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Qubit

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Material Information

Title:
Qubit
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Cubit
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- History and criticism -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - Q01-00032-n32-2008-03
usfldc handle - q1.32
System ID:
SFS0024302:00032


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049
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0 245
Qubit.
n No. 32 (March 2008)
260
[Havana, Cuba] :
b Cubit
March 2008
310
Monthly
650
Science fiction, Latin American
v Periodicals
Science fiction
x History and criticism
Periodicals
Science fiction
Periodicals
1 773
t Qubit.
4 856
u http://digital.lib.usf.edu/?q1.32



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2 ndice: 1. Ciencia ficcin colombiana. (de Wikipedia, la enciclopedia libre) 2. La muerte en la calle. Jos Flix Fuenmayor 3. Magia negra (Great rock City) Ren Rebetez 4. Los ejecutores. Antonio Mora Velez 5. Una caracterizacin genelgi ca de la ciencia ficcin Ricardo Burgos 6. 2015 o El vampiro moderno. Enrique Uribe J. 7. El asunto Garca. Orlando Meja Rivera 8. Acerca de la ciencia ficcin en Colombia. Ricardo Burgos 9. Supernova. D.F. Torrents 10. Galera de imgenes: Le {co3ur – anAl ogue} Eduardo Andrs Pea Garzn 11. Historia del cine ciberpunk. 1993. Nmesis. Pablo del Moral Para descargar nmeros ant eriores de Qubit, visitar http://www.esquina13.co.nr/ Para subscribirte a la revista, escribir a qubit@centro-onelio.cult.cu

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3 Ciencia ficcin colombiana De Wikipedia, la enciclopedia libre En la literatura colombiana de los aos 1920 y 1930s pueden rastrearse tres obras, ninguna de ellas ampliamente conocida, que abordan temtic as propias de la ciencia ficcin. Estas son obras aisladas, de muy poca repercusin en la ciencia ficcin y la literatura nacional. De acuerdo con el crtico Campo Burgos, "En su primera etapa desde los aos treinta a los cincuenta, las obras de ciencia ficcin colo mbiana poseen un valor arqueolgico ms que literario, y cuando menos --dado que se salen de los cauces estticos de la poca-contribuyen a modernizar nuestras letras"[ 1 ] Sus escritores tienen en comn el haber vivido fuera del pas, especialmente en los Estados Unidos, en una poca donde la ciencia ficcin escrita no haba llegado a Colombia. Jos Flix Fuenmayor Nace en Barranquilla en el ao 1885 y muere en esta misma ciudad en 1956. Periodista y poltico, desempe cargos pblicos como el de Contralor Departamental. Segn el escritor Illn Bacca: Viaj por los Estados Unidos, donde residi algn tiempo. Director del diario El Liberal; fundador y direct or de las revistas Mundial y Semana Ilustrada. En el decenio de 1950, se form en torno suyo y de Ramn Vinyes el que se llam "grupo de Barranquilla", del cual formaron parte Gabriel Garca Mrquez, Alvaro Cepeda Samud io, Germn Vrgas y Alfonso Fuenmayor. Public los libros Musas del Trpico (poesa, 1910), Cosme (novela, 1927), Una triste aventura de catorce sabios (cuento fantstico, 1928) y La muerte en la calle (cuentos, 1967)[ 2 ] Se dice que Cepeda Samudio afirmaba: "Todos provenimos del viejo Fuenmayor". Garca Mrquez reconoca igualmente su importancia[ 3 ] Segn el escritor Dixon Moya: Jos Flix Fuenmayor... fue promotor inte lectual, cuando ya pasaba los sesenta aos, del llamado Grupo de Barranquilla o de la Cueva, famoso sitio de tertulia literaria y artstica en donde se dieron cita intelectuales de la costa caribe colombiana, entre ellos obviamente Garca Mrquez. En varios estudios, se cita la influencia de la narrativa de Fuenmayor en las primeras novelas del premio Nobel.[ 4 ] En 1928, Fuenmayor escribe Una triste aventura de catorce sabios novela que ha sido considerada la primera obra de ciencia ficcin en el pas y que es "una stira en la lnea de 'Los Viajes de Gulliver', de Swift, o 'Micromegas', de Voltaire, que pretende ser una burla del fetichismo cientfico"[1 ] Jos Antonio Osorio Lizarazo Nace en Bogot en el ao 1900 y muere en esta misma ciudad en el ao 1964. Segn Jos Rueda Enciso: En 1935 fue director del Diario Naci onal; trabaj como jefe del diario barranquillero La Prensa y prest su concurso en la organizacin de El Heraldo, del cual fue director desde su fundacin... Ejerci algunos cargos pblicos: secretario privado de los Ministerios de Guerra (actual Defensa Nacional) y Educacin, y director de publicaciones de la Contralora General de la Nacin. En 1946, cuando abandon a su

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4 jefe y amigo el caudillo liberal Jorge Elicer Ga itn, se ausent del pas e inici un extenso periplo por toda Latinoamrica. Es particularme nte importante su estancia en Argentina, donde residi desde su salida del pas hasta 1 955, y donde colabor co n el dictador Juan Domingo Pern, desde das despus de su posesi n presidencial hasta su cada; all le fue premiada su novela El hombre bajo la tierra... Posteriormente vivi en Chile y luego en Repblica Dominicana; all fue uno de los homb res de confianza del dictador Rafael Leonidas Trujillo, quien detent el poder desde 1930 hasta 1952... Osorio Lizarazo colabor en la direccin del peridico oficial del rgimen domin icano... y se hizo acreedor al primer premio nacional de literatura con su obra El Bacilo de Marx... As mismo, escribi una biografa del dictador, que titul As es Trujillo... En su ltimo perodo Osorio logr escribir la novela El camino de la sombra, con la que obtuvo en 1963 el primer premio del desaparecido concurso Esso[5] En cuanto a su obra literaria en general, se ha dicho que "El gran contenido social de sus escritos, en los que a la vez que narraba lo que ve a, inclua distintas tesis sociales a manera de preguntas y respuestas a la realidad, hace de su obra un conjunto desigual, con tintes didcticos marcadamente moralizantes... En general, Osor io Lizarazo novel... de ma nera naturalista, la ciudad, su vida y sus actores ms representati vos: los suburbios, caracterizados por barrios bajos, cafetines de mala muerte y rincones de cantina impregnados de violencia, degradacin humana y miseria"[ 5 ] En El da del odio (1952) relat los sucesos del 9 de abril de 1948 (asesinato del lder poltico Jorge Elicer Gaitn). Su contribucin a la historia de la cienci a ficcin se da en 1932, cuando escribe la novela Barranquilla 2132 : Con el argumento de un barranquillero que se duerme en el siglo XX y despierta en el siglo XXII, Osorio Lizarazo establece un estado de prdidas y ganancias de la modernidad y una crtica del iluminismo[1 ] M.F. Sliger M.F. Sliger es el menos conocido de todos lo s pioneros de la CF, y, aunque algunos crticos consideran su obra como "una de las peores obras --si no la peor-de la ciencia ficcin colombiana"[ 1 ] no deja de ser un personaje fascinante La mejor fuente de informacin que se tiene sobre su vida es la entrevista realizada por Antonio Mora Vlez a Luis Martelo Sliger, sobrino del mismo, en el ao 1984. Nos dice Mart elo que el nombre de M.F. Sliger era Manuel Francisco Sliger Vergara, nacido en Montera en la ltima dcada del siglo pasado, hijo de Luis Cornell Sliger (irlands de origen alemn gerente de una casa maderera en esta ciudad), y Librada Vergara, oriunda de Sincelejo. En 1936 escribe la novela Viajes interplanetarios en zeppelines que tendrn lugar el ao 2009 que contiene "la primera pera espacial colombiana, el primer abordaje emprico del viaje espacial en nuestras letras, el primer t exto colombiano donde aparecen algunos BEM (extraterrestre con apariencia de insecto o rep til), y un primero --y solitario-intento de explorar una terminologa propia en el gnero independientemente de la que luego popularizaran las traducciones espaolas y argentinas"[ 1 ] Sliger, segn Martelo: ...pele en la guerra del 14 bajo las banderas del ejrcito norteamericano. l fue enviado por su padre a Europa y los Estados Unidos, a la edad de catorce aos, para que estudiara. Cuando se produjo el suicidio del seor Cornell, el 20 de mayo de 1922... regres a Montera y aqu se qued hasta el ao 36, que fue cuando se march para Bogot a publicar el libro. All se cas con Fidelia Rodrguez y no tuvo h ijos con ella, pero cri a una cuada que hoy es enfermera en un hospital de New Jersey. Despus se mud a los E.U. y durante algn tiempo me escribi. Por esto supe que fue embajador de ese pas en Australia y luego en Canad. Pero despus lo perd y no supe cundo ni dnde muri... Era un hombre de una gran cultura. Saba ingls, francs, alemn, italiano y rabe... sali de Montera por loco. Resulta que saba de eso que ahora llaman parapsicologa y dec a que poda curar ciertas enfermedades con la ayuda de la mente...[ 6 ]

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5 En su artculo, Mora Vlez da algunos detalles de la respuesta que tuvo Viajes interplanetarios... en el ao 1936: En la revista Javeriana nmero 26 de julio de 1936 le este concepto acerca de la novela: "Las narraci ones de Sliger son bastantes inconexas aunque no dejan de despertar inters". El Tiempo del 13 de mayo del mismo ao consign esta opinin: "El seor Sliger es un escritor elevado que no anda por las ramas sino por las nubes". No extraan apreciaciones como esas, tratndose de CF en una poca en la que nuestra patria aun viva los rigores del atraso tecnolgico[ 6 ] Germn Espinosa "Al entrarse la noche, los rel mpagos comenzaron a zigzaguear sobre el mar, las gentes devota s se persignaron ante el rebramido bronco del trueno, una rfaga de agua salada, levantada por el viento, oblig a cerrar las ventanas que daban hacia el occidente, quienes vivan cerca de la playa vieron el negro horizonte desgarrarse en globos de fuego..."[ 7 ] Germn Espinosa nace en Cartagena (Colombia) en 1938 y muere en Bogot (Colombia) en Octubre del 2007. Escritor, periodista, catedrtico y diplomtico. Autor de La Tejedora de Coronas novela que ha sido considerad a la novela colombiana ms importante del siglo XX despus de Cien aos de soledad. Espinosa es un escritor reconocido desde la publicacin en 1970 de su novela Los cortejos del diablo que recibi elogios del escritor Mario Vargas Llosa y de la crtica internacional. Dicha obra fabula la cacera de brujas desatada por el Inquisidor General Juan de Maozga en la ciudad de Cartagena de Indias. Su obra cumbre, La tejedora de coronas : ...trata de un recorrido casi centenario, que va del instante en que Cartagena de Indias es sitiada por la flota del rey Luis XIV de Fr ancia en 1697 hasta muy avanzada la segunda mitad del siglo XVIII, durante el cual la protagonista y narradora, una criolla culta y sensual de nombre Genoveva Alcocer, experimenta tanto en Amrica como en Europa el turbin de las ideas iluministas y enciclopedistas que habran de desembocar en la Revolucin Francesa y en la Independencia hi spanoamericana... Al tiempo que novelista, Germn Espinosa ha publ icado varios libros de ensayos literarios y filosficos. Sus novelas incluyen: Los cortejos del diablo (1970), El magnicidio (1979), La tejedora de coronas (1982), El signo del pez (1987), Sinfona desde el Nuevo Mundo (1990), La tragedia de Belinda Elsner (1991), Los ojos del basilisco (1992), La lluvia en el rastrojo (1994), Romanza para murcilagos (1999), La balada del pajarillo (2000), Rubn Daro y la sacerdotisa de Amn (2001), Cuando besan las sombras (2004) y Aitana (2007). Entre sus libros de ensayos: Luis C. Lpez (1989), Guillermo Valencia (1989), La liebre en la luna (1990), La aventura del lenguaje (1992), La elipse de la codorniz (2000), El sueo tico en Atenas y otras prosas (2003), La vida misteriosa de los sueos (2005), y Torquemada, el fraile diablico (2005). El acercamiento de Espinosa a la ciencia ficcin es anterior a su xito como novelista y ensayista, y se resume en el libro de cuentos titulado La noche de la Trapa (1964), que recoge relatos cortos, mejor descritos como literatura fantstica que como ciencia ficcin propiamente dicha. Por el hecho de resumirse su obra al e nunciado libro de cuentos, Espinosa bien merece ubicarse en la categora previa al nacimiento de la CF colombiana, en lugar de ser considerado un escritor de ciencia ficcin como tal. Otros autore s lo incluyen en la lista de "padres de la ciencia ficcin colombiana", por ser contemporn eo a los otros padres de la ciencia ficcin y por ser el escritor ms importante que se ha acercado al gnero en Colombia. Nacimiento de la CF colombiana

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6 (Primeros escritores de CF reconocidos) El citado crtico Burgos describe la literatura de Ciencia ficcin colombiana desde mediados hasta finales del siglo XX, como "...una dispar idad de bsquedas: de la nostalgia idlica al neopositivismo, del esteticismo influido por Borges a la apertura a la "Edad de Oro" norteamericana, del pro-utopismo estalinista a la mmesis del best-seller estadounidense, del folletn a la mstica oriental"[ 1 ] Ren Rebetez "Y eres tu, Imaginacin, mujer insectiforme y gigantesca la que emerge del mar y se dirige hacia m ofrecindome el apoyo de tus velludos brazos..."[8 ] Ren Rebetez nace en Subachoque (Colombia) en 1933 y muere el 30 de diciembre de 1999 en la Isla de Providencia (Colombia). Escritor, cineasta y viajero. Hijo de un relojero suizo y una pintora y maestra de pintura colombiana. Su padre fallece cuando cuen ta cuatro aos de edad, por lo que madre e hijo se mudan a la ciudad de Bogot, a casa de su abuelo, el escultor Dionisio Cortez Mesa. En esta ciudad es testigo del Bogotazo y estudia, entre otros, con Camilo Torres Restrepo. A los 16 aos, viaja a Suiza, en donde entra en contacto con la familia de su padre, presta el servicio militar, estudia ciencias econmicas, y aprovecha para llevar una vida bohemia en la ciudad de Pars. De vuelta en Colombia, es gerente de las revistas Visin y Semana donde entra en contacto con varios dirigentes politicos: "La clase dirigente me decepcion por comp leto. Desde entonces -y mucho antesla corrupcin, la mezquindad y la torpeza eran la s asesoras del poder. Por otra parte, establec relacin con figuras ilustres, valiosas, gratas a la memoria: Ramiro de la Espriella, Jorge Child, "mar Rayo, Jorge Gaitn Durn"[ 9 ] Tras haber alcanzado esta posicin, Rebetez re nuncia a ella. Escribe poemas de corte revolucionario; se hace amigo de los nadastas; viaja a Cuba, en donde brinda apoyo a la Revolucin Cubana al tiempo que entra en contact o con la santera, a la que se refiere como: "...rastro de lenguajes esenciales que la civilizac in ha olvidado. La santera es una raz metida con el corazn del pueblo cubano y lo s dirigentes, a pesar del revestimiento renovador, tenan una visin estpida, plana, sin pr ofundidad... El negro, el indgena, el hombre antiguo encarnan conceptos que no coincide n con la mentalidad occidental, pero eso no puede dar pbulo para descartar herencias que pertenecen a la composicin natural de nuestras races..."[ 9 ] En Mxico, estudia restauracin de arte colonial y trabaja en una galera de arte. Con sus conocimientos de arqueologa, emprende una bsqueda de teso ros arqueolgicos, negocia con traficantes de objetos precolombinos, y, al igual que en Cuba, conoce a fondo el pasado aborigen del pas: "Ese Mxico primordial me trastoc los pensamientos y contribuy al descubrimiento de luces que andaba buscando"[ 9 ] En Mxico, lee a Bradbury, Sturgeon, Asimov, Lovecraft, Huxley, Arthur C. Clarke, y comienza a escribir cuentos de CF. En 1964, publica su primer libro de cuentos y poemas: Los ojos de la clepsidra Durante esos aos, tiene contactos con Carlos Monsivis, Arturo Ripstein Efran Huertas, Vicente Leero, Juan Jos Arreola, Juan Rulfo, Jos Luis Cuevas, Salvador Elizondo, Jorge Portilla y, principalmente, con Alejandro Jodorowsky, con quien realizar a varios proyectos en conjunto. El ms destacado de ellos sera la revista Crononauta la primera publicacin latinoamericana dedicada a la ciencia ficcin. En 1966, escribe el que puede considerarse el primer ensayo

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7 colombiano sobre ciencia ficcin, titulado Ciencia ficcin: Cuarta dimensin de la literatura En 1967, publica La nueva prehistoria A comienzos de los 70s, trabaja como escritor y productor del nuevo cine mexicano. De su experiencia en el cine dice Moyano: Rebetez se lanza a filmar un a pelcula que es documental y argumental al mismo tiempo, en busca de la terra incognita de las iniciaciones mgicas en los ritos de mazatecos... en la s ceremonias de vud entre los ha itianos, en los misterios del yag entre los indgenas del ro Pir-Paran... y en las proporciones alteradas de los rituales urbanos que haban emergido de modo inslito ent re los jvenes de los aos sesenta, al ritmo de cido lisrgico... El ttulo de la pelcula es La magia y tiene como pretexto fragmentos elegidos del Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas[ 9 ] Hay mucho de mstica, esoterismo y pseudociencia en la obra de Rebetez, lo que en su visin relativista son expresiones tan vlidas como las de la ciencia moderna. Edita libros tales como su versin del Tarot de Acuario y su versi n del I Ching. Estudia con Gurdjieff. Tras un simposio de filosofa budista, permanece en Japn durante un ao, tras el cual traduce y prologa el tratado de zen llamado El Libro del Dragn Recorre los Estados Unidos, donde entra en contacto con derviches iranes. En un viaje de regreso a Colombia, hace escala en la Isla de Providencia, donde vivira sus ltimos catorce aos y donde escribe los libros Ellos le llaman amanecer y otros relatos y Cuentos de amor, terror y otros misterios junto con obras a Providencia tales como The Last Resort y un libro de la cocina de la isla. A medi ados de los 80, viaja a Turqua, donde conoce de cerca al sufismo, lo que lo motiva a escribir su obra mstica-pseudocientfica La Odisea de la Luz donde establece un paralelo entre la filoso fa sufista y los avances de la ciencia. Su epitafio reza, mitad en broma y mitad mostrando su visin del cosmos: "An hay ms" Por haber escrito la mayor parte de su obra en Mxico, Rebetez ha si do considerado uno de los ms importantes autores de ciencia ficcin mexicanos: In an article entitled "Breve historia de la Ciencia-Ficcin mexicana", Miguel Angel F ernndez points out that the most prolific writers in his country between 1950 and 1983 were Marcela del Ro, Ren Avils Fabila, Ren Rebetez, and Alfredo Cardona Pea[ 10 ] Al mismo tiempo, en Colombia es considerado como uno de los padres de la Ciencia ficcin colombiana aunque su obra solo tendra alguna repercusin muchos aos despus de ser escrita. Antonio Mora Vlez "Un polizonte automtico lleg en ese instante y le exigi con sus botines otros diez de plata para cubrir los gastos de hospitalizacin. Pero ya estaba ilegalmente muerto..."[ 11 ] Antonio Mora Vlez nace en la ci udad de Barranquilla (Colombia) en 1942, pero desde muy joven se tras lada a la ciudad de Montera. Profesor universitario, gestor cultural, periodista de opinin y escritor. Por su labor cultural, el periodico "El Meridiano de Crdoba" lo nombra como uno de los personajes del siglo XX en el departamento de Crdoba. Su vida acadmica transcurre en la Universidad de Crdoba, donde trabaja como secretario general, docente de filosofa, decano de educacin y director del departamento de humanidades, desde 1972 hasta 1993. En 1976, funda la Corporacin Universitaria del Caribe en la ciudad de Sincelejo, donde adems trabaja como secretario general, director de bienestar universitario y miembro de su junta directiva, entre 1993 y 2007. Preside la Casa de la Cultura de Crdoba, funda los grupos literarios El Tnel y Arte Sin y la revista El Tnel Es pionero de la radio en el depa rtamento de Crdoba (Colombia) como director artstico de la emisora La Voz de Montera y como cantante. Como periodista, escribe columnas polticas, culturales y filosficas en los diarios Poder Costeo El Universal El

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8 Espectador El Tiempo y El Meridiano y en diversas revistas electrnicas, desde 1975 hasta la fecha. Su carrera literaria comienza a mediados del a o 1970, cuando gana un pa rcial del concurso de cuentos del Magazn Dominical de El Espectador con el cuento de ciencia ficcin "Glitza". Tras este xito, escribe ciencia ficcin en serie y todos estos cuentos ( La Gota La Dictadura Hal Los Otros El Hijo de las Estrellas La Conquista de Tern y El Hombre de Lata ) son publicados, entre 1970 y 1971, por el mencionado Magazn, en ese entonces uno de los ms ledos del pas. En el ao 1975, funda el grupo El Tnel que se convertira en una de las instituciones culturales ms importantes de la costa norte durante los aos 70s y 80s. Entre 1979 y 1986 publica sus tres libros de cuentos de ciencia ficcin ( Glitza El Juicio de los Dioses y Lorna es una Mujer ), participa de su primera antologa como escritor de ciencia ficcin ( Cuentos de El Tnel ) y de la fundacin de la "Unin Nacional de Escritores". En el ao 1995, su nombre aparece en la "Encyclopedia of Science Fiction" de Clute y Nichols. Un ao despus, publica el primer lib ro de ensayos de ciencia ficcin en Colombia, que titula "Ciencia Ficcin: El Humanismo de hoy" A partir de 1999, comienza a escribir poemas de ciencia ficcin y publica sus libros Los Caminantes del Cielo El Fuego de los Dioses y Los Jinetes del Recuerdo Uno de los aspectos importantes de Mora Vlez es que es el primer escritor colombiano que se define como escritor de ciencia ficcin en el pas, que titula sus libros "cuentos de ciencia ficcin", que asiste a encuentros de escritores y forma grupos literarios en Colombia, en los cuales explcitamente, y a pesar de la crtica, sostiene su condicin de escritor de ciencia ficcin. Es el primer escritor que, definindose como escritor de ciencia ficcin colombiano, establece contactos con sus pares latinoamerica nos y estadounidenses, lo que le gana cierto reconocimiento a nivel nacional e internacional. Es ta es una de las razones por la que, a pesar de la obra aislada de Espinosa y de la obra mexi co-colombiana de Rebetez, en Colombia se le haya considerado por mucho tiempo como el padre de la Ciencia ficcin colombiana y de que, en el extranjero, an se le considere el nico escritor de ciencia ficcin del pas. En su anlisis de la ciencia ficcin c ontinental, dice Gaut vel Hartman: In Colombia, for example, the work of Antonio Mo ra Vlez stands out. His collection of stories Glitza (1979), El juicio de los dioses (1982) and Lorna es una mujer (1986) have been sufficient to earn him a reputation, but not enough to stimulate interest in science fiction in his country. There was not then nor is there today any activity aside from isolated events[ 10 ] Intermezzo La obra de los pioneros no es suficiente para generar un movimiento de escritores de ciencia ficcin en Colombia. En su lugar, durante los 70s y 80s, se presenta una nueva etapa de obras aisladas: Alberto Gaviria Coronado: En 1974, publica Brujos Csmicos donde presenta una utopa csmica-espiritista. Jess Arango Cano: En 1976, publica "Mi gran aventura csmica", con el argumento de un humano que es raptado por extraterrestres y llevado a conocer su planeta. Rubn Ardila: En 1979, publica Walden Tres una utopa basada en la psicologa conductista, aplicada a un pas latinoamericano. Rafael de J. Henrquez: En 1990, publica Los Dioses descienden al Amanecer la cual "...es una conjugacin de ciencia ficcin, esoteri smo, novela de espionaje y literatura mticofolclrica... gira alrededor de la mtica Arca de la Alianza juda, como sucede en la primera pelcula de Indiana Jones "[ 1 ]

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9 Jaime Restrepo Cuartas: En 1995, publica El Cero absoluto novela que retoma el argumento del hombre que se duerme y despierta en el futuro, en ste caso para presenciar un futuro anti-utpico. Generacin del Cambio de Siglo En el ao de 1997, el Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogot (IDCT) organiza un concurso que titula Primer concurso de cuento de ciencia ficcin en el cual Antonio Mora Vlez y Ren Rebetez son nombr ados jurados junto con el escritor William Ospina. Este concurso estimula la aparicin de una nueva generacin de jvenes escritores, la cual identifica sus pioneros, entra en contacto con ello s, participa o genera antologas conjuntas, en ocasiones los exalta y en otras trabaja sobr e la demolicin de la obra de aquellos. Orlando Meja Rivera "En el da de ayer, en extraos hechos fue abaleado y muerto un estudiante (al parecer de filosofa) de la Universidad Nacional, de apellido Garca, de 20 aos de edad, que vesta un buzo negro de cuello de tortuga y un pantaln caf oscuro de dril. El sitio del crimen fue en la carrera 7a No 14-51, al frente del edificio donde tiene su oficina el Doctor Jorge Elicer Gaitn..."[ 12 ] Orlando Meja Rivera nace en Bogot en 1961. Profesor e investigador de la Universidad de Caldas. Escritor, mdico y filsofo, ha publicado libros en todas estas reas: Antropologa de la muerte (1987), Humanismo y Antihumanismo (1991), tica y Sida (1995), Poesa y conocimiento (1997), La Casa Rosada (1997), La muerte y sus smbolos (1999), De la prehistoria a la medicina egipcia (1999), De clones, ciborgs y sirenas (2000), Pensamientos de guerra (2000), Heinz Goll: Das vagabundieren des Kunstlers (2001), La generacin mutante: nuevos narradores colombianos (2002), Los descubrimientos serendpicos (2004), Extraos escenarios de la noche (2005), y El Asunto Garca y otros cuentos (2006). Meja cuenta con premios cientficos y literari os, a saber: Ganador del Premio Nacional de Cultura en la modalidad de novela de l Ministerio de Cultura (1998), con Pensamientos de Guerra Ganador del Premio Nacional de ensay o literario Ciudad de Bogot (1999), con De clones, ciborgs y sirenas Ganador del Premio de la Cma ra colombiana del libro en la categora “Mejor libro tcnico y cientfico” (1999), con el libro De la prehistoria a la medicina egipcia Mencin en el Premio Nacional de Me dicina de la Academia Nacional de MedicinaConcurso Rhone-polec en 1995, por su libro tica y Sida El cuento de ciencia ficcin El Asunto Garca ocup el tercer lugar del Primer concurso colombiano de Ciencia Ficcin (1997) y fue incluido en la antologa "Contemporneos del porvenir" (2000) editada por Ren Rebetez. Adems, fue tr aducido al alemn y publicado en Und Trmten Von Leben. Erzhlungen aus Kolumbien. Peter Schultze-Kr aft (Hrsg). Zurich, Edition 8 Reihe Duran Sin que el dominio de la ciencia sea pre-requi sito para escribir ciencia ficcin, es cuando menos interesante que en la nueva generaci n existan escritores con formacin cientfica. Campo Ricardo Burgos Psiclogo y Master en Literatura. Ganador del Premio Nacional de Poesa de Colcultura. Ha publicado la novela Jos Antonio Ramrez y un zapato (2003) y ha sido antologado en las cuatro antologas de cambio de siglo: Cuentos de Ciencia Ficcin (1998), Contemporneos del Porvenir (2000), Lo mejor de la CF colombiana (2005) y Antologa de Literatura Fantstica (2007), siendo antlogo de esta ltima.

