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Disparo en Red

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Title:
Disparo en Red
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Disparo En Red
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

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Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - D42-00049-n48-2008-08
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System ID:
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HOY: 4 de AGOSTO del 2008

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DISPARO EN RED: Boletn electrnico de cienciaficcin y fantasa. De frecuencia mensual y totalmente gratis. disparoenred@centro-onelio.cult.cu -------------------------------------------------------Para descargar d isparos anteriores: http://www.esquina13.co.nr http://www.cubaunderground.com -------------------------------------------------------El sitio web del Fantstico Cubano http://www.cubaliteraria. cu/guaican/index.html

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Editores: Darthmota. Jartower. Colaboradores: Taller de Creacin ESPIRAL de ciencia ficcin y fantasa. espiral@centro-onelio.cult.cu espiralgrupo@yahoo.es Anabel Enrquez Istvn Bent Vera in havana Coghan Leonardo Gala Ral Aguiar Portada: Muerte de Boromir. 0. CONTENIDOS: 1. La frase de hoy : Dan Simmons. 2. Artculo : Asimov y las Leyes de la Robtica, o la conciencia ciberntica, Ricardo Potts. 3. Cuento Clsico : El Puente del Troll, Terry Pratchet. 4. Cuento made in Cuba: Cibersex, Javier Rabeiro Fragela. 5. Cuento made in Cuba II: Prologo: El nio inapropiado, Yoss. 6. Entrevista: Sergio Gaut vel Hartman. 7. Cmo contactarnos? Universo: Seor de los anillos.

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1. LA FRASE DE HOY : Mientras ests cantando, oh, Musa, canta tambin la clera de esos seres pensativos sintientes, serios pero no del todo humanos que soaban bajo los hielos de Europa, moran en la ceniza sulfurosa de Io y nacan en los fros pliegues de Ganmedes. Ilin. Dan simmons. AL INDICE

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ARTICULO: Asimov y las Leyes de la Robtica, o la conciencia ciberntica. Por Ricardo Potts. Tomado de http://www.sld.cu/sitios/bibliodigital Durante las primeras dcadas del siglo XX, los robots de los inicios de la narrativa de CF eran presentados a menudo como monstruos amenazadores, que intentaban escapar al control de sus inventores para lanzarse a una orga de muerte y destruccin. Pero a medida que la sociedad se fue acostumbrando a la presencia de los mecanismos automticos en la vida cotidiana, los robots comenzaron a ser tratados con ms tolerancia. El cambio fue reflejado en la literatura principalmente en la obra del desaparecido escritor norteamericano Isaac Asimov, inventor de dos importantes jalones en la historia de la CF: El cerebro positnico y las Tres Leyes de la Robtica. El primero condujo a la creacin literaria de robots humanoides, descartando la nocin de monstruosidad. Las segundas sentaron los “principios ticos” del robot, que le hacen imposible rebelarse o causar dao a los seres humanos. Ambas invenciones han tenido gran xito no slo entre el pblico, sino tambin entre los escritores del gnero, que las han utilizado en sus narraciones dndoles “carcter oficial” en el mundo de la CF. Asmov personifica tambin una caracterstica bastante extendida entre los escritores contem porneos de esta narrativa, pues era un cientifico “de verdad”, con un doctorado en Bioqumica y un empleo en la Universidad de Boston, que mantuvo durante mucho tiempo ante s de dedicarse totalm ente a la literatura. Una obra prolfica y variada. Para quienes solamente lo conocen por la CF, debe agregarse que Asimov logr escribir ms de 300 libros, de los cuales unos 180 son obra de divulgacin sobre temas tan diversos como geografa, astronoma, mitologa, literatura y biografa. Entre ellas figuran una historia de las religiones, un voluminoso ensayo sobre Shakespeare, un diccionario biogrfico de sabios y cientficos desde la antiguedad hasta nuestros das, y dos obras sobre la posibilidad de vida extraterrestre y el contacto con otras civilizaciones. Los ms de cien libros restantes son de CF, entre ellos una cincuentena de antologas y recopilaciones de otros autores, comentadas por Asmov. Los dems, escritos totalmente

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por Asimov, incluyen ms de 20 libros de cuentos y otras tantas novelas. Los lectores estarn de acuerdo en que, de toda su prolfica obra, estos son los que le han ganado mayor popularidad. El propio Asimov afirm que muchas de sus ideas las obtuvo a partir de logros cientficos reales, sobre los cuales operaba su imaginacin. As surgieron los temas de los robots y las computadoras, cuando an eran algo desconocido para la mayor parte de la humanidad, con el cuento “La Ultima pregunta” y la novela satrica “El Sentido del Poder.” De Karel Kapek a “Yo Robot.” Dos temas han sido los ms famosos entre las narraciones de Asmov: La saga de la Fundacin y los robots. En este ltimo aspecto, las dos primeras, “Yo Robot” y “El descanso de los robots” fueron seguidas por “Las Cavernas de Acero” y “El Sol Desnudo”, en las cuales tambin se anot otro tanto estelar, como su propia contribucin a ese delicioso hbrido que es la Ciencia-Ficcin policaca, mezclando con singular maestra elementos y recursos de ambos gneros literarios, con un Sherlock Holmes del futuro – pipa includaasistido esta vez por un Watson ciberntico. No obstante, algunos historiadores de la CF afirman que el concepto del robot humanoide no fue inventado por Asmov, pues desde las primeras dcadas del siglo XX, alrededor de 1925, el dramaturgo checo Karel Kapek estren en Praga su obra “Robots Universales Rossum”, que tambin terminaba con la rebelin de los androides contra su creador. A Kapek se le adjudica tambin la creacin de la palabra “robot”, del checo “rabotchki”, que significa “trabajador.” El dato es verdadero, pero lo cierto es que Kapek abandon su idea original y qued para Asmov desarrollarla y perfeccionarla, hasta que no slo enunci las Leyes de la Robtica, sino que tambin inve nt la “robotpsicologa”, personificada en la doctora Susan Calvin, esa especialista de la mtica corporacin US Robots que prefera la compaa de los robots a la de los seres huma nos. La voz de la conciencia ciberntica. En realidad, las leyes de la robtica no slo definieron el cdigo de tica robtico, sino que adems le hicieron en algunos sentidos mejor que sus creadores. Vanse las palabras de Susan Calvin en una de las primeras narraciones sobre el tema, “Evidencia”, cuando afirma: “Es difcil distinguir por sus actos a un robot del ms decente y honesto ser humano, si lo hubiera.” Otra caracterstica interesante de las leyes robticas es que son de obligatorio cumplimiento, so pena de la destruccin del cerebro positnico, programado

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irremediablemente para obedecerlas. Lo cual no puede decirse de los humanos, pues desde las tablas de Moiss hasta las leyes modernas, las personas deciden en ltima instancia si las acatan o no, arriesgndose a afrontar las consecuencias. El tema puede prestarse a interminables deba tes y el propio Asmov lo reconoci en su libro “Robots e Imperio”, cuando su inolvidable personaje ciberntico R. Daneel Olivaw se plantea un dilema filosfico: Debe actuar para proteger a personas individuales, si esto pone en peligro la existencia de la “persona universal”, es decir, de toda la humanidad? Para solucionarlo, el buen doctor aplic una licencia literaria y como autor original de las tres leyes, se tom la libertad de aadirle otra ms: la “Ley Cero”, deducida por el propio Olivaw en la susodicha novela y que reza: “Un robot no puede perjudicar a la Humanidad, ni por omisin, permitir que la humanidad sufra dao.” Esa premisa est por encima de todas las dems, y sobre su base Olivaw co ntino actuando “en beneficio de la humanidad y no de los individuos”, no ya durante aos ni siglos, sino durante milenios. Punto y aparte de las creaciones literarias, lo cierto es que los ro bots industriales, las computadoras y los mecanismos automticos de todo tipo son hoy parte inseparable del presente y el futuro de la humanidad. Su creacin y desarrollo se est desplazando de las obras de los escritores a las computadoras de laboratorio y las creaciones de los ingenieros. Sin embargo, siempre queda terreno para la especulacin imaginativa, y ahora que los microcircuitos, la nanotecnologa y la electroptica parecen prometer que la creacin del robot humanoide puede llegar a la vuelta de algunas dcadas, vuelven a tener vigencia las visiones del buen doctor en las aventuras de sus personajes cibernticos. Mirando a la bola de cristal. El propio Asimov, en entrevista con la peri odista francesa Catherine David, expuso pocos aos antes de fallecer que “llegar un da en que los robots sern capaces de ver, or, sentir mediante el tacto, hablar, entender, y poco a poco les ensearemos a imitar todos los gestos humanos.” Interpelado sobre lo que para algunos es una perspectiva inquietante, respondi: “Todos estamos profundamente marcados por un prejuicio idiota, que nos hace considerar el acto de Creacin como perteneciente al dominio de la Providencia, como si estuviramos autorizados a reproducir imitaciones, pero no dotarlas de “alma”, cualquiera sea la cosa que implique esa palabra. Esa es la razn por la cual inventamos monstruos sin alma que nos

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dan miedo. Nunca entend por qu el crear una vida artificial es una blasfemia para muchos, cuando otros no han tenido jams el menor escrpulo en destruir la vida verdadera.” Al intentar definir la lnea divisoria entre hombres y robots, Asmov respondi: “nos vemos obligados de nuevo a recurrir al concepto de “alma”. Se puede alegar que el robot tiene un comportamiento idntico al nuestro, que tiene un aspecto inteligente... pero nosotros tenemos alma y l no. Realmente, no se puede estar muy seguro de que el robot no tenga tambin alma, ya que ni nosotros mismos estamos bien seguros de tenerla.” Interesantes palabras. Tal vez por eso, en la obra del doctor Asimov hay una irona suprema que no todos han captado, al final de la tetraloga de la Fundacin (Fundacin y Tierra), cuando en su bsqueda obsesiva del planeta-origen de la humanidad, el protagonista Trevize –curiosamente, un poltico tronado por los manejos del gobierno de la Fundacinlogra encontrar la mtica Tierra, y en ella miles de aos despus de su creacin, un superviviente del pasado: el robot R.Daneel Olivaw. Daneel, quien fu el primero entre los robots humanoides creado por Asmov, tambin es el ltimo, pues asiste a la reestructuracin de un Imperio Galctico humano que ha proscrito los robots de su tipo y slo utiliza modelos me nos perfeccionados en tareas rudimentarias. Al recibir a Trevize, Olivaw cuenta su historia – que es la misma de toda la era espacial humana-, al principio como asistente de Elija Bahley (el investigador humano de “Las Cavernas de Acero”), y explica que hubo una vez otro robot, R.Giskard Reventlov (Robots e Imperio) que tena la facultad de influenciar en las mentes humanas. Antes de dejar de funcionar, consigui transmitirle este poder a Olivaw y encargarle que “cuidase de la Galaxia.” Sin embargo, el propio Daneel admite que no tuvo mucho xito en la tarea, pues aunque distribuy copias de sus semejantes robots po r toda la galaxia, “nunca pudieron ajustar a las mentes humanas como queran, pues estas a menudo se resistan y exista la posibilidad de daarlas, lo cual est prohibido por las Leyes de la Robtica.” Encantador Asmov. De manera que las leyes elaboradas por el hombre, 20 mil aos atrs, para protegerse de una posible rebelin de los robots, impiden a estos influir sobre la humanidad benficamente, en busca de un cosmos ms ordenado, racional y justo. Un toque de irona suprema en este final de la serie.

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Ms an, el robot admite como su mayor dilema que una vez enunciadas las leyes, includa la Cero, cmo aplicarlas acertadamente? “En teora la Ley Cero era la solucin a nuestras dudas –admitepero en la prctica nunca podamos decidir, pues el ser humano es un ente concreto, la humanidad es un concepto.” Para resolver esta dificultad, Asmov invent “Gaia”, el planeta pensante donde todas las cosas tienen conciencia – es decir, son “animados”, integrados en una especie de “mente planetaria” que busca extenderse por toda la Galaxia (si esto les recuerda a “Solaris” de Stanislaw Lem, a m tambin). Anteriormente, enfrentado a la decisin de escoger entre la Galaxia-Gaia o la Galaxia-Fundacin, Trevize escogi Gaia, pero ni l mismo saba porqu. El misterio se aclara al final: Los gaianos son humanos, pero se utilizaron tcnicas genticas para inculcarles firmemente en el cerebro el equivalente humano de las leyes de la robtica, que los obliga a da rle valor de verdad a la vida Recuerdan la citada frase de Susan Calvin? Hombres y robots se funden as en un complejo donde unos aportan su perfecta tica ciberntica y otros su imperfecta humanidad y poder de tomar decisiones Cul ser el resultado? Volvamos de nuevo a las propias palabras del buen doctor: “Para ningn bilogo est bien definida la lnea entre lo animado y lo inanimado. Las fronteras no son demasiado claras y el mundo est lleno de matices. Nunca se pu ede saber con total seguridad hasta qu punto una cosa est viva o no, si tiene inteligencia o no. En el crepsculo, el da se esfuma lentamente y se vuelve noche, pero no existe un momento en que se puede determinar como el punto exacto en que se produce el cambio. Pero eso no impide que el da sea da, y la noche, noche.”

