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Qubit

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Material Information

Title:
Qubit
Physical Description:
Serial
Language:
English
Publisher:
Cubit
Place of Publication:
Havana, Cuba
Publication Date:
Frequency:
monthly
three times a year
regular

Subjects

Subjects / Keywords:
Science fiction, Latin American -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- History and criticism -- Periodicals   ( lcsh )
Science fiction -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
periodical   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - Q01-00041-n41-2008-12
usfldc handle - q1.41
System ID:
SFS0024302:00041


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ndice: El relato fantstico en Honduras. Mario Gallardo. El arte y el sue o. Roberto Castillo. La bsqueda. Regresivo. Oscar Acosta. Juventud que no cesa. Nery Alexis Gaitn. Resea: Cuando llegaron los dioses, de Orlando Enrquez. El Salvador. Sueos de ciencia ficcin. Rafael Menjvar Ochoa Primer encuentro. El animal ms raro de la Tierra. Alvaro Menen Desleal Resea: El sueo de Mariana, de Jorge Galn. Margarita Carrera Historia del cine ciberpunk. 1995. 12 Monos. Seleccin de escenas. Para descargar nmeros anteri ores de Qubit, visitar http://www.eldiletante.co.nr Para subscribirte a la revista, escribir a qubit@centro-onelio.cult.cu

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El relato fantstico en Honduras Mario Gallardo "As como cada novela esgrime su propia teora de la novela, as cada antologa contiene una idea de lo que debe ser una coleccin de textos a partir de cier ta coherencia. El papel que en el mejor de los casos debe reconocrsele es el de saber vencer las ideas preconcebidas". Phillippe Olle-Laprune. "Invitacin al viaje". Letras Libres, Ao III, No. 26. Febrero de 2001. A manera de introduccin El ttulo de este libro justificara la inclus in de los informes sobre los desaparecidos que publicaron las Fuerzas Armadas en los aos 80, el texto de los discursos del ex presidente Callejas y hasta la misma Constitucin de la Repb lica; sin embargo preferimos limitarnos al terreno de la literatura y exclusivamente a esta "t erra incgnita", recreada por la imaginacin y la inteligencia, donde conviven los grandes ma estros del gnero fantstico: Poe, Kafka, Monterroso, Calvino, Arreola, Borges, Lovecraf t y Cortzar, junto a otros nombres igualmente ilustres. No obstante, antes de caracterizar el relato fantstico en Honduras es obligatorio ofrecer una breve resea del origen y la evolucin del g nero, definir su esfera de manifestaciones que pasan de lo "extrao" a lo "maravilloso", hasta desembocar en lo fantstico (1), de acuerdo con los patrones europeos; as como pasar revista a la original manifestacin del elemento fantstico dentro del contexto latinoamericano, que inclus o impone la necesidad de establecer deslindes respecto a otra "etiqueta" que se ha supuesto ms adecuada a la rea lidad maravillosa de Amrica: el realismo mgico.

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Por otra parte, se consignan las relaciones que ha establecido la literatura fantstica con el absurdo y la ciencia ficcin, gneros que comparten muchos elementos comunes, aunque manifiestan fundamentales diferencias que es imposible soslayar. Finalmente, se establece una cronologa del gnero en Honduras, a partir de Froyln Turcios y sus Cuentos del amor y de la muerte (1929), h asta concluir con las ltimas manifestaciones que aparecieron en la dcada de los ‘90. Asimismo se incluyen juicios sobre cada uno de los relatos que integran la presente antologa. De lo fantstico y sus orgenes Pese a los numerosos estudios sobre el gne ro, no existe unanimidad en cuanto a la determinacin de sus orgenes. Para Todorov "a parece de manera sist emtica con Cazotte, a fines del siglo XVIII; un siglo despus, los re latos de Maupassant representan los ltimos ejemplos estticamente satisf actorios del gnero. La literatu ra fantstica no es ms que la conciencia intranquila de este siglo XIX positivista" (2). Esta af irmacin le otorgara al gnero casi dos siglos de existencia. Bioy Casares, por el contrario, sita su origen en el marco de la tradicin oral al afirmar que "viejas como el miedo, las ficciones fantsticas son anteriores a las letras" (3). Aunque en otra parte del mismo texto advierta que como gnero ms o menos definido la literatura fantstica aparece "en el siglo XIX y en el idioma ingls". Habra adems que sealar su indiscutible pare ntesco con las leyendas, el chamanismo y los mitos de origen, ya que, finalmente, es en las fuentes de la oralidad donde se encuentra la gnesis de lo fantstico; sin embargo, su de finicin como gnero plenamente establecido coincide con una etapa de rebelin en la literatu ra ante el cartabn intelectual que impona el positivismo del siglo XIX y su manifestacin literaria: el realismo. Un poco de historia Es en el siglo XIX cuando los temas fantsticos adquieren definitiva carta de ciudadana en la literatura universal, experimentando mayor difusin con el apogeo de la llamada novela gtica, que exagera los detalles tormentosos y hasta gr otescos. Ejemplos clsicos son: El castillo de Otranto (1764) de Horace Walpole, Drcula (1897) de Bram Stoker y El monje (1796) de Matthew Lewis. Posteriormente, Edgar Allan Poe aporta al gne ro una gran diversidad temtica sumada al incomparable manejo en la descripcin de los ambientes tenebrosos. Tambin encontramos en su obra una directa asociacin de lo fantstico c on el horror; de hecho, en sus cuentos es casi infaltable una explcita manifestacin del elemento sobrenatural. De caractersticas opuestas a la de Poe, la obr a de Henry James introduce la ambigedad como recurso de extraamiento en el relato, as en Otra vuelta de tuerca (1898) no sabemos nada con absoluta certeza: si la protagonista est loca, si los nios son espritus malignos; en fin, si todo el horror del relato es real o pertenece a la esfer a de lo imaginario. Y es que en los textos de James se evidencia un rechazo por lo truculento y los clichs del horror propios de la novela gtica. Lewis Carroll explota otro tipo de recurso, muy comn al relato fantstico: el onirismo, visto como la va mediante la cual se explican o jus tifican situaciones inslitas. Kafka lo emplear en La metamorfosis (1915), pero con otro fin: el monstruoso despertar de Gregorio Samsa termina planteando una amarga alegora de la condicin humana antes que la inquietante vacilacin de lo fantstico.

