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Qubit

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Material Information

Title:
Qubit
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Cubit
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- History and criticism -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
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All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - Q01-00036-n36-2008-07
usfldc handle - q1.36
System ID:
SFS0024302:00036


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049
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0 245
Qubit.
n No. 36 (July 2008)
260
[Havana, Cuba] :
b Cubit
July 2008
310
Monthly
650
Science fiction, Latin American
v Periodicals
Science fiction
x History and criticism
Periodicals
Science fiction
Periodicals
1 773
t Qubit.
4 856
u http://digital.lib.usf.edu/?q1.36



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2 Indice: 1. Algunas notas sobre la ciencia ficc in en Costa Rica. Daniel W. Koon 1. La cada del guila (fragmento). Carlos Gagini. 2. Los electrocutados del tom o. Alfredo Cardona Pea 3. Bicentenario. Ivn Molina Jimnez 4. Entrevista a Ivn Molina. Somos lo que parecemos? Kattia Muoz B. 5. Finalis. Ivn Molina. 6. Mala copia. Laura Quijano Vincenzi 7. Los talos mirando al cielo. Mauricio Ventanas 8. Resea: El alivio de las nubes y otros cuentos ticos de ciencia ficcin. Luis Bolaos. 9. Historia del cine ciberpunk. 1995. Virtuosity Para descargar nmeros ant eriores de Qubit, visitar http://www.eldiletante.co.nr Para subscribirte a la revista, escribir a qubit@centro-onelio.cult.cu

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3Algunas notas sobre la ciencia ficcin de Costa Rica Daniel W. Koon Costa Rica no es un pas conocido por su ciencia ficcin. Mi propia experiencia es que pocos costarriquenses pueden nombrar un solo autor nacional del gnero. De hecho, en mis interacciones profesionales con costarricenses (“Ticos” o “Ticas” como ellos mismos se llaman), la pregunta surge: hay algo semejante a la ciencia ficcin en Costa Rica? La respuesta parece ser s, pero no mucho. Como sucede en general para Amr ica Latina, uno puede encontrar obras de ciencia ficcin en la literatura de Costa Rica si bu scamos atrs por lo menos un siglo. Bastante interesante, en un pas cuyo mtico hroe naciona l, Juan Santamaria, fue un joven de 24 aos quin incendi la oficina principal del aventure ro americano William Walker, las primeras dos novelas notables de ciencia ficcin de este pas son trabajos con un carcter antiimperialista fuerte. “El problema” (1899)-Maximo Soto Hall (1871 1944), un guatemalteco que se mud a Costa Rica, y muri en Buenos Aires. La historia ocurre 30 aos en el futuro (es decir, 1928), y puede ser considerada la primera novela antii mperialista latinoamericana. [1, 2,3] “La cada de guila” (1920)--Carlos Gagini (18651925), de la llamada “Generacin de 1900”. Su primera novela, es la historia de una alianza entre las naciones de Centroamrica contra EE.UU. Ms cercano al presente. Hay historias de CF miscelneas escritas por el camino, de Alfredo Cardona Pea [1917-1995], Fe rnando Duran Ayanegui (nacido en 1939), y Alberto Caas (nacido en 1920), pero por otra parte no muchas. Por ejemplo, en su cuento El planeta de los perros Alberto Caas nos trae el tema de una entidad de edad inmemorial que tiene la cost umbre de crear mundos en seis das y descansar el sptimo (suena familiar, no?). Pe ro para el caso del planeta Selomit, en el sexto da no cre al hombre, sino que se limit a perfeccionar lo ya creado, quedando como reyes de la creacin los perros, pues tienen inteligencia y libre albedro. Si bien en un principio son tres parejas, los perros se multiplican. Ocurre un accidente que mata a uno de ellos, siendo la reaccin ante la muerte de este can muy "humana". Irnico hasta el final. El escritor ms exitoso--bien, el ms notable--d e ciencia ficcin hoy en da es Ivn Molina Jimnez--Profesor del Departamento de Historia e investigador en el CIICLA, el Centro para la Investigacin de la Identidad y Cultura lati noamericanas en la Universidad de Costa Rica-quin ha publicado dos pequeas colecciones de sus propios cuentos de ciencia ficcin, e indudablemente es el primer costarricense que in cluye la frase ciencia ficcin en el ttulo de sus trabajos.

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4“Cundila” (San Jos: Varitec, 2002)--una novela con elementos de ciencia ficcin, pero, segn el autor, no es un trabajo de CF. “La miel de los mudos y otros cuentos ticos de ciencia ficcin” (San Jos: Editorama, 2003). Una coleccin de historias de SF cortas, la mayo ra tiene el sabor de lo costarricense, ya sea por la situacin, los personajes, o los problemas de inters actual en el pas. El libro se menciona en un artculo de la New York Review of Books [4]. “El alivio de las nubes y ms cuentos ticos de ciencia ficcin” (San Jos, ICAR, 2005) “Bicentenario”, junio de 2006, en el nme ro 25 de Velero, un ezine de CF peruano. Http://www.velero25.net/2006/jun2 006/jun06pg01.htm. Una historia corta, previamente indita, sobre la privatizacin futura del patrimonio nacional y las fiestas nacionales, en particular el prximo (2056) bicentenario del in cendio provocado de Juan Santamara de la oficina principal de los invasores yanquis. (Los derechos al patrimonio, no muy sorprendentemente, haban sido comprados por los yanquis) Una aclaracin personal a mis amigos norte americanos: A los cost arricenses realmente nosotros les gustamos, a pesar de todo lo que he escrito antes. Yo nunca sent, al entrevistar al Sr. Molina, que l estaba planeando como incendiar mi casa. Molina cuenta entre sus influencias al ABC norteamericano--Asi mov, Bradbury y Clarke-as como Ben Bova, Philip K. Dick, y el argentino Adolfo Bioy Casares. Molina cita las siguientes causas para la falta de una tradicin de ciencia ficcin en Costa Rica. 1. La literatura de Costa Rica es muy “provinciana.” 2. La ciencia ficcin no se considera respetab le como literatura en Costa Rica. 3. Hay un prejuicio entre los lectores contra la ciencia ficcin latina. A estos se puede agregar una razn me nos sutil, dada por el escritor argentino de CF Sergio Gaut vel Hartman [5], a saber, el pequeo y fragmentado mercado literario centroamericano. Hay slo 4 millones de costa rricenses para los 40 millones de habitantes de Centroamrica, divididos en siete pases. Esto hace bastante difcil encontrar ciencia ficcin escrita por autores hispanohablantes en las libreras de Costa Rica. Yo tropec c on el libro de Laura P. Quijano Vincenzi (http://www.lauraquijano.com /) “Una sombra en el hielo” (1995: San Jos, La Imprenta Nacional). Este libro fue el ganador del conc urso “Joven Creacin”, Premio convocado por la Editorial Costa Rica, 1994. Describe el misterio, en 2195, acerca de una estacin subterrnea de investigacin polar abandonada y una figur a enigmtica que desapareci con esa estacin. El ltimo libro de Quijano, “A travs del Porta l: Magia”, es una triloga de la que la primera parte est disponible en formato PDF a travs de Lulu Press. Otro libro costarricense de CF que he visto citado es C.R. 2040 (1996: San Jos: Editorial del la Universidad Estatal a Distancia), al parecer una coleccin de historias de un concurso local de CF, editado por Roberto Sasso. El ms Violento Paraso (2000) de Alexander Obando es una novela ms que compleja. Construida con los hechos y desh echos industriales del cine de ci encia ficcin, los cuentos de terror, las guas tursticas, las drogas o “sustan cias del sueo”, el folletn rosa o el relato pornogrfico, pero sin menospreciar la narracin hi strica, el grimorio y el mito antiguo, esta enorme novela pretende, de muchas maneras, ritu alizar la violencia y el deseo en un mundo complejo que se devora a s mismo inelucta blemente. Anteponiendo, o contraponiendo, la Bizancio histrica con una Bizancio fantstica y futurista, en una serie de relatos que a primera lectura parecieran desconectados entre s, Ob ando construye un mundo narrado abierto en un monumental fresco que algunos crticos ha n comparado con la narrativa de William Burroughs.

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5 Finalmente, la novela “Azor y Luna” (Lumen, Argentina, 2003) escrita por Alberto Ortiz se sita en un Caribe post-apocalptico, el luga r de nacimiento de una “Nueva Civilizacin”. Combina elementos de CF, realismo mgico y autoayuda. [6] Pero espera: ¡hay ms! Edito rial Costa Rica editorial se pone en lista para publicar la nueva novela de CF de Jessica Clark “Telemacus” en 2007, la primera parte de una triloga que ella planea continuar con Beowulf y Gilgamesh Ella tambin est trabaj ando para convertir estas historias al formato de comic. Esta editori al ya ha publicado su coleccin de cuentos “ Los salvajes ” en 2006: no son ni de CF ni de fantasa, pero estn influenciados por ambos. Agregue a esto un cuento de ciencia ficcin Note to self y un guin para un cortometraje, Mandelbrot y yo me podra estar comiendo mis propias palabras muy pronto si all no hay mucha CF costarricense. Agosto, 2006 BIBLIOGRAFA: 1. Adriano Corrales Arias, La Nueva Novela Co starricense: Los Orgenes, Revista Comunicacin, Instituto Tecnolgica Costa Rica (ITCR), http://www.itcr.ac. cr/revistacomunicacion/2_2001/la_nue va_novela_costarricense.htm, Accessed 8/24/2006. 2. Veronica Rios Quesada, "El impacto de la novela El problema de Maximo Soto Hall en 1899. Primera aproximacion", Kina, July 1, 2002. Summary: http://www.accessmylibrary.com/c oms2/summary_0286-844492_ITM 3. Ivn Molina Jimnez, Vernica Ros Quesada, La primera polmica que provoc El problema, novela del escritor guatemalteco Mximo Soto Hall. Una contribucin documental Universidad de Costa Rica, San Jos http://www.denison .edu/collaborations/istmo/n03/pr oyectos/problema.html, Accessed 8/24/2006 4. Stephen Kinzer, “The Trouble with Costa Rica”, Ne w York Review of Book s, 53 (10), June 8, 2006. 5. Sergio Gaut vel Hartman, “La escena continental”, Asimov 20 (Sept/Oct 2005) 6. Bibliomana, El Universal Online, 15 April 2003.

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6LA CADA DEL GUILA (Fragmento) Carlos Gagini Era la maana del primero de mayo de 1925. A treinta leguas de tierra dos objetos fusiformes, grises y sin ningn relieve. se balanceaban mecidos por las olas como dos ballenas dormidas. El sol naciente converta la superficie del mar en un juego de mudables luces, en las que alternaban chispas doradas, tonos bronceados, hilos de plata y una gama inagotable de matices amarillos, pu rpurinos y verdes. El aire pareca saturado de los olores de la primavera: el ocano se adormilaba arrullado por la perfumaba brisa y acariciado por la aurora, trocando su implacable furia en un leve gr uido y uno que otro latigazo a lo s costados de los barcos para recordarles que estaban a merced suya en cual quier momento y que la industria humana no haba logrado vencer todava al eterno Prometeo. Ambos nautilos estaban protegidos po r la malla verdosa que los volva invisibles. La precaucin no era intil, pues dos o tres veces apar ecieron en el lmpido firmamento varios puntos ne gros, revoloteando como las moscas, y se alejaron hacia el Este. A eso de las ocho, despus que el velo protector se descorri lentamente, brotaron de improviso de la cubierta de los dos submarinos la barandilla de aluminio, la toldilla de popa y el mstil del inalmbrico. Al cabo de un rato apareci sobre el Caas el rubio comandante, quien por espacio de algunos minutos inspeccion el cielo con la extraa caja que le serva de anteojo. Acercse luego al telgrafo, que en aquel momento reciba un despacho, y a medida que lo traduca brillaba en su rostro la ms profunda satisfaccin, Sentse en un silln, toc un timbre, y al criado que se present po r la escotilla, le dijo: -Diga Ud. a Mr. Adams, a su hija y al Dr. Valle tengan la bondad de subir inmediatamente. Sirvanos aqu el desayuno. Aplic enseguida la boca a un tubo de caucho adherido a uno de los pies de la mesa y pregunt: -Est all el segundo? -Presente, mi comandante. -Est lista la tripulacin? -Enteramente. -Bueno. Ordene usted al mayordomo que d a cada uno de nuestros valientes muchachos media botella de champaa, antes que suban sobre cubierta, y a los msicos que preparen sus pulmones, porque nuestro himno ha de orse hasta en los ltimos rincones del mundo.

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7Con la mayor tranquilidad encendi un cigarro y se recost en la poltrona, fijando los ojos en la puerta de la escotilla. No haba trascurrido un cuarto de hora, cuando asomaron por ella Fa nny, su padre y detrs el joven hondureo. El Secretario, con el entrecejo fr uncido, apenas contest. al saludo del costarricense. Fanny estaba plida y ansiosa", y el doctor Valle, con el rostro in undado de jbilo, sacudi vigorosamente la mana de su camarada. -Ya? -le pregunt entusiasmado. -Dentro de media hora -replic Roberto. E inclinndose ante sus dos cautivos, dijo: -Espero que ustedes se dignarn tomar el desayuno co n nosotros. As tendrn el placer de saludar antes de mucho a su compatriota Jack. Fanny abri los ojos desmesuradamente, a la vez que la estupefaccin reemplazaba en el rostro de su padre el gesto hosco y desdeoso que haba mostrado hasta entonces. -No sospecha usted dnde estamos, Mr. Adams? -prosigui Roberto con su eterna sonrisa burlona. El Secretario de Marina se encogi de hombros, como aquel a quien se dirige una absurda pregunta Enfrente de San Francisco de California ---:continu el lnqenlero, ponindose serio. -¡Imposible! -¡Otra vez esa palabra, Mr. Adams! Todava no se convence usted de que no hay nada imposible para la voluntad humana cuando persigue una causa noble? Presentse el sirviente con el desayuno y los cuatro se sentaron a la mesa. Roberto y el doctor comieron con apetito; pero los dos norteamer icanos apenas apuraron una taza de t, embargados por indecible preocupacin. Cuando el comandante apart su plato y encendi un aromtico habano, dijo framente: -Antes de media hora tendremos a la vista la escuadra japonesa. El imperio del Sol Naciente ha declarado la guerra la poderosa Repblica del Norte. Esta tarde un milln de nipones ocuparn el Estado de California y antes de tres das quedar disu elta la formidable Unin que se haba convertido en una amenaza para la libertad del mundo. El Secretario acogi estas frases con una carcajada sarcstica. -Si la guerra fue declarada ayer, a estas horas estarn concentrados en San Francisco trescientos barcos de guerra, 'dos millones de soldados y mil quinien tos aviones del tipo ms moderno. Hace aos que esperbamos la agresin de los amarillos y estbamos preparados para recibirlos dignamente. -¡Ah, Mr. Adams, Mr. Adams! -replic Roberto, meneando tristemente la cabeza-: an es tiempo de evitar espantosas desgracias. Utilice usted nuestro inalmbrico y diga a sus compatriotas que no opongan resistencia, porque es intil. A qu el estr il sacrificio de miles, tal vez de millones de vidas? Se lo ruego en nombre de la humanidad, horrori zado de pensar en la inmensa hecatombe que nos veremos obligados a hacer sin objeto alguno. Era tan vehemente el tono del joven, que no dej de Impresionar profundamente al Secretario y a Fanny. -Ya usted ha visto bastante, Mr. Adams -sigui diciendo Robertopara cerciorarse de que disponemos de recursos hasta ahora nunca vistos para aniquila r escuadras y ejrcitos. Por qu no evitar ms desgracias? No luchamos, nosotros por la emancipaci n de los pueblos? Hemos de destruirlos para hacerlos libres? Yo se lo ruego, Mr. Adams: para m es tan dolorosa como para usted la muerte de tantos inocentes. El Secretario se qued meditabundo y visiblemente conmovido, mientras que Fanny, con los ojos preados de lgrimas, contemplaba con admiracin a aquel hombre extraordinario; armonioso conjunto de superior inteligencia, de inquebrantable voluntad y de generosos sentimientos. Despus de una larga pausa, Mr. Adams replic:

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8-"Yo no puedo hacer lo que usted solicita. En primer lugar mi mensaje no sera credo, porque veran claramente que estoy prisionero y que obro bajo la presin de mis carceleros; en segundo lugar, porque sera considerado como un cobarde o un traidor, y por lo mismo mi advertencia sera intil; y finalmente, seor Comandante, porque en mi pas, somos algo escpticos y no nos convencemos sino cuando tenemos la irrefutable prueba de los hechos. -"Est bien -replic con acento solemne Roberto, pon indose de pies-. He hecho todo lo posible para evitar un intil derramamiento de sangre. Sobre usted, Mr. Adams, pese la responsabilidad de lo que va a suceder en breve. Dio algunos paseos por la cubierta, llevando en la diestra su curioso anteojo, e inopinadamente lanz un grito: -¡Ah est! Todos se levantaron y volviendo la vista en la direccin indicada por el ingeniero, vieron a una legua de distancia hacia el oeste un punto ro jo que avanzaba co mo una flecha. -¡Es el Blanco, al mando del capitn Amaru! -exclam Roberto. Navega a media velocidad para inspeccion ar el campo. ¡Ah! ¡Ya nos divis! Una columna de humo bronceado, ocup de pronto el lugar del rojo pabelln. y Roberto, apretando con el pie un tornillo exagonal que estaba en el extremo de la popa, produjo una humareda semejante, que se desvaneci en pocos segundos. Pasados tres minutos, el submarino Blanco se detuvo a unos cincuenta metros de sus hermanos gemelos, y una minscula gasolina se desprendi de su costado de estribor. Cuando atrac al Caas, salt sobre cubierta el capitn Amaru, y cuadr ndose delante dijo respetuosamente: -General, la escuadra me sigue a cort a distancia y dentro de un cuarto de hora estar a la vista. Todo va bien. Recibimos vuestros despachos y os felicitamos por el buen xito en Panam. -Un abrazo, Amaru. Y el teniente Cornfield? Una nube de tristeza invadi el se mblante del nipn, quien por un mo mento pareci vacilar, mirando a Fanny, que haba palidecido extraordinariamente. -Capitn -dijo con voz firme el Secret ario de Marinami hija y yo tenemos nimo bastante para soportar nuestros infortunios presentes y los que nos esperan en lo porvenir. Qu ha sido de Jack? -A bordo fue tratado con toda clase de consideracion es, como puede atestiguarlo la tripulacin entera. Pareci posedo de rabia cuando presenci la salida de nuestra escuadra y las maniobras de los aviones; y hace tres horas apenas, cuando s obre la cubierta de mi barco co ntemplaba asombrado su prodigiosa rapidez, se levant de repente de su silla y acercndose a la borda se arroj de cabeza al mar. Es tal la velocidad del nautilo que cuando se detuvo estbamos a ms de un kilmetro de distancia. Regres al punto al lugar del siniestro, pero nuestras pesquisas fueron vanas. Fanny lanz un grito desgarrador y se abraz sollozando a su padr e, el cual acarici su cabecita, tratando de consolarla. Roberto, entristecido, se dirigi al Secretario. -Mr. Adams, todava es tiempo de evitar nuevas desgracias. Quiere usted telegrafiar a su Gobierno? El inalmbrico est a su disposicin. El Ministro de Marina, ocupado en consolar a su hija, no contest palabra. Roberto dirigi entonces sus pasos a la borda, y examinando el Oeste con su caja semejante a un estereoscopio, prorrumpi de improviso en exclamaciones de jbilo. -¡La escuadra! -grit el doctor Valle. Abrise entonces una ancha escotilla en la proa del Caas. y cien marinos, con uniforme de gala y la banda a la cabeza, se alinearon sobre la cubierta del submarino. Por el lado de Occidente apareci un soberbio espectc ulo: en un frente de ms de tres leguas avanzaban dos mil barcos en tres filas, en correcta formacin co mo un regimiento de infantera; encima de ellos, a mil metros de altura, volaban en una sola fila mil puntos negros. Hay en El Salvador unos gavilanes que al terminar la estacin lluviosa emigran hacia la cost a. Por espacio de varios das se les ve volar a

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9considerable altura, lenta y maje stuosamente, como un disciplinad o ejrcito. Observando aquellos mil aeroplanos se recordaba a los azacuanes salvadoreos por la serenidad de su vuelo y la regularidad de sus filas. La misma Fanny, dando treguas a su dolor, no pudo menos de volver los ojos hacia el maravilloso cuadro; su padre pareca alelado y el joven hondureo. agitando su que~is, saludaba frenticamente. -¡Por Dios. Mr. Adams, todava es tiempo! -grit Roberto. El aludido, sin contestar, continu mirando las dos es cuadras areas y martimas, cual si desconfiara de su fuerza y esperase que las de su patria dieran buena cuenta de ambas. Bruscamente aparecieron del lado de la costa cen tenares de puntos negros a diversas alturas, describiendo caprichosas espirales. Casi a un tiempo se iluminaron todos con un resplandor azulado y se oy un estruendo sordo y continuo como el de una artillera lejana. Los aviones americanos atacaban. Mr. Adams, que ob servaba emocionado la escuadra area del Japn, esperando ver caer algunas unidades bajo el fuego de sus paisanos, fue testigo entonces de algo que le hizo enmudecer de pasmo. Los mil aeroplanos nipones, en una sola fila, se haban detenido, permanecan inmviles como los colibres al chupar las flores. Ni uno solo fue derrib ado. Parecan peces sin alas, sostenidos por hlices invisibles. De pronto se desprendi de cada uno de ellos un objeto semejante a un cohete enorme. Aquellos mil dardos dirigidos contra los aviones norteamericanos los persiguieron tenazmente como los sabuesos a las tmidas liebres. En vano los aeroplanos yanquis se elevaban, descendan o giraban locos de terror: tras ellos iban los cohetes: siguiendo el vaco que dejaban las naves en su vuelo, e iban a adherirse bruscamente a la popa, produciendo sordas explosiones. Vease luego un copo de humo bronceado. Inmvil, macizo, y enseguida se distinguan restos de mquinas, de cuerpos humanos y de objetos extraos que por todas partes llovan al mar como las cenizas de una erupcin volcnica. ¡Los mil quinientos aeroplanos que defendan a San Francisco haban dejado de existir! Fanny perdi el conocimiento y su hermosa cabeza se dobl hacia atrs en el respaldo de su silln de junco. Acudi su padre a prodigarle sus cuidados, y aque l fiero sajn avezado a las luchas de la vida y a arrostrar con semblante sereno la mala fortuna, tena el suyo demudado y a duras penas lograba contener sus lgrimas. -Usted lo ha querido as, Mr. Adams -exclam severamente Roberto-. Ahora, ya es demasiado tarde. Antes de media hora esos mismos aviones que cons tituyen mi orgullo de inve ntor mecnico, habrn hundido los doscientos barcos de guerra estacionados en el puerto. La escuadra japonesa no disparar un solo caonazo; todo ser obra de mis temibles pjaros de metal. Con cincuenta libras de japonita echarn a pique el ms gigantesco dreadnaught. Tampoco el ejrcito amarillo tendr ocasin de luchar con el yanqui. Tres o cuatro hora s sern suficientes a mis pjaros m ecnicos armados con el infernal explosivo inventado por Amaru para reducir a polvo el ejrcito de dos millones, encargado de defender la costa del Pacfico. -Usted y slo usted, Mr. Adams, ser ante la Historia el responsable de tantos horrores. Vibraba con la indignacin la voz del costarricense, impresionando visiblemente al Secretario y a su hija, la cual haba ya vuelto en s. Mr: Adams inclin la frente bajo la tremenda acusaci n. Efectivamente, l se haba burlado al principio del supuesto podero de los enemigos de su patria, creyendo que sus asertos eran simples baladronadas; ahora que se haba convencido objetivamente de que los piratas contaban con recursos que sin exageracin podan calificarse de sobrenaturales, el viejo poltico lamentaba la ceguedad que le impidi avisar a tiempo a sus coterrneos el tremendo peligro que se cern a sobre sus cabezas. Su terquedad haba ocasionado la prdida de toda la escuadra area del Pacfico. Su exagerado amor propio, impidindole aconsejar a sus paisanos la rendicin incondicional e inmediata, como la propona Roberto, iba a producir la ruina de doscientos barcos de guerra y de casi otros tantos miles de valientes e instruidos marinos, y ms tarde la destruccin de todo el formidable ejrcito del Oeste.

