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Disparo en Red

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Material Information

Title:
Disparo en Red
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Disparo En Red
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - D42-00037-n36-2007-08
usfldc handle - d42.37
System ID:
SFS0024301:00035


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HOY: de AGOSTO del 2007

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DISPARO EN RED: Boletn electrnico de cienciaficcin y fantasa. De frecuencia mensual y totalmente gratis. disparoenred@centro-onelio.cult.cu -------------------------------------------------------Para descargar d isparos anteriores: http://www.esquina13.co.nr http://www.cubaunderground.com -------------------------------------------------------El sitio web del Fantstico Cubano http://www.cubaliteraria. cu/guaican/index.html

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disparoenred@centro -onelio.cult.cu Editores: Darthmota. Jartower. Colaboradores: Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa. espiral@centro-onelio.cult.cu espiralgrupo@yahoo.es Anabel Enrquez Istvn Bent Juan Pablo NoroaCoghan Vctor Hugo Prez Gallo Leonardo Gala Eliete Lorenzo Ral Aguiar Portada: Panzer Universo: Jin-Roh (La Brigada de los Lobos) 0. CONTENIDOS: 1. La frase de hoy : Andrei Tarkovsky y Friedrich Gorenstein. 2. Editorial : Aniversario del taller espiral, Darthmota. 3. Artculo : La irresponsabilidad tica de la ciencia-ficcin, Julin Dez. 4. Cuento clsico : Herejas del Dios Inmenso, Brian Aldiss. 5. Cuento made in Cuba: Minucia, Jos Martn Daz Daz. 6. Cuento Corto Clsico : Reconciliacin, Frederic Brown. 7. Miscelnea : Consejos de Kurt Vonnegutt. 8. Las cosas que vendrn (…y que pasan) 9. Cmo contactarnos?

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1. LA FRASE DE HOY : Como todas las marionetas crees que eres hu mano. Es el sueo de toda marioneta. Ser humana. Andrei Tarkovsky y Friedrich Gorenstein. Solaris. (Basado en una novela de Stanislav Lem) Al INDICE

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2. Editorial: Aniversario del taller Espiral. Aprovechando que el nmero de este mes se retraz un poquito y pas el 31 de agosto pienso que vale la pena recordar que en esa misma fecha pero del 2000 se cre el taller Espiral. Por entonces no era todava un grupo de creacin, no se pensaba en eventos tericos como el Ansible o festivales como La semana fantstica, el Villa Ficcin, el Concilio de Lorien o el Arco de Korad. Por aquellos das solo ramos un grupo de gente que le gustaba la ciencia ficcin y quera escribirla. Vladimir Hernandez Pacn, Fabricio Gonzles y Jos Miguel (YOOS) eran los padres de la criatura que se ge staba en el centro cultural Habana. Todos insistan en que haba que leer mucho y solo imitar lo bueno, olvidarnos de la mala ciencia ficcin que haba sido publicada en nuestro pas, retuviramos la buena (¡Como Espiral de Agustn de Rojas!) y leyramos ms. Mucho ms. Pasaron los aos y el taller cambi de lugar (varias veces) y de responsable (otras tantas) pero el espritu sigui siendo el mismo. Leer la ciencia ficcin buena para escribirla mejor. Por cierto, ahora que lo recuerdo: Es una de las razones por las que existe el Disparo en Red. As que no me queda otra cosa que desearle felicidades a Espiral (taller literario y grupo de creacin) en su 7mo ao defendiendo el gnero y dispararles de una vez este nmero de agosto que sale en septiembre. Que lo disfruten. Darthmota. Al INDICE

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3. ARTICULO: La irresponsabilidad tica de la ciencia-ficcin Por Julin Dez. Artculo publicado originalmente en Artifex vol.18, abril 1998. Tomado de http://www.bibliopolis.org/ El reciente estreno de la versin cinematogrfica de Tropas del espacio ha vuelto a motivar algunos comentarios acerca del texto de Robert A. Heinlein. No muchos, eso s, pese al contenido vitrilico de la adaptacin de Verhoeven: al fin y al cabo, se considera que las discusiones polticas en torno a la ciencia-ficcin son algo pasado de moda, algo que qued enterrado con las batallitas libradas, en tiempos de la transicin, en las pginas de Nueva Dimensin El apoliticismo de la cf, y en general su desinters por temas como la tica, se ha convertido en tnica dominante en los ltimos aos. Se trata de algo sorprendente por cuanto la cf es, en s misma, una literatura con obvios potenciales en esa direccin. De hecho, los orgenes ms venerables del gnero (desde la Utopa de Toms Moro hasta Voltaire, pasando incluso por Cyrano) tienen una intencionalidad poltica y tica, y as mismo existe un contenido de ese tipo, con un tono predominante, en buena parte de las obras o autores (Wells, Huxley, Orwell...) que han saltado la barrera del ghetto para ser hurtados a la cf y entrar en los libros de texto de literatura general. Sin embargo, cunto hace que no se publica una obra de cf importante de contenido fundamentalmente social, tico o poltico? Las ha habido, por supuesto (pienso en El nacimiento de la repblica popular de la Antrtida de John Calvin Batchelor, o El cuento de la criada de Margaret Atwood, por ejemplo, aunque ambas pertenecen a escritores no directamente inscritos en el gnero), pero seguramente ninguna de relieve desde que Ursula K. Le Guin diera a la luz esa maravilla ambigua (tan llena de preguntas y carente de respuestas) llamada Los desposedos

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Supone algo importante esta carencia? A mi juicio, s. Se trata tal vez del problema bsico que mantiene a la cf apartada de la corriente literaria general, como una apestada. Cuando la cf tena un fuerte contenido de este tipo (aos sesenta y setenta) fue cuando tuvo una mayor resonancia literaria y cuando consig ui una media ms alta de obras perdurables por ao. Pero, por qu se ha abandonado ese camino entonces? Creo que es producto de la combinacin de varios fenmenos. 1. El pensamiento nico y/o el fin de la historia A principios de los noventa, el historiador estadounidense Francis Fukuyama public, primero en forma de artculo y luego como libro, un trabajo titulado El fin de la historia que se ha convertido en una de las biblias del pensamiento conservador actual. Se trata de una obra que pretende demostrar que la historia, considerada como una sucesin de acontecimientos polticos, ha alca nzado su techo y ya no conocer cambios de ese tipo. En suma, que el actual estado de las cosas conformado por el modelo poltico liberaldemocrtico y el modelo econmico capitalista es insuperable, como ha demostrado en su exitosa confrontacin con el comunismo, y que la humanidad, en su camino hacia la perfeccin, ha encontrado el medio para la felicidad. Fukuyama da dos razones bsicas para sostener esta opinin: la posibilidad de incrementar de forma indefinida la riqueza gracias a los avances cientficos y la necesidad psicolgica del individuo de obtener reconocimie nto personal, algo imposible en el sistema comunista. La falacia de los argumentos de Fukuyama no queda clara tanto en estos aspectos (increbles de todas formas: puede pensar alguien realmente que los recursos de la Tierra no tienen fin?) como en su posterior desarrollo. Entre otros comentarios diseminados por su extensa obra, encontramos la consideracin de las bolsas de pobreza existentes en los pases capitalistas como excepciones a la norma, conformadas por grupos marginados; el autor incluso se permite sacar pecho por el elevado desarrollo de los llamados dragones asiticos, a los que considera ejemplos del milagroso efecto del capitalismo sobre las regiones atrasadas. Un argumento ste que las recientes crisis han puesto en su lugar. Me temo que

