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Disparo en Red

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Material Information

Title:
Disparo en Red
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Disparo En Red
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - D42-00033-n32-2007-04
usfldc handle - d42.33
System ID:
SFS0024301:00031


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HOY: 31 de ABRIL del 2007

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DISPARO EN RED: Boletn electrnico de cienciaficcin y fantasa. De frecuencia mensual y totalmente gratis. disparoenred@centro-onelio.cult.cu ----Para descargar disparos anteriores: http://www.esquina13.co.nr http://www.cubaunderground.com ----El sitio web del Fantstico Cubano http://www.cubaliteraria.cu/guaican/index.html ----

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disparoenred@centro-onelio.cult.cu Editores: Darthmota. Jartower. Colaboradores: Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa. espiral@centro-onelio.cult.cu espiralgrupo@yahoo.es Anabel Enrquez Istvn Bent Juan Pablo Noroa Coghan Vctor Hugo Prez Gallo Leonardo Gala Eliete Lorenzo Yoss Ral Aguiar Portada: Cazas humanos y cylones. Universo: Galctica. 0. CONTENIDOS: 1. La frase de hoy : George Lucas. 2. Artculo : El Anillo Mgico de Tolkien, Peter Beagle. 3. Cuento clsico : Amanecer, Robert Bloch. 4. Cuento made in Cuba: Ruidos de guerra, Leonardo Gala. 5. Cuento Corto Clsico: Cuento de Navidad, Ray Bradbury. 6. Reflexiones : De que hablan los cuentos, Michael Ende. 7. Las cosas que vendrn (…y que pasan) 8. Cmo contactarnos?

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1. LA FRASE DE HOY : Han Solo: No te conviene soliviantar a un wookie. C3PO: ¡Pero a nadie le preocupa soliviantar a un androide! Han Solo: Eso es porque los androides no le arrancan los brazos a su oponente cuando pierden, y los wookies s. C3PO: R2, te propongo una nueva estr ategia: deja ganar al wookie. George Lucas. Star Wars episodio IV (La nueva esperanza). Al INDICE

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2. ARTICULO : El Anillo Mgico de Tolkien Una introduccin de Peter Beagle a TH E TOLKIEN READER, publicado en 1966 por Ballantine Books. Traduccin de Ramon Passolas. Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo. Siete para los Seores Enanos en casas de piedra. Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir. Uno para el Seor Oscur o, sobre el trono oscuro en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras. Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la Tierra de Mordor donde se extienden las sombras. Lejos al norte se encuentran las Colinas de Hierro, las Montaas Grises y la Baha helada de Forochel; ms all slo existe la gran desolacin septentrional. Lejos al sur se extiende Haradwaith, regin de gentes fieras y os curas; al oeste est el mar, y ms all del mar las tierras inmortales de Oesternesse, de donde llegaron los pueblos Eldar y a donde todos volvern con el tiempo. Al este est Mordor, que siempre fu e una tierra maligna y desolada. Estos son los lmites de la Tierra Media, y este es el mundo que J.R.R.Tolkien explor y cuya crnica presenta en El Seor de los Anillos No he dicho cre porque siempre estuvo ah. El Seor de los Anillos y su prlogo, El Hobbit pertenecen, desde mi punto de vista, a un pequeo grupo de libros, canciones y poe mas que he compartido con otras personas. Los ms extraos desconocidos parecen conoc erlos, y hablamos acerca de Gandalf, Gollum o el Puente de Khazad-dm mientras la fiesta, la clase o el tren se alejan inadvertidamente de nosotros. Viejos amigos los redescubren, como yo mismo lo hago –rebuscar en cualquier libro de la Triloga es verse atrapado una vez ms en el conjunto de la Leyenday hablamos de ello como si lo hubiramos ledo por vez primera, y como si estuviramos recordando

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algo que nos hubiera sucedido a los dos mucho tie mpo atrs. Algo de nosotros ha pasado a formar parte de la historia, y ahora esta nos pertenece. La Tierra Media, es un poco como nuestra tierra, algo mtica quizs, pero no demasiado. Su luz es la de los largos veranos de nuestra infancia, y sus pesadillas son como las de los nios: sobrecogedoras visiones de poder, sombras fras que bloquean para siempre la luz del sol. Pero las fuerzas que cont rolan las vidas de los habitantes de la Tierra Media son las mismas que las nuestras: tradicin, azar y deseo. Es un mundo repleto de oportunidades, sujeto a las leyes naturales, y nicamente separado por una delgada piel del caos aullante y primario que espera en el exteri or de cualquier mundo; no es Oz, ni el Pas de las Maravillas, sino un mundo repleto de cosas y personas, ol ores y estaciones, como el nuestro. El Hobbit nos sirve de introduccin tanto a la Ti erra Media como a la historia del Anillo nico. Los Hobbits son una gente pequea que viven en madrigueras, ligeramente ms pequeos que los Enanos: de pies peludos, amables labradores y jardineros, aficionados a los fuegos artificiales, las cancion es y el tabaco, con cierta inclinacin a la corpulencia y a la composicin de rboles ge nealgicos. En este libro el Hobbit Bilbo Bolsn acompaa a trece enanos y a un mago lla mado Gandalf en la bsqueda de un tesoro que un dragn les arrebat siglos atrs. Durante el viaje, Bilbo encuentra un anillo mgico y se lo lleva a casa, como un re cuerdo. Su poder, por lo que l sabe, consiste en volver invisible al portador, lo cual resulta til si ti enes inters en evitar a tas y a dragones, y Bilbo lo usa una o dos veces para ambos propsitos. Pero no lo usa para casi nada ms durante los sesenta aos en que lo tiene en su poder; lo lleva en el bolsillo, sujeto a una cadena de oro. El Seor de los Anillos empieza con el de scubrimiento por parte de Gandalf de que el anillo de Bilbo es en real idad el Anillo nico del poema. Fue hecho por el Seor Oscuro –Sauron de Mordor, intemporal y extremad amente malvado, y los Anillos menores distribuidos entre Elfos, Enanos y Hombres, deban con el tiempo llevar a las tres razas bajo el dominio del Anillo nico, tambin llamado por este motivo el Anillo Soberano. Pero Sauron ha perdido el Anillo, y su bsqueda es cada vez ms desesperada y frentica; si se apodera del Anillo, pasar a ser invencible pero sin l, todo su poder podra no servirle de nada. El Anillo debe ser destruido, no slo para evitar que caiga en las garras de Sauron,

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sino tambin porque, como todos los Anillos, su naturaleza es convertir la bondad en maldad. Finalmente, es el sobrino de Bil bo, Frodo Bolsn, quien se pone en camino hacia el volcn donde el An illo fue forjado, aunque la montaa se encuentra en Mordor, bajo la mirada del Seor Oscuro. El Seor de los Anillos es la historia del viaje de Frodo a travs de una larga pesadilla de codicia, de su educacin acerca del miedo y de la belleza, y de su prdida final del mundo que est intentando salvar. En un sentido, su creciente conocimiento ha devorado la alegra y la fuerza inocente que lo hicieron, de toda la gente mgica y sabia que encuentra, el nico adecuado para llevar el Anillo. Como dice a Sam Gamyi, el nico amigo que lo sigui todo el la rgo camino hasta el Fuego, “As suele ocurrir, Sam, cuando las cosas estn en peligro: alguien tiene que renunciar a ellas, perderlas, para que otros las conserven.” Hay otros en la Tierra Media que habran pagado gustosamente ese precio, pero ninguno para quien hubiera significado tanto. He aqu la trama; pero el verdadero en canto del libro radica en la riqueza de la pica, de la cual El Seor de los Anillos no es ms que una parte. La estructura del mundo de Tolkien es tan vertiginosamente compleja y tan natural como un c opo de nieve o la tela de una araa: nicamente la historia de los rein os de los Hombres de la Tierra Media abarca tres edades, y cada una de esas historias, como Tolkien insina en los fascinantes Apndices, contiene suficiente material para una balada tan larga como El Seor de los Anillos. Y hay otras gentes, pueblos ms viejos –especialmente los Elfos inmortalescuyos recuerdos se remontan a los Das Antiguos, mucho antes de que la bondad o la maldad llegaran a la Tierra Media; estn los Enanos y los Ents –los Pastores de rboles, “viejos como las montaas”y est Tom Bombadil, que no tiene edad, raza o misin alguna. Tolkien nos cuenta algo de cada uno de esto s pueblos –sus canci ones, sus lenguajes, sus leyendas, sus costumbres y sus relaciones c on las dems razaspero es lo bastante sabio como para no revelar todo cuanto sabe acer ca de ellos y de su mundo. Puede hacerse eso con las creaciones literarias, pero con nada que tenga vida propia. Y la Tierra Media vive, no slo en El Seor de los Anillos, sino a su al rededor y antes y despus de El Seor de los Anillos. He ledo la obra completa cinco o seis veces (sin contar las consultas, para las cuales este ensayo es, en part e, una excusa), y en cada ocas in, aumenta y se profundiza mi placer en su lectura. Es un libro que adquier e una ptina especial en cada mente que entra

