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Qubit

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Material Information

Title:
Qubit
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Cubit
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- History and criticism -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - Q01-00040-n40-2008-11
usfldc handle - q1.40
System ID:
SFS0024302:00040


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Full Text

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2 ndice: Casi un siglo de cuento dominicano. Ren Rodrguez Soriano. La mancha indeleble. Juan Bosh. La ltima aventura de Charlot. Toms Hernndez Franco Placeres muertos. Ivn de Paula. Glooning. Mario Dvalos. Del Realismo mgico a la ciencia ficcin. Linda Morales Caballero El Nahual. Fernando Urea Rib Resea: Unin, de Yerry Batista. Pri mera novela dominicana de ciencia ficcin? Cdigo naranja. Yerry Rivera Miedo pnico / Juego 007. Ren Rodrguez Soriano Amanecer entre los vientos. Amelia del Mar Hernndez Revolucin. Rey Emmanuel Andujar Historia del cine ciberpunk. 1995. S creamers. Asesinos cibernticos. Para descargar nmeros anteriores de Qubit, visitar http://www.eldiletante.co.nr Para subscribirte a la revista, escribir a qubit@centro-onelio.cult.cu

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3 Casi un siglo de cuento dominicano Ren Rodrguez Soriano Talismn o resguardo contra el pasmo, las paperas y el mal gusto, siempre traigo conmigo mi cuaderno azulito de finales del bachillerato. No es rojo ni escarlata, mi cuaderno azulito de cimarrona estampa. Ni son mas las palabras, pero cunto quisiera, cont ar lo que me cuentan en sus textos mis paisanos. Del Sena al Cam. Si nos aventurramos a trazar una lnea casi recta desde las noches parisinas, donde Toms Hernndez Franco da forma y cincela los textos de “El hombre que haba perdido su eje” (1925), hasta las mil veces borradas riveras del Cam, donde Pastor de Moya urde su inslito “Buffet para canbales” (2001), vere mos que, aunque ha corrido mucha agua bajo los puentes, la joven cuentstica dominicana no ha cumplido el siglo todava. Juan Bosch, considerado por muchos como el gran estilista de la cuentstica dominicana, escribira su primer cuento (“La mujer”) en el ao 1932; y se animara a publicar “Camino real”, su

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4 primer libro de cuentos, el 24 de noviembre de 1934. Mucho antes de Bosch, en los albores del si glo y con mucho tiempo de anticipacin a una sistematizada prctica escritural del gnero en el continente, y contestes con las autorizadas palabras de Amrico Lugo, Virg inia Elena Ortea con los text os de su libro “Risas y lgrimas” (1901), sealara un “nuevo rumbo a la corriente literaria nacional.” Despus vendra, incluso anticipndose al famoso declogo de Horacio Quiroga –quien a la sazn tena apenas 25 aos de edad-, Jos Ramn L pez con su libro “Cuent os puertoplateos”, en 1904 Aos ms tarde, en 1923, en “El Mu ndo” de Mxico, Pedro Henrquez Urea publicaba, sin firma, sus “Cue ntos de la Nana Lupe”. En “El hombre que haba perdido su eje”, un lib ro escrito en pleno primer cuarto del siglo XX, vamos a encontrar, sino el primer cuen to dominicano escrito con el objetivo de relatarnos una historia maravillosa, jams contada; valindose de reglas y parmetros que hoy, a la vuelta de casi un siglo, mantienen un a novedad y una vitalidad que nos envuelve y nos atrapa por el ritmo con que ha sido escrita. “La ltima aventura de Charlot”, un texto vertiginoso, audaz, donde lo surreal y lo fantstico se tutean con una familiaridad y un desenvolvimiento singularsimo, constituye una aplast ante alegora contra la insensibilidad y la ceguera del mundo. La comunicacin viajaba en barco de vapor ento nces y, por cualquier mirar de medio lado, un general se alzaba con un bando; Santo Do mingo era una aldea a la que los aires de vanguardia que hervan en Europa no le fueron ajenos. Fabio Fiallo y sus amigos bebieron de las fuentes mismas del modernismo, otros lo haran en el naturalismo, el costumbrismo o el criollismo, que ya tomaba cuerpo en los suel os de Amrica, y en todos los suelos bullan los aires de apertura y de expansin. No debe mos dejar pasar por alto que, desde el 29 de agosto de 1916, Santo Domingo haba sido ocupad a por el ejrcito de los Estados Unidos, presencia que se mantuvo en nuestra tierra ha sta el 12 de julio de 1924, cuando los Marines salen definitivamente del pas. Para esos mismos das, si se recuerda, era dado a conocer en Pars, inquietante libro de Toms Hernndez Franco (“El hombre que hab a perdido su eje”, 1925), y en La Habana, Cuba, Ricardo Prez Alfonseca publicara “El ltimo evangelio”, (Editorial Hermes 1927). En la mediaisla, en cambio, Juan Bosch comenzaba a publicar sus primeros textos y poemas b ajo el seudnimo de Rigobert o Fresni. Luego viajara por Espaa y Venezuela, sorprendindolo fuera del pas dos acontecimientos demoledores El primero, la ascensin a la presidencia de Rafael Leoni das Trujillo, el 16 de agosto de 1930; y el segundo, el 3 de setiembre del mismo ao, el paso del cicl n San Zenn devastando la ciudad de Santo Domingo. Ban no era una fiesta A mediados de 1931, Bosch regr esa a Santo Domingo. El 24 e3 noviembre de 1932 dar a conocer “Camino real”. Libro que inaugura, indiscutiblemente la cuentstica formal dominicana. Tanto estil sticamente, como por el ritmo y el enfoque con los que el autor se enfrenta al texto y a la poca que vive su pa s y el mundo que conoce, los textos de Juan Bosch, plantean una distancia abismal con el trabajo que venan realizando los escritores dominicanos de entonces y, muy importante, po dan advertirse lazos comunicantes con lo que ya vena aconteciendo en la tierra ancha de l continente americano, en el gnero. En ese interregno haban pu b licado sus primeros trabajos los uruguayos Horacio Quiroga y

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5 Felisberto Hernndez; en Venezuela Julio Garmendia Publicaba “Tienda de muecos” (1927); y en Argentina, Jorge Luis Borges da ra a conocer su “Historia universal de la infamia” en 1935. En el 1936 apareca traducida al francs la coleccin “Cuentos negros de Cuba” de Lydia Cabrera; y el chileno Juan Em ar, ya para el 1937 daba los primeros toques a su coleccin que habra de titularse “Diez”. El tiempo de la efervescencia en el continente de las letras le toc a Ramn Marrero Aristy, Nstor Caro, Jos Rijo, Scrates Nolasco, Julio Vega Batlle, Ma nuel del Cabral, Ramn Lacay Polanco, y ngel Rafael Lamarche, quien, como un testimonio de su divagar por el mundo dara a la estampa sus “Cuentos que Nu eva York no sabe”, en 1949 en Mxico. Todo aconteca a ritmo inusual. Como en el cine con planos contrapuestos y, aunque eran muy primarios los medios de comunicacin, se transmitan los lazos comunicantes. Entre los aos en que el colombiano Gabriel Garca Mrquez es criba “Los funerales de La Mama Grande”, el argentino Julio Cortzar pub licaba su “Bestiario” (1951); Juan Rulfo en Mxico, “El llano en llamas” (1953); el guatemalteco Augusto M onterroso, “Obras completas y otros cuentos” (1959), y Roa Bastos en Paraguay, “El trueno entre las hojas” ( 1953); otro tanto haca Juan Bosch, sus libros “La muchacha de la Guai ra” (1948), “Cuento de Navidad” (1955) y “Apuntes sobre el arte de escribir cuentos” (1956), vean la luz en La Habana, Cuba, el primero, y en Santiago de Chile, los dos restante s. En Santo Domingo, en pleno fragor de los aprestos para el montaje de la Feria de la Paz y la Confraternidad del mundo libre que apantallaba los monumentales de safueros y desmanes que ya ve na cosechando el “Padre de la Patria Nueva, Primer Maestro, benefactor de la iglesia y mejor amigo de los hombres de trabajo, el generalsimo y docto r Rafael Leonidas Trujillo Molina, haran su aparicin “Cibao” (1951) de un Toms Hernndez Franco que, an guarecido bajo las alas del cuervo, no dejaba de ser torrencial y brillante; H ilma Contreras con “Cuatro cuentos” (1953), abriendo nuevas trochas de expresin y bs quedas; Virgilio Daz Grulln “Un da cualquiera” (1958); J.M. Sanz Lajara “El canda do” (1959), y Juan Bosch, en exilio, ms o menos por los mismos das, escribe “La mancha indeleble”. Aqu, por el momento, paro de contar. El 30 de mayo del 1961, en una emboscada en la carretera de San Cr istbal, amigos y enemigos del tirano ponen fin a su insana vida El pas, adormecido y expoliado por ms de 30 aos, comienza a desperezarse. Las letras ta mbin. Ren del Risco Bermdez sale de las ergstulas de la tirana donde, por ms que le pisotear on y ultrajaron, nunca pudieron borrarle su pinta de dandy, bue n conversador y meticuloso urdi dor de historias que habran de solidificar y afianzar los avances que en las lides del cuento ya haban sentado sus antecesores. Armado de magnficas lecturas y dueo de una impecable tcnica de narrador; baj una tarde al mar a tutearse con los peces y medusas. En su efmero trnsito por nuestras letras dej uno de los textos ms entraablemente tiernos y venerados por generaciones de dominicanos: “Ahora que vuelvo Ton”. Entre finales del ao 1950 y principios de lo s sesentas, cobr cuerpo y comenz a gestarse una estirpe de narradores que habran de abor dar la escritura del cu ento con un rigor y una entrega espartanos. Discpulos directos de Bo sch, lectores avezados y tenaces que, adems de desentraar claves y tcnicas que sacaban a flote los escritores del Boom latinoamericano, abrevaban en las fuentes de los maestros indisc utibles del gnero, ya en sus propias lenguas o en muy bien cuidadas traducciones, que para la poca coparon las libreras y bibliotecas abiertas del pas. En el 1972, Roberto Marcall Abreu, un escritor que haba presentado credenciales desde

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6 mediados de los sesenta, radiografiando y proyectando la violencia y desolacin que campeaba en los barrios de la parte alta de la ciudad de Santo Domingo, en un relato descarnado hasta el vmito, tuvo el pulso y el valor de congelar este momento espeluznante de la historia civil de la Repblica Dominicana. “Las pesad illas del verano”, navegando en los litorales de la cr nica periodstica y la ficcin, plasma en blanco y negro una imagen perdurable del despotis mo y la ignominia: Batiendo un bien templado tambor pluralista, y haciendo galas de un excelente dominio no slo en los linderos del poema o de la msica, entra en el ruedo Manuel Rueda con “La Bella nerudiana” y “De hombres y de gallos”; textos en los que la voz femenina asume un papel protagnico, contestatario, que se antepone abiertamente al discurso representado por “Anselma y Malena” en los textos de Hern ndez Franco del 1951. Hbilmente, el narrador nos introduce en un mundo tan parecido al nuest ro, tan maravilloso y tan tortuoso, que no queremos soltar la historia hasta un final abiert o, golpeante y absurdo. La mayora de edad del cuento dominicano ha llegado, no caben dudas. Lanse tambin Un a artista del pueblo, hermosa metfora que nos lleva de lo ms elem ental a lo sublime de los sentimientos y las sensaciones. Balaguer, el PRD, los huracanes caribeos y el precio del petrleo cada da encareciendo ms la vida y las relaciones de los indivi duos, no impiden que en el 1980 Marcio Veloz Maggiolo logre configurar en uno solo al ser que ama y al amado, de ida y vuelta. Gabriel y Emilia, en un relato envolvente, sobrecogedor, llegan a compenetrarse tanto que terminan encarnndose el uno en el otro, intercambindos e los roles y las actitudes: “La frtil agona del amor”. De prdidas y hallazgos Lo fantstico, el fluir de conciencia y todas las tcnicas del cine, de la msica, de la fotografa, y hasta de la simp le artesana, pasan a ser herramientas utilizables por los narradores dominicanos. Jos Alcntara Almnzar se encarna en la psiquis de un fisgn que, para hacerle frente a la espant osa sinfona de Ruidos que inva den el apartamento donde se ha mudado. Desde la otra acera, Pedr o Pix le ajusta cuentas a la burocracia truj illista. Como un hurn, hurga en los sentimientos ms ocultos del licenciado Lotario Montao y Carvajal. Contraponiendo planos, valindose del humor y la irona [“Pormenores de una servidumbre”], nos lleva a conocer los ms ba jos fondos de la degradacin humana. Con un excelente manejo del nivel de lengua, un equi librado y dinmico ritmo, Pedro Pix hace un corrosivo y mordaz ajuste de cuen tas con la tirana, sus aclito s y dems hierbas aromticas. Y hablando de aromas y fragancias, en el 1988, ngela Hernndez nos desvela ciertos derroteros de “Cmo recoger la sombra de las flores”. Interpolando planos, puntos de vista, y con un vertiginoso ritmo, nos inserta en el centro mismo del conflicto de una familia tradicional que lucha por encontrarle respuesta al repentino desquiciamiento de la hija, que comienza a desvariar ante la partida del esposo para Nueva York. Un ao ms tarde, en 1989, le toca el turno al matatn. El fondo se va totalmente a negro, sin mediotonos. Hace su aparicin en escena el ms co rrosivo carajo de este barrio, de todos los b arrios. Todo gira en torno a New York: ropa, msica, el amor, el sexo, todo lo mejor viene desde all, en un fluir de conciencia que nos deja mal parados a todos Un texto altamente sicolgico, maltratado y maldito que, utiliza ndo “El recurso de la cmara lenta”, nos

