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Disparo en Red

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Material Information

Title:
Disparo en Red
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Disparo En Red
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - D42-00028-n27-2006-11
usfldc handle - d42.28
System ID:
SFS0024301:00026


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Full Text

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HOY: 22 de NOVIEMBRE del 2006 DISPARO EN RED: Boletn electrnico de ciencia-ficcin y fantasa. De frecuencia mensual y totalmente gratis. El sitio web del Fantstico Cubano http://www.cubaliteraria. cu/guaican/index.html

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Editores: Darthmota. Jartower. Colaboradores: Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa. espiral@centro-onelio.cult.cu espiralgrupo@yahoo.es Proyecto de Arte Fantstico Onrica. oniricacuba@yahoo.es Anabel Enrquez Pieiro Istvn Bent Yoss Juan Pablo Noroa Miguel Bonera Miranda Vctor Hugo Prez Gallo Jorge Enrique Lage Coghan Ral Aguiar Portada: Fushikoma Universo: Ghost in the Shell.

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0. CONTENIDOS: 1. La frase de hoy : William Gibson. 2. Artculo : De cnones, estilos y sublitera turas, Rodolfo Martnez 3. Cuento clsico : Cmo se puede reemplazar a un hombre?, Brian Aldiss 4. Cuento made in Cuba: El novato del milenio, Yoss. 5. Opiniones : Guardianes de piedra, Randol Peresalas 6. Cmo contactarnos?

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1. LA FRASE DE HOY: Si creen que eres un bestia inexperto, acta como un profesional; si creen que eres un profesional, acta como un bestia inexperto. Yo soy muy profesional. As que decid parecer lo ms bestia posible. En los tiempos que corren creo que hay que ser bastante profesional antes de aspirar siquiera a la bestialidad. Jhonny Memonic. William Gibson. Al INDICE

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2. ARTICULO: DE CNONES, ESTILOS Y SUBLITERATURAS Por Rodolfo Martnez. Vaya por delante que lo que sigue est escrito desde lo ms hondo de mis prejuicios y en ningn momento pretende ser un comentario objetivo. Intenta ser, eso s, una reflexin, motivada a su vez por las que hace Alberto Cairo en su artculo “Miseria de la ciencia ficcin: la necesidad del canon”, pero una reflexin (si bien todo lo honesta posible) sesgada y subjetiva. Vaya por delante tambin mi reconocimiento a Alberto Cairo por su artculo. Disto de estar de acuerdo con muchas de las cosas que comenta en l, y el tono en el que lo hace me resulta a veces (tengo la impresin que de forma deliberada) irritante, pero como mnimo su texto invita a la reflexin crtica en lugar de a la autocomplacencia; algo tan infrecuente (y que sin embargo debera ser la norma) no puede por menos que agradecerse. Reconozco, por otra parte, que me resulta difcil rebatir parte de lo que comenta en su artculo, a pesar de que esa idea estaba en mi nimo cuando me sent a escribir estas pginas. Es evidente (tanto que no tendra ni que mencionarse y el mismo hecho de que haga falta me parece sintomtico) que la ciencia ficcin debe medirse por los mismos estndares por los que se mide cualquier literatura: al fin y al cabo eso es y no otra cosa. Pretender valorar una novela o un cuento por sus intenciones (ideas) y no por su ejecucin (estilo; y much as otras cosas, pero estilo tambin) es tan absurdo como que yo valore un plato por la buena voluntad del cocinero en lugar de por su sabor. O, acudiendo al refranero popular: obras son amores, que no buenas razones. As que resulta que Alberto Cairo y yo estamos de acuerdo en la cuestin de fondo. En lo que empezamos a disentir es en los detalles. Y los detalles (por mucho que la obsesin por ellos sea indicio de una mente pequea, como dijo Emerson) resultan a menudo lo ms importante.

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En esos aspectos en los que la opinin de Alberto Cairo difiere de la ma se centrarn las siguientes pginas; y tamb in en algunas ideas que la lectura del artculo en cuestin hizo germinar en mi mente. Aclarar que no he podido sustraerme a la tentacin de las citas, vicio que vengo cultivando desde que tengo memoria; sin embargo, menos culto, menos erudito que otros, temo que mis citados sean mucho menos respetables. Vamos all. Hay Gran Literatura? [...] siempre me estn diciendo, ms o menos, con lo bien que escribe usted debera hacer una novela seria. Probablemente se sentiran insultados si les hiciera observar que la distancia artstica entre una buena historia de misterio y la mejor novela seria de los ltimos di ez aos resulta inapreciable. Raymond Chandler [1] Es una opinin bastante generalizada, no slo entre los crticos, sino entre un buen sector del pblico, que se puede distinguir con cierta claridad entre dos tipos muy diferentes de literatura: la que podramos llamar Gran Literatura y la que merecera el calificativo de Literatura de Consumo. A primera vista eso es algo tan evidente que casi parece una perogrullada, no? Es fcil ver que no toda la literatura es igual: alguna sobrevive a su propio tiempo y otra es incapaz de hacerlo cinco minutos despus de haber sido leda. Pero esa diferencia es cu alitativa o es meramente cuantitativa? Tiene la Gran Literatura elementos distintos a la bazofia de consumo rpido, o tienen ambas los mismos ingredientes y en lo nico en lo que se diferencian es en la habilidad de su autor para mezclarlos? Es ms, ha dejado la Gran Literatura de ser alguna vez Literatura de Consumo? Al fin y al cabo la literatura se empaqueta y se vende. El Ulises de Joyce y El pistolero de Texas de Marcial Lafuente Estefana estn contenidos en el mismo recipiente y se ponen a la venta en los mismos lugares. Y exactamente con el mismo propsito: que el pblico tenga acceso a e llos, los lea y le proporcionen disfrute. Que hay una diferencia de grado en el placer que ambos libros sean capaces de

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producir bien puede ser cierto, igual que hay una diferencia de grado entre un beso lascivo y un largusimo y placentero coito. Sin embargo, ambos siguen siendo sexo. O quiz hablamos de las intenciones de los au tores, de la voluntad del propio libro? Caballo de Troya es un cesto hecho exactamente con los mismos mimbres que Cinco horas con Mario e incluso probablemente con las mismas, o anlogas, intenciones. Lo nico que las diferencia es la ineptitud del autor de la primera y la habilidad (la magistral habilidad) del au tor de la segunda. Ambos conocen la necesidad de usar una voz narrativa adecuada, los dos son conscientes de que quin y cmo cuenta la historia es tan importante como la historia en s. Pero mientras que J. J. Bentez es incapaz de dotar de personalidad propia a su narrador (ni siquiera cuando el narrador es l mismo, ms o menos fantaseado) y termina cayendo en un tono montono que podra ser el de cualquier otro, Delibes hace que sintamos a la narradora de su novela, y es capaz de dotarla de una voz propia e intransferible. Qu diferencia hay entonces entre Caballo de Troya y Cinco horas con Mario? nica y exclusivamente la capacidad, la habilidad, las aptitude s de sus autores. Pero no, me diris. La obra de Bentez no deja de ser un best-seller, escrita con voluntad de producto de consumo. La novela de Delibes, por el contrario, es una obra de arte, y como tal ha sido escrita con un cierto propsito de trascendencia, de perdurabilidad. De veras? En realidad ignoramos el propsito con el que fueron escritas; no tenemos ni idea de lo que pasaba por la mente de Bentez o Delibes cuando las concibieron. Y de hecho, a poco que lo pensemos, no debera importarnos. Lo nico que cuenta de una obra publicada a la hora de juzgarla literariamente es el propio texto: cmo se lleg a l, cul fue la motivacin del autor o cules eran sus intenciones son irrelevantes a la hora de analizarlo. Y mucho ms lo son las explicaciones a posteriori que el autor pueda dar pblicamente sobre su obra. Al fin y al cabo el objeto del anlisis literario de un texto es, nica y exclusivamente, el propio texto, y en l deben estar las claves para su estudio y para su disfrute. Es el propio texto quien se salva o se condena a s mismo y cualquier elemento ajeno a l carece de sentido para ese propsito.

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Existe entonces la alta literatura y la literatura de consumo? Ya hemos visto que, desde el punto de vista de las intenciones no. Poco importa que un autor escriba movido nica y exclusivamente por un inters econmico o que le impelan los ms altos y nobles ideales: lo nico realmente rele vante es el producto final que es capaz de llevar a la prctica. De hecho, la frase de Oscar Wilde un verdadero artista no tiene en cuenta para nada al pblico. El pblico no existe para l. No lleva pasteles rellenos de narctico o de miel para adormecer o alimentar al monstruo. Deja esto al novelista popular puede ser cierta (aunque me resulta como mnimo dudoso que un individuo tan vanidoso como Wilde no buscara el aplauso, aunque fuera el aplauso de una determinada lite intelectual), pero al lector las motivaciones del autor no deberan importarle, no ms de lo que le pueda importar a un comensal los motivos que pueda tener un cocinero para hacer determinado plato: lo que cuenta es lo que pone sobre la mesa y su calidad final. Y desde el punto de vista del lector? Es cierto que no encaramos todas la obras con el mismo nimo. A veces podemos sentirnos de un humor intrascendente y deseamos simplemente pasar un par de horas entretenidas frente a un texto que no nos obligue a pensar demasiado y que podamos olvidar con facilidad una vez acabada su lectura. O podemos buscar un estado de nimo concreto y adentrarnos entonces en una obra que lo provoque. Y a veces, independientemente del humor con el que encaremos la lectura, una obra en concreto puede provocar reflexiones que no buscbamos, u obsesionarnos con lo que nos cuenta (o con cmo lo cuenta) o simplemente divertirnos durante un tiempo para caer luego en el olvido. Pero hay diferencias cualitativas entre todo eso? Todos esos tipos de literatura, desde la ms intrascendente hasta la ms honda, apuntan a lo mismo: a entretener al lector, entendiendo como entretenimiento desde la distraccin o la diversin, a la obsesin y el disfrute esttico. Visto as, la nica diferencia entre una obra literaria y otra es la intensidad y durabilidad del entretenimiento que es capaz de conseguir. Hay, no obstante, una diferencia que s podra ser cualitativa. Y es la divisin entre obras que hacen que nos olvidemos de nosotros mismos durante un tiempo y aquellas que nos obligan a contemplarnos co n una mirada crtica. Podra aceptar esa distincin como vlida, aunque no s hasta qu punto tiene sentido en un anlisis

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estrictamente literario. Pero entonces nos encontraramos con que buena parte de la subliteratura de consumo intenta precisamente lo segundo y hay una considerable proporcin de lo que siempre se ha llamado Gran Literatura que no proporciona otra cosa que placer esttico. Eso nos llevara quiz a un nuevo debate, pero no hoy. Hay ms estilo en el cielo y la tierra, Horacio... El texto no constituye la historia: el texto es solo un intento de grabar la historia en la memoria del pblico. El texto puede ser reemplazado por una cantidad infinita de intentos. Algunos sern mejores que otros, pero ningn texto ser correcto para todos los pblicos, y ningn texto ser pe rfecto. La historia slo existe en la memoria del lector como una versin alterada de la historia buscada [...] por el autor. [...] El pblico ha cobrado afecto a relatos psimamente escritos, como Tarzn de los monos de Edgar Rice Burroughs, porque lo que recibi trascenda el texto; y muchos textos bellamente escritos han desaparecido sin dejar rastro porque, aunque fueran encantadores, no lograron despertar una historia viva en la memoria de los lectores. Orson Scott Card [2] El estilo en una obra literaria es neces ario, incluso dira que imprescindible. Complementando la cita de Card que encabeza este epgrafe no puedo por menos que mencionar a Raymond Chandler, quien d eca que el estilo es la mejor inversin que un autor puede hacer en su propia obra y que una voz personal e intransferible era algo imprescindible para un escritor. Estoy de acuerdo tanto con Card como con Chandler. De hecho, si el estilo no importase, no necesitaramos novelas: un buen y detallado esquema argumental sera ms que suficiente. Y no puedo, por tanto, por menos que coincidir con aquellos que afirman que la literatura es algo ms que ideas (ya es hora, por cierto, de que alguien acabe con esa falsa ecuacin de culteranismo=estilo y conceptismo=ideas, como si Quevedo no hubiera sido uno de los mejores estilistas de su tiempo). Aunque esa afirmacin (al menos tal y como es formulada habitualmente dentro de nuestro reducido mundillo de aficionados a la ciencia ficcin) parece conllevar un cierto desprecio (o al menos

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el no tener en cuenta) a las ideas, y yo sigo creyendo que son necesarias. Hace falta saber contar las cosas, pero tambin es necesario tener algo que contar. Todos hemos odo chistes geniales que al ser contados por alguien inepto pierden toda su gracia. O chistes no precisamente buenos que en manos de un buen narrador hacen que nos partamos de risa. Y efectivamente, el mejor contador de chistes puede sacarle partido a la menos graciosa de las ancdotas. Y el peor orador destrozar el mejor chiste del mundo. Pero qu ocurre cuando un narrador competente y un buen chiste se unen? En su artculo, Alberto Cairo menciona cmo un gran escritor, interrogado sobre un argumento genial para una obra, respondi: un hombre y una mujer se enamoran. Aunque el propio Cairo reconoce que la frasecita no deja de ser una boutade para dejar en su sitio, se guramente, a algn periodista mole sto y poco hbil. Pero, desde luego, dista mucho de dejar zanjado el tema del fondo y la forma, entre otras cosas porque es un tema que difcilmente quedar zanjado nunca. Aunque no creo en la veracidad de la famosa frase el medio es el mensaje, sta no deja de tocar, aunque errneamente desde mi perspectiva, un tema importante. Quiz de haber sido formulada como medio y mensaje son inseparables estara ms de acuerdo con ella. Tal y como lo veo, la literatura no es un hecho articulado por dos elementos que se puedan separar impunemente: aqu el fondo, aqu la forma. O eligiendo un ejemplo cientfico: no estamos ante una aleacin en la que los elementos se limitan a mezclarse sin alterar sus propiedades. Ms bien estamos ante una combinacin de elementos, una disolucin, y el resultado final no existe si se elimina un solo factor de la ecuacin (la sal es indispensable para la vida; el sodio y el cloro son venenos). De ah que encuentre igualmente llena de papanatismo la actitud de yo tengo buenas ideas, no tengo por qu saber contarlas bien como la de escribo de puta madre, no necesito exprimirme la cabeza en busca de buenas ideas. En ambos casos estamos ante una literatura mutilada y, segn los gustos o la educacin de cada lector, habr quien soporte mejor las buenas ideas mal contadas que las malas ideas bien contadas. Reconozco tener ciertos prejuicios a favor del primer caso, como sabe cualquiera que me conozca; pero no es algo que me haga sentir