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en contacto con l, como una piedra de bolsillo o un pedazo de madera que han sido atesorados durante mucho tiempo. A veces, aunque s que yo no lo escrib, siento como si lo hubiera hecho. El Hobbit es una buena introduccin a los ha bitantes de la Tierra Media, ms an teniendo en cuenta que algunos de sus persona jes principales vuelven a aparecer en El Seor de los Anillos. Adems de los Hobbits Enanos, Elfos y Hombres est Gandalf el Mago: un vagabundo, conocido con muchos nombres por muchas gentes, capaz de aparecer como un hombre viejo, encorvado y frgil, h bil con los fuegos artificiales, nervioso e irritable, y de algn modo cmico, o como una figura resplandeciente de poder aterrador, capaz de oponerse a la voluntad del mismsim o Sauron. Y est Beorn, el Cambia-pieles, que puede tomar la forma de un oso; un hombre spero y malhumorado, pero un buen amigo. Beorn no vuelve a aparecer de spus de El Hobbit, pero en un sentido literario, es el precursor del ms profundamente desarro llado Tom Bombadil. Ambos son seres cautelosos, que no se mezclan en los grandes asuntos de las dems gentes. Ambos son sus propios amos, bajo ningn encanta miento que no sea el propio; pero el viejo Bombadil es la cancin encarnada, y su poder es mayor que el de Beorn. Sera el ltimo en ser conquistado si Sauron recuperara el Anillo nico. Pero de todos los personajes de ambos libros, seguramente el ms memorable –y por su propio destino miserable, el ms impo rtantees la criatura llamada Smagol, o Gollum, por el continuo sonido gorgoteante que surge de su garganta. El origen de Gollum es muy cercano al de los Hobbits, y es l quien descubre el Anillo en un ro, donde ha estado oculto durante miles de aos. Mejor dicho, ma ta para apoderarse de l, y la nica razn que podra dar del porque, es que el Anillo es ms he rmoso que nada que alguna vez haya entrado en su vida. El nombre que le da es, siempre, “la Preciosidad”. Remonta el ro con l hasta que el ro desaparece bajo una montaa, y all desaparece en la oscuridad, hasta que Bilbo, perdido en los tneles de las montaas, se topa con l y con el Anillo sin custodia, y se lo guarda en el bolsillo. El An illo cuida de s mismo, como Gandalf deduce: gravita hacia el poder; va hacia donde tien e que ir. Pero Gollum no puede vivir sin su Preciosidad, y no pasa mucho tiempo antes de que abandone las montaas para ir en su busca. En sus viajes, eventual mente encuentra la pista de Frodo y Sam, pero es capturado

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por ellos y obligado a guiarlos a Mordor, donde una vez l haba sido prisionero de Sauron. En adelante est con e llos en todo momento, o a la vista de ellos, hasta el final de su viaje, y de su igualmente terrible odisea. En el momento en que Frodo le toma como gua, Gollum est completamente loco. Los siglos oscuros y silenciosos viviendo con la ansiedad del Anillo y luego los tormentos de Sauron han reducido su mente a un simple de seo sin sentido. Ahora existen dos seres en l: dos voces que hablan y susurran en su interior noche y da: Gollum y Smagol –uno no es una persona en absoluto, no yo, sino una cosa que pertenece por completo al Anillo; el otro, an vivo en cierto modo, todava retiene ciertos vestigios de su propia voluntad, tras tanto tiempo, y es capaz de sentir un grotes co anhelo hacia Frodo, a quien, sin embargo, debe traicionar. No puede soportar la luz –inclu so la luna llena es una angustia fsica para l, y teme a casi cualquier cosa o persona del mundo, sobre todo a Sauron. Adems, Gollum es peligroso; se ha convertido en canbal y su cuerpo arruinado an retiene una fuerza elstica y antinatural. Bilbo y Sa m y muchos otros tienen la opor tunidad de matarle, pero en cada ocasin, la idea de su sufrimiento, a unque vagamente concebida (es preciso haber llevado el Anillo, aunque sea durante corto tiem po, para entender la agona de Gollum), les detiene; de modo que vive para desempear su papel en la Historia del Anillo. Al final, Gollum es un desafo a la imaginacin ms que cu alquier otro personaje de El Seor de los Anillos, lo cual es lgico en cierto modo, pue sto que ya era un fantasma cuando la historia comenz. A Sauron nunca se le ve, con la excepcin de un terrible instante, cuando la mente de un hobbit entra en contacto con la suya a tr avs de un palantir, una piedra vidente. Pero los sirvientes de Sauron son tan visi bles como la energa de su mente puede hacerlos: Orcos y Trolls, criados por l en im itacin de los Elfos y los Ents, tan incapaces de crear nada como su Seor, ni de encontrar placer ms que en la fealdad; seres inmundos, espritus que habitan en las arruinadas tumbas de los Reyes; toda clase de Hombres, desde brbaros de los bosques hasta los crueles Haradrim que mont an en “olifantes”, o reyes y prncipes cados en las trampas de Sauron. De estos ltimos, los de destino ms desgraciado, los ms espantosos y desesperados son los Nazgl, los Espectros del Anillo, cada uno de los cuales fue una vez un hombre, un rey que sucu mbi al poder de los nueve anillos que fueron hechos para los Hombres Mo rtales. Montando grandes criaturas aladas, o

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cabalgando caballos negros, extienden sombras de terror mientras cumplen los mandatos de su Amo por toda la Tierra Media, llamndose siempre lo s unos a los otros con voces susurrantes llenas de maldad y de un dolor si n piedad. Son criaturas extradas del sueo de un nio, nubes que oscurecen la luna, que le bu scan, que se guan por los latidos de su corazn; pero tambin son hombres cados, y Frodo, observndoles con el Anillo en el dedo, comprende la naturaleza de su condenaci n. El destino de ellos es muy similar al suyo. Porque el Anillo devora. Es una especie de cristal de aumento a travs del cual todas las voluntades son concentradas ; llevarlo es estar desnudo ante el Ojo (porque Sauron dej gran parte de su poder original en el Anillo y este le llama constantemente) y ante los deseos ms profundos de uno mismo de conse guir poder sobre los dems. Como cualquier otra cosa que pertenezca al Seor Oscuro, el Anillo nico no puede crear; puede otorgar poder, pero slo de acuerdo con la fuerza y la s cualidades reales de l Portador; y aquel que lo posee no muere, “pero no crece, no obtiene ms vida” a decir de Gandalf, “simplemente contina”. Ha estirado la vida de Bilbo hasta hacerla peligrosamente delgad a, y la de Gollum hasta sobrepasar su propia memoria; y el periodo en que Frodo ha tenido que cargar con l le ha daado ms all de cualquier cura. Habla por el miserable Gollum, e incl uso por los Nazgl cuando le dice a Sam: Ya no me queda nada, Sam: ni el sabor de la comida, ni la frescura del agua, ni el susurro del viento, ni el recuer do de los rboles, la hierba y la s flores, ni la imagen de la luna y las estrellas. Es toy desnudo en la oscuridad, Sam y entre mis ojos y la rueda de fuego no queda ningn velo. Hasta con los ojos abiertos empiezo a verlo ahora, mientras todo lo dems se desvanece. El libro est repleto de canciones. Ba ladas, poesa, y rimas de conocimiento pertenecen a las vidas cotidianas de las gentes de la Tierra Media, y la poesa pica es su historia y su periodismo. Cada una de las distin tas razas y tribus, excepto los habitantes de Mordor, tiene su propia tradicin de cancion es, y Tolkien las presenta todas –desde los modos y patrones lficos de rima hasta los or gullosos cantos de los Enanos y los nmeros de “music-hall” que los Hobbits adorancon la habilidad y la natura lidad de un escritor