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10Dixon Moya Nace en Bogot en 1967. Es socilogo de la Un iversidad Nacional de Colombia. Forma parte de los equipos editoriales de los sitios de ciencia ficcin "Quinta Dimensin" y "Sitio de Ciencia Ficcin". Gustavo Wilches Chaux Juan B. Gutirrez Otros Un censo elaborado por Campo Burgos en el prl ogo a su antologa resalta la existencia de. Poesa Algunos poemas escritos por Ren Rebetez en su volumen Los ojos de la Clepsidra (1967) son considerados los primeros poemas de ciencia fi ccin colombianos. Sin embargo, el primer libro de poemas de ciencia ficcin sera Los Caminantes del Cielo (1999), de Antonio Mora Vlez. Tras la publicacin de tres poemarios, este ltimo autor puede considerarse como el primer poeta dedicado a la ciencia ficcin. Los poemas de Mora Vlez han sido catalogados por crticos como Otto Ricardo Torres como "poesa esotrica no confesional"[13] El autor los denomina "poemas de ciencia ficcin" y los clasifica en cuatro categoras: Poemas csmicos (dedicados a astros y fenmenos naturales), mticos (dedicados a interpretar mitos clsico s en trminos de visitas extraterrestres o civilizaciones avanzadas), antrpicos (dedicados a pe rsonajes de la ciencia, la carrera espacial o la filosofa) y apocalpticos. Referencias 1. a b c d e f g h BURGOS LOPEZ, Campo (2000), La narra tiva de ciencia ficcin en Colombia, en: Literatura y Cultura, Narrativa colombiana de l siglo XX, vol. 1, Ministerio de Cultura 2. ILLAN BACCA, R., Biografa de Jos Flix Fuenmayor 3. GARCIA MARQUEZ, Gabriel (1981), “Jos Flix Fuenmayor, cuentista”, en Textos costeos, ed. de Jacques Gilard, Bruguera, Barcelona: 324-326 4. MOYA, Dixon (2005), Ciencia-Ficcin en Colombia: Semillas en el desierto, Prlogo, en: Erdano No 9, Lo mejor de la Ciencia Ficci n colombiana, Alfa Eridiani, ISSN:1696-6538 5. a b RUEDA ENCISO, J., Biografa de Jos Antonio Osorio Lizarazo, Biblioteca Luis Angel Arango 6. a b MORA VELEZ, Antonio (1984), Sliger: Precurs or de la CF Sinuana, El Espectador Costa, Junio 14 de 1984 7. ESPINOSA, Germn (1982), La Tejedora de Coronas 8. REBETEZ, Ren (1964), Memorias de un Crononauta 9. a b c d MOYANO, Juan Carlos, Crononauta insigne: Ca pitn del velero de la vida, viajero de s mismo, Revista Nmero, 25 10. a b Gaut vel Hartman, Sergio (2005), The Continental Scene, Asimov 20 11. MORA VELEZ, Antonio (1979), Diez de Plata, en: Glitza, Ediciones Alcaravn

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11 12. MEJIA RIVERA, Orlando (1998), El Asunto Garca, en: Cuentos de ciencia ficcin, IDCT 13. "El Maestro Antonio Mora Vlez y la poesa esotrica" (Otto Ricardo) Obras ARANGO CANO, Jess (1976), Mi gran aventura csmica, Armenia: Editorial Quingrficas ARDILA, Rubn (1979), Walden tres, Barcelona: Ediciones CEAC AUTORES VARIOS (Price, M.A., Ag uilera, M.T., Meja, O., Burgos C.R., Castillo, E.C., Delgado, H.) (1998), Cuentos de ciencia ficcin, Bogot: IDCT AUTORES VARIOS (Ant: Rebetez, Ren) (2000), Contemporneos del Porvenir, AUTORES VARIOS (Ant: Burgos, Campo) (2007), Antologa del Cuento Fantstico, Bogot: Universidad Sergio Arboleda BURGOS, Campo (2003), Jos Antonio Ramrez y un zapato, Bogot ESPINOSA, Germn (1965), La noche de la trapa, Bogot: Litografa Colombia FUENMAYOR, Jos Flix (1928), Una triste aventura de catorce sabios, Barranquilla: Editorial Mundial GAVIRIA CORONADO, Alberto (1974), Brujos csmicos, Medelln: Editorial Lealon HENRIQUEZ, Rafael (1990), Los dioses descienden al amanecer, Bogot: Editorial Plaza y Jans MORA VELEZ, Antonio (1979), Glitza, Bogot: Ediciones Alcaravn MORA VELEZ, Antonio (1982), El juicio de los di oses, Montera: Ediciones El Tnel Casa de la Cultura MORA VELEZ, Antonio (1986), Lorna es una mujer, Bogot: Centro Colombo Americano MORA VELEZ, Antonio (1996), Ciencia Ficcin: El Humanismo de Hoy, Sincelejo: CECAR MORA VELEZ, Antonio (1999), Los Caminantes del Cielo, Sincelejo: CECAR MORA VELEZ, Antonio (2001), El Fuego de los Dioses, Sincelejo: CECAR OSORIO LIZARAZO, Jos Antoni o (1932), Barranquilla 2132, Ba rranquilla: Tipografa Delgado SLIGER, V.M.F. (1936), Viajes interplanetarios en zeppelines que tendrn lugar el ao 2009, Bogot: Editorial Centro REBETEZ, Ren (1967), La Nueva Prehistoria y otros cuentos, Mxi co: Editorial Diana REBETEZ, Ren (1996), Ellos lo llaman amanecer y otros relatos, Bogot: Tercer Mundo Editores REBETEZ, Ren (1997), La Odisea de la Luz RESTREPO CUARTAS, Jaime (1995), El cero ab soluto, Medelln: Fundacin Arte y Ciencia WILCHES-CHAUX, Gustavo (2004), El universo amarrado a la pata de una cama

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12 JOS FELIX FUENMAYOR Hoy me ladr un perro. Fue hace poquito, cuatro o cinc o o seis o siete cuadras abajo. No que me ladrara propiamente, ni me quera morder, eso no. Se me vena acercando, alargando el cuerpo pero listo a recogerlo, el hocico estirado como hacen ellos cuando estn recelosos pero quieren oler. Despus se par, ech para atrs sin darse vuelta, se sent a aullar y ya no me miraba a m sino para arriba. Ahora no s por qu me he sentado aqu sobre este sa rdinel, en la noche, cua ndo iba camino de mi casa. Parece que no pudiera andar un paso ms, y eso no pu ede ser; porque mis piernas, bien flacas las pobres, nunca se han cansado de caminar. Esto tengo que averiguarlo. Tambin por primera vez pienso que mi casa est lejo s, y esta palabra me suen a extraa. Lejos. Ser "lejos? S. Es "lejos". Es que ya tena olvidada la palabra. Yo digo "casa" pero no es ms que una cuevita a la sa lida de la ciudad, casi en el puro monte. Me gusta poner nombres as. A mis conocidos, a quienes pi do los centavos que diariamente necesito, me les arrimo dicindoles: Qu tal, caba llerazo. Son pocos esos conocidos. Verdaderamente son mis amigos. Yo busco uno o dos de ellos cada da y voy dejando descansar de m a los otros; y como solo les pido muy de tiempo en tiempo no me huyen ni se me excu san. Cuando me encuentro alguno que no est en turno para el da, lo saludo "Qu tal, caballerazo" y sigo de largo con mi paso que siempre parece que llevo un poco de prisa. Si es alguno a quien le to ca, le digo: "Qu tal, caballerazo. Echese ah tres centavos, o cinco, o siete o diez". Con tres tengo para el caf tinto. Si son cinco, hay para el pan. Si son siete, ah est el azcar, y entonces bajo mi mochila, saco mi jarrito y le echo el caf; y saco mi botella de agua y echo, revuelvo con un dedo y as el caf aumentado me alcanza para el pan. Y si son diez, aado una arepita de masa dulce. Tres es malo; cinco, regular, siete, bueno; y diez, completo. Con uno solo o con dos nada ms, o sin uno o sin dos, no s porque nunca me ha pasa do. Dios me favorece. Y tambin me di el don del orden. A veces es ms de diez, porque cojo a un caballerazo en un momento as, y entonces puede haber para el almuerzo y hasta para la comida. Pero eso de al muerzo y comida no me importa mucho. Mi mala costumbre, que no he podido quitrmela, es el desayuno. Otra que s me quit, era que toda la plata me la acababa inventando cosas; y eso not que me pe rjudicaba la salud y me estorbaba para caminar. Entonces dej la mala costumbre, y lo que me quedaba lo guardaba para el otro da. Pero aunque tuviera algo guardado yo no dejaba de hacer mi trabajo de caminar. Naturalmente, mientras me duraba el

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13guardado y yo no peda nada; y si entretanto me cru zaba con algn caballerazo a quien le tocaba, lo saludaba y segua de largo porque su turno quedaba aplazado. Una vez tuve un problema de mucha plata. Llegu por la nochecita a la casa de un caballerazo a quien le tocaba y lo encontr en la terraza, donde estaba en reunin con mujeres y todo. Le dije: "Caballerazo, chese ah tres, o cinco, o siete, o diez". Entonces otro caballerazo que estaba all sentado se levant y se me puso al frente y me dijo que repitiera lo que haba dicho. Yo repet. Me dijo que le explicara lo que yo quera decir con eso, y yo le expliqu, largo. Porque a m me gusta hablar de las cosas mas y es de lo nico de que hablo; porque en mis cosas vea siempre la mano de Dios. Cuando me encuentro a una persona que le pone inters a mis asuntos, hablo; pero es muy raro que la encuentre, como aquel caballerazo. Entonces me la paso callado. A m me ven pasar, como mudo, y la gente pensar que a m no me gusta hablar; pero no es as, es lo contrario, porque yo estoy siempre hablando, hablando conmigo mismo. Bueno: y aquel caballerazo me tendi delante de los ojos cinco pesos. Yo le vea el billetn en la mano. "Caballerazo, es de quinientos" le dije, para que se fijara, si era que se haba equivocado. "S, tmalo" me dijo. Lo cog, qu caray, y me desped. Esta es la voluntad de Dios, pensaba yo, caminando; l me dir lo que me corresponda hacer. Dos das, o tres, o cuatro, o cinco, tard en llegarme la iluminacin. Y entonces, lo hice: envolv el billete en un papelito y lo amarr al fondo de la mochila. Ah est, desde entonces; para que cuando yo me muera el que me recoja lo encuentre y sea suyo. Dios le guiar la mano para que d con l, como premio de su buena accin. Una cosa rara, que me haya sentado aqu, cuando yo sigo siempre en viaje liso. Y acabo de fijarme que slo he trado tres peridicos en vez de los cuatro que deben ser. Nada de esto me haba sucedido nunca. Y viendo eso me quedo aqu sentado en lugar de devolverme a buscar el que me falta. Dios mo. T debes saber lo que me est pasan do; me est pasando algo malo, pero T haces tu voluntad. Ahora tengo la preocupacin de mi mala costumbre de abrir dos peridicos en el suelo y echarme encima dos tambin; porque solo traje tres, y ahora no s si convenga ms dos arriba y uno abajo que dos abajo y uno arriba. Dios mo, lbrame de esta preocupacin, porque me siento sin ganas de devolverme a buscar el que me falta. Hace tiempo tena yo una manta. Dios me hizo ese mi lagro, porque me condujo a pasar por una casa en el momento en que un hombre en la puerta deca, y yo lo o: "Llvese eso y btelo". Mir, y vi la manta. Y le dije al hombre: "Qu tal caballerazo; chesela ac si va a botarla"; y el hombre me la di. Aquel fue un buen tiempo. Comenz cuando yo estaba ya cansado de pedir alojo, hoy aqu, maana all, porque no me lo daban ms que una vez. Yo solo pe da que me dejaran dormir en la cocina o bajo alguna enramadita, o en cualquier parte del patio; en cualquier parte que no fuera la calle, en un sardinel, como estoy ahora; porque yo tengo mis gustos y hay dos cosas que no paso: ni dormir en un sardinel, en la calle, ni pedir comida: Siempre me contestaban con mala cara, lo mismo cuando me decan s que cuando me decan no. A veces tena que rogar el favor en dos o tres o cuatro o cinco casas antes de conseguirlo. Y un da que ped permiso para ir atrs en un patio por una necesidad, vi un hoyo en el suelo que quin sabe si lo haban hecho puercos o lo cav algn perro. Lo med con el ojo y lo encontr de mi largo y ancho, y bien seco estaba. Mir para la casa, y lo tapaba la cocina. Mir derecho para la calle, y haba un portillo en la cerca. De una vez lo pens. Y en seguida fu a hablar con la gente de aquella casa y expliqu mi asunto: que yo siempr e llegaba a acostarme muy tarde cuando todos estn durmiendo; y sala muy temprano, cuando nadie se haba levantado; y all estaba el portillo para entrar y salir sin que sintieran; y como no iba a molestar a nadie, que me dejaran dormir en el hoyo del patio que no se vea desde la casa porque lo tapaba la cocina : todo bien explicado. Aque lla gente era buena y me lo permiti. La primera noche, cuando me met en el hoyo cre que el fro de la tierra no iba a dejarme pegar los ojos. Pero Dios me ayud, porque despus de rato ya estuve en calorcito. Lo mismo sigui pasndome todas las noches. Una noche, cuando menos lo pensaba, me cay un aguacero; pero fue ya a la madrugada, casi cuando iba a levantarme, y me sal y me sequ con la brisa, caminando. Y mientras andaba se me present en la cabeza un pedazo de cerca con una lmina de zinc que quedaba a tres, cuatro, o cinco o seis o siete pasos del hoyo. Esa misma noche afloj la lmina, la quit y la puse de tapa al hoyo; y por la maana la volv a su sitio; y nadie se di cuenta, y as segu haciendo; y ya poda llover. Esa idea del zinc no me vino de Dios, porque El es bueno, y aquello de usar la lmina sin autorizacin era cosa que no deb hacer, cosa mala. La idea me vino de la lluvia, que no es ni buena ni mala; pero tapar el hoyo era bueno. Como fuera, Dios me lo perdon; porque al otro da del zinc, me mand la manta.

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14Aquel buen tiempo dur hasta que los muchachos me descubrieron. Yo digo que los perros son buenos y los muchachos son malos. Esto quiere decir que yo no he conocido muchacho bueno ni perro malo. Pero seguramente Dios ha hecho de todo. A m ningn perro me ha molestado. Y algunos me siguen, desean vivir conmigo, eso muy claro se los comprendo. Ellos no buscan mi comida sino mi compaa, porque bien saben que yo no tengo comida porque dems que pueden oler mi mochila. Viene un o y me ve. Se estira, alzando la cabeza; luego se afloja, se me va poniendo detrs y contina ad elantando hasta que marcha a mi lado acomodando su pasito brincado al mo suave y largo. As voy con l, vamos juntos, mirndonos. El bate y bate ms y ms su esperanza con la cola. Hasta que yo le doy la ltima mirada y muevo la cabeza pensando: no puedo vivir contigo caballerazo perro. Y l me entiende ; y con pasito ms brincado y ms triste, se aleja. Qu pasara hoy con aquel perro. Eso tengo que averiguarlo. Los muchachos con quienes yo me he estado cruzando, son malos. Hablan sucio y feo. Y se fijan en uno, y le tiran piedras y le gritan apodos. Si es uno solo, yo s que se hace el que no me ve, pero me est preparando y buscando ocasin. Si son dos, o tres, o cuatro, o cinco mi peligro es mayor porque entonces se descaran, juntos pierden el miedo y cada uno quiere ganarse en maldad a los otros. A m me parece que cuando estn as, tambin les sale rabo pe ro no de perro bueno sino de Malino que se los pone y por eso no puede vrselo el que est con Dios. Verdad que yo s que con mi flacura cada da se me ha ido saliendo el esqueleto ms y ms para afuera, y esto es bueno de ver para los muchachos que no estn con Dios. Tambin les gustarn mis pantalones rotos, tal como se han roto, porque yo no los re miendo, remangados en mis canillitas, sobre mis zapatos que yo los abro bastante en la punta para que los dedos de mis pies tomen aire y no cren mal olor. Y tal vez lo que ms les pica son mis patillitas que de una vez crecieron y ah me las he dejado y no son ms que unos pelitos ralos y larguitos, un poco monos, pero, eso s, suaves como de seda, y por eso estoy siempre pasndome la mano por la cara. Todo eso lo s yo. Pero me defiendo. Y un modo es que no les huyo y si me gritan, no es conmigo. Y tampoco les doy tiempo ni lugar para que me pongan ningn apodo que se me quede pegado, porque nunca me ven achantado ni dando vueltas por esos sitios que hay donde se amontona gente, que unos vienen y van y se ve que estn como en ocupaciones y diligencias; y otros pa rece que algn viento los hubiera tirado all para nada o que creo que estn esperando que el mismo viento que all los ech les lleve algo, y no saben qu. Yo nunca estoy por esos sitios. Yo camino en busca de mis caballerazos; y despus que los encuentro sigo caminando, caminando. Otro modo de defenderme es que si un muchacho viene o va por delante de m o lo siento que anda por detrs de m, yo estoy arisco y vi gilante para sacarle el cuerpo a la piedra. Si no fuera por eso, quin sabe cuntas veces ya me hubieran roto la cabeza de una pedrada. Y lo que me hicieron los muchachos en mi hoyo de dormir, no es que yo no hubiera tomado precauciones. Es que no s cmo me descubrieron los muchachos. Eso, no he podido averiguarlo. Pero una noche sent puyitas por el cuerpo, y era cadillo que me echaron en el fondo del hoyo. Otra noche, seguido, me enronch porque me pusieron pringamosa. Y la ltima noche, seguido tambinm, cuando abr la manta me ensuci todo de porquera. Haba tanta que comprend que no era obra de un solo muchacho. Me sal del hoyo y me limpi con tierra, bien restregado. Pensaba: Por qu habrn hecho esto conmigo. Pero Dios lo haba permitido. Est visto que las cosas malas que a uno le pasan, son buenas por otro lado que uno no llega a conocer sino despus, cuando es su momento. Es lo que siempre sucede. Y aquella noche me dije que no iba a dormir. Puse la lmina de zinc en su puesto de la cerca y sal por el portillo. La manta, la dej; yo pude habrm ela llevado y lavarla, pero se las dej all. Camin, camin, como si fuera de da. Segua derecho, no doblaba por ninguna esquina, sino derecho. Y despus vi que ese era el camino. Ya estaba en las afueras cuando par. Y all mismo la vi: mi cuevita, la que desde ese momento iba a ser mi casa. Entr, agachndome. Daba media vuelta y haca como sala y cuarto. De una vez me acost. Y cuando ya no estaba despierto pero tampoco me haba dormido, Dios me di la idea de los peridicos, y yo ayud, pensando: deben ser cuatro: dos en el suelo y dos como sbana. Desde entonces estoy mejor, como nunca. En mi casa puede llover lo que quiera llover, y no me mojo, y sin tener que tapar nada con zinc. Y por all no he visto a ningn muchacho.

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15Aqu llevo mis diez para maana. Mi botella de agua est llena. Si mi mam me ve desde la otra vida estar contenta de que a su hijo no le falte nada. Lo nico ahora es el peridico; pero eso ya no importa porque he resuelto poner uno solo en el suelo y arroparme con dos, y ya se me acab esa preocupacin. Tambin si mi to lo supiera le gustara conocer qu e, si no fui zapatero, busqu en cambio mi propio camino y en l no paso necesidades. Una cosa que yo he debido averiguar es que nunca he sabido quien fue mi pap. Pero como no me lo decan, pens que era que no deba saberlo, y por eso no lo averig. Mi mam trabajaba mucho. Todo era lavar ella; ella coser, ella, planchar; ella, cocinar. No me dejaba que le ayudara. Me deca: T no sabes de eso, anda a jugar. Y yo jugaba en el patio, que era chiquito, pero poda correr de una punta a otra y me gustaba cl avar un palo en el suelo y saltar por encima. Y yo a veces no tena ganas de jugar, pero jugaba para qu e mi mam viera, porque a ella le gustaba mucho verme jugar. Un da mi to se fue a vivir con nosotros. Mi mam me dijo: Este es tu to. Era l muy ancho. Yo lo vea por detrs y me pareca que no tena cabeza, o que su cabeza no era cabeza. Mi mam nos pona la mesa con mantel. Los dos no ms nos sentbamos, porque ella iba y vena, segua trabajando. Mi to, cuando acababa su comida haca pedacitos de bollo, los pasaba por el plato y se los coma. Le deca a mi madre que eso era para que le fuera ms fcil lavar el plat o. Haz t lo mismo, me deca, y as ayudas a tu madre. Yo lo haca, por obedecer le; pero no me gusta hacer eso. Toda aquella comida la tengo olvidada, ya no es nada para m. De lo que me acuerdo es de aquellas tajaditas de pltano maduro que mi mam me dejaba coger cuando las estaba friendo. Despus, cuando estaban sobre la mesa en un plato, ya no me gusta ban tanto como cuando las coma cerquita a mi mam, en la cocina. Un da muri mi mam. Yo comenc a llorar; pero mi to me cogi por un brazo, me sac al patio y sealndome un rincn me dijo: Sintate ah, y nada de llorar, porque los hombres no lloran. Mi to se hizo cargo de todo. Me dijo: Hay que venderlo todo: este es un deber que yo tengo que cumplir. Y otro da, cerr la casa. Coge eso y vamos, me dijo. Yo alc un saco grande, uno mediano y uno pequeo y segu detrs de l. Llegamos a un buque. Me quit los sacos y no me dej subir. Te puedes caer, me dijo, esprame aqu. Tard mucho y al fin volvi con un bultico en la mano. "Ya no tienes a tu madre ni a tu to, me dijo; ahora vas a hacerte hombre y debes asegurar tu porvenir. Yo quiero que seas zapatero. Es un oficio honorable y produce mucho dinero. No se dir que yo te abandon a tu suerte, aunque eso es lo que Dios quiere, qu e cada cual busque su propio camino. Aqu te doy sto, con lo cual puedes empezar la zapatera". Me entr eg el bultico y se volvi al buque. Comenzaron a soltar los cabos; y yo, parado en la or illa, esperaba que mi to se asomara para gritarle: Adis, to. El buque se abri en el agua, respira ndo fuerte, y comenz a irse. Se iba el buque, yo esperaba, pensaba que era mejor que mi to no se asomara sino cuando fuera bien lejos, para que entonces lo alcanzara alla mi grito de adis, porque me pareca que dar un grito desde la orilla hasta un buque muy distante, era como soltar un pjaro que sigue volando hasta despus que uno ya no lo ve. Pero mi to no se asom. Cuando recib el bultico not que era pesado. Anduve un buen rato con l sin desenvolverlo. Aunque no imaginaba lo que pudiera ser, no estaba curioso por sa berlo. O tal vez s senta mucha curiosidad y por lo mismo demoraba en abrirlo. O era que sin darme cuenta, yo lo tena sabido, porque mi to me lo haba dicho: lo que yo llevaba en la mano era mi zapatera. Al fin me sent en un sardinel, como estoy ahora, y quit el papel y vi: era una horma de zapatero. Claro, tena que ser una cosa de zapatera. Y lo me jor que se me ocurri fue ir a buscar un zapatero. Seguramente era eso lo que mi to haba pensado que yo hara: que, con la horma, yo encontrara un zapatero que me hiciera socio de su zapatera. Fui donde uno y le tend el bultico, sin decir nada. El zapatero me mir a la cara. Qu traes ah, me dijo; y cogi el bultico y lo desenvolvi. Esta es una horma izquierda, dijo; dnde est la derecha. Yo no entend y no supe qu contestar. El volvi a mirarme a la cara; y agarrando con una sola mano el papel suelto y la horma desenvuelta, los tir al suelo y me dijo: Eso no sirve, y ahora vete. Yo me fui, rpido, sin atreverme a recoger el papel y la horma; y ya andando en la calle comprend que mi to se haba equivocado y no se fij; pero yo le agradec su buena voluntad aunque se hubiera equivocado. Y cuando Dios permiti que eso pasara es porque no quera que yo fuera zapatero.

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16Entonces vi grandes las palabras que me haba dicho mi to: ahora no tienes ni a tu mam ni a tu to. Me puse a mirar por todas partes y vi que tampoco tena ya ni mi mesa para comer ni mi patio para jugar. Yo pensaba: algo se puede encontrar en el mundo. Yo no conoca la gente ni las calles. Me mir yo mismo para adentro y pens: yo no puedo quedarme con la gente porque cada una es de otra y yo perd la ma, entonces, la parte que me queda del mundo son las calles; por las calles es por donde puedo buscar mi propio camino, que es lo que Dios quiere, como me dijo mi to. La manera como Dios lo conduce a uno, yo la conoc : es con riendas. Lo mejor es no resabiarse y dejar uno que le apriete bien justo el freno pues as va uno ms seguro porque siente los tironcitos por pequeos que sean, que Dios le d. Por eso yo sent el que me di un da que yo me iba a ser hombre de pala para coger arena; y enseguida dej la pala. Otros me ha dado y tambin los he sentido. Pero cuando voy por la calle, caminando, me deja suelto, porque ese es mi camino y ah no necesito tironcitos y entonces parece que ni freno llevara puesto. Hay un peligro, que yo lo tuve, y es el misterio de la mujer. Yo me dije: eso tengo que averiguarlo: Y me puse a fijarme en las mujeres; pero el misterio no se me resolva con cualquier mujer en que me fijara. Un da v a una que estaba sentada y se me pa reci a mi mam; pero se levant y ya no se pareca. Otra vez me iba delante una mujer que en el bulto y en los movimientos era como mi mam; eso vea yo; pero cuando me la pas y le vi la cara, se fue el parecido. Me sucedi tambin que yo iba distrado y de pronto o la voz de mi mam; alc la cabeza y vi un as mujeres que iban hablando, pero la voz de mi mam no volvi. Entonces, yo me puse a pensar que mi mam estaba como repartida en pedazos, y tambin en pedacitos, entre otras mujeres. Esto me gust al principio y yo las segua disimuladamente y con el misterio dndome vueltas en la cabeza y que a veces co menzaba a regrseme por todo el cuerpo. Pero, despus, me molestaba que una mujer pudiera ser en ninguna cosa como mi mam. Y entonces ya no les hall ms parecidos. Primero pensaba yo: es que se los estoy negando, porque s lo tienen. La verdad la v, al fin, cuando comenc a sentir lo s tironcitos; esos parecidos no existan y era que el misterio de la mujer me los pona como trampa. Y ya no quise averiguar ms el misterio de la mujer. S, Dios me ha favorecido. Con su proteccin y ateniendo a las riendas encontr mi propio camino en el mundo. Mi trabajo es caminar, y eso me gusta. El alimento lo consigo con solo decir: Qu tal, caballerazo. Ahora tengo mi casa. Dios me ha librado de toda inquietud. Y El me ha sentado hoy aqu y no quiere que me levante y camine. Qu raro, aquel perro. No habr por ah algn muchacho con una piedra en la mano? No. No hay nadie. No hay ms que la calle. Pero la calle comienza a desaparecer, me va dejando. Y el sardinel donde estoy sent ado se est alzando como una nube y me lleva en la soledad y el silencio. Ahora veo a mi mam. Est de pie, a la puerta de la cocina, pero no me ha visto. La llamo: Ya vas a frer las tajaditas de pltano, mam? Gentileza de Jaime Carbonell (tomado de http://galeon.hispavista.com/letrasperdidas/c_fuenmayor00.htm) RESEA BIOGRFICA Jos Felix Fuenmayor (Barranquilla-Colombia; 1885-1966). Fue uno de los miembros fundadores, junto con el cataln Ramn Vinyes, del llamado "Grupo de Barranquilla". Que a partir de 1940 reuna en el pintoresco bar La Cueva a la nueva generacin de jvenes escritores barranquilleros: Alvaro Cepeda Samudio, Gabriel Garca Mrquez, el pintor Alejandro Obregn, el artista Orlando Rivera, apodado "Figurita", el industrial Julio Mario Santodo mingo y el crtico Germn Vargas, entre otros. En realidad, todo el mundo caba en La Cueva, a partir de las 6 p.m. para tomar ron, whisky y cerveza. Y dialogar sobre libros. Jos Felix Fuenmayor, con un vaso de whisky en la mano, hablaba acerca de la maestra en el tratamiento de los temas, enseaba a no caer en lo folclrico y en descubrir, para la narracin, lo esencial, as lo esencial asuma la forma de un simple detalle.

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17Fue un poeta precoz, publicando a los 25 aos un libro de versos, Musa del trpico que inclua traducciones del francs y del italiano. Fund el peridico El Liberal que dirigi por varios aos. Anim las revistas Mundial y La Semana Ilustrada En 1928 public la novela Cosme elogiada por los escritores colombianos ms clebres del momento. Ese mismo ao dio a luz su cuento fantstico Una triste aventura de catorce sabios. En 1967 aparece su libro de cuentos, La muerte en la calle en las ediciones Papel Sobrante de Medelln. Esta obra tambin fue editada por el Insituto Colombiano de Cultura, la Editorial Sudamericana de Buenos Aires y por la Casa de las Amricas, de la Habana, Cuba. Son estos cuentos, precisamente, los que influyeron desde el punto de vista narrativo sobre la formacin de los autores del grupo. Gabriel Garca Mrquez compara la tcnica de escribir cuentos de Fuenmayor con la de Rulfo: Ambos tienen en comn la manera nica de contar cualquier cosa, hablada o escrita, con una naturalidad que no tena nada que ver con el naturalismo, y que por lo mismo tena algo de sobrenatural".

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18 Germn Espinosa Nadie que, hacia la medianoche de aquel vi ernes de marzo, hubiese cruzado el paraje poblado de arbustos a cuya vera se alza el Monasterio de Nuestra Seora de la Trapa, haba advertido la presencia de un tipo alto, bastante entrado en aos que, embozado materialmente en el cuello de su gabn se aproximaba al alto portn seoreado por el escudo de los cistercienses reformados. El viento era fro y sacuda uno que otro ta llo raqutico, mientras se oa all lejos la voz unsona con que los monjes entonaban motetes corales de tiempos de Orlando de Lasso. Una mscara de nubes envolva la luna y la oscuridad era casi absoluta. El intruso asi decididamente el macizo aldabn y llam una, dos, tres veces, con golpes sonoros. De haber luz, sus cabellos se le habran visto arremolinados sobre un rostro malsano, de verticales arrugas. Transcurrieron unos minutos antes de que un diminuto postigo, resguardado por una rejilla, se abriese para enmarcar unas vegas facciones. —En nombre de Dios, qu busca? —Me llamo Melchor de Arcos —dijo el extrao—. En el mundo era el profesor de Arcos, un eminente bilogo y eclogo. Ahora quiero solamente la paz del claustro. —A estas horas de la noche? Porque escogi la orden trapense? Una rfaga azot la fachada de fbrica romntica, fl agel el almenaje que coronaba los muros, as como las columnas exentas y resaltadas de los machones, y fue a colarse luego, con sordos gemidos, por las bvedas en can. —Tuve que hacer un viaje largo. He odo que los trapenses atienden a su manutencin por medio de trabajos manuales, pero consagran a los ejercicios espirituales y al estudio la mayor parte de su tiempo. Es el gnero de vida que apetezco para mi vejez. —Ojal no lo apetezca desordenadamente. Tambin suel e haber desorden en las vocaciones monsticas. —Quiero convertir mi vida en algo til. —Nunca es tarde. Algo cruji y se abri el portn, chirriando sobre sus goznes. La silueta de un monje de hbito blanco, con escapulario y capucha negros, se dej entrever en la penumbra aureolada por el resplandor de una lmpara de petrleo que l sostena con la mano derecha. El profesor avanz a tientas, hasta trasponer el locu torio y salir a un patio de reminiscencias medievales, alumbrado por una hilera circular de faroles de gas, donde otros monjes se paseaban y mascullaban oraciones. Todava se oan las voces corales, pero su son era ms familiar ahora. —Tendr que hablarle al abad. Marchaban como sombras bajo los haces de luz. —La Trapa slo posee un abad, cuya sede es Roma, nuestro correspondiente al captulo general es un monje superior, que lo recibir inmediatamente. Ha comido ya usted? —No tengo apetito. Preferira que me cond ujera de una vez ante el superior. Subieron por una angosta escalinata cuyas tinieblas iba horadando siempre la aureola de petrleo. Un pasillo de mrmol conduca a las celda s, yuxtapuestas en hilera y ados adas al muro exterior. El monje golpe en una de ellas, cuya puerta rechin al instante para serles franqueada. —In nmine Dei… —Fray Roberto de Claraval, nuestro superior —anunci el gua.

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19El abad se inclin. Por la mente del profesor cruzaron los nombres memorables que componan aquella ensea de combate. San Roberto, abad de Molesme, fundador de la orden de Cister para restaurar la observacin ad pdem litterae de la regla de San Benito. San Bernardo de Claraval, el incansable predicador de la segunda cruzada, el perseguidor implacable de la filosofa y la dialctica. Aquellos nombres llenaban dos siglos y estaban vinculados estrechamente a la norma trapense. Ahora estaba a solas con fray Roberto. En la penumbra, los rasgos del religioso se desdibujaban, pero podan advertirse, con un esfuerzo, un rostro enjuto y escarolado, unas manos trmulas y un continente endeble. Se haban sentado el uno frente al otro, sin ms iluminacin que la proporcionada por la lmpara de petrleo que el gua, antes de retirarse, coloc sobre una mnsula. La celda era ahogada y desnuda. Un taburete, un catre de tijera y un crucifijo era todo lo que poda verse. Bajo el camastro ocupado por el fraile estaba archivado un alzapis. —Puede saberse qu cosa lo indujo a venir aqu? Ya sabe, la vida monstica es dura. —Es una rara historia, algo de lo cual no quisiera acordarme. —¡Hace ya tanto tiempo! —Muchas veces el hombre propende a exagerar sus falta s. Es un pecado contra s mismo y, no obstante, no pocos santos varones lo tuvieron como virtud. Quisiera arrojar una luz sobre su conducta pasada? Hasta cierto punto, esto tiene el valor de una confesin. La ventanilla se la celda, abierta a la noche, permita ver all arriba el parpadeo de Altair de guila. Otros hachoncillos, y otros, se amontonaban en el recuadro del alfizar. Melchor de Arcos se estremeci. —Es lo ms tremendo de que tenga noticia. A menudo no s si lo he soado. Fray Roberto esboz un mohn de incredulidad. No pareca impresionarlo el tono ligeramente pattico empleado por el profesor para dar comienzo a su historia. —En pocas palabras, algo que acab por buscarme. Ya sabe que soy uno de los investigadores ms respetados en el campo de la ecologa. —Perdone… —Es la parte de la biologa que se ocupa de la relacin de los organismos entre s y con el medio que los rodea. Presupone por supuesto un conocimiento de las formas, las estructuras, la fisiologa. Soy bilogo de la Sorbona. Mis padres fueron ricos y costearon mis estudios en aquella Europa de comienzos de siglo, vida de progreso, sedienta de audacias. Fray Roberto oa devotamente. —De regreso ac, me sent lleno de ideas innovadoras. Todo lo que vea me pareca mezquino. Eso nos pasa a todos los educadores en el extranjero. Mien tras mis colegas se preocupaban por hacer dinero, yo lea, investigaba, dictaba confer encias no siempre ortodoxas. El viento volva a fustigar las almenas. Por un momento, sus zumbidos parecieron traer un sonsonete de burla. —Un da, al meditar sobre ciertas premisas, ca en cu enta de algo verdaderamente extraordinario. No s si me est explicando bien, pero la verdad es que me puse a pensar que no es el medio el que plasma y modifica al hombre, sino ste al medio. Me dije que, desde el lapn de las tundras hasta el congols del trpico, la huella dejada por el hombre, ya sea en objetos labrados, ya en grandes bloques arquitectnicos, es nica, impar, diferente a la dejada por otros seres. Y por qu razn? Pues porque el hombre, ms que animal racional, es animal in satisfecho, materia antojadiza, no est a sus anchas en el marco de la naturaleza, por marav illoso que sta sea, y pret ende alterarlo… Por donde pasa un hombre, la naturaleza es alterada inmedi atamente, unas veces con grandes ciudades, otras con simples jeroglficos o tallas en las piedras. —Est bien —rezong fray Roberto. —El hombre no est a sus anchas en la naturaleza y, por tanto, no es susceptible de recibir su influjo. Al contrario, es l quien la infl uye y la modifica a su sabor.

