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Qubit

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Material Information

Title:
Qubit
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Cubit
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- History and criticism -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - Q01-00037-n37-2008-08
usfldc handle - q1.37
System ID:
SFS0024302:00037


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2 ndice: 1. Las categoras de ficcin en el Ecuador. Leonardo Wild 2. Publicaciones de Ciencia ficcin en Ecuador. Leonardo Wild. 3. La doble y nica mujer. Pablo Palacio. 4. Ciencia ficcin en los Andes Ecuatorianos. Fernando Balseca. 5. Los lobos de Umbra. Jorge Valentn Mio. 6. Resea: Comic Book. Jos Daniel Santibaez. 7. Caminos para la literatura fantstica en nuestro pas. Santiago Pez. 8. Angel. Vctor Xavier Cruz C. 9. Historia del cine ciberpunk. 1995. Tank girl. Pablo del Moral Para descargar nmeros ant eriores de Qubit, visitar http://www.eldiletante.co.nr Para subscribirte a la revista, escribir a qubit@centro-onelio.cult.cu

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3 LAS CATEGORAS DE FICCI"N EN EL ECUADOR Leonardo Wild Por qu no se produce y publica con regularidad la ciencia-ficcin, la aventura la novela policaca, el espionaje y otros gneros literarios “afines” en el Ecuador? Es slo por falta de mercado, o existen razones socio-culturales que han frenado este tipo de literatura en el pas? Para comenzar, por alguna razn existe bastante enredo con respecto a los gneros literarios y a la ficcin en general. Aparentemente lo tpico es confu ndir la palabra “ficcin” con “cienciaficcin”, con “aventura” o con “fantasa”. Una obra de ficcin puede se r producto de la fantasa del escritor, pero esto no quiere decir necesariamente que la creacin sea un a obra que entrara dentro del gnero “fantasa”, pues la obra podra muy bien ser una “aventura”, o un relato “policaco”, o una historia de “cienciaficcin”. Aunque afines en el hecho de que forman parte de lo que se conoce como las “categoras de la ficcin” —o de los “gneros literarios”—, las diversas obras que representan las varias categoras de la ficcin tienen en realidad marcadas diferencias que las di stinguen entre s. Segn Isaac Asimov —maestro de la cienciaficcin y escritor de divulgacin cientfica—, hay dos tipos de ficcin: 1) ficcin realista. 2) ficcin surrealista. La “ficcin realista” trata sobre eventos cuyo trasfo ndo social no se diferencia en mucho con lo que ocurre hoy o ha ocurrido en la historia. Es decir, no hay razn para creer que las situaciones presentadas por el autor no pueden o pudieron haber sucedido. Por el contrario, la “ficcin surr ealista” trata sobre sucesos cuyo tr asfondo social no existe o nunca existi. Se presenta en dos formas dis tintas: “fantasa” y “cienciaficcin”. Pero antes de continuar analizando algunas de las categoras de la ficci n y de ver un poco los entornos socio-culturales que han sido fundamentales para su nacimiento y subsecuente propagacin, se debe recalcar que la contraparte de la ficcin es la noficcin, o lo que en ingls se conoce como non-fiction Como el trmino mismo lo indica, noficcin es toda obra que no ha sido inventada. Una obra de nonfiction podra ser una biografa, un diario de viaje, un texto de estudios escolares, un libro sobre

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4astrofsica o cosmologa, hasta un ensayo sobre las mejores cien obras de narrativa. Aunque en ocasiones la ficcin se mezcla con la noficci n —especialmente en nove lizaciones—, y sin importar que una obra de narrativa est basada en una realidad, a este tipo de obras se las sigue considerando como ficcin. Cienciaficcin versus fantasa La cienciaficcin se diferencia de la fantasa por exponer el efecto de la ciencia y la tecnologa en una sociedad, sea esta terrestre o extraterrestre, en el pa sado, el presente o el futuro, o en cualquier variacin espacio-temporal que puede considerarse co mo cientficamente po sible o probable. La fantasa, por su lado, presenta un trasfondo cuya existencia no puede deducirse lgicamente debido a cambios provocados por la ciencia y la tecnologa La fantasa, adems, no es simplemente algo fantstico que incursion de pronto en el mundo te rrenal, cotidiano, y que logra descuadrarnos. Por eso lo fantstico de Borges no entra n ecesariamente en la categora conocida como fantasa, pues la fantasa se basa en mitologas y en creencias de pueblo s cuya relacin con la naturaleza fue o sigue siendo directa. La fantasa clsica recoge elementos de los mitos y las leyendas de Inglaterra y Europa y por lo general juega en mbitos con tinte medieval. Castillos, elfos, enanos, gigantes, ogros, rboles que caminan, bosques inteligentes, todos estos son elementos que aparecen una y otra vez en la fantasa, al igual que los dragones, las espadas mgicas, los maleficios y los magos, los hombres-vampiro, la magia, la lucha entre el Bien y el Mal. No obstante, aunque se base en creencias del mundo medieval europeo, la fantasa naci como gnero literario cuando la irona de nuestros tiempos intentab a recontar las viejas historias dndoles un toque de lgica moderna. Por qu hacer semejante cosa? Pues porque en el fondo de nuestros corazones yace an la necesidad de revivir un mundo donde la magia de la vida tena un rol importante, aquella magia que muri con la tecnologa, con la ciencia mecanizada, una magia que tambin est acabndose en la cultura latinoamericana. En otras palabras, y a diferencia de la fantasa (que muchos confunden con la cienciaficcin), la cienciaficcin necesariamente requi ere como base de su trama o trasf ondo un elemento cientfico. Pero el asunto no es tan simple, pues existen dos corrien tes opuestas diametralmente dentro de la cienciaficcin que sin embargo y en ocasiones pueden hasta mezcl arse: la cienciaficcin “dura” y la “suave”. En la cienciaficcin “dura” se presentan extrapolaci ones de las ciencias exactas (matemticas, fsica, qumica), mientras que en la cienciaficcin “suav e” aparecen elementos de las ciencias naturales (la geologa, la geografa, la biologa, etc.) y de las ci encias sociales (la psicol oga, la antropologa, la sociologa y otras). La cienciaficcin de Santiago Pez —Profundo en la galaxia—, por ejemplo, entrara dentro de lo que se considerara como “suave”. En las ltimas dcadas se han venido dando ciertos cambios dentro de la cat egora cienciaficcin, hasta el punto en que ya se habla de subgneros ( cyberpunk, science-fantasy, historical science-fiction ), pero en sus principios el sueo de Julio Verne fu e simplemente escribir “la novela de la ciencia”. A los treinta y cuatro aos de edad, y luego de obstculos de tipo familiar y laboral, Verne logr por fin llevar a cabo su idea de presentar los avances tcnicocientficos en forma de novelas. Lo cual no era ms que una especie de reaccin de un visi onario ante los eventos que lo rodeaban. Para 1859-60 se discuta si era posible o no que una mquina ms pesada que el aire lograra desprenderse del suelo. Los peridicos y revistas estaban llenos de los ltimos inventos: cocinas de gas, mquinas de coser, el primer cable submarino en tre Europa y Amrica. Los ferrocarriles y las compaas de navegacin abran nuevas rutas a pases lejanos, a junglas remotas, mientras que algunos mdicos clamaban que cualquier ser humano que osara viajar en “esos engendros del diablo” y sobrepasar los 20 a 30 kilmetros por hora quedar a ciego. Y volar… para qu discutir siquiera semejante “empresa de locos”? Si en un principio Verne quera presentar el lado po sitivo de la ciencia y la tecnologa, conforme fue adentrndose en la temtica se dio cuenta que as co mo traera alivio a ciertas castas sociales, podra muy bien ser la perdicin del ser humano, lo cual, al parecer, es cada vez ms cierto.

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5 La novela de espionaje Si bien la Ilada y la Eneida tienen elementos inherentes de la novela de espionaje, la primera obra publicada que se refiriese a un personaje que fuera espa -elemento sin el cual una novela no es de espionaje-, fue, como su ttulo mismo lo dice, El espa de James Fenimore Cooper, autor de El ltimo de los mohicanos El espa vio la luz pblica en 1821, pero no se la considera realmente la primera novela de espionaje por diversas razones estructurales. Es recin en 1890 que Lazos culpables de William Le Queux —un libro que relata una conspiracin contra el zar—, aparece como la primera obr a que se puede considerar “de espionaje”. Lazos culpables refleja las preocupaciones socio-polticas de una poca y, como otras obras que la siguieron, incursiona en los problemas del mundo poltico-militar con informacin demasiado exacta para ser un mero invento. Lo cierto es que una gran parte de los escritores del gnero de espionaje han tenido que ver con ese “submundo” de forma directa. Lo que nos lleva al hecho de que el gnero de espionaje, de origen anglosajn, estuvo ntimamente ligado a los eventos de la Primera y Segunda Guerra Mundial y a la postguerra, conocida como la Guerra Fra. Como lo escribe Gabriel Veraldi: “L a novela de espionaje fue inventada sin ninguna duda por escritores, ya profesionales, ya ocasionales, que saban muy bien de qu hablaban”. Los reportajes que Le Queux escribi sobre la revolucin rusa at rajo la atencin de altos mandatari os militares ingleses, en especial del mariscal lord Roberts, “hroe de la batalla de Kandahar, que someti a Afganistn, llave de la India, y detuvo la penetracin rusa”. (…) “Esta colaboracin del joven escritor y del viejo soldado dara nacimiento a la novela de espionaje.” (La novela de espionaje — 41.) De esta forma, y poco a poco, nos vamos acercando al asunto del trasfondo socio-cultural que dio origen a varios de los gneros literarios considerados hoy en da y por muchos como de segundo orden o como literatura barata. Al igual que la novela de espionaje, existe toda una historia detrs del gnero policaco. La novela policaca La novela policaca naci cuando el positivismo, invento del siglo XIX, forj un mundo donde se opinaba que la ciencia podra descifrar, tarde o temprano, todos los eventos del universo, tanto filosficos como fsicos. A fine s del siglo XIX se consider a la joven novela policaca como la literatura de vanguardia. En cierto modo la novela policaca naci a raz de una necesidad tanto social como literaria de dejar atrs a la novela gtica (mal-llamada novela “negra”) y al thriller, este ltimo considerado un gnero fcil y popular que, como lo escribe Narcejac: “t an slo trataba de asustar a los ingenuos”. Lo cierto es que la novela policaca logr romper los esquemas literarios prevalecientes, y para 1940 acab siendo considerada como el relato cientfico po r excelencia: absenta de lo emocional, releg lo subjetivo a un segundo plano. En el fondo la novela policaca es por excelencia la no vela de la lgica, un antithriller. Es el producto de una era (la industrial), de una socied ad (la anglosajona), y de un ambiente (la urbe). Es el reflejo de un modo de pensar, de la visin mecanicista-materialis ta del mundo, una visin que en Amrica Latina recin comienza a percibirse. La aventura y otros gneros La aventura aparece cuando en una Europa de crecien te urbanismo se comienzan a escuchar las historias de tierras lejanas, relatos sobre la bsqueda de ri quezas y del honor personal, sea por razones polticas, militares o religiosas, y a repetirlas en forma de lib ros que intentan develar la relacin del ciudadano comn con un entorno en ocasiones adverso y misterioso, por lo general lejano. Por lo tanto una obra de aventura tiene ciertos ingredientes fundamentales que la distinguen del resto de gneros. Posiblemente el ms sutil es la lucha del hombre con la naturaleza, interior o exterior. Muchas grandes obras de la literatura universal son obras, a la postre, de aventura: Moby Dick de Melville, La isla del tesoro de Stevenson, Robinson Crusoe de Defoe, El lobo de mar de London y otras tantas de Conrad, Hemingway y Verne, y ltimamente de autores como Wilbur Smith que relatan sobre lo que ocurri en la poca de la expansin inglesa al corazn del continente africano.

