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Qubit

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Material Information

Title:
Qubit
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Cubit
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- History and criticism -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - Q01-00002-n02-2005-03
usfldc handle - q1.2
System ID:
SFS0024302:00002


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Q U B I T No. 2 Marzo 2005 Boletn electrnico y postgeogrfico de literatura y pensamiento ciberpunk. De frecuencia mensual y totalmente gratis Editores: solo Ral Aguiar (por ahora) Colaboradores: Todos los que quieran a partir de este nmero. 0. ndice: 1. La invencin del Ciberespacio. 2. Made in Cuba: Sobre la extraa muerte de Mateo Habba, Fabricio Glez. 3. El jardn de los mundos que se ramifican: Borges y la mecnica cuntica, Alberto Rojo 4. Poesa: Agrippa, William Gibson 5. La hora de la Sociedad Red. Una aproximacin al movimiento ciberpunk en Espaa. 6. Historia del cine ciberpunk. (Primera parte: Los orgenes) Ral Aguiar

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WILLIAM GIBSON: LA INVENCIN DEL CIBERESPACIO La palabra ciberespacio brot desde las entraas de una maquinaria perfecta. Teclas suaves, diseo atrevido, superficie metlica. Dentro del caparazn de color verde claro unas varillas de metal se alzaban hasta imprimir en la hoja de papel cada una de las letras. El ejercicio se repeta a toda velocidad y cada impacto retumbaba, produciendo una msica que durante dcadas haba acompaado a los artesanos del texto, a los escritores. El autor de ciencia ficcin William Gibson, quien a comienzos de los 80 viva lejos de la fama, haba entrado en simbiosis con su mquina de escribir Hermes, fabricada en 1927, para crear un texto que comenzaba as: "El cielo sobre el puerto tena el color de una pantalla de televisor, sintonizado en un canal muerto". Y esa mquina de los aos 20, cuyo uso era extico mientras en todas partes brotaban los computadores, escribi por primera vez una palabra de este fin de siglo: ciberespacio. La novela fue publicada en 1984 bajo el ttulo de "Neuromancer" y provoc una explosin en el mundo literario. Gibson gan los premios ms importantes de la literatura de ciencia ficcin mientras la obra era anunciada como la cumbre de un gnero que hasta entonces se haba definido en forma borrosa y que ahora conocemos como ciberpunk. Gran parte de la trama transcurra en un nuevo espacio ciberntico, una matriz donde convivan las bases de datos de las corporaciones y donde la informacin se haba convertido en un verdadero tesoro. Un lugar a travs del cual los mejores navegantes eran conocidos como cowboys que se conectaban a esta red mediante consolas fabricadas con alta tecnologa. Una decena de aos despus de la aparicin de "Neuromante", como se llama en castellano, se produjo la expansin de una Red que hasta entonces vinculaba a centros acadmicos y militares de EE.UU. En unos pocos aos abarc pases y pueblos, y ahora es conocida como Internet. As comenz a materializarse una visin: ahora la informacin circula a toda velocidad con atributos multimediales que la dotan de texto, imagen y sonido.

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Y por cierto que a ese lugar etreo donde se producen las navegaciones de Internet, difcil de definir y an ms complicado de palpar, lo llamamos con la misma palabra nacida en esa vieja mquina de escribir Hermes, ciberespacio. "Es una alucinacin consensual experimentada diariamente por millones de legtimos operadores en todas las naciones... una re presentacin grfica de informacin proveniente de todas las computadoras del sistema humano. Una complejidad inimaginable...", advierte un programa para nios activado en una escena de "Neuromante". Gibson naci en el sur de Estados Unidos, pero abandon el pas en los tiempos de la guerra de Vietnam. Segn se dice, lo hizo para evitar ser reclutado. Se fue a Canad, donde nunca recibi la notificacin de los m ilitares, y desde entonces se radic en Vancouver, una cida ciuda d del extremo oeste. "La gente an no entiende que la Internet es transnacional. El ciberespacio no tiene fronteras y eso me gusta, porque qued hart o del nacionalismo durante la guerra de Vietnam", coment el escritor en uno de su s dilogos, esparcidos a travs de la Red. En textos de conversaciones y conferenci as que aparecen en diversos archivos accesibles desde la World Wide Web, Gibson se muestra sorprendido y contento por la explosin de las redes, convencido que se tr ata de una fuerza capaz de influir la cultura humana. Pero su visin no est desprovist a de algunas observaci ones: se confiesa hastiado del reiterado discurso sobre los efec tos de las autopistas de la informacin, y preocupado por la forma en que las corporac iones "tratan de encontrar la manera de imponer la propiedad privada y ganar dine ro en un ciberespacio que debera ser pblico". "Los personajes de mis libros viven en las grietas de este tipo de sistema. Siempre existirn los desadaptados, malezas adherida s en esas grietas, personas que no quieren ser consumidores, que viven ba jo sus propias condiciones". Gibson recorre ciudades de Norteamrica firm ando sus libros, participa en debates y conferencias, realiza algunos viajes. Por ejemplo a Japn, por donde circulan muchos de sus personajes, un lugar donde sus obras se venden a todo vapor. Despus retorna a Vancouver, para dedicarse a escribir. Hace algn tiempo que abandon la vieja Hermes por un Mac que de scribe como "antiguo". "Nunca fui un tipo tcnico, nunca lo ser... me interesa la poesa y la cultura pop", asegur en una entrevista con el italiano Giuseppe Salza. En uno de sus textos, hipercitados a travs de Internet, es provocativo: "la Red es una prdida de tiempo, y eso es lo mejor que tiene". "Nos ofrece la oportunidad de perder ti empo, de vagar sin rumbo, de soar con innumerables vidas, con otras personas que estn al otro lado de una cantidad indefinida de monitores, en ese metapas postgeogrfico..." (Extrado de WWW. el-planeta.com )

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SOBRE LA EXTRAA MUERTE DE MATEO HABBA. Fabricio Glez. Neira Para J.L.B. El deceso de Mateo Habba ha de perdurar rodeado de misterio mientras vivan aquellos que lo conocieron, despus, ese misterio se perder entre las millones de muertes annimas, acaso igual de misteriosas, que han sido alguna vez en el mundo porque Mateo no frecuent el hbito de la fama. Trabajaba en una nueva traduccin de Las mil y una noches cuando muri. Ese trabajo, que ha quedado inconcluso, quiz hubiera podido depararle algn renombre en el minsculo crculo de personas que se dedican a estudiar los antiguos manuscritos rabes. De cualquier forma, la muerte lo sorprendi antes de que consiguiese llevar a cabo la tarea que se haba propuesto. Mi intencin al escribir estas pginas es exorcizar la aprensin que me produce el recuerdo del deceso de Habba. No creo que a sus otros amigos, si existen, les interese averiguar qu ocurri en realidad. Paso mis ideas al papel tal vez guiado por el impulso de confirmar que son irracionales, tal vez por el deseo de creer en ellas, aunque estoy seguro de que, como dira Mateo, Al sabe ms. Preciso es para entender el posible porqu de su muerte conocer al hombre que fue en vida Mateo Habba. Podra decir de l que amaba el caf, el carnero asado, la poesa de Umar al-Khayyami y las mujeres de nalgas rotundas. Tambin detestaba la carne de cerdo, el catolicismo, el destino servil de los pueblos rabes bajo el dominio israelita y la soledad, aunque rara vez abandonase su apartamento y tuviera muy escasas amistades. Sin embargo, esta suma de rasgos, la mayora de ellos decididamente banales, no lo definen, pienso que hay dos cosas ms importantes cuyo conocimiento es imprescindible para entenderlo: Mateo era musulmn y hacker. Algunos vern en esto ltimo una contradiccin, les parecer imposible que alguien se dedique con total y absoluta abnegacin al culto de las computadoras y se entregue a Dios con una fe igualmente absoluta y total. Otros alegarn que ningn hombre de religiosidad profunda y sincera aceptar vivir de una profesin que es slo una versin sofisticada del robo. Dejo la solucin de tales enigmas a aquellos que alcancen a interrogar al creador del universo, sea cual sea su nombre, no obstante, por contradictorio que resulte la verdad es que en ningn submundo son tan abundantes las supersticiones como entre los hackers. Conoc a Mateo en uno de esos raros momentos de mi vida en lo que todo ha marchado aceptablemente bien: seis aos atrs, haba terminado la universidad gradundome en lengua y literatura inglesa, una especialidad poco apreciada en el mercado de trabajo de las megacorporaciones, y si durante dos aos consegu ejercer

