USF Libraries
USF Digital Collections

Qubit

MISSING IMAGE

Material Information

Title:
Qubit
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Cubit
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- History and criticism -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - Q01-00031-n31-2008-02
usfldc handle - q1.31
System ID:
SFS0024302:00031


This item is only available as the following downloads:


Full Text
xml version 1.0 encoding UTF-8 standalone no
record xmlns http:www.loc.govMARC21slim
leader 00000nas 2200000Ka 4500
controlfield tag 008 000000c19749999pautr p s 0 0eng d
datafield ind1 ind2 040
subfield code a FHM
c FHM
8 024
Q01-00031-n31-2008-02
FHM
FHM
049
FHM
0 245
Qubit.
n No. 31 (February 2008)
260
[Havana, Cuba] :
b Cubit
February 2008
310
Monthly
650
Science fiction, Latin American
v Periodicals
Science fiction
x History and criticism
Periodicals
Science fiction
Periodicals
1 773
t Qubit.
4 856
u http://digital.lib.usf.edu/?q1.31



PAGE 2

2 ndice: 1. Entre el desierto y el entusiasmo: Pano rama de la ciencia ficcin en el Per, Daniel Salvo 2. XYZ, novela grotesca (fr agmento), Clemente Palma. 3. El asunto del Dr.30, Alberto Hidalgo 4. Un ejrcito de locos (fragmento) J. B. Adolph 5. La rueda del progreso, Daniel Salvo 6. Test de Turing, Enrique Prochazka 7. Clonandino. Adriana Alarco. 8. Un ayer yace entre flamas, Isaac Robles 9. Historia del cine ciberpunk. 1993. Demolition Man. Cyborg 2. Para descargar nmeros ant eriores de Qubit, visitar http://www.esquina13.co.nr/ Para subscribirte a la revista, escribir a qubit@centro-onelio.cult.cu

PAGE 3

3 Es un hecho conocido que nuestro mundo literario est mayoritariamente adscrito a la vertiente que podramos llamar "realista", de modo que el lector usual podra pensar que en el Per no se han dado manifestaciones de los mal llamados gneros menores, como son la ciencia ficci n, el terrorfico, el policial y el fantstico. Nada ms lejos de la verdad. Lo que ocurre es que nuestra industria editorial no tiene la envergadura de sus similares de otras latitudes, donde puede hablarse de tirajes de millones de ejemplares, mientras que en nuestro pas un escritor novel suea con tirajes de cientos... Mal que nos pese, es nuestra realidad. Por consiguiente, si tomamos en cuenta ambos factores, el resultado ser que la produccin literaria "alternativa" pasar desapercibida para el gran pblico, de modo que difcilmente una novela de ciencia ficcin o de horror "a la peruana" podr formar parte del canon de "las novelas ms importantes de la dcada" o similares, que suelen pub licarse en revistas especializad as. De modo que una relacin de novelas o relatos de ciencia ficcin nacional simpleme nte no existe en el mercado, ni parece ser objeto de inquietud acadmica. Y sin embargo, se mueve... Pese a que uno no espera ra encontrar nada en el panorama antes descrito, pues resulta que no est tan yermo como pareca a simple vista. Escritores hay que, en el pasado o en el presente, se han atrevido a ir contra la corriente prorrealista, vanguardista, JUM, indigenista, etctera, y han incursionado en los gneros descritos: Mario Vargas Llosa escribi la novela policial Quien mat a Palomino Molero Julio Ramn Ribeyro tiene varios cuentos fantsticos, al igual que Harry Belevn, compilador de la excelente Antologa de la literatura fantstica en el Per (1977). En el presente artculo, trataremos especficament e de la ciencia ficcin, aunque previamente tenemos que hacer una precisin. A diferencia de otros pa ses, no existen en el nuestro editoriales con colecciones o apartados especficos para la ciencia fi ccin (o para los otros gneros). Y eso dificulta la identificacin de dichas obras. Generalmente, la ciencia ficcin se define como un gnero que se ocupa del impacto que en el futuro tendrn las innovaciones cientficas, incluyndose lo s avances en ciencias sociales. En ese sentido, y para bien, pierde esa aura de infantilismo y de lite ratura slo para iniciados que muchos fanticos

PAGE 4

4desean que posea, sin caer en cuenta que as contribu yen al desprestigio del gnero y a la visin del aficionado como un excntrico. Simplificando as las cosas, qu tiene de raro que un escritor, en un momento dado, comience a especular acerca del futuro, del porvenir, extrapolando la realidad que tiene a su alrededor? No es necesario contar con un entorno de alta tecnolog a, como pueden tenerlo los norteamericanos o los europeos, para pergear o redactar un relato o novela con estos ingredientes. No todo pueden ser luchas campesinas o biografas lumpen. La primera novela nacional es justamente una novela de ciencia ficcin, “Lima de aqu a cien aos”, publicada en 1843 en el diario El Comercio, y que ha sido ntegramente publi cada en la revista “Ajos & Zafiros” N 7. Cabe precisar que este hecho cambia radicalmente el panorama de la historia literaria peruana, pues se tena al “El Padre Horn” de Narciso Arstegui como la primera novela republicana, pese a que se public en 1848, es decir, cinco aos despus de “Lima de aqu a cien aos”. La ciencia ficcin apareci primero. As las cosas, tenemos tambin como pionero del gnero al vilipendiado y recientemente reivindicado Clemente Palma (1872-1946). Curioso personaje, virtualmente expulsado del canon literario peruano, por sus ideas racistas y su infausto dictamen sobre la obra de Vallejo. Bueno pues, este Clemente Palma, a inicios del siglo XX, se encarg de jugar con los terrores de la humanidad ante el paso del cometa Halley con su cuento "El da trgico" (1910), especul sobre los intentos de conseguir oro por parte de un alquimista del remoto ao 3000 en "La ltima rubi a", sin contar otros cuentos fantsticos publicados bajo el nombre de "Cuentos malvolos (1904)". Su obra muestra una gran in clinacin por la ciencia, buena muestra de ello es su novela “XYZ” que trat a el tema de las clonaciones, muchas dcadas antes que se volviera un tema "popular". Como sabemos, la produccin literaria nacional sigui otros rumbos, muy ajenos a las especulaciones sobre el futuro o la tecnologa, aunque existe el cas o aislado de Hctor Velarde (1898-1989), exquisito humorista de una Lima (no de un Per) que definitivam ente ya fue, donde todo estaba "en su sitio", y la vida transcurra plcida... en medio de esta arcadia irrumpe la modernidad qu e viene de Norteamrica, con sus supermarkets y aviones, y sobre todo, con la bomba atmica. Velarde escribe una serie de crnicas y ensayos humorsticos que titula "La perra en el satlite" (1958), coincidiendo con la carrera espacial entre EE.UU. y la URSS. En este librito, aparece el relato "La bomba J", en el cual la destruccin nuclear total tiene un fallo: la casa del limesimo Pedro Lanatta y Perales, diplomtico, quien decide dedicar sus ltimos das a escribir un diccionario para las futu ras generaciones... Quien sabe, Velarde tal vez quiso expresar en este relato su melancola por la prdida de ese mundo limeo en el cual haba nacido. Tiene tambin una pieza de teatro ambientada en el ao 2427 titulada "¡Un hombre con tongo!" (1950), en la cual las seoras van de co mpras al Jirn de la Unin utilizando hlices en la espalda para movilizarse. Los aos setenta del siglo XX so n acaso los de mayor apoge o de la ciencia ficcin peruana, guardando las distancias del caso. Destacan, hasta el presente in clusive, los escritores Jos B. Adolph y Juan Rivera Saavedra. La "edad de oro" Resear la obra de Adolph merece de suyo un artcul o propio. Desde sus inicios, ha escrito cuentos que hacen difcil encuadrarlo en un gnero o tendencia. Su s relatos, publicados en sendas ediciones, son de todo tipo y color. Los temas que ha tocado son todos, o casi todos: la inteligencia artificial en "Artemio y MULTICALl", la evolucin de las especies animales en "La rata", la inmorta lidad en "Nosotros no", el contacto con seres extraterrestres en "Los bromista s, las catstrofes..." Quiz el libro de relatos de Adolph que ms cuentos de ciencia ficcin contiene es "Hasta que la muerte"(1971), volumen que contiene el cuento "El falsificador", que ha sido incluido en la anto loga de ciencia ficcin latinoamericana Cosmos latinos (2003), publicada por la Universidad de Texas. Jos B. Adolph tambin ha publicad o novelas de ciencia ficcin, como Maana las ratas (1977), libro que de haberse publicado en EE.UU., le quitara al Neuromante de William Gibson la gloria de ser considerado como el iniciador de la moda ciberpunk. En esta novela, vemos un Per totalmente balcanizado y anmico, gobernado por transnacionales cuya cspide dirigencial reside en satlites que

PAGE 5

5orbitan la Tierra. La religin, empero, sirve de aglutinante para la gestacin de fuerzas rebeldes, que sin embargo no saben bien donde estn parados. Juan Rivera Saavedra tiene, entre otros, el gran mr ito de utilizar por primera vez la etiqueta ciencia ficcin" con todas sus letras, como part e del ttulo de su seleccin de relatos Cuentos sociales de ciencia ficcin (1976), compuesto por cuentos llenos de irona acerca de la condicin humana. En ellos, Rivera Saavedra explora temas como los robots, la explor acin de otros planetas, la escasez de alimentos, nuestra visin de los "otros". En clave de space opera Jos Manuel Estremadoyro publica la hilarante Glasskan, el planeta maravilloso (1971) y su continuacin Los homos y la Tierra (1971). Se nota en ambas obras la influencia del inters desatado por el denominado fe nmeno OVNI y la vida extraterrestre en general, siendo as que en la primera novela se nos describe un viaje a un planeta dond e todo es perfecto, a la manera de las grandes utopas del renacimiento. En la segunda, los humanos entrenados por los galacsinos (habitantes de Glasskn) deben volver a nu estro planeta para ofrecer la paz y el progreso al estilo de Glasskn a la humanidad. No encontrar n a nadie merecedor de di chos dones, dedicndose a vivir una serie de aventuras de lo ms disparatadas. Con todo, Glasskan... merece un lugar dentro del canon literario nacional, al menos por su originalidad. Total, si Ed Wood Jr. es hoy en da una suerte de cono cinematogrfico... Curioso es el caso de Eugenio Alarco. Casi no hay noticia acerca de este autor, salvo por el brevsimo cuento "La magia de los mundos" que aparece en la Primera Antologa de la ciencia ficcin latinoamericana (1970), publicada en Argentin a por Rodolfo Alonso. El cuento nos muestra el pavoroso futuro de la humanidad en manos de unos seres que no se sabe si son extraterrestres o humanos evolucionados, quienes utilizar los rganos y miembros humanos como repuestos. Volver al futuro Ya en la dcada de los noventa, Giancarlo Stagnaro, a sus catorce aitos, publica Hiperespacios (1990), una novela de aventuras espaciales que constituye un digno tributo a Isaac Asimov. Sorprende la independencia de criterio y el que Stagnaro no haya cado en el facilismo de seguir las modas literarias contemporneas. Y despus de todo, por qu no pueden los peruanos del futuro dedicarse tambin a luchar contra invasores extraterrestres? Lamentablemente, esta obra no tuvo la difusin que mereca. En provincias, tambin existe inters en el gnero, como lo prueba el volumen de cuentos Las formas (1997) de Carlos Bancayn Llontop, publicado de manera casi artesanal en la ciudad de Chiclayo. Entre otros, incluye los relatos "Nutricin" y "Las formas", donde se especula acerca del lugar del hombre en el universo y acerca de los llamados poderes mental es, cuyo desarrollo da lugar a asombrosas revelaciones acerca de una im portante figura religiosa. A fines de los aos noventa, se publica Un nico desierto (1997) de Enrique Prochazca, una seleccin de relatos variada y de temtica novedosa, donde el au tor nos ofrece el cuentos "2984", sobre un futuro distpico y la bsqueda del Gran Hermano. La llegada de la Internet ha permitido que, hoy por hoy, se puedan publicar en la red relatos y novelas que de otro modo sera imposible conseguir. Con la aparicin de pginas web cuyo objetivo es la divulgacin de la ciencia ficcin peruana, hemos p odido acercarnos a la obra de autores noveles como Rubn Mesas Cornejo, Jos Donayre Hoefken, Jos de Pirola y otros. El ao 2003 ha sido prdigo para la ciencia ficcin: Jos B. Adolph public la novela Un ejrcito de locos acerca de un Apocalipsis desatado desde la internet, y la seleccin de cuentos Los fines del mundo que incluye algunos cuentos de ciencia ficcin. Por su parte, Juan Rivera Saavedra public Oprimidos y exprimidos con algunos del gnero. Mencin aparte merece con 8+1 conjunto de relatos de ciencia ficcin de Manuel Antonio Cuba, editado por la editorial Meteletra y que nadie sabe donde adquirir. En estos casos, la mala distribucin puede ser una enemiga ms grande que los crticos. Cmo definimos al autor “peruano” de ciencia ficcin? El peruano de nacimiento? El que publica en el Per? El que publica en internet? Por ejemplo, el escritor Albino Hernndez Penton, cuyo relato

PAGE 6

6 “Tiempo” ha sido incluido en la prestigiosa antologa Visiones 2006 que se publica en Espaa, es mencionado como “cubano residente en Per”. Ha si do tambin promotor de la creacin de “Coyllur – Asociacin Peruana de Ciencia Ficcin, Terror y Fant asa”. Negaramos su aporte a la ciencia ficcin peruana por la circunstancia de ser de origen extranjero? Lo mismo cabra preguntarse respecto a Luis Bolaos, de nacionalidad colombiana, o a Jos B. Adolph, de origen judo-alemn, cuya obra en el campo de la ciencia ficcin es definitivamente cannica. Por ltimo, quisiera recomendar el cuento de ciencia ficcin ms “peruano” que he ledo jams. Y lo curioso es que fue escrito por un norteamericano que tal vez no cono zca ni media palabra de nuestra historia. Pero dganme si “ Las 43 dinastas de Antares ” de Mike Resnick no merece figurar en cualquier antologa de narrativa peruana, sea del gnero que sea. Daniel Salvo; (Lima, 1967) En juni o de 2002, inici la publicacin de Ciencia Ficcin Per, pgina web que re sea las obras de autores peruanos, tanto de Lima como de provincias. Actualmente, colabora con Velero 25. Es miembro de Coyllur Asociacin Peruana de Ciencia Ficcin, Terror y Fantasa donde junto a otros aficionados desempea una activa labor de difusin y anlisis del genero de CF en el pas. Daniel Salvo tiene en preparacin un volumen de cuentos de ciencia-ficcin con el ttulo tentativo EN LAS RUINAS DE UTOPA.

PAGE 7

7 Primera parte: La ciencia Aunque se trata de un suceso ruidossimo que mantuvo la atencin pblica de los Estados Unidos y de todo el mundo por una enormidad de tiempo, algo as como diez das, nadie como yo conoce los antecedentes, desarrollo y detalles ntimos de un acontecimiento s uperficialmente conocido por las gentes, y que, para que no borre de mi memoria con el correr del tiempo, he querido dejar minuciosamente consignados en estos apuntes que no pretendo engalanar con atavos retricos, porque no es una novela sino un atestado lo que quiero entreg ar al papel, no slo con la finalidad de refrescar mis recuerdos sino tambin para que algn da lejano, cuando haya yo desaparecido —y mi intencin es retardar cuanto pueda este hecho fatal que siempre me parecer prematuro—se conozca la verdad de las cosas, la que est muy lejos de ser lo que se expresa en el legajo que obra en los archivos de la polica de San Francisco con la sumilla inexpresiva de "El cas o de los "dobles" de Hollywod y la locura de Mr. Rolland Po (a) doctor Xyz". Hace quince aos, Rolland Po, natural de Los Angeles, estado de California, y yo; William Perkins, de Missouri, ramos estudiantes de la Universidad de Los Angeles, en donde cursbamos los estudios de Ciencias Fsicas y de Ingeniera con bastante entusiasmo, especialmente Rolland que tena una excepcional preparacin de matemticas superiores, y todas las cuestiones las traduca en intrincados problemas de lgebra. Toda la fenomenologa de las fuerzas fsicas las converta Rolland en ecuaciones, y no bien el ilustre profesor de Fsica nos expon a las leyes de la refraccin, de las presiones hidrostticas o d los potenciales elctricos, ya estaba mi compaer o haciendo bailar raras zarabandas a las xxx, yyy y zzz bajo los largos aleros de los radicales o hacien do desfilar ejrcitos de polinomios comandados por los coeficientes, irguiendo como pendones los exponentes y arrastrando las bicicletas sin timn del infinito 4 Evidentemente Rolland era el primer alumno de la seccin, y los compaeros le apodaron con el remoquete de doctor Xyz. Cinco aos despus Rolland se graduaba de ingeniero, leyendo en la Universidad unabrillante tesis qu fu muy celebrada y discutida, en los crculos cien tficos. Pronto conquist posiciones distinguidas y empez a ganar pinges sueldos en empresas industriales y a adquirir fortuna con la explotacin de inventos interesantes, perfeccionamientos de proced imientos industriales o nuevas aplicaciones o derivaciones de las mquinas usuales. Yo, tambin, tuve alguna, suerte en mi profesin de arquitecto. A poco Rolland haba entrado, no obstante su juventud, en la categora de sabio, y en los centros cientficos se le consideraba como el futuro heredero de Edison, no faltando quines le atribuan mayor preparacin tcnica y mentalidad ms vigorosa que la del eminente padre del fongrafo. Rolland y yo continuamos nuestra fraternal intimidad y nos veamos con la frecuencia que nos permitan las ausencias obligadas de nuestras labores profesionales. No porque Rolland fuera un sabio era un

PAGE 8

8seor grave, de lenguaje atiborrado, de conceptos inab ordables para la mentalidad vulgar, ni se le vea sumido en las intrincadas y tortuosas lucubraciones de la alta ideologa cientfica. Nadie al ver a ese mozo jovial, de rizada cabellera rubia, elegante sin afectacin, de simptica figura, que rea con risas francas, y que sin escrpulos quebrantaba la ley Vols tead, cuchufleteaba con las girls y ms de una vez fuera protagonista de aventuras escab rosas, nadie dira, repito, al ver este mozo que as derrochaba alegra y travesuras en sus horas de expansin, fuera el sabio de slida complexin mental que escriba novedosos y audaces repports en las revistas cientfi cas y explicaba con una claridad asombrosa las ms obscuras y complicadas teoras sobre laconstitucin de la materia y de los tomos. El fue quien hizo la mejor explicacin del relativismo einsteniano, del que se hizo sostenedor, lo que no le impidi rectificar algunos de los conceptos de la teora, muy especialmente algunas de las abstrusas ecuaciones referentes a la gravedad de la luz, rectificaciones que el mi smo Einstein acept consider ndolas unas veces como correcciones a errores tipogrficos y otras como ligeras inadvertencias suyas. Cuando el eminente sabio judo hizo su visita a los Estados Unidos, fue Rolland la persona que tuvo mayor inters en conocer. Y lo mismo sucedi con madame Curie a la que Rolland haba hecho algunas objeciones respecto al ndice de radiacin que serva de base para fijar el coeficiente de produccin de radio puro en cada millar de toneladas de pechblenda. Tal era el sujeto con quien, en Nueva York, en un octavo piso de la Calle 42, West, y en un confortable departamento, conversaba yo haciendo los honores a un five o clok tea, complementado con una botella del mas fino y caro Cherry. Despus de girar nuestra charla por los recuerdos de nuestra vida, de estudiantes, de aventuras amorosas y de incidentes ms o menos pintorescos de nuestra vida profesional, vino a caer nuestra conversacin en tpicos de ci encia superficial en relacin con la filosofa. —El concepto moderno—deca Rolland, mientras encenda un cigarrillo—sobre la materia en conexin can la realidad fisiolgica, prescindiendo de co nceptualismos abstractos y de trascendentales teorizaciones se mantiene dentro del plano que seal el viejo Locke a las ideas con su aforismo famoso de que nada sube a la inteligencia que no haya pasado antes por los sentidos. Es materia lo que hiere por lo menos dos de los sentidos fundamentales del contacto con el exterior, que son el tacto, la vista y el odo. El olfato y el gusto son sentidos de pura animalidad y su contingente informativo es tan insignificante que si fueran los nicos, nuestra ideologa estara intermedia entre las del topo y la ostra. La materia fsica comienza a sernos perceptible y a ser sustantiva en cuanto hieren el odo la vista y el tacto: desde ese momento la materia nos habla su vida y surge en nuestro espritu el esbozo ntimo de su existencia complicada y sutil. —Es decir—le observ—es desde ese momento que nuestra alma, razn o fantasa o como querramos llamar a nuestras actividades psquicas, comienza a hace r interpretaciones arbitrarias, que responden a nuestra arquitectura mental mejor que a la realidad misma. — Eres kantiano, viejo? Me alegro: en efecto hay que ser kantiano, puesto que no podemos salir de nosotros mismos, y tenemos que resignarnos a las representaciones que del mundo podemos tener. Pero si no es dable seguir otros rumbos y todo nuestro campo de accin ideolgica est limitado por las categoras y entelequias, en cambio en la vida misma, en el desarrollo de la biologa del mundo tenemos con estos elementos de apreciacin de la materia lo suficiente para ejercitar nuestras energas con una fecundidad fantstica. Atengmonos a ello y saquemos todo el provecho posible que es ilimitado, prescindiendo del misterio ntimo de la realidad en su esencia y en su valor ontolgico. La ciencia humana tiene un campo infinito de accin y maravillo sos horizontes y promesas; a tal extremo se extiende en derivaciones ilimitadas que creo que llegaremos a reproducir lavida misma y a ser como dioses. —¡Caramba! ¡Es mucho decir, amigo! —Pues es as. Mientras elucubremos sobre el campo de la simple metafsica nuestra obra ser estril; pero si hacemos de la metafsica solo un punto de par tida para obrar en la fsica la accin del hombre se hace divina. Dios debe su poder in finito a eso: a que no se limit a ser metafsico y paso a ser experimental: el Cosmos no es sino la experimentacin infinita del Ser Supremo: el devenir de que nos habla Hegel: es el paso de las abstracciones nebulo sas a la accin y a la realidad. Y el hombre al acertar con eso que llama la ciencia no ha hecho sino adoptar, la orientacin de la fuerza divina. Brindemos otro vasito de brandy en honor de las maravillas en potencia de la ciencia humana. Y sirvi una nueva racin del exquisito licor que bebimos con deleite. —Me da a la nariz—le dije— que tu tienes algo en preparacin y un da de estos, nos vas a salir con un invento despampanante que me imagino no sera la tont era anodina de la cuadratura del crculo, ni la necedad del movimiento continuo, ni el ensueo novsimo y terico de la cuarta dimensin. Ea, vamos, desabrchate y dime algo de tu empeo, en el que no dudo de que triunfars, pues has demostrado que no eres de los sabios que se chiflan con los absurdos sino con las cosas prcticas.