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20Se haba puesto de pie y recorra a grandes zancadas el aposento. —El nacimiento de esta insatisfacci n —prosigui—, es lo que a su v ez determina el nacimiento de la especie humana. Si Darwin tena razn en el aspecto fi siolgico del asunto, yo lo tena en el psicolgico. Me consagr, pues, a realizar concienzudos estudi os de las biocenosis humanas. Viaj mucho. Estaba agitado. El monje lo obse rvaba con infinita tristeza. —Al cabo de 5 aos y gracias a mi tesn infatigable, haba reunido buena cantidad de datos y experiencias. Entonces pude darme a la tarea qu e secretamente acariciaba. Partiendo de slidas premisas, yo poda demostrar con hechos concretos la posibilidad de asimilar al gnero humano animales de grado superior en la escala zoolgica. Usted dir, de qu manera? Era algo ms difcil de comprender que de realizar: estimu lando, de un lado, los factores orgnicos imprescindibles a esta transformacin y creando, del otro, las circunstancias psquicas inherent es al fenmeno. All estaba la miga del asunto y yo, fray Roberto, era un genio. El religioso pareci sobrecogido de violentas sacudidas. Permaneci en su sitio, sin embargo, y se cuid de no decir nada. All lejos, Altair segu a brillando irnico. —Comprende usted la magnitud de todo aquello? En poco tiempo, las condiciones de laboratorio para verificar mi experimento eran insuperables. Con dos cercopitecoides, del gnero antropoide, algo as como dos chimpancs que servan a mis propsitos, y a los cuales bautic Chip y Chop, me entregue a ese diablico trabajo. Me sent Dios. Volvi a acomodarse en el taburete. Saba que el fra ile lo escuchaba con vivo inters. Su mirada haba ido agradndose. —A nadie comuniqu mi intencin. Poco a poco, y en dosis progresivas, satur a mis animales del suero preteolgico que habra de cambiar su anatoma. Y al mismo tiempo, comenc a emplear lo que llam flujo del hbito, una poderosa fuerza magntica dirigida a transformar su s reflejos cerebrales, a engendrar en ellos el morbo de la insatisfaccin psq uica, privilegio del ser humano. ¡Fue un xito! A la vuelta de pocos meses, Chip y Chop reaccionaban en cierto modo como person as; haban adquirido el hbito del lujo, preferan ciertos ma njares a sus antiguos alimentos. Ahora, el eco lejano de los motetes corales se haba extinguido y un silencio de muerte reinaba en el viejo monasterio de la Trapa. —Fue entonces cuando, una noche, Chip se escapo del laboratorio sin dejar rastros. Me alarm en un principio pues ignoraba cules serian, a fin de cuentas, los resultados de mi experimento. Los monos comenzaron a habituarse al cine, que yo les proyectaba, y a otras r ecreaciones cultas, pero no me era posible albergar una exacta certidumbre respecto a su proceder de maana. Podan convertirse en monstruos, que s yo… por fortuna no ocurri as. Aunque no volv a saber de Chip, el comportamiento de Chop lleg a tal perfeccin, su anatoma s meta morfose con tal xito que, sin aguardar a ms, una buena tarde lo declare hombre. Jadeaba con ansias. —Mis relaciones con Chop, a partir de aquel momento fueron las mismas que informan el rito familiar. Un hijo? Un hermano? Un amigo? No lo s. Comamos en la misma mesa, con mi mujer y mis hijos pequeos, nicos testigos del experimento. Chop (cuya edad era directamente proporcional a su edad antropoide, esto es, el equivalente de unos veinticuatro aos) se distraa con chicas de su edad, estudiaba… una noche ocurri lo imprevisto. Lo chocante. Volva yo de la universidad, donde dictaba agotadores cursos de biologa, cuando sorprend algo extrao en la alcoba de mi mujer. Me apresure a entrar y hgase cargo de mi estupor: ¡en mi propia cama, como un infame, Chop gozaba a m legtima esposa, me traicionaba descaradamente, aprovechndose de aquel atuendo humanoide con que yo, un genio lo haba revestido! Hubo un general estremecimiento que no hubiera podido ubicarse en sitio preciso. Fue como si en la materia, ante la revelacin monstruosa, se crispa ra, hacindose hirsuta, volviendo a s misma. —No me qued ms recurso, fray Roberto, y descerraj un tiro de mi pistola sobre el engendro antinatural dotado de vida humana. Muri casi instantneamente. Pero antes de hacerlo pidi perdn a gritos, revolvindose en el suelo como un puerco. Fray Roberto callaba.

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21—Desde entonces, y aunque tuve corazn para perdonar a la madre de mis hijos, no he vivido tranquilo. Nadie supo nunca la suerte de Chop. Lo sepultamos en el jardn, como un perro. Pero yo me preguntaba: hasta donde alcanza mi culpa? He matado a un hombre o a un animal? Y el interrogante me ha estado, durante aos, secando el alma a pun tillazos. Por eso hoy, muerta ya mi mujer, mis hijos, brillantes profesionales, yo mismo corrodo por la vejez he tocado a la puerta del Cister. Porque quiero desalojar de mi espritu a todos estos intrusos, purificarlos en esta vida de sacrificios. Y mi pregunta, fray Roberto, es esta: acepta la orden del Cister un crim inal en su seno? Soy an te Dios un criminal por haber dado muerte a esa criatura que no era ms que fruto de un cerebro alienado de cientfico? Fray Roberto de Claraval se puso en pie y anduvo hasta su ventana. Altair se destacaba a lo lejos, ms fulgurante cada vez. El fraile pa reca abrumado por el peso de una tristeza sobrenatural cuando dijo: —No hay ms remedio que aceptarlo. Yo no soy juez de los actos humanos. Quin sabe el mal que usted ha hecho extrayendo dos seres del mundo animal pa ra integrarlos al de la metafsica, que es el ms lacerante de los males? Por lo dems, me alegra co nocerlo. Ha de saber que yo soy Chip, el mono que se escap cuando su metamorfosis estaba en proceso. Germn Espinosa Germn Espinosa es uno de los escritores ms representativos de Colombia, autor de las novelas histricas LA TEJEDORA DE CORONAS y LOS CORTEJOS DEL DIABLO entre otras tantas. El cuento que publicamos pertenece a su libro de relatos del mismo nombr e publicado en los comienzos de su carrera literaria en 1965.

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22 MAGIA NEGRA (GREAT ROCK CITY) Ren Rebetez En lo alto de la Casa Blanca ondea la bandera de las estrellas y las barras negras. Un soldado de chocolate, uniformado de azul y quepis rojo, sopla voluptuosamente en el dorado interior de una trompeta. La ciudad surea despierta a los acordes del blues. Los muchachos de brea y miembros largos ren, con una risa blandamente ronca, y las muchachas de ace ite ren tambin descubriendo el teclado de los dientes. La embetunada multitud sale de las casas y los edificios, y se vuelca como un alegre ro de petrleo en la calle mayor. Van tomados de las manos, vistiendo breves tnicas que dejan al descubierto los muslos largos y los pechos enhiestos. Todos son negros. Se desplazan, no caminan, con esa cadencia que los blancos nunca pudieron imitar. La multitud emerge de todos los rincones de la ciuda d, para asistir a una gran conmemo-racin. El anciano consejero est de pie, en medio de la plaza principal, los brazos abiertos emergiendo de los blancos pliegues de la tnica y la mirada blanda po sada en el extrao y doloroso pasado blanco de los negros. La trompeta ha enmudecido, en tanto que los tambores desgranan un ritmo lento. Los tamborileros que rodean al anciano forman una in mensa medialuna, las bocas entreabiertas, las manos acariciando los cueros tensos, cientos de pares de manos negras y de voces balbucientes. La multitud espera y su silencio se ha convertido en un murmullo. Los negr os brazos alados caen del cielo, despacio, como nubes de tormenta y la voz cascada del anciano musita las primeras palabras del ritual. —Ebuo bwalu kemai wa namu... —Oh, hijo de mi madre, un milagro ha sucedido... La multitud hace eco a las viejas palabras del dialect o congols y poco a poco, imperceptiblemente, se mece al ritmo de los tambores. El consejero emite ahora roncos sonido s que se convierten en palabras. El rito es muy lento y las voces bajas, susurrantes. La trompeta desgarra repentinamente el murmullo de tambores y de voces. Es una meloda tensa y melanclica, como los viejos aires de la edad antig ua de los negros. Transmite una tristeza profunda que penetra en los poros y los abre, sangrando sin dolor. Una tris teza sensual se mece ahora como una inmensa hamaca en la plaza mayor de Great Rock City.

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23El anciano balbucea, la multitud corea en un rugido apagado sus palabras, la trompeta horada el aire con un grito de angustia y el ritual tiene lugar aqu y en todas las ciudades a esta misma hora y en poco tiempo los negros bailarn y las palabras y los gestos y la msica entretejern lo s hilos de una historia que se recuerda cada ao desde hace ms de un mileni o. La oscura y sudorosa multitud se fraccionar en grupos, en parejas, como obsidiana que se rompe en largos filamentos negros, en hileras retorcidas por el ritmo, y bailarn en el estilo de los antiguos tiempos una coreografa que narra su verdadera historia, como un libro viviente que nunca pudo ser quemado por ninguna inquisicin. Los dignatarios brujos harn su entrada en las plazas pblicas, coronados de pl umas irisadas, solamente ellos vestidos de tnica escarlata, haciendo alarde de su singular sabidura, poblando el aire de las ciudades de una brisa clida preada de ruidos y estridencias. Una vez ms, como sucede cada ao durante esta celeb racin, crecer yerba fresca y verde bajo los pies descalzos sobre el pavimento de las calles, las lianas bordarn un manto que sofocar los blancos edificios y brotarn orqudeas y parsitas multicolores de los ojos, las orejas y las bocas de las viejas estatuas. La ltima historia ser contada y vivida nuevamente, los brujos ms jvenes mirarn el sacrificio de Joe Bradley, alias Babn, y otros harn el papel de sus verdugos, con espantosas mscaras lvidas adheridas a la oscura piel, en remembranza de la cerlea epider mis de los blancos. Y sobre sus cabezas ondear un penacho dorado y lacio, en remembranza tambin de las cabelleras lacias y doradas de los antiguos amos. Los brujos viejos, a su vez, ceidos por las tnicas de prpura, los babalaos de la era del Color, los Autores de la Dicha y la Desgracia —que siempre viven juntas— lo observarn todo apaciblemente desde sus pedestales, pues al fin y al cabo fueron e llos, como encarnacin de sus ancestros, los autores del Gran Cambio, aunque esto nadie lo sabe a cienci a cierta, porque todo comenz realmente cuando las mujeres blancas comenzaron a entregarse a la negritu d y cuando el “African look”, como una sombra del futuro, lleg para quedarse entre los blancos de manera definitiva. Por ese entonces —lo recuerdo muy bien— algn profeta annimo dibuj un gigantesco grafito futurista que deca: “Dios es negra”, seguramente a sabiendas de que Dios siempre ha tomado la forma, el color y el sexo que le impone el porvenir. II Lo que narran los brujos sucedi hace tiempo en Little Rock City, que as llambase entonces la que hoy se denomina Great Rock, en memoria de la gran venganza de los babalaos. Entonces, tal como hoy, la calle central amodorrada de verano atravesaba la pequea ciudad como un lento helminto blanco. Los edificios eran blancos tambin, como lo siguen siendo ahora, y gruesas cintas blancas sealaban sobre el negro pavimento las seales de trnsito. Aquella tarde el sol caa a plomo sobre la blanca ciudad del sur, que antes haba sido asptica y silenciosa como un gran hospital, como lo eran entonces casi todas las ciudades norteamericanas. Aquella tarde de hace tanto tiempo, una mancha de co lor irrumpi sbitamente en la calle solitaria, se escurri bajo la luz intensa adosndose a las pa redes sombreadas, evitando caminar sobre las blancas seales, tratando de pasar inadvertida. Joe Bradle y —ms conocido como Ba bn— era el hombre ms rpido de la ciudad y en ese momento se desplazaba con el trote largo y elstico de su raza, y sin saberlo, sus pies convertan el pavimento en suave yerba; a su paso la calle se inund de colores y rtmicos sonidos, y su roja sangre lo impuls haci a delante como un combustible de octanaje muy puro. Porque Babn tena fama de ser lo que llaman en Cuba un babalao, o un oungham en Hait, un hombre de poder, lo que la gente del comn entre nosotros llama un brujo. Lo cierto es que era un hombre de respeto para los de su raza y odiado por los del Klan Pero ahora el sudor form aba arroyos en el negro muro de su frente, cayendo en diminutas cascadas por su rostro, esparcindose por los pmulos separados y salientes. Sus ojos estaban abiertos como grandes platos angustiados y su lengua lubricaba febrilmente los labios de orqudea.

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24Babn respiraba con regularidad de mquina, como una bruida “diesel” negra escapando calle arriba, en su vertiginosa huida. La calle despert bajo el aullar repentino de los neumticos. Los que perseguan a Bradley eran tres vehculos deportivos, bajos y largos, devorando la distancia que los separaba de su presa, atestados de hombres blancos de cabezas doradas empujando hasta el fondo los aceleradores, dejando una estela de monxido de carbono flotando tras de ellos. Sabuesos metlicos refulgentes, su s cilindros jadeaban bu scando al negro. Sona ron los cuernos de caza del lejano siglo XX y los jinetes vociferaron su himno blanco de odio. Chuck Corrigan, de la junta de mejoras pblicas —distinguido miembro del partido re publicano y presidente secreto del Klan—, iba al volante del primer auto, mascando un tabaco extinto, los ojos de un azul elctrico horadando el espacio en busca de la presa de ojos negros palpitantes. Las aletas de su nariz eran como branquias y el sudor haca lagunas en su camisa floreada. En las noches de reunin del Klan, bajo la negra capucha cnica, sus meninges haban fabricado obsesivamente las secuencias de esta persecucin fa bricada por la odiosa retrica de sus inflamados discursos. El negro Bradley era odiado por ser el mejor deportista de Little Rock y ser lder de su comunidad. Como si esto fuera poco Babn tena fama de brujo y de profesar antiguas religiones paganas en secreto, lo que aceleraba hasta el par oxismo el odio de algunos hacia l. Corrigan era el representante de ese odio y ahora ese mismo odio bomb ea en oleadas vertiginosas la sangre hasta su cara enrojecida y masca el tabaco con furia. Grita en el tropel de la cacera humana y su pie derecho espolea los 200 caballos que bufan dentro del motor del convertible anaranjado. El negro escucha a sus espaldas el aullar de los neumticos y el rugir de los tubos de escape. Sus ojos, como un par de perros extraviados, buscan una salida, un escondite. Su respiracin acompasada se ha convertido en un violento jadear y las venas de sus sienes parecen estallar. Sus piernas se han vuelto de algodn y los msculos de su torso se contraen dolorosamente. Est a punto de caer, como una mancha de aceite sobre el pavimento gris. III Esto es lo que ha venido narrando hasta ahora la ceremonia de la Gran Conmemoracin, por boca del anciano consejero y el coro de los babalaos. De un momento a otro sobreviene el silencio. Los dedos color malva no percuten ms los cueros; quedan tensos a pocos milmetros de las pieles de becerro. Los cuerpos de los danzantes ya no se estremecen, y todo el pueblo ha quedado esttico en alguna precaria posicin. Han detenido el tiempo. La ciudad es Ba bn a punto de caer, Babn jadeante, Babn violceo, Babn a punto de ser arrollado, triturado, enquistado en el asfalto como grava humana. La voz del consejero sisea como un chasquido en el silencio: —Ngayi kwetu wa kwu mulengele mpatu... —Regreso a mi lugar, all dond e crecen bellos rboles... Los tambores recomienzan, la multitud repite: a ll donde crecen bellos rboles —la multitud baila— donde el leopardo da caza a los espritus del Calabar —la multitud corea las antiguas palabras africanas— donde el toque del conjuro llama a Tanze1 en ayuda de mi tribu —la trompeta lanza un grito agudo y persistente— llama a Tanze para que hagamos tambores de la piel de nuestros enemigos —la ciudad repite el mismo conjuro que pronunciara Jo e Bradley, Babn, hace tanto, tanto tiempo, las palabras que l pronunciara en aquel preciso instante, antes de ser arrollado, realmente dichas quin sabe por quin, desde muy lejos, desde mucho ante s que el mismo Babn existiera: llama a Tanze para que el conjuro caiga sobre ellos, para que sus hijos... IV

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25 Babn es alcanzado por el primer coche, el sabueso anaranjado que lo golpea de frente, enviando su cuerpo cinco metros adelante. Los coches restantes buscan el cuerpo aceitunado, los neumticos pasan a muchas millas de velocidad sobre el cuerpo de Joe Bradley —alias Babn—, una y otra vez, deshaciendo sus largos muslos, triturando los anchos huesos del negro, reventando la caja del crneo, esparciendo por doquier las rojas vsceras sangrant es. Rechinan los frenos, y como en las estpidas series de televisin que ellos mismos inventaron, hacen cabriolas fricas y vuelven a pasar sobre l; buscan con saa lo que queda de Babn y lo matan 50, muchas veces, hasta que de l no queda nada, slo manchas y jirones sobre el pavimento. Reviviendo ese momento, la multitud delira frenticamente, las tnicas se desgarran, los cuerpos ruedan en trance por el suelo. Cada uno de ellos es Babn y sufre y se convulsiona con l en su agona y aquello no cesa hasta que el trance es colectivo y la negra multitud yace postrada en un sueo poblado de extraas deidades. La magia hoy, como una vez todos los aos, se enseo rea de la ciudad: los cu erpos yacen en la mullida yerba que acaba de nacer y slo despertarn hasta ms tarde, cuando sus mentes hayan vivido en sueos la ltima parte del ritual. Es el momento en que la vegetacin exuberante se apodera de la ciudad. Las lianas reptan por las paredes de los edificios y hay mudos estallidos de color por todas partes. V Las Escrituras Negras dicen que Chuck Corrigan, poco tiempo despus de haber asesinado a Babn, se encontraba paseando su opulenta figura en la sala de espera de la seccin de maternidad del hospital de la que entonces se llamaba Little Rock City. Sus dientes triscan nerviosamente lo que queda de un tabaco apagado y maloliente. Su nerviosismo se debe a que su mujer, una gran rubia, casi albina, est pariendo el sexto retoo de los Corrigan. No obstante, Chuck tiene ms razones para estar nervioso; furiosamente aplasta por dcima vez una orqudea que brota a cada rato de entre las baldosas. Ser cierto aquello de la maldicin y del conjuro que los fuckin niggers dicen que arroj el pinche Babn contra los blancos? Se ampara de su pauelo y seca su frente sudorosa. Desde hace algunos das su ceden cosas muy extraas. Es para volverse loco, y piensa que se deben a la temperatura del vera no sofocante los espejismos que le hacen ver endemoniadas plantas tropicales creciendo aqu y all y en todas partes. Va hacia la ventana y separa con mano febril la cortina vegetal que oculta la calle. Ve cmo afuera las palmeras han crecido embrujadamente rpido, obstruyendo el paso de los vehculos; no sabe si es su imaginacin o una insensata realidad. Se retira de la ventana y tiene miedo de regresar a ella, porque entonces tal vez todo haya desaparecido. Las maldita s plantas brotan, estn ah repentinamente y luego desaparecen y vuelven a surgir inesperadamente. Ayer crey entrever una flor gigantesca y velluda, sembrada de asquerosas pecas, muy parecida a la que aparece en una de las lminas del libro de botnica que habla de esas plantas carnvoras que abundan en ciertas regiones del frica. Tropieza, lanza un juramento y ve cmo su pie se ha enredado en una liana que avanza lentamente sobre el piso de la sala de espera hasta desaparecer por los largos corredores. Minutos ms tarde no hay rastro de ella porque las baldosas se han cubierto repentinamente de un tapiz de flores rojas como amapolas diminutas. Su aroma es embriagante y alucinador. Ah viene la enfermera, abrindose paso por entr e la maleza que ha crecido en los corredores y se sorprende a s mismo diciendo, para fingir indiferencia: “No son lindas estas flores, seorita Liliane?”. Para preguntar despus, en tono de forzada broma al observar el rostro aterrorizado de la mujer: “No habr sido nia esta vez, verdad?”. La enfermera baja la cabeza. Chuck comprende que ha acertado: se trata de una hembra. La enfermera no levanta la cabeza. Chuck arranca vigorosamente un lirio negro que acaba de surgir de la pared, diciendo:

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26“Quiero ver pronto a mi hija, con dzcame hasta all inmediatamente”. Sigue a la enfermera muda y cabizbaja a travs de los pasillos sembrados de musgo, hasta la salacuna. Es la nmero 23, dice la nurse, empecinada en no levantar cabeza, y Chuck Co rrigan se dirige hacia la cuna azul. En su interior hay un hermoso beb negro que lo mira con ojos apacibles, muy abiertos. Oye a lo lejos, entre la espesura, la voz de la enfermera: “¡Mire usted las otras cunas, seor Corrigan... las otras cunas, por amor de Dios!”. ¡Todos son negros! Y desde entonces, no hubo ya nunca ms nios blancos jugando en las calles y en los parques de la ciudad. Ya no habra nios blancos, ni adolescentes blancos, ni adultos blancos. Ningn blanco... VI La ceremonia ha terminado. La bulliciosa multitud de brea despierta de su sueo embrujado y se esparce por las calles. Es de noche y la msica de jazz y de reggae desborda con la luz de todas las ventanas. Great Rock City ha llegado al final de una nueva conmemoracin. Ha terminado el da en que, una vez por ao, siempre en verano, la magia del Calabar convierte a la ciudad, durante algunas horas, en una espesa jungla de colores intensos. Pero hay quien dice que durante el invierno algunos han visto caer copos de una espesa, algodonada y negra nieve. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Tomado de Revista Nmero. Carrera 21 N85 -40 Bogot, Colombia numero@elsitio.net.co

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27 Antonio Mora Vlez Aquella era una noche fra de saturnal, el mes de las lluvias, con un cielo encapotado que no permita ver la luz de la luna. Las calles estaban solas y las pantallas del alumbrado languidecan misteriosamente, como si la en erga hubiera optado por el atajo de Carnot y se perdiera en ese impreciso lugar en donde el fuego se libera de sus alas para retomar el ciclo. Me dispona a salir de una tabern a del tipo alemn situada en el populoso sector de Mocari. Haba estado all en la agradable compaa de mis amigos de tertulia. Durante horas y horas habamos hablado de poltica, de mujeres, de rones, de las ltimas decisiones de Multivac. Y la conversacin giraba y giraba, alrededor de uno y otro tema, y a los odos de cualquier parroquiano del siglo XXXII era como si nada hubiera cambiado sobre la faz del Caribe despus del Gran Salto. Nabo y Castillejo, mis eternos compaeros de farra haban consumido quince sifones de cerveza rubia con pitillos enervantes. Yo, en cambio, por el temor de mi Gota, apenas si inger un par de whiskys dobles en la roca que el barman muy gentilmente accedi a venderme no obstan te las restricciones del da ordenadas por la seccin etlica de Multivac. Yo estaba aburrido, es lo que quiero decir, de modo que no hay razn alguna para atribuirle al alcohol la procedencia de todo mi dicho, de lo que mis ojos vi eron esa noche despus de la juerga. Juro que es tan verdad como la luz que ahora contemplo en esta hermosa terraza de plasma csmico que me hace recordar los viejos tiempos de mi estancia en Tierra Santa, de cuando era un principiante en comunicacin social y jugaba con las palabras de la jerga en la elaboracin de intrincados poemas matemticos que ni yo mismo lograba descifrar. Sal como a las doce y cuarto de la taberna, solo. Castillejo trat de detenerme con su verbo y con esa prosopopeya tan suya pero tan ostensiblemente impostada, dicindome que no habamos terminado el tema de los decibeles nticos, pero yo lo desped cortsmente, hacindole un gracejo con su estilo de antiguo lord ingls pero vestid o de hojalata, y apelando a mis conocidos achaques articulares. Intent tomar un troley pero la hora no era la ms apropiada y me decid entonces por un robotaxi que pas justo a los diez minutos de la espera. Lo abord y le dije mi direccin de llegada. Su cerebro prodigioso me respondi que tendra que hacer un ligero rodeo antes de llegar ya que se haba producido un crimen por el sector y varias ca lles se encontraban interceptadas. —Muy bien, como usted ordene —le contest—. El vehculo inici la marcha por el carril interior de la autopista y yo me recost en el espaldar de la butaca, intentando dormir durante el recorrido. Eran ya las doce y media de la madrugada del sbado, hora en la que, segn los noticieros breves, salan a cumplir con su oficio los llamados ejecutores del tie mpo, los correctores de la historia que anticipara genialmente Isaac Asimov en su polmico Fin de la eternidad a fines del milenio anterior. Tal vez por esa circunstancia las calles se hallaban ms solitarias que de costumbre. Nunca se saba en qu lugar y hora exacta de esa franja de la madrugada, poda aparecer un auto fantasma con un grupo de ejecutores dentro. Para ellos, qu duda cabe, todo noctmbulo era potencialmente un candidato a la dulce muerte de los dardos de luz disparados como si fueran sencillas proyecciones de cine digital. El auto ciberntico avanzaba raudo por la avenida de Los Fundadores, conmigo en su interior totalmente despreocupado de la ciudad. La suave brisa de las primeras horas despeinaba ligeramente el perfil del sector. La avenida y sus alrededores parecan un cuadro fugaz de Piescarollo, el maestro de la nueva pintura vibrtil. Yo me sumerga en el recuerdo de mis noches de bohemia en La nueva Ola de cuando era un simple perifoneador de

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28comerciales en la Radio Ambiental. El tablero de mando del robotaxi ejecutaba una sonata de colores alternados que yo mir de reojo simplemente. A la altura de la calle 681 el cerebro del auto me dijo, alzando la voz para volverme en m: ¡Viene un carro fantasma por la autopista paralela! Yo abr los ojos y me acerqu a la ventana izquierda para observarlo. El robotaxi sigui su marcha normalmente. Yo permaneca adherido al vidrio, contemplando el raudo desplazamiento del auto fantasma. Era algo que no poda de jar de hacer; se trataba de un grupo de ejecutores y siempre quise verlos en accin. Al pasar casi frente a m pude observar que uno de los ejecutores disparaba un flash en direccin nuestra. La luz arrop mi rostro durante una fraccin de segundo y yo me sent en el instante feto, nio, joven, adulto, en sucesin fantstica, como si mi vida se hubiera repetido en un filme que me era introproyectado sinicamente. El robotaxi me dijo entonces: No cabe discusin, se trata de un equipo de ejecutores en plena accin. Yo mismo le he sentido. —¡Sigmosle! —le orden. El auto titube, lo cual quiere decir, en trminos de cibermecnica, que aceler y desaceler en forma imprecisa. Al tomar la curva de unin de las dos autopistas casi nos chocamos con uno de los postes de oxgeno de la entreva. Despus de recobrado el control, el parlante del carro me dijo: Est usted seguro de lo que me pide? —¡Por supuesto que s! —le contest—. Soy periodista y no puedo perder esta oportunidad de cubrir una ejecucin. Que tal que sea un ajuste histrico. Podr anunciarle al mundo del futuro que una posible lnea de desarrollo queda borrada de la lista… A veces creo qu e las aparentes contingencias de la historia se deben a este tipo de ajustes y no a la simple casualidad. ¡La razn estara de parte de Demcrito, despus de tantos siglos…! Demcrito? O era tal vez Herclito? Se inici entonces la persecucin. De no haber sido por el mismo carro fantasma, le hubiera resultado imposible a mi robotaxi darle alcance. Pero el vehculo de los ejecutores se det uvo unos cuantos kilmetros adelante, enfrente de lo que pareca ser un viejo motel abandonado. Cuando llegamos –mi auto y yo– vimos que los dos ejecutores, vestidos como se deca que vestan, esto es, con buzos plateados y con cascos brillantes, tocaban la puerta del edificio mientras se ajustaban las viseras. Al menos eso me pareci. Eso cre. El robotaxi se acerc al lugar de estacionamiento del carro fantasma. Se detuvo y yo me baj lentamente, con la precaucin vista en las dos figuras, en esos dos viajeros del tiempo que estaban a punto de introducir una ligera variacin en la historia. ¡O tal vez un cambio radical! De ellos se saba – de tiempo atrs– por la literatura. ¡Fantasas!, decan muchos. Lo que jams se pens fue que verlos en accin se convertira, con el correr de los siglos, en una de las ms emocionantes aventuras de la informacin. Ni siquiera Asimov pudo imaginar que para ser ejecutor haba que reunir un mundo sin par de condiciones; estar a prueba de rectificaciones, si n resquicio alguno por do nde pudiera penetrar el enjuiciamiento rigurosamente lgico de los Ordenadores. Como si dijramos: ¡Un ejecutor jams poda ser ejecutado! Y yo estaba all, delicioso privilegio, observndolos en el preludio de una ejecucin que no sabra si calificar de sublime o justiciera, pero que era a toda s luces necesaria, si los Ordenadores, esos sabios inmensos del siglo XXX, lo haban decidido as en beneficio de la estirpe humana. Era una especie de ciruga para extirpar un tejido malo que no convena al desarrollo armnico del cuerpo, haba dicho alguna vez en uno de mis informes de referencia Y los ejecutores no fallaban. Jams se equivocaban. Por eso la historia del siglo XXXII transcurra sin perturbaciones. Toda fuente de perturbacin era ejecutada, extirpada, antes de que pudieran estabilizarse sus secuelas, ¡as de sencillo y de maravilloso! Avanc unos pasos con mi tarjeta de informador en alto. Soy periodista dije en voz alta. Los ejecutores me miraron serios y uno de ellos bl andi su espada de luz y la puso en direccin ma. Te esperbamos me respondi. Un corrientazo cruz por mi cuerpo en todas direcci ones y yo qued paralizado, impvido, con el temor a la muerte sembrado en mis ojos y la vista fija en las dos figuras de plateado que me observaban serenos, sin el menor asomo de impaciencia o dubitacin en sus rostros y cuerpos.

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29—A m? —les pregunt, todava con la esperanza de que me estuvieran jugando una broma para castigar mi osada de reportero. —Hemos estudiando tu prontuario y estamos seguros de que eres la persona que buscamos. T te llamas Marcos Antonio? —S —les contest. —Y estamos en el siglo XXXII? —interrog el otro. —¡Exactamente! —le dije. —Entonces eres la persona que buscamos. El dictado retrospectivo de tus lneas vitales as lo indican… Record al instante el flash que me encegueci minutos antes y que me hizo sentir feto, nio, joven y adulto al borde de la muerte, en sucesin rpida del pensamiento. —Qu es lo que mis descendientes han hecho o intentad o hacer en el siglo de ustedes? —les pregunt. —Nada. No hicieron nada que valiera la pena. Justamente por eso los Ordenadores creyeron necesaria tu eliminacin en el programa de proyecciones de este siglo hacia el futuro Al no implicar cambios progresivos, tu existencia se convierte, an en tu presente, en superflua. Yo guard silencio entonces y esper la accin. El robotaxi segua las palabras de los viajeros del tiempo desde su lugar de estacionamiento. Y desde all pudo ver el rayo de luz que acab con mi vida. Dijo entonces para s: Los ejecutores jams fallan. Lo s ejecutores jams se equivocan Antonio Mora Vlez Antonio Mora Vlez es abogado y profesor universitario. Autor de los libros de cuentos GLITZA (1979), EL JUICIO DE LOS DIOSES (1982) y LORNA ES UNA MUJER (1986), del ensayo de CF: EL HUMANISMO DE HOY (1996) y de los poemarios LOS CAMINANTES DEL CIELO (1999), EL FUEGO DE LOS DIOSES (2001) y LOS JINETES DEL RECUERDO (2004, este ltimo en la web). Antologado por Dana Chaviano en JOYAS DE LA CF La Habana, 1989. El relato de esta antologa hace parte del libro LORNA ES UNA MUJER editado por el Centro Colombo-americano de Bogot.