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los conflictos futuros an ms graves que habrn de producirse en pases como Indonesia convertirn en un chiste macabro los comentarios de Fukuyama. La razn ltima por la que Fukuyama se equivoca es que trata a los dos sistemas polticos predominantes de este siglo por un rasero bien distinto: mientras juzga al capitalismo desde un punto de vista ideal (como a una sociedad en la que los hijos de los ricos no tienen necesariamente ms oportunidades que los de los pobres, en la que cada uno es recompensado segn su capacidad y su trabajo y en la que los mnimos vitales estn garantizados), descarta al comunismo por su fracaso prctico, considerndolo como un sistema intrnsecamente opresor y malvado. Todo este comentario viene a cuento por cuanto esta obra es uno de los ms evidentes sostenes del llamado pensamiento nico, una forma de ver las cosas que ha terminado tambin por colonizar la cf. La razn bsica por la que no hay alternativas polticas en la cf contempornea es que los autores de cf contemporneos se sienten sobradamente satisfechos con el actual sistema poltico: una buena prueba sera su fcil sometimiento a las reglas del marketing a travs de continuaciones, obras en presunta colaboracin y dems. 2. El predominio estadounidense en la cf El problema se ve reforzado por las caractersticas intrnsecas de la sociedad norteamericana, lo que supone un impacto sobr e el gnero fcilmente comprensible: creo que no necesito aburrir al lector con pruebas para demostrar el muy evidente hecho de que la cf predominante en el mundo es la esta dounidense, que ha sido la que ha marcado los gustos generales desde 1930. Pero cuando ms a rriba citaba tres nombres como grandes de la cf que aadieron a sus obras un contenido poltico (Wells, Huxley y Orwell), sealaba a tres ingleses. De hecho, la cf estadounidense no tuvo ninguna obra de relieve utpico-distpico desde Edward Bellamy (1887) hasta casi los aos sesenta, cuando los hijos de la contracultura tomaron cartas en el gnero y llegaron las obras de Dick, Disch, Spinrad o la ya citada Le Guin. Todo lo qu e hubo en su lugar fueron co nsideraciones polticas de dos tipos: o extrapolaciones histricas en las que se trasladaban perodos ya conocidos al futuro

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o autoafirmaciones del pensamiento estadounidense al oponer su modelo de vida a un enemigo de carcter totalitario-comunista o similar. Un ejemplo que vale para los dos modelos es En la arena estelar tal vez la peor novela de Asimov, en la que los smbolos patriticos americanos sirven como punto de solucin final de la trama. No creo pertinentes aqu la obra de Cordwainer Smith (que era, evidentemente, un fascista, aunque eso no resulte significativo a la hora de juzgar su obra) o de Robert A. Heinlein, del que hablar ms adelante. De forma significativa, cuando los autores de los aos sesenta se hicieron cargo de las cosas, terminaron por ser dados de lado con un argumento que refuerza mis planteamientos: que sus intereses no eran propios de la cf y que eran, en diversos sentidos, marginales. De esta forma, con el apartamiento de nombres como los de Disch o Le Guin se autoriza as la desacreditacin de los intereses humansticos en el gnero. En suma, el autor medio de cf de hoy, que suele tener una formacin humanista escasa, es un miembro fielmente adscrito a las filas del pensamiento nico, entre otras cosas porque tampoco sabe mucho ms acerca de estos temas y, si supiera, sera seguramente desacreditado como marginal. A la hora de crea r un mundo futuro, resuelve por la tangente: reinos o repblicas (con esos o cualesquiera otros nombres), no hay ms alternativas que la extrapolacin al futuro de lo ya conocido. El nico intento serio en otra direccin en la ltima dcada ha venido de la mano de un autor ingls, como no poda ser menos: Iain M. Banks, que con su Cultura plantea una utopa comunista basada precisamente en la abundancia y la riqueza de recursos que son el argumento fundamental de Fukuyama. Y tampoco sera justo dejar de mencionar la reciente pelcula Gattaca que por lo dems no termina de ser eficiente en sus planteamientos y ha sido un resonante fracaso comercial. Este virus del apoliticismo se ha trasplan tado con eficacia a la cf espaola, que siempre ha tenido la especulacin histrico-poltica como un tema ms bien cutre y poco digno, hasta convertir un cierto apoliticismo ciego en un dogma de fe generalizado. En cuanto a cualquier exploracin de carcter humanstico, los santones de la cf la han desestimado: dar carta de naturaleza a esos temas sera, al parecer, dar pie al "enemigo" (la crtica literaria seria, los escritores de primer nivel fuera de nuestro pequeo crculo) para creerse con derecho a opinar en una literatura que debe ser slo "de ideas", reservada para

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los elegidos que dominan la ciencia. De esta forma, no slo no tenemos obras utpicodistpicas, sino que la creacin de mundos por parte de nuestros autores obvia de forma sistemtica cualquier exploracin en este sentido. 3. La comercializacin del gnero De forma sumamente curiosa, asistimos a un doble fenmeno: los comentarios cientficos estn bien vistos en las obras populares del gnero (incluso una pelcula de tan bajo calado como Flubber cuenta con un asesor cientfico en sus ttulos de crdito), pese a que no sean comprendidos por el noventa por ciento de los espectadores y causen risa al diez por ciento restante, en tanto que una reflexin de tipo moral o histrico es sinnimo de tostn. Este es uno de los frutos del status que la ciencia ha conseguido como "verdad absoluta e incomprensible" para el hombre medio moderno, pero tambin una muestra de la comercializacin del gnero, convertido en un objeto de uso masivo que sirve para subrayar, y nunca para cuestionar, los hbitos y gustos del consumidor medio. Hbitos y gustos que, por lo general, tienen mucho m s que ver con aspectos humansticos que con aparatitos cientficos. En la cf de carcter masivo actual no slo no hay planteamientos polticos originales, sino tampoco cuestionamientos filosficos de relieve, personajes duales o cualquier otro tipo de factor que pudiera contribuir a causar una incomodidad en la lectura, que resulta tan predecible como quepa imaginar. Es escapismo en el sentido ms literal de la expresin. Los extraterrestres malsimos de David Brin o los argumentos sin opcin a la novedad de las franchises que escribe Kevin J. Anderson son relativamente evidentes y poco dainos, puesto que son simplemente obras en las que no hay que pensar ni se intenta oponer nada. Poca cosa si las comparamos con obras de otros autores, los que podramos llamar "el grupo de la garanta moral": una l nea literaria muy slida dentro de la cf que nace con Robert Heinlein y mantiene su vigor en nuestros das con un autor como Orson Scott Card. 4. La garanta moral Llamo as a la presencia de un tono de certeza absoluta en aquellas obras en las que el autor, con una voz omnisciente, deja clara cul es la opcin vital preferible, no ya como

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ms favorable para el protagonista, sino tambin como la nica moralmente vlida para la propia vida del lector. En las obras con garant a moral no existe el gris, sino tan slo la opcin mantenida por el protagonista (a veces con dudas, pero siempre victorioso a la postre), identificado por lo general con valores externos (aspecto, comportamiento...) de carcter positivo, y el antagonista, incapaz de comprender los valores superiores que sustentan el comportamiento del protagonista y guiado exclusivamente por motivaciones egostas. Por lo general, el protagonista que cuenta con el respaldo de la moral garantizada por el autor es identificablemente estadounidense en todos sus aspectos, tanto si sa es su nacionalidad declarada como si no. Y, como no puede ser menos, ese protagonista es un rgido defensor de los modelos de vida que conocemos. El gran maestro de este tipo de literatura es, obviamente, el citado Heinlein. En sus obras siempre existe la certeza de un comportamiento justo y correcto (lo que no tiene por qu ser necesariamente negativo) que es presentado, generalmente, a travs de un personaje que en todo momento es considerado como moralmente superior, concebido a imagen y semejanza del autor, pero al que un somero anlisis convierte, por lo general, en un fantico: un monomanaco de un extrao concepto de la libertad, entendida como un medio para el desarrollo de los ms fuertes (con los que el lector se identifica de forma inmediata) en oposicin con los que no tienen narices para salir adelante. Ese monomanaco puede ser el protagonista (como Lzarus Long) o un secundario (como el profesor de Tropas del espacio ), pero siempre tendr un camino recto e inalterable en la novela, variando el mundo a su alrededor en la direccin que lo desee, en una pattica oposicin con nuestra realidad cotidiana. He de llamar la atencin sobre el hech o de que este juicio afecta a la totalidad de las obras de Heinlein, incluida Forastero en tierra extraa a la que se suele considerar como la gran excepcin libertaria del autor. As pues, Heinlein no necesita un nuevo ti po de sistema poltico: encuentra en el desarrollo del actual (o en su radicalizacin, ms bien) el campo perfecto para que sus nietzscheanos hroes consigan el gran sueo de triunfo que es su fin ltimo. En el terreno de la identificacin total del protagonista con el lector, la gran heredera contempornea de la tradicin de Heinlein es Lois McMaster Bujold, sin duda el escritor de cf de todos los tiempos que me parece ms reprobable desde cualquier punto de