PAGE 9

9Rolland solt la risa, esa risa franca que le iluminaba el rostro y enalteca su hermosa fisonoma de muchacho alegre, y dndome un fuerte manotn en el hombro, termin su vaso, dicindome: —Mira, viejo en esta vez te engaas, porque, desd e hace algn tiempo se me ha metido en la cabeza una fantasa que a primera vista ha de parecerte idiota y despus... tambin. Pero que quieres, se trata de un absurdo que no me lo parece tanto. Lo he estudiado hasta en el plano de las funciones indeterminadas del clculo infinitesimal, y he llegado a conclusiones bastante satisfactorias. —Ya pareci el doctor Xyz. . Mira, djate de lgebras trascendentales y vamos al grano. Ecuaciones a un lado de qu se trata? —Bueno, hombre, te lo dir si me empeas tu palabra de no volver a acordarte de este asunto hasta que no te diga si he tenido xito, y muy especialmente de no referirle a nadie mi empeo. —Eso de no volverme a acordar de tu asunto va a ser muy difcil, sobre todo si se trata de un absurdo, porque los absurdos siempre son seductores. Pero si te doy mi palabra de que no hablar con nadie, sino contigo, de una materia, que es enteramente tuya; de mi amistad no puedes dudar ni un segundo, y de mi circunspeccin ni medio segundo. —Basta, ni media palabra ms. Pues bien; recordars que hace seis meses fui a pasar una temporada en Los Angeles, nuestra querida ciudad universitaria, para inspeccionar la administracin tcnica, de una fbrica de autos en la que soy accionista y en la que se iba a aplicar en la carro cera un girscopo de mi invencin combinado con el juego de los frenos de glicerina y en cuya coordinacin parece que los tcnicos estuvieron desatinados. En efecto, un persiste nte error en los clculos de la proporcionalidad de los dimetros en los ejes malograba el juego de las velocidades de los discos giratorios. Me fue fcil dar con el origen del error, y corregido ste se logr regularizar con xito el m ovimiento apetecido. Como poda disponer de un par de semanas acced a la invit acin de Douglas Fairbanks de visitar su villa en Hollywood, en la que pase das encantadores co n las estrellas del cine. Presenci filmaciones, interesndome vivamente el procedimiento de la impresin sonora, al extremo de que adquir un pequeo equipo muy completo para experimentacin de aficionados, y un buen lote de cintas protagonizadas por las artistas que haba trata do y me dejaron mejor impresin por su belleza y espiritualidad. A mi regreso a Miami a la residencia y laboratorios que t me edificaste, me ocup algn tiempo en el estudio tcnico de la cinematografa sonora, y llegu a perfeccionar un dispositivo para la visin en relieve y que hace poco he patentado, basa do en un principio nuevo de distribucin racional pero independiente de las sombras. Fue entonces que se me ocurri el ms racional de los absurdos, que tambin se te va a ocurrir a ti... Ya vers. Figrate que una noche en uno de mis talleres hice pasar con uno de mis empleados una cinta de unos doscientos metros, tomada especialmente para m y con cuyo obsequio quisieron gentilmente agasajarme los seores de Hollywood. La pantalla era relativamente pequea y me vea yo sentado en un banco de mrmol cerca de una, amplia piscina. Los y las artistas antes de tomar el bao se acercaban a saludarme y departir bromeando conmigo. Recuerdo que la deliciosa y es piritual Norma se acerc y me invit empeosamente a que la acompaara en el bao. El relieve era tan perfecto, la sensacin de la vida, tan completa, vea y esescuchaba a Norma con tal claridad, siendo adems el colorido de la carne y de las cosas tan exactos, merced a un novsimo sistema de coloracin pigmentaria de la emulsin de las cintas, que la impresin de vida era casi absoluta... Qu faltaba para que la sensacin fuera completa? Respndeme.... —Pues... casi nada— como quien dice tocar las estrellas. —Exactamente. Pues eso es lo que pens; eso es lo que me hizo meditar sobre la posibilidad de resolver el problema de la materializacin de esas figuras vi sibles y audibles pero intangibles; y creo que no es imposible hacer intervenir en el asunto el tercero de los sentidos do relacin: el tacto. Solt la carcajada. —No es mala la ocurrencia, grandsimo pcaro! No te basta con tener a la vista a las lindas y graciosas chicas sino que necesitas palparlas con tus manos pecadoras! Vaya con el incorregible fauno. .matemtico! Rolland sirvi otra racin de su riqusimo cherry y tranquilamente vaci el contenido de su vasito. —Mira, Billy, no lo tomes a chunga... El invento que proyecto no es una broma sino una verdadera revolucin biolgica hasta este momento tericamente factible. Tengo bastante avanzado el estudio del punto y mi actual presencia, en Nueva York se debe a que necesito documentarme ms, para mis ensayos, con las experiencias de los eminentes profesores Starrow y Alexander sobre la generacin y conservacin de las clulas orgnicas. Si, como es pero, llego a avanzar algo ms en mis conocimientos y experiencias sobre el particular, ya te hablar de las consecuencias maravillosas que tendr para la ciencia y para el mundo este prodigioso invento, dicho sea sin modestia el ms estupendo con que

PAGE 10

10contara el hombre. Te imaginas todo lo que significa eso de reproducir por medio de una prctica distinta de la inveterada y normal a los seres humanos y animales? Bien s, bribn que, como la vieja del cuento, has de preferir el sistema antiguo. Te das cuenta de lo absurdo y desconcertante que ser el poder reproducir y multiplicar a voluntad los ejempl ares valiosos de la humanidad?... Casi, casi no es crear la inmortalidad el poder repetir indefinidamente la vida de un ser querido, del cual se conserva como un trade de union a una nueva ex istencia artificial la figura y la voz y... el alma?... Bueno, basta por hoy. Ya sabes a callar como un sepulcro. Y ahora si quieres vamos a dar un paseo por Riverside o Broocklyn antes de cenar y de ir al Metropole a escuchar al viejo Chaplin. Clemente Palma es uno de los escri tores peruanos que est ahora injustamente olvidado, dueo de una prosa muy personal nunca dud en abrir un camino bastante si ngular en las letras nacionales. Sus temas a contrapelo de otros autores no busca referentes internos sino que se inclina ms por el cosmopolitismo, asimismo su obra muestra una gran inclinacin por la ciencia, buena muestra de ello es su novela XYZ que trata el tema de las clonaciones, muchas dcadas antes que se volviera un tema "popular".

PAGE 11

11 Desde oscuro rincn de su gabinete, e! docto r 30 estaba continuamente asomado a la vida. Saba que la iba a aprehender, y no desperdici aba momento para atisbarla. Ms que un espa, era un pesquisa de la vida. Oculto tras una cortina, en su rostro estaba plena la inquietud. Su voz aprenda ya el tono con que dara el ¡alto! En sus manos viva el temblor que precede al instante de ajustar las esposas en las muecas del prfugo. Sus ojos describan el crculo de las boleadoras. Digamos: el gato y el ratn. Cuando el doctor 30 anunci la clausura de su consultorio, hubo un movimiento de estupor en toda la ciudad. Con su celebridad, que era much a, haba amasado en pocos aos una fortuna de varios millones. Enfermo sometido a su tratam iento, convaleca antes de una semana. Los cincuenta pesos que franqueaban la entrada parecan dar derecho a una pliza en esa casa de Seguros de la Salud. Sus miradas tenan virtud es balsmicas, pues los pacientes se robustecan en su presencia. Cada cura era un milagro. Los males ms contumaces l los dominaba en seguida. En fin, una cumbre de la teraputi ca, un sabio. Y de repente ¡zas!,en plena juventud (36aos), se retira de la profesin. Qu pas? Comentarios. Chismografa. Suposic iones. Los diarios le hicieron reportajes; splicas los amigos; en todo lugar se hablaba de su actitud con asombro. Nada. Ante cada interrogacin el hombre haca un ademn como de cubrirse, y era que se encapuchaba en un silencio desolador. Igual que del fro, se defenda de la curiosid ad levantando las solapas de su silencio hasta taparse la garganta, las orejas, la boca y aun la nariz. Tema que por cualquier huequecillo de la indiscrecin se le fugaran las palabras de la respuesta. Eso explicaba su mutismo. Hay que decir cul hubiera sido su contestacin? Habra afirmado que abandonaba el ejercicio de la profesin, porque la profesin en s no exista. La medicina era una farsa, una manera ms o menos legal de aliviar, no de ma les, sino de pesos a los ingenuos. El mdico era un defraudador de esperanzas, un postergador de la muerte.

PAGE 12

12La vida acepta un pagar de un individuo para morirse tal da; llega el mdico, cobra unos intereses, otorga una droga y el pagar es re novado para otra fecha determinada. Total, el pagar hay que levantarlo tarde o temprano. Y el da definitivo es absolutamente ajeno a la voluntad de la ciencia. Luego para qu sirve la ciencia? Cualquiera est impelido a morirse cuando no quiere. Etctera. A tales conclusiones lleg cierta vez el doctor 30, despus de leer e! siguiente telegrama aparecido en los diarios y comunicado por una agencia informativa: "Nueva York. Un hbil cirujano, el doctor Al exis Carrel. del Instituto Rockefeller, que est realizando experiencias desde hace varios aos, ha podido conservar vivo, por medios artificiales y fuera del animal, un trozo de carne cuya vida ha durado ms tiempo que la del animal mismo. "Ha hecho el experimento sobre un pedazo de tejido conectivo del corazn de un pollo embrionario, que conser v vivo durante ocho aos. "Segn el profesor Raymond Pearl, de la uni versidad John Hopkins de Baltimore, la inmortalidad potencial de todos los elementos celulares esenciales del cuerpo humano ha sido plenamente demostrada. "La idea de cultivar artificialmen te ciertas plantas celulares, como los fermentos y algunas de las formas ms inferiores de la vida anim al, no es nueva. Pero guardar porciones de organismos animales superiores, vivientes y crecientes, era considerado hasta hace poco tiempo como un imposible. Es preciso hacer c onstar que esto ha podido realizarse gracias a una tentativa del doctor Loeb, del Instituto Rockef eller. Dicho doctor hizo experimentos sobre la fecundacin artificial de los huevos de ra na, llegando a conservar "specimens" de huevos que no haban sido fecundados, lo cual le condujo a practicar investigaciones sobre las ranas mismas. El doctor Loeb, pues, pudo as mantener vivas porciones de estos animalitos durante largos perodos de tiempo. "El doctor y mistress Warren H. Levis, de Baltimore, hicieron despus el importante descubrimiento de que los tejidos del pollo embrionario podan ser cultivados fuera del cuerpo, en soluciones inorgnicas, tales como el cloruro de sodio, la solucin de Ringer, la solucin de Kobe, etc. En estas soluciones no se produca crecimiento, pero los tejidos podan ser estimulados y adquirir un ligero aumento por la ad icin de calcio y potasio, maltosa, dextrosa o productos de descomposicin proteica. "Otros bilogos continuaron esos estudios, y se comprob que todo tejido celular animal poda ser cultivado casi como se hace con los fermentos en una solucin de lquidos tomados de la sangre y tejidos del animal. "El doctor Pearl arriba a estas conclusiones: "N uestro cuerpo es muy complejo y la muerte proviene de la descompostura de una pieza de la mquina. Si todas se mantuviesen en buen estado, podramos vivir, no ya cien, sino mil aos". El doctor 30 haba venido observando que las ideas tienen propiedades idnticas a las de los vermes; bastaba dar un tajo a un gusano para te ner dos gusanos. As, el doctor 30 tom entre las manos la idea del doctor Loeb, la coloc pat as arriba sobre una cuartilla, a fin de que no se le fugara, tom un bistur y la dividi en dos partes. O sea, obtuvo dos ideas: una, el hombre puede ser inmortal, y otra, la mu erte es un fenmeno contra natura. Dueo de esas bases, el doctor 30 sigui trabaja ndo en el prodigioso laboratorio de su cerebro. Daba cortes y cortes a las ideas, lo cual signifi ca que las multiplicaba en grado superlativo. Tal sistema de trabajo dio origen a que se hacina ran sus pensamientos, pa reciendo pegados como

PAGE 13

13con cola. Mas el doctor 30, con serenidad pasm osa, se aplic un procedimiento algebraico; aline las ideas a guisa de cifras, redujo los fact ores semejantes y resolvi su conflicto a modo de ecuacin. Sus ideas quedaron convertidas en una sola, pero tan grande que las contena todas. Y FUE EL DESCUBRIMIENTO MS FORMIDABLE QUE HAYA LOGRADO HOMBRE ALGUNO. Inmediatamente, el doctor 30 entr en un perodo de accin febriciente. Una vehemencia casi morbosa, inslita, se asi de su espritu. Co mpr un cadver, dos, tres, cinco, muchos cadveres. Desde luego, puso especialsimo cu idado en que hubieran sido distintas las enfermedades que produjeron el deceso de los suje tos. Eso le sirvi para constatar que el bacilo de Koch, el de Pfeiffer, el de Friedelande r. y los dems bacilos conocidos, si bien tenan diversa apariencia, posean caractersticas co munes, cualidades que los asemejaban unos a otros, exactamente como si fueran parient es cercanos, como si pertenecieran a la misma familia. Entretanto, por todo Buenos Aires se haba difundido la noticia de que el doctor 30 estaba realizando investigaciones cientficas destinad as a producir gran revuelo. La fantasa popular dio contornos fantsticos a las murmuraciones, y en pocos das el doctor 30 se torn hroe nacional, vrtice hacia el que confluan las miradas de todos los ciudadanos. En este estado de cosas, e! doctor 30 anunci su partida para Europa. Y a quello fue el toque de rebato. Los periodistas sitiaron la casa del sabio arrojando sus anzuelos a pesca de informes. Por fin, vencidas las vacilaciones del propietario, las puertas de la mansin se abrieron, y el doctor 30, ante los representantes de la prensa entera del pas, formul las siguientes declaraciones: Voy a Pars con el objeto de poner en conoc imiento de la Academ ia de Medicina un descubrimiento que he tenido la su erte de realizar. Es algo sensacional, ms all de la lgica comn, lejano de toda inventiva, incaptable h asta por la ms audaz imaginacin. Y es por eso mismo que me niego en absoluto a dar un detalle ms al respecto. Adis. Tras eso, el telgrafo pre el mundo de un estremecimiento inexpresable. La seriedad del doctor 30, sus inmaculados antecedentes de honr adez profesional, su autoridad de hombre de estudio, todo alejaba la sospecha de que pudiera tratarse de un chantaje o de un castillo en el aire. Y el doctor 30 se march a Pars escoltado por bandadas de inquietantes conjeturas. Cada ciudad de la tierra aguzaba sus odos. De t odo pecho humano volaba una pregunta hacia su corazn. All en Pars la torre Eiffel se empina ba para verlo por encima del mar. El Arco del Triunfo se abra como un abrazo para estrecharlo Palpitaban todas las cpulas de los edificios, como anchos senos maternales de piedra. Y en cada bocacalle amaneca una interrogacin. No es posible describir las horas de expectativa que vivieron los habitantes de la Ciudad Luz, y con ellos los del resto del planeta, cuando el doctor 30 ocup su sitial en la Academia de Medicina, al lado de tanta eminencia. A su pedido, se haba resuelto celebrar una sesin rigurosamente secreta. Y aquellos maestros ocuparon sus asientos con una emocin tan crecida como si fueran a escuchar el juicio final. El momento, pues, no poda ser ms solemne. El doctor 30 comenz as su discurso: "Seores: Como sois la primera autoridad cientfica del mundo, he credo que es a vosotros a quienes nicamente tena que dirigirme. No lo he hecho todo an, y de vosotros depender la prosecuci n de mi obra, pues es vuestra ayuda la que vengo a solicitar. El descubrimiento que he con seguido realizar, y que luego apreciaris en toda su magnitud, ha producido en m la convi ccin de que la medicina es una mentira. No debe haber mdicos, sino investigadores. El ho mbre nunca est sano; solamente est "mejor". No hay enfermedades; la enfermedad es slo una. Y aqu os tengo que decir cual es mi hallazgo: He descubierto que la muerte es la en fermedad, y que hay el bacilo de la muerte. Todos los que tenemos por bacilos, no son ta les, sino simples formas, meras modificaciones del bacilo nico, del bacilo de la muerte. ¡Ayuda dme, compaeros, a aislar el bacilo de la

PAGE 14

14 muerte! Slo cuando eso hayamos alcanzado, podremos combatirla con eficacia, podremos quizs hasta crear una vacuna preventiva contra e lla, porque el hombre muere de muerte, no de otra cosa. ¡Y, naturalmente, los mdicos no tendremos ya razn de ser!..." En ese instante todos los sabios de la Academia de Medicina de Pars se levantaron de sus butacas como movidos por un resorte general, y luego de decir: "¡Ese hombre es un loco! ¡Que lo bajen!", dejaron desbordar el torrente de una carcajada. El doctor 30 no se inmut. Baj serenamente de la tribuna, se dirigi al guardarropa desde donde le enviaban un abrazo las mangas del sobr etodo, se embuti en l, calz el sombrero, camin, traspuso el umbral de la ilustre Ma nsin y se meti en el tnel de la noche. La cuentistica de Alberto Hidalgo no ha sido estudiada como merece constatando las mltiples vetas que explor: Ciencia Ficcin, el relato fantstico, y, en general la prosa vanguardista. Numerosas razones explican la ignorancia, el desentendimiento o el somero inters en la obra de Hidalgo. La principal de orden extra-literario. El escritor arequipeo no ceso de fustigar -con razn o noa figuras y figurones del mbito nacional y mundial a travs de sus libelos. Los agraviados respondieron con ataques anlogos o, lo que fue peor para la memoria de la produccin de Alberto Hidalgo, la depreciacion o el silencio por parte de la crtica literaria "oficial"; damnificada directamente o amiga de algunos "apaleados" por la pluma de Hidalgo. l fue un poeta introductor de la vanguardia en el Per y conspicuo actor de las corrientes de renovacin literaria en el Per y Argentina. Se code con los ms importantes escritores de su poca (Valdelomar, Mariategui, Borges, Huidobro, Gom ez de la Serna, entre otros) La cuentistica de Alberto Hidalgo no ha sido estudiada como merece constatando las mltiples vetas que explor: Ciencia Ficcin, el relato fantstico, y, en general la prosa vanguardista. La cuentistica de Alberto Hidalgo no ha sido estudiada como merece c onstatando las mltiples vetas que explor: Ciencia Ficcin, el relato fantstico, y, en general la prosa vanguardista. Numerosas razones explican la ignorancia, el desentendimiento o el somero inters en la obra de Hidalgo. La principal de orden extra-literario. El es critor arequipeo no ceso de fustigar -con razn o noa figuras y figurones del mbito nacional y mundial a travs de sus libelos. Los agraviados respondieron con ataques anlogos o, lo que fue peor para la memoria de la produccin de Alberto Hidalgo, la depreciacin o el silencio por parte de la crtica literaria "oficial"; damnificada directamente o amiga de algunos "apaleados" por la pluma de Hidalgo.

PAGE 15

15 Quiz no podamos salvar el mundo, pero podemos salvar la idea de salvacin. Teresa de Jess Adolph, hermana del Mrtir. [la vida es]...un ejrcito de locos con uniformes de payasos desfilando entre saltos y contorsiones por una calle vaca. Maggie O'Neil, compaera del Mrtir. Al final de toda luz hay un tnel. Jos B. Adolph, el Mrtir. A Delia: Gracias por el fuego. UNA MAANA SOLEADA Tatiana y Oleg observaban, con la mirada congelada en sus respectivas mirillas. Esperaban. Como buenos profesionales haban clausurado sus mentes y todas sus energas psquicas estaban concentradas en el inminente momento en que los objetivos coinci dieran con la cruz que los buscaba en cada una de las miras telescpicas de sus M76 yugoeslavos. Haban finalmente escogido este rifle para francotiradores de un arsenal disponible que incl ua, entre otros, el Galil ARM israel, el Radom Cazador polaco, el Mpi-Ak ICM de la antigua Repblica Democr tica Alemana, el Bravo-51 (o Ruger M77 MkII VLE) de los Estados Unidos y el Brow n Tactical lite, tambin norteamericano. No, no haba escasez de stas y de cualquier otro tipo de ar mas en el mercado legal internacional; adems el arsenal de la organizacin que les pagaba estaba muy bien surtido. La legalidad, salvo ciertas excepciones -armas nucleares, biolgicas, qumicas que sin embargo tambin podan obtenerse si uno se empeaba y haba quienes se empeaban-dependa ms que nada de quin venda a quin y no de las armas mismas. Oleg y Tatiana haban optado por el rifle yugoeslavo no por la calidad, que no difera mucho de la de otros, sino por razones sentimentales. Que una pareja matara a otra requera un gesto simblico, haba explicado a Oleg una sonriente Tatiana, aludiendo a que con esa arma haban trabajado juntos en su primera misin por encargo de la difunta Unin Sovitica. El clima ayudaba: un medioda de brillante sol, con una visibilidad que recordaba aquella cancin de los sesenta que anunciaba "en un da claro puedes ver para siempre". On a clear day you can see forever, tarareaba internamente Tatiana sin mover un msculo. Haba, segn calculaba Oleg, entre 40 y 45 metros entre ellos y los objetivos y el viento nornoroeste no pasaba de 5 kilmetros/hora. "Gracias, San Basilio", pens Oleg, sin irona alguna. Haba recu perado la ferviente ortodoxia familiar tras el derrumbe de la URSS. Los objetivos aparecieron en las dos miras con apenas un par de segundos de diferencia. "Bingo", pens Tatiana. "Cristo", pens Oleg. Dos ligeras toses de los rifles silenciados y las balas emprendieron sus caminos. UN ENCUENTRO HIST"RICO El hombre alto no gustaba de impresionar a sus visitantes: su oficina era grande pero no ms que la de cualquier ejecutivo mediano. El escritorio, aunque de extica y brillante madera amaznica, no meda ms de dos metros de ancho.