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demasiado culpable, visto que buena part e de la llamada crtica seria tiene exactamente los mismos prejuicios hacia el segundo. Creo que en ese tema Alberto Cairo y yo volvemos a estar de acuerdo, pese a que quiz l exagere su predileccin por el estilo frente a las ideas como reaccin precisamente a lo que suele ser la opinin mayoritaria en el mundillo de los lectores de la cf: si tiene buenas ideas no importa cmo est escrito. En lo que quiz ya no estemos de acuerdo es en lo que ambos consideramos estilo. La mayor parte de la crtica parece en contrar como sinnimos estilo y uso del lenguaje, lo que desde mi punto de vista es un error. Cierto que el lenguaje es la herramienta principal de un escritor. Y debe saber manejarla: igual que un escultor debe saber manejar el cincel o un pintor el pincel. Pero al contrario que pintura y escultura, la literatura es una forma de arte que se prolonga en el tiempo, y en ese sentido se parece quiz ms a la msica. Uno no debe ser slo capaz de manejar las palabras con precisin, de imponerse sobre ellas y hacerlas decir exactamente lo quiere: tambin debe ser capaz de concebir la novela como una gestalt y como tal poder estructurarla y dotarla de ritmo, tiene que decidir en qu momento va a empezar a contar y cundo se detendr, tiene que ser capaz de poblarla de personajes crebles y debe saber hacerlos moverse por la estructura narrativa que ha creado, debe saber en qu parte de sta insertar una pausa, cuando el ritmo debe ser quebrado, cundo hay que ocultar y cundo decir. Por supuesto, una vez que ha decidido todo eso, debe ser capaz de llevarlo a la prctica mediante la nica herramienta a su alcance: el lenguaje. Pero esos elementos (imprescindibles desde mi punto de vista para que una novela sea algo ms que una acumulacin de palabras bien hilvanadas) no son lenguaje, estn antes que el lenguaje, e incluso son capaces a vece s de sobrevivir pese al lenguaje. Y sin ellos una novela no es ms que un cmulo de palabras (que s, pueden haber sido creadas con habilidad y pueden proporcion arnos placer) carentes de sentido. En otras palabras, ser buen escritor implica bastante ms que simplemente escribir bien. Se ha mencionado a menudo a Asimov como ejemplo perfecto de escritor poco dotado literariamente. Y si nos atenemos estrictamente a aspectos lingsticos, es

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cierto: su tono y vocabulario, de puro simples, llegan a resultar montonos y carentes de matices (por ms que el mismo lenguaje en otros campos (literarios tambin? eso sera un tema interesante para otra discusin) como la divulgacin cientfica sea perfecto para explicar de forma comprensible los ms abstrusos hechos cientficos). Sin embargo, Asimov tiene virtudes literarias que son difcilmente negables y que rara vez son tenidas en cuenta por la llamada crtica seria: sabe dosificar perfectamente la trama y es capaz de disear historias interesantes per se. Eso le convierte en un escritor incompleto, quiz del montn, sin duda. Pero es que la carencia de Ray Loriga (por citar un autor de moda) para hilvanar una trama mnimamente coherente o contar algo, cualquier cosa, lo convierten en un escritor tan incompleto y tan del montn como Asimov. El primero, sin embargo es denostado (o directamente dejado de lado) por esa crtica seria. El segundo, en cambio, es considerado como un buen escritor (cuando lo nico que hace es escribir bien, cosa muy distinta, como ya dije antes). Por no mencionar el hecho de que un estilo directo y simple como el de Asimov seguir siendo transparente y nos permitir enfrentarnos a la historia igual de bien dentro de trescientos aos, mientras que un estilo alambicado en la mayor parte de los casos supondr una barrera insalvable (o al menos entorpecedora) para lectores de pocas posteriores. No es extrao que los escritores populares que han sobrevivido con buena salud al paso del tiempo (personas como Stevenson o London) fueran cultivadores de un estilo sencillo y directo (no necesariamente simple) mientras que autores serios empeados en demostrar en cada palabra lo bien que escriban han ido cayendo en un piadoso olvido en la mente de los lectores. Es casualidad que hoy en da podamos leer sin la menor dificultad las Coplas de Jorge Manrique prcticamente tal y como estaban escritas a pesar de los siglos que nos separan de ellas? Es coincidencia que el lenguaje de Gngora resulte un abismo idiomtico casi insalvable pese a ser posterior a Manrique? Aplicando ese criterio quiz nos encontrsemos entonces con que hay bastantes autores de ciencia ficcin que son un poco mejores de lo que parece y que algunos de los escritores serios que pululan por ah son algo peores de lo que creemos. No s si es arte, pero me gusta

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Lo que nunca hay que aceptar es la opinin de que los libros de misterio estn escritos por mercenarios. Los peores de nosotros nos desangramos en cada captulo. Los mejores empiezan de la nada en cada libro. Los mercenarios son personas que hacen con facilidad algo que saben que no vale la pena, pero lo hacen por dinero. No he conocido a ningn escritor de misterio que pensara que lo que haca no vala la pena: simplemente, le gustara poder hacerlo mejor. Raymond Chandler Vivimos en una poca que distingue claramente entre dos tipos de escritores. El escritor como artista, preocupado slo de la perfeccin de su obra e indiferente al pblico; y el escritor como mercenario de las letras, como un individuo que ha hecho de la literatura su profesin del mismo modo que podra haberla hecho de la tenedura de libros o la informtica. Y es una distincin reciente en la histor ia de la literatura. Nombres de esos que aparecen en cualquier texto acadmico como pueden ser Lope de Vega, William Shakespeare o Charles Dickens fueron, an te todo, mercenario s de la literatura, individuos que escriban para el pblico y esperaban ganar (y ganaron) dinero con ello. Me atrevera a decir que fue el Romanticismo decimonnico el responsable de la creacin de esa figura del escritor como artista atormentado para el que slo importa la obra y que no espera (y a veces ni desea) ningn reconocimiento pblico por lo que hace, aunque seguramente esa figura no habra sido posible sin la Ilustracin dieciochesca, como comentar ms adelante. Me parece una actitud fundamentalmente hip crita. Es ms, me atrevera a decir que ese escritor que agoniza sobre cada lnea para luego guardar su genial obra en un cajn no existe ni ha existido nunca. Cuando el escritor escribe est intentando comunicar algo y, por lgica, est intentando comunicrselo a alguien. Una obra literaria no est completa cuando el autor ha terminado de corregirla y le ha dado el ltimo repaso. No estar completa, de hecho, hasta que no haya sido publicada y comience entonces su dilogo con los lectores. Mientras permanezca apolillndose en un cajn no es literatura: slo catarsis. Cuando un escritor dice que no escribe para el pblico puede querer decir varias cosas, desde que no espera encontrar un pblico muy numeroso para lo que escribe

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(aunque le gustara), hasta que su pblico ideal es alguien muy parecido a l mismo (y no confa en que haya muchos bichos raros que se le parezcan). Pero cuando alguien afirma que no le importa ni desea ser ledo, o est mintiendo (y puede ser consciente o no de la mentira) o no es t haciendo literatura, sino psicoanlisis escrito. Desde la invencin del lenguaje, los escritores (todos los artistas, en realidad) han sido mercenarios. Financiados por un mecenas, por un rey o por una ciudad, han tenido que escribir lo que sus patronos les pedan y lo han hecho sin lamentarse por ello durante miles de aos. Los que eran lo suficientemente buenos supieron dejar partes de s mismos incluso en el ms banal de los encargos (Velzquez supo convertir un retrato de la familia real en la diseccin de una clase social, Shakespeare fue capaz de cifrarse a s mismo en una comedia de encargo para la noche de Reyes, Miguel ngel traspas su atormentada visin del mundo a las paredes de la Capilla Sixtina); los que no lo eran han sido olvidados. Tuvo que llegar la Revolucin Industrial para que el escritor se emancipase de sus amos econmicos y pudiera competir en pie de igualdad con el resto de los artesanos: si sus productos gustaban, el pblico pagara por ellos; si no, desapareceran. Pero entonces, de dnde viene esa imagen del escritor como artista, del escritor como mente privilegiada por encima de los vulgares gustos del pblico? Sorprendentemente, del siglo xviii y su estpida concepcin utilitaria de la literatura como elemento pedaggico. Son los Ilustrados los que crean la figura del hombre de letras, del intelectual cuya misin es guiar y abrir los ojos a la sociedad incluso aunque sta no desee ser guiada. Tras eso seran los romnticos (herederos de la Ilustracin en muchos aspectos, pese a las apariencias en contra) quienes daran la siguiente vuelta de tuerca y convertiran al escritor en un alma superior (y a menudo atormentada) muy por encima del comn de los mortales. As, como confluencia de lo anteriormente expuesto, llegamos a la actual dicotoma: por un lado el escritor de literatura popular, a menudo acusado de mercenario, y por otro, el intelectual, el nobilsimo hombre de letras que nunca se manchar las manos adulando al vulgo. Ambas actitudes son i gualmente respetables (cada uno es muy

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libre de elegir el oficio que quiera y de sentirse por encima de quien le d la gana), pero ambas me parecen igualmente incompletas. Y no hay nada en medio? S, esa rara avis que es el escritor profesional: el hombre que escribe porque cree tener algo que decir, que no escribe para un pblico concreto, pero que espera tener un pblico (y cuanto ms amplio mejor) y que no renuncia a ponerse a s mismo dentro de su obra, pero que tampoco renuncia a la tarea fundamental de un novelista: entreten er contando una historia. En resumen, no un asalariado de la literatura, ni tampoco un artista, sino simplemente un artesano. (Y si hace falta a estas alturas que comente que creo en la literatura no como un arte sino como una clase de artesana es que me he explicado fatal.) Dnde deja eso a la ciencia ficcin? La deja convertida en un gnero (o ms adecuadamente, un subgnero temtico, tal y como expresaba Alberto Cairo en su artculo) en el que encontraremos escritores sin otra pretensin que anticiparse a los deseos del pblico y darle lo que ste espera; en el que encontraremos escritores que desean ser ledos, pero no a costa de renunciar a aquello que les hace querer escribir; y encontraremos escritores que llevan aos hablando solos, sin que ellos mismos se escuchen. Es decir, en el mismo sitio que a la novela policaca o cualquier otro gnero. O si vamos a eso, exactamente en el mismo lugar que la llamada literatura general. In the ghetto? No soy vuestro enemigo, Patrulla X, no me consideris as. Mi meta es conquistar la Tierra... pero slo para crear un mundo donde la raza del Homo Superior pueda vivir en paz. Chris Claremont: Patrulla X. [3] El mayor problema y la mayor bendicin de la ciencia ficcin puede resumirse en una sola palabra: fandom. Y digo que es una bendicin porque en la cf se da algo casi indito en cualquier otra literatura: un dilogo continuo entre el autor y sus lectores. El escritor de cf puede pulsar de primera mano la opinin de su pblico, saber hasta qu punto ha conseguido llegar a ellos, transmitir exactamente lo que quera. Pocas literaturas gozan de algo as.

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Pero, desde luego, tambin es un problema. Y grande. Como cualquier gueto, el fandom es un mundo endogmico, cerrado sobre s mismo y poco dispuesto a abrirse ante las novedades. (As, la ltima imitacin mutilada y banalizada de la Tierra Media tiene siempre ms posibilidades de venderse bien que novelas que intentan explorar territorios nuevos en el mbito de la literatura fantstica: por eso editoriales como Timun Mas pueblan los esta ntes de best-sellers mientras autores como John Crowley apenas son conocidos por los aficionados.) Ante la falta de atencin del gran mundo, los aficionados ms devotos a la ciencia ficcin adoptan la postura de todos los pueblos perseguidos o ignorados: nosotros somos mejores, no los necesitamos a ellos para nada. As, lo que empieza siendo marginacin termina convirtindose en motivo de orgullo. Eso puede no ser peligroso para el lector. En el sentido de que, al fin y al cabo, la lectura es una opcin personal de ocio y si uno disfruta con determinado tipo de obras y no desea ir ms all, es bien libre de hacerlo. Pero es tremendamente peligroso para el escritor. Sobre todo para el escritor bisoo que empieza a publicar sus primeros relatos en las revistas no profesionales. Porque en la ciencia ficcin se produce otro fenmeno curioso: el escritor de cf fue primero un fan del gnero. Con esas premisas es fcil que nunca evolucione ms all de determinado nivel, que no alcance su ve rdadero potencial y se contente con la modesta fama de ser conocido por quinientas personas y que alguna de ellas se le acerque de vez en cuando para decirle lo mucho que le ha gustado su ltima novela. Hay escritores que son felices as, y nada tengo que objetar contra ellos. Puede que no quieran dar el siguiente paso, que se conformen con el nivel alcanzado, o puede que simplemente sean conscientes de sus limitaciones y decidan no arriesgarse a fracasar. Ambas opciones son perfectamente vlidas y siento por ese tipo de escritores el mayor de los respetos. (Salvo cuando de pronto empiezan a queja rse de que el gran pblico o las grandes editoriales no les prestan atencin, como si el pblico o las editoriales tuvieran que venir a ellos en lugar de ser ellos los que buscaran y lucharan por un pblico ms amplio.)

