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Qubit

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Material Information

Title:
Qubit
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Cubit
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- History and criticism -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - Q01-00034-n34-2008-05
usfldc handle - q1.34
System ID:
SFS0024302:00034


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0 245
Qubit.
n No. 34 (May 2008)
260
[Havana, Cuba] :
b Cubit
May 2008
310
Monthly
650
Science fiction, Latin American
v Periodicals
Science fiction
x History and criticism
Periodicals
Science fiction
Periodicals
1 773
t Qubit.
4 856
u http://digital.lib.usf.edu/?q1.34



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2 ndice: 1. Fantstico Margen: el Canon y la Ciencia Ficcin Brasilea F.C.G. Pereira 2. Catlogo de Ciencia Ficcin Brasilea. Marco A. M. Bourguignon. 3. Trasplante del cerebro. Andr Carneiro 4. ltimo vuelo a Marte. Fausto Cunha 5. De la recepcin crtica a la recepcin creativa: Dos abordajes de la narrativa cyberpunk en Brasil. Rodolfo Rorato Londero. 6. Brasa 2000. Roberto de Souza Causo. 7. La tica de la traicin Gerson Lodi-Ribeiro 8. Ostraniene. Lcio Manfredi 9. El cine fantstico y de ciencia ficcin en Brasil. 10. Historia del cine ciberpunk. 1994. Armitage 3. Para descargar nmeros ant eriores de Qubit, visitar http://www.eldiletante.co.nr Para subscribirte a la revista, escribir a qubit@centro-onelio.cult.cu

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3 Fantstico Margen: el Canon y la Ciencia Ficcin Brasilea F.C.G. Pereira (Fragmentos de su Disertacin de maestra en Estudios de la Literatura. PUCRJ. Rio de Janeiro, 2005.) Breve Historia de los Confines Expresiones pioneras De acuerdo con Tavares, “La primera obra [del gnero de ciencia ficcin en Br asil] nunca fue publicada en libro: fue un folletn escrito por Joaquim Felcio dos Santos y publicado en el diario O Jequitinhonha (de Diamantina, MG) entre 1868 e 1872, y su ttulo era Pginas da Histria do Brasil, Escritas no Ano 2000. Se trataba de una obra satrica en la cual el Emperador Pedro II era transportado al ao 2000, donde (sic) “atestigua la cada de las monarquas en todos los pases del mundo” En ese mismo ao de 1868, Joaquim Manuel de Macedo – autor de A Moreninha (1845), una de las novelas ms ledas del siglo XIX – public la tambin popular Luneta Mgica la historia de un joven y su par de espejuelos extraordinarios, que pedaggicamente le permiten ver ntida e distintamente ora el mal ora el bien del mundo. La aparicin, en esta obra, de un objeto que ofrece supe rpoderes llama la atencin en el contexto literario de la poca, de un elemento narrativo que ms tarde se agregara a los clichs de la ficcin cientfica. En 1875, Augusto Emlio Zaluar, portugus de nacimiento, escribe y publica en Brasil su novela O Doutor Benignus influenciado por las obras iniciales de Julio Verne, Cinco semanas en globo (1863) y Viaje alrededor de la luna (1870). O Doutor Benignus est considerado la primera novela brasilea en la cual se muestran cl aramente las varias convenciones del gnero en formacin: un cientfico como protagonista, la mquina de ver el futuro y un primitivo mundo perdido. El estudioso Fernando Lobo Carneiro comenta que la novela anticipa algunas de las preocupaciones de la ficcin cientfica moderna, por su “entusiasta e irrestricta adhesin” a algunas en ese entonces recientes tesis cientficas, co mo la tesis de la pluralidad de los mundos habitados (en oposicin a la asumida (sic) de que solo la Tierra abrigara a vida), de Camille Flammarion, y “las por entonces recientes tesis de Darwin sobre la evolucin de las especies.” En la introduccin a la primera edicin de la novela, Zaluar reivindica la afiliacin de su obra a lo que un periodista annimo de su poca llam ‘romance cientfico, o instructivo’.

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4 Causo plantea, sin embargo, que la novela de Zaluar es la reproduccin de informaciones encontradas en compendios de historia natural que sustituyen la especulacin; y que “las aventuras vividas por los personajes son pasivas, sin que los hroes intervengan sobre la realidad del mundo (lo contrario de lo que hacan los protagonistas de Verne e Wells)”, de esta forma, la obra se presenta como “una legtima novela cientfico brasilea del siglo XIX (...), un producto tanto de la imitacin como de la distancia cultural sufrida por el pas en relacin a Europa” Esta distancia – representada por un cuadro de pasividad en relacin a la produccin cientficatecnolgica, desarticulacin entre la idea de la cien cia y la de los emprendimientos productivos, adems de la falta de identificacin entr e la produccin cientfica y su lugar institucional – es un patrn observado por Causo en una serie de obras de ciencia ficcin nacional, en que la presencia de artefactos cientficos funcionar narrativamente como una excusa para las intrigas amorosas o, simplemente, entretenimiento desarrollado en un mbito privado y burgus. Adems de entretenimiento, el pblico lector de fina les del siglo XIX buscaba en los textos literarios la actualizacin con las ltimas tendencia s europeas. As, muchos autores nacionales se ejercitaron en ese ‘nuevo estilo’ propuesto por Julio Verne y H.G. Wells, cuyas obras eran traducidas al portugus apenas uno o dos aos de su lanzamiento en los pases de origen. De acuerdo con Tavares, la literatura romntica euro pea, con sus temticas de magia oriental, estados alterados de la mente y pactos con el maligno, tambin estimul el desarrollo de las literaturas de extraamiento, entre las que fi guraba la ficcin cientfica. Un folletn de Emlia Freitas publicado en 1899, A Rainha do Ignoto fue el primer texto brasileo con elemen tos de ciencia ficcin publicado por una mujer. Segn Tavares, la historia est basada en la “Isla de Nevoeiro, una utopa feminista situada en la costa de Cear (...) protegida del mundo exterior por los poderes hipnticos de Rainha, que es descrita como abolicionista, republicana e espiritista”. Al final, Rainha muere de melancola y la isla es destruida por la erupcin de un volcn. Este es uno de los primeros ejemplos de novela utpica brasilera, y tambin una expresin literaria explcita de la bsqueda femenina por un ‘lugar’ en la sociedad – funcionando como una crtica al sistema poltico-social de la poca y como una sugestin, por entonces controvertida, del poder de las mujeres de acelerar el deseado progreso nacional. El humanismo y la rebelda del abolicionista Henrique Maximiano Coelho Neto lo llevaron a cuestionar, a travs de sus extrapolaciones, el compromiso tico de las ‘avanzadas’ estrategias de negocios que, juntamente con las perspectivas de modernizacin, se desarrollaban en el pas a finales del siglo XIX. Tavares destaca dos cuentos, “ Ado & Cia ’, sobre almacenes que venden bebs en el ao 2500; y ‘ Nova Companhia ’, donde una empresa explora la caridad pblica, yendo al extremo de quebrarle las piernas a los individuos para transformarlos en mendigos ms convincentes”, ambos reunidos en la antologa Lanterna Mgica (1899). Coelho Neto – fundador de la ctedra nmero dos de la Academia Brasilea de Letras – fue tambin un pionero de la especulacin en cuanto a las malvers aciones del capital, tema constante en contundentes obras de ficcin cientfica. Las posibilidades crticas ofrecidas por la narrativa de especulacin tambin fueron aprovechadas por Machado de Assis, que incursion por las entonces raras historias en que los cientficos y el mtodo cientfico eran directamente enfocados. El ejemplo ms clsico es ‘ El Alienista ’ (1882), que en su retrato de las contradicciones de las ciencias de la mente hace de Machado un pionero de la ciencia ficcin dura ‘soft’. En otro texto, ‘ Cuento Alexandrino ’ (1884), dos cuentistas viviseccionan animales y sere s humanos en busca del origen de la deshonestidad. Ya en Memorias Pstumas de Bras Cubas adems de varios otros cuentos, el estilo realista est bordado con filigranas fantsticas. El autor fund la Academia Brasilea de Letras y como tal ocupa un lugar central en el canon literario brasileo. Quin sabe si su produccin tan extensa donde utiliza los temas y posibilidades narrativas caractersticas de la ficcin cientfica no hubiera podido

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5 originar una tradicin brasilera en el gnero? El vigor de la narrativa machadiana tiene magnetismo y extraamiento de sobra para suscitar las famosas ansi edades de la influencia. Sin embargo, esto nunca ocurri. El perodo pionero, de inicios del siglo XX hasta la dcada de 1950, fue caracterizado por la produccin ms espordica, de autores consagrados por otro tipo de obra, y una no segregacin en relacin a la restante produccin de la literatura instituida. Como regla, la cohesin proveniente de la influe ncia esttica entre los autores estaba prcticamente ausente de la ficcin cientfica brasilera, cuya refere ncia mayoritaria siempre fueron las obras venidas de afuera. El puente entre loa fuer tes precursores y sucesores nacionales todava vacila. Ningn autor se dedic exclusivamente a un gnero – que, en Brasil, no llegaba a diferenciar las novelas gticas, surrealistas, de las de aventuras o viajes – ms la ma yora la ejerci como una ligera aventura expresiva. Podemos seleccionar obras importantes y represen tativas entre aquellas que contienen elementos pertenecientes a la tradicin de ciencia ficcin, ma s todava hoy es difcil determinar el canon del gnero en el pas. Al contrario de una tradicin, percibimos un panorama fragmentado, incursiones individuales ms o menos reincidentes, autores que poco dialogan entre s. Dentro de las primeras obras de ficcin cientfica a comienzos del XX, las novelas utpicas tuvieron una fuerte expresin en el perodo de 1909 a 1929. Ha y varios ejemplos, y Tavares comienza citando a So Paulo no Ano 2000, ou Regenerao Nacional: Uma Crnica da Sociedade Brasileira no Futuro (1909), de Godofredo Emerson Barnsley, en la cual el protagonista se duerme en 1909 y despierta en el ao 2000, siendo guiado por un hombre muy bello en este paseo por la ciudad del futuro. El Reino de Kiato: El Pas de la Verdad (1922), publicado por Rodolfo Tephilo a travs da Lobato & Co. Editores, describe un pas ideal donde la eliminacin del alcohol, de la sfilis y del tabaco, as como la mejora en la dieta y la utilizacin de ropas adecuadas, curarn todos los males de la sociedad. El libro de Thephilo anticipa diversas cuestiones presentes en la plataforma del ‘1 Congresso Brasileiro de Eugenismo’, realizado en Ro de Janeiro en 1929. En 1918 Monteiro Lobato ya haba publicado la serie de artculos ‘Problema Vital’ a travs de la Sociedad Eugnica de So Paulo (versin nacional de Eugenics Society, de Londres). Con El Presidente Negro, o El Choque de las Razas (1922), el autor asume un papel destacado en el pensam iento eugnico e higienista de la poca – sin embargo, este no ser el aspecto predominante en el conjunto de su obra. La mezcla de elementos utpicos y folletinescos de O Choque das Raas resulta uno de los ejemplos ms completos de la convergencia entre la literatura y este proyecto alentado por algunos crculos de la sociedad brasilera. Ya en Sua Exelncia a Presidente da Repblica no Ano 2500 (1929), Adalzira Bittencourt imagina un Brasil futuro tambin eugenista, ms gobernado por mujere s. En esta fbula, otra tentativa de estructurar una plataforma feminista, la Presidente de la Repblica de un Brasil racista y xenfobo, doctora diplomada en Medicina y Derecho, gobierna el pas con mano fuerte, y que an con gran dolor no vacila en firmar la sentencia de muerte del amado que c onociera por correspondencia, al descubrir que es un lisiado nato. La eugenesia est justificada por la aparente objetividad del discurso mdico. En un Brasil cuya nica oferta de formacin cientfica era la medicina, esta se volva una forma dominante de ciencia, y en conjunto con el derecho constitua la base del saber. Represe que, en un feminismo incipiente, Bittencourt se esfuerza para sobrepasar los clich s que asociaban a la mujer a una actitud por dems romntica y subjetiva, revistiendo sus personajes femeninos de una dureza y objetividad vistas tradicionalmente como masculinas. En su artculo “The Eugenics Movement and Utopian Literature in Brazil 1909-1929”, Ginway llama la atencin para el hecho de que “ Unlike the literary classics of the period 1909-1929 such as Lima Barreto’s Triste Fim de Policarpo Quaresma (1913) and Mrio de Andrade’s Macunama (1928) that contest concepts of blind nationalism and embrace the multiplicity of racial and national identity, Brazilian utopias resonate with the more conservative political agenda that forms part of early twentieth-century Brazilian thought ” La aventura era un elemento casi ausente en las utopas o narrativas ‘futuristas’ de este perodo, una vez que los autores estaban ms enfocados en la moral de la historia que en divertir a los lectores. Con todo, a partir de mediados de 1920, bajo la influencia directa de Edgar Rice Burroughs, Jack London y Arthur Conan Doyle, adems de Julio Verne y H.G. Wells, los escritores brasileios comienzan poco a poco a

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6 explorar las posibilidades ofrecidas por la literatura de aventuras, que entonces se funde a la tendencia utpica desarrollada anteriormente. Segn Tavares, La Liga de los Planetas (1923), de Albino Jos Ferreira Coutinho, es la primera obra brasilera donde aparece un viaje esp acial. La narracin describe una ex pedicin que trata de crear una ‘liga de los planetas’ entre Marte, Venus y Brasil (sic). Causo describe: “el objetivo de la misin es satrico: incapaz de encontrar recursos humanos en un Brasil corrupto e endeudado con los gastos realizados durante la I Guerra Mundial, el Presidente de la Repblica solicita al hroe que encuentre en otros mundos a gente con las cualidades que necesita. Por fin, toda la potencia tecnolgica brasilera es minada por el recurso que le da forma a la novela: el sueo. Nuestro hroe no hace nada – l apenas suea” La novela presenta dos principales tendencias de las narrativas futuristas brasileas de la dcada de 1920: el c lich del sueo y la idea de que el problema central de Brasil era la calidad de su poblacin. La extrapolacin aventurera de Gasto Cruls, A Amaznia Misteriosa (1925), una expedicin por la selva es recibida por un investigador alemn que realiza experi mentos fisiolgicas en seres humanos – se nota claramente la influencia de La isla del Dr. Moureau (The Island of Dr. Moureau, 1896), de Wells .Mas autores se aventurarn por las tramas y temas de los viajes fantsticos. En A Republica 3000 (1930 – renombrada como A filha do Inca en 1949), Menotti del Picchia mezcla aventura y utopa tecnolgi ca. Causo repara en el sabor nostlgico del final de la historia: “En un continuun de movilidad el movimiento del pasado, para el presente y el futuro– ellos [los protagonistas] esc ogen la inmovilidad de una existencia celebrada por el ethos rural brasilero de las dcadas de 1920 e 1930” (palabras del autor). En 1936, Del Picchia lanza su Kalum sobre un reino subterrneo habitado por minsculas mujeres rubias. Tavares apunta para otras obras. Zanzal e o reino do cu de Afonso Schmidt, fue primeramente publicado en O Estado de So Paulo en 1928, para aparecer en el mismo peridico en una versin expandida de 1936 y finalmente ser lanzado como libro, en 1938. La novela describe una comuna provincial, viviendo en una especie de ‘edad de la inocencia’ que incluye viajes interplanetarios y la colonizacin del sistema solar. La historia sucede en 2028, en un mundo en que Europa, devastada por la guerra, se barbariz. En el interior del Estado de So Paulo viven los cabors, brbaros de ascendencia europea que se alzan en armas contra la organizada y pacfica sociedad brasilera de entonces. Al final, los cabors son detenidos – ms sin el uso de la violencia. La novela de rico Verssimo Viagem Aurora do Mundo (1939) est centrada en una mquina de ‘Rayos Z’ que al contrario de La Mquina del Tiempo (The Time Machine, 1898), de Wells, no proporciona vi ajes, sino una visua lizacin del futuro y del pasado. La novela revela una influencia marcada de Lobato de O Choque das Raas y algunos recursos son aprovechados despus de una ligera adaptacin. Hay alguna aventura en la historia, pero aqu el concepto de novela instructiva est ms explcitamente presente; la obra contiene varias informaciones didcticas sobre paleontologa y geologa. Ya Berilo Neves se especializ en el pote ncial especulativo de la stira, lo cual podemos hallar en sus antologas de cuentos, como A Costela de Ado (1929), A Mulher e o Diabo (1931) y Sculo XXI (1934). Aparatos futu ristas son presencia constante en estas ficciones cortas, y el concepto de futuro est normalmente impregnado de forma desatada, con historias que acontecen ‘en el ao 2002’, ‘en el siglo treinta y cinco’ o ‘en el ao 5432’ etc. Neves abord el universo de la alta clase medi a de Ro de Janeiro, con sus casamientos, adulterios, escndalos y fiestas elegantes – dando voz a su fa mosa misoginia, eternizada en mximas como “El nio re porque todava no sabe nada, la mujer re porque ya sabe todo” o “El casamiento es el arte de transformar una rosa en un repollo”.

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7 El autor lleg a vender decenas de millares de ejempl ares. Relata Causo: “Las decenas de cuentos de ciencia ficcin producidos por Berilo Neves, la form a como fue asociado al gnero de Verne y Wells – las expresiones ‘fantasa cientfica’ y ‘fantstico-ci entfico’ son tambin muy repetidas – sugiere haber sido el primer autor brasileo que se dedic de manera ms sistemtica a la ciencia ficcin. Esa hiptesis contradice la afirmacin de Raimundo Me nezes, en su ensayo sobre ciencia ficcin en su Dicionrio literrio brasileiro (1969 [p. 1463]), de que Jernymo Monteiro (1908-1970) habra sido el primero; afirmacin que ha sido repetida desde entonces.” Tal suceso atrajo por lo menos dos escritores para el gnero. Gomes Netto pub lic dos colecciones con cuentos de ficcin cientfica y literatura convencional: A Vida Eterna (1932) y Novelas Fantsticas (1934); esta ltima en el mismo ao en que Epaminondas Martins lanz su El Otro Mundo (1934), la fbula interplanetaria de un robot que viaja a Saturno. Tavares informa, entretanto, que estos escritores no llegaron a tener la misma popularidad de Neves. Inicialmente publicados en peridicos y revistas – y reunidos en libro en la dcada de 1930 – los cuentos cortos de Humberto de Campos son un ejemplo de sincretismo caracterstico en Brasil, entre las convenciones de la fantasa y lo s elementos de ficcin cientfica. En “ Os olhos que comem carne ” (en O Monstro e Outros Contos 1932), por ejemplo, un ciego comienza a experimentar una visin de rayos x despus de una operacin. “ O Feminismo Triunfante o Dirio de um Rapaz Solteiro em 1960 ” (en Sombras que Sofrem 1934), describe un mundo futuro dominado por las mujeres, despus de una Revolucin Femenina de 1952. La cultura de masas brasilea emerga vigorosa en la dcada de 1930, a travs de peridicos, historietas y principalmente en el boom de la radio por todo el pas. Datan de esta poca las primeras expresiones del gnero en los medios masivos – la mayora relacionadas a modelos importados de los Estados Unidos. Nos cuenta Lo Godoy Otero: “Las primeras novelas [de ciencia ficcin] afloraban, difundidas a travs de la radio, bajo su forma estereotipada de divulgacin, con mucho de Flash Gordon y Buck Rogers, perf ectamente conocidos de las historietas, aunque con un poco de ms ‘seriedad’ que los ‘comics’ norte-americanos” La seriedad apuntada por Otero tal vez se refiera al car cter educativo que ya estaba atribuido al gnero por muchos de sus lectores y escritores. La importante participacin de Jernymo Monteiro en la ciencia ficcin de Brasil comenz en este contexto, dirigiendo un programa de radio, como describe el tambin locutor Rudyard Leo: “Con el patrocnio de caf Jardim, comenz en 1937 la tran smisin en episodios semanales de las Aventuras de Dick Peter, primeramente por la Radio Difusora y despus, Radio Tupi, ligada a los Diarios Asociados en So Paulo. El programa obtuvo una enorme popularidad proyectando la ficcin cientfica del escritor y periodista paulista Jerymo Monteiro, creador del serial, considerado uno de los mejores autores del gnero en el pas. Las historias trataban sobre el detective Dick Peter y sus enfrentamientos a bandidos, asesinos, buscadores de tesoros, civilizaciones perdid as en el tiempo, renacidas a travs de aparatos tecnolgicos preservados en subterrneos o contra hombres invisbles, creados por cientficos locos. La narrativa transparente y dinmica desp ertaba el inters por las aventura s, creando un patrn de lenguaje para la radio.” A partir de 1938 Las aventuras de Dick Peter fueron lanzadas en 16 tomos con el seudnimo anglicista de Ronnie Wells (Tavares sugiere uma contraccin de Jernymo y un homenaje a H.G. Wells). La utilizacin del pseudnimo y de lo s personajes norteamericanos fueron parte de una jugada de marketing para identificar las historias brasileas con el universo de la popular ciencia ficcin de los EUA. Causo identifica esta estrategia al concepto de ‘pseudotraducciones’ descrito por Clive Bloom, la apropiacin de una demanda existente por un producto cultural especfico de la industria extranjera, y que tambin es un ndice de que la cu ltura norteamericana era percibida como fascinante aliengena. Monteiro, cuyos dems pseudnimos fueron J. Jeremias y Gilgamesh, ya por entonces escriba en peridicos y revistas, principalmente en A Cigarra, cuentos que mezclaban horror y ciencia ficcin, en muchos de ello s bautizando sus personajes con nombres brasileos. A partir de Trs mses no sculo 81 (1947) el

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8autor public diversos libros de ficcin cientfica, buena parte de ellos dedicados a un pblico infantojuvenil. De acuerdo con Tavares, no fue antes de 1940 que los escritores brasileos demostraran tener conocimiento de la ciencia ficcin proveniente de los magazines norteamericanos. Monteiro, considerado uno de los padres del gnero en Brasil, es una excepcin a la regla y tuvo un papel clave en el establecimiento de esta referencia. Durante mucho tiempo l fue el nico autor declarad amente a favor de una ciencia ficcin nacional, contraponindose al contexto literario elitista de So Paulo. Monteiro se destac en varios campos de la ficcin cientfica brasilea, fue tra ductor, escritor, editor, crtico y consultor del gnero. La dcada de 1950 testimoni la aparicin de la primer a revista nacional especializada en el gnero. La Cine-Lar Fantastic con doce nmeros de 1955 a 1961, era una versin del digest norteamericano Fantastic publicado de 1952 a 1980. La participacin brasilera en el primer nmero se limitaba a una fantasia folclrica escrita por el propio editor de la revista (“Moleque pardo – caboclo d’agua”, de Zo Junior), ms la voluntad de incrementar esta presen cia es comunicada a travs del anuncio de “Nosso Fantstico Concurso de Contos Fantsticos” (sic), qu e ofreca premios en metlico y la publicacin en la revista. La editorial de Fantastic perteneca a Vero de Lima (1956-57), Manuel Campos (1958-59) y Nilson Martello (1960-61) que ms tarde se destacara como autor del gnero. En este momento, la ficcin cientfica vendida en Brasil era bsicamente traducciones nacionales o portuguesas de obras anglfonas publicadas en grandes colecci ones dedicadas al gnero, como la Saraiva y la longeva Argonauta 2.2 Primera Onda Los aos 50 fueron de gran optimismo para Brasil. La promesa de ‘50 aos en cinco’, lema de JK, encarnaba la creencia comn en el desarrollo de la n acin. Pareca entonces que el ‘gigante adormecido’ finalmente despertara y que el Brasil estaba en vas de realizar su ‘vocacin para potencia’ mundial. La construccin de Braslia, de arquitectura arrojada y proyecto monumental, marc la dcada y hoy materializa la expectativa de progreso y crecimient o que animaba al pas. La Segunda Guerra Mundial tuvo mucha relacin con esta situacin. El mercado in terno se fortaleci durante el perodo subsecuente al conflicto, cuando las naciones im plicadas no pudieron concentrar sus exportaciones y las industrias brasileas tuvieron que atender la demanda de una serie de productos. Adems, el alineamiento de Brasil con los EUA, el gran vencedor de la Segunda Guerra, abri muchas lneas de crdito para el pas, de las cuales el Gobierno se aprovech como de costumbre. La euforia de la expansin tambin estaba presente en el campo cultural, dond e ocurran rupturas entre una tradicin considerada ultrapasada y los nuevos pr oyectos creativos. El concretismo, la literatura de los hermanos Campos y de Dcio Pignatari, el neocon cretismo de Ligia Clark y Helio Oiticica, la Bossa Nova y la msica protesta fueron movimientos que, con races en los aos 50, se hicieron presentes y se desarrollaron en la dcada siguiente. La aparente pujanza econmica, la construccin del parque industrial y un da a da cada vez ms infestado de gadgets, como autos y electrodomsticos, familiarizaba al brasileo con la idea de progreso tecnolgico. Por otro lado, las bombas de Hiroshima y Nagasaki ya habian revelado a todos los peligros de la Ciencia. Y el lanzamiento del Sputnik en 1957 no poda dejar de causar una gran sensacin. La Guerra Fria y la consecuente carrera espacial entre EUA y Unin Sovitica tuvieron un papel importante en la diseminacin de un imaginario interplanetario que fortaleci varios conos de la ficcin cientfica, como los cohetes, los astronautas y los aliengenas. La tensin poltica, mientras tanto, alimentaba una paranoia de invasin y destruccin. Haba en el clima de la poca una especie de conteo regresivo: Qu destino o futuro aguardaba a la humanidad? El mister io parecia pronto a revelarse. La expectativa del encuentro con el ‘otro’ causaba al mismo tiempo curiosidad y temor. La dcada de 1950 tambin fue testimonio de un boom en el mercado editorial brasileo, que se expandi e incorpor nuevos modelos de negocio. Las libreras estaban repletas de lanzamientos, entre los cuales se encontraban varias traducciones de no velas y cuentos de ciencia ficcin, en su extrema mayora anglfonos. El imaginario cientfico y esp acial ciertamente estimulaba la demanda por esta literatura.

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9 Escritores de peso como A. E. Van Vogt, Robert Heinlein, Arthur C Clarke, Isaac Asimov e Ray Bradbury ya eran bastante conocidos por el pblico brasileo de la poca. Adems, los clsicos Verne y Wells continuaban siendo reeditados –ahora Verne ya haba migrado para las libreras infanto-juveniles. Este escenario termin por impulsar, casi al fi nal de la dcada, la primera fase de produccin relativamente consistente de ficcin cientfica en Br asil, as como un debate en torno al gnero. Dos eventos marcaron este cambio. El primero fue la publicacin, en 1959, de la antologa Maravilhas da Fico Cientfica (Cultrix), organizada por Wilma Pupo N ogueira Brito y por el renombrado crtico y escritor Mrio da Silva Brito. En el prlogo de la obra, Silva Brito llamaba la atencin al ambiente literario para aquel ‘nuevo gnero’ que en sus palabras “d la dimensin de la perplejidad del hombre en la hora histrica en que vive”, atra yendo lectores tanto en Brasil como en el mundo. Sus ideas tuvieron resonancia y fueron repetidas en el discurso de varios entusiastas de la ciencia ficcin de aquel perodo. El segundo evento fue el lanzamiento de O Homem que Viu o Disco Voador (Livraria Martins), de Rubens Teixeira Scavone. El autor, que en aquella poca era Promotor del Ministerio Pblico del Estado de So Paulo y que luego llegara a Procurador de Justicia, procur proteger su respetabilidad y no asumi de imediato la autora de esta novela, publicada con el pseudnimo anagramtico y algo eslavo de ‘Senbur T. Enovacs’ – lo que indica la baja reputacin de la ficcin cientfica que haba en aquel momento. La resea favorable de Maria de Lourdes Teixeira, madre de Scavone y miembro de la Academia Paulista de Letras, fue fundamental para la buena recepcin de la obra. Entretanto, la acogida no fue consensual. Parte de la crtica se soliviant con la llegada del gnero al pas, acusndolo de colonizador y escapista. El austraco Otto Maria Carpeaux, uno de los mejores crticos literarios de la poca, fue uno de estos opositores ms agresivos. ‘Hablen mal, pero hablen de m’: la polmica impuls un camino productivo. Dos editoras nacionales, que ya se destacaban en la publicacin de traducciones de ob ras del gnero, comenzaron a publicar ciencia ficcin de autores nacionales. La Edart Editora, de lvaro Malheiros, en So Paulo, con la Coleo Ciencifico ; y la Editorial GRD, de Gumercindo Rocha Drea, de Rio, con su Fico Cientfica GRD. Drea vea la ficcin cientfica como un fenmeno de gran importancia y busc atraer para el gnero algunos de los ms renombrados escritores del mainstream de la poca. En 1960 el editor public Eles Herdaro a Terra una antologa de cuentos de ci encia ficcin de Dinah Silvei ra de Queiroz – autora de las aclamadas novelas Floradas na Serra (1939), Margarida La Roque (1949) y A Muralha (1954). En 1961, Drea reuni cuentos de autores nacionales y public la primera Antologia Brasileira de Fico Cientfica con la presencia de Antonio Olinto, Rachel de Queiroz, Fausto Cunha, y la propia Dinah Silveira de Queiroz, entre otros. La antologa estableci definitivamen te la llamada ‘primera onda’ de escritores del gnero. La denominacin de ‘primera onda’, referente a la produccin de este perodo, surgi en la tesis pionera de Dunbar, la primera i nvestigacin universitaria dedicada a la ciencia ficcin brasilea. Esta denominacin es ampliamente utilizada por la crtica nacional del gnero, la mayora de cuyos actuantes provienen del fandom – y de ah pas a la crtica norteamericana de Ginway y Bell – como podemos conferir en diversos trabajos de la primera y en la introduccin a la antologa Cosmos Latinos de Bell y Molina-Gaviln. Tanto la GRD como la Edart desarrollaron una poltica de promocin de la ficcin cientfica brasilea. Diversos volmenes fueron entonces publicados, como la novela Fuga para Parte Alguma (1961), de Jernymo Monteiro; las antologas de cuentos Noites Marcianas (1960) de Fausto Cunha; Dirio da Nave Perdida (1963) y O homem que Adivinhava (1966), de Andr Carneiro; O Dilogo dos Mundos (1965) de Rubens Teixeira Scavone; Mil Sombras da Lua (1968), de Nilson Martello; y Comba Malina (1969), de Dinah Silveira de Queiroz. La lista, sin ser exaustiva, da un panorama de ttulos; pero hay otros ejemplos. La GRD, en buena parte por cuenta de su iniciativa pionera y varias antologas – Historias do acontecer (1961) y Alm do Tempo e do Espao : Treze Contos de Fico (1965) – acab nombrando al grupo de escritores que publicaron ficcin cientf ica a lo largo de la dcada de 1960, llamado ‘Generacin GRD’.

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10Muchos de ellos jams haban experimentado una incursin al gnero, y lo hicieron, adems de la invitacin inicial para la antologa de Drea, debido a la curiosidad suscitada por la nueva posibilidad de expresin – conforme resalt Rachel de Queiroz en una en trevista a Dunbar. La mentalidad caracterstica de la dcada de 1960 era visible en varios puntos. El idealismo provea a las obras de un fuerte sentido lrico, y en cuanto a la preocupacin con la naciona lidad se reflejaba en el uso del humor, de la irona y de la sensualidad. De esta forma, el estilo de los temas de la ficcin cientfica brasilea haban asumido su diferencia en relacin a la expresin internacional del gnero. Antes que la revista New Worlds institucionalizara en el escenario ingls la esttica new age, basada en especulaciones instrumentadas por la psicologa, sociologa y antropologa, los escritores brasileos, llevados por motivos propios, ya desarrollaban una propuesta semejante – hecho tambin referido por Dunbar en su tesis de 1976. A partir del Golpe Militar de 1964, hasta mediados de los aos 1970 prcticamente no hubo obras que abordasen frontalmente el cambio de rgimen. Curiosamente, el grupo de interesados en la ciencia ficcin abrigaba elementos de posiciones polticas claras y antagnicas. El editor Gume rcindo Rocha Drea, de derecha, participaba activamente en el movimento integralista de Plnio Salgado, y en un primer momento apoyaba al nuevo Gobierno. Entretanto, la tendencia poltica de muchos de los autores por l publicados apuntaba para otra direccin. Carneiro, por ejem plo, era anarquista, fichado por el DO PS y pas parte de los aos de plomo huyendo de los militares – solo ha podido publicar obras con referencias a esta experiencia tras la apertura. Esta postura aparentemente apoltica de los autores de esta primera onda de la ficcin cientfica ocurri en parte porque la cuestin chocante del golpe mil itar todava no haba asumido el centro de debate cultural en aquel momento, siendo escamoteada por algunos aos, bajo la hegemona cultural de la izquierda y el foco en cuestin del nacionalismo. El teatro de Augusto Boal, Oduvaldo Vianna Filho y Gianfrancesco Guarnieri, producido a travs de los Centros Populares de Cultura de la Unin Nacional dos Estudiantes, se alienaba del hecho de que la derecha ya haba tomado el poder a la fuerza: continuaba presentando espectculos para sus pares de clase media. La msica de protesta empujaba la mu ltitud, que demoraba en atinar para la nueva situacin poltica. Pueblo y revolucin eran figuras de retrica. Roberto Schwarz ya explicaba, la poca, el sentido de esta fragmentacin simblica: “En su conjunto, el movimiento cultural de estos aos es una especie de floracin tarda, el fruto de dos decenios de democratizacin, que vino a madurar ahora, en plena dictadura, cuando las condi ciones temporales ya no existen...”. Flora Sussekind presenta otro motivo por el cual el teatro, la literatura y hasta cierto punto la msica no fueron una preocupacin de la dictadura en este momento – la ascensin, en el pas, del ms popular y persuasivo vehculo de masas: “Disparo certero de la estrategia autoritaria en los primeros aos de gobierno militar. Certero y silencioso: se dejaba a la intelectualidad lanzar denuncias y protestas, pero sus posibles espectadores haban sido secuestrados por la televisin.” Entre 1968 y 1979, este medio consolidara su hegemona cultural, sobre todo a travs de las novelas de la Red Globo, emisora que recibiera su concesin gubernamental en 1965, el ao siguiente al golpe de la dictadura. Muchos de los autores que entonces se ejercitaban en el gnero pertenecan a los crculos literarios mainstream, y a pesar de la incursin en la literatura de gnero mantuvieron la atencin en las cuestiones del estilo ligadas a la literatura La ciencia ficcin cientfica potica del norteamericano Ray Bradbury causaba sensacin y se tornaba un modelo a seguir. Esto reflejaba la formacin brasilea vuelta ms para las ciencias humanas, pero tambin una preocupacin con la actualidad. El recuerdo de la bomba atmica y de los peligros inherentes a la aplicacin de la ciencia anim aba el esfuerzo brasileo de conjugar la tecnologa a los valores humanistas, y tambin religiosos (como en la obra de Seljam). La escritura de ciencia ficcin tena motivaciones dive rsas entre el grupo de escritores. Para autores como Rachel de Queiroz, Dinah Silveira de Queiroz, Olinto y Scavone, las posibilidades estticas del gnero seran motivo suficiente para atraerlos a la experimentacin, una vez que ellos tenan su lugar establecido en la lite literaria nacional. El radicalismo de izquierda, en gran parte un debate de jvenes estudiantes, no les pona en peligro la posicin; el gobierno, a su vez, jams censur extranjerismos que no le amenazaran. Carneiro, siempre atento al cuestionamiento de los patrones aceptados de comportamiento, vea en la ciencia ficcin un vehculo ideal para su expresin artstica, como todava hace.

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11En 1971 Cunha lleg a definir la ficcin cientf ica como una manera de ‘liberar la mente’. Ya Monteiro, finalmente vea parte de su sueo de propagacin del gnero realizarse – su actuacin en la radio, en la literatura infantil, en fin, su militanc ia por el desarrollo de la ciencia ficcin en trminos comerciales, haca de l un outsider de la cultura considerada seria. El grupo de autores de ficcin cientfica de la dcada de 1960 era diverso. As como el tropicalismo, en la msica, guardndose las evidentes proporciones y particularidades, la cienci a ficcin nacional mezclaba elementos de la cultura brasilea con elementos internacionales, adems de considerar muy positivamente, en una perspectiva internacional y de vanguardia, el ‘valor absoluto de lo nuevo’. Los entusiastas de la ciencia ficcin escrita por los premiados de las letras brasileas vislumbraban para el gnero un futuro brillante, esttica y sociocu lturalmente. Era una conciliacin paradisaca: estbamos en la onda de la ‘literatura del futuro’, ms con tinubamos fieles a una legtima tradicin erudita e intelectual. La organizacin del primer fandom surg i en este contexto optim ista. En 1965, Monteiro fund la primera Sociedad Brasilea de Ciencia Fi ccin. Ms el establecimiento de una comunidad en torno al gnero, al mismo tiempo en que reuni un grupo de autores y aficionados, separ efectivamente este crculo del resto del ambiente literario nacional. A travs del ejemplo y empeo de Monteiro y su militancia por la popularizacin de la ficcin cientfica, el gnero comenz a tomar forma, distinguindose de los dems, se deslig del mainstream literario y pas a existir como universo aparte, obedeciendo a reglas propias y dialogando con un pblico especializado, en los moldes del fandom no rteamericano. La pujante ci encia ficcin de los EUA era el modelo que Monteiro soaba aplicar al Brasil. El lanzamiento de revistas pulp fue una tentativa de concretizar este proyecto. As, en 1968, Monteiro comenz a editar para las Edies O Cruzeiro la revista Galxia 2000, versin brasilea de la norteamericana The Magazine of Fantasy and Science Fiction. Dificultades financieras suspendieron la circulacin de la revista despus de los seis primeros nmeros. En 1970 Monteiro volvi a editar, esta vez por la Editora Globo de Porto Alegre, la versin de otra revista norteamericana, El Ma gazine de Fico Cientfica, basada en The Magazine of Fiction and Science Fiction. En 1968, la lucha armada organizada por los grupos estudiantiles tuvo como respuesta una violenta ola de represin gubernamental. La promulgacin del AI 5, llamado ‘golpe dentro del golpe’ de los oficiales de la ‘lnea dura’, inaugur una violenta era de persecuciones polticas, que acall los gritos revolucionarios izquierdistas. El ao siguiente ocurra el secuestro del embajador norteamericano Charles Elbrick por jvenes de izquierda y tambi n la violenta accin represiva de derecha, la ‘Operao Bandeirantes’. Mientras tanto, los EUA llegaban a la Luna y la Guerra Fra continuaba causando temores. Entre diciembre de 1968 y abril de 1970 la revista Veja public nada menos que ocho pginas enfocando la carrera espacial. La actualidad asuma un tono de ficcin cientfica – blica. Fue en este mismo 1969 que Jos Sanz, habitual traductor del gnero, consigui junto al Gobierno el presupuesto que viabiliz el Sim posio Internacional de Ficcin Cien tfica en el Copacabana Palace, durante el II Festival del Filme. Stanley Kubrick haba acabado de lanzar su obra prima, 2001, Una Odisea Espacial (2001, 1969), basado en la obra de Arthur C. Clarke – escritor homenajeado en el evento. La aprobacin del simposio testimoniaba tanto la influencia poltica de Sanz como la efervescencia en torno al tema. Adems, el pas no estaba exactamente en necesidad financiera: en 1965 el FMI don al recin auto-proclamado Gobierno Militar una suma de U$125 millones. Causo llama la atencin a un discurso proferido por el escritor y editor norteamericano Frederik Pohl, en que este alude a la situacin poltica del pas al sugerir la importancia de la ciencia ficcin en los EUA durante el perodo macartista. Despus del simposio, el Instituto Nacional de Cine public un volumen con las ponencias dictadas por los invitados, varios de los ms renombrados autores e investigadores mundiales de ciencia ficcin1. El libro, una edicin bilinge, sintomticamente no tr aa ninguna participacin de brasileos — aunque, conforme nos cuenta Causo, Andr Carneiro haba dictado la confer encia de clausura. “Nos debatamos sobre 2001, que todo mundo ya haba ledo y poda comentar. Quin iba a hablar sobre el cuento “La oscuridad”, de Andr Carneiro, escrito en portugus, que ninguno de los invitados 1 Estaban presentes Forrest J. Ackermann, Brian W. Aldiss, Poul Anderson, J. G. Ballard, Alfred Bester, Robert Bloch, John Brunner, Harlan Ellison, Luis Gasca, Harry Harrison, Robert A. Heinlein, Damon Knight, Sam Moskowitz, Frederik Pohl, Wolf Rilla, Jacques Sadoul, A. E. van Vogt, Kate Willhelm, y Arthur C. Clarke, que fue hom enajeado juntamente con el director Stanley Kubrick.