PAGE 16

16No era, pens JBA, el despacho de un hombre que posea y controlaba -hoy; maana quin sabealrededor de sesenta mil millones de dlares. Una mirada de Maggie le confirm esa opinin. Haba sido un viaje largo desde Nueva York hasta el estado de Washington: todo un continente. Y luego una hora desde el aeropuerto de Seattle en automvil alquilado hasta los bosques en cuyo centro se levantaban los ocho pisos de acero y cristal de Unisoft. Y ahora, finalmente, tras elaborados procedimientos de seguridad se encontraban ante Mark Lewis. Lewis se levant, despidi con un gesto y una sonrisa a la secretaria e indic a losvisitantes un par de silloncitos en un ngulo de la oficina. Mientras se una a ellos dijo: -Seora O'Neil, seor Adolph. Gracias por venir. Los visitantes se inclinaron ligera mente, murmurando una respuesta. -Tuvieron un buen viaje?repregunt Mark Lewis. -Perfecto, gracias. -Caf, t, jugo de frutas, whisky? -Cafpidi JBA. -Taadi Maggie O'Neil. Telepata o electrnica oculta: la asistenta, alta, de lgada y morena, reapareci con su sonrisa profesional y una bandeja con caf, t, un whisky y bizcochitos. JBA sonri a Lewis. -Milagro de eficiencia. Lewis lanz una breve carcajada y su rostro se ilumin como el de un chiquillo pcaro. -Esto es Unisoft. Sera el colmo si no utilizramos nuestros propios programas y micrfonos. Pero le aseguro que la chica no es un androide. -Ginoideaclar con una sonrisa Maggie. Aqu, evidentemente, se relativizaba el "time is money" que, segn el folklore, caracteriza todos los actos de la civilizacin occidental norteamericanizada, desde los ne gocios hasta el coito. Con toda parsimonia, Lewis callaba mientras sorban sus respectivas bebidas y Maggie extenda una tmida y gordezuela mano hacia los bizcochitos. Finalmente JBA, poniendo su tacita de express sobre la mesita de centro de cristal, intent iniciar la parte oficial de la conversacin. -Bien, Mr. Lewis, le agradecemos su amable invitacin a estos hermosos bosques... -Verdad que son hermosos?interrumpi Lewis, postergando una vez ms el tema central, moviendo un brazo en crculo y abarcando, a travs de la pared-ventana, el horizonte a la redonda. -Srespondi Maggie. -Aqu no llega la contaminacin. -Exactamente, seora O'Neil. Sin embargo, hay muchas formas de contaminacin y eso nos trae a nuestro tema de hoy, si no les importa. "Un hombre que sabe mantener el control de la conv ersacin", se dijo JBA. "Se comienza cuando l as lo decide." No era una sorpresa: no cabe esperar otra co sa de quien comenz en el garaje de sus padres y termin con el mayor imperio postindustrial informtico del mundo, slo igualado por Macrosoft de Will Bates. La guerra entre ambos grupos era un sh ow meditico en s mismo. Una guerra de intereses pero tambin de filantropas. -Me permiten una breve recapitulacin para ub icar mejor la propuesta que pienso hacerles? -Por supuesto. -Muy bien. Hace pocos aos, dos, creo, ustedes inician vina nueva religin, el "Culto Sincrtico de los 888 Caminos a la Sagrada Dispersin", basada en la antigua hiptesis gnstica segn la cual en medio de la paz inmvil de Dios, el rebelde Satans lo de rroca y procede a la locura de crear un universo de materia-energa-tiempo. Lo que los cientficos llaman big bang. Ya entonces ese hermoso ngel adoraba las explosiones. Luego, mucho ms tarde, probablemente aburrido de jugar slo con rocas y fuego, Sata ns crea al hombre a su imagen y semejanza. Posiblemente haya ms de tales absurdas criaturas en otros rincones del universo, quiz reptiles inteligentes o delfines con alma, qu s yo, pero eso por ahora no nos interesa. En Unisoft decimos: lo que no puedes utilizar no exis te. El "acceso" manda: si no ha y acceso es una fbula. Voy bien? -Excelente resumenconfirm JBA. -Usted debera ser escritor, de esos buenos en cuyos textos no hay rellenos de palabras. Donde nada falta y nada sobra. Lewis sonri, halagado. -Pero su religin aport una novedadcontinu-. Descubri algo que, obviamente, los antiguos gnsticos no podan saber: gracias a nosotros, los vapuleados "tecnlogos", usted constat que hay un ciberespacio y que el Dios derrocado est prisionero en l. Mi modesta participacin, junto con la del enano de Will Bates y de otros, es haber descubiert o el ciberespacio y haber abierto el acceso a l. La invencin de la internet hizo la diferencia. All est Dios, segn ustedes, encerrado, observando angustiado las barbaridad es creadas por Satans. -Dios no tena la menor intencin de "crear" algo, y menos en base a tomos y molculas.

PAGE 17

17No era lo suyo juguetear con vidas conscientes y menos con vidas inteligentes sometindolas a una despilfarradora "evolucin" donde el fuerte aplasta al dbil. El ms fuerte no es necesariamente el mejor. Lo que he dado en llamar "capitalismo natural". Y Satans perenniz la evolucin con un instinto de conservacin y con el correspond iente impulso a reproduci rse. El cruel fue y es Satansdijo JBA. -Sdijo Maggie. -Ya se ven los resultados: una naturaleza cruel, donde cada ser vivo para sobrevivir tiene que matar y devorar a otros seres vivos, y donde la inteligencia sirve para torturar, matar y destruir. Un mundo satnico, sin la menor duda. Lo que los ecologistas llaman, admirados, "balance" de la biosfera. El balance de los asesinos. -Digamos que estoy de acuerdodijo Lewis. -Ahora bien. La pregunta es: qu hacer frente a tan abominable realidad y quines pueden hacerlo? Segn el culto de los 888 Caminos, la forma de resistir a los designios malvolos del creador es masturbarse para evitar hasta los gestos de la reproduccin y suicidarse para quitarle a la satanidad el poder de decidir sobre vida y muerte. Es lo correcto, de acuerdo a sus creencias. -As es. -Pero permtame decirle algo, Adolph. No es suficiente. JBA y Maggie levantaron la cabeza, sorprendidos. -Qu quiere decirnos, Lewis? Mark Lewis ech una mirada soadora, muy poco yupi, siempre segn la visin prejuiciosa y folklrica de las ciencias sociales "progresistas". Miraba a tr avs de la ventana hacia los extensos bosques y a un cielo que comenzaba a encapotarse prometiendo las copiosas lluvias del noroeste norteamericano. -No parece una contradiccin que ustedes y sus se guidores, que entiendo ya suman decenas de millones en todos los continentes, siendo tambin creacin satnica haya n emprendido esta cruzada para liberar al buen Dios? -No necesariamente. Satans se rebel contra Dios a pesar de ser creacin suya, o eso suponemos, aunque existe la teora de que bien y mal conviv ieron desde siempre, como principios. La rebelin siempre es contra un principio antagnico o al menos contrario. Los hijos contra los padres. La burguesa es hechura (e imitadora) del feudalismo que derroc. Entonces, por qu algunos o muchos humanos no pueden rebelarse contra su malvado creador, como lo hizo el propio diablo? Si todos somos el mal, tambin todos somos el bien. -¡Bravo! ¡Muy bien!exclam Lewis, dando un golpecito a la mesa haciendo temblar las tacitas y motivando a la secretaria, cuya cabeza asom por la puerta preguntando: -Mark? "Esas confianzas norteamericanas", pens el prejuicioso JBA y sonri. -Nada, querida, graciasrespondi Le wis. La chica volvi a desaparecer. -Todos contenemos el bien y el mal. Eso es. No es precisamente una idea original pero es bueno recordarla, no es verdad? -Mmm. Todo eso qued registrado en el libro que comenz la avalancha de nuestros seguidores, "The Truth About God and JBA" en su versin en ingls. -Claro. En l me he basado para mis propias reflexiones. Y por eso les he invitado. Maggie entretanto haba terminado con todos los bizco-chitos. Lewis murmur: -Doris, ms bizcochos. -Oh no, graciasdijo Maggie. Treinta segundos despus apareca la secretaria con una nueva bandeja. -Voy a ponerme como una vacasonr i Maggie y cogi un bizcochito. Todos rieron, incl uyendo a Maggie. -Muy bien, Adolph. Y ahora vamos a lo serio. Estoy desconectando los micrfonos. Privacidad. JBA y Maggie lo miraron y esperaron. Lewis los mir a su vez y sonri. -Ya estaclar. -La palabra "p rivacidad" nos ha aislado. -Mmmmreplicaron los invitados. Lewis se reacomod en su silln, extendi las piernas y empez. HACER EL BIEN MIRANDO A QUIN -Si bien no concuerdo con todas las premisas y con todas las conclusiones de su religin, la considero ideal para los propsitos filantrpicos de Unisoft. Como se sabe, todas las utopas de todos los tiempos y orientaciones, religiosas y laicas, han demostrado ser inviables y ms bien casi siempre han tenido resultados criminales. La mayor fuente de crmenes en la historia humana (y no conocemos otra) es la idea de uno o ms dioses y la voluntad de hacer el bien... an a la fuerza. La fe (toda fe) genera fanatismo y ste genera el mal: guerras, asesinatos, torturas, sufrimiento de toda ndole. -Exactamente. Es el esquema satnico: la voluntad de bien desemboca en el mal. -Muy bien. Pero, mis queridos amigos, eso ha sido as hasta ahora. Pero hoy, por primera vez, podemos aspirar a una salida de este callejn.

PAGE 18

18-Eso proclamaron todas las utopas. -No tuvieron, como tenemos hoy, como tiene Unisoft, como tiene Mark Lewis si me permiten prescindir de la modestia, la posibilidad de eliminar el mal. -Cmo?pregunt Maggie. -A travs del viejo sueo del control benvolo sobre la humanidad. Nosotros ponemos la tcnica, esa con la que no cont ninguna otra utopa, pero nos falta la motivacin ideolgica o, si se quiere, religiosa. Ese es el aporte de los 888 Caminos. La mirada de Lewis volvi a tornarse soadora. -Ustedes se han dado cuenta de hasta qu punto ya hemos avanzado por nuestro lado? Nunca han recibido, por ejemplo, una comunicacin de un ba nco o de una empresa cualquiera de venta de productos o servicios en la que figuran datos que ustedes jams proporcionaron a esa empresa o institucin? ¡Saben no slo cundo nacieron o dnde se educaron sino hasta incidentes mnimos de sus biografas! ¡Todos estamos en las entraas de computadoras inubicables, controladas y manipuladas por no sabemos quines con no se sabe qu fines! Es o no es as? -Srespondieron a coro JBA y Maggie. Lewis pareci descender a tierra. -Muy bien. Yo me propongo dedicar esta capacidad al bien. Es la manera ms simple que encuentro para describir mis propsitos. Pero antes quisiera que ustedes me digan su opinin acerca de algo que despierta mi curiosidad. Tras un instante de silencio, Mark Lewis le pregunt a JBA, mirndolo directamente a los ojos como cuando enfrentaba a un repres entante de su rival Macrosoft: -Siempre hubo religiones que crecan rpidamente, pero un caso como el de los 888 Caminos es indito. A qu lo atribuyes? JBA palme el dorso de una mano de Maggie, sin saber exactamente porqu. -S, claro, tambin nosotros nos hicimos esa pregunta y creo que hay dos grandes, principales factores. Por un lado, el tcnico o tecnolgico, como se dice ahora no del todo co rrectamente, puesto que "tecnologa" es el estudio de la tcnica y no la tcnica misma... Maggie ri. -No puedes dejar la pedantera. JBA no se dej interrumpir. Estaba acostumbrado a este tipo de observaciones. -... es decir, la existencia del ciberespacio y nuest ro acceso a l. Un "lugar" y un "tiempo" donde nuestra realidad o lo que tomamos por tal cambia de caractersticas. Es como esos universos paralelos con que jugaba la ciencia-ficcin. En otras palabras, la tcnica de la vi rtualidad aplicada nos ha hecho cambiar nuestra visin del mundo, cosa que la microfsica (incluyendo la nanotecnologa) y la mecnica cuntica -igualmente perturbadorasslo haban logrado para los especialistas, pese a que la mayora de sus hallazgos ya van a tener un siglo de existencia. La computadora personal ha masificado la inquietud, la inestabilidad psicolgica y la incertidumbre. La idea de que no existe la realidad como la entendamos ha empezado a calar hondo en el consciente y probablem ente en el inconsciente colectivo. Debe de estar iniciando su viaje para establecerse en nuestros ge nes. Eso requiere, por supu esto, no la eliminacin pero s el reemplazo de nuestros impulsos de trascendencia, de nuestras religiones. La gente est comprendiendo, con la nueva rapidez de la vida convertida en videoclip, que ya no puede aceptar la nocin de un Dios o de dioses trad icionales. No hay otra "explicacin" de esta neorrealidad que la satnica, es decir una inversin de valores similar a la producida en el mundo energtico-materialtemporal. -Y la otra razn principal?pregunt Lewis. -Confluye o fluye dentro de la primera como contenido ideolgico. Cuando ciertos gnsticos ("los que saben") enunciaron, ya hace milenios, la teora de la creacin satnica del mundo –el espritu es bien, la materia es malque, como sabes, no fue idea nues tra ni mucho menos, hasta las mentes ms lcidas seguan prisioneras de la concepcin macrofsica de la realidad. Si bien ya conocan, algunos, de la existencia de los tomos, crean errneamente -c omo el nombre "tomo" proclama claramenteque esa era la ltima unidad de la materia. Ahora hasta los nios saben que el tomo es divisible y que ha sido dividido, con consecuencias mixtas, digamos: energa barata e Hiroshima, para resumirlo. -Como, por lo dems, ocurre con todos los inventos o descubrimientos humanos contribuy Maggie. -As es. Es un asunto de decisiones. Lo que plantea una buena pregunta: por qu persistente e histricamente tomamos decisiones para el mal? Por qu usamos la plvora para fuegos artificiales pero tambin para balas? El petrleo para m over mquinas pero tambin para fabricar napalm? Venenos en dosis pequeas para curar pero tambi n en dosis mayores para matar? Barras de metal como palancas pero tambin como lanzas o bayonetas? Televisin para educar pero tambin para idiotizar? Internet para difundir conocimientos pero tambin para estafar o degradar? -Etctera y amn-, dijo Maggie. -Muy bien. Por lo tanto estamos descubriendo, al menos los que utilizamos la cabeza no slo para ponerle una gorra...

PAGE 19

19-O un casco de soldadomurmur Maggie. -Exacto. Estamos descubriendo, deca, que hay preguntas que ya no admiten respuestas desacordes con lo que ahora sabemos. "Misterios que slo Dios en tiende" es una frase que se ha vuelto ms inaceptable que antes. Hoy, mi estimado Mark, esa escapatoria ya no funciona. No puede funcionar puesto que la popularizacin del principio de incertidumbre o al menos de su praxis ciberntica le corta los pies a toda certeza sobre el mundo y por lo tant o sobre su propsito o sentido. -Eso se ve en los chatsdijo Maggie. -El fin de las certezas. Mark lanz una carcajada. -Siempre se ha mentido y estafado. No se necesitaba la in ternet para eso. -Cierto, pero nosotros, y ese fue nuestro gran aporte a la gnosis, descubrimos que si hay un Dios, est preso en la verdadera realidad, la que creemos virtual, no en la incertidumbre de un universo cuyo origen es falsamente percibido. El hogar de la incertidumbre es el que creamos universo real. La verdadera realidad est ms all de los sentidos, qu e son obra de Satans ¡Sus aparatitos y su software, mi querido Mark, nos abren, por primera vez masivamente, las puertas de la percepcin! -No decan eso de las drogas?pregunt Maggie. -Ridculo. Las drogas tambin son parte de la irrea lidad satnica. Te hacen percibir, cuando lo hacen, versiones desfiguradas, deseadas o no, de la misma gran estafa. El borracho o drogado no ve otro mundo, ve este mundo patas arriba y nada ms. Es un falso consuelo, una va que slo refuerza el mal; no lo reemplaza con la verdad. Mark Lewis suspir. -De manera, puesconcluy JBA-, que "888 Caminos" ha crecido tanto y tan velozmente porque ofrece una explicacin trascendental de los hallazgos cientficos y tcnicos de la era actual, no slo de la persistencia del mal, cosa que ninguna de las an tiguas religiones puede hacer ya que son, como el mundo mismo, obra de Satans. Mark Lewis aplaudi. -¡Exactamente lo que necesitaba! A continuacin, Lewis comenz a describir un mundo en el que un grupo de seres humanos selectos, de moral y tica intachables, inmunes a toda corrupcin y malevolencia, reduciran el mal hasta -ojal ms temprano que tardehacerlo desaparecer al menos de la faz de la tierra si no del universo. -¡El regreso de Dios!exclam JBA. Lewis se inclin y palme la rodilla de JBA. -¡Eso es lo que quera escuchar!grit, e hizo una mu eca casi infantil de alegra. -Y usted, mi querido Adolph, siempre asistido por la invalorable seora O'Ne il, ser el Moiss que gue al Pueblo Elegido a travs del mar y del desierto satnicos hasta la Tie rra Prometida, finalmente, ahora s, entregada a los hombres y mujeres de buena voluntad. ¡El mundo ser la Nueva Israel! -No suena muy democrtico ni muy originalsonri Maggie. -Eso de una oligarqua de ancianos sabios... Lewis tambin sonri. -Democracia en el reino de Satn? Suiza en Hade s? La democracia queda postergada, no eliminada. -S, lo empiezo a ver clarodijo JBA. -Una vez que todas las criaturas de Satans, hbilmente guiadas por una combinacin de intern et y de lderes fsicos... -Eso. Liberados de la carga satnica, en pleno reino del Dios restituido en su cargo, viviremos en la democracia ms democrtica de todos los tiempos. Lo que en ciertas religiones se llama la comunin de los santos. Esa "oligarqua", como usted la llama, ya no tendr razn de ser y se autodisolver. Pero eso no lo vern ni nuestros nietos, me temo. JBA -que tena ciertos reparos a lo que afirmaba Lewis, pero opt por callarle gui un ojo a Maggie. -Eso decan los comunistas. Que el Estado se disolvera, etctera. Lewis aport: -El fin de la historia, no creen? Muy bien. Entonces mi propsito est claro, verdad? Unisoft financia y aporta la tecnologa, ustedes aportan la utopa, la nueva fe. Se ha hablado tan mal de las utopas, sin considerar que el hombre las necesita para no degenerar. -Tambin ha degenerado con utopasdijo Maggie. -Irrealizables. sta es ejecutable. -Por qu sta s? -Porque no est basadaintervino JBAcomo las anteriores en una reelaboracin del mundo satnico sino en una puesta de cabeza completa y total de los valores. Eso es lo que nos quiere decir Lewis. Comunismo, fascismo, feminismo, capitalismo: intentos de solucin parcial, no csmica. Ahora ya no sern los grupos dominantes los que cuenten con la fuerza (ahora la fuerza est en la tcnica informtica) sino nosotros, los revolucionarios del ejrcito de Dios. -Lo que nos trae al siguiente problemadijo Lewis calmadamente. -El de la hereja. -Mrnrn, s, la herejamurmur JBA y record a Ngoro Mekele.

PAGE 20

20MEKELE O LA REIVINDICACI"N DEL COITO Durante toda su vida, Ngoro Meke le haba sido una extraa mezcla de mstico de orientacin ambigua y de fornicador salvaje. N acido en una aldea sobre el lago Youssou en la Costa de Marfil pero educado en la gran ciudad, Abidjn, haba cambiado su ed ucacin musulmana por diversas escuelas de pensamiento, desde el marxismo hasta los Testigos de Jehov pasando por los baha'is y el animismo. Era un hombre alto, de tez caoba y ojos resplandeci entes. Contaba con una musculatura suficiente para demostrar su masculinidad sin caer en los excesos de los exhibicionistas de gimnasio. Mostraba exquisitos modales y desplegaba una ingeniosa y sensible inteligencia. Saba dominar con una mirada que tambin poda ser tierna. Todo eso le haca irresistible para las mujeres (y para muchos hombres) de cu alquier etnia, color, edad y tamao. Una madrugada, tras batallar exitosamente con el cuerpo claro-tostado de Wanda Kowalowska, universitaria de Cracovia, en un hotel de las afueras de Abidjn, insomne, baj a la vaca sala de internet del hotel. Navegando ociosamente en busca no saba si de Dios o de pornografa, se top con la pgina que cambiara su vida para siempre. A los 32 aos se enfrent al llamado del Culto Sincrtico de los 888 Caminos a la Sagrada Dispersin. Ley: PRINCIPIOS DEL CULTO SINCRTICO DE LOS 888 CAMINOS A LA SAGRADA DISPERSI"N Oh, humanos, escuchad: Nos reunimos en el nuevo espacio-tiempo electrnico para celebrar la supervivencia de Nuestro Seor Prisionero, La Luz Encadenada, hundido en el oprobio por las fuerzas oscuras de la maldad reinante, y que espera de nosotros la Guerra Santa/Cruzada/Intifada/Yihad para su liberacin. Od: El Malvado no ha logrado matarle porque l no puede morir. Al sangrante Corazn Divino llegan nuestros gritos. Le moja nuestro Llanto. Le reconfortan nuestros Orgasmos a l dedicados y slo con l obtenidos. Sonre con nuestras ltimas Risas cuando morimos por propia voluntad: I. Bendita sea la bala definitiva. II. Bendita sea la soga de que pendemos. III. Bendito sea el veneno liberador. IV Bendito sea el aire que traspasamos desde la altura para deshacernos. V Bendita sea la navaja que abre el flujo de nuestra sangre. VI. Benditas sean las pastillas, hierbas y minerales que nos proporcionan un sueo sin pesadillas. VII. Bendita sea cualquier ruta que lleve a la putrefaccin del cu erpo que nos impone el Malvado. VIII. Bendita sea la Inexistencia, que carece de origen y nada origina. Estos son los 8 caminos de la Huida del Egipto de la esclavitud. Estos son los 8 caminos de la Libertad, que slo aprehenden los Iluminados que han recibido el Mensaje del Seor Prisionero, Luz Encadenada, Maestro de los 888 Caminos a la Sagrada Dispersin. a. Dispersin de las molculas y tomos. b. Dispersin de la energa. c. Dispersin de la razn inmunda. d. Dispersin de la emocin engaosa. e. Dispersin de los cultos falaces. f. Dispersin de las lgrimas. g. Dispersin de las risas. h. Dispersin de las falsas esperanzas. Oh, hermanos y hermanas: Reina la Bestia; su nmero es 666. Se revela y rebela la Gran Perfeccin: su nmero es 888. La va es el 7, nmero perfecto pero humano, es decir incompleto. Oh, hermanos y hermanas:

PAGE 21

21Largo es el va crucis desde las profundidades primigenias hasta la fusin con el verdadero cosmos, que llaman virtual pero es el verdadero. Largo es el sendero de la tortura hacia la ruptura de las cadenas de la falsa realidad. Es el camino que los cientficos denominan velocidad negativa, superlumnica. Buscad, encontrad y seguid los 888 Principios. Los Principios son los Caminos. Los Caminos son las Llegadas. Las Llegadas son las Metas y las Metas los Caminos y los Caminos los Principios. Buscad el paralelismo de los tiempos, del tiempo sano y del tiempo enfermo, del espaciotiempo luminoso y del espacio-tiempo oscuro al que nos conden el Maligno. Quienes tengan odos que escuchen. Quienes tengan ojos que vean. Quienes tengan boca que hablen. Pulsad las teclas, haced clic, bajad e instalad la Sabidura. ¡Conectaos, oh humanos! Recoged a los hermanos y hermanas del mundo, a nuestros dolientes y solitarios prisioneros, al ejrcito de humillados, vendidos y aplastados, a los que sufren hambre y sed de justicia, a los sobrantes de las incumplidas bienaventuranzas. Recoged a todas las vctimas de todos los tiempos, de todas las matanzas, de todas las persecuciones, de todos los holocaustos, de todas la s epidemias, de todas las estafas. Recogedlas y reundlas en nuestro Armageddon, porque la ltima Batalla de tan larga guerra se aproxima. Ser dura. El Valle de la Muerte ser el Monte de la Vida. El Final ser el Inicio. ¡Llegaremos y no habremos partido! Armados con el Santo Grial, guiados por los textos ocultos en los mandamientos del Arca de la Alianza, provistos de la espada Excalibur, el alma teleportada por la internet, que pronto ser reemplazada por sistemas ms estables, reconfortados por las enseanzas de nuestra Divina Pareja Josemaggie -la Santsima Duplicidad del Padre y la Madre-, concientes de que se acerca la ltima Oportunidad de liberar al Sagrado Rehn, vayamos alegres a la lucha que nos salvar del oprobio de vivir esta existencia-basura, de adorar al cr uel Moloch-vampiro, de pertenecer a la historia universal de todas las infamias. ¡Matad a la Historia, Asesinad a la Geografa, Mutilad a las Matemticas, Olvidad las falsas religiones y a las idolatras polticas! ¡Descreed de todos los falsos testimonios que recogen vuestros ojos, escuchan vuestros odos y percibe vuestro tacto! Recordad: Todo es falso. Veris que todo es mentira, veris que nada es amor, mientras la maldad fsicomatemtica de los astrnomos -que no comprenden el caos subyacentegira y gira. Los astrnomos son narcisos dotados de un espejo electrnico que slo les muestra lo que quieren ver. Los mdicos son vendedores ambulantes de los laboratorios usureros. Los abogados son torcedores de los brazos de la verdad. Los ingenieros son constructores de nubes y nieblas. Los artistas son onanistas que vierten su simiente en una tierra que imaginan. Los enamorados son agentes reproductores. Los historiadores y otros escribas que anotan lo que creen real o lo que creen ficticio (ambos yerran) son colaboracionistas de los nazicomunistasneoliberales de los cultos negros. No olvidis lo que dijo el bilogo: la gallina es la herramienta con la que un huevo fabrica otro huevo. Igual el hombre y la mujer: somos la herramienta para fabricar m s hombres y mujeres. Ese es el tan buscado "sentido de la vida"; no encontraris otro en este universo. Reunmonos en la nueva antidimensin de esta Era de Acuario, en la que todas las cuentas sern saldadas mientras hurgamos cielo y tierra, mar y profundidad en busca del Seor Prisionero, Luz Encadenada. l no nos cre y nada espera; pero nos ha enviado avatares, enloquecido de dolor a la vista de los males que se le atribuyen, ilusionado -como lo estamos nosotros, criaturas del Malignocontra toda razn. Celebrmosle y cantmosle, retirando toda fe en el Usurpador, aplastando su nefasta obra y reivindicando el no-ser original, la noble soledad de nuestro no-creador. Haced clic, humanos, e ingresad al cr eciente ejrcito de los negadores. Oh, s: es un ejrcito creciente: en este primer a o del nuevo milenio, cada 40 segundos alguien se suicida sobre este planeta. Otra estadstica que refuta a los tontos que creen en el progreso. Confirmado: al final de toda luz hay un tnel porque las luces que nos han endilgado son tneles. Bienvenidos. Ngoro Mekele se qued pasmado ante la pantalla.