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10Una horrible lucha de encontrados sentimientos parec a desarrollarse en el alma del orgulloso yanqui a quien su hija hablaba cariosamente a media voz; al fin, dirigindose a Roberto, que registraba el firmamento con su curioso estereoscopio, le dijo excitado: -Seor comandante, yo no puedo permitir esa estpida y salvaje carnicera. Voy a dar rdenes a la escuadra para que se rinda sin presentar combate, y a comunicar a mi Gobierno la necesidad de que el ejrcito haga lo mismo. -Es demasiado tarde -murmur tristemente el joven rubio-. La flota norteamericana ha iniciado el ataque y dentro de quince o veinte minutos los doscientos barcos estarn en las profundidades del ocano. ¡Esto es horrible, monstruoso! Seores -aadi dirigindose a los presentes-, quiero que ustedes sean testigos de que hice cuanto pude por evitar este paso extremo. Dejo a Mr. Adams todo el peso de la responsabilidad moral de lo que va a ocurrir. Durante uno o dos minutos hubo un silencio prof undo, amenazador, interrumpi do apenas por el sordo gruido de los motores de los tres nautilos que nave gaban lentamente, apareados, para presenciar el combate. En el cielo, en perfecta formacin y a considerable altura, estaban los mil aeroplanos inmviles como los colibres al libar el nctar de las flores. Las tripulaciones de los submarinos miraban hacia arriba y las bandas dejaron de tocar. Se oy luego un estruendo lejano, luego otro y otro, hasta que se fundieron todos en el ruido continuo y formidable de un Nigara. El espacio se pobl de puntos brillantes y de copos de vapores blancos y' verdosos, como si llovieran millones de aerolitos. ¡Cosa inaudita! Aquellas poderosas bombas no llegaban hasta los aviones japoneses y estallaban muy por debajo, sin derribar ninguno. Los artilleros nort eamericanos desconcertados suspendieron el fuego y entonces se vio un espectculo espeluznante. Los aviones, rompiendo sus filas, avanzaron un poco y se situaron en formacin irregular, como si cada uno tuviera su particular objetivo. En medio del silencio que sigui a las infinitas andanadas de los barcos, reson una explosin formidable, una seal indudablemente, pues antes de extinguirse sus vibraci ones se vio caer de los aeroplanos objetos negros que descendan como centellas. No hay palabra en ninguna lengua capaz de expresar la terrible impresin que en el odo puede producir la veladura casi simultnea de doscientos acorazados provistos de muchas toneladas de explosivos. Se vieron surgir del mar, a larga distancia infinidad de geiseros; la presin del aire fue tan terrible que en la cubierta de los submarinos muchos cayeron de espaldas y todos creyeron que sus pulmones iban a estallar. Pasado el primer momento de estupor, el comandante del Caas recorri con su anteojo el mar, y al bajarlo dijo con sincera pena: -Toda la escuadra ha sido destruida, sin escapar ni un bote ni un tripulante. Ahora nuestros aviones van a atacar las defensas de San Francisco y a valor lo s campamentos. A la noche, nadie podr impedir que un milln de japoneses ocupen militarmente el Estado de California. Pasado maana, si la Gran Repblica no se somete a las condiciones que la democracia impone a los imperios militares como el de Napolen, o plutocrticos como ste, nuestra escuadra area reducir a cenizas a Nueva York, a Chicago y a Washington; y si quisiera podra en menos de un mes borrar las trazas de la dominacin anglosajona en Norte Amrica. Podemo s hacerlo, pero no queremos. Uste des, en cambio, Mr. Adams, no tendran el menor escrpulo en utilizar tan poderosos medios de destruccin contra la raza latina a fin de sustituirla por otra ms vigorosa y activa. Haca largo rato que Mr. Adams permaneca ensimism ado, como si lo trgico de la escena ltima hubiese suspendido el proceso regular de su vigoroso cerebro. En vano Fanny se esforz por darle nimo y hacerle recobrar su serenidad habitua l; el Secretario de Marina, callado, sombro y con semblante inexpresivo, pareca haberse idiotizado repentinamente. En puridad de verdad, haba motivo ms que suficiente para perder la razn. La gran escuadra creada a costa de tantos sacrificios, dotada de todos los perf eccionamientos ms ingeniosos de la ciencia nutica, aquella escuadra que Mr. Adams supona invencible, capaz de enfrentarse a todas las del mundo... ¡hundida en pocos minutos por unas cuantas naves areas cuyo aspecto no tena absolutamente nada de imponente!

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11Los aviones, recobrando su primitiva formacin, avan zaron serenamente hacia el Este. Los tres nautilos permanecieron al pairo en espera de noticias, y Roberto orden que sirviesen el lunch a sus prisioneros, al doctor Valle; y a los comandantes del Mora y del Blanco, que acababan de desembarcar en la cubierta del Caas, obedeciendo a la invitacin del general en jefe. Von Stein, el capitn Amaru y Roberto se abrazaron cariosamente sin poder ocultar su emocin. Su obra redentora y altruista estaba en vsperas de cu mplirse. Rendido el ejrcito americano y desarmado el mundo entero, los pueblos comenzaran a gozar por primera vez de su libertad y a labrarse por s mismos su bienestar y su independencia. La mesa de popa ostentaba delicados ornamentos al egricos y media docena de botellas de champaa. Con el capitn Amaru desembarc el salvadoreo Delg ado, a quien sus camaradas recibieron como a un hermano. El politcnico vena entusiasmado. -Queridos amigos, ¡qu espectculo, qu prodigio! Nada me queda por ver en el mundo y ahora podra morir tranquilo, pues no es posible experimentar emocin superior a la de esta maana. Figrense ustedes el Blanco a me dia mquina, encabezando la expedicin detrs dos mil embarcaciones entre acorazados, cruceros y transportes, y en el aire, como un regimiento de granaderos, mil aeroplanos, cuyo poder conocamos como incontrastable. Me dieron ganas de convertirme en jefe de las fuerzas y conquistar toda la tierra. En un mes, se habr a realizado el eterno ideal de los reyes orientales, y aun occidentales, de tener a la humanidad esclav izada al servicio de un hombre, slo que ese emperador no se llamara Ciro ni Csar, Manuel I. Y al da siguiente de inaugurado tu gobierno autcrata -repuso framente Robertodejaras de existir. -EL simptico militar cuzcatleco abandon de repent e su tono, jovial y prosigui formalizndose: -¡No, no! Se acabaron los tiranos. Yo no pretendo ser el ltimo; solamente quisiera en nombre de la humanidad, que nos sirvieran el almuerzo, pues hace seis ho ras que no pruebo bocado. Llam Roberto a los criados y mientras preparaban la mesa fij sus miradas en el triste grupo formado por el Secretario y su hija. Fanny lloraba silenciosamente, recostada en el hombro de su padre. El Secretario miraba obstinadamente al suelo, como sin darse cuenta de la intensa afliccin de la adorable nia. Cuando los mozos sirvieron los primeros platos de la oppara comida, que Mr. Adams y Fanny ni siquiera probaron, se descubri en el cenit un punto negro y casi enseguida descendi sobre la cubierta del Caas algo a modo de un paracadas pequeo, que resu lt ser un ramillete de frescas flores en el cual vena atado este billete: -"General Mora.-San Francisco, capitul".-" Enviamos a Washington ultimtum.-W. Z." La gran flota japonesa comenz a desfilar ante los tres submarinos que se mantenan al pairo; pasaron no menos de trescientos grandes acorazados, unos quinientos cruceros y gran cantidad de transportes a cuyo bordo iban las tr opas de desembarco. -Todas esas formidables escuadra s -dijo pensativamente Robertoestarn reducidas a la impotencia antes de un mes. Si se negasen a hacerlo, corrern la misma suerte de la que hoy ha desaparecido. El Secretario Adams y Fanny, sin probar nada, dominados por la tristeza, se haban mantenido alejados del resto del grupo. Roberto se acerc a ellos y dijo: -Mr. Adams, acabo de recibir un despacho del jefe de la escuadra area en el cual me comunican que San Francisco ha capitulado con todo su ejrcito y que se han telegrafiado a Washington las condiciones que imponemos para cesar la guerra. Por lo pronto, usted y la seorita estn libres y pueden desembarcar ya, si as lo desean. -Yo no puedo volver a mi patria -replic sombramente el Secretario-; no merezco pisar un suelo que no supe defender: mis conciudadanos me juzgar n no slo inepto, sino acaso traidor. ¡Qu bien hizo Jack al arrojarse al mar! Mientras yo cobarde ...

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12-Mr. Adarns, usted ha cumplido con su deber y nadie puede reprocharle nada; el pueblo norteamericano le har justicia. Nadie est obligado a prever lo imprevisto ni l descubrir lo que el mundo entero no ha sospechado siquiera en tantos meses. Los tres submarinos se haban puesto lentamente en marcha hacia el Este, navegando en la superficie con las rojas banderas izadas. Cerca de la costa se perciban los centenares de humaredas de los barcos japoneses. Los nautilos a cien metros uno de otro, cortaban las ondas sin el ms leve balanceo. En la cubierta del Cenes haban quedado apenas el rubio comandante y los dos norteamericanos, sentados en sendas poltronas y sin cruzar palabra. Fanny miraba al suelo, con la angustia pintada en su bello rostro, anonadada por el cmulo de fatalidades que haba interrumpido el agradable curso de su existencia; Mr. Adams, con los ojos entornarlos y la cabeza recostada en los brazos cruzados sobre el respaldo de la mecedora, pareca dormitar; Roberto, .con su extrao anteojo en la mano, observaba la costa. De la entrada de la baha se desprendi un torpedero que avanz al encuentro de los submarinos con la rapidez de una flecha. Slo Roberto se dio cuenta de la aproximacin de la nave; sus melanclicos compaeros no advirtieron nada hasta que el silbato del minsculo destructor reson al costado del Caas. Un instante despus salt sobre la cubierta un joven moreno, con uniforme gris; y al punto corri a saludar al general, quien le tendi cariosamente la mano. -Qu ocurre? Has recibido noticias de Colombia, Antonio? -Al contrario: he enviado a mi patria un mensaje, anuncindole que la formidable Unin est disuelta y que en adelante los latinos no sufriremos ms desmem braciones ni ultrajes hechos en nombre de la fuerza. General, el Gobierno de Wa shington, viendo la absoluta imposibilidad de resistir, ha declarado disuelta la Unin y convenido en desarmar todos sus buques de guerra; cada Estado ser una repblica independiente y en igual condicin quedarn todos los pases del resto de Amrica. Hemos intimado lo mismo a Inglaterra para que destruya su flota y deje en completa libertad a sus colonias. y a Francia en iguales trminos. -Est bien -dijo Roberto-. Que nuestros aviones se trasladen inmediatamente a la costa del Atlntico para hacer entrar en razn a las potencias europ eas y una vez conseguido nuestro objeto Irs t a reunirte con nosotros en el cuartel general de la isla del Coco, para donde partiremos cuando hayamos desembarcado a nuestros distinguidos prisioneros. -Precisamente este asunto es el que me trae a bord o, pues las noticias que debo comunicar no podran trasmitirse por telgrafo. Cuando la poblacin de San Francisco supo que a bordo traamos al seor Secretario de Marina, hizo mani festaciones hostiles que segn parece se han extendido a los dems Estados de la antigua Gran Repblica. No creo prudente que los seores vayan a tierra; y como los nautilos van a partir enseguida para el Sur, es pr eferible que desembarquen en Centro Amrica, en donde estarn al abrigo de las venganzas de sus paisanos. Mr. Adams, haba adoptado de nuevo su actitud indiferente y ensimismada; por las descoloridas mejillas de Fanny resbalaban una tras otra las lgrimas. -Adis, Antonio -repuso Roberto abrazndole cariosamente--. Cuando el Japn desarme su escuadra, toma tu aeroplano y v a reunirte conmigo en la isla misteriosa. Todos los Caballeros de la Libertad debemos estar juntos all para celebrar el da de la aran liberacin. Cuando parti el torped ero, el comandante Mora dijo al Secretario: Siento mucho lo que ocurre, Mr. Ad ams; pero por lo que cuenta Antonio no es posible desembarcar a ustedes en San Francisco. El Caas va a partir inmediatamente para el Sur; si usted no tiene inconveniente iremos a Costa Rica, en donde no podrn temer nada. Mi madre est all sola, y Fanny encontrar en ella la madre que perdi cuando era muy nia. Mi casa est enteramente a la disposicin de ustedes, mientras voy a la isla a terminar mi mi sin. Despus publicar todos los detalles de la gran obra para que el pueblo norteamericano vea que su Secretara de Marina no tuvo culpa alguna en lo sucedido y que nadie habra podido portarse ms digna y patriticamente. Mr. Adams no abri siquiera los ojos, como si no hubiese odo las anteriores palabras; pero la joven alarg su mano al ingeniero y la oprimi agradecida. Unos minutos despus los tres submarinos dirig an la proa al Sur con velocidad moderada y mantenindose a unas diez leguas de la orilla. El sol iba ya declinando, y en la apacible y fresca tarde se

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13respiraba un ambiente primaveral, saturado de felicidad y de vida, que contrastaba con los horrores de la maana, como muda protesta de la natural eza contra las crueldades de los hombres. Roberto orden que sirvieran la comida bajo la toldilla de popa; pero MI'. Adams no prob bocado ni sali de su mutismo; y su hija, impresionada por su triste actitud, tom apenas una taza de caf. Al levantarse de la mesa Roberto llev aparte a Fanny y le dijo: -Es necesario distraer a su pap. Maana cuando se levante hgalo subir sobre cubierta y procure hacer que se resigne con los acontecimientos. Hay que tomar la vida con filosofa. No ha mucho Mr. Adams deca a usted que los antiguos representaban la fort una como una rueda, y en efecto, no hay nada ms voluble. Lo que hoy est abajo, maana se encuentra encumbrado, sin que haya nada estable. Vea usted, Fanny, yo soy actualmente el rbitro del mundo -lo digo sin jactanciapues mis inventos y los del capitn Amaru pueden aniquilar en un inst ante las fuerzas terrestres y martimas de todas las potencias de la tierra: Cuando los pueblos oprimidos sepan quin es su libertador se levantarn centenares de estatuas, sin perjuicio de quemarme en efigie un ao ms tarde, cuando resulte que me he equivocado y que el mundo era ms feliz bajo el imperialismo -aadi riendo cordialmente. -De modo -repuso Fannyque usted no est muy seguro de proceder bien en su empresa. -La humanidad es tan incomprensible, que jams es t uno seguro de que su accin ser considerada eternamente como buena. Vea usted, Fanny: mi pas erigi dos monumentos en conmemoracin de la derrota que en 1856 infligi a los filibusteros yanqui s. Hace poco derrib esas estatuas para sustituirlas con la del invasor Walker y la de un Presidente norteamericano que prepar la ocupacin militar de Centro Amrica. En estos momentos cuando mi patria se entere de la cada del guila, volvern a su sitio las estatuas de los patriotas. Quin sabe si maana, al convencerse de que estas repblicas necesitan una mano de hierro que mate de golpe las ambiciones locales y las revueltas, Costa Rica no volver a prosternarse ante las estatuas de Walker y de Wilson? -Entonces usted no obra de buena fe, Roberto. Su escepticismo debiera haberle hecho ms cauto y no dejarle consumar tantas desgracias sin estar co nvencido de la moralidad de su empresa. -Procedo de acuerdo con mis convicciones y mis ideales como el cientfico que emprende lleno de fe un experimento. Si me equivoqu, el tiempo lo dir. De todos modos, mi experimento ser decisivo y la humanidad sabr a qu atenerse con respecto a su porvenir. Razas y puebl os autnomos, disponiendo libremente de sus destinos, o un imperio universal, disciplinado y sujeto a una autoridad central, como lo soaron Ciro, Alejandro, Napolen, Guillermo II y Wilson. La experiencia ser decisiva. Si me equivoqu y los puebles me queman en efigie, tanto me jor. A lo menos que se reconozca mi desinters y que toda mi labor, que podra haberme hecho dueo de la tierra, la he consagrado a un fin humanitario Y altruista. Cualquiera que sea mi suerte, quiero qu e usted, Fanny, la nica mujer que he amado, mire en m un Quijote que se sacrifica por sus semejantes, sin utilizar sus inventos en provecho propio. Fanny contemplaba absorta la radiante fisonoma del joven, cuya superior inteligencia y noble corazn engrandecan su figura hasta darle las proporciones de un ser sobrenatural. Baj los ojos cuando Roberto le manifest sin rodeos su amor; su turbacin era muy natural, pues aquel arrogante mozo cuyos obsequios haba rechazado al saber su nacionalidad, obedeciendo a las instigaciones de orgullosos compatriotas, era el nico hombre que la haba impresionado y atrado desde el da en que se conocieron. -Dentro de tres das. Fanny, estaremos en la isla del Coco -aadi estrechndole la mano-. Mientras tanto, procure distraer a su pap, que una vez llegados all yo me encargar de devolverle su buen humor. Fanny oprimi agradecida la diestra del comandante y no apart de l sus miradas hasta que desapareci por la escotilla. En los das subsiguientes la joven subi sola sobre cubierta, en donde pas muchas horas en ntima conversacin con el ingeniero. Mr. Adams se haba ob stinado en no salir de su camarote ni en probar alimentos, lo que preocupaba h ondamente a la cariosa hija. -Djele usted -repeta Roberto-; cuando reflexione sobre lo ocurrido se disiparn sus penas. Mis publicaciones, adems, sincerarn su conducta ante los ojos de las Re pblicas del Norte, y todos sabrn que ustedes cayeron prisioneros sin poder hacer nada en favor de su patria.

