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Disparo en Red

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Material Information

Title:
Disparo en Red
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Disparo En Red
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - D42-00029-n28-2006-12
usfldc handle - d42.29
System ID:
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Disparo en Red.
n No. 28 (December 14, 2006)
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[Havana, Cuba] :
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December 14, 2006
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650
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Science fiction
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HOY: 14 de DICIEMBRE del 2006 DISPARO EN RED: Boletn electrnico de ciencia-ficcin y fantasa. De frecuencia mensual y totalmente gratis. Para descargar disparos anteriores: http://www.esquina13.co.nr El sitio web del Fantstico Cubano http://www.cubaliteraria. cu/guaican/index.html

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Editores: Darthmota. Jartower. Colaboradores: Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa. espiral@centro-onelio.cult.cu espiralgrupo@yahoo.es Proyecto de Arte Fantstico Onrica. oniricacuba@yahoo.es Anabel Enrquez Pieiro Istvn Bent Yoss Juan Pablo Noroa Miguel Bonera Miranda Ral Aguiar Jorge Enrique Lage Coghan Vctor Hugo Prez Gallo Portada: Universo: Autor: Juan Gimnez.

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0. CONTENIDOS: 1. La frase de hoy : Frederic Brown. 2. Artculo : J.K. Rowlings carga junto a los Rohirrim en los campos de Pelennor, Juan Pablo Noroa. 3. Cuento clsico : Viaje Septimo, Stalislaw Lem 4. Cuento made in Cuba: Alcohol, Gabriel Gil. 5. Cuento clsico corto : El Asesino, Stephen King. 6. Humor : Mscara vs. Careta, Rodrigo Fresn. 7. Las cosas que vendrn (…y que pasan). Jartower. 8. El cartero siempre llama dos veces. Darthmota. 9. Cmo contactarnos?

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1. LA FRASE DE HOY: El ltimo hombre sobre la Tierra estaba solo en una habitacin. Son una llamada a la puerta... Frederic Brown. Al INDICE

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ARTICULO: J.K. ROWLINGS CARGA JUNTO A LOS ROHIRRIM EN LOS CAMPOS DE PELENNOR. Por Juan Pablo Noroa. La Literatura sufre un terrible doble asedio en estos tiempos postmodernos, similar, si se quiere, al que Sauron y aliados tendieron sobre Gondor. S, un asedio; un largo y feroz sitio que comenzaron en los aos sesenta los tericos deconstruccionistas, multiculturalistas y semiticos, adeptos del culto a la muerte de la literatura que denuncian los pensadores Harold Bloom y George Steiner. Atacan tambi n a la literatura el poder constituido de la sociedad moderna y sus mecanismos capitalistas de funcionamiento, que desconfan, segn dice el escritor argentino Ricardo Piglia, de una prctica tan privada, tan improductiva desde el punto de vista social, tan difcil de valorar desde el punto de vista econmico; y que adems, en virtud de sus intereses creados, desplazan al intelectual de una posicin privilegiada como vocero y polemista social. La guerra contra la literatura que lleva a cabo el primer enemigo est descrita en el libro “La muerte de la literatura”, del profesor y acadmico Alvin Kenan. Bsicamente, los ataques son los siguientes: desvalorizar el papel del autor como creador original y como ente sealado dentro de la sociedad y la cultura; negar la necesidad del propio concepto de literatura, ya que slo existiran textos cultu rales, no obras; declarar como indeterminado e ineficaz al lenguaje, principal herramienta de la literatura; decir que la interpretacin es por completo un asunto personal del lector; de nunciar a la literatura constituida como autoritaria, represiva, elitista, machista y ra cista; y abandonar los grandes libros como gua de accin o pensamiento, ya que todo valor presente en ellos es una opinin relativa, y nada

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en esos libros es absoluto, eterno o innegable. Y el porqu del segundo asedio lo destaca el polgrafo espaol Eliseo Bayo, al decir que “quien mata a la literatura es quien la so mete y la priva de su independencia innata, de su libertad extrema, de su tendencia al riesgo indagando siempre en pos de la verdad escondida y del enigma humano”. Lo peor es la connivencia y la debilidad de buena parte de las instituciones vinculadas a la literatura, como los propios au tores, la industria editorial y los crculos docentes. Los primeros aceptan como cosa buena los dogmas del enemigo sitiador, en una especie de suicidio asistido, adoptando actitudes de agotamiento cultural y desprecio por los valores propios con el fin de complacer a los artesanos de la opinin, los crticos y tericos, esos parsitos; la segunda, llevando el mercantilismo y la falta de principios a niveles suicidas, pues envuelven al papel impreso en un manto de desprestigio; y los terceros, plegando los planes de estudio a la nueva moda de pensamiento. En que situacin queda, dentro de este gran escenario de sitio, el gnero fantstico, una seccin menor de la literatura, tanto en volumen como en prestigio? Por seguir con la metfora del asedio de Gondor, el fantstico es como los Rohirrim en la carga de Pelennor: un aliado menor, subordinado, olvidado casi, y que se llama a regaadientes al rescate de su superior asediado por fuerzas malignas y aquejado de engreimiento, desesperanza, ilegitimidad, locura y coqueteo con el enemigo. Decir que el fantstico es la salvacin de la literatura general resulta casi una profeca, pues slo el tiempo podr probarlo; pero se pueden aventurar las armas con las cuales este eorlinga dar una buena pelea a los sitiadores. La primera ganancia, la obvia, la de los nmeros, es la cantidad de copias de libros de gnero fantstico que se venden; es elemental que los millones de volmenes

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distribuidos de una forma u otra no fueron obten idos para otra cosa que para ser ledos de cabo a rabo. Ese es el primer efecto: se lee; se leen novelas y cuentos impresos en un mundo cada vez ms cinematogrfico, televisivo, web y grfico. Y quines leen ms fantstico? Nios y adolescentes, tanto de edad como de espritu, las personas en las cuales el retorno al libro impreso es ms necesario, para que le cojan el gusto y se alejen del influjo meditico aunque sea por unas horas. Por intermedio del fantstico, el relato en papel gana un lugar en la vida de los habitantes del futuro, ocupada casi en exclusiva por chips, discos y celuloide. Para ese consumidor, el salto a los libros de la gran literatura es ahora una posibilidad mucho mayor, despus de haber hecho el gran salto hacia los libros en general, gracias a la varita de Harry Potter, que para el caso se ha convertido en prtiga. Adems, a la larga esto debilita a quienes veran con buenos ojos que la literatura perdiera peso en la sociedad, en la formacin de las personas y de la opinin. Dice el mismo Harold Bloom, y muchos coinciden con l, que la lectura por nios y adolescentes de libros fantsticos como los de Tolkien, J.K. Rowlings y Stephen King no lleva a otros libros, pues los primeros exigen muy poco esfuerzo al lector y lo acostumbran a lecturas fciles, ms de lo mismo; y propone en su lugar libros como “Alicia en el pas de las maravillas” y “El viento en los sauces”. Bueno, es cier to que no necesariamente tiene que ocurrir el deseado salto; pero tampoco hay algo que lo impida, no hay ninguna contradiccin insalvable entre un libro agradable y uno exigente. A falta de sistemas educativos que compulsen los estudios literarios y la poca representatividad social de las familias donde se estimule la lectura de clsicos, la disyuntiva es clara a la hora de los jvenes actuales seleccionar sus conos culturales: Britney Spears o J.R.R. Tolkien. /En el caso nacional, reggaeton o Tolkien/ Y si, pongamos un ejemplo, de los treinta y cinco millones de compradores de “Harry Potter y la piedra del hechicero” un uno por ciento

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termina leyendo a Kafka, son trescientos cincuenta mil nuevos lectores de Kafka a favor de Rowlings, contra cero reclutamiento por parte de Harold Bloom. La segunda arma del fantstico es su conser vacin de los orgenes de la literatura como arte de contar historias, storytelling o na rracin oral, a travs de la narratividad pura y la esttica de la invencin. Los relatos fantsticos utilizan modelos y recursos antiqusimos, y si acaso algunos un poco modernos, como en el caso de J.K. Rowlings con el policiaco deductivo y la novela “de internado”, cuyos padres fueron Poe en “Los crmenes de la calle Morgue”, de 1840, y “Los das escolares de Tom Brown”, de Tomas Hughes, 1857. Los ms antiguos pertenecen a la mitologa y a la pica occidental, tanto clsica como germnica y medieval. Las mismas novelas de Potter, el ejemplo ms vivo, toman el protagonista de destino trgico, prncipe crecido en exilio y salvador profetizado, que debe pasar un perodo formativo y pruebas de hroe, de las cuales las ms recurrentes son la superacin de la apariencia, la entrada en el vientre de la ballena y la confrontacin con el antagonista. Las figuras secundarias de los amigos a toda prueba, los mentores preocupados y los enemigos cercanos, tambin se pueden rastrear. Y, no menos importante como recurso, la capacidad de atraer al lector con el sentido de la maravilla. Lo arriba mencionado pertenece al origen a la primera materia de la literatura occidental, a la poca cuando sta no slo formaba en buena medida la conciencia social, sino que tambin posea un prestigio tal que “el mejor lugar junto al fuego perteneca al narrador de cuentos” y el juglar era el nico creador admitido en el saln de los reyes. Cual fuera el mecanismo que le permiti ganarse ese papel, tan amplio como profundo, puede muy bien residir en las formas arcaicas de la literatura, que permanec en en el fantstico, frescas y vitales en su hondura antropolgica por la forma en que llaman a lo humano eterno, que s existe. Es cierto que ese prim itivismo del gnero fantstico no lo ayuda a