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cuya prosa combina perfectamente con la poe sa. Los mejores versos empiezan a cantar mientras los lees, as como los nombres de gente y lugares, hast a el punto de que uno podra ponerse a cantar los mapas que Tolkie n incluye en cada volumen. Y esa msica nunca se impone desde fuera; surge del centro de ese mundo, como lo hace del mundo de la Ilada, o de la Nibelungenlied. Los pueblos de Tolkien cantan, y cantan de esta manera. Los libros se han vendido sin estridencias, pero de un modo constante desde que Houghton Mifflin los introdujo, pero en los ltimos aos, las ventas han empezado a incrementarse. Ballantine Books ha publicado un a versin de bolsillo aprobada por Tolkien que incluye un prlogo y material nuevo. El ma yor inters por la obra de Tolkien ha surgido entre graduados y estudiantes univers itarios. Estas persona s producen trabajos propios, variados y extraos, y si existe alguna significacin de su eleccin de El Seor de los Anillos – ms all del hecho de que se tr ata de un buen libroal infierno con ella; uno u otro de nuestros anali zadores de la juventud se encargar de ello ta rde o temprano. Pero hay una posible razn para la popularidad de To lkien que me gustara comentar, ya que se refiere a la fuerza real de El Seor de lo s Anillos. La gente joven en general nota la diferencia entre la realidad y el fraude. No son conscientes de ello; cuando empiezan a conocer esa diferencia, y a intentar articularla, ya son adultos y estn sujetos al sufrimiento y a la falibilidad de ese estado. Pueden ser c onfundidos por estpidos o locos, pero perciben al predicador que no siente una palabra de su sermn, al charlatn que trata de embaucarlos, o a la sociedad que no cree en ella misma. Raramente permiten que cualquier falsedad anide en sus corazones. Tolkien cree en su mundo, y en todos aquellos que lo habitan. Este hecho, naturalmente, no es una garanta de xito –si Tolkien no fu ese un buen escritor, no podra convertirlo en unopero es algo sin lo cual no hay grandeza, en el arte o en cualquier otra cosa, y encuentro muy poco de ello en la ficcin que trata de hablarme acerca de este mundo en el que vivimos. Esta incapacidad del autor de creer en lo que est haciendo es, creo, lo que transforma a ta ntos libros que tratan de la s cosas reales que realmente ocurrieron a las almas reales y lo s cuerpos reales de personas r eales en el mundo real en los pequeos y entumecidos escenarios donde marioneta s vestidas de formas diversas cantan y hacen malabarismos. Pero yo creo que Tolkien ha vagado por la Tierra Media, que existe slo en l mismo, y entiendo la tristeza de los Elfos, y he contemplado Mordor.

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Y este es el origen de la unidad del lib ro, esta profunda certeza de Tolkien que convierte a su mundo en algo ms que la suma de todas sus partes, ms que un ingenioso artificio, ms que una sencilla parbola sobre el poder. Ms all de la habilidad y la inventiva del hombre, ms all de su conocimie nto sobre filologa, mitologa y poesa, El Seor de los Anillos est hecho con amor, con orgullo y con una pizca de locura. Nunca ha existido mucha ficcin de cualquier tipo que haya sido compuesta de esta manera, pero algunas noches tengo la sensacin de que mi tiempo se est e ngaando a s mismo con este mtodo. As que he ledo el cuento del Anil lo y algunos otros libros muchas veces, y envidio a mis hijos, que an no han ledo ninguno de ellos, y os envidio a vosotros, si an no lo habis hecho, y os deseo felicidad. Peter S. Beagle Naci en Nueva York en 1939 y escribi su primera novela, “A Fine and Private Place” antes de cumplir veinte aos. Fu e publicada en 1960, y extremadamente bien recibida. Tras graduarse por la Universidad de Pi ttsburgh en 1959, Beagle se traslad a Europa, vivi en Pars, y viaj por Francia, Italia e Inglaterra. Pas un ao en la Universidad de Stanford con una beca de escritura, y ahora vive en Santa Cruz, California. Sus escritos han aparecido en “Seventeen” y en “The Atl antic Monthly”, y ha colaborado con artculos para “Holiday” donde se han pub licado fragmentos de su segunda novela, “I see by my outfit”. AL INDICE

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3. CUENTO CLASICO : Amanecer Por Robert Bloch En el cielo silbaron las cabezas de torpedo cargadas con explosivos, y el fragor de su paso hizo temblar la montaa. En las profundidades de su abovedado santuario, el hombre permaneca sentado, deifico e inescrutab le, enterado de todo lo que estaba sucediendo. No tena necesidad de salir de sde su refugio para contemplar el cielo. Saba lo que estaba sucediendo: lo supo desde aquella noche en que el Sol parpade y se apag. Un anunc iante, embutido en la bata blanca smbolo de las artes curativas, es taba emitiendo un importante mensaje acerca del laxante ms popular del mundo: el que la mayora de la gente prefera, el que cuatro de cada cinc o mdicos usaban personalmente. En medio de su elogio de aquel nuevo y so rprendente descubrimiento, hizo una pausa para advertir al auditorio que se dispusiera a escuchar un boletn especial. Pero el boletn no lleg; un momento despus, la pantalla ennegreci y rugi el trueno. Durante toda la noche, la montaa tembl, y el hombre sentado tembl tambin; no por miedo al futuro, sino por miedo al presente. Esperaba aquello, por ese motivo se encontraba all. Otros hablaron del asunto durante aos. Circ ularon rumores, advertencias solemnes y comentarios en las tabernas. Pero lo s que esparcan rumores, y los que hacan advertencias, y los que come ntaban en los bares, no efectuaron movimiento alguno. Se quedaron en la ciudad y slo l haba huido. Algunos de ellos lo saban, se quedaron para aceptar el inevitable final del mejor modo posible, y l los admiraba por su valor. Otros trataron

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de ignorar el futuro, y l los detestab a por su ceguera. No obstante, a todos compadeca. Haba comprobado, hace mucho tiempo, que el valor no era suficiente, y que la ignora ncia no representaba la salvacin. Las palabras prudentes y las palabras es tpidas son idnticas en un sentido: no detienen la tormenta. Y cuando la tormenta se acerca, lo mejor es huir. l se haba preparado aquel refugi o montaoso, a mucha altura sobre la ciudad, y estaba a salvo, y estara a salvo durante los aos siguientes. Otros hombres de igual riqueza podan haber hecho lo mismo, pero fueron demasiado listos o demasiado estpidos para enfrentarse con la realidad. De modo que mientras ellos esparcan sus rumores y pronunciaban sus advertencias y hacan sus comentarios, l se haba construido su refugio; revestido de plomo, y aprovisionado de todo lo que poda necesitar durante muchos aos, incluida una generosa provisin del laxa nte ms popular del mundo. Por fin lleg el alba y los ecos del trueno se apagaron, y el hombre se dirigi a un refugio especial desde el cual poda enfocar su telescopio sobre la ciudad. Mir y remir, pero all no haba nada que ver. Nada, excepto nubes en remolino que giraban cubrie ndo, con su negrura, el inflamado horizonte. Se convenci que tendra que bajar a la ciudad si quera ver, y efectu los adecuados preparativos. En primer lugar, un traje especial fabricado a base de tela aislante y lminas de plomo, difcil y costoso de obtener. El traje er a un alto secreto; del tipo que slo posean los ge nerales del Pentgono. No podan procurrselos a sus esposas, y tenan que robarlos para sus amantes. Pero l tena uno. Y se lo puso.

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Una plataforma mvil le ayud a de scender hasta la base de la montaa, donde haba un automvil esperndole. Lo puso en marcha, las puertas se cerraron automticamente detrs de l, y emprendi el camino hacia la ciudad. A travs de la mirill a de su casco aislante contempl la niebla amarilla, y condujo lentamente, a pesar que no encontr ningn otro vehculo ni seales de vida. Al cabo de un rato la niebla desa pareci y pudo contemplar el paisaje rural. Arboles amarillos e hierba amarilla siluetendose contra un cielo amarillo en el cual grandes nubes negras giraban y giraban. Un cuadro de Van Gogh se dijo a s mism o, sabiendo que era una mentira. Ya que ninguna mano de artista haba destrozado los cristales de las granjas, arrancando la pintura de las pa redes de los graneros ni estrujado el clido aliento de los rebaos que pac an en los campos, dejndolos en pie, helados, muertos. Condujo a lo largo de la ancha ca rretera que desembocaba en la ciudad; una carretera que habitualment e herva de objetos multicolores, que eran vehculos a motor. Pero no haba ningn automvil en toda la longitud de la arteria. No los vio hasta que se acerc a lo s suburbios. Al doblar una curva, estuvo a punto de chocar cont ra varios de ellos. Y le invadi el pnico y se detuvo. La carretera, ante l, apareca llena de automviles hasta donde alcanzaba la vista: una masa slida guardabarros contra guardabarros, dispuesta a avanzar hacia l con chirriantes ruedas. Pero las ruedas no giraban. Los automviles estaban muertos. Toda la carretera era un cementerio de automviles. El hombre cruz el lugar a pie, inclinndose reverentemente ante los cadveres de los Cadillac, los cadveres de los

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Chevrolet, los cadveres de los Buicks. Delante de sus ojos tena la evidencia de unas muertes violentas; los cristales destrozados, los guardabarros aplastados, retorcidos. Las seales de la lucha eran la stimosas de ver; aqu haba un diminuto Volkswagen, aplastado entre dos poderosos Lincol ns; all, un MG haba muerto debajo de las ruedas de un impresionante camin. Pero ahora todo estaba inmvil. Los Dodges, y los Hornets, y los Ramblers... Resultaba duro para l comprobar la tragedia que sorprendi a las personas que iban en el interior de aquellos vehculos: tambin estaban muertas, desde luego, pero su fallecimiento no era tan impresionante. Tal vez su pensamiento haba sido afectado por la actitud de la poca, en la cual un hombre tenda a ser cada vez menos identificado como un individuo, y cada vez ms considerado de acuerdo con la valoracin simblica del automvil que conduca. Cuando un desconocido conduca por la calle, rara vez se pensaba en l como en una pe rsona; la inmediata reaccin era: Ah va un Ford... ah va un Pontiac... ah va un Jaguar descapotable. Y los hombres se jactaban de sus automviles, en vez de hacerlo de sus cualidades personales. De modo que, en cierto sen tido, la muerte de los automviles era ms importante que la muerte de sus pr opietarios. No pareca que los seres humanos hubieran muerto en un frentic o esfuerzo por huir de la ciudad; eran los automviles los que haban efectuado un esfuerzo final para escapar, y haban fracasado. Continu caminando por la carretera hasta que lleg a las primeras filas de los suburbios. All, las huellas de la destru ccin eran ms evidentes. Las explosiones haban hecho su efect o. En el campo, la pintura haba sido arrancada de las paredes, pero en los suburbios las paredes haban sido arrancadas de los edificios. No todas las viviendas estaban derruidas. Haba muchas casas en pie, pero en su inte rior no se apreciaba la menor seal de vida. Los aparatos de radio y televisin estaban muertos.