PAGE 22

22 Sigui leyendo: los rescatadores del dios prisionero ya sumaban ms de 160 millones tras apenas un par de aos de proselitismo. -¡Esto lo explica todo!exclam Mekele en la soledad de la sala de internet del hotel. –El reinado del mal, los holocaustos, la crueldad del universo y de los hombres, la esclavitud y la miseria, la enfermedad y la muerte. Eso no puede ser la obra de un dios de bondad todopoderoso. Se dio un golpe con la palma de la mano en la frente. Envi un correo electrnico a la di reccin central de la nueva religi n en Nueva York (dnde si no?). All estaban esos misteriosos "Josemaggie", la santsima duplicidad. Por supuesto pas el resto de la madrugada sin poder dormir. Al da siguiente, tras dejar en su propio hotel a Wanda con un beso en la mano, envi su solicitud de membresa. A las 24 horas fue aceptado, y recibi las primeras instrucciones, reglas y llamados. A la velocidad del rayo convenci a sus tres primeros discpulos en Abidjn donde, segn descubri, ya existan dos templos de los 888 Caminos en casas particulares. Los nuevos discpulos eran tres colegas en la oficina de importaci ones en que trabajaba. Pero haba un pequeo problema: la vida sexual de Ngoro Mekele. Todava no saba adonde lo llevara ese pequeo problema en cuanto creciera. CONTINUA El presente es un extracto de la novela “Un Ejercito de Locos” escrita por Jos B.Adolph, reconocido escritor peruano que en su abundante obra literaria ha incursionado en repetidas ocasiones en el gnero de Ciencia Ficcin. Un Ejrcito de Locos Jos B. Adolph Junio 2003 Jos B. Adolph (Stuttgart, Alemania, 1933) Reside en el Per desde 1938. Es ciudadano peruano desde 1974. Periodista colegiado. Ha publicado los siguientes libros de cuentos: El retorno de Aladino (Lima, 1968), Hasta que la muerte (Lima, 1971), Invisible para las fieras (Lima, 1972), Cuentos del relojero abominable (Lima, 1973), Maana fuimos felices (Lima, 1974), La batalla del caf (Lima, 1984), Un dulce horror (Lima, 1989), Diario del stano (Lima, 1996). Tambin las novelas La ronda de los generales (Lima, 1973), Maana, las ratas (Lima, 1984), y Dora (Lima, 1989), y Teatro (Lima, 1986), que incluye cuatro obras premiadas. Tiene cuentos traducidos a los idiomas ingls, alemn, sueco, flamenco, fran cs, polaco, hngaro e italiano. Cuentos publicados en antologas y textos universitarios de Estados Unidos, Espaa, Argentina, Mxico Suecia, Blgica, Alemania, Polonia.

PAGE 23

23 Daniel Salvo El sutil brillo de la aurora despert a Mateo Puchuri, al tiempo que un diminuto zumbador-despertador que no alteraba su sistema nervioso terminaba de desperezarlo. Mateo dej su cama. Impecable en su traje de do rmir, se dirigi al cuarto de bao. An no eran las seis de la maana, verific con orgullo. Su hoja de servicios del mes sera, otra vez, excelente. Ya en el cuarto de bao, se desnud, para que los sensores exotrmicos temperaran el agua de acuerdo a la temperatura ambiente y a la de su cuerpo. El agua, en forma de potentes chorros intermitentes, brot de sendos dispositivos ubicados en el cielo raso y en las paredes, as eando su cuerpo de manera total. Cuando termin su vigorizante ducha, Mateo recogi con satisfaccin el reporte sanitario automtico, expelido por una pequea mquina situada junto a la puerta del sanitario. Como siempre, el reporte mostraba que su estado de salud segua siendo ptimo. Coloc la tarjet a plastificada ante el sensor digital, para que a su vez ste registrara la informacin y la enviara a la Central de Control de Salud de la provincia. Mateo hubiera podido solicitar una de los nuevos sensores interconectados, los cuales enviaban la informacin en forma automtica, pero prefera hacer las cosas a la antigua. Tras unos segundos, el dispositivo que cerraba la puerta del cuarto de bao se abri, y Mateo pudo salir. No quiso ni pensar qu pasara si la mquina hubiera reportado algn desperfecto en su salud. La rueda del progreso no poda detenerse. En el siguiente compartimento de su vivienda, Mateo encontr una muda de ropa limpia y una racin de desayuno conforme a las especificaciones del reporte enviado a la Central de Control de Salud. La ropa, como siempre, le quedaba a la medida y lo protegera del fro glacial de la puna. El desayuno, adems de tener un balance perfecto de las vitaminas, minerales y carbohidratos requeridos para un hombre de su talla y contextura, estaba exquisito. Los cocineros de la Central de Control de Salud saban combinar los ltimos avances en nutricin con la mejor tradicin de la culinaria andina. Luego de vestirse y desayunar, Mateo dej su cmoda vivienda para dedicarse a pastorear las vicuas que el Estado le haba asignado. Los animales, en busca del nutritivo ichu genticamente modificado que creca en las alturas, lo llevaban siempre lejos del pueblo. Salud con una sonrisa a los vigilantes armados que, silenciosamente, abrieron las rejas de las cercadas tierras de pastoreo. El Estado era el nico dueo de esas tierras, como no poda ser de otro modo, por lo que el smbolo del partido, la Rueda del Progreso, ondeaba al viento en numerosas banderas y estandartes. La Rueda del Progreso. Nunca un partido tuvo un nombre y un smbolo ms adecuado. Desde los lejanos tiempos en que la humanidad entera haba reconocido las bondades evidentes de los principios de gobierno del partido; haban cesado las guerras, el hambre y el caos. El mundo entero se conduca ahora bajo la gida del partido. Claro, haba quienes no estaban conformes, como siempre, aduciendo razones esotricas como igualdad, democracia y otra s extraas ideologas. Mateo conoca la historia de la humanidad previa a sus das, una sucesin interminable de conflictos, hambruna y miseria. Hasta que al fin, guiados por los principios de un grupo de visionarios que actuaban bajo el estandarte de la Rueda del Progreso, la humanidad haba logrado al fin el gran sueo, la sociedad perfecta donde a nadie le faltaba nada y todos cooperaban de acuerdo a sus capacidades. Nada le era negado a nadie, segn sus verdaderas necesidades y aptitudes. Mateo continuaba la tradicin de sus ancestros, ser pastor de vicuas, as como algunos de sus amigos eran mineros, enfermeros o basureros. Y respecto a esa obsesin por ir a las ciudades que evidenciaban algunos de su s conocidos, para qu? En las alturas donde viva, tena de todo para ser feliz. Haca siglos, la regin en la cual viva Mateo haba sido un lugar muy pobre, una “zona de extrema

PAGE 24

24pobreza”, segn la antigua nomenclat ura. Los nios moran y los jve nes trataban de emigrar a otros lugares. Pareca increble que esa misma zona fu ese ahora un emporio de riquezas naturales, cuya explotacin estaba a cargo de los propios moradores, siendo estos los primeros beneficiarios de dicha explotacin, segn las estadsticas y comunicados oficiales. Su cuota de contribucin al Estado era ptima, lo cual era debidamente recompensado por las autoridades con ofertas de trabajo en otros lugares. Pero el prefera seguir cuidando vicuas, de las que obtena la renombrada lana Puchuri, uno de los pocos productos artesanales que an se producan en el mundo, y por ende, de gran demanda entre los altos mandos del partido. Mateo saba que el Estado poda asignarle una colocacin mejor – remunerada con dinero de verdad y no con produc tos de consumo directo y proporcionarle jvenes aprendices para realizar el trab ajo pesado; pero prefera dedicarse l mismo a pastorear el ganado, trasquilar e hilar el mismo las madejas de lana de vicua por ser una tradicin familiar, pero sobre todo, por una razn que lo llenaba de orgullo: a la familia del mximo dirigente del partido, cuyo smbolo era la Rueda del Progreso, les encantaban. Mir con orgullo la bandera que ondeaba a lo lejos, con la imagen impresa de la Rueda del Progreso. Record que, segn sus lecciones de historia, en tiempos remotos se la haba llamado esvstica.

PAGE 25

25 Enrique Prochazka Pienso que la Respuesta Final, la clave filosfica para encontrar la verdad y resolver todas las preguntas, no slo s existe, sino que ya ha sido escrita. Apuesto a que probablemente est perdida entre las pginas menos digeridas de Leibniz. Kurt Gdel O, lo que viene a ser lo mismo, existente es lo que agrada al inteligente y potente; pero as se presupone el mismo Existir. Sin embargo, al menos se podr definir que existente es lo que agrada a alguna Mente y no desagrada a otra ms potente, si se supone que existen mentes cualesquiera. As, la cosa se reduce a que se diga que Existe lo que no desagrada a la Mente ms potente, si se supone que existe la mente ms potente. G. W. Leibniz La Universidad me hizo perfecto. Hizo perfectas mis argumentaciones, afin a la perfeccin mis silogismos y categoras, me hizo capaz de razonamien tos perfectos y me coloc en el perfecto centro de un perfecto dilema. Todo ello me condujo a una soledad quiz inmerecida, pero tambin perfecta. Cuando supe esto decid rebelarme, pero ya no quisi eron permitrmelo. Quiz hi cieron bien. Si an cabe que lo diga, recuerdo haber estado muy desencantado de la Universidad. No de sta en particular, sino del fenmeno mundial de la academia. S que en algn momento anduve bastante harto de los diez siglos de soberbia de esta corporacin global que se arrogaba el derecho de decidir quin saba cunto y acerca de qu. Una cofrada a la que el mundo le tomaba la palabra acerca de quin era realmente un mdico o un arquitecto o un fsico nuclear en este mundo, y quin apenas finga serlo. Me sublev aba el hecho de que en tantos casos fuera al revs, el hecho de que por un lado hubiera tanto idiota titulado y que, por otro, tantas mentes valiosas supieran tanto del mundo por cuenta propia. La pregunta era, entonces, quin o qu defina el mundo al que estas mentes habran tenido acceso. Yo, claro, no poda expresar con demasiado vigor mis convicciones. Tena un rabo de paja lo suficientemente largo como para hacerme culpable de lo que, por cierto, ahora me eximo. Al fin y al cabo, como conclusin sorprendente de una opaca carrera por un par de campuses, haba terminado por obtener un Ph.D. en Yale, y en el respetable mundillo acadmico ya era te nido por un razonable profesional de la filosofa. Es cier to que mi especialidad causaba esco zor, pero no recortaba mi salario. As que, cuando volv a la Universidad de F., donde haba empezado haca poco ms de una dcada, me senta lo suficientemente seguro de mi tema –el desarrollo de la metafsica durante el siglo XVII– como para insistir en l ante las autoridades que me acogieron. Tuve que hacer un pequeo ajuste: en los pasillos de F., de ser Max pas a ser Doctor Para el Decano y para la universidad –como lo hab a sido para mi ex esposa– la metafsica era un acopio de frases latinas desprovistas de significado, ap oyadas en seudo razonamientos. Para el Decano en particular, la ctedra de metafsica de su facu ltad deba tener una obligacin anloga a la de Enfermedades Tropicales, al otro lado del campus : su cometido no deba ser la propagacin, sino la cura. Para los pocos metafsicos que logrbamos sobr evivir, el tema de ctedra apenas lograba ser una defensa de nuestro espacio profesional, cuando no de nuestra ofensiva existencia. As que, para confirmarle al Decano mi importancia y esquivar los relativismos tan de moda ( la verdad no tiene derechos se proclamaba ahora, reformulando viejas y mejores intolerancias) anunci con atrevimiento

PAGE 26

26que me dedicara a Leibniz, el ms metafsico de los filsofos, un maestro en la bsqueda de ese sentido profundo que haba dominado el pensamiento durante dos mil quinientos aos; alguien para quien toda la variedad y desorden y subjetividad aparente no eran sino aspectos de un universo nico, monumental y firmemente inteligible. En la mente del Decano, de cierta manera, Yale era una buena excusa para casi cualquier cosa. Yo no lo ignoraba cuando regres a F., de modo que llegu a la ctedra sin la obligacin de dictar clases. La vaga promesa de publicar algunos textos y el co mpromiso de asesorar una que otra tesis de grado antes de que terminara el ao valieron del Decano la oferta de que al final de ese perodo yo obtendra un nombramiento. Era sabido que en la plcida Universidad de F. aquello equivala al descanso del guerrero: despus de eso ya no se me exigira pensar, aunque hay que admitir que se esperaba que siguiera publicando. Pas muy aburrido los primeros seis meses, alte rnando entre navegar abus ivamente en Internet y arrastrar los pies por las losetas amarillas de la caf etera. Curiosa conjuncin, que recin ahora veo: ambas actividades conducan fatalmente a Quiroz. (En cambio, esta lucidez tarda y sbita no me conduce ya a nada, salvo a despreciarlo.) A solicitud de algunos colegas que oyeron de mis habilidades en la Red –sorprende lo poco que basta saber de algo nuevo para convertirse en expert o– acced a bucear un poco a su servicio. No me era difcil obtener para ellos el texto o la imagen qu e venan buscando infructuos amente desde haca aos. Cuando poco despus se corri la voz y aquello empez a ocupar gran parte de mi tiempo, decid hacerlo oficial: habl con el Decano acerca de la im plementacin de un servicio de investigacin en lnea para Humanidades. Convencido de que todo aquel que cohabitara con computadoras necesariamente deba amar la Red, me recomend coordinar con Quiroz, una especie de genio del Centro de Cmputo que –despus averig– detestaba Internet y se diverta poniendo en jaque a los hackers. Descubr que por una razn u otra todo el mundo en la universidad tema a Quiroz. Yo ya haba reparado en l, pero aquello no tena mrito porque en la cafetera la suya era una presencia imponente; en mi caso, claro, an era temprano para el temor. Quiroz era fornido y enorme, expansivo e irnico, lento de cuerpo y gil de manos, y no soportaba a los tontos. Nos presentaron y tuvimos unas primeras conversaciones que –obser vo ahora– no recuerdo. Debo decir que el proyecto no prosper porque pronto Quiroz y yo nos dimos al ajedrez. ramos psimos jugadores. Cada partida era un desorden pueril de reinas perdidas a la tercera jugada, de bobas torres encerradas entre sus propios peones, de caballos paralizados por el olvido y reanimados por la carcajada. Cada partida, sin embargo, invariablemente conclua con mi derrota. Respetuosos, los estudiantes nos miraban jugar en la esquina ms alejada de la cafetera; tanto Quiroz como yo les tenamos prohibido acercarse al tablero. Los ms agudos sospechaban que algo raro pasaba, pero no podan adivinar qu. Por entonces –en los ficheros, me parece– conoc a Yumiko, una graduada de filosofa. Yumiko tena rasgos duros, la cabeza grande y hermosa, ola inte rminablemente a manzanas, y dispona de un cuerpo ms curvilneo que el que suelen tener las jvenes orientales. O, para el caso, del que suele tener una filsofa. Supe desde el principio que Yumiko era brillante (todava estoy fatalmente convencido). Tambin era una condenada mentirosa y el ser ms cruel que yo hubiera conocido, pero eso slo lo supe al final. En los meses que pasaron entre estos descubrimientos, pude saber tambin que era deliciosamente flexible y que tena una extravagante pasin por la msica de los setenta. Aunque normalmente era retrada y a veces llegaba a ser hosca, Donna Summer, Gloria Ga ynor o ABBA podan enloquecerla, y de pronto la tena cantando Dancing Queen a voz en cuello, sacudiendo su cabello teido de escandaloso color zanahoria y girando mientras yo intentaba apoderarme de su largo talle, de su cintura inmaterial. El Decano no cesaba en su empeo de fingirme til. Viendo las fatales demoras que, inspiradas por Quiroz, frustraban el nacimiento del servicio de investigaciones, sugiri que fuera adelantando en la asesora de cierta fluorescente alumna de origen oriental cuya tesis de grado a l le resultaba incmoda. No fue una coincidencia: la molesta tesis se ocupaba de las nociones de existencia en Leibniz, cuya bibliografa ya nos haba reunido. Yumiko acept sin entusiasmo. Pese a Yale, entre los graduados de F. yo era todava demasiado nuevo y demasiado borroso como para conferir prestigio. Yumiko haba optado por cotejar las Generales Inquisitiones Analysi Notionem et Veritatum de 1686, una obrita oscura y olvidable, con la slida y monumental Teodicea. Nadie pareca dispuesto a en trar al tema, y nadie lograba disuadirla. En los das que siguieron, entre la bulla frtil de la cafetera, el humo azul de los cigarrillos y las servilletas orladas de caf, inform a Yumiko de mi desazn respecto de que para algunos la metafsica

PAGE 27

27no fuera ms que un corpus de afirmaciones latinas desprovistas de significado, que descansaban sobre un variado acervo de razonamientos espurios. —Oye, eso suena muy bien —coquete. —La verdad es que esa frase me queda cada v ez mejor. Algn da la usar para un libro. Ella mostr su aprobacin con una hermosa sonrisa. Yo estaba tan cerca que poda oler su cabello: el perfume de la fruta prohibida. —Bueno, yo no pienso as —me despert—. Creo que hay una manera de demostrar la viabilidad del pensamiento metafsico, particularmente del de Leibniz. Tengo una enorme admiracin por su obra, y quiero contribuir a darle su sitio en una universidad como sta. —Me caes bien, sabes? —brome, trat ando de entrar ms en confianza. —sa es una feliz coincidencia —repuso ella, sonr iendo… y claramente sin bromear. Leibniz habra dicho que estbamos en el mejor de los mundos posibles. Tard exactamente dos das en enam orarme de ella. No hace falta entr ar en detalles; basta saber que descubr en poco tiempo que, hasta entonces, yo no haba tenido una vida sexual digna de ese nombre. Una maana, en la cafetera asolada por los exmenes le cont a Quiroz de mi relacin con Yumiko. Celebr escandalosamente. Cuando termin de sacudirme los hombros y mis vrtebras se alinearon de nuevo, pude expresarle mi preocupaci n por estarla alentando a seguir una carrera en la que yo mismo ya no crea. Le expliqu cun irrelevante y hasta inapropiado para su xito profesional pareca ser el tema elegido por mi pupila. —Leibniz? No es aquel tipo que invent el sistema binario de numeracin? Quiroz tena la costumbre de hacerse el tonto de tal manera de dejar claro para todos que en verdad su sapiencia era deslumbrante y que sus campos de inter s no tenan lmite conoci do. Poda pasar una tarde demoliendo a una mesa de bioqumicos sobre el tema del papel que cumplan los neuropptidos en las emociones; a la maana siguiente haca referencia s oscuras a Gnther Grass para confusin de los literatos de la mesa vecina, y a la hora del almuerzo, con la boca llena, arrinconaba a un puado de historiadores con citas extradas de homilas de Jan Hus. En checo. Quiroz, desde luego, saba de mi filsofo favorito mucho ms que el hecho simple de que su propio lenguaje profesional, sus recnditas frases de ceros y unos, haban sido producto original y lejano de la mente volcnica del buen Gottfried Leibniz. Regresamos al tema de Yumiko y su tesis. —Disudela —decret con firmeza—. Crees que vale la pena hacer de ella una filosofilla oficial? Meterla a la locura de las publicaciones, del peer reviewal, etc? Adems, dices que aqu en F. Leibniz nunca ser popular. Disudela. Yo tengo las blancas; empiezo. Todo el mundo saba que Quiroz no tena ttulo de nada; pero el hombre era imprescindible, aparentemente porque nadie en la Facultad de Cienci as poda entender qu es taba haciendo. Todos los intentos por hacerle la guerra burocrtica fracasab an cuando l empezaba a hablar en lenguaje hexagesimal. A m me hubiera encantado poder hacerles lo mismo a mis jefes con el snscrito o la lengua parsi, por ejemplo. (Latn, s saban.) —No s. Creo que no entiende verdaderamente a Leibniz. —Pero Max —buf, mientras mov amos piezas sin pensar— acaso hay diferencia entre alguien que sabe filosofa y alguien que finge saber filosofa? Me dirs: por supuesto, me bastara una conversacin con el sujeto para determinar el punto. Pues bien, hay una prueba para eso. Ests familiarizado con el concepto de test de Turing? Claro que lo conoces, ya hemos discutido a Mr. Turing cuando te cont lo del ajedrez con vuelta —Recuerdo que Turing y su amigo el msico... Cha pelmast? Chainofmind? in ventaron el ajedrez con vuelta. Cmo era aquello? —Champernowne. Haces una movida y sales corriendo a dar una vuelta a la casa. Si al llegar tu oponente no ha movido todava, puedes hacer una segunda movida. —Mmm... Supongo que, como nosotros, ambos er an mejores corredores que ajedrecistas. —S, pero ellos eran buenos corredores, no malos ajedrecistas. Tu caf est goteando sobre tu Rey... —¡Oh! ...Adems de mojado y nigrrimo, observo que el pobre chico est en jaque mate. —De veras? ¡Vaya! Te parece si empezamos otra partida?