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7 proyecta la pelcula que nos retrata de cuerpo entero. Qu queda de aquellos das de cazar maripo sas y enarbolar banderas libertarias en los patios de la tarde? El narco, el poltico o militar empresario corrupto controla. Compra. Suelta y ovilla los hilos del poder. La Victoria es la mayor derrota del decoro y la dignidad de los dominicanos, la real mentira de nuestra verdad. Afuera hay ms que adentro, y Pastor de Moya pasa un ajustado balance de la vida que se fuman all dentro los que pagan los platos rotos. Nacido en pleno carnaval vega no en el 1965, parece haber absorbido todo el desparpajo y colorido de comparsas y diablo s cojuelos. Sus textos, a ms de corrosivos, incisivos, blasfemos y cortantes, representan a la fecha el tempo ms descocadamente cuerdo de la narrativa breve dominicana. Pastor, po r lo atrevido y hermoso de su manejo del lenguaje, y la economa con la que utiliza los elementos narrativos, deviene en algo as como el eslabn que entronca con la s visionarias transgresiones con las que Toms Hernndez Franco, alborot las noches parisinas en el pr imer cuarto del siglo XX. “Ms all de la lnea”, adems de un texto irreverentemen te bien escrito; desde la perspectiva ms degradada de un ser humano atrapado por el vicio y la demencia, nos presenta la ms lcida fotografa a toda color de ese vergonzante an tro que la sociedad dominicana mantiene como espacio para la rehabilitacin de los pocos seres que esa misma sociedad empuja o deja escapar de las alfombradas sendas de la mora l y las buenas costumbres (entre comillas). A vuela pluma, tras esa imaginaria y casi lnea recta que se perfila en los textos del Toms Hernndez de principios de siglo, y se re definen y solidifican en el Pastor de Moya finisecular, podemos encontrar esas historias [“jams contadas”] que nos cuentan, nos cuestionan y dimensionan ms all de lo que, desde antes de ser, hemos sido y seremos. Leerlas ser leernos nosotros mismos de cuerpo entero. Y ese, precisamente, es el caso de los ignor ados, vyase a saber por qu, Toms Hernndez Franco [Anselma y Malena], J. M. Sanz Lajara [Hormiguitas] y Manuel Rueda [De hombres y de gallos]; ya que pocos se atreveran a impugnar los mritos acumulados de un Juan Bosch [La mancha indeleble], un Virgilio D az Grulln [La enemiga], un Marcio Veloz Maggiolo [La frtil agona del amor], o un Ren del Risco Bermdez [Ahora que vuelvo, Ton]; ni mucho menos la pericia y el domin io con que han dejado su impronta en la cuentstica dominicana Jos Alcntara Almnz ar [Ruidos], Roberto Marcall Abreu [Las pesadillas del verano] y Pedro Pix [Pormenores de una servidumbre]. Mritos que, salvando las distancias y, a fuerza de tesn y de trabaj o con el ms adecuado instrumental del oficio, se labran en la actualidad Ramn Tejada Holgun [El recurso de la cmara lenta], ngela Hernndez Nez [Cmo recoger la sombra de las flores] y Pastor de M oya [Ms all de la lnea]. Todos ellos, dentro de sus ambientes y sus temas, de una manera maravillosa, puntual, punzante y ve rtiginosa han logrado contarnos es a historia “jams contada” que espera todava aquel Califa que le cuente Moha med, dentro o fuera de las pginas de “Las mil y una noches”.

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8 La mancha indeleble Juan Bosch Todos los que haban cruzado la puerta antes que yo haban entregado sus cabezas, y yo las vea colocadas en una larga hile ra de vitrinas que estaban ados adas a la pared de enfrente. Seguramente en esas vitrinas no entraba aire contaminado, pues las cabezas se conservaban en forma admirable, casi como si estuvieran vi vas, aunque les faltaba el flujo de la sangre bajo la piel. Debo confesar que el espect culo me produjo un miedo sbito e intenso. Durante cierto tiempo me sent paralizado por el terror. Pero era el caso que an incapacitado para pensar y para actuar, yo estaba all: haba pasado el umbral y tena que entregar mi cabeza. Nadie podra evitarme esa macabra experiencia. La situacin era en verdad aterradora. Pareca que no haba distancia en tre la vida que haba dejado atrs, del otro lado de la puerta, y la que iba a iniciar en ese momento. Fsicamente, la distancia sera de tres me tros, tal vez de cuatro. Sin embargo lo que vea indicaba que la separa cin entre lo que fui y lo que sera no poda medirse en trminos humanos. -Entregue su cabeza -dijo una voz suave. -La ma? -pregunt, con tanto miedo que a duras penas me oa a m mismo. -Claro -Cul va a ser? A pesar de que no era autoritaria, la voz llenaba todo el saln y resonaba entre las paredes, que se cubran con lujosos tapices. Yo no poda saber de dnde sala. Tena la impresin de que todo lo que vea estaba ha blando a un tiempo: el piso de mrmol negro y blanco, la alfombra roja que iba de la escalinata a la gran mesa del recibidor, y la alfombra similar que cruzaba a todo lo largo por el centro; las grandes columnas de maylica, las cornisas de

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9 cubos dorados, las dos enormes lmparas colgan tes de cristal de Bohemia. Slo saba a ciencia cierta que ninguna de las innumerabl es cabezas de las vitrinas haba emitido el menor sonido. Tal vez con el deseo inconscien te de ganar tiempo, pregunt. -Y cmo me la quito? -Sujtela fuertemente con las dos manos, apoya ndo los pulgares en las curvas de la quijada; tire hacia arriba y ver con qu facilida d sale. Colquela despus sobre la mesa. Si se hubiera tratado de una pesadilla me habra explicado la orden y mi situacin. Pero no era una pesadilla. Eso estaba sucedindome en pleno estado de lucidez, mientras me hallaba de pie y solitario en medio de un lujoso saln. No se vea una silla, y como temblaba de arriba abajo debido al fro mort al que se haba desatado en mis venas, necesitaba sentarme o agarrarme de algo. Al fin apoy las dos manos en la mesa. -No ha odo o no ha comprendido? -dijo la voz. Ya dije que la voz no era auto ritaria sino suave. Tal vez por eso me pareca tan terrible. Resulta aterrador or la orden de quitarse la cabeza dicha con tono normal, ms bien tranquilo. Estaba seguro de que el dueo de es a voz haba repetido la orden tantas veces que ya no le daba la menor importancia a lo que deca. Al fin logr hablar. -S, he odo y he comprendido -d ije-. Pero no puedo despojarme de mi cabeza as como as. Deme algn tiempo para pensarlo. Comprenda que ella est llena de mis ideas, de mis recuerdos. Es el resumen de mi propia vida Adems, si me quedo sin ella, con qu voy a pensar? La parrafada no me sali de golpe. Me ahogaba Dos veces tuve que parar para tomar aire. Call, y me pareci que la voz emita un ligero gruido, como de risa burlona. -Aqu no tiene que pensar. Pensaremos por us ted. En cuanto a sus recuerdos, no va a necesitarlos ms: va a empezar una nueva vida. -Vida sin relacin conmigo mismo, si mi s ideas, sin emociones propias? -pregunt. Instintivamente mir hacia la puerta por donde haba entrado. Estaba cerrada. Volv los ojos a los dos extremos del gran saln. Haba tambin puertas en esos extremos, pero ninguna estaba abierta. El espacio era largo y de techo alto, lo cual me hizo sentirme tan desamparado como un nio perdido en una gran ciudad. No haba la menor seal de vida. Slo yo me hallaba en ese saln imponente. Peor an: estbamos la voz y yo. Pero la voz no era humana, no poda relacionarse con un ser de carne y hueso. Me hallaba bajo la impr esin de que miles de ojos malignos, tambin sin vida, estaban mirndome desde las parede s, y de que millones de seres minsculos e invisibles acechaban mi pensamiento. -Por favor, no nos haga perder tiempo, que hay otros en turno -dijo la voz. No es fcil explicar lo que esas palabras signi ficaron para m. Sent que alguien iba a entrar, que ya no estara ms tiempo solo, y volv la ca ra hacia la puerta. No me haba equivocado; una mano sujetaba el borde de la gran hoja de madera brillante y la empujaba hacia adentro, y un pie se posaba en el umbral. Por la abertura de la puerta se adverta que afuera haba poca luz. Sin duda era la hora indecisa entre el da que muere y la que todava no ha cerrado.

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10 En medio de mi terror actu como un autmata Me lanc impetuosamente hacia la puerta, empuj al que entraba y salt a la calle. Me di cuenta de que alguna gente se alarm al verme correr; tal vez pensaron que ha ba robado o haba sido sorprendido en el momento de robar. Comprenda que llevaba el rostro plido y los ojos desorbitados, y de haber habido por all un polica, me hubiera perseguido. De todas ma neras, no me importaba. Mi necesidad de huir era imperiosa, y hua como loco. Durante una semana no me atrev a salir de ca sa. Oa da y noche la voz y vea en todas partes los millares de ojos si n vida y los centenares de cabezas sin cuerpo. Pero en la octava noche, aliviado de mi miedo, me arriesgu a ir a la esquina, a un cafetucho de mala muerte, visitado siempre por gente extraa. Al lado de la mesa que ocup hab a otra vaca. A poco, dos hombres se sentaron en ella. Uno tena lo s ojos sombros; me mir con intensidad y luego dijo al otro: -Ese fue el que huy despus que estaba... Yo tomaba en ese momento una taza de caf. Me temblaron las manos con tanta violencia que un poco de la bebida se me derram en la camisa. Mi mal es que no tengo otra camisa ni manera de adquirir una nueva. Mientras me esfuerzo en hacer desaparecer la mancha oigo sin cesar las ltimas palabras del hombre de los ojos sombros: -Despus que ya estaba inscrito. El miedo me hace sudar fro. Y yo s que no podr librarme de este miedo; que lo sentir ante cualquier desconocido. Pues en verdad ignor o si los dos hombres eran miembros o eran enemigos del Partido. Ahora estoy en casa, tratando de lavar la camis a. Para el caso, he usado jabn, cepillo y un producto qumico especial que hall en el bao. La mancha no se va. Est ah, indeleble. Al contrario, me parece que a cada esfuerzo por borrarla se destaca ms. Juan Emilio Bosch Gavio naci en La Vega, Repblica Dominicana, el 30 de junio de 1909 y muri en el 2001. Despus de la asuncin de Rafael Lenidas Trujillo, se march al exilio. Vivi en el exilio en Puerto Rico y Cuba. Durante la dcada del 50 viaj por diferentes pases de Amrica y de Europa, solicitando apoyo para la in stauracin de la democracia en la Repblica Dominicana. Se instal en Chile, donde hizo amistad con intelectuales, artistas y polticos: Salva dor Allende, Pablo Neruda, y otros. Fue Presidente de la Repblica Dominicana en 1962, iniciando un programa reformista abortado en 1963 por un golpe militar. Viaj y se radic un tiempo en Europa y regres al pas en 1970. Ha sido candidato electoral en varias elecciones posteriores. Bosch es cuentista, novelista, educador, ensayista, historiador, bigrafo. Su abundante obra escrita dentro del pas o en el exilio, refleja la realidad sociocultural de los ca mpos dominicanos; sus tragedias, sus conflictos, sus sufrimientos y sus luchas. Escribi su primer cuento en su adolescencia: "Camino Real" en 1933. En 1936 publica "La Maosa", obra que en realidad era una crtica a las malas costumbres que arrastraba el pueblo dominicano desde sus inicios y hasta entonces, fruto de la irresponsabilidad de los lderes que haban guiado este pueblo. Como escritor, entre sus muchas obras se cuentan las siguientes: Libros de cuentos: Camino real. El algarrobo. Cuentos escritos antes del exilio. Cuentos escritos en el exilio. Ms cuentos escritos en el exilio. Cuentos Ms que Completos. Novelas: La maosa; El oro y la paz.

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11 LA LTIMA AVENTURA DE CHARLOT Toms Hernndez Franco Charlot est definitivamente arruinado. A cada lado de su bigotillo una mala arruga encierra, en un parntesis de espanto, su boca. Charlot sonre y con la manga de su ameri cana lustrosa se enjuaga una lgrima tenaz. Una lgrima gruesa como un melocotn. Pero Charlot sonre. Sonre porque s. Pas ea por su habitacin como deben hacer los hombres preocupados y hace piruetear su junqui llo. De repente, ensaya un nuevo paso de shimmy. Las lgrimas gruesas como me locotones le aplastan la nariz. Una gran carcajada que viene de lo s cinco continentes llega hasta l. Charlot sonre y tira una peque a coz, como un asno joven. II Charlot sonre siempre y hace preparativos de suicidio. Sus zapatones chapolotean en un gran lago de lgrimas. Con sus tirantes Charlot prepara un nudo para ahor carse de veras. Un gran hipo de miedo le contorsiona el rostro. Sonre. Pero Charlot quiere suicidarse.