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como profesor en Glasgow, pronto me hall sin empleo y tuve que emigrar a los Estados Unidos. En Amrica tampoco encontr trabajo y me fue bastante mal hasta que un amigo me hizo entrar en la red de traficantes de software ilegales. No saba nada de programacin, pero result que tena talento para vender e intuicin para reconocer lo que podra valer la pena. Un ao ms tarde, ya me haba instalado por mi cuenta y el dinero depositado en mi tarjeta inteligente me bastaba para llevar una vida cmoda sin llamar la atencin de la ley. Fue entonces cu ando me presentaron a Mateo; ste era un mocetn fornido, de rasgos severos y grav es, mezcla de sus antepasados rabes e hispnicos. Mientras conversbamos, se most r interesado en un producto que yo ofertaba y me dio la direccin de su casa pa ra que lo visitase, lo que hice unos das despus. No es mi propsito narrar las incide ncias que desembocaron en una amistad entre nosotros; amistad que siempre consid er extraa porque los hackers, por algn desconocido motivo, desprecian a aquellos que les venden los programas que usan para su trabajo y sin los cuales bien poco podran hacer. Tal vez, la razn de su afecto hacia m fuera nuestro comn re speto por toda la poesa y la literatura, y, ms an, el amor que ambos sentamos por el Rubaiyat de Edward Fitzgerald. Por mi parte, dir que me atraan de l los ras gos contradictorios de su car cter, la sana ingenuidad que le permita maravillarse con los antiguos cuentos rabes y su secreto afn de encontrar a Dios. Claro que Mateo no era ni un iluminado ni un asceta. Era un hombre como cualquier otro, si eso significa algo, poco ex presivo pero de sentimientos firmes y amante de los placeres. No se consenta, como otros hackers, embrutecer su cuerpo dejndolo engordar en exceso o cultivando una delgadez enfermiza, tena suficiente sentido comn para no dejarse arrastrar por la mstica de su profesin en cuanto a s mismo se trataba, pero su propia religiosida d le hizo caer en la trampa filosfica que encierra el ciberespacio y esto fue, en cierta forma, su perdicin. Casi todos los intentos de definir f ilosficamente al ciberespacio eran anteriores a la propia existencia de ste: la gente haba previsto que la creciente complejidad de los ordenadores llevara a la creacin de ese univers o virtual y trataron de descubrir sus leyes desde afuera. Cientos de tesis y sus refutaciones se escribieron antes de que el primer hacker pudiese viaj ar a travs de las redes. Naturalmente, desconozco la mayora de ellas por lo que me limitar a resumir aqu las interrogantes de mayor importancia segn las enumer Ma teo en una madrugada prdiga en caf y poesa. Transcribo sus palabr as tal como las recuerdo. >>... Uno de los problemas clsicos es la situacin del ciberespacio. T conoces lo suficiente sobre ordenadores como para saber que no est dentro de ellos y mucho menos en el interior de un chi p. Tampoco se haya en los satlites de comunicacin o en las redes; quizs en el hombre, pero, de ser as, nunca podremos encontrarlo porque las bsque das en nosotros mismos slo nos han conducido de un enigma a otro ms complejo. Sabes tambin que horas en la matriz pueden significar minutos de tiempo real, y este comporta miento relativista del tiempo, que algunos justifican con la hiptesis a n no comprobada de que al entr ar al cber uno se acelera hasta la velocidad de accin de los ordenadores, ha resultado tan inexplicable como imposible de soslayar<< >>Cul es el papel del hombre en el universo es algo qu e han tratado de desentraar intilmente filsofos y telogos por igual. Qu es el hombre en el ciberespacio es todava ms difcil de re sponder. Algunos sugieren que un dios, otros aseveran que contina siendo un hombre y unos terceros plantean que se transforma

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en algo nuevo que no alcanzamos a definir toda va. Tambin los inquieta lo siguiente: imagina que un hacker muere en el cber, s er esa muerte instantnea o transcurrir un indeterminado perodo de tiempo antes de que afecte al esprituo intelecto, poco importa el nombrela cesacin de los proces os vitales? La respuesta de esa pregunta podra poner fin a la disputa que hace siglos sostienen idealistas y materialistas. Por ltimo, resta LA interrogante: hasta qu punto es virtual, o mejor, real, el ciberespacio. Muchos han negado la objetividad de nuestro universo proponiendo otros menos inciertos o, acaso, ms ordenados, aunque no por eso ms verosmiles; nadie ha sostenido la posibilidad de que este recin descubierto mundo sea real, pero, creo, eso es slo una cuestin de tiempo. Po r lo pronto, la duda ya existe<< Cuando Mateo termin su apasionada e xposicin, me apresur a inquirir qu sentido tena todo aquello. No repar en mi pregunta. Me dijo que crea haber encontrado respuesta a algunas de estas inte rrogantes y procedi a hacerme partcipe de sus ideas. La misin del hombre en la vida, me c onfes, es alcanzar la Gracia de Dios, sea por sus buenas accionas o por el descubrim iento del rostro divino. Ese rostro est a la vista de todos en nuestro universo, no ha y una forma mejor que ot ra de buscarlo: se le puede hallar en los prrafos de un libro y en los ojos de una mujer, en el desvaro de los locos y en la prdica de los sabios, en el arrebato mstico de los profetas y en el fro escepticismo de sus detractores, en el vino que reposa en el fondo de las copas y en el que alegra nuestra embriaguez. No obs tante, su propia evidencia lo ha vuelto invisible para nosotros, acostumbrados a mirar en la niebla del misterio y a sufrir las angustias de una bsqueda desesperada. Por eso, Dios nos dio la posibilidad de crear otro universo en el que Su rostro estar a tan escondido y recnd ito que nuestra propia naturaleza colaborara en el intento y ste se volvera posible cumplindose as Su voluntad. El problema del tiempo era una clara demostracin para l de su razonamiento. La solucin, segn me dijo, estaba en una an tigua historia rabe que contaba como el Profeta haba sido arrebatado hacia el cielo por Burak, cabalgadura celestial cuyo nombre quiere decir resplandeciente. En el cielo, el Profeta haba conversado con los ngeles del Seor e incluso comp areci ante Su presencia. Al regresar a la tierra, pudo recoger un cntaro que haba derribado Burak al partir sin que se derramara una gota del agua que contena. Evidentemente, razona ba el cronista, el tiempo de Dios no era el de los hombres. Esto nos llevaba, me dijo Mateo, a la situacin del ciberespacio. Para l, al menos, resultaba claro que el cber se encont raba contenido en Dios. Y luego aadi: >>Como es posible que suceda con nuestro propio mundo<< Esta ltima aseveracin me pareci lo ms detestable de su teora. Si l accedi a que cresemos otro universo para encontrar Su rostro, le pregunt, qu impide que el nuestro haya sido creado por otros hombres con el mismo propsito y as infinitamente. Las objeciones que le hice desviaron el tema y la discusin sigui otro curso. Nunca volvimos a hablar sobre esto Mateo y yo, aunque s de otras cosas parecidas por lo que nunca olvid su peculiar obsesin. Aproximadamente un ao despus de tener esta conversacin, l reuni bastante dinero para retirarse y lo hizo, yo, que no comparta su suerte, continu trabajando e incluso me vi obligado a asociarme con otros tres amigos. Unas semana s antes de su muerte, tuve que viajar a un pas de Asia por un encargo especial. Cuando regres, me lo contaron todo. Lo encontraron ya comenzado el proces o de putrefaccin en su apartamento, con los trodos sobre la frente. No mostraba seales de violencia ni haba muerto de hambre o deshidratacin porque el suero pu esto en su vena no estaba siquiera

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mediado. Los resultados de la autopsia no revelaron qu pudo causarle la muerte, y la polica, que investig con cier to inters, no descubri nada Sin embargo, entre los que hallaron el cuerpo de Mateo, estaba un prroco que asegur que su cara tena una expresin de tan exaltada beatitud, de tan inhumano xtasis, que le fue muy difcil contemplrsela. Los dems hombres que acomp aaban al religioso reconocieron que, por alguna extraa razn, les result im posible mirar el rostro del muerto. Cinco aos han pasado desde entonces. Un a serie de sucesos, que me ha sido imposible ignorar tildndolos de coincidenc ias, han venido a sumarse a estos hechos dejando entrever una solucin fantstica y terrible. Los re fiero en el orden en que acuden a mi mente, no en el que han tenido lugar, pues muchas veces la memoria, al dar prioridad a un recuerdo sobre otro, reve la la dimensin oculta de las cosas. Primero, fue el recrudecimiento de la fe entre los mahome tanos, observable en el aumento del nmero de peregrinos que visitaban la Meca y en un regreso a las formas ms antiguas del culto. Como nica cau sa de este renacimiento religioso se mencionaba la exhibicin de la cabeza de un musulmn americano cuyo rostro ningn hombre impuro consegua mirar. Despus, co rri el rumor de un sbito inters por el fundamentalismo islmico entre los hackers, cosa curiosa porque, aunque supersticiosos, las religiones nunca han gozado de aprecio entre los piratas informticos. Algunos trataron de averiguar que haba detrs de todo eso, y pronto la gente comenz a hablar de una bsqueda de xito difcil, cuando no imposible, en el ciberespacio relaci onada de algn modo con cierto crneo que era objeto de veneracin en el santuario de Al. Consecuencia directa de todo eso, fue la aparicin de un centenar de artculos y reportajes sobre esta cabeza de rostro ins oportable. Dos cosas me asustaron: una, los trabajos ms inteligentes resultaban terriblemente vagos, acaso balbuceos de tericos enfrentados a un misterio que los sobrepasaba; la otra, es el hecho de que nadie mencionase la tcnica utilizada para conservar la carne de es e rostro de la inevitable corrupcin. Algo an ms inquietante quiero dejar registrado en estas pginas antes de terminar, es lo siguiente: creo haber consul tado todas, o casi toda s, las publicaciones que aparecieron sobre el tema y en ninguna ha ll una fotografa de esa cara increble, a pesar de que no faltaban aquellas en la s que se vea una multitud entregada a las extravagancias del fanatismo. Ahora pienso, y la idea me aterra, que esa foto tal vez se encuentre en alguna de las tantas revistas que le, invisible en su evidencia, indescifrable por la claridad con que expresa su mensaje, imposible por su descubierta realidad. Como consuelo me queda la inci erta esperanza, subterfugio ltimo que oponen a la vez mi escepticismo y mi cordura, de no haber mirado bien. Fabricio Gonzlez Neira (La Habana, 1973) Licenciado en Letras por la Universidad de la Habana. Ha publicado en diversas an tologas como Reino Eterno (Letras Cubanas, La Habana, 1999), Horiz ontes Probables (Lectorum, Mxico, 2000) y Artifex III (Gigamesh, Espaa, 2002). La muerte de Mateo Habba un claro homenaje a Jorge Luis Borges, integra la antologa de ciencia ficcin Secretos del futuro, de prxima aparicin.