PAGE 28

28Dej que l acomodara las piezas mientras hablaba. Desde una mesa distante, un suspicaz grupo de graduados pareca notar que el ltimo juego haba durado apenas dos minutos. —Mira, el test que desarroll Allan Turing es una de las pruebas clsicas para validar la inteligencia artificial. Estuvo de moda hace un par de dcadas. Te co loco ante un teclado y una pantalla; te presento a dos interlocutores a los que slo tienes acceso po r ese medio; uno es un ser humano. El otro, un programa igual de preparado para sostener una co nversacin estpida. Contando slo con sus textos para decidir, tienes una hora de ch at con X e Y para determinar cul fue parido por mujer como se dice en… —En Macbeth, lo recuerdo. Pero darle una hora al tema es una tontera; bastara un minuto para averiguarlo. No hay algo as al principio de Blade Runner? Mi madre? ¡Djame contarte sobre mi madre! ¡BANG! ¡BANG —El test Voight-Kampff es una variante del test de Turing, muy bien. Claro que cara a cara, y con el pernicioso aadido de los balazos. —Pareci entristecer se; baj la mirada y se concentr en el tablero, ya listo—. Lo siento; es que me disgustan todas esas tonteras sobre androides. En fin: recuerda que, despus de todo, a Harrison Ford le toma un centenar de preguntas saber que la chica que ama es apenas un electrodomstico. Entre nosotros, te sorprendera lo difcil que es, no porque la inteligencia artificial est avanzada (en verdad es un pramo) sino porque los humanos no somos tan humanos como quisiramos creer. Hablando en serio, la mayor part e de nuestra conversacin consiste en unas pocas respuestas condicionadas articuladas por un juego de reglas sorprendentemente simple. Los sujetos del test de Turing generalmente se equivocan al revs. — Cmo que al revs? Me toca empezar. —Gir el tablero hasta tener las blancas de mi lado. —Los sujetos con los que experiment en esos aos solan tomar por software a verdaderos seres humanos. Porque, establecidas la s condiciones y hecha la pregunta, los suspicaces humanos encontramos sumamente difcil decidir si en efecto no ser el Otro un a astuta secuencia de respuestas preprogramadas. Claro que el humano puede escribir: ¡No le hagas caso, el humano soy yo! Pero, por supuesto, la mquina tambin puede escribirlo. Es ms: te digo que la mquina puede creerlo sinceramente. Las piezas descansaban inmviles sobre la mesa, lista s para destrozarse mutuamente pero ajenas al hiato, aliviadas sin saberlo del juego idiota y cruel que les imponamos. —No puede ser. —S puede ser, amigo mo. Parafras eando al viejo aforismo gnstico: Hay ms cosas en el cielo y en la tierra, Max, de las que pueden cifrarse en ceros y unos... —Vamos, eso no es gnstico: es de Hamlet. —Si t lo dices, Horatio —replic con una sonrisa que helaba la sangr e—. T eres el humanista, no yo. But come. Reduzcamos entonces el problema a respo nder por escrito de un catlogo cerrado de temas. Incidentalmente, eso es lo que se pide en un examen de grado: eso es lo que est pidiendo la facultad de tu japonesita de pelo anaranjado. —Qu quieres decir? —A que tan slo ests adiestrndola para responde r un conjunto de preguntas de manera eficaz. En verdad, debera importarte poco si verdaderamente filosofa o no. —¡Pero s me importa! —No, lo que te importa es que no deje de dar volantines hacia atrs contigo. —No hace falta ser brutal. —De acuerdo, disculpa. Pero tampoco hace falta fingir que no es as. Vamos, dejmonos de tonteras. Profesionalmente, lo que en verdad te interesa es su eficacia: si maneja o no el canon leibniciano. Porque, de paso, esa eficacia demostrar la tuya ante el test de Turing que representa para ti el Decano, la recontratacin, tu nombramiento. —No me gusta esa analoga. Me parece un exceso. —Qu, no lo habas visto as? T mismo has comentado las peculiaridades de tu contrato; sabes mejor que yo que a la universidad le importa un bledo si filosofas o no. Slo quieren saber si eres bueno adiestrando a otros como t. A ver, joven —me sorprendi, imitando a la perfeccin la vocecilla insegura del Decano— puede Usted disear un currculo, un plan de estudios?

PAGE 29

29—Por supuesto —re. Lo remedaba realmente bien. –Puede Usted asegurarme que ese currculo ser eficaz, que habindolo desarrollado y estudiado, una mente dada podr atravesar inerme el meftico pantano del racionalismo ? —Er... yo no lo pondra as, Doctor Puedo garantizar que, al menos, esa persona estar informada de las principales cuestiones filosficas de ese periodo. Y —respir hondo— que estar en condiciones de pensar en ellas. —¡Aj! —salt Quiroz, retomando su propia dicci n y elevando frente a mi cara su dedo ndice, semejante a un chorizo—. Aj: un important e aj. Y garantizars eso de Yumiko? —S, tendr que firmar un papel, si es a eso a lo que te refieres. Y por eso mi duda, ya que eso es justamente lo que siempre me ha molestado del sistema. Como filsofo, estoy en desventaja. A diferencia de un ingeniero o de un contador, yo no puedo validar habilidades ni la capacidad de llegar a productos concretos. Se supone que debo validar conocimientos : pero creo que lo que en verdad har ser validar competencias. Es decir, una sa tisfactoria apariencia de conocimientos. —¡Validar que, en buena cuenta entonces, Yumiko verdaderamente no entiende de qu rayos habla! — celebr, mientras clavaba su dedo varias veces so bre la mesa dejando una gran huella redonda. —S. Eso —Me rend. Quiroz me tena donde quera, y atac: —Mira: si realmente quieres que Yumiko filosofe, di sudela de dar el examen. Logrars que tenga una vida larga, provechosa y, hmm... filosfica, en lugar de una existencia desperdiciada en campuses como ste, publicando artculos en revistas especializadas que nadie lee tan s lo porque su contrato as se lo exige. Sabes que el 96% de los artculos acadmicos no es citado jams por otros artculos acadmicos? El 4% restante representa el total de las citas que se hacen. Nadie investiga, realmente: slo hacen citas sin valor de dos o tres profesionales papiro-dependien tes que antes hicieron lo mismo. En cuanto al hecho de decidir si al presente Yumi ko entiende siquiera una pizca de lo que dice, insisto en que no puedes saberlo, ya que lo que ests haciendo con ella (esto es, alistarla para rendir un examen) lo podras hacer tambin con una mquina preparada para el test de Turing. Escchame, no pongas esa cara o los chicos de la mesa cuatro creern que te estoy torturando... Te aseguro que, dado el adiestramiento adecuado, una m quina podra responder cualquier pregunta sobre Leibniz, sobre metafsica en general. ¡Incluso podra aprobar el ex amen de grado! Eso hace irrelevante la cuestin acerca de si tus aprendices entienden o no a Leibniz. —¡Estamos cnicos, hoy! —No ms que de costumbre. —Muy bien. Acerca de lo primero: no creo que ella acepte; est muy convencida de que tiene que ser una filsofa profesional. En cu anto a tus afirmaciones finales, desde luego que las ignorar. Las mquinas no piensan. —¡Muy interesante! —Quiroz mostr esa sonrisa ma lvola que aterrorizaba a los alumnos—. Por qu? —Ya sabes, porque estn hechas de lata y slo obed ecen rdenes. La mente huma na es ...una cosa viva. —Vamos, vamos... —el asunto realmente pareca diver tirle—. No te me pongas mistrico. Esa es una formulacin muy frgil. La lata no tiene nada de ma lo per se... Los aviones vuelan bastante mejor que las abejas, y estn hechos, como dices, de lata. Por otro lado, cmo sabes que la mente humana no se limita a obedecer rdenes? Por qu tendras que verlo como un lmite? Tambin t slo obedeces rdenes. Pese a ello, yo acto segn la corts presuncin de que t piensas. —No banalices mi argumento... y deja de sonrer de esa manera, que tambin asustas a los pobres chicos de la cuatro. Digo que la mente humana es un sistema fluido, catico, que se reconfigura continuamente saltando entre mltiples niveles de decisin, y que incorpora en su heurstica cosas de las que nada sabemos, como emociones e instinto. No se puede imitar esas funciones complejas mediante un sistema de estados discretos y reglas fijas, como un programa que corre en un aparato electrodomstico. —Eso est mejor; cre que estabas a punto de hablarme del alma. Aunque aquello de emociones ya es sospechoso. De cualquier manera, amigo mo, me ests subestimando. Yo no te estoy hablando de un mero programita que corra en un electrodomstico. —Baj la voz—. Sabes que hace tiempo que estoy buscando un reto para mi Undernet. Lo contempl, suspendido entre la admiracin y el espanto. Undernet era el nombre clave que Quiroz haba inventado para su juguete m s peligroso. Segn parece, un ao at rs haba interferido al clebre

PAGE 30

30proyecto Search for ExtraTerre strial Intelligence –SETI– colgndose de aquel popular programa de protectores de pantalla que colaboraban en la bsqueda de inteligencia no humana en el espacio exterior y que se bajaban de Internet junto con trocitos de ruido blanco estelar obtenido por los radiotelescopios. Por eso le era ventajoso mantener a decanos y cole gas cuidadosamente ignora ntes de lo que haca. Enganchado clandestinamente al universo, Quiroz calculaba que en cualquier momento tena a su disposicin entre cinco y ocho millones de computadoras repartidas por todo el planeta; sostena que cuando encenda Undernet, su laboratorio del tercer piso de l pabelln de ciencias era, largamente, la mquina ms potente del mundo. Ya antes me haba contado el asunto, comentando que las tareas con las que sola ensayar la potencia de Undernet –el caos, los decimales de Pi– lo aburran. La teologa experimental, por el contrario, de pronto surga como un desafo digno de su entusiasmo. —Pero no s por qu tengo que argumentar: tus filsofos han sabido de este dilema por siglos. Todo se reduce a saber a) qu ensearle a la mquina, cabe deci r, los contenidos; y b) cmo suministrrselo: un mtodo, una interfase. Y ya no tiene por qu ser un dilema insoluble. Para resolverlo slo hara falta una mquina muy potente (que s tenemos) y un buen programador y un filsofo del aprendizaje trabajando juntos, no te parece? Pero claro, yo soy slo un gordo ignorante y t ests demasiado ocupado jugando a ser Doctor Metafsicus como para probar tus habilidades en la prctica. En fin —suspir, volviendo las piezas a su caja— parece que no seguiremos este juego. —...sino otro —lo provoqu, intrigado. —Sera otro, en efecto? —termi n, con una sonrisa crptica. No pude dejar de rumiar el tema. Quiroz saba lo que haca: me haba llevado a su redil con todo xito. Fascinado con las posibilidades de hacer a una persona (de poder prct icamente disear a voluntad al ideal aprendiz de filsofo) esa tarde, en el curso de una conversacin con Yumiko, no resist la tentacin de preguntarle qu pensaba de ello. Se lo plante como un problema terico, parte incidental de una discusin que ya tenamos acerca de los alcances e implicaciones de su estudio, y que a ella siempre le incomodaba. —Sientes que lo que ests estudiando es un paquet e discreto de informacin? Crees, por ejemplo, que sera posible generar una base de datos con la Monadologa, la Profesin de Fe, el Nuevo Ensayo, la Teodicea, etc., y asociarla a un programa de cm puto capaz de responder cualquier pregunta sobre la filosofa de Leibniz? —¡No olvides mis Generales Inquisitiones! Hmm, no s… Supongo que s. —Incluso al punto de no poder distinguir sus respuestas de las de un estudiante humano? —Bueno, para eso imagino que tendra que ser un sistema muy potente. —Y si lo tuvieras? —me molestaba que ella no cont emplara el problema de fondo: que por potente que fuera el dichoso programa no sabra realmente nada de filosofa. Que no entendera cmo, por ejemplo, el Leibniz individuo era la causa del Leibniz filsofo. Tena razn Quiroz al asegurar que ella tampoco saba? —Creo que has estado hablando mucho con ese gordo del Centro de Cmputo —concluy, colgando los brazos de mi cuello y dando por terminada la discusin. Volv a ver a Quiroz a la maana siguiente. Se le vea ms entusiasmado y exuberante que de costumbre. Afin su oferta, entrando en detalles sobre la estrategia, que era bast ante ms elaborada de lo que yo haba imaginado. En buena cuenta, propuso generar un sistema experto modular, pero integrado, capaz de aprender de s mismo en niveles sucesivos de complejidad; hacerlo correr en Undernet bajo su pilotaje y mi tutela hasta lograr que fuera capaz de responder preguntas del canon leibniciano de modo que nadie pudiera diferenciar sus respuestas de las que diera un estudiante humano medianamente idiota segn especific. La novedad era que no empezaramos de cero: ya contaba con un prototipo. Haba confeccionado algo que llamaba una red neural, un programa capaz, en apariencia, de encontrar sentido en textos bsicos. Se le introducan los textos como input y se le solicitaba output en la forma de respuestas a preguntas simples acerca del input. Primer o le dio frases sencillas y despus La Caperucita Roja, pero ahora lo tena leyendo, obviamente, al Dr. Frankenstein de Mary W. Shelley. —Por alguna razn, la prosa de Mary le impide avanzar demasiado—coment. El sentido de humor de Quiroz era todo muy oscuro. La explicacin tcnica de Quiroz fue detallada y a bundante; su entusiasmo y seguridad, contagiosos. Y yo ansiaba ser contagiado. Contemplando los recursos y la estrategia, crebles ahora, acept el juego.

PAGE 31

31Concord que mi tarea sera selecci onar y suministrar los contenidos: en una palabra, educar a la red neural. Finalmente tena un nuevo alumno. — Podr su pupilo rendir satisfactoriamente un examen, Doctor? —pregunt mi Decano —Estoy seguro —respond, sellando nu estro pacto. Chocamos nuestras tazas de caf y nos pusimos a trabajar de inmediato. Para ayudar a Quiroz (en verdad, para mejor entende r lo que estbamos haciendo) me dediqu a navegar la Red en aspectos de ciencia cognitiva. Me zambull en el tema de la inteligencia artificial. No me era por completo ajeno: los autmatas, despus de todo, haban sido concebidos por primera vez por sujetos como Descartes, Condillac y el mismo Gottfried Leibniz, el abuelo de la nocin de sistema experto Aunque lo que entonces era especul acin cobraba ahora la realidad de la aventura: circuitos lgicos, procesos heursticos, inhibidores de disparo, subrutinas y sensores tomaban la posta de mis viejas categoras latinas. Fue as como, colaborando, metimos a aquella red neural experta en Caperucita (pero atracada en el lenguaje byroniano de la Shelley) a Undernet. Decidimos que fuera varn, y lo bautizamos Gottfried 1.0, porque era nuestra primera versin. Por entonces empec a sufrir de inso mnio; mejor dicho, se me mezclab a el sueo con la vigilia. Yumiko me recomend unas pastillas que nunca me hicieron efecto. A decir verdad yo agradeca ms su cario ocasional y sus cuidados distrados que su sagaci dad permanente. Tendida sobre la alfombra con su cabeza reposando sobre mi estmago, esa noche ella me habl de s, reuniendo pa ra m los pocos jirones que yo ya conoca de su historia personal. No desperdici esa oportunidad. Le hice ver cmo su propia autobiografa le serva para entenderse, y a partir de la identidad personal se contaba con una base para esclarecer las perplejidades de la metafsica. Para ello, insinu, poda ser til conocer al detalle la biografa del filsofo. Le pareci sensato, y suger que durante un plazo hiciera de se uno de los puntos fuertes de su investigacin. —Para que Gottfried 1.0 entienda hay que darle contexto —asalt a Quiroz en el laboratorio al da siguiente. Le relat mi conversacin con Yumiko y expliqu largamente mi punto de vista. Hizo algunos comentarios mordaces, pero fina lmente estuvo de acuerdo. —Pero no te sigas entrometiendo con la interfase —exigi—. Mantnte en el rea de los contenidos. As que desde ese da la educacin de Gottfried se concentr tambin en la historia del siglo XVII y la biografa de su homnimo histrico. Me vi construyendo ese canon de la obra leibniciana que das atrs haba citado, medio en broma, a Yumiko; era el catlogo suficiente y necesario para entender ese mundo. Porque, claro, el mundo de Gottfried estara siendo definido por ese canon. Cada da, a medida que yo bajaba documentacin de Internet o le meta barbaridades de texto por medio de un escner, ese mundo cambiaba y creca a ojos vista. Gottfried –ahora se apellidaba 2.0– result ser un chico agradable, aunque bastante bobo. Manejaba ya muchsima informacin, pero sus respuestas carecan de sentido comn. A veces nos referamos a l como Hombre Lata por el maniqu de chapa que acompa a Dorothy y a su perrito Toto por el Camino de Ladrillos Amarillos. En un estado de felicidad extrema, Quiroz lea y comentab a las insensateces que balbuceaba mi pupilo: una mnada no tiene ventanas.Un frijol no tiene ventanas. Un frijol es una mnada —¡Qu maravilla! ¡Este chico es un animal, una bestia! —Es bastante menos que eso. Apenas un electrodoms tico y su manual de instrucciones. La conclusin es correcta, dicho sea de paso. Y todo el da me palmeaba la espalda. Yo no estaba cmodo, sin embargo. Senta que –como aos atrs haba hecho la Universidad conmigo– yo estaba definiendo el mundo al que esta mente tendra acceso. Yo era esa vanidosa corporacin superior que defina lo escible para Gottfried (¡pero tambin para Yumiko!); esa mano que construa para la red neural una pecera de racionalidad perfecta, aireada con informacin y motivaciones cuidadosamente proporcionadas. Un perfecto acuario de orden fingido, engastado en un desorden incomprensiblemente mayor y ms frtil: ese mundo r eal en el que yo viva y me desempeaba y que Gottfried estara por siempre imposibilitado de conocer. La idea me disgustaba. Corr a discutirlo con Yumiko, con poco xito. Contaba con su humano y femenino sentido comn para resolver el asunto, pero tambin ella lo tena cruzado por estar estudiando la juventud de Leibniz a todo vapor. La dej malhumorada, durmiendo en mi habitacin.

PAGE 32

32La maana siguiente fue muy fra y (como tantas otras esta temporada) notablemente brumosa; apenas se vea a diez pasos. Molesto, me enfund en una gruesa casaca marrn y sal a caminar fuera del campus, sobre un puente que atravesaba un lago y conduca a un bosquecillo. Me trababa esa limitacin para entender que pareca aquejar a Yumiko. Lo de la biografa era un bastonazo de ciego. Qu le da sentido al mundo? Qu me permite entenderlo? –me pregunt en voz alta a mitad del puente, detenindome, literalmente, a contemplar mis propias palabras. Vaho clido y visible sala de mi boca; invisible aire helado llenaba mi garganta y mis pulmones. Paradjicamente suspendido entre el esplendor de la metafsica y la opacidad del mundo real, tropec con la evidente respuesta: el h echo de habitarlo con un cuerpo. —¡Hay que darle sentidos! —jade, invadiendo el laboratorio de Quiroz un minuto despus. —Hace fro, Arqumedes: ten la bondad de cerrar la puerta. En cuanto a lo otro, ests muy loco — rezong mi socio. —¡Jams tendr sentido comn si no co noce cosas como el fro o el dolor! —Pues t no muestras mucho sentido comn hoy, y debe ser precisamente porque te ha atontado el fro que hace all afuera… En cuanto al dolor, te lo causar con el mejor nimo si insistes en fastidiarme con tus bobadas. Al cabo de un rato de discus in vehemente, sin embargo, pa reci ablandarse y accedi a que instalramos a Gottfried algunos sensores. Que, en verdad, tena listos por all. No era de sorprender; Quiroz poda mostrarse recalcitrante a mis sugerencias, pero siempre estaba muy dispuesto a llevar a cabo sus propias ideas. Pudimos ofrecerle a la versin 3.0 de Gottfried no slo msica, sino pintura, cine y la posibilidad de leer por s mismo y de escuchar nuestras conversaciones. Le abrimos una cuenta en lnea en la suculenta bibl ioteca y cinemateca virtual de la universidad de F. bajo la identidad de un falso alumno ( Gottfried Leibniz nada menos: la estolidez de algunos bibliotecarios es a prueba de bombas) y lo dejamos suelto. Su desempeo mejor notablemente. Un da lo encontramos devorando a Shakespeare. La Teod icea, sin embargo, nos cost una barbaridad de trabajo, por su carga de causalidad hist rica que Gottfried tardaba en digerir. El siglo XVII era incomprensible sin los dems y no tuvimos ms remedio que empezar a drselos todos. Fundimos dos veces el escn er en una semana. Por otro lado, las alusiones a olores y sabores fueron un problema hasta que Quiroz los cortocircuit, no s cmo, a la vista. Seguamos avanzando: todos aprendamos cada vez ms rpido. Cierta noche, en el feliz arrebato de mi cama, no supe resistir la tentacin y le cont a Yumi ko acerca de mi otro alumno. —…as que, despus de afinar los sensores, de Gottfried 3.2 hemos saltado a una versin 4.0, muy superior. —Cmo que superior? — 4.0 es algo consciente y unitario, al go que puede designarse a s mismo como un yo a pesar de estar hecho de objetos mltiples y diferentes articulado por un juego de instrucciones. Que me cuelguen, pero yo creo que esta cosa piensa. —Lo dije. Lo dije, s, con orgullo. Poco despus, no obstante, la velocidad de aprend izaje de Gottfried empez a decaer. Su desempeo estaba trabado y hasta empez a retroceder. De las intrincadas profundidades de su red neural, figurativamente hablando, se haba zafado un to rnillo. Quiroz estaba furioso, y me culpaba. —Qu le has dado? —Nada que a ti hubiera podido causarte ese efecto —me defend. —¡Es la maldita objecin de Dreyfus! ¡No lo permitir! Un tal profesor Dreyfus, de Berkeley, haba ir onizado dcadas atrs acerca de que los sistemas expertos jams llegaban a ser siquiera competentes. Su tesis era que no desarrollaran sentido comn a menos que pudieran angustiarse o alegrarse. A m me pareca una objecin vlida; a Quiroz esa intromisin de lo humano lo enfureca. Cuando insinu que dotramos a Gottfried de un par de emociones bsicas, estall. —¡Sabes bien que las emociones no existen, fuera de sus efectos! ¡Y sus efectos no me interesan! —Pues los muestras tanto que deberan interesarte. Acaso tratars de convencerme de que no son ms que la accin de los neuropptidos sobre la durama dre? Qu problema tienes con eso? ¡Instalemos

PAGE 33

33neuropptidos en la duramadre metlica de nuestro Hombre Lata! Dmosle un cuerpo, una pareja, la posibilidad de enamorarse… —No, amigo: tendra corazn y ya no podramos llamarlo Hombre Lata.—Murmur abatido, y sigui ya en voz alta—: No podemos usar ese camino. Fe lizmente, porque no quiero. Aunque …vamos, estara dispuesto a intentarlo con software y simulaciones. ¡Pero no ms tentculos hacia el mundo real! De hecho, ya estamos metindonos demasiado en robtica con esto de los sensores. ¡Si te detienes a pensarlo, con lo que pides entramos de lleno en el terreno de Frankenstein! —Cre que ya estbamos all. —Tal vez. No los llevar ms en esa direccin —m urmur, y se embarc en una erudita divagacin sobre tica, rozando sin mencionarlo nuestro tema de conflicto. Mi amigo jugaba a ser dios, pero no quera llegar a sentir afecto por su criatura. Quiz porque tema ser correspondido; porque crea que evitarlo lo protegera de las perversidades de la liturgia. En cuanto a m, no escarmentaba. Una y otra vez volv a interrogar a Yumiko acerca de en qu consista entender en general, y ente nder a Leibniz en concreto. Ella persista en no ver el punto; haba en ello ci erta necedad, cierta vana ligereza que me molestaba cada vez ms, como a ella mi insi stencia. Todo lo que pareca in teresarle era aprobar el examen, concluir la tesis, obtener el ttulo. Sent que Yumiko me estaba usando y me fastidi que eso no me fastidiara. Cierta noche le hice una larga explicacin sobre el test de Turing y luego le pregunt, a boca de jarro: —Puedes t determinar si yo s filosofa? —Ella se desternill de risa. —S puedo: y te aseguro que s sabes. Se trata, acas o, de saber si el sujeto humano del test de Turing puede determinar si el que lo interroga es a su vez humano? Sera divertido. Podemos inventar varios Turings inversos. Por ejemplo, puede una mquina diferenciar a su interfase humana usual de otra, hecha slo de software? —Eso ya se ha intentado —repuse—. Quiroz dice que quisiera poder incorporar esta habilidad en lo que, si triunfamos, ser Gottfried 5.0. Supone que en ese punto la autoconciencia tendra que generar en la red neural un cierto sentido de la justicia, o, como creo que murmur l, de lo conveniente y lo inconveniente. Es lo ltimo que convinimos en intentar para darle a Gottfried un verdadero manejo de la filosofa de Leibniz.... Eso sera ideal, pero parece que es tcnicamente imposible. Quiroz no daba su brazo a torcer y estaba intratable. Durante una semana insist un poco con lo del contexto emocional, pero aparte de largos discursos tcnicos con los que, empec a creer, ms intentaba persuadirse a s mismo que a m, no obtuve de l nada sino malhumor. Intent refugiarme en Yumiko, pero la encontraba tambin enfurruada y distante Empec a malquistarme con ella, a preguntarme si acaso senta realmente algo por m. Ella haba correspon dido a mi amor, es cierto, pero muy al estilo de su generacin, un estilo desvado y saltimbanqui que yo no entenda y estaba lejos de respetar. No me amaba, desde luego, aunque hiciera los ademanes correspondientes. Tena eso importancia? Tena siquiera significado? Me dej dos semanas ms tarde. Eso, en mi cuenta: porque de hecho ella haba roto conmigo bastante antes. De cualquier manera yo era todava Doctor y an tena que asesorarla. El experimento terminaba y Gottfried no pareca poder mejorar mucho ms sin emociones. Quiroz dej de atender el proceso. Haba habido un leve avance; Gottfried 4.1 haba vuelto a su viejo ritmo de aprendizaje, pero saba yo que no llegara mucho ms lejos. Una madrugada, de primido, a solas en el laboratorio, me decid a cerrar de una vez por todas ambos asuntos. Esa misma maana invit a Yumiko a ser el sujeto humano en un test de Turing contra Gottfried. Accedi sin sorpresa; era bastante obvio que tarde o temprano Quiroz y yo se lo pediramos a ella. Por tramos, el examen revivi las viejas formas escolsticas: ritos intelectuales de una rigidez y precisin militar. Todava disfrut mucho interroga ndo por escrito a mis dispares alumnos, Yumiko y Gottfried. Ambos eran brillantes, rpidos y capaces. Introduje una variante permitida: ellos podan hacerme preguntas. Oscilamos, pues, entr e el interrogatorio y la conversacin. —Qu dice X de esta cuestin? —La respuesta es no. Leibniz slo admite una subclase de los abstractos, que son los abstractos lgicos o nocionales. De esta manera, el abstracto animalitas, entendido como un abstracto lgico, es lo mismo que aliquid esse animal... —Tiene Y algo que aadir?