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12 Considerndose ya muerto, entona la Marsellesa por el descanso de su alma. Luego, se signa con las dos manos a la vez. Y el cuello bien ligado por su s tirantes se suspende de un clavo que hay en la pared. En el fondo de la Patagonia, una madre levanta su hijito en lo s brazos para que vea la muerte de Charlot. III Pero los tirantes se han ido extendiendo poco a poco y Charlot toca de nuevo el suelo con sus zapatos descomunales. Sus pantalones cados son como un par de grillos. Encuentra que la vida es agradable y sonre. Deshace el nudo y contempla los tirantes mugrientos que oscilan pendidos del clavo. Charlot hace una mueca de asco a la pared. Ajusta sus pantalones con una corbata roja y baila. La ltima aventura de Charlot. Silba un aire conocido: It is a long way… Cerca del ro Mackenzie unos mineros gritan: ¡Hurrah! IV Escondido entre un montn de nmeros viejos del New York Herald, un muchachito rubio grita: — ¡ Charlot, tengo hambre! Es el hijo de Charlot. La parrafada no me sali de golpe. Me ahogaba. Dos Charlot se encoge de hombros y sonre. Llora. Est desolado. Registra toda la hab itacin buscando para. l sabe que no hay nada pero quiere olvidarlo. Sbitamente se da una palmada en la frente. Evidentemente, ha encontrado una idea. Con su brocha de afeitarse y un resto de la cr ema negra con que lustra sus botines pinta en cartn una cara grotesca. Su hijo sonre y grita: — Charlot, tengo hambre. Charlot se tapa los odos y llora. Sonre. Con un as tijeritas se corta un a mano y se la tira al nio: — ¡Come! El hijo de Charlot se come la mano y grita: — Charlot, tengo hambre! En una aldea de Siberia unos hombres barbudos aplauden. V Bruscamente se quita su americana y su camisa. Se acuesta en el suelo y sonre. Llora. La ltima aventura de Charlot.

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13 Llama a su hijo y le da las tijeras diminutas: — ¡Escarba aqu! —Aques el corazn de Charlot. El nio escarba, y saca un corazn sa ngriento con sus manecitas blancas; — Qu es esto, pap? Charlot no responde. Est muerto. El muchachito rubio medita un momento y se come el corazn. Despus sonre: —Es un beefsteak… Una gran carcajada va rodando por la humanidad entera… El hombre que haba perdido su eje Toms Hernndez Franco: Poeta, narrador, ensayista, diplomtico y funcionario pblico. Naci en Pea (T amboril) el 29 de abril de 1904; muri en Ciudad Trujillo el 1 de setiembre de 1952. Vivi en Europa durante los aos veinte. En Francia, siendo t odava adolescente, public uno de sus primeros libros. Su obra fundamental el poema Yelid, cons tituye una de las cumbres de la literatura dominicana contempornea. Como narrador y ensayista escribi varios textos que lo definen como un intelectual familiarizado con teoras y procedimientos de gran actualidad en su poca, y como un cuentista lleno de imaginacin profundamente enraizado en su tierra. Obras publicadas Capitulario (1921), Rezos bohemios (1921), De amor, de inquietud y de cansancio (1923), La poesa en Repblica Dominicana (Edicin en francs, 1923), El hombre que haba perdido su ej e (1926), La ms bella revolucin de Amrica (1930), La fuerza espiritual de un pequeo pas (1931), Canciones del litoral alegre (1936), Apuntes sobre poesa popular y negra en las Antillas (1942), Yelid (1942), Cibao (1951), Poemas de mi otro yo (1960), Obras literarias completas (Estudio, notas y compilacin de Jos Enrique Garca, 2000).

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14 Placeres Muertos Ivan de Paula Haba una vez un novel cuentista, muy elogiado por la prensa cultural y los editores de cyber-revistas literarias. Su nombre se convirti en objeto de cu lto luego de publicar en un Espacio Pagado un manifiesto sobre las seis maneras ms econmicas para suicidarse, muchos creyeron que se trataba de alguna nueva estrategia de marketing pa ra vender seguros de vida. No era as. Su nombre volvi a sonar dos semanas despus de a quella afrenta, luego de que por lo menos quince personas se mataran sin dejar cartas ni ninguna explicacin ms que aquel recorte de prensa ensangrentado. El confes que slo bromeaba y que nunca atentara contra su vida, luego fue demandado por las familias de los difuntos, pero la fama lo cubri bajo su faldn y nunca recibi ningn rasguo ni una simple amenaza telefnica que alterara el ritmo de sus pesadillas nocturnas, pareciera como si tambin estuviera protegido por el gobierno o por algn militar encumbrado, l juraba que era desafecto al Sistema (?) Su primer libro se publicara en menos de una se mana edicin de bolsillo de segunda color negro grasiento era una coleccin de trece cuento s pretendidamente maldito s en donde el autor se regodeaba con la muerte en sus diversas manifestaci ones. Sin embargo, a pesar de los elogios que de vez en cuando reciba por encargo a travs de la pren sa y de programas culturales de TV y radio, si revisbamos detenidamente sus relatos, nos percataramos inmediatamente de que estos escritos no eran ms que unas burdas copias del estilo de Quirog a, con sus finales trgicos y desgarradores. Por otra parte, era notable su poca dedicacin a la re visin de la redaccin de los mismos, bastaba con leer un par de prrafos para decepcionarse y detenerse en la lectura. No quiero que la “puesta en circulacin “ se realice dentro de una desabrida librera caf del centro de la ciudad, dijo el autor endiosado, vestido co mo siempre de negro incluyendo las uas, mientras sus sbditos se arrodillaban complaci entes y a la vez le mataban el calor con sus abanicos de mano: Quiero que se celebre en el Cementerio de la Mximo Gmez, delante de la tumba del Barn, a El le debo mis inspiraciones cuando no estoy lo suficiente mente “high”. Al principio hubo cierta reticencia de la editora, cierta indecisin de los editores cultu rales y cierta mala actitud de los cybereditores,

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15 pero al fin y al cabo, su talento y don de ma ndo volvieron a imponerse, los dems callaron y como siempre obedecieron dcilmente. El da 22 de mayo a las nueve treinta de la noc he, fue celebrada la puesta en circulacin del libro “Placeres Muertos”, la entrada fue necesariamente por la Avenida Mximo Gmez. Hubo mucho espacio para parquear carros, ya que la mayora de los asistentes eran viles y sudorosos peatones, entre ellos: estudiantes universitarios, rockeros de todas las tendencias, matronas villamelleras, varios curiosos de Villas Agrcolas....todas las ex del autor, quienes iban acompaadas de sus parejas actuales lo cual ocasion ciertos percances con la Se guridad que pretenda mantener a los intrusos dentro de un crculo de espinas. No poda falta r la familia unitaria, la madre se mantuvo todo el tiempo llorando emocionada (aunque nunca haba ledo na da de su hijito) mientras esconda su rostro detrs de un abanico para evitar saludar a aque llas hipcritas quienes en algn momento antiguo pudieron ser sus nueras, gracias al Demonio se cu mplieron sus pronsticos y su hijo posiblemente llegara a viejo soltern y sin querencias, quizs por insoportable o quizs por ser un dependiente afectivo quien nunca pudo superar sus percances c onductuales por ms terapias recibidas o cambios de consultorios. Para la ocasin se ubic un mesn delante de la tu mba del respetado Barn en donde se sent el autor totalmente vestido en negro con unas gafas semio scuras, encima dos bocinas gigantescas alteraban la quietud de los difuntos gracias al metal caribeo de JLS. Debajo, un centenar de girasoles mustios flanqueaban el rea desde donde el cuentista acaric iaba un ejemplar de su libro, a travs de un micrfono cornudo intentaba explicar a los invitados de qu trataba su obra, mientras que su squito – ubicado en un rea exclusiva detrs suyo simplemente asenta o aplauda mecnicamente. El pblico casi no prestaba atencin, se inquietaron preguntndose por qu la tierra temblaba, de donde emergan esos hedores a letrinas repletas de huevos podridos, alguien seal el asfalto, se apret la nariz, se persign y busc a los culpables en las oscuridades del Cielo... qu pudo ver usted que no pude ver yo? Los muertos emergieron de sus tumbas reclamando el espacio que les corresponda segn el Tribunal de Tierras... no lucieron tan regios porque la verd adera Muerte era asquerosa y no tena nada que ver con maquillados dentro de un ata d de baratija...al principio salier on de a docenas rompiendo lapidas y nichos sin imprtales que las cruces de cemento se resquebrajaran, luego centenares quienes se dirigieron hacia la multitud que corra desaforadamen te hacia la salida, algunos sostenan palas y aplastaban cabezas cercanas, cuando acertaban algn golpe la victima caa arrodillada sosteniendo sus sesos y luego se desplomaba, la sangre vertida haca resbalar a ciertos desesperados que casi alcanzaban la puerta, rodaban por el suelo y eran aplastados quedando tan aplastados como purs humanos sin sal .... otros agarraban tridentes y en sartaban carnes sin importar la edad o el color siempre y cuando estuviera fresca o jugosa... los muertos ms acuciosos vistieron sus galas

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16 manchadas de sangre, lodo y pus para impresiona r, otros avanzaron desnudos destilando lombrices o larvas de gusanos por todos los poros, otros dan zaban con su epidermis incompleta debido a las mordidas continuas de gusanos hambrientos qui enes segundos despus se desintegraban al contacto del oxgeno nocturno..... Se acercaron hasta el escritor y mientras el pb lico hua temiendo cualquier contacto fsico con aquellos despreciables “invitados”; (o crean huir, ya que algunos cayeron estrepitosamente dentro de las grietas) ste abri los brazos emocionado, ya que jams imagin que sus musas le felicitaran en persona, con abrazos, besos y dems caricias. Sac de su bolsillo un porrito de marihuana y un a botella de “Night Train”, apenas la noche comenzaba y no pensaba pasarla solo. Camin hasta la salida tropezando ocasionalmente con algunos cuerpos todava calientes. Se detuvo delant e del portn; mir hacia ambos lados de la avenida, quizs alguna de sus “ex” se salv del Ho locausto y podra acompaarle a su apartamento hasta el amanecer. Tomado de http://www.cielonaranj a.com/ivandepaula_placeres.htm Ivn de Paula. Escritor nacido en Santo Domingo. Especialista en software de computadoras. Sus cuentos han aparecido en mltiples sitios webs como www.margencero.com y www.letralia.com. Est por publicar sus libros de cuentos Matador de conciencias, Escritos corrosivos y Cuentos obtusos. Mantiene un blog http://tecnologi codominicano.blogspot.com

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17 GLOONING Mario Dvalos Un glooning verde y pequeo tan pequeo como una cereza cay debido a malas direcciones en un planeta o lugar en el que no se supona deba parar. El glooning, como todos los gloonings siempre curiosos aunque un poc o descuidados ignor la ma la suerte y se dedic a la observacin del nuevo terreno. Descubri sere s inmviles cubiertos de pelos o cosas verdes atados al suelo por secciones de unos cuerpos speros y crujie ntes. Unos ms grandes y otros no tanto pero todos alegres y verdes verdes verdes a veces rojos. Otros seres se movan arriba de cuatro ejes dos delante y dos atrs, cuatro rebanadas del ser que se apoyaban en el suelo y se movan casi siempre articulando la mitad inferior de la parte del cuerpo que pegaba al suelo hacia atr s y luego hacia delante sincronizando siempre el movimiento asimtrico de todas las partes, la delantera derecha se mova al mismo tiempo que la trasera izquierda, etctera. Estos sere s estaban a veces cubier tos de muchos pelos y otras no tanto, adems tenan aproximadament e cinco orificios dispersos, a veces ms a veces menos. De uno de los varios orificios, el ms grande, dejaba caer hacia afuera una seccin hmeda porosa y roscea que jugaba a entr ar y salir del orificio que la contena a una velocidad considerable emitiendo un sonido leve y pausado. En la parte contraria a la proa tenan otra franja que se mova de lado a lado artmicamente y sin ningn clculo o

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18 motivo aparente. Estos eran seres en su mayora dciles y alegres como un glooning verdeverdeverde Entre tantos seres nuevos para el glooning verdeverdeverdeverde que tomaba notas y haca bocetos de todo de todotodotodotodo para evitar que lo volvieran a llamar mentirososososo le llam la atencin en particular el ser que avanzaba articulando las mismas partes que el anterior pero solo avanzaba sobre dos ejes y los otros dos le colgaban de los lados. La cantidad de pelo de este ltimo ser no era consistente ni en l ni de uno a otro. Haba muchos por todos los lados en toda s las direcciones en todas las formas tamaos y velocidades. No tenan funcin aparente construan cosas grandes o pequeas en su mayora por un placer ajeno para nuestro glooning verdeverdeverde y pequeopequeopequeo. Estaban cubiertos de un material interesante colorido y lleno de pliegues que bailaba alrededor de ellos o e llas -quizas no era otro materialpens el glooning pero algn microbio que se haba adherido a los seres bpedos y juntos deambulaban deambulando. Estos no mostraban ni ngn tipo de aprecio ni sensibilidad por los otros, ni por los peludos en cuatro ejes, ni por los pintos de cuerpo lnguido ni por los pequeitos en muchas secciones ni por la masa inmensa del ma terial azul que se mova y bailaba ni por los que se movan sin suelo por debajo y tena una parte dura en el frente ni por nigunoningunoninguno El glooning pens que los gloonings no le creeran y el gran glooning azul lo condenara por mentirosososo Uno de estos seres descubri al glooning sentado en algo inmvil y duro del color de las lunas y lo agarr con dos an tenas de las diez que tena en las dos partes que le colgaban de cada lado (cinco antenas por lado) introducindolo en un recipiente impermeable y transparente pero flexible. Este ser llevaba una armadura con dos pedazos re dondos de otro material impermeable y transparente pero de mayor consistencia en la parte ovalada y superior de su enteridad sobre dos orificios cubiertos de otras dos piezas mojadas y bellas y el pelo era ms escaso y descolorido que la mayora. Meti al glooning en una caja del mismo material impermeable y transparente pero ahora consistente y entonces vi luces y aparatos raros y punzantes. Despus, una proyeccin muy parecida sino igual a la de l en trozos de un material plano y opaco de un color de nube rabiosa con manchas geomt ricas del color de la oscuridad. El glooning se dio cuenta de que un montn de seres lo rodeaban y lo miraban y lo admiraban y sacaban a relucir piececitas blancas del or ificio donde tambin habitaba la parte hmeda y porosa. Y le gust. Le gust la acumulacin de partes blancas en su mayor a algunas mas amarillentas y manchadas, todas apuntando hacia l. El glooning era motivo de partecitas blancas que salan y volvan a entrar y plegaban la cubi erta de los seres y enrojecan e inyectaban lquidos en sus orificios y volvan a brillar la s partecitas blancas como constelaciones. Los