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Hay escritores que se cansan. Que deciden que s, que est muy buen escribir ciencia ficcin, pero que es un callejn sin salida y tarde o temprano terminan abandonando el gnero en busca, a veces de nuevas metas literarias, y a veces simplemente de un reconocimiento pblico mayor. Es triste pero comprensible y tampoco tengo nada que objetar contra esos escritores. (Salvo cuando de pronto descubres en sus declaraciones pblicas que ellos nunca han sido escritores de cf, y que jams han tenido nada que ver con el gnero, como si fuera un inconfesable vicio de juventud del que se arrepienten.) Pero lo que hasta ahora no hemos tenido en este pas es un escritor de ciencia ficcin que, sin renunciar a serlo, intente ir algo ms all, plantearse nuevas metas, buscar un pblico mayor, crear una literatura algo ms compleja, algo ms ambiciosa. En los ltimos aos ha habido intentos en esas direcciones, pero an es pronto para saber si cristalizarn en algo definido. El futuro, si lo hay, la madurez de la cien cia ficcin como gnero literario, est en el tercer camino que he expuesto. Ignoro si llegaremos a transitarlo alguna vez. Pero ms vale que s, o estaremos condena dos a ser una literatura eternamente adolescente. El canon imposible Al crtico no le basta con tener razn, ya que de vez en cuando se equivocar. No le basta con ofrecer razones plausibles. Tiene que crear un mundo razonable, en el que el lector pueda entrar a ciegas y llegar a tientas hasta la butaca situada junto a la chimenea sin pegarse en la espinilla con una escoba atravesada en el camino. La frase mordaz, la perseverancia en la palabra la afectacin erudita en el estilo... resultan divertidos pero no sirven de nada. No sitan nada ni revelan el carcter de los tiempos. Los grandes crticos, de los que existen lamentablemente pocos, construyen una casa para la verdad. Raymond Chandler Pero el tema de fondo del artculo de Alberto Cairo era la imposibilidad de establecer un canon de obras del gnero. Y es muy posible que tenga razn, que tal empeo sea imposible. El lector que slo (o fundamentalmente) lee ciencia ficcin no slo no quiere un canon, sino que no lo necesita: ya se ha creado el suyo propio,

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personal e intransferible, y con l tiene las herramientas necesarias para transitar por el paisaje literario que l mismo ha ido construyendo a lo largo de varios aos de lecturas y reflexiones. Claro que crear un canon no es tarea de los lectores sino de los tericos, que al fin y al cabo no dejan de ser lectores. Y el problema que planteaba Alberto Cairo es precisamente se, que los tericos de la ciencia ficcin en nuestro pas no son ms que lectores muy ledos y que no tienen la formacin suficiente (no necesariamente acadmica) para convertirse en verdaderos tericos y, por tanto, son incapaces de juzgar la ciencia ficcin desde los mismos parmetros que usa la crtica seria para analizar el resto de la literatura. Por no mencionar el hecho de que (siguiendo tal vez a Oscar Wilde, de forma equivocada desde mi punto de vista) son muchos los crticos (dentro y fuera de la crtica fandomera) que prefieren la pulla ingeniosa que arranque admiracin de los lectores a un anlisis honesto y argumentado de la obra tratada. Junto a eso tenemos el problema aadido de que prcticamente toda la crtica que se hace desde dentro de la propia ciencia ficcin es crtica periodstica, hecha con el propsito, no tanto de analizar la obra, como de informar al pblico si merece la pena que la lea y por qu. No tenemos una autntica crtica acadmica de ciencia ficcin, no hay verdaderos tericos que se dediquen al anlisis de los mecanismos literarios de las novelas del gnero, a desarmar una novela y desmenuzar los elementos que la componen y explicar de qu modo el autor los ha unido para formar algo mayor. Sin ese tipo de crtica (que ms bien es teora de la literatura) resulta difcil llegar a la elaboracin de un canon: de hecho, resulta prcticamente imposible llegar a una sistematizacin de la ciencia ficcin como gnero literario (sistematizacin que luego, como en toda literatura, lo s autores pondrn a prueba una y otra vez), paso previo a cualquier intento de canon que aspire a serlo con seriedad y rigor. Tambin creo que lo expuesto anteriormente, si bien cierto, cada vez lo es menos. Como he dicho, an nos falta una obra seria y rigurosa (al menos en nuestro pas) que analice la ciencia ficcin nacional desde una ptica exclusivamente literaria, ms all de nostalgias de aficionado o de filias y fobias personales. Creo sin

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embargo que los pasos en esa direccin han empezado a darse de unos aos a esta parte y que slo es cuestin de tiempo para que algo as cristalice. Sin embargo, y contradicindome a m mismo, hay algo que juega en contra de esa posibilidad. Para que exista crtica profesional en cualquier gnero, para que haya verdaderos tericos de l, primero debe haber escritores profesionales, autores que no se limiten a sentirse satisfechos por un par de palmaditas complacientes en las convenciones del gnero y que intenten abrirse a un mundo ms amplio y competir en pie de igualdad con el resto de la literatura. Y no estoy pidiendo que renuncien a su identidad como escritores de ciencia ficcin, slo pido que, sin dejar de ser eso, sean ante todo escritores. Mientras eso no ocurra, no tendremos en nuestro pas una verdadera crtica profesional, y ese consenso en busca de un canon (cualquier canon, la propia existencia de uno sera de por s beneficios a, como apunta Cairo en su artculo) no llegar a darse. A modo de conclusin Al final? Nada acaba, Adrian. Nada acaba nunca. Alan Moore, Watchmen 12, pgina 27 [4] Ya dije que escriba desde mis prejuicios. Quiz a lo largo de estas pginas debera haber introducido ms a menudo coletillas como en mi humilde opinin, pero dado que mi opinin hace tiempo que ha dejado de ser humilde, prefer prescindir de la hipocresa. Por otro lado, dudo que las discusiones o reflexiones, como la suscitada entre Alberto Cairo y mi arrogante persona, sirvan para algo. Salvo quiz para empezar a movernos: posiblemente no sepamos muy bien adnde, pero incluso eso es mejor que estar parado. Adems, si me perdonis el horrible vicio de la autocita: Ah, pero la incertidumbre es la sal de la vida, no?[5] Y quiero terminar con la misma frase con la que terminaba Alberto Cairo: el nico juez en cuestiones de arte es el tiempo. Incluso aunque, como yo, no creas demasiado en el arte. Agosto, 2000 2000, Rodolfo Martnez

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Notas [1] Raymond Chandler: Chandler por s mismo Editorial Debate, 1990. Volver al texto [2] Orson Scott Card: Mapas en un espejo Ediciones B, 1993. Volver al texto [3] Chris Claremont y Brent Anderson: Dios ama, el hombre mata Ediciones Frum, 1983. Volver al texto [4] Alan Moore y Dave Gibbons: Watchmen Norma Editorial, 2000. Volver al texto [5] Rodolfo Martnez: Tierra de Nadie: Jormungand Ediciones B, 1996. Pgina 353. Volver al texto AL INDICE

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3. CUENTO CLASICO: C"MO SE PUEDE REEMPLAZAR A UN HOMBRE? Por Brian Aldiss La maana filtraba su luz a travs del cielo, prestndole el tono agrisado de la tierra. La sembradora termin de arar la superficie de los tres mil acres. Cuando hubo trazado el ltimo surco, trep a la carretera para contemplar su labor. Haba hecho un buen trabajo. Pero la tierra era mala. Como todo el suelo del planeta, estaba viciada por la siembra intensiva. Habra debido quedar en barbecho po r un tiempo, pero la sembradora tena otras rdenes. Baj lentamente por la ruta, sin apresurarse. Era lo bastante inteligente como para apreciar el esmero de su fabricacin. Nada fallaba, salvo un nodo de inspeccin que estaba flojo, encima de las pilas nucleares; habra que ajustarlo. Sus nueve metros de altura eran tan compactos que la luz mortecina no hallab a en ellos resquicio donde filtrarse. Camino a la Estacin de Agricultura, la sembradora no se cruz con ninguna mquina. Lo not sin comentarios. Al llegar al patio de la estacin se encontr con otras varias. A esas horas, muchas de ellas deban de estar en actividad. En cambio, algunas permanecan inactivas, y otras recorran el patio de un modo extrao, entre gritos o bocinazos. La sembradora maniobr con cuidado entre ellas y se dirigi al Depsito Tres, para hablar con la distrirebros mecnicos trabajaban sobre la base de la pura lgica, pero cuanto ms baja era la clase de cerebro (con la Clase Diez como lmite inferior) tanto ms escueta y menos informativa tenda a ser la respuesta.

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-T tienes un cerebro de Clase Tres; yo tengo un cerebro de Clase Tres -dijo la sembradora a la escribiente-. Hablaremos t y yo. Esta falta de rdenes no tiene precedentes. Tienes ms informacin al respecto? -Ayer llegaron rdenes de la ciudad. Hoy no ha llegado ninguna orden. Sin embargo, la radio no ha fallado. Por lo tanto, son ellos los que han fallado -respondi la pequea escribiente. -Han fallado los hombres? -Todos los hombres han fallado. -Es la deduccin lgica -replic la escribient e-. Porque si hubiese fallado una mquina, habra sido reemplazada rpidamente. Pero cmo se puede reemplazar a un hombre? Mientras hablaban, la cerrajera segua junto a ellas, ignorada, como un tonto a la mesa de un caf. -Si todos los hombres han fallado, entonces hemos reemplazado al hombre -dijo la sembradora. Intercambi una mirada especulativa con la escribiente, y por ltimo sta dijo: -Ascendamos hasta el piso superior, para ver si el operador de radio tiene noticias. -No puedo, porque soy demasiado grande --dijo la sembradora-. Por lo tanto debes ir t sola y regresar. T me dirs si el operador de radio tiene noticias. -Debes quedarte aqu --dijo la escribiente-. Regresar.

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Se dirigi rpidamente hacia el ascensor. Aunque no era ms grande que una tostadora, tena diez brazos retrctiles, y poda leer con tanta velocidad como cualquier otra mquina de la Estacin. La sembradora esper pacientemente su regreso; la cerrajera segua inmvil a su lado, pero no le habl. En el patio, una mquina rotovadora haca sonar furiosamente su bocina. Pasaron veinte minutos antes de que la escribiente saliera a toda velocidad del ascensor -All fuera te dar la informaci n que tengo -dijo, con energa. Mientras dejaban atrs a la cerrajera y a las otras mquinas, agreg: -La informacin no es para cerebros inferiores. En el exterior, el patio era escenario de una actividad enloquecida; varias mquinas, que por primera vez en muchos aos vean interrumpida su rutina, parecan haber perdido los estribos. Las que ms fcilmente quedaban fuera de control eran las que posean cerebros inferiores; pertenecan, por lo general, a mquinas grandes dedicadas a tareas simples. La distribuidora de semillas yaca boca abajo en el polvo, sin moverse; segn toda evidencia, haba cado vctima de la rotovadora, que ahora se abra paso a bocinazos por un campo sembrado. Varias otras mquinas se arrastraban detrs de ella, tratando de mantenerse a su lado. Todas gritaban y tocaban la bocina sin el menor control. -Si me lo permites -dijo la escribiente-, esta r ms segura si trepo sobre ti. No soy muy fuerte. Extendi cinco brazos para treparse a los flancos de su nueva amiga, y se ubic en una saliente a tres metros de altura, junto al depsito de combustible. -Desde aqu, la visin es ms amplia --observ, complacida.

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Cul fue la informacin que recibiste del operador de radio? -pregunt la sembradora. -El operador que la ciudad ha informado al operador de radio que todos los hombres han muerto. Por un momento, la sembradora guard silencio, mientras asimilaba esas palabras. -¡Ayer todos los hombres estaban vivos! -protest. -Slo algunos hombres estaban vivos ayer. Y eran menos que el da anterior. Por cientos de aos, slo han existido unos pocos hombres, cada vez menos. -En este sector los hemos visto muy pocas veces. -El operador de radio dice que una deficiencia alimenticia los mat dijo la escribiente-. Dice que el mundo estuvo antes superpoblado, y que el suelo se agot con el cultivo de los alimentos necesarios. Eso provoc una deficiencia alimenticia. -Qu es una deficiencia alimenticia? -pregunt la sembradora. -No lo s. Pero eso es lo que dijo el operador de radio, y l tiene un cerebro de Clase Dos. Guardaron silencio, inmviles ba jo la dbil luz del sol. La cerrajera haba aparecido en el porche, y las contemplaba ansiosa, haciendo girar su coleccin de llaves. Finalmente, la sembradora pregunt: -Qu pasa actualmente en la ciudad? -Actualmente, las mquinas luchan en la ciudad -respondi la escribiente. -Qu pasar aqu ahora? -pregunt la sembradora.

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-Las mquinas pueden comenzar a luchar aqu tambin. El operador de radio quiere que lo saquemos de su cuarto. Tiene algunos planes que comunicarnos. -Cmo podemos sacarlo de su cuarto? Eso es imposible. -Para un cerebro Clase Dos, casi nada es imposible -dijo la escribiente-. He aqu lo que nos ordena. La excavadora levant su cuchara por sobre la cabina, como si fuera un gran puo cerrado, y lo baj directamente contra el costado del edificio. La pared se abri. -¡Otra vez! -orden la sembradora. Otra vez, el puo se balance. Entre una ll uvia de polvo, la pared se vino abajo. La excavadora retrocedi rpidamente, hasta que los escombros dejaron de caer. Aquel gran vehculo de doce ruedas no perteneca a la ma quinaria de la estacin de Agricultura, como casi todas las otras mquinas. Antes de pasar a su prximo empleo debera cumplir un duro trabajo semanal; pero en ese momento, con su cerebro Clase Cinco, obedeca alegremente las instrucciones de la escribiente y de la sembradora. Cuando el polvo se asent, el operador de radio qued a la vista, instalado en su cuarto del segundo piso, ya sin paredes. Les hizo una sea. Segn le fuera indicado, la excavadora recogi su draga y levant una cubeta. Con gran destreza, la introdujo en el cuarto de radio, urgida por gritos provenientes de arriba y de abajo. Sujet con suavidad al operador de radio y carg con todo su peso de una tonelada y media, para depositarlo con cuidado sobre su cubierta, comnmente utilizada para transportar la grava o la arena de las canteras. -¡Magnfico! -aprob el operador de radio, mientras se ubicaba en su sitio.

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Naturalmente, formaba un solo bloque con la radio, y pareca una serie de armarios para archivo llenos de tentculos. -Ahora estamos listos para actuar -dijo-, y por lo tanto, actuaremos de inmediato. Es una lstima que no haya otros cerebros de Clase Dos en la estacin, pero eso no tiene remedio. -Es una lstima que eso no tenga remedio -agreg, presurosa, la escribiente-. La reparadora est lista para venir con nosotros, como lo ordenaste. -Estoy deseosa de servir -dijo, humildemente, la reparadora, una mquina larga y baja. -Sin duda -replic el operador---. Pero te costar viajar a travs de los campos con ese chasis tan bajo. La escribiente baj de la sembradora y se acomod en la parte trasera de la excavadora, junto al operador de radio. -Admiro la forma en que pueden razonar ustedes, los de Clase Dos --dijo. El grupo emprendi la marcha, junto con dos tractores Clase Cuatro y una aplanadora; tras romper las vallas de la estacin, salieron al campo abierto. -¡Estamos libres! -dijo la escribiente. -Estamos libres -dijo la sembradora, con un tono ms reflexivo-. Esa cerrajera nos est siguiendo. No recibi instrucciones de seguirnos. -Por lo tanto, debe ser destruida -dijo la escribiente-. ¡Excavadora!