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Las tres leyes de la Robtica 1era.Un robot no puede hacer dao a un ser humano, ni permitir que por su inaccin un ser humano sea perjudicado. 2da.Un robot debe obedecer todas las rdenes dadas por los seres humanos, excepto aqullas que produzcan conflicto con la primera ley. 3era.Un robot debe proteger su propia existencia, siempre que no entre en conflicto con la Primera y Segunda ley. Ricardo Potts Escritor de CF, periodista, secretario del captulo cubano de la Asociacin Iberoamericana de Periodistas Especializados y Tcnicos y miembro de la Asociacin Iberoamericana de Periodismo Cientfico. AL INDICE

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3.CUENTO CLASICO: El puente del troll Por Terry Pratchet El viento soplaba en las montaas y llenaba el aire de diminutos cristales de hielo. Hacia demasiado fro para nevar. Cuando el tiempo estaba as, los lobos bajaban a los pueblos y, en el corazn de los bosques, los rboles explotaban al congelarse. Cuando haca un tiempo as, la gente sensata permaneca en sus Casas, frente al hogar, y se contaban historias sobre hroes. Eran un viejo caballo y un viejo jinete. El caballo pareca una tostadora empaquetada al vaco; el hombre tena el aspecto de que el nico motivo por el que no caa de su montura era que no poda reunir las fuerzas necesarias para ello. A pesar del cortante viento helado, slo iba vestido con una corta falda de piel y un vendaje sucio en una rodilla. Se quit una empapada colilla de los labios y la aplast contra la otra mano. –Est bien, vamos a hacerlo –dijo. –Para ti es muy fcil –contest el caballo–. Pero y si tienes uno de tus ataques de vrtigo? Y ltimamente tienes la espalda fatal. Cmo me sentir, si nos devoran porque tienes un tirn en la espalda en un mal momento? –Eso no pasar –asegur el hombre. Se desliz hasta las heladas piedras y sopl sobre sus dedos. Luego sac del fardo una espada con un filo que pareca una sierra mal conservada y asest unos mandobles en el aire con escasa conviccin. –Todava conservo mi viejo estilo –coment. El hombre hizo una mueca y fue a apoyarse en un rbol. –Jurara que esta maldita espada es ms pesada cada da. –Tendras que volver a guardarla –le aconsej el rocn–. Ya basta por hoy. ¡Hacer estas cosas a tu edad! No est bien.

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El hombre puso los ojos en blanco. –Jodida subasta! Esto es lo que me pasa por comprar algo que perteneci a un mago –maldijo, dirigindose al fro mundo en general– Te mir los dientes y los cascos, pero no se me ocurri escuchar. –Quin crees que estaba pujando contra ti? –replic el equino. Cohen el Brbaro sigui apoyado en el rbol. No estaba totalmente seguro de poder volver a enderezarse. –Debes de tener muchos tesoros escondidos –supuso el caballo–. Podramos ir hacia el Lmite. Qu te parece? Es bonito y hace calor. Un bonito y caluroso lugar, con una playa, eh? Qu me dices? –No hay ningn tesoro –declar Cohen–. Me lo gast todo. En bebida. Lo di todo. Lo perd. –Debiste haber guardado algo para la vejez. –Jams pens que llegara a la vejez. –Algn da morirs –dijo el caballo–. Podra ser hoy. –Ya lo se'. Por qu crees que he venido aqu? El equino se gir y mir hacia el barranco. All, el camino era tortuoso y difcil de seguir. Unos rboles jvenes se abran paso entre las piedras. El bosque estaba apiado a ambos lados. En unos aos ms, nadie sabra que all haba habido un sendero. Por su aspecto, tampoco lo saba nadie ahora. –Has venido aqu a morir? –No. Pero hay algo que siempre he querido hacer. Desde que era un muchacho. –Ah, s? Cohen intent incorporarse. Los tendones lanzaron mensajes candentes por sus piernas. –Mi padre... –chill. Luego recuper el control–. Mi padre me dijo... –Pugn por tomar aire. –Hijo... –trat de ayudarlo el caballo. –Qu? –Hijo. Ningn padre llama a su chaval hijo a menos que est a punto de impartirle algo de su sabidura. Todo el mundo lo sabe.

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–Son mis recuerdos. –Perdn. –Me dijo: Hijo.... S, vale. Hijo, cuando venzas a un troll en combate singular, podrs hacer cualquier cosa. El caballo parpade. Luego volvi a examinar el sendero entre los les hasta la profundidad del barranco. All haba un puente de piedra Tuvo un horrible presentimiento. Pate nerviosamente el suelo con los cascos. –Vamos hacia el Lmite –insisti–, Es bonito y hace calor. –No. –Qu ganamos matando a un troll? Qu conseguirs con eso? –Un troll muerto. De eso se trata. En cu alquier caso, no es necesario matarlo. Basta con vencerlo. Uno contra uno. Mano a... troll. Si no lo intento, mi padre se revolver en la tumba. –Me dijiste que te expuls de la tribu cuando tenas once aos. –Lo mejor que pudo haber hecho jams. Me ense a volar con las alas de otros. Ven aqu, quieres? El caballo se puso a su lado. Cohen se agarr a la silla y se incorpor. –Y t quieres luchar hoy con un troll... –rezong el equino. Cohen rebusc en el saco y extrajo la bolsa de tabaco. El viento sacudi el papel de fumar mientras enrollaba un cigarrillo. –Eso es –asinti. –Y hemos hecho todo este camino para eso. –Tenamos que hacerlo –dijo Cohen–. Cundo fue la ltima vez que viste un puente con un troll debajo? Cuando yo era un chaval, haba a cientos. Ahora hay ms trolls en las ciudades que en las montaas. La mayora, gordos como cerdos. Para qu combatimos en tantas guerras? Ahora... cruza ese puente. Era un puente solitario sobre un ro poco profundo, espumoso y traicionero en un hondo valle. La clase de lugar donde uno se topa con... Una figura gris salt sobre el parapeto y cay con los pies separados frente al caballo. Blanda un garrote.

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–Est bien –gru. –Oh... –empez el caballo. El troll parpade. Incluso los cielos fros y nubosos del invierno reducan seriamente la conductividad del cerebro de silicona de un troll. Tard todo este tiempo en darse cuenta que no haba nadie en la silla Parpade de nuevo, porque sinti de pronto la punta de un cuchillo en el cogote. –Hola –salud una voz junto a su oreja. El troll trag saliva. Pero con mucho cuidado. –Mira, esto es una tradicin, vale? –dijo a la desesperada–. En un puente como ste, la gente tiene que esperar que aparezca un troll. Por cierto –aadi, cuando otro pensamiento lleg a duras penas cmo es que no te he odo acercarte? –Porque esto lo hago bien –repuso el viejo. –Eso es verdad –confirm el rocn–. Se ha acercado sigilosamente a otros hombres ms veces de las que t has asustado a tus cenas. El troll se arriesg a mirarlo de reojo. –¡Por todos los demonios! –susurr–. Te crees que eres Cohen el Brbaro, no? –Y t qu crees? –dijo Cohen el Brbaro. –Escucha –intervino el caballo–, si no se hubiese envuelto las rodillas con vendas, lo habras descubierto por el crujir de sus huesos. El troll necesit un cierto tiempo para entenderlo. –¡Oh, vaya! –exclam jadeante–. ¡En mi puente! ¡Vaya! –Qu? –pregunt Cohen, El troll se zaf de la presa y agit las manos frenticamente. –¡Est bien! ¡Est bien! –grit mientras Cohen avanzaba–. ¡Ya me tienes! ¡Ya me tienes! ¡No voy a resistir! Slo quiero llamar a mi familia, de acuerdo? De lo contrario, nadie me creer. ¡Cohen el Brbaro! ¡En mi puente! Su pecho, enorme y duro como una piedra, se hinch aun mas. –Mi jodido cuado siempre est fardando de su jodido puente de madera –aadi–, y mi mujer no sabe hablar de otra cosa. ¡Ja! Me gustara verle la cara ahora... ¡Oh, no! Qu vas a pensar de m?

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–Buena pregunta –dijo Cohen. El troll solt el garrote y estrech la mano a Cohen. –Me llamo Mica –se present–. ¡Qu gran honor! –Se asom al parapeto y vocifer–: ¡Berila! ¡Sube! ¡Y trae a los nios! Cuando se volvi hacia Cohen, el rostro del troll estaba resplandeciente de felicidad y orgullo. –Berila siempre dice que tendramos que mudarnos, encontrar algo mejor; pero yo le contesto que este puente ha sido de nuestra familia durante generaciones. Siempre ha habido un troll bajo el Puen te de la Muerte. Es la tradicin. Una enorme mujer troll con dos nios a cuestas subi por la ribera arrastrando los pies, seguida de una fila de trolls ms pequeos. Todos ellos se alinearon detrs de su padre y observaron a Cohen con grandes ojos. –Te presento a Berila –dijo el troll. Su mujer mir ceuda a Cohen–. Y ste... –empuj hacia adelante a una copia ms pequea y enfurruada de s mismo– es mi chaval, Pedregal. Una lasca de la vieja roca. Ser el que se encargue del puente cuando yo ya no est, verdad, Pedregal? ¡Mira, este seor es Cohen el Brbaro! Qu te parece, eh? ¡En nuestro puente! No slo tenemos mercaderes ricos y fofos como tu to Piritas –aadi el troll, hablando todava a su hijo mirando por el rabillo del ojo a su mujer–: tenemos hroes de verdad, como en los viejos tiempos. La mujer del troll mir a Cohen de arriba abajo. –Es rico, ste? –pregunt. –El dinero no tiene nada que ver –contest el troll. –Vas a matar a pap? –inquiri Pedregal, suspicaz. –¡Pues claro que s! –afirm Mica con severidad–. Es su trabajo. Y luego ser famoso y me mencionarn en canciones y en cuentos. ste es Cohen el Brbaro, comprendes?, no un gilipollas del pueblo. Es un hroe famoso que ha hecho todo este viaje para vernos, as que mostradle ms respeto. Lo siento, seor –se disculp despus ante Cohen–. Ya sabe cmo son los chicos de hoy. El caballo empez a rerse con disimulo.

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–Bueno, escucha... –empez Cohen. –Recuerdo que pap me cont cosas de usted cuando yo era un guijarrito –dijo Mica–. Monta sobre el mundo como un "closo", me deca. Se produjo un silencio. Cohen se pregunt qu era un closo y sinti6 la ptrea mirada de Berila clavada en l. –No es ms que un viejo –coment ella–. No me parece un hroe. Si es tan bueno, por qu no es rico? –Bueno, escucha... –intent contestar Mica. –Esto es lo que hemos estado esperando todos estos aos? –lo interrumpi la troll–. Por esto hemos estado bajo un puente con goteras? Esperando a gente que no venia nunca? Esperando a viejos con las piernas vendadas? ¡Tendra que haber hecho caso a mi madre! Y ahora quieres que deje a mi hijo quedarse sentado bajo el puente esperando a que venga otro viejo a matarlo? Esto es ser un troll? ¡Bueno, pues ni hablar! –Quieres escucharme? –¡Ja! ¡Piritas no tiene viejos! ¡Consigue mercaderes ricos y gordos! Es alguien. ¡Debiste haber ido con l cuando tuviste la ocasin! –¡Antes comera gusanos! –Gusanos, eh? Desde cundo podemos permitirnos comer gusanos? –Podemos hablar en privado? –intervino Cohen. Ech a andar hacia el otro extremo del puente, haciendo oscilar la espada. El troll lo sigui, caminando sin hacer ruido. Cohen busc la bolsa de tabaco. Mir al troll y sostuvo la bolsa en alto –Fumas? –le pregunt. –Eso puede matarte –repuso el troll. –S. Pero no hoy. –¡No te quedes todo el da charlando con tus amigotes! –vocifer Berila desde su lado del puente–. ¡Hoy te toca ir al aserradero! Ya sabes que Chert dijo que no podra guardarte el empleo si no te tomabas el trabajo en serio! Mica sonri a Cohen con un gesto de disculpa. –Se preocupa mucho por m –le explic

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–¡No voy a recorrerme el ro otra vez para sacarte del lo! –rugi Berila–. ¡Cuntale lo de los machos cabros, seor Gran Troll! –Machos cabros? –se extra Cohen. –No s nada de esos machos cabros –dijo Mica–. Siempre est hablando de los machos cabros, y yo no s nada de ellos. –E hizo una mueca. Observaron cmo Berila se llevaba a los jvenes trolls por la ribera hasta la oscuridad que se extenda bajo el puente. –La cuestin es que no pretenda matarte –declar Cohen cuando quedaron a solas. El troll qued decepcionado. –No? –Slo quera tirarte desde el puente y robarte los tesoros que tuvieras. –S? Cohen le dio unas palmadas en la espalda. –Adems –aadi–, me gusta la gente con... buena memoria. Eso es lo que necesita el pas: buena memoria. –Hago cuanto puedo, seor –repuso el troll, ponindose firmes–. Mi chaval quiere ir a trabajar a la ciudad. Le he dicho que ha habido un troll bajo este puente durante casi quinientos aos... –As que, si me entregas tu tesoro, seguir mi camino –prosigui Cohen. El rostro del troll se crisp en un sbito ataque de pnico. –Tesoro? No tengo ninguno. –¡Oh, vamos! Con un puente como el tuyo? –Si, pero ya nadie baja por el sendero –dijo Mica–. La verdad es que has sido el primero en varios meses. Berila dice que tendra que haberme ido con su hermano cuando construyeron la nueva vereda por su puente, pero –levant la voz– yo dije: ha habido trolls bajo este puente... –Ya, ya –lo cort Cohen. –El caso es que el puente se est cayendo –continu el troll–. Y no tienes idea de lo que cobran los albailes. ¡Sern cabritos esos enanos! No puede uno confiar en ellos. –Se inclin hacia Cohen y agreg en tono confidencial–: Para ser franco, tengo que trabajar tres das a la semana en el aserradero de mi

