras se pierde en la traduccin, que quizs debi haber sido La palabra para el mundo es bosque 36 (Sic) Ursula K. Le Guin. 37 Mucho ms fcil cuando se arrojan al suelo ¡pidiendo clemencia! ¡qu monos tan tontos! ¡en vez de pelear! Tal violacin de las reglas de la lucha y la piedad es, a ojos de los atsheans, la mayor ofensa cometida por los humanos.

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sofisticados lenguajes: uno hablado-escrito y otro de signos y toques. Viven en pequeos grupos o clanes en moradas cavadas bajo las races de los grandes rboles de la foresta. Lo ms interesante de este pueblo no es nada de lo anterior, ni siquiera su graciosa anatoma o sus suaves y agudas voces, sino su innato pacifismo (sustituyen los enfrentamientos fsicos con ¡concursos de canto!) y sobre todo su curiosa divisin del mundo en dos realidades equivalentes: “tiempo-mundo” y “tiempo-sueo”, en el que se sumergen los ancianos “soadores” entrenados para emerger con visiones que son interpretadas por las ancianas, las legisladoras y dirigentes de la bastante rala administracin central o gobierno del clan. Es en este “tiempo-sueo” donde un atshean encuentra la inspiracin para organizar una resistencia violenta contra los humanos, con la que, a pesar de su menor fuerza fsica y ms primitiva tecnologa38, logran finalmente hacerse respetar por sus anteriormente crueles amos. Otra autora que ha sabido pintar con vvidos tonos realistas a sus criaturas extraterrestres es C. J. Cherryh. En su novela El orgullo de Chanur (Chanurs “Pride”) y el resto de su saga de Chanur no solo la protagonista, la capitana Pyanfar Chanur, y toda su tripulacin pertenecen a una raza de felinos aliengenas inteligentes y de clara inspiracin leonina (una sociedad hipermachista dividida en pequeos clanes en los que son las hembras las que hacen el trabajo y toman las decisiones, pero son los escasos machos los valiosos reproductores que viven en el lujo y la inaccin… hasta que justamente Pyanfar Chanur empieza a cambiar las cosas) sino que en los espacios comunes, los astropuertos, se cruzan con otras razas cada vez ms raras, como respiradores de metano con cerebros mltiples que expresan sus ideas en forma de matrices. La incomunicacin es regla, pero a pesar de todo se comercia. El nico personaje humano es aqu la rareza y no la regla, en burlona excepcin de los cnones habituales del gnero. En otra de las obras de Cherryh, Kesrith de la serie del Sol Moribundo ( The Faded Sun: Kesrith ) aparece una de las ms curiosas entidades de la ciencia ficcin contempornea: los reguls. Se trata de seres bastante humanoides, pero no humanos. Son lentos y poseen 38 Para muchos, esta novela es una clara metfora en clave de CF de lo absurdo de la intervencin militar norteamericana en Viet Nam. Ursula K. Le Guin siempre fue una activa militante feminista y antiimperialista, aunque muchos vean todava en su novela Los desposedos una crtica al socialismo como utopa de la pobreza.

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memoras eidticas, o sea, que son incapaces de olvidar nada que hayan visto u odo durante sus largas vidas. Su anatoma cambia radicalmente con la edad: en su juventud caminan erectos y son relativamente delgados, hasta el punto de que su estructura sea es visible bajo su piel gris parda y sin vello. Sus piernas, muy cortas para su talla, estn fuertemente arqueadas, por lo que el paso tpico del regul joven es un gracioso anadeo. Pero al crecer, su cuerpo se vuelve ms y ms obeso, hasta que su forma queda oculta bajo masivos rollos de carne de los que apenas si alcanzan a asomar las manos y el rostro impasible (sus caras semicrneas carecen casi por completo de musculatura facial y toda la expresividad se concentra en movimientos de las aletas de la nariz y de los ojillos hundidos, casi imperceptibles y muy difciles de interpretar para los humanos) Como un regul adulto puede sobrepasar la tonelada de peso, y lgicamente es incapaz de mover tal mole con sus propios y atrofiados msculos, tal caracterstica determinada su tipo de sociedad: una conservadora gerontocracia en la que los inmensos adultos inmviles o que flotan lentamente en sus trineos antigravitacionales toman decisiones basndose en su amplia experiencia, mientras que sus jvenes pupilos deambulantes las ejecutan lo ms fielmente que pueden, si desean llegar a adultos, pues los mayores tienen sobre ellos derecho de vida o muerte. Los reguls rechazan la violencia y la lucha y solo manifiestan cierta agresividad hacia sus propios jvenes, as que, aunque han establecido un amplio imperio comercial interestelar organizado en clanes, generalmente contratan mercenarios de otras especies para solucionar sus asuntos que impliquen combate. La novela trata sobre las impresiones de uno de estos guerreros a sueldo, una humana, y su choque cultural con tan extraa sociedad, y es un estudio ejemplar sobre el eterno tema de la tolerancia a costumbres diferentes y los peligros del antropocentrismo. Eleanor Arnason no es (al menos an) una autora prolfica, sobre todo en lo que a CF39 se refiere, pero su novela Crculo de Espadas (Ring of swords) constituye uno de los ms interesantes abordajes al pr oblema de la relatividad cultural de los ltimos aos. 39 Sus dos primeras novelas The sword smith y Daugther of the Bear King eran fantasa heroica. Pero ya en To the the resurrection station se mezclan a la fantasa claros toques de CF y una muy personal visin feminista. Aunque fue A woman of the iron people la novela que la lanz a la fama en el gnero. No pudimos terminar de leer por completo la novela (¡ah, esos libros prestados por solo tres das!¡y en ingls!)y por eso no nos extenderemos mucho sobre ella, pero digamos al menos de qu va: narra el largo viaje emprendido por dos humanos y dos aliengenas de Sigma Draconis II, una especie cuya biologa sexual es tan fuertemente

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Su argumento es casi infantilmente simple: Yoss: Miembro de la Unin de Escritores y Ar tistas de Cuba. (UNEAC) y de la Asociacin Hermanos Saz. Fue miembro de los talleres literarios "Oscar Hurtado" y "Julio Verne". Obtuvo el Premio "David" en 1988 con Timshel, en la modalidad de Ciencia-ficcin. Tiene publicados los libros: Timshel 1989; W 1998; Los siete pecados nacionales, Ed. Bessa, Italia; la antologa de fantasa Reino eterno, en 1999; la novela Los pecios y los nafragos, publicada a principios del 2000; y la pequea obra El encanto de fin de siglo una noveleta escrita a cuatro manos con el escritor italiano Enilio Manetti, la cual ser publicada en una coleccin en colaboracin italocubana, titulada el Peso Cubano, y el libro Se alquila un planeta, publicado en Espaa en el 2002. AL INDICE coercitiva como la de los humanos hermafroditas de La mano izquierda de la oscuridad de la Le Guin, autora con la que los crticos ya comparan a Arnason.