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6En temtica se podra decir que las obras de aven tura son muy similares —aunque de forma mucho ms amplia— a los relatos del Salvaje Oeste. La gama de temas que conforman los relatos del Salvaje Oeste est ntimamente ligados a los eventos histricos relacionados con la creacin de los Estados Unidos de Norteamrica: las guerras contra lo s pueblos indios, la poca de los cazadores de bfalos, de los tramperos, de los buscadores de oro, de las rutas ganaderas, de la construccin de las vas frreas, de la “ley del revlver”, de la poca de esclavitud y su abolicin, de la guerra del norte contra el sur (la de secesin) y de las guerras de los ganaderos contra los ovejeros o de los hacendados contra los cuatreros. Mientras los relatos del Salvaje Oeste se ubican principalmente entre los aos de 1850 y 1910, convergiendo en los estados de Texas, Oklahom a, Nuevo Mxico, Arizona, Colorado, Kansas y California, la aventura va ms all de una poca y de una regin. Est, no ob stante, muy centrada en el conflicto de la supervivencia de un individuo o individuos dentro de un entorno de preferencia prstino, natural, lo ms cercano posible a las races biolgicas del ser humano. Es decir, el inters por la aventura brota cu ando la mirada se desprende del mundo conocido y “civilizado”. Por lo que la aventura acaba siendo casi lo contrario de lo que ocurre con el tecno-thriller, gnero que toma del thriller la emocin y el miedo y lo combina con la tecnologa. El tecno-thriller es una aventura en la cual los personajes se enfrentan a la tecnologa en su extremo ms aterrador, en el cual aplastar un botn puede significar la muerte de miles, quizs millones de personas. Mientras que en la aventura la b squeda de identidad es del hombre en relacin con la naturaleza, en el tecno-thriller la bsqueda es de la identidad del hombre en relacin con su tecnologa. El realismo social y los hijos del “boom” Si se atan ciertos cabos, la respuesta de por qu es tos tipos de literatura no ha logrado incursionar —o no lo ha hecho an— en un pas como el Ecuador. Obviando ciertas excepciones, las diversas categoras de ficcin —presentadas como gneros literarios— han estado relacionadas con tendencias socioculturales como lo son el desarrollo cientfico y urbano fruto de la era industrial y del colonialismo. As llegamos a la conclusin de que un cierto tipo de literatura resulta no porque un autor decide crear un gnero nuevo, sino ms bien porque el entorno social prcticamente ha permitido —o hasta creado— un ambiente propicio para que determinados argumentos sean de inters popular. El espionaje, por ejemplo, no es ni ha sido hasta recientemente una preocupacin del pblico ecuatoriano. Asimismo el Ecuador no vivi nunca la ruptura de fronteras que llevaron a la creacin de un Salvaje Oeste. Y la tecnologa, tambin bastante lejana y adquirida en cierto modo por imposicin, no ha sido de inters ms que para unos pocos relacionados directamente con ella, por lo que la cienciaficcin y sus elucubraciones sobre los problemas presentados por un mundo tecnolgico se mantuvo bastante lejos del pblico lector. En el extremo opuesto al tecnolgico tenemos a la aventura. Como no hubo colonias lejanas, honores por adquirir, o riquezas por descubrir, ta mpoco se hizo inte ntos de relatar historias sobre las peripecias de seres humanos que luchan contra lo incivilizado, contra “pueblos salvajes” y “culturas enemigas”. Los temas preponderantes en Ecuador y Latinoamrica fu eron en cierto modo la lucha de clases, las revoluciones polticas, la identidad frente a un imperi o colonizador y opresor. Por lo tanto la literatura ecuatoriana no se dedic a incurrir en los efectos sociales de la tec nologa, o en la lgica impecable — casi un juego intelectual— de una novela polic aca, sino que ms bien busc sus argumentos en temticas como la opresin y la explotacin del pu eblo; esas eran las verdaderas preocupaciones. Por otro lado, los pocos que lograban escribir sobre el tema eran ms bien los que tenan un trasfondo urbano. Los campesinos, los buscadores de oro, los in dios, no podan escribir. Su literatura era la oral, tema de antroplogos, de los que se dedican a rescatar la historia. Los verdaderos literatos estaban dedicados a los temas “verdaderamente literarios”, es decir, a los de la aristocracia —con sus importaciones culturales de la s corrientes europeas y norteamericanas—, o en recrear los temas de trascendencia social. Eran los aos 30 a los 50, la poca del realismo social. Los autores que siguieron, los de los 60 y 70, se dejaron influir por el “boom”. Su idea fue la de “escribir la novela total”, de experimentar con el lenguaje, de buscar sus races en las creencias populares, de explotar la mina del realismo mgico, en cierto modo anticientfico y lgico. Visto desde otro ngulo, los gneros literarios como la cienciaficcin y el espionaje estn ligados al desarrollo del poder y a los potenciales del desarrollo tecnolgico.

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7 En los pases como el Ecuador no hubo ni poder ni avance perceptible en esa direccin, por lo tanto no fue una temtica que preocupase a los escritores. Es ms, los crculos literarios desechaban ese tipo de literatura como basura, como pseudo-literatura. Cualqu iera que intentara incursionar en las temticas era marginado, como fueron marginados los poetas que no escriban poesa marxista sino tan slo poesa, o como an son marginados aquellos que prefieren regirse por los estilos tradicionales y dejan de lado los experimentos del lenguaje, de la “doble lectura”. El aspecto comercial y cognitivo Adems de ste trasfondo socio-cultural, est el aspecto comercial de los gneros literarios. En cierto modo la cienciaficcin, la fant asa, la novela policaca o la de espionaje, son una especie de especializacin dentro de la literatura. Es decir, pa ra crear hay que tener un conocimiento relativamente vasto de las temticas que cada gnero toca. As mismo, como las categoras de ficcin deben ser fcilmente ubicables dentro de un mercado especfico, se hace necesario abrir me rcados especializados. Y un pas como el Ecuador no tiene --por el momento— el potencial que permita crear un mercado de esta ndole, es decir, que se sostenga a s mismo. En otras palabras, no existe suficiente pblico lector que se interese en la cienciaficcin como para mantener una industria editorial dedicada a la te mtica. Y lo poco que llega al pas de editoriales extranjeras copa ya el poco mercado existente, en muchos casos con ediciones puramente comerciales que impiden distinguir las buenas obras de las malas. Por otro lado est el hecho de que prcticamente no existe un incentivo —tanto intelectual como comercial— para autores de crear este tipo de literatura especializada. Aunque podra tambin ser que tal vez hace falta el conocimiento —tanto literario como temtico— para crear obras que estn a la altura de las mejores creaciones de la cienciaficcin o del suspense Lo que nos vuelve al tema de la marginacin. En los crculos donde se discuten las temticas de la literatura se evita por lo general mencionar cualquiera de las categoras de ficcin por miedo a quedar “fichado”, lo que crea una especie de crculo vicioso que engendra la ignorancia en relacin con los diversos tipos de literatura y sus verdaderos potencia les. Es fcil menospreciar lo que se desconoce. A pesar de este fenmeno, y debido al reciente rompimiento creado por obras como las de Santiago Pez ( Profundo en la galaxia —cuentos de cienciaficcin; La Reina Mora —novela policial), comienza ya a darse una cierta apertura en favo r de los diversos gneros literarios cada da ms necesarios para que un pblico, hasta el momento nefito, enfrente la realidad de un mundo —de un pas— plagado por las problemticas tecnolgicas y urbanas de la era industrial e informtica. Es muy posible, adems, que la gran necesidad de difundir la lectura a es tratos populares acabe rompiendo el hielo que permita explorar nuevas formas literarias que a su vez ayuden a difundir realidades que estn al alcance de un gran pblico y no slo de unos pocos intelectuales dedicados a elucubraciones socio-polticas o hasta filosficas de difcil acceso para el ciudadano comn y corriente. No hay que olvidar el hecho de que el Ecuador es parte de un mundo de creciente tecnologa, de constantes manipulaciones econmicas y de impalpables desinformaciones poltico-militares que afectan a todos. Menos an se debe caer en la trampa de creer que la literatura se limita a la narrativa. La literatura es todo lo que est escrito, tanto si es ficcin como si es noficcin o poesa, y cada tipo de literatura cumple su funcin de acuerdo a las necesidades de una realidad social. Leonardo Wild (Stanford, 1966) Novelista y ensayista. Ha publicado cerca de 200 artculos en varias revistas: Crtica Literaria en Eskeletra y el Suplemento "Cultural" del diario La Hora; ensayos sobre diversas temticas para las pginas de Medio Ambiente y Ciencia en la revista Semanal (del mismo diario); artculos varios para: Ciudad Alternativa (de la "Fundacin Ciudad"), Estudios Ecuatorianos (de la Facultad de Ciencias Humanas de la PUCE), Diners, Gestin, Finis Terrae (Boletn de la Asociacin Gallega de Ciencia Ficcin de Espaa). Su narrativa incursiona en mltiples categoras literarias: ciencia ficcin, aventura, aventura fantstica, novela policaca. Escr ibe tanto en ingls como en castellano.

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8BIBLIOGRAFA Novela: Oro en la selva (Quito, 1996); Unemotion (Alemania, 1996) entre las mejores siete novelas presentadas en marzo de 1997 por Deutschlandradio y la revista Focus, esta obra recibi tambin el "Bho del Mes"; Die Insel die es nie gab (Alemania, 1997); Orqudea negra o el factor vida (Quito, 1999). Recopilacin: IndianermSrchen aus SŸdamerika (Alemania, 1997). Ensayo: Ecologa al rojo vivo (Quito, 1997) Mencin de Honor del Premio "Isabel Tobar Guarderas" en el campo de las Ciencias Sociales de 1998.

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9 Publicaciones de ciencia ficcin en ecuador Bruno Stornaiolo: 1972. Requiem por el dinosaurio Novela de ciencia ficcin, U.N.P., Quito. Jos Daniel Santibaez: 1985. Ecuador : Siglo 21 Diario Meridiano, Revista Dominical. Guayaquil, Ecuador. 1996. Ficcinica Revista de cmics autofinanciada (3 nmeros) 2001. Ejectese El Maana Novela Policaca/ ciencia ficcin. Editorial Imaginaria. Luis Fernando Naranjo: 1985. “Quil, la Chica del Futuro,” cmic de ciencia ficci n, Diario El Meridiano, Guayaquil. 1994. La Era del Asombro Novela de ciencia ficcin, Abrapalabra editores, Quito. Santiago Pez: 1994. Profundo en la galaxia Cuentos de ciencia ficcin, Abrapalabra/Planeta, Quito. 1999. Shamanes y reyes Novela corta de ciencia ficcin, Ediciones El Tbano, Quito. Leonardo Wild: Agosto 1996. UNEMOTION: Roman ber the Zukunft der Gefhle (UNEMOTION: Novela sobre el futuro de los sentimientos) CARLSEN Verlag, Hamburgo, Alemania. Novela; ta pa dura. (Setiembre 1998. BELTZ &

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10 GELDBERG Verlag, Weinheim, Alemani a. Primera edicin en rstica.) Setiembre 1997. Die Insel, die es nie gab (La isla que nunca existi, en colaboracin con Frederik Hetmann C. BERTELSMANN Verlag, Munich, Alemania. Novela; tapa dura. (Octob er 1998. OMNIBUS Bertelsmann Verlag, Munich, Alemania. Primera edicin en rstica.) Febrero 1999. Orqudea negra o el factor vida Sistema Nacional de Bibliotecas (SINAB), Ministerio de Educacin, Qu ito, Ecuador. (Octubre 2000. Alfaguara Juvenil, Quito.) Ciencia ficcin Involuntaria Abdn Ubidia: 1989. Divertinventos o Libro de fantasas y utopas Cuentos, Editorial Grijalbo, Quito. (Re-edicin, 1992. Editorial Li bresa Crnica de sueos, Quito.) 1996. El palacio de los espejos ( Nuevos Divertinventos ). Cuentos, Editorial El Conejo, Quito. (2000. Editorial Alfaguara Juvenil, Quito.) Alicia Ynez Cosso: 1974. El beso y otras fricciones Cuentos, Ediciones Paulinas, Bogot. (1999. Editorial Oveja Negra, Bogot.)

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11LA DOBLE Y UNICA MUJER PABLO PALACIO ( Ha sido preciso que me adapte a una serie de expresiones difciles que slo puedo emplear yo, en mi caso particular. Son necesarias para explicar mis actitudes intelectuales y mis conformaciones naturales, que se presentan de manera extraordinaria, excepcionalmente, al revs de lo que sucede en la mayo ra de los "animales que ren"). Mi espalda, mi atrs, es, si nadie se opone, mi pecho de ella. Mi vientre est contrapuesto a mi vientre de ella. Tengo dos cabezas, cuatro brazos, cuatro senos, cuatro piernas, y me han dicho que mis columnas vertebrales, dos hasta la altu ra de los omplatos, se unen all para seguir – robustecida– hasta la regin coxgea. Yo-primera soy menor que yo-segunda. – (Aqu me permito, insistiendo en la aclaracin hecha previamente, pedir perdn por todas las incorrecciones que cometer. Incorrecciones que el evo a la consideracin de los gramticos con el objeto de que se sirvan modificar, pa ra los posibles casos en que pueda repetirse el fenmeno, la muletilla de los pronombres pers onales, la conjugacin de los verbos, los adjetivos posesivos y demostrativos, etc., todo en su parte pertinente. Creo que no est dems, asimismo, hacer extensiva esta peticin a los mo ralistas, en el sentido de que se molesten alargando un poquito su moral; que me cubran y que me perdonen por el cmulo de conveniencias atadas naturalmente a ciertos pro cedimientos que traen consigo las posiciones caractersticas que ocupo entre los seres nicos). Digo esto porque yo-segunda soy evidentemente m s dbil, de cara y cuerpo ms delgados, por ciertas manifestaciones que no declarar por delicadeza, inherentes al sexo, reveladoras de la afirmacin que acabo de hacer; y porque yoprimera voy para adelante, arrastrando a mi atrs, hbil en seguirme, y que me coloca, aunque inversamente, en una situacin algo as como la de ciertas comunidades religiosas que se pasean por los corredores de sus conventos, despus de las comidas, en dos filas, y dndose siempre las caras –siendo como soy, dos y una.