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El jardn de los mundos que se ramifican: Borges y la mecnica cuntica Alberto Rojo University of Michigan Entrada al laberinto El 9 de julio de 1985, de pura casualidad, cruc unas palabras con Borges. Recuerdo la fecha porque era el da despus de mi casamiento y antes de partir para la luna de miel, mi mujer y yo habamos ido a saludar a mis padres que se alojaban en el hotel Dor, en la calle Maip al novecientos. Mi madre me tom del brazo y me acerc al comedor. Las mesas estaban vacas, salvo una, y ah estaba Borges, sentado junto a una mujer, que posiblemente fuera Estela Canto, con quien hablaba por momentos en ingls y por momentos en castellano. Dira que me sent en frente de un personaje ficticio y, paralizado por la fascinacin de comprobar que su figura se corresponda con las imgenes de la publicidad, lo examin como se mira a las estatuas, que no pueden devolvernos la mirada. Llevaba un traje oscuro, una corbata prolija, y en su plato haba un austero montculo de arroz blanco. Mi padre me convenci de que furamos a charlar con l. Esperamos que terminase de almorzar y cuando el mozo, que lo trataba de "maestro", le trajo una taza con un saquito de t, nos acercamos a su mesa. Mi padre inici el dilogo y Borges, que se mostr encantado con la idea de conversar, nos regal algunas fbulas de su erudicin. Habl de Dios, del minotauro, y critic duramente a Ortega y Gasset ("lo conoc en su visita a Argentina y me pareci cero"). Mi nica intervencin fue comentarle que algunos textos de fsica hacan referencias a su obra. Por entonces yo finalizaba mi licenciatura en el Instituto Balseiro, y en esa ocasin alud a las citas a "La lotera en Babilonia", donde Borges reflexiona sobre el azar y el determinismo. Borges me habl de su ignorancia en materia de fsica con una respuesta desconcertante que yo habra de citar hasta el cansancio en conversaciones informales con colegas. Una ancdota personal con Borges es una gran excusa para la vanidad; todo el mundo percibe que su fama es un universo en constante expansin por ejemplo, la biblioteca de la Universidad de Michigan tiene ms de quinientos libros sobre l, pero pocos saben que era un hombre accesible que hablaba igual con un notable como con un desconocido. Desde ese da me he encontrado con varias citas de Borges en textos cientficos y de divulgacin cientfica: menciones a "La biblioteca de Babel" para ilustrar las paradojas de los conjuntos infinitos (1) y la geometra fractal (2) referencias a la taxonoma fantstica del doctor Franz Kuhn, en "El idioma analtico de John Wilkins" (un favorito de neurocientficos y lingistas) (3) invocaciones a "Funes el memorioso"

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para presentar sistemas de numeracin (4) y hace poco me sorprendi una cita de "El libro de arena" en un artculo sobre la segregacin de mezclas granulares. (5) En todos estos casos se trata de ejemplos metafricos que dan brillo a la prosa opaca de las explicaciones tcnicas. Sin embar go, una notable excepcin la constituye "El Jardn de senderos que se bifurcan", donde Borges pr opone sin saberlo (no podra haberlo sabido) una solucin a un problema de la fsica cuntica todava no resuelto. "El jardn", publicado en 1941, se anticipa de manera prcti camente literal a la tesis doctoral de Hugh Everett III p ublicada en 1957 con el ttulo Relative State Formulation of Quantum Mechanics (6) y que Bryce DeWitt ha bra de popularizar como "La interpretacin de los muchos mundos de la mecnica cuntica" ( The ManyWorlds interpretation of Quantum Mechanics ). La curiosa corre spondencia entre un cuento y un trabajo de fsica es el objeto del presente artculo. Los senderos cunticos Las leyes de la mecnica cuntica de scriben el comportamiento del mundo microscpico; un mundo en el que los objetos son tan livianos que la presin de un rayo de luz, por tenue que sea, puede ocasionar desplazamientos bruscos. Esos objetos -tomos y molculas invisibles al ojo humanose mueven e interactan unos con otros de una manera cualitativamente distinta de como lo hacen las pelotas de tenis, los automviles, los planetas y el resto de la fauna del mundo visible. Veamos cmo. Tanto en la descripcin del mundo microscpico como en la del macroscpico es til hablar del estado de un objeto. Un estado posible de una pelota de tenis es: en reposo al lado de la red. Otro estado posible es : a un metro del suelo y movindose hacia arriba a una velocidad de un metro por segundo. En este lenguaje, especificar el estado de la pelota de tenis en un momento da do es entonces indicar su posicin y su velocidad en ese momento. Las leyes de la mecnica clsica, enunciadas por Isaac Newton, permiten predecir dado el estado de la pe lota de tenis en un instante inicial el estado de la pelota de tenis en todo instan te posterior. La secuencia de estados no es nada ms que la trayectoria de la pelota de tenis. En mecnica cuntica esta descripcin no funciona. Los tomos y otras partculas microscpicas no admiten una descripcin en la que indi car el estado de la partc ula en un momento dado se corresponda con indicar la velocidad y la pos icin: en mecnica cuntica, especificar el estado de una partcula en un momento dado es indicar una cierta funcin que contiene la probabilidad de que la partcula est en un cierto lugar con una cierta velocidad. Las leyes de la mecnica cunti ca, enunciadas en este caso por Erwin Schrdinger y Werner Heisenberg, permiten ca lcular los cambios temporales de esa funcin de probabilidad (o en trminos ms tcnicos, de la funcin de onda ). Los cambios de estado no son cambios de posic in sino cambios de la funcin de onda. Nos encontramos as con una de las revol uciones conceptuales de la mecnica cuntica: la prdida de la idea de trayectoria en favor de una desc ripcin en trminos de las probabilidades de las trayectorias. Pero la historia no termina ah. Al fin y al cabo, a menudo en nue stro mundo cotidiano nos enfrentamos a situaciones en las que el azar juega un papel crucial y cuya descripcin requiere un le nguaje probabilstico. Con el objeto de comparar dos visiones probabilsticas la clsica y la cun tica consideremos el ms simple de los experimentos aleatorios del mundo macroscpi co: Alicia tira al ai re una moneda y la

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retiene en su mano cerrada. Mara debe predecir si la moneda que Alicia oculta en su mano cay cara o cruz. Desde el punto de vi sta de Mara, el estado de la moneda (olvidmonos por el momento de su velocida d) podra describirse por una funcin de probabilidad (clsica) que indica que cada estado posible ,cara o cruz, tiene una probabilidad del cincuenta por ciento. Si bien Mara tendr que espe rar que Alicia abra la mano para saber si la moneda cay cara o cruz, es "obvio" que la moneda cay en una, y slo una, de las dos posibilidades y que la descripcin probabilstica en este caso cuantifica la ignorancia que tiene Mara del estado ,o de la posici, de la moneda. Cuando Alicia abre la mano, Mara comprueb a que la moneda cay, digamos, cruz. Por un lado podemos hablar tambin del cambi o de estado de la memoria de Mara, que pas de ignorar cmo cay la moneda, a saber que cay cruz. Por otro lado, en el proceso de observacin, el estado de la mone da no cambi: la moneda haba cado cruz y la observacin lo nico que hizo fue deve lar un resultado que exista de antemano. Comparemos este experimento con su equi valente microscpico. Si bien no existen monedas microscpicas, existen sistemas (tomos) que pueden estar en alguno de dos estados mutuamente excluyentes. El lector experto reconocer que estoy hablando del "espn" de un tomo, que puede tomar dos va lores: "arriba" y "abajo". Digamos que tenemos un tomo en una "caja" cerrada (que juega el papel de la mano de Alicia) y que sabemos que la funcin de onda del tomo corresponde un ci ncuenta por ciento para arriba y un cincuenta por ciento para abajo. En analoga con la moneda de Alicia, si abrimos la caja veremos el tomo en una de las dos posibili dades y si repetimos muchas veces el experimento preparando el tomo en el mismo estado inicial, comprobaremos que aproximadamente la mitad de las veces el espn est para arriba y casi la mitad de las veces para abajo. Hasta aqu las dos visiones pr obabilsticas coinciden. Sin embargo, la mecnca cuntica admite la posibilidad de que el tomo est en una superposicin de estados antes de ser obs ervado y en un estado definido despus de ser observado. Digamos que Mara ti ene ahora un detector capaz de abrir la caja y observar el espn del tomo. Despus del proceso de medicin no slo cambia la memoria de Mara sino que tambin cambia el estado del tomo La diferencia crucial estriba en que antes de que Mara lo observe el tomo est en una superposicin de los dos estados; y no tiene se ntido decir que est o para arriba o para abajo, porque el tomo est simultneamente en los dos esta dos. Esta peculiar caracterstica, que no tiene cabida en nuestra intuicin, nos pone en frente de otra de las revoluciones conceptuales de la mecnica cuntica: la prdida de la existencia de una realidad objetiva en favor de varias realidades que existen simultneamente. Para Niels Bohr, cuya visin conocemos como la interpreta cin de Copenhague y que representa la ortodoxia dominante, las entidades microspi cas difieren de las macrospicas en su status ontolgico; y el problema filosfico se term ina ah. En otras palabras, slo tiene sentido hablar del estado de una partcula microscpica una vez que sta ha interactuado con un aparato (macroscpico) de medicin. Pero entonces la dificultad se agrava, porque la teora cuntica pret ende ser una teora del mundo completa y unificada; y si contiene elementos alarmant es que desafan la intuicin en un nivel microscpico, no existe una manera de prevenir que estos efectos propaguen su infeccin al mundo macroscpico. La pregunta central, que resume el problem a de la medicin, todava hoy sin resolver, puede ser formulada en el contexto de nuestro ejemplo de la siguiente manera: Si tanto Mara como el tomo estn sometidos a las leyes cunticas; y si el tomo est en una superposicin de estados antes de la medicin y en uno bien definido despus