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19 seres extraos juntaban precipitadamente las do s partes que finalizaban, las otras dos que le colgaban de los lados, lo hacan rtmicamente y todos juntos al mismo tiempo que lucan las partecitas blancas apuntando donde el ser que lo haba descubierto (al glooning verdeverdeverde ) provocaban con esta unin una especi e de estallido que pareca generar con ms frecuencias las partecitas blancas y el pliegue y enrojamiento de la parte ovalada superior de los sus odichos ilgicamente por supuesto para el glooning verdeverdeverdeyanotanto. El glooning verdeverdeverdeyanotanto se cans de disfrutarse y elogiarse y como todo glooning cansado y yanotanto (sin importar color o tamao) empez a chillar a silbar y a brincar de arriba a abajo y a dar vueltas en el aire. Los seres en dos ejes tambin cansados de juntarse unirse y emitir soniditos explosivos hartos de lucir los orificios llenos de manchitas blancas dejaron al glooning en su caja del material trasnparente y consistente y traspasaron el gran orificio en la gran rea blan ca en el inmenso espacio vaco con tres ms grandes reas blancas y una gran luz arriba. Y all se qued nuestro glooning verdeverdeverdeyanotanto hasta que se fue poniendo rojororjorojoyanotanto y luego azulazulazulyanotanto y luego dej de ser glooning y fue luz y microbio y bacteria y mordi y mordi a todos y a todotodotodotodo. Tomado de http://www.cielonar anja.com/davalos_glooning.htm Mario Dvalos : Pintor, msico y escrit or dominicano; naci en 1978. Curs estudios de Bellas Artes en Altos de Chavn, en la Parsons School y en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Su exploracin artstica ha penetra do las vertientes ms vanguardistas del arte; sin embargo, se centra en la pintura que alterna con la ficcin breve. Sus cuentos presentan alucinaciones postmodernas a la dominicana. El mundo del pastiche, de las yuxt aposiciones, el peso de las apariencias y el sentido de la levedad son algunas de sus preo cupaciones bsicas. Ha publicado una antologa de cuentos breves bajo el ttulo de Narraciones para incriminarme, 2003. www.mariodavalos.com Otros blogs (http://davalette.blogspot.com/)

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20 DEL REALISMO MGICO A LA CIENCIA FICCI"N Por Linda Morales Caballero Es difcil abarcar una novela como The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (algo as como La corta y fantstica vida de Oscar Wa o) de Junot Diaz merecedora del Premio Pulitzer a la mejor novela de 2007. El trabajo contiene muchos ingredientes literarios que derivan en gneros y subgner os los cuales hacen que la narracin se vaya abriendo como una caja de Pandora que disparar su contenido en todas las direcciones hasta hacer blanco en el lector. Describir la historia se hace complejo ya que, aparte de lo antes mencionado, el argumento se basa en gran parte en el conocimiento de los comics y la ciencia ficcin (no es requis ito pero si un buen referente pa ra no perder la gracia de la que slo participan los conocedores) Daz, ta mbin, saca buen provecho de la curiosidad del anglo-sajn para quien las culturas que pue blan gran parte de sus ciudades son an un misterio por descubrir. La presencia del lenguaje contemporneo invita al lector joven, y la fascinacin ante la extraeza de un protagonista de ghetto que no encaja en los estereotipos desarma la expectativa del lector. Daz lleva, especialmente al norteamerica no, a tratar de comprender a los nuevos inmigrantes, en este caso dominicanos, jvenes de los 80s a travs de la sorpresa que produce un hroe, o mejor un antihroe domini cano nada convencional quien ni siquiera suea con jugar al baseball. La realidad que nos cuenta Daz est cercada por la familiar extraeza de un Nueva Jersey dominicano insertado en un barrio hi spano y dnde, muy probablemente, la mayora de sus lectores nunca ha incursionado en persona. Es decir, Daz nos cuenta la historia de unos seres contemporneos pero que a la ve z representan un grupo mi sterioso para la mayora de los habitantes de este pas.

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21 Creo que ste es uno de los grandes aciertos de la novela, llevar puertas adentro, historia adentro a los lectores, sumergirlos en las razones por las cuales los personajes y a la vez la sociedad que l retrata, es y acta como lo hace. La novela nos ilustra un mundo visto desde dentro y fuera de la Republica Dominican a, nos habla de los traumas heredados por estos inmigrantes, y por lo tanto, nos aclara el por qu de ciertas actitudes antisociales, rebeldes, indiferentes o nerds de los persona jes y hasta cierto punto de una nacionalidad que a pesar del tiempo transcurrido todava arrastra el fantasma de la poca del trujillato, ms presente an en aquellos que se sienten presos por esa maldicin hereditaria llamada “fuk” como la familia Cabral a la que pertenece Oscar. Podramos, tal vez, agrupar todo este mundo, ya posterior al Realismo Mgico y decir que con Daz llegamos a la ciencia ficcin domin icana? De alguna manera esa realidad de la novela trasmitida a travs de demasiados gneros y subgneros para encasillarla, me produce la sensacin de extraeza que me da la ciencia ficcin, y aunque no se trate de una novela Sci-fi, la realidad en ella parece tene r algo de ese gnero porque en el vive el desconcertante protagonista y su mundo. Como en la ciencia ficcin esta rea lidad es inasible, ya que es de una dimensin desconocida para casi todos los lectores, la que a la vez que nos integra nos aleja de la cotidianeidad. Quizs por esta razn o tal vez, por que la rea lidad siempre supera la ficcin: rompe estereotipos, toca verla con otros ojos, aceptar otras perspectivas, nuevas posibilidades y teoras aunque no siempre sea cmodo romper los clichs. Pero que ms tiene de especial la novela de Daz? Qu es lo que ha llamado tanto la atencin del pblico y la crtica? Quizs como dijo l mismo en una entrevista otorgada a Authors@Goolge, es que en la cultura americana siempre estn buscando quien les explique lo que no entienden de una comunidad en vez de sumergirse en sta y entender su riqueza. Daz nos presenta la realidad dominicana desd e la interpretacin de unos personajes que se encuentran entre dos cultu ras siendo por lo mismo nicos; y como dice tambin en la entrevista antes citada: el pblico (lase anglo) suele ver a travs de un escritor de “color” (como se denomina a s mismo el autor) al colectivo de la etnia a la que pertenece, aadiendo que para representar la nacionalidad dominicana habra que escribir 10 millones

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22 de novelas y an as esa slo sera el primer pasado de la realidad de su pas, desvinculndose as de ser vocero de su comunidad sin dejar de pertenecer a ella. Al respecto de la comunidad a la que pertene ce y al individualismo de los seres humanos Daz utiliza la novela para ejem plificar esto, para romper estereotipos. Oscar Wao (Wao siendo un sobre nombre de una pronunciacin do minicana de Wilde) es un ser nico (como lo somos todos) pero este es nico y rar o, es dominicano, pero no es conversador y dicharachero, tampoco un macho de gran actividad sexual, sin dejar de ser enamoradizo. Oscar es nico porque es un “nerd”. Oscar es tambin un excelente retrato de alguien como Junot Daz su creador, escr itor dominicano que sorprend e quizs especialmente porque rompe con los clichs que pesan sobre su comu nidad ya que stos borran al individuo y su individualidad, su originalidad, lo cual no est en contra de que ese individuo sea a su vez parte de un colectivo. Segn Daz en la misma entrevista antes mencionada todos somos individuos pertenecientes a un c ontexto sin el cual no podr amos ser los individuos que somos. Pero para lanzar un poco de luz a la asimil acin de la novela quisiera mencionar que el libro, linguisticamente hablando, es t escrito en ingls coloquial con frases en un espaol de modismos dominicanos, el que irrumpe de golpe porque no hay otra forma mejor de decir lo que se dice en ese momento, esa voz es propia del personaje y en ingls no tendra sentido. No recuerdo haber encontrado una sola palabra de lo que personalmente entiendo por Spanglish: una suerte de hbrido de una palabra inglesa espaolizada, en The Brief Wondrous Life of Oscar Wao lo que leemos, como dije antes, es el espaol local irrumpiendo en el ingls del narrador en una historia es bili nge por naturaleza. Por otro lado cada personaje tiene una voz muy propia y por lo tanto identificable consigo mismo y con el lector. Por ejemplo, podemos identificarnos con la maternal La Inca; o con la rebelde y socialmente comprome tida adolescente y hermana de Oscar: Lola; tal vez con el mujeriego narrador que adem s fue protagonista de Drown (el trabajo anterior de Daz) y an otros se identificar n con Belicia y su or gullo hermtico, casi inhumano, legado de un pasado inmencionable. Oscar, el protagonista har uso del lenguaje de manera fantstica casi crptica, a la manera de los comics, libros, series o pelc ulas de ciencia ficcin, los mismos que ocupan la mayor parte de su tiempo til ya sea leyendo, viendo (en series, juegos y videos) o escribiendo historias interminables en un lengu aje codificado que lo lleva a creer que

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23 algn da podr ser el equivalente a un Tolk ien dominicano. Sin embargo dicho lenguaje parece ser la expresin de lo que no puede expr esarse y lo restringe a su mundo, es parte de su crcel, tanto como lo es su cuerpo obeso. Adems, Oscar es tambin enamoradizo y para complicar ms las cosas su falta de belleza fsi ca y su calidad de “nerd” lo hacen pattico, con poqusimas relaciones sociales, proclive a la depresin y suicida en potencia. El final tal vez podramos leerlo como Os car volviendo a las rac es y por lo tanto volviendo a caer en la maldicin del pasado en un presente no menos brutal y por lo tanto mucho ms fcil de identificar y hacer conve rgir con los lectores acostumbrados a la realidad de noticiero que toman lo s hechos para el protagonista. La obra tambin cuenta con curi osas notas a pie de pgina que casi siempre ensanchan la narrativa guindonos a travs un pasado que incluye todo tipo de informacin, tanto anecdtica como histrica: la invasin norteamericana a la Repblica Dominicana, el play boy Porfirio Rubirosa, la actriz Mara Montez, notas pers onales del narrador y por su puesto la tristemente legendaria y brutal dictadura de Trujillo, y dnde a veces los datos de la tradicin oral son tanto o ms importantes que lo que conocemos de los libros de historia. Parte de esa tradicin oral es la creencia en el fuk y el zafa para proteccin de calamidades, lista a la que podemo s aadir al mgico personaj e sin rostro que anuncia la muerte muy propio de las tradiciones orales de los pueblos latinoamericanos y que tanto alimentaron al Realismo Mgico. La religiosidad, el amor y el sexo tienen un lugar preponderante en la historia. Yo hubiera dicho que lo que mueve a Oscar Wao es el amor, pero su autor dice que es la soledad y habr que tomarlo en cuenta. El trato desinhibido que da Daz al sexo, la desenvoltura con que trata el te ma, el lenguaje insolente con el que naturalmente se expresa son muy propios de la cultura a la que perten ece. Ser que como dice el autor que todos alimentamos los estereotipos al creer en ello s? Pienso que hay “maneras de ser” que no necesariamente aplican al individuo pero que siempre estarn ligadas a una nacionalidad o etnia a menos que con la globalizacin lleguemo s todos a ser muy parecidos y ya no haya nada que nos identifique. Creo tambin que la individualidad ha y que ganrsela y que adems tiene un precio que no t odos estn dispuestos a pagar.

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24 Respecto al tema del sexo sorprende la ex actitud de los puntos de vista femenino y masculino que parecen haber sido escritos por personas del sexo de quien habla. Como buen latino (y he aqu otro clich) Daz hace gala de un contagioso sentido del humor y a pesar de la tristeza que debiera desola rnos, alcanza un balance a travs de toda la novela que es tambin un positivo hilo conductor para nuestras emociones, a propsito de que en la antes citada entrevista, el escritor dice que: el equilibrio, es lo ms difcil de lograr. Por el revuelo que ha causado en los medios anglosajones es de es perar que Junot Daz vuelva con un prximo trabajo quiz s antes de lo esperado ya que entre ste y el anterior hubo un lapso de 11 aos. No veo inconveniente en demorar lo necesario para lograr el fin deseado. Mientras tanto espero la versin al castellano que permita a otros opinar desde otras perspectivas. ¡En hora buena!