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14-Pap me tiene preocupada -respondi tristemente Fanny-; no ha vuelto a cruzar palabra conmigo y se niega obstinadamente a probar nada. -Procure usted hablarle de cosas que no se relaci onen con su situacin. Maana al amanecer haga que suba al puente, pues muy temprano estaremos a la vista de la isla del Coco, y el espectculo es digno de contemplarse a esas horas. La isla en esta poca o frece el aspecto de un inmenso piln verde, bastante alto, del cual caen al mar centenares de cascadas argentinas. Sabe usted una cosa, Fanny? Mi ideal sera ser dueo de una isla solitaria como la del Coco, vivir en ella con una mujer amada y, apartados de las miserias y mezquindades sociales, renovar all el idilio del paraso. [Cunto me repugna el contacto del mundo! Bajezas, intrig as, calumnias, ruines venganzas, chismes innobles, vapor de odio que sofoca y marea, en vez de puras brisas cargadas de amor y simpata. Yo nac para amar, Fanny; para proporcion ar a mis semejantes los medios de ser felices; para tender la mano a los desvalidos y compartir con ellos sus penas. En pago qu he cosechado? El odio injustificado de aquellos a quienes ms favorec, ingratitud y olvido; mordeduras de vboras que calent en m! seno ... [Ah, Fanny! [Si usted supiera cuntas amarguras guardo en mi pecho! Cualquiera en mi lugar habra devuelto mal por mal, pues dispongo de poder bastante para causar dao; pero yo no puedo odiar; los ingratos, los infames, los criminales me inspiran profunda lstima; algunos asco; ninguno odio. Yo quisiera ver la tierra ocupada por centenares de pueblos libres y felices, saneada y cultivada, cap az de contener y alimentar una poblacin que no se multiplicara estpidamente como ahora; deseara ver a los hombres todos equilibrados, exentos de vicios, disfrutando plcidamente de la vida; sin guerras ni pestes, ni penas. Morir sin ver realizadas mis aspiraciones. La especie humana est loca; el hombre no es ms que un ser desequilibrado por haber dado la preferencia al desarrollo del cerebro sobre los de ms rganos, consagrndose al estudio, en lugar de atender un poco ms a sus funciones naturale s. Qu seran nuestras ciudades si los campos no les enviasen su gran contingente de cerebros sanos? Inmensos manicomios. Fanny escuchaba con religioso respeto el extrao disc urso de su antiguo cortejante, que siempre solcito y carioso, procuraba hacerle menos enojosa su prisin. Jams habra sospechado que aquel joven rubio, a quien haba despreciado, poseyera una inteligencia tan elevada, unos sentimientos tan generosos y una voluntad tan firme. Sentase ella tan insignificante a su lado, que cuando hablaba lo haca con ese temor del estudiante que consulta a un sabio. Pasaban todo el da solos, en la cubierta del Caas, viendo esfumarse la costa con sus cordilleras azuladas y sus verdosas islas. De cuando en cuando se presentaba Jiso el telegrafista con despachos que entregaba silencioso al comandante, el cual despus de leerlos los pasaba a su bella compaera. Eran casi todos homenajes que las ciudades de Mjico y de Centro Amrica tributaban a su libertador, a aquel costarricense desconocido la vspera y hoy clebre en todo el mundo. * En la maana del 5 de mayo los tres submarinos divisaron los picachos de la isla del Coco. Roberto recibi la noticia en el comedor cuando tomaba su desayuno; y se dispona a subir sobre cubierta, cuando reson en el saln un gr ito de suprema angustia, cuyo timbre era familiar al joven ingeniero. Acudi inmediatamente y vio a Fanny envuelta en blan co peinador, desesperada, loca, en la puerta de su camarote. -Qu ocurre? -exclam. -¡Pap est muerto, s! ¡Dios mo! Roberto trat de calmar a la bella, cuyos brazos se retorcan convulsivamente y cuyo cuerpo todo temblaba como el de un azogado. Luego se asom al camarote y se detuvo horrorizado en el umbral. Sobre el lecho resaltaba la faz cadavrica del Secretar io en las sbanas tintas en sangre. En el suelo una navaja de afeitar revelaba cmo se haba consumado el suicidio. Mr. Adams, como Jack, no haba podido soportar la pena que le causara la disolucin de su poderosa patria. Roberto hizo el saludo militar como postrer homenaje al ilustre muerto, y corri luego a atender a Fanny que se haba desplomado sobre el piso del saln. * A medioda los acantilados de la isla del Coco fueron testigos de una fnebre ceremonia, la primera quizs que se celebraba en aquellas playas inhospitalarias.

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15Una fosa abierta en la pea recibi el cuerpo del distinguido hombre pblico cuyo genio haba convertido los Estados Unidos durante dos aos en la primera potencia naval del mundo. Aunque Roberto se empe en que Fanny no saliera del nautilo, la joven manifest su resolucin de asistir al entierro y dar a su padre el ltimo beso an tes de verlo desaparecer para siempre. Alrededor de la sepultura se agrupaban silenciosos el capitn Amaru, el conde Stein, Manuel Delgado, el doctor Valle y un centenar de marinos de diversas nacionalidades, formados en cuadro, mientras las bandas de los submarinos ejecutaban la marcha inmortal de Chapn. Cuando comenzaron a caer sobre el cuerpo del infortunado Mr. Adams las primeras paladas de tierra, empez Fanny a temblar y habra cado al suelo si Roberto no la hubiese sostenido por la cintura. Hasta entonces no repar Roberto en una coincidencia: los marineros haban cavado la sepultura de Mr. Adams, precisamente en la misma eminencia desde donde los tres norteamericanos haban contemplado la puesta del sol la tarde en que arribaron a la isla, en el lugar en donde al d a siguiente el Secretario, mientras cantaba las glorias de su pas, fue interrumpido en su discurso por la voladura del Nicaragua. Terminada la fnebre ceremonia el cortejo se puso en marcha con direccin a las cavernas, en cuyo canal estaban anclados los tres nautilos. El ingeniero, sosteniendo a la joven con la solicitud de un hermano, le dijo al llegar a la segunda cueva de la derecha en la cual estaba la escalera que conduc a al lujoso piso habitado por la oficialidad de los barcos: -Fanny, me he tomado la libertad de hacer trasladar su equipaje a uno de los cuartos del segundo piso, porque sera muy doloroso para usted volver a su camarote. Aqu estar menos incmoda Y podr salir a cualquier hora al aire libre, pues ya no hay rejas qu e impidan el paso. Quisiera llevarla inmediatamente a Costa Rica al lado de mi madre; pero no puedo ausentarme de aqu antes de dos das. Una vez en San Jos es usted duea de quedarse en mi casa meses, aos ¡ojal toda la vida!, o de regresar a su pas. -¡Gracias!, es usted muy bueno, Roberto -contest sollozando la linda joven-. ¡Yo no tengo ya ni patria ni padres ni hermanos ni siquiera amigos! Roberto le estrech cariosamente las manos y le dijo, cuando llegaron a la habitacin: -Aquel telfono se comunica directamente con mi cuar to; si hay alguna novedad, si desea algo, no tiene ms que avisrmelo. Tocando ese botn elctrico aparecer inmediatamente un criado que est exclusivamente a su servicio. Cuando Roberto se hubo marchado, no pudo menos Fanny, a pesar de su dolor, de admirar y agradecer la delicadeza con que el arrogante mozo le haba preparado su alojamiento. Esa tarde recibi el comandante un despacho inalm brico cuya lectura le llen de satisfaccin. En la cena, cuando estuvieron reunidos los cinco amigos, dijo: -Maana a las seis debemos estar en la plazoleta del telgrafo. Tendremos visitas. Acostumbrados a la reserva de su jefe, sus compaer os se guardaron de interrogarle y todos comieron con apetito, aunque evitando hablar en voz muy alta y rer, por respeto al dolor de Fanny, cuyo aposento estaba cercano. Al amanecer, los Caballeros de la Libe rtad, instalados en el automvil, se dirigieron rpidamente a la estacin inalmbrica. Al llegar, sali de la garita Jiso el telegrafista y saludando militarmente a Roberto, dijo en esperanto: General, acabo de recibir un despacho desde alta mar. Dentro de un cuarto de hora estarn aqu. El ingeniero sac de la funda su extrao anteojo y despus de recorrer la parte norte y este del cielo, grit: -¡En efecto, ya estn a la vista! Todos se inclinaron sobre la curiosa cmara de Roberto y vieron claramente dos puntos negros que volaban apareados hacia la isla. No haban transcurrido diez minutos cuando levantando los ojos al cenit divisaron a considerable altura dos naves areas, ve rdaderos pjaros mecnicos, sin alas, los cuales despus de mantenerse inmviles un rato, descendier on verticalmente con acelerada rapidez, como en una cada mortal. A cien metros de altura se detuvieron de nuevo y siguieron cayendo lentamente, como dos paracadas, hasta que se posaron blandamente so bre el csped, acompaados del zumbar de cien hlices pequeas que sobre cubierta permitan a las naves ascender y aterrizar verticalmente.

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16Del primer avin salt Antonio, el piloto colombiano que en la baha de San Francisco llev un mensaje al Caas. Roberto le abraz y lo mismo hicieron sus cuatro camaradas; pero inmediatamente volvieron los ojos llenos de curiosidad hacia el personaje que acababa de desembarcar del otro avin. Era un hombre como de cuarenta aos, alto y robusto, aire militar, tez curtida por el sol, ojos negros y vivos y barba del mismo color, cuid adosamente recortada. El general Mora le estrech la mano y volvindose a sus sorprendidos amigos, dijo: -Tengo el honor de presentar a ustedes al sptimo Caballero de la Libertad, al coronel mejicano, mi compaero de estudios en Inglaterra, don Salvador Morelos, jefe de la escuadra area japonesa que delante del puerto de San Francisco arruin el podero norteamericano. -Yo no he sido ms que el brazo que ejecuta, ustede s la cabeza que dirige -conte st el recin llegado con voz sonora y enrgica. -Qu noticias nos traen ustedes? -Una sola -replic solemnemente el Coronel Morelo s-, que nuestra misin, la misin de los siete Caballeros de la Libertad ha terminado. -¡Cmo! -exclamaron casi a un tiempo Roberto, van Stein, Amaru, Delgado y Morazn, .mientras Antonio sonrea satisfecho. -S -continu con el mismo tono grave e imponente Morelos-. Las potencias europeas han capitulado, sobrecogidas de temor por lo que les comunicaron sus ministros residentes en Washington y su aliado el Gobierno de la Gran Repblica hoy disuelta. ni camente la Gran Bretaa se mostr incrdula y entonces yo mismo telegrafi desde San Francisco al Almirantazgo Ingls, proponiendo una prueba convincente, aunque dolorosa. Ofr ec destruir con slo dos aviones el escuadrn naval y areo estacionado en Jamaica. No recib contestacin: sin duda el Gobierno Ingls pens que se trataba de una broma o de una fanfarronada, Y no hubo ms reme dio... Ayer a las nueve de la maana... Fue un espectculo estupendo, aunque salvaje. ¡Culpa de la terquedad sajona! Frente a Kingston salieron a encontrarnos, a la hora de la cita, unos cincuenta aeroplanos. Los nuestros con la quilla protegida por las placas que los hacen invisibles desde abajo, no llevaban las de la proa. Queramos que nuestros enemigos areos nos viesen como en el combate de San Francisco y pudiesen dar cuenta a sus compatriotas de que haban combatido apenas contra dos, en tanto que nos divertamos imaginndonos a los oficiales de los seis grandes acorazados asestando intilmente sus telescopios al firmamento para descubrirnos. Nuestros dos caones neumticos dispararon sin ruido cincuenta cohetes. Renovose la escena de San Francisco y los aeroplanos fueron cayendo al mar uno tras otro como golondrinas cazadas al vuelo. ¡Qu lejos estaban de sospechar que se habran es capado del peligro con slo permanecer siquiera un minuto enteramente inmviles en el espacio! Pero aun sabindolo cmo habran podido ejecutar esa maniobra sin el prodigioso invento del general Mora? Luego, como un alarde de desprecio descorrimos las placas de la quilla para que pudiesen vernos los dreadnaughts, pero antes qu e pudiesen disparar sus formidables caones, cada uno haba recibido a bordo un quintal de japonita. Seis columnas de humo sealaron a la ciudad el lugar que un minuto antes ocupaban los barcos. Volamos luego sobre la poblacin horrorizada y de jamos caer sobre ella una, docena de hojas que tenamos escritas de antemano y que decan: "Poseemos medios para hundir los treinta submarinos que protegen la baha, aunque se sumerjan a cuarenta metros; pero nos duele sacrificar ms vidas inocentes. Aconsejen al Gobierno de la Metrpoli que acepte nuestras condiciones." Punto y seguido volamos en lnea recta para ac y aqu nos tienen. Probab lemente hoy recibiremos otras noticias. Mientras todos felicitaban calurosamente a los dos aviadores que haban realizado la proeza ms increble que registra la historia de la guerra, Jiso que haba permanecido en su caseta, se present con un papel en la mano y se lo entreg respetuosamente al rubio ingeniero. Era un despacho en cifra y al leerlo lanz una gran exclamacin. En medio de las curiosas miradas de. sus amigos, se levant Roberto de la piedra en qua se haba sentado, y descubrindose con religioso respeto dijo con voz trmula por la emocin: -Seores, saludemos en este da la aurora de los pueblos libres. Hoy comienza una nueva era para la humanidad. Inglaterra y las dems pot encias convienen en el desarme completo y en la independencia de las colonias. Cada nacin enva inmediatamente un delegado a cada una de las otras para ver que se cumpla lo pactado. El 4 de julio los inalmbricos de toda la tierra llevarn hasta los rincones ms apartados la noticia de que termin para siempre el im perio del guila y que ya este fatdico smbolo no

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17volver a aparecer en las banderas de otras Romas, de futuros Napoleones, tsares, ni emperadores germnicos. Le hemos cortado las garr as. ¡Vivan los pueb los libertados! -¡Vivan sus libertadores, el general Mora y el capit n Amaru! -grit el mejicano Morelos entusiasmado. -¡No! -grit a su vez Roberto-. Vi van los Caballeros de la libertad, los hombres de todas las razas que han contribuido generosamente a esta obra redentora. Pasados los primeros transportes de jbilo, Roberto dio sus rdenes precisas. A medio da partiran los tres nautilos, que regresaran al da siguiente a su base. En el Caas conducira l a Fanny hasta Puntarenas. El capitn Amaru llevara a Antonio a Panam, en donde estaba su familia; y el conde Stein en el Blanco era el encargado de acompaar hasta Acapulco al coronel Morelos, a quien su patria agradecida preparaba sin duda una apoteosis. Los dos av iadores iban slo de paseo, pero deban estar de vuelta a fines de junio, para aguardar todos reunidos en la isla la noticias del desarme universal y la disolucin de los grandes imperios. Pasada esa fecha, las tripulaciones bien gratificadas volveran al servicio del Japn; el conde Stein y diez de sus compatriotas se quedaran en la isla, en donde proyectaban establecerse con sus familias y fund ar una colonia agrcola. Los dems Caballeros regresaran a sus respectivos pases; pero se convino en que todos los aos vendran a pasar el mes de enero en la colonia. -¡Como no se le ocurra a von Stein apoderarse del mundo! -dijo riendo Manuel Delgado-; quedan aqu los submarinos y dos aviones. El alemn sonri y lo mismo hicier on los presentes, excepto el capit n Amaru; el cual en un momento en que se encontr con Roberto alejado del grupo, le dijo en voz baja: -General, no cree usted que pueda ocurrir lo que en broma dijo Delgado? ¡E stos alemanes son tan ambiciosos! Adems, von Stein particip en nuestra obra ms por odio a los yanquis que por comulgar con nuestras ideas. -Duerma usted tranquilo, capitn. Von Stein es leal. Adems, no posee nuestros secretos sin los cuales las mquinas que dejamos aqu y las mil que volvern al Japn son juguetes enteramente inofensivos. Hoy el mundo no puede temer nada, sino de dos hombres, que somos usted y yo -aadi sonriendo. Entonces -replic Amaru apretndole la mano tambin el mundo puede dormir tranquilo. * As que hubieron regresado a las habitaciones subterrneas para tomar el desayuno, Roberto pregunt al sirviente por la seorita Fanny. -Sali hace poco -respondi ste-o Roberto permaneci preocupado dura nte el almuerzo y apenas hubo terminado se encamin a la salida de la caverna, desde donde descendi a la hondonada y comenz a subir con paso firme y rpido por la falda de la colin a opuesta, en la cual esta ba sepultado Mr.. Adams. Durante la madrugada unos marineros, por orden de Roberto, haban levantado sobre la fosa una pirmide de piedras amarillas, negras y rojizas co mbinadas con gusto y unidas con arcilla, en cuyas juntas haban sembrado orqudeas y helechos. De hinojos ante el tmulo, cubrindose los ojos con el brazo derecho, y el izquierdo tendido sobre las losas, estaba la bella joven, llorando en silencio. Roberto se detuvo para contemplarla un instante. Record haber visto en el cementerio de Florencia esculturas admirables sobre las suntuosas tumbas; pe ro ninguna poda comparar se en gracia y expresin a aquella linda nia, viva imagen del dolor sublime que no puede externarse con palabras ni con lgrimas. Al ruido de las pisadas levant Fanny la cabeza y divi sando al ingeniero se puso en pie con viveza, se acerc a l y le estrech la diestra entre sus dos manos. -¡Usted, Roberto, ha hecho esto! ¡Gracias, gracias! El se descubri respetuosamente y dijo con voz grave y pausada, dando unos pasos haca el tmulo. -He venido a buscarla aqu, Fanny, porque slo ante la tumba de su padre debe usted or las palabras que van a salir de mis labios. Dentro de tres horas partiremos todos de esta isla. Como usted no desea volver por ahora a su patria, en donde no tiene familia, ni amigos ni fortuna que administrar, he pensado, si usted no se opone a ello, llevarla a San Jos, al lado de mi madre, ya muy anciana.. Cuando ella muera, me hallar tan solo en el mundo como usted. Quiere usted que unamos nuestros destinos? Yo consagrar mi vida a procurar que la suya sea ms dichosa en lo futuro que en la actualidad. Quiere

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18usted ser mi esposa? As estar ms cerca de la sepu ltura de su padre, y ms cerca an cuando traslade estos queridos despojos a la capital de Costa Rica. Si usted no me juzga digno de labrar su felicidad, considreme siempre como un hermano y disponga en absoluto de mi persona y de cuanto poseo. Fanny le contempl asombrada al travs de sus lgrimas y luego baj los ojos, ruborizada y pensativa. -Perdone usted mi imprudencia -continu l humildementepero quera que usted oyese mi solicitud en este sitio, con esa tumba por testigo, y no ms adelante, en mi casa, en donde yo nunca me habra atrevido a hacerlo. Fanny levant de nuevo hacia l los ojos con una expresin indefinible de gratitud, de admiracin y de cario. -Acepta usted? -murmur Roberto casi a su odo. Por toda respuesta Fanny le tendi la mano que l bes y retuvo en la suya. Luego ambos jvenes se arrodillaron ante la sepultura para dar su ltimo adis al esclarecido patriota y eminente hombre pb lico que haba ido a terminar su carrera en aquella isla solitaria. Cuando se alejaron lentamente, cogidos del brazo, el sol reverberaba sobre el ocano, transformndolo en un estanque de plomo fundido, encerrado en el crculo perfecto del horizonte. El cinturn de espumas que cea la isla deslumbraba como una herradura de acero al salir de la fragua, y sobre l revoloteaban a la manara de copos de nieve arrastrados por un torbellino, millares de aves marinas que poblaban de extraos gritos el aire. Ambos jvenes admiraban profundamente abstrados el grandioso panorama a medida que descendan por la pendiente de la colina. Se sentiran acaso impresionados por la semejanza entre aquel ignoto mar y el que iban a atravesar juntos en la frgil barquilla de su suerte futura? Preocupaba a ella el temor de no hallar la felicidad en un pas extrao, en medio de gente tan diferente de la suya? Pensara l en el porvenir de su grandiosa obra, que pareca cristalizar se en aquel providencial enlace que iba a fundir en una dos razas antagnicas? Robert o contemplaba en su imaginacin a las naciones unidas, no por la presin de la fuerza sino por los lazos del amor: los hombres libres y felices; los pueblos sin guerras; las sociedades mejoradas por la educacin, exentas de vicios y de crmenes; las ciudades saneadas, embellecidas y risueas; los hogares, sin lgrimas y rebosantes de bienestar y de paz ... Pero y si se haba equivocado? Y si la humanidad no estaba an preparada para realizar es e ideal supremo? El, por su parte, estaba tranquilo, con la conciencia de haber obrado honradamente. De pronto Fanny y Roberto cruzaron una larga mirada como si mutuamente hubiesen adivinado sus recnditas preocupaciones. Haba en el rostro del jo ven ingeniero tanta nobleza y resolucin, en sus ojos tanta dulzura y en su frente tanto genio, que la li nda americana reclin la cabeza en el hombro de su compaero, subyugada, vencida. Era el amor que renaca. El la bes en las mejillas y luego ambos serenos y fuertes, llenos de fe en el porvenir, continuaron su camino cogidos de la cintura, seguros de que si algn da la humanidad ha de ser redimida, lo ser por la energa y el amor de las almas superiores. Guadalupe, 27 de abril de 1920.