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12tena la menor idea de lo que se trataba?” – argumenta Carneiro, agre gando que haba un gran clima de reverencia a los autores extranjeros, y las obras producidas en Brasil ni siquiera fueron citadas. De esta forma, aunque se haba demostrado la familiaridad nacional con los principales autores de la ciencia ficcin internacional de la poca, este evento pionero no signific la menor atencin para la produccin nacional. En Histoire de la Science Fiction Moderne lanzado por Sadoul en 1973, el crtico, que estaba en el evento, exhibe fotos y algunos datos con respecto al simposio, pero los autores nacionales, muchos de ellos con varios libros publicados, son mantenidos en el anonimato. Un ao antes Carneiro haba publicado el primer libro nacional dedicado a la crtica y al estudio de la ciencia ficcin, inclusive la brasilea. Parte de esta Introduo ao Estudo da Science-fiction buscaba combatir las visiones crticas contrarias al gnero, como las de Carpeaux y Wilson Martins. Con todo eso, 1969 tambin fue el ao en qu e Gumercindo Rocha Drea concluy la primera fase de la ‘Ciencia Ficcin GRD’. Antes de adoptar su poltica de publi cacin de ficcin cientfica nacional, la editora haba publicado escritores como Rubem Fonseca y N lida Pion, conquistando respeto y un razonable suceso de pblico. Pero la devocin a un gnero de poca proyeccin y retorno ah ora consuma la fortuna personal del dueo y editor. De los autores de la Generacin GRD, apenas Carneiro, Cunha y Scavone continuaron escribiendo ciencia ficcin. En 1970, la muerte de Monteiro result en el cierre del Magazine de Fico Cientfica (que tambin nunca rindi el retorno financiero esperado) y el fin de las actividades de la Sociedad Brasilea de Ciencia Ficcin – demostrando que la existencia y continuidad de ambos dependan crucialmente de su accin individual. Adems del impasse financiero y de la ausencia de la figura clave de Monteiro, la represin militar pudo haber contribuido indirectamente para el fenecimiento de la Sociedad Brasilea de Ficcin Cientfica, ya que despus del AI 5 cu alquier reunin pblica preci saba de una autorizacin previa. En un artculo sobre dictadura y ciencia ficci n, Causo cita el testimonio de Walter Martins que seala la omnipresencia de los censores militares – y agrega: “Brazilian fandom, as far as I know, has never actually suffered from censorship or repression – at least nothing close to the experience of our neighboring fandom in Argentina, which lost one of its main names, German Oesterheld, to repression” 2.3 ‘¡Dispersen!’ – Viviendo una Distopia Nacional Segn Flora Sussekind, fue a partir de 1975 que la censura dictatorial finalmente cerr el cerco sobre las editoras nacionales. En este momento, la censura y la auto-censura polticas ya alcanzaban de lleno los crculos intelectuales y parte de la clase media. Al gunas estrategias narrativas de la ficcin cientfica, como el dislocamiento y la extrapolacin, permitieron a algunos autores experimentar en el gnero para lanzar de manera satrica, ms o menos segura e i ndirecta, sus crticas al Gobierno y a la situacin brasilea. Resulta que, en la dcada de 1970, las co nvenciones narrativas de la ficcin cientfica fueron utilizadas, prioritariamente, como un instrumento de resistencia. Los autores de esta poca, as como los de la dcad a anterior, tenan renombre en otros campos que no eran los de la ciencia ficcin. A cuenta de eso, ad ems del carcter de resistencia de las obras, tales distopias tuvieron bastante aceptacin del pblico. Para Ginway, “muchos escritores brasileos de la corriente principal intentaron escribir ciencia ficcin. [Pero] Realment e, lo que ellos acabaron escribiendo fue ficcin distp ica en la tradicin de Nosotros de [Evgeny] Zamyatin, Un mundo feliz de [Aldous] Huxley y 1984 de George Orwell. Todos bsicame nte compartan la misma trama. Una tecnocracia inhumana impone reglas crueles e impersonales a la sociedad brasilea a fin de convertirla en una potencia mundial (o por lo menos regional). El personaje principal se rebela contra ese estado de cosas y la tecnocracia cae (o no – dependiendo del nvel de cinismo del autor)” En Brazilian Science Fiction Ginway se contradice, al consider ar estas ficciones distpicas como apenas tentativas, ms que parte del gnero que analiza. El uso de las convenciones de la ficcin cientfica en algunas obras brasileas de la dcada del setenta tal vez haba sido circunstancial, pero la estructura del texto se sobrepone a la ‘pureza’ de la intencionalidad del autor en la caracterizacin del gnero. Por otro lado, la mayora de estas distopias no contienen la iconografa tradicional de la ficcin cientfica, lo que, al final, no era fundamentalmente necesaria en la identificacin del gnero, conforme nos clarifica la conceptualizacin de Klein – segn el cual lo que importa es la centralidad temtica de la ‘tcnica’ y de la ‘ciencia’ (sea en su ideologa o re presentaciones) en la construccin de la digesis. Finalmente, de acuerdo con Suvin y Gary K. Wolfe, la distopia es ms un sub-gnero de la ficcin cientfica.

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13 La mayora de la ficcin cientfica brasilea de este perodo apunta para los peligros inherentes de la tecnologa, que en las manos del rgimen totalitario se transformaba en un efi caz instrumento de control y represin polticos, adems de una aliada del desarrollo econmico a toda costa, resultando en una considerable legitimizacin de la tecnoburocracia dict atorial. Propagandeando el ‘milagro brasileo’ del gobierno de un Emlio Garrastazu M dici, la dictadura se vinculaba al mito de la grandeza nacional y justificaba la brutalidad de sus mtodos a travs de una pltora de datos sobre el crecimiento y el desarrollo del pas. El exceso de burocracia y estadsticas fue un tema bastante alegorizado en las distopias de este perodo, que tambin enfocaron el clima de terror suscitado por las violentas persecuciones polticas, la superpoblacin, la Guerra Fra, la amenaza atmica y los peligros de una catstrofe ecolgica. En Fazenda Modelo – Novela Pecuria (1974), Chico Buarque describe una hacienda tecnocrata – y revela influencias explcitas de George Wells en “Rebelin en la granja” (Animal Farm, 1945). Los personajes son estereotipados; escenar io de enredo, satricos. Al final del libro, en una ltima ironia guisa de disfraz para la censura (o viceversa), uma ‘bibliogr afa tcnica’ lista libros sobre pecuaria y agricultura. El autor era uno de los artistas brasileos ms perseguidos por la dictadura. El Teatro Galpo, que ofreca su pieza Roda Viva fue invadido y depredado en julio de 1968. Actores y tcnicos de la producin fueron entonces golpead os por el Comando de Caza Militar a los Comunistas. En 1974, ao de la publicacin de Fazenda Modelo, el autor adopt los seudnimos Julinho de Adelaide y Leonel Paiva, para que sus canciones fuesen liberadas por la censura. Adaptao do Funcionrio Ruam (1975), del abogado, escritor y productor cultural Mauro Chaves, es una ambgua distopia tecnocrtica cuya narrativa aborda los ardides del lavado cerebral, colocando en cuestin la ‘realidad’ aprehendida por el personaje (como en Orwell y Zamyatin). La saga de Ruam tematiza las reacciones paranoicas a las persecuciones dictatoriales. Por otro lado, la ambigedad de la visin del mundo del protagonista complejiza el simplismo de la visin poltica de la poca, dividida entre los maniquesmos positivistas de la izquierda y la derecha. La estructura de la novela, en la que el protagonista y el lector no tienen certeza del significa do del final (Ruam puede haber salido airoso o cooptado), apunta para uno de los principales desafos de las tendencias narrativas contemporneas: la duda ante las interpretaciones discursivas, redundando en una incapacidad de desarrollar nuevas propuestas. Tanto la cuestin de la paranoia como de la ‘imposibilidad teleolgica del desenlace’, tambin pueden ser percibidas, en Brasil de los aos setenta, en la poesa de mimegrafo de los poetas del ‘desbunde’2. Ginway agrega que “ Adaptao do funcionrio Ruam takes the corruption of language farthest by creating the ‘Grande Lngua Universal Brasilein a’ (sic) or GLUB, which in itself sounds like onomatopoeic garble”3 Para la investigadora, la corrupcin del lenguaje en las novelas distpicas de la dcada del setenta es una extrapolacin crtica de la censura y manipulacin del discurso operados por la dictadura; sugiere que la interferencia gubernamental en la expresin popular se desbordara del campo ideolgico para el 2 El “desbunde” que est relacionado con este movimiento, tambin es una forma de mostrar el descontento con las normas sociales, y tambin, aunque no lo proclamen directamente, con la dictadura que est instaurada en el gobierno. Esta contracultura, como dice Diana Klinger, “...ya no pensar la Revolucin con maysculasen trminos de lucha de clases, sino que abordar la oposicin al golpe militar a travs del comportamiento en pos de una liberacin individual, colocando en jaque valores como el intelectualismo, la autoridad...” 3 …lleva la corrupcin del idioma al extremo crea ndo la Gran Lengua Universal Brasilea' o GLUB que en s mismo parece una alter acin onomatopyica (traduccin libre)

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14 lingstico. Ginway tambin recuerda que la tendencia a la proliferacin de acrnimos y trminos tcnicos fue anticipada por R ubem Fonseca en su cuento ‘ O Quarto Selo ’ (en: Lucia McCartney 1969), donde el autor usa trmimos como ‘DEPOSE – Depart amento de Polica Secret a’, ‘FUVAG – Favela de Alto Gabarito’, entre otros. En O Fruto do Vosso Ventre (1976), Humberto Salles cuenta la hist oria de una ‘isla’ cuyo ‘dirigente’ recibe la asesora de un grupo de tcnicos para resolver el problema de la superpoblacin e Y el hambre inminente. El Gobierno manipula la opinin de los ciudadanos a travs de una ‘cadena integrada de radio y televisin’, para convencerlos de las ventajas de la solucin escogida: un proyecto de aborto colectivo a ser realizado por el ‘Depar tamento de Controle da Natalidade e Planificao Matrimonial e Ligaes Correlatas’4, o ‘Deconplamlic’. Con esta obra Sa lles gan el Premio Jabuti de 1977 en la categora ‘Novela’. Ese mismo ao, el cr tico Wilson Martins, antiguo y frreo adversario del gnero, tambin fue laureado, en la categoria de ‘Estudios Literarios’, con su ensayo ‘ Historia de la Inteligencia Brasilea’ Concedido anualmente por la Cmara Brasilea del Libro, desde 1959, el Premio Jabuti ya se haba establecido como el ms importante de la literatura brasilea. Este era un premio tradicional en medio de un nuevo y rico universo de premiaciones, concursos y coediciones promovidas a partir de 1975 con la divulgacin de la ‘Poltica Nacional de Cultura’, formulada por Ney Braga y por el MEC. Esta poltica revivi la estrat egia cultural adoptada por el Gobierno de Vargas, captando autores a travs del patrocinio y la norma lizacin estatal. El juicio de los discursos ms adecuados, un estmulo paternalista, constitua la fase positiva de la represin – en el sentido foucaultiano. En Um Dia Vamos Rir Disso Tudo (1976), Maria Alice Barroso tematiza la inconsistencia del concepto de educacin en Brasil. Ginway tambin apunta qu e la novela “criticizes the new mindless popular literature, the power of tv governmental control of the mass media, and distance learning through televison”5 Ya Asilo nas Torres (1979), de Ruth Bueno, sucede en Saturno, donde una lite tecnocrtica, por cuenta de la necesidad siempre presente de agradar a su s superiores, se ve enredada en una creciente y peligrosa dependencia de los aparatos tecnolgicos. Ginway percibe que la novela “mocks the use of statistics and data collection as substitutes for intellectual pursuit and knowledge”6 Era patente la corta visin gubernament al en el rea de la cultura, refl ejada en el fracaso de proyectos millonarios como el Mobral, Movi mento Brasileiro de Alfabetizao. Creado por el gobierno Costa y Silva en 1967, el Mobral buscaba reducir al 10% (un nivel consid erado satisfactorio por la UNESCO) el ndice de analfabetismo en la faja de 12 a 35 aos. Con todo, el sistema bsico de enseanza continu obliterado y la fbrica nacional de analfabetos sigui funcionando a pleno vapor. Aunque haya habido quien elogi el programa, como el do de msica sertaneja y heraldos del rgimen Tonico y Tinoco, en su cancin Bendito sea el Mobral En fin, el eptome de la actitud militar en el rea de la cultura fue la amenaza del Coronel Darci Lzaro, que despus de inva dir la Universidad de Br aslia en 1964, prometi “acabar con la cultura” en el caso de que esta obligara a los militares a “enderezar al Brasil”. Esta faceta de la dictadura tambin es representada en No Vers Pas Nenhum (1982), de Igncio de Loyola Brando, en que un ex-profesor universitario y burcrata de bajo nivel de repente pierde todos sus derechos civiles y es sacado de su capullo pequeo burgus para un mundo de paranoia (ntese la omnipresencia de la sensacin) y apartheid social, teniendo que sobrevivir entre mutantes y desvalidos. Gregrio Dantas, miembro del fandom portugus, describe el universo del libro: “la orden, obtenida por el Esquema – el sistema gubernamental en vigor – [es dada] a travs de expedientes comunes al gnero de la ciencia ficcin: una propaganda ostensiva, capaz de transf ormar la destruccin de la Amazonia, ahora un gigantesco desierto, en la 9 maravilla del mundo; la eliminacin de 4 Departamento de Control de la Natalidad, Pl anificacin Matrimonial y Enlaces Relacionados. 5 …critica la vanalidad de la literatura popular, el po der de la tv, el control gubernamental de los medios de comunicacin de masas, y el aprendizaj e a distancia a travs de la televisin. 6 …se burla del uso de las estadsticas y la acumulacin de datos como suplentes para la persecucin intelectual y del conocimiento.

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15 la memoria colectiva, a travs de la prohibicin de libros, peridicos, persecucin de los profesores y cierre de las universidades; [hay] reas delimitadas para cada clase social; cen tralizacin total del poder en una lite que domina y tiene libertad irrestricta de comando, acceso a la informacin y se mantiene protegida de las pestes y de la temperatura abrasadora” Analizando Asilo nas Torres y No Vers Pas Nenhum Causo llama la atencin de que “[t]hese two novels deal more with some side effects of the dictatorship – the rising of that technocratic class, police brutality, bureaucratic arbitrary acts, et c. – avoiding a direct approach or overt criticism either to militarism or to the dictatorial rule”7 Esta observacin puede ser aplicada a las dems obr as del perodo, que abordaban los problemas de Brasil, ms – como sugiere la metfora de Fazenda Modelo – rehuan a ‘dar nombre a los bueyes’. Causo cita A Invaso (1979), de Jos Antonio Severo – sobre una invasin brasilea en Angola buscando libertar este pas del ejrcito cubano – juntamente con A Guerra dos Cachorros (1983), del mismo autor, como las primeras ficciones especu lativas del Brasil dictatorial donde se abordan directamente el tema militar. Otros autores publicaron distopas y stiras en este perodo, como Anatole Ramos ( O Planeta do Silncio 1974); Gerald Izaguirre ( Espao Sem Tempo 1977), que al ao siguiente a la publicacin de la novela asumi la direccin de la WORLD SF; Plnio Cabral ( Umbra 1977); Dolabella Chagas ( Miss Ferrovia 1999, 1982); y Orgenes Lessa O Edifcio Fantasma (1984) – en esta su ltima obra, publicada tres aos despus de su eleccin para la Academia Br asilea de Letras, Lessa narra la desaparicin de cuatrocientas personas en el interi or de un edificio de apartamentos en Copacabana; y Paulo Leminski ( Agora que So Elas 1984) – en este libro, el tradutor de Ja mes Joyce y Samuel Becktett, entre otros, desarrolla un lenguaje con mezcla de referencias eruditas y cientficas. Flora Sussekind llama la atencin para el significado de la convivencia, en este momento histrico problemtico, de tendencias literarias generalmente consideradas divergentes, como el fantstico y el naturalismo, la literatura social y el subjetivismo autobiogrfico. Ellas se dedicaran, entonces, a funciones compensatorias. “Esto es: decir lo que la censura impeda a los peridicos decir, haciendo en libro los reportajes prohibidos en los medios de comunicacin de masas; a producir ficcionalmente identidades all donde dominan las divisiones, creando una utopa de nacin y otra de sujeto, capaces de atenuar la experiencia cotidiana de la contradiccin y de la fractura”. Convergencia para un neonaturalismo, en el cual la significacin narrativa se refiere continuamente al contexto de la obra. Cada historia busca entonces re flejar la Historia, el Brasil de la actualidad de un punto de vista, generalmen te univocal. El eje del texto literario mi gra del trabajo con el lenguaje a la bsqueda de lo referencial – se tensiona la ficcionalidad en favor del registro documental. Para Flora, las certezas apriorsticas de esta literatura-verdad termin an por reducir la complejidad y el alcance de su voz. Tales novelas se volveran un reflejo en negativo de las estrategias discursivas simplistas del propio rgimen. En resumen: “Si la cooptacin es la otra cara de la censura, lo mismo puede decirse de las relaciones entre las parbolas y reportajes novelados.” As, la ambiguedad de Adaptao do Funcionrio Ruam de Chaves, contrasta con el cuadro general. Otra excepcin sera una novela como Piscina Livre (escrito a mediados de la dcada de 1970 y publicado en 1980), del veterano Andr Carneiro. Segn Ginway, tanto este libro de Carneiro como el cuento ‘ Exerccios de Silncio’ (1983), de Finsia Fideli, a pesar de ambos tener protagonistas masculinos, anticipan cierta tendencia feminista en la ciencia ficcin brasilea. Diversas obras de Carneiro encajan en la observacin de Ginway. La trayectoria de este autor, su temtica anarquista, psicoanaltica y sexual, refleja la bsqueda de la libertad poltica conjugada a la exaltacin de los instintos naturales, caracterstica de los hippies y de la contracultura. Carneiro se mantena fiel al ideario humanista que caracteriz la generacin GRD. Por otro lado, su nfasis en la cuestin del sexo, muchas veces acompaada de descripciones crudas, anticipa la esttica cyberpunk, que 7 “Estas dos novelas tratan ms bien de efectos cola terales de la dictadura el ascenso de la clase tecnocrtica, la brutalidad policaca, los actos ar bitrarios burocrticos, et c. evitando un acercamiento directo o la crtica abierta al milita rismo o las reglas dictatoriales.”

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16 tiene lugar a partir de los aos 1980 – aunque diverja de esta al enfatizar la utopa en oposicin a las narrativas nihilistas. Amorquia (1991), por ejemplo, describe una soci edad futura en la cual la cuestin sexual se resuelve a partir de ensear la prctica del sexo en las escuelas y la comprensin de la fidelidad como una enfermedad mental. Se vuelve co mplejo localizar cronolgicamente la multifactica obra de Carneiro, inclusive porque, debido al fant asma de las persecuciones polticas, el autor produjo obras que se mantuvieron engavetadas por dcadas ante s de su publicacin, como es el caso de muchos cuentos publicados en la antologa A Mquina de Hyernimus e Outras Histrias (1997). Silicone XXI (1985), de Alfredo Sirkis, tambin integra esta vertiente de la literatura de ficcin cientfica del perodo dictatoria l que sobrepasa los dualismos maniquestas de la discusin poltico-cultural anterior e ingresa en un plano discursivo ms mltiple. Causo resume los principales elementos de esta ‘novela policial futurista’ (de acuerdo con la descripcin del website del autor) que sucede en el Ro de Janeiro de 2019: “retired General Estr ncio (named after the radio active stuff, strontium) is killing transvertites with a laser pistol and plotting the raising of Brazil to a nuclearpower status. Estrncio (...) is obsessed with all kinds of power – nuclear, political, and sexual – he has a huge implanted silicon penis, from wich the novel gets its title”8, describe Causo. La tematizacin de las relaciones entre sexo, ecolog a y poder se adecuan a la trayectoria poltica de Sirkis, un activista del movimiento estudiantil de 1968 que, habiendo sido exilado en 1971, se aproxim a los movimientos ecologistas, pacifistas y antinucleares de Europa y, de vuelta en Brasil, fue uno de los fundadores del Partido Verde (PV), el primero del pas en ocuparse sistemticamente de minoras como mujeres, negros y homosexuales. La postura de estos autores reflejan un cambio de es trategia. La relacin entre arte y sociedad, que antes era tomada en una perspectiva didctica, apuntando a tomar el poder a largo plazo, comienza ahora a transformarse en una prctica de resistencia cultural – entra en escena el binomio arte/vida. Micropoltica: la estetizacin de la vida substituye la cuestin de lo nacional. Las prcticas de la juventud pasan a incluir la radicalizacin del us o de drogas, experimentaciones sexuales, etc. Estas elecciones eran vividas como gestos peligrosos e ilegales y asuman la connotacin de protesta. La dimensin poltica de estos comportamientos desviantes fundaba nuevas instancias de poder individual, en la medida en que a travs de ellos se expresaba una visin de un mundo divergente al status quo, y al mismo tiempo se efectua ba una situacin de marginalidad. La literatura de ficcin cientfica de los ‘aos de pl omo’ de la dictadura es caracterizada principalmente por su carcter distpico, satrico y especulativo, con lo cual traduca descontento y las ansiedades con el rgimen militar. La metaficcin y los cruzamientos con la literatura fantstica hicieron a menudo presentes en estas novelas y cuentos – en una relacin inversamente proporcional a la constancia de la iconografa tradicional de aliengenas, cohetes, robots y aparatos tecnolgicos en general. En tales distopias, el foco era representar la mquina social – en su funcionamiento tecno-burocrtico muchas veces idiosincrtico, de structivo y opresor. Los autores de este perodo no sintieron la necesid ad de encuadrar sus obras en ningn gnero en especfico. Dejaron de lado otros factores de id entificacin tradicionales de la ciencia ficcin: no buscaban seguir una iconografa y delimitaciones conv encionales y no mantenan una estructura de comunidad paralela a aquella del ambiente literario en general, el espritu de club que hubiera en los aos sesenta. Al contrario, la mayora de ellos actuaba con desenvoltura en los crculos del mainstream. Basado en estos factores, Causo clasifica este moment o de la produccin nacional como un periodo ‘de dispersin’ – o que solo tiene sentido si asumim os un punto de vista crtico interno al fandom. 2.4 Segunda Onda 8 “El General retirado Estrncio (nombrado as por el material radiactivo, estroncio) est matando trasvestis con una pistola lser y planeando el as censo de Brasil a un estado de potencia nuclear. Estrncio (...) se obsesiona con todos los tipos de poder nuclear, poltico, y sexual l tiene implantado un pene grande de silicn de la cual la novela toma el ttulo.”

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17La estrategia de control discursivo dictatorial, conforme ya vimos, se basaba en la omnipresencia de los medios de comunicacin de masas, es pecialmente el radio y la televisi n, los cuales ocupaban espacios pblicos y privados. Durante el Gobierno militar, la coyuntura poltico-econmica del pas se articul al mercado mundial a travs de una dinmica relacin de dependencia – que definitivamente implicaba transformaciones en el proceso cultural. Con la import acin de las modernas tcnicas y esquemas de la organizacin productiva, el nuevo mer cado de bienes culturales se afinaba a una dinmica de eficiencia, crecimiento y sofisticacin. Todo este desarrollo se basaba en la intimidad cada vez mayor con el capital extranjero, especialmente el de lo s EUA – como demostr el caso Globo/Times-Life en 1965, en que el grupo norteamericano, a pesar de la disposicin contraria en la legislacin nacional, casi lleg a convertirse en el socio mayoritario de la emisora. El ‘milagro econmico’ de los aos 1970 genera un aumento de renta y consecuentemente de mercado para los productos culturales. Mas este espaci o fue siendo ocupado por la industria cultural, corporaciones brasileas y extranjeras. Sin dejar de lado las iniciativas gubernamentales, las cuales, recordemos, seguan el modelo de cooptacin patern alista de Vargas, al ofrecer bolsas de empleos, financiamientos y facilidades para la publicacin de acuerdo con la s conveniencias del beneplcito poder estatal. Todo eso, por supuesto, solamente para aquellos que en una demostracin de ‘clase’ engrosaran el ‘coro de los contentos’ con el ‘nuevo orden’. Para el resto de los ‘resentidos’ quedaba el vaco y el ejercicio (no-remunerado) de una impotente ‘patrulla ideolgica’. Esta nueva configuracin se reflej de diversas manera s el mercado editorial y, por extensin, al campo literario. Ya en la dcada de 1980 era evidente que los negocios haban adquirido otra magnitud, que el modelo de las pequeas y medianas editoriales de las dcadas anteriores se volviera deficitario. Los grandes conglomerados editoriales – con el poder financiero de atraer los autores ms renombrados, comprar los derechos de los best sellers extranjeros, invertir en publicidad – pasaron a dominar la nueva escena de la circulacin literaria. Cuando no estaban oc upados por los sellos de estas grandes empresas, los llamados nichos de mercado sobraban para las mi cro editoras, que, por la escasez del pblico lector brasileo, tenan en esta especializacin la ga ranta y la fuente de su sustentabilidad. Las nuevas demandas de la industria cultural derivaba n en la profesionalizacin del escritor. De acuerdo con Silviano Santiago en “ The Hurried Midwives of Times ”, mucha de la produccin de este perodo trabaj con un alto grado de previsibilidad y redunda ncia, un ‘paso atrs’ que podra ser comprendido teniendo en cuenta los nuevos desafos enfrentados por los autores. En la medida en que el acto de escribir pasaba a incluir consideraciones prcti cas, de naturaleza mercadolgica, el tradicional compromiso con el texto – originalidad y eficacia estticas – se multiplicaba para toda una red de intereses, que iba de la conquista del editor a la fi delidad del lector. Para ello eran utilizadas algunas estrategias de seduccin: popularizacin del lenguaje y las estrategias narrativas, que inclua el prstamo de algunos elementos del gnero policial; el investimento seguro en patrones de texto ya conocidos, a travs de la publicacin de series o trilogas, y el mi smo retorno a las reglas de la novela histrica con tintes nacionalistas. En Fico Impura: Prosa Brasileira dos Anos 70, 80 e 90 Therezinha Barbieri sintetiza como las principales caractersticas de la fi ccin pos-dictadura: el di logo cada vez ms intenso con la cultura de masas, la tradicin literaria y la historiografa, el reglamento de acuerdo con las oscilaciones del gusto y las fluctuaciones del mercado y la combinacin de mltiples registros de lenguaje, generando hbridos, fusiones, montajes. Segn la autora, el nuevo pacto con el lector implica ajustes con el mercado, con la velocidad de los me dios de comunicacin de masas y con los ‘anunciosdenuncias de la Historia’. La influyente presencia de la cultura de masas nort eamericana en Brasil responde en gran parte al boom de la ciencia ficcin en este momento, con su torrente de series de televisin, comics y principalmente superproducciones cinematogrficas, los llamados blockbusters Superproducciones hollywoodianas como Close encounters of the third kind de Steven Spielberg, 1977; Star Treck: The Motion Picture Robert Wise, 1979); ET Steven Spie lberg, 1982; Blade Runner (Ridley Scott, 1982) y la primera triloga de Star Wars George Lucas, 1977, 1980 e 1983) Una respuesta de la industria de Hollywood a la popularizacin de la televisin es el cine autoral de la dcada de 1960, o el blockbus ter, surgido a partir de los aos 1 970, que parti a la reconquista del pblico apostando por una esttica repleta de aventuras y efectos especiales, que converga perfectamente con el imaginario de la ciencia ficcin. La estrategia fue bien recibida y los estudios recolectaron ganancias astronmicas, adems de reclutar una generacin de fans en todo el planeta. “El consumidor brasileo de ciencia ficcin toma como patrn no los clsicos de Simak o Asimov, sino los filmes del da o La Guerra de las Galaxias”, confir mara el escritor y crtico br asileo Jorge Luiz Calife

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18 Influencias menores pero tambin importantes para los fans y futuros escritores de ficcin cientfica brasilea de este perodo fueron las fantasas infanto-juveniles, como las de Monteiro Lobato y Jernymo Monteiro, las cuales muchas veces les eran presentadas en la escuela; adems de colecciones de bolsillo como la space pera alemana Perry Rhodam En 1983 surge el primero de una serie de fanzines de dicados al gnero. Dos de ellos se destacan por el pionerismo o importancia. El Boletn Antares, editado en Porto Alegre por Jane Terezinha de Souza, se enfocaba en una ciencia ficcin de caractersticas lite rarias. El estmulo de la publicacin de historias brasileas hizo del boletn un punto de confluencia para autores bastante activos en las prximas dcadas, como Calife, Causo, Lodi-Ribeiro, Sim one Saueressig y Miguel Carqueija. Ya en el Hiperespacio, todava editado por Cesar R. T. Silva y Jos Carlos Neves, aborda la ficcin cientfica en sus diversos medios: literatura, cine, comics y otros. La creacin de este y de otros fanzines, que se iniciaban con un enfoque total para la produccin extranjera, y que luego se abran para las experimentaciones realizadas en Brasil, dio un gran impulso para la reunin de numerosos interesados que ni siquiera conocan de la existencia de una ciencia ficcin nacional, pero que luego se destacaran como autores y participantes del fandom. Despus del comienzo de la dcada la iniciativa de un autor brasileo descubrir para centenares, tal vez miles de fans brasileos, que la influencia de esta produccin, anteriormente solo vista dentro de la pasividad del consumo, podra al final ocurrir en la s dos direcciones. En su 2010: Odisea Espacial II, Arthur C. Clarke, un cono del gnero, agradeca “al sr. Jorge Luiz Calife, de Ro de Janeiro, por una carta que me hizo pensar seriamente en una posibl e continuacin [de este libro] (yo que desde hace mucho tiempo deca que esta continuacin era imposible)” Calife relata su experiencia: “Mi prim er cuento fue publicado en la revista Manchete en septiembre de 1983. Fue 2002 una fanficcin que imaginab a lo que suceda despus de la secuencia final del 2001 de Kubrick [filme de 1969 basado en la obra del mismo nombre escrita por Clarke]. Ese cuento tuvo una repercusin tremenda, la Editora Nova Fronteira me contrat para publicar una triloga futurista (...) Arthur Clarke ya haba usado el mismo cuento como base para una novela llamada 2010 que despus se convirti en filme. Puedo decir que entr en el mundo de la ciencia ficcin por la puerta del frente.” El primer libro de esta ‘triloga futurista’, Padres de Contato (1985), es de acuerdo con Causo y Tavares el primer libro brasileo de ‘ciencia ficcin explcita’ de los aos ochenta. Con l, rompa la tendencia mayoritariamente soft del gnero en el pas y los autores brasileos pasaron a contar con una referencia nacional para sus investidas hard. El tono lrico del humanismo ceda espacio al encanto por la tecnologa y su universalidad ms distanciada. Una resea de Padres de Contato en la revista Veja transform a Calife en una de las figuras ms conocid as del fandom brasileo, lo que demuestra el poder de las revistas semanales como Veja Isto (y, ms tarde, poca ), las cuales alcanzaban de lleno a la clase media con poder y volumen de consumo – y por esto se hicieron las vitrinas ms importantes del mercado brasileo. Tales revistas tenan una importancia especial para el sector editorial, que gravita en torno de sus listas de ms vendidos; segn estas fuentes, el best seller er a la condicin natural del libro exitoso. La triloga de Calife se constituy de este primer libro y Horizonte de Eventos (1986), ambos lanzados por la Nova Fronteira, y Linha Terminal (1991), publicado por la GRD. El auto r explica el cambio de editora: “La Nova Fronteira tena un contrato conmigo para tres n ovelas. Pero las dos primeras (...) vendieron poco. As, en 1987, la Nova Fronteira enfrent una grave crisis financiera (...) fueron aplazando indefinidamente la publicacin del tercer libro y yo acab rompiendo el contrato Con la editora y llevando Linha Terminal para la GRD.” Todava en 1985, Roberto Nascimento public Quem Quem na Fico Cientfica un resumen de traducciones en lengua portuguesa que llegaban al Br asil a travs de la coleccin Argonauta, de Lisboa. En las pginas finales de este trabajo Nascimento incluy un link, a travs de la cual los interesados en el gnero podran entrar en contacto para intercambiar informaciones. Como resultado de estos contactos se fund el Club de Lectores de Cien cia Ficcin, CLFC, que todava promueve reuniones mensuales para sus cerca de quinientos socios, en So Paulo, Ro de Janeiro y Rio Grande do Sul, adems de editar y enviar por co rreo su fanzine oficial, el Somnium La fundacin del CLFC poco despus del fin de la dictadura signific el rescate y desarrollo de la configuracin de fandom que exista veinte aos antes y que se deshizo luego de la promulgacin del AI 5.