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librarse de cierta falta de sofisticacin artstica y de rigor consigo mismo; pero al menos funciona como un soplo de aire fresco, o si se quiere una especie de gran RESET o formateo de la cultura. Si me preguntan a m, este recurso al primitivo valor social de la literatura y a su efectividad probada, es el mejor antdoto contra la crtica milenarista que la asedia y contra el escritor apstata que juega al cansancio y el metatexto. El pblico lector del gnero fantstico aborrece esas poses, como incluso se ha demostrado recientemente en el mbito nacional; y si resulta que la prxima generacin de lectores empieza por el fantstico y se acostumbra a su honestidad, lo s quintacolumnistas tienen los das contados. Ya la publicacin del libro “Imposturas intelect uales” de Alan Sokal defini a los epgonos del deconstruccionismo y tendencias similares como falsarios embelecadores, pero eso no ha sido suficiente; el golpe de gracia bien pueden estarlo dando ahora y con efecto demorado los libros fantsticos, apartando a los lectores de lo indeseable. Dos acusaciones se hacen contra los libros y autores del gnero fantstico que llevan el mayor peso de esta nueva carga de Pelennor gracias a que son los ms vendidos hoy en da, los ms vivos como iconos culturales. La primera es la ya vieja, nauseabunda y festinada imputacin de escapismo; ni siquiera merece la pena referirse a eso. La segunda sale de la preocupacin en personas de gusto digamos alto por la masividad comercial per se como fenmeno social. Hay quien ve en esto el germen del corrimiento de la frontera entre literatura y Literatura, o mejor dicho, el desplazamiento de la facultad del criterio de los mejor ledos a los simplemente ledos o poco ledos. O sea, que la valoracin de la calidad artstica y literaria se vuelva un proces o de democracia mecnica, representativa, norteamericana por as decir, en el sentido de que hay mucha falsa, mal criterio y dinero de por medio. En fin, que sea el grupo social que ms dinero d a las editoriales quien diga qu es bueno y qu no, y esto no como una operacin tica o socializadora, sino todo lo

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contrario, como una forma de falacia ad populum o ad numerum destinada a valorizar unos libros con un prestigio que no merecen para a) exprimir econmicamente al pblico; b) acostumbrarlo a consumir obras sin rigor, para as hacerlo pensar sin rigor y manipularlo. Es lo que se conoce como “dumbing down” o estupidizacin de la cultura. La dicha preocupacin es, por supuesto, en trminos de responsabilidad social y conciencia poltica, no de elitismo o territorialidad sobre la literatura o la cultura. En mi opinin, se trata de un exceso de celo que subestima la resiliencia de la alta cultura, la cual ha sobrevivido cataclismos mucho ms graves que la competencia de la que no llega a serlo a pesar de ser de alto consumo; competencia que no es una novedad. Shakespeare, por ejemplo, no estaba solo en el teatro isabelino, haba decena s de dramaturgos de pacotilla, y en poca de Mariano Jos de Larra, cada peridico espaol, de unos cuantos que haba, tena ms de un cronista. Sin embargo, los dramaturgos de paco tilla ponan al pblico en los teatros y fuera de las peleas de toros contra perros, y los cronistas annimos mantenan a flote a los peridicos en los cuales de Larra colocaba una joya vez en cuando. Y que yo sepa, ninguna de ambas competencias le hizo mal al correspondiente genio; todo lo contrario. En conclusin, el efecto del consumo de literatura fantstica no puede ser sino beneficioso para la literatura general, porque fomenta el gusto por la lectura en nios y jvenes, y fomenta un gusto que en el futuro dejar sin efecto tendencias que afectan negativamente a la literatura general. O sea, la literatura fantstica toma lectores frescos y los mantiene frescos y lectores, no los convier te en lectores cansados, como s hacen la crtica milenarista y los escritores plegados a ella; ni mucho menos los convierte en lectores deformados, como algunos temen. Por dems, no est en los contemporneos juzgar a ultranza, y es mejor dar el beneficio de la duda. Si no, se puede hacer el papel de Cervantes denostando a Lope de Vega por llenar los patios y tabernas con sus dramas tremendistas. O peor an, el ridculo de Harold Bloom al profetizar en la primera de sus ad Poterris, el siete de noviembre de dos

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mil, que “el epifenmeno Harry Potter seguir, sin duda por un tiempo, como hizo Tolkien, y despus se desvanecer”; justo mientras se filmaba la triloga flmica de “El seor de los anillos”, que relanzara el relato para an otra generacin. Pues, “los muertos que vos matasteis gozan de buena salud”, y cargan en la caballera Rohirrim, pluma y/o teclado en ristre, para romper el cerco de las fuerzas de la oscuridad. Juan Pablo Noroa Lamas (1973) : Graduado de Letras en la Universidad de la Habana ha sido incluido en la antol oga Reino Eterno, Letras cubanas 1999. La mayor parte de su obra se encuentra indita. AL INDICE

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3. CUENTO CLASICO: VIAJE SEPTIMO Por Stalislaw Lem Cuando el lunes, da dos de abril, estaba cruzando el espacio en las cercanas de Betelgeuse, un meteorito, no mayor que un grano de habichuela, perfor el blindaje e hizo aicos el regulador de la direccin y una parte de los timones, lo que priv al cohete de la capacidad de maniobra. Me puse la escafandra, sal fuera e intent reparar el dispositivo; pero pronto me convenc de que para atornillar el timn de reserva, que, previsor, llevaba conmigo, necesitaba la ayuda de otro hombre. Los constructores proyectaron el cohete con tan poco tino, que alguien tena que sostener con una llave la cabeza del tornillo, mientras otro apretaba la tuerca. Al principio no me lo tom demasiado en serio y perd varas horas en vanos intentos de aguantar la llave con los pies y, la otra en mano, apretar el tornillo del otro lado. Perd la hora de la comida, pero mis esfuerzos no dieron resultado. Cuando ya, casi casi, estaba logrando mi propsito, la llave se me escap de debajo del pie y vol en el espacio csmico. As pues, no solamente no arregl nada, sino que, perd encima una herramienta valiosa que se alejaba ante mi vista y disminua sobre el fondo de estrellas. Un tiempo despus, la llave volvi, siguiendo una elipse alargada, pero, aun convertida en un satlite de mi cohete, no se le acercaba lo bastante para que pudiera recuperarla. Volv, pues, al Interior de mi cohete y me dispuse a tomar una cena frugal, reflexionando sobre los medios de resolver esa situacin absurda. Mientras tanto, la nave volaba a velocidad creciente que no poda regular por culpa de aquel maldito meteorito. Menos mal que en la lnea de mi travesa no se encontraba ningn cuerpo celeste; de todos modos haba que poner fin a ese viaje a ciegas. Domin durante un buen rato mi nerviosismo, pero cuando, al empezar a lavar los platos, constat que la

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pila atmica, sobrecalentada por el gran trabajo que deba realizar, me haba estropeado el mejor trozo de filete de ternera que guard en la nevera para el domingo, perd los estribos y, profiriendo las ms terribles palabrotas, estrell contra el suelo una parte del servicio de mesa. Reconozco que mi acto no fue muy sensato, pero me alivi mucho. Por si fuera poco, la ternera que haba tirado por la borda no quera alejarse del cohete, sino que daba vueltas alrededor de l, convertida en su segundo satlite artificial, ocasio nando regularmente, cada once minutos y cuatro segundos, un corto eclipse solar. Para calmar mis nervios, me dediqu a calcular los elementos de su movimiento y las perturbaciones de la rbita provocadas por las interfer encias de la de la llave perdida. El resultado obtenido al cabo de varias horas de trabajo me inform que durante los prximos seis millones de aos la ternera precedera a la llave circundando el cohete por una rbita circular, para despus adelantarse a la nave. Finalmente, ya cansado, me acost. En medio de la noche tuve la sensacin de que alguien me sacuda el hombro. Abr los ojos y vi a un hombre inclinado sobre mi cama. Su cara no me result desconocida, pero no tena ni idea de quin era. Levntate dijo y coge las llaves; vamos arriba para atornillar el timn... En primer lugar, no nos conocemos tanto como para que me tutee repliqu -, y adems, s que usted no est aqu. Este es ya el segundo ao que voy solo en el cohete, ya que estoy volando desde la Tierra a la constelacin de Aries. Por tanto, no es usted ms que un personaje de mi sueo. Pero l segua sacudindome e insistiendo que fuera a buscar las herramientas. Tonteras le espet, empezando a enfadarme, porque tema que este altercado me despertara. S por experiencia cunto cuesta volver a dormirse despus de un despertar de esta clase -. No pienso ir a ninguna parte, porque de nada servira. Un tornillo apretado en sueos no resuelve

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una situacin que existe cuando uno est despierto. Haga el favor de no molestarme y esfumarse o marcharse del modo que usted prefiera, si no, puedo despertarme. ¡Pero si no ests durmiendo, palabra de honor! exclam la testaruda aparicin. No me reconoces? ¡Mira aqu! Me indic con un dedo dos verrugas de tamao de una fresa silvestre que tenia en la mejilla izquierda. Por reflejo, puse la mano en mi cara, porque yo justamente tengo en ese sitio dos verrugas idnticas a las suyas. En este mismo momento me di cuenta de por qu el personaje del sueo me recordaba a alguien conocido: se me pareca a m como se parecen dos gotas de agua. ¡Djame en paz! voce cerrando los ojos para preser var la continuidad de mi sueo-. Si eres yo, no tengo por qu tratarte de usted, pero al mismo tiempo es la mejor prueba de que no existes. Me di la vuelta en la cama y me tap la cabeza con la manta. O que deca algo acerca de idiotas e idioteces, hasta que, exasperado por mi falta de reaccin, grito: ¡Lo lamentars, imbcil! ¡Y te convencers, demasiado tarde, de que no era ningn sueo! No me mov. Por la maana, cuando abr los ojos, me acord en seguida de la extraa historia nocturna. Me sent en la cama y me puse a pensar en las curiosas bromas que gasta a un hombre su propia mente: he aqu que, no teniendo a bordo ninguna alma gemela, me desdobl en cierto modo en sueos ante la necesidad urgente de dar solucin a un problema importante. Constat, despus de desayunar, que el cohete haba experimentado durante la noche un aumento de velocidad considerable; empec, pues, a hojear los tomos de la pequea biblioteca de a bordo, buscando en los manuales un consejo para mi peligrosa situacin. Sin embargo, no encontr nada. Desplegu entonces sobre la mesa un mapa de estrellas y, a la luz de la cercana Betelgeuse, velada a ratos por la ternera que volva sobre su rbita, busqu en la regin en la que me encontraba la sede de alguna

