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Qubit

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Material Information

Title:
Qubit
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Cubit
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- History and criticism -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - Q01-00029-n29-2007-12
usfldc handle - q1.29
System ID:
SFS0024302:00029


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FHM
049
FHM
0 245
Qubit.
n No. 29 (May 2007)
260
[Havana, Cuba] :
b Cubit
May 2007
310
Monthly
650
Science fiction, Latin American
v Periodicals
Science fiction
x History and criticism
Periodicals
Science fiction
Periodicals
1 773
t Qubit.
4 856
u http://digital.lib.usf.edu/?q1.29



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2 Para descargar nmeros anteri ores de Qubit, visitar http://www.esquina13.co.nr/ Para subscribirte a la revista, escribir a qubit@centro-onelio.cult.cu ndice: 1. Ciencia ficcin venezolana. Histori a y prehistoria. Jorge de Abreu. 2. La tienda de muecos. Julio Garmendia 3. Futuro. Luis Brito Garca. 4. Luis Brito. Obra narrativa. 5. La ciencia-ficcin venezolana de h oy, verdadero amor al arte. Susana Sussmann 6. ¡Ups! Susana Sussmann 7. El eco de Frankenstein. Jorge Gmez Jimenez 8. El Concierto. Wilfredo Puignau 9. Es solo un juego. Jorge De Abreu 10. Conciencia recuperada. Ronald R. Delgado C. 11. Las tertulias caraqueas de ciencia ficcin, fantasa y terror. Susana Sussmann 12. Historia del cine ciberpunk 1993: Accin Mutante.

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3CIENCIA-FICCI"N VENEZOLANA: HISTORIA Y PREHISTORIA Jorge De Abreu Bueno, aqu estoy, aunque no estoy seguro re almente de cmo llegu a esto, presto a contarles una historia. En lugar de ponerme a escribir, bien pudiera haber aprovechado varios sbados echado en mi cuarto, to mndome una limonada, mientras vea unos captulos refritos de STAR TREK Hubiera sido una agradabl e prdida de tiempo, pero tuve que abrir la boca. Todo comenz en la lista ubik-l, Vladimir Vsquez mencion algo sobre la Ciencia-Ficcin venezolana y yo, impulsivo y sin meditarlo, me apresur a enviarle un resumen de lo que conoca (de todo lo que conoca). No s con exactitud qu sucedi despus: si Jos Joaqun ley el mensaje en la lista o si Vladimir le fue con el chisme, lo cierto es que qued comi sionado a escribir este artculo, un artculo para Alfa Eridiani sobre la CF venezolana Total, aparentemente era el nico experto sobre el tema en varios millones de k ilmetros a la redonda; as que asum la impostura lo ms dignamente que pude: Me di de cabezazos contra la pared. Recurr a mi experiencia personal, a las bibliotecas y a Internet y desde las tres aproximaciones fall miserablemente. Luego realic c ontactos con muchos otros aficionados venezolanos y gracias a aquellos que me respondieron (pues hubo algunos murganos que se quedaron callados) pude se guir pistas, atar cabos y pres entar este art culo que es una aproximacin bastante exacta (aunque no s si lo suficientemente precisa) de la CF venezolana. Antes de este artculo, la nica iniciativa recopilatoria de los hechos de la CF venezolana se debe a Julio Miranda (19451998) quien en el prlogo a una antologa

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4 de CF de 1979, hace la labor sinptica de relatar lo que yo he definido, con arbitrariedad absoluta, como la prehistoria de la CF venezolana. La breve introduccin de Miranda constituye un hito fundamental en la documentacin de la CF venezolana, la nica referencia sobre la historia de l gnero de antes de 1980. He empleado el trabajo de Miranda como muleta para ha cer el recuento de las obras y autores antecesores, pero en pocos casos influe ncia de la moderna CF en Venezuela. Hablando en trminos relativos, la CF venezolana ha tenido un dilatado perodo prehistrico (no tan prolongado como la trad icin argentina o la espaola, el caso venezolano es sucinto y humilde desde el punto de vista de cualquiera), slo en la penltima dcada del siglo pasado la literatura de CF cruz por fin el umbral histrico. Actualmente, Venezuela transita una especie de alta edad media, sin negar el breve perodo en que goz de una deslumbrante pr osperidad helnica, pues a comienzos de la dcada de los ochenta se comenz a escribir con intensidad la historia de la CF venezolana. Sin embargo, antes de ese punto de inflexin en los ochenta tenemos la prehistoria con su muestrario disperso de obras que se pue den clasificar con bastante holgura dentro del gnero. La prehistoria corresponde, en fo rma difusa, principalmente a la literatura de CF escrita en las dcadas de los sesent a y setenta. Las razones que me han motivado a llamarla prehistoria se deben a que no percibo en esas obras y en sus autores, al contrario de lo que opinaba Miranda, un claro movimiento o grupo literario que se dedicara a la CF como gnero, eran obras aisladas de escritores iluminados que por propia voluntad o accidente estocstico haban bordeado los temas de la CF o haban cado de lleno en l. Fueron estallidos si n reaccin en cadena, sin solucin de continuidad en el tiempo, generalmente iden tificados con el gnero fantstico, tanto por los lectores, los crticos y por ellos mismos. Slo poqusimos casos de ese perodo han sido etiquetados como CF. Rigurosamente, Julio Garmendia (1898-1977), uno de los precursores del realismo fantstico en Hispanoamrica con TI ENDA DE MUECOS (1927), inaugura tambin la Ciencia-Ficcin en Venezuela con el relato LA REALIDAD CIRCUNDANTE, obra menor que integra la famosa col eccin. En LA REALIDAD CIRCUNDANTE, Garmendia postula el uso de un artilugio t ecnolgico para modifi car la adaptabilidad humana a las variadas y cambiantes condici ones el medio fsic o, cultural o social. Once aos despus, Enrique Bernardo Nez (1895-1964) publica LA GALERA DE TIBERIO, una novela que extrapola la situaci n de la Venezuela de entonces en una suerte de cronologa del futuro. Luego de es a novela, la CF venezolana guardara un significativo silencio por casi tres dcadas. En 1979, El Diario de Caraca s edita la ya mencionada antologa CIENCIAFICCI"N VENEZOLANA, la seleccin de los rela tos qued a cargo de Julio Miranda y constituye un muestrario de la CF prehis trica. En su prlogo, Miranda, incluye los aportes a la literatura de CF existentes en la generacin de escrito res venezolanos de la dcada de los sesenta. La mayora de las ob ras de la antologa constituyen la nica incursin del autor en el gne ro, son muy pocos los que tienen el valor de reincidir. En general, los relatos son esencialmente fant sticos y el elemento de CF a menudo es incidental. Debido al carcter escaso de la literatura de CF para el momento de la edicin de CIENCIA-FICCI "N VENEZOLANA, esta anto loga tiene connotaciones casi exhaustivas. La seleccin da cabid a a relatos como CONSPIRACI"N EN NEO-UCRANIA de Francisco de Venanzi, que nunca haban sido recogidos en un libro.

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5 De esa camada prehistrica provienen Da vid Alizo (1941) con su libro QU"RUM (1967), quien posteriormente se ha manten ido alejado del gne ro. Algunos de los relatos de QU"RUM: LOS CONVIDADOS, LA REBELI"N DE EMILIO, etc. hacen cabotaje a la CF. En su se leccin, Miranda incluy a un au tor francamente ajeno a la CF: Jos Balza (1939) con el cuento RACINE EN EL AEROPUERTO, de su antologa "RDENES (1970), nico relato de Balza relacionado c on la CF. De igual forma, otros aportes extraordinarios al g nero que provienen de figuras dedicadas a otros campos literarios son JINETES DE LUZ (IMGENES Y CONDUCTOS, 1970) de Humberto Mata (1949), INTIL REDONDO SENO (ROSTRO DESVANECIDO MEMORIA, 1973) de Pascual Estrada (1935), y VALDEMAR LUNES, EL INMORTAL (VOLVER CON MIS PERROS, 1975) de Ednodio Quintero (1947). Casos aparte son Jos Gregorio Porras ( 1953) con su libro de cuentos breves ANDAMIAJE (1977) donde incluye innumerab les elementos de CF y Armando Jos Sequera (1953) quien en su colecci n ME PARECI" QUE SALTABA POR EL ESPACIO COMO UNA HOJA MUERTA (1977) entrega 32 relatos de CF, donde registra escenas de la vida de una comuni dad de astronautas larenses (gentilicio del estado Lara). Sin embargo, despus de esta primera inmersin, ambos autores no han realizado ms aportes a la CF. De igual fo rma, la escritora Iliana Gmez (1951) es autora de un trabajo indito, LAS CR IATURAS DE LA CIEN CIA-FICCI"N (1978). Un caso diferente y nico lo constituye Luis Britto Garca (1940) quien en dos colecciones de cuentos: RAJATABLA (1970, Premio Casa de las Amricas) y LA ORGA IMAGINARIA (1983), y una nove la: ABRAPALABRA (1979, tambin Premio Casa de las Amricas) ha recurrido insistentemente a temas elementales de la CF: revoltijos temporales, seres extraterrest res y juegos con la realidad. Sus obras insistentemente, casi con terquedad, sugier en, susurran los hechos pero no los gritan. Un relato suyo, FUTURO, fue compilado en la antologa LO MEJOR DE LA CIENCIA-FICCI"N LATINOAMERICANA ( 1981). El propio Britto Garca reconoci durante una aparici n pblica que le gustara se r reconocido como autor de CF. Aquella declaracin debi estremecer m s de un espinazo de la intelectualidad venezolana. En 1973 Pedro Berroeta (1914-1997) publ ica la segunda novela conocida de CF venezolana, LA SALAMANDRA, donde la historia se desarrolla en nico e interminable minuto. La tercera novela de CF venezolana, LA RELIGI"N DE LOS HANKSIS (1989), es publicada en la d cada siguiente, corresponde a un argentino, Carlos Sabino. Aunque es publicad a durante el perodo histric o, su autor es ajeno a la corriente principal de escritores y al f ndom identificado con la Ciencia-Ficcin, un verdadero paria; Carlos Sabino es un socilogo cuyo libro LA METODOLOGA DE LA INVESTIGACI"N es lectura obligada para todo cientfico. La dcada de los ochenta comienza con una nueva generacin, que nutrida durante su infancia con los clsicos de la CF anglosaj ona, no se detuvo a considerar los aspectos aparentemente no intelectuales del gnero y decidi organizar se primero y crear despus; aunque sin lugar a dudas emplearon la organizacin como un medio de facilitar el proceso creador. Fue el na cimiento del fndom venezolano, de corta estatura y desnutrido, pero totalmente autctono. El movimiento del fndom organizado, a la distancia de dos dcadas parece simultneo y concertado, pero en realid ad fue catico y desorganizado; Sin embargo, hasta de las locuras se obtienen dividendos: en los diez aos que van desde 1982 a 1992 se ciment

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6 lo que actualmente es la moderna CF ven ezolana: bsicamente aficionada, identificada con los temas del gnero y su propio pa sado literario fants tico y sesudamente intelectual, pero sin pudor de decir su amor a viva voz... bueno, con un poquito de afona. El inicio de este cambio en la CF venezola na, el paso de la prehistoria al perodo histrico, ocurri a comienzos de los ochent a, cuando un par de estudiantes de fsica de la Universidad Simn Bolvar (USB) conc ibieron la creacin de una asociacin de aficionados a la CF. Csar Villanueva (1963) y Jos Ramn Morales (1963) ya haban organizado los dos primeros concursos liter arios de CF de la USB, como estaban inmersos en la organizacin de los concursos se toparon con dos hechos que los iluminaron: a) no eran los ni cos aficionados al gnero en la USB, es ms haba una muchedumbre (obviamente, desde la pers pectiva del que se crea solo), y b) conocieron la existencia de una Coordinacin dependien te de la Direccin de Desarrollo Estudiantil de la universidad que apoyaba la creacin y funcionamiento de organizaciones estudiantiles. La convocatoria para la c onformacin de un grupo de CF se realiz a principios de 1984 y como result ado de las reuniones realizadas mircoles tras mircoles durante un par de meses en el antiguo saln de es tudiantes de fsica (llamado COF por las malas lenguas, Centro de Ociosos de Fsica) el 24 de mayo de 1984 se inaugura oficialmente UBIK, Club de CF de la USB. Aquel grupo fundador inclua, adems de a Villanueva y Morales, a Imre Mikoss, Yamil Madi, Vctor Pineda y Jorge De Abreu. Independientemente, durante ese mismo ao se produjo otra convocatoria en la Universidad Central de Venezuela con el mismo fin de constituir una agrupacin de CF; sin embargo, aquella iniciativa aparentemente cay en el vaco y no prosper. En 1986 UBIK comienza a editar CYGNUS, la primera revista conocida de CF venezolana. De CYGNUS fueron publicados ci nco nmeros a lo largo de ocho aos. En las pginas de CYGNUS aparecieron por pr imera vez los relatos de muchos de los escritores de esa nueva gene racin de la Alfa Eridiani Para terminar de completar el crculo, en julio de 1991 Daro lvar ez, Ingrid Kreksch, Francesco Pellegrini, Gonzalo Vlez y ot ros, crean ALFA (Asociacin Libre de Ficcin Anticipatoria) la se gunda asociacin de CF venezo lana, que a partir de 1993 comienza a publicar la revista SOLARIS, de la cual lamentablemente slo editan un nmero. Empezando 1994, Daro lvarez en representacin de ALFA y con la colaboracin de la Fundacin REACCI UN (Red Acadmica de Cooperacin, Comunicacin e Intercambio entre Universida des Nacionales) de Venezuela crea la lista de correo ALFA-L, la primera dedicada al gnero en Venezuela y una de las ms antiguas de Hispanoamrica. Paralelamente, a finales de ese mismo ao, UBIK pone en lnea su BBS. As que para 1994 los aficionados de la CF de toda Ven ezuela por fin podan intercambiar opiniones y organizar actividades en forma eficient e, a pesar de las limitaciones de una tecnologa que no estaba ampliamente dist ribuida. En UBIK BBS se gest entre 1996 y 1997, principalmente, el proyecto litera rio HISTORIA UNIVE RSAL que logr juntar a varios autores ve nezolanos (Yvn Ecarri, Mi guel ngel Gonzlez, Csar Lezama y William Trabacilo, entre otros) y ms de veinte relatos. UBIK BBS ces sus actividades en 1998 debido a la muerte sbita del computador que lo albergaba y la presencia ya dominante del World Wide Web. De hecho, en 1997 (10 de enero) se inaugura la pgina web de la recin constituida Asociacin Venezolana de Ciencia-Ficcin como una extensi n natural del UBIK universitario.

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7 Para 1996, Alirio y Daniel Gavidia (Alirio era un viejo conocido de UBIK, pues haba participado en varios concursos literarios ) comienzan a editar la revista electrnica KOINOS: La revista public durante sus cuat ro nmeros de existencia (hasta el ao 2000) varios relatos de CF. El escritor Jorge Gmez Jimnez (1971), editor de la revista LETRALIA, se compromete en 2000 con el gnero al publicar con su editorial digital Letralia, la coleccin de relatos 2000: EL FUTURO PR ESENTE, que reuni a varios autores de CF de Latinoamrica. El propio Gmez Jimne z, que ha escrito varios relatos de CF, contribuy con EL ECO DE FRANKENSTEIN, una fantasa sexual cyberpunk, que apareci en esa antologa. Durante los 18 aos que han transcurrido desde la apar icin del primer nmero de CYGNUS, la nueva CF venezolana ha produc ido autores y obras interesantes y mucho ms comprometidas con el gnero de lo que lo haban sido la literatura y escritores precedentes. Muchos autores se han dado a conocer desde Alfa Eridiani entonces, algunos se mantienen con persistencia, otros tal vez disfrutan de un largo receso, con la esperanza de volver a la carga cuando el clima mejore. Este ltimo es el caso de Ermanno Fiorucci (1938) quien ha cont ribuido con cuentos como PRECISI"N, EQUILIBRIO Y PERFECCI"N (1988), relato hu morstico sobre el encuentro cercano entre un terrestre demasiado puntilloso y un OVNI, y en fecha reciente con BELLEZA ANTE TODO (2003), MORIR POR...? (2003) y SILENCIO RUIDOSO (2004). Csar Lezama, muerto trgi camente en 1999, fue ganador del IX Concurso Literario de UBIK con PEQUEA SEORITA NADIE, nos leg su prosa vibr ante en historias plenas de intrigas de los cuentos que conforman las CR"NICAS DE LA GRAN FAMILIA. Otro ganador del concurso lite rario, Alfonso Linares (VII edicin del concurso con QUO VADIS?, publicado en Axxn N 34, 1992) nos muestra que la derrota terrestre est sembrada ya en los rencores pasados (LOS ECOS DEL PASADO, 1994). Otros autores incluyen a Csar Villanueva (ECCE HOMO, 1986), Federico Bethencourt (ESTANCIA VESPERTINA, 1988 ), Rafael Escalona (RELATO 3, 1988; ESCRITO MCMLXXXV, 1990), Yvn Ecarri ( EL PISO SUCIO, 199 4), Juan Carlos Aguilar (REALIDAD, 1987) y William Trabaci lo (los relatos de LAS CR"NICAS DE OXERAI, 1996-1998 y el relato ganador de l XIII Concurso Literario de UBIK QUTAME LA VIDA, PERO CUDALA). Juan Carlos Aguilar tambin ha escrito varios artculos relatando sus peripecias en el mundo de las conve nciones anglosajonas de CF, uno de sus dos amores en el gnero, el otro pocos lo desconocen: la obra de Isaac Asimov, a la cual tambin le ha dedicado parte de su inspiracin. Recientemente ha irrumpido Vladimir Vs quez con una antologa publicada por Alfa Eridiani (UNIVERSOS INTERNOS, 2004). Desd e el estado Tchira escriben autores como Eduardo Rodrguez con una obra de teatro para tteres (LOS VIAJES ECOGALCTICOS) y Jos Antonio Pulido (1975) con HOMBRES DE LUZ (Teatro). Por ltimo, Jorge De Abreu (1963), un autor que conozco bastante bien, se ha dedicado al oficio literario con altibajos de furia creadora durante todo este perodo. Son obras suyas los relatos TRINA (1986), CONVERSACI"N PRIVADA (1987) y recientemente CONFESIONES DE UN EBRIO (Axxn 142, 2004) y UN DULCE AROMA A FLORES ULTRAVIOLETA en el ERIDANO N 8 (2004), entre otras. En el ao 2001, con el despertar del nue vo siglo, un grupo de estudiantes de la Universidad de Carabobo (U C) de la ciudad de Va lencia, comienza a editar NOSTROMO, una revista en papel dedicada primordialmente a publicar ensayos de

