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Qubit

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Material Information

Title:
Qubit
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Cubit
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- History and criticism -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
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All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - Q01-00007-n07-2005-08
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System ID:
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Qubit.
n No. 7 (August 2005)
260
[Havana, Cuba] :
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August 2005
310
Monthly
650
Science fiction, Latin American
v Periodicals
Science fiction
x History and criticism
Periodicals
Science fiction
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ndice: 0. Cibersexo y pornocracia. Salomn Derreza. 1. Made in Cuba: Nada que declarar. Anabel Enrquez 2. Sociedad de informacin o sociedad de la vigilancia? 3. Regiones apartadas. William Gibson. 4. Pnico en el planeta americano. La censura que nos espera. Mara Ramrez. 5. La cibercultura es de derecha? Olivier Malhuit 6.Historia del cine ciberpunk (sexta parte) Ral Aguiar Subscripciones: qubit2005@yahoo.com

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Cibersexo y pornocracia Salomn Derreza* Todo es accesible en el mundo de la pornocracia, no hay contenido sexual que no sea fcil de adquirir. Segn Salomn Derreza, lo que define a la pornocracia es su tendencia al exceso, su afn de querer ir cada vez ms all, ms all incluso de los lmites de la anatoma. La pornocracia se mueve a gran velocidad y con la Red ya no tiene fronteras. ( Tomado de http://www.nexos.com.mx/index.asp ) En su memorable novela Partculas elementales, Michel Houellebecq imagina un personaje, llamado Daniel McMillan, obsesionado por la decadencia moral de la sociedad moderna, y lo hace autor de una hiptesis destinada a esclarecer la importancia creciente que las perversiones sexuales han ido cobrando en el mundo actual. De acuerdo a esa hiptesis (la hiptesis McMillan), la voluntad dionisiaca de liberacin de la bestialidad y del mal que caracteriza la vida sexual contempornea se habra desencadenado a partir de los aos cincuenta, a consecuencia del derrumbamiento de los diques morales tradicionales. En ese sentido, el serial killer de los noventa sera el sucesor lgico del hippie de los sesenta (de donde Charles Mason, ms que una desviacin abominable del movimiento hippie, sera su resultado lgico). Desde esa perspectiva, el desarrollo de la vida sexual puede entenderse como un proceso de degradacin progresiva en el cual la liberacin sexual muestra su verdadero rostro: no la bsqueda sin cortapisas del goce corporal sino el ansia inagotable de placeres malignos. As, del mismo modo en que el resquebrajamiento de las grandes ideologas dio lugar a la condicin posmoderna del saber, la desaparicin paulatina de los tabs ha conducido a la instauracin de la pornocracia. Hoy es el pornfilo, y no el asesino en serie, como quisiera Houellebecq, quien encarna las fuerzas liberadas por la disolucin moral. Ya no se trata de esa figura siniestra que, en la clandestinidad, se entrega a un placer voyeurstico vergonzoso: el pornfilo moderno ya no necesita ocultarse para acudir a los sex shops ni embozarse para visitar los peep shows, pues la pornografa ha salido del armario y el consumo de pornografa se ha vuelto algo tan natural como el de tabaco o alcohol. Paradigmtico en este sentido resulta el hecho de que uno de los personajes ms populares de la televisin, Fox Mulder de la serie Expedientes secretos, dolo de millones de jvenes en todo el mundo, sea un pornfilo confeso lo cual le amerita una sonrisa cmplice por parte de su compaera Scully.

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En efecto, no importa en qu direccin se dirija la mirada en todas partes se encuentra con un cuerpo desnudo. Y la pornografa, es a escenificacin de las pulsiones sexuales destinada al consumo visual, se cuela por to dos los intersticios del cuerpo social, es el cuerpo social. El sexo no es slo el xito de ve ntas ms grande de la historia, la explotacin mercantil de las imgenes relativas al cuerpo lo han convertido en la envoltura ms atractiva que pueda imag inarse para cualquier mercanca: la pornografa vende y se vende bien. En Estados Unidos, por tomar un ejem plo paradigmtico, se gastaron 8,000 millones de dlares en 1997 en productos porno (videos, peep-show s, live acts, pelculas por cable, ciberporno y revistas). Con un crecimiento del 500% en la ltima dcada, la produccin de videos hardcore representa una de las mayores ramas ec onmicas, ajena a las crisis cclicas que atormentan a todos los dems sectores de la produccin. Esto ha conducido a una fusin entre la economa tradicional y la economa porno. Ejemplo de ello es la participacin de las grandes cadenas hoteleras (Holiday Inn o Marriott) y de televisin por cable (como Time Warner), que se llevan una jugosa tajada transmitiendo pelculas porno. El resultado es la integracin de la pornografa en la vida cotidiana. El pornfilo no tiene ms que encender el televisor para poder entreg arse a sus placeres im aginarios. En algunos pases, como Francia y Espaa, es incluso pos ible adquirir pelculas porno en los puestos de revistas. Ah, al lado de revistas de moda y hogar, El Pas o Le Monde, y las revistas para nios (por ejemplo el Playboy), el pornfilo (que en los pases industrializados son 3 de cada 5 hombres, aunque el nmero de mujere s va en aumento) puede llevarse a casa el material para ser consumido con una sola mano. La facilidad de acceso es, pues, una de las caractersticas distintivas del imperio de la pornocracia. Volvamos la mirada al cine. El cine ha sido siempre un indicador de las te ndencias sociales, de las revoluciones ticas y estticas, un espejo poblado de figuras discur sivas que, si bien de un modo caricaturesco, nos dan una imagen clara de nuestro presente real. Parece haber pasado una eternidad desde que Paul Verhoeven anunci su intencin de mostrar el primer pene erecto en la historia de Hollywood. Se trataba de la pelcula Basic Instinc t. Pero si bien no lleg a cumplir su promesa (o, si lo hizo, la constitucin anatmica de Michael Douglas no nos permiti verlo) fue, por lo menos, el primero en mostrar un close-up de unas piernas abiertas de mujer. En esa escena culminaba una evol ucin de la desnudez en el cine. Primero se mostraron las pantorrill as, lo cual le vali al cine su fama de lugar de perdicin y pecado y le signific innumera bles noches de insomnio a nuestros bisabuelos. La primera mujer en traje de bao fue un escndalo sin precedentes y ni qu decir de los primeros pechos al aire (o en el agua, como fue el caso de Maureen OSullivan). El ltimo velo, el que cubra el vello pbico, tard en caer pero, al fin, cay, hasta llegar a la vulva visible de Sharon Stone. Del lado masculino las cosas enpe zaron mucho ms tarde. El primer trasero desnudo, el de Mel Gibson en Arma Mortal 1, apareci en la pantalla a fines de la dcada de los ochenta, y el cine europeo mostr uno que otro pene, flccido naturalmente, en los noventa. Pero no fue sino a finales de esa d cada que una pelcula de la serie Dogma, Les Idiots de Lars von Triers, mostr la primera cpula real (ya en algunas pelculas de Hollywood, como la mencionada Basic Instinct y el remake de Getaway con Kim Basinger y su esposo en la vida real, Alec Baldwin, ha ba habido cpulas verdaderas pero la cmara se haba abstenido de mostrar la penetracin en toda su profundidad). Ciertamente, ya en 1976, en El imperio de los sentidos de Nagisa Oshima, o diez aos ms tarde, en Con el diablo en el cuerpo de Bellocchio, se haban mostrado parejas copulando y hasta eyaculaciones, pero se trataba de casos aislados, lejos an de poder establecer una tendencia. El cambio de milenio produjo un salto cualitativo con una serie de pelculas, casi todas francesas, en las que, sin que se trat ara de una intencin meramente pornogrfica, escenas de felacin, bondage y penetracin, y con la partic ipacin de actores y actrices conocidos del cine porno, encontraron su lugar dentro de un nuevo orden narrativo cinematogrfico (Una chica realmente joven de Michael Haneke, Romance de Catherine

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Breillant, Baise-moi de Virginie Despentes y la multipremiada Intimacy de Patrice Chreau). La naturalidad con que esas es cenas se desarrollan han llevado a algunos observadores a hablar de una mirada postporn ogrfica (Georg Seeblen). Sin embargo, es justamente esa naturalidad lo caracterstico de la instauracin de la pornocracia, a saber: el borramiento de la diferencia entre pornografa y cinematografa. Se puede apostar a que en un futuro cercano el cine comercial empezar a mostrar escenas hardcor e, primero, ciertamente, con actores profesionales del mundo porno y luego con actores conocidos del mundo de Hollywood. El antecedente inmediato lo constituye el video de Pamela Anderson inicialmente robado pero despu s comercializado por ella misma, y en el cual, filmada por una cmara amateur, por primera vez en la hi storia una figura pblica se muestra en actos de felacin y coito (existen rumores de que un video similar, tambin robado, empezar a circular este verano con Jennifer Lpez en el papel estelar). Estamos ante la normalizacin de la pornografa su fusin cada vez ms completa con el imaginario social, su aceptacin creciente. Esto traer consecuencias pa ra el desarrollo del orden porno. Si bien la pornocra cia se incorpora cada vez ms a la vida cotidiana, su peor caracterstica es su tendencia al exceso, su afn de querer ir cada vez ms all, ms all incluso de los lmites de la anatoma. Una rpida mirada al desarrollo del cine por no nos permite advertir un recrudecimiento, donde la secuencia estndar tradicional (fel acinpenetracin vagina l/analeyaculacin en la boca de la mujer) se ha ido volviendo cada vez ms brutal. La felacin es cada vez ms profunda y est destinada a producir la secrecin de los jugos interiores; la penetracin se ha plurificado y ya no es uno si no que son dos, y hasta tres, los falos que estn en juego; el semen ya no slo es recibido por la boca exhausta de la actriz sino que debe ser tragado, junto con otros lqui dos corporales. En De la seducci n, Baudrillard af irmaba que lo caracterstico del cine porno era la glorificacin del falo, l y slo l era el verdadero protagonista de la pelcula, mientras que el cuerpo de la mujer se reduca a un papel de comparsa. En la actualidad las cosas son diferent es. El cuerpo de la mujer se ha convertido en el campo de batalla de una guerra perdida. No se trata ms de un objeto de placer sino de un objeto de tortura. El objetivo de la pornografa escribe Dorothy Mller es causarle dao a la mujer. No se trata m s de un usufructo del cuerpo sino de su denigracin y el goce pornogrfico es un goce eminentemente sdico. El falo, como efecto de la lucha de los sexos, ha sido destituido de su altar y se limita a ser un instrumento de tortura, uno ms entre otros. Pero con la normalizacin de la pornografa, el mundo porno se ve ante la urgencia de tener que ir m s all todava y quizs el mejor espacio para analizar sus desarrollos ulteriores sea la Red. El Internet, se ha repetido en mltiples ocas iones, no es slo el lugar donde encontrar mujeres desnudas eso es slo uno ms de su s mitos. El trmino Sex sigue siendo el ms frecuente en las mquinas de bsqueda (cf. www.searchterms.com) seguido de Travel y MP3. Entre los ms buscados se encuentran, adems, Freeporn (10), Porn (16) y Free sex (19). En trminos econmicos, los sitios porno son los nicos que trabajan con un margen de ganancias crecient e. El porcentaje de sitios con contenido pornogrfico es del 13% de la to talidad de la Red (eso sin c ontar las pginas de contenido ilegal que no aparecen en las estadsticas) y se estima que cada da surgen 200 ms. Para la industria pornogrfica americana, la oferta en Internet constit uye el 15% de sus ganancias y tiene casi tanta importancia como su principal fuente de ingresos, la venta de videos. La crisis sufrida por la New Economy, a la cual han ido sucumbiendo, una a una, las esperanzas de las empresas, tradicionales e innovadoras, terminar por hacer que slo los ms aptos sobrevivan, aquellos que sean capaces de obtener ganancias en el Internet. Y la industria del cibersexo es, sin lugar a dudas, la que mayor futuro tiene.