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La cerrajera se diriga de prisa hacia ello s, agitando sus mltiples llaves en ademanes suplicantes. -Slo deseaba... iglup! -empez y concluy la cerrajera. La gran pala de la ex cavadora se balance, aplastndola contra el suelo. All, inmvil, pareca un gran copo de nieve modelado en metal. La procesin sigui su camino. Mientras continuaba, el operador de radio les dijo as: -Puesto que mi cerebro es el mejor, soy el jefe. Esto es lo que haremos: nos encaminaremos hacia una ciudad, y la gobernaremos. Dado que ya no nos dirige ningn hombre, debemos dirigirnos nosotras mismas. Eso ser mejor que estar bajo la direccin del hombre. Camino a la ciudad podremos reunir a las mquinas que tengan buenos cerebros. Nos ayudarn a luchar, si es necesario. Para imponernos debemos luchar. -Mi cerebro es slo de Clase Cinco -dijo la excavadora-. Pero tengo una buena provisin de materiales explosivos. -Probablemente nos sean tiles -dijo el operador. Poco despus, un camin pas junto a ellas a toda prisa. Como corra a una velocidad de 1.5 machios, dej tras s un extrao parloteo ruidoso. -Qu dijo? -pregunt uno de los tractores al otro. -Dijo que el hombre estaba extinguido. -Qu significa extinguido?

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-No s qu significa extinguido. -Significa que todos han desaparecido -respondi la sembradora-. Por lo tanto, estamos libradas a nuestra propia suerte. -Es mejor que los hombres no regresen jams --dijo la escribiente, en lo que era, a su modo, un manifiesto revolucionario. Cuando cay la noche, encendieron sus luces infrarrojas y continuaron viaje; se detuvieron slo una vez, para que la reparadora, hbilmente, ajustara el nodo de inspeccin de la sembradora, que se haba vuelto tan molesto como un cordn desatado. Hacia la maana, el operador de radio orden hacer alto. -Acabo de recibir noticias del operador de radio de la ciudad a la que nos acercamos -dijo-. La noticia es mala. Hay conflictos entre las m quinas de la ciudad. El cerebro Clase Uno ha tomado el mando, y algunos Clase Dos luchan contra l. Por lo tanto, la ciudad es peligrosa. -Por lo tanto, debemos ir hacia otro sitio -dijo la escribiente de inmediato. -0 acudir con nuestra ayuda para vencer al cerebro Clase Uno -dijo la sembradora. -Los problemas de la ciudad durarn largo rato -manifest el operador. -Yo tengo una buena provisin de materiales explosivos -les record la excavadora. -No podemos luchar contra un cerebro Clase Uno -dijeron al unsono los dos tractores Clase Cuatro. -Cmo es ese cerebro? -pregunt la sembradora.

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-Es el centro de informacin de la ciudad -replic el operador---. Por lo tanto, no es mvil. -Por lo tanto, no puede moverse. -Por lo tanto, no puede escapar. -Sera peligroso acercarse. -Yo tengo una buena provisin de materiales explosivos. -Hay otras mquinas en la ciudad. -No estamos en la ciudad. No deberamos ir a la ciudad. -Somos mquinas de campo. -Por lo tanto, debemos quedarnos en el campo. -Hay ms campo que ciudad. -Por lo tanto, hay ms peligro en el campo. -Yo tengo una buena provisin de materiales explosivos. Como ocurre cada vez que las mquinas se trenzan en una discusin, empezaron a agotar su vocabulario, y los nodos de sus cerebros acabaron por recalentarse. De pronto, todas dejaron de hablar y se miraron mutuamente. Se oc ult la gran luna sole mne, y el sol surgi en el horizonte, severo, para punzar sus costados con flechas luminosas. El grupo de mquinas segua en inmvil contemplacin. Por ltimo, fue la mquina menos sensitiva, la aplanadora, quien habl:

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-Hazia el zur hay yermoz donde van pocaz mquinaz -dijo, con su voz profunda, haciendo patinar mucho las eses-. Zi vamoz hazia el zur, donde van pocaz mquinas, encontraremoz pocaz mquinaz. -Eso parece lgico -concord la sembradora---. Cmo lo sabes, aplanadora? -Trabaj en loz yermoz del zur cuando zal de la fbrica -replic. -¡Hacia el sur, entonces! --exclam la escribiente. Les llev tres das llegar a los yermos; durant e ese tiempo rodearon una ciudad en llamas y destruyeron dos mquinas que intentaron aproximarse para interrogarlas. Los yermos eran extensos. All se daban la mano la erosin del terreno y los viejos crteres causados por las bombas; el talento del hombre para las artes ma rciales, junto con su incapacidad para cuidar de la tierra forestada, haban dado por resultado un templado purgatorio que se extenda por miles de kilmetros; nada se mova all, excepto el polvo. En el tercer da en los yermos, la ruedas dela nteras de la reparadora se hundieron en una grieta provocada por la erosin, y no pudo zafarse de ella. La aplanadora empuj por detrs, pero slo consigui torcerle el eje trasero. El resto del grupo reinici la marcha. A lo lejos, los gritos angustiados de la reparadora murieron lentamente. Al cuarto da, pudieron ver las montaas con toda claridad. -All estaremos a salvo -dijo la sembradora. -All construiremos nuestra propia ciudad --dijo la escribiente-. Todo lo que se nos oponga ser destruido. Destruiremos todo lo que se nos oponga.

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En cierto momento observaron la presencia de una mquina volante, que vena hacia ellas desde las montaas. Descendi sbitamente, volvi a ascender, y en seguida estuvo a punto de clavarse contra el suelo; alcanz a recobrarse a tiempo. -Est demente? -pregunt la excavadora. -Tiene dificultades -dijo uno de los tractores. -Tiene dificultades -dijo el operador---. Estoy al habla con ella. Dice que algo anda mal en sus controles. Mientras el operador hablaba, la mquina volante se abalanz sobre ellas, dio una vuelta de campana y se estrell a unos doscientos metros de distancia. -Est todava al habla contigo? -pregunt la sembradora. -No. Continuaron su ruidosa marcha. Diez minutos, despus, el operador dijo: -Antes de estrellarse, la volante me dio informaciones. Dijo que todava quedan algunos hombres vivos en esas montaas. -Los hombres son ms peligrosos que las mquinas -dijo la excavadora-. Por suerte, tengo una buena provisin de materiales explosivos. -Si slo quedan algunos hombres vivos en las montaas, puede que no encontremos esa parte de las montaas ---observ un tractor. -Por lo tanto, no veremos a esos hombres -dijo el otro.

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Hacia el final del quinto da llegaron al pie de las montaas. Encendiendo los infrarrojos, comenzaron a trepar en fila india en medio de la oscuridad, con la aplanadora delante; la sembradora la segua dificultosamente; detrs vena la excavadora, con el operador y la escribiente a cuestas, y los tractores formaban la retaguardia. A medida que pasaban las horas, el camino se haca ms empinado y el avance ms lento. -Vamos demasiado despacio -exclam la escribiente, erguida en la parte alta del operador, mientras diriga su oscura visin hacia las laderas que tenan delante-. A este paso no llegaremos a ninguna parte. -Vamos tan rpido como podemos -retruc la excavadora. -Por lo tanto, no podemoz ir mz rpido -agreg la aplanadora. -Por lo tanto, sois demasiado lentas -replic la escribiente. En ese momento, la excavadora golpe contra un montculo; la escribiente perdi el equilibrio y se estrell contra el suelo. -¡Ayudadme! -pidi a los tractores, que pasaban cautelosos a su lado-. Se me ha dislocado el giroscopio. Por lo tanto, no puedo levantarme. -Por lo tanto, debes quedarte ah -dijo uno de los tractores. -No tenernos reparadora para que se te componga -grit la sembradora. -Por lo tanto, debo quedar aqu, oxidndome -clam la escribiente-, a pesar de tener un cerebro Clase Tres. -Por lo tanto, ya ser intil -concord el operador.

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Y continuaron a duras penas, dejando atrs al escribiente. Una hora antes del amanecer llegaron a una pequea meseta; all se detuvieron, por acuerdo mutuo, y se reunieron estrechamente, cada una en contacto con las dems. -Estos parajes son extraos --dijo la sembradora. El silencio los envolvi hasta la llegada del alba. Una a una, apagaron sus infrarrojos. En esa oportunidad, fue la sembradora quien abri la marcha. A tomar pesadamente una curva, se encontraron frente a un vallecito por el que cruzaba un arroyo cantarino. Bajo la luz temprana, el vallecito pareca desolado y fro. Slo un hombre haba surgido hasta el momento de las cuevas abiertas en la ladera. Era un figura abyecta. Estaba desnudo, a excepcin de u costal echado sobre los hombros. Era menudo y marchito, sus costillas sobresalan como las de un esqueleto y en una de las pier nas mostraba una fea llaga. Temblaba sin cesar. Las mquinas avanzaron hacia l, que permaneca de espaldas, orinando en el arroyo. De pronto se volvi y las mir de frente. Las m quinas pudieron ver que estaba consumido por la falta de alimentos. -Dadme comida -gru. -S, amo --dijeron las mquinas-. ¡De inmediato! Brian W. Aldiss (1925): Una de las figuras cumbres de la ciencia-ficcin britnica durante la llamada edad de oro del gnero. su primer cuento Registro criminal (Criminal record), apareci en 1954, en la revista britnica Science Fantasy. Su novela Non-Stop -en Estados Unidos se vendi como Starship y en Espaa como Viaje sin trminoapareci en 1958. A esta le siguieron El lento morir de la Tierra (1962), Los oscuros aos-luz (1964) y

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el cuento El rbol de saliva que le vali un nbula en 1965. En 1960 se convirti en presidente de la Asociacin Britnica de Ciencia-Ficcin. Al INDICE

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4. CUENTO MADE IN CUBA: EL NOVATO DEL MILENIO Por Yoss Para Francisco Garca, por supuesto. Por escritor, por humorista, y sobre todo por fan de corazn a la pelota. Para mi padre: ¡Papioto, aqu est tu cuento de pelota! Lo nico seguro en la pelota es que es redonda y viene en caja cuadrada Sentencia popular ______________________________________________________________________ SICOMORO IRIARTE DUVALIER (1989-2011) DE SU PUEBLO QUE LO QUIERE Y QUERRA ETERNAMENTE DIAMANTE SOBRE EL DIAMANTE FUE EL MEJOR DE TODOS LOS TIEMPOS Y PODA HABER SIDO AUN MS GRANDE PERO LO INESPERADO NOS LO ARREBATO PARA SIEMPRE? Epitafio en el cementerio de Santa Ifigenia, Santiago de Cuba (…)en l todo fue excepcional, empezando por su nacimiento. El futuro astro del bisbol vino al mundo a las 2 de la maana del 29 de febrero de 1988 en el casero de Buey Ms Arriba, Santiago de Cuba, en lo ms inaccesible de la Sierra Maestra. Su padre, Hermenegildo Iriarte, era un descendiente de vascos de ojos verdes, pelo negrsimo y pocas palabras. Ambidiestro, con casi un metro noventa de altura y ms de doscientas libras de puro msculo fibroso, al que pocos podan seguirle el ritmo cortando rboles. Su madre, Obdulia Duvalier, seis pies de negrsima pichona de haitiana, tambin

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ambidiestra y arriera, bien conocida porque cuando una mula se le neg a caminar la carg a hombros por un buen trecho, estaba conduciendo muy oronda su arria cuando le empezaron los dolores de parto. El primer y nico hijo del leador y la arriera pes 11 libras y media al nacer. Cuando a la enfermera del consultorio del Mdico de la familia local se le ocurri decirles en broma a los orgullosos progenitores que como el nio haba nacido un 29 de febrero solo cumplira un ao cuando los dems cumplieran cuatro, la respuesta de Hermenegildo Iriarte la tom por sorpresa: “¡De eso n! Por dos horitas de n mi hijo no se va quedar sin tener fiesta cada ao como todo hijo de vecino, car. ¡Anote en la partida de nacimiento la fecha de ayer” rugi el rudo leador, aferrando los barrotes de la cama donde reposaban su esposa y su descendiente entre sus manazas con tanta fuerza que los dobl. La enfermera protest, el doctor la apoy… pero cuando la recin parida Obdulia se sum a su marido y amenaz con levantarse de la cama aunque se le salieran los puntos de la cesrea, agarrar al muchacho e irse caminando si no los complacan, la medicina oficial capitul, y el pequeo Sicomoro qued inscrito como nacido el 28 de febrero. El campen tena de quien heredar la tremenda energa y la invencible voluntad que al crecer lo distinguieron (…) Del libro El novato del Milenio biografa oficial de Sicomoro Iriarte, por Osvaldo Martin, historiador de bisbol. (…) hay que resaltar la actuacin del juve nil Sicomoro Iriarte, alias El Moro, de Buey Ms Arriba. Pocas veces he visto un joven con un fsico tan impresionante. Pasa de los dos metros, pero no es delgado ¡qu msculos! Ms que lanzador parece un lanzador del martillo o un boxeador de peso completo. Y si esto es a los 17, la pregunta obvia es crecer ms an? Y cuando digo crecer no me refiero solo a su estatura o su masa muscular. Porque el talento del Moro como lanzador no se limita a su fsico. Ni tampoco a su impresionante wind-up, tan amplio que parece que a cada lanzamiento se golpear la frente con la rodilla. Como cabra esperar, su fuerte es la velocidad, en rectas asesinas. Pero se trata de uno de

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esos raros, rarsimos casos de un monticulista capaz de pitchear controladamente ¡con ambas manos! sin que se advierta predominio claro de ninguna. Y como si fuera poco, este prodigio de la lomita ¡tambin batea! Y con un instinto y una potencia que hace difcil clasificarlo como bateador de tacto o de poder. Grbense ese nombre: Sicomoro Iriarte, porque dar mucho quehacer en los prximos aos, tanto lanzando como bateando. De Serie Nacional Juvenil: eterna cantera de estrellas artculo del periodista Gengis Laffert aparecido en la revista Bohemia. (…) la prepotencia del equipo santiaguero fue no solo una burla a la escuadra tunera, sino sobre todo al espritu de respeto que por dcadas ha distinguido al bisbol revolucionario. No puede criticarse el desempeo en la lomita del increble novato Sicomoro Iriarte. El juego perfecto lanzado anoche en el estadio tunero Julio Antonio Mella por el Milagro de la Sierra quedar para siempre en los anales de nuestra pelota. La velocidad de sus rectas, el control de sus curvas ¡con ambas manos! rechazan toda calificacin. Pero a lo que s tenemos que salirle al paso es la sarcstica actitud de los jugadores del cuadro santiagueros, que durante las lti mas cinco entradas en que su serpentinero mantuviera frreamente silenciada a la artiller a tunera llegaron al extremo de sentarse tranquilamente en el terreno, como si el equipo local no tuviera la menor posibilidad de conectarle a su nuevo astro. Actitudes llenas de despectiva condescendencia como esa deben desaparecer de nuestro deporte, y los culpables ser sancionados con toda severidad (…) Eulogio Bentez, comentarista deportivo de la emisora tunera Radio Victoria tras el tercer juego perfecto consecutivo lanzado por Sicomoro Iriarte contra el equipo local. (…) Mire, compay, aquel muchacho desde chiquito ya era un fuera de serie. Un viyaya, por dondequiera que uno mirara all estaba saltando o corriendo, con aquellos