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12Debo explicar el origen de esta direccin que me coloc en adelante a la cabeza de yo ella: fue la nica divergencia entre mis opiniones que ahor a, y slo ahora, creo que me autoriza para hablar de m como de nosotras, porque fue el momento aislado en que cada una, cuando estuvo apta para andar, quiso tomar por su lado. E lla –advirtase bien: la que hoy es yo-segunda– quera ir, por atavismo sin duda, como todos van, mirando hacia donde van; yo quera hacer lo mismo, ver a dnde iba, de lo que se suscit un enrgico perneo, que tena slidas bases puesto que estbamos en la posicin de los cuadrpe dos, y hasta nos ayudbamos con los brazos de manera que, casi sentadas como estbamos, c on aqullos al centro, ofrecimos un conjunto octpodo con dos voluntades y en equilibrio unos instantes debido a la tensin de fuerzas contrarias. Acab por vencerla, levantndom e fuertemente y arrastrndola, producindose entre nosotras, desde mi triunfo, una superioridad inequvoca de mi parte primera sobre mi segunda y formndose la unidad de que he hablado. Pero no; es preciso sentar una modificacin en mis conceptos, que, ahora caigo en ello, se han desarrollado as por liviandad en el razonami ento. Indudablemente, la explicacin que he pensado dar a posteriores hechos, puede aplicar se tambin a lo referido; lo que aclarar perfectamente mi empecinamiento en designa rme siempre de la manera en que vengo hacindolo: yo, y que desbaratar completament e la clasificacin de los teratlogos, que han nominado a casos semejantes como monstruos dobles, y que se empecinan, a su vez, en hablar de stos como si en cada caso fueran dos seres dis tintos, en plural, ellos. Los teratlogos slo han atendido a la parte visible que origina una separacin orgnica, aunque en verdad los puntos de contacto son infinitos; y no slo de c ontacto, puesto que existen rganos indivisibles que sirven a la vez para la vida de la com unidad aparentemente establecida. Acaso la hiptesis de la doble personalidad, que me oblig antes a hablar de nosotras, tenga en este caso un valor parcial debido a que era se el momento inicial en que iba a definirse el cuerpo directivo de esta vida visiblemente doble y complicada; pero en el fondo no lo tiene. Casi slo le doy un inters expresivo, de palabras, que establece un contraste comprensible para los espritus extraos, y que en vez de ir como prueba de que en un momento dado pudo existir en m un doble aspecto volitivo, viene directamente a compro bar que existe dentro de este cuerpo doble un solo motor intelectual que da por resu ltado una perfecta unicidad en sus actitudes intelectuales. En efecto: en el momento en que estaba apta pa ra andar, y que fue precedido por los chispazos cerebrales "andar", idea nacida en mis dos cab ezas, simultneamente, aunque algo confusa por el desconocimiento prctico de l hecho y que tenda slo a la imitacin de un fenmeno percibido en los dems, surgi en mi primer ce rebro el mandato "Ir adelante"; "Ir adelante" se perfil claro tambin en mi segundo cerebro y las partes correspondientes de mi cuerpo obedecieron a la sugestin cerebral que tentaba un desprendimiento, una separacin de miembros. Este intento fue anulado por la s uperioridad fsica de yo primera sobre yo segunda y origin el aspecto analizado. He aqu la verdadera razn que apoya mi unicidad. Si los mandatos cerebrales hubieran sido; "Ir adelan te" e "Ir atrs", entonces s no existira duda alguna acerca de mi dualidad, de la diferencia abso luta entre los procesos formativos de la idea de movimiento; pero esa igualdad anotada me coloca en el justo trmino de apreciacin. Cuanto a la particularidad de que haya n existido en m dos partes constitutivas que obedecieron a dos rganos independientes, no le doy sino el valor circunstancial que tiene, puesto que he desdeado ya el criterio superfici al que, de acuerdo con otros casos, me da una constitucin plural. Desde ese momento yo-primera como superior, ordeno los actos, que son cumplidos sin rplica por yo segunda. En el momento de una determinacin o de un pensamiento, stos surgen a la vez en mis dos cerebros; por ejemplo "Voy a pasear", y yoprimera soy quien dirige el paseo y recojo c on prioridad todas las sensaciones presentadas ante m, sensaciones que comunico inmediatamente a yo-segunda. Igual sucede con las sensaciones recibidas por esta otra parte de mi ser. De manera que, al revs de lo que considero que sucede con los dems hombres, siempre tengo yo una comprensin, una recepcin doble de los objetos. Les veo, casi a la vez, por los lados –cuando estoy en movimiento– y con respecto a lo inmvil, me es fcil darme cuenta perfecta de su inmovilidad con slo apresurar el paso de

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13manera que yo-segunda contemple casi al mismo tiempo el objeto inmvil. Si se trata de un paisaje, lo miro, sin moverme, de uno y otro la do, obteniendo as la ms completa recepcin de l, en todos sus aspectos. Yo no s lo que sera de m de estar constituida como la mayora de los hombres; creo que me volvera loca, porque cuando cierro los ojos de yo-segunda o los de yo-primera, tengo la sensacin de que la parte de l paisaje que no veo se mueve, salta, se viene contra mi y espero que al abrir los ojos lo enc ontrar totalmente cambiado. Adems, la visin lateral me anonada: ser como ver la vida por un huequito. Ya he dic ho que mis pensamientos generales y voliciones aparecen simultneamente en mis dos partes; cuando se trata de actos, de ejecucin de mandatos, mi cerebro secundo ca lla, deja de estar en actividad, esperando la determinacin del primero, de manera que se encuentra en condiciones idnticas a las de la garrafa vaca que hemos de llenar de agua o al papel blanco donde hemos de escribir. Pero en ciertos casos, especial mente cuando se trata de recuerdos mis cerebros ejercen funciones independientes, la mayor parte alternativas, y que siempre estn determinadas, para la intensidad de aqullos, por la prioridad en la recepcin de las imgenes. En ocasiones estoy meditando acerca de tal o cual punto y llega un momento en que me urge un recuerdo, que seguramente, un rincn obscuro en nuestras evocaci ones es lo que ms martiriza nuestra vida intelectiva, y, sin haber evocado mi desequilibri o, slo por mi detenimiento vacilante en la asociacin de ideas que sigo, mi boca posterior c ontesta en alta voz, iluminando la obscuridad repentina. Si se ha tratado de un sujeto borroso, por ejemplo, a quien he visto alguna vez, mi boca de ella contesa, ms o menos: "¡Ah el seor Miller, aquel alemn con quien me encontr en casa de los Snchez y que explicaba con en tusiasmo el paralelogramo de las fuerzas aplicado a los choques de vehculos". Lo que ha hecho afirmar a mis espectadores que ex iste en mi la dualidad que he refutado, ha sido principalmente, la propiedad que tengo de poder mantener conversacin ya sea por uno u otro lado. Les ha engaado eso de lado. Si alguno se dirige a mi parte posterior, le contesto siempre con mi parte posterior, por educacin y comodidad; lo mismo sucede con la otra. Y mientras la parte aparentemente pasiva trabaja igual que la activ a, con el pensamiento. Cuando se dirigen a la vez a mis dos lados, casi nunca habl o por estos a la vez tambin, aunque me es posible debido a mi doble recepcin; me cuido mucho de probables vacilaciones y no podra desarrollar dos pensamientos ho ndos, simultneamente. La posibilidad a que me refiero slo tiene que ver con los casos en que se trate de sensaciones y recuerdos, en los que experimento una especie de separacin de m misma, compar able con la de aquellos hombres que pueden conversar y escribir a la vez cosas distintas. Todo esto no quiere decir, pues, que yo sea dos. Las emociones, las sensaciones, los esfuerzo s intelectivos de yo-segunda son los de yoprimera; lo mismo inversamente. Hay entre m –primera vez que he escrito bien entre m– un centro a donde afluyen y de donde refluyen todo el cmulo de fenmenos espirituales, o materiales desconocidos, o anmicos, o como se quiera. Verdaderamente, no s cmo explicar la existencia de este centro, su posicin en mi organismo y, en general, t odo lo relacionado con mi psicol oga o metafsica, aunque esta palabra creo ha sido suprimida completamente, por ahora, del lenguaje filosfico. Esta dificultad, que de seguro no ser allanada por na die, s que me va a traer el calificativo de desequilibrada porque a pesar de la distancia dom ina todava la ingenua filosofa cartesiana, que pretende que para escuchar la verdad b asta poner atencin a las ideas claras que cada uno tiene dentro de s, segn ms o menos lo exp lica cierto caballero fra ncs; pero como me importa poco la opinin errada de los dems, tengo que decir lo que comprendo y lo que no comprendo de mi misma. Ahora es necesario que apresure un poco esta narracin, yendo a los hechos y dejando el especular para ms tarde. Unos pocos detalles acerca de mis padres, que fueron individuos ricos y por consiguiente nobles, bastar para aclarar el misterio de mi origen: mi madre era muy dada a lecturas perniciosas y generalmente novelescas; parece ser que despus de mi concepcin, su marido y mi padre viajo por motivos de salud. En el nterin, un su amigo, mdico, entabl estrechas

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14relaciones con mi madre, claro que de honrada am istad, y como la pobrec illa estaba tan sola y aburrida, ste su amigo tena que distraerla y la distraa con unos cuentos extraos que parece que impresionaron la maternidad de mi madr e. A los cuentos adase el examen de unas cuantas estampas que el mdico le llevaba; de esas peligrosas estampas que dibujan algunos seores en estos ltimos tiempos, dislocadas, ab surdas, y que mientras ellos creen que dan la sensacin de movimiento, slo sirven para im presionar a las sencillas seoras que creen que existen en realidad mujeres como las dibuj adas, con todo su desequilibrio de msculos, estrabismos de ojos y ms locuras. No son raros los casos en que los hijos pagan esas inclinaciones de los padres: una seora amiga ma fue madre de un gato. Ventajosamente, procurar que mis relaciones no sean ledas por seoras que puedan estar en peligro de impresionarse y as estar segura de no ser nunca causa de una repeticin humana de mi caso. Pues, sucedi con mi madre, que, en cierto modo ayudada por aquel seor mdico, lleg a creer tanto en la existencia de individuos extraos que poco a poco lleg a figurarse un fenmeno del que soy retrato, con el que se entr etena a veces, mirndol o, y se horrorizaba las ms. En esos momentos gritaba y se le ponan los pelos de punta. (Todo esto se lo he odo despus a ella misma en unos enormes interrogato rios que le hicieron el mdico, el comisario y el obispo, quien naturalmente necesitaba conocer los antecedentes del suceso para poder darle la absolucin.) Nac ms o menos dent ro del perodo normal, aunque no aseguro que fueran normales los sufrimientos por que tuvo que pasar mi pobre madre, no slo durante el trance sino despus, porque apenas me vieron, horrorizados, el mdico y el ayudante, se lo contaron a mi padre, y ste, encolerizado, la in sult y le peg, tal vez con la misma justicia, ms o menos, que la que asiste a algunos maridos que maltratan a sus mujeres porque le dieron la hija en vez de un varn como queran. Madre me tena una cierta compasin insultant e para m, que era tan hija suya como poda haberlo sido una tipa igual a todas, de esas que nacen para hacer puc heritos con la boca, zapatear y coquetear. Padre, cuando me encontraba sola, me daba de puntapis y corra; yo era capaz de matarlo al ver que a mis llantos, era de los primeros en ir a mi lado; acaricindome uno de los brazos, me preguntaba, con su voz hipc rita: "Qu es lo que te ha pasado hijita". Yo me callaba, no s bien por qu; pero una vez no pude ya soporta rlo y le contest, queriendo latiguearlo con mi rabia: "T me pateaste en este momento y corriste, hipcrita." Pero como mi padre era un hombre serio, y aparentaba delant e de todos quererme, y le haban visto entrar sorprendido, y, por ltimo, mereca ms crdito que yo, todos me miraron, abriendo mucho la boca y se vieron despus las caras; un momento despus, al retirarse, o que mi padre dijo en voz baja: "Tendremos que mandar a esta pobre nia al Hospital; yo desconfo de que est bien de la cabeza; el doctor me ha manifesta do tambin sus dudas. Caramba, caramba, qu desgracia." Al or esto, qued absorta. No me daba cuenta de lo que poda ser un Hosp ital; pero por el sentido de la frase comprend que se trataba de algn lugar donde se recluira a lo s locos. La idea de sep ararme de mis padres no era para m nada dolorosa; la habra acep tado ms bien con placer, ya que contaba con el odio del uno y la compasin de la otra, que tal vez no era lo menos. Pero como no conoca el Hospicio, no saba qu era lo preferible; ste se me presentaba algunas veces como amenazador, cuando encontraba en mi casa al guna comodidad o algn cario entre los criados, que hacan que tomara ese ambiente como mo; pero en otras, ante la cara contrada de mi madre o una mirada envenenada de mi padre, deseaba ardientemente salir de aquella casa que me era tan hostil. Habra prevalecido en m est e deseo de no haber sorprendido una tarde entre los criados una conversacin en la que se me compadeca, dicindome a cada momento pobrecita y en la que descubr adems algunos espantables procedimientos de los guardianes de aquella casa, agrandado, sin duda, extraord inariamente, por la imaginacin encogida y servil de los que hablaban. Los criados si empre estn listos a figurarse las cosas ms inverosmiles e imposibles. Decan que a todos los locos les azotaban, les baaban con agua helada, les colgaban de los dedos de los pies, por tres das, en el vaco; lo que acab por sobrecogerme. Fui lo ms pront o que pude donde mi padre, a quien encontr discutiendo en alta voz con su mujer, me puse a llorar delant e de l, dicindole que seguramente me haba