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8 CF y Fantasa. La responsabilidad editorial recae principalmente en Ramn Siverio, un estudiante de ingeniera elctrica de la UC. NOSTROMO ha publicado ya seis nmeros y tiene maquetado el sptimo, pero a la espera de recursos para su publicacin. Siempre el sucio dinero as oma el rostro y fastidia las cosas. En octubre de 2003 el Star Wars Fan Club Venezuela organiz la primera Convencin Latinoamericana de fanticos de Star Wars, mientras que para mediados del ao 2005 el Star Trek Club Venezuel a tiene programada la primer a Expotrek, ambos clubes se dedican a actividades de promocin y di scusin, entre los fanticos, de temas pertinentes a dichas produ cciones filmogrficas. En 2002 Jorge De Abreu retoma la edicin de DESDE EL LADO OBSCURO (ori ginal de 1998 en manos de Juan C. Aguilar) publicacin dedicada a divulgar y comentar noticias y artculos sobre el mundo de la CF y en 2004 UBIK-VERSO y la segunda poca del NECRONOMIC"N, publicaciones peridicas dedicadas a la ficcin de CF, Fantasa y Terror. La CF venezolana se encuentra en incubacin desde hace dos dcadas. El reconocimiento del gnero por los nuevos autores y la formacin de un grupo que en mayor o menor medida maneja los mismos cdigos, permiten albergar confianza de que algo puede eclosionar si las condicione s del medio ambiente mejoran. La extrema aridez del clima editorial y una economa erosio nada tras casi treint a aos de desatinos polticos y veinte de debacle econmica s on los principales enemigos de una CF saludable... mientras tanto los organismos medran y esperan por la formacin de un nicho, un resquicio que les permita competir por la luz... y en este negocio la luz es enemiga de la entropa. Jorge De Abreu. Caracas, 1963. Bilogo graduado en la Universidad Simn Bolvar, desempea labores de investigacin en el Centro de Atencin Nutricional Infantil Antemano. Su entrada a la ciencia-ficcin fue tarda: tena 19 aos cuando ley FUNDACI"N. Sus primeros relatos datan de bachillerato. En 1984 participa en la fundacin de UBIK, el club de ciencia-ficcin de la USB. Colabora en la edicin de las publicaciones de UBIK: Cygnus, la revista de Ciencia Ficcin (1985), La Gaceta de UBIK (1988) y Necronomicn (1992) y escribe algunos relatos y artculos. En 1997 inaugura el portal de UBIK, Asociacin Venezolana de Ciencia Ficcin y Fantasa y desde esa fecha cumple funciones de webmaster. Actualmente desempea labores editoriales en Desde el Lado Obscuro, fanzine electrnico dedicado a la divu lgacin de artculos sobre cienciaficcin y fantasa y Ubikverso. Tambin ha publicado relatos en Letralia, Koinos y prontamente en Axxn. Mantiene un blog con consideraciones esquizofrnicas sobre la literatura, la ciencia-ficcin y los eventos de la vida diaria, con especial nfasis en el ftbol. Web: http://www.onilegroj.blogspot.com

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9LA TIENDA DE MUECOS Julio Garmendia No tengo suficiente filosof a para remontarme a las especulaciones elevadas del pensamiento. Esto explica mis asuntos banale s, y por qu trato ahora de encerrar en breves lneas la historia —s i as puede llamarse— de la vieja Tienda de Muecos de mi abuelo que despus pas a manos de mi padrino, y de las de s te a las mas. A mis ojos posee esta tienda el encanto de lo s recuerdos de familia; y as como otros conservan los retratos de sus antepasados, a m me basta, para acordarme de los mos, pasear la mirada por los estantes donde es tn alineados los viejos muecos, con los cuales nunca jugu. Desde pequeo se me acostumbr a mirarlos con seriedad. Mi abuelo, y despus mi padrino, sol an decir, refirindose a ellos: — ¡Les debemos la vida! No era posible que yo, que les am entraablemente a ambos, considerara con ligereza a aquellos a quienes adeudaban el precioso don de la existencia. Muerto mi abuelo, mi padrino tampoco me permiti jugar con los muecos, que permanecieron en los estantes de la tienda, clasificados en orden riguroso, sometidos a una estricta jerarqua, y sin que jams pudier an codearse un instante los ejemplares de diferentes condiciones; ni lo s plebeyos andarines que ten an cuerda suficiente para caminar durante el espacio de un metro y medi o en superficie plana, con los lujosos y aristocrticos muecos de chistera y levita que apenas si saban levantar con mucha gracia la punta del pi e elegantemente calzado. A unos y otros, mi padrino no les dispensaba ms trato que el imprescindible para mantener la limpieza en los estantes donde estaban ahilerados. No se tomaba ninguna familiaridad ni se permita la menor chanza con ellos. Haba instaurado en la pequea tienda un rgimen que habra de

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10 entrar en decadencia cuando yo entrara en posesin del establecimiento, porque mi alma no tendra ya el mismo temple de la suya y se resintira visiblemente de las ideas y tendencias libertarias que prosperaban en el ambiente de los nuevos das. Por sobre todas las cosas l impona a los muecos el principio de autoridad y el respeto supersticioso al orden y las costumbr es establecidas desde antao en la tienda. Juzgaba que era conveniente inspirarles temo r y tratarlos con durez a a fin de evitar la confusin, el desorden, la anarqua, portador es de ruina as en los humildes tenduchos como en los grandes imperios. Hallbase im buido de aquellos err neos principios en que se haba educado y que procur inculcar me por todos los medios; y viendo en mi persona el heredero que le sucedera en el gobierno de la tienda, me enseaba los austeros procederes de un hombre de ma ndo. En cuanto a Heriberto, el mozo que desde hace un tiempo atrs serva en el negocio, mi padrino le equiparaba a los peores muecos de cuerda y le trataba al igual que a los maremeros de madera y los payasos de aserrn, muy en boga entonces. A su modo de ver, Heriberto no tena ms sesos que los muecos en cuyo constante comercio haba concluido por adquirir costumbres frvolas y afeminadas, y a tal punto suban en este particular sus escrpulos, que desconfiaba de aquellos muecos que haban salido de la tienda alguna vez, llevados por Heriberto, sin ser vendi dos en definitiva. A estos desdichados acababa por separarlos de los dems, sospechando tal ve z que haban adquirido hbitos perniciosos en las manos de Heriberto. As transcurrieron largos aos, hasta que yo vine a ser un hombre maduro y mi padrino un anciano idntico al abuelo que conoc en mi niez. Habitbamos an la trastienda, donde apenas si con mucha dificultad pod amos movernos entre los muecos. All haba nacido yo, que as, aunque hijo legtimo de honestos padres, poda considerarme fruto de amores de trastienda, como suelen ser los hroes de cuentos picarescos. Un da mi padrino se sinti mal. —Se me nublan los ojos —me dijo— y confundo los abogados con las pelotas de goma, que en realidad estn muy por encima. —Me flaquean las piernas —continu, to mndome afectuosamente la mano— y no puedo ya recorrer sin fatiga la corta distancia que te separa de los bandidos. Por estos sntomas conozco que voy a morir, no me prometo muchas horas de vida y desde ahora heredas la Tienda de Muecos. Mi padrino pas a hacerme extensas reco mendaciones acerca del negocio. Hizo luego una pausa durante la cual le vi pasear por la tienda y la trastienda su mirada ya prxima a extinguirse. Abarcaba as, sin duda, el vasto panorama del presente y del pasado, dentro de los estrechos muros tapiza dos de figurillas que hacan sus gestos acostumbrados y se mostraban en sus habitu ales posturas. De pr onto, fijndose en los soldados que ocupaban un compartimiento entero en los estantes, reflexion: —A estos guerreros les debemos largas horas de paz. Nos han dado buenas utilidades. Vender ejrcitos es un negocio pinge. Yo insista cerca de l a fin de que consinti era en llamar mdicos que lo vieran. Pero se limit a mostrarme una gran caja que haba en un rincn.

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11 —Encierra precisamente cantidad de sabios, profesores, doctores y otras eminencias de cartn y profundidades de aserrn que ah se han quedado sin venta y permanecen en la oscuridad que les conviene. No cifres, pues, mayores esperanzas en la utilidad de tal rengln. En cambio, son deseables las muecas de porcelana, que se colocan siempre con provecho; tambin las de pasta y celuloide suelen ser solicitadas, y hasta las de trapo encuentran salida. Y entre los animales —no lo olvide s—, en especial te recomiendo a los asnos y los osos, que en t odo tiempo fueron sostenes de nuestra casa. Despus de estas palabras mi padrino se sinti peor todava y me hizo traer a toda prisa un sacerdote y dos religiosas. Alargando el br azo, los tom en el estante vecino al lecho. —Hace ya tiempo— dijo, palpndolos con suavidad, hace ya tiempo que conservo aqu estos muecos, que difcilmente se venden. Puedes ofrecerlos con el diez por ciento de descuento, lo equiva ldr a los diezmos en lo tocante a los curas. En cuanto a las religiosas, hazte el car go que es una que les das. En este momento mi padrino fue interrump ido por el llanto de Heriberto, que se hallaba en un rincn de la trastienda, la cabeza cogida entre las manos, y no poda escuchar sin pena los ltimos acentos del dueo de la Tienda de Muecos. —Heriberto —dijo, dirigindose a ste—: no tengo ms que repeti rte lo que tantas veces antes ya te he dicho: que no atiples la voz ni manosees los muecos. Nada contest Heriberto, pero sus sollo zos resonaron de nuevo, cada vez ms altos y ms destemplados. Sin duda, esta contrariedad ap resur el fin de mi padri no, que expir poco despus de pronunciar aquellas palabras. Cerr piadosamen te sus ojos y enjugu en silencio una lgrima. Me mortificaba, sin embargo, que Heriberto diera mayores muestras de dolor que yo. Sollozaba ahogado en llanto, mesbase los cabellos, corra desolado de uno a otro extremo de la trastienda. Al fn me estrech en sus brazos: ¡Estamos solos! ¡Estamos solos! —grit. Me desas de l sin violencia, y sealndole con el dedo el sacerdote, el feo doctor, las blancas enfermeras, muecos en desorden junto a lecho, le hi ce seas de que los pusiera otra vez en sus puestos..." Julio Garmendia Naci el 9 de Enero de 1898. En 1909 publica un pequeo ensayo en el diario "El Eco Industrial". En 1914 cursa estudios en el Instituto de Comercio de Caracas, los cuales abandona poco tiempo despus para trabajar como redactor en el Diar io "El Universal". Se relaciona con integrantes de la llamada generacin del 28. Escribi "La Tienda de Muecos" (1927) siendo considerado el introductor del realismo fantstico en la ficcin hispanoamericana a travs de este libro. Desde los aos cincuenta su obra comenz a ser revalorizada. A travs del cuento fantstico, el cual cultiv en sus dos siguientes colecciones de relatos, La tuna de oro (1951) y La hoja que no haba cado en su otoo (1979), reaccion contra la ficcin del modernismo y criollismo. Realiz estudios crticos y asedios a los temas de su escritura, los cuales fueron reunido s en los volmenes Opiniones para despus de la muerte (1984) y La ventana encantada (1986). Falleci el 8 de Julio de 1977, en Caracas.

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12FUTURO Luis Britto Garca TESIS Y se logr la sociedad perf ecta, y se atenu la locura de la especie humana y los hombres estuvieron dispuestos a dedicar sus energas a la consecucin de un objetivo. ANTITESIS Entonces se encontraron que no haba ob jetivo alguno al cual se pudieran dedicar. SNTESIS Por lo tanto, fue endiosada como objetivo la ausencia de todo objetivo, esto es, el vegetar. TESIS En primer lugar, la humanidad haba de liberarse del trabajo y ello inici la ms loca carrera de trabajo conjunto destinado al objetivo de no trabajar. ANTTESIS Finalmente, todo trabajo humano fue hecho por mquinas, y las mquinas fueron hechas por otras mquinas, que a su vez eran dirigidas por otras mquinas, y as se liber la humanidad del trabajo. SNTESIS Por lo que todas las facultades mec nicas del hombre, su musculatura, sus miembros y sus posibilidades de moverse o de mover objetos, dejaron de ser tiles, se atrofiaron, y acabaron por desaparecer. TESIS En segundo lugar, haba de liberarse la humanidad de la esclavitud del alimento. ANTTESIS

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13 Todas las potencialidades qumicas se emplea ron en la sntesis de las protenas y de los hidratos de carbono a partir de la materia inanimada y del calor, y finalmente, mediante la energa atmica, fuerza y materia fueron transmutadas en los laboratorios hasta que form aron la ms depurada quintaesencia alimenticia, susceptible de pasar directamente al caldo sanguneo sin previa digestin. SNTESIS Con lo que la boca y el estmago y el inte stino y el hgado y en general las vsceras dejaron de cargar con la pesada tarea de exprimir energa de los alimentos, y se atrofiaron, y acabaron por desaparecer. TESIS En tercer lugar, deba liberarse la humanidad de la muerte. ANTTESIS Y los laboratorios acorralaron las toxina s que producan la degeneracin antao conocida como vejez y corrigieron los genes que producan el suicidio del individuo conocido como muerte, y a part ir de la materia orgnica se hizo la sntesis del protoplasma se hizo la sntesis de la inmortalidad. SNTESIS Con lo que se hizo innecesario reproducirse y los rganos de la generacin dejaron de ser tiles, se atrofiaron y acabaron por desaparecer. TESIS Y fue en esta alborada del espritu cu ando el intelecto, ya dueo y seor del universo, estuvo capacitado para lanzarse a la ms audaz aventura dentro de las ms puras categoras de la abstraccin. ANTTESIS Liberado del trabajo, liberado del ha mbre, liberado del sexo, liberado de la muerte, el cerebro humano se dispona a la nzar a la faz de lo creado su ms potente fruto: el que no haba nacido de ninguna urgencia de las vsceras, de ningn apetito de la carne. Un aconteci miento enorme estaba por sobrevenir. SNTESIS En efecto, el cerebro humano tambin dej de ser necesario, tambin se atrofi, y tambin acab por desaparecer.

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14 LUIS BRITO GARCA OBRA NARRATIVA: Los fugitivos y otros cuentos. Caracas: Pensamiento Vivo, l964. Vela de armas (novela). Montev ideo: Arca, l970. Rajatabla (cuentos). La Habana: Casa de las Amricas, l970; Tb. Caracas: Ediciones Brbara, l970; Mxico, Siglo XXI, l971/ Cracovia: Wydawnictwo Literackie, 1978/ Bogot: Editorial La Oveja Negra, 1979 (Col Grandes Maestros) / Caracas: Editorial Ateneo de Caracas, l984 / Estocolmo: No rden, l984 / BarcelonaCaracas: LaiaAlfadil, 1987/ Caracas: Laia-Alfadil 1988 / Caracas: Alfadil 1995/ Bruselas: Ambo Baarn, 1980. Caracas: Monte vila Editores Latinoamericana S.A. 2005. (Premio Casa de las Amricas l970) Abrapalabra (novela) La Habana: Casa de las Amricas, l980. Tb: Caracas: Monte Avila Editores, 1980. Tb: Monte vila Latinoamericana S.A. 1994 (Premio de Novela Casa de las Amricas, 1979. Premio Municipal de Novela del Concejo Municipal del Distrito Sucre, 1980). Me ro del mundo. Caracas: Publicaciones Seleve n, l984; Segunda edicin, 1984; Tercera edicin, 1985. Cuarta edicin, Car acas: Editorial Planeta, 1999(Premio de Literatura Humorstica Pedro Len Zapata, l98l) La orga imaginaria o Libro de Utopas (cuentos). Caracas: Monte vila Editores, 1984. Rajapalabra (antologa) Mxico, Universidad Nacional Autnoma de Mxico, 1994. Pirata (novela) Caracas-Bogot, Edit orial Santillana-Alfaguara, 1998. Golpe de Gracia (narraciones humorsticas), Mri da, Ediciones El otro-el mismo, 2001.

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15 LA CIENCIA-FICCI"N VE NEZOLANA DE HOY, VERDADERO AMOR AL ARTE (FRAGMENTO) Por Susana Sussmann Conferencia dictada en el Orfe Catal de la Ciudad de Mxico, por invitacin de la Asociacin Mexicana de Ciencia Ficcin y Fantasa, el 9 de noviembre de 2006 Hoy por hoy sobran las re vistas virtuales donde publicar y, ms importante an, donde leer de manera gratuita cantidades ingentes de literatura fantstica contempornea. Mucha gente opina que esto es malo para el gnero. Dicen que merma la calidad, porque hoy publica cualquiera. Yo niego esto. No quiero decir que es mentira que publica cualquiera. Publica cualquiera. Tampoco digo que no hay cuentos de muy baja calidad en la red. Los hay. Lo que yo afirmo es que antes de la masificacin de los medios virtuales tambin haba autores sobrevalorados. Al final, antes, como ahora, todo depende de la opinin particular del editor, ese superhombre (o supermujer, que todo hay que decirlo) que tiene en sus manos el poder de decir que un cuento "vale" o "no vale". Internet solo di sminuye el peso del factor comercial y acelera mucho los tiempos. Hoy es posible recibir una respuesta media hora despus de enviar un cuento. Tampoco vayan a pensar que en Venezuela los escritores de ciencia-ficcin estamos peleados con las editoriales. Nada mas lejo s de la verdad. Lo que sucede es que los escritores contemporneos y las nuevas es trellas que van surgiendo tenemos un acuerdo tcito con las editoriales tr adicionales. Nos ignoramos mutua y concienzudamente. Es por todo esto que la mejor fuente de ciencia-ficcin venezolana es la red. Y buscando en ella podemos encontrar varios nombr es que se repiten una y otra vez. Les cuento un poco sobre esos nombres. Eso s, no esperen una bibliografa exhaustiva, sino apenas un esbozo de lo que escriben nuestros embajadores de hoy en da. Comienzo, de manera un tanto caprichosa, po r Jorge De Abreu, el autor del artculo que cit largamente hace un rato, miembro fundador del club UBIK ya mencionado y escritor muy prolfico. Adems de invadir sistemticamente las revistas electrnicas, edita dos ms (Ubikverso y Necronomicn). Por lo extenso de su bibliografa, me he negado en redondo a hablarles de todos sus cuen tos. Antes bien, he preferido traerles,

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16 con permiso expreso del autor, uno de sus cuentos de ciencia ficcin, que leeremos ms tarde. Otro nombre que suena por ah es el de Ronald Delgado Cruz, un joven caraqueo que ha publicado varios cuento s en la revista Axxn. Mencin especial, a mi gusto particular, merecen "Conciencia recuperada ", un cuento que trata el tema de la clonacin, "El evento de Saturno", una aventura espacial, y mi preferido, "Disfrutar de esa manera", un esbozo de lo que podrn ser los nios venezolanos del futuro lejano y que nos hace reflexionar sobre como todo vuelve, todo se repite, y la naturaleza humana, en el fondo, nunca cambia. Podemos hablar tambin de Jorge Gmez Jimn ez, el editor de la revista electrnica Letralia Tierra de Letras y un buen am igo mo. Jorge escribe dentro del gnero fantstico en su acepcin ms amplia y ge nerosa, con ocasionale s guios de cienciaficcin. De este gnero, mi cuento preferido es "La cacera de ci clistas", cuyo titulo dice todo acerca del tema que trata. Este cuen to puede leerse en la pgina personal del autor y, francamente, yo se los recomendara a todos ustedes. Cito a modo de abrebocas: "Y es que un deporte como la cacera de ciclistas, que es aceptado y aplaudido por las multitudes de todo el pas, no pudo dejar de contar con sus detractores, como en otros tiempos el boxe o metalizado y la equ itacin sobre azoteas." Tenemos tambin a Julia Marina Mller, co nocida en los bajos fondos de Internet coma Naexass, venezolana radicada actualm ente en Argentina. La mejor muestra de ciencia-ficcin nacida de su teclado es "De repuesto", escrito al mejor estilo de la ciencia-ficcin norteamericana de los a os cincuenta y con la misma clase de moraleja: la humanidad es especi al, incluso cuando ya no existe. Y as como he mencionado algunos de los nombres que se leen en la s revistas virtuales por estos das, no puedo evitar la necesidad de hablarles tambin de los nuevos talentos en formacin. Los talleres virtuales, coma le hace un tiempo en un ensayo cuyo autor lamentablemente he olvidado, han sustituido a las antiguas charlas de caf en las que los poetas intercambiaban textos y se criti caban mutuamente. En los talleres virtuales podemos encontrar a montones de aficiona dos, y otros que no lo son tanto, intercambiando conocimientos y desconocim iento, intuiciones y mtodos, preguntas, respuestas, talento y, sobre to do, creatividad. En los nuevos talentos, futuro de la ciencia-ficcin de habla hispana, sobra el entusiasmo y les rebosa una avidez de crear impresionante, sobre todo porque muchos de ellos, como inocentes criaturas, lo hacen par el puro gusto de hacerlo, sin esperar nada a cambio. Y es una faceta importantsima, porque las nuevas generaci ones apostarn, cada vez ms, por la universalidad de la cultura. Hace unos meses, un editor me preguntaba si yo crea que el libro en papel desaparecera algn da. Pienso que no, pe ro tambin creo que acabar siendo una pieza de museo, poseda solo por gente especi al. La masa, en mi opinin, beber del libro virtual. Y la masa es lo que c onvierte a una persona que emborrona hojas (virtuales o reales) en escritor. Espero haberles podido mostrar un panorama no demasiado aburrido de la cienciaficcin venezolana contempornea. Y, si no he logrado eso, al menos haberlos entretenido un rato. Buenas noches y muchas gracias. .

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17 ¡UPS! SUSANA SUSSMANN Una sonda, una singularidad espaciotemporal: elementos que pueden llevar a la explicacin de lo, hasta ahora, inexplicable. Lealand trabajaba afanosamente manipulando unos haces de luz de colores pasteles, una expresin de rabiosa concentracin cruzaba su frente en la forma de profundas arrugas. Por momentos, el arreglo luminoso pareca tomar una forma vagamente reconocible como un paisaje aliengena, mas al instante siguiente se perda lo que casi haba sido bello, para convertirse en manchones de luz de colores informes. Tras unos minutos, el joven dio un manotazo al generador de haces, apagndolo con un grito exasperado. Media vuelta y se dej caer en un sof de plstico negro, de cara a la pared. sta mut gradualmente hasta dejar ver una ventana a travs de la cual se poda admirar un soberbio atardecer, mientras una fragant e brisa entraba perezo samente moviendo las solapas de la amplia camisa desordenada que Lealand sola usar cuando trabajaba. El frustrado artista extendi la mano ante s y una copa de Martini apareci en ella. Con un prolongado suspiro bebi un trago y dej suav emente la bebida en una mesa que se materializ a su derecha al momento de soltar la copa. La vista fija en el ocaso, los largos y delicados dedos unidos ante el rostro, la desolacin pintada en su expresin, Leala nd era la viva imagen de quien ha sido abandonado por su musa. El sol fue ponindose lentamente, dejando la habitacin poco a poco en penumbras. Cuando apenas se distinguan los contornos, unos golpes se oyeron en la puerta. El joven movi ligeramente la mano izqui erda, en un movimiento afectado, y la habitacin se ilumin progresivamente hasta permitir distinguir las siluetas con comodidad, mientras el atractivo rostro de un hombre curtido se dejaba ver flotando un poco por encima del ojo de la cerradura. —Pasa, Broxoss. No s por qu insist es en tocar, si esta casa es tuya. La puerta se desvaneci, junto con la im agen flotante, dejando ver al dueo de esa cabeza, que penetr rpidamente en el luga r con visibles muestras de agitacin. Apenas entr, la puerta volvi a aparecer a sus espaldas y Lealand materializ otra

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18 copa de Martini para ofrecrsela a su vis itante. Broxoss apur la bebida de un trago y, ms tranquilo, se sent en el brazo del sof que Lealand haba vuelto a ocupar. —Hice esta casa para ti, amigo. No es ma, es tuya. Es mi regalo. Y jams querra alterar tu derecho a la intimidad. —Sabes que no me importara, Brox. Adems qu podra estar haciendo yo aqu, sin ti? —le espet el joven con una mi rada de picarda en los ojos. El hombre se removi inquieto, adivinndose en ello un poco de resignada incomodidad, mientras el joven, plido, de lgado hasta parecer casi enfermo, haca un mohn. —Lealand, vine porque necesito saber si te has comunicado con Martghie. Necesito hablar con ella y no responde a mis mensajes de e-mail ni se ha conectado al tridichat No habr venido a verte hoy? —No, Brox, no la he visto hoy. No me digas que la extraas, que no lo soportara. —Sabes que no, pequeo idiota —le respondi el hombre con total inexpresividad en el rostro—, es que necesito ensea rle una cosa que he descubierto. —Bueno, debera venir. Siempre viene. No soporta vivir sin m. A veces quisiera que te unieras a nuestra pequea fiesta di aria, pero eres un bloque de hielo. —Deberas corresponderla, muchachito. Esa mujer es muy buen partido. Y una mente brillante. —Y muy sensible, s, lo es —suspir el joven—. Pero no la quiero como a ti. Broxoss se removi un poco, dndole un poco la espalda a su amigo y entre ellos cay un pesado silencio. En un par de ocasiones el hombre, con visible dificultad, trat de interesarse por el arte de Lealand, pero slo encontraba suspiros y evasivas, por lo que dej de intentar hablar con l. —Ya viene. La voz de Lealand fue suave, casi musical perdindose de nuevo en el silencio. El joven pareca muy relajado, tranquilo, mientr as el hombre se puso de pie, paseando nerviosamente por la habitacin. Minutos despus apareca una mujer muy j oven, de largo cabello negro recogido en varios pequeos moitos distribuidos con un cuidadoso desorden por toda su cabeza. El rostro era el de una nia y esa sensacin se acentuaba por el bri llo a la vez pcaro e inocente de su mirada. Su adultez se adivinaba solamente en su actitud prudente y mesurada, y sobre todo en su conversacin. Martghie era una reputada cientfica de la Agencia Espacial, aunque su aspe cto aniado no lo demostrase. —Llegaste muy ta rde hoy, Mar. —Perdname, Lealie, cario, pero sabes que no dejara de venir a verte. Acaso me extraabas? La chica fue presurosa a darle un ligero beso en los labios al joven y, al incorporarse, repar en la presencia del hombre.

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19 —¡Broxie! ¡Qu sorpresa! —Hola, Martghie. Necesitaba hablar contighhh... —El saludo fue cortado repentinamente por el beso que la chica plant en los labios de Broxoss, quien respondi con un repentino envaramiento. Lealand apur lo que le quedaba del Mart ini, dndoles la espalda con otro sonoro suspiro. —Mar, Brox quera hablarte. Los dejo solos? —No hace falta, Lealand, aunque es posible que te aburras —respondi el hombre tratando de simular que no se senta incm odo por la actitud de la chica—. Perdname por interrumpir tu... visita, Martghie Pero creo que es importante. La chica frunci ligeramente el ceo. Broxoss no sola interponerse en los asuntos “emocionales”, como l los llamaba de manera un tanto despectiva. —No importa, Broxie —le dijo, guindole un ojo con picarda—, hoy es viernes y puedo quedarme en la realidad virtual t oda la noche, si me apetece —continu, ronroneando de manera sensual. Martghie disfrutaba de incomodar a Broxoss demostrando lo ms posible su emotividad. Ella consideraba a Broxoss como un ser humano privilegiado, porque poda pensar millones de veces ms rpido que los humanos orgnicos, cuyos cerebros eran insoportablemente lentos, y porque, s obre todo, no senta dolor jams. Martghie hubiera renunciado gustosa a la dudosa felicidad en que viva con tal de no sufrir. Y es que la chica era extremadamente emotiva y sus ojos, los de ve rdad, que Lealand y Broxoss no podan ver en la realidad virtual, solan derramar lgrimas con demasiada frecuencia. Y era esa especie de envidia a Br oxoss, que en realidad ocultaba una gran admiracin, lo que la haca pincharle una y ot ra vez. Ella deseab a ser una inteligencia artificial como l, y no sentir, no sentir... Pero saba que a lo ms que poda aspirar era a ser “reciclada” a una persona virtual como Lealand, que haba si do un gran pintor en vida. Y eso no la salvara de sus emociones. Por eso se defenda de su propia envidia tratando de convencerlo de que la s emociones eran algo deseable. Algo en la expresin preocupada de Broxoss, o quizs el hecho de que esta vez no reaccion ante su insinuacin (Lealand s haba reaccionado con un bufido a su espalda, y ella dese que los celos del artist a fueran por ella, aunque estaba consciente de que eran por l), hi zo que ella se pusiera repentinamente seria. —Qu sucede, Broxie? El hombre levant la mirada. Su ceo esta ba profundamente arruga do, lo cual pareca terriblemente sexy al artista que lo mi raba desde el fondo de la habitacin. —Recuerdas la simulacin que estaba programando ayer? —S, Broxie, queras estudiar el origen de l universo para demo strar el Big Bang y comprobar si la teora inflacionaria es corre cta. Ya la terminaste? La has corrido? —Ay, Martghie. S, vers, la he corrido. La corr unos pocos aos hacia atrs para comprobarla, y funcionaba bien. Y lu ego un poco ms atrs. Y tambin, por curiosidad, hacia delante.

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20 Un suspiro desolado se dej escuchar de sde la pared del fondo, lo que consigui un instante de atencin por parte de la chi ca. Sin embargo, la excitacin exenta de emotividad que dejaba traslucir las atropelladas palabras del hombre no le permiti distraerse ms que un instante. —Martghie, cundo ha despegado la sonda? El brusco cambio de tema sorprendi a la joven, que abri los ojos de manera interrogativa. —Pero, qu...? —Dmelo, por favor. —Pues, fue lanzada hace unos diez das, Br oxie, por eso tard en venir hoy, tena que controlar sus emisiones. Por qu...? El hombre hizo un brusco ademn con la mano, callando a la chica, y empez a manipular los mandos de un proyector hologrfico. —Tenemos que detener la sonda, Martghie. Es imprescindible. Una imagen tridimensional en miniatura de l sistema solar se materializ flotando por encima del proyector. Lealand se dej caer silenciosa y resignadamente, deslizndose por la pared, para terminar sentado en el piso del fondo de la habitacin. Con una mezcla de inters y aburrimiento se dej llevar por las imgenes de los globos multicolores que flotaban en medio de la nada. —Sabes que no puedo detener la sonda, Broxie. Costara mucho dinero, lo sabes. Qu te sucede? Broxoss disminuy la velocidad de gi ro del sistema solar simulado. —Mira, esta simulacin, Martghie, para que lo entiendas. Es de ha ce un ao y medio, cuando todava no habamos de scubierto al asteroide. Broxoss se refera al astero ide 2002 AA29, un pequeo objeto de unos cien metros que pareca orbitar el Sol ms o menos a la mi sma distancia que lo haca la Tierra. —Mira, la voy a adelantar. Ves que el as teroide no est? Pues mira, ste es el momento preciso en que fue descubierto. Lo ves? —No veo nada, Broxie. —¡Exacto! Pero, mira, colcate aqu, a mi lado. Broxoss se encontraba en un punto en el cual tena a la Ti erra delante suyo y el Sol a su derecha. Martghie se co loc a su lado para poder mi rar la simulacin desde su mismo ngulo. —¡Oh! La exclamacin de la chica hizo que L ealand se apresurase a unirse al grupo. —Est el asteroide —dijo el joven— Qu tiene de extraordinario?

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21 —Que del otro lado no se ve, tonto —dijo ella emocionada—. Cmo simulaste eso Broxie? —se es el problema, Martghie, que no simul nada ms que lo que sabemos del universo. Mira, te voy a mostrar el gradiente gravitacional. La simulacin cambi de aspecto. Lneas de colores intensos que representaban la visin geomtrica del universo apareciero n por todo el luga r. Las funciones gravitacionales eran lneas suaves, como de ban ser, excepto en un rea pequea frente a la Tierra, en donde ha ba una zona negra. —Ves, Martghie? Ves? —No te entiendo, Broxie, qu se supone que es esto? —Observa con cuidado, voy a retroceder. El sistema comenz a moverse lentamente en direccin contraria y, en el instante correspondiente a un mes atrs, la zona negra, que representaba el gradiente infinito de gravedad de un agujero negro, desapa reci. Y, con l, el asteroide. —No s cmo explicrtelo sin usar ecuaci ones, Martghie, y no tenemos tiempo para eso. Parece haberse formado de manera espont nea una singularidad espacio-temporal. Ignoro cmo ni por qu. Para averiguar eso tengo que trabajar junto con mi equipo. Broxoss se refera de este modo un tanto si mplificado a la manera muy especial de trabajar que slo podan usar las inteligenc ias artificiales. Form aban una especie de gestalt, una red de inteligencia inimagin able por los humanos orgnicos o por las personas virtuales. Era la forma ms podero sa de crear, y por eso las ms grandes teoras cientficas de la humanidad provenan de las IA. Los humanos orgnicos, desde fuera de la realidad virtual, se encargaban ms que todo de la comprobacin de datos experimentales. La maestra de los huma nos orgnicos en el diseo de nuevos y mejores sistemas de medicin era algo que las inteligencias artificiales estaban lejos de conseguir. A ellas les sorprenda cmo el gusto esttico tan aparentemente reido con la deduccin lgica y el diseo estructural poda dar lugar a destellos de genialidad. Y por eso la humanidad se haba dividido, de alguna manera, los respectivos papeles que jugaban en cuanto a su evolucin tcnico-so cial. Las IA usualmente creaban teoras, los humanos orgnicos y las personalida des virtuales hacan todo lo dems. Martghie saba que la sola insinuacin de trabajar “en grupo” por parte de Broxoss indicaba que el asunto realmente le pr eocupaba, y eso aument su confusin. —Bien, Bro, supongamos que acepto sin demostracin esa singularidad. Ahora explcame qu es lo que te preocupa tanto. —Tratar. Mira, he corrido la simulacin ad elante y atrs, la he revisado y estoy seguro de que es fidedigna. Fjate que, a partir de la aparicin de la singularidad, puede verse, a travs de ella, al asteroide. Pero el asteroide no est. Slo se le puede ver a travs de la singularidad. Me sigues? La joven asinti, an sin entender ha cia dnde quera llegar su amigo. —Vers, program la salida de la sonda. Vemosla, quieres?

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22 Broxoss manipul los controles brevemente y un pequeo punto parti de la Tierra, dirigindose en lnea recta ha cia el lugar a donde debera es tar la singularidad. Se hizo un silencio pesado en la habitacin. Incluso Lealand estaba conten iendo la respiracin. Y, cuando la sonda atraves la singularida d, Martghie y el joven artista gimieron al unsono. Lo sucedido era tan evidente que hasta un artista que jams se haba interesado por la astronoma pudo darse cuenta de lo que haba pasado. —¡Ha crecido! —S, Lealand, creci exactamente cien to veinte mil veces —dijo el hombre mecnicamente—, con una incertidumbre relati va de ms menos cinco por ciento para una probabilidad de cobertura... —S, s, Bro —lo interrumpi la chica—. Las incertidumbres no nos importan mucho ahora. Qu ha pasado con la sonda, segn t? El hombre manipul nuevamente la simulaci n, en silencio, hacindola retroceder en el tiempo a gran velocidad. Cuando la de tuvo, hizo que sus amigos se pusieran nuevamente en el mismo ngulo en el que ha ba observado el paso de la sonda, con respecto al Sol. —ste instante de tiempo es de hace se senta y cinco millones de aos. Cuando nuestros antepasados eran apenas unos sere s brutales y sin inteligencia. Qu ven? —La Tierra —dijo el artista apresuradament e, para luego aadir con una sombra de duda en la voz—. No? —S —le respondi Bro xoss—. Y qu notan? La chica permaneci en un obs tinado silencio. El joven lo s mir, primero a uno, luego al otro, de manera suplicante. —¡Que la Tierra est en el mismo lugar en donde nosotros estamos viendo al asteroide en el presente! —les espet el hombre a sus amigos—. Vengan, miremos desde el otro lado. Broxoss estaba claramente exasperado por la lentitud mental de la que estaba haciendo gala su amiga orgnica, y de la falta de c onocimiento del artista. A empujones los hizo ponerse en el otro lado de la proyeccin y luego superpuso de nuevo el gradiente gravitacional. —¡La singularidad! —grit Martghie, ta pndose luego la boca abierta con ambas manos. —Y tras la singularidad? —pregunt Broxo ss y continu, al ver que sus amigos no respondan—. ¡La Tierra! ¡Ciento veinte mil veces ms grande y en la posicin que tenemos hoy! La chica comenz a gemir, pero Lealand no entenda nada. —Brox, explcame, por tu vida —l e dijo el joven, suplicante.

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23 Broxoss apag la simulacin. La oscuridad ca y sobre ellos como un manto de plomo. Y un silencio ominoso se hizo de nuevo. El hombre comenz a hablar atropelladamente, aunque con una envidiable seguridad. —La singularidad es espacio-temporal. El asteroide no es tal. Es la Tierra del Cretcico la que estamos vie ndo. Pero la singularidad ha ce que la veamos pequea. Por eso todos creen que es un asteroide. No lo ven? La mtrica cambia al cruzar la singularidad. Y la sonda crece. No tengo idea de por qu, o cmo sucede, pero sucede. El hombre call un momento, examinando la s expresiones de sus amigos. Martghie pareca escptica, a la vez que horrorizada. Lealand intua ( siempre tan intuitivo pens Broxoss, su mayor virtud... o defecto ) que algo grave estaba a punto de revelarse, y expresaba su nerviosismo mordindose implacablemente una ua. —Quieren ver qu pasa despus de que la sonda atraviesa la singularidad? Ella segua obstinadamente silenciosa. Leal and la mir. Luego vio a Broxoss, y gir nuevamente hacia Martghie. —No, Brox, no nos muestres —dijo el jove n, atemorizado—. Es mejor no saber. —Mustrame —se dej or por fin la voz de Martghie, so rprendentemente dura y fra. Broxoss encendi nuevamente el proyector dejando congelada la imagen del Cretcico. Y luego superpuso hbilmente otra imagen idntica, adelantndola con gran velocidad mientras la original segua fija. Lealand se llev las manos a la cabeza, tambalendose por el efecto vertiginoso del r pido movimiento de los astros. La chica lo abraz para sostenerlo, mientras imgen es fantasmales de planetas giraban a su alrededor. Finalmente, la simulacin se detuvo con la sonda a pocos instan tes de atravesar la singularidad. Broxoss ajust los sistemas de referencia, y las dos singularidades se superpusieron. —Ahora veremos lentamente lo que suceder, y lo que sucedi. Bueno, en verdad no sucedi, pero suceder. La sonda se acerc con exasperante lentitud a la singularidad y la atraves. Del otro lado, en la simulacin del pa sado, un objeto mucho ms grande que la sonda “sali” de la singularidad y se dirigi girando locamente hacia la Tierra. Broxoss acerc la imagen, hasta que fue palpable que la cosa, porque ya no pareca una sonda espacial, se vea como una masa informe de me tales, vidrios u plsticos retorcidos. —En cuanto la sonda atraviese la singularidad dejar de transmitir, porque su integridad simplemente no resi stir el cambio de mtrica. La voz de Broxoss sonaba ominosa. Al callar, apenas se escuchaban las tres respiraciones. Lo que antes haba sido la sonda se precipit en la Tierra, incendi ndose al atravesar la atmsfera. Al estrellarse, la explosin fu e de escala planetaria, y la nube de polvo que cubri al planeta fue claramente visible de sde el espacio. Martghie reconoci en ese

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24 cataclismo la simulacin de lo que hubiera sido la tercera guerra mundial, que tuvo que estudiar en la universidad. Y se dio cuenta de que la Tierra simulada que estaba mirando deba sufrir una especie de invi erno nuclear, o algo parecido. La palabra extincin pas por su mente. Pero no era la extincin de la humanidad. En aquella poca no haba humanidad, slo sus antepasados. El descubrimiento la hizo gritar y, sin de spedirse, sali corriendo de la habitacin. —Espero que Martghie l ogre detener la sonda. —Brox... —O nuestros antepasado s sern aniquilados. —¡Oh, cllate! El joven cay de rodillas mientras gruesa s lgrimas resbalaban por sus mejillas y su larga cola correosa golpeaba frenticamente el suelo. Broxoss, en silencio, apag el proyector y lo guard con parsimonia. Martghie se quit el casco de realidad virtual y se puso en pie ms rpido de lo que era conveniente. Estaba un poco obesa, y la edad ya le estaba pesa ndo. Su salida de la realidad virtual ya no era tan fcil como lo haba sido en su juve ntud. Al levantarse cay pesadamente sobre la cama, donde que d tendida unos minutos. Luego, con algo ms de prudencia, se levant y fue a lava rse la cara para acabar de reaccionar. Media hora ms tarde estaba llegando a la Ag encia Espacial, y se di rigi presurosa a la sala de control. Una gran agita cin la hizo presagiar lo peor. —Qu ocurre, General? —pregunt al supervisor militar de la operacin, temiendo su respuesta. El general gir hacia Martgh ie la cabeza verdosa, en la que an exhiba algunas escamas brillantes (era un hombre muy guapo, a pesar de parecerse tanto a un lagarto), y le dio la noticia. —La maldita sonda est fallando. Hace me dia hora que ha dejado de transmitir. ¡Hemos perdido una gran inversin, Doctora! No slo una gran inversin, General pens ella, con el horror reflejado en el rostro abatido. Luego, Martghie empez a rer histricam ente, mesndose los cabellos. Cuando el General la abofete, ella slo dijo una palabra: —¡Ups! —Y comenz a rer histricamente otra vez. Cretcico. Millones de dinosaurios yacen muer tos por todo el planeta. Unas piedras se mueven ligeramente. De debajo de ellas sale, tmidamente, un pequeo mamfero. l no lo sabe, pero sesenta y cinco millones de aos en el futuro, una nueva civilizacin

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25 no reptiloide descubrir al as teroide 2002 AA29 y no tendr el excedente de recursos como para enviar una sonda a estudiarlo. As , la humanidad lo observar a travs de sus telescopios por un largo tiempo, hasta que la singularidad desaparezca finalmente. ……… “Este cuento me result muy difcil, porque no saba cmo expresar en forma de historia la idea que me haba dado la premisa. Como el ej ercicio era imaginarse qu otra cosa poda ser el famoso asteroide, yo me pens en el tiempo circular y en que el asteroid e fuera de alguna manera el que peridicamente se estrellaba contra la Tierra causando la extincin de los dinosaurios. Eso era muy difcil de plasmar y trat de hacerlo en una fallida improvisacin. As que dej madurar la idea por meses enteros, hasta que poco a poco fue mutando a lo que es hoy: el asteroide 2002 AA29 en realidad es la Tierra del pasado, de la poca de los grandes saurios. As imagin una singularidad, no me importa de dnde vino ni por qu, pues su funcin era meramente circunstancial, que una dos puntos en el tiempo y cambiaba de algn modo la mtrica a ambos lados. Con esa idea en mente, me fui a preguntar a gente de sa que pierde su tiempo leyendo cosas cientficas (s, como yo) para ver si los tamaos relativos (Tierra-asteroide y sonda-meteorito) eran consistentes. Y ms o menos vi que s. Ya estaba lista la idea, pero me faltaban los personajes. Por entonces le una nota que hablaba de cmo los escritores y pr ospectores cientficos y tecnolgicos se imaginaban el futuro. Alguien habl de inteligencias artificiales y de personas virtuales que tenan derechos humanos y que eran tan seres humanos como lo somos nosotros. De all nacieron mis personajes, uno de cada uno: la mujer que se refu giaba en la realidad virtual para volver a ser joven y bella, una persona virtual y una inteligencia artific ial... con una historia sentimental de fondo para darle algo de color. La idea de que la civilizacin que desciende de los saurios se llam a s misma humanidad (humanidad-hombre-mujer) fue un descarad o plagio de la idea que Brian Aldiss utiliz en “El tapiz de Malacia”. Todo esto fue germinando en mi mente, hasta que estuvo cocinado. Entonces, me sent y lo escrib de un tirn, como hago siempre.” Susana Sussmann Susana Sussmann naci en 1972 en Valencia, Espaa, de madre espaola y padre alemn, pero ha vivido siempre en Venezuela. Estudi fsica y se especializ en el rea de cuerdas y supercuerdas (fs ica terica). Ha sido la promotora de las Tertulias Ca raqueas de ciencia ficcin y fantasa y es coordinadora del taller literario virtual “Los Forjadores” especializado en ciencia ficcin, fantasa y terror. Es tambin editora en je fe de la revista electrnica trimestral “Crnicas de la Forja”. Sus cuentos han aparecido en decenas de publicaciones electrnicas de diferentes pases.

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El eco de Frankenstein Jorge Gmez Jimenez Y despert sobresaltado. Toda la noche estuve tenie ndo pesadillas; unas pesadillas horribles en las que me perd a en mares de circuitos integrados y passwords incorrectas. A mi alrededor, slo disimuladas por puertas y vent anas inexistentes, etreas pero absurdamente visibles, una multitud de computadoras me sealaban como un intruso en su compleja red de inteligencia artificial. Un eco binario lleg a m desde el recuerdo de mi sueo: "Las computadoras dan para todo". Haba una sensacin como de melancola y desesperacin, a la vez, en ese murmullo. Seguramente esa frase haba salido de alguna SoundBlaster escondida tras la marejada de cables; quizs, en la noche de insomnio de algn programador estrella de NeXt, esa frase haba servido de apoyo y regocijo ante la aparente insolubilidad de un problema, generado por un error humano, y por la irrefrenable voltereta perenne de la data esa frase se haba aposentado en el cerebro de Rogelio, insignificante programa dor caraqueo especialista en programas matemticos e ingenieriles. "Las computadoras dan para todo". Siempr e cre que eso era una falacia hasta esa maana en que el murmullo empez a seguirme a todas partes. Como un error indetectado en mi cerebro, esa frase apareca (ms correctamente, "surga") incontenible cada cierto tiempo, a veces con regularidad de reloj y otras veces en una aleatoria y desesperante disfunc in temporal total. Todo a pa rtir de esa maana en que despert sobresaltado, luego de una noche absurda de pesadillas. Esa frase fue llenando el vaco que haban dejado en m seis aos de programacin estructurada. El vaco de no compartir nada con la raza humana, salvo la ventana fsica que inundaba de luz mi cuarto durante el da y la otra ventana, ms placentera en ocasiones, pero ms compleja, la que repr esentaba para m la sola presencia de Jeannette en su corprea verdad, en su exis tencia real que siempre intentaba alejarme del .28 para introducirme en su melosa malla. A Jeannette la conoc en el mercado. De es o haca casi un ao, pero su existencia era tan densa que cada da, cada minuto, cada segundo que pasaba a su lado se multiplicaba por tres o por cuatro. El final de un da de campo con ella habra sido insostenible para mi dbil humanidad. No exista en ella nada electrnico, nada compatible, ella era absoluta e irrevocableme nte un completo elemento de humanware.

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27 A pesar de eso, da tras da ella aceptaba soportar mi locura y vena a hacerme compaa unos minutos, y en ocasiones hasta unas horas. Alguna que otra vez, un fin de semana en que mis dedos se debatan entre seguir tecleando sentencias case y subrutinas en "C pu-pu" —como ella socar ronamente defina al lenguaje—, y alcanzar su cuerpo y pasearse por las hondonadas que haca su anatoma bajo los senos, en el anverso de las rodillas, entre su cuello y sus orejas. Si no hubiera sido por las pesadillas de aquella noche fatdica, Jeanne tte habra sido la mujer de mi vida. "Las computadoras dan para todo", deca el eco dentro de mi cabeza, a veces inclusive mientras le haca el amor en algn receso que ella lograba robarle a mi trabajo en la computadora. —Qu pasa, Roge? —preguntaba ella entonces e invariablemente se quedaba sin la respuesta que esperaba. Era sencillo: no poda responderle. Si le responda, me mora. Habra sido como admitir que las computador as me haban absorbido completamente, y no estaba dispuesto a perder los pocos mi nutos de placer humano que me dispensaba Jeannette. Pasaron unas tres semanas desde la noche de la pesadilla cuando pude, al fin, comprar una SoundBlaster de 16 bits. Trataba entonces en vano de interesa r a Jeannette en que al menos se sentara a jugar una sesin de DooM, que escuchara los gritos de los pocos humanos que aparecan de pronto en pantalla y que se extasiara con los aullidos de los monstruos rosados. Pero Jeannette, como d ije, era completamente real y humana. La realidad no era para ella lo mismo que para las dems personas. Yo era para ella Roge, aunque para la oficina fuera Rogelio-Car dozo-programador-en-cep lusplus-ingenieroegresado-de-la-ucev-cursos-e n-el-exterior. S que es absurdo, y an no comprendo cmo pudo ocurrir, pero el programador en C++ no pudo enamorarse de otra persona que de la estudiante de Letras, casi licenciada, Jeannette Morn, simplemente Jeannette, que confunda el trmino 486 DX4 /100 con las especificaciones del motor de algn velero que pudiera llevarla hasta las Ccladas, a conocer los dolos que vio Cortzar y que muchos siglos antes pudo ha ber visto con sus manos el ciego Homero. La presencia de los monstruos de DooM en el monitor, ms bien le asqueaban, y sus gritos, lejos de interesarle, la alejaban de la computadora con el pretexto irreprochable de que iba a hacer caf o un dul ce, una de esas delicias reales que despedan tan buen aroma, exquisitez an no simulada por el artefacto que "da para todo". Jeannette era feliz conmigo slo cuando l ograba arrancar mis manos del teclado y hacerlas posarse sobre su cintura. Tena 22 aos, una abundante cabellera rubia y los labios delgaditos, bordeando una boca pequea como la de una nia. Le gustaba hacer para m periquitos con esa boquita, en un intento por echarme en cara toda su humanidad, toda su presencia absoluta y r eal ah, a mi lado. El resto del tiempo lo ocupaba estudiando el ltimo ao de Letras (¡oh humano oficio de escribir ficciones!) y atendiendo a un hermano que estudiaba an el bachillerato, y al que nunca conoc. Una de las cosas que ms le molestaban a J eannette era el ruido del mdem. Por eso, eliminaba la salida de sonido de la corneta cuando ella estaba en el apartamento, para no inquietar su existencia tan real y cor prea. Justamente algo que me transmitieron por el mdem desde la oficina, me hizo entr ar en la espiral. Un a espiral perenne, cada vez ms profunda, en que todo programador siente que se introduce una vez en su vida, y de la que slo saldr el da que el estallido atmico borre cualquier forma de energa electrnica existent e sobre el planeta.

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28 Durante un descuido del gerente, uno de los empleados, a quien conoca slo como un puado de caracteres que apareca n de repente en la pantalla durante las transmisiones, me hizo activar un download para transmitirme un programa que haba comprado donde un pirata. Ya yo haba hecho el upload de los cdigos que me haban encargado para un programa de ingeniera, y no pude c ontener la avaricia por esos escasos y aparentemente inofensivos doscientos cincue nta kilobytes que me ofreca el colega desde la oficina, al ot ro lado de la conexin. Terminada la transferencia, me desped del co lega, dej saludos para el gerente y cort la comunicacin. Sal al DOS, unzipe el archivo en mi directorio de pruebas y le pas el F-Prot por pura precaucin, pues nunca ha ba tenido problemas con los ejecutables que me enviaban desde la oficina. El gere nte era uno de esos com putistas (qu palabra tan detestable) autodidactas, que hab an empezado sentndose frente a una computadora desde muy jvenes por la pur a curiosidad de conducir una bsica motocicleta de Accolade, y que eventu almente terminaran aprendiendo algunos comandos esenciales en Clipper para increm entar la curva de aprendizaje y convertirse en uno de los mejores programadores de l pas. Ese comportamiento le haba obsequiado la valiosa renta de un sentido inquebrantable de la precaucin ante los virus, despus de varios ataques mortales que, siendo an joven, le hicieron sacarle bastante dinero a sus padres, en costos de mantenimiento con tcnicos poco confiables, de esos mineros que escarban en la ignorancia del usuario promedio. El ejecutable tena un nombre poco menos que crptico: SXFX.EXE. Haba igualmente seis archivos con extensin .XFX, y ni ngn READ.ME ni nada parecido. Tecle SXFX y los caracteres de la pantalla fueron desapareciendo en un breve y torpe difuminado que termin en una pantalla rosa en la que en breves instantes apareci el logo del programa, unas letras ampulosas, co mo hechas con chicle, que decan: "Sex FX". Era un visualizador de fragmentos de video, y por supuesto stos eran simples escenas porno. Una risa estall a mis espaldas Jeannette, con una bandeja sobre la que haba tazas y platillos, se rea de la orga electrnica que estaba apareciendo repetitivamente en pantalla. Cerr el programa, algo molesto, y borr el contenido del directorio. Jeannette y yo nos sentamos frente a la tele, y pasamos canal por canal hasta que ll egamos al Discovery, donde nos quedamos mientras comamos los panques y libbamos el aromtico caf que ella tan gentilmente me hab a preparado. Todo tan humanware. "Descubra su mundo. Visite el interior de una computador a y recorra co n nosotros el camino de los datos...". Jeannette agarr el control y se lanz cuatro canales ms adelante, hasta el Cartoon Network. Lleg el fin de mes y con l algo de dinero con el que compr un nuevo disco duro de 1.2 Gb. Tena que transferir la data desde el disquito de 240 Mb, as que me ocup de hacer el respaldo de mis programas duran te todo un fin de semana, preparando el terreno para el inevitable desenlace del pequeo disco. Borrando aqu y desplazando ms all llegu al directorio de downloads del Procomm. Perenne, casi imperceptible en sus 253,478 bytes, esperaba agazapado al Deltree el pequeo SXFX. Casi poda sentir su respiracin, mien tras el comando DELTREE /Y esperaba por el nombre del

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29 archivo a eliminar. Una, dos, tres, once veces presion la tecla Backspace y, en vez de eliminarlo, lo mand a un disquete de 5" DD de los que an me quedaban escondidos en alguna parte, y all pretend olvidarm e del programa hasta que se me ocurriera mandrselo a algn aberrado en cu alquier lugar de Internet. Pero no. No poda olvidar el programa. Se mana tras semana, cuando llegaba el domingo y Jeannette pasaba el plumero sobr e las mquinas, siempre llegaba hasta las cajas de disquetes y yo la observaba mientr as limpiaba esa cajot a roja de Basf donde yo saba que estaba el programa, sobreviv iendo dentro del disquete, recostado con otros de su ya casi extinta raza de 5"DD. Observando a Jeannette mientras limpiaba justamente esas cajas de disquetes, ms de una vez apareca de nuevo el persistente eco: "Las computadoras dan para todo". Jeannette se iba temprano los domingos para prep arar el material de la tesis. Ese era el nico contacto que tena con la computadora, pues slo para eso estaba instalado el Word 6 en el gigante de un giga. Ella llegaba a veces cuando yo estaba haciendo alguna diligencia en el mundo real, y se se ntaba y adelantaba algo, o esperaba que yo durmiera un poco, despus del sexo, para ent onces instalarse con sus anteojos de estudiante de Letras y teclear sus metfora s y sus anlisis hasta que yo volviera en m, o regresara de la calle. En tonces, prudente y tratando de ser imperceptible, ella almacenaba, sala del Word y de Windows y me dejaba la C:\> limpia y gris, como siempre. Yo trataba de que ella entendi era que no me molestab a que ella siguiera trabajando en su tesis, en su instrument o para obtener el ta n ansiado ttulo de licenciada en Literatura Clsica, pero ella insista en que prefera dedicarse a vulnerar mi taln, que en analizar el significado metalingstico de l taln de Aquiles y dems artilugios homricos. "Las computadoras dan para todo". Un d a se me sali la frase, casi de manera inconsciente, mientras almorzaba con Jeannette. Ella me mir con una expresin inmensa de reproche, como si hubiera dic ho una sarta de malas palabras en pblico con un megfono en la mano. "Te ests volvie ndo loco, amor", me dijo entonces con esa increble capacidad suya de entenderme, de comprender el significado de mis subrutinas sinpticas. La muchacha me sonri, al momento que me preguntaba si era periodista. "No... Soy ingeniero. Estoy preparando un programa y necesito grabar unos sonidos". Pareci no entender nada, as que le pagu y me fui. Si empre, tontamente, esperando que la raza humana me entendiera, como si fuera poco haber descubierto ya que slo en un BBS, en Internet o en la oficin a haba gente con los mismos intereses que yo. El mundo estaba caminando de espaldas a mi computadora y yo supon a que era al contrario, que estaba contribuyendo, con mis cdi gos, a crear un mundo feliz. Esa noche escond la grabadora detrs de la cama, amarrada a una de las patas, donde pudiera alcanzar los botones. Cuando lleg el momento del sexo con Jeannette, inici la grabacin. Quizs porque estaba consci ente de que tena una grabadora a pocos centmetros de mi cabeza, me pareca escuchar el paso de la cinta bajo el cabezal an ms cerca que los gemidos de Jeannette, sent ada sobre mi cuerpo en franca posesin. Al principio fue algo engorroso. El saber que tena una grabadora registrando todos los sonidos, inclusive el roce de nuestros cuer pos con las sbanas al trmino de cada

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30 encuentro sexual, me inhiba y muchas veces me obligaba a interrumpirlo todo. Jeannette me miraba entonces con angustia. As tuviera que trabajar cansonamente el juego sexual, ella tena que continuar en accin, pues esas interrupciones la dejaban irritable el resto del da y ni siquiera un satisfactorio coito posterior poda calmarla. As que poco a poco aprend a mantener mi fogosidad en nuestros encuentros sin que la presencia de la grabadora me cohibier a. Al cabo de algunos das haba grabado suficientes cintas en las que los gemidos de Jeannette cont enan el elemento de mayor inters para mi experimento. Sin saberlo, J eannette me haba proporcionado el primer eslabn de la cadena de caballos de troya que estaba a punto de construir a partir del absurdo eco que resonaba en mi cabeza: "Las computadoras dan para todo". No me fue difcil conseguir con un amigo que haca jingles para comerciales de TV con su computadora, un decodificador para convertir el sonido de los casetes en impulsos electrnicos almacenados en ar chivos .WAV comunes. Mis primeras experiencias fructferas con la SoundBlaster se tradujeron en tener a Jeannette, en sus gemidos, dentro de mi computadora. Mientr as Jeannette slo contaba con las clulas de su cerebro para concatenar durante los momentos de ocio en la universidad el recuerdo de nuestros momentos ntimos yo contaba con una herramienta ms sofisticada que la simple grabadora. Es justo decir que nunca escuch sus gemidos desde el medio original, la grabadora, con otra finali dad que compararlos con la increble fidelidad que consegu a travs de la SoundBlaster. La grabadora, los gemidos de Jeannette contenidos en las ci ntas, eran para m nicamente un elemento ms de trabajo. Algunos de mis programas esperaron mien tras edificaba un pequeo TSR que me dejara escuchar una y otra vez los gemidos de Jeannette. Fueron tres o cuatro das de programacin intensiva, tras los cuales pas algn tiempo durante el que slo recordaba el programa para aadirle alguna caracterstica o experimentar mezclando varios archivos .WAV con el fin de logr ar experiencias que nunca haban ocurrido, como escuchar varios orgasmos de Jeannette como si hubiera sido una ola incontenible. Sin que ella lo sospechara, haba creado con mis herramientas una Jeannette fnica y binaria, que era capaz de tener cincuenticinco orgasmos, uno detrs de otro, mientras yo inocentemente adel antaba el trabajo de la oficina. Extraamente, mi trabajo fue ms veloz dur ante esos das. De mis dedos emanaban lneas y lneas de cdigo y en la oficina era muy coment ado, como me lo dijo el gerente durante una transmisin con el mde m, que ese ao de se guro obtendra el botn como Contratado del Ao por la cantid ad de trabajo que estaba desarrollando. Los orgasmos de Jeannette, al contrario de lo que haba pensado antes, estaban convirtindome en un trabajador modelo, en un componente ms de la mquina, como si sta generara por s sola los cdigos necesarios para edificar las cada vez ms exigentes aplicaciones de la empresa. "Las computadoras dan para todo". Jeannette no es ninguna tonta. Es cierto que ella saba encender la mquina, teclear WIN y abrir la ventana Word, donde se en contraba el inefable icono esperando por ella. Con el mouse, ella era una estrella. Fcilmente, a pesar de que a raz de la redaccin de su tesis esa era la primera v ez que ella tocaba una computadora, aprendi a manipular al Word para generar las citas y las notas de pie de pgina, y se volvi

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31 muy rpida en la generacin de cuadros hi stricos para su trabajo. Al cabo de unos meses, era constante en ella devolverse h acia los primeros captul os y aplicar en el diseo de su tesis los conocimientos que poco a poco iba adquiriendo en las mltiples herramientas provistas por el procesador de palabras. As que slo fue cuestin de tiempo para que ella empezara a sentir curiosidad por la naturaleza de un archivo ejecutable. Su cu riosidad la llev con toda naturalidad a preguntarse cmo la computadora ejecutaba aparentemente por s sola las tareas que ella le encomendaba, y as descubri en lo s pocos momentos que se iba al DOS la presencia de archivos .BAT, .COM y .EXE que al tocarlos eran capaces de mostrar informes de columnas de concreto, pasear se por todos los archivos del disco duro o decirle al usuario que su computadora tiene una extraa forma de gripe y que se podra eliminar el virus o renombrar los archivos infectados. O mostrarle los gemidos de un or gasmo mltiple demasiado largo. Fue como una tormenta. Alguna que otra vez me pregunt qu pasara si Jeannette llegaba a descubrir el program a con el sonido de sus or gasmos. No sera demasiado difcil que ella activara el programa desde el Administrador de Archivos, y que al ver el mensaje de precaucin, envuelto en esa caj a azul y gris —los colores que su Roge siempre le pone a sus programas—, indicndole que ese programa no poda correr bajo entorno Windows y agradeciendo al usuario se saliera al DOS para reintentar la ejecucin, ella siguiera las instrucciones y finalmente descubriera la razn de que aquella vez Roge se hubiera mostrado algo fro en la cama. Cuando llegu a casa la encontr con lo s ojos acuosos, sentada frente a la computadora. Haba encontrado la graba dora y dos de las cintas, y aunque no encontraba relacin entre lo que estaba all grabado y lo que escuchaba por la SoundBlaster, debido a los mltiples cambios y mezclas que hice, reconoca sus gemidos y aquel apodo que slo ella se atreva a ponerme. Roge... Roge..., dejaba escuchar de vez en cuando la SoundBlaster. Jeannette se senta invadida. Empez a mi rar el monitor con ra bia. Y no era para menos. Pensaba que de seguir por ese camino, un buen da habra sido desplazada por esa gran caja blanca en la que Roge, su Roge, os meter sus orgasmos y, no contento con eso, modificarlos a su gusto, como si no fu era suficiente que ella existiera, que ella tuviera cuerpo y cabello y boquita de niita que hace periquitos y sexo real. Estuvo varios das como ausente, adems de sus au sencias reales en que iba a la universidad o ayudaba al hermano llevndolo al sitio exacto de la biblioteca donde conseguira lo que necesitaba para tal o cual informe. Un buen da, de repente, not que al llegar e lla haba recobrado su gracia y su natural forma de ser, su sonrisa transparente, y s upuse que se haba acabado la lluvia. Fue por esos das cuando descubr que hacan falta do s disquetes azules de baja densidad. Slo curioseaba en mi disco duro el da en que me di cuenta de que no haba por ninguna parte archivos .DOC, y record que haban pasado ya dos d as despus de su ltima visita. Dos das. Nunca haba dejado pasar ms de un da sin venir a mis brazos. Fue ese da cuando me di cuenta, sin esperar mucho, que Jeannette me haba abandonado, y que haba preferido dejarme su sonrisa y llevarse su tesis. Ya conseguira una computadora donde terminarla.

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32 Un sentimiento de soledad increble se a poder de m. Al parecer Jeannette haba aprendido a utilizar la com putadora ms all de lo que yo pensaba, pues resultaba evidente que no haba simplemente eliminado lo s archivos de su tesis, sino que adems haba defragmentado el disco duro para as no dejar en l ningn ra stro binario creado por ella. Su Roge se quedara nicamente con los gemidos, que a pesar de haber emanado de ella, se senta sin derecho a borrar, comprendiendo que ms all del hecho bsico de existir all una grabacin de su voz en plen o orgasmo, haba un programa, lneas de cdigo de mi propiedad, aunque las considerara lneas de cdigo sucias, creadas a su entender para molestarla, para invadirla, para roba rle y manipular a mi gusto sus orgasmos, para tener una Jeanne tte paralela enteramente contenida en instrucciones que rebotaban en un chip de si licio y eran de nuevo arrojadas al espacio de mi apartamento en forma de gemidos electrnicos. Una maana, sin razn aparente, despert, al fin, con la conciencia de mi propia y absoluta soledad. Me afeit —llevaba ms de una semana sin hacerlo— y encend la mquina. Como durante los das previos al desastre con Jeannette activ el TSR y me puse a trabajar entre los gemidos. Y as volv al ritmo al que me haba habitu ado antes de conocer a Jeannette. Cierto da una vecina me ofreci un cachorro que le haba quedado de la ltima camada de su perra, una digna representant e de la raza callejera. No soy muy amante de los animales, pero supongo que la costumbre de no estar solo me haba arropado ya, y decid adoptar el perrito al que llam Tetris. Nuevamente mi productividad fue en ascenso y alcanc el nivel al que haba llegado justo despus de terminar el programa, y de l cual haba cado estrepitosamente cuando Jeannette me abandon. Al trmino de alguno s das consider que el programa haba llegado a su nivel mximo de perfectibilidad posible respecto a las herramientas que tena, e hice el upload para que lo revisara n algunos colegas de la oficina. Lo hice casi sin pensar; si me hubiera dete nido a reflexionar el asunto qu izs no lo hubiera enviado, pues era como enviarles una cinta de video conmigo haciendo el amor con mi mujer. "Las computadoras dan para todo", resonaba en mi cabeza mientras el marcador del upload en el Procomm se acercaba rpidamente al 100%. Pasaron algunos das y recib noticias de mi programa. Quie nes disponan de tarjeta de sonido en las computadoras de sus casas fu eron los primeros en enviarme mensajes, describindome los efectos del programa Invariablemente t odos lo usaron en un primer momento como una di straccin, hasta que se dieron cuenta de lo bien que trabajaban cuando lo usaban como TSR mientras programaban. No pas mucho tiempo antes de que empezaran a lloverme archivos .WAV con la s relaciones sexuales de cada uno, para que los proc esara de la misma manera co mo lo haba hecho con las mas. Lleg el momento en que tuve que co mpartir mi tiempo entre el trabajo de la oficina, las mezclas de archivos .WAV y la alimentacin del cada vez ms robusto Tetris, perro casero por excelencia, que nunca me molestaba para que lo sacara a pasear y que en poco tiempo aprendi a orinar en el albaal del bao. Eventualmente registr el programa con la ayuda de un amigo abogado, y empezaron a lloverme va Internet solicitudes desde va rios puntos del planeta. Poco a poco, Jeannette y su medio centenar de orgasmos es taba haciendo crecer mi cuenta corriente.

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33 "Las computadoras dan para todo". Cada v ez que el eco resonaba en mi cabeza, una nueva adicin era anotada para hacerla ms ta rde en lo que sera una versin posterior de mi programa, que a la sazn se llam Real Sex Sounds 69.0. Desde varios lugares del planeta, mis espontneos se guidores ofrecan variantes del programa para todos los gustos sexuales. Versiones sadomasoquistas contenan los gritos de un sacerdote que se dejaba golpear salvajemente por una pros tituta lesbiana. Haba quienes grababan el jadeo de una pareja de perros para calmar la s ansias de los zofilos. Una versin como sta casi enloquece a Tetris una noche. Y yo, sentado frente a mi computadora, em pezaba a establecer contacto con algunos ingenieros electrnicos para la nueva versin del programa, que incluira una adicin de hardware. Un mensaje, dirigido a todos los puntos del planeta qu e conoca donde podra existir algn ingenier o electrnico que pudiera ayudarme, dio la vuelta al mundo y en una semana tena en mi buzn ms de trescientos mensaj es de aspirantes a colaborar con el hombre que se haba vuelto tan famoso ltimamente en el ciberespacio grfacias al TSR que dejaba es cuchar un orgasmo de ci ncuenticinco partes. Envi mis disculpas a todos porque supon a iba a demorar en revisar todas las solicitudes, y mientras ms solicitudes revisaba ms iban llegando, copando mi buzn y obligndome en poco tiempo a hablar con mi proveedor Internet para que cancelara mi cuenta y abriera una nueva con otra direccin. Cuando mi proveedor atendi mi peticin, tena en mi poder ca si setecientas solicitudes pa ra trabajar conmigo en mi nuevo proyecto. No me qued ms remedio que procesar las solicitudes con un ayudante. Me busqu en la universidad un muchacho de los primeros semestres y lo sent en la 286 a llenar una base de datos que yo mismo constru una ta rde. Le di instrucci ones para que obviara "ingenieros" demasiado jvenes que podran ser slo muchachos oportunistas que queran averiguar qu podan conseguir; y a los demasiado viejos porque tena la sospecha de que si un ingeniero de ms de cuarenta aos de edad estaba buscando aventurarse en un proyecto como este segur amente no deba ser realmente competente. Conociendo los riesgos implcitos en este mtodo de trabajo, pero convencido de que de todas formas entre las solicitudes que s entraran en mis condiciones deba estar el genio que estaba buscando, el estudiante empez a trabaj ar y en una semana tena completa la base de datos. Le pagu y le promet que sera el primero en probar el producto de mi trabajo. Despus de mucho buscar, decid asocia rme con Heny Umbra, un joven ingeniero electrnico de Massachusets que deca haber construido varios dispositivos sensoriales para medianas corporaciones que al final deja ban sus proyectos en la fase experimental por considerarlos poco factib les econmicamente. Entre mis ahorros y lo que haba producido la venta de Real Sex Sounds 69.0, pude pagarle el viaje en primera clase. Lo recib en el aeropuerto de Ma iqueta la noche del 23 de di ciembre y de inmediato nos encerramos en el apartamento, le mostr el cdigo del programa y le plante mi idea a grandes rasgos mientras Tetris probaba lo s chocolates gringos que Heny haba trado en su mochila. Nos fuimos a dormir cuando ya el sol empezaba a vislumbrarse por el este.

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34 Cuando despert, Heny no se encontraba. Casi a las 2 de la tarde regres con unas cajas. Me explic en su espaol chapucea do que haba hecho unos contactos con unos amigos de Caracas que haba conocido en In ternet, y que stos lo haban llevado a los sitios donde poda conseguir lo que estaba bus cando para iniciar el proyecto. Le insist en que el proyecto deba mantenerse en secr eto hasta que tuviera forma casi definitiva, y me dijo que no me preo cupara por ese aspecto. Mientras Heny ocupaba el da en hacer clculos y diagramar planos en una computadora equipada con un procesador Pe ntium que habilit para tal fin, yo iba saliendo como poda del trabajo de la ofic ina y peda disculpas a un montn de nuevas solicitudes que empezaron nuevamente a llove r cuando todo Internet descubri que haba cambiado mi direccin. Tetris, perro ed ucado, se encargaba de llevar pantuflas y comer chocolates gringos que semanalmente le llegaban a Heny a travs de la valija de un banco, donde un empleado, amigo electrnic o del ingeniero, los reciba y se los traa al apartamento. Al final de cada da, yo evaluaba los avances de Heny y correga algunos errores de concepcin. Pasaron varios meses a este ritmo. Cua ndo tuvimos el producto lo suficientemente adelantado como para decir que habamos obtenido un pre-prototipo, empezamos a pensar cmo probarlo. Se trataba de un dis positivo que, conectado a la computadora y dirigido por un programa —el cual igualmente se encontraba en su fase preparatoria—, era capaz de enviar seales electrnicas a las clulas sensitivas del organismo. Por supuesto, la intencin era perfeccionar al Real Sex Sounds hasta el punto de convertirlo en Real & Hard Sex 69.0. El dispositivo que construimos semejaba una gasa de cuero con esponjas, como el tentcu lo de un pulpo pero a la inversa, y se conectara al pene para simular una relaci n sexual completa. "Las computadoras dan para todo". No nos atrevamos a probarlo con nosotros mismos. Heny fue el primero en mirar con suspicacia a Tetris, quien no sospechaba que iba a ser un perro de indias y, adems, presentaba una ventaja relati va: Tetris an era virgen. Contbamos con su instinto, que haba demostrado bastante acentuado cuando escuch los jadeos caninos de la versin que co ment ms arriba. Nos ocupamos durante dos semanas de estimular ese instinto con algun as perras callejeras que traamos de la calle, y jugando a Pavlov empezamos a inventar la manera de que Tetris reconociera en el dispositivo —an sin nombre— a una apetitosa vagina canina. Finalmente tuvimos que impregnar la gasa de cuero c on las secreciones de al gunas de las perras que obtuvieron mejor respuesta de Te tris, y as lleg el gran da. Tetris casi se nos muere. Nos fue difcil controlar la situacin debido al agresivo instinto de su raza. Al contrario de los humanos, los perros no pueden quedarse quietos mientras su compaera se ocupa de conducir la re lacin sexual. Ello s estn impelidos a moverse por su instinto, y el aparato estaba diseado para satisfacer y explotar a la vez la capacidad del macho humano de hacer el amor de forma pasiva. Por supuesto, Heny y yo estbamos convencidos de que esto se ra slo el comienzo de un macroproyecto de sexo virtual. Lo que ocasion problemas con Tetris, qui zs, fue la eyaculaci n del can, que casi genera un cortocircuito. El susto dej a Tetr is tan afectado que durante una semana no quiso probar los chocolates y mucho menos saber de las perras. Sin embargo,

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35 seguamos estimulando su instinto y ste fue ms fuerte que Tetris, al cabo de varios das, cuando por fin decidi montar a una de las compaeras de tur no que le trajimos. Pasado el susto, nos sentamos a evaluar los resultados del experimento. Concluimos en que la eyaculacin de Tetris era el marcad or para indicar que el proyecto iba por buen camino, y empezamos a crear una malla protect ora que impidiera el paso de grandes voltajes hacia el organismo receptor. Un par de pruebas nada traumticas para Tetris nos hicieron probarlo en nosotros mismos al cabo de una semana, y el resultado fue realmente un fracaso. Heny admiti no sentir ni siquiera cosquill as, y aunque no serva para mucho como alivio, yo s recib cierto cosquilleo hacia ciertas partes del pene, pero a intensidad variable y sin uniformidad alguna. Por supuest o, pensamos que en esto tena algo que ver cierta diferencia entre el sexo del can y el sexo humano, as que construimos un nuevo dispositivo, ms grande y con ms contact os, que al cabo de varias docenas de pruebas dio, al fin, a Heny, una eyaculacin casi tan satisfactoria como la que hubiera conseguido con una compaera humana. Mientras tanto, Tetris empez a fastidiar para que lo dejaran salir a la cal le. Al cabo de algn tiempo, Tetris se convirti en un galn de primera y llegaba en las noches ras guando la puerta del apartamento, hediondo a sexo, moviendo desenfrenadamente el rabo y con una expresin que pareca una sonrisa de satisfaccin. As, Heny, Tetris y yo, cada quien en su campo, acababa de entrar a una nueva y ms atra ctiva fase de su vida. La presentacin oficial de la versin definitiva de Real & Hard Sex 69.0 fue casi un evento clandestino. Se hab a anunciado a travs de mensaj es privados en el BBS, y algunos amigos acudieron a llevarse los prim eros prototipos. A todos se les recomend que usaran preservativos o probaran los impul sos en partes menos sensibles, como las manos, pues siendo un proceso artesanal, y no in dustrial, era factible que alguna de las Virtual Vaginas —nombre que definitivamen te adquiri la "gasa de cuero"— hubiera quedado con desperfectos. Afortunadamente, ninguno de esos primeros valientes —la historia les debe su riesgo— report efectos perjudiciales y todos se convirtieron en fanticos del RHS69. Como es de suponer, apenas se conoci de lo que fue llamado "l a ltima locura de Rogelio Cardozo", Internet se transform en un campo de batalla por obtener informacin sobre cmo hacerse con un RHS 69. El producto estaba compuesto por una Virtual Vagina conectada a la comput adora por medio de un cable como el del mdem, y manipulado por un programa que era capaz de enviar los impulsos electrnicos requeridos para simular una fel acin, un coito normal o inclusive un coito anal. Un buen da viaj a Estados Unidos donde me reencontr con Heny, quien haba partido a su tierra natal sema nas antes para promocionar el producto y gestionar el registro de la patente, que me conceda a m derechos sobre el soft ware y sobre la idea, y a Heny los correspondientes al desarrollo del hardware. Al transcurrir el tiempo, Heny se convertira en un ingeniero cubier to por la fama y desarrollara otros importantes inventos en nada relacionados con el sexo virtual, aunque antes de desligarse del trabajo original fue casi ob ligado, por las miles de mujeres que queran probar el sexo virtual, a crea r un pene virtual con el mismo sistema. Prcticamente, lo que hizo fue "voltear" la Virtual Vagina.

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36 Sex Factory Inc. —la empresa que creamos para la ocasin del registro del RHS69— se convirti en el objeto de todas las mi radas. Cada vez que anuncibamos una nueva adicin al programa, temblaban los otros fabr icantes de dispositi vos sensoriales. En realidad, en cuanto al hardware, no tenam os planteado crear algo demasiado ms all de lo que ya habamos hecho, pero las adic iones de software se convirtieron en una fuente espectacular de ingresos. Le compr su propio harem de perritas finas a Tetris, quien con eso se senta absolutamente r ecompensado por su intervencin en el desarrollo del sistema. El d a que Geraldo me entrevist en Los Angeles frente a un pblico risueo, satisfecho por los resultados del producto, recib por el celular una llamada de uno de mis abogados, anuncindo me que tena que hacer frente a una demanda millonaria que haba interpuesto en un tribunal de Caracas la ciudadana Jeannette Morn por haber hecho pblicas sus relaciones sexuales. En uno de los mdulos del programa, en efecto, se escuchaba lejana, entremezclada con miles de orgasmos que haban servido para el sonido del sistema, la vocecilla anhelante que gema, con evidente pasin, Roge... Roge... Supongo que pasar mucho tiempo antes de que se calmen las aguas. La demanda de Jeannette termin en que Sex Factory Inc. t uvo que eliminar el fragmento y redistribuir los archivos .WAV entre los miles de usuarios en todo el planeta, adems de cancelar a la afectada una sustanciosa cantidad de dine ro. Eventualmente, Jeannette contrajo al cabo de unos aos matrimonio con un escritor de segunda de Caracas, quien se encarg de escribir la autobi ografa de mi ex, con lo que sta termin de sentirse satisfecha y no volvi a aparecer nunca ms en mi vida. Sospecho que, en el futuro, Sex Factory Inc. se encargar de construir dispositivos ms completos y ms sofisticados, que cubran todo el cuerpo y satisfa gan las necesidades de los sadomasoquistas y otros gustos extraos como en el principio lo hice yo con los sonidos del Real Sex Sounds 69.0, programita pionero de mi actual fortuna. Supongo que por haber concluido el trabajo, ya no he vuelto a escuchar ms aquel eco, "Las computadoras dan para todo", pero induda blemente los pasos estn dados y la tecnologa sensorial ha dado un gran salto para la humanidad. Ms temprano que tarde, el "sexo opuesto" ser un con cepto ms de la informtica. Por mi parte, al igual que por parte de Heny, lo nico que nos liga a la empresa es el reporte mensual de ganancias. Cagua, 11 de diciembre de 1995 Jorge Gmez Jimnez dice de s mismo: "Soy venezolano. Nac el 16 de mayo de 1971 en Cagua, pequea ciudad industrial del estado Aragua. Soy miope y escritor, lo cual en conjunto puede llegar a ser, al menos, inoportuno. Estimo a la gente que sonre. Aunque en alguna poca fui un redomado cascarrabias de insoportable naturaleza, el tiempo es perseverante maes tro y me ha enseado que la vida es un espacio agradable. Me gustan el jazz y la s mujeres a la vez bellas e inteligentes, gustos que en este mundo abyecto se hacen de difcil satisfaccin. Soy un cinfilo franco que, ms all del trasfondo o el mens aje de una pelcula, aprecia las imgenes lricas tanto como la accin ensordecedora que logr a entretenerme. Soy tambin un lector enfebrecido prcticamente de todo lo que cae entre mis manos".

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37 El Concierto por Wilfredo Puignau ¡Vamos al concierto! ¡Vamos al concierto! ¡Porque Yevah es nuest ro! ¡Porque Yevah es grande! ¡Vamos a hacerlo! ¡Vamos a hacerlo ya! Una multitud formada por grupos de cincuenta a cien rockeros desfila por la avenida Mc Key de la ciudad de Londres. Los nimos de estos jvenes estn exaltados, dentro de poco el sueo que han acariciado por semanas, el nico motivo por el que vale la pena vivir para muchos de ellos, va a ser realid ad. La muchedumbre desfila como en un mitn de los viejos aos sesenta del siglo pasado. Los puos en alto, la mirada rabiosa, las gargantas forzadas al mximo. Todos los co merciantes han cerrado sus puertas ante el paso de los rockeros. Todos los servicios de lujo estn clausurados en la ciudad. Las horas qiue preceden la concierto son siempr e de gran tensin y los saqueos son algo usual en esos momentos. La polica vigila mientras la turba excitada circula por todas las avenidas de Londres. La muchedumbre tiene un nico destino: el Saln de Conciertos, que curioso nombre, Saln de Conciertos, ¡Ah!, se rememora n viejas pocas, pocas que ya se fueron para no volver. La construccin es una gigantesca estructura colocada en el mismo centro de la ciudad. Una semiesfera de 120 metros de altura, con cabida para ms de 200.000 ovejas, portadoras de blue jeans, ro pa rara y adornos varios. La monstruosa estructura, aborto arquitectnico, smbolo de nuestros tiempos, destruye completamente el precario equilibrio esttico de la zona, por ci erto, los rockeros la llaman la esfera de la felicidad.

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38 La vociferante masa humana converge hacia la mole. Viendo la escena es muy difcil evitar la asociacin con lo que deba haber sido el arca de No, cuando los animales de toda la tierra entrar on por sus puertas. Sin embargo, no nos quejamos. Hoy hubo suerte, apenas se rompieron algunas decenas de vidrieras, slo se asaltaron veinte o treinta comercios y nicamente doscientos carros fueron daados. Hoy, cierta mente, fue un da tranquilo. Pero veamos a dos de estos simpticos mu chachos que van al concierto. Sus nombres son Janet y Rudolph, hacen bonita pareja. El la, 19, va vestida de verde. Una malla traslcida de un verde clorofila le cubre el cuerpo por completo, de pies a cabeza, cabello incluido. Slo las chap itas con el rostro de Yevah y el collar de perro, con pas, desentonan con el conjunto. Por supue sto, Janet usa lentes de contacto verde fosforescente para dar fuerza a su imagen. Afortunadamente ella es bonita y su cuerpo ayuda a que el conjunto no le quede mal del todo. El, 22, va vesti do como en las vieja poca, es un clsico. Blue jeans, botas de cuero sinttico con cazadora del mismo material, insignias de Yevah en el pec ho, cadena de moto colgando del cuello, cicartrices varias, pelo con petr olato, de un negro brillante y lentes de sol que le cubren media cara. Ambos mascan un producto indefi nible, mezcla de alucingenos suaves y caucho sinttico. Esta sustancia se parecera a la antigua goma de mascar, de no ser por su perfume a aromticos cclicos desconoci dos en el siglo XX y a la presencia de pequeas dosis de DPP, un perfeccionamiento del antiguo LSD. Para que el producto no sea tan inspido, Rudolph le aade colas indu striales maceradas con la receta que le di un amigo. Janet y Rudolph se conocieron en el KEIS IO'S PLACE, un lgubre antro al cual van los que son como ellos. Esta joven pareja se lleva muy bien, no hablan mucho, por supuesto. Su mxima alegra se la proporci ona las sesiones en la s que se "subliman" juntos. ¡Ah! ¡La "sublimacin"! La sublimacin es el invento de los rockeros del siglo XXI. Es algo casi genial. Una mezcla de tr ansfusin sangunea con inyeccin de drogas duras. El acto sexual es una trivialidad al lado de una "sublimacin" Claro, es indispensable tener un grupo sanguneo compatible, pero eso es un problema secundario en este siglo de maravillosos avan ces. Gracias a las sublimaciones, Janet y Rudoplh nunca tienen ni tendrn peleas. Sus me ntes hace tiempo que se atrofiaron y ya slo pueden comunicarse a travs de las emociones ms bsicas. Esta pareja debe haber alcanzado, ms o menos, el nivel del Neanderthal, con seguridad Rudolph ha descendido un poco ms. Rudolph es mu y tranquilo normalmente, y slo cuando recuerda, muy de tarde en tarde, el lugar en el que vive, el trabajo que realiza y lo que es su vida, entra en un estado muy similar al de los animales enjaulados cuando se les molesta con un palito. En esos momentos Rudol ph es peligroso, y si alguien est cerca suyo saldr con algo roto. Naturalmente, como casi todos los jvenes de su poca, Janet y Rudolph viven en uno de los gigantescos superbl oques subterrneos del Londrs perifrico, a unos veinte kilmetros del lugar del concie rto. Janet disfruta de la co modidad de un cubculo de ocho metros cuadrados, tiene servicios de bao y comedor comunales, por supuesto. Rudolph no es tan afortunado y debe comparti r su cuarto de siete metros cuadrados con una mujer de ms de ochenta aos, que ms parece una momia que un ser vivo. Hablando de la vieja, una de las pocas co sas que hace que Rudol ph piense es ella, Rudolph desarrolla un plan para eliminarla; pero su mente es lenta y tardar mucho tiempo en concluir la idea.

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39 Janet y Rudolph trabajan en una fbrica estata l como chequeadores de la eficiencia de los procesos industriales, interesante nombr e. Pasan el da dela nte de lucecitas de colores. Cuando una lucecita no se enciende en el momento apropiado, aprietan un botn. El trabajo dura ocho horas al da, cuatro das a la semana, cincuenta semanas al ao. Cuando Janet y Rudolph sean retirados, co sa que ocurrir dentro de unos diez aos, se convertirn en dos ms de los mill ones de jubilados prematuros y permanentes que el gobierno britnico se ve obligado a mantener. Janet planea en ese momento hacer un "viaje" que supere a todos los otros, algo definitivo. Usar para ello hexahidratos de mercurio, metilatos de fsforo, ATN y un montn de placebos similares. La hora de partida tendr luga r una hora despus de firmado el papel de jubilacin. Rudolph, por su parte, no ha pens ado todava lo que ha r cuando le llegue la hora del retiro. Una masa compacta de seres penetra en el domo. Los que van llegando empujan a los que estn adelante de ello s y el proceso de compact acin continuar hasta que comience el concierto. Las reses se amontona n aguijoneadas por los pastoreos. Deben haber 200.000 ejemplares en el redil a la hora indicada, y ya falta poco para comenzar. Como Janet y Rudolph no quieren separarse durante la funcin, han tenido, con gran esfuerzo de sus cabezas, una idea. Se espos arn las muecas durante la funcin. La izquierda de Rudolph con la derecha de Janet, son unos romnticos empedernidos. Estos muchachos estarn junt os pase lo que pase. Por si no lo saban esta no es la primer a vez que ellos asisten a un concierto. Rudolph tiene un hroe, John Makakos. Con ese nombr e tal vez sea griego, piensa Rudolph. El sonido de la banda de Makakos es realme nte duro y aunque Rudolph ha logrado bajar la percepcin de sus odos a la frontera de los 10 kilohertz a golpe de decibelio, todava el sonido profundo y desgarrador de Makakos lo conmueve. A pesar de que Yevah es un poco suave en algunos pasajes, no es tan malo despus de todo y por eso va a verlo. Adems, los conciertos no tienen lugar todos los das. Janet prefiere a Vantasius, lo escucha a menudo durante la s transfusiones que se monta con Rudolph. Ms, la audicin de una grabacin, de cual quier grabacin, no se puede comparar con un concierto en vivo. No hay nada como los conciertos. S, en verdad las grabaciones pierden mucho. En el centro del domo se alza una pirmide en su cspide truncada se instalar la banda de Yevah. Todo est casi a punto y la marea humana se agita a los pies de la estructura como el mar antes de la tormenta. Todas las paredes de la semiesfera son un la berinto de conexiones elctricas, tubos de variados colores, sistemas de ventilaci n, oxigenacin, refrigeracin y mucho ms. Porque todo debe funcionar perfectamente durante la presentacin y hay un montn de cosas que no deben fallar. Pero quin gobier na semejante estructura? Quin controla todo esto? Quin est al mando de este pequeo universo en fo rma de gigantesca media naranja? Es un hombre. Su nombre es Leonardo Van Wicke. Se encuentra justamente en la parte ms alta de la c pula, en el medio del techo, a 120 metros de altura sobre el suelo. All radica su pe queo imperio, una cabina de ocho metros cuadrados que semeja el interior de una na ve espacial. Leonardo se siente como si fuera un dios en ese lugar. De l depende no slo el concierto, sino la vida de los 200.000 que se mueven all abajo. El principa l trabajo que desarrolla Leonardo, el que requiere su ms intensa atencin, es el co ntrol de todo el sistema qumico de las instalaciones. El trabajo es exigente y apasionante. Muchas computadoras le ayudan en

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40 esta labor, pero, en ltimo trmino, es l quien decide. Por que Leonardo no slo controla, Leonardo crea. Van Wicke hace que las cosan sucedan cuando deben suceder y como deben suceder. Pero Leonardo hoy se siente mal. Las dosis habituales de Daposinax no han sido suficientes para sacarlo de la depresin. La empresa le ha comunicado que su contrato no ser renovado y no le han dado explicaciones, porque las superempresas de espectculos nunca dan explicaciones, slo ordenan. Leonardo se tiene que ir al terminar la temporada. Aunque l sabe que las causas del despido pueden ser infinitas, no por ello se siente mejor. Es por es o que Leonardo ha trado hoy a su pequeo Olimpo a su mejor amigo, William, violando as una de las principa les reglas de la empresa. Mralos William, mira cmo se mueven. Se parecen a una criatura viva que exige alimento. -Oye Wicki, esto est prohibido. Quiero de cir que yo no debera es tar aqu, verdad? -No te preocupes, William, no pasar nada. Hoy no quiero estar aqu solo. -Por el interfono se te vea preocupado es algo grave? -No. Me patearn del trabajo el mes que viene. -¡Oh! -No importa, buscar empleo en otro lado. Pero ahora preprate a ve r algo nunca visto, William. El domo est lleno a rebosar. Los sistemas de refrigeracin y oxigenacin trabajan al mximo. El concierto va a comenzar y el aire adquiere la consistencia exacta, el grado de pesadez justo, para recrear el ambiente apropiado para la funcin. Si Leonardo quisiera, los rockeros de ah abajo estaran tan frescos como en una pradera de Gales durante un da de invierno... pero es o no sera apropiado a la ocasin. Repentinamente el ambiente musical cesa. Las luces se desvanecen. 200.000 rockeros ululantes se apagan. El silencio es total, la tensin se puede palp ar en el ambiente. Un fogonazo de luz y miles de vatios inundan el ambiente. Es Yevah que ha aparecido de la nada. Est arrodillado en el centro de la pirmide truncada. Toca un solo de su dactilgrafo snico. El sonido traspasa a lo s presentes y despus de medio minuto de acordes ininterrumpidos, cesa. Los corderos vitorean a Yevah, el rito ha comenzado. -Mralos, William, han despertado. tu nunca ha bas asistido a un concierto, verdad? -No. -Pues no te pierdas ste ser inolvidable. La msica es ensordecedora. El sonido brota de la pirmide, que es una gigantesca batera de altavoces. Las gargantas del pbl ico emiten sonidos inhumanos. Yevah y su grupo estn realmente atareados Percusores, sintetizadores dactilgrafos snicos, msica pregrabada y procesada por com putadora, todo un universo de sonidos electrnicos. Y por sobre todos se alza la voz de Yevah. Una voz desgarrada, ronca por

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41 aos y aos de gritos continuos. Una voz que acaricia o golpea a voluntad, que provoca llanto o ira a su antojo. -Sabes por qu Yevah vende tantas grabaciones? -Es muy bueno. -No, no es eso exactamente... Rpidamente los dedos de Leonardo tocan una serie de controles. Van Wicke piensa en voz alta. -Empezaremos a calentarlos con un poco de Di posinasa, esto les quitar la ansiedad y los relajar. ¡As! Con tres pa rtes por mil tienen suficiente por ahora. Vamos a ver la respuesta, O.K. Los grficos dicen que todo va bien. -¡Los... los ests drogando! -Por supuesto. Qu te crees que hace tan diferente a los conciertos en vivo? -Pero esto es increble. Sabes lo que ests haciendo? -Toda la esfera est repleta de receptores qumicos. El cuerpo humano, y el del rockero tambin, emiten seales qumicas especficas en respuesta a drogas especficas. La respuesta del cuerpo es dbil, pero aqu lo s instrumentos son muy sensibles, y adems, hay 200.000 alucinados all abajo. Janet y Rudolph estn abrazados, la cancin de amor de Yevah les estremece el corazn, recuerdan su primer viaje juntos lloran de emocin. Yevah entona su meloda: -Y SOLO POR TI... Y SOLO POR TI... -Bueno, ahora que los hemos bajado vamos a subirl os otra vez. veinte partes por mil de Dripadon y un poquito de Trasalat 3. -MATALOS. SI TE PISAN, MATALO S. NO PERDONES, MATALOS. Janet y Rudolph saltan rabiosos. Pareciera que quisieran aplastar el pavimento. Junto a ellos, 199.998 rockeros patean el piso furiosamente. -¡Oye, Wicki, esto es increble! -Y ahora es que est empezando. Ya vers lo que pasa cuando lleguemos a la primera hora. Ya han transcurrido cincuenta minutos de co ncierto. Yevah canta su himno de guerra, el tema que ms grabaciones ha vendido el ltimo mes; su ttulo: En la Fbrica. Las notas surgen con dificultad de la hinc hada garganta. Las venas del cuello estn muy dilatadas, todo el cuerpo se tambalea, embriagado de emocin. CUANDO LA VEAS Y ENTRAS EN ELLA. CUANDO TE AHOGAS DENTRO DE ELLA.

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42 NO LO DUDAS. CUANDO LAS LUCES NO TE DEJAN PENSAR. NO LO DUDAS. QUE HARAS? La marea rockera responde a coro: ¡L OS APLASTARE! ¡LOS APLASTARE! Cuarenta por mil de Pentatrex reforzado, cinco por milln de Bolotex 4. Leonardo tiene la camisa empapada. Est ta n concentrado que se ha olvidado de la presencia de su amigo. Rudolph se est deshidratando. Las pupilas est n completamente dila tadas, los juegos de luces inundan el ambiente, lo deslumbran. Tiene la piel sumamente irritada, el tacto de la ropa debe semejrsele al del pape l de lija. Su entrepierna est sumamente hmeda, y no precisamente por el sudor. Rudolph hace ya dos minutos que est eyaculando sin parar. El semen le mancha sus preciosos blue jeans y la ereccin se le sale de los pantalones. Pero R udolph no se da cuenta de nada de esto, l ya est en otro mundo, se ha ido de viaje. -Treinta y cinco por diez mil de Piramidasa reforzada. Diez por cien de Hatraxon 15. Janet se ha orinado en la malla verde, que ahora es transparen te, pobre Janet, como suda. Y es obvio para cualquiera que no es t drogado, que los sntomas de excitacin sexual son mximos en ella. Los pezones le abultan nota blemente. Pero hay algo que rompe el bello conjunto, Janet, por qu lo habr hecho?, hace ya como cinco minutos que se est masticando su labio inferior Toda su barbilla es de roja sangre. Simultneamente las esposas que la unen a R udolph le arrancan la piel, y se clavan profundamente en la carne. Todo el cuerpo lo tiene lleno de magulladuras, porque sus poco gentiles compaeros de metro cuadra do agitan sus puos en todas direcciones y cuando chocan, golpean implacables. Rudolph por su parte, se ha transformado en un gorila enfurecido, y nicamente las obvias li mitaciones de espacio impiden que corra aullando, no obstante alla. -Diez por cien de Cl orato de Cresita. -¡Eh, Wicki! Esa droga no es legal. -¡No importa! Voy a darles a los de ah ab ajo algo que nunca ol vidarn. ¡Respiradlo, malditos! Veinte por cien de Hatraxon 30 y subo el Clorato de Cresita al quince por cien. -¡El grupo de Yevah ha deja do de tocar! ¡Se van! -¡Claro!responde Leonardo. -Ese ambiente es irrespirable Si se quedaran hasta el final de la funcin no duraran ni cinco aos en el negocio. -Pero, si no hay msica, ¡no puede haber concierto! -Te equivocas, William. Ahora yo soy el concierto. Todos ellos son mos. Los controlo.

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43 La multitud eleva un grito a las alturas. Las mentes han sido disparadas en una carrera frentica. Todos los sentidos han sido af ectados por el cocktel de drogas y cada rockero ha quedado colgando en una galaxia personal. El tiempo pasa. Hace dos horas que el concierto comenz. Los rockeros emiten un murmullo montono. Leonardo ha estado ex plicando a William durante una hora las sutilezas del control por drogas. -Ves? Con el Tetraortato de Iridio logro que los cerebros se estabilicen en el nivel 23 durante cinco segundos, tiempo ms que suficiente para colocar tres partes por cien de Pentahidrato de Talantasa, en proceso de centrifugado rpido, claro. Hay que tener mucha prctica para leer las gr ficas de respuesta al Tetrao rtato, pero yo llevo aos en esto y... bueno, soy de los mejores. -Y ninguno de tus "pacientes se te puede escapar? -No, los tengo a todos bajo control. Las fl uctuaciones estadsticas son mnimas con estas drogas. -Y ahora qu hars? En el rostro de Leonardo ap arece una sonrisa cruel. -No entiendo, Wicki. -Siempre desee hacerlo, y ya que me van a despedir no importar mucho... -Explcate. -Escchalos, William. Te he mostrado lo que puedes hacer. Los manejo como a muecos. Saco de sus gargantas el soni do que mas me gusta. Cuando trabajo aqu arriba estoy solo. Me siento poderoso, algo sublime me llena soy feliz. Yo creo que lo mismo sentan los antiguos monjes cuando to caban el rgano en las fras y vacas catedrales. Cuando los observo, comprendo como un dios mira a sus criaturas. Y no resisto la tentacin de ver lo que puedo hacer con estas hormiguitas. Quiero ver como gritan, como se retuercen en agona en el instante que precede a la aniquilacin. ¡Oye, Wicki, eso que piensas es ilegal! -¡Ellos no son humanos, William! Se que no lo son. Yo los veo todos los das por la calle, con sus miradas de espectro. Y se lo que son sus vidas. Su nico mundo est aqu en los conciertos. No creas que ahora estn sufriendo. Se encuentran ms all del dolor. Y yo, su dios, los voy a llevar ms all an, y los voy a llevar ahora. La mirada de Leonardo es muy rara. Tal parece que la noticia del despido lo ha afectado mucho, y el agotador trabajo que lleva a cabo no debe aclararle mucho la mente. William medita en un rincn. Lo mejor ser salir de aqu cuanto antes. Yo no me voy a involucrar en una masacre. -Wicki, yo no quiero tener nada que ver con esto, yo me voy. Leonardo parece reflexionar. -Est bien, William. ¡Maldito seas! ¡Vete!

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44 William sale de la cabina. El centro de contro l en el que se encontraba est unido a la salida por un pasillo de plstico transparen te. Al final del mismo hay una esclusa que lo llevar a la calle. Pero cuando William va a abrir la esclusa, advierte con horror que no sabe la combinacin. Tendr que permanecer en el pasillo hasta el final del concierto. Al concluir el es pectculo las puertas se abrirn automticamente. Despus de todo y contra su voluntad, William ser test igo del sacrificio. El pasillo transparente le permite ver y oir, protegindolo simult neamente de las emanaciones que flotan en el enrarecido aire de la cpula. -Cinco por cien de Trapadn 4. Tres por m illn de Octadrin fosfatado. Veintiocho por cien de Cloradina S. Ellos son una sola bestia, herida y aco rralada. Emiten un grito que simultneamente implora piedad y exige ms placer. El espectculo es algo nunca visto. Rudolph y Janet se mueven como marioneta s epilpticas. Los espasmos recorren sus cuerpos, es como si estuvieran bajo un shoc k elctrico. Sus ojos estn rojos de sangre, sus rostros amoratados, de un violeta pr ofundo. Tienen los cabellos de punta. Arriba, en la nave espacial, Van Wicke re como un loco, contagiado de la fuerza que emana de sus creaciones. -Y ahora el apocalipsis, cincuenta por mil de Hiporidon y treinta y seis por diez millones de Trapertita diluda en Clorato de Cordano. Rudolph y Janet van a reventar. Sus corazone s rebasan los doscientos ochenta latidos por minuto. Su tren se dirige en loca carrera hacia el infinito. No saben lo que les pasa, la experiencia que viven sobrepasa ampliamente la capacidad humana de percepcin. Pero su organismo no ha sido diseado para esto. Los riones se hacen pedazos, el hgado se disuelve y caen fulminados. Bueno, en realidad no caen, no pueden caer porque sus compaeros de metro cuadrado estn pegados a ellos y no hay espacio fsico para derrumbarse. simplemente se que dan rgidos y fros, como maniques, con los ojos abiertos, mirando al cielo. William est de rodillas en el suelo del pas illo. No lo puede creer. Su asombro es tan grande que se le ha olvidado cerrar la boca y la saliva le cae por la comisura de los labios. -¡Lo est haciendo! ¡Los est aniquilando! ¡Los destruye...! ...y ahora, mis estimados amigos, las noticias locales. Cerca de cincuenta mil jvenes perecieron hoy en lo que puede considerarse la mayor catstrofe de todos los tiempos. El nefasto acontecimiento tuvo lugar en el saln de concie rtos de esta capital. Las causas del hecho son oscuras, pero las au toridades han tomado parte inmediatamente en el asunto. Las investigaciones sern exhaus tivas, dijo el alcalde. Desde el lugar de los hechos nuestro compaero Alex. Adelante, Alex... 1985 [ tomado de Cygnus 1]

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45 S"LO UN JUEGO Jorge De Abreu Ciento cincuenta caballeros al trote por el camino, ciento cincuenta caballos sudorosos, ciento cincuenta espadas largas y pesadas, ciento cincuenta lanzas enhiestas de aguzado filo. Pequeo-burgus dorma plcidamente, siempre lo haca, en la cama circular que haba en el centro de la habitacin. A un extremo de la estancia, al lado de una extensin del cibergentico central, se encontraba Ca marada tecleando con tranquilidad en el ordenador que tena ante si. Pequeo-burgus se revolvi en la cama y abri los ojos, el techo ondulaba del rosa al azul celeste, suaves tonos pastel. Pequeo-burgus se qued un largo rato all tendido, mirando abso rto las suaves lneas ondulantes y la gradual degradacin cromtica. Al fn, aburri do, se apoya sobre sus codos y dirige su mirada hacia Camarada. Emite un sonoro boste zo, Camarada se vuelve con una sonrisa y le dice: -Al fin despiertas. -Qu haces? -pregunta sin muc ho inters Pequeo-burgus. -Slo lea las noticias. -Y? -Y, qu? -Algo importante? -¡Ah! No, nada, lo de siempre. -Bien -Pequeo-burgus se levanta. En real idad le importa poco cualquier noticia a menos que sta lo afectara en algn sentido. All Camarada y sus tontos caprichos.

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46 Pequeo-burgus se acerc al lavabo y se enjuag el rostro, el sueo se disipaba de su mente rpidamente. Comenz a afeitarse me tdicamente y sin volte arse le pregunt a Camarada: -Imagino que ya supervisaste la cosecha? -S, esta maana al levantarme. -Bien. Camarada apag el orde nador y se levant. -Sabes? Creo que este ao ser magnfico. Slo hemos pe rdido veinte mil hectreas. Haremos un negocio redondo. Pequeo-burgus sonri, su mejilla se curv y por consiguiente la hojilla realiz un pequeo corte en su rostro, pequeo pero doloroso. La sangre a pequeas gotas inmediatamente comenz a manar. -¡Maldita sea! -Qu pasa? -pregunt alarmado, Camarada. -Coo, me cort. Hoy no va a ser mi da. -Clmate Camarada se acerca y observa el corte. -Mariquita, no es nada, slo es un rasguo. Anda y crate. Cada da ests ms chilln, Pequeo-burgus. -Debe ser la edad -Pequeo-burgus sonr e y enciende la medimquina, un poco anticuada pero funcional.As que la co secha anda sobre ruedas -Pequeo-burgus entorna los ojos ensoado por el delicios os ronroneo de la mquina que estaba cicatrizando sus tejidos. -S, creo que produciremos varias me gatoneladas ms que el ao pasado. -Magnfico. -Te dije que este negocio era redondo. -S, ya lo se -Pequeo-burgus estaba has tiado de oir lo mismo todos los das. "El negocio es redondo, o no?". "Ya te lo dije". "¡Verdad que ahora no te arrepientes!". "Bla, bla, bla... ¡Blaaaaa!" Ob stinaba de verdad la cantinela repetida una y otra vez. Pequeo-burgus observ detenidamente a Cama rada y crey ver un brillo en su mirada. Pajo, seguro lo haca a propsito. Sonri. La medimquina ces de ronronear y term in su labor. Su voz mecnica (aunque en realidad era electrnica, sona ba mecnica. Pequeo-burgus crea que se trataba de un estereotipo) dijo: -Tenga mayor cuidado la prxima vez.

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47 Maldita mquina, si supiera como callarla. Si slo lo supiera. Pequeo-burgus apag la medimquina y se sent en una poltrona. Camarada se divirti cuando vi el rostro de Pequeo-burgus, mitad afe itado, mitad sin afeitar. -De qu te res? -pregunt algo irritado, Pequeo-burgus. -No has terminado de afeitarte. -Al diablo. Quin me va a ver, t? -Pequeo-burgus se ri de su ocurrencia.Ya comiste? -agreg por casualidad. -No, tu bien lo sabes. He bebido s lo caf, luego le las noticias. -Voy a comer, quieres? -Por supuesto. Pequeo-burgus presion el teclado de la el ectro-despensa, apareci el listado de reas. -Qu quieres? -Me da igual. Pequeo-burgus escribi "desayuno". El mon itor le present otro men y esta vez seleccion "aves", "lcteos" y "pan". Los menes pertenecientes a cada rengln aparecieron en ese orden. El estmago de Pequeo-burgus ya protestaba, as que apur la seleccin. Los rboles que bordeaban el camino ocultaba n parte del ejrcito de caballeros que, con sus ornamentadas armaduras, marchaba n hacia tierra santa. Sus estandartes plagados de cruces y colores pregonaban a leguas su divina misin. Sus espadas, pesadas y enormes, estaban prestas a caer sobr e los perros infieles, los infieles de la colina, los de la fortaleza metlica que bril laba a travs y por encima de la densa arboleda. Los huevos y el queso ya comenzados a mutilar yacan exnimes sobre los platos. Pequeo-burgus cort un trozo de pan y se lo llev a la boca, Camarada coma apaciblemente frente a l. -¡Camarada! Camarada dej en suspenso un trozo de que so que se llevaba a la boca y pregunt: -Qu? -Vamos a utilizar el ordenador ahora! -era una pregunta de tono ambiguo. Mitad afirmacin, mitad pregunta. -Ya lo haba pensado. S, no te preocupes. No te bast con lo de anoche, eh? Pequeo-burgus casi se atragant pero logr articular: -No me comprendes, Camarada, no es eso. -No?

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48 -No, no mas mujeres. Acaso crees que lo tengo de acero? -Yo cre... No me digas que no te gusta? -pregunt con sorna. -¡Carajo! Claro que me gusta, pero no por eso voy a estar acostndome con mujeres las veinte horas del da. -Pero, Pequeo-burgus... -¡No, he dicho que no! Desde que compramo s el maldito programa es lo nico que hemos hecho, estoy cansado, ¡estoy agotado! Siempre, siempre, noche tras noche. Hasta no saber que hora es. Comer a cualqui er hora o no comer en absoluto, y slo mujeres, y tirar, y luego dormir. No ms, al menos por ahora. -Es definitivo? -S. -Entonces, no mas mujeres. -¡Espera, ests loco! No te precipit es. Vamos a moderar, no a abstener. -Es un alivio. Entonces, qu hacemos hoy? -Vamos a divertirnos un poco. Quieres una batalla? -Qu quieres decir? -Escucha. La elegante y reluciente fila se detuvo, los caballeros alistaron sus lanzas. Ante ellos se alzaba la imponente fortaleza, se persignar on y se lanzaron a la carga. Dispuestos a tomar la inmensa mole de metal. PROGRAMA: creacin. AREA: Historia. -Historia? -pregunt intrigado Camarada. -S -Pequeo-burgus ingres fechas y apareci un men bastante restringido, seleccion "cruzadas" y carg el programa generador. -Cruzadas? -pregunt Camara da.Qu vas a hacer? Pequeo-burgus sonri y continu tecl eando datos y comandos, le dijo: -Vamos a tener una hermosa batalla. -Quines? -Nosotros. -No es peligroso? -Al contrario; son cruzados, unos brbaros que slo tendrn espadas y lanzas.

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49 Pequeo-burgus ri y sigui im primiendo rdenes. Camarada se sent a su lado y observ el gil movimiento de los dedos de Pequeo-burgus. No haba dudas de que Pequeo-burgus era un artista creando cosa s y situaciones. Camarada evoc las noches pasadas. CONEXION A CIBERGENETICO. Pequeo-burgus pulsa la orden y se vuelve hacia Camarada: -Ya est. -Comprendo la labor del ciberg entico. Pero... y las armas? -Imagino que el cibergentico las generar. -Materia viva? -Quizs. -Cmo lo sabes? -No se abort el programa. Esperemos. ¡Un momento! Alista el can misilstico de la torre. -Con gusto... Y, toma -Camarada le lanza un revlver que saca de una gaveta.Por precaucin. Pequeo-burgus asiente. Recoge el revl ver y comprueba que est descargado. Menos mal. Ahora lo cargara, tena tiempo. La tropa no alcanza el muro, una carga del ca n explota a tres metros de la formacin causando el pnico y el terror. Pedazos de carne y hueso golpean a los sobrevivientes. Otra carga ms y el campo se reduce a un cementerio donde yacen muertos y moribundos. -¡Mira! ¡Mira, Pequeo-burgu s! ¡Mira cmo corren! -Djame a m ahora -Pequeo-burgus toma el can y dispara, cuando el humo se disipa ya nada se mova en el campo de batalla. -Fue muy rpido -dijo algo frustrado Camarada. -Tienes razn, la prx ima vez utilizaremos un arma menos potente. -En fin, nada es perfecto. -Bueno, salgamos a rematar a unos cu antos. Ante todo que no sufran. Vamos, pues -Camarada an estaba un poco desanimado. Pequeo-burgus sali al campo c on su revlver y comenz a reventarles la cabeza a los heridos que an geman sus desgarra das carnes. Qu buena idea haba sido, despus de tanta soledad, de soportar el tr ato de los mercaderes, sta era una buena catarsis. Claro que s. El nico problema er a el deshacerse de los cadveres. Tendran que quemarlos. ¡Qu inconveniente Bueno, todo tena su precio.

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50 -Pequeo-burgus -dijo Camaradala prxima vez podemos crear un campo de concentracin. -Levant la cabeza de un caballero mutilado que an sollozaba en silencio y le meti el can del revlver dentro de la ensangrentada boca: -Muerde esto, hijo de perra -y dispar. Pequeo-burgus observaba como el nimo de Camarada iba en aumento, pareca un nio con un juguete nuevo. ¡Qu feliz luca! Definitivamente la idea de Camarada era buena, la prxima vez crearan un campo de concentracin. Bueno, sin olvidar a las mujeres. Pequeo-burgus sonri y volvi a disparar. 1985 [tomado de Cygnus 1]

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51 CONCIENCIA RECUPERADA Ronald R. Delgado C. El cuerpo del conocido magnate Victor Aaronson Acher entr a la sala de emergencias rodeado de al menos una docena de enfermer as y cuatro de los mejores doctores del Estado. Mientras una de las enfermeras ab ra el camino en direccin al preparado quirfano, otra, montada sobre su inerte figur a, aplicaba la maniobr a tradicional de la resucitacin cardio pulmonar. La camilla deja ba tras de s un riachuelo de sangre que se desdibujaba gracias a las pisadas de los agitados pr esentes, y las personas alrededor miraban con atencin, pregunt ndose qu habra sucedido. Los doctores que acompaaba n la escolta se sumaron a otros dos que esperaban en el quirfano, e inmediatamente come nzaron el procedimiento, en medio de preguntas, exclamaciones y la rpida accin de todas las enfermeras. —Qu sucedi? —pregunt uno de los doctores del hospital. —Estaba volando uno de sus jets —dijo ot ro de los doctores—, aparentemente un desperfecto en el aparato lo mand direct o a tierra. Era el nico dentro del avin. Retiraron sus ropas para encontrar un cuerpo mancillado y baado en sangre. Inclusive los mdicos arrugaron su s rostros al observar tal escena.

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52 —Muri inmediatamente? —pregunt un nuevo doctor. —No, hace tan solo tres minutos que su co razn dej de latir. Mantenemos su sangre circulando para que pueda ser descargado Uno de los mdicos asinti. —Bien, entonces no perdamos tiempo —dij o, y trajo para s un pesado equipo que descansaba unos metros ms all en la habitacin. Se trataba de una enorme mquina com puesta por un sinfn de monitores de computadora y mdulos visuales, acompaada de una serie de flagelos que sobresalan de la estructura, hacindola un tanto bizarra. El doctor a cargo tom uno de los flagelos y, luego de manipular la consol a de control de la computa dora, se despleg ante l un brazo mecnico rodeado de fibras pticas y materiales biomecnicos. Al final del brazo, una estructura aboveda da mostraba un par de finos alambres sobresaliendo tan solo unos dos centmetros. Otro de los docto res palme por el hombro a la enfermera que aplicaba la resucitacin y sta se de tuvo en seguida, bajndose de la camilla. —De prisa, de prisa —apur uno de lo s doctores—, no tenemos mucho tiempo. —Enseguida —dijo el doctor que manipulaba el brazo mecnico, tras enjugarse la frente. Despej el rea detrs de la cabeza de l viejo Acher y sin vacilar ajust la estructura abovedada en la curva de su crneo. Apret tres uniones ocultas en el aparato y ste se sujet firmemente luego de emitir un silbido. —Muy bien, todo listo —dijo el doctor, y otro tom su lugar frente a la consola. El sujeto tecle un par de veces y lu ego apret el inte rruptor de mando. El brazo sise y comenz a vibrar suavemente En uno de los monitores del equipo, las palabras: Descarga en Proceso ", titilaban en claras letras de color verde. Bajo ellas una barra coloreada indicaba el progreso. El doctor tamborile el teclado murmurando algo ininteligible, mientras el resto de los doctores y las enfermeras contemplaban el monitor en silencio. Finalmente, un mi nuto y medio despus, las palabras: Descarga Completa aparecieron en el espacio del monitor y fueron acompaadas por exclamaciones de alegra y alivio por parte de los doctores y enfermeras. El doctor que controlaba la consola tecle una serie de comandos y luego habl con suavidad hacia el aparato: —Seor Acher, se encuentra bien? Un zumbido seco proveniente de algn l ugar de la computadora se convirti unos dos segundos despus en una clara y serena voz humana. —S, me encuentro bien, pero... no pue do ver nada, Qu sucedi? Recuerdo haber perdido control de mi jet y luego... —No se preocupe, seor Acher —inte rrumpi el doctor—. Tuvo un accidente en su avin y, lamentablemente, sufri much as heridas. No pudimos salvar su cuerpo, pero por fortuna pudimos descargar su conciencia a tiempo. —Mor otra vez? —pregunt Acher c on un tono alegre. Todos sonrieron. —S, seor Acher. Muri otra vez. —¡Vaya! —dijo—. Es reutilizable lo que qued de m?

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53 El doctor observ la figura que yaca en la camilla. —No lo creo, seor Acher. Tendr que clonar uno nuevo. La computadora suspir. —Nada que unos cuantos millones no solucionen, cierto? El doctor solt una risita y se volvi al resto del equipo indicndole a las enfermeras que retiraran el cuerpo. —Por favor, doctor —dijo Acher desde la computadora—. Qu sea de treinta aos. Que mi apariencia sea de treinta aos cuando me regresen. El doctor mir a una de las enfermeras y exclam. —Ya lo oste, procesa la peticin inmediatamente. —¡Gracias! —dijo Acher, y en la in mensa oscuridad de su conciencia recuperada saba que tendra que esperar unas dos semanas para tener su nuevo cuerpo. Al menos eso haba esperado la vez anterior. (Tomado de Axxon 151) Dice Ronald R. Delgado Cruz: "Siempre y cuando tenga mos un par de clulas vivas y la vieja y siempre confiable computadora junto a nosotros, la muerte, real mente, no importa..." Este venezolano de 24 aos es Fsico, egresado de la UCV. Actualmente vive en Caracas, donde est haciendo el postgrado de Computacin Emergente en Ingeniera.

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LAS TERTULIAS CARAQUEAS DE CIENCIA FICCION, FANTASIA Y TERROR Susana Sussmann La idea de hacer tertulias de ciencia-ficci n, fantasa y terror en Venezuela tuvo su germen en la Tertulia de Madrid, a la cual asist en una ocasin en la que pasaba par esa ciudad par razones acadmicas. Eso fue hace 8 aos, y desde entonces no he dejado de desear volver a pasar una agradable noche coma aquella. La Tertulia Madrilea naci en 1990 como una reunin informal de aficionados a la ciencia ficcin, la fantasa y el terror, y no ha perdido ese carcter Informal en los quince aos de existencia que lleva. La Tertulia Madrilea se rene semanalmente. Hace un par de aos me enter de que en Bu enos Aires tambin se hacan tertulias, pero mensuales. Cuando supe que ellos haban copiado la idea de los espaoles me dio un poquito de envidia, pero e nvidia de la sana, y se me ocurri, por insistencia del organizador de las bonaerense s, el escritor Sergio Ga ut vel Hartman, tratar de organizar algo similar aqu en Caracas. As fue como naci la Tertulia Caraquea de ciencia-ficcin, fantasa y Terror, que lleva reunindose una vez al mes desde hace mas de 2 aos. Pero, qu es una tertulia? Si buscamos la palabra tert ulia en el diccionario, nos encontramos con que es una re unin de personas que suelen juntarse para conversar o pasar gratamente el tiempo. Nuestras tertu lias no pretenden ser ot ra cosa que lo que indica la definicin del diccionario: una re unin mensual de un grupo de aficionados al gnero fantstico, con la excusa de tratar sobre la ciencia-ficc in, la fantasa y el terror, tanto en la Literatura como en cualqui era de sus manifestaciones. Y a eso nos dedicamos, a conversar y pasa r gratamente el tiempo. En nuestras tertulias se renen lectores hab ituales o espordicos de l gnero, es critores,

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55 aspirantes a serlo, editores, faneditores, curiosos e incluso amigos o familiares de alguien de la tertulia. Porque el nico requisito para part icipar es presentarse y tener inters por el genero fantstico. la tertulia esta abierta a todos, sin distincin alguna. No existen directrices que ma rquen la lnea a seguir, ya que no es un club, ni una asociacin, ni nada que obligue a sus mi embros a seguir normativas oficialmente marcadas. La Tertulia Caraquea se rene el tercer sbado de cada mes, a partir de las 5 de la tarde, en el Restaurante Kudasal, en la Castellana. Cualquier persona que lo desee puede acudir con total libertad y sentarse a nuestra mesa a compartir con los aficionados al genero. Cualquier informacin adicional, pued en contactarme por el telfono 0412.990.80.92, o al correo electrnico su ssmann.susana@gmail.com. Tambin tenemos una lista de correo en yahoogroups llamada TertuliasVenezo lanas, a la cual pue den suscribirse si desean estar al tanto de las fechas de reunin.

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56 Venezuela: El Reformador”, nuevo corto venezolano de ciencia ficcin “El Reformador” es un corto de diez minutos que explora el gnero fantstico y tiene mltiples referencias contemporneas en su realizacin, all veremos huellas del comic norteamericano y los animes ja poneses, pero particularmente, el famoso mediometraje francs, La Jete (Chris Marker, 1962), La Jete, una pelcula de gnero de ciencia ficcin que fue realizada filmando fotografas, la tcnica que est rein terpretada en este cortometraje venezolano, “El Re formador” de Hector Puche. Para su director Hect or Puche, “El Reformador” es pr oducto del principio de aprender haciendo durante tres aos con un equipo de alta motivacin. “definitivamente el secreto de esta pelcula fue haber logrado la colaboracin de un equipo de talentosos amigos, sper creativos y enamorados de la pelcula, como Maylen Valladares, Miguel A. Prez, Oswaldo Valladares y Gilda Gil, Marta Ramrez, Carola Puche, John Ortiz y la gente de Beka produccin”, nos dice Puche Para la puesta en escena de “El Reformador ”, el director trabaj como si estuviera haciendo una imagen en movimiento para video o cine, tomando un total de casi 14.000 fotografas, de las cuales cerca de 500 conforman el corto despus de trabajarlas en photoshop y el programa Af ter Effects. Esto permiti separar los diferentes planos, el fondo de una misma foto y convertir una foto en tres o cuatros piezas que se sobreponen una sobre otra cr eando una sensacin de movimiento bien interesante. “Lo cierto –dice Puchees que me pas trabajando en la realizacin del corto, un promedio de cuatro horas diarias dur ante tres aos. Fue un esfuerzo titnico y el producto final me tiene muy satisfecho” El ingeniero de sonido An tonio Garrido trabaj cada una de las pistas, efectos, ambiente, dilogos y la fantstica mezcla envo lvente del corto cuenta con la msica de

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57 Edgar Lanz, “compartir la realizacin de mi pelcula con un equipo que se apasiona por ella, fue una grata experiencia”, enfatiza Puche. Hector Puche, joven realizador venezolano, se ha destacado en el campo de la fotografa y de la producci n de cortos para Vale TV En cine ha realizado un cortometraje LA LLUVIA (2001), actualm ente realiza VIDAS EN PARQUE, un documental en video sobre la cotidianidad de Parque Central y desarrolla los guiones de dos largometrajes, TODO POR LA TAQUILLA y de YARA, Princesa de la montaa, con tcnicas de animacin. Sinopsis Desde las entraas del subsuelo, emerge la figura descomunal de El REFORMADOR 63, despus de pasar varios meces encerado con Clara, una joven victima del sus misiones. A su salida El reformador hace un recorrido por el cen tro de la ciudad y termina rastreado por el jefe de operaciones de la orga nizacin subterrnea a la que pertenece, encargada de establecer el or den en la superficie. Al igual que el Reformador 63, todos los integrantes de la organizacin son de naturaleza deforme. El jefe da instrucciones a otros reformador es para la captura de l 63. Es encontrado y llevado inconciente al dispensario. Cuando se de spierta se ve frente al jefe y sus dos asistentes, mareado y con todos sus recuer dos borrados. El Reformador 63 es dejado en libertad, reprogramado en su misin de re forma y el compromiso para establecer el orden en la ciudad. Repentinamente aparece el recuerdo de Clara. Mientras, en la Organizacin el jefe m onitorea cada paso de los reformadores, especialmente al Reformador 63. Los r ecuerdos de Clara siguen apareciendo y perturbando cada vez ms y ms al Reformador… Ficha Tcnica. EL REFORMADOR (Venezuela, 2007). Director: Hctor Puche Reparto: Franklin Cova, Greysi Mena, Emiliano Molina, Magalys Alvarez, Andres Villegas, Alexander Fontaines, Cesar Nuez, Nelson Nuez, Jos Antonio, Isael Reyes Guin: Hctor Puche Fotografia: Hctor Puche, Jhon Ortiz Msica: Antonio Garrido, Edgar lanz Montaje: Hctor Puche y Carlos Daniel Mala v, realizado en Fotogr afa Digital (2003) Formato: video Duraccin 12:27 min Gnero: Ciencia Ficcin Tcnica: Animacin Produccin: Hector Puche, Beka, DeLaonza Films y Quintovisual Productor Asociado: Antonio Garrido Jefe de Produccin: Maylem Valladares Produccin de Campo: Miguel A. Prez

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58 Casting: BekA Direccin de Arte: Oswaldo Valladares Asistente de Arte: Gilda Gil Maquillaje; Marta Ramirez Diseo de Vestuari o: Merbel Puche Confeccin de Vestuario: Carmen de Puche Prensa: Ancheta Comunicaciones

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59 HISTORIA DEL CINE CIBERPUNK 1993. ACCI"N MUTANTE (ESPAA) Estamos en el futuro, ao 2012. El mundo es t dominado por pijos y nios bonitos. Slo "Accin mutante" lucha contra el sistema: un grupo de minusvlidos fsicos dispuestos a acabar con la sociedad que les ha marginado. Deciden dar el gran golpe. Ramn Yarritu, el lder, vuelve de la crcel con un magnfico plan: secuestrar a Patricia, hija del seor Orujo, industrial, millonario y famoso por sus panecillos integrales. Eligen para ello el da de su boda. Tras algunos problemas y unos cuantos muertos la operacin es un xito. El punto sealado para la entrega del rescat e ser el bar "La mina perdida", en el planeta Axturias, remo to paraje habitado tan solo por mineros. Todo parece sonrer a los miembros de Accin mutante, pero en el trayecto, a bordo de su nave especial, surge la tragedia.

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60 Envidia y traicin harn que nuestros hroes se enreden en una lucha fraticida de la que slo se salvarn los ms fuertes. Despus del genial cortometraje surrealista Mirindas Asesinas y llevarse multitud de premios, sorprendi con su primer largometraje, Accin Mutante Esta obra es una de las que mejor describe todo lo que quiere ex presar Alex de la Iglesia: humor negro, irona, crtica a la sociedad, accin, te rror, sexo, violencia, ciencia-ficcin y en especial todo lo que englobe "lo absurdo". El film tiene un importante mensaje revol ucionario, reflejndolo slo con que los hroes sean deformes y los enemigos sean nios guapos y gente rica, prestigiosa e hipcrita, y quizs eso sea lo que ms se caracte riza de las otras peliculas de Alex de la Iglesia, en las que en todas ellas salen actores que ya han colaborado con l antes y eso es una de las cualidades que i ndican personalidad en sus obras. Actores como por ejemplo Al ex Angulo, Santiago Segura, Terele Pvez, Saturnino Garca, Ramn Barea, Carmen Maura, Eduardo Gmez, Enrique Villn, Sancho Gracia y el Gran Wyomi ng. Al igual que en toda su carre ra profesional, el director cuenta con Jorge Guerricaech evarra como co-guionista. Despus de que Mirindas Asesinas fuera un xito, Pedro Almodovar decidi producir esta cinta a travs de El Deseo, su propia productora. El elenco de actores tiene caras conocidas y funciona bastante bien, teniendo como protagonista principal a Antonio Resines, haciendo del lder de la banda llamado Ramn, un mutante en clave de malvado tipo duro. Tambin hay que sealar la intervencin de Alex Angulo y Karra Elejalde. Para interpretar a la bellisima chica de la pelcul a le ha tocado en esta ocasin a Frdrique Feder. Sin olvidarse de las interpretaci ones en segundo lugar de Fernando Guilln, Enrique San Francisco y Ram n Barea, que hace el pape l de un simptico hermitao del planeta Axturias. El tema musical del film est combinado con la original y gr aciosa presentacin. Y refiriendonos al aspecto musical se hace una parodia de Misin Imposible poniendo su famosa meloda en los primeros minutos de la cinta. Accin Mutante derrocha originalidad siendo una joya del cine espaol que mezcla ciencia-ficcin al estilo ciberpunk (gnero m uy poco usual en el cine de nuestro pas) y humor absurdo, siendo as uno de los mejores films del autor.

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61 Alex de la Iglesia es tal v ez uno de los directores ms ci dos de la cinematografa de habla hispana, Reconocido por un estilo caracterizado de imgenes “fuertes” (demasiada sangre), es distingu ido por ofrecer un tipo de cine juvenil. de la Iglesia es licenciado en Filosofa de la Universidad de Deusto en Bilbao, Espaa. Aunque de la Iglesia opto por desarrollar su creatividad artstica trabajando a lo largo de su vida en el comic (historietas) y el cine. Sus primeros trabajos (en comic) fueron publicados en La Gaceta y El Correo, ambos diarios reconoci dos de su pas. Una de las ms grandes caractersticas en el cine de Alex de la Iglesia es el frecuente modo de humor “negro” que se puede apreciar en su filmografa. Accin Mutante, muestra la historia de un gr upo insurgente de revolucin en contra de los estandartes de la belleza que cada v ez hacen mas insensible a la humanidad. El grupo de Accin Mutante que es liderado por Ramn Yarritu, decide secuestrar a Patricia Orujo, hija de un importante empres ario. Ramn y su banda llevan a Patricia a Asturias un planeta habitado nicamente por obreros (en Asturias se desarrollaron los inicios del Partido Socialista Obrero Espaol, el socialismo es algo que ha caracterizado en parte a Alex de la Iglesia, sus pelculas cuentan con colaboraciones de la banda Def Con Dos, quienes denuncian co nstantemente injusticias sociales en Espaa. En la msica contempornea espa ola se ha podido divisar un fuerte movimiento de izquierda con bandas reconocidas en pases de habla hispana como Boicot, La Polla, Los Muertos De Cristo y Eskorbuto). Tras el secuestro los miembros de Accin Mutante terminan siendo victimas de la desconfianza y se asesinan entre ellos y Pa tricia termina enamorndose de Ramn el lder de la banda. Este repentino sentimie nto de Patricia es reconocido mundialmente como el Sndrome de Estocolmo, una forma de llamar la aceptacin de las victimas de un secuestro hacia sus secuestradores. A este sndrome se le dio este nombre por la defensa que dieron los rehenes de un banc o en Estocolmo de sus secuestradores, argumentando que los secuestradores eran aun mas humanos que los oficiales de polica. Esta Pelcula es el primer Largometraje de Alex de la Iglesia y su segundo trabajo como director, antes de dirigir Accin Mutant e, de la Iglesia rea lizo un cortometraje titulado Mirindas Asesinas (1991) este es un cortometraje de bajo presupuesto en el que un psicpata entra a un bar y busca cualqui er pretexto para asesinar a quienes se encuentran en el bar o entran mientras el se encuentra ah. El cortometraje llego hasta Pedro Almodvar, uno de los directores de cine espaol ms reconocidos y premiados de los ltimos tiempos. Almodvar decidi produc ir una pelcula de Al ex de la Iglesia, la cual terminara siendo Accin Mutante, su opera prima. Al igual que su cortometraje Mirindas Asesinas, de la Iglesia mantiene en Accin Mutante el reflejo de una gran influencia del Cine B, el cual es considerado cine pretencioso y de mala calidad. El Cine B se origino en la poca de crisis econmica que tuvo estados Unidos a finales de la dcada de los 20, las producciones se realizaban con presupuestos muy bajos y la calidad de las pelcul as era custica. Las productoras usaban estos films como ganchos proyectndolos grat uitamente generando un 2 x 1 (2 pelculas por el precio de una proyeccin) para que hubiera mayores asistencias en los grandes estrenos. El cine B despues genero fanticos que admiraban la valenta de los directores y se reunan a detallar los gran de errores de script, la mala calidad de sus efectos especiales y lo muy absurdo que solan ser sus historias.

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62 FICHA TCNICA Direccin lex de la Iglesia Guin lex de la iglesia y Jorge Guerricaechevarra Productor ejecutivo Agustn Almodvar Directora de produccin Esther Garca Director de fotografa Carles Gusi Director artstico Jos Luis Arrizabalaga Diseo de vestuario Estbaliz Markiegi Montador Pablo Blanco Maquillaje Efectos Especiales Hiplito Cantero Maquillaje Paca Almenara Efectos Especiales Olivier Gelyze, Ives Domenjoud, Jean Baptiste Bonetto y Bernard Andr Le Boette Msica Juan Carlos Cuello, Def Con Dos y otros.


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