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19 Carlos Gagini (San Jos, Costa Rica, 1865-1925) La produccin de Gagini es ininterrumpida; escribi sobre divers os temas desde su adolescencia hasta pocos das antes de su muerte. Desde muy joven empez a colaborar en las revistas y peridicos de su poca. La actividad ms importante de Carlos Gagini fue la filologa, en la que era una verdadera autoridad. A l se deben importantes estudios sobre las lenguas indgenas de Costa Rica, varios textos gramaticales para escuelas y colegios y sobre todo un diccionario de costarriqueismos, el primero en su clase en Costa Rica. Fue miembro de la Acaddemia Costarricense de la Lengua, miembro de la Academia Espaola de la Lengua, de la Asociacin de Autores, de la Academia de Historia y Geografa de Brasil, de la Academia de Crear, de la Academia de la Lengua de El Salvador, de la Academia de la Lengua de Guatemala y de la Academia de la Lengua de Venezuela. Adems fue director de las revistas "Costa Rica Ilustrada", "La Educacin costarricense", "Revista Agrcola" y "Pandemonium". Muri en la ciudad de San Jos el 31 de marzo de 1925 BIBLIOGRAFIA "Cuentos grises" (1865) "Chamarasca" (1862) "Ensayo lexicogrfico sobre la lengua de Trraba" (1892) "Diccionario de Barbarismos y provin cialismos de Costa Rica (1892) "Ejercicios de la Lengua Castellana" (1897) "Vocabulario de la Escuela" (1897) "El silbato de plata" (1904) "EL vocabulario de los nios" (1904) "Don Concepcin" (1905) "El Marqus de Talamanca" (1905) "Ilusiones muertas" (1905) "Los pretendientes" (1905) "Elementos de gramtica castellana" (1907) "Los aborgenes de Costa Rica" (1917) "Diccionario de costarriqueismos" (1918) "Vagamunderas" (1920) "El rbol enfermo" (1920) "La cada del guila" (1920) "La sirena" (1920)

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20 LOS ELECTROCUTADOS DEL ATOMO Alfredo Cardona Pea Fueron sentados en un trono de odio, sobre la silla oscura del relmpago. Lo he de decir porque me quema el sueo y por las sienes entra y me destroza como una sangre con vidrios mordidos. Es el vaho del miedo, la conjuracin de los aullidos esteparios, la gran venda cayendo sobre el fiel. Es la injusticia empapando a los justos con una materia inflamable de alto voltaje. Es una madre ardiendo y sin embargo tranquila, su llanto es fuego y sube a la sonrisa de los hijos, el da de la consumacin. Es un hombre como una catedral derrumbndose, solo, en el interior llagado del escarnio. Son los lobos, los lobos, y todas las humillaciones, comenzando por la de la Cruz. Esto digo llenando mi boca de ceniza, pero alguien me detiene: "No escriba de estas cosas -me dice con su mano de finsimo fro-, haga sonetos como lindas pieles, vuelva a la rosa pura y a la estrella." Yo lo contemplo sin decirle nada, pero el dolor y la vergenza, juntos, organizan mi voz como un arado. ALFREDO CARDONA PEA Naci en San Jos el 11 de agosto de 1917. En cuanto h acedor de ficciones, Cardona Pea fue uno de los primeros y todava pocos narradores costarricenses que se apart del realismo y explor la fantasa, en colecciones como Cuentos de magia, de misterio y de horror (1966), Fbula contada (1972), Los ojos del cclope (1980). Sin embargo, fue su obra lrica la que le dio temprana fama y que se recuerda con persistencia; se destacan tres o cuatro poemarios sobre el conjunto, apenas es posible mencionar algunos nombres y apuntar que es mucho lo que falta: su primer poemario El mundo que t eres (1944), Los jardines amantes (1952), Cosecha mayor (1964), Anillos en el tiempo (1980). Con una antologa de sus poemas gan el Premio Nacional de Campeche en Mxico, en 1983. Aunque abandon Costa Rica poco ms que adolescente, este “poeta de felices emociones y de felices palabras”, al decir de Alfonso Reyes, vivi con nostalgia su residencia lejos de la patria. Cada ao visitaba el pas para ver a su familia, revisar cmo andaban sus libros que por aqu se publicaban y dar una o dos conferencias. Al morir el 1 de febrero de 1995, estaba escrito en su testamento que quera ser enterrado en Costa Rica, en el Cementerio General, al lado de su madr e. Nuestro poeta, quien dijo que la patria “acaso sea la infancia subiendo por los das”.

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21BICENTENARIO Ivn Molina Jimnez –Sintese, por favor. –Gracias. Como le expliqu en mi mensaje, soy periodista del Mexico Times y preparo un reportaje sobre la privatizacin de los activos culturales del Estado costarricense. Aunque el caso de Costa Rica est abundantemente doc umentado, me gustara volver sobre algunos temas ya conocidos y profundizar en otros. Pu esto que usted fue la diputada que lider la oposicin al proyecto, considero fundamental incorporar su punto de vista. –Con mucho gusto. –Tengo entendido que la propuesta original de privatizacin se present a la Asamblea Legislativa en abril del 2046? –S, aunque bajo la forma de una apertura re gulada. Ese asunto fue el eje de la campaa electoral del 2042. El candidato de la Unidad Ro jiverde Libertaria (URL) insisti en que, para reducir el gasto pblico y aumentar los ingresos del fisco, era indispensable que el Estado diera en concesin a la empresa privada la organizacin de algunas conmemoraciones oficiales, como el 11 de abril (da del hroe n acional Juan Santamara), el 25 de julio (anexin del Partido de Nicoya) y 15 de septiembre (independencia nacional). –Fue durante esa campaa que el peridico Transnation y las cadenas Septica y Opretel empezaron a impugnar el control del Estado sobre las conmemorac iones y a denunciar que era un monopolio? –El cuestionamiento empez desde mucho an tes. Durante las movilizaciones populares de inicios del siglo XXI contra el Tratado de Li bre Comercio con Estados Unidos, la figura de Juan Santamara fue utilizada sistemticamente por quienes se oponan a ese convenio. A raz de eso, empresarios vinculados a la pub licidad comenzaron a plantear que las conmemoraciones oficiales podran ser administra das mejor por el sector privado. La primera vez que escuch eso fue en el 2015, despus de que True & Exact Facts public los resultados de una encuesta sobre el tema. –Por esa poca el Congreso de Estados Unidos discuta el proyecto para convertir a George Washington y a otros padres fundadores en marcas comerciales… –Cmo olvidarlo? Yo estaba en Filadelfia cuando se vot la propuesta. Ciertamente, lo ocurrido en Costa Rica era parte de una te ndencia mundial a mercantilizar el patrimonio cultural de los pases; sin embargo, creo que la utilizacin de Santamara contra el Tratado provoc que los empresarios y polticos costarricense s tuvieran, aparte de razones financieras, un motivo ideolgico para impulsar esa privatizacin. –Disculpe, pero me cuesta entender esto: si exista un inters tan temprano del sector empresarial por controlar ese patrimonio, por qu el proceso se demor tanto? –El intento por privatizarlo fue bastante errtic o. El primer proyecto que se elabor con ese objetivo fue presentado a la Asamblea Legislativa en el 2018 y propona traspasar las

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22conmemoraciones del 11 de abril y del 15 de septiembre a Heroes Inc., una corporacin estadounidense constituida en Nas hville, Tennessee, en el 2010. –La cuna de William Walker, el filibustero al cual derrotaron los costarricenses en 1856? –¡Exactamente! Los impulsores del proyecto se olvidaron de ese pequeo detalle del pasado costarricense. La propuesta provoc un repudio pop ular masivo y tuvo que ser retirada de la Asamblea. La privatizacin pareci olvidarse durante algunos aos, pero volvi, poco a poco, a ser defendida por cmaras empresariales y dirigencias polticas, y se abri pas en las campaas electorales del 2038 y el 2042. –En qu difera la propuesta del 2018 de la que finalmente se aprob en el 2046? –El proyecto del 2018 implicaba que Heroes Inc. tendra un control total y exclusivo sobre la conmemoracin del 11 de abril y del 15 de septiembre y podra explotarlas, comercialmente, sin lmite alguno, durante perodos de diez aos prorrogables por decisin nica del Ministro de Hacienda. –Es decir que si un poeta deseaba publicar un soneto dedicado a Juan Santamara primero tena que cancelarle los derechos correspondientes a Heroes Inc.? –En efecto. –Y que obtena el Estado? –Cinco por ciento de las utilidades declaradas por la empresa durante los primeros diez aos de operacin, proporcin que, vencido ese plazo, ascendera a diez por ciento fijo. –La apertura era ms compleja? –Sin duda. El proyecto presentado en el 2046 su pona crear una Superint endencia General del Patrimonio Cultural, la cual adjudicara la concesin a la empresa que ofreciera mejores condiciones, regulara estrictamente sus activid ades, velara porque tributara en proporcin a sus ganancias –mnimo 20 y mximo 30 por cien to– y, cada cinco aos, podra convocar a un nuevo concurso. –La propuesta del 2046 era mejor pa ra el pas que la del 2018? –Por supuesto. –Por qu, entonces, usted la atac tanto? –Tuve dos razones. La primera es una cuesti n de principios. El patrimonio cultural le pertenece a la sociedad costarricense y, por tanto, no debera ser vendible ni objeto de comercio. –Los de la URL dicen que esa es una posicin superada. –Para los de la URL los nicos valores que existen son los financieros. –Y su segunda razn? –Los diputados de la URL logr aron imponer un orden legislativo en el que, primero se deba votar la apertura, y despus las leyes complementarias para crear la Superintendencia. Lo que iba a pasar era previsible. –Esa legislacin todava est en discusin en la Asamblea. –¡Precisamente! Es all donde los polticos de la URL y los empresarios desean que permanezca. –Ser aprobada alguna vez? –Lo dudo. Los diputados de la URL, en el 2046, procuraron atrasar su votacin con miles de mociones y, posteriormente, le introdujeron tantas modificaciones inconstitucionales que, aunque fuera votada favorablemente, la Sala Cuarta se vera forzada a anularla.

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23 –Cmo valora usted la apertura d espus de transcurrida casi una dcada? –El resultado est a la vista: Zlim Partners es, actualmente, el propietario exclusivo, por tiempo todava indefinido, de las principales conmemoraciones de Costa Rica. La corporacin no tributa porque opera con “prdidas”, pese a que todos los aos el Estado costarricense le cancela millones de dlares para poder celebrar, en escuelas y colegios, el 11 de abril, el 25 de julio y el 15 de septiembre. –De acuerdo con lo que me dice, la apertura no le depar beneficio alguno a Costa Rica? –Le voy a contestar de esta forma: cuando era ni a, Juan Santamara era el de la estatua que quem el mesn, y una poda ir a ver al mu chacho –gratis– todo el tiempo. Ahora, el monumento slo se puede contemplar durante una semana, en el mes de abril de cada ao, porque Zlim cobra 10.000 dlares diarios por e xhibirla (parece que el prximo ao, con motivo del bicentenario de la Campaa Nacional, la tarifa ser triplicada). Y Juan es, hoy en da, apenas una figura publicitaria que promueve el consumo de gaseosas orgnicas, cigarrillos con feromonas, pizzas para bajar de peso, auto mviles solares, laciadores de cabello, sueos digitales para ser feliz y condones inteligentes con sabor a kiwi. Ivan Molina Jimnez; 2006 (Tomado de Velero 25) IVN MOLINA JIMNEZ Naci en Alajuela el 6 de enero de 1961. Hasta la fecha, Molina Jimnez ha publicado diez libros como autor nico, once con otros colegas (uno de ellos en Mxico y otro en Estados Unidos) y ha editado o compilado siete libros (uno de ellos en Estados Unidos). Adems, ha publicado ms de sesenta artculos en revistas y libros acadmicos en Costa Rica y el exterior, y ms de veinte reseas de libros. Ha realizado trabajo de investigacin en archivos y bibliotecas en distintos pases (en el extranjero, especialmente, en la Biblioteca del Congreso y en los Ar chivos Nacionales, en Washington) y participa, con frecuencia, en activid ades acadmicas tanto en Costa Rica como en el exterior. Actualmente, Molina Jimnez se desempea como profesor de las carreras de Bachillerato y Licenciatura en Historia de la Universidad de Cost a Rica e investigador del CI ICLA. Tiene en vas de publicacin una obra sobre la polti ca costarricense del perodo 1885-1 950 y est por terminar un libro sobre el desempeo electoral del Partido Comunista de Costa Rica durante los aos 1931-1948. En el ao 2002, public su primera novela, Cundila, en la cual juega con la idea de que puede existir una segunda parte indita del clebre relato de Joaqun Garca Monge, El moto; y en el 2003 dio a conocer La miel de los mudos y otros cuentos ticos de cienci a ficcin. A este le seguira la segunda coleccin de relatos El alivio de las nubes...

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24 ENTREVISTA A IVAN MOLINA: SOMOS LO QUE PARECEMOS? Por KATTIA MUOZ B. En un escondrijo de la Universidad de Costa Rica sorprendimos al historiador y escritor Ivn Molina muy bien acompaado de un sinnmero de libros, fichas, notas y secretos econmicos, polticos, culturales y literarios de la historia de Costa Rica. Toda esa informacin lleva ms de veinte aos de estar apilada en una biblioteca y slo espera el momento oportuno para salir a la luz en alguna de las publicaciones de ste acucioso historiador. "Tengo mucha informacin en papel pero gracias a la computadora llevo ms de veinte aos de tener digitalizada gran cantidad de informacin econmica, poltica, censos, etctera. De todo ese material slo he utilizado un 10 o un 15%", asegura el historiador. Desde la adolescencia, Ivn Molina saba que su proyecto de vida era ser escritor de literatura pero cuando ingres a la universidad no saba en qu carrera matricularse y no tuvo ms remedio que dejar en manos de la suerte su futuro pr ofesional: as fue como lo aceptaron en Historia. "Poco a poco me fui identificando con el quehacer del historiador, sobre todo cuando me percat que buena parte del trabajo del historiador implica usar la imaginacin, probablemente ms que en cualquier otra disciplina social. En historia trabajamos con evidencias fragmen tarias y tenemos que recurrir a la imaginacin para reconstruir procesos o tendencias de los cuales existe poca informacin disponible". "Como literato utilizo la imaginacin libremente pero como historiador estoy condicionado por la evidencia disponible y porque existe un marco de inte rpretacin de la ciencia social al que tengo que adaptarme". Durante mucho tiempo, Ivn Molina se dedic a la historia econmica y cuando revisaba los inventarios de bienes de la gente muerta siempre se detena a ver las descripciones de las casas, los muebles que tenan, eso le resultaba muy interesante. Esos desvos fueron los que lo llevaron hasta la historia cultural. "En estos momentos la mayora de los historiadores costarricenses hacen historia cultural o, por lo menos, hay una dimensin cultural en el trabajo histrico. Es ms fcil llegarle al pblico general con temas culturales y nuestro gran reto sigue siendo Cmo llegar al gran pblico joven, universitario, las personas que no estudian Ciencias Sociales?" Pero su amplia y reconocida carrera, primero como historiador econmico y ms recientemente como historiador cultural, no logr alejarlo de su gran pasin: la literatura. "Hace algn tiempo me di cuenta que tena muchas publicaciones en historia y que quera publicar literatura. Para mi hacer literatura es ms relajante po rque las cosas estn ms armadas, mientras que en Historia van surgiendo hiptesis en el curso de la redaccin, lo que obliga al historiador a buscar informacin. En historia cuando uno est ms entusiasmado consigue una veta nueva, entonces hay que hacer una pausa y, por eso, es un proceso muy cortado". Hablemos de "La Miel de los mudos" Adems de su extenso currculum como historiador, Ivn Molina incursion en la literatura con "La ciudad de los monos", el ao pasado public su prim era novela titulada "Cundila" y acaba de salir a la venta "La miel de los mudos", una compilacin de cu entos escritos durante los ltimos diez aos y que pertenecen al gnero de la ciencia ficcin.

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25En este ltimo libro aparece retratada la Costa Ri ca del futuro pero de manera inquietante, casi pesimista. En el cuento "Febrero 2004", por ejemplo, los ticos prefieren suicidarse antes que votar. Ese cuento lo escrib durante la ca mpaa electoral de 1993. Trat de p ublicarlo en Costa Rica pero nadie quiso asumir el compromiso y, por eso, se divulg en el Suplemento "Nuevo Amanecer Cultural" del Nuevo Diario, en Nicaragua. En Costa Rica apareci en una revista poco despus de las elecciones, para evitar que alguien se tomara en serio el cuento. En ese momento la campaa poltica fue muy sucia, se ventilaron casos de corrupcin muy graves, se conoci lo del Banco Anglo y la sensacin era que los corruptos quedaban impunes. Sin embargo, despus de 1998 la presin popular por combatir la impunidad empez a dar frutos, los medios de comunicacin han activado mecanismos de denuncia sistem tica; es decir, si la corrupcin est presente en nuestra vida cotidiana es porque los medios siempre la denuncian. Por ejemplo, abro el peridico y veo que el gerente y varios directivos del Anglo van a la crcel, eso es algo importante. Esto marca un cambio cualitativo frente al panorama que tenamos en los 90, donde creamos que los polticos hacan y deshacan y ninguna persona poda decir nada. -Es un libro que usted ubica dentro del gnero cien cia ficcin, pero este h echo es algo totalmente real, forma parte de nuestra agenda cotidiana. Es una ciencia ficcin social, son proyecciones hacia futuro porque me encanta combinar el pasado con el futuro. En "La miel de los mudos"; los personajes viajan del futuro al pasado y yo me siento muy seguro en ese terreno. Durante todo el libro es recurrente la utilizacin de esos puentes que conecten la Costa Rica del futuro con la del presente y con la del pasado. Intento plantear la problemtica de hacia donde va Costa Rica y, en ese sentido, no tengo una visin muy optimista. La visin de los cuentos es pesimista, hay serias amenazas en el presente que me llevan a pensar que el futuro es oscuro: podramos tener residenciales privados, campos de fuerza muy similares a la polica privada que hay ahora, o los pobres podran perder su derecho a la riqueza y belleza natural del pas. Solo en "Premire"; se presenta un desarrollo econmico y todos siguen viviendo muy bien. Pero en ese cuento, todo eso va asociado con una menor tolerancia hacia puntos de vista alternativos: el personaje central tiene que hacer un pequeo fraude para recuperar la versin original de "Mamita Yunai". -En "Premire" el personaje obti ene el Premio Nacional de Ci ne con una versin de Marcos Ramrez que tiene muy poco que ver con el origin al. En vez de ser travieso y transgresor, Marcos Ramrez se transforma en un nio estudioso y ob ediente. La misma suerte corre la novela Mamita Yunai... Es decir que la cultura oficial no est interesada en ape garse a la historia sino que el premio se lo otorga a aquellos que dan "nueva s lecturas del pasado" con la intencin de actualizarlo, de anular lo que no nos gusta. En el marco de la cultura costarricense siempre se intenta disminuir los conflictos y las contradicciones hasta que se presentan como irrelevantes o inexistent es. "Premire" juega con la idea de que la cultura oficial es abierta frente ha versiones poco provocad oras, pero muy cerrada cuando esas versiones ponen a la cultura oficial en aprietos. Nuestra cultura oficial busca el consenso, aunque para eso tenga que alterar lo que realmente ocurri. Por ejemplo, la versin de La Conquista donde los indgenas y los espaoles estn felices, cuando en realidad la conquista fue una de las ms brutales y sangrientas. Imagnese que la poblacin baj de 400.000 habitantes a 100.000 en un perodo de 70 aos, y luego se redujo como a 20.000 o 15.000 indgenas. Los ticos hemos ido borrando esas versiones de nuestro pasado y tratamos de construir versiones alternativas donde todo ha sido muy feliz y mis cuentos hacen mofa de esas cosas. -Qu papel cumple un personaje como el de "Finalis". Un tipo pachuco y vulgar que todo lo mira con el trasero. "...En el fondo de mi corazn, lo que yo quera era ser entrenador de ftbol, pero el cupo ya estaba lleno, y si acab en la carrera en cuyo ejerci cio me volv famoso, no fue por vocacin, sino por ese desasosiego que siempre ha guiado mi vida: la bsqueda de un buen culo".

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26Cuando el libro estaba terminado me di cuenta que estaba escribie ndo un libro de ciencia ficcin tico y no tena ningn cuento sobre los extraterrestres, algo clsico de la ciencia fi ccin. Entonces invent uno donde un tico descubre que existe inteligencia ex traterrestre. Lo malo es que el personaje era muy simptico, educado, hombre de familia y entonces cre que era ms interesante que el personaje fuera de origen popular, con una mentalidad genit lica muy marcada, ese fue el origen de un cuento provocador en cuanto a enfoque, planteamiento, etctera.Es un cuento que rompe, que sorprende al lector. -Su forma de abordar la historia se conv ierte en una provocacin a la cultura oficial. Su inters como escritor ta mbin es ofrecer literatura provocadora. Lo ms interesante de trabajar como historiador y co mo escritor es que tanto la elaboracin de ciencia ficcin como el estudio del pasado ofrecen posibilidades de imaginar o aproximarse a tipos de sociedad alternativos a la sociedad capitalista. Al estudiar el pasado podemos de scubrir otras formas de organizacin social muy distintas a las que actualmente tenemos y ocurre lo mismo cuando a trav s de los cuentos podemos aproximarnos al futuro. Esto ayuda a comprender que el tipo de sociedad que tenemos ahora no tiene por qu ser el definitivo, no estamos condenados a vivir en este tipo de sociedad y eso es fundamental porque el desarrollo capitalista de los ltimos aos se ha convertido en un peligro fundamental para el desarrollo de la Humanidad. Si unimos el imperialismo militar de Estados Unidos con la destruccin ecolgica, con el proceso de crecimiento demogrfico, con los procesos de em pobrecimiento vemos como nos estn llevando a una especie de cuello de botella que podra poner en peligro la vida humana sobre este planeta. Los cuentos lo que ilustran es qu podra pasa r si no cumplimos o no sabemos cumplir con nuestra responsabilidad ciudadana?