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3. CUENTO CLASICO: EL RUIDO DE UN TRUENO Ray Bradbury El anuncio en la pared pareca temblar bajo una mvil pelcula de agua caliente. Eckels sinti que parpadeaba, y el anuncio ardi en la momentnea oscuridad: SAFARI EN EL TIEMPO S.A. SAFARIS A CUALQUIER AO DEL PASADO. USTED ELIGE EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEVAMOS ALLI, USTED LO MATA. Una flema tibia se le form en la garganta a Eckels. Trag saliva empujando hacia abajo la flema. Los msculos alrededor de la boca formaron una sonrisa, mientras alzaba lentamente la mano, y la mano se movi con un cheque de diez mil dlares ante el hombre del escritorio. —Este safari garantiza que yo regrese vivo? —No garantizamos nada —dijo el oficial—, excepto los dinosaurios. —Se volvi—. Este es el seor Travis, su gua safari en el pasado. l le dir a qu debe disparar y en qu momento. Si usted desobedece sus instrucciones, hay una multa de otros diez mil dlares, adems de una posible accin del gobierno, a la vuelta. Eckels mir en el otro extremo de la vasta oficina la confusa maraa zumbante de cables y cajas de acero, y el aura ya anaranjada, ya plateada, ya azul. Era como el sonido de una gigantesca hoguera donde arda el tiempo, todos los aos y todos los calendarios de pergamino, todas las horas apiladas en llamas. El roce de una mano, y este fuego se volvera maravillosamente, y en un instante, so bre s mismo. Eckels record las palabras de los anuncios en la carta. De las brasas y cenizas, del polvo y los carbones, como doradas salamandras, saltarn los viejos aos, los verdes aos; rosas endulzarn el aire, las canas se volvern negro bano, las arrugas desaparecern. Todo regresar volando a la semilla, huir de la muerte, retornar a sus principios; los soles se elevarn en los cielos occidentales y se pondrn en orientes gloriosos, las lunas se devo rarn al revs a s mismas, todas las cosas se metern unas en otras como cajas chinas, los conejos entrarn en los sombreros, todo volver a la fresca muerte, la muerte en la semilla, la muerte verde, al tiempo anterior al comienzo. Bastar el roce de una mano, el ms leve roce de una mano.

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—¡Infierno y condenacin! —murmur Eckels con la luz de la mquina en el rostro delgado—. Una verdadera mquina del tiempo. —Sacudi la cabeza—. Lo hace pensar a uno. Si la eleccin hubiera ido mal ayer, yo quiz estara aqu huyendo de los resultados. Gracias a Dios gan Keith. Ser un buen presidente. — S —dijo el hombre detrs del escritorio—. Tenemos suerte. Si Deutscher hubiese ganado, tendramos la peor de las dictadur as. Es el antitodo, mi litarista, anticristo, antihumano, antintelectual. La gente nos llam, ya sabe usted, bromeando, pero no enteramente. Decan que si Deutscher era presidente, queran ir a vivir a 1492. Por supuesto, no nos ocupamos de organizar evasi ones, sino safaris. De todos modos, el presidente es Keith. Ahora su nica preocupacin es... Eckels termin la frase: —Matar mi dinosaurio. —Un Tyrannosaurus rex. El lagarto del Trueno, el ms te rrible monstruo de la historia. Firme este permiso. Si le pasa algo, no somo s responsables. Estos dinosaurios son voraces. Eckels enrojeci, enojado. —Trata de asustarme? —Francamente, s. No queremos que vaya nadie que sienta pnico al primer tiro. El ao pasado murieron seis jefes de safari y una docena de cazadores. Vamos a darle a usted la ms extraordinaria emocin que un cazador pueda pretender. Lo enviaremos sesenta millones de aos atrs para que disfrute de la mayor y ms emocionante cacera de todos los tiempos. Su cheque est todava aqu. Rmpalo. El seor Eckels mir el cheque la rgo rato. Se le retorcan los dedos. —Buena suerte —dijo el hombre detrs de l mostrador—. El seor Travis est a su disposicin. Cruzaron el saln silenciosamente, llevando los fusiles, hacia la Mquina, hacia el metal plateado y la luz rugiente. Primero un da y luego una noche y luego un da y luego una noche, y luego da-noche-danoche-da. Una semana, un mes, un ao, ¡una dcada! 2055, 2019, ¡1999! ¡1957! ¡Desaparecieron! La Mquina rugi. Se pusieron los cascos de oxgeno y probaron los intercomunicadores. Eckels se balanceaba en el asiento almohadillado, con el rostro plido y duro. Sinti un temblor en los brazos y baj los ojos y vio que sus manos apretaban el

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fusil. Haba otros cuatro hombres en esa mquina. Travis, el jefe del safari, su asistente, Lesperance, y dos otros cazadores, Billings y Kramer. Se miraron unos a otros y los aos llamearon alrededor. —Estos fusiles pueden matar a un dinosaurio de un tiro? —se oy decir a Eckels. —Si da usted en el sitio preciso —dijo Travis por la radio del casco—. Algunos dinosaurios tienen dos cerebros, uno en la cabeza, otro en la columna espinal. No les tiraremos a stos, y tendremos ms probabilidad es. Acirteles con los dos primeros tiros a los ojos, si puede, cegndolo, y luego dispare al cerebro. La mquina aull. El tiempo era una pelcula que corra hacia atrs. Pasaron soles, y luego diez millones de lunas. —Dios santo —dijo Eckels—. Los cazadores de todos los tiempos nos envidiaran hoy. frica al lado de esto parece Illinois. El sol se detuvo en el cielo. La niebla que haba envuelto la Mquina se desvaneci. Se encontraban en los viejos tiempos, tiempos muy viejos en verdad, tres cazadores y dos jefes de safari con sus metlicos rifles azules en las rodillas. —Cristo no ha nacido an —dijo Travis—. Moiss no ha subido a la montaa a hablar con Dios. Las pirmides estn todava en la tierra, esperando. Recuerde que Alejandro, Julio Csar, Napolen, Hitler... no han existido. Los hombres asintieron con movimientos de cabeza. —Eso —seal el seor Travis— es la jungla de sesenta millones dos mil cincuenta y cinco aos antes del presidente Keith. Mostr un sendero de metal que se perda en la vegetacin salvaje, sobre pantanos humeantes, entre palmeras y helechos gigantescos. —Y eso —dijo— es el Sendero, instalado por Safari en el Tiempo para su provecho. Flota a diez centmetros del suelo. No toca ni siquiera una brizna, una flor o un rbol. Es de un metal antigravitatorio. El propsito del Sendero es impedir que toque usted este mundo del pasado de algn modo. No se salga del Sendero. Repito. No se salga de l. ¡Por ningn motivo! Si se cae del Sendero hay una multa. Y no tire contra ningn animal que nosotros no aprobemos.