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civilizacin csmica que pudiera prestarme ayuda. Pero era un desierto estelar completo, que todas las naves evitaban por ser un terreno excepcionalmente peligroso, puesto que se encontraban en l unos remolinos de gravitacin, tan enigmticos como amenazadores, en la cantidad de 147, cuya existencia tratan de aclarar seis teoras astrofsicas, cada una de modo diferente. El calendario cosmonutico adverta a los viajeros sobre las consecuencias imprevisibles de los efectos relati vsticos que pueden tener el paso por un remolino, sobre todo si la nave desarrolla una gran velocidad. A m estas advertencias no me servan, ya que no tena control de mi nave. Calcul solamente que chocara con el borde del primer remolino a eso de las once, as que me di prisa en la preparacin del desayuno, para no tener que enfrentarme con el peligro en ayunas. Estaba secando el ltimo plato cuando el cohete empez a dar tumbos y sacudidas tan fuertes, que los objetos votaban de una pared a otra. Me arrastr a duras penas hasta la butaca, a la cual logr atarme. Mientras las sacudidas se hacan cada vez ms fuertes, vislumbr al lado opuesto del habitculo una especie de neblina lila, y en medio de ella, entre la pica y la cocina, una confusa silueta humana con delantal, vertiendo huevos batidos en la sartn La aparicin me mir con atencin, pero sin ninguna seal de asombro, despus de lo cual se desdibuj y desapareci. Me frot los ojos. Como mi soledad era un hecho irrefutable, atribu aquella imagen a un aturdimiento momentneo. Sentado en mi butaca, o, mejor dicho, saltando junto con ella, comprend en un momento de clarividencia que no fue una alucinacin. Justo entonces pasaba cerca de m un grueso volumen de la Teora General de la Relatividad. Prob atraparlo al vuelo, lo que consegu al cuarto intento. No era nada fcil hojear el pesado libro en aquellas condiciones las fuerzas que hacan dar tumbos de borracho a la nave eran terribles -, pero encontr por fin el prrafo que me interesaba. Se hablaba en l de los fenmenos del llamado lazo temporal, o sea, la inflexin de la direccin

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del fluir del tiempo dentro del rea de los campos gravitacionales de tremenda fuerza, que pueden provocar incluso un cambio de la direccin tan radical que ocurre lo que se llama la duplicacin del presente. El remolino que acababa de atravesar no era de los ms potentes. Saba que si pudiera desviar un poquito la proa de la nave hacia el polo de la Galaxia, cortara el llamado Vrtex Gravitatiosus Pinckenbachii, donde fueron observados repetidas veces los fenmenos de la duplicacin y hasta triplicacin del presente. Me llegu a la cmara de los motores y, a pesar de la inmovilizacin de mis timones, manipul tan asiduamente los aparatos, que consegu una ligera desviacin de mi trayectoria hacia el polo galctico, operacin que exigi varias horas de trabajo. Su resultado sobrepas mis previsiones. La nave alcanz el centro del remo lino a medianoche, temblndole y gimiendo toda la estructura, hasta tal punto que tem por mi integridad, pero sali indemne de la prueba. Cuando nos rode de nuevo la paz csmica habitual, abandon la cmara de los motores, para verme a m mismo en la cama, sumido en profundo sueo. Comprend al instante que era el yo del da anterior, o sea, de la noche del lunes. Sin reflexionar en el lado filosfico de aquel fenmeno ms bien fuera de serie, me puse a sacudir al dormido por el hombro, gritndole que se levantara en seguida, ya que saba cunto tiempo durara su existencia del lunes en la ma del martes. El arreglo de los timones era urgente y haba que aprovechar la existencia simultnea de ambos, sin prdida de tiempo. Pero el dormido abri solamente un ojo y dijo que no deseaba que le tuteara, y que yo no era ms que una fantasmagora del sueo. En vano le di tirones y ms tirones, en vano trat de levantarle por la fuerza. Se resista a todos mis intentos, repitiendo tercamente que estaba soando conmigo. Impasible ante mis juramentos y palabrotas, me explic con mucha lgica que unos tornillos apretados en sueos no aguantaran el timn durante la vigilia. Ni bajo mi pa labra de honor pude convencerle de que se equivocaba; mis splicas e insultos le dejaron impvido, igual que la

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demostracin de mis verrugas. No quiso creerme y no me crey, Se dio la vuelta en la cama y se puso a roncar. Me sent en la butaca para aquilatar con calma la situacin. La estaba viviendo por segunda vez: la primera, el lunes, fui yo quien dorma, y ahora, el martes, el que despertaba al dormido sin resultado. El yo del lunes no crea en la realidad del fenmeno de la duplicacin pero el yo del martes ya lo conoca. Era lo ms simple del mundo, un lazo temporal. Qu se deba hacer, pues, para reparar los timones? Puesto que el del lunes segua durmiendo y que yo recordaba que no me haba despertado aquella noche hasta la maana siguiente, comprend que no vala la pena continuar mis esfuerzos de sacarle del sueo. Segn el mapa, nos esperaban todava grandes remolinos gravitacionales, as que poda contar con otra duplicacin del presente en el transcurso de prximos das. Quise escribirme una carta a m mismo y prenderla con un alfiler a la almohada, para que el yo del lunes, al despertarse, pudiera convencerse de manera palpable de que el supuesto sueo era una realidad. Pero, cuando me hube sentado a la mesa con una pluma en la mano, o un ruido sospechoso en los motores, me fui, pues, all y regu con agua la pila atmica sobrecalentada hasta el alba, mientras el yo del lunes dorma profundamente, lamindose los labios de vez en cuando, lo que me pona bastante nervioso. Sin haber cerrado un ojo, hambriento y cansado, me prepar el desayuno; estaba secando los platos cuando el cohete irrumpi en un nuevo remolino gravitacional. Me vea a m mismo del lunes mirndome estupefacto, atado a la butaca, mientras el yo del martes frea una tortilla. Una sacudida muy fuerte me hizo perder el equilibrio, me ca y perd un instante el conocimiento. Cuando volv en m, en el suelo, rodeado de trozos de porcelana, vi junto a mi cara los pies de un hombre. Arriba dijo, ayudndome a levantarme -. Te has hecho dao? No contest, apoyando las manos en el suelo, porque la cabeza me daba vueltas -. De qu da de la semana eres? Del mircoles repuso -. Vamo s rpidamente a arreglar el timn, no

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perdamos tiempo. Y dnde est el del lunes? pregunt. Ya no est, o tal vez lo seas t. Por qu yo? S, porque el del lunes se convirti en el del martes durante la noche del lunes a martes, etc. ¡No entiendo! No importa, es falta de costumbre. ¡Ven, date prisa! Ya voy dije, sin moverme del suelo. Hoy es martes. Si t eres del mircoles y el mircoles los timones no estn arreglados, sabemos, por deduccin, que algo nos impedir la reparacin, ya que, en el caso contrario t, el mircoles no me apremiaras para que los arreglara contigo el martes. Tal vez fuera mejor, pues, no arriesgar la salida afuera. ¡Ests divagando! exclam -. Piensa un poco, hombre. Yo soy el mircoles y t eres el martes; en cuanto al cohete, supongo que es, si se puede decir, abigarrado. Tendr sitios donde es martes, en otros ser mircoles, incluso puede haber un poco de jueves. El tiempo se mezcl como cartas de una baraja al atravesar aquellos remolinos, pero a nosotros, qu nos importa si somos dos y, gracias a ello, tenemos la posibilidad de reparar el timn? ¡No, no tienes razn! contest -. Si el mircoles, en el cual t ests, habiendo vivido y dejado atrs todo el martes, si el mircoles, repito, los timones no estn reparados, por consiguiente no lo fueron el martes, ya que ahora es martes y si tuviramos que arreglarlos dentro de un rato entonces este rato sera para ti el pasado y no habra nada por arreglar. Por ende... ¡Por ende eres cabezota como un asno! gru -. ¡Lamentars tu estulticia. La nica satisfaccin que tengo es que rabiars contra tu terquedad obtusa, como yo ahora, cuando llegues a mircoles. ¡Ah, ya est! Quieres decir que yo, el mircoles, ser t y tratar de

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convencerme a m, del martes, como lo ests haciendo t en este momento, slo que todo ser al revs, t sers yo y yo t? ¡Entiendo! ¡En esto consiste el lazo del tiempo! Espera, ya voy, voy en seguida, lo he comprendido todo... Pero, antes de que me hubiera levantado del suelo, camos en otro remolino y una fuerza de gravitacin descomunal nos aplast contra el techo. Durante toda la noche de martes a mircoles no cejaron los terribles saltos y sacudidas. Cuando se hubo calmado todo un poco, la Teora General de Relatividad me dio un golpe en la frente al cruzar la cabina, tan fuerte que perd la conciencia. Al abrir los ojos, vi en el suelo fragmentos de la vajilla y, entre ellos, un hombre inmvil. Me levant en un salto y, levantndole, exclam: ¡Arriba! Te has hecho dao? No contest abriendo los ojos -. De qu da de la semana eres? Del mircoles repuse -. Vamo s rpidamente a arreglar el timn, no perdamos tiempo. Y dnde est el del lunes? pregunt, sentndose. Tena un ojo a la funerala. Ya no est, o, tal vez, lo seas t. Por qu yo? S, porque el del lunes se convirti en el del martes durante la noche del lunes a martes, etc. ¡No entiendo! No importa, es falta de costumbre. ¡Ven, date prisa! Mientras deca esto, ya estaba buscando las herramientas. Ya voy dijo lentamente, sin mover ni un dedo -. Hoy es martes. Si t eres del mircoles, y el mircoles los timones no estn arreglados, sabemos, por deduccin, que algo nos impedir la reparacin, ya que, en el caso contrario, t, el del mircoles no me apremiaras para que los arreglara contigo el martes. Tal vez fuera mejor, pues, no arriesgar la salida afuera.