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19 El renombre de los autores clsicos de la ficcin cien tfica extranjera garantizab a ventas satisfactorias de sus libros, que jams dejaron de ser publicados en el pas. As y todo, fue la productividad y organizacin del nuevo grupo de lect ores – Promocionados por la CLFC – que influy en el rescate de las publicaciones de ciencia ficcin br asilea por la GRD, ahora con su base en So Paulo. Las nuevas antologas – S Sei que No Vou por A! (1989), A Pedra que Canta e Outras Histrias (1991) y Cristoferus (1992), de H. V. Flory; Do Outro Lado do Tempo (1990), de Jos dos Santos Fernandes; y O Fruto Maduro da Civilizao (1993) de Ivan Carlos Regina – en conjunto con las antologas de cuentos – Enquanto Houver Natal (1989), y Trplice Universo (1993) – reunieron autores nuevos y miembros de la antigua ‘generacin GRD’, como Dinah Silveira de Queiroz, Fred erico Branco, lvaro Malheiros y Fausto Cunha. Por otro lado, el carcter local de algunas comunidades de ci encia ficcin, aliado al entusiasmo de sus participantes, hizo surgir, en esta dcada y en las siguientes, a un expresivo movimiento de fanzines, entre los cuales se destacan Megalon, de Marcello Simo Branco y Renato Rosatti; Scarium de Marco Bourguignon; Papra Uirand, de Causo; y Notcias... do Fim do Nada de Ruby Filismino Medeiros. Premios, concursos y la fundacin de la Sociedade Brasileira de Arte Fantstica (SBAF), ayudaron a conectar grupos esparcidos por el pas. Entre las premiaciones de mbito nacional estaba el “Concurso Fausto Cunha” convocado al comienzo de la dcada por el activo Club de Ciencia Ficcin Antares, de Porto Alegre; el “Premio Nova”, propuesto por Causo en 1987 en ocasin del lanzamiento del Anurio Brasileiro de Fico Cientfica y posteriormente patrocinado por la SBAF, de 1992 a 1996. A partir de 1993 la SBAF ampli la convocatoria del “Premio Nova” para todos los gneros fantsticos, incluyendo el horror y la fantasa. Diversos concursos y premiaciones se extendieron por la dcada de 1990: el “C oncurso Jernymo M onteiro”, promovido por la Isaac Asimov Magazine en 1990; el “Premio Tapiri”, realizado entre 1993 y 1995, en el cual los lectores de Megalon votaban los mejores trabajos publicados en los fanzines brasileos; el “Premio Andr Carneiro”, concurso promovido por la revista Scarium; etc. El nombre de algunas de esas premiaciones homenaj eaba a autores de ciencia ficcin que se destacaron en dcadas anteriores y demuestra el conocimiento y la vinculacin histrica del nuevo fandom, con la experiencia de los aos 60. Esto se debe a la presencia y la memoria viva de los autores y lectores ms antiguos, muchos de los cuales participan activamente de las actividades de la comunidad – adems del impulso historiogrfico de diversos miembros. El factor lingstico viabiliz alguna integracin entr e las comunidades de lectores situadas en Brasil y Portugal, lo cual se concretiz en el concurso promovido por la Editorial Caminho, de Lisboa. El “Prmio Caminho de Fico Cientfica” pr omovido cada dos aos, de 1987 a 1995, fue el primero en extender su convocat oria a toda la produccin en lengua portuguesa. Tavares gan la edicin de 1989 de este concurso, lo que result en la publicacin de su A Espinha Dorsal da Memria y abri el camino para su reedicin en Brasil, a travs de la Editora Rocco. El intercambio no se detuvo ah: Lodi-Ribeiro tambin public dos libros por la Editorial Caminho: Outras Histrias (1997) y O Vampiro de Nova Holanda (1998). Ms tarde surgi el “Concurso Simetria”, patrocinado por la Cmara Municipal de Cascais en 1999 y 2000, y dedicado a la ciencia ficin en portugus. La iniciativa internacional tambin tuvo lugar en Brasil: el “Prmio Argos”, patrocinado por el Club de Lectores de Ficcin Cientfica, con sus cuatro certmenes de 1999 a 2002, y la nica premiacin actualmente activa en el mundo de la ciencia ficcin cien tfica pan-lusfona. En 1988, o movimiento en torno a la ciencia ficcin brasilea suscitaba una serie de cuestiones, y el fandom comenzaba a discutirlas. La problemtica formal, la legitimidad de esta produccin en un pas perifrico y no productor de tecnologa, as como el carcter marginal del gnero en relacin al resto de la literatura brasilea eran y son puntos principales en este debate. En este contexto, el autor Ivan Carlos Regina lanz su “Movimiento Supernova”, que fue conocido como el “Manif esto Antropofgico da Fico Cientfica Brasileira”. En el texto, publicado po r primera vez en 1988 en el fanzine de la CLFC, el autor llamaba la atencin para la particularidad de la condicin brasilea frente a la de los principales centros mundiales de produccin de ficcin cientfica. Ms de seis dcadas despus de la Semana de Arte Moderna y cerca de treinta aos despus de la inauguracin del concretismo literario, este debate atravesaba las puertas de la cien cia ficcin nacional. Pero el objeti vo del fandom no era teorizar. Causo sugiere que “La contribucin ms significativa de Regina tal vez estaba menos en el manifiesto que en sus cuentos-manifiestos (narrativas concebidas como materializacione s de los ideales del movimiento idealizado por Regina), como ‘ O Caipira-Caipora ’ y otros, con su mezcla sincrtica de influencias

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20tropicalistas, concretistas, posmodernistas asociadas a una crtica abierta de los clichs importados de la CF anglo-americana” El manifiesto fue incluido en la agenda de debates de “ InteriorCon ” de 1990. Convenciones como esta (algunas ediciones promovidas por Causo en Sumar, en el interior de So Paulo) y las “ BrasilCon ” (realizada a mediados de 1980 por el Grupo Antares de Porto Alegre y, despus, por la SBAF, en 1995 y 1998) fueron un medio bastante efectivo para el debate e intercambio de informaciones entre aficionados y autores nacionales del gnero. La SBAF tambin realiz la “ HiperCon – Conveno de Fico Cientfica de Santo Andr ” (1992); la “ RhodanCon – Conveno Multimdia deFico Cientfica ” (1994); y las “ HorrorCon – Conveno Multimdia de Horror ” (1995, 1996, 1997 y 1998), de ciencia ficcin y horror. Tales eventos incluyeron conferencias, debates, pe rformances, juegos de RPG, juegos de cartas, muestras de filmes raros y pelculas caseras, adems de la presencia de invitados especiales. En ellos se repasaba la historia de la ciencia ficci n brasilea (a travs de las intervenciones y mesas redondas con escritores y crticos de la vieja guardia, como Carneiro y Wilson Martins) y se debata el futuro de la produccin. Fue en este ambiente que el manifiesto de Regina potencializ la discusin com respecto al abordaje del gnero en una perspectiv a creativa y brasilea. Al poco tiempo, los autores nacionales iniciaron un camino de conscientizacin frente a la propuesta, intentando de una manera ms sistemtica intercruzar las convencione s de la ciencia ficcin con la rea lidad cultural del pas. Tarea esta bastante compleja, como nos sugiere el estudio de Roberto Schwarz en su libro Ao Vencedor as Batatas que analiza las dificultades de Manuel de Oliveira y Jos de Alencar en ambientar la esttica y la ideologa realistas en el escenar io brasileo – empresa realizada de forma satisfactoria un poco ms tarde, a travs del genio de Machado de Assis. La dcada de 1990 se inaugur co n el lanzamiento de la revista Isaac Asimovs Magazine publicada por la Editora Record y distribuida en territorio nacional, la cual, a partir del nmero doce pas a publicar una historia seleccionada de autor nacional en ca da edicin. En breve la revista promovera el “Concurso de Cuentos Jernymo Monteiro”, cuyo resultado ratific la multiplicidade temtica y estilstica de la nueva ciencia ficcin nacional. Calife, Jos dos Santos Fernandes y Luiz Marcos da Fonseca conformaron un jurado que analiz las cerca de cuatrocientas cincuenta obrass recibidas por el concurso y premi apenas tres. Po steriormente, las vencedoras fuer on publicadas por la GRD en el volumen Triplice Universo (1993) – Como a Neve de Maio de Roberto Schima, Lost de Cid Fernandez, y Patrulha para o Desconhecido de Causo, cada cual con un estilo particular. La Isaac Asimov gener un gran entusiasmo en el fandom brasileo, pero al parecer este no fue suficiente para sustentar la revista, ya que la Editora Record, alegando poco retorno financiero, suspendi las tiradas en el nmero veinticinco. Se encerraba un raro episodio de circulacin sistemtica de la CF brasilea por todo el territorio nacional (a pesar de apenas un nico cuento por edicin). De acuerdo con Marcello Simo Branco en su artculo “ Tendencias y Desafios de la Ciencia Ficcin Brasilea ”, esta defeccin – juntamente c on el segundo receso de la co leccin “Fico Cientfica GRD”, tambin por motivos financieros – retraa a una gran cantidad de autores que se dedicaban a escribir ciencia ficcin en Brasil. Aunque activo, el fandom nunca ostentar una base amplia o suficiente para sustentar una rama editorial dirigida al gnero. La consciencia de esta restriccin fue desanimadora para muchos de sus miembros – ya que algunos, frente a la falta de retorno, desistieron de producir, otros se dedicaron a buscar el firme establecimiento de una CF nacional con el mpetu de quien se adhiere a una causa. La Isaac Asimov Magazine tuvo una corta vida, pero las pginas de la revista reflejaron la nueva fase de la produccin brasilea, la cual recuper de forma ms sofisticada la iconografia tradicional de la CF (deijada de lado en los aos 1970) y ahora multiplicada en subgneros. En 1993, la revista public la noveleta ‘ A tica da Traio’ de Gerson Lodi-Ribeiro. En esta obra, el Brasil pierde la Guerra con Paraguay, se divide en diversos estados y resume su territorio a la Regin Sudeste, concentrando las zonas de desarrollo y transformndose en una gran potencia mundial. El texto de Lodi-Ribeiro revela la familiaridad del autor con la historia alternativa, autoco nsciencia que, segn Causo, distingue ‘ A tica da Traio’ de obras anteriores que tambin pertenecen al subgnero, como A Casca da Serpente (1989), de Jos J. Veiga, y Linha Terminal (1991), de Calife.

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21 El amplio desarrollo posterior de Lodi-Ribeiro en el terreno de la ‘historia alternativa’, que generalmente es considerada un subgnero de la CF, la narrativa es ambientada en un mundo donde la ‘Historia’ diverge de la Historia que nos ensearon – como si el autor se preguntara “Y si esto hubiera ocurrido de otra manera?”. Se nos presenta entonces las consecuencias causadas por esta (muchas veces sensble) variacin. La historia alternativa de Lodi-Ribeiro contribuy pa ra el establecimiento con ceptual del subgnero en la ciencia ficcin brasilea. En 2001, el cuento Xochiquetzal e a Esquadra da Vingana ", de Carla Cristina Pereira, fue traducid a y publicada en los Estados Unidos, concurriendo al premio Sidewise Awards especializado en el subgnero. El comentario de Therezinha Barbieri sobre el libro de Veiga resalta una importante funcin de la historia alternativa brasilea (a pesar de que en su texto no se hace ninguna mencin a la CF – omisin comn a los crticos que no se muestran como lectores sistemticos del gnero): “ A Casca da Serpente dentro del marco de la narrativa contempornea en Br asil, acrecienta un captulo ms a la Historia ficcionalizada de los vencidos, a travs de un proces o de rescate, desmonte, reciclaje y reagenciamiento de textos del pasado, recontextualizandolos en el horizonte de expectativas del lector del presente” ‘ A tica da Traio’ es una de las pocas historias de la ciencia ficcin brasilea que tiene un protagonista negro, sealamiento de Causo que refuer za la colocacin de Barbieri sobre el papel de la historia alternativa en la rearticul acin discursiva de las voces minorita rias. La eficacia ficcional de este dilogo con la Historia de Brasil y del continente sudamericano extendi los horizontes de actuacin de la ficcin especulativa nacional, constituyendo un prolfic o punto de fuga narrativo para las trgicas (y a veces sofocantes) historias latinoamericanas. El cyberpunk es un segundo subgnero en el cual p odemos distinguir divergencias claras en las obras brasileas en relacin a los textos anglfonos. De acuerdo con Causo, algunos textos nacionales, al mismo tiempo que se identifican con la fisionoma tradicional (i.e. anglfona) del subgnero, exhiben trazos propios – como la sensualidad, misticis mo, humanismo y politizacin. Tendramos as una versin brasilea del cyberpunk, que el autor bautiza de tupinipunk, definicin que tambin se adeca a las distopias satricas y erotizadas como Silicone XXI (Alfredo Sirkis, 1985), Santa Clara Poltergeist (Fausto Fawcett, 1991) y Piritas Siderais (Guilherme Kujawski, 1994). La palabra cyberpunk, una aglutinacin de los conceptos ‘cibernetica’ y ‘punk’, nombra al subgnero de la ciencia ficcin que combina en un ambiente negro la esttica cruda de los animes japoneses con los elementos de sexo y crimen de la novela policial (en sus descripciones crudas de sexo, violencia y crimen), en el estilo a menudo fragmentario de la prosa contempornea. El subgnero describe el submundo nihilista de la sociedad tecnolgica y digital que comenz a desarrollarse a partir de los aos 1980 y ha sido comprendido como la anttesis de las utopas producidas en la primera mitad del siglo XX. Estas obras, con su experimentacin esttica y sincretismo de elementos extranjeros y nacionales, responderan perfectamente al tipo de demanda nacionalista contenida en el “Man ifesto Antropofgico da Fico Ci entfica Brasileira” publicado por Regina en 1988. Sin embargo, no es posible afir mar que estos autores entraran en contacto con el manifiesto. Ora porque el te xto es anterior a l, como Silicone XXI, lanzado tres aos antes, ora porque la discusin de la antropofagia en la ciencia ficcin brasilea no se extendi ms all de los lmites del fandom, este era el nico frum de discusin de cienci a ficcin en el pas. De esta forma, el debate ni siquiera lleg al conocimiento de tales autores, que tampoco insistirn en la clasificacin de sus obras dentro del gnero. La identificacin de estas obras con el cyberpunk, cu ando acontece, no se da a travs de la tematizacin de la ciencia ficcin, sino de los estudios sobre cibercultura que venan siendo realizados en universidades como la UFRJ, UFSC y la UFBA. Kujawski cuenta, en una entrevista9, como estableci la filiacin gen rica de su novela, que acab por facilitarle la publicacin: “En una bella maana de domingo, le un artculo especial de la Folha [de So Paulo] sobre literatura cyberpunk, escrita por el antr oplogo Hermano Vianna. (...) le envi un email preguntando si estaba interesado en leer la 'primera novela cyberpunk brasilea', lo que tena un poco de 9 KUJAWSKY, Guilherme. Entrevista. Disponible en : http://www.ufsm.br/alternet/zine/gkramos.html.

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22cinismo (al final, la propaganda es el alma del nego cio). El me respondi que s. Le mand entonces una copia via snail-mail. A l le gust y la divulg. Conoc al videasta Carlinhos Nader y al loco tropicalista Waly Salomo. Waly era coordinador editorial de Francisco Alves, cargo en el que dur pocos meses. El convenci a los jefes a publicar el fraude... Si Wa ly no hubiera publicado el fraude, no s si hubiera tenido estmago para continuar… creo que no.” Es interesante percibir una cierta cu lpa del autor en asociar su libro al gnero despus de haberlo escrito, como si la falta de intencionalidad en producir literatura cyberpunk descaracterizase la obra como tal. El beneficio conseguido con esta correspondencia, co mprendida como fortuita, evidencia a sus ojos una innegable mala f. El caso de la obra de Kujawsky, su publicacin en una editorial mainstream, en una completa disociacin con el concepto de ficcin cientfica, revela algunas particularidades que en breve analizaremos. 2.5 Cultura digital La Internet fue disponible en Brasil a partir de mediados de la dcada de 1990, cuando entonces comenzaba a emerger una cibercultu ra nacional. En el artculo “ Hackers no Brasil ”10 un grupo de investigadores de la UFBA enumera la fauna de person ajes ciberculturales: hackers, crackers, phreakers, ravers, zippies, cypherpunks y extropians.11 Dentro de estos, los hackers se diferenciaran por procurar placer, diversin, conocimiento y comunicacin sin restricciones a tr avs del uso intensivo de las tecnologas del ciberespacio, cuestionando conceptos que ataen a la cibercultura contempornea, entre ellos la censura y el derecho autoral. Es posible trazar en este desafo un parale lo entre el objetivo hack er y las actividades del fandom brasileo de ciencia ficcin en el mundo virtual: la Red permiti a ambos promulgar libremente sus ideas, explorando creativamente las diversas potencialidades del soporte digital. Aunque los autores y lectores de ficcin cientfica brasileo, por lo menos no necesariamente, quiebren cdigos de empresas antiticas o hagan denuncias en sitios pblicos, su comportamiento tambin es micropoltico, casi anarquista, una vez que los sitios dedicados al gnero los renen en una articulacin productiva fuera de los lugares institucionales de poder. La Red est repleta de sitios y listas de discusi n dedicados al gnero y muchos de ellos abordan sistemticamente la produccin brasilea. Las listas de discusin son un frum privilegiado donde, en torno de un inters comn, se estrechan los lazos de aficionados esparcidos por todo el mundo (la lengua es cancela y puerta de entrada). All se intercambi an informaciones preciosas y se debaten diversos asuntos, desde el ltimo libro en el rea hasta los prximos eventos del grupo, incluyendo temas ms o menos off topic como investigaciones cientficas y poltica. La descripcin encontrada en el sitio de una de estas listas, la Ficfan es ilustrativa: “Lista para fans de ci encia ficcin y fantasa conversarn sobre lo que les interese, inclusive filmes, libros y series de ficcin cientfica y fantasa. A veces discutimos ciencias en general y su aplicacin en ficcin.”12 10 LEMOS, Andr; et al. “Hacker s no Brasil”. Disponble en: http://www.facom.ufba.br/ciberpe squisa/andrelemos/Hackers%20no% 20Brasi.htm. Accesado en noviembre de 2004. 11 “Los hackers son bien diferentes de los marginales o vndalos de la informtica –los crackers. El trmino fue creado por los propios hackers como una forma de diferenciacin de los marginales de la cibercultura, aunque la mayoria de las veces la prensa y los medios en general no hacen esa disticin, aumentando la mala comprensin de esos personajes de la sociedad informacional.” Idem, p. 6. 12 Pgina principal de la lista Ficfan. Disponble en : http://br.groups.yahoo.co m/group/ficfan/ Accesos: entre 2003 e 2005.

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23 Existen innumerables sitios y sus respectivas listas dedicados a la ciencia ficcin en Brasil. Muchos tienen como objetivo la apreciacin de obras extranjeras, dedicados a Perry Rhodam, J.R. Tolkien, Star Treck, etc; otros renen el fandom involucrado en la pr oduccin nacional. Esto s no son necesariamente distintos, muchos miembros pueden estar aqui y all al mismo tiempo. Sus actividades son posibles de conexin, como en los casos de las convenciones de ciencia ficcin organizadas por la SBAF y de los concursos como el “Premio Nautilus”, promovido en 1999 y 2002 por el sitio y fanzine digital enfocado en Star Wars, el Intrepid ; y el “Concurso Na Toca do Hobbit”, de 2002, patrocinado por el sitio del “ Clube na Toca do Hobbit ”, dedicado al universo de Tolkien. La disminucin de gastos (de impresin y envo postal) y la ampliacin virtualmente mundial del alcance de los fanzines digitales, o e-zines, lleva igualmente a una paulatina proliferacin de publicaciones dedicadas a la ciencia ficci n, tendiendo a substituir, en el fandom brasileo, gran parte de los medios impresos por sus equivalentes en Internet. Algunas iniciativas se vuelven mini orga nizaciones mediticas, con derecho a sitio, lista de discusin, publicaciones impresas en dive rsos formatos, de antologas de cuentos a comics, como es el ejemplo del proyecto multimedia y universo compartido Intempol13, creado a partir de la publicacin del cuento “ Eu matei Paolo Rossi ”, de Octavio Arago, en la coleccin de ciencia ficcin Outras Copas, Outros Mundos (1998), publicada por la Editora Ano Luz en ocasin de la Copa Mundial de Ftbol. La descripcin contenida en el sitio del proyecto nos revela la stira y el tono local contenidos en esta primera historia: “En ella, un joven viaja en el tiempo para impedir la derrota de la Seleccin Brasilea en la Copa del Mundo de 1982, provocando mu cha confusin. El encuentra a Intempol, una agencia internacional empeada en proteger la humanidad de personas que intenten alterar el pasado. Pero la Intempol tiene algo de familiar: una manera de actuar puramente brasilea, suelta y divertida, una polcia internacional y at emporal, ms con el temperamento brasileo En las venas...”14 El proyecto en general y las obras a l relacionadas han sido laureados con diversos premios nacionales. Sus mejores cuentos fueron ms tarde seleccionados y publicados en el libro Intempol – Uma Antologia de Contos Sobre Viagens no Tempo publicado por la Editorial Ano-Luz en el 2000. Otros universos compartidos funcionan como oficinas literarias con su base de publicacin en la Red – como el proyecto Slev, lidereada por Rogrio Amaral Vasconcellos. Este tipo de cong regacin incentiva a varios lectores a incorporarse en su dinmica. Con todo, Marcello Simo Branco apunta para una posible limitacin de la espontaneidad y creatividad en el interior de estos universos. El sitio de la Intempol se refiere al TaikoDom como el tercer universo compartido de ciencia ficcin brasilea. Pero el proyecto (cuyo nombre homenajea a los astronautas chinos, o taikonautas – y, por tanto, nos da una interesante seal de dislocamiento de la referencia anglfona) se sita en un plano difere nte de los dems, de perspectivas literarias. El TaikoDom es un juego, o mejor, un Massively Multiplayer Online Game15, con una perspectiva altamente comercial de registrar a travs de portales cerca de veinte mil clientes, o jugadores, sobre todo en su actual versin beta. Lodi-Ribeiro, autor veterano del fandom nacional, fue contratado por la Hoplon para crear el universo ficcional del juego.16 13 El universo compartido es el resultado de un proceso de creacin en que diversos autores desarrollan obras a partir de una misma historia-base, dividiendo presupuestos, eventos y los mismos personajes,en la estructuracin dinmica de un metatexto comn. El proceso es similar al de los Roller Playing Games, lo que se traduce en la negociacin, en curso, de un libro de RPG del proyecto. 14 ARAGAO, Octavio. http://www.intempol.com.br/ historico.aspx?historico=21..Accesado en octubre de 2004. 15 MMOG, o juego online de mltiples jugadores en cantidades masivas. Es un tipo de juego de computadora que permite a centenares o millares de jugadores interactuar simultneamente en un universo ldico al que estn conectados va internet. 16 De acuerdo con Tarqunio Teles, presidente de la Hoplon, empresa responsable del proyecto. Disponible en: http://www.taikodom.com.br/. Acceso en noviembre de 2004.

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24Internet tambin facilit la reunin de fuerzas de Brasil y Portugal en la promocin de una literatura de CF en su lengua comn, inclusive por la similar marginalidad del gnero en los dos pases. La Red permiti una divulgacin ms amplia de eventos y concursos, la reunin de textos y promocin de debates trasatlnticos, como en los sitios Fico Online (y su e-zine E-nigma ), Simetria y Tecnofantasia. PEREIRA, F.C. G .. Fantstica margem: o cnone e a fico cientfica brasileira. Dissertao de mestrado em Estudos da Literatura. PUCRJ. Rio de Janeiro, 2005. Tomado de http://www.intempol.com.br/upload%5CAPPLICATION262.pdf

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33 TRASPLANTE DEL CEREBRO Andr Carneiro En el cuadro luminoso estaban sealados el da y el ao, 20 de agosto de 2425. El profesor dio un salto, tir del calcetn, apret el botn de gravedad y descendi lentamente, casi en un paso de danza. –S, eso es, pueden grabar. La revolucin de l sexo, siglo veinte. La revolucin de la gravedad, comienzos del siglo veintiuno. Y, la ms importante de todas, la Revolucin del Cerebro, comienzos del siglo veintitrs. Una de las alumnas, en el fondo del aula apret un botn, dio un impulso y fue planeando por encima de sus colegas hasta poner una mano en el hombro del profesor. Su cuerpo fue descendiendo lentamente, mientr as tocaba la frente del profesor con la punta de la lengua rosada. El pr ofesor dijo que "s" con la cabeza y la alumna fue al bao totalmente transparente que haba al la do. Naturalmente toda la clase se puso de pie para observarla. Cuando recomenz la leccin el profesor todav a tena un brillo de saliva en la frente. –El primer trasplante de cabeza humana se realiz a comienzos del siglo veintiuno. Hasta para la medicina de aquella poca era un trasplante muy fcil. Al principio la mdula no se ligaba a la cabeza nueva. Resulta do: el cuerpo permaneca inmvil y sin ningn valor. Cuando consiguieron unir la mdula, comenzaron a surgir absurdos como este. Al lado del profesor apareci la proyeccin de un hermoso cuerpo de joven con cabeza de vieja. Alguien hizo algo all en el fondo. El profesor apunt con un dedo, y comenz a irradiar una luz anaranjada que fue a dar a la punta de un seno de una joven de cabellos verdes. Todos se pusieron en puntillas, y cada uno oli la axila del compaero. La clase se volvi a interrumpir porque el profes or entr en el bao. Los altoparlantes de la sala ampliaron cien veces el sonido de la orina. El profesor er a virtuoso. Regulaba el

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34 chorro por los puntos sensibles del inodoro, y el resultado era una verdadera sinfona. Las ltimas gotas fu eron magistrales. –En esa poca –continu, despus de guardar el miembro en el estuche de fibra colorida– la ciencia se preocupaba por los veinticuatro nervios craneanos y los sesenta y seis nervios espinales. Cuando, cincuenta aos despus, comenzaron a trasplantar el cerebro mismo, tenan que correr para ligar los veinticuatro nervios mientras bombeaban sangre hacia la cabeza descarnada Junto al profesor apareci un monstruo de cabeza abierta, en tres dimensiones. Un alumno lanz un grito y dos jovencitas se hicieron un masaje sexo a sexo que las de j sin fuerzas durante un buen rato. El profesor sonrea. Todas las interrupciones es taban ya programadas, para que el aula no perdiese inters. Luego, un alumno que estaba en el ltimo ao de la escuela de msica, fue el bao. Su exhibicin los dej a todos plidos de emoc in. Al profesor no le gust mucho porque esa parte no estaba prevista. –El principal problema de los trasplantes cerebrales es el de la donacin. En la poca del trasplante de cabezas era difcil encont rar quien donase un cuerpo nuevo para una cabeza receptora. Cuando empezaron a trasplan tar el cerebro, de cabeza a cabeza, el problema era el mismo. Al cuerpo entero se lo consideraba donante, y al pequeo cerebro, receptor. Por increble que parezca, se descubri que una mujer con cuerpo de hombre actuaba de un modo ms eficiente y perfecto que los hombres con cuerpo de mujer. –Profesor, no entend –dijo un nio levantando la mano. El profesor agarr el pequeo aparato del pupitre, fue junto al nio y le peg la punta del tubo en la frente. Una pareja, tomada de la mano, aprovech el intervalo para entrar en el bao. El profesor desconect los altoparlantes. Al menos por ese da no quera ms competidores. Sobre la mesa descendi una cabeza enorme. El profesor hi zo un corte entre los pelos con un bistur, y con mucha habilidad fue abriendo todo hasta llegar al cerebro. Clav algo all dentro, y pis un pedal. El estr ado se llen de gente. Haba un nuevo beb haciendo caca, un hombre desnudo en posici n de yoga, dos jovencitas cortndose mutuamente los pelos del sexo y un padre senta do, con un libro antiguo, de papel, en la mano. El profesor le dio una pa tada a la criatura, que rod de lado como si fuese una mueca de trapo. –Vean: esto que tenemos aqu son pensamientos, simples pensamientos; carecen de existencia real. Fue junto al padre y lo abofet e. El padre cay al suelo con aire de desagrado, pero no reaccion. El profesor dio un salto de lado y le sonri a todo el mundo. Un alumno levant la mano. –No, nada de pip musical.

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35 l alumno mir alrededor, pero nadie lo a poy. Fue al bao en silencio. Nadie lo oy. El profesor continuaba sonriendo. –Haca ya siglos y siglos y siglos que se sa ba que el cerebro funciona con electricidad, con simple electricidad... –Los alumnos se rean a carcajadas –. Vean –continu el profesor–: ustedes graban ah –apunt c on un dedo hacia los grabadores de pulsera– del mismo modo que grabamos aqu –dijo, sealando la cabeza con un dedo. El padre continuaba en el suelo, respira ndo con dificultad. Las jovencitas se haban rapado completamente, y el hombr e desnudo saltaba con el beb. –Vean, vean –dijo el profesor. Agarr un pequeo bastn, se rasc con l entre los propios cabellos y se acerc al cerebro abierto, en la cabeza que haba encima de la mesa. Hubo una confusin total. El beb se transform en un cachorrito de dos piernas, el padre comenz a mirar de un modo sosp echoso al yoga desnudo, y las jovencitas de sexo rapado cacareaban con esfuerzo–. Vean: una simple descarga de electricidad esttica que acta sobre las dendritas y los ramos de neuritas, y que acciona simplemente a ochenta mil sinapsis, todo con apenas diez milivoltios... Usando el bastn, el profesor se rasc entre los pelos del sexo con satisfaccin evidente. De la punta del bast n salan chispas. Pareca que se iba a masturbar pero, de pronto, acerc el bastn al cerebro abierto. El padre, que estaba acaric iando al yoga, desapareci. Las jovencitas t odava dieron unos saltos, como si se quisieran agarrar del aire. El beb se convirti en una peque a humareda azul que fue subiendo hasta el techo. El profesor agarr la cabeza por los pelos sucios de sangr e y la tir por el orificio para residuos que haba en la pared. –La mente, la inteligencia, el pensamie nto, no son otra cosa que electricidad, debidamente grabados en el cerebro. Les voy a explicar... Sustancias qumicas con diferentes ionizaciones, especialmente iones de cloro, sodio y potas io, se fijan en la membrana de la punta sinptica de la clul a y abren el camino que permite la entrada de un impulso... A esa altura los alumnos se suban a los pupi tres, se rean, se masturbaban en cadenas de besos ingrvidos, desde los tobillos hasta la raz del pelo, desde el techo hasta el bao transparente donde ms de cinco hac an pip al mismo tiempo. Se rean y gritaban: "Llega, llega, lo sabemos, no importa ." El profesor estaba tan entusiasmado que pareca no or. –Noventa millones –deca– se llaman clul as gliales, transportan materiales sanguneos a las clulas nerviosas... Uno de los alumnos, que estaba desnudo, de extraos senos y de miembro masculino, se acerc por detrs, agarr el bastn que el profesor haba dejado en la mesa y lo apoy con suavidad en la parte posterior de la cabeza del profesor. El profesor dej de hablar inmediatamente, y puso cara de inteli gente como si fuera a tomar una decisin. Cuando recomenz a hablar ya todos los alum nos estaban sentados en orden, prestando mucha atencin. –A comienzos del siglo veintitrs se emp ezaron a hacer los verdaderos trasplantes cerebrales, sin necesidad de las groseras quirrgicas tpicas de los siglos anteriores. Lo que ya se saba desde haca mucho tiempo se prob definitivamente. El cerebro,

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36 mediante la electricidad se limita a grabar los estmulos desde la formacin del feto. Todos esos impulsos pueden ser desgrabados o transportados a otro cuerpo. Hecho eso, el individuo pasa a tener un cuerpo nue vo, y pueden tambin, a travs del tiempo, habitar varios cuerpos. Bueno, todos ustedes saben perfectamente lo que le pasa al cerebro de un hombre que recibe un cuerpo de mujer. Saben tambin lo que pasa con el cerebro de mujer que recibe un cuerpo de hombre. –El profesor hizo una pausa, baj la luz de la sala, y sigui con voz dramtica–. Cosas maravillosas, sensaciones maravillosas. Yo, por ejemplo, era mujer, una mujer muy bonita. Bueno, todava lo soy. –Volvi despacio el rostro, mostr el perfil, mene un poco las caderas–. Ser mujer con cuerpo de hombre es divino. –Se pas la mano por el miembro con delicadeza. Todos hicieron lo mismo, como mandaba la buena educacin. Nadie se atrevi a ir al bao, para no interrumpir es e momento. El profesor abri los brazos, como si los estuviese abrazando a todos–. Vamos a contarnos unos a otros nuestras impresiones. Ven aqu, no, t no, quiero ese de pecho ancho. El jovencito de pecho grande se levant y empez a hablar en otro idioma. Tena una voz delicada y musical. Era mitad hombre y mitad mujer, sobrino de su propio padre por la parte masculina, y la parte femenina le vena de la prima de su madre, que se despedazara todo el cuerpo al dar un salto de mil metros de altura sin control de gravedad. Mientras l (o ella) hablaba, lo s alumnos hacan una corriente, tocndose todos alguna parte del cuerpo. El profesor danzaba en silencio, y pareca muy feliz. Del otro lado de la pared media docena de personas observaban atentamente todo lo que pasaba en la sala de clase a travs de visores que atravesaban la pared. Ms atrs haba un hombre acostado en una poltrona especial, rodeada de aparatos complicados. Uno de los observadores era una mujer muy bonita. Pareca que todo aquello era una novedad para ella. Se apart del visor y fue hacia el hombre ms viejo, que pareca un lder. –Es increble, es increble –exclam. El hombre ms viejo, complaciente, toc unos botones y esboz una leve sonrisa. Estaba ya esperando la pregunt a. La joven continu–: Entonces todo eso que estamos viendo, y oyendo, sale de veras de la cabeza de ese hombre? La muchacha seal al hombre acostado, rode ado de aparatos. El lder la mir y le toc una mano. –S, todo eso son pensamientos, creaciones de ese hombre. La muchacha fue hasta el viso r, espi y volvi a preguntar: –Pero qu es la realidad? Si todo eso que se ve y se puede tocar del otro lado de la pared no es ms que pensamiento. El lder sonri con dulzura, tir el delantal abri los brazos, hizo unas flexiones, como un atleta que se prepara para un ejer cicio. Mientras haca eso, hablaba. –Mire: msculos, venas, movimientos, s onidos que usted oye e interpreta. Vamos, pgueme aqu, en el brazo. –La joven le pe g levemente en los msculos contrados del brazo–. Preste atencin; usted est vie ndo, est oyendo, est si ntiendo... eso es la realidad.

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37 Todos hicieron un crculo alrededor del ld er, prestando mucha atencin. Haba seis personas en la sala, adems del hombre acostado en la poltrona especial llena de aparatos. El lder haca ahora movimien tos muy extraos, mientras la muchacha comenzaba a tirar la ropa. En la pared, exactamente detr s del lder, haba unos crculos brillantes. Del otro lado de esa pared", por unos visores perfectos, una s personas observaban lo que hacan el lder y la muchacha. Junto a ellos tenan a alguien sentado en un complicado silln, rodeado de aparatos por todos lados... Andr Carneiro no slo ha dado a conoc er numerosos relatos (recopilados en volmenes como Diario de la nave perdida) que lo han convertido en uno de los autores ms slidos de la ciencia ficcin brasilera, sino que se ha dedicado tambin a la actividad de la difusin del gnero. En ese sentido, ha publicado un volumen que constituye una buena intr oduccin al tema y ha co laborado en publicaciones extranjeras con artculos sobre la ci encia ficcin latinoamericana. En 1980 dio a conocer una novela, Piscina libre, que im agina una posible organizacin social del impulso sexual. "Trasplante del cerebro" se destaca dentro de su obra como un texto marcadamente experimental, que evita lo descriptivo par a transmitir de modo directo las consecuencias posibles de la operacin del ttulo.

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38 ltimo Vuelo a Marte FAUSTO CUNHA Uno de los autores brasileos ms conocidos de S. F. es Fausto Cunha, que con su libro de relatos As Noites Marcianas intent emular, sin pretender en ni ngn momento imitarlo, al mejor Bradbury de sus Crnicas Marcianas Este relato, todo l alusin y poes a, es lo ms representativo de su obra. Tal vez choque a muchas mentes acostumbradas a leer la rgidamente estructurada S. F. norteamericana, pero a mi modo de ver esta es precisame nte su principal virtud: el constituir una parcela aparte, el ir contracorriente de unas formas de escribir que, cada vez ms, estn cayendo en desuso. * Marz, benamed planid, Ker di Terra i Galax, Marz, halt mi pls an tid. Vl somrevirn’ an pax. (De Cancin de los Proxores de Campo Vhur, milenio 69. Citada por Shorne Gheorg.) —Estn viendo y oyendo a Hiox, A-11, directam ente desde Campo Vhur, en Marte. La evacuacin est tocando a su fin. Algunos marcianos van a quedarse. Ya no queda ningn terrestre en el planeta. Tras casi un m illn de aos, la historia se repite. No haba hombres en Marte. Ya no hay ms hombres en Marte. Este es Marte, el planeta amado. Marte, sus montaas, sus mares congelados, sus volcanes extintos, su viento infatigable. Va mos a realizar nuestro ltimo reportaje en esta segunda patria del hombre. Visitemos primero a algunos de los viejos marcianos que han preferido quedarse. Segn los cientficos, dentro de muy poco tiempo Marte ya no podr albergar ninguna forma de vida, excepto algn liquen, algn anaerobio. La permanencia de formas superiores ser cada vez ms costosa, y fi nalmente imposible. Podemos incluso decir que en los ltimos siglos, en los ltimos milenios, contando a partir de los grandes dislocamientos de glaciares, Marte llevaba una existenc ia artificial. Hablando con mayor exactitud, los terrestres nunca pudieron vivi r aqu fuera de las ciudades-cpulas. Para los propios marcianos, la llegada del hombre fue la redencin de una raza que iba

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39 fatalmente a desaparecer. Vamos a des cender un poco y a hablar con ese viejo habitante. Cmo se llama, por favor? —... —Ghoz. Perfectamente, Ghoz. Por qu deci di quedarse? Usted ya sabe que esas cpulas no resistirn muchos aos. Ni si quiera los subterrneos resistirn mucho tiempo la presin del hielo. —... —Siempre extraos esos marcianos. Milenios de contacto con nosotros, y continan siendo casi iguales que en el perodo del De sembarco. Ghoz est diciendo que un viejo sueo de sus antepasados era ver Marte como era antes de la llegada de los hombres. l no tiene nada contra nosotros, y s upone que nuestras equivocaciones fueron cometidas por el ansia de mostrarnos buenos con ellos. Ahora que se presenta una oportunidad de quedarse nuevamente solos, an con la certeza de una muerte prxima, quieren aprovecharla. Dice que millones y millones de marcianos murieron y fueron sepultados aqu. Cuando el lienzo de hielo cubra el planeta y ninguna forma de vida perturbe ya la Paz Superior, entonces los Zenghiis —los Altos Esp ritus— bajarn para explicarles a los que duermen bajo tierra su destino. Ghoz estar entre ellos. Muchas gracias, Ghoz. Y Paz Superior a nuestros hermanos dormidos. —Estn viendo y oyendo a Hiox, A-11, directam ente desde Campo Vhur, en Marte. Vamos a telementalizar hacia Arcturus IV, donde se encuentra el profesor Shorne, de la Universidad Galctica. Profesor Shorne ? Profesor Shorne, quiere explicarnos el origen de la expresin Marte, planeta amado? Estn viendo y oyendo, a travs de Hiox, A-11, al profesor Shorne Gheorg, de la Universidad Galcti ca, en Arcturus IV. Es uno de los mayores aergrafos actuales. —Hiox, el origen de esa expresin es controvertido y, para emplear un antiguo lugar comn (lo cual queda bien en un palelogo), puede decirse que se pierde en la noche de los tiempos. En un documento del ao 68.275, que tuve oportunidad de reproducir en mi trabajo Marte como Constante Cultural Galctica ya encontramos este geosintagma. Como se sabe, Marte fue el primer planeta vi sitado por el hombre. Pese a las dificultades materiales, los co lonos se adaptaron ta n bien que no quisieron regresar a la Tierra. Luego, Marte se convir ti en una especie de eje de los viajes interplanetarios, principalmente en el campo de las transmisiones. De esa poca qued una cancin infantil, hoy naturalmente olvidada, que deca ms o menos esto: Hasta Marte voy riendo, amada ma. Despus, reza por m... Realmente, lanzarse al espacio ms all de Marte era una aventura imprevisible, de esas de cerrar los ojos y rezar... — Rezar? Qu palabra es esa? —Es una palabra muy antigua, Hi ox. Significa dirigirse a Dios. —¡Esos arquelogos! Siempre descubriendo no vedades. Prosiga, profesor Shorne, por favor. —Bueno, Hiox. Dnde estbamos? Ah, s... Cuando nos establecimos en otros sistemas, Calixto y Titn hicieron que dism inuyera un poco la importancia estratgica de Marte, pero esto no ocurri hasta un mile nio ms tarde. Mientr as tanto, el planeta Marte haba sido ocupado por una elite, por que desde un principio se comprob que

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40 all no haba nada que pudiera tentar la c odicia humana. Hubo tambin, al parecer, un movimiento religioso o mstico-filosfico... —Profesor, tal vez nuestro pblico no entie nda esa terminologa tan especializada. —... llamado juwainismo, que hizo de Marte una especi e de patria espiritual. Sus oyentes no se sentirn decepcionados si les digo tambin que mucha gente fue a Marte para curarse de ciertas dolen cias. Exista la leyenda aseg urando que el clima de este planeta curaba el llamado cncer del espa cio, aquella terrible ... Hiox, me temo que va a tener usted que desmentalizar. Cuando empiezo a hablar me olvido del tiempo..., ¡y usted sabe muy bien lo que es el tiempo en Arcturus IV! —Puede hablar tranquilamente, profesor S horne. Quiere decir usted que, habiendo sido Marte el primer peldao del homb re en la conquista del Universo... —El primer peldao fue la Luna. Y yo no dira conquista, sino conocimiento. —... en el conocimiento del Universo, el hombre sigui viendo en Marte un smbolo, no es as? —No exactamente, Hiox. Yo dira que en Marte el hombre hall su verdadera naturaleza. Marte le dio una filosofa. El hombre comenz a comprender la vida como un don sagrado, incorruptible. —Muchas gracias, profesor Shorne Gheorg. Les habl el profes or Shorne, de la Universidad Galctica, en Arcturus IV. Regr esemos a Campo Vhur, en Marte. No creo que ninguno de nosotros pueda ni siquiera imag inarse los rudimentarios medios de los que se servan los primeros astronautas pa ra llegar aqu. Eran naves lentas que no ofrecan la menor seguridad..., cohetes les llamaban en aquellos tiempos. Hoy, cualquier nio construira por diversin una nave centenares de veces ms segura y ms rpida que aquellas. Pero fueron gente va lerosa, para quienes no exista el peligro, en esas imperfectas mquinas, quienes semb raron la huella del hombre por el espacio. Arriesgaron su vida para le garnos un rudo pero precioso camino al Universo. Abrieron la Gran Senda, y todo eso que para nosotro s es hoy simple rutina era para ellos un sueo csmico, un sueo en el que soaban casi si n esperanza... —Vamos ahora a telementalizar con el doctor Monti-Hauser, en Ganmedes... Doctor Monti-Hauser? Muchas gracias. Estn viendo y oyendo al doctor Charlx Monti-Hauser, primer proxor-sness de las Of icinas Generales en Ganmedes. Doctor Monti-Hauser..., no, por supuesto, puede entrar en su propia banda, a fin de cuentas yo soy A-11... Si pudiera apartarse un poco ms de ese transmisor borgatrnico la recepcin llegara mejor... Doctor Monti-Haus er, cmo describira usted las primeras naves interplanetarias? —El estudio de la prehistoria de la navegacin interestelar fue mi especialidad. Todo lo que s es que el hombr e se aventur a una travesa espacial en condiciones tan precarias que hoy no conseguimos reproducirlas en la boratorio, porque no disponemos de elementos suficientemente primitivos. De bieron realizar mile s de experiencias, seguidas de miles de fracasos, y segurament e de igual nmero de muertes. Sabemos, por ejemplo, que en pocas remotas los hombr es utilizaban para el transporte interno un rudimentario vehculo de locomocin area, un avin o algo as, que caa o estallaba con frecuencia. Las primeras naves parece que eran propulsadas por combustible, deban tener forma cilndrica, terminada en un cono, aunque sabemos que las hubo tambin circulares o esfricas. Aceptaban la iner cia y la cada libre, y preconceban un espacio lineal, estando subor dinadas a una nocin de tiempo material externo. Deban contener un verdadero bosque de engranajes y de pequeos instrumentos de vuelo. Ese atraso en el diseo astronutico fue tanto ms espantoso cuando se sabe que data de esas remotas pocas el descubrimiento de las ondas sness y de la ley del espacio-energa de Appel-Mu liro. No consigo imaginar cmo no les fue