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25 EL NAHUAL FERNANDO UREA RIB Son casi las doce de la noche. Vicente cojea, arra strando una pierna. Se exaspera al or cmo el estruendo bombardea el espacio y sus ondas lo multiplican en reverberaciones sucesivas. El fragor de las luces estroboscpicas le aturde, le ciega. Tropieza. Siente un dolor sbito en la rodilla derecha. “¡Es el me nisco!”, maldice. Recuesta su anatoma sobre una columna e intenta recomponerse. Intranqu ilo y sudoroso observa a los turistas bailar ritmos extraos, pegando salto s, con convulsiones y sacudida s, posedos por una histeria desenfrenada y ajena a su mundo de pescador tranquilo y solitario. Vicente se empecina y sigue. Se escurre a duras penas entre los parroquianos, entre hombres jvenes que se estrujan unos a otros, enfundados en modernas chaquetas de cuero negro. En el atestado recinto, el aire ahumado sofoca los grito s de mujeres eufricas que se le abalanzan jadeantes, enloquecidas por substancias que Vicente desconoce. Le halan. Las rechaza. Escapa. Slo busca una mujer, la su ya. Una hechicera le ha dicho que habra de hallar a Laura detrs del bar, baba en boca, con mirada de perro perdido, fra, el pulso dbil y la piel manchada y spera. Detrs del bar no hay otra cosa que mugre, cerveza podrida, restos de alimentos y botellas rotas. Intenta meter la cabeza bajo el mostrador y un hombrot e de seguridad le da un jaln por el hombro, lo tira del codo, lo empuja y lo tumba de rodillas sobre el piso. Esta vez el dolor del menisco es inaguantable. Ro sa, una camarera de muchos aos que habla

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26 con el dejo maya de la gente de Yucatn, in terviene e impide lo peor. Ella le ayuda a arrastrarse a un pequeo cuarto contiguo y le echa sobre un silln azu l, sentndose a su lado. “Pareces estar fuera de l ugar. Quin eres t y qu bu scas aqu?” le pregunt Rosa apenas recobr el aliento. “Busco a Laura, mi mujer.” Laura pareca una sirena fuera del agua cuando Vicente la encontr en Cayo Arenas, una noche de luna. “Quiero que me lleves en tu barca, pescador” le dijo sin mirarlo. “Quiero que me lleves a ese cayo de dunas que se ve all a lo lejos. “ Bordearon el Arrecife de los Alacranes, canales, rocas y manglares. Ella se ech desnuda al agua en un banco de corales y no volvi a la superficie hasta tres horas despus, ebria de luna y sal. Subi a la barca con un rbalo grande y as desnuda se ech a dormir sobre la pr oa. Vicente la carg en sus brazos y en su cabaa la tendi sobre una ham aca de redes. A la maana siguiente rajaron el pescado en dos y lo asaron sobr e las brasas con yerbas frescas. Ms o menos lo mismo continu ocurriendo cada luna, durante todo aquel verano. Apareca a medianoche, los dos bogaban por una hora y luego ella se zambulla, perdindose entre algas y corales y no resurga sino hasta que el sol tocaba las primeras nubes. Durante el da la cabaa de Vicente no se abra y nada ni nadie entraba ni sala de ella, salvo el rumor marino. El amor era su pan y su alegra. Amor que creca y menguaba como la marea segn fueran los das de luna, porque al decrecer la luna Laura desapareca al alba sin decir adis mientras Vicente dor ma los sueos del amor. Su nombre y su manera de amar eran todo lo que saba de ella. Al final del verano Laura no vol vi ms. Y as fue como em pezaron las tribulaciones de Vicente, quien la busc cayo por cayo, manglar por manglar, muelle por muelle. “Esto no puede haber sido una ilusin. Yo tengo que encontra rla”, se deca. Una maana, en esas bsquedas, Vicente se enterr en un banco de arena, lastimndose de mala manera su rodilla derecha y aumentando su angustia. Al final de la ta rde y en las noc hes iba a los bares del puerto y en ellos apuraba un trago de tequila o de mezcal. As, aturdido de tequila y sol, lo encontr en un bar una tarde la hechicera de Uxmal. “Ven a verme a las diez,” le dijo, “Yo s lo que buscas.” Era un cuarto estrecho y oscuro que ola a sahumerios de incienso y de copal. “Hay una mujer en tu vida.” susurr ella tomndole sus manos y mirndole fijamente a los ojos. “Pero no te conviene. No te conviene. Tienes que orme. Tienes que orm e.” Repeta. “Si quieres olvidarla tienes que tomar hoy mismo, aqu, antes de la medianoche un bao de ortigas, retama y sal.” “Quiero

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27 encontrarla.” “No te conviene. No te convien e.” Repeta. “Pero si eres fuerte, entonces entra al Bar de La Iguana a medianoche y la encontrars detrs del mostrador, baba en boca, con mirada de perro perdido, fra, el pulso dbil y la piel manchada y spera.” Rosa oy la historia de Vicente con una mezcla de miedo, asombro y duda. Le dio un trago de pulque, lo a yud a incorporarse, y lo condujo de nuevo al ru idoso saln y al bar para mostrarle el nico ser que haba en el m ugriento piso, detrs de l mostrador. Atada con cadenas a una viga, entre botellas rotas y restos de pescado, estaba una iguana verde, baba en boca, mirada de perro perdido, fra, el pul so dbil y la piel manchada y spera. “Se llama precisamente Laura”, dijo Rosa. Fernando Urea Rib. N aci en la Romana, Repblica Dominicana el 21 de marzo de 1951. Inici sus estudios de pintura en la Escuela de Bellas Artes de San Francisco de Macors en 1963 obten iendo una beca del Estado de estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1968, donde concluye bajo la gua del maestro Jaime Colson. Se grada como Bachiller en Filosofa y Letras en 1968 y realiza estudios de lenguas extranjeras en la Universidad Autnoma de Santo Domingo. Urea Rib lee, escribe y habla con flui dez Espaol, Ingls, Francs, Alemn e Italiano. Durante 1973 y 1974 reside en Espaa y realiza extensos viajes de estudio por Europa Central y el Norte de Africa. Co n el aval del insigne escritor espaol, don Gregorio Maran, exhibe en el Instituto de Cultura Hispnica de Madrid y en los homlogos institutos de Barcelona y Soria y en el Museo de Bellas Artes de Mlaga. Desde 1975 Urea Rib exhibe sus obras en museos y galeras de Europa, sobresaliendo las exposiciones presentadas en el Deutsche Bank, de Bonn, Alemania en 1982 y la muestra del 12 de Octubre de 1988 en el Istituto Italo Latinoamericano de Roma, a la que asiste en pleno el cuerpo diplomtico y altos dignatarios de la Iglesia. En 1977 recibe una invitacin del Departamento de Estado de los Estados Unidos para conocer los Museos e Institutos de Arte mas importantes de ese pas. Urea Rib ha servido a su pas como Profesor de Di bujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes y como Director de la Escuela de Artes de la Universidad APEC. Es colaborador de los peridicos Ultima Hora, Listn Diario y El Siglo.

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28 Resea: Unin de Yerry Batista. Primera novela dominicana de ciencia ficcin?

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29 El Cdigo Naranja Yerry Batista Haba una vez un planeta 40 vece s ms grande que la tierra, a 90 aos luz de nuestro sistema solar. El planeta orbitaba la estrella 47 Ursa Majoris. En este planeta habitaban unos seres parecidos a los humanos, con la diferencia de que eran ms “Cabezones”, su cabeza era casi el doble del tamao comparado con una cabeza humana. Los Cabezones llamaban a su planeta “Aldania” y entre ellos se denominaban “Aldanos”. Todo el planeta estaba gobernado por una sola pe rsona de nombre “Orosio”. El era el Rey de ese planeta; Orosio gobernaba con mucha sa bidura y justicia, por eso todos estaban muy contentos y lo amaban mucho. Un da mientras coma se le ocurri una idea, inmediatamente dej de comer y llam a sus cientficos al saln de reuniones. Dos meses de spus Orosio anunci en todos los canales de televisin y en las estaciones de radio un nuevo plan tecnolgico llamado “El Cdigo Naranja”. El plan consista en un pequeo dispositivo de color naranja que deba ser insertado en el cuerpo de cada ciudadano, especficamente en tre los msculos del hombro izquierdo, muy cerca de donde nace el cuello. Este sist ema permita saber exactamente donde estaba cada persona en el planeta y as el gobierno podra ma nejar mejor a la gente. Los datos de todos seran manejados por una computadora especi al que se construira llamada “GilgaMech”. En vista de que Orosio era tan buen gobernante, nadie se le opuso y todos creyeron que era para bien… primero fue construida la giga ntesca computadora que era del tamao de un edificio de 100 pisos; la construccin dur m s de un ao. Una vez puesta en marcha la

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30 computadora todos en el planeta se colocaron el dispositivo del “Cdigo Naranja” en el hombro izquierdo cerca del cuello. Casi de inmediato la poblacin empez a be neficiarse de la informacin que GilgaMech les enviaba. Los hijos ya no se perdan porque sus padres siempre saban dnde estaban, se acabaron los ladrones porque segn la posicin de la persona se poda saber si se diriga hacia su casa o si entraba en la casa de otra persona sin permiso, entonces la polica poda interceptarlo y capturarlo just o cuando entraba en la casa de otros sin autorizacin. La computadora poda incluso saber si eras amigo o no de otra persona. Las crceles ya no tenan barrotes, a los pr esos no les interesaba escaparse porque la polica siempre saba dnde estaba n. No haba embotellamientos ni problemas de trnsito en la calles porque la computador a controlaba los automviles y saba donde se diriga cada persona, entonces poda programar las rutas an tes de que los ciudadanos salieran de sus casas o centros de trabajo. Despus de varios aos Orosio propuso vari os cambios al programa de la computadora. Ahora GilgaMech controlaba el lugar en donde ca da persona poda estar y todos los artculos de la casa, los autos, los juguetes, la ropa todo lo que usaban los ciudadanos transmita informacin y entonces GilgaMech decida qu hacer. Una maana Orosio despert asustado porque son la sirena de Alarma, rpidamente se puso en pi y trat de ponerse su ropa lo ms rpido que pudo pero fue interrumpido por la voz de GilgaMech que dijo: Ropa Incorrecta, este es el traje de los jueves, hoy es mircoles. Entonces Orosio suspir y se quit el traje de los jueves y se puso el traje correcto, porque si no lo haca as no se abrira la puerta de su habitacin… las puertas se abrieron y entonces Orosio corri lo ms rpido que pudo hacia el cuarto de controles del palacio, pero no pudo llegar tan rpido como quera porque la voz de l GilgaMech le dijo por los altavoces del pasillo: Velocidad excesiva, la velocidad permitida en los pasillos del palacio es de 20 kilmetros por hora, usted viaja a 22 kilmetros por hora… baje la velocidad. A Orosio no le qued ms remedio que obedecer y correr no tan rpido, cuando lleg al cuarto de controles se dio cuenta de la emergenc ia cuando mir la gran pantalla de televisin del centro de la sala… miles de puntos naranja eran llevados por el ro que pasaba en medio de la ciudad hacia el mar. Pensando que era una catstr ofe pregunt a GilgaMech: GilgaMech… Cul es el origen de esta catstrofe? GilgaMech respondi: No ha habido terremotos ni inundacione s en las pasadas 24 horas, he enviado varios escuadrones de bomberos y polic as para que rescat en a las personas. Orosio todava se preguntaba sobre el origen de la catstrofe cuando fue interrumpido por un gran estruendo como de muchas voces que se oan fuera del palacio. Comprendiendo que eran muchas personas quiso salir por la puerta automtica, pero se dio un golpe en la nariz porque no se abri. Todava con la mano en la nariz y con voz como de ato Orosio dijo: GilgaMech… abre esta puerta.