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27 Finalis Ivn Molina Jimnez Me llamo Isaas, Isa para los amigos, y para ser sincero, siempre he pensado que la poesa no es ms que una mierda de playos y putos. Por supuesto, cuando estaba cabrillo, hice mis lecturas obligadas de los hijueputas de Bcquer y Nervo y de otros playazos, y hasta descubr que, con un par de versos bien escogidos y dichos en el momento oportuno, las maes se abran de piernas ms rpido y despus hasta le suplicab an a uno, entre jadeo y jadeo, que les metiera todo y gevos. A Dios gracias, a medida que av anc en mi carrera, ya no tuve necesidad de ms putos versos, y desde que gan mi primer N bel, las hembrillas me andan como si fueran moscas. La cosa empeor cuando gan el segundo, y desde entonces he tenido la sensacin, por vez primera, de que algn da me va a faltar picha para satisfacer tanto culo. La verdad es que nunca imagin que iba a ser famo so y rico, y que un da iba a aparecer en la portada de Spacial Times como el gelogo del siglo XXI. Eso s, siempre fui un buen estudiante, desde que entr a la escuela. Debo r econocer que eso se lo debo a mi mama, porque el hijueputa de mi tata, no solo nunca se cas sino que nos dej tira dos cuando yo tena cinco aos. Claro, cuando gan mi primer Nbel, el hijueputa maricn se apur a buscarme y a decirme lo mucho que siempre me haba querido, pero yo no me dej engaar por esa parla hijueputa y, sin pensarlo dos veces, lo mand a comer mierda, como mierda tuvimos que jamar mi mama y yo all, en ese barrio de hijueputas muertos de hambre que es Sagrada. Con mil y un esfuerzos, y breteando como una mu la, mi mama logr pagar la parte de mi matrcula que no cubra la beca de la Chang University of Costa Rica, y as, a mis diecisiete putas aos, me inscrib en Geologa Espacial. En el fondo de mi corazn, lo que yo quera era ser entrenador de ftbol, pero el cupo ya estaba ll eno, y si acab en la carrera en cuyo ejercicio me volv famoso, no fue por vocacin, sino por ese desasosiego que siempre ha guiado mi vida: la bsqueda de un buen culo. Por esa poca, ya yo me haba comido cuatro vi rguillos, y andaba detrs del quinto, una mae que se llama Gladys y que ahora bretea en la b ase de Ganmedes. Aunque la hijueputa dejaba que la apretara toda, no me pona el culo, y ms de una vez, cuando trat de meter la mano, me par en seco con un prensonazo de rodillas. Cl aro, yo la hubiera mandado a la mierda si no fuera porque la perseverancia es una de mis virt udes, y yo no me iba a dar por vencido, y menos porque esa hembrilla, como era hija de un magistrado lameculos de la Cuarta, se las tiraba de gran culazo. Total que un da le dije cuatro verdades y se vino en llanto, y me dijo que estaba muy enamorada de m y que su sueo era que yo estudiara lo mismo que ella:

PAGE 28

28Geologa Espacial. Por supuesto, a m me vala una mierda la ilusin de esa perra, pero como en algo deba matricularme, le dije que s, con la condicin de que me pusiera el semforo en verde. No haba terminado esa hembrilla de asentir, cuando ya yo la tena mamando picha, mientras me preparaba emocionalmente para hacerle el tiro del carretillo. No s cmo, pero poco a poco la mierda de la geologa espacial empez a gustarme, y pronto me convert en el ms distinguido alumno de la Chang University, lo que me vali, luego de que termin el bachillerato, una beca completa para hacer el doctorado en ese mierdero de playos, putos y lesbianas que es la Sorbonne Luna ris. Pese a todos los acosos de compaeros y profesores, sobreviv con mi culo intacto, me gradu con los mximos honores, y poco despus, consegu fondos para explorar, con el mtodo de transparencias de profundidad que yo acababa de inventar, el crter de Tycho, y as fue como descubr el gran lago congelado que lleva el nombre de mi mama y que me vali mi primer puta Nbel. El segundo lo gan cinco aos ms tarde cuando, mientras diriga un proyecto de mierda en Fobos, detect con una nueva tcnica unas irregularidades que luego resultaron ser las Cavernas de Cecilia, llamadas as como tributo al increble culo que yo me volaba por esa poca, y que me haca meditar, a veces, sobre las desproporciones de la Naturaleza: tanto jamn para solo mis dos gevillos. Supongo que ustedes habrn odo hablar de la doctora Irina Smith-Varitinov, una puta gringorusa, ms amargada que un limn podrido y quien, segn todos los expertos, es la principal marteloga del siglo. Pues, seores, esta pe rra hijueputa concentr, durante el ltimo quinquenio, casi un veinte por ciento de lo s fondos para investigacin espacial, y los despilfarr en su despichada bsqueda por encont rar vestigios de vida inteligente en Marte. Esa hembra malcogida pas cinco aos dele que te dele, explora ndo todo el puto planeta, y no encontr ni mierda. Entonces, viene el orgullo de Sagrada, es decir, este papacito rico, y apenas empiezo un proyecto cerca del monte Echus, cuando encuentro lo de Finalis y gano mi tercer puta Nbel. Como era de esperar, a la hijueputa de Irina, se le revolvieron las tripas, y segn me cont un mae, se dej decir que no entenda como un ser tan vil, despreciable e hijueputa como yo, que nada ms pensaba en coger, poda tener tanta suerte. Incluso, por all o que movi cielo, tierra y espacio para que una comisin especial investigara las finanzas de mi modesto proyecto, ya que segn insinu la perra, yo contrataba un nmero innecesario de asistentes femeninas con el nico fi n de variar el men. Despus de eso, entend que, ms all de la envidia porque yo encont r lo que esa hijueputa hembra no pudo, el verdadero problema de Irina, en el fondo, es que le falta picha, lo cual es explicable porque ni culo tiene. ¡Cmo va un mae que se respete a tirar le un polvo si la chochada de esa mae debe estar llena de telaraas por falta de uso! S tiene razn esa hembra en algo, y no me importa concedrselo, y es que para la cama y la mesa, prefiero una despensa bien surtida. El da en que descubr lo de Finalis empez excelentemente. Es ms, desde la noche antes, la Liga haba vergueado a la S, y Kristen, una sueca hijueputa con cara de ngel que se me haba resistido por casi dos semanas, por fin se puso tuanis, y me la cog que fue un gusto; lu ego, en la maana, terminado el desayuno, me dio una mamada tan hijueputa que tuve que meter la picha en agua fra para poder ponerme el traje espacial. As, completamente satisfecho, f sica, espiritual y deportivamente y en paz con el universo, sal al amanecer marciano y me dirig al sector KLJ-12, donde acabbamos de iniciar una exploracin preliminar. El resonador de transparencias haba codificado todo en un rea de un kilmetro cuadrado y a una profundidad de cien metros, y segn el pl ano digital que vea en la pantalla, a una distancia de veinte metros de donde estaba, y a tres metros bajo la superficie, haba un objeto oscuro y redondo, cuya composicin no era pos ible determinar. De inmediato, activ el excavador automtico, encend todas las cmaras y llam de emergencia al resto de mi equipo. Dos horas despus, tenamos a la vista una puta caja perfectamente circular, negra, brillante,

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29de treinta centmetros de dimetro y, al parecer, construida en una sola pieza y completamente sellada. Al frente de la caja aparec a esta inscripcin: “E. Finalis. 1600.” Sobra decir que yo no tena ni puta idea de quin era ese hijueputa playo de Finalis. Lo que s tena claro era que no poda comunicar mi extraordinario descubrimiento mientras no lo supiera. De qu vala que hubiera encontrado la puta caja si despu s apareca un hijueputa con una historia de mierda sobre el maricn de Finalis? Yo no estaba dispuesto a compartir la gloria de mi hallazgo, a menos que fuera bajo mis propios trminos. Prohib a mi equipo toda comunicacin fuera de la base durante las prxi mas setenta y dos horas, y como necesitaba de todas mis energas, le expliqu a mi picha que nada de nada durante un rato. Despus del almuerzo, llegu a la conclusin de que solo una persona de mi entera confianza tal vez me podra ayudar: Nicola di Renaldi, una mae especia lista en la historia europea del siglo XVII, a quien yo conoc despus del segundo Nbel y con la cual haba cogido por toda Venecia. Pens en llamarla, pero luego ca en que no era la mejor idea, ya que probablemente la hijueputa de Nicola deba estar muy resentida c onmigo, y con razn; eso siempre pasa cuando uno, de un da para otro, deja a una hembrilla sin picha. Por eso, opt mejor por enviarle un email muy carioso: “Nicola, vida ma, necesito un pequeo favor. Durante tus valiosas investigaciones histricas, te has encontrado con este nombre: E. Finalis ? Parece que vivi al rededor de 1600. Te agradecera si pods enviarme toda la informaci n que tengs sobre l. Despus te explico. Es verdaderamente muy importante. Te mando un b eso desde el fondo de mi corazn, donde siempre ests”. La respuesta me lleg una hora ms tarde. Suprimida la parte de los reclamos e insultos, que no es necesario que ustedes conozcan porque no apor ta nada a lo que les cuento, mi riqusima Nicola me prometi averiguarme algo lo ms pronto que pudiera. El resto del da, mi equipo y yo lo pasamos en el laboratorio, sometiendo la puta caja a todas las pruebas de mierda que se nos ocurrieron, si n xito. Impaciente y ansioso, trat de dormir temprano, pero no poda dejar de pensar en el hijueputa de Finalis. Resignado, me levant, trat de concentrarme en la lectura del ltimo nmero de Space Girls y como no pude, pens que lo mejor era ponerme a culear. Me fui a la habitacin de Kristen, donde le hice el 69 y despus el 70 (que es igual al 69, pero con el de do dentro del culo). Por fin, agotado, me dorm entre sus enormes tetas nrdicas, un poco irritadas de tanto como me las mam, al tiempo que evocaba, con sincera nostalgia, el delicioso culo italiano de Nicola, y la increble destreza de esa hijueputa para, cada vez que le haca el tiro del carretillo y se me sala la picha, volvrmela a acomodar de taquito. “Isa, aunque an no te perdono, colaboro contig o con el ms puro espritu cientfico y por el cario que todava te tengo. Esto es lo que pude encontrar. Erasmus Finalis fue detenido por la Inquisicin en diciembre de 1600, despus de que una vecina lo acus de fo rnicador, dado que su casa era visitada, con mucha frecuencia, por mujeres jvenes. En esa poca viva en Roma, pero no hay datos sobre su origen, ocupacin o edad. Parece, pero esto no est comprobado, que naci en La Habana, pas a Espaa y vag por Francia Inglaterra y Suecia antes de establecerse, por unos aos, en Florencia. Se conjetura que conoci a Tycho Brahe y que lleg a Roma en 1598. Tambin se cree que tuvo algn trato con Giordano Bruno. Los inquisidores se apersonaron a su casa en la noche, con la esperanza de encontrar a Finalis en compaa femenina, pero estaba solo. Al registrar la vivienda, se dieron cuenta de que Finalis tena casi diez tomos redactados en un lenguaje desconocido, y segn uno de los oficiales, en lo que poda ser descrito como ex traos signos matemticos. Por lo tarde que era, decidieron volver al da siguiente por esos volmenes.

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30Cuando regresaron, los manuscritos, ya no existan: todos haban sido quemados. Gracias a informes de unos vecinos, se dete rmin que una prostituta, la Beat riz, haba entrado a la casa poco antes del amanecer y echado las obras a las llamas. Capturada e interrogada, se limit a decir que esas eran las rdenes del maestro, en caso de que muriera, desapareciera o fuera detenido. Finalis fue interrogado, torturado y finalmen te quemado en marzo de 1601, poco despus de que lo fuera la Beatriz quien, la noche antes de su muerte, confes que el maestro era visitado por unos extraos demonios azules, con los cu ales practicaba aquelarres, en cuyo curso ellos y l desaparecan. Las ausencias de Finalis podan prolongarse por varias semanas. Tambin declar que el maestro haba dejado embarazada a una joven, quien no pudo ser localizada por la Inquisicin, institucin que la busc con sumo inters ya que de acuerdo con lo afirmado por la Beatriz, ese nio sera Papa en un futuro no muy lejano. Pese a que la Inquisicin desmantel prcticam ente toda la casa de Finalis, lo nico que encontr, escrito por l, fue un pequeo y extra o poemario, el cual est en espaol. Si no fuera porque lleva el sello del Santo Oficio, c on el ao correspondiente, te dira que es un documento falso, ya que es simplemente imposib le que alguien que muri a inicios del siglo XVII escribiera algo as. El ttulo, incluso, es casi absurdo: “Luna de tu pie” y, cuando lo leas, vers que no tiene sentido. Me gustara profundizar en el estudio de este caso, as que te agradecer si me cuentas cmo es que estando en Marte de repente te enter aste de Erasmus Finalis. Tu Nicola, an.” La puta caja de Finalis, de la cual todava no sab emos ni mierda, se convirti en la prueba irrefutable de que, en algn momento del pasado, inteligencias de origen desconocido tuvieron contacto con habitantes de la Tierra. Mi descubr imiento, que termin de fracturar todos los sistemas religiosos y puso en crisis el conoc imiento que creamos tener sobre la historia humana, me convirti en el mae ms clebre del Sistema Solar. La mierda del tercer Nbel era previsible y, cuando me avisaron, ni me sorp rend, ocupado como estaba ya en conferencias, entrevistas, homenajes y todas esas putadas, adems de culear. Ser un hijueputa, como dice la faltadepicha de Irina, pero no soy un ingrato; por eso, cuando anunci el hallazgo, le di el reconocimiento pblico a la cabrona de Nicola (lo que, de paso, me vali una nueva invitacin a Venecia, donde esa hembrilla me volvi a hacer la jugada del taquito). El mayor problema que tengo ahora es la culead era, intensiva porque –sinceramente– siento que ya no doy abasto. Hay das en que me tiro hasta cinco culos, y eso solo para que nunca se diga nada que ponga en duda la calidad de las pichas de Sagrada (eso s, a polvo por culo). Aparte de esta presioncilla, estoy perfectamente. Acabo de senta rme en el amplio balcn de mi penthouse, ubicado al frente de Central Park, con un cacigisqui en las rocas, mientras veo como atardece y espero a que llegue Elena, mi nueva asistente, una brasilea para la cual he estado preparando la picha todo el da. Mi gran dilema es si empezar a chuparme a esta hembrilla de arriba hacia abajo, o al revs, y si le hago el tiro del carretillo durante el primer polvo o en el segundo. Me gustara entrarle de una vez con el 70, pero mejor espero a que me te nga ms confianza. Si es cierto lo que dicen varias sectas fundamentalistas en cuanto a que la puta caja de Finalis es el comienzo del fin del mundo, lo nico que puedo aconsejarles a todas y todos –y lo digo as en clave de gnero porque en esto soy muy progre– es: “a culear y a mamar porque el mundo se va a escocherar”. Y ya ustedes saben que los maes de Sagrad a somos consecuentes: practicamos lo que predicamos. No podra terminar sin decirles que, finalmente, empec a hacer las paces con Finalis. Claro, no es que me gusten esas mariconadas de poe mas que escribi, y no entiendo cmo la Comisin de Investigacin Espacial ha asignado tantos fondos a esos comemierda que se llaman a s mismos cientficos de lo literario. ¡Segn ellos, van a descubrir los cdigos para contactar a una civilizacin extra-terrestre a partir de una reconstruccin metadigital de esas

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31poesas de mierda! Eso es una verdadera babosada y solo se explica porque la presidenta de la Comisin es otra malcogida faltadepicha. Si le ensartaran una buena picha todas las noches tendra la visin necesaria para velar porque nicamente las ciencias de verdad reciban fondos y sabra que lo ms probable es que el cabrn de Finalis escribi esos versos mariganados no para comunicarse con unos hijueputas bichos de otra galaxia, sino solo porque andaba detrs de un culo aqu, en la mismsima Tierra. A m lo de la puta caja me importa un culo Les apuesto mi mejor polvo a que no hay ni mierda adentro. Tampoco estoy muy interesado en contactar con inteligencias extraterrestres, excepto, claro est, que las hembrillas sean c ogibles. En todo caso, sea quien haya sido ese cabrn de Finalis, e independientemente de si l se coga a los aliens o los aliens se la metan a l, tengo que agradecerle que dejara esa put a caja en el lugar exacto donde yo pude encontrarla. Por otro lado, que los hijueputas chupapichas de la Inquisicin lo hayan arrestado inicialmente por culeador, es algo que habla muy bien de Finalis. Para mi un buen cogedor es, en principio, una buena persona, y nu nca podra ser un mae muy hijueputa. Anexo Luna de tu pie 1 Me fui de Casiopea a los veinte aos, sin desengaos y con la brea olorosa todava en mi nave: airosa de da, ave cubierta de olas al atardecer, y de madrugada, pezn de mujer deseada. 2 Al filo del universo, el vaco es un verso atravesado por una sombra de ro; sin prisa, va por mi nave, en alas de una brisa suave: apacible, pero distante en su quehacer, como una mujer imposible. 3 Cerca de Aldebarn los pobres viven en planetas de hielo. Los das vienen y van, salobres, de duelo. Danza sin esperanza en torno de un sol agonizante,

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32con la tristeza de una promesa distante. 4 Con una precisin exacta y grano a grano, el polvo estelar se compacta, lejano y sin cejar en el empeo de cumplir su sueo: ser luna en la mirada de una mujer. 5 Despus de viajar por todos los planetas, de mar a mar y en compaa de locos y poetas, un da de verano, desembarqu –temprano y sin fortuna – en la luna perfumada de tu pie. 6 Viv en el desierto espacial casi un ao, a cubierto del aroma fatal y extrao de sus arenas, ajenas al sol que las consume sin cesar, en un fuego similar a tu perfume. 7 A diez mil veces la velocidad de la luz, las constelaciones son peces fugaces; la soledad un instante sin tus besos dndole sentido a mi memoria; y tu cuerpo y el mo, datos presos de un universo vertido en una ecuacin aleatoria.

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338 Por doquier, en cada puerto espacial, se junta, con el atardecer sideral, un mar de viajeros y equipajes, de prisa, bajo los aleros de un da que exhibe sus celajes rojos; entre el desfile de criaturas, mi esperanza se pierde, ansiosa por encontrarme en el verde de tus ojos. 9 De una a otra luna, el viaje parece no tener fin. Sin su traje de luces, el universo se desvanece en una espuma afn al vestido –con que te conoc– que un da lejano y sin olvido, venc. 10 Con la gracia y eficacia de una acometida de olas, los cometas trenzan sus colas inquietas y se desprenden del brillo que los ampara, para –sin apuro– ir a morir como un beso sin futuro. 11 Dormido, despierto y preparo mi nave: ido est el sol y el faro me sabe consumido por el deseo de viajar –buceo a ciegas en el ocaso – por el mar infinito y sin playas de tu abrazo. 12 Despierto. Vivo? Muerto?

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34Cautivo de un mirar lejano, evoco el mar; en vano me esfuerzo por inventar un verso solar para alumbrar mi universo... Erasmus Finalis *Originalmente publicado en La miel de los mudos y otros cuentos ticos de ciencia ficcin (San Jos, Editorama, 2003), pp. 61-76. Reproducido con permiso del autor

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35 MALA COPIA Laura Quijano Vincenzi Existan al menos tres razones por las que Rodrigo Guilln Sirin se senta tan satisfecho aquel lunes por la noche. La primera tena que ver con su trabajo. ¡Al fin podra poner a prueba sus ideas en un experimento controlado totalmente por l y con el apoyo financiero adecuado! La segunda razn se relacionaba con su viejo amigo Arturo Noguera, ya que lograra ganarle una apuesta lanzada tiempo atrs en buena lid. Y la tercera razn tena que ver directamente con su esposa : ¡podra ignorar que exista al menos por un par de meses sin que tal hecho le representara inconveniente alguno! Era una noche apacible, sin lluvia y sin viento, fresca sin aturdir de fro y hermosa para ojos sensibles a la belleza de un cielo estrellado. El enorme complejo de edificios en los que se ubicaba la oficina de Rodrigo Guilln ocupaba un ancho valle rodeado de colinas bajas, apenas iluminado por luces discretas y expuesto desde cualquier ngulo a la vista del firmamento no cturno. Sin embargo, aquella noche como otras tantas, Rodrigo no tendra ojos pa ra tal despliegue de luz estelar. Su corazn estaba muy lejos, en la Luna, y su cabeza muy cerca, en su pantalla de computador. La oficina de Rodrigo era un pequeo valo de paredes blancas, donde destacaba un enorme y vetusto escritorio de madera plstica que parec a estorbar el paso de todo aquel que quisiera moverse por la habitacin. Detrs del escritorio apenas se asomaba una silla simple, sin brazos, de respaldar bajo, y un gran ventanal de cristal oscurecido, desde el cual era posible avistar el complejo de edificaciones grises en que se encontraba ubicada la oficina. El resto de la habitacin estaba ocupada por tres estanteros re pletos de libros electrnicos, documentos varios y algunos artefactos viejos de antiguos experimentos fallidos, un archivero moderno con entradas electrnicas, una mesa de muestra, donde Rodrigo colocaba sus prototipos, y un par de butacas viejas. El desorden imperante era slo aparente. En realidad, Rodrigo era un hombre metdico y limpio, pero nunca haba teni do dinero suficiente para disponer de un laboratorio y una oficina independientes entre s, por lo que todos sus trabajos tenan que ser realizados all mismo. En aquel momento, Rodrigo miraba la pantalla cristalina de su computador personal, que emerga directamente del sobre de su escrito rio, donde permaneca bien encajado el propio computador, y revisaba los ltimos mensajes recibidos haca unos diez minutos. Uno era del Departamento de Autorizaciones del Centro de I nvestigacin Clonar de Nueva York, en que lo autorizaba a hacer la prueba inicial con su clon de creacin ms reciente, debidamente identificado con un nmero de serie y un smbolo particular escogido por el Centro. Por otro lado, el segundo de aquellos mensajes cruciales er a del propio Jefe Supervisor del Instituto de Investigaciones Espaciales de la Luna, mediante el cual le proporcionaba la licencia para que viajase al satlite de inmediato y se incorporase al personal de experimentadores calificados. Rodrigo sonrea, muy, muy satisfecho, y se relama pensando en los dos meses que le aguardaban en tierras selenitas. ¡Investigacin espacial de primer orden!