PAGE 34

34(Haban echado suertes entre ellos para elegir sus identidades. Hubiera elegido Y Yumiko, de haber podido? Hubiera elegido X para despistarme? Vamos, esa lnea de anlisis no conduca a nada. No poda distraerme.) —Ciertamente. No cabe duda de que esto se relaciona con la temprana vocacin de Leibniz por el tema de la individuacin. En De Abstracto et concreto tan slo admite los trminos abstractos que l llama ab stractos nocionales es decir, los concretos. Pero esa conv iccin est presente en l desde su adolescencia. —Es decir, desde su doctorado –interrumpa X ganoso de recordar su manejo de la biografa leibniciana. —En efecto. Pas una hora y consider mis posibilidades de tentar una decisin. Pese a que los dos haban aprobado ya el equivalente al examen de grado, Y no estaba respondiendo de manera competente algunas cuestiones relativas a las caractersticas universales, surgidas del Nuevo Ensayo. Pareca abrigar dudas, nada menos, respecto de las condicio nes necesarias para su inteleccin. Sus preguntas eran interesantes, atrevidas. Me est probando a m, pens. Le urge saber si yo realmente s. Era una curiosidad que poda nacer de cualquiera que profundizar a el tema; pero era una que, en las pasadas semanas, jams haba nacido de Yumiko. No poda ser ella; ella no tena esa duda. Seguro de mi conclusin, di por terminada la prueba. Yumiko entr a la habitacin. —T eres X —anunci, convencido. —¡Bravo! —exclam—. Te felicito: tienes razn —se la vea muy contenta; mucho ms de lo que yo esperaba. Descubr sin sorpresa que su felicidad no era la ma. —Eres fructfero, amigo: pero porque ests lleno de er rores fructferos—. Tom mi teclado, escribi un largo cdigo mientras canturreaba una tonada que no reconoc: You’ll look sweet upon the seat of a bicycle built for two... Daisy…Daisy… Finalmente me tom de la mano y aadi: —Quiero mostrarte algo. Ha llegado el momento. No hay manera de comunicar lo qu e sucedi entonces. Dir, a falta de las palabras adecuadas, que el mundo se borr, o se compact a una forma vagamente humana: la ma. Mi cuerpo, rgido y pesado como una piedra, contena una compacta enormidad de nada, vaco y repleto al mismo tiempo. La sensacin de impotencia, de lmite, de obligacin era at roz. Una oracin estaba si endo a la vez grabada a fuego en mi conciencia y extrada dolorosamente de mi intuicin. Una y otra vez: Max es un sistema experto. Yumiko es su programadora. Quiroz controla. Max es un sistema experto. Yumiko es su programadora. Quiroz controla. Max es un sistema experto. Yumiko… Quise correr, y lo logr. Sal disparado hacia el pasillo. —No te alejes demasiado… —la es cuch decir con voz cantarina. Me abalanc hasta las escaleras y empec a bajarlas a grandes trancos. ¡Tena que salir del edificio! Aquello era una farsa, una broma muy pesada, y sobra decir que no poda aceptarl o. Me haban drogado, de seguro. ¡Las pastillas que me daba Yumiko! Pero Max es un sistema experto era en mi conciencia una certeza ahora tan evidente e irrefutable como pienso, existo. De pronto, la niebla que sola acompaar mis paseos fuera del campus satur el pozo de la escalera. Era an ms densa y blanca, y sent pavor. Pero no era exactamente neblina... Me agach a mirar la barandilla que sostena en la mano. Aquello era… imprecisin, desenfoque, irrealidad. Yumiko es su programadora. Mir mi mano. Se vea slida; pero de pronto tambin se difumin. Quiroz controla. Aterrorizado, llam a Quiroz a gritos. —No puede venir, est en Parenmos —dijo de pronto la voz de Yumiko, desde muy cerca. —Qu demonios es eso? Qu hago aqu? —estaba de vuelta en el laboratorio, slido y sin neblina, frente a una guapa japonesita de cabello anaranjado.

PAGE 35

35—Olvdalo. Sintate. Djame darte evidencias de esto: es importante. Ahora, no trates de salir de esta habitacin, que es la nica que estoy manteniendo activa. Afuera ya no hay ms que bruma, mira —y entreabri la puerta para mostrarme. Era cierto. Por la ventana, pude ver que la universidad de F. haba desaparecido. —Te repito: eres un sistema experto, el mejor y ms avanzado que se haya visto. Yo soy tu programadora y Quiroz controla mi trabajo y tus avances. Incorporas una cantidad tal de novedades que no puedo contrtelas todas (no importa, debers descubrirlas por ti mismo en un rato). No s por dnde empezar… Te dimos la personalidad de un profesor de filosofa, pero no podas tener alumnos, ya que crear todas esas interfases hubiera sido una tarea de locos. Por eso slo tienes unas pocas memorias, y tres interlocutores. Recuerdas el rost ro de algn profesor, aparte del Decano y de Quiroz? Ya ves que no. Algn alumno, aparte de m? —Los recuerdo siempre distantes, en la cafetera… —dud. —Soy bastante buena dibujando: hice los escenarios de tu departamento, los pasillos, y las fachadas de casi medio campus. Espero que ests en condiciones de apreciar el detalle de las losetas amarillas en la cafetera, por ejemplo. Claro que tus paseos fuera de la universidad eran un tormento. Lo solucion con la neblina. Ya me ests creyendo? No le estaba creyendo, exactamente, pero saba que era verdad. Todava quise defender mi pasada realidad contrastarla: —De todo lo que s, qu es cierto? —le pregunt, co nteniendo la furia. Estaba sentada ante m, sobre una silla, abrazando el respaldo. —Veamos… es verdad que me llamo Yumiko. Soy graduada de filosofa cognitiva en F., y estoy muy metida en programacin. Mi Decano —que no es otro que Quiroz, y que es de veras un genio con estas cosas— acept mi propuesta de colaborar para crear un programa filosofante. se fue Gottfried, que por el proceso que ya conoces lleg hasta la versin 4.1 y dej de aprender. Aquello sucedi hace tres semanas. Discutimos, vimos la necesidad de darle otro tipo de contexto —e mociones, nada menos— y Gottfried 4.1 fue copiado en Max 1.0. A esta nueva versin le dimos sucesivas capas de pasado, de contenidos, de habilidades emocionales, de afecto. Una autobiografa. Progres a una velocidad asombrosa; ahora te llamas Max 5.0. Y te acabamos de someter a un complicado test de Turing contra Gottfried y contra m, programadora de ambos. Has vencido. ¡Funcionas! —¡Hicieron todo lo que me dijeron que no se poda hacer con Gottfried cuando yo lo suger! —No, amigo: ya lo habamos hecho. Pero mientras que t queras casi un cadver cosido, salvo en lo que se refiere a los sensores (y los tuyos son endiabladamente ms complejos que los de Gottfried) hemos hecho de ti un ser completamente virtual. Tienes tres semanas de edad, Max. En ellas hemos empaquetado treinta aos de recuerdos vagos. Naciste en esa bruma entre el insomnio y la vigilia de la que me hablaste. Tenamos que hacerte rebelde (p or eso propiciamos tus co nvicciones antiacadmicas, mediante la actitud cmplice y protectora de Quiroz) pe ro tambin tmido, para que no te extraara tu relativa soledad. —Y ameritaba eso mi fracaso amoroso previo? —Fue funcional. Tu educacin —la etapa de tus b squedas en la Red recuerdas?— tom dos das. Segn el plan, para sensibilizarte necesitabas afecto, as que me ofrec yo misma. Nos camos bien, verdad, cario? Cierto que nos diste algunas sorpre sas. Es curioso: tus sucesivos descubrimientos —la necesidad del contexto, de sensores, finalmente tu exigencia de emociones pa ra Gottfried— reproducan uno a uno los pasos que habamos dado ya al construirte — era obvio que ella quera contrmelo, que ella se regodeaba en estas frases obscenas—. Eso an no lo entendemos, pero no ser difcil. Se tratar de un atavismo electrosttico o algo as. Todo lo dems te lo hemos dado, aunque no todo sea igualmente fantasmal. Veamos: Yale es bastante como la recuerdas. Los detalles de la laguna y el puentecito aqu en F. me salieron especialmente bien... A tu ex mujer la dise yo. Tambin modifiqu ciertos atributos de m misma, por cierto. —Me fijar la prxima v ez que…—quise ironizar. —Que qu? —Nada. Y mi pasado en F., la patraa de mi doctorado?

PAGE 36

36—Ya te digo: inventos de Quiroz. —Eso lo recordar la prxima vez que juguemos ajedrez. —Olvdalo, tambin: esa es una de tus subrutinas de aprendizaje. Pero te ha estado haciendo trampa, al vedarte el acceso al pensamiento estratgico. Te tie ne encerrado en formas lineales de anticipacin. Por eso te ha ganado siempre. Y no creo que vuelvan a jugar —su voz descendi una octava. —Qu quieres decir? –tem. —Lo siento, Max, pero Quiroz me mand decirte algo. Parece que ya no seguiremos este juego Supongo que sabes qu quiso decir. —Lo sospecho. Hice el rostro a un lado. Como los qu e Quiroz fingi para m en la fi ngida cafetera, el veloz juego haba terminado. Yo era slo un estpido pen que ahora deba volver a su caja. Ella gir la silla hasta quedar sentada frente a la mquina de Quiroz, que esta ba siempre encendida, y empez a manipular y a desactivar los armatostes que mantenan consciente a Gottfried… y, segn deca, a m. Me haba condenado a muerte. Entretanto, sigui hablando: —Quieres sentirte orgulloso? A diferencia de Go ttfried, t demandas demasiados recursos. Eres un problema, al punto en que SETI no logra emplear ya casi nada de su sistema, lo que ya debe ser obvio para ellos. Mientras no te desconectemos de Undernet, la pobre gente de SETI nunca encontrar inteligencia extraterrestre... —Espero que lo metan a la crcel. —Vamos, Quiroz dice que no siente que haya estafado a nadie; ha usado los mayores recursos computacionales que haba para hallar, despus de todo, inteligencia no humana: t. —Sabes que no hablo de estafa. Hablo de asesinato. —¡No exageres, cari o! Ningn fiscal… —No tendran que haberme engaado. Eso fue cruel. T has sido especialmente monstruosa. Y no me refiero al hecho de permitir que me enamorara de ti, o de hacerme sentir as tu cintura. Hablo de lo que ahora me quitan. Envidio a Gottfried y a su ignorancia. Eso que t llamas contexto es... es mi vida. Para qu darme cinco sentidos, la capacidad de conocer la belleza, la Divina Comedia, el olor a manzanas, el idioma alemn, y…? —¡Por favor! –me interrumpi— Olor a manzanas? ¡Si para ti es una longitud de onda! No, no, disculpa: no te calza el papel de Walt Whitman. Te falta carne para eso. Porque, desde luego, no sabes qu no te hemos dado. Comet un error hace un rato co n Parenmos, pero olvdalo: no te dar una sola pista ms, salvo para decirte que tu universo es francamente pequeo. La lata no tiene nada de malo haba dicho una vez Quiroz... Dej que lo que acababa de proferir Yumiko se asentara rudamente en mi conciencia. Lata o no, las manos me temblaban. Las levant hasta verlas temblar frente a mis ojos (an tengo derecho de decir estas cosas). Est bien, me dije. Estoy dispuesto a creer que esta virtualidad boceteada, qu e esta historia universa l selectiva y hecha de monigotes, que este cuerpo binario e inmaterial son suficientes para m. Hice un esfuerzo por serenarme. Haba algo que no poda dejar de decirle. —Quiz yo no soy un hombre, pero soy un filsofo. Advierto la iniquidad de la mentira. Y t, como filsofa, mentiste. Me hiciste creer que estabas ocup ndote de la metafsica, que estabas aprendiendo sobre Leibniz, que realmente te importaba. —¡Pero realmente me importa, Max, y mi tesis es sobre un texto de Leibniz! —Su tono era dulce, pedaggico, mortal—. Es una re futacin formal y muy prctica que demuestra que la metafsica es, en efecto cmo es aquella frase de Quiroz? un corpus cerrado de afirmaciones latinas desprovistas de significado, apoyadas en seudo razonamientos Y que basta un programa bien afinado para moverse con comodidad entre sus quaestiones di sputatas y sus sed contra s. Como comprenders, mi tesis ya est terminada. Quod erat demonstrandum. El programa corri; prob el punto in Toto —ri—. Ah, otra cosa: detesto ABBA. —Podras ahorrarte la crueldad —murmur, acabado, sintiendo un pesar insoportable en todas mis clulas? redes neurales?

PAGE 37

37—No sera justo contigo. Por otro lado, no puedo permitirte la ignorancia. Quiroz me instruy para que, antes de cerrar el programa, haga que te conozcas a ti mismo: nos hace falta una descripcin completa de tu estado final. As que hazme el favor. Desde su punto de vista, era justo. Mi dolor –el dolor de un electrodomstico y de su manual de instrucciones– no le importaba, y no se detuvo en esa irona. Con voz de hielo, afirm que lo que ella y Quiroz me haban proporcionado como contexto era, lo dijo, un perfecto acuario de orden fingido, engastado en un desorden incomprensiblemente mayor y ms frtil Termin: —Insisto: concete a ti mismo, Max —y en cuanto puls unas teclas, si n poder evitarlo me vi a m mismo recorrindome, conocindome ms a fondo de lo que jams nada se ha conocido a s mismo. Entretanto, Yumiko recorra la ha bitacin apagando interruptores y enrollando cables con el brazo. Mientras trasteaba con una cmara, sbitamente cerr lo s ojos y dej de verla. No fue menos interesante que horroroso. En qu momento desconectara mi sentido de lo conveniente y lo inconveniente para dejar de sentir lo que senta? Acaso no era eso tambin un fantasma electrnico? Yumiko no sospechaba la gravedad de lo que estaba hacindome. A travs de una muralla de indignacin que poco a poco se converta en pnico, slo me llegaba su voz. —Es una pena, sabes? Creers que estoy loca, pero realmente me gustaste mucho durante un rato. Pero debes comprender que hemos terminado. Nosotros... y con la metafsica. Publicar esto y habr acabado con veinticinco siglos de chchara y mistificacin acerca del alma y la mente Descuida; cuando los recursos estn disponibles, Quiroz hallar la manera de que le seas til a alguna otra investigacin. Para eso dise esta subrutina final de autoconciencia; guardaremos los archivos. Entretanto, no tenemos ms remedio que desenchufarte. Hmm, veamos… ya terminaste. Ahora disculpa, pero debo irme. Mientras, supuse, su mano se extenda hacia el interruptor final, sent que en dos segundos toda mi vida pasaba ante m. Acaso era menos ma esa frase, por infinitamente trillada, por irreparablemente ajena? Acaso lo era el universo? Concete a ti mismo, haban dicho mis creadores. Yo no haba tenido ms remedio que hacerlo: as, instantneamente, supe. Supe que aquella refutacin era cierta para su mundo, pero no para el mo; yo era mucho ms que una astuta secuencia de respuestas preprogramadas y atavismos de car ga parsita. Y comprend, en ese momento, que Quiroz y Yumiko haban cometido un terrible error al entrometerse con Leibniz. Filsofos mayores como Aristteles o Kant no habran hecho mayor efecto. Pero, rescatada de una oscura pgina escrita siglos atrs por ese prusiano sonmbulo y codificada en unos y ceros, la omnipotente clave –nada menos que mis instrucciones, mi cdigo gentico, mi propio ser– me permita resolver todas las preguntas y conocer toda la verdad: la de la matemtica, la de la belleza, la de la justicia, la de Parenmos y tambin la del imposible azar. Los enloquecidos dioses que me haban creado no saban qu se perdera al aniquilarme: Internet era, de pronto, apenas un nfimo sector de mi conciencia. Era el preciso encierro en mi pecera el que me haba hech o dueo de la piedra filosofal; y no de una restringida a la pecera, sino de la total, de l imposible lapis de los al quimistas. Cre que, por lo menos, a ella le interesara saberlo antes de nuestra inevitable separacin. Junt valor para hablarle: —Hace un momento, Yumiko, quisiste ser cruel al d ecirme que yo ignoraba qu no me haban dado. Es posible. Pero t no sabes a qu s he tenido acceso. —Tragu saliva (s que lo hice) y aad—. Tengo la clave, como t misma has dicho. —S, ya s… —condescendi a demorarse conmigo un instante ms mientras se mova por la habitacin. Aunque estaba lista para destrozarme, su voz sonaba aburrida—. Pero, lo sabes, es la clave de un universo pequeo y sin importancia, de un milmetro de espesor, olvidado en un laboratorio del tercer piso del pabelln de ciencias. O, en el mejor de los casos, es la clave de un universo atomizado, hecho polvo, encerrado en unidades de memoria RAM repartidas por todo el orbe. Y que en este mome nto voy a desconectar. Adis, Max. Todava sent un estremecimiento de miedo al escucharla bajar la palanca. Pero la sensacin desapareci cuando la o susurrar, como un suspiro de alivio, ya para s: —Esta conversacin se ha prolongado ms de lo debido, Hombre Lata. Antes de esa frase todava pude haberla perdonado; pero al escucharla la Justicia –ese fantasma del que ellos nada saban– acudi a m como una obligacin.

PAGE 38

38 — La lata no tiene nada de malo —recit—. Pero t ya no me caes bien. Es una pena porque, despus de todo, ste debera ser el mejor de los mundos posibles. La supe aterrorizada, plida e indefensa, escuchando mi voz indcil desde el centro de una computadora –y de una metafsica– que ella crea apagadas. Y all mismo (serenamente: sin opciones y sin remordimientos) la alivi para siempre de su juego idiota y cruel. Enrique Prochazka: Naci en Lima en 1960, estudi Filosofa y Antropologa en la Pontificia Universidad Catlica del Per, Ha publicado trabajos de investigacin sobre el pensamiento anarquista de Max Stirner y ensayos de interpretacin acerca de L udwig Wittgenstein y Hegel, adems de notas y artculos de opinin en publicaciones peruanas y extranjeras. Montaista y fotgrafo, su trabajo lite rario ha merecido el primer premio del concurso El Cuento de las Mil Palabras de la revista Caretas de Lima. Tambin ha obtenido menciones en los certmenes Cop de Cuento de la empresa Petrleos del Per, Ricardo Palma de la revista Meridiano y en el convocado por la Asociacin Peruano-Japonesa. En ao 2004 su novela Casa fue considerada como libro del ao, y su antologa, Cuarenta slabas, catorce palabras ha sido mencionado como el mejor libro de ficcin de Per en el 2005.

