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Disparo en Red

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Material Information

Title:
Disparo en Red
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Disparo En Red
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - D42-00040-n39-2007-11
usfldc handle - d42.40
System ID:
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n No. 39 (November 29, 2007)
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Science fiction
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HOY: 29 de NOVIEMBRE del 2007

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DISPARO EN RED: Boletn electrnico de cienciaficcin y fantasa. De frecuencia mensual y totalmente gratis. disparoenred@centro-onelio.cult.cu -------------------------------------------------------Para descargar d isparos anteriores: http://www.esquina13.co.nr http://www.cubaunderground.com -------------------------------------------------------El sitio web del Fantstico Cubano http://www.cubaliteraria. cu/guaican/index.html

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disparoenred@centro -onelio.cult.cu Editores: Darthmota. Jartower. Colaboradores: Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa. espiral@centro-onelio.cult.cu espiralgrupo@yahoo.es Anabel Enrquez Istvn Bent Juan Pablo Noroa Coghan Vctor Hugo Prez Gallo Leonardo Gala Eliete Lorenzo Ral Aguiar Portada: Universo: Ghost in the Shell. 0. CONTENIDOS: 1. La frase de hoy : Neal Stephenson. 2. Artculo : La denominacin que cay sobre Sarnath, Henry Armitage Sarnath. 3. Cuento clsico : Fuera de este mundo, Alfred Bester. 4. Cuento made in Cuba: Recordando a Harvey Davis Millar, Abel Ballester Zuaznbar. 5. Artculo : La balada de R'ton, Cristbal Prez-Castejn. 6. Entrevista : Entrevista con Pablo Capanna, Eduardo J. Carletti. 7. Cmo contactarnos?

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1. LA FRASE DE HOY : El polvo es ms pesado que el aire, por lo tanto cae hasta dar con el suelo. Eso es todo lo que es preciso saber sobre el polvo. A los ingenieros les encanta porque les gusta que los problemas estn muertos y crucificados como mariposas bajo el vidrio. A los fsicos les encanta porque les gusta pensar que lo comprenden todo. Nadie plantea preguntas difciles. Y ms all de las ventanas, los diablillos de polvo siguen brincando por el campus. Neal Stephenson Criptonomicn III. El cdigo Aretusa. Al INDICE

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ARTICULO: La denominacin que cay sobre Sarnath por Henry Armitage Sarnath Publicado originalmente en La Estela de Juvell-Kerapt, revista electrnica lovercraftiana de la Nueva Logia del Tentculo. En 1919 H.P. Lovecraft escribi "La maldicin que cay sobre Sarnath" y, de manera consciente o como mera coincidencia, pone en circulacin el nombre de una ciudad, que realmente existe. En efecto, Sarnath es un pueblo pequeo que se encuentra a diez kilmetros de Beranes, en la India. Es uno de los lugares de veneracin budista, puesto que es el lugar donde Buda pronunci el primer sermn a sus discpulos. Este sermn que hablaba del dolor humano, sus causas y los caminos para liberarse del sufrimiento, extinguir todo deseo y alcanzar en esta vida el nirvana -se considera el momento fundacional del budismo. El sermn tuvo lugar en el Parque de los Ciervos de Sarnath. En este mismo parque hay ruinas de grandes monasterios con ms de mil quinientos aos de antigedad, levantados en plena edad de oro del budismo en la India. La utilizacin del nombre de esta poblacin de la India ha llevado a pensar a algunos estudiosos de la obra de Lovecraft [1] que podra existir alguna relacin con el budismo, aunque las referencias que Lovecraft hace de Buda en su Correspondencia [2], junto con los nombres de Cristo y Mahoma, son ejemplos de su actitud crtica ante cualquier tipo de concepcin religiosa testa. Hay que destacar el hecho de que, en la poca de Lovecraft, ya exista en el Museo de Bellas Artes de Boston una enorme coleccin de Arte Asitico con importantes obras de arte budistas, procedentes de Japn. Adems, hay que decir que, en los Estados Unidos el nombre de Sarnath se conoce desde finales del Siglo XIX y es casi seguro que Lovecraft tuviese conocimiento de su procedencia. A pesar de todo esto, es difcil asociar la Sarnath de la ficcin literaria con la ciudad santa del budis mo, puesto que no hay rastro alguno que pudiera conducirnos a la ms remota de las referencias y, por lo tanto, habra que pensar que el nombre lo eligi probablemente para darle un toque extico al relato y

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mantener esa tcnica lovecraftiana tan caracterstica de intentar dar una cierta verosimilitud a sus historias fantsticas colo cando en el mismo contexto datos reales y datos apcrifos, como hizo no solamente con las ciudades, sino tambin con la men-cin de dioses, como por ejemplo, el antiguo dios-pez Dagon, divinidad real del Panten Ebla en el tercer milenio antes de Cristo frente al ficticio gran saurio acutico Bokrug, que encontramos en "La maldicin que cay sobre Sarnath", o lo que tambin ocurre en las listas de Libros de Ocultismo en los que se citan ttulos reales, como Ars Magna et Ultima, Raimu ndo Lulio, junto con libros ficticios como El Necronomicn o De Vermiis Mysteriis. A pesar de todo lo dicho arriba, tanto con las intenciones como con las fuentes de Lovecraft nunca se puede absolutamente seguro, ya que no podramos dejar de apun tar ciertas similitudes entre esos diosesdemonios de Ib y los nagas de la mitologa hind, que son espritus acuticos que de vez en cuando se dejan ver por la tierra con cuerpo de serpiente y torso humano. Es cierto que algunas de las imgenes, criaturas, ambientes y argumentos de las historias de Lovecraft podran encajar en el trasfondo de las enseanzas del budismo, sobre todo en lo que se refiere a su concepcin csmica, aunque esto no tenga nada que ver ni con los dogmas, ni con el mundo fsico. Otro aspecto que hay que destacar en el nombre de Sarnath es su similitud con otras denominaciones lovecraftianas: Azathoth, Cthulhu, Yuggoth, Yog-Sothoth y otros muchos ejemplos en los que Vendedoras de alimento para ciervos. La Maldicin Que Cay Sobre Sarnath se repiten ciertas agrupaciones de letras como la TH que posiblemente correspondea los caracteres [, ] letra del arcaico anglosajn y que correspondan a las runas de la Antigedad tan relacionadas con la magia, posturas de meditacin y de elementos rituales. A Lovecraft siempre le gustaron los trabalenguas, aunque en ms de una ocasin explic que las agrupaciones consonnticas de pronunciacin imposible intentaban reflejar un lenguaje inhumano. Monasterio Tibetano. Entrada con cartel de denuncia de la invasin china del Tibet. En todo caso este relato de H.P. Lovecraft supone un intento de intentar crear una mitologa propia del autor, que supone una cosmogona

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particular y que mostrar su visin particular del universo y la posicin de la humanidad en ese contexto. [1] Esther Rochon Lovecraft and Buddhism: Some Similarities, Lovecraft Studies N 38.Necronomicon Press, 1988 [2] H.P. Lovecraft, Selected Letter s III, 19291931. Arkham House, 1971 Henry Armitage Es el seudnimo de uno de los fundadores de la Nueva Logia del Tentculo, una agrupacin dedicada a la difusin de la obra de Lovecraft y de los Mitos de Cthulhu, que cuenta con un sitio en Internet. (http://orbita.starmedia.com/~lalogia/). : AL INDICE

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3. CUENTO CLASICO : FUERA DE ESTE MUNDO por Alfred Bester Cuento esto exactamente del modo que sucedi, porque yo comparto un vicio con todos los hombres: aunque disfruto de un matrimonio feliz y sigo enamorado de mi esposa, contino enamorndome de mujeres con las que me cruzo. Me paro en un semforo rojo, miro a la chica del taxi de al lado, y me enamoro desesperadamente de ella. Subo en un ascensor y quedo cautivado por una chica que lleva un paquete en la mano. Cuando sale en el dcimo piso, se lleva con ella mi corazn. Recuerdo que en una ocasin me enamor de una modelo en un autobs. Llevaba una carta al correo e intent leer el remite y aprenderlo de memoria. Las que se confunden por telfono son siempre la tentacin ms fuerte. Suena el telfono, lo descuelgo, una chica dice: —Puedo hablar con David, por favor? No hay ningn David en nuestra casa y yo s que es una voz extraa, pero emocionante y tentadora. A los dos segundos he tejido la fantasa de citarme con la extraa, tener una aventura con ella. Abandonar mi casa, huir a Capri y vivir en glorioso pecado. Luego digo: —A qu nmero llama, por favor? Y luego, tras colgar, apenas si puedo mirar a mi mujer, de lo culpable que me siento. As que cuando son aquella llamada en mi oficina, en Madison 509, ca en la misma vieja trampa. Tanto mi secretaria como mi contable estaban fuera comiendo, as que tom la llamada directamente en mi mesa. Una voz emocionante comenz a hablar a cien por hora.

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—¡Hola, Janet! Consegu el trabajo, querida. Tienen una oficina encantadora justo a la vuelta de la esquina del viejo edificio de Tiffany en la Quinta Avenida, y el horario es de 9 a 4. Tengo una mesa y un despachito con una ventana, para m sola... —Lo siento —dije, tras concluir mi fantasa—. A qu nmero llama? —¡Dios mo! Desde luego no pretenda hablar con usted. —Me lo imagino. —Siento muchsimo haberle molestado. —No ha sido molestia. La felicito por el nuevo trabajo. —Muchsimas gracias —contest ella riendo. Colgamos. Me pareci tan encantadora que decid que esta vez sera Tahit en vez de Capri. Entonces volvi sonar el telfono. Era la misma voz. —Janet, querida, soy Patsy. Me ha pasado una cosa terrible. Te llam y marqu mal el nmero y empez a hablar y de pronto una voz de lo ms sugestiva dijo... —Gracias, Patsy, pero has vuelto a marcar mal el nmero. —¡Oh, Dios mo! De nuevo usted? —Eso parece. —No es ah Prescott 9-3232? —Ni mucho menos. Aqu es Plaza 9-5000. —No entiendo cmo pude marcar eso. Debo de estar especialmente tonta hoy. —Quizs slo especialmente excitada. —Perdneme, por favor. —No se preocupe —dije—. Creo que tiene usted tambin una voz muy sugestiva, Patsy. Colgamos y me fui a comer, reteniendo en la memoria Prescott 9-3232... Marcara y preguntara por Janet y le dira... Qu? No saba. Saba adems que no iba a hacerlo

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nunca; pero persisti aquel resplandor de en sueo que se prolong hasta que volv a la oficina para enfrentar los problemas de la tarde. Luego lo sacud y volv a la realidad. Pero estaba engandome, pues cuando volv a casa aquella noche, no le habl de ello a mi mujer. Trabajaba para m antes de que nos casramos y an se toma mucho inters por todo lo que pasa en mi oficina. Dedicamos ms o menos una agradable hora cada noche a discutir y analizar el da de trabajo. Lo hicimos aquella noche, pero yo ocult la llamada de Patsy. Me senta culpable. Tan culpable que me fui a la oficina al da siguiente ms temprano de lo normal, intentando aplacar mi conciencia con trabajo extra. An no haban llegado las chicas, as que la lnea telefnica daba directamente a mi mesa. Hacia las ocho y media son mi telfono y lo descolgu. —Plaza 9-5000—dije. Al otro lado no se oa nada, lo cual me enfureci. Odio a esas telefonistas que te llaman y luego te dejan colgado mientras atienden otras llamadas. —¡Escuche, monstruo! —dije—. Espero que pueda orme. Haga el favor de no llamarme a menos que piense comunicarme inmediatamente con quien sea. Quin se cree que soy? Un lacayo? ¡Vyase al cuerno! Cuando estaba a punto de colgar el telfono, una voz —Perdone. —Qu? Patsy? Usted de nuevo? —S—dijo ella.