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36En el centro de la habitacin, alguien carraspe delicadamente. Rodrigo, sin mirarlo, asinti impaciente y le hizo ademn de que aguardara. Quera estar seguro de que no hubiera perdido ningn otro mensaje importante. Era vital que todo resultase de acuerdo a sus previsiones. —Bien —dijo de pronto, levantndose de un sa lto lleno de energa—. ¡Todo listo! Rodriguito, Rodriguito, este ser el hito de tu carrera. An con la ancha sonrisa pintada en los labios, f ij su mirada en la persona que con paciencia lo esperaba en medio de la habitacin, sin que pareciera sorprenderse de su docilidad. Se trataba un hombre de mediano tamao, gordezu elo, de piel blanca salpicada de pecas ocasionales, cabellos castaos que empezaban a es casear en las sienes y en la coronilla, una dentadura perfecta, una nariz sin personalidad, completamente corriente, y unos ojos negros, pequeos y brillantes, que lo miraban serenos. Iba vestido con una gabacha blanca, formal, unos pantalones oscuros de limpio aspecto, una camisa tambin blanca, de manga larga, y un par de zapatos negros, brillantes. Exactam ente igual que Rodrigo, pieza por pieza. Rodrigo asinti aprobador al examinar su vestimen ta y se le acerc para arreglar la solapa de su gabacha y sacudir algn polvo que pudiera haberse atrevido a ultrajar la inmaculada apariencia de la prenda. Si algn observador casual hubiese visto en aquel momento a aquellos dos hombres uno frente al otro habra reaccionado con sorpresa, pues era como si Rodrigo se hubiese estado mirando en un espejo, con la diferenc ia de que la expresin de su "reflejo" era de completa calma, mientras que la propia era de alegra salvaje. Un investigador del Centro de Investigacin Clonar de Nueva York le habr a dicho, sin embargo, que el clon era, a primera vista, perfecto. Era un clon magnfico, en verdad. Rodrigo no haba seguido enteramente las indicaciones del Centro Clonar, con la idea de ser atrevido y novedoso. Haba jugado peligrosamente y haba ganado. Su clon era lo que el Centro Clonar llamaba "un clon de clase 1", es decir, un clon perfecto, aunque sin duda no habran ap robado su plan inicial por heterodoxo. —Cmo te llamas, amigo? —pregunt entonces Rodrigo en tono alegre. —Rodrigo Guilln Sirin, naturalmente —contest el clon, con la misma voz, las mismas inflexiones que el original—, pero eso usted lo sabe. —S —dijo Rodrigo sin inmutarse—. Slo quera constatar que recordaras lo que grab en tu cerebro. Cmo se llama tu esposa? —Marta Gonzlez Merlino. —Tienes hijos? —S. Tengo dos hijos. —Cmo se llaman? —El mayor se llama Luis y el menor se llama Javier. —Cuntos aos tienen? —Luis tiene quince aos y Javier doce. Rodrigo call un momento y esper. Aquellas pre guntas eran de rutina y fciles de contestar para un clon tan perfecto como su Rodrigo Necesitaba inquirir sobre asuntos ms complejos, asegurarse de que Marta no descubrira el engao... De pronto, un ligero tintineo en su reloj de pulsera le indic que llegaban las nueve de la noche. Rodrigo frunci el ceo, pero no perdi el tiempo en divagaciones. Rpidamente tom la maleta que haba preparado, la cual haba permanecido hasta el momento oculta detrs del escritorio, y le hizo seas a Rodrigo para que lo siguiera. En el camino le hara ms preguntas. Ahora era preciso dejarlo en casa y correr al hangar privado del Instituto de Investigaciones Espaciales de la Luna. Su futuro le aguardaba.

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37 Marta Gonzlez de Guilln se hallaba en su sala de estar, sentada en un viejo y cmodo sof marrn con cojines rojos, mientras dejaba re posar sus pies en una pequea tina de agua caliente que un robot domstico haba dispuesto para ella aquella noche. Era tarde y ya se haba terminado el noticiero, pe ro igual miraba con desgano el programa de entrevistas que pasaban por la televisin a aquella hora. sta f uncionaba a travs de una enorme pantalla plana incrustrada en la pared, la cual tambin serva de central de mandos de la computadora de la casa. Una pequea plataforma opalina anteceda a dicha pantalla, en una saliente de la pared, pero permaneca oscura en aquel moment o, pues Marta no haba accionado la opcin tridimensional del aparato, la cual se activaba precisamente en aquel lugar. Tampoco miraba el programa. Eran dos poltic os, un economista y un socilogo que discutan airados sobre las razones por las que el Estado no inverta sus recursos en resolver las angustias de la pobreza, en vez de despilfarra rlos en "investigaciones fuera de este mundo", como las que se llevaban a cabo en la Luna y en el planeta rojo. Marta haba odo tantas veces las mismas discusiones durante tantos aos que ya poda anticipar lo que cada uno expresara casi unos dos minutos antes de que sus palabras emergieran de sus labios. Estaba sola, como siempre. Sus dos hijos se hallaban con sendos amigos, en casas vecinas, supuestamente embebidos en el estudio, pero de seguro muy concentrados en los ltimos lanzamientos en juegos de video tridimensi onal y canciones con "sensacin". Su marido, el insigne doctor Rodrigo Guilln, permaneca ms tiempo en su laboratorio que en su propia cama y haca meses que casi ni le diriga la pa labra. Marta supona que no la soportaba y tal presentimiento la entristeca, pero al mismo tiempo saba que nada hara por remediarlo. En realidad, ya no le importaba su matrimonio. Era una misin perdida... La sala de estar era pequea, ci rcular, de un lado cubierta por estantes llenos de libros, la mayora de tipo tradicional (encuadernados en pa pel), tal como le disgustaba tanto a Rodrigo, y otros de corte electrnico, ms modernos. Haba tambin algunas estatuillas y otros adornos pequeos y poco valiosos, incluyendo una vieja foto familiar, de haca unos 10 aos, cuando menos. Detrs de Marta se abra una arcada que daba al vestbulo donde estaba la puerta principal y las escaleras que guiaban al segundo pi so, mientras que a la derecha de Marta se abra un hermoso ventanal, de cristales oscureci dos, que daban al pequeo jardn y a la calle del barrio donde vivan. Una casa tpica, en un barrio tpico, con sus problemas tpicos y sus aciertos tpicos. Marta misma era una mujer bastante tpica. O eso pensaba ella. De estatura media, algo regordeta por los aos, cabellos castaos que ap enas le cubran el cuello, cuidadosamente entintados de dorado para ocultar las canas, ro stro agraciado aunque bastante corriente y un par de ojos de corte almendra do que constituan su nico verdad ero atractivo. Haba dedicado la mayor parte de su vida a atender a su fam ilia y a las exigencias de su trabajo, en una universidad de mediano tamao, donde enseaba Literatura Universal y Comparada, y ahora que sus hijos eran mucho ms independientes y que su marido pareca haberla olvidado por completo, no saba cmo enfrentar la soledad. Y a ll estaba. Frente al televisor, pensando en lo triste que era su vida. En aquel momento, sin embargo, escuch el tpico ruidito suave y siseante de la puerta principal cuando se deslizaba hacia un lado para da r paso a un recin llegado. Marta frunci el ceo, preguntndose por qu Rodrigo se regresab a a casa tan temprano (para l), pero al instante, se encogi de hombros y volvi a clavar los bonitos ojos almendrados en la pantalla insulsa del televisor. Rodrigo entr en la sala de estar con una expresin curiosa. Pareca sonrer, como si algo lo alegrara internamente, y al mismo tiempo, pa reca imbuido de una serenidad nueva. O eso le pareci a Marta, que lo miraba con creciente asombro en el reflejo de los cristales oscurecidos.

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38En aquel momento, el hombre advirti su presencia. Con una sonrisa an ms ancha, desde detrs del sof, se inclin sobre ella y la bes en la mejilla. —Hola, querida —le susurr suavemente—. Ya llegu. Marta abri la boca para responde r, pero no pudo hacerlo. El aso mbro no le dejaba palabras. —Llvame la cena al comedor —le orden Rodrigo al pequeo robot domstico que aguardaba rdenes en la esquina de la habitaci n. El robot, que por supuesto no se sorprendi, se desliz al instante hacia fuera de la sala y desapareci en la penumbra del pasillo que discurra al lado de la escalera del vestbulo. Era un artefacto ovoidal, de suspensin permanente, que slo tena una lucecita roja en la parte superior y una pequea hendija a un costado. Con su sencillez era capaz de realizar una ingente cantidad de tareas domsticas como si fuese un ejrcito de sirvientes. —Ir arriba a cambiarme —le comunic Rodrigo a Marta entretanto, con una sonrisa tranquila—. Me siento terriblemente sucio, pero pronto lo arreglar. Ya cenaste? Marta slo atin a asentir. —En ese caso, te molesta que te deje sola para que yo cene? —le pregunt Rodrigo con naturalidad. Marta deneg, an con la boca abierta, estupefacta. —Magnfico —le dijo l con una sonrisa an ms ancha—. Nos vemos dentro de un rato, pues. Y con estas palabras, abandon la sala para dirigirse hacia la escalinata principal. Marta se qued contemplando las escaleras durante unos minutos, con el ms puro asombro pintado en el rostro. No comprenda qu estaba sucediendo... Arturo Noguera trabajaba como investigador f sico para una enorme compaa internacional. Era un hombre grande y jovial, de ademanes libres y andar enrgico, que se complaca mucho con sus continuos xitos y los sola proclama r frente a sus amigos y desconocidos. Uno de aquellos amigos era Rodrigo Guilln, a quien no siempre le iban bien las cosas, por lo que cada vez que Arturo reciba una llamada de Rodr igo, siempre se relama de gusto pensando en lo mal que lo iba a hacer sentir con su impecable cadena de logros. Aquella maana de verano, sin embargo, Rodri go le tena reservada una sorpresa. Arturo se hallaba cmodamente sentado en una de las silla s de su desayunador, ante una humeante taza de caf y el monitor encendido de la computadora de la cocina, por el cual desfilaban las principales noticias de la maana, justo en el centro de un lujoso miniapartamento ubicado en un gran complejo habitacional de la ciudad. Co mo Arturo estaba soltero otra vez despus de cuatro matrimonios, no haba nadie ms a la vist a, salvo el sempiterno robot domstico ovoidal que se haba convertido en parte indispensable de cada casa de clase media del pas y que permaneca a la sazn apostado en una esquina. En aquel momento, el visifono de la cocina timbr sonoramente y Arturo presion el botn de apertura de comunicacin con un distrado movimiento de su dedo ndice izquierdo. El rostro redondo y satisfecho de Rodrigo Guilln apareci entonces en el monitor, en sustitucin de las noticias matutinas. —¡Buenos das, amigo! —exclam, en el mismo tono con que los locutores de moda iniciaban los programas matinales—. ¡Qu bien que te encuentro en el cobijo de tu hogar! —Dale, Rigo, no te pongas estpido —le espet Arturo sonriendo, anticipando algn noticin sin sustento, como era lo habitual en su amigo—. Qu me quieres anunciar esta vez? —Que ya puedes ir preparando la billetera —dijo Rodrigo satisfecho—. Te gan la apuesta. —Qu apuesta?

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39—La de los dos sitios a la vez La de mi clon ... Arturo lo mir indeciso unos instantes. —Hiciste el clon?— pregunt al cabo, con voz neutra. —Exacto. —Y a quin se lo mostraste? —Primero, a los del Centro Clonar. Luego lo llev a casa. —Y Martita te dijo que era igual a ti? —No. Ella no sabe que no soy yo. Yo estoy en la Luna, mi amigo. No notaste algo extrao en mi transmisin? En realidad, Arturo lo miraba algo borroso, pe ro lo haba atribuido a un desperfecto propio del aparato transmisor de Rodrigo. Claro que, con la observacin de ste ltimo, record de golpe las quejas recientes de los usuarios de transmisores comunes desde la Luna a la Tierra, que acusaban a las compaas proveedoras de proporcion ar un psimo servicio y cobrar tarifas de lujo. —¡En la Luna! —exclam entonces mirndolo incrdulo. —As es —asegur Rodrigo sonriendo—. Si no me crees, puedes llamar al Instituto de Investigaciones Espaciales, comunicarte con tu preciosa Nidia o con alguno de los tipos que conoces por estos lares y preguntarles cunto tie mpo llevo trabajando aqu. De hecho, ya llevo dos semanas y ni rastro de Marta. Habl c on mi clon anoche y parece que cree que estoy realmente all. ¡Ja! Cundo me pagas mi dinero? —Primero tengo que ver al dichoso clon. —Puedes hacerlo, claro. Lo encuentras en mi casa. Supuestamente estoy de vacaciones. Luego regresar a mi oficina. A hacer nada, porque no tengo idea de qu podra hacer, pero no puedo dejarlo en casa tanto tiempo. Aqu estar lo menos dos meses, sabas? —Ganaste tu financiamiento? —pre gunt Arturo de nuevo asombrado. —As como lo oyes, as como lo oyes —contest Rodrigo an ms satisfecho—. Mira, dejemos lo del dinero para cuando veas a mi Rodrigo En estos momentos me importa ms otra cosa : ests hablando con el futuro as de la inves tigacin espacial. ¡Adis a los clones de cuarta categora, Artu! ¡Soy bienvenido en la era espacial! Y con una carcajada alegre, y tal vez malvola, Rodrigo cort la comunicacin. Arturo qued mirando el monitor con una suprema expresin b oba en el rostro, que le dur unos cinco minutos cuando menos. Luego, sin embargo, re cuperando su habitual control, apur el desayuno, se cepill los dientes ca si con furia y sin ms prembulos, sali ruidosamente de su casa. Tena un destino obvio : el hogar de Rodrigo Guilln y su esposa, Marta Gonzlez. La casa de los Guilln Gonzlez estaba pintada de blanco, como todas las casas de la calle, y no se destacaba por ningn detalle especial. O al menos as la recordaba Arturo. Pero cuando detuvo su rutilante auto amarillo de impulso so lar y lnea estilizada delante de ella, sinti que se le desencajaba la mandbula. No era ese Rodrigo en persona... pintndola ? Rodrigo? ¡Incluso jurara que haba perdido peso! —¡Hola, Artu! —exclam una Marta inusualmen te vivaz, acercndose a l casi corriendo—. ¡Tengo tiempo de no verte por aqu! —Martita —dijo Arturo en respuesta, con una s onrisa complacida y una mirada deleitosa. La recordaba ms gruesa y mucho ms encogida, po r tanto esta Marta tan resplandeciente le resultaba atractiva—. Te veo muy bien, muy, muy bien. Qu...?

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40Ella se ech a rer y se volvi hacia Rodrigo, el cu al, unos metros atrs, pintaba la parte frontal de la casa desde un andamio suspendible, con un rociador automtico. ste dispersaba pintura exactamente donde le haba sido programado y te na una forma vagamente ovoidal. El hombre se vea extraamente bien, con ropa informal ligeramente despeinado y hasta con una barba incipiente de varios das. —¡Ahora es pintor! —exclam Marta indicndolo con un gesto—. No quiso ni or hablar de robots rociadores. Dijo que le haca bien trabaj ar un poco en la casa. Est de vacaciones, lo sabas? Slo le queda esta semana y ya tiene que volver, por lo que aprovecha su tiempo libre de una manera que no lo haba hecho en aos. ¡Hasta baj un par de kilos desde que comenz las vacaciones, hace dos sema nas! No es estupendo? Creo que yo tambin perd peso —y cerr su pequeo discurso con una risita pcara. Arturo asinti asombrado. Aquel era el clon? Buen o, tena que admitir que si su amigo no le hubiera advertido de tal hecho, habra credo c on fervor que se trataba del propio Rodrigo en persona, en medio de un inexplicab le cambio progresivo de conducta. En aquel momento, el clon advirti la presenci a del recin llegado. De inmediato, hizo descender el andamio en el control de mandos de l aparato, y con un gil salto, impensable en el Rodrigo que Arturo conoca, baj del objeto y se acerc a l con una ancha sonrisa y la mano extendida. —Hola, Artu, qu tal? —lo salud. El recin lle gado lo mir sorprendido. ¡Era la voz de su amigo, su misma expresin amable, su gesto natural de saludo! —Ah... ho... hola, Rigo —le dijo, todava impactado por la visin—. Me preguntaba noms qu hacas all arriba t, que siempre has sido tan vago para esas cosas, je... Rodrigo se ech a rer. —¡Un cambio en mi vida, amigo! —exclam decidido—. Tuve una experiencia algo traumatizante. Luego te la contar. Decid echar tierra sobre mi vieja vida e iniciar un nuevo camino. —Aj? —Arturo no saba qu pensar. No se ha bra imaginado la c onversacin de aquella maana? —¡Pero pasa, hombre! Supongo que tienes un mome nto para charlar con nosotros, verdad? —Pues... s... claro... —Amorcito, nos atiendes un momento? —le pregunt entonces Rodrigo a Marta con un dejo carioso que la dama recibi con una sonrisa complacida y una inmediata aquiescencia. Arturo parpade aturdido. No, no era Rodrigo. No poda ser. Pero... ¡vaya que resultaba confuso! Con la cabeza revuelta, entr en el hoga r de sus amigos y se dej conducir hasta la cocina. El interior de aquella casa, tan conocida por l, segua siendo el mismo, pero de algn modo, completamente diferente. Se respiraba limpieza, orden y buen gusto. Algunos cuadros haban desaparecido, otros nuevos colgaban en viejos lugares, haba plantas extraas en sitios insospechados, cambios de color y de orden, cambios de ambiente. Un hogar prspero, resplandeciente, feliz. Algo que Arturo nunca haba conocido ni por propia experiencia ni por la de nadie. El rostro de Marta luca esplndido. De hecho, tanto se haba embellecido que el hombretn poda jurar que senta olas de atraccin inconfundi bles hacia ella, impensables haca tan slo tres meses atrs. Mientras se dejaba caer sobre una de las sillas de la cocina, reluciente en su pintura nueva, y Marta ocupaba un asiento al lado de Rodrigo, que sonrea satisfecho, uno de los robots domsticos deposit silenciosamente la ba ndeja con tazas humeantes de caf negro y

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41panecillos aromticos. Aquella misma maana haban sido confeccionados por Marta (¡no por el computador de la cocina!, como comprob Arturo asombrado), y el caf acababa de ser preparado por ella tambin, unos minutos antes. —Perdona, mujer —le dijo Arturo en tono admi rativo, mientras degusta ba con deleite la textura crujiente del panecillo en su bo ca—, ¡pero no saba que cocinabas tan bien! —Yo tampoco —dijo ella soltando una risita pcar a—. Rigo insisti en que deba intentarlo. "Vamos a tener unas vacaciones diferentes, queri da" me dijo, "y lo haremos haciendo cosas nuevas". ¡Y ya ves! Yo me puse a cocinar y l a reparar la casa y a embellecerla. En el camino, nos dedicamos a hacer ejercicios matutinos y a emprender una nueva dieta. Por eso bajamos de peso los dos. ¡En dos semanas! No te parece magnfico? —Ms que eso —murmur Arturo. —La vida hay que disfrutarla mientras se la tiene —sentenci aquel Rodrigo tan seguro de s mismo, tan relajado, tan lozano—. Me queda por delante una semana ms de vacaciones y luego tengo que regresar al trabajo de nuevo. Marta tambin tendr que reanudar sus labores. Por tal motivo pens: por qu no hacernos un paseto a la costa? Pero entonces tuvimos una idea mejor: ¡y nos vamos de viaje al Mediterr neo! Maana mismo nos tendrs en un crucerito por las aguas tan conocidas del Mare Nostrum. —En su mirada se encendi una luz de malicia que calzaba muy poco con el Rodrigo que Arturo conoca de aos pasados. Arturo mismo se sinti irreconocible cuando abandon el hogar de los Guilln Gonzlez una media hora ms tarde. Rodrigo haba hablado de muchos de sus proyectos laborales con especial entusiasmo, lo mismo que del viaje que planeaba realizar con su esposa y sus dos hijos adolescentes. Su amigo entonces se sinti inundado del mismo buen nimo y hasta de un poquitn de nostalgia, al recordar que su ltimo matrimonio ya haba terminado. Sin embargo, sonrea de buen humor cuando lleg a su propia oficina y hasta sus colegas comenzaron a tratarlo con mayor calidez, tal vez co mo reaccin a su amabilidad repentina. Slo cuando lleg la noche, en medio de la sole dad de su lecho, Arturo pens asombrado en el trabajo que Rodrigo haba realizado con el cl on. Era realmente uno? Pues tena que ser. ¡Y qu clon! No superaba al original en muchos aspectos? Aquella noche so que su propio clon rea feliz, abrazado de su ltima mujer, una preciosa modelo curvilnea, y que ella se deshaca de adoracin por l, mientras el original se haca cada da ms gordo y ms grun. En medio de la suave penumbra de su oficina, el director de l Centro Clonar de Nueva York, un hombre joven, de aspecto corriente y mirada a guda, estudiaba con el ceo fruncido el informe que el doctor Rodrigo Guilln haba enviado meses atrs al Departamento de Autorizaciones. Slo lo iluminaba la luz blanca de su lmpara de escritorio, esfrica, sostenida por un soporte metlico sin adornos que sala de una ranura dis puesta en uno de los costados del escritorio. Lo dems, incluyendo al propio director, permaneca en la semioscuridad de aquella vasta habitacin de lujos ausentes y sobriedad cientfica. Fuera, en la noche neoyorkina, brillaban las estrellas y una Luna plida asomaba por entre jirones de nubes rezagadas. La ciudad permaneca envuelta en sus activid ades nocturnas, el bullicio en la s calles, la gente sonriendo en las aceras, o apindose en las entradas de lo s establecimientos sociales de moda, mientras el director continuaba indiferente a sus movimientos. Algo en aquel informe le molestaba de forma s uprema. Un detalle en el procedimiento, con una consecuencia grave. No entenda por qu el Departamento de Autorizaciones haba dado el visto bueno a una modificacin tan irregular en el proceso de clonacin. Qu se propona el doctor Guilln con aquel clon tan extrao, ta n... riesgoso? No comprenda acaso que las disposiciones del Centro Clonar haban sido tomadas en especial para salvaguardar la seguridad de los sujetos implicados? Saba que el resultado final pareca perfecto. Saba, porque haba hecho algunas consultas discretas, que el clon en cuestin se desenvolva con