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15equivocado el otro da y que deba haber sido ot ro el que me haba maltratado, que yo le amaba y respetaba mucho y que me perdonase. Si lo habra podido hacer, me hubiera arrodillado de buena gana para pedrselo, porque haba alcanzado a observar que las splicas, los lamentos y alguna que otra tontera, adqui eren un carcter ms grave y enternecedor en esa difcil posicin; hombres y mujeres pudieran dar lo que se les pida, si se lo hace arrodillados, porque parece que esta actitud elevara a los conced entes a una altura igual a la de las santas imgenes en los altares, desde donde pueden de rrochar favores sin mengua de su hacienda ni de su integridad. Al orme, m padre, no s por qu me mir de una manera especial, entre furioso y amargado; se par violentamente. Creo que vi humedecerse sus ojos. Al fin dijo, cogindose la cabeza: "Este demonio ya a acabar por matarme", y sali sin regresar a ver. Pens que era se el ltimo momento de mi vida en aquella casa. Despus de poco, o un ruido extraordinario, seguido de movimiento de criados y algunos llantos. Me cogieron, y a pesar de mis pataleos me llevaron a mi dormitorio, do nde me encerraron con llave, y no volv a ver a mi mas grande enemigo. Despus de algn tiem po supe que se haba suicidado, noticia que la recib con gran alegra puesto que vino a comprobar una de las hiptesis dulces que contrapesaban y hacan balancear mi tranquilid ad, en oposicin a otras amargas anunciadoras de un cambio desgraciado en mi vida. Cuando tuve 21 aos me separ de mi madre que era entonces todava mujer joven. Ella aparent un gran dolor, que tal vez habra te nido algo de verdadero, puesto que mi separacin representaba una notabilsima disminucin de la fortuna que ella usufructuaba. Con lo que me toc en herencia me he inst alado muy bien, y como no soy pesimista, de no haberme ocurrido la mortal desgracia que c onoceris ms tarde, no habra desesperado de encontrar un buen partido. Mi instalacin fue de la ms difciles. Neces ito una cantidad enorme de muebles especiales. Pero de todo lo que tengo, lo que ms me impresiona son las silla s, que tienen algo de inerte y de humano, anchas, sin respaldo porque soy resp aldo de m misma, y que deben servir por uno y otro lado. Me impresionan porque yo formo parte del objeto "silla"; cuando est vaca, cuando no estoy en ella, nadie que la vea pue de formarse una idea perfecta del mueblecito aqul, ancho, alargado, con brazos opuestos, y que parece que le faltara algo. Ese algo soy yo que, al sentarme, lleno un vaco que la idea "silla tal como est formada vulgarmente haba motivado en "mi silla": el respaldo, que se lo he puesto yo y que no poda tenerlo antes porque precisamente, casi siempre, la condicin esencial para que un mueble mo sea mueble en el cerebro de los dems, es que forme yo parte de ese objeto que me si rve y que no puede tener en ningn momento vida ntegra e independiente. Casi lo mismo sucede con las mesas de trabajo. Mis mesas de trabajo dan media vuelta –no activamente, se entiende, sino pasivamente–; as que su lnea mxima es casi una semicircunferencia, algo achatada en sus partes opuestas: quiero decir que tiene la forma de una bala, perfilada, cuyo extremo anterior es una semicircunferencia. Una sintetizacin de la mitad del Mar Adritico, hacia el golfo de Venecia, creo que sera tambin sumamente parecida a la forma exterior de las tablas de mi s mesas. El centro est recortado y vaco, en la misma forma que la ya descrita, de manera que all puedo entrar yo y mi silla, y tener mesa por ambos lados. Claro que poda obviar la dificu ltad de estas innovaciones con slo tener dos mesas, entre las cuales me colocara; pero ha sido un capricho, que tiende a establecer mi unidad exterior magnficamente, ya que nadie pue de decir: "Trabaja en mesas", sino "en una mesa". Y la posibilidad de que yo trabaje por un solo lado me pone en desequilibrio: no podra dejar vaco el frente de mi otro lado. Esto sera la dureza de corazn de una madre que teniendo un pan lo diera entero a uno de sus dos hijos. Mi tocador es doble: no tengo necesidad de decir ms, pues su uso en esta forma, es claramente comprensible. La diversidad de mis muebles es causa del gran dolor que siento al no poder ir de visita. Slo tengo una amiga que por tenerme con ella algunas veces ha mandado a confeccionar una de

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16mis sillas. Mas, prefiriendo estar sola, se me ve por all rara vez. No puedo soportar continuamente la situacin absurda en que debo co locarme, siempre en medio de los visitantes, para que la visita sea de yo entera. Los otros, para comprender la forma exacta de mi presencia en una reunin, de sentarme como todos, deber an asistir a una de perfil y pensar en la curiosidad molestosa de los contertulios. Y este dolor es nada frente a otros. En especial mi amor a los nios acaba por hacerme llorar. Quisiera tener a alguno en mis brazos y hacerle rer con mis gracias. Pero ellos, apenas me acerco, gritan asustados y corren. Yo, defraudada me quedo en ademn trgico. Creo que algunos novelistas han descrito este ademn en la s escenas ltimas de su libros, cuando el protagonista, solo, en la ribera (casi nunca se acuerdan del muelle), contempla la separacin del barco que se lleva una persona amiga o de la familia; ms pattico resulta eso cuando quien se va es la novia. En casa de mi amiga de la silla conoc a un cabal lero alto y bien formado. Me miraba con especial atencin. Este caballero deba ser motivo de la ms aguda de mi crisis. Dir pronto que estaba enamorada de l. Y como antes ya he explicado, este amor no poda surgir aisladamente en uno slo de mis yos. Po r mi manifiesta unicidad apareci a la vez en mis lados. Todos los fenmenos previos al am or, que aqu ya estaran dems, fueron apareciendo en ellos idnticamente. La lucha que se entabl entre m es con facilidad imaginable. El mismo deseo de verlo y hablar con l era sentido por ambas partes, y como esto no era posible, segn las alternativas, la una ten a celos de la otra. No senta solamente celos, sino tambin, de parte de mi yo favorecido, un estado manifiesto de insatisfaccin. Mientras yo primera hablaba con l, me aguijoneaba el deseo de yo segunda, y como yo primera no poda dejarlo, ese placer era un placer a medias con el remordimiento de no haber permitido que hablara con yo-segunda. Las cosas no pasaron de eso porque no era posible que fueran a ms. Mi amor con un hombre se presentaba de una manera especi al. Pensaba yo en la posibilidad de algo ms avanzado: un abrazo, un beso, y si era en lo primero vena enseguida a mi imaginacin la manera cmo poda dar ese abrazo, con los brazos de yo prim era, mientras yo-segunda agitara los suyos o los dejara caer con un gesto inexpresable. Si era un beso, senta anticipadamente la amargura de mi boca de ella. Todos estos pensamientos, que eran de so lidaridad, estaban acompaados por un odio invencible a mi segunda parte; pero el mismo odi o era sentido por sta contra mi primera. Era una confusin, una mezcla absurda, que me daba vueltas por el cerebro y me vaciaba los sesos. Pero el punto mximo de mis pensamientos, a este respecto, era el ms amargo... Por qu no decirlo? Se me ocurri que alguna vez poda lle gar a la satisfaccin de mi deseo. Esta sola enunciacin da una idea clara de los razonamiento s que me hara. Quin yo deba satisfacer mi deseo, o mejor su parte de mi deseo? En qu forma poda ocurrrseme su satisfaccin? En qu posicin quedara mi otra parte ardiente? Qu hara esa parte, olvidada, congestionada por el mismo ataque de pasin, sentido co n la misma intensidad, y con el vago estremecimiento de lo satisfecho en medio de lo enorme insatisfecho? Tal vez se entablara una lucha, como en los comienzo s de mi lucha, como en los co mienzos de mi vida. Y vencera yo-primera como ms fuerte, pero al mismo tiempo me vencera a m misma. Sera slo un triunfo de prioridad, acompaado por aquella tortura. Y no slo deba meditar en eso, sino tambin en la probable actitud de l frente a m, en mi lucha. Primero, era posible para l sentir d eseo de satisfacer mi deseo? Segundo, esperara que una de mis partes se brindase, o tendra de terminada inclinacin, que hara intil la guerra de mis yos? Yo segunda tengo los ojos azules y la cara fina y blanca. Hay dulces sombras de pestaas.

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17 Yo primera tal vez soy menos bella. Las mism as facciones son endurecidas por el entrecejo y por la Boca imperiosa. Pero de esto no poda deducir quin yo sera la preferida. Mi amor era imposible, mucho ms imposible que los casos novelados de un joven pobre y obscuro con una joven al vez haba un pequeo resq uicio, pero ¡era tan poco romntico! ¡Si se pudiera querer a dos! En fin, que no volv a verlo. Pude dominarme haciendo un esfuerzo. Como l tampoco ha hecho por verme, he pensado despus que tod as mis inquietudes eran fantasas intiles. Yo parta del hecho de que el me quisiera, y eso en mis circunstancias parece un poco absurdo. Nadie puede quererme, porque me han obligado a cargar con ste mi fardo, mi sombra; me han obligado a cargarme mi duplicacin. No s bien si debo rabiar por ella o si debo elogiarla. Al sentirme otra; al ver cosas que los hombres sin duda no pueden ver; al sufrir la infl uencia y el funcionamiento de un mecanismo complicado que no es posible que alguien conozca fuera de m, creo que todo esto es admirable y que soy para los mediocres como un pequeo dios. Pero ciertas exigencias de la vida en comn que irremediablemente tengo que llevar y ciertas pasiones muy humanas que la naturaleza, al organizarme as, debi lgicamente suprimir o modificar, han hecho que ms continuamente piense en lo contrario. Naturalmente, esta organizacin distinta, trayndome usos distintos, me ha obligado a aislarme casi por completo. A fuerza de costumbre y de soportar esta contrariedad, no siento absolutamente el principio social. Olvidando tod as mis inquietudes me he hecho una solitaria. Hace ms o menos un mes, he sentido una insisten te comezn en mis labios de ella. Luego apareci una manchita blancuzca, en el mismo s itio, que ms tarde se convirti en violcea; se agrand, irritndose y sangrando. Ha venido el mdico y me ha hablado de prolif eracin de clulas, de neoformaciones. En fin, algo vago, pero que yo comprendo. El pobre ha br querido no impresionarme. Qu me importa eso a m, con la vida que llevo? Si no fuera por esos dolores insistentes que siento en mis labios... En mis labios... bueno, ¡pero no son mis labios! Mis labios estn aqu, adel ante; puedo hablar libremente con ellos... Y cmo es que siento los dolores de esos otros labi os? Esta dualidad y esta unicidad al fin van a matarme. Una de mis partes envenena al todo. Esa Haga que se abre como una rosa y cuya sangre es absorbida por mi otro vientre ir co mindose todo mi organismo. Desde que nac he tenido algo especial; he llevado en mi sangre grmenes nocivos. ...Seguramente debo tener una sola alma... Pero si despus de muerta, mi alma va a ser as como mi cuerpo...? ¡Cmo quisiera no morir! Y este cuerpo inverosmil, estas dos cabezas, estas cuatro piernas, esta proliferacin reventada de los labios? ¡Uf! Pablo Palacio fue un escritor ecuatoriano nacido en Loja en 1906. Public los siguientes libros : "Un hombre muerto a puntapis", (1927); "Dbora", (noviembre de 1927), "Comedia inmortal" y La vida del ahorcado"; (1932). Muere internado en un manicomio en el ao 1947. Su cuento La doble y nica mujer fue incluido en la Primera Antologa de ciencia-ficcin latinoamericana editada por Rodolfo Alonso en 1970.

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18Ciencia ficcin en los Andes Ecuatorianos Fernando Balseca (Publicado originalmente en la revista andina de cultura Sieteculebras vol. 13, junio julio de 1999) Nunca fue atractivo para m el llamado gne ro de ciencia ficcin: al situar inslitos viajes velocsimos en lejanos confines -ni siquiera dentro de los ya conocidos del sistema solar, de por s vasto para ofrecer un espacio crebleme quedaba con la impresin de haber participado de una escritura que aluda a posibilidades excesivamente remotas como para ser realmente gozables. Adems, con poqusimas excepciones, los personajes que poblaban esas narraciones se llamaban XR-116, o algo as, y estaban siempre en disputa con otra s entelequias que parecan slo un producto de la capacidad imaginativa de su autor o de su autora. Pero en menos de un ao, entre 1994 y 1995, aparecieron en Quito dos libros de cuentos en cuyas portadas se haca saber c on claridad -por voluntad editorial o del autorque se trataba de "ciencia ficcin": Profundo en la galaxia de Santiago Pez (1) y La era del asombro de Fernando Naranjo .(2) Quiero destacar la sorpresa por la manera en que la ciencia ficcin se ha abiert o un sitio en nuestra literatura nacional a la que ya es casi un lugar comn denom inarla como solemne o seria. (3) Es pertinente subrayar el lugar especial que ocupa un gnero como ste en nuestra tradicin cultural, pues el mbito de la ciencia ficcin es el de una sociedad que produce, por lo menos en trminos industr iales, un "excedente" de escritura. Sin embargo, qu hace este gnero en un pas como el Ecuador, con algunas dcadas de atraso con respecto de los centros de alto nivel tecnolgico, y amateur en sus mecanismos de edicin y circulacin de libro s? A primera vista, y como puede suceder tambin con la novela de detectives -que no ex iste tampoco en nuestro pais-, la ciencia ficcin parecera encontrar un mbito de cultivo en sociedades en las que la demanda por la circulacin de libros es sumamente alta y en las que un grupo particular de lectores acepta la disposicin de cons umirlo todo, aunque tambin el riesgo de olvidarlo todo. Por eso, los libros que sobreviv en de estos gneros tienen que ver con mucho ms que con policas y bandidos o con seres de otros planetas.