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¡Ests divagando! chill enfadadsimo -. Piensa un poco hombre. Yo soy del mircoles y t eres del martes... Empezamos a pelear, invertidos los papeles. Llegu a enfurecerme de veras porque no hubo manera de convencerle de que viniera conmigo a reparar los timones, ni siquiera insultndole ni comparndole con asnos cabezotas. Cuando por fin consegu que cambiara de parecer camos en el remolino gravitacional siguiente. Me cubr de un sudor fro cuando pens que desde entonces daramos vueltas en crculo en aquel lazo temporal hasta la eternidad, pero, por suerte, no fue as. Al debilitarse la gravitacin hasta el punto de poder levantarme, estaba otra vez en la cabina. Por lo visto el martes local que se mantena en las cercanas desapareci, convirtindose en un pasado sin retorno. Me sent sin tardar a examinar el mapa, buscando algn remolino decente en el que pudiera introducir el cohete para provocar una nueva inflexin del tiempo que me proporcionara a un ayudante. Efectivamente, encontr uno bastante prometedor y, maniobrando los motores, dirig el cohete, con grandes esfuerzos de manera que pudiera entrar en su mismo centro. Hay que decir que la configuracin de aquel remolino era, segn el mapa, ms bien desacostumbrada: tena dos centros, uno al lado del otro. Pero yo, en mi desespero no hice caso de esa anomala. Durante las horas de trabajo en la cmara de motores me ensuci mucho las manos: fui, pues, a lavrmelas, sabiendo que tardaramos todava bastante en entrar en el remolino. El cuarto de bao estaba cerrado. Llegaban de l unos sonidos especiales. como si alguien hiciera grgaras. Quin hay aqu? grit, sorprendido. Yo contest una voz desde dentro. -Quin es ese yo? Ijon Tichy. De qu da? Del viernes. Qu quieres? Quera lavarme los manos... dije maquinalmente, pensando con

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intensidad al mismo tiempo; era mircoles noche, y l proceda del viernes; por tanto, el remolino gravitacional al que se acercaba el cohete inflexionara el tiempo del viernes al mircoles, pero no poda representarme de ningn modo lo que iba a pasar luego dentro del remolino. Lo que ms me intrigaba era la cuestin de dnde poda estar el del jueves. Mientras tanto, el del viernes no me dejaba entrar en el bao, a pesar de mis llamadas. ¡Djate ya de grgaras! vocifer finalmente con impaciencia -. Cada momento perdido nos puede costar caro. ¡Sal inmediatamente y aydame con los timones! Para eso no te hago ninguna falta contest con calma a travs de la puerta -. Por ah debe de andar el del jueves; llvatelo a l... Quin del jueves? Es imposible... Supongo que s si es posible o no, puesto que ya estoy en viernes, y he vivido tanto tu mircoles como el jueves de l... No muy seguro de m mismo, gir en redondo al or un ruido en la cabina: un hombre estaba sacando de debajo de la cama el pesado estuche de las herramientas. T eres del jueves? exclam, corriendo hacia l. Exactamente contest -. Exactamente... Aydame... Conseguiremos arreglar ahor a los timones? -le pregunt, mientras sacbamos la pesada bolsa. No lo s, el jueves no estaban reparados, pregunta al del viernes... ¡Claro, qu cabeza la ma! Volv rpidamente a la puerta del bao -. ¡Oyeme, el del viernes! Estn listos los timones? Hoy viernes, no repuso. Por qu no? Por eso dijo, abriendo la puerta. Tenia la cabeza envuelta en una toalla y apretaba contra la fr ente la hoja de un cuchillo, procurando frenar de este modo el crecimiento de un chichn grande como un huevo. El del jueves se acerc con las herramientas y estaba a mi lado, observando

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al accidentado con calma y atencin. El del viernes dej sobre una repisa la botella de agua brica que tena en la mano libre. As que fue el gorgoteo del antisptico lo que yo haba tomado por gargarismos. Qu es lo que te lo hizo? pregunt, compasivo. No qu, sino quin contest -. Fue el del domingo. El del domingo? ¡Pero cmo..., no puede ser! exclam. Es un poco largo de explicar... ¡Dejadlo ahora! Corramos afuera, tal vez tengamos tiempo me dijo el del jueves. Pero si el cohete entrar en seguida en el remolino respond -. La sacudida puede tirarnos al vaco. Moriremos. No digas tonteras replic el del jueves -. Si el del viernes est vivo, nada puede pasarnos. Hoy es slo jueves. No, mircoles protest. Bueno, de acuerdo, da lo mismo. En cualquier caso, el viernes estar vivo, y t tambin. Pero somos dos slo en apariencia apunt -; en realidad, estoy aqu nicamente yo, slo que de varios das de la semana... Bueno, bueno. Abre la vlvula... Pero result que slo tenamos una escafandra de vaco. No podamos, pues, salir del cohete ambos a la vez, lo que termin ese plan de la reparacin de los timones. ¡Maldita historia, demonios! grit exasperado, tirando al suelo la bolsa de las herramientas -. Haba que ponerse la escafandra y no quitrsela para nada. Yo no pens en ello, pero, puesto que eres del jueves, hubieras debido recordarlo! El del viernes me quit la escafandra replic. Cundo? Por qu? No creo que valga la pena explicarlo se encogi de hombros, se dio la vuelta y volvi a la cabina. El del viernes no estaba. Mir en el cuarto de bao, pero all tampoco lo encontr.

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Dnde est el del viernes? pregunt extraado. El del jueves parta sistemticamente los huevos con un cuchillo y soltaba su contenido sobre la grasa caliente. En alguna parte, al lado de el del sbado contest con flema, mezclando rpidamente los huevos revueltos. Lo siento mucho protest -; t ya tuviste tu racin del mircoles y no tienes derecho a cenar otra vez el mismo da. Las Provisiones son mas tanto como tuyas dijo levantando tranquilamente con el cuchillo los bordes de la masa -. Yo soy t y t yo, as que viene a ser lo mismo. ¡Qu sofstica! ¡Deja de poner tanta mantequilla! Te has vuelto loco? ¡No tengo provisiones para tanta gente! La sartn se le escap de la mano, yo rebot contra la pared: habamos entrado en el remolino. La nave volvi a temblar como si tuviera una crisis de paludismo, pero yo pensaba tan slo en salir al pasillo donde estaba colgada la escafandra, y ponrmela, fuera como fuese. As, cuando despus del mircoles viniera el jueves, yo, convertido en el del jueves (ste era mi razonamiento), llevara ya la escafandra encima, y si no me la quitaba un solo instante (lo que me propona firmemente) la llevara puesta tambin el viernes. Gracias a esta estrategia, tanto yo del jueves como yo del viernes tendramos nuestras escafandras y, al encontrarnos en el mismo presente, podramos por fin reparar los malditos timones. El aumento de las fuerzas de gravitacin me aturdi un poco; cuando volv a abrir los ojos, me di cuenta de que estaba echado a la derecha del jueves, y no a la izquierda, como antes. No me fue difcil idear todo el plan con la escafandra, pero s lo era re alizarlo porque la gravitacin, que iba en aumento, apenas me permita volverme. Cuando disminua un poquito, me arrastraba por el suelo milmetr o a milmetro hacia la puerta del pasillo. Observ, mientras tanto, que el del jueves haca exactamente lo mismo. Finalmente, al cabo de una hora, ya que el remolino era muy extenso, nos encontramos aplastados en el suelo junto al umbral de aquella puerta.

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Pens que, en el fondo, mis esfuerzos no eran imprescindibles; poda dejar que la abriera el del jueves. Sin embargo, empec a recordar varios detalles que me hacan comprender que ya era yo el del jueves, y no l. De qu da eres? pregunt, para estar seguro. Con la barbilla apretada contra el suelo, le mira ba de cerca a los ojos. Abri la boca con dificultad. Del jue... ves mascull. Era muy extrao. Continuara yo, a pesar de todo, siendo del mircoles? Orden un poco en la cabeza las reminiscencias de los ltimos hechos y llegu a la conclusin de que no era posible. El tena que ser ya el viernes. Ya que antes se me adelantaba un da, segua seguramente igual. Esper a que abriera la puerta, pero tuve la impresin de que l se propona que lo hiciera yo. La gravitacin se debilit notablemente, as que me levant y sal corriendo al pasillo. Cuando cog la escafandra, l me ech la zancadilla y me la arra nc de las manos. Me ca cuan largo era. ¡Canalla, cerdo! grit -. ¡Hacerse esto a s mismo! ¡Qu animalada! Pero l se pona la escafandra sin hacerme caso. Verdaderamente, se pasaba de canalla. De repente, una fuerza extraa le expuls fuera de la escafandra, en la cual, por lo vist o, estaba ya alguien metido. Todo esto me desconcert un poco: ya no saba quin era quin. ¡Eh, t, el del mircoles grit el hombre de la escafandra -. ¡Agarra al del jueves, aydame! En efecto, el del jueves procurab a despojar al otro de la escafandra, forcejeando con l y vociferando: ¡Suelta esto! ¡Vete al cuerno! No ves que me toca a m y no a ti! grit a su vez el otro. ¡No s por qu! ¡Porque, imbcil, yo estoy ms cerca del sbado que t, y el sbado los dos tendremos escafandras! ¡Eso son ganas de decir tonteras! intervine yo en su pelea -. En el