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42singular eficacia. Pero segua existiendo aquel algo que lo atormentaba... un algo que el doctor Guilln tendra que explicar... Haban pasado cerca de dos meses, cuando Rodr igo recibi dos comuni cados que lo enojaron y preocuparon al mismo tiempo. Uno era de su superior en la Luna : sus progresos no eran medibles, sus fallas eran muchas y su experimento estaba al borde de ser retirado de los planes de financiamiento del gobierno. Si no correga al instante los pobres resultados obtenidos, tendra que empacar sus maletas y regresar a la Tierra de inmediato, sin experimento aprobado, sin dinero y sin nuevos trabajos di sponibles. Rodrigo estuvo a punto de patear el monitor de su ordenador al leer aquella misiva tan escueta y seca, pero saba que tenan razn, pues sus experimentos no haban seguido la ruta que l les haba trazado, desde el comienzo. La segunda carta fue an ms preocupante. Prove na del Director del Centro de Investigacin Clonar de Nueva York. Era nuevo en el cargo, un genial cientfico e ingeniero de primer orden, el cual pareca haber hallado una serie de inconsistencias inadmisibles en el desarrollo de su clon. Rodrigo ley su misiva con creciente desasosiego y al final se senta completamente perdido: "Por el examen del procedimiento incluido, debo deducir que produj o usted un clon adulto, completamente formado, a imagen y semejanz a suya, sin que hubiera mediado el tiempo suficiente y normal para que se desarrollara como un ser humano independiente y completo. Me asombra que no haya seguido las disposiciones del Consej o de Gobierno del ao pasado en las que se estipula la necesidad de obtener clones con un proceso de crecimiento normal. El clon del que usted expone en su Plan Cl onar Guilln 2234 tendra que ser un beb de 6 meses, no un adulto, en ningn sentido. Comprenda que dicho resultado atenta contra su seguridad, la del propio clon y la de quien es puedan rodearlo. Si no se presenta usted en nuestras oficinas en un plazo de 48 horas a par tir de ahora, me ver forzado a iniciar en su contra un procedimiento de desacato a reglamentos federales, a confiscar al clon y a todo su equipo de laboratorio y a emplazar a sus col aboradores, a los cuales, de paso, se olvid usted de citar." —¡Por supuesto que no iba a citar a mis "colaboradores", doctorcito —exclam Rodrigo en el colmo de la furia y la desesperacin—. ¡Lo hice yo solo! ¡Solo! ¡Diablos! Y de qu problema de "seguridad" me est hablando, imbcil? ¡Mi clon es un ser perfectamente confiable, decente y poco original! ¡Yo lo s! ¡Si lo hice yo mismo! — Era, en verdad, un clon perfecto, una copia indiferenciable. Nadie habra logrado crear un clon tan igual a su original. Incluso haba utilizado sus recuerdos y su vida personal para dotarlo de una vida comple ta. Tal conocimiento estaba ms all de la capacidad de entendimien to de cualquier directorcito pomposo de un centro cualquiera. Con las manos temblorosas, escribi una breve misiva de disculpa a los supervisores del Instituto de Investigaciones Espaciales, prome tindoles que reiniciara el expermiento de acuerdo a un replanteamiento integral del proceso cuestionado. Para tal efecto, viajara a la Tierra por unos das y regresara con equipo adic ional de "refuerzo" Esperaba que se lo creyeran y que no le cerraran el financiamiento de sus experimentos espaciales. Acto seguido, se prepar para un viaje de emergenc ia a la Tierra. Tena que recoger a su clon y llevarlo a Nueva York, lo que lo enfadaba en grado sumo. Y an lo enojaba ms el hecho de que sera preciso explayarse en explicaciones que no quera dar, pero confiaba en salir bien librado de tantas tribulaciones.

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43Eran aproximadamente las diez de la noche cuando Rodrigo Guilln arrib a su casa en los suburbios. Viajaba en un auto pequeo de alquiler, con su maleta de viaje en la cajuela, y frunca el ceo preocupado, mientras elucubraba la mejor manera de sacar al clon de la casa para llevrselo a Nueva York. Por una nota que haba hallado en su antiguo buzn de correo, el cual no revisaba desde que se haba ido para la Luna, haba sabido que su desempeo laboral de los ltimos dos meses en su viejo trabajo haba sido excepcional Una noticia impactante por dems, pues saba que quien realizaba su "t rabajo" en aquella oficina no era otro que su propio clon. Por lo que se vea, Rodrigo se haba entusiasmado en su papel de sustituto y haba llenado de elogios su carpeta laboral. Tal hecho era un respiro para su actual situacin, pues si perda su trabajo en la Luna, an podra regresar a su antiguo trabajo en perfectas condiciones. Por de pronto, estaba tan oscura la noche y tan su mergida su mente en sus angustias, que no se dio cuenta de que haba estacionado su auto ju sto detrs del impresionante deportivo de Arturo Noguera. Torciendo el gesto, se desanim. Era evidente que Arturo estaba de visita, pues poda verse la luz que emanaba del saln comedor y poda escucharse las risas y la charla alegre que se suceda en el interior. ¡Qu maldito Arturo tan entrometido! Y... puestos a pensar, desde cundo pasaba Arturo ta nto tiempo de visita en su casa? Rodrigo observ con creciente asombro su propia vi vienda. Era la misma, pero a la vez, muy diferente. El jardn rebosaba de vida y belleza, los muros parecan recin pintados y su entorno general daba una impresionante sensacin de pr osperidad. Jams haba visto su casa de ese modo. Jams. Un momento. No es esa... su esposa? Una Marta de reluciente sonrisa acababa de ab rir la puerta principal y pareca despedirse afectuosamente de otra mujer, muy esbelta y he rmosa, que Rodrigo identific en seguida como Carla Vardite, la ltima ex cnyuge de Arturo. Aunque era ciertamente de impresionante belleza, en aquel momento los ojos de Rodrigo estaban fijos en su esposa. Ella era otra persona. Sus redondeces haban desap arecido, su cabello haba crecido, su porte se haba impregnado de orgullo y donaire y su sonrisa era especialmente feliz. No recordaba que hubiera sido as alguna vez, excepto por los lejanos das de su noviazgo, haca ms de quince aos. Cmo se haba operado aquel cambio? En aquel momento, cay en la cuenta de que Ar turo sala tambin, seguido de su propio clon. Rodrigo estuvo a punto de perder el habla y hasta la capacidad de andar. Ese era Rodrigo ? —¡Dios mo! —exclam entonces Carla Va rdite, indicando con un gesto hacia donde se hallaba Rodrigo—. ¡Jurara que veo visiones dobles! Rodrigo se sobresalt. Todos lo miraban con aso mbro en el momento mismo en que se haca consciente de sus actos. Se haba sentido tan at urdido por lo que vea, que se haba bajado del auto sin darse cuenta y ahora caminaba hacia la entrada principal como si fuese un sonmbulo. —¡Oh, por Dios! —exclam entonces Marta mirndolo por primera vez—. ¡Si es Rodrigo! ¡Pero no! ¡No puede ser! Un gemelo perdido? Arturo mir a su amigo con las cejas arqueadas y un comienzo de diversin en los labios. Qu le pasaba a aquel idiota? Iba a echar a perder su engao de manera tan ridcula? El nico que no reaccion con sorpresa fue el clon. Con un suspiro fastidiado, se adelant hasta donde se hallaban las seoras e indic al Rodrigo original con un gesto. —Parece que mi sorpresa se arruin —dijo pesaroso—. Es mi clon. Arturo peg un respingo y mir asombrado a su viejo amigo, mientras Marta y Carla ahogaban una exclamacin de profunda sorpresa. Pero quien ms sorprendido reaccion fue el propio Rodrigo.

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44—Tu clon? —exclam furioso, sin poder ev itar acercrsele con intenciones hostiles en la mirada—. Ests loco? De qu diablos ests hablando, imbcil? ¡ T eres mi clon! —Como podrn ver —dijo Rodrigo sin perder la calma—, me sali con graves fallas. Iracundo, inestable, poco dado a aprender, una psima idea. Qu ise probar con algunos mtodos propios, crear un clon adulto, exactamente igual a m, y cuando pens que lo haba logrado, se me descarril. Hace unos das iban a venir por l para llevrselo al Centro Clonar de Nueva York, pero veo que se les escap. Por eso no te lo haba comentado, amor, pues no quera mostrarte el resultado de mis fallas. Lo siento. Rodrigo senta que la sangre le herva de furia, que la sorpresa luchaba contra la ira, y que poda matarlo all mismo, en aquel mismo mome nto. Centro Clonar? Qu saba aquella maldita copia de todo aquel podrido asunto? —¡No me he escapado de ningn sitio! —exclam—. ¡Soy Rodrigo Guilln! ¡El nico y autntico Rodrigo Guilln! ¡Tu creador, maldita copia de segunda categora! Marta, Marta, por favor, no me mires as. ¡No soy yo! No te das cuenta? ¡Y ahorita mismo tengo que llevarte a ese Centro Clonar precisamente, porque result aste ser una copia defectuosa! ¡Una que no sigui los procedimientos adecuados, rufin mentiroso! Marta miraba a uno y a otro con completo asombro, lo mismo que Arturo. El parecido era asombroso, aunque ya no exacto. El Rodrigo recin llegado era como el antiguo: gordo, descuidado, irascible, descorts. Por el contrario, el Rodrigo que haba estado con ellos aquellos dos meses ltimos era un hombre atractivo e inteligente, de maneras amables e inteligencia despejada, que haba moldeado su figura hasta alcanzar una belleza masculina apreciable. Marta, inclusive, al recordar su s noches de las ltimas semanas, poda afirmar que si era una copia, lo era en versin muchsimo ms mejorada. —No voy a ir a ninguna parte, por supuesto —dijo en aquel momento Rodrigo con una sonrisa tranquila—. Yo que t me calmaba y razonaba sobre la conveniencia de gritar alocadamente en media va pblica, amigo. —¡No me llames tu "amigo", imbcil! —grit de nuevo Rodrigo furioso, adelantndose hacia l para tomarlo violentamente del brazo—. ¡T vienes conmigo! —Eso s que no —dijo el clon, con voz calma. Con un hbil movimiento de su brazo, dobl el de Rodrigo hacia atrs y con un lastimero gemido de dolor de ste, lo hinc sobre la acera y lo retuvo por detrs con su brazo doblado y magullado. —Marta, amor, rpido —le dijo a la mujer con su tranquilidad habitual—. Llama al Centro Clonar. Tenemos que depositarlo adecuadamente en este mismo momento antes de que cause ms problemas. —¡No, Marta, no! —grit Rodrigo intentando zaf arse de la dura sujeccin de su clon, sin xito—. ¡No hagas nada! ¡l es el clon! ¡Tenemos que llevarlo a l! ¡No a m! ¡Es peligroso! ¡Una mala copia, querida! ¡Deb hablarte antes de l! ¡Marta! Marta miraba la escena indecisa. Carla, entretan to, clav en Arturo una mirada inquisitiva. Llevaba un telfono de pulsera y lo levant significativamente, pero Arturo deneg rpidamente con la cabeza. En aquel momento, era preciso saber qu iba a hacer Marta. —Amor, por favor, aydame —le dijo entonces Rodrigo a la mujer—. Causar ms problemas si no lo llevamos. —¡Sultame, maldito clon! —grit Rodrigo, si n poderse liberar—. ¡Marta! ¡Arturo, amigo! ¡Aydame! Arturo no senta el menor deseo de ayudarlo. La verdad era que el nuevo Rodrigo le gustaba mucho ms. No slo era un amigo ms tranquilo sino tambin pareca ms inteligente y con mejores intenciones. Le haba ayudado a volver c on Carla, la cual no lo odiaba como se haba temido, y en su vida laboral haba represen tado una ayuda nueva. Incl uso haba comenzado un

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45nuevo plan de salud y ya haba bajado de peso considerablemente. Claro que no era el verdadero Rodrigo... o s? Marta miraba con pena al Rodr igo que gritaba. S, saba perfect amente que deca la verdad. Explicaba por qu Rodrigo haba cambiado tanto en estos meses. Su Rodrigo, el de siempre, era aquel que vociferaba e intentaba librarse de la sujeccin del otro. Era un Rodrigo odioso e indiferente, que le haba oc ultado la verdad por motivos oscuros y que ahora vena a estropearlo todo. Pensando en s misma, en su vida sexual renovada, en sus ilusiones reconstruidas, en sus propios hijos que parec an haber "descubierto" a su padre... slo poda tomar una decisin previsible. —Llamar al Centro —dijo con voz firme, sacando el telefono que penda de su cadenita dorada—. Tienes razn, amor. Es una mala copia. —A quin le hablas? —le pregunt entonces Rodrigo, confundido. —A mi esposo, por supuesto —le dijo Marta mirndolo sin ruborizarse—. A ti no, claro est. Ests muy mal armado. El clon sonri con aire de triunfo, mientras R odrigo dejaba caer el brazo libre con desnimo. —¡Pero, Marta! —exclam—. ¡T eres mi esposa! Y qu hay de mis hijos? Tambin me los quitars? —No lo creo —le dijo ella, mientras esperaba comunicacin con el Centro—. Hace dos semanas, Luis recibi un premio por su brilla nte desempeo en Matemtica. Ahorita mismo, est de paseo en las montaas con su herm ano y con un grupo de chicos del club de astronoma. Sabes qu me dijo antes de partir? Rodrigo parpade confuso. —Que nunca haba sabido lo que era tener un pa dre hasta ahora —le dijo Marta framente—. Centro Clonar? S, mire, tengo un caso impr evisto aqu, justo enfrente de mi casa... Las restantes palabras se perdieron para Rodr igo. No poda creer lo que vea. Lo que escuchaba. Arturo y Carla charlando, mirndolo como si l mismo fuese un producto mal ensamblado del laboratorio. Su esposa, comunic ndose con el Centro Clonar, aquel en el que l mismo haba trabajado durante quince aos diciendo tranquilamente que un clon evadido estaba causando desorden frente a su propia casa. Y detrs de l, sujetndolo con fuerza de acero, su creacin, mirndolo con aire triunfal y una sonrisa despectiva. —Alguna vez te preguntaste cules podran ser las consecuencias de esta pequea jugada? — le susurr ste entonces, con una voz fiera—. Aunque hayas obtenido una mala copia, como parece que result aqu... Buena suerte, Rodrigo Guilln ... En medio de una nube de desconcierto, Rodri go fue puesto a las rdenes de los guardias del Centro Clonar, que con miradas de admiracin (por la fineza de la "obra" ), lo trasladaron a una especie de ambulancia con funciones especficas, para ser sometido a exmenes psicolgicos o fsicos en el propio Centro. Ello s mismos comentaban lo parecido que era al doctor Guilln, pero sentan que le hubiera resultado tan defectuoso. —Y ya no se parece a usted tanto, sabe? —le dijo con pena el conductor a Rodrigo —. Supongo que revisar con atencin sus procedimientos, no? Tal como hizo el doctor Ruiz el otro da. Le sali una mala copia, psi ma, pero se malogr antes de que viviera, afortunadamente. ¡Buenas noches! Arturo y Carla se despidieron tambin y pronto quedaron los anfitriones solos. Despacio, en silencio, entraron en la casa. Al cerrar la puerta, sin embargo, Marta clav la mirada en el clon, con aire de interrogacin palpitante.

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46 —En el momento en que vi tu foto, te quise —le dijo Rodrigo con una suave sonrisa—. A los chicos, los admir. Y esta casa fue mi hogar. Tengo sus recuerdos en mi memoria, pero tambin tengo mi corazn. Deseas ms explicaciones? Marta suspir sonriente y le tendi los brazos. —Para nada —susurr. Rodrigo sonri entonces en la penumbra de una casa feliz y no se acord ms de su original pero la salvaje luz de satisfaccin que se en cendi en su mirada... nadie la advirti. LAURA QUIJANO VINCENZI Naci en 1971 en San Jos de Costa Rica. Empez escribiendo historietas que luego se hicieron demasiado complicad as y largas, por lo que opt por plasmar sus ideas en cuentos y novela s. Ley a Borges, Asimov, Agatha Christie y Tolkien, adems de otros escr itores de fantasa y ciencia ficcin. Estudi Derecho y Filologa Espaola y mientras lo haca retom la escritura con entusiasmo, lo que se vio recompensa do en 1995 con el Primer Premio en el concurso literario Joven Creacin, de Editorial Costa Rica, por la novela corta "Una sombra en el hielo" que se public al ao siguiente Era, para su satisfaccin, una historia de ciencia ficcin, algo poco frecuente en los concursos locales. Luego de casar se y tener tres nios ha regresado a la actividad literaria dando comienzo a una triloga de fantasa titulada A travs del Portal cuyo primer volumen, Magia ya ha sido publicado. (Tomado de Axxn 167 octubre de 2006)

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47 LOS TALOS MIRaNDO AL CIELO Mauricio Ventanas La gran desgracia de los Talos1 fue que inventaron demasiado pronto los cohetes. Antes de conocer la geografa del cielo y de la misma Tierra. Mucho antes de inventar los barcos, los aviones, los paracadas o los automviles. Antes siquiera de aprender a cultivar la tierra y a domesticar a las evasivas cabras monteses, que los miraban con desdeo desde las laderas escarpadas del monte Taln, cumbre de la isla de Talia. Los primeros cohetes tripulados resultaron intentos sumamente prometedores. Volaban alto, firme, lejos, dejando hermosas y uniformes estelas de fuego, como caminos marcando el rumbo de los hombres por el cielo. Sin embargo nunca era posible recuperar a los tripulantes, debido a que al volver, los cohetes se estrellaban tan violentamente contra la tierra, que no quedaban ni los escombros de ellos. Esto era considerado un grave infortunio, ya que no haba manera de recabar informacin sobre las observaciones desde las alturas o sobre la maniobrabilidad de los cohetes, aparte de que lo s familiares de los pilotos perdidos les lloraban desesperadamente y a veces en su quebranto form aban ligas radicalistas para la oposicin a la carrera espacial. Encima de todo, puesto que er a necesario asignar las misiones a cientficos muy brillantes, su prdida resultaba siempre un duro golpe para la misma ciencia. En determinada ocasin se intent lanzar los c ohetes desde la costa, levemente inclinados hacia el mar, para que cayeran sobre el agua. Pero como los Talos no tenan barcos, no haba manera de ir a rescatar el mdulo de coma ndo y los tripulantes acababan sumidos en las profundidades. Ms duro an fue descubrir, cuando por fin lograron que uno acuatizara muy cerca de la playa, que de todas formas el impact o contra el agua era demasiado fuerte y nadie podra ser capaz de sobrevivir. Este resultado fue tan desalentador que el Re y Sonio decidi convocar una asamblea, para considerar la suspensin por tiempo indefinido de l proyecto de la conquista de los cielos. Sin embargo el asunto no resultaba tan sencillo, pu es siendo los cohetes lo nico que los Talos saban hacer realmente bien, urga encontrarles lo ms pronto posible algn valor utilitario, que les permitiera mercadearlos a travs de lo s Fenicios y resolver as su complicado dficit comercial. El pueblo entero de Talia te na sus esperanzas cifradas en esa posibilidad. El futuro de los cohetes se debati por meses, mientras imperaba en el reino un panorama cada vez ms hambriento y sombro. Se lleg al extremo de proponer disparates como por ejemplo usar la propulsin para hinchar las velas de los barcos fenicios pero el nico mercader que tuvo la osada de probar un prototipo enfrent resultados catastrficos: apenas al encender motores, el impacto del propelente hizo estalla r las velas, lanz el barco incendiado marcha 1 La civilizacin Talia o Tlica, esgrimida por alg unos como la explicacin inexplicable para la explosin cientfica ocurrida en Jonia entre los aos 600 y 200 antes de Cristo, es seguramente otra de esas civilizaciones remotas que se perdieron sin de jar rastro. Actualmente se llevan a cabo intensas investigaciones arqueolgicas, basadas en vagas relaciones dejadas por los fenicios, para determinar si Talia corresponde a la isla de Sicilia, Creta o Chip re, aunque bien pudo haber sido Bretaa, Cerdea, Ceiln, Hait, Nueva Zelanda o Tasmania. O quizs yace oculta frente a las costas de Egipto, desde donde fue madre y testigo silencioso del surgimiento y destruccin de Alejandra.