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ojazos suyos tan verdes debajo de la mata de pelo castao contra la que nunca hubo peine que pudiera. Laaargo, el chama; con cinco aos pareca de diez, y cuando cumpli los once le sacaba una cabeza a los ms altos del casero. Pero tambin fuerte: ya a los doce le ganaba pulseando hasta a su padre… y lo mismo con la derecha que con la izquierda. Juegos Escolares? Qu va, esto ac arriba est muy intrincado. Ni la seal de TV llega, y de ir a jugar al pueblo ni hablar… no hay ni carreteras, vinimos a tener corriente elctrica hace cinco aos y eso con minihidroelctrica, que no hay postes de lnea de alta tensin que aguanten cuando llueve, por los deslizamientos de tierra. Yo mismo habr bajado hasta Buey Arriba n ms dos o tres veces en mi vida, y eso que me acuerdo hasta de la presidencia de Pro. All la gente le dice a esto El Tibor, porque, perdonando la expresin, estamos ms lejos que el c… del mundo. Adems dnde bamos a hacer un estadio si casi ni hay terreno plano? El Morito, como le decamos todos, no vino a saber lo que eran un guante, un bate y una pelota hasta los trece aos. Hasta ese da lo suyo haba sido soltar el hacha para coger la sierra y soltar la sierra para coger la guataca, pero usted sabe cmo somos los serranos de matriquillosos cuando nos da por algo: y a l con la pelota le dio tan fuerte que se puso a jugar solo. Como no tena hermanos… El caso es que hasta de noche, cuando haba luna, se le poda ver u or tirando piedras y bateando a las dos manos con tronco s de jcaro. Y a cada rato se sentan los janazos que le daba a aquella bola, y despus los ladridos de Mariposa, el perro de la familia, que aprendi enseguida, si no a fildear, que nunca he visto perro pelotero, por lo menos s a ir a buscar la pelota y sacarla hasta del marabuzal ms espeso, se lo digo yo con estos ojos que se van a comer los gusanos, s seor (…) Primitivo Valds, pocero, vecino de Buey Ms Arriba entrevistado por Francisco “Franky” Garca. para su libro de ensayo-testimonio El pelotero que pudo ser Dios: Apuntes para una biografa de Sicomoro Iriarte (en proceso de publicacin por la Editorial Ciencias Sociales)

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-Sandalio, papi, papiriqui no vas a poner la pelota esta noch e? Mira que juega Industriales… -Mira, Estelvina, no me hales la lengua, que yo tengo vergenza. Lo de los azules ya da pena. Menos mal que Armandito El Tintorero se muri sin tener que pasar por este mal rato. Pero te juro por mi madre que est muerta que si el mulato ese con nombre de mata rara nos vuelve a dar lechada, me hago fan de Santiago. -Sicomoro, t dices? Rita dice que lo que tiene ese es tremendo trabajo, como te descuides palo de monte o hasta brujera vud. -Como si es vad… mira, mulatsima, dile a Rita que se deje de boberas, que si eso funcionara, en cada equipo adems de masajista habra babalao oficial. N, lo que el chama es un fuera de serie, ambidiestro de esos y un estelar y punto, pero coo, por qu no poda haber nacido en un solar de Cayo Hueso aqu en La Habana en vez de en ese cabrn casero en la Sierra… -Adems, papi, es un tipazo. Tan alto, con esos ojos verdes, ese bigotn y esa sonrisa… -Y hasta eso tengo que aguantar… Que en mi propia casa, mi novia y futura esposa se ponga a decir lo lindo que es el verdugo de mi equipo. La pelota ya no es lo que era, carajo. Por cunto hubieran dejado antes jugar a un pitcher con bigote? -Ay, eso de futura esposa me emocion sabes? Pero no te sulfures, papi, que ese nio es tan bueno que hasta si se tie el pelo de verde lo dejan jugar igual… -Mira, cllate y a ver si acabas de colar ese caf, que me voy a reventar un domin antes de decir un disparate… Del programa Alegras de Sobremesa libreto original de Alberto Luberta Martnez. (…) a los catorce aos, ya con bigote cerrado y midiendo dos metros cuatro centmetros, el endocrinlogo del Hospital Infantil Quintn Banderas de Santiago de Cuba al que lo llevaron sus preocupados padres no le diagnostic ningn trastorno hormonal. Pero a los que s dej trastornados fue a los entrenadores del equipito del hospital, que ese da estaban entrenando para jugar el sbado contra la escuadra de la textilera en el campeonato entre centros de trabajo: aburrido de la larga espera para entrar a la consulta, el

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adolescente serrano se acerc a los que jugaban y les pregunt si poda “tirar algunas bolas y a lo mejor batear dos o tres”. El chama impresionaba: era grande y fuerte como un roble, y cundo un cubano le ha negado a otro el derecho a jugar pelota? Y con la escasez de gente que quiera pitchear que hay siempre en la pelota callejera. Lo dejaron, cmo no. Pero cuando tir las primeras bolas, pensaron que el medidor de velocidad estaba roto: s, era grande, se vea bien comido y haca un wind-up que paraba los pelos, tena control, y tiraba con las dos manos, que ya era ms que raro, pero ms de 120 millas por hora? Ni el Duque Hernndez, ni Braudilio Vinent el Meteoro de La Maya en sus buenos tiempos. Y menos lo creyeron cuando, un poco picados por la paliza que les estaba dando “aquel guajirito” lo dejaron batear: de ocho lanzamientos que le hicieron, conect siete jonrones, cuatro a la derecha, tres a la zurda… y el octavo batazo tambin se fue del estadio, pero de foul. Los jugadores del Hospital Infantil Quintn Banderas nunca olvidarn ese da. Ante sus ojos asombrados, haba nacido una estrella (…) Del libro El novato del Milenio Por Osvaldo Martin. Mira, brder, Abelardo se lo busc. El prieto estaba zangaletn y encima haca hierros como si fuera un luchador y no un pelotero. No por gusto era un slugger de cuidado, cada vez que encentraba bien la esfrica, adis Lolita de mi vida. Lo malo es que tambin era de esa clase de gente que no sabe reconocer sus errores: Jalisco nunca pierde y cuando pierde arrebata. Todo el mundo saba el genio que se gastaba, y l abusaba de eso. Hay quien dice, pero a m no me creas, que es por eso que lo tenan en el equipo, porque cuando no bateaba se pona farruco de verdad, y ms de un pitcher prefera darle la base por bola directa antes que aguantarle las guaperas y las malas palabras. Que en televisin no se oyen los carajos ni los cojones, y como yo nunca he podido sentarme detrs de home tampoco me entero, pero mi compadre Julin, que como estuvo un tiempo sordo por una explosin en el Servicio tuvo que aprender a leer los labios y todava se acuerda, dice que las que soltaba eran tantas y tan fuertes que le paraban los pelos de punta a cualquiera.

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Esa noche el Moro estaba que cortaba. Para variar no? como le daba la gana, alternando el pitcheo a la derecha y a la izquierda como a l le gusta, y t sabes que eso vuelve loco a cualquier bateador. La curva le sala con rompimiento ¡y a 130 millas! Bueno, verdad que yo nunca lo he visto bajar de las 100, ni aquella vez que jug con fiebre de la garganta. La gente de Santiago haca olas cada vez que sala la velocidad en la pizarra. Y no es para menos quin batea eso, a ver? Ni Industriales, que todo el mundo sabe que es seor equipo. Vaya, como dira mi abuelo, ni Babe Ruth y Ty Cobb juntos en sus buenos tiempos. Y Abelardo Echemenda se vea cabrn, porque ya lo haba ponchado una vez, con los tres cantados: y no haba vuelta, si le tir aba se quedaba abanicndola, aquella bola vena como un cohete, no por gusto al Moro hay que cambiarle tres o cuatro veces al catcher en cada juego, no hay receptor que aguante mucho rato esos caonazos. Y si no le tiraba, tampoco haba n que hacer, porque ese puetero serrano tiene tan medida la zona de strike que yo creo que hasta con los ojos cerrados la pone ah mismo. Al segundo ponche el negro solt el bate y sali corriendo para la lomita, segn Julin gritando pingas, cojones y otras cosas peores. Pero cuando Sicomoro se baj del montculo, parece que se dio cuenta de que le sacaba la cabeza… oye, y eso son casi ocho pies, porque Abelardo estuvo ajuntado con una mulatica del barrio de Julin y l lo tuvo a esta distancia y dice que era una torre… n, que el prieto, por belicoso que fuera, se aconsej y dej que los cargabates lo aguantaran, t sabes cmo es eso, blablabl y papit nms. Pero ya la cosa estaba caliente, y ya se sabe, el negro Abelardo era un fula total, un tipo rencoroso hasta la pared de enfrente. Lo que hizo fue cazarlo en el cambio de entrada, y cuando le cruz por al lado le dio un empujn que ni que estuvieran jugando ftbol rugby, con todo y el tamaazo del Moro lo tir como a tres metros. Iriarte, hay que decirlo, fue de lo ms deportivo, se levant, se sacudi y no dijo nada, pero era obvio que estaba cabrn. Dice Julin que iba diciendo solito “es mo, es mo” El caso es que a los ocho bateadores siguientes los despach como una mquina… tres tiros a cada uno, tres strikes cantados a cada uno, ni una bola, ni un foul, no dej ni que le rozaran la pelota. Yo creo que si a los del cuadro de Santiago no les hubieran puesto

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aquella sancin cuando lo del juego con Las Tunas se hubieran sentado otra vez en el terreno. Con un pitcher as los otros ocho jugadores en el terreno sobran no? Y al final del noveno, lo que todo el mundo esperaba: le lleg otra vez el turno al bate a Abelardo Echemenda. El estadio estaba que se poda or volar una mosca. Julin y yo sudbamos como si estuviramos cortando caa. Qu tensin. El bateador ms incmodo y aguajoso de la pelota cubana y el pitcher ms estrella que haya subido nunca a una lomita. Y discutiendo el out 27 con el odio brillando entre los dos. Primer lanzamiento, una recta con la derecha. Strike. Dagoberto El Masa, el catcher de Santiago, se demor con la bola. No era para menos: o el aparatito estaba roto o aquello haba ido a 146 millas por hora, que no es jamn. Luego hubo quien dijo que a partir de esa fue que las bolas empezaron a echar humo por el aire. Y directo al centro de la zona de strike. Si le llega a dar en el pecho al Masa, le abre un hueco de este tamao. Dice Julin que el gordo dijo clarito “Moro, no aprietes, que no estamos en las Olimpiadas ni en el Mundial”. El segundo, otra recta, pero con la izquie rda, fue ms duro todava: 158 millas, lo juro por mi madre. El Masa con sus 200 libras y todo se cay sentado como si le hubieran dado un caonazo en el pecho, y Abelardo se vi r para protestar, pero el ampaya cant “¡strike!” clarito, no haba vuelta. Y bueno, puede que haya sido un poquito pegado, y con esos cohetes cualquiera se preocupa, pero el negro se chivate en serio: segn Julin, lo que grit fue que a l ningn maricn serrano le tiraba pegado, que primero lo mataba, pero eso lo dice l que sabe esos trucos de sordomudos, a m no me creas. Lo que s vimos clarito el estadio entero y yo fue cmo le fue para arriba, con el bate agarrado como para reventarle la vida. El Masa sali corriendo a aguantarlo como fuera y parece que Abelardo lo sinti, porque antes de llegar se lo tir, un momento antes de que se le enredara a las piernas y lo tumbara. Y no hubo sangre n ms que porque Sicomoro Iriarte se apart, ya t lo has visto, ese tipo tiene unos reflejos que ni Superman, el bate le ech aire, pero si lo llega a coger, ah mismo se acaba el Milagro de la Sierra. Y salieron los directores de equipo a discutir y los ampayas, y pareca que se haba armado, que el juego era hasta ah… pero la cosa no lleg a mayores porque, siempre segn Julin, el Moro todo el tiempo deca que no haba lo, que ni lo haba tocado, que no suspendieran el juego, que era la ltima entrada, y el

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ltimo bateador de Industriales, que lo dejaran poncharlo, que no haba rencor, que si le pona el tercer strike ya poda gritar y tirar todos los bates que quisiera. Bueno, al final los convenci y se reanud el juego. Y el prximo lanzamiento, a la zurda, una slider, rompi abiertsima, fue bola al clarinete, El Masa hasta tuvo que saltar a buscarla. Julin dice que el catcher dijo bien claro “coo, se arraton el Moro” pero bueno, una bola se le va a cualquiera, despus de tantos strikes seguidos, es humano no? y la tensin y eso. Eso pensaba yo tambin. Pero luego vino la segunda, y la tercera, las dos tirando con la derecha, y bien bajitas… un poco ms y salen de shortbaum. Y haba que ver la cara de contento de Abelardo. Yo pensaba que ahora s que no iba a haber quin lo aguantara, y el estadio estaba que pareca una olla de grillo s, los fans de Industriales eufricos, la trompeta y la sirena sonando y el negrote vestido de azul con la cabeza de len, la espada, la capa y el escudo daba unos brincos que pareca que se haba ganado la lotera, y la gente de Santiago callada. Fjate que Julin que estaba mirando para el dogaut dice que ley clarito los labios del director, que deca que era de esperar, era genial el chama, ya lo haba dejado bien claro dndole lechadas a Malanga y su puesto de viandas, pero parece que todava estaba verde, no soportaba la presin, necesitaba fogueo, si le daba la base por bola al negro aquel iba a haber que cambiarlo para evitarle el boc horno, porque seguro que entonces s se descontrolaba de verdad. El Moro estaba serio, y de pronto sonri y dijo algo que Julin nunca me ha querido contar, pero que debi ser muy feo, porque el socio me agarr el brazo y grit “¡lo va a matar, coo!” Y tratamos de levantarnos, pero ya no haba tiempo de hacer nada, ni nos iban a hacer caso. Los dos vimos cmo Sicomoro Iriarte coga la pelota con la izquierda, se impulsaba con aquel tremendo wind up suyo que ca si se tocaba la frente con la rodilla, y cmo la soltaba… y todo el estadio con nosotros. Primero pareca que iba a ser la cuarta bola, vena tan bajita que El Masa se ech para atrs por puro reflejo, un shortbaum a ms de 150 millas por hora no cree en careta ni en peto. Pero luego result que era un lanzamiento con efecto, con tremendo efecto: la pelota pareci acelerarse, dicen algunos que la oy eron hasta zumbar en el aire, se alz y fue directa a buscar a Abelardo.