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cuado para llegar a fin de mes. –Crea que tu cuado viva bajo un puente. –Uno de ellos. Pero mi mujer tiene tantos hermanos como los perros tienen pulgas –explic el troll, y mir hacia el torrente con desolacin–. Uno de ellos es maderero en Aguas Agrias, otro tiene el puente, el tercero es un gordo comerciante en Pica Amarga. Te parece trabajo para un troll? –Pero uno est en el negocios de los puentes. –El negocio de los puentes? Sentado sobre una caja todo el da haciendo pagar una pieza de plata a los viajeros que quieren cruzar–¡La mitad del tiempo ni siquiera est en su sitio! Paga a un enano para que le haga de recaudador. ¡Y se llama troll! ¡No puedes distinguirlo de un humano a menos que lo mires de cerca! Cohen asinti, comprensivo. –Sabes que tengo que ir a cenar con ellos cada semana? –prosigui el troll–. Con los tres? Y tener que escucharles que hay que adaptarse a los tiempos... –Qu hay de malo en ser un troll bajo un puente? –agreg, mirando con tristeza a Cohen–. Me cri para ser un troll bajo un puente, y quiero que Pedregal sea un troll bajo un puente cuando yo ya no est. Qu hay de malo en eso? Si no, qu sentido tiene todo? Para qu vivimos? Se recost en el parapeto con gesto abatido, mirando hacia las espumosas aguas. –Sabes? –dijo Cohen despacio–, recuerdo la poca en que un hombre poda cabalgar desde aqu a las Montaas Afiladas y no ver ningn otro ser vivo. –Pase los dedos por la espada y aadi–: Al menos, ninguno en un largo trecho. Tir la colilla al agua y continu: –Ahora, todo son granjas. Pequeas granjas dirigidas por gente pequea. Y vallas por todas partes. Mires donde mires, ve rs granjas, vallas y gente pequea. –Ella tiene razn –dijo el troll, continuando su conversacin anterior–. No hay futuro en seguir saltando de debajo de un puente. –No tengo nada contra las granjas, por supuesto –prosigui Cohen–. Ni contra los granjeros. Tiene que haberlos. Lo malo es que antes estaban muy lejos, en los lmites. Ahora esto es el lmite. –Siempre hacia atrs –declar el troll–. Siempre cambiando. Como mi cuado

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Chert. ¡Un aserradero! ¡Un troll dirigien do un aserradero! ¡Y tendras que ver el lo que est organizando con el bosque de las Sombras Cortadas! Cohen, sorprendido, levant la mirada. –Cul, el de las araas gigantes? –Araas? Ya no hay araas a ll. Slo tocones de rbol. –Tocones? Tocones? Me gustaba ese bosque. Era... bueno, era oscuro Hoy en da ya no se encuentra un bosque sombro. En un bosque como se se saba lo que era sentir terror. –Quieres sombras? Lo est replan tando con abetos rojos –dijo Mica –¡Abetos! –No es idea suya. No distingue un rbol de otro. Todo se le ocurri a Arcilla. l lo enred. Cohen sinti un mareo. –Y quin es Arcilla? –Te he dicho que tengo tres cuados, no? Este es el comerciante. Dijo que, si se replantaba, sera ms fcil vender el terreno. Se produjo una larga pausa mientras Cohen asimilaba la informacin. –No se puede vender el bosque de las Sombras Cortadas –dijo por fin–. No pertenece a nadie. –As es. Dice que por eso puede venderlo. Cohen descarg el puo sobre el parapeto. Una piedra se desprendi y cay al barranco. –Perdn –se excuso. –No te preocupes. Ya te he dicho que se est cayendo a pedazos. Cohen se revolvi. –Qu ocurre? Recuerdo todas las grandes guerras del pasado. T no? Debiste de luchar en ellas tambin. –Llevaba un garrote, si'. –Se supona que todo era por un nuevo y brillante futuro basado en la ley y todo lo dems. Eso era lo que deca la gente. –Bueno, yo combata porque un troll grandulln con un ltigo me obligaba –dijo

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Mica con cautela–. Pero s lo que quieres decir. –Quiero decir que no lo hicimos por los granjeros y los abetos rojos, no? –Y aqu estoy yo reivindicando este puente –filosof Mica, con gesto abatido–. Y t has hecho todo este camino... –Y haba un rey o algo as –continu Cohen vagamente, contemplando el agua–. Y creo que haba hechiceros. Pero seguro que haba un rey. Estoy casi seguro. Jams lo conoc. Sabes? –Sonri al troll–. No logro acordarme de su nombre. No creo que me lo dijeran nunca. Una media hora despus, el caballo de Cohen sali de los sombros bosques a un pramo desolado y azotado por el viento. Sigui caminando con paso cansino por un tiempo hasta que dijo: –Muy bien... Cunto le has dado? –Doce piezas de oro –contest Cohen. –Por qu le diste doce piezas de oro? –Slo llevaba doce. –Debes de estar loco. –Cuando empec en este negocio de ser brbaro –dijo Cohen–, todos los puentes tenan un troll debajo. Y no se poda atravesar un bosque como el que acabamos de cruzar sin que una docena de trasgos intentase cortarte la cabeza. –Suspir–. Me pregunto qu ha sido de todos ellos. –T sabrs –insinu el caballo. –Bueno, vale. Pero siempre cre que habra ms. Siempre pens que habra nuevos lmites. –Cuntos aos tienes? –Ni idea. –Entonces eres lo bastante viejo para no llamarte a engao. –S, tienes razn. Cohen encendi otro cigarrillo y tosi hasta que se le humedecieron los ojos –¡Se te est ablandando el cerebro! –S,. –¡Darle hasta tu ltima moneda a un troll!

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–S –confirm Cohen, y lanz una voluta de humo al sol poniente. –Por qu? Cohen contempl el cielo. El resplandor rojizo era fro como las laderas del infierno. Un viento helado cruz la estepa y sacudi los restos de su melena. –Por la forma como deberan ser las cosas –respondi. –¡Ja! –Por las cosas como fueron antes. ––¡Ja! Cohen agach la cabeza. Y sonri. –Y por tres direcciones. Algn da morir –dijo–, pero creo que hoy, no. El viento soplaba en las montaas y llenaba el aire de diminutos cristales de hielo. Haca demasiado fro para nevar. Cuando el tiempo estaba as, los lobos bajaban a los pueblos y, en el corazn de los bosques, los rboles explotaban al congelarse. Pero cada vez quedaban menos lobos, y menos bosques. Cuando haca un tiempo as, la gente sensata permaneca en sus casas, frente al hogar. Y se contaban historias sobre hroes. Terence David John Pratchett Nacido el 28 de abril de 1948, en Beaconsfield, Gran Bretaa. Orient sus estudios al periodismo, dejando la escuela en 1965 para trabajar en Bucks Free Press y aprob el curso del Nacional Council para la Formacin de Periodistas. En 1987 decidi dedicarse nicamente a escribir. Ritos Iguales (1987), Mort (1987) y Rechicero (1988) seran las siguientes novelas en aparecer. Es el autor vivo de ficcin ms vendido de los aos 1990 en el Reino Unido. Gran parte de su produccin literaria consiste en la serie del Mundodisco, de la que lleva escritos 36 libros. Actualmente vive cerca de Stonehenge en

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Salisbury con su mujer Lyn y su hija Rhianna Pratchett, tambin escritora. Al INDICE

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4. CUENTO MADE IN CUBA: Cibersex. Por Javier Rabeiro Fragela. El presente cuento result ganador del tercer lugar del concurso Juventud Tcnica 2007 convocado por la revista de igual nombre de la Editora Abril. Andrexa camina con su vestido de nov ia por el pasillo del Cibersex. Hace dos minutos que entr y todava se pregunta por qu los sensores de deseo no han captado su voluntad real. Varias chicas desfilan cerca de ella, entornando miradas y luces de reconocimiento. Andrexa sin embargo sigue recto, sin observarlas, atravesando con los dedos los hologramas y los dgitos que caen formando anuncios de sexo transgresivo. Bien pudiera abrir otro espacio, entrar en un sitio Hard, donde todo se ofrece de un modo ms especfico, donde los anuncios caen en forma de fibrilaciones y gemidos, donde la bsqueda se transfigura en una experiencia obscena. Bien pudiera buscar en los cdigos de gnero, pero no, prefiere deambular en calma con su vestido de novia, envindole seales a los sensores de espacio, giles captandosituaciones a velocidad supersnica, pero endebles al interpretar-intenciones en tiempo real. Afuera ya habr empezado a caer la noche, habrn transcurrido quiz otros dos minutos; Andrexa lo sabe, por eso deja de caminar, comienza a teletransportarse hacia un ngulo ms abierto. Los censores, en una especie de duda, lanzan giros azules contra el vestido de novia, proponen alternativas de voz. Andrexa de todas formas permanece callada, reprimiendo una sonrisa de burla para los sensores locos, que finalmente le recomiendan otro sitio y desmontan el entorno de chicas depiladas. Luego el espacio se va llenando de smbolos, de vibraciones gruesas, los dgitos se dislocan hacia los costados fo rmando exhortaciones de bienvenidas, las superficies adquieren cierto nfasis de libe ralidad, de sonrisa, la msica progresiva

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es de aceptacin y frente a Andrexa comienza a perfilarse la figura tranquila de un hombre desnudo. Ella suspira, las manos en el pecho, y pregunta Cmo te llamas?, l explica que su nombre es secreto pero que puede llamarle como ella quiera. Te dir Manson, le dice Andrexa, y le muerde una oreja. El hombre se repliega, con los ojos cerrados, y emite un sonido de dolor. Por qu haces eso?, le pregunta a Andrexa limpindose la sangre con los dedos. Quera saber si eras real: muchas veces nos engaan con androides o robots; quera esta r segura. En este sitio no hay engao, todo es legal, dice l mientras Andrexa se inclina para libar la sangre. Eres extraa, aade al tiempo que siente cmo una boca se desliza por sus msculos, cmo Andrexa lo besa, le roza las mejillas, las orejas, el pelo, y musita Manson, Manson. El hombre desespera, pues Andrexa es bella y a los lados divagan imgenes subliminales de caricias, de eyaculaciones; siluetean mensajes morbosos, se mezclan diversas variantes de jadeos en la msica. Dice Ven, ven, pero Andrexa se resiste al desnudo, a dejarse explorar por el hombre que la sacude, le rompe el vestido. ¡Djame!, gime ella, totalmente excitada, y el hombre la voltea, le aprieta la cintura en lo que Manson aparece y empiezan a desvanecerse los mensajes, las imgenes, el vestido de novia. ¡Djame!, vuelve a gemir Andrexa, mientras Manson la empuja contra una pared y desconecta de un puetazo la mquina de Cibersex, que deja abierto por varios segundos su gran hoyo blanco de entrada y se apaga, despidindose en varios idiomas. ¡Djenme!, grita con ms fuerza Andrexa cuando los robots comienzan a arrastrarla hacia la ca lle, cuando se eleva la msica y en la pista de baile las personas siguen saltando, inmersas en el humo alucingeno que escapa de los inciensos flotantes. Manson camina delante, con las manos en la espalda, luego se para en la puerta de salida, espera que la acerquen y le dice: lo siento, Andrex, aqu est prohibido el Cibersex. Entonces los robots de vigilancia hacen fuerza y lo lanzan a la calle, al tiempo que Manson rompe con lentitud la pequea mquina y la arroja al suelo. Andrex zarandea los brazos, se ajusta los pantalones de vaquero, camina hacia la puerta. Los robots lo golpean, lo lanzan de nuevo a la calle. Andrex se

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levanta dos o tres veces ms, intenta prolongar la pelea hasta que Manson, hastiado del innecesario altercado, de los observadores curiosos, le dispara con su descontinuador de robots. Andrex resist e otro poco, suelta un chillido de mujer y cae finalmente al suelo, mientras sus crculos de energa comienzan a agotarse y en la pantalla de sus ojos se reflejan a in tervalos cada vez ms lentos las luces de entrada del Manson Disco Club. Javier Rabeiro Fragela. Matanzas 1978, egresado del centro de Formacin Literario Onelio Jorge Cardoso. Premio Farraluque 2006. Premio Alfredo Torruella 2006. Premio Hemingway 2007 Al INDICE

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6.CUENTO MADE IN CUBA II: PROLOGO: EL NIO INAPROPIADO Por Yoss Para Hayde, que me escuch esbozar verbalmente la historia. Aunque ya no seas mi cosititruchi… Tras florecer tan exuberantemente en la Tierra que durante todo el siglo XX y la mitad del XXI muchos pesimistas temieron que, escapando a todo control, acabara por causar la desaparicin de la vida en el planeta entre horribles cataclismos blicos, sobrevino un tiempo dorado en que la ciencia, domada y obediente, trajo la gloria pacfica para el hombre, abrindole las sendas del cosmos gracias a su descubrimiento del hiperespacio. Ya la relatividad einsteiana no era el lmite Y la semilla de la humanidad se extendi gozosa y ampliamente por el cosmos, primero en naves tan rpidas que dejaban atrs a la misma luz, luego a travs de la magia tecnolgica de los ansibles y teleportales, cuyo principio de funcionamiento pocos entendan, pero casi todos usaban para comunicarse o viajar entre mundos cada vez ms lejanos de la Tierra o entre s. Tambin coloc la prspera ciencia en las vidas manos del hombre la antigravedad que sustituy a las ruedas, hlices y reactores como clave del transporte; como mismo haba hecho antes con la ingeniera gentica que mejor a las plantas y animales que lo alimentaban y vestan hasta que la qumica si nttica le permiti pasar sin ellas… y con muchas otras maravillas que mejoraron inmensamente su entorno y su vida. Por desgracia, algo que la ciencia jam logr cambiar fue el modo de pensar del hombre, que desde siempre ha temido instintivamente la diversidad y la tolerancia, an cuando racionalmente pueda ver sus ventajas.