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19 Para abordar el tema de la ciencia ficcin en la narrativa ecuatoriana debo insistir en la idea de que la letra es una tecnologa im portante en una era que ha construido una obsesin por las comunicaciones. Vivimo s un tiempo en que, pensmoslo bien, algunos artefactos se nos hacen cada vez ms bsicos: imaginemos nuestras vidas si no accediramos cotidianamente al peridico, a la televisin, al fax o, recientemente, al correo electrnico y al cd rom. En este contex to, la aparicin de este gnero nos lleva a pensar que la ciencia ficcin en nuestro medio obedece a un proceso tardo de divulgacin y popularizacin te cnolgica y electrnica en medio de una modernidad que entre nosotros opera con lentitud, y que slo en nuestro fin de siglo ha sido posible que esos discursos acten como dispositi vos para el surgimiento, retrasado, de un imaginario csmico que antes no poda producirse desde nosotros. La ciencia ficcin propone la lectura del fu turo.(4) Si bien todo texto literario puede anunciar el porvenir en trmi nos personales o colectivos, es importante considerar que este gnero busca especialmente comunicar la idea -fabricada por el gnero mismode que es posible la invencin de una mquina que nos facilite viajar a travs del tiempo. Creo que habra que puntualizar, y no slo para el caso de la ciencia ficcin, que la literatura misma es una maquinaria que permite anticipar el futuro,(5) pues a modo de constante los discursos humanos afirman una gran preocupacin por el curso del futuro (como sucede con el arte, por ejemplo, que en determinados momentos parecera deleitarse en fabricar im genes de anticipacin). Hace dcadas los estudios literarios nos seducan para que hallramos en la literatura una especificidad que, como una joya indeleble, slo brillaba en el arte escrito; hoy en da consideramos la literatura en una interaccin con las formas comunicativas que circulan en la sociedad. Esta misma orientacin hizo que tomara con sospecha los libros ecuatorianos de ciencia ficcin, prejuiciado por mis percepciones anteriores del genero, pero en esta experiencia sent que estos autores buscab an comunicarnos algo ms all que las amenaza de una guerra espacial sin consecu encias predecibles. Veamos por qu. Estas obras de ciencia ficcin anuncian mun dos catastrficos. En ellas la Tierra atraviesa -o ha atravesado, pues ya casi ha desaparecidocircunstancias sumamente difciles para la supervivencia de la esp ecie humana; esta situacin obedece no slo a factores de cambio radical en el medio ambi ente o en la estructura misma del orden del universo, sino tambin debido a una inca pacidad de gobierno humano. El poder terrestre -en los relatos de Pez y Naranjoest determinado por una ineficacia que precisamente amenaza al gnero humano en el planeta. En un cuento notable de Pez una nave perdida procedente de otro planeta llega a un territorio cercano a Peguche, en la provincia de Imbabura. Sus tripulantes vienen de un lugar lejano en la galaxia en el cual na da escapa a un control absoluto. Lo nico que esos seres no pueden dominar es el miedo, y nada puede salvarlos cada vez que lo sienten: durante los primeros temblores se embarcan en sus aeronaves y salen disparados sin direccin alguna. En el texto, el yachaj Jo s Snchez percibe que algo anda mal en el mundo, y siente malsano el aire que lo circunda. Para evitar el traspaso de esa enfermedad, al descubrir a estos se res diminutos crispados por el miedo, el yachaj procede a curar del espanto a los extrat errestres hasta lograr restaurar, junto con dicho proceso de cura, la armona del mundo. Efectivamente, la nocin de armona

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20 puede variar segn el sujeto de la emisin y el lugar desde donde se la concibe. En el caso de este cuento, el yachaj asume, por un momento, la tarea de la salvacin colectiva restaurando antiguas y profundas solid aridades: Pez maneja la idea de una tierra viviente,(6) en la cual el planeta acta como un organismo vivo que responde sin vacilacin a cada estimulo o falta de estmul o de nuestra parte, pues el mal del mundo es visto como una advertencia para construir solidaridades. Estas solidaridades son cada vez ms necesa rias. En los casos en que queda todava vida en nuestro planeta, sta ha degenera do hacia la creacin de mundos salvajes que amenazan con aniquilar la humanidad. As, nos hallamos ante una barbarie galctica paulada por mquinas tirnicas. Lo que result a an ms sobrecogedor es que incluso la tierra se ha perdido muy profundo en la ga laxia, y ya no es ms un espacio adecuado para el florecimiento de la vida. En Fernando Naranjo la inha bitabilidad de la Tierra ha sido causada por catstrofes naturales, la ms grave de ellas la colisi n del cometa Mefistos que, hacia el ao 2060, permite caracterizar ese perodo como "la era del asombro", marcado por angustias ciudadanas e incertidumbres insalvables. Lo s efectos climticos por el impacto del cometa en nuestro planeta son terribles en los Andes y producen nuevas glaciaciones. En ese medio la planificacin de !a vida se vuelve una quimera, y ciudades como Guayaquil se toman en un total caos.(7) Aunque lo desconocido siempre resulta atract ivo para quienes bus can lo nuevo, es lo conocido el molde adecuado para potenciar nuestra capacidad de ensoacin con situaciones inditas. Este dispositivo lo ha retomado la literatura, pues acerca a los lectores aquellas cosas que eran totalmente desconocidas o que, en su momento, eran desconocidas slo porque no haba una relaci n estrecha con ellas. He aqu entonces otro valor que busca preservar la literatura: este por el cual lo arcano se hace cercano. En esta medida la literatura tiene un rango telescpico: un cuento de Naranjo presenta unos personajes de la "resistencia" en combate con otros que gobiernan ese mundo y que han proscrito los catalejos y los tele scopios porque permiten acercarse demasiado a realidades en apariencia lejanas. En ese futuro que anuncia la ciencia ficcin hay seres que no tienen una heredad humana. En esos espacios siderales las mquinas han llegado a controlar el mundo y han invertido el orden en el cual los humanos trataron de poner las mquinas a su servicio, y por ello los gobiernan totalmen te. Estamos ante unos seres que, en Paez, tienen un autocontrol neurolgico tal que puede n imitar la estructura del enemigo o de cualquier otra persona y, de esa manera, de saparecer o hacerse pasar por otros. Sin duda, esta cualidad nos da terror porque es un mundo que todo lo mide, y cuyos jefes buscan controlar hasta los rasgos del cuer po del otro. Lo impresionante en esos espacios sofisticados es que la sencillez puede ms con la complejidad tcnica: un cuchillo o un machete pueden derrotar las ar mas ms especializadas Algo esencial que est presente en los mundos intergalcticos de nuestra referencia es que la condicin humana es una rareza que merece ser conservada en medio de la catstrofe csmica. En un cuento de Pez se llega a juzgar a los humanos por una situacin incomprensible para los seres del futuro: los humanos pueden sentir afectos, y por ellos la tierra tiene la apariencia de un plan eta terrible. Los extraterrestres, en cambio, no logran medir emociones ni pasiones. De es ta forma, en un cuento magnfico que se

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21 desarrolla en medio del carnaval de Guaranda los seres de otras edades cosmolgicas luchan contra las pasiones, y para ello se convierten en "vampiros" que absorben la energa humana. En Naranjo esta visin se complementa con la insistencia de que el pasado terrestre est conformado por miserias humanas, lo que hace que los seres del futuro califiquen a la nuestra como una era de necios. En este contexto se dan las disputas entr e la tradicin y el cambio. En un atractivo relato de Naranjo unos cientficos del si glo XXI emprenden una desesperada bsqueda por una historia entre los seres desampara dos de pasado (pues lo han perdido en la colisin del cometa Mefistos), e incluso deben tratar de de scifrar algunos textos de los llamados cronistas de la crisis En esa sociedad semi-destrui da se constituye una orden de los recordantes que est en permanente lucha contra el ol vido, que aparece como contagioso (el olvido es una condena en los casos en que es necesario reprimir socialmente a alguien). Uno de los planteamientos ms atractivos de ambos libros es la presencia de dimensiones ocultas con respecto a nuest ras propias urbes, pues las ciudades ms cercanas al Guayaquil y al Quito de hoy esconden otras bajo la forma de ciudades subterrneas. Ciertamente, an en mundos de dimensiones conocidas hay caras de las ciudades que no conocemos o que conocemos muy mal. En Pez, el protagonista de uno de los cuentos descubre una red de habitantes subterrneos que perviven bajo de la ciudad colonial. El centro histrico de Quito se convierte, as, en el sitio propicio para most rar una tradicin debajo de otra. La ciudad colonial es nicamente un piso para la ciudad moderna y un techo para otra ciudad minscula dentro de la gran ciudad. (8) Otro de los textos de Naranjo ocurre mien tras unos pilotos especializados del siglo XXIV sobrevuelan Guayaquil, que se encuentr a sumergida. Varias veces las aguas la han cubierto, y se han retirado, pero aparentemente se ven se ales vitales debajo de esa ciudad. Una de las escenas de mayor peso simblico habla de una coordenada luminosa debajo de las aguas. Cuando los cientficos buscan alcanzar una mejor perspectiva, descubren mediante refinados si stemas que se trata de la estatua que en Guayaquil se levantaba al general Eloy Al faro, que sigue emitiendo una gran dosis de energa. (9) Esta discusin nos conduce a otra de ma yores proporciones acer ca de los mundos posibles o la existencia de los mundos para lelos. En un cuento de Pez un hombre ha recibido una extraa herencia que se asemeja a un basurero: una casa en ruinas. All hay una biblioteca que se ofrece como un l ugar de interconexin de varias dimensiones gracias a un libro. Este hombre descubre un poema del libro Uncin de Jos Mara Egas, que le suena familiar pero se da cuenta de que la nueva versin de este libro -con caractersticas del siglo XVIsu texto ha sido extraamente cambiado. Poco a poco queda aclarada la presencia no de uno sino de dos libros que, aunque distintos, siguen una estructura semejante. De esta manera, el libro se convierte en prueba cabal del mundo paralelo. As, literatura es un discurso que puede ac tuar como una precaria fbrica de realidad virtual. Si la realidad virtual del multim edia de hoy consiste en dolarnos de la capacidad suficiente de sensibilidad en los tejidos nerviosos que afectan nuestro tacto y nuestra vista, la literatura -de modo arte sanalya ha venido haciendo eso mucho

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22 tiempo atrs, por lo que podemos pensar que el texto potico es, sin duda alguna, el antecedente ms inmediato de estos mecanis mos de transportacin hacia otros mundos. El procedimiento de la realid ad virtual hoy nos asombra,(10) pero la litera tura lo ha venido haciendo por siglos y si glos. La literatura se ha provisto de la capacidad de producirnos otras sensaciones, y de acercam os a otros afectos desconocidos. Sin duda, es valiosa la experiencia pe rsonal de la vida, pero las palabras de la literatura conservan tambin una dimensin tal, casi mgica, que nos permite ver ms all de donde se queda la fisiol oga de nuestra visin. Quiero destacar que estos cuentos insisten en el valor inmensurable de la palabra humana, que no slo tiene un rasgo curativo -c omo en el caso del shamn que ordena y restaura el orden del mundo y de la galaxi a con conjuros, cantos y oracionessino que estn marcados curiosamente por un obsesionado anhelo de decirnos que la palabra humana es fundamental en nuestras vidas. Santiago Pez ha escrito probablemente uno de estos textos ms signi ficativos de este proceso que comentamos. Se trata del cuento "Amaru, poeta de Shyric". En la guerra intergalctica, los residuos de humanidad est n al borde del colapso total frente a unas mquinas que se han desarrollado caractersticas extraordinarias y que llevan ya siglos de rebelin contra sus crea dores, de caractersticas hum anas. Nada hay que pueda detenerlos. A punto de pactar su rendicin, el dictador inte rgalctico logra rastrear una pista porque ha descubiert o -en un pequeo planeta lla mado Baktinuna ciudad llamada Shyric donde existe una pequea comunidad tecnolgicamente menor que sobrevive frente a las amenazas diarias de las mquinas pues stas no pueden contra ellos. Un soldado de avanzada, que ha muerto en el intento de de scubrir el secreto de semejante arma, ha dejado su ltimo y confuso mensaje: dice que esos sobrevivientes combaten con palabras. Uno de los anuncios ms aleccionados frente a estos mundos horripilantes que se avecinan es que siempre habr una cofrada de guardianes de la palabra. Hay all un libro de pginas amarillentas que ha sobreviv ido durante aos. La lectura de este libro altera a los robots. En los humanos que lo escuchan, en cambio, provoca "extraas condensaciones neuronales, peculiares estruc turas de pensamiento, estados del alma". El texto que contiene el libro es el poema "Los sentidos" de Julio Pazos. El dictador hace que lean el poema usando la estratag ema de anunciar su rendicin por medio de un micrfono intergalctico. Por supuesto que el imperio de las mquinas se derrumba y renacen proyectos de restauracin de la vida humana. El poema entonces alcanza un fabuloso ef ecto intergalctico. Imaginemos, en los siglos venideros, una voz potica que atravi esa barreras espaciales y temporales y que retumban en pleno universo en expansin. Esta metfora convoca sin duda a restituir un plus de valor a la palabra humana. Pensem os en que tal metfora nos reafirma la idea de que la dimensin imaginativa de la palabra humana ser una de las armas con la cual sostener los combates en el futuro. FERNANDO BALSECA