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de la medicin, cul es el mecanismo por el cual el tomo "elige" un estado y no otro? El consenso generalizado es que la solucin de este dilema excede a la mecnica cuntica (7) desborda una de las te oras de la fsica con ma yor poder explicativo y de prediccin. La nica "solucin" a la paradoja estara en la teora de Everett que, si bien propone una salida coherente, es demasiado rebuscada para el gusto de algunos fsicos que la acusan de "placebo verbal" (8) "extravagante" (9) y de acarrear "demasiado equipaje metafsico" (10) Llegamos a la encrucijada central del laberinto: o aceptamos que la mecnica cuntica es incompleta o aceptamos la resistida teora de los mundos paralelos de Everett y DeWitt, en cuyo cas o el mundo sera precisa mente el laberinto de Ts'ui Pn, que: crea en una serie de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Es a trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secu larmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayora de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos (O bras Completas, I: 479). Las bifurcaciones de Ts'ui Pn y la s ramificaciones de Hugh Everett III. En el prlogo de Ficciones Borges nos advi erte que "El jardn de senderos que se bifurcan" es una pieza policial. Yu Tsun, espa y protagonista de la historia, debe transmitir el nombre de una ciudad a los of iciales alemanes. Acosado por el implacable capitn Richard Madden, decide comunicar su mensaje matando al sabio sinlogo Stephen Albert, porque su apellido es igual al nombre de la ciudad que los alemanes tienen que atacar. As, cuando los diarios brit nicos publicasen la noticia del asesinato de Albert en manos de un desconocido, los al emanes recibiran el mensaje. Yu Tsun encuentra la direccin de la casa de Albert en la gua telefnica y, una vez all, por obra de una fortuita coincidencia borgean a, Albert reconoce a Yu Tsun como el bisnieto de Ts'ui Pn, un astrlogo chino que ha escrito un libro extraordinario: El Jardn de Senderos que se Bifurcan Ts'ui Pn se haba propuesto dos tareas inconcebibles: construir un laberinto infi nitamente complejo y escribir una novela interminable. Despus de su muerte se pens que haba fracasado por cuanto la existencia del laberinto no estaba clara y la novela no slo estaba incompleta sino que resultaba absurda e incoherent e (por ejemplo, algunos personajes moran y reaparecan en captulos posteriores). Para sorpresa de Yu Tsun, Albert le revela que ha descubierto el secreto de la enigmtica novela: el libro es el laberinto, y el laberinto no es espacial sino temporal. El jardn es la imagen del universo tal como lo conceba Ts'ui Pn, y si aceptamos la hiptesis de Everett, el mundo es un jardn de senderos que se bifurcan. Volvamos al experimento de Mara y el tomo. Segn la teora de los muchos mundos, en el momento en el que Mara toma consci encia de que el tomo est en un estado definido, el universo se divide en dos copias casi idnticas: en una de ellas el espn apunta hacia arriba, en la ot ra el espn apunta hacia abaj o. En cada medicin cuntica el universo se ramifica, con una com ponente por cada resultado posible del experimento. En uno de los universos la memo ria de Mara se corresponde con el espn para arriba; en el otro, con el espn para abajo. La secu encia de las configuraciones de

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la memoria de Mara, o la "trayectoria" de las memorias es diferente en cada uno de los universos. Los dos autores presentan la idea central de maneras llamativamente parecidas. En la seccin 5 del artculo original, Ever ett dice (la traduccin es ma): La "trayectoria" de las conf iguraciones de la memoria de un observador que realiza una serie de mediciones no es una secuencia lineal de configuraci ones de la memoria sino un rbol ramificndose ( a branching tree ), con todos los re sultados posibles que existen simultneamente (321). Y en "El Jardn", Borges dice: En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta po r una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts'ui Pn, opta "simultneamente" por todas. Crea as, diversos porvenires, diversos tiempos, que tambin pro liferan y se bifurcan (Obras Completas, I: 477). Ahora bien, dnde estn todos estos unive rsos? Una respuesta es que pueden estar "aqu", donde est "nuestro" universo. Segn la teora estos universos no interactan, de manera que no hay razn para excluir la posibilidad de que estn ocupando el mismo espacio. Otra respuesta es que los un iversos estn "apilados" en una dimensin adicional de la que nada sabemos (11) Esta posibilidad debe distinguirse de las "infinitas dimensiones de tiempo" de las que habla Borges en su ensayo sobre J. W. Dunne, en Otras Inquisiciones. Segn Dunne (12) cuyos escritos son acaso la inspiracin de la idea de que el tiempo se bi furca, esas dimensiones son espaciales e incluso llega a hablar de un tiempo perpendicular a otro Esa "geometrizacin" no tiene cabida en la teora de los muchos mundos, y es por cierto distin ta del tiempo ramificado de Ts'ui Pn. Borges parece ser entonces el primero en form ular esta alternativa al tiempo lineal. La otra posibilidad, la de un tiempo cclico, tiene numerosos antecedentes en culturas arcaicas (13) y en literaturas a las que Borges hace detallada referencia en varios escritos. Con los tiempos mltiples la histor ia es diferente: "Hume ha negado la existencia de un espacio absoluto, en la que tiene lugar cada cosa ; yo, la de un solo tiempo, en la que se eslabonan todos los hechos Negar la coexistencia no es menos arduo que negar la sucesin" (14) (las cursivas son mas) (Otras Inquisiciones, 202). Mientras compilaba el material para este ensayo le pregunt a Bryce DeWitt, que ahora est en la Universidad de Texas en Austin, si l tena conocimiento de "El Jardn de senderos que se bifurcan" al escribir el artculo de 1971 donde acua el trmino "muchos mundos". Me contest que no, que se enter del cuento un ao despus por medio de Lane Hughston, un fsico de la Universidad de Oxford. En efecto, en una recopilacin de artculos editada por DeWitt y publicada en 1972, donde se incluye una versin ampliada del trabajo original de Everett aparece un epgrafe en el que se cita a "El Jardn". Finalmente, qu nos ensea este asombroso paralelismo? Al fin y al cabo las coincidencias existen y a veces inducen a confundir correlacin con causa y efecto, o similitud con representacin (15) En mi opinin, el parecido entre los dos textos nos muestra de qu manera extraordinaria la mente de Borges estaba inmersa en el

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entramado cultural del siglo veinte, en esa complejsima re d cuyos secretos componentes se ramifican ms all de los lm ites clasificatorios de cada disciplina. La estructura de ficcin razonada de los cuen tos de Borges, que a veces parecen teoremas con hiptesis fantsticas, es capaz de destilar ideas en proceso de gestacin que antes de convertirse en teoras hacen escala en la literatura. Y as como las ideas de Everett y DeWitt pueden leerse como ciencia ficcin; en "El Jardn de los senderos que se bifurcan", la ficcin puede leerse como ciencia. Si en aquella maana de julio me desconcer t la respuesta de Borges, hoy la entiendo como una metfora reveladora de lo que puede saberse sin saber que se sabe. Recuerdo que dijo: No me diga! Fjese qu curioso, por que lo nico que yo s de fsica viene de mi padre, que me ense cmo funcionaba el barmetro. Lo dijo con una modestia casi oriental, movi endo las manos como si tratara de dibujar ese aparato en el aire. Y luego agreg: Qu imaginativos son los fsicos! Notas 1. Ver por ejemplo R. Rucker, Infinity and the mind (Boston: Birkhuser, 1982). 2. F. Merrell, Unthinking Thinking, Jorge Luis Borges. Mathematics, and the New Physics (West Lafayette: Purdue University Press 1991). 3. S. Pinker, How the Mind Works (New York. W. W. Norton, 1997). 4. Philip Morrison, "The Physics of Binary Numbers" Scientific American Febrero de 1996: 130. 5. H. A. Makse y otros, "Dynamics of granular stratification" Physical Review E. Vol. 58 (1998): 3357. 6. H. Everett III, Reviews of Modern Physics Vol. 29 (1957): 454. 7. Por el contrario, en el experi mento clsico de Alicia y Mara, las leyes de Newton son capaces de predecir la trayectoria de la moneda desde el momento en que sta sale de la mano de Alicia hasta el momento en que cae: si bien es un prob lema muy difcil, si supiramos con absoluta precisin (sobre la que la mecnica newtoniana no impone restriccione s) el ngulo y la velocidad con que sale, y las posiciones y velocidades de las molculas de aire que chocarn con la moneda, podramos en principio pred ecir si la moneda caer cara o cruz. 8. A. J. Leggett, The Problems of Physics (Oxford: Oxford University Press, 1987) 172. 9. J. S. Bell. Speakable and unspeakable in quantum mechanics. (Cambridge: Cambridge Universituy Press, 1987) 133. 10. Ver por ejemplo A. Rae, "Chapter 5", Quantum physics, illusion or reality? (Cambridge: Cambridge University Press 1986). 11. J. W. Dunne, An experiment with time (N ew York: The MacMillan Company, 1949). 12. B. C. Sproul, "Sacred Time", The Encyclopedia of Religion. Mircea Eliade, ed. (New York: MacMillan, 1987). Ver tambin M. Eliade, El mito del eterno retorno (Buenos Aires: Emec, 1952) 34. 13. J. L. B. "Nueva Refutacin del tiempo", Otras Inquisiciones (Buenos Aires: Sur, 1952) 202. 14. B. S. DeWitt y N. Graham, The Many-Worlds Interpretation of Quantum Mechanics (New Yersey: Princeton Univer sity Press, 1973). 15. F. Capra en su famoso libro The Tao of Physics (B oulder: Shambhala, 1975) cae a mi juicio en esa trampa al sacar conclusiones a partir de ciertos "paralelos" entre la fsica moderna y antiguos misticismos.