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mejor de los casos, el sbado slo t tendrs la escafandra y no podrs hacer nada, idiota. Dmela a m; si me la pongo ahora, la tendrs el viernes como el del viernes, y yo tambin el sbado, como el del sbado, lo que quiere decir que en este caso, seremos dos con dos escafandras... ¡El del jueves, chame una mano! Djate de historias protest el del viernes, defendindose, ya que le quise despojar de la preciada prenda por la fuerza -. Primero, no tienes a quien llamar el del jueves, porque ya pas la medianoche y ahora mismo t eres el del jueves; segundo, ser mejor que yo me quede con la escafandra, a ti no te servir de nada... Por qu? Si me la pongo hoy, la llevar tambin maana. Ya te convencers t mismo... No ves que yo ya era t el jueves? Mi jueves ya pas, as que s muy bien... ¡Hablas demasiado! ¡Sultala ahora mismo! -gru con rabia. Pero l se me escap y tuve que perseguirle, primero por la cmara de motores y luego por la cabina. Efectivamente, en el cohete no haba nadie ms que nosotros dos. Entend entonces por qu el del jueves me habla dicho que el del viernes le haba quitado la escafandra: ahora yo era el del jueves y el del viernes me la estaba quitando a m. Pero decid no rendirme tan fcilmente. Espera y vers con quin tratas, pens. Me fui corriendo a la cmara de motores donde antes haba visto en el suelo un fuerte palo que serva para remover la pila atmica, lo agarr y volv a la carrera a la cabina con mi arma. El otro todava no haba tenido tiempo de ponerse el casco. ¡Qutate la escafandra! le espet, apretando con fuerza el palo. ¡Ni soar! ¡Qutatela, te digo! Dud un momento si deba pegarle. Me desconcertaba un poco que no tuviera el ojo amoratado ni el chichn en la frente como el del viernes que descubr en el cuarto de bao, pe ro de pronto me di cuenta que as tena que ser. El del viernes era ya seguramente del sbado, acercndose ya tal

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vez al domingo, mientras el del viernes presente, el que llevaba la escafandra, era hasta hace poco el del jueves, en el cual yo me haba convertido a medianoche, as que me estaba acercando por la curva del lazo temporal al sitio en el que el del viernes de antes de la paliza se convertira en el del viernes apaleado. Pero l me haba dicho antes que le arregl as el del domingo, del cual no haba ni rastro: en la cabina estbamos slo l y yo. De pronto, una luz deslumbrante me esclareci los hechos. ¡Qutate la esca fandra! grit, amenazador. ¡Vete a la porra, el del Jueves! exclam. ¡No soy del Jueves! ¡Soy del DO MINGO! vocifer, acometindole. Quiso darme una patada, pero los zapatos de la escafandra pesan mucho; antes de que tuviera tiempo de levantar el pie, le di con el palo en la cabeza. No con demasiada fuerza, evidentemente, ya que ya tena bastante prctica para saber que, a mi vez, recibira el golpe cuando pasara a ser del viernes y, con franqueza, no quera partirme el crneo en dos. El del viernes cay gimiendo, las manos en la cabeza; le despoj brutalmente de la escafandra y, cuando se marchaba hacia el bao farfullando: algodn, agua brica ... , empec a ponerme aquel traje para el vaco, objeto de tanta lucha. Mientras me estaba vistiendo, vi de repente un pie humano que asomaba debajo de la cama. Me arrodill y mir. Debajo de la cama haba un hombre que, procurando no hacer ruido, tragaba vorazmente la ltima tableta de chocolate con leche que haba guardado en la maleta para algn caso de emergencia galctica. El ladrn se daba tanta prisa que devoraba el chocolate junto con jirones de papel de plata, que se le pegaban a los labios. ¡Deja ese chocolate! grit a todo pulmn, tirndole de la pierna Quin eres? El del jueves...? dije bajando la voz, sbitamente inquieto, pensando que yo tal vez era ya del viernes, lo que significara que me esperaba la paliza, aplicada por m al del viernes. Soy el del domingo contest con la boca llena.

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Me sent un poco raro. O menta, y entonces la cosa no tena importancia, o deca la verdad, lo que me amenazaba irremediablemente con chichones, ya que fue el del domingo quien peg al del viernes, tal como el del viernes me haba dicho, y yo, hacindome pasar luego por el del domingo, le di en la cabeza con el palo. En cualquier caso, pens, aunque mintiera que era del domingo, era probablemente ms adelantado que yo y, siendo ms adelantado, recordaba todas las cosas anteriores, sabiendo ya que yo haba mentido al del viernes. En estas circunstancias, poda hacerme una treta anloga puesto que lo que fue mi artimaa tct ica constitua para l un recuerdo, fcil de aplicar. Mientras yo, indeciso, pensaba en lo que deba hacer, trag el ltimo trozo de chocolate y sali de debajo de la cama. Si eres del domingo, dnde tienes la escafandra? exclam bajo el impulso de una idea nueva. Ahora mismo la tendr... dijo tranquilamente. De repente vi que tena un palo en la mano... Advert todava un destello de luz, tan fuerte como una explosin de decenas de supernovas a la vez, y perd la conciencia. Me despert, sentado en el suelo del cuarto de bao, Alguien estaba aporreando la puerta. Empec a curar mis morados y chichones, mientras el otro segua llamando; result que era el del mircoles. Le ense finalmente mi cabeza llena de porrazos, l se fue con el del jueves a buscar las herramientas, luego sobrevino el jaleo y la lucha por la escafandra. Sal con vida de todo esto y, el sbado por la maana, me met debajo de la cama para ver si encontraba una tableta de chocolate en mi maletn. Alguien me cogi de las piernas mientras estaba comiendo la ltima que encontr debajo de las camisas; no s quin era, pero le di por si acaso con un palo en la cabeza, le quit la escafandra y me la estaba poniendo cuando el cohete cay en el remolino siguiente. Al volver en m, vi la cabina llena de gente. Apenas era posible moverse en ella. Result que todos eran yo mismo, de distintos das, semanas y meses. Al parecer, haba incluso uno del ao prximo. Varias personas tenan ojos amoratados y chichones en la cabeza; cinco de los presentes

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llevaban escafandras. Pero, en vez de salir inmediatamente afuera para arreglar los desperfectos, empezaron a discutir, vociferar y pelearse. Se trataba de saber quin haba pegado a quin, y cundo. La situacin se complicaba cada vez ms, empezaron a aparecer los de la maana y los de la tarde; tem que si las cosas seguan as, me fragmentaria en unos yos del minuto y del segundo. Por aadidura, la mayora de los presentes mentan descaradamente, de tal suerte que, hasta hoy da no s verdaderamente a quin pegu y quin me peg a m durante la trifulca del jueves, el del viernes y el del mircoles que fui sucesivamente. Tengo la impresin que, a causa de haber mentido al del viernes dicindole que era del domingo, recib una paliza ms de las que resultaban de los clculos segn el calendario. Pero prefiero dejar ya en olvido aquellos momentos desagradables, visto que el hombre que durante una semana no hizo ms que pegarse a s mismo, no tiene de veras de qu enorgullecerse. Mientras tanto, las peleas continuaban. Era un desespero ver aquella actividad y prdida de tiempo durante la loca carrera a ciegas del cohete, que le llevaba de vez en cuando a los remolinos del tiempo. Finalmente, los que tenan escafandra se pegaron con los que no las tenan. Trat de introducir un poco de orden en aquel caos y, finalmente, despus de unos esfuerzos sobrehumanos, logr organizar una especie de asamblea, cuyo presidente fue proclamado por unanimidad el del ao prximo, por ser el de ms edad. Luego escogimos tambin una comisin escrutiadora, una comisin de arbitraje y una comisin de mociones libres. Cuatro de los del mes prximo fueron encargados del servicio del orden. Sin embargo, durante esos trabajos organizativos pasamos por un remolino negativo que redujo nuestro nmero a la mitad, de modo que en la primera votacin secreta falt el qurum; no tuvimos, pues, ms remedio que cambiar los estatutos antes de proceder a la eleccin de los candidatos a reparadores de los timones. El mapa anunciaba varios remolinos en nuestra trayectoria, que anulaban los logros obtenidos; a veces desaparecan los candidatos ya escogidos, o bien

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volvan el del martes y el del mircoles con la cabeza envuelta en la toalla, provocando escenas de mal gusto. Despus de pasar un remolino positivo de gran fuerza, apenas cabamos en la cabina y en el pasillo, y, por falta de sitio, no se poda ni soar con abrir la vlvula de salida. Lo peor era que las dimensiones de los desplazamientos en el tiempo crecan cada vez ms, empezaba a aparecer gente con canas, de vez en cuando se vean entre la much edumbre unas cabeci tas infantiles que, evidentemente, tambin eran yo mismo en el perodo de la niez. No me acuerdo, de veras, si yo segua siendo del domingo o era ya del lunes. Por otra parte, esto no tena importancia. Los nios lloraban, apretujados por el gento, y llamaban a la mam. El presidente, el Tichy del ao prximo, soltaba tacos, por que el del mircoles, que se meti bajo la cama en una vana bsqueda del c hocolate, le mordi en la pierna cuando le haba pisado un dedo. Vea clar amente que todo esto terminara mal, tanto ms que ya empezaban a aparecer entre nosotros algunas barbas blancas. Entre los remolinos 142 y 143 hice circular entre la gente una lista de presencias, pero entonces se descubri que muchas personas mentan, presentando datos personales falsos. Slo Dios sabe por qu lo hacan; tal vez fuera un desequilibrio mental, provocado por la atmsfera reinante en el lugar. El ruid o era tal, que uno slo se poda hacer entender gritando con todas sus fuerzas. De pronto uno de los Ijon del ao pasado tuvo una idea, al parecer brillante: que el ms viejo de nosotros contara la historia de su vida; gracias a esto, se tena que aclarar por fin quin deba arreglar los timones, puesto que el de mayor edad contena en su experiencia pasada todos los presentes de varios meses, das y aos. Nos dirigimos con esta peticin a un anciano de pelo blanco, quien, temblando ligeramente, se mantena en un rincn, apoyado en la pared. Accedi con mucho gusto y procedi a narrarnos una larga y aburrida historia sobre sus hijos y nietos, pasando a continuacin a sus viajes csmicos, numerossimos en su la rga vida de noventa aos. Del que se estaba efectuando en el presen te, el nico que nos interesaba, no se