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—Por qu? —pregunt Eckels. Estaban en la antigua selva. Unos pjaros lejanos gritaban en el viento, y haba un olor de alquitrn y viejo mar salado, hierbas hmedas y flores de color de sangre. —No queremos cambiar el futuro. Este mundo de l pasado no es el nuestro. Al gobierno no le gusta que estemos aqu. Tenemos que dar mucho dinero para conservar nuestras franquicias. Una mquina del tiempo es un asunto delicado. Podemos matar inadvertidamente un animal importante, un pajarito, un coleptero, aun una flor, destruyendo as un eslabn importante en la evolucin de las especies. —No me parece muy claro —dijo Eckels. —Muy bien —continu Travis—, digamos que accidentalmente matamos aqu un ratn. Eso significa destruir las futuras familias de este individuo, entiende? —Entiendo. —¡Y todas las familias de las familias de ese individuo! Con slo un pisotn aniquila usted primero uno, luego una docena, luego mil, un milln, ¡un billn de posibles ratones! —Bueno, y eso qu? —inquiri Eckels. —Eso qu? —gru suavemente Travis—. Qu pasa con los zorros que necesitan esos ratones para sobrevivir? Por falta de diez ratones muere un zorro. Por falta de diez zorros, un len muere de hambre. Por falta de un len, especies enteras de insectos, buitres, infinitos billones de formas de vida son arrojadas al caos y la destruccin. Al final todo se reduce a esto: cincuenta y nueve millones de aos ms tarde, un hombre de las cavernas, uno de la nica docena que hay en todo el mundo, sale a cazar un jabal o un tigre para alimentarse. Pero usted, amigo, ha aplastado con el pie a todos los tigres de esa zona al haber pisado un ratn. As que el hombre de la s cavernas se muere de hambre. Y el hombre de las cavernas, no lo olvide, no es un hombre que pueda desperdiciarse, ¡no! Es toda una futura nacin. De l nacern diez hijos. De ellos nacern cien hijos, y as hasta llegar a nuestros das. Destruya usted a este hombre, y destruye usted una raza, un pueblo, toda una historia viviente. Es como asesinar a uno de los nietos de Adn. El pie que ha puesto usted sobre el ratn desencadenar as un terremo to, y sus efectos sacudirn nuestra tierra y nuestros destinos a travs del tiempo, hasta sus races. Con la muerte de ese hombre de las cavernas, un billn de ot ros hombres no saldrn nunca de la matriz. Quizs Roma no se alce nunca sobre las siete colinas. Quiz Europa sea para siempre un bosque oscuro, y slo

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crezca Asia saludable y prolfica. Pise usted un ratn y aplastar las pirmides. Pise un ratn y dejar su huella, como un abismo en la eternidad. La reina Isabel no nacer nunca, Washington no cruzar el Delaware, nunca habr un pas llamado Estados Unidos. Tenga cuidado. No se salga del Sendero. ¡Nunca pise afuera! —Ya veo —dijo Eckels—. Ni siquiera debemos pisar la hierba. —Correcto. Al aplastar ciertas plantas quiz s lo sumemos factores infinitesimales. Pero un pequeo error aqu se multiplicar en sesenta millones de aos hasta alcanzar proporciones extraordinarias. Por supuesto, quiz nuestra teora est equivocada. Quiz nosotros no podamos cambiar el tiempo. O tal vez slo pu eda cambiarse de modos muy sutiles. Quiz un ratn muerto aqu provoque un desequilibrio entre los insectos de all, una desproporcin en la poblacin ms tarde, una mala cosecha luego, una depresin, hambres colectivas, y, finalmente, un cambio en la conducta social de alejados pases. O aun algo mucho ms sutil. Quiz slo un suave aliento, un murmullo, un cabello, polen en el aire, un cambio tan, tan leve que uno podra notarlo slo mirando de muy cerca. Quin lo sabe? Quin puede decir realmente que lo sabe? No nosotros. Nuestra teora no es ms que una hiptesis. Pero mientras no sepamos con seguridad si nuestros viajes por el tiempo pueden terminar en un gran estruendo o en un imperceptible crujido, tenemos que tener mucho cuidado. Esta mquina, este sendero, nuestros cuerpos y nuestras ropas han sido esterilizados, como usted sabe, antes del viaje. Llevamos estos cascos de oxgeno para no introducir nuestras bacterias en una antigua atmsfera. —Cmo sabemos qu animales podemos matar? —Estn marcados con pintura roja —dijo Travis—. Hoy, antes de nuestro viaje, enviamos aqu a Lesperance con la Mquina. Vino a esta Era particular y sigui a ciertos animales. —Para estudiarlos? —Exactamente —dijo Travis—. Los rastre a lo largo de toda su existencia, observando cules vivan mucho tiempo. Muy pocos. Cuntas veces se acoplaban. Pocas. La vida es breve. Cuando encontraba alguno que iba a morir aplastado por un rbol u otro que se ahogaba en un pozo de alquitrn, anotaba la hora exacta, el minuto y el segundo, y le arrojaba una bomba de pintura que le manchaba de rojo el costado. No podemos equivocarnos. Luego midi nuestra llegada al pasado de modo que no nos encontremos con

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el monstruo ms de dos minutos antes de aquella muerte. De este modo, slo matamos animales sin futuro, que nunca volvern a acoplarse. Comprende qu cuidadosos somos? —Pero si ustedes vinieron esta maana —dijo Eckels ansiosamente—, deban haberse encontrado con nosotros, nuestro safari. Qu ocurri? Tuvimos xito? Salimos todos... vivos? Travis y Lesperance se miraron. —Eso hubiese sido una paradoja —habl Lesperance—. El tiempo no permite esas confusiones..., un hombre que se encuentra consigo mismo. Cuando va a ocurrir algo parecido, el tiempo se hace a un lado. Como un avin que cae en un pozo de aire. Sinti usted ese salto de la Mquina, poco antes de nuestra llegada? Estbamos cruzndonos con nosotros mismos que volvamos al futuro. No vimos nada. No hay modo de saber si esta expedicin fue un xito, si cazamos nuestro monstruo, o si todos nosotros, y usted, seor Eckels, salimos con vida. Eckels sonri dbilmente. —Dejemos esto —dijo Travis con brusquedad—. ¡Todos de pie! Se prepararon a dejar la Mquina. La jungla era alta y la jungla era ancha y la jungla era todo el mundo para siempre y para siempre. Sonidos como msica y sonidos como lonas voladoras llenaban el aire: los pterodctilos que volaban con cavernosas alas grises, murcilagos gigantescos nacidos del delirio de una noche febril. Eckels, guardando el equilibrio en el estrecho sendero, apunt con su rifle, bromeando. —¡No haga eso! —dijo Travis.— ¡No apunte ni siquiera en broma, maldita sea! Si se le dispara el arma... Eckels enrojeci. — Dnde est nuestro Tyrannosaurus? — Lesperance mir su reloj de pulsera. —Adelante. Nos cruzaremos con l dentro de sesenta segundos. Busque la pintura roja, por Cristo. No dispare hasta que se lo digamos. Qudese en el Sendero. ¡Qudese en el Sendero! Se adelantaron en el viento de la maana.