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Singular resulta el aporte de H.P. Lovecraft, qui en acenta el efecto fantstico en la capacidad del lector de experimentar "en forma profunda un sentimiento de temor y terror, la presencia de mundos y potencias inslitos" (4), sacando el ho rror de sus oscuros y ha bituales predios para mostrarlo en una atmsfera difana. As, la se nsacin de presagio se va convirtiendo en el leitmotiv alrededor del cual se estructura su obra. Luego, con el paso del tiempo, la historia de este gnero se vio enriquecida por la singular imaginacin de escritores que coinciden en su con cepcin del arte como artificio, cuya potica tiende a despojar a los hechos cotidianos de su servidumbre conve ncional, esto es, a "transfigurar" la experiencia diaria a travs de un punto de vista oblicuo, que instala la ambigedad, que otorga carta de ciudadana al asombro. La definicin de un gnero La lectura de las ficciones literarias implica aceptar lo que ocurre en el texto, reconocerlo como suprarrealidad que "reproduce" nuestra realidad cotidiana. Todo texto fantstico solicita de sus lectores algo ms, al mismo tiempo que pide nuestra aceptacin, exige nuestra duda al cuestionar los elementos del relato que no encajan dentro del orden natu ral conocido. En el relato fantstico se han anulado las barreras en tre dos planos de realidad aparentemente inconciliables (antes-despus, pasado -futuro, vida-muerte, etc.). De acuerdo a esta premisa fundamental, Todorov seala la vacilacin, entre una explicacin natural y una explicacin sobrenatural de lo s acontecimientos evocados, como la primera condicin de lo fantstico. Al mismo tiempo, la vacilacin est representada, se convierte en uno de los temas de la obra (5). Finalmente, advierte que el le ctor deber desdear cualquier intento de interpretacin alegrica o potica, ba sta con la sospecha de que otro orden secreto puede poner en peligro la precaria estabilidad de nuestra visin del mundo para gestar la aparicin de lo fantstico. A estas precisiones habra que agregar el deslinde que hace Roger Caillois entre lo maravilloso y lo fantstico, al sealar que lo maravilloso se aade al mundo real sin atentar contra l ni destruir su coherencia; lo fantstico, al c ontrario, manifiesta un escndalo, una irrupcin inslita, casi insoportable en el mundo real. Lo fantstico indaga en las zonas oscuras e incier tas que estn ms all de lo familiar y de lo conocido. El movimiento de esas fronteras no implic a su desaparicin: los avances de la ciencia no terminan con los misterios, como el desarrollo de la teologa no anul lo inslito de los milagros, ni el psicoanlisis ha puesto fin al horror de la pesadilla De igual manera, la literatura fantstica escrita durante el siglo XIX se aventur por temas y fenmenos que la ciencia y la razn de la poca no alcanzaban a explicar. Otro de los elementos que definen a la literatura fantstica con mayor claridad es la naturaleza y funcin de los silencios dentro del texto. Para Rosalba Campra (6) los silencios en el texto fantstico se caracterizan por ser imposibles de resolver por la va de la inferencia, como sucede, por ejemplo, en el cuento policial donde la identidad del asesino y los motivos del crimen se revelan mediante las proezas deduc tivas del investigador, llmese ste Dupin o Holmes. En el caso del cuento fantstico, estos silenc ios son "incolmables", constituyen una pesada carga de ignorancia para el lector, quien conforme se adentra en la narracin, se percata de que el silencio, "lo no dicho", es justamente lo indispen sable para la reconstruccin de los hechos, para acceder a la verdad. Otra forma que pueden asumir esto s silencios consiste en la ab rupta interrupcin del desarrollo del relato, lo que se denomina como "final trunca do", donde la historia tiene su final antes de la conclusin de los hechos que refera. El esper ado desenlace quedara situado fuera del texto,

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prcticamente inalcanzable para el lector, subrayando la falta de resolucin, elemento fundamental donde el relato fantstico basa su sentido. Lo fantstico utiliza, de esta manera, una forma pa rticular de "extraamiento" que se manifiesta en el relato como una incoherencia en las re laciones de causa y efecto. Esta particularidad seala tambin la frontera entre el absurdo y lo fantstico, pese a tener tantos puntos de coincidencia. El absurdo plantea una total ausencia de causas y fi nes concretos, un alejamiento total, como es el caso de los personajes de Beckett, aba ndonados en un mundo desolado, donde lo nico que pueden hacer es esperar a un desconocido Godot. En lo fantstico la ruptura con el mundo de la causalidad es slo parcial, una fisura que contamina la dimensin de lo cotidiano, una mome ntnea "suspensin de la incredulidad", como afirmara Coleridge. Por otra parte, aqu habra que diferenciar la dimensin definitivamente simblica del personaje absurdo: cuyo destino implica a todo el gnero humano, del personaje fantstico, quien es vctima de una situacin puramente individual. Con la ciencia ficcin, la literatura fantstica ma ntiene diferencias fundamentales. En la ciencia ficcin los elementos sobrenaturales son presentados dentro de un marco que los justifica: el discurso de la anticipacin cientfica. Por lo tant o, no provocan ninguna reaccin particular ni en los personajes ni en el lector implcito, ms que la intriga que suscita su particular estructura. La fisura en la realidad, caracterstica de lo fant stico, no se presenta en la ciencia ficcin por la naturaleza misma de los hechos que presenta, los que parten de premisas irracionales o improbables, pero se encadenan de manera perfectamente lgica, natural, posible. El relato fantstico en Amrica Latina El inters por lo fantstico en Amrica Latina se encuentra ligado al surgimiento y desarrollo del modernismo. Los antecedentes del gnero se en cuentran ya en los Cuentos frgiles (1883) y los Cuentos de color de humo (1890) de Manue l Gutirrez Njera y en Azul (1888) de Rubn Daro. En medio de un panorama literario domina do por el criollismo y lo telrico, comienzan a desarrollarse las ficciones fantsticas del m odernismo hispanoamericano signadas por la influencia de Hoffman y, sobre todo, de Edgar Allan Poe. Tres son las principales lneas que presenta el relato fantstico modernista, y todas pueden ilustrarse en la obra de Daro: la primera marcada por la combinacin del acento lrico con aportes de verosimilitud otorgados por elementos provenientes del discurso cientfico. "El rub" y "El palacio del sol" seran ejemplos de est a variante. En la segunda, encontramos ciertas influencias naturalistas caracterizadas por la tendenc ia a la alegora social, como en "El stiro sordo" y "El rey burgus". La tercera se corr esponde con una etapa ms evolucionada del modernismo y estara definida por la inslita me zcla de bsquedas esotr icas con el apoyo de una base pretendidamente cientfica: recordemos en "Thanathopia", el tema del hipnotismo, y en "Vernica", la bsqueda de una prueba pragmtica de la fe mediante recursos fotogrficos. Esta ltima tendencia se refleja en la obra de Leopoldo Lugones y de Horacio Quiroga, como el acopio de una justificacin cientfica para los ex traos fenmenos que acontecen en sus relatos: "La fuerza omega" de Lugones y "El almohadn de plumas" de Quiroga son claros ejemplos de lo anterior. Tambin Amado Nervo en sus Cuen tos misteriosos analiza los fenmenos de lo paranormal. Esencial resulta el aporte de Rafael Arvalo Martnez en El hombre que pareca un caballo (1914), obra fundamental para la renovacin del gnero, con un magistral manejo de la ambigedad y un sentido del equilibrio que, sumados a una fina irona, representan una superacin de los excesivos decorados del cuento fantstico modernista.

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La definitiva consagracin del gnero llegara con las magistrales ficciones de Jorge Luis Borges, heredero de toda una tradicin fant stica rioplatense representada por Felisberto Hernndez y Macedonio Fernndez, aparte de los ya mencionados Lugones y Quiroga. Borges se convierte, prcticamente en el catalizador de la tradicin fantstica universal, incorporndola al contexto latinoamericano. Carlos Fuentes ha denominado este hecho "la constitucin borgiana", reinvencin de lo fantstico que se convierte en punto de partida de la narrativa latinoamericana contempornea; pese a la hostilidad de algunos que la consideran "un utopismo absoluto y una marginalidad empecinada" (7). Tamaa estulticia, producto de una poca que manej como axioma que la literatura se fabricaba a base de buenas intenciones y militancia poltica, intentaba desdear la trascendencia de lo fantstico en la construccin de la narra tiva hispanoamericana, ignorando que, como bien lo seala Donald Shaw: "fue esta liberacin de la fantasa en sus diversas manifestaciones (entre otras la del realismo mgico) lo que produjo la ruptura con la narrativa tradicional y abri la senda hacia la nueva novela" (8). A partir de este momento se multiplican los nombres y a la riqueza temtica se une la calidad de las obras: Juan Jos Arreola se desespera mientr as aguarda el inverosmil arribo de trenes imposibles; Cortzar entra por un pasaje de una calle en Buenos Aires y aparece en Pars vomitando conejitos; Fuentes se descubre una buena maana convertido en dolo del panten azteca y Bioy Casares planea escapes de una isla poblada por hologramas, mientras Augusto Monterroso suscitaba la admiracin de Italo Calvino por sus breves historias sobre la permanencia de los dinosaurios despus del sueo. Al fin, despus de un siglo, la literatura fantstica hispanoamericana haba alcanzado su mayora de edad. Realismo mgico vrs. literatura fantstica El desarrollo del gnero fantstico se vio estrech amente ligado, al grado de "confundirse", con las manifestaciones de lo real maravilloso en Amrica, a tal grado que en un ensayo publicado en 1976, Anderson Imbert catalogaba "Viaje a la semilla" de Carpentier como una muestra de literatura fantstica y vea en algunos cuentos de Borges, como "Funes el memorioso", la huella del realismo mgico (9). Sin embargo, esta afirmacin alteraba las tradici onales diferencias que se manejaban respecto de ambas expresiones y confundi a muchos, ya qu e asociaba, de un solo plumazo, a Borges con Asturias y con Garca Mrquez; mientras que a Carpentier, terico de lo real maravilloso americano, lo colocaba como creador de fantasas puras. Lo cierto es que a pesar de los ltimos y notables trabajos sobre el realismo mgico y lo real maravilloso y sus relaciones con lo fantstico (e g. Irlemar Chiampi, 1980), an no existe una formulacin terica que, anulando las confusiones, resulte totalmente c onvincente sobre este tema (10). Sin embargo, la mayora de los estudios apuntan a que la frontera entre lo real maravilloso y lo fantstico estara finalmente de terminada por el hecho de que el primero concibe un mundo donde los acontecimientos sobrenaturales que se pr oducen no son percibidos como inquietantes o inslitos dentro del contexto interno de la obra; entonces, sta percepcin anulara la posibilidad de que se produzca el efecto fantstico. Finalmente, a nivel terico, habra que se alar la interesante propuesta de Ana Mara Barrenechea, quien cuestiona la opinin de Todorov que circunscribe lo fantstico a la narrativa. Esto equivale a negarle al poema su carcter referencial, descriptivo o representativo, segn Barrenechea, cuya propuesta sugier e que la categora de lo fantstico sea transversal, incluyendo la poesa, el drama y an otros gneros y subgneros.