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31 GilgaMech respondi: Negativo Orosio… el gobernante debe pasar 4 horas de trabajo en esta sala hasta la hora de almuerzo. Orosio se enfad y dijo: GilgaMech… no te das cuenta que hay mu chas personas all afuera que quieren verme? GilgaMech respondi: No se detectan personas en las afueras del palacio… peticin para apertura de puerta denegada. Entonces Orosio ya rojo por la ira llam a dos de sus militares que eran sus guardaespaldas y les dijo mientras apuntaba con su dedo: Derriben esta puerta… ¡ahora! Los dos guardaespaldas se miraron a la cara el uno a otro y sonrie ron como si hubieran estado esperando algo de accin, pero como no tenan armas usaron las sillas de los escritorios para abrir la puerta. Una vez fuera del cuarto Orosio orden a los dos guardaespaldas que buscaran sus viejas armas y llamaran a todos los generales y la guardia nacional para una reunin en las afueras del palacio. Tuvieron entonces que romper ta mbin la puerta principal de l palacio porque tampoco se quiso abrir. Cuando las puertas cayeron Orosio se sorprendi al enco ntrarse frente a una gigantesca multitud que gritaba enojada. Oros io levant sus manos como seal de que hicieran silencio, pero nadie se callaba; entonces Orosio vio que uno de los que gritaba en la multitud se acercaba para hablar con l. Mientras el hombre todava caminaba Orosio mir hacia su hombro izquierdo y vio que tena una herida, entonces supuso que se hab a quitado el dispositivo y que todos haban hecho lo mismo. Cuando el extrao lleg se arro dill para hacer reverencia al rey, entonces Orosio le pregunt: Dime quin eres y que quiere toda esta multitud? El extrao no le respondi inmediatamente, se puso de pi y se volte hacia la multitud levantando los brazos… esta v ez s hicieron silencio; luego el extrao volte de nuevo y mirando a la cara a Orosio dijo: Mi nombre es Tans, y venimos a exigir te que apagues a GilgaMech y que nos devuelvas nuestra privacidad y nuestro mundo. Orosio se sorprendi por lo que dijo Tans y respondi: Pero… Cmo te atreves a pedirme eso?, yo soy el gobernante de Aldania, yo soy el que da las ordenes. Tans respondi: Ests seguro?... si t eres el gobernante y mandas en todo, dime por qu tuviste que romper esa puerta para salir de tu propio palacio. Orosio con ligero nerviosismo respondi: Bueno… es que GilgaMech no quera abrir la puerta porque en tendi que no haba ninguna emergencia. Tans entonces le dijo:

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32 Ese es el problema… que todos estamos sujetos a los juicios de GilgaMech… una mquina. Orosio se llen de orgullo y dijo: Si, es una mquina que no comete errores y adems… No haba terminado de hablar Orosio cuando fue interrumpido por muchos policas y otros militares armados que rodearon el palacio; Orosio al ver a los policas y militares se sinti seguro y dijo a Tans: Ves que GilgaMech no comete errore s…? Aunque ustedes no tengan los dispositivos del Cdigo Naranja en sus cuerpos ella sabe que estn aqu y ha mandado estos policas y militares para que los arresten… ja, ja, ya as a ver… Orosio entonces se qued esperando que los policas dispersaran a las personas pero se sorprendi cuando de un altoparlante oy la voz del jefe de la polica decir: Entrguese Orosio… queda arrestado por ha ber destruido las puert as del palacio de Orosio. Orosio se puso la mano derecha en la car a sintiendo vergenza porque le pareci que era muy tonto lo que deca el jefe de la polica, entonces Tans, sonriendo como de burla, le dijo: Entonces… Quin me dio que er a el gobernante de Aldania? Orosio baj la cabeza y dijo: En verdad pens que sera una buena id ea que mi gobierno pudiera saber las cosas que hacen todos. Orosio se sorprendi al ver a Tans arrodillarse de nuevo y decirle: El problema es que eso nos quit la privacidad, nos quit muchas cosas maravillosas que se tienen que hacer en silencio sin que los dems se enteren. Adems cuando GilgaMech fallaba nos haca la vida ms complicada… Por eso estamos aqu… y no hablo solamente por m hablo en nombre de toda esta gente… cada uno de ellos tiene una historia que c ontar y queremos que nue stro rey la oiga. Entonces Orosio, suspirando para tomar nimo, baj hacia donde estaban los policas y los convenci de que no lo arrestaran por derribar las puertas de su propio palacio, tambin les pidi que ignoraran la seal de que su trono haba sido roba do porque lo usaron para derribar la puerta. Orosio en gran gesto de humildad no se sent en su trono para escuchar las quejas de la gente, en cambio se sent en los es calones del palacio. Uno por uno fueron pasando los ciudadanos y le fueron contando los prob lemas que haban tenido por las fallas de GilgaMech. Uno de los Cabezones llamado Canmus le co nt que fue arrestado porque fue al bao a hacer pip y se le cay la crema de afeitar en el escusado, entonces escuch unos golpes en su puerta y al abrirla se encontr con dos po licas que lo arrestaron por consumo de drogas. Al principio los escusados analizaban la orina de la gente para saber si alguna persona estaba enferma, pero despus GilgaMech hizo que se hicieran pruebas para saber si haba consumo de drogas… los policas no se dieron cuenta de que la combinacin de la orina con la crema de afeitar dio una mezcla parecida Para culminar Canmus dijo: El gobierno no tiene derecho a saber cunta s veces voy al bao, analizar mi pup, o saber si mi pip es blanco o amarillo.

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33 Cuando le toc su turno un nio llamado Jaxa se acerc a Orosio para hablar con l, Orosio con un gesto paternal subi al nio en su pierna derecha, el nio suspir varias veces como tomando valor, luego dijo: A m me gustara salir de la ciudad al campo a hacer trav esuras sin que mis padres se enteren… yo como nio tengo derecho a hacer travesuras… Eso fue suficiente para Orosio, quien despus de dar un beso a Ja xa se puso de pi y dijo: Ya he tomado mi decisin… G ilgaMech debe ser destruida. Mientras todo el pueblo gritaba de alegra Or osio se puso de pie y convers brevemente con los jefes de la polica y el ejrcito; lueg o todos empezaron a movilizarse, pero al subir a sus vehculos se dieron cuenta de que no funcionaban y que G ilgaMech no les daba permiso para moverse porque la emer gencia no haba terminado. Entonces los generales ordenaron a los mili tares especialistas en vehculos sacar los transmisores y toda la electrnica y usarlos de forma manual… as pudieron llegar al edificio de GilgaMech y usando sus ar mas, misiles y explosivos destruyeron el gigantesco computador. Dos das despus Orosio pidi perdn a todos lo s habitantes de Aldana y prometi respetar la vida privada de cada persona. Yerry Batista en 1997 publica su primer li bro titulado “El Pastor de Nuestros Hijos”, en el que analizaba desde un punto de vista religioso el contenido de los programas para nios y adverta sobre las consecuencias de dejar que los nios presencien esto s programas sin supervisin. En el 2003 escribi su primer poemario titulado “Alma Transparente” compuesto de 32 poemas ilustrados de verso trad icional. Es fotgrafo profesional desde el 2003, graduado de la escuela de Altos de Chavn, se especializa en fotos panormicas, fotografa artstica, y foto grafa de escena para cine. En el ao 2006 su sitio Web personal queda entre los 10 finalista s del concurso Arroba de Oro que premia a los mejore sitios Web de la Repblica Dominicana. En el ao 2007 disea el sitio Web de la Pelcula Mi Novia est de Madre protagoniz ada por Roberto ngel Salcedo y Patricia Manterola. Para mayor informacin visite el portal www.yerry-batista.com

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34 MIEDO PNICO Ren Rodrguez Soriano Uno de los deportes favoritos de los smpidos es la cacera de infantes. Nos pasamos los primeros seis meses del ao preparando los detalles para, entrado julio, con los agobiantes calores del verano, internarnos en las espesuras y furnias de los montes hasta dar con las ms dismiles e inimaginadas madrigueras de esta bulliciosa especie que se expande silvestre por los valles del mdano. Habra que estar all para gozarse de lo lindo en esta original entretencin que hemos cultivado por aos y aos en estas pacficas tierras. Los nios, terribles diablill os que lo destruyen t odo, huyen y gritan como almas que lleva el diablo. Se esconden. Saltan. Trepan. Y, la mar de las veces, se vuelven furiosos y la emprenden a araazos y mordidas contra sus captores. A veces, la cacera se torna sangr ienta, alocada y terrible. Muchos son los cazadores que han perdido miembros o que han tenido que guardar cam a por varios das, fruto de la agresin de estas pequeas bestias. Pero, al final, vale la pena tanto afn y empeo. Capturadas las presas, maniatadas y embozadas, los cazadores las amarran fuertemente a las monturas de sus mulas y las arrastran hasta el poblado, para luego, en octubre, en las festividades de nuestra patrona, Nuestra Seora de Los Milagr os, exhibirlos en grandes jaulas, siempre cuidando que no se escapen y vaya a ser que no s agredan o contagien su extraa forma de vivir. Juego 007 –Se conoce con el nombre de los smpidos a los antiguos poblador es de la meseta suprarrenal de La Alfalfa, que guerrearon solpedamente con lo s nsperos y sus vecinos los glidos, y luego se establecieron linfticamente en la ribera vagi nal del Tbano. Aunque, indefectiblemente, no ha podido ser cientficamente comproba da su aparicin sobre la superficie terrestre, a pesar del empeo de los investigadores, se cree que en la era cuaternaria –milenios de aos antes de la entrada triunfal del merengue a los salonesiniciaron los smpidos su pere grinar y florecimiento por lo s pliegues y mdanos pendulares del Tbano y toda esa ebrnea regin, dejando sentada su cultura milimtrica y plural;

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35 residuos de la cual han llegado a nuestros das llenndonos de luz, melcocha y catiba, demostrndonos la elucubrez meteortica de su s patafsicos conocimientos en todas las ramas del saber. Entre los grandes hallaz gos aportados por estos prohombres de la humanidad al desarrollo de las ciencias y la perfumera es bueno de stacar la utilidad domstica y social del bostezo de dos puertas, inventado por los smpidos en los tiempos de las glaciaciones, cuya importancia esquemtica radica en la repelenc ia antiescatolgica y clibe a toda perorata extensa y cervical de un entendido endomingado en la tnica torcaz que generan los corpsculos, generalmente mi croscpicos, que representan la unidad viva ms elemental... – ¡Huuum! ¡Sintese, Vicente! – ¡Profesora, tambin puedo hablar de los splidos! Ren Rodrguez Soriano naci en Constanza, Repblica Dominicana, en 1950. Ha obtenido el Premio Naci onal de Cuentos "Casa de Teatro" ( Losing my religin 1996) y "Jos Ramn Lpez" ( La radio y otros boleros 1977). Ha publicado: Races con dos comienzos y un final (1977-1981); Canciones rosa para una nia gris metal (1981); Muestra gratis (1986); Todos los juegos el juego (1986); Su nombre, Julia (1991); La radio y otros boleros (1996); El diablo sabe por diablo (1998) y Queda la msica (2003), entre otros. Desde 1998 resi de en Miami, Florida donde se desempea como editor, corresponsal de impor tantes medios de comunicacin tanto de su pas natal como del mundo hispano de Estados Unidos. Actualmente publica en El Caribe, su columna semanal Crnicas crnicas. La misma se reproduce y redi funde en varias revistas, portales y listados de La tinoamrica y el Caribe.

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36 Amelia del Mar Hernndez ¡Cunto tarda en amanecer cuando uno quiere que amanezca! ¡Cunto tard en amanecer para aquel pueblo perdido en tre los acordes del viento! Cuenta la leyenda que se tratab a del lugar ms simple de todo el planeta; pero su simplicidad vena de su compleja existencia, que al se r tan compleja haca que todo lo dems fuera simple. Exista slo en las noches estrelladas y frescas, esas que son tan claras y a la vez profundas. Su naturaleza estaba encantada; sobre todo, la s orqudeas que deliberadamente se apropiaban hasta del ms nfimo milmetro de tierra. El can to de las aves no tenan lmites, ni tiempos; cantaban porque podan, deban y vivan; entonces, nada ms importaba. Del corazn de la naturaleza apasionada se levantaba un imponente palaci o de fuego y oro. Todo era esplendor, en su interior miles de extensas al fombras narraban en sus cen tros la historia del pueblo. Contaban que haba reinado 5000 aos una prince sa con una cascada en la cabeza. Ella haba dispuesto que se escribiera la historia en alfombras, en v ez de libros, al considerarlos impersonales y fros. Como todos al principi o rehusaron obedecerla, decret congelar todo el pueblo por 200 aos en lo que ella misma teja las alfombras que serviran de base para el relato. Cuando permiti que se despertaran, or den que todos los historiadores tiraran la historia al mar, anunci que de sde ese momento hasta su muerte la historia no existira y que luego de su extincin, su hijo el inmortal se encargara de tejerla en las alfombras.

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37 Le llamaban Sofa, la tejedora; sin embargo no todo en su reinado fue tejer alfombras. Se dice que fue la reina ms sabia que haba ex istido, no por sus extensos conocimientos, sino porque supo resolver todos los problemas ha bidos y por haber; por lo que nunca ms hubo problemas en el pueblo. El ltimo inconveniente se present en el segundo milenio de su reinado. Una terrible epidemia azot al pueblo, se transmita con mira rse directamente a los ojos y produca que el infectado caminara de cabeza sobre sus manos todo el tiempo. La sabia reina tom cartas, y despus de jugar el dos de espadas y el tres de trbol, orden que t odo el pueblo cerrase los ojos. Y as permanecieron por ms de 500 aos, deambulando a tumbos [tienes que decidirte, si es “deambulando” o a “tumbos”, ya que los dos conceptos se parecen], chocando unos con otros; hasta que la reina se cans de jugar cartas c on adversarios ciegos, a los que descubri que se les poda ganar f cilmente, y orden que abrieran los ojos. Entonces se organiz una feria para festej ar la erradicacin de la epidemia, donde la actividad principal fue un concurso para ver qu ien se haba partido ms huesos a lo largo de estos aos. El hijo inmortal de la reina que escr ibi la historia en las alfombras, nos explica que ah fue decidido su nombre El fue declarado por su madr e como rey de la feria y el presentador entendi que decir “el hijo inmortal de la reina que escribir la historia en las alfombras” cada vez que tuviera que presentarl o era un poco pesado; as que se acerc a l y lo mir fijamente por muchas horas, afir mando con la cabeza como si examinara un problema matemtico. Cuando ya la ansiedad i nundaba a todo el pueblo, grit de alegra y dijo “T”. De ah en adelante le han llamado T. Pero no toda la historia de este pueblo ha navegado en el absurdo. T nos cuenta que hubo tiempos en los que todo era cor dura. Incluso las aves estaban cuerdas y cantaban todas a la misma vez, como un coro bien acoplado. Se viv a, segn las leyes que dictaba el viento, slo en las noches estrelladas; el resto del tiempo no exista. Por esos aos se decidi alabar los sonidos; as que cuando chillaba avasallante la reina todos callaban y sin apresurarse nadie se orga nizaban por turnos para ofrecer un sonido al silencio. Primero la reina y sus hijos, lueg o los nobles, artesanos, tr abajadores, animales, plantas y por ltimo los objetos inanimados. Cuando todos haban ofrecido sus sonidos, el silencio les ofreca a cambio su sile ncio y todos alcanzaban la paz. Este ritual fue rpidamente sustituido con la llegada al pueblo de unas extraas y diminutas criaturas que enseguida llamaron la atencin, y pronto se convirtie ron en el santo y sea de todo el pueblo. Segn se dice llegar on con la brisa del oeste, montadas en una hoja de palma. Rpidamente se instalaron en el centro del pa lacio cerca del trono de la reina, quien qued tan impresionada que pas tres meses observ ndolas ciegamente. La primavera siguiente a su llegada fue dedicada a ellas y entonces la reina decidi llamarles hormigas; ya que le recordaban a las migajas del pan. Las hormigas, poco a poco, fueron ganando su es pacio en el pueblo; en los hogares les construan camitas, mesitas y pequeas sillas para que estuvieran cmodas. La reina les cedi su espacio en el buffet real y adems la habitacin principal de l palacio con vista al jardn de las orqudeas flotantes. Un da el hijo mudo del conde Rebuscado, visitaba a la reina con su madre y al entr ar al palacio vio las hormigas caminando libremente y decidi seguirlas. Su madre se preocup al principi o pero luego la reina empez a seguir las hormigas tambin y entonces no tuvo ms reme dio que seguirlas y ol vidarse del nio. De