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Mi corazn dio un vuelco porque saba... saba que aquello no poda ser un accidente. Ella haba aprendido de memoria el nmero. Quera hablar conmigo otra vez. —Buenos das, Patsy—dije. —Vaya, veo que tiene usted un carcter terrible. —Siento haber sido tan spero... —No. Es culpa ma. No deba molestarle. Pero cuando llamo a Jan sigue saliendo su nmero. Deben de estar cruzadas las lneas. —Oh. Qu decepcin. Pensaba que haba llamado usted para or mi sugestiva voz. Se ech a rer. —No es tan sugestiva. —Eso es porque antes fui grosero. Deseo compensarla. La convidar a comer hoy. —No, gracias. —Cundo empieza con el nuevo trabajo? —Esta maana. Adis. —Mucha suerte, Patsy. Llame a Jan esta tarde y cuntemelo todo. Colgu y me pregunt si no habra ido a la oficina aquel da ms temprano que de costumbre con la esperanza de recibir aquella llamada, ms que por deseo de hacer trabajo extra. No poda acallar mi conciencia. Cuando uno se encuentra en una posicin insostenible, todo lo que hace resulta sospechoso e intil. Es taba irritado contra m mismo e hice pasar a las chicas una maana espantosa. Cuando volv de comer, le pregunt a mi secretaria si haba llamado alguien estando yo fuera. —Slo el supervisor telefnico del distrito—dijo—. Tienen problemas con las lneas. Pens: "Entonces esta maana fue un acci dente. Patsy no quera volver a hablar conmigo".

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A las cuatro en punto dej irse a mis dos chicas en compensacin por mi actitud de la maana... al menos eso fue lo que me dije. Anduve vagando por la oficina de cuatro a cinco y media, esperando que llamase Patsy, construyendo fantasas hasta que me avergonc de m mismo. Tom una copa de la ltima botella que quedaba de la fiesta de Navidad de la oficina, cerr y me dispuse a irme a casa. Cuando pulsaba el botn del ascensor, o que sonaba el telfono en la oficina. Volv como un rayo, abr la puerta (an tena la llave en la mano) y cog el telfono... sintindome un imbcil. Intent cubrirme con un chiste. —Prescott 9-3232 —dije, casi jadeando. —Perdone—dijo mi mujer—. Me he equivocado de nmero. Tuve que dejarla colgar. No poda explicrselo. Esper a que llamase de nuevo, intentando determinar qu tipo de voz usara para que ella supiese que era yo y no pudiese al mismo tiempo relacionarme con la voz que acababa de or. Utilic la tcnica de mantener el telfono a cierta distancia de la boca y di varias instrucciones con voz spera a la oficina vaca. Luego aproxim la boca y habl. —S? —Vaya, que voz tan distinguida. Como la de un general. —Patsy?—mi corazn dio un vuelco. —Eso me temo. —Me llama a m o a Jan? —A Janet, por supuesto. Estas lneas son una lata, No cree? Lo hemos comunicado a la compaa. —Lo s. Cmo le ha ido hoy en su nuevo trabajo?

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—Muy bien... supongo. Hay un jefe de oficina que ladra exactamente igual que usted. Me asusta. —Le dar un consejo, Patsy. No se asuste. Cuando un hombre grita as, suele ser para cubrir su propia conciencia de culpa. —No comprendo. —Bueno... puede estar desempeando un cargo que es demasiado grande para l y l lo sabe. As que intenta cubrirse hacindose el duro. —Oh, no creo que fuese eso. —O quizs se siente atrado por usted y teme que eso pueda restarle eficacia en el trabajo. As que le da voces para no caer en la tentacin de ser demasiado atento. —Tampoco podra ser eso. —Por qu? No es usted atractiva? —No soy la persona adecuada para contestar a esa pregunta. —Tiene usted una voz maravillosa. —Gracias, seor. —Patsy —dije—, yo puedo darle muchos consejos sabios y prudentes. No hay duda de que Alexander Graham Bell ha querido juntarnos, Quines somos nosotros para oponernos al destino? Comamos juntos maana. —Oh, lo siento, no puedo... —Va a comer maana con Janet? —S. —Entonces, Por qu no conmigo? Aqu me tiene, haciendo la mitad del trabajo de Jan... atendiendo sus llamadas; y qu saco de eso? Una queja del supervisor de telfonos. Es esto justicia, Patsy? Podrem os hacer la mitad de la comida juntos. Luego puede envolver la otra mitad y llevrsela a Jan

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Se ri. Fue una risa deliciosa —Eres un encanto. Cmo te llamas? —Howard. —Howard qu? —Patsy qu? —T primero. —No quiero correr riesgos. O te lo digo en la comida o le mantengo annimo. —Muy bien—dijo ella—. Mi hora es de una a dos. Dnde nos encontramos? —Plaza Rockefeller. La tercera bandera empezando por la izquierda. —Qu bonito. —Tercera bandera por la izquierda. De acuerdo? —S. —A la una en punto maana? —A la una en punto—repiti Patsy. —Me reconocers por el hueso que llevo atravesado en la nariz. No tengo apellido. Soy un aborigen. Nos remos y colgamos. Yo sal apresuradamente de la oficina para evitar la llamada de mi mujer. No fui un hombre honesto en casa aquella noche, pero estaba nervioso. Apenas si poda dormir. Al da siguiente, a la una en punto, yo estaba esperando frente a la tercera bandera empezando por la izquierda en la plaza Rockefeller, preparando frases ingeniosas y procurando mantenerme lo ms erguido posible. Saba que Patsy probablemente me mirara un rato antes de decidirse a acercarse a m. Me dediqu a observar a todas las chicas que pasaban intentando imaginar cul sera. En la plaza Rockefeller durante la hora de la comida, se ven centenares de mujeres que pueden figurar entre las ms encantadoras del mundo. Yo tena grandes esperanzas.

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Esper y esper pero ella no apareci. A la una y media comprend que no deba haber aprobado el examen. Me haba mirado sin duda, y haba decidido olvidarse de todo. Nunca en mi vida me sent tan furioso y tan humillado. Mi contable se despidi aquella tarde, y en lo profundo de mi corazn no poda reprochrselo. Ninguna chica con dignidad podra haberme soportado. Tuve que quedarme hasta tarde, y pedir a la agencia de colocaciones otra chica. Poco antes de las seis son mi telfono. Era Patsy. —Me llamas a m o a Jan?—pregunt furioso. —Te llamo a ti—dijo ella, igual de furiosa. —Plaza 9-5000? —No. No existe tal nmero, y t lo sabes. Eres un mentiroso. Llam a Jan con la esperanza de que las lneas siguie sen cruzadas y que salieses t. —Qu es eso de que no hay tal nmero? —No entiendo que clase de sentido del humor te crees que tienes, Sr. Aborigen, pero lo que s s es que me has jugado una mala pasada hoy... hacindome esperar una hora sin aparecer. Deberas de estar avergonzado. —Que esperaste una hora? Eso es mentira. No apareciste por all. —Estuve all y t no te presentaste. —Patsy, eso es imposible. Te esper hasta la una y media Cundo llegaste all? —A la una en punto. —Entonces ha sido un terribl e error. Ests segura de que me entendiste bien? Tercera bandera por la izquierda... —S. Tercera bandera por la izquierda. —Debimos confundirnos de bandera. No sabes cunto lo siento. —No te creo. —Qu puedo decir? Cre que t me habas dado un plantn. Estaba tan furioso esta maana que mi contable se fue. No sers contable, por casualidad?

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—No. Y no estoy buscando trabajo. —Patsy, comeremos maana, y esta vez nos encontraremos donde no haya posibilidad de error —No s si... —Por favor. Y quiero aclarar ese asunto de que no hay Plaza 9-5000. Eso es absurdo. —No existe tal nmero —Entonces, Cul es este que estoy utilizando? Un telfono de cuerda? Se ri. —Cul es tu nmero, Patsy? —Oh, no. Es como los apellidos. No te Io dar si no me das el tuyo. —Pero t conoces el mo. —No, no lo conozco. Intent llamarte esta tarde y la operadora me dijo que no exista. Ella... —Tiene que estar loca. Lo discutiremos maana. Otra vez a la una en punto? —Pero no enfrente de una bandera —Muy bien. Le decas a Jan que trabajabas a la vuelta de la esquina del viejo edificio de Tiffany? —As es. —En la Quinta Avenida? —S. —Estar en esa esquina a la una en punto —Como no ests... —Patsy... —S, Howard? —Tu voz es an ms maravillo sa cuando ests enfadada

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Al da siguiente llovi a cntaros. Yo fui a la esquina sureste de la Treinta y Siete y la Quinta, donde est el viejo ed ificio de Tiffany, y esper bajo la lluvia desde las doce cincuenta a la una cuarenta. Patsy no apareci. Era increble. Era increble que alguien fuese tan miserable como para gastar una broma como aqulla. Record luego su encantadora voz y dese que la lluvia le hubiese impedido salir de casa aquel da. Esper que hubiese llamado a la oficina para decrmelo despus de irme yo. Volv en taxi a la oficina y pregunt si alguien me haba llamado por telfono. Nadie. Tan disgustado y desilusionado estaba que me fui al bar del Hotel Madison Avenue y tom unas copas para quitarme el fro y la humedad. All me qued, bebiendo y soando, y llamando de hora en hora a la oficina para mantenerme en contacto. Pero de pronto no pude reprimirme y marqu Prescott 9-3232 para hablar con Janet. Respondi una telefonista. —Qu nmero ha marcado, por favor? —Prescott 9-3232. —Lo siento. Ese nmero no figura en la lista. Quiere usted consultar de nuevo su agenda, por favor? As que tambin aquello. Colgu, beb unas copas ms, vi que eran las cinco y media y decid ir a dar una ltima ojeada a la oficina y luego marcharme a casa. Marqu el nmero de mi oficina. Hubo un clic y un rumor y luego Patsy contest al telfono. Su voz era inconfundible. —¡Patsy! —Quin es? —Howard. Qu demonios haces en mi oficina? —Estoy en mi casa. Cmo diste con mi nmero?