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Vio entorpecido su avance por montones de escombros. Al parecer, una de aquellas explosiones haba af ectado a aquella zona de un modo directo; su camino estaba bloqueado por un montn de los heterogneos restos de Exurbia. Pas por encima o dio un rodeo alrededor de Cajas de Kleenex, cabezas artificiales que haban colgado de los escaparates de las tiendas, artculos para automviles, arrugadas li stas de compra y garabateadas notas de citas con el psiquiatra. Se detuvo ante unos Grandes Almacen es, y sus pies se enredaron con los camisones de niln, cajas de supo sitorios desodorantes y un montn de discos de Harry Belafonte. Le resultaba difcil de avanzar con normalidad, ya que las calles estaban llenas de vehculos destrozados y las aceras aparecan bloqueadas por los trozos o las fachadas enteras de los edificios. Estructuras enteras fueron arrancadas de cuajo, y, en algunas casas, qued al descubierto el interior de las habitaciones. Aparente mente, la explosin se produjo de un modo repentino, sin previo aviso, ya que haba pocos cadveres en las calles y los que se encontraban en el interi or de los inmuebles parecan haber encontrado la muerte mientras desempeaban sus ocupaciones habituales. Continu caminando, y evit deliberadamente mirar los cadveres. Pero no poda evitar verlos, y con la costumbre la repugnancia se convirti en simple aprensin. Que luego dej paso a la curiosidad. Al pasar por delante del patio de recr eo de una escuela, se alegr que el final se produjera sin vi olencia. Probablemente, una ola de gas paralizante se haba extendido a travs de toda a quella zona antes de la explosin. El centro de la ciudad era una masa de obra de albailera, formando caprichosas figuras, como diseadas por un arquitecto demente. Aqu y all

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haba diminutos capullos de llama brotando desde los intersticios de enormes nubes. El hombre vacil, preguntndose si sera conveniente aventurarse ms all. Entonces vio la colina que serva de fondo a la ciudad, y la imponente estructura que era el nuevo Edificio Federal. Estaba all, milagrosamente intacto, y a travs de la niebla el hombre pudo ver la bandera que ondeaba todava en su tejado. All pod a haber vida an, y el hombre saba que no quedara sati sfecho si no lo comprobaba. Pero, antes de alcanzar su objetivo, encontr otras pruebas de existencia. Mientras se mova entre los escombros se dio cuenta que no estaba slo en aquel caos central. Dondequiera que las llamas ardan y parpadeaban, haba figuras furtivas movindose cerca del fuego. Pa ra espanto suyo, se dio cuenta que estaban avivando los incendios; quemando barricadas que no podan ser apartadas de otro modo, para poder en trar y saquear en las tiendas. Algunos de los saqueadores estaban silencioso s y avergonzados, otros se mostraban petulantes; pero todos estaban condenados a muerte, definitivamente desahuciados. El saber esto impidi al hombre intervenir. Que robaran y saquearan a su antojo; dentro de unas cuantas horas, o de unos cuantos das, la radiacin producira su inevitable final. Nadie se interpuso en su paso. Tal vez el casco y el traje protectores parecan un uniforme oficial. Continu caminando y vio: En el interior de una tienda de bebidas, un hombre descalzo, que llevaba un abrigo de visn, entregando botellas a una brigada formada por cuatro chiquillos...

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Una anciana de pie junto a la de rruida caja fuerte de un Banco, metiendo fajos de billetes en un saco. En un rincn yaca el cadver de una mujer de pelo blanco, abrazada a un montn de monedas... Un soldado y una mujer con el brazalete de la Cruz Roja, transportando una camilla hacia la bloqueada entrada de una iglesia parcialmente derruida. Imposibilitados de entrar, el soldado dio un puntapi a una de las ventanas laterales y por ella introdujeron la camilla... Una mujer con el rostro de una modelo de Vogue tendida en la calle. Al parecer, haba sido sorprendida por la explosin mientras responda a la llamada del deber, ya que una mano delg ada, aristocrtica, agarraba todava el cordn de su caja de sombreros... Un hombre delgado, saliendo de la tienda de un prestamista y cargado con una enorme tuba. Desa pareci momentneamente en una carnicera y volvi a salir, con la trompa de su tuba llena de salchichas... Unos estudios de radio, casi destruidos, con su sala de sonido decorada con los carteles de las quince variedades distintas de los Cigarrillos Preferidos por los Norteamericanos, y de las veinte marcas de la Cerveza Preferida por los Norteamericanos... Una mujer sentada en la calle, llorando sobre el cadver de un gatito... Un autobs aplastado contra una pared; los pasajeros empujndose para salir, incluso en el rigor mortis ... Los cuartos traseros de un len de piedra delante de lo que fue la Biblioteca Pblica; en la escalinata de la entrada, el cadver de una anciana cuya bolsa de la compra se haba desparramado por el suelo, junto a ella: dos novelas policiacas, un ejemplar de Pe yton Place, y el ltimo nmero del Readers Digest...

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Un chiquillo que empuaba una pistola de juguete y disparaba contra su hermanita, gritando: ¡ Bang! ¡Ests muerta! (Y lo estaba). El hombre caminaba lentamente ahora, entorpecido por obstculos materiales y espirituales. Se acerc al edificio de la colina dando un rodeo; evitando la repugnancia, la curiosidad mo rbosa, la piedad intil, el horror indescriptible... Saba que haba otros hombres all, en el corazn de la ciudad, algunos entregados a actos de misericordia otros a heroicos actos de pillaje. Pero l los ignoraba a todos, ya que t odos estaban muertos. La misericordia careca ya de significado, y no hab a posibilidad de rescate de las radiaciones. Algunos de los que pasaba n junto a l le llamaban; pero l continuaba su camino haciendo odos so rdos, sabiendo que sus palabras eran simples estertores de moribundos. Pero, de pronto, mientras trepaba po r la ladera de la colina, not que estaba llorando. Las lgrimas, clidas y salobres, descendieron por sus mejillas y empaaron la superficie interi or de su casco, de modo que ya no pudo ver nada con claridad. Y as fue como sali del crculo interior; del crculo interior de la ci udad, el crculo interior del infierno de Dante. Sus lgrimas cesaron de fluir y su visin se aclar. De lante de l se ergua la impresionante mole del Ed ificio Federal, intacto... o casi. A medida que se acercaba a la e norme escalinata principal observ que haba evidentes seales de cuar teamiento y de corrosin sobre la superficie de la estructura. La ex plosin slo da directamente a las esculturas que adornaban el gran ar co que daba acceso al edificio; las estatuas simblicas fueron arrancadas de sus pedestales y estaban en el suelo, destrozadas. El hombre las cont empl sin ocultar cierto asombro.