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As, incluso cuando el Dominio Humano ya lle vaba un par de siglos siendo una realidad econmica, social y poltica y pareca que las ltimas fronteras de la distancia y la diferencia estaban a punto de esfumarse de forma definitiva, que la humanidad estaba en los albores de una nueva era en la que dejara para siempre de importar lo que era ser blanco o negro, ruso o cetiano, budista o mormn, quedaban todava algunos recalcitrantes aferrndose tercamente a los pequeos detalles de color, origen o fe por los que crean estar definidos. Pese a que por sus diferencias eran enemigos irreconciliables, todos ellos coincidan en algo, an sin saberlo: no queran vivir en una galaxia donde todos fueran iguales. Donde tuvieran que soportar que vecinos con otra fe, color de piel o sistema poltico no solo se consideraran, sino que fuesen de hecho tan ricos, libres o respetados como ellos… si no ms. As que, antes de que fuera demasiado tarde, actuaron para evitar que lo que se imaginaban como el peor de los infiernos se impusiese sin remedio a todo lo largo y ancho de la galaxia. Nunca intentaron ponerse de acuerdo… ni tampoco resulta muy probable que hubieran podido hacerlo, de proponrselo. Con el tiempo, se ha terminado por aceptar que todo no fue un nico complot cuidadosamente planeado a escala csmica, como muchos crean en los primeros aos tras el desastre, sino una larga serie de acciones aisladas… aunque extraamente simultneas, eso s. Los conspiradores eran pocos, pero decididos. Grande era su odio y su fanatismo. Respetados, poderosos e influyentes, lderes por muchos seguidos eran todos en sus respectivos mundos. Y casi sin excepcin, tambin fueron mortalmente hbiles. Jugaron bien sus cartas. Tomaron a la galaxia por sorpresa, y una escalada de motines y

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sublevaciones, de rabia, odio y destruccin se extendi como un reguero de plvora ardiente por el Dominio Humano. En menos de tres meses, como quien dice de la noche a la maana, las oleadas de siervos del caos, sabiamente dirigidas desde la sombra, superaron toda contencin e hicieron colapsar cualquier poder central supraplanetario. Aquellos obtusos fanticos volcaron especialmente su ira contra las tecnologas que haban abolido el tiempo y la distancia. Sabotearon, desactivaron o desmontaron miles de ansibles y teleportales, y hasta inutilizaron “prudentemente” millones de las entonces ya casi obsoletas naves ms veloces que la luz. Cortaron as los hi los invisibles de la gran red de comunicaciones que una entre s a los muchos mundos por los que se haba dispersado la humanidad, hasta volver realidad el sue o egosta de sus oscuros lderes: que cada planeta quedara abandonado a su propia suerte, para que sus ideas aislacionistas, racistas, intolerantes y chovinistas pudieran imponerse en ellos, uno por uno. En muchos mundos, por desgracia quizs hasta en la mayora, ocurri justamente as. Y hubo absurdas pero cruentas limpiezas tnicas, cruzadas religiosas y persecuciones polticas, hasta que una raza, un credo o un pa rtido lograron imponers e… o en la batalla sin cuartel contra adversarios tan fanticos como ellos, destruir la civilizacin y hasta la vida en el planeta, que tambin sucedi no pocas veces. Ese fue el Ocaso. La mirada de pequeas guerras intestinas en que se multiplicaron y convirtieron los motines y revueltas iniciales cobraron un alto precio a la humanidad. Alejadas de los mundos en los que haban surgido y que las producan, muchas tecnologas se perdieron para siempre? en los conflicto s, ms sangrientos cuanto ms locales. Mucho ms an de aquella frtil ciencia que las sustentaba desapa reci, cada vez que alguna de los miles de facciones en pugna prefiri de struir algo antes de permitir que sus enconados adversarios

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lo aprovecharan. Y lo mismo ocurri con sus sacerdotes del conocimiento, los cientficos. Unos pocos sin escrpulos ofrecieron sus valiosos servicios a efmeros y ambiciosos seores de la guerra. Otros escogieron morir antes que prostituir su ciencia. La mayora, simplemente, sin ser tan interesados ni tan estoicos, pero negndose a ser considerados, ms que hombres, una posesin preciada, renegaron de su saber para confundirse con las annimas hordas combatientes... Aquello dur casi un siglo. Luego llegaron los largos Siglos Tristes. Porque cuando finalmente el cansancio, el remordimiento y el hambre se impusieron al odio y la irracionalidad, y algo ms o menos parecido a la paz rein en cada mundo, con el triunfo definitivo? de una u otra tendencia, ya en casi todos quedaba bien poco del antiguo esplendor de gemas con el que haban brillado juntos en la gran diadema enjoyada del Dominio Humano. Casi todos eran ahora sociedades o culturas “puras” tal y como las haban querido los artfices del Ocaso, para entonces en su mayo ra muertos. Puras, pe ro empobrecidas, sin ciencia ni tecnologa propias, sobreviviendo solo a costa de las remanentes de aquel mismo pasado de unin y tolerancia que con tanta saa haban combatido. Por suerte, como nada es absoluto en el cosmos, algunos ansibles haban escapado al frenes destructor del Ocaso, y gracias ellos unos pocos mundos volvieron a comunicarse, al principio recelosos y avergonzados, luego curiosos al ir recordando? redescubriendo? que haba otros modos de vivir diferentes del suyo, pero igual de vlidos, y ansiosos por conocerlos para aprovechar lo mejor de ellos. Tambin unos pocos teleportales, pese al in sidioso y especial cuidado conque planearon eliminarlos hasta el ltimo los reaccion arios responsables del Ocaso, escaparon

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milagrosamente? al frenes antitecnolgic o de sus secuaces, y entre algunos mundos sigui siendo posible moverse sin naves… si los viajeros eran valientes y de mente abierta y no teman al shock cultural que los esperaba al otro lado. Sobre todo, escap de la oleada de aniquilacin aislacionista un notable nmero de naves ms rpidas que la luz, especialmente los modelos ms viejos y lentos. Sin posibilidad de repostar en astropuertos adecuados ni de comunicarse entre s o con sus bases, muchas se perdieron para siempre? en el cosmos. O, al quedarse sin combustible, tuvieron que descender en mundos an inexplorados. Por supuesto, la mayora eran inhspitos, pero otros, en cambio, resultaron lo bastante acogedores como para permitir a las tri pulaciones nufragas fu ndar colonias de emergencia. Muchas perecieron pronto… pero otras sobrevivieron convirtindose a veces, a fuerza de asilamiento y privaciones, en sociedades muy extraas… Sin embargo, la mayora de las tripulaciones navales se transformaron: dejaron de obedecer a jerarquas convencionales para convertirse en una especie de familias, autnticos clanes, minitribus obligatoriamente endogmicas, sacrlegamente multitnicas y multiculturales, necesariamente nmadas. Ellos fueron los primeros que, pasando por encima de los mutuos recelos y diferencias de una edad de suspicacias, decidieron que la alternativa ptima era cooperar entre s, aunque fuese de modo limitado. De comn acuerdo, adoptaron todos el antiguo nombre genrico de ziingari: seran los nuevos gitanos del cosmos. Por largos siglos, ferozmente independientes aunque cada vez con ms rasgos comunes, los ziingari vagaron por la galaxia de mundo en mundo, guindose por sus viejos mapas informticos de abordo, que muchas veces los conducan a mundos muertos y asolados por guerras locales, otras a sociedades degeneradas y ferozmente xenfobas que no los

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aceptaban y a veces los agredan con rabia y/o miedo… pero tambin, y por suerte bastante a menudo, a culturas que tras sobrevivir al hambre y la degeneracin soaban con renacer. A pueblos que, de adorar fan ticamente los nombres de los artfices del Ocaso, haban pasado a maldecirlos entre dientes o de viva voz, y de tener la intolerancia como credo, a desear que de nuevo se est ableciese el Dominio Humano con toda su prosperidad. Los ziingari eran comerciantes y contraba ndistas. Traficaban con todo: combustible, artesanas, piezas de recambio, armas, drogas… Pero apreciaban muy especialmente tres clases de artculos: tecnologa, ciencia… y cientficos. Fue gracias al valor que ellos les daban que algunos de los pocos sabios que haban sobrevivido al Ocaso ocultando su condicin pudieron abandonar sus coberturas y regresar sin peligro a sus investigaciones, y as lentamente ir recuperando el aprecio y respeto de sus conciudadanos, mientras iban sentando las endebles bases de una segunda Edad de la Ciencia. De ese modo, durante los Siglos Tristes, lenta, laboriosa y pacientemente, los ziingari fueron tejiendo con sus naves, sin siquiera ser conscientes de lo que hacan, una nueva, sutilsima, lenta y frgil telaraa de relaciones comerciales. Hasta que sucedi lo que deba suceder. Aunque, al contrario de como haba acontecido con el Ocaso, fue solo tras largas negociaciones y complejos pacto. Porque el hombre llega al caos fcilmente y por instinto pero al orden nicamente con dificultad y tras largos razonamientos… Las fuerzas de muchos mundos que queran el retorno de la Edad de Oro del hombre y la galaxia se unieron… y de esa alianza surgi Reconstruccin: a la vez religin, causa, sociedad, liga, ejrcito y secta. Al principio eran pocos sus adeptos, dbiles, aislados y con ideas confusas, escasos sus

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recursos y conocimientos… pero muy pronto, contando con la valiosa (aunque no siempre desinteresada ni tampoco voluntaria) ayuda de los ziingari, sus nexos se entretejieron fuertemente por toda la galaxia, su programa se concret y su poder comenz a crecer. Adems de cientficos, otra de sus primeras estrategias fue recuperar, robar o comprar cuantas naves ms veloces que la luz pudieron encontrar. Unas pocas funcionales, muchas inoperantes. Las repararon todas, hasta llegar a tener tan potente Armada que solo era segunda en nmero y experiencia de la de los ziingari, aunque por su disciplina centralizada y poder de fuego la superaba con creces en capacidad combativa. Con astucia y valor, por la diplomacia o por la fuerza, unas veces con la simple amenaza de guerra y otras tras cruentas batallas, fueron expandiendo su influencia, conquistando mundo tras mundo, sobre todo aquellos que posean an los codiciadsimos teleportales y ansibles operativos. Era una autntica cruzada y su hermoso superobjetivo terminar con los Siglos Tristes y acelerar el retorno del Dominio Humano… pero tambin impedir, con su mano frrea de controladores envuelta en el guante de seda de amantes del progreso, que nunca ms disidentes reaccionarios o anarquistas cortos de miras hicieran caer a la humanidad en otro Ocaso. En tal credo altruista? educaron los il uminados y fervientes fundadores de Reconstruccin a sus millones de entusiastas seguidores: los agentes, la nueva clase de pacientes paladines que invadi el cosmos, mintiendo, matando, muriendo y engaando alegremente, en nombre de aquel elevado ideal que los trascenda. Todo era vlido, todo con tal de ganar tecnologa tras tecnologa, sabio tras sabio, planeta tras planeta para su justa causa, seguros de que la pureza del fin justificaba cualquier deslealtad de los medios. Fue una epopeya gloriosa y terrible, en la que se alcanzaron extremos inauditos tanto de

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sacrificio como de bajeza. Claro que a veces hasta los ms fanticos agentes flaqueaban ante ciertos dilemas ticos, o simplemente no eran lo bastante hbiles como para convencer de las ventajas de la alianza con Reconstruccin a un gobierno planetario o lo suficientemente fuertes para conseguir que un seor de la guerra local bien armado les entregara (de buena o mala gana, casi daba igual) a su valioso primer consejero, un fsico nuclear o un genetista. Por eso, en el segundo siglo de su existencia, los siete miembros el Consejo Supremo de Reconstruccin acudieron a la ciencia con la misma peticin que por siglos le haban hecho tantos gobernantes: queran que les fa bricaran el seguidor perfecto. El soldado ideal; fuerte y astuto, resistente y desinteresado, creativo… y sobre todo, disciplinado y obediente. Eugenesia humana, concepto difcil e incmodo. Incluso en su momento de mximo esplendor antes del Ocaso los magos de la ingeniera gentica se haban declarado impotente en la prctica o negado de plano a siquiera intentarlo por confusos motivos ticos. Pero esta vez no ocurri as. Haba un genetista especialmente hbil y soberbio… un doctor que no solo se crea capaz de poder hacerlo, sino que estara encantado de demostrar que as era, en nombre del hermoso ideal de restablecer el Dominio Humano en toda su gloria. Su nombre era David Rabinoch, y aunque era un gran sabio, no es justo que cargue con toda la gloria, ni con toda la culpa, porque no lo hizo todo l solo. Pero l y el equipo trabajando a sus rdenes lograron el milagro: al cabo de unos pocos aos de frentica investigacin, de los teros metlicos del ultr asecreto proyecto Homo Bellicus comenzaron a brotar lo mismo seres inmensamente tiles a Reconstruccin, como los Forjados, que