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— Qu raro —murmur Eckels—. All delante, a sesenta millones de aos, ha pasado el da de eleccin. Keith es presidente. Todos celebran. Y aqu, ellos no existen an. Las cosas que nos preocuparon durante meses, toda una vida, no nacieron ni fueron pensadas an. —¡Levanten el seguro, todos! —orden Travis—. Usted dispare primero, Eckels. Luego, Billings. Luego, Kramer. —He cazado tigres, jabales, bfalos, elefantes, pero esto, Jess, esto es caza — coment Eckels —. Tiemblo como un nio. — Ah —dijo Travis. —Todos se detuvieron. Travis alz una mano. —Ah adelante —susurr—. En la niebla. Ah est Su Alteza Real. La jungla era ancha y llena de gorjeos, crujidos, murmullos y suspiros. De pronto todo ces, como si alguien hubiese cerrado una puerta. Silencio. El ruido de un trueno. De la niebla, a cien metros de distancia, sali el Tyrannosaurus rex. — Jesucristo —murmur Eckels. —¡Chist! Vena a grandes trancos, sobre patas aceitadas y elsticas. Se alzaba diez metros por encima de la mitad de los rboles, un gran dios del mal, apretando las delicadas garras de relojero contra el oleoso pecho de reptil. Cada pata inferior era un pistn, quinientos kilos de huesos blancos, hundidos en gruesas cuerdas de msculos, encerrados en una vaina de piel centelleante y spera, como la cota de malla de un guerrero terrible. Cada muslo era una tonelada de carne, marfil y acero. Y de la gran caja de aire del torso colgaban los dos brazos delicados, brazos con manos que podan alzar y examinar a los hombres como juguetes, mientras el cuello de serpiente se retorca sobre s mismo. Y la cabeza, una tonelada de piedra esculpida que se alzaba fcilmente hacia el cielo, En la boca entreabierta asomaba una cerca de dientes como dagas. Los ojos giraban en las rbitas, ojos vacos, que nada expresaban, excepto hambre. Cerraba la boca en una mueca de muerte. Corra, y los huesos de la pelvis hacan a un lado rboles y arbustos, y los pies se hundan en la tierra dejando huellas de quince centmetros de profundidad. Corra como si diese unos deslizantes pasos

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de baile, demasiado erecto y en equilibrio para sus diez toneladas. Entr fatigadamente en el rea de sol, y sus hermosas manos de reptil tantearon el aire. —¡Dios mo! —Eckels torci la boca—. Puede incorporarse y alcanzar la luna. — ¡Chist! —Travis sacudi bruscamente la cabeza—. Todava no nos vio. —No es posible matarlo. —Eckels emiti con serenidad este veredicto, como si fuese indiscutible. Haba visto la evidencia y sta era su razonada opinin. El arma en sus manos pareca un rifle de aire comprimido—. He mos sido unos locos. Esto es imposible. —¡Cllese! —sise Travis. —Una pesadilla. —D media vuelta —orden Travis—. Vaya tranquilamente hasta la mquina. Le devolveremos la mitad del dinero. —No imagin que sera tan grande —dijo Eckels—. Calcul mal. Eso es todo. Y ahora quiero irme. —¡Nos vio! —¡Ah est la pintura roja en el pecho! El Lagarto del Trueno se incorpor. Su armadura brill como mil monedas verdes. Las monedas, embarradas, humeaban. En el barro se movan diminutos insectos, de modo que todo el cuerpo pareca retorcerse y ondular, aun cuando el monstruo mismo no se moviera. El monstruo resopl. Un hedor de carne cruda cruz la jungla. —Squenme de aqu —pidi Eckels—. Nunca fue como esta vez. Siempre supe que saldra vivo. Tuve buenos guas, buenos safaris, y proteccin. Esta vez me he equivocado. Me he encontrado con la horma de mi zapato, y lo admito. Esto es demasiado para m. —No corra —dijo Lesperance—. Vulvase. Ocltese en la Mquina. —Si. Eckels pareca aturdido. Se mir los pies como si tratara de moverlos. Lanz un gruido de desesperanza. —¡Eckels! Eckels dio unos pocos pasos, parpadeando, arrastrando los pies. —¡Por ah no! El monstruo, al advertir un movimiento, se lanz hacia adelante con un grito terrible. En cuatro segundos cubri cien metros. Los rifles se alzaron y llamearon. De la boca del

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monstruo sali un torbellino que los envolvi con un olor de barro y sangre vieja. El monstruo rugi con los dientes brillantes al sol. Eckels, sin mirar atrs, camin ciegamente hasta el borde del Sendero, con el rifle que le colgaba de los brazos. Sali del Sendero, y camin, y camin por la jungla. Los pies se le hundieron en un musgo verde. Lo llevaban las piernas, y se sinti solo y alejado de lo que ocurra atrs. Los rifles dispararon otra vez. El ruido se perd i en chillidos y truenos. La gran palanca de la cola del reptil se alz sacu dindose. Los rboles estallaron en nubes de hojas y ramas. El monstruo retorci sus manos de joyero y las baj como para acariciar a los hombres, para partirlos en dos, aplastarlos como cerezas, meterlos entre los dientes y en la rugiente garganta. Sus ojos de canto rodado bajaron a la altura de los hombres, que vieron sus propias imgenes. Dispararon su s armas contra las pestaas metlicas y los brillantes iris negros. Como un dolo de piedra, como el desprendimiento de una montaa, el Tyrannosaurus cay. Con un trueno, se abraz a unos rboles, los arrastr en su cada. Torci y quebr el Sendero de Metal. Los hombres retrocedieron alejndose. El cuerpo golpe el suelo, diez toneladas de carne fra y piedra. Los rifles disp araron. El monstruo azot el aire con su cola acorazada, retorci sus mandbulas de serpiente, y ya no se movi. Una fuente de sangre le brot de la garganta. En alguna parte, adentro, estall un saco de fluidos. Unas bocanadas nauseabundas empaparon a los cazadores. Los hombres se quedaron mirndolo, rojos y resplandecientes. El trueno se apag. La jungla estaba en silencio. Luego de la torm enta, una gran paz. Lueg o de la pesadilla, la maana. Billings y Kramer se sentaron en el sendero y vomitaron. Travis y Lesperance, de pie, sosteniendo an los rifles humeantes, juraban continuamente. En la Mquina del Tiempo, cara abajo, yaca Eckels, estremecindose. Haba encontrado el camino de vuelta al Sendero y haba subido a la Mquina. Travis se acerc, lanz una ojeada a Eckels, sac unos trozos de algodn de una caja metlica y volvi junto a los otros, sentados en el Sendero. —Lmpiense.