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Luego penetr en el interior del ed ificio. Los centinelas continuaban montando guardia, pero ninguno de ellos le impidi el paso, probablemente porque llevaba un traje protector toda va ms complicado e impresionante que los suyos. En el interior del edificio, un pequ eo ejrcito de funcionarios de poca categora y de oficiales de alta graduacin hormigueaba por los pasillos, suba y bajaba las escaleras. No haba ascensores, desde luego: haban cesado de funcionar cuando se cort la energa elctrica. Pero el hombre poda subir a pie. Senta deseos de subir, ya que para eso haba ido all. Deseaba contemplar la ciudad desde las altura s del edificio. Embutido en su traje protector, pareca un autmata, y como un autmata subi escalera tras escalera hasta que lleg al piso ms alto. Pero all no haba ventanas, nicamente oficinas rodeadas de paredes. Avanz por un largo pasillo hasta llega r al final. All se abra un gran cubculo cuadrado ilumina do por la claridad que pe netraba a travs de la pared de cristal del fondo. Un hombre estaba sentado ante un escritorio, empuando un receptor telefnico y maldiciendo en voz baja Mir con curiosidad al intruso, observ el uniforme aislante, y volvi a sus maldiciones. De modo que era posible acercarse a la pared del fondo y contemplar la gran ciudad. Mejor dicho, el enorme crter donde estuvo asentada la gran ciudad. La noche se mezclaba con el apaga do resplandor del horizonte, pero all no haba oscuridad. Las pequeas bombas incendiarias haban ido extendiendo el fuego, al parecer empuja do por el viento, y ahora el hombre contemplaba un inmenso ocano de lla mas. Todo estaba envuelto en unas inmensas olas rojizas. Mientras contemplaba aquel espectculo, las lgrimas

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acudieron de nuevo a sus ojos, aunque saba que no habra lgrimas suficientes para apagar aquellos incendios. Se volvi hacia el hombre sentad o ante el escritorio, notando por primera vez que llevaba uno de los unifor mes reservados para los generales. Por lo tanto, deba ser el comandant e en jefe. S, ahora estaba seguro de ello ya que, alrededor del escritori o, el suelo estaba inundado de papeles. Tal vez eran mapas anticuados, tal vez eran tratados anticuados. Poco importaba ya lo que pudieran ser. Detrs del escritorio, colgado de la pared, haba otro mapa, y este importaba mucho. Estaba literalmente cu bierto de banderita s negras y rojas, y al hombre le cost muy poco descifra r su significado. Las banderitas rojas significaban destruccin, ya que una de ellas se encontraba clavada sobre el nombre de aquella ciudad. Y haba una sobre Nueva York, una sobre Chicago, Detroit, Los Angeles... sobre todos y cada uno de los centros importantes. Mir al general, y finalmen te fluyeron las palabras. Debe ser terrible. S, terrible dijo el general. Millones y millones de muertos. Muertos. Las ciudades destruidas, el aire envenenado, y ninguna posibilidad de escape. Ninguna posibilidad de escape a ninguna parte del mundo. Ninguna posibilidad. El hombre se volvi hacia la ventan a y contempl el Infierno una vez ms. Pensando: Este es el fin del mundo

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Mir de nuevo al general, y suspir. Pensar que hemos sido derrotados susurr. El resplandor rojo creci, y a su luz vio el rost ro del general, exultante de alegra. Qu est diciendo, hombre? dijo orgullosamente el general, mientras las llamas crecan y crecan. Hemos ganado! Robert Bloch Robert Albert Bloch (5 de abr il de 1917, Chicago, Illinois 23 de septiembre de 1994, Los Angeles). Novelista, cuentista y guionista norteamericano de literatura fantstica y ciencia-ficcin. Robert Bloch, de ascendencia jud a, escribi cientos de cuentos y alrededor de 20 novelas, la mayor par te dentro del gnero negro, de terror y de ciencia-ficcin. Al princi pio de su carrera public ampliamente en las llamadas revistas pulp co mo Weird Tales. Escribi adems numerosos guiones cinematogrficos. Recibi los premios Hugo Award, Bram Stoker Award y el World Fantasy Award. Durante un tiempo fue presidente de la asociacin de escritores Mystery Writers of America. Bloch asimismo elabor fanzines de ciencia-ficcin, e incluso trabaj durante un tiempo en el teatro de variedades. Una de sus primeras amistades literarias fue su maestro H. P. Lovecraft, con el que mantuvo una larga corre spondencia. Bloch escribi gran nmero de relatos pertenecientes a lo s Mitos de Cthulhu. De hecho, se invent dos libros frecuent emente citados en los re latos del ciclo de los

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Mitos: De Vermis Myster iis y Cultes des Goules. Lleg a aparecer transfigurado en uno de los personajes (“Robert Blake”) del relato de Lovecraft The Haunter of the Dark (‘El morador de las tinieblas’), que est dedicado a Bloch. En esta historia, Lovecraft mata al personaje que representa a Bloch. ste, como contrapartida, hizo lo propio en The Shambler from the Stars (‘ El vampiro estelar’), en el que el personaje inspirado en Lovecraft tiene una muerte horrible. Bloch ms tarde escribira un tercer relat o, The Shadow From the Steeple (‘La sombra que huy del chapitel’, como continuacin de “El morador de las tinieblas”). La celebridad de Robert Bloch se de be principalmente a su autora de Psycho (Psicosis), novela adaptada fielm ente por Joseph Stefano para el filme del mismo ttulo dirigido por Alfred Hitchcock en 1960. Robert Bloch muri en 1994, siendo enterrado en el Westwood Village Memorial Park Cemetery de Los Angeles. Aparte de a su considerable produccin literaria, la reputacin de Bloch entre sus muchos seguidores se debe a su gran amabilidad, a su generosidad y a sus cmicamente atroces juegos de palabras. Al INDICE

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4. CUENTO MADE IN CUBA : Ruidos de Guerra. Por Leonardo Gala. Y hubo tanto ruido, que al final lleg el final Joaqun Sabina ¡Fiuuuuuu….u…uuuu..uuuu..U.UUU.UUUUUUU!.......... ¡Bang, bang!... “¡Argh…!” ¡BOOM! “¡No!...” “¡Noooo!...” “¡NO!...” ¡Tratatatat!…. ¡Tratatatat!…. ¡Tratatatat!…. ¡Fiuuuuuu….u…uuuu..uuuu..U.UUU.UUUUUUU!.... Te gusta or. Te gusta estar inmerso en el ruido. Ruidos de tecnologa de matar. Ruidos de derrumbes, de desplomes, de cris tales que ceden a la presin de tu cuerpo proyectado. Ruidos de vencidos, de conquistados pre-mortem. ¡BOOM! Ruidos de guerra. ¡Clack! Oper dice que hay que moverse rpido al Sur. Intel avisa en una escueta lnea pulsante que la avanzada de infiltrados novot erroristas han tenido ya las dificultades

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previstas. Levantas tu bota, y la dejas caer astillando algn homplato. Bajas la boca del can de tu arma corta. ¡Bang!.. Son slo ruidos de guerra. Sales al exterior, el visor te pone en cont acto zoom con las fuerzas que se retiran. Una granada en el directo. Tact te corrije, te muestra grficamente el ngulo correcto. No le haces caso. Aprietas el gati llo. Y buscas otra posicin. Fzzzt!... Fzzzzt! Fzzzt! Ruidos. Son la informacin mnima disponibl e. La ventaja evolutiva a aprovechar para el que sigue vivo est en o r. En saber que or. El aire s lo ruidos, el aire el medio por el que se transmiten discursos encontrados de armamentos. Y eso ltimo que oste fueron ruidos de impactos de ondas snicas, lo sabes bien. A tu espalda. Sabes bien que fue a tu espalda. Giras y te dejas caer. Fzzzt!.. Mando te avisa que Opinin tran smitir en breve de sde tu punto de vista y maldices por lo bajo. Tact da una respuesta a tu nervio sismo. Rodar. Incorporar se. Salto, salto. Tres pasos cortos, dejarse caer. La espoleta lista a ser quitada. Medio giro. Escuchas, slo escuchas. ¡BOOM!.. Tact te apremia a que salg as y riegues plomo. A todo lo que den tus dos armas de

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repeticin, que riegues plomo. Cargo se de shace de su color translcido para que selecciones que municin debe encargrsele lu ego a las nanoreplicadoras. Once milmetros, decides. Y das rienda suelta a tu precaucin. Mucho, mucho ruido. Ratatatat! “¡No, noooooo… argh!…” Ratatatat! Mucho ruido. Para escucharte mejor. Mando te alza la cabeza, te gira, te colo ca mirando hacia aquellas fuerzas enemigas derrotadas y en fuga. Y el mundo se vuelve en el acto ntidamente rosa. Todo el mundo es ahora color de rosa. Color Opinin. “… donde las fuerzas del extinto rgime n separatista abandonan la ciudad ante la llegada de nuestras unidades especiales. Desde las alturas del antiguo Cuartel General de la faccin del Canciller Horetzki, este soldado est combatie ndo por restablecer finalmente la Democracia y un Futuro a los habit antes de este otrora bello pas, envuelto en una guerra civil que ya dura 78 aos. La vida de este sol dado est en juego, a pesar de los avances de la tecnologa que lo mantienen al tanto de cunto pasa en el campo de batalla. No mandamos a nuestros chicos co mo carne de can, no, como esas naciones donde no se tiene respeto a la vida humana…” Ruidos. Noticias. Guerras. Rui dos de Noticias de Guerras. “… sin embargo, vivo, y desde su exilio en el cinturn de asteroides, Horetzki ha declarado que su muerte slo podra detener por un corto tiempo el derecho de su pas a

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comerciar con productos de contenido medi tico, como nica forma de reavivar la economa. Desde los ojos de este soldado, en el frente de un pas que vive sumergido en un conflicto interminable por noc iones tan anticuadas como nac ionalidades y fronteras…” Opinin se despide de su auditorio. Y t dejas de ser un monigote, erecto y a tiro, apenas Mando te libera de su enganche. Oper te avisa lacnico de fuerzas enemigas emboscando en lazo. Tact te recomi enda regresar. No le haces caso. Bup… bup… bup…. Ruidos. Termoproyectiles guiados. No logras saber de donde. Ruidos incompletos… ¡Cling, cling! El kevlar se queja, en el costado derecho. Tact recomienda dejart e caer hacia atrs, pero ya es tarde… Clingck… ¡Klinch!… ¡¡KRIIIPFFFT!!... “¡Auch!..” Sientes un calor sorpresivo, y el mundo se te pone rojo. Rojo color peligro, rojo sangre, rojo alerta. Ruedas sobre ti mismo, el calor se vuelve de pronto dolor en tu costado. Pers-Med aflora, ya era tiempo. Tu pulmn, descompresin, costillas rotas, metal enemigo dentro de ti, las siluetas y lo s grficos en un nivel de detalle extraamente preciso. Y el ruido de pisadas, acercndose. Y el dolor. “¡Ahhh!..”