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Agrippa ::: William Gibson Agrippa fue escrito en 1992 y "escap" al ciberespacio independientemente; iba a formar parte de un curioso proyecto multimedia que no se llev a cabo: un disquette que tras mostrar el poema deba devorarse a s mismo! Para una mejor comprensin del poema, conviene saber que Agrippa es el nombre de un modelo de lbum de Eastman Kodak en el que el padre de Gibson guardaba sus fotografas. I Dud antes de desatar el lazo que mantena unido a este libro. Un libro negro: ALBUMES CA. AGRIPPA Ordene hojas extra por Letra y Nmero Un lbum Kodak de papel obra negro quemado por el tiempo. El cordel que us Se ha ido deshilachando con los aos y el clima seco de los bales Como un cordn de zapato de mujer de la Primera Guerra Mundial Sus puntas metlicas carcomidas por el oxgeno Hasta dejarlas como ceniza de cigarrillo En el interior de la cubierta inscribi algo en grafito blando Que ahora se ha perdido Luego su nombre W. F. Gibson Jr. y algo, coma, 1924 Engom luego sus copias Kodak por detrs y escribi debajo de ellas en lpiz blanco que parece tiza: El aserradero de Pap, Ago. 1919. Un cobertizo de techo plano Contra una cordillera montaosa En el fondo estn tiradas tablas y cabos de madera l debe de haber olido la brea, en agosto El dulce y caliente tufo De la sierra elctrica Cortando las dcadas Al lado el spaniel Moko

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Moko 1919 Posando en una pequea banca o mesa Delante de un rbol del patio trasero Su pelaje es lustroso El pasto necesita que lo corten Ms all del rbol En una espeluznante claridad Kodak, Estn las veraniegas escaleras de se rvicio de Wheeling, West Virginia Alguien se dej afuera una escalera de mano de madera Ta Fran y [desconocido] Aunque no lo es, este seor Tiene una G en la hebilla del cinturn Un prendedor en la sola pa de origen masn Un lpiz mecnico patentado Una pluma fuente Y las flores tras las cuales ellos posan tan slidamente Echan sus races en un tramo de cao de cloaca De concreto blanqueado y puesto en vertical Papi tena un caballo llamado Dixie Ford sobre Dixie 1917 Una manta de montar marcada con una estrella solitaria Pantalones de corderoy Una montura vaquera Y una gorra de tela Orgulloso y feliz Como cualquier chico puede estarlo Arthur y Ford pescando 1919 Sacada por un adulto (Ntese la mano firme que captura las flores salvajes las sombras en sus amplios sombreros de paja los reflejos en una verja de metal) parado frente a ellos, en el otro extremo del estanque entre los curanderos y el barro, Kodak en mano, Ford padre? Y Mama julio, 1919 camina junto al estanque con enormes zapatos blancos de paseo, La cartera embutida detrs de ella, Mientras o Ford o Arthur, an con sombrero de paja, Arrima un coche de viaje con techo de lona. Mama y la seora Graham en el criadero de peces 1919 Mama y la seora G. se sientan s obre un gracioso arco de cemento.

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Arthur sobre Dixie, tambin 1919, bastante molesto En el tejado detrs del granero, detrs de l, Puede leerse esta crptica inscripcin: H. V. J. M [?] El aserradero de Pap 1919 mi abuelo lo ms regio en medio de un desastre de madera cortada, fcilmente podra tratarse del registro de alguna demolicin posterior, y sus mangas de algodn estn enrolladas pero no ms all del codo, a rayas, con una banda blanca para agregar un cuello postizo. Detrs de l se eleva un cono de aserrn de unos 10 metros de alto. (Cmo se sentir revolcarse en eso, o cmo huele cuando est hmedo) II El mecanismo: latn negro estampado Cuerina sobre cartn, pedazos de madera de boj Una lente El obturador se cierra para siempre Dividiendo aquello de esto. Ahora en cuartos de techos altos, desocupados, no visitados, en los cajones del fondo de escritorios venerables en fra oscuridad qumica se arquean montajes conmemorativos de los muertos del pas en la Guerra Mundial, como yo mismo descubr algn verano en un bal de un tico, y debajo de eso, el tesoro de todo chico, opacas municiones de verdad, pequeos trocitos reales de la guerra pero tambin el propio mecanismo. El acabado azul de las armas de fuego es un proceso, controlado, derivado del xido comn pero all una patina tan rara y extraa tantos aos no tocada hasta que yo la tom y baj, en trance, por la escalera sin pintar, al hall donde juro que jams o el primer disparo. La esquirla enfundada en cobre recuperada en el cilindro de cartn de sales de Morton del bao no estaba deformada excepto por las marcas ligerament e brillantes de aplanamientos

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y muescas tan calientes, energa estacionaria, me ampoll la mano. La pistola tirada en la polvorienta alfombra. En extremo pavor regreso y la levanto tan cuidadosamente que el segundo disparo, tambin no intencional, hizo mella en la baranda de madera dura y revivi un extrao y brillante aroma a savia antigua en un rayo de polvorienta luz solar. Absolutamente solo en plena conciencia del mecanismo. Como la primera vez que posas tu boca sobre una mujer. III Desfiladero de hielo en Wheeling 1971 Un puente de hierro a lo lejos, ms atrs una ciudad. Hoteles donde los cafishios manejaban sus negocios en las veredas de un mundo perdido. Pero el primer plano est en foco, esta esquina de gtico de carpintero, estos jardines traseros des cendiendo hasta lo congelado. Barco de vapor en el ro Ohio, su humo inmundo y oscuro, de fecha desconocida, detrs la orilla lejana sobrepoblada de fbricas. Nuestra casa en Wytheville, Sept. 1921 Se mudaron de Wheeling y mi padre est usando sus ropas de ciudad. La calle principal no est pavimentada y un farol el ctrico cuelga en lo alto del cuadro, centrado sobre la huella en el polvo en un cable flojo, sugiriendo la forma en que se balanceara con un fuerte vient o, las sombras que arrojara. La casa es pesada, nada atra ctiva, enfundada en estuco, no nativa de la regin. Mi abuelo, que les venda provisiones a los constr uctores, se inclinaba por los materiales modernos, los cuales utilizaba con entusiasmo de mayorista. En 1921 reemplaz el tramo de calle de ladrillos del frente de la casa con el ancho y liso lajn de cemento volcado, firmando esta mejora con una rbrica, W. F. Gibson 1921 Crea particularmente en el hormign y en la madr e enchapada. Setenta aos ms tarde su firma permanece, la laja mantenindose perfectamente a nivel y sin encantos entre mohosos tramos de dulces ladrillos desparejos que conocieron los zapatos de acero de

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los caballos yanquis. Mam Ene. 1922 ha salido a barrer el hormign con una escoba. Sus botas estn cerradas por botones que requieren un instrumento especial. Otro desfiladero de hielo, en el Ohio, 1917. El mecanismo se cierra. Un recorte ajado ofrece un DeSOTO FIREDOME de 1957, Sedn de cuatro puertas, radio a perillas, calefaccin y transmisin hidrulica y frenos, neumticos nuevos. Un dueo. $ 1.595. IV l lleg a la era de la radio a perillas pero no mucho ms que eso, y nunca en aquel pueblo. Me toc a m conocer la calle principal con Rockets ochenta y ocho haciendo fila, el kiosco con planchas de madera en el piso pasteles bajo plstico en la fuente de sodas, y el misterio no contado, la otra cosa, percibida en el crujir de un cartel luego de la medianoche cuando nadie estaba all. En el polvo fino como talco debajo de la plataforma de Nortfolk & Western descansaban mone ditas sin ser molestadas desde el amanecer del Hombre. En los bancos y en el tribunal, un tiempo fsil prevaleca, siglos de piedra caliza. Cuando me fui a Toronto como recluta, mi Oficina Local estaba all en la calle principal, sobre un negocio que compraba y venda pistolas. Una vez le cambi a un hombre una derringer por una Walther P-38. Las pistolas estaban en la ventana detrs de una cortina ambarina como anteojos de sol. Yo tena diecisiete o algo as pero bsicamente creo que tenas que ser un chico blanco. Yo haca dedo hasta un pozo de pizarra y disparaba diez dlares de 9mm a travs de la piedra tan gastada que apenas tenas que oprimir el gatillo. Aburrido, intent dispararle a un arroyo distante pero una de las balas rebot hacia m en una roca redonda del ro cortando ramitas de una rama del nogal a dos pies sobre mi cabeza. Y as record el mecanismo.

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V En la estacin de mnibus abierta toda la noche vendan huevos revueltos a los policas montados estatales las largas y delgadas navajas llamadas cuchillos fruteros que eran caladores de sanda con mango perlado y chucheras montaesas de barnizada madera oscura que se hacan en Japn. Al principio iba all de noche solamente si el paquete de Camels de mam se acababa, pero gradualmente empec a valorar la luz submarina, el extrao tufo de la larga caravana humana, los extraos directamente desde Port Authority yendo a Nashville, Memphis, Miami. A veces el sheriff los vigilaba al bajar para estar seguro de que volvieran a subir. Cuando el bao para negros no fue ms necesario voltearon el tabique de yeso y ampliaron el puesto de revistas hacia nuevas dimensiones, una fra caverna fluorescente de sueos oliendo ligeramente y para siempre a desinfectante, quizs tambin a los viajados temores de aquellos oscuros e incontados otros que, por moverse como contornos de hierro ardiente, estuvieran hechos por los tanto para bailar o no bailar segn decidiera la ley. Fue aqu donde qued marcado como escritor, al descubrir en aquel retrete ejemplares de ciertas revistas esotricas y preciosas y, s, supe entonces, supe por completo del trato sellado para siempre en mi corazn, aunque cmo nunca lo supe ni lo sabr. Caminando a casa a travs de las inmviles calles tan tranquilas que poda o r los relojes de los se mforos a una cuadra: el mecanismo. Nadie ms, slo el silencio desparramndose hasta donde los enormes camiones geman

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en la ruta los deseos de su s vastas y brutas almas. VI Debe de haber una verdadera ltima vez en la que vi a la estacin pero no lo recuerdo Recuerdo el duro saco negro de piel de caballo que me regal en Tucson un pibe llamado Natkin recuerdo el fro recuerdo el morral del ejrcito que se me perdi y el negro en Buffalo que me quera vender un refinado anillo de diamantes, y la cafetera en Washington donde escuch la conversacin de un hombre con una corbata negra bordada con rosas rojas que estuve buscando desde aquel entonces. Algo me habrn preguntado en la frontera fui aceptado por alguna razn y detrs de m se balance la persiana de latn estampado a travs del mismsimo cielo y fui libre para encontrarme en un laberinto de ladrillos victorianos entre t con leche dulce y el humo de un cigarrillo llamado Gato Negro y todas esas desconocidas marcas de chocolate y chicas con flequillos despuntados ni siquiera norteamericanas mirando desde altas y angostas ventanas en la nieve que se derrite de la ciudad no soada y en la gracia revelada del mecanismo, un viaje sin retorno. Tiraron abajo la estacin de mnibus hay cadenas all ningn micro se detiene all y estoy caminando a travs de Chiyoda-ku en un tifn la fina lluvia horizontal el paraguas trastornado en el alie nto Pacfico de la tormenta esta noche las linternas rojas estn maltrechas. riendo en el mecanismo. (Tomado de WWW.laideafija.com.ar )