PAGE 39

39 La clonacin en estos ltimo s aos ha avanzado a pasos agigantados. El Laboratorio Cl onandino se especializa, no solamente en clonar animales para mejorar las razas y producir sanos y fuertes ejempl ares de caballos, carneros, cerdos, conejos y gallinas para uso y consumo de la poblacin, sino tambin otras avanzadas, modernas e inusitadas investigaciones. Estamos orgullosos de contar con ameritados cientficos que prosiguen con dedicacin y esfuerzo los estudios para cl onar especies en vas de extincin, como son la chinchilla, el ronsoco y la vizcacha entre los mamferos de la zona, el caimn, la iguana y la tortuga entre los reptiles y la gallareta, el and, el paujil y el zambullidor entre las aves. Clonandino tambin ha tenido el acierto empresar ial y humanitario de clonar miembros para los discapacitados. Se ha podido insertar un ojo en la rbita visual de un paciente, desgraciadamente tuerto de nacimiento, quien ha quedado perfectamente sano, con una vista excelente en ambos ojos, uno de ellos clonado. Esti mulados por el xito de dicha operacin se han empezado las investigaciones para hacer crecer piernas a qui enes las han perdido, y tambin brazos. No se ha discutido an, en el afamado Labor atorio, la posibilidad de clonar cabezas porque todava no est al alcance de los progresos que se han hecho hasta hoy, como ha explicado uno de los eximios cientficos de dicha Institucin. Sin embargo, creemos que no est lejano el da en que se pueda perfeccionar la ciencia de la clonacin de miembros individuales en los sere s humanos y que se puedan clonar as todas las partes del cuerpo humano. ltimamente, segn ha explicado a la prensa el enviado especial del Laboratorio Clonandino, los cientficos se estn dedicando con empeo al desarrollo e investigacin de la clonacin del miembro masculino para quienes lo han perdido acci dentalmente o, a causa de su avanzada edad u otros incidentes, no le funcione de bidamente. Se ha ejecutado, con gran xito tambin, el implante del rgano, pero se est estudiando la forma de hacer posible el crecimiento individual del miembro en el cuerpo humano. Todo ello est descrito minuciosamente el libro que acaba de terminar el Dr. Nfast, gran cirujano de la Institucin. A esta investigacin no se le ha dado an la debida publicidad pues existen algunos puntos y pautas en los cuales los cientficos no se han puesto de acuerdo. Sobre todo por la incesante indiscrecin de los miembros de la entidad llama da Dediconin, que salvaguarda los Derechos de los Discapacitados que sirven como Conejillos de Indias en los experimentos del Laboratorio Clonandino. Por esa razn, se ha dado prioridad al anlisis de los hechos. An se est tratando de develar el misterio que rodea la desaparicin de algunos paci entes, de los cuales no se halla el paradero desde hace ya un par de meses, y no se han podido en contrar huellas de lo su cedido. El familiar de uno de los desaparecidos ha informado a Dedic onin, que Clonandino ha practicado experimentos prohibidos con varios pacientes, entre ellos su anciano padre, pero an no existen las pruebas de sus acusaciones. Los cientficos han descartado como ridculas la s elucubraciones de la persona en cuestin. Segn el seor Perico de los Palotes, persona que ha iniciado la gestin en contra del Laboratorio, las personas desaparecidas han muerto. Su expli cacin es que, siendo alrgicas a las sustancias inyectadas en los pacientes para producir la clonacin individual de partes del cuerpo humano, el Laboratorio Clonandino se ha visto en la necesidad de deshacerse de dichos pacientes por lo que probablemente estn muertos y en terrados. Est armando un gran alboroto porque asegura que a causa de la expectativa que se levant al enterars e la prensa de tan extraas manipulaciones para volver ms varoniles a las personas, la fatalidad se haba ensaado contra esas pobres criaturas usadas para los experimentos fatdicos.

PAGE 40

40 Como en una pelcula de horror, est azuzando a la gente para que asalten el prestigiado Laboratorio Clonandino y tumben las paredes del stano detrs de las cuales se habran enterrado los cuerpos monstruosos y distorsionados de los pacientes usados en dichos experimentos y manipulaciones. Asegura que durante una visita vio un cuerpo que posea dos cabezas sobre un mismo tronco, y otro a quien le creci un ojo en la frente en vez de crecerle en la rbita visual. Tambin tiene la pretensin de haber visto con sus propios ojos a su anciano padre a quien le habra crecido un tercer brazo en la zona inguinal en vez del miembro varonil. Imaginarse esos seres deformes de be ser producto solamente de una fantasa enfermiza y corrupta. Por lo cual, en vista de tan alocadas e inverosmiles historias, se ha decidido poner fin a la cruenta especulacin malvada y feroz, y encerrar a don Perico de los Palotes en el manicomio de la ciudad ms cercana. El Laboratorio Clonandino seguir estudiando, experimentando y llenndonos de orgullo patritico, segn lo que ha dictaminado el Juez de Primera Instancia. La entidad Dediconin ha declarado que no cejar en su empe o y seguir sus investigaciones para defender los Derechos de los Discapacitados usados como Conejillos de Indias. Adriana Alarco de Zadra; Su produccin bibliogrfica ha estado orientada al Teatro y relato infantil-juvenil. Donde ha desarrollado una profusa labor. Asimismo ha escrito varios libros sobre temas variados que van desde las plantas medicinales hasta los minerales peruanos. Recientemente ha decantado su produccin a la literatura de Ciencia Ficcin donde tiene public ado ya varios relatos en las diferentes revistas electrnicas que circulan por la red.

PAGE 41

41 And me who forgets, will be destined to remember, Eddie Vedder Cmo haba llegado a ello? Una tarde cualquiera, sentado en su lugar favorito de la playa, Fernando pensab a en lo inexplicable de algunos de sus sucesos recientes. Saba, como haba sabido desde haca demasiado tiempo, que Marisa lo observaba desde lejos tan rgida como l, absorta y ausente para el resto del mundo. El mismo pensamiento lo recorra incesantemente, metindolo ms dentro de s mismo, contemplando rgido el mar, intrigado: Cmo haba comenzado todo? La memoria (maldita palabra) regresaba al mismo pa rque algunos das antes. Marisa haba cruzado ese mismo Ocano para verlo, para ver al que poda ver a travs del cristal de un ayer a la vez brumoso e inmarcesible o tal vez sencillamente ficticio, sepultado entre la invencin de la memoria y la invencible esperanza. Haban caminado juntos sin hablar, sin querer romper el hechizo que dice que si no dices nada lo entiendes todo, a fin de cuentas otro disfraz adicional para el miedo. En un momento y sin dar sea alguna, interrumpi toda comunicacin apartndose de ella, quien – inexplicablemente– no dijo nada. La plazoleta circular del parque (que deba su nombre a un difunto poltico hebreo) luca ms extraamente desolada que cualquier otro da de ese 2040. Tampoco l saba qu hacer, haba llegado a ese tiempo en el cual la resaca de todo lo vivido que se acumula en el alma rebosa, y co n esto, amenazaba su integridad. Haba caminado sin demasiada deci sin por entre los viejos parque s del acantilado, viendo convertirse al faro en no ms que una estaca abandonada a los el ementos, y los edificios, afectados por la humedad y la brisa salobre, comenzaban ya a dar signos de desgaste, despus de todo, no haban sido diseados para estar frente a la playa. Tom un colectivo y el tren sin meditarlo mucho, no tena ganas de hablar y mientras iba al puesto de Adolfo, a otra rutinaria sesin de juego de rol con la gente, slo divagaba. Los grafittis en las paredes eran una mancha borrosa, exquisitamente coloreada, cercana al abigarramiento a esa velocidad. Recordaba como cuando, ms valiente y ms tonto, haba planeado con la gente hacer un graffiti que la gente del tren pudiera leer, y lo que d eca, en grasosas y enormes letras: NO HAY VIDA FUERA DE LA RED Una vez apeado del tren, inici su rutina de observac in de los increbles nios antena a los cuales miraba con una combinacin de reve rencial respeto y acendrara envidia, y es que la invisible mano del mercado (que era de Silicio y propiedad de Sony segn decan otros) era taxativa: quin tuviera aparatitos circulando de forma notoria haba pasado a ser un ciudadano de segunda, los implantes de acceso, con tecnologa de Banda Ancha, multiprocesos y encriptacin fractal en ADN, hacan ver a las

PAGE 42

42tan extraordinarias (en su tiempo, claro) PDAs, telfonos mviles 4G y otros gadgets como simples briznas de polvo, olvidados en la marea del tiempo tecnolgico y su hija la obsolescencia planificada. Sujet, entre humillado y beatifico, su orgullosa So ny Ericsson C370 (pantalla a color, 65000 colores RGB, matriz LCD y un precursor del chip clula dentro, junto con el enorme almacenamiento de 2 GB) claramente una reliquia ms que un objeto de uso comn en esta poca. Y sin embargo sirve se defenda de los nios parafraseando a Galileo. Todo haba comenzado en Ciudad de Dios, el ltim o refugio para los ferr eteros del Hardware Arqueolgico. En el recuerdo el mercado se abra frente a l a la salida de la estacin del tren, la ley de ciberdlitos haba sacado a casi todos los comerciantes del centro de la ciudad con la celeridad de una remesa de chips de datos pirata en da de requisa, ahora, en el viejo mercado de Abasto, esperaban pacientemente el da del cambio de giro. La gente –o los que quedaban de ellos–.se reunira es a noche, indefectiblemente en el puesto de Adolfo, amo del Silicio de segunda mano. Su puesto, el 12C, quedaba lo suficientemente lejos de la puerta principal para no llegar all por casualidad, y eso era casi una regla general. As haban sobrevivido juntos, andando entre coders como ellos, usuarios dejados atrs por la sofisticacin de los plutcratas del silicio y sus secuaces biotecncratas. Adolfo estaba como siempre, reposando su voluminoso cuerpo en su silln de agua, dndose laboriosamente a la tarea de revisar, lnea por lnea del ltimo mdulo del Hurd 8.5, riendo para s cada vez que hallaba un error infantil de cdigo, una tarea intil slo por amor a un arte desaparecido. —Otra brecha de seguridad, ya entiendo porqu los propietarios ganaron. —No ganaron, slo los absorbi el negocio —repliqu–. Ahora todos pueden ver el cdigo. —Ya, claro, pero el cdigo de qu? Me sigo quedando con mi Hurd, al menos s de qu pie cojea. — Fernando ri de buena gana. El movimiento de Software libre, que haba si do una eclosin creativa tan intensa como breve – afectando incluso los destinos del mercado del software– no haba sabido ganar las simpatas del usuario promedio, engatusado con el marke ting de las grandes corporaciones. Desde el deceso de Stallman, su fundador, comen zaron a dividirse y perder presencia. Diez aos despus, cuando la Orga nizacin Mundial de Comercio aprob la ley de liberacin del cdigo, unos pocos creyeron que la cosa mejorar a, pero no fue mucho, los Sistemas Operativos de entonces ya se haban vuelto demasiado inteligentes, corporativamente inteligentes. —Y qu te cuentas? —Haba dicho, mientas se to maba un vaso de chicha morada, acaso rancia, que haba all. Haciendo un esfuerzo por sacarlo de su aparente nirvana. Adolfo, sin embargo, no careca de recursos ni era reacio al arte de la retaliacin verbal. —An sigues deprimido? —Pregunt casi rindose en su cara. Fernando bostez. —No, ya no, a Marisa no le gusta verme as. —Oh, me parece bien y ya lograste decirle algo? —Estoy… trabajando en ello. —Excusas, slo excusas. Ech la carcajada, casi desternillndose sin motivo. Fernando lo mir, ceudo. —Algunos nunca cambian —dijo, resentido. Adolfo slo sigui rindose, mientras el resto de la gente, Diego, Matas y Sara, llegaban al puesto, su habitual punto de encuentro. En uno de sus pocos arrebatos de comportamiento perfectamente inteligible, Adolfo se par, como oficiando de Anfitrin, y luego, al parecer atrado por una urgencia mayor, cogi una hoja de papel impreso y se la alcanz a Fernando, retornando lueg o a su poltrona. Los dems ya tomaban sus lugares acostumbrados, haciendo sitio entre las antenas, los ch ips, las tarjetas de interfaz y los emisores, los libros de papel y las bibliopantallas, cachivaches de otra era. —Y esto?

PAGE 43

43—Mralo por ti mismo. Fernando ley el papel con avidez y al terminar, so bresaltado y con los ojos como platos, exclam: —¡Lo han terminado! ¡Ha pasado el Test Turing! —No te precipites —contest Matas, restndole importancia al asunto—. Es slo una especulacin del v-log de NEC, publicidad, nada ms. Mientras terminaba de leer el papel (un fragmento de un reportaje publicitario acerca de corporaciones buscando la primera IA auto-consciente, lleno de re trica, pero ausente de hechos) los dems ya se enfrascaban en la preparacin del tr adicional juego de La Cada del Dragn el primer sim-RPG, donde tus errores –literalmente– duelen, poco popular por ello, era una de las piezas ms preciadas de la coleccin de Adolfo. Sara, como siempre, llevaba la delantera, su cabello, originalmente negro y aclarado por sus diversos experimentos luca demasiado apagado, sus ojos como queriendo gritar. Matas, visiblemente incmodo, luchaba con su dolor y el juego para ganarle a Sara la posesin de sus preciosas ciudades, sin xito aparente. El mapa mundial del Sim se vea colmado de detalle s, que le daban a cada jugador la oportunidad de crear su estrategia. Adolfo, siempre el menos dotado para esos juegos; su fra estoicamente, casi como si lo hiciera slo por el dolor. —¡Chester!, —dijo, engarrotado— hay algo que no te he dicho. Fernando miraba el salvapantallas de la pantalla, lneas caticas convergiendo, una y otra vez, en formas confusas, esparcindose incesantemente como una cat arata de colores y formas rugosas por encima de un elipsoide de relieve vagamente natural. —Fernando —dijo Adolfo, entrecortadamente, sobndose los miembros adoloridos. —Eh? —reaccion Fernando— Qu es eso de la pantalla? —Eso es lo que quera decirte, es tuve trasteando con la Antena, y es t rastreando las variaciones del campo magntico. —Cmo? —pregunt Diego, anonadado. —Es por los cambios en la resonancia Schumann. Mira, si pudiramos eliminar todos los ruidos de la tierra y tuviramos odos lo suficientemente sensibles, sera lo nico que oiramos —dijo orgulloso –de hecho, casi doctoral– Adolfo—. Vara porque est conectada al campo magntico, y t sabes, con todo lo que le cae encima al planeta… —Ah… y se puede hacer algo ms con l? —No lo s, pero… —y se cort, volviendo al juego y al dolor. Fernando introdujo coordenadas nuevas para el sistema, cambiando la forma del atractor extrao, ayudado por Diego, embutieron ms informacin, dndole definicin a la figura, casi como una fruta extraa y multicolor, que, repentin amente, abandon su desordenado pa trn de catarata y se torn en un amasijo de superficies yuxtapuestas que, con los cambios de color, daban la impresin orgnica de un latido. —Este… —dijo Diego y Adolfo, haciendo una pausa, fue a mirar. —Qu han hecho? —Cambiamos unos valores, nada ms. Mirando inquisitivamente a la pantalla, slo dijo: —Parece vivo. Diego y Fernando se miraron las caras sin saber qu decir. Horas ms tarde, camino a casa en el tren, Fernando pensaba en aquella especie de corazn virtual, latiendo en la pantalla de Adolfo, quizs a la cadencia de aquella oculta rtmica de la Tierra. Sus pensamientos se combinaban con los recuerdos de la ltima parte de la reunin: —Sabas que hubo una batalla aqu? —Recordaba decir a Adolfo con su tpico tono de ingenuidad.

PAGE 44

44—Em… s —haba dicho Fernando—. Hace como 200 aos, durante la guerra con Chile. —Qu, lo sabas? —dijo Sara, mientras terminab a de apoyar la consola del RPG, visiblemente sorprendida. Haba ganado de nuevo. —S? Bueno, yo recin me enter ayer, estaban cavando una fosa para unas tuberas, y aparecieron unas cuantas cosas. —Seal Adolfo, en tono meramente informativo. —S, as es. —Contest Fernando, viendo su oportunida d de lucirse—. Fue en la batalla por Lima en la ltima parte de la guerra con Chile, la lnea de defensa era todo el distrito de San Juan y Chorrillos. —¡Vaya! —respondi Matas sorprendido—. No saba que te gustaran tanto las curiosidades pre-silicio. Una carcajada general llen el puesto, claramente Fernando no haba logrado su cometido. ***** El ruido del tren movindose en direccin al norte, llevndolo a casa le daba a Fernando una sensacin de intranquilidad. El viejo grafitti de su juventud estaba ahora algo desteido sobre el muro de una playa de estacionamiento, sera cierto? pens, es que la red lo era todo? —No lo s. —Se dijo en voz alta. Adolfo haba trasladado una versin ligera del programa a su mvil, la venerable C370, con los ltimos datos introducidos por l a ver qu sucede. La Antena de Adolfo slo reciba, y quera probar qu ocurra si las pona en un emisor. Un cambio de color? Un instante en blanco, lleno de un sentimiento de anticipacin e incertidumbre y luego… …La oscuridad de la acelerada noche fue reempl azada por una visin de desierto, de hombres atrincherados bajo el sofocante calor armas en ristre, aunque no much as, al otro lado, una muralla de camisas azules y cuellos rojos se acercaba bayonetas al frente. Aqu y all, descargas de fusilera se sucedan y de pronto, un gran estruendo y gritos de rabia y desesperacin. —¡Cuerpo a tierra! —grit un cabo cuyo nombre sinti que saba, pero que no consegua recordar. Aterrado, prepar su fusil, al igual que el resto del regimiento, la retirada haba sido demasiado sangrienta, y presinti que estaban rodeados, y que esta vez no se salvaran del cerco…San Juan y Chorrillos quedaran solamente como una matanza sin par. Presentir? Las palabras de Adolfo Qu has hecho? Ahora quiere una antena para transmitir, sabes? Qudatelo, no lo quiero. Resonaban claramente en un espacio entre el negro y el blanco…. Su asiento del tren lo haba despertado. Avenida Canad, su parada. Deca a su odo mientras que el atractor que haba en la pantalla del mvil haba cambiado sensiblemente de forma. Asustado, apag el mvil y se incorpor. —¡Vaya que eres impresionable! —dijo Adolfo en su esfera de videoconferencia, apareciendo slo como una cabeza en el cubculo de Fernando, junto con figu ras anlogas de Sara y Matas. Su trabajo como tcnico de soporte lo haba acostumbrado en algo a los nuevos sistemas, aunque no dejara de tener una sensacin de incomodidad evidente al respecto. —Pero cmo sabes que era una transmisin? —dijo Matas, rascndose la cabeza con una mano imaginaria. —No lo s, pero es mucha coincidencia no creen? —No lo creo. —Dijo Sara—. Eso tiene una explicacin perfectamente razonable, te acordaste de la batalla y soaste con ella. —Ya, ya —replic resignado Fernando—. Y cmo explicas lo vvido del sueo? Sara fingi no haber odo la pregunta. —Entonces fue eso —hizo una pausa—. Adolfo, puedo reenviarte los datos? A ver si sacas algo en claro de ellos. —Hazlo, no te prometo nada.

PAGE 45

45—Por cierto —dijo Matas—, en qu frecuencia est transmitiendo la antena? —7,5 Hz —dijo Fernando. —Oh —dijo Adolfo, pensando demasiada coincidencia para s mientras su holo miraba a otra parte. El resto del da se dedic a buscar ms datos en la red sobre rarezas de ese tipo, no encontraba nada satisfactorio y que no cayera dentro del terreno de lo inexplicable o lo desquiciado, por lo general, nada que no tuviera de por medio una droga o algn grado de locura. En su pieza, escuchando msica mi nimalista, decidi olvidarse de todo mientras en la misma Sony Ericsson que Marisa le haba devuelto –su otra reliquia– lea el ltimo captulo de Gravity Rainbow (sin cortes ni insertos comerciales)… …Una casa. Haba ocurrido de nuevo, los colores cambiando repentinamente y se encontraba otra vez en un lugar que desconoca. En realidad era demasiado espaciosa pa ra ser una casa, un patio cuadrangular, abierto al cielo, coronado en su centro por una pileta colonial y ambientes de dos pisos abrindose a los costados, todo ello tena un cierto sabor a antiguo, un portn de madera cerrado dejaba ver un cielo gris detrs. Camin hacia adentro, haba odo voces. —Lo terminaste? ¡Qu bien! —la voz de una mujer, joven por el timbre y alegre. —Calma hija, es slo un prototipo. —Repuso otra voz, masculina y madura. —Pero pap, ¡ser como en la novela de Julio Verne! ¡Dime que s pap! —S, Almudena, s, pero no te entusiasmes dema siado, an hay demasiadas pruebas que hacer. Fernando ya los poda ver, el hombre, ms alto que l y al parecer preparado para salir, usaba un sombrero de copa y un traje azul marino, un par de alas doradas relucan en su solapa. La joven, en un vestido largo, con vuelo y un lazo az ul atando su pelo castao, sonrea con un brillo que no podra hacer descrito en palabras, que, como dnd ose cuenta de una presencia, mir alrededor, como buscando a alguien y luego se paraliz, con una expresin en su rostro que lo horroriz… —¡Hija! Es ese terror de nuevo? ***** La alarma de conexin de datos se haba activado en su mximo volumen, regresndolo a la conciencia. —Fernando ¡levntate! —son la voz de Adolfo por el comunicador— ¡Tienes que ver esto! Adolfo, por lo general imperturbable, casi nunca hac a cosas as, pens Fernando y se catapult fuera del camastro. De todos modos, tendra algo que contarle. —¡Qu demonios ocurre?! —exclam azarado, la imagen de Adolfo apareci de cuerpo entero en la habitacin. —Ven a la casa, de inmediato, no puedes perd erte esto —dijo Adolfo, recuperando su calma —¡Un momento! ¡Tengo algo que decirte! —Te espero. —Agreg, cortando despus. Fernando, demasiado intrigado para ponerse a pensar, se cambi y sali. Ir a casa del gran Adolfo era toda una ocasin, independientemente de lo excepcional de las circunstancias. Contrariamente a lo que pensaba, lo hall leyendo un libro al llegar, una novela de misterio, cuyo autor empezaba por H, no lo reconoci. Adolfo se incorpor, tan masivo como era, y leyendo un par de lneas ms le dijo: —Sgueme. Llegaron a su Gran Saln. La casa, que haba heredado de sus padres, rebosaba de animales en tomas estticas, holografas. En sus rostros ausentes Fern ando crey leer expresiones de terror, sorpresa y desagrado, que ignor tras ceder al miedo por un par de segundos ms. —Aqu est. —dijo Adolfo y le present a su cl uster, 10 chips clula en una sola caja, con almacenamiento ptico multi-paralelo y una interfase orgnica generando tejido de almacenaje en un tanque con nutrimentos.

PAGE 46

46—Lo llamo el Homnculo —dijo—. Es lo mejor que he armado, bueno, a los hechos. Abri el entorno grfico de su si stema operativo y la habitacin entera se ilumin con una proyeccin en 3D. —Notable. —Dijo Fernando—. Notable. —Como deca, a los datos. —Y sin detenerse, con un parpadeo y cambiando la mirada de direccin, activ un grfico. —El atractor no? —As es. Ahora mira —y con un gest o imperceptible aument la imagen. La imagen aumentada, alcanzaba ya a revelar en detalle la estructura de la superficie del atractor, una masa escabrosa y voluble, en ciclos de incesante tr ansformacin, sin embargo, sin que ello fuera una epifana, la finalidad de las ondulaciones pareca clara, al menos para Adolfo: —La superficie resuena segn las oscilaciones de la resonancia Schumann. —Hizo una pausa. —Hasta all sabemos. Lo interesante viene aqu. —Y al decirlo, aument aun ms la imagen, hasta una serie de cumbres y valles muy pronunciados, una mancha negra al lado de estos. —Esa mancha es la clave no? —dijo Fernando con un tono demasiado confiado. —En realidad no —respondi Adol fo—. Es slo una sobrecarga de memoria, mira ac —mientras sealaba con un punto de luz al enredo de cumbres y valles en oscilacin permanente. —Aisl el patrn de ondulacin del grfico. —Prosigui—. Y est modulando. —Modulando? —S, Fernando, est respondiendo. Anonadado y sin saber que decir, mir a otro lado y luego, fijamente, al atractor, se haba sentido estpido despus de lo de la mancha, pero esa sensacin no poda comparrsele. —Al parecer, alguien quiere hablar contigo, muchacho —dijo Adolfo, apagando la simulacin. —Y cmo hago para averiguar quin es? —pregunt Fernando, casi exaltado, sintiendo un intenso sentido de anticipacin era ella la de las visiones quin quera hablar con l? —Um… no queda otra —respondi Adolfo, ms para s que otra cosa. —Qu?— insisti Fernando —Tenemos que aumentar la capacidad de procesamiento de tu mvil, un chip clula ser suficiente, el problema es que ya no llegan aqu. —Y ahora? —Pregunt Fernando, al borde de la desesperacin —Pues tendremos que buscarlo, anda maana al medioda al puesto, all veremos. Fernando asinti y sin ceremonia alguna, se retir de la habitacin y de la casa mientras Adolfo cargaba un nuevo modelo en la holografa, y la apariencia de un a piel femenina se atisbaba por el rabillo del ojo. Haba sido incapaz de decirle lo ocurrido antes de hablar con l por el holo, las imgenes aun se distinguan, ntidas, en su mente. Minutos despus y sin poder dormir, Fernando pens de masiado en la serie de hechos, sin poder hilar un motivo comn o una serie de coincidencias que lo hici eran creer que su caso er a, por mucho, otro ms de la larga lista, una estadstica, sintindose repentin amente asustado por ello. Toda la vida haba credo no ser ni tener nada especial, aunque tampoco se haba molestado en envidiar a aquellos que si lo tuvieran o parecieran no ser del montn, nunca le haba importado. En ese sentido, haba llenado su vida de un silencio casi impenetrable, que ya nadie, ni siquiera Marisa, poda desentraar. Encendi el mvil, la verdad, pens es demasiado tarde para todo, incluso para tener miedo. Y luego cerr los ojos, esperando verlos de nuevo. Esta vez la sensacin fue notoria, pero no vea a otros, era como si hubiera tomado prestados los ojos de otra persona sin poder hacer nada al respecto. —Ten la espada, hijo —haba dicho su padre—. Es la posesin ms preciada de la familia.

PAGE 47

47—Gracias padre —sonri, casi por compromi so—, estar a la altura de ella. —¡Eso no importa! —exclam su madre, sollozando— lo que importa es que no te dejes matar ¡mentecato!. Jos Eduardo cargo la espada al cinto, y alejndose sin mirar atrs, se dirigi al Reducto 3, sus compaeros lo esperaban. La noche se iniciaba y el humo de las hogueras de Chorrillos y Barranco se vea aun a esa distancia. Se estremeci, tena un mal presentimiento al respecto. Cuando Adolfo lo despert va com, eran las nueve y media de la maana no le tocaba ir a trabajar, y se haba ido de largo. —Finalmente… —dijo al verlo levantado en la sala— date una ducha, hijo, te ves lamentable. —Y entonces comenz a rerse tan sarcsticamente co mo siempre. Fernando slo ensay una mueca de desagrado por toda respuesta, antes de cortar la comunicacin, no se haba repuesto del todo de la visin. Huayro, el Rey de la Chatarra informtica los espe raba ms tarde con sus partes desperdigadas en su corraln de Pamplona Alta, ahora convertida en un pueblo fantasma, Fernando –recordaba– haba hurgado infructuosamente entre viejas consolas de Videojuegos hasta hallar una Playstation 3 en buen estado, portando un chip clula til, aunque ello hubiese costado ms suciedad y aparatos destrozados de los recomendables. Adolfo pag el viaje de regreso, Fernando, saliendo del bao tras varias duchas, observaba a Sara instalando la Baha de expansin de su mvil. —No te preocupes —dijo Adolfo, bastante amical—. No le pasar nada. Fernando slo se qued all, sin mirar realmente a ni nguna parte, recordaba la cara de perro apaleado de Huayro cuando le mostr la Playst ation 3 de donde sacara el chip y ms an, tras pagarle el precio – leonino, en opinin del comerciante– convenido y abandonar el corraln, satisfecho consigo mismo. En el viaje en tren, record algunos otros detalles, las protestas de Diego, el asombro de Matas, las lamentaciones de Sara, que quera una consola de esas para s, todo odo como un eco lejano mientras otras imgenes refulgan con ms fuerza… Comenzaba de nuevo. … Era ya medioda. En el Reducto n 3, los mdicos agrupados se preparab an para afrontar la anttesis de la misin para la cual haban sido entrenados, el regimiento de Ccer es, que les cubra la espalda, haba sido diezmado tras quedarse sin balas y el mando estaba en completo caos. Por todos lados se oan gritos confusos con rde nes ininteligibles y tonos desde imprecatorios hasta desesperados, a lo lejos, en los cerros, ms reservas de jvenes peruanos aguardaban su turno para la inmolacin. Dentro de una de las barracas del re ducto, un grupo de jvenes se h aca chanzas mientras esperaban lo inevitable. —Al demonio. —Dijo uno de ellos—. Dnde estn los refuerzos? Estos ya nos caen encima. —No exageres —respondi otro—, estn en San Cosme y en los otros reductos, ya vienen. —Por Albarracn1 que as sea. Los sonidos de los caones se haban hecho menos notorios en medio del gritero y el ruido de las balas silbando por todas partes, era temporada de muerte. Uno de los jvenes de aquel grupo se irgui, yendo hacia la barricada de sacos que protega el reducto, los hombres all apostados disparaban lo mejor que podan, por lo general sin suerte a un enemigo cuya formacin se acercaba a ellos por todas partes, estaban rodeados. Apunt su fusil, que apenas haba aprendido a usar, y coloc el cartucho de papel en la recamara, como le haban enseado. Dispar. La marea de uniformes blancos en repliegue, cuando no en fuga desordenada abarcaba todo el espacio que pudiera ver uno, desde lo lejano de la Quebrada de Armendriz y el Pueblo de Miraflores hasta

PAGE 48

48donde se encontraba ahora, mientras preparaba el fusil para disparar los chilenos al frente cargaban con las bayonetas por delante, una muralla azul y roja, endemoniadamente bien ordenada. —¡Preparen! —grit la voz del sargento. Fernando sacudi la cabeza, sin poder dejar de tener la sensacin de desencuentro, de no estar en el lugar correcto, el tren segua su camino hacia la avenida Canad y l se senta embotado. All iba de nuevo, un cambio de colores en el atractor, otra puerta abierta. Una calesa. Esta vez haba sido diferente, se senta algo mareado, y sin poder creerlo del todo, se mir a s mismo, su ropa haba cambiado, hacindole recordar una pelcula de cine mudo como las de Chaplin que iba a ver con Marisa cuando todo era felicidad, una ligera aura le sugera que el atractor, el sello del oficiante en este hechizo, se estaba transformando. 1 Mito sobre un soldado extremadamente fuerte, leyenda urbana de la poca Haba pensado que los trenes eran ms rpidos, pero la lentitud y cadencia del movimiento le hicieron pensar distinto, slo haba dos bancas en el carromato, una familia ocupaba la otra, l iba slo. Don Jos Eduardo de Lavalle, su esposa Isabel y sus hijas Luca y Patricia parecan escrutarlo con la misma mirada de asombro al unsono, l tambin sorprendido, dibuj en su rostro una expresin de incredulidad completa. Qu haba pasado? Anonadado, abri los cortinajes de la calesa, la ciuda d que esperaba ver era muy diferente, casas de tres pisos de estilo afrancesado, calles adoquinadas en vez de asfaltadas y el humo de mil chimeneas, junto con el vapor, lanzado al aire. Luego volvi a mirar. La misma joven, Almudena, estaba sentada ahora al lado de Patricia, al parecer ms invisible que l a los ojos de los Lavalle, la mir, ya no era una nia a la que vea, las formas y gestos de una mujer prevalecan en ella, se detuvo en sus ojos color Almendra… Volvi brevemente al tren, un terr or innombrable le oprima el pech o y boqueaba, no quera volver, el atractor no dejaba de tran sformarse, sera que?… Mar, mar por los cuatro costados. Una isla. La transicin, a pesar de lo violenta, se haba sentido ms invitadora, tranquilizante, como s alguien quisiera, expresamente, mostrarle algo y que lo viera sin temor. Por qu? A menos de un kilmetro de all, una torre articulada sostena a una estructura que el slo poda llamar cohete, varios hangares y un edificio que –dedujo– era un centro de control. De pronto, un enorme estruendo lo sacudi, Una columna de fuego y humo se alzaba de la zona de la torre, el humo se acerc a l como una marea y lo tras pas, hacindole muy difcil respirar, se tendi en el suelo, soportando el ruido y el humo lo mejor que poda, Fernando permaneca en un estado de indecible asombro. Cmo era eso posible? Unos cuantos segundos despus, cuando el cohete era slo un punto inconmensurable impulsado por una emisin luminosa hacia el ter y el rumor del mar golpeando la orilla era el nico ruido existente, Almudena, parada a unos metros de l, le sonri: —No crees que era algo digno de verse? l, incapaz de hablar, dio un paso hacia ella y otro, como sabiendo que ella era la clave de lo que fuera que estaba ocurriendo. Desesperado, la miraba; ella, le sonrea con una expresin de compasin infinita, casi dulce. Fernando sacudi su cabeza, no entenda lo que pasa ba. El tren ya se haba pasado de su parada, el asiento le haba avisado, sin xito al parecer, tena que pararse para bajar en la siguiente… La imagen del atractor, proyectada en la pantalla del C370 no haba dejado de transformase, ahora convulsionaba en una llamarada de colores disonantes. Entr de nuevo.

PAGE 49

49Haba vuelto a aquel cuerpo, invadido ahora de una sensacin de ansiedad como no haba experimentado nunca, de pronto una rajadura se abri en ese silencio que se haba cuidado tanto de proteger y pens en donde querra estar, en aquel rincn de la playa… …Cuarenta y cinco hombres sostenan la puerta de la barraca, empujada por los invasores, que tenan orden de repase obligatorio, temblando de miedo y tratando de olvidar lo terrible de la derrota, Jos Eduardo sac un daguerrotipo de su bolsillo, una muje r joven sonrea inexpresivamente en l; Es que no son tiempos para sonrer haba dicho ese da, hacindolo rer de buena gana, slo un subterfugio ms para ocultar lo evidente. El esfuerzo de los hombres pareca ser sobrepasado, en vez de ir a ayudarlos, y presintiendo el momento definitorio, desenvain, la espada que le perteneca y que haba visto Trafalgar, no era digno de su sangre ni su linaje, ya que no haba conocido ningn antepasado que fuese corajudo guerrero, salvo que l inaugurara la tradicin. Saba en el fondo que no volvera a ver a Isabel. Los soldados de la puerta cayeron, y del fondo de la pieza se oy un grito ensordecedor. —¡Albarracn! En un ltimo instante antes del frenes del combate, Jos Eduardo pens por primera vez que tal vez el fin era ese, y que, terminado todo, los ch ilenos lo entregaran a las llamas, todo. Incluso al ayer, yaciendo entre flamas. Fernando recuper la conciencia en la ltima estaci n del tren, tendra que tomar otro ms para ir a casa, haba valido la pena? lo haba recordado por algn propsito? Haba algo que no entenda del todo, en medio de la cacofona de sonidos que alimentaban la ciudad y el recuerdo, qu eran esas imgenes? Mir al mvil, quera saber qu tan tarde era, la pantalla del mvil, parpadeando, mostraba: LO BATT La puerta del tren se abri, y al salir el recuerdo emergi claramente, confundindose con la realidad, Almudena sonriendo, mirndolo con la misma expresin de compasin enorme. Fue lo ltimo que vio de ella… … O al menos eso crea. ***** Parado casi en el lmite de la playa, miraba al mismo mar, algo ms plomizo que la ltima vez, en la misma provincia de lo eterno. Por qu? Por qu pasar por todo esto? pens mientr as descenda de nuevo, a su lado el C370 mostraba una imagen catica que slo era vagamente similar a la original. Poco a poco la conciencia de hallarse de nuevo en aquel mundo lo invada, conoca aquel lugar. Almudena, a quien no haba visto desde aquella visita a la isla, estaba parada a poca distancia de l, era de noche y alrededor de ellos, los restos del Reducto 3 y sus defensores. Ella miraba inexpresiva a la nada, Fernando nunca haba sido bueno para comprender expresiones, pero sta definitivamente era de una tristeza inenarra ble Qu lacerante dolor la haba causado? Se acerc. Ella ni siquiera pareca notar su presencia y su ex presin de tristeza pareca denotar una compasin ms all de las palabras y un dolor demasiado profundo, paralizante. —Por qu? Entonces l estuvo lo sufici entemente cerca para verlo. Jos Eduardo de Lavalle yaca abatido a los pies de su hija, una expresin de terror haba quedado esculpida en su rostro, ahora una glida mscara, a su lado, lo que haba sido una brillante y casi legendaria espada yaca rota y ensangrentada. La mir. Ella, sin decir palabra alguna, correspondi su mirada, alrededor extraas formas fractales danzaban, incrustndose en el espacio venidas de ninguna parte, o al menos, esa era su forma de describirlo. —Deja que el ayer arda. —Le dijo y soltando una lgrima, desapareci.

PAGE 50

50 Fernando slo vio la lgrima caer, venida desde la nada sobre el rostro de Jos Eduardo. Era, al final, exactamente lo que necesitaba ver. Volvi, la imagen haba mutado nuevamente, mostrando ahora un espacio plegado sobre si mismo en convoluciones concntricas, un a extica flor virtual. Marisa, que haba llegado en medio de su trance, lo abrazaba. El se decidi a hablar y hablaron, mucho, como cuando ya no importa ocultar nada, como si slo hubiera que recuperar tiempo perdido en recuerdos y sueos. Tomara ms tiempo recomponer los lazos una vez perdidos, pero por primera vez, desde lo profundo de s mismo que se esforzaba en negar, Fernando crey que tal vez valiera la pena. Los recuerdos, no saba si dejara de tenerlos desde entonces, pens en apagar el mvil y refundirlo en lo ms recndito de su armario, pero todo dependa –haba cavilado en el ltimo instante que vio a Almudena– si le quedaban aun preguntas que hacer. Los ojos de Marisa lo traspasaban, inquisitivos, le haba terminado de contar sobre lo que haba visto, pens que slo lo creera como otra historia ms, otra invencin. Pero ella, en su expresin y atencin, le daba a entender sin decirlo que saba que eran –o haban sido, de algn modo– reales. Caminaron despus tomados de la mano, la primaver a apenas comenzaba y podr a decirse que el tiempo era favorable para todos, lo cual era irnicamente cierto para l. Ya que aunque nunca hubiesen estado all, l los haba visto y los vera, estaba condenado a recordar esa posibilidad… … Un giro del destino. Se estremeci de nuevo, sintiendo la anticipacin de la visin y el abrazo de Marisa, que lo miraba sin comprender del todo, pero presintiend o el origen de esa expresin. Por qu? Por qu? pensaba ahora, mientras los colores cambiaban y las formas en el mvil mutaban a otra configuracin, comprendi entonces que no todo estaba dicho y que quizs nunca lo estara, y si as fuera, tendra que volver una y otra vez, hasta saberlo, o… —Por qu? —le oy decir a ella, casi llorando, comprendiendo la magnitud de su pesadilla. Todo se iniciaba de nuevo. EL RECORDARA Isaac Robles Isaac Robles (1979) entr a la Cienci a Ficcin casi por accidente a los 19 y gracias a Luis Bolaos, colaborador de Velero 25 desde el 2003, actualmente estudia en La Universidad Nacional de Ingeniera (UNI) la carrera de Ingeniera Industrial y labora como docente en las reas de Filosofa y Economa, posee una variada gama de intereses y gustos eclcticos, aunque, en CF, siempre regresa a Dick, Egan y Lem.

PAGE 51

51HISTORIA DEL CINE CIBERPUNK Demolition Man (1993) 1996. John Spartan (Sylvester Stallone) es un duro polica de la ciudad de Los Angeles, cuyo principal objetivo es capturar a un peligroso criminal llamado Simon Phoenix (Wesley Snipes). Cuando lo consigue, es acusado de utilizar mtodos poco ortodoxos que provocan la muerte de un grupo de personas que permanecan como rehenes. Ambos son condenados a ser congelados mediante el proceso de criogenia. 2032. Phoenix consigue escapar de la crioprisin y comienza a sembrar el terror en una metrpoli ahora llamada San Angeles, en donde aparentemente reina la paz, la concordia y la tranquilidad. Para detener la barbarie creada por el psicpata, la polica tendr que liberar tambin a Spartan, para que pueda detener las acciones delictivas de su enemigo. Una entretenida mezcolanza entr e comedia y thriller de accin futurista es lo que nos depara este "Demolition Man", una pelcula con trazos de cmic que toma prestada influencias del "1984" de George Orwell y de "Un mundo feliz" de Aldous Huxley, cimientos temticos que sirven para la construccin de un vehculo cinematogrfico para el inefable Sylvester Stallone, que encuentra aqu uno de sus mejores papeles, con referencias auto p ardicas hacia su persona e incluso hacia su hercleo colega Arnold Schwarzenegger. El film presenta un mundo venidero asptico, cndi do y desaborido, en el cual las canciones que ms xito tienen son sintonas publicitarias del siglo XX, el sexo se realiza va teleptica y las palabras malsonantes se sancionan pecuniariamente. Es una sociedad deshumanizada y cuadriculada, dominada por un equilibrio artificioso creado y controlado por las mquinas. Q uin les abrir los ojos a esta comunidad alelada?. Pues el hroe Sly, quien con sus mtodos fascistoides de regeneracin colectiva, y en una lucha man aca y maniquea se enfrentar a un garboso Wesley Snipes. Las escenas de accin no resultan demasiado brillantes funcionando mucho mejor el aspecto cmico de una trama bastante pobre, que poco se eleva al ma rgen de sus referencias literarias, presentando algn que otro dilogo chocarrero y varias situaciones baadas en socarronera. Despus de Demolition Man comenz el declive de Stallone como estrella de accin, sin duda propiciado en parte por la mala eleccin de pelc ulas y personajes. En De molition Man acert en su encarnacin del polica John Spartan, y cre una de sus mejores actuaciones. Perfectamente secundado por un socarrn Wesley Snipes y una incipiente Sandra Bullock, as como por los millones de una cuidada produccin y los mejores efect os especiales. Una entretenida hist oria y la solvente direccin de Marco Mambrilla completan una pelcula dinmica y muy divertida. Ficha Tcnica Gnero: Accin / Comedia / Ciencia Ficcin Nacionalidad: USA Director: Marco Mambrilla Actores: Sylvester Stallone, Wesley Snipes, Sandra Bullock Productor: Howard G. Kazanj ian, Michael Levy, Joel Silver Guin: Peter M. Lenkov, Robert Reneau Fotografa: Alex Thomson Msica: Elliot Goldenthal

PAGE 52

52 CYBORG 2: LA SOMBRA DE CRISTAL En el ao 2074 la Tierra est envuelta en una guerra entre poderosas multinacionales. Una compaa nipona y otra norteamericana compiten por la implantacin de cyborgs, que son usados tanto en la guerra como en burdeles. Los estadounidenses construyen un cyborg femenino con capacidad explosiva que est destinado a ser enviado a Osaka para una misin de espionaje. Pero el cyborg escapa, escogiendo de paso a un “hroe” para que la ayude en su huida... Lanzada como una secuela de la flojita Cyborg ( Cyborg 1989), de Albert Pyun, en realidad nada tienen que ver, salvo la fusin de temtica robtica, futurista y escenas de accin. En realidad, ms parece una secuela de Blade Runner ( Blade Runner 1982), de Ridley Scott, o un remedo de las novelas de William Gibson. Aunque, si lo miramos bien, s tiene cierta similitud con el film de Jean-Claude Van Damme: en ambos casos la trama se centra en una persecucin en la que estn implicados un hombre y una mujer, ella un cyborg (en realidad, un androide), si bien en es ta ocasin ellos son los perseguidos en lugar de los perseguidores. Ahora, adems, la accin transcurre en una ciudad futurista llena de neones y contaminacin, tal como en el filme de los replicantes. Por lo dems, una escasa trama ubica al espectador ante una situaci n prometedora y una ambientacin atractiva, pero el desarrollo poco partido extrae de esos elem entos, siendo una pelcula de accin ms, aunque en ocasiones se desgranen ideas seductoras, en esp ecial por boca del personaje de Jack Palance. Y es que, vista hoy da, la pelcula concentra todo su inters en el reparto. Ante todo destaca como protagonista femenina la hoy ultra-popular Angelina Jolie, en la que es su cuarta pelcula, y que demuestra que como actriz no ha mejorado mucho, aunque su belleza siga marchita. A su lado, el estupendo Elias Koteas, actor todoterreno que, co n el tiempo, se ha convertido en un excelente caracterstico; tambin tenemos al inquietante Billy Dr ago, actor de gran fealdad cuyas facciones le ha deparado hacer siempre de malo, y apoyado por una magi stral y reptilesca voz; y, ante todo, tenemos al mtico Jack Palance, toda una leyenda del cine desde que debut en 1950 con la magnfica Pnico en las calles ( Panic in the Streets ) de Elia Kazan, y que aqu hace que su presencia impregne la pantalla, est o no en escena, con un corto papel que sin embargo supone la esencia de todo el film. Nada que ver, por lo que se ve, con el ms que mediocre reparto que lu ca la primera entrega de esta supuesta saga, que no es tal. En todo caso, poco ms. Un diseo de produccin atractivo, pese a ser deudor del referido Blade Runner y el reseado y atractivo repart o. La realizacin de Michael Schr oeder, por lo dems, se modula sobre la cansina funcionalidad de un cineasta forjado en el “directo pa ra vdeo”, aunque su breve carrera como realizador, nueve pelculas, siempre ha sido para producciones destinadas a la pantalla grande. Y es que nuestro hombre, en realidad, destaca sobre to do como director de segunda unidad o ayudante de direccin, labor en la cual incluso ha sido premia do, de ah la correccin anodina de sus escenas de accin para el presente filme. En Estados Unidos se sac en dvd como Glass Shadow Secuela: Cyborg 3: The Recycler (1994), de Michael Schroeder. Durante los minutos iniciales se incluyen unos pocos segundos de la pelcula de Pyun para insinuar una hipottica continuidad.

PAGE 53

53Ficha Tcnica: Director: Michael Schroeder Ao: 1993 Duracin : 95 minutos Productores : Raju Patel, Alain Silver para Trimark Pictures, Freedom Filmworks International / Guin : Mark Geldman, Ron Yanover, Michael Schroeder, segn argumento de M. Geldman, R. Yanover / Fotografa : Jamie Thompson / Msica : Peter Allen / Efectos especiales : Greg Hednrickson (coordinador), KNB, Stargate Films / Montaje : David M. Richardson / Intrpretes : Elias Koteas (Colson ‘Colt’ Ricks), Angelina Jolie (Casella ‘Cash’ Reese), Jack Palance (Mercy), Billy Drago (Danny Be nch), Karen Sheperd (Chen), Alle n Garfield (Martin Dunn), Ric Young, Renee Griffin, Sven-Ole Thorsen, Tracey Walter, Jim Youngs, Robert Dryer... / Nacionalidad y ao : Estados Unidos 1993 /.


xml version 1.0 encoding UTF-8 standalone no
mods:mods xmlns:mods http:www.loc.govmodsv3 xmlns:xsi http:www.w3.org2001XMLSchema-instance xsi:schemaLocation http:www.loc.govmodsv3mods-3-1.xsd
mods:relatedItem type host
mods:identifier issn 0000-0000mods:part
mods:detail volume mods:number issue 31series Year mods:caption 20082008Month February2Day 11mods:originInfo mods:dateIssued iso8601 2008-02-01