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En un estudio realizado en 1996 por la Universidad Carnegie Mellon, titulado Marketing Pornography on the Information Superhighway: A Survey of 917,410 Images, Descriptions, Short Stories and Animations Downloaded 8.5 Mi llion Times by Consumers in Over 2000 Cities in Forty Countries, Provinces and Territorie s, pudo corroborarse, entre otras cosas, que la ciberpornografa se caracteriza por el predominio de las llamadas parafilias, es decir, de acuerdo a la definicin del DSM-IV de la Asociacin Americana de Psiquiatra, actos sexuales distintos de la sexualidad genital ma dura (sexualidad oral, genital o anal entre adultos de diferente o el mismo sexo). Al catlogo de perversione s tradicionales que encontramos, por ejemplo, ya en la obra de Sade, como juegos con orina y heces, bestialidad, introduccin de objetos extra os, diversos fetichismos, escenas de sadomasoquismo, incesto, etc., se han sumado una serie de nuevas formas bizarras de escenificacin sexual. As encontra mos pginas especializadas en fisting (introduccin de la mano o el pie en la vagina o el ano), shemales (hombres dotados de pechos), falos descomunales, violacin multitudinaria, sexo con personas extremadamente obesas o con piercings, sexo con mutilados, con nios, etc. Todas esas imgenes constituyen la oferta de las pginas para adultos, por las cuales cad a vez ms pornfilos estn dispuestos a pagar una cuota mensual (que oscila entre 15 y 35 dlares, de acuerdo a la ley de la oferta y la demanda), lo cual ocurre de forma annima con tarjeta de crdito. Pero tambin sin pagar es posible tener acceso a la por nografa digital ya que existen sitios especializados en permitir el acceso gratuito a galeras selectas de las pay-sites con el fin de atraer clientes. As, cualquier cibernauta, incl uso un nio, puede llegar a pres enciar todas esas imgenes (con excepcin de las ilegales, que se encuentran bien resguardadas) con slo teclear sitios tales como easypic.com, thumbzilla.com o weboutlaws.com. Y aun los portales serios, como yahoo, terra.es o freenet, cuentan con secciones para a dultos que, si bien pueden clasificarse como softporno, contienen enlaces a sitios de contenido ms explcito. Lejos estn, pues, los tiempos en los que era necesa rio tener conocimientos de programacin para poder ver una imagen, con el triunfo de los fo rmatos Graphics Interchange Format (GIF) y Joint Photographic Experts Group (JEPG), para fo tografas, y Media Player o Real Player, para videos, un clic de ratn es suficiente para que la pantalla se inunde de carnes. Pero para quienes deseen ahorrarse el penoso cam ino de bsqueda por en sayo y error, la San Francisco State University cuenta en su pr ograma con un seminario en cibersexo, lo cual corrobora una vez ms la institu cionalizacin de la pornografa. Pero es la pornografa infantil la que, quiz, constituye el paradigma de la actual fase de desarrollo de la pornocracia. Un a vez que lo porno se haya integrado completamente a la vida pblica y que el acceso a sus expresiones ms perversas en la Red se generalice ms radicalmente, el ansia por sobrepasar todo lmite de esa voluntad dionisiaca liberada deber orientarse hacia el campo de la ilegalidad. De hecho ya est ocurriendo. No slo el trmino Lolita se encuentra en el lugar 39 de los ms buscados, la reciente captura de 13 de los miembros del Wonderland Club, la red de productores de pornografa infantil ms grande del mundo, permiti a la policia i nglesa decomisar 750,000 fotos y 1,800 videos de 1,263 nios de todo el mundo (de los cuales slo han podido ser identific ados 17), la mayor parte de las cuales era distribuida a travs de la Red, lo cual pe rmite vislumbrar las colosales dimensiones de esa tendencia. Tan slo el FBI registr un aumento del 1,264% de casos abiertos por pornografa infantil entre 1996 y 2000. Y Eric Frankl in Rosser, el mayor porngrafo infantil del mundo, es una de la s 10 personas ms buscadas por el FBI (www.fbi.gov/mostwant/topten/fugiti ves/rosser.htm). Pero de lo que aqu se trata no es nicamente de la tragedia personal de esos nios (de la cual puede hacerse una idea visitando el sitio copsweb.net/faces.htm, donde se encuentran fotos de los rostros de esos nios, de entre 1 y 12 aos, en el momento de su profanacin algunos lloran, otros tienen un rictus de dolor, otros ms se cubren la cara y muchos tienen la mirada perdida), sino de lo que significa el hecho de que exista un nmero descomunal de pornfilos dispuestos a consumir ese tipo de imgenes, aun a sabienda s de que los avances tecnolgicos por parte

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de la justicia para rastrear esa actividad ilegal se han incrementado notablemente en los ltimos aos y la posesin de esa clase de material puede ser condenado con hasta quince aos de prisin. Pero en la Red tambin es posible entrar en contacto visual con imgenes de paidofilia sin pagar, sin ar riesgar y, lo que resulta mucho peor, muchas veces sin querer. De acuerdo a Cyberangels, una de las mltiples organizaciones que se dedican a combatir la pornografa infantil en Internet, exis ten sitios publicitarios con enlaces a pay-sites poblados de banners que muestran autnticas escenas de pornografa infantil, los cuales, si bien no conducen realmente a sitios ilegales, s permiten el libre acceso a esas imgenes. Con ello queda demostrado lo que el trabaj o pionero del doctor Victor Cline, de la Universidad de Utah, a finales de los ochent a, haba afirmado respecto a las fases del consumo de pornografa. En su estudio Pornography Effects: Empiral and Clinical Evidence, Cline seala que existen cuatro estadios de la pornofilia: 1) la adiccin, que es la necesidad de continuar viendo imgenes, 2) la escalacin, o sea, la necesidad de imgenes cada vez ms explcitas, crudas y bizarras, 3) la desensibilizacin, es decir, que el material que al principio tena un efecto impactante y era visto como tab se vuelve comn y aceptado, y 4) el pasaje a la accin, donde se presenta la tendencia a poner en acto lo visto, en forma de exhibicionismo, sadomasoquismo, sexo grupal, violacin o sexo con menores. Sobre este ltimo aspecto existen ciertamente indicios. En Europa, por ejemplo, asistimos a un incremento sin precedente de violacin (y, en muchas ocasiones, asesinato) de menores y la vida sexual en general se encuentra cada v ez ms influida por lo visto en las pelculas porno y se convierte en la copia de una mala c opia. Pero tambin existe la posibilidad de que la imagen llegue a sustituir por completo a lo real, que el cibersexo se convierta en la sexualidad del futuro, de un futuro postsexua l. Ray Kurzweil, el gur del movimiento posthumanista (que, por cierto, cada da gana ms adeptos), predice que, en la prxima dcada, los actos sexuales tendrn lugar a distan cia, a travs de la Red. Considera que el desarrollo de la tecnologa pronto permitir contar con un sistema hologrfico con el cual, merced a un interface con la red neuronal, estaremos en condiciones de dar rienda suelta a nuestras pasiones sin necesidad del molesto rodeo por la carne. Desde esa perspectiva, y de acuerdo a Lisa Palac, ex directora de la clebre publicacin posthumanista Future Sex, la pornografa representa un paso fecundo en esa di reccin (cf. The Edge of the Bed: How Dirty Pictures Changed my Lif e). As, mientras, por un lado, los avances en la medicina de la reproduccin terminarn por vo lver obsoleto el copular con fines de procreacin, por el otro lado el triunfo de los placeres sintticos desembocar en un mundo en el que un beso sea visto como acto repugnante de barbarie. Salomn Derreza. Escritor.

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NADA QUE DECLARAR Anabel Enrquez Pieiro Padre entreg toda una vida de ahorros a cambio de este hueco en la cmara de reciclaje de desechos. Cierto que es mnimo el espacio. Anela, Soulness y yo sentimos calambres en los brazos, tensin en el cuello y la respiracin caliente de uno sobre los otros. Pero, qu ms pedirle al viejo. Sus manos, despellejadas por el azufre, depositaron temblando los dos megacrditos en las palmas enguantadas del capataz del espaciopuerto. Temblaban porque tema que se frustrara el viaje por algn imprevisto y perdiramos toda posibilidad de un segundo intento; temblaban por la emocin de cumplir su sueo de vernos partir de aquel infierno y retornar al origen; temblaban porque la fiebre de las canteras consuma sus nervios perifricos. No pudo siquiera despedirnos. El da antes de la partida del trasbordador fue llevado junto a su cuadrilla hacia las recin abiertas minas, unos diez kilmetros al norte de la granja, donde los sismos haban reventado nuevas vetas de estao. Por suerte ya ninguno de nosotros volver a "lamerlas". No tendremos que temer a las erupciones que chamuscan la piel, ni a las fumarolas de azufre que queman los ojos y pudren los pulmones en las granjas mineras de Io. Io queda debajo, detrs, como una esfera que encarcela mil hambrientos dragones en perenne batalla. Este carguero nos aleja para siempre de sus fauces... y del beso de buenas noches que nunca nos ha dejado de dar Padre. Vamos en el carguero rumbo a la Tierra, a comprobar que no es tan solo el mito del que hemos odo hablar desde que abrimos los ojos al cielo rojo sangre de Io. Como descendientes de colonos convertidos en esclavos, de esclavos convertidos en "autmatas" menos costosos y ms desprotegidos que los ciborg, no tenemos otro modo de salir de la pesadilla ardiente si no en los resquicios de los cargueros que transportan minerales y materias primas desde las colonias exteriores hasta la Tierra. La Tierra, nostalgia delirante del bisabuelo, la que abandon por una quimera de prosperidad. A nosotros slo nos dej por herencia la continua lucha por sobrevivir en un mundo que se deshace constantemente bajo los pies. Y la misma nostalgia. Anela dibuja, una y otra vez, una ciudad de torres blancas con banderolas sobre un lago de agua verde, y llena el cielo con aves como estrellas de nieve. Dice que as le contaba el bisabuelo al Abuelo, y este a Padre, y Padre a ella, y as era el lugar donde vivan nuestros antepasados, y al que los tres aoramos volver. Anela duerme ahora, recostada en mi hombro, y algunas veces habla dormida, repitiendo la palabra que tanto le fascina, an cuando duerme: nieve... la nieve de la Tierra, que es blanca como los dientes del capataz de la cuadrilla y fra como metal ya fundido. Soulness

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me distrae con la insistencia de que Anela est muy caliente, ms ca liente que lava; y que tal vez no habla en sueos sino que delira. Es hambre, le respondo. Nuestras reservas de alimentos estn justas para una comida diaria A m tambin me perc uten las tripas. Trato de distraerlos hablndole de esa cosa que Padre escuch de su abuelo, que parece nieve y que se come... helados, creo que lo llaman, y que le compraremos a Anela con nuestro primer salario. En el Anillo de Produccin que circunda la Tierra hay gente llegada de todas las colonias, incluso de Io. Seguro que nos tendern una mano para arrancar tal como nos prometi Padre. Pero Soulness parece abu rrirse, y empieza con la letana de que siente mareos, con vmitos a punta de labios. Despus de todo es solo un nio, dos aos menos cuentan. Me pide que salgamos a un lugar ms ventilado. Cree que si encontramos otros peces pegas nos ayudarn, si tienen, con alguna medicina. Yo le recuerdo que lo ms probable es que nos quiten lo que llevamos y nos maten, por el simple temor a compartir el riesgo de ser descubiertos. Pero Soulness canta y canta y las sienes me estn a punto de reventar. Salimos de la cmara de reciclaje y tomamo s con cuidado el estricto itinerario que nos indic el capataz ante de colarnos en la na ve. Tememos que el carguero est infectado de cibers vigilando los corredores, y que nos de tecten para los del puesto de mando. All los navegantes, limpios, bien alimentados, disfruta n la experiencia de ve r acercarse despacio la Tierra. Algn da yo ser el comandante de un ca rguero... mejor, de un crucero civil. Y ser siempre el primero en verla, arropada con su tr aje de espuma azul y blan ca como si fuera la novia de los cielos. Pero ahora somos polizones y ningn pez pega viaja en primera clase. El carguero lleva hierro, estao y azufre pa ra las obras del Anillo. Como carga programada entrar sin problemas ni chequeos en aduana Nada que declarar. Nosotros con la carga, asidos a los contenedores autnomos. Espero que nuestras viejas mscaras resistan el paso desde la esclusa hasta los almacenes, unos cuarenta metros de vaco. Soulness vuelve a distraerme. Suda a mare s y siento su incmoda respiracin quemando mis orejas. Anela se mueve inquieta entre mis brazos y gimotea. Sus cuatro aos me pesan, aunque sean casi puro hueso; su carita morena est perlada de sudor. Yo siento sin embargo un fro intenso y un cansancio que me pega los pies al suelo. Soulness, apretando mi hombro, suplica una tregua, dice que est muy d bil para seguir. Acepto el descanso, pero me niego a abrir algn blister de alimentos. S oy el mayor y debo velar por los horarios. Y a propsito de velar, me sorprenden las pocas lu ces de los corredores, la ausencia de robots celadores y el no haber nos tropezado con ningn pez pega despus de caminar casi una hora por este laberinto. Soulness tiembla, se aprieta el estmago y finalmente vomita No sabemos nada sobre los efectos del viaje, pero nos decan que son malestares normales para los novatos. Anela sigue desmadejada, y ni siquiera intenta seguirme cuando canto una de sus canciones favoritas ... Mary tiene una ovejita... blanquita como la nieve...o era una vaquita? Da igual. Anela duerme, y se queja. Soulness, plid o como vapor de azufre, pero ms aliviado, quiere probar suerte tras la puerta que cierra este pasillo. Piensa que conduce a las bodegas, y que tal vez encontremos provisiones. Se aventura finalmente con la pequea linterna de pulsos, mientras yo arropo a Anela con mi cha queta. Bajo los ojos de mi hermana crecen ojeras azules. Una mano helada me estruja el corazn y reconozco los dedos fros del miedo. Me aprieto los dientes. Un rato despus Soulness ha vuelto, trastabillan do, los ojos como un doble plenilunio de Jpiter en el cielo de Io. Sus ocho aos parecen haberse duplicado sobre su cuerpo sucio y tembloroso. Apenas logro arrancarle las palabr as de la boca, rgida por el terror. Estn muertos, all adentro... los cuatro chicos peces pega que viajaban en el compartimiento de