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La hora de la Sociedad Red Documento Larnaka, ponencia identidad para la Asamblea Ciberpunk 2005 Una aproximacin al movimiento ciberpunk en Espaa Indice Cultura de masas vs cultura documental La tecnologa como campo de batalla Libertades y redes Polidentidad e institucionalizacin del individuo Pluriarqua y netocracia Un objetivo para el ciberpunk en Espaa De la cada del Muro al 11M: 15 aos de ciberpunk espaol 1989, en los das de la cada del Muro, Berln es el centro del mundo. Un gran sumidero por que el que desaparecern bajo los cascotes 40 aos de Guerra Fra, smbolos y miseria. A poca distancia del Muro, en las zonas alternativas de aquel cogollito bullente, tenamos nuestra primera conexin a Internet. Disfrutbamos por primera vez la sensacin de las redes, esa nueva libertad que converta en real aquellos juegos de rol de los que ramos practicantes habituales. Redes de personas, (los ordenadores en Internet son herramientas, no sujetos), que no respetaban aquellas rgidas fronteras fsicas, ideolgicas y sociales que a pocos metros de nosotros caan a pedazos. Ninguna ideologa tradicional haba predicho aquello, nada lo explicaba. Haba que vaciar la biblioteca y comenzar de cero. Buscar nuevos referentes que valieran en cualquier parte del mundo, que reconocieran sus propias limitaciones para entenderlo. Lo nico entonces, que se acercaba siquiera a retratar el nuevo mundo que se estaba formando era una nueva literatura que vena del otro lado del Atlntico: el ciberpunk. Ciencia ficcin que retrataba aquel mundo a medio cocer que se formaba

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ante nuestros ojos y en el que el futuro, los futuros en los que nos haban educado la mirada, desde el socialismo a la guerra nuclear quedaban atrs como trastos viejos. Cultura de masas vs cultura documental Si la alta cultura, la buena aquella en la que nos haban educado y habamos estudiado con devocin de estudiante de madrasa, no se haba enterado de po r dnde iba el aire, lo primero que tenamos que hacer era ente nder por qu. La msica, el teatro, la novela que entonces veamos como gran cultu ra no tenan una influencia real en el consumo o la cotidianidad del mundo desde pr incipios de siglo. Er a un territorio de crticos y lites que compraban con la obra la pertenencia a un grupo de prestigio. En artes plsticas, seguramente las ms avanza das en este proceso de separacin de la realidad, los crticos y los mercados valo raban las obras no como objetos de consumo que reportaran ms o menos placer, sino por su futura influencia sobre las futuras vanguardias, es decir, como documentos de una evolucin artstica que no tena nada que ver con la evolucin real del mundo. El mercado plstico se haba convertido en un mercado de futuros sobre antigedade s y al hacerlo ha ba convertido en antigedades prematuras a t odas sus creaciones Todo el pensamiento ligado a esas formas artsticas, toda la gran cultura europea no poda servir para entender algo diferente a su propio aislamiento. Dnde mira r? La alternativa era obvia: la cultura de masas. Pero la cultura de masas era el terre no de un nuevo monstruo: los oligopolios mediticos. El cine, la televisin, la pub licidad, la msica popular... estaban filtrados por sus propios difusores y difcilmente podran haber llegado a predecir nada, no digamos a ofrecer algo nuevo. Slo el c mic y la novela pulp podan generarse y alcanzar una difusin real desde las redes. La naciente Internet les daba adems posibilidades increbles: Eliminaba los costes de impresin y distribucin!! Los ltimos lazos de dependencia con el mundo industrial. No era casualidad que slo entre los autores ciberpunk encontrsemos un reflejo de nuestro mundo. Con aquella motivacin adems no podamos c oncebir la literatura ciberpunk ms que como un smbolo, una maqueta de un planteam iento ideolgico, en palabras de Iigo Medina, como una suerte de desarrollo orgnico efectivo de ideas polticas. Entendamos nuestros relatos, como los de Gibson, Sterling o poco despus Stephenson y Cadigan, como modelos analgico s, escenarios sociales en los que la plausibilidad del relato serva para mostrar la plausibilidad de la evolucin social real hacia tal o cual cosa. Los ciberpunks es cribimos muchos relatos aparentemente intrascendentes y ensayos liger os, sobre todo si los contra stamos con los plumbeos y esotricos anlisis de la progresa inte lectual europea. Bast a contrastar nuestra enredadera 1 con el rizoma de Deleuze y Guattari, o la relacin entre el pblico y nuestras novelas con las de WuMing (un Negr i colectivo y pedaggico propio de los das de la Revolucin Cultural) para darse cuenta de que nuestra reivindicacin de la cultura de masas no tiene nada de la lgica agitprop del bolchevique el antiglobi o el cristiano comprometido, todos con su solida ridad de intelectua l que se acerca al pueblo, sino que es nuestro terreno natura l de comprensin y act uacin en el mundo... como el de la mayora de la gente. Pero la inmersin en la ciencia ficcin tie ne consecuencias. A me diados de los 90 la revolucin Internet empieza a llegar a Espaa. Aparece entonces Ciberpunk.com, 1 Como una enredadera y no como un rbol, dispon ible en versin electrnica en www.ciberpunk.com

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como un e-zine de ciencia ficcin y pe nsamiento. La omnipresencia del cambio tecnolgico en la actualidad relatada por lo s media, unida a las primeras experiencias profesionales y laborales en la red de miembros del grupo, van transformando y acelerando nuestras vidas cotidianas y con ellas nuestra visin del mundo. Gibson escribe: tenamos la sensacin de vivir en un perverso experimento de darwinismo social, ideado por un inves tigador aburrido que mantuviese el dedo permanentemente apretado en el botn de avance rpido. Nuestro carcter de adelantados, que nos va dando cancha social co mo tecnlogos en un pas sin cultura ni tradiciones tecnolgicas, nos va llevando a una situacin en la que poco a poco el mito del futuro sustituye a la invencin del pasado como base para la creacin de identidades colectivas. El futuro influy e ms en el presente que el pasado. El futuro deseado, no el real. Podemos deci r que el movimiento ciberpunk, tanto en literatura como en sus aspectos prcticos y polticos ha basado su estrategia en el poder derivado de la aceptacin social de su relato del futuro. Convertimos la formas pulp del discurso tecnolgico en un instru mento consciente para la elaboracin de mitos colectivos. La tecnologa como campo de batalla. De un modo imperceptible, la fusin de vida trabajo y red, nos llevaba a la fusin de literatura y puntos de vista polticos. Nos to rnamos inclasificables desde el punto de vista del eje derecha-izquierda, as como en relacin con los referentes intelectuales en los que ste se apoya, y sentimos a nuestra v ez ajeno y extrao ese ej e, un mito intil ms, una cscara de las muchas que han sobrevivido, vacas, al 89. La clave est en que al construir desde mito s de futuro, la tecnologa se nos presenta tan importante para las libertades en el si glo XXI como lo fuera la economa en el veinte o la formacin de los estados naciona les en el diecinueve Algo que a fin de cuentas ya estaba implcito en una de las primeras mximas del grupo (bajo toda arquitectura informacional se oculta una estr uctura de poder), con la que reflejbamos una idea luminosa que habamos encontra do en el ciberpunk americano, que la tecnologa no era neutral, que el poder t ecnolgico en manos de grandes empresas y estados, es decir, de aquellos que m onopolizaban el poder econmico, meditico y poltico, poda ser sumamente peligrosa para las libertades individuales. La lgica inicial del grupo, y del ciberpunk en general de la primera mitad de los noventa puede verse bien en la siguient e declaracin que inauguraba ciberpunk.com todava en 1996: Muchas veces vemos asociados ciberpunk, hack ing y criptografa, esto es porque en realidad hacking y criptografa son dos car as de un mismo movimiento frente a las posibilidades totalitarias de las tecnologas de la informacin: si el hacking busca liberar la informacin (La informacin quier e ser libre!!) como forma de minar el poder de su concentracin por parte de los grandes grupos de poder, el cifrado y la criptografa protegen al indi vduo de estos mismos poderes en su intento de violar la intimidad para aumentar su poder de control social. Esta visin, de resistencia, habra de cambiar cuando el movimiento ciberpunk descubra la pica latente bajo el software libre como nueva forma de liberar la informacin, un nuevo marco en el que la informacin quiere ser libre pasa a tener un significado completamente nuevo, del asalto a la creacin, de la de fensa criptogrfica

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al marketing de red, del enroque resistente a la ofensiva social: La pica soada de los vaqueros de consola en Neuromante es un callejn sin salida. Solo cuando el movimiento hacker comience a desarrollar su primera gran propiedad colectiva, GNU Linux, la nueva lgica eclosionar en una nue va forma de propiedad: la licencia GPL, la forma jurdica del software libre. Del asal to a la creacin, de la resistencia a la afirmacin, la potencia de la info libera da en redes abiertas, seducir a un mundo previamente conquistado y defendido por los nuevos gigantes del software y los multimedia. El descubrimiento de la potencia social y econmica del software libre nos llevar a una reflexin ms profunda: El mundo tiende a organizarse cada vez ms al modo de una comunidad de software libre y existe una razn econmica profunda para ello: al tener cada da ms valor en la produccin global los componentes cient ficos y creativos, la organizacin de esa produccin tiende hacia las formas propias del trabajo acadmico y artstico, la Academia y la Repblica de las letras. A lo largo de los captulos de Como una Enredadera y no como un rbol esbozamos como esos cambios han ido apuntando en los ltimos treinta aos, produciendo choques con el estado y las grandes corporac iones monopolsticas en cada terreno en el que la tecnologa se democratizaba. Desd e la criptografa a la msica pasando por el hipertexto o la literatura. A esos choques, enfrentamientos polticos, legales y de competencia es a lo que hemos llamado Las Gu erras de la Sociedad de la Informacin. En ellas hemos visto aparecer un nuevo tipo de hroes muy parecidos a los de las novelas ciberpunk (Diffie, Stallman, BernersLee, Kapor, Barlow...), tekis y freakies individualistas y libertario s, y un nuevo tipo de vill anos no menos gibsonianos (gobiernos, agencias y gr andes corporaciones audiovisuales e informticas), empeados en monopolizar las nuevas t ecnologas para apuntalar su poder de control sobre el imaginario y la realidad social. Siguiendo un guin que bien podra ser de Gibson o Sterling, la parte central de esas guerras se han dado en un te rritorio virtual: el ciberespacio, que en su propia estructura representa el ideal de vida coope rativa y libre de la nueva tribu emergente: los netcratas. Los netcratas representan el modo de vida y las aspiraciones ptimas de una sociedad que se organiza segn los pr incipios de una comunidad de software libre o de la academia. Como los burgueses de la Edad Media, viven rodeados en sus ciudades por el viejo mundo y comercia ndo con l, pero sabiendo que cada intercambio pone una semillita que con el tiempo dinamitar el orden social del entorno: puede que el viejo mundo vea gratis donde ellos ven libre, pero da igual, la gratuidad es slo un caballo de Troya de la libertad y ellos lo saben y lo usan. Porque la gratuidad es un signo orgullo so de su poder emergente y su diferencia. No hay en el copyleft o en las licencias GNU una re nuncia a la propi edad, sino un uso extremadamente radical de ella. Un uso destinado a socavar los principios econmicos morales y polticos del capitalismo monopolis ta desde el ms libre de los mercados: Internet. Hemos visto cmo ese uso radical de la propiedad y las herramientas de mercado tienden a disolver o negar instituciones co mo el estado nacional o la empresa, tericamente slo justificables como violaciones de partida de los modelos de competencia libre y perfecta. Configurando nuevos espacios divers os y reticulares, nuevos escenarios urbanos y profundos cambios en la cotidianeidad.