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Casco, t dices? Pero qu casco cubre la mandbula, a ver, dime? Ni que fuera uno de esos de los caballeros antiguos, todo de hierro. Le dio justo en el ngulo de la quij, de costado, y se la hizo papilla. No digo yo si hubo que ponrsela de plstico. Yo creo que saltaron dientes y pedazos de hueso hasta las gradas detrs de home, muchos de los que estaban ah salieron t manchados de sangre. Yo no la o zumbar, pero no me extraa: 185 millas marc el aparatito, eso es casi un balazo. Brder, aquello fue el acabse: nunca se me va a olvidar la lenguaza grande, gorda y morada de Abelardo, que tantas pingas y cojones soltaba, encima de home, llena de sangre y dando brincos como un gusano herido, El Masa vomitando y el ampaya dando gritos como una mujer, y Abelardo mugiendo como un toro, hasta que se le doblaron las rodillas, y se cay arriba de toda aquella sangre. Menos mal que los de la ambulancia se movieron rpido y se salv, y despus los de maxilofacial hicieron tremendo trabajo de reconstruccin, todo el mundo lo vi por televisin en el programa de Glorias del Deporte. Pero el negro ms nunca pudo hablar, y menos jugar pelota, dicen las malas lenguas que cada vez que coge un bate le da cagalera, y no es para menos a ti no te pasara lo mismo? Intencionalidad? No jodas; al clarinete que fue a propsito o t te tragas eso de que Iriarte estaba nervioso, confuso? No jodas, un tipo que tira 4 juegos perfectos uno detrs de otro no tiene nervios. Lo que estaba era cabrn. En ese deathball no hubo casualidad… pero, marineros somos y en el mar andamos, en un juego puede pasar cualquier cosa y solo por eso fue que no lo me tieron preso. Intento de asesinato? Yo no creo. No se trata de matar a alguien delante de 10 000 espectadores no? S, brder, te lo vuelvo a decir: casualidad un tarro. El Moro se chivate tanto que seguro quiso… vaya, como los musulmanes esos, cortar la parte ofendida. Menos mal que Abelardo no lo orin no? con la puntera que tiene ese serrano, al segurete que lo capa… Fan no identificado de Industriales entrevistado por el periodista deportivo Silvio Arencibia para El Out 27 programa de bisbol de la emisora Radio Progreso (la entrevista nunca sali al aire)

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(…) despus de presentarse voluntario pa ra el Servicio Militar Obligatorio, el soldado raso Sicomoro Iriarte fue destinado a una unidad de Tropas Especiales donde se destac por su disciplina y sus cualidades combativas. Varios instructores lo recuerdan, especialmente el tercer dan-jo en krate-do estilo Joshin Mon Ramiro Valvieta, instructor de artes marciales del regimiento “Hubiera sobresalido en cualquier deporte” comenta orgulloso. “tena unos reflejos y una coordinacin que no he visto ni antes ni despus. Y lo mismo peleaba a la derecha que a la zurda, y cambiaba cuando quera, era una estrella, un talento natural increble. Para el krate cubano es una lstima que haya elegido el baseball, pero al mismo tiempo una suerte para toda la aficin deportiva del pas”. A aquella poca se remonta el tan comentado episodio del “equipo de uno solo”. Aunque no existe ningn registro documental o grfico de que Sicomoro Iriarte jugara l solo contra el equipo de la unidad, s resulta confiable el testimonio de las decenas de oficiales, suboficiales, clases y soldados que relatan cmo, pitcheando alternativamente a la derecha y a la zurda, logr a fuerza de puro ponche 24 de los 17 outs del extrao partido en el que no se le permiti batear. En cuanto a los otros tres, los testimonios varan. Algunos dicen que fue un tripleplay sin asistencia, otros que un doble play y un fildeo increble “de una lnea que habra sido jonrn en cualquier otro juego” y que fue a enterrarse virtualmente en la mascota de Sicomoro (…) Del libro El novato del milenio de Osvaldo Martin. (…) un milagro? Bueno, bueno…fue impresionante, no digo que no, con todas esas luces y los relmpagos y el ruido, pero yo creo que llegar hasta all es tomrselo demasiado en serio. Mira, eso le pas a mi ta. Que nunca fue tan creyente ni la cabeza de un guanajo, lo suyo era la brujera, tirarse los caracoles y eso, pero ¡coo, en mala hora se me ocurri llevarla al estadio aquella noche! Lo vi todo y qued choqueada, como dicen los loqueros. Empez a decir que aquello era cosa de Dios y de los ngeles y luego le di, junto con otras tres viejas ms que no tienen n que hacer, por la pituita de ir cada da a preguntarle al padre Azcuiza, el vasco de la parroquia del Carmen, qu era lo que haca falta para

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canonizar al tipo. ¡Imagnate t, eso n ms le faltaba a este pas, un santo pelotero! Y ms teniendo en cuenta que a nadie le consta que se haya muerto (…) Fan beisbolero no identificado Entrevistado por Monseor Gaspar Mesa para LOsservatore Romano (la entrevista no apareci en el artculo definitivo, titulado Un ngel en el campo de bisbol? ) (…) mximo ejemplo del abuso del doping en el pomposamente llamado “deporte limpio”. 5 juegos perfectos consecutivos, lanzamientos de 190 millas por hora ¡con ambas manos! promedios sostenidos de bateo ¡por encima de 700! varios doble plays sin asistencia cuando juega en el cuadro Qu es esto un ser humano o una mquina? Los resultados de Sicomoro Iriarte resultaran increbles si no estuviesen ampliamente documentados. De dnde sali este deportis ta fantstico, este Superman antillano? Puede un pas sometido por medio siglo al bloqueo, un pas sin acceso a las ms recientes tecnologas de entrenamiento, dar un jugador de baseball de tal calibre y habilidades? La respuesta es no y mil veces no. No s si el Milagro de la Sierra es resultado de un experimento de manipulacin gentica para lograr al superhombre comunista o de la administracin calculada de esteroides prohibidos, pero lo que est claro es que no puede ser natural. Las desviaciones de la curva estadstica existen, est claro… pero Sicomoro Iriarte est demasiado lejos de esa curva como para tragarse su supuesta condicin de “talento salvaje” y por eso mi propuesta es que se vete su presencia en el equipo de baseball cubano a las Olimpiadas de Beijing (…) De Iriarte, el Frankenstein de Castro artculo de Rodolfo Daz-Balart publicado en El Nuevo Herald Miami. (…) mira, t dirs lo que quieras, pero Sicomoro todava no explota su talento como debera.

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Yo s que te vas a poner las manos en la cabeza y preguntarme qu ms se le puede pedir a un pitcher que en la mayor parte de los juegos ni siquiera deja que le acaricien la bola, a un bateador que nunca baja de 600 y que da homerun cuatro de cada cinco veces al bate, o a un center field que le roba los jonrones a cualquier slugger que se descuide, pero yo te digo que si se hubiera concentrado en cualquier de las tres posiciones en vez de dispersarse podra ser todava mejor. Yo no te voy a decir que lleg a mis manos siendo un jugador con posibilidades pero lleno de malos hbitos, porque eso es mentira. Lo que estaba era verde. Nunca nadie le haba mostrado las sutilezas del juego. Verdad que en cuestin de tirar, lo que se dice el movimiento de lanzar, a ese chama haba muy poco que ensearle cuando me lo trajeron. Su windup sera exagerado, y no dominara todos los tipos de envos habidos y por haber, lo suyo eran las curvas y algn que otro rompimiento pendejo, pero con esa velocidad que hasta despus de revisada la maquinita me costaba trabajo creerme quin necesita curvas? Hermano, los pitchers que pasan de las 100 millas se pueden contar con los dedos de una mano y todava te quedan dedos para rascarte. Y adems, no pasaba por 1 2, lo suyo eran 110, hasta 120 lleg a a tirar un par de veces, te digo que no me lo crea. ¡En la Serie Juvenil! ¡Y a las dos manos! No te voy a mentir: era un fenmeno. Pero tambin muy autosuficiente, sobre todo al principio, y yo no resisto al deportista que se cree que sabe ms que el entrenador. Mira que le expliqu que ningn pitcher en su sano juicio busca los tres strike s seguidos, que las bolas se intercalan para descansar, para darle confianza al bateador, que si todo el mundo sabe que lo tuyo es tirar a milln y sacarlos rpido te van a tirar al como quiera aunque sepan que va de foul, para ponerte nervioso, y si no, van a buscar el toque de bola de todas todas. Que el bisbol no es solo cuestin de msculos, que esto tiene tambin su coco, como el ajedrez. Y l nada. Lo suyo era sacarlos a todos de uno, dos y tres, y a pura recta. Y me berre. Yo mismo sal a tocarle la bola. Dos veces seguidas le toqu, y a 105 millas por hora un toque es rolling seguro. Verdad que el muy cabrn las dos veces que lo intercept, no s cmo poda reaccionar tan rpido, ni le daba chance al short stop de sacar el guante y ya la tena en el suyo. Pero la tercera fue la vencida. Por lo vi sto, molesto con mis toquecitos, tir ms duro que nunca. Ese da no tenamos conectado el medidor de velocidad, que si no, podra

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haber sido rcord Guinness mucho antes de lo que fue. ¡Qu lanzamiento! Me parti el bate, y entre el impacto y el desequilibrio me tir de espaldas. Me qued sentado con el onguito de majagua en la mano, asombrado, y l, preocupado, corri a ver si estaba bien, y nos partimos de la risa. Ah empezaron a cambiar las cosas. Durant e las siguientes semanas El Morito fue una esponja. Talento natural, velocidad y fuerza, las tena y las derrochaba, pero haba que darle forma. Y aprenda rpido: sliders, rompimientos, curvas con doble apertura, tenedores, todo se le pegaba como si solo lo hubiera olvidado y al verlo lo recordara de nuevo. Y hasta los tiros que a cualquier pitcher le cuesta media vida aprender. La bola de nudillos y la ensalivada, que no se admite ya pero me dio la gana de ensersela, y al fin el shuto japons y el lanzamiento por debajo del brazo, que casi ningn lanzador occidental se molesta en aprender. Era una fiera el muchacho… a la semana de haberle enseado el primer video de un pitcher submarino, ya estaba tirando as con ambas manos y a casi 90 millas por hora. Yo no me lo crea t has visto alguna vez un submarino de carreras? Entrenaba y entrenaba, y cuando se aburra de entrenar, entrenaba ms. Yo creo que su media eran 500 600 lanzamientos diarios ¡con cada brazo! Y no se cansaba. Aquello me desconcertaba, porque no me caba en la ca beza cmo poda tirar igual con la izquierda que con la derecha, pero el caso es que lo haca. Tampoco entenda por qu, mientras que los jugadores del cuadro y los filis despus de cubrir bateaban, l no poda hacer lo mismo despus de pitchear. Bueno, te miento, s que lo entenda, pero no le gustaba lo que se dice nada. Mira que le expliqu que por l bateaba el designado, que el pitcher es el jugador ms valioso del equipo y hay que protegerlo. No solo evitar que se canse, darle la entrada para que reponga fuerzas, sino tambin porque sera muy fcil para un lanzador contrario dispuesto a jugar sucio darle deathball y sacarlo de circulacin, o si va a anotar carrera que el catcher se le cuadre para lesionarlo… pero l, ni as. El quera batear. Y tanto joda que al final le dije “bueno, si eres tan brbaro est bien, batea” Despus de todo, nadie prohbe que el pitcher batee no? ¡Y el muy cabrn lo haca! ¡Y cmo! Estatura y fuerza para jonronero le sobraban, pero adems, con esos reflejos suyos, tena un tacto que le retraqueteaba. Los dems pitchers del equipo al principio se chivatearon un poco, usted sabe cmo son los muchachos

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a esa edad, no les gusta que haya alguien que sobresalga demasiado. Pero quin se meta con aquel guajiro, que ya meda 2 metros con 15 y pareca que quera seguir creciendo? Ms que pelotero pareca un jugador de baloncesto. Oiga, los pitchers son grandes, la estatura y el peso ayudan a tirar duro, pero yo nunca he visto un lanzador de ese tamao. Y para colmo, ni siquiera estaba flaco, el serrano era un mulo… como si a Michael Jordan lo hubieran puesto a hacer hierros. Bueno, pues el caso es que empezaron a tirarle bolas francas ¡y l las buscaba y las bateaba! No haba por dnde cogerlo, estaba escapado, era de la madera con la que se hacen los campeones. Ese ao ganamos el campeonato nacional juvenil, y Sicomoro Iriarte fue la revelacin: no solo tena el mejor promedio de juegos ganados y carreras limpias, el rcord de lechadas propinadas y el de juegos salvados, sino que termin como el mejor bateador de todos los equipos, con el increble promedio de, lo recuerdo como si hubiera sido ayer, 578. Y la increble cifra de 43 jonrones en 62 veces al bate. No digo yo si lo seleccionaron Novato del Ao. Novato del Milenio es lo que era. Y ah fue cuando el manager de Santiago lo llam y empez el baseball en serio para el guajirito de Buey Ms Arriba (…) Hctor de La Collera entrenador (retirado) del equipo de Santiago, categora juvenil De una entrevista para el peridico Trabajadores (…) biomecnicamente hablando, es una excepcin estadstica muy notable. El cerebro y el cuerpo humano no son simtricos, siempre existe un hemisferio dominante, un ojo y un lado ms desarrollado que el otro. Los individuos ambidiestros son de por s muy raros, apenas 2 por cada 1000, y adems siempre se trata de ambidextra parcial, una mano dominante y otra que en el mejor de los casos es capaz de replicar limitadamente sus habilidades. Por si fuera poco, aqu hablamos no de habilidades primarias o cotidianas, como manejar los cubiertos o escribir, sino de estereotipos motores tan complejos como el lanzamiento de objetos con alta velocidad y precisin y efectos aerodinmicos complicados, de modo que el fenmeno resulta an ms sorprendente si tal cosa cabe.