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higiene... Estn descomponindose y sus huesos parecen derretidos, y la piel... Cllate, digo en un susurro ahogado, asustars a Anela. Pero l sabe que le creo y que nuestra hermana no nos escucha. Su carita se desdibuja en la oscuridad con expresin ausente. Dejo a Ane en brazos de mi hermano. Estoy d ecidido a presentarme ante la tripulacin. No me importa que me regresen a Io o a otra colonia de extraccin. Solo quiero salvarla. Salvarnos. Soulness solloza y yo le gruo. Lo atajo por la solapa, hmeda de sus propias bilis, y enredo sin querer mis dedos en sus larg os cabellos. El espeso mechn queda en mis manos como una hebra de sombra. Tengo que ir por ayuda. Corro por los pasillos sin luces, apenas alum brados por el reflejo del sint-metal desde alguna fuente indeterminada que convierte la os curidad en penumbras. Donde debe estar el puesto de mando no hay ningn navegante. Solo la consola de un cibe rnavegador, y todos los asientos vacos. No hay humanos en el carguero, solo nosotros. Ni autmatas, ni alimentos, ni medicinas, porque no hay tripulacin que las necesite. Regreso por Anela y Soulness. Durante la di fcil carrera de reto rno sobre mi corazn restallan los ltigos del miedo. Al cruzar cer ca de las puertas que identifico como las bodegas un signo hecho sobre el sint-metal con pi ntura roja luminiscen te me detiene. No s leer, ninguno de nosotros sabe pero reconozco el dibujo que parecen las aspas de un extractor de hlices antiguo cercado por un trin gulo; y tambin el crculo con la tachadura que prohbe y amenaza; y la calavera negra. Comprendo ahora que no es este un carguero de metal y subproductos en viaje hacia la Tier ra. Vamos junto a los desechos txicos de todas las colonias hacia otra parte... Venus con seguridad: el Vertedero Solar. Por mi mente cruzan los muchos momentos en que he visto a estos cargue ros atracar en Io y despegar con tantos peces pegas desde la Estacin Ecuatorial del satlite; sus padres estafados, ms en los sueos de ver a sus hijo s libres, que en los miserables crditos. Ni ellos, ni nosotros, comprobaremos si es tan azul como cuentan el cielo de la Tierra. Encuentro a mis hermanos todava conscientes. Anela me mira con sus ojos de luna en eclipse y me tiende los brazos. Ayudo a levant arse a Soulness y apoya contra mi hombro todo el temblor de su cuerpo. Al puesto de mando, les digo. Soulness murmura algo sobre encontrar ayuda. All estaremos bien, le re spondo, ser el mejor lugar para ver la bienvenida que nos dar la Tierra, vestida con su traje azul y blanco de novia csmica del Tiempo. Soulness apenas se sonre con sus labi os violceos. Anela ha vuelto a dormirse y tal vez ya no despierte. En el puesto de mando acomodo a Soulness en un silln. Yo a su lado, con Anela en brazos, sostengo su mano helada. Pienso que ta l vez era este el silln del comandante del carguero que alguna vez llev vida a la Tierra Y me creo que yo soy l y que llevo a mis hermanos, a mi padre y todos los nios de Io hacia esa ciudad de torres blancas sobre un lago verde. Lucho contra el sueo definitivo que me aplasta. Quiero verla aparecer. Quizs no tenga tiempo para guiarle un ojo... El carguer o pasar de largo sobre ella... Sin nada que declarar.

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Sociedad de la Informacin o Sociedad de la Vigilancia? Desde que las cookies hicieran su aparicin en la arena de Internet, se han visto permanentemente envueltas en la polmica, atrayendo un inters anormalmente desmesurado en los medios. Se las asocia comnmente con amenazas a la intimidad, violacin de la privacidad y peligros a veces ms terribles. A pesar de que los grupos de anunciantes y de marketing mantienen una guerra particular con ciertas organizaciones, que por su parte promueven campaas de proteccin de la intimidad en la Red, lo cierto es que las cookies continan utilizndose extensivamente en todo tipo de sitios web y la tendencia apunta a que su uso crecer con el tiempo. Las cookies constituyen una potente herramienta empleada por los servidores web para almacenar y recuperar informacin acerca de sus visitantes: conservan informacin entre pginas sucesivas que visita el usuario, extendiendo significativamente las capacidades de las aplicaciones cliente/servidor basadas en la Web. Mediante el uso de cookies se permite al servidor recordar algunos datos concernientes al usuario, como sus preferencias para la visualizacin de las pginas de ese servidor, nombre y contrasea, productos que ms le interesan o, simplemente, un identificador nico. Pero qu es exactamente una cookie? Una cookie no es ms que un fichero de texto simple que algunos servidores piden a nuestro navegador que escriba en nuestro disco duro. El contenido de la cookie lo dicta el servidor y normalmente consistir en un nmero para identificar unvocamente al visitante. Este nmero se utiliza como ndice en una gran base de datos, en la que se va almacenando la mayor cantidad posible de informacin acerca de lo que el visitante ha estado haciendo por sus pginas: qu enlaces sigue, qu pginas lee, qu fotos mira, qu documentos o programas descarga, etc. De esta forma, si el usuario apaga el ordenador y se conecta de nuevo al da siguiente, la cookie permitir identificarle, reconocindole como el mismo usuario del da anterior, con lo que se puede continuar recabando informacin acerca de l. La cookie acta como esos anillos que se pone a los pjaros en la patita, para poder seguir sus movimientos y migraciones. En s, esta tcnica no parece muy preocupante. De hecho, cuando visitemos sitios que nos han enviado cookies, recibiremos propaganda cada vez ms personanalizada, ya que el anunciante va conociendo con gran precisin nuestros hbitos y gustos, lo cual puede resultar deseable. Y al fin y al cabo, slo nos conocen por un nmero, no por nombre y apellidos. Desgraciadamente, a menudo se rellenan formularios con el nombre, apellidos, direccin, telfono y a veces incluso datos an ms privados y sensibles. A partir de ese momento, si el formulario se enva a un sitio del que hemos recibido una cookie, la asociacin entre el identificador annimo de la cookie y nuestros datos personales,

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introducidos en el formulario, resulta inmediata. De ah en adelante ya no es un nmero el que navega, sino un ciudadano con su nombre y domicilio. El reciente anuncio de Kevin O' Connor, fundador y presidente de DoubleClick la mayor red de anunciantes y envo de cookies para marketing personalizado, ha provocado un gran revuelo en los crculos defe nsores de la intimidad en Internet: segn sus palabras, DoubleClick planea cruzar la informacin recop ilada en Internet (on-line), a travs de cookies y formularios, con la informacin recopi lada por otras compaas al margen de la Red (off-line). Ahora el panorama s que empieza a perfilarse como un escenario Orwelliano, en el que se siguen a conciencia todos los movimientos de los ciudadanos en un mundo que camina hacia la informatizacin y automatizacin prog resiva de todos los procesos. Cada da se hace un mayor uso de tarjetas, de crdito y de todo tipo: la tarjeta Caprabo para ganar puntos para descuentos mensua les en las compras del superm ercado, la tarjeta VIPS para ahorrar dinero VIPS y obtener descuentos en co midas y cenas, la tarjeta del Corte Ingls, la tarjeta de Repsol, la tarjeta de MasterCard gratuita que di stribuye la compaa elctrica entre sus clientes, las tarjetas de crdito y dbito habituales con las que se compra en cualquier tienda o se reservan entradas para el prximo concierto o se paga la habitacin del hotel. Hay tarjetas para todo y las tarjetas Visa, AMEX y MasterCard cada vez se usan en ms y ms pagos. El peaje electrnico est a la vuelta de la esquina, funcionando ya en muchos pases; se registran todas las llamada s desde mvil y fijo: a qu nmero se llam, cunto tiempo dur la llamada. Nunca ha pensado que queda un registro el ectrnico de todas sus compras y servicios pagados con esa multitud de tarjetas? La facilidad de tratamiento masivo de la informacin que ofrecen los modernos sistemas informticos unida a la fcil movilidad de los datos, gracias a las redes de comunicaciones cada da ms extendidas, posibilitan la compilacin de gigantescos historiales sobre la vida pe rsonal de los ciudadanos: hbitos de compra, gustos musicales, destinos de viaje preferidos, lecturas favoritas, alimentacin, tantas cosas que pueden llegar a conocerse a partir del uso que hace de sus tarjetas. Nuestra vida moderna deja una profunda huella digital, de la que creamos que podamos escapar en Internet, donde no nos vemos las caras, por donde navegamos desde la comodidad y aparente anonimato de nuestro s hogares. El anuncio de O'Connor derriba incluso esta quimera. Ambos rastros, el de Internet y el del mundo cotidiano, pueden combinarse y DoubleClick, la mayor red de marketing en Internet, que incluye ms de 1500 sitios, entre los que se cuentan Altavista, The Wall Street Journal o The New York Times, ha anunciado sus planes de hacerlo r ealidad. Los mundos on-line y off-line, una vez relacionados, pueden ofrecer ta l cantidad de informacin acerca del usuario, que ser necesario revisar los conceptos actuales de privacidad y anonimato. Internet y el rpido avance de las tecnologas de la informacin y comunicaciones claman por una reestructaracin de nuestra tica en el mbito del ciberespacio, sacudida ya por la conducta escandalosa de los nuevos ciber-ricos. Como sostiene Lawrence Lessig en su pe simista libro "Code and Other Laws of Cyberspace", pronto una combinacin de contra seas, filtros, cookies, identificadores digitales, libros y material es de pago mientras se contemplan ("pay as you view downloadable books") pueden transformar Internet en un lugar oscuro, donde los instrumentos actuales de libertad y privac idad pueden ser borrados por una emergente arquitectura de ojos que todo lo ven.

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Como siempre, la ltima palabra la tiene el usuario, que debe exigir a los sitios web que visite una clara poltica de privacidad, que se le explique llanamente qu se hace con sus datos personales y se le ofrezca siempre la posibilidad de entregarlos solamente si quiere. En vez de seguir el esquema actual de obten er datos y ofrecer luego al usuario la posibilidad de darse de baja (opt-out), tiene ms sentido el proporcionarle la posibilidad de suministrar sus datos personales slo si as lo desea, cuando se le haya explicado por qu se solicitan y qu ventajas le repor tar entregarlos (opt-in). Un enfoque racional y flexible del uso y reco gida de datos personales en Internet puede conducir a una Sociedad de la Informacin en la que todos ganamos. El usuario debe gozar del control sobre sus datos y decidir a quin se los entrega. Si las empresas de marketing y de venta de servicios y mercanc as en la Red se niegan sistem ticamente a ceder el control a los ciudadanos, no queda ms remedio que r ecurrir a herramientas para asegurar la privacidad y el anonimato. Afortunadament e, existen numerosas herramientas para restringir el uso de las cookies y el rastreo de los navegantes y para ocultar la identidad. En cualquier caso, el primer paso hacia una sociedad digital respons able y no controlada por el poder econmico o social es que los ciudadanos tomen conciencia de que sus datos son recopilados y comprendan los procesos po r los que esta acumulacin de informacin tienen lugar. Cmo va a r eaccionar un ciudadano desinforma do que ni siquiera sabe que sus datos personales son almacenados con fines desconocidos? La informacin representa la delgada lnea entre manipulacin y libertad. Publicado en el Boletn del Criptonomicn #68

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REGIONES APARTADAS William Gibson Cuando Hiro activ el ltigo, yo soaba con Pars, soaba con calles infernales, oscuras, mojadas. El dolor me subi oscilando desde la base del crneo, me estall detrs de los Ojos en una pared de nen azul; salt gritando de la hamaca de red. Siempre grito; de eso nunca me olvido. La retroalimentacin me chillaba en el crneo. El ltigo de dolor es un circuito auxiliar del ostefono implantado, conectado directamente a los centros de dolor; lo necesario para atravesar la niebla barbitrico de un relevo. Mi vida tard algunos segundos en cobrar forma, mientras unos icebergs de biografa aparecan entre la niebla: quin era, dnde estaba, qu haca all, quin me despertaba. La voz de Hiro me entr crepitando en la cabeza a travs del osteoconductor. -Maldita sea, Toby. Sabes lo que me haces en los odos con esos gritos? -Sabes cunto me preocupan tus odos, doctor Nagashima? Me preocupan tanto como... -No hay tiempo para letanas de amor, muchacho. Tenemos trabajo. A ver qu son esas ondas puntiagudas de cincuenta milivoltios que te salen del temporal? Ests mezclando algo con los calmantes para dar un poco de color a la cosa? -Tu electroencefalograma no sale bien, Hiro. Ests loco. Slo quiero dormir... Me derrumb en la hamaca y trat de echarme la oscuridad encima, pero la voz de Hiro segua all. Lo siento, hermano, pero hoy trabajas. Ha vuelto una nave, hace una hora. Los de la esclusa de aire estn all ahora mismo, aserrando el motor de reaccin para que la nave quepa por la puerta. -Quin es? Leni Hofmannstahl, Toby, fisico-qumica, ciudadana de la Repblica Federal de Alemania. -Esper a que yo dejara de gruir.Es un disparo de carne confirmado.