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Esta idea de proceso histrico, ajena hasta hace poco al movimiento ciberpunk, nos ha llevado a lo que Ii go Medina llama un cierto espiritu alismo. La valoracin de las ideas por si mismas y el reforzamiento de l papel de nuestros textos y relatos como origen y reflejo de mitos colectivos. La idea es algo as como: no queremos poder, no queremos ser los que construyan la materializac in de esas ideas que estn en el aire, queremos influir en las id eas, construir nuestro troc ito del nuevo imaginario colectivo... y que cada cual, por si mismo, interprete, malee y moldee sus propios ensayos. Una concepcin muy alejada de la lgica piramidal de lo poltico y sus estructuras de mando, pero a fin de cuentas muy lgico para un grupo que nunca ha dejado de ser un grupo literario. Libertades y redes Desde 1999 la influencia de Ju an Urrutia es clave en la evolucin ideolgica del grupo. Juan Urrutia, economist a acadmico y autor, no slo es el introductor en Espaa de la Economa de la Cultura, sino tambin de la Teora de Redes. De sus reflexiones sobre reticularida d, libertad y fraternidad surge una crtica al concepto tradicional, romntico, de libertad. El concepto romntico de libertad est ligado a una forma de vida social en la que slo el nico campo de socializacin real es estr ctamente fsico: la comunidad articulada en un espacio geogrfico concreto. Constr eida la expresin por la posibilidad fsica del castigo, la libertad se antoja algo esencial, profundo. El cost e de salida de la comunidad es inmenso y lgicamente el antagonismo entre el individuo y estado/sociedad es algo que atae a los lmite s de esa naturaleza esencial. El individuo en este marco es a fin de cuentas una verdad era identidad (por eso se piensa esencial) porque a cada cuerpo slo corresponde un entorno, una personalidad y una comunidad en la que desarrollarse. Las redes virtuales en cambio, multiplicando los espacios de relacin casi a voluntad, sin costes de huida, permiten vivir una dulce esquizofrena (que luego llamamos polidentidad) en la que cada uno es muchos porque pue de desarrollarse de formas diferentes en otras tantas comunidade s simultneamente. Huir, ser expulsado, no supone un dao a la existencia econmica ni fsi ca. En ese entorno la libertad es algo no esencial y torturado, sino superficial y go zoso. Libertad es la posibilidad real de cambiar de red y cambiar de ser, de vivir de modo efectivo tantas identidades como facetas tengan nuestros deseos de so cializacin, comunicacin y proposicin. Polidentidad e institucionalizacin del individuo Pero la red no multiplica slo las posibil idades de eleccin y cohabitacin entre identidades colectivas, la polidentidad ll ega mucho ms all: lleva al mximo un cierto tipo de libertad ligado al desarrollo tecnolgico. "Libertad" tiene aqu un significa do muy especfico: individualizacin e independencia respecto de la s instituciones. La red ofrece, efectivamente, numerosos modos de explotar la identidad individual donde el uso de nicks no es un obstculo, sino al contrario un incentivo, y tambin una nueva manera de contrarrestar el peso de las instituciones: no individualizndolas, sino institucionalizando el individuo. Suena retorcido, pero no lo es.

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As como la imprenta supuso una descentralizacin de los focos generadores de opinin, disolviendo progresivamente las uni versidades como brazos eclesisticos para transformarlas lentamente en brazos estatales, internet ofr ece la posibilidad de hacer lo propio con los centros de poder actuales. Podemos publicar y llegar a un pblico afn (c onstruyendo por tanto una identidad) sin tener un peridico, siendo peri dico nosotros mismos en la web. Podemos lanzar un programa y hasta un sistema operativo, contar con decenas de colaboradores en todos los mbitos e incluso llegar a convertirlo en un estndar sin tener una multinacional del software. Podemos abrir un centro de estudios o de documentacin sin ser una biblioteca o disponer de una universidad. Podemos editar libros y discos del mismo modo, poner en marcha movilizaciones sociales modas o identidades... da igual, lo radicalmente nuevo es que no necesitamos de la mediacin de las grandes instituciones que hasta ahora ha ban dominado nuestras vidas. Ser en la red supone poder ac tuar como muchas institucion es y no slo como muchas identidades. En el lmite somos muchos en uno: identidades e instituciones. Pluriarqua y netocracia La institucionalizacin del individuo redefine por tanto el ser en la red: necesitamos de los dems en otra forma radicalmente di ferente. De hecho podramos definir la red precisamente a partir de esta forma de relacin en la que como dicen Alexander Bard y Jan Sderqvist2, todo actor individual decide sobre s mismo, pero carece de la capacidad y de la oportunidad para de cidir sobre cualquiera de los dems actores. En este sentido toda red es una red de iguales. En un sistema as la toma de decisiones no es binaria. No es "si" o "no". Es "en mayor o menor medida". Alguien propone y se suma quien quiere. La dimensin de la accin depender de las simpatas y grado de acuerdo que suscite la propuesta. Este sistema se llama plurarqua y segn los mismos autores hace imposible manterner la nocin fundamental de democracia, donde la mayora decide sobre la minora cuando se producen diferencias de opinin. Aunque la mayora no slo no simpatizara sino que se manifestara en contra, no podra evitar su realizacin. Con un sistema as es comprensible por qu en las redes no existe "direccin" en el sentido tradicional, pero tambin por qu inevitablemente surgen en su interior grupos cuyo principal objetivo es dar fluidez al funcionamiento y los flujos de la red. Son grupos especializados en proponer acciones de conjunto y facilitarlas. No suelen estar orientados hacia fuera sino hacia el interior, aunque inevitablemente acaben siendo tomados, desde fuera, por la repres entacin del conjunto de la red o cuando menos como la materializacin de la iden tidad que les define. Estos grupos son los netcratas de cada red, sus lderes en el sentido estricto, pues no pueden tomar decisiones pero juegan con su trayectoria, prestigio e identificacin con los valores que aglutinan la red, a la hora de propone r acciones comunes. Es esta forma de organizacin lo que hace inaprensible el conf licto de red. Al carecer de una estructura estrictamente jerrquica que supervise y co munique, las viejas organizaciones sienten que sus antagonistas son cada vez ms inaprensib les. La clave de las redes est en su identidad, en la existencia de un espritu comn que los netcratas modulan a travs de mensajes pblicos.

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El swarming. Nunca la tecnologa haba sido tan instrumental, tan poco protagonista por si misma como en este nuevo tipo de guerra. Como escriban, ya en los 90, Arquilla y Ronsfeld: La revolucin informacional est cambiando la forma en que la gente lucha a lo largo de todo el espectro del conflicto. Lo est haciendo fundamentalmente mediante la mejora de la potencia y capacidad de accin de pequeas unidades, y favoreciendo la emergencia de formas reticulares de organizacin, doc trina y estrategia que hacen la vida cada vez ms difcil a las grandes y jerrquicas formas tradicionales de organizacin. La tecnologa importa s, pero supeditada a la forma organizativa que se adopta o desarrolla (...) Hoy la form a emergente de organizacin es la red. En este mundo reticular, con una multiplici dad de agentes que actan autnomamente, coordinndose espontneamente en la red, el conflicto es "multicanal", se da simultneamente en muchos frentes, emergiendo del aparente caos un "orden espontneo" (el "swarming") que resulta letal para los viejos elef antes organizativos. Esta coordinacin no requiere en la mayora de los casos ni siquiera una direccin consciente o una direccin centralizada. Al contrario, como sealaba el propio profesor Arquilla: la identidad de red, la doctrina comn es tan importante como la tecnologa. La guerra en la so ciedad red, la netwar, es una guerra de corso, en la que pequeas unidades "ya saben lo que tie nen que hacer" y saben que tienen que comunicarse entre si no para preparar la accin sino slo a consecuencia de ella y sobre todo, a travs de ella. La definicin de los sujetos en conflicto, lo implcito, es ms importante en este tipo de enfr entamiento que lo explcito (los planes o estrategias de combate). El swarming es la forma del conflicto en la sociedad red, la form a en que el poder es controlado en el nuevo mundo y al tiempo la forma en que el nuevo mundo logra su traduccin de lo virtual a lo material. Un objetivo para el ciberpunk en Espaa De todo este modelo social surge el liberta rismo ciberpunk: se trata de llevar la libertad ensayada y vivida en las redes vi rtuales al mundo fsico : abrir y desarrollar entornos plurirquicos y actuar en ellos co mo una netocracia mov ilizadora y efectiva. La realidad social espaola en la que Ci berpunk ha crecido durante los ltimos aos, como la de la mayora de los pases med iterrneos y de Amrica Latina es la de un pas organizado en cuadrillas. Las cuadrillas son pequeos grupos constituidos no desde la afinidad ideolgica, sino sobre la coincidencia biogrficogeogrfica y la fidelidad personal. Un tipo de grupo heterog neo y conservador, absorbente, que al ser el nico existente configura un pas donde las ideas slo pueden difundirse y alcanzar dimensin social desde los aparatos de comunicacin de masas y el control institucional del territorio. En la hora de la sociedad red an no ex isten redes sociales que sobrepasen el equivalente de un burgo medieval virtualiza do. El mundo virtual no es una alternativa ms que en simiente, una Hansa digital. No existen comunidades reales ni underground. No hay sociedad civil reticula r. No hay camino para abrir un debate social o influir en alguno existente que no pase por los oligopolios mediticos o por grandes crisis polticas. Hasta hoy slo los momentos de quiebra social y poltica, en los que la vieja estructura de relaciones se ve definitivamente desbordada por las necesidades del nuevo mundo, han propiciado el salto de la cuadrilla a la red, el