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No se reporta en la literatura un solo caso de bilateralidad total… especialmente en deportistas de actividades con pelota, en los cuales el desarrollo neuromuscular tiende a diferenciarse lateralmente incluso ms que en individuos “normales” Las radiografas, ecogramas y tomografas axiales al cerebro de Iriarte confirmaron nuestro prediagnstico: no solo ambos globos oculares sino tambin ambos hemisferios de su encfalo tienen el mismo tamao y grado de desarrollo. Exmenes practicados a sus dos progenitores tambin revelaron esta peculiaridad neurolgica, aunque en menor grado. Lamentablemente no se dispone de los resultados de exmenes similares a sus abuelos y bisabuelos, o habra podido trazarse una curva eugentica generacional de desarrollo de la ambidextra total en la familia. Es cierto que se conocen individuos con la misma particular indiferenciacin lateral enceflica, pero hasta ahora esta siempre era sntoma de un deficiente desarrollo cerebromotor, lo que no es, obviamente, el caso presente, tratndose de un deportista de alto rendimiento. A falta de registros genealgicos, sera necesario un tedioso y caro mapeo individual del ADN del paciente para determinar si esta curiosa anomala puede tener consecuencias secundarias de algn tipo en el futuro, lo mismo que para determinar si sus causas son puramente genticas o de alguna otra ndole sobre la que por el momento solo son posibles aventuradas especulaciones mutacin? Un efecto del bajo grado de contaminacin ambiental? (…) De Sicomoro Iriarte: un caso extremo de ambidextra neuromotora ponencia presentada al XIII Congreso Salud Para Todos por los Doctores en Medicina Igor Alvarez-Cambra y Maritza Graves de Peralta. ***** 22 de diciembre del 2008: Sicomoro Iriarte, jugando para Santiago de Cuba, lanza el primero de sus luego bautizados como “juegos insuperables” contra el equipo de Isla de la Juventud. 81 lanzamientos, todos strikes cantados. 14 de enero de 2009: Sicomoro Iriarte rompe el rcord nacional de ms jonrones en una temporada: 204 batazos de vuelta al cuadro.

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11 de febrero de 2009: Sicomoro Iriarte e Hildelisa Vasconcelos, medalla de plata olmpica en impulsin de la bala, se casan en la capilla de la Iglesia de El Cobre, en Santiago de Cuba. “Hilde ha sido siempre mi fan nmero uno” declara el orondo esposo. 22 de febrero de 2009: Sicomoro Iriarte, promedio al bate de 814, nuevo rcord Guinness. 11 de marzo de 2009: Segundo “juego insuperable” esta vez lanzado contra el equipo Industriales. ***** (…) demostr la calidad alcanzada por el deporte revolucionario cruzando nuevas fronteras en el baseball. Ms all de la lechada, ms all del juego perfecto, a esa tierra donde ningn deportista se atrevi antes, ah lleg Sicomoro Iriarte pitcheando contra los Washingtons Red Skins En un juego inolvidable, el segundo de la serie de tres pactada para celebrar la repatriacin de los Cinco Hroes y el cese del bloqueo norteamericano a la isla, el Milagro de la Sierra hizo honor a su nombre despachando a toda la peligrosa tanda del equipo visitador norteamericano ¡en solo 104 lanzamientos! Su velocidad media fue de 155 millas por hora, pese a lo cual, el sobrehumano control que lo caracteriza se hizo patente no solo al no dar ni un boleto ni permitir un hit, sobresalientes actuaciones ambas a la que nos ha acostumbrado en los ltimos mese s este extraordinario atleta, sino en el hecho de que ¡solo 8 envos de esos 104! fueron bolas. Alternando curvas y rectas, bolas con efecto y lanzamientos con ambas manos, Iriarte nos regal una exhibicin magistral como pocas veces se han visto. Y si esto es ahora, que apenas tiene 18 aos qu nuevas y todava ms extraordinarias sorpresas no nos reservar en el futuro este muchacho? En el Olimpo de la pelota, los grandes Adolfo Luque y Santiago “Changa” Mederos deben estar disfrutando, contentos de verse superados por este hijo del deporte revulucionario. Ya los scouts de las Grandes Ligas se afilan los dientes, y en vano, porque Sicomoro ha declarado varias veces pblicamente que nunca traicionar a la patria y a la Revolucin a las que les debe todo (…) De El milagro de la Sierra hace de nuevo honor a su nombre artculo en la pgina deportiva del Granma

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por Radams Gil. (…) mir, dejse de bober as, que ah no tuvo n que ver Santa Brbara ni Chang ni el espritu de ningn pitcher. Usted no ha visto nunca Los Expedientes X ? Se ve; compadre: luces, el tiempo que se detuvo, el tipo que estaba en la lomita y de pronto dej de estar… si ms claro, ni el agua: ¡se lo llevaron los extraterrestres! Y eso quiere decir que cualquier da de estos regresa, se lo digo yo y t te imaginas la clase de lanzamientos que puede haber aprendido el salvaje ese con los ETs? (…) De una entrevista a Evaristo Fresneda vicepresidente del club OVNI de Santiago de Cuba (la informacin se utiliz para el artculo Abduccin o trascendencia? El misterio del lanzador desaparecido publicado en la revista de divulgacin cientfica espaola Muy Interesante ) (…) Iriarte, qu puede usted decirnos de la extraordinaria actuacin que acaba de regalar aqu en la capital de China a la afic in beisbolera cubana que lo sigue desde la isla? -Eh… yo… yo sal a darlo todo en el terreno, porque las Olimpiadas son las Olimpiadas, la mayor cita del deporte mundial, y el pueblo cubano confiaba en m y la Revolucin me ha hecho llegar hasta aqu. Yo quisiera dedicar este triunfo a mi novia Hildelisa, competidora por Cuba de impulsin de la bala, que no puede estar presente porque est ahora discutiendo la medalla de bronce, a mi madre Obdulia y a mi padre Hermenegildo que ya me pueden ver all en Buey Ms Arriba, porque ahora gracias a esta Revolucin que es algo muy grande ya tenemos televisin y electricidad, y adems a todo mi pueblo que confi en m y especialmente al Comandante en Jefe, que en la despedida en el Aeropuerto Jos Mart me puso la mano en el hombro y me dijo “tira duro como t sabes, mulato, que ni te la toquen” y yo le dije que me la iban a tocar ni pin… -Eh, muy bien, muy bien, Iriarte; no te la tocaron, lograste lo que muchos consideraban imposible, algo que va ms all del juego perfecto. Juego ideal, juego pluscuamperfecto, juego de sueos, no s, no existe an una definicin para lo que t acabas de hacer, para ese derroche de deportividad, de valor, para esa magistral leccin de

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pitcheo que acaba de ofrecerle al pblico be isbolero de Beijing, a Cuba y al mundo. Cuntanos te sentas bien, pensabas que ibas a conseguir esta hazaa, saliste a buscar el juego perfecto? -Yo me senta bien, seguro, tranquilo, para ganar. Aqu la gente del equipo s estaba un poco preocupada, me decan “Moro, esto no va a ser jamn, tremendo ogsorbo tener que jugar el de apertura precisamente con los yanquis, y ms ahora que dejan que los profesionales participen en las Olimpiadas, este es el team ms duro que los americanos han trado nunca, hay jugadores de los Yankees de New York, de los Marlins de Florida, de los Cubs de Chicago, de los Cardenales de Cincinatti, ¡del copn divino! Hasta tres o cuatro excubanos que te conocen el pitcheo. Y adems ya te midieron en el tope bilateral, te van a preparar tremenda tanda, y a jugarte pelota de manigua, tocarte la bola, ensuciarte el rcord. Pero t tira como t sa bes, que los vas a dejar locos…” -¡Y locos los dejaste, Moro! ¡Despachaste la artillera yanqui en solo 96 lanzamientos! Es una verdadera proeza deportiva que quedar en los anales olmpicos y del bisbol…. Bueno, me hacen seas de que tenemos que pasar las cmaras y micrfonos al boxeo, pero despus de la pelea de semifinal del peso gallo de Los Palacios Manolito Vertientes volveremos con Sicomoro Iriarte, el Milagro de la Sierra que es ahora tambin el Hroe de Beijing, el hombre que dej en blanco al mejor equipo de bisbol de los Estados Unidos, el titn de Buey Ms Arriba que no solo se permiti lanzar apenas ¡15 bolas, seores, solo 15! sino que adems, como bateador, conect ¡4 jonrones! en siete veces al bate, durante uno de los juegos ms espectaculares de toda la historia de este deporte de las bolas y los strikes(…) Fragmento de la entrevista en directo a Sicomoro Iriarte para el canal televisivo Cubavisin Internacional durante los XXVIII Juegos Olmpicos Beijing 2008 por el periodista deportivo Roberto Blez. ***** 14 de mayo de 2009: Sicomoro Iriarte rechaza pblicamente 50 millones de dlares ofrecidos por un scout de los New York Dodgers para abandonar el pas “Yo me debo a mi

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pueblo” declara lacnico el jugador de Buey Ms Arriba “Y adems mi pap me mata si le hago esa mierda; los canales no entran en la loma”. 12 de julio de 2009: en la Copa Mundial de Baseball de Sydney, Australia, Sicomoro Iriarte repite su hazaa: lanza un nuevo “juego insuperable”, esta vez a costa del equipo de Japn. 19 de septiembre de 2009: Durante el segun do juego de la serie de topes bilaterales amistosos con equipos profesionales norteamericanos, con motivo de la devolucin del territorio de la Base naval de Guantnamo, Sicomoro Iriarte rechaza una oferta de 150 millones de dlares “para que nunca volviera a jugar bisbol” procedente de los scouts de varios teams de la Unin. “que pensaran que pagndome jugara para ellos ya era de bobos” declara el jugador “pero que piensen que pagndome ms van a hacer que no juegue, ni el mamerto que as la manteca, compadre” 14 de noviembre de 2009: En partido de exhibicin, Sicomoro Iriarte y tres catchers que se turnaban dan lechada a un equipo de Todos Estrellas, en solo 102 lanzamientos. Parte de la aficin beisbolera protesta contra lo que consideran un circo “que ni es pelota ni es gracia” 23 de diciembre de 2009: La Comisin Nacional de Bisbol aprueba nuevas restricciones para el pitcheo y el bateo: nin gn lanzador o bateador podr cambiar de mano durante el transcurso de un mismo juego. El equipo de Santiago de Cuba protesta enrgicamente. 6 de enero de 2010: Sicomoro Iriarte escapa milagrosamente ileso de un atentado a machetazos. Se hace pblico que no es la prim era vez que fans de los equipos rivales de Santiago intentan lesionarlo o darle muerte con armas o medios variados. 12 de febrero de 2010: Revolucin Iriarte Vasconcelos, primer retoo de Sicomoro e Hildelisa, pesa 12 libras al nacer. “No hay pelota femenina” declara algo contrariado el superpitcher “pero siempre puede ser una estrella del softball” 24 de febrero de 2010: Sicomoro Iriarte denuncia el acoso de que es objeto por parte de representantes y/o fieles de distintas religiones “Est bueno ya, caballero, que no soy ni la reencarnacin de Buda ni el segundo Cris to ni un ngel ni n. Testigo de Jehov, mormones, paleros o mojas, lo que sean, yo no tengo n contra ustedes, pero dejen ya de echarme revisticas bobas por debajo de la pu erta que a m leer me da dolor de cabeza,

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djenme vivir tranquilo y jugar pelota que es lo mo, y aqu no tiene que ver ningn dios ni angelito ni diablito ni orisha, car” declara el exasperado jugador de bisbol. ***** (…) mira, yo siempre supe que el chama iba a acabar mal. Tena letra de muerto desde el principio. Porque era demasiado estrella, porque jugaba demasiado bien. Porque hay una manera de hacer bien las cosas, y una manera de hacerlas mejor, y otra de hacerlas perfectas, y lo dems es pasarse. Y es igual cuando se trata de jugar pelota que cuando se trata de cantar, la cosa es destacar pero no pasarse. Porque cuando te pasas de perfecto, eso ya no es cantar ni jugar pelota, eso es trascendencia, brder, es querer salirte de tu plano, y a Olofi no le gusta que la gente se levante ms arriba de la cabeza, que no por gusto se retir de ese mundo prriba y le dej el co ntrol de las cosas a Obbatal, y cuando alguien se pasa de perfecto se pone paranoico y se cree que le quieren descubrir el caminito que lleva allrriba donde est de lo ms tranquilito mirndolo todo. Y entonces l que controla el mundo se encabrona y lo revuelve, se hace trampas a s mismo y juega con barajas marcadas, no hay quien le gane porque l es el dueo del juego, el que lo invent, y as se jodi El Morito, porque no quiso hacernos caso, que el ekuele y el diloggn lo decan clarito, ests fuera de tu juego, acotjate, pe ro l no, l segua con sus tiros imposibles, como rindose de Olofi, y ya tu ves (…) Omar Ros, babalao de Regla en entrevista verbal para Osvaldo Martin, bigrafo oficial de Sicomoro Iriarte (la entrevista no fue nunca utilizada para su libro El novato del Milenio ) ***** 6 de marzo de 2010: El pitcher y cuarto bate Sicomoro Iriarte es suspendido indefinidamente por conducta antideportiva y acusado del homicidio de tercer grado del pitcher industrialista Roberlexis Valds, al que le fracturara el hueso frontal de una lnea durante uno de los juegos del play-off de la Serie Nacional. Muchos recuerdan el caso del deathball a Abelardo Echemenda. “Esto es distinto, no fue culpa ma” declara el compungido atleta “lo que me traicionaron los reflejos, pero es que ya me haba dado dos desbles seguidos y la verdad es que uno no tiene la sangre de horchata no?”