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acordaba siquiera por lo avanzado de su esclerosis y por su emocin, pero era tan pagado de s mismo que no quera confesarlo, contestando a las preguntas de manera evasiva y volviendo tercamente a sus altas relaciones, condecoraciones y nietecitos, as que finalmente tuvimos que gritarle que se callara. Dos remolinos siguientes hicieron una liquidacin cruel entre los reunidos. Despus del tercer o no slo hubo mucho sitio libre en el cohete, sino que desaparecieron todos los que llevaban escafandras. Qued una, vaca, que la comisin especialmente designada al objeto colg en el pasillo. Despus de una nueva lucha por el preciado traje, vino otro remolino que vaci la nave. Me encontr sentado en el suelo, con los ojos hinchados, entre objetos destrozados, jirones de ropa y libros rotos, El suelo estaba cubierto de papeletas de votacin. El mapa me indic que haba atravesado ya toda la zona de remolinos gravitacionales. Al no poder contar con una duplicacin y, por tanto, con una posible ayuda en el arreglo del defecto del cohete, ca en la depresin y en el desespero. Cuando una hora ms tarde sal al pasillo, advert, estupefacto la ausencia de la escafandra. Record entonces, como a travs de una niebla, que, antes del ltimo remolino dos pequeajos hablan salido disimuladamente de la cabina. Se habrn puesto los dos la nica escafandra? Impelido por una idea sbita corr a los timones. ¡Funcionaban! As pues, los dos nios arreglaron la avera mientras nosotros nos enzarzbamos en disputas estriles. Supongo que uno de ellos puso los brazos en las mangas de la escafandra y, el otro, en sus perneras; de este modo, pudieron tener simultneamente en las dos manos las dos llaves para atornillar las tuercas a ambos lados de los timones. Encontr la escafandra vaca en la cmara de presin, junto a la vlvula. Me la llev a la cabina como si fuera una reliquia, sintiendo mi corazn colmado de gratitud hacia aquello s valientes chiquillos, que eran yo, mucho tiempo atrs. As termin aquella aventura ma, tal vez una de las ms extraordinarias de mi vida. Llegu felizmente al trmino de mi viaje gracias a la inteligencia y valor que manifest en las personas de los dos

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nios. Se dijo despus que invent toda esta historia; los ms malintencionados se permitieron insinuar que ten go una debilidad por el alcohol, bien disimulada en la Tierra, a la cual doy paso libre durante los largos aos de viajes csmicos. Slo Dios sabe qu clase de chismorreos corri sobre el tema; los hombres son as: m s fcilmente dan fe a unos absurdos por inverosmiles que sean, que a los hechos autnticos que me permit presentar en estas lneas. FIN. Stanislaw Lem (1921-2006): Naci en 1921 en Lvov, ciudad de Ucrania que hasta 1939 perteneci a Polonia. Hijo nico. Comenz sus estudios de medicina en 1939, que quedaron interrumpidos durante la ocupacin nazi. Durante la guerra fue miembro de la resistencia. Su familia, catlica pero de ascendencia juda, se salvar del Holocausto en parte por suerte. Con el inicio de la gran guerra empieza a trabajar de soldador y mecnico, desde donde realizaba algunas acciones de sabotaje. Sobre esto, l mismo argumentaba que su cualidad de soldador era ms bien psima, por lo cual no le supona realmente ningn esfuerzo el sabotaje. Adems colabora con trfico de armas y municiones para la resistencia polaca. Durante 1942 se salva su familia de las cmara s de gas de Belzec, gracias a documentacin falsa y por huir justo a tiempo del ghetto de la ciudad. Dos aos despus, el ejrcito de la URSS toma la ciudad y Stan islaw es "repatriado" en 1946 a Cracovia retomando sus estudios de medicina en la especialidad de Psicologa. Ese mismo ao publica su primera obra, Hombre de Marte en una revista juvenil. En 1948 abandona la carrera de Medicina por sus discrepancias ideolgicas, adems de tambin evitar la orden para los mdicos de la incorporacin a filas, como mdico militar. A pesar de ser socialista, disenta de las ideas de Trofim Lysenko, favorecidas por el dogma oficial, acerca de la herederabilidad de los rasgos adquiridos. Slo recibi un certificado de finalizacin de estudios. En 1951 publica su primera novela; LOS ASTRONAUTAS, principalmente utpica, lo que contribuy a que pasase la censura sin muchos problemas. Sobre esta poca la Ciberntica,

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una de las pasiones de Lem es prohibida en todo el bloque socialista por ser considerada una mala influencia del capitalismo. En 1957 publica DIARIOS DE LAS ESTRELLAS. En 1959 se publica EDN. Es sta la primera novela, en retrospectiva, con la que Lem estaba complacido (o al menos "no estaba avergonzado"). En 1961 publica SOLARIS. Que Andrei Tarkovsky convirti en pelcula, siendo galardonada con el Premio Especial de Jurado en el Festival de Cannes de 1972. En 1964 publica EL INVENCIBLE, en 1965 CIBERIADA: FBULAS PARA UNA ERA CIBERNTICA, en 1968 LA VOZ DE SU AMO, RELATOS DEL PILOTO PRIX, en 1971 dos ttulos ven la luz: UN VACO PERFECTO y CONGRESO DE FUTUROLOGA. En 1973 escribe UN VALOR IMAGINARIO, una coleccin de prlogos de libros no escritos, mezcla entre experimento y stira. En 1976 se publica LA INVESTIGACI"N, y LA FIEBRE DEL HENO, en 1979 MEMORIAS ENCONTRADAS EN UNA BAERA, y en 1986 publica UN MINUTO HUMANO, revisin de tres libros que no ex isten. Tambin publica FIASCO, novela seria en la que retorna al problema del contacto c on inteligencias extraterrestres. Quizs la ms madura de todas sus novelas. Lem fue miembro honorario de la SFWA (escritores norteamericanos de ciencia ficcin y fantasa) en 1973, pero fue expulsado en 1976 tras describir que la ciencia-ficcin estadounidense era de baja calidad literaria y estaba ms interesada en aventuras que en desarrollar nuevas ideas o formas literarias. En 1977 fue reconocido como ciudadano honorario de Cracovia. Con el colapso del comunismo en 1989, abandona en cierto modo la ciencia ficcin y se dedica a escribir informes de anlisis para algunos gobiernos y organizaciones sobre el futuro ms cercano. Sus ltimos aos fue mi embro fundador de la Sociedad Polaca de Astronutica. Desde 1973 hasta sus ltimos aos ense literatura pola ca en la Universidad de Cracovia. Falleci el 27 de marzo de 2006 en Cracovia a los 84 aos de edad, despus de una larga enfermedad coronaria. Al INDICE

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2. CUENTO MADE IN CUBA: ALCOHOL. Por Gabriel Gil. El bar estaba al cerrar. Mis amigos y yo an nos prendamos de los ltimos tragos. El silencio que generaba una embriaguez soberbia y duradera se cerna sobre nosotros, despistndonos unos de los otros y de la realidad circundante. Pero siempre tengo un buen cuento guardado para estas ocasiones, para evitar el duro choque de las mejillas contra el metaloplstico de la barra. Y as es que comenz este: -Saben qu? Nunca tomen bebidas de Alcohol. Es fatal. Insoportable.-Mis socios entendieron la frase como broma y carcajearon, despreocupados. Cuando advirtieron la sobriedad latente en mi rostro, despus de un par de tequilas de enequn ingrvido, un cubata opaco a la luz y un martini pulsarizad o, prestaron atencin inmediatamente, tomaron sus vasos y los miraron una y otra vez, y luego balbucearon algunas groseras. Entonces correg:-No. Estos tragos no. Estos son una mierda. No digo bebidas alcohlicas, digo de Alcohol. Nunca han estado en el asteroide Alcohol? -No.-respondieron todos. -Pero claro… -consentpor ah se pasa por casualidad, ni siquiera hay ciudades ah. Es slo un asteroide de gasolineras, tabernas, ca sinos y moteles. Esta de paso entre Arena y Serena, las meteoro-ciudades gemelas. Pero tampoco es una parada visible: hay que ponerse en rbita un minuto, luego acelerar hasta 87 velocidades de escape e incorporarse de nuevo a la rbita por seis minutos. Desde que el viaje hiperespacial se ha vuelto tan

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preciso es muy improbable que una nave que no sea del vecindario se tropiece con Alcohol. Los trabajadores y los turistas son del cinturn y… -Este va a ser un cuento largo…-dijo entre di entes uno de los chicos. Luego se dirigi al barman y orden:-…Sambuca Margarita Electroltica, por favor-se volte hacia el grupo y aadi:-para activar mis neuronas, ya saben… -Alcohol es un lugar asqueroso.-continuSi, ya s. Ustedes dirn: Putas, juego, tragos. Qu ms se puede pedir? Y aqu es dnde les digo que las putas son naturales, mujeres. Por favor, en qu siglo viven? Si uno quiere una puta es porque est harto de su mujer, necesita una cyborg que sepa moverse bien, que no le entren dolores de cabeza, que no juzgue nuestra actuacin… si saben a qu me refiero… Los juegos son tan aliengenas que el fanfarroneo y las apuestas se penan. ¡Caramba, qu diversin le encuentran?! Y los tragos… malditos tragos…no s que coo le echan… pero te das dos toques y comienzas a recordar todos los golpes de cabeza de tu vida, uno tras otro… bang, bang, bang… luego sientes que te duermes, pero es inevitable. Luego despiertas, y poco despus te vuelves a dormir. Y entras en vigilia y sales al sueo, y entras y sales… Es la peor sensacin. Esperen… -entonces me volte hacia el barman y le indiqu:-un Tom Collins Jr. asustado tres veces, por favor. Los chicos miraron despreciando mi alarde por tener prtesis esofgicas, gstricas y hepticas que son resistentes a una variacin de temperatura tan enorme como la del cero kelvin y an as capaces, despus del primer instante de fro descomunal, de inducir una homeostasis imperturbable; pero as es la vida en este universo injusto… todos tenemos las