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Shhh, es Sicol que desciende, a decirte que no jadees, Jadear aumenta el bombeo de sangre dice Sicol, hipntica Sico l, la abundancia de palabras que es Sicol. Te dice shhh, shhh, todo est bajo control. Todo est bajo control. Tact toma el mando de tus manos y tus arma s. Tact riega plomo por ti. Poco plomo, las nanoreplicadoras no han podido termin ar an la produccin del pedido de once milmetros. Pero es plomo efectivo. Tan efectivo, que el retroceso de tus dos armas aumenta tu dolor. “¡Ahhhhh!….” Rechazas a Sicol. Gritas a Pers-Med. Pide s a Pers-Med que se ocupe de ti. Te responde Intel. El trozo de metal enemigo en tu interior ha sido ra streado, y responde a combinaciones de analgsicos activando un nano constructo que elabora napalm asimilando materia orgnica. TU materia orgnica. Que co mbinaciones, Intel no sa be. Todava no sabe. Pers-Med no puede actuar, pero se ha comunicado con Cargo, y las nanoreplicadoras tendrn material biocompatible de sellado para cuando Intel tenga la lista de analgsicos prohibidos. Sabes que estn hablando de ti slo por el dolor. Tact termina de dar plomo. Pers-Med le dice que mueva tus miembros superiores para cubrir la herida. Suavemente, le aclara Pers-Med, cuando el t oque de tus brazos en manos de Tact te arranca otro quejido del costa do. Sicol te habla. Te desva de la tentacin de olvidarte en brazos de un desmayo. Maldices a Sicol, y le gritas a Pers-Med. Le imploras a Pers-Med. Amenazas a Pers-Med, como si fuer as en verdad capaz de rastrearle, someterle y astillarle un homplato en ese indoloro m undo suyo donde eres slo combinaciones de datos y respuestas a dar en tiempo real.

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Lloras involuntario el nombre de Pers-Med. Toses, entre buches de sangre, la promesa de vida que es el nombre de Pers-Med. El mundo se ralentiza, se congela sin Pers-Med… El mundo poco a poco se detiene… El mundo… Pers-Med, musitas abandonado… Y todo se pone nuevamente en marcha. Intel ha dado finalmente con la lista. PersMed mueve su ejrcito de nanofieles, y es tos engloban al metal intruso en el tejido biocompatible que Cargo ha supervisado sint etizar. Transportan de regreso al proyectil enemigo hasta el costado de entrada. Lo arro jan fuera. Reparan, sellan internamente tus pulmones con dedicacin. Reemplazan, con algo funcionalmente parecido a alveolos, esos que te legaron Pap ADN y Mam Naturaleza para ser hoy sacrificados al Dios de la Guerra. Te inundan de una dosis de analgsico s a corto lapso, para que puedas entender lo que te dice Sicol. Y Sicol dice: todo va a estar bien. Que bien se expresa Sicol. Y que clase de hembra sera, si no fuera Sicol slo una voz hembra. Bup… bup… bup… Oper te avisa que hay enemigos tras aque l montculo. Tact aconseja granadas. No le haces caso. Seleccionas el arma qumica. Eliges cierto cido molecular, cierta combinacin porcentualmente alta de cierto cido molecular. Oprimes, d bilmente an, el gatillo, el lquido incoloro sale a demasiada presin. Sonre s al ver el montculo deshacerse, y a esos cuatro correr dejando pedazos de carne que se disuelve detrs, en esa carrera loca del vencido que an no sabe que se ha topado de bruces con la Muerte. S. Te encantan esos

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ruidos de lamento enemigo. Te encantan esos ruidos de guerra. Pers-Med informa que tus pulmones ya han sido reparados. Que habr algo de malestar producto de la prdida de presin in terna, y te administra otros analgsicos, mientras sus nanoparamdicos te provocan gases en el estmago, para volver a estabilizarte internamente luego de la descompresin. Eruc tas de placer, mientras el proceso ocurre. Pers-Med te regaa. Todava es pronto para dedicarte a tontear, dice. Y le haces caso. S, eres parte de una gran escuadra. Mando, Intel, Oper, t, Tact, Sicol, Pers-Med, Cargo, y... s, hasta la mismsima hipcrita de Opinin, que hoy se ha presentado brevemente a filas desde tu visor. Juntos forman parte de un armamento de tecnologa punta. Juntos comparten este chaleco tan milita rmente avanzado para el campo de batalla, en medio de condiciones blicas cambiantes. J untos llevan la guerra, a un costo bajo para el Presupuesto, adonde pueda hacer falta. Por supuesto, no eres el nico. Hay cinco mil soldados portadores de chalecos como estos en medio de la contienda. Cinco mil soldados que cargan sus propios Mandos, Intels, Tacts y Opers. Sus Sicols, sus Pers-Meds y sus Cargos. Cinco mil soldados que bien le pueden serv ir de punto de vist a objetivo a Opinin. Pero, que te importa a ti el resto de la tropa. Cada cual es, como t, su propia escuadra autnoma. Cada cual, una perfecta mquina de infantera de at acar. Cada cual solo necesita de sus voces portables, sus detallados grficos y precisos consejos, para cumplir con su trabajo. Cul trabajo? El que diga el Cuartel General… S, juntos somos lo mejor, piensas mientr as eructas de nuevo. Y si Pers-Med no te regaa, es que todo debe andar bien nuevamente. As que dejas de yacer, como el herido

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que ya no eres, y vuelves a incorporarte a tu misin. Cargo solicita nuevos pedidos. Pides sintetiz ar ms kevlar. Planch as dobles, pides. Las nanoreplicadoras empiezan su tarea. Tact recomienda unos arbustos tras el antiguo montculo. Sigues su consejo. Oper dice que el enemigo se acerca por la izquierda. Intel reaparece y habla de datos contra dictorios que apuntan a una posible disrupcin en la banda de en lace de Mando. Intel informa de intentos de quebrar la frecuencia por la que transmite y recibe Ma ndo. Tu Intel dice que tu Mando ya no es de confiar, y que posiblemente ser reiniciado. In tel te anuncia que ahora est al mando. Slo hasta que Mando vuelva. Y en ese caso, tu Intel ser quin no ser de confiar… ¡WHOOOOOOOSHH…SHH…SHH…SHH! El nuevo sonido te toma desprevenido. El ai re desaparece de tu entorno, tratas de respirar el ozono quemante que te asfixia. To ses. Un caza, te das cuenta al mismo tiempo que Oper. Un caza estratosfrico flotando a baja altura, sobre ti. Respirando con sus turbinas de sustentacin lo que podran respirar veinte como t, mientras elimina con precisin lser esos viejos obuses de los sepa ratistas. Sacas tu mascarilla. No sabes si agradecer o quejarte por este apoyo recibido. Cargo se dibuja apenas nombrarle. Oxgeno, le pides. Abandonar todos los otros pedidos. Oxgeno. Tact recomienda regresar por donde has venido, y por una vez s que ests de acuerdo. Entonces sucede.