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23(1) Quito: Abrapalabra-Planeta, 1994. (2) Quito: Abrapalabra-CCE, 1995. (3) Esto se lo he odo decir, en diversas circunstancias y contextos, a Jorge Enrique Adoum, Miguel Donoso Pareja, Ivn Egez, entre otros escritores. (4) El inters futurstico es de todos y anda por cu alquier parte. Como una muestra de lo que pasa a nivel de la cultura de masas debe escucharse la cancin "Ao 2000"que interpreta en nuestros das Miguel Ros en el lbum De coleccin. Madrid: Poly dor, 1994: "Ao 2000, lle ga el ao 2000/ y el milenio traer un mundo feliz,/ un lugar de temor,/ simplemente no habr una/ vida en el planeta". (5) Para corroborar que esta preocupacin por el futuro se da en todos los niveles de la cultura y de vida cotidiana estn los consultorios sentimentales, los horscopos, las lecturas de la mano, las plizas de acumulacin a mediano y largo plazo, las inversiones, la compra del billete de lotera, los testamentos, las cremas humectantes, los seguros de desgravamen, etc. (6) Tal vez uno de los libros que ms ha popularizado este tpico es el de David Attenborough 1984. The Living Planet: A Portrait of the Earth. Boston-Toronto: Little Brown & Company. Ms recientemente, e incorporando las experiencias alcan zadas gracias al satlite COBE, se puede consultar nuevos alcances de esta teora en John Gribbin 1994(1993). En el principio... El nacimiento del universo viviente. Madrid, Alianza (trad. Jess Unturbe). Sobre la heterogeneidad del universo, lo que permitira desplazamientos no explicables ba jo la lgica terrestre -el hecho de que el cosmos no es homog&eacutte;neo en el espacio y el tiempo-, puede verse en George Smoot y Lekeay Davidson 1994 (1993). Arrugas en el tiempo. Bogot Cofreces-Crculo de Lectores (trad. Nstor Miguez y J.A. Gonzles). (7) Un antecedente nacional inme diato a esta visin catica del mundo ya estaba en el cmic Ficcinica editado en Guayaquil por J.D. Santibez (que tuvo dos nmeros que debieron salir entre 1991 y 1993) (8) En otros contextos, este planteamiento est ya ficcionalizado en Italo Calvino 1995 (1972). Las ciudades invisibles Madrid. Siruela (trad. Aurora Bernrdez) (9) Es sin duda una metfora interesante puesto que en 1995 se conmemor el centenario de la revolucin liberal en el Ecuador. (10) La discusin y polmica en torno al concepto y la representacin de la realidad virtual puede verse en Claude Cadoz 1995 (1994) Las realidades virtuales Madrid Debate Domins (trad. Flavio Puppo).

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24 LOS LOBOS DE UMBRA Jorge Valentn Mio Desaconsejable es visitar las riveras clandes tinas del mausoleo gtico de Umbra porque los hipnticos cantos lobunos se filtran desde los bosques aledaos. El crimen a Benefactor Constante se aclar por el simple detalle de l anudado de sus zapatos: comparativamente, al contraponerlos a unos deportivos que se encontr al allanar su hogar, el anudado haba sido hecho desde afuera; se concluy as que se de tuvo a lustrarse los zapatos y el limpiabotas le rehizo los nudos. Result ser uno de los cinco mu chachos que lustran calzado en la Estacin de Carrozas quien identific fcilmente esos mocasi nes: caobas, tersurizados, remaches al punto de broca... Su dueo tena harta barba y un pa raguas de cuya punta abusaba para golpear la baldosa como si asestara mandobles a imaginarias cucarachas transentes. En el lapso de la lustrada es que le advert rasgos clnicos. El extrao se esforzaba por parecer humano, pero siempre le delataban, sino su cara oculta tras un sombrero saucesco, la afectacin de su voz que sala de entre dientes cascabeleantes, con grave acento perruno. En realidad all no es muy importante esto, cuando los clientes poseen la tarjeta azul en sus solapas que los resalta como hombres defectuosos por anomalas fsicas, pero en ningn caso resultantes de clonaciones ilegales. El extrao pag con una m oneda de cobre y un gruido sin intenciones de ocultamiento. En realidad no pareca malo, estab a bien alimentado y tena en su ropa el tufo de humedad retenida en la lana de borrego. Me llamaron la aten cin sus perdidos ojos negros dentro, muy profundo de sus cuencas orbitales, casi sin brillo —el declarante llev sus manos a la nariz para percibir an el latente aroma. Orden le tomen una muestra de las molculas odorferas para el anlisis—, result inquietante el rebote de la nica luz de la estacin que le calaba perfectamente en las pupilas, como un clavo de acero sobre una pared de cartn. Entonces, maravillado del nuevo resplandor de sus zapatos, se alej orgulloso, taconeante por el tnel que conduce a los andenes; luego ya no lo volv a ver sino en las fotografas de los peridicos de crnica roja.

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25—¡stos son! —dijo al mostrrsele el cartn c on los charolados zapatos y aadi, antes de volver a un silencio que le ha durado meses—. Es os zapatos parecan vivos. Al manipularlos, experiment igual sensacin de cuando, asalariado en el matadero, deba sostener las arterias de los cuellos sangrantes de los hipoptamos de scabezados y bramaban esas venas trepidantes con el embalse roto; un trabajo digno de un bombe ro para no caer de espaldas, con el empuje de esos zapatos que parecan mangueras a tope en un incendio. Un cuero extrao, palpitante. ¡Ah... la moneda! La traigo aqu. Sac el cobre de su bolsillo de la pechera para ensearlo a contraluz. Ped que la ponga sobre la mesa. El disco emiti un sonido acristalado a pesar de ser metal contra madera el golpe. Not que llevaba de un lado la efigie de Ni codemo V y del otro lado una de las hermanas Brnte —Emily me confirmaron luego los de balstica—. De esas monedas slo se emitieron una docena, de prueba, que nunca entraron en circulacin; las nueve restantes las conserva el Museo Real de La Devinire, la otra —sta— la perdi Jimmy Carter en una visita no oficial a La Habana; de all perdemos itin erario hasta este fatal da. Benefactor Constante era el vigsimo tercer clon de un cientfico del siglo pasado que entreg su vida —merced a una beca John Varley— a la tarea de desentraar cul de las nieves del mundo era la ms blanca. A su muerte, tras pa radjicamente atrancarse con un granizado de uva, haba dispuesto que fuera clonado para que sus predecesores continuaran con la investigacin. Ya llevadas diecinueve generaciones, tena dos nieves finalistas: las del Japn y Siberia. Sabemos que Benefactor Constante ya tena desentraado el misterio cuando falleci. El cementerio estaba en uno de esos das menstruantes, digo yo, porque las lozas de mrmol rosa, bajo la luz menguante, daban un elix ir colorido de encendido bermelln, casi plaquetarios. Vi a los lobos raspar sobre l as tumbas en busca del oro constitutivo de prtesis dentarias, aunque; cabezas de bastn, botones dor ados, cajas ureas de rap, cualquier cosa que brille estaba bien para esos lobos clonados con cuervo. De mejor calidad encontraban lo que cogan si tal resplandor e xhalaba merced a las dbiles luces oxigenadas por las sombras. La Umbra, en las postrimeras del siglo XXII, sufri el abuso tecnogentico: florecieron los hbridos con el cruce desaprensivo, bsicament e entre reinos vegetal y animal, que alcanz lmites macabros. Inocentes criaturas eran exterm inadas, incineradas en pilas cnicas luego de ser pasadas por las armas, vctimas de errores de bioformacin: calabazas parlantes, berenjenas con lenguas de serpiente; mujeres c on cabellos de lombrices que, sentenciadas a la inmovilidad, carecan de un vivo desinters por la motricidad que se manifestaba en sus miradas tachonadas al piso. Pero... no todo fue desaciertos; all mismo naci el fibrolenguado, un leguminoso injerto de pez y mazorca que sal v al Asia luego del aislamiento mundial a causa de esa mutacin de la Gripe Alfa. Por qu Umbra? Ser que las aberraciones, como las llama el alcalde, ya no tienen nada que apor tar, despus de haber enriquecido a muchos con esos tours-terror que organizaron los desaprensi vos para explotar a las criaturas, captando hacia la ciudad masas itinerantes de turistas que pagaban por ver las deformaciones transitar a pleno da. Luego vinieron los moralistas y una fraccin de la tecnoiglesia a presionar a la cmara de nobles para que santificara con ley es la eliminacin progresiva de estos pobres de Dios. An hoy, es comn toparse con esas decad entes criaturas, todo por casualidad: sentado a la barra de una taberna, se puede advertir sobre los mostradores a diligentes hormiguillas con cabezas de elefantes bonsai. Puede ser que, virando en tricibus por algn recoveco de sus calles empedradas, se vea emerge r de alguna ventana, a ras de piso, a extrovertidos cangrejos con manos humanas en vez de los grupos de patas y tenazas propias de las centollas originales. Inclusive, muchos desocupados se entretiene n tomando las huellas dactilares que dejan a su paso especmenes y, tras comparar las con los archivos digitales, se maravillan al constatar el rostro en las fotografas de los dueos corr espondientes a esas porciones de ADN cruzadas con las ncoras. Lo ms comn en esta alquimia ca rnal es abrir arcones arrumados en sucias buhardillas hogareas, donde se apelmazan las co sas antiguas, y encontrar gatos sin pelo embutidos en recipientes cbicos y transparen tes; palangana donde las carnes del felino han crecido hasta adoptar la forma de su receptculo, con un solo orificio para las evacuaciones y una tapa que los sella a presin. Cubos de mate rial transparente, para que los gatos presos

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26hagan la infrafotosntesis, es decir; arranquen energa de las sombras como un nogal lo hara sirvindose del sol. Animalitos concebidos para reemplazar a los floreros en las casas protopostmodernistas. Benefactor Constante fue uno ms de los ajustic iados en esta llamada limpieza social. Sabemos que un clon de sexta generacin es ya una copia burda del original. Para la sexta, apenas se mantiene la capacidad cerebral, pe ro las otras funciones van tomando camino propio, imaginemos al occiso en su etapa nm ero veinte del proceso, apenas alimentado para que concrete la investigacin. No se presentarn cargos al culpable; dice que lo confundi con uno de los aborrecibles y que adems no llevaba la advertencia de su tarjetita azul adherida al ojal de la camisa. Era un hombre, no un hbrido, pero hasta un nio de escuela podra confundirlo y atacar, con el visto bueno de las autoridades ecumnicas, cito: Art. 5 de la Tercera Enmienda a la Mancomunidad Global: Cualquier terrcola est facultado para eliminar, sin tortura, a las entidades, incluyendo las zoovegetales, engendradas por manipulacin gentica y cruce no oficial de cadenas vitales. Cumplido el acto, se deber no tificar a las autoridades la ubicacin de la entidad para que los departamentos de Sani dad Pblica procedan a la cremacin; caso contrario, de no reportar al interfecto, se cons iderar un crimen y por consiguiente se remitir al culpable a las leyes vigentes sobre aniquilacin de especies. Afortunadamente, Benefactor llevaba instalado en sus ojos un modelo coreano de la serie Parpatronix; esas cmara de fotos oculares que con el mnimo de esfuerzo se adaptan como lentes de contacto y transmiten, en cada pestaeo, un fotograma al tambor de almacenaje instalado al cinturn del usuario. Benefactor haba parpadeado bastante su da postrero, el laboratorio se hizo con cerca de 28 800 fotograf as. Desde la 8 400, que corresponde a las siete de la maana, hasta la 12 000 que concuerda c on las diez de la maana, se pudo constatar su desplazamiento: primero a desayunar coelacantos en la riada que da al gradero sur del templo a Von Biskmark, lugar donde la comunidad hin d baja a realizar sus abluciones; lo vemos sumergirse, sin ser advertido, para separar con sus garras las valvas, adheridas al fondo asfaltado, donde antes del diluvio surcaba una carre tera de sexto orden. Emerge, tras una hora dedicada al vagabundeo intestinal y en cierta pattica escena se lo ve chupando las ocultas ubres de las vacas, por encontrarse sumergidas en el agua hasta las mismas ancas y sin ser advertido, por los feligreses, se atiborra de lech e. Emerge con la panza llena y los fotogramas muestran un vistazo que echa a su barriga inflada, donde los botones delanteros —prueba nmero siete mil cien encontrada ro abajo— saltan reventados por la presin del alimento. Las siguientes dos horas las dedica a secarse; se tiende en un cable de terraza de un solar perifrico y slo brinca en espasmos controlados para corretear algn ternasco que detiene su marcha junto a putrefactas flores pestilentes (heno y borgoa). Ya seco, es que va a lustrarse el calzado. All, apoltronado toma el Bagdad Review lo abre de par en par sobre su cara para tapar su rostro, desconfa del lustrabotas y no le dirige la palabra sino apenas escuetas miradas para valorar su trabajo, tiempo suficiente para fotografiarlo, de tal ma nera los fotogramas, del 10 800 al 11 400 muestran al asesino. Su crimen habra pasado desapercibido de no ser porque era un hombre consagrado a la ciencia, de l dependa el esclarecimiento de uno de los debates ms apasionados de este finales de siglo. Estaba tras la pista y ahora posea las verdaderas razones por las cuales la nieve del Japn era ms blanca que la de Siberia. Los fotogramas 11 401 a 11 423 estn en blanco —velados—; otra posibilidad para que hayan aparecido en blanco es que mir un cubo de nieve por un gran intervalo antes de la hora de su deceso. Los fotogramas posteriores son rojos y cubren la fatal herida de su cuerpo. El fotograma 11 428 ya no existe, es testimonio de que cerr los ojos definitivamente a las 4:55 entre la segunda y tercera lunacin. Yo llegu a estas tierras con la sola intenci n de grabar sus memorables goteras; es conocida esta regin por sus tradicionales lobos y por sus clebres grifos de agua. Verdaderas sinfonas