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mismas posibilidades eventualmente, pero no las mismas probabilidades de tomar lo mejor. En fin… no me di el trago por alardear es que lo nico que compensa esa sensacin de prdida de conciencia es un fro duro en el estmago, y la erupcin de calor detrs de este (el Tom Collins Jr. no est hecho para matar con el cero absoluto, as que despus de asentarse combustiona a la menor friccin, dejndole menos trabajo a las prtesis anatmicas). Pero los socios, siempre piensan mal. -El problema es que en Alcohol no hay medida para los tragos. En vez de ser qumicos son biolgicos. Y bueno… no siempre es lo mismo una lnea de alcohol consumindose en el estmago para llegar a la sangre y subir por las cartidas al cerebro, que un cctel de bacterias cuya voluntad imperturbable les hace entrar en accin mucho ms rpido, y escoger las neuronas que ms le gustan, y prenderse all… Hasta que le mentas la madre al barman y l, sonrindose por la rutinariedad del insulto, te da un poco de zumo de limn y te dice que est a precio de nave hiperespacial. S, tu nave. Tienes que entregarla ¡por una mierda de trago, que ni siquiera tiene alcohol! Pero te dicen que es lo nico que controla los efectos del trago… que sino vas a salir dando tumbos entre soando y despierto, hasta que te agarre la polica del cinturn y te arreste por presentar un estado alterado de la conciencia. La nave por el zumo. Pero no es s lo zumo, no, es la alte rnativa para salir ileso. Y no sabes que cojones hacer despus de todo. Dudas, pero sabes que no tienes tiempo de pensar en otra cosa antes que el sueo te engulla de nuevo, y aceptas. Los socios haban sido conmovidos por el ltimo discurso. Haba cautivado la atencin de todos. Es lgico. Todos son tomadores empedernidos. Todos son fanticos a la nota, a la nota que se disfruta, a la nota sana. Todos son enemigos de los cantineros hijos de puta que

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cobran hasta el ltimo sorbo sin importar que uno sea cliente frecuente o no. Y esta era una historia de tragos. De tragos misteriosos que dominan la voluntad. Era como un chocolate para sus infantiles bocas golosas. -Pero, qu? Tuviste que perder la nave?-dijo uno de los socios, burbujeando alcohol pero sin desprenderse del vaso. -Perder la nave? Perd todo. Dinero, ropa, nave todo. Cuando me levant de la nota al otro da ni siquiera reconoca el lugar de Alcohol en el que estaba. El zumo era basura. Y no recuerdo mucho ms despus de eso. Tengo flashazos de una puta haciendo de las suyas y luego cobrndome por el mejor sexo en gravedad nula, un yonkie hiperespacial vendindome su nave de 80 cc, un ratero co n proyector hologrfico que distorsionaba su rostro robndome los crditos que me quedaban. Sin embargo, todos se disculpaban de la estafa. Me decan que no era su culpa, que llevaban aos en Alcohol y deban vivir de algo, que de all no se sala. Que la curda de los tragos es infinita. Que los tragos tienen biodispositivos que te dominan. Que el zumo slo era un amnsico malo, que deja lagunas y vence rpido. Que los cantineros te chupan el dinero, te hacen robar, te destruyen. Que as funcionaba la dinmica economa de Alcohol. Pero la nota era grande as que no pude evitar que ninguno me estafara. En fin… Tom el vaso de Tom Collins Jr. y le di gran sorbo que me congel la lengua por un instante. Pronto mis artefactos orgnicos comenzaron a despedir enzimas calentadoras que me socorrieron. Un par de socios laman las pocas gotas del tequila ingrvido que quedaban en el aire del vaso. Otro enfrentaba la barra con la frente, y hasta a mi se me cerraba un ojo.

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Me apur por terminar el trago. La historia se acab, pens. Entonces comprend que no era la primera vez que contaba la historia. Y me asalt una somnolencia irresistible tras unos ltidos fuertes en la duramadre. Atontado, llamo al cantinero y le pido otro trago, cualquiera, no importa. Para terminar la noche, le dije. -Correcto, seor.-me responde. Y luego nos ha bla todos:Bien. Si despus de esto les traigo el zumo, deberan otra hipernave. As que ser… armada o por piezas? Gabriel Gil: Estudiante universitario perteneciente a la ms joven camada de escritores del gnero en Cuba, tiene 18 aos. Asiste al Taller Literario Espiral desde hace un ao y medio y aunque no tiene nada publicado todava, su talento y empeo le auguran un gran camino. Al INDICE

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3. CUENTO CLSICO CORTO: EL ASESINO Por Stephen King. Repentinamente se despert sobresaltado, y se dio cuenta de que no saba quin era, ni qu estaba haciendo aqu, en una fbrica de municiones. No poda recordar su nombre ni que haba estado haciendo. No poda recordar nada. La fbrica era enorme, con lneas de ensamblaje, y cintas transportadoras, y con el sonido de las partes que estaban siendo ensambladas. Tom uno de los revlveres acabados de un a caja donde estaban sie ndo, automticamente, empaquetados. Evidentemente haba estado operando en la mquina, pero ahora estaba parada. Recoga el revlver como algo muy natural. Camin lentamente hacia el otro lado de la fabrica, a lo largo de las rampas de vigilanc ia. All haba otro hombre empaquetando balas. "Quin Soy?" le dijo pausadamente, indeciso. El hombre continu trabajando. No levant la vista, daba la sensacin de que no le haba escuchado. "Quin soy? Quin soy?" grit, y aunque toda la fbrica retumb con el eco de sus salvajes gritos, nada cambi. Los hombres con tinuaron trabajando, sin levantar la vista. Agito el revlver junto a la cabeza del hombre que empaquetaba balas. Le golpe, y el empaquetador cay, y con su cara, golpe la caja de balas que cayeron sobre el suelo. El recogi una. Era el calibre correcto. Carg varias ms. Escucho el click-click de pisadas sobre l, se volvi y vio a otro hombre caminando sobre una rampa de vigilancia. "Quin soy?" le grit. Realmente no esperaba obtener respuesta. Pero el hombre mir hacia abajo, y comenz a correr. Apunt el revlver hacia arriba y dispar dos veces. El hombre se detuvo, y cay de rodillas, pero antes de caer, puls un botn rojo en la pared. Una sirena comenz a aullar, ruidosa y claramente. "¡Asesino! ¡asesino! ¡asesino!" bramaron los altavoces. Los trabajadores no levantaron la vista. Continuaron trabajando. Corri, intentando alejarse de la sirena, del altavoz. Vio una puerta, y corri hacia ella.

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La abri, y cuatro hombres uniformados aparecieron. Le dispararon con extraas armas de energa. Los rayos pasaron a su lado. Dispar tres veces ms, y uno de los hombres uniformados cay, su arma reson al caer al suelo. Corri en otra direccin, pero ms uniformados llegaban desde la otra puerta. Mir furiosamente alrededor. ¡Estaban llegando de todos lados! ¡Tena que escapar! Trep, ms y ms alto, hacia la parte superior. Pero haba ms de ellos all. Le tenan atrapado. Dispar hasta vaciar el cargador del revolver. Se acercaron hacia l, algunos desde arriba, otros desde abajo. "¡Por favor! ¡No disparen! ¡No se dan cuenta que solo quiero saber quien soy!" Dispararon, y los rayos de energa le abatieron. Todo se volvi oscuro... Les observaron como cerraban la puerta tras l, y entonces el camin se alej. "Uno de ellos se convierte en asesino de vez en cuando," dijo el guarda. "No lo entiendo," dijo el segundo, rascndose la cabeza. "Mira ese. Qu era lo que deca? Solo quiero saber quin soy. Eso era. Pareca casi humano. Estoy comenzando a pensar que estn haciendo esos robots demasiado bien." Observaron al camin de reparacin de robots desaparecer por la curva. Stephen King : Steve Edwin King naci en Portland (Maine), el 21 de septiembre de 1947. Escribi su primer relato a los 7 aos y a los 18 vendi su primer texto a una revista. Estudi lengua y literatura inglesas en la Universidad de Maine, donde particip activamente en las movilizaciones estudiantiles contra la guerra de Vietnam. Termin sus estudios en 1970. Trabaj un tiempo en una lavandera, mientras publicaba ya relatos en varias revistas, y en 1971 empez a impartir clases de ingls en una escuela secundaria. Para entonces ya haba comenzado a escribir su primer xito literario, que en 1974 se convertira en su primera novela, Carrie, con la que se gan el favor de la crtica. En 1985 King era, adems de alcohlico, drogadicto. Mientras escriba Los Tommyknockers (1987) deba ponerse algodones en los odos para controlar la hemorragia causada por el consumo

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de cocana. Su esposa lo ayud a salir de esta situacin y despus de un tratamiento de rehabilitacin pudo continuar escribiendo liberado de sus problemas de adicciones. Entre sus novelas cabe destacar El resplandor (The Shining, 1976), obra llevada al cine por Stanley Kubrick en 1980. Le siguen otros tr abajos importantes como Apocalipsis (The Stand, 1978), La Zona Muerta (The Dead Zone, 1979, filmada en 1983), Ojos de fuego (Firestarter, 1980, filmada en 1984), Cujo (1981), Christine (1983, filmada en 1983), It (1986), Los Tommyknockers (1987); Misery (1987), llevada al cine en 1990 por Rob Reiner y protagonizada por Kathy Bates, quien obtendra un Oscar por su papel en este filme; Un saco de huesos (1998); y La torre oscura (1999). Actualmente reside con su esposa, la novelista Tabitha King, y sus tres hijos en Bangor, Maine (USA). Dedica toda la semana 4 horas diarias a escribir, y siente pasin por las Harley-Davidson y por su equipo preferido de bisbol, los Red Sox. AL INDICE