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30UNA CARACTERIZACION GENELOGICA DE LA CIENCIA FICCION: 18 PUNTOS DE DISCUSION acerca de la ciencia ficcin en Colombia Ricardo Burgos Tomado de: La ciencia ficcin en Colombia. Tesis de Maestra. Bogot: Universidad Javeriana, 1998 Como ya hemos visto en la introduccin, la car acterizacin de un gnero demanda determinar qu temticas aborda, cules son sus intenciones comunicativas y qu clase rasgos formales utiliza (1). Adems tal caracterizacin debe esclarecer su evoluc in histrica y su grado de universalidad (en qu modo se hace presente el genero en distintas culturas y lenguas) (2) En este apartado intentaremos esa caracterizacin genolgica, advirtiendo eso s que no in cluiremos la historia del genero y su grado de universalidad, pues estos tpicos se profundizan en apartes posteriores (el grado de universalidad sobre todo, lo examinaremos en relacin con la ciencia ficci n en Amrica Latina y en Colombia). As mismo, aclaramos que las temticas de la ciencia ficcin se tocan tangencialmente, pues tambin sern objeto de ampliacin en otro apartado. De igual modo, consideramos importante especificar que de ninguna manera la enumeracin ulterior puede considerarse la ltima palabra al respecto; la verdad es que ningn gnero puede delimitarse exhaustivamente, y cualquier taxonoma deja algo por fuera. Las posiciones posteriores ms bien son aproximaciones a la ciencia ficcin, cuyo valor es sobre todo heurstico (es decir, su validez radica en proporcionarnos un marco para adelantar la investigacin, ms que en contestar definitivamente algo). Recapitulando lo que hasta ahora hemo s dilucidado acerca de la ciencia ficcin en los sub. Captulos 1 a 5, podramos apuntar las siguientes lneas generales (3) • Aunque fundamentalmente la ciencia ficcin es una “literatura de ideas”, en el momento actual la profusin de tendencias al interior del gnero permite argir que no es exclusivamente eso. A pesar de no constituir la mayor parte de la produccin en el gnero, la ciencia ficcin que enfatiza la exploracin interior de los personajes y la experimentacin formal y de lenguaje, s constituye una fraccin suficientemente significativa como para matizar aquella afirmacin. • Para usar palabras de Rebetez, cada vez ms se tiene hacia la ciencia fi ccin ontolgica” (4) El gnero ha comprendido que sus problemas no son tanto los epistemolgicos (los derivados del conocimiento cientfico o no) si no los mismos de la literatura naturalista: deshumanizacin, enajenacin, soledad, comunicacin con el otro, etc. La diferencia con la literatura naturalista estara en que la ciencia ficcin es uno de los gneros que para abordar el misterio humano no renuncia ni a la aventura ni a los significantes exticos. • Junto a la vertiente antolgica, cada vez es ms claro que la ciencia ficcin tambin pretende ser un juicio histrico. Los motivos tpicos de la ciencia ficcin son sobre todo un medio para evaluar la poca o ambiente emprico que rodeaba al autor al momento de crear la obra. Contra lo que se cree, los motivos el progreso cientfico-tcnico o del futuro, son ms medios que fines del gnero. • Al hablar de la relacin literatura fantstica (a la cual perteneced prioritariamente la ciencia ficcin) y literatura naturalista, ms que de corriente principal y corriente subterrnea de la literatura debe hablarse de dos corrientes principales del arte literario occide ntal en la Modernidad. Lo que sucede es que a la literatura fantstica se la carg con el pecado de gustarle a la gente y no slo a los crticos del establecimiento.

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31• La vertiente bsica de la ciencia ficcin es la r acionalista pero aqu tambin sucede lo de la primera tesis: No es exclusivamente eso. Junto a esa vertie nte aparecen tambin la antirracionalista (ya sea en modalidad mstica, mtica o gtica, que propone paradi gmas y cosmovisiones alternas a la racional) y la irracionalista (o ciencia ficcin nihilstica y del vaco que nada propone ) (5). • En general el gnero muestra una punzante co nciencia de la relatividad. Como acontece con la literatura desde la Modernidad absolutamente todo se considera modificable y sujeto a crtica. Para el gnero no hay estructuras ni poderes soci ales inmutables, el hombres e haya en permanente evolucin (6) De hecho, la ciencia ficcin podra definirse muy sencillamente como la literatura que de modo constante insiste en que la historia no ha terminado con la sociedad posindustrial (7) como la literatura que rachaza el fin de la historia (por s upuesto, esto no es totalmente vlido en las lneas no racionalistas). • En la vertiente racionalista, las condiciones bsicas del gnero son el extraamiento y la cognicin, el ocurrir dentro y no por fuera de la historia, la suposicin neutral respecto de los esfuerzos humanos, la exclusin de lo sobrenatural. Las lneas no racionalistas slo comparten con la racionalista la condicin del extraamiento pero pueden alterar todas las dems. • Por ser habitualmente (no siempre) “imaginacin razonada” (raciocinio a partir de un hecho fantstico) la ciencia ficcin es concebible como un hbrido de literatura fantstica y naturalista. • La ciencia ficcin por lo menos se mueve en dos niveles distintos: En el primero responde primariamente al deseo de maravillas e historias propio del hombre, se limita a buscar el asombro, el juego, quiere emocionar y no tanto simbolizar. En este nivel (8) el gnero responde al deseo perenne del hombre de conocer aventuras fabulosas, peripecias qu e agiganten al hombre. En el segundo –adems de los objetivos del primer nivelquiere proponerse como un smbolo y como un motivo de meditacin, quieren como apuntan Acholes y Rabkinservirse de la narrativa para ingresar al terreno de la tica, de la filosofa practica y especulativa (9) A la hora de juzgar la ciencia ficcin es bsico determinar el nivel en que se mueve el texto. • Otra perspectiva para la ciencia ficcin revela qu e es necesario distinguir la ciencia ficcin de folletn (o ciencia ficcin subliteraria) de la ciencia ficcin ms sugerente y madura. • A despecho de distintos autores que cierran en exces o al mbito de la cienci a ficcin y expulsan de su seno a la opera especial, la novela de espada y bruj era, el “romance cientfico” a lo Verne y tantos otros subgneros, nuestro criterio es le de suponer la ciencia ficcin desde una perspectiva generosa y pluralista donde tienen cabida dismiles subgneros y tendencias. No llegaramos al extremo de proclamar –como hace el crtico y autor Reginald Br etnerque la ciencia ficcin es “un genero mucho ms amplio que todo el resto de la literatura en su conjunto” (10) ; no obstante, compartimos la aseveracin de Gattgno segn la cual, la palabra “gn ero” resulta insatisfactoria para aplicarla a la ciencia ficcin pues en ella pueden encontrarse prcti camente todos los estilos, todas las formas clsicas y modernas de la literatura naturalista (11) Nos pa rece evidente que la ciencia ficcin en la actualidad ha crecido tanto respecto de sus comienzos, que de pronto por esa misma desmesura ya no es tan fcil visualizarla ( y quiz tambin por ello autores como Aldiss o Rebetez han supuesto que la ciencia ficcin como gnero ya no existe). Si por cien cia ficcin se entiende una mirada estrictamente racionalista como la predominante en los aos 40 y 50 en los Estados Unidos, es incuestionable que entonces la ciencia ficcin no existe, pues la lnea racionalista ya no constituye “la ciencia ficcin” sino “una ms de las cienciasficciones” Si por ciencia ficcin se entiend e la lnea humanista de ella, entonces la ciencia ficcin no existe, porque esa es hoy, slo una ms de la cienciasficciones. En tanto ha multiplicado sus direcciones, estilo s, subgneros y cruces con la otra tradicin de la literatura occidental moderna, tal vez sera mejor hablar de las cienciasficciones” que de la ciencia ficcin” (trmino que de algn modo da a entender una unidad o uniformidad de criterios y estilos que est muy lejos de poseer). Dado el hervidero de cambios que hoy la recorren, es que resulta cierto que para cualquier afirmacin vlida sobre la ciencia ficcin siempre es fact ible hallar su contraafirmacion tambin vlida. Por ahora, sin pretender zanjar la discusin, contentmonos con visualizar la ciencia ficcin como un macrognero o tradicin afortunadamente integrada por distintas cosmovisiones y pticas, y no tanto por un solo enfoque. Convengam os en que llamaremos “gnero” a la ciencia ficcin

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32ms por comodidad de anlisis, que por estar convenci dos de que tal trmino refleje su naturaleza (12) Recordemos –esos sque la extensin del cam po obliga a matizar cons tantemente cualquier informacin que pueda proponerse. • Cada vez ms la ciencia ficcin tiende a concebirse como puro artefacto de lenguaje; por ello, si hasta los aos 60, el gnero era fantstico sustancialmente por lo que narraba y no por el modo de hacerlo, en la dcada referida tiende a tornarse fantstico en los dos sentidos. Sintetizadas as las lneas generales hasta ahora rese adas, enumeremos entonces otras particularidades que una delimitacin genolgica debera contemplar. • Existe una discusin acerca de cual es el modelo b sico de la ciencia ficcin: Si el de extrapolacin o el de analoga. Segn los primeros, la funcin b sica de la ciencia ficcin es hacer futurologa, determinar cules pueden ser las consecuencias futuras de eventos actuales (13) (esa por ejemplo es la opinin de Campbell para quien –siguiendo la lnea Vernela ciencia ficcin es sobretodo una herramienta predictiva (14), y en general esa es una tesis muy recurrente al hablar del gnero; Rebetez – por ejemplomanifiesta que “el es critor de ciencia ficcin… se dedica al ejercicio de la profeca, una profesin ingrata si las hay” ) (15): Segn los segundos, la funcin bsica de la ciencia ficcin es la analgica al presente del autor. Pa ra los partidarios de esta segunda posicin, el modelo extrapolatorio no considera que la transformaci n cientfico-tcnica conlleva tamb in transformaciones de carcter valorativo y social, y habitualmentecomo haca Verne o an lo hace la opera espacialpresenta un mundo tecnolgicamente avanzado pero conviviendo con las mismas relaciones humanas y los mismos valores del presente. La ciencia ficcin de extrapolaci n supone que en el futuro slo se modificar la tecnologa pero sin tener en cuenta el impacto que ello entraara en otros rdenes sociales (16) A nuestro modo de ver, la cienci a ficcin slo es extrapolatoria accidentalmente pero en cambio es analgica de modo sustancial. Contra lo que algunos pregonan, la prediccin en ciencia ficcin es un accidente pero no un objetivo, lo que sucede es que los escritores de ciencia ficcin han escrito tanto y sobre tantas cosas que es irremediable que un montn de estas “profecas” se rea licen (17) El valor de la ciencia ficcin-fuera de los apuntados en primer nivel: emocionar, divertir, jugarest sobretodo en posibilitarnos una visin crtica del presente que rodea al autor y no en que acierte o no una prediccin. Como ya se anot desde el principio, la ciencia fisin es un modo de poner en perspectiva nuestra cultura al compararla con otra. Es un modo de hablar de nosotros mismos aunque para ello use el marciano de diminuta estatura, gran cabezota y piel verde. Como enseaba Bo rges: “hay unas pocas experiencias fundamentales y es indi ferente que un escritor, para transm itirlas, recurra a lo “fantstico” o a lo “real”, a Macbeth o a Raskolni kov, a la invasin de Blgica en agosto de 1924 o a una invasin de Marte” (18) • Usando la clasificacin de Northrop Frye acerca de las formas de ficcin en prosa, encontraramos que el grueso de la ciencia ficcin es una “Anatoma”: una narracin basada en ideas ms que en vidas, de las que el ejemplo paradigmtico son los cuentos filosficos del siglo XVIII (19) La anatoma trata de acritudes mentales y no de gente real, es ms alegrica que naturalista y por ende no es juzgable desde los criterios de la novela psicolgica (20) (o por lo menos lo es, pero invocando bastantes salvedades). • El extraamiento (o marco formal no mimtico) propio de la ciencia ficcin se consigue mediante la introduccin de un “Novel” El novum es un fenmeno o realizacin totalizadora que se desva de la norma de la realidad del autor o lector implcito; es una innovacin que m odifica todo el universo. Como novum pueden actuar una invencin (un aparato, una tcnica, un fenmeno, una relacin), un mbito (una ubicacin espacio-tem poral dada), un agente (persona je o personajes principales) o relaciones nuevas y desconocidas en el contexto que rodea el autor (ejemplo sera la mano izquierda de la oscuridad (1969) de Ursula K. le Guin donde toda la obra est determinada porque un humano visita un planeta de seres ambisexuales, individuos que pueden actuar indistintamente como hombres o como mujeres, y que por ello no son ni hombres ni mujeres sino sexualmente neutros). El novum se considera tal desde el punto de vista del ambiente que envuelve al autor, pues el devenir histrico puede transformar en algo corriente lo qu e en otra poca se consideraba una novedad. s mismo, ese novum debe ser hegemnico en el relato, determinar de modo capital la lgica total del mismo, un relato no se cataloga como ciencia ficcin slo porque introduzca algn novum acces orio (como sucede en la serie de James Bond que no es ciencia fi ccin aunque, por ejemplo, el agente ingls pueda estar armado de un reloj que dispare ratos lser, perfectamente la narracin podr prescindir de este novum adventicio sin

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33sufrir mayor menoscabo). En la ciencia ficci n racionalista el novum se halla validado cognoscitivamente por la lgica cientfica, en la ciencia ficcin no racionalista se admite un novum validado por lgicas distintas (21) • La ciencia ficcin es una literatura de estirpe cl sica que en especial desde la dcada del 60, acusa cada vez ms una vertiente barroca. La mayor parte de la ciencia ficcin es una literatura donde prima lo que se cuenta, la unidad, la organizacin, la prem editacin sobre la incohere ncia. Es literatura –como acota Borgesque “tiene la virtud de recordar a los au tores que la obra de arte debe tener un principio, un medio y un fin”, que ha de mostrar orden y regularidad (22) De hecho, el descuido formal de muchos textos de ciencia ficcin no es bice para crear obras validadas, un ejemplo es Hacedor de Estrellas (1937) de Olaf Stapledon, texto en quien Borges ve un estilo descuidado que no le impide calificarla de “prodigiosa novela”(23), otra muestra serian las novelas de Arthur C. Clarke, obras catalogadas como de prosa mediocre que sin embargo no les impiden ser textos fascinantes (24) La ciencia ficcin desafa la supersticiosa “tica del l ector” en tanto demuestra que se pueden crear libros buenos con prosa spera y color incluso ms pobre cu ando recordamos las espantosas traducciones que adems ha debido padecer al vertirse al espaol. Pero bien ese no es el caso. Por ahora nos basta anotar que desde los 60 se abre paso una ciencia ficcin ms catica, ms consciente de la forma, ms preocupada por eso que Unanumo llamaba “tecniqueras”. La ciencia ficcin barroca podra entenderse como un rango ms que demuestra la plena madurez del gnero. • Desde el punto de vista de las formas, la ciencia ficcin es un gnero que usa primordialmente las de gneros fantsticos que le procedieron como las variedades mtico-folclricas, las utopas y pastorales. As mismo usa un gnero limtrofe entre la literatura naturalista y la fantstica, que es la novela de aventuras bajo la modalidad del viaje maravilloso. No obstante, si las anteriores podran ser las formas bsicas del gnero, tambin se pueden anotar otras con las cuales actualmente no cesa de cruzarse y de las cueles ya citamos algunos ejemplos, como la literatura de terror, la policial, el cuento de hadas, la literatura del absurdo y la metaficcional. Sobre los temas de la ciencia ficcin existen mltiples respuestas. Segn Acholes y Rabkin son de dos clases: mundos imaginarios o temas de origen fsico (viajes espaciales y viajes temporales con todo lo que de all se deduce) y seres imaginarios o temas de origen biolgico (seres no humanos ya sean construcciones artificiales (robots y androides) o extraterrestres, prob lemas de carcter sexual y racial que de all podran derivarse) (25) Para Gattgno los tres temas bsicos son: la relacin hombresociedad (donde se analizan utopas, impacto de la tecnologa, progreso de los conocimientos, y futuro del hombre), mundos extraos y extraterrestres (exploraciones espaciales y contacto con los seres de esos mundos) y el tiempo (26). Segn Mora Vlez tambi n seran tres: viajes en el tiempo, viajes en el espacio, y problemas originados por las ciencias y por la evolucin del hombre y la sociedad (27) La verdad es que cualquier clasificaci n podra ser til y por lo menos para nuestro caso consideraremos una similar a la de Mora Vlez. De acuerdo con ella, dividiremos en cuatro los temas del gnero: Viaje en el tiempo, Viaje en el espacio, problemas derivados de la ciencia y la tecnologa, y por ltimo utopas y antiutopas. NOTAS 1 Ryan, op. Cit., p. 260-263 2 Guilln, op. Cit., captulo XII 3 Soy conciente de que varias de estas afirmacione s pueden resultar repetitivas pero tambin es cierto que tal inconveniente me parece preferible a una caracterizacin genolgica incompleta. 4 Entrevista personal, Bogot, Octubre 8 de 1996. 5 O ms, bien que propone el vaco. 6 Manuel Baldomero y Gloria Martnez, La ciencia ficcin, un gnero literario en manos de cientficos. En Manuel Baldomero et al, Julio Verne, Cali, Editorial Norma, 1980, pp. 45. 7 Suvin, op. Cit., p. 118. 8 Fernando Savater, Sobre el pasado fantstico y el futuro imposible, En Savater, op., cir. P. 136. 9 Acholes y Rabkin, op. Cit., p. 211 10 Amis, op. Cit., p. 53

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3411 Gattgno, op. Cit., p. 103 12 Como bien anota Rebetez, el nombre de “ciencia ficcin” ya le queda estrecho. 13 Suvin, op. Cit., p. 108. 14 Steven Tagle, Science Fiction as Simulation Game, en Thomas D. Clareson (Editor), op. cit., p. 224. 15 Ren Rebetez, El mito de la ciencia ficcin, En Ren Rebetez, Ellos lo llaman amanecer y otros relatos, Bogot, Tercer Mundo Editores, 1996, p. xii. 16 Suvin, op. Cit., p. 110-111. 17Gattgno, op. Cit., p. 93 18 Jorge Lus Borges, Prlogo a “Crnicas Marc ianas”, En Ray Bradbury, op. Cit., p. 9. 19 Guilln, op. Cit., p. 153. 20 Suvin, op. Cit., p. 79 21 Ibd..., p. 94-102. 22 Mara Esther Vsquez, op. Cit., p. 126 23 Jorge Lus Borges, Nota prel iminar a “Hacedor de estrellas”, en Olaf Stapledon, Hacedor de estrellas, Barcelona, Ediciones Minotauro, 1985 (1937), p. 7-9. 24 Barcel, op. Cit., p. 360. 25 Scholes y Rabkin, op. Cit., p. 193-194. 26 Gattgno, op. cit., p. 33-90. 27 Antonio Mora Vlez, Ciencia Ficci n: El humanismo de hoy, en Antonio Mora Vlez, op. Cit., p. 12.

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35Enrique Uribe J. Hay un silencio inexplicable que llena el ambiente. Un vaho que cubre y corroe todo lo que se encuentra a nuestro alrededor. Me detengo y grito, hasta que el silencio consume mi voz. Graffitti La hora del racionamiento llegara en cualquier mo mento. Saldra de mi covacha para acechar en las sombras a los transentes. Yo no buscaba poder, dinero ni nada similar; buscaba una sensacin que me era ajena y no poda experimentar, la sensacin de estar vivo, de sentir que todo lo que me compone es parte de mi ser y no un sencillo ensamble de circuitos y electricidad. Recordar lo sensible de mis ojos, lo triste de mis lgrimas, la perfecta funcin de cada uno de mis rganos. Todo lo haba perdido por un mendrugo de pan. Ahora asalto a caminantes desprovistos de suerte, buscando arrebatarles sus carnes, sus rganos, su vida, para reponer la ma. Soy un monstruo, un vampiro moderno sediento de cuerpos, cuyo nico deseo es sentirse vivo... de nuevo. Ocurri hace ya tanto tiempo que apenas puedo recordarlo. Las fras y vacas calles de Bogot se postraban como enormes demonios que me consuma n al verme sufrir. Las constantes lceras de un estmago que pide comida. La angustia de estar vivo sin disfrutarlo. Si pudiera cambiarlo, habra preferido morir entonces, pero mi mpetu juvenil me llevo a cometer un grave error. Haba odo ya acerca de las clnicas que comp raban, a muy buen precio, los rganos vivos; era un negocio tan redondo que con el dinero que recibira podra comprar un reemplazo ciberntico y an disponer de algo de dinero. Primero pens en vender mi rin en una de esas tiendas del mohoso centro de Bogot; pero luego, bien fuese por avaricia o estu pidez, vend uno de mis ojos, uno de mis testculos, que por estar bien provisto de espermatozoides me deveng mucho ms que lo bsico y la mitad de mi pncreas, adquiriendo despus los ya muy comerciales reemplazos cibernticos. Al principio todo pareca excelente. Tena dinero, no pasaba hambre y era mucho ms feliz que antes. Llegu a pensar que podra vender mi otro ojo, ahora agradezco no haberlo hecho. Lo que ocurri posteriormente es algo que me queda difcil de definir. Me senta vaco, inocuo, falso. No lograba entender cmo haba sido capaz de subastar mi cuerpo. Aunque todo funcionaba de maravillas no me senta bien. Deba pasar un escner sobre mi abdomen para conocer el estado de mi rin. Cuidar excesivamente los cristales de mi oj o para no rayarlos con las partculas de polvo que llenaban el ambiente, ya que la ciruga lser para repararlos era muy cara y el dinero escaseaba. No pude botar lgrimas el da de la muerte de mi madre, y tras un accidente qued estril, tuvieron que extirpar mi testculo para salvar mi vida. Ahor a soy un eunuco, decepcionado de esto que llaman vida, y en quiebra. Me dedico a cazar por la noche buscando las partes que ya no tengo y algunas otras que pueda vender para sostenerme. Soy un monstruo, un vampiro moderno, que deambula las noches de racionamiento, asaltando cuerpos sanos que algn da se sentirn como yo. Ya lo dije antes, har lo que sea por lograr sentirme de nuevo vivo. No importa cunto sufrimiento me tome. Tomado de Axxn nmero 110 Enero de 2002

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36 Orlando Meja Rivera I El 15 de febrero tom el tranva en la plaza de Bolv ar con un libro de poesas de Gngora que me haba prestado mi amigo Domingo; eran como las tres de la tarde y haca fro, yo disfrutaba de la irona de los versos "Cada uno estornuda/Como Dios le ayuda", cuando vi entrar por la puerta principal a un fauno vestido de levita negra, con sombrero de copa, pero al cual se le vean los cascos lustrosos por debajo del pantaln, los cachos elevaban su sombrero unos siete centmetros de la cabeza y las barbas rojizas de chivo formaban una especie de esco ba de fuego. Se qued mirndome con burla y luego desapareci en el aire, sin que ninguno de los dems pasajeros hubiesen dado muestras de haberlo visto. Han pasado casi dos meses de ese episodio y debo confes ar que el rostro del fauno se me ha vuelto una imagen obsesiva que aparece en mis sueos. Ahor a nada es lo mismo, aunque sigo mi rutina de conversar con los amigotes en el Gato Negro, de bus car a Juanita luego de que sale de su turno en El Molino y de estudiar de mala gana con Luisito la s lecciones de derecho procesal; me siento como habitando otra ciudad dentro de la ciudad, como si yo fuera el nico ser vivo o por el contrario un fantasma perdido en un mundo de carne y hueso. La vaina social cada vez es ms jodida, mientras se han gastado una millonada en las banderitas de todos los pases para colocar en la ciudad y han inaugurado "El venado de Oro" para que Bogot no est por debajo de Pars, la gente no tie ne para la leche ni el pan y todo s los das aparecen hombres muertos, sin testculos ni cabeza, fl otando en el ro Bogot. Lo nico que me saca la nostalgia es la poesa satri ca de Quevedo y las noches tu rbulentas en el burdel de la Coja; quiz lo que quiero de verdad es ser un poeta maldito y morir de tuberculosis en brazos de Juanita, mientras mis poemas arden en la caneca de la basura y el espritu de Rimbaud me guia el ojo desde el ms all. Pero no, lo que en realidad quiero es liberarme de este fro y de la presencia de ese fauno burln. Anoche, mientras escriba la idea para un poema o un relato que me vino a la imaginacin como dictado por los dioses, volvi a aparecer el fauno, su cara me miraba desde la parte exterior de la ventana del cuarto y yo corr a enfrentarlo cansado de mi miedo, pero desapareci al acercarme al vidrio. Despus tuve ese extrao y terrible sueo: vi una mu ltitud de personas iracundas arrastrando el cadver deforme de un hombre a travs de los rieles del tra nva, luego llegaban al palacio de Nario y tiraban sus despojos, apareca la polica y el ejrcito, los tanques masacraron a la gente, los emboladores borrachos se quitaban las camisas, las empapaban en gasolina y le prendan candela a los edificios del centro, el peridico El Siglo fue quemado y en el suelo quedaron pedazos rotos de mquinas de escribir que haban tirado los incendiarios por las ventanas. Las ferreteras, las licoreras, los almacenes de ropa fueron asaltados por la turba, huelo a sangre y a aguardiente, la ciudad arde en cien distintos fu egos, los tranvas son volteados e incendiados, los francotiradores desde las azoteas y las terrazas de las iglesias disparan a todo lo que se mueva, un aguacero llega a las tres de la tarde y salva de la s cenizas a la ciudad, yo me veo caminando como un sonmbulo por la carrera octava con la Jimnez, ha n quemado la pensin, mis libros y mi escasa ropa no existen, de pronto veo al fauno que me sonre y despierto tiritando de fro y de miedo. Me asomo a la ventana y observo la ciudad tranquila y limpia, con un sol tenue que cubre los tejados de barro. La maana me la pas escudriando la ciudad, como convencindome que mi sueo s haba sido un sueo, todo el da he tenido en la memoria los versos de Eliot "Las casas han desaparecido bajo el mar/Los

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37bailarines han desaparecido bajo la colina" y ese que dice "el funeral de nadie, porque no hay a quien enterrar". Al medioda estuvimos hablando de poltica en la pensin de la calle Florin, esperando a que sirvieran el almuerzo; Jos y Luis Enrique creen en la revolucin, yo no s en qu creo, a lo mejor en nada. El reloj da la una en punto y de pronto veo al fauno al lado mo, me mira y se re, baja las escaleras y yo, cansado de ese chivo fantasmal de mier da, salgo tras l, llegamos a la calle y lo sigo casi corriendo, doblamos la Jimnez y cogemos por toda la sptima, ya casi lo alcanzo... te voy a hacer hablar fauno burln, de pronto veo que se para, se voltea y me mira, en ese momento slo escucho como golpes de tambor y un calorcito que me recuerda mi tierra. II Diario Jornada. 10 de Abril de 1948. Bogot. En el da de ayer, en extraos hechos fue abaleado y mu erto un estudiante (al parecer de filosofa) de la universidad Nacional, de apellido Garca, de 20 aos de edad, que vesta un buzo negro de cuello de tortuga y un pantaln caf oscuro de dril. El sitio del crimen fue en la carrera 7a N 14-51, al frente del edificio donde tiene su of icina el Doctor Jorge Eliecer Gaitn. Te stigos afirman que hacia la 1:05 pm vena el estudiante caminando apresuradamente por la sptima y un hombre de ba ja estatura, de vestido gris a rayas muy grasoso, de nariz aguilea y mostrando una frialdad espeluznante, sac un revolver y dispar tres tiros que penetraron la frente del occiso, su costado izquierdo y el abdomen. Despus, refieren los testigos que el asesino sali corriendo con la pistola en la mano haca el sur y nadie se atrevi a interceptarlo. El informe forense afirma que un tiro se aloj en la regin occipital del cereb ro, otro en el pulmn izquierdo y el tercero destruy su hgado. El primer tiro fue el mortal. Lo ms llamativo de este crimen es que de manera coincidencial los doctores Jorg e Eliecer Gaitn, Plinio Mendoza Neira, Alejandro Vallejo, Jorge Padilla y el mdico Pedro Eliseo Cruz acababan de salir del edificio y se encontraban un metro detrs del sujeto abaleado. Aunque el doctor Va llejo y cierto sector del movimiento gaitanista han insinuado que los disparos podran haber sido en realidad dirigidos contra el doctor Gaitn, l mismo ha descartado esta posibilidad porque est convencido "de que el pueblo de Bogot es mi guardin y nadie se atrevera a atentar contra el jefe del pueblo". El diario EL SIGLO ha publicado un editorial en su edicin especial de la tarde donde desmiente los "calumniosos rumores de los bandidos comunistas" de que los disparos hayan tenido que ver con un atentado fallido a Gaitn. De todos modos este confuso crimen ha llevado a que el gobierno del Doctor Ospina Prez haya aceptado, tardamente, invitar al caudillo liberal como conferencista de la novena conferencia panamericana, que viene celebrndose co n xito en Bogot y en donde existe una gran expectativa, de parte de todos los dirigentes de Latinoamrica, por las palabras del invitado general Marshall y la posibilidad de que apoye un plan econmico de ayuda similar al otorgado a Europa. Hasta este momento el asesino no ha sido capturado y no se conocen detalles de quien era el estudiante muerto. La ciudad est en completa calma, haciendo honor al elogioso nombre que le ha dado el diplomtico Miguel Can de "La Atenas Sudamericana". III Informe judicial: Asunto Garca De: sargento Marn Para: mi teniente Murillo Fecha: 15 de Abril de 1948. Una vez hechas las averiguaciones in iciales pertinentes, me permito informarle mi teniente, que el sujeto muerto era un estudiante de segundo ao de Derecho de la Universidad Nacional, oriundo de la costa Atlntica, que segn algunos de sus compaeros de estudio era "un caso perdido, borracho y mujeriego" que faltaba con frecuencia a sus obligaciones estudiantiles y frecuentaba los cafs y bares de la carrera 7 y los burdeles de la zona de tolerancia, en especial el de la Coja. No es claro que perteneciera al pa rtido comunista pero muchos de sus amigos s eran rojos furibundos, por lo cual se podra plantear que su muerte se debi a rencillas entre comunistas o tambin a algn

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38asunto de faldas, dadas sus costumbres desordenadas. Al revisar su habitacin, ubicada en una pensin de la calle Florin, me permito mi teniente especificar los objetos hallados: 1Cinco pantalones de dril, con cuatro buzos de lana de cuello de tortuga. 2Un vestido de pao completo, muy viejo y sucio. 3Dos pares de zapatos mocasines, interiores y medias. 4Elementos de aseo personal. 5Unos 20 libros de literatura (o eso me pareci) rayados con lapicero de tinta roja (otra prueba mi teniente para insinuar sus nexos comunistas). 6Un folleto subversivo de las "Juventudes comunistas de Amrica". 7Un libro grueso, abierto sobre el escritorio en la pgina 214, que tiene el ttulo de "Ulises de Joyce" y que debe ser un repugnante libraco pornogrfico mi teniente, pues lo nico que se entiende son groseras como "Ese es el hombre que me lo dio" y "desnudos inodoros limpios". Y: 8Una especie de diario donde lo ltimo que anot es del 8 de abril, a las 10.30 pm, y que me llama mucho la atencin, pues parece como un escrito secreto y codificado donde se habla del fusilamiento de un miembro del ejrcito y que podra ser el punto clav e para clarificar el crimen, es decir mi teniente, para comprobar que fue un asunto entre esos rojos comunistas hijos de puta. Adjunto la pgina referida. "8 de Abril. 10.30 pm. 1948. Idea para poema pico o relato futuro: la imagen: Muchos aos despus, frente al pelotn de fusilamiento, el (general) coronel Aureliano Buenda, haba de recordar aquella tarde (distante) remota en que su padre lo llev a conocer el hielo... Pueblo original donde la historia no ha llegado. Un manuscrito escrito por un gitano, tiempo circular, el tono de la abuela para contar las historias. Titulo optativo: La Ca sa... ¡CARAJO! OTRA VEZ EL FAUNO". Orlando Mejia Rivera naci el 30 de agosto de 1961 en Bogot, Colombia y actualmente reside en Manizales. Es mdico, especialista en medicina inte rna, pero tambin escritor. Posee un Magister en filosofa con nfasis en epistemologa y es profesor titular e investigador del Programa de Medicina en la Facultad de ciencias para la salud de la Universi dad de Caldas. Ha publicado, entre otros, los libros: Antropologa de la muerte (1987), Humanismo y Antihumanismo (1991), La Casa Rosada (1997), La muerte y sus smbolos (1999), De clones, ciborgs y sirenas (2000), La generacin mutante: nuevos narradores colombianos (2002). Los descubrimientos Serendpicos. Aproximaciones epistemolgicas al contexto del descubrimiento cientfico (2004). Extraos escenarios de la noche (2005). Debemos destacar que este cuento, "El Asunto Garca", fue premiado en el concurso "Bogot una ciudad que suea" (1997), por lo que ha sido publicado en vari as antologas colombianas, entre las cuales est Los Contemporneos del porvenir (Primera antologa de Ciencia Ficci n Colombiana) (2000) cuyo editor fue Ren Rebetez. Axxn 168 noviembre de 2006