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otros absolutamente sorprendentes… ***** -Todo en regla, Rabinoch, puedes pasar. Shalom el viejo Aaron, sargento al mando de la guardia a la entrada a la Sala Suprema, concluy al fin con el engorroso ritual de la triple identificacin: huellas digitales, escners de retina y ADN. Era pura rutina, claro; como si no bastara para confiar el uno en el otro el que ambos fuesen oriundos del mismo planeta, Samaria, y compartieran por tanto la ascendencia y la religin hebreas que all haban triunfado al final de crue ntas luchas tras el Ocaso, el genetista y l eran adems amigos desde la infancia. Acto seguido, el suboficial pas del galctico estndar a su cerrado dialecto natal, lleno de arcaicos giros tomados del extinto yiddish terrano, con la clara intencin de que ni sus tres hombres ni los pequeos que venan con el doctor comprendieran nada –Pero y esos nios? No creo que en la base de datos figuren entre los autorizados a pasar a esta Sala… Shalom Aaron. T siempre tan agudo. No, no lo estn… todavarespondi el doctor David, alto y delgado, con cierto vago aspecto de garza o de grulla, igualmente en dialecto samario, y palmeando cariosamente las cabezas de los cinco chiquillos que lo acompaaban, cada uno absorto en un juguete distinto. Todos vestan overoles semejantes, diferentes tan solo en su color –Pero confo en que lo estarn despus de esta entrevista con los jefes. Y ni siquiera un paranoico profesional como t creer que estas criaturas podrn ser un peligro para el Consejo de los Siete no, Aaron Goldberg? -No s… todos se ven un poco raros; esos dos parecen muy despiertos, y los tres de los monos grises son muy grandes y fornidos son uno de tus experimentos genticos, David? clones, acaso, de ese proyecto supuestamente tan secreto, Homo Bellicus? Qu edad tienen?dud el sargento Goldberg, dndose reflexivos golpecitos con su guantelete

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blindado sobre la frente del yelmo de su armadura de impactos, justo donde bajo su nmero de fila haba pintado una pequea estrella de David. Sin entender ni media palabra de la charla de su jefe con el cientfico, pero sin otra cosa que hacer, los tres hombres de la escuadra del sargento observaban con inters al pequeo grupo de infantes a travs de las viseras de sus yelmos. Los dos que manejaban los pesados lsers de pulso que flanqueaban la puerta se haban incluso inclinado por encima de los gruesos parapetos de blindaje reactivo para ver mejor a los chiquillos y al doctor. Su visita era el primer incidente que vena a animar su tedioso cometido de centinelas en lo que llevaba de transcurrido el da. Los tres chiquillos mayores, cuya piel tena un singular tono de arrabio recin fundido muy similar al gris sucio de la tela de sus ropas, llegaban ya con sus cabezas al nivel de los hombros del veterano sargento hebreo, que con su robusto metro ochenta no era precisamente un hombre pequeo. Sin tampoco entender por lo visto nada de la charla que sobre ellos sostenan el militar y el cientfico samarios, los nios estaban abstrados en sendos juegos de habilidad: uno en hacer bailar un yoyo, el otro en ensartar en su pa la esfera perforada y atada a su cordel de un boliche, el tercero en hacer girar y saltar el diavolo manipulando una cuerda que penda entre dos varas. Su coordinacin era excelente, e incluso ocultos por la tupida tela de los overoles, sus miembros, sobre todo las piernas, parecan asombrosamente gruesos, musculosos y de slida estructura sea, clara promesa de la poderosa contextura que tendran al llegar de mayores. Llamaban tambin la atencin sus facciones, que al carecer prcticamente de esa adiposidad caracterstica de la infancia resultaban curiosamente duras… a la vez que casi idnticas entre s.

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-S, son clones… y hasta ahora han sido mi mayor xito eugensicose enorgulleci David Rabinoch, doctor en gentica por la prestigiosa Universidad de Samaria, la ms avanzada en ciencia biolgicas del Dominio Humano –Logre estabilizar la lnea, ya no se presentan regresiones. Estos son tres la semilla de una nueva raza de guerreros… Les llamo Forjados, por el color de su piel. Y sabes? lo mejor es que tienen solo dos aos. -Solo dos aos?el veterano sargento si lb y luego chasque la lengua, tradicional demostracin de asombro samaria que el sensible micrfono interno y el potente altavoz externo de su armadura convirtieron en un estruendoso eco. Espero a que se apagara la reverberacin y continu, siempre en su ininteligible dialecto natal -Pues parecen de diez. Cmo sern entonces una vez adultos? -Tendrn entre tres y cuatro metros de alto y pesarn unos doscientos o trescientos kilos de hueso y puro msculo… inclu en sus cromosomas bateras de genes que les garantizan menos del 5% de grasa corporalexplic el genetista, desdeando jactancioso la privacidad del ininteligible samario por la claridad de la lengua franca de la galaxia –Adems, notars que su coordinacin fsico motora es fantstica; sus reflejos llegarn a ser el doble de veloces que los de un hombre comn… incluso hoy ya podran rivalizar con los quirrgicamente aumentados de los gladiadores araxas. Smale a eso un sentido innato de la disciplina de grupo, una fuerte tendencia a obedecer la autoridad superior sin cuestionarla jams, y tendrs que admitir que he logrado los guerreros ideales… -Ser un placer mandarlos en combateasinti Aaron, ya tambin en galctico estndar y entrecerrando los ojos como si se lo imaginara, para mirar luego de reojo a sus subordinados y rebufar con exagerado disgusto –Ya no hay soldados como los de mis tiempos… pero estos nios… no s, me dan un poco de miedo. Y los otros dos?volvi al samario por pura cortesa con los infantes aludidos, a los que seal brevemente con su rifle

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mser de reglamento -son tambin clones? Esos al menos s tienen aspecto de tener dos aos, y se parecen bastante, pero como sus ropas no tienen el mismo color… -S y noaunque en galctico, la respuesta de David fue enigmtica, y luego se qued un largo momento observando a los otros dos pequeos con expresin indefinible. Ambos tenan el mismo cabello abundante, lacio y negrsimo, y los ojos casi igual de oscuros. Aunque, en efecto, apenas si alzaban un metro del suelo, exhiban una coordinacin fsico-motora y una capacidad de concentracin sorprendentes. El de overol azul estaba enfrascado resolviendo un hipercubo de Dirac, pero lo curioso era que no pareca dudar ni por un instante: lo s pequeos cubos de colores rotaban y se desplazaban entre sus deditos regordetes co n la hbil regularidad de una danza y la seguridad de una compleja estrategia trazada de antemano. El del overol negro, en cambio, jugaba a hace r girar a su alrededor un flotidisco… una de las pocas aplicaciones ms o menos prcticas de los dbiles y primitivos generadores antigrav que la humanidad era capaz de fabricar tras el Ocaso. La tecnologa que permitiera a sus felices antecesores sostener ciudades enteras en vuelo se haba perdido durante los Siglos Tristes… como tantas otras cosas. El flotidisco era un curioso juguetito, capaz de reaccionar a los menores movimientos de su usuario. Y la habilidad con la que el nio ve stido de negro los cont rolaba para guiar las evoluciones del pequeo objeto era impresionante. Con casi imperceptibles encogimientos de hombros y tensiones de su msculos, lo haca girar en torno a su cintura y hombros como si fuese una abeja amaestrada, pasar bajo sus axilas y por entre sus piernas, con la misma seguridad que si lo condujese con un radiocontrol oculto. -No s muy bien a qu atenerme con estos dos. Les llamo proyecto Homo Plus. El resto de

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mi equipo cree que son peligrossimos. Pero yo confo en ellos, aunque tambin tengo muchas dudas. Podran superar incluso a los Forjados, ser el mayor xito de mi vida… o mi mayor fracaso… -aadi el genetista, tan misterioso como antes –Claro que si te explicara en qu son diferentes estos nios de los dems, luego tendra que matarte, viejo amigo. Aaron y l rieron a coro, imitados mecnicamente por los otros tres centinelas, siempre dispuestos a congraciarse con su rudo sargento, aunque no entendieran una palabra del cerrado dialecto nativo en el que dialogaba con el cientfico visitante. -Basta. Los pases estn todos en regla y s reconocer cuando algo trasciende mi autoridaddijo al fin el sargento Goldberg, repentinam ente serioPasa, David Rabinoch… el Consejo de los Siete te esperay apartndose, accion un mando oculto dentro de su voluminosa armadura, y les franque el paso a la gran puerta blindada, cuyas hojas se abran ya con mayesttica lentitud. David hizo un gesto y los tres pequeos? Forjados penetraron en la estancia. Cuando iba l mismo a seguirlos, el nio del overol azul lo detuvo tirndole del cinturn, y en perfecto samario, le dijo muy serio: -Pap… ¡yo nunca voy a ser el fracaso de nadie!antes de adelantrsele corriendo. El genetista se qued de una pieza, y su amigo el viejo sargento sonri divertido: -¡Vaya con el chiquillo! Le enseaste nuestro dialecto? Para qu? -Nunca… tiene que haberlo aprendido solo, escuchndome murmurar durante la secuenciacin de cromosomas… a veces lo hagoadmiti aturdido David –Bueno, ya te dije que son inteligentes, pero en que tiempo pudo…? -Pues ya veo a que te referas con eso de “tu mayor xito o tu mayor fracaso”prudentemente, el sargento se alz un par de centmetros la visera de cristalacero de su yelmo para poder silbar y chasquear la lengu a sin que micrfono interno y amplificador

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externo generaran un nuevo estruendo –Los enanos son peli… ¡garf! El pequeo flotidisco sali disparado de su boca cuando escupi, asqueado. El contacto del campo antigrav del juguete con su lengua le haba producido la caracterstica y desagradable sensacin de estar lamiendo pelo. Los tres hombres de la escuadra centinela bajaron las armas que por puro reflejo haban apuntado al darse cuenta de quin era el ca usante del incidente. Definitivamente, dos pesados lsers de pulso y un rifle mser de reglamento eran demasiada potencia de fuego para enfrentarse a un simple chiquillo. -¡Yo no ser el xito ni el fracaso de nadie ms que de m mismo! ¡Y tampoco soy enano!chill en perfecto kumalio y con cmica indignacin el pequeo del overol negro, mientras recoga su juguete antigrav y entraba corriendo en el Saln. Esta vez los soldados s rieron sinceramente aunque no entendieran el samario. -Jov… ea… oadoescupi an el sargento, con la lengua medio adormecida por el efecto del campo antigrav -¡… io!y los soldados volvieron a rer estentreamente: nada agrada tanto a un subordinado como los malos ratos de su superior. -Loado sea Jehov. Este es tan listo como el otro, pero creo que tiene un pequeo problema con la autoridadtrat de excusarse David, l tambin conteniendo la risa a duras penas. -¡Mierda radiactiva!bram el sargento Aaron en cuanto recuper el pleno uso de sus facultades vocales -un pequeo problema? ¡acaba de ir con ellos antes de que vuelvan loco al Consejo de los Siete!y cuando su connacional hubo entrado en la sala y la puerta se cerr, rugi de nuevo -¡Y ustedes, basta ya! ¡al que vuelva a rerse, una noche de guardia extra! Con lo que los soldados guardaron silencio… al menos aparentemente. Y, con las viseras del casco hermticamente cerradas y los micrfonos internos desactivados, al sargento no le

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quedaba ms remedio que crerselo. ***** Con ocasionales gritos de jbilo, los cinco nios jugaban encantados a nadar y hundirse en el estanque de pelotas, que deba de parecerles el paraso. Y al estar cubierto con una cpula audio-hologrfica de transparencia unidireccional, desde fuera se les poda ver y escuchar a la perfeccin, pero ellos no podan ver ni or nada de lo que suceda afuera. -Son esplndidos de veras. Homo Bellicus ha sido un xito total. Lo felicitamos por su glorioso triunfo sobre la carnedijo pomposamente uno de los Siete Consejeros, su rostro, cuerpo y voz irreconocibles gracias al Neutritraje. La ms reciente y utilsima incorporacin al arsenal tecnolgico de Reconstruccin difuminaba cara y silueta convirtiendo al que lo usaba en una sombra de imprecisos contornos aunque todava ms o menos antropomorfa. Por el estilo haca tambin con los tonos de la voz, logrando as que algunos agentes pudieran tener lo que hasta entonces haba sido solo un sueo: una vida privada fuera de la organizacin. De momento los Neutritrajes eran tan caro s que solo los jefes y los agentes de ms confianza podan usarlo, pero se esperaba comenzar pronto su produccin en gran escala. -Hemos seguido muy de cerca todos sus progresosintervino otro de los Siete, y tras dudar un instante, seal explcitamente hacia el foso de pelotas donde jugaban absortos los cinco nios. Uno de los pocos problemas del Neutritraje era que, a no ser que se tratase de un ademn muy evidente, los gestos que ejecutara el que lo usaba resultaban casi siempre atenuados y/o deformados hasta volverse irreconocibles –Nos satisfacen e interesan mucho sus cmo los llam? Forjados, pero esos otros dos… -Algunos opinamos que ha desperdiciado valiosos recursos de Reconstruccin en un