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vista ideolgico. El total vaco de ideas que se encuentra en una obra cualquiera de Miles Vorkosigan es slo aparente: de fondo est la aceptacin total de una realidad repelente como medio para atraerse la simpata del lector de cf menos cultivado. Miles, protagonista de casi todas las novelas de Bujold, es un aristcrata al que un atentado sufrido por su madre antes de nacer ha convertido en un minusvlido. Sin embargo, su aspecto externo pattico no debe inducir a la confusin: aunque rechazado por todos, es obvio que Miles es muy superior a cuantos le rodean. Exactamente lo mismo que debe pensar el tpico lector de cf con problemas, rodeado de gente que le menosprecia: nadie sabe cun valioso es. Los triunfos de Miles son incontables en todos los rdenes de la vida. Incluso aunque tiene problemas para conseguir a la ch ica que desea, no le falta algn que otro revolcn de vez en cuando pese a tener un aspecto bastante poco afortunado. Llega a meterse a pirata, pero en todas sus acciones siempre existe el mismo trasfondo: una aceptacin total del status quo que le rodea, mucha ansia de poder, unas gotas de compasin por (pero nunca de accin en favor de) los necesitados y, en suma, un compendio de actitudes que le convierten en el personaje paradigmtico de lo que podramos denominar como cf masturbatoria. Todo envuelto, claro est, por una apariencia polticamente correcta. El otro autor que se ha hecho fuerte a la hora de dar garantas morales a sus obras es, obviamente, Orson Scott Card. Escritor intrnsecamente superior a Bujold en todos los sentidos (cundo se acabar co n el mito de la "aparente sencillez" de escritores tan flojos como ella?), a Card le pierden su ya conocida fe mormona, que le lleva a ejercer un proselitismo plmbeo en los mo mentos literarios ms inapropiados, y su tendencia a crear personajes adolescentes de obvias posibilida des para la gratificacin del lector. El esquema clsico de Card est presente en la prctica totalidad de su obra: un adolescente de cualidades extraordinarias va descubriendo poco a poco su verdadera naturaleza y evoluciona personalmente, a travs del sufrimiento, hasta alcanzar el destino que le ha sido reservado por las estrellas. Tanto en las novelas que responden a este esquema como en las que no lo hacen, el autor siempre se ve lastrado en su autntica vala

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por dos fijaciones: la de gratificar permanentemente al lector con caramelos argumentales que refuerzan sus percepciones de la vida y la de dar continuamente respuestas a todo, a modo de un libro de orientacin personal de esos que son ahora incluso ms best sellers que las obras del propio autor mormn. Si convenimos que una lectura inteligente se supone que abre la mente a nuevas preguntas e inquietudes, y si se supone que la cf sirve para crear nuevas perspectivas ms all de lo que conocemos, he de decir que Card no presenta un modelo literario inteligente ni propio de la cf (ms all de lo meramente superficial y anecdtico). Como representante mximo de la cf contempornea, Card es en resumen un escritor muy corto de miras, al que la literatura general dar de lado con la misma facilidad con la que lo hizo con su antecesor en el reino de las ventas, Isaac Asimov. 5. Conclusiones Dios me libre de descalificar una obra simplemente por sus contenidos ideolgicos. Aconsejo una novela en ese sentido poco acorde con mis opiniones como Tiempo para amar de Heinlein, como una lectura sustanciosa y amena. Disfrut mucho en su momento con una novela tan pagada de s misma como La voz de los muertos Y no, no voy a decir nada de Bujold porque las cuatro novelas suyas que he ledo me han creado una alergia definitiva. Lo que quiero decir es que no se trata de descalific ar obras literarias por su ideologa de fondo, sino de responder a esa pregunta de comienzo: por qu no hay cf sobre temas polticos y ticos? La respuesta est en esa serie de condicionantes y en una conclusin final: no se vende. El lector de cf no est por la labor de complicarse la vida y la cf, en resumen, se mueve en un delicado filo: quien intente una obra seria dentro del gnero, con verdaderas inquietudes, deber enfrentarse simultneamente con el desprecio de dos grupos en principio antitticos: el de los lectores de la Gran Literatura, que han tachado la cf de sus intereses, y el de quienes eligen llenar sus horas con la cf de moda, de bajo calado intelectual en el plano de las ciencias sociales. El problema es de difcil solucin, como he intentado exponer, y creo que es un aspecto decisivo en el actual empobrecimiento del gnero. Aunque sigue habiendo buena cf, falta cf importante, obras

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que reflexionen sobre inquietudes reales de la gente sin imponerles modelos de vida. Y, a la larga, esa carencia pasar factura. Julin Dez Julin Dez es un experto en la literatura de ciencia ficcin espaola. Ha sido coordinador de Las cien mejores novelas de ciencia ficcin del siglo.XX, ha creado las antologas Visiones de la Asociacin Espaola de Fantasa y Ciencia Ficcin y dirigido la revista Gigamesh. Su ltima aportacin, la Antologa de la ciencia ficcin espaola (1982-2002) AL INDICE

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3. CUENTO CLASICO : HEREJAS DEL DIOS INMENSO por Brian Aldiss. EL LIBRO SECRETO DE HARAD IV Yo, Harad IV, Escriba Mayor declaro que ste mi escrito solo puede ser mostrado a los sacerdotes de rango de la Iglesi a Ortodoxa Universal Sacrificial y a los Ancianos Elegidos del Consejo de la Iglesia Ortodoxa Universal Sacrificial, porque aqu se entiende en cuestiones relativas a las cuatro Herejas Viles que no deben ser vistas ni discutidas por el pueblo. Para una Correcta Consideracin de las ms recientes y viles herejas, debemos contemplar en perspectiva los acontecimientos de la historia. As pues, retrocedamos al Primer Ao de nuestra er a, cuando las Tinieblas del Mundo fueron desterradas por la venida del Dios Inmenso, nuestro ms verdadero y enorme Seor, a quien todos honramos y tememos. Desde este ao actual, 910 D.I., es imposible recordar cmo era el mundo entonces, pero a partir de los pocos registros que todava se conservan podemos hacernos cierta idea de aquellas pocas e incluso realizar las Contorsiones Mentales necesarias para ver cmo debieron ser juzgados los acontecimientos por aquellos pecadores que tomaron parte en ellos. El mundo sobre el que descendi el Dios Inmenso estaba repleto de gentes y de sus maquinarias, todos completamente desprevenidos para Su Visita. Puede que hubiera cien mil veces ms gente de la que hoy existe. El Dios Inmenso aterriz en lo que ahora es el Mar Sagrado, sobre el que actualmente navegan algunas de nuestras ms bellas iglesias dedicadas a Su Nombre. En aquellos tiempos, la regin era mucho menos placentera, pues estaba dividida en numerosos estados que perten ecan a distintas naciones. Tal era el

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sistema de posesin de la tierra ante s de que se formasen nuestras actuales teoras sobre la migracin y evacuacin constantes. Las patas traseras del Dios Inmenso se extendieron muy hacia el interior de frica -que entonces no era el continente insular que es hoy en da, casi tocando el ro Congo, en el punto sagrado donde ahora se alza la Iglesia Sacrificial de Basolo-Aketi-E le, y en el punto sagrado donde ahora se alza el Templo Santuario de Adn, arrasando el antiguo puerto de Adn. Algunas de las patas del Dios Inmenso se extendieron sobre el Sudn y a travs de lo que entonces constitua el Reino de Libia y ahora es parte del Mar del Viejo Pesar, mientras que uno de sus pies reposaba en una ciudad llamada Tnez en lo que entonces era la costa de Tunicia. All se posaron algunas de las patas del costado izquierdo del Dios Inmenso. Las patas de su costado derecho bendijeron y comprimieron las arenas de Arabia Saudita, hoy denominada Valle de la Vida, y las estribaciones del Cucaso, arrasando el Monte llamado Ararat en el Asia Menor, en tanto que su pata Ms delantera se extendi sobre el territorio de Rusia, destruyendo de inmediato la gran ciudad capital de Mosc. E1 cuerpo del Dios Inmenso, descansando en reposo sobre tres antiguos mares, si hemos de creer a los Viejos Registros, llamados el Mar del Mediterrneo, el Mar Rojo y el Mar del Nilo, que juntos forman parte del actual Mar Sagrado. Con su Gran Mole erradic tambin parte del Mar Negro, que ahora llamamos Mar Blanco, as como Egipto, Atenas, Chipre y la Pen nsula Balcnica hasta las cercanas de Belgrado, hoy Santo Belgrado, puesto que sobre esta ciudad se irgui el Cuello del Dios Inmenso en su Primera Visita a nosotros los mortales, rozando casi los tejados de las casas. En cuanto a su Cabeza, se cerna sobre la regin montaosa que denominamos Italandia y que entonces era conocida como Europa, una regin muy poblada del planeta, alzndose a tal altitud que en los das despejados fcilmente poda divisarse desde Londres, entonces como ahora la ciudad principal de la tierra de los anglofranceses. En aquellos primeros das se calcul que la longitud del Dios Inmenso era de ms