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Para la estudiosa argentina, esta "ampliacin" jus tificara la inclusin dentro de la literatura fantstica de textos poticos como "El Golem" de ensayos como "El sueo de Coleridge" y hasta de piezas dramticas tradicionalmente enma rcadas dentro de la literatura del absurdo. Cdigos y contextos del relato fantstico en Honduras La aparicin del elemento fantstico en nuestro pas coincide con la obra de Froyln Turcios Cuentos del amor y de la muerte (1929), en una poca donde la exigua produccin narrativa hondurea estaba bajo el signo del criollismo y sus variantes: el costumbrismo y el regionalismo. Las amplias lecturas y los viajes de Turcios le permitieron estructurar una visin actualizada del panorama literario universal, h echo que se refleja en su obra –donde se percibe la huella de los escritores europeos que milita ron en las filas del decadentismo, como Huysmans, entre otros. Pero la preocupacin por los temas fantstic os en Turcios –que se muestra con singular intensidad en "El fantasma blanco"no tiene herederos inmediatos en el panorama literario hondureo, dominado por otro tipo de modelos narrativos que, segn Ma nuel Salinas, estaban determinados por el carcter feudal y agrario de nuestra economa (11). En este cuento de Turcios no slo se reconocen algunos elementos de ambientacin propios del gnero, adems muestra en su desenlace la vacil acin propia de lo fantstico, y el tono general est permeado por las premisas del decadentismo, co rriente que, de hecho, define a la realidad como "pobre, acfala, menesterosa y falta de grandeza". El protagonista del relato –ambientado en Anti gua Guatemalamaneja un discurso equilibrado, con amplias referencias librescas y a la tradicin oral antigea, mientras deambula por la ciudad en busca de un amor que le evade con la insoportable levedad de un fantasma; no obstante, las alusiones a leyendas como la del Hermano Pedro y Los cadveres azules, anuncian el desenlace fantstico que prcticamente nos ob liga a asumir la inslita y fantasmal condicin de Clemencia, quien yace sepultada en el templo de La Merced. Un acierto incuestionable de Turcios es la cal culada ambigedad del final, donde pese a la extraordinaria condicin del hecho que acaba de vivir, el narrador-protagonista no intenta esbozar una explicacin racional, sino que opta –"en un estado de alma prximo a la locura o a la muerte"por encender la llama de la esper anza que alumbra un happy end de ensueo: unido su espritu al de su novia, por fin, algn da, "ms all de de los mgicos orbes y de las maravillosas constelaciones". Sin embargo, todo parece indicar que el peso de l telurismo no dej espacios en Honduras para el desarrollo de artificios de la imaginacin, como ste de Turcio s; sobre todo en un contexto sociocultural tan cerrado a toda manifestacin que cuestionara el orden establecido, por lo que el "peasco sin posible salida" permaneca ajeno a los cdigos de la modernidad, atrapado en una atmsfera literaria asfixiante y aldeana. La reflexin anterior resulta fundamental ya que intenta explicar la ausencia del elemento fantstico en la literatura hondurea, prcticamen te hasta 1956, pese a existir el antecedente en la obra de Turcios. La importancia de los cont extos histricos, sociales y culturales para el surgimiento del elemento fantstico ya ha si do sealada por Barrenech ea, cuando observa que "la correlacin con ciertas reas del cdigo soci ocultural es indispensable para la constitucin del tipo de discurso propio de la literatura fantst ica" (12). En otras palabras, la Honduras de los aos ’20 y ’30 –con una economa centrada en el banano, la poltica dominada por caudillos locales que desembocara en el oprobioso cariato y un vida cultural prcticamente inexistenteno era precisamente el terreno ms frtil para que se desarrollara una narrativa de corte fantstico. Ya en la dcada de los ‘40 se gesta el inicio del cuento moderno hondureo, principalmente en la obra de Arturo Martnez Galindo. No obstante, es preciso sealar que pese a su incuestionable

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cosmopolitismo, rasgo que le adjudican en form a unnime los estudiosos de la literatura hondurea, la renovacin en la narrativa de Mar tnez Galindo se ve limitada a la incorporacin de un enfoque psicolgico y al manejo de un p unto de vista sesgado, elementos que aportan a sus trabajos una sutil ambigedad, ya que en los aspectos formales se mantienen ciertos rasgos propios de los cdigos ling sticos del modernismo. Martnez Galindo maneja en sus cuentos temas inditos para la literatura hondurea de su poca. Escritor de gran sensualidad, manifi esta una especial atraccin por el incesto, tema escabroso e incluso "tab" para muchos escritor es nacionales. Resulta estimulante la libertad con que escoge y desarrolla sus temas al marg en de cualquier prurito conservador. Muchos de estos temas aparecen en su libro Sombra (1940) que representa, para Salinas Paguada, la primera manifestacin del cu ento psicolgico en Honduras (13). De especial inters para este trabajo es su cuento "Desvaro", por la presencia de elementos fantsticos que colocan al lector ante el problema de elegir entre una explicacin racional del hecho o suspender parcialmente su incredulidad y asumir la interpretacin fantstica del texto. No es propiamente un ejemplo de re lato fantstico, sin embargo am erita un anlisis en vista de la aparicin de la dupla normal-anormal, fundador a de lo fantstico, en el desarrollo de su argumentacin. En este relato se entrecruzan dos voces narrativas: la de un narrador personaje que asume el punto de vista de lo normal y la del "otro", que no s relata una desgarradora historia de amor. La historia se estructura alrededor de la voz del segundo (l) cuyo relato es objetivamente juzgado por el primero (yo). El "yo" narrador representa el equilibrio, la implacable razn. Mientras que "l" estara asociado a la ausencia de la misma, el desequilibrio mental. El manejo de los puntos suspensivos contribuye a crear una atmsfera de tensin, al dejar colgando al final de la lnea una palabra con destino impreciso, creando oscuridad al cerrar frases que no se han completado conceptualmente. La descripcin del ambiente inicia con "la tarde es un poema de serenidad, lmpido el cielo azul, clara la atmsfera del cristal", pero finaliza con el marco anticipado de lo inslito: "l as sombras haban cado sobre el jardn. Ya no haba nios y la negrura creciente nos daba la idea de que nos estaba envolviendo, algo que no sabamos lo que era, algo que poda ser el alma de la noche". El cierre del cuento inaugura la vacilacin, no sabemos si al final todo es producto del "desvaro" y existi siempre un solo narrador, d esdoblado por efectos de una alteracin mental, o si lo "debemos" interpretarlo como una de las muchas variaciones que asume el tema del doble. El miedo, la inquietud, la inseguridad sobr e los lmites de lo real plantean la esencia de lo fantstico que surge de la imposibilidad de desvelar la razn ltima, la clave final del cuento. De ah la importancia de este texto en la gnesis del relato fantstico hondureo. En 1956 la aparicin del libro de Oscar Acosta El Arca, representa el primer caso de una obra hondurea que en su conjunto se encuentra marcado por el signo de lo fantstico. Para Eduardo Bhr -en el prlogo a la segunda edicinel text o se caracteriza por la asociacin entre realismo y magia. Manuel Salinas por su parte, recono ce las huellas de Borges y Kafka. Mientras Jorge Luis Oviedo habla de una imbricacin entre mito y realidad. En suma, los tres comentarios son acertados y dan fe de la inagotable riqueza, as como de la amplitud de criterios con que de ben manejarse los asuntos de la literatura fantstica, poco propicios para ortodoxias y dogmas. Si bien alguno de los temas de Acosta ya haban sido prefigurados por Borges (V. "La espada" y "El cazador") y "El regresivo" podra considerarse una reelaboracin de "Viaje a la semilla" (1944) de Carpentier, coincidimos con Bhr cua ndo seala la originalidad de Acosta expresada en su rasgo formal ms caracterstico: la pr ecisin. Por otra parte, Acosta no hace ms que seguir una metodologa de trabajo "borgeana": asu mir como propia la totalidad de la tradicin literaria universal, y de esta manera "al ser ge nerosamente universal se vuelve provechosamente nacional", como bien lo afirmaba Alfonso Reyes.