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swarming ha estado hasta ahora, ligado al cam bio poltico: la cada de Estrada en 2001 en Filipinas, la de de la Ra en Argentina en 2002 y la de Aznar en Espaa el 13 de marzo del 2003 han sido sus momentos lgidos. Prestar herramientas, mitos y discursos al n acimiento de redes sociales de todo tipo es la precondicin para poder hablar seriamente de las nuevas libertades. Porque si hubiera que hacer una apuesta aqu y ahora, sera cambiar el mundo cerrado de cuadrillas en el que viven nuestros pases por un mundo de pases red definitivamente abiertos. Por eso, el centro de inters poltico para los ciberpunks no est en los territorios, si no en las ciudades: hoy nece sitamos una Venecia, una potencia red que sirva de ejemplo del mundo que se abre. Lo que es muy coherente con la experiencia de las redes virtuales. Experiencia que se tr aduce tambin en una renuncia a los mitos de la tierra y la natura leza como esenciales, como configuradores de lo Humano. Rechazazamos el gusto romntico por lo nacional y lo sustituimos por una defensa de lo urbano incompatible con el cuento de la autenticidad rural. Lo que a su vez hace ver con placer el pragmatismo ciudadano de las redes de ciudades frente a la administracin realizada en nombre de la voluntad mstica de los territorios y sus esencias histricas. El ciberpunk tal y como se ha desarrollado a partir del grupo espa ol es el resultado del tiempo histrico nacido en el 89. Un producto del nacimi ento de la sociedad red. El choque de las tecnologas de la informaci n visto desde la matriz de una serie de biografas ms o menos sincronizadas que absorban el mundo desde la cultura de masas y escriban novelitas pulp. No hacemos grandes distingos entre planteamientos estticos, polticos y tec nolgicos. Todo va junto porque todo se vive en pack. Nosotros que crecimos entre los mitos de los burcratas nos descubrimos, tras quince aos, bardos y protagonistas de los nuevos mitos de la netocracia. (Tomado de www.ciberpunk.org)

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HISTORIA DEL CINE CIBERPUNK. (SEGUNDA PARTE) Ral Aguiar LOS ORGENES. DISTOPAS. A veces resulta un poco difusa la barrera entre algunas pelculas que conciben escenarios antiutpicos, tratan el problema de la inteligencia artificial o el de la manipulacin de las conductas y aquellas del ms genuino ciberpunk. Por ello no tengo reparos en citar como antecedentes algunos filmes antolgicos como Lo que vendr (Thing to come, 1936), dirigida por Alexander Korda, interesante visualizacin de una novela de H:G:Wells acerca de la sociedad del futuro. El mismo Wells tuvo participacin en el guin de la pelcula, que describe la destruccin que se cierne sobre el mundo a causa de una guerra mundial y los perfiles de dos lderes (Richardson y Massey) La trama se inicia en 1940, en una hipottica Everytown (cualquier ciudad en ingls) de presencia inequvocamente londinense. La primera de sus partes narra un ataque de guerra que destruye la misma. La segunda relata a travs de pomposos rtulos el paso del tiempo y el dominio dictatorial que se ejerce en la ciudad por parte de un jefe (Ralph Richardson), que ha logrado el poder gracias a su dominio a la fuerza de una epidemia denominada errante, que ha aniquilado la mitad de la poblacin. Ser en su ltimo tercio, con la llegada de Raymond Massey, retornando por el aire a la ciudad que abandon tiempo atrs, cuando se instaure una nueva sociedad basada en la paz y el progreso de la ciencia, que se prolongar hasta bien entrado el siglo XXI. Es en el ao 2036 cuando se inaugura esa nueva y deslumbrante ciudad foco de la paz, las sociedades viven la perfeccin tecnolgica y el hombre ha sido reducido a la condicin del robot. Sin embargo, en ella se produce de nuevo una divisin entre quien comanda la misma: Oswald Cabal, descendiente de John, y Theotocopulos, que apela por una relajacin en la asuncin del progreso como nica forma de bienestar. La poblacin es sublevada por el grupo anarquista?, pero el orden ser restablecido y la sociedad fascista del futuro preservada. Se iniciar un viaje a la luna y Cabal apelar en las imgenes finales por la bsqueda del conocimiento. Una de las tesis que merece destacarse en esta pelicula es el conflicto entre una tecnologa en constante e imparable avance, y una humanidad a la que esta carrera cientfica no le deja respirar ni disfrutar de estos adelantos, por que son sustituidos en muy poco tiempo por otros ms modernos. No es esto quizs lo que est ocurriendo ahora, que nos estamos asfixiando en un mundo dedicado a la obtencin constante de objetos y olvidamos el elemento espiritual? Thing to come est reconocida como la ms importante pelcula de ciencia ficcin filmada en Gran Bretaa hasta 2001 Odisea del espacio.

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De 1956 es el filme 1984, una dbil adaptacin de la novela de George Orwell realizada por Michael Anderson, que ubica una sociedad futurista del ao 1984 en la que se ha prohibido la individualidad y en la que un ente gubernamental nunca visto, el Gran Hermano es un vigilante omnipresente que no permite el menor atisbo de subversin entre los habitantes de su Estado. La trama de la pelcula muestra la aterradora aventura del protagonista, Winston Smith, en su intento de rebelin y su derrota final ante el poder de la tortura. Si Julio Verne anticip el submarino o los viales espaciales, Orwell acert en el uso de las tecnologas de la informacin, cuyos adelantos hoy permiten establecer una especie de Polica del pensamiento, un sistema de vigilancia con acceso inmediato a registros oficiales, comerciales y hasta privados (tarjetas de crdito, correos electrnicos, registros de ADN) de cada individuo. En 1984 se muestra un mundo totalitario de connotaciones sdicas en el que incluso se reescribe la historia para acomodarla a los intereses del poder. La pantalla que constantemente observa a Winston, como un verdadero medio de difusin, lo somete tambin a un constante bombardeo ideolgico, ya sea a travs de los dos minutos de Odio contra un impreciso enemigo que acecha, (ntese la vigencia que tiene esta idea con el tratamiento del terrorismo en la actualidad) o mediante los notirrelmpagos. reportajes que resaltan las victorias alcanzadas en algn rincn euroasitico, algo muy similar a los periodistas incrustados que acompaaban a las tropas norteamericanas en la reciente guerra de Irak.. Precisamente en 1984 se hizo un remake de esta pelcula por Michael Radford, en claro homenaje al libro y a su predecesora de 1956. Otra sociedad opresiva fue plasmada por Alphaville (1965) de de Jean Luc Godard. A la ciudad de Alphaville, capital de un estado totalitario, llega el periodista Lemmy Caution, siguiendo la pista del profesor Von Braun. Encuentra, al final de su camino, a Henri Dickson. Los otros agentes que le han precedido, Dick Tracy y Flash Gordon, han muerto. Von Braun, apodado Nosferatu, es el creador de Alpha 60, la mquina que comanda la vida mental de los habitantes de la ciudad y elimina a todos aquellos que interfieran en sus planes. Esta inteligente pelcula de ciencia ficcin (que sin embargo habla ms del Pars de 1965 que del mundo del futuro) es un collage de diferentes formas e influencias, en el que juega con maestra con elementos del comic y el cine negro.

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Fahrenheit 451 (1966) de Francois Truffaut est basada en la clebre novela homnima de Ray Bradbury. Una sociedad donde todo funciona de manera perfecta y en la que solo una cosa est prohibida: leer y escribir. La nica lectura posible es la que el gobierno suministra a modo de peridico. De ah que el ttulo indica la temperatura a la que deben arder los libros. Precisamente esa es la ocupacin del protagonista: quemar libros. Para ello los bomberos se valen de la ayuda de unos sabuesos mecnicos que persiguen a los infractores hasta capturarlos. Tanto el libro como la pelcula se convierten en alegatos en contra de la censura, la manipulacin de los medios y la intolerancia social. En Wild in the streets, (1969), de Barry Shear, se describe una sociedad dominada por los adolescentes que internan a los mayores de 30 aos en campos de concentracin, sustituyendo las hornos crematorios por el LSD. Otro filme antiutpico, de difcil clasificacin es THX 1138, debut de George Lucas, en 1970. Tambin en esta pelcula se nos presenta una sociedad blanca, esterilizada, montona y claustrofbica bajo la mirada de una tecnologa autoritaria. A los ciudadanos se les despoja de toda individualidad, el nombre de las personas se reduce a un simple cdigo numrico y el gobierno supervisa y manipula a la poblacin mediante drogas y estuperfacientes. El protagonista es THX 1138, cuya aventura con una compaera de cuarto lo lleva a intentar escapar en bsqueda de una libertad dudosa. Un antecedente ms claro por su acercamiento temtico y esttico al ciberpunk es La Naranja Mecnica (A Clockwork Orange), de. Stanley Kubrick, (1971), basada en la novela homnima de Anthony Burgess. Acerca de esta pelcula estaremos hablando en nuestro prximo boletn. Hasta entonces!


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