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—Yo no s t nmero. Llamaba a mi oficina y sales t. Al parecer las lneas cruzadas funcionan en ambos sentidos. —No quiero hablar contigo. —Deberas avergonzarte. —Qu quieres decir? —Escucha, Patsy, fue una faena darme un plantn como ste. Si queras vengarte podras haber... —Yo no te di ningn plantn. Me lo diste t a m. —Oh por amor de Dios, no empecemos otra vez. Si no te intereso, ten la honradez de decirlo. Me he puesto perdido en aquella esquina esperndote. An estoy empapado. —Seguro? Qu quieres decir? —¡La lluvia!—grit—. Qu otra cosa iba a querer decir? —Qu lluvia? —pregunt Patsy sorprendida. —No te burles. Lleva todo el da lloviendo. An gotea. —Debes de estar loco dijo ella, con voz apagada—. Ha hecho sol todo el da. —En la ciudad? —Claro. —Fuera de tu oficina? —Desde luego. —Sol todo el da en la esquina de la ca lle Treinta y Siete y la Quinta Avenida? —Por qu calle Treinta y Siete y Quinta Avenida? —Porque all es donde est el viejo edificio Tiffany —dije, exasperado—. T ests a la vuelta de la esquina de —Ests asustndome—murmur ella—. Creo... creo que es mejor que cuelgue inmediatamente. —Por qu? Qu es lo que pasa ahora? —El viejo edificio Tiffany est en calle Cincuenta y Siete y Quinta Avenida.

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—¡No, tonta! Ese es el nuevo —Ese es el viejo. Sabes muy bien que se cambiaron, en —Que se cambiaron? —S. No podan reconstruir por culpa de las radiaciones. —Qu radiaciones? Qu demonios...? —Del crter de la bomba. Sent un escalofro, y no por la humedad y el fro. —Patsy—dije lentamente—. Hablo en serio, querida. Creo que puede que se haya cruzado algo ms que una lnea telefnica. Cul es tu clave telefnica? No necesito que me digas el nmero. Dime slo tu clave. —Amrica 5. Mir la lista que tena en la cabina ante m: Academy 2, Adrondack 4, Algonquin 4, ALgonquin 5, Atwater 9... America 5 no exista. —Es aqu en Manhattan? —Por supuesto, aqu en Manhattan. Dnde si no? —En el Bronx—contest—. O en Brooklyn o en Queens. —Cmo iba a vivir en campos de ocupacin? Se me cort el aliento. —Patsy, querida, Cmo te apellidas? Creo que es mejor que seamos sinceros en esto porque creo que estamos metidos en algo fantstico. Yo me llamo Howard Carnp. Ella guard silencio. —Cmo te apellidas, Patsy? —Shimabara—dijo al fin. —Eres japonesa? —S. T eres yanqui? —S Naciste aqu, Patsy? —No. Vine en 1945... con la unidad de ocupacin. —Entiendo, nos rendimos la guerra... donde tu dar arreglada. Y quedaremos separados para siempre.

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Dile que cargue el importe a tu nmero Patsy. —Lo siento, seor dijo la telefonista—. No podemos hacerlo. Puede usted colgar y llamar otra vez. —Patsy, sigue llamndome, Lo hars? Llama a Janet. Volver a mi oficina y esperar. —Su tiempo ha terminado, seor. —Cmo eres, Patsy? Dmelo. Deprisa, querida. Yo... El telfono qued muerto, y mi moneda cay en la caja de las monedas. Volv a mi oficina y esper hasta las ocho en punto. No telefone, o no pudo telefonear. Mantuve durante una semana una lnea directa abierta con mi mesa y contest personalmente todas las llamadas. Nunca volv a or su voz. En algn sitio, aqu o all, haban reparado aquel cable cruzado. Nunca olvid a Patsy. Nunca se borr en m el recuerdo de su voz encantadora. No pude hablar a nadie de ella. Y no te lo dira a ti ahora si no hubiese perdido la cabeza por una chica de maravillosas piernas que patina sobre el hielo dando vueltas y vueltas mientras suena la msica en la Plaza Rockefeller. Alfred Bester Alfred Bester periodista y escritor de ciencia ficcin, nacido en Nueva York en 1913 y fallecido en Pensilvania en 1987. Aunque public su primer relato en 1939, su salto a la fama vino a comienzos de los cincuenta, despus de una etapa en la que trabaj como escritor de guiones para radio y televisin. Sus relatos, y sobre todo su premio Hugo de 1953 por El hombre demolido le encumbraron a la fama. Sin embargo, Bester, autor no muy prolfico, abandon el campo para dedicarse a escribir artculos para la revista Holiday

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(de la que lleg a ser redactor jefe). Su vuelta a la ciencia-ficcin en la dcada de los 70 no result como esperaba, y las novelas escritas por entonces resultaron un fiasco. Es por ello su fama de autor "cometa". Desalentado, volvi a abandonar el gnero. En 1987, mora sin haberse enterado de que acababa de recibir el galardn de Gran Maestro por su corta pero intensa carrera. Dej, adems de sus dos sobresalientes novelas, una pequea pero exquisita coleccin de cuentos. Al INDICE

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4. CUENTO MADE IN CUBA: Recordando a Harvey Davis Millar. Por Abel Ballester Zuaznbar. Hace muchos aos atrs la gente le tema a la daguerrotipia. Esa cajita extraa con un ojo de vidrio al frente, slo poda ser algo malo. Se comentaba que con la imagen impresa de la persona fotografiada, quedaba capturada el alma. “La mquina que robaba el alma”, murmuraban por doquier. Decan que aquel que fuese visto por la misteriosa caja, slo tena un destino: morir. Estos temores no eran infundados todos. Se basaron, o ms bien, surgieron muchos de ellos, a raz de los experimentos llevados a cabo por el seor Harvey Davis Miller; quien en el pasado, all en Londres, se esmer por obtener una placa de impresin ms fiable y econmica que las ya existentes. Necesitaba que las mismas se velaran ms rpido y de esta forma, el cliente no tendra que esperar tanto tiempo posando. Yo estuve a su lado cuando lo consigui y… tambin estuve a su lado cuando muri con el secreto de su invento. Precisamente su nueva placa fue quien le dio muerte, aunque haya sido yo quien tom la foto esa noche. Nunca ol vidar el rostro del seor Miller al fallecer. Aun me sale en los sueos. Es terrible. Pero… cmo pudimos llegar a este punto? Un ao antes, yo era un pobre muchacho semianalfabeto. Huyendo de la pobreza de los campos, escap de casa hacia la gran ciudad. No fue una decisin alocada. Me haba enterado de que el seor Miller, el ms pr estigioso relojero, re parador de estufas y especialista en otros oficios; parta a buscar fortuna en Londres. Enseguida me ofrec como ayudante y partimos sin mirar atrs. Conseguir un local en la gran ciudad no fue sencillo. Ya casi perdamos las esperanzas cuando encontramos una residencia que haca esquina en un barrio intranquilo y sucio.

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Aunque no luca mal, nos sorprendi que estuviese deshabitada. Al indagar acerca del por qu, nadie nos quiso decir. Slo cuando el seor Miller habl de comprarla, apareci al poco rato un hombrecito encorvado, con cara de guila arrugada y se dirigi hacia nosotros abrindose paso entre los curiosos. Eso han dicho muchos – nos revel dudoso-, pero todos al final, han dado media vuelta y se han marchado sin siquiera firmar los documentos. Por qu? – pregunt el seor Miller intrigado como yo y el hombrecito nos hizo una sea para que lo siguiramos. Se aproxim a la puerta principal de la residencia y sac un manojo de llaves. Seleccion una y abri aquel lugar abandonado. Lo seguimos adentro y entonces nos sorprendi el inmenso recibidor aun con los muebles de los ltimos propietarios. ¡Es perfecto! – exclam el seor MillerEs lo suficientemente amplio como para montar mi negocio aqu y atender a los clientes. Mientras l se recreaba con observar lo inmenso que era todo all, yo me fij en la mirada de los curiosos que se asomaban por la entrada detrs de nosotros. Sus cabezas inquietas proyectaban sombras balanceantes en el suelo polvoriento. Tambin not la expresin del hombrecito de las llaves. Estaba parado frente a una pared cubierta por una cortina. El sol que entraba por la puerta al dar en l, lo h aca parecer muy plido. El seor Miller tard mucho en darse cuenta de la impaciencia de ste. Cuando al fin se percat, se acerc a m y mir curioso al cuidador. Muy bien seor… Cul es el problema con esta residencia? – le pregunt. El hombrecito agarr un extremo de la cortina y nos clav la mirada. Lo que vern ahora es lo que ha hecho a todos huir. Se los advierto, esto les puede helar la sangre.

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Y le dio un tirn tal a la cortina, que la misma se desliz por su parte superior, descubriendo a gran velocidad la pared que ocultaba. Juro que di un brinco de pavor al ver aquel cuadro horrible reflejad o all sobre la superficie de esta. Era abominable. Rostros desgarrados, manos que se estiraban pidiendo clemencia, sollozos, gritos. Unas manchas espeluznantes. Parecan mujeres y nios que se consuman en las llamas del infierno. Y eran tan ntidas como el mejor de los retratos. No hubo forma de borrar estas horribles manchas – habl el hombrecito-. Los propietarios anteriores lo intentaron todo. No sirvi de nada el estuco una y otra vez. Siempre volvan a surgir cada vez ms grotescas aunque rasparan la pared. Yo temblaba de pies a cabeza, pero me sorprendi la osada del seor Miller. l avanz hasta la pared y rasp con la ua el estuco, para luego olerlo. A qu se debe esto?Cmo es posible? pregunt. Nadie lo sabe seor. Slo se sabe que en este lugar, hace mucho tiempo atrs, se quem una casa de madera y en ella muri una mujer con sus cuatro hijos. Los puede ver ah en las manchas… Fue en la noche. Dorman todos. Lo ve? Es como cuando sale la gente en una placa… Se refiere a los daguerrotipos? – se interes el seor Miller. ¡S, eso mismo seor! Pero es peor, basta que usted recubra la pared con una nueva mezcla de estuco y sin secarse del todo, las manchas aparecen al momento. Al momento?Al instante? – se interes aun ms el seor Miller. S seor. Por eso nadie ha comprado la… Es perfecta – lo interrumpi sbitamente y todos exclamaron menos yo, que no pude articular palabra alguna. El seor Miller volvi a cubrir la pared ante el estupefacto gua y en ese momento me

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percat de que las manchas tambin estaban en la tela. Creo que ser interesante – coment sonriente el seor Miller al ver esta curiosidad. Contrario a lo que pens, la gente si comenz a ir a la casa a pedir los servicios del seor Miller. Slo que no pasaban de la puerta. Teman acercarse al mostrador aun cuando habamos cambiado la cortina manchada por una nueva. El seor Miller trabajaba como relojero y mecnico de ciclos. Yo como ayudante me esforzaba por aprender y no me iba mal. A veces reparbamos estufas, faroles y cualquier otro cachivache. Tuvimos un buen empezar y nos podra ir mejor, o mejor dicho, a m me podra ir mucho mejor; sino fuese por el miedo que aun me inspiraba esa pared. Adems escuchaba por las noches, ruidos que no me dejaban dormir. Un da no pude ms… Trabajaba en el mostrador cuando sent una gran necesidad de volver a ver ese cuadro horrible tras la cortina. No s por qu. Tal vez una necesidad de asustarme a propsito. As que descubr las manchas y si bien seguan siendo muy aterradoras, lo eran ms cuando no poda verlas y me las imaginaba. Las contempl un buen rato y entonces me llam la atencin un sector raspado de las mismas que no haba notado la vez que cambiamos las cortinas. Los colores eran visiblemente ms claros en ste lugar. El seor Miller me sorprendi all con la duda. Qu haces Peter? – me pregunt intrigado. Seor Miller, vea esto. La pared est rayada. Ah, s. He sido yo. No te alarmes – me confes como si no fuese importante. Pero… para qu? Estoy investigando algo muy prometedor. Ya veras – contest con una sonrisa y me mostr unos libros que traa debajo del brazo-. Estar en el fondo Peter. Puedes cerrar, ya es hora del t.

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Asent levemente y tap nuevamente la pared. No poda entender que se propona el seor Miller. Acaso exorcizar la casa? Dese que pudiera borrar esas manchas de una vez y para siempre. Slo eso me haca sentir mal en ese lugar. Por la noche me despert una pesadilla. No fueron ruidos esta vez, sino imgenes terribles. El susto fue tal que perd el sueo y decid dar una vuelta por la casa. Al bajar las escaleras me sorprendi ver luz en el cuarto del fondo. Sin dudas el seor Miller estaba all, as que me asom con cautela y lo vi en un verdadero laboratorio de alquimista. Maceraba, herva mezclaba, destilaba varias cosas y recurra un a y otra vez a sus libros. Lo espi slo unos instantes y luego retorn en silencio a mi habitacin. Despus descubr que estuvo muchas noches as. Hasta un da en que apareci con una caja extraa y varios aditamentos diversos. No era algo totalmente nuevo para m, ya haba visto una similar de lejos, en la casa de un retratista. Le pregunt si ste sera tambin nuestro oficio. S Peter – me dijo-. Con esta cmara y mi invencin, unas placas que se velan al momento, los retratos sern ms atractivos para los clie ntes. Para nuestros clientes. Todava me falta reducir ms los granos de la placa, pero casi lo tengo. Ven, te lo mostrar. Fue ese da que not algo preocupante en todo esto, pero no lo dije por temor a lucir ridculo. Quin era yo? Slo un chico ignorante. As que me hice el desentendido. Lo recuerdo todo muy bien. El seor Miller le sac un retrato a un clavel que floreca en una maceta, y luego de revelar la lmina de vidrio, me la dio con una sonrisa de triunfo. Lo vez Peter? Todo el proceso no dura ms de dos minutos y el tiempo de exposicin es rapidsimo. Prcticamente descubrir el lente y volverlo a tapar. Yo estaba tan impresionado con esto y ver aquella imagen pegada al vidrio me produjo tanto nerviosismo, que se me cay la placa y esta se hizo aicos.

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¡Qu torpe soy!¡Disclpeme seor Miller! No es para tanto Peter. Pero aun as te castigar. Ven, sintate aqu. Te har un retrato. Ilusionado con la idea de verme a m mismo, tom asiento frente a la cmara y me hinch orgulloso. Me senta feliz y el seor Miller dijo que no pestaara siquiera. Pero algo borr la sonrisa de mis labios tal como lo vi despus en el retrato. Mis ojos se fijaron en el clavel. ste se haba marchitado de golpe. Creo que el seor Miller tambin lo not, pero le rest importancia. Pero tuvo razn, el negocio como retratistas fue un xito y con gran placer dejamos aquella casa con sus manchas y ruidos. El mtodo de retratar del seor Miller desplaz a los otros en cuanto a rapidez y nitidez. Su fama comenz a crecer y personalidades importantes nos visitaban para ser retratados, all en nuestra residencia, en una de las calles ms cntricas de Londres. Prosperbamos s, y yo, no slo le enviaba dinero a mi madre, sino que estudiaba y pretenda casarme al terminar estos estudios. Pero todo no puede ser para siempre. Cosas inexplicables comenzaron a suceder con los retratos. Varios clientes regresaron a nosotros con dudas y temores. Alegaban que en las placas surgan figuras extraas por detrs o encima de los retratados. Reconocan formas de ngeles en algunas, en otras parecan aureolas alrededor de todos y se comentaba que podra ser el alma de las personas. Pero lo ms preocupante para m, fue el hecho de que una tarde, dos hombres sospechosos que lucan sombreros de copa y bastn; me siguieran desde la casa de un cliente hasta la nuestra. Para colmo estuvieron muchos minutos despus, vigilando desde un a esquina cercana. El seor Miller no supo que decir al respecto y por primera vez advert el miedo en sus ojos. La iglesia lo acus, o mejor dicho, nos acus de atrapar el alma de la gente. Con temor fui a mi habitacin y busqu entre varias cosas, aquel retrato que me hiciera mucho antes. Entonces la vi… All estaba ella

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con sus hijos parados detrs de mi imagen. Casi no se notaba, pero sus marcas estaban en la placa. Al mostrarle esto al seor Miller nos lanzamos en una frentica revisin de todos los retratos que habamos hecho de prueba, antes de dedicarnos en serio a ste oficio. Y era cierto. ngeles, aureolas, fantasmas. En algunos bien ntidos. El seor Miller tomo una decisin: Debemos cerrar el negocio de inmediato. Pero ya era tarde. Habamos sacado cientos de retratos y vendido otro tanto en placas de velado rpido, as que sucedi lo inevitable. Justo cuando me encontraba colgando un cartel que anunciaba el cierre, lleg el padre Donald Ford, el cual fue uno de nuestros clientes. Sostena una de nuestras placas y luca molesto. Muy molesto. El seor Miller se encuentra? – pregunt y con cierto temor lo convid a pasar. Deb haberle dicho que no estaba. Ese da empez la verdadera pesadilla. El padre Donald nos mostr las manchas surgidas en su retrato. Eran diablicas y parecan una burla hacia l. Muy pocos como yo aceptaron retratarse con el objetivo de darle fe a ste revolucionario invento. Depositamos mucha confianza en usted y mire cual ha sido el resultado. ¡Esto es un insulto!Qu puede decirme al respecto seor Miller? El padre Donald esper en vano una respuesta pues no haba explicacin posible. El seor Miller agit las manos con desesperacin. No s qu decirle. Yo mismo no me lo explico padre. Pero… pero podemos devolverle su dinero. ¡Yo no quiero su dinero!Por quin me toma? Yo vine aqu por esta ofensa y esto no lo lava el dinero.

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El padre Donald lanz la placa al suelo y ah mismo cay muerto. ¡Lo juro! No logr decir nada ms. Simplemente muri. No fue un infarto como quisimos dar a conocer. Su rostro se desfigur horriblemente como un cristal roto. Le record al se or Miller lo sucedido con el clavel que se marchit al romperse su retrato y comprendimos que si el alma era atrapada en el vidrio, al ste quebrarse; mora el retratado. ¡Tenamos que huir! Aun la noticia de la muerte del padre Donald estaba caliente, cuando nos dirigimos a tomar el tren rumbo a quin sabe donde. Corramos por el anden hacia la puerta del tercer coche cuando un grito nos detuvo: ¡Seor Miller! Lentamente miramos hacia el frente y vimos salir de las cortinas de vapor de la locomotora, a dos hombres con sombreros de copa y bastones, seguidos por la polica. No haba escapatoria. Nos interrogaron durante todo el da hasta la noche. Por ellos nos enteramos de la muerte de muchos, que molestos con sus retratos, los haban roto. Al principio no entendimos el inters de ellos. No nos condenaban sino que queran saber el secreto de la frmula. Cmo se hace? – nos pregunt un hombre de rostro tenebroso. No fue nuestra intencin que murieran esas personas – le dijo el seor Millar -. Fue un accidente. Debe creernos. No fue nuestra intencin hacerle dao a nadie. Ya lo hemos dicho muchas veces pero no nos creen. De veraz lo sentimos mucho por esas personas. No nos interesan para nada esas personas – lo cort aquel hombre-. No se da cuenta de lo que ha creado seor Miller?Se imagina el valor de lo que ha logrado? No lo entiendo seor… Imagnese este gran pas amenazado. Otros ambicionan lo que tenemos. Con slo atrapar su alma podramos, puf, eliminarlos. Incluso aqu en nuestro propio suelo, hay algunos que

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han llevado al poder a quien no lo merece. Eso slo ha trado conflictos. Se refiere a la familia Real? – se interes el seor Miller. Esta pregunta hizo sonrer con malicia a aquel hombre y de inmediato orden que me sacaran de all. Ya estaban seguros de que yo no saba nada, as que me echaron a la calle. Camin dando tumbos hasta llegar a casa, y en esta, prepar algo de comer. Si bien estaba preocupado por el destino del seor Mille r, tampoco perda el apetito por esto. El sueo me venci y ca rendido recostado a la mesa del comedor. Fue despus de la media noche que me despert el sonido del llavn en la puerta principal. Prest atencin en la oscuridad y escuch varios pasos y voces en el recibidor. Recuerde seor Miller. Con esto le prestar un gran servicio al pas y a la corona. Confiamos en usted. Ser bien retribuido por esto. Tiene hasta maana para volver a rehacer sus anotaciones. Vendremos a verlo en la tarde. Si es por el bien de mi patria, no me queda otra opcin que aceptar. No tengo excusa para negarme. La puerta volvi a cerrarse y unos pasos so litarios se acercaron al comedor. Slo cuando estuvieron lo suficientemente cerca, el seor Miller se percat de mi presencia. Peter?Ests aqu?¡Gracias a Dios! Cre que no volvera a verte. Encender las lmparas seor Miller. No, no, espera. Estn all afuera Peter. Ellos no saben que ests aqu. Es mejor as. Por qu?Qu le hicieron?Quin era ese hombre? Un miembro de la familia Real. Me propuso retratar a varias personalidades de su mundo. El retrato debe ser furtivo, sin que ellos se enteren, para despus matarlos a su antojo. Quieren mi secreto Peter. Me amenazaron, pero les dije que las notas las haba destruido junto con las placas que no se llegaron a usar. Quieren que fabrique ms y que les revele el

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secreto para usarlo como arma. Y qu va a hacer? No puede hacerlo. No puede apoyar a ese traidor. Lo s Peter, por eso slo queda algo por hace r. Ven, aydame. No les dar ese placer. Les promet que colaborara si me pagaban bien y me creyeron. El seor Miller prepar nuevamente la mezcla y obtuvo una nica placa. Yo no entenda el propsito de esto. Trabajbamos en penumbra y en silencio casi total. En lo que l haca esto, yo sostena una lmpara cubierta con una lona para que la luz no se notara afuera de la casa. Ya est listo – me dijo y se acerc a la cmara. Con dificultad introdujo la placa en esta y despus camin hasta una silla, la tom y luego de colocarla frente al equipo; se sent en esta. Entonces fue cuando lo comprend todo. No – dije con un ruego-. No seor Miller. No lo haga. T slo haz lo tuyo Peter, yo me encargo de lo otro. Ya saba que era eso otro y era por esto que no poda hacerlo. Comprende Peter. Sabes cuntos ms van a morir? Si mi secreto llega a manos como las de ese seoritingo Real, muchos van a morir. Muchos. Adems Peter… sabes que no resistir las torturas. Al final hablar. No quisiera extenderme en contar ese angustioso momento. Slo con decir que durante media hora discutimos el asunto fue suficiente. Fue doloroso para m, mejor dicho, para ambos. Pero al final tuve que mostrar el lente y descubrir la lmpara para que todo se iluminara. Luego le di la placa al seor Miller y este pidi que me escondiera. Hizo bien, pues de inmediato los agentes que vigilaban la casa, tocaron a la puerta intrigados al escuchar el quejido del seor Miller. Cuando lograron entrar, yo haba conseguido esconderme y ya l yaca muerto.

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No s cuanto tiempo estuve all oculto tras unas caja s que nunca nos molestamos en acomodar bien. Despus de que se llevaran el cuerpo del seor Miller, volvieron una y otra vez para registrar la casa. Por suerte se convencieron de que era una bsqueda intil antes de llegar a mi escondrijo. Su frustracin era tal que ni siquiera se molestaron en recoger los restos del retrato del seor Miller. Yo part sin rumbo fijo hacia el norte. Simplemente desaparec. Aun conservo los pedazos de vidrio de aquel retrato suicida. Ya casi se han borrado pues tienen ms de sesenta aos. Mi salud fue excelente hasta el mes pasado en que qued postrado en esta silla de ruedas, luego de que mi bisnieta Elizabeth, encontrara por accidente aquella primera imagen que me tomara y lo rayara completamente. Cosas de los nios inquietos. Este suceso fue el que me hizo recordar aquellos tiempos ya olvidados y al seor Miller, mi amigo. Si bien nadie ms recuerda su nombre, muchos aun rememoran el temor a su invencin. Pero ellos no saben que muri haciendo lo correcto y que fue ante todo un patriota. Que en paz descanse. ABEL BALLESTER ZUAZNBAR Comenz a asistir a un taller literario en el Departamento de Extensin Universitaria de la Universidad de Matanzas en 1998. Ese mismo ao gano el primer lugar en el Festival de Artistas Aficionados de la FEU Provincial en literatura. Es miembro de Espiral desde el ao 2002 y uno de sus cuentos se incluy en la antologa Secretos del Futuro. Tambin es ilustradory ha participado con esta manifestacin, en los eventos realizados por ste grupo de creadores.

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Al INDICE

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5. ARTICULO: La balada de R'ton Cristbal Prez-Castejn Tomado de http://www.bibliopolis.org En la novela de Paul McAuley Hijo del Ro se nos presenta un planeta, Confluencia, dotado de una curiosa poblacin. Al principio podemos pensar que nos encontramos ante una heterognea comunidad humana dotada de algunos individuos peculiares. Sin embargo, conforme profundizamos en la lectura nos damos cuenta que en realidad los habitantes de Confluencia no pertenecen a nuestra especie, sino que son hbridos desa rrollados a partir de una mezcla de ADN humano y animal para la colonizacin y el desarrollo de ese planeta. Esto podra parecernos una historia de cien cia-ficcin ms si no fuera porque la gentica es uno de esos campos en los que los avances se suceden a velocidad de vrtigo. Cada da nos levantamos con noticias que hacen que especulaciones como las de Un mundo feliz de Huxley o Gattaca parezcan cada vez ms y ms cer canas. Y cuando leemos en la prensa cotidiana que cientficos de Estados Unidos estn estudiando seriamente la creacin de un hbrido entre ser humano y ratn para experimentar con clulas madre, resulta difcil dejar de preguntarse si las especulaciones de McAuley y de tantos otros que le precedieron no acabaran por convertirse en un elemento cotidiano de nuestras vidas. Lo mejor de dos mundos En realidad la hibridacin, entendida como el proceso por el cual dos individuos de diferentes especies procrean para dar lugar a un ser que mezcla las caractersticas de sus progenitores, es un proceso relativamente corriente en la naturaleza. En el reino vegetal resulta bastante comn la polinizacin cruzada entre especies relacionadas y lo mismo sucede con los animales. En ocasiones incluso pueden conseguirse hbridos de especies distintas, como sucede con las mulas, resultado del cruce de caballos y burros. Una caracterstica interesante de este proceso es que los hbridos suelen ser mayores y ms robustos que las especies de las que proceden, puesto que la combinacin de los genes permite reunir dentro de un mismo individuo caractersticas propias de cada uno de sus progenitores. Esta mezcla se lleva a cabo de acuerdo con las leyes de la gentica, de

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modo que las caractersticas en cuestin en ocasiones no aparecen en la primera generacin sino a partir de la segunda y sucesivas. De hec ho, Mendel estableci la base de dichas leyes a partir de sus estudios sobre la hibridacin de dos variantes de guisantes. Sin embargo, tambin existe un precio a pagar: muchas variantes hbridas, aunque mayores y ms productivas que sus parientes silvestres, s on estriles, debido a que las diferencias introducidas en los cromosomas son lo suficientemente importantes como para inhibir el proceso de reproduccin. Jugando con los genes La hibridacin se ha utilizado desde la no che de los tiempos por la humanidad. En efecto, el cruce de variantes diferentes de una especie en busca de unas caractersticas determinadas (tamao, mayor cantidad de lana o carne, docilidad) constituye una de las bases fundamentales tanto de la ganadera como de la agricultura. Histricamente, en el caso de los animales la tcnica ms utilizada ha sido el apareamiento de un macho de una variedad o especie con una hembra de la otra. Para los vegetales se usa un procedimiento semejante, colocando el polen de una variedad en los estigmas de la otra. Tambin se utilizan mucho los injertos, que consiste en la implantacin mediante un procedimiento quirrgico de esquejes de la planta (pequeos tallos que se obtienen a partir de brotes) en otra planta para formar un hbrido. Este procedimiento tiene la ventaja de que la seleccin de las caractersticas del hbrido no est regulada por la gentica, sino por los atributos de partida de los progenitores utilizados. La aplicacin de la gentica ha supuesto un autntico revulsivo en las tcnicas de hibridacin. Ya los trabajos de Mendel, que ayudaron a comprender los mecanismos de transmisin de caractersticas entre progenitores y vstagos propiciaron un enorme avance respecto de los mtodos tradicionales. Pero las moderna biotecnologia ha ido muchsimo ms all. Hoy en da pueden cogerse dos clulas y fusionarlas en el laboratorio permitiendo hibridaciones imposibles en la naturaleza. Estas clulas se pueden cultivar posteriormente para dar lugar a embriones. Sin embargo, stos no tienen por qu ser viables, ni sus caractersticas tienen por qu coincidir con lo que estabamos buscando al crearlos. Estos problemas se solucionan actuando directamente a nivel de los genes: la aplicacin de la tecnologa del ADN recombinante nos permite insertar genes humanos en el genoma animal, de modo que los hbridos resultantes codifiquen esos genes. De este modo se han

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conseguido resultados realmente espectaculares: ovejas y cabras en cuya leche se genera insulina, ratones transgnicos en cuyo semen aparecen protenas humanas, vacas que dan leche maternizada directamente, cerdos cuyos co razones pueden utilizarse para transplantes y ratones en cuyo lomo crecen orejas humanas... Todo un mundo de posibilidades Sin embargo, el objetivo del experimento que nos ocupa es diferente. ste consiste en evaluar diferentes estrategias para utilizar y desarrollar las propiedades de diferentes estirpes de clulas madre utilizando un ratn co mo base para el experimento. Al inyectar estas clulas en un embrin, cuando ste se desarrollara acabara con colonias de clulas humanas repartidas por todo su organismo. Las clulas madres se han convertido, en cierto modo, en la piedra filosofal de la moderna biotecnologia. Procedentes de las primer as etapas de la divisin del vulo, tienen la posibilidad de convertirse en cualquier elemento de nuestro organismo. En efecto, un vulo fecundado es una clula totipotente, capaz de generar a un individuo completo. En los cuatro primeros das del desarrollo embrionario el vulo experimenta varias divisiones. Cada uno de los resultados de ellas es a su vez una clula totipotente, capaz as mismo de generar un individuo completo (lo que es la causa, por cierto, de la existencia de los gemelos monocigticos). A partir del cuarto da se forma el blastocito, cuya capa externa da lugar a la placenta y al resto de tejidos necesarios para el desarrollo del feto. Las clulas de la capa interna de este blastocito ya no son totipotentes en cuanto que no pueden dar lugar a individuos separados, aunque todava pueden generar todos los tejidos de un individuo en concreto. Por eso se dice que son pluripotentes. Estas clulas pluripotentes son las que posteriormente generaran las clulas especializadas para la creacin de los diferentes rganos y tejidos. Las clulas madre no son un patrimonio exclusivo de los embriones, sino que tambin aparecen en el organismo adulto. Las ms conocidas son las que residen en la medula sea y se dedican a la produccin de las diferentes clulas sanguneas. Recientemente se han descubierto tambin clulas madre en el cerebro y en otros rganos. El santo grial Las clulas madre tienen dos comportamientos que las diferencian del resto de las clulas del organismo. El primero, que tienen capacidad de autogeneracin (es decir,

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pueden producir ms clulas madre). El segundo, que pueden producir otras clulas que, como comentbamos ms arriba, tienen la capacidad de especializarse en la generacin de cualquier rgano o tejido. Este comportamiento las convierte en algo extremadamente potente a la hora de tratar determinadas enfermedades. Por ejemplo, recientemente se ha anunciado que mediante un tratamiento adecuado se ha conseguido convertir clulas madre inyectadas en la columna vertebral de un ratn en neuronas y tejido nervioso. Si tenemos en cuenta que hasta no hace demasiado se pensaba que el tejido nervioso no poda regenerarse podremos darnos cuenta del alcance de este descubrimiento. Estos experimentos abren una puerta a la esperanza para los afectados por enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o los que sufren lesiones medulares como las que va n asociadas a tantos accidentes y que suelen tener como secuela diferentes niveles de parlisis. Estas clulas tambin puede utilizarse para tr atar el cncer. En otro experimento se han seleccionado clulas inmaduras de la medula espinal y mediante un tratamiento gentico se las estimul a producir una protena anticancergena. Asimismo, las clulas madre procedentes de la placenta y del cordn umbilical han demostrado un enorme potencial a la hora de tratar determinadas formas de leucemia. Por ltimo, la capacidad de las clulas madre, especialmente de las embrionarias, para especializarse en la produccin de cualquier rgano o tejido ofrece perspectivas revolucionarias en el tema de los transplantes. En efecto, con esta tcnica no solamente seria posible regenerar in situ rganos daados sino que tambin podran “fabricarse” rganos a medida con vistas a posibles transplantes. Por ejemplo, una de las lneas de investigacin que se sigue actualmente consiste en la utilizacin de estructuras tridimensionales basadas en polmetros que se siembran con clulas madre que tras un adecuado proceso de estimulacin y crecimiento dan lugar a rganos funcionalmente semejantes a los naturales. Pasado cierto tie mpo la estructura polimrica de soporte se reabsorbe y el rgano quedara listo para su uso. Por este procedimiento se han generado hgados y otros rganos bastante prometedores y ya se comercializa piel sinttica, formada por dermis y epidermis desarrolla da a partir de clulas madre. Estas tcnicas abren tambin una gran esperanzas a colectivos como los diabticos, que ven en el empleo de estas clulas maravillosas una posibilidad de mejorar espectacularmente su calidad de vida.

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Oscuros nubarrones Ante estas perspectivas sera de esperar que todos los laboratorios del mundo estuvieran experimentando en este terreno. Y sin embargo, no slo no es as sino que en muchos pases dicha experimentacin est o bien prohibida o bien severamente restringida. Una de las razones de este estado de cosas hay que buscarla en los problemas ticos y morales asociados a este tipo de investigacio nes. Bsicamente podramos resumir dichas objeciones en dos grandes temas: los problemas relacionados con las fuentes de suministro de las clulas y los asociados con los protocolos de experimentacin. Como ya comentamos en su momento, actualmente se han identificado varias fuentes de clulas madre en nuestro organismo. La mdula espinal de cualquier persona contiene muchas (aunque de un tipo bastante especializado) y la placenta y el cordn umbilical de los recin nacidos tambin. Nunca han de faltar voces que pongan reparos al empleo de estas fuentes, pero en principio no parecen presentar demasiados problemas. Sin embargo, las clulas madre que ofrecen mayore s posibilidades teraputicas y tienen unas lneas de investigacin ms prometedoras son las que estn asociadas a las primeras etapas del desarrollo del embrin. Lo que quiere decir que la principal fuente de suministro de las mismas esta en los abortos y en los embriones desechados en las tcnicas de fertilizacin in vitro. Lo que las coloca, automticamente, en el centro de la polmica. El caballo de batalla de la discusin aparece a la hora de definir la frontera entre lo que se considera y lo que no se considera un ser humano. Para algunos, la humanidad del individuo queda fijada en el mismo acto de la concepcin. Sin embargo, otros no comparten este punto de vista. Desde hace muchos siglos ste ha sido un tema controvertido: las disquisiciones sobre cual es el punto en que el feto adquiere un alma ocupan miles de pginas en los tratados de teologa. El proble ma es que existe una zona nebulosa entre que el vulo es fecundado por el espermatozoide y el feto comienza a adquirir una cierta entidad. Las clulas madre proceden de un estadio del desarrollo en que el futuro ser humano es poco ms que un conjunto de clulas no diferenciadas. Tanto es as que en dicho estadio ni siquiera se puede hablar de identidad: el vulo puede dar lugar a uno o a ms seres humanos dependiendo de como se lleve a cabo su desarrollo. Pero a pesar de esto es innegable que en ese conjunto de clulas se encuentra implcita la potencialidad de un futuro ser humano. Y las implicaciones que esa potencialidad conlleva es lo que convierten

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este tema de discusin en algo extraordinariamente resbaladizo. Si alguien nos preguntara si estaramos de acuerdo con experimentar sobre seres humanos para obtener por ejemplo un nuevo medicamento, segn se formulara la pregunta incluso podramos llegar a pensar que nuestro interlocutor era una especie de nazi. Sin embargo cuando se habla de experimentar con los embriones desechados por las clnicas FIV hay mucha gente que se muestra de acuerdo... cuando lo cierto es que cada uno de esos embriones, de haber sido implantado, podra convertirse en un ser humano completamente desarrollado. Algo parecido sucede con el tema del aborto. Independientemente de que ste es un tema con unas implicaciones morales especficas, el utilizar el resultado de un aborto en la experimentacin medica arrastra una serie de problemas adicionales. Por ejemplo, imaginemos que se desarrollan tcnicas para la regeneracin de rganos o de clulas del sistema nervioso mediante implantes de clulas madre. Esto, lgicamente, crear una demanda creciente de este tipo de clulas. El problema es que con las caractersticas de la sociedad donde nos ha tocado vivir no cuesta nada pensar que a alguien podra ocurrrsele que dicha demanda podra ser cubierta, por ejemplo, incentivando el aborto, lo que no deja de tener unos tintes bastante siniestros. O generando artificialmente embriones (la tecnologa ya existe) para cubrir este tipo de necesidades. Dnde ponemos entonces el lmite? Por qu pensamos que una sociedad como la que describe Pohl en su novela Prtico donde el comercio de rganos es una realidad cotidiana es poco tica? Qu impedir entonces que pasado maana no lleguemos a situaciones como las que describe Michael Marshall Smith en Clones o las que usa Lois McMaster Bujold en su saga de aventuras de Miles Vorkosigan. en la que se cultivan seres humanos artificiales para extraer sus rganos? Son preguntas de muy difcil respuesta especialmente teniendo en cuenta que nos movemos sobre un terreno virgen que hollamos por vez primera. Jugando con fuego La otra gran fuente de problemas ticos procede de la naturaleza de los protocolos de experimentacin. En efecto, nuestro conocimiento actual sobre estos temas es muy limitado. Tenemos una clara idea de la potencialidad de esta tcnica, pero todava no sabemos cmo utilizarla plenamente en nuestro beneficio. Es ne cesaria, por tanto, una fase de pruebas y experimentacin que normalmente se realizara con animales de laboratorio como el ratn con el que abramos este articulo. Sin embargo, cul ser el resultado final

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de estos experimentos? ste vuelve a ser de nuevo un terreno muy resbaladizo. Modificar genticamente una oveja para convertirla en un birreactor de insulina tiene sus implicaciones, en tanto que el animal en cuestin ciertamente forma un curioso hbrido entre humano y oveja. Pero despus de todo, las modificaciones efectuadas afectan mecanismos muy especficos: no se trata tanto de crear una oveja con una cabeza humana (lo que podra fcilmente identificarse con una abominacin) como de crear ganado con la capacidad de generar un frmaco en su leche. Sin embargo en el tema que nos ocupa las fronteras no estn tan claras. El experimento busca determinar los patrones de dispersin y crecimiento de las clulas madre al ser inyectadas en una etapa temprana del desarrollo del embrin. El resultado final ser, sin duda, un ratn por cuyo organismo existirn colonias dispersas de clulas humanas. De este modo, el animal de experimentacin podra tener rganos como los nuestros, o testculos en los que se fabricaran espermatozoides humanos, o incluso, porqu no, un cerebro que funcionara como el de un humano. Porque si, como algunos defienden, lo que nos hace humanos se encuentra en nuestros genes, por qu no pensar tambin que ese ratn podra, quizs, adquirir consciencia de s mismo debido a los experimentos a los que nos estamos refiriendo? Pensando el tema con frialdad, es fcil minimizar el alcance de estos reparos. En el fondo se ha demostrado que las diferencias entre el mapa gentico del ratn y el del ser humano son mnimas, del orden del 1%. Adems, el experimento siempre se va a desarrollar en condiciones controladas, y el ratn nunca va a abandonar el estado de embrin, porque toda la informacin que se pret ende extraer de este experimento se centra en torno a este punto. Y no es menos cierto que las ventajas que se obtienen de la realizacin de experimentos de este tipo son tantas y abren las puertas de la esperanza de tantos seres humanos que el precio de una hipottica humanizacion del sujeto del experimento podra incluso pasarse por alto. Pero esto no quita para que las preguntas planteadas estn ah. Y para que haya que intentar, al menos, buscar una respuesta. Hbridos de leyenda Aunque pueda parecer un tema de actualidad, la humanidad lleva sintiendo esta mezcla de admiracin y temor por la hibridac in y sus consecuencias desde la ms remota antigedad. Con el advenimiento de la revolucin neoltica y el nacimiento de la ganadera, el hombre comenz a ser consciente del poder que se esconda detrs de estas tcnicas. Y

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esto fue algo que acab reflejndose en sus creencias. Por ejemplo, en muchas antiguas civilizaciones, como la egipcia, no eran extraos los dioses con caractersticas hbridas de hombres y animales, como Horus, el dios de cabeza de halcn o Anubis, el dios con cabeza de chacal. Ms prximos a nosotros, los griegos tambin tenan su cuota de deidades hbridas. El panten helnico nunca se caracteriz precisamente por su castidad: en su mitologa abundan los hijos ms o menos bastardos de dioses y mortales, que compartan atributos de sus divinos padres junto con la mortalidad procedente de la rama ms humana de la familia. Buen ejemplo de estas tendencias lo tenemos en Hrcules, hijo de Zeus. Dotado de una fuerza sobrehumana desde su ms tierna infancia Hrcules se paso su existencia buscando infructuosamente el lugar que le corresponda bajo el sol, en pos de la inmortalidad que le negaba su origen humano y al mismo tiempo siendo temido y admirado por sus contemporneos por su origen divino. Esta dualidad, junto con los superpoderes, ponen a Hrcules en el origen de muchos de los modernos superhroes. Por ejemplo, Spiderman adquiri su naturaleza de superhroe a partir de la picadura de una araa radiactiva que le convirti en un hbrido de araa y hombre. Todos sus superpoderes (el sentido arcnido, su capacidad de subir paredes, el lanzatelaraas) procedan de su lado lado arcnido. En cambio, el uso que se daba a esos superpoderes y los problemas que dicho uso planteaba a su conciencia quedaban siempre supeditados a su aspecto humano. A la sombra del Minotauro Adems la de la promiscuidad ya comentada, hay que reconocer que los dioses helenos tambin tenian una cierta propensin a la zoofilia. Prueba de ello la tenemos en Pan, dios del pastoreo, con cuernos patas y orejas de macho cabrio, que se dice que era hijo de los amores del pastor Cratis con una cabra. Algo parecido sucede con los centauros, uno de cuyos orgenes apunta a un hijo de Ixion y Nefela que se uni con las yeguas del valle de Pelin, en Tesala, y as dio origen a un pueblo de hbridos mitad hombres y mitad caballos. Un caso particularmente conocido es el de Asterion, el mtico Minotauro, fruto de los amores de Pasifae con un toro blanco. El Minotauro tenia todas las caractersticas propias de los hbridos: vigor sobrehumano y mezcla de la caractersticas ms importantes de sus progenitores. Pero los hombres lo vean como un monstruo que encerrado en su laberinto devoraba todos los aos a siete jvenes y siete doncellas atenienses. Sin embargo, el propio

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Minotauro quizs tenia otras ideas al respecto, tal y como propone Borges en su magnifico relato “La casa de Asterion”. La monstruosidad del hbrido ha sido un tema que siempre ha dado muchsimo juego en la literatura de todas las pocas. Desde las quimeras medievales, mezcla de len. cabra y dragn, a la ms clsica literatura de terror, la igualdad de hbrido con monstruo es casi una constante. Recordar al respecto el magnifico relato “La sombra sobre Innsmouth”, de H.P. Lovecraft, donde se describe la inqui etante existencia de unos oscuros hbridos, reminiscencias de un pasado remoto, y el terrible destino del protagonista que ve como poco a poco va perdiendo su humanidad para acabar convirtindose en uno de ellos. Esta proceso de deshumanizacin aparece tambin reflejado en La mosca (David Cronenberg, 1986). En esta pelcula, un cientfico est investigando sobre teleportacin con tan mala fortuna que en el momento de llevar a cabo la prueba definitiva de su aparato una mosca se introduce junto a el en la cabina de teletransporte. Aparentemente la prueba se desenvuelve sin problemas, pero al cabo de un tiempo el cientfico descubre que su ADN se ha mezclado con el de la mosca dando lugar a un hbrido: ms fuerte, con un metabolismo acelerado y superpoderes como la habilidad de subir por las paredes, pero al mismo tiempo cada vez menos humano. Algo parecido se cuenta en Species (Roger Donaldson, 1995) en la que una bella hembra hbrida de humano y ex traterrestre se escapa de un laboratorio de investigacin. El equipo enviado a perseguirla pronto descubrir que su siniestra misin consiste en ir aparendose con hombres desprevenidos para engendrar un ejrcito que destruya a la humanidad. La semilla de otros mundos Species plantea una variante del tema de la hibridacin muy del gusto de la ciencia ficcin: el cruce de ser humano con extraterrestre. Un claro ejemplo de esta tendencia lo tenemos en el personaje de Mr. Spock, de la serie Star Trek. Spock es hijo de vulcaniano y terrestre. Esto le confiere un intelecto superior al de sus compaeros de nave. Pero en cierto modo tambin le transforma en un ser desarraigado que no termina de ser aceptado ni por la sociedad terrestre ni por la vulcaniana. Este concepto de desarraigo (aparte de una interesante aplicacin de las leyes de Mendel) aparece tambin en el relato de Dick “Oh, ser un blobel”. Los blobels eran unos seres con forma de ameba contra los que combati la humanidad en una cruenta guerra ya terminada en el momento de la narracin. El

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protagonista, veterano de la misma, fue sometido a una transformacin gentica por la cual durante un cierto periodo de tiempo su forma humana reverta a la de un blobel. Eso le convierte en un desarraigado que solo puede encontrar comprensin entre los que son como l... o al lado de una espa blobel que fue a su vez manipulada por su especie para que pasara de la forma blobel a la humana. Con el toque cido que le caracteriza, Dick ironiza tanto con la razn de la existencia de esos hbridos como con el modo en que se adaptan a la sociedad en que les ha tocado vivir. Otra pelcula en la que se produce un interesante ejemplo de hibridacin entre extraterrestre y humano es Alien IV (Jean Pierre Jeunet, 1997). A lo largo del resto de pelculas de la serie, una de las dudas ms pers istentes en el ciclo de vida de los alien es cmo despus de ser implantado el embrin ste puede desarrollarse en el interior del ser humano, siendo un ser vivo con una bioqumica radicalmente diferente a la suya. Una posible explicacin podra proceder de que la fa se anterior de la reproduccin del alien, el facehugger inyectara junto con el embrin o previamente a ste un virus que modificase genticamente al husped para hacerlo ms adecuado a sus necesidades. Este comportamiento, exhibido tambin por alguna s avispas de nuestro planeta, permitira explicar la diversidad de huspedes que pueden utilizar los xenomorfos en su proceso reproductivo. Alien IV utiliza este supuesto como punto de partida de la pelcula. En la anterior entrega Ripley muere poco antes de dar a luz a una reina alien. En sta, Ripley es clonada en una instalacin militar a partir de la sangr e contenida en el sistema de autodiagnstico que utiliza poco antes de morir. El problema es que el clon ya no es el de una Ripley genticamente pura, sino un hbrido sobre el que ya ha actuado el virus del facehugger y que combina caractersticas de los alien (com o la sangre cida y su fuerza superior) con un aspecto humano. Curiosamente, la reina alien tambin est contaminada por los genes de Ripley, adquiriendo la capacidad de “parir” a sus hijos en vez de poner huevos como hasta entonces. Y el horroroso hijo de la reina tambin es un hbrido que por aplicacin de las leyes de Mendel tiene uno rasgos mucho ms “humanos” que los de su progenitora. Explorando los limites Uno de los elementos de la trama que dan ms juego dentro de la saga de Alien es precisamente la preocupacin por la tica de las empresas a la hora de llevar a cabo

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determinado tipo de investigaciones. En cada una de las entregas ste ha sido un factor primordial a la hora de explicar los hechos que se ven en la pantalla. En la primera, a la corporacin no le importa sacrificar a la tripulacin de una nave para conseguir un espcimen aliengena de gran inters para su departamento militar. En la segunda, toda una colonia es sacrificada con el mismo fin. Y en la ltima no dudan en llevar a cabo todo tipo de siniestros experimentos genticos para conseguir un hbrido de Ripley que les permita desarrollar un espcimen viable de la reina que llevaba dentro. Como ya hemos visto, esta preocupacin por los lmites de la ciencia es algo que aparece en numerosas ocasiones ligado al tema de la hibridacin. Por ejemplo, en Frankestein de Mary Shelley, nadie puede dudar de las nobles motivaciones del protagonista. El objeto de su experimentacin es nada menos que devolver la vida venciendo a la muerte: el ideal de todo mdico. Pero, como se pregunta la novela, es lcito utilizar cualquier medio para conseguir ese ob jetivo? Segn la autora, no: al final, el monstruo, grotesca quimera formada a partir de los fragmentos de varios seres humanos, acaba volvindose en contra del creador que con su soberbia y su ceguera ante las consecuencias de sus actos le ha impulsado a una vida miserable. Parque Jursico de Michael Crichton, plantea un a interesante variante del mismo problema. Los cientficos han descubierto el procedimiento para devolver a la vida a algunos de los grandes dinosaurios, a partir de la sangre atrapada junto a insectos fsiles en el mbar. Y frente a la postura de quienes defienden la resurreccin de estos dinosaurios como una oportunidad econmica o un desafo del tipo “lo hacemos porque podemos hacerlo”, tambin se alza la voz de uno de los protagonistas que se pregunta qu derecho tiene realmente el hombre a resucitar a una especie a la que la naturaleza seleccion para su extincin. Y los hechos vienen a darle la razn cuando el mecanismo de proteccin introducido en el “diseo” de los dinosaurios resucitados para impedir su reproduccin acaba fallando debido a la hibridacin que se hizo del ADN recuperado de los fsiles con ADN de anfibios modernos para cubrir los fallos de secuencia. La preocupacin por los lmites morales de la ciencia aparece tambin en otro clsico, La isla del doctor Moreau de H.G. Wells. Un nafrago es recogido por un barco que transporta un cargamento de animales a una isla perdida del Pacfico, donde el doctor Moreau lleva a cabo, en medio del ms estricto secreto, diferentes experimentos en los que

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a base de procedimientos quirrgicos crea hbridos de hombres y animales a los que gobierna con una serie de frreas normas y castigos. Moreau al final fracasa y sus hbridos ser rebelan contra su tirana. La creacin de hbridos quirrgicos y genticos tambin aparece como un tema de fondo en La estacin de la calle Perdido de China Miville, donde la avanzada tecnologa biomdica de Nueva Crobuzon se emplea, entre otras muchas cosas, en un imaginativo sistema penal donde el castigo de los criminales consiste en dotarles de formas hbridas a cada cual ms horrenda. Pero una de las obras donde se hace una reflexin ms sentida a la vez que amena sobre la hibridacin de animales con humanos es en la magna Historia de la Instrumentalidad, de Cordwainer Smith. En ella, el autor nos narra una historia futura donde en un momento dado la hum anidad utiliza, para resucitar de sus cenizas, la ayuda de homnculos creados a partir de animales a los que los humanos verdaderos esclavizan y desprecian. Sin embargo, en relatos como “Alpha Ralpha Boulevard” o “La balada de G'mell” Cordwainer Smith nos muestra, con la mgica prosa que le caracteriza, cmo los supuestos seres inferiores acaban siendo moralmente superiores a sus amos y creadores. Conclusin Del ratn sobre el que se experimentan las tcnicas de utilizacin de las clulas madre al mgico encanto de G'mell, la mujer gato, hay sin duda un abismo de considerables proporciones. Sin embargo, no es un abismo menor al que se abra en su da entre los hbridos quirrgicos de Wells y las posibilidades de la biotecnologa actual. En el fondo, los problemas ticos y morales implcitos en este tipo de experimentos son siempre los mismos. Y slo la cuidada reflexin sobre las implicaciones de nuestros actos y el precio tico que estamos dispuestos a pagar podr dar, alguna vez, respuesta a los interrogantes que est despertando nuestra cada vez ms avanzada capacidad tecnolgica en estos campos. Cristbal Prez-Castejn Nacido en 1962 en Yecla (Murcia), vive en Madrid desde hace varios lustros. Es Ingeniero Superior de Telecomunicacin y trabaja en una importante multinacional alemana del sector.

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Sus aficiones principales son viajar, la fotografa, la astronoma y leer, su autor favorito es Borges. En el campo de la ciencia ficcin, mas que autores prefiere obras: Arthur C. Clarke cuando escribe relatos, casi todo lo de Stanilslaw Lem, Philip K. Dick, Pohl, Benford... Ha escrito un sinnmero de artculos sobre los ms variados temas de ciencia ficcin. Los links pueden encontrarse en: http://www.arrakis.es/~cris/articulos.htm AL INDICE

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6. ENTREVISTA: Entrevista con Pablo Capanna. Por Eduardo J. Carletti. Publicado en Axxn el 22 de Agosto de 2000 Axxn: Tus primeras aproximaciones a la lectura de CF y el despertar de tu inters por ella estuvieron relacionados directamente con la revista Ms All? Pablo Capanna: Cuando sali Ms All yo estaba en sexto grado. Lea historietas de aventuras, pero mi favorito era Flash Gordon. Tambin las de Oesterheld : Misterix que ya haba conocido en Italia y Bull Rockett, un nombre inspirado en Buck Rogers. Adems estudiaba dibujo de historietas por correo con el mtodo de Alex Raymond, el dibujante de Flash Gordon. De todos modos, los primeros libros con los que haba aprendido a leer eran Los viajes de Gulliver y La isla misteriosa de Julio Verne. Poco antes de que saliera Ms All, la editorial Abril haba publicado algunos cuentos de CF en Cinemisterio una revista con fotonovelas de aventuras. Para m fue toda una novedad enterarme de que haba ciencia ficcin "literaria" fuera de la historieta. Cuando me trajeron Ms All recuerdo que estaba en cama con fiebre, pero la le en un solo da. Despus, me acompa durante toda la secundar ia, pero no logr contagiar el entusiasmo a mis amigos. En la revista apareci un aviso de alguien que haba fundado el Club de Amigos de Ms All (CAMA). Era el proto-fan, y viva en Ramos Meja, a pocas cuadras de mi casa. Me fui hasta ah, pero no me anim a tocar el timbre, pensando que sera algn fsico nuclear, pero seguramente era otro mocoso como yo. AX: Cres que hubo una evolucin de la CF desde un gnero menor, escrito para jvenes o por lo menos con la nica intencin de entret ener y sorprender en sus primeras pocas, a un tratamiento ms profundo, ms "literario" por los autores actuales? PC: Nadie puede negar que el gnero ha tenido una larga evolucin a lo largo de un siglo o ms y que los escritores han ido levantando sus recursos literarios. Pero aquello que proponamos gente como yo hace treinta aos, era destruir los prejuicios que segregaban a la cf; la propuesta es que para esta fecha los libros de cf fueran criticados como cualquier otro tipo de narrativa, respetando sus peculiaridades y que un Premio Nobel de Literatura pudiera escribir cf alguna vez o utilizar sus recursos en otro contexto.

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Nada de eso ha ocurrido. La cf ha sido tolerada, con la condicin de que se mantuviera dentro de los lmites del gueto donde se la ha encerrado, y es estudiada como "gnero" subliterario. Ya no es el gueto de los electric istas de barrio, es el gueto de la industria editorial, que la condena a gastar cantidades innecesarias de papel. AX: Qu temas te impresionan e interesan ms? PC: Me resulta difcil especificar algn tema en especial. En general, prefiero la variante "cosmolgica" como en Stapledon o en la ucrona, pero cualquiera de los temas de la cf puede dar pie a una gran obra o a un mamotreto insoportable, tal como ocurre con cualquier otro tema. AX: Qu temas te gustara encontrar en la CF que se escribe ahora? PC: La cf de hoy parece sentirse hostigada por los avances tecnolgicos. Dara la impresin de que cualquier idea original ya es obsoleta cuando se escribe y publica. Adems, los propios cientficos tratan con gran seriedad temas como la teleportacin o el hiperespacio, que asimilaron en la cf de su juventud y cuesta plantearles nuevos desafos. Me gustara que la cf hiciera algn aporte original acerca de cmo resolver los problemas del Nuevo Desorden Mundial y de la exclusin, en otras palabras: "cmo sigue esto?". Pero si a ningn economista se le ocurre una propuesta inteligente, por utpica que sea, para combatir la desocupacin, a los escritores de cf no se les puede pedir mucho ms. AX: Cul sera la diferencia —o qu causara la diferencia— entre los autores norteamericanos de CF y los del resto del mundo? PC: Bsicamente, el acceso a la informacin cientfica de primera mano, y la experiencia de vivir en una sociedad que ha sido la primera en recibir el impacto de la alta tecnologa, lo cual da un cierto entrenamiento y una cierta plasticidad. Pero por otro lado, la incapacidad, propia de to dos los centros imperiales de la historia, para entender qu ocurre lejos del centro del poder, o cmo piensan los que viven en la periferia. AX: Aparte de los autores que ya te he visto analizar, como Dick, Ballard y Smith, qu autores de CF te impresionan o te impresionaron? PC: Cuando era muy joven, tuve una debilidad por Lovecraft, que como era de temer, cay en manos de los ocultistas, de donde por otra part e vena. Casi enseguida, le perd el inters. Por supuesto, disfrut con Bradbury, Sturgeon, Ursula K. Le Guin y Kurt Vonnegut. De los

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menos exitosos, rescato a Clifford Simak y Walter Miller. El ltimo autor que logr "atraparme", hace bastante tiempo ya, fue Christopher Priest. AX: Han producido algn cambio (impacto, influencia) en la sociedad todos estos aos de produccin y lectura de literatura de CF? PC: Recin dentro de un tiempo, cuando se tome distancia frente a la historia del siglo XX, se entender que la cf ha sido responsable de todas las fantasas del imaginario tecnolgico: contribuy a evitar la guerra nuclear, puso al espacio como frontera, nos dio a los robots y la radioastronoma, los robots, el SETI y todo lo dems. Incluso muchas ideas cientficas nacieron en la cf. AX: Cres en la posibilidad de existencia de civilizaciones extraterrestres con mayor o igual desarrollo que la nuestra? PC: Desde el punto de vista de las probabilidade s, parecera necesario que hubiera no una sino muchas civilizaciones. Sin embargo, el fracaso que ha sido el SETI hasta ahora, y las nuevas perspectivas planteadas por el principio antrpico parecen alentar la duda. AX: Cres que llegaremos a tomar contacto alguna vez? PC: Cuando era chico y lea Ms All soaba con eso y tambin con los ovnis, que acababan de aparecer. Pero despus de muchos aos de esperar el contacto sin xito, de ver como los ovnis se convertan en una seudorreligin y de entender la poca posibilidad de que haya vida en nuestro sistema, fui perdiendo el inters. De todos modos, si se produjera el contacto, sera el hecho ms importante en toda la vida de la especie. AX: Teniendo en cuenta que tu formacin y capacidad para expresar ideas parecen ser las ideales para un escritor, por qu razn no continuaste escribiendo ficcin? PC: La capacidad de escribir "teora" como se dice ahora (o "ensayo" como dicen los editores) es bastante distinta a la de narrar. Hay narradores natos y talentosos que decepcionan cuando uno los conoce decepcionan, por slo son br illantes para escribir, pero opacos para pensar. Viceversa, hay profundos pensadores que resultan aburridsimos, porque no saben escribir claro. El talento para narrar no depende de la cultura, la educacin o la capacidad discursiva. Es algo como el talento para la msica o para la pintura. En mi caso, despus de algn intento juvenil a la edad en que todos son poetas, desist porque descubr que eso no era lo mo. La poca capacidad de persuasin que tena prefer ponerla al servicio de las ideas; tambin me

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propuse hacer alguna docencia, para ayudar a otros a disfrutar el talento de los escritores que admiraba. AX: El contacto cotidiano de hoy con varios de los elementos que fueron tema de especulacin en otras pocas, es mejor o peor para los escritores de CF? Qu temas ha dejado para la especulacin y capacidad de producir sorpresa en la CF? PC: En el siglo XIX pasaban 50 aos entre un descubrimiento cientfico y sus aplicaciones prcticas. Hoy, ese plazo va de tres a cuatro aos, de manera que no hay tiempo de pensar. Creo que el impacto ha sido enorme, y en ge neral me parece que i nhibe la fantasa. El margen que queda abierto es el de siempre; la cf no trata de ciencia o tecnologa, sino del impacto que tienen los cambios del contexto tecnocientfico sobre la vida de la gente. AX: Te satisface lo que les hoy de la nueva produccin de CF? PC: Lamentablemente, ya en la poca de El Pndulo haba dejado de leer sistemticamente cf, y slo de vez en cuanto leo algo que me recomiendan o simplemente lo que cae en mis manos. Me parece que la peor plaga de la cf fue su xito econmico. Fue el precio de su marginacin: hacia los aos 50 se dejaron de escribir cuentos porque las novelas rendan ms, en los ochenta se descubri el negocio de las trilogas, y ahora cualquiera se dedica a inventar un mundo tras saquear las ideas de los pocos que fueron capaces de hacerlo, y espera confiado las ventas. AX: Qu es lo mejor y qu es lo peor de la literatura de CF? —No me refiero a obras en particular, sino a la CF en s misma. PC: Lo mejor, si encuentra un lector dispuesto, es provocar esa mentada actitud de asombro, que permite por un instante pensar que lo cotidiano o evidente puede no ser necesariamente as. Lo peor: nos tienta a hacernos miembros de un grupo de contencin donde todos hablan de lo mismo y la realidad no entra. Adems, siem pre est el peligro de creer en todo lo que dice, olvidndose de que es literatura. AX: Cmo ves la CF en Argentina y en los pases hispanoparlantes? PC: De hecho, con la desindustrializacin, el auge de las finanzas, el abandono de la ideologa desarrollista, y el desaliento a la i nvestigacin, la ciencia y la tecnologa han pasado a ser juguetes, como se ve en los diarios. En este contexto, una cf dura no parece ser una perspectiva probable. Pero siempre se puede expresar la visin del "otro lado",

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imaginando por ejemplo las formas de la fragmentacin en un mundo dividido en countries y villas, los conflictos que vienen y el rol que jugar en ellos la tecnologa. Eduardo J. Carletti Eduardo J. Carletti naci en Buenos Aires, Argentina, el 17 de abril de 1951, y vive desde 1956 en Ituzaing, provincia de Buenos Aires. Es Ingeniero en Electrnica Digital y Hardware de Computadoras, profesin en la que trabaj desde 1972. Trabaja actualmente en desarrollo de software. Ha ganado los siguientes premios Ms All, otorgados por el Crculo Argentino de Ciencia-Ficcin y Fantasa: por el cuento "Defensa Interna" (1985); por el cuento "En la escala" (1986); por la novela Instante de Mximo Quebranto (1987); por el libro de cuentos Por media eternidad, cayendo (1991); por su compilacin de artculos Una mirada a la realidad, en la revista Axxn (1992); por el libro de cuentos Un largo camino (1992/93); por la antologa Visiones (como antologista) (1992/93); y en 1990, 1991, 1992, 1993 y 1994 en el rubro "Revista", como director de Axxn. En 1994 recibi el premio "Memoria magntica", otorgado por el Crculo Puebla de Ciencia Ficcin y Divulgacin Cientfica, Puebla, MEXICO, por la revista Axxn. Ha sido Director y luego Editor y asesor literario de la revista Axxn desde 1989 a la actualidad. Desde junio de 1999 hasta agostode 2000 cumpli tareas en Ediciones Colihue, de Buenos Aires, como asesor y Director de Coleccin. AL INDICE

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7.COMO CONTACTARNOS? S tienes algn comentario, sugerencia o colaboracin escrbenos a: darthmota@centro-onelio.cult.cu jartower@centro-onelio.cult.cu espiral@centro-onelio.cult.cu aceptamos cualquier colaboracin seria y desinteresada. Traten de ponerla en el cuerpo del mensaje. Advertencia: Los mensajes de direcciones desconocidas que contengan adjuntos sern borrados. Para suscribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la palabra "BOLETIN" en el asunto. Para desincribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase "NO BOLETIN" en el asunto. Para obtener nmeros atrasados envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase en el asunto "Numeros anteriores" y el nmero del correo atrasado que deseas entre parntesis a continuacin. Si los quieres todos escribir a continuacin “todos”. Ejemplos : Con el asunto “Numeros anteriores (2)(5)(20)” obtendras los nmeros 2, 5 y 20 del Disparo en Red. Con el asunto “Numeros anteriores todos” obtendras todos los nmeros del Disparo en Red existentes. Al INDICE


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