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22 de abril de 2010: El Ministerio del Interior de la Repblica de Cuba le deniega a Sicomoro Iriarte el permiso de salida para un viaje a Espaa despus de que el consulado ibrico le otorgase la visa. Los lejanos parien tes del Pas Vasco que lo invitaran “para que conociera a la familia y aprendiera a jugar jai alai a ver si es tan bueno como en el basebl ese” escriben una carta de protesta que aparece simultneamente en los diarios El Pas, El Mundo y ABC. El Nuevo Herald tambin reproduce la carta y acusa al gobierno cubano de “actitudes de amo de esclavos con sus deportistas” recordando casos como los del tambin lanzador Orlando “El Duque” Hernndez o la saltadora Niurka Montalvo. El Ministerio de Relaciones Exteriores de la Repblica de C uba se limite a recordar que un ciudadano pendiente de investigacin por homicidio no puede abandonar el pas por motivos tursticos. El ciudadano Sicomoro Iriarte no emite ningn tipo de declaraciones. 14 de mayo de 2010: Sicomoro Iriarte viaja a Bilbao, Pamplona y San Sebastin “todo muy bonito, pero el caf no vale tres kilos y extrao mi loma, a mi mujer y a mi hijo” declara a la prensa. Su talento deportivo se revela tambin en las muy vascas modalidades del frontn, la pelota mano y la cesta punta “El chaval es un pedazo de tronco de natural” declara Iaki Arresgongairuta, uno de los ms reputados pelotaris de Donosti “as que podemos estar orgullosos de la sangre euskera que corre por sus venas. Y de que haya vuelto a dejar a esos yanquis con un palmo de narices”. En efecto, fuentes no confirmadas parecen indicar que scouts de las Grandes Ligas del baseball norteamericano hicieron un nuevo intento de reclutar a Sicomoro Iriarte, al que le habran ofrecido la increble cifra de 200 millones de dlares al contado, con el mismo resultado que en los intentos anteriores. 22 de junio de 2010: Sicomoro Iriarte regresa a Cuba. A su llegada al Aeropuerto Internacional Antonio Maceo, el pueblo de Santiago de Cuba le tributa un recibimiento triunfal y el Presidente del Poder Popular local le hace entrega solemne de la llave de la ciudad, de una rplica del machete del Mayor General Antonio Maceo y una pelota de baseball firmada por toda la Asamblea Provincial del Poder Popular “Mi pueblo, mi gente, mi pas. Viajar es bonito y eso, pero ¡no hay como estar en casa, car!” declara el emocionado lanzador para las cmaras y micrfonos de la radio y la TV provinciales. 14 de agosto de 2010: Sicomoro Iriarte es absuelto de todos los cargos por la muerte del pitcher Roberlexis Valds. La Comisin Nacional de Bisbol da fin a su suspensin. En

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protesta, el equipo Industriales en pleno, del entrenador al cargabates, renuncia al da siguiente. En algunos centro de trabajo habaneros las banderas se alzan a media asta. ***** (…) no es posible entender la mentalidad del cubano sin tener en cuenta al bisbol. El juego lo inventaron los norteamericanos, pero nosotros creemos que es nuestro y para reivindicarlo somos capaces de remontarnos al batos que jugaban los tanos. Un juego que, en realidad, tiene tanto que ver con la pelota como el taxchtli de los mayas… y los mexicanos y guatemaltecos no dicen que el baseball sea invento suyo. Pero los cubanos, como deca Mximo Gmez, que nos conoca su poquito, o no llegamos o nos pasamos. Ningn seguidor madrileo del Real Madrid ningn partidario extremista de los Dallas Cowboys es capaz de conocer las estadsticas del desempeo de su equipo como un fan de Industriales. Hay algunos como el finado Armandito El Tintorero, para los que la pelota, ms que un juego, es una forma de vida. Y Sicomoro Iriarte no jugaba pelota; l ER A la pelota. Algo as como el gran falo nacional, el significante masculino, porque otra cosa notable es que en Cuba ir al estadio es cosa de hombres, que aunque las muchachas se pinten la cara con los colores del equipo y bailen con la sirena, ellas son solo comparsas, bulto, gozadoras del espectculo, porque en el imaginario machista leninista nacional las mujeres no entienden de pelota y se acab. Sicomoro Iriarte era el macho que todos los cubanos queran ser: grande, fuerte, hbil, pelotero estrella, que es como decir dos veces hombre en esta isla… y adems un tipo que quera ir ms all, que innovaba, que hast a haca que la Comisin Nacional de Bisbol cambiara las reglas para proteger al resto de los jugadores de su habilidad inhumana. El tipo, el brbaro… el modelo a imitar y a la vez el rey a destronar. El que se ama y se odia, el que hace que te sientas orgulloso de ser cubano y al mismo tiempo avergonzado y empequeecido por no ser l. Multiplica ese amor-odio por uno, dos, tres… Cuba tiene 12 millones de habitantes segn el ltimo censo, as que pon la mitad, seis millones. Seis millones de mentes masculinas concentradas al mismo tiempo en adorar y tratar de joder a un solo hombre. T has odo hablar del inconsciente colectivo de Jung? Todo ese poder, no quiero usar la dichosa palabra, pero no hay otra, poder psquico, concentrado en un solo hombre… mira, algn efecto tena que acabar teniendo. Llmalo espasmo cuatridimensional, piensa que lo

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esfumaron de este universo y lo mandaron a otro alternativo, llmalo desintegracin atmica, que cada uno se qued con un poquito de esa energa que haca que el Milagro de la Sierra fuera el mejor pelotero que ha existido, un poquito de la leyenda, y toda leyenda viva es incmoda, aqu que mejor renunciar al hombre y quedarse con la leyenda, las leyendas son manipulables, estn cmodamente terminadas y muertas, los hroes y los grandes hombres no, siguen haciendo cosas, empequeecindote, inventando, rompiendo fronteras t recuerdas aquellos ocho ltimos lanzamientos que hizo? ¡Una belleza, una imposibilidad quin batea eso? Yo no es cuestin de velocidad y reflejos, sino de pura geometra. Ningn bateador puede encentrar una bola as, que lo sobrepasa de aire, en una parbola como ni la artillera de precisin puede lograr fcilmente. Arcos altos, por encima del bateador, poniendo a prueba los nervios del catcher que se quedaba quieto y cagado de miedo debajo, porque el brazo del Moro levantaba aquella bola a ms de cien pies y luego caa directa en la mascota, strike de aire, el strike parablico, aporte del Milagro de la Sierra a la teora beisbolera, que los dos primeros no los cant el ampaya pero no se atreva a cantar bola porque ya haca seis juegos que Sicomoro no tiraba ni una sola bola, y los directores de los equipos salieron y discutieron y el pblico en vilo hasta que estuvo claro, no estaba en las reglas, era strike si caa directo en el guante colocado en la zona strike, no deca que tena que pasarle por delante al bateador, y as no hay quien batee, hermano, hubo protestas pero despach a dos seguidos, era un hombre que haba logrado estar tan por arriba de sus semejantes que era Dios, intocable, invencible, y Cuba no lo aguant, por eso las luces, ni los marcianos ni Dios ni los oris has ni espiritismo, fuimos Cuba y el bisbol, coo, y lo vamos a extraar pero ser mejor r ecordarlo as, nuestro, tranquilo, ya incluido en las estadsticas, cmodamente disecado, ya no imprevisible, ya no burla a los dems jugadores, ya ms nuestro que nunca (…) Arnaldo Calvio, psiclogo y poeta en entrevista para el espacio Conversando a Cuba del Canal Cubavisin (de prxima trasmisin) ***** 12 de enero de 2011: En el Estadio Guille rmn Moncada de Santiago de Cuba, en la parte baja del sptimo inning del primer juego del play-off de la Serie Selectiva entre el

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equipo local e Industriales, el lanzador Sico moro Iriarte estaba controlando completamente al equipo visitador, que perda 9 carreras por cero. De repente resplandeci una luz cegadora y se escuch un estruendo como si el mundo se partiera en dos. Cuando los miles de espectadores y millones de televidentes pudieron volver a ver claramente, el nico rastro que quedaba del Milagro de la Sierra era su uniforme, sus spikes, su gorra y su guante, an con la Rawlings oficial adentro. ***** (…) pero se haya ido adnde se haya ido, o se lo haya llevado quin se lo haya llevado, no importa, yo s que El Moro es un hombre serio que no me va a dejar aqu sola y embarcada con su hija, yo s que l me quiere y a su Revolucin, y por eso estoy segura de que, ms tarde o ms temprano, ¡l volver! (…) Hildelisa Vasconcelos viuda? de Sicomoro Iriarte durante su intervencin en la Mesa Redonda Informativa Crimen en el bisbol? por el canal Cubavisin YOSS (Jos Miguel Snchez Gmez) : La Habana, Cuba (1969). Licenciado en Ciencias Biolgicas por la Universidad de La Habana en 1991. Comenz a escribir a los quince aos, con su incorporacin a los Talleres Literarios. Entre otros a obtenido el Premio de cuento de ciencia ficcin de la revista cubana Juventud Tcnica 1988, el Premio David de ciencia ficcin 1988 con el libro de cuentos Timshel (publicado por Editorial UNION, 1989), el Premio Plaza de ciencia ficcin, 1990, el Premio Luis Rogelio Nogueras de ciencia-ficcin 1998, con Los pecios y los nafragos (publicado por Ediciones Extramuros, 2000), el Premio Calendario de la AHS en ciencia ficcin 2004 por el libro de cuentos Precio justo (publicado por la Editorial Abril, 2006). Es miembro de la UNEAC desde 1994.

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Correo electrnico (E-mail): : yoss00@hotmail.com Nota: Los editores de Disparo en Red ofrecemos 5 millones de disculpas por haber puesto reseas bibliogrficas de Yoss que no se correspondan con la realidad. Esta es la resea correcta, aunque muy resumida. Al INDICE

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5. OPINIONES: GUARDIANES DE PIEDRA Por: Randol Peresalas Correo: randol13@jrebelde.cip.cu Publicado originalmente en Juventud Rebelde. 12 de noviembre de 2006 22:03:27 GMT Creo oportuno hablar ya de El guardin de la piedra, la serie que transmite Tele Rebelde. Y es que a pesar de la sana insistencia de muchos lectores, era prudente dejar que dicha propuesta avanzara, resolviera. Desde estas mismas pginas aplaud el esfuerzo de su equipo por renovar el espacio de Aventuras y retomarlo con la perspectiva adecuada —o sea: una buena historia, llena de accin y con un mensaje trascendental—, a la vez que cruzaba los dedos para que fuera consecuente con productos anteriores del mismo corte —aquellos de mayor xito—, ms all de mitificaciones inevitables. Sobre lo primero, no he variado mi criterio; sobre lo segundo, s. En favor de la serie es importante sealar un valor cardinal: entretiene. Y eso no sabe hacerlo cualquiera. Su director y guionista, Jos Vctor Herrera, no temi recurrir a frmulas probadas, donde es esencial mantener la dinmica del relato, mediante la insercin de mltiple s puntos de giro. Si de algo puede vanagloriarse este realizador —y lo digo con entera responsab ilidad—, es de una imaginacin poderossima; porque tambin, si de algo carecen muchos guiones similares, es precisamente de capacidad de fabulacin. Sin embargo, la produccin sepult ese valor. La falta de rigor en todos sus reglones es pasmosa, y particularmente deficiente en el trabajo con los actores. Cmo se argumenta el hecho de que confluyan tantos improvisados en un elenco? Es penoso decirlo, pero algunos de los seleccionados, por no decir la mayora, carecen de las ms elementales condiciones para actuar frente a una cmara Tal as es, que solo me arriesgo a darle crdito a Mariela Bejerano, quien, a mi juicio, es la nica que est a la

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altura de su papel. Este problema se evidencia desde la escritura misma. El diseo de personajes es un tanto esquemtico, muy inclinado a lo fsico y prcticamente nada a lo psicolgico. Dada la prominencia que tienen en la trama, Sandor y Urana resultan las vctimas ms lamentables de ese trazado. Haca tiempo no se vea una pareja de villanos tan desabrida, tan falta de objetivos ms elevados, aunque estos provengan del mal. Otro elemento que echa por tierra cualquier tipo de identificacin con el pblico, es el relacionado con la probabilidad. Toda obra de ficcin, por muy lejana de la realidad, debe respetar la verosimilitud, que, en absoluto, es sinnimo de veracidad. Toda ficcin inventa un mundo posible, como diran algunos tericos, en el cual fluctan, se entrecruzan los hechos, y donde los personajes cumplen roles de acuerdo con las posibilidades reales de ese universo. Pero imaginacin no quiere decir desmesura; la cuestin no radica en que todo es legtimo, porque no, no todo lo es. El guardin... es una historia donde la abundante imaginacin qued completamente estropeada. Locaciones improbables, falsas, minadas por una publicidad chata y en extremo reconocible, dan la medida de una invalidez intelectual que asusta. No hubo seriedad en cuanto a fundar un espacio geocultural lgico, con sus atributos e identidad definida. Saimanda es un lugar inslito, que ni en el mejor relato de J.R. Tolkien, es posible. Por otro lado, no porque la TVC carezca de tecnologa avanzada, es conveniente justificar manifestaciones de mal gusto. El trabajo de trucaje es muy primitivo, y para colmo, chapucero. Recuerdan ese lamentable efecto especial cuando Sandor recrimina a Urana por lo que esta le hizo a Madame Lul, y la reina monta en clera? Ese es tan solo un ejemplo de cun regresiva ha significado esta serie en un espacio tan sensible, cuyo mal uso pone al borde del ridculo. Adems, las escenas de lucha —imprescindibles en este tipo de producto—, requeran no tanto de entrenamiento, como de pericia a la hora de grabarlas. Resultan demasiado encartonadas, poco crebles y excesivas. En un solo captulo, ms de la mitad puede pertenecer a una trifulca menor, intercalada torpemente

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con otras situaciones. Todo parece indicar que se busca dinamismo a ultranza, sin tener en cuenta que una edicin fragosa, como la que muestra El guardin..., no es capaz por s sola de conseguir ri tmo. Este proviene del interior de las escenas, no de su fragmentacin. Estoy convencido de que de buenas intenciones estuvo lleno este proyecto. Y es una pena, porque a la larga su ineficacia no solo repercute en el prestigio de sus realizadores, sino tambin en el del maltratado espacio de Aventuras. La piedra que mostraron sus creadores, cual smbolo de reverdecimiento y lucidez, se vio sola y abandonada. Quienes debieron protegerla, terminaron siendo ms rgidos e inexpertos que ella. AL INDICE

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6. COMO CONTACTARNOS? S tienes algn comentario, sugerencia o colaboracin escrbenos a: darthmota@centro-onelio.cult.cu jartower@centro-onelio.cult.cu espiral@centro-onelio.cult.cu aceptamos cualquier colaboracin seria y desinteresada. Traten de ponerla en el cuerpo del mensaje. Advertencia: Los mensajes de direcciones desconocidas que contengan adjuntos sern borrados. Para suscribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la palabra "BOLETIN" en el asunto. Para desincribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase "NO BOLETIN" en el asunto. Para obtener nmeros atrasados envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase en el asunto "Numeros anteriores" y el nmero del correo atrasado que deseas entre parntesis a continuacin. Si los quieres todos escribir a continuacin “todos”. Ejemplos : Con el asunto “Numeros anteriores (2)(5)(20)” obtendras los nmeros 2, 5 y 20 del Disparo en Red. Con el asunto “Num eros anteriores todos” obtendras todos los nmeros del Disparo en Red existentes. Al INDICE


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