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41 posible interpretar la constante AM como nuestra constante btica y no previeron la hipomagnetizacin de los cuerpos que se dislocan en segmentos de espacio sometidos a la ley de Ruick, que no es ms que una re versin buto-enantiomrfica progresiva. Si tomamos, por ejemplo... —Les habla Hiox, A-11, directamente desde Campo Vhur, en Marte. Por ltima vez vamos a volar sobre el querido planeta, contemplar por ltima vez los puntos donde edificamos nuestras ciudades, donde duran te milenios convivimos con nuestros hermanos los marcianos. Muchos de ellos pa rtirn tambin de su patria condenada..., estn, como nosotros, dispersos por toda la Galaxia, pero parece que nuestro sufrimiento es mayor. Irse de Marte es para ellos una aventura, una fatalidad. Para nosotros es una renuncia. Ah est la cord illera donde, segn la tr adicin, se pos el primer cohete terrestre. Esa sbana de hielo cubre lo que un da se llam Nueva Mosc. Eso es lo que queda del ro Nilo, que los marcianos llamaba n de Rogh-Ezrat, o sea de la Cancin Errante. Muchos creen que Pharr es una palabra marciana; pero Pharr fue fundada por un astronauta que le di o el nombre de su pequea ciudad en la Tierra. Brasil, nombre que recuerda uno de los pases que dominaron la Tierra..., ¡cuando an estaba dividida en pases! Nu eva Roma, Nueva Tokio, Nueva Londres..., la eterna vanidad humana. Esa enorme cpul a, la mayor de la Galaxia, alberga la vanidosa Nueva Pars, un da incendiada por los juwainistas, el ms hermoso monumento a la flaqueza humana, segn la famosa definicin de Rondiwar. Pars culta, Pars maldita, Pars abandonada. La tumultuosa Nueva Pars se viste ahora con el luto de la soledad. Las luces continuarn encendidas, los jardines seguirn floreciendo, por muchos aos persistir la ilusin que Pars est viva. Duerme, ciudad ardiente, ahora que ces tu fragor. Despd ete de tus luces y de tus flores, de tus pecados y de tus glorias... fantasma luminoso, a la espera del ltimo glaciar. —Hipnessor Levin? Les presentamos al Hi pnessor Levin Wilk, de la Universidad Solar, en Australia. Hipnessor Levin, esta mos telementalizando la evacuacin del planeta Marte, aqu desde Campo Vhur Habla Hiox, A-11, banda ilimitada. Entre libremente... Mientras volamos sobre los restos de toda una civilizacin construida por dos mundos hermanos, desearamos que no s hablase de la filosofa de los Descubridores. —Yo no hablara, Hiox, de los restos de una civilizacin. Dira ms bien la primera etapa de una civilizacin que, en realida d, no sabemos hasta dnde nos conducir. Tal vez no seamos nosotros quienes llevemos la antorcha hasta el inicio del verdadero camino. —Puede permanecer en la banda, Hipnessor. Disponemos de algunos minutos. —Creo que me ha invitado porque la mode stia del doctor Shorne..., s, estaba presenciando su telementalizacin..., no le permiti hablar de lo que llam una nueva filosofa. Hoy la filosofa es nuestra ci encia bsica, con muy pocos puntos en comn con lo que tena ese nombre en los primeros albores de nuestra civilizacin. En un remotsimo pasado hubo de hecho algunos f ilsofos, que podramos llamar geniales, dado el material del que disponan. Al gunos nombres fueron conservados por la tradicin: Platn, Occam, Spinoza, Kant... Todos ellos vivieron ms o menos en la misma poca, y aunque sus escritos se han perdido, podemos deducir que eran simples especulaciones. Hubo tambin una figura lla mada Cristo, que ejerci una prolongada influencia. Fueron esas figuras, y tal v ez algunas otras, las que modelaron la conciencia del hombre e hicieron que con l llegasen hasta nosotros dos principios bsicos: EL HOMBRE NO ES EL SEOR DEL UNIVERSO y LA VIDA ES SA-

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42 GRADA Debe causarnos admiracin el hech o que estos postulados hayan sido formulados por seres que no podan construir sin primero destruir, ya fuera un animal o un simple tomo. Me gustara darle un ejemplo aterrador: sabe? destruan los rboles para hacer fuego o para construir casas, objetos. —Destruir un RBOL para hacer fuego? P ara qu queran el fuego, si hay tantos otros medios de producir calor? —Desgraciadamente, ese era su modo de pe nsar: hacer las cosas ms sencillas por los mtodos ms complicados. Su concepto de la vida no comprend a ms que la vida humana. Mataban a los animales, mataban a las plantas, sabemos incluso que mataban a otros hombres. —Hipnessor, no espere mucha credu lidad por parte de sus oyentes. —Podra ir an ms lejos, Hiox. Tengo pr uebas asegurando que mataban a otros hombres. Haba guerras Una guerra es como si usted destruyera su casa y la casa de su vecino para que despus alguien le pudiera vender un cepillo. Pero los primeros hombres en Marte comprendieron que no podan lanzarse a una campaa de exterminio contra los marcianos, aunque al inicio se produjeron muertes, provocadas ms por el miedo que por la maldad. Co mprendieron que deban depender de los marcianos en Marte, de las plantmbulas en Venus, que los hombres no podan ir matando por el Universo entero, y que la nica manera de establecer un contacto armonioso con los dems seres era que todos los hombres poseyeran una nica filosofa, adoptaran una nica actitud —de co mprensin, de respeto—, hacia todas las formas de vida. La Filosofa liber al hombre de su primario instinto de defensa y de su terror ante lo desconocido. Debe adaptarse o retirarse, jams dest ruir. Quien est en su propio suelo no puede ser nunca un enemigo. —Recuerdo que tuvimos en SG-1909 un pl aneta cubierto del llamado hongo de la lepra, y riqusimo en monxido. —Pienso principalmente en Cisne 61 y en Rigel. Pienso tambin en Venus en el tiempo de los primeros desembarcos, con sus plantmbulas pirofricas que nos costaron tantas vidas, y que hoy nos son tan tiles. —Creo que la filosofa contribuy tambi n a desarrollar los poderes mentales del hombre, quiero decir su capacidad de per cepcin y proyeccin extrasensoriales. —Es posible. Antiguamente, el hombre se pa raba delante de un ser desconocido sin saber lo que ste iba a hacer ni cmo entrar en contacto con l. Entonces, simplemente, mataba. —¡Pero los rboles! Qu necesidad haba de matar los rboles? —La ignorancia, Hiox, es como una locura... —Hiox, A-11, directamente desde Ca mpo Vhur. Aqu cerramos nuestra telementalizacin de la ltima etapa de la evacuacin de Marte. Mientras proyectbamos las operaciones, pudimos tr aer a nuestra banda algunos nombres conocidos y admirados como el profesor Shorne de Arcturus IV, el doctor Hauser, la historiadora Bluma Yomandar de la Univ ersidad Galctica, el marcianlogo Jonq Kardouzu... Marte. Es un planeta que muere? O es un planeta que nace para la verdadera vida de los planetas, la soledad y el sile ncio? La respuesta es poesa. Nunca ms se posarn aqu nuestras astronave s. Marte ser para nosotro s una advertencia del hecho que el hombre no puede permanecer quieto en el Universo. Marte, el planeta amado, el planeta muerto. Desde la Tierra podremos ver, a travs de nuestros telescopios, la lenta

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43 agona de esa querida tierra S, tierra, como la nuestra. Los marcianos tienen una palabra para designar su suelo, pero pa ra nosotros siempre fue tierra, la tierra. Vamos a regresar a bordo. ¡Ah, una so rpresa! Son los muchachos de RoghIsrohro, la vieja asociacin de msica marciana. Van a ser los ltimos en embarcar. Ellos, con sus tradicionales instrumentos marcianos: el glgar, el rintzuhl, el volvenine, el tlbar y la vi eja gaita marciana, el rohr o. Estn ejecutando una vieja cancin conocida de todos, una cancin de despedida que ahora se r para siempre. Aqu se despide Hiox, A-11, y lo que estn oyendo es algo que s que resonar en nuestros corazones a travs de los sigl os. Una cancin que nuestros hijos tambin cantarn, con los ojos llenos de lgrimas: Adis, Marte, planeta amado. Adis tierra querida, Tierra de arena azul y rojas montaas...

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44 DE LA RECEPCI"N CRTICA A LA RECEPCI"N CREATIVA: DOS ABORDAJES DE LA NARRATIVA CYBERPUNK EN BRASIL Por Rodolfo Rorato Londero *Mster en Letras de la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul, campus Trs Lagoas. Si hay una forma de comportamiento social (visin del mundo), como de sus expresiones artsticas, el cyberpunk se presenta como una rica fuente de anlisis para aquellos que pretenden comprender la cultura contempornea, en la cual el imaginario maqunico se presenta como una condicin sine qua non de la existencia humana. Vises perigosas Adriana Amaral, Resumen: El objetivo de este artculo es an alizar la recepcin brasilea del cyberpunk subgnero de la ciencia ficcin norteamericana. Sin embargo, adems de revisar reseas y prlogos de la primera edicin brasilea de dos obras cyberpunks – Piratas de Dados (1990), de Bruce Sterling, y Neuromancer (1991), de William Gibson –, analizaremos las obras brasileras que dialogan con el gnero norteamericano. Cmo los crticos brasileos leen los productos de la cultura de masas norteamericana? O mejor, cmo lo s crticos brasileos leen el cyberpunk ? Pregunta indispensable para pensar a propsito de las relaciones cultura les forjadas en un mundo globalizado, principalmente por incl uir a una literatur a que defini el imaginario tecnolgico contemporneo. Adem s de comprender la recepcin de la cultura de masas norteamericana, responder esta pregunta permite esclarecer como el intelectual brasileo se comporta con re specto de este imaginario tecnolgico. Surgido en la dcada de 1980, en el contexto social y tecnolgico norteamericano, el cyberpunk es un subgnero de la ciencia ficcin que “[...] asocia tec nologas digitales, psicodelia, tecno-marginales, ciberespaci o, cyborgs y poder meditico, poltico y econmico de los grandes conglomerados multinacionales” (LEMOS, 2002: 200). En Brasil, el cyberpunk apareci a inicios de la dcada de 1990, con la traduccin de Piratas de Dados (1990), novela escrita en 1988 por Bruce Sterling, y Neuromancer (1991), novela escrita en 1984 por William Gi bson, siendo la obra que estableci las “reglas” del gnero.

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45 Segundo Machado, uno de los estudiosos de la literatura comp arada nos dice “[...] especficamente de la ‘recepcin crtica’ Cuando el estudio de las reacciones concretas de los lectores no es posible, (…) conviene rem itirnos a las revistas, a los peridicos y a cualquier testimonio que de una ‘lectura’ de la obra” 17(1981: 63). Sin embargo, adems de revisar reseas y pr logos de la primera edicin brasilea de las obras citadas anteriormente, tambin analizaremos las obras brasileas que dialogan con el gnero norteamericano, como, por ejemplo, Silicone XXI (1985), de Alfredo Sirkis, Santa Clara Poltergeist (1991), de Fausto Fawcett, y Piritas siderais (1994), de Guilherme Kujawski. Para Nitrini, “[...] el productor es tamb in un receptor cuando comienza a escribir” (2000: 171). O sea, podemos afirmar que existen dos tipos de recepcin: la crtica practicada por los crticos, y la creativa ejecutada por los artista s. Estos sern los dos abordajes que utilizaremos para comprender la recepcin del gnero cyberpunk en la literatura brasilea. Las recepciones de la ficcin cyberpunk Comenzaremos analizando el prlogo de la primera edicin brasilea de Piratas de Dados de Bruce Sterling. Firmado por Silvio Alexandre y Fbio Fernandes, el texto contiene informaciones biogrficas e bibliogrficas. Primeramente, destacamos los ejemplos cinematogrficos de ficcin cyberpunk dado por los autores: Un buen ejemplo de esa nueva (y dura) visin del mundo es el filme Blade Runner – El Cazador de Androides basado en un libro de Philip K. Dick, visto que todos los autores cyberpunks son unnimes en situar en este filme algunas inspiraciones visual es ms constantes para el movimiento. Los filmes RoboCop y Terminator podran ser otros buenos ejemplos. (ALEXANDRE; FERNANDES apud STERLING, 1990: 365) En verdad, es ms sensato considerar Blade Runner (1982) como “precursor inmediato” de la ficcin cyberpunk pues, como plantea la cita, el filme inspir al movimiento cyberpunk La adaptacin del cuento “Do androids dream of electric sheep?”18 (1968), de Philip K. Dick, autor acl amado por el movimiento, el filme tambin es uno de los puntos de partida de los escritores brasileos. 17 Es interesante pensar como las listas de discusi n vinculadas a Internet pueden ser tiles para un “estudio de las reacciones concretas de los lector es”. Por ejemplo, en la comunidad de Ficcin Cientfica, en el sitio web de Orkut, hay un tpico sobre cyberpunk brasileo, donde encontramos “reacciones concretas” de diversos lectores. Sin embargo no utilizarem os tal material, pues extendera demasiado nuestro trabajo. LONDERO, R. R. p. 119-134. 18 La parodia-homenaje de este ttulo or igin “Andrides orgnicos tero cabelos no peito”, de E. R. Correa, cuento cyberpunk de la antologa Vinte anos no hiperespao (2003), cuyo estilo imita am enamente el de Fawcett, principalmente debido a las referencias a la cultura de masas y a la descripcin del ambiente. Similar a los escritores cyberpunk norteamericanos, los brasileos tambin destacan la obra de Philip K. Dick como referencia.

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46 La primera obra cyberpunk brasilea, Silicone XXI de Alfredo Sirkis, siendo una “novela polic ial futurista” (como se divulga en el sitio web del autor), nos re mite directamente al filme del director Ridley Scott, cuyo prot agonista tambin es un polica, pero en la ciudad de Los ngeles del 2019. Al respecto do su contacto con la literatura cyberpunk Fausto Fawcett afirma que “independien temente de las noticias sobre William Gibson, yo creo que comenc a pensar en el tema con Philip K. Dick. Sobre todo por Blade Runner ”19 Ms adelante, l afirma que “tena esa cosa de tecnologa que comenz con Philip K. Dick – sobre todo Blade Runner que fue cuando comenc a interesarme –, pero, en verdad, tambin me gustaba Videodrome de Cronenberg”20 A pesar de no ser citado por los crticos br asileos, el filme de Cronenberg tambin es fundamental para la formacin de la ficcin cyberpunk pues “ even more central to the cyberpunk ethos, however, are the films of David Cronenberg, whose Videodrome (1982) in particular is a central cyber punk document in its emphasis on bodily metamorphosis, media overload and destructive sex ”21 (CLUTE; NICHOLLS, 1995: 88). En fin, podemos afirmar que Sirkis y Fa wcett no dialogaron directamente con el movimiento cyberpunk sino con los precursores del movimiento, principalmente los precursores cinematogrficos. En verdad, Pereira nota como la cultura de masas norteamericana fue responsable del renacimiento de la ficcin cientfica brasilea en la dcada de 1980, perodo donde identificamos las primeras obras cyberpunks brasileras: La influyente presencia de la cultura de masas no rteamericana en Brasil responde en gran parte al boom de la ciencia ficcin en este moment o, con su invasin de series de televisin, comics y principalmente superproducciones cinematogrficas, los llamados blockbusters Superproducciones hollywoodianas como Close encounters of the third kind de Steven Spielberg, 1977; Star Treck: The Motion Picture Robert Wise, 1979); ET Steven Spie lberg, 1982; Blade Runner (Ridley Scott, 1982) y la primera triloga de Star Wars George Lucas, 1977, 1980 e 1983) (2005:46). En fin, como afirma Man fredi, “no es falso que los cyberpunks incluyen a Philip K. Dick en la selecta lista de autores que se salvan de la mirada despectiva generalizad a que dirigen a la ciencia fi ccin tradicional” (1991: 22). 19 En entrevista concedida personalmente al autor. 20 En entrevista concedida personalmente al autor. Esta fascinacin de Fawcett por Cr onenberg se nota tanto en la portada del libro Santa Clara Poltergeist que remite al cartel de Videodrome (como confirma el propio escritor en la entrevista), como en la cubierta de su primer lbum musical, Fausto Fawcett e os robs efmeros (1987), donde encontramos un recorte del cartel de Scanners (1981), otro filme de Cronenberg. En verdad, esta fascinacin ilustra la relacin del escritor con un gnero hermano del cyberpunk : el splatterpunk (AMARAL, 2005). 21 Traduccin libre: “Todava ms centrales para el ethos cyberpunk, son los filmes de David Cronenberg, cuyo Videodrome (1982) en particular es un documento cyberpunk que hace su nfasis en las metamorfosis corporales, la sobrecarg a meditica y el sexo destructivo.”

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47 En este perodo tambin surgieron filmes de ficcin cientfica que, al contrario de los citados por Pereira (obvia mente, con excepcin de Blade Runner ), se aproximan a la temtica cyberpunk : Rollerball Norman Jewison, 1975), Escape from New York John Carpenter, 1982, Tron Steven Lisberger, 1982), adems de los referidos anteriormente. A pesar de pertenecer a la cultura de ma sas norteamericana, ta les filmes forman aquello que Ortiz (2000) denomin “memoria-i nternacional-popular”. Para l, “afirmar la existencia de una memoria internacional-popular es recono cer que en el interior de la sociedad de consumo son forjadas re ferencias culturales m undializadas” (ORTIZ, 2000: 126). Entretanto, tales “r eferencias culturales mundi alizadas” son asimiladas de manera diferente, como nota el propio Orti z al analizar el west ern spaghetti italiano. As, el hecho de que escritores de naci onalidades diferentes (norteamericana y brasilea, en nuestro caso) indiquen los mismos precursores, pero produzcan obras peculiares, sirve como ejemplo de la si guiente nocin que conf irman los estudios literarios comparativos: “La idea de la influencia en s debe ser relacionada directamente con la situacin general de l pas receptor” (MACHADO; PAGEAUX, 1981: 83). O sea, a pesar de que, por ej emplo, William Gibson y Fausto Fawcett indicaran el filme Blade Runner como inspiracin, sus respuestas son diferentes, pues viven situaciones culturales, so ciales y econmicas diferentes.22 Ms retornemos al texto de Alexandre y Fern andes para destacar otro hecho, el cual se comenta al respecto de la segunda novela de Sterling, The Artificial Kid (1980): Imaginen un mundo llamado Reverie, donde las persona s alcanzan tranquilamente la edad de doscientos aos y los jvenes, para nada se sienten aplastados por el peso enorme de la experiencia de las Generaciones ms antiguas, se entreg an de cuerpo y alma al arte del combate, que mezcla el cdigo de honra samurai, las tcnicas cibe rnticas y el fetichismo yuppie; como una naranja mecnica, pero electrnica. Ese libro de Sterling podra ser llamado “Gua Bsica para el Lector Cyberpunk”. En l se encuentran prcticamente todos los tpicos que despus seran explorados por l mismo y por los integrantes del Movimiento. (ALEXANDRE; FERNANDES sobre STERLING, 1990: 369) No por casualidad, Alexandre y Fernandes pr esentan la novela de Sterling como una posible relectura de La naranja mecnica (1962), de Anthony Burg ess. En el prlogo de la tercera edicin brasilea de la obra de Burgess, el propio Fernandes explica esta relacin entre La naranja mecnica y el movimiento cyberpunk : Ese mundo globalizado y tecnolgico – pero todava pobre – que Burgess nos deja entrever en las pginas de su libro ms famoso, tan parecido a los escenarios ms famosos de la literatura cyberpunk de William Gibson, no es casual. Los escritores cyberpunks deben muchas de sus temticas a La naranja mecnica – la comparacin entre la alta tecnologa de las clases ms favorecidas y la dura realidad de los predios donde la clase obrera se amontona; la opresin del Estado; el uso de drogas, tanto para la diversin y la fuga de la realidad como para el lavado de cerebro (2004: xiv). 22 En verdad, las divergencias tambin ocurren entre escritores de una misma nacionalidad, pues, para usar los trminos de Bhabha (2003), la nacin es un espacio pedaggico donde conviven culturas performticas. Por esto, tales divergencias no son tan evidentes como aquellas que se notan entre escritores de nacionalidades diferentes.

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48 Aqu confirmamos nuevamente que algunos escritores brasileos no dialogaran directamente con el movimiento cyberpunk sino con los precursores del movimiento, pues Fawcett, por ejemplo, indica La naranja mecnica como “el libro de mi vida”23 En la pieza “Chinesa Videomaker”, del lbum Fausto Fawcett e os robs efmeros (1987), l y Laufer hacen un homenaje a la obra de Burgess al reinterpretar la “Tcnica Ludovico”, exactamente en los siguientes versos: A las doce y cuarenta de la noche ella coloca al joven en el centro de una pantalla de 360 con los ojos abiertos por ganchos especiales A las doce y cuarenta y cinco ella enciende la pantalla Y los ojos del muchacho comienzan a ser masacrados Por incesantes imgenes de los noticieros A las doce y cincuenta, ella comienza a chupar al joven Ella chupa a un joven mas acrado por los noticieros Ella chupa, ella chupa Es interesante notar en esta reinterpretacin el cambio de postura ante los medios de comunicacin: En la dcada de 1960 Burge ss vea los medios de comunicacin como una fuente de coercin, en la dcada de 1980 Fawcett y Laufer los ven como fuente excesiva de informacin, adems de una poderosa fuente de seduccin. Otra caracterstica del universo de The Artificial Kid no mencionada por Alexandre y Fernandes, es la presencia influyente de la tecnologa meditic a. Como nota Gunn, la novela de Sterling “[...] is an early cyberpunk tale about an antihero in a media dominated future ”24 (1988: 117). En este punto, The Artificial Kid se aproxima a Santa Clara Poltergeist donde tambin identificamos un futuro meditico (TAVARES, 1992), mas esto se debe, como resaltamos anteriormente, a los precursores en comn de Sterling y Fawcett. Tambin identificamos en el texto incluso en la primera edicin brasilea de Piratas de Dados los preanuncios de una idea que Fernndez explorara 14 aos despus en su disertacin de maes tra: la ficcin cyberpunk como actualizacin del concepto 23 En entrevista concedida personalmente al autor. 24 Traduccin libre: “[...] es una historia cyberpunk precoz sobre un anti-hroe en un futuro dominado por los media.”

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49 mcluhaniano de aldea global. De hecho, el trmino “aldea global” es citado dos veces en el texto. Para Fernandes, Gibson ejerce una funcin proftica bastante semejante a la de McLuhan al crear el concepto de aldea global en Understanding Media Es, entre los escritores de ficcin cientfica, el que parece haber comprendido mejor lo que McL uhan quiso decir, creando en Neuromancer u mundo prcticamente todo interconectado, donde las minoras tienen voz (a un punto tal que pone en discusin la misma definicin de minoras ) y las casas de esa aldea son regida s sobre todo por el paradigma de la variedad Nadie es igual a nadie, y por otro lado: en trminos de posesin y utilizacin de tecnologas, algunos son ms iguales que otros. (2004: 24). Como vimos anteriormente, Neuromancer es la semilla de la ficcin cyberpunk El concepto de aldea global tambin aparece en su narrativa a travs del desplazamiento rpido y constante de su prot agonista Case por las ciuda des del mundo: de Tokio a BAMA, de BAMA a Estambul, de Estambul pa ra la colonia espacial Freeside. Este desplazamiento no se desa rrolla en las ficciones o de Janeiro. As, la ficcin cyberpunk brasilea actualiza, en verdad, la rein terpretacin del concepto mcluhaniano hecha por Lemos: “Con la contracc in del planeta por los nuevos media digitales, nos transformamos no en una nica aldea globa l, sino en varias e idiosincrticas aldeas globales debido principalmente a la implosin del mundo occidental por causa de las tecnologas micro-electrnicas ” (2002: 76). O sea, cada megalpolis es una aldea global, pues en ella conviven varias culturas nacionales. Esta noci n se evidencia en la descripcin de Copacabana hecha por Fa wcett en su cuento “Copacabana Hong Kong”, de la antologa Bsico instinto (1992): Cada jueves llegan a la playa de Lido embarcacion es escoltadas por surfistas militares. (…) El primermundo resolvi expulsar, utilizando los ocanos, a cen tenares de inmigrantes delincuentes: hispanosarracenos, yugoslavos-croatas, iranes-persas, iraques-asirios, fenicios-libaneses, turcos-otomanos, chinos-musulmanes, asiticos en general. Proliferacin de submundos. (1992: 36). En fin, para el Colectivo NTC, “como el planeta se volvi emin entemente urbano, hoy todas estas ciudades se organizan como naciones. En el interior de ella s algunas etnias se aglutinan de acuerdo con el origen de sus miembros.” (1996: 191-192). Despus de discutir algunos puntos del texto de Alexandre y Fernandes, analizaremos ahora dos reseas publicadas en Brasil de la novela de Sterling: “Cyberpunk – integrao de contradies” (1992), de Roberto Causo, y “Dupla cyberpunk” (1995), de Finsia Fideli. Primeramente, destacamos el siguiente comentario de Causo con respecto al movimiento cyberpunk : “Pero el movimiento ya est extinto y su influencia exacta an no ha sido medida sin embargo parece tener el mismo destino de un movimiento anterior, la New Wave de los a os sesenta: fue asimilado por la ficcin cientfica como un conjunto de posibilidades ms entre tantas otras” (1992: 20). Este comentario nos ayuda a comprender la produccin nacional, pues el cyberpunk es explorado por los escritores brasileos como um “conjunto de posibilidades”, o sea, sin compromiso con las “reglas” del gnero. Es to se debe en gran parte, como veremos ms adelante, a La llegada tarda del g nero al pas, ya extinto y con temas desgastados.

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50 En Piratas de Dados la descripcin de pases de l “tercer mundo” es un punto destacado por los crticos bras ileos, por eso Causo es el nico que va a formular la siguiente conclusin: Este es un libro importante. No solo por haber obtenido el Premio John W. Campbell Memorial de 1989 y haber sido finalista del Hugo y del Nebula, sino tamb in por explorar en el terreno fantstico, siempre soslayados por la ciencia ficcin, a los pases margin ales y apartados del idilio tecnicista de la CF. Y por mostrarnos, a los escritores y lectores de Br asil, pas del Tercer Mundo, que nuestra ficcin cientfica podra alcanzar resultados muy interesant es si explorramos nuestra propia realidad en interaccin con las naciones desarr olladas. (CAUSO, 1992: 22-23) Ciertamente, en el caso especfico de la ficcin cyberpunk Brasil parece ser el espacio ideal para caracterizar las desigualdades so ciales, econmicas y t ecnolgicas descritas por el gnero. De hecho, como notan Al exandre y Fernandes en el texto que analizamos anteriormente, “hay decenas de citas al Brasil en los libros cyberpunks y Bruce Sterling, el principal articulador e idelogo del movimiento, ya afirm que adora observar la televisin brasilea por medio de su antena parablica” (vease STERLING, 1990: 366). En un artculo sobre Santa Clara Poltergeist Lemos (1993) afirma que: El Brasil encarna bien las transf iguraciones por ls que pasa nuestra sociedad contempornea y la frmula “informtica ms candombl” es un buen retrato del pas. La diversidad y la pluralidad cultural, la crisis poltica y econmica, la convivencia entr e zonas de riqueza y de pobreza, de desarrollo tecnolgico y de carencia bsica, solo para citar algunos ejemplos, nos coloca delante de esa “transfiguracin”. Por “transfiguracin”, Lemos se refiere a los acontecimientos que originaron la sociedad posmoderna. Adems, por ser la “expresin literaria paradigmtica” (KELLNER, 2001: 381) de la posmodernidad, la ficcin cyberpunk est muy bien representada por espacios que denotan este paradigma, como Brasil. Po eso, antes de interpretar al pas como un “laboratorio de la posmodernidad” (MAFFESOLI vase LEMOS, 1993), debemos comprender las implicaci ones de esta interpretacin. Al respecto de la cultura brasilea en la dcada de 1980, Bueno afirma lo siguiente: De contra, y a consecuencia de nuestra fragilidad cultural, todava intentan desmontar la escena introduciendo el modelo ‘posmoderno’, o sea: el Brasil, que nunca fue de hecho moderno, hara suyo el impass y el agotamiento de los pases industriales avanzados fechando as un ciclo de colonizacin en los trpicos subdesarrollados (1990: 8). No es esto lo que acontece cuando interpreta mos a Brasil como un “laboratorio de la posmodernidad”? De hecho, el propio Fawce tt afirma tener “[...] dudas con el trmino ‘posmoderno’. Es un hecho que la gente no sale de lo moderno: usted solo tiene crisis, crisis y crisis de lo moderno, todo el tiempo” Tal vez, en el caso de Brasil, l que ocurra sea realmente uma crisis de la modernidad, una hipomodernidad pues las instituciones modernas del pas son deficientes y, por tanto, nunca se realizan plenamente para que haya un agotamiento, una

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51 posmodernidad. Este no es el caso de los pases industriales av anzados, el concepto “posmodernidad” parece invlido, ya que lo que ocurre es una in tensificacin de la modernidad, una “hipermodernidad” (LIPOVETSKY, 2004). En verdad, como afirma Jameson, “[...] el posmodernismo debe, claramente, ser entendido en un sentido ms estricto, de h echo exclusivamente estilstico, ms que en ese sentido histrico y sociolgico que, de manera general, ha sido usado” (1994: 216). Ser como estilo que nos referiremos al posmodernismo ms adelante. Las afirmaciones anteriores no desconsideran a Brasil como espacio ideal para caracterizar la ficcin cyberpunk apenas confirman lo que dijimos anteriormente, que “las ‘influencias’, las repercusiones se efectuan esencialmente a medida de las necesidades del contexto receptor” (KAISER, 1989: 266-267). O sea, si el cyberpunk norteamericano es la “expresi n literaria paradigmtica” de aquello que se denomin posmodernidad, esto no significa que la versin brasilea tambin lo es. Como afirma Causo (s/d), la ficcin cyberpunk brasilea “[...] va a ofrecer una respuesta propia de un pas que vive una situacin diferenciada de desarrollo cultural y cientfico, donde la modernizacin todava se muestra en factores que remiten a los modelos de nuestra colonizacin”. Ahora veamos la resea de Fideli. En esta, la autora afirma que Piratas de Dados “[...] ya presenta una crtica al movimiento Cyberpunk, como seal de maduracin de su autor” (FIDELI,1995: 55). Escrito en 1988, cuando el movimiento se encontraba prcticamente extint o, la novela de Sterling revisa criticamente la temtica cyberpunk Por surgir en este perodo, a finales de la dcada de 1980, las obras brasileas tambin revisan el movimento, pero en lugar de criticarlo seriamente ellas critican parodiando. En un texto sobre el movimiento en Mxico Ramrez (2005) cita como epgrafe la siguiente afirmacin de Sterling: “Los noventa no van a pertenecer al cyberpunk. Nosotros vamos a estar ah trabajando, pero no somos el movimiento, ya no somos ni siquiera nosotros. Los novent a van a pertenecer a la gene racin que est llegando, aquellos que crecieron en los ochenta” Con este epgrafe, adems de reverenciar al principal terico del gnero, el autor mexicano se apropria de la afirmacin para producir una interpre tacin propia, que es: el cyberpunk en la dcada de 1990 es una relectura del cyberpunk original, norteamericano, realizada por las dems culturas nacionales25 25 Entretanto, debemos afirmar que la propia produccin norteamericana, a partir de la dcada de 1990, realiza una relectura crtica de la produccin original: el post-cyberpunk Segun Amaral (2005), las rupturas de lo post-cyberpunk son: personajes comprometidos que actan para mejorar las condiciones sociales, nfasis sobre la biotecnologia y presen cia de una tecnocracia. Ejemplos de ficcin postcyberpunk son los filmes Cdigo 46 (2004), del director Michael Winterbottom, y Aeon Flux (2005), de la directora Karyn Kusama.

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52 Diferentemente del texto incluso en la primeira edicin brasilea de Piratas de Dados el prlogo de Neuromancer firmado por Silvio Alexandre, no presenta ninguna informacin bibliogrfica y pocos datos biogr ficos de William Gibson. En verdad, el autor se dedica ms a comentar cuestione s generales de la ficcin cientfica que propiamente de la novela. Entretanto, tal maniobra endosa el proyecto literario de Gibson y del movimiento en general26: “[...] Gibson pensaba antes en criticar y combatir deliberadamente aspectos de la ciencia ficcin que consideraba reaccionarios y fuera de moda” (ALEXANDRE apud GIBSON, 1991: 252). Si Gibson y los dems integrantes del movi mento (Bruce Sterling, Lewis Shiner, John Shirley y Rudy Rucker) criticab an aspectos de la ficcin cientfica, es porque ellos dialogaban con la tradicin literaria del g nero, inclusive y principalmente con la tradicin norteamericana. Para Sterling (1988), los escritores cyberpunks fueron probablemente la primera generacin que creci en el “sello de la tradicin literria de la ciencia ficcin”. Tal situacin no se verifica entre los escritores cyberpunks brasileos – excepto tal vez entre aquellos que pertenecan al fandom27, como Brulio Tavares y Fbio Fernandes –, pues, a pesar de conocer (minimamente) la tradicin literaria de la ficcin cientfica extranjera ellos desconocan la “tradicin” brasilea. Segn Causo, “lo que se lamenta en toda la hist oria de la ficcin cientfica brasilea es la ausencia de una evolucin formal y te mtica que nos permitiese tener una ficcin cientfica madura, capaz de contribuir a las letras nacionais como un todo” (1993: 14). Y justamente la falta de dilogo con la “t radicin” brasilea que resulta en esta “ausencia de una evolucin formal y tem tica” es, consecuentemente, producir obras dependientes. De acuerdo con Candido, Una prctica fundamental en la supe racin de la dependencia es la capacidad de producir obras de primer orden, influenciada, no por modelos extranjeros inmediatos, si no por ejemplos nacionales anteriores. Esto significara el es tablecimiento de lo que se podra llamar un poco mecnicamente de causalidad interna, que torna inclusive ms fecundos los prstamos tomados a las otras culturas (1989: 153). Discutido algunos puntos del text o de Alexandre, veamos ahora tres reseas brasileas de la novela de Gibson: “De como William Gibson reinvent la CF” (1991), de Lcio Manfredi, “Cyberpunk – integr acin de contradicciones” (1992) y “Dupla cyberpunk” (1995), de Roberto Causo. Primeramente, a pesar de que esa comparacin ser percibe en el propio nombre del movimiento, Manfredi es el nico que la profiere: para l, Neuromancer es 26 Las lneas generales de este proyecto fu eron formuladas inicialmente en un fanzine dirigido por Sterling. Segun Alexandre e Fernandes, “A mediados de la dcada del 80, Sterling lanz un fanzine llamado Cheap Truth con el pseudnimo de Vicent Omniaveritas, y us ese espacio para descargar todo su descontento con la CF que se produca en la po ca y que, para l, pareca incapaz de evolucionarr con los cada vez mayores y ms rpidos cambios en la tecnologia y en la sociedad” ( ver STERLING, 1990: 366). 27 Expresin inglesa que denomina a la comunida d de aficionados a la ficcin cientfica.

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53[...] un vrtice de acontecimentos ininterrumpidos, narrados en un lenguaje feroz que no es de modo alguno desproporcionado comparar con las jaculatorias punks de la dcada del 70, donde el nihilismo aparente esconde muy mal las preocupaciones ticas, polticas y filosficas subyacentes. Neuromancer es el London Calling de la ciencia ficcin. O ser London Calling el Neuromancer de la msica pop? (MANFREDI, 1991: 22) London Calling es el gran suceso de la banda punk inglesa The Clash Entre tanto, el sufijo punk del trmino cyberpunk tambin se refiere al “[...] lado de la contracultura, de la protesta, de no-control, de lo underground de la actitud de los hackers de la experiencia emprica de las tribus urbana s ligadas a la tecnol oga” (AMARAL, 2005: 93), en fin, a una cultura de resistencia. Como Gibson28, Fawcett tambin utiliza estilos musicales, el rap29 y el funk para narrar Santa Clara Poltergeist por ejemplo. Tal vez cyberfunk sea un trmino adecuado para denominar las obras brasileas, pues, como el punk en los pases anglfonos, el funk tambin representa, en Brasil, una cultura resistente a la cultura oficial o dominante (YDICE, 2 004). Sin embargo, la denominacin cyberfunk aunque sea ms adecuada a las novelas y cuen tos de Fawcett, puede excluir las dems novelas cyberpunks brasileas.30 Ahora veamos las reseas de Causo. En “Cyberpunk – integrao de contradies”, el autor afirma que “el resultado artstico de Neuromancer es fuerte, innovador, visionario y rico en implicaciones. Tambin como fusin de una esttica posmoderna con la imagtica de la CF el resultado es impresionante — lo que refuerza la creencia de que la conjuncin de ficcin literaria y ciencia ficcin puede dar un buen 28 Segn el autor de Neuromancer “el problema con las preguntas s obre las ‘influencias’ es que son usualmente hechas para estimularlo a usted a hablar de sus escritos como si usted hubiera crecido en un mundo circunscrito por libros. Yo fui influenciado por Lou Reed, por ejemplo, tanto como fui influenciado por cualquier escritor de ‘ficcin’” (ver AMARAL, 2005: 112). Lou Reed fue vocalista y guitarrista de la banda punk norteamericana Velvet Underground 29 En su novela-diario Copacabana lua cheia ya en el segundo prrafo, Fawcett afirma que “no avanza, mi pensamiento es nervioso rap de groove” (2001: 8), tal vez como justificacin de su estilo peculiar. 30 Causo (s/d) propone el trmino tupinipunk tambin usado por la terica norteamericana Elizabeth Ginway (2005). Sin embargo, la denominacin es infeliz, porque retira del trmino original justamente el prefijo ( cyber ) que se refiere al universo tecnolgico contemporneo, tema de convergencia de las novelas cyberpunks brasileas. La denominacin tambin mantie ne el sufijo del trmino original ( punk ) que se refiere a um movimiento musical y cultural de poca relevancia en el escenario brasileo. Al referirse a los tupiniquins, Causo retoma (y refuerza) la ideologa romntico-nacionalista que se verifica en el proyecto literario de apenas un escritor cyberpunk brasileo: Ivan Carlos Regina, ms especficamente en “O caipora cai pira”, cuento de la antologa O fruto maduro da civilizao (1993). Como afirma Lucas, “[...] toda vez que la literatura brasilea se va por El camino de la auto-afirmacin, procura em los residuos indianistas de nuestro nativismo la fuente ms prxima” (1976: 23). Em fin, como cyberfunk la denominacin tupinipunk puede excluir las dems novelas cyberpunks brasileas.