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proyecto personal… y para no lograr nadaintervino un tercer Consejero. O Consejera, pues pese a todo el enmascaramiento del traje, lo grcil de su figura y agudo de su voz traicionaban inequvocamente su sexo. Tena entonces que ser la turania Naya Svetskaya, nica mujer de los Siete. -Nada noacot rpido David Rabinoch –Pueden decirse muchas cosas sobre mi proyecto Homo Plus, salvo que no haya obtenido nada. -Usted mismo admiti que no saba a qu atenerse con esos dos… ejemplaresintervino nuevamente uno de los Consejeros que ya haba hablado antes –Y comprender que, en nuestra posicin, no podemos correr riesgos. -No podemos… o no quieren?puntualiz David, y luego bajando la voz, aadi: -S que me vigilan de cerca, no soy tan idiota. La mitad de mis supuestos tcnicos de laboratorio no saben diferenciar un cromatgrafo de gases de un ansible. Homo Bellicus es un xito innegable; los Forjados son exactamente lo que me pidieron: fuertes, rpidos, obedientes, sin lealtad hacia madre o padre, y conscientes de ello. Pero Sal y Solomon… -Sal y Solomon?lo interrumpi uno de los Siete que hasta entonces haba guardado silencio -se atrevi a ponerles nombre? Los Forjados solo tienen nmeros… Aquel deba ser el tikalio Ul-Medor, siempre tan puntilloso en cuestiones de procedimiento… -Sal y Solomon son ms que cualquier Forjadohaba un inconfundible entusiasmo en la voz del doctor Rabinoch al referirse a sus creaciones -qu queran, que les llamara simplemente Azul y Negro? No son tan fuertes como los otros, pero s un poco ms que cualquier humano comn, con el que pueden confundirse, mientras que los otros no. Y sus reflejos s que igualan los de los Forjados. Pero es sobre todo su inteligencia, su memoria y su creatividad lo que los hace superiores. Por eso llam al proyecto que los gener Homo

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Plusmir de hito en hito a los lderes de Reconstruccin, sentados en semicrculo en lo alto del estrado que presida la sala, flanqueados por varios centinelas con armadura de combate, amn de otros agentes envueltos en el anonimato de sus Neutritrajes –Me pidieron el soldado ideal, y se los di; pero quise ir todava ms lejos, hacer an ms: darles el ciudadano del maana, el que disfrutar de la prosperidad del Dominio Humano y mantendr los logros de Reconstruccin sin permitirse caer en la barbarie de un nuevo Ocaso. Un nuevo tipo de hombre, con discernimiento privilegiado, capaz de distinguir entre el bien y el mal por s mismo, de no dejarse arrastrar por lderes demaggicos, de crear su propia senda cuando ninguna de las que se le ofrece lo satisfaga… -Bella palabrasintervino impaciente la C onsejera Naya –pero en nuestro poder obran informes de que al menos uno de sus pequeos superhombres tiene… ciertos problemas a la hora de socializar. -La gentica, dgase lo que se diga, no es una ciencia exactasuspir Rabinoch, aceptndolo tcitamente –Entran demasiados factores en juego, tantos que a veces hasta lo mejor concebido acaba sometindose a una ecuacin catica. No son perfectos, no. Ninguno de los dos, por cierto. Pero supongo que les habrn contado de Solomon. S, el chico muestra una casi incontrolable tendencia a ir siempre en contra de la autoridad. No es hurao ni dominante, solo… anrquico. No le interesa obtener la aprobacin de sus superiores, ni de sus iguales. Sabe lo que quiere, y le importa poco que lo quieran o lo aprecien los dems si lo consigue. Es el ms despierto de los dos, pero, con esa rebelda, consideramos que difcilmente pueda alguna vez trabajar en equipo o integrarse a un colectivo… claro que quizs supere ese incmo do rasgo con los aos, an es pronto para decirlo. Dijo que ninguno de los dos era perfecto. Y… Sal? se llama as, no?inquiri otro de

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los Consejeros que haba callado hasta aquel instante -Cul es su problema? -No estamos segurosconfes renuente el doctor David –De momento no se manifiesta de forma clara en su comportamiento, pero segn algunas de las bateras de test psicomtricos que le hemos aplicado, Sal podra ser exactam ente lo opuesto de Solomon… las relaciones sociales se le dan de maravilla, le encanta el reconocimiento social, la aprobacin de la autoridad y ascender en cualquier escala de jerarqua… pero curiosamente, no ser el lder. Lo malo es que a menudo cuando un nio tan pequeo muestra ya esa tendencia claramente definida, es muy probable que se convierta en un trepador y un oportunista sin remedio cuando llegue a adulto… -Perfecto, entonces. Nos quedaremos con lhabl entonces uno de los dos Consejeros que no haban pronunciado palabra, y aunque el Neutritraje impeda identificarlo con claridad, la clara deferencia con que lo miraron los dems, hizo a David suponer que se trataba del terrano John Carlos Jacubois, fundador de Reconstruccin y por eso mismo lder de facto del Consejo. –Y veremos cmo se comporta este Sal a medida que va creciendo… Quizs tengamos a un futuro miembro del Consejo de los Siete entre las manos. Los otros consejeros se removieron en sus asientos, incmodos. Era evidente que Jacubois planeaba mantenerse eternamente al frente de los Siete… era joven, y los nuevos tratamientos de regeneracin celular, administrados desde edades tempranas ampliaban notablemente el plazo de vida de cualquiera. Pensara quizs en dirigir en el lejano futuro un Consejo Supremo formado por tteres complacientes, como podra ser ese tal Sal? Peligroso, muy peligroso… algo habra que hacer al respecto en el futuro. -Me alegro de que lo encuentren til. Yo preferira hacerle algunas pruebas ms, pero si ustedes lo deciden as…acept a regaadientes David, pero acto seguido inquiri, con una horrible sospecha germinando en su mente -Y Solomon? qu pasar con l?

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-Una manzana podrida puede echar a perder todo el barrildictamin nuevamente John Carlos Jacubois –Bien est pensar con cabeza propia, pero en Reconstruccin no podemos permitirnos anarquistas indisciplinados. Sera… inapropiado. Hay que deshacerse de l… -Bien, podemos darlo en adopcin o…empez a sugerir Ul-Medor. Pero Jacubois fue tajante –Ni hablar. Si ese nio, con sus inmensas potencialidades genticas, llegara a adulto, su tendencia natural de seguro lo llevara a convertirse en un lder contrabandista, en un seor de la guerra o quin sabe qu otra terrible amenaza que luego nos costara mucho neutralizar. No fui lo bastante claro: cuando dije “deshacernos”, deb decir “eliminar”. No se trata de pasar la papa caliente de la responsabilidad, sino de asumirla. Reconstruccin se encarga siempre de sus propios errores… -Quieres decir… sacrificar?la voz de la consejera Naya son espantada e indignada cuando se enfrent a su lder–Pero… nosotros no matamos nios. Ni aunque sean cmo lo llamaste? Inapropiados… -No es solo un nioinsisti Jacubois –sino un experimento, y fallido. No podemos dejarlo vivir. Y, por otro lado, ninguna madre lo echar de menos… los teros metlicos no lloran, por lo que s. Tenemos que llevarlo a votacin, acaso, Naya? Naya Svetskaya an pareci querer aadir algo, pero luego neg, aunque casi imperceptiblemente. Jacubois solo la llamaba por su nombre cuando estaba a punto de perder la paciencia. -Entonces estamos de acuerdodijo otro de los Consejeros –Y quin se encargar de…? -Lo har yo mismose adelant David -A fin de cuentas, eutanasia es una palabra muy similar a eugenesia no? Y como si algo parecido a un padre o una madre ha tenido Solomon durante estos dos aos soy yo, me parece justo que sea tambin yo quien me encargue de que se duerma, sin dolor… y para siempresuspir profundamente antes de

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agregar –usar un veneno y un sedante, ni siqu iera se enterar, claro, pero va a ser duro saben? Aunque indisciplinado y rebelde, a veces sabe ser adorable… pero, en fin, todo sea por Reconstruccin, por la causa. Puedo retirarme ya? -Como desee, doctorconcedi Jacubois –Supongo que tiene mucho trabajo por hacer. Pero no olvide llevarse a sus… especmenes. El genetista hebreo obedeci, atravesando la cpula audio-hologrfica y pescando uno a uno y sin contemplaciones a los nios del estanque de pelotas. Aunque no sin algunas protestas… especialmente del pequeo Solomon. Apenas el bullicioso gr upo hubo abandonado el Saln, fu e nuevamente Jacu bois quien dijo, con toda la tranquilidad del mundo: Ha aceptado demasiado fcilmente. Un doctor nunca se deshace as como as de sus experimentos, ni aunque sean fallidos. Y si le queda una mnima esperanza de que no lo sean, muchsimo menos. Viglenlo ms de cerca que nunca; podra estar tramando algo… ***** -Parece un nio completamente normal. Y bien sano.observ Grigori Sussmann. Su recia y barbuda faz se dulcific de modo notable ante la vista del infante que dorma tranquilamente en su cuna antigrav, sujeta a la mesa del reservado en el segundo piso de la taberna Almas de Metal la ms grande y concurrida del astropuerto central de Nemedia –Si parece un angelito… -A los dos aos todos parecen ngeles… cuando duermencoment el doctor David Rabinoch, aunque irreconocible tras el enmascaramiento del Neutritraje que haba “tomado prestado” por un rato –Deje que se despie rte y ya ver qu clase de diablillo es. -En fin, siempre me han gustado los muchachos inquietosarguy el capitn del crucero de carga ziingari Dama de Pique acaricindose su protuberante barriga por debajo de su

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curiosa chaqueta con galones, que tras generaciones de copias de copias haba acabado por parecerse muy poco a la del uniforme original de las Lneas de Carga Sussman la compaa a la que perteneciera su nave antes del Ocaso –Yo mismo lo fui bastante, de pequeoentrecerr los ojos, soador -Y es lindo… tiene algo, creo que mi Elizabeta se enamorar de l con solo verlo. Por qu quiere Reconstruccin deshacerse de un chiquillo as? -Sera complicado de explicar, y no tenemos mucho tiempodesech la pregunta Rabinoch, impaciente –digamos que lo consideran... inapropiado para sus fines. Entonces lo quiere o no? Su aviso en la red del astropuerto deca que estaba interesado en adoptar… -No s…el experto hombre del espacio mir en derredor, suspicaz: pese a la privacidad extra que les garantizaba la cpula audio-hologrfica del reservado, dentro de la ya catica semipenumbra del populoso Almas de Metal tena la extraa sensacin de que todos los miraban. Quizs fuera porque al menos all no se vea muy a menudo a todo un capitn ziingari conversando con un agente de Reconstruccin lo bastante importante como para ocultar su identidad tras uno de los nuevos Neutritrajes… y todava mucho menos frecuente era que el agente llegara con un nio de dos aos dormido en una cuna antigrav. -Hay algo muy raro en todo estoinsisti el capitn de la Dama de Pique. -Cre que lo raro era el fertilizante que haca florecer las fascinante s vidas de ustedes los ziingariironiz David –Lo que los pona por encima de la aburrida rutina de nosotros los simples planetarios. -No se burle. Hay otras naves ziingari en este astropuerto, ahora mismotozudo y desconfiado, el hombre del espacio intent fijar la vista en la imprecisa sombra que era el agente de Reconstruccin, pero al cabo de pocos segundos los ojos ya le dolan, as que

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apart la vista y cont con los dedos: – Est la fragata Cateto Prohibido el portacontenedores Venganza de Anubis y la nave exploradora Que no me cojan vivo… y si es urgencia por deshacerse del chico lo que tiene, sabr que todas despegaremos pronto. A los ziingari nos gusta viajar en buena compaa… a veces. Adems, todos los capitanes aceptaran encantados a un chiquillo como este. Nunca somos suficientes, a bordo de las naves. Por qu me eligi a m, entonces? No creer todas esas historias de que robamos nios de un planeta para venderlos en otro como esclavos, por casualidad? -No todas son historias. La lnea divisoria entr e comercio y piratera ha sido siempre tenue. Algunos de los suyos han hecho cosas terribles, en el pasado… pero me consta que nunca su gente ni su navereconoci Rabinoch –Me he informado bien. Fue as como supe que su esposa Elizabeta, no? no puede concebir, y que por eso busca usted un heredero… -Como la tcnica de la fecundacin in vitro fue olvidada durante los Siglos Tristes y se recuper hace muy poco tiempo, todava resulta pasmosamente cara, y ms si el cliente es uno de nosotros. Adems, ninguna autoridad planetaria nos confiara a un nio en adopcinadmiti tristemente Grigori, mesndose su poblada barba –Pero el caso es que si no presento a un sucesor en el prximo cnclave de capitanes, podra pe rder la jefatura de mi propia nave. Necesito un hijo, s. De mi sangre o adoptado, da igual, pero mo. -Ya ve: yo lo ayudo y usted me ayudaconcluy orondo Rabinoch –Nuestros intereses coinciden plenamente. Negocio redondo. -No tanto. Me gustan las cosas clarasterci an Sussmann –Yo tendr un heredero, s, y me gusta la idea, pero qu gana usted? -Digamos que… me interesa especialmente que este nio vivaadmiti el doctor David, fingiendo hacerlo de mala gana –Y tambin saber dnde est. Digamos que, probablemente, en los prximos aos, alguna que otra vez me ponga en contacto con usted

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para ver qu… progresos ha realizadoy alz la mano para contener cualquier posible rplica del ziingari –pero no tema; nunca se lo reclamar. Si se lo lleva hoy, ser para siempre su hijo ante todos los hombres y nadie menos que yo intentar impugnar esa paternidad. -Hum… no srecel todava el capitn Grigori, mesndose una vez ms la barba, que como muchos lderes de nave ziingari, llevaba larga y bien recortada como emblema de autoridad -qu edad me dijo que tena? dos aos? recordar algo de esto? de lo que vivi con usted? me acosar a preguntas? Los nios son muy curiosos… -Ahora est dormido… solo le di un sedante ligero, no tema. Pero ya le dije que no es un nio como los dems; tampoco lo es su memoria. Recordar todo lo que le ha sucedido desde su primera semana de vida… aunque no entienda muchas cosasasinti David, aliviado ante la ya ev idente aceptacin del trato por parte de su interlocutor – Por eso ser mejor que usted sepa lo menos posible. As no tendr que mentirle. Dgale solo la verdad; que un da un agente de Reconstruccin enmascarado tras un Neutritraje se lo entreg en un reservado del bar Almas de Metal del planeta Nemedia, y le pidi que se lo llevara para salvarlo. Con el tiempo, l atar cabos y sabr. Eso espero, al menos. No es ni mucho menos importante que usted sepa. -Bueno, quizs se vuelva importante cuando este nio crezca para convertirse en el prximo capitn de la Dama de Pique dijo muy serio Grigori Sussmann, y tendi su enorme mano para liberar la cuna flotante de su sujecin a la mesa del reservado. Solo entonces pregunt: -Le ha dado ya algn nombre o puedo llamarlo como yo quiera? -Se llama Solomondijo escueto David Rabinoch. -Vayasonri el capitn ziingari –Solomon Sussmann. Me gusta. –e hizo ademn de retirarse con el nio dormido.