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6. HUMOR: Mscara vs. Careta. Por Rodrigo Fresn UNO No acabamos de digerir el espanto y la culpa de ese inicitico y terrible interrogante al que somos sometidos a una edad tan temprana (A quin quers ms: a mam o a pap? con la inevitable interferencia del factor abuelos); cuando, casi enseguida, nos vemos enfrentados a algo todava mucho peor: Batman o Superman? La respuesta a este dilema no tiene la sutil elegancia de preguntas que llegarn ms adelante cuyas opciones pueden cambiar segn el nimo o la oportunidad (On the rocks o sin hielo? Cul es tu Beatle favorito? Rubias o morenas?), sino todo lo contrario: exige una eleccin firme y que se mantendr inamovible hasta el ltimo de nuestros das. Y esa eleccin –si somos personas de bien, si nos consideramos animales inteligentes– slo puede ser una: Batman. DOS Para empezar, Superman –creado en 1938 por la dupla del guionista Jerry Siegel y el dibujante Joe Shuster– no es uno de los nuestros, no es uno de nosotros. Superman es un inmigrante ilegal: un extraterrestre enviado en cohetn a la Tierra por su progenitor, Jor-El, en vsperas de la destruccin del planeta Kriptn. El que Jor-El lo haya enviado a un lugar tan problemtico y constantemente cataclsmico como ste, pudiendo haberlo despachado a galaxias ms felices e inteligentes, dice a las claras que era un psimo padre o alguien con un sentido del humor un tanto perverso. TRES Los mltiples superpoderes de Superman –hroe qu e es la versin con esteroides de una de esas navajas suizas con miles de funciones que, a la hora de la verdad, no sirven para gran cosa– no son otra cosa que la resultante de las condiciones atmosfricas de nuestro mundo en combinacin con su biologa alien. Es decir: lo suyo no tiene mrito alguno. Y el que slo sea vulnerable a las mltiples variedades de kriptonita (restos rocosos de su lugar de origen que llegaron a nuestros mares y montaas y ciudades en forma de meteoritos de diverso tamao) no hace ms que poner en evidencia que Superman no es alguien tan sano

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y equilibrado como nos quiere hacer creer si un pedazo de patria lo pone tan pero tan mal. Es ms: Freud se hubiera hecho una fiesta con este muchacho. CUATRO Batman, en cambio, es 100 por ciento humano y es un verdadero selfmade man que suplanta los superpoderes reflejos y automticos por gadgets, pura astucia humana y, claro, dinero heredado a muy temprana edad. Creado en 1939 para competir con Superman por el dibujante Bob Kane y el guionista Bill Finger, Batman –el lado oscuro del magnate Bruce Wayne– se reconoce desde el principio como un perfecto y feliz psicpata. Lo suyo –una sed de venganza del tipo montecristiana– est justificado por haber sido testigo del asesinato de sus padres durante su infancia y nunca me qued claro qu haca una pareja de adinerados con nio paseando por una calle oscura, cerca de la medianoche y, si mal no recuerdo, a la salida de un cine. Traumtico, s, pero mejor eso que –el caso de Superman– acabar siendo adoptado por un par de granjeros, los Kent, tan buenos que parecen escapados de un manicomio. Y, para los verdaderamente masoquistas, ah est esa psima serie de televisin con acn titulada Smallville donde lo nico interesante es el personaje del juvenil Lex Luthor, millonario adolescente quien, seguramente, estudi en el mismo colegio primario que Bruce Wayne. Una escuela en la que slo pueden apuntarse potentados con serios problemas de personalidad. O de alopecia. CINCO Y est el definitivo y definidor asunto de los trajes, de los uniformes. Seamos sinceros, el traje de Superman no es ms que un pijama patriotero; mientras que el de Batman – concebido por Wayne una noche enque un murcilago se col por una de las ventanas de su mansin– es formidable y hace todava ms interesante a su portador. Porque hay que estar muy loco para –viviendo hundido hasta las cejas en millones de dlares– tener el perturbador hobby de ponerte semejante indument aria para salir a perseguir gangsters y no sper-villanos (de esta faceta ms dark y noir se ocupa Batman Begins, dirigida por Cristopher “Memento” Nolan). Superman, mientras tanto, se la pasa posando, siempre que puede, con brazos en jarra frente a la bandera norteamericana. En este sentido, queda claro que Superman es casi un servidor pblico, un empleado ms del gobierno de EE.UU. Batman, en cambio, es un entrepreneur del sector privado. Superman es un insider y Batman es un outsider. Superman es La Ley y Batman es un Fuera de la Ley. Frank Miller

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vio bien clara estas polaridades opuestas e irr econciliables y enfrent al Murcilago con el Kriptoniano en la magistral graphic-novel de mediados de los ‘90 titulada The Dark Knight Returns. All, uno y otro se baten en duelo a muerte. Y, claro, Batman pierde porque Batman no tiene sper-poderes. Pero, an as, Batman gana. SEIS Y siempre sern mejores las grgolas de Gotham City que los impersonales rascacielos de Metrpolis. Y la Baticueva queda mucho ms ce rca del centro que la rtica Fortaleza de la Soledad. Es decir: Batman siempre tiene mejor direccin de arte (gracias por todo, Tim Burton; en especial por Batman Returns) y hasta cuando hace el ridculo –la formidable serie televisiva pop-kitsch de 1966 o las fantasas pseudo-gays de Joel Schumacher– suele resultar perversamente interesante. Ya saben: Kapow! Crash!, Burguess Meredith como El Pingino y Csar Romero como The Joker; y, bueno, ese hule negro ms S&M que justiciero. Y –last but not least– la msica de Batman: esa obra maestra del a go-g firmada por Neal Hefti para la serie de TV o las fe briles partituras gticas de Danny Elfman. El soundtrack de John Williams para Superman es en cambio, lo mismo de siempre, lo de antes: msica para marines que no tienen la menor idea de en lo que se estn metiendo. SIETE No hay redencin posible, en cambio, para el serial The Adventures of Superman (1956) o para las inocuas cuatro pelculas –la segunda parte, de Richard Lester, fue la mejor– protagonizadas por el Hombre de Acero entre 1978 y 1987. Adems, hacer de Superman da mala suerte: George Reeves se suicid y Christopher Reeve se cay del caballo para subirse a la silla de ruedas y –humor negro oscuro– acab siendo igualito a Lex Luthor. Buena suerte a Bryan “X-Men” Singer, quien se hizo cargo de la nueva versin. Y que se cuide mucho el actor protagonista. Ya lo dice el di cho: el hbito no hace al monje. Ni al Superman. OCHO Y seamos sinceros: entre Luisa Lane y Catwoman, con quin se quedaran ustedes? NUEVE Pero –ahora en serio– el verdadero problema es otro. Superman no usa disfraz. Batman s. Superman se nos presenta a cara limpia e -invirtiendo la lgica del sistema del sper-hroe– su “personalidad secreta” es el torpe periodista Clark Kent. Bruce Wayne, por su parte, es

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un tipo definitivamente cool que se esconde –como le corresponde a todo sper-hroe– detrs de la mscara de rigor. Y he aqu lo ofensivo: Superman es como es y se “convierte” en el terrestre Clark Kent –le basta, apenas, un par de anteojos y peinarse ese mechn rebelde sobre su frente blindada– porque es as como nos ve a nosotros: torpes, cobardes, buenos para nada. Superman nos insulta e insulta la inteligencia de los humanos que –con la excepcin de la histrica y siempre sospechosa peronada eficiente Luisa Lane– ya llevan casi setenta aos incapacitados para descubrir lo obvio: ¡Clark Kent es exactamente igual que Superman si Superman usara anteojos! Bruce Wayne, en cambio, desaparece para que aparezca Batman detrs del rostro de un quirptero de hbitos nocturnos que pasa el da colgado cabeza abajo. Y todos felices. DIEZ Y, de acuerdo, s, bueno, tienen razn: est el conflictivo tema de Robin. Pero no hablemos de Robin. Robin muri. Lo mataron los malos. Y los lectores que votaron para que desapareciera para siempre. Y Batman llor un poco. Pero se repuso enseguida porque llegaron nuevos Robins. Y le pidi a Alfred –tanto ms interesante que Jimmy Olsen– que le pusiera a punto el Batimvil. Y agreg: “Hoy a la noche salgo... Y vuelvo tarde”. AL INDICE

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7. LAS COSAS QUE VENDRAN (…y que pasan) 5to FESTIVAL DE JUEGOS DE ROL Alguna ves has imaginado que eres un guerrero medieval, o parte de un comando de contraespionaje, o un mago, o un hacker, o un vampiro, o un piloto espacial, o un…? El Grupo Espiral, como parte de las actividades promovidas por el Taller de Creacin y Crtica Literaria del Gnero Fantstico del mismo nombre, llama a todos los interesados a participar en el 5to Festival de Juegos de Rol que tendr lugar el da sbado 16 de diciembre a partir de la 10:00 AM en la Casa de Cultura de 10 de Octubre, sita en Calzada del 10 de Octubre y Carmen. AL INDICE

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8. EL CARTERO SIEMPRE LLAMA DOS VECES. Bueno, cerramos as el ao 2006 de Disparo en Red. Increblemente llegamos al nmero 28 pese a todos los contratiempos. Adems de desearles un excelente nuevo ao, les agradezco a todos por su pa ciencia, por sus opiniones y po r las crticas —estas ltimas han venido bien—. Seguiremos esforzndonos para llevarles, al menos una vez al mes, un poco de fantasa y ciencia ficcin a ustedes que se la merecen. Darthmota. Al INDICE

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9. COMO CONTACTARNOS? S tienes algn comentario, sugerencia o colaboracin escrbenos a: darthmota@centro-onelio.cult.cu jartower@centro-onelio.cult.cu espiral@centro-onelio.cult.cu Aceptamos cualquier colaboracin seria y desinteresada. Traten de ponerla en el cuerpo del mensaje. Advertencia: Los mensajes de direcciones desconocidas que contengan adjuntos sern borrados. Para suscribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la palabra "BOLETIN" en el asunto. Para desincribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase "NO BOLETIN" en el asunto. Para obtener nmeros atrasados envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase en el asunto "Numeros anteriores" y el nmero del correo atrasado que deseas entre parntesis a continuacin. Si los quieres todos escribir a continuacin “todos”. Ejemplos : Con el asunto “Numeros anteriores (2)(5)(20)” obtendras los nmeros 2, 5 y 20 del Disparo en Red. Con el asunto “Num eros anteriores todos” obtendras todos los nmeros del Disparo en Red existentes. Al INDICE


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