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Disparo en Red

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Material Information

Title:
Disparo en Red
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Disparo En Red
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - D42-00039-n38-2007-10
usfldc handle - d42.39
System ID:
SFS0024301:00037


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HOY: 24 de OCTUBRE del 2007

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DISPARO EN RED: Boletn electrnico de cienciaficcin y fantasa. De frecuencia mensual y totalmente gratis. disparoenred@centro-onelio.cult.cu -------------------------------------------------------Para descargar d isparos anteriores: http://www.esquina13.co.nr http://www.cubaunderground.com -------------------------------------------------------El sitio web del Fantstico Cubano http://www.cubaliteraria. cu/guaican/index.html

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disparoenred@centro -onelio.cult.cu Editores: Darthmota. Jartower. Colaboradores: Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa. espiral@centro-onelio.cult.cu espiralgrupo@yahoo.es Anabel Enrquez Istvn Bent Juan Pablo Noroa Coghan Vctor Hugo Prez Gallo Leonardo Gala Eliete Lorenzo Ral Aguiar Portada: Gimenez 0. CONTENIDOS: 1. La frase de hoy : George Lucas. 2. Artculo : El sentido de la ciencia–ficcin, Pablo Capanna. 3. Cuento clsico : La lnea de la vida, Robert Heinlein. 4. Cuento made in Cuba: Mi ltima cita en Manglar, Gabriel Gil. 5. Artculo : Literatura fantstica japonesa: Haruki Murakami, Bernat Castany Prado. 6. Humor : Diccionario desordenado de trminos de la ciencia-ficcin, Rafael Marn. 7. Cmo contactarnos?

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1. LA FRASE DE HOY : Palpatine: El lado oscuro de la Fuerza es un camino hacia muchos poderes que algunos consideran antinaturales. Anakin; Es posible aprender este poder ? Palpatine: No de un Jedi. George Lucas. Star Wars (La venganza del Sith) Al INDICE

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2. ARTICULO: El sentido de la ciencia–ficcin Pablo Capanna El sentido de la ciencia-ficcin es en realidad un libro publicado por Editorial Columba, Buenos Aires, 1966. Coleccin Nuevos Esquemas, 1. del que descaradamente hemos publicado su primer captulo (siempre sin nimo de lucro) en aras de que una gota de su sabidura llegue a todos los estudiosos, aficionados o escritores del gnero. Por razones de respeto al autor (a quin no le pedimos permiso) no publicaremos ms captulos de su magistral obra. I. EL NOMBRE La alianza ciencia–ficcin tena todo lo necesario para desagradar. Desagrad. Desagrada an. Y hay que creer que el trmino estaba maldito pues se intent en vano interpretarlo o tenderle un espejo. JACQUES STERNBERG, Une succursale du fantastique. En los buenos y viejos tiempos en que la Preceptiva reinaba indiscutida, con sus unidades aristotlicas y sus clasificaciones al estilo Linneo, era muy fcil ubicar una obra en el gnero correspondiente. Poda entonces tenerse por seguro que la imaginacin de los poetas corra dentro de los carriles fijados por las normas acadmicas, que slo dejaban un estrecho margen de eleccin entre los gneros y las convenciones explcitamente dispuestas. La obra inclasificable, aunque muy rara, era ignorada por los doctos y yaca a la espera de que el romanticismo viniera a descubrirla. As se explica cmo los europeos, enfrentados con un nuevo continente, slo atinaron a escribir poemas picos como Os Lusiadas o La Araucana, encuadrados dentro de las mejores tradiciones helensticas vigentes al respecto. Su horizonte mental les cerraba las posibilidades de ver que nuevas realidades exigan nuevas actitudes.

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La ola romntica y todas sus secuelas arrasaron con estas convenciones, e impusieron a su vez otras convenciones tcitas. Fue as como, cuando el auge del cientificismo y el mito del progreso hicieron surgir, a la par de la novela realista, una literatura de imaginacin inspirada en la ciencia, ambas tradiciones coincidieron en clasificarla implcitamente como arte didctico, bueno para interesar a los adolescentes en la investigacin o difundir conocimientos tiles. La revolucin tecnolgica de nuestro siglo, con el auge de los medios masivos de comunicacin y la transformacin del arte popular, hasta el momento no fiscalizado por academia alguna, en “arte comercial”, introdujo otra sistemtica de los gneros y las especies literarios, basada ahora simplemente en las demandas del pblico consumidor. La “literatura comercial”, convertida en i ndustria, debi delimitar tan estrictamente como la preceptiva los rubros que produca, con lo cual los libros se convirtieron en una mercadera de consumo, en un pasatiempo popular rotulado y etiquetado de manera que el lector supiera exactamente qu poda esperar de cada novela. Fue en los Estados Unidos, especialmente en la primera posguerra, cuando se crearon las convenciones estrictas que haban de regir una infinidad de novelas y cuentos indistinguibles unos de otros, construidos en serie como los autos de Detroit. Vieron la luz entonces las novelas “de cowboys”, “de la selva”, “policiales”, “de misterio”, “de terror”, sin excluir aquellas “slo para caballeros” o gneros tan curiosos como las novelas “de buzos” o “de la Polica Montada Canadiense”. Es en esta poca y en este marco tan poco “culto” cuando se cometi el pecado original al cual hemos de imputar los equvocos que an hoy debemos soportar todos cuantos nos ocupamos seriamente de la ciencia–ficcin. El hecho ocurri cuando, continuando algunos intentos estadoun idenses de imitar la novela cientfica europea, clasificados como “historias diferentes”, Gernsback fund la primera revista especializada, Amazing Stories, en 1926. Con ello, adems de brindar una fecha memorable a los futuros fanticos, daba un nombre al nuevo gnero comercial–literario, al designarlo

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como “ scientifiction” o “science fiction”, lo que ha venido a dar en nuestro “ciencia–ficcin” o “S–f”. Conviene que aclaremos un poco el significado de esta palabra bastarda, que no pocas confusiones suscita y que trae al odo poco avezado la discordancia de un difcil acercamiento entre la fantasa y el mtodo cientfico. Para comenzar, recordaremos que, en virtud del aludido criterio comercial (que en su origen fue tambin literario), en lo s pases anglosajones se acostumbra a clasificar todo libro publicado en dos grandes grupos: non fiction (que abarca desde las matemticas y la filologa hasta los textos escolares y las recetas de cocina) y fiction (que incluye todo lo restante, siempr e que no se trate de hechos o de teoras acerca de ellos, es decir novela, poesa, ensayo, cuento, etc.). Dentro de este vastsimo marco de lo que se entenda por fiction los editores crearon, junto con las otras muchas variedades comerciales de las que ya hemos hablado, un tipo de fantasa que tomaba como tema la ciencia, los cientficos y el mtodo, denominndola Science (especie)– fiction (gnero). Toda la evolucin posterior de la s–f se desarroll bajo este rtulo inadecuado, en constante pugna con las limitaciones que impona su origen; estas limitaciones fueron hechas notar por no pocos autores y comentaristas. Cuando, alrededor de 1950–55, la s–f norteamericana comenz a expandirse hacia Europa, en el momento de su mayor auge comercial, las traducciones con que su nombre se present no hicieron ms que complicar las cosas. El sentido aludido de fiction, que permite en ingls combinaciones para nosotros tautolgicas, como fantasy fiction, se perdi al intentarse traducciones literales. As es como en Francia, favorecido por una ortografa idntica, se impuso science fiction, mientras en Alemania se conservaba el trmino ingls y en Italia se adoptaba fantascienza. En los pases de habla espaola se intent “fantaciencia” sobre modelo italiano, “ficcin cientfica” (quiz la mejor traduccin de science–fiction), y termin por imponerse “ciencia–ficcin”, a imitacin del francs, por obra de Minotauro. Despus de tales vicisitudes, la

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palabra “ciencia”, adems del equvoco que significa aparecer con todas sus letras, se ha transformado de adjetivo en sustantivo. La difusin tarda del gnero en nuestro medio, combinada adems con la paralela aparicin del “nuevo humanismo” marca Plante, que a menudo aparece consustanciado con l, han hecho que se agravara an ms la oscuridad original del nombre. De tal modo, basndose en el confuso concepto que se tiene de aquel movimiento, cuyos creadores tampoco lo precisan demasiado, ocurre que hoy, para muchas personas cultas y aun intelectuales, la palabra “ciencia–ficcin” sugiere una nueva ciencia, o, lo que es peor, una ciencia oculta. As como Sternberg se quejaba hace aos de que el francs culto tuviera siempre en sus labios la mxima “la ciencia–ficcin es una tontera, pero Bradbury me agrada mucho”, refirindose as al nico autor que haba ledo, resulta penoso aqu or tantos juicios lapidarios sobre este tema, formulados por quienes, si han tenido contacto con l, lo han hecho a travs de sus subproductos ms burdos. Michel Butor1 afirma que, interrogado el hombre comn sobre qu es la s–f, nos contestar aproximadamente: —La ciencia–ficcin? Ah, s... los cuentos de marcianos y cohetes espaciales... Lo peor es que Butor mismo, y como l muchos intelectuales de menor cuanta, crean que sa es la mejor definicin del gnero y de sus temas, cuando en realidad esto podra ser apenas una definicin pasable de lo que los aficionados llaman “space–opera”. La indiferencia general y la pereza intelectual que lleva a definir lo ignorado reducindolo a lo conocido son en buena parte responsables de que hoy se hable de s–f en relacin a cosas muy heterogneas, ta les como pelculas, historietas o series de televisin, donde aparezcan cientficos, naves del espacio o armas nucleares. Pero, si existe una causa ms profunda de todo esto, debemos buscarla precisamente en el nombre, cuya vaguedad permite tantas ignorancias. Desgraciadamente, tanto los aficionados co mo los expertos y crticos, perennemente disconformes con esa designacin, no han sabido hallar un trmino que se adapte 1 BUTOR, MICHEL, “La crise de croissance de la scie nce–fiction” ( Cahiers du Sud, N 317, Pars, 1er. semestre de 1953).

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mejor a una literatura tan compleja y de niveles tan desiguales. Cabe pensar que, aunque existiera un tal trmino, sera ya imposible imponerlo. El viejo trmino “novela de anticipacin”, forjado en la poca de Verne y que an muchos crticos europeos emplean, se ha revelado insuficiente, al mostrarse que la nocin de futuro no es inescindible de la ciencia–ficcin. Otros trminos en uso entre los crticos franceses, tales como “ci encia novelada”, “anticipacin cientfica” o aun el ms curioso “humor cientfico”, la reducen a simple divulgacin hecha a nivel pedaggico. Nuevos intentos franceses han sugerido la posibilidad de incluir a la ficcin cientfica (de algn modo hay que llamarla) en un campo ms vasto que abarque otras formas del arte marginal. Tal es lo que propone Pierre Versins al subsumirla en el campo de las “literaturas conjetural es” o la iniciativa tomada por Bergier y Pauwels al publicar s–f en Plante junto con otros textos fantsticos, como “literatura diferente”, esto es: diferente de las formas gastadas y acadmicas de la literatura oficial. Con ello no se hace ms que volver a los comienzos, cuando la s–f surgi en las revistas de Munsey bajo ese rtulo. Las limitaciones que impone una denominacin comercial como “ciencia–ficcin” son tambin responsables de su descrdito en el mundo intelectual. Un ttulo de este tipo predispone al crtico y al erudito que por primera vez se enfrente con ella a un juicio peyorativo; si a esto agregamos la presentacin burda que generalmente se le ha dado, a travs de revistas o libros de bolsillo con tapas resplandecientes de cohetes y monstruos del espacio, sern pocos los intelectuales de buen gusto capaces de sobreponerse a esa impresin inicial y tratar de analizar su contenido con criterios objetivos. Afirma Sternberg, muy justamente, que quizs hubiese sido similar o por lo menos mas difcil la suerte de Proust de haber sido introducido en los pases anglosajones bajo la etiqueta psychologic fiction, es decir “ficcin psicolgica”. En cuanto a los expertos anglosajones, los resultados no son ms satisfactorios. Tanto science fantasy (William Tenn) como Speculative fantasy (Michael

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Moorcock) no aportan nada nuevo. Damon Knight, autor de In search of wonder, uno de los mejores ensayos sobre el tema, escritor y editor de s–f, aventur el ttulo “ficcin especulativa”. Por seductor que resulte este trmino, su vaguedad es sin embargo tal que si por un lado abarca los mejores temas de la s–f tambin podra extenderse sin inconvenientes a la Divina comedia o a Kafka. La lgica nos recuerda que para que una definicin sea completa debe precisarse ms, de manera que el definiens abarque, adems del gnero, la diferencia especfica. Esa diferencia en nuestro caso slo podra ser dada histricamente, es decir que deberamos aclarar: “Ficcin especulativa del tipo surgido en tales y cuales circunstancias, con tal o cual temtica, con tales y cuales influencias...”, etc. Una tal definicin “perimtrica” (De Camp), adems de ser muy poco prctica, estara en contra de toda una tradicin en la historia de las letras y de las ideas. Es sabido que cada autor y aun cada obra son un mundo con leyes propias y que toda agrupacin en escuelas es un pecado necesario, para poner orden en el caos de la creacin artstica, y que esa necesidad de poner orden es propia de todas las formas superiores de civilizacin y, particularmente, de la occi dental. Casi todos los nombres de escuelas y gneros literarios son, por otra parte, un poco arbitrarios, por lo menos en su aplicacin a los casos individuales, y debemos resignarnos a su vaguedad. “Ciencia– ficcin” se ha impuesto por razones fortuitas, y resultara ya vano intentar cambiarla. La aceptamos pues, pero dejando en pie todas las salvedades que una autoridad como Judith Merril hace cuando se trata de definir el gnero. Esta autora, compiladora de algunas de las mejores antologas del gnero, intenta salir de la maraa de definiciones analizadas estableciendo algunas distinciones. Merril acepta y emplea la sigla “s–f” ( science–fiction) haciendo la salvedad de que la “S” puede significar tanto “ciencia” ( science) como “especulacin” ( speculation) y la “F” abarca tanto “ficcin” ( fiction) como “fantasa” ( fantasy) o “hechos” ( facts).

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Su definicin es an una de las mejores que hemos recogido: “ciencia ficcin es la literatura de la imaginacin disciplinada”. Las otras definiciones, de las que nos ocuparemos ahora, habrn de arrojar, pese a su insuficiencia, algo de luz sobre este gnero y completar o explicar una frmula tan lapidaria. Comenzaremos por “Ficcin cientfica”. Es curioso observar hasta qu punto los hbitos intelectuales pueden dominar una personalidad y condicionar sus juicios, especialmente cuando esa personalidad se ve obligada a moverse fuera de lo trillado, donde hay que crear categoras nuev as para interpretar lo nuevo; esta obligacin, sin embargo, cuenta muy poco para los intelectuales embarcados en una corriente definida de pensamiento y comprometidos con sus dogmas. Cuando se trata de analizar algo como la ciencia–fi ccin, que es terra incognita an en las universidades, lo ms fcil resulta medirla con los cnones con que la corriente trabaja, reducindolo a lo conocido. Dicho ms crudamente, proyectar los propios prejuicios, racionalizando desde luego. Tal es el espectculo que nos ofrecen los estudios literarios suscitados en Francia en el perodo 1950–55, cuando se produjo la difusin en Europa de las grandes revistas norteamericanas. Todas las grandes public aciones literarias, desde Les Temps Modernes hasta Esprit, abrieron sus espacios a la polmica sobre el gnero, invitando a sus acostumbrados colaboradores a intervenir en ella. El resultado es bastante lamentable para el aficionado con cierto dominio del campo o para aquel que alguna vez se tom el obvio pero difcil trabajo de “ir a las cosas mismas”, despojndose de hbitos estticos y literarios. Salvo ciertas honrosas excepciones, slo hallamos una galera de proyecciones, donde cada cual ataca lo que no se ajusta a los principios de su escuela, y destaca como mritos lo que parece coincidir con aqullos. El empleo de las anteojeras mentales, sin embargo, no es un vicio de los crticos franceses, sino que abunda en casi todas partes. Elegiremos un ejemplo significativo. En 1957, la revista Europe, la que fue orientada en sus comienzos por Romain Rolland, dedica un nmero a la “ciencia– ficcin” y organiza al efecto una mesa redonda sobre ese tema, en la cual interviene

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todo su equipo de redaccin. Luego de una serie de tanteos preliminares, en los que se evidencia el precario conocimiento del tema (todos se esfuerzan por mostrar su erudicin citando a Verne, Ki pling o Wells, cuando se trataba de la s–f actual), se llega pronto a un acuerdo, consistente en definir el gnero como “ciencia novelada”. Liquidado as el asunto, se pasa al grave y escolstico problema de decidir si el gnero es progresista o reaccionario. Aqu ya los participantes se mueven con mayor libertad, y, empuando cada cual uno de los escasos textos conocidos, se afanan por defender una de las dos tesis. No pretende mos decir que esta discusin carezca de sentido, pues nosotros mismos habremos de tomar partido en ella. Lo que nos interesa destacar es la actitud que tiende a ver slo lo que se quiere ver, tan humana como inevitable. Retengamos sin embargo la definicin esbozada: la s–f sera “ciencia novelada”. Es sta una de las opiniones ms difundidas, que, diluida o adaptada de muy diversas maneras, encontramos an en el hombre de la calle. Por ello se hace necesario definir cunto tiene de cierto. Es conocida la ancdota de Julio Verne: interrogado sobre qu opinaba de las obras de Wells, que empleaba la antigravedad para los viajes espaciales, mientras l empleaba la balstica, se asegura que coment: —Yo utilizo la ciencia, l inventa. Curiosamente, hoy sabemos que un proyectil balstico del tipo descripto por Verne es tcnicamente absurdo, mientras que se empieza a hablar seriamente de la antigravedad. Los apologistas de Verne, entre los que se cuenta Moore, sostienen que, aunque de acuerdo con la ciencia de hoy estara equivocado, an sigue siendo el modelo de escritor de s–f. De este modo se evidencia que lo que est defendindose no es la ciencia misma sino una cierta actitud conservadora. En realidad, cuando la ciencia–ficcin tiene tema cientfico, utiliza los datos de la ciencia y a la vez la “crea”. Si se limita a emplear los resultados adquiridos y comprobados de la ciencia en su momento histrico, fantaseando sobre esos hechos de una manera literariamente aceptable, corre el riesgo de que le ocurra lo mismo que a Verne. Cuando la ciencia sigue los caminos lgicamente previsibles, estas profecas se convierten en “anticipaciones” (como en el caso del submarino), y, si

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no lo hace as, pasan a formar parte del museo de las ideas fallidas, junto con el flogisto, los epiciclos tolemaicos o el planeta Vulcano. Es as como las anticipaciones optimistas de Verne, sobre un futuro de prosperidad alcanzado por medio de la tcnica, nos resultan hoy ingenuas, mientras que algunas pginas grotescas de Wells sobre el predominio de la propaganda en la vida moderna se revelan alucinatoriamente plausibles. Una de las caractersticas de la ciencia–fi ccin, cuando ha tomado ideas cientficas, ha sido siempre la de explorar campos nuevos, an no tocados por la investigacin oficial. Cuando esto ha sido hecho por cientficos, el gnero se convirti en campo de experimentacin para teoras an no bien demostradas, en cuentos donde dicha teora se daba por supuesta y se desarrollaban sus posibles consecuencias. Algunas anticipaciones logradas son el satlite artificial y la radioastronoma, as como muchas de las ideas tecnolgicas de la s–f sovitica, donde esta tendencia predomina. Estos temas cientficos predominaron en una primera etapa de la ciencia–ficcin norteamericana y dieron abundantes frutos al provocar el surgimiento de muchas vocaciones cientficas, aunque no sean, sin embargo, lo esencial del gnero. Las obras de Verne, Rosny y sus continuadores franceses, que dieron en un tiempo esta orientacin a la s–f, estn concebidas dentro del Zeitgeist de fines del siglo pasado, es decir, del positivismo comtiano y del materialismo “cientfico”. Supuesto el mito liberal, en el cual el espritu racional, encarnado en la ciencia por el positivismo, iba a ir eclipsando otras manifestaciones prelgicas, y siendo la novela naturalista el mejor ejemplo de la ciencia aplicada al arte, la literatura de anticipacin deba moverse dentro de un futuro donde el triunfo de la razn estuviese asegurado por el progreso rectilneo de la ciencia y la tecnologa. La utopa tecnocrtica, de la que tantos ejemplos podramos citar, es una muestra de lo que se puede hacer dentro de esta perspectiva. Las utopas tecnocrticas del siglo pasado se diferencian poco entre s, salvo en la va a seguir para alcanzar ese futuro de Mquinas Maravillosas, o en las

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mquinas mismas, mientras que las supuestas anticipaciones de la ciencia–ficcin actual son una galera de caricaturas del presente o bien desarrollos de otras tantas posibilidades implcitas en el tiempo actual. La idea de que la s–f est ligada a la nocin de futuro y se aboca exclusivamente a su descripcin, poda ser vlida en aquellos tiempos y es an la opinin del hombre de la calle, quien se empea en llamar “f uturista” al arte no figurativo, varias dcadas despus de haber desaparecido el futurismo. El futuro no es ms que un expediente, en la s–f de hoy, para extrapolar ciertas conclusiones que surgen de una problemtica actual, un expediente tan bueno como lo constituyen los planetas imaginarios o los mundos paralelos. La obra de un Lovecraft, uno de los maestros del gnero que ms influencia han ejercido, gira por completo en torno del ms remoto pasado; hay una infinidad de cuentos y novelas que se sitan en nuestro tiempo, y aun la descripcin de la vida del ltimo de los hombres de Neanderthal, hace muchos miles de aos, puede servir a un autor como Lester del Rey para hacer buena ciencia–ficcin. En un captulo notable de su obra, Jacques Sternberg da una reduccin por el absurdo de esta tendencia, al refutar una frase de Maurois, mostrando una exhaustiva serie de obras donde se acumulan los futuros ms terribles e insensatos; Maurois aseguraba que “todo lo imaginado llega a realizarse”. Resultan pues injustificadas las advertencias de los legos que, ante los progresos en materia de viajes espaciales o el avance tecnolgico general, suponen (con la mirada puesta en el siglo pasado) que la fantasa cientfica pronto no tendr temas, pues el avasallador avance cientfico acabar por realizar “los ms audaces sueos de los visionarios”. Podramos darnos por perdidos si el progreso tecnolgico realizara algunos de los sueos absurdos que con sutil irona nos presenta Sternberg. En realidad, como veremos ms adelante, los temas cientficos, los problemas tcnicos resueltos por las Mquinas Mara villosas, que permitieron que alguien caracterizara al gnero como technician’s bedtime stories (canciones de cuna para tcnicos), pertenecen al pasado de la s–f y si an hay muchos cientficos en las filas

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del gnero, stos ya han interpretado las nuevas orientaciones y, como ocurre con el astrofsico Fred Hoyle (uno de los pocos autores que merecen el honor de ser conocidos por el gran pblico, ms gracias a sus mritos cientficos que a su originalidad como escritor de s–f ), utilizan la ciencia–ficcin como medio de expresin de sus ideas polticas y sociales. Sin embargo, hay algo en esta vinculacin entre ciencia y fantasa que justifica la “s” de la sigla. El mtodo cientfico se caracteriza por la prediccin: una descripcin de los hechos es fenomenologa o taxonoma, pero no es ciencia: para que una teora sea cientfica debe no slo explicar los fenmenos sino predecir hechos eventuales que habrn de producirse de acuerdo con ella. La s–f ha surgido junto con la segunda revolucin industrial, en una poca en que el mtodo cientfico comienza a aplicarse a nuevos campos, y una cierta actitud metdica subyace bajo ella. Por ello, si bien como lo hace notar un autor suspicaz, “los relatos de s–f no necesitan ser escritos por cientficos, as como los cuentos de fantasmas no son escritos por espectros” (Brian Aldiss), lo que caracteriza la s–f es cierta actitud metdica y cierta lgica consecuente, de corte cientfico, para tratar aun las hiptesis ms descabelladas o agotar las posibilidades implcitas en una situacin dada. En esto se diferencia la s–f de la literatura fantstica tradicional: no en la cientificidad de sus temas (pues la alfombra voladora o el fantasma pueden ser “cientficos” en una circunstancia histrica peculiar), sino en el modo en que son tratados. Se puede hacer s–f sin tratar temas cientficos, sino simples relaci ones humanas, y aun tratar los temas fantsticos tradicionales con lgica y consecuencia, tal como lo hace, por ejemplo, Richard Matheson en su novela Soy leyenda cuyo tema principal son los vampiros, pero de los cuales da una explicacin que no por ser irreal deja de ser menos plausible y lgica. Volvemos pues a la definicin de J. Merril: “Literatura de la imaginacin disciplinada”. En esto se diferencia tamb in la s–f del superrealismo: los temas ms inimaginables que el superrealismo o la lite ratura grotesca tradicional tratan segn la lgica onrica, donde el principio de realidad no cuenta, son pacientemente

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descompuestos y desenvueltos por la s–f con rigor lgico, de modo de hacerse plausibles al hombre del s. XX. Lo que hay aqu de cientfico no es pues el contenido, pues ello significara cercenar enormes campos de lo imaginario, sino la actitud, fundada en el mtodo cientfico, que exige imaginacin y el empleo de una cierta lgica. Pasemos ahora a otra concepcin del gnero: la stira social. Acabamos de aludir a los escritores de formacin tradicional, formados dentro de las grandes corrientes literarias, que se enfrentan a la s–f con sus peculiares prejuicios de escuela. Sin embargo, un caso notable de un profesor de literatura que ha hecho un sincero esfuerzo por ahondar en el gnero lo hallamos en Kingsley Amis. Este escritor ingls nos ha dado uno de los pocos ensayos consistentes que se hayan hecho sobre el gnero por alguien ajeno a l. Su obra, titulada Nuevos mapas del infierno, adolece de ciertas fallas, especialmente la limitacin del material consultado, pero tiene la ventaja, lo repetimos, de haber tomado contacto con todos los niveles del gnero, de modo que sus juicios son considerablemente ms ajustados a la realidad que los de los comentaristas comunes. Amis realiza en su libro un anlisis algo fragmentario y a menudo apresurado (es notable como desprecia a Bradbury y Lovecraft, que resultan ser los nicos autores que gozan de cierta difusin entre el pblico no adicto) donde analiza todos los temas del gnero, para detenerse mucho en Frederik Pohl, y concluir sentando su propia tesis. Si hemos de creerle, lo esencial de la s–f es su funcin de crtica de costumbres, la libertad que brinda una fantas a ilimitada para satirizar aspectos de la sociedad que normalmente los escritores no se atreven a tocar. De todas las obras “oficiales” no encuentra Amis una sola novela que ponga en juego la omnmoda presencia de la propaganda en la cultura de masas; estas obras se reducen a lo sumo a plantear problemas humanos vinculados con la profesin de la propaganda, pero no atacan, como lo hacen los socilogos y ensayistas, las bases mismas del sistema. Resulta evidente que si buscamos entre los ilustres antecesores de la s–f (y no queremos, expresamente, emplear la pala bra “precursores”) no dejaremos de

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encontrar confirmacin de esta tesis. No otra cosa que una aguda crtica a la sociedad de su poca, a veces hecha extensiva a la condicin humana en general, es lo que animaba a Voltaire a escribir su Micrmegas, a Swift su s Viajes de Gulliver, y ms recientemente a Wells, con su premonitoria stira de la especializacin en el mundo moderno, Los primeros hombres en la Luna. Por otra parte, es sta una lnea tradicional de la literatura inglesa, que tiene sus ilustres representantes, luego de Swift y Wells, en Butler, Orwell, y dentro del gnero por nosotros estudiado, a Stapledon y Fowler Wright. Pero no debemos olvidar algo que mostr Bergier2 en un artculo dedicado a este particular. La aparicin de la crtica social en la s–f norteamericana es tarda, y aparece slo en la etapa de madurez, cuando los escritores comienzan a pulir su estilo, a cultivarse y a buscar modelos en lo s utopistas satricos del pasado. Por otra parte, el tema de la crtica social est prcticamente ausente de la s–f sovitica, a pesar de constituir ste uno de los pocos campos de la literatura rusa donde los escritores se permitan tomar ciertas libertades con resp ecto a la dogmtica oficial. De todos modos, y admitiendo con Amis que la crtica de las costumbres y la organizacin social sea uno de los temas ms serios dentro del gnero y uno de los ms fecundos, la definicin por l dada se s–f como “stira social” peca de limitacin y no da cuenta de las infinitas posibilidades mitolgicas que el gnero encierra. Debemos pues creer que, como lo afirma otra de las definiciones en boga, la s–f sera la mitologa del siglo XX, el cuento de hadas de la era espacial? Para el caso, mitologa y cuento de hadas valen lo mismo, pues es sabido que los cuentos de hadas tradicionales derivan sus temas de la mitologa germnica o del folklore nrdico medieval, constituyendo una versin decantada, ad usum delphini, diramos, de creencias que en etapas anteriores fueron verdaderas cosmovisiones. Tendremos tiempo luego de discutir este tema con ms amplitud, pero conviene tratar ahora los aspectos que nos interesan para dar una definicin del gnero. Convendremos pues que, cuando se habla de mitologa, se lo hace generalmente de 2 BERGIER, JACQUES, “Science–fiction et critique sociale” ( Critique, N 82, Pars, marzo de 1954).

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modo despectivo, en virtud de una actitud heredada de los primeros apologistas cristianos; su actitud de lucha tenda a me nospreciar las creencias del adversario pagano, convirtindolas en “fbulas imaginarias”. La antropologa moderna ha restituido al mito su autonoma y ha most rado de manera objetiva su significacin como modo de vida en las culturas “primitivas” y las cosmobiolgicas del paganismo clsico. El mito antiguo expresa la experiencia del tiempo que tiene el hombre de una cultura ligada al ciclo csmico; es una tentativa de organizar el tiempo existencial, fijndolo dentro de ci ertas formas estticas que remiten siempre al pasado, al momento inicial de la creacin. Es una forma de vida cclica, donde el presente es sentido como debilitamiento de l pasado, y el futuro es sentido como repeticin de ste. Resulta pues incomprensible cmo se puede hablar de mitologa en este sentido, aludiendo a algo que tanta insistencia pone en lo nuevo. Aunque todos estn de acuerdo en que la ciencia–ficcin no sea siempre progresista, de ningn modo fuerza al lector a un conservadurismo mental: aun a travs de sus formas ms burdas, hay un esfuerzo por ir ms all de lo conocido. Una interpretacin ms aguda entronca con esta lnea: desgraciadamente no todos los que la aplican son igualmente agudos, y la mayora de las veces no hacen sino repetir algo que otros pensaron. Se trata de la definicin de la ciencia–ficcin como “literatura de evasin”, un escape literario para alejarse de los compromisos y las tensiones que crea la vida en una sociedad tecnificada y competitiva. Uno de los mayores estudiosos del mito, Mircea Eliade3, ha destacado el papel de la lectura en el hombre contemporneo, entendiendo por tal la literatura “de consumo”, no la literatura culta. Las novelas “escapis tas” permiten evadir se de las condiciones abyectas o frustrantes de una existencia rutinaria e identificarse con un personaje poderoso, invencible, afortunado, que vive una vida intensa y compensa todas las carencias que al hombre de la calle le tocan vivir. Tal es el caso de la novela de aventuras, de la historieta grfica, de la novela policial en sus formas ms comerciales. Indudablemente, esto es cierto en la gran mayora de los casos, pero no slo debe atribuirse a las masas, pues tambin podra decirse que toda literatura, aun 3 ELIADE, MIRCEA, “Los mitos en el mundo moderno” ( La Torre, Rev. de la Universidad de Puerto Rico, a. II, N 6, abril–junio de 1954).

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comprometida, es una forma de evasin, ms o menos noble. El erudito que se recluye en la torre de marfil en compaa de sus clsicos est tambin en cierta forma huyendo del mundo que lo rodea: todo depende de la finalidad con que lo haga. Pero no debemos confundir la ciencia–ficcin, a pesar de sus aspectos populares, con esta literatura hecha en serie: un examen somero de sus manifestaciones sociolgicas, hecho sin prejuicio alguno, nos la muestra como una literatura popular muy sui generis. Por empezar, los sondeos estadsticos efectuados en distintas oportunidades nos muestran que su pblico se recluta slo entre personas de un cierto nivel cultural, y muy poco entre los adolescentes, a pesar de lo que podra parecer obvio. Por otra parte, el lector de novela de aventuras o policiales permanece annimo; puede llegar a seguir a un autor o a coleccionar una revista, pero no da muestras de ejercer ningn sentido crtico o de discutir el sentido mismo de su aficin. Una manifestacin social como la que constituyen los clubes de aficionados en los Estados Unidos no halla su contrapartida en el terreno de la literatura de evasin. Los lectores de s–f se organizan en ncleos compactos, mantienen un dilogo crtico con sus revistas, se esfuerzan por problematizar el gnero, editan boletines y adoptan posiciones comprometidas frente a los problemas de actualidad, tales como la integracin racial o el macarthismo. En una palabra, manifiestan una actitud alerta, difcil de seducir por esquemas polticos simplistas o los sist emas ideolgicos demasiado abarcadores. Existen, desde luego, utopas que han ejercido una influencia fascinadora dentro del gnero, tales como la doctrina de Fort, la semntica general y la parapsicologa. Pero en conjunto creemos que nada hay ms lejano de la actitud mtica paralizadora que la s–f. Sorprende a veces hallar en e lla ecos del mito clsico, cuando la pica del espacio o del futuro coincide significativamente con las leyendas de la tradicin. Pero no hay que confundir el contenido, que como ya sabemos la ciencia–ficcin puede tomar de cualquier campo, incluyendo el mitolgico, con la actitud esttica de quien aora el pasado o se refugia en un mundo ilusorio para eludir sus compromisos del presente.

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Pablo Capanna. Naci en Florencia, Italia, en 1939, pero ha vivido en Buenos Aires, Argentina, desde los 10 aos de edad. Es profesor de filosofa, periodista, escritor y docente universitario. Sus artculos han aparecido en Criterio, El Pndulo Minotauro Axxn e innumerables publicaciones ms. Escribe en el suplemento Futuro del diario Pagina/12. Obtuvo dos veces el Premio Plyade, el Diploma de Honor Konex y cinco veces el Premio Ms All AL INDICE

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3. CUENTO CLASICO : LA LNEA DE LA VIDA Por Robert Heinlein A propsito del centenario de su natalicio ofrecemos aqu su primer cuento. El presidente golpe fuertemente la mesa llamando al orden. Gradualmente, los silbidos y abucheos fueron cesando, mientras varios oficiales de orden espontneos persuadan a algunos acalorados individuos de que se sentaran de nuevo. El orador en la tribuna al lado del presidente pareca no darse cuenta del tumu lto. Su fofo y algo insolente rostro estaba impasible. El presidente se gir hacia l y le di rigi la palabra, con una voz en la cual no se disimulaban la ira y el disgusto. Doctor Pinero recalc ligeramente la palabra doctor, debo disculparme por el inesperado alboroto producido por sus observaciones. Estoy sorprendido de que mis colegas hayan olvidado la dignidad propia de los hombres de ciencia hasta el punto de interrumpir a un orador, a pesar -hizo una pausa y apret fuertemente la bocaa pesar de lo grande que haya sido la provocacin. Pinero se ri en su cara, una sonrisa que era en cierto modo un abierto insulto. El presidente control con visible esfuerzo su indignacin y prosigui -: Estoy ansioso de que el programa finalice honestamente y en orden. Deseo que termine usted sus observaciones. Sin embargo, debo pedirle que intente no insultar nuestras inteligencias con ideas que cualquier hombre educado sabe que son errneas. Por favor, limtese a hablarnos de su descubrimiento... si es que ha descubierto usted algo. Pinero extendi sus gordezuelas y blancas manos, con las palmas hacia abajo. Cmo puedo poner una idea nueva en las cabezas de ustedes, si primero no quito de ah sus falsos conceptos? La audiencia se agit y murmur. Alguien grit desde el fondo de la sala: ¡Echen de ah a ese charlatn! ¡Ya hemos odo bastante! El presidente levant su maza. ¡Seores! ¡Por favor! Y luego, dirigindose a Pinero -: Debo recordarle que no es usted miembro de esta corporacin, y que nosotros no le invitamos? Pinero frunci las cejas.

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De veras? Creo recordar una invitacin con el membrete de la Academia. El presidente se mordi el labio inferior antes de responder. Cierto. Yo mismo escrib esa invitacin. Pero fue a peticin de uno de los miembros del directorio... un caballero muy educado y sociable, pero no un cientfico, no un miembro de la Academia. Pinero exhibi su irritante sonrisa. De veras? Debera habero supuesto. Acaso fue el viejo Bidwell, el de la Unin de Seguros de Vida? Tal vez esperaba que sus adiestradas focas demostraran que soy un fraude? Porque si yo puedo decirle a un hombre la fecha de su muerte, nadie va a comprar sus preciosas plizas de seguro de vida. Pero cmo pueden demostrar que soy un fraude, si primero no me escuchan? Aun suponiendo que tengan la suficiente inteligencia como para comprenderme? ¡Bah! Han enviado chacales para vencer a un len. Les volvi deliberadamente la espalda. Los murmullos de la concurrencia crecieron y adquirieron un tono amenazador. El presidente grit en vano pidiendo orden. Alguien de la primera fila se levant. ¡Seor presidente! El presidente aprovech la circunstancia y grit: ¡Seores! El doctor Van Rheinsmitt tiene la palabra. La agitacin cedi. El doctor carraspeo, se apart un mechn de su hermoso pelo blanco y se meti una mano en el bolsillo de sus elegantes pantalones hechos a la medida. Asumi los modales de su club femenino. Seor presidente, compaeros miembros de la Academia de Ciencias, seamos tolerantes. Incluso un asesino tiene derecho a hablar antes de que la justicia le exija su tributo. Vamos a ser nosotros menos? Aunque todos estemos intelectualmente seguros del veredicto? Me gustara garantizarle al doctor Pinero las mismas consideraciones que habitualmente dispensamos en esta augusta corporacin a cualquier colega no afiliado a ella, incluso en el caso hizo una ligera inclinacin en direccin a Pinero de que no nos sea familiar la universidad donde obtuvo su graduacin. Si lo que tiene que decirnos es falso, no va a perjudicarnos. Y si lo que tiene que decir es cierto, deberamos conocerlo. Su suave y cultivada voz flua suavemente, tranquila y apaciguadora -. Si los modales del eminente doctor nos parecen algo rsticos a nuestros paladares, debemos tener en cuenta que el

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doctor tal vez proceda de un lugar, o de un estado social, no tan meticuloso en estos detalles. Nuestro buen amigo y benefactor nos ha pedido que escuchemos a esta persona y que sopesemos cuidadosamente los mritos de sus afirmaciones. Les pido que lo hagamos con dignidad y decoro. Se sent entre un estruendo de aplausos, consciente de que haba reforzado su reputacin de lder intelectual. Al da siguiente los peridico s mencionaran de nuevo el buen sentido y la persuasiva personalidad del Presidente de Universidad Ms Apuesto de Amrica. Quin sabe? Quiz el viejo Bidwell terminara concediendo aquella donacin para la piscina. Cuando cesaron los aplausos, el presidente se gir hacia el lugar donde estaba sentado el foco de la perturbacin, con las manos cruzadas sobre su pequea y oronda barriga y el rostro sereno. Desea continuar, doctor Pinero? Por qu debera hacerlo? El presidente se alz de hombros. Vino aqu para esto. Pinero se levant. Exacto. Exactsimo. Pero, fui inteligente al venir? Hay aqu alguien que tenga una mente abierta, que pueda enfrentarse cara a cara con un hecho desnudo sin enrojecer? Creo que no. Incluso ese apuesto caballero que acaba de pedirles que me escuchen ya me ha juzgado y condenado. l busca el orden, no la verdad. Supongamos que la verdad desafa al orden; la aceptar? Lo harn ustedes? Creo que no. Pero por otro lado, si no hablo, ustedes obtendrn su victoria por omisin. El hombrecillo de la calle pensar que ustedes, hombrecillos, me han desenmascarado a m, a Pinero, como a un embaucador, un farsante. Esto no va con mis planes. As que hablar. Repetir mi descubrimiento. En lenguaje senc illo, he inventado una tcnica para predecir cun larga ser la vida de un hombre. Puedo anunciarles por anticipado la llegada del ngel de la Muerte. Puedo decirles cundo el Camello Negro se arrodillar ante su puerta. En cinco minutos, con mi aparato, puedo decirles a cada uno de ustedes cuntos granos de arena quedan an en su reloj. Hizo una pausa y cruz los brazos sobre su pecho. Por un momento nadie habl. La audiencia empez a inquietarse. Finalmente, el presidente intervino.

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Ha terminado, doctor Pinero? Qu ms puedo decir aqu? No nos ha dicho cmo funciona su descubrimiento. Pinero alz las cejas. Est sugiriendo usted que exponga aqu los frutos de mi trabajo para que los nios jueguen con ellos Es un conocimiento muy peligroso, amigo mo. Lo reservo para el hombre que sepa entenderlo, es decir, yo mismo se golpe el pecho. Cmo podemos saber que hay realmente algo detrs de sus infundadas afirmaciones? Muy sencillo. Enven a una comisin para observar mis demostraciones. Si funcionan, excelente. Ustedes las admiten y se lo comunican al mundo. Si no funcionan, yo quedo desacreditado y pido disculpas. Tambin yo, Pinero, soy capaz de pedir disculpas. Un hombre delgado y cargado de espaldas se levant en el fondo de la sala. El presidente lo reconoci y le dio la palabra: Seor presidente, cmo puede el eminente doctor proponer seriamente una tal prueba? Acaso espera que aguardemos algo as como unos veinte o treinta aos hasta que muera alguien y pruebe sus afirmaciones? Pinero ignor la presidencia y respondi directamente: ¡Puf! ¡Qu estupidez! Es usted tan ignorante de las estadsticas que no sabe que en un grupo lo suficientemente numeroso hay al menos alguien que va a morir en un futuro muy inmediato? Le hago una proposicin; djeme probar con cada uno de ustedes, los que estn reunidos en esta sala, y nombrar al hombre que morir antes de quince das, s, y el da y la hora de su muerte. Mir desafiante a toda la sala -. Aceptan? Otra persona se puso en pie, un hombre co rpulento que hablaba midiendo las slabas. Yo, por mi parte, no puedo apoyar tal experimento. Como mdico, he observado con dolor los claros indicios de profundos desarregl os cardacos en algunos de nuestros colegas ms ancianos. Si el doctor Pinero conoce esos sntomas, como es probable, y selecciona como vctima a uno de ellos, el hombre seleccionado tendr muchas posibilidades de fallecer en el plazo previsto, tanto si el maravilloso aparato de nuestro distinguido orador funciona como si no. Otro asistente se puso inmediatamente de su lado.

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El doctor Shepard tiene razn. Por qu tene mos que perder tiempo con trucos de vud? Creo que esa persona que se llama a s mismo doctor Pinero desea utilizar esta corporacin para dar autoridad a sus afirmaciones. Si participamos en esta farsa seguiremos su juego. Ignoro en qu consiste su fraude, pero puedo suponer que ha ideado alguna forma de utilizamos como propaganda para sus planes. Seor presidente, ruego que procedamos de la forma acostumbrada. La mocin fue aceptada por aclamacin, pero Pinero no se sent. Entre gritos de ¡Orden! ¡Orden!, agit su descuidada cabeza hacia ellos y dijo: ¡Brbaros! ¡Imbciles! ¡Estpidos bobalicones! Vosotros sois quienes habis bloqueado el reconocimiento de todos los grandes descubrimientos desde el principio de los tiempos. Una gentuza ignorante como vosotros hara re moverse a Galileo en su tumba. Ese estpido gordo de ah abajo que se est hurgando los dientes se llama a s mismo mdico. ¡Curandero sera un trmino ms adecuado! Ese personajillo calvo que est ah... ¡s, usted! Se considera un filsofo, y cacarea acerca de la vida y del tiempo sin ton ni son Qu sabe usted de ambos? Cmo podr nunca aprender si se niega a examinar la verdad cuando le es presentada en bandeja? ¡Bah! escupi al estrado -, Llaman a esto una Academia de Ciencias. Yo le llamo una convencin de sepultureros, interesados tan slo en embalsamar las ideas de sus valientes predecesores. Hizo una pausa para tomar aliento, y fue agarrado por ambos lados por dos miembros de la presidencia y echado fuera del estrado. Varios periodistas se pusieron apresuradamente en pie de sus lugares en la mesa de la prensa y fueron a su encuentro. El presidente decret un aplazamiento. Los periodistas lo alcanzaron cuando sala po r la puerta del escenario. Andaba con paso ligero y despreocupado, silbando una cancioncilla. No haba en l el menor rastro de la beligerancia que haba exhibido haca un instante. Lo rodearon. Nos concede una entrevista, doc? Qu opina usted de la Educacin Moderna? Los ha apabullado, doc. Cul es su opinin sobre la Vida despus de la Muerte? Qutese el sombrero, doc, y mire al pajarito. Pinero sonri.

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Uno a uno, muchachos, y no tan aprisa. Yo tambin he sido periodista. Qu tal si vienen a mi casa y hablamos de todo esto? Unos pocos minutos ms tarde estaban intentando hallar algn lugar libre para sentarse en el desordenado estudio-dormitorio de Pinero, mientras encendan sus cigarrillos. Pinero mir radiante a su alrededor. Qu prefieren, muchachos? Escocs o bourbon? Una vez resuelto el problema, volvi al asunto que interesaba. Bueno, muchachos, qu es lo que quieren saber? Dganoslo con franqueza, doc. Ha descubierto usted algo, o no? Muchacho, claro que he descubierto algo. Entonces, dganos cmo funciona. Con lo que les ha dicho a los sesudos de ah no va a ir a ninguna parte. Por favor, mi querido amigo. Es mi invento. Espero sacarle algo de dinero. Quiere usted que se lo revele todo a la primera persona que me lo pregunte? Mire, doctor, tiene que decirnos algo si espera que saquemos alguna cosa en los peridicos de maana. Qu es lo que utiliza usted? Una bola de cristal? No, nada de eso. Les gustara ver mi aparato? Por supuesto. Al menos ya tendremos algo. Los llev hasta la habitacin contigua, y extendi la mano. Aqu est, muchachos. El conjunto del equipo que apareci ante sus ojos se pareca vagamente a los aparatos de rayos X que utilizan los mdicos en sus consultorios. Ms all del hecho evidente de que funcionaba con electricidad, y que algunos de los diales estaban calibrados en trminos familiares, una primera inspeccin no dejaba entrever cul era su uso. Bajo qu principio funciona, doc? Pinero frunci los labios y se qued pensativo. Imagino que todos ustedes estarn familiarizados con el axioma de que la vida es elctrica por naturaleza. Bien, pues ese axioma no vale un pimiento, pero nos ayudar a proporcionarles una idea del principio. Ustedes han odo decir tambin que el tiempo es una cuarta dimensin. Quiz lo crean, quiz no. Es algo que se ha dicho tantas veces que ha dejado de tener significado. Es un simple clich que emplean los charlatanes para

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impresionar a los tontos. Pero ahora deseo que intenten visualizarlo y sentirlo de una forma emocional. Avanz hacia uno de los reporteros. Supongamos que lo tomamos a usted como ejemplo. Se llama Rogers, verdad? Muy bien, Rogers, usted es un fenmeno espaciotemporal cuya duracin se extiende a travs de cuatro dimensiones. No llega usted a un metro ochenta de altura, tiene usted unos cuarenta y cinco centmetros de ancho y quiz veinte de grueso. En el tiempo, hay tras de usted una cierta cantidad de este fenmeno espaciotemporal que se prolonga quiz hasta 1916, y del cual vemos una seccin transversal que forma un ngulo recto con el eje del tiempo, del grosor del presente. En su extremo ms alejado hay un beb, oliendo a leche agria y echndose encima el desayuno de su bibern. En el otro extremo yace, quizs, un hombre viejo en algn lugar de los aos ochenta. Imaginemos este fenmeno espaciotemporal al que llamamos Rogers como un largo gusano rosado, continuo a travs de los aos, con un extremo en el seno de su madre y el otro en la tumba. Se extiende aqu junto a nosotros, y la seccin transversal que podemos ver se nos aparece como un cuerpo normal y corriente. Pero esto es una ilusin. En este gusano rosado hay una continuidad fsica, que permanece a travs de los aos. En realidad esta continuidad fsica es un concepto comn a toda la raza, ya que esos gusanos rosados surgen de ot ros gusanos rosados. De este modo la raza es como una enredadera cuyas ramas se entrelazan y dan nacimiento a otros vstagos. Tan slo efectuando una seccin transversal de esta enredadera podramos caer en el error de creer que los vstagos son individuos independientes. Hizo una pausa y mir a los rostros reunidos a su alrededor. Uno de ellos, un tipo recio y hosco, intervino: Todo esto es muy hermoso, Pinero, si es cierto, pero adnde quiere ir a parar? Pinero le dedic una sonrisa totalmente exenta de todo resentimiento. Paciencia, amigo mo. Les ped que pensaran en la vida como en algo elctrico. Ahora piensen en nuestro largo gusano rosado como en un conductor de electricidad. Habrn odo, quiz, que los ingenieros elctricos pueden, a travs de ciertas mediciones, predecir la exacta localizacin de una ruptura en un cable trasatlntico sin necesidad de abandonar la tierra firme. Yo hago lo mismo con nuestros gusanos rosados. Aplicando mis instrumentos a la seccin transversal presente en esta habitacin, puedo decir cundo se produce la

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ruptura, es decir, cundo ocurre la muerte. O, si lo prefieren, puedo invertir las conexiones y decirles la fecha de su nacimiento. Pero esto ltimo no tiene el menor inters: todos ustedes la conocen. El individuo hosco se ech a rer. Le he pillado, doctor. Si lo que ha dicho usted de la raza como una enredadera de gusanos rosados es cierto, no puede usted sealar las fechas de los nacimientos debido a que la conexin con la raza es continua en el momento del nacimiento. Su conductor elctrico se extiende ininterrumpidamente hacia atrs, a travs de la madre, hasta los ms remotos antepasados del individuo. Pinero estaba radiante. Cierto, y muy agudo, amigo mo. Pero usted ha llevado la analoga demasiado lejos. Esto no funciona exactamente del mismo modo a como se mide la longitud de un conductor elctrico. De algn modo es ms bien como medir la longitud de un largo corredor haciendo rebotar un eco desde su extremo ms alejado. El nacimiento aqu es como un recodo en el corredor, y con las mediciones adecuadas, puedo detectar el eco de este recodo. Slo hay un caso en el que no puedo precisar la lectura; cuando una mujer est embarazada, no puedo diferenciar su lnea de la vida de la del nio an no nacido. Veamos si puede demostrarlo. Por supuesto, mi querido amigo. Quiere ser usted el sujeto de la prueba? Uno de los presentes se ech a rer. Has metido la pata, Luke. Acepta o cllate. Acepto. Qu es lo que debo hacer? Escriba primero la fecha de su nacimiento en un trozo de papel, y entrgueselo a alguno de sus colegas. Luke hizo lo solicitado. Y ahora qu? Qutese la ropa menos la interior y sbase a esta bscula. Ahora dgame, ha estado alguna vez mucho ms delgado, o mucho ms gordo, de lo que est ahora? No? Cunto pes al nacer? Cuatro kilos y medio? Un hermoso beb. Ahora ya no nacen tan grandes. Qu significa toda esta palabrera?

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Estoy intentando aproximarme a la seccin transversal media de nuestro largo gusano rosado conductor, mi querido Luke. Ahora sintese aqu, Luego colquese este electrodo en la boca. No, no le har dao el voltaje es muy bajo, menos de un microvoltio, pero necesito establecer una buena conexin. El doctor lo dej y se dirigi a la parte trasera de su aparato, donde meti la cabeza en una especie de amplia caperuza antes de tocar sus controles. Algunos de los diales que estaban a la vista cobraron vida, y un suave zumbido surgi de la mquina. Luego ces, y el doctor emergi de su pequeo escondrijo. Me ha dado un da de febrero del 1912. Quin tiene el papel con la fecha? Apareci, y lo desdoblaron. El que lo custodiaba ley: 22 de febrero de 1912. El silencio que sigui fue roto por una voz a un lado del pequeo grupo. Doc, puedo tomar otra copa? La tensin se relaj, y empezaron a hablar todos a la vez. Prubelo conmigo, doc. Yo primero, doc. Soy hurfano, y la realidad es que me gustara saberlo. Dganos como lo ha hecho, doc. Ande, cuntenos algo. Pinero accedi sonriente, metindose y saliendo de la caperuza como un conejo de su madriguera. Cuando todos ellos tuvieron el pedazo de papel que demostraba la habilidad del doctor, Luke rompi un largo silencio: Qu tal si nos demuestra cmo predice la muerte, Pinero? Si ustedes quieren. Quin desea probarlo? Nadie respondi. Algunos codearon a Luke. Adelante, chico listo. T lo pediste. Luke dej que lo sentaran de nuevo en la s illa. Pinero giro algunos de los conmutadores, luego se meti en la caperuza. Cuando se detuvo el zumbido, sali, frotndose enrgicamente las manos. Bueno, eso es todo, muchachos. Tienen bastante para sus artculos? Hey, y qu ocurre con la prediccin? Cundo la palmar Luke? Luke se puso frente a l. S, cundo? Cul es su respuesta? Pinero pareca apenado.

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Seores, me sorprenden. Esta informacin no es gratuita. Adems, es un secreto profesional. No puedo comunicrsela a nadie excepto al propio valiente que me consulta. No me importa. Adelante, dgaselo. Lo siento realmente. Tendra que negarme, de veras. Acept tan slo a mostrarles cmo funcionaba, no a darles los resultados. Luke tir al suelo la colilla de su cigarrillo. Es un timo, muchachos. Seguramente se enter de la edad de todos los periodistas de la ciudad tan slo para asombrarnos. Se le ha visto el truco, Pinero. Pinero se lo qued mirando tristemente. Es usted casado, amigo? No. No hay nadie que dependa de usted? Ningn pariente prximo? No. Por qu, piensa usted adoptarme? Pinero agit tristemente la cabeza. Lo siento por usted, querido Luke. Morir antes de maana. REUNI"N CIENTFICA QUE TERMINA EN TUMULTO. LOS SABIOS ATACAN LAS AFIRMACIONES DE UN VIDENTE. LA MUERTE PISA LOS TALONES AL RELOJ. UN PERIODISTA MUERE TRAS LA PREDICCI"N DEL DOCTOR. FRAUDE, AFIRMA UNA PERSONALIDAD CIENTFICA. ...a los veinte minutos de la extraa prediccin de Pinero, Timons sufri un colapso cuando caminaba Broadway abajo, en direccin a las oficinas del Daily Herald, donde estaba empleado. El doctor Pinero declin hacer ningn comentario, pero confirm la historia de que haba predicho la muerte de Timons por medio de lo que l llam su cronovitmetro. El Jefe de la Polica, Roy... Le preocupa el futuro? No gaste su dinero en adivinos.

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Consulte al doctor Hugo Pinero, bioconsultante que le ayudar a planear su futuro a travs de mtodos cientficos infalibles. Nada de trucos. Nada de mensajes espiritistas. Han sido depositados 10.000 dlares como fianza para responder de la Veracidad de nuestras predicciones. Se enviar folleto a quien lo solicite. LAS ARENAS DEL TIEMPO, Inc. Edif. Majestic suite 700 Aviso LEGAL A quien puede interesar: yo, John Cabot Winthrop III, de la firma Winthrop, Winthrop, Ditmars & Winthrop, Abogados, afirmo que Hugo Pinero, de esta ciudad, me entreg diez mil dlares en moneda de curso legal en los Estados Unidos, dndome las instrucciones necesarias para que los guarde en depsito en la caja fuerte de un banco de mi eleccin, bajo las siguientes condiciones: La totalidad de dicha suma constituye una fianza, y en consecuencia ser pagada al primer cliente de Hugo Pinero o Las Arenas del Tiempo, Inc. cuya vida exceda el tiempo predicho por Hugo Pinero en un uno por ciento, o a los herederos del primer cliente que no alcance el tiempo predicho, sea lo que sea lo que ocurra en primer lugar. Hago constar que en este da deposito dicha fianza junto 22 con las antedichas instrucciones en el First National Bank de esta ciudad. Firmado y rubricado, John Cabot Winthrop III Por reconocimiento de la firma que antecede, a 2 de abril de 1951. Albert M. Swanson, Notario Pblico de este distrito y estado. Mi comisin expira el 17 de junio de 1951.

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¡Buenas noches, seoras y seores radioyentes, dejemos paso a la prensa! Un avance de ltima hora. Hugo Pinero, el Hombre Milagro Venido de Ninguna Parte, ha hecho su prediccin de muerte nmero mil sin que hasta ahora haya aparecido ningn reclamante de la fianza que deposit para entregar al primero que pueda demostrar que se ha equivocado. Tras el fallecimiento de trece de sus clientes, se da ya por matemticamente seguro que est en comunicacin por lnea privada con la oficina principal del Viejo de la Guadaa. He aqu una noticia que yo nunca querr saber antes de que ocurra. Su corresponsal de costa a costa no va a hacerse cliente del Profeta Pinero... La aguda voz de bartono del juez reson en el viciado aire del tribunal. Por favor, seor Weems, volvamos a nuestro asunto Este tribunal accedi a su solicitud de una restriccin temporal de las actividades del encartado, y ahora pide usted que esta restriccin se convierta en permanente. En refutacin, el seor Pinero alega que su causa carece de fundamento y pide que sea levantado el interdicto, y que yo ordene a su cliente que deje de intentar interferir con lo que Pinero describe como un simple negocio legal. Puesto que no se est dirigiendo usted a un jurado. le ruego que omita la retrica y me diga en lenguaje sencillo por qu no puedo acceder a esa peticin. El seor Weems agit nerviosamente un msculo de su mandbula, haciendo agitarse su flccida papada gris sobre su alto cuello duro. y resumi Con la venia del honorable tribunal, yo represento al pblico. Un momento. Cre que representaba usted a la Unin de Seguros de Vida. As es, su seora, hasta un cierto punto. En un sentido ms amplio represento a algunas otras de las ms importantes compaas de seguro s, instituciones fiducia rias y financieras, y a sus accionistas y asegurados, que constituyen la mayora de los ciudadanos de este pas. Adems, creemos proteger los intereses de la poblacin en general; desorganizada, inarticulado, y por ello desprotegida. Imaginaba que era yo quien representaba al pblico observ secamente el juez -. Me temo que voy a tener que considerarle nicamente como representante de su cliente. Pero contine: cul es su tesis? El viejo abogado hizo un esfuerzo por engullir su nuez de Adn y empez de nuevo:

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Seora, afirmamos que existen dos razones dis tintas para que este interdicto se convierta en permanente y, adems, que cada una de estas dos razones es suficiente por s misma. En primer lugar, esta persona se dedica a la prctica de la adivinacin, una ocupacin proscrita tanto por el derecho comn como por el consuetudinario. Es un vulgar decidor de buenaventura, un charlatn vagabundo que se aprovecha de la credulidad del pblico. Es ms listo que los habituales gitanos que leen la palma de la mano, los astrlogos o los vulgares echadores de cartas, pero por ello mismo resulta mucho ms peligroso. Pretende rodearse de modernos mtodos cientficos para dar una falsa dignidad a su taumaturgia. Tenemos aqu en este tribunal eminentes repres entantes de la Academia de Ciencias que estn dispuestos a testificar acerca de lo absurdo de sus pretensiones. En segundo lugar, aun en el caso de que lo que afirma esta persona sea cierto, y aceptando tal absurdo tan slo para el desarrollo de mi argumentacin el seor Weems se permiti que una dbil sonrisa aflorara a sus delgados labios -, afirmamos que sus actividades son contrarias al inters pblico en general, y atentan ilegalmente contra los intereses de mi cliente en particular. Estamos preparados para presentar numerosos documentos, con sus pruebas correspondientes, que demuestran que esta persona public, o hizo publicar, manifestaciones animando a la gente a prescindir del inapreciable don de los seguros de vida, con gran detrimento de su bienestar y perjuicio econmico de mi cliente. Pinero se levanto de su asiento. Seora, puedo decir algunas palabras? De qu se trata? Creo que puedo simplificar la situacin si se me permite efectuar un breve anlisis. Seora interrumpi Weems -, esto es altamente irregular. Paciencia, seor Weems. Sus intereses sern protegidos. Mi opinin es que necesitamos ms luz y menos ruido en este asunto. Si el doctor Pinero puede abreviar los procedimientos con su declaracin, me inclino a escucharle. Adelante, doctor Pinero. Gracias, Seora. Tomando para empezar el ltimo punto del seor Weems, estoy dispuesto a declarar que publiqu las manifestaciones a que hace referencia... Un momento, doctor. Ha elegido usted actuar como su propio abogado. Est usted seguro de su competencia para proteger sus propios intereses?

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Estoy dispuesto a correr el riesgo, Seora. Nuestros amigos aqu presentes pueden probar fcilmente lo que he estipulado. Muy bien. Puede proseguir. Aceptar que muchas personas han anulado sus plizas de seguro de vida como resultado de ello, pero les desafo a que me muestren que alguna de las que as han actuado ha sufrido alguna prdida o dao por ello. Es cierto que la Unin ha visto decrecer su negocio a raz de mis actividades, pero esto es un resultado natural de mi descubrimiento, que ha hecho que sus plizas se conviertan en algo tan en desuso como el arco y las flechas. Si por este motivo se me prohbe ejercer mis actividades, entonces crear una fbrica de quinqus, y luego pondr un interdicto contra las compaas Edison y General Electric para que se les prohba fabricar bombillas de incandescencia. Acepto que me dedico al negocio de predecir la muerte, pero niego que est practicando ningn tipo de magia, blanca, negra o con los co lores del arco iris. Si hacer predicciones a travs de mtodos rigurosamente cientficos es ilegal, entonces los actuarios de la Unin son culpables de haber estado prediciendo durante aos el porcentaje exacto de muertes que se produciran cada ao en un grupo determinado de personas lo suficientemente amplio. Yo predigo la muerte al detalle; la Unin la predice al por mayor. Si sus acciones son legales, cmo pueden ser ilegales las mas? Admito que hay una diferencia en saber si puedo hacer lo que pretendo o no; e imagino que los que se proclaman a s mismos testigos expertos de la Academia de Ciencias testificarn que no puedo. Pero ellos no saben nada de mi mtodo y no pueden por lo tanto dar ningn testimonio vlido al respecto... Un momento, doctor. Seor Weems, es cierto que sus testigos expertos no estn al corriente de la teora y mtodos del doctor Pinero? El seor Weems pareca contrariado. Tamborile con los dedos encima de la mesa y respondi: Me concede este tribunal unos minutos de interrupcin? Por supuesto. El seor Weems celebr una apresurada consulta en voz muy baja con sus acompaantes, luego regres al estrado.

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Tenemos un nuevo procedimiento que sugerir, Seora. Si el doctor Pinero acepta explicar aqu la teora y prctica de lo que l ll ama su mtodo, entonces estos distinguidos cientficos sern capaces de aconsejar al Tribunal acerca de la validez de sus afirmaciones. El juez mir interrogativamente a Pinero, que respondi: No acceder de buen grado a eso. Tanto si mi procedimiento es cierto como si es falso, sera peligroso que cayera en manos de imbciles y curanderos hizo un gesto con su mano en direccin al grupo de profesores sentados en primera fila, marc una pausa y sonri maliciosamente ...como esos caballeros saben muy bien. Adems, no es necesario conocer el proceso para probar si funciona. Es nece sario comprender el complejo milagro de la reproduccin biolgica para observar cmo una gallina pone un huevo? Ser necesario que yo reeduque a todo este cuerpo de autonombrados guardianes del saber, curarlos de sus supersticiones innatas, para probar que mis predicciones son correctas? En ciencia slo hay dos maneras de formarse una opinin. Una es el mtodo cientfico; la otra, la escolstica. Se puede juzgar a partir de la experimentacin, o aceptar ciegamente una autoridad. Para la mente cientfica, lo ms importante es la prueba experimental, y la teora es tan slo una conveniencia descriptiva, a desechar cuando ya no nos sirva. Para la mente acadmica, la autoridad lo es todo, y los hechos son desechados cuando no concuerdan con la teora dictada por las autoridades. Es este punto de vista, las mentalidades acadmicas aferrndose como ostras a teoras an no probadas, lo que ha bloqueado todos los avances del conocimiento a lo largo de la historia. Estoy dispuesto a probar mi mtodo experimentalmente y, como Galileo frente a otro tribunal, insisto en decir: ¡Y sin embargo se mueve! En otra ocasin ofrec la misma prueba a la misma corporacin de autonombrados expertos, y fue rechazada. Renuevo mi oferta; djenme medir la duracin de la vida de los miembros de la Academia de Ciencias. Y dejemos que ellos nombren un comit para juzgar los resultados. Depositar mis predicciones en dos juegos de sobres cerrados; en el exterior de cada sobre de uno de los juegos figurar el nombre de un miembro, y en el interior la fecha de su muerte. En el interior de los sobres del otro juego pondr los nombres, y en el exterior las fechas. Que el comit se haga cargo de todos los sobres, y se rena peridicamente para abrir los que correspondan. En una corporacin con tantos miembros es de esperar que ocurran algunas defunciones, si hay que creer en los actuarios de la

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Unin, cada una o dos semanas. De este modo se podrn acumular muy rpidamente los datos que prueben si Pinero es un embustero o no. Se detuvo, y sac un diminuto pecho que era casi igual a su diminuta panza. Mir socarronamente a los sabios. Y bien? El juez alz las cejas y observ la mirada del seor Weems. Acepta usted? Seora, creo que esta proposicin es muy improcedente... Le advierto cort bruscamente el juez que proceder contra usted si se niega a aceptarla o no propone otro mtodo igualmente razonable para alcanzar la verdad. Weems abri la boca, cambi de pensamiento, mir de arriba a abajo los rostros de los testigos expertos, y se gir hacia el tribunal. Aceptamos, Seora. Muy bien. Arreglen los detalles entre ustedes. Queda levantado el interdicto, y el doctor Pinero no debe ser molestado en el ejercicio de su profesin. Mi decisin acerca de la peticin de inhabilitacin permanente queda postergada hasta que se renan todas las pruebas. Antes de dejar el asunto, deseara comentar la teora expuesta por usted, seor Weems, cuando dijo que su cliente haba resultado perjudicado. Es un sentimiento creciente entre algunos grupos de este pas la nocin de que cuando un hombre o una compaa han sacado un beneficio del pblico durante un cierto nmero de aos, el gobierno y los tribunales tienen el deber de salvaguardar esos beneficios en el futuro, incluso frente a circunstancias de cambio y contra el inters pblico. Esta extraa doctrina no se halla apoyada por la constitucin ni por las leyes vigentes. Ni los individuos ni las corporaciones tienen el menor derecho de acudir a los tribunal es y exigir que el reloj de la historia sea detenido, o retrasado, en beneficio particular suyo. Eso es todo. Bidwell gru disgustado. Weems, si no puede usted pensar en algo mejor que en eso, la Unin va a necesitar muy pronto otro abogado que le sustituya. Hace diez semanas desde que perdimos el interdicto, y esa pequea babosa est ganando dinero a puados, mientras las compaas de seguros del pas van quebrando una tras otra. Hoskins, cul es el ndice de nuestras prdidas?

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Es difcil saberlo, seor Bidwell. Las cosas van peor cada da. Hemos cancelado trece plizas muy importantes esta semana; todas ellas desde que Pinero ha iniciado de nuevo sus operaciones. Un hombrecillo delgado pidi la palabra. Como sabe muy bien, Bidwell, no aceptamos nuevas plizas para la Unin hasta haber comprobado y estar seguros de que el solicitante no ha consultado antes a Pinero. No podemos esperar hasta que los cientficos la desenmascaren? ¡Maldito optimista! gru Bidwell -. No lo van a desenmascarar, Aldrich no puede usted enfrentarse a la realidad? Esa pequea babosa gorda ha descubierto algo; no s cmo. Hay que luchar hasta el final. Si esperamos, estamos perdidos, Arroj con fuerza su cigarro a la escupidera y mordi salvajemente otro que se sac del bolsillo -. ¡Vamos, lrguense de aqu, todos ustedes! Har las cosas a mi manera. Usted tambin, Aldrich. La United puede esperar, pero nosotros no. Weems carraspeo aprensivamente. Seor Bidwell, confo en que me consultar antes de embarcarse en algn cambio importante en la poltica de la compaa. Bidwell gru. Los dems fueron marchndose. Cuando todos se hubieron ido y la puerta se cerr tras ellos, Bidwell hizo gi rar el contacto del intercomunicador. Adelante, hgalo pasar. La puerta se abri; una apuesta y delgada figura se recort por unos momentos en el umbral. Sus pequeos ojos oscuros recorrieron rpidamente la habitacin antes de entrar, luego se acerc a Bidwell con un paso rpido y suave. Habl con una voz llana y desprovista de emocin. Su rostro permaneca impasible excepto por la vida que se reflejaba en sus ojos de animal. Deseaba hablar conmigo? S. Cul es la proposicin? Sintese, y hablaremos. Pinero recibi a la joven pareja en la puerta de su oficina interior.

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Adelante, amigos, adelante. Sintense. Como si estuvieran en su casa. Y ahora dganme, qu puede hacer por ustedes Pinero? Seguro que una pareja tan joven como ustedes no estar ansiosa por saber la fecha de su partida de este valle de lgrimas. El rostro juvenil y honesto del muchacho mostraba una ligera confusin. Bueno, ver, doctor Pinero. Me llamo Ed Hartley, y sta es mi esposa, Betty. Estamos esperando... es decir, Betty est esperando un nio y, bueno... Pinero sonri bonachonamente. Entiendo. Quieren saber cunto tiempo van a vivir para arreglar las cosas del mejor modo posible para el nio. Muy juicioso. Desean una prediccin para ambos, o slo para usted? Pensamos que para ambos respondi la chica. Pinero la mir radiante. Estupendo. De acuerdo. Su prediccin presentar algunas dificultades tcnicas por su estado, pero puedo proporcionarle ahora alguna informacin, y el resto ms tarde, cuando el beb haya nacido. Pasen ahora a mi laboratorio, queridos, y empezaremos. Redact sus fichas clnicas, luego los introdujo a su gabinete -. La seora Hartley primero, por favor. Si quiere situarse tras esa cortina y quitarse el vestido y los zapatos. Recuerde que soy un hombre viejo, y que me consulta como si fuera su mdico. Se gir hacia un lado y efectu algunos pequeos ajustes en su aparato. Ed hizo una sea con la cabeza a su esposa, y sta surgi de detrs de la cortina casi de inmediato, vestida tan slo con dos trocitos de seda. Pinero la mir y not el frescor juvenil de su rostro y su conmovedora timidez. Por aqu, querida. Primero tengo que pesarla. Aqu. Ahora colquese sobre esta plataforma. Pngase este electrodo en la boca. No, Ed, no puede tocarla mientras ella est en circuito. No tardaremos ni un minuto. Permanezca quieta. Se meti bajo la capucha de la mquina, y los diales cobraron vida. Casi inmediatamente volvi a salir, con una trastornada expresin en su rostro. La ha tocado usted, Ed? No, doctor. Pinero regres al aparato, y permaneci oculto algo ms de tiempo. Cuando sali esta vez, le dijo a la muchacha que bajara de la plataforma y se vistiera. Se gir hacia su marido. Ed, ahora le toca a usted.

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Cul es la lectura para Betty, doctor? Hay una pequea dificultad. Quiero examinarle a usted primero. Cuando reapareci, despus de haber hecho la lectura del joven, su rostro pareca ms trastornado que antes. Ed le pregunt qu era lo que le preocupaba. Pinero se alz de hombros y consigui que de sus labios brotara una sonrisa. Nada que pueda preocuparle a usted, muchacho. Un pequeo desajuste mecnico, supongo. Pero no podr darles los resultados hoy. Tengo que echarle un vistazo a la mquina. Pueden volver maana? Bueno, creo que s, siento lo de su mquina. Espero que no sea nada serio. No lo es, estoy seguro. Quieren pasar a mi despacho, y charlaremos un poco? Gracias, doctor. Es usted muy amable, Pero Ed, tengo que verme con Ellen. Pinero concentr toda la fuerza de su personalidad sobre ella. No me conceder unos pocos instantes, querida seorita? Soy viejo, y me gusta el burbujeo de la compaa de la gente joven. Puedo disfrutarlo tan pocas veces. Por favor. Los empuj suavemente hacia su oficina y les hizo sentarse. Luego encarg limonada y pastelillos, les ofreci cigarrillos, y l encendi un cigarro. Cuarenta minutos ms tarde Ed escuchaba casi en trance, mientras Betty daba evidentes muestras de nerviosismo y de deseos de irse, mientras el doctor les contaba sus aventuras en la Tierra del Fuego, de cuando era joven. Cuando el doctor hizo una pausa para volver a encender su cigarro, ella se puso en pie. Doctor, de veras tenemos que irnos. Nos contar el resto maana? Maana? No habr tiempo maana. Pero hoy usted tampoco lo tiene. Su secretaria lo ha llamado cinco veces, No pueden concederme aunque sea tan slo unos pocos minutos ms? Realmente hoy no podemos, doctor. Tengo una cita. Me estn esperando. No hay forma de convencerla? Me temo que no. Vamos, Ed. Cuando se hubieron ido, el doctor se dirigi a la ventana y mir a la calle. Poco despus divis dos diminutas figurillas que salan del edificio de oficinas. Las contempl mientras se dirigan apresuradamente hacia la esquina, aguardaban a que cambiara el semforo, y

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luego empezaban a cruzar la calle, cuando estaban en medio le lleg el aullido de una sirena. Las dos figurillas vacilaron, retrocedieron, se detuvieron, se giraron. Y el coche ya estaba sobre ellos. Cuando el coche consigui detenerse, estaban al otro lado, no ya como dos figurillas, sino simplemente como un montn inmvil de ropas revueltas. El doctor se apart de la ventana. Tom el telfono y llam a su secretaria. Anule mis visitas para el resto del da... No.. A nadie... No me importa; anlelas. Luego se hundi en su silln. Su cigarro se apag. Mucho rato despus de que hubiera oscurecido an lo sostena entre sus dedos, apagado. Pinero se sent ante la mesa y contempl la comida de gourmet dispuesta ante l. Haba encargado aquella comida con un cuidado especial, y haba regresado a casa un poco ms temprano que de costumbre a fin de disfrutarla por completo. Cuando hubo terminado palade unos sorbos de Fiori d'Alpini, dejndolos resbalar por su lengua y luego a lo largo de su garganta. El denso y fragante licor calent su boca, y le hizo recordar las florecillas de montaa cuyo nombre llevaba. Suspir. Haba sido una buena comida, una exquisita comida que haba justificado aquel extico licor. Su meditacin fue interrumpida por una discusin en la puerta delantera. La voz de su anciana doncella pareca estar reprendiendo a alguien. Una fuerte voz masculina la interrumpi. La conmocin atraves el vestbulo, y la puerta del comedor se abri de golpe. ¡Madonna! ¡Non si puo entrare! ¡El maestro est comiendo! No importa, ngela Tengo tiempo para recibir a estos caballeros. Pueden pasar. Pinero hizo frente al ceudo portavoz de los intrusos -. Desean hablar conmigo, verdad? Otra cosa es lo que queremos hacer. Las personas decentes estn ya hartas de sus malditas supercheras. Y eso? El que haba hablado no respondi inmediatamente. Un individuo ms pequeo y vivaracho sali de detrs de l y se enfrent a Pinero. Podemos empezar cuando quieran. El presidente del comit meti la llave en la cerradura de la cajita fuerte y la abri -. Wenzell, quiere ayudarme a coger los sobres? Alguien lo interrumpi tocndole el brazo.

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Doctor Baird, lo llaman por telfono. Est bien. Diga que me traigan aqu el aparato. Cuando lo tuvo a su lado descolg el auricular y se lo llev al odo. S?... S, al habla... Qu?... No, no sabamos nada... Entiendo, destruida la mquina... ¡Muerto!... Cmo?... No, ninguna declarac in. Ninguna en absoluto... Ms tarde. Colg bruscamente el aparato y lo apart. Qu ocurre? Quin ha muerto ahora? Baird levant una mano, ¡Calma, caballeros, por favor! Pinero acaba de ser asesinado hace unos momentos, en su casa. Asesinado? Eso no es todo. Casi al mismo tiempo unos vndalos penetraron en su oficina y destruyeron su aparato. Por un momento nadie habl. Los miembros del comit se miraron unos a otros. Nadie pareca ansioso de hacer el primer comentario. Finalmente, uno dijo: Squelo. Que saque que? El sobre de Pinero. Est tambin ah. Yo lo he visto. Baird lo encontr y lo abri lentamente. Desdobl la nica hoja de papel que contena y la examin. Bien? Qu dice? A la una y trece de la tarde... de hoy. Hubo un largo silencio. Aquella calma dinmica fue rota por un miembro al otro lado de la mesa, que intent alcanzar la cajita fuerte. Baird interpuso una mano. Qu quiere usted hacer? Mi prediccin.. est aqu... todas las nuestras estn aqu. Si, s. Estn todas, Vemoslas. Baird puso ambas manos sobre la caja. Sostuvo la mirada del hombre que tena frente a l, pero no habl. Humedeci sus labios. La comisura de su boca se crisp. Sus manos temblaron. Pero no dijo nada. El hombre que tena frente a l volvi a sentarse.

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Tiene usted razn, desde luego dijo. Triganme el cesto de los papeles. La voz de Baird era baja y contenida, pero firme. Lo tom, y arroj su contenido a la alfombra. Coloc el cesto metlico sobre la mesa, ante l. Rasg media docena de sobres, les prendi fuego, y los arroj al cesto. Luego sigui rasgando los dems, de dos en dos, alimentando as el fuego. El humo le haca toser y de sus parpadeantes ojos chorreaban lgrimas. Alguien se levant y abri una ventana. Cuando hubo terminado, apart el cesto y dijo: Me temo que he echado a perder la superficie de la mesa. Robert Heinlein Escritor norteamericano de ciencia-ficcin nacido en Butler (Missouri). Estudi en la Universidad de Missouri y en la academia Navalde Estados Unidos. Ms tarde estudi Fsica y Matemticas en UCLA. Tras abandonar el ejrcito debido a una enfermedad y desempear varios trabajos consigui publicar su primer relato La lnea de la vida (1939). Heinlein es considerado como un buen narrador que acert a llenar sus relatos de una equilibrada mezcla de varios elementos que los hacen tan amenos como cientficamente impecables. Fue el primer autor que consigui ganarse la vida exclusivamente escribiendo ciencia-ficcin. Falleci el 8 de Mayo de 1988, el mismo ao que en una encuesta del fanzine Locus, se le consider el mejor escritor de cienciaficcin de todos los tiempos, por delante de autores como Isaac Asimov o Arthur C. Clarke. Al INDICE

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4. CUENTO MADE IN CUBA: Mi ltima cita en Manglar. Por Gabriel Gil. A Gisela y R. E. Bourgeois que permitieron una lectura anticipada y preferencial de Bosque … Manos que sudan. Lagrimales hmedos. Escozor por todo el cuerpo. Nauseas. Todo se repite una y otra vez hasta que salgo del salto. Son los sntomas, mis sntomas, clsicos. Siempre que entro en la cabina sucede. Es sicosomtico, lo s. No es nada tranquilizador para m lanzarme a un mundo abstracto como el ciberespacio y tomar la Grieta hacia el hiper, y luego dirigirme sin defasaje temporal ni demora hacia cualquier lugar del universo cuyas coordenadas conozca. Digamos que es un periplo peligroso; y que hay vrtigo cuando la IA procede a digitalizar, cuando la Grieta absorbe tu cuerpo informtico, y cuando regresas al Universo. No son sensaciones que deseara a nadie, realmente. Siempre tengo malos pensamientos al respecto. S ya s, si las cosas salen mal pueden clonarme a partir de las muestras de ADN y una autoimagen (fenotpica y mnemnica) fsil que mi mente ciberntica despide si resulta disociada en el ciber. Pero no me confo de ese “seguro”. Y tampoco del propio salto. Pero debo hacerlo si quiero ver Thana, mi novia. Ella no puede hacer los saltos. No tenemos suficiente dinero para encargar cabinas extragrandes, ni para alquilar los equipos de re plantacin, ni para comprar los terrenos aqu en la Tierra dnde pueda afincarse y beber de nuestro Sol. Es siempre as con los organismos vegetales de Cancri. Tan discriminados, condenados al ostracismo de las dems formas de vida por sus diferentes capacidad es motoras y su enorme tamao. Pero de

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cualquier modo, si sus limitaciones fisiolgicas no fuesen un problema, no s si Thana, mi querida Thana, aceptase mi invitacin de vivir juntos apenas un verano terrestre. Ella tiene gustos extravagantes de alimentos que slo el suelo de Manglar puede proveer. En fin, ella es la dama. La tradicin galctica dicta que los machos debemos ir a visitar a las damas y no a la inversa. De otro modo, sera una descortesa. Bueno, excepto en el caso de los vermiformes de Mar que son hembras un instante, y al otro, varones, en dependencia de las variantes climticas. Pero no es el caso. As pues, tengo que pasar por el dichoso salto. ¡De una vez! No paso, y… no paso. Llevo cinco minutos delante de la compuerta de la cabina y an no paso. Esto es de locos, de veras, debo ir a un psiquiatra lo antes posible. Pero bueno, basta. Enfrentar mis temores. Voy a entrar. -Hey, hay una fila. ¡Vamos!-grita alguno de los clientes de la cabina. Bien, ya entr. Perfecto. Aunque todava no ha pasado lo peor. Los trodos que hay en las paredes se conectan por todo mi cuerpo y cabeza. Varias jeringuillas extraen de m linfa, sangre y otros lquidos corporales. Los trodos recogen la rutina de pensamiento de mi cerebro y la imitacin nervioso-digital de mi cuerpo. Las jeringuillas me aseguran la clonacin. Voy adentro del ciberespacio. ste es un momento incmodo. Temblor. Lagrimeo. Msculos encangrejados. Vrtigo. Ya estoy en el ciber. S, duele mi cuerpo, y por supuesto, no lo puedo mover hasta que me

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halle en el hiper, pues sino mi imagen digital se deteriorara. Estoy congelado. Un mecanismo ciberntico me dirige a la Grieta. Odio esta parte tambin. Ahora s que me pongo nervioso. No sudo, esa informacin no es compilable por la IA que me dirige. Slo vuelo hacia una mancha negra, que se menea y es borrosa. Me siento impotente. ¡Voy a explotar! La IA me administra cierto producto informtico que ralentiza mi procesamiento de datos. No me siento asustado ahora porque no asimilo la rapidez con que me dirijo a la Grieta, no recibo estmulos contiguos sino di spersos, y no puedo concretar cmo debera sentirme. Una mente artificial provisional se ocupa de mi cerebro, y pienso con ella ahora para no atrofiar la completa interpretacin de mi yo ciberntico. Ca sobre la Grieta. Estoy en ella. Ahora no es toy sujeto a la IA. Estoy por m mismo. Por supuesto, siento el vrtigo. Siento miedo y odio. Y duele en alguna parte de mi cuerpo que la estancia en el ciber ha hecho indetectable Salto ya al hiper. Un tirn. Ahora soy seudo masivo pues mi masa anterior fluye hacia el espacio “real”. Aparezco en la cabina, sentado. Sin trodos, sin jeringuillas. Slo yo, y la nave hiperespacial sin toberas en que se ha convertido la cabina. Me levanto, introduzco los datos de coordenadas de Cancri, y luego especifico las de Manglar. Despus de otros tirones y sustos por su causa, ingreso tambin la situacin geogrfica de Thana. Manglar es demasiado grande y no tengo vehiculo alguno que me pueda portar al lecho de mi amada, as pues debo depender totalmente del incierto hiperespacio para llegar a ella. Y debo huir de las dems grietas. La Grieta es el paso del ciber al hiper, pero hay ms pasos que quin sabe a dnde llevan; mejor no probar. Vrtigo, nuevamente. ¡Pero vrtigo real! No es una sensacin por perder los sentidos de

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momento. No. Es real. Es gravedad absorbindome. Y un rgido sostn debajo, el suelo. Y aire golpeando con presin sobre mi piel. No me gusta nada. No me acostumbrar nunca al salto. Pero bueno… ¡Thana est ah! Esa es la recompensa. Delante, sus hojas todas arriba, alimentndos e. Su tronco, engurruado, huyendo de las sombras de sus coterrneos. Y me siente con una de sus ramas. Y de inmediato (3 horas despus, para mi tiempo apresurado de organismo mvil) logra extraer un par de races para provocarme. ¡Me encanta! Es tan coqueta. Al principio necesitaba un diccionario ciberntico para comprenderla. Pero ya no. Ya s su intrincado lenguaje zalamero. En tres horas ms logra ensartarme con una de sus races por una oquedad que en relaciones homoespecie resultara censurable. Pero es bien sabido que estos amores intergalcticos son algo libertinos; claro est, es por la inco mpatibilidad de genitales de los amantes. Ella disfruta mientras bebe de mis fluidos. Y yo? Ah, yo no entenda por qu me senta tan excitado con ella. Ya he comprendido: ella sintetiza un catalizador de hormonas masculinas potentsimo, que viaja a mi hipfisis y cuando menos me lo espero… taran: una ereccin. Y luego, una eyaculacin, cuando se satura la hipfisis de la sustancia que me inyecta. Esa mi chica. Cuando estoy anexo a ella me doy cuenta de porque salto cada vez. Es increble. ¡No puedo dejar de venir a verla! As el vrtigo, las nauseas, las lgrimas, y el nerviosismo se me interpongan todos. Y ahora… ¡Saturacin! Lo malo es el viaje de vuelta. Ese no tiene recompensa.

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Siempre doy una caminada despus de cada eyaculacin para no hacerle creer que eso es todo lo que ella representa para m. Camino alrededor de su tronco, luego entre sus ramas. Me trepo. Qu veo? Parece una pequea pl antita. Est cerca de Thana. Tiene como un metro solamente. ¡S, es nueva! ¡Est recin germinada! Seguro es hija de mi dama. S, ella es hermafrodita. O sea que me ha engaado consigo misma. ¡Ja, ja! Un momento se me ocurre una idea; espero que a Thana no le resulte lo pervertida que imagino. La plantita es chica. Puedo mandar a replantarla hacia la Tierra. S, es pequea y maniobrable, y bien se puede trasladar a una cabina de salto. As no tendr que saltar jams. Me la llevar. Y ella me har sentir tan bien como su madre en la Tierra, sin viajar a Manglar. Ya debo irme. Es tarde, y las races de Thana se han retirado de mi oquedad y se esconden poco a poco en la tierra, y creo entender que significa que el destino no me depara ms actividad sexual hoy. Entro a la cabina. De nuevo los sntomas psicolgicos de alergia al salto. Por ser el ltimo lo permitir sin mucha desidia. Cuando est en la Tierra, ordenar la replantacin inmediata de Thanita hacia all. Y en menos de dos das… ¡sexo sin saltar! Gabriel Gil Estudiante de licenciatura en Fsicaperteneciente a la ms joven camada de escritores del gnero en Cuba. Asiste al Taller Literario Espiral desde hace un ao y medio. An no posee libros publicados. Al INDICE

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5. ARTICULO: Literatura fantstica japonesa: Haruki Murakami Por: Bernat Castany Prado Haruki Murakami (1949) es uno de los escritores japoneses ms conocidos internacionalmente. Traductor de Irving, Fitzgerald y Chandler, se dio a conocer en 1982 con la novela La caza del carnero salvaje y, despus de dos dcadas de trabajo, se ha consolidado como uno de los mejores autores de literatura fantstica. Entre sus series de relatos destacan El fin de los tiempos (1992), Baila, baila, baila (1995), El elefante se evapora (1998) y Crnica del pjaro que da cuerda al mundo (2001). A continuacin analizo algunos de sus relatos ms significativos. Se tiende a pensar que la literatura fantstica japonesa est plagada de biombos, emperadores y espectros. No debemos olvidar, sin embargo, la distincin entre lo fantstico y lo maravilloso segn la cual slo aquellas culturas que le han impuesto a la naturaleza un orden objetivo y racional dan origen a una literatura fantstica, que busca violentar dicha regularidad; mientras que la literatura mara villosa slo puede tener lugar en aquellas culturas en las que lo "sobrenatu ral" todava forma parte de lo natural. En la introduccin a su fundacional antologa, Roger Caillois afirma ba que la literatura fantstica es posterior a la imagen de un mundo sin milagros, sometido a una rigurosa causalidad. Gramsci, por su parte, sostena que el gnero fantstico era una manifestacin de rebelda contra la mecanizacin y la standarizacin de la vida moderna. Teniendo esto en cuenta podemos aventurar la siguiente frmula: cuanto ms racionalizada est una sociedad, ms radical ser su literatura fantstica. De este modo, la cerrada atmsfera de horarios y nmeros de un Japn altamente industrializado era terreno abonado para el surgimiento de una literatura fantsti ca que nada tuviese que envidiar al terror metafsico de Chesterton, a las inacabadas e inacabables aporas de Kafka, a los laberintos filosficos de Borges o a las desautomatizaciones de Cortzar. Los relatos de Haruki Murakami son un buen ejemplo de cmo el hombre acorralado busca contagiar el

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claustrofbico devenir cotidiano con esa incertidumbre que sabe condicin necesaria de libertad. Pero Murakami no se conforma con cavar tneles para que podamos escapar unos minutos hasta que la realidad vuelva a capturarnos en cuanto cerremos el libro; sino que busca volar la prisin entera, destruir unos muros hechos de premisas, presuposiciones, prejuicios y preconceptos para arrojarnos al mundo y obligarnos a ser libres, como si de un demiurgo existencialista se tratase. En efecto, cada uno de sus relatos agarra un hilo suelto de esa camisa de fuerza que es "el menos comn de los sentidos" y tira hasta dejar desnudo de significado el universo y, como los dibujos animados que se pasan del borde del precipicio, obligarnos a intentar volar. Aunque mucho ms legibles, los relatos de Murakami nos recuerdan a esos libros de los que Quevedo dice en sus Sueos que eran tan oscuros que al tratar de leerlos no se vea las manos. A Murakami le bastan tres frases para hacernos sentir lo absurdo de nuestras categoras. Un buen ejemplo puede ser una escena secundaria de Las granjas incendiadas en la que un personaje, que en sus ratos libres sigue un curso de pantomima, practica la pela de mandarinas imaginarias mientras habla con sus amigos en un bar. Sus movimientos, dice el narrador, conseguan que "el sentimiento de realidad de todo lo que me rodeaba se desvaneciese poco a poco." Es inevitable pensar en la Apologa de Raimundo Sabunde en la que Montaigne consigue hacer saltar por los aires los fundamentos mismos de nuestra realidad preguntndose, simplemente, si cuando juega con su gata no es ella quien se est divirtiendo con l o si el mismo da que salen los hombres a cazar leones no han salido los leones a cazar hombres. "—El truco", explica nuestra peladora de mandarinas imaginarias, "no es imaginar que tienes una mandarina entre las manos sino olvidar que no la tienes". Pero como el deseo de Murakami no parece ser hacernos olvidar que vivimos en el vaco sino, ms bien, recordrnoslo, ese embajador del autor que es el narrador nos confiesa, en un aparte, que toda esa escena le hace pensar en el debate sobre si se ejecutara a Eichmann ahorcndolo o encerrndolo en una caja de la que se ira sustrayendo el aire poco a poco. Todos estos ataques contra la realidad se engarzan en un extrao argumento que narra la historia de un hombre que decide confesarle al narrador su obsesin por quemar granjas abandonadas.

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En El elefante se evapora ", un hombre aburrido lee en el peridico que ha desaparecido el elefante que la municipalidad haba adoptado cuando, aos atrs, el zoo de la ciudad se vio obligado a cerrar. El relato narra las cbalas que el protagonista realiza sobre la desaparicin del elefante y une, en el ms puro estilo chestertoniano, la escasez de informacin con la intuicin sobrenatural. Cierta mente este relato se inscribe dentro de una larga tradicin que hace referencia a uno de los problemas ms visitados por el relato policial: el del cadver en la pieza cerrada en la que nadie entr y de la que nadie ha salido. Recordemos, con Borges, que el primer intento de solucin de este problema fue realizado en Los crmenes de la calle Morgue ", en el que Edgar Allan Poe hace que el asesino sea un mono que aparentemente ha escapado por una ventana. Luego le siguieron The Big Bow Mystery de Israel Zangwill, donde dos personas entran a un tiempo en el dormitorio del crimen, uno de ellos anuncia que han degollado al dueo y aprovecha el estupor de su compaero para consumar el asesinato que todava no haba sido cometido; Jig Saw de Eden Phillpotts, donde alguien ha sido apualado en una torre y al final se descubre que el pual ha sido disparado desde un fusil; y El hombre invisible ", de Chesterton, donde la automatizacin perceptiva hace invisible al asesino, que se ha disfrazado de cartero. Ms prudente, Murakami opta por un final abie rto que escapa a esa frustracin que, segn Borges, era "casi inevitable en ficciones como sta, que quieren resolver racionalmente problemas insolubles". El protagonista abandona sus pesquisas y se sumerge de nuevo en la rutina pero, dice, "desde que el elefante se volatiliz", le parece que "todos los fenmenos que le rodean han perdido su equilibrio original." De este modo, el autor no cede a la tentacin moderna de intentar explicarlo todo, de la que hablaba Thomas Narcejac; ni a la tentacin burguesa de hacer del relato policial o fantstico una apologa de la propiedad privada o el orden establecido, de la que hablaba Eisenstein; sino que, como Borges, como Cervantes, como Montaigne, acepta con gozo la ambigedad del mundo y contempla con simpata y compasin cmo sus personajes pierden pie y se ven obligados a aprender a nadar. En Sueo ", un ama de casa padece un insomnio que, sorprendentemente, no la agota sino que le permite empezar a tener una vida parale la en su propia casa mientras su familia duerme. La protagonista aprovecha sus noches blancas para leer Ana Karenina De vez en

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cuando deja el libro para mirar a su alrededor y, desde esa nueva perspectiva, tiene la sensacin de que su vida no vale la pena. Se sienta a mirar a su marido y descubre que hay algo en l que la irrita, luego va a la habitaci n de su hijo y descubre que "l tambin es un extranjero". El lector presencia el nacimiento de lo que Heidegger llamara una conciencia autntica y, como en una mezcla entre el Primero sueo de Sor Juana y la bajada a los infiernos de la Odisea contempla esa imagen del ms all en que se convierte el mundo cotidiano cuando todos estn dormidos. En Los Lederhossen ", relato que guarda un cierto parecido con el anterior, uno de los personajes narra la historia de cmo su madre abandon a su familia al darse cuenta de que odiaba a su marido cuando, en el transcurso de un viaje por Alemania, fue a comprarle unos Lederhossen —prenda de vestir de origen alemn consistente en un pantaln corto de cuero— que ste le haba encargado. Es magistral la escena en la que la protagonista discute con los dueos de la tienda de Lederhossen ms famosa de Alemania porque stos dicen tener un Prinzip un principio: no vender ninguna prenda a menos que el comprador est presente para que en el momento le hagan los repuntes necesarios. Murakami tiene el acierto de no hacer reflexiones generales sobre la existencia sino que se limita a enfrentarnos directamente con un absurdo atmico que en una reaccin en cadena hace que explote todo un mundo. En El enano que baila no acabamos de saber si todo se trata de un sueo o no. Tanto es as que el protagonista acabar preguntndose dnde se halla en realidad. Este relato entronca con una larga tradicin literaria que co nsiste en negar la existencia de un criterio que nos permita distinguir entre sueo y vigilia. Tal es el caso de Carnades que afirmaba que si bien es cierto que al despertar te das cuenta de que has estado soando mientras soabas no pudiste hacerlo; Eurpides que exclamaba que nadie sabe si en esta vida lo que llamamos muerte, es vida y lo que llamamos vida, es muerte; Montaigne que sugera que bien puede ser que esta vida sea slo sueo; y Caldern, Descartes y Cervantes que realizaron variaciones sobre estas dudas en La vida es sueo en la primera parte del Discurso del mtodo y en la segunda del Don Quijote En el relato de Murakami un enano que no para de bailar se le aparece en sueos al protagonista y le propone poseerlo para que, con su danza, pueda conquistar a la mujer de la que est enamorado. La nica condicin que el enano (que parece haber ledo a Vladimir

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Propp) le pone es que no podr hablar mientras lo est poseyendo porque si no, l se quedar para siempre como dueo de su cuerpo. Despus de oscilar entre lo fantstico y lo maravilloso, el relato acaba desbocndose un poco aunque nunca llegue a peder esa capacidad de hacernos mirar la "realidad" desde perspectivas totalmente nuevas. Un cargo para China comienza con una pregunta: "cundo fue la primera vez que conoc a un chino?" No deberamos empobrecer el relato, restndole extraeza a este big bang narrativo, con la mera explicacin sociolgica de que en Japn los inmigrantes chinos han sido reducidos a una caricatura sin individualidad, sufriendo lo que Edward W. Said llam "orientalismo". Recordemos que esta palabra ha pasado a significar, por extensin, el proceso de elaboracin y perduracin de una constelacin de ideas prefijadas que busca reducir a otras culturas a un arquetipo caricaturesco que justifica unas relaciones de poder, dominacin y hegemona perceptibles tanto a nivel macro como micro. Ciertamente, no sera justo rebajar este relato a mera leccin social ya que, en ningn momento, se pierde la sensacin de extraeza inicial gracias a ese discurso de espirales obsesivas que nos recuerda a las primeras pginas de El tnel de Sbato. El protagonista conseguir rescatar del olvido las nicas tres veces que lleg a establecer una comunicacin directa con un chino y en un juego de desencajes conseguir contagiarnos de extranjera y nostalgia. Quizs alguien considere que Un cargo para China no pertenece al gnero fantstico. Sin embargo, creo que, aunque en la historia o digesis no se violente directamente la realidad, la eleccin y organizacin de los hechos realizadas por el autor s sugiere un significado extrao a la realidad. Este tipo de relato fantstico en segundo grado nos recuerda a los "ensayos" que Borges incluy en Otras inquisiciones y que buscan parecidos entre sucesos separados en la geografa y en la historia para sugerir algn vago significado sobrenatural. Claro que, si tenemos en cuenta que la realidad en s misma no tiene sentido alguno, nos veremos obligados a concluir que no slo la literatura fantstica sino tambin la realista y, an ms, la historia, la sociologa, la antropologa y el periodismo, pertenecen al mismo gnero. Cabe aadir que el hecho de que la sociedad japonesa haya llevado hasta el extremo algunas de las tendencias de nuestro modelo social hace que la literatura fantstica sea susceptible de llevar el gnero hasta sus mismos lmites creando, de este modo, nuevas perspectivas, temticas o, incluso, nuevos gneros. En efecto, en algunos de los relatos de

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Haruki Murakami parece dibujarse un "realismo mgico" de la sociedad de masas capitalista. Y es que una sociedad en la que "una gua para suicidarse" lleva ms de cien ediciones, en la que hay nios que se encierran en sus habitaciones durante aos, en la que ya existe una palabra para hablar de la muerte por exceso de trabajo y en la que buena parte de la poblacin piensa que las bombas de Hiroshima y Nagasaki fueron lanzadas por los rusos, nada tiene que envidiar a la maravillosa cotidianeidad de la Colombia de Gabriel Garca Mrquez. Bernat Castany Prado Doctor investigador de la Universidad de Georgetown. Correo electrnico: bcprado@hotmail.com. AL INDICE

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6. HUMOR : DICCIONARIO DESORDENADO DE TRMINOS DE LA CIENCIA FICCI"N por Rafael Marn. CIENCIA-FICCI"N: Trmino chusco que sirve para no definir un gnero que tampoco se sabe muy bien qu es. Para no quedar como tontos, mejor referirse al tema como "eseefe", sigla CF (no, ms vale que no pregunte). HARD SF: Novelas donde habitualmente un cuerpo espacial muy grande, muy veloz y muy extrao pasa como una bala por el sistema solar. Suelen estar llenas de frmulas y tecnicismos que tampoco ayudan a que se entienda un carajo. SPACE OPERA: Subgnero un poco exageradillo, a menudo sin pies ni cabeza, donde paradjicamente no canta ninguna seora gorda Nunca queremos reconocer que es el que ms nos gusta. VIAJES EN EL TIEMPO: Subgrupo de historias donde el protagonista arma la de Dios al enredar donde no debe. Sigue si n quedar claro para qu querra uno matar a su abuelito. MQUINA DEL TIEMPO: Artilugio portentoso fabricado de bombillas y material de desecho que funciona al principio y tiene problemas para arrancar en los momentos ms inoportunos. No es extrao que en ciertas pelis tenga forma de coche. PARADOJA TEMPORAL: Reaccionaria conclusin de los viajes por el tiempo donde viene a darse entender que todo estaba mejor como estaba. DESPUS DE LA BOMBA: Subgnero muy explotado donde se demuestra que despus de dejarlo todo hecho un asquito acabaremos interpretando un western. Precursor del cine catstrofe. Posiblemente lo invent Ei nstein, aunque sin mala intencin. ROBOT: Cacharro de lata que se estropea porque funciona bien (ver Leyes Robticas) LEYES ROB"TICAS: Los Diez Mandamientos (Asimov era judo) reducidos a tres por aquello de que los robots no tienen alma. Recurso literario para repetir ad nauseam el mismo cuento. EXTRATERRESTRES: En otros tiempos, catlogo algo xenfobo de diferentes culturas exticas de la Tierra. Hoy son casi todos bichos raros (opcionalmente simpticos) ANDROIDE: To/a bueno/a con una placa de metal en el pecho. Le suelen brillar los ojos. Come aceite (Tengan cuidado).

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UNIVERSO PARALELO: Sitio donde todo es ms divertido. DOCTOR MOREAU: Antepasado de una tal Marlene que experiment con animales antes de crear con ella la criatura perfecta. LSER: Acrstico que nadie atina a recordar. Rayo de luz de colorines que se lo carga todo, en especial a las armaduras anti-lser de los soldados imperiales de "La Guerra de las Galaxias". IMPERIO ESTELAR: Socorrido sistema de gobierno donde conviven las togas con las pistolas de rayos y las distancias no tienen ninguna importancia. Cuanto ms se sube en el escalafn, ms feos suelen ser sus representantes. OVNI: Cosa execrable que no tiene nada que ver con la CF a pesar de que ayud lo suyo a vender libros del gnero en los aos cincuenta. FICCI"N ESPECULATIVA: Pseudnimo transitorio. FANTASA HEROICA: Subgnero de seores muy brutos con espadas muy grandes. En los ltimos tiempos, novela de seores/as que se meten en un bosque y echan a andar a ver qu les pasa (acampar, desacampar, ser atacados, volver a acampar, desacampar otra vez, subir montaas, bajar mo ntaas, acampar...) INVASI"N EXTRATERRESTRE: Topicazo que todos hemos dejado atrs, menos los americanos, que ya se han quedado sin enemigos de peso en este mundo. SABIO LOCO: Cientfico despeinado de libido algo desviada. Mximo recurso/impulsor del gnero desde dentro de la propia ficcin. Especie en peligro de extincin que de vez en cuando da conferencias en la entrega de los premios UPC. RADIACTIVIDAD: Cosa muy mala que en el gnero hace virgueras. VIRUS: Socorrido final de novelas y pelculas. Trasunto de forma de vida pequeita y/o informtica que da mucho por el culo. HIPERESPACIO: Las pginas amarillas del cosmos (o sea, el camino ms corto). El faci-l-si-mo, y encima sin peaje. Nada que ver con grandes superficies tipo CONTINENTE. MULTIVERSO: Concepto que slo sirve si usted me sabe definir antes lo que es el universo. METEORITO: Pedrusco gordote de endiablada puntera. CRISTAL LENTO: El video segn Bob Shaw.

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AGUJERO NEGRO: Concepto astronmico que se presta al chiste grueso. Imn que suele chuparse a la nave protagonista. Come de todo. AGUJERO DE GUSANO: Parece que lo mismo de arriba pero visto desde el otro lado. Cornucopia invertida que a veces sirve de atajo galctico. SURREALISMO: La CF de los intelectuales. Postulados de algunos defensores acrrimos del gnero. SENTIDO DE LA MARAVILLA: Justificacin para el cuelgue que produce la CF. No sabemos si existe en otros gneros. COHETE: Pirul amarillo y rojo lleno de remaches. Antepasado remoto de todas las naves espaciales del gnero, menos del proyecto Apolo. Pone el suelo perdido. NAVE ESPACIAL: Medio de transporte estelar grandsimo que hay que ver mayormente desde abajo. ARCOLOGIA: Palabra que an no ha decidido si llevar tilde en la i o no. LEY DE GRAVITACI"N UNIVERSAL: Algo que si se tiene en cuenta hace que las novelas en el espacio sean muy aburridas, adems de mareantes. PISTOLA DE RAYOS: Arma futurista que parece un secador de pelo. Por cuestiones de patente, ahora se la llama "phaser" o "blaster". No tiene problemas de retroceso. PROPULSOR: Mochila que te permite volar sin quemarte el culo. HIBERNACI"N: Forma barata de viajar al espacio, congelando dietas y/o sueldos adems de empleados. Puede provocar resfriados de mil aos. SEXO: Lo que hace nos falta como el comer a muchos lectores (y autores) de CF. ORDENADOR: Algo por cuya falta de previsin el gnero debera de devolvernos el dinero y presentar la dimisin. MUTANTE: Seor/a que tiene la habilidad inso spechada de vender tebeos como rosquillas. En la vida real, ha ra (hace?) pelculas porno. REPLICANTE: Androide contestatario que tiene el mal gusto de querer ser como usted o como yo. Ojo que la fecha de caducidad provoca complejo mesinico. SIMULACRO: Un intento de poner al mismo perro de arriba otro collar que no cuaj. MULTIFORME: Ubicuo individuo que cambia de forma como los polticos de programa. Llmase tambin Robert De Niro.

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INMORTAL: Seor muy viejito pero muy bien conser vado que se aburre como una ostra, a lo mejor debido en parte a que los mil canales de televisin del futuro emiten todos lo mismo a la misma hora, como estamos ya viendo. HUMANOIDE: Ente que se da cierto aire a nosotros. Llmase tambin (incluir aqu el nombre del poltico odiado favorito). HOMNCULO: Lo mismo de arriba pero sin terminar de cocer. HOLOGRAMA: Efecto especial al que se le nota un reborde azul. En alguna serie de televisin, forma de vida semimgica hecha de luz slida que vive en una habitacin de la que slo sale para incordiar una vez a la semana. CLON: Peligrossimo doble gentico de uno mi smo que podra acabar cepillndonos el sueldo y a la esposa. Gemelo sin ombligo que no naci al mismo tiempo que uno. No es lo ms ideal para escapar de la polica o defraudar a Hacienda. UTOPA: Gobierno de Aznar (apellido muy del gnero, por otra parte) BIG BANG: Eructo galctico donde se supone que todo comenz. La Biblia lo llama "Dios". CIBORG: Ser mitad hombre mitad mquina que antes se pareca a Lee Majors y de un tiempo a esta parte a Arnold Schwarzenagger. TELETRANSPORTACI"N: Lo menos parecido posible del mundo al autobs de lnea. Algunos lo describen como viajar a la velocidad del pensamiento, cosa que en ciertos casos que todos sospechamos sera lentsimo. Algn autor listillo invent el trmino "jauntear" sin que nadie le mentara luego a la madre. TELPATA: Posible psicpata con la cabeza muy grande. Cotilla mayor del gnero. MPATA: Individuo solidario que sin la tilde no ganara ni un partido fuera de casa. IA: Tambin llamada AI, por eso de que los sajones conducen por el otro lado. Cosa muy seria y muy sesuda que nos puede quitar de trabajar algn da (y de comer, y de cobrar, y de todo lo dems). Sonrisa flotante en el ter que como Antonio Banderas est en todas partes. GUSANO DE ARENA: Repugnante lombriz tamao familiar cuyas caquitas vienen a valer lo que un cojn de pato. ANTIMATERIA: Algo as como el matrimonio pero en inorgnico. Se juntan dos cosas aparentemente iguales y/o complementarias y se acaba en explosin. Si te llamas Wile E. Coyote el sofoco se pasa pronto.

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AUTOPLANETA: Sublimacin hispana del Seat 600. Hermano mayor olvidado de "La Estrella de la Muerte", pero sin mala idea. SABLE DE LUZ: Espada de fuego de los ngeles de Yahv copiada por Hollywood, donde no deben de saber con quin se la juegan. Tambin llamado sable lser. (Alguien sabe si funciona a pilas?) JEDI: Maestro de judo mstico. No confundir con el abominable hombre de las nieves. AZUL: El color de las bebidas en la ciencia ficcin. FEDERACI"N: Socorrido sustantivo que sustituye a otros ideolgicamente ms reprobables como Imperio. Forma de gobierno donde todos dicen ser unos buenazos y encima se lo creen. REPBLICA GALCTICA: Paraso perdido elevado a ene la mayor parte de las veces. Gente como George Lucas y similares debieron tener algn to-abuelo partindose la cara en las Brigadas Internacionales; si no, no se explica tanto empeo. PLDORA ALIMENTICIA: Comprimido de colorines que te da ms energa que un foskitos sin que luego se te atrofien los dientes por la falta de uso. No confundir con el xtasis. DOCTOR: En el gnero hay tres: Asimov, Who y McCoy. El ms admirable de todos es este ltimo, capaz de atender l solito a una na ve entera y a sus mil y pico de tripulantes. Para que luego se quejen los de MASH. Claro que tener un mando a distancia reconvertido a diagnosticador ayuda tela. ALIEN: Autoestopista galctico con muy mala leche, aunque sea ovparo. Grapadora "Petrus" reconvertida en cabeza de monstruo cinematogrfico. Bicho que echa mucha baba a pesar de que ya le han salido todos los dientes. Tiene fijacin por las marimachos. DOCTOR WHO: Serie de culto reservada para genios como Harlan Ellison o quien esto firma. Trasunto de Harpo Marx y/o Lon Chaney Junior, por lo de las muchas caras y los rizos. Tiene el valor de viajar en el tiempo en una cabina de telfonos que es ms grande por dentro que por fuera (como cualquier piso adosado, por otra parte) y no partirse de risa ante los atrezzistas vestidos de monstruos de plstico de cada episodio. La bufanda es opcional, pero los bolsillos ayudan mucho. Cuidado que engancha.

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STAR TREK: Histrica serie televisiva y/o cinematogrfica de bustos parlantes que curiosamente no presentan ningn telediario. Sus epgonos plantean el misterio de cmo en el siglo veintipico "GRECIAN-3000" no ha erradicado todava la calvicie. STAR WARS: Maravillosa triloga cinematogrfica que impide a este cronista ser objetivo. BABYLON 5: Sarao galctico donde Rappel no desentonara nada. Chiringuito de moda despendolado donde se demuestra que un bar de tapas o una estacin espacial suelen ser sospechosamente parecidos a cualquier otro. Reservado para madrugadores, videoadictos o Javier Redal. CIBERPUNK: Subgnero que parece lleno de erratas, pero no. REALIDAD VIRTUAL: Como su propio nombre indica, medio ideal para cumplir tus fantasas. CIBERNAUTA: Enganchado con gafas. TREKKIE: Subespecie de fan especializado que, incomprensiblemente, quisiera tener las orejas ms grandes. Seor/a con nulo sentido del ridculo. TREKKER: Lo mismo de arriba, pero con complejo de culpa. TRICORDER: La nica gran aportacin de Star Trek al mundo contemporneo y a Airtel. JERINGUILLA: Brbaro mtodo de suministrar medicinas que en el futuro ya no existe. PRIMERA DIRECTIVA: Castrante norma de conducta que un tal James T. Kirk se saltaba a la torera cada episodio y sus aburridos sucesores no tienen cojones de poner en duda. ASCENSOR ESPACIAL: Gigantesco gadjet muy de moda. Sueo hmedo de Betticher y Navarro. UCRONA: Relato donde todo es como no fue para que al final las cosas acaben no siendo como tampoco eran. STEAMPUNK: Subgnero inventado por Gustavo Adolfo Bcquer. Claro que no registr la patente y luego pasa lo que pasa. ROBUSTIANO: Robbie el robot pero en carpetovetnico. El nico elemento de ciencia ficcin televisivo/autnomo de nuestra infancia chiripitiflutica a quien la AEFCF ya tarda en hacer un homenaje. Sobrevivir al to Aquiles y al Capitn Tan tiene su mrito, qu demonios.

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Rafael Marn Cdiz, 1959. Es un escritor, traductor y guionista de comics espaol. Ha desarrollado tambin una gran actividad como crtico de cine, comics y de literatura de fantasa, participando en numerosas publicaciones. AL INDICE

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7. COMO CONTACTARNOS? S tienes algn comentario, sugerencia o colaboracin escrbenos a: darthmota@centro-onelio.cult.cu jartower@centro-onelio.cult.cu espiral@centro-onelio.cult.cu aceptamos cualquier colaboracin seria y desinteresada. Traten de ponerla en el cuerpo del mensaje. Advertencia: Los mensajes de direcciones desconocidas que contengan adjuntos sern borrados. Para suscribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la palabra "BOLETIN" en el asunto. Para desincribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase "NO BOLETIN" en el asunto. Para obtener nmeros atrasados envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase en el asunto "Numeros anteriores" y el nmero del correo atrasado que deseas entre parntesis a continuacin. Si los quieres todos escribir a continuacin “todos”. Ejemplos : Con el asunto “Numeros anteriores (2)(5)(20)” obtendras los nmeros 2, 5 y 20 del Disparo en Red. Con el asunto “Numeros anteriores todos” obtendras todos los nmeros del Disparo en Red existentes. Al INDICE


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