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Qu agradable terminologa de rutina hemos de sarrollado aqu. Se refera a una nave que haba regresado con telemetra mdica activada, y en la que ha ba un (1) cuerpo, caliente, estado psicolgico todava desconocido. Cerr lo s ojos y me columpi en la oscuridad. Parece que t eres el relevo, Toby. El perfil de ella sincroniza con el de Taylor, pero Taylor est de permiso. Yo saba todo acerca del permiso de Taylor. Estaba en las cajas agrcolas, atiborrado de amitriptilina, haciendo ejercicios aerbicos para compensar el ltimo ataque de depresin. Uno de los riesgos laborales de ser un relevo. Taylor y yo no nos llevamos bien. Es curioso, pero suele pasar cuando el perfil psicosexual del tipo es demasiado parecido al de uno. Ey, Toby, de dnde sacas toda esa droga? -La pregunta era ya ritual.Te la da Charmian? -Me la da tu mam, Hiro. l sabe que es Charmian tan bien como yo. Gracias, Toby. Como no ests en el ascensor del Cielo en cinco minutos mandar al personal de enfermera ruso para que ve nga a ayudarte. Al personal masculino. Segu columpindome en la hamaca y me entret uve con el juego llamado El Lugar de Toby Halpert en el Universo. No es que sea egotis ta: pongo el sol en el centro, la luminaria, la esfera del da. A su alrededor pongo en m ovimiento pulcros planetas, nuestro acogedor sistema natal. Pero justo aqu, en un punto fijo situado a casi un octavo de la distancia que nos separa de la rbita de Marte, cuelgo un grueso cilindro de aleac in, como un modelo a un cuarto de escala del Tsiolkovsky 1, el Pa raso de los Trabajadores en L-5. El Tsiolkovsky 1 est emplazado en el punto de liber acin entre la gravedad de la Tierra y la de la Luna, pero necesitamos tambin una ve la lumnica que nos mantenga aqu, veinte toneladas de aluminio en forma de hexgono, di ez kilmetros de lado a lado. Esa vela nos remolc fuera de la rbita terrestre, y ahora es nuestra ancla. La usamos para maniobrar contra la corriente de fotones, para mantenernos aqu junto a la cosa -el punto, la singularidadque llamamos la Autopista. Los franceses lo llaman le metro, el tren subterrneo, y los rusos lo llaman el ro, pero subterrneo no entraa la distancia, y ro, para los americanos, no entraa la misma soledad. Llammoslo las Coordenadas de la Anomala Tovyevski, si no os molesta meter a Olga en esto. Olga Tovyevski, Nuestra Seor a de las Singularidades, Santa Patrona de la Autopista. Hiro no confiaba en que me levantara solo. just o antes de que entraran los enfermeros rusos encendi las luces de mi cubculo por control remoto, y las dej titilar y tartamudear unos segundos antes de que iluminaran como una mi rada hostil y persiste nte las imgenes de Santa Olga que Charmian haba pegado en el mamparo. Docenas de fotos, la cara repetida en papel de peridico, en brillante papel de revista ilustrada. Nuestra Seora de la Autopista. La teniente coronel Olga Tovyevski, la mujer m s joven de su rango en el esfuerzo espacial sovitico, estaba en ruta h acia Marte, sola, en un Alyut 6 modificado. Las modificaciones le permitan llevar el prototipo de un nuevo limpiador de aire que iba a ser sometido a pruebas en el laboratorio orbital marciano donde la URSS haba destacado a cuatro hombres. Con la misma facilidad podran ha ber manejado el Alyut a distancia, desde Tsiolkovsky, pero Olga quera acumular tiempo en misiones. Se aseguraron de mantenerla ocupada: le asignaron una serie de experimentos de rutina c on seales de radio por banda de hidrgeno, la parte ms anodina de un in tercambio cientfico sovitico-australiano de baja prioridad. Olga saba que su pape l en los experimentos podra haber sido desempeado por un cronmetro domstico est ndar. Pero ella era una funcionaria eficiente; pulsaba los botones exacta mente en los intervalos correctos.

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Con el pelo castao peinado hacia atrs y reco gido en una red, deba de tener el aspecto de un idealizado camafeo del Pravda que representase el Trabajador del Espacio; fcilmente la cosmonauta ms fotognica de ambos gneros. Verific una vez ms el cronmetro de la Alyut y puso la mano sobre los botones que disp araran la primera seal. La coronel Tovyevski no poda saber que se acer caba al punto del espacio que ms tarde se conocera como la Autopista. Mientras ella pulsaba la secuencia de seis botones, el Al yut recorri esos kilmetros finales y emiti la seal, una descarga sost enida de energa radial a 1420 megahertz, la frecuencia de transmisin del tomo de hidrgen o. El radiotelescopio de Tsiolkovsky haca el seguimiento, y retransmita la seal a los satlites de comunicacin geosincrnicos que a su vez la hacan llegar a estaciones al sur de los Urales y en Nueva Gales del Sur. Durante 3,8 segundos la radio imagen del Alyut fue oscurecida por una postimagen de la seal. Cuando la postimagen se disolvi en las pant allas de los monitores terrestres, el Alyut haba desaparecido. En los Urales, un tcnico georgi ano de mediana edad rompi con los dientes la cnula de su pipa de espuma de mar favorita. En Nuev a Gales del Sur, un joven fsico se puso a golpear el costado del monitor como un enfur ecido finalista de flper protestando un TILT. El ascensor que me esperaba para llevarme al Cielo poda ser la mejo r toma de Hollywood de una caja para momias Bauhaus: un sarcfag o angosto, vertical, con una tapa acrlica transparente. Tras ella, hilera s de consolas idnticas se alej aban como en una ilustracin de libro de texto sobre la perspectiva. La acostumbrada multitud de tcnicos con sus trajes de payaso de papel amarillo se arremolinaba alrededor con determinacin. Vi a Hiro en mono de dril azul, con la camisa de vaquero de botones nacarados abierta sobre una desteida camiseta de la UCLA. Absorto en el torrente de cifras que bajaba por la pantalla de un monitor, no advir ti mi presencia. Nadie lo hizo. De modo que me qued all mirando el techo, y el fondo del piso de l Cielo. No pareca gran cosa. Nuestro gordo cilindro est co mpuesto en realidad por dos cilindros, uno dentro del otro. Aqu abajo, en el de afuera hacemos nuest ro propio abajo mediante rotacin axialestn los as pectos ms mundanos de nuestra operacin: dormitorios, cafeteras, la plataforma de la esclusa de aire, por donde hacemos entrar las naves que regresan, la sala de comuni caciones ... y los pabellones, a los que me cuido de no ir nunca. El Cielo, el cilindro interior, el improbable corazn verde de este lugar, es el perfecto sueo Disney del regreso al hogar, el fam lico odo de una economa global hambrienta de informacin. Un flujo constante de informacin bruta sale en pulsaciones hacia la Tierra, una inundacin de rumores, susurros, indicios de trfico transgalctico. Sola acostarme en la hamaca, rgidamente, a sentir la presin de todos esos datos, a sentir como serpenteaban entre las lneas que imaginaba detrs del mamparo, lneas como tendones, apretados y abulta dos, a punto de reventar, a punto de aplastarme. Entonces Charmian vino a vivir conmigo, y cuando le cont lo del miedo, hizo unas cuantas brujeras contra l y coloc sus iconos de santa Olga. Y la presin retrocedi, disminuy. -Te voy a conectar un traductor, Toby. Quiz necesites alemn esta maana. La voz me son como arena en el crneo, una seca modulacin de esttica.Hillary. En lnea, doctor Nagashima dijo una voz BB C, lmpida como crista l de hielo-. Tienes francs, verdad, Toby? Hofmannstahl tiene francs e ingls. -A m no me toques el pelo, Hi llary. Habla cuando se te habl e, entendido? -El silencio de ella se transform en una capa ms del intrincado, continuo chispor roteo de esttica. Hiro me dispar una mirada indecente a trav s de dos docenas de consolas. Sonre. Estaba empezando a suceder: el regocijo, la rfaga de adrena lina. Lo sent a entre las ltimas volutas del barbitrico. Un muchacho de cara rubia, suave, de surfista, me ayudaba

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a entrar en el mono. Ola; era nuevo-envej ecido, cuidadosamente maltratado, empapado en sudor sinttico y feromonas de fbrica. La s dos mangas estaban atiborradas, desde la mueca hasta el hombro, de parches bordados; casi todos eran logotipos de empresas, patrocinadores de una imaginaria expedicin a la Autopista, con el logo del patrocinador principal cosido de hombro a hombro: la em presa que supuestamente haba enviado a HALPERT, TOBY a su cita con las estrellas. Por lo menos mi nombre era verdadero, bordado en maysculas de nilon escar lata justo encima del corazn. El surfista tena esa clase de rasgos atractivos estndar que yo asocio con los jvenes de la CIA, pero su cinta identificadora deca NEVSKY y se repeta en cirlico. KGB, entonces. No era un tsiolnik, no tena ese estilo de articulaciones fl ojas que confieren veinte aos en el hbitat L-5. El chico era puro Mosc, un educado marcador de procedimientos que probablemente supiera ocho maneras de mata r con un peridico enrollado. Comenzamos entonces el ritual de drogas y bolsillos; me meti una micr ojeringa, cargada con uno de los nuevos euforialucingenos, en el bolsillo de la mueca izquierda, dio un paso atrs, y marc el dato en su lista. La silueta impresa de un relevo en traje de trabajo que llevaba en su bloc especial pareca una diana de tiro al blanco. Sac una ampolla de cinco gramos de opio de la caja que llevaba sujeta a la cintura por una cadena y encontr el bolsillo adecuado. Marca. Catorce bolsill os. La cocana fue lo ltimo. Hiro se acerc justo cuando el ruso esta ba terminando. -Tal vez tenga algunos datos fuertes, Toby; ella es fsico qumica, recu erda. Era extrao orlo acsticamente, no por vibraciones seas del implante. -All arriba todo es fuerte, Hiro. -Me lo dices a m? Tambin l lo senta, ese zumbido especial. Daba la impresin de que no podamos mirarnos directamente a los ojos. Antes de que la torpeza fuese en aumento, dio media vuelta y dirigi un gesto de aprobacin a uno de los payasos amarillos. Dos de ellos me ayudaron a en trar en el atad Bauhaus y retrocedieron cuando la tapa baj silbando como el visor del escudo de un gigante. Comenc mi ascenso al Cielo, donde sera recibido por una desconocida llamada Leni Hofmannstahl. Un viaje corto, pero que parece durar toda la vida. Olga, que fue nuestra primera autostopista, la primera en sacar el pulgar por la longitud de onda del hidrgeno, tard dos aos en llegar a casa En Tyuratam, en Kazakhstan, una maana gris de invierno, registraron su regreso en dieciocho centmetros de cinta magntica. Si un religioso -con conocimientos de t ecnologa cinematogrf ica-hubiese estado observando el punto en el espaci o donde el Alyut haba desaparecido dos aos antes, podra haber pensado que Dios haba empalmado una cinta de tomas de espacio vaco con tomas de la nave de Olga. Olga reapareci de pr onto en nuestro espacio-tiempo como en un atroz efecto especial de aficionado. Una semana ms tarde y tal vez no la habran alcanzado a tiempo; la Tierra habra seguido su rumbo y la habra dejado a la de riva hacia el sol. Cincuenta y tres horas des pus de su regreso, un nervio so voluntario llamado Kurtz, vistiendo un traje blindado, entr por la escotilla del Alyut. Era un alemn del este, especialista en medicina espacial, y su vicio secreto eran los cigarrillos americanos; se mora por uno mientras manipulaba la esclusa de aire, pasaba junto a una masa rectangular de esencia de limpiador de aire y encenda la luz del casco haciendo pr esin con el mentn. El Alyut, incluso pasados dos aos, pareca esta r lleno de aire respirable. A la luz de los haces gemelos que le salan del enorme casc o, vio diminutos globos de sangre y vmito que giraban lentamente, formando remolinos, mientras meta el abultado traje por el pasadizo y entraba en el mdulo de mando. Entonces la encontr. Flotaba por encima del tablero de indicador es de navegacin, des nuda, aovillada en un rgido nudo fetal. Tena los oj os abiertos, pero clavados en algo que Kurtz nunca Regara a