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39Acerca de la ciencia ficcin en Colombia Ricardo Burgos A efectos de aproximarnos al tema e incluir su s lneas generales. Trazaremos primero un esbozo histrico del mismo y luego enumeraremos algunos juicios globales en relacin con el estado y trayectoria del gnero. • UN ESBOZO HISTORICO DEL GNERO 1.1 LITERATURA FANTASTICA EN COLOMBIA ANTES DE 1930 En general, la sociedad colombiana del siglo XIX se caracteriz por la disput a entre los partidarios del Idilio y la Utopa, concebidas sta y aquella ms o menos en los trminos ya sealados en otro captulo. La posicin idlica representada por los conservadores pretenda perpetuar la tradicin espaola, establecer estrechas relaciones Iglesia-Estado y ac ogerse al modelo del pensamiento catlico. En contraste, la Utopa Liberal era portavoz de un incipiente discurso cientfico, abierto a tradiciones distintas a la hispnica, laico y promodernista. Tr as distintos escarceos que en distintos momentos mostraban arriba o abajo a estas dos concepciones, hacia 1886 logra imponerse la Arcadia HelenoCatlica a la Utopa Liberal y as es como Colombia ingresa en el siglo XX (1). En este perodo de hegemona conservadora que slo vendr a interrumpirse hacia 1930 con el comienzo de la llamada Repblica Liberal se acallan la visin cientfica y el pensamiento racionalista que representan la Modernidad,y en su lugar se consolidan "viejos valores hacendarios" que privilegiaban conceptos como el de la honra y el honor, y desdeaban procesos de autonom a individual o secularizacin. En el campo literario, el debate sealado tambin se reflej. La Arcadia Heleno-Catlica visible -por decir algoen textos como Mara de Isaacs o en las obras costumbrista s, gustaba de la nostalgia rural y de la aoranza de los viejos valores y estructuras coloniales. En contraste, los textos de la Utopa Liberal -como por ejemplo los de Jos Mara Sampereran de tono progresista, con co nfianza en la educacin, el progreso y la posibilidad de pe rfeccionar las instituciones humanas (2 ). En el perodo que va desde 1886 hasta 1930 -y como ya haba ocurrido en el siglo XIXcuento y novela no son bien vistos por el establecimiento crtico colombiano, y en cambio se beatificaban la poesa y el ensayo. De todas maneras. el ideal en novela y cuento era el de un relato castizo, con valo r educativo(esto es, que inculcara cierta ideologa poltica y moral), y que so cialmente cumpliera una labor til (3). As mismo, se enfatizaba en lo que en ese entonces se llamaba una "literatura nacional", es decir, una literatura que fuera reflejo fiel de "nuestra identidad" y "nuestra realidad". Como podr observarse, si exceptuamos sus defectos y cualidades idiosinc rticas. Colombia se encontraba ms o menos ante el mismo embeleco que por entonces era epidemia en toda Latinoamrica. Por eso mismo es que al ver la luz La Vorgine en 1924, la novela de Rivera se constituy en el paradigma a seguir (4); esa obra que exaltaba al pas y al patriotismo que cumpla una importante labor de denuncia social y que se acoga a ultranza al realismo (entendido ste en la forma ms simple de mimetismo o copia), era el ejemplo de una autntica literatura nacional y continental. Groseramente bosquejado, el anterior fue el panorama -por cierto, nada acogedoren medio del cual destacaron algunos escarce os de literatura fantstica en nuestro medio. Si dejamos a un lado las variedades mtico-folclricas consistentes en algunas leyendas y mitos populares que bien o mal perduraron desde la Colonia hasta el siglo XIX, el balance de la literatura fantstica colombiana durante el siglo XIX se reducira a dos hechos: algunos relatos que Curcio Altamar localiza como "Post-romnticos" y el empleo de cierta estructura fantstica en Silva y en algn otro modernista como Emilio Cuervo Mrquez (de pronto hay por ah algunas fbulas pero no las consideraremos). En nuestro siglo XIX no puede hablarse ni de narraciones gticas, ni de utopas, ni mucho menos de ciencia ficcin, aunque pueden toparse algunos motivos en esos sentidos que de ninguna manera permiten afirmar la existencia de tales gneros. En la segunda mitad del siglo XIX, dentro de la denominada "Novela del Post-Romanticismo" (5), aparecen algunas obras que pretendan narrar evento s misteriosos acaecidos en Colombia, el terror de

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40los bandidos en ciudades y villorrios, y una que otra espeluznancia; son textos donde por las ciudades de la poca flotan cierto aire de arcan o, intriga y folletn. Para nuestra rese a histrica de la ciencia ficcin cobra importancia una novela de 1876 de Bernardino Torres Torrente: El ngel del bosque, una obra que -salvadas las diferenciaspodra encuadrarse al lado del aluvin de relatos que tambin en la segunda mitad del siglo XIX, emergieron en Occidente insp irados en las doctrinas espiritistas de Camilo Flammarion (6). La historia no es que sea la gran cosa: no es sino el relato de un hombre que al conocer en algn lugar del Valle del Cauca a un espiritista practicante llamado Rafael, termina abandonando su fe materialista y convirtindose al "Cristianismo Es piritista”. Si recordamos nuestra divisin de la literatura moderna en dos tradiciones: Naturalista y Fantstica {olvidndonos de lo que signific el movimiento del siglo XIX llamado Naturalismo), El ngel del bosque no alcanza la dignidad de literatura fantstica, pero s podra ser catalogado como una novela naturalista que incluye algunos relatos fantsticos. De hecho, esas historias o argumentos fantsticos por dems sabrosos que de vez en cuando suelta, resultan ms fascinantes que la historia principal. Si omitimos las taras que para un lector de hoy podra tener una narracin como sta (el pa voroso afn moralizante y sermoneador, el partido que toma por la Arcadia Heleno-Catlica con todas sus consecuencias, los personajes estereotipados e idealizados, o la estructura de cuento de hadas vall ecaucano), creo que para la historia de la ciencia ficcin y la literatura fantstica en nuestro pas, el libro s encerrara importancia por las siguientes razones: a) Inserta la literatura colombiana dentro de una de las lneas que no es ciencia ficcin propiamente dicha pero que -como anotamos en el apartado 8. 4 del captulo Ile sirvieron a la ciencia ficcin posterior como fuente de imgenes e ideas: el es piritismo. Concretamente, El ngel del bosque se corresponde con esos relatos es piritistas que, sin mayor rigor ni pudor, mezclaban dos discursos pertenecientes a esferas diferentes: la ciencia y la re ligin, o la ciencia y la ideologa del status quo. Aunque las conclusiones de semejante caldo son de un escolasticismo, medievalismo, edenismo y catolicismo que puede resultar indigesto, lo cierto es que en el texto ya se discuten algunos motivos cienciaficcionsticos como la posibilidad de otros planetas habitados aparte de la Tierra (aunque fuera por espritus) o nociones como las de telepata o prediccin del futuro. As mismo, en algn momento controvierte las concepciones de lo que es "fants tico" y lo que es "real" y acaba concluyendo que tales nociones son tributarias del devenir histrico, y por ende, relativizables. b) En algunos instantes de la obra existe la voluntad de explicar racional –y no sobrenaturalmenteaquello que resulta incomprensible o fantstico (as por ejemplo se preten de justificar ciertos hechos fantsticos sucedidos en la Colombia del pasado, o algunos eventos extraos ocurridos en la novela). De todos modos, no est de ms anotar que la nocin de "ciencia" o de "exp licacin racional" que maneja este libro, le erizara los pelos a un cientfico o epistemlogo contemporneo. c) Para la historia de la literatura de terror propiamente dicha, incluye al menos tres interesa ntes relatos: uno con un personaje apodado "El Adivino" (un individuo que cada vez que visita a Rafael, das despus ocasiona la muerte de algn ser querido, y que viene a ser el nic o elemento realmente maligno del libro. Una segunda con un cartel fantasma que apareci anunciando una desgracia en la friolenta Bogot de 1560 y que se toma de las crnicas de Juan Rodrguez Freyle; y una tercera que narra como un ejrcito de fantasmas en 1813 y durante la guerra de independencia, hizo huir a una guarnicin espaola. Al menos en dos de estas tres historias se procura una explicaci n racionaly yo agregara empobre cedoradel suceso d)Tal vez lo ms olvidable son las plansimas y almibaradas ep ifanas de ngeles que ms que otra cosa son imaginera e iconografa catlicas, y que a vecestan esperpnticas serna uno le recuerdan el angelito protagonista de la reciente Dulce Compaa de Laura Restrepo (7). En general, la obra de Torres Torrente tiene valor para la ciencia ficcin colombiana por ser de las primeras en estos lares en asomarse (que no desarrollar ni investigar) a algunos motivos, ideas y lugares de la ciencia ficcin posterior. La obra no es ni literatura fantstica ni ciencia ficcin moderna, y si quisiramos hacer un censo de objeciones literarias nunca concluiramos, pero al menos se le reconoce que en medio de la marea de romanticismos, costumbrismos y realismos de nuestro siglo XIX, siquiera es un tanto rara para su pas y su poca. El ngel del Bosque tiene el mrito de que al menos dio un paso (eso s, uno solito) en la direccin del extraamiento que es indispensabl e para acceder a la literatura fantstica y la ciencia ficcin modernas (8). En cuanto al segundo hecho importante para la literatura fantstica durante el siglo XIX (9), deberamos mencionar la estructura de De Sobremesa (1896) de Jos Asuncin Silva, posibilitada por ese Modernismo que ya intentaba escapar del deseo documental de la literatura epocal y al cual ya nos hemos referido. Como sabemos, el relato de Jos Fern ndez con base en el cual se informa la novela, ha sido reconocido como uno de los primeros ejemplos de metaficcionalidad en la literatura colombiana, en tanto al final del texto el lector no sabe con cert eza si la narracin fue una alucinacin, un sueo o eventos efectivamente sucedidos; la obra propende a la indecidibilidad pues al culminar su lectura no es

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41factible determinar qu es ficcin y qu es realidad, o cules son los lmites de cada una (10). Esta ambigedad estructural que ya es reconocida por Todorov como un rasgo identificatorio de la narrativa fantstica (11), permite aseverar que en De Sobremesa ya surge la primera muestra de esta vertiente moderna del gnero en Colombia. Como ya se enunci en el captulo anterior, en Latinoamrica fue el Modernismo el primero en incursionar en narraciones fantsticas modernas como una de sus estrategias para "des-realizar la realidad" y recuperar el misterio (12). Imbuido de esta ptica, Silva tambin es un precursor del gnero, pero no se incorpora a l mediante relatos ocultistas como Daro, o gticos y de ciencia ficcin como Lugone s, sino mediante el empleo en su nov ela primordial, de una estructura con tendencia al autosocavamiento. De este modo, la literatura fantstica moderna nace en Colombia sindolo por el modo de contar y no tanto por los episodios que cuenta, no nace dentro de las variedades utpicas, gticas o de ciencia ficcin, sino dentro de la corriente metaficcional. En el campo cuentstico y tambin dentro de la ptica modernista, debemos mencionar algn relato de Emilio Cuervo Mrquez como Phrazomela ( 1892) (13) un texto acerca de un hombre que lee el pensamiento de otro. Aunque en el mismo cuento se insina una explicacin racionalista basada en el fluido magntico y el nmero de vibraciones de las ondas sonoras, tan socorridos en el siglo XIX, lo cierto es que la narracin como tal resulta indeci dible. En tanto la exp licacin para el evento incomprensible queda flotando entre lo natural y lo sobrenatural (y en ese sentido Phrazomela es fantstico desde la concepcin de Todorov). Aunque la bsqueda de una validacin cientificista para lo inexplicable bien puede ser un argumento para postular Phrazomela como el primer relato colombiano de ciencia ficcin, no puede olvidarse que su indecidibilidad es justamente la mejor contradiccin de tal aserto. Que el cuento no opte de modo indubitable por una explicaci n naturalista, es lo que impide catalogar le de ciencia ficcin plena. Eso s, Phrazomela es una muestra ms de la irrupcin de la literatura fantstica moderna en Amrica Latina, del empleo de estructuras propensas a la indeterminacin. y -hay que decirlode una literatura fantstica cuyo valor no es tanto artstico, sino que deriva ms del hecho de constituirse en una adelantada del gnero. Ya en el siglo XX, y como otro de los anteceden tes antiguos de la cienci a ficcin en Colombia, tendramos que contar con el relato de Soledad Acosta de Samper Bogot en el ao 2000 publicado en la revista Lecturas para el Hogar de 1905 (14). All, esta escritora que se caracteriz por cultivar preferencialmente el costumbrismo y la novela histrica, anticipa y critica “las inter-regularidades y las revoluciones sociales que el progreso traera” (15). Hasta 1928, cuando aflora el primer libro que por entero puede catalogarse en la ciencia ficcin: Una triste aventura de catorce sabios de Jos Flix Fuenmayor, lo fundamental no es recordar alguna otra obra sino que, hacia los aos 20. se comienzan a dar los primeros signos de modernizacin socio-econ mica, y que coincidiendo –coincidencia que no es casualidadcon el deceso de la hegemona conservado ra en 1930, la ciencia ficcin del pas hace su aparicin en forma. • DE 1930 A MEDIADOS DE LOS AOS 50 Entre 1928 y 1936 –en un lapso de ocho aos y en medio de una literatura predominante de marcado carcter criollista y de protesta socialcontemplam os los tres primeros libros colombianos dedicados por entero a la ciencia ficcin moderna, y el gnero se instaura entre nosotros. A primera vista parecer muy poco, pero si consideramos lo que se le exiga a un escritor colombiano de la poca, comenzamos a comprender que hacer ciencia ficcin en este momento de la historia colombiana era un modo de contribuir a la modernizacin de la literatura y un act o hertico respecto de lo que la crtica y el pblico consideraban cannico. De 1910 a 1929 (16) y respecto de las convulsiones de aos anteriores, el pas vivi un perodo relativamente tranquilo en que alrededor de la dcada del 20 se emprende la modernizacin socioeconmica; en estos aos -por ejemplosurgen la aviacin come rcial y las primeras transmisiones de radio. Luego (17), a partir de los gobiernos liberales que se instauran desde 1930, este proceso de modernizacin se acelera, y se impulsa un estado pr ogresista, programas de salud y educacin, se construyen viviendas, carreteras y ferrocarriles, se prueba una reforma agraria. Los presidentes de la llamada "Repblica Liberal" pretendieron erradicar lo s vestigios coloniales en el campo y modificar las estructuras polticas; as mismo (18), fueron testigos del incremento de las corrientes migratorias hacia las grandes ciudades y de una progresiva apertura hacia el mundo. En el campo cultural (19), si bien ms en la Costa Atlntica que en el interior del pas, Colombia empez a internacionalizarse, “deshi spanizarse” y desregionalizarse (Est o ltimo se refiere al hecho de que Colombia carecera de una tradic in cultural orgnica. Desde el si glo XIX y hasta los aos 50-60 en que se desintegran en Ibd., p. 32-33. 349 1bd., p. 39.

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42En definitiva, en Colombia existieron cuatro regiones –Costa Atlntica, Altiplano, el Gran Cauca y Antioquia la Grandeque desde un punto de vista literario se hallaban relativamente desconectadas; no era fcil que lo que se haca en una regin se c onociera en otra. Al hablar de desregionalizacin, Williams apunta a que en estos aos esa tradicin literaria inorgnica, comienza por fin a integrarse a pesar de que la total organicidad slo se logra en las dcadas del 50 y el 60). Aunque subsista una literatura criollista, didactista, documentalista, preo cupada por el conflicto en las zonas rurales y empeada en el seudoproblema de reflejar “la identidad nacional”, aunque an quedaban rezagos del mito de Bogot como la “Atenas Suramericana ”, aunque todava se entronizaban poetas conservadores como Valencia o los de “Piedra y Cielo”, en esta poca –por lo menos en algunos sitios del pas empez a respirarse un aire ms fresco y ms acorde con el giro copernicano que por aquellos aos experimentaba la literatura latinoamericana. Hacia los aos 20, en una Barranquilla que por su condicin de puerto fluvial y martimo fue la primera ciudad colombiana en recibir el impacto de la modernidad como ya se advierte en la arquitectur a del Barrio El Prado (20), en una Barranquilla ms receptiva que Bogot a las influencias del exterior y donde ya funcionaban las primeras estaciones de radio y las primeras salas de cine del pas (21 ), el cataln Ramn Vinyes public la revista Voces inici un movimiento literario que difundi en la Costa Atlntica a escritores europeos del momento, y termin constituyndose en un faro vanguardista frente a la literatura conservadora del interior. Ms tarde, en los aos 40 y junto a Jos Flix Fuenmayor, Vinyes ser unos de los padres del llamado "Grupo de Barranquilla donde se l eern y discutirn escritores modernos raramente frecuentados en el resto de Colombia,como Kafka, Borges, Faulkner o Cortzar. Adems de lo anterior (2 2), en nuestro panorama ha de consid erarse que como efecto de la notoria desaparicin de la "nacin pastoril", y de la irrupcin de aires modernos, la literatura colombiana –como ya lo muestran Jos Flix Fuenmayor en Barranqu illa y Jos Antonio Osorio Lizarazo en Bogotdesencaden un inters creciente por temas de tipo urbano y que reflejaran las nuevas condiciones del pas. Aclarado as el marco epocal en medio del cual naci la ciencia ficcin colombiana, el desarrollo de nuestro gnero en esta fase de la historia tendra como mojones esenciales los siguientes: 1) La ciencia ficcin nace en nuestro pas cuando lo s asuntos valorativos y sociales de la Modernidad comienzan a constituirse en la vida cotidiana de los colombianos, cuando Colombia entra de lleno en el crculo del racionalismo, del mercantilismo y de la industrializacin. Una vez ms, y como parece ser una constante, la cosmovisin de la Modernidad resulta hipotexto obligado de esa literatura llamada ciencia ficcin. 2) Si hacemos una consideracin estrictamente cronol gica, la ciencia ficcin es otro de los logros que deben adjudicarse al primer Grupo de Barranquilla donde funga Jos Flix Fuenmayor. Tambin en este terreno es el Grupo de Barranquilla quien trae vientos modernos a la literatura colombiana, cuando en 1928 el citado escritor publica Una triste aventura de catorce sabios. Al considerar el hecho, no resulta tan sorprendente si recordamos que ocurre en esa Barranquilla que era la ciudad ms moderna y cosmopolita de la Colombia del momento; que el libro lo escribe uno de los miembros de la exigua vanguardia cultural del pas, ms en contacto con las corrientes internacionales de la literatura y que probablemente desconoca la produccin literaria del interior; que ocurre en una regin costea para su fortuna alejada de la crtica ultraconservadora, hipercastiza y grecolatinizante del interior; que Fuenmayor (23) pertenece a una regin cuya literatu ra tiene por objeto -algo indispensable para la ciencia ficcin"contar cuentos" e historias, y no el proceso de la escritura misma como Sucede en la literatura del Altiplano; que este fue un escritor (24) di stanciado de la gravedad y el carcter trgico, y ms bien dado al humor y la parodia (al fin y al cabo hasta fines del siglo XVIII la ciencia ficcin se desarroll de modo preeminente en tono de stira); que Fuenmayor (25) enseaba a eludir el folclorismo y fue uno de los escritores que entre el "Nuevomundi smo" (o literatura centrad a en el choque hombrenaturaleza) y las temticas urbanas, escogi las ltimas; que nuestro hombre es ya uno de los pocos escritores modernos del momento, sino por la forma -que deber esperar hasta los 60 con Garca Mrquez y otrossi por sus contenidos zumbones, tomadores de pelo y desacralizadores (26); que Fuenmayor pertenece a una regin colombiana ms bien dada –otra vez por suertea la "mamadera de gallo" que al tono elegaco (al fin y al cabo la ciencia ficcin -repetimoses literatura que no puede asumir absolutamente nada en serio, que tiende a la relativizacin hasta de lo ms sacro). 3) En 1932 Jos Antonio Osorio Lizarazo publica Barranquilla 2132 y en 1936 M F.Sliger hace lo propio bajo el elongado ttulo de Viajes Interplanetarios en Zepelines que tendrn lugar el ao 2009.

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43De nuevo no sorprende que Barranquilla 2132 haya sido editado en la ciudad homnima de 1932 que se encontraba ms abierta al mundo, que precisamente se haya elegido esa misma ciudad como marco del relato, y que esto lo haya hecho otro escritor que tambin escoge la lnea urbana frente a la rural, alguien que se preocupa de los ef ectos nocivos de la modernizacin, que no comulgaba con la crtica estrecha de la poca. Tal vez, lo que s es inusual, es que Osorio Lizarazu es criba uno de los primeros libros de ciencia ficcin del pas, cuando la mayora de su obra la dedic a la vida gris, amarga y mediocre de la mayora de los colombianos pobres de su poca, cuando l mismo concibi su novelstica como "un instrumento adecuado para despertar una sensibilidad y para formar un ambiente propicio a obtener la afirmacin de un equilibrio y de una justicia social" (27). No obstante, la contradiccin no es tanta –como advertiremos luegosi tenemos en cuenta que a propsito Osorio Lizarazo quiso dedicarse a explorar el lado acerbo de la modernizacin y de la vida en las ciudades, que quiso investigar las desdichas de una Modernidad que no era tan progresista y gratificante como pregonaban sus publicistas. En Barranquilla 2132 –en clave de aventura y ciencia ficcin precisamente el escritor bogotano martillar sobre los mismos puntos. La contradiccin tampoco existira si recordamos que crticos como Gutirrez Girardot, han visto en Osorio Lizarazo uno de los pocos discursos contestatarios vlidos no slo frente a la Repblica Liberal y su poca, sino -aadiramos nosotrosante una Modernidad que en estos pases ingresaba a pedazos. Con la ciencia ficcin sencillamenteOsorio Lizarazo ataca ba las mismas hidras desde diferentes flancos, aunque en su incursin fantstica de pronto su cuestionamiento era ms universal. De Sliger anotemos que la crtica de su poca –inclu so la del erudito Curcio Altamarno supo ubicarlo. Una nota de El Tiempo de 1936 se sala por la tangente diciendo que por ahora (entendido "ahora" como 1936) era imposible leerlo pero que seguramente las cosas mejoraran en el ao 2009 (28); de otra parte, Curcio Altamar (29) percibe por un lado que la obra de Sliger es uno de los pocos conatos de narrativa fantstica y de especulacin cientfica en nuestro pas, pero por otro localiza la novela junto a narraciones de tipo psicolgico que gustan de lo alucinatorio y onrico. 4) Que de todos modos, bajo el influjo de la modern izacin en aumento, en este perodo la literatura colombiana ya buscaba nuevas y diferentes vas a las cannicas del momento, se observa en otras obras que Curcio Altamar apunta, ora llamndolas psicolg icas y ora fantsticas, y que no es del caso citar aqu. Sin embargo, como otra incursin en el cam po de la ciencia ficcin, sealemos un cuento que Germn Espinosa comenta favorablemente dicien do que ya en 1932 record aba a Borges (30): La tragedia del hombre que oa pensar de Mara Castello (31). Ya es este un relato de ciencia ficcin pues la explicacin del fenmeno (un hombre que puede escuchar los pensamientos de los dems) es puramente racionalista y cientfica el tmpano del ho mbre es hipersensible a las vibraciones materiales de la actividad cerebral)Podra pensarse tambin como ciencia ficcin de ideas en tanto indaga las consecuencias de un evento fantstico inicialmente postulado y hegemnico para el relato. Pese a que deja deslizar un tufillo sermoneador, la narracin no deja de ser una de las primeras –y amenasexploraciones cuentsticas en el campo de la imaginacin razonada (32). 5) Hoy en da se ha anotado que la literatura colombiana tiene bastantes "huecos" que se esfuerza por llenar as sea lentamente (esa por ejemplo. es la tesis de Pineda Botero). Es justo anotar que ya por los aos 50, conocedores como Curcio Altamar ya eran co nscientes de que uno de esos "huecos" se hallaba en la literatura fantstica. Tal vez con demasiado optimismo, en la mencionada dcada Curcio Altamar aseveraba que la novelstica del pas lo haba ensayado todo a excepcin de "las novelas de tipo fantstico, intelectualista o cientfic o" (33), que all se encontraba una de sus pobrezas. As mismo, debe reconocerse que Curcio Altamar a este respecto llega ba a un diagnstico atinado cuando explicaba que tal ausencia se deba al terrorismo poltico-literario de la poca segn el cual, el escritor estaba obligado a hacer proselitismo y a dejar de lado preocupacion es ms universales como las condiciones humanas en una civilizacin materialista, tcnica y mecanizada. Con una asercin de este tipo cobran mayor valor las escasas manifestaciones de la ciencia ficcin; escritores como Fuenmayor, Osorio Lizarazo, Sliger, Castello o algunos otros que trabajaron la fantasa, se atrevieron a hollar parajes inexplorados en ese entonces. En este perodo, y junto a otras modalid ades literarias, la ciencia ficcin no es slo una variedad "escapista o "no nacional", sino una forma vanguardista. 6) Adems de lo anterior, ya en este perodo se atis ba una de las curiosas paradojas de la ciencia ficcin en nuestro pas respecto de la ciencia ficcin de los pases desarrollados. Si en aquellos naciones la ciencia ficcin es una literatura de carcter popular, la nuestra -¡aporas del subdesarrollo!es ciencia ficcin de lite. Es bien claro. Si en los Estados Unidos de los aos 20 al 50, la ciencia ficcin era apetecida masivamente, en la Colombia de ese mismo momento el gusto popular -imanes de un pas inseguro de s mismo!peda realismo social(34). La ciencia ficcin colombiana de estos aos cobra

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44valor histrico si consideramos que estos escritores (arriesgados?, ilusos?, las dos cosas?), seguramente eran conscientes de elabor ar obras para pblicos minoritarios. 7) De igual modo, en este perodo ya se observa otro rasgo que persistir (aunque menos) en el prximo perodo: la ciencia ficcin colombiana no es una tradicin orgnica. En estos aos que van desde el principio de la Repblica Liberal hasta mediados de la dcada del 50 cuando Colombia ingresa de lleno en la literatura moderna, el quehacer literario cont ina siendo regional y por ende inorgnico. La semiautonoma de las regiones llevaba a una gran ignorancia de lo que el resto del pas literario estaba emprendiendo, y la ciencia ficcin no era la excepcin. 8) Otro rasgo, este s claramente distintivo respecto del perodo, que se inicia en las dcadas del 50 y 60: en esta fase existen "obras" de ciencia ficci n pero no "escritores de ciencia ficcin". En estos aos la ciencia ficcin es slo un experimento de un escritor pero nada ms, no existe continuidad en el gnero. Escritores de ciencia ficcin propiamente dichos (que publiquen ms de una obra, que tengan conciencia de gnero, que escriban anlisis ensayos sobre cien cia ficcin, que emprendan actividades editoriales para divulgarlo) slo existirn desde la dcada del 60. 9) Al asimilarse la leccin del Modernismo segn la cual el escritor latinoamericano puede echar mano de todas las tradiciones y no exclusivamente de la hispnica, al superarse -al menos en algunos casosel mismo lenguaje modernista dado a la retrica y el lujo, por otro con ms espacio para la parodia y el juego, al abrirse al mundo y mostra r pretensiones ms universalistas, al entrar de lleno en la rbita capitalista, racionalista y cientificista con todas sus repercusiones cosmovisionarias, la ciencia ficcin y otras variedades fantsticas encuentran en este perodo un terreno frtil para hacer sus primeras manifestaciones en forma. Aunque contina siendo un gnero raqutico si se le compara con el resto de la literatura colombiana, por lo menos en estos aos ya puede decirse que la ciencia ficcin ha construido casa entre nosotros. A partir de los 50 y los 60, cuando bajo el empuje de los medios masivos de comunicacin, Colombia ingresa por entero en la cultura de masas y nuestra literatura se torna plenamente moderna, entraremos en un nuevo perodo para nuestras letras que tambin podr considerarse tal para la ciencia ficcin. 13 DESDE MEDIADOS DE LOS 50 HASTA LA ACTUALIDAD Desde fines de la dcada del 40 (aunque algunos habl an de aos anteriores) para Colombia comienza un calvario que –mutatis mutandiscontina hasta nuestros das: la Violencia. Como efecto de la desestabilizacin institucional que ella ocasiona, en los 50s aparece la dictadura militar y luego un Frente Nacional a partir del cual los gobiernos impl ementan "polticas de expansin capitalista dentro de un marco de democracia parlamentaria restringida dominada por los dos partidos tradicionales" (35). En los aos 60, como efecto de la difusin globa l de los medios masivos de comunicacin y de la acentuada urbanizacin, bien o mal, lo s procesos de modernizacin del pas se agudizan y -de nuevo con las diferencias que haya que hacer respecto de pases desarrolladosempieza a acrecentarse la pluralizacin cultural en todos los sentidos que en ltimas conducir a que incluso "en estas tierras olvidadas de Dios", asome sus naricitas la manoseadsima Posmodernidad. En teora, una nueva constitucin proclamada en 1991, constituira inclusiv e el espaldarazo oficial a ese reconocimiento del multiculturalismo y la heterogeneidad de estilos de vida, que lentamente se abre paso en el pas. En el campo literario el panorama es ms o menos paralelo: A fines de los 40 y principios de los 50 todava el pas padece la crtica casticista grecolatinista e hispanista (36), en lo s 50 y 60 padecemos la idea de que si no se escribe sobre el conflicto social y la violencia, el escritor ira a la gehena, en los mismos 60 se instaura a plenitud la modernidad lite raria y desde 1967 hasta bien entrada la dcada del 70 la sombra del Macondismo se cierne implacable sobre nuestras letras, desde mediados del 70 y hasta nuestros das, aumentan la experimentacin literaria, la bsqueda de alternativas distintas al Realismo Mgico, la heterogeneidad de gneros y modalidades literarias, y la incursin cada vez ms constante y consciente en las alterna tivas posmodernas (37). Fundamental es tambin recordar (38) que desde los aos 50 y 60, tambin como efecto de la modernizacin acelerada y de los medios masivos de comunicacin, las culturas orales de las cuatro regiones bsicas del pas tienden a integrarse, ya se puede hablar de una Colombia Posregional y por ende de una literatura posregionalista y que tiende a se r ms orgnica (a partir de entonces los escritores colombianos tienden a estar ms ligados a la cultu ra escrita universal que a las culturas orales regionales, ms ligados a movimientos literarios internacionales que a sus propias tradiciones regionales). Los aos 60 y 70 constituyen tambin el momento en que se establecen en Colombia las