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27que persisten an ya cerrada las vlvulas y se acumulan por los siglos, haciendo posible escuchar goteos de la misma poca en que R obellier decapit al Sultn Almnzor. ¡Sangre! ¡No.. agua! El goteo es de agua, no de sangre —an discuten as los entendidos—. Una cosa sobre la que ya no discutirn los bandos es sobr e las investigaciones de Benefactor. Tengo en mi poder sus anotaciones, ha sido apresado su verdugo: un publicista ne oyorquino que haba lanzado una campaa en favor de un ultradet ergente y haba asociado la promesa bsica de blancura inimitable con las nieves perpetuas de Si beria. Viaj hasta Umbra para eliminar al investigador que en poco iba a demostrar pb licamente la mayor blancura de las nieves japonesas. El manuscrito revelador, un diminut o prrafo en una servilleta, me lleg por casualidad momentos antes de sentarme a escribir esta crnica, sali de las ventoleras rasantes mientras yo exprima unas naranjas en la cocina, avanz de lado, prensada entre los dedos ndice y medio del bloque derecho de esos cangrej os mutantes que he citado; el protomarisco subi con la carta entre sus patas, que en realid ad eran dedos humanos y me la extendi. Sequ mis manos para tomarla y el mensajero huy ve rtiginoso para perderse bajo la ventolera opuesta. Mir hacia los lados y a las ventanas del condominio de enfrente, por si alguien hubiese observado el momento de sociabilizacin con esa cosa; estaba obligado a eliminarla, luego volv sobre la carta al no percibir a nadie. Me maravill con lo que deca, revelaba el final de sus investigaciones. Por simple juego, casi por inercia, tom las huellas de este visitante —dos manos lateral es con caparazn escarlata—. Al comparar las huellas con el banco de datos, correspondan a las manos de Bene factor. Mir su foto en la pantalla como haba sido veinte generaciones atrs, luca despabilado y bondadoso, joven y de mirada ausente. Maana el mundo conocer el resultado de sus i nvestigaciones. Publicar en el Io Magazine este dilogo explicativo marcado en la servilleta. Cito las conclusiones del profesor, texto ela borado en dilogo entre dos seres ficticios, posiblemente se trate de sus asistentes: —La nieve de Japn es ms blanca que la de Siberia. —Ser porque all la luna refleja mejor la luz. —No. He estudiado el fenmeno hace veinte ge neraciones. Se debe a que los japoneses se arrancan las canas y luego las arrojan sobre la ni eve. En cambio los siberianos se las dejan en la cabeza. Jorge Valentn Mio naci en 1966. Es publicista, docente de Redaccin Publicitari a y Creatividad en la UNIVERSIDAD TECNOLOGIA EQUINOCCIAL de Ecuador. Ganador del Concurso 2003 de Ciencia Ficcin promovido por la Revista Cubana Juventud Tcnica. Public relatos en NGC 3660.

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28 Cmic Book (Jos Daniel Santibez) La hibridacin producida entre historietas y narracin en prosa no es algo que se vea con frecuencia en las publicaciones ecuatorianas. Es por ello que el ‘Comic Book’ de Jos Daniel Santibez (Guayaquil, 1959) se cons tituye como una opcin novedosa. La obra la integran 27 cuentos de cienciaficcin, aventura y fantasa, en varios de los cuales un buen guin narrativo est acompaado por una produccin grfica original, en ms de 300 pginas. Todos los dibujos que se integran en las historietas fueron hechos por el autor. Hay un uso constante de iluminaciones y sombras, en blanco y negro. Las historias que se cuentan en las narraciones, tanto las hechas en prosa como las ilustradas, tie nen como pretextos para su desarrollo situaciones totalmente cotidianas, sin embargo, llevan consigo la marca del suspenso, de la intriga e -inclusoalgunas de ellas del terror. La agilidad con la que estn contados los relatos es producto de la experiencia que el autor tiene en el gnero. A fines de los 90 edit la revista Ficcinica, donde empez a plasmar sus historietas.

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29 CAMINOS PARA LA LITERATURA FANTSTICA EN NUESTRO PAS Por Santiago Pez Podemos hablar en nuestro pas de Literatura Fantstica sin que esta sea una copia de lo producido por los anglosajones, de Tolkien o de Bram Stocker? Para hacerlo, deberamos remitirnos a un antecesor ineludible: el Realismo Mgico, un producto esttico de Latinoamrica que mixtura el Realismo Fantstico europeo, proveniente del surreal ismo, y el Realismo Maravilloso –el de los Cronistas de Indias-, generado por el descubrimiento de la realidad hispanoamericana, funda una peculiar forma expresiva, intensa y barroca en la que, sin solucin de continuidad, coexisten lo real y lo mgico. Quien intente hacer Fantasa en Sudamrica, debe saber que trabaja sobre el terreno que desbrozaron los autores del Realismo Mgico. Sealemos, tambin, que al hablar de Literatura Fantstica, estamos refirindonos a uno de los gneros de la narrativa; Jos I. Ferreras, afirma que lo que permite definir los gneros es la mediacin que los constituye. En el Realismo, me dia la idea de la sociedad, sus procesos y luchas, en la novela de Aventura median lo lejano y lo extico. En la Fantasa (como en los Realismos Mgico y Maravilloso) media con todo su poder el mito. Los autores ecuatorianos de la ltima generacin consolidada (por ejemplo Leonardo Wild, Gabriela Alemn, Edgar A. Garca o J.D. Santibez) nacidos entre 1955/1970 han seguido, a veces, el derrotero de la Lite ratura Fantstica, que trazara Jorge Dvila con sus Historias breves y fantsticas (y que inaugurara en nuest ro pas, con algunos de sus cuentos, Csar Dvila). Wild, Alemn, Santibez y los otros hacen ciencia ficcin, fantasa, an thrillers ecolgicos, y ubican sus relatos, siempre irnicamente, en campos cercanos al cmic, la narrativa po licial o la de aventuras. Luego, parece claro que en nuestro pas se hace una literat ura cercana al gnero de la Fantasa. Reformulando a la pregunta que inicia este artculo, nos podramos inquirir: Puede

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30 una literatura como la Fantstica participar, incidir en el proceso de construccin de nuestra identidad? S. Y esta incidencia tendra al menos tres proyecciones. Podremos usar los mitos ajenos liberadoram ente si nos apropiamos de ellos y los modelamos a nuestra imagen. An podemos apropiarnos de ellos impugnadoramente, cabra, por ejemplo, una parodia de Superman viviendo en nuestros barrios miseria… Este camino –con mitos como el del hombr e lobolo ha seguido Gabriela Alemn dentro de una potica muy pr opia y brillante. J. D. Sant ibez con su superhroe urbano Pedestrian logra historia s muy divertidas e intensas. Podemos, tambin usar para nuestras invenc iones narrativas nuest ra mtica que es tan rica y sugerente como cualquier otra: historia s sobre los seres fabulosos de la Sierras y la Amazonia, sobre el Riviel en Esmerald as o los caminos de los Yumbos en el subtrpico… Esta senda la ha seguido Edga r A. Garca, en su literatura infantil. Finalmente, una de las vas que parece ms interesante implica regresar al Realismo Maravilloso, de los cronistas y primeros historiadores, y construir historias. Basta tomar, como universos para fa bular, los presentados por el padre Juan de Velasco; en su Historia coexisten animales fantstico s como el Quimsa ahui una especie de cnido con tres ojos cuyo terc er ojo brillaba en la noche y que los indios usaban para alumbrar los caminos, personajes fabulosos como los famosos “gigantes sodomitas”, o plantas imposibles como aquellas cuyos frut os se transforman, c on el paso de las estaciones, en insectos de patitas temblorosas… (Tomado de http://elquirofano.blogspot.com/2007/12/ caminos-para-la-literatura-fantstica-en.html) SANTIAGO PAEZ GALLEGOS (Quito, 1958) Novelista, catedrtico universitario, crtico, antroplogo y comunicador social. El novelista Ral Vallejo afirma que este autor "ha configurado en Profundo en la galaxia un universo narrativo en el que la problema tizacin acerca de la tecnologa del futuro y la presencia reelaborada de el ementos culturales indgenas en relacin conflictiva a veces, subsidiaria en ot ras, constituyen una novedosa y bien trabajada amalgama, para la construccin de un discurso narrativo propio." BIBLIOGRAFA Novela: La reina mora (Quito, 1997); Los archivos de Hilarin (Quito, 1998); De shamanes y reyes (Quito, 1999); Condena madre (Quito, 2000). Cuento: Profundo en la galaxia -Premio "Joaqun Gallegos Lara"(Quito, 1994). Ensayo: Metodologa de investigacin en literatura popular (Quito, 1987); Artculos de costumbres de Jos Modesto Espinosa, anlisis socioliterario (Quito, 1988); !A la voz del carnaval! Anlisis semitico de las coplas populares (Quito, 1991). Consta en la antologa: El cuento ecuatoriano de finales del siglo XX (Quito, 1999).

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31NGEL Vctor Xavier Cruz C. ... y al caer la noche escuchaba sus pasos al acercarse y mi corazn se aceleraba. Odio. Amor. Temor. Sobre todo, temor. En ocasiones, incluso terror. Un hombretn en sus ltimos cuarenta, em brutecido por el alcohol, los celos, la envidia y treinta aos como por tero en una escuela pblica. A veces llegaba y se diriga directamente al destartalado refr igerador a buscar su cerveza. Cuando se acababa husmeaba por la casa hasta encontrar algo que la remplazara. Tequila. Whisky barato. Aguardiente. Lo que fuera. Otras veces llegaba con una pelota para m o quizs un dulce para ngel. Entonces nos llevaba al parque y nos enseaba los juegos de su niez y volbamos cometas hechas de papel o jugbamos a escondernos y l corra con nosotros y ayudaba al pequeo ngel a subir a los rboles y si llova volv amos a casa y nos enseaba a hacer girar trompos, a fabricar yoyos o se sentaba en el suelo a modelar figuras con la plastilina que robaba para ngel en la escuela donde trabajaba. (ngel adoraba esa plastilina. Mezclaba los colores y los converta en una ma sa gris con la que jugaba durante horas. Y, despus de jugar, jams destrua las figur as que haca. Una vez pis una sin querer y no me habl durante el resto de aquel da). Era en aquellas ocasiones cuando le odiaba ms que nunca. Ms que cuando estaba ebrio. Ms que cuando nos gritaba si n motivo. Ms que cuando nos golpeaba salvajemente. Lo odiaba porque nos haca am arlo. Y eso era lo ms cruel de todo. Lo ambamos. No peda ayuda. A quin habra podido ped rsela? No tenamos ms familia. Mam se haba ido aos antes, sabedora de lo que le esperaba de haber seguido con aquel hombre. No la puedo culpar. Yo tena slo di ez aos y ngel an no iba a la escuela, cmo habramos podido huir? Aquella noche lleg a casa de mal humor y al poco rato ya se enco ntraba en el viejo silln con una botella en la mano, en calzon cillos frente al televisor. Yo lea las

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32 historietas que un amigo de la escuela me haba prestado y ngel jugaba con sus plastilinas junto al silln. Las horas pasaron y determinada sensacin, cier ta electricidad en el aire, me deca que algo iba a suceder. Los vellos de mi nuca y br azos se erizaban sin motivo aparente. Al cabo de un rato ya no poda con centrarme en las historietas. l se haba quedado dormido, borracho, cu ando de pronto un anuncio comercial particularmente ruidoso en la televisin lo despert. Eso siempre lo haca enfurecer. Mir a su alrededor y al ver a ngel jugando en el suelo em pez a gritarle por haberlo despertado. ngel no se molest en negar la acusacin... ya saba que siempre era mejor dejarlo desgaitarse. Entre maldiciones, le orden que le llevara “su mejor botella” antes que le diera una paliza. Al igual que yo, ngel comprendi que se re fera a la botella de whisky que guardaba desde haca semanas en la alacena. El pobre an no saba leer pero ya haba aprendido a distinguir las etiquetas de las botellas de licor. La alacena, sin embargo, estaba muy alta para l. Me levant para alcanzarle la botella pero l me detuvo con un grito. Quera que “el mocoso hiciera algo til alguna vez”. ngel tom una de las tres si llas que tenamos en la casa, la llev junto a la alacena y se subi a ella. Abri la alacena pero la botel la se encontraba en el estante superior y aun de puntillas sobre la silla le faltaban unos centmetros para alcanzarla. Se inclin todava ms, llegando a rozarla con las yemas de los dedos. Mi cuerpo se hizo un nudo, cada msculo deseando bajarlo de ah y agarrar la maldita botella. Inevitablemente, la silla resbal hacia atr s y ngel cay hacia adelante golpeando su barbilla contra el mesn de la cocina. La botella cay tambin y se hizo aicos contra el piso. Instantneamente la casa se llen de olor a whisky. Corr hacia mi hermano pero l lleg ante s. Me apart de un manotn y levant a ngel por la camiseta hasta la altura de su rostro. ngel apenas se recuperaba de la sorpresa de la cada y an no atinaba a llorar. Pude ver que el golpe le haba partido el mentn y abundante sangre chorreaba de la herida. Habra necesitado varios puntos para detener la hemorragia. Entonces l empez a sacudirlo y a gritarle que era un torpe, un intil y otras cosas. An asiendo a ngel se agach y recogi lo que quedaba del cuello de la botella. Se irgui y acerc el vidrio al ro stro de mi hermanito, que para entonces ya berreaba, ms por miedo que por dolor. Yo estaba seguro de que lo ib a a herir y me lanc hacia l gritndole que lo dejara, que lo dejara, pero l volvi a apartarme con la mano en la que sostena el cuello de la botella, hacindome un corte en la mejilla. Solt el vidrio y agarrando a ngel con ambas manos, lo lanz hacia delante. El cuerpo no cay con el seco “POF” que habra esperado. Ms bien son como el crujido hmedo de un huevo al romperse.