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ver. Los puos ensangrentados estaban apretados como piedra, y el pelo castao, suelto ahora, le flotaba alrededor de la cara como unas algas marinas. Muy despacio, con mucho cuidado, Kurtz pas por encima de las blancas teclas de la consola de mandos y sujet su traje al tablero de indicadores. Pareca evid ente que Olga haba in tentado tocar el equipo de comunicaciones de la nave con las manos des nudas. Desactiv la garra derecha del traje de trabajo, que se despleg automticamente, como dos pares de tenazas que fingiesen ser una flor. Estir la mano, an encerrada en un guante quirrgico presurizado. Luego, con la mayor suavidad posible, abri lo s dedos de la mano izquierda de Olga. Nada. Pero al abrirle el puo de recho, algo sali cayendo y girando lentamente, a pocos centmetros de la placa facial de Ku rtz. Pareca un caracol de mar. Olga regres a casa, pero nunca regres a la vida detrs de aquellos ojos azules. Intentaron reanimarla, por supuesto, pero cuanto m s lo intentaban ms tenue se volva, y queriendo saber ms, la diseminaron una y otra vez hasta que lleg, e-1 su martirio, a llenar bibliotecas enteras con helados corredores de valiossimas reliquias. Ningn santo haba sido tan cortado; slo en los laboratorios de Plesetsk, Olga estaba representada por ms de dos millones de fragmentos de tejido, archiv ados y numerados en el substano de un complejo de estudios bio lgicos a prueba de bombas. Tuvieron ms suerte con la caracola. La e xobiologa se encontr de golpe pisando una tierra estrernecedorarnente firme: un gramo y siete dcimas de info rmacin biolgica de alta organizacin, definitivamente extraterrestre La caracola de Ol ga gener toda una subrama de la ciencia, dedicada exclusivamente al estudio de.. la caracola de Olga. Los primeros descubrimientos acerca de la caracola aclararon dos cosas: no era producto de ninguna biosfera terrestre conocida, y como no haba otra s biosferas conocidas en el sistema solar, proceda sin duda de otra estrella. Olga tena que haber visitado ese lugar, o haba entrado en contacto, por lejos que est uviese, con algo que era, o haba sido alguna vez, capaz de hacer el viaje. Enviaron a un tal mayor Grosz a las Coordena das Tovyevsk en un Alyut 9 especialmente equipado. Detrs de l sali ot ra nave. Terminaba de emitir la ltima de las veinte seales de hidrgeno cuando la nave se esfum. Grabaron la desaparicin y esperaron. Regres doscientos treinta y cuatro das ms tarde. Mientras tanto, haban sondeado la zona constantemente, buscando con desesperacin cu alquier cosa que pu diese explicar la anomala especfica, el fenme no irritante en torno al cual se pudiese esbozar una teora. No haba nada: slo la nave de Grosz, dando tumbos fuera de control. Grosz se suicid antes de que pudieran Regar a rescatarlo, la segunda vctima de la Autopista. Despus de remolcar el Alyut de regreso a Tsiolkovsky, descubrier on que el sofisticado equipo de grabacin no haba grabado nada. Todos los componentes estaban en perfecto estado de funcionamiento; ninguno de ello s haba funcionado. Grosz fue congelado instantneamente y puesto a bordo de la primer a nave que sali haci a Plesetsk, donde las palas mecnicas ya excavaban un nuevo substano. Tres aos despus, a la maana siguiente de haber perdido al sptimo cosmonauta, son un telfono en Mosc. Era el director de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de Norteamrica. Estaba autoriza do, dijo, a hacer una oferta: bajo ciertas condiciones muy especficas, la Unin Sovitica podra contar con los mejores cerebros de la psiquiatra occidental. La Agencia consid eraba, prosigui, que actualmente dicha ayuda podra ser muy bien recibida. Su dominio del ruso era excelente. La esttica del ostefono era una tormenta de arena subliminal. El ascensor se desliz subiendo por su estrecho conducto a travs de la planta del Cielo. Fui contando luces azules a intervalos de dos metros. Despu s de la quinta luz, oscuridad y suspensin.

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Escondido en la hueca consola de mandos de la fa lsa nave de la Autopista, esper en el ascensor como el secreto que se oculta detrs de un cuento infantil de misterio en un falso estante de libros. La nave era una pieza de utilera, como la caba a bvara pegada a los Alpes de yeso de algunos parques de divers iones: un toque simptico, pero no del todo necesario. Si los que regresan nos aceptan, nos toman por lo que somos; nuestras noticias de primera plana y nuestros accesorios te atrales no parecen importar demasiado. -Todo est libre dijo Hiro-. No queda nadie por ah. -M e masaje reflexivamente la cicatriz que tengo detrs de la oreja izquierda, donde me implantaron el ostefono. El costado de la falsa consola se abri y dej en trar la luz gris del amanecer del Cielo. El interior del bote de imitacin resultaba fam iliar y a la vez extr ao. Corno tu propio apartamento cuando hace una semana que no lo ves. Una de las nuevas enredaderas brasileas haba atravesado la ventanilla iz quierda; se pareca ser el ltimo cambio escnico desde mi ltima subida. Hubo grandes discusiones por esas enredade ras en las reuniones de biotectura: los eclogos americanos chillaban anunciando posible s deficiencias de hidrgeno. Los rusos se han mostrado muy susceptibles en el te ma del biodiseo desde que tuvieron que pedir americanos prestados para que los ayudaran con el program a bitico en Tsiolkovsky 1. Tenan un feo problema con la descomposici n, que les arruinaba el trigo hidropnico; tanta ingeniera sovitica supersofisticada y no podan establecer un ecosistema funcional. De nada sirve que aquella de bacle inicial nos ha ya abierto el camino para poder estar ahora aqu con ellos. Eso los fastidia; entonces insisten con lo de las enredaderas brasileas, lo que sea, cualquier cosa que les sirva de pretexto para discutir. Pero a m esas enredaderas me gustan: la s hojas tienen forma de corazn, y si se las frota entre las manos, huelen a canela. Desde la portilla mir cmo aclaraba a medida que la luz solar reflejada entraba en el Cielo. El Cielo se rige por la hora de Greenwich; en alguna parte haba enormes espejos Mylar girando en un vaco brillante, sincr onizados para reflejar un amanecer de Greenwich. Los trinos de pjaros grabados em pezaron a orse en los r boles. Los pjaros lo pasan muy mal en ausencia de autnt ica gravedad. No podemos tener pjaros verdaderos, porque se vuelven locos tratando de arreglrselas con la fuerza centrfuga. La primera vez que lo ves, el Cielo hace honor a su nombre: exuberante, fresco y luminoso, la hierba larga, salpicada de flores silvestres Es mejor si no sabes que la mayora de los rboles son artificiales, o que para mantener ciertas cosas co mo el equilibrio ptimo entre las algas verdiazules y las algas diatomeas del estanque, hace falta una constante atencin. Charmian dice que espera ver a Bambi salir de entre los rboles haciendo cabriolas, y Hiro sostiene que sabe exactamente cuntos ingenieros de la Disney fueron obligados a jurar que mantendran el secreto, bajo el Acta de Seguridad Nacional. -Estamos recibiendo fragmentos de Hofm annstahl dijo Hir o. Casi poda estar hablando para s mismo; la gestalt entren ador-relevo surta efecto, y no tardaramos en dejar de sentir la presencia del otro. El ni vel de adrenalina comenzaba a disminuir -. Nada muy coherente. Schne Maschine, algo as... Hermosa mquina... Hillary dice que parece muy tranqui la, pero aturdida. -No me expliques nada. No quiero espera r nada concreto, de acuerdo? Entremos directamente. Abr la escotilla y aspir una bocanada de aire del Cielo; fue como un trago de vino blanco fro.Dnde est Charmian? Hiro suspir, una suave rfaga de esttica. Charmian debera estar en el Claro Cinco ocupndose de un chileno que Reg hace tres das, pero no est, porque se enter de que vendras. Te espera junto al estanque de las carpas. Zorra testaruda. agreg. Charmian arrojaba guijarros a la orgullosa ca rpa china. Llevaba un ramillete de flores blancas detrs de una oreja, un marchito Marlboro detrs de la ot ra. Tena los pies

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descalzos y embarrados, y se haba cortado las piernas del mono por la mitad del muslo. Llevaba el pelo negro recogi do en una cola de caballo. Nos habamos conocido en una fiesta en uno de los talleres de sold adura; voces ebrias resonaban en el cuenco de la esfera metlica, vodka artesanal en gravedad cero. Haba uno que tena una bolsa de agua para suaviz ar el trago, y sac un buen puado y lanz diestramente una bola rodante y movediza de tens in superficial. Las viejas bromas acerca de pasar el agua. Pero yo soy un torpe en gr avedad cero. La atraves con la mano cuando pas cerca. Me sacud del pelo mil bolitas plateadas, aturdido, tropezando; y la mujer que estaba a mi lado se rea y daba lentos saltos mortales, muchacha larga, delgada, de pelo negro. Llevaba uno de esos holgados pantalones de cordn que los turistas se llevan de Tsiolkovsky, y una desteida camiseta de la NAS A tres tallas ms gran de de lo necesario. Un minuto despus me hablaba de vuelos en ala-delta con los adolescentes tsiolniki, y de lo orgullosos que estaban de la floja marihuana qu e cultivaban en una de las cestas de maz. No me haba dado cuenta de que ella era otro relevo hasta que Hiro entr a decirnos que la fiesta haba terminado. Se fue a vi vir conmigo una semana ms tarde. -Espera un minuto, de acuerdo? -Hiro hizo chirri ar los dientes, un so nido horrible.Uno, one. -Y se fue, saliendo totalmente fuera del circuito; tal vez ni siquiera escuchaba. -Cmo van las cosas en el Claro Cinco? Me puse en cuclillas junto a ella y busqu tambin algunos guijarros. -No muy divertidas. Tuve que alejarme de l por un rato; le inyect hipnticos. Mi intrprete me dijo que subas. -Tie ne ese acento de Texas que hace que ice suene como ass. -Cre que hablabas espaol. El tipo es chileno, verdad? Arroj uno de mis guijarros al estanque. Yo hablo mejicano. Los buitres de la cultura dijeron que no le gustara mi acento. Qu bueno. Y no puedo seguirlo cuando habla rpido. Uno de su s guijarros sigui el mo y abri aros en la superficie mientras se hund a.Es decir, constantemente agreg. Una carpa se acerc para ver si el guijarro era co mestible-. De sta no sale. -Charmian no me miraba. Su tono de voz era perfectamente neut ro.No hay duda de que de sta el pequeo Jorge no sale. Escog el guijarro ms plano y trat de hacer lo rebotar hasta el otro lado del estanque, pero se hundi. Cuanto menos supiera de Jorge el chileno, me jor sera. Saba que era uno de los vivos, parte de ese diez por ciento. Nuestro ndice de muertos al llegar es de un veinte por ciento. Suicidio. Un setenta por ciento son candidatos inmediatos a los pabellones: los casos de regresin, los que llegan balbuceando. Charmian y yo somos los relevos de ese diez por ciento. Si los primeros que regresaron hubiesen trado slo caracoles de mar, dudo que ahora el Cielo estuviese aqu. El Cielo fue construido despus de que un francs regres con un aro de acero de doce centmetros de dimetro, codificado magnticamente y cerrado en torno a la mano fra, negra parodia del nio afortunado que gana una vuelta gratis en el tiovivo. Puede que nunca descubramos dnde o cmo lo en contr, pero aquel aro fue la piedra de Rosetta para el cncer. De modo que ahora le ha llegado a la especie humana la hora del culto de cargo. Aqu afuera podemos recoger cosas con las que no tropezaramos ni en mil aos de investigacin en la Tierra. Charmi an dice que somos como esos pobres imbciles de las islas, que se pasan toda la vida construyendo pistas de aterrizaje para que regresen los grandes pjaros de plata. Charmian dice que el contacto con civilizaciones superiores es algo que no se le desea ni al peor enemigo.

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-Te has preguntado alguna vez cmo se mont toda esta estafa, Toby> -Charmian miraba entornando los ojos a la luz solar, hacia el este, donde se extenda nuestro pas cilndrico, verde y sin horizonte.Seguro que reunieron a todos los pesos pesados, a la lite de la psiquiatra, y los sentaron alrededor de una la rga mesa de autntica imitacin de palo de rosa, tpico asunto del Pentgono. Cada uno re cibi un cuaderno de apuntes en blanco y un lpiz nuevo, especialmente afilado para la ocasin. All estaban todos: freudianos, junguianos, adlerianos, los hombres rata de Skin ner, todo lo que se te ocurra. Y todos y cada uno de aquellos desgraciados saban de sobra que era hora de ha cer el mejor papel. No slo como representantes de una faccin determinada sino como profesionales. All estn, la encarnacin de la psiquiatra occidental. Y no pasa nada! La gente sale de repente muerta de la Autopista, y si no, re gresa babeando, cantando canciones de cuna. Los vivos duran alrededor de tres das, no di cen una palabra y despus se pegan un tiro o entran en estado catatnic o. -Sac una pequea linterna del cinturn y rompi con naturalidad la cscara de plstico para extraer el reflector parablico.El Kremlin chilla. La CIA se vuelve loca. Y lo peor de todo, las multinacionales que quieren patrocinar el show estn perdiendo entusiasmo. Astronautas muertos? No hay informacin? No hay trato, amigos. Se estn poniendo nerviosos, to dos esos superpsiquiatras, hasta que algn listo, quin sabe, uno de esos lunticos sonrientes de Berkeley aparece y dicey aqu el acento de Charmain se carg de pardica suavid ad-: Eh, por qu no llevamos a esta gente a un sitio agradable, y la llenamos de buena droga y le damos a alguien con quien pueda relacionarse eh? -Charmain se ri, sacudi la cabeza. Usaba el reflector para encender el cigarrillo, concentrando la luz solar. No nos dan cerillas: el fuego destruye el oxgeno, el equilibrio del dixido de carbono. Del cande nte punto focal brot un diminuto rizo de humo gris. -Est bien -dijo Hiro-, ya pas vuestro minut o. -Consult mi reloj: haban sido casi tres minutos. -Buena suerte, cario -dijo Charmian en voz baja, fingiendo estar absorta en el cigarrillo-. Que te vaya bien. La promesa de dolor. Est ah cada vez. Sa bes qu va a pasar, pero no sabes cundo, ni exactamente cmo. Uno trata de aferrarse a esas incertidumbres, de mecerlas en la oscuridad. Pero si te prepar as para el dolor, no funciona s. Ese poema que Hiro cita: Ensanos apreocuparnos y a no preocuparnos. Somos como moscas inteligentes que deam bulan por un aeropuerto internacional; algunas conseguimos colarnos en algn vuelo a Londres o a Ro, quiz hasta sobrevivir al viaje y regresar luego. -Eh -dicen la s otras moscas-, qu pasa del otro lado de esa puerta? Qu saben ellos que no sepamos nosotros? -Al lleg ar al borde de la Autopista, todos los lenguajes humanos se te desenmaraan en las manos... excepto, quizs, el lenguaje del chamn, del cabalista, el lenguaje del mstico decidido a cartograf iar jerarquas de ngeles, de santos, de demonios. Pero la Autopista tiene sus reglas, y hemos ap rendido algunas de ellas. Eso nos da algo a que aferrarnos. Primera regla: Una entidad por viaje; nada de equipos, nada de parejas. Segunda regla: Nada de inteligen cias artificiales; lo que est ah afuera, sea lo que sea, no se fija en mquinas listas, al menos en el tipo de mquinas que sabemos construir. Tercera regla: Los instrumentos de grabac in son un despilfarro de espacio; siempre vuelven sin uso.

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Tras los pasos de Santa Olga han surgido docenas de nuevas escuelas de fsica, herejas cada vez ms raras y elegantes, que esperan abri rse paso hasta el centro del misterio. Una por una, fracasan. En el susurrante silencio de las noches del Cielo, uno imagina que los paradigmas estallan en pedazos, que los aicos de teoras tintinean convirtindose en polvo brillante mientras el trabajo de toda una vida de algn grupo de expertos se reduce a la ms sucinta y breve nota de pie de pgina, y todo en el tiempo que tarda tu daado viajero en musitar algunas palabras en la oscuridad. Moscas en un aeropuerto, pidiendo que las lleve n. Se recomienda a las moscas que no hagan demasiadas preguntas; se recomienda a las moscas que no intenten llegar a la Gran Imagen. Repetidos intentos en esa direccin llevan al lento, inexorable florecimiento de la paranoia; la mente proyecta form as enormes, oscuras, sobre la s paredes de la noche, formas que tienden a solidificarse, a c onvertirse en locura, a convertir se en religin. Las moscas listas se quedan con la teora de la Caja Negra; la Caja Negra es la metfora aprobada, y la Autopista sigue siendo x en cualquier ecu acin normal. Se supone que no debemos preocuparnos por lo que es la Autopista, o por quin la puso all, y concentramos en cambio en lo que metemos en la Caja y en lo que sacamos de ella. Hay cosas que nosotros enviamos por la Autopista (una mujer llamada Olga, su nave, y tantos ms que la han seguido) y cosas que nos llegan a nos otros (una loca, un caracol de mar, artefactos, fragmentos de tecnologas extraas). Los tericos de la Caja Negra nos aseguran que nuestra tarea principal consiste en optimizar es e intercambio. Estamos aqu para asegurarnos de que nuestra es pecie recupera lo que invier te. Con todo, algunas cosas se hacen cada vez ms evidentes; una de ellas es que no somos las nicas moscas que han logrado meterse en un aeropuerto. Hemos recogi do artefactos que pertenecen por lo menos a media docena de culturas inmensamente divergentes. Ms patanes, los llama Charmian. Somos como ratas en la bodega de un carguero, intercambiando baratijas con ratas de otros puertos. Soando con las luces brillantes, con la gran ciudad. Para no complicarnos, digamos que todo es asunto de Dentro y Fuera. Len Hofmannstahl: Fuera. Organizamos el recibimiento de Leni Hofman nstahl en el Claro Tres, tambin conocido como el Elseo. YO me agazap bajo un empa rrado de meticulosas reproducciones de arce joven y me dediqu a estudiar la nave. En un principio ha ba tenido el aspecto de una liblula sin alas, con un abdomen estilizado de diez metros de largo donde iba el motor a reaccin. Ahora, sin el motor, pareca una pupa blanco mate, con los ojos larvales, prominen tes, llenos del acostumbrado e intil surtido de sensores y sondas. Estaba apoyada en una suave elevacin en el centro del claro, un montculo especialmente diseado para sostener diversos formatos de nave. Lo s botes ms recientes son ms pequeos, como lavadoras Grand Prix, cpsulas minimalistas que no pretenden ser naves de exploracin. Mdulos para disparos de carne. -No me gusta -dijo Hiro-. sta no me gusta Me da mala espina... -Tal vez estuviera hablando para s mismo; casi podra haber sido yo hablando para m, lo cual significaba que la gestalt entrenador-relevo estaba casi a punto de funcionar. Encerrado en mi papel, dejo de ser el hombre de avanzada del hambrien to odo del Cielo, una sonda especializada conectada por radio con un psiquiatra todava m s especializado; cuando la gestalt entra en accin, Hiro y yo nos fundimos y somos otra cosa, algo que nunca podemos admitir mutuamente, ni siquiera mientras sucede. Nuestra relacin representara la clsica pesadilla freudiana. Pero saba que l tena razn: esta vez se senta que algo andaba muy mal. El claro era ms o menos circular. Tena que serlo; en realidad era un corte redondo de quince metros de dimetro practicado en el pi so del Cielo, un ascenso r circular disfrazado de minipradera alpina. Haban aserrado el mo tor de Leni; haban remolcado su nave hacia el cilindro exterior, bajando el cl aro hasta la esclusa de aire, y luego la haban subido hasta

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el Cielo sobre una inmensa plataforma decorada con hierba y flores silvestres. Haban borrado sus sensores con sobrecargas de transmisin y sellado sus puertas y escotillas; se supone que el Cielo es una sorpresa para el recin llegado. Me encontr preguntndome si Charmian ya habr a regresado con Jorge. Tal vez le estara preparando algo de comer, uno de los peces que atrapamos cuando nos los sueltan en las manos desde jaulas que hay en el fondo del estanque. Imagin el olor a pescado frito, cerr los ojos e imagin a Charmian caminando po r las aguas poco profundas, con los muslos perlados por gotas brillantes: muchacha de piernas largas en un vivero en el Cielo. -Adelante, Toby! entra ahora! El volumen me reson en la cabeza; el entrenam iento y el reflejo gest ltico ya me haban llevado a mitad de camino del claro. -Maldicin, maldicin, maldicin... -El mantra de Hiro, y supe entonces que todo haba salido mal. Hillary, la intrprete, era un sonido de fondo estridente, hielo BBC que cruja mientras ella farfullaba algo a toda velocidad, algo sobre diagramas anatmicos. Hiro debi de haber usado los mandos a distancia para abrir la escotilla, pero no esper a que se desatornillara sola. Hizo detonar seis pernos explosivos empotrados en el casco y vol todo el mecanismo de la escotilla intacto, que por poco no me alcanz. Instintivamente, me haba apartado de su trayectoria. Luego me puse a escalar la lisa superficie del bote, tratando de asirme a las piezas de la estructura metlica con forma de panal que haba justo en la en trada; el mecanismo de la compuerta haba arrastrado consigo la es calerilla de metal. Y all qued inmvil, agazapado en el olor de plastique de los pernos, pues fue entonces cuando el Miedo -me encontr, cuan do me encontr de verdad, por primera vez. Lo haba sentido antes, el Miedo, pero slo los bordes, las extremidades. Ahora era enorme, la propia oquedad de la noche, un v aco fro e implacable. Estaba hecho de ltimas palabras, espacio profundo, todos los la rgos adioses en la historia de nuestra especie. Hizo que me encogiera, gimiendo. Temblaba, me arrastraba, lloraba. Nos dan clases sobre esto, nos advier ten, tratan de explicarlo co mo una especie de agorafobia temporal endmica. Pero nosotros sabemos lo que es; los relevos lo saben y los entrenadores no. Hasta hoy no hay nada que lo explique, ni remotamente. Es el Miedo. Es el dedo largo de la Gr an Noche, la oscuridad que alimenta con murmurantes condenados las dulces y blancas fauces de los pa bellones. Olga, santa Olga, fue la primera que lo supo. Trat de oc ultrnoslo, araando el equipo de radio, ensangrentndose las manos para destruir la capacidad de transmisin de la nave, rogando que la Tierra la perdiese, la dejase morir.. Hiro estaba histrico, pero debe de haber entendido, y supo qu hacer. Me aplic el ltigo de dolor. Fuerte. Una y otra vez, como una picana elctrica para el ganado. Me hizo entrar en el bot e. Me llev a travs del Miedo. Ms all del Miedo, haba una habitacin. Sile ncio y un olor a desconocido, olor a mujer. El estrecho mdulo estaba usado, y tena un as pecto casi domstico; haban remendado el fatigado plstico del asiento de aceleracin con de spegadas tiras de cinta adhesiva plateada. Pero todo pareca amoldarse alrededor de una ause ncia. Ella no estaba all. Entonces vi el demencial friso de rasguos hechos con punta de bolgrafo, smbolos garrapateados, miles de diminutas figuras rectangul ares, retorcidas, entrelazadas y yuxtapuestas. Manchado con huellas dactilares, pattico, cubra la mayor parte del mamparo trasero. Hiro estaba esttico, susurrando, implorando. Encuntrala, Toby, por favor, Toby, encuntrala, encuentra, encuntrala ... La encontr en el compartimiento de ciruga, una estrecha alcoba a un lado del pasadizo. Encima de ella, la Schne Maschine, el manipulador quirrgico, reluca con los brazos delgados y brillantes perfectamente plegados, extremidades cromadas de una centolla rematadas en hemostatos, frceps, bistur lser. Hillary estaba histrica, y apenas se la oa por un dbil canal, diciendo algo acerca de la anatoma del brazo humano, los tendones, las arterias, taxonoma elemental. Hillary gritaba.

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No haba nada de sangre. El manipulador es una mquina pulcra, capaz de hacer un trabajo limpio en gravedad cero aspira ndo la sangre. Leni haba muer to justo antes de que Hiro volase la compuerta; tena el brazo derecho exte ndido sobre la superfic ie de plstico blanco como en un dibujo medieval, desollado, msculos y otros tejidos estirados hacia afuera en un diseo claro y simtrico, sujetos con una docena de pinzas de diseccin de acero inoxidable. Muri desangra do. Un manipulador quirrgico est cuidadosamente programado contra el suicidio, pero puede funcionar como robot disecador, preparando rganos para su almacenamiento. Haba encontrado la manera de engaarlo. Generalmente se puede hacer eso con las mquinas, si se dispone de tiem po. Ella haba tenido ocho aos. Yaca all en una estructura plegable, una cosa parecida al esqueleto fsil de un silln de dentista; a travs de ella vi el descolorido bordado que le cruzaba la espalda del traje: la marca de un fabricante de piezas electrnicas germano-occidental. Trat de hablarle. Le dije: -Por favor, ests muerta. Perdnanos, vi nimos para tratar de ayudarte, Hiro y yo. Entiendes? Sabes que l, Hiro, te conoce, y est aqu, en mi cabeza. Ha ledo tu expediente, tu perfil sexual, tus colores favoritos; conoce los miedos de tu infancia, a tu primer amante, el nombre del profesor que te gustaba. Y yo tengo exactamente las feromonas adecuadas, y soy un arsenal de drogas ambulante, algo que aqu seguramente te gustar. Y podemos mentir, Hiro y yo; somos unos campeones de la mentira. Por favor. Tienes que ver. Perfectos desconocidos, pero Hiro y yo, para ti, somos el perfecto desconocido, Leni. Era una mujer pequea, rubia, de pelo suave, lacio, prematuramente veteado de gris. Le toqu el pelo, una vez, y sal al claro. Una vez all, la larga hierba tembl, las flores empezaron a agitarse, e iniciamos el descenso, co n el bote centrado en el ascensor circular. El claro se desliz hacia abajo, saliendo del Cielo, y la luz sola r se perdi en el resplandor de enormes arcos de vapor que arrojaban duras sombras sobre la amplia plataforma de la esclusa, de aire. Siluetas con trajes rojos, corriendo. Un carrito de rojo gir en redondo sobre gruesas ruedas de caucho, apartndose de nuestro camino. Nevsky, el srfer de la KGB, esperaba al pie de la pasarela que haban empujado hacia el borde del claro. No lo vi hast a que llegamos a la plataforma. -Debo llevarme las drogas ahora, seor Halpert. Me qued all, balancendome, parpadeando para quitarme las lgrimas l se acerc a tranquilizarme. Me pregunt si sa bra siquiera por qu estaba al l en la plataforma, un traje amarillo en territorio rojo. Pero quiz no le importase; nada pareca importarle demasiado; tena la tablilla preparada. -Debo llevrmelas, seor Halpert. Me quit el traje, lo dobl y se lo di. Nevsky lo meti en un bolso plstico de cremallera. Guard el bolso en una caja que llevaba es posada a la mueca, y cerr la combinacin. -No las tomes todas al mismo tiempo, muchacho -dije. Y me desmay. Tarde, aquella noche, Charmian trajo una clase especial de oscuridad a mi cubculo, dosis individuales envueltas en papel metlico 'grues o. No tena nada que ver con la oscuridad de la Gran Noche, esa oscurida d sensible, acechante, que espera para arrastrar a los viajeros a los Pabellones, la oscuridad que incuba el Miedo. Era una oscuridad como la de las sombras que se movan en el asiento trasero del coche de tus padres, una noche de lluvia cuando tenas cinco aos, clid o y seguro. Charmian es mucho ms hbil que yo cuando se trata de eludir a burcratas como Nevsky.

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No le pregunt por qu haba regr esado del Cielo, ni qu le haba pasado a Jorge. Ella no me pregunt nada sobre Leni. Hiro no estaba, haba desaparecido por completo de la transmisin. Lo haba visto por la tarde durante el informe; como de costumbr e, nuestras miradas no se encontraron. No importaba. Saba que volvera. Todo haba sido como siempre. Un mal da en el Cielo, pero eso nunca resulta fcil. Es muy duro cuando se siente el Miedo por primera vez, pero yo siempre supe que estaba ah, esperando. Se ha hablado muc ho de los diagramas de Leni y de los dibujos de cadenas moleculares que cambian de sitio ante una orden. Molculas que pueden funcionar como conmutadores, el ementos lgicos, incluso una especie de instalacin formada por capas que constituyen una nica y enorme molcula, un diminuto ordenador. Quiz no sepamos nunca qu fu e lo que encontr all afuera; quiz no conozcamos nunca los detalles de la transacci n. Podramos lamentarlo si alguna vez lo descubrimos. No somos la nica tribu de regiones apartadas, los nicos que buscan sobras. Maldita Leni, maldito aquel francs, malditos todos los que traen cosas, remedios para el cncer, caracoles marinos, objetos sin nombre: que nos hacen estar aqu esperando, que llenan pabellones, que nos traen el Miedo. Pero afrrate a es ta oscuridad clida y cercana, a la lenta respiracin de Charmian, al ritmo del mar. Aqu la experiencia es fuerte; oirs el mar, muy por detrs de la co nstante esttica de caracol mari no del ostefono. Es algo que llevamos con nosotros, por lejos que estemos de casa. Charmian se movi a mi lado, murmur el nombre de un desconocido, el nombre de algn viajero maltrecho que desde hace mucho tiempo est en los pabellones. Ella tiene el rcord actual: mantuvo a un hombre con vida durante dos semanas, hasta que ese hombre se sac los Ojos con los pulgares. Charmian no dej de gritar hasta que lleg abajo, se rompi las uas en la tapa plstica del ascen sor. Despus le di eron algn tranquilizante. Pero los dos tenemos el impulso, esa necesidad especial, esa manitica dinmica que nos permite seguir yendo al Cielo. Ambos hicimos lo mismo, nos quedamos all fuera en nuestros botes durante semanas, esperando a que la Autopista nos recogiera. Y cuando se nos acabaron las seales, nos remolcaron de vue lta hasta aqu. A algunos no los recoge la Autopista, y nadie sa be por qu. Y nunca hay una se gunda oportunidad. Dicen que es demasiado costoso, pero lo que en verdad quier en decir, mientras te miran los vendajes de las muecas, es que ahora eres demasiado valioso, demasiado til como relevo potencial. No te preocupes por lo del intento de suicidio, te dirn; ocurre todo el tiempo. Muy comprensible: sentimiento de profundo rechazo. Pero yo haba deseado ir, lo haba deseado con mucha fuerza. Charmian tambin. E lla lo intent con pastillas. Pero ellos nos cambiaron, nos torcieron un poc o, alinearon nuestros impul sos, nos implantaron los ostefonos, nos asigna ron entrenadores. Olga tuvo que saberlo, debi de haberlo visto todo; trataba de impedir que descubriramos cmo llegar hasta all, que llegramos a donde ella haba estado. Saba que si la encontrbamos, tendramos que ir. Incluso ahora, sabiendo lo que s, quiero ir. Nunca ir. Pero podemos hamacarnos aqu en esta oscurida d que se eleva sobre nosotros, la mano de Charmian en la ma. Entre nuestras palmas, el arrugado envoltorio de la droga. Y santa Oiga nos sonre desde las pare des; se la siente, todas esas copias de la misma foto publicitaria, rotas y pegadas con cinta adhesiva en las paredes de la noche, esa sonrisa blanca, para siempre. Incluido en Quemando Cromo Ediciones Minotauro, 1994

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PNICO EN EL PLANETA AMERICANO La censura que nos espera MARA RAMREZ. ILUSTRACIN DE SEAN MACKAOUI A MEDIA TARDE, las series retratan una familia idlica, con musiquilla de moraleja incluida cada vez que los padres dan consejos a los hijos sobre el amor, la amistad y el dinero. Por la noche, un rgido presentador emplea largos eufemismos cuando se ve obligado a hacer alguna referencia a algo que pueda recordar al sexo. Las entregas de premios y eventos en directo se retransmiten con varios minutos de retraso para filtrar escenas, palabras y actitudes incorrectas. Los videoclips son censurados y cada artista debe firmar un contrato con clusulas de decencia antes de cualquier actuacin. Un chip-S oscurece canales enteros en cuanto se vislumbra algo ms all de la extensin de piel permitida. El futuro hipottico del espectculo en EEUU no es tan imaginario como podra parecer. La caza al indecente, despus de que Janet Jackson enseara su teta derecha en el descanso de la Super Bowl durante un segundo, empuja las viejas quejas para una limpieza de la TV, el cine y, en general, el depravado mundo de MTV, que produjo el show escandaloso de los Grammy y que, segn John Hamerlinck, reportero de The Humanist, una revista de temas sociales, es para los moralistas del pas una combinacin de televisin y rock aterradora. El Consejo de Televisin de Padres, una asociacin tradicionalista que ha llegado ahora hasta el Congreso para presionar contra la indecencia, suea ya con la emisin slo de las series buenas. En su lista negra de las ?0 peores, est, por ejemplo, Friends, que recibe tres semforos rojos as ilustra su clasificacin por contenido sexual, lenguaje y temtica general. Sus seis personajes han sido sexualmente activos y su dilogo ha incluido lenguaje vulgar y de contenido explcitamente sexual aseguran en episodios pasados. La promiscuidad, el apoyo de Mnica al gusto de Chandler por el porno, y las muchas, muchsimas compaeras sexuales de Joey han centrado todas las bromas. El show utiliza frecuentemente lenguaje fuerte como culo y puta. Ya existen reglas estrictas sobre el uso de la f-word (de fuck: joder), vetada en la caja tonta yanqui, pero el siguiente paso puede ser aprobar la lista de las ocho palabras malditas que defienden dos republicanos desde hace meses. Hasta ahora, era objeto de chiste, pero hoy decir mierda una de las ocho proscritas en la pequea pantalla puede costar muchos millones de dlares. La lucha por la indecencia puede llegar as de lejos. En un condado de Texas, un consejero pblico, Steve Radack, ha anunciado sus planes de controlar cualquier mala conducta de los msicos en concierto en edificios pblicos, con una clusula de moralidad que los artistas estarn obligados a firmar. No estoy intentando empujar para dictar la moral de la sociedad, creo que es claramente necesario establecer un estndar. Bsicamente, quiero estar seguro de que esperamos un entretenimiento sano, explic Radack. Este entretenimiento saludable pasa por un contrato como el del show del rodeo tejano del prximo 2 de marzo, que incluye una letra pequea para que las actuaciones se adapten a

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una manera que no sea ofensiva para ningn gru po social o tnico y que sea adecuada para audiencias familiares. Si cualquier msico tiene reservas, asegur el organizador del rodeo, Leroy Shafer, est fuera y, si no se adapta, nunca volver. Si la agencia que contrata a los msicos falla, explicaba el manager, tambin quedar marginada: Si nos traen artistas que no pueden controlar, eso les va a hacer dao, dijo Shafer. La idea, reforzada por el destape de Janet Jackson, se invent a causa de un artista que se excedi y que ya no vendr ms. Y si vuelve, los republicanos pue den resucitar un chip que avise del peli gro de indecencia. Introducido por los demcratas durante la pr esidencia de Bill Clinton, el chip-V, ideado para prevenir las escenas violentas, avisa y fi ltra automticamente las escenas o el lenguaje con contenido de ese tipo. Todos los televisore s fabricados desde 2000 tienen el chivato chip, pero, segn un estudio con un centenar de familias que hicieron de cobayas, el 77% ni siquiera lo prob. El chip-V no es popular en un pas amante de las armas y poco preocupado en los estndares sobre la violencia, pero el chip-S, que corta las escenas con el ms mnimo contenido sexual y que invent el da de la pureza, podra ser mejor acogido. ste detecta los tipos de programas clasificad os por los canales, c on lo que si la Super Bowl no es etiquetada como peligrosa, el chip-S no funcionar. Sern los programas deportivos o las entregas de premio s no recomendadas para menores? Los chips podran bloquear canales enteros, como ya ofrece un servicio de cable en Texas que consigue eliminar la recepcin de MTV. La cadena, creada en ?98? para responder a la audiencia olvidada, de entre ?2 y 24 aos, es en la versin estadounidense una mezcla de vdeos musicales, entretenimiento y progr amas sobre las modas juveniles. Para contrarrestar la fuerte campaa antiMTV en EEUU, ha promocionado anuncios contra el racismo, el sexismo o las drogas, pero, para los ms conservadores, no basta. El canal atrapa-MTV podra ser un ejemplo radi cal para cortar las indecencias. Creo que la nuestra es una sociedad bastante dura y que podemos tratar sin problema las impropiedades sexuales o sociales, se que jaba Tim Robbins, uno de los pocos actores crticos con el clamor, sobre todo poltico, por el inquieto pecho de marras. Tenemos pieles duras. Los nios no se van a asustar por ver a Janet Jackson en la Super Bowl, record a los que imaginan un futuro idlico, ca si un Pleasantville en blanco y negro, para proteger a los americanos. Robbins se opone al seudodirecto en el que se emitirn los Oscar: De qu tienen miedo?, se pregunt aba el actor, nominado este ao a Mejor Secundario por Mystic River, la espontaneidad es maravillosa. Q uin va juzgar si algo es inapropiado o no?. LOS LTIMOS DAMNIFICADOS EN LA LUCHA CONTRA LA INDECENCIA BRITNEY SPEARS ha tenido mltiples problemillas por su nuevo vdeo, en donde muestra carnaza sin tapujo s, aunque con los pezones hbilmente ocultados. LOS OSCARS de este ao, como los Grammy de hace unos das, se emitirn por TV en falso directo, un eufemismo que se traduce en re trasar la emisin, por si durante la gala se expele alguna palabra malsonante o se produce una actitud reprobable. FRIENDS. La teleserie juveni l de la NBC est en la lista negra del Consejo de Televisin de Padres, una asociacin tradicio nalista que ha solicitado en el Congreso meter mano en este espacio por su indecente contenido sexual. OUTKAST actuaron en los Grammy disfraza dos de indios. Ahora la CBS ha pedido disculpas tras la airada queja del Centro Cultural Indgena de Estados Unidos. MTV. La cadena norteamericana est en el punto de mira de los conservadores, que la consideran una mala influencia Quizs para darse una ptina de moralidad, ha decidido emitir el nuevo clip de Britney en horario para adultos. Las MTV europeas, sin embargo, lo programan a todas horas.

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La cibercultura es de derecha? Por Olivier Malnuit El problema con el futuro es que siempre parece suceder en Estados Unidos. Descubrimientos maysculos en el MIT (Instituto Tecnolgico de Massachusetts), profecas mediticas de intelectuales neoyorquinos, centrifugados conceptuales inspirados en Timothy Leary y William Gibson... Terminamos preguntndonos si no viviremos en pases atrasados donde todava se ve televisin y se pagan impuestos. El mundo de maana tiene tan poca pinta de realizarse entre nosotros que nuestros pases tienden a parecerse a colonias rurales reguladas por la economa de las hortalizas y del vino de cosecha. Un mundo sin investigadores, sin biotecnologas, sin dinero, y tan mal equipado en telecomunicaciones que los telfonos todava sirven para hablar y las computadoras huelen a media sucia. En suma, un mundo que ya no tendra siquiera el reflejo de renovar sus modems. El motivo? Una vasta superchera proliberal llamada cibercultura. Desde fines de los aos el trmino, que designa la gran doctrina visionaria de la gente que pulula por Internet, cumple la misma funcin que Hollywood en los aos : promover la bendita voz del mercado, preferentemente el de Nasdaq. Porque en el fondo, qu es la cibercultura? Nunca nadie lo supo realmente. En realidad digan lo que digan sus fans, la cibercultura es una especie de religin difusa basada en la confianza absoluta en las ventajas liberadoras de la tecnologa, el rechazo de toda forma de Estado o de intervencin poltica y la veneracin sagrada de las libertades individuales (expresin, empresa, religin). En pocas palabras: una reverenda manga de pajeros que, invocando la modernidad como coartada, macera los fundamentos intelectuales del gran fantasma digital: el gobierno mundial. Un universo de progreso y supercomunicacin, fuera del alcance de los Estados (incluso del de Estados Unidos), y cuya libertad absoluta se parece mucho a la ms hermosa de las orgas. Soy un agente libre y visionario. Internet es un acto de naturaleza y crece por s misma a travs de nuestras acciones colectivas, escriba John Perry Barlow en 1996, en su clebre Declaracin de Independencia del ciberespacio. Seal premonitoria? Este gran defensor de las libertades en Internet firmaba su manifiesto fundador en... Davos. Pero, qu hace Barlow hoy? Dicta clases en Harvard, se llena de oro con la empresa de consultores Global Business Network (parienta de la revista de propaganda digital Wired), reparte consejitos al ministro de Cultura de Brasil Gilberto Gil... En definitiva, todo va viento en popa. Es curioso, pero la crtica ms dura del liberalismo tecnfilo viene justamente de Estados Unidos. Nuestra relacin con la tecnologa est matando a la democracia, escribe Philip Bobbitt, profesor de Derecho en Austin, en su libro The Shields of Achilles (Los escudos de Aquiles). La velocidad de las comunicaciones lo deslegitima todo: los gobiernos ya no pueden darse el lujo de reflexionar antes de actuar, y la era de lo instantneo nos empuja hacia las formas ms carnavalescas de la democracia directa, agrega este geopolitlogo norteamericano que no es precisamente lo que se llama un tipo de izquierda. De todas maneras, ya nada de eso tiene importancia; porque, como explica John Perry Barlow, en el ciberespacio no hay elecciones. Olivier Malnuit es un periodista francs de la revista Technikart, donde ha escrito profusamente sobre Internet y la cibercultura.

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HISTORIA DEL CINE CIBERPUNK. (Sexta parte) Ral Aguiar Hay una serie de filmes emparentados lejanamente con el ciberpunk, que describen un mundo postapocalptico, con personajes marginales o alienados que deben luchar contra sus semejantes para sobrevivir en una tierra desvastada y para ello se basan en el reciclaje de los objetos y mquinas que dej la humanidad antes de la hecatombe. Una de las pioneras en este sentido es la pelcula britnica Zardoz ,(1974)., de John Boorman. Siglo 300, Ao 2293... En la tierra slo sobreviven dos razas humanas: Los inmortales, la clase privilegiada, viven en un lugar maravilloso del Planeta, no envejecen y han vencido a la muerte. Los otros viven miserablemente, llenos de privaciones, son los supervivientes de un mundo corrompido y desolador y slo confan en Zardoz, el Dios al que veneran. Zardoz elige a unos cuantos hombres, les entrega armas y les instruye para defender los derechos de su raza. Zed, uno de los exterminadores elegido por Zardoz, provocar un terrible conflicto al querer invadir el Vortex, zona privilegiada de los Inmortales. Zardoz es una de las pelculas de ciencia-ficcin ms extraas de los setenta, y eso an estando enmarcada dentro de un gnero que permite que la imaginacin se desborde. La historia no tiene desperdicio, pero es que su desarrollo es an ms singular, tanto que la recta final de la pelcula es un viaje psicodlico digno del mejor de los cidos setenteros. John Boorman deja su sello en la direccin y Connery se hace con las riendas de la interpretacin. Su argumento puede resultar difcil de seguir, pero es el precio que hay que pagar por contemplar esta rareza. El planeta de los buitres, 1979 (USA), de Richard Compton, es una pelcula tpica de este gnero. En un futuro post-nuclear, un hombre y dos supervivientes ms del desastre tratan de acabar con una banda de criminales y comenzar una nueva vida. Ese mismo ao, pero ahora de Australia, sale en pantalla Mad Max, de George Millar, la pelcula que lanz a Mel Gibson al estrellato. En un mundo futurista, la sociedad se encuentra en una decadencia total. Las autopistas que van de una ciudad a otra se han convertido en una autntica pesadilla, proporcionando un escenario adecuado para un pasatiempo mortal y apocalptico entre bandas de salvajes motoristas y un grupo de policas. Gibson interpreta a Max Roxckansky, un audaz polica que libra una persecucin espectacular con los motoristas asesinos que eligieron como blanco a su familia. Es una batalla brutal en la carretera, ambientada en una Australia post-apocalptica. Al final, un hombre viajar solo por una autopista.

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Con un presupuesto mucho mayor que la primera parte, Mad Max 2, el guerrero de la carretera, de 1981, sigue los pasos de un cada vez ms destruido Max. El personaje interpretado por Mel Gibson buscar la redencin ayudando a un grupo de personas que sobreviven en el pramo expuestas a una banda de salvajes motoristas. Siendo el ltimo reducto de orden y sociedad humana, esta pequea comunidad intentar huir en busca de un futuro en paz. De 1981 es el exitoso filme de accin del afamado John Carpenter, 1997: Rescate en New York. La isla de Manhattan ha sido convertida en una prisin, donde los criminales son abandonados a su suerte. Los puentes estn minados, y la presencia policial dentro de la isla es nula. Mientras el avin del presidente sobrevuela la zona, es abatido, y el mandatario capturado por los asesinos. Al legendario "Serpiente" se le ofrece la libertad si entra en la isla, libera al presidente y recupera una importante cinta. Para evitar su huida, se le inyecta un pequeo pero poderoso explosivo, que actuar en 24 horas. Muchas pelculas de corte espacial, por su temtica, pero tambin por su ambientacin y atmsfera, merecen clasificarse sino dentro, por lo menos muy cerca de la corriente ciberpunk Este es el caso de Atmsfera cero (USA, 1981), de Meter Hyams. Un polica asignado al control de una colonia minera en una de las lunas de Jpiter, William T. ONiel (Sean Connery), es el encargado de investigar unas misteriosas muertes de mineros. Con esta premisa, Peter Hyams mezcla la ciencia-ficcin, con el thriller y la investigacin criminal de las muertes. Centrando el argumento en el ominoso control que las grandes compaas ejercen sobre sus empleados, el bueno (Connery), debe trabajar sin ayuda y con las reticencias de todos. Los claustrofbicos y asfixiantes decorados y la conseguida ambientacin, muy influenciadas por la esttica de Alien, son parte destacada de una pelcula que no hace grandes alardes en cuanto a efectos especiales se refiere. Las drogas pueden ser otra forma de modificar los organismos del mismo modo que la tecnologa. Ese argumento fue el sustento de Estados alterados (Altered States.), una excursin a los infiernos mentales dirigida en 1981 por el histrinico Ken Russell. La pelcula es una adaptacin de una novela de Paddy Chayefsky que muestra la investigacin de un cientfico (Hurt) sobre los estados de conciencia y el caos emocional al que llega luego de experimentar en si mismo con unas drogas alucingenas conseguidas entre los indios americanos. Aunque el final es bastante comercial y hasta grotesco (el protagonista se convierte en un hombre prehistrico), el tratamiento que hace el director Ken Russell de cada fase experimental de la investigacin es bastante atractiva y por momentos recuerda los mundos descritos por el antroplogo Carlos Castaneda.. De todas maneras al autor de la novela original (tambin

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guionista) no le gust y cubri su nombre en los ttulos de crdito con el seudnimo 'Sidney Aaron'. Como su propio nombre indica, ciberpunk y punk tienen una clara proximidad en actitud y esttica. Y en esto ltimo se qued la rusa Slava Tsukerman cuando intent asimilar la escena new wave de los ltimos setenta en Cielo Lquido (Liquid Sky. Slava Tsukerman, 1982) Los extraterrestres vienen a la Tierra en busca de herona pero hallan que las sustancias qumicas producidas por los cerebros humanos durante el orgasmo son incluso mejores. As que ellos estacionan su platillo volador, de aproximadamente dos pies de ancho, encima del apartamento de Margaret y esta comienza a matar a todos los que tienen sexo con ella. La pelcula es una mirada presuntamente irnica sobre la noche de Nueva York desde los ojos de una extraterrestre con vestuarios, maquillajes y poses propios de la movida punk de finales de los 70. Todo lo contrario es lo que representa "Repo Man" (1984) es una pelcula de culto que tiene dos ingredientes peculiares: punk y ciencia ficcin B. La pelcula, escrita y dirigida por Alex Cox es tan punk que no tiene marcas comerciales, an en los supermercados. Todos los productos estn nombrados genricamente, el cereal es Cereal, la leche es Leche y los tragos son Tragos. Llena de dilogos cidos y anarquistas, paranoias extraterrestres, agencias gubernamentales encubriendo una conspiracin (aos antes de los X-Files), Repo Man es una pelcula hecha con veinte pesos y bastante estilo. Otto es un joven punk que no sabe qu hacer con su vida hasta que descubre cmo ganarse unos dlares "reclamando" autos de gente que no paga sus deudas. Mientras tanto, un demente ha robado "algo" de un laboratorio secreto del ejrcito y lo esconde en la cajuela de su destartalado auto. Ese "algo" es una sustancia extraterrestre que puede destruir el mundo.