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54 matrimonio”31 (CAUSO, 1992: 26). Sin embargo, tal fusin ocurre apenas parcialmente, pues Neuromancer es tradicional cuando pres ta atencin al argumento, a los pe rsonajes y a la narrativa (no es metaficcin), pero es posmoderno en el modo como combina y emplea los gneros, mezclando ficcin cientfica con historia policial, roman noir con aventura high-tech y western (su principal personaje, Case, es descrito como un cowboy de computadora), trama de negocios, mito y fantasia (KELLNER, 2001: 388). En “Dupla cyberpunk”, Causo afirma que la literatura posmoderna es “[...] conocida por no enfatizar las caractersticas ms valoradas por la literatura tradicional, como la profundidad psicolgica, levedad de esti lo y elegancia narrativa” (1995: 54). Ciertamente, Gibson, en Neuromancer no valoriza la “levedad de estilo”, pero hay preocupaciones con la “profundidad psicolgi ca” de los personajes, principalmente en los cuestionamentos existenciales de Case, y con la “elegancia narrativa”, principalmente en el modo como lo s captulos son estructurados. As, Neuromancer no es totalmente posmodernista, en cuanto algun as obras brasileas lo son. En el prlogo de Piritas siderais por ejemplo, Kujawski afirma que el “esteticismo exacerbado de la conducta narrativa” de su obra acaba “[...] supe rvalorizando el estilo en funcin de la historia y transformando el lenguaje en protagonista” (1 994: 13). Esto tambin es vlido para Santa Clara Poltergeist donde el lenguaje sobresale entre personajes superficiales y enredos simples. En fin, esta valorizacin del lenguaje en detrimento de la narrativa torna las obras de Fawcett y Kujawski verdaderamente posmodernistas, pues apenas la valorizacin de l lenguaje no las diferencia de las obras modernistas. Todava en “Dupla cyberpunk”, Causo concluye su resea de la siguiente manera: Despus de Neuromancer lo que era un movimento revolucionario que pretenda renovar la ciencia ficcin fue incorporado por ella y son tantas las obras dentro de la lnea Cyberpunk – que alcanzaron tamaa difusin que hoy muchos se refieren al movimiento como una tendencia de comportamiento, y no como un modo de hacer CF. Filmes y comics, y hasta los mismos RPGs ( Shadowrun Cyberpunk 2020 GURPS Cyberpunk ...) aparecieron para explor ar el nuevo filn. Ms t odava es preciso volver a Neuromancer para saber como todo comenz (1995: 54). Adems de retomar lo que ha a dicho en la resea de Piratas de Dados – la asimilacin del cyberpunk por la ciencia ficcin –, Caus o tambin apunta para aquello que ocasion la extincin del gnero: la gr an difusin. Tal condicin revela otra faceta de la recepcin del gnero en la literatu ra brasilea. Al re specto de la ficcin cyberpunk extranjera, Amaral afirma lo siguiente: 31 Este matrimonio entre ficcin literaria y cincia ficcin ya era esperado por Fausto Cunha hace 20 aos atrs. En “Uma fico chamada cincia”, el autor afirma que el “r etorno a lo literrio” es el nico medio de retirar la ficcin cientfica “ [ . ] del marginalismo cultural a que se lanz con la nocin ingenua de la ciencia como forma y como primera filosofia” (CUNHA, 1972: 28).

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55A inicios de la dcada del 90 come nzaron los anuncios de la muer te del cyberpunk en cuanto a movimiento literario. Las temticas centrales utilizadas por el grupo original van siendo apropiadas y repetidas hasta la saturacin por diversos autores, to rnndose clichs del subgnero e invadiendo juegos de RPG, letras de msica, videoclips, juegos de computadora, programas de TV y muchos otros medios (2005: 104). As, podemos afirmar que la ficcin cyberpunk extranjera, a partir de la dcada de 1990, se encontraba automatizada. Segn Reis, [...] debe observarse que la comunicacin artstica se encuentra automatizada, cuando los mensajes enunciados son fcilmente decodificados, una vez que los mecanismos de enunciacin que las generaron fueron asimilados (y tambin, en ciertos casos, trivializados) por la comunidad en que esos mensajes circulan: perfectamente automatizada es casi siempre la producin y recepcin de cierta poesia ultra-romntica, de la novela policial o de la novela rosa (en otros dominios y lenguajes) de muchas telenovelas o de filmes como los westerns de calidad inferior. Por fuerza de la costumbre o de la habituacin, es os receptores conocen perfectamente los mecanismos de funcionamiento de tales mensajes, afectados por un ndice elevado de redundancia Porque no innovan ni sorprenden, ellos tienden a cultivar el estereotipo [...] (2001: 157; cursivas del autor). Entretanto, no podemos utilizar tales dato s como criterios valorativos sin crear fatalmente una esttica ciberntica, donde lo bello ocurre cuando hay ms informacin que redundancia. Debemos encarar la automatizacin como un hecho literario. As, cuando Reis afirma que “la automatizacin puede, con todo, ser superada, cuando un novelista, un poeta o un cineasta s ubvierten la rutina, recurriendo a signos y cdigos innovadores o anulando los que se encuentran rutinariamente establecidos [...]” (2001: 158; cursivas del autor), en verdad, debemos entender que la automatizacin puede ser reaprovechada, y no superada. De hec ho, interpretar la produccin artstica automatizada como repertorio y no como obstculo a ser superado es comprender el arte posmoderno, que utiliza los gneros automatizados – casi siempre, gneros de la cultura de masas (novela polic ial, de aventuras, de cien cia ficcin, etc) – en la composicin de la obra. Por eso, retornando al debate de la ficcin cyberpunk podemos afirmar que, debido al desgaste de los temas originales, o sea, la automatizacin de la producin extranjera, las novelas brasileas, casi t odas producidas a inicios de la dcada de 1990, presentan, adems de temas propios condicionados por la realidad del pas, pa rodias de los temas originales. Segn Kellner, “[...] el processo de creacin/diseminacin/asimilacin del cyberpunk fue tan rpido que la parodia y el pa stiche ya se tornaron tcticas habituales de creacin narrativa” (2001: 417). As, la produccin norteamericana, automatizada, es reaprovechada por la produ ccin brasilea como repertorio de creacin artstica. Consideraciones finales A lo largo del artculo, indicamos aspectos de la ficcin cyberpunk valorizados por la crtica brasilea y mostramos como son de sarrolladas por el artis ta brasileo. Para enriquecer el trabajo, podramos comentar de talladamente las reseas y crticas de las obras brasileas – como, por ejemplo, “U na CF sin clichs” (1992), resea de Santa Clara Poltergeist por Brulio Tavares, y “Tupin ipunk: cyberpunk br asileo” (s/d),

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56 crtica de la ficcin cyberpunk brasilea por Roberto Causo –, pero esto extrapolara nuestros objetivos, pues se tratara de un est udio de recepcin de la recepcin, o mejor dicho, de recepcin de segundo grado. A partir del prlogo de la nueva edicin brasilea de Neuromancer (2003) y de las listas de disc usin vinculadas a Internet, tambin podramos analizar la recepcin ac tual del gnero, pero esto extendera demasiado nuestro trabajo. Pero cmo el artista brasile o se comporta frente al imaginario tecnolgico propuesto por la ficcin cyberpunk ? Formulada al inicio del artcu lo, esta pregunta comporta dos respuestas, anlogas a dos tipos de intertex tualidad abordados por Sant’Anna (1991): estilizacin y parodia. En algunos casos, la produccin cyberpunk brasilea se desva tolerablemente de la produccin norteamerican a, como en el uso del lenguaje y en la descripcin de un mundo do minado por los medios. En otros casos, hay un desvo total, como en las parodias de los temas originales de la ficcin cyberpunk En fin, la recepcin del gnero en la literatura brasile a parece revelarse a travs de divergencias temticas y convergencias estticas e ideolgicas. R G L, n. 4, fev. 2007. (Tomado de http://www.cptl.ufms.br/guavira/numero4/londero_rr.pdf.)

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57 Roberto de Souza Causo El soldado Ezequiel Moreira observaba el drone argentino sobrevolar los escombros en vuelo errtico, como una mosca sobre un monte de es tircol. El centro viejo de San Pablo haba quedado reducido a esqueletos de rascacielos descarnados, con laberintos de ruinas sustituyendo las calles. Nubes espesas y azuladas planeaban a ras del suelo como resultado de la quema de toneladas de expl osivos. Despus del bombardeo de saturacin hecho durante la maana, enjambres de drones de exterminio despegaron de los vehculos argentinos, estacionados ms all de los cerros que cercaban la ciudad. Desde donde estaba, Ezequiel poda abatir al drone que lo amenazaba con un disparo certero de 40 mm, pero el regulador electrnico de dist ancia de fuego estaba roto. El ajuste manual tal vez resultara, pero antes necesitara accionar el telmetro lser... y el drone lo localizara instantneamente por la emisin. No iba arri esgarse. Ya haba visto que algunos compaeros apuntaron sus fusiles una vez, y fueron cercados por tres o cuatro drone armados con caones giratorios y smart rockets guiados por el propio lser de los fusiles. —Cmo consiguieron los argentinos una mi erda tan desgraciada como sa? —haba preguntado el sargento Mariano tras perder al tercer miembro de su escuadra. —Es un modelo americano —dijo el cabo Tavare s—. Pero dicen que el conjunto de sensores es japons, trado de contrabando por el Paraguay. Salen cuatrocientos cincuenta dlares cada uno. Es por eso que tienen ms de esa mierda que nosotros mosquitos por aqu. Lo venden a precio de banana. La accin de los drones los haba tomado por sorpresa. Miembros de un batalln de paracaidistas del interior de Minas Gerais, Eze quiel y sus compaeros haban saltado sobre los escombros de San Pablo para detener el avance de las tropas argentinas que, segn la S-2, iban a invadir la ciudad despus de los bombardeos. Pero lo que lleg en su lugar fueron los drones La rabia inicial de saber que luchaban contra mquinas se haba disipado rpidamente, ante la necesidad de sobrevivir a ellas. El conflicto ya duraba ocho meses, despus del puntapi inicial entre Posadas y So Borja, y nadie esperaba el uso de las arm as-robots. Ni que los argentinos invadieran, an despus de las sucesivas traiciones brasileas a los miembros del Mercosur. Todas las pretensiones de Brasil por liderar el continente quedaron en nada, y cobardemente el pas se haba unido al NAFTA II. Para los argentinos esa gota haba desbordado la copa, al ver que se cerraban las puertas de

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58entrada de sus productos al Brasil. A Ezequi el no le gustaba estar del lado canalla del conflicto, pero un soldado no elige bandos. Despus de una salva ms de los lanza-cohetes, E zequiel perdi el rastro de los otros. Aislado entre las ruinas, reconoca que las posibilidades de enfrentar con xito la tecnologa americana y japonesa eran escasas. Baj el fusil. La nica ventaja que tena ante el drone exterminador era la aparente incapacidad del aparato para reconocer visualmente a un hombre inmvil y disimulado entre los escombros, a aquella dist ancia. Pero Ezequiel poda, sin moverse, acompaar sus movimientos. De pronto vio que el aparato arremeta. Vena en su direccin. Paralizado, Ezequiel apenas consigui levantar el arma. Pero el disco aplastado del drone no apuntaba directamente hacia l. El blanco estaba a varios metros de su posicin. Los sensores del arma-robot deban haber captado algn movimiento ms delante. Cuando el drone lo sobrevol, silbando a poco ms de ci nco metros de altura, Ezequiel venci la parlisis, apunt el fusil en un gesto instinti vo y dispar una rfaga de proyectiles de 6 mm recubiertos de acero. Antes de que la mquina pudiera redireccionar su curso y volverse hacia l, fue despedazada en el aire como si hubiera sido de cartn, con el giro del rotor central esparciendo fragmentos para todos lados. Por lo menos esas mierdas eran tan chapuceras que no presentaban nada en t rminos de blindaje. Ezequiel se levant y sali corriendo en la direccin que quizs estuviera su compaero, el hombre que haba llamado la atencin de los sensores del drone No tena tiempo que perder. En algunos minutos, en el mejor de los casos, el aire sobre su cabeza estara repleto de nuevos aparatos. —Quin est ah? —grit—. ¡Aqu el soldado dos-cero-cero-cero, Ezequiel, del Tercer Pelotn, Primera Compaa, Vigsimo Octavo Batalln! Nadie respondi. Ezequiel se detuvo, contempla ndo a su alrededor el pavimento de una ancha avenida cuajada de deshechos, l as manchas negras y brillosas de las esquirlas de los cohetes, a pesar de toda la porquera que la cubra. Un edificio alto haba cado sobre su vecino, formando dos amontonamientos de hormign, mrmol polvoriento de las fachadas y retorcidas vigas de acero. El drone pareca estar rumbeando hacia ese punto cuando Ezequiel lo abati. Corriendo el riesgo de ser detectado, baj el vi sor infrarrojo del casco y encendi el proyector. Inmediatamente los contornos coloridos de las emisiones de calor de un cuerpo humano surgieron de la oscuridad. Ezequiel desconect a las apuradas el proyector IV y camin hacia el punto en el que se haba formado una caver na en medio a los restos del edificio. —¡Eh! Yo s que ests ah adentro. Habla alguna cosa, y yo me guo por tu voz. Pero encontrarlo fue pura suerte. No era uno de sus compaeros. El viejo cado delante de l estaba en harapos, las ropas desflecadas por efecto de las explosiones. Encendiendo la linterna embutida en el fusil, Ezequiel entendi por qu el viejo no atenda a sus llamados: un jarabe espeso de sangre se escurra de sus odos. Hizo un gesto para que se levantara y viniera hasta la entr ada, pero el hombre no se movi. Ezequiel se acuclill delante de l. Cmo era que el pobr e desgraciado no haba sido evacuado con el resto de la poblacin de la ciudad? La mayor part e de los paulistas estaba ahora en la Bajada Santista. All disponan de un poco ms de se guridad, especialmente despus de que la flota argentina fuera destruida a la altura de Paran cerca de Guaraqueaba, por lo que ya no poda seguir bombardeando el litoral. El hombre apunt sus propias piernas e hizo con la mano una seal negativa. Las piernas no parecan heridas o fracturadas, salvo por gra ndes desolladuras en las rodillas y muslos; se deba haber arrastrado hasta all, movindose slo con la fuerza de los brazos. Ezequiel le palp las piernas cuidadosamente. El otro no reaccion. Por lo menos no senta dolor. An as,

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59le aplic una leve dosis de sedante, parte de su provisin individual. Los tmpanos rotos le deban doler... Mientras Ezequiel lo atenda, el viejo no dijo nada. Una explosin a sus espaldas lo empuj sobre el viejo. Un smart rocket haba explotado en el interior del refugio formado por los escombros. Por fortuna haba chocado contra un saliente en las paredes o en el techo. Mejor as, o habr a explotado en la espalda de Ezequiel. Sin pensarlo, se levant, dio algunos pasos en la di reccin de la salida y dispar una granada de 40 mm que explot en cualquier parte all fuera. La explosin confundira los sensores del drone por algunos segundos. Ezequiel sali al aire libre, disparando una larg a rfaga contra el disco aplastado que planeaba apenas por encima de l. Los impactos hicieron que el aparato tambaleara, mientras su metralleta giratoria esparca un denso chubasco de proyectiles de 5,56 mm por toda la vecindad. El soldado dej escapar un largo suspiro cuando el aparato descendi sobre los restos de la avenida. Reprimi el impulso de palpar el propio cuerpo a busca de orificios sangrantes. Su armadura corporal haba absorbido las esquirlas del smart rocket y, milagrosamente, ningn proyectil lo haba alcanzado. Con un gemido tenso solt de la espalda la andrajosa mochila y la cantimplora llena del cinturn; si necesitaba agua la encontrara en abundancia en las incontables caeras rotas por los bombardeos. Volvi hacia el interior de los escombros y gestic ul para que el viejo trepara a su espalda. El hombre tard un instante en entender sus inte nciones, pero enseguida cerr los miembros flacos sobre los hombros de Ezequiel. Sus piern as podan estar paralizadas por el choque, pero haba una fuerza inesperada en su abrazo. Eze quiel enganch la parte interna de su codo izquierdo en una de las piernas inertes del otro, y salieron. Ahora no haba ningn drone a la vista. Probablemente las desgraciadas mquinas de los argentinos tenan una central que las operaba por control remoto. No movilizaran aparatos contra un enemigo que ya haba conseguido aba tir a dos de ellos en muy poco tiempo. Tena sentido, y una migaja de orgullo anid en la mente asustada de Ezequiel. La brjula-GPS de su fusil le deca donde estaba el oeste, la direccin en que se encontraba la base de operaciones de los paracaidistas. Dudaba que consiguieran llegar vivos hasta ella. Ezequiel y su inesperada carga pasaron junt o a un palomo cado, an vivo pero batiendo las alas contra el asfalto descompasadamente, en agona. El viejo comenz a balbucear algo en voz ronca. Ezequiel, cansado, tard algn tiempo para registrar lo que deca. Qu media-vida pobre inconsciente muere en la batalla subproducto que expira sin marcar los escombros del odio inmortal de los hombres?

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60"Pobre diablo. Desgraciado. Est en shock concluy". Camin con el viejo a la espalda otras tres cuad ras antes de hacer la primera parada para descansar. Estaba sudado y sin aliento. Agua clorada borbollaba de un cao junto al suelo. Ezequiel dio de beber al viejo. Midi otra vez sus seales vitales, asegurndose de que estuviera estable. Vio tambin que tena los ojos de un azul plido, casi fundido con el rojo de las crneas inyectadas. —Cmo se llama? —pregunt, intentando animarlo. El viejo balbuce: Annimo Slo un resto annimo entre restos nombrados de lo que un da fue paisaje humano Ezequiel no acompaaba bien su tartamudear. Si el viejo no estaba en shock ciertamente padeca de desorientacin. Ezequiel tena medicamentos contra la conmocin y el fro mortal que vena con l, pero no pareca ser el caso. Tal vez el viejo ya fuera senil, antes an del bombardeo... —Annimo, entonces —dijo, sonriendo—; hasta que el seor recuerde su nombre. "Un viejo caduco, e incapaz de moverse solo..." Por qu entonces se preocupaba por l? Ezequiel se levant lentamente y camin hasta una pila de escombros cercana. Dentro de un par de horas anochecera. An estaba m uy lejos de la base de operaciones. Oy otra vez el zumbido de un drone —¡No se mueva, viejo! —grit. Pero la nica cosa que se mova en el civil eran los ojos azules. El drone pas por encima de ellos, en trayectoria rectilnea y a buena altura. No estaba cazando. Iba reabastecerse o a cargar municiones. Cuntos cartuchos caban en una porquera de sas? "No ms de unos doscientos", cal cul. Pero uno de doscientos bastara para acabar con l. A lo lejos an se poda or el matraquear de l as armas de fuego rpido. La cacera continuaba, pero piadosamente lejos de ellos dos. Volvi junto al viejo. —Vamos para all, entonces, Annimo. Mejor poner el pie en la carretera, mientras los escupe-fuego an estn lejos de la gente. Cuando anocheci, Ezequiel y su carga humana est aban cerca de lo que restaba de la avenida Dr. Arnaldo. Por all el bombardeo haba hec ho menos estragos... excepto el hospital, molido por los explosivos. Ezequiel reprimi un princi pio de rabia contra los planificadores enemigos, que haban escogido un hospital como blanco. l y el viejo estaran obligados a contornear el punto en que la avenida Paulista se encontraba con la Rebouas y la Dr. Arnaldo, porque nada quedaba del viaducto y de las calles vecinas. Pe ro Ezequiel estaba cansado y el viejo tambin.

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61Poda sentir que el abrazo en torno a sus hombros ya no tena la misma fuerza, y l tambaleaba jadeante. Hora de descansar. Escogi una residencia de gruesas paredes de la drillos, casi entero an; slo el revoque estaba perforado de esquirlas y las ventanas vaciadas. La entrada era un pasillo de unos cuatro metros de largo, que se abra a un gran saln. La pu erta haba sido destrozada. Tal vez por los saqueadores, antes de la evacuacin final... Ezequiel coloc una granada-abanico, tipo Claymore, en la puerta de entrada. El viejo y l se acomodaron en el suelo lleno de astillas de vidrio contra la primera pared despus del p asillo. Si no estuvieran luchando slo con robots, habra hecho una bsqueda rpida, en todas las habitaciones de la vivienda. Pero no se tom ese trabajo. Si hubiera robots por all, las mquinas vendran por ellos. Haba agua en los caos de la casa, y Ezequiel dividi su racin con "Annimo". —Cul es su nombre? —volvi a preguntar. Una vez ms no obtuvo respuesta. Decidi que, en cuanto brillara el sol, abandonara al viejo, que slo servira para retrasar su marcha. Sin el viejo llegara ms rpido a la base de operaciones y desde ese lugar los paracaidistas enviaran un escuadrn para rescatarlo. Era la mejor solucin para los dos. Solitario. Cul es por lo tanto el destino del hombre? Anonimato entre fragmentos de un pasado barrido sin esperanza de ser recordado —tartamude el hombre. No le prest atencin. El viejo se durmi casi enseguida. Ezequiel, por su parte, no planeaba dormir, a pesar del cansancio. Pens en los even tos del da: el salto, los compaeros muertos entre las ruinas por las armas-robots. Des pus de separarse de su escuadra, los dos drones que haba abatido. El encuentro con el viejo para lizado de la cabeza estropeada. "No sal tan mal librado", concluy. Pero el orgullo se desvaneci rpidamente cuando pens que los enemigos que haba vencido eran slo mquinas. Era pos ible ser hroe, contra mquinas? Recibira medallas por destruir unos cinco mil dlares en equipamiento argentino? Y qu objetivos militares haba en la San Pabl o destruida? Los paracaidistas eran cazados en un laberinto por minotauros metlicos, mientras los agresores permanecan inclumes del otro lado de la sierra. Haba una ecologa de la guerra basada en la idea de que an los que matan pueden morir. La batalla robotizada haba d estruido ese equilibrio, y amenazaba llevar el soldado de carne-y-hueso a la extincin. Qu estara haciendo ahora el sargento Mariano? Estara vivo, para empezar? Mariano, Tavares y los otros parecan una memo ria distante. Tanto como el enemigo. O la familia en Contagem, la novia y los amigos de infancia... La nica presencia humana, palpable para la conciencia estresada de Ezequiel, era el viejo sin nombre. Y aun as, iba a dejarlo solo hasta que amaneciera. Tena que pensar en los objetivos militares, por ms tenues que fueran. Regresar a su unidad. Mantenerse vivo. El viejo era un civil extravia do que haba perdido la evacuacin. Estaba ms cerca de la muerte que de la vida, de cual quier manera, y Ezequiel era un recurso militar valioso, an cuando perteneca a una especie en extincin... Se aferr a la idea. Perdi la lucha contra el sueo. Cuando desp ert, asustado en medio de la noche, el viejo haba desaparecido.

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62Ezequiel se qued all, reflexionando. Los movimientos del viejo podran atraer a los drones Aunque el soldado se quedara quieto en su rincn, sera alcanzado si el drone disparaba un cohete contra la casa. Pero si l se moviera, las oportunidades de ser atacado se duplicaran. Llam al viejo, sintindose estpido al or su voz repitiendo el grito de "¡Annimo!" por los pasillos y salas vacos. Finalmente, tom el fusil y baj el visor infrarrojo sobre los ojos. Ignor la escalera que llevaba hacia el piso s uperior. No poda imaginar al viejo arrastrndose escalones arriba con las piernas muertas. La sala de estar era grande y distinguida, a p esar de las ventanas reventadas y el mobiliario astillado aqu y all por las esquirlas. Una puerta contigua abierta de par en par conectaba la sala con la despensa, y una segunda, con la co cina. Manchas deformes y coloridas bailaban delante del visor infrarrojo. El viejo estaba all. En la cocina. —No va a encontrar nada ah, Annimo —dijo—. Por qu no me dijo que tena hambre? An tengo alguna cosa ac conmigo... El viejo, acostado en el piso de ladrillos, no estaba solo. La cocina cl aramente haba escapado de los efectos de las explosiones del exterior ; estaba ms limpia y libre de polvo. Por ese motivo el robot enfermero haba escogido esa part e de la casa para realizar la operacin quirrgica que ejecutaba en este preciso moment o. Era una camilla acordeonada sobre ocho rollos neumticos de no ms de quince centmetros de dimetro. De un lado de la camilla haba unas horquillas que mantenan al paciente acost ado. Del otro, estaban los instrumentos quirrgicos y el mdulo de interfaz con los ci rujanos, que, a muchos kilmetros de all, telecomandaban la operacin. Ezequiel desconect el visor de su casco; el robot enfermero tena el campo quirrgico abierto iluminado por un angosto haz de luz. Arriesgado pero necesario. El paciente era un soldado brasileo, su abdomen abierto por una rfaga de proyectiles. La dbil iluminacin apenas revelaba los contornos de su rostro. Estaba inconsciente. Ezequiel observ al heri do y al viejo Annimo acostado a su lado. La camilla robot se haba estacionado entre el gran lavabo de mrmol y una mesa maciza, que dominaban el recinto. No entenda cmo haba p asado junto a l y a la granada-abanico fija en la entrada. Ezequiel necesit accionar el visor in frarrojo para entrever la puerta abierta en los fondos. Entonces desconect el dispositi vo y qued sumido en la oscuridad. Los brazos mecnicos se movieron, cerrando hor quillas en los vasos sanguneos, ajustando sueros IVs, separando el tejido roto por la pe netracin de los proyectiles para alcanzar los rganos heridos. Cunto tiempo haca que est aba all? Cundo haba sido rescatado de los escombros el soldado baleado? Ya no hab a evacuacin mdica —no desde que los cazas teleguiados argentinos haban establecido la s uperioridad area— y los robots enfermeros eran la nica oportunidad de que los heridos tuvi eran una sobrevida, hasta que pudiesen ser rescatados. El sujeto deba ser un oficial, para merecer tanta atencin. Ezequiel record que la mquina telecomandada deba tener una cmara de video que los cirujanos usaban para operar. Y un GPS embu tido. Alguien deba saber, siempre, dnde se encontraba. Si l agitara sus plaquetas de iden tificacin delante de la cmara, sabran que el soldado dos-cero-cero-cero tambin se refugi aba bajo el mismo techo. Tal vez maana mandaran a alguien a rescatar al oficial, y Ezequiel y el viejo podran retornar con ellos. Lleg a tirar de las plaquetas que estaban dentro del uni forme, pero vacil. Y si entorpeca la ciruga en un momento crucial? Se qued de pie, con el fusil en una de las manos las lminas de metal de las plaquetas en la otra. El nico ruido era el sonido imperceptible de los pequeos motores elctricos del enfermero, moviendo sus articulaciones... y la r espiracin chirriante y entrecortada del viejo.

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63Vio cuando la sangre ces de rebosar de las herida s del oficial, bajo los retazos de luz. Pens que la hemorragia haba sido detenida, pero cu ando los brazos articulados recularon, entendi que el hombre estaba muerto. Ahora la vida es slo memoria elctrica, en la mente de la mquina, en cuanto el cuerpo se enfra y se detiene —dijo el viejo, poco despus. Ezequiel se volvi hacia l. Haba momentos en que lo que el viejo hablaba casi tena sentido. Pens en preguntarle algo, pero record que n unca haba tenido de l ni una respuesta. Se inclin para recogerlo del piso de la cocina. La explosin entr como un soplo canalizado por los lmites del pasillo, amplificada por las habitaciones internas, y una vez ms derrumb a Ezequiel sobre el viejo. Alguien —alguna cosa— intentaba entrar por la puerta del frente. Ezequiel recuper el equilibrio con dificultad, se arrodill en el suelo con el fusil en ristre, y esper. Se mantena lo ms inmvil que poda, pero a su lado el robot enfermero —un aparato bastante caro y que necesitaba ser retirado de la lnea de tiro— comenz a rodar hacia los fondos. El aparato tena delicados sensores que podan percibir el peligro. —No se mueva o va a llamar la atencin —dijo Ezequiel con la esperanza de que algn micrfono instalado en la mquina llevara su alerta hasta los hombres que la comandaban. Pero no. O no haba nada para captar su voz, o los operadores estaban ms interesados en el aparato que en l. Accion el visor IV. Necesitaba que los ojos atisbaran en la oscuridad, ahora que el movimiento del enfermero atraera al enemigo hasta ellos. Junto a la puerta que conectaba la despensa con la cocina, una forma angulosa se ma terializ. Era un minsculo rastreador que rodaba sobre silenciosas orugas de metal. E zequiel vislumbr los restos del alambre que tanteaba precediendo sus movimientos —y que haba detonado la granada, preservando la mayor parte del mecanismo—, y el cao de la ametralladora de alta capacidad de tiro que vena montada entre las orugas. Las dos armas —la de Ezequiel y la del rastreador— abrieron fuego en el mismo instante. Y as la vela se apaga. Y tena ella cien aos guardados en un bal. Ilumina el rumbo del joven? No, tonto. Guarda slo la sombra de lo que

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64ilumin. El viejo suspir y gimi un poco ms. Y Ezequi el fue testigo de otra vida que se borraba silenciosamente, sin estertores, como al ser desconectada por un botn. Ezequiel vel el cuerpo hasta el amanecer, y en tonces dej la vivienda Consigui llegar hasta las lneas brasileas a tiempo para tomar un caf. Haba all cuatro hombres del Tercer Pelotn de la Primera Compaa. Nadie tena noticias de su escuadra. Se uni a ellos y los cinco fueron ms tarde incorporados al Segundo Pelotn, que haba sufrido menos bajas. El primer trabajo del pelotn recompuesto fue limpiar las calles de la ciudad de los rastreadores sembrados all para liquidar a los heridos y emboscar a los incautos. Los drones ya haban sido retirados, y no hormigueaban ms por el cielo de San Pabl o. No pudo ver a Mariano o a Tavares. Recin la semana siguiente vio por primera vez al enemigo en carne-y-hueso, del otro lado de la sierra. Los argentinos ya no tenan ms m quinas detrs de las cu ales esconderse. Pero Ezequiel no obtuvo gran satisfaccin al ver lo s cuerpos desmembrados y exanges de los enemigos. Slo el miedo de morir permaneca intacto. Se acord del viejo, entonces. Haba planeado dejarlo atrs, pero no haba sido necesario. Era mejor as? Tal vez hubiera cambiado de idea e intentado una vez ms llevarlo consigo. Tal vez no. El viejo haba dicho alguna cosa, sobre un bal, una vela e iluminar su rumbo. Qu quiso decir? Tal vez que slo lo preceda en el destino ms probable, mori r en un rincn oscuro y abandonado, sin razn aparente, sin saber por qu o por quin, manos invisibles actuando por detrs de intenciones mortales. San Pablo recin liberada era una galera de esco mbros. Aqu y all los restos de los soldadosrobots y de las mquinas de guerra refulgan al sol con un brillo muerto. Esqueletos y carcasas que Ezequiel contemplaba sin entender, sin sentir por ellas nada ms que una leve curiosidad sobre su funcionamiento. Lo mismo sentira ante una tostadora o un horno a microondas. Consigui la unidad de comando de un rastreador idntico al que haba intentado matarlo en la casa, y que le haba quitado la vida al viejo que l haba intentado rescatar de los restos de la ciudad. Mir hacia la caja de metal y la sopes en la mano por algn tiempo, antes de tirarla por encima del hombro. Fue ms rpido que la mquina, por una fraccin de segundo. Pero la porquera no servira ni como un buen trofeo. Era slo un pedazo de chatarra. Roberto de Souza Causo es un importante autor, editor y ensayista brasileo que vive en Sao Paulo. Ha publicado A Dana das Sombras (cuentos, 1999) y Terra Verde (novela, 2000). Tambin ha publicado relatos en Argentina, Canad, China, Finlandia, Fr ancia, Grecia, Portugal, Ch ekia y Rusia. Desde 1989 es corresponsal brasileo de la publicacin norteamericana Locus Colabor con el Jornal de Letras Jornal da Tarde Gazetta Mercantil y D. O. Leitura y con las revistas Cincia Hoje (de la SBPC), Crop y Magma (ambas de la FFLCH/USP), Cult Drago Brasil Isaac Asimov Magazine y Palavra Sus ensayos y artculos han aparecido en los Estados Unidos en revistas de estudios de ciencia ficcin como Extrapolation y Science Fiction Studies Organiz las antologias Dinossauria Tropicalia (So Paulo, 1995) y Estranhos Contatos (So Paulo, 1999) y fue el editor de literatura de la revista Quark En 2003 la Editora da Universidade Federal de Minas Gerais le public Fico Cientfica, Fantasia e Horror no Brasil: 1875 a 1950 un estudio histrico y comparativo. Actualmente es columnista de Terra Magazine Brasil y sus cuentos aparecen en re vistas, fanzines y e-zines.

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65 LA TICA DE LA TRAICI"NGerson Lodi Ribeiro En el relato que presentamos, "La tica de la traicin" del escritor brasileo Gerson Lodi Ribeiro, el punto de inflexin "uficcional" es un episodio de la Guerra de la Triple Alianza que involucr a Brasil, Uruguay y Argentina por un lado y al Paraguay del Mariscal Solano Lpez por otro. Como todos saben esta guerra fue definida por la enorme superioridad numrica del bando aliancista y desemboc en un terrible genocidio de la poblacin masculina paraguaya. No obstante, Lodi Ribeiro elige apoyarse en ciertas marcas de la guerra que pudieron haberse definido de otro modo y a partir de ellas construye una Historia alternativa vigorosa y nada complaciente para con su propio pas. LA TICA DE LA TRAICI"N Gerson Lodi-Ribeiro 1: MOVIMIENTO FORZADO El lado brasilero del puesto fronterizo de Itarar seguramente era el escenario de una actividad frentica. Los agentes del Despacho General de Informaci n infiltrados en la Polica Federal haban diseminado la noticia de mi tentativa de ev asin por toda la ciudad. Como resultado, centenares de policas de elite, trajeados de paisano y recin llegados de sus comandos regionales, ahora estaban registrando las calles, las estaciones ferroviarias, las terminales de turbomnibus y los hoteles de dicho municipio. El entrenamiento administrado en la Academia de Ro de Janeiro y el aparato tcnico que desp legaban les garantizaba que mi fuga tuviera una muy baja probabilidad de xito. Y as habra sido, claro, en caso de que hubiese optado por esa ruta de escape. Orientado por el mismsimo Cnsul de la Repblica Guaran de Sao Paulo, y munido con documentacin falsa y un disfraz que l, amab lemente, me hizo confeccionar, consegu embarcar de incgnito en una barcaza nuclear que haca el transporte normal de carga y pasajeros por el trecho na vegable del Parabapanema.

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66La Espiritu Santo aprovechaba la corriente favorable, na vegando lentamente hacia el oeste, con las turbinas gemelas girando muy por debajo de la potencia nominal. Haban construido la embarcacin haca cerca de cuarenta aos, por encargo del gobierno brasilero, en un astillero paraguayo de Montevideo. Tecnolgicamente obs oleta, pero an operativa y confiable. Asomado por la borda, observ la margen izquier da del ro. Un consor cio paraguayo-brasilero haba rectificado ese sector del lecho del Parana panema a principios de siglo, ampliando el trecho navegable. Como lmite natural entre los dos pases ms desarrollados del hemisferio sur, el ro posea una importancia econmica y estratgica considerable. A travs de l se realizaba el riego de buena parte de la produccin cerealera del norte de Paraguay. La margen derecha era mi pas, donde dentro de poco tiempo yo sera considerado el traidor ms pusilnime desde Don Pedro II. Entristecido, sonre por el paralelism o. l tampoco haba tenido otra opcin. Record aquella pintura al leo que estaba en lo alto de la escalinata de la embajada guaran, en la Quinta da Boa Vista. Retrataba a un fr gil anciano, cuya barba blanca y bien cuidada contrastaba con la mirada amargada y la expresin de quien se siente extremadamente cansado. Al lado del ltimo emperador brasilero haba un hombre de mediana edad que llevaba las insignias de mariscal de la Grande Repblica sobre un severo uniforme de campaa. Moreno y no muy alto, estaba apenas un poco encorvado sobre una mesa trabajada y de aspecto imponente, para firmar una declaracin de paz. La verdadera escena haba tenido lugar cerca de la propia embajada, en ese entonces el palacio imperial. Dirig la mirada hacia babor. A partir de esa margen, se entendan los suelos de la nacin ms poderosa de la Tierra. El pas donde haba vivido durante mis aos de doctorado y postdoctorado. La libertad. Traidor... Tal vez realmente podran llamarme as Despus de todo, por un acto de mi voluntad, haba evitado que mi pas se transformara en la mayor potencia de Amrica del Sur. En mi defensa no alego ignorancia ni desconocimie nto. Estaba en pleno dominio de mis actos cuando destru las esperanzas del Secretario de Guerra y de los pocos investigadores que comulgaban con sus ideas de grandeza. Menos puedo afirmar que sintiera remordimient os. Apenas amargura, por la certeza de que, maana o ms tarde, mi nombre sera usado como sinnimo de traicin. Acaso mis compatriotas sabran algn da que me deban hast a el futuro de sus hijos y nietos por nacer? Veinticuatro horas, ms o menos, para la comple ta ruina de mi reputacin como hombre de ciencia y como ser humano. Colegas y amigos, parientes y seres queridos, todos se avergonzaran de haber convivido conmigo. Y, sin embargo, volvera a hacer todo de nuevo. Una, diez, un milln de veces. No haba manera de proceder de otra forma. En el ajedrez, a eso lo llamamos "movimiento forzado". En nombre de un patriotismo insano, aquel loco propona otro tipo de movimiento forzado. Un absurdo que, si se pona en prctica, destruira la civilizacin, modificndola ms all de cualquier posibilidad de reconocimiento. Habamos observado los hologramas de las alteraciones. Un mundo perturbado e injusto. No nuestra vieja Tierra, sino un planeta, en muc hos aspectos, ms aliengena que ese Marte que los paraguayos y alemanes estaban comenzando a co lonizar. Una Tierra diferente, habitada por personas fsicamente idnticas a nosotros, pero con pensamientos y actos extraamente irracionales. Un planeta repleto de conflictos, intolerancias y desigualdades que llevaban a la miseria y la inanicin a centenares de millones de personas. An conociendo ese cuadro, el Secretario de Guer ra pretenda convertir a nuestra Tierra en ese mundo.