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45primeras editoriales modernas interesadas en la n ovelstica nacional, el inst ante en que editoriales internacionales instalan sus sedes en el pas y en que el creador colombiano comienza a dirigirse no slo a un mercado nacional sino tambin al internacional (tendencia que prosigue en las dcadas siguientes). Para el discurso literario es esencial mencionar lo que entraa la conciencia moderna. Desde que en 1955 debuta la primera novela qu e puede calificarse de tal en Colombia: La hojarasca de Garca Mrquez, se intensifica la tendenci a hacia cambios formales y de cont enido en la novelstica nacional. Entre los cambios formales enumeremos la desapa ricin progresiva del narrador omnisciente, la multiplicacin de los puntos de vista de una narracin, el collage de vo ces, los monlogos interiores, la obligacin de una participacin ms activa en la lectura por parte del lector, el abandono rotundo del afn documental, el cruce con elem entos de la cultura popular. Entre los cambios de contenido citemos el gusto por el humor y la parodia, cosmovisiones que revelan agotamiento, abulia y aburrimiento espiritual, el cosmopolitismo, la desacralizacin, la orientacin urbana y la insistencia en los sentimientos de vaco, alienaci n, soledad y dificultad de comuni cacin propios de la masificacin. Esenciales son tambin los cambios que introduce la conciencia posmoderna en la literatura y que ya hemos mencionado cuando abordamos la ciencia ficcin de este tipo en el captulo I. All se promueve el gusto por estructuras neobarrocas y neomanieristas, la bsqueda de la indeterminacin textual, el desdn por la verosimilitud, el goce en la palinodia o retractacin, el nihilismo "cool" la tendencia a la fragmentacin y el caos, la inorganici dad, la indistincin entre realid ad y ficcin, la parodizacin de las instituciones y cnones literarios, el cosmopolitismo, el exceso experimentalista, el recreo en el kitsch, la desaparicin de la ancdota para que el relato se centre en la narracin de su propio proceso de escritura (de all la desmedida autoconciencia y la ficcin que habla de s misma) (39). Y nuevamente nos preguntamos: Dado este marco cultura l y social cules son los hitos esenciales en el desarrollo de la ciencia ficcin colombiana? A nuestro modo de ver, podramos delinear los siguientes: 1) La aparicin en Mxico de la revista Crononauta hacia 1964 (40). Aunque –como ya lo hemos mencionado en el captulo anterior-Crononauta (41) hace parte de la historia de la ciencia ficcin latinoamericana y de la ciencia ficcin mexicana, el hecho de que entre sus directores encontremos al colombiano Ren Rebetez, uno de los dos cultores ms constantes que tiene la ciencia ficcin en nuestro pas, nos permite hablar de esta revista como parte de la historia del gnero en Colombia (adonde -por ciertoalcanzaron a llegar ejemplares). Representa, as mismo, la primera extensin en firme de la ciencia ficcin colombiana allende nuestras fronteras Crononauta -como ha sido tradicin en la ciencia ficcin colombianafue una quijotada de Rebetez en unin de Alejandro Jodorowsky que (42) –como tantas publicaciones culturales en nuestro medioera financiada del propio bolsillo de sus directores con alguna ayuda de la Secretara de Educacin Mexican a. La revista sala cuando se poda (43) y slo alcanz dos nmeros, pero para nuestra historia es importante por las siguientes razones: a) Constituye el primero -y hasta hoy nicointent o de un colombiano por crear "fandom" alrededor de la ciencia ficcin y la literatura fantstica. La revista pretendi –sin mayor xitoauspiciar reuniones y actividades entre los aficionados al gnero de modo semejante a como lo hizo Hugo Gernsback en los Estados Unidos de los aos 20. b) Es uno de los primeros intentos latinoamericanos por impulsar la literatura fantstica y la ciencia ficcin con base en obras originales escritas en espaol. En este sentido. Crononauta se diferencia de las revistas argentinas del gnero, pues estas se basa ban en traducciones a nuestro idioma de las famosas revistas norteamericanas, ms al gunas adiciones autctonas. En Crononauta, la mayor cantidad de textos son de creadores latinoamericanos y en menor medida, europeos (claro que ya en el nmero dos, el nmero de autores latinoame ricanos decrece bastante). c) Dado que Rebetez y Jodorowsky no tenan una definicin estricta de ciencia ficcin, mirada desde hoy, alguien podra pensar que en la revista son ms los textos en la lnea de la literatura surrealista o del absurdo que aquellos que tratan los motivos y temas cienciaficcionsticos tradicionales. De hecho. la mayor parte de cuentos y poemas recuerdan ms a Carroll o al "non-sense" que a un Bradbury o un Sturgeon. De todos modos, vista a la distancia tal falta de rigor en la escogencia de las colaboraciones, curiosamente hoy funciona en su favor, aproximndoles a las revistas que por esos aos ingresaban en la Nueva Ola en el terreno de la ci encia ficcin anglosajona. As mismo, el criterio menos restrictivo de ciencia ficcin que se maneja en Crononauta. Revela una mayor conciencia estetizante que la existente en las revistas estadounidenses. d) Como punto a su favor se le anota tambin que -a diferencia de las revistas anglosajonas cuyas ilustraciones son muy historietilesCrononauta cuen ta con unas ilustraciones surrealistas, satricas, agresivas y definitivamente lricas (lo que no asombra tanto si recordamos que -por ejemplouno de sus

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46ilustradores es Jos Lus Cuevas). Aqu debe mencionarse de igual modo, la diagramacin tan heterodoxa respecto de sus pares norteamericanas. e) Es una revista deliberadamente juguetona, ldica. A diferencia de revistas ya consagradas en la historia de la literatura colombiana como Mito o Eco. Crononauta muy rara vez cae en la actitud grave, y al leerla, ms bien se tiene la sensacin –muy laudablede hallarse ante una travesura, una tornadura de pelo. f) En general. Crononauta es importante por lo que hemos sealado pero sobretodo porque es de las primeras en sembrar una nueva semilla en nuestras le tras. Por su universalismo, es otra contribucin a que la literatura latinoamericana se abra a la Modernidad, a que la tradicin fantstica "no sea tan ninguneada" (44) y a que en nuestro continente despertramos un tanto de nuestro sueo naturalista. 2) En este perodo surgen escritores de ciencia ficcin propiamente dichos (que ya se autodenominan aunque no siemprede ese modo, que publican ms de una obra en el gnero, que poseen conciencia del mismo, que escriben anlisis o ensayos sobre cien cia ficcin, que emprenden actividades editoriales y de divulgacin relacionadas con el rea). Mientras en el perodo anterior existan incursionadotes en el, gnero pero no "escritores" con plena conciencia de lo que hacan en los aos 60 y 70 asistimos a nuestra primera hornada de autores que consistentemente cultivan ciencia ficcin y se preocupan por ella. Cronolgicamente el primer "escritor de ciencia ficci n que se asoma en Colombia es Ren Rebetez con su labor editorial en Crononauta, con su obra La Nueva Prehistoria y otros cuentos (1967), su ensayo sobre el gnero La Ciencia ficcin-Cuarta dimensin de la literatura (1966) y alguna antologa de ciencia ficcin universal tambin editada en el M xico de 1966. Aunque todos estos trabajos ocurren en "el pas de los charros" (un pas cuya apertura a la literatura moderna ya los medios masivos de comunicacin en los 60. era mayor qu e en Colombia), que sus textos ya estaban siendo recepcionados en nuestro medio, lo refleja la nota que el mismo Rebetez considera en exceso laudatoria (45), con que Germn Espinosa lo aborda en el artculo ya referido de 1967 ("La fantasa en casa de lo real-La ciencia ficcin y la literatura fantstica en Colombia"). En el pequeo concierto de autores colombianos del gnero, Rebetez es la figura ms conocida de nuestra ciencia ficcin tanto nacional como internacionalmente. A ello no slo contribuye que la mayora de sus libros hayan sido publicados en el exterior y comentados favorablemente por autores latinoamericanos del gnero como el cubano Oscar Hurtado (46) sino tambin su inclusin en revistas norteamericanas como The Science Fiction and Fantasy Magazine y antologas de distintos pases del mundo entre las cuales la ms prestigiosa es The World Tresaury of Science Fiction ( donde su cuento La Nueva Prehistoria es una de las dos contribuciones latinoamericanas junto al Tlon, Uqbar, Orbis Tertius de Borges). Tras su etapa mexicana, Rebetez se desconect de la ciencia ficcin e incursio n en temas que le son caros como el sufismo o el budismo zen, en tanto para este escritor asuntos como esos “tambin son ciencia ficcin” (opinin comprensible si consideramos que para Rebetez, el gnero es una de las modalidades modernas de la literatura mstica) (47). En los lti mos aos, en la vida de Rebetez han acaecido dos retornos: En primer lugar se ha vuelto a residenciar en Colombia y en segundo lugar en 1996 –y paradjicamente por primera vez en su pasretorna al gnero con Ellos lo llaman amanecer y otros re latos, una coleccin de algunas narraciones de La nueva prehistoria y otros cuentos, junto a otras de su ms reciente produccin. Si proseguimos con el orden cronolgico, el segundo escritor de ciencia ficcin que puede calificarse de tal en Colombia, es Antonio Mora Vlez. Sus tres ob ras bsicas que aparecen entre finales de los 70 y la dcada del 80 son Glitza (197 9), El juicio de los dioses de 1982 y Lorna es una mujer de 1986. Fuera de artculos diversos acerca del gnero, recienteme nte (1996) registramos una pequea coleccin de ensayos titulada Ciencia Ficcin-El humanismo de hoy. Mora Vlez tambin ha sido traducido a otros idiomas y recogido en antologas internacionales como Joyas de la ciencia ficcin (publicacin cubana de 1989). De cierta manera, este escritor represen ta las contradicciones a las que se ve sometido el gnero en nuestro pas durante este ltimo perodo: es la persona que ms ha publicado ciencia ficcin en Colombia (tres obras fuera de varias que man tiene inditas), que sin embargo siempre han aparecido en ediciones regionales de precaria distribucin. Es un autor cannico de la literatura nacional {hecho fcilmente comprobable si por cannico entendemos la acepcin de Pineda Botero: autor que figure en los manuales e historias de la literatura (48)), y a pesar de ello es ms lo que tiene guardado en el escritorio que lo que ha visto la luz (49). En efecto, Mora Vlez figura en diversos manuales de literatura colombiana que van desde el antipedaggico de Fernando Ayala Poveda (Manual de Literatura Colombiana) (50) hasta su bizarra aparicin en el discutido Novela y Poder en Colombia de Raymond Williams {donde en una lista que supuestamente registra todas las novelas colombianas de 1965 a 1987,

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47por error se incluye su libro de cuentos El juicio de los dioses). Empero, la canonicidad y el reconocimiento crtico de poco le valen en Colombia a un autor de ciencia ficcin, cuando se nota como en Mora Vlez, que ha debido parir con dolor cada uno de sus textos conocidos. Mora Vlez es ejemplo eximio de dos caractersticas de la ciencia ficcin colombiana contem pornea: buen reconocimiento por parte de crticos y comentaristas literarios, que sin embargo no vale para que el escritor pueda publicar ms tranquilo y en mejores condiciones. Si entendemos "escritor de ciencia ficcin" en los trminos ya sealados, Ren Rebetez y Antonio Mora Vlez son los dos nicos escritores de ciencia ficcin en Colombia. Aunque este ltimo perodo en la historia de la ciencia ficcin colombiana es aquel donde ms se ha publicado en el gnero, los dems autores que han escrito estos libros an no dejan de ser como los del perodo de Fuenmayor y Osorio Lizarazo: incursionadotes pero nada ms. Colombia contina siendo un pas donde hay ms "obr as de ciencia ficcin" que "escritores de ciencia ficcin" pero esperamos que con el tiempo esos incursionadores y otros ms, se unan al hasta hoy liliputiense club. 3) Como ya anotamos, el perodo que va desde mediados de los 50 hasta la actualidad ha sido aquel donde ms se han publicado obras de ciencia ficcin (11 de las 14 que analizaremos ms adelante, uno que otro libro ms que por cuestiones de tiempo no incluiremos, y cualquier cantidad de cuentos aislados de escritores como Gonzalo Arango, Eduardo Arango Pieres, Jaime Echeverry Augusto Pinilla, Eduardo Mrceles, Arturo Alape (51) Pedro Gmez Valderra ma (52), Hugo Ruiz o Alfonso Bonilla Naar (53)). Si en el perodo que va de 1928 hasta mediados del 50 se publicaron tres libros y algn cuento; de 1964 hasta hoy hemos contabilizado -f uera de la aventura de Crononauta13 libros (11 de los 14 que nos ocuparn luego, ms otros dos que son Yor-El Cadete Espacial y El diablico caballero de las estrellas) y una mayor cantidad de incursiones cuen tsticas. Como gnero, la ciencia ficcin colombiana an tiene subgneros y temticas que luego anotaremos y en las que poco o nada se explora, pero es innegable que desde la apertura de los aos 60, a pesar de las difciles condiciones para esta clase de literatura en nuestro pas, el gnero ha crecido por lo menos en volumen de produccin y en temticas abordadas. Contrario a sus comienzos donde dos de las tres obras se editan en Barranquilla y slo una en Bogot, ahora la mayora de textos se han editado en Bogot y las dems regiones del pas le van a la zaga; extraamente, ni una sola mujer ha escrito un libro comple to de ciencia ficcin en Colombia y, salvo los cuentos reseados de Soledad Acosta de Samper, Mara Castello y probablemente alguna otra extraviada por ah, la contribucin femenina es nula. Apuntemos igualmente, que la mayor parte de las obras del gnero han aparecido en editoriales regionales con evidentes dificultades de distribucin y circulacin, que disminuyen cuando la editorial es de carcter internacional. ) Aunque como consecuencia de la mayor apertura me ntal de escritores, editores y lectores acerca del gnero, en los 60 el nmero de obras de la escasa ciencia ficcin colombiana haya aumentado y ello podra ser un fundamento para inducir al optimismo; lo cierto es que an falta por profundizar tal apertura. Dado que Colombia es un pas que todav a no accede a una mentalidad literaria plenamente moderna ni universal y en cambio an existen reducto s afincados en lo autct ono, lo regional y una supuesta "identidad nacional" que no incluira al gnero, la publi cacin de una obra de ciencia ficcin todava muestra ms trabas de las que seran las normales. Como hemos anotado al referirnos a la ciencia ficcin latinoamerican a, an falta trabajar para que escrito res, editores y lectores de fines del siglo XX y comienzos del XXI. Al menos alcancen a llegar donde la conciencia de Borges ya se hallaba en los aos 40. 5) Como tambin ya se seal al comentar la cien cia ficcin latinoamericana, la colombiana es otra que recae en la apora de ser una "ciencia ficcin de lite” no es una ciencia ficcin popular sino una conocida por minoras, y reconocida por un grupo an ms pequeo de crticos y comentaristas. De todas maneras, ese reconocimiento crtico no le ay uda para aproximarse al gran pblico. Aunque respecto de la dcada del 60, la ciencia ficcin colo mbiana de fines del siglo XX se ha incrementado lentamente, de ningn modo –para hablar en trminos de la ciencia ficcin estadounidensele ha llegado su "Edad de Oro". 6) Que de todas maneras nuestra se nsibilidad hacia el gnero se ha venido acrecentando, lo demuestra que por primera vez en la historia de la literatura colombiana, en 1997 el Instituto Concurso Distrital de Cultura y Turismo de Bogot, ha convocado al "Primer de Cuento de Ciencia Ficcin" (56) – Esto cuando menos pierde terreno, y nicamente esperamos que de verdad slo sea el indica que la infundada subvaloracin del gnero, de alguna forma primero de toda una serie de concursos que se sostengan en el futuro. Slo como curiosidad anotemos –eso s una pequea aberracin que se observa en las bases de este concurso: obligatoriamente el cuento debe te ner como uno de sus referentes espaciales a Bogot.

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48Con esa simple limitacin, se ve que todava local", creada en el pas se torna "colombiana" y adquiere "color y sabor la ciencia ficcin latinoamericana: creer que la ciencia ficcin se est incurriendo en una falacia que ya analizamos al considerar mediante el senc illo procedimiento de insertarle escenarios o eventos locales; creer que un relato de ciencia ficcin colombiana deja de ser tal, si no nombra por algn lado, por lo menos un elemento folclrico. 7) Finalicemos esta seccin concluyendo que la cien cia ficcin colombiana ha experimentado su mayor desarrollo (pero no un ptimo desarrollo) de modo paralelo a la expansin de la conciencia de Modernidad en el pas. Cuando en los 50 y 60 se afianzan los medios masivos de comunicacin, la urbanizacin y otros procesos corr espondientes a la modernizacin, nuestra ciencia ficcin comienza a crecer lentamente (¡lstima que siga creciendo lent amente y no acelere esa velocidad de crecimiento!). Cuando a partir de los 50 y los 60, la literatura colombiana deja de ser regional y entra en el posregionalismo, cuando se pone fin al afn documen talista y al deseo de verosimilitud de los relatos, cuando los escritores colombiano s empiezan a estar ms ligados a la cultura escrita universal e internacional que a sus culturas orales y regionales, cuando la diversidad cultural del pas se incrementa al contacto con corrientes culturales cosmopolitas, cu ando se comprende que la literatura es ficcin y nada ms, cuando ya se sienten los efectos de la vida en las grandes ciudades, cuando la modernidad mejora la conciencia universal del pas y ya no somos tan "Tbet de Suramrica", cuando la literatura colombiana empieza a preocuparse por llenar sus "hu ecos" en tantos aspectos, la ciencia ficcin colombiana por fin comienza a ocupar -y ojal no sea por mucho tiempoal menos un minsculo nicho en nuestra cultura. 2ALGUNOS JUICIOS SOBR E EL ESTADO DEL GNERO Algunas apreciaciones generales sobre el estado, trayectoria y futuro del gnero en Colombia seran las siguientes: 1) Contra el cabal desarrollo de la ciencia ficcin y de la literatura fantstica en nuestro pas han atentado varios factores pero menci onemos el primero: la crtica que le hace el juego al poder, Williams apunta en algn momento que mientras el creador colombiano tiende a ser liberal, el crtico colombiano es ms bien conservador (57). Si ampliamos los trminos "liberal" y "conservador" despojndoles de su relacin con los dos partidos tradicionales que ha debido sufrir este pas, y pensamos que al decir “liberal” nos asociamos a modernidad, universalismo relativizacin y vanguardia ( Ojo: Con esto no estoy haciendo apologa del nauseabundo partido liberal colombiano). y al decir "conservador" nos asociamos a "reflejo o defensa del status quo", enco ntraramos una de las razones –quiz la esencialpara el menosprecio hacia el gnero que nos ocupa. La ciencia ficcin –que pena repetirlo otra vez pero no hay ms remedioes un gnero moderno y por e llo desacralizador, cuesti onador, relativizador de valores Cmo puede gustarle a quienes detentan el poder en Colombia, un gnero que matemticamente nunca para de cuestionar los privilegios seoriales, hacendarios, feudales y en ltimas oscurantistas sobre los cuales esa lite basa su domi nio? Cmo puede aceptar esa lite un gnero para el cual ideas como "nacin" "ide ntidad nacional" "valores nacion ales" o “patria” (conceptos que hace tiempo la crtica marxista denunci como aparatos ideolgicos de dominacin de una clase sobre otra) no significan nada? Cmo tolerar un gnero que siempre denuncia que el sistema de valores actual es histrico y carece de cualquier justif icacin racional'? Cmo apoyar un gnero que jams se detiene en su afn de demostrarcomo ellas quisieranque de ninguna manera la historia ha concluido en las actuales condiciones culturales, sociales y econmicas? (por fortuna la ciencia ficcin es "antifukuyamista") -En constataciones tan evidentes se halla la razn del subdesarrollo de la ciencia ficcin (y otros gneros) en ColombiaIdeolgicamente la ciencia ficcin no es tan neutra o tan reaccionaria como se quiere vender. No obstante, la crtica literaria -quiz con alguna excepcinsiempre ha subestimado al gnero en virtud de cnones sospechosos tras los cuales nunca deja de estar implcita la nocin de que hay ciertos temas o modalidades literarias que "no le convienen a la nacin" : hasta los 50 era digno de hoguera quien no hiciera "hispano-greco-casticismo", en los 50 y 60 era pecado mortal no escribir de la violencia ni literatura comprometida", en los 60 y 70 cundi la "gabolatra" desde fines de los 70 hasta los 90 viene la plaga posmodernaLa ciencia ficcin y los gneros fantsticos de la modernidad nunca han ha llado lugar porque primero se consideraba que no pertenecan a nuestras races "hispano-greco-casti zas", luego porque no se ocupaban de "nuestros problemas nacionales", despus porque no mostraban "nuestro realismo mgico" y por ltimo porque no tienden a incurrir en las acrobacias posmodernas. El escritor "serio", o haca lo que cada poca determinaba o sino –como la cienci a ficcinse le tildaba de "e xtranjerizante", reaccionario, "escapista" o quin sabe que ms. En cada uno de estos cnones, la crtica literaria beatifica y

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49anatematiza con base en ciertas ideas que fijan unila teralmente lo que a Colombia le hace falta ( ideas que la mayora de las veces se imponen dict atorialmente o segn las modas del exterior, que excluyen a cualquier cantidad de sectores de la poblacin nacional, que pretenden lograr que olvidemos que no existe "una Colombia" sino "mltiples Co lombias"). La crtica litera ria, los profesores de literatura, los escritores y los lectores que se comen el cuento de que "hay cosas que no son colombianas" (generalmente "cosas que no le convienen a ciertos gr upos") siempre acaban esterilizando el arte, absolutizando normas y valores, y quemando herejes, sin detenerse a pensar que existen tantas Colombias como colombianos. La crtica que olvida que no existe "un canon" sino tantos cnones como colombianos haya, irremediablemente cae en el juego del status quo. 2) Citemos de nuevo a Curcio Altamar cuando ya en los aos 50 denunciaba que la literatura colombiana adoleca de falta de preocupaciones universales y de un exceso de atencin a factores ideolgicos. Ya lo hemos dicho tambin al evaluar la situacin de la ciencia ficcin latinoamericana: la ciencia ficcin tiende a ser ajena al seudoproblema de la "identidad nacional o continental", sus pretensiones apuntan justamente a ese universalis mo, ecumenismo y cosmopolitismo que desborda esos seudoproblemas; es literatura para revelar la vacuid ad de banderas, religiones, sexos y razas, literatura para que, olvidndonos de estos y otros accidentes, miremos solamente seres humanos {as ellos sean verdes y con las cabezotas y antenas que les pintan en las tiras cmicas). Este sencillsimo rasgo de una literatura, an cuesta acogerlo entre nosotros. 3) En Colombia la ciencia ficcin siempre ha sido una literatura disidente (58). Cuando todos hacan criollismo y mundonovismo, la cien cia ficcin colombiana ya era di sidente; cuando todos hacan literatura comprometida y de la violencia, la ciencia ficcin colombiana ya era disidente; cuando se puso de moda el "Macondismo", la ciencia ficcin colomb iana era disidente; cuando el boato posmoderno se ha vuelto la norma, la ciencia ficcin colombiana contina siendo disidente. En Colombia -de nuevo aporas del subdesarrollola ciencia ficcin ha sido ms contradiscurso de lo que se supone. De hecho, el da de hoy el gnero an no encaja en ningun a de las clasificaciones, estudios y anlisis sobre literatura colombiana, pues estos esquemas todava no son lo suficientemente amplios y heterogneos como para tolerarla (la otra razn para que la crti ca colombiana se quede corta ante la ciencia ficcin, est en que ella es una prosa sin artificio, prosa que no incurri en neobarrocos y neomanierismos que desde los 60 han sido sobrevalorados en el contexto latinoamericano). 4) La ciencia ficcin tampoco ha arrancado con fuerza en nuestro pas por que los editores no arriesgan con ella convencidos en cada etapa de que el escrito colombiano deba dedicarse o al hispano-grecocasticismo, o al folclor, o a la violencia, o a la literatura comprometida, o al gabismo, o al neobarroquismo, o al neomanierismo (obviamente, convencido tambin de que no venden" y es mejor jugrsela con Asimov (59)). No a rranca porque los profesores de literatura no creen sano ensear autores colombianos que por temas y tratamientos "no parecen colombianos". No arranca porque el escritor tiene que dedicarse a otras modalidades si desea que le publiquen (junto a esta afirmacin, Germn Espinosa relataba que cuando aparecieron sus cuentos fantsticos y de ciencia ficcin en La noche de la trapa medio mundo se le vino encima increpndolo por ceder a veleidades y olvidar la violencia que azotaba al pueblo colombiano, as como la necesidad de la reforma agraria (60)). No arranca porque el lector promedio sencillamente desconoce que en Colombia s se ha cultivado el gnero. No arranca porque crticos, editores, escritor es, profesores de literatura y lectores colombianos del siglo XX -y s que soy cansn al redundaren gran parte seguimos siendo "Preborgesianos". 5) La ciencia ficcin no ha despegado con fuerza en Co lombia por que la influencia social de la ciencia no se aprecia del mismo modo en un pas subdesarrollado como ste, que en una nacin desarrollada. Aqu todava no se ha percibido que el conocimiento cientfico es de vida o muerte para el hombre (remito a lo apuntado en las notas del captulo II sobre ciencia ficci n latinoamericana). 6) La ciencia ficcin colombiana no arranca con fuerza porque Colombia ha sido un pas donde la "literatura de ideas" es exigua. En nuestra ltima etapa y si exceptuamos la misma ciencia ficcin fuera de algunas novelas y cuentos de Germn Espinosa y alguna adicin ms de Pedro Gmez Valderrama, prcticamente no hay nada ms que nombrar. Aqu otra vez tendramos que mencionar la sempiterna falta de conciencia universal en nuestra literatura. 7) La ciencia ficcin colombiana se ha visto afectada por las mismas razones geopolticas que ya hemos referido al hablar de la cienci a ficcin latinoamericana. El repart o mundial de poderes que tambin abarca la esfera cultural, le asigna a Amrica Latin a unos temas y estilos que como escritor de pas subdesarrollado, usted debe acatar. Pese a reco nocimientos espordicos a algunos escritores colombianos, es claro que esta tesis sigue sie ndo vlida constatando la condicin del gnero en Colombia (vase el captulo a propsito de la ciencia ficcin latinoamericana).

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508) La ciencia ficcin colombiana -como tambin se a punt en el aparte latinoamericano adonde otra vez invitamos a dirigirse para completar esta notaes una ciencia ficcin que no se ha formado bajo el influjo de revistas sino de libros; carece de aficionados asociados o "fandom" ; no tiene calado popular aun cuando es reconocida por una pequea poblacin desdichadamente compuesta en su mayora por crticos profesionales (61); respecto de "megacienciaficciones" como la estadounidense, es un gnero atrofiado con las ventajas y desventajas que ya sealamos en cada caso; y, finalmente, ocurre en un pas donde quien desee leer ciencia ficcin, casi siempr e lo hace en autores norteamericanos (62). 9) La ciencia ficcin colombiana en general NO representa una tradicin orgnica. Considerados globalmente, los hacedores colombianos del gnero tienden a desconocerse, escriben sus textos de manera desconectada e inconsciente de lo que ha producido o dejado de producir su gnero en el pas. Los editores, crticos, profesores de literatura y l ectores, tampoco tienden a conocer la tenue tradicin con que contamos en este sentido. 10) Para ser justos, debe decirse que otra de las razones por las cuales la ciencia ficcin colombiana contina enana en cantidad, es la misma razn por la cual la literatura colombiana carece de ms calado popular: en Colombia no se lee (segn algn estudi o reciente los colombianos leemos en promedio 1,7 libros al ao, es decir, ni siquiera dos libros anuales (63)). No es que en Colombia no se lean solamente la ciencia ficcin o la literatura fa ntstica. No. Es que no se lee nada. Salvo los diarios amarillistas, Gabriel Garca Mrquez, las tarjetitas de mensajes rosa para enamorados, algunas tiras cmicas, y algunos libros piadosos o novenarios, al colombiano comn no le interesa ese asunto de la lectura. 11) Si como afirma Pineda Botero (64), en la literatura colombiana no ha existido gnero pico en sentido estricto, a nuestro modo de ver la ciencia ficcin sera una de las contadas manifestaciones literarias que tienden a llenar el faltante que hay en ese sentido. La ciencia ficcin colombiana vendra a completar esa literatura colombiana parca a la hora de loar el coraje, de suministrar aventura, de condenar la servidumbre resignada a la vida cotidiana, y de permitirnos experimentar la libertad. 12) En 1967 (65) Germn Espinosa se preguntaba si la literatura fantstica tena futuro en Colombia y treinta aos despus volvemos a hacernos la misma pregunta aunque adici onndole un trmino: Tienen futuro la ciencia ficcin y la literatura fantstica en nuestro pas? En 1967 Espinosa se autocontestaba que era imposible responder a esa pregunta yeso es apenas obvio, salvo en libros de ciencia ficcin como Fundacin de Asimos, hasta hoy contina siendo imposible predecir la historia. No obstante, creo que hoy ms que nunca existen unas condiciones que sabindolas aprovechar, podran redundar en un porvenir digno para el gnero. Ho gao, se necesita ser un gnaro en el tema para aseverar que la ciencia ficcin es solamente escap ismo, infantilismo, actitud re accionaria, opio para el pueblo o traicin a la identidad nacional" (que de pronto hasta lo es, pero tambin y en medida ms esencial. justo lo contrario: enfrentamiento de la condicin humana, actitud contestataria, irona, crtica, poder simblico, universalismo y ecumenismo; si nos ponemos pesados y envarados. hasta "valor educativo" podemos hallarle). Hoy se ha llegado a entender que no existe "un canon" de literatura colombiana sino que existen tantas "literaturas colombianas" como deseemos. Por fin se comprende que en el canon de lo que significan la s literaturas colombianas, nuevos act ores deben hacer su aparicin. A cincuenta o sesenta aos desde el comienzo de la leccin de Borges, parece que por fin estamos entendiendo que en literatura da lo mismo recurrir a lo "fantstico" que a lo "r eal", lo mismo hablar de La Guerra de los Mil Das que de una invasin a Satu rno. Por fin parece cundir el convencimiento de que la literatura es mera ficcin y nada ms, que el nico deber del escritor es el de divertirse para que nosotros como lectores tambin nos divirtamos, que los profesores de literatura y los crticos deben abrir los cnones tradicionales y promover nuevos corpus, que literaturas antes marginales como la ciencia ficcin tambin merecen estudios prof undos, que el editor ha de recordar puntos como estos a la hora de ejercer su labor, que el lector tiene que hacer su tarea leyendo bien (esto es, divirtindose; si no se divierte, que tire el libro). Si hay algo positivo en la mentalidad posmoderna en la que estamos ingresando, es la de que cada vez ms, se respeta la heterogeneidad y las opciones de vida en apariencia heterodoxas; ese sencillo cambio -sobre todo en la literaturadebera propor cionarnos esperanzas. IVALGUNAS INCURSIONES EN LA CIENCIA FICCION COLOMBIANA A continuacin. analizaremos el corpus compuesto po r catorce obras de la ciencia ficcin colombiana, que ya hemos sealado en la Introduccin. Aunque desde el punto de vista de los resultados, el examen es idntico con independencia de si el libro es de cuentos o una novela, existen algunas variaciones prcticas. Si el libro es una novela, en primera in stancia sintetizamos la obra, en segundo lugar la consideramos desde la potica que a nuestro modo de ver le estructura, en tercer trmino tomamos en