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Limpiaron la sangre de los cascos. El monstruo yaca como una loma de carne slida. En su interior uno poda or los suspiros y murmullos a medida que moran las ms lejanas de las cmaras, y los rganos dejaban de funcionar, y los lquidos corran un ltimo instante de un receptculo a una cavidad, a una glndula, y todo se cerraba para siempre. Era como estar junto a una locomotora estropeada o una excavadora de vapor en el momento en que se abren las vlvulas o se las cierra hermticamente. Los huesos crujan. La propia carne, perdido el equilibrio, cay como peso muerto sobre los delicados antebrazos, quebrndolos. Otro crujido. All arriba, la gigantesca rama de un rbol se rompi y cay. Golpe a la bestia muerta como algo final. —Ah est— Lesperance mir su reloj—. Justo a tiempo. Ese es el rbol gigantesco que originalmente deba caer y matar al animal. Mir a los dos cazadores: Quieren la fotografa trofeo? —Qu? —No podemos llevar un trofeo al futuro. El cuerpo tiene que quedarse aqu donde hubiese muerto originalmente, de modo que los insectos, los pjaros y las bacterias puedan vivir de l, como estaba previsto. Todo debe mantener su equilibrio. Dejamos el cuerpo. Pero podemos llevar una foto con ustedes al lado. Los dos hombres trataron de pensar, pero al fin sacudieron la cabeza. Caminaron a lo largo del Sendero de metal. Se dejaron caer de modo cansino en los almohadones de la Mquina. Miraron otra vez el monstruo cado, el monte paralizado, donde unos raros pjaros reptiles y unos insectos dorados trabajaban ya en la humeante armadura. Un sonido en el piso de la Mquina del Tiempo los endureci. Eckels estaba all, temblando. —Lo siento —dijo al fin. —¡Levntese! —grit Travis. Eckels se levant. —¡Vaya por ese sendero, solo! —agreg Travis, apuntando con el rifle—. Usted no volver a la Mquina. ¡Lo dejaremos aqu! Lesperance tom a Travis por el brazo. —Espera... —¡No te metas en esto! —Travis se sacudi apartando la mano—. Este hijo de perra casi nos mata. Pero eso no es bastante. Diablo, no. ¡Sus zapatos! ¡Mralos! Sali del Sendero.

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¡Dios mo, estamos arruinados Cristo sabe qu multa nos pondrn. ¡Decenas de miles de dlares! Garantizamos que nadie dejara el Sendero. Y l lo dej. ¡Oh, condenado tonto! Tendr que informar al gobierno. Pueden hasta quitarnos la licencia. ¡Dios sabe lo que le ha hecho al tiempo, a la Historia! —Clmate. Slo pis un poco de barro. —Cmo podemos saberlo? —grit Travis—. ¡No sabemos nada! ¡Es un condenado misterio! ¡Fuera de aqu, Eckels! Eckels busc en su chaqueta. —Pagar cualquier cosa. ¡Cien mil dlares! Travis mir enojado la libreta de cheques de Eckels y escupi. —Vaya all. El monstruo est junto al Sendero. Mtale los brazos hasta los codos en la boca, y vuelva. —¡Eso no tiene sentido! —El monstruo est muerto, cobarde bastardo. ¡Las balas! No podemos dejar aqu las balas. No pertenecen al pasado, pueden cambiar algo. Tome mi cuchillo. ¡Extrigalas! La jungla estaba viva otra vez, con los viejos temblores y los gritos de los pjaros. Eckels se volvi lentamente a mirar al primitivo vaciadero de basura, la montaa de pesadillas y terror. Luego de un rato, como un sonmbulo, se fue, arrastrando los pies. Regres temblando cinco minutos ms tarde, con los brazos empapados y rojos hasta los codos. Extendi las manos. En cada una haba un montn de balas. Luego cay. Se qued all, en el suelo, sin moverse. —No haba por qu obligarlo a eso — dijo Lesperance. —No? Es demasiado pronto para saberlo. —Travis toc con el pie el cuerpo inmvil. —Vivir. La prxima vez no buscar cazas como sta. Muy bien. —Le hizo una fatigada sea con el pulgar a Lesperance—. Enciende. Volvamos a casa. 1492. 1776. 1812. Se limpiaron las caras y manos. Se cambiaron las camisas y pantalones. Eckels se haba incorporado y se paseaba sin hablar. Travis lo mir furiosamente durante diez minutos. —No me mire —grit Eckels—. No hice nada. —Quin puede decirlo? —Sal del sendero, eso es todo; traje un poco de barro en los zapatos. Qu quiere que haga? Que me arrodille y rece?

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—Quiz lo necesitemos. Se lo advierto, Eckels. Todava puedo matarlo. Tengo listo el fusil. —Soy inocente. ¡No he hecho nada! 1999, 2000, 2055. La mquina se detuvo. —Afuera —dijo Travis. El cuarto estaba como lo haban dejado. Pero no de modo tan preciso. El mismo hombre estaba sentado detrs del mismo escritorio. Pero no exactamente el mismo hombre detrs del mismo escritorio. Travis mir alrededor con rapidez. —Todo bien aqu? —estall. —Muy bien. ¡Bienvenidos! Travis no se sinti tranquilo. Pareca estudiar hasta los tomos del aire, el modo como entraba la luz del sol por la nica ventana alta. —Muy bien, Eckels, puede salir. No vuelva nunca. Eckels no se movi. —No me ha odo? —dijo Travis—. Qu mira? Eckels ola el aire, y haba algo en el aire, una sustancia qumica tan sutil, tan leve, que slo el dbil grito de sus sentidos subliminales le adverta que estaba all. Los colores blanco, gris, azul, anaranjado, de las paredes, del mobiliario, del cielo ms all de la ventana, eran... eran... Y haba una sensacin. Se estremeci. Le temblaron las manos. Se qued oliendo aquel elemento raro con todos los poros del cuerpo. En alguna parte alguien deba de estar tocando uno de esos silbatos que slo pueden or los perros. Su cuerpo respondi con un grito silencioso. Ms all de este cuarto, ms all de esta pared, ms all de este hombre que no era exactamente el mismo hombre detrs del mismo escritorio..., se extenda todo un mundo de calles y gente. Qu suerte de mundo era ahora, no se poda saber. Poda sentirlos cmo se movan, ms all de los muros, casi, como piezas de ajedrez que arrastraban un viento seco... Pero haba algo ms inmediato. El anuncio pintado en la pared de la oficina, el mismo anuncio que haba ledo aquel mismo da al entrar all por vez primera. De algn modo el anuncio haba cambiado.

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SEFARI EN EL TIEMPO. S. A. SEFARI S A KUALKUIER AO DEL PASADO USTE NOMBRA EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEBAMOS AYI. USTE LO MATA. Eckels sinti que caa en una silla. Tante in sensatamente el grueso barro de sus botas. Sac un trozo, temblando. —No, no puede ser. Algo tan pequeo. No puede ser. ¡No! Hundida en el barro, brillante, verde, y dorad a, y negra, haba una mariposa, muy hermosa y muy muerta. —¡No algo tan pequeo! ¡No una mariposa! —grit Eckels. Cay al suelo una cosa exquisita, una cosa pe quea que poda destruir todos los equilibrios, derribando primero la lnea de un pequeo domin, y luego de un gran domin, y luego de un gigantesco domin, a lo largo de los aos, a travs del tiempo. La mente de Eckels gir sobre si misma. La mariposa no poda cambia r las cosas. Matar una mariposa no poda ser tan importante. Poda? Tena el rostro helado. Pregunt, temblndole la boca: — Quin... quin gan la eleccin presidencial ayer? El hombre detrs del mostrador se ri. —Se burla de m? Lo sabe muy bien. ¡Deutscher, por supuesto! No ese condenado debilucho de Keith. Tenemos un hombre fuerte ahora, un hombre de agallas. ¡S, seor! — El oficial call—. Qu pasa? Eckels gimi. Cay de rodillas. Recogi la mariposa dorada con dedos temblorosos. —No podramos —se pregunt a s mismo, le pregunt al mundo, a los oficiales, a la Mquina,— no podramos llevarla all, no podramos hacerla vivir otra vez? No podramos empezar de nuevo? No podramos... ? No se movi. Con los ojos cerrados, esper estremecindose. Oy que Travis gritaba; oy que Travis preparaba el rifle, alzaba el seguro, y apuntaba. El ruido de un trueno. Ray Bradbury : naci el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois. Durante la Gran Depresin se traslad con su familia a Los Angeles, donde se gradu en 1938 en Los Angeles High School. Su educacin acadmica acab ah, pero contini formndose por cuenta propia hasta que en 1943 se convirti en escritor profesional.