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-Espere, Grigoriel genetista enmascarado tras el Neutritraje llam por primera vez a su interlocutor por su nombre –Falta estoy tendi su fina mano de imprecisas sombras para dejar caer en la manaza del otro una cadena con un colgante. Grigori Sussmann observ curioso el pendiente: una pequea estrella de plata, de seis puntas, pero curiosamente irregular y como tejida en una fina filigrana de celdillas. -Una estrella de David… Hebreo?pregunt, con una luz de entendimiento en sus estrechas pupilas azuladas. -Samario, sconfes David Rabinoch –pero esta no es una estrella de David comn. En ella est encriptado el secreto del origen de Solomon… el hijo de David. Procure que siempre la lleve encima. Quizs algn da l sea capaz de descifrarla y seguir la pista hasta su mismo principio… -As lo harprometi sinceramente el ziingari, deslizando con inesperada suavidad la joya en torno al cuello del nio dormido –Puede contar con eso… doctor Rabinoch. David no se sorprendi al ser identificado. Por el contrario, desactiv un instante su Neutritraje para confirmrselo al capitn de la Dama de Pique y luego, conectndolo nuevamente, explic: -Mucho se comenta sobre lo bien informados que estn los ziingari, de lo espesas que son las redes de sus espas y simpatizantes en cada planeta. Si despus de revelarle mi planeta de origen y mostrarle ese signo an no era capaz de saber quin era, habra valido la pena reconsiderar si le entregaba o no al pequeo Solomon. Usted es una buena persona, capitn… pero tambin un hombre astuto. Por suerte; me temo que necesitar ms la segunda cualidad que la primera para poder cuidar a su hijo adoptivo hasta que llegue a adulto. -Conque un chico especial, eh? Hijo de David. Ingeniera gentica, supongo, si est implicado usted. Significa que Reconstruccin me seguir de cerca el rastro no?Grigori

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Sussmann se encogi de hombros –pues que lo intenten. El cosmos es nuestro, y he olvidado la localizacin de ms escondrijos en la galaxia de los que ellos nunca conocern. Adems, aqu entre nosotros, doctorse inclin, confidencial -ya su gente no nos caen tan bien como antes a los ziingari. Mucho que los ayudamos en sus inicios, s, porque pensamos que sera bueno para los hombres… pero ahora, ya no estamos tan seguros de haber hecho bien. Han concentrado demasiado poder en sus manos, y ya sabe lo que se dice sobre el poder absoluto… que corrompe absolutamente. Muchos de nosotros pensamos que hemos creado un monstruo… -Muchos de nosotros tambinreconoci suspirando el doctor Rabinoch, y luego cambiando de tono, apremi: -Vamos, Grigori… se hace tarde. Despist a mis vigilantes un rato, pero despus de todo no soy un ziingari ni este palneta es el hiperespacio. No creo que tarden mucho en localizarme de nuevo. Y me gustara que cuando lo hicieran ya usted y Solomon estuviesen lejos. -Partiremos lo antes posible. Digamos en diez minutos. Todas las navessonri el capitn ziingari, y tras breve vacilacin, tendi su mano al cientfico, gruendo –Buena suerte, doctor… y espero que tocar ese traje de sombras suyo no me electrocute… ***** Quince minutos ms tarde, un aparatoso operativo cerraba todas las salidas del Almas de Metal En menos de treinta segundos, con las armas listas, enfundados en armaduras de combate completas, los hombres de Reconstruccin se abrieron paso entre los atnitos parroquianos hasta rodear por completo el reservado en el que el doctor David Rabinoch, impertrrito, beba un t con ron al doble amparo de la cpula audio-hologrfica y de su Neutritraje todava activado. -Dnde est?inquiri un agente tambin en Ne utritraje que se desliz hacia el interior del

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reservado por entre los corpachones blindados de los soldados de asalto. -En el espacio. Y hace al menos cinco minutosrespondi el genetista, sin alterarse, pero desconectando su propio y ya intil Neutritraje. –Me sorprende lo poco que tardaron en encontrarme saben? -Muy gracioso… cambiaste los identificadores de los Neutritrajes, no?con un ademn, el agente recin llegado orden a la tropa que bajara sus rifles mser, aunque siguieron apuntando a los clientes del bar, que apenas si se atrevan a respirar, ni entendan lo que estaba ocurriendo. -Un pequeo truco, sadmiti David con una sonrisa casi traviesa –Saba que hoy a esta hora estaras al mando t, Ul-Medor… y con tu pasin por el orden y por seguir los procedimientos, supuse que as demoraras un poco ms en llegar hasta m. En fin, veo que te subestim… solo una hora y me encontraste. Ya podemos regresar a los laboratorios? -Regresar?incluso deformada por el Neutritraje, la voz del consejero son sarcstica quin te dijo que regresars? -Soy demasiado valioso para que se puedan permitirse el lujo de deshacerse de mopin muy tranquilo el genetista –el Proyecto Homo Bellicus ya has dado resultados increbles… y solo est en sus comienzos. Y en cuanto al Homo Plus… -El proyecto Homo Plus ha sido canceladoinform vengativo el tikalio –el Consejo de los Siete se dar por satisfecho con los logros que ha arrojado hasta ahora el Homo Bellicus. En lo adelante, doctor David Rabinoch, sus servicios no sern requeridos… el resto de su equipo basta para emprender la fabricacin en serie de Forjados, as que… -As que tambin me van a eliminarla voz de David tembl, pero por lo dems mantuvo la calma –qu bien. Lo harn aqu, delante de todos esos testigos, o me llevarn a donde nadie pueda saber lo que hace Reconstruccin con su gente?

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-Nos interesa que todos vean lo que hacemos con nuestros traidoresrecalc Ul-Medor -as que ser aqu y ahora… pero no seremos nosotros. Ni se ir solo. ¡Triganlos!orden, casi ladrando, y hubo un frentico movimiento de armaduras de combate. Menos de un minuto ms tarde, dos corpulentos soldados de asalto regresaron y atravesaron la cpula audio-hologrfica sosteniendo fcilmente por las axilas el cuerpo desmadejado de un hombre de tan recia contextura como ellos, solo que desarmado y con un curioso casquete en la cabeza. Era el sargento Aaron Goldberg, natural de Samaria. O lo que quedaba de l. Tanto su rostro como el resto de su poderoso cuerpo se estremecan en incontrolados espasmos de dolor. Se morda los labios para no gritar. An as logr sacar fuerzas de su sufrimiento para mirar frente a frente a su amigo, compatriota y compaero de religin y murmurar, con contrito aire de excusa: -Lo siento… David… quise… darte tiempo… pero ya sabes… que nadie resiste mucho… a un cepo… solo neural… solo resist… media hora… se lo… llevaron? -S, amigo… y vivir, no te preocupes, tu dolor no ha sido en vanorespondi David, conmovido ante el espectculo de aquel poderoso veterano reducido a una piltrafa estremecida por obra y desgracia de otro de los ms recientes “adelantos” tecnolgicos de Reconstruccin. El cepo neural era la ltima palabra en interr ogatorios por dolor. No daaba al cuerpo, sino que afectaba directamente a las terminales nerviosas del “paciente”, que se retorca de puro dolor sin tener siquiera la esperanza de morir a consecuencia de las heridas de la tortura, pues no haba heridas… ni propiamente habla ndo, tampoco tortura, porque todo estaba en la mente. -Ya veo cmo llegaron tan aprisa. El no tiene la culpa de nada… solo de ser demasiado

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buen amigo. El Neutritraje lo rob yo solo. Por favor, sultenlorog Rabinoch, plido – Sultenlo y har lo que quieran, les dir incluso en qu nave est el nio… Prepotente Ul-Medor se adelant y abofete casi cariosamente el rostro del genetista –Esta no es para que hables, sino para que te calles, doctorcito. O es que no comprendes que ya no te necesitamos para nada? ¡Llvense al sargento! Ya nos ocuparemos luego de lsise casi como una serpiente, mientras dos soldados se alejaban sosteniendo a su antiguo suboficial –cuatro naves ziingari abandonaron este astropuerto hace cinco minutos… tu pequeo rebelde solo pude estar en una de ellas. No ser difcil encontrarlo, y encargarnos de su eliminacin… definitiva. Jacubois se ha obsesionado con eso, y no conviene llevarle la contraria a Jacubois, ya sabes. Pero por ahora, nos conformaremos con sacarte a ti de circulacin…y manipul algo en la cintura de su Neutritraje. Al instante siguiente el doctor David Rabinoch comprob con sorpresa que su propio Neutritraje haba vuelto a activarse… por decirlo de algn modo, porque ahora, adems de envolverlo en una silueta de sombra imprecisa, le impeda tanto el movimiento como el habla. -Veo que esta funcin de los trajes ni siquiera t la conocasse burl Ul-Medor –Ah, ustedes los cientficos, siempre tan petulantes, siempre creyendo que lo saben todo. Una buena regla de seguridad es que toda arma tenga siempre un control oculto que solo los jefes sepan usar. Y ya sabes lo meticuloso que soy con las reglas… Creo que encontrars una cierta justicia potica en tu ejecucin. ¡Traigan a Sal!orden tan enrgicamente como antes. Ahora los corpachones de los soldados de asalto se apartaron para permitir el paso a otra figura que, incluso envuelta en la sombra imprecisa de su Neutritraje, no poda ser sino la de la consejera Naya Svetskaya.

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Pero no vena sola. De su mano, obediente, llegaba el pequeo Sal, an vestido con su overol azul, y mirndolo todo con ojos muy abiertos de puro asombro. La Consejera se arrodill junto al infante, y sealando al inmvil conglomerado de sombras que era David Rabinovich, le dijo: -Sal, s que ests asustado, y quieres ver a Pap David, pero antes queremos que hagas algo por nosotros entiendes? Toma este mser y dispralo contra aquel hombre. Es malo y debe moriry con estas palabras extrajo de una funda en su cintura una pistola de microondas como las que usaban los oficiales y se la entreg. -Y si lo hago me llevarn con pap David?pregunt esperanzado el nio -Y me darn el hipercubo nuevo que me enseaste? -De acuerdoprometi Naya –Ese y todos los dems que te gusten. El nio tom la pistola mser, que pareca a la vez inocente y enorme entre sus manitas, y apunt cuidadoso al impotente David Rabinoch. Luego la baj, pensativo: -Pero tambin quiero que me dejen jugar con l cada vez que yo lo pidanegoci todava, pcaro –aunque pap David diga que tengo que hacer otra cosa… -Muy bien, pequeo chantajistadijo la Consejera, aunque con la voz temblorosa – Entonces, tenemos un trato. Y ahora, cumple tu parte… Con la misma precisa elegancia con la que lo haca todo, y casi con alegra, Sal tir del gatillo del mser… ***** Fue a raz de lo que luego se conocera como Incidente Nemedio que las ya tensas relaciones entre Reconstruccin y sus antes ms seguros aliados, los ziingari, se estropearon definitivamente. Y aunque nunca se hicieron pblicas las verdaderas causas del asunto, lo que s qued claro es que haba algo o alguien que los agentes queran y que estaba en poder de los gitanos del cosmos… y que adems estos no tenan la menor