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33 Un sonido horrible que an escucho a veces, por las noches. Alrededor de su cabeza el suelo empez a c ubrirse de sangre.... quise creer que era la que sala de su barbilla. Grit, y sin pensarlo me interpuse entre am bos, dispuesto a no dejar que lo volviese a tocar. l se enfureci todava ms. Su cabello estaba revuelto y tena un brillo asesino en los ojos. Supongo que yo me vea igual.... o a lo mejor peor con la sangre manando de mi mejilla. No di batalla. En cuanto se acerc, sujet mis brazos a los costados, me levant y me lanz con fuerza hacia la pared. El golpe en la espalda me dej sin aliento. El golpe en la cabeza, inconsciente. Lo siguiente que recuerdo es estar tumbado en el piso. La cabeza me daba vueltas. Apestaba a whisky. Me dola resp irar. Tena dos costillas rota s, pero eso no lo saba. ngel segua en el mismo lugar donde l lo haba arrojado. Su cabeza yaca en medio de un charco marrn. l volva a roncar en el sill n, con el televisor encendido y una botella de aguardiente sobre la panza. Junto al silln, las figuras de plastilina seguan tal como las haba dejado ngel. Figuritas grises que asemejaban hombrecitos, perritos, vaquitas y otros animales y monstruos que slo Dios y la imaginacin de mi hermanito habran podido reconocer. Al verlas romp a llorar. Mi visin se nubl. Y fue entonces cuando las figuras empezaron a moverse. ¡Se movieron, lo juro! ¡No fue una alucinacin! Empezaron a andar. Paso a paso, lentamente. Algunas se acercaron al sill n y otras se encaminaron a la cocina. Al cabo de unos minutos, las primeras haban escalado el mueble y trepaban por el cuerpo dormido mientras las dems volvan de la cocina cargando consigo cuchillos, tenedores, un sacacorchos y la vieja navaja suiza con que l nos amenazaba a veces. Yo observaba en silencio, entre brumas. Es taba fascinado, pero no senta sorpresa. Los objetos comenzaron a pasar de figura en fi gura hasta llegar a la que se encontraba en lo ms alto, un hombrecito de plastilina de unos 10 centmetros de altura, de pie sobre el pecho. El hombrecito tom uno de los cuchillos, lo levant tan alto como pudo.... y lo introdujo con fuerza por debajo del esternn. Inmediatamente l recuper el sentido e inici un grito, pero otras dos figuras se introdujeron por su boca y nariz asfixindol o a l y al grito, mientras las dems clavaban en su cuerpo el resto de ob jetos que haban trado de la cocina. Ante mis regocijados ojos empez a sacudi rse tal como l haba sacudido antes a ngel, presa del terror, mien tras la sangre surga en es pesos ros de las numerosas heridas. Manote intentando quitarse las figuras de encima pero fue intil. Por cada una que lograba apartar otra tomaba su luga r. Estiraba tanto los brazos que me pareca que sus manos iban a alcanzarme en mi lugar en la pared. Para entonces pareca un fakir con cuchillos y tenedores clavados en su vientre, pecho, brazos e ingle. El sacacorc hos colgaba de su hombro derecho. Ignoro por qu no

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34 intent ponerse de pie. Continu sacudi ndose hasta que finalmente una de las figuritas, un hombrecito tocado con una especi e de sombrero, le perfor la cartida con la navaja suiza. Mientras la sangre le brotaba a chorros del cu ello su mirada se pos en m. Durante un segundo eterno nuestros ojos se cruzaron, in mensos, y pude ver que toda amenaza haba desaparecido de los suyos, reemplazada slo por terror. S que lo ltimo que vio al morir fue la sonrisa de satisfaccin en mi rostro. Cuando dej de moverse, me arrastr penosamente hasta donde yaca ngel y lo abrac, embarrndome con su sangre. Sobre el cuerpo inerte de mi herm anito llor y re... llor y re. Transcurrieron varios das hasta que los vecinos acudier on, atrados por el hedor. Desde entonces he estado aqu, solo en esta habitacin tan blanca... Aunque quizs no tan solo... ...tengo mis historietas y mis plastilinas y dur ante el da est aquella enfermera tan bonita que viene cada vez que necesito algo... ...pero por las noches est ngel, siempre ngel... Vctor Xavier Cruz es un escritor ecuatoriano nacido en 1977 que actualmente reside en Guayaquil. Lee de todo, pero primordialmente Ciencia Ficcin. Sus autores preferidos son Harlan Ellison, Robert Silverberg, Phillip K. Dick, Isaac Asimov, Theodo re Sturgeon, Agatha Ch ristie, Stephen King, Alejandro Dumas, H. P. Lovecraft, Charles Dicken s, Jack Kirby, Jim Starlin y muchos ms. Desde pequeo comenz a escribir relatos y comics, el pr esente relato hace alusiones veladas al mundo del comic que esperemos sepan apreciar. Economista de prof esin, ha colaborado con artculos en la revista Guiainet en Ecuador y est preparando dos novela s. ngel apareci por primera vez en el fanzine espaol Reverso en noviembre de 2002.

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35HISTORIA DEL CINE CIBERPUNK 1995: Tank girl Por Pablo del Moral Aunque me acepto culpable de disfruta r intensamente de muchas pelculas universalmente consideradas como bodrios y pura basura flmica, existen entre mis favoritas algunas que no considero re almente malas, sino incomprendidas. Entre ellas podra mencionar "The Advent ures of Buckaroo Banzai Across the Eighth Dimension", "Showgirls" y, evidentemente, "Tank Girl". Basada en el comic britnico del mismo nombre, "Tank Girl" sigue las aventuras de una exube rante e irreverente mujer en un futuro distpico donde, luego del impacto de un cometa, la Tierra se ha convertido en un desierto donde el agua es el mayor tesoro. Los ltimos vestigios de civilizacin estn representados por una malvola corporacin, dirigida por el villano Keslee (Malcolm McDowell), quien controla (o intenta controlar) el suministro de agua. Pero los desiertos del planeta estn habitados por pequeas comunidades rebeldes que se oponen a la opr esin de la corporacin, y es en una de esas comunidade s donde habita Rebecca (Lori Petty), quien presencia la dest ruccin de su hogar a manos de los soldados corporativos. Buscando venganza, la joven contraataca, y elimina a muc hos soldados antes de ser capturada. Keslee queda impresionado por la habi lidad de la mujer, y le ofrece trabajo como miembro de su ejrcito. Rebecca rehsa, por supuesto, y es condenada a trabajos forzados en las minas de la corporacin. Entonces, con ayuda de un tanque semiinteligente y de la tmida, pero mecnicamente hbil Jet-Girl (Naomi Watts), Rebecca escapa y, bajo el nombre de Tank Girl decide destruir la corporacin. Sin embargo, sus planes se detienen cuando Tank Girl y Jet Girl son capturadas por los feroces Rippers, demonacas criaturas responsables por feroces ataques en el desierto. Pero cuando se revela la naturaleza real de tales "monstruos", Tank Girl decide usarlos como aliados en la batalla, que podra determinar el fu turo de la escasa humanidad independiente que an habita el planeta... Quizs esto suena como una especie de Ma d Max disfuncional, pe ro en el fondo se trata de una comedia donde el humor gira en torno a las irreverentes e impredecibles reacciones que Tank Girl muestra respecto a su entorno, sus enemigos... y, por supuesto, su querido tanque. Nada en la pelcula se toma en serio, y es ese irrefrenable humor y energa lo que realmente conduce la pelcula. El guin es una mera excusa para hacer chistes y lucir la personalidad de la protagonista, aunque tambin hay bastante humor por parte de los "Rippers", que resultan ser canguros humanoides, con personalidades bizarras y graciosas.

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36 La actriz Lori Petty presenta una interpre tacin absolutamente perfecta de Tank Girl, convertida en un autntico personaje de comic, pero de carne y hueso. Y no slo me refiero a la caracterizacin fsica, con su exuberante vestuario y agresivo peinado, sino al sentido del humor que muestra, y el tcito entendimiento hasta de los ms bizarros dilogos que el guin le asigna Ice-T, como el canguro TSaint, presenta su usual estilo "gangsta", que se complementa m uy bien con Jeff Kober en el papel de un atolondrado perro-canguro, y con Reg E. Cath ey como un filsofo-guerrero que sigue an las enseanzas de su dolo, Jack Kerouac. Tambin de inters es la participacin de Naomi Watts como Jet Girl, quien comienza como una tmida mecnica en las minas de los villanos, antes de que la influencia de Tank Girl la convierta en ot ra sper-herona feminista, extrovertida y auto-suficiente. All por 1995, la directora Rach el Talalay tena en su haber dos pelculas francamente mediocres: "Freddie's Dead: The Final Nightmare", de 1991, y "Ghost in the Machine", de 1993. Pero no fue sino hasta "Tank Girl" cuando aparentemente Talalay floreci como una directora con la visin necesaria para extraer la esencia del comic de Jamie Hewlett y Alan Martin (quienes ahora, diez aos despus, regresaron a la fama como pa rte del equipo creativo de la banda musical "Gorillaz") y traducirlo a la pantalla grande, con todas las herramientas audiovisuales posibles, ya que la pelc ula combina animacin, cuadros del comic mismo y muy imaginativos efect os especiales (cortesa de los hermanos Skotak), que tal vez no sean muy realistas, pero que definitivamente embonan a la perfeccin en la excntrica esttica visual de la cinta. Adems, a modo de apologa por el irregular libreto, la directora ha denunciado en numerosas ocasiones la influencia nega tiva que el estudio tuvo sobre su obra, obligndola a re-editar la pelcula y cortar escenas importantes. Algunas de estas escenas se pueden encontrar en la pgina web de Talalay, y aunque es material en video de baja calidad, se puede notar el poten cial de una "versin del director" de esta menospreciada pelcula. La msica tambin es parte esencial de la experiencia, gracias a que la notoria Courtney Love-Cobain se encarg de supervisar la banda sonora de la pelcula, creando un ensamble de estilos y canciones que van desde la melanclica "Roads", de Portishead, hasta un demencial nmero musical (con baile y todo) de la clsica "Let's Do It", de Cole Porter. Ice-T, desde luego, tambin contribuye con una cancin que hace gala de su conocido estilo. Creo que no es posible c onvencer a alguien, slo con palabras, sobre las bondades que ofrece la pelcula "Tank Girl". Hasta no ve rla se podr saber si el espectador responde positivamente a la abigarrada

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37 combinacin de irreverente humor, clich s de ciencia ficci n, y un estilo tan energtico que sus excesos se transforman si multneamente en su principal defecto y virtud. La explosin del vide o casero ha abaratado mucho el calificativo de "cine de culto", pero "Tank Girl" es una de las pocas pelculas que genuinamente lo merecen. Y como tal, quizs no sea pa ra todos los gustos, pero quienes logren asimilarla encontrarn una experiencia flmica nica y muy divertida. O, mejor an, podran verse inspirados para leer el comic orig inal, an subversivo y nico a pesar de los aos... por no mencionar que ya no ver n a los canguros de la misma manera. Ficha tcnica (Tank Girl) Trilogy Entertainment Group, 1995 104 minutos Dirigida por Rachel Talalay Escrita por Tedi Sarafian, basado en el comic de Alan Martin y Jamie Hewlett Editada por James R. Symons Elenco: Lori Petty .... Tank Girl Ice-T .... T-Saint Naomi Watts .... Jet Girl Don Harvey .... Sgt. Small Jeff Kober .... Booga Reg E. Cathey .... Deetee Scott Coffey .... Donner Malcolm McDowell .... Kesslee Imgenes cortesa de MGM


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