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51cuenta su comportamiento respecto del contexto literario latinoamericano y colombiano, y de los rasgos definitorios de la ciencia ficcin. y por ltimo, determinamos una valoracin y unas conclusiones. Si el libro es una compilacin de cuentos, primero lo describimos, en segundo lugar sintetizamos y proponemos una cierta potica para cada relato, as como unas notas generales del texto, y de ah en adelante, procedemos al resto del anlisis en los mismos trminos ya establecidos para las novelas. VIAJES INTERPLANETARIOS EN ZEPPELINES QUE TENDRAN LUGAR EL AO 2009 SINTESIS Viajes interplanetarios en zeppelines que tendrn lu gar el ao 2009 (66) es el ttulo demasiado largo para una novela demasiado larga (492 pginas en la edicin de 1938) que -a diferencia de Fuenmayor y Osorio Lizarazofue escrita por un desconocido M. F. Sliger V. de quien cuanto sabemos es la informacin que aporta el mismo libro; es decir, que fue "Doctor Psico-teraputico y veterano colombiano de la guerra mundial". Viajes interplanetarios (67) es la historia de una guerra entre los ltimos habitantes del planeta Mercurio y una Federacin conformada por Venus, la Tierra y Harte, que para fortuna de todos los mundos, acabar en un tratado de paz entre los dos contendientes. Tal guerra es vista primordialmente desde la perspectiva de Toms, un heroico polica interplanetario que conduce las fuerzas contra Mercurio, ya quien le ocurren di versos avatares hasta que al final se casa con una mujer marciana y como en cualquier cuento de hadas, a partir de entonces vive feliz para siempre. LA NOCHE DE LA TRAPA Cronolgicamente, La Noche de la Trapa (67) constituye la alborada de una nueva etapa en la historia de la ciencia ficcin colombiana. El libro de Germn Espinosa que aparece en 1965, contiene 11 cuentos escritos entre 1961 y 1964, y constituye una de las pr imeras obras de ese escritor que llegara a ser autor can6nico en la literatura nacional. Como tal, La Noche de la Trapa no es un libro dedicado ntegramente a la literatura fantstica y la ciencia ficcin, pero puede describirse como una obra donde un autor hace sus primeras armas intentando alejarse en lo posibl e de lo que en este estudio hemos llamado literatura naturalista. Haciendo una clasifi caci6n harto gruesa, de los 11 rela tos de esta coleccin, 6 pueden ubicarse en la literatura fantstica. Los otros 5 -de corte psicol08izante o seudohistricono emplean ni motivos, ni temtica ni recursos de la segunda gran corriente de la modernidad, aun cuando tampoco pueden adscribirse al realismo-documentalismo puro. As pues, para efectos de nuestro anlisis, consideraremos nicamente los 6 cuentos sealados a continuacin. WALDEN TRES CONTEXTUALIZACION Y SINTESIS A mediados de los 50, el psiclogo norteamericano B. F. Skinner se hizo clebre con sus tesis basadas en el denominado "Anlisis Experimental del Comportamiento" (un paradigma neopositivista que enfatiza fuertemente el papel del aprendizaje en la c onducta humana, as como la posibilidad de orientar cualquier comportamiento del individuo mediante un control estricto del ambiente en que se desarrolla). Como recuerda Pineda Botero (67), en los aos 40 Skinner escribi una novela denominada Walden Dos, que a su vez toma su nombre de la obra Walden de H. D. Thoreau. En su obra, Thoreau narra su retiro a un espacio rural "para vivir en aislamiento y pleno goce de la natu raleza, lejos de los ajetreos de la civilizacin y del mundo industrial" (p. 123). En Walden Dos y siguiendo el modelo de Thoreau, Skinner crea una utopa de acuerdo con sus tesis en el campo de la psicologa. Walden Tres de Rubn Ardila, es un texto que aparece en 1979 y que pretende continuar las tesis skinnerianas (68). Si Walden Dos narraba la vida en "una granja en la mitad de Estados Unidos donde la gente trabaja poco y tiene mucho tiempo libre para no hacer nada" (28), Walden Tres pormenoriza un pas utpico ubicado en el trpico latinoamericano, que para resolver los problemas sociales se sirve del anlisis experimental del comportamiento. Walden Tres ampla la experiencia utpica de Walden Dos desde una pequea colonia hasta toda una nacin. La novela se inicia cuando el lder militar Martn Lu cero Rey consigue hacerse con el poder en Panam mediante un golpe de estado. Con ayuda del psiclogo conductista David Gonzlez, Lucero Rey instaurar un a utopa fundamentada en los principios del socialismo humanista y del citado anlisis experimental del comportamiento. De esta manera, el texto pasa a describirnos todas las reformas que sufre la vida panamea: se implanta n nuevos patrones de crianza infantil, se transforma el calendario (que por ejemplo slo pasa a tener 10 meses de 36 das cada uno, y semanas de 6 das),

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52cambian las condiciones laborales de modo que no sean tan alienantes como antes, se reestructura el sistema educativo a fin de que nada se deje al azar (en la nueva educacin se ensea todo: desde cmo rer hasta cmo sentir una emocin, la planificacin es exhaustiva). En la denominada "Nueva Era" se modifican los patrones sexuales y familiares (se legaliza el matrimonio homosexual, se facilitan uniones y divorcios, se estimula a las parejas jvenes para que vivan juntas antes de casarse, se establecen "Centros de Salud Sexual" es decir, clubes donde una persona -hombre o mujerpuede entrar y permanecer cuanto desee, hacer el amor con cuatro o cinco personas diferentes, participar en alguna orga y luego "volver a casa con el marido o la esposa a quien realmente amaban'. (87). Se implementan medidas como la eutanasia, la eliminacin del ejrcito, la desestimulacin de las religiones (aunque se tolera profesarlas si alguien lo desea) o alternativas distintas para el tratamiento de la delincuencia y la criminalidad. En poco tiempo, Panam se torna en una sociedad que desconoce problemas como el desempleo, la desercin escolar, los divorcios, el maltrato infantil, la contaminacin ambiental, la discriminacin de las minoras, la violencia o siquiera el aburrimiento. El equipo de cientficos comandado por Lutero Rey y Gonzlez consigue una sociedad de gente feliz, educada, inteligente, tolerante, sensible, solidaria, gente que muy poco o nada experimenta ansiedades o culpas de cualquier tipo. En esta utopa el estado lo controla todo y se inmiscuye en todo pero nadie se manifiesta insatisfecho con tal situacin. La identificacin "indivi duo-sociedad-estado.. es absoluta. La aventura culmina cuando cerca de cumplir su quinto ao, una superpotencia extranjera invade Panam con el pretexto de que en ese pas no exista libertad para el individuo. Dado que Panam no se haba alineado ni con Estados Unidos, ni con la Unin Sovitica ni con China, y pretenda se guir una tercera va por fuera del capitalismo o el comunismo, el indefenso pas latinoamericano se queda internacionalmente aislado y la utopa finaliza. LOS DIOSES DESCIENDEN AL AMANECER SINTESIS Los dioses descienden al amanecer (69)) es el titulo de la novela que el barranquillero Rafael de J. Henrquez publica en 1990. La obra es la historia de una profeca de orden sobrenatural que se cumple en la Tierra. Involuntariamente, el antroplogo Ettienne Romain altera la mitica Arca de la Alianza mencionada en la Biblia. Del Arca -un altar con mile s de extraos cubos localizados en un subterrneo de Tiahuanaco (Bolivia)Roma in separa dos cubos que acaban en distintas partes del mundo ocasionando toda clase de maravillas que van desde levitaciones hasta curaciones milagrosas o terremotos. Desdichadamente, ya que el Arca no puede ser violada, los dos cubos separados de su origen alteran tambin el equilibrio geomagntico de la Tierra, transforman por entero el clima del planeta, y por ltimo desencadenan un segundo D iluvio Universal. Cuando parece que la raza humana perecer por entero, un grupo de personas consigue hallar la forma de devolver los cubos al altar de Tiahuanaco, cesa el Diluvio Universal, y se restab lece la armona csmica alterada por el hombre. La anterior que es la columna vertebral del relato est aliada con multitud de elementos adicionales como misteriosos personajes sobrenaturales, espionaje de agencias de Estados Un idos y la extinta Unin Sovitica posible guerra nuclear intrigas vaticanas, manuscritos secretos, tal cual asesinato, esoterismos y hermetismos de toda laya. En resumen, Los dioses descienden al amanecer es un texto de concepcin ambiciosa, una conjugacin de motivos extrados de la ciencia ficcin, la literatura mticofolclrica, el esoterismo y la novela de espionaje. ELLOS LO LLAMAN AMANECER Y OTROS RELATOS Ellos lo llaman amanecer y otros relatos es la coleccin de textos que alrededor de la literatura fantstica y la ciencia ficcin, Ren Rebetez publica en 1996 (7 0). Concretamente son 23 textos de los cuales 10 son cuentos extrados de La Nueva Prehistoria y otros cuentos de 1967 (con lo cual Ellos lo llaman amanecer es de cierto modo una segunda edicin de La Nueva Prehistoria y otros cuentos). De los 13 nuevos textos, 8 son relatos de fantasa y ciencia fi ccin, uno es un ensayo breve acerca de la ciencia ficcin que nos ha servido en los primeros captulos de este trabajo (El mito de la ciencia ficcin) y los 4 restantes (Memorias de un crononauta, El tejedor de milagros, De CODK) un pirata y su loro con falacias y argucias me hicieron na ufragar en esta isla y Veinte mil leguas de viaje subjetivo) oscilan entre la poesa en prosa, la autobiografa, declaracione s de principios poticos y filosficos, recoleccin de mitos populares o el testimonio. As pues, para efectos de nuestro anlisis, consideraremos nicamente las 8 nuevas narraciones de ciencia ficcin y literatura fantstica incluidas, y no

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53contemplaremos las 10 historias de La Nueva Prehisto ria y otros cuentos que ya fueron examinadas en su momento. 1 Raymond L. Williams, Novela y poder en Colombia 1844-1987, Bogot, Tercer Mundo Editores, 1991, captulos 1 y 2. Ibd. 2 3 Ibd. 4 Ibd. 5 Antonio Curcio Altamar, Evoluc in de la Novela en Colombia, Bogot, Instituto Colombiano de Cultura, 1975, captulo VII. 6 Bernardino Torres Torrente, El ngel del bosque, Bogot, Tipografa de El Expositor, 1922 (1876). 7 Por cierto, hay aqu un estudio por hacer sobre la imagen y funcin de los ngeles en la literatura colombiana que vaya desde este ngel del Bosque hasta Dulce Compaa pasando por ese magistral ngel de Un seor muy viejo con unas alas enormes de Garcia Mrquez, y que podra llegar incluso al reciente Hetatrn. 8 Para ser justos, habra que reconocer que tambin hay algn motivo en la lnea del "magnetismo espiritista" en otro libro de Torres Torrente (Sombras y misterios o Los embozados de 1859), pero sin alcanzar tanto despliegue como los motivos e ideas de El ngel del bosque. 9 Aunque podramos mencionar algn otro relato del siglo XIX con algn motivo fantstico o de ciencia ficcin en su trama, la verdad es que en sentido estricto esas obras no son ni literatura fantstica ni ciencia ficcin, y con el ejemplo de El ngel del bosque proporcionamos una idea de uno de los libros ms prximos al gnero que nos ocupa. 10 Jaime Alejandro Rodrguez, Autoconciencia y Posmodernidad. Metaficcin en la novela colombiana, Bogot, Si Editores, 1995, captulo 3. 11 A este respecto vale la pena anotar que lo que Todorov considera virtud, en su clebre Antologa de la Literatura Fantstica junto a Borges y Silvin a Ocampo, Bioy Casares lo juzga defecto. Segn Todorov, el relato slo es fantstico si sume al lector en la ambigedad acerca de lo real y lo ficcional (si admite explicacin natural slo es "extrao", si admite explicacin sobren atural es "maravilloso"). Segn el Prlogo de Bioy Casares en la antologa citada (tesis que por cierto no aplic a varios de sus relatos), un cuento que suma al lector en esa indecidibilidad, slo revela que el escritor no ha podido manejar apropiadamente su material y por ello no ha sabido ni plantear ni resolver adecuadamente el texto 12 Rodrguez, Mundo como escritura en “D e Sobremesa” en op. Cit., p. 34-36. 13 Emilio Cuervo Mrquez, Phrazomela en Revista Gris, ao I. entrega 3, Bogot, Diciembre de 1892. 14 Cursio Altamar, op. Cit., p. 99-100 15 Ibd. 16 Williams, op. cit. p. 60. 17 Ibd., p. 32-33. 349 1bd., p. 39. 18 Ibd.., p.39 19 Ibd., captulos I y II 20 Alvaro Pineda Botero Novela Urbana? En Colo mbia: Viaje de la Periferia al Centro, en Isabel Rodrguez Vergara (Ed.), Colombia: Literatura y Cultura del Siglo XX, Washington, Coleccin Interamer-OEA, 1995, p. 132. 21 Williams, op. cit., p. 123-124. 22 Ibd., p. 39. Ibd., p. 135. 23 Ibd., p. 138.

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5424 Alfonso Fuenmayor, Crnicas sobre el Grupo de Barranquilla, Bogot, Instituto Colombiano de Cultura. 1978, p. 17. 25 Williams, op. cit., p. 138-142. 26 Rafael Gutirrez Girardot, La literatura colombiana en el siglo XX en Jaime Jaramillo Oribe (Director), Manual de Historia de Colombia, Bogot, Procultura, 1982, p. 516-518. 27 Revista Javeriana, # 26, Julio de 1936, p. 62-63. 28 Curcio Altamar, op. cit., p. 200. 29 Para escribir este artculo de 1967 donde resea lo que ha sido la literatura fantstica y de ciencia ficcin en nuestro medio. ya fin de incluirse en la mu estra y autoanalizarse a s mismo, Espinosa adopta el seudnimo de Jos Garca Umaa. 30 Jos Garca Umaa, La fantasa en casa de lo real –La ciencia ficcin y la literatura fantstica en Colombia, en Letras Nacionales, # 15. Bogot. Julio-Agosto de 1967. p. 15. 31 Mara Castello, La tragedia del hombre que oa pensar en Biblioteca Aldeana de Colombia. Varias Cuentistas Colombianas, Bogot, Editorial Minerva. 1936. 32 Curcio Altamar, op. cit., p. 191. 33 Ibd., p. 192. 34 Williams, op. cit., p. 34. 35 lvaro Pineda Botero, El reto de la crtica, op. captulo I. cit., 36 Williams, op. cit., captulo 7. 37 Ibd., captulo 2. 38 Vanse Williams, op. cit., captulos 2 y 7; Calinescu, op. Cit., captulo “Sobre la Posmodernidad”, y lvaro Pineda Botero, Del mito a la postmodernidad: La novela colombiana de finales del siglo XX en Luz Mery Giraldo (Coordinacin), La novela colombiana ante la crtica 1975-1990, Cali, CEJA, 1994. 39 Vase Crononauta (Revista de Ciencia Ficcin y Fantasa), Nmeros 1 y 2, Mxico, 1964. 40 Que, significativamente, ten a su direccin en Edgar Allan Poe 28-19 de Mxico D. F. 41 Ren Rebetez, Entrevista Personal, Mayo 6 de 1997. 42 Y por ello Schwarz bromea diciendo que era una revista que sala religiosamente, es decir, cuando Dios lo permita. 43 Ren Rebetez. Entrevista Personal, Mayo 6 de 1997. 44 Ren Rebetez. Entrevista Personal, Octubre 8 de 1996. Vase el artculo Al lector que sirve de prlogo al ya citado en otro ca ptulo Cuentos de Ciencia Ficcin. 45 Ren Rebetez, Entrevista Personal, Octubre 8 de 1996. Esta misma asercin la reitera en su ensayo El mito de la ciencia ficcin cuando afirma que la ciencia ficcin "es una nueva mstica" (p. xxiv). 46 Vase El Reto de la Crtica. p. 31. 47 Vase la contracartula en Ciencia ficcin-El hu manismo de hoy de Mora Vlez. Personalmente lo he constatado en comunicaciones pers onales con Antonio Mora Vlez el 22 de Julio y el 2 de noviembre de 1996. 48 Palabras de Eduardo Pachn Padilla en Test amento Literario de Eduardo Pachn Padilla. 49 Jos Rafael Vilar, La ciencia ficcin y Antonio Mora Vlez en Revista CECAR, # 8, Sincelejo, Julio-Diciembre de 1994, p. 46. 50 Vase Pedro Gmez Valderrama, Cuentos Completos, Bogot, Alfaguara, 1996. 51 Jos Garca Umaa, op. cit. p. 16-20. 52 Vase Convocatoria a los Concursos "Una Ciudad que Suea”, Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Bogot, 1997.

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5553 Williams, op. cit., p. 43. 54 Claro que una cosa es ser disidente del canon establecido, y otra ser disidente con resultados estticos vlidos. La ciencia ficcin colombiana siempre ha sido disidente del canon establecido, pero slo en parte es una disidencia estticamente lograda. 55 Vase las notas donde establ ezco algunos juicios sobre la ci encia ficcin latinoamericana. 56 Dcima Feria Internacional del Libro, Mesa Redonda La Ciencia Ficcin con participacin de Germn Espinosa. Ren Rebetez y Antonio Mora Vlez, Bogot, Mayo 1 de 1997. 57 Una muestra ms de lo poco que importa el reconocimiento de la crtica en este pas? 58 No es casual que ya alguien haya propuesto que en vez de llamarnos "Planeta Tierra" nos rebauticemos como "Planeta Americano". 59 Carlos Snchez Lozano, Crtica y difusin del libro en las revistas colombianas de hoy, en Magazn Dominical de El Espectador, Bogot, # 700, Octubre 13 de 1996, p. 18. 60 Pineda Botero, Del a la postmodernidad: la novela co lombiana de finales del siglo XX, en op. cit., p. 98. 61 Jos Garca Umaa, op. cit., p. 21. 62 F. Sliaer V., Viajes interplanetarios en zeppelines que tendrn lugar el ao 2009, Bogot, Editorial Centro, 1938. Todas las citas posteriores corresponden a esta edicin. 63 En lo sucesivo identificaremos la obra nicamente llamndola Viajes interplanetarios. 64 Germn Bspinosa, La Noche de la Trapa, Bogot, Litografa Colombia, 1965. 65 lvaro Pineda Botero, Del mito a la posmodernidad, Bogot, Tercer Mundo Editores, 1990. 66 Rubn Ardila, Walden Tres, Bogot, Plaza y Jan s, 1992, Segunda Edicin (primera edicin en Ediciones CEAC, Barcelona, 1979). Todas las citas posteriores corresponden a la segunda edicin. 67 Rafael de J. Henrquez, Los dioses descienden al amanecer, Bogot, Plaza y Jans, 1990. Las citas posteriores corresponden a esta edicin.

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56 SUPERNOVA D. F. TORRENTS A Carl Sagan, abridor de mentes… El padre Gregory esperaba en la antesala del despacho de Su Santidad, observando a los presentes mientras paseaba sus casi dos metros de estatura de arriba abajo. Los otros tambin lo observaban. La inmensa mole enfundada en una inusual chaqueta de cuero con cuello de piel de oso y una barba rojiza ms enmaraada que el cuello de su chaqueta no poda pasar desapercibida, y menos en un ambiente como aquel. Cuando se abri la puerta de la antecm ara del despacho papal, dio un salto y se dispuso a entrar. No haba dado dos zancadas cuando oy al asistente de visitas llamar Monseor N’goro ". Un peso pesado negro y reluciente, enfundado en seda y conteniendo su abdomen con una faja prpura se dirigi resoplando a la puerta. El asistente mir al bulto de piel parado en medio de la estancia sin poder ocultar su sonrisita de maricn. Mal rayo te parta — pens Gregory y, con resignacin, se sent en uno de los canaps. Como presinti que seguramente no le respetaran el turno de aqu en adelante, sac de su portapapeles el ltimo ejemplar del World Scientific y se sumergi en la lectura, no sin antes fulminar a los presentes con su ms fiera mirada. Pasaba las pginas con rapidez, slo con la intencin de enterarse de los titulares y de no aburrirse mientras esperaba. Perdida en la pgina 46, le llam inmediatamente la atencin la nota firmada por un colega del Observatorio de Monte Palomar: ... y por tanto creemos sin lugar a dudas, pues ha sido corroborado en tres ocasiones, que la perturbacin gravitacional que se ha detectado en el ltimo ao proviene del sector Q-76, localizado a mil aos-luz y a noventa y cuatro grados por encima del plano de la galaxia... Dio un salto que despert al anciano cardenal que junto a l tambin esperaba ser recibido por el Papa y le import un comino la desaprobacin que lea en el rostro de todos. Si la noticia fuera cierta, corroborara parte de su teora acerca de las bocas por plegamiento Sigui leyendo el resto del artculo, apenas dominando la febril excitacin que se apoderaba de l. Cuando expuso su teora para optar al doctorado, fue aplaudido por unos pocos y mirado con escepticismo por la mayora que mova sus cabezas in crdulamente. Pero para l era simple. Si el universo era realmente un continuo espacio-tiempo que se plegaba sobre s mismo, donde existan agujeros negros que devoraban materia, energa y radiacin, deberan tambin existir regiones — inmensas regiones— donde tales plegamientos irrumpiran desde "atrs" hacia este espacio que conocemos. Una suerte de agujeros negros al revs de donde saldra la energa que se condensara en materia, formando nubes de polvo csmico que poster iormente se transformaran en galaxias. A estas regiones las llam bocas pues pensaba que podan ser los puntos por donde este universo se alimentaba para crecer continuamente en una expansin sin lmites. Tambin pens en llamar a estas regiones escudos pues por su naturaleza y topologa no admitan que nada entrara en ellas sino que reflejaban o rechazaban todo lo que a ellas se dirigiera —una esp ecie de espejos csmicos—. Y eran puntos donde se

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57presentaban singularidades gravitacionales como la de scrita en el artculo que lea. Claro, estaba el problema de la radiacin de fondo compuesta por microondas que avalaba todo aquello del Big-Bang pero si se era de mente abierta, tambin podra atri buirse esta radiacin de fondo al movimiento mismo de la energa y de la materia reciclndose de un lugar a otro del espacio-tiempo plegado... Se qued mirando al asistente de visitas y le sonri beatficamente. Dios, ya no te molestes en fulminarlo... —pidi con conviccin. Por fin le lleg el turno de ser atendido. Aunque era la segunda vez que estaba en persona ante el Santo Padre, no dejaba de sentir cierto respeto reverencial. Despus de todo, estaba ante la mxima autoridad de la Iglesia y ante un jefe de estado. Tambin poda pensar que estaba ante alguien que, segn se deca —el padre Gregory no estaba muy convencido—, poda hablar y fijar el rumbo de su inmenso conglomerado sin equivocarse, pues cuando as obraba no era l, el anciano encorvado que tena ante s, sino "ellos" quienes hablaban… Tambin senta curiosidad y algo de aprensin pues de lo que dijese el anciano podan derivarse mltiples situaciones que podran afectarlo, tal como ocurri la primera vez que se vieron cara a cara. En el fondo del despacho estaba la figura enfu ndada en blanco y a su lado un joven sacerdote. —Su Santidad —dijo humildemente arrodillndose para besar el anillo en la mano derecha. El Papa le dej hacer y con un gesto le invit a levantarse. —Vemos que sigue usted tan friolento como siempre, padre Gregory —sonri el Pontfice. —Oh, s seor, quiero decir… Sus Sant… Su Santid ad. Ya sabe cmo es eso de estar noches enteras mirando al cielo… —minti, pues en realidad trabajaba con radiotelescopios completamente automatizados que buscaban sus blancos guiados por computadores y programas altamente sofisticados. En realidad el fro de sus huesos lo llevaba desde hacia veinte aos, despus de pasar siete recluido en Siberia —Con sus observaciones est usted, Gregory… Pod emos llamarle Gregory? …ms cerca de Dios que muchos que rondan por aqu —el tono confidencial empezaba a romper el hielo. Le presento al padre Spencer. Salud al tal Spencer quien, a pesar de haber sido advertido por el Papa, no dejaba de observarlo con sorpresa. Se sent en la silla que se le ofreci. Ambos recordaron, aunque no lo dijeron, la reunin que sostuvieron tres aos antes, cuando el mismsimo Papa tuvo que rescatar al padre Gregory de la furia de un buen sector de la curia romana y del resto del mundo por sus atrevidas tesis acerca de la redencin del gnero humano por parte de Jesucristo. Debera haber otros Cristos para ot ros planetas habitados por seres racionales, tipo homo sapiens ? Si haba miles de millones de estrellas —soles—, rodeados de cientos de millones de planetas, o acaso slo unos pocos millones de planetas como la Tierra, no deberan haber unos pocos millones de Cristos derramando su sangre para llevar la Salvacin a todos esos seres signados tambin por su pecado original? Y entonces dnde quedaba aquello del Hijo Unignito de Dios? O, por el contrario, slo existi el Cristo que conocemos y nadie ms fue salvado? O fueron redimidos todos con un solo bao de sangre? Si se aceptara que deberan haber miles de civilizaciones ms antiguas que la de la tierra, era equitativo que tuvieran que esperar hasta que este planeta estuviera maduro para, por una suerte de extrapolacin, ser salvados tambin? Todo esto haba causado un gran alboroto. Me rescat, pero an no me ha absuelto ". El padre Gregory crea firmemente que Jess haba derramado su sangre por l personalmente As lo crea el Pontfice, tambin. Pero el Papa, que haba pasado buena parte de su vida teniendo que disentir de quienes ejercan el poder en su lejana patria, estaba acostumbrado a plantearse preguntas que iban en contrava de lo establecido y de lo aceptado por el comn de las gentes, y aqu inclua en el comn de las gentes a buena parte de sus cardenales, obispos, asesores, doctores de la Iglesia y, ni qu decir, prrocos y presbteros. El padre Gregory crea en Cr isto, amaba a Jess y era un astrnomo de mente abierta, lo que era perfecto para los planes del Santo Padre. —Ver, Gregory —empez el Papa con una tenue sonrisa—. Creemos que es el momento de que abandone la observacin por la observacin. Nos pensamos que a estas alturas del siglo, es importante que nos involucremos ms decididamente en los ac ontecimientos que la ciencia, estamos seguros, develar prximamente. Y debemos estar all, debe mos estar preparados. As pues —continu—, le informamos que le hemos asignado a trabajar en el programa S.E.T.I.

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58El padre Gregory dio un respingo que no pas desapercibido para el Papa. Ahora s nos llev el que nos trajo… medio maldijo pensando en el trabajo que debe ra abandonar por tener que obedecer al anciano sentado frente a l. ¡Oh, no. No en este momento! —Con todo respeto, Su Santidad, … —comenz a decir, cuando entr un camarero con un servicio de t y tostadas. El Papa le hizo un gesto para que callara. Una vez se hubieron servido y retirado el camarero, el padre Gregory continu: —… es bien sabida la posicin de la Iglesia respect o a este asunto. No creo que usted quiera que todos se enteren que yo… —Nadie va a enterarse, excepto unos pocos de conf ianza —le interrumpi el Pontfice. De hecho — continu—, su trabajo ser aqu, en el Vaticano. Pa dre Spencer, podra explicarle los detalles al padre Gregory? —Vea, padre —lo mir como un bho a travs de sus gafas de pasta—, as ser como se har esta investigacin: se ha instalado un poderoso mainframe en los stanos del ala oeste del museo y Su Santidad ha instruido a todas las dicesis para que su s computadores de escritorio sean conectados a ste por medio de la red mundial. A su vez, los computadores de las dicesis sern receptores de las seales del programa S.E.T.I. Ya sabr usted que dicho programa est enviando el software requerido y las seales recogidas y no procesadas por falta de ca pacidad a cuantos computadores personales quieran aceptarlas, para que hagan el proceso de identifi cacin en "el trasfondo", mientras procesan otras aplicaciones. —Y ese software identificar cualquier seal sospechosa y dar aviso inmediato al observatorio que la envi… —No, ya nos ocupamos de eso —le interrumpi Spencer—. En cada computador de las dicesis a travs del mundo hemos instalado el programa adecuado para filtrar y desviar cualquier aviso. Todas las seales razonablemente inteligentes sern enrutadas hacia su mainframe ¡Mi mainframe !¡ No eres ms que un maldito pirata informtico! ¡ Hacker despreciable! —se contuvo de gritar Gregory. El Papa hizo un gesto da ndo por terminada la reuni n. Los sacerdotes se levantaron y cuando el padre Gregory se acerc a besar el anillo de l Pontfice, este lo ab raz y le susurr al odo: "El tribunal an no est de acuerdo con el anatema hacia usted, pero No s seguimos de cerca el proceso". Vaya con el padre Spencer, quien le dar el resto de los detalles —aadi—. Pero no olvide, Gregory, slo se comunicar con Nos o con el padre Spencer. ¡Madre de Dios, me ha chantajeado! Y lo que es peor: con su chantaje me mete de patas y manos en una conspiracin. ¡Porque esto huele a conspiracin! El padre Gregory era un hombre de firmes convicci ones y fe inquebrantable. No en la Iglesia, ciertamente. Y los acontecimientos de l ltimo cuarto de ho ra le afirmaban en sus viejas creencias acerca de cmo no se deba manejar este negocio, como l lo llamaba. Se exprima el cerebro para ver cmo poda zafarse de este embrollo, pero era intil. La d ecisin de la Congregacin para la Doctrina Catlica de la Fe —el antiguo Santo Oficio— que le haba abierto un caso y hecho cargos por sus afirmaciones, era una espada de Damocles sobre su cabeza. Sin embargo, a pesar de no estar de acuerdo con los procedimientos de la Iglesia, los perdonaba porque los atribua a los hombres que la dirigan y no a su verdadera esencia. l hubiera querido pertenecer a la Iglesia, pues por eso se haba hecho sacerdote. Cuando observaba el firmamento, saba que Dios era el responsable de todo aquello que vea, no podra ser de otra manera. Su magnificencia lo corroborab a. As fue como en su juventud encontr a Dios: mirando a travs de un telescopio. Y lo reconfir m con su vocacin tarda y su consagracin como sacerdote. Pero ahora era sacerdote de sta, su Iglesia, la que llevaba muy dentro de s. El padre Spencer a duras penas poda sostener el ritmo de las zancadas del padre Gregory y se limitaba a dar veloces carreritas para avanzar a la par por los pasillos del tercer piso. —Padre Gregory, por favor, no debe llamar la atencin —jadeaba. El oso pareca una avalancha por las escaleras. Se detuvo bufando en el rellano y casi a los gritos exclam: —¡Es inaudito, inconcebible! Como puede alguien pedirme...

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59Spencer le dio un codazo en las costillas y el hombrn no pudo menos que mirarlo con sorpresa. —¡Padre Gregory, contrlese! —pidi en voz baja —¡Por favor! —Aadi, arrastrndolo a travs de una pequea puerta que abri con una llave que llevaba en el rosario que penda de su cuello. Caminaban a paso ms moderado por un corredor sin ventanas, una especie de tnel tras los salones que acababan de dejar. Tres corredores ms y dos escaleras de piedra los llevaron directamente al stano del museo. Se detuvieron frente a una puerta rotulada "ESTADISTICA PARROQUIAL". El padre Spencer abri la pesada puerta metlica, la cual gir sin un chirrido. Gregory sinti que estaba entrando a una especie de bveda de seguridad, o algo as, pero bveda al fin y al cabo. El interior era insospechadamente moderno, repleto de aparatos electrnicos, estanteras con cientos de cintas magnticas, ductos y rejillas de aire acondicionado. En medio del saln estaba la super computadora, un mainframe que, por su tamao, debera ser la envidia de ms de una corporacin multinacional. No tena marcas ni muchas de las tapas laterales. Las tripas de cables y conectores estaban a la vista, pero Gregory inmediatamente se dio cuenta de lo poderoso que deba ser. —¡Madre de Dios! —exclam—. Esto no lo venden en las tiendas… —Lo hemos armado nosotros —dijo Spencer, recalcando el nosotros para dar a entender que l era el responsable. —Vaya, vaya —los ojos como platos es cudriaban todo—. Qu "cerebro" tiene? —Diez bancos, cada uno con mil unidades de 1000 millones de ciclos por segundo en paralelo. El padre Gregory silb. —Y memoria? —Por razones de espacio slo pudimos darle novecientos... —Novecientos megabytes, humm —rezong Gregory. —No, padre, novecientos terabytes —le aclar Spencer. El padre Gregory se dej caer en una silla y con la boca abierta mientras miraba al monstruo, solo atin a decir muy lentamente: —¡Madre de Dios...! —Estar usted de acuerdo conmigo, Gregory puedo llamarle Gregory?, en que es una magnfica herramienta para nuestros propsitos. ¡Gregory! ¡Vaya si son confianzudos en este Vaticano! Pero el padre Gregory era, ante todo, un cientfico y rpidamente le perdon, pues su mente volaba analizando las posibilidades. Si pudiera aplicar esta mquina a los clculos neces arios para probar su teora de las bocas tendra resultados en menos de un mes. Dos, a lo sumo. El padre Spencer saba que poda aprovecharse de la fascinacin que haba despertado en su colega. —Pudo haberle parecido un poco brusco el planteamiento de Su Santidad, Gregory —empez en tono conciliador—. Pero no me negar que las implicaci ones de la bsqueda son terriblemente importantes —afirm en vez de preguntar—. Imagnese. Si se descubre algo, la Iglesia tiene que estar preparada para dar la gua necesaria al mundo, a sus fieles. En realidad fue usted quien le abri los ojos al Papa con sus afirmaciones de hace unos aos. —S —dijo Gregory—. Pero el mtodo que se est empleando aqu no es de lo ms ortodoxo que digamos o s? —Bueno, no hay que hacerse mala sangre por hacer esos pequeos desvos. La Iglesia fijar primero su posicin y luego, quin sabe?, el Vaticano dejar que el resto del mundo conozca los resultados. Todo sea ad majorem Dei gloria como suele decir Su Santidad. No le parece interesante que, de pronto, sea usted el primer ser humano en saber si no estamos solos en el universo? —Oiga Spencer —salt, ignorando su ttulo de jerarq ua sin pedir permiso—. No es necesario que me manosee el ego. Pero, s, me parece interesante —agreg. Spencer sonri satisfecho, pues sa ba que el padre Gregory —aunque no lo admitiera abiertamente— no se poda resistir a emprender este trabajo que consid eraba ms que interesante. Era un reto formidable.

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60—Bien, entonces djeme explicarle todo. Gregory no tomaba notas. Su cerebro absorba como esponja las exp licaciones de Spencer. Haca de vez en cuando preguntas cortas para clarificar el funcio namiento de algn aparato, pero estaba familiarizado con el uso de la mayora de ellos. Al fin y al cabo eran similares a los que utilizaba en el observatorio, slo que ligeramente ms sofisticados o de mucha mayor capacidad y potencia. Cuatro horas despus, lo que realmente le preocupaba eran los gruidos de su estmago. Dando por terminada la instruccin tcnica, Spencer le explic cmo acceder a los servicios del Vaticano, le dej una lista de extensiones telefnicas y le mostr la pequea recmara al lado del saln principal, la cual sera su dormitorio. Luego de recomendarle con un guio que se presentara como el "director del estudio estadstico de las parroquias", le entreg una credencial de identificacin y le dej. Despus de la comida, un poco ms relajado, Gregory se puso a repasar los acontecimientos del da. Empezaba a ver todo aquello como una oportunidad de salirse con la suya o, por lo menos, darle a la Congregacin de la Fe un hueso an ms duro de roer al mostrarle evidencia de vida inteligente en otros mundos. ¡S seor! Tendrn que quemar muchas neuronas para demostrar que no hubo muchos Cristos o que no todos fuimos redimidos… Esa noche, el padre Gregory envi un correo electrnico a su colega del observatorio ponindolo sobre aviso de lo que haba ledo sobr e el sector Q-76, dndole instru cciones precisas para enfocar los radiotelescopios hacia la singularidad gravitacional. Al da siguiente, cuando apareci Spencer, ya Gregory llevaba tres horas sentado ante el teclado del monstruo. Haba estudiado someramente la base de datos y se haba enfrascado en la revisin de los algoritmos matemticos que permitiran identificar una seal como posiblemente inteligente Haba subrutinas para todo: desde simple sucesin de nmeros naturales, hasta secuencias de nmeros primos pasando por series de Fibonacci y cifras decimales del nmero pi. El programa estaba diseado para hacer un barrido estadstico de las seales entrantes y as formar grupos y subgrupos de anlisis a los cuales aplicarles los mencionados algoritmos. Todo se haca automticamente, por supuesto, y en realidad su trabajo consista en estar atento a los avisos del ordenador para reprocesar las seales sospechosas. —Busquemos a los hombrecitos verdes —dijo Spence r jovialmente, mientras tecleaba los cdigos necesarios para activar la red de datos procedentes de los lugares ms dismiles del mundo. Las luces de los tableros indicadores parpadeaban mientras eran analizados millones de datos por segundo. Y as transcurrieron un ao, cinco meses y veinte das… La alarma sonaba insistentemente y Gregory dio un sa lto desde su camastro. En la pantalla se mostraban filas interminables de unos y ceros. Al cambiar la pantalla de modo binario a decimal, una observacin ms detallada le mostr a Gregory que dichos nmeros se repetan en secuencias regulares y ordenadas. Pero no saba qu rayos quera decir aquello. Puso a trabajar los subprogr amas con los algoritmos disponibles y despus de tres das el resultado era el mismo: nada. Eran secuencias indescifrables. Sin embargo, estaba seguro que algo deba haber all; no poda ser un qusar o una estrella de neutrones pues las secuencias no seran tan perfectas ni tan re gulares. Decidi que los algoritmos utilizados podan no ser los adecuados y se puso a pensar con qu podra alimentar al torpe pero poderoso mainframe de tal manera que pudiera "entender" las seales. Qu tienen ellos que tambin tengamos nosotros? Qu tenemos en comn, aparte de espacio-tiempo, energa, materia, tomos…? ¡Atomos! ". El resto de la semana estuvo entrando datos de nmeros atmicos, rbitas de electrones, masas molares atmicas, frecuencias de espectro s electromagnticos, frecuencias de radiacin, y hasta los nombres de los elementos conocidos en varios idiomas. S, ya lo s, t no hablas mi idioma. Pero slo por si acaso… ". Corri nuevamente las cintas magnticas ya grabadas y en el monitor aparecieron nmeros que se repetan cuando se usaba el algoritmo de las masa s molares. En efecto, de las cadenas de nmeros 141214161412141614121416… podan separarse grupos que siempre estaban compuestos por 14121416. Puso al computador a an alizar las diferentes combinaciones de estos nmeros y la que ms le satisfizo fue 1 4 12 14 16, que corresponda a la secuencia de las masas molares de los elementos hidrgeno helio carbono nitrgeno oxgeno "¡ Santsima Madre de Dios! No s qu quiere decir, pero esto ¡es una seal inteligente, esto lo est diciendo alguien! ". Durante varios das lo nico "inteligente" que se recibi fue el mismo persistente 141214161412141614121416…

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61Cuando se enter, Spencer estaba tan excitado como el propio Gregory. Y adem s, agradecido de que al gigante de la chaqueta de cuero se le hubiera ocurrido utilizar otras bases de anlisis diferentes a las que el mismo haba planeado. Se felicitaba por haberlo escogido pues, aparte de que el Papa lo tena agarrado por el cuello con todo el asunto aquel de los Cristos, era una de la s mentes ms preclaras y poderosas con que se poda contar para este proyecto. —Hidrgeno y helio son el origen comn del Univ erso. Tal vez sean seres como nosotros con una qumica basada en carbono, nitrgeno y oxgeno. Qu se yo? —peroraba mientras paseaba de arriba a abajo por el saln. —O tal vez sea slo la manera de llamarnos la atencin —lo interrumpi Gregory. Fjese que nos han dicho mucho pero, paradjicamente, no nos han dicho nada. Si hay alguien all afuera que realmente quiera comunicarse, creo que deberamos recibir ms informacin —agreg. Durante varios das estuvieron haciendo apreciaciones de esta ndole y estuvieron de acuerdo en que avisar al Papa en este momento podra ser prem aturo. Hasta no recibir verdadera informacin, no deberan crear falsas expectativas. Tampoco deberan preocuparse por el arzobispo de Cochabamba, de donde provena el paquete de seales procesadas pues segn Spencer, all ni siquiera se dieron cuenta que los datos haban pasado por sus computador es; simplemente hicieron la primera deteccin automtica y, silenciosamente, todo fue desviado hacia este stano del Vaticano. La siguiente vez que la alarma se dispar, la secuen cia de nmeros provenientes de Davao en la isla de Mindanao en las Filipinas, empezaba con el consab ido 14121416, como a manera de saludo o de identificacin y lueg o, una y otra v ez, 14791112 14161920… —¡Oh, no! No otra vez de lo mismo —exclam Spencer. Cuando la impresora escupi el listado de nmeros separados segn combinaciones probables se lea 1 4 7 9 11 12 14 16 19 20. —Pues segn las masas molares, para m esto equivale a hidrgeno helio litio berilio boro carbono nitrgeno oxgeno flor y nen —dijo Gregory. Y si usted recuerda bien, Spencer, estos son los diez primeros elementos qumicos. No, mi estimado amigo, no es ms de lo mismo como usted dice: nos estn enseando a contar. ¡Eso es! Si el dcimo de la lista lo cambiamos por un cero, tenemos todos los dgitos y el cero. ¡S seor! Nos identifican cada elemento por su masa molar y nos remiten a su nmero atmico. ¡Vaya, qu pedaggicos! —aadi en el colmo de la excitacin derramando su caf sobre los listados. ¡Ahora s tenemos algo! —concluy. En los meses siguientes las cintas magnticas con infinidad de datos se acumulaban en las estanteras. Haban llegado a un punto muerto donde lo nico que podan distinguir eran tripletas de nmeros separadas por un cero, infinidad de estos tros en cintas y cintas sin descifrar. Ambos se sentan frustrados. Gregory vagaba por las distintas dependencias del Vaticano, echndole cabeza al acertijo de los nmeros sin poder obtener una respuesta. Sus favoritas para visitar eran la panadera dirigida por el Hermano Giuliano, y la Pinacoteca. Las migajas de galletera que poblab an su barba daban buena fe de la amistad que haba entablado con el Hermano Giuliano y ya se comentaba en los corrillos que para encontrar al padre Gregory no haba ms que seguir el rastro de boronas por los pasillos. Las migas a menudo conducan frente a un cuadro de Seurat, una obra maestra del puntillismo neoimpresionista. Pasaba horas enteras frente al lienzo de Seurat, con la mirada perdida en un punto ms all de la pared que lo sostena. En realidad no miraba ni se fijaba en los detalles del cuadro, y no podra hacerlo a cabalidad, pues su mente estaba en otro menester: pareca un molino desgranando infructuosamente tradas de nmeros. Tros una y otra vez. Nmeros y ms nmeros. La mirada perdida en un punto ms all de cualquier espacio definido y la repeticin de nmeros entreverados de ma ldiciones, cual si fuese un mantram aprendido en alguna lejana cumbre del Himalaya, poco a poco calm su mente, y si algn desprevenido observador hubiese afirmado que en la Pi nacoteca se haba topado con un oso, habra sido el hazmerrer del Vaticano; y si, adems, sostuviese que el oso pareca estar en un profundo trance meditativo, habra sido arrojado sin ningn mirami ento desde all hasta la mitad de la plaza de San Pedro. Pero no estara equivocado. El padre Gregory, en efecto, meditaba. Y en medio de su meditacin, otra parte de su mente vio con claridad lo que debera ser visto, comprendi lo que antes era incomprensible, supo que saba. Era el aqu y el ahora, donde su mente se funda con el cuadro y con los tros de nmeros. La luz entraba a raudales en su cerebro y la luz provena de cada una de las pequeas pinceladas semejantes a puntos, infinidad de puntos multicolores, que cuando los miras de uno en uno

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62no te dicen nada, pero cuando dejas que tu mente los integre en un espacio rectangular te muestran todo un esplendor de luz, sombra y color. Gregory corri hacia el stano y trab aj con el teclado hasta bien entrada la noche. Se levant temprano y en diez minutos ya tena en uno de los discos duros del mainframe el pequeo programa que le permitira interpretar la inmensa cantidad de nmeros recibidos que contenan las cintas de los anaqueles. Tecle una contrasea de proteccin para que slo l pudiese usar el nuevo programa y se dispona a hacer las primeras pruebas cuando entr Spencer. —Buenos das. Qu hay de nuevo? Gregory se limit a mover la cabeza de un lado a otro como disculpndose por su ineficiencia, logrando apenas disimular la excitacin que le invada. —¡Vamos, Gregory! —dijo Spencer— Creo que debera usted descansar —agreg al observar ms de cerca el ojeroso rostro barbado. Gregory movi su cabezota de arriba abajo, una y otra vez. —Debera usted salir a tomar aire fresco —le recomend el padre Spencer—. Hoy es domingo — continu—, por qu no aprovecha y da una vuelta por ah? —Gracias, lo pensar —dijo por fin Gregory, sin de jar entrever que su intencin no era otra que quedarse a trabajar y probar lo que se traa entre manos. Cuando el padre Spencer sali, Greg ory se abalanz hacia su puesto de trabajo y mont en la lectora la primera cinta magntica que contena tradas de n meros separadas por un cero. Y entonces, empezaron a formarse figuras en la pantalla de su monitor. Haba felizmente concluido que tradas de nmeros podran representar coordenadas en el espacio donde colocar un punto visible, o bien, los valores necesarios para describir una imagen fotogrfica: dos nmero para las coordenadas planas donde ubicar un punto visible —dado que una fotografa no es espacial sino plana—, y un tercer nmero para los atributos que debera tener se punto en particular. Concluy que los ceros que aparecan entre uno y otro tro de nmeros eran separadores de juegos de cifras, eran separadores de puntos de la imagen. Al principio las imgenes que obtena tenan un tinte general entre morado y violceo, y decidi que deba ajustar la escala cromtica correspondiente al tercer nmero de cada tr o. Gregory no saba bien si era para hacer ms terrcolas los colores o porque estaba harto de ver tantos purpurados a su alrededor. En los das subsiguientes, si los alabarderos de la guardia suiza hubiesen observado detenidamente al gigante que todos los das abandonaba el Vaticano —en vez de mirar al frente como estatuas—, se habran dado cuenta que el padre Gregory haba engordado. Su chaqueta le quedaba ms pegada al cuerpo y a veces pareca un paquete mal amarrado. Caminaba rpidamente, mirando al piso, y con un entrecejo tan fruncido que podra am edrentar al ms valiente. A veces no regresaba sino uno o dos das despus, ms delgado y con evidentes signos de no haber dormido. En los guardias se insinuaba una sonrisa de complicidad al ver las ojeras casi ocultas por la descuidada barba. ¡Picarn! —pensaban. Pero el padre Gregory no estaba de humor para ese tipo de picardas. Desde que haba visto las imgenes que llegaban cifradas en los nmeros que l intuitivamente convirti en puntos visibles, en pixeles sobre una pantalla, ya no era el mismo que haba llegado a Roma unos aos antes. Era el nico ser humano que conoca cmo era una civilizacin extraterrest re. Haba visto los ms espectaculares paisajes de un mundo remoto, situado a poco menos de 157.000 aos-luz de la tierra. Haba visto el orden de ese mundo, con grandes ciudades, unas sobre el suelo, otras flotantes en los ocanos y otras suspendidas en los aires por alguna suerte de levitacin magntica. Haba visto los sistemas de transporte de los seres de aquel planeta y se maravillaba de que en medio de tanto desarrollo tecnolgico, las aguas y los cielos fueran limpios e impolutos como los de un planeta virgen. Haba visto cmo eran esos seres, muy parecidos a los humanos, pero con una mirada tan dulce que a pesar de estar slo plasmada en una imagen, denotaba la tranquilidad de espritu de quien la posea. Haba deducido por lo que vea, que los seres del remoto planeta eran seres amorosos y que pertenecan a una sociedad justa y equitativa. Haba visto tambin cmo haban conquistado los mundos cercanos y sus lunas y las naves que utilizaban para desplazarse por el espacio de su sistema solar. Haba visto las referencias a otras estrellas y galaxias, lo que le permiti mediante complicadas triangulaciones establecer el sitio exacto donde se desarrollaba esta civilizacin. Vio su sol, rojo y gigantesco si lo comparamos con el nuestro. Y vio los clculos que haban hecho esos hermanos del cosmos donde claramente se conclua que su sol, su estr ella, presentaba signos de desestabilizacin que ineludiblemente lo llevaran a convertirse en una gi gante roja, un sol que crecer a y engullira todo el

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63sistema planetario y ms all, vaporizando todo lo que encontrara a su paso, acabando con toda vida en cientos de parsecs a la redonda. Luego, ese sol ag igantado se contraera lo suficiente como para colapsar sobre s mismo por la terrible y concentrada fuerza de la gravedad y, sin poder resistirlo, explotara liberando la energa de sus tomos con un brillo tal que se vera en los ms lejanos confines del universo. Gregory llor cu ando supo cmo haba desapa recido esta civilizacin. Y llor an ms cuando confront los clculos hechos por l y su colega del observatorio. La supernova se haba presentado en lo que hoy vemos como la Gran Nube de Magallanes, pero esto no era lo que lo tena sumido en su honda depresin. Lo que realmente le molestaba, y lo que lo llev a depositar poco a poco las cintas magnticas en el casillero 37F del aeropuerto de Fiumicino, fue el saber que las seales recibidas y descifradas por l provenan de la singularidad gravitacional situada a mil aos-luz de la tierra Haban recibido seales que rebotaban en el escudo recientemente descubierto Dada la posicin del escudo respecto al plano de nuestra galaxia y puesto que las seales eran un rebote de ondas electromagnticas, haban pasado por la tierra haca dos mil aos, ya que se demoraran en llegar al escudo mil aos y otros mil en devolverse. Pero hace dos mil aos, cuando las seales pasaron por primera vez por la tierra, no haba manera de detectarlas. Lo nico que se vio fue la fulgurante luz de la supernova. Y hace dos mil aos lo nico extraordinario en los cielos fue la estrella de Beln. Gregory no pudo soportar el hecho de que para anunciar el nacimiento de un cristo alguien hubiese recurrido a toda esa destruccin. Se retir del Vaticano despus de borrar los programas que le permitieron descifrar ese otro mundo ahora inex istente y se fue a vivir a una remota villa. La ltima vez que alguien vio a Gregory Fedorovitch Vasiliev, sala de la oficina de correos donde haba depositado un sobre con algunas notas y una llave en su interior. Notas: 1 Search of Extraterrestrial Intelligence, Bsqueda de Inteligencia Extraterrestre (N. del A.) 2 La "memoria" de los computadores se mide por la capacidad de almacenar paquetes de informacin ( bytes ). Un megabyte equivale a un milln de bytes y un terabyte a un billn, o sea, un milln de millones (N. del A.) 3 Un parsec equivale a 3.26 aos-luz o lo que es lo mismo, la distancia que recorre la luz en 3.26 aos, esto es, unos 30.84 billones de kilmetros. No debe co nfundirse un ao-luz, que es una distancia, con la duracin de un ao (N. del A.) Septiembre, 2001 D. F. Torrents

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64 GALERIA DE IMAGENES Le {co3ur – anAlogue} Eduardo Andrs Pea Garzn Soy Eduardo Andrs Pea Garzn Soy de Bogot , me desempeo como diseador grafico conceptual y CG/artist para elaborar piezas que corresponden en el espacio comercial de la industria del entretenimiento, como es la creacin de la imaginera conceptual de una pelcula, video juego y/o Bande_dessine. Tambin desarrollo piezas graficas para productos editoriales y produccin artstica (ilustraci n) abarcando lneas o estticas segn el producto a desarrollar. Utilizando medios anlogos (tcn icas tradicionales) y digita les (vector, tipografa, planos, manchas, texturas etc.). Inicie a muy temprana edad la formacin artstica, mi padre Guillermo Pea (arquitecto), me dio nociones bsicas de diseo, de co mposicin grafica, de conceptualizacin y lo ms importante de percepcin. Teniendo esta atmsfera como punto de partida, empec a cultivar ms mis capacidades artsticas. En el colegio tome clases de arte, y al mismo tiempo asist a la ESCUELA NACIONAL DE CARICATURA Y COMUNICACI"N GR AFICA, en donde pude solidificar un poco mas mis capacidades tcnicas de representaci n visual. Terminando el colegio, obviamente desde hace mucho yo ya saba a qu me quera de dicar. As que ingrese a la universidad JORGE TADEO LOZANO, en donde la inmersin un mundo ms amplio en lo que compete esta disciplina del diseo me ayudo a desenvol ver gran parte de lo que soy ahora. La formacin tcnica y conceptual de la academia me ayudo a explorar mu cho ms los horizontes infinitos del diseo. Ninsei Tcnica: rotuladores, lpiz y digital / corelpainter – photoshop Descripcin: “puerto y ciudad estaban divididos por una estrecha frontera de calles ms viejas, un rea sin nombre oficial. Night city y NINSEI. De da los bares de NINsei estaban cerrados y no se distinguan unos de otros”. Diseo y concepcin de escenario inspirado en la obra maestra de ciencia ficcin el NEUROMANTE de WILLIAM GIBSON. Ficha Tcnica: en este tipo de arte, desarrollo primero un sketch inicial, con rotuladores y lpiz, solo para concebir la composicin general, enseguida lo paso a formato digital, para trabajarlo mejor. Utilizo corel painter, que me permite tener en cierta forma una experimentacin grafica como cuando estoy trabajando con diferentes herramientas tradicionales (acrlicos, pasteles, lpiz color etc.) en esta etapa em piezo trabajando con valores de blanco y negro para establecer puntos luminosos y contrastes. Una vez definida la totalidad de la composicin, empiezo a establecer mi paleta cromtica que en cuyo caso se deriva

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65 del amarillo consiguiendo un oc re que defina mas la natural eza de un ambiente subterrneo, agreste, y sucio e incluso para posteriormente darle un sentido ms experimental a la obra. white city (Limbo Corporation) Tcnica: digital / corel painter – photoshop Descripcin: : arte conceptual para el desarrollo de un escenario para un juego de video llamado “cell factor” de la empresa INMMERSION GAMES. Plano general de la ciudad flotante, donde se encuentran las torres imponentes de la corporacin LIMBO. limbo-corporation Tcnica: digital / corel painter – photoshop Descripcin: arte conceptual para el desarrollo de un escenario para un juego de video llamado “cell factor” de la empresa INMMERSION GAMES. Muestra una proyeccin particular de la vista del edificio que caracteriza y describe la historia en este contexto futurista. La idea de crear una especie de atmsfera que mostrara el devenir tecnolgico de una civilizacin distante. Las 3 torres que brillan desde el horizonte imponen su imperialismo tecnolgico. Ficha Tcnica: trabajando un canvas customizado (lienzo personalizado) en corel painter empiezo con un color neutro base para comenzar con el arte. inicio con una composicin utilizando trazos rpidos que orienten rpidamente la perspectiva y la ubicacin de los elementos en el espacio propuesto, luego emprendo la bsqueda de un protagonismo grfico un poco mas consecuente para la ideacin de la toma ms sublime de la estructura ms importante de la ciudad (LIMBO corporation building) una vez ya definido la composicin general de la imagen, empiezo a darle consistencia a las estructuras de la ciudad utilizando lneas ortogonales y tambin formas orgnicas para darle algo de aire ficticio y tambin verosmil a la obra, defino mi paleta cromtica involucrando un azul metalizado.

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66 Arriving Tcnica: digital / corel painter – photoshop Descripcin: inspirado en una de las grandes obras ma estras de ciencia ficcin BLADE RUNNER de Ridley Scott e igualmente BLACK RAIN del mismo director, elaboro una pieza artstica en la cual establezco un ambiente hi-tech (alta tecnologa) de una calle en medio de una ciudad futurista. Utilizando tambin una esttica CYBERPUNK. Ficha Tcnica: inicialmente empiezo estableciendo mis puntos de inters focal para que todos mis elementos ha disear tengan cierta importancia pero igualmente estn jerarquizados en la composicin. Empiezo a elaborar estructuras dando una sensacin de espacio industrial, como una fabrica, complejo, planta etc. Una vez ya definido la totalidad del escenario, inicio la construccin de un vehculo que protagonizar el tema de la obra “ARRIVING”. U tilizando tambin ese neon tan sensualmente colorido y oxidado que describe mejor esta tendencia sci-fi. Chiba city Tcnica: digital / corel painter – photoshop Descripcin: “despus del examen postoperatorio en la clnica. Molly lo llevo hasta el puerto, haba contratado un aerodeslizador. Lo ultimo que CASE vio de Chiba, fueron los oscuros ngulos de las arco logias” texto del libro de SCI-FI el NEUROMANTE de William Gibson. Ficha Tcnica: elaboro primero los ejes que compondrn la imagen y le darn fuerza incluyendo una perspectiva que indique buena profundidad, luego empiezo a crear una sensaci n de claustrofobia para darle protagonismo al vehculo en movimiento Tomado de http://www.raya.la/ilus/analogue/analogue.html

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67 HISTORIA DEL CINE CIBERPUNK NEMESIS (1993) Pablo del Moral (tomado de http://www.cinencanto.com/critic/m_nemesis.htm) "Nmesis" quizs no sea la ms famosa pelcula del director Albert Pyun, pero es sin duda una de las mejores... lo cual no es decir mucho. Desde la adolescencia admiro la obra de este menospreciado director, aunque comprendo (y merece) la casi universal crtica que ha recibido su filmografa. Luego de trabajar como aprendiz del legendario Akira Kurosawa, Pyun (como muchos de los incipientes cineastas de su generacin) dirigi incontables videos musicales y comerciales televisivos, para even tualmente probar suerte en el cine de explotacin de los ochentas, cuando el mercado del video casero tom el lugar del venerable autocinema y de los viejos cines independientes (aquellas "grindhouses" con las que Quentin Tarantino est obsesionado) como el principal consumidor de pelculas de explotacin, que con srdidos y crudos recursos trataban de atr aer al pblico que buscaba algo distinto al homogneo producto que se exhiba en los nuevos multi-cinemas. As Pyun empez a ganar nombre con pobres pero dinmicas pelculas como "The Sword and the Sorcerer" (que an logr ver en uno de esos enormes y anti-higinicos cines de barrio), "Cyborg", "Dollman" y, por supuesto, "Nmesis". Lo que todas estas pelculas tienen en comn es un estilo rpido, agresivo, sumamente energtico y una conviccin que mues tra que el director sabe lo que est haciendo. Si lo hace bien o mal, es debatible. "Nmesis", al igual que "Cyborg", es parte del sub-subgnero "ninjas contra robots". Bueno, quizs no son ninjas, y quizs no son robots, pero definitivamente vemos artistas marciales luchando por la supervivencia de la humanidad, o algo simila r, en un futuro industrial o post-apocalptico, donde la tecnologa es la nueva religin que ha deshumanizad o a la poblacin al mismo tiempo que satisface sus ms bajos instintos. O algo as. La trama comienza con una fantstica balacera, en la que el experto polica Alex Rain (Olivier Gruner) persigue a un grupo de "terroristas" cuyos vagos crmenes aparentemente mere cen ejecucin instantnea. Pero son demasiados terroristas (cuya afiliacin requiere guapas mujeres en minifalda y rudos atletas con enormes bceps), y Alex termina atrapado en una violenta explosin que revela su esqueleto mecnico. Alex es un cyborg, y dentro de sus ms grandes temores est el de perder su humanidad a cambio de los beneficios que le traen sus implantes cibernticos. Meses despus, Alex ha sido "reparado" en una clnica gubernamental; pero, en vez de re-integrarse al servicio, decide renunciar e iniciar una carrera co mo contrabandista independiente. No obstante, el nuevo oficio termina repentinamente (de todas formas no iba muy bien) cuando Alex es secuestrado por

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68 sus antiguos jefes para realizar un lti mo trabajo: ubicar y exterminar a otra ex-polica que se ha pasado al lado de los terroristas, y que tiene a su cargo una pieza de tecnologa que podra definir la victoria para alguno de los bandos. Alex tiene pocas opciones y decide aceptar la misin... despus de todo, el siniestro Director Farnsworth (Tim Thomerson) le implant una bomba en el corazn para evitar su fuga. Y as llega a un pueblo llamado Shang Loo, en la isla de Java, donde la ex-oficial Julian (Deborah Shelton) espera contactar a los terroristas para en tregar el misterioso artculo. Cuando Alex finalmente la encuentra, se desatan ms balaceras, cortesa de los agentes de Farnsworth. Y, en la confusin resultante, Alex Rain se entera de una enorme conspiracin que amenaza a la hum anidad entera... y que los terroristas luchan por prevenir Entonces, el confundido expolica se da cuenta de que ha estado trabajando del lado de los villanos, y decide unirse a los "terroristas" para salvaguardar el preciado artcul o tecnolgico: una reconstruccin virtual de Jared (Marjorie Monaghan), quien posee toda la informacin necesaria pa ra denunciar la conspiracin y destruirla para siempre. Quizs esta sinopsis suena confusa, pero Pyun confa en su pblico y no teme darle gran cantidad de informacin para seguir el argument o. Y, claro, para balancear las discusiones existenciales sobre el significado de la humanidad y la residencia del alma en un cuerpo casi totalmente mecnico, tenemos frecuentes escenas de accin muy bien orquestadas, que si bien copian desvergon-zadamente el estilo de accin de Hong Kong (en aquel ent onces establecido por John Woo, Tsui Hark, Ronnie Yu y dems maestros del nuevo cine asitico), aprovechan al mximo las locaciones naturales y urbanas, y muestran el carisma y dinamismo del protagonista. Olivier Gruner fue en su momento aspirante a la corona de hroe secundario de accin que tambin buscaban Jean-Claude Van Damme, Steven Seagal, Mark Dacascos y quizs hasta Rutger Hauer. Obviamente su carrera no lleg a tales "alturas", quizs porque sus dotes de actor no se igualaban a las de los mencionados competidores (¡ouch!), pero an as muestra suficiente carisma y presencia escnica. Adems, Pyun imit la estrategia que James Cameron emple para dirigir a Arnold Schwarzenegger en "Terminator": usar un actor con poco rango de expresin en un papel de cyborg que se adapta perfectamente a la rigidez del actor. Acompaando a Gruner en "Nmesis" tenemos un aut ntico desfile de eminentes actores clase "B": Tim Thomerson, igualmente diestro para la comedia y la accin, aparece como el villano Farnsworth, emulando al anti-hroe que interpret en la serie de pelculas "Trancers", pero con ms crueldad. El difunto Brion James ejercita un ridculo acento en la pelcula, y se nota que disfruta intensamente su despreciable personaje de asistente del villano. Thom Matthews y un joven Thomas Jane complementan con aplomo la alineacin de villanos robticos. En el elenco femenino tenemos tambin a varios conos del cine "B", desde la escultural Deborah Shelton (quien no es tmida para mostrar todos los msculos de su atltico cuerpo) hasta la chispeante Merle Kennedy en el papel de (¡hganme el favor!) Max Impact, obviamente copiado de la ubicua "Molly que aparece en las novelas de William Gibson.

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69Siendo una pelcula "cyberpunk", los efectos especiales de "Nmesis" son mnimos y hay que agradecerlo, pues al final (buscando sin duda as ombrarnos con una secuencia "espectacular") podemos apreciar efectos pticos y de "stop motion" escanda losamente malos... incluso para una pelcula de los ochentas (bueno, de 1993). Pero pasan rpidamente y, como el cine de ciencia ficcin antiguo, "Nmesis" no se fundamenta en ello s, sino en las avanzadas ideas qu e enarbola... mismas que copi de otras fuentes, pero al menos con mayor fidelidad y energa que cualquier otra pelcula de tema similar. Tal vez por su complejidad narrativa y por su bizantino estilo literario, pocos relatos de William Gibson se han convertido en pelculas (creo que "Johnny Mnemonic" y "New Rose Hotel" son las nicas), y aunque se han realizado abundantes imitaciones, slo "Nmesis" ha logrado alcanzar el frenes, pr ofundidad y audaces ideas de Gibson... aunque no sea una ad aptacin "oficial". No cabe duda que es una pelcula "B" de bajsimo presupuesto y dudosas actuaciones... pero el innovador estilo visual de Pyun y el detallado libreto de Rebecca Charles compensan las mltiples limitaciones de "Nmesis". la cual merece un lugar en los anales del cine de ciencia ficcin dedicada no al espacio exterior, sino al mundo virtual interno, donde colisiona el espritu humano y la inteligencia artificial... con un aderezo de artes marciales. FICHA TCNICA Imperial Entertainment, 1993 Dinamarca/Estados Unidos 95 minutos Dirigida por Albert Pyun Escrita por Rebecca Charles Editada por Mark Conte y David Kern Elenco: Olivier Gruner ... Alex Tim Thomerson ... Farnsworth Merle Kennedy ... Max Impact Marjorie Monaghan ... Jared Brion James ... Maritz Deborah Shelton ... Julian