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38 repente todo el pueblo segua las hormigas y para que las personas no se cansaran, la reina decret que el tiempo estaba prohibido. El pobre tiempo fue obligado a abandonar el pueblo para que todos pudieran seguir las hormigas, sus ltimas palabras fueron “ yo slo quera seguir a las hormigas”. Todas las actividades del pueblo seguan normalmente, al ritmo de las hormigas. T dice que estos fueron los peores aos de su vida, ya que las odiaba y ellas a l, por lo que lo llevaban siempre por los caminos ms difciles y pedr egosos. Ya haban pa sado 2000 aos cuando decidi que no tena que seguirlas; su madre no pudo soportar la noticia y muri al instante de or sus rebeldes palabras. T no poda cree rlo, pero ante todo estaba la responsabilidad, por lo que corri enseguida a donde se haban guardado las al fombras y empez a tejer la historia. El pueblo sigui igual, persiguiendo hormigas, a pesar de que se pensaba que sin la reina todo acabara. El hijo mayor que andaba dando sa ltos, tom en uno de sus brincos la corona. Lo nico bueno que ha hecho es firmar la independencia de las orqudeas hace ya unos aos. Gracias a esa ley las orqudeas s on libres de crecer donde quiera n, lo que en su tiempo evit que se levantaran a mano arma da en contra del pueblo. Hasta ayer T haba escrito toda la historia pasada y gran part e de la futura, en sus tiempos libres se baaba en las estrellas formando nue vas constelaciones. Cuando anoche jugueteaba entre la osa mayor y la menor, un extrao rayo de luz se pos s obre su nariz. Qued inmvil, al ver cmo lentamente surga un horizonte sepa rando el cielo y la tier ra. En el pueblo las hormigas se detuvieron dejando a todo un pueblo petrificado, incluso el rey qued suspendido en uno de sus saltos y no se pronunciaron ms palabras La existencia tambin se suspendi y el sol con mucha paciencia se fue apoderando de ella; baando cada centmetro de aquel lugar encantado que, por prim era vez, no hua de la claridad. Un ruiseor abri el da, el primer da ve rdadero, con su hermoso canto; rompiendo as el trance que se viva en el pueblo. Todos resp iraron y, ese que una vez fue un pueblo absurdo, se convirti en la cuna de una civilizacin francamente humana, totalmente libre de reinas poco cuerdas y hormigas tirnicas. Todos y cada uno encontraron su justo lugar y mgicamente las cosas encajaron como las pieza s de un rompecabezas. El rey saltarn abri un circo a las afueras del pueblo y las hormigas se convirtieron en insectos insignificantes, amenazados por toda clase de organismos mayores T sigue tejiendo historias, ahora en las grandes alfombras de la memoria, por si el viento sopla muy fuerte no arrastre al pueblo entre sus acordes. Amelia del Mar Hernndez Tiene 21 aos y uno siente que la tinta pesa, que las letras van saliendo como tras un lento respirar -tal vez las nubes de Santo Domingo no sean suficientes y por eso estas madrugadas y esta isla que no cesa-. Nos alegramos de poder integrar en esta familia del espritu a una autora que aflora, que nos invita, qu e eclosiona. Actualmente se encuentra estudiando en la Escuela Internacional de Cine y Televisin de San Antonio de los Baos, en Cuba. Cuentos y poemas de su autora han aparecido en diferentes sitios Webs de Repblica Dominicana como en la www.cielonaranja.com

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39 REVOLUCI"N Rey Emmanuel Andjar Quera eso, mi chino? Garrido Alberto El muro de las lamentaciones Era el pez con mejores caderas, del mar del amor… Sabina Joaqun Yo tambin se jugarme la boca … algo no andar bien pronto. Albalo que l vive. Cabiya, Pedro Historias Tremendas Ahora que lo piensa insistentemente, se percata de que nunca ha podido mirarlo al rostro Germn Ariadna Vsquez ngeles Lo segundo que recuerdo es la imagen de J ons lavando mi ropa interior de manera penitente en una esquina de la habitacin (So llozaba. Tena la cabeza gacha). Meta y sacaba los panties morados del agua sucia. Los enjuagab a, los exprima. Lo ltimo que recuerdo: la extraa secuencia de cuadros halgenos. El bailoteo de la botella de suero a un costado de la camilla. El olor antisptico del interminable pasi llo. El sabor a mierda en mi boca. El cuerpo era un solo bloque de dolor que no poda reco nocerse. Que iba desvanecindose a medida que avanzaba de velocidad. Recuerdo (Puedo a hora usar con propiedad esa palabra). La rpida intermitencia lumnica del techo. La ma no blanca y espesa que se extendi haca m en el momento de la inevitable cada. ************************ Estaba Ariadna realmente interesada en seri o en la Revolucin? En esta, en cualquier Revolucin? Siendo justos, hay que reconocer que se mostraba atenta en el Crculo de estudio. Ms de una vez se ofreci a pegar cart eles en las calles, cosa que yo rechazaba con energa ya que podra ser peligroso. Hace das, la hicieron presa. La pescaron in fragantti

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40 haciendo graffiti en las grandes casas de la ca lle Francia. Podramos afirmar que este hecho de soberana estupidez y valenta bien le hab an ganado el respeto de los dems miembros del Crculo. Pero en sus ojos, siempre not el desgano de la escritora. La silenciosa sumisin a la angustia. La disposicin de hacer esas cosas porque definitivamente aqu ya no habra nada mas en que dejarse la vida. Ahora, desde es ta blanca esquina, solo puedo verla luchar ayudada por tubos que entran y salen de ese cuerpo tan deseable. Puedo (y no quiero) ver la cara inmensa y morada, los brazos llenos de mall ugaduras. Escucho este silencio de piedra, que se intercala con su accidentada respiracin de fuelle. Una vez me dijo que estaba cansada de esta vida. Ahora, vindola aferrarse en estos ltimos instantes, realizo que grandes mentiras podemos elaborar en los momentos de desidia. ************************** Lo primero fue el chirriar de las gomas. Me dije a mi misma, Ya no hay pa' donde coger, mija. El sonido inmenso de la gran maquina en su fallido intento de frenar de golpe. El olor del asfalto quemando goma qued impregnado en el aire. No sent el golpe. Ahora compruebo que los que por dolor padecen, no puede n sentir nada cuando ste es tan fuerte, intenso y contundente. El cuer po (Este perfecto artefacto) tiende a asimilar el dolor, a asumirlo como una extensin, como una extremidad cualquiera (Una mancha, un brazo, una ua). El asunto es que luego de este largo periodo de agona (De ahora en adelante el tiempo para mi no existe. No es ms que una sustanci a hecha de melcocha y recuerdos. Un hbrido entre gas y ceniza) ya no siento la parsimonia eterna del dolor. Me siento ntida. Liviana como una pluma. ******************************* Cerrar los ojos y estar con ella ahora no tiene sentido. Mi vida, (Si a esto sin ella puede uno llamarlo as) guiada por dos cosas: Aria dna y la Revolucin. Pudo haber sido: LaRevolucionyAriadna. Eso en realidad, siempr e fue mi deseo verdadero. Hubiese querido por momentos que ambas se fundieran en una sola cosa. Poder disfrutar de ambas en todo momento. Para m, la Revolucin es respirar, pa ra ella, haban siempre ms cosas: parques, lagartos pequeos navegando en la floresta, el olor del mar que se escapa de los corales, la sal de las arenas, las tazas de caf con nuez moscada. Ariadna es una lindura. Ella completa es una sucesin de hermosuras en un mun do nuestro lleno de represin, sirenas de ambulancias y patrulleros, toques de queda discursos abusivos que insultan nuestra inteligencia, demagogias, largas caminatas, ma nifestaciones. Ahora, que en medio de la madrugada fra, froto mis manos para generar calor, quisiera cerrar los ojos y buscarle sentido al asunto ste de plantearme estar con ella en medio de un campo lleno de girasoles y flores africanas silvestres. *************************** Es increble, de un momento a otro dej de recordar y camina ba ya en la calle, haciendo adioses y sonriendo. El mundo era un cosa que o la a limpio, como si le hubiesen dado una gran lavada al aire y una mano de pintura a las paredes. El verde tan verde, los sabores.

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41 Como si con el accidente el paladar se me hubiese renovado y el helado de RonPasa es ahora un orgasmo. Jazmines a las siete de la noche just o antes de la cena. Ya no odio ms el barrio. He vuelto y la gente me espera sin rencor es aunque hace mucho ya que me fui para no volver jams ni nunca. Caminando con destino a la casa de la vieja, tengo que hacer una parada inevitable en el caf La Bodega. El olor. Pedir un co rtadito con ms leche que caf, pasear mi vista por los cuadros viejos, la vell onera, las botellas perfectamente alineadas y sin polvo. En una mesa de la esquina, est l, im pecablemente peinado y mal vestido con jeans sucios, camiseta roja y gastada, sentado fren te a un trago de Ans del Mono. Puedo ahora, reconocer la mano blanca y espesa que se me ha ofrecido en la oscuridad tiempo atrs. No he podido resistir la tentacin de acercrmele. ************************* Aparatoso accidente Provincia de Anaconda.Una joven que se disp ona a atravesar la interseccin que hacen las calles Matafuegos y Giratorias, fue embestida la maana de ayer por un vehculo de carga color rojo. Segn su novio, testig o nico de la tragedia, este hecho, mas que un mero accidente, es un claro atentado contra la Juventud Revolucionaria, luego de que la joven fuese identificada como autora de las (continua en la Pg. 5) ***************************** Luego de las infinitas explicaciones y los interminables abrazos, he logrado al fin llegar a mi cuarto, cerrar los ojos. Ya en el camastro, mi cuerpo se amolda blandamente a la vieja superficie y con la sabana gris en la cara, completo la fase aorada por das. Todo ola a nuevo, y senta el calor pesado. T , caminabas con ese pelo rizado al otro lado de la calle y sonreas con malicia. Te paras y con el dedo me haces una seal “Ven ac, tonto, te he estado esperando”. Tiro los libros y corro hacia a ti sin mirar a ambos lados de la calle. Tropiezo. Caigo rendido a tus pies y tu sonrisa se interrumpe para preguntar si me he hecho dao. Sonro ridculo y digo que no. Levanto la cabeza y te encuentro hermosa sonriendo de nuevo. Caminamos. Detrs de nosotros, un mu chacho con cara de viejo resignado, una barba de varios das, jeans sucios, camiseta roja gastada. ************************ Soy un ngel, me dijo al momento de sentarme El muchacho de la barra me trajo el caf hasta la mesa. Permanecimos un rato en sile ncio. Yo trataba de comprobar su procedencia celestial. El me aconsejaba endulzar y tomar mi caf, Despus que se enfra es imposible beberlo, me dijo. Luego, pregunt, Porqu he yo de conocer un ngel, l me respondi, luego de un largo trago de ans, que ni l estaba li sto para decrmelo, ni yo para escucharlo. Lo deb suponer desde un principio, estas cosas de ngeles siempr e estn sujetas a dudas, a caminos secretos, a dispositivos armados que esta llaran de un momento a otro. Es tu deseo que yo est aqu, es mi deseo tambin, me deca mientras se pegaba otro trago y todo se me aclar. Aunque solo puedo articular el recuerdo de la ltima reunin del Crculo, donde un poema mo que hablaba de rosas, espinas y se ptiembres, fue refutado y requeterefutado por

