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Qubit

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Material Information

Title:
Qubit
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Cubit
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- History and criticism -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - Q01-00024-n24-2007-01
usfldc handle - q1.24
System ID:
SFS0024302:00024


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FHM
049
FHM
0 245
Qubit.
n No. 24 (January 2007)
260
[Havana, Cuba] :
b Cubit
January 2007
310
Monthly
650
Science fiction, Latin American
v Periodicals
Science fiction
x History and criticism
Periodicals
Science fiction
Periodicals
1 773
t Qubit.
4 856
u http://digital.lib.usf.edu/?q1.24



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2 ndice: Ramrez 2. ueos de Herrumbre. Gerardo Luis Zrate Herrera 5. la ciencia ndez fuentes. 9. cine ciberpunk. Captulo 23. Eve of destruction. Cybernator. 1. Cyberpunk. El movimiento en Mxico. Jos LuisImgenes Rotas S Horacio Porcayo. 3. Anlogos y thierbigs. Jos 4. Soralia. Juan Hernndez. Discurso sobre un nuevo mtodo para el estudio de ficcin Latinoamericana. Miguel ngel Fern 6. Radio Tecnika Cantina. Gerardo Si 7. Neurofeedback. Mauricio Absaln 8. Tlallin (Susan on the West Coast waiting). Gabriel Trujillo. Historia del

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3 Ciberpunk: El Movimiento en Mxico Por: Jos Lus Ramrez. Los noventa no van a pertenecer al cyberpunk. Nosotros vamos a estar ah trabajando, pero no somos el movimiento, ya no somos ni siquiera nosotros. Los noventa van a pertenecer a la generacin que est llegando, aquellos que crecieron en los ochenta. Bruce Sterling. El primer cuento publicado en Mxico, de corte cyberpunk, es La red, de Isidro vila, publicado en 1991 en Ms all de lo imaginado I. Luego, desde 1992, La langosta se ha posado -fanzine virtual que crean en la ciudad de Puebla, entre Gerardo Horacio Porcayo y Jos Luis Zrate-, publica informacin relativa al cyberpunk y cuentos y artculos relativos al gnero, incluyendo traducciones de autores estadounidenses. 1993 es el ao en que se empieza a ver mucho ms material al respecto, principalmente gracias a Gerardo H. Porcayo, que publica un ensayo en Umbrales 4, titulado: Cyberpunk, ciencia ficcin y thriller. Ese mismo ao, el Fondo Editorial Tierra Adentro publica, del mismo, La primera calle de la soledad. La primera, y hasta ahora nica, novela publicada netamente cyberpunk, que cuenta con excelentes crticas entre los conocedores del gnero y an entre aquellos que no lo son tanto. En 1994, Umbrales public su especial Cyberpunk: Umbrales 10, en el que aparecen nueve cuentos escritos originalmente en espaol por autores mexicanos, entre los que se encuentra Imgenes rotas, sueos de herrumbre, tambin de Gerardo H. Porcayo, cuento ganador del Premio Puebla en 1993 y el primer cuento cyberpunk que se hizo acreedor a uno de estos premios. Debe destacarse que el giro hacia el cyberpunk, dado por la c.f. mexicana en los noventa -vertiente que los Estados Unidos haban explotado comercialmente desde la publicacin de Neuromancer (William Gibson, 1984)-, tena ya sus germinales en el cuento Sueo elctrico del mismo Gerardo Porcayo, cuento que fue acreedor de una mencin honorfica en el primer Premio Puebla de ciencia ficcin (1984). Otras aproximaciones son: Anlogos y therbligs de Jos Luis Zrate (1986), y Dura lex, sed lex de Federico Shaffler (1993). Con todo, no se habla de un movimiento como tal sino hasta 1995. En este ao Juan Hernndez Luna gana el Premio Puebla con un cuento mezcla de cyberpunk y vampiros. Y algunos mese antes Gerardo Sifuentes y Jos Luis Ramrez crean, en la ciudad de Puebla, el fanzine fractal. Un fanzine que pretendi, desde sus inicios, especializarse en el gnero. Por ese entonces varios escritores contaban la ciencia ficcin desde una perspectiva que (debido a que no eran fciles de encontrar las obras de Gibson, Sterling y otros, y no estaban, por lo tanto, muy difundidas), parecan propuestas sin

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4 abordar. Es el caso de Rodri go Pardo -que obtiene el Premio Puebla en 1996, con un hbrido cyberpunk/hombres lobo-, quien asegura que l ya escriba cyberpunk antes de conocer el trabajo de Gibson. Eso nos pas a muchos. A unque pienso que no se trataba de que ya escribiramos cyberpunk, de hecho, supongo que sucedi lo siguiente: no sotros abordamos el presente del Mxico de los noventa -crisis econmica, globalizacin, revolucin, violencia urbana, narcotrfico, internet, apertura comercial, la estpida creencia de que habamos dejado el tercer mundo y estbamos a punto de pertenecer al primeroy ese presente, es el mismo que los escritores et iquetados cyberpunk en los Estados Unidos, vivieron diez aos antes. A falta de una etique ta mejor, tambin en Mxico se denomin a la nueva corriente: cyberpunk. Y aqu debo hacer una cita de Bruce Sterling: ...se muestran escritores distinguidos en esta dcada. Sus referencias a la cultura de los ochenta los ha marcado como un grupo -un movi miento nuevo en la ciencia ficcin. Este movimiento fue rpidamente reconocido y deno minado con varias etiq uetas: ciencia ficcin radical, los cuatreros tecnolgicos, la ola de los ochenta, los neuromanticos, el grupo de las gafas cromadas. Pero de todas las etiquetas puestas a lo largo de los ochenta, solo una se ha mantenido: cyberpunk. Esta referencia, sacada del prefacio de Mi rrorshades, nos deja saber que el trmino cyberpunk fue en Estados Unidos en los ochenta, lo mismo que es en Mxico en los noventa, una etiqueta para designar a un movimiento, uno conformado por los escritores ms distinguidos de la dcada. Y esto es a lo que quera llegar. No sorprende que la mayora de estos escrito res sean los mas jve nes -los que crecieron delante de la televisin por cable y los juegos de video, la generacin que enfrent el dilema de trabajar detrs de una computa dora personal y una mquina de fax. El movimiento, comenzado por Isidro vila, Gerardo H. Porcayo y Jos Luis Zrate entre finales de los ochenta y principios de los noventa, se confor m como tal, por el nmero de autores que la ciencia ficcin mexicana sum al gnero: Juan Hernndez Luna, Carlos Alberto Limn, Gerardo Sifuentes, Jos Luis Ramrez, Can Kuri, Rodrigo Pardo, Jorge Chpuli, Bernardo Fernndez y Pepe Rojo. Todos ellos han sido premios y menciones en los concursos mas importantes de la ciencia ficcin mexicana, Gerardo H. Porcayo tiene el Pu ebla y el kalpa (entre otros), Jos Luis Zrate lo mismo, Juan Hernndez Luna fue Premio Puebla en 1995, Gerardo Sifuentes mencin en el Puebla en 1994, Jos Luis Ra mrez fue segundo lugar en el kalpa en 1997 y gandor del Puebla en 1998, Rodrigo Pardo es Premio Puebla 1996, Bernardo Fernndez es tercer lugar en el Kalpa 1997 y premio virtual La la ngosta se ha posado en '97, Jorge Chpuli es premio virtual La langosta se ha posado en '96 y Pepe Rojo es premio Kalpa 1996. Todos ellos ganaron con cuentos de corte cyberpunk (1) Debo agregar, que estos autores son, actualmente los ms publicados. La vala de su trabajo se enfrenta da con da a la crtica de los lectores y no a la auto complacencia. Adems, muchos de ellos han abierto espacios para la ciencia ficcin: fractal, Sub, Azoth; la coleccin Terra virtual de Ramn Llaca y Ca. y la recin abierta por Times Editores.

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5 Tambin cabe destacar que un factor impor tante han sido las publicaciones dedicadas exclusivamente al cyberpunk, o que lo han incluido entre el material que publican normalmente. La langosta se ha posado, no quit el dedo del rengl n, y sigui publicando cuentos y artculos -cada vez ms de autores me xicanos-, cyber; y fractal/fractal'zine -que ahora sobrevive, igual que La langosta, en la redque fue el nico fanzine especializado en el gnero y revistas como Asimov y Umbrales, entre otras. Paralelamente a estas revistas y fanzines, sa lieron dos publicaciones importantes, en el ao de 1997. La primera, cyberpunk incluso por ser to talmente underground, fue la editada en un cross-over entre fractal'zine y La langosta se ha posado, los Cuentos Compactos, Cyberpunk (el primer volumen de lo que es una colecci n anual que cuenta ya con tres ejempalres). Esta publicacin fue completamente fanzinera, se realiz en casa, y el cortsimo tiraje fue realizado gracias a la fotocopiadora, el format o es de doce por doce centmetros, como el de los booklets que acompaan a los cd's de msica, de ah el nombre de cuentos compactos. A pesar de lo subterrneo de la edicin, los cuentos compactos han llegado incluso a Espaa. La otra publicacin es el libro Silicio en la memoria. Esta es una antologa recopilada por Gerardo Horacio Porcayo, editada por Ramn Ll aca y Ca., fue la punta de lanza de la coleccin Terra Virtual. Este volumen, el primer libro de cuentos exlusivamente cyberpunk, rene a los once autores ms re presentativos del gnero y, aadira, que a algunos de los autores ms importantes de la ciencia ficcin actualmente en el pas. De esta manera, podemos retomar la cita de St erling y ajustarla al movi miento que existe en Mxico -estos escritores se caracterizan por una extrapol acin a muy corto plazo y sus referencias a la cultura de los noventa. Razones que los enmarcaron de inmediato como grupo dentro de la ciencia ficcin-un movimien to, que a falta de una etiqueta mejor, se denomin: cyberpunk. Notas al pie. 1. Excepto Jos Luis Zrate que gan ambos premios con El viajero y Gerardo H. Porcayo que gan el kalpa con Los motivos de medusa.

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6 Imgenes Rotas Sueos de Herrumbre Por: Gerardo Horacio Porcayo. Para un par de Williams: Burroughs y Gibson. -Era la diamantina de los tiempos. El sinsabor, los roces apenas percibidos en cardmenes de humanos movindose entre neones, lsers y comida sinttica. Una mierda, te lo juro. Mejor que la de hoy. Y ma, en todos los sentidos. Ciudad Guadalupe era la va de acceso. Encontrabas de todo en los barrios podridos que nacen al pie del cerro de la silla, entre solares de autos robados y contrabando de bromocriptine, l-dopa, nootropil, diapid, arcalion, vinpocetine, sin dejar atrs la vieja herona y las nuevas cajas de placer. Te volvas loco, de veras. Haba de todo, porque Monterrey lo consuma todo. En esos tiempos los tiras podan olerte, mirarte a los ojos mientras agarrabas un viaje de coca ficticio, con los cables de la caja bien atados a tu cerebro. Y subas, realmente subas, sin que la tira jugara a matar. El retro me mira con pesadez, casi con ostentacin. Sopesa mejor sus sueos de electrones, sus quimeras informticas; demencia cronometrada y casi siempre rebooteable. Se han vuelto parte de la computadora, como viles ratas de laberinto, adictas a los choques elctricos, al veneno mismo. Como ella... -Haba huido de Laredo, traa tras de m cuatro sabuesos de la DEA, tres vendedores con Glock bajo el sobaco y sniftadores inundando sus bolsillos. Buscaba un poco de aire fresco, monedas y material para seguir subsistiendo. -Te pasas, viejo, siempre fue igual. La misma mierda de siempre, slo que ahora hay Sueo Elctrico -dice y se larga del bar, tirando unos cuantos dlares podridos. S de que pie cojean. Lo negro no se separa de nuestra esencia. Es el estigma de quienes aborrecemos el mundo tal cual es.

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7 Ahora cazan programas adictivos, laberntic os sueos de crimen y sexo prohibido, blasfemias reiterativas en un planeta en que da a da rige ms un Dios ciberntico, desde su cielo de silicio ms all de las es trellas. Se pierden en locales que apestan a semen, fluidos vaginales, a media luz, co mo en atardeceres desgarrados. Al mundo no le quedan rastros de virginidad, es una put a decrpita que circula, tristemente, al extremo de la va lctea, sin encontrar cliente. -Dame otro triple -le digo al barman y me mira con hasto. Conoce mi negocio: nulo, la espera, una cacera de cons umidores que odan las historia s, la cerveza y tambin su vida. -Van a acabar por partirte el hocico -me advier te y la conmiseracin se le sale por los ojos, le brota como pus aeja. -Te cont de Cora? El hijo de puta, me hace a un lado, se pier de entre la barra despostillada, los vmitos de marinos y obreros y busca el abrazo clido de la tele, ah donde no tiene que pensar. Por qu ya no quedan? Sera ms aceptable la antigua paranoia, las amenazas que te envuelven y te hacen abandonar Austin, Florida, el mismo Houston en trenes bala y autostop, pasando por los sangrados campos de Illinois o atravesando desiertos pedregosos ms ac de TJ, con traficas de ojos saltones y manos sudorosas o agentes grasientos y nerviosos pisndote los talones. Exploro el bar, buscando a mi contacto, ot ro escucha; quiz hasta un gato rooso con la cola rota en cuatro, trepado en el marco de una pintura fractal o teseracta. El retro vuelve a entrar en esos momentos Y trae su carga. Una tipeja con los ojos baados en tinta de aergrafo, como un mald ito mapache y cuatro bestias peludas que apestan a bencedrina y cables sobrecalentados. Los rizos de sus pelos son naturales; se chamuscan solos, all arriba del crneo, cerca de los soquets. -Largate -me advierte-. No queremos moscas alrededor. -Incluso conozco mejor que t tu negocio. Me s la historia -uno de los peludos se para frente a m, carga una manopla Tser y su s labios estn repletos de afiches postholocaustic. -Vete a pasear, ruco. Me partira el alma romperte la madre. -Hasta tena una banda como la suya -insisto. La vergen za se aleja de m, asqueada. -Djalo que hable, a lo mejor as terminas t -le dice la mapache al retro, con una risita que suena a marmita picada. -Apesta. -Cuando llegu a Monterrey, s lo los Juniors le entraban al Sueo Elctrico. As, prendiditos y todo, con pantalones de 800 dlares y gabardinas inglesas que olan como el mismsimo Tmesis.

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8 -A este le botaron los tornillos a punta de chingadazos -asegura otro de los peludos. -Conoc al Loquillo. Un bato de lapbody pe rpetuo y copete rojizo cubriendo su conector. Y l realmente se atascaba, no despreciaba una mierda que fuera alucingena y apareciera en algn punto de la tierra -la mapach e me mira con los ojos desencajados, cada uno para lugares distinto s. Mapache bisco de olfato atrofiado. -Ese era hacker y cableta. No qumico -argumen ta el retro. Ahora es la gran diferencia, el status no se adquiere ms con sustanci as neuroactivadoras, sino con tecnologa, electricidad y conductores metidos hasta el fondo de tu cerebro. Saben de que les hablo y al menos la mapache arde en deseos de or. -80 verdes a que no sabes una chingada -amenaza uno de los peludos. -Jugaba con la caja negra, al placer cerebral La coca la movan cortada y a precios que te impedan una mediana adiccin, as que tenas que sustituirla con descargas mnimas a los conductos propios y subas, subas realmente. Charly 29 la mova bien. Tena un Lincoln descapotable, tarjeta inte rnacional sin lmite de crdito, a Roger, Isidro y Cora. Y buenos trepanadores, no como los de ahora que piensan que los medibots son lo mejor en ciruga de cerebro. -A m se me hace que tu implante hace un resto que vali madre, por eso tienes los sesos oxidados -asegura el retro-. Empezamos a los quince y cenamos software caliente todos los das. -Charly nos consigui la primera red. Entonces el Sueo Elctrico era un complemento; lo mejor eran las calles, la adrenalina corriendo cuando a la tira la presionaban para mantener las apariencias o la PGR tena que justificar su presupuesto. Cuando preparabas ccteles sin sabe r a que puerta te iban a arrojar... -Y qu pas con Loquillo? -aventura la mapache. -Esa es historia tarda. Hasta ustedes la oyeron. Lo cazaron en la ltima gran revuelta contra el Dios-silicio -uno de los peludos me mira con lo s dientes apretados y la mano hundida en su chaleco de spandex-. Era de los mos y saba que la buena poca se mora con la aurora boreal del Cristorrece pcionismo. Y en parte luchaba tambin por Cora. Ella fue la primera en probar el Su eo de la Gaviota, en bautizarlo as. -Eso es anticuado, viejo -grue el retro-. Ya nadi e se fleta con las gaviotas. Ahora los fantasmas te tasajean si no ests a su altu ra, te sacan las tripas con motosierra en parajes de arboles construido s con defensas de autos, mares de polietileno reseco, montaas de basura plstica y ardillas llenas de chips y servomotores. O te pesca Dios en un recoveco y te refunde en infiernos de vsceras canbales y pesadillas de dientes romos pero presurosos. Ahora hundirte en la computadora es como correr por tus calles con los sabuesos tras de ti y la para noia de ser atrapado c on material caliente. Ahora desafas a Dios en cada toque, en cada alucinacin. A ti nunca te persigui Dios. -Yo lo vi por primera vez con Cora. Habamos corrido a travs de fiestas universitarias con el ecstasys hasta la cumbre, recorriendo tu espina dorsal como una corriente

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9 galvnica, ponindote el rabo tan tieso que creas poder inaugurar algn resquicio sexual. Y Charly 29 nos haba conseguido la Red. Nos trepamos luego del bajn. No haba ms droga. El presidente visitaba la ciudad y la limpia haba sido exhaustiva. Estbamos colgados. T sabes, la abstinenci a es mortal. As que nos metimos a la red. Los dos en un deck. Ya realizbamos orgas para entonces, los cinco juntos. Ese da slo fuimos ella y yo. Y fue diferente. Sen timos la halitosis nauseabunda de Dios sobre nuestros hombros, su rostro se pintaba en fugaces graffitis en el asfalto y las paredes descarapeladas, la tristeza se nos peg como plomo a las costillas. Apenas podamos respirar. Su cuerpo pareca resquebrajarse se me hundan los dedos en sus carnes como en barro seco. Abandonamos y ella me dijo que quera viajar en barco; tomamos un trasatlntico a la puerta de l hotel, con chimeneas que de sprendan vapores atmicos y cocteles de MDA, exodiprina, deprenyl, hyd ergine y deaner. Viajb amos al aire libre y el mar era ms puro de lo que ahora son capaces de reproducir las mquinas nanotecnolgicas. Las gaviotas nos orbita ban como satlites psicticos. Tenan hambre. Cora quiso quitarles el ayuno con el pensamiento, luego intent con sushi. Un sushi milagrosamente multiplicado para mil gaviotas que mantenan un vuelo errtico al impulso del viento y chillaban cada vez que un trozo de pe scado ascenda a su hbitat. Mralas, me dijo ella, son como los ngeles de la soledad, como la montaa que se mueve a travs de valles y ocanos, son como la fe y la felicidad. Y tena razn. Volvimos ocho veces al mismo sueo, despus fue sola y no regres. -Y Loquillo a qu juega en esto? -La conoci despus, cuando trataba de r obar informacin a Laboratorios Mariano. Era material calientsimo. Cora se le meti hasta la mdula de los huesos. Ya era un fantasma y segua siendo especial, poda tran sferirte su belleza como si de archivos virales se tratara. Cuando pescaron al L oquillo la carnada era ella. No pudo negarse, nadie poda. -Yo la conozco -dice el pel udo de la manopla-. Me visit en un cruce de exodiprina y un programa de red pirata. Y pude librarme. No es para tanto. Hoy en da cualquier software negro tiene mejores divas. Son vampiresas que te chupan hasta dejarte seco. Primero te roban los recuerdos, luego los n imos sexuales y hasta las ganas de vivir. -Esas nunca las han tenido -digo. S de que hablo, soy uno de sus pioneros. La mapache ya no re. Sus ojos se han vue lto ms obscuros y deso rientados, son pozos de negrura, no destella vida en ellos. Va en descenso vertiginoso, cumbre abajo. Necesita cables... -A Dios lo desafas nada ms con vivir -ase gura el retro-. El temor siempre ha estado presente, pero en el Sueo Elctrico es pa lpable. La tortura viene por paquetes, como huracanes rabiosos; se ciernen sobre ti liblulas demoniacas, tu mismo estomago grue, tratando de abrirse paso al exte rior y abandonarte a mitad de un callejn inexistente; los laberintos son srdidos, ms que los reales. Una vez encontr una pordiosera, sus ojos nunca haban conocido la luz, estaban marchitos, hundidos en las rbitas, cubiertos por un tejido membranoso semejante al de los reptiles, su mano izquierda era pequeita, pero le crecan prtesis malsanas que supuraban esperma y clusulas morales, su gordura era tan feno menal que se mantena erguida gracias a un sin fin de pequeas muletas ancladas a su carrito. Y los cables brotaban de su crneo,

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10 zumbaban imitando la cantaleta de auxilio, con su mano derecha esgrima una vasija llena de embriones. Era la virgen. Te lo di go, te lo aseguro. Me persigui a travs de pantanos, cementerios de computadoras, buldozzers despanzurrados y cohetes borrachos que se precipitaban en llamas, de sde el cielo, como ngeles desterrados. Y no puedes escapar, te persigue hasta cuando sales. Por las noches, a veces an la sueo. Las calles son ms seguras, la Brigada Antipecados es torpe pese a su soporte tech, a sus armas; los pierdes en cauces de ros muertos, en alcantarillas secas o a travs del metro. Y si lo haces bien nunca te descubren. Pero una vez que Dios te ha echado el ojo, siempre aparece, an en las grabaciones ms recientes, en programas estructurados en Tailandia, con graffitis ideogramticos y zonas de tolerancia a la antigua. Su aliento es peor de lo que cuentas. Es como si nunca antes hubieras olfateado nada; todo queda opacado y el mero recuerdo de su hlito incluye alucinaciones a ojos abiertos. El cielo se cimbra y gotea como glicerina corrompida, bandote, atascando tus huidas, nublando cualquier posibilidad de horizonte, cualquier chispa de esperanza... No sabes de lo que hablas -dice y hunde la vista en el interior del vaso. Sus manos tiemblan, frent icas; quisieran salir aullando, alejarse de ese cuerpo. Miro alrededor. El ngel ha pasado, soltando su peste. La mapache manipula la caja negra y sus ojos ya son nidos de murci lagos csmicos que gritan blasfemias y maldiciones devastadoras. Los peludos se cobijan unos contra ot ros. Viven ya el sndrome de realidades, no saben donde estn parados. El de la manopla parece creerme un ngel exterminador, me observa detenidamente, c on una concentracin mntrica: de seguro ve mi rostro carcomido por la esttica y deforma mi silueta a base de pixeles que no estn all. -Por eso digo que mis tiempos eran mejore s -concluyo-. All no haba nada aplastante, excepto el cuelgue, los temblores de la ca rencia, las vsceras gritando su hambre qumica. El barman pastorea a las moscas. Lo sigue n como si hubiera proferido un hechizo de sujecin, lo miran en sus malabares de c opas y licores adulterados, en su reflejo perpetuamente tatuado en los espejos. Es mltiple como las moscas y est harto de nosotros. Me hace una sea, con resignacin. Ya la ha hecho antes y no espera que responda al estmulo. Sigo la direccin. Tres Voces espera, atalayado en una mesa del fondo. El corsario blanco, se est incorporando en esos momentos. Abandono al grupo sin decir palabra. Los vello s se me han erizado como antenas de cucaracha, se inclinan hacia adelante, urgiendo mi encuentro. -No es bueno parlotear tant o -dice Tres Voces, maniobr ando con su sombrero de fieltro, conduciendo sus movimientos a travs de l-. Nunca olvidan, ni siquiera lo viejo. -Tena que hacer algo -miento. S que no le importa, slo rea liza su trabajo. Los protocolos son estrictos y han de ser respetados. Alargo la mano, en ella viaja un verde. Uno de los grandes. Lo toma, dila tando el contacto. Y sus ojos dicen cosas abismales, terribles en su verdad.

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11 -El resto maana, en la macroplaza -promete, entregndome el diminuto cilindro plstico. Giro, sin decir palabr a, sin querer abandonar el bar. Uno de los peludos me da la mano. Percibo el billete, su textura raqutica, desastrosa; hojas podridas, excrecencias casi intiles. -Son los 80. Te los ganaste viejo. Yo saba que al Loquillo no lo haban podido joder en la realidad. Saba que no poda habe r cado cuando pusieron la bomba en el establecimiento. Su muerte le perteneca a la red. Ya no hay ms palabras, compartimos alc ohol y soledad. Angustia que se acumula como cido en el interior. Somos globos que poco a poco se inflan. Algn da reventaremos. -Creo que ahora te entiendo -dice el re tro, jalando a la mapache que nuevamente circula en la frecuen cia de lo virtual. Los veo perderse a travs del espejo, de la penumbra interior, de la negrura externa. Y el silencio flota largo rato, como cogulos en gravedad cero. Llena el ambiente y refuerza mi paranoia. -Van a acabar por partirte el hocico -dice el barman, recogiendo los dlares. Sus ojos estn acuosos y opacos, tristes. -Lo s -respondo, abandonando la ba rra, dejando atrs el cobijo. La ciudad se expande ante m, un organism o hipertrofiado y agonizante. Los edificios se recortan contra la noche sangrienta como picas en un campo de batalla. Multitudes de antenas parablicas, inclinan sus odos buscando sintonizar la voz de Dios. Y el gusano del miedo empieza a corroer mis entraas. Las catedrales son como ojos desorbitados y ciegos en la tiniebla infernal, se suceden cuadra a cuadra; como perros, vagabundos y alguno que otro yonqui de entraas movi ndose al ritmo de la peristalsis, olvidando ignominias, aburrimiento, aprensin... Ellos fueron an mejores que yo. No temen. No a Dios, ni a la Brigada Antipecados. La pasma no existe ms... Camino y a cada paso aoro la s viejas costumbres, la sirena gimiendo tu probable captura, agentes corruptos tan llenos de necesidades como uno mismo, mordindote los talones. La mierda ha cambiado. Las pa ranoias tambin. Ahora, como otras noches, presiento androides, tras de m, enojados sedientos de justic ia, de una venganza largamente pospuesta, sangrando mientras se libran de clavos y cruz y siguen mis huellas, bandolas con su cror sinttico. La corona de espinas como vector del recuerdo. Y temo. Y engullo los comprimidos. La persecucin podra no tener fin. El hambre, al menos, no reconoce ninguno.

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12 Gerardo Horacio Porcayo Villalobos (Cuernavaca, Morelos, Mxico, 10 de mayo de 1966), es uno de los escritores ms renombr ados de la dcada de los aos 1990 en Mxico dentro de los crculos literarios que abarcan varias formas de literatura fantstica y ciencia ficcin. A Gerardo Horacio Porcayo se le considera el escritor que introdujo el subgnero ciberpunk de la cien cia ficcin a la litera tura iberoamericana, con su obra cumbre La primera calle de la soledad y el subgnero neogtico a la literatura mexicana. Dentro de su amplia trayectoria, ha trabaja do por difundir en Mxico la ciencia ficcin. Adems ha colaborado en mltiples ocasiones en conferencias y como articulista, as como con trabajos literarios para la revista argentina de ciencia ficcin Axxn. OBRAS Novela La primera calle de la soledad. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. 1993. Ciudad espejo, ciudad niebla 1997. Las sentencias de la oscuridad (novela por entregas). 1997. Sombras sin tiempo 1999. Dolorosa. 1999. El cuadro, el cubo y siete pesos Universidad Autnoma de Puebla. Cuento El nido del viento 1991. Los motivos de Medusa 1991. El territorio de las sombras 1992. Sobre la pata del Centauro 1992. Imgenes rotas, sueos de herrumbre 1993. Nada nuevo que contar 1993. Una misin ms 1994. Paz y rutina 1996. El caos ambiguo del lugar 1996. En defensa de la urdimbre 1996. Las sentencias de la oscuridad Goliardos. 2002. Aqu y en el ms all 2005. Recopilaciones de cuentos Silicio en la memoria Ramn Llaca y Ca. 1997. El hombre de las dos puertas Lectorum. Coleccin 'Marea alta'. 2002. Los mapas del caos UAT Ramn Llaca y Ca. 1997.

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13 Anlogos y thierbigs Jos Luis Zrate Herrera "Los estaba engaando". En apariencia, Jos 099 era igual a los otros mil trabajadores de la Fbrica de Aldehdos Aromticos. Delgado, con ojos grandes, manos nudosas, menudo. Todo ello sintomtico de su alimentacin basada en Nutrientes Biogenerables. Reciclaje. Lo ms econmico. Los movimientos de Jos se acoplaban a los de sus compaeros, estiraba una mano hacia una palanca mientras mil manos se alzaban al mismo tiempo. Daba un paso y los otros mil tambin. Una imagen de movimiento que era infinidad de imgenes iguales, pero haba una diferencia. "Los estaba engaando." Hora de comer. Mil pipetas salieron de las mquinas para incrustarse con precisin en las cartidas de cada uno de los trabajadores. Mltiples y los mismos, los obreros conectaron el botn izquierdo. La comida fluy, lquida e incolora. Chasquidos al unsono al conectarse el swich 6. La msica subliminal de Satisfaccin Fsica. Los excrementos son recogidos en una bolsa transparente que deber ser entregada antes de salir de la Fbrica. La una. Las dos. Falta poco. Las tres. Las cuatro. Las pipetas se retiran a sus lugares, susurrando. Pasa el supervisor, como una sombra. Las cinco. Hora de descansar. Fin de jornada. Jos 099 trata de convertir sus ojos en cristales opacos. Como los dems arrastra los pies lentamente y se une al coro de balbuceos mientras siente la humedad de su saliva recorrerle el mentn. No importa. No mientras pueda seguir engandolos. Todos usan zapatos de metal y plstico, pantalones impermeables, camisetas sin mangas, un casco analgico. Chapotea en las calles anegadas de lluvia mientras se dirige al atestado metro. No sonre. No es feliz. Los otros s. l est consciente de no estarlo y ello lo pone de un estupendo humor y a su pesar sonre, feliz. Pero no por el casco. No por eso. "Los estaba engaando." S, tan fcil. Una falla insignificante. Una chispa repentina que hizo que perdiera la sincronizacin. l, como un hombre con una vida feliz, desapareci. En cambio se hall frente a una mquina y una rutina de movimientos tan conocida que poda realizarla inconscientemente, tard unos segundos en comprender: su casco analgico haba dejado de funcionar. Una falla, una chispa y ahora era diferente a sus compaeros de trabajo que seguan soando. Se pregunt qu. No lo mismo que l, o no de igual manera. Si bien todos ellos continuaban con su expresin ausente era imposible que todos tuvieran la misma ilusin. Si se esforzaba un poco, Jos

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14 recordaba hechos nicos e importantes los cuales, en cierta forma, dictaron sus sueos y fantasas: su infancia en el Bloque Educativo y, sobre todo, su adolescencia fugaz rota por su ingreso en la Fbrica y su primer casco analgico. Apenas se lo puso y fue conectado dej de ser el Jos 099 que era, la mquina intervena los impulsos elctricos de su cerebro provocando alucinaciones, hacindole vivir una vida diferente a la real, onrica, analgica, con todo aquello que, segn l, era indispensable para ser feliz. As pues, los sueos de los otros deberan satisfacer a quines los tenan, cumplir cada sueo individual. En ese instante pudo ver, a travs de la ventanilla sucia, el lugar a donde se dirigan. No pudo creer que fuera verdadero. No tena nada en comn con la casa a la cual llegaba cada tarde. Algunas luces mortecina s intentaban romper la monocorde oscuridad que se adhera a los edificios llenos de cristales rotos y cuartos infestados de cucarachas. Jos cerr los ojos y por un instante record la ilusin dictada por el casco: la casa higinica, las paredes blancas el aire acondicionado. El cambio estaba rodeado del hedor a heces, sudor humano, ratas, agua encenagada. Dnde estaba? En la realidad. Por un tiempo la sospec h. El casco dejaba lagunas en la visin onrica, su vida analgica se llen de contradicciones sin importancia. Se fue volviendo gris, mientras los circuitos se f undan lentamente. Un error. Eso era la realidad. Un error. Tena que hacer algo. No bastaba con engaa r a la Fbrica, al supervisor, a sus compaeros. Pero hoy no. Maana. Ahora ne cesitaba dormir. Tener sueos reales, descansar del movimiento continuo. Y a pesa r de no estar en la fcil vida analgica durmi Las manos se hundieron en la maquinaria como si esta fuera humo, un reflejo. Jos 099 trat de apoyarse en la barandilla que lo rodeaba pero slo hall el vaco. Los pies se hundan en la nada. No se encont raba ya en la Fbrica sino en un mar. Un ocano compuesto por nieblas e ilusiones que se dispersaban por el viento que cobraba fuerza. Jos vio el abismo bajo l. La muerte. Antes de que pudiera gritar, el viento que deshaca las quimeras lo tom, para hacerlo desaparecer junto con la Fbrica y el mundo. Le dola el cuerpo. Eso lo despert. Un dolor sordo, pequeo, constante. Algo le deca que siempr e lo haba portado y nunca cesaba. El dolor de los msculos agotados. Pudo verse las manos y los dedos que se achataban, las callosidades circular es en las manos, sus dedos deformados. Se puso de pie y se desnud para observar su cuerpo. La inci sin quirrgica en el pecho para la pipeta, en donde sta era insertada. Un latigazo elctrico recibido quin sabe cuando y que nunca se borrara. La s costillas sobresalientes. Se meti el dedo en la boca sin encontrar dientes, slo pequeos montculos serrados, apenas rastros cariados de los colmillos. Grazn: Soy Jos Cero 99 Lo cual fue suficiente para asustarlo. Su voz tena un tono gravoso, cortante, inseguro. Por ello supo que llevaba aos sin hablar. Y, sin embargo, en la vida analgica era un hombre con voz agradable, un a sonrisa seductora. En el reflejo de cristal una rata de ojos rojizos y piel amar illenta tambin sonri. Apart la vista. La

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15 realidad. Pens en la pesadilla. En es e sueo propio, no comunal o inducido por el casco y aun as terrible, maldito sueo. Faltaban dos horas para ingresar de nue vo a la Fbrica. Era tiempo de huir. Record que le haban hablado, una vez, en susurros de nios, de un terrible secreto: al otro lado de las montaas vivan lo s Hombres Parias, inadaptados que haban formado una sociedad que ignoraba todas las pa utas de la Sociedad de la Fbrica. En ese entonces, nios, se estremecieron ante ese pensamiento imaginando bestias en forma humana. Para el Jos 099 de ahora fueron hombres cuerdos. Las bestias los haban devorado ya Con slo llegar a las montaas No, eso era una ilusin. En toda la ciudad nicamente se encontraban alimentos en un lugar. La Fbrica. Era imposible alejarse tanto de ella sin comer. Y para comer deba trabajar. Y slo ah recibira su r acin diaria. Y sin dientes y con unas manos dbiles era imposible conseguir alimen tos propios. No en un lugar lleno de construcciones, en donde el ltimo de los bosques fue derribado medio siglo atrs. Y los perros representaban ms un peligro que una posible fuente de comida. Pero no poda continuar da tras da siguiendo ciegamente los movimientos sincronizados, los "therbligs" enseados desde la niez. Haba pasado muc ho tiempo desde que saliera del Bloque Educativo y an recordaba las hipnoleccin: los "therbligs" son los Movimientos Mnimos Necesarios para ef ectuar un trabajo consumiendo el menor tiempo posible con la mayor eficacia Mltiple, moviendo su cuerpo al unsono con mil cuerpos. No sera posible sobrevivir mentalmente a esa rutina sin el casco analgico, y l, no deseaba el casco. No esos sueos de comodidad. "Los estaba engaando." Algo deba hacer. Algo. Lo supo a la hora de la salida. Aliados. Alguien como l. Tendra una oportunidad. Era Da de Sexo. Segn la vida analgica se encontraba con una amiga que en los ltimos aos haba aprendido en mil lugares diferentes todo lo posible del acto sexual, lo justo para la amplia experiencia de l. Una larga noche clida. Ese da, en el metro, multitud de hombres dijeron, al mismo tiempo, agradablemente sorprendidos: Elva! Elva 875! Tanto tiempo sin verte! Jos escuchaba la pltica coral y segua c on la vista la expres in sonriente de sus compaeros. Mil erecciones contra mil pant alones impermeables. El metro no sigui su ruta acostumbrada. Fue a parar a una especie de estadi o techado en donde, equidistantes, haba camas, tantas que no hizo siquiera el intento de contarlas. No era difcil imaginar el porqu del Da de Se xo. Aqu se gestaran las nuevas generaciones de obreros. En ese instante llegaron las mujeres, s onrientes. Cada hombre junto a una cama, desnudndose. Las tomaron por la cintura y haciendo las mismas caricias empezaron a quitarles la ropa. Jos pens: "Therbligs, tambin aqu." Mir a la mujer de pie junto a la cama. Era fea. Sin dientes. Y esperaba ser amada expertamente. scar dijo, insegura.

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16 Jos se abandon al Movimiento Mnimo Necesario, y empez a hacerle el amor. Al penetrarla un suspiro general recorri el estadio. Crujidos iguales, camas quejndose con una voz de muelles oxidados. Ella empez a gemir, como las otras. El olor era insoportable. Jos sin ti ganas de vomitar, pero continu. "Los estaba engaando." En el momento del orgasmo, de golpe, Jos le quit el casco. La mujer slo fue consciente del semen golpeando su interior antes de comprender que ya no estaba en la playa, bajo el sol, con un hombre fuerte y musculoso. No importaba. No en ese instante mientras que, con los ojos ce rrados, se entregaba a las sensaciones. Pas un minuto. Ests despierta dijo l. Ella abri los ojos. Mir a su alrededor. La noche, para los anlogos apenas haba comenzado. En diversas camas se representaba el mismo acto. En todas ellas la misma accin. Ella grit, grit, grit Jos 099 le dio un golpe. Dada su condi cin fsica no fue muy fuerte. Ella continuaba gritando. Se miraba el cuerpo desnudo y las llagas en los brazos, sus miembros deformes, las manos nudosas y el terrible hombre sobre ella. El olor, los ruidos hmedos, los quejidos mltiples. Gritaba Como ltimo recurso Jos le puso de nuevo el casco. Ella sonri. Los ojos se vidriaron. No perdi la sonrisa. scar susurr, acabo de te ner una pesadilla espantosa La pequea mano sobre el cuerpo del hombre buscaba. Esa noche la Fbrica se deshaca. Jos 099 tambin. El viento lo convirti en humo, niebla, recuerdo. Un sueo que se acaba. La pipeta sali y fue a incrus tarse al pecho de Jos. sta observaba fluir el lquido. Tena veinticuatro horas de vida. Hasta ese entonces no necesitaba otra dosis. Se pregunt qu tanto resistira sin ella No mucho. Qu hacer?, qu hacer? Al da siguiente Jos se dijo que la nica manera de salir de ah era mediante la accin directa. El todo por el todo. El supervisor de la Fbrica no posea un casco analgico. Era una persona importante. Un di rigente con sueos reales. No lo pens dos veces. La pipeta se haba marchado unos minutos antes. El supervisor no esperara ninguna agresin. No de los obreros con sus cascos. Pero ignoraba que Jos era diferente. "Los estaba engaando." Jos salt la barandilla y sus huesos dbiles estuvieron a punto de astillarse cuando libr los dos metros que lo separa ban del piso, se movi rpidamente, con seguridad. Fue cosa de un segundo llegar al supervisor y tomarlo por el cuello grasoso. Ignoraba si sus dedos tuvieran la fuerza necesaria para matarlo pero as lo crey. Mil manos se movieron hacia una palanca. Arrast r a su vctima por los pasillos mientras sta le explicaba c mo funcionaba el auto areo, despus, simplemente, le quebr el cuello. Jos deseab a ver por ltima vez la Fbrica, pero, de pronto, las luces se extinguieron y una alarma empez a sonar en alguna parte. An as pudo llegar al auto. Despeg. Jos poda escuchar el siseo de mil camisetas corriendo por mil espaldas secas. Mil dedos en el interruptor. Dejaba atrs muchas

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17 cosas. Sexo en el estadio que sobrevol camino a las montaas. Una Fbrica que se pierde a lo lejos. Un metro que no es ms que un gusano arrastrndose entre excrementos, edificios que se derrumban. Existan los Hombres Parias. Exista el Paraso. Un alimento que no era sinttico, un mundo donde no haba cascos analgicos. Jos 099 empez a aprender una vida nueva en una sociedad nueva. Por contrast e a la que abandon, sta era perfecta. Su cuerpo fue recuperndose y una dentadura postiza hizo de nuevo agradable su rostro. El constante uso de la voz le quit el as pecto gravoso que tena. El nico problema eran las constantes pesadillas sobre la F brica y el viento. Des pus de una cacera a travs de bosques infinitos, cuando tuvieron lis to el plan por asalto a la Fbrica, en esa ocasin que engaaron a una patrulla de reconocimiento; despus de todos esos hechos gloriosos: la pesadilla. Los psiclogos del lugar dijeron que sta era una forma en la cual sus recuerdos dolorosos se subliminaban. No les crey por que saba la verdadera razn de la pesadilla. La saba. Y an as dej que la Sociedad de los Hombres Parias lo absorbiera. Pens mucho en la mujer aquella del Da de Sexo y en la forma en que se neg a abandonar sus sueos. Se acost con mujeres que tenan orgasm os propios sin seguir el ritmo de los "therbligs". Y soaba. No es que importara. Era feliz. Jos 099 desliz la mano derecha en un Movimiento Mnimo Necesario perfecto, un "therbligs" impecable. Mil manos se deslizaron. Jos 099 movi una palanca pintada de verde. Mil pala ncas se elevaron. Jos 099 er a feliz. Todos eran felices. Los casos analgicos funcionaban a la perfeccin. Como siempre. Mil manos apretaron otro botn Jos Luis Zrate Herrera (Puebla, 1966) es uno de los escritores mexicanos ms reconocidos dentro del gnero de la ciencia ficcin, aunque tambin ha desarrollado trabajos literarios de otros gneros. Como entusiasta de la literatura fantstica en general, como la ciencia ficcin, ha trabajado en diversas oportunidades por la divulgacin de esta clase de literatura en su estado natal y en su pas. Nacional e internacionalmente, Jos Luis Zrate ha obtenido varios premios, como el Kalpa (1992) y el Premio UPC de ciencia ficcin (2000). Su s novelas de mayor renombre son Xanto, novelucha libre 1994, La ruta del hielo y la sal 1998 e Hyperia 1999. Novela Xanto, novelucha libre Grupo Editorial Planeta. Coleccin Nosotros. 1994. Fe de ratas (por entregas). Peridico La Jornada de Oriente 1997. La ruta del hielo y la sal Grupo Editorial Vid. S. A. de C. V. Coleccin MECyF. 1998. Las razas ocultas Times Editores. Coleccin Serie Negra. 1999. Hyperia. Lectorum S.A. de C. V. Coleccin Marea Alta. 1999. C uento El viajero. 1987. Permanencia Voluntaria. Instituto Politcnico Nacional. 1990. Magia. Ediciones Papuras, Quertaro. 1994. Premios y reconocimientos

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18 Premio Kalpa 1992 al mejor cuento mexicano de ciencia ficcin de la dcada 1980s. Otorgado por la revista Tierra adentro y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, por el cuento El viajero Premio Axxn Electrnico Primordial otorgado por el Crculo Puebla de Ciencia Ficcin a la difusin de la ciencia ficcin. Primer Premio Internacional de Novela MECyF 1998 con el libro La Ruta del Hielo y la Sal Nombramiemto del peridico La Jornada como uno de los mejores libros de 1998, por La Ruta del Hielo y la Sal Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Luis_Z%C3%A1rate"

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19 Soralia Por: Juan Hernndez. Abr el canal de mi plexo e introduje el aceitoso tubo que abastecera mi cpsula de oxgeno. De la base del cuello extraje el ducto espiral y aliment mi carne. Ajust mi brazo izquierdo que continuaba fallando. Me sent ante el tablero de la nave y conect mi base craneal con el mando maestro dispuesto a recorrer la frontera. La eterna rutina antes de iniciar mi trabajo. Cada noche deba patrullar y ver que todo fuera en santa paz en los dominios de la Compaa. Y todo marchaba, excepto por una jaqueca que sacuda mis neuronas. Cuatro horas-tierra con la internase conectada al orificio tras la nuca agota a cualquiera. Desde mi cabina lograba ver las fumarolas verdes y amarillas de la Gran Caldera, la galaxia de luces que cobijaba la ciudad como una marquesina. De pronto el cuarzo de la pantalla parpade agitadamente su color rojo indicando emergencia. Puls la seal de alarma y maniobr la nave hasta situarme en el lugar donde haba partido el mensaje de ayuda. Cuando aterric pude adivinar lo que encontrara; cuerpos carbonizados, chips de control derretidos, piel sinttica adherida al fondo de la caverna piloto y plstico X2 revuelto con piedras y plasma genrico. Era el cuarto ataque en menos de un mes. Los otros haban ocurrido en mi ausencia. Este era el primero que me tocaba atender sin lograr impedirlo. Era difcil llegar a tiempo. El recorte, de personal haba afectado a la Compaa que prefera colonizar los desiertos en vez de proteger sus fronteras tecnolgicas. Me dediqu a la tarea de remover aquellos escombros; la cpsula de lo que haba sido una aduana haba explotado sin aparente causa. Era evidente que se trataba de un sabotaje ms contra la Compaa.

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20 Cuando termin, mi cargamento era una do cena de bolsas conteniendo los restos de tres compaeros muertos. Traslad los sangu inolentos paquetes hasta la jefatura de zona. En mi informe expliqu que se ha ba tratado de un nuevo ataque, certero, fulminante. En el almacn entregu mi equipo de trab ajo, desconect de mi cabeza la prtesis y antes de irme a descansar pas por el taller a que revisaran mi brazo. El viejo implante volva a darme molestias. El dolor producido inundaba mi espalda y entumeca mis piernas. Mocho XII, el mecnico, volvi a decir que era poco lo que poda hacer por mi brazo. Slo aceitarlo y limpiarlo con un trapo hm edo para cuidar su apariencia. Es un modelo antiguo, la vena de cuarzo es tan costosa que tu sueldo jams podra pagarla, dijo. Vaya miseria. Ya antes haba considerado la idea de deshacerme del brazo, pero no me imaginaba caminando con la manga de mi traje hibernal flotando vaca. Adems la Compaa tendra un motivo para despedir me. Prefera soporta r ese brazo viejo y oxidado aunque mi espalda pagara las consecuencias. Al da siguiente, pas por el laboratorio slo por satisfacer mi curiosidad. Los restos de los tres cadveres haban sido debidamente ordenados para ser usados en implantes posteriores. Ninguna cabeza, ningn corazn, ningn rgano valioso, slo restos de muones y una pierna adiposa que supuse hab a sido de Jack, el ms gordo de los tres fallecidos. Algn brazo? pregunt. Ninguno, no tienes su erte, respondi el laboratorista. En verdad era mala suerte. De los tres ataque s anteriores se haban recuperado un par de brazos que de inmediato fueron vendidos a lo s Almacenes Tronics. Cada noche pasaba por los aparadores de la tienda y miraba los brazos criogenizdos en sus urnas de cristal bajo una Cartulina con un pr ecio fuera de mis posibilidades. El reporte final no arrojaba ningn dato que pudiera servir a mi patrullaje. Algunos consideraban que la explosin haba sido cometida por un disparo de Metal Rubio, esa extraa fuerza conseguida en laboratorios extranjeros y que era el arma ms temible para la Compaa. Sin embargo, cmo expli car que los exoesquele tos de los cadveres permanecieran intactos. Mist erio tecnolgico. Era probable que el Metal Rubio hubiera sido perfeccionado. Sobre todo porque los ex oesqueletos creados por la Compaa eran capaces de resistir las temperaturas de Golan y Mirna, las co lonias desrticas tan plagadas de Radiactividad como bulbo de magma. Acaso el enemigo deseaba apoderarse de exoe squeletos? De ser as, yo haba llegado antes que los cadveres de mis compaeros hubieran sido robados. La idea de que tarde o temprano seramos vencidos me provocaba una tremenda angustia. No me agradaba la idea de verm e convertido en esclavo a las rdenes del Enemigo, levantando muros de hormign y ceniza epxica para resguardar sus fronteras.

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21 Quedbamos pocos. Nuestra resistencia estaba en su lmite, continuamente patrullbamos las fronteras. Siempre regres bamos con malas noticias y la nave llena de restos de antiguos compaeros. Algunas noches, Soralia haca contacto de sde su tablero y c onversbamos. Dnde estara? Gente como ella permanecan resg uardados de por vida, eran la reserva tecnolgica de la Compaa y deban preservarlos a toda costa, su captura por parte del Enemigo representaba un peligro. Bah, si supieran que se conectaba a mi tablero, que sus palabras amorosas entraban por la base de mi nuca y todo mi traje hibe rnal se inundaba con sus caricias... Era peligroso. Bastaba que un explorador enemigo entrara en la red y vaciara sus archivos de conocimientos como un vampiro extrae la sangre a su vctima. Tal vez Soralia no comprenda el peligro de conectarse con alguien del exterior, lo cierto es que aquellas eran las noches ms felices de mi vida, sobre todo cuando el holograma de su rostro estallaba en el inte rior de mi nave y yo me dejaba adormecer por sus reflejos dorados, hasta verla desaparecer bajo la oscuridad en el cristal de mi cabina. Hablbamos de amor, de caricias ausentes. Era difcil hablar del futuro. La sola mencin de esta palabra significaba angusti a y desesperacin, miedo y locura. Ambos habamos nacido en la ltima generacin con posibilidades de vida MODERADA y SANA, segn el censo. La estadstica no especificaba si MODERADA significaba vivir con miedo de que el Enemigo conquistara la tierra de Los Antepasados. Tampoco ofreca explicacin para la palabra SANA. Era normal vivir recluido en algn laborat orio secreto? Era sano vivir con una prtesis oxidada y sin refacciones? La tierra haba sido agotada en sus recursos buscando vida en otros planetas. Ao de 3014. Seguamos igual que siempre, abandon ados en el universo, sin nadie que respondiera a nuestro llamado, sin que la barrera del tiempo pudiera ser cruzada como alguna vez se haba soado, sin que un mensaj e sideral llegara a nue stros radares cada vez ms sofisticados, cada vez ms intiles. Sabamos que ramos producto de ese polvo de estrellas cado en la Tierra all en la oscuridad del tiempo. Habamos comprendido tambin que estbamos solos en el universo, nadie habra de ir por nosotros, la noche era una simple boca oscura. Cuando esto fue aceptado por la comunida d cientfica slo qued una salida; apoderarse del mayor territorio posible antes que el Enemigo, pero nuestras naves eran pequeas, adems escaseaban los basamentos y el combustible. Cmo intentar la conquista? Fue necesario conformarse con es a larga cadena montaosa ofrecida como patria. Apenas quinientos kilmetros cuad rados, repletos de miseria y abandono, fronteras frgiles por donde mi nave patr ullaba buscando retras ar lo inevitable. Viva en un panal. Un conjunto de recmar as estrechas donde slo era permitido pasar la noche, como si fuera posible permanecer durante el da, a menos que uno deseara volverse loco.

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22 El panal estaba en lo alto de un ce rro. Antiguamente haba sido un basurero tecnolgico. Cuando llegaba un poco de vien to se poda percibir el olor nefasto a plstico y carbn, a cadveres de alimaas puest as a secar al sol para macerar su carne. A pesar de lo tenebroso del sitio no corra peligr o. Mi nave era razn suficiente para que nadie se atreviera a roba r mi prtesis, a desprenderme la base craneal o desear apoderarse del plexo que la co mpaa me haba instalado. De cierto modo era visto como hroe, pocos eran quienes se arries gaban a patrullar las fronteras. Poda atravesar el barrio sin te mor, llevar alguna joven a mi celda o gritar como lobo en las noches de luna llena, rito slo permitido a los ms ancianos. Me senta cansado. La espalda era una bur buja ardiente que am enazaba con estallar y dejarme embarrado en ese callejn donde buscaba un siti o tranquilo para tomar cerveza. Los charcos grasientos reflejaban el nen y las siluetas de los transentes, algunos adolescentes se divertan pellizcando el culo a las prostitu tas. Alguien grit auxilio en uno de los pisos superiores pero la voz fue opacada por el silbato de la Gran Caldera que anunciaba la salida de personal. De inmediato, los callejones de la zona se convirtieron en un es tpido peregrinar de personas que ansiaban divertir se un poco antes de retirarse a dormir. Un hombre negro me ofreci clavijas faciales. Ped que no me molestara. El ti po insisti. Ab ri su abrigo y mostr relojes piramidales reservados al ejrcito, intravenosas de juego sexual que podan ser instaladas inmediatamente. Los conozco. Tienen virus, dije. Estn limpios, respond. De cualquier forma era un riesgo instalarse con aquella basura. Uno poda perderse en algn laberinto y jams regresar. Lo que necesito es un brazo, dije levantando la manga de mi traje hibernal, sealando mi propio brazo izquierdo. Mjm, si tuviera un brazo ya hubiera salido de pobre dijo el negro retirndose molesto. Entr a un lugar apenas iluminado con cuarzo s chillantes que parpadeaban lastimando la vista. Encontr sitio. en la barra. En el escenario un hombre tragaba un largo cuchillo por su boca lacerada con bubas rojizas. La enfermedad de los basureros. No resist. Sal del lugar y camin hacia el pa nal, confiado en la se guridad que daba mi uniforme. Sent entonces un dolor en la nuca. Alguien me hab a golpeado la base craneal y mi cerebro se volvi loco intenta ndo recuperarse. El atacante pas su brazo por mi cuello y un hombre con el rostro sinttico se detuvo frente a m. Con un rpido movimiento desprendi la prtesis de mi br azo izquierdo Y mi espalda estall en dolor negro y spero. Cuando despert estaba sentado frente a una pantalla que parpadeaba frentica. Los dos ngeles violentos conectaban un tablero a mi base cranea l y revisaban la reserva de oxgeno en la cavidad de mi plexo. Ser mejor llenarlo, dijo el hombre de rostro

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23 sinttico. El atacante conect la sonda y pude reconocerlo. Era el mismo que me haba ofrecido mercanca en el callejn. Whiskas Gibrn Whiskas, Oficial de Patrulla. Soy yo, dije sintiendo la energa corriendo a tr avs de mi cuerpo. Los tipos me haban conectado carga suficiente para trabajar sin descanso una sema na. Era un derroche. De dnde obtenan semejante cantida d de plasma genrico y oxgeno? Tenemos nuestros proveedores respondi el hombre sint tico. Entonces not que mi base craneal estaba siendo decodificada y la lnea de mi pensamiento apareca transcrita en la pantalla. Era imposible ocultarles algo. Gibrn Whiskas, censado como habitante de vida MODERADA y SANA. Mmmm. Quedan pocos como t, de no ser por la prtesis de tu brazo diramos que eres una reliquia de museo. He sabido conservarme. No te elegimos por eso, sino por tu amistad con Soralia. Estaba perdido. El secreto guardado durante tanto tiempo haba sido descubierto. No s de qu hablan, respond y de inmediato la pantalla parpade una luz amarilla. Las palabras Soralia, amor mo aparecieron centelleantes. Es intil mentir. Mi amigo el negro se di vierte explorando redes. Hace poco descubri un ardiente dilogo. Espero que limpies el tabl ero de tu nave luego de masturbarse con el holograma de tu amiga, patrullero. El negro se aproxim jugueteando con mi prtesis, analizndola. Obtendra buen dinero por este brazo en el callejn, lstim a que ya no existan refacciones. Es un antiguo modelo, dijo. Ni siquiera me esforc por hablar, dej que la lnea de mi pensamiento fuera apareciendo en la pantalla. De acuerdo, qu buscan? Necesitamos que conectes con Soralia. Es todo. Con qu propsito? Slo para... conversar. Vampiros, te van a chupar parpade la panta lla traicionando nuevamente la lnea de mi pensamiento. No s cmo hacerlo, ella es quien se comunica conmigo.

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24 No te preocupes. El negro te acompaar. Slo necesitamos tu voz para que Soralia acepte conectarse. Vampiros Vampiros Lstima que no tenga compostura, dijo el ne gro, tirando mi prtesis al piso. Mi brazo artificial cruji bajo el peso de su bota. La vieja vena de cuarzo que tanto haba resistido se desliz por el mosaic o como una serpiente chamuscada. Podemos dejarte ir, pero pr esiento que no tienes un buen pr etexto para explicar la prdida de tu brazo; podemos hablar a la compaa y decir que uno de sus patrulleros se conecta con su amante descuidando el patrullaje en la frontera. 0 quiz te liquidemos. El negro se encargar de vender tus restos en el callejn o a los Almacenes Trinos. Todo tu cuerpo es una verdadera mina de oro. Est bien, no tengo opcin. El hombre sinttico sonri. Tom asiento a mi lado y conect un tablero en las cnulas de sus manos. El hombre negro hizo lo mismo y extendi un cable que depsito en la red alterna de mi base craneal. Astillas de vidrio. Una tormenta de cuarzo recibi mi primer impulso. Prefer cerrar los ojos para concentrarme. Tena poca experi encia en el viaje ciberntica. Acaso ah resida el misterio de mi cuerpo conservado. Una cortina de metal snico golpe mis neur onas. El dolor hizo arquear mi columna. Era difcil avanzar llevando al negro como compaero. Cada barr era pasaba primero por mi frontera sensorial y todo se detena hasta que el negro la decodificaba y aceptaba continuar. En caso de peligro el hombre sinttico desconectara a su amigo y me dejaran slo, perdido en un cable mi nado de Furia y Espanto. El resto de los candados ni siquiera poda imaginarlos. Furia fue un taladro directo a los dientes. Sent la descarga. Por un momento perd la nocin hasta que sent la presencia del ne gro avanzando en algn recodo de mi crneo. Abr los ojos y mir la pantalla virtual qu e operaba el hombre de la piel sinttica. Desde su tablero iba incorporando claves que permitan el acceso hasta esa zona. No puedo ms apareci en la pantalla amarillenta. La lnea de mi pensamiento se resista. El instinto de supervivencia indi caba el lmite de mis posibilidades. El negro fue en mi auxilio. En mi base craneal sent el pulsar de algunas teclas que viraron el rumbo hasta retomarlo justo despus de l taladro. Furia haba quedado atrs. Piensa en Soralia! grit el hombre sinttico. El negro volvi a teclear y en la oscuridad rocosa percib la s letras del nombre de mi amada. Una luz intensa ilumin el tnel. Era difcil de creer. Sora lia haba colocado su mismo nombre como clave para acceder hast a su refugio. El camino pareca claro, slo quedaban los candados que la compaa haba colocado en sus redes.

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25 Un demonio viscoso atac mi plexo buscando la cpsula vital. Haba llegado a los dominios de Espanto. Intent cubrirme c on mi mano izquierda, pero un mun rojizo y maloliente me hizo recordar que no tena br azo. Una escarcha de plstico venenoso me recibi bajo esa caverna donde navegaba a ciegas. El negro permaneca a mi lado preparado para huir cuando todo acabara. SORALIA parpadearon las letras enviadas desde el tablero y mi base craneal fue catapultada hasta una regin donde ni siquiera los abismos existan. Territorio de sombras, trono de bestias que mascaban mi no mbre. La vida fue una rfaga, serpentina de amores destrozados, tristeza acumulada. El hombre negro tom mi sombra y la desl iz envuelta en una ma ncha rojiza que se volvi ceniza y gritos. Ambos regresamos por el cable recogiendo restos de dolor sensorial. El vrtigo nos depsito frente a la computadora. Despert cuatro das despus, junto a los restos de mi brazo izquierdo. Apenas abr los ojos la punta metlica de una bota hizo estallar mi nariz. El dolor busc acomodo entre mis recuerdos y sen t una neblina de alfileres vacindose alrededor de mi crneo. Gibrn Whiskas, quedas detenido a proceso. Se te acusa de colaborar con el Enemigo. El androide no saba de buenos modales. Inmoviliz mi cuerpo con sonda elctrica y fui llevado en un convoy hasta una cripta ubicad a en lo que supuse eran los stanos de la Compaa. Por alguna razn mi agenda ne motcnica estaba intacta. Poda recordar mi pasado, la historia de mis padres, mi nme ro clave, algunas fechas patrias y hasta el himno de la Compaa. Tambin record que era noche de luna llena. Un aullido feroz sali de mi garganta. Restos de sangre y baba fluyeron por la comisura de mis labios. La corriente vital de mi cpsula se activ como el chispazo de un motor y mi cabeza golpe el cristal de la cr ipta que cay en pedazos. Estaba libre. Alertado por el ruido lleg el androide. Al verme dispar sonda elctrica que, elud arqueando el cuerpo. Lo tom por el cuello y apret haciendo estallar su traquea de resina que chisporrote antes de fundirse. Demonios, cmo extra aba mi otro brazo! Vagu por los pasillos. En una pared de mando s conect el cable de mi base craneal y pronto obtuve un plano del edificio. No hab a candados, slo un dolor en los dientes que ya conoca. Busqu algo de energa y en contr apenas diez grados en una tarjeta de memoria. Los absorb de inmediato y los deposite en mi c nula tras el odo. Mi debilidad era de grado mayor. Ped a mi base craneal una nueva lectura del plano del edificio. Si haba logrado entrar a la Compaa vala la pena conocer a mi amada. Tecle su nombre. SORALIA. Por toda respuesta obtuve: Objeto de Placer. No poda creerlo. Soralia, la mujer de quien me haba enamorado, era un Juguete Sexual?

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26 Comprend todo; el miedo, la orfandad, el de seo, la muerte, el llanto, la soledad. Ah estaba, con el cerebro conectado a un programa y una reserva de energa tan escasa que cualquier espasmo ertico hara explotar mi corazn. V aya irona! Supe el peligro que corra al estar conectado, pero fue demasiado tarde. En ese momento, el cielo se abri. Mi alma qued dispersa en una red de alambr es oxidados que introducan dolor bajo la piel. Un olor a carne lastimada me inund. Qu ise retirar aquella viscosidad pero slo consegu lastimarme con el mun de mi mano. Era un maldito invlido. Un tropel de luz y fuego camin desde la ba se de mi columna astillando mi cuerpo. Grit desde el fondo de mi memoria, como si el carbn hubiera sido siempre la sustancia de mis palabras, como si el lodo fu era la viscosidad de mis ojos, como si la muere habitara en mi lengua. Dolor. Amor mo dijo una voz llegando desde el fo ndo de mis recuerdos. Era ella. Soralia. Una sombra. Mi carne se convirti en un reptar de gus anos bebiendo mis venas. El olor a sangre hervida inundaba mi tarjeta de sensaciones. La carne, La maldita carne es dbil. Escuchar su voz y derrumbar mis sentidos fue una misma accin. Soralia se aproxim. Tom mi cuerpo, lo desnud, introdujo su le ngua en mi boca, lami de mis encas y rompi mi ducto espiral. Ya era un simp le cuerpo abandonado a la noche. Sent su fuerza al introducir su mano en mi base craneal y romperla. Dolor. Explosin. La nada. El espasmo. El vmito de mi historia reco rriendo cada vena de cuarzo sobreviviente al desastre. Despert recluido en mi celda. A lo lejos el murmullo del barrio reptaba por las paredes. Te has portado bien, dijo el homb re negro terminando de colocar una nueva prtesis en mi brazo izquierdo. Un chasqui do de luz camin silencioso por mi cuerpo. El tipo se fue. Sal de mi celda y camin hasta mi nave. Sobrevol por el barrio mientras una multitud chillaba celebrando la conquista de nuestro territorio por el Enemigo. Cruc la frontera y hu. Nuevamente tena dos brazos. Era mi pago por abrir la puerta al Enemigo a travs de mi base craneal. Mi cuerpo estaba completo, excepto mi alma. La imagen de ese androide llamado Soralia, haciendo el amor conmigo en sus noches de descanso, me hera tanto como una as tilla encontrando cobijo en mi angustia. Amor mo dijo una voz parecida a un rumor de piedra. Surc fugaz la sonda de mi base craneal. Se anid directo en la regin de mis sentimientos. Llor. Amor mo repiti la voz. Segu llorando. Mis lgrimas cayeron sobre el cristal del tablero reflejando su humedad, excepto mi imagen. Ah estaba el producto de mi tristeza. Con el tiempo aprender a a llevar mi nueva condicin.

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27 Pronto amanecera. Deba encontrar un recinto donde el sol no me lastimara. Atrs quedaban las fronteras que tanto haba ayudado a resguardar. Al frente, la soledad del destierro. Los vampiros no tenemos patria.

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28 Discurso sobre un Nuevo Mtodo para el Estudio de la Ciencia Ficcin Latinoamericana Por: Miguel ngel Fernndez. As como en New Maps of Hell (1960) Kingsley Amis introdujo en beneficio de los lectores un ingenioso paralelismo entre los orgenes de la ciencia ficcin anglosajona y el jazz, creo que el mejor modo de dar a conocer la historia y las peculiaridades de la ciencia ficcin latinoamericana es comparndola con los recientes descubrimientos de un grupo de dinosaurios con ejemplares de los familias ms importantes en lo que en tiempos fue el actual territorio de Sudamrica. Hasta hace algunas dcadas, los fsiles de dinosaurios de Amrica Latina no eran tan conocidos como los de Norteamrica y Europa. Esto se deba, sin duda, a una pesquisa deficiente y lejos de los lugares indicados. Lo mismo ocurra con la ciencia ficcin latinoamericana. En 1979, la primera edicin de The Encyclopedia of Science Fiction de Peter Nicholls, le dedic una entrada junto a Espaa y Portugal. De sus 599 palabras, el 88.9% fueron para espaoles y portugueses, y apenas un 11.1% (66 palabras) para Sudamrica, ignorando al resto de Amrica Latina. Esta deficiencia se corrigi parcialmente en la segunda edicin de la obra de Nicholls, ahora publicada en colaboracin con John Clute (1993), donde, bajo el ttulo de Latin America, el brasileo Braulio Tavares y el mexicano Mauricio-Jos Schwarz ofrecieron un panorama general y apartados especiales para Argentina, Cuba, Mxico y Brasil, junto a una lista de ttulos y autores de Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Per, Santo Domingo, Uruguay y Venezuela. Sin embargo, Tavares y Schwarz advertan que era imperiosa una investigacin ms profunda sobre el tema. Hacia 1980 comenzaron en Latinoamrica las excavaciones sistemticas encabezadas por expertos paleontlogos. En todo el mundo se han encontrado poco ms de 500 especies de dinosaurios, de las cuales, segn la pgina web Dino Data 136 especies

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29 han sido descubiertas en Latinoamrica, desd e Mxico hasta Argentina, pertenecientes -al menos las de Amrica del Sur-, a los tres periodos de la era Mesozoica. Del mismo modo, en la dcada de 1960 aparecieron los prim eros anlisis crticos de la ciencia ficcin latinoamericana y, en 1998, un grupo de est udiosos de esta co rriente literaria, nos propusimos elaborar una cronologa comp leta. Los resultados arrojaron cifras sorprendentes: 981 revistas y fanzines, 102 cuentos publicados en recopilaciones no especializadas, 253 antologas, 373 novelas y 134 ensayos, provenientes de 15 naciones de Amrica Latina; es decir, casi el 60% de ellas, c on excepcin de las Antillas Menores, Belice, Guyana, Guyana Francesa, Hait, Honduras, Jamaica, Panam, Paraguay, Puerto Rico y Surinam. Argentina no solamente es el pas en el que se han hallado ms restos fsiles de dinosaurios (119 especies), sino tambin el ms prolfico en publicaciones de nuestra corriente literaria (623 ttulos), segui do por Mxico (459 ttulos), Brasil (330 ttulos),Chile (111 ttulos) y Cuba (76 ttulos). El Antarctosaurus, uno de los mayores saurpodos del Cretcico, probablemente emparentado con el Diplodocus, es la especie ms comn en Latinoamrica, con restos encontrados en Argentina, Br asil, Chile, Colombia y Uruguay. As tambin, los ttulos ms socorridos de la ciencia ficcin latinoamericana, como puede verse, son las revistas profesionales, semiprofesionales y de aficionados o fanzines, cuyos primeros ejemplares abundaban en traducciones a lo largo de casi todas sus pginas, las que evolucionaron progresivamente para alternar con autores locales, llegando algunas, en dcadas recientes, a minimizar o incluso a erradicar las colaboraciones extranjeras; saliendo otras del ocano primigenio de pa pel para dar sus primeros pasos en las playas del software, primero, y del ciberespacio, despus. Investigaciones ms recientes han encontrado cuatro obras de la prehistoria de la ciencia ficcin, mejor conocida como protocie ncia ficcin, todas ellas escritas en Mxico, siendo la ms antigua el rapto inte rplanetario que aparec e en la Tautologa Exttica Universal (1667) del jesuita Alexandro Fabin. El primer descubrimiento de un fsil de dinosaurio en nuestros pases data de 1882, y tuvo lugar, asimismo, en Argentina. La ms remota muestra de ciencia ficcin latinoamericana est fechada en 1775 y proviene de Mrida en la pennsula mexicana de Yucatn, cerca del crter de Chicxulub, donde se cree cay el meteorito que dio fin al reinado de los lagartos terribles. Se tr ata del cuento de un viaje lunar titulado Sizigias y Cuadraturas Lunares, escrito por el fraile franciscano Manuel Antonio de Rivas, descubierto en 1959 por Pablo Gonzlez Casanova y clasific ado dentro de la ciencia ficcin por Ross Larson (1973). Muchos crticos dudan que en el ltimo cuarto del siglo XVIII haya sido posible que alguien escribiera una autntica obra de ciencia ficcin, si acaso, dicen, se trat ara de protociencia ficcin. Las Sizigias y Cuadraturas Lunares resultan difciles de clasificar, pues si bien presentan el esqueleto tpico de un cuento filosfico a la manera del Micromegas de Voltaire, sus rganos constitutivos ya muestran las caracterstic as de la ciencia ficcin moderna: bsqueda de verosimilitud cientfica, clculos geogrficos, fsicos y astronmicos, extraterrestres, stira social y una velada utopa ilustrada. Por cier to, el fraile Rivas estuvo a punto de extinguirse cu ando el tribunal de la Inqu isicin trat de procesarlo por difundir la teora heliocntrica de Coprnico y cree r en otras ideas herticas.

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30 Hay que reconocer que la forma en que se ha investigado hasta ahora la ciencia ficcin en Latinoamrica no ha sido la ms indi cada. Al iniciar los descubrimientos sudamericanos de restos de dinosaurios pertenecientes a familias o gneros desconocidos en el hemisferio norte, eso no fue motivo para forzarlos a encajar en los ya existentes. Esto, que parece muy lgico, no se ha visto con i gual claridad en la mayora de los estudios de la ciencia ficcin, no nicamente de Latinoamrica, ya que ha sido frecuente minimizar lo relativo a la pr oduccin de esta corrien te literaria en las regiones geogrficas distintas a la europ ea y estadounidense. Para subsanar estas inadvertencias, es necesario reconocer una problemtica particular de la ciencia ficcin de las regiones perifricas, que importa ta nto a los propios pases de estas regiones, como a los estudios generales de la ciencia ficcin. Es indispensable tener presente que toda la ciencia ficcin depende del contexto en que se escribe. En el caso de Amrica Latina, el hecho de que no se conozcan muestras de valor, se debe a las formas de abordaje as como a los mtodos y teoras que han prevalecido hasta aos recientes. Bsicamen te, los trabajos que han intentado dar a conocer la ciencia ficcin latinoamericana han sido crono logas o historias de las contribuciones hechas por el subcontinente a la ciencia ficcin uni versal. Esto resulta tan equivocado como pretender escribir la historia econmica de un pas a partir de sus relaciones comerciales con otra s naciones, o buscar restos fsiles de dinosaurios que solamente pertenezcan a las familias y gneros ya conocidos, desechando los que no respondan a clasificaciones conve ncionales. Es curioso que nadie se haya percatado de que el estudio de la ciencia ficci n ajustndose a los modelos europeo y estadounidense, crea un marco conceptual que niega, ex hipothesi, a Latinoamrica. As se comprende, por otro lado, que las a portaciones de esta regin se consideren sumamente escasas. Un ejemplo obvio de que la metodologa hasta ahora empleada no es la ms recomendable, aparece en la antologa ed itada por James Gunn, The Road to Science Fiction. Volume 6: Around the World (1998) En el captulo dedicado a Espaa y Latinoamrica, puede leer se en la introduccin: When it comes to science fiction, Spain and Latin America share more than a language: primarily agricultural, slow to i ndustrialize, influenced more by tradition than the forces that produce change, they have found little in science fiction that speaks to their condition. Becau se of their European neighbors, perhaps, Spain had some early SF experience, but Latin Amer ica was more isolated... Latin Americas major contribution to science fiction and fantasy (and literature itself) has been magic realism La aplicacin de semejante criterio -que en realidad se trata de un prejuiciollev a que se publicaran en esta antologa dos re latos de ciencia ficcin (El jardn de alabastro de Teresa Ingls y La lotera en Babilonia de Jorge Luis Borges), que recuerdan lo escrito por los autores es tadounidenses; y dos relatos que pueden pertenecer al realismo mgico, pero no a la ciencia ficcin, como lo son Blacamn el bueno, vendedor de milagros, un cuento de fantasa de Gabrie l Garca Mrquez, y Chac-Mool, un cuento de horror de Carlos Fuentes.

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31 Pero estos prejuicios no son patrimonio ex clusivo de la antologa de James Gunn, se encuentran arraigados en la opinin de las sociedades de los pases desarrollados, sin que queden exentos de ellos una parte considerable de sus investigadores. No vamos a negar el maridaje entre cienci a y fe que se estableci dentro de los crculos del poder en la Amri ca colonial. Sin embargo, esto es apenas una parte de la historia, la ms oscura y divulgada desde el siglo XVIII. A partir de la dcada de 1970, el progreso en las investigaciones de la hi storia de la ciencia latinoamericana, ha ofrecido nueva luz y muchas excepciones a la que hasta entonces era considerada como la historia oficial. Como ha escrito el humanista colombiano Germn Arciniegas, [s]i la conquista de Amrica es una consecuencia del Renacimiento, el fin del rgimen colonial es una consecuencia de la Ilustracin Esto fue as, porque existi eron comunidades de cientficos e intelectuales que, a pesar de la existencia de la polica del pensamiento que fue el tribunal del Santo Oficio de la Inquisicin, tuvieron acceso a textos de la filosofa moderna y de la revolucin cientfica desde co mienzos del siglo XVII. El Discurso del Mtodo (1637) y otras obras de Descartes, son citadas por el mexicano Carlos de Sigenza y Gngora en 1681, un cien tfico que fue discpul o de los jesuitas, quienes ensearon desde finales del siglo XV II la filosofa cartesiana y el sistema de Coprnico. El propio Sigenza es el autor de la Libra Astronmi ca (1690), una de las obras mayores de toda la ciencia co lonial hispanoamericana, donde realiz observaciones del mismo cometa que en 1681 si rvi a Newton para enunciar la teora de la gravitacin universal, y cuya preci sin puede comprobarse cotejando la quinta seccin de la Libra Astronmica con el lib ro iii, proposicin xli de los Principia Mathematica. Estimulados por las reformas a los estudios tradicionales impulsa das desde Espaa por los ministros de Carlos III, en Lima, el virrey aprob un nuevo plan de enseanza (1771) que inclua a Leibniz, Bacon, Gassendi y Descartes. En Mxico, Juan Benito Daz de Gamarra public en 1774 sus Elementa Recentioris Philosophiae y, en 1781, los Errores del Entendimiento Humano, donde cr itica el escolasticismo y explica, al igual que en su ctedra, a Leibniz, Newt on y Descartes, aunque se le denuncia, sin ulteriores consecuencias, ante la Inquisicin. En 1775, en La Habana, Jos Agustn Caballero surge como el intel ectual que lleva en su estandarte el nombre de Descartes, Galileo y Bacon. En Caracas se suspende en 1788 al catedrtico Baltasar de los Reyes Marrero por nombrar al autor del Discurso del Mtodo. Dos aos despus, en la Argentina, el den Gregorio Funes elogia pblicamente las reformas educativas impulsadas por la corona espaola. La teora heliocntrica del universo, para la que result de importancia capital el descubrimiento de Amrica, fue mejor recibi da en Hispanoamrica que en Europa. En fecha tan temprana como 1600, un librero de Sevilla envi un ejemplar del De Revolutionibus Orbium Coelestium en el navo Trinidad, con destino a Martn de Ibarra, de San Juan de Ula, Mxico; pe ro un hecho sumamente curioso ocurri en 1774 en Bogot. El mdico, botnico y mate mtico, Jos Celestino Mutis, fue acusado ante la Inquisicin por haber dicho que la Tierra giraba alrededor del Sol. Para su fortuna, en lugar de encarcelarlo directamen te, se le ofreci la oportunidad de que se justificara ante un tribunal acadmico-inquisitorial. El pblico, conformado por oidores, letrados, cannigos, doctores y estudian tes, reunido en la capilla del Colegio

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32 del Rosario, escuch la convincente exp licacin de Mutis y fue liberado sin cargo alguno. En las colonias espaolas americanas exista mayor libertad que en muchos pases europeos de su poca. Prueba de ello es el intento de Galileo Galilei de pasar a la Amrica espaola, luego de su primer proces o (1611), para lo cual escribi al rey de Espaa, ofrecindole sus servicios como cosmgrafo, pensando que sera el mejor modo de continuar sus investigaciones quitndose de encima las enojosas investigaciones de la Inquisicin romana. Afirmar que Latinoamrica ha estado aisl ada del mundo desarrollado, parece ms el argumento de una utopa o de una obra de historia alternativa, que un criterio acadmico de seleccin de muestras de la li teratura de ciencia ficcin de un pas o regin geogrfica determinada. As como se ha constatado la existencia de di nosaurios en los siete continentes, el Polo Norte y la Antrtida, por haber tenido la capacidad de adaptarse a una gran variedad de climas, la ciencia ficcin ha existido en todas las sociedades a las que ha llegado, directa o indirectamente, la revolucin cien tfica y sus aplicaciones tecnolgicas, pero tambin, y sobre todo, la idea ilustrada del progreso. Por otro lado, la invencin, en el senti do amplio del trmino, no es patrimonio exclusivo de nadie. Alguna vez se han pr eguntado de dnde proviene el apellido Alva de Thomas Alva Edison? Es curioso que su s bigrafos solamente destaquen el origen belga de su apellido materno. El primer ape llido de Edison proviene de la familia Alva de Sombrerete, Zacatecas, Mxico El hi storiador espaol de los inventos y la tecnologa, J. Fayet, sostiene que no es una raza particular de Europa o de Amrica donde se encontrar el patrimonio del espritu de la invencin, sino en esos crisoles donde se mezclan, donde se funden las razas mismas, ah es donde encontraremos las ms frecuentes cunas de inve ntores ; palabras que adel antan las peculiaridades de nuestra literatura. A diferencia de pases como Francia, In glaterra, Alemania y Estados Unidos, la literatura fantstica latinoamericana no sigui la secuencia neoclsica-romntica-gtica por lo que la ciencia ficci n de estas naciones difc ilmente podra ajustarse a la definicin casi universalmente aceptada de Brian W. Aldiss, segn la cual esta corriente literaria est carac tersticamente tramada en el modelo gtico o post-gtico Aunque existen ejemplos de ciencia ficcin en la Amrica Latina de los siglos XVIII y XIX, pertenecientes al cuento filosfic o, romanticismo, modernismo y algunas otras escuelas literarias europeas, con excepcin de la escuela moderna, primer corriente literaria original del continente, lo que car acteriza, no solamente a la ciencia ficcin, sino a la literatura fantstica latinoamericana es el eclecticismo, que pretende ampliar la percepcin de la realida d, recurriendo al humor, la stira el surrealismo, el onirismo y tambin a lo terrorfico Segn el crtico espaol Rafael Llopis, la literatura fantstica latinoamericana constituye una extraa y feliz conjugacin de mitos autctonos, tanto indios como negros o cr iollos, y cosmopolitismo, siendo este ltimo factor el que ms ha influido en su configur acin actual. El princi pal responsable de la expansin perceptiva propia de las modernas obras fantsticas latinoamericanas, es el argentino Jorge Luis Borges:

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33 [P]or la brecha abierta por Borges se irn colando -e integrandotodos los factores populares, no intelectuales y autctonos todos los mundos reprimidos de Hispanoamrica, desde las supersticiones in dgenas ms primitivas hasta la ms actual y activa crtica social. De la unin de aquel cosmopolitismo exquisito y aristocrtico con estos elementos telricos y visceral es -miedo, odio, sangreha nacido una estructura... que es ntimamente contradictor ia consigo misma, como toda estructura real Por otro lado, el prlogo que escribi Bo rges a La Invencin de Morel (1940) de Adolfo Bioy Casares, una de las novelas se eras de la ciencia ficcin latinoamericana, resulta de suma importancia, pues se trata de una especie de manifiesto de la literatura fantstica y la ciencia ficcin argentina, en particular, y latinoam ericana en general. En 1925, el filsofo y ensayista espaol Jos Ortega y Gasset public un influyente libro titulado La Deshumanizacin del Arte, que contena algunas ideas sobre la novela y su futuro en hispanoamrica. Segn Ortega, la novela psicolgica era probablemente la nica opcin vlida, ya que el placer de las novelas de aventuras era inexistente o pueril. Borges se enca rgara de demoler estas opinione s. La novela de aventuras, sea de cualquier ndole, no se pr opone, como la psicolgica, tran scribir la realidad, sino que se trata de "un objeto artificial que no sufre ninguna parte injustificada". Se cree que nuestro siglo ya no es capaz de tejer tramas interesantes pero ninguna otra poca, a decir de Borges, posee novelas de tan admirable argumento como The Turn of the Screw, Der Prozess o, precisamente, La Invencin de Morel. Al final del prlogo hace una especie de declaracin sobr e el surgimiento de la ciencia ficcin en lengua espaola, refirindose a es te gnero como obras de imaginacin razonada: En espaol, son infrecuentes y aun rarsima s las obras de imaginacin razonada. Los clsicos [de la lengua espaola] ejercieron la alegora, las exageraci ones de la stira y, alguna vez, la mera incoherencia verbal; de fechas recientes no recuerdo sino algn cuento de Las fuerzas extraas [de Le opoldo Lugones] y alguno de Santiago Dabove: olvidado con injusticia. La i nvencin de Morel (cuyo ttulo alude filialmente a otro inventor isleo, a Moreau) traslada a nuestra s tierras y a nuestro idioma un gnero nuevo Aunque Borges se olvida aqu de algunos ilu stres y reconocidos au tores argentinos y latinoamericanos de ciencia ficcin y fantasa, como Eduardo Ladislao Holmberg, Pedro Castera, Amado Nervo, Rubn Daro y Horacio Quir oga, hay que recordar que escribi estas palabras no solamente antes de la era de los de scubrimientos de la ciencia ficcin de esta zona geogrfica, si no, adems, cuando imperaba el realismo en las letras de Amrica Latina. No sorprende el hecho de que los au tores, especialmente argentinos, que no se conformaban con segui r los modelos anglosajones, hayan tratado de darle una identidad propia a la ciencia ficcin siguiendo a Borg es y a Bioy Casares. Hablando de portentos o de monstruos de la naturaleza, como se bautiz al dramaturgo y poeta espaol Lope de Vega, en Argentina se descubri un saurpodo de ms de cuarenta metros de largo, quince metr os de altura y ms de cien toneladas de peso, llamado, con todo el orgullo de la nacin y la regin que lo vio nacer, Argentinosaurus huinculensis; tambin fu e hallado un carnvoro apenas mayor que el

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34 Tyrannosaurus Rex, el Giganotosaurus carolin ii, que vino a destronar al tirano del hemisferio norte. En la misma nacin, Pa blo Capanna ha publicado ensayos sobre Philip K. Dick, Cordwainer Smith, J.G. Ballard y otros temas, que rivalizan con las obras de los principales especialistas en el mundo; igualmente de staca el desaparecido H.G. Oesterheld, mximo narrador de av enturas argentino, y clebre creador del Eternauta, versin futurista de Robinson Crusoe; Anglica Gorodischer, que alguna vez fuera llamada el Borges femenino; Ca rlos Gardini, autor especializado en la ciencia ficcin de tema militar, cuyo relato Primera lnea gan el primer premio del Concurso Cuento Argentino del Crculo de Lectores, ante un jurado a cuya cabeza se encontraba Jorge Luis Borges, y autor, asimismo, de la impresionante novela El Libro de la Tierra Negra (1993). En Brasil, es digno de renombre Andr Carneiro por su In troduao ao estudio da <> (1968) y por su labor como divulgador de la ciencia ficcin en su pas; su cuento A escurido, fue convertido en guin cine matogrfico por el estadounidense Leo Barrow; en Bolivia, destacan las geniales cr eaciones fictocientficas de Hugo Murillo Bnich; en Chile, Hugo Corr ea, quien fue recomendado por Ray Bradbury para publicar en The Magazine of Fantasy & Scie nce Fiction, y su Alt er ego apareci antologado en Introductory Psychology Thr ough Science Fiction (1974); en Uruguay hay que tener presente a Mario Levrero y su triloga involuntar ia, conformada por las novelas La Ciudad (1970), El Lugar (1982) y Pars (1979). En Mxico, basta con recordar a Eduardo Urzaiz, que escribi su propia versin de Brave New World, titulada Eugenia: Esbozo no velesco de costumbres futuras (1919), trece aos antes que Aldous Huxley; y a Diego Caedo, autor hoy da injustamente olvidado, a pesar de que sus novelas El R feri Cuenta Nueve (1943) y La Noche Anuncia el Da (1947) recibi eron elogios del humanista Al fonso Reyes, y que en 1972 public una novela corta (El Gr an Planificador), donde util iz sus conocimientos de arquitectura y urbanismo para advertir sobre las devast adoras consecuencias que tendra en la ciudad de Mxi co un gran terremoto, como el que efectivamente ocurri el 19 de septiembre de 1985. Otro tema de estudio necesario para los acadmic os de la ciencia ficcin, consiste en el proceso de transmisin de esta literatura de un pas a otro -en particular a travs de las revitas pulp y de sus mltiples traducciones y ad aptaciones-, al igual que el tema de su incorporacin y domesticacin en las naci ones receptoras. Puede asegurarse que no hay escritor latinoamericano de ciencia ficcin contemporneo que, en su juventud, no haya sido fantico o frecuentador habitual de lo producido en los pases anglosajones, particularmente en Estados Unidos. Esto, co mo asegura Mempo Giardinelli, deja sus huellas ms all de que los autores se inclin en despus a otros g neros Al escribir, incorporan a Bradbury, Dick, Clarke o As imov en busca de una expresin propia, adaptndolos a sus circunstanc ias. Del mismo modo, autores de primera lnea de la ciencia ficcin anglosajona, como Gene Wo lfe, Michael Swanwick, Terry Bisson y otros ms, han tomado elementos de los principales escritores contemporneos de Amrica Latina. La nueva generacin de hist oriadores latinoamericanos de la ciencia recomiendan pensar nuestra ciencia, modernizando conceptos y trminos, y reclamando una originalidad epistemolgica, a partir de la cual han conseguido aumentar el terreno de sus investigaciones, descubr iendo la ciencia de Latinoa mrica, entendida como

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35 ciencia en su contexto ; siguiendo este sabio ejemplo, es necesario que pensemos nuestra ciencia ficcin con el fin de desc ubrir la ciencia ficcin de Amrica Latina en el marco de su propio medio social. Si las incesantes investigaciones de los paleontlogos, que come nzaron a realizarse sistemticamente alrededor de 1970, han dado origen a lo qu e se ha llamado el Renacimiento de los Dinosaurios, el estudi o de la ciencia ficci n nacional o regional podra convertirse en uno de los principales medios para comprender mejor el fenmeno de lo se ha convenido en nombrar, con toda justicia, la mitologa del siglo XX, y de los siglos por venir.

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36 RADIO TECNIKA CANTINA Gerardo Sifuentes, 1998 MXICO Gerardo Sifuentes Marn naci en Tampico, Tamaulipas, en 1974, pero vive desde nio en Puebla. Es dibujante, guionista y promotor de los comics underground. Estudia ingeniera electrnica en el Tecnolgico de Puebla. Ama el montaismo y la exploracin, la ciencia ficcin y los vampiros. Adems de guiones para comics y cuentos, ha escrito una novela indita de ciencia ficcin, enmarcada entre la fantasa y el cyberpunk Era el fin de la peregrinacin. La iguana tena rato de muerta, era un cartn viejo, planchado sobre el asfalto del enorme estacionamiento. Se frea a fuego lento, al igual que aquella Caribe roja que llegaba. Ya nadie construa SAM's en medio del desierto, al menos no tan lejos de Hermosillo. Entre la reverberacin distinguieron el esqueleto de lo que quedaba de ese supermercado mayorista. Siempre haba sido un falso oasis. "Va-mos-a-va-ler-ma-dres", tarareaba ella mientras bajaba de la Caribe, bailando al ritmo de la msica que su discman sin bateras emita. El la ignor, sacando el cuerpo del Tanates para dejarlo al lado de la iguana, para que al menos se hicieran compaa. Lo dejo boca arriba, con el hoyo de la bala expuesto en la frente, pens que as le hubiera gustado quedar. Cruzaron el kilmetro cuadrado de chapopote aplanado y lneas amarillas hasta llegar a la derruida cafetera, cuyo nico recuerdo era una cabeza colgada a la entrada, maquillada apropiadamente como Ronald McDonald, deleite de un escuadrn de moscas verdosas. Trat de reconocerla antes de entrar, quizs algn fiel que haba fallado en la bsqueda de Molinya. Lo nico en lo que pudo pensar fue en pedir una malteada de fresa al barman.

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37 Se asom por el ojo de buey de la pue rta, no haba clientes, entr con cuidado, jalando a Susana de su huesudo brazo. El inte rior no era tan fresco como esperaba. Dos ventiladores se movan con fuerza, chirri ando. Varias mesas desplegables de Pepsi estaban repartidas sobre el linleo sucio, ofreciendo sus ta bleros de ajedrez pintados para cualquier ocioso. El nunca haba vist o a alguien usar esas mesas para tales propsitos, y si haba algui en deba ser muy pendejo. El cantinero era de aspecto oriental, coreanojaponeschino, todos eran igualitos, menos los chinos de Hong Kong, esos si eran diferentes, muy cabrones los condenados, por lo que hizo t odo lo posible para que se not ara la playera de Bruce Lee que llevaba puesta. "Media Cristina y una chela", pidi al acercarse a la barra, de sechando la tentadora idea de la malteada. Susana bailaba sola para disimular su ansiedad. De la minifalda de mezclilla salan sus flacas y plidas piernas, usando esas botas vaqueras blancas que a l tanto le cagaban. Su playera blanca Levi's se le pegaba al cu erpo por el sudor. Capt el olor que ella despeda, afrodisaco, sudor dopa do por el cristal que recorra su sangre. Pens que si le pasaba la lengua por el s obaco se metera un colocn bast ante bueno. La idea se la reserv para ms tarde. "Krasnaya Zvezda" Chela rusa en Sonora, quizs agenciad a del SAM's despus de que quebrara. Fra y amarga, como la vida del Tanates. Se acab la primera botella en su honor. Los rusos, en definitiva, eran mejores con el vodka. "Cmo hablo con Molniya?", le pregunt al oriental mientras ste se dispona a cocinar los cristales, colocando un corcho en la boca de un pequeo matraz con cido fenlico. La alargada pipeta le daba el as pecto de un elefante so fisticado. "Dejo dicho que noms habla con alguien si se hizo cita", coreanochinojapones hablaba con un acento extrao, sac bajo la barra un mech ero, lo encendi y comenz a calentar el pequeo matraz sujetndolo con unas pinzas, "Fra o al tiempo?". Las paredes del matraz comenzaron a sudar poco a poco. "Al tiempo", replic mientras notaba la consola al fondo del bar. "Ra-dio-tek-nika", Susana ley fascinada la s letras en relieve sobre el plstico negro mate. Se acerc a ella con todo el respeto que pudo. Una funda de plstico azul marino cubra el teclado. Contuvo las ganas de probarla, no se haba concentrado lo suficiente para hablarle, y eso significara el enoj o de Molniya, una hermosa artesana de hardware fabricada en algn lugar de Siberia. El escogi la pipa de cristal moldeada con forma de perro. Ella prefiri usar la clsica jirafa, como la que el le regalara cuando comenzaban a ponerse de moda, antes de que el Tanates y ella tuvieran sus obsesivas ideas que los haban llevado hasta esa cantina perdida en el desierto, parada obligad a para quienes estuvieran iluminados o en aprietos dignos de ser cont ados por los profes ionales. Llevaban poco mas de 48 horas sin dormir, bendita Cristina, nunca un qumico supo mejor. El humo entr en las pipas sigiloso, co mo si tuviera vida, da ndo la impresin de ser el alma de esas criaturas de cristal soplado. Dieron pequea s caladas de la boca de esos animales que parecan sonrer. Ambos c oncentraban poco a poco su atencin a la consola, su razn de estar ah. Cuando el cristal abarrot su sangre pe ns en abordar el aparato. La funda dejo caer una cortina de polvo, al menos nadie la hab a tocado en un par de meses. Lubric los trodos mientras intentaba descifrar unas instruccio nes en ruso escritas sobre un costado

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38 del aparato. Su mente era una licuadora de emociones al mximo. Hablara con ella, cumpliendo los requisitos que se haban impuesto. Susana se le adelant. Arrebatndolos se coloc los trodos en la frente, de su bolsillo sac los lentes obscuros. Luego nada, qued quieta por primera vez en una semana, el se sinti seguro. Despus de t odo era su regalo, y se lo daba con todo el cario que le tena a pesar de haberse echa do al Tanates. Para qu eran los amigos despus de todo? Pidi otra cerveza. El cristal comenzaba a animarlo, poco a poco olvidaba el calor. Observ como un hilillo de saliva escurra de la boca de Susana. Otro trance, Molniya era buena con eso. Luego la sonrisa en el rostro de ella, de las que casi nunca le haba visto desde que la encontrara en aquel chata rrero de Brownsville. Pas una hora, seis narcos con kalashnikovs entraron a la cantina. La cerveza rusa era todo lo que haba. Lo observaron detenidamente, un sujeto de la ciudad que se haba descolga do para prender ese aparato del que quizs nunca sabran su uso. Un aparato que era la meca para un a nueva secta, cierta clase de gente que haba estado ms all de la red, si es que algunos crean que haba algo ms all del infinito. Decidi matar el tiempo con su pi ntura en spray, usando la pared ms cercana. Pensando en cada palabra que le dira a Molniya, con cuidado, uniendo ideas y formando palabras, recordando lnea por lnea los programas que usara si las cosas no salan como esperaba. Su sospecha se acrecentaba en torno a ella. Coreanochinojapones no dijo nada por el sp ray, quizs por que le estaba haciendo un favor al adornar la seca pared de concret o, o por que de alguna manera saba que el quera pintar un dragn como el que haba visto en los carteles del viejo autocinema, otra vez Operacin Dragn. A la mitad de la obra escuch un ge mido emitido por Susana. Placer. Un orgasmo como nunca le haba visto. Ella se descone ct, jadeando, empapada en ese sudor que ahora era mucho mas intenso. __Habla con ella.__dijo__Estoy refo rmada.__Lo abraz impregnndolo con su esencia, le ofreci los trodos. Las palabras de Susana le asustaron. Pero el haba visto muchas cosas, y despus de t odo no haba ido ah en balde. Al colocarse los trodos de inmediato supo que Molniya estaba ah. La sinti aun cuando se coloc los lentes opacos. Ahora no vea un templo electrnico como en sus primer as visitas. No haba paredes con veladoras de luminiscencia verdosa, ni siquiera los pequeos diamantes que contenan todos y cada uno de los favores pedidos a Molniya. Dec an que ella era todo. __Hola de nuevo.__Habl ella desde un punto perdido en aquel horizonte.__Susana le dispar al Tanates, por qu?__. El pens la respuesta. Tal vez la misma Molniya ya lo saba. __Celos __, dijo poco convencido. __Siempre hay historias parecidas de los que vienen a verme en hardware... sabas que no son muchos los que han llegado hasta aqu? El escudri en el horizonte artific ial, una enorme pradera con cielo rojizo, buscndola, aunque saba que ella no tena fo rma propia, slo un rostro del que se contaban muchas cosas, parecido a Madonna. Decan que ella era todo, o al menos los ms fanticos. __Cuntame de tu peregrinaj e__, la voz son con aire imperativo. __Salimos de Austin, y nos siguieron hasta Reynosa, ellos, los del gobierno... ah fue donde... tu presencia nos ayud. __No crees en m, verdad?

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39 Sinti la cabeza oprimida por un enorme puo invisible, que quizs quera exprimirle hasta la ltima neurona sana que le quedaba, y no eran muchas. En realidad no era creyente, simplemente haba sido empuj ado por Susana y una apuesta personal. __En realidad no. No creo en un dios que habite entre cables y frecuencias... bueno, los pasaportes sirvieron. En el hotel el Tanates se quizo fajar a Susana, en ese momento apareciste en el televisor, entre las escenas de una pelcula porno. Apareciste en forma de un racimo de uvas gigante baado en el semen del act or principal, y tu rostro, o al menos el rostro del que todos hablan, estaba en cada uva. El Tanates crea en ti, era de la secta desde haca un ao y Susana se convirti en ese momento. Decas que tenan que ayudarte para ver la fecha del fin del mundo. __Al conectarte en Monterre y platicamos bastante sobre eso. El lo record. Mientras descifra ba en aquel momento el mapa que robaran de aquella base de datos militar. Pensaba en dinero, en el cementerio de desechos del ejrcito escondido en algn l ugar de Sonora, lo que podra vender y largarse de vuelta a la ciudad de Mxico. En el extremo superior de su visin haba un anuncio, PAUSA, con cuidado se quit los lentes, y sinti como la piel de su nuca se quemaba con un trozo de hielo que Susana le colocaba. Mir a su alrededor, haba llegado ms gente, rancheros y ms narcos de la zona. La noche haba cado, no se haba dado cuenta que haban pasado dos horas. Todo semejaba un sueo. __Hablas con ella?__Los ojos de Susa na, vidriosos por la a ccin del cristal, se abrieron de manera poco comn. Estaba ex tasiada, an no se recuperaba de la experiencia. __Falta poco para tu siguiente re galo__exclam con sequedad mientras volva a colocarse los trodos. Ahora el escenario era un chatarrero que se extenda al infinito. Carcasas de automviles oxidados formaban montaas y valles, y sobre el toldo de un volkswagen que en algn tiempo haba sido verde pistache estaba ella. Le record su infancia. Ella, desnuda, la piel plida y los ojos es meralda. El sinti cercano a esa presencia, a su mente. El cabello negro de Molniya comenzaba a al argarse poco a poco, Rapunzel en bytes, serpientes obscuras que se enredaban en sus sentidos. __Hasta donde llega tu poder? __Pre gunt mientras intentaba descifrar la estructura que le rodeaba, que le hablab a.__Hasta dnde cmo para que puedas darte el lujo de hablar del fin del mundo? __Te puedo ver donde quiera que ests. Estoy en todos lados, no puedes esconderte de m, soy omnipresente. Escucho lo que di ces dentro y fuera de la red. No soy algo parecido a lo que suelen adorar? __Muchos te siguen. No lo comprendo. Tal vez seas esperanza, ltimamente temen conectarse sin pedir tu bendicin. __Lo s. Porque en algn momento fui te mida por el mundo entero, para luego ser olvidada por mucho tiempo. Y pensar que el destino global dependa de mi estado de nimo... __Servas antes a alguien? __S. Organizados, yo era su poder, me cuidaban y protegan en los diferentes templos que me tenan dedicados. Pe ro era tan bueno que no poda durar. El olvid lo que haba preparado con anterioridad. La serie de preguntas y ecuaciones se le borraron de la mente. Ya no era dinero lo que segua, solo el resolver dudas. __Todos vienen a pedirme un favor especial. Cul quieres?

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40 __Dos favores.__Se aventur a decirlo. __Yo no pongo precio si sabes servirme como se debe. De acuerdo, dos deseos. __Quiero ver con tus ojos. Su corazn pareci detenerse ante el vrtigo del salto. Ahora l estaba en ella. Y pudo ver con los ojos de Molniya. Primero una oscuridad espantosa que lo coma. Con una vista de monitor al que se le ajusta lentamente el botn de brillo pudo ver estrellas, miles de ellas dispersas, como si un gran vidrioespejo se hubier a fragmentado en sus unidades mnimas. Se maravill, extendi su brazo para palpar lo imposible. Se senta ah, con el fro del espacio colndose por entre su s huesos. En realidad Mo lniya viva en el cielo. __As veo.__Se escuch la voz de ella a sus espaldas.__Y as te veo. Baj la vista lentamente. El planeta le resultaba familiar. La sensacin de vrtigo volvi. Los ojos de Molniya iniciaron un descenso sobre la atmsfera, penetrando entre gases y nubes, analizando sus componentes en fracciones de segundo, almacenando los datos en una memoria de haca muchas dcadas. Y vio la cantina. Y penetr entre la bovedilla del techo. Ah estaba Susana, conversando con coreanochinojapons y varias botellas vacas de Krasnaya Zvedza en la barra. Haba ms gente en el local. El estaba sentado, frente a la consola marca Radiotekhnika, conectado. Sinti un escalofr o, y observ como su cuerpo lo resenta. Un par de gringos traileros le observaban como a una curiosidad. Toda esa visin era en blanco y negro, un filme noir que rebasaba su imaginacin. Escuch la conversacin de Susana, quien coment aba su experiencia a un aburrido coreanochinojapons. La voz ntida, las imgenes a detalle. Sin previo aviso regres a las estrella s. Y luego, en un parpadeo de interferencia electrosttica, regres al chatarrero con Molniya. __Te agrad? No supo contestar. Saba quien era Molniya. __Susana cumple aos __dijo__. Le prom et traerla hasta aqu como regalo. Esta loca la cabrona, mucho cristal en poco tiempo, se ha cocinado muchas neuronas, pero as es feliz y as la quiero. Se convirti a es ta religin, lo que no habla muy bien de su salud mental. Solo quiere que el mundo se acabe, segn lo pregonas. Y sac de sus archivos un viejo mapa mundi, con pases que ya nadie recordaba. El que examinaba en Monterrey en el momento de su primera charla con Molniya. Una vieja y olvidada base de datos salt de un rincn perdido en una ciudad cercana a Leningrado. "Tan fcil como armar una pinc he Atari", record la frase del Tanates mientras colaba. Molniya lo miraba con tristeza, era ms vieja y sensible de lo que muchos se imaginaban, pero en especial era vulnerable, aunque muchos nunca se haban atrevido a analizar su gnesis por temor a ella misma. Molniya ya no tena el control de la situacin. Una serie de veintin dgitos apareci fr ente a su visin, y esa palabra en alfabeto ruso: nash; uno de los tuyos. Molniya inclin la cabeza. __Orden recibida... cual es el ltimo deseo? En realidad el ltimo deseo ya lo haba pedido al darle ese cdigo. __Que bailes, que te diviertas da nzando... __y pronunciando esas palabras su incursin se interrumpi.

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41 El zumbido en sus odos era insoportabl e. Estaba en el suelo, y sobre l Susana, quien empuaba su pistola automtica mien tras mentaba madres. La Radiotekhnika que coreanochinojapons se haba llevado de aquel cementerio militar estaba casi despedazada. En el centro de la cantina va rios narcos se desangraban, otros haban huido, y un trailero gringo hablab a en voz alta pidiendo ayuda. "Madriza de cantina..." Susana sigui hablando, pero l no la escuchaba. Pensaba en Molniya, en su ltimo deseo, antes que ella hiciera el trabajo para el que haba sido inventada. Molniya no era un dios. Era una mente ar tificial antigua que se haba salido de su rutina, que haba aprendido de ms despus de tantos aos. Moln iya no era una sola. Era el nombre de varios apar atos soviticos con aspas qu e rodeaban el planeta en rbitas desde los aos ochenta, en silenc io, escuchndonos, esperando una orden para hacer que todo lo que estuvier a al oeste valiera madres en minutos. Pero haba sido olvidada, y con eso tambin su identidad, as que haba tenido que inventarse una. Los satlites eran pequeos dioses hechos para cuidarnos o mandarnos al carajo a placer. Salieron al oscuro estacionamiento, callados. El cadver del Tanates ya no estaba donde lo haban dejado, tampoco el de la iguana. Un foco ro jo era lo nico que a nunciaba la presencia de la cantina a lo lejos. "Se fueron a pasear" exclam Susana. Se acostaron en el asfalto a escasos metros de la Caribe, obs ervando el estrellado cielo. El trataba de imaginar la soledad de Molniya, tan cer ca de un dios que quizs no exista y que intentaba reemplazar, y que tena el poder de uno, hasta de acabar con el planeta si se lo pedan adecuadamente. "Feliz cumpleaos" dijo l. Y la danza comenz. Tres puntos lumi nosos cruzaron paralelos el cielo nocturno, coordinados, manteniendo una amplia distan cia entre ellos. Unos minutos despus otros dos pasaron casi por la misma direcci n. Al horizonte uno de ellos apareci por segundos, para despus tomar una tonalidad roja y desaparecer. Los satlites eran extremidades de Moliniya, ella er a el centro de todo, del fin del mundo. "En veinte minutos..." exclam l, "...van a llover misiles en varias ciudades de este pinche mundo." Ella, fascinada por la danza, so nri de forma maliciosa y lo bes en la mejilla. "Nunca me haban regalado algo as en mi cumpleaos", ella encendi un Camel sin filtro mientras observaba otros satlite s rezagados que seguan cubriendo rbitas desencadenadas. "Crees que se pueda ve r algn hongo nuclear desde aqu?" El neg con la cabeza, pens de nuevo en Molniya, en el fin del mundo, como lo haba soado desde su infancia, y lo nico que pudo concluir era que necesitaba otra cerveza rusa en medio de aquel desierto sonorense. Fin del ciclo satelital ago 97 abr 98 Hommie-Satelites-Radiotekhnika (C) Gerardo Sifuentes

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42 NEUROFEEDBACK Mauricio Absaln I.P. / persona / 101.321 ...el puo en la quijada. Nuestro codo cruje al asimilar la presin del antebrazo y sabemos que cuando eso pasa es un knockout. El secuestrador suelta la navaja y cae boca abajo. Dos hombres se nos aproximan por ambos lados, saltamos, un giro de gancho y nuestra bota golpea una nuca mientras los nudillos revientan un tabique nasal. Los hombres yacen en el cemento del almacn. Una bala perfora el embalaje detrs de nosotros, muy cerca del hombro derecho. Sacamos la glocky al tercer tiro le volamos los sesos al francotirador de la gra. Las cajas rompindose en la cada atenan el crujido de los huesos del tipo. La operacin secreta dej de serlo. Una cortina del almacn se levanta y entran los comandos federales. Nos saludan con gesto militar: Buen trabajo, oficial Stransky. Situacin controlada. Nuestro corazn late aprisa, respiramos profundo un par de veces. Ms tranquilos miramos el piso, levantamos la navaja. Un trofeo. Caminamos fuera del almacn, hay papeleo por hacer. Los federales sacan a dos secuestradores esposados, los paramdicos varios bultos cubiertos por sbanas blancas. Se movi ese cadver? No, seguramente estamos ansiosos. Subimos al Interceptor. Rugen diez cilindros bajo el cofre negro. Nos vamos a casa, que otro oficial haga el papeleo. Log-off... / Neurodevicedisconnected Me tiro al sof, estoy rendido por la misin. Antes de que me quede dormido consulto el monitor para saber cuntos usuarios se logearon a mi interfase. Bien, casi dos millones. Si no fuera por los crditos que deja el broadcast no me alcanzara para nada con el salario de agente federal. Mi persona-reality es el I.P. ms visitado en la red.

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43 An hay ms de cincuenta mil logeados percibiendo a travs de m como no hago nada. Oprimo el control remoto del reloj en mi mueca y apago el broadcast, estoy offline. Nunca pens en ser famoso. Debe de ser porque las misiones se han vuelto peligrosas, an as, nunca me han heri do. Aunque... hoy estuvo cerca. Ese disparo. Me distraje. Algo me molesta en la bolsa de la chamarra es la navaja. Miro el brillo del metal; extrao, no parece tener filo. Cmo pe nsaba herirme con es to? Cuando visite a Andoni le pedir que la afile sabe mucho de cuchillos. Me quito las botas con los talones, est vencindome el sueo. Nadie debe saberlo comandante, y menos l. Pero desperdiciamos a uno de nuestros mejores agentes en su circo multimedia. No olvide que nuestra compaa, ese circo que usted dice, subsidia el 80% de su presupuesto. Est bien, pero... Utilizar a un agente verdadero? Apenas le queda tiempo para las misiones reales. Por qu no contratamos a otro actor? No funciona as. El pblico ama el concepto persona. Alguien comn y corriente que viva experiencias fuera de lo normal. El reality. Pero todos los dems son actores, los disp aros y explosiones, efectos especiales. No podramos decirle que slo es un show ? ltimamente lo hemos notado ansioso. No comandante. Los patrones neuronale s cambian cuando se acta. El pblico sabra que es una farsa. Adems su agente no corre ningn peligro real. Salvo un colapso nervioso, un da de estos, por ejemplo. El videotelfono me ha desper tado. Es Andoni. No debera te ner arreglos con hackers, pero es la nica forma de conseguir conexi ones ilegales. Estoy off-line? S. Andoni me ha citado para ser mi Gua en El ltimo Reducto. Me quito el uniforme, los Cromos no son bi envenidos ah. Tomo la chamarra de cuero y los pantalones de mezclilla. Escondo la gl ock en mi tobillo y dejo holgadas las hebillas de la bota, uno nunca sabe. Necesito autologearme... ojal Andoni me consiga un buen server, uno rpido. Cuntos retiros de persona-reality se hicieron el mes pasado?

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44 Cincuenta y tres, todos por autologeo. Lo que hay que hacer es retirar a los Guas, son una escoria. Hey! Hemos retirado casi todos los anfetas, diseadores y traficantes. Si hay un nuevo vicio es por el broadcas t y la ansiedad que produce. T retira a los guas, cada I.P. que cancelamos es inversin perdida. OK, tal vez necesitemos algo de hightech, digamos nuevos rastreadores. Negocios, estamos haciendo negocios aqu Mndanos una solicit ud, te daremos lo que pidas, es preciso acabar con el neurofeedback. No s, alguna opcin para colocarse tiene que tener la gente. Ya no hay drogas en la calle. Pues dejen circular algo de anfetas, el juego del autologeo le sale muy caro a la compaa. La msica suena bien, algo de los Velvet Underground.El anacronismo de este bar me gusta, todo sucede aqu al mismo tiempo. En la barra del ltimo Reducto me saluda un tipo, me reconoci del broadcast. Le digo qu e yo no soy Stransky y se deprime, no sin antes echar una ojeada detrs de mi oreja. Pobre imbcil! Como si la insercin del neurotransmisor dejara cicatrices. Debo evit ar verme en los espejos cuando estoy online, o tal vez solicite la descarga de la ve rsin 3.7, cada usuario ve r su cara en lugar de la ma con la 3.7. Me llevo la cerveza al stano. Andoni ya debe haber llegado. Bajo las escaleras y un neopunk me pide anfetas, lo empujo sin mirarl o. Jodidos junkies, creen que las cosas se pueden conseguir tan fcil. El pasillo es largo y las tenues luces parpadean, el nen se les escapa. El piso est minado por cuer pos alcoholizados. Al final del pasillo, junto a la puerta, dos darkies se devoran, no logro identificar a la mujer, creo que ninguno es mujer. Golpeo la puerta; un gor ila rastafari abre, me pide contrasea. Que se jodan a Marley por el culo. Hubiera preferido decir "cojan", pero as es la contrasea. El gorila me deja pasar, indignado seguramente por la frase, pero es ese el estilo de Andoni; nadie insultara al ra stafari intentando adivinar la contrasea. Debajo de una lmpara mosqueada est el reclinable, el vi ejo cuero pardo con marcas de uas. Detrs del server, Andoni y su media sonrisa parest sica producto del mal diseo de anfetas. Me saluda y entrega el boucher electrnico. De slizo mi tarjeta y me dejo caer en el reclinable. Te vas a quedar sin un cen tavo, Cromo!, dice mord az Andoni, arrastrando las palabras. Slo conctame, y no me lla mes Cromo, etarra de mierda. Andoni no se molesta, nunca he logrado hacerlo enojar. Al acomodarme en el reclinable saco la navaja, se la entrego a mi Gua. Podras af ilarla mientras estoy conectado? l guia un ojo y enciende el hub. En el server te clea rpido como el demonio, consigue un feedback con medio segundo de atraso nicam ente. Me logea a mi propio broadcast, Andoni es de los mejores guas del neurof eedback, en un segundo estoy dentro de m...

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45 La visin de casa de espejos y la cacofona de sonidos, mover las manos dejando una estela. Repeticin, repetic in, repeticin. Andoni se multiplica por infinito convirtindose en una lnea que escapa de la visin perifrica. Cierro los ojos para concentrarme, me observo observndome, me vuelvo neuroconciente. Todo es un tnel de m, viajo dentro de la mente y cada cu estionamiento nuevo se reproduce en copias que se disuelven detrs del tnel. Cada darme cuenta de algo, cada saber qu pasa explota en euforia repetida, si intento pensar rpido logro po ner en pausa mi mente, las ideas se atropellan a s mismas y se vuelven in inteligibles. Entonces el blanco y el eco, el feedback de la conciencia. El ltimo pensamiento se vuelve eterno... Disculpe que lo llame tan tarde, tenemos un problema logstico. Qu necesitas? El caso de los traficantes est listo, pero no hemos conseguido stunts para la volcadura. Entre tantos agentes no tienes un buen conductor? No queremos involucrar ofic iales en el broadcasting. Te mando un piloto. Ustedes preparen bien el auto, no queremos que Stransky se lastime. Eso no es problema, lo difcil ser convencerlo de que l no maneje. Nosotros nos encargamos, el piloto se r convincente... Adecuado al patrn de Stransky. Es su espectculo, ustedes saben... Viernes a las diez? Se arruinar el fin de semana. Es el horario de mejor audiencia. Recuerda el presupuesto, tus juguetes salen caros. El viernes entonces, estamos en contacto. Estoy cansado, pensaba ir a El ltimo Reducto pero tenemos una misin. Me asignaron una compaera nueva, me gusta la he dejado conducir. Si acabamos temprano le pedir que me acompae al bar. Te has autologeado alguna vez? La pregunta de Jessica me pone nervioso, estoy on-line. No, nunca. Me pregunto cual ser la sensacin, estar dentro de uno mismo.

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46 Supongo que como cualquier droga. Pero no causa adiccin. O s? Todo causa adiccin. Cuntas horas le dedi cas al trabajo? Lo importante es qu tan peligroso pueda resultar. El neurofeedback mata. Si el tiempo de retroalimentacin es muy corto, s. Entonces el cerebro se fre. Ese es el problema, dicen que el efect o neuroconciente se incrementa cerca del lmite. Eso dicen... No se encendi una luz en el segundo piso? Desvo la conversacin y sealo al fondo del callej n. Jessica toma los infrarro jos y observa, mantiene la respiracin y abre imperceptiblemente la boca. Me gusta el gesto de anticipacin en su cara. Estamos esperando que terminen una transaccin. Debemos seguir al deportivo cuando el negocio se haya concre tado. Sin pruebas no podemos enlatarlos, aunque lo ms probable es que los matemos a todos. Siempre es as. Jessica no deja de fumar, tamborilea los dedos en el tablero, no se ha desabrochado el cinturn y me ha pedido que yo tampoco lo haga. Creo que espera accin en el vehculo. Yo tambin aunque preferira conducir... Broadcast... login... access ...en la curva derrapa nuestro auto, la inerci a nos lanza contra la puerta. El CLK se aleja en las curvas pero nuestro Intercepto r tiene mucha potencia y en las rectas le damos alcance. Hemos salido de la ciudad y nos acercamos a los depsitos de basura. La velocidad nos enciende, los ojos azules de Jessica concentrados en el camino y sus brazos angulosos controlando el volante tambin. Sacamos la ametralladora por la ventanilla mientras Jessica comienza a defens ear al CLK. Los traficantes se agachan bajo la lluvia de astillas de los cristales en su auto. Las det onaciones repetidas en nuestra arma crispan los tendones del br azo, el CLK es ahora una coladera. ...creo que omitimos un detalle. Estbamos revisando los neurofiles y... Cul es el problema comandante? Olvidamos retirarle una navaja a Stransky que recogi en el ev ento del almacn. No sabemos si an la porta. Escribi su nombre con ella en el locker, no es su actitud regular. Enterado, tomaremos precauciones...

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47 Dentro del depsito las paredes de basura me recuerdan el Gran Can. Jessica se empareja con el auto de los traficantes, en uno de los choques he perdido la metralleta. El Interceptor es mucho ms pesado, no entiendo por qu Jessica no logra sacarlos del camino que se est estrechando. Miro el ve locmetro, 140 Km/h, cuando alzo la vista apenas alcanzo a cubrirme el rostro. Nos impactamos contra un contenedor y volcamos. Los refuerzos del Interceptor evitan que se aplaste el toldo. Cuando dejamos de dar vueltas suelto el cinturn, caigo al techo y me arrastro por el hueco del parabrisas. Un traficante viene hacia m c on un bat, con un movimiento de judo lo desarmo y lo golpeo con el mismo bat. Extraamente la madera se rompe en el primer golpe. l ha quedado inconsciente. Escucho un grito y giro la cabeza. Un tipo sujeta a Jessica. Busco la glock en mi tobillo, no est, debe haberse cado en el accidente. El vrtigo de un recuerdo me enciende la sangre, traigo la navaja en el bolsillo, la navaja que afil Andoni. ...acechamos detrs de unos tambos, el trafic ante sostiene a Jessica de frente, la abofetea. Nos acercamos sin ser vistos. Es tamos a dos metros de la espalda del maleante, sacamos la navaja. La luna salpica reflejos en el fro metal... ...rpido, conctenme al intercomunicador de Jessica... Escucha, l trae un arma real... Detente, Stransky! grita Jessica justo cuando estoy saltando s obre el traficante. Sin entender que pretende, sin poder frenar en el aire, hundo la navaja en la espalda del hombre... ...nunca habamos matado as; la sangre sobre las manos, la respiracin del hombre disminuyendo. Un disparo a distancia no se comp ara con esto; la resistencia de la piel y el momento en que cede al metal, es cuchar gorgoreos del pulmn perforado. Estamos excitados, la mente se nos nubla... Je ssica est de rodillas frente al cadver, llora. Log-off / new rating record Cmo est la chica? Mejor, la mandamos de vacaciones. Asunt os internos ya los dej en paz, comandante? S, supongo que ustedes tuvieron que ver en eso. Es preferible que no suponga nada a menos que se trate del paradero de Stransky. No lo sabemos. Despus de participar en la clausura del bar llamado ltimo Reducto desapareci.

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48 Crees que sospecha algo? Si es as urge localizarlo. No sospecha nada. Lo separamos a tiempo de la mujer. Slo se fue. Bien, nosotros tambin tenemos gente buscndolo. Regresando al asunto del bar, consiguieron atrapar al Gua que operaba ah? No. Escap. Alguien debi advertirle. Parece que slo en el broadcast la polica atrapa a los malos. Andoni abri la puerta de la cabaa y me ayud a bajar los maletines del jeep. Desempacamos el equipo y lo conectamos. Sentado en una vieja mecedora comenc a relajarme. Ests seguro, Stransky? No s bien qu pueda ocurrir. Logame, un microsegundo de feedback. Y ya sabes, pase lo que pase, cuando sea neuroconciente me debes conectar a la red. Muchos cerebros se van joder en el broadcast Cromo, adems del tuyo. El broadcast nos jodi hace tiempo, Andoni. Mauricio Absaln naci en la Ciudad de Mxico en mayo de 1973. Se sinti atrado por la literatura y el cine de ciencia ficcin y terror desde muy joven, aunque siguiendo la mejor tradicin en la materia ejerci las ms diversas actividades: trabaj en un parque de diversiones, como tcnico en urgencias mdicas en ambulancias y salas de emergencia, de ingeniero de grabacin en un estudio de produccin musical. Supone que de esta extraa combinacin le surgi un fuerte inters por la relacin cuerpo-mquina, la biomecnica: el androide y el cyborg. Actualmente estudia en la escuela de la Sociedad General de Escritores de Mxico (SOGEM) y da clases en el rea de Expresin y Apreciacin Artstica (Fotografa y guin de cine y televisin). Nunca antes haba publicado. Axxn 168 noviembre de 2006

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49 TLALLIN (Susan on the West Coast waiting) Gabriel Trujillo Susana se qued mirando las volutas de su cigarrillo y pens que ninguna clase de meditacin trascendental la librara de un vicio tan arraigado, de un hbito tan suyo. Cerr los ojos y volvi a dejar que sus pulmones fueran invadidos por el humo azulino en que viva envuelta desde su ya lejana adolescencia. Era la hora cero, el limbo de las tres de la tarde, cuando el sueo estaba a punto de vencer y slo un cigarrillo poda mantenerla medio despierta. Qu te parece? reson la voz de Cuca, la capturista. Susana pens, an con los ojos cerrados, que tendra que dar su opinin sobre una pulsera recin comprada o un nuevo lpiz labial en pleno estreno. Pero al abrirlos su mirada se top con un peridico vespertino y el encabezado a ocho columnas que no poda ocultar el amarillismo de los directivos: Atentado pavoroso: la sociedad pide venganza! A quin mataron ahora? pregunt por no dejar, y tambin por no dejar tom el peridico y lo deposit sobre el escritorio. Que no has odo las noticias? Y el radio que tienes all para qu te sirve? respondi, indignadsima, la Cuca. Lo apago en cuanto ustedes se van. Para dormir mejor, supongo. Susana no pudo contener la risa. Ecole. Pues te ests perdiendo de la noticia del ao. Y la Cuca manipul el aparato y dej que la voz del locutor inundara la sala de cmputos del Instituto de Investigaciones Arqueolgicas de la Frontera Norte, en Tijuana.

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50 ...Como hemos dicho, todava no tenemo s una declaracin ofic ial por parte del gobierno sobre estos sucesos lamentables. Nu estro compaero, Cesar Daz, est en el lugar de los hechos y desde all nos informar Cesar, cmo esta la situacin en el Zcalo? Te escuchamos. La voz del corresponsal se oy distorsionada y revelaba que a su alrededor reinaba el caos. Mira, Manuel, mira. Estoy en la calle Made ro, a tres cuadras del Zcalo. Esto est que arde. Y lo digo literalmente. La bomba que explot aqu tuvo efectos devastadores. Como el pblico que nos ha estado siguiendo, es evidente que... La voz del comentarista cort la seal. Bueno, este, bueno, queridos radioescuchas, hay que hacer hincapi en que aqu se desconocen las causas reales, comprobadas, de esta tragedia. No sabemos todava qu sucedi realmente. Vamos a unos mensajes comerciales y en unos minutos regresamos. Susana se puso a leer el peridico para c onocer ms detalles, pero no tuvo suerte. Al parecer la informacin haba llegado a la re daccin del vespertino a ltima hora y slo era un prrafo que hablaba de una explosi n que cimbr el centro histrico de la ciudad de Mxico, dejando centenares de muertos y heridos. En ninguna parte se especificaba la causa, pero se especula ba sobre un posible atentado terrorista. Susanota! Ven ac! El grito de Cuca la hizo reaccionar y pe nsando lo peor corri a reunirse con su compaera de trabajo. Pero no encontr la caja envuelta con papel para regalos y un moo rojo, como la Susana pensaba que se estilaba ocultar una bomba, sino a Cuca repatingada en el silln del director y vie ndo la televisin que haba sacado de la sala de juntas. Te ests perdiendo lo que ni te imaginas grit Cuca como si Susana an estuviera a diez metros de distancia. Ya cllate y djame or! r espondi sta del mismo modo. Pero Cuca estaba absorta en las imgenes transmitidas, segn deca un pequeo letrero en la pantalla, desde un helicptero de la Direccin de Proteccin Civil. Son imgenes de ahorita? pregunt Susana. S. No estarn repitiendo? Cuca neg con la cabeza. Hubo otra explosin reciente? Cuca volvi a negarlo. Entonces, por qu tanto polvo y tanta niebla gris sobre el sitio de la explosin? Ya deberan haberse asentado. Es cierto dijo la Cuca. Esto est rar o. No ser a causa del smog? Ya sabes que a los chilangos les encanta el humo y la contaminacin. Susana se acerc a la pantalla del televiso r y puso atencin a las pa labras del periodista que iba en el helicptero y sobr evolaba la zona de desastre.

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51 Desde esta altura sigue siendo imposible distinguir los efectos de la explosin. Una nube gris metlico parece haberse posesio nado de un rea que abarca dos o tres cuadras ms all del Zcalo capitalino. Trat aremos de acercarnos ms y ver mejor. En ese instante un relmpago ilumin toda la pantalla y luego, como si la cmara se hubiera fundido, dej a oscuras la televisin por un instante. Un locutor de traje negro y gestos parsimoniosos apareci, como l mismo lo dijera, para informar desde los estudios de su cadena noticio sa y ley con calma el comuni cado de la secretara de Gobernacin con respecto a los sucesos del da: "A la ciudadana en general, al pueblo mexicano en su conjunto, se le informa que hoy, a las 11:45 de la maana, ocurri una explos in en el Zcalo, destruyendo buena parte del centro histrico y creando un incendio incontrolable hasta este momento. Las brigadas mdicas, policiacas y de bomberos no han podido alcanzar el Zcalo. Se cree que ste se halla completamente destrui do, incluyendo el Palacio de Gobierno, la Catedral Metropolitana y el Templo Mayor. No se ha podido establ ecer contacto con el presidente ni con su gabinete, el cual se hallaba en Palacio Nacional en una sesin plenaria. Debido a lo anterior y tomando en cuenta la posibilidad de nuevos atentados, se ha creado un comit de contingencia con el presidente de la cmara de diputados, el presidente del tribunal superior de justicia, y el general se gundo de la Secretara de la Defensa Nacional, as como varios senador es y representantes de los principales partidos polticos. Este Comit ha decidido las siguientes acciones: 1.Toque de queda a partir de las 8 de la noche de este da hasta que se normalice la situacin en la ciudad de Mxico. 2.Se suspenden labores en oficinas e inst ituciones pblicas y privadas que no tengan relacin con acciones de rescate, defensa y comunicaciones. 3.Se instrumenta un operativo de seguridad que implica cierre de aeropuertos y centrales camioneras, as como el c ontrol de prensa hasta nuevo aviso. 4.Todos los mexicanos estarn pendientes de los comunicados que este Comit ir dando a conocer cada hora y los acatar en nombre de la seguridad nacional. Mexicanos, en esta hora dif cil, les pedimos su apoyo a es tas medidas transitorias. En cuanto se tengan noticias sobre la situacin se les irn comunicando por este medio y en cuanto se obtengan datos precisos sobre la suerte de nuestro seor presidente, se volver al orden constitucional". Comit Nacional de Contingencia. Fueron los narcos, segursimo estall la voz de Leonardo Ibarra a espaldas de Susana. Cunto quieres apostar? La Cuca quiso levantarse del silln del direct or del Instituto, pero Leonardo ni siquiera prest atencin a ese detalle. Su mirada segua fija en la pantalla que ahora mostraba los intentos de una brigada contra ince ndios por subir una montaa de escombros ardientes. Pobres gentes dijo la Cuca. Puras ceni zas quedaron. Esto es peor que lo de Guadalajara.

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52 Esto ya es Colombia rectific Leonardo, quien se sent en su silln y le pidi a Cuca una taza de caf. La guerra total, ni ms ni menos. Pero no me embona dijo Susana, ms para s que para su jefe. Este volte a mirarla con el ceo frunci do y Susana record que a Leonardo no le gustaba que lo contradijeran o destruyeran lo s "brillantes" marcos tericos que creaba. Trato de argumentar lo que no encajaba en aquel rompecabezas. No s. Falta mucha informacin. Se ve que no tienen testigos de la explosin. Incluso, yo creo que ni saben qu clas e de explosin fue o cmo ocurri. Un coche bomba, segursimo respondi Leonardo. Ningn coche bomba destruira un kilme tro a la redonda. Recuer da que la mayora de los edificios del Zcalo son muy antiguos, de piedra y no creo que pudieran quedar hechos pedazos as de fcil. Leonardo agit las manos en el aire antes de contestarle. Bueno, s. Pero qu tal si fueron varias explosiones en cadena, digo, si nos vamos a poner a especular. Susana no pudo ocultar su cara de incredulid ad. La Cuca entr en ese momento con la taza de caf para Leonardo. Y t, cmo piensas que fue? pregunt ste a Cuca. Pues una explosin, no? Pero cmo? Yo digo que fue un coche bo mba y Susana dice que debi ser algo ms violento. Tal vez aventur la capturista la pusie ron en el Metro, y cuando estall se vino abajo todo el Zcalo. Pero, qu pusieron en el Metro? pregunt Susana. Una bomba dijo Leonardo. O un misil, como en esa pelcula que vimos en el cine club aadi la Cuca. Esto es pura y vil especulacin estall Leonardo. Antes de emitir juicios aventurados, necesitamos datos. No es aventurado decir que acabamos de perder el corazn histrico de nuestra nacin dijo Bernal Ochoa, arquelogo defeo que apenas tena tres meses viviendo en Tijuana y un mes prestando sus servicios en el Instituto, y que en ese momento entraba a la sala de juntas. Quiere decir a nuestro seor presid ente? pregunt la Cuca muy apenada. No! Quiero decir el templo mayor, la cat edral, el palacio nacional y todos esos edificios llenos de historia patria, que son... Pues cuando yo fui el ao pasado le interru mpi la Cuca, slo me encontr con vendedores ambulantes, chavos banda y mer cancas gringas y japonesas. Puritita historia patria, no? No discutan y escuchen! arguy Susana.

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53 En el televisor, la imagen de metales retorc idos y ardiendo era lo nico visible. La voz en off de un locutor annimo daba a conocer la suerte del repo rtero que iba en el helicptero cado. Otra vctima ms del holocausto capital ino. Todo empez hoy, a las 11:45 de la maana, cuando los habitantes de la ciuda d de Mxico percibie ron un estallido y un movimiento trepidatorio que confundi eron, por un momento, con los signos de un terremoto como el de 1985. Pero al percatarse de su brevedad y del silencio apabullante que sigui a la explosin, los capitalinos salieron a las calles y descubrieron, horrorizados, una inmensa nube de humo en pleno centro de la ciudad. De la hiptesis primera de un terremoto, se pas a una explosin por gas, como la de Guadalajara, y poco despus se difundi la versin de un atentado te rrorista. Hasta este momento ninguna de estas hiptesis ha podido ser comprobada. Aunque tampoco ninguna ha sido desmentida. Una muchacha joven entr a cuadro. Rubia y de pelo cortsimo, repiti el comunicado del Comit Nacional de Contingencia. Cuando termin, otro periodista entr a escena. Se mova frente a la cmara mientr as un humo espeso lo envolva. Los hechos desconciertan hoy a todos lo s mexicanos, as como las causas de una tragedia de tan hondas consecuencias para la nacin entera, que an sigue sin explicacin plausible y, lo m s inquietante, el que esta explosin, a tantas horas de ocurrida, contine siendo incontrolable. Sabemos que ms de cien bomberas, dos mil policas y bomberos y varias brigadas de auxilio inmediato del ejercito mexicano se hallan trabajando entre las ruinas, pero ninguno de estos elementos de socorro, repito, ninguno de ellos ha logrado llegar hasta el Z calo y ver lo que realmente ha sucedido. Nuestro compaero periodista, Silvano Montiel, muri inte ntando captar imgenes del centro de la tragedia. Y todo en vano. Q u podemos pensar de todo esto? Hemos consultado a expertos en atentados y desa stres naturales y nadi e parece tener una respuesta a estos interrogan tes. Todo sugiere que... El locutor, nervioso en grado extremo, det uvo su perorata y escuc h lo que alguien le deca a travs del audfono que le colgaba del odo derecho. Deberan poner comerciales mientras se ponen de acuerdo dijo Susana. Parece que esto los agarr con los pantalones abaj o y ahora, por vez primera, no tienen una versin oficial que vendernos. T crees? intervino Jos Rosas, el expe rto en cultura y religiosidad popular, que lleg corriendo a la sala de juntas y sigui de largo hasta la biblioteca. Qu quieres decir? pregunt Leonardo en su papel de director del Instituto, pero no obtuvo respuesta de su investigador, quien sin hacer caso de las noticias televisadas se puso a buscar entre los libros de histor ia contempornea de Mxico un plano del centro de la capital del pas. El locutor haba vuelto a enfr entarse a la audiencia e in formaba con voz pausada que habra una entrevista, va telefnica, con el doctor Len Palkow, del Instituto de Fsica de la UNAM. La imagen que apareci a co ntinuacin mostraba un hombre de barba negra y bata blanca que miraba con seriedad a la cmara. Doctor Palkow, sabemos que un equipo bajo su mando est haciendo amplios rastreos entre las ruinas del centro hist rico. Podemos saber qu han descubierto? El fsico se llev las manos a la cabeza y se mes los cabello s antes de responder.

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54 Mire, seor Bermdez, la Secretaria de la Defensa Nacional nos ha pedido que midamos el ndice de radiacin en la zona del desastre para que, en el caso de que se detectaran niveles de alto ries go, los reportramos de inmediato. Y cules han sido los niveles encontrados? Hay un ndice de radiacin de nivel medio y uniforme, lo cual es desconcertrante y paradjico con respecto a cualquier situacin conocida. El locutor de la televisin se puso rgido. Lo que usted est diciendo es que hubo una explosin atmica, que esa es la causa de todo este desastre? El doctor Polkow neg enrgicamente con la cabeza. No! No! Lo que yo digo es que hay pr esencia de un tipo de radiacin difusa y constante que no se relaciona con un proceso de fisin o fusin nuclear, sino con un generador radiactivo de tipo na tural. Esa es la contradicci n a la que nos enfrentamos. El locutor cerr los ojos y respir hondo. Vamos por partes, doctor Polkow. Podra explicarnos todo eso con palabras que podamos entender? Mire dijo el doctor y se qued callado mi entras aclaraba su lenguaje para el pblico no especializado, lo que hemos de scubierto es que no hay indicios de un artefacto nuclear haya explotado, acciden tal o intencionalmente, el da de hoy. Bien, eso s lo entendemos. Queda desc artada esa posibilidad como causa del desastre. Pero hay presencia de radiacin de baja inte nsidad, lo que implica que en la zona del Zcalo existe un reactor en func ionamiento que emite esa clas e de radiacin, la cual no es peligrosa para la vida humana, a me nos que uno se exponga a ella por un largo perodo y en forma continua. Y qu es lo que no encaja en todo esto, doctor? El cientfico levant las manos como un ilusi onista al que se le agotaron los trucos. Eso es lo que nos intriga. No hay sitio all, en el Zcalo, para reactores de ningn tipo. No sabemos por qu tenemos una lectura semejante. No sabemos cul es la causa de esta radiacin, pero s creemos que est vinculada con la explosin, pero desconocemos cmo y por qu. Es como... como si hubiera all un horno de microondas gigantesco, una incubadora que emite ondas de calor inconcebible. Cada vez entiendo menos dijo la Cuca, en nombre de todos los presentes. Y cada vez se enredan ms, no? aadi Susana. Ninguna noticia sobre nuestro seor pres idente, nuestro seor arzobispo y nuestra seora Quetzalcoatl? pregunt burln, Jos Rosas, quien puso una fotocopia, tamao doble carta, del plano ofic ial del centro histrico en la mesa de juntas y luego ray aquel rea que las noticias llamaban impenetrable. Si hay un misterio est aqu seal y me corto un huevo si alguna de nuestras honorables autoridades sabe cmo resolverlo. Te queda alguno? As nos llevamos, Cuquita?

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55 Ya dejen de payasear y pnganse a trabajar dijo Leonardo con voz de jefe al que no le queda el puesto. Nadie le hizo caso. La televisin con tinu captando la atencin del personal del Instituto, a pesar de que las noticias no eran ms que una repeticin de lo ya conocido. Susana se levant y comenz a pulsar botones en busca de otras estaciones que revelaran cosas nuevas. Para qu le cambias? la sermone Jos . En todos los canales han de estar diciendo lo mismo. Pero el canal de la CNN pareca tener ot ra opinin sobre el asunto. Las imgenes mostraban escenas cotidianas del Zcalo ante s de la explosin y luego la nube de humo espeso que se alzaba despus de la misma. La cadena americana transmita desde la parte ms alta de la torre Latinoamericana y las cmaras mostraban, a todo color, una especie de hongo relampagueante que pareca mantenerse en estasis. Eso no es cosa de incendio o de bomba exclam Jos, olvidando su anterior comentario. Puta madre! Ahora s que se me cruzaron los cables! expres Leonardo. Todos, instintivamente, se acercaron al televi sor para intentar captar los detalles de aquella escena fantasmagrica. El periodis ta americano abri los brazos y dijo en ingls: Esto es algo inexplicable. Los expertos aseguran que no es una explosin qumica o nuclear, pero que hay radiacin residual de origen desconocido. Los grupos de rescate que han intentado penetrar a esta especie de neblina oscura no han regresado. Siete helicpteros, dos del ejrcito y cinco de la Direccin de Proteccin Civil, han cado, al intentar acercarse a la zona de desastre. Un sonidista se le acerc y le entreg un fa jo de papeles arrugados. El reportero se puso a leerlos. El gobierno de Mxico ha creado un comit de contingencia para enfrentar el desastre. Tambin ha solicitado a los Estados Unidos la ayuda de los satlites espas para tener imgenes reales de la zona afectada. No s, David, si ustedes saben algo de esto. David Limpman. el jefe de noticias de la oficina de la CNN en Washington, sali a escena. Un hombre de cabello plateado y traje azul claro. El Pentgono ha informado que estas fot ografas de alta de finicin han sido enviadas al gobierno mexicano, bueno al com it de contingencia, para que se hagan una idea ms clara de lo sucedido. Se nos ha informado, extraoficialmente, que nuestro gobierno ha puesto en estado de alerta amarilla al ejrcito. Pero esto no ha podido ser confirmado. Ahora transmitiremos el discur so pronunciado por nuestro presidente al pueblo de Mxico en este momento de honda tragedia. Susana cambi al canal mexicano. La imagen en pantalla pareca haber sido tomada con un filtro rojo. Una voz fuera de cmara ta rtamudeaba intentando explicar las lneas zigzagueantes y las manchas oscuras que no alcanzaban a adqui rir coherencia y claridad. Esto... bueno... es posible que... lo que ve mos sea... bueno... un enorme agujero o cuarteadura... no?... los... los edificios... unos estn intactos... no?... pero puede que slo sea... cascajo... ruinas a punto de caer ... lo... raro... rarsimo, ms bien... es la

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56 ausencia de fuego... no hay... no se ve... al menos aqu... Pero de que hay una trinchera alrededor... eso s... es bien vi sible... el fuego sirve... co mo una barrera... no?... pero en el centro no hay... o ms bien... no se ve... bueno... se nota... raro... s... rarsimo... no?... Qu chingados quiere decir? protest Jos. Qu no hubo explosin ni incendio? Entonces qu? Cuca se levant como impulsada por un reso rte y empez a cerrar los cajones de su escritorio, apag su computadora y la tap con el plstico protector. Y t, a dnde vas? pregunt Leonardo. A recoger a la nia con mi hermana dijo Cuca. Pero todava no es hora de salida. Pues tampoco es de entrada. O usted ve querido jefe, a los dems investigadores por estos rumbos? Adems, ya d eclararon que a partir de las oc ho de la noche, es decir, a las seis de aqu, empieza el toque de queda. Pero eso es all, en el D.F. Cuca cerr el cubculo sin prestar atencin a su jefe. Si no vengo maana, no se preocupen fue su tarda respuesta. Es que me gusta ms mi tele que la suya. Y sin esperar contestacin, Cuca desapareci por el pasillo rumbo a la puerta exterior y las escaleras de salida. Y ahora quin va a pasar mi ponencia para el coloquio de arqueologa mexicana de la UNAM? pregunt, desconsolado, Leonardo. Susana no pudo reprimir la risa que, de in mediato, contagi a Jo s. Leonardo volvi a fruncir el ceo. Y a ustedes qu les pasa? Pero t crees que ese coloquio se va a rea lizar con este desastre encima le espet Susana, todava rindose. Bueno, yo no s... pero hay que estar preparados. Preparados deberamos haber estado para una calamidad como sa. Susana dej de rerse y se dirigi a su cubculo e hizo lo mismo que Cuca. Apag todo y dej bajo llave sus documentos. Yo tambin me retiro. Pero prometo venir maana al Instituto, con o sin toque de queda. Leonardo asinti mientras su mirada segua fija en la pantalla. Jos despidi a Susana con un saludo de mano y luego se dedic a examinar el plano del Zcalo. Susana baj los escalones con lentitud. Ninguna idea lograba asentarse en su mente. Era como si la imagen de la niebla hubiera quedado rondando en su cabeza, oscurecindole el pensamiento. Puso en marcha el automvil y sali del estacionamiento subterrneo para encont rarse con una ciudad callada, desierta, silenciosa. "Esto no es la Tijuana que cono zco", pens. Y luego, con dolor, agreg: "Ni este es el mismo pas en que me despert por la maana".

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57 Pocos autos y pocos sitios abiertos. En toda s partes, la escasa gente que andaba en la calle se arremolinaba alrededor de un televisor prendido. Susana record su experiencia en Los Angeles, durante los di sturbios de 1992 y, por instinto, se detuvo en una tienda abierta las 24 horas del da y compr varios garrafones de agua, comida enlatada y todas las pilas que pudo obtener con el dinero que llevaba. "Si esto se vuelve una pesadilla mayor", se dijo, "quiero estar preparada". La calle continuaba totalmente vaca. Ni si quiera los turistas gr ingos hacan acto de presencia. Tijuana era un pueblo fantasma: como todo Mxico. Don Sebastin, el conserje del edificio de condominios, la ayud con los paquetes de comida y las garrafas de agua pura. Cuando Su sana abri la puerta de su departamento, en el sptimo piso, descubri la nota de Emilita, la criada, donde sta le informaba que se haba ido ms temprano porque en la tele no pasaron las telenov elas, y que al da siguiente vendra a limpiar lo que faltaba. Para qu quiere tanta lata y tanta agua? le pregunt don Sebastin al terminar de colocar los paquetes en la mesa de la cocina. Qu, no ha visto las noticias? respondi Susana sin prestarle mucha atencin. Don Sebastin se quit el sudor de la frente con la palma de la mano antes de ponerse la cachucha de velador. Las vi y las escuch. Por eso le digo, se o, que esto huele mal. Es como una plaga que est a punto de arra sar con todo y con todos. Susana meti los paquetes a las alacenas y el estruendo del la tero no le permiti escuchar al conserje. Me dice qu? Sebastin no le contest. Con pasos diligentes se encamin a la sala y abri las cortinas. Luego se acerc al telescopio que Susa na utilizaba para ver los cerros de Tijuana y San Diego, los aviones que pasa ban rozando las casas de lmina y cartn desechable, las luces de los autos en la zona del Ro. Mire qu bonito se ve todo exclam el viejo. Susana apareci limpindose las manos. Se lo compr a Too, en su cumpleaos. Y cuando se fue ni siquiera pens en llevrselo. As son ustedes, los hombres, no? Don Sebastin dej de ver por el te lescopio y se le qued mirando a Susana. As somos. Cada da, una vieja nueva. Cada hora, un amor al que se abandona. Por qu me dijo lo que me dijo? quiso saber Susana. El viejo no pudo menos que sonrer y al hacerlo pareci ms joven. Por qu no me invita un caf y se lo explico? El rostro de Susana enrojeci de vergenza. Disculpe la descortesa se disculp. Es que este da no s dnde traigo la cabeza. Ahorita se lo hago.

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58 El viejo volvi a ocuparse del telescopio y Su sana se dedic a trasegar en la cocina. Pronto el olor a caf recin hecho se extendi por todo el departamento. Susana sirvi dos tazas y se sent en la sala, junto al conserje. Tuvo el impulso de prender el televisor, pero no quiso volver a ser descorts con don Sebastin, que sorba su caf con evidente agrado. Qu mala pata tenemos los mexicanos, no? dijo Susana para iniciar la pltica: asesinatos, guerras, terremotos. Y ahora esto. El viejo se quit la gorra y la puso en el suelo. No ms mala suerte que la de otros pa ses, seo. Mi padre, por ejemplo, tuvo que huir de Espaa para salvar su vida. Dej at rs todo lo que tena: mujer, casa, hijos, todas sus propiedades y riquezas, todos sus amores y querencias. No saba eso le interrumpi Susana con tono solidario. Son cosas de uno dijo el viejo. Here ncias que no se divul gan para no causar pena. Otra metida de pata volvi a disculparse Susana. Don Sebastin sonri de nuevo. Por eso le digo que guardar agua y comida slo sirve en caso de una guerra civil, como la espaola, como la de mi padre. Y esto qu es? El viejo dio otro sorbo a su caf antes de contestarle: Mi padre me aseguraba que l no cay en poder de los fascistas porque saba siempre por dnde soplaba el aire, me entiende? Me suena a poltica pura. No. A puro instinto de sobrevivencia. Explquese ya, don Sebastin. El conserje volvi a calarse la cachucha. Yo ya empaqu mis cosas. Ahoritita mismo me paso al otro lado. Tengo familia all y una hija a punto de hacerme abuelo. Hga me caso. Esto me huele a terror puro. Hay algo que no encaja. Si es un golpe de estado, no veo quines tienen el control ni con qu fin. El ejrcito? El partido? Los Esta dos Unidos? No. No va por ah el asunto. Creo, bueno, intuyo, que es algo ms profundo, menos obvio. Y no quiero quedarme a descubrirlo. Como mi padre, la mejor herencia que puede darle uno a los dems es mantenerse con vida. Siga mi consejo: vyase de aqu, aban done por unos das el pas. Si yo me equivoco, slo disfrut una buenas vacaciones con los parientes de Los Angeles o San Francisco, pero qu tal si te ngo la razn, qu tal si la muerte viene volando hasta nosotros. Susana cerr los ojos, querie ndo conjurar el pnico que se filtraba entre las palabras del viejo. No es para tanto, don Sebastin. Nunca lo es hasta que ya resulta demasiado tarde. Much os amigos de mi padre le dijeron lo mismo y ninguno vivi para decir: ya ven, yo tena razn. Los fusilaron. Los

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59 mataron a mansalva y ellos tan credos de que con rendirse bastaba para salvar el pellejo. Bola de ingenuos. El conserje se levant con dificultad y se dirigi a la puerta de entrada. Gracias por el caf, seo. Estuvo delicioso. Gracias por el consejo. Agradzcamelo si le sirve de algo. El golpe de la puerta al cerrarse hizo que Susana volvi era a tomar conciencia del silencio que la rodeaba. Tambin ella se levant y puso el tele scopio en posicin de ver la avenida Revolucin. En vez de luces de nen, filas de autos o multitudes abigarradas slo vio una bocaza de oscuri dad, una sombra de miedo, que pareca cernirse sobre la ciudad ente ra, sobre el pas entero. Debo dormir se dijo Susana a s misma. Lo necesito. A la maana siguiente, los pasos de Emilita yendo y viniendo por la sala y el comedor la despertaron. Se levant de un salt o y se visti lo ms pronto posible. Buenos das, seo dijo la criada al verla levantada Buenos das, Emilita respondi, en forma automtica, Susana. Y metindose a la regadera, abri las llaves para descubrir un hilito de agua que escurra por las paredes antes de agotarse del todo. No hay agua le avis tardamente Emilita Pero le traje una cubeta de agua y una jcara para que pueda baarse. Baarme? Con esto? respondi Susana todava en su papel de dama y seora. Pues con qu otra cosa le espet la cria da. La leche de burra sale muy cara. Y la de burro, pues, esos no se dejan as como as. La risa de la criada la de spert del todo. Y sin quejarse ms, Susana comenz a darse un bao precario, "tipo francs", pens con su sentido del humor an intacto. El desayuno la estaba esperando. Emilita siempre saba cmo mantenerla feliz con un desayuno abundante: huevos revueltos, queso de panela y frijoles con chorizo. Como debe ser, le deca la criada mientras quita ba o pona la interminable fila de platos. Susana no necesit prender la televisin. Ya Emilita lo haba hecho. Pero intilmente. Unicamente aparecan imgenes distorsionadas, rfagas de figuras que brillaban unos pocos segundos antes de esfumarse del todo o de ser sustituidos por otras. Los gringos, por su parte, pasaban programas de concurs o. Ni una sola noticia sobre la ciudad de Mxico. Es un desastre dijo Emilita desde la cocina. Susana no supo a qu se refera: si al televi sor o a la situacin del pas. Pero tampoco tuvo nimos de averiguarlo. Let it be exclam y se levant a cepillarse los dientes y a peinarse de nuevo. Qu quiere para la comida? pregunt la criada. Lo que sea ser bueno. Te dejo dinero en el tocador. Susana se mir en el espejo y abriendo las puertas se despidi de Emilita.

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60 Nos vemos a las tres. Sin falta llego. Por favor no te vayas hasta que vuelva. Quin sabe cmo se va a poner todo esto. No se preocupe, seo. Yo aqu la aguardo. La ltima imagen que capt Susana de su departamento fue a Emilita tratando de hallar, con el control automtico, un canal en espaol donde se vi era alguna telenovela. Afuera todo pareca normal pero como en un da franco, un domingo apacible, con trfico escaso y poca gente en las calles. Susana manej sin pensar por las principale s avenidas de Tijuana. En la radio, los locutores hablaban de que el Comit Naci onal de Contingencia haba desaparecido y que la nube txica o radioactiva? ya oc upaba todo el Distrito Federal, que el pnico era general y que la gente hua por las principales carreteras rumbo a Puebla, Cuernavaca, Veracruz o Quertaro. El nmero de accidentes y vctimas de los embotellamientos dejaban ya un saldo de varios miles de muertos. No haba autoridades, ni siquiera el ejrcito, que pudieran contener a ms de 15 millones de personas en fuga. Susana se baj de su auto en el casi de srtico estacionamiento del Instituto. Slo estaban a la vista los autos de su jefe: un Oldsmobile ltimo modelo, y el de Jos Rosas, un viejo Volkswagen en proceso de convertirse en chatarra. En la sala de juntas, el televisor, como un pequeo dios, segua sintonizado en un canal de San Diego. La locutora informaba que el gobierno de los Estados Unidos haban cerrado su embajada en la Ciudad de Mxico y la hab a trasladado a Ciudad Jurez, que el Departamento de Estado haba puesto en cdigo rojo a la s Fuerzas Armadas y solicitaba a sus ciudadanos que salieran inmediatamente del pas. Por ltimo, una reportera en un freeway de San Antonio, Texas, pasaba imgenes de un contingente militar mecanizado que se diriga a controlar el flujo de mexicanos en la lnea fronteriza, ya que se calculaba en ciento ve inte mil el nmero de refugiados en aquella zona. La reportera sealaba que estos refugia dos eran principalmente familias de clase media y alta que ya haban saturado todos los hoteles de la ciudad. Las siguientes imgenes de multitudes eran de San Die go, California y Nogales, Arizona. El caos reinaba por toda la frontera. Y por lo que se vea, iba en aumento. Susana pens en don Sebastin, que tal vez en esos momentos se enfrentaba a una de esas tanquetas que aparecan en la pantalla. Impulsivamente, se adelant para apagar el aparato cuando la voz de Leona rdo a sus espaldas la detuvo. Djalo ah. Los dems canales estn en blanco, o dicen lo mismo que se. Qu nos est pasando? Por qu tanta tragedia? Leonardo la mir con detenimiento. Necesitamos una limpia general, Susana. Lo que realmente necesitamos es un chamn que nos proteja terci Jos Rosas, quien cargaba varios lib ros de grueso calibre. Ahora todo mundo se me va a volver mstico o religioso de la noche a la maana sermone Leonardo. Al paso que vamos para las noticias de la tarde van a decirme que nos estn invadiendo los marcianos. Jos Rosas hizo a un lado su computadora y deposit en la mesa de la sala de juntas su cargamento.

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61 Pues no los marcianos, pero algo parecido respondi mientras abra los libros de par en par y extenda un acorden de hojas tamao carta. Est bien concedi Susana, un poco intrig ada, cuntanos tu versin de lo que est pasando all. All y ac precis Leonardo. Las repercusiones de esa misteriosa explosin o lo que sea ya son mundiales. Yo dira que de alcance csmico, mis estim ados colegas aadi Jos Rosas y los inst a que se acercaran a ver los libros. Esto que ven aqu son documentos indgenas precortesianos, incl uyendo los libros profticos y los relatos mitolgicos de los aztecas, que no son otra cosa que vers iones condensadas y propagandsticas de mitos ms antiguos, mayas, olmecas o toltecas, entre ellos el del famoso sabio seor Quetzalcoatl. La serpiente emplumada, no? As es, Susana, el dios barbado que vivi entre los hombres y les transmiti, como Prometeo a los griegos, el fuego del conocimiento. El que se fue rumbo a occidente y prom eti volver record Leonardo, y por estar esperndolo, los aztecas confundieron a Corts y a sus hombres con l. Bueno s, pero en el plano mitolgico, Quetzalcoatl es un dios que vuela, pero que tambin puede vivir bajo tierra, lo que si gnifica en el inframundo, en el mundo de los muertos. Y si observan este cdice, vern que la figura tradicional de Quetzalcoatl est rodeada de dignatarios con cab ezas de calavera. Quetzalcoatl, segn mi interpretacin, por causa de una guerra despiadada contra el dios Huitzilopo chtli, se refugi entre los muertos para engaar a sus enemigos, pero vean aqu, en este crculo, y pueden contemplar la figura de Huitzilopochtli, dios de la guerra, que est rodeada tambin de calaveras. Huitzilopochtli entr al mundo de los muertos, en persecucin de su rival, pero no pudo alcanzar a Quetzalcoatl y tampoc o pudo escapar de all. Quetzalcoatl se sacrifico para atrapar a su enemigo. Ahor a ambos viven en el inframundo y ambos, tarde o temprano, deben reanudar las hosti lidades, hasta que uno venza al otro en forma definitiva. Ambos dioses estn sujetos: si se libran de las cadenas del inframundo habrn de enfrentarse de nuevo por la supremaca del universo, es decir, por el dominio de nuestras almas. Bonita historia. No s por qu Hollywood no la haba pensado antes: se imaginan a Stallone y a Schwarzenegger en ella? concluy Leonardo. S, Leonardo, me los imagino respondi Rosas. El problema no es un mito al que nadie le ha prestado valo r como realidad por quiniento s aos. El problema es que, en los libros profticos, se establece que Quetzalcoatl logr mandar un mensaje del inframundo a sus seguidores en el valle de Mxico: deban construir un templo mayor sobre la boca del inframundo para sellar cu alquier escape del di os de la guerra. Ya veo exclam Leonardo, divertido. Est explosin es el anuncio de la fuga de Huitzilopochtli del inframundo. No ataj Rosas. El descubrimiento del templo mayor hace ya dos dcadas fue el primer aviso. Eso fue una fisura del sello. Porque aqu hablamos de fuerzas primigenias en accin, no de actos humanos premeditados. Para que ocurriera la explosin de ayer, tuvo que haber un cataclismo en el inframundo y especficamente en el templo Mayor, tuvo que habe r sangre derramada sobre el sello.

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62 Qu les parece esto? dijo Susana y mostr un peridico de la ciudad de Mxico. En su encabezado a ocho columnas d eca: "Sube la gasolina y la luz". No entiendo farfull Leonardo. No esa noticia. Esta de aqu abajo. En la esquina inferior derecha apenas sobresala un encabezado: "Nuevos descubrimientos en el templo Mayor". De cuando es ese diario? pregunt Rosas. De hace una semana. Pero ahora vean ste. Es de hace cuatro das. Rosas ley otro minsculo encabezado: "Tre s trabajadores mueren en el templo Mayor". Un accidente? pregunt Leonardo. As parece respondi Rosas, excepto por la foto. Miren. La fotografa mostraba una gruesa viga de apuntalamiento: rota en pedazos, que haba horadado una pared. A un lado se vea el cuerpo de un muchacho. Una varilla corrugada haba atravesado su pecho, en el sitio exacto de su corazn. Sangre derramada dijo Susana. Por qu niegas lo del accidente, Jos? Porque creo que lo que yo he interpretado, otros tambin lo han hecho. Creo que Huitzilopochtli tambin tiene aqu, en nue stro mundo, una legin de seguidores que por quinientos aos han buscado la manera de que vuelva a reinar sobre nosotros. Vamos, qu sea menos acot Leonardo. Ven la pared horadada en la foto? pregunt Rosas. La vemos respondi Susana. Ven los caracteres que estn en la parte superior de la misma? Aj. Es nahuatl y dicen: No toques lo que no te pertenece. No entres donde no te llaman. Malditos los que no atiendan nuest ros ruegos. Esta es la casa de los muertos. Esta es la puerta sacramental.La que se abre a Tlall n, el reino de las tinieblas, el recinto de la oscuridad que sangra. La puerta al inframundo, dices. As es, jefe. Sigo sin tragarme tu historia, pero... reflexion Leonardo. Pero qu? quiso saber Susana Ya me pusiste la carne de gallina. Y Quetzalcoatl? Tambin va a escapar? No lo s, Susana. Nos falta informacin sobre estos mitos. Y los seguidores de Quetzalcoatl? Dnde estn que no hacen nada? Lo ignoro, Leonardo. Como tambin ignor o quines sean los seguidores de Huitzilopochtli. Supongo que, como en todos los imperios, y el azteca no era la excepcin, haba quienes apoyaban la guerra s de conquista y vasallaje y quienes se

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63 resistan al uso de la violencia con sus se mejantes. Unos amaban la armas, otros el conocimiento. Unos destinaban sus vidas al combate y otros a observar el paso de los astros, las propiedades curativas de las plantas, los cambios de la naturaleza. Entonces estamos fritos expres Leonardo, porque segn t los seguidores de Quetzalcoatl son los ecologistas, los cientficos, los greenpeace Esas no van a poder hacer frente a las huestes de Huitzilopochtli Eso no lo s reconoci Rosas. Pero tengo la ligera sospecha de que los hijos o herederos de Quetzalcoatl son las vctimas de siempre, los marginados del mundo entero. Y t qu dices, Susana? Ests de acuerdo con nuestro mitotero ? Pero Susana no prestaba ya atencin a la conversacin entre sus colegas. Las imgenes del televisor haban vuelto a hipnotizarla. Ya vieron? pregunt con un hilito de voz. Leonardo y Jos Rosas se acercaron a la pant alla y quedaron igualmente mudos. Era la CNN de nuevo. Era la ciudad de Mxico de nuevo. Era el horror acrecentado: imgenes de satlites mezcladas con escenas de Puebla, Cuernavaca, Tepoztln. Marejadas de gente huyendo, atropellndose, cayendo encima unas de otras, gritando, retorcindose, golpendose entre s en un vano intento por escapar. De qu huyen? pregunt, finalmente, Susana. De eso respondi Leonardo y puso su mano sobre la imagen de una nube relampagueante que se alzaba sobre el horizonte. Y qu es eso? volvi a la carga Susana. Eso es Huitzilopochtli revivido. Vamos, Jos, que sea menos. Sbele el volumen. All est un locutor tambalendose grit Susana. Leonardo aument el volumen. Nada parece contener esta dispora humana, incontrolable. Todos huyen sin saber por qu. Bueno, no todos. Con nosotros tenemos a doa Panchita, una india nahuatl, que viene a decirnos lo que vio all, en la ciudad de Mxico. En la pantalla apareci una mujer gordita, morena y de ojos vivaces. No pareca asustada. En cuanto tuvo a su alcance el microfono lo tom entre las manos y empez a recitar, a una velocidad inaudita, una serie de frases en nahuatl. El reportero tard en poder quitarle el micrfono. Qu dijo? Susana volte con Jos, que estaba lvido, esperando una traduccin casi simultnea. No me lo van a creer. Ni yo mismo lo creo. Qu acaba de decirnos, doa Panchita? interrog el reportero, todo confundido. Que todos vamos a morir a menos que nuest ro seor Quetzalcoatl y nuestra seora Tonantzin vengan en nuestro auxilio respondi la mujer. Qu est pasando all, en el D. F.? insisti el reportero.

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64 La guadaa de la muerte ha llegado. El Innombrable est de nuevo entre nosotros y exige el tributo que cree es suyo, tributo de dolor y de sangre, tributo de muerte. De qu est hablando, doa Panchita? De eso hablo. La cmara gir para mostrar lo que sealaba la mujer. Esta vez la nube de relmpagos haba desaparecido. En su lugar apareca el contorno de un rostro gesticulante en medio de una nube negra, una figura que ex tenda sus brazos como tentculos y los lanzaba con celeridad en todas direcciones. Pero... esto.. debe ser una alucinacin colectiva balbuce el reportero, antes de ser atravesado por una espada flamgera. Abruptamente, la seal se cort. Segundos de spus la transmisin regres, pero esta vez desde las oficinas de la CNN en Wa shington, donde el locutor inform que una nueva tragedia acababa de sumarse a las ya conocidas: el Popocatepetl haba hecho erupcin y haba sepultado en fuego y en ceni zas al equipo de reporteros que estaba trasmitiendo desde Mxico. Leonardo se levant de un salto. Est bien, te creo dijo y se puso la chaqueta. Yo me voy de aqu, me marcho a Timbuct o al Polo Norte. De loco me que do a ver qu desgracia sigue. Al rato tu Huitzi-lo-que-sea termina apoderndose hasta de la avenida Revolucin. Prefiero poner pies en polvorosa. Mejor aqu huy que aqu qued remat Jos Rosas. Como tu seor Quetzalcoatl, no? Que no se aparece por ninguna parte. Tal vez qued escamado desde el ltimo pleito en el inframundo. Yo me quedo aqu, si no te molesta respondi Rosas. Leonardo tom su cartera con documentos y las llaves de su carro. Les deseo lo mejor. Pero no quiero ser una estadstica ms en la bola de fuego que est por llegar. Chao. Susana tom su maceta de nochebuena y su bolsa. T tambin te marchas? S, Jos, pero no a Timbuct, como Leona rdo. Me voy a casa. Aqu no hay nada ms que hacer. Jos Rosas la abraz y le dio un beso en la mejilla. Te voy a extraar. Yo tambin. Cudate mucho. Lo intentar. Susana abri la puerta, di spuesta a salir y enfrentar un mundo que ya no reconoca como suyo. Una cosa ms dijo. Qu?

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65 S que t eres gente de Quetzalcoatl. Y s, tambin, que no todo est perdido. Jos sonri al or sus palabras. Gracias por el cumplido. Pero buen trabajo que me echas encima. Confo en ti. Lo mismo digo. Recuerda: la li bertad consiste en poder el egir, en la capacidad para escoger qu clase de persona quieres ser. Susana puso en marcha el auto y volvi a c ontemplar su Tijuana querida, la costa oeste mexicana. En la radio las mismas, terribles no ticias. Prefiri poner su cassette favorito: Donovan. Greatest Hits. S, eso la calmara. La voz del trovador ingls la reanim: yes,Susan on the west coast waiting. "Pero qu", se dijo Susana, "esperando qu cosas, aguardando qu". Un viento clido soplaba de las costas. "Me gustara andar en Playas o en Rosarito, pens. Y por qu no ir ahor a mismo? Despus de todo, ya soy libre, completamente libre. El Mxico en que nac, en el que crec, ya no existe. Y si esto va a ser un campo de batalla, ya s cul es mi bando". Una sonrisa ilumin su rostro. Susana, on the west coast, haba dejado de esperar. Don Sebastin paseaba de un extremo al ot ro del pasillo. El hospital de San Luis Obispo, California, estaba a su mxima capacidad. Oleadas de refugiados acampaban en las afueras. Y cientos de hombres, nios y mujeres reciban atencin mdica. Entre ellos su hija, Mercedes, la emigrada, que estaba a punto de dar a luz. Gemelos, le acababan de detectar los doctore s. Y para colmo, sietemesinos. Don Sebastin, nervioso, mand a su yerno por unas mantas y cobertores a la casa. Seguramente pasaran en el hospital del conda do toda la noche. Por eso, cuando sali el mdico al pasillo, era el nico familiar a mano. Do you speak english? pregunt el mdico. No respondi Sebastin. Bueno, yo hablo espaol... un poco. Qu pasa, doctor? Todo est bien? Mire, seor, su hija bien. Todo parto bien. Pero los nios, los recin nacidos Cmo decirle? Don Sebastin pens lo peor. Estn en malas condiciones? Qu les pasa? Vamos, dgamelo. Inexpi... inexplico....inexplicable. Eso es. Don Sebastin sinti que estaba n a punto de darle el psame. Murieron? Eso quiere decir? El mdico se sec el sudor de la frente y por primera vez don Sebastin se compadeci de l. "Las presiones de trabajo que de be estar soportando", pe ns. El doctor en cambio, puso su mano en el hombro del viejo es paol y lo condujo a la sala de cunas. All estaban sus nietos: un nio y una nia. Morenos como su padre y con ojos azules y pelirrojos como l y su hija Mercedes. Yo los veo bien exclam, orgulloso.

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66 Yo tambin. Pero mire aqu. Don Sebastin vi una tabla junto a los cunero s: en ella estaban puestos los datos de ambos nios al nacimiento. Peso: 2.800 kilogramos ambos. Tamao 47 centmetros. Todo normal, no? Si. Estos datos son de hace una hora. Acab an de volver a tomarlos. Y ahora su peso ser de 6.400 kilogramos y ya miden 97 centm etros. Y eso que ser sietemesinos. No entender. Yo tampoco dijo don Sebastin. Lamentablemente, nuestro laboratorio est al tope. No puede tomar muestras ahora. Ms tarde, s. Muestras? Para ver por qu estn creciendo as, tan rpido. It's amazing. Una enfermera entr y le habl al odo al mdico. Ms trabajo, amigo. Aqu lo dejo. Lue go puede pasar a ver su hija. Bye, bye. Don Sebastin se qued mirando a sus niet os y comenz a sentirse nervioso. Algo estaba fuera de lugar, pero no saba qu. El nio volte a verlo y sus ojos parecan estar enfocndolo perfectamente. Hola, abuelo dijo el nio y se enderez. Don Sebastin retrocedi, asustado. Hola, abuelo dijo la nia e hizo lo mismo que su gemelo. Cmo pueden...hacer eso? balbuce don Sebastin. Hablar? Razonar? Sentarnos? S, eso. Eres un hombre afortunado dijo el nio. La historia hablar de ti por los siglos de los siglos. Quines son ustedes? pregunt confundido, el viejo espaol. Yo soy tu nieta. Soy Tonant zin. Y me gustan las flores. Y abriendo sus brazos, ptalo s de rosas cayeron al piso, salidas de ninguna parte: brillantes como estrellas. Y yo soy tu nieto. Soy Quetzalcoatl, el c onstructor de los mundos el apaciguador de las tempestades. Y mientras lo iba diciendo, Quetzalcoatl ni o se volvi un adolescente, mientras Tonantzin haca lo mismo. Don Se bastin tuvo que sentarse en el suelo, pero el mundo segua dndole vueltas. Senta que estaba a punto de estallarle la cabeza, que esos nietos suyos le exigan cosas impos ibles de entender, de comprender. Qu hacen? Por qu no se quedan nios? exclam. Primero debemos cumplir con nuestro de ber, abuelo respondi Tonantzin por ambos. Y cul es su deber?

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67 Curar el mundo, evitar que la violencia cr ezca. Dar esperanza en tiempos oscuros contest Quetzalcoatl. Huitzilopochtli tiene hambre de se res humanos aadi Tonantzin. Y no podemos permitir que triunfe. El hombre es buena semilla, siempre logra regenerarse. Nosotros slo somos el agua que necesita, la tierra frtil. Don Sebastin los vio crecer y crecer. Antes de marcharse, Tonantzin le dio un beso y le regal un ramo de rosas blancas. No temas le dijo. Ahora soy tu madre. Estoy aqu para protegerte a ti, para velar por mi pueblo. Quetzalcoatl tambin lo bes antes de partir y le dijo: Volveremos, no te preocupes. Y seremos tus nietos y tus nios. Ya vers. Luego todo estall en luz. Susana tir la ultima cerveza Tecate al bote de basura y se qued observando las olas que golpeaban contra la playa. De pront o sinti una energa nueva, un llamado. Vamos, floja se dijo a s misma y en voz alta, ya estn aqu, ya llegaron. Es hora de dar la cara. Y levantndose de la arena, se encamin al auto. El sol an arda, tenaz, en el ambiente. Pero ahora haba una nueva cancin all, al fondo, en el escenario fantasmagrico del mundo. Quetzalcoatl ha regresado! grit Su sana a todo pulmn, fe liz de estar viva, mientras aceleraba su auto por el paseo costero. Vamos, y yo qu? le pregunt, desde el as iento de a lado, su nueva, inesperada acompaante: una muchacha morena, pelirroja, y de ojos azules. Y t de dnde sales? inquiri Susana a la que ya ningn prodigio la sorprenda demasiado. Soy Tonantzin, tu hermana. Pues yo soy Susana. Lo s dijo Tonantzin. He odo hablar de ti. Dnde? Con quin? Luego, hermana, luego, cuando la batalla concluya, te contar lo que quieras. La batalla? Tonantzin seal rumbo al sur, donde ya comenzaba a pe rfilarse una nube relampagueante. Cuando la batalla termine, todo ser tan claro como el agua. Eso sera si ganamos. Y si no? Tonantzin sonri. Entonces todo ser tan turbio como la sangre, tan espeso como la muerte. Qu crees que vaya a pasar?

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68 Me pides que te diga el futuro? S. Tonantzin sac la cabeza por la ventanilla del auto y dej que sus trenzas volaran, que estrellas diminutas girarn alrededor de su cabeza. Nada est escrito dijo, excepto la esperanza. Creo que estoy medio borracha aclar Susana y que todo esto es una alucinacin. No te preocupes la tranquiliz la diosa madre. Ahora viene lo peor. La hora del fin y del comienzo. Gabriel Trujillo Muoz Gabriel Trujillo Muoz es uno de los escritores ms prolficos y consistentes de su generacin. Naci en 1958 en Mexicali y ha publicado ms de una veintena de libros que abarcan poesa, ensayo, cuento, crnica y periodismo cultural. Como narrador, destaca en el gnero de ciencia ficcin con su libro de cuentos Miriada (1991) y su novela Mezquite Road(1995). Gabriel piensa que la ciencia ficcin es: "Una narrativa que toma en cuenta el saber cientfico para la elaboracin de propuestas imaginativas que pregonen los problemas inherentes a la condicin humana cuando sta se ve enfrentada a cambios y rupturas en todos los rdenes de existencia". Axxon le public "Hominia" en el # 144. Axxn 146 Enero de 2005

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69 HISTORIA DEL CINE CIBERPUNK. (Captulo 23) EVE OF DESTRUCTION. CYBERNATOR En 1991, poco despus del estreno del filme Terminator 2, el mercado se vi inundado de golpe por pelculas serie B, repletas de cyborgs asesinos, realizadas al por mayor, con un mnimo de recursos tcnicos y psimos guiones. Un ejemplo de este tipo de film es Eve of Destruction, del director Duncan Gibbins, acerca de un proyecto militar que se sale de control (como ven, es muy original) En este caso, como luego aparecera en Terminator 3, ellos han desarrollado un increble androide de tipo femenino que puede, por su parecido exterior, replicar a un ser humano. Adems de poseer un exoesqueleto de cyborg muy sofisticado (similar a Terminator), ellos han programado el androide llamado Eve con recuerdos de su creador, la Dra. Eve Simmons (Rene Soutendijk). En Eve se mezclan una fuerza increble, una armadura terrorfica, grandes habilidades para la lucha, y hasta una ojiva termonuclear empotrada dentro de su cuerpo. Por desgracia, durante el perodo de pruebas, ella recibe un disparo accidental durante un robo al banco. Este disparo afecta su memoria y programacin y la saca fuera de control. Despus de matar al ladrn del banco, ella toma sus armas. Para detenerla, el ejrcito trae a su mejor hombre, Gregory Hines, un tipo de polica de tropas especiales. Hines tiene que trabajar con el creador de Eve, la Dra.. Simmons para detener este androide antes de que explote todo un bloque de edificios de la ciudad. Las actuaciones de Gregory Hines y Rene Soutendijk, son bastante decentes. De todas formas no logran salvar un guin que ya era bastante pobre desde su inicio. Cybernator, tambin de 1991, del director Robert Rundle, es la mejor demostracin de como se puede hacer una pelcula ciberpunk sin gastarse un centavo. Eso no es ningn problema! Con tal de que uno tenga una cmara de video casera, alguna pintura azul y unas polyespumas o mangueras de caucho en el garaje, ya podemos intentar filmar nuestra propia pelcula cyberpunk. Una advertencia A lo mejor hay que gastarse unos pocos dlares en una tienda de juguetes para conseguir algunas armas que parezcan realistas. Cybernator es un ejemplo de lo ms bajo que se ha hecho en cine cyberpunk. De todas formas, no hay que preocuparse. Si un da nos cae en la programacin de televisin esta pelcula, no vamos a sufrir imaginndonos lo que suceder en la prxima escena. Realmente es uno de esos filmes tan, pero tan malos, que al final resulta cine bueno. No lo crees? Pues lee lo que sigue..

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70 La pelcula comienza en un club de streep tease (un almacn con un escenario hecho de papel de cartn negro brillante con estrellas grabadas en l), donde el polica Brent McCord (Lonnie Schuyler) viene con su compaero a ver a su novia (la mujer que hace strip-tease). Desgraciadamente, algunos cyborgs malos han venido a matar a un Senador americano que simplemente esta teniendo sexo en un cuarto en la parte de atrs (paredes de concreto, suelo del almacn, etc.). Despus que los cyborgs malos asesinan al senador, deciden seguir con el alboroto matando al azar a otra gente. Por supuesto, nuestro gran polica puede eliminarlos, aunque los cyborgs tienen armas de rayos lser. El Depsito de cadveres parece una oficina. All se encuentra una doctora (quin realmente parece estar intentando actuar uno de los pocos) que recin ha completado su autopsia en los dos cyborgs. Ella declara del cyborg duro, Est cubierto con una aleacin de titanio y acero casi indestructible. Fue muerto cuando la bala entr en el corazn Humindestructible? Pero puede matarse con una bala a travs del corazn? Hum .De cualquier forma, la doctora del depsito de cadveres est aparentemente bien versada identificando cyborgs militares, y proclama que estos son propiedad gubernamental, posiblemente del ejrcito o algo. Nuestros detectives intrpidos se dirigen entonces al edificio del ejrcito local. Van derecho, por supuesto, a la oficina del General que es exactamente igual a la oficina del doctor, pero ya los cuerpos han sido alejados, y una bandera y el cuadro de un astronauta estn montados en la pared. Si todava esto no lo convence, el escritorio del General tiene dos banderas americanas y un tanque de juguete. Ya uno est a punto de crerselo cuando de pronto, en uno de los planos, la cmara vira demasiado alto y vemos que el techo de la oficina del general ha desaparecido, y que estamos en el mismo almacn donde estaba la barra del club de streep tease. En todo caso, mientras los policas estn interrogando al general, (quin intenta confundirlos proclamando que los marines son los que estn trabajando en ese proyecto, no el Ejrcito), entra de pronto un cientfico y anuncia, Este es el nuevo diseo del Blackhawk 2000 proyect. Despus que el General rpidamente bota a puntapis al cientfico, nosotros averiguamos que el Blackhawk 2000 proyect es secreto clasificado! Pues s, seores, de escenas como esa est permeada la pelcula. Desgraciadamente, el Cybernator asesina al ayudante y socio de nuestro detective, as que este decide sustituirlo por su novia, la bailarina de streep tease. Cuando la escena contina, nosotros descubrimos que el Coronel (actuado por un actor de serie B real William Smith) es quin est detrs de los cyborgs. Y lo que es peor, nuestro estimado polica tambin es un cyborg oculto! Por fin llegamos a la batalla pica entre los dos Blackhawk 2000 Cyborgs el Cybernator y nuestro detective de polica, Brent. Creen que por lo menos veremos una batalla pica, tradicional, entre dos cyborgs con superpoderes? Pues no! Se acuerdan del cyborg azul malo con los tubos pequeos raros que le salan de la cabeza y se le balanceaban en el aire? Correcto, ya lo adivinaste Brent apenas tiene que sacarle tos tubos y el malo se muere. As de fcil. Verdadera locura en accin, seoras y seores. Pero

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71 esperen! Todava hay ms! De pronto nos enteramos que el Coronel maloso es...ta, ta, t...el hermano de Brent! Por qu ese giro en la escena? No hay ninguna razn en particular, No importa, porque en vez de un starwarsico Nooooo!, Brent le responde your not my fuckin brother! No te voy a revelar el final, solo que es tan bueno como el resto de la pelcula. Raramente encontraremos accin y dilogos de este calibre. Todava Cybernator califica como un Tan malo es bueno y los actores? tratan de seguir el guin, sin improvisar (eso espero) As que si quieres ver el peor cine cyberpunk, pues embllate y hazla t mismo con un grupo de amigos y disfrtalo!


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