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WRORRROROOOOOOORRRP… Un estremecimiento te recorre. El caza sale despedido, par ece querer volver a su natal estratosfera, slo para luego caer algunos cientos de metros a tu espalda, arrastrarse intil y quedarse quieto. Y luego… Tact ya no te responde. Oper no te habla. Intel no existe. Cargo no se presenta. Echas en falta la voz calma de Sicol. Todo sera en verdad mejor si al menos PersMed estuviera ah cerca. Diantr es, extraas hasta a Mando. Y aunque parezca imposible, empiezas a desear en verdad ver la vida en rosa, como Opinin. Porque todos se han ido. Algn sepa ratista se habr hecho de un pulso electromgntico. Tal vez lo s hackers novoterroristas ha n violado los permetros cortafuegos, y desde Bajavel estn denega ndo momentneamente las conexiones del Cuartel General con sus tropas. O quizs alg una Potencia est a punto de cambiar de neutralidad en esta parte de la esfera de influencias del mundo… Lo que sea, que importa, te dices mientras corres. De toda tu escuadra de un hombre y sus inteligencias de chaleco de camp aa, ahora solo quedas t. Slo t. Y el ruido. ¡Fiuuuuuu….u…uuuu..uuuu..U.UUU.UUUUUUU!.... Ruido. Informacin mnima disponible. Lo nico que en momentos como estos realmente importa. Corres entre sonidos de armas que no se dial ogan, entre ayes de miedo y crujidos de desplomes. Vas en la mira de chasquidos pe rseguidores. Al alcance de zumbidos que te

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emboscan. Escoltado por susurros que te ac ompaan, que danzan a tus costados, que levantan clamores de polvo, despertando vto res sedientos de ms sangre desde ese suelo que no ha tenido, en mucho tiempo, un da de paz de reposo. ¡BOOM! Ya vienen. Fzzzt!... ¡Bup… bup… bup!… ¡Trrzzzzzshhh!.. Son tantos, tantos los ruidos. Vienen a da rte consuelo, sabes eso. El mismo consuelo que t has dado a tantos. El nico consuelo real entre tanta pesadilla, el consuelo de no escuchar ms, nunca ms, estos ruidos. ¡Fiuuuuuu….u…uuuu..uuuu..U.UUU.UUUUUUU!.... Estos ruidos de guerra… ¡BOOM! Leonardo Gala Echemenda Ciudad de La Habana 1972, graduado de Ingeniera Informtica en 1996. Sus cuentos giran, principalmente, sobre la temtica ci berpunk. Pertenece al Grupo de Creacin Espiral. Al INDICE

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5.Cuento Corto Clsico: CUENTO DE NAVIDAD por Ray Bradbury. El da siguiente sera Navidad y, mientras lo s tres se dirigan a la estacin de naves espaciales, el padre y la madre estaban pr eocupados. Era el prim er vuelo que el nio realizara por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo ms agradable posible. Cuando en la aduana les obligaron a deja r el regalo porque pasaba unos pocos kilos del peso mximo permitido y el arbolito con su s hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El nio esperaba a sus padres en la terminal. Cuando estos llegaron, murmuraban al go contra los oficiales interplanetarios. - Qu haremos? -Nada, qu podemos hacer? -¡ Al nio le haca ta nta ilusin el rbol! La sirena aull, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los ltimos en entrar. El nio iba entre ellos. plido y silencioso. -Ya se me ocurrir algo --dijo el padre. - Qu...? --pregunt el nio. El cohete despeg y se lanz hacia arriba al espacio os curo. Lanz una estela de fuego y dej atrs la Tierra, un 24 de diciem bre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no haba tiempo, donde no haba mese s, ni aos, ni hor as. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer "da". Cerca de medianoche hora terrquea segn sus relojes neyorquinos, el nio despert y dijo: -Quiero mirar por el ojo de buey. -Todava no --dijo el padre--. Ms tarde. -Quiero ver dnde estamos y a dnde vamos. -Espera un poco --dijo el padre. El padre haba estado despierto, volvi ndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el r bol con sus velas blancas que haba tenido que dejar en la aduana. Al fin crey haber encontrado una idea que, si daba resultado, hara que el viaje sera feliz y maravilloso.

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-Hijo mo --dijo--, dentro de meda hora ser Navidad. La madre lo mir consternada; haba esperado que de algn modo el nio lo olvidara. El rostro del pequeo se ilumin; le temblaron los labios. -S, ya lo s. Tendr un regalo? Tendr un rbol? Me lo prometisteis. -S, s. todo eso y mucho ms --dijo el padre. -Pero... --empez a decir la madre. -S --dijo el padre--. S, de veras. Todo eso y ms, mucho ms. Perdn, un momento. Vuelvo pronto. Los dej solos unos veinte minutos. Cuando regres, sonrea. -Ya es casi la hora. - Puedo tener un reloj? --pregunt el nio. Le dieron el reloj, y el nio lo sostuvo entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el sile ncio y el momento insensible. -¡ Navidad! ¡ Ya es Navidad! Dnde est mi regalo? -Ven, vamos a verlo --dijo el padre, y tom al nio de la mano. Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los segua. -No entiendo. -Ya lo entenders --dijo el padre--. Hemos llegado. Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llam tres veces y luego dos, empleando un cdigo. La puerta se abri, lleg luz desde la cabina, y se oy un murmullo de voces. -Entra, hijo. -Est oscuro. -No tengas miedo, te llevar de la mano. Entra, mam. Entraron en el cuarto y la puerta se cerr ; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abra un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podan ver el espacio. el nio se qued sin aliento, maravillado. Detrs, el padre y la madre contemplaron el espectculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar. -Feliz Navidad, hijo --dijo el padre.

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Resonaron los viejos y familiares villancicos; el nio avanzo lentamente y aplast la nariz contra el fro vidrio del ojo de buey. Y all se qued largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas. Ray Bradbury Naci el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois. Durante la Gran Depresin se traslad con su familia a Los Angeles, donde se gradu en 1938 en Los Angeles High School. Su educacin acadmica acab ah, pero continu formndose por cuenta propia hasta que en 1943 se convirti en escritor profesional. Sus obras ms conocidas son CR"NICAS MARCIANAS (1950), una recopilacin de relatos que describe con emotivi dad la colonizacin de Marte, EL HOMBRE ILUSTRADO (1951) donde tomando como excusa los tatuajes de un hombre se desgranan varios relatos y FARENHEIT 451 (1953) una antiutopa en la que os libros estn prohibidos y un grupo secreto de libros vivientes se esfuerzan por transmitir de boca en boca la antigua cultura. Bradbury no slo es novelista, tambin ha es crito inumerables guio nes de televisin, ensayos y poemas. Sus preocupacin como escr itor no slo se centra en cuestionarse el modo de vida actual, tambin se adentra en el reino de lo fantstico y maravilloso, con un estilo potico y a veces provocativo. En su niez, Bradbury fu e muy propenso a las pesadillas y horribles fantasas, que ac ab por plasmar en sus relatos muchos aos despus. Al INDICE

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6 REFLEXIONES : DE QUE HABLAN LOS CUENTOS Por Michael Ende. Los verdaderos cuentos no son una s historias fantsticas que el pueblo supersticioso e ignorante imaginara en tiempos remotos. El puebl o no inventa tales cosas, pero las transmite textualmente de generacin en generacin porque percibe la verdad que contienen. Los cuentos autnticos informan so bre experiencias de un mundo real distinto (digamos, interior), dadas a conocer por auto res annimos que saban exactamente, hasta el ltimo de sus detalles, lo que decan. Como el hombre mode rno, occidental, debido a su mentalidad abstracta se ve privado casi totalmen te de la experiencia de esa otra realidad, interpreta esos informes —si es que los tiene en cuenta— o bien histricamente (la bruja, el hijo del rey, el dragn, la espada mgi ca, etctera) o psicolgicamente. Ambas interpretaciones me parecen errneas o, al menos, insuficientes. El cuento no habla de un mundo exterior so cial, y si se utilizan elementos de ese mundo, tan solo es como metfora de aquella otra realidad. All existe la bruja, el hijo del rey, el dragn y la espada mgica: y existir n siempre. La interpre tacin psicolgica me parece insuficiente porque suele entender esas cosas solo simblicamente. Parte por as decir de la idea de que la imagen del cuento es lo impropio que median te la interpretacin ha de ser transformado en lo propio, o sea, en conceptos concretos para poder llegar al ncleo del asunto. En la interpretacin de los sueos tambin se procede de esa manera. As se introduce una lgica causal, que tiene indudablemente cier ta justificacin para la realidad exterior ; en esa otra realidad en la que rige n otras reglas y otras leyes totalmente distintas. Y tampoco el tema de la crueldad, co mo en general la cuestin del bien y del mal, encaja all con las ideas morale s que son vlidas en el mundo exterior No nos queda, pues, ninguna posibilidad de entender los cuentos? Pienso que s. En cada persona existe desde el origen la posibilidad de experimentar esa otra realidad. All es posible plantear preguntas y pasar pruebas. Eso presupone, desde luego, que no se obture por todos los medios el acceso a esa realidad, sino que se cuiden, se enseen desde muy pronto los conocimientos relativos a ella. Pero eso significara

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naturalmente cambiar toda la direccin del pensamiento de nuestra civilizacin, que est orientado exclusivamente hacia fuera. Puede que en un futuro haya alguna vez escu elas en las que se ensee el verdadero arte de soar. Michael Andreas Helmut Ende (12 de noviembre de 1929 † 28 de agosto de 1995), escritor alemn. Naci en Garmisch-Partenkirchen, Baviera (Ale mania). Hijo nico del pintor Edgar Ende (artista que sera censurado por el gobierno nazi) y Luise Bartholom. AL INDICE