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42 los jvenes comprometidos por un ideal, mientr as yo solo deseaba o que la Revolucin se definiera y triunfara o que todos nos acabramos de joder, que mas da. Trat de salir de la abstraccin con un trago de caf fro y amargo. El ngel mo str su mano de nuevo para decirme, Vete a la cita, yo estar por ah. Cmo te llamas, dije con la cara ar rugada por el trago amargo, Demasiadas preguntas, dijo, En fin, llmame Mirtilio, so y el ngel Enviado. ******************************** En el sueo (creo que soaba) te bes. Sen t que un peso se me haba quitado de encima. Que la cruz haba sido depositada le jos, en otro lugar. Senta un amargo-gris dentro del pecho, por una culpa qu e deba confesarte. Entonces decidimos ir a La Bodega en el barrio viejo. T te pediste tu caf cortado y yo el trago de ron blanco. Quise que ese momento durara por siempre en la vspera. De pronto, vi al muchacho hermoso en la esquina del bar y notaste mi nerviosismo. Me dijiste que no me preocupara. Yo te dije, incrdulo, Nos sigue. No pens que fuese un po lica secreto o algo as. Entonces me lo soltaste a boca de jarro, Es un ngel. No me pareci extrao pero mi plpito aumento, y decid decirte toda la verdad. Lo pens en voz alta, y me asuste hasta el tutano cuando, justo al final de ese pensamiento, el ngel tuyo asinti levemente. ************************* Luego de las confesiones, Mirtil io me aconsej seguir. Ese caf no sirve, no te lo bebas as, ve donde la vieja, que ella te cuele uno. Cmo el ngel saba que yo iba a enfrentarme a la abuela? De donde coo haba salido ese ngel? Cmo sabes t que tengo que ir a visitar a la doa, le dije entre extraada y perpetua, Ha y cosas que debo saber y punto, dijo, callndome la boca. Puse doscientos pesos debajo del cen icero y arranqu en bola de humo para donde mam. De seguro ahora estar Mirtilio pr eguntndose porqu iba llorando. Ah, se me olvidaba, el maricn de l ngel lo sabe todo. ********************************* Claro que quise contrtelo todo : la proposicin del Crculo, mi primera negativa, la nausea de solo pensarlo, la noche interminable ante s del Da Cero, la frialdad de mis palabras cuando me llamaste por telfono esa misma noche y te mand al carajo, el deseo de que me odiaras por siempre. Luego, poco a poco, se gn iba pasando la madrugada, espesa, el ejercito de salamandras en mi espalda, ese tin tineo en el pecho, el corazn hecho espuma, un solo pensamiento en mi cabeza: No quiero pero coo, que viva la Revolucin. Amn. ****************************** La doa disimul muy bien el jbilo. Se qued in mvil. Solo era la mecedora y el viento en la galera. Bendicin mam, Dios te Bendiga, dime cmo te ha ido. No me invit a sentarme pero tom una silla. Ya bebiste caf, pregunt , sin mirarme a la cara. Casi, le dije. Llam militarmente a Vochola, que me cort los oj os cuando me vio. Caf, dijo mam, Lo que mande la seora, contest la morena, y de sapareci rauda por donde vino. No hubo muchas palabras. No las esperaba, nunca esper muchas palabras desde el da que me fui de la casa

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43 donde aprend a leer y a escribir, donde le los primeros cuentos debajo de su maquina de coser, cuando era nia y todo ola a como la vida me huele ahora luego del accidente, un accidente que ella no coment, como si el dolo r de verme postrada en la cama de un hospital no la dejara hablar del pasado reciente. Has llorado, lo descubri en mis ojos rojos, hinchados. Me pas una vaina rarsima cam ino aqu. Por primera vez me mir, como preguntndome que haba pasado. Me encontr con un ngel. Vochola lleg con la bandeja dispuesta, las tazas, el olor, azcar, leche, No gracias, lo tomo negro. Luego del primer sorbo de la hirviente infusin la vieja dijo, Eso no es raro, el cielo, en estos das, tiene un hoyo. ************************* Ser una camioneta roja, me dijeron. Yo tendr a que convencerte de irnos por ese camino? Sera difcil, ya que t ibas a querer ir cami nando por La Francia para ver tu obra maestra. Yo te llevara por Matafuegos? S, en la esquina indicada hay un puesto de jugo de caa, yo ira a comprar para ambos. Te dejara sola en la calle, slo por unos minutos? Ah mismo llegara el Red Assassin Machine. Te destrozaran delante de mi s ojos? Yo gritara para que pareciera ms real Incluso llorara lagrimas de cocodrilo, me tirara en el piso, pedira ayuda como un perro? No sera todo tan real y repugnante? Tendra el valor de ver tu sangre? Valdra la pena hacerlo? ***************************** Ms palabras con mam? Ya no tena sentido. E lla me haba arruinado. Su indiferencia me haba arruinado, haba creado un ab ismo entre ambas. Carajo, mi hija, est bien lo de la poesa, te lo perdono, pero de ah a estar pegando carteles, reuniones con un grupo de vagos hasta las quince de la maana, y esto ltimo, lo del graffiti. Acaso no crees que ya est bueno? Es que no entiendes que es o me hiere? Ya en la acera, sent el viento fro en la nuca. Era Mirtilio, y las cosas, empezaron a poner se grises, la sonrisa se me haba esfumado de la cara. Dime qu es lo que quieres, Ando reclutando, me dijo. Cmo es eso, le dije cuando llegamos al jardn, no me sorprendi ve r que las trinitarias ni las cayenas seguan rojas, indelebles. Y re cord la sangre. Ando reclutando, re piti, ofrecindome un cigarrillo, no me sorprend de que los ngeles ande n fumando, como van las cosas. Hay una Revolucin que viene por ah, Pe ro cmo, dije sorprendida, Ot ra Revolucin, pero no estn ya satisfechos con la qu e hay, para qu otra, No, me dijo, Lo de aqu abajo es prctica, viene una Revolucin nueva, en el cielo, vamos a re menear la mata, de abajo para arriba, el Hombre debe caer. ************************************ Aparatoso (viene de la pg. dos) pintur as encontradas hace tres das en las casas de la calle Francia, donde se sabe, habitan sujetos aca udalados que abiertamente han manifestado su oposicin a las reformas planteadas por el Cole ctivo Opositor. La jove n, al ser interrogada, asumi toda la responsabilidad del acto vandli co y no revel nombres ni dio pistas para someter al resto de la clula a la cual pert enece. Solo ayer, un joven de extrao aspecto, asegurando ser el autor intelect ual del hecho, se entreg a la s autoridades. El joven en

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44 cuestin, dijo llamarse Mirtilio. Las frases en las paredes decan cosas como “Yo tambin se jugarme la boca” “Aguanta. Bloquea el bloqueo” y la agresiva “Mtete los Bonos Soberanos por el culo, calvo de mierda”. ******************************************* Pero que caradura, venir a m a hablarme de re voluciones. Solo hizo decirlo y ya las cayenas no brillaron ms. Todo empez a oler a pasado, a cosas viejas, enmohecidas en los rincones. En el pecho se me empezaron a generar espini tas. La garganta se me cerr y sent una infinita tristeza. Un dolor inmenso en las costillas. Un golpe rotundo en el estmago. Un sabor a sangre en la boca. Dientes. ******************************************** de ti quisiera las palabras de tu casa el equipaje de ladrillos los rizos que tu pelo adornaba miles de puntos negros ollas de tristezas hervidas amarillo de medioda las exigencias los viajes la tristeza la vaguada de cario intermitente de ti el tatuaje de tu espalda el anillo urbano el polvo alegre la candela de las escobas de ti los peridicos amontonados el telegrama con pausa un puente de ajo un pezn fantstico

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45 la muerte del espejo bachatame acabllate de ti tu guarida ************************* No me pidas nada. Ya te he pedido todo y ni te has entera do. No quiero nada, ya lo tuve, tuve ese todo. Qu quieres despertar? Quiz . Despertaremos? Tropezars. Tropezar con uno de los cirios en mi propio funeral. Nunca te confes de los ngeles, de ninguno, ni de los revolucionarios, siempre le vi a ese las alas negr as, locas por salir, en la espalda. Yo soy el que llora tu muerte, de manera hipcrita, en este saln funerario. La Revolucin, Seguira? S, mientras exista un Dios en el cielo, s. Te n cuidado, ese es el mismo que tuvo los cojones de enviar a su propio hijo a morir. Recuerdo (P uedo usar esa palabra ahora, con la propiedad de los ngeles) eso, eso es lo primero que recuerdo. Rey Emmanuel Andujar. Narrador, poeta, dramaturgo y ensayista. Naci en Santo Domingo. Ganador de varios conc ursos de cuentos (Banco Central, 2002. Casa de Teatro 2003, 2004. Alianza Cibaea 2005). Estudia dentro de un laboratorio permanente para investigar la Dramaturgia del Cuerpo del Escritor; reside en Puerto Rico. Es el autor de la pieza performtica Ciudadano Cero, con la cual ha recorrido importantes escenarios del mundo. Con su libro Amoricidio obtuvo el Premio de la Feria Internaci onal del Libro 2007. Ha publicado: El hombre tringulo (2005), El Factor Carne (2005), Candela (2007).

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46 HISTORIA DEL CINE CIBERPUNK 1995: Screamers (Asesinos cibernticos) En la Tierra se desarrolla una nueva guerra fra entre corpor aciones debido a la escasez de fuentes de energa. Mientras tanto en un pl aneta lejano se ha enc ontrado la solucin al problema, un mineral radioactivo muy energtic o, pero este descubrimiento desata el conflicto entre las empresas que pugnan por la e xplotacin del mineral. Tras aos de guerra nuclear el planeta a quedado trasformado en un gran desierto. Ahora los pocos supervivientes tendrn que hacer frente a la peor de las pesadillas. Ao 2078. En un planeta lejano, cientficos han crea do un arma perfecta: artefactos asesinos que se reproducen por s mismos, conocidos como Screamers, diseados con el nico propsito de encontrar y destruir a todo enemig o viviente. Ahora los propios artefactos se han revelado contra los humanos y tienen una nueva misin: de struir toda huella de vida.

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47 Posiblemente sea la adaptacin menos conocida de un relato de Philip K. Dick. El guin corre a cargo de Dan O'Bannon, responsable tambi n del de Alen, y director de El Regreso de los Muertos Vivientes entre otras. La trama se desarrolla en el de vastado planeta SIRIUS 6B en el ao 2078. En la Tierra se desarro lla una nueva guerra fra entre corporaciones debido a la escasez de fuentes de energa. Mi entras tanto en ese planeta lejano se ha encontrado la solucin al problema, un mine ral radioactivo muy energtico, pero este descubrimiento desata el conflicto entre la s empresas que pugnan por la explotacin del mineral. Tras aos de guerra nuclear el plan eta ha quedado trasformado en un gran desierto. Ahora los pocos supervivientes tendrn que hacer frente a la peor de las pesadillas. Mezclando ciencia-ficcin con te rror, la pelcula dirigida por Christian Duguay es un meritorio film fantstico, con unos excelente s decorados y localizaciones. Los efectos especiales sufren la falta de presupuesto pero esto no resta ni un pice de inters por la historia. Protagonizada por un competente Pete r Weller, Asesinos Cibernticos es otra muestra de la batalla entre hombres y mquinas. Asesinos cibernticos (estpido ttulo espaol, por Crom ) supone la tercera adaptacin de Philip K. Dick, tras Blade Runner y Desafo total Dirigida por Chris tian Duguay, realizador de las nefastas Scanners 2 y Scanners 3 tal vez arropado por una buena historia y un buen guin ha conseguido con esta pelcula un intere sante logro muy por enci ma de sus trabajos previos. El film semeja una espe cie de mezcla entre la referida Blade Runner y Mad Max II con una atmsfera que remite a 1997: Rescate en Nueva York, lo cual sin duda procede del trabajo guionstico de Dan O'Bannon, habitual colaborador de John Carpenter. Los actores parecen ms dirigidos por la historia que por el propio realizador, efectuando una labor interpretativa, sin embargo, de apreciable vala, principalmente Peter Weller, Jennifer Rubin y el nio, este ltimo sensible, tmido y aterrado r, con una ductilidad que ya quisiera para s Macauly Culkin. Los decorados son impresionantes: edificio s derruidos, en un paisaje estremecedor que recuerda a muchas ciudades reales, y en los cu ales est patente la guerra. La guerra es precisamente lo que cuenta esta pelcula, ba sada en "The Second Variety", historia enclavada en una serie de rela tos cortos, todos ellos contando la evolucin de unos robots. stos fueron creados para destruir a los hum anos y evolucionar por s mismos, siendo su programacin perfecta en todos lo s sentidos, y escapando al cont rol de aqullos. Lo que a continuacin acontece es la lu cha por sobrevivir de un grupo de personas en un mundo hostil, perseguidas por los screamers dando un paso adelante en todas las iniciativas tomadas por las presas. Los hombres de este grupo, atrapados en un planeta por la decisin de sus jefes, que no estn involucrados activamente en la miseria de esta guerra, desean salir de ese mundo y recuperar sus vidas anteriores. R ecuperar esa vida previa es lo que motiva a estos hombres, aunque ello conlleve la muerte. La segunda variedad de screamers est muy lograda, siendo la escena de los nios terrorfica e inesperada; las otras variedades son predecibles, pero mostra das en su momento justo, haciendo que lo predecible, por pura evoluc in, sea impactante y a la vez comedido. La pelcula, como se deca, habla de la gu erra, pues por mucho que el hombre evolucione, siempre llevar esta a cuestas, en este caso al espacio, a otro planeta, creando robots para que luchen por ellos y contra ellos; habla de la guerra, no ensalzndola, sino enjuicindola, y ni siquiera tiene un final feliz que in valide el sentido crtico del film.

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48 Ficha Tcnica: Ttulo original: Screamers Ao: 1995 Compaa: Allegro Films, Triumph Films, Columbia Pictures Director: Christian Duguay Guin: Philip K. Dick, Dan O'Bannon Actores: Peter Weller .... Hendricksson Roy Dupuis .... Becker Jennifer Rubin (I) .... Jessica Andrew Lauer .... Ace Jefferson Charles Powell .... Ross


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