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Bradbury no slo es novelista, tambin ha escrito inumerables guiones de televisin, ensayos y poemas. Sus preocupacin como escritor no slo se centra en cuestionarse el modo de vida actual, tambin se adentra en el reino de lo fantstico y maravilloso, con un estilo potico y a veces provocativo. En su niez, Bradbury fue muy propenso a las pesadillas y horribles fantasas, que acab por plasmar en sus relatos muchos aos despus. Al INDICE

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4. CUENTO MADE IN CUBA: QUIMERA Juan Pablo Noroa De espaldas al gato, el dueo unta mantequill a en una tostada. Se muere de miedo, pero resiste la compulsin de darse la vuelta po rque de algn modo sabe que est a salvo mientras escuche al animal maullar. Adems, no sabe en realidad si aquello ocurre cuando no ve al animal, o slo en el instante fugaz y confuso en que ste cruza su visin perifrica; por tanto, este momento pudiera ser seguro, y voltearse para rehuir el eclipse del gato pudiera resultar contraproducente. Pues por una fraccin de segundo el felino estara en el intervalo que lleva del rabillo del ojo al centro visual, y el dueo vera. Es una tontera, no obstante, pretender quedarse el da entero en la cocina, parado frente a la meseta con la vista fija en el lavadero Tambin intil; el gato podra, en cualquier momento, entrar en su campo visual por sus propias patas. Esto ltimo al final quizs sera un alivio, pues mientras el animal est a la vista es slo un minino negro y blanco de pelo largo, cola esponjosa y lanosos mofletes. Sin embargo, la experiencia intermedia sera terrible, espeluznante, y de todas maneras despus vendra la angustiosa brega por mantenerlo junto a l, y luchar por no quedarse dormido, y no decidirse a salir de la casa, y demorar la vuelta al mximo. Resignado a que en realidad el problema no tiene solucin, el dueo muerde la tostada sin apetito ni placer, y entonces ocurre. Una criatura horrible y fascinante a la vez, una quimera de forma imprecisa y contornos difusos, est sobre la meseta. Sus colores son delirantes, su simetra irreal, tiene y no tiene estructuras y rganos reconocibles; se mueve sobre las losas y con respecto a s misma a la vez que mantiene una quietud glacial. El dueo parpadea, y ante l su gatito blanqu inegro extiende pedige o la pata izquierda

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mientras malla lastimeramente. "No hay remedio", piensa el dueo, y mastica la tostada. Si por lo menos la bestia permaneciera, sabra a qu atenerse. Es locura suya, alucinaciones causadas por el agotamiento fsico y mental, o de verdad su gato es una alimaa imposible que en condiciones zambiguas se deja ver como es, para torturarlo con la incertidumbre y el miedo? En cualquiera de ambos casos, est solo ante el problema: si fuera real la quimera, nadie va a creerle; si fuera desvaro, no puede da rse el lujo de confesar a otro la chifladura, no en las actuales circunstancias de su vida. Por no decir, acusar a un minino tan carioso de ser una especie de monstruo... Sobre la meseta de la cocina, el gato olisquea las migas perfumadas de mantequilla que han cado en las losas y en su prop io pelaje. El dueo suspira, sostiene la tostada en la boca, carga al animal con ambas manos y se lo lleva con l a la sala. No puede hacer otra cosa que lo que va a hacer ahora. El dueo deja al gato, que ahora ronronea trepidantemente, sobre el sof, y pone junto a la boca de ste lo que queda de la tostada. El gato malla de agradecimiento y pesca una punta del pan con los dientes delanteros, como si temiera mancharse el hocico con la mantequilla. Y cuando el animal cierra los ojos, el hombre cierra tambin cierra los suyos, fuertemente, y cuando la mascota comienza a mordisquear el pan, el dueo comienza a retirarse a ciegas en direccin al dormitorio, y lo hace sin tropiezos, conociendo el camino, hasta que llega y cierra tras de s la puerta de la habitacin, con sigilo, mucho cuidado, aun sin abrir los ojos, y se apoya en la hmeda madera, desesperado y seguro por esta noche. Todas las ventanas estn hermticamente cerradas y no hay ms puertas. El dueo se abalanza sobre la cama, toma unas pastillas de la mesita de noche y se traga dos como si fuesen un puado. Ms tarde, en la sala, la quimera no consigue acomodar su forma

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anmala en el sof, cuya superficie tampoco le es llevadera a su antinatural textura. Por suerte, ella conoce un sitio agradable donde dormir. La quimera se baja del sof, camina en direccin a la habitacin del dueo y llega hasta la pared medianera, que no la detiene, pues la criatura la atraviesa como si ella o el muro fueran ilusiones, gas, imgenes de humo en una mente afiebrada. Dentro est su amo. La quimera se sube a la cama suave y cautelosa. El hombre duerme pesadamente, y ella puede caminar sobre l, situarse entre el pecho y el vientre, en el hueco clido y firme bajo las costillas, y acomod arse. Sus colores fantsticos se tornasolan agitadamente al mismo ritmo del ronroneo, mientras sus ojos verdeamarillos acarician el rostro del dueo con una mirada de absoluta e infinita adoracin. Juan Pablo Noroa Lamas (1973) : Graduado de Letras en la Universidad de la Habana ha sido incluido en la antol oga Reino Eterno, Letras cubanas 1999. La mayor parte de su obra se encuentra indita. Al INDICE

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5. ENTREVISTA: LITERATURA FANTSTICA EN ESPAOL ENTREVISTA: Liliana Bodoc "Lo fantstico es mi espacio de compromiso y rebelin" La pica de mundos impregnados de magia y poblados por seres extraordinarios en busca de utopas tambin tiene escritores en espaol que triunfan. Un ejemplo es la argentina Liliana Bodoc con su triloga La saga de los confines, en la que destaca la creacin de un universo cuyos objetos, elementos y lugares estn enraizados con la Amrica aborigen. Esta entrevista es un recorrido por un gnero que cada vez hechiza a ms lectores que buscan terri torios ms all de los fundados por Tolkien o Rowling. Por RAQUEL GARZ"N BABELIA 19-08-2006 "La pica fantstica se propone la construccin de un mundo paralelo en el que se narran relatos que deben reunir dos elementos esenciales: ser colectivos y de magnitud heroica" La casa de la pica fantstica es un condominio multicolor e inapagable en el que conviven en tierras sin tiempo y embarcados en enfrentamientos tan largos como la edad del agua, hroes que luchan por su honor o por su pueblo, mitologas de los ms diversos orgenes, espadas con poderes sobrenaturales, duendes, aprendices de brujo... "Son relatos colectivos y heroicos que nos proponen un mundo cerrado y autnomo, en el que el Bien y el Mal se enfrentan categricamente y en el cual interviene la magia, entendida no como lo que no existe sino como aquello que todava no podemos explicar", precisa la escritora argentina Liliana Bodoc (Santa Fe, 1958). Hace seis aos, con la aparicin en Argentina de Los das del Venado, primer libro de su triloga La saga de los confines la hasta entonces indita autora sum a esa familia literaria de cuo anglosajn -donde campean las creaciones de J. R. R. Tolkien, Michael Moorcok, Julliet Marill ier y Robert Carter, entre otraslas leyendas, la naturaleza y los colores americanos en un territorio mgico llamado Tierras Frtiles. Una triloga que en Espaa publica Edhasa. Fenmeno editorial que lleva ms de 120.000 ej emplares vendidos en Amrica Latina y 13 reediciones, Bodoc cruz el Atlntico en 2005 Para entonces contaba con varios premios (menciones especiales de los internacionales Andersen y The White Ravens, entre otros) y