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Paralelamente, Acosta incorpora algunos elemento s provenientes de la rica y original tradicin prehispnica, recrendolos en algunos de sus re latos; de ellos el ms acabado es, sin duda alguna, "El vengador", donde la brevedad de la historia del cacique Huantepeque refuerza la fatalidad del presagio. En otros, como es el caso de "Los poetas", el resultado colinda con el mito. Tampoco desdea la influencia de Las mil y una noches en "Secreto absoluto" y "Palabra de honor", que vienen a complementar el vasto panorama de la propuesta fantstica de este hondureo universal. Casi medio siglo debemos esperar para encontra r una propuesta de similar calidad. No se puede hablar de un autor, grupo o movimiento que en forma particular haya cultivado el gnero con especial dedicacin. Sin embargo, encontramos a partir de 1980 una mayor cantidad de textos y de autores representativos de este tipo de relato. Antes de resear autores y obras es necesario precisar los cdigos y contextos de la poca, que a nuestro juicio influyeron decisivamente en la conformacin de las pecu liaridades del relato fantstico en Honduras a partir de los ‘80. Los "hechos" registrados durante la "dcada pe rdida" -con su infamante estigma de los desaparecidos, la APROH y los gobiernos entre guistas partidarios del "U.S.S. Honduras" como primera etapa para la formacin del "Estado Libr e Asociado"definieron, en gran medida, el surgimiento de una "Literatura de la ocupacin", c ontestataria y beligerante que, ante el silencio cmplice de los medios de comunicacin y el ignominioso esquema de las "mentiras oficiales", asumiera la forma de permanen te documento de denuncia. Pese a esta necesaria y casi obligatoria corresponde ncia con la realidad surgen, asociados a contextos de la marginalidad, la cultura de la violencia y la ms flagrante injusticia, excelentes muestras del gnero fantstico. No obstante, estos originales relatos no se reconocen tan fielmente en sus modelos europeos o sudame ricanos. Producto de una poca de oprobio, algunos de los textos que integran esta antolog a son susceptibles de dos lecturas: una alegrica donde los hechos inslitos que en ellos se suscitan son hiperblica muestra de los vicios de una sociedad en crisis; y otra, donde el suspender nuestra incredulidad y aceptar la manifestacin de una fisura en el esquema de lo cotidiano no imp lique, de manera alguna, el cmodo mbito de la evasin. No est de ms sealar que en esta segunda lectura se basa nuestro trabajo. Algunos cuentos del escritor Roberto Castillo ilustra n con propiedad los juic ios expresados en el prrafo anterior. As, en "Las moscas", la invero smil plaga que acabar con el terrateniente se vislumbra como el merecido castigo por la miserable condicin en que mantiene a los campesinos. Incluso el surgimiento y la prolifer acin de las moscas se asocia directamente con los dineros de la explotacin: "Haba terminado y se dispona a guardar los fajos de billetes que no alcanz a distribuir. Una mosca terca descansaba sobre ellos... Hubiera querido aplastarla all mismo, pero luego no le dio importancia. Ese fue su primer error, y, al guardar los fajos, no repar en que la mosca qued encerrada dentro de la caja fuerte". "El hombre que se comieron los papeles" representara, de acuerdo a una lectura alegrica, el ejemplar castigo que debera recibir esa odiada raza de znganos que medran en los kafkianos laberintos de la burocracia estatal. Esto no a nula la posibilidad de una lectura fantstica que tendra su justificacin en textos tan atrayentes como la historia del pulver asesino en "No se culpe a nadie" y el apocalptico final de la ci vilizacin ahogada en libros innecesarios de "Fin del mundo del fin" (v. Cortzar). Es justo apuntar que, en ninguno de los casos, Castil lo recurre al clich o a la pancarta, por el contrario, el elemento inslito le otorga una novedosa ambigedad a sus desenlaces. En "Chabacn", la rutinaria historia de Gre gorio Jimnez, excelente lector y bromista incorregible, no pasa de la simple narracin de aventuras de colegio hasta el momento en que Chabacn decide mostrar a los tres amigos "su parnaso".

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Aqu se sueltan las amarras con la realidad y, en medio de un ambiente donde la marginalidad y la locura van de la mano, los tres colegiales va n a conocer algo que supera sus ms aventuradas proyecciones: el acceso a una "realidad otra" do nde se han anulado las fronteras entre vida y muerte. La carga de ambigedad en el texto es repr esentada por la frase de la loquita: "Todo lo tienen que pedir a mi pap. Si tienen pena, me pueden decir a m, que yo le llevo el recado". Otro acierto de Castillo es la manera en que el narrador personaje recibe la confirmacin de lo inslito: "Yo alargu la mano y la puse sobre la r odilla de uno de ellos que ni siquiera me volvi a ver. Solamente sent que algo ceda infinitament e a una presin ciertamente finita". Aqu el recurso del "extraamiento" (Sklovski) utilizado por el autor para confirmar lo fantstico del acto recuerda los clsicos ejemplos que el maestro ruso extrae del clsico de Sterne, el Tristram Shandy. Roberto Castillo ha logrado en sus creaciones una or iginal mezcla de lo inslito con lo cotidiano dentro de un contexto revelador de las contradi cciones de la sociedad hondurea. Como bien ha sealado Helen Umaa "... a Castillo no le importa trastocar tiempo, espacio o cualquier orden de cosas, en beneficio de una mira ms alta: la de aportar elementos que, en su condicin paradojal, onrica o grotesca, conduzcan haci a esas zonas desde donde el hombre pueda ser captado en su esencialidad bsica" (14). Nosotros debemos aadir que toda la obra de Castillo representa una de las ms slidas propu estas narrativas de nuestra literatura. Mejor conocido por su obra potica, Pompeyo del Va lle es autor de uno de los textos fantsticos ms logrados de la literatura hondurea: "La calle prohibida" (1981). Al igual que los cuentos de Castillo, este corto relato tiene como referenc ia contextual hechos y aspectos lamentables de nuestra realidad. En este caso particular, la tpica figura del dictador latinoamericano se constituye en la base temtica del texto. En este cuento se entrecruzan y co mplementan en armona el realismo mgico con el elemento fantstico. La referencia a los hbitos del supersticioso dictador y su abominable sadismo de Diomedes mestizo, al arrojar seres humanos a l as fauces de sus diablicos caballos, formara parte del discurso propio del realismo mgico al cual ya nos tiene acostumbrados Garca Mrquez. La fisura con la realidad estara en el extrao final de Bartolo Gris que regresa a su "pequea nacin hispanoamericana" para enfrentar se a la fatalidad representada por la odiosa figura del dictador, amo absoluto del pas. El juego de asociaciones es evidentemente fantstic o: la silenciosa irrupc in del negro carruaje, la sortija como atributo del mal y la "pata d escomunal de macho cabro" son la obligatoria introduccin a la inslita crueldad del desen lace: "sus piernas ya no tienen fuerzas para sostenerlo. Se doblan como frgiles briznas y lo dejan caer pesadamente, convertido en un montn de zacate fresco, dentro de su impecable tr aje de corte ingls. El cochero recoge el haz de hierba hmeda y resplandeciente y se lo ofrece a uno de los caballos..." En 1983 aparece un libro de Jorge Luis Oviedo, La muerte ms aplaudida, donde, en algunos de los relatos que lo integran, se exploran algunas soluciones de ndole fantstica. En estos cuentos de Oviedo se transparenta la influencia de autores como Borges y Garca Mrquez, principalmente a nivel de la asimilacin de ciertos temas caractersticos. Por ejemplo "El cobro de la deuda" debe muc ho al cuento de Borges "Episodio del enemigo" y la huella de Garca Mrquez resulta evidente en "El cementer io de piedra" y otros cuentos basados en la figura del "general". En "La fuga", el final del cuento es la reedicin de uno de los argumentos clsicos de la literatura fantstica que se encuentr a bajo el ttulo "Un creyente" en la Antologa de la literatura fantstica de Borges y Bioy Casares, pero que originalmente pertenece a “Memorabilia” (1923) de George Loring Frost. Estos cuentos, que muestran un genuino inters por explorar otras vas de acceso a la realidad, pecan, a veces, de una excesiva superficialidad que anula el posible alcance de la propuesta esttica de su autor. Ms afortunado resulta su acercamiento al gnero en el cuento "La cara del espejo", donde explora una de las obsesiones de Borges: la ndol e fantstica de los espejos. En este relato hay

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un manejo impecable del tema: Rosaura, novia prim eriza, emprende ante el espejo una obsesiva y fantstica bsqueda tras las huellas de los besos de su novio. El desenlace se avizora en los alegricos sueos de su madre que son el presagio del desdichado final de Rosaura, quien acabar atrapada en otra dimensin: "la memori a del cristal", el abominable mbito de los espejos con el que Borges ya nos haba asombrado en su genial "Tlon, Uqbar, Orbis Tertius". Galel Crdenas, poeta al igual que Acosta y del Va lle, tambin ha incursionado en los terrenos de lo fantstico. Uno de sus relatos ms acabados figura en esta antologa: "Margarita en la casa del viento memorioso". Ubicado dentro de la lnea clsica del gnero, este cuento recrea la premisa fundamental de la potica borgiana: el manejo de una estructura paralela donde el elemento real se encuentra subordinado al el emento fantstico. La temtica que se maneja tambin es clsica: el fenmeno del doble y su manifestacin a travs de los espejos. Sin embargo, es preciso analizar estos elementos con mayor detalle. El texto es presentado a travs de la visin de un "n arrador externo" que nos refiere la historia de Margarita, una extraa mujer que no ama a su marido. Al precisar las razones de tal desamor, nos encontramos con la oposicin entre la "lgica de cotidianeidad cosificante" de Oscar con la aspiracin evasiva de Margarita por "vivir un mismo siglo en diferente espacio cronolgico". Aqu, el excesivo peso de lo cotidiano opuesto a la insoportable levedad de la fantasa hacen imposible la comunicacin entre estos dos seres; a quienes se les niega, in cluso, la posibilidad de vencer su otredad mediante el sexo, en el cual encuentran nicamente "la inutilidad del amor" (15). Al inicio, un epgrafe de Musil nos refiere a la infidelidad como tema, pero el desarrollo del relato nos marca efectivamente con el sello de lo inslito. Las alusiones a "Silvia" y a "Las ruinas circulares", el reconocimiento del "otro yo" de Margarita a travs de los espejos y sus constantes incorporaciones a los cuadros de Rube ns o Botticelli circunscriben, definitivamente, el mbito de lo fantstico. Es hasta el final, con la muerte de Oscar y la cristalizacin de Margarita, cuando descubrimos que la frase "importa nte" en el epgrafe era la que relacionaba "el ser infiel... un placer que cierra misteriosamente la vida". Sin embargo el cierre resulta ambiguo por una frase que se cuela casi accidentalmente: "Margarita, entonces empez a cristalizarse del mismo modo donde haba asesinado a su antiguo esposo..." En este final, como en todo buen relato fants tico, se abren las infinitas posibilidades de la ficcin: ese antiguo esposo podra ser el Oscar que ya conocemos Margarita es uno de esos extraos seres imaginarios que viven y viajan a travs de los espejos para poblar de pesadillas nuestra endeble realidad. En conclusin, las escasas manifestaciones del relato fantstico en Honduras han cumplido con un papel fundamental: cuestionar desde su original enfoque, los lugares comunes y la retrica gastada del discurso realista, a la vez que han posibilitado nuevas vas de acceso para la comprensin y la crtica de fenmenos esenciales del contexto nacional. Y es que si algo valida el calificativo de "fantsticos" que precede a los relatos que integran esta antologa es la manera en que subvierten la tr adicin mimtica y las reglas ms elementales de la verosimilitud; desde Froyln Turcios hasta Oscar Acosta y de Roberto Castillo a Galel Crdenas, estas creaciones constituyen una especie de "oasis de la imaginacin" en medio de un desierto realista y maniqueo, y dan fe del esfuerzo de sus autores por asumir su incuestionable condicin de ciudadanos del mundo. Notas 1. Todorov examina a la literatura fantstica en sus relaciones con lo extrao y lo maravilloso. 2. Tzvetan Todorov. Introduccin a la literatura fantstica. pp. 129-130. 3. A. Bioy Casares, J.L. Borges y S. Ocampo. Antologa de la literatura fantstica. p.4.

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4. H.P. Lovecraft. Supernatural horror in Literature. p. 62. 5. Passim. Tzvetan Todorov. op. cit. 6. Passim. Rosalba Campra. "Los silencios del texto en la literatura fantstica". 7. David Vias. Citado por Donald L. Shaw. Nueva narrativa hispanoamericana. p.17. 8. Donald L. Shaw. op. cit. p.17. 9. Enrique Anderson Imbert. El realismo mgico y otros ensayos. pp. 7-25. 10. Ana Mara Barrenechea. Textos hispanoamericanos. De Sarmiento a Sarduy. 11. Manuel Salinas Paguada. "Breve resea del cuen to moderno hondureo". Literatura Hondurea. p. 223. 12. Cfr. Ana Mara Barrenechea. "La literatura fantsti ca: Funcin de los cdigos socioculturales en la constitucin de un gnero". El espacio crtico en el discurso literario. 13. Manuel Salinas Paguada. op. cit. p. 224. 15. Cfr. Las ideas sobre la "dimen sin metafsica del sexo". Ernesto Sbato. El escritor y sus fantasmas. p. 84. Bibliografa Anderson Imbert, Enrique. El realismo mgico y ot ros ensayos. Caracas. Mont e Avila Editores. 1976. Asselineau, Roger. De lo fantstico a la ciencia ficcin americana. Associ ation Francaise d’Etudes Amricaines. Pars. Didier. 1973. Barrenechea, Ana M. El espacio crtico en el disc urso literario. Bs. As. Edit. Kapelusz. 1985. --------------. Textos Hispanoamericanos. De Sarmie nto a Sarduy. Caracas. Monte Avila. 1974. Bioy Casares, Adolfo; J.L. Borges y S. Ocampo. An tologa de la literatura fantstica. Bs. As. Edit. Sudamericana. 1940. Borges, Jorge Luis. "El arte narrativo y la ma gia" en Discusin. Bs.As. Emec. 1970. Campra, Rosalba. "Los silencios del texto en la literatura fantstica". En El relato fantstico en Espaa e Hispanoamrica. Madrid. Ediciones Siruela. 1992. -----------------."Fantstica y sintaxis narrativa". Revist a del Ro de la Plata. Pars. No.1. 1985. pp. 95-111. Lovecraft. H.P. Supernatural horror in Literature. New York. Ben Abramson. 1945. Sbato, Ernesto. El escritor y sus fant asmas. Bs. As. Sudamericana. 1963. Salinas, Manuel y R. Paredes. Literatura Ho ndurea. Tegucigalpa. Editores Unidos. 1987. Shaw, Donald. Nueva narrativa hispanoamericana. Madrid. Ctedra. 1988. Todorov, Tzvetan. Introduccin a la literatura fa ntstica. Bs. As. Edit. Tiempo Contemporneo. 1972. Umaa, Helen. Literatura hondurea contempor nea. Tegucigalpa. Edit. Guaymuras. 1986. Vax, Louis. El arte y la literatura fantstica. Bs. As. EUDEBA. 1965. ---------------. La s obras maestras de la literatura fantstica. Madrid. Edit. Taurus. 1980.

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El arte y el sueo Roberto Castillo Nos hemos relatado algunos de nuestros sueos. Nada en el arte, ni siquiera los ms inspirados misterios de la msica pueden igualarse al sueo. ¡La perfecci n artstica del sueo! Cuntas lecciones nos ofrece este maestro nocturno a los diurnos fabricantes de sue os, los artistas. En el sueo todo est preado de terribles e impenetrables significaciones, nada es indiferente, todo nos toca ms profunda, ms ntimamente que la ms encedida de las pasiones diurnas... ah la leccin por la que el artista no puede limitarse al da, tiene que penetrar a la vida nocturna de la humanidad y buscar sus mitos, sus smbolos. Tambin: el sueo destruye la realidad cotidiana del d a, extrae de ella ciertos trozos, extraos fragmentos y los dispone absurdamente en un dibujo arbitrario... pero para nosotros ese sin sentido es precisamente el sentido ms profundo, preguntamos en nombre de qu se nos destruy el sentido normal; contemplamos el absurdo como si fuera un jeroglfico e intent amos descifrar su razn, que sabemos existe... Witold Gombrowicz El sueo ejerce sobre m una fascinacin mu y grande. Desgraciadamente no soy capaz de soarlo todo. Al realismo adems de chato, empeado en reciclar toda la ch atarra le opongo un pas que slo existe en el sueo. Laberntico o no, cada sueo contiene increbl es senderos que vale la pena conocer.

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Que no te alteren el nimo tus filias y tus fobias Mejor disfruta contemplando cmo hacen eclosin en el sueo. Alguien me pregunt: “Qu se puede hacer para estar a salvo de la cultura light ?” Le respond: “¡Refgiate de inmediato en el sueo!” Fue una conversacin que no tuvo lugar en la vigilia. La conciencia esttica y otras diosas tutela res de la ciudad no han muerto, sino que se han asilado en el sueo. No te demores ni un minuto: literaturiza tus sueos, oniriza tu trabajo literario. Vuelca tu cultura literaria sobre tus sueos. Ut iliza stos para modificar aqulla, sin que importe para nada el estado en que se encuentre. Todo lo que la vigilia separa, en el sueo se junta de mltiples y originales maneras. El sueo te lleva a fundar un mundo nuevo. Recuperar un sueo no es simplemente record arlo de manera viva e intensa, trabajo nada fcil, sino, sobre todo, resolver el problema de cmo escribirlo. El sueo perfecto sera aquel que, al recr earlo y escribirlo, nos diera un relato de impecable forma literaria. Uno ha dejado sembrado de sueos el lugar de su niez, y no pierde nunca la esperanza de recogerlos todos un da. No sucede a menudo, pero en el sueo se pueden repetir los instantes. Escribir y aun copiar algo como si fuera un sueo, reconforta. Uno siempre suea. El problema es cmo “diurnizar” las imgenes. Podr el cine sustituir al sueo? Lo ha h echo ya, a lo largo de poco ms de un siglo de existencia? No lo creo. Ha conseguido, m s bien, construirle una vida paralela.

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Me sorprende y emociona eso que he comprobado en los ltimos das: que uno puede visitar en un sueo lugares y situaci ones que haba conocido en otro. Anoche he ledo El jugador de Dostoievski y despus, ya acostado, he soado con rusos, aunque ninguno era Alekseyi Ivanovich, ni Polina Alexandrovna, ni el general, ni mademoiselle Blanche, ni el franchute De-G rillet, ni la jugadora abuela... Slo eran figuras confusas que hablaban en ruso y ¡oh, milagro de los sueos! yo les entenda perfectamente a pesar de no saber ni po de su lengua. Uno tiende a presentar las imgenes del sueo como si fueran visuales. Realmente lo son? No slo hay en m una complacencia en el sueo, sino tambin un fuerte anhelo de soar lo que an no se ha vivido, o de buscarle acomodo bajo mil formas noctmbulas a lo que uno nada ms ha conocido como vigilia. A veces los sueos son de una textura tal que la desmemoria le gana la partida al recuerdo, pues empezamos a olvidar con el primer intento de recordarlos y esta tendencia es la que se impone. Y uno lucha co n desesperacin por retener lo que ya se ha escapado. La naturaleza de ciertas im genes potencia su recuerdo. Un sueo puede ser difuso, pero a partir del primer recuerdo bien logrado empieza a tener una especie de afia nzamiento en nosotros. Poco atractiva, digna de nada la noche que transcurre sin sueos, aun cuando uno haya descansado bien. Por extensos que sean, es mejor escribir lo s sueos como un solo prrafo. Se recoge mejor el movimiento de las imgenes. Tal vez, entre lo que sueo, hay cosas que en algn momento fui capaz de escribir y ahora slo consigo soar. Cmo estimula el sueo a trabajar sobre ciertos temas. Y t, lector, ya sabes de cul sueo hablo? Si no es as, ¡despierta! Recordar un sueo es un arte que tiene sus tcnicas propias Escribirlo es otro arte.

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No quiero un pensamiento coherente pa ra m. Quiero uno que sea onrico. Muchas veces he olvidado las imgenes de los sueos, pero stos siguen dicindome cosas a travs de las mismsimas palabras de que me valgo pa ra escribirlos. Si la mayor parte de la ge nte anotara sus sueos, el mundo cambiara mucho. Si fuera capaz de vivir segn lo anota do, no seramos nosotros los que reconoceramos nada de este lugar que habitamos. Es imposible programar el sueo. Va contra su naturaleza desear que l transcurra en determinado sentido. Su autonoma sigue sorprendiendo. Si tuviste un buen sueo y no eres capaz de recuperarlo, no te atormentes por eso: slo conseguirs espantarlo ms. Recuperar un sueo es poner por escrito lo que antes estuvo en imgenes supuestamente visuales. Es de madrugada. Llevo varias horas escr ibiendo y me he propuesto no encender la televisin por nada del m undo. Ni hoy ni las prximas noche s. Alguien podra decirme que exagero y me voy a los extremos, que la cabeza tambin merece un pequeo descanso. Yo le respondera que si se quiere meter la mente en algo que no sea el texto, para eso existe el sueo. Utilizo con frecuencia el adjetivo extrao o extraa cuando escribo mis sueos. El mismo, o bien uno equivalente, tendra que ap arecer igual nmero de veces si estuviera contemplando la vigilia desd e la orilla del sueo. Mantengo un cuaderno permanentemente ab ierto, en espera de que caiga entre sus pginas el producto de algn sueo. Nadie domina lo suficiente el arte de escribir un sueo. Hablaba realmente pocas veces. Y era como si una potencia inescrutable dirigiera sus palabras, como si la vigilia fuera una incmoda espera de la voz privilegiada del sueo. Sumergido en tu propia corriente que fluye desde hace ms de veinte aos tropiezas con aquello que te da sustento. Los mitos in completos, ¡termnalos! Los smbolos en ciernes, ¡haz que germinen! ¡Disponte a soar!

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Aspiro, como si se tratase de una cosa real, al gran sueo que me d la totalidad de la ciudad, con sus vericuetos y la part icular serie de sus laberintos. Hay historias que so y escrib luego, en cu anto pude. Resulta que cuando las he ledo, semanas ms tarde, me parecen absolutamente desconocidas y por lo mismo maravillosas. Si lo que lees tiene que ver con lo que soast e alguna vez y habas olvidado, estars ante uno de los placeres ms intensos a que la mente puede llegar. A propsito de Rojo y negro de Stendhal. Qu tan cierto ser aquello, afirmado hasta la saciedad, segn lo cual las es cenas bajo la luz de la luna en que Julin Sorel se mira con Matilde La Mole constituyen algo que ya no es posible repetir ni mucho menos vivir? Yo he acariciado tanto, desde nio, la re lacin de la luz de la luna con el sueo que por lo mismo debera decir que no quiero salir de un siglo en el que nunca viv realmente, diurnamente: el XIX, ¡un gran siglo! En mi pas es muy importante el sentimie nto de desolacin. Uno se lo encuentra por todas partes. Con frecuencia mata a quienes nos visitan en cuanto se van a dormir, o bien les mete carrera antes del medioda para que no haya una prxima noche. ¡Qu territorio tan frtil para el sueo! Sbado 30 de octubre de 1998. Un rabioso huracn desbarata en cosa de pocas horas la endeble estructura de mi endeble pas. Entre lo s muertos est el alca lde de la ciudad. Es como si toda la pesadilla, que aqu no tiene trmino, dejara de ser lo que es, lo que siempre ha sido, y se transformara en algo muchsimo ms terrible. Vivimos la tragedia de mi pas, de mi ci udad. Mis sueos son espeluznantes. Pero no recuerdo nada. Un sueo subterrneo fue el que tuve anoc he. Tanto que no pude desenterrarlo. Estuve intentndolo varias veces, sentado en el bor de de mi cama, justo cuando me despert. Todo fue en vano. Demasiada tierra lo cubra. Tegucigalpa fue realmente destruida por el huracn “Mitch” (30 de octubre de 1998). Y no hablo slo de edificaciones, sino sobre todo de un tipo de conciencia de la ciudad. Lo que sobrevivi es un sueo extrao y nada agradable. Interpretarlo llevar mucho tiempo a varias generaciones. Como perteneciente al ms hermoso de los sue os me viene aquella figura de Jos Luis Romero, en Latinoamrica: las ciudades y las ideas segn la cual espaoles y portugueses llenaron con rboles de mango la s ciudades que fundaron en este lado del

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mar porque estaban empeados en ver cada da lo que haban soado: lo oriental, lo hind. Ser onrico el encanto vagabundo entre la sombra de miles y miles de rboles de mango que florecen en la ciudad durante la temporada ms calurosa, esos en los que cada yema rojiza o amarilla que se abre repi te la imagen de algn templo hind comido por la selva? Si cuando caminas por el sueo experimentas a cada rato que ests en un lugar extrao, vas bien. Lo grave sera que todo te pareci era comn, trillado, sin ninguna maravilla. Escenas de algunos sueos vuelven mucho tiem po despus, atradas imantadas? por “cosas” de la vigilia o de otros sueos. Mientras deambulo por esas calles, la ciuda d se me aparece como un montn de ruinas. Y no exagero, no. Y para estas cosas no tien e ningn sentido ponerse a averiguar si la ma es una afirmacin diurna o del sueo, no. La vivencia nunca tiene el mismo senti do en el sueo que en la vigilia. Nadie puede imitar escribiendo lo que ha ocurrido en un sueo. La impostura slo existe en el mundo de la vigilia. (Martes, 20 de abril de 1999, 03: 30) Son tan dbiles las imgenes de este sueo que han emprendido veloz carrera en cuanto me sintieron, pluma en ristre, dispuesto a recogerlas. No s dnde se metieron, y con segur idad que no lo sabr a lo largo del da. Ciertos periodos y, por supuesto, noches s on planos y desabridos para los sueos. Al convertir en extranjeros muchos de los nombres procedentes de la vigilia, primitivos habitantes de mis sueos, he logrado un ef ecto nico: difuminar en el espacio onrico los colores “reales” de mis figuras. Qu importa el orden en que estn colocados los elementos, si t ya sabes que pertenecen al sueo? Estaba yo muy optimista, en los ltimos das con que era capaz de recuperar cualquier sueo. Con esa sensacin de seguridad me he incorporado hace un momento, pero por ms que me esfuerzo no paso de aquella escena donde una amiga nuestra nos est contando que ha puesto a su hija en una car roza de carnaval. Y agrega: “Como ella es escasa de carnes, tiene que ir vestida de Lib dine”. Me sobresalto al orla emplear esta

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palabra tan mitolgica, y me quedo a la espe ra de que diga alguna otra cosa que me traiga nuevas e interesantes revelaciones que acaso es algo cuya posibilidad experimento en el instante de escribir esta s lneas rompan la ba rrera que me impide seguir extrayendo imgenes de la rica cantera del sueo. Un sueo puede ser difuso, pero a partir del primer instante de recuerdo bien logrado empieza a tener una especie de afianzamiento en nosotros. Escribo a mano la primera versin de mis sueos, siempre. ¡Qu sensacin ms deliciosa la que expe rimenta uno cuando, al estar escribiendo un sueo, irrumpen con toda espontaneidad retazos de lo que ha sido soado en el pasado y dbamos por perdido! Una cosa extraordinaria de los sueos es que en ellos no puedes pretender ocultar nada porque el da menos pensado te lo pondrn en tus narices con una fuerza expresiva incontrastable. Esto ya est muy estudiado y es bastante conocido. Lo que no se conoce para nada es que cada sueo, aun el ms in significante, es prepar acin para un nuevo viaje. Y tampoco se sabe si las visiones de este viaje estn gestadas ya, irn gestndose a lo largo del recorrido o bien no existen ni existirn nunca, pero pueden ser anticipadas en el sueo. De mi poca, al final, slo quedar un sueo. Roberto Castillo. (Honduras, 1950-2008). Narrador y ensayista. Ha publicado Subida al cielo y otros cuentos (1980), Tegucigalpa, Extensin Universitaria de la Universidad Nacional Autnoma de Honduras, 1980. El corneta (1981). Tegucigalpa, Edito rial Guaymuras. Novela. Figuras de agradable demencia (1985), Tegucigalpa, Editorial Guaymuras. Cuento. Filosofa y pensamiento hondureo (1992), Tegucigalpa, Editorial Universitaria. Ensayo. Traficante de ngeles (1996), San Jos, Editorial de la Universidad de Costa Rica. Cuento. La guerra mortal de los sentidos (2002), Tegucigalpa, Ediciones Subirana y San Salvador, CONCULTURA. Novela. Del siglo que se fue (2005), San Jos, Editorial de la Universidad de Costa Rica. Ensayo. Anita, la caza dora de insectos, cuento, ensayo literario y guin cinematogrfico, en colaboracin con Hispano Durn, director de la pelcula del mismo nombre, 2002. Ha colaborado en revistas culturales como Alcaravn Imaginaria La prosa del mundo Palabra en el Tiempo Galatea y Paraninfo

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LA BSQUEDA Oscar Acosta "Adolfo Gannet, famoso mdico ingls del siglo pasado, tuvo una revelacin maravillosa en su clnica de Londres: un enfermo le comunic que haba averiguado, en un sueo azul, que la muerte era solame nte una infinita galera de retratos. Quien encuentre el suyo en tre los millones de rostros desaparecidos agreg el c onfidente-, podr reencarnar. Gannet muri en 1895, en Escocia. En su lecho final, el rostro le sonrea con el dulce misterio de quien espera emprender una gratsima bsqueda." REGRESIVO Dios concedi a aquel se r una infinita gracia: permitir que el tiempo retrocediera en su cuerpo, en sus pensamientos y en sus acciones. A los setenta aos, la edad en que deba morir, naci. Despus de tener un carcter insoportab le, pas a una edad de sosiego que anteceda a aquella. El Creador lo decidira as, me imagino, para demostrar que la vida no slo puede realizarse en forma progresiva, sino alterndola, naciendo en la muerte y pereciendo en lo que nosotros llamamos origen sin dejar de ser en suma la misma existencia. A los cuarenta aos el gozo de aquel ser no tuvo lmites y se sinti en poder de toda s sus facultades fsicas y mentales. Las canas volvironsele obscuras y sus pasos se hicieron ms se guros. Despus de esta edad, la sonrisa de aquel afortunado fue aclarndose a pesar de que se acercaba ms a su inevitable desaparicin, proceso que l pareca ignorar. Lleg a tener treinta aos y se sinti apasionado, seguro de s mismo y lleno de astucia. Luego veinte y se convirti en un muchacho feroz e irresponsable. Transcurrieron otros cinco aos y las lecturas y los juegos ocuparon sus horas, mientras las golosinas lo tentaban desde los escaparates. Durante ese lapso lo llegaba a ruborizar mas la inocente sonrisa de una colegiala, que una cada aparatos a en un parque pblico, un da domingo. De los diez a los cinco, la vida se le hizo cada vez ms rpida y ya era un nio a quien venca el sueo.

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Aunque ese ser hubiera pensado escribir es ta historia, no hubiera podido: letras y smbolos se le fueron borrando de la mente. Si hubiera querido c ontarla, para que el mundo se enterara de tan extraa disposici n de nuestro Seor, las palabras hubieran acudido entonces a sus labios en la forma de un balbuceo. Oscar Acosta periodista, antlogo, ensayista, diplomtico y acadmico, naci en Tegucigalpa el 14 de abril de 1933. Su creacin literaria rene los libros: Poesa menor Formas del amor Tiempo europeo Tiempo detenido Escritura amorosa Vitrales Escrito en piedra Poemas para una muchacha Crculo familiar Mi pas y Poesa (seleccin 1952-1971). Dentro del gnero de la prosa escribi los cuentos reunidos en El arca y una biografa del polgrafo hondureo Rafael Heliodoro Valle, as como centenares de artculos sobre temas literarios. Su obra po tica publicada en Tegucigalpa, Lima, San Salvador, Madrid y Roma ha sido traducida a diversos idiomas como el francs, alemn, italiano y griego. Fue galardonado con numerosas distinciones como el Premio Nacional de Literatura Ramn Rosa, el Premio Rubn Daro de Poesa de Nicaragua, el Premio Jos Trinidad Reyes de la Universidad Nacional Autnoma de Honduras y el Premio de Ensayo Rafael Heliodoro Valle de la Universidad Nacional Autnoma de Honduras (UNAH), entre otros. Ejerci como director de peridi cos nacionales y de revistas entre las que figuran Presente Extra Jueves Revista Potica de Honduras y las de la Universidad Nacional Autnoma de Honduras, la Cancillera de la Repblica, y la Academ ia Hondurea de la Lengua. Ha sido presidente de la Asociacin de Prensa Hondurea y del PEN Club de Honduras. Se desempe como director de la Academia Hondurea de la Lengua y como secretario de la Legacin de Honduras en Per, y ejerci funciones diplomticas como embajador de su pas en Espaa, Italia y El Vaticano

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JUVENTUD QUE NO CESA Nery Alexis Gaitn Aprisionar el tiempo y ejercer control sobre su influencia, fue la obsesin de su vida. Encontrar la medida que defina a Cronos fue su empeo en cada acto que realizaba. As recorri la historia de los artilugios mgicos en pos de la juventud eterna. Hasta que afortunadamente lleg a l la leyenda de un reloj de arena en el cual se poda atrapar el paso del tiempo. Despus de mil peripecias y sobornos de todo tipo, se encontr en posesin del ansiado artefacto; era de un claro estilo romano y el borde del misterio era su signatura. La arena se desplazaba con una lentitud asombrosa; un puado de arena que deba pasar de esfera a esfera a lo sumo en un minuto, se tardaba hasta media hora; la cadencia de la arena lo fascin hasta llevarlo a un asombro rayano con la demencia. Con el reloj, haba llegado a l todo un legajo de encantamientos sobre c mo detener el tiempo. Por fin estaba presto a cristalizar el anhelo de su vida; poder dominar la categora de la cuarta dimensin a su antojo. Empez por hacer cierto tipo de experimentos; recit invocaciones y conjuros en contra de algunas personas que lo adversaban y el resu ltado fue palpable: les sobrevino el asedio implacable del tiempo y la prematura vejez los hizo sucumbir. Ahora s tena en sus manos el misterio de la vida y de la muer te. Siempre consumando hechizos, le otorg juventud en demasa a la mujer que cautivaba su corazn. Fueron felices en un tiempo de lozana y vigor… Lo excelso de sus embr ujos lo dej para el gran final: el reloj le brindara una juventud sin edad, ms all del influjo de las eras La arena, ahora, discurra al servicio de su voluntad… Sin embargo, inexorablemente en la vida todo pasa, y as, el amor que en un momento le jur fidelidad por siempre, lo abandon para descubrir otras auroras. Desaparecieron sus amigos, la ciudad, la civilizacin… Y l, ahora slo, sin nada que hacer (no pued e renunciar al encantamiento de la eterna juventud), espera junto a la clepsidra el eter no discurrir de un tiempo que le atormenta el corazn… Nery Alexis Gaitn Narrador, antlogo, crtico literario, divulgador cultural, con un Doctorado en Literatura y Lengu as y Acadmico de nmero de la Real Academia Espaola, ha publicado los siguientes libros: Reloj de arena (1989), La vida menor (1990), Laberinto ltimo (1992), la antologa Extraa cosecha (1993), El reclamo de las horas (1995), A la sombra del loto (1996); en 1998 public una antologa de sus cuentos completos bajo el ttulo: Pretextos para la eternidad, que incluye el libro: Pretex tos para bien dormir. Seguidamente public Fervor de otoo (2000), Ar rullos a la orilla del ensueo (2001 ), Meloda en primavera (2002), Este volver a la infancia (2003), Reloj de arena y otros requisitos de viaje (2007). Asimismo, public los trabajos bibliogrficos, ndice de cuentistas hondureos (1998) e ndice bibliogrfico del cuento en Honduras (2004 ) y un Manual de Redaccin (2004).

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RESEA: Cuando llegaron los dioses, de Orlando Henrquez Cuando llegaron los dioses es una novela de cienciaficcin. En el planeta Ul-Dom, hace millones de aos, los cientficos, al advertir sntomas de decadencia fsica, tanto en e llos, como en su planeta, deciden seleccionar vulos y espermatozoides de algunos habitantes con el fin de clonarlos cuando sea necesario. Inician la bsqueda de un planeta en donde dichas clulas puedan desarrollarse. Al cabo de treinta mil aos, encuentran un planeta azul: lo nombran Terra y se convierte en cuna de la nueva generacin de humanos que trados desde Ul-Dom, iniciarn su proceso civilizatorio. Desde esa poca, para verificar su grado de avance, naves proced entes de Ul-Dom visitan constantemente a Terra. Son los platillos voladores. En Ul-Dom, analizan los reportes y los inquieta que se haya detonado la bomba atmica. Saben, tambin, de l temor que los habitantes de Terra tienen sobre una invasin de aliengenas. Sin embargo, d eciden no intervenir para que los seres humanos sigan el curso que su propia voluntad determine. El trabajo de Orlando Henrquez, dentro de un ma nejo racional y lgico, se ajusta a la manera tradicional de novelar. Acude a los tpicos com unes en los relatos de viajes espaciales que se popularizaron en el siglo XX. No existe, pues, ninguna novedad formal ni conceptual. Quiz lo ms interesante sea la leccin moral y religiosa orie ntada a consolidar la perspectiva bblica con relacin a la unidad de origen del ser humano. Los habitantes de Ul-Dom proporcionan el material gentico de los seres que poblaron Terra. A su vez, ellos proceden de otros humanos cuya civilizacin se extingui. Desde el punto de vista doctrinario, lo esencial es que los humanos son obra de un poder superior. As, para cuestionar la teora darwiniana, se enfatiza que los restos paleontolgicos de los homnidos anteriores al homo sapiens, son fsiles de los seres resultantes de modificaciones genticas realizadas en Ul-Dom y que, por error, se incluyeron en el viaje. El autor sostiene inc lume el dogma religioso y el relato de cienciaficcin da paso a la elucubracin metafsica. Probablemente, por la intencin abarcadora ?una zaga que cubre millones de aos?, la novela carece de personajes caracterizados en prof undidad. Aunque abundante en nombres de cientficos, los datos apuntados, para cada uno de ellos, no logran individualizarlos o singularizarlos. Adems, sobre todo en la parte fi nal, el autor sigue muy de cerca los tpicos de la literatura ufolgica. Por otra parte, es important e acotar que, entre otras ideas, plantea el tema de la legitimidad de la clonacin humana. Tegucigalpