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Qubit

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Material Information

Title:
Qubit
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Cubit
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- History and criticism -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - Q01-00028-n28-2007-05
usfldc handle - q1.28
System ID:
SFS0024302:00028


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2 ndice: 1. Fallece Kurt Vonnegut, el novelista de la contracultura. 2. Kurt Vonnegut. Biografa. Obra. 3. Fortaleza. Kurt Vonnegut 4. Entrevista a Kurt Vonnegut. Livia Manera 5. Resea: Las sirenas de Titn, de Kurt Vonnegut. Francisco Jos Ser 6. Las sirenas de Titn. Ku rt Vonnegut (Fragmento) 7. Citas de Kurt Vonnegut. Television, utopia ... 8. Las ocho reglas para escribir un cuento, de Kurt Vonnegut. 9. Matadero Cinco o La cruzada de los nios, de Kurt Vonnegut (Fragmento) 10. Kurt Vonnegut en el cine 11. Historia del cine ciberpunk. Captulo 27. 1992. Alien 3. El cortador de csped. Soldado universal. American cyborg.

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3 Fallece Kurt Vonnegut, el no velista de la contracultura El novelista Kurt Vonnegut, que en los aos sesenta se hizo con un nombre propio en la literatura de EE.UU. a travs de una serie de destacadas novelas dentro la jungla experimental de la contracultura, ha fallecido este martes a los 84 aos en la ciudad de Nueva York. Aunque siempre sospech que su tremenda adiccin al tabaco o su depresivo carcter le pasaran factura en algn momento, los irreversibles daos cerebrales sufridos en una reciente cada han puesto final a un imaginativo y exitoso legado de crtica social y humor negro. Tras dos dcadas como poco apreciado escritor de ciencia ficcin, Kurt Vonnegut alcanz el estatus de icono cultural con su novela pacifista Matadero-Cinco, publicada en 1969 y que relata con una estructura poco ortodoxa el brutal bombardeo aliado sobre la ciudad germana de Dresde durante la Segunda Guerra Mundial. Experiencia que el escritor vivi en primera persona al haber cado prisionero de los alemanes en la contraofensiva de las Ardenas. Los obituarios del novelista, nacido en Indianpolis el 11 de noviembre de 1922, no dudan en ofrecer comparaciones con otro original maestro de las letras estadounidenses: Mark Twain. Insistindose en visiones literarias comunes, con nfasis en reiterados llamamientos a la decencia humana. Descrito como un satirista con corazn o cabezonamente imaginativo, el mismsimo Tom Wolfe ha calificado a su admirado amigo como la cosa ms parecida que hemos tenido a un Voltaire. Pese a la aversin de algunos crticos, entre reproches de excesiva popularidad y claridad, la obra de Kurt Vonnegut ha inspirado desde estudios acadmicos a pginas de internet mantenidas por sus seguidores ms jvenes. Inters combinado que explica cmo sus 14 novelas se encuentran todava en publicacin tras una carrera de medio siglo como escritor. Con cinco volmenes llevados al cine. Cosas importantes Su obra narrativa -que abarca ttulos como Las sirenas de Titn, Cuna de gatoy Dios le bendiga, Mr. Rosewater, adems de teatro, relatos y ensayos presenta una serie de recurrentes y peculiares personajes como Billy Pilgrim, Eliot Rosewater o Kilgore Trout. El propio Vonnegut justificaba este reciclaje diciendo que si hubiera invertido ms tiempo creando personajes nuevos nunca hubiera llegado a llamar la atencin sobre las cosas que realmente importan. En una citada entrevista con Playboy, Vonnegut no dud en declararse como un escritor con motivos polticos: Estoy de acuerdo con Stalin, Hitler y Mussolini en que el escrit or debe servir a la sociedad... principalmente creo que debemos ser, incluso biolgicamente, agentes de cambio. Afirmando en otra ocasin que su objetivo era escribir novelas para atrapar a la gente antes de que se conviertan en generales, senadores y presidentes y as poder envenenar sus mentes con humanidad, alentarles a construir un mundo mejor. (Tomado de www.abc.es)

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4 Kurt Vonnegut De Wikipedia, la enciclopedia libre Kurt Vonnegut Jr. (Indianpolis, 11 de noviembre de 1922 Nueva York, 11 de abril de 2007) fue un escritor estadounidense, cuyas obras, generalmente adscritas al gnero de la ciencia ficcin, participan tambin de la stira y la comedia negra. Es autor de catorce novelas, entre las que destacan Las sirenas de Titn (1959), Matadero cinco (1969) y El desayuno de los campeones (1973). Biografa Comienzos Kurt Vonnegut perteneca a la tercera generacin de una familia de inmigrantes alemanes en Indianpolis. Durante su poca de estudiante en la Shortridge High School de su localidad natal [1] trabaj en el primer diario publicado por una escuela secundaria, The Daily Echo Durante un tiempo estudi en la Universidad Butler, pero abandon los estudios cuando uno de sus profesores le dijo que sus relatos no eran lo bastante buenos. Entre 1941 y 1942 asisti a clases en la Universidad de Cornell, donde trabaj como ayudante de director editorial y editor asociado para el peridico de los estudiantes, el Cornell Daily Sun y estudi bioqumica. Durante su estancia en Cornell, fue miembro de la hermandad Delta Upsilon, como lo haba sido su padre. Sin embargo, a menudo habl de su trabajo en The Sun como lo nico verdaderamente grato de su estancia en Cornell. [2] Ingres en el Instituto de Tecnologa Carnegie (hoy Universidad Carnegie Mellon) en 1943. Solo permaneci all un breve perdo de tiempo, ya que poco despus se alist en el ejrcito, para tomar parte en la Segunda Guerra Mundial. El 14 de mayo de 1944, Da de la Madre, se suicid su madre, Edith Lieber Vonnegut. [3] La Segunda Guerra Mundial y el bombardeo de Dresde La experiencia de Vonnegut como soldado, y luego como prisionero de guerra, durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo una gran influencia en su obra posterior. Formando parte de una avanzadilla de la 106 Divisin de Infantera de los Estados Unidos, durante la Batalla de las Ardenas, qued aislado de su batalln y vag solitario tras las lneas enemigas durante varios das hasta que fue capturado por tropas alemanas el 14 de diciembre de 1944. [ 4] Como prisionero de guerra, vivi en primera persona las consecuencias del bombardeo de Dresde, que tuvo lugar entre el 13 y el 15 de febrero de 1945 y que destruy la mayor parte de la ciudad alemana. Vonnegut fue uno de los siete prisioneros de guerra estadounidenses que logaron sobrevivir en Dresde, en un stano destinado a empaquetar carne, llamado Matadero Cinco. "Una destruccin completa," recordara ms tarde. "Una matanza inconcebible." Los nazis lo pusieron a trabajar apilando cuerpos para enterrarlos en fosas comunes, pero, segn explica Vonnegut, "haba demasiados cuerpos que enterrar, as que los nazis prefirieron enviar a unos tipos con lanzallamas. Todos esos restos de vctimas civiles fueron reducidos a cenizas. "[ 5] Esta terrible experiencia constituye la base de su obra ms conocida, Matadero Cinco y aparece como tema recurrente en al menos otros seis libros suyos. [ 5] Fue liberado por tropas soviticas en mayo de 1945. Tras su regreso a los Estados Unidos, fue recompensado con un "Corazn Prpura" por lo que l denomin "una herida absurda e insignificante".

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5 Carrera literaria Al trmino del conflicto, Vonnegut estudi Antropologa en la Universidad de Chicago, y trabaj tambin como reportero policial en el City News Bureau of Chicago. En 1946, la Facultad de Antropologa reprob su tesis, titulada On the Fluctuations between Good and Evil in Simple Tales [ 7] Ms adelante aceptaron su novela, Cuna de gato y le concedieron el ttulo. Abandon Chicago para trabajar en Schenectady, en el estado de Nueva York, en el departamento de relaciones pblicas de la empresa General Electric. El autor atribuy su estilo, libre de adornos, a este trabajo. En 1950 public su primer relato, titulado Report on the Barnhouse Effect en la revista Collier's A punto de abandonar la escritura, recibi la oferta de un empleo en el taller de escritores de la Universidad de Iowa. Su primera novela, La pianola se public en 1952. Describe un mundo en el que los humanos han sido sustituidos por mquinas. Ms adelante public Las sirenas de Titn (1959) y Cuna de gato que se convirti en un best-seller. Desde los aos sesenta se constituy en uno de los crticos ms feroces de la sociedad contempornea, aludiendo a la guerra, la destruccin del medio ambiente y la deshumanizacin. Expres estos temas a travs de la ciencia ficcin, mezclndola con un humor cido e hilarante. Sus personajes, parte importante del universo narrativo de Vonnegut, salen en distintas novelas. Matadero cinco es hoy considerada una de las obras ms importantes de la literatura estadounidense del siglo XX, que aparece en las listas de la revista Time[ 8] y de la Modern Library [ 9] Entre sus referentes literarios est desde luego la ciencia-ficcin estadounidense. De hecho uno de sus personajes recurrentes, Kilgore Trout, es un trasunto de todo un clsico del gnero, Theodore Sturgeon. Otras influencias vienen de H.L. Mencken, Hunter S. Thompson, Louis-Ferdinand Cline y un amigo de Vonnegut, Joseph Heller. Vida privada y fallecimiento Se cas con Jane Marie Cox, con la que haba coincidido en el parvulario, poco despus de su regreso a Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. El matrimonio se separ en 1970. Aunque no se divorciaron hasta 1979, desde 1970 Vonnegut vivi con la mujer que ms tarde se convertira en su segunda esposa, Jill Krementz. Vonnegut tuvo tres hijos biolgicos con su primera esposa. Adems, adopt a los tres hijos de su hermana Alice cuando esta muri de cncer, y a otra nia, Lily. Dos de sus hijos, Mark y Edith Vonnegut, han alcanzado celebridad. Falleci, a la edad de 84 aos, tras sufrir una cada en su domicilio de Manhattan, Nueva York, que le caus una lesin cerebral irreversible. [ 10] OBRA Novelas La pianola ( Player Piano 1952). Las sirenas de Titn ( The Sirens of Titan 1959). Madre Noche ( Mother Night 1961) Cuna de gato ( Cat's Cradle 1963). Dios le bendiga, Mr. Rosewater ( God Bless You, Mr. Rosewater o Pearls Before Swine 1965) Matadero cinco o La cruzada de los inocentes ( Slaughterhouse-Five o The Children's Crusade 1969). El desayuno de los campeones ( Breakfast of Champions, o Goodbye, Blue Monday 1973) Payasadas o ¡Nunca ms solo! ( Slapstick or Lonesome No More ) (1976) Pjaro de celda ( Jailbird 1979) Buena puntera ( Deadeye Dick ) (1982) Galpagos (1985) Barbazul ( Bluebeard 1987). Birlibirloque ( Hocus Pocus 1990) Timequake (1997)

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6 Fortaleza (Fortitude, 1965) KURT VONNEGUT, JR. TIEMPO: el presente. LUGAR: Nueva York, una amplia sala llena de mquinas que laten, tiemblan, jadean y cumplen las funciones de los distintos rganos del cuerpo humano: corazn, pulmones, hgado, etc. Tubos y cables de colores codificados emergen de las mquinas y convergen en un agujero practicado en el techo, por el que pasan a una estancia superior. En un lado hay una consola que est provista de un tablero de mandos fantsticamente complicado. ELBERT LITTLE, un amable y atractivo doctor en medicina general, aparece junto al creador y director de la operac in, el doctor NORBERT FRANKENSTEI N, de sesenta y cinco aos, un autntico genio de la medicina. Sentado ante la consola, con auriculares y absorto en el examen de los controles y de las luces que parpadean, est el doctor TOM SWIFT, el entusiasta primer ayudante de FRANKENSTEIN. LITTLE: ¡Oh, Dios mo, Dios mo! FRANKENSTEIN: S, eso que ve ah son sus riones. Aquello otro es su hgado, por supuesto. Y aqu tiene el pncreas. LITTLE: Asombroso. Doctor Frankens tein, despus de ver todo esto, me pregunto si realmente he estado practicando la medicina, si alguna vez he asistido a una Facultad de Medicina. (Seala.) Eso es su corazn? FRANKENSTEIN: Es un corazn Westinghouse. Son co ndenadamente buenos, se lo recomiendo si alguna vez necesita alguno. En cambio hacen unos riones que no tocara ni siquiera con una prtiga de tres metros de largo. LITTLE: Ese corazn vale probablem ente ms dinero que todo el consultorio donde trabajo. FRANKENSTEIN: Y el pncreas vale tanto como todo el estado del que ha venido. LITTLE: Vermont. FRANKENSTEIN: Con lo que hemos pagado por el pncreas..., s, podramos haber comprado todo Vermont. Nadie haba hecho antes un pncreas, y tenamos que agenciarnos uno en diez das, so pena de perder a la paciente. De modo que hablamos con unos constructores de rganos grandes y les dijimos: Adelante, muchachos, necesitamos un programa de urgencia para un pncreas. Movilicen a todos los hombres de que puedan disponer. No reparen en gastos, pero ese pncreas ha de estar listo el martes prximo. LITTLE: Y lo consiguieron.

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7FRANKENSTEIN: La paciente sigue con vida, no es ci erto? Crame, esos rganos de encargo resultan bastante costosos. LITTLE: Pero la paciente puede permitrselo. FRANKENSTEIN: En el Seguro no disponen ustedes de tantos medios. LITTLE: Y cuntas operaciones ha su frido en total? En cuntos aos? FRANKENSTEIN: La primera intervencin importante se la realic hace treinta y seis aos. Desde entonces ha sufrido setenta y ocho operaciones. LITTLE: Y qu edad tiene? FRANKENSTEIN: Cien. LITTLE: ¡Vaya tripas debe tener esa mujer! FRANKENSTEIN: Las est usted viendo. LITTLE: Quera decir, ¡qu valor! ¡Qu fortaleza! FRANKENSTEIN: La dormimos, sabe usted. No operamos sin anestesia. LITTLE: Aun as... FRANKENSTEIN da unos golpecitos en el hombro de SWIFT. ste aparta uno de los auriculares que lleva puestos, y divide su atencin entre los visitantes y la consola. FRANKENSTEIN: Doctor Tom Swift, ste es el doctor Elbert Little. Aqu, Tom, es mi ayudante principal. SWIFT: Qu tal? FRANKENSTEIN: El doctor Little es mdico del Seguro en Vermont. Pasa unos das en la ciudad y pidi permiso para echar un vistazo. LITTLE: Qu es lo que escucha usted por esos auriculares? SWIFT: Todo lo que ocurre en la habitacin de la paciente. (Le ofrece los auriculares.) Escuche usted mismo. LITTLE (escucha por los auriculares): No oigo nada. SWIFT: Le estn cepillando el pelo. Ahora est arriba la esteticista. Siempre est callada cuando le cepillan el pelo. (Vuelve a ponerse los auriculares.) FRANKENSTEIN (a SWIFT): Deberamos felicitar a nuestro joven visitante. SWIFT: Por qu razn? LITTLE: Buena pregunta. Por qu? FRANKENSTEIN: Oh, estoy enterado del gran honor que se le ha dispensado. LITTLE: No estoy seguro de saber a qu se refiere. FRANKENSTEIN: No es usted el doctor Little que ha sido elegido Mdico de Cabecera del Ao por el Ladies' Home Journal, el mes pasado? LITTLE: S..., es cierto. No s por qu demonios se fijaron en m. Y el hecho de que un hombre de sus mritos lo sepa me deja todava ms confuso. FRANKENSTEIN: Leo el Ladies' Home Journal todos los meses, desde la primera pgina hasta la ltima. LITTLE: Hace usted eso? FRANKENSTEIN: Tengo una sola paciente, la seora Lovejoy. Y como la seora Lovejoy lee el Ladies' Home Journal, yo hago lo mismo. De eso solemos hablar..., de las noticias del Ladies' Home Journal. El mes pasado lemos todo lo referente a usted. La seora Lovejoy no paraba de decir: Oh, debe de ser un joven encantador. Tan comprensivo. LITTLE: Hum. FRANKENSTEIN: Y ahora est usted aqu en persona. Apuesto a que ella le escribi una carta. LITTLE: S..., lo hizo. FRANKENSTEIN: Escribe miles de cartas al ao y recibe miles de respuestas. Es una fantica de la correspondencia. LITTLE: Est en lneas gene rales, hum..., alegre la mayor parte del tiempo? FRANKENSTEIN: Si no lo est, la culpa es exclusivamen te nuestra. Cua ndo se siente triste, es porque algo no funciona bien aqu. Hace un mes se encontraba deprimida, y descubrimos que la razn era un transistor defectuoso de la consola. (Se inclina por encima del hombro de SWIFT y cambia algo en la disposicin de la consola. La maquinaria se ajusta imperceptiblemente a la nueva disposicin.) Ah tiene... ahora se sentir deprimida durante un par de minutos. (Cambia de nuevo la disposicin.) Listo. Ahora, en un periquete se sentir ms feliz de lo que estaba antes. Cantar como un pajarillo.

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8LITTLE oculta imperfectamente su horror. PLANO de la habitacin de la paciente, llena de flores, cajas de bombones y libros. La paciente es SYLVIA LOVEJOY, viuda de un billonario. SYLVIA es ahora tan slo una cabeza conectada a una serie de tubos y cables que surgen del suelo, pero ese hecho no puede percibirse a primera vista. Aparece en un PRIMER PLANO con GLORIA, una agraciada esteticista, de pie detrs de ella. SYLVIA es una anciana conmovedoramente bien parecida, que fue en otro tiempo una belleza de notable fama. Ahora est llorando. SYLVIA: Gloria... GLORIA: Seora... SYLVIA: Seca esas lgrimas antes de que entre alguien y las vea. GLORIA (a punto de llorar tambin ella): S, seora (enjuga las lgrimas con un kleenex y examina el resultado) As. Y as. SYLVIA: No s lo que me ha ocurrido. De repente me he sentido tan triste que no poda soportarlo. GLORIA: Todo el mundo tiene que llorar de vez en cuando. SYLVIA: Ya se me ha pasado. Se me nota que he estado llorando? GLORIA: No, no. No consigue controlar sus propias lgrimas, y se acerca a una ventana para que SYLVIA no la vea llorar. TRAVELLING DE LA CMARA HACIA ATRS has ta revelar la pulcra abominacin clnica de la cabeza con los cables y los tubos. La cabeza est colocada sobre un trpode. Debajo de ella, en el lugar que normalmente ocupara el pecho, cuelga una caja negra con luces de colores que parpadean. Al alcance de la mano se encuentra una mesita con pluma y papel, un puzzle con las piezas parcialmente colocadas, y una voluminosa bolsa de tricotar. De la bolsa sobresalen unas agujas y un jersey a medio hacer. Suspendido sobre la cabeza de SYLVIA hay un micrfono sujeto a un brazo articulado. SYLVIA (suspirando): Debes de pensar que soy una vieja loca. (GLORIA sacude la ca beza en un gesto negativo, pero es incapaz de articular una palabra.) Gloria? Ests ah? GLORIA: S. SYLVIA: Te ocurre algo? GLORIA: No. SYLVIA: Eres tan buena conmigo, Gloria. Quiero que sepas que te lo agradezco de todo corazn. GLORIA: Tambin yo la quiero. SYLVIA: Si alguna vez te encuentras con algn problema y yo puedo ayudarte, espero que cuentes conmigo. GLORIA: Lo har, lo har. HOWARD DERBY, el encargado de la correspondencia del hospital, entra cargado con un montn de cartas. Es un vejete chalado y alegre. DERBY: ¡El cartero! ¡El cartero! SYLVIA (ms animada): ¡El cartero! ¡Dios bendiga al cartero! DERBY: Cmo se encuentra hoy la paciente? SYLVIA: Muy triste hace unos momentos. Pero ahora que le veo, me pondra a cantar como un pajarillo. DERBY: Cincuenta y tres cartas, hoy. Tiene una nada menos que de Leningrado. SYLVIA: Hay una mujer ciega en Leningrado. Pobrecilla. DERBY (despliega las cartas en abanico y lee los remites): Virginia Occidental, Honolul, Brisbane, Australia... SYLVIA escoge una carta al azar. SYLVIA: Wheeling, Virginia Occidental. Veamos, a quin conozco yo en Wheeling? (Abre rpidamente el sobre con sus manos mecnicas, y lee.) Querida seora Lovejoy: usted no me conoce, pero acabo de leer algo sobre usted en el Reader's Digest y estoy aqu sentada con las lgrimas corrindome por las mejillas. El Reader's Digest? ¡Vlgame el cielo, ese artculo se public hace catorce aos! Y ella acaba de leerlo ahora? DERBY: Los nmeros atrasados del Readr's Digest siguen circulando tiempo y tiempo. Corre uno por casa que debe de tener diez aos por lo menos. Todava lo leo cuando necesito un poco de inspiracin.

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9SYLVIA (sigue leyendo): Nunca volver a quejarme de nada de lo que me suceda. Hace seis meses me sent tan desgraciada como pueda serlo una persona, cuando mi marido mat de un tiro a su querida y se vol luego la tapa de los sesos. Me dej con siete chiquillos y ocho plazos por pagar de un Buick Roadmaster con tres ruedas pinchadas y la caja de cambios averiada. Pero despus de haber ledo su historia, todava me siento afortunada por estar aqu sentada. No es una carta preciosa? DERBY: Desde luego. SYLVIA: Hay una posdata: Espero que se pondr bien muy pronto, me escucha? (Deja la carta sobre la mesa.) No ha llegado ninguna carta de Vermont? DERBY: Vermont? SYLVIA: El mes pasado, cuando estuve tan deprimida, escrib una carta que me temo era muy estpida, llena de autocompasin, a un joven doctor sobre el que le algo en el Ladies' Home Journal. Estoy tan avergonzada. Tiemblo al pensar en lo que me dir como respuesta..., si es que responde alguna cosa. GLORIA: Qu puede decir? Qu es lo que posiblemente dira? SYLVIA: Podra hablarme de las penalidades reales que existen en el mundo, de las personas que no saben cundo podrn tener su prxima comida, de gentes tan pobres que nunca han visitado a un mdico en toda su vida. Mientras que yo me he visto rodeada de toda clase de cuidados: ternura, cario y todas las maravillas que puede ofrecer la ciencia. PLANO del pasillo exterior a la habitacin de SYLVIA. En la puerta hay un letrero que reza: SONRIA SIEMPRE AL ENTRAR. FRANYENSTEIN Y LITTLE se disponen a entrar. LITTLE: Ella est ah? FRANKENSTEIN: La mayor parte est en el piso de abajo. LITTLE: Y todo el mundo obedece la consigna de ese letrero, por supuesto. FRANKENSTEIN: Forma parte de la terapia. Aqu tratamos a la paciente desde el punto de vista global. GLORIA sale de la habitacin, cierra cuidadosamente la puerta y estalla en sonoros sollozos. FRANKENSTEIN (disgustado, a GLORIA): Vaya, ahora se pone a llorar en voz alta. Qu ocurre? GLORIA: Djela morir, doctor Frankenstein. ¡Por el amor de Dios, djela morir! LITTLE: Es su enfermera? FRANKENSTEIN: No tiene cerebro suficiente para ser una enfermera. Es una piojosa esteticista. Saca cien pavos a la semana, slo por cuidar el cutis y el cabello de una mujer. (A GLORIA.) Se acab, capullito. Ests despedida. GLORIA: Cmo? FRANKENSTEIN: Ve a por tu cuenta y ahueca. GLORIA: Soy su mejor amiga. FRANKENSTEIN: ¡Vaya una amiga! Acaba de pedirme que le d el pasaporte. GLORIA: En nombre de la piedad, s, se lo he pedido. FRANKENSTEIN: Est usted segura de que existe un cielo, no? Y quiere enviarla directamente all para que le crezcan alitas y alguien le ponga un arpa en las manos. GLORIA: S que existe un infierno. Lo he visto. Est ah dentro, y usted es su gran inventor. FRANKENSTEIN (afectado por la observacin, deja pasar unos instantes antes de responder): Cristo, las cosas que llega a decir la gente. GLORIA: Ya es hora de que diga algo una persona que la ama. FRANKENSTEIN: La ama. GLORIA: Usted no sabe lo que es eso. FRANKENSTEIN: Amor. (Ms para s mismo que dirigindose a ella.) Tengo una esposa? No. Tengo alguna amiga? No. Slo he amado a dos mujeres en mi vida: a mi madre y a la mujer que est ah dentro. No pude evitar la muerte de mi madre. Cuando me gradu en la Facultad de Medicina, mi madre se estaba muriendo de un cncer generalizado. Muy bien, chico listo -me dije a m mismo-, ya eres un flamante doctor por Heid elberg, ahora veamos cmo salvas a tu madre de la muerte. Todo el mundo me dijo que no se poda hacer nada por ella, y yo les contest: Me importa un comino. De todos modos voy a hacerlo. Finalmente decidieron que yo estaba chiflado y me encerraron en un manicomio por una temporada. Cuando sal, ella haba muerto..., como todos los sabios dijeron que as haba de ser. Lo que esos sabios ignoraban eran todas las maravillas que las mquinas son capaces de hacer... y tampoco lo saba yo, pero pronto iba a descubrirlo. De modo que fui al Instituto de

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10Tecnologa de Massachusetts y all estudi ingeniera mecnica, ingeniera electrnica e ingeniera qumica durante seis largos aos. Viva en un tico. Coma pan de dos das atrs y la clase de queso que ponen en las ratoneras. Cuando sal del MIT, me dije a m mismo: Muy bien, muchacho, es muy posible que t seas el nico tipo en todo el mundo que cuenta con la educacin adecuada para practicar la medicina del siglo veinte. Entr a trabajar en la Clnica Curley de Boston. Me trajeron a esta mujer, exteriormente hermosa y una ruina por dentro. Era la viva imagen de mi madre. Era la viuda de un hombre que le haba dejado quinientos millones de dlares. No tena parientes de ninguna clase. Los sabios dijeron una vez ms: Esta mujer va a morir. Y yo les contest: Cerrad la boca y escuchad. Voy a deciros lo que vamos a hacer. Silencio. LITTLE: Es..., es toda una historia. FRANKENSTEIN: Es una historia de amor. (A GLORIA.) Y esa historia de amor empez aos y aos antes de que usted naciera, usted, la mujer compasiva. Y todava dura. GLORIA: El mes pasado, me pidi que le trajera una pistola para dispararse a s misma. FRANKENSTEIN: Cree que no lo s? (Seala con el pulgar a LITTLE.) El mes pasado, le escribi a l una carta en la que deca: Trigame un poco de cianuro, doctor, si tiene usted siquiera un poco de compasin. LITTLE (confuso): Lo saba usted. Usted... lee su correspondencia? FRANKENSTEIN: Es la manera de saber lo que realmente siente. Puede intentar engaarnos en ocasiones..., simular tan slo que es feliz. Ya le he contado lo del transistor en mal estado del mes pasado. Tal vez nunca habramos sabido que algo andaba mal de no haber ledo sus cartas y escuchado lo que deca a personajillos como el aqu presente. (En tono desafiante.) Vala, entre usted solo en esa habitacin. Qudese ah dentro tanto tiempo como desee, pregntele lo que se le ocurra. Luego venga a verme y dgame la verdad: la de ah dentro es una mujer feliz, o bien una mujer sumida en un infierno? LITTLE (dudando): Yo... FRANKENSTEIN: ¡Entre! Yo an tengo algunas cosas que decir a esta joven... a la Miss Muerte Compasiva del ao. Quiero ensearle un cuerpo que ha pasado un par de aos encerrado en su atad..., para que vea lo bonita que es la muerte, lo que ella desea para su amiga. LITTLE hace gestos de querer decir algo y finalmente expresa de forma mmica su deseo de complacer a todo el mundo. Entra en la habitacin de la paciente. PLANO de la habitacin. SYLVIA est sola, con el rostro vuelto en la direccin contraria a la puerta. SYLVIA: Quin es? LITTLE: Un amigo... alguien a quien usted escribi una carta. SYLVIA: Puede ser cualquie ra. Me permite verle, por favor? (LI TTLE se coloca delant e de ella. Ella le mira con afecto creciente.) El doctor Little, mdico de cabecera de Vermont. LITTLE (con una ligera reverencia): Seora L ovejoy, cmo se en cuentra usted hoy? SYLVIA: Me ha trado el cianuro? LITTLE: No. SYLVIA: Hoy no me lo tomara. Hace un da tan hermoso. No querra perdrmelo, y tampoco el de maana. Ha venido usted en un caballo blanco como la nieve? LITTLE: En un Oldsmobile azul. SYLVIA: Y sus pacientes, que tanto le quieren y le necesitan? LITTLE: Otro doctor cubre la suplencia. Me he tomado una semana de vacaciones. SYLVIA: No habr sido por mi culpa. LITTLE: No. SYLVIA: Porque me encuentro estupendamente. Ya habr podido ver en qu manos tan maravillosas me encuentro. LITTLE: S. SYLVIA: Lo que de ninguna manera necesito es otro mdico. LITTLE: As es. Pausa. SYLVIA: De todos modos, me gustara tener alguien con quien hablar de la muerte. Usted habr visto morir a muchas personas, supongo.

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11LITTLE: A unas cuantas. SYLVIA: Y la muerte fue una bendicin para alguna de ellas? LITTLE: En alguna ocasin lo he odo comentar. SYLVIA: Pero usted no opina as. LITTLE: No es profesional que un mdico di ga una cosa como sa, seora Lovejoy. SYLVIA: Por qu otras personas decan que algunas muertes eran una bendicin? LITTLE: Por los dolores que soportaba el paciente, y porque no poda ser cura do a ningn precio..., a ningn precio a su alcance. O porque el paciente haba quedado reducido a una vida vegetativa, haba perdido la conciencia y no poda recuperarla. SYLVIA: A ningn precio. LITTLE: Al menos hasta donde llegan mis conocimient os, es imposible conseguir, pedir prestada o robar una mente artificial para alguien que ha perdido la suya. Tal vez si preguntara al doctor Frankenstein sobre el tema, me dira que es la cosa ms factible del mundo. Pausa. SYLVIA: Es la cosa ms factible del mundo. LITTLE: Se lo ha dicho l? SYLVIA: Le pregunt ayer qu sucedera si mi cere bro empezara a fallar. Estaba tranquilo. Me dijo que no dejara que mi preciosa cabecita se preocupara por esa posibilidad. Cruzaremos ese puente cuando lleguemos a l, me dijo. (Pausa.) ¡Oh, Dios mo, la de puentes que he cruzado ya! PLANO de la habitacin llena de rganos. Como antes, SWIFT est sentado ante su consola. Entran FRANKENSTEIN y LITTLE. FRANKENSTEIN: Ha dado usted ya toda la vuelta a las instalaciones y volvemos al principio. LITTLE: Y tengo que repetir otra ve z lo mismo que dije al principio: Dios mo, oh, Dios mo. FRANKENSTEIN: Va a ser un poco duro volver a rece tar aspirinas y laxantes despus de ver esto, verdad? LITTLE: S. (Pausa.) Qu es lo ms barato que hay aqu? FRANKENSTEIN: Lo ms sencillo. La condenada bomba. LITTLE: Cunto cuesta un co razn en la actualidad? FRANKENSTEIN: Sesenta mil dlares. Los hay ms baratos y ms caros. Los baratos son basura, y los caros, artculos de lujo. LITTLE: Y cuntos se venden al ao? FRANKENSTEIN: Unos seiscientos, ms o menos. LITTLE: Uno ms, significa la vida. Uno menos, la muerte. FRANKENSTEIN: Si su problema es el corazn, tiene suerte porque le saldr relativamente barato. (A SWIFT) Oye, Tom, hazla dormir, para que ste vea cmo acabamos la jornada aqu. SWIFT: Faltan veinte minutos para la hora prevista. FRANKENSTEIN: Qu importancia tiene? La ponemos a dormir veinte minutos extra, y manaa se despertar tan feliz como un milln de pavos, a menos que se nos estropee otro transistor. LITTLE: Por qu no tienen una c mara de televisin pe rmanentemente enfocada hacia ella, y as podrn verla en la pantalla? FRANKENSTEIN: No quiere. LITTLE: Siempre consi gue lo que quiere? FRANKENSTEIN: Eso lo consigui. Para qu demonios queremos ver su cara? Podemos mirar estos controles y descubrir ms cosas sobre ella de las que ella misma sabe. (A SWIFT.) Hazla dormir, Tom. SWIFT (a LITTLE): Es como disminuir la velocidad de un automvil o apagar un horno. LITTLE: Hum. FRANKENSTEIN: Tambin Tom est graduado en ingeniera, adems de en medicina. LITTLE: Se siente cansado al te rminar la jornada, Tom? SWIFT: Es una clase de fatiga agradable..., como si hubiera volado de Nueva York a Honolul en un gran reactor, o algo por el estilo. (Aferra una palanca.) Y ahora vamos a hacer aterrizar felizmente a la seora Lovejoy. (Empuja poco a poco la palanca y la maquinaria disminuye su ritmo de funcionamiento.) Ah est. FRANKENSTEIN: Esplndido. LITTLE: Est dormida? FRANKENSTEIN: Como un beb.

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12SWIFT: Todo lo que tengo que hacer ahora es esperar que aparezca el encargado de noche. LITTLE: Le han trado en alguna oc asin un arma pa ra suicidarse? FRANKENSTEIN: No. Y no nos preocupara si alguien lo hiciera. Los brazos mecnicos estn diseados de tal forma que no puede apuntar una pistola contra s misma ni llevarse veneno a los labios, por mucho que se esfuerce. se fue un detalle genial de Tom. LITTLE: Le felicito. Suena el timbre de alarma. Se enciende una luz roja. FRANKENSTEIN: Quin puede ser? (A LITTLE.) Alguien acaba de entrar en la habitacin. ¡Ser mejor que investiguemos! (A SWIFT.) Cierra la puerta de arriba, Tom; sea quien sea, le atraparemos. (SWIFT aprieta un botn que cierra hermticamente la habitacin del piso superior. A LITTLE.) Venga conmigo. PLANO de la habitacin de la paciente. SYLVIA duerme, con un ligero resoplido. GLORIA acaba de entrar furtivamente. Mira a su alrededor, saca un revlver de su bolso, se asegura de que est cargado y lo oculta en la bolsa de costura de SYLVIA. Apenas ha terminado la operacin, cuando irrumpen sin aliento FRANKENSTEIN y LITTLE; FRANKENSTEIN ha abierto la puerta con su llave. FRANKENSTEIN: Qu sucede aqu? GLORIA: Me dej el reloj ah. (Seala el reloj.) He venido a recogerlo. FRANKENSTEIN: Cre haberle dicho que no volv iera a entrar nunca m s en este edificio. GLORIA: No lo har. FRANKENSTEIN (a LITTLE): Viglela, yo voy a comprobar que todo est correcto. Cabe la posibilidad de que haya manipulado algn aparato. (A GLORIA.) Qu le parecera comparecer delante de un tribunal acusada de intento de asesinato, eh? (Habla por el micrfono.) Tom, me escuchas? SWIFT (la voz surge chillona de una caja acoplada a la pared): Te escucho. FRANKENSTEIN: Despirtala de nue vo. Voy a hacerle un chequeo. SWIFT: Quiquiriqu. Se escucha cmo la maquinaria del piso de abajo incrementa su ritmo. SYLVIA abre los ojos, levemente sorprendida. SYLVIA (a FRANKENSTEIN): Buenos das, Norbert. FRANKENSTEIN: Cmo te sientes? SYLVIA: Como siempre al despertarme..., bien ..., un poco mareada. ¡Gloria! ¡Buenos das! GLORIA: Buenos das. SYLVIA: ¡Doctor Little! Ha vuelto a visitarnos esta maana? FRANKENSTEIN: No es an maana. Te pondremos a dormir otra vez dentro de un minuto. SYLVIA: Estoy mal otra vez? FRANKENSTEIN: No creo. SYLVIA: Tendrn que hacerme otra operacin? FRANKENSTEIN: Tranquila, tranquila. (Extrae del bolsillo un oftalmoscopio.) SYLVIA: Cmo voy a estar tranquila con la perspectiva de otra operacin? FRANKENSTEIN (por el micrfono): Tom, suminstrale unos tranquilizantes. SWIFT (con la voz chillona): Marchando. SYLVIA: Qu otra cosa deber de perder? Las orejas? El pelo? FRANKENSTEIN: En un minuto estars tranquila. SYLVIA: Mis ojos? Sern mis ojos lo siguiente, Norbert? FRANKENSTEIN (a GLORIA): ¡Vaya, mueca! Se da cuenta ahora de lo que ha hecho? (Por el micrfono.) Qu diablos pasa con esos tranquilizantes? SWIFT: Tienen que estar haciendo efecto en estos mismos instantes. SYLVIA: Ah, bien, no tiene importancia. (Mientras FRANKENSTEIN examina sus ojos.) Son mis ojos, verdad? FRANKENSTEIN: No es nada tuyo. SYLVIA: Tal como vinieron, as se van. FRANKENSTEIN: Tienes una salud de caballo. SYLVIA: Estoy segura de que alguien fabrica unos ojos excelentes.

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13FRANKENSTEIN: La RCA hace ojos condenadamente buenos, pero no vamos a comprar ninguno en bastante tiempo. (Se echa atrs, satisfecho.) Todo en orden. (A GLORIA.) Ha tenido usted suerte. SYLVIA: Me gusta que mis amigos tengan buena suerte. SWIFT: La vuelvo a dormir? FRANKENSTEIN: Todava no. Quiero comprobar todava un par de cosas ah abajo. SWIFT: De acuerdo, cierro. PLANO de LITTLE, GLORIA y FRANKENSTEIN cuando en tran, minutos ms tard e, en la sala de mquinas. SWIFT sigue en la consola. SWIFT: El relevo de noche se retrasa. FRANKENSTEIN: Tiene problemas en su casa. Qui eres un buen consejo, muchacho? No te cases nunca. (Examina uno tras otro los controles.) GLORIA (horrorizada por lo que le rodea): Dios mo, oh Dios mo. LITTLE: Nunca lo hab a visto antes? GLORIA: No. FRANKENSTEIN: Era la gran especialista en el cabello. Nosotros nos cuidbamos de todo lo dems..., de todo salvo del cabello. (La lectura de uno de los niveles le alarma.) Qu es esto? (Da unos golpecitos en la esfera, y la aguja del nivel salta a la posicin correcta.) Ahora me gusta ms. GLORIA (sin expresin): La ciencia. FRANKENSTEIN: Qu se pensaba que haba aqu abajo? GLORIA: Tena miedo de pensarlo. Ahora me doy cuenta de por qu. FRANKENSTEIN: Carece usted de todo tipo de conocimientos cientficos? No puede apreciar ni remotamente lo que est viendo en este lugar? GLORIA: Me suspendieron dos veces en geologa, en la escuela. FRANKENSTEIN: Qu ensean en la Academia de Esttica? GLORIA: Cosas estpidas para gente estpida. Cmo pintar un rostro. Cmo rizar o alisar el cabello. Cmo cortar el pelo, cmo secarlo. Cmo hacer las uas de las manos y de los pies en verano. FRANKENSTEIN: Espero que ahora se ir de la lengua respecto de lo que ha visto aqu..., que contar a todo el mundo el gnero de locuras que realizamos en esta sala. GLORIA: Tal vez. FRANKENSTEIN: Recuerde tan slo esto: que usted no tiene ni el cerebro ni la educacin necesarios para poder hablar de cualquier aspecto de nuestro experimento. No es cierto? GLORIA: Tal vez. FRANKENSTEIN: Qu piensa decir al mundo exterior? GLORIA: Nada especialmente complicado, slo que... FRANKENSTEIN: Adelante. GLORIA: Que tienen la cabeza de una mujer muerta conectada a un montn de mquinas, y juegan con ella durante todo el da, y que no estn casados ni nada por el estilo, y eso es todo lo que hacen. La escena queda fija como en una fotografa. Fundido en negro vuelve a aparecer la misma escena fija. Las figuras empiezan a moverse. FRANKENSTEIN (horrorizado): Cmo puede llamarla muerta? ¡Lee el Ladies' Home Journal! ¡Habla! ¡Tricota! ¡Escribe cartas a amigos de todo el mundo! GLORIA: Es como una de esas horribles mquinas que predicen el futuro en las ferias. FRANKENSTEIN: Crea que la amaba usted. GLORIA: De vez en cuando, percibo una tenue chispita de lo que ella era antes. Amo esa chispa. La mayora de la gente dice que la ama por su valor. Qu significa ese valor si en realidad procede de aqu? Si manipula usted unas cuantas llaves e interruptores aqu abajo, ella se presentar voluntaria para pilotar un cohete en un viaje a la Luna. Pero haga usted lo que haga aqu abajo, esa tenue chispa seguir pensando: ¡Por el amor de Dios, que alguien me saque de aqu!. FRANKENSTEIN (echa un vistazo a la consola): Doctor Swift, est conectado el micrfono? SWIFT: ¡S! (Chasquea los dedos.) Lo siento. FRANKENSTEIN: Djalo abierto. (A GLORIA.) Ella ha odo todo lo que acaba de decir. Qu tal se siente ahora? GLORIA: Puede orme en este momento? FRANKENSTEIN: Siga largando por esa boca. Me est ahorrando un montn de problemas. Ahora no tendr que explicarle la clase de amiga que era en realidad, y por qu he tenido que darle la clsica patada en el trasero.

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14GLORIA (se aproxima al micrfono): Seora Lovejoy? SWIFT (repite lo que oye por los auriculares): Dice: Qu desea, querida?. GLORIA: Hay un revlver cargado en su bolso de costura, seora Lovejoy..., en caso de que no desee seguir viviendo. FRANKENSTEIN (sin preocuparse lo ms mnimo por la pistola, pero lleno de horror y de disgusto por GLORIA): Es usted una imbcil rematada. De dnde sac esa pistola? GLORIA: De una empresa de ventas por correo de Chicago. Pusieron un anuncio en la revista Romances de la vida real. FRANKENSTEIN: ¡Venden pistolas a locas de remate! GLORIA: Podra haber comprado un bazooka, de haberlo querido. Era el nmero mil cuatrocientos noventa y ocho del catlogo. FRANKENSTEIN: Voy a hacerme ahora mismo con esa pi stola, y ser la prueba nmero uno en su juicio. (Sale.) LITTLE (a SWIFT): No podra hacer dormir a la paciente? SWIFT: No hay peligro de que se haga dao a s misma. GLORIA (a LITTLE): Qu es lo que quiere decir? LITTLE: Los brazos estn fi jados de tal manera que no puede apuntar un arma contra s misma. GLORIA (asqueada): Han pensado tambin en eso. PLANO de la habitacin de SYLVIA. Entra FRANKE NSTEIN. SYLVIA tiene la pistola en la mano mecnica, y parece pensativa. FRANKENSTEIN: Tienes un bonito juguete. SYLVIA: No te enojes con Gloria, Norbert. Yo se lo ped. Le supliqu que me trajera una pistola. FRANKENSTEIN: El mes pasado. SYLVIA: S. FRANKENSTEIN: Pero ahora las cosas van mejor. SYLVIA: Todas las cosas, menos la chispita. FRANKENSTEIN: La chispita? SYLVIA: La chispita que Gloria dice que ama..., esa tenue chispita que le recuerda cmo era yo antes. A pesar de lo feliz que me siento ahora mismo, esa chispita me pide que dispare esta pistola y acabe conmigo. FRANKENSTEIN: Y qu contestas t? SYLVIA: Voy a hacerlo, Norbert. Adis. (Intenta por todos los medios dirigir contra s misma el arma, sin conseguirlo, mientras FRANKENSTEIN se acerca tranquilamente a ella.) Esto no es una casualidad, verdad? FRANKENSTEIN: No queremos de ninguna manera que te hagas dao a ti misma. Tambin nosotros te queremos. SYLVIA: Y cunto tiempo todava tendr que seguir viviendo as? Nunca me he atrevido a preguntarlo antes. FRANKENSTEIN: Tendra que sacar una cifra de mi chistera, como si fuera un mago. SYLVIA: Quiz sea preferible que no lo hagas. (Pausa.) Ha salido ya la cifra del sombrero? FRANKENSTEIN: Por lo menos quinientos aos. Silencio. SYLVIA: De modo que seguir viva... mucho despus de que t hayas muerto? FRANKENSTEIN: Ha llegado el momento, querida Sylvia, de decirte algo que quera contarte hace ya muchos aos. Todos los rganos del piso de abajo tienen capacidad para atender a dos seres humanos, y no solamente a uno. Y toda la entubacin y el cableado han sido diseados de forma que puedan conectarse a un segundo ser humano en el tiempo que tarda un corderito en menear la cola. (Silencio.) Comprendes lo que te estoy diciendo, Sylvia? (Silencio. En tono apasionado.) ¡Sylvia! ¡Yo ser ese segundo ser humano! ¡Ms que el matrimonio! ¡Ms que todas las grandes historias de amor del pasado! ¡Tus riones sern mis riones! ¡Compartiremos el mismo hgado! ¡Tu corazn ser tambin el mo! ¡Nuestras ment es y nuestros cuerpos funcionarn al unsono! Viviremos en una armona tan perfecta, Sylvia, que los mismos dioses se mesarn los cabellos de envidia al vernos. SYLVIA: Es eso lo que quieres? FRANKENSTEIN: Ms que nada en el mundo. SYLVIA: Muy bien, pues... Ya lo tienes, Norbert. (Vaca el cargador del revlver en el cuerpo de l.)

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15 PLANO de la misma habitacin, aproximadamente media hora ms tarde. Se ha instalado un segundo trpode, sobre el que apar ece la cabeza de FRANKENSTEIN. Tanto FRANKENSTEIN COMO SYLVIA estn dormidos. SWIFT, con LITTLE a su lado, realiza febrilmente una ltima conexin con la maquinaria de abajo. Esparcidos por el suelo aparecen fragmentos de tubera, un soplete y otras herramientas de lampistera y electricidad. SWIFT: Esto est listo. (Se incorpora y mira a su alrededor.) Creo que he terminado. LITTLE (consulta su reloj): Veintiocho minutos desde que se produjo el primer disparo. SWIFT: Gracias a Dios, estabas t aqu. LITTLE: Lo que de verdad n ecesitabas era un lampista. SWIFT (por el micrfono): Charley, hemos acabado aqu arriba. Est todo dispuesto abajo? CHARLEY (una voz estridente en la caja): Todo dispuesto. SWIFT: Atibrralos de martinis. GLORIA aparece en la puerta, adormilada. CHARLEY: All van los martinis. Se van a poner de un cachondo increble. SWIFT: Por si acaso, dales tambin un toque de LSD. CHARLEY: Marchando. SWIFT: ¡Espera! Me olvidaba del fongrafo. (A LITTLE.) El doctor Frankenstein quera que, si esto llegaba a ocurrir algn da, sonara una determinada cancin en el momento de despertar. Dijo que estaba entre los dems discos, en una cubierta en blanco. (A GLORIA.) Vea si puede encontrarlo. GLORIA va al fongrafo y encuentra el disco. GLORIA: Es ste? SWIFT: Pngalo. GLORIA: Por cul de las dos caras? SWIFT: No lo s. GLORIA: Una de las caras tiene una cinta adhesiva. SWIFT: Ponga la cara sin la cinta. (GLORIA coloca el disco. Por el micrfono.) Preprate a despertar a los pacientes. CHARLEY: Preparado. Empieza a sonar una msica. Jeanette MacDonald y Nelson Eddy cantan a do: Ah, el dulce misterio de la vida. SWIFT (por el micrfono): ¡Despirtalos ya! FRANKENSTEIN y SYLVIA despiertan, envueltos en oleadas de placer. Perciben primero vagamente la msica, y luego se ven el uno al otro, con la alegra de quien reencuentra a un viejo y querido amigo. SYLVIA: Qu tal? FRANKENSTEIN: Hola. SYLVIA: Cmo ests? FRANKENSTEIN: Esplndidamente. Esplndidamente.

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16Entrevista a Kurt Vonnegut por Livia Manera Desde hace casi medio siglo Kurt Vonnegut cuenta el mundo con el desencanto de su "as va la vida", como repeta en su novela Matadero 5 Medio siglo en el que la crtica trat de encontrar un nombre para la originalidad de este escritor que hace poco cumpli ochenta aos. A veces lo llamaron visionario; otras, amable Casandra, autntico desobediente y humanista. "Diga ms bien que soy un socialista", dice durante la entrevista que me concedi en el escritorio de su representante en Nueva York. "He descubierto que un humanista es una persona que tiene un gran inters por los seres humanos. Mi perro es un humanista." -Qu escribe hoy uno de los mayores autores no rteamericanos, que ha unido su nombre a las protestas contra Vietnam y a la revolucin cultur al de los aos 60 y que siempre est cerca del corazn de los ms jvenes? -Nada. Estoy literalmente paralizado por el estado en que se encuentra mi pas. La televisin no ha transmitido ni siquiera las protestas de los pacifistas. The New York Times se neg a publicar un discurso que pronunci en un encuentro por la paz. Es como vivir bajo un ejrcito de ocupacin que se ha apoderado de los medios de comunicacin. Y despus arroja sobre la mesa un fascculo de pocas pginas fotocopiadas. -Este es mi ltimo libro. He debido publicarlo a mis expensas. -De qu trata? -Es una coleccin de comentarios que escrib para un diario de Chicago sobre el golpe de Estado de las ltimas elecciones. -Habla de la victoria de Bush. -Hablo de cmo el poder ha terminado en manos de gente terrible, malvada, ignorante y privada de conciencia, que no tiene ningn respeto por el sistema norteamericano. En otros tiempos, sobre un argumento semejante podra haberse escrito una obra teatral que hubiera provocado una reaccin. Pero no ahora que nuestro gobierno moral est representado por la televisin. Una televisin que nos dice siempre y nicamente que todo va bien. Debo mirar la BBC si quiero saber cuntos civiles hemos matado en Afganistn y en Irak. Sin embargo, debera ser noticia cmo hemos reducido a esos pases y qu estpido fue hacerlo. -En efecto, muchos se han sorprendido por la falta de planes de los norteamericanos para la gestin posterior a la cada de Saddam . -Sabe por qu? Porque esta gente del gobierno no tiene conciencia. Porque son las personas ms inclinadas a decidir en el mundo y no les importa nada de lo que ocurrir despus, ni siquiera les importa lo que les ocurrir a ellos mismos. Son psicpatas y patrones del planeta. Sabe qu dicen del desastre que hicieron en Irak? "OK. Ha sucedido esto, pero no es nuestra culpa, es culpa de los iraques..."

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17. Vonnegut estalla en una carcajada sarcstica y contina. -"No deberan haber disparado sobre nuestro muchachos..." -Cree que habra sido muy distinto de haber ganado Al Gore? -No, porque nuestros representantes en el Congreso estn financiados por gente que tiene toneladas de dinero. Ciertamente, en el lugar de Bush y de los suyos hubiramos podido tener a personas que respetaran el sistema norteamericano y representaran a los ciudadanos y no a las corporaciones. En cambio, todo es tan estpido. La inteligencia en los Estados Unidos ya no cuenta para nada. -Clinton era un hombre inteligente. -S, pero ha hecho una cosa terrible. -Cul? -Se ha aprovechado de aquella muchacha. Yo, con usted, por ejemplo, no me hago el imbcil. Y re. -No, pero como dicen ustedes los norteamericanos: se necesitan dos para bailar el tango. La muchacha habr tenido su responsabilidad en el asunto. -Naturalmente. Pero lo que ha hecho Clinton en favor de los republicanos es imperdonable. Una cosa terrible. Matar, en cambio, eso est bien. Sabe qu quiere decir Shock and awe ? Quiere decir asesinar. -Y usted, Vonnegut, ha combatido en la Seg unda Guerra Mundial? Alguna vez mat a alguien en una guerra? -No, porque era un tipo particular de soldado, no un cobarde, sino un scout Nuestro deber era penetrar en las lneas enemigas sin hacernos notar, descubrir qu haba detrs, volver y contarlo a la artillera. Me considero afortunado de no haber matado a nadie. Pero si hubiese sido necesario, lo habra hecho. Era un buen soldado. -En Matadero 5 ha contado la locura del bombardeo de Dresde: ciento treinta y cinco mil muertos, dos veces las vctimas de Hiroshima. Usted estaba all como prisionero de guerra. Cmo fue capturado? -Nuestro batalln fue arrollado por una divisin de alemanes en las Ardenas. Nos hicieron abandonar nuestro medio y entrar directamente en una pesadilla. No tenamos la ms plida idea del destino hacia el que nos encaminbamos. Haban capturado a nuestro comandante y ste haba dado la orden de rendirse. Una orden ilegal: es como decir a un soldado que se suicide. Pero esto sucedi por lo menos cincuenta aos antes de que usted naciese. -Tan slo trece. De todos modos le tom veinticuatro aos elaborar esa historia en Matadero 5. -Ms que para elaborarla para escribirla. Tena una familia que mantener ( Vonnegut tiene siete hijos, de los cuales tres son adoptados, de una hermana muerta. N. R) y me dije, ok, no he escrito nunca una novela de guerra. Entonces fui a encontrarme con el scout que en aquella poca de la guerra era mi compaero -entre tanto se haba convertido en procuradory le dije: "Aydame a recordar lo que pasaba en aquel entonces". Entonces entr su mujer y dijo: "¡pero si eran dos nios!". Y esa fue la clave del libro. Todos ramos nios. -Lo volvi a leer? -Nunca. Ni siquiera pude tocar las galeras.

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18-Entonces le gustar saber que despus de treinta y cuatro aos es todava una de las novelas ms fuertes y ms originales de la narrativa norteamericana, y no slo de las novelas sobre la guerra. Es un libro que no ha envejecido. -Me da mucho placer, por cierto, lo que me dice. Es la nave almirante de mi pequea flota. Aunque el libro ms cercano a mi corazn es Cuna de gato . -Por qu? -No lo s. Alguna vez se enamor? -Cree que si no hubiese combatido en la Segunda Guerra se habra conver tido, de todos modos, en un escritor? -Mi amigo Joe Heller, que escribi Catch 22 deca que si no hubiese sido por la Segunda Guerra habra terminado en el rubro tintorera. En cuanto a m, no lo s. Por cierto, hay otras cosas que me han hecho escribir: los cambios tecnolgicos que han destruido tantas culturas, por ejemplo. Soy un antroplogo de formacin. Una de las razones por las cuales nosotros los norteamericanos somos odiados es porque hemos introducido en otros pases nuevas tecnologas y planes econmicos que han destruido el autorrespeto y la cultura de mucha gente. -En Cuna de gato en el 63, usted escriba que "los norteamericanos no logran imaginar qu significa ser distinto de ellos y sentirse orgulloso de esa circunstancia". Y que "la poltica exterior norteamericana debera aprender a reconocer el odio en vez de imaginar el amor". El 11 de septiembre lo sorprendi? -No. Me sorprendi ms que nada el ptimo trabajo que hicieron los terroristas. ¡Vaya si estaban preparados! Naturalmente, son las mismas personas que inventaron los nmeros, el cero y el lgebra, por lo cual no hay de qu asombrarse tanto. -Usted ha dicho siempre que la literatura es por definicin portadora de opiniones. Cul es la literatura que hoy importa? -El problema es que no importa, y por eso no puedo escribir. En una poca importaba, y muchsimo. Era el lugar en el cual durante la Gran Depresin se debatan los temas de la economa y de la poltica. Y en la posguerra nos interrogbamos sobre el tipo de pas que hubiera podido llegar a ser los Estados Unidos. Despus lleg la televisin y todo se termin. Enjuto y desgarbado, Kurt Vonnegut se levanta para volver a su casa. Pero justo antes de salir, en el ltimo momento, se da vuelta: "Deb e de ser por el lgebr a que Bush los odia". Y una ltima carcajada retumba, batalladora, detrs de la puerta Fuente:Corriere della Sera Nueva York, 2003 (Traduccin de Hugo Beccacece) La Nacin. Buenos Aires http://www.lanacion.com.ar/

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19 RESEA: Las sirenas de Titn, de Kurt Vonnegut (T.O. The Sirens of Titan ; 1959) Francisco Jos Ser Iglesias La impresin final que da LAS SIRENAS DE TITN es de ser una recopilacin de relatos con personajes comunes antes que una novela con todas las de la ley. Son relatos que se apoyan los unos en los otros, encajando como las piezas de un puzzle, soportndose y completndose, pero cada uno con personalidad propia. Lo que pareca ser una digresin se convierte al poco en un relato independiente, lo que era un episodio aislado dentro de la narracin acaba por derivar en una historia con personalidad propia. Todo esto hace de la lectura de LAS SIRENAS DE TITN una experiencia ciertamente extraa, pero al cabo es Vonnegut, y en la mayora de sus obras la superposicin de planos y los episodios aparentemente independientes, pero referencindose los unos a los otros, es la constante. Esto no quiere decir que no haya un hilo comn entre todas las historias que se cuentan, ni personajes principales ni desenlace final, existen, como en cualquier novela, independientemente de que cada uno de esos fragmentos que la componen tenga su propia vida dentro de la misma. El episodio de los cuarteles marcianos es, quiz, el que ms independencia tenga dentro de la narracin, pero no menos aislado est el de la estancia en las cavernas de Mercurio o el del origen de la fortuna del padre de Malachi Constant (es decir, de la suya) En si, la historia no deja de ser un despropsito amargamente divertido. Winston Niles Rumfoord haba dirigido su nave espacial privada hasta el ncleo de un infundibulum crono-sinclstico y se haba convertido, en compaa de su fiel, y nico acompaane, el perro Kazak, en un fenmeno ondulatorio que abarcaba todo el sistema solar y parte de Betelgeuse y un lapso de tiempo indeterminado. Esto haca que cada vez que un cuerpo estelar cortaba la constante de onda del seor Rumfoord y el fiel Kazak stos se materializaran sobre l. Las materializaciones sobre la Tierra se haban convertido en casi un fenmeno de feria, y los curiosos se agolpaban para presenciarlo, pero Beatrice, la arrogante esposa del seor Rumfoord haba cerrado a cal y canto la mansin familiar, lugar donde se producan las materializaciones, y no permita a nadie, ni a ella misma, presenciarlas. Pero en una de stas el seor Rumford pidi a esposa, a travs de su no menos fiel mayordomo Moncrief, que quera ver al ya mencionado Malachi Constant, millonario hasta la nausea, seductor infatigable, y durante una de sus materializaciones se produce la entrevista. Rumfoord, adems de estar en todas partes tambin est en todo el tiempo, en el pasado y el futuro, y gracias a eso es por lo que le cuenta a Constant su destino; Constant y la seora Rumfoord sern cruzados como ganado por los marcianos, tendrn un hijo llamado Crono y vivirn toda una serie de disparatadas aventuras en Marte, Mercurio y Titn. Y a partir de ah la locura. Las predicciones de Rumfoord (realidades al fin, el est en todo el tiempo) se van cumpliendo inexorablemente y los destinos de Malachi Constant y Beatrice Rumfoord se cruzan y separan una y otra vez en una vorgine de episodios cada vez ms desquiciados. Vonnegut, como es habitual, no hace concesiones al estilo, su escritura es clara y directa, no hay concesiones a la galera ni se embarca en grandes ejercicios literaturistas, lo suyo es narrar, y lo hace

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20admirablemente bien, con una precisin envidiable, aunque segn los gustos, puede resultar un tanto fro. El nico pero que se le puede poner al libro es precisamente el de no ajustarse a los cnones habituales de la novela, eso puede desconcertar por su aparente dispersin narrativa, pero tampoco es nada preocupante, se trata, como ya he dicho, de una serie de episodios individuales perfectamente engastados para conseguir un todo francamente interesante y divertido. Este texto puede ser libremente reproducido sin autorizacin previa y en cualquier medio bajo estas condiciones: Siempre debe incluirse este pie de pgina. No puede modificarse, a excepcin de correcciones ortogrficas y tipogrficas. El autor no renuncia a ninguno de sus derechos legalmente establecidos y se reserva la posible reclamacin de las compensaciones oportunas si el medio donde este texto sea reproducido reporta beneficios econmicos a su editor. Publicado originalmente el 19 de septiembre de 2004 en www.ciencia-ficcion.com

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21 LAS SIRENAS DE TITN (Fragmento) Kurt Vonnegut Jr. Cada hora que pasa el Sistema Solar se acerca ochenta mil kilmetros al Cmulo Globular M13 de Hrcules... y todava algunos extraviados insisten en que el llamado progreso no existe. RANSOM K. FERM DEDICATORIA: A Alex Vonnegut, agente especial, con afecto. Todas las personas, lugares y acontecimientos de este libro son reales. Ciertas palabras e ideas son forzosamente construcciones del autor. No se han cambiado los nombres para proteger al inocente, pues como mera cuestin de rutina celestial, Dios Todopoderoso protege al inocente. 1 Entre Tmido y Tombuctu Supongo que hay alguien, all arriba a quien le gusto. MALACHI CONSTANT Ahora todos saben cmo encontrar el sentido de la vida dentro de uno mismo. Pero la humanidad no siempre fue tan afortunada. Hace menos de un siglo los hombres y las mujeres no tenan fcil acceso a las cajas de rompecabezas que llevan dentro. No podan nombrar siquiera uno de los cincuenta y tres portales del alma. Las religiones de pacotilla eran el gran negocio. La humanidad, ignorante de las verdades que yacen dentro de cada ser humano, miraba hacia afuera, pujaba siempre hacia afuera. En su impulso hacia afuera la humanidad confiaba en llegar a saber quin era el responsable de toda la creacin y en qu consista toda la creacin. La humanidad lanzaba sus agentes de avanzada hacia afuera, hacia afuera. En el momento preciso los lanz al espacio, al incoloro, inspido, ingrvido mar de la exterioridad sin fin. Los lanz como piedras. Esos desdichados agentes encontraron lo que ya haban encontrado abundantemente en la Tierra: una pesadilla sin fin, falta de sentido. Los dones del espacio, de la infinita exterioridad, eran tres: herosmo vaco, comedia barata y muerte ftil. La exterioridad perdi, por fin, sus imaginarios atractivos. Slo quedaba por explorar la interioridad. Slo el alma humana segua siendo terra incgnita. Este fue el comienzo de la virtud y la sabidura. Cmo eran las gentes en los viejos tiempos, con sus almas todava inexploradas? La siguiente es una verdadera historia de la poca de la Pesadilla, comprendida, ao ms, ao menos, entre la Segunda Guerra Mundial y la Tercera Gran Depresin. Haba una multitud. La multitud se haba reunido porque iba a producirse una materializacin. Un hombre y un perro se materializaran, saldran del aire sutil, vapores al principio, tan sustanciales al final como cualquier hombre y perro vivientes. La multitud no conseguira ver la materializacin. La materializacin era estrictamente asunto privado, en propiedad privada, y la multitud no estaba, decididamente, invitada a recrearse los ojos.

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22La materializacin, como una ejecucin moderna, civilizada, iba a producirse entre paredes altas, desnudas, custodiadas. Y del otro lado de las paredes la multitud era como la multitud que est del otro lado de las paredes en una ejecucin. La multitud saba que no iba a ver nada, pero sus integrantes se complacan en estar cerca, en contemplar las desnudas paredes e imaginar lo que estaba sucediendo adentro. Los misterios de la materializacin, como los misterios de una ejecucin, eran encarecidos por la pared; diapositivas de la linterna mgica de una imaginacin enfermiza, diapositivas proyectadas por la multitud en las desnudas paredes de piedra, los volvan pornogrficos. La ciudad era Newport, Rhode Island, U.S.A., la Tierra, Sistema Solar, Va Lctea. Las paredes eran las de la propiedad de Rumfoord. Diez minutos antes de que la materializacin hubiera de producirse, unos agentes de polica difundieron el rumor de que la materializacin haba ocurrido prematuramente, fuera de las paredes, y que el hombre y su perro podan verse tan claros como el da a dos cuadras de distancia. La multitud se precipit para ver el milagro en el cruce. La multitud se volva loca por los milagros. En el extremo ms alejado de la multitud haba una mujer que pesaba ciento cincuenta kilos. Tena bocio, una manzana acaramelada y una nia gris de seis aos. Llevaba a la nia de la mano y se abra paso a empujones, como una pelota en la punta de un elstico. —Wanda June —dijo—, si no empiezas a portarte bien, no te traer nunca ms a una materializacin. Las materializaciones se haban producido durante nueve aos, una cada cincuenta y nueve das. Los hombres ms doctos y valiosos del mundo haban suplicado conmovedoramente por el privilegio de ver una materializacin. Cualquiera que fuese la forma de sus peticiones, la respuesta era tajante. La negativa era siempre la misma, de puo y letra de la secretaria social de Mrs. Rumfoord. A pedido de Mrs. Winston Niles Rumfoord, le comunico que no puede extenderle la invitacin que usted solicita. La seora est segura de que usted comprender su sentir en esta cuestin: que el fenmeno que usted desea observar es un trgico asunto de familia, que no se presta en absoluto a ser visto por extraos, por muy noble que sea el motivo de su curiosidad. Ni Mrs. Rumfoord ni su personal respondieron a ninguna de las decenas de miles de preguntas que se les hicieron sobre las materializaciones. Mrs. Rumfoord consideraba que deba muy poco al mundo en materia de informacin. Cumpla esa obligacin incalculablemente pequea comunicando un informe veinticuatro horas despus de cada materializacin. Nunca pasaba de unas cien palabras. El mayordomo lo depositaba en una caja de vidrio encadenada a la pared prxima a la nica entrada de la propiedad. La nica entrada de la propiedad era una puerta como para Alicia en el Pas de las Maravillas, situada en la pared oeste. Tena apenas un metro y medio de alto. Era de hierro y estaba cerrada con una gran cerradura Yale. Los anchos portones de la propiedad haban sido tapiados. Los informes que aparecan en la caja de vidrio junto a la puerta de hierro eran uniformemente glaciales y displicentes. Lo que decan slo serva para entristecer a quien tuviera una pizca de curiosidad. Comunicaban la hora exacta en que Winston, el marido de Mrs. Rumfoord, y su perro Kazak, se haban materializado, y la hora exacta en que se haban desmaterializado. El estado de salud del hombre y su perro era invariablemente calificado de bueno. Los informes daban a entender que el marido de Mrs. Rumfoord poda ver el pasado y el futuro con claridad, pero no se molestaban en dar ejemplos de visiones en ninguno de los dos sentidos. La multitud haba sido engaada para apartarla de la propiedad a fin de que pudiera llegar sin inconvenientes hasta la puertecita de hierro de la pared occidental una limousine alquilada. De la limousine sali un hombre delgado, vestido como un dandy eduardiano, que mostr un papel al polica guardin de la entrada. Estaba disfrazado con una barba postiza y anteojos oscuros. El polica asinti con un gesto y el hombre abri la puerta con una llave que sac del bolsillo. Se precipit adentro y cerr tras de s con un portazo. La limousine se fue. ¡Cuidado con el perro!, deca un cartel sobre la puertecita de hierro. Los resplandores del atardecer de verano temblaron entre los filos y las puntas de vidrio roto incrustadas en el cemento, en lo alto de la pared. El hombre que haba entrado era la prim era persona invitada por Mrs. Rumfoord a una materializacin. No era un gran hombre de ciencia. Ni siquiera era un hombre educado. Haba sido expulsado de la Universidad de Virginia al promediar su primer ao de estudios. Era Malachi Constant, de Hollywood, California, el ms rico de los norteamericanos y famoso libertino.

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23¡Cuidado con el perro!, deca el cartel por fuera de la puertecita de hierro. Pero del lado de adentro slo haba el esqueleto de un perro. Llevaba un collar erizado de pas y encadenado a la pared. Era el esqueleto de un perro muy grande, un mastn. Los largos dientes encajaban como en un engranaje. El crneo y las mandbulas formaban una mquina, astutamente articulada e inocua, de desgarrar carne. Las mandbulas se cerraban con un chasquido. Aqu haban estado los ojos brillantes, all las agudas orejas, all el suspicaz hocico, aqu el cerebro del carnvoro. Cuerdas de msculos, enganchados aqu y all, juntaban los dientes a travs de la carne con un chasquido. El esqueleto era simblico, como un pretexto, un tema de conversacin propuesto por una mujer que no hablaba con casi nadie. All, junto a la pared, no haba muerto ningn perro en su puesto. Mrs. Rumfoord haba comprado los huesos a un veterinario, los haba mandado blanquear y barnizar y los haba hecho armar con alambres. El esqueleto era uno de los muchos comentarios amargos y oscuros de Mrs. Rumfoord sobre las bromas pesadas que el tiempo y su marido le haban jugado. Mrs. Winston Niles Rumfoord tena diecisiete millones de dlares. Mrs. Winston Niles Rumfoord ocupaba la posicin social ms alta que se pudiera tener en los Estados Unidos de Norteamrica. Mrs. Winston Niles Rumfoord era sana y bella, y adems talentosa. Tena talento de poeta. Haba publicado annimamente un delgado volumen de poemas titulado Entre Tmido y Tombuctu. El libro haba recibido una discreta acogida. El ttulo derivaba del hecho de que, en ingls, todas las palabras entre timid (tmido) y Timbuktu (Tombuctu) en los diccionarios abreviados, se relacionan con el tiempo (time). Pero a pesar de estar tan bien dotada, Mrs. Rumfoord haca cosas turbias como encadenar el esqueleto de un perro a la pared, tapiar los portones de la propiedad, permitir que los famosos y convencionales jardines se convirtieran en una selva de New England. Moraleja: El dinero, la posicin, la salud, la belleza y el talento no son nada. Malachi Constant, el ms rico de los norteamericanos, cerr tras de s la puerta de Alicia en el Pas de las Maravillas. Colg los anteojos oscuros y la barba postiza en la hiedra de la pared. Dej atrs vivamente el esqueleto del perro, mirando al mismo tiempo su reloj que funcionaba con energa solar. Dentro de siete minutos, un mastn viviente llamado Kazak se materializara y andara vagando por all. Kazak muerde, haba dicho Mrs. Rumfoord en su invitacin, le ruego que sea puntual. Constant sonri al recordar la advertencia de que fuera puntual. Ser puntual significaba existir como un punto, significaba tanto eso como llegar a un lugar a tiempo. Constant exista como un punto, no poda imaginar cmo sera existir de otro modo. Esa era una de las cosas que iba a descubrir: cmo era existir de alguna otra manera. El marido de Mrs. Rumfoord exista de otra manera. Winston Niles Rumfoord haba conducido su nave espacial privada hasta el corazn de un infundibulum crono-sinclstico inexplorado, situado dos das ms all de Marte. Slo un perro lo haba acompaado. Ahora Rumfoord y el perro Kazak existan como fenmeno ondulatorio, al parecer vibrando en una espiral torcida que empezaba en el Sol y conclua en Betelgeuse. La tierra estaba a punto de interceptar esa espiral. Cualquier explicacin breve sobre los infundibula crono-sinclsticos ofender seguramente a los especialistas en la materia. Como quiera que sea, la mejor explicacin breve es probablemente la del Dr. Cyril Hall, que aparece en la decimocuarta edicin de la Enciclopedia infantil de maravillas e inventos. Reproducimos aqu el artculo completo, amablemente autorizados por los editores: Infundibula crono-sinclsticos. Imagina que tu pap es el hombre ms inteligente de la tierra, y que conoce todo lo que existe, tiene razn en todo y puede probarlo. Imagina ahora a otro chico en otro lindo mundo, a millones de aos luz de distancia, y que el pap de ese chico es el hombre ms inteligente de ese lindo mundo tan alejado. Y que es tan inteligente y tiene tanta razn como tu pap. Los dos papas son inteligentes, los dos papas tienen razn. Slo que si llegaran a encontrarse, se pelearan muchsimo, porque no estaran de acuerdo en nada. T puedes decir que tu pap tiene razn y que el pap del otro chico est equivocado, pero el Universo es un lugar enormemente grande. Hay espacio bastante para una inmensa cantidad de gente que tiene razn y sin embargo no se pone de acuerdo. La razn de que los dos papas tengan razn y sin embargo se peleen tanto es la de que hay muchsimas maneras de tener razn. Pero hay lugares en el Universo donde cada pap puede al fin pescar lo que el otro pap est diciendo. En esos lugares todas las clases diferentes de verdades se ajustan tan bien como las piezas del reloj solar de tu pap. A esos lugares se les llama infundibula crono-sinclsticos.

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24Segn parece, el Sistema Solar est lleno de infundibula crono-sinclsticos. Estamos seguros de que hay uno enorme situado entre la Tierra y Marte. Lo sabemos porque all estuvieron un hombre terrestre y su perro terrestre. Quiz pienses que seria lindo ir a un infundibulum crono-sinclstico para ver las maneras diferentes que hay de tener toda la razn, pero es algo muy peligroso. El pobre hombre y su no menos pobre perro se desperdigaron en todas direcciones, no slo del espacio, sino tambin del tiempo. Crono significa tiempo. Sinclstico significa curvado hacia el mismo lado en todas direcciones, como la cascara de una naranja. Infundibulum es lo que los antiguos romanos como Julio Csar y Nern llamaban un embudo. Si no sabes lo que es un embudo, pdele a tu mam que te muestre uno. La llave de la puerta de Alicia en el Pas de las Maravillas haba llegado junto con la invitacin. Malachi Constant la desliz en el bolsillo forrado de piel de su pantaln y sigui el nico sendero que se abra delante de l. Camin en una sombra profunda, pero los rayos descendentes del ocaso ponan en las cimas de los rboles una luz como la de Maxfield Parrish. Constant jugueteaba con la invitacin a medida que iba avanzando, a la espera de que se la pidiesen en cada vuelta. La tinta de la invitacin era violeta. Mrs. Rumfoord tena slo treinta y cuatro aos, pero escriba como una anciana, con una mano nudosa como un garfio. Detestaba francamente a Constant, a quien nunca haba visto. El tono de la invitacin era reticente, es lo menos que se poda decir, y como escrita en un pauelo sucio. Durante su ltima materializacin, deca la tarjeta, mi marido insisti en que usted estuviese presente en la prxima. No pude disuadirlo de ello, a pesar de los muchos y manifiestos inconvenientes de la cosa. Insiste en que lo conoce bien a usted, pues lo ha encontrado en Titn que, por lo que he podido entender, es una luna del planeta Saturno. Apenas haba una frase en la invitacin donde no figurara el verbo insistir. El marido de Mrs. Rumfoord haba insistido en que ella hiciera algo con lo cual estaba en absoluto desacuerdo, y ella a su vez insista en que Malachi Constant se comportara lo mejor que pudiese, como el caballero que no era. Malachi Constant nunca haba estado en Titn. Que l supiera, jams haba salido de la envoltura gaseosa de su planeta natal, la Tierra. Al parecer iba a enterarse de que no era as. Las vueltas del sendero eran muchas y la visibilidad escasa, Constant avanzaba por un caminito verde y hmedo del ancho de una cortadora de csped, que era en realidad la huella dejada por la cortadora. A los dos lados se levantaban las verdes paredes de la selva en que se haban convertido los jardines. La huella de la cortadora orill una fuente seca. El hombre que manejaba la cortadora haba mostrado su imaginacin en ese punto, bifurcando el sendero. Constant poda elegir el lado de la fuente por el que prefiriera pasar. Se detuvo en la bifurcacin, mir hacia arriba. La fuente misma era de una imaginacin maravillosa: un cono formado por varios tazones de piedra de dimetros decrecientes. Los tazones formaban argollas alrededor de un tubo cilndrico de unos doce metros de alto. En un arranque, Constant no eligi ni una ni la otra rama de la bifurcacin, sino que se trep a la fuente. Subi de un tazn a otro con intencin de ver desde lo alto adonde haba llegado y hacia dnde iba. Desde la cspide, en el tazn ms pequeo de la fuente barroca, los pies entre ruinas de nidos de pjaros, Malachi Constant ech una mirada a la propiedad y a una gran parte de Newport y de Narragansett Bay. Tendi el reloj hacia la luz del sol, a fin de que bebiera el elemento que era para los relojes solares lo que el dinero para los hombres de la Tierra. La fresca brisa marina desordenaba el pelo renegrido de Constant. Era un hombre bien plantado, quiz un poco pesado, moreno, de labios de poeta, suaves ojos castaos sombreados por un entrecejo como el del hombre de Cromagnn. Tena treinta y un aos, y tres mil millones de dlares, en gran parte heredados. Su nombre significaba mensajero fiel. Especulaba sobre todo con acciones de sociedades comerciales. En las depresiones que siempre sufra despus del alcohol, las drogas y las mujeres, Constant deseaba una sola cosa, un solo mensaje que tuviera suficiente dignidad e importancia como para transmitirlo humildemente. El lema del escudo de armas que Constant se haba dibujado deca simplemente: El mensajero espera. Probablemente Constant pensaba en un mensaje divino, de primera clase, a alguien igualmente distinguido. Constant mir una vez ms su reloj solar. Tena dos minutos para bajar y llegar a la casa, dos minutos antes que Kazak se materializara y buscase a forasteros para morderlos. Constant se ri para s pensando en lo encantada que estara Mrs. Rumfoord si ese ordinario, ese advenedizo de Mr. Constant,

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25de Hollywood, se pasaba toda la visita encaramado en la fuente, acosado por un perro de raza. Mrs. Rumfoord podra incluso hacer funcionar la fuente. Era posible que estuviese observando a Constant. La mansin estaba a un minuto de marcha de la fuente, instalada fuera de la selva, junto a una picada tres veces ms ancha que el sendero. La mansin de Rumfoord era de mrmol, una reproduccin ampliada de la sala de fiestas del Whitehall Palace, de Londres. Como casi todas las mansiones verdaderamente importantes de Newport, era una parienta colateral de las oficinas de correos y de los tribunales federales del estado. La mansin de Rumfoord era una muestra tremendamente cmica del concepto de Gente de Pro. Era seguramente uno de los ensayos ms importantes sobre densidad efectuados desde la Gran Pirmide de Khufu. En cierto modo era un ensayo ms afortunado de permanencia que la Gran Pirmide, que se afilaba hasta anularse a medida que suba al cielo. En la mansin de Rumfoord nada disminua a medida que suba al cielo. Invertida, hubiera tenido exactamente el mismo aspecto. La densidad y permanencia de la casa era una variante irnica del hecho de que quien fuera amo de la casa, no tena ms sustancia que un rayo de luna, salvo durante una hora cada cincuenta y nueve das. Constant baj de la fuente, haciendo pie en el borde de los tazones cada vez ms grandes. Cuando lleg abajo, dese con intensidad que funcionara la fuente. Pens en la multitud reunida afuera, que tambin disfrutara vindola funcionar. Le encantara ver cmo el tazn ms chiquito de la punta misma se desbordaba en el tazoncito siguiente... y cmo el tazoncito siguiente se desbordaba en el tazoncito siguiente... y el siguiente tazoncito se desbordaba en el siguiente, y as sucesivamente, en una rapsodia en que cada tazn se desbordaba cantando su propia y alegre cancin acutica. Y bostezando debajo de aquellos tazones estaba la boca abierta del ms grande de todos... una especie de Belceb, reseco e insaciable... esperando, esperando, esperando esa primera, dulce gota. Constant se extasiaba imaginando la fuente en funcionamiento. La fuente era como una alucinacin y las alucinaciones, por lo general provocadas por la droga, eran casi lo nico capaz de sorprender y entretener a Constant. El tiempo pasaba rpidamente. Constant no se mova. En algn lugar de la propiedad ladr un mastn. El ladrido son como los golpes de un mazo en un gran gong de bronce. Constant despert de su contemplacin de la fuente. El mastn no poda ser sino Kazak, el sabueso del espacio. Kazak se haba materializado. Kazak ola la sangre de un advenedizo. Corri la distancia que haba hasta la casa. Un viejo mayordomo de calzn corto abri la puerta a Malachi Constant, de Hollywood. Lloraba de alegra. Sealaba una habitacin que Constant no poda ver. Trataba de describir lo que lo haca feliz y le provocaba lgrimas. No poda hablar. Tena la mandbula paralizada y lo nico que pudo decir a Constant fue: —Golpe, golpe... gol pe, golpe, golpe. En el piso del vestbulo el mosaico dibujaba un zodaco alrededor de un sol de oro. Winston Niles Rumfoord, que se haba materializado slo un minuto antes, apareci en el vestbulo y se par sobre el sol. Era mucho ms alto y pesado que Malachi Constant, y la primera persona ante la cual ste pens que poda haber alguien superior a l. Winston Niles Rumfoord extendi su pesada mano, salud a Constant con familiaridad, cantando ca si sus palabras con timbre de tenor escocs. —Encantado, encantado, encantado, Mr. Constant —dijo Rumfoord—. Muy amable de su parte haber venido —El gusto es mo —dijo Constant. —Me han dicho que usted es posiblemente el hombre ms afortunado del mundo. —Quiz hayan exagerado un poco —dijo Constant. —Usted no va a negar que ha tenido una suerte fantstica en los negocios —dijo Rumfoord. Constant sacudi la cabeza. —No, sera difcil negarlo. —Y a qu atribuye su maravillosa suerte? —dijo Rumfoord. Constant se encogi de hombros. —Quin puede saberlo? —dijo—. Supongo que hay alguien all arriba a quien le gusto. Rumfoord mir al cielo raso. —Una idea encantadora, la de que hay alguien all arriba a quien usted le gusta. Constant que cambiaba un apretn de manos con Rumfoord mientras hablaban, pens que la suya era de pronto pequea y como una garra. La palma de Rumfoord era callosa pero no crnea como la de un hombre condenado a un solo oficio durante toda su vida. Los callos eran todos uniformes, provocados por las mil labores felices de una clase activamente ociosa. Por un momento Constant olvid que el hombre cuya mano estrechaba era simplemente un aspecto, un nudo de un fenmeno ondulatorio que se extenda desde el Sol a Betelgeuse. El apretn de manos

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26record a Constant lo que estaba tocando, pues sinti en la suya el hormigueo ligero pero inconfundible de una corriente elctrica. Constant no se haba dejado intimidar por el tono con que Mrs. Rumfoord lo haba invitado a la materializacin. Constant era un hombre y Mrs. Rumfoord una mujer, y Constant imaginaba que ya tendra manera de demostrar su indiscutible superioridad. Winston Niles Rumfoord era otra cosa, moralmente, espacialmente, socialmente, sexualmente y elctricamente hablando. La sonrisa y el apretn de manos de Winston Niles Rumfoord desmontaban la alta opinin que Constant tena de s mismo, como los peones de un parque de diversiones desmontan la rueda de la Vuelta al Mundo. Constant, que haba ofrecido sus servicios a Dios como mensajero, estaba aterrado ahora por la discretsima grandeza de Rumfoord. Constant hurgaba en su memoria buscando pruebas pasadas de su propia grandeza. Hurgaba en su memoria como un ladrn en la billetera de otro hombre. Constant encontr su memoria atiborrada de instantneas ajadas, sobreexpuestas, de todas las mujeres que haba posedo, de ridculas credenciales probatorias de que era dueo de empresas an ms ridculas, de certificados que le atribuan virtudes y poderes que slo pueden tener tres mil millones de dlares. Haba incluso una medalla de plata con cinta roja, otorgada a Constant por haberse clasificado segundo en el torneo interno de salto en alto y en largo, de la Universidad de Virginia. Rumfoord segua sonriendo. Para seguir con la analoga del ladrn que pasa a otra billetera, Constant desgarr las costuras de su memoria, en la esperanza de encontrar un compartimiento secreto donde hubiera algo de valor. No haba compartimiento secreto, no haba nada de valor. Todo lo que le quedaba era la cascara de su memoria, pedazos descosidos, lacios. El viejo mayordomo miraba con adoracin a Rumfoord, y sigui haciendo contorsiones de adulacin como una vieja horrible que posara para un cuadro de la Madonna. —El amo... —balaba—, el joven amo. —Puedo leer su pensamiento, sabe? —dijo Rumfoord. —Ah, s? —dijo Constant humildemente. —Es lo ms fcil del mundo —dijo Rumfoord. Le centelleaban los ojos—. Usted no es un mal tipo, sabe —dijo—, sobre todo cuando se olvida de quin es. —Le toc ligeramente el brazo. Era un gesto de poltico, el vulgar gesto pblico de un hombre que en privado, entre los suyos, hara lo indecible por no tocar a nadie. —Si para usted es tan importante, en esta etapa de nuestra relacin, sentirse de algn modo superior a m —dijo en tono amable—, piense en esto: Usted puede reproducirse, yo no. Volvi su ancha espalda a Constant y ech a andar a travs de una serie de vastos aposentos. Se detuvo en uno, insisti en que Constant admirara un enorme leo, la figura una nia que tena las riendas de un pony inmaculadamente blanco. La nia llevaba un sombrero blanco, un vestido blanco y almidonado, guantes blancos, calcetines blancos y zapatos blancos. Era la nia ms limpia, ms helada que Malachi Constant hubiera visto jams. Su expresin era extraa, y Constant decidi que estaba preocupada por la idea de mancharse aunque slo fuera un poquito. —Lindo cuadro —dijo Constant. —No estara mal que se cayera en un charco de barro, verdad? —dijo Rumfoord. Constant sonri inseguro. —Mi mujer cuando nia —dijo Rumfoord bruscamente, y sali de la habitacin. Avanz por un corredor trasero hasta un cuartito minsculo, apenas ms grande que un gran armario para escobas. Tena aproximadamente tres metros de largo, un metro ochenta de ancho y un techo, como el resto de las habitaciones de la casa, de seis metros de alto. El cuarto era como una chimenea. Haba all dos sillas de brazos altos. —Un accidente arquitectnico —dijo Rumfoord cerrando la puerta y mirando el cielo raso. —Cmo dijo? —pregunt Constant. —Este cuarto —dijo Rumfoord, y blandamente traz con la mano derecha el signo mgico de una escalera de caracol—, es una de las pocas cosas que he deseado con toda mi alma cuando era chico: este cuartito. Con la cabeza seal las estanteras instaladas a menos de dos metros de alto en la pared de la ventana. Estaban magnficamente hechas. Sobre los estantes haba una plancha de madera flotante donde escrito con pintura azul se lea: Museo Skip. El Museo Skip era un museo de vestigios —endoesqueletos y exoesqueletos— de caracolas, corales, huesos, cartlagos y quitones, de restos y residuos diversos de seres desaparecidos haca mucho tiempo. La mayora de los especmenes eran de los que un nio —probablemente Skip— poda encontrar

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27fcilmente en las playas y bosques de Newport. Algunos eran evidentemente regalos costosos hechos a un nio sumamente interesado en las ciencias biolgicas. El principal de esos regalos era el esqueleto completo de un ser humano adulto, del sexo masculino. Haba tambin un caparazn completo y vaco de armadillo, un pjaro embalsamado y el largo colmillo en espiral de un narval al que Skip haba puesto en broma el rtulo: Cuerno de unicornio. —Quin es Skip? —dijo Constant. —Soy yo —dijo Rumfoord—. Era. —No saba —dijo Constant. —Slo para los de la familia, naturalmente. —Aja —dijo Constant. Rumfoord se sent en una de las sillas, indic a Constant la otra. —Los ngeles tampoco pueden, sabe —dijo Rumfoord. —No pueden qu? —pregunt Constant. —Reproducirse —contest Rumfoord. Ofreci a Constant un cigarrillo, tom tambin uno y lo meti en una larga boquilla de hueso—. Lamento que mi mujer no pueda bajar para recibirlo, pero est indispuesta —dijo—. No es que quiera evitarlo a usted, sino a m. —A usted? —dijo Constant. —Exactamente. No me ve desde mi primera materializacin. —Lanz una risita lastimosa—. Una vez le bast. —Lo siento —dijo Constant—. No comprendo. —No le gustan mis predicciones —dijo Rumfoord—. Lo poco que le dije de su futuro le result muy perturbador. No le interesa or nada ms. —Se recost en la silla, aspir profundamente—. Le dir, Mr. Constant —aadi afablemente—, es una tarea ingrata la de decir a la gente que est en un Universo duro, duro. —Mrs. Rumfoord me dijo que usted le haba pedido que me invitara —dijo Constant. —Recibi el mensaje por medio del mayordomo —dijo Rumfoord—. La desafi a que lo invitara, si no ella no lo habra hecho. Tenga esto bien presente: la nica manera de conseguir que haga algo es decirle que no tendr el coraje de hacerlo. No es una tcnica infalible, claro. Podra mandarle un mensaje ahora, dicindole que no tiene el coraje de enfrentar el futuro, y ella me enviara de vuelta un mensaje diciendo que tengo razn. —Pero usted... puede ver realmente el futuro? —dijo Constant. La piel de la cara se le puso seca, como si fuera a resquebrajarse. Le sudaban las palmas de las manos. —Hablando en rigor, s —dijo Rumfoord—. Cuando llegu con mi nave espacial al infundibulum crono-sinclstico, tuve como en un relmpago la visin de que todo lo que haba sido sera siempre, y que todo lo que fuera siempre haba sido. —Se ri de nuevo—. El saber esto quita todo prestigio a las predicciones, las convierte en la cosa ms sencilla, ms evidente que pueda imaginarse. —Usted le dijo a su mujer todo lo que iba a sucederle? —pregunt Constant. Era una pregunta indirecta. A Constant no le interesaba lo que pudiera sucederle a la mujer de Rumfoord. Estaba ansioso de tener noticias sobre su propia persona. Por timidez haba preguntado acerca de Mrs. Rumfoord. —No todo —dijo Rumfoord—. No me dej que se lo dijera todo. Lo poco que le dije le quit las ganas de saber ms. —Ah... ya veo —dijo Constant, que no vea absolutamente nada. —S —dijo Rumfoord afablemente—. Le dije que usted y ella se casaran en Marte. —Se encogi de hombros—. No exactamente que se casaran —aadi— sino que seran cruzados por los marcianos, como ganado. Winston Niles Rumfoord era miembro de la nica clase norteamericana verdadera. La clase lo era de verdad porque sus lmites haban quedado claramente definidos por lo menos durante dos siglos, claramente definidos para quien tuviera el sentido de las definiciones. De la reducida clase de Rumfoord haban salido una decena de presidentes de los Estados Unidos, un cuarto de los exploradores, un tercio de los gobernadores del litoral occidental, la mitad de los ornitlogos full-time, tres cuartos de los grandes yachtmen, y virtualmente todos los que pagaban los dficit de la gran pera. Era una clase singularmente exenta de charlatanes, con la notable excepcin de los charlatanes polticos. La charlatanera poltica era una manera de conseguir cargos y nunca se aplicaba a la vida privada. Una vez en el cargo, casi todos sin excepcin se mostraban magnficamente responsables. Si Rumfoord acusaba a los marcianos de cruzar a las personas como si no fueran ms que ganado, acusaba a los marcianos de hacer ni ms ni menos lo que haba hecho su propia clase. La fuerza de esa clase dependa hasta cierto punto de la buena administracin financiera, pero dependa en mayor medida de los casamientos basados cnicamente en los tipos de hijos que podan producirse. El desidertum era nios sanos, bonitos, juiciosos.

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28El anlisis ms competente, aunque sin sentido del humor, que se haya hecho de la clase de Rumfoord, es sin lugar a dudas el de Waltham Kittredge en The American Philosopher Kings. Kittredge prob que la clase era en realidad una familia cuyos cabos sueltos volvan a anudarse en un apretado ncleo de consanguinidad por va de casamientos entre primos. Rumfoord y su mujer, por ejemplo, eran primos terceros, y se detestaban mutuamente. Y en el diagrama que Kittredge trazara de la clase de Rumfoord, se vio que a nada se pareca tanto como al apretado y redondo nudo conocido con el nombre de puo de mono. Waltham Kittredge fracasaba muchas veces en su intento de expresar con palabras la atmsfera de la clase de Rumfoord. Como profesor que era, buscaba a tientas las grandes palabras, y al no encontrar ninguna adecuada, haba acuado una cantidad de vocablos nuevos e intraducibles. De toda la jerga de Kittredge, slo una expresin ha ingresado en el lenguaje de la conversacin: coraje no-neurtico. Esa clase de coraje haba sido, desde luego, la que llev a Winston Niles Rumfoord a salir al espacio. Era coraje puro, no slo puro de la codicia de fama y dinero, sino puro de todo incentivo con resabios de inadaptacin o no-convencionalismo. Hay, dicho sea de paso, dos palabras vulgares y enrgicas que hubieran servido muy bien, la una o la otra, para sustituir la jerga de Kittredge: estilo y gallarda. Cuando Rumfoord fue la primera persona propietaria de una nave espacial privada, pagando cincuenta y ocho millones de dlares contantes y sonantes, eso era estilo. Cuando los gobiernos de la tierra suspendieron toda exploracin del espacio a causa de los infundibula crno-sinclsticos y Rumfoord anunci que l ira a Marte, eso era estilo. Cuando Rumfoord anunci que llevara consigo un perro enorme, pues una nave espacial no era ms que un coche de sport sofisticado, como si un viaje a Marte fuera poco ms que una vuelta hasta la carretera de Connecticut, eso era estilo. Cuando no se saba lo que poda ocurrir si una nave espacial llegaba a un infundibulum cronosinclstico, y Rumfoord se encamin directamente al centro de uno de ellos, eso era sin duda gallarda. Contraponiendo a Malachi Constant, de Hollywood, con Winston Niles Rumfoord, de Newport y de la Eternidad: Todo lo que Rumfoord haca lo haca con estilo, dejando bien parada a la humanidad. Todo lo que Constant haca lo haca con exhibicin de estilo, en forma agresiva, estentrea, infantil, intil, dejando mal parados a s mismo y a la humanidad. Constant se erizaba de coraje, pero era todo menos un no-neurtico. Todas las cosas corajudas que haba hecho tenan por incentivo el despecho y el temor que le vena de la infancia, de pasar por blandengue. Al or de boca de Rumfoord que en Marte lo casaran con Mrs. Rumfoord, Constant apart la mirada y la dirigi al museo de vestigios. Tena las manos muy apretadas. Carraspe varias veces. Despus silb despacito entre la lengua y el paladar. En general se comportaba como un nombre a la espera de que se le pase un dolor terrible. Cerr los ojos y aspir aire entre los dientes. —Vaya, Mr. Rumfoord —dijo suavemente—. Marte? —Marte —dijo Rumfoord—. Desde luego, no es su ltimo destino, ni tampoco Mercurio. —Mercurio? —dijo Constant. Convirti ese nombre encantador en un graznido sin gracia. —Su destino es Titn —dijo Rumfoord—, pero visitar Marte, Mercurio y otra vez la Tierra antes de llegar all. Es esencial saber en qu punto se hallaba la exploracin exacta del espacio cuando Malachi Constant recibi la noticia de sus futuras visitas a Marte, Mercurio, la Tierra y Titn. La actitud de la Tierra con respecto a la exploracin espacial era muy parecida a la actitud de Europa respecto a la exploracin del Atlntico antes de los viajes de Cristbal Coln. Pero con estas importantes diferencias: los monstruos existentes entre los exploradores del espacio y sus metas no eran imaginarios, sino numerosos, horribles, variados y uniformemente cataclsmicos; el costo de una expedicin, por pequea que fuese, bastaba para arruinar a la mayora de las naciones, y era virtualmente cierto que ninguna expedicin poda aumentar la riqueza de sus patrocinadores. En una palabra, el ms pedestre sentido comn y las mejores informaciones cientficas indicaban que no haba nada bueno que decir de la exploracin del espacio. Haca mucho que haba pasado la poca en que cada pas poda alcanzar ms gloria que los otros lanzando a la nada algn objeto pesado. La Galactic Spacecraft, sociedad dirigida por Malachi Constant, haba recibido el ltimo pedido de uno de esos arte factos espectaculares, un cohete de 90 metros de largo por 10 de dimetro. Haba sido construido, pero la orden de lanzamiento nunca haba llegado.

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29La nave tena el sencillo nombre de La Ballena, y contaba con instalaciones para cinco pasajeros. La interrupcin tan brusca de las actividades haba sido determinada por el descubrimiento de los infundibula crono-sinclsticos. El descubrimiento se haba hecho por va matemtica, a partir de los extraos esquemas de vuelo, de las naves sin hombres, enviadas, al parecer, anticipadamente. El descubrimiento de los infundibula crono-sinclsticos, en efecto, plante a la humanidad la siguiente pregunta: Qu nos hace pensar que vamos a alguna parte? Era una situacin hecha de medida para los predicadores fundamentalistas norteamericanos. Fueron ms rpidos que los filsofos, los historiadores o quienquiera que fuese, en decir cosas sensatas sobre la truncada Era Espacial. Dos horas antes de que se cancelara indefinidamente el lanzamiento de La Ballena, el Reverendo Bobby Dentn clamaba en la Cruzada de Amor emprendida en Wheeling West, Virginia: Y descendi el Seor para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Y dijo el Seor: He aqu, el pueblo es uno y todos estos tienen un lenguaje: y han comenzado a obrar, y nada les retraer ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos y confundamos all sus lenguas, para que ninguno entienda el habla de su compaero. As los esparci el Seor desde all sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque all confundi el Seor el lenguaje de toda la tierra, y desde all los esparci sobre la faz de toda la tierra. Bobby Dentn ech a su audiencia una brillante mirada de amor, y procedi a asarla en los carbones de su propia iniquidad. —Y no son stos tiempos bblicos? —dijo—. No hemos edificado con acero y orgullo una abominacin ms alta que la Torre de Babel de los antiguos? Y no pretendemos, como aquellos constructores de la antigedad, llegar as al cielo? Y no hemos odo decir muchas veces que el lenguaje de los cientficos es internacional? Usan todos las mismas palabras griegas y latinas para aludir a las cosas y hablan todos el lenguaje de los nmeros. —A Dentn le pareca sta una prueba suficientemente condenatoria, y los Cruzados del Amor asintieron framente, sin entender del todo por qu. —Entonces, por qu hemos de gritar de sorpresa y dolor cuando Dios nos dice lo que dijo al pueblo que edificaba la Torre de Babel: ¡No! ¡Fuera de aqu! ¡No iris al Cielo ni a parte alguna con ese artefacto! Dispersaos, me os? ¡Basta de hablar el lenguaje de la ciencia los unos con los otros! ¡Nada os apartar ahora de lo que habais pensado hacer, si segus hablando el lenguaje de la ciencia los unos con los otros, y Yo no lo quiero! Yo, vuestro Seor en las Alturas, quiero que os abstengis de algunas cosas, de modo que os dejaris de pensar en torres descabelladas y cohetes al Cielo, y empezaris a pensar en cmo ser mejores vecinos, esposos y esposas, hijos e hijas. ¡No busquis cohetes para salvaros, buscad vuestros hogares e iglesias! La voz de Bobby Dentn enronqueci y disminuy. —Queris volar a travs del espacio? ¡Dios os ha dado ya la nave espacial ms maravillosa de toda la creacin! ¡S! Velocidad? Queris velocidad? La nave espacial que Dios os ha dado va a sesenta y seis mil millas por hora, y seguir corriendo a esa velocidad por toda la eternidad, si Dios as lo quiere. Queris una nave espacial que transporte confortablemente a los hombres? ¡La tenis! No transportar solamente un hombre rico y su perro, o cinco o diez hombres, ¡No, Dios no es un pobre diablo! ¡Os est dando una nave espacial que transportar a miles de millones de hombres, mujeres y nios! ¡S! Y no necesitan amarrarse a los asientos o usar escafandras. ¡No! ¡En la nave espacial de Dios, no! En la nave espacial de Dios la gente puede nadar, y caminar al sol, y jugar al bisbol, y patinar sobre hielo, y dar una vuelta en coche con los parientes los domingos despus del servicio religioso y comer un pollo en familia! Bobby Dentn hizo un gesto de afirmacin. —S —dijo—, y si alguien piensa que Dios es ruin pues ha puesto cosas afuera en el espacio para impedirnos volar all, recordmosle la nave espacial que Dios nos ha dado. Y no necesitamos comprar el combustible, ni preocuparnos en gastar en cualqu ier clase de combustible que hayamos de usar. ¡No! Dios se ocupa de todo esto. Dios nos ha dicho lo que debemos hacer en esta maravillosa nave espacial. Escribi las reglas de manera que cualquiera pudiese entenderlas. No hace falta ser un fsico o un gran qumico o un Alberto Einstein para entenderlas. ¡No! Ni tampoco formul muchas reglas. Me han contado que si se lanza La Ballena, habr que hacer once mil verificaciones distintas antes de tener la seguridad de que est en condiciones de partir: Est abierta esta vlvula, est cerrada aqulla, est tenso ese cable, est lleno ese tanque? y as sucesivamente hasta verificar las once mil cosas. ¡Aqu, en la nave espacial de Dios, Dios slo nos da diez cosas que verificar, y no para cualquier viajecito a algunas de las grandes y muertas piedras venenosas que hay en el espacio, sino para un viaje al Reino de los Cielos! ¡Pensadlo! Dnde os gustara ms estar maana?: en Marte o en el Reino de los Cielos?

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30Sabis cul es la lista de control en la redonda y verde nave espacial de Dios? Tendr que decroslo? Queris or la cuenta de Dios? Los Cruzados del Amor vociferaron que s. —¡Diez! —dijo Bobby Dentn—. Has codiciado la casa de tu vecino, o su criado, o su criada, o su zorro, o su asno, o cualquier cosa que sea de tu vecino? —¡No! —gritaron los Cruzados del Amor. —¡Nueve! —dijo Bobby Dentn—. Has levantado falso testimonio contra tu prjimo? —¡No! —exclamaron los Cruzados del Amor. —¡Ocho! —dijo Bobby Dentn—. Has robado? —¡No! —exclamaron los Cruzados del Amor. —¡Siete! —dijo Bobby Dentn—. Has cometido adulterio? —¡No! —exclamaron los Cruzados del Amor. —¡Seis! —dijo Bobby Dentn—. Has matado? —¡No! —exclamaron los Cruzados del Amor. —¡Cinco! —dijo Bobby Dentn—. Has honrado a tu padre y a tu madre? —¡S! —exclamaron los Cruzados del Amor. —¡Cuatro! —dijo Bobby Dentn—. Te has acordado del da del Seor y lo has santificado? —¡S! —exclamaron los Cruzados del Amor. —¡Tres! —dijo Bobby Dentn—. Has tomado el nombre de Dios nuestro Seor en vano? —¡No! —exclamaron los Cruzados del Amor. —¡Dos! —dijo Bobby Dentn—. Has adorado imgenes? —¡No! —exclamaron los Cruzados del Amor. —¡Uno! —grit Bobby Dentn—. Antepones alguna cosa al Dios nico Nuestro Seor? —¡No! —exclamaron los Cruzados del Amor. —¡Larguen! —vocifer Bobby Dentn alegremente—. ¡Paraso, ah vamos! ¡Larguemos, hijos, amn! —Bueno —murmur Malachi Constant, en el cuarto de la chimenea, debajo de la escalera, en Newport—, parecera que por fin se emplear al mensajero. —Qu es eso? —dijo Rumfoord. —Mi nombre; quiere decir mensajero fiel —respondi Constant—. Cul es el mensaje? —Lo siento —dijo Rumfoord—, no s nada de ningn mensaje. —Alz la cabeza burln—. Alguien le dijo algo acerca de un mensaje? Constant mostr las palmas de las manos. —Quiero decir, para qu me voy a tomar toda esa molestia de ir a Tritn? —Titn —lo corrigi Rumfoord. —Titn, Tritn. Para qu diablos me voy a largar all? —Largarse era una palabra dbil, delicada, casi de boyscout para que la usara Constant, y le llev un momento comprender por qu la haba usado. Era la que se deca por televisin cuando un meteorito se llevaba una superficie de control o cuando el astronauta se converta en un pirata del espacio procedente del planeta Zircn. Se contuvo—. Para qu diablos tengo que ir all? —Lo har... se lo aseguro —dijo Rumfoord. Constant se acerc a la ventana; le volva algo de su fuerza arrogante. —Se lo digo francamente — aclar—, no voy a ir. —Lamento que lo diga —dijo Rumfoord. —Se supone que har algo por usted al llegar all? —pregunt Constant. —No —respondi Rumfoord. —Entonces, por qu lo lamenta? —dijo Constant—. A usted qu le hace? —Nada —dijo Rumfoord— Lo siento por usted, nada ms. Realmente se lo pierde. —Me pierdo qu? —pregunt Constant. —El clima ms agradable que pueda imaginarse, por ejemplo —dijo Rumfoord. —¡Clima! —dijo Constant con desprecio—. Teniendo casa en Hollywood, el Valle de Cachemira, Acapulco, Manitoba, Tahit, Pars, Bermudas, Roma, Nueva York y Capetown, voy a ir en busca de mejor clima? —Titn tiene algo ms que buen clima —dijo Rumfoord—. Las mujeres, por ejemplo, son las criaturas ms hermosas que existen entre el Sol y Betelgeuse. Constant solt una risotada amarga. —¡Mujeres! —dijo—. Usted cree que me voy a tomar semejante molestia por conseguir mujeres hermosas? Usted cree que estoy hambriento de amor y que la nica manera que tengo de acercarme a una mujer hermosa es subirme a una nave espacial para llegar a una de las lunas de Saturno? Est

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31bromeando? He tenido mujeres tan hermosas que cualquiera entre el Sol y Betelgeuse se sentara a llorar con slo que una de ellas le dijera simplemente qu tal? Sac la billetera y de ella la fotografa de su conquista ms reciente. No haba nada que hacerle: la muchacha de la fotografa era de una belleza pasmosa. Era Miss Zona del Canal, candidata al ttulo de Miss Universo y en realidad mucho ms hermosa que la ganadora del concurso. Su belleza haba asustado a los jueces. Constant le tendi a Rumfoord la fotografa. —Tienen algo as en Titn? —pregunt. Rumfoord estudi la foto respetuosamente y se la tendi de vuelta. —No —dijo—, no hay nada as en Titn. —Okey —dijo Constant, sintindose de nuevo mucho ms dueo de su destino—, clima, hermosas mujeres, qu ms? —Nada ms —dijo Rumfoord mansamente. Se encogi de hombros—. Ah, obras de arte, si el arte le interesa. —He reunido la coleccin privada ms grande del mundo —dijo Constant. Constant haba heredado su famosa coleccin de obras de arte. La haba formado su padre, o ms bien los agentes de su padre. Estaba dispersa en museos de todo el mundo, donde en cada pieza apareca la indicacin de que era parte de la Coleccin Constant. La coleccin se haba formado y despus exhibido de esta manera por recomendacin del Director de Relaciones Pblicas de Magnum Opus, Incorporated, la sociedad cuyo nico objeto era administrar los negocios de Constant. El propsito de la coleccin haba sido demostrar cuan generosos, tiles y sensibles podan ser los multimillonarios. Por lo dems, haba resultado una inversin absolutamente magnfica. —Con eso el asunto arte queda liquidado —dijo Rumfoord. Constant estaba por guardar la foto de Miss Zona del Canal en su billetera, cuando se dio cuenta de que no era una fotografa sino dos. Haba otra detrs de la de Miss Zona del Canal. Supuso que era la foto de la predecesora, y pens que tambin la poda mostrar a Mr. Rumfoord, mostrarle el celestial pimpollo que le haba sido dado alcanzar. —Aqu... aqu hay otra —dijo Constant tendiendo la segunda foto a Rumfoord. Rumfoord no hizo un movimiento para tomarla. Ni siquiera se molest en mirarla. En cambio mir a Constant a los ojos y le sonri burln. Constant mir la fotografa que haba sido ignorada. Descubri que no era la de la predecesora de Miss Zona del Canal. Era una fotografa que Rumfoord le haba deslizado. No era una foto ordinaria, aunque la superficie fuera brillante y los bordes blancos. En el interior de los bordes se extendan trmulas profundidades. El efecto era semejante al de un vidrio rectangular en la superficie de una clara, honda baha de coral. En el fondo de esa aparente baha de coral haba tres mujeres, una blanca, una dorada y una morena. Miraban a Constant suplicndole que acudiera, que se uniese a ellas en el amor. Comparadas con Miss Zona del Canal, su belleza era como el esplendor del Sol comparado con el de una lucirnaga. Constant se hundi de nuevo en una silla. Tena que apartar la mirada de toda esa belleza si no quera deshacerse en lgrimas. —Puede guardar la foto, si quiere —dijo Rumfoord—. Es de tamao de bolsillo. A Constant no se le ocurri nada que decir. —Mi mujer todava estar con usted cuando llegue a Titn —dijo Rumfoord—, pero no se entrometer si usted quiere retozar con esas tres seoras. Su hijo tambin estar con usted pero ser tan liberal como Beatrice. —Mi hijo? —dijo Constant. No tena ningn hijo. —S, un lindo muchacho llamado Crono —dijo Rumfoord. —Crono? —dijo Constant. —Un nombre marciano —explic Rumfoord—. Ha nacido en Marte, de usted y Beatrice. —Beatrice? —dijo Constant. —Mi mujer —dijo Rumfoord. Se haba vuelto completamente transparente. Su voz tambin se haba debilitado, como si saliera de una radio barata—. Las cosas son as, amigo —dijo—, con o sin mensaje. Es caos y no error, pues el Universo apenas est empezando a nacer. El gran advenimiento es lo que hace la luz, y el calor y el movimiento, lo que lo hace saltar a usted de aqu para all. Predicciones, predicciones, predicciones —dijo Rumfoord pensativo—. Hay algo ms que deba decirle? Ohhhh, s, s, s. Ese hijo suyo, el muchacho llamado Crono... Crono recoger un pedacito de metal de Marte y lo llamar su amuleto. No pierda de vista ese amuleto, Mr. Constant. Es increblemente importante.

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32Winston Niles Rumfoord se desvaneci lentamente, empezando por las puntas de los dedos y terminando por la sonrisa burlona, que perdur cierto tiempo despus que el resto de su persona hubo desaparecido. —Lo ver en Titn —dijo la sonrisa. Y despus desapareci. —Se ha terminado, Moncrief? —Mrs. Winston Niles Rumfoord llam al mayordomo desde lo alto de la escalera de caracol. —S, seora. Se ha ido —dijo el mayordomo—, y el perro tambin. —Y el tal Mr. Constant? —dijo Mrs. Rumfoord, Beatrice. Se conduca como una invlida: se tambaleaba, pestaeaba constantemente, tena la voz del viento en la cima de los rboles. Llevaba una larga bata blanca cuyos suaves pliegues formaban una espiral en sentido inverso a las agujas de un reloj, armonizando con la blanca escalera de caracol. La cola del peinador se derramaba por encima del ltimo peldao, estableciendo una continuidad entre Beatrice y la arquitectura de la casa. Lo ms importante del espectculo era su figura alta, erguida. Los detalles de la cara eran insignificantes. Una bala de can en lugar de su cabeza hubiera convenido igualmente a la gran composicin. Pero Beatrice tena una cara, e interesante. Se poda decir que pareca un guerrero indio de grandes dientes, pero habra que aadir rpidamente que era una maravilla. Su cara, como la de Malachi Constant, perteneca a cierto tipo, era una variante sorprendente de un tipo familiar, una variante que haca pensar al que miraba: s, esta podra ser otra forma de belleza. Lo que Beatrice haba hecho con su cara era en realidad lo que cualquier muchacha comn puede hacer. La haba cubierto de dignidad, sufrimiento, inteligencia y un toque picante de putero. —S —dijo Constant desde abajo—, el tal Mr. Constant todava est aqu. —Se le poda ver, apoyado en una columna del arco que se abra al vestbulo. Pero quedaba tan abajo en la composicin, tan perdido entre detalles arquitectnicos que resultaba casi invisible. —¡Oh! —exclam Beatrice—. Mucho gusto. —Era un saludo muy hueco. —El gusto es mo —dijo Constant. —No puedo sino apelar a su caballerosidad —dijo Beatrice— para pedirle que no difunda la historia de su encuentro con mi esposo. Comprendo lo tremenda que ser para usted la tentacin. —S —dijo Constant—. Podra vender la historia por un montn de dinero, pagar la hipoteca de la casa solariega y convertirme en una figura de fama internacional. Podra codearme con los grandes y los menos grandes, alternar con las testas coronadas de Europa. —Disclpeme —dijo Beatrice— si no consigo apreciar el sarcasmo y todos los otros brillantes matices de su ingenio indudablemente clebre, Mr. Constant. Estas visitas de mi esposo me ponen enferma. —Nunca ha vuelto a verlo, verdad? —dijo Constant. —Lo vi la primera vez que se materializ —respondi Beatrice—, y bast para enfermarme por el resto de mis das. —A m me gust mucho —dijo Constant. —A veces los dementes tienen su encanto —dijo Beatrice. —Demente? —Como hombre de experiencia, Mr. Constant —dijo Beatrice—, no dira usted que una persona que hace profecas complicadas y sumamente improbables est loco? —Bueno —dijo Constant—, es tan disparatado decirle a un hombre con acceso a la mayor nave espacial jams construida, que har un viaje al espacio? Esta noticia acerca de que Constant tuviera acceso a una nave espacial, sobresalt a Beatrice. Tanto que retrocedi un paso en lo alto de la escalera de caracol, apartndose de la espiral ascendente. El pequeo paso atrs la transform en lo que era: una mujer asustada, solitaria, en una tremenda casa. —Es usted dueo de una nave espacial? —pregunt. —Una compaa que dirijo tiene una en custodia —respondi Constant—. Ha odo hablar de La Ballena? —S —dijo Beatrice. —Mi compaa se la vendi al Gobierno —dijo Constant—. Creo que estaran encantados de que alguien la comprara de vuelta a cinco centavos el dlar. —Que tenga mucha suerte en su expedicin —dijo Beatrice. Constant se inclin. —Que tenga mucha suerte usted en la suya —dijo. Se fue sin decir una palabra ms. En el vestbulo, al cruzar el brillante zodaco del suelo, sinti que la escalera de caracol bajaba rpidamente en lugar de subir. Constant se convirti en el fondo mismo de

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33un remolino del destino. Cuando atraves la puerta, tuvo la deliciosa conciencia de llevarse consigo el aplomo de la mansin de Rumfoord. Puesto que estaba escrito que l y Beatrice volveran a encontrarse y producir un hijo llamado Crono, Constant no senta remordimientos por no cortejarla o mandarle por lo menos una tarjeta amable. Poda ocuparse de sus asuntos, pens, y la altanera Beatrice tendra que molestarse en buscarlo, como cualquier otra chica. Se rea al ponerse los anteojos negros y la barba postiza, y sali por la puertecita de hierro abierta en la pared. All estaba la limousine y tambin la multitud. La polica abri un estrecho sendero hasta la puerta de la limousine. Constant se precipit hacia el coche. El sendero se cerr como el Mar Rojo detrs de los Hijos de Israel. Los gritos de la multitud, todos juntos, formaban un grito colectivo de indignacin y dolor. La multitud, a la que no se le haba prometido nada, se senta defraudada, porque no haba recibido nada. Los hombres y los nios comenzaron a empujar la limousine. El chofer la puso en marcha, la hizo deslizarse a travs del mar de carne iracunda. Un hombre calvo amenaz a Constant con un bocadillo de salchicha, golpe el vidrio de la ventanilla, el pan se deshizo, la salchicha se parti dejando una asquerosa aureola de mostaza y condimento. —¡S, s, s! —chill una linda muchacha, y mostr a Constant lo que probablemente nunca habla mostrado a ningn hombre. Le mostr que sus dos dientes de adelante eran postizos. Los dos dientes se apoyaron mal. Chill como una bruja. Un muchacho se trep al coche, obstruyendo la vista del chofer. Arranc los limpiaparabrisas y los arroj a la multitud. El coche tard tres cuartos de hora en llegar al borde de la multitud. Y en el borde no estaban los locos sino los casi cuerdos. Slo all los gritos se volvieron coherentes. —¡Cuntenos! —grit un hombre, que estaba simplemente harto, no furioso. —¡Tenernos derecho! —grit una mujer. Mostr sus dos hijos a Constant. Otra mujer le dijo a Constant a qu crea tener derecho la multitud. —¡Tenemos derecho a saber lo que est pasando! El tumulto, pues, era un ejercicio cientfico y teolgico: la bsqueda de indicios, por parte de los seres vivientes, relativos a lo que era la vida. El chofer, viendo por fin el camino libre, apret el acelerador a fondo. La limousine arranc zumbando. Al costado se encendi un enorme cartel: ¡llevemos A UN AMIGO A NUESTRA IGLESIA EL DOMINGO!, deca.

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34 Citas de Kurt Vonnegut. Television, utopia... El verdadero terror es levantarse una maana y descubrir que tus compaeros de instituto estn gobernando el pas. Una de las pocas cosas buenas del mundo moderno: Si mueres en televisin no morirs en vano. Habrs entretenido a mucha gente. Somos lo que pretendemos ser, as que elige bien lo que pretendes ser. La gente no va a la iglesia en busca de sermones sino a soar con Dios. Rer y llorar pueden ser respuestas al agotamiento y la frustracin. Por mi parte yo prefiero rer, simplemente porque hay menos que limpiar despus. Ten cuidado con aquellos que trabajan mucho para aprender algo, lo aprenden y despus no resultan ser ms sabios que antes. Los seres humanos sern ms felices cuando encuentren caminos para vivir como las antiguas comunidades primitivas. Esa es mi utopa. Me pregunto quien nos ha dado el derecho de estropear nuestro planeta. Te lo digo de verdad. Nosotros estamos en la Tierra para tirarnos pedos y no dejes a nadie que te diga lo contrario. LAS OCHO REGLAS PARA ESCRIBIR UN CUENTO, DE KURT VONNEGUT 1. Usa el tiempo de un extrao total de tal forma que l o ella no sientan que lo desperdici 2. Dale al lector al menos un personaje con el que l o ella pueda relacionarse. 3. Cada personaje debe desear algo, aunque slo sea un vaso de agua. 4. Cada frase debe hacer una de estas dos cosa s: revelar al personaje o avanzar en la accin 5. Comienza tan cerca del final como sea posible. 6. S sdico. No importa cun dulce e inocente s sean tu personajes, haz que les ocurran cosas atroces, para que el lector pueda ver de qu estn hechos. 7. Escribe para satisfacer a una sola persona. Si abres una ventana y quieres agradarle a todo el mundo, a tu cuento le dar una neumona. 8. Dale a tus lectores tanta informacin como sea posible, tan pronto como sea posible. Al diablo el suspenso. Los lectores deberan tener una comprensin tan completa de lo que est pasando, dnde y cundo y por qu que deberan poder terminar el cuento ellos mismos, y las polillas deberan comerse las ltimas pginas.

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35Matadero Cinco o La cruzada de los nios, de Kurt Vonnegut (Fragmento) Billy Pilgrim rememora sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial, en especial su presencia en el bombardeo aliado de Dresde, y su contacto con los trafalmadores, unos extraos seres con percepcin en cuatro dimensiones. Pilgrim es el alter ego de Kurt Vonnegut en esta novela antiblica, estudio psicolgico y ficcin autobiogrfica, en la cual el autor estadounidense, quien realmente estuvo como deponente en la ciudad de Dresde en tiempos del mentado conflicto blico, se introduce, con una narrativa omnisciente y desde una postura crtica con su presente (Vietnam) y un sentido paranoico, con algunos rasgos humorsticos, principalmente de naturaleza irnica, y de ciencia-ficcin, remachando la mente perturbada del deponente de la barbarie, en el trastorno del testigo de la muerte y la destruccin. Emplea, junto a diversas metforas, rasgos surrealistas, situaciones absurdas y las desordenadas traslaciones temporales y espaciales que subr ayan el estado mental del personaje central. Vonnegut no solamente diatriba en contra de la guerra, sino expone asuntos como la futilidad existencial, el determinismo y la complacencia vital, la insignificancia del ser humano en el contexto global y la voluntad de conseguir la felicidad en una vida natural en la que, a pesar de todos sus males y desastres, los pajarillos todava cantan. As es. Od: Billy Pilgrim ha volado fuera del tiempo. Billy se ha acostado siendo un viejo viudo y se ha despertado el da de su boda. Ha entrado por una puerta en 1955 y ha salido por ella en 1941. Ha vuelto a traspasar esa puerta y se ha encontrado en 1963. Ha visto su nacimiento y su muerte muchas veces, segn dice, y viaja al azar hacia cualquier momento de su vida. Eso dice. (...) Lo ms importante que he aprendido en Tralfamadore es que cuando una persona muere, slo muere aparentemente. Contina estando muy viva en el pasado, y por lo tanto es muy estpido que la gente llore en su funeral. Todos los momentos, el pasado, el presente y el futuro, siempre han existido y siempre existirn. Los tralfamadorianos pueden contemplar todos los momentos diferentes de la misma forma que usted, por ejemplo, puede observar cualquier trecho de las Montaas Rocosas, Se dan cuenta de la permanencia de todos los momentos, y pueden contemplar cualquiera de ellos que

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36les interese. Aqu en la Tierra creemos que un momento sigue a otro, como los guisantes dentro de la vaina, y que cuando un momento pasa ya ha pasado para siempre, pero no es ms que una ilusin. Cuando un tralfamadoriano ve un cadver, todo lo que se le ocurre pensar es que la persona muerta se encuentra en malas condiciones en aquel mo mento particular; pero sabe que aquella misma persona puede encontrarse estupendamente en muchos otros momentos. Ahora, despus de aquella experiencia junto a ellos, cuando oigo decir que alguien ha muerto, me encojo de hombros, simplemente, y digo lo que los tralfamadorianos di cen acerca de las personas muertas, esto es: "As son las cosas". Traduccin de Margarita Garca de Mir para Anagrama

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37 Kurt Vonnegut en el cine. FELIZ CUMPLEAOS, WANDA JUNE (1971) de Mark Robson. El director de El dolo de barro realiz esta adaptacin de la nica obra de teatro escrita por Kurt Vonnegut, Wanda June En ella una mujer, llamada Penelope Ryan, pien sa que su ausente marido Harold ha fallecido en una selva. Bastantes aos despus Harold retornar al hogar, encontrndose con una esposa muy diferente a la que conoca. Con el protagonismo de Susannah York, Rod Steiger, Don Murray, William Hickey y George Grizzard. MATADERO CINCO (1972) de George Roy Hill. Versin cinematogrfica del clsico de Vonnegut, en el cual un muchacho llamado Billy Pilgrim vive el terror de la guerra. Michael Sacks es el encargado de da r vida a Pilgrim y George Roy Hill, responsable de El Golpe se ocupa de tareas de direccin. SLAPSTICK (1982) de Steven Paul. Jerry Lewis y Madeleine Khan protagonizan esta comedia de cienciaficcin sobre un matrimonio que da vida a dos gemelos de gran fealdad que hasta asustan a sus progenitores. En realidad ambos son seres extraterrestres. Co-protagonizan Marty Feldman, Sam Fuller, Pat Morita y John Abbott. DISPLACED PERSON (1985) de Alan Bridges. Adaptacin de un relato corto de Vonnegut realizada para la televisin. El telefilme, protagonizado por Stan Shaw, Julius Gordon y Rosemary Leach, es un drama sobre un joven negro hurfano en tiempos de la Segunda Guer ra Mundial que es criado en un orfanato alemn. Al muchacho le harn creer que su padre es un militar estadounidense. MOTHERNIGHT (1996) de Keith Gordon. Versin cinematogrfica de Madre Noche protagonizada por Nick Nolte, Sheryl Lee, Alan Arkin, Kirsten Dunst y John Goodman. Howard Campbell, un escritor americano reside en Alemania durante los aos 30. Esta circunstancia ser aprovechada por el ejrcito estadounidense, para que en la Segunda Guerra Mundial, acte como espa empleando mensajes cifrados trabajando como falso propagandista nazi. Finalmente, y tras el conflicto blico, muchos creern que realmente Campbell era un simpatizante nazi y un antisemita. EL DESAYUNO DE LOS CAMPEONES (1999) de Alan Rudolph. Bruce Willis, Albert Finney, Nick Nolte, Barb ara Hershey y Glenne Headly protagonizan El desayuno de los campeones stira basada en el ttulo homnimo escrito por Kurt Vonnegut en los aos 70 y centrada en varios personajes de Midland City, entre ellos un escritor y un adinerado hombre de negocios. Escribe el guin y dirige Alan Rudolph. (Tomado de www.alohacriticon.com/viajeliterario )

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38 HISTORIA DEL CINE CIBERPUNK. 1992. ALIEN 3 Alien 3 USA, 1992 Gnero: Ciencia Ficcin Terror Director / Autor: David Fincher Elenco: Sigourney Weaver, Charles Dance, Charles S. Dutton, Lance Henriksen. Sinopsis: Aparentemente la pesadilla haba terminado. La teniente Ripley venci “definitivamente” a los aliens, por lo que se gano un merecido sueo criognico para regresar a la tierra. Pero como los aliens ms bien parecen cucarachas, nuevamente vuelven a la carga y provocan que Ripley y sus amigos aterricen de emergencia en un planeta-prisin habitado por monjes criminales (?). Nuestra herona nuevamente tiene que pelear contra el monstruo con ayuda de los reos, aunque no tienen armas. La compaa Weyland – Yutani se ha enterado de lo sucedido, por lo que rpidamente se dirige al planeta-prisin para atrapar a la mascota que siempre han querido, pero que nunca han capturado. Crtica: Qu pas aqu?. ALIEN el octavo pasajero y ALIENS el regreso son pelculas memorables, pero la tercera parte de sta histor ia es decepcionante. Si bien yo no quera que Alien 3 repitiera la frmula de balazos y accin, tampoco quera una pelcula con una historia simplona e intrascendente. Se nota que la hicieron al vapor. Quin tuvo la culpa? Los actores no, por que hicieron bien su trabajo, incluso algunos de ellos se lucieron interpretando a sus personajes (Clemens, Morse, Andrews y Aarn “85”). Aunque H. R. Giger regres para redisear al monstruo en Alien 3, en los crditos no se le concedi tal reconocimiento, sino que ms bien se le acredita por el diseo original del Alien. Este fue el comienzo de una ria entre H.R. Giger y 20th Century Fox. Por otra parte, el compositor Ellioth Goldenthal tampoco tuvo la culpa, por que su msica es de lo mejor de la pelcula. Los “defectos” especiales de Alec Gillis y Tom Woodroof tambien participaron en el pecado, por que hay escenas donde inmediatamente se nota que el monstruo es una miniatura sobrepuesta en la imagen, y en ms de una ocasin es evidente que utilizaron pinturas para ahorrar dinero y no construir completamente un escenario. Pero, Y el director?. ¡S, l es uno de los culpables, hay que crucificarlo!. Tal vez David Fincher sea un genio como director de videos musicales, y ahora muchos lo consideran un gran director de cine (yo no), pero en Alien 3 su trabajo es mediocre; en ocasiones parece que en lugar de una pelcula de terror, estas viendo un video-clip. Aunque a su favor, hay que aceptar lo siguiente: ¡Los de la compaa son los principales responsables de esta decepcionante pelcula!, pero no los de Weyland – Yutani, sino los de 20th Century Fox, ya que por estar exprimiendo la franquicia y entrometerse con el director (a quien no dejaron trabajar a gusto), se les ocurrieron ideas disparatadas como aquella donde el alien sale de un perro (que bueno que no se les ocurri que saliera de una vaca ¡Imagnate un alien con ubre!, o de una gallina ¡Un alien con alas, cacaraqueando y empollando sus huevos!). Otro monumento a la exageracin fue aquella escena donde el alien no muere guisado cuando le vacan ¡plomo fundido!. Los trailers de Alien 3 fueron horribles: uno de ellos es prcticamente una copia del que se hizo para Alien (1979), pero con una actualizacin de textos mal elaborada. Otro trailer promocional comienza con una imagen que muestra a la bestia rugiendo en la cara de Ripley, y en ese momento se escucha una voz que dice: “The bitch is back” (y uno se pregunta: Cual de las dos es la “bitch”?) ¡¡Aagh!!.

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39 En fin, esta pelcula es el patito feo de la te traloga, aunque con el transcurso del tiempo ha ganando aceptacin entre los fanticos de la serie. 1992. El cortador de csped Un cientfico ha desarrollado un software de la realidad virtual para estimular el cerebro. Para la fase de pruebas, consigue la cooperacin de un joven retrasado mental: Iniciada la terapia, el cientfico comprueba que los resultados van ms all de lo que esperaba y de lo que es capaz de controlar. Pelicula que he encontrado interesante de ver, tanto por su argumento, en el cual colabora Stephen King, como por sus efectos esp eciales (que para su poca fueron bastante atractivos). Si os gusta la ciencia ficcin esta pe lcula la encontrareis ba stante entretenida y que a pesar de no ser ninguna gran produccin, sabe mantenerte atento a ella. La pelcula no tiene nada que ver con Stephen King, slo en que el ttulo es el mismo que uno de sus relatos. En 1987 se hizo un corto "The Lawn mower Man" basado de verdad en el relato de Stephen King, el director fue Jim Gonis y el guio nista un joven llamado Michael De Luca, hoy da un conocido productor y guionista de cine. En cambio, el filme que comentamos hoy se vendi como si estuviera basado en una obra de King y era falso. Como consecuencia, Stephen King rompi toda relacin existente con su editorial Doubleday. La pelcula est basada en un guin original escrito por Brett Leonard y Gimel Everett con el ttulo de "Cybergod". Stephen King al enterarse por la prensa de este filme, se enoj bastante; demand a los productores y, ms tarde su nombre fue eliminado de los crditos. Se hizo una secuela, y ya no se hizo referencia a su nombre en los crditos. Los 8 minutos de efectos especiales generados por ordenador cont con 7 tcnicos informticos, dur 8 meses y tuvo un presupuesto de 500.000 $ (el de toda la pelcula fue de 10 millones de $, y recaudaron en todo el mundo 150 millones. de $). La actriz Jenny Wright solamente hizo las escenas de realidad virtual, ya que por culpa de la luz del estroboscopio enferm. Entonces, para los planos alejados se utiliz un doble, y para los primeros planos se grab la cara de la actriz y el fondo de azul, tuvo apenas que moverse para nada. FICHA TCNICA: Ttulo original: The Lawnmower Man Pas: EEUU e Inglaterra Director: Brett Leonard Intrpretes: Jeff Fahey, Jenny Wright, Mark Bringleson y Pierce Brosnan Msica: Dan Wyman Fotografa: Russell Carpenter 1992. Soldado Universal El ejrcito, con un programa ultrasecreto, est trabajando con cadveres a los que consigue transformar en soldados invencibles. Una pareja de reporteros se aproxima a la base en la que se realiza el experimento y toma fotografas del lugar. Jean-Claude Van Damme y Dolph Lundgren protagonizan este thriller de accin localizado en un escenario militar donde se trabaja para crear al guerrero perfecto. Los nuevos soldados

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40computerizados son ajenos al dolor, las emociones y cualquier recuerdo de su vida anterior. Pero, dos de ellos comienzan a re vertir su propio pasado. El film fue la consagracin en los Estados Unidos de Roland Emmerich como director de accin y ciencia-ficcin. La pelcula es entretenida, espectacular y muy dinmica, estamos ante uno de los mejores trabajos tanto de Jean-Claude Van Damm e como de Dolph Lundgren. Aunque la historia est bien resuelta y las escenas de accin son de gran calidad, queda el regusto amargo de que el tema daba para mucho ms. Pese a ello Soldado Universal es una de las grandes pelculas de accin sin complejos de inicios de los 90. Las secuelas son la consecuencia directa del xito en taquilla de una pelcula, a veces convertida en autntico serial cinematogrfico inacabable hasta que los resultados econmicos empiezan a flaquear. En ocasiones se han llegado a vender estrenos comerciales como si se trataran de continuaciones slo para atraer la atencin del espectador. Muchos espectadores creyeron que la segunda pa rte del filme de ciencia-ficcin estadounidense Soldado universal ( Universal Soldier 1992), en el que unos soldados mitad hombres, mitad mquinas, se rebelan contra sus creadores, haba llegado antes a los videoclubes que a las pantallas de cine. Pero lo cierto era que Soldado universal II. Hermanos de armas ( Universal Soldier II. Brothers in arms 1998) no es ms que una produccin realizada para la televisin, en la que el desconocido Matt Battaglia encarna al personaje interpretado por Jean-Claude Van Damme en el original. Por si no fuera poco, la confusin aument tras el estreno cinematogrfico de la autntica secuela, Soldado universal. El retorno ( Universal Soldier. The return 1999), con la aparicin en vdeo de Soldado universal III. Desafo final ( Universal Soldier III. Unfinished business 1998), la continuacin de la falsa segunda parte. FICHA TCNICA: Ttulo original: Universal Soldier Ao: 1992 Pas: USA Duracin: 98 min Estreno en Espaa: 1992 Estreno en USA: 1992 Director: Roland Emmerich Reparto: Jean-Claude Van Damme, Dolph Lundgren, Ally Walker, Ed O'Ross, Jerry Orbach, Leon Rippy Productora: Carolco Pictures Gnero: Accin 1992. American Cyborg: Steel Warrior Cyborg americano: Guerrero de acero tiene lugar en ese futuro distpico ya gastado donde los cyborgs asesinos tienen la supremaca. Las espera nzas de la humanidad descansan sobre un Feto genticamente diseado que supuestamente tiene lo que se necesita para derrotar a los malvados. Su madre (interpretada horriblemente por Nicole Hansen) lo lleva en una bolsa a Europa, que al parecer es el nico lugar seguro. Ella es protegida por un fulano misterioso (horriblemente interpretado por Joe Lara) quin, por supuesto, resu lta ser un cyborg bueno. Todo el tiempo, ellos son perseguidos por un Terminator verdaderamente malo actuado por John Ryan. Una trama completamente predecible, con algunos reta zos que recuerdan a Robocop y Cyborg. FICHA TCNICA: Ao: 1992 Director: Boaz Davidson

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41 Guin: Bill Crounse & Boaz Davidson Intrpretes: Joe Lara, Nicole Hansen y John Ryan


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