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67¡Movimiento forzado! Sent ganas de rerme a carcajadas. Mi fuga desesperada, dejando atrs mi tierra natal, y en ella a los amigos y a todo cuanto amaba... ¡ese s que era un movimiento forzado! Era el tipo de pensamiento que aso laba mi espritu en aquellos das. Busqu consuelo en el argumento (irrefutable?) de que era preferible la infelicidad a la inexistencia. Siempre albergu dudas de carcter filosfico a ese resp ecto. Metafsica repentinamente transformada en pragmatismo: tal vez haba sido eso lo que forz mi mano, cuando finalmente reun el coraje de instruir al programa coordinador del Proyecto para que emitiera los sesenta y tantos kilogramos de agua clorada. La mayora de la poblacin brasilera siente, bi en en el fondo de su alma, un doloroso ardor causado por la presencia de una mezcla humeante, compuesta por partes iguales de odio y de envidia por la Repblica Guaran. Despus de todo, haban ganado la guerra de la Triple Alianza y fragmentado al Imperio Brasilero en dos naciones soberanas distintas, adems de un protectorado mucho ms grande que nuestro terr itorio remanente. Esa victoria posibilit la continuacin de la revolucin in dustrial paraguaya y la ascensin de ese pas como la mayor potencia de Amrica, ya en la poca de la Gran Guerra, a principios de siglo. Siempre juzgu que, si fuese necesario atribuir alguna culpa que no fuera a nosotros mismos por los malogrados actos de los militares del Im perio, sta deba recaer sobre el capitalismo britnico. La Guerra de la Triple Alianza fue fomentada —como es de conocimiento pblico actualmente— por los ingleses, temerosos de la competencia potencial representada por un Paraguay militarmente fuerte, polticamente voluntarioso, ec onmicamente independiente, industrializado y comenzando a ensayar un sistem a econmico que ya era socialista desde su esencia. Uno de mis bisabuelos del lado materno, hijo de ex-esclavos brasileros radicados en la Repblica Guaran, fue oficial del ejrcito para guayo. Sirvi durante unos aos en las tropas de ocupacin que estaban acuarteladas en varias de las principales ciudades brasileras, desde la Cada del Imperio hasta la primera dcada de nuestro siglo. Sola pasar sus perodos de licencia en la ciudad de Ro de Janeiro. En una de esas ocasiones conoci a una joven carioca proveniente de una familia de negros ya em ancipados desde antes de la Guerra, cuyas actividades agrocomerciales prosperaron bastan te con la Abolicin de 1876... mi bisabuela, Lucinda. Con tales antecedentes, es comprensible que no estuviese sujeto a la ola de preconceptos antiguaranes que hasta el da de hoy les incul can en la mente a los jvenes brasileros. La Espritu Santo llevaba poca carga en su viaje hacia el noroeste. Algunas toneladas de bolsas de caf paulista de alta calidad, bastante apreciado por los ciudadanos de la Repblica Guaran. Muy poco en comparacin con los cereales y electrodomsticos de procedencia paraguaya. Para no mencionar las micropastill as de silicio de penltima generacin ya liberadas por la Oficina de Ciencia, vidamente importadas por las industrias montadoras de supermicros paulistas y mineiras. No se poda decir lo mismo sobre el grupo de pasajeros. Ms de un centenar de turistas regresaban a su pas de origen, junto con cer ca de una docena de ejecutivos de las filiales brasileras de las multinacionales estatales paraguay as. Para aliviar la tensin que me oprima el espritu durante aquellas primeras horas posteriores al embarque, trat de distraerme intentando adivinar, por la actitud de esos ejecu tivos, cules de ellos estaban retornando a Paraguay para unas merecidas vacaciones y cules regresaban a la casa matriz para someterse a ciclos de actualizacin hipnopedaggica.

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68Tambin haba casi dos docenas de brasileros a bordo, en su mayora turistas adinerados. Y una joven pareja alemana de luna de miel. A todo esto, haba dos de mis compatriotas que no lograban hacerse pasar fcilmente por turistas, por ms que se esforzaran. Eran altos y de buena musculatura. Ambos de alrededor de treinta aos y con cortes de cabello de estilo tp icamente militar. El blanco era el de mayor edad y ms corpulento, y meda ms de dos metros. El mulato, casi tan oscuro como yo, posea unas facciones aquilinas, usaba anteojos espejados y pareca ser el de rango superior. Estaban invariablemente juntos. Se mantenan si empre prximos al pequeo industrial paulista que yo finga ser. Coincidencia o no, la puerta de l camarote de ellos daba a la puerta del mo. Me enter por el comandante de la barcaza, un vi ejo oficial reformado de la Marina Paraguaya, que esos dos y yo nos sentaramos a la misma mesa durante el almuerzo. Adems, nos acompaara la parejita alemana y, felizmente, tambin mi contacto. El Mayor Hernndez era un oficial de la D.G. I. Estaba travestido como ejecutivo de la Compaa de Petrleo del Paraguay, la pode rosa multinacional que extraa petrleo crudo tanto en territorio venezolano como en las aren as de la pennsula rabe, en las selvas de Indonesia, en la provincia pernam bucana de Recncavo y, ms reci entemente, en la plataforma continental brasilera de Bacia de Campos. El falso ejecutivo era exactamente lo opuesto a lo que yo imaginaba como el arquetipo de un agente secreto. Delgado, de mediana edad y con un aire agitado; blanco, aunque muy bronceado, de cabello lacio y oscuro, y con un bigotito que de inmediato califiqu como mnimo de ridculo. Apenas tuve oportunidad de intercambiar medi a docena de palabras con mi contacto cuando ste percibi la presencia de los federales brasileros y me alert sobre la conveniencia de mantenernos apartados, a fin de no despertar sosp echas. De cualquier forma, era reconfortante saber que haba un oficial, entrenado en el mejor y ms poderoso servicio secreto del mundo, asignado a la misin de hacerme llegar ileso a territorio paraguayo. Ante la enrgica actitud de Hernndez, no tuve tiempo de relatarle el comportamiento extrao de la pareja de alemanes. Particular mente, la actitud de Inga Hoffmann. En primer lugar, para ser una pareja alemana de luna de miel pasaban demasiado tiempo fuera del camarote nupcial, reservado especialmente para ellos. Recordando cun puritana es la moral alemana, conclu que difcilmente habran tenido muchas oportunidades para la intimidad sexual mientras eran solteros. Al cont rario de lo que ocurre entre nosotros, escuch decir que hacer el amor antes de la noche de bodas no es un hbito arraigado entre los alemanes. Segundo, esa mujer rubia y bien proporciona da vena enfocndome con una cmara hologrfica de un modo subrepticio, pensando pr obablemente que no me daba cuenta. Una joven alemana bella y saludable, en viaje de bodas por el continente sudamericano y cmara en mano, deba preocuparse ms por filmar al mari do o, al menos, a la fauna y flora exuberantes de la regin. Jams a un extrao. Despus de t odo, incluso disfrazado, yo no me consideraba tan atractivo. Principalmente teniendo en cuenta las ideas de belleza f sica que defiende la cultura alemana. A no ser que la joven pareja no fuese exactamente lo que aparentaba. Sent que estaba comenzando a volverme pa ranoico. Me pareca probable que ella simplemente estuviese mirando por el aparato hacia donde estaba yo para ajustar el foco, sin activar el disparador.

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69Estaba con los nervios a flor de piel. Crea ver a una eficiente espa de la Confederacin Germnica donde, segn todo lo indicaba, slo ha ba una joven entusiasmada con su juguete nuevo. Muy probablemente, regalo de casamiento de algn pariente rico. 2: UN RAT"N EN EL ALMUERZO DE LOS GATOS La barcaza era un rectngulo de ciento diez metros de largo por dieciocho de ancho y tres de calado. Su casco de fondo chato, sin quilla, estaba especialmente proyectado para la navegacin fluvial. La embarcacin posea tres cubiertas. Una, a la que el comandante se refera como "cubierta principal", donde se situaban los camarotes de los pasajeros, los restaurantes, las salas de juego, el cine, la biblioteca y otros aposentos destinados a la recreacin de los viajeros; la cubierta superior, donde se localizaban los alojam ientos de la tripulacin, la borda interna y externa y la pasarela; y la cubierta inferior (o "cubierta de abajo", segn los marineros fluviales), reacondicionada para el transporte de carga perecedera, que adems albergaba los sistemas de propulsin nuclear y auxiliar. Son una sirena que anunciaba el inicio del horario de almuerzo. Supe, por intermedio de Hernndez, que el comandante de la Espritu Santo se sentara a nuestra mesa. Camin por la cubierta superior, a lo lar go de la borda de babor, en direccin a popa. Mientras me encaminaba hacia el pequeo restaurante de primera clase, observ los campos cultivados de la regin riberea de la margen paraguaya. Vi a un campesino alto y mulato, con un sombrero de ala ancha que a la distancia par eca de cuero autntico. El hombre estaba solo, de pie, en medio de esa vasta extensin de tierra cultivada, dando rdenes con voz firme, audible incluso desde la barcaza, a ms de una docena de mquinas agrcolas automticas. Obedientes, las mquinas iban y venan. Sembradoras preparando la futura cosecha en algunos trechos, al tiempo que los tractores abran surcos en otros, esp arciendo fertilizantes bacterianos en el suelo revuelto, mientras las cosechadoras extraan el cereal maduro. Reconoc maz, poroto negro y algodn. Tres pl antas que los paraguayos haban vuelto ms resistentes a las inclemencias del tiempo y prcticamente inmunes a la accin de las plagas, gracias al empleo de las tcnicas de ADN r ecombinante. Ms al sur, en la campaa gacha los agricultores de la Repblica Guaran producan tr igo y soja, cuyos excedentes eran importados a precios subsidiados hacia muchas de las j venes naciones africanas y asiticas. En las provincias de Ro Grande del Sur y de Uruguay se producan uvas finas, transformadas en el mejor vino tinto del planeta por las pequeas co mpaas vitivincolas familiares. Del otro lado del Paranapanema, los brasileros todava practi caban el monocultivo cafetero, mechado aqu y all con cultivos de soja. Ya cerca de popa, siguiendo las indicaciones lu minosas instaladas en las mamparas de la cubierta superior, descend por una escalera en espiral que desembocaba en el recibidor del restaurante de primera clase. Apenas dos de las cuatro largas mesas de ocho lugares estaban tendidas, con platos, vasos y cubiertos. Avist al matrimonio Hoffmann sentado en una y me dirig a ellos. Me sent en el sitio indicado, frente a Hans Hoffmann, hombre blanco de casi treinta aos, de piel bien clara, ojos azules y cabello castao. Un camarero que sali de la cocina retir de la mesa la tarjeta con el nombre de mi identidad falsa. Los agent es, que me haban seguido de cerca, se sentaron poco despus. El ms robusto, el Sr. Pereira se gn la tarjeta, se sent a mi derecha, frente a Inga. Su amigo, el Sr. Silva, se ubic a la de recha del primero, frente a un asiento vaco sobre el cual la joven alemana haba depositado su infalible holocmara.

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70El Mayor de la D.G.I., que utilizaba el mism o nombre con que se haba presentado ante m, lleg unos minutos ms tarde, salvndome de una fastidiosa conversacin con la pareja alemana, que versaba sobre la diversidad de la flora que an quedaba en la regin de Paranapanema. El asunto, confieso, estaba mu y lejos de ser uno de mis puntos fuertes. Los alemanes articulaban un castellano tan bueno como el mo. El hecho no me caus sorpresa, considerando la maciza influencia cu ltural paraguaya, tambin presente en Europa, por lo menos desde el fin de la Guerra Mundi al de 1927, y el consecuente plan de auxilio econmico emprendido por Asuncin en las naciones europeas de posguerra. Con una sonrisa cautivante hacia los aleman es, Hernndez se sent en la cabecera ms distante, quedando el atltico Sr. Silva a su izquierda. El comandante fue el ltimo en llegar, casi di ez minutos despus de Hernndez. Sentado en la cabecera a mi izquierda, el Teniente de Corbeta Ruiz Daross me pareci menos paraguayo que Hans Hoffmann. A lo largo de la comida, conf irm lo que sospechaba: el oficial reformado haba nacido en la ciudad guaran de Blum enau, una colonia de inmigrantes alemanes y austracos radicados en la provincia de Santa Catarina una dcada despus del final de la Guerra de la Triple Alianza. Rubio, alto, de ojos verde agua y comple xin robusta, el comandante aparentaba haber conservado intacto su vigor an en la madurez. Hablaba alemn, castellano, portugus y, como descubr ms tarde, guaran con igual fluid ez. Demostr ser un hombre extremadamente simptico, expansivo y de temperamento extrove rtido. Nos cont que la carrera naval era una especie de tradicin en su famili a: el abuelo haba peleado en la Guerra Mundial para la Marina Paraguaya, protegiendo los convoyes que transportaban alimentos y armamento a la patria de sus padres y a sus aliados austro-hn garos. Un hermano de su padre haba sido agregado naval en el Departamento Britnico de Hawaii, actuando como observador neutral durante la guerra sangrienta, prolongada e inc onclusa que los ingleses y australianos haban trabado contra el Imperio Nipn del Pacfico. Degustamos nuestros aperitivos mientras los ca mareros nos servan apetitosos filetes de excelente carne bovina paraguaya. La joven al emana me hizo una pregunta en castellano: —Y bien, qu novedades hay en Brasil? Record que la pareja haba abordado la Espritu Santo en el puerto fluvial de Itarar, despus de dos horas de viaje en turbomnibus expreso. Ha ban tomado ese expreso en el interior del Aeropuerto Internacional de Ro de Janeiro, minut os despus de desembar car del estratosfrico procedente de Berln. Deban sentir mucha curios idad, por cierto, de saber qu haba de nuevo en un pas que haban cruzado tan rpido. Decid evitar toda mencin a los asuntos de car cter tcnico o cientfico, y no me atrev a arriesgar comentarios sobre poltica. Despus de todo, como tpicos europeos que eran, los Hoffman deban creer devotamente que los br asileros no entendamos nada del asunto. No importaba que fusemos la quinta economa de l mundo. En la opinin de los alemanes, siempre seramos —apenas— el "Pas del Ftbol". El estereotipo no me irritaba, al contrario de lo que ocurra con la mayora de mis compatriotas. —El nuevo tcnico de la seleccin es Rodrgues. Escuch que la lista de los convocados para la Copa de Japn debe estar por salir este mes. Hernndez asinti casi imperceptiblemente y apr ovech el pie. —¡Pero todava faltan casi dos aos para el Mundial del 95! Hans Hoffmann ri y mir a su esposa con el aire de triunfo de quien acaba de ganar una apuesta. Ese era el lado malo de ser pentacampeones mundiales de ftbol, mientras que Paraguay y la Confederacin Germnica slo posean dos ttulos cada uno. Los paraguayos, nuestros vecinos y "clientes" habituales, conocan bien nuestra manera de ser. Pero para los

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71extasiados alemanes todos los brasileros ramos grandes especialistas en el severo deporte britnico. Atento, el comandante pareci percibir que mis conocimientos futbolsticos no eran gran cosa, aparte de la afirmacin sobre Rodrgues. Desgraciadamente, se port como un autntico caballero porteo y decidi sacarme del brete, sin olvidar la curiosidad expresada por los alemanes. —La ltima gran novedad en Brasil, bella jovencita, es la desaparicin de un fsico importante. Jefe de investigacin de un proy ecto secreto de grandes proporciones que, segn dicen, desarrollaba en la Universidad de Sao Paulo para el gobierno brasilero. La noticia fue la sensacin del almuerzo. Sent que se me helaba la sangre. Mis ojos bu scaron los de Hernndez, pero ste insista en sobarse el lustroso bigote mientas examinaba mi nuciosamente su bife, como si pretendiese descubrir en l una salida para la situaci n peligrosa en la que nos encontrbamos. Pereira se mostr indignado. —¡Pero eso todava no sali en los diarios! Por un momento, el comandante Daross an aliz la fisonoma del agente, como un estratega de algn ejrcito invasor buscando encontrar una fa lla en las murallas de la ciudadela enemiga sitiada. Despus se relaj y sonri, comentando en tono de confidencia: —Todava no. Recib la noticia hace casi una hor a, por telefax. Mantienen cierto sigilo, pues parece haber sospechas de sabotaje, y ese tipo de asuntos normalmente puede terminar con alguna crisis diplomtica. Hay insinuaciones de que el investigador intentara huir hacia nuestro pas. De cualquier modo, probablement e maana aparecer toda la historia en los diarios. —Y usted, por casualidad, recuerda el nombre de ese cientfico? —El joven alemn pareca demasiado interesado para mi gusto. Hernndez me lanz una breve mirada de advertencia. —Claro. Se trata del profesor Julio Csar Albuque rque Vieira. Segn el fax, se gradu en la Universidad de Campinas, hizo la maestra en el Instituto de Astronoma y Geofsica de la USP y el doctorado en el Instituto de Fsica Av anzada de Asuncin; durante varios aos fue profesor titular del Centro de Investigaciones Co smolgicas de la Ciudad de Lpez. Es el fsico brasilero que recibi el Premio Nobel de Fsica en 1985. Hoffmann abri mucho los ojos y chifl. —¡Al buquerque, el gran terico de los pliegues espaciotemporales! No saba que estaba trabajando en un proyecto secreto... —Si todos lo supieran no sera secreto —brome Hernndez, haciendo gala de una sangre fra admirable. Trabajar all haba sido, sin duda, una psima idea. En aquel momento, haca cinco aos, cuando el Gobierno me ofreci un laboratorio completo para probar mis teoras, un equipo de fsicos e xperimentados de nivel internacional y fondos virtualmente ilimitados, me sent como su estuviese ganando un segundo Nobel. Las condiciones no eran peores que las que me haban ofrecido en caso de que decidiera irme a trabajar a la Repblica Guaran, la Confederacin Germnica o el Imperio Nipn. Una tonelada y pico de orgullo idiota y un eg osmo fuera de lugar, mezclados con una pizca o dos de patriotismo mal aplicado, me hicieron casi pactar involuntariamente con la obliteracin del mundo conocido. Desde mi maestra en el IAG vena dedicndome a la tentativa de comprender la estructura y el comportamiento de los pliegues espaciotemporales. Las ecuaciones que utilizaba en la descripcin de esa estructura prevean la posibilidad terica de rastrear los flujos de perturbacin purament e temporal de un pliegue de cuarta especie. En trminos legos, esto significa la posibilidad de visualizacin de un conjunto de eventos

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72pasados en las proximidades de un objeto masivo. En el caso de un slido con la masa de la Tierra, la persistencia mxima de un flujo es de casi cuatrocientos aos. Cuando regres a la USP, despus de un largo pe rodo de perfeccionamiento en el Unicamp, para asumir la coordinacin cientfica del Proyecto Cronos, no esperaba construir una mquina del tiempo. Al menos, no un mecanismo de estilo victoria no como el propuesto por el escritor de ciencia ficcin ingls Herbert Wells... Crea, sin embargo, que tal vez seramos ca paces de fabricar una especie de "televisor temporal". Un dispositivo que proporcionase la visualizacin de sucesos histricos pretritos; una herramienta tecnolgica poderosa, no slo como instrumento auxiliar para la investigacin en el Departamento de Historiografa Aplicada de la universidad, sino, principalmente para, a travs de puestos de trabajo ni siquiera imagin ados, modificar la sociedad humana como un todo, volviendo a la civilizacin actual ms conscien te de la compleja vida cotidiana de las culturas pasadas y, por comparacin, de los ca minos posibles para llegar a un futuro mejor. Ingenuidad. Idealismo pueril e increblemente tonto. Finalmente —despus de ms de cuatro aos de clculos, simulaciones por computadora, soluciones numricas y fabricacin de componentes, algunos de los cuales implicaron el desarrollo de tecnologas especficas enterame nte nuevas— el rastreador estuvo listo. Nos tom ms de un ao y ocho meses ajustar el e quipo para la obtencin de hologramas ntidos, y cuatro meses graduar la profundidad de pe netracin temporal del haz de rastreo. Recin entonces comprendimos que algo andaba mal. El rastreador funcionaba perfectamente. La pr ogramacin era correcta, tanto en nitidez como en graduacin de profundidad. No obstante los hologramas, los hologramas en s, eran errneos. No es que hubiera fallas en el proyecto. Sencillamente, los hologramas, a partir de un determinado punto, no coincidan con los sucesos histricos tal como sabemos que ocurrieron. —Seor Oliveira, se siente bien? Apenas toc el filete. La comida no es de su agrado? —Est deliciosa —le asegur al comandante, cuyo semblante mostraba preocupacin y cierta curiosidad—. Es que estoy un poco d escompuesto. Con nuseas por el viaje, creo. —Pero el ro est tan calmo. El barco casi no se sacude... —Aparentemente molesto por mi pretexto de susceptibilidad al balanceo de su embarcacin, decidi cambiar de tema—. Pasemos al postre, entonces. Sent alivio por dejar de ser el centro de at encin. La sensacin se desvaneci cuando percib la velada cautela con que los dos agentes, pr cticamente callados durante todo el almuerzo, examinaban mi comportamiento y reacciones. Intent disimular lo mejor posible el escalofro de miedo que se desliz a lo largo de toda mi espalda. Pens en lo que ocurrira si me capturaban y re patriaban a Brasil. El juicio y la ejecucin no me atemorizaban tanto. Mucho peor sera la condenacin pblica. Los millones de rostros furiosos que, ignorando el propsito que haba gui ado mis actos, pronunciaran solamente la misma palabra odiosa con que el viejo emperador haba sido insultado durante la partida de su navo hacia el exilio en Europa: "¡Traidor!" Despus del postre, el comandante demostr, una vez ms, ser un excelente anfitrin, mandando servir un amaretto simplemente soberbio. Por desgracia, con el sistema nervioso ya hecho trizas, me vi obligado a cometer el ms ingrato de los sacrilegios: tomar ese digestivo de

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73calidad superior sin la debida apreciacin ni el placer gustativo correspondiente. Engull el contenido de la minscula copa de un solo trago, sin sentir el bouquet ni el sabor. Disculpndome con los dems, me levant y me dirig al camarote a paso rpido. No me import en lo ms mnimo que los seores S ilva o Pereira siguieran mis movimientos. 3: UN MAPA MUY EXTRAO En el camarote me sent un poco menos inseguro. Supuse que los agentes probablemente no haban osado instalar equipos de escucha. De cualquier modo, no me arriesgu al punto de remover la mscara de material biosint tico que me recubra todo el rostro. Encend el micro del camarote, colocndolo en modo teletexto. Ingres a las tapas de los principales diarios paraguayos y brasileros. Toda va no haba noticias sobre la fuga. Segn me haban dicho, las ediciones pe riodsticas en teletexto eran actualizadas cada tres horas. La ltima actualizacin haba sido poco antes. Treinta minutos despus de la prxima, pens, si todo sala bien, yo estara desembarcando en el puerto fluvial de Barranquilla, del lado paraguayo del ro. Desactiv el micro y gir el silln de la c onsola, quedando de frente a la mampara opuesta. Haba un mapa fijo en un cuadro, protegido con vidrio y moldura. Ya haba reparado en que se trataba de un cuadro antiguo en ocasin de pasar brevemente por el camarote, antes de la partida de la barcaza, para sacar algunos objetos personales de la maleta y guardarlos en el armario. Observndolo ms atentamente, percib que el mapa era considerablemente elaborado. El trabajo de un artista: hecho a mano y, sin embar go, perfecto hasta en los ms mnimos detalles y tonalidades, como si hubiese sido ejecutado por un programa grfico de ltima generacin. Un mapa de Amrica del Sur. Bien de lineado, mostrando el relieve los ros principales, islas y lagos, y las ciudades. Como todos los br asileros, estaba acostumbrado desde la infancia a los mapas geopolticos del subcontinente. Era el segundo que presentan los hologramas gene rados en los programas educativos, que los padres comnmente alquilan para hacerlos correr en los micros de sus hijos en edad escolar. Enseguida despus del holo de Brasil, al inicio del mdulo de geografa. Una figura bastante familiar y, al mismo tiempo, extraa. Eso, al menos, haba cambiado muy poco desde que era nio. Me haban dicho que, en los programas ms recientes, los holomapas de Amrica del Sur ya aparecan con las ciudades y accidentes geogrficos de las regiones paraguayas conquistadas durante la Guerra de la Triple Alianza desi gnadas en castellano y no en portugus. Por los nombres que sus nuevos amos les haban dado. Ciudad de Lpez en vez de Porto Alegre? No s si me hubiese gustado ver un holomapa as... Pero un da, tarde o temprano, la sociedad brasilera iba a tener que encarar la historia de frente. Nuestros antepasados haban perdido una guerra que haban consider ado ganada. Una guerra en la cual debamos ser, aparentemente, dueos de todos los triunfos. Despus de tanto tiempo, ya no serva de nada avergonzarnos por la incompetencia y por las fallas estratgicas de los generales del Imperio. Tenamos que reconocer los hechos hist ricos y dejar de escondernos detrs de las disculpas del tipo "podra haber ocurrido si hubisemos ganado la guerra". Dej de filosofar sobre esa "poltica del avestru z" mantenida haca ms de un siglo por la cultura brasilera, fijando la atencin en el trab ajo de artfice. Creo que fue una especie de mecanismo de fuga, algo capaz de hacerme ol vidar momentneamente la crisis que haba culminado en mi escape de Brasil, despus del sabotaje del Proyecto.

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74La Gran Repblica del Paraguay mereca la desi gnacin. En una tonalidad de vino rosado, se destacaba como el pas de mayor rea de Amrica del Sur, incluso sin contar al Protectorado del Mato Grosso, bajo contro l poltico y econmico paraguayo. E se gran territorio se extenda, en rojo claro, hasta la margen sur del Amazon as. A pesar de rebautizarlo en castellano, el portugus segua siendo, a despecho de los esfuerz os e incentivos de las autoridades guaranes, el idioma ms hablado de la regin. Al este, baados por el Atlntico, los dos nicos estados independientes que quedaban del otrora vasto y orgulloso Imperio Brasilero de la poca anterior a la Guerra de la Triple Alianza. Ms grande y ms al norte, en azul c obalto oscuro para que no se confundiera con el tono ms claro del ocano, estaban nuestros v ecinos de lengua portuguesa, la Repblica de Pernambuco, ltima dictadura militarista que que daba en el subcontinente. Al sur, ms pequeo, pero ms rico e industrializado (en gran parte, reconozco a regaadientes, gracias a las reformas econmicas impuestas durante la Ocup acin), est Brasil. En verde claro, nuestro territorio, que antiguamente ocupaba casi la mitad del subcontinente, apareca reducido a sus proporciones actuales, poco menos de 1.000.000 km2. La obra de arte me hizo recordar aquel otro mapa. Una figura bidimensional compuesta por dos subprogramas del Proyecto a pa rtir de las holografa s generadas por el rastreador temporal. Una Amrica del Sur diferente. Brasil con un te rritorio an mayor que el de la poca del Imperio. Un pas con dimensiones de continente y, a pesar de ello, dbil. Y muy pobre... Habitado predominantemente por un pueblo famlico e ignorante. Un pas cruel, cuyo sistema econmico era un tipo de capitalismo que, en much os aspectos, era an ms salvaje que el practicado por el Imperio Britnico a media dos del siglo pasado. Un Brasil cuyas riquezas estaban concentradas en poqusimas manos, situac in sin paralelo en ningn pas actual de nuestro mundo. Un Brasil de una Tierra que no haba sido be neficiada por casi sesenta y cinco aos de Pax Paraguaya Mis divagaciones se vieron interrumpidas por un est allido seco proveniente de la puerta. Yo la haba cerrado con llave, pero el picaporte giraba. Apenas tuve tiempo de levantarme del silln cu ando Silva y Pereira ingresaron al camarote sin la ms mnima ceremonia. Silva llevaba una pe quea pistola-ametralladora, mientras que el otro mantena las manos ocupadas con un ap arato minsculo, ciertamente el que haba permitido la apertura de la cerradura electrnica. Deshabilit el dispositivo y lo guard en el bolsillo del pantaln. Coment en tono casual: —Estas cerraduras antiguas siempre terminan dndome ms trabajo. Imagnese, casi diez segundos para desarmarla. Silva le lanz un breve vistazo de reprensin. Desvi ligeramente el cao del arma, de mi cabeza a la mampara que estaba a unos centmetro s a la derecha, en un gesto calculado cuyo objetivo tal vez era tranquilizarme. —Le solicitamos que permanezca calmado, Sr. Oliveira. No existe el menor motivo para temer. Somos policas federales. —Con la ma no libre me mostr un distintivo de plstico metalizado, con las armas nacionales en relieve y su fotografa en colores con las placas de oficial sobre los hombros—. Slo pretendemos revisarlo y examinar sus documentos. —Mera cuestin de rutina —explic Pereira, guindome el ojo mientras estiraba la mano hacia atrs para cerrar la puerta. Todo fue muy rpido. No advert muy bien en qu momento entr Hernndez al camarote. Solamente s que debe haber atravesado el umbral de un salto, antes de que Pereira cerrara la puerta. En un instante, yo estaba solo con los dos agentes; en el siguiente, el oficial de la D.G.I. ya se encontraba en el centro del aposento.

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75Dotado de una agilidad que yo jams le hubiese atribu ido, salt sobre el macizo Pereira, como un David contra Goliath. Con un puntapi aplicado de lleno en el rostro del gigante, lo derrib sobre la alfombra del camarote donde el agente qued tirado. El paraguayo no dispuso de tiem po para colgarse los laureles de la victoria parcial. Las dcimas de segundo que me dedic, cuando prete ndi, con una corta sonrisa, asegurarme de que tena todo bajo control, fueron bien aprov echados por Silva, que, con un golpe seco de la corona de su arma en la nuca del enjuto ofic ial lo puso fuera de combate. Hernndez cay primero de rodillas y luego, con un gemido, se desplom sobre Pereira, quedando igualmente inconsciente. —Un falso ejecutivo de empresa estatal para guaya viniendo en auxilio de un industrial brasilero. —El agente ya no intentaba simula r simpata. El cao de la pistola volvi a apuntarme al crneo—. Esto me parece muy ex trao. Creo que mis sospechas tal vez no son tan infundadas, verdad, profesor? —No s de qu me est hablando. ¡Presentar mis quejas al comandante por esta conducta injustificable! Reconozco que, como bluff, mi amenaza era irrisoria. En mi defensa, alego que apenas lograba mantener la sangre fra, dadas las circunstanci as. Lo que, por s solo, ya era muy difcil. —Claro que las presentar. —El tono de voz del agente revelaba todo el desprecio que senta—. ¡Colaboracionista! Incluso ochenta y tantos aos despus del t rmino de la Ocupacin, eso se consideraba una ofensa grave. Sent que la sangre me suba a la cara por debajo de la mscara del disfraz. —Deseara presentar el reclamo ahora mismo, mi amigo? Silva y yo miramos en direccin a la puerta al mismo tiempo. El comandante ingres silenciosamente al aposento. En la mano derecha llevaba una pistola semi-automtica de fabricacin paraguaya. La a puntaba hacia el pecho del agente, de manera inequvoca. Atrs de l, y tambin armados, estaban Hans e Inga Hoffmann. Sorprendido y furioso, Silva estuvo a punto de reaccionar. Pero, felizmente, parece que tambin advirti a los otros dos. Despus de un impasse de uno o dos segundos, evalu de forma correcta la obstinacin en la expresin calma de Daross. Resoplando una palabrota, atendi al gesto del comandante y solt el arma. Inga se aproxim, cautelosa; se agach y recogi rpidamente la pistola-ametralladora. Hans retir un rollo de hilo sinttico de uno de sus bolsillos. En menos de un minuto, Silva se encontraba inmovilizado, slidamente amarrado al silln. Hans y el comandante tuvieron un trabajo consid erable para sacar a Pe reira de debajo del oficial de la D.G.I. y colocarlo sobre la ca ma, en donde lo ataron. Durante aquella ardua maniobra, Inga me mantuvo bajo la mira de su minsculo revlver. Cuando Hans pens que el trabajo con las cuerd as de neohilo haba terminado, el comandante apunt a Hernndez, todava inconsci ente, y emiti una orden en alemn. Con eso disip cualquier resquicio de duda. Cualquier persona poda imaginar que Ruiz Daross sera capaz de traicionar a sus empleadores brasileros en beneficio de Paraguay. Al fin y al cabo, era su patria. Pero jams me ha ba pasado por la cabeza que estuviese traicionando a ambos en favor de los germanos.

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76Deba, a pesar de todo, ser de rango bastante alto en las filas del servicio de espionaje alemn, a punto de estar apto para comandar a agentes nativos de la propia Confederacin Germnica. Deba ser el resultado de ese maldito jus sanguinis de ellos... Hans trajo un silln del camarote vecino. El oficial paraguayo tamb in qued amarrado. —Puede quitarse la mscara, profesor Albuquer que. —Daross todava me pareca simptico y sincero, a pesar de que lo considerara un traidor Tendra sus propios motivos ticos?—. Est usted entre amigos. Con cuidado, me arranqu el disfraz. So lt un suspiro de alivio, no tanto por estar temporalmente libre de la incomodidad ocasionada por la mscara, sino por el hecho de que ya no me obligaran, como se configuraba hasta hac a unos minutos antes, a regresar a Brasil para ser juzgado por alta traicin. —Pretenden secuestrarme? —¡No, lgicamente que no! —La indignacin de la alemana Inga Hoffmann, o cualquiera que fuese su nombre, me pareci autntica—. S lo deseamos que usted aclare algunos detalles respecto del Proyecto Cronos. Despus, si corresponde, tendremos que llevarlo a la Confederacin. No ser una tarea sencilla ni d esprovista de riesgos, podemos asegurarlo. Pero, si tenemos xito, usted encontrar todas las fac ilidades dignas de un cientfico de su jerarqua, para que pueda volver a distinguirse en el rea de la fsica terica. —Y qu detalles son sos? —Intent no sentir me eufrico. Abstrayendo el problema del idioma, la Confederacin tal vez se tornara una patria adoptiva mejor que la Repblica Guaran. Adems de la perspectiva de vivir en una de las potencias capitalistas ms prsperas, mis compatriotas no me consideraran un colaboracionista. —Vamos a comenzar por el principio. —El comandante se dio vuelta hacia la joven alemana y pidi en castellano:— Heidl, por favor, mustrale la fotografa del mapa. Inga retir lentamente un peque o sobre del bolsillo del saco. Me lo puso en las manos. Algo dubitativo, retir la radiofoto de su envoltorio. Un mapa de Amrica del Sur. Levant rpi damente los ojos hacia el trabajo artstico enmarcado en la mampara y los pos nuevamente en la foto. Las divisiones polticas estaban mal. Hacan que el subcontinente dejara de parecerse al que de hecho existe en nuestro mundo. Brasil ocupaba la mitad del rea de tierra firme, manteniendo a las Guayanas, Surinam, Venezuela y la mayor parte de Colombia al norte de la lnea del ecuador. Incluidas dentro de las fronteras brasileras estaban tambin las tierras al sur del estado de Sao Paulo y la regin al sur del Pr otectorado del Mato Grueso, anexadas por la Repblica Guaran despus de la Gu erra de la Triple Alianza. En aquel mapa, el propio Paraguay pareca insi gnificante. El Protectorado, al igual que la Repblica de Pernambuco, no exista. En compar acin, haba un Uruguay soberano al sur de ese Brasil gigantesco. Como diferencias secunda rias, se notaba que la Repblica del Per haba perdido casi la mitad de su territorio en favor de nuestro pas. (H aba perdido no; haba dejado de ganar. Despu s de todo, aquellas eran las tierras que los peruanos haban conseguido arrebatarle a un Imperio agonizante, sin que los brasileros, o incluso el Ejrcito Paraguayo, pudiesen hacer nada al respecto). Colombia apar eca sin su extensin centroamericana que, segn un historiador asociado al Proyecto, se hab a vuelto un pas independiente, ¡con la ayuda de los Estados Unidos de Amrica! Bolivia y la Confederacin Argentina aparecan con territorios considerablemente mayores. sta ltima se extenda desde el sur de Bo livia, en donde, en nuestro mundo, es todo nicamente paraguayo, hasta Tierra del Fuego, que, segn todo indicaba, haba conseguido de algn modo compartir con Chile.

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77Los servicios de espionaje germnicos haban realizado un buen trabajo. Conoca de cerca el esquema de seguridad que cercaba las instalaciones del Proyecto. No deba haber sido fcil obtener esa radiofoto. —Sabemos que usted orient la construccin de una especie de televisor temporal, profesor Albuquerque. —La voz de Daross continuaba ta n pausada y agradable como siempre. —Un aparato de gran porte, capaz de exhibir evento s pasados, de acuerdo con lo que algunos de nuestros agentes infiltrados nos han informado. Hans torci la cabeza y clav la vista en su "es posa", como si quisiera preguntarle algo. Daross continu: —No comprendemos, sin embargo, el origen de esta fotografa. Segn los informes transmitidos, el holograma fotografiado retrataba el interior de un aula de un colegio brasilero donde, hace cerca de treinta aos, se dictaba una leccin de geografa. Acaso podra explicarnos las discrepancias existentes en el mapa? —Algunos de nuestros investigadores plantearon la posibilidad de que la holografa represente una pelcula de ciencia ficcin, con un argumento de historia alternativa. —El joven alemn pareca ser uno de los partidarios de la hiptesis que acababa de enunciar. ¡Touch! Cuando era joven, sola devorar las revistas para guayas de ciencia ficcin. Las tramas basadas en historias alternativas —donde la divergencia en cuanto a uno o varios sucesos histricos pretritos transformaban enteramente el presente— eran, de hecho, muy interesantes. Haban sido, desde haca mucho, mis predilectas. Todav a recuerdo un relato en el cual los paraguayos y alemanes haban perdido la Guerra Mundi al, posibilitando la expansin del Imperio Britnico, hasta que ste haba llegado a englobar la totalidad del continente afro-eurasiano; y de otro en el que los norteamericanos no haban adoptado una poltica aislacionista y retrgrada, optando por influir decisivamente en los sucesos histricos externos a sus fronteras y transformndose en la mayor superpotencia mundial. Desgraciadamente, la realidad haba superado por mucho la prodigiosa imaginacin de los ms notables y delirantes autores de ciencia ficcin. Y del modo menos pensado. 4: INTERFERENCIA DESTRUCTIVA Lanzando un largo suspiro, comenc la explicacin: —El rastreador temporal no lograba sintonizar los eventos pasados de nuestra realidad. Desde el punto de vista del multicontinuum, era como si esa otra realidad emitiese seales de flujo temporal de intensidad ms elevada. Por ms que intent analizar el fenmeno no poseo, hasta el momento, una explicacin definiti va para la causa que lo motiv. —Al menos tiene usted una idea de la raz n de esa... interferencia? —El trmino utilizado por el comandante funcionaba como analoga, aunque estuviese lejos del rigor cientfico mnimo deseable. —S, una idea. Aparentemente, por ms extra a que nos parezca, esa realidad alternativa tendra una mayor probabilidad de ocurrir que nuestra propia realidad. Estpidamente mayor. El joven Hoffmann, olvidando gran parte del entr enamiento cientfico al que ciertamente se haba sometido, se indign, enunciando el mismo argumento falaz que yo ya estaba cansado de escuchar de boca de tres o cuatro cientficos brillantes de la USP: —¡Pero nuestra realidad es la nica verdadera!