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48atrs a velocidades atroces, hasta hacerlo perd er la estabilidad y dar una docena de tumbos despampanantes, ante los cientficos atnitos y el dueo del barco, visiblemente decepcionado. Finalmente el navo se hundi con tal violenci a que qued enterrado vari os palmos bajo el lecho marino, desatando olas gigantes y desbanda das descomunales de peces. As que con este fatdico experimento se termin de condenar la rstica industr ia pesquera de Talia, y por supuesto hasta ah lleg tambin toda posibilid ad de entablar cualquier tipo de alianza estratgica con pases poseedores de otras tecnologas. Otra idea ms interesante fue la de ofrecer los cohetes como objetos de entretenimiento, puesto que todo despegue y trayectoria no dejaba de ser un espectculo grandioso, pero al ver los costos y los complejos preparativos involucra dos en cada lanzamiento, todos los clientes potenciales se inclinaban rpidamente por eventos ms tradicionales, como el teatro, la lucha libre y el circo. Fuera de la isla, simplemente los cohetes no ten an un lugar en el mundo. Dentro de la isla… quizs tampoco caban… Quizs su lugar era en el cielo, con los dioses, y era la misin de los talos llevarlos hasta all. Ningn debate pudo desapegarlos de esa conviccin. La votacin final de la asamblea fue ampliamente a favor de seguir intentando, y probar cualquier idea que se apareciera. Despus de varios otros intentos fallidos, la situacin en Talia ya era verdaderamente desesperada. Los fenicios estaban empezando a emba rgar los muebles de las casas, el acero de los cohetes y hasta los destornilladores, aunque no supieran para qu servan, y los embarques de pan y pescado eran cada vez ms restringidos. Si n nada ms a qu recurrir, se lleg por fin a la idea ms descabellada de todas, el fin ltimo, atacar de una vez la meta central de todo el proyecto: un cohete tan potente, que se elevar a tan alto y llegara tan lejos, que ya nunca volvera a caer a la Tierra, sino que seguira su curso indefinidamente, internndose en los misteriosos mares del firmamento hasta llegar a J piter, para que los tripulantes hablaran con l en persona, y obtuvieran ayuda divina para salvar a la nacin. Contra todas las expectativas de los Talos, est a iniciativa llam muchsimo la atencin, pues suceda que sin querer los fenicios haban esp arcido por el mundo una notable fama sobre su gran destreza para surcar los cielos. Llegar on propuestas de inversin de las naciones ms remotas, a cambio de simplemente llevar mensajes a Shiva, a Zeus y Hera, a Mercurio, a Marduk y a cientos de otros dioses de los que los Talos no tena ni idea. La misma logstica de todo este trabajo de mensajera celestial abar c un captulo entero en la elaboracin del proyecto. El spercohete en cuestin consta ba de cuatro cohetes normales atados a los extremos de una cruz transversal, y en el nudo de la cruz el mdulo de comando, provisto ste de una gran ventana al frente para no perder de vista a J piter y mantener en todo momento el rumbo hacia l, y otra gran ventana en el piso para mi rar el suelo y reportar cuanta observacin los tripulantes consideraran de relevancia cientfica. Para efecto de enviar los reportes, el mdulo contaba con un escritorio mediano y una cava repleta de botellas. Las botellas, una vez agotado el vino o cualesquiera vveres que cont uvieran, seran el medio para transportar los mensajes en cada libre de vuelta a Talia. Junt o al escritorio, el mdulo de comando contaba con una escotilla especial por donde se podan deja r caer las botellas lejos de la turbulencia provocada por los impulsores. El da del gran lanzamiento lleg pronto y pun tual, siendo como eran los talos, sumamente diestros en el oficio de hacer cohetes. En otras circunstancias quizs una gran multitud se habra congregado en los alrededores de la plataf orma de lanzamiento, pe ro ya para entonces la poblacin tala evidenciaba los estragos de lo s proyectos fallidos y de la precaria situacin econmica. De hecho las delegaciones de inve rsionistas casi los igualaban en nmero. Los cuatro tripulantes, Altn y Eda, Sindo y Lina eran lo mejor que quedaba de la diezmada lite de pilotos. El Rey Sonio los despidi con un breve discurso, sin dejar de insistir en que estaban ante la misin ms importante y crucial en la historia de Talia. Esto les encomend:

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49—Vayan con Jpiter, saldenlo de mi parte, hganle patentes los respetos de todos los habitantes de la Tierra y pdanle por favor que nos ayude con las cosechas, que como bien se nota, no somos nada buenos agricultores. De ah partirn a llevar los mensajes a todos los dems dioses. En calidad de ofrenda, se llevaron a la nica, terca y malamansada cabra monts que haban podido atrapar. An siendo tan apetecida su carne, nadie se haba atrevido a sacrificarla, puesto que slo esa cabra tenan. Ms bien la cu idaban como un tesoro. Por otro lado, a falta de cros, tampoco daba leche. As que a fin de cuentas era una cabra valiosa, soberbia, singular e inservible, qu mejor uso para e lla que darla a Jpiter en ofrenda? Cumplido el protocolo, todo fue esperar a que apareciera Jpiter en la noche. Subieron al mdulo los tripulantes, tirando de la cabra, que se revolva patas de frente en absoluto estado de rebelda, desconfiada y reacia como si la llevaran a la horca. Una vez en sus puestos, afinaron las direcciones y partieron, dejando esta vez cuatro hermosas estelas de fuego, que se envolvan suavemente en espiral, a me dida que la nave correga el rumbo. Inmediatamente se esparcieron todos los Talos en tie rra por la isla, para esperar la cada de las botellas. En esta diligencia fueron tan eficie ntes y meticulosos, que los correspondientes avances en cartografa resultaron de gran valor pa ra toda la humanidad, si bien es cierto que los Talos no fueron capaces de negociar un gran precio por las tcnicas desarrolladas, pues los mercaderes Fenicios las valoraron como bienes intangibles. Al poco tiempo partieron los delegados, ya que lo s beneficios de la inversin no se esperaban a muy corto plazo (amn de que no haba comida co mo para quedarse un gran rato) para ir a ver los resultados en sus propias tierras. Luego, en medio de una tenue llovizna de vino, casi un olor, apenas perceptible, empezaron a caer botell as, causando gran alborozo por toda Talia. De la primera a la decimotercera lograron recuperarlas ntegras, y una vez ordenados los mensajes, los Talos en tierra reconstruyeron el reporte de la misin, tal como sigue: (1)Cielos de Talia, ao 95, tiempo de Jpiter en Escorpin (2)Excelentsimo Rey Sonio, queridos hermanos talos: (3)An no acaba la fase de despegue, el estre mecimiento dificulta la escritura y tal vez parezca un poco prematuro iniciar la comunicacin. (4)Sin embargo, debido a la velocidad que sigue cobrando la nave, tememos mucho que pudiramos en cualquier momento chocar contra el cielo o pasar de largo frente a Jpiter. (5)As que decidimos desperdiciar algo de vino y empezar a reportar de una vez. (6)Desde las alturas nu estra ciudad es muy bella. (7)La tierra de Talia es enorme. (8)(Correccin al mensaje 7) Talia es una gran isla. (9)(Correccin al mensaje 8) Talia es una is la diminuta que se esfuma entre las nubes. (10)Comprobamos que la Tierra es redonda: es una gran esfera bella y azul con pinceladas blancas. (11)(Correccin al mensaje 10) La Tierra es un poco ms grande que la Luna. (12)An no hemos chocado con el cielo. (13)Jpiter sigue a la vista y mantenemos el rumbo hacia l Con este ltimo mensaje el optimismo cundi glor ioso y los Talos aguzaron entusiasmados sus sentidos, conscientes de que a partir de enton ces las botellas seran cada vez ms difciles de localizar. Pero no llovieron ya ms botellas, ni vino. En cambio s empezaron a caer sobre muchas naciones torrentes de buenaventuras, al punto de que todos los inversionistas con el curso de los aos se dieron por satisfechos de sobra. Los dioses multiplicaron las plantaciones,

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50 enviaron sabios, profetas, Mesas, hroes, artistas, conquistadores, se edific Alejandra y la humanidad floreci como nunca antes ni despus. Pero los Talos, all esperando en su isla, se hicieron ancianos, harapientos y mal comidos, de tanto mirar al cielo y de tan poco dinero que l es qued despus de hacer el cohete ms grande y perfecto. Se quedaron as, mirando al cielo, im aginando los mensajes perd idos tras las estelas de fuego de Altn y Eda, de Sindo y Lina, que los miraban a su vez a ellos alejarse por la ventana del piso, cada vez ms pequeos, en la isla pequea, esfumndose entre las nubes de un planeta Tierra, que ya desde Jpiter no sera ms que un punto azul a la deriva en la inmensidad, desafiando frgil los dominios del Sol. Y se extinguieron as, sus miradas lnguidas pendien tes de la esperanza… de que cayera tan slo una botella ms… ante la rotunda indife rencia de las evasivas cabras del monte Taln, que nunca los perdonaron por embarcar a una de las suyas en semejante ocurrencia. Mauricio Ventanas Del delirio, las botellas y las flores. Segunda Edicin. San Jos, CR. : G. Quesada C., 2006 (Tomado de www.mauricioventanas.com) MAURICIO VENTANAS Ingeniero mecnico y escritor costar ricense (Ciudad Quesada, 1967). Public su primer libro “Las Muertes Normales”, en 1997. De este dos cuentos (“Tiempo” y el que da el ttulo al libro) fueron selecci onados por el Proyecto Sherezade (Estados Unidos). En 1999 se seleccion “Los Talo s Mirando al Cielo” para la antologa “2000 El Futuro Presente” de Letralia (Espaa). En el 2000, obtuvo segundo lugar en el II Concurso Literario del Tango (Argentina) con “A Travs Del Ruido”, primer lugar en el Concurso de Cuen tos de Navidad del Proyecto Sherezade con “Nochebuena Nochevieja” y primer premio el en el concurso Terra Ignota (Mxico) con “Nufragos”. Estos forman parte de l libro “Del Delirio, Las Botellas y Las Flores”. Actualmente trabaja en su tercer libro de cuentos y prosa potica “Ideologa de los Vertebrados”. De este ya han sido adelantados “F agia” en el Proyecto Sherezade y en la revista de variedades VistaUSA, de la comunidad latinoamerican a en Estados Unidos, “Telescopa” en Amigos de lo Ajeno (Argentina-Costa Rica), “Reminscides” en Pedernal (Mxico) y “Mamaria” en Semanario Universidad de Costa Rica, Amigos de lo Ajeno y Gargantuario.

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51 RESEA: EL ALIVIO DE LAS NUBES Y OTROS CUENTOS TICOS DE CIENCIA FICCI"N Luis Bolaos Caractersticas que distinguen a la coleccin de relatos: 1. Facilidad para conectar a travs de datos actuales extrapolados con situaciones cat astrficas que devendrn casi inevitablemente sino cambiamos nuestros valores y opciones frente a la realidad. 2. Indisoluble ligazn entre la temtica futurista abordada y la realidad concreta “tica” en un alarde culto que mezcla compromiso y capacidad de observacin con una intencionalidad decidida por tr azar un camino nacional para la CF. 3. Investigacin sociolgica como un constituyente imprescindible de la investigacin cientfica integral, adhiriendo a una de las ms potentes y actuales corrientes vinculadas al paradigma de la complejidad. 4. Aproximacin mediante lo que llamo el IEMA: imgenes integrales, enfoque holstico, metodologa sistmica y actitud prospectiva, a la consecucin de sus propsitos, que comparto en sumo grado. 5. Filo irnico en ocasiones irreverente que se filtra entre lneas o se convierte en el motor impulsor de las peripecias. 6. Discurso de crtica sociopoltica que no deja tte re con cabeza y demuestra que la corrupcin, la negligencia estatal, el poder econmico, el neoliberalismo, el imperio USA y la ignorancia generalizada se confabulan para demoler la felicidad de la gente y las innumerables posibilidades que se le abren a la humanidad para mejorar intelectual y emotivamente. 7. Gusto por la luz y los espacios abiertos, por los ventanales que se abren sobre los paisajes del infinito con una cierta vena ecolgica y ambientalista latiendo ms o menos explcito. 8. Latido de nostalgia siempre presente no resuelto mediante la huida hacia utopas pasadistas y melanclicas, sino enfrentndonos con las manifestaciones del poder para exigirnos que de la complicidad pasemos a abordar el vehculo de la conciencia. Verde ser el olvido : La preocupacin central estribar en la recuperacin del arte y saber popular, representados por un cuadro antimilitarista de Enri que Echandi sobre Juan Santamara, un hroe de la lucha contra la invasin norteamericana dirigida por William Walker en 1856, en contraposicin a la estatua militarista oficial donde para mayor INRI lo presentan blanco y de uniforme. Todo eso encuadrado en la hecatombe que ha asolado a la Tie rra (tras esparcirse una nueva arma, un virus letal), a la cual slo le queda un futuro, su pasado, para que lo observen y lo gocen otras especies, y de eso justamente se trata, de lo que el egirn los ET que nos visitan y como es natural para seres altamente evolucionados eligirn al susodicho cuadro; encuentran en la vegetacin brota un motivo para colorear el olvido. Intensidad lquida : Aunque el tema es muy semejante a la novela rosa: se inicia con un romance otoal para la profesora y un enamoramiento casi adolescente para el estudiante, la manera como se expande y ramifica y se pone en escena es muy de CF, la rel acin sentimental estar vinculada a la prevencin de

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52desastres y a las consecuencias que tendr un terre moto en la escala 6.5 de Richter sobre el istmo centroamericano y los depsitos radioactivos all ubicados, as una vez ms Molina consigue lo imposible: conecta espacios en apariencia irreconc iliables, novela rosa, crtica a la voracidad de las Corporaciones TransNacionales (propi etarias del contrato para enviar los desechos nucleares a reas subterrneas en Costa Rica) y prospectiva geolgica. La biografa de la profesora ronda lo pico y demuestra que trata formidable a sus personajes femeninos, los finales son trgicos en todos los procesos, tanto para el poltico por la corrupcin que se destapa, el social con la inmolacin de medio milln de personas y el emotivo con la ruptura de los amantes. Los monstruos son humanos : ¡¡Buensimo!! Lleva a su conclusin lgica el negocio de las quimeras baratas, de paso combinado con la agresividad natu ral convertida en violencia por patrones culturales y que lubrica las relaciones social es. Se inventa adems un negocio ideal, donde las prdidas se minimizan o se convierten al reciclarlas (se paga… y fuerte, para destruir material obsoleto que ya est prcticamente agonizando) y aplicarles ese gran principio ambientalista en ganancia neta. Utilizar el apellido Bush es aleccionador (por un instante reme mor “El Franquicia” de John Kesel, con George Bush de protagonista y como deuteragonista Fidel Ca stro), sobre todo tras leer la biografa familiar publicada por Federico Fasano Mertens (La Repblica, Montevideo, Domingo 30 de Marzo de 2003) en donde constatamos el horror y la codicia que se asocian y se yerguen sobre esa familia. Los monstruosquimeras de los parques de diversin probarn que para asesinar se requiere una impronta sociocultural que nos condicione a ello (tal y como la poseen los varones Bush), lo cual es diferente de matar en defensa propia o en cacera. Fuente de consulta : Existe aqu una facilidad engaosa para enlazar las ocurrencias de la ficcin sobre el traslado de la vida a un software, con un futuro probable mediante datos prospectivos que se encuentran al alcance de cualquiera en una base de datos (esa es una virtud de Molina), y siendo evidente la ligazn con Frederik Pohl ( Prtico ), John Varley ( Y Maana sern clones Presione Enter ), Robert Silverberg ( 24 vistas del Monte Hokusai ) o Cordwainer Smith ( Instrumentalidad ), a pesar de la similar temtica no puedo estirar la semejanza hasta Neal Stephenson ( La Era del Diamante ), Rudy Rucker ( Software ) o Robert Sawyer, escritores que tocan el tema desde otra orilla El alivio de las nubes : Otro ejemplo de cmo utiliza y extrapola los datos y tendencias o sus inferencias (aqu probablemente tomadas o sugeridas por la lectura de Alvin Toffler desde lo acadmico y diversos autores desde lo literario) y los distribuye en una columna significativa dedicada a tejer las circunstancias de la narracin, describe los incidentes sobre los cuales desenvuelve los conceptos de crtica social, para llevar sin cobarda el tema de la valorizacin de la amistad y el afecto (y por tanto de amig@s y “acompaantes”) a sus consecuencias postre ras; el argumento reiteramos ha sido abordado por escritores anglosajones, pero la puesta en escen a de Molina es diferente, es “tica” y esa forma nacional de plasmar la CF ser la impronta de la ma yora de los relatos. Aborda tambin la meritocracia, y preocupado de los andamiajes de la estructura econmico-social que se despliega parece abandonar el planeta que en las primeras pginas tanto prometa, pero una vez ms demuestra el buen manejo que tiene sobre sus material literario y sus componentes para organizarlos y colisionarlos en un final nada complaciente, tanto que uno finalmente se pregunta: Debi tejer el protagonista una serie de intercambios tales con sus “acompaantes”, que le permitieran no prefigurar sino alimentar la que despus podra ser una ineluctable resolucin en red mediante el autosacrificio?. Prometido por la brisa : Quizs podamos acusarlo de un exceso de militancia, pero el esquema que sigue aqu para desnudar el personaje es el de las “biopic’s”, por cierto las peripecias conjugan perfectamente con las de la familia Bush (pero en r ealidad las referencias se encuentran en armona con la historia, que deviene o se abre en lo que co nsidero una descarada y desvergonzada crnica del cinismo (o biografa de un momio), pero lueg o corta algo abruptamente el chorro y lleva apresuradamente al relato a abrevar en el estallido cuando an quedaba jugo por chupar, es demostrativo que uno se queje con frecuencia que le gustara sentir desplegado en ms prrafos el tema propuesto. Compensacin teraputica : Va de violacin y respuesta profesional adecuada por parte de la agraviada, que devuelve vida y cuidados por agresin y quebrantamiento de la dignidad y la autoestima, aunque la preocupacin social intenta impregnar esta vieta henchida con moraleja, es uno de los que menos me impresionaron.

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53La invencin de Polimeni : Encuadrado en la historia alternativa que traza para Costa Rica (y en realidad para Centroamrica y el planeta si me apuran) presenta una ancdota de ascenso y venganza gracias a la duplicacin digital de las cadenas de ADN orgnicas y su conversin en mecanismo de intercambio orgsmico, sin ir lejos uno de los 12 avances del 2005 que se describen en el artculo correspondiente es ya un paso en esa direccin, si sumamos experimentos como el del doctor britnico Warwick (incorporacin de chips con programas de algoritmos que responden a otras personas en un ejercicio casi teleptico, e implantados bajo la epid ermis) podemos considerar la propuesta de este cuento excelentemente insertado en las tendencias actuales de la tecnologa, y que adems es un homenaje a las decena de miles que perecieron bajo la tortura de la dictadura militar argentina. Inmigrante frustrado : Recuerda a La Miel de los Mudos en cierta forma, hasta en el hecho de elegir como nacionalidad, para los turist as crononautas, la colombiana; sin embargo, ac el tono aunque elegaco es menor (dedicado a ilustrarnos sobre la belleza de un pasado ciertamente embellecido por la aoranza), en sordina y ms melanclico que nostlg ico, no posee la tensin dramtica de La Miel… por que no es una transgresin sino una frustracin (y si la una estimula la otra invita al colapso) y continuando con la compensacin, no exalta sino empuja a la apacible rendicin de la cabeza en el sof cuando nos sentamos a espectar TV; el final se pres iente desde las lneas iniciales y por ello la ficcin (si bien inserta la acostumbrada diatriba destinada a nuestro injusto sistema) se siente plida y casi exange. La morsa maromera : Rinde respeto y consideracin a un luch ador costarricense que los simboliza a tod@s y quien demuestra es mejor sobrevivir en pauprrimas condiciones econmicas con dignidad que aceptar venderse y gozar de prebendas, de nuevo u tiliza la proyeccin al futu ro para fustigar las costumbres polticas de su pas, para aguijonear la corrupcin y el vasallaje, la mediocridad y la aquiescencia que la acompaa… y todo eso a travs de las funciones de una morsa maromera y un poema corto y vibrante. La nica pega es que las t cnicas del documental que recoge la visin del relator sobre el poeta no parecen haber evolucionado. Lus Bolaos; 30-01-05.

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54 HISTORIA DEL CINE CIBERPUNK 1995 Virtuosity Pelcula de accin futurista sobre la informtica y la realidad virtual. Narra las peripecias de un violento polica de color Parker Barnes, interpretado por Denzel Washington, que tiene que luchar contra un cruel asesino. Este ha sido creado por ms de 200 personalidades, todas y cada una de un famoso criminal. Es Sid 6.7, una creacin de realidad virtual diseada para el entrenamiento de los oficiales de polica de Los ngeles. Pero Sid no va a jugar ms. Se ha escapado de los lmites del ciberespacio. Y si creen que es indestructible en su mundo virtual, esperen a ver lo que puede hacer en un mundo de carne y hueso. Denzel Washington y Russell Crowe se sitan en los lados opuestos de la ley y en ambos lados de la realidad en este atronador thriller ciberntico del director de "El cortador de csped". Crowe es Sid: sdico, inteligente, pe ligroso... y capaz de pelear, resultar herido y autoregenerarse gracias a que su cuerpo est hecho de silicio. Washington interpreta a, un polica de Los nge les que una vez se tom la justicia en sus propias manos... y ahora el destino de la ciudad est en las mismas. Pero cmo se puede detener a una realidad virtual? El por entonces desconocido Russell Crowe interpre t en este film a un asesino ciberntico de una forma lograda y muy divertida. Denzel Washington est contenido en una pelcula que pese al original planteamiento, pronto naufraga en el mar de la falta de ideas. La accin es rutinaria y los efectos especiales no consiguen el grado de asombro deseado. La accin tiene el trepidante desarrollo narrativo y el look visual efectista de los juegos de ordenador. Slo destacan algunos efectos especiales sugerentes y la esforzada interpretacin de Denzel Washington. El guin es arquetpico, superficial, ca tico y bastante hipcrita en su aparente crtica a la cultura de la violencia —sobre todo en la televisin y en la informtica—, pues, a la postre, acaba convirtiendo en espectculo esa misma violencia que denuncia, aderezndola adems con burdos detalles sexuales y dilogos soeces. FICHA TCNICA Gnero: Accin / Ciencia Ficcin / Thriller Nacionalidad: USA Director: Brett Leonard Actores: Denzel Washington, Kelly Lynch, Russell Crowe Productor: Gary Lucchesi Guin: Eric Bernt Fotografa: Gale Tattersall Msica: India, Traci Lords, Louis Vega, Christopher Young