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7. LAS COSAS QUE VENDRAN (…y que pasan) Conmemorando el centenario del natalicio de Robert Heinlein y los 30 aos de la desaparicin fsica de Oscar Hurtado Por cuarto ao consecutivo el ANSIBLE, un encuentro abierto y de participacin gratuita, convoca a crticos, escritores, investigadores, artistas, promotores y aficionados cubanos a las ms amplias manifestaciones del arte y la literatura del gnero fantstico para intercambiar opiniones y conocimientos sobre el estado del arte del gnero en Cuba y el mundo, los das 25 y 26 de Mayo de 10:00AM a 5:00PM, en la sede habitual del Centro Onelio Los temas centrales de este VI Encuentro girarn en torno a: Espacios alternativos de difusin del arte y la literatura fantstica. (clubes, e-zines, fanzines) La literatura fantstica femenina en Cuba Literatura fantstica para nios y adolescentes Espacios editoriales y espacios narrativos del fantstico en Cuba Las tendencias nacionales en la literatura del gnero. Encuentro terico: conferencias, paneles y carteles IV Concurso de Creacin Literaria ARENA 2007 Muestra Cinematogrfica del gnero Fantstico. Lanzamiento de libros y publicaciones afines. Homenajes a creadores. Las formas de participacin sern las ya habituales: Los interesados en participar en el Evento terico con ponencias, posters o paneles deben contactar al COMIT ORGANIZADOR antes del 30 de abril de 2007 a travs del telfono: 206-5366/67 ext 107 E-mails: espiral@centro-onelio.cult.cu y espiralgrupo@yahoo.es El Grupo de Creacin Artstica ESPI RAL del Gnero Fantstico y el Centro de formacin literaria Onelio Jorge Cardoso convocan al IV ENCUENTRO TE"RICO DEL GNERO FANTSTICO ANSIBLE 2007

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El Grupo de Creacin Artstica ESPIRAL del Gnero Fantstico y el Centro de formacin literaria Onelio Jorge Cardoso convocan al IV Concurso de Creacin Literaria del Gnero Fantstico ARENA 2007. 1. Podrn concursar todos l@s escritor@s inte resad@s, sin lmite de edad, residentes en Cuba y que no posean libros publicados dentro del gnero. 2. Se convoca en la modalidad de Cuento corto de hasta 5 cuartillas a 1,5 espacios en formato carta (81/2 x 11 pulg.), tipografa Time New Roman o Arial, puntaje 12. Las obras se entregarn en original y dos copias. 3. Las obras, escritas en castellano, reflejar n temticas del gnero fantstico (ciencia ficcin, fantasa, cuento fantsti co, terror fantstico y absurdo) y no deben haber sido publicadas con anterioridad (impresa o digitalmente). Po drn concursar hasta tres obras por autor. 4. Las obras debern entregarse en sobre cerrado identificado con el nombre del concurso y el seudnimo del autor e ir acompaadas, en sobr e aparte con igual identificacin, de los datos generales del autor: nombre y apellidos, edad, dire ccin particular, telfono, e-mail (si posee). 5. Las obras se entregarn o enviarn por correo postal a la direccin : Concurso ARENA 2007 -Centro de formacin literaria Onelio Jorge Cardoso Ave. 5ta. N 2002 esq. a 20, Mira mar, Playa, Ciudad Habana, CP 11300 6. Se otorgar un Premio nico consistente en 500,00 pesos MN y diploma, as como libros y otras sorpresas relacionadas con el gnero; y dos Menciones de igual categora. El jurado estar integrado por reconocidos investigadores y escritores del gnero. 7. El veredicto del jurado ser inapelable y se dar a conocer en la sesin de clausura del IV Encuentro Terico del Gnero Fantstico ANSIBLE 2007. 8. Las obras participantes no se devolvern. 9. No se aceptar la participacin por correo electrnico. 10. La participacin en el concurso supone la total aceptacin de sus bases. 11. El plazo de admisin vence el 15 de mayo del 2007. El matasellos de correo dar fe de la fecha de envo. Centro de formacin literar ia Onelio Jorge Cardoso Ave. 5ta. N 2002 esq. a 20, Miramar, Playa, Ciudad de La Habana Telfonos: 206-5366/67

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Convocatoria para el V Concurso de Minicuento Fantstico "miNatura 2007" La Publicacin Literaria miNatura convoca al V Concurso de mini cuento Fantstico miNatura 2007. 1. Podrn concursar todos los interesados, sin lmite de ed ad, posean o no libros publicados dentro del gnero. 2. La longitud de los textos ser inferior a 25 lneas a 2 espacios en formato A4, Tipografa Time New Roman o Arial, puntaje 12. 3. Las obras, escritas en caste llano, reflejarn temticas del gnero fantstico y no deben haber sido publicadas con anteri oridad (impresa o digitalmente). Podrn entregarse hasta tres obras por autor. 4. No se aceptaran seudnimos. Las obras debe rn entregarse nicamente por va e-mail a: minaturacu@yahoo.es y decir en el Asunto: Concurso miNatura. En el correo debern aparecer dos adjuntos uno con el o los cuentos participantes y en el otro deben aparecer los siguientes datos: nombre y apellidos, edad, naci onalidad, profesin, direccin particular, email y un breve currculo en el caso de poseerlo. 5. Se otorgar un premio por el jurado y un pr emio especial que darn los asistentes al evento ambos consistentes en publicacin de la obra ganadora en nuestro boletn digital, diploma, as como libros y otras sorpresas re lacionadas con el gnero; y as como las menciones que estime el jurado. El jurado esta r integrado por reconoc idos investigadores y escritores del gnero. 6. El veredicto del jurado ser inapelable y se dar a conocer el 26 de mayo en la sesin de clausura del IV Encuentro Terico del Gnero Fantstico ANSIBLE 2007. En el Centro de formacin literaria Onelio Jorge Cardoso Ave. 5ta. N 2002 esq. a 20, Miramar, Playa, Ciudad Habana, CP 11300 7. Las obras participantes no se devolvern. 8. La participacin en el concurso supone la total aceptacin de sus bases. 9. El plazo de admisin vence el 15 de mayo del 2007. Ricardo Acevedo Esplugas Director del Boletn Digital miNatura

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PROGRAMA DEL TALLER ESPIRAL de mayo a julio del 2007 Actividades: Lectura y debate de cuento s de los integrantes. Anlisis de tcnicas narrativas. Artculos de inters de determinado tpico o subgnero del fantstico. Lectura de obras de autores cultivadores del tpico. Debate sobre la lectura, el autor y su obra. Ejercicios literarios. Horario: Del 6 de mayo al 15 de julio Primeros y terceros sbados de cada mes desde la 1:30 PM hasta las 4:30 PM de la tarde Sbado 5 de mayo Tema: Subgneros: El Realismo Mgico. Por: Sergio Cevedo Sosa Sbado 19 de mayo Tema: Clsicos: Frank Herbert. Por: Eliete Lorenzo Viernes 26 y Sbado 27 de mayo. IV Encuentro Terico del Gn ero Fantstico “ANSIBLE 2007” Sede: Centro de formacin literaria One lio Jorge Cardoso, 5ta Ave. #2002 Esq Calle 20, Miramar, Playa Sbado 2 de junio Tema: Clsicos: Teodore Sturgeon: sexo, reli gin y sicologa en la Ciencia Ficcin. Por: Eliete Lorenzo

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Sbado 16 de junio Tema: Teora del gnero: Estereotipos ps icolgicos de algunos seres fantsticos. Por: Anabel Enrquez Pieiro Sbado 7 de julio Tema: Subgneros: El Absurdo. Por: Sergio Cevedo Sosa Sbado 21 de julio 7mo FESTIVAL DE JUEGOS DE ROL AGOSTO: RECESO AL INDICE

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8. COMO CONTACTARNOS? S tienes algn comentario, sugerencia o colaboracin escrbenos a: darthmota@centro-onelio.cult.cu jartower@centro-onelio.cult.cu espiral@centro-onelio.cult.cu Aceptamos cualquier colaboracin seria y desinteresada. Traten de ponerla en el cuerpo del mensaje. Advertencia: Los mensajes de direcciones desconocidas que contengan adjuntos sern borrados. Para suscribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la palabra "BOLETIN" en el asunto. Para desincribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu Con la frase "NO BOLETIN" en el asunto. Para obtener nmeros atrasados envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu Con la frase en el asunto "Numeros anteriores" y el nmero del correo atrasado que deseas entre parntesis a continuacin. Si los quieres todos escribir a continuacin “todos”. Ejemplos : Con el asunto “Numeros anteriores (2)(5)(20)” obtendras los nmeros 2, 5 y 20 del Disparo en Red. Con el asunto “Numeros anteriores todos” obtendras todos los nmeros del Disparo en Red existentes. Al INDICE


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April 2007
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Science fiction
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