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78 —Es cierto. —Suprim la sonrisa irnica apenas me surgi en los labios—. Desde nuestro punto de vista, claro. Los ciudadanos de esa realidad alternativa tambin se consideran bastante reales... —Y lo son, verdad? Cuntas veces yo mismo me haba hecho esa misma pregunta pertinente, ahora formulada por Inga Heidl? —Tanto como nosotros. No sabemos cuntas realidades diferentes existen, pero todas son indudablemente reales en sus propias estructuras espaciotemporales. A travs del rastreador no logramos visualizar ninguna de ellas, ni siquiera la nuestra. Ninguna, con excepcin de esa realidad alternativa en particular. Tal vez debi do al hecho de que sta sea, incluso en relacin con nuestro propio continuum, extremadam ente ms probable. Adems de estar considerablemente prxima, por as deci r, de la realidad de habitamos. —Comprendo. —Daross inspir profundo y mir al techo como si estuviese haciendo una minuciosa inspeccin del camarote. Solt el aire y me mir intensamente—. Este extrao mapa representa el subcontinen te sudamericano como realmente es en su propia realidad, no? —Exacto. No se trata de ciencia ficcin. Si l es sirve de consuelo, hasta consultamos algunos autores, crticos y estudiosos de ese gnero litera rio. Es apenas un mapa escolar. Verificamos que se utilizaba en una prosaica aula de un colegi o de monjas de un pueblo del interior de la provincia de Minas Gerais, en el ao 1964 perteneciente a esa otra realidad. —Hasta qu punto esa otra realidad difiere de la nuestra? —Son absolutamente idnticas, hasta un determ inado punto crucial, donde ocurri la divergencia. La coincidencia total entre las dos lneas histricas en pocas anteriores al punto de divergencia fue exhaustivamente verificada, escudriando directamente en el pasado, y a travs de la lectura indirecta de registros histr icos alternativos, tanto en salones de clase como en bibliotecas pblicas. Todos los acontecimientos histricos estaban en su debido lugar. El antiguo Imperio Egipcio, las guerras mdicas, Roma y Bizancio, el Renacimiento, la expansin martima de Europa Occidental, la independencia de las colonias de Amrica, la Revolucin Francesa, la Era Napolenica y el C ongreso de Viena, el imperialismo capitalista britnico y todo el resto. Todo igual. Al menos hasta la Guerra de la Triple Alianza. —¡ Lieber Gott —Hans Hoffmann finalmente comprendi el significado del mapa de una manera visceral—. ¡La Triple Alianza derrot a Paraguay! Asent. La alemana no se mostr satisfecha y pidi detalles histricos. Haca tiempo que yo sospechaba que esa haba sido su especialidad antes de que entrara al servicio. —No soy historiador profesional. Temo no poder atender a su curiosidad en cuanto a algunos de los pormenores. Pero lo intentar. Creo que ustedes ya deben haber odo hablar de la Batalla Naval del Riachuelo, a poco de iniciada la Guerra. Yo mismo haba ledo bastante al respecto durante el ltimo ao. En nuestra realidad, Paraguay haba impuesto una derrota estrepitosa a la Armada Imperial, a pesar de que sus fuerzas estaban en inferioridad numrica, gracias al empleo de una tctica de miles de aos de antigedad. semejante a la utilizada por los atenienses para destrozar a la escuadra persa en la batalla de Salamina. Atacando de sorpresa y con la corriente a favor, las chatas paraguayas, pequeas y giles, armadas con caones, atrajeron a las naves brasile ras hacia las aguas poco profundas de una de las mrgenes. All, acorralados entre el fuego cerrado de las chatas, los bancos de arena y la artillera guaran instalada en la costa del r o, los navos de mayor tamao acabaron por encallar y ser presas indefensas de un abordaje cruel, o simplemente de los incendios

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79provocados en sus cascos de madera. Varios ofic iales de alto rango, inclusive un almirante, fueron capturados o perdieron la vida durante esa batalla. —No fue esa la victoria lo que permiti a Paraguay mantener el control del acceso fluvial al Atlntico? —La pregunta de Ruiz Daross era mera mente retrica. Como oficial de la Marina que era, deba conocer los grandes sucesos de la historia militar nava l de su pueblo mucho mejor que yo—. Si mal no recuerdo, meses ms tarde llegaron por esa va los cien mil fusiles ltimo modelo, fabricados en Europa, y los caones de gran calibre que Solano Lpez le encarg a Krupp. Afirm con la cabeza. El comandante de la Esprito Santo consider mi gesto como un estmulo para proseguir con su explicacin a la pareja alemana. —El Ejrcito Paraguayo jams fue tan numeros o como los estrategas de vuestro Imperio alegaban. Pero eran las tropas mejor entrenadas del hemisferio. La moral era alta, cosa, por otro lado, comprensible. Eran hombres libres y bien alimentados que luchaban por su patria, enfrentando ejrcitos de esclavos famlicos y conscrip tos desharrapados. Con el transcurso de la Guerra, ms soldados fueron engrosando las f ilas del ejrcito guaran. Despus de varias derrotas seguidas, los propios ex-esclavos reclut ados en las fuerzas del Imperio desertaron en favor del enemigo. Los vetera nos paraguayos ya eran expert os, lo bastante como para administrarles un adiestramiento militar eficaz. Los ojos del germano-paraguayo brillaban intensamente. Poda se r un traidor, pero veneraba las proezas marciales de los ejrcitos de Lpez como el ms ardiente de los patriotas guaranes. Pareca cada vez ms entusiasmado. —Rifles de repeticin norteameri canos y navos de poco calado construidos a toda prisa en astilleros franceses que fueron adquiridos a crdito, gracias a los acuerdos comerciales establecidos con los gobiernos de Washington y Pars, poco despus de finalizar la Guerra Ciivil norteamericana. Pero lo ms importante fu e el surgimiento, en Paraguay, de una clase dirigente fuerte, oriunda de las filas militares y cuyo florecimiento se debi exclusivamente a la Guerra. Esos oficiales mantuvieron a la Gr an Repblica de la post-guerra bajo el mando autoritario de Lpez, al menos durante un pa r de aos despus del trmino del conflicto. —Todo ocurri como usted lo expuso, comandante. En nuestra Tierra. Porque en esa realidad alternativa la escuadra comandada por Barroso obtuvo la victoria del Riachuelo, aislando al gobierno guaran de todo auxilio externo que n ecesitara y que, de otro modo, podra obtener. Claro que Paraguay no se entreg sin luchar. Fue necesaria casi media dcada para que fuese completamente derrotado. Su parque industr ial fue metdicamente desmantelado bajo supervisin inglesa. Tres cuartos de su poblacin fue exterminada durante el conflicto, en una autntica operacin de genocidio llevada a cabo por los militares brasileros. —¡Increble! —Despus de todos esos meses, yo me senta capaz de compartir la repulsin e incredulidad contenidas en la fisonoma de la alemana—. ¡El pas ms progresista de Amrica del Sur, la patria de la revolucin industrial humanizada y del socialismo, enteramente arrasado! —Arrasado es un eufemismo pueril que no describe en absoluto la situacin paraguaya de la post-guerra. Despoblado, despoj ado de varias porciones de su territorio y ocupado militarmente de una manera crue l, totalmente distinta de la ocupacin guaran en Brasil que conocemos; ese otro Paraguay nunca se recupe r, ni como nacin ni como pueblo. —Es raro tratar de imaginar el mundo sin la influencia paraguaya. —El comandante pareca listo para disparar una andanada de pregunt as. Pero termin limitndose a una sola—. El Imperio Brasilero se convirti en superpoten cia o continu presa del capitalismo britnico? —A pesar de haber pasado a ser repblica dos dcadas despus de la victoria de la guerra contra Paraguay, el pas se mantiene hasta el da de hoy subordinado al capital extranjero. Primero ingls, y despus norteamericano. Y no se trata apenas de Brasil. Cranme: todo ese otro mundo es infinitamente peor que el nuestro.

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80Pens en la situacin en que vivan los sector es ms pobres de esa otra poblacin brasilera. Record los hologramas de las familias misera bles, residentes en frgiles chozas, casi inmateriales, de las laderas de los morros cariocas. Del hambre crnica de millones de ciudadanos, gracias a la insensibilidad de un gobi erno que se finge incapaz de acabar con la sequa que contina asolando el interior brasile ro, las vastas regiones que en nuestro mundo corresponden a los matorrales irrigados de la Repblica de Pernambuco. Dios mo; no se haban saciado con el genocid io de la nacin paraguaya... ¡No! Tambin destruyeron las culturas autctonas, insistiendo c on la infame poltica de intentar "civilizar" a las tribus indgenas por medio del cuadrinom io religin-alcohol-prostitucin-enfermedades. Cmo explicar tales horrores a terceros, si yo mismo dudara de ellos en caso de que no los hubiese presenciado? Con un nudo en la garganta, continu: —En esa realidad alternativa, Brasil es la octava economa mundial de un planeta donde incluso los Estados Unidos de Amrica del Norte y Japn, las mayores potencias capitalistas, poseen ingresos per cpita inferiores a los del pas donde yo nac. —Lo de Japn se entiende. Pero... Estados Un idos? —La alemana me dedic una mirada escptica—. Ellos poseen el mayor mercado interno y el mayor parque industrial del mundo. Pero con esa poltica aislacionista y sus tecnologas y mtodos obsoletos... Cmo lo consiguieron? —Por lo que recuerdo, los Estados Unidos derro taron a Espaa al final del siglo pasado y se anexaron varias ex-colonias espaolas del Pacfi co y el Caribe. Por lo que parece, esos intereses extraterritoriales impidieron que los nor teamericanos permanecieran dentro de sus amplias fronteras continentales. Aparte de eso, en esta otra lnea histrica no existi un Paraguay fuerte y democrtico en el ltimo cuar to del siglo XIX que sirviera a los intereses norteamericanos y trabara las pequeas guerras hemisfricas en favor de Estados Unidos. —Un mundo dominado por el capitalismo norte americano —reflexion Ruiz Daross— no parece viable a largo plazo. Y qu result de las otras naciones? —En la mayora de los pases, las riquezas estn tremendamente concentradas en las manos de pocos poderosos, la mayora de los cuales sirv e, conscientemente o no, a intereses econmicos extraos al bienestar de la poblacin y al desarrollo de sus sociedades. En Brasil, gran parte de la poblacin carece de cobertura de sus necesidades ms bsicas. Suspir y retom el aliento, al igual que un poco de coraje para revelar mi peor trauma con esa otra realidad. El hecho que en gran medida me estimul para tomar la d ecisin de arruinar el Proyecto. —Los ciudadanos negros y mulatos son bastante discriminados en ese otro Brasil. Reciben salarios nfimos, son relegados a la marginalidad, obligados a vivir bajo condiciones de salud, vivienda y educacin que nosotros considerar amos subhumanas, impermeables a las pequeas cantidades de bienestar social que un Esta do inmoral intenta imponerles. Un Estado emparentado con un modelo econmico muy dife rente al que los paraguayos felizmente nos obligaron a aceptar despus de la derrota de la Gu erra de la Triple Alianza. A propsito, all denominan a ese conflicto como la Guerra del Paraguay. Silva haba permanecido callado durante toda la explicacin. No haba reaccionado con las amenazas esperadas ante la revelacin de su s preciosos secretos de Estado a los espas alemanes. Inmerso en un mutismo deprimido, se haba mantenido atento a la informacin que yo transmita a los agentes. Pareca asustado y completamente agotado, vaciado del propsito que hasta entonces lo haba animado. Sus ojos negros estaban muy abiertos, como si estuviese en un estado de pnico paralizante.

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81Pererira segua inconsciente. Recin entonces advert que sus labios sangraban y que su maxilar inferior, probablemente desarticulado, est aba torcido, en una posicin que haca que el agente pareciese atrapado en una mueca de pavor. El oficial paraguayo ya haba r ecuperado la conciencia. Un hilo de sangre se escurra por la parte superior de su cabeza, pero no pareca notarlo. Ensay unas severas palabras de censura por la revelacin de la verdad sobre el Proyecto a los alemanes y a Daross. ste ltimo gir en direccin a Hoffmann y emiti una orden lacnica: —Amordzalo. —Si prcticamente no exista una Repblica Guaran en la poca de la Guerra Mundial, quin ayud a Alemania y al Imperio Austro-Hngaro a contrarrestar la influencia del apoyo norteamericano al enemigo? —La joven tena la presencia de espritu necesaria para acertarle siempre a lo obvio antes que los dems. —Nadie. —Alemania debe haber perdido la Guerra. —El comandante se senta tan arrasado como si hubiese ocurrido en nuestra realidad. Saba ex actamente cmo eran las cosas—. Y la Confederacin Germnica? —Con la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, la Confederacin nunca lleg a crearse. —Primera Guerra Mundial? —Haba sincera c onsternacin en la voz de Hans Hoffmann—. Quiere decir que hubo varias? —Hubo una Segunda Guerra. Peor, mu cho peor que la Primera. —Y esa Primera Guerra corresponde al conf licto mundial que conocemos nosotros? — Incluso ante revelaciones tan asombrosas, la cu riosidad de Heidl no se saciaba con facilidad. —Ms o menos. Dur apenas cuatro aos, pero fu e muy mal resuelta. Con la derrota alemana, el pas entr en una grave crisis econmica. Esa crisis propici el surgimiento de un dictador. Un hombre que volvi a poner de pie a la na cin alemana y al orgullo de su pueblo. Remilitariz el Estado para lle varlo a un nuevo conflicto de pr oporciones mucho mayores que el anterior. Decenas de millones de personas sucu mbieron. Y la mayora de esos muertos eran civiles. —Y la Alemania actual? —Para nuestros parmetros, pauprrima, aunque sea una de las naciones ms prsperas de esa Tierra de pesadilla. Se encuentra nuevament e unificada bajo un nico gobierno, despus de casi medio siglo de estar dividida en dos pases distintos. —Y qu pas con el resto del mundo? —indag Hoffmann, pero no se tom el trabajo de prestar atencin a la respuesta, tan grande era su alivio de saber que su pas alternativo haba seguido un camino comparativamente ms agradable que su aliado tradicional. Respond, apenas para aplacar la necesida d de hablar del asunto con alguien. —Existen los pases ricos y los extremadamen te pobres, divididos por un foso de mutua incomprensin, profundo y creciente. No hay tr atados que preconicen la unificacin poltica o econmica planetaria, sino un snt oma de la ausencia de la Pax Paraguaya. Tienen lugar en el presente varios conflictos armados de proporcion es regionales, algunos de ellos de carcter separatista, tnico o religioso. Hasta hace muy poco tiempo, todava exista la perspectiva de un conflicto termonuclear global, lo que por ci erto habra llevado a la especie humana a la extincin. Ruiz Daross me miraba con expresin incrdula y desesperanzada. —No podan ser tan tontos. Slo habran sobrevivido las coloni as selenitas y las bases marcianas...

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82—No existen seres humanos fuera de la Tierra en la otra realidad. Comprendan, es un mundo pobre. Esa humanidad est bastan te atrasada en trminos de tecnologa espacial y reas relacionadas. El comandante caminaba de aqu para all. Se detuvo ante al mapa enmarcado, mirndolo como si quisiese certificar su veracidad. Tena un aire pensativo cuando se volvi hacia m y coment: —Todava no entiendo una cosa. Est claro que el descubrimiento de esa lnea alternativa grotesca y distorsionada lo dej a usted intens amente traumatizado. Lo mismo est ocurriendo con nosotros, y eso que no hemos presenciado personalmente los sucesos que describe. Es perfectamente entendible que usted abandonara el Proyecto. Pero, por qu huir de su pas de esta manera? Y por qu la alta cpula militar brasilera lo considera un traidor? Mir al piso alfombrado del camarote, sin cora je para encarar a mis interlocutores. Mi voz sali en un murmullo. —Por el hecho de haber frustrado sus planes de re gresar al pasado para alterarlo, y as permitir que Brasil venciera en la Gue rra de la Triple Alianza. 5: ABORDAJE DIRECTO —Cmo? —Daross se mostraba atnito—. Ms ciencia ficcin? Por lo que entend de los informes elaborados por nuestros fsicos, los viajes en el tiempo son imposibles. El propio rastreador slo nos permitira visualizar el pasado. —No son exactamente imposibles. El rastreador no se puede usar para visualizar un futuro que todava no existe. En compensacin, podr a funcionar, despus de una serie de modificaciones al proyecto original, como mquina del tiempo de sentido nico, para viajes en direccin al futuro. —Pero usted habl de viajes al pasado —reclam el joven alemn. —se es un asunto completamente diferente. Como se demostr hace varios aos, volver al pasado es una imposibilidad fsica. La prue ba de esa imposibilidad fue bautizada como Principio de las Paradojas Infinitas. —¡La Ley de Albuquerque! —El grito de Hoffmann son horriblemente eufrico. Tal vez haya sido apenas una impresin ma. El hecho es que detest esa designacin desde un principio. Sin creerme, de modo alguno, un pedante, siempre me jact de pertenecer, desde el inicio de mi vida acadmica, a la escuela de los hombres y mujeres de ciencia que creen que es profundamente presumido y grosero, adems de muy poco tico, bautizar a los principios naturales con nombres de personas, vivas o fallecidas. —Existe, con todo, un caso especial en que el vi aje al pasado sera, en teora, posible. Esto se dara siempre que hubiese una superposicin en tre dos realidades alternativas muy prximas. —Cun prximas? Feliz de haber sido interrumpido por Heidl, suspir profundamente, tomando aliento. Hans Hoffmann aprovech para explicarle a su colega: —Cuanto ms semejantes sean dos planos dife rentes de la realidad, o dos lneas histricas alternativas, ms prximos estar n, matemticamente hablando. —Eso mismo. —Me enjugu el sudor de la frente, aunque no tuviese tanto calor—. Segn algunos clculos, la superposicin que det ectamos permitira que se efectuase una transferencia, de una realidad a otra, de una can tidad de energa equivalente a una masa de 63 kilogramos. Si esa transferencia se diera de nuest ro presente hacia el pasado de la realidad

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83alternativa, eso no representara en s una violacin del P.P.I, por tratarse de continuos espacio-temporales distintos. Sera necesario, sin embargo, la construccin de otro rastreador, sellado en el interior de un tubo electromagntico en el interior de la atmsfera solar, pues el campo gravitacional terrestre es muy dbil para proporcionar la ruptura de la impedancia temporal, fenmeno esencial para las transferen cias al pasado. Una vez en el pasado, un cuerpo material en la otra realidad caera forzosamente hacia la nuestra. —No estoy segura de comprender el proceso. Bien, el fuerte de ella era la historia. No t odos los espas alemanes reciban conocimientos en las reas de ciencias fsicas o eran aficionados a la ciencia ficcin. No s bien por qu, pero me sent contento con esa pequea deficiencia del entrenamiento de los agentes de la Confederacin. Su supuesto marido vino una vez ms a socorrerla. —Es ms o menos como si esas dos realidades fueran calles paralelas. Una de ellas est cortada. Sin embargo, es posible ir de un punto A hasta otro punto B de esa calle. Para eso, basta con salir de las proximidades del punto A, tomando la otra calle no cortada. Seguiramos por esa nueva calle, hasta la altura del punto B. Ah retomaramos la calle original. Mir al joven alemn, admirado. Yo no hubiera logrado establecer una mejor analoga. —Usted debe haber recibido una formacin en fsica antes de ingresar al servicio secreto germnico... —No en ciencias fsicas, profesor. —Por primera vez desde la invasin de mi camarote, vi a Ruiz Daross sonrer abiertamente. Reaccin histrica?—. Hans Hoffmann, o mejor, Marcel Klein, posee un doctorado en literatura en el rea de ciencia ficcin. Ensea CF en la universidad mundial de Berln, adems de ser un escritor bien establecido dentro del gnero, bajo el seudnimo de Daniel Alvarez. Claro que conoca a Daniel Alvarez. Apreci aba sus argumentos orig inales y sus tramas engaosas. Extrao: siempre haba supuesto que se trataba de un autor paraguayo... El mercado editorial de CF tiene razones que la propia razn ignora. Pero Heidl an no estaba satisfecha. —No comprendo por qu el gobierno brasilero de sea alterar nuestra realidad. La humanidad permanecera, es lgico, no obstante todos los individuos dejaran probablemente de existir, siendo substituidos por otros diferentes. —Nuestro Secretario de Guerra estaba perfectamente al tanto de eso. Pero sucede que l tena un gran sueo. Es un patriota fantico. Un loco, en algunos aspectos peor que el Hitler de ustedes. —Quin? —Olvdenlo. Ya estoy cambiando gato por lie bre. —Percibiendo que no haban entendido, traduje:— Confundiendo las dos realidades distintas. Hitler era el dictador del que les habl. El que llev a la Alemania alterna tiva a la Segunda Guerra Mundial. —Todava parece difcil de creer. Y lo ms trgico es que yo poda decir lo mism o que el comandante. Decid omitir a Lenin, Stalin y a todos esos carniceros que destruyeron la oportunidad de crear un mundo de paz socialista que podra haber sido incluso mejor que el nuestro... ¡Y pensar que ellos llamaban socialismo a ese genocidio cruel, a ese equivocado absurdo institucional! Resolv aclarar la cuestin.

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84—El hecho es que muchos brasileros estaran dispu estos a sacrificar su propia existencia y la de sus descendientes, nacidos y futuros, para convertir a su pas en la mayor potencia del subcontinente. —¡Absurdo! Esto es irracional... —Como ge rmano-paraguayo, el comandante Daross nunca tendra una comprensin emocional plena de cun amarga haba sido para Brasil la derrota en la Guerra de la Triple Alianza. El brasilero comn crea devotamente que, en caso de haber vencido el conflicto, su pas ocupara exactamente el lugar de Paraguay co mo potencia hegemnica del escenario mundial. —S que es absurdo. Presenci lo que ocurre en el otro Brasil y no tuve el ms mnimo deseo de transformar a mi pas en esa nacin de ignor antes y hambrientos. Un pas gobernado hace ms de cien aos o bien por dictadores militares, o bien por polticos corruptos y megalmanos, ntimamente comprometidos con los intereses que juran combatir. Observ las fisonomas de los germnicos para ve rificar si haban comprendido. Mir a Silva, que permaneca callado, con un ai re de derrota en la final de la Copa del Mundo estampado en la cara. Hernndez estaba tranquilo. Sus ojos lanzaban chispas, escrutadores, fijos en mi persona, incluso cuando yo no hablaba. Pero fue el agente brasilero el que solic it que prosiguiera. Asent, sorprendido. —El Secretario de Guerra y sus seguidores no perc iban lo obvio. Slo lograban pensar en un pas de idioma portugus ocupando ms de oc ho millones de kilmetros cuadrados. Estaban nadando en sueos de grandeza, listos para intentar ahogar todo lo que la civilizacin conquist en estos ltimos ciento veinte aos. —Vamos a alertar a los lderes de la Confederacin. —Ruiz Daross pareca salido de un trance—. Impediremos a cualquier costo que Br asil lance naves espaciales capaces de llegar a la rbita de Mercurio. —Ya no hay motivos por qu preocuparse. La s uperposicin entre ambas realidades no existe ms. Fue definitivamente destruida; emit ms de 60 kilogramos de agua de la piscina del centro deportivo de la universidad hacia el futuro alternativo. —Cmo es eso? —se extra la especialista en historia—. No sera preciso un equipo localizado cerca del Sol para lograrlo? —No. Un rastreador sobre el Sol sera necesari o para emitir masa para el pasado alternativo. Igualmente, nuestras instalaciones no haban si do proyectadas para realizar emisiones de ningn tipo. Saba que una emisin forzada proba blemente destruira la mayor parte de los equipos. El rastreador en s qued hecho trizas. Cinco personas murieron durante la explosin que sigui al proceso de transmisin. Algunas de ellos eran amigos mos. Lo lamento bastante por ellos, pero sinceramente no pue do arrepentirme de lo que hice. —Pueden construir otro aparato... —La queja de la alemana me hizo recordar los ataques de capricho de mi nieta, una niita muy mimada. —No tiene importancia. Si lo hicieran, apenas podran focalizar al bueno y viejo pasado de nuestra realidad. El mismo pasado que hasta ahora no podamos visualizar. Como ya dije, la superposicin qued eliminada. Pa ra destruirla. no importaba mu cho el sentido de la emisin de esa energa, equivalente a 60 kilogramos de masa. Una vez emitida, las dos realidades se tornaron enteramente impermeables una a la otra. En beneficio de su compaera, Hoffmann/Klein/Alvarez explic lo obvio, afirmando: —Para nuestra propia realidad vale el P.P.I ., que torna imposible cualquier tentativa de manipulacin del pasado. Silva suspir aliviado. Los tres agentes de la Confederacin permanecieron en silencio durante los cinco minutos ms largos de mi vida. Par ecan estar digiriendo le ntamente la informacin

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85que les haba transmitido. Despus de un buen ra to, los dos alemanes miraron al comandante y ste asinti. A continuacin me dirigi la palabra en tono de disculpa. —Espero que comprenda, profesor. Para garantizar su seguridad, estamos obligados a someter a los dos policas federales de su pas a un pequeo lavado de cerebro. Sufrirn amnesia permanente en relacin con los ltimos dos o tres das. —Es realmente necesario? Parece tan brbaro. —Una solucin drstica, sin duda. Pero preferible a ejecutarlos pura y sumariamente. — Daross saba ser persuasivo. —Y en cuanto al mayor Hernndez? —La Gran Repblica y la Confederacin son aliadas desde hace ms de ochenta aos. Adems, en este caso en particular, no poseemos intereses en conflicto. —Hizo un gesto hacia Klein, ordenndole que soltase al paraguayo. Hernndez se levant del incmodo silln, ej ercitando cautelosamente las articulaciones y los msculos adormecidos. Se llev la mano izquierda a la cabeza, pareciendo recin entonces percibir la herida abierta en su coronilla por el agente brasilero. Gi mi despacio, esforzndose por mantener el porte y la dignidad. El oficial paraguayo cruz las ma nos, entrelazando todos los dedos a la vez. Se prepar para decir algo, pero fue interrumpido por un gesto brusco del comandante pidiendo silencio a los dems. Daross pareca estar tratando de escuchar algo. Casi podamos or las suaves batidas de las ruedas de la embarcacin en las aguas del Paranapanema... —¡El motor no gira! —Haba tensin en la voz del comandante. Escrut al agente brasilero con aire inquisitivo y se volvi hacia el alemn—. Marcel, verifica qu est pasando. —Esto me huele muy mal, seor comandante. Hasta parece cosa de estrategia a la brasilera — opin Hernndez, alisando tranquilamente su bi gotito—. No me sorprendera nada que ya hubiese fusileros navales a bordo. Daross lo mir irritado, como si el paraguayo fuese responsable por la s bita detencin de su barco. Pero Hernndez tena razn. Menos de un minuto ms tarde, regres Klein. Vena escoltado por dos hombres, apretados en el interior de los uniformes color vino tinto de los ayudantes de la Esprito Santo y por una mujer morena, atractiva y de mirada glida, disfrazada de mucama. Portaban pistolas Taurus 9 mm, decididamente apuntadas hacia nosotros. Los hombres y la mujer le hicieron la venia al agente amarrado, con un gesto cmicamente marcial, pero sin descuidar ni un segundo de los cinco prisioneros recin sometidos. La postura militar de los tres me pareci mucho m s rgida y formal que la de los federales. Mantenan una actitud pretendidamente altiva, extraamente disonante con sus cabellos mojados. La mujer empuj a Klein hacia adelante, hacindolo tropezar. Orden en portugus: —Suelten sus armas. Sugiero que no intenten r esistirse. Tenemos la situacin bajo control. — Nos mir a cada uno de nosotros por un momento, como verificando que habamos comprendido bien—. Slo para vuestra informacin, hay fusileros en el pasillo, en la sala de propulsin y en las cubiertas superiores de estribor y de babor. Los alemanes miraron a Daross y ste asinti en silencio. Los tres depos itaron cuidadosamente las pistolas y el revlver sobre la alfombra del camarote.

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86La "mucama" gesticul a sus s ubordinados. Uno de los "ayudantes" recogi las armas de los agentes germnicos, guardndolas dentro de una moch ila que tena sujeta al trax, en completa discordancia con el resto de su disfraz. Apunt hacia el alemn y enseguida hacia Silva. Klein mir al comandante, que hizo un guio de asentimiento casi imperceptible. Cuando Silva finalmente estuvo de pie, desper ezndose, los tres recin llegados se ubicaron en fila, an manteniendo las armas apuntadas. La mo rena volvi a hacer la venia y vocifer en tono rspido: —Saludos, capitn Gonalves. Teniente Primer a Ferret, Sargento Avelar y Cabo Moura, buzos del Grupo de Destruccin del Cuerpo de Fusileros Navales, presentndose a su comandante. —Gracias, teniente. Asumo el mando. —Silva le devolvi el saludo de manera algo relajada. Acept una pistola alemana que uno de los fu sileros le pas, y se volvi hacia nosotros, pidiendo en tono cansado:— Seor Olveira y seor Hernndez, tengan la bondad de liberar al teniente Marques. Hernndez y yo nos miramos sin entender nada. Silva, Gonalves, o como quiera que se llamase, continuaba utilizando nuestros nombres falsos. Mientras desatbamos al agente inconsciente, la teniente de fusileros presen t un breve informe de situacin a su superior. —Estamos con el submarino fluvial Tiet atracado junto a la borda de estribor, a mitad del barco, un metro por debajo de la lnea de agua Mantenemos todos los puestos importantes de la embarcacin bajo control. La mayora de lo s tripulantes est sometida y la mayor parte de los pasajeros ignora qu est ocurriendo... La fusilera se interrumpi, ab sorta, como si prestase atencin a algo que slo ella pudiese or. Se llev la punta de los dedos al odo derecho, atendiendo al zumbido grave de un auricular bidireccional. Despus de unos pocos segundos, inform: —El comandante Barbosa solicita que usted conduzca al traidor a bordo lo ms rpido posible. Haba llegado mi hora. En el fondo, siempre cre que sera capturado y llevado de vuelta a Brasil. All, antes del juicio, sera ciertame nte expuesto a la execracin pblica. Como si debiese expiar el pecado de haber salvado a la civilizacin no slo con mi existencia, sino con mi propia honra. Una reputacin impecable que en breve sera degradada hasta quedar hecha escombros. El capitn de la Polica Federal me escudri largamente. Por la fisonoma tensa, percib un esfuerzo extremo por tomar una decisin que ta l vez rompiese en forma definitiva con su condicionamiento cultural, para no mencionar lo s conceptos de lo que era verdadero y falso. —Excelente trabajo, Ferret. —Su voz transmita calma y tranquilidad. Pero sus ojos contaban otra historia—. Existi, sin embar go, un engao. Este hombre no es el profesor Albuquerque Vieira. No poda creer lo que oa. —Pero, seor, se parece mucho a las fotografas que examinamos antes del inicio de la misin... —Por cierto. Fue precisamente eso lo que me llev a transmitir el mensaje, diciendo que creamos haber encontrado al traidor. —¡Seor! Su informe afirmaba que el sospec hoso utilizaba un disfraz. —La fusilera estaba bastante confundida. Lo que el capitn deca no coincida con la informacin que haba recibido. A pesar de todo, Gonalves era un agente de alto rango de la Polica Federal. Sus declaraciones estaban por encima de cual quier posibilidad de cuestionamiento. Los reglamentos eran bastante explcitos: sus rdenes no podan ser discutidas, sino apenas cumplidas.

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87 —No se preocupe por eso ahora. Por lo que to do indica, debe haber existido una falla de informacin en algn punto de la cadena de comando. —Gonalves reforz ese torpe argumento con un tono de indiferencia que denotaba una sangre fra impresionante—. Ms tarde buscaremos a los responsables de ese engao. —Afirmativo, seor. Claro. —La teniente de fusileros compr el pescado podrido—. Y esos otros tres? Por qu los ataron a usted y al teniente Marques? —Los dos trtolos, tal como sospechaba, pertenecen al servicio secreto alemn. El comandante de la barcaza es un agente doble a sueldo de la Confederacin Germnica. Tuvimos una pequea escaramuza en este cama rote y, como pudieron constatar ustedes, llevamos la peor parte. Los otros dos son el Sr Antonio de Oliveira, un industrial paulista a quien debemos pedir disculpas por la confusi n, y el Sr. Jos Hernndez, ejecutivo de la Compaa del Petrleo del Paraguay Verifiqu sus identidades. Son exactamente lo que parecen. —Muy bien, seor. Debemos elim inar a los espas confederados? —Dan ganas, no? —Tembl por el tono fro de Gonalves. Pero pareca conocer bien el suelo que estaba pisando—. Pero no podemos, bajo ninguna hiptesis, proceder de acuerdo con nuestros impulsos naturales en este caso. Atraeramos indebidamente la atencin hacia esta operacin de abordaje. Una complicacin adici onal que podra comprometer la cacera del verdadero traidor. —Tiene razn, capitn. Mandar subir al lavador de cerebros para que les borre los recuerdos de nuestra estada. —Negativo, teniente. Ya desperdiciamos demasiado tiempo en este barco. Encierren a los cinco en el bao del camarote. Antes de que l ogren salir estaremos a bordo del submarino. Vamos a dejar que Itamarati se haga cargo de los eventuales problemas diplomticos que puedan surgir. —Bien pensado, seor. —La teniente orden a sus hombres que nos condujesen al reducido cuarto de bao del aposento. Llegu a escuchar su voz de comando—. Moura, llame a alguien para que lo ayude a llevar al teniente Marques al Tiet. —Yo solo puedo con l, jefa. Antes de que nos encerraran en el bao, Gonal ves se aproxim a m y, fingiendo empujarme respetuosamente para dentro, como quien pide disculpas a un conciudadano en el cumplimiento del deber, me coloc una mano s obre el hombro y me susurr al odo, de modo que nuestros compatriotas no pudieran orlo: —Cudese bien, profesor. Y jams regrese a Brasil. —¡Gracias por todo! —balbuce, emocionado, contra la puerta cerrada. —Al final, el tal Gonalves no era mal tipo —comen t Hernndez, mientras intentaba forzar la puerta con una pieza de plstico metalizado que Klein y Daross haban arrancado del armario del bao. —Realmente, un hombre de carcter. —La concor dancia con el comandante atrajo la mirada irnica de sus subordinados alemanes. Sintiendo el golpe, procur enmendar el comentario—. Quiero decir, para ser brasilero. —El hecho es que puso en juego su cabeza por mi causa —sent la obligacin de recordarles. —Ah, parece que el profesor no sabe cmo es Br asil. l va a zafar de esta, querido mo... No es as como se dice? —Mientras hablaba en carioca, el mayor finalmente consigui destrabar la cerradura. La puerta gir, abrindose por completo.

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88Una vez libres, Heidl no resisti ms y me pregunt: —Entonces, profesor? Creo que el Seor Hernndez no se opondr en caso de que usted decida venir con nosotros a la Confederacin. Pens nuevamente en aquel Brasil horroroso, en aquel mundo de pesadilla. All, un negro o mulato siempre sera considerado un ciudadano de segunda clase. En la Confederacin Germnica yo recibira un tratamiento excelente. Aunque no alimentaba ilusiones al respecto. Son in soportablemente racistas. Pero yo, modestia aparte, haba construido una reputacin lo bastan te slida para que se me abrieran todas las puertas del mbito cientfico y acadmico, y pa ra facilitar mi acceso a la mayora de los crculos sociales. Tendra, claro, que cerrar los ojos. Pactar c on el preconcepto no institucionalizado, pero siempre presente, contra los otros negros. No haba la menor duda de que me concederan el debido respeto. No porque me creyeran un ser humano igual a ellos y, como tal, merecedor de un trato digno. Sino solamente por que me consideraban un genio. Un genio? Si fuese tan inteligente como las personas alar deaban, no me habra metido en esa confusin del Proyecto Cronos. Despus de que presenci los hologramas del rastreador, algo se rompi dentro de m. Ya no me es posible ignorar la discriminacin racial o cualesquiera otras formas de preconcepto que tambin existen en nuestra propia realidad. Pero las personas no estn, ni jams estuvieron, aqu o all, obligadas a cerrar los ojos. La Repblica Guaran haba aceptado en su territo rio, ampliado despus de la victoria en la Guerra, a todos los negros que desearan emigrar all despus de la abolicin de la esclavitud que impusiera al enemigo derrotado. Ya en el pas adoptivo, los ex-esclavos haban recibido ttulos de propiedad de tierras cultivables y, ju nto con ellos, todos los derechos y deberes inherentes al estatus de ciudadana paraguaya plena. S. Tom mi decisin. No me importaba ni un poco que mis compatriot as me consideraran un traidor. A mi favor, tena la certeza de haberme mantenido siempre fiel a mi tica personal y al propsito de intentar hacer lo que era correcto. —Lo lamento muchsimo, caballeros y seorita Estoy muy honrado con la invitacin, pero no me es posible aceptarla. Los alemanes y el comandante recibieron mi negativa con una resignacin flemtica. Hernndez ya sonrea, radiante, como un nio que acabara de ganar el programa de un juego nuevo. No paraba de aplicarme palmadas en la espalda, actitud que, presumo, consideraba amigable. —Est bien, Hernndez. Vamos a Porto Alegre. —¡Ciudad de Lpez! —corrigi l, riendo. —Lo que sea. Creo que los paraguayos tienen una cierta dosis de razn cuando afirman que nosotros tenemos dificultades en aceptar unos pocos hechos histricos consumados. El Secretario de Guerra es apenas un caso agudo de esa molestia que alcanza, en mayor o menor grado, a todos los brasileros. Al menos, a todos los de esta realidad. —Ya estoy previendo que tendr que dirigir la cons truccin de otro rastreador antes de que su gobierno me deje tranquilo con mis ecua ciones de pliegues esp acio-temporales...