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de siete millares de kilmetros de extremo a extremo, y cada una de sus ocho patas media sobre un millar y medio de kilmetros. Ahora profesamos en nuestro Credo que el Dios Inmenso cambia su forma, longitud y nmero de patas segn est Complacido o Enojado con el hombre. En aquellos das se desconoca la naturaleza de Dios. Ningn preparativo se haba hecho para su venida, aunque corran algunos rumores sobre el milenio. Por 1o tanto, las especulaciones sobre su naturaleza se alejaban mucho de la verdad y con frecuencia eran sumamente blasfemas. Aqu sigue un resumen del notorio Documento Gersheimer, que contribuy en gran medida a precipitar los acontecimientos que condujeron a la Primera Cruzada en 27l D.I. Ignoramos quin era el Gersheimer Negro, con la salvedad carente de significado de que se trataba de un Profeta Cientfico de un lugar llamado Cornell o Carnell, obviamente una Iglesia del Continente Americano (cuya forma era entonces distinta). "Los reconocimientos areos parecen in dicar que esta criatura -si podemos llamarla as-, que se extiende ms o menos en lnea recta a lo largo del Mar Rojo y por el sudeste de Europa, no es un ser viviente, al menos tal y como concebimos nosotros la vida. El hecho de que se parezca vagamente a un lagarto de ocho patas puede deberse a una mera coincidencia, as que no debemos preocuparnos por su posible carcter maligno, como han sugerido algunos peridicos sensacionalistas". La vil jerga de aquellos remotos das no resulta hoy plenamente comprensible, pero creemos que "reconocimientos areos" es una referencia a los aparatos voladores mecnicos que a quella ltima generacin de Impos posea. El Gersheimer Negro prosigue: "Si este objeto no est vivo, tal vez s ea un fragmento de escombros galcticos que se ha adherido momentneamente al planeta, quiz del mismo modo en que una hoja puede adherirse a un baln de ftbol durante su trayectoria. Esta creencia no implica necesariamente una modificacin de nuestros conceptos cientficos del universo. Tanto si la cosa tiene vida como si no, no hemos de volvernos todos supersticiosos. Sencillamente, debemos reco rdarnos que en el universo, tal como

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lo concebimos a la luz de la ciencia del siglo XX, existen muchos fenmenos que nos siguen siendo desconocidos. Por muy dolorosa que resulte esta aparicin inesperada, podemos consolarnos en parte pensando que nos proporcionar nuevos conocimientos, tanto sobre nosotros mismos como acerca del mundo que se extiende ms all de nuestro sistema solar". Aunque trminos como "escombros galcticos" han perdido todo su significado, si es que alguna vez lo tuvieron, el sentido general de este prrafo es claramente injurioso. Se decreta una restriccin contra el culto al Dios Inmenso, oponiendo en su lugar un hertico Dios de la Ciencia. Slo hace falta citar otro pasaje de este ofensivo revoltijo, porque resulta esencial para Mostrar la Actitud mental de Gersheimer y, es de suponer, de la mayora de sus contemporneos. "Como es natural, todos los pueblos del mundo, y especialmente aquellos que an se demoran en los umbrales de la civilizacin, se hallan hoy muy asustados. Les parece ver algo de sobrenatural en la llegada de esta cosa, y creo que cualquier hombre, si es sincero consigo mismo, admitir sentir en su corazn un eco de este temor. Solamente podremos suprimirlo, solamente podremos enfrentarnos al caos en que el mundo se halla ahora sumergido, si retenemos en nuestras mentes una imagen galctica de la situacin. La propia inmensidad de esta cosa que yace perniciosamente tendida sobre nuestro planeta es causa suficiente para el terror. Pero imaginmosla en proporcin. Un ciempis est posado sobre una naranja. O, para elegir un ejemplo que resulte menos repulsivo, una pequea salamanquesa de unos nueve centmetros descansa momentneamente sobre un globo terrqueo de plstico de sesenta centmetros de dimetro. Nos corresponde a nosotros, a toda la raza humana, con todas las fuerzas tecnolgicas a nuestra disposicin, unirnos como nunca lo hemos hecho y expulsar esta cosa, esta cosa grande y estpida, hacia las profundidades del espacio de las que ha surgido. Buenas noches". El motivo que me impulsa a repetir esta Blasfemia Inicial es que veamos en este mensaje de un miembro de las Tinieblas del Mundo las huellas de aquel pecado original que -pese a todos nuestros sacrif icios, a todas nuestras penalidades, todas nuestras cruzadasan no hemos logrado extirpar. Por eso nos enfrentamos

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ahora con la mayor Crisis de la Iglesia Ortodoxa Universal Sacrificial, y por eso ha llegado la hora de una Cuarta Cruzada que supere en su envergadura a todas las anteriores. El Dios Inmenso permaneci donde se hallaba, en lo que hoy designamos la Posicin del Mar Sagrado, durante cierto nmero de aos, en todo y por todo inmvil. Para la humanidad, ste fue el gran perodo de formacin de la Creencia, marcado por el establecimiento de la Iglesia Universal y caracterizado por sus numerosas convulsiones. Grandemente hubieron de sufrir los primeros sacerdotes y profetas a fin de que la Palabra se diseminara por el Mundo y las sectas blasfemas fuesen destruidas, aunque el Libro Clandestino de los Hechos de la Iglesia parece indicar que muchos de ellos eran en realidad miembros de anteriores iglesias que, viendo la luz, mudaron su lealtad. La poderosa figura del Dios Inmenso se vio sometida a multitud de pequeos agravios. Las Mayores Armas de aquella remota era, frutos de la charlatanera tcnica, eran llamadas Nucleares, y sas le fueron arrojadas al Dios Inmenso, pero, como caba esperar, sin efecto alguno. Muros de fuego se alzaron en vano a su alrededor. Nuestro Dios Inmenso, al que todos honramos y tememos, es inmune a la debilidad terrenal. Su cuerpo estaba re vestido como con un Metal -sa fue la semilla de la Segunda Cruzadapero no tena ninguna de las debilidades del metal. Su descenso a la tierra Fue acogido por la naturaleza con una respuesta inmediata. Los antiguos vientos que hasta entonces prevalecan se estrellaron contra sus poderosos costados y fueron desviados hacia otros lugares. Esto produjo el efecto de enfriar el centro de frica, de tal manera que desaparecieron las selvas tropicales y t odas las criaturas que en ellas moraban. En las tierras limtrofes de Caspana (entonces llamadas Persia y Jrkov, segn antiguos relatos), se desencadenaron huracanes de nieve durante una docena de crudos inviernos, llegando por el este hasta el interior de la India. En los dems lugares, por todo el mundo, la venida del Dios Inmenso se dej sentir en los cielos, en forma de lluvias inesperadas, vientos errticos y temporales que

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duraron muchos meses. Tambin los ocanos fueron perturbados, mientras que el gran volumen de agua desplazado por su cuerpo inund las tierras cercanas, matando a muchos millares de seres y arrojando diez mil ballenas muertas a los muelles de Colombo. La tierra se sum a las convulsiones. Mientras se hunda el territorio situado bajo la gran masa del Dios Inmenso, disponindose a recibir lo que luego seria el Mar Sagrado, las tierras de alrededo r se elevaron hacia Arriba formando pequeas colinas, como las abruptas y salvajes Dolominas que hoy protegen los lmites meridionales de Italandia. Hubo sesmos y nuevos volcanes y giseres all donde jams haba manado el agua, y plagas de serpientes, florestas incendiadas y muchos signos prodigiosos que ayudaron a los Primeros Padres de nuestra fe a convertir a los ignorantes Por todas partes se extendieron, predicando que la nica salvacin se hallaba en entregarse a l. Numerosos Pueblos Enteros perecieron en esta poca de convulsin, entre ellos Blgaros, Egipcios, Israelitas, Moravos, Kurdos, Turcos, Sirios Turcos de las Montaas y tambin la mayor parte de los Eslavos del Sur, Georgianos y Croatas, los robustos Valacos y las razas Griegas, Chipriotas y Cretenses. Adems de otras cuyos pecados eran muy grandes y cuyos nombres no fueron recogidos en los anales de la iglesia. El Dios Inmenso abandon nuestro mundo en el ao 89 o, como algunos sostienen, en el 90. (sta fue la primera Partida y como tal se celebra. en el calendario de nuestra Iglesia, aunque la Iglesia Cat lica Universal lo denomina Da de la Primera Desaparicin). Regres en el 91, grande y temido sea su nombre. Es poco lo que sabemos del periodo en que estuvo ausente de la Tierra. Podemos hacernos una idea de cmo pensaba entonces la gente si consideramos que, en general, las naciones de la Tierra se regocijaron grandemente. Siguieron producindose cataclismos natu rales, pues los ocanos se derramaran en el enorme hueco que l haba creado, formando as nuestro amado y venerado Mar Sagrado. En toda la faz del planeta estallaron Grandes Guerras. Su regreso en el ao 91 puso fin a las guerras, como un signo de la gran paz que su presencia le prometa a su pueblo elegido.

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Pero los habitantes del mundo en Aquella poca no eran todos de nuestra religin, por ms que los profetas andaban entre ellos, y numerosas eran sus blasfemias. En el Museo Negro que hay adjunto a la gran baslica de Omn y Yemen se conservan pruebas documentales de que en este periodo intentaron comunicarse con el Dios Inmenso por medio de sus mquinas. No hace falta decir que no obtuvieron respuesta; pero muchos hombres razonaron entonces, en la confusin de sus mentes, que esto se deba a que el Dios era una Cosa, tal y como haba profetizado el Gersheimer Negro. En sta su Segunda Venida, el Dios Inmenso bendijo nuestra tierra aposentndose principalmente dentro de los confines del Crculo rtico, o lo que entonces era el Crculo rtico, con su cuerpo extendido sobre el norte del Canad, como era llamado, por encima de una gran pennsula denominada Alaska, a travs del Mar de Bering y por las regiones septentrionale s de las tierras rusas hasta el ro Lena, hoy Baha de Lenn. Algunas de sus patas traseras quebraron grandes fragmentos del Hielo rtico, mientras que otras patas delanteras se sumergan en el norte del Ocano Pacfico. Pero en verdad para l no somos ms que arena bajo sus pies y sus pies son indiferentes a nuestras montaas y nuestras Variaciones Climticas. En cuanto a su pavorosa cabeza, desde todas las ciudades de la franja costera del norte de Amrica se la poda ver alzndose hasta la estratosfera y refulgiendo con un brillo metlico; de sde ciudades hoy desaparecidas como Vancouver, Seattle, Edmonton, Portland, Blanco, Reno e incluso San Francisco. Fue la enrgica y pecaminosa nacin que posea estas ciudades la que entonces se volvi con ms fuerza contra el Dios Inmenso. Todo el peso de su impa civilizacin cientfica se volvi contra l, pero lo nico que consiguieron sus gentes fue destruir sus propias costas. Mientras tanto, se produjeron nuevos cambios naturales. La masa del Dios Inmenso desvi a la Tierra en su diario girar, de modo que las estaciones se alteraron y los libros profticos nos cuentan cmo los grandes rboles hacan brotar sus hojas para cubrirse en invierno y las perdan en verano. Los murcilagos volaban a la luz del da y las mujeres daban a luz nios peludos. La fusin de los

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casquetes polares caus grandes inundaciones, olas de marea y rocos ponzoosos, y sabemos que una noche se agitaron las aguas de la Profundidad, de tal forma que la marea que surgi de las Tierra Altas Malayas (como hoy las conocemos) fue tan poderosa que en pocas horas form la pe nnsula continental de Bestlandia con lo que hasta entonces haban sido los Continentes o Islas independientes de Singapur, Sumatra, Indonesia, Java, Sidney y Australia o Austria. Con tan impresionantes portentos, nuestros sacerdotes pudieron Convertir a los Pueblos, y millones de supervivientes se apresuraron a ingresar en la Iglesia. sa fue la Primera Gran poca de la Iglesia, cuando la palabra se extendi por todo el asolado y transformado planeta. Nuestras instituciones se crearon a lo largo de las siguientes generaciones, principalmente en los diversos Concilios de la Nueva Iglesia (algunos de los cuales han sido luego reconocidos como herticos). No nos establecimos sin dificultades, e hizo falta quemar a mucha gente antes de que el resto se apercibiera de la fe que Arda En Ellos. Pero, segn fueron pasando las generaciones, el Verdadero Nombre del Dios se extendi por un territorio cada vez ms amplio. Solo los habitantes del norte de Amrica seguan aferrndose mayoritariamente a su abyecta supersticin. Fortificados por su ciencia, rechazaban la Gracia. As fue como en el Ao 271 se emprendi la Primera Cruzada, especialmente contra ellos pero tambin contra los Irlandeses, cuyas opiniones herticas no estaban sustentadas en la ciencia: los Irlandeses fueron rpidamente Erradicados casi hasta el ltimo hombre. Los Americanos eran ms formidables, pero esta dificultad slo sirvi para agrupar a la gente y unir an ms a la Iglesia. La Primera Cruzada se libr para combatir la Primera Gran Hereja de la Iglesia, la hereja que proclamaba que el Dios Inmenso era una Cosa y no un Dios, segn 1o haba expuesto Gersheimer Negro. Concl uy satisfactoriamente cuando el jefe de los Americanos, Lionel Undermeyer, se reuni con el Venerable Obispo Emperador del Mundo, Jon II, y consinti en que los mensajeros de la Iglesia disfrutaran de libertad para predicar en Amrica sin ser estorbados. Tal vez habra podido forzarse un convenio ms severo, como aducen algunos

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comentaristas, pero para entonces ambos bandos padecan grandes penurias a causa de la peste y la hambruna, porque las cosechas del mundo se haban perdido. Fue una afortunada coincidencia que la poblacin del mundo ya se hubiera reducido a la mitad, pues de otro modo la reorga nizacin de las estaciones habra ido seguida del hambre ms absoluta. En todas las iglesias del mundo se rog al Dios Inmenso que diera una seal de que haba sido Testigo de la gran derrota infligida a los infieles Americanos. Quienes se opusieron a este inspirado acto fueron destruidos. El Dios respondi a las plegarias en el 297, avanzando velozmente una Pequea Porcin y acomodndose principalmente en el Ocano Pacfico a donde llegaba por el sur a lo que ahora es la Antarta, entonces era e Trpico de Capricornio y anteriormente haba sido el Ecuador. Algunas de sus patas izquierdas cubrieron numerosas ciudades de la costa occidental de Amrica, entre las que se contaban algunas de las que ya hemos citado, como San Francisco, y llegaron por el sur hasta Guadalajara (donde el Templo del Santo Dedo honra todava la huella de su pie). Este es el movimiento que designamos Primera Mudanza, y fue justamente considerado como una prueba indiscutible del desprecio del Dios Inmenso hacia Amrica. Tal sensacin prevaleci tambin en la propia Amrica. Purificados por el hambre, los descomunales terremotos y otras catstrofes naturales, sus habitantes quedaron mejor preparados para aceptar las palabras de los sacerdotes y se convirti hasta el ltimo hombre. Se emprendieron peregrinaciones en masa para contemplar el enorme cuerpo de Dios, que cubra su nacin de un extremo a otro. Los peregrinos ms osados ascendan en aeroplanos voladores y sobrevolaban su lomo, barrido Sin Cesar por terribles tempestades durante ms de cien aos. Los que all se convirtieron se volvieron ms Extremados que sus hermanos del otro lado del mundo, ms antiguos en la fe. Apenas se haban unido las congregaciones americanas con las nuestras cuando ya se separaban por una desavenencia doctrinal en el Concilio de la Tenca Muerta (322). Esta fecha marca el surgimiento de la Iglesia Catlica Universal Sacrificial. En aquellos remotos das, los creyentes de la fe Ortodoxa no disfrutbamos de la armona que reina

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hoy con nuestros hermanos Americanos. El punto de la doctrina que dio lugar al cisma de las iglesias fue, como por todos es sabido, la cuestin de si la humanidad deba o no utilizar vestiduras que imitaran el lustre metlico del Dios Inmenso. Se adujo que esto equivala, a equiparar al hombre con la Imagen de Dios, pero en realidad se trataba de una calumnia deliberada contra los sacerdotes Ortodoxos Universales, que utilizaban prendas de plstico o metal en honor de su hacedor. De ah surgi la Segunda Gran Hereja. Como este prolongado y confuso periodo ha sido estudiado fondo en otros tratados, no es necesario que nos detengamos en l: diremos tan slo que la disputa lleg a su apogeo con la Segunda Cruzada, que los Catlicos Universales Americanos emprendieron contra nosotros en el ao 450. Puesto que todava posean una gran preponderancia de mquinas, consiguieron imponer sus opiniones, saquear varios monasterios a las orillas del Mar Sagrado, deshonrar a nuestras mujeres y regresar gloriosamente a su tierra. Desde entonces, todos los habitantes del planeta se cubren nicamente con prendas de lana o piel. Quienes se opusieron a este inspirado acto fueron destruidos. Sera un error resaltar excesivamente las querellas del pasado. Durante todo este tiempo, la mayora de las personas se dedicaban pacficamente al culto, eran sacrificadas regularmente y rezaban cada amanecer y cada anochecer (fuera cuando fuese) para que el Dios Inmenso abandonara nuestro mundo, ya que no ramos dignos de l. La Segunda Cruzada dej un reguero de problemas tras ella; en conjunto, los cincuenta aos que siguieron no fueron aos felices. Las huestes Americanas regresaron a su pas para descubrir que la enorme presin ejercida sobre la plataforma continental occidental haba creado muchos volcanes en su mayor cordillera, las Montaas Rocosas. Su tierra estaba cubierta de lava y fuego, y su aire cargado de hedionda ceniza. Acertadamente, aceptaron esto como una seal de que su conducta dejaba mucho que desear a los ojos del Dios Inmenso (pues, aunque nunca se ha podido demostrar que tenga ojos, no cabe duda de que Nos Ve). Puesto que el resto del mundo no

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haba sido Visitado por un castigo de semejante escala, adivinaron correctamente que su pecado era que seguan aferrndose a la tecnologa y a las armas de la tecnologa contra los deseos de Dios. Con fe intensa en sus corazones, destr uyeron hasta el ltimo artefacto de la ciencia que an quedaba, desde los Nucleares a los Abrelatas y, como acto propiciatorio, arrojaron a cien millares de vrgenes de la fe en los volcanes ms a propsito. Quienes se opusieron a estos inspirados actos fueron destruidos, y algunos ceremonialmente devorados. Nosotros, los creyentes de la fe Ortodox a Universal, aplaudimos esta ejemplar accin de nuestros hermanos. Pero no es tbamos seguros de que se hubieran purificado lo suficiente. Puesto que ya no posean armas y nosotros an tenamos algunas era evidente que podamos ayudarles en su purificacin. Por consiguiente, una poderosa flota de ciento sesenta y seis navos de madera zarp con rumbo a Amrica, para ayudarles a sufrir por la religin y, de paso, para recobrar parte del botn que se haban llevado. Esta fue la Tercera Cruzada del ao 482, bajo Jon el Rechoncho. Mientras los dos ejrcitos contendientes libraban la batalla en las afueras de Nueva York, se produjo la Segunda Mudanza. No dur ms all de cinco minutos. En este lapso, el Dios Inmenso se volvi hacia su costado izquierdo, se arrastr sobre el centro de lo que entonces era el continente del Norte de Amrica, cruz el Atlntico como si fuera un charco, se desplaz a travs de frica y vino a detenerse al Sur del Ocano Indico, destruyendo Madagaska con una pata trasera. En Todas las Partes de la Tierra se hizo la noche. Cuando lleg el amanecer, difcilmente poda quedar un solo hombre que no creyera en el poder y la sabidura del Dios Inmenso, a cuyo nombre corresponde todo el Terror y la Fuerza. Lamentablemente, entre los que no podan creer figuraban los dos ejrcitos rivales, que haban sido engullidos por una Oleada de Tierra y Rocas ante el paso del Dios. En el caos subsiguiente slo prevaleci una nota de cordura: la cordura de la Iglesia. La Iglesia estableci como Tercera Gran Hereja la idea de que al hombre pudiera serle permitida ninguna mquina contra los deseos de Dios. Hubo

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cierta disputa doctrinal acerca de si los libros deban considerarse o no como mquinas. Por las dudas, se decidi que s lo eran. A partir de entonces todos los hombres quedaron en libertad de no hacer nada ms que trabajar en los campos y rendir culto, y orar al Dios Inmenso para que se retirase a otro mundo ms digno de su podero. Al mismo tiempo se increment el nmero de sacrificios y se introdujo el Mtodo de la Quema Lenta (ao 499). A continuacin vino la gran Paz, qu e dur hasta el 900. Durante todo este tiempo, el Dios Inmenso no se movi; en verdad se ha dicho que los siglos no son ms que segundos para l. Es probable que la humanidad no haya conocido jams una paz tan prolongada como la de estos cuatrocientos aos; una paz que exista en el interior de los corazones ya que no en el exterior, pues, naturalmente, el mundo se hallaba sumido en Cierto Desorden. La enorme fuerza del desplazamiento del Dios Inmenso a travs de medio mundo haba trastornado en gran medida la sucesin de los das y las noches. Algunas leyendas afirman que, antes de la Segunda Mudanza, el sol sala por el este y se pona por el oeste; precisamente al contrario que el orden natural de las cosas segn nosotros las conocemos. Gradualmente, este periodo de paz conoci cierto restablecimiento del orden de las estaciones y cierta cesacin de las crecidas, chubascos de sangre, pedriscos, terremotos, diluvios de carmbanos, apariciones de cometas, erupciones volcnicas, nieblas miasmti cas, vendavales destructivos, plagas agrcolas, plagas de lobos y dragones, maremotos, tornados de un ao de duracin, lluvias feroces y dems azotes que las escrituras de este periodo con tanta elocuencia describen. Los Padres de la Iglesia, retirndose a la relativa seguridad de los mares interiores y las soleadas praderas de Gobilandia, en Mongolia, establecieron una nueva ortodoxia bien calculada en su rigor de oraciones y sacrificios humanos en la hoguera para incitar al Dios Inmenso a dejar nuestro pobre y miserable mundo rumbo a otro mejor y ms substancioso. Con esto la historia llega casi al momento actual. El ao 900, apenas una dcada antes del momento en que vuestro escriba redacta estas notas. ¡Ese ao el Dios Inmenso abandon nuestra tierra! Recordad, si os place, que la Primera Partida en el ao 89 no dur ms de veinte

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meses. ¡Ya ahora el Dios Inmenso se ha alejado de nosotros casi la mitad de este nmero de aos! ¡Necesitamos su vuelta; no podemos vivir sin l, como habramos debido comprender Hace Mucho de no haber sido blasfemos en nuestro corazn! Al partir, impuls nuestro humilde globo hacia un rumbo tal que estamos condenados a vivir todo el ao en el ms crudo de los inviernos; el sol est lejano y encogido; los mares se congelan durante la mitad del ao: tmpanos de hielo desfilan por nuestros campos; a medioda, es demasiado oscuro para leer sin una vela. ¡Ay de nosotros! Pero, en verdad, merecemos nuestro sino. Es un castigo justo, pues durante todos los siglos de nuestra poca, cuando nuestra especie viva relativamente feliz y sin perturbaciones, orbamos coma dementes para que el Dios Inmenso nos dejara. Solicito a todos los Ancianos Elegidos del Consejo que repudien tales oraciones como la Cuarta y Mayor Hereja y declaren que, de ahora en adelante, todos los esfuerzos de la humanidad se encaminarn a llamar al Dios Inmenso para rogarle que regrese a nosotros de inmediato. Igualmente solicito que vuelva a incrementarse el nmero de sacrificios. Es intil tratar de escatimar slo porque se nos estn acabando las mujeres. Igualmente solicito que se emprenda una Cuarta Cruzada a toda prisa, ¡antes de que el aire empiece a congelarse dentro de nuestras narices! Nota final del comandante del pelotn de ejecucin de este relato. Para quien le interese: este relato tiene el dudoso honor de haber destruido la (poca) fe religiosa que albergaba en mi interior en el momento en que lo le. Recuerdo que al leer el penltimo prrafo pense: "no es posible, no puedo haber ledo lo que he ledo", volv a leerlo, lo vi todo rojo, tir el libro bien lejos y creo que si hubiera tenido a algn religioso cerca en ese momento le habra arrancado la yugular a mordiscos. Tard unos buenos cinco minutos en serenarme y dejar de jurar en arameo. Y que quede claro, mi enfado no iba contra Aldiss o contra el relato en s, sino contra las religiones en general.

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Para que luego digan que la ciencia ficcin es inofensiva... Brian W. Aldiss Una de las figuras cumbres de la ciencia-ficcin britnica durante la llamada edad de oro del gnero. su primer cuento Registro criminal (Criminal record), apareci en 1954, en la revista britnica Science Fantasy. Su novela Non-Stop -en Estados Unidos se vendi como Starship y en Espaa como Viaje sin trminoapareci en 1958. A esta le siguieron El lento morir de la Tierra (1962), Los oscuros aos-luz (1964) y el cuento El rbol de saliva que le vali un nbula en 1965. En 1960 se convirti en presidente de la Asociacin Britnica de Ciencia-Ficcin. Al INDICE

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4. CUENTO MADE IN CUBA: MINUCIA. Por Jos Martn Daz Daz. Minucia no era persona, tampoco animal, supongo. Pareca un mueco para nios, sin especie definida. Cuatro patas con manitas. Orejas definidas. Grandes ojos. —Es una minucia —me dije cuando lo vi, y as lo llam siempre. Lo descubr debajo de una silla, desde donde me observaba con gran atencin. Al ver que yo reparaba en su presencia peg un brinco de alegra, se golpe la cabeza contra el fondo de la silla, se fue de nalgas contra el suelo y luego de patalear un poco boca arriba, logr volver a su posicin inicial. Sonri y vino a mi encuentro. Poda andar sobre sus patas traseras, pero con la torpeza de un beb aprendiendo a caminar. Llegar a m le resultaba toda una pro eza, as que fui a asistirlo y de paso lo cargu. Cuerpito menudo, cubierto de pelillos suaves. ¡Una delicia! Trat de averiguar de dnde haba salido, para devolverlo: nadie lo haba visto antes. Todos se encantaban al verlo. Creo a muchos les hubiera gustado quedarse con l. Minucia no les prestaba atencin. Si alguien le hablaba hunda ms su cabeza en mi pecho. De all la apartaba nicamente para mirarme a los ojos. ¡Se vea tan feliz! Como si me hubiese estado buscando toda su vida. De regreso, en la casa, le prepar una camita. Fue intil. Quera estar todo el tiempo junto a m, y si no lo tena cargado, se abrazaba a mi pierna, apretndola fuertemente y ah se quedaba. Deba andar con l por toda la casa, como si fuera una polaina. A la hora de dormir, me negu a brindarle lugar en mi cama. Una, porque Daniela, la muchacha con quien yo estaba entonces, vena a dormir conmigo frecuentemente. Otra, porque me daba miedo aplastarlo dormido. Sin embargo, para eso hubiera tenido que amarrarlo. Se tendi junto a mi cama y cuando regres del sueo, al ratico, ya lo tena abrazado a mi pierna. Fue una noche larga. A ngustiosa. Sin darme cuenta le daba patadas contra la pared. Me despertaba sobresaltado. l me miraba y sonrea disimulando el dolor con tal que lo dejara seguir all. A Daniela le cay muy bien Minucia. —¡Y esta cosita?! —pregunt ag achndose para acariciarlo.

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La “cosita”, respondi con una leve contorci n por las cosquillas y se traslad hacia el otro lado de mi pierna, como un nio penoso. Daniela intent desprendrmelo para cargarlo y l se neg con tanta insistencia que mi novia desisti. —Al parecer, nada ms le gustas t —concluy ella riendo enternecida. Luego, hasta me llam cruel por tratar de obligarlo a dormir solo. Le atrajo compartir nuestro lecho con la dulce criatura. No hicimos el amor, ni en esa, ni las siguientes noches. La primera no se nos ocurri. Das despus lo intentamos creyndolo dormido. De pronto lo vimos observndonos boquiabierto y la risa disip el entusiasmo. Si me miraba no lograba concentrarme, y l me miraba todo el tiempo. Deb encerrarlo. Cuando me vio alejarme sin poder seguir detrs de m, su rostro se transfigur de espanto, y al instante se desvaneci. Grit, lo levant enseguida, intent darle agua, reanimarlo de algn modo. ¡Pareca muer to! ¡Y yo solo poda acusarlo de quererme sin moderacin! Al fin consegu revivirlo. Abri sus grandes ojos y al verse en mis brazos sonri enternecido. Lo llev conmigo a la cama y antes de apagar la luz yo mismo lo puse amorosamente sobre mi pierna. —No me gusta lo que est pasando —dijo Daniela. Yo trabajaba en oficinas y mi jefe me haba advertido ya en una ocasin que no poda llevar all a Minucia. Si la simple amenaza de separarlo de m casi le ocasiona la muerte, Cmo abandonarlo por toda una jornada? Mis compaeros de trabajo se burlaban. Por ninguna calle pasaba inadvertido. Me haban convertido en toda una celebridad. ¡El hombre del bicho! Los nios se asomaban a mis ventanas para verlo. Cualquier conversacin con un amigo terminaba en el tema. Ya no sala a ninguna parte si no era imprescindible. Muchas veces tocaban y no abra la puerta. Hasta llegu a poner candado por fuera en la verja para hacer creer que no me encontraba. Minucia se mantena despiadadamente carioso. Solo le interesaba estar pegado a m. Ninguna razn lo convenca. Le ped muchas veces a mi jefe me diera un tiempo, hasta que consider ya era suficiente: perd el trabajo. Daniela me llam dbil. —¡Cmo esa cosa tan pequea y frgil puede dominar tu vida? No s. No s como poda. Tena que salir de l de alguna manera, pero cualquier

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manera era dejarlo sin m, lo cual podra representar matarlo. Cuando pensaba en eso me senta desalmado. ¡Era tan frgil y me amaba tanto! Daniela, por momentos, mostraba comprensin; aunque cada vez vena menos. Inventaba pretextos. Se iba enseguida. Me trataba con lstima. Fui yo quien le dije no viniese ms. Acept sin rplicas. Al ao ya haba perdido a casi todos los amigos. Y sin soar con amores. Mis piernas, de tanto rozar con el cuerpo de Minucia, estaban llenas de llagas. Mi casa era una ruina y yo un indigente. Quienes no me rechazaban, me compadecan. Gracias a estos ltimos no me haba muerto de hambre. Slo un amigo: Rafael, me visitaba una o dos veces a la semana. Pasbamos un rato juntos y se despeda: ofreciendo su ayuda para cualquier cosa que me hiciera falta. Minucia trataba en vano de animarme pintando moneras. Yo me rea pocas veces, cuando ya el no rerme era muy prolongado. Quizs rer era una necesidad fisiolgica. Me parece que no siempre l compre nda. Disfrutaba al ver los desastres de mi pierna, como si creyera que yo era feliz por poseer esa muestra de su amor. Me aterraba el futuro llegu a pensar en suicidarme. Un da empec con fiebre y estas se tornaban ms continuas y altas. El mdico dijo que se deba a una infeccin en las piernas, acompaado de cierto grado de neurosis. Me recet antibiticos y sedantes. Sobre todo acabar de resolver “mi problema”… Despus de pensarlo mucho, me lanc a una accin desesperada. Yo saba que me era imposible deshacerme de Minucia sin ay uda. La busqu en Rafael. Aprovechando una de sus visitas le deposit esta nota en el bolsillo; “Ven una noche sin avisar, entra por cualquiera de mis ventanas rotas, arrncame a Minucia y llvatelo. No se trata de sorprenderlo a l sino tambin a m. No me oigas si te pido clemencia ¡No hagas caso de nada! Llvalo bien lejos, de donde nunca logre regresar ni yo lo encuentre si voy a buscarlo. Nada ms te pido que sea un sitio donde l pueda encontrar a quien querer como a m. A lo mejor as se salve.” Rafael no volvi a mi casa por buen tiempo. La fiebre aumentaba. En medio del delirio comprenda la indignidad de mi mensaje. ¡Hasta los buenos amigos llegan a hartarse de tanta debilidad! Llor. Mi pequeo verdugo se angusti con mi llanto. Con actitud paternal me hizo

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acurrucar la cabeza contra su pecho diminuto. Quera protegerme. Impotente. No le alcanzaba el cuerpo para abrazarme. Rafael no me haba abandonado a mi suerte. Aquella madrugada despert amarrado: Varias personas se movan a mi alrededor en la oscuridad. Minucia empez a gritar aferrndose a mi pierna. Alguien intentaba arrancarlo de all. ¡Enseguida comprend lo que pasaba! Sus gritos eran ltigos sobre mi conciencia: ¡nada ms quera que lo dejaran en paz! Me arrepent de la nota. Le gritaba a Rafael aunque no lograba distinguirlo en el grupo. Slo consegu que Minucia se enterara de que era yo quien haba ordenado hacer aquello. Hubo un fuerte haln. Sus huesitos traquearon y escuch como se rajaba la carne: un chorrito de sangre tibia me corri por la piel. Su queja se perdi en la noche. De un lado cayeron las cuatro paticas como gotas de agua. An solas queran agarrar algo que ya no encontraban. Del otro lado qued el cuerpo iluminado por una linterna. Con la mirada me busc en la sombra. No le importaba lo que le haba hecho, tampoco que iba a morir, solamente verme, dedicarme hasta su ltimo poquito de vida. Rafael y los otros guardaron silencio. Minucia hizo varios movimientos tratando de acercarse a m sin conseguirlo. Alguno se ad elant para ayudarlo, otro lo detuvo con ademn respetuoso. Mi pequeo amigo, pretendiendo consolarme, me sonri por ltima vez. Luego expir con un sonido apenas perceptible. Jos Martn Daz Daz. Es Guionista de televisin, ha participado en varias series de televisin. El presente cuento result ganador en el concurso Arenas 2006 otorgado durante el III encuentro terico del gnero fantstico, Ansible 2006. Al INDICE

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5. CUENTO MADE IN CUBA: RECONCILIACI"N por Fredric Brown. Fuera, la noche era silenciosa y estrellada. En el saln de la casa se respiraba un ambiente tenso. El hombre y la mujer que all estaban se contemplaban con odio, a unos pocos metros el uno del otro. El hombre tena los puos cerrados como si debiera utilizarlos, y los dedos de la mujer estaban separados y curvados como garras, pero ambos mantenan los brazos rgidamente estirados a lo largo de su cuerpo. Eran seres civilizados. Ella habl en voz baja: Te odio dijo -. He llegado a odiar todo lo que te concierne. No me extraa replic l -. Ya me has arrancado hasta el ltimo cntimo con tus extravagancias, y ahora que ya no puedo comparte todas las tonteras que tu egosta corazoncito... No es eso. Ya sabes que no es eso. Si an me trataras igual que antes, sabes que el dinero no importara. Es esa... esa mujer. El suspir como aquel que suspira al or una cosa por diezmilsima vez. Sabes muy bien dijo que ella no significaba nada para m, absolutamente nada. T me empujaste a hacer... lo que hice. Y, a pesar de que no significara nada para m, no lo lamento. Volvera a hacerlo. Volvers a hacerlo, en cuanto se te presente la oportunidad. Pero yo no estar aqu para que me humilles. Me has humillado ante mis amigas... ¡Amigas! Esas arpas cuya asquerosa opinin te importa ms que... Un destello cegador y un calor sofocante. Ambos comprendieron, y cada uno de ellos dio un paso hacia el otro con los brazos extendidos; se abrazaron desesperadamente durante el segundo que les quedaba, el segundo final, que era todo lo que entonces importaba. Oh, amor mo, te quiero... John, John, cario... La onda de choque les alcanz.

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Fuera, en lo que haba sido una noche silenciosa, una flor roja aumentaba de tamao y se alzaba hacia el cielo destruido. Fredric Brown. Naci en Cincinnati (Ohio) el 29 de octubre de 1906. Se gradu en el Hanover College de Indiana y desempe durante su juventud los ms variados trabajos desde recadero hasta encargado del tiovivo en un parque de atracciones. Ya casado y con dos hijos obtuvo un empleo estable como corrector del Milwaukee Journal y comenz a escribir cuentos de misterio y ciencia ficcin que venda a las revistas a razn de uno o dos centavos la palabra. Su primera novela, La trampa fabulosa, publicada en 1947, le vali el codiciado premio Edgar Allan Poe otorgado por la Asociacin de Escritores de Misterio de Amrica. Este hecho determin que se hiciese escritor profesional, publicando sin descanso novelas y colecciones de cuentos. Tras residir largo tiempo en California, se traslad a Tucson (Arizona) en busca de un clima ms apropiado para sus deficiencias respiratorias. All muri en 1972. Al INDICE

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6. Miscelnea: Consejos de Kurt Vonnegutt para escritores. 1. Utiliza el tiempo de un completo desconocido de forma que l o ella no sienta que lo est malgastando. 2. Dale al lector al menos un personaje con el que l o ella se pueda identificar. 3. Todos los personajes deben querer algo, aunque sea un vaso de agua. 4. Cada frase debe hacer una de estas dos cosas: revelar un personaje o hacer que la accin avance. 5. Empieza tan cerca del final como te sea posible 6. S sdico. No importa cun dulces e inocentes sean tus protagonistas, haz que les pasen cosas horribles (para que el lector compruebe de qu madera estn hechos) 7. Escribe para contentar nicamente a una persona. Si abres la ventana para hacerle el amor al mundo, o lo mismo para hablarle, tu historia coger una neumona. 8. Dale a tus lectores t oda la informacin posible lo ms rpido posible. Para mantener el suspense. Los lectores deben tener una idea general de lo que est pasando, cmo y porqu, de modo que puedan acabar la historia ellos mismos; las cucarachas pueden comerse las ltimas pginas. AL INDICE

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7 LAS COSAS QUE VENDRAN (…y que pasan) Taller Espiral de creacin y crtica literaria del gnero fantstico Casa de Cultura de 10 de Octubre Calzada del 10 de Octubre y Carmen. Actividades: Lectura y debate de cuentos de los integrantes. Anlisis de tcnicas narrativas. Artculos de inters de determinado tpico o subgnero del fantstico. Lectura de obras de autores cultivadores del tpico. Debate sobre la lectura, el autor y su obra. Ejercicios literarios. Horario: Del 1 de septiembre al 15 de diciembre Primeros y terceros sbados de cada mes desde la 1:30 PM hasta las 4:30 PM de la tarde Sbado 1 de septiembre Tema: El Cuento: Estructura, recursos literarios y el tono de un cuento. Por: Javier de la Torre Sbado 15 de septiembre Tema: El Cuento: El Narrador y el Punto de vista. Por: Javier de la Torre Sbado 6 de octubre Tema: El Cuento: Los Personajes. Por: Anabel Enrquez Pieiro.

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Sbado 20 de octubre Tema: El Cuento: El dilogo, el monlogo interior y la corriente de pensamiento. Por: Juan Pablo Noroa Sbado 3 de noviembre Tema: Tcnicas Narrativas: La caja china y el dato escondido. Por: Javier de la Torre Sbado 17 de noviembre Tema: Tcnicas Narrativas: Mudas, saltos cualitativos y vasos comunicantes. Por: Anabel Enrquez Pieiro Del 18 al 25 de Noviembre: FESTIVAL de Literatura y Arte Fantstico Arco de Korad: Dioses, Mundos y Hombres. Dedicado a H. P. Lovecraft Sbado 1 de diciembre Tema: Tcnicas Narrativas: Niveles de Lectura y corriente subterrnea de sentido. Por: Juan Pablo Noroa Sbado 15 de diciembre 8vo FESTIVAL DE JUEGOS DE ROL Jartower. AL INDICE

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8. COMO CONTACTARNOS? S tienes algn comentario, sugerencia o colaboracin escrbenos a: darthmota@centro-onelio.cult.cu jartower@centro-onelio.cult.cu espiral@centro-onelio.cult.cu aceptamos cualquier colaboracin seria y desinteresada. Traten de ponerla en el cuerpo del mensaje. Advertencia: Los mensajes de direcciones desconocidas que contengan adjuntos sern borrados. Para suscribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la palabra "BOLETIN" en el asunto. Para desincribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase "NO BOLETIN" en el asunto. Para obtener nmeros atrasados envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase en el asunto "Numeros anteriores" y el nmero del correo atrasado que deseas entre parntesis a continuacin. Si los quieres todos escribir a continuacin “todos”. Ejemplos : Con el asunto “Numeros anteriores (2)(5)(20)” obtendras los nmeros 2, 5 y 20 del Disparo en Red. Con el asunto “Numeros anteriores todos” obtendras todos los nmeros del Disparo en Red existentes.

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n No. 36 (August, 2007)
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Science fiction
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