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intencin de entregrselo o devolvrselo. A partir de entonces los agentes pusieron buen cuidado de revisar hasta el ltimo tornillo de cada nave independiente y someter a pruebas de ADN a toda su tripulacin… cuando lograban dar con una, porque muy pronto corri la voz de su prepotente actitud y los gitanos del espacio empezaron a huir de tales inspecciones con la escurridiza habilidad que los haba caracterizado desde el Ocaso. Pero si durante los largos Siglos Tristes solo haban tenido que escapar de las limitadas flotas de este o aquel seor de la guerra o liga planetaria local, ahora se enfrentaban a una institucin organizada y con grandes recursos. Enorme era ya la Armada de Reconstruccin, magnfica su red de comunicaciones y bases de reabastecimiento. No haba forma de escapar por mucho tiempo. Una a una, mes tras mes, las naves ziingario fueron cayendo. Algunas fueron decomisadas al amarar en el astropuerto de un mundo que crean neutral… pero cuyos gobernantes temblaban de pnico ante la sola idea de indisponerse con la poderosa Reconstruccin. Muchas ms, perseguidas salto a salto por las naves de patrulla a travs del hiperespacio, terminaron por agotar el combustible y tuvieron que optar por luchar… o rendirse y resignarse a ser abordadas. Haba una cierta diferencia entre ambas opciones, claro: la primera significaba casi siempre que una nave ziingari, por bien que se batiera, resultaba al fin superada por el nmero y armamento de sus perseguidores y en consecuencia total o parcialmente destruida… lo mismo que su tripulacin. La segunda, menos cruenta, se resolva con algunas decenas de prisioneros que iban a parar a las crceles del mundo ms cercano, acusados de “comercio ilegal”, “trfico ilcito” o algn cargo por el estilo… y con otra nave con capacidad de hipertrnsito que

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iba a engrosar la Armada de sus captores. Reconstruccin, no obstante, pag un elevado precio de impopularidad por aquella cruzada extremista contra quienes, por siglos, haban sido la nica esperanza de comunicacin entre los miles de planetas del antiguo Dominio Humano. En algunos mudos hubo motines y revueltas contra “los nuevos tiranos” pero casi todas fueron velozmente sofocadas por las flamantes y feroces tropas de disciplinados gigantes clnicos, de los que Reconstruccin pareca poder disponer en nmero ilimitado: los Forjados. Y en los pocos planetas donde el resentimiento de sus moradores amenaz con degenerar en autnticas guerras civiles, bast con la amenaza de ser dejados a su suerte para calmar a las turbas enardecidas… o ms bien a los ambiciosos lderes locales que las empujaban y manipulaban. Otras naves ziingari desaparecieron para siempre. No hay modo de saber si se perdieron en el hiperespacio, ya fuese por el fallo definitivo de sus vetustos motores de trnsito fabricados antes del Ocaso y mil veces remendados, por deficiencias en los igualmente vetustos mapas informticos de a bordo… si simplemente, sus tercos capitanes, sabiendo que no resistiran mucho tiempo en un combate contra sus implacables enemigos, prefirieron llevarse sus naves a donde estos ni siquiera pudieran aprovecharlas como chatarra… o si, comprendiendo que los das de libre vagabundeo por la galaxia haban terminado para siempre, sus tripulaciones en pleno eligieron el mismo camino por el que siglos antes haban optado tantos de sus camaradas: descender en un mundo alejado de toda ruta y ms o menos apropiado para los hombres, y fundar all una colonia. Pero ni siquiera eso funcion, porque, ya fuesen las naves de combate de la Armada de Reconstruccin, en su incansable rastreo del cosmos, ya fuesen las mucho ms ligeras pero

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veloces naves de los Exploradores, recientemente creados para concluir la asimilacin de la galaxia, el caso es que unos u otros tardaron solo unos pocos aos en encontrarlos a todos. Tanto a los asentamientos ms antiguos, que databan de los mismos das del Ocaso y se haban torcido en curiossimas sociedades, como a las colonias ms recientes de ziingari fugitivos recalcitrantes. Fue, en efecto, una nave de los Exploradores la que, doce aos despus del Incidente Nemedio, lleg casi por error al olvidado planeta Canes, y su tripulacin la que descubri a sus singulares moradores, para rescatar a Solomon Sussman… o ms bien ser rescatados por l, segn otras versiones. Pero esa es otra historia. yoss La Habana, Cuba (1969). Licenciado en Ciencias Biolgicas por la Universidad de La Habana en 1991. Comenz a escribir a los quince aos, con su incorporacin a los Talleres Literarios. Entre otros a obtenido el Premio de cuento de ciencia ficcin de la revista cubana Juventud Tcnica, 1988, el Premio David de ciencia ficcin 1988 con el libro de cuentos Timshel (publicado por Editorial UNION, 1989), el Premio Plaza de ciencia ficcin, 1990, el Premio Luis Rogelio Nogueras de ciencia-ficcin 1998, con Los pecios y los nafragos, (publicado por Ediciones Extramuros, 2000), el Premio Calendario de la AHS en ciencia ficcin 2004 por el libro de cuentos Precio justo (publicado por la Editorial

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Abril, 2006). Es miembro de la UNEAC desde 1994. Correo electrnico (E-mail): : yoss00@hotmail.com Al INDICE

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6. ENTREVISTA: El retorno de Sergio. Muecas rusas Entrevista con Sergio Gaut vel Hartman Tomado de Revista sinergia No 13 http://www.nuevasinergia.com.ar/num ero_13/_entrevis tas_stocco.htm STOCCO: Querido Sergio, bienvenido de nuevo a The Uchronicles. La ltima vez que lemos tus opiniones hiciste referencia a la situacin de la narrativa fantstica y de gnero en Argentina y Sudamrica. Pero ahora algo est cambiando: en primer lugar la antologa Schegge di Futuro, que se propone introducir en Italia el mundo fantstico latinoamericano. Por qu has aceptado participar? GvH: Yo apuesto fuerte a todas las formas de difusin de la literatura fantstica. Una antologa de escritores latinoamericanos en Italia, del mismo modo que un puado de escritores italianos en Axxn, conformando una suerte de antologa dinmica, son jugadas positivas en ese sentido. Antes de poder demostrar el valor intrnseco de un grupo de autores y de obras es necesario algo tan simple como ponerlas al alcance de los lectores. Desde esta perspectiva, el paso ms importan te es haber empezado. Muy pocos conocan a Malaguti, Aldani, Bellomi o Turconi entre nuestros lectores, y se han sorprendido gratamente, han descubierto que los temas y enfoques son mucho ms afines a los nuestros de lo que suponan. Tal vez ocurra algo parecido con Schegge di Futuro. STOCCO: Schegge es un e-book. Cmo evalas esta opcin? Direccin obligada o un experimento de cara a un pblico potencialmente mayor que aquel que frecuenta las estanteras de la librera tradicional? GvH: Creo que en un principio el mejor recurso es poner el material al alcance de la mayor cantidad de lectores que sea posible. Hay que instalar los no mbres de los autores antes que ninguna otra cosa. Un comprador pote ncial de un libro dudar ante una antologa

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de escritores desconocidos y jams dar el primer paso. En cambio, de esta manera, ser posible ir avanzando y maana, cuando se publique una novela o una coleccin de cuentos de un autor al que ya leste, no dudars tanto si se trata de comprar el libro. STOCCO: En tanto uno de los “productores” de Axxn y entre ellos el que ha permanecido ms tiempo activo en Sudamrica en el gnero fantstico, cmo juzgas la eleccin propuesta por el compilador de la antologa, Gianluca Turconi? GvH: Ante todo es una buena eleccin porque traza un mapa del fantstico en Latinoamrica y pone sobre el escenario a escritores de siete pases distintos. Muchos de ellos son muy jvenes y tienen un brillante porvenir por delante. Todos son muy activos y trabajadores y por sobre todo inquietos y originales. Los lectores podrn notar que la bsqueda de nuevos esquemas y enfoques para los temas clsicos est por delante de cualquier otro asunto. Y lo ms interesante: casi todos ellos tienen menos de 40 aos, algunos poco ms de 30. El nico viejo que desentona soy yo... STOCCO: Cules son los autores ms inslitos en la seleccin que se propuso para Schegge? GvH: Es muy difcil tipificarlos en dos pala bras. Si debo elegir a los ms “inslitos” me inclino por Yoss y Dobrinin. Saavedra, De Bella y De Abreu toman temas clsicos y los “trabajan” reflexivamente, acompaando la evolucin de la trama con apuntes ricos, construyendo personajes bien definidos, “visibles”. Ferreras y Novoa Castillo tienen una percepcin especial de lo cotidiano y saben “torcer” la realidad como un trapo y sacar lquido de lo que pareca seco. Zrate es todo un profesional, a pesar de que es muy joven, muy eclctico y capaz de los registros ms variados... STOCCO: Si tuvieses que describir tu cuento “Muecas rusas” en pocas palabras, qu tipo de interpretacin le sugeriras al lector italiano? GvH: Ser mejor que lo lean Pero una simplificacin rpida dir que es uno de mis relatos “dickianos”. La realidad no es lo que parece ser y en los pliegues de lo aparente se ocultan muchas sorpresas. Incluso se ocultan sorpresas en las sorpresas. A eso alude el ttulo.

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STOCCO: Cules son tus fuentes de inspirac in? Aparte de la mencin a Philip K. Dick, se advierten refere ncias a la literatura externa al gnero Te lo he ya preguntado antes, ests seguro de que Borges no tiene nada que ver? GvH: He sido y soy lector de Dick. Ni siquiera siento pudor al meterme en sus universos, que son realidades alternativas que ni siquiera l explor ms que mnimamente. En cambio nunca he sido un lector atento de Borges y en todo caso s un lector desprolijo. Mi principal fuente de inspiracin son los viajeros de los siglos XV y XVI, que se internaban en el ocano sin mapas, confiando en una suerte de intuicin ciega. Me gusta inventar el territorio y luego cartografiarlo, si viene al caso. Por otra parte, todo lo que he vivido, que no es poco, me sirve como punto de referencia. A falta de algo mejor, la experiencia. Confo que siempre queda algo en un repliegue de la memoria que, llegado el caso, puede ser utilizado como materia prima. STOCCO: Qu asunto en particular has querido expresar a travs del universo creado para “Muecas rusas? GvH: Tal vez remarcar, por si hiciera falta, que no existen verdades slidas como rocas, que todo puede ser diferente de lo que uno se imagina, que de lo nico que se puede estar seguro es que nada conserva su forma para siempre. Vivimos al borde del abismo y ni siquiera sabemos qu es exactamente un abismo. Y se puede vivir con eso como se vive sabiendo que uno se va a morir. STOCCO: Schegge mira al pblico italiano: cunto se parecen y en qu se diferencian los lectores de nuestros respectivos pases en lo que se refiera a ciencia ficcin y fantstico? GvH: Si me guo por lo que leo de uno y otro lado del Atlntico, las similitudes entre lo que se escribe en Italia y, por lo menos, en Argentina, son mayores que las diferencias. Hay una preocupacin anloga por los temas sociales y una audacia poltica que nos hermana. Cuando leo a Aldani, a Turconi, a Gallo, a Ricciardiello (o por lo menos lo que he ledo de ellos) me permito pensar: “esto lo podra haber escrito un argentino”. Y Carletti, Gardini, Castrilli podran fcilmente pa sar por italianos, verdad? Quiero decir, no slo por los apellidos... Tal vez esto mismo sea aplicable a toda la literatura

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latinoamericana, aunque no quie ro que se pierdan los matices individuales por hacer una simplificacin. Lo que s se puede generalizar es que, a pesar de que Italia est en Europa y forma parte del Primer Mundo, los escritores italianos parecen reaccionar de un modo semejante a nosotros en lo que se refiere a la forma en que afectan a los seres humanos los grandes cambios que estamos viviendo en nuestros das. STOCCO: Qu ests preparando para los prximos meses? GvH: En lo personal, estoy terminando un libro de difusin histrica, un trabajo profesional. Escribo una novela corta que presentar en el prximo UPC —el ao pasado qued finalista y la novela se publicar en Es paa en abril— y tengo tres cuentos en marcha... En Axxn habr muchas novedades. Cuentos de escritores muy conocidos, nuevas voces de gran nivel, entrevistas, ensayos. Imposible hacer una sntesis. Lo nico seguro es que sigo apostando a la diversidad Hace un momento respond a un mensaje de una escritora de Letonia. Espera respuesta un escritor de la India. Hemos “descubierto” media docena de escritores anglosajones que nadie conoce porque jams se los tradujo. Esto no se detiene... AL INDICE

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7. COMO CONTACTARNOS? S tienes algn comentario, sugerencia o colaboracin escrbenos a: darthmota@centro-onelio.cult.cu jartower@centro-onelio.cult.cu espiral@centro-onelio.cult.cu aceptamos cualquier colaboracin seria y desinteresada. Traten de ponerla en el cuerpo del mensaje. Advertencia: Los mensajes de direcciones desconocidas que contengan adjuntos sern borrados. Para suscribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la palabra "BOLETIN" en el asunto. Para desincribirte envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase "NO BOLETIN" en el asunto. Para obtener nmeros atrasados envanos un correo en blanco a: disparoenred@centro-onelio.cult.cu con la frase en el asunto "Numeros anteriores" y el nmero del correo atrasado que deseas entre parntesis a continuacin. Si los quieres todos escribir a continuacin “todos”. Ejemplos : Con el asunto “Numeros anteriores (2)(5)(20)” obtendras los nmeros 2, 5 y 20 del Disparo en Red. Con el asunto “Numeros anteriores todos” obtendras todos los nmeros del Disparo en Red existentes. Al INDICE


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