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la bendicin, llegada por correo electrnico, de la estadounidense Ursula K. Le Guin, pope de la literatura fantstica, quien al regresar de unas vacaciones por el Caribe, tras leer sus libros, le escriba: "Vuelvo a casa de dos viajes. Pero el suyo me llev ms lejos". Editada por Edhasa en Espaa y en proceso de traduccin al alemn, el francs y el italiano, la saga (que consta de Los das del Venado, Los das de la Sombra y Los das del Fuego) sigue sumando lectores, mientras Bodoc espera la publicacin, en Argentina, de su nueva novela Memorias impuras, una historia "fantstica pero no pica, con una alta carga de erotismo", sobre el tiempo de los virreinatos y las logias americanas. PREGUNTA. En un mundo tan diverso cultural geogrfica y socialmente, para qu inventar otros? RESPUESTA. La necesidad de imaginar universos alternativos est presente en la literatura oral de las culturas ms diversas. La pica fantstica se propone la construccin de un mundo paralelo en el que se narran relatos que deben reunir dos elementos esenciales. Tienen que ser colectivos -son relatos de pu eblos, llenos de gentiliciosy, adems, de magnitud heroica. No se trata de relatos intimistas, aunque en algunos, sobre todo en los modernos, el tema psicolgico o privado aparezca. Tienen la intencin de fijar un modelo a seguir y son, en ese sentido, didcticos. A esto hay que sumarle los tpicos casi necesarios del gnero que son los viajes, de iniciacin o de transformacin, el hroe y el antihroe y la aparicin de dos polos siempre en guerra: el Bien y el Mal. Adems, por supuesto, lo fantstico, cierto enrarecimiento, que suele asociarse a un sistema mgico. Esto no significa que esos mundos no estn referenciados. Toman algn sector de la realidad y lo subliman desde lo fantstico para presentar una mirada singular sobre ese microcosmos. P. No son, pues, sitios desasidos de lo real ... R. No, en absoluto. Son especulaciones sobre la realidad. Que, adems, muchas veces, por ejemplo en Ursula K. Le Guin, tienen mucho de ensayo: la historia funciona casi como un experimento antropolgico que se vale de la fi ccin para investigar y reflexionar, en su caso, sobre la problemtica de gnero. P. Cul fue su experimento? Qu quera lograr cuando se decidi a escribir La saga de los confines?

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R. Lo mo es bastante paradigmtico porque se asocia a una caracterstica del gnero pico: existe el deseo de construir en la ficcin un mundo deseado y deseable, utpico. La saga de los confines narra el enfrentamiento blico, pero tambin filosfico, social y econmico, entre dos proyectos de mundo: uno que tiene que ver con la diversidad, la libertad y el respeto por la naturaleza y otro que potencia la uniformidad, la esclavitud y la relacin parsita. En ese contexto se desarrollan amores, traiciones, guerras y toda la temtica mgica caracterstica del gnero, basada aqu en la concepcin de los mapuches, aztecas y mayas y en libros como el Popol Vuh. Hay, tambin, seres fantsticos como las mujeres pez o los lulus, criaturas de cola luminosa. P. Gran parte de esta literatura siente cierta fascinacin por lo medieval: castillos, caballeros, espadas ... Por qu? R. S, en muchos relatos del gnero hay un medievalismo subyacente, una especie de melancola, incluso, que se trasluce al imaginar ropas, alimentos, armas, fortalezas ... Si bien en mi saga no se da, porque el universo de los objetos y elementos se enraza en la Amrica aborigen, es cierto que los ropajes de lo medieval, los largos viajes, las Cruzadas... exaltan la imaginacin. Con visin crtica o vocacin melanclica, la Edad Media es siempre una reserva de climas y temticas para la literatura. Parte de esa nostalgia se explica porque se la asocia con cierta buena lentitud, con una vivencia ms humana y menos ruidosa del tiempo. P. Qu autores le abrieron a usted las puertas de la imaginacin? R. Trazar una historia del gnero nos lleva a picas annimas como la de Gilgamesh, el rey sumerio de la ciudad de Uruk unos 4.600 aos atrs, o al mismo Homero en Grecia, porque en ellos estn los embriones de lo pico y lo fantstico. Pero nombrara a autores clave porque me propusieron universos con reglas pr opias, novelas-mundo, clsicos infantiles como Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, de 1726, que es una gran alegora de la situacin sociopoltica de la poca. O Julio Verne, buena escuela a la hora de soar desde la literatura cosas que despus son posibles. Alicia en el pas de las maravillas, de Lewis Carroll, me parece tambin un texto fundamental con un apunte lleno de ternura: siempre he credo que el final era innecesario. P. ?

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R. Es que... es lo olvidable del libro, porque la constr uccin fantstica de Carroll resulta tan verosmil, que intentar revertirla diciendo que las peripecias de Alicia se explican por un sueo slo se entiende como una obligacin del matemtico que l era, tratando de permanecer fiel a su poca y su formacin. P. Y su encuentro con la pic a fantstica propiamente dicha? R. En forma consciente y apasionada llegu al gnero con Tolkien. Yo tena unos 20 aos y le El Seor de los Anillos. Me encontr habitando un mundo poblado por balrogs o demonios de apariencia semihumana, grandes araas, guilas, elfos, dragones y dems monstruos con ecos de las mitologas celta, germana y nrdica. Un universo del que peligrosamente no me quera ir. Fue casi adictivo para m, que por impronta familiar vena leyendo mucho realismo del boom y el posboom latinoamericano. Segu con El Hobbitt y finalmente con El Silmarillion, su mejor texto, por la belleza de la prosa. P. Tolkien y Le Guin son influencias que recon oce. Qu recogi de cada uno de ellos? R. De Tolkien, la idea de concebir otro mundo y las caractersticas del gnero pico modernizado; de Le Guin, la presencia fuerte de las mujeres y el trabajo lrico con la palabra. Libros como Los magos de Terramar, El nombre del mundo es Bosque, La mano izquierda de la oscuridad fueron puertas muy generosas a la obra de una escritora fundamental. P. Casi estoy tentada a preguntarle si todos escribieron sobre lo mismo ... R. (Se re). En cierto sentido, s, pero como deca Tolkien, aunque se comparta el argumento, lo que define una obra es el colorido, la atmsfera, los detalles individuales e inclasificables del relato. Otro autor imprescindible es Robert E. Howard con su serie Conan de Cimmeria. Lo le mucho despus que a Tolkie n, aunque Howard escribe antes, durante la Gran Depresin de Estados Unidos. P. Los adolescentes parecen los lectores ms agradecidos del gnero, o slo es un prejuicio? R. Los jvenes reciben mejor estas historias porque son ms generosos, ms claros y ms libres a la hora de no exig irle a la literatura un plus. La literatura vale, para ellos, por s misma. Yo he escuchado a muchos adultos deci r: "Leo literatura histrica porque adems aprovecho para aprender sobre tal o cual cosa". Le exigen referencialidad, informacin o

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una utilidad que la literatura no tiene por qu tener como no tienen por qu aportarlas un cuadro o una sinfona. Cuesta mucho que a los escr itores de este tipo se nos tome en serio. P. Por qu? R. Porque perdura una infravaloracin de la imaginacin que heredamos de prejuicios decimonnicos. Sigue habiendo la idea de que no es literatura seria... P. Jaime Rest, crtico argentino muerto en 1979, afirmaba que el gnero policiaco, la ciencia-ficcin y el terror eran diferentes respuestas a la dificultad del siglo XIX para conciliar el racionalismo cientfico con los elementos sobrenaturales u oscuros del Romanticismo. R. Coincido y pienso que lo fantstico, tomado en forma amplia, asume la complejidad de aquello para lo cual no tenemos respuestas racionales. Puede tener, tambin, una fuerza transformadora increble y plantarnos en un te rritorio de batalla social comprometida. As, Kalpa imperial, de Angelica Gorodischer, narra en once relatos, fragmentos de la historia del Imperio Ms Vasto que Nunca Existi con un derroche magistral de imaginacin. El libro habla bsicamente de la dictadura argentina y de la represin, desde un universo de ficcin muy complejo. P. Cmo explica el auge que vive este tipo de literatura desde hace una dcada al menos? R. Creo que hay una necesidad social de comprensin de diferentes aspectos de lo real. La razn pura no agota las respuestas posibles y la literatura de fantasa propone una mayor apertura. Es un auge que el cine amplifica: Harry Potter, El Seor de los Anillos, ahora las Crnicas de Narnia basadas en los libros de C. S. Lewis... Seguramente este boom pasar y quedar slo lo que valga la pena, pero resta un largo camino hasta juzgar a los escritores del gnero por la calidad de los textos que presentan. P. Qu tipo de relacin existe entre su literatura y el realismo mgico? R. Lo fantstico es una luz con la que me gusta iluminar la razn; por mi historia personal mi padre fue siempre racional hasta el autoritarismoha sido mi espacio de rebelin. Garca Mrquez estableci un puente que yo agradezco entre el mundo de la literatura latinoamericana comprometida, combativa, preo cupada por las injusticias y lo fantstico. En Cien aos de soledad, Remedios, la bella, puede levitar, pero Macondo no deja de ser un pueblo latinoamericano con toda su proble mtica. Hasta el realismo mgico, conciliar

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esos mundos fue imposible para quienes sent an que literatura era compromiso social y pelea revolucionaria y que el resto era de tilingos. P. Le propongo el movimiento inverso: cree que hay temas que slo pueden abordarse desde la pica fantstica? R. No me gustara cometer contra el realismo lo que el realismo cometi contra la fantasa. Que hablen de duendes noms, que hablen de lo que quieran. A la literatura no hay que ponerle cscaras ni cerrojos. La ficcin debe ser pura libertad. o AL INDICE

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6. LAS COSAS QUE VENDRAN (…y que pasan) Convocan a la III Edicin “Nuestras races en la Magia” *Dedicado a la vida y obra de Samuel Feijo* Del 4 al 5 de noviembre de 2006 en Casa de la Cultura de 10 de Octubre Teatro Mariana Grajales El 3ER. CONCILIO DE LORIEN estar dedicado a la races mitolgicas y mgicas de nuestra cultura cubana: indgena, africana, ibrica, francesa, china, rabe y… ms. Cuenta con el auspicio de la Casa de Cultura de 10 de Octubre y sus grupos de artistas aficionados, el Teatro Mariana Grajales y la Asociacin Hermanos Saz *** Grupo de Creacin ESPIRAL Proyecto de Arte Fantstico Proyecto ABRAPALABRA del del Gnero Fantstico ONR ICA Centro de Teatro y Danza de la Habana Casa de la Cultura de 10 de Octubre Calzada de 10 de Octubre e/ Carmen y Patrocinio, Municipio 10 de Octubre, Ciudad de La Habana. Telfono: 41-8866 Comit Or g anizador del Concilio de Lorien espiral@centro-onelio.cult.cu sheila.padron@cigb.edu.cu

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SABADO 4: CASA DE LA CULTURA DE 10 DE OCTUBRE A partir de las 10:00AM Conversatorios sobre la obra de Samuel Feijo; las races mticas y mitolgicas de nuestra cultura nacional y sobre las historietas cubanas. Exposiciones plsticas y Expoventa artesanal y de libros Encuentro de Conocimientos sobre la obra de JRR Tolkien A partir de las 7:00 PM Concurso y Festival de Disfraces de pica y fantasa. DiscoMANGA, con proyeccin de clips de corte fantstico y especialmente de animacin japonesa. Convocamos a todos amantes del fantstico a que disfruten de es ta oportunidad de darle alas a su imaginacin y encarnar sus personajes favoritos. HABR SORPRESAS Y PREMIOS DOMINGO 5: CASA DE LA CULTURA DE 10 DE OCTUBRE A partir de las 10:00AM Festival Infantil con actividades artsticas variadas, juegos y sorpresas.

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Muestra de juegos de rol y tableros de temas fantsticos y simultnea de juegos para jvenes y adultos. TEATRO MARIANA GRAJALES 2:00PM-4:30PM Gala de Clausura con narracin oral escnica, danzas, y msica renacentista y cltica. AL INDICE

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7. COMO CONTACTARNOS? S tienes algn comentario, sugerencia o colaboracin escrbenos a: darthmota@centro-onelio.cult.cu jartower@centro-onelio.cult.cu espiral@centro-onelio.cult.cu aceptamos cualquier colaboracin seria y desinteresada. Traten de ponerla en el cuerpo del mensaje. Advertencia: Los mensajes de direcciones desconocidas que contengan adjuntos sern borrados. Para suscribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la palabra "BOLETIN" en el asunto. Para desincribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase "NO BOLETIN" en el asunto. Para obtener nmeros atrasados envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase en el asunto "Numeros anteriores" y el nmero del correo atrasado que deseas entre parntesis a continuacin. Si los quieres todos escribir a continuacin “todos”. Ejemplos : Con el asunto “Numeros anteriores (2)(5)(20)” obtendras los nmeros 2, 5 y 20 del Disparo en Red. Con el asunto “Num eros anteriores todos” obtendras todos los nmeros del Disparo en Red existentes. Al INDICE


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Disparo en Red.
n No. 26 (October 2006)
260
[Havana, Cuba] :
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October 2006
310
Monthly
650
Science fiction, Latin American
v Periodicals
Science fiction
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