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89 —Comienzo a percibir que su vasta perspicacia y decantada capacidad intelectual no se limitan a la fsica terica, mi querido profesor. —Usted sabe muy bien hacia dnde debe en caminarse esa decantada capacidad, verdad? —Ah, ¡el insuperable sentido del humor brasile ro! De qu vale una mera victoria en una guerra del siglo pasado, ante esta ma ravilla? ¡Un autntico don divino! Tuve la certeza de que aqul sera un viaje muy largo. Traducido por Claudia De Bella, 2004 Gerson Lodi-Ribeiro Articulista y escritor brasilero de ci encia ficcin e historia alternativa (ucronas), graduado en ingenier a electrnica y astronoma en la Universidad Federal de Ro de Janeiro. Posee cuentos publicados en Brasil, Portugal y Francia. Public dos novelas cortas en Isaac Asimov Magazine : "Aliengenas Mitolgicos" (1991) y "A tica da Traio" (1993). Gan el premio Nova 1996 con la ucrona "O Vampiro de Nova Holanda". Public dos coleccion es de cuentos en Portugal, Outras Histrias... (Caminho, 1997) e O Vampiro de Nova Holanda (ibidem, 1998), y libro de cuentos de historia alternativa, *Outros Brasis* (Papiro, 1999). Particip en la mayora de las antologas temticas lanzadas en los ltimos aos en Brasil y Portugal. Sus cuentos "Caminhos Sem Volta" (2000) y "Alta Temporal" (2001) fueron publicados en la revista Quark Su novela corta "A Filha do Predador (2002) fue publicada en la revista Sci-Fi News Contos tras ganar el Concurso Nutilus 2000. Organiz con Carlos Orsi Martinho la antologa de historias alternativas Phantastica Brasiliana (Ano-Luz, 2000). Organiz la antologa de cuentos erticos fantsticos Como Era Gostosa a Minha Aliengena! (Ano-Luz, 2002).

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90 OSTRANIENE Lcio Manfredi Si encuentras la hora, yo busco el lugar. —James Joyce 1. Dbil. La tentacin de pronunciar la palabra en voz alta, saboreando cada slaba mientras se disipa en el aire, es casi demasiado irresistib le para ser contada. La sorpresa, un deleite incomprensible. El striets Zsima es un viejo dbil y enfe rmo. El cuerpo esmirriado parece no saber qu hacer con tanto espacio en la s illa, las ropas que lo envuelven encierran un universo y sus ojos penetrantes a duras penas se mantienen abiertos. Son esos ojos los que atraviesan la extensin de la mesa, trasponiendo el abismo entre nosotros y abriendo el camino para su voz desguarnecida pero firme. l me lee, percibo de repente. Responde a lo que no digo, se hace eco de lo que pienso. No explica Zsima, no quiero una recodificacin. No me gusta entorpecer al destino; voy a morir cuando me llegue la hora Hay una cierta altivez en las palabras, un cierto desprecio por los que son menos firmes, por los que se entregan a las artimaas cada vez ms perfectas que crea la tecnologa con el objetivo de matar a la muerte. No se mata a la muerte pronuncia el viejo con cuidado. La muerte es una compaera confiable. Tal vez la nica que nos queda No s cmo expresar mis dudas. Es evidente que Zsima no va a sobrevivir hasta el ao que vien e, dos aos como mximo. Entonces, por qu? El striets lanza una carcajada vigorosa; no s de dnde saca fuerzas. Es as como ves al poder?, me escupe en la cara Cmo un capital, una inversin a largo plazo? Acumulas poder para que te rinda intereses, te proporcione lucro y dividendos? Desvo la mirada, inquieto, pero l sigue sin notar mi embarazo. El poder no vale nada si no sirve como medio para el conocimiento supremo. Un instante de xtasis recorriendo el cuerpo. Consumindose a s mismo. Llevndome con l. Entiendo farfullo por lo bajo, pero hasta yo tengo en claro que no entiendo un cuerno. El striets lder supremo de la Ostraniene rusa, me parece una criatura recin desembarcada de otro planeta, una me ntalidad aliengena que se conduce segn pautas incomprensibles para los humanos. No es como los grandes jefes de la Cosa Nostra o los oyabuns japoneses. Tal vez slo las Tradas chin as puedan comparrsele en extraeza, pero nunca trat con las Tradas. Y si me preguntaran, tampoco buscara a la mafia rusa, no s qu

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91tendra para negociar con ellos, pero la iniciativa sali del mismo Zsima, no de un segundo en la jerarqua, sino del propio mentor espiritual de la organizacin. Quera un encuentro con un representante designado por Malta, en lugar y fech a a combinar posteriormente. Fue lo que me trajo a este restaurante de Amsterdam; debe de haber tantos rusos a lo largo del canal como gente ma. Slo por precaucin, claro. Nunca nadie ha comenzado una guerra de mafias en la Zona Libre; existen ciertas leyes no escritas que es preciso obedecer si queremos que el mundo contine girando... y todos quieren eso, creo yo. Despus de dejarme asimilar el espanto producido por su vejez, el striets toma aliento y aborda el asunto que motiv nuestro encuentro. A las diez horas GMT de hoy, dice, los hombres de Malta invadieron un cu artel de la Zen Ai Kaigi y confiscaron una tonelada de perejil, ciento veintiocho rifles Mjlnir con mira neural y cuatro pastillas de trece punto diecisiete gigas. Recita la lista y me encara, esperando una confirmacin. No digo nada, pero me pregunto qu mierda de exactitud es esta. En silencio, asiento; Zsima retoma la palabra. La primera de estas pastillas estaba marcada con un cdigo que ustedes no supieron descifrar, el holograma de una matriz alfanumrica. Y entonces?, pregunto, todava sin decir que s ni que no. Esa pastilla es nuestra. Fue robada hace quince das por un kuromaku Matamos al esbirro, pero l ya haba entregado el material a un tercero. Quiero esa pastilla. Hay algo que est mal, comienza a machacar mi instinto. Est abriendo el juego muy, muy fcilmente. Cul es el valor de esa pastilla? El viejo sonre. Para ustedes, ninguno. No puede ser convertida en dinero y la informacin que contiene, aunque es inestimable, es intil sin la clave. Ah, pero l est equivocado. Puede ser convertida en dinero, s. Cunto estn dispuestos a pagar por ella? Ahora es mi turno de sonrer. Pero la sonrisa no dura mucho. T sales vivo de aqu y las conexione s de Malta permanecen intactas. Lo que viene a continuacin es demasiado vertiginoso para d escribirlo con coherencia. A una seal ma, nuestra mesa queda cercada de hombres armados. El striets Zsima no esboza ninguna reaccin aparente. Entonces, los soldados de Malta comienzan a estremecerse violentamente, gritando desde sus mismas entraas. Les salen l grimas de los ojos, un moco sanguinolento se escurre de sus narices. Olvidando las armas, se arrojan al suelo, contorsionndose contra las fras lajas. Junto a sus bocas se forman charcos o scuros de bilis; un hedor amargo surge de sus cuerpos mientras la carne se desprende de los huesos y se escurre por entre las mesas del restaurante vaco. bola potenciado dice el striets Zsima cuando la pesadilla llega a su fin. T fuiste inmunizado. Pero existen otras versiones. Se levanta con dificultad. Espera nuevas instrucciones. Y, sin una palabra ms, el simulacro de viejo se desvanece en el aire hmedo de Amsterdam. 2. La reunin de los jefes de Malta es un pa ndemonio desencontrado; todo el mundo habla y nadie dice nada til. A la misma hora en que el virus consuma a mi escolta, tres subsidiarias de Malta desaparecieron de la red sin prev io aviso. Tampoco hubo ms noticias de los hombres que mandamos a investigar. Finalmen te, nos enteramos que unas microcpsulas nucleares haban volado los edificios que alberg aban a esas subsidiarias; la informacin qued tatuada en el cuero cabelludo de nuestros hombr es, ahorcados junto a las ruinas humeantes. No, el striets Zsima no est jugando. La Ostraniene puede de verdad acabar con nuestras conexiones. Cmo han reunido ta nto poder? Es incomprensible. A lo largo de las ltimas dcadas, la organizacin ha permanecido al margen de los negocios del mundo. No se involucra con las drogas, el contrabando, la pr ostitucin. El nico vnc ulo concreto con las actividades del submundo es la piratera de da tos y, an as, sus acciones son totalmente idiosincrticas. Parecen concentrarse en programas de criptografa, pero no ponen sus servicios a la venta, nadie los contrata para violar ni proteger sistemas. No obstante, su rea de influencia va creciendo geomtricamente, fagoc itando a todas las otras mafias surgidas con el desmantelamiento del bloque socialista, y su hegemona en Europa Central se ha tornado indiscutible. Por la red han comenzado a circular los rumores ms contradictorios. El lder de

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92la Ostraniene, dicen, es un viejo monje ort odoxo, con ms de trescientos aos de edad. Agentes de la Ostraniene, dicen, fueron vistos recorriendo los monasterios de Europa, en una cacera desesperada de manuscritos antiguos y gr imorios medievales. La Ostraniene, dicen, definitivamente se dedica al ramo de la bruj era. Pero las microcpsulas nucleares no tienen nada de mgico y la manipulacin gentica de vi rus es una operacin bastante tecnolgica. Tal vez los hayamos subestimado, pienso. Como la Ostraniene no interfera con nuestros negocios, perdimos el tiempo guerreando unos contra otros. Ahora que est amos debilitados y que nuestra supervivencia mutua depende de un equilibro tan frgil como dividido entre todas las facciones del llamado crimen organizado, ellos en tran en escena, se arrancan la mscara y se revelan como el verdadero enemigo. No nos to mbamos en serio a ese demonio, me repito. Oamos los rumores sobre la bsqueda del Santo Grial y la gente que hablaba con los ngeles, sacudamos la cabeza y nos reamos de esas histori as llenas de ruido y furia que contaban los idiotas, sin percibir que todo aquello era una co rtina de humo, la coartada de descrdito que protega a una sociedad que se fortaleca cada vez ms. Ahora ya debe ser tarde. Estamos reunidos en la guarida de Martinelli; lo s ruidos amortiguados de la Avenida Ipiranga se deslizan por el aire en capas de distorsin. So mos siete en la mesa, la elite de Malta. Es un riesgo calculado. Una explosin dejara acfalo al grupo, pero la situacin es demasiado crtica para arriesgarse a una teleconferencia; no sab emos hasta dnde la Ostraniene es capaz de monitorear la seal de red. La informacin que posea el viejo Zsima demuestra que tiene un canal de acceso aparentemente irrestricto. La discusin es tensa, tumultuosa; ms de una vez deriva en agresiones verbales. Estamos en un impasse El valor de la pastilla robada es evidentemente elevado; sera una tontera deshac erse de ella sin sacar ninguna ventaja, pero estamos todos asustados con el poder de fuego demostrado por la Ostran iene. La reunin dura doce difciles horas, al final de las cuales decidimos que, para bien o para mal, es mejor entregar la pastilla y salvar nuestro pellejo. Es lo que yo esperaba. Como fui yo el que comenz las negociaciones con la Ostraniene, me toca a m hacer llegar el material a las manos de Zsima. Voy a hacerlo, apenas l me comunique las instrucciones. Pero no voy a entregarle el oro al ladrn a cambio de nada. Salgo de la reunin, derecho hacia los la boratorios de Ogdoade. Es una empresa de informtica bajo mi control, fachada de una ser ie de negocios, no todos conocidos por Malta. Busco a mi hombre de confianza, el nico que s con certeza que no me va a vender a los otros jefes ni a nadie. —Gran Cipriano, qu vientos te traen por aqu? —me saluda Ezequiel. Es un sujeto gordinfln, moreno, con una cabe llera enrulada y negra que, a su s treinta y tantos aos, ya comienza a ralear. Le entrego la pastilla y le pregunto si puede hacer una copia con EPR. —No hay problema —me responde, confiado. Al da siguiente, su confianza se transforma en irritacin. —Esa porquera que me diste tena unas defensas de no creer —reclama—. Hasta le han puesto un campo de incertidumbre. —Lo lograste o no? —retruco secamente. Eze quiel es un buen sujeto, pero si nadie lo interrumpe es capaz de pasarse toda la tarde reclamando. Ante mi pregunta, ensaya un aire de dignidad ofendida. —Claro que lo logr. —Me arroja una pastilla no muy diferente de la original; la atrapo en el aire, como a una moneda lanzada a cara o cruz—. Ah est, backup con conexin no local. Pero no pude leer el contenido, no. —Tienes razn, no eres el nico —Le devuelvo la pastilla—. Monitorala. Ese mismo da, recibo un e-mail con noticias del striets Zsima.

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93 3. Pasa un mes. De vez en cuando, llamo a Ezequiel y le pregunto si tiene novedades. No hace falta especificar sobre qu; Ezequiel es un buen muchacho. Pero invariablemente responde que no. Comienzo a creer que estamos perdiendo el tiempo; que, a pesar de todo su poder, la Ostraniene no es ms que una cofrada loca lider ada por un viejito excntrico, pues nada bueno puede venir de Nazaret. Hasta que un da veo a Ezequiel encarndome, con aire sonriente, en la pantalla del monitor: —Pudiste cargar esa mierda que hay en la pastilla? —pregunto. —Ponte el casco —responde l, sin entrar en detalles. Obediente, me coloco el casco virtual e inmedi atamente me encuentro en la periferia de un ambiente. El simulacro de Ezequiel est a mi lado. El icono del ambiente se asemeja a un maldito glifo barroco y brilla con luz ambarina. —Es de la Ostraniene? —pregunto. Ezequiel asiente. —No s qu software del demonio estn usando; si no fuese por el campo EPR nunca habra podido acceder. —Ya entraste? Ezequiel niega con la cabeza. —Las conexiones no locales son una va de ida y vuelta; estamos camuflados, pero sabiendo como son estos sujetos, los creo muy capaces de detectar el camuflaje. —Qu tipo de camuflaje? —En un barrido desatento, parecemos fragmentos del administrador de imagen. Pero no s hasta qu punto el barrido de ellos es desatento Aunque est claro que debemos entrar. Desde aqu, la periferia, lo mximo que se puede h acer es meditar sobre las circunvoluciones del glifo y eso no contribuye en nada a aumentar nuestro conocimiento. —Vamos. Nos deslizamos por la infova y nos zambu llimos en la masa esponjosa del icono. Hay un momento de desorientacin y perplejidad, ma nchones blancos que encandilan mis retinas descarnadas, rayos distantes como espritus que relampaguean sobre aguas informes y vacas. Entonces, se hace la luz. Por un momento no veo a Ezequiel y llego a pensar que estoy solo en la planicie arenosa. Miro de nuevo; no encu entro a nadie. Comienzo a preocuparme... qu tipo de riesgo estoy corriendo? Lo nico que veo es un rbol seco junto a una piedra roja. Poco despus, tomo conciencia de un murmullo, un ma scullar de palabras. Vienen de la piedra. Me aproximo, intrigado. Es la voz de Ezequiel. Dada la existencia conforme se comprueba en los recientes trabajos publicados por Poinon y Wattman de un Dios personal cuacuacua con barbas blancas cuacua fuera de la hiptesis de comp rensin que de lo alto de su divina apata su divino arrojo su divina afasia... No preciso or ms para comprender que su circuito cerebral est girando en loops En algn lugar de Ogdoade, el cuerpo enchufado de Ezequiel estar balbuceando, con un hilo de saliva escurri ndose por el borde de su boca, los ojos vidriosos, en el mejor de los mundos posibles. Es obvio que ca en una trampa; quisiera saber por qu no me ponen en loop a m tambin. Algo en m se paraliza, presa del pnico. Quin dice que no me pusieron? Y si estuviera tan dolorido, tan catatnico como Ezequiel, si la coherencia de mi mente no fuer a ms que una ilusin subjetiva? Es una posibilidad interesante; me gustara pr ofundizar en sus implicaciones metafsicas y ontolgicas, pero en este momento reparo en el striets Zsima, que se desplaza por la escena. Es extraordinario ver cmo ni siquiera su simula cro evita la impresin de vejez; podra apostar

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94que reproduce milimtricamente cada arruga del original. Zsima viste un largo camisn blanco, cubierto con una tnica de seda roja y do rada, y usa un turbante del mismo color. Est parado delante de un altar y parece ignorar tota lmente mi presencia. El altar es un cubo de piedra sobre el cual estn dispuestos un incensario de plata, una lamparilla de aceite y una vara de madera. El striets Zsima toma la vara gesticula mucho con ella, murmura algo. La curiosidad mat al gato, me di go al acercarme, intentando or lo que dice. Poco despus, como tradas por el viento, sus palabras llegan a mis odos. Seor Dios de la misericordia dice Dios paciente, benvolo y prdigo, que concedes Tus dones de mil maneras distintas y olvidas las maldades, los pecados agravantes de los hombres. Ante Tu presencia, nadie puede declararse inocente, pues conoces las faltas de los padres, de los hijos, de los sobrinos, hasta la tercera y cuarta generacin. Reconozco ante Ti mi propia miseria, ya que no soy digno de aparecer ante Tu divina majestad, ni tampoco de implorar por Tu bondad y misericordia para obtener la menor gracia. Seor de los Seores, es tan inmensa la fuente de Tus bondades que ella misma llama a quienes se avergenzan de sus pec ados y los invita a recibir Tus gracias. Es por eso, Seor y Dios mo, que Te ruego: ten pie dad de m, lava mi alma de la inmundicia del pecado, renovando mi espritu y reconfortnd olo para que sea capaz de comprender el misterio de Tu Gracia y los tesoros de Tu Divina Sabidura. Santifcame con los leos de Tu Santidad, como hiciste con todos los profetas. Purifcame por medio de esos leos, a fin de hacerme digno del dilogo con Tus santos ngeles y Tu divina sapiencia. Concdeme, Seor, el poder que has concedido a Tus profetas. Amn. Amn. Amn. Durante un tiempo no ocurre nada, a no ser por el eco de la oracin que se disipa en el aire, con un efecto de impresionante realismo. Es evid ente que el viejo est loco, concluyo. De lo contrario, a qu vino todo ese carnaval, es as amenazas y demostraciones de poder? Slo para recuperar un escenario para practicar la magia virtual? Mi primera reaccin es de alivio: el viejo est loco y no tenemos nada que temer. Mi segunda reaccin es de pnico: el viejo est loco y posee microcpsulas nucleares, virus pot enciados y Dios sabe qu ms. Mejor salir, intentar rastrear la seal y atacar, mientras el striets contina en pleno ataque de mana religiosa. Soy un mono y mi mano est presa en la trampa del viejo. Mierda, ni siquiera es posible pedir ayuda; el nico tipo que poda hacer algo se ha convertido en piedra. Y claro, en este momento los rezos de Zsima reciben respuesta. 4. Comienza con el distante retumbar de un trueno. Un resplandor rojo inunda el ambiente virtual como un mar de sangre que se traga el valle; sien to un dolor que recorre los nervios pticos de mi cuerpo real, un estremecimiento en las v sceras, una fuerza centrpeta que surge en mi pecho y me empuja violentamente hacia fuera de m mismo, que me contorsiona, me pone del revs, me retuerce, me convierte en una ma sa sin forma de carne e informacin. Lminas incandescentes recorren mi sistema nervioso central, me cortan en tiras, salan mis fetas, me ponen a secar bajo un Sol que me escalda. Quiero gritar: quin dice que tengo lengua? Quiero llorar: las lgrimas se evaporan de mi rostro antes de formarse. Aplastado por un bloque de acero y hormign, comprimido en un espacio bidimensional, unidimensional, me transformo en el mismsimo horizonte de eventos; en el centro de mi ser, un agujero negro succiona todo lo que tengo, h asta dejarme —esqueleto descarnado, runa humeante, cero a la izquierda— tirado en la pl anicie virtual. El resplandor disip al rbol, pulveriz la piedra. Ya no hay ms altar, lmpar as, nada. Hasta las ropas se han ido; quedamos apenas yo y el viejo, desnudos en una planicie cenicienta. Es preciso simplificar al mximo; el nuevo grfico exige toda la memoria disponible de l sistema. Una columna de luz roja conecta la tierra con el cielo; digo que el color es rojo, pero no es el rojo de siempre, el de las pasiones y asesinatos, el de la piel de la manzana, el de la sangre derramada, no: es el rojo del Sol que se pone, del nen de los anuncios, de los focos de los coches; no es el rojo de los ojos inyectados, el rojo de las plumas de los pjaros, el rojo del barro. Pero tampoco deja de serlo.

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95Es como el arquetipo del rojo, la matriz de t odos esos colores, que los contiene y los supera, los origina y los antecede, se profundiza; nuestro prototipo que est en el cielo. Estoy junto a Zsima, al pie de la columna que arde como el fuego y quema como el hielo. Hay movimiento dentro de la luz, figuras mviles que a veces parecen hacer seas, ora se aproximan, ora se apartan. Qu es eso?, le pregunto al viejo. ngeles responde con voz trmula. De los ojos le caen lgrimas que reco rren el laberinto de sus arrugas... cmo puede una imagen virtual ser tan realista? Me estre mezco por dentro. Tal vez no sea una imagen virtual. No tiene el menor sentido, pero comienzo a tener la certeza de que quien est ah es el propio striets de carne y hueso, no una proyeccin ciberespacial. De algn modo, es su propia carne convertida en informacin. En ese caso, percibo, l est experimentando todo con una intensidad inimaginable para m. S, eso expli cara las lgrimas, aunque yo mismo est casi a punto de llorar. Belleza es un trmino demasiado dbil. La palabra que ms se aproxima es sublime, el impacto avasallante de todo esto sobrepasa el entendimiento. El abismo de lo Bello, su incandescencia, su resplandor que ofusca. Ante l, la suavidad de la voz es casi disonante. Una orden, un impe rativo categrico. Obediente. Zsima se levanta, reverente. Intento acompaarlo, pero una espada de fuego invisible bloquea mis pasos. Soy una estatua de piedra, inmvil; slo mis ojos acompaan los acontecimientos. Zsima camina hacia la columna con andar lento, hiertico, un sacerdot e delante de su dios. A medida que se aproxima, una fuerza antientrpica parece tomarl o de los brazos, las arrugas se desvanecen en el aire, su cuerpo dbil se yergue, con la espalda ms recta que un amuleto Tet egipcio. Entonces es como si el ngel del Seor extendiese la mano hacia el viejo striets y suavemente lo llevara hacia la columna. El viejo desaparece, tragado por la luz roja que comienza a girar convertida en torbellino. Las ta rdes de domingo de la infancia, en la iglesia pentecostal, vuelven a mi mente. Y el Seor le habl a Job desde dentro del torbellino. De repente, la realidad se torna transparente y vislumbro sus fundamentos ltimos, cada persona, criatura, cosa, yo mismo, no ms que centellas del fuego que arde en el vientre del mundo. Despierto solo en la planicie vaca. En retrosp ectiva, da la impresin de que la columna de luz, Zsima y los ngeles fueron tragados por una sbita explosin, pero yo s que no hubo ninguna explosin, que slo era mi interfaz lid iando con una falla genera l del sistema, mucha informacin para poca memoria, errores de parida d, eso es. Estoy solo en la planicie vaca, junto al altar, al rbol y a la piedra que fue Ezequiel, milagrosamente restituidos al escenario. Es el santelmo de Poolbeg murmura la piedra faroriente, o un reflector bordeando la Kishtna o un vago fulgor que avisto dentro de un seto o mi Garry que bienvino del Indo? ¡Espera el flor del melilunio, amor! Cae, vsper vespertina, cae. En tus ojos la tarde se disipa. Qu lugar terrible, pienso al desconectar. Traduccin del portugus por Claudia De Bella. Tomado de Axxn 168 noviembre de 2006 Lucio Manfredi naci en Sao Paulo, Brasil, hace 36 a os. Estudi en la facultad de Filosofia de la USP hasta el ltimo perodo, pero abandon la carrera para mudarse a Rio de Janeiro, donde se encuentra hasta hoy, trabajando como guionista de la Red Globo de Televisin. Es un gran admirador de Philip K. Dick y su estilo de escritura es cido, veloz, irnico denso y pleno de referencias. Public cuentos en diversos fanzines brasileiros y un libro integrado por dos novelas cortas, O Fantasma na mquina en la coleccin Terra Incongnita de la editorial AnoLuz.com.

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96 EL CINE FANTSTICO Y DE CIENCIA FICCI"N EN BRASIL (Tomado de www.revistafantastique.com) El cine fantstico en Brasil tiene una larga tradicin, sobre todo referido a cierta filmografa de serie B, dentro de la cual se destaca la obra de Jo s Mojica Marins, cono del cine de terror gracias a su personaje Ze do Caixao interpretado por s mismo, conocido en ingls como Coffin Joe y en castellano como Jos del Atad, con el que ha pr otagonizado toda una serie de films, algunos de los cuales son realmente interesantes. Su estilo es primitivo e incluso tosco, sus presupuestos mnimos, pero su ingenio es in comparable y su garra y frescura no aceptan comparacin con muchos otros cineastas. Cuenta con ms de 60 pelculas en su filmografa, integrada entre los gneros terror y ertico. Su or iginalidad y lo particular del carcter de su cine le ha valido una muestra en la Cinematheque Francaise durante 2002, y homenajes en Festivales como San Sebastin o Fantasporto. Surg ido de los suburbios de So Paulo en donde naci, adems de cine, Mojica tambin cre pr ogramas de TV, cmics, programas de radio, e incluso ha grab algn disco de samba. Una de sus pelculas clsicas, de 1964, se titula MEIA-NOITE LEVAREI SUA ALMA (AT MIDN IGHT I WILL TAKE YOUR SOUL) De 81 minutos de duracin y filmada en blanco y negro, trata sobre Z do Caixao, un diablico en terrador que mantiene aterrorizado a su pequeo pueblo con sus maldades. Ahora, se ha de cidido a buscar a la mujer perfecta para tener el hijo pe rfecto, y no se detendr ante nada para conseguirlo. Rodada en solo 13 das, con poqusimo dinero y actores no profesionales, se ha convertido en un indiscutible cl sico del cine brasileo y es uno de sus mayores xitos de taquilla. La pelcula fue prohibida en varios estados de Brasil, acusada de violenta y blasfema. Cuatro aos despus, Mojica lanza O ESTRANHO MUNDO DE Z DO CAIXO (THE STRANGE WORLD OF COFFIN JOE), tambin en blanco y negro. Basado en un programa de TV que estaba presentando Mojica en los aos 60, el film est compuesto por tres historias de terror independientes que ofrecen una estupenda visin de distintas formas macabras coherentes con su universo: una oscura fantasa sobre muecas con vida propia, una historia muda en clave potica sobre la necrofilia y la profanaci n de tumbas, y las bizarras teoras de un cientfico que lleva a cabo demenciales (y canibalescas) experimentaciones sobre la voluntad, las relaciones y los lmites de la cordura. 1967 es el turno de ESTA NOITE ENCARNAREI NO TEU CADVER (THIS NIGHT I WILL ENTER YOUR CORPSE). En esta, continuando con su bsqueda de la mujer perfecta, Ze do Caixao secuestra a seis mujeres y las somete a todo tipo de prue bas, incluidos encuentros

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97 con tarntulas y serpientes Ms radical todava que Esta noche poseer tu cadver, c ontiene una de las escenas ms increbles de la historia del cine de Brasil: una secuencia de 12 minutos que narra un surrealista descenso al mismsimo Infierno, filmada en color (el resto de la pelcula es en blanco y negro), que supone la cspide de la visin artstica de Mojic a, y que volvera a ser represen tada o versionada en otros films posteriores suyos. Luego vendra O DESPERTAR DA BESTA (EL DESPERTAR DE LA BESTIA, 1969) El film cuenta la historia de un doctor que realiza experimentos sobre el LSD y sus efectos. Hace que sus p acientes lo injieran, y a continuacin los somete a experiencias y a la visualizacin de escenas fuertes para medir sus reacciones. Naturalmente, la experiencia ms fuerte de todas es enfrentarse con una pelcula de Ze do Caixao Este es uno de sus ms controve rtidos films, prueba de ello es que jams ha podido ser proyectado en Brasil, en donde la ce nsura lo mantiene prisionero desde hace ms de 20 aos. Pa ra algunos, se trata tambin de la obra maestra de Mojica Marins. Experimental y desafiante, es una de las pelculas ms radicalmente innovadoras realizadas en su pas, no solo por el contenido sino tambin por el estilo cinematogrfico. Un cuento de terror contemporneo sobre drogas, prostitucin, corrupci n policial y degradaci n de la sociedad. Con O despertar da besta se cierra la carrera de Mojica Marins como director de cine de terror, ya que los productores, teme rosos del rumbo radical que llevaban las pelculas de Ze do Caixao y sus problemas con la censura, dejaron de financirselos. No es sino hasta el 1978 que aparecer su prxima pelcula: DERLIOS DE UM ANORMAL (Hallucinations of a Deranged Mi nd, 1978) El paciente de un hospital mental tiene espantosas pesadill as en las que se le presenta Ze do Caixao Los doctores, incapaces de curarle, recurren al nico hombre capaz de desafiar a ese personaje de cine de terror: su creador, Jos Mojica Marins. Esta asombrosa pelcula funciona como un the best of en el sentido de que recopila escenas de las pelculas de Ze do Caixao y al mismo tiempo pl antea un interesante juego entre realidad y ficcin al emplear al propio cineasta haciendo de s mismo como personaje de la trama. En ese sentido, se adelant por dos dcadas a La nueva pesadilla de Wes Craven por ejemplo. Vanguardia underground y atavismo en forma de serie Z. El director brasileo Ivan Cardoso naci en Ro de Janerio en 1952, y proviene de l mundo de la fotografa, en donde form parte del movimiento llamado Tropicalismo y ha conseguido gran reconocimiento. Comenz a hacer cine en lo s aos 70 en super8 de manera un tanto experimental (como demuestra su cortometraje Nosferato in Brasil ) y en seguida se interesa por el gnero. Su estilo de cine se caract eriza por una inimitable mezcla de erotismo, comedia delirante aventuras y terror que l mismo llama terrir Le influencia mucho las pelculas americanas de serie B los seriales de la radio y en general toda la cultura popul ar. Sus principales y ms reconocidas pelculas fueron realizadas en los 80, si bien el director contina an en activo. En alguna ocasin trabaj con Jos Mojica Marins

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98 Los temas al principio son poco originales. En 1982 filma O SEGREDO DA MUMIA (EL SECRETO DE LA MOMIA). El Professor Expedite vitus se embarca en la aventura de reconstruir un antiqusimo mapa roto en oc ho partes. Cada uno de los propietarios de las ocho partes son asesinados misteriosament e, pero el profesor consigue hacerse con todas ellas y as viaja a Egip to, en donde con el mapa acced e a la tumba de Runamb, la Momia, que se lleva con l a Brasil. Una vez all la momia vuelve a la vida, y se encapricha con la bella Miriam, a quien la Momia toma por la r eencarnacin de Nadja, una bailarina de la que estuvo enamor ado en vida tres mil aos atrs. En 1986 sale a la luz AS SETE VAMPIRAS (LAS SIETE VAMPIRAS) donde su protagonista, Frederico Rossi, botnico, comienza a experimentar con una rara variedad de planta carnvora procedente de frica. La planta es venenosa, y le ataca, aunque gracias a un antdoto logra salvar la vida, no as su esposa Silvia, que tambin resulta afectada. Silvia parece contra er una extraa enfermedad. El antdoto vuelve a funcionar, y parece que la mujer se recupera. Poco despus, Rogelio, un amigo de los Rossi, los invita a un club nocturno en el que unas bailarinas realizan un nmero llamado Los siete vampiros A partir de ese momento comienzan a producirse sangrientos asesinatos. Ya en la dcada de los 90 aparece O ESCORPIAO ESCARLATE (EL ESCORPI"N ESCARLATA) (1990) Las aventuras del Angel es un popular serial radiofnico creado por Aguiar durante los 60. El serial presentaba al Escorpin Escarlata, un villano que poda torturar cualquier dama con el propsito de obtener una absurda frmula secreta. Su enemigo es El Angel, personalidad s ecreta de un playboy millonario que lucha por la ley y el orden. Todo el mundo ama al A ngel y odia al Escorpin Escarlata. Cuando Alvaro, un actor de voz, obtiene el papel del Escorpin, su personaje se apodera de l. 2004 es el ao de la pelcula ACQUARIA, de la directora Flavia Moraes y protagonizada por los cantantes Sandy & Junior. Relata una historia de ciencia ficcin y fue una de las producciones ms costosas y ambiciosas de la historia del cine de Brasil (casi 30 millones de dlares) y apoyada por buena cantidad de efectos especiales y digitales. Es una historia ambientada en un futuro postapocalptico, con el plan eta Tierra devastado por catstrofes naturales y conve rtido en un gran desierto en el que algunos grupos de humanos intentan sobrevivir. Sarah y Kim, son los protagonistas de esta pelcula con aires de la saga Mad Max o de la fallida superproduccin Waterworld El proyecto fue una coproduccin de las cadenas Fox y O Globo entre sus financistas. Se rodaron buena parte de sus locaciones en el norte de Chile, mostrando los parajes del desierto de Atacama y el Valle de la Luna, en la Segunda Regin. Acquaria es una aventura fantstica-ecolgica que muestra cmo Sarah y Kim y otros

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99 sobrevivientes de la catstr ofe recorren su mundo en busca de agua, lo que los llevar al encuentro de una banda de mutantes y otros peligros. En el 2006 Ivn Cardoso filma UM LOBISOMEM NA AMAZONIA (UN HOMBRE LOBO EN EL AMAZONAS) (2006). Natasha es una muchacha de 20 aos que, junto con sus amigos, decide internarse en la selva del Amazonas para participar en la ceremonia de Saint Daime que realiza uno de los pueblos locales. Para c onseguirlo aceptan como gua a Beto Careca y a su amigo Jean Pierre. Cuando cae la noche, el grupo decide acampar y prueban la s hierbas de Saint Daime, a travs de las cuales experimentan una experiencia que cambiar sus vidas, en la que no podrn distinguir fcilmente qu es alucinacin y qu es re al. Terror, comedia, accin y erotismo lsbico es lo que ofrece Ivn Cardoso en esta ltima pelcula, para la que cont con la presencia del mismsimo Paul Naschy En el mismo ao 2006, otro director, Jo o Falco, da a conocer su pelcula A MQUINA (LA MQUINA) que se mueve entre las fronteras del realismo mgico y la ciencia ficcin. En Nordestina, pequeo puebl o perdido en la zona ms seca de Brasil, la joven Karina suea con ser actriz y salir a ver mundo. Pero antes que su amor se escape, Antonio, hijo de Doa Nazar, se adelanta en una cruzada kamikaze para acercar este mundo a Karina. Para ello, An tonio sale del poblado y anuncia en un programa de televisin que real izar una sensacional aventura : har un viaje al futuro saliendo de la plaza de Nordestina. Si fracas a, afirma l, una mquina de muerte le destruir en directo y va satlite, ante todos. Una historia donde los sueos contradicen la realidad, las condiciones ge ogrficas y polticas amenazan con contener la vida, y el amor desemp ea un papel transformador.

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100 HISTORIA DEL CINE CIBERPUNK 1994 Armitage III Y por fin llegamos al ao 1994. Un ao de poca produccin en filmes cyberpunks, pero en el que se destac un animado de f actura oriental, con un tema similar al del clsico Blade Runner. Armitage III, una de las tantas obras maestr as escritas por Chiaka Konaka (junto con Serial Experiments Lain, Texhnolyze, Macr oss@Doll) simplemente es una historia imponente. Si le gusta Blade Runner y no ha visto Armitage, no sabe lo que se pierde. Muchas de las mismas temticas se tratan al l, pero dados de una manera tan original que har que termines amando a este pequeo nime. La Humanidad como un concepto excluyente que tambin implica “el valor” se explora aqu totalmente. Todava se consideran a los androides ni camente para ser nuestros sirvientes, an cuando ellos tienen un sen tido de auto-valoracin?

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101 En un futuro a lo Blade Runner, el hombre ha colonizado por completo el planeta Marte. El planeta se ha convertido a su vez en hogar de una altsi ma tecnologa de los robots, sobre todo con su famosa serie tres, robots virtualmente indistinguibles de los humanos. Pero las cosas estn lejos de ir bien. Por todo el plan eta se ha extendido un sentimiento de odio contra los robots por ha ber sustituido a los seres humanos en casi todas las labores. Desgraciadamente para lo s robots, alguien conoce su existencia y est matndolos sistemticamente uno por uno. El detective Ross Sylibus, recin llegado de la tierra, tiene que formar un e quipo con una mujer de la MPD (Mars Police Deparment), llamada Naomi Armitage, una j oven de 19 aos, que es la investigadora ms rebelde del Departamento de Polica marciano. Mantiene una actitud distante, viste de forma muy llamativa y esconde un peligroso secreto. Naturalmente, es un robot de la serie 3. A medida que la trama avanza, Ross, a qui en no le gustan los robots (su compaero anterior fue asesinado por un cyborg) desc ubre que Armitage es un androide. An peor, ellos descubren que el asesino es un robot de la serie IV. Armitage, polica irrespetuosa, empieza a cuestionar la "human idad" y a preguntarse el por qu fue creada. Poco despus ella y Ross empiezan a desarrollar una relacin ms ntima. Armitage eventualmente se complica en un conflicto de gran potencia que involucra corporaciones vidas, disputas inter-galct icas, los derechos del androide, y todo el resto. Nosotros veremos muchos enfrentami entos y disparos, e incluso una batalla a escala mxima, al estilo mecha. Adems de ser inteligente y vulnerable como una androide que se pregunta si tiene un propsito en la vida, Armitage tambin da buenas golpizas y puntapis vestida con su conjunto de cuero. Intestinos, artes marciales y toda clase de gadgets salen volando de este filme. La pelcula es definitivamente, pendenciera, fuerte, y con bastan tes escenas para divertirse. La historia es una de las ms completas en el nime c on tema cyberpunk y realmente hace que uno se sienta identificado con la pr otagonista.. S, el cues tionamiento total de la humanidad por un androide se ha hecho antes y subsecuentemente, pero Armitage es definitivamente una de las mejores en esto. Dentro de los lmitaciones de una investigacin del ases inato, el "alma" de Armitage es expuesta en su bsqueda del significado trascendental de la existencia Se proponen preguntas interesantes como, Qu pasa si un androide tiene una falla fatal? Debemos tirarlos a la basura como si fueran una tostadora inservible? Esto es un espejo que nos perm ite cuestionar como nosotros tratamos a las personas impedidas en sociedad humana Nosotros todava consideramos a las personas impedidas valiosas y que contribuyen como miembros de la sociedad, pero haramos lo mismo con los androides invlidos ? Hasta qu punto se vuelven ellos reales como oposicin a ser a simplemente una propiedad, una herramienta para la humanidad?

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102 FICHA TCNICA (Ttulo en ingls: Armitage the Third) Ao: 1994 Director: Hiroyuki Ochi Escrito por: Akinori Endo, Chiaki Konaka Estudio AIC Pioneer L.D.C. Episodios: 4 Doblaje original: Armitage: Hiroko Kasahara Ross Sylibus: Yasunori Masutani D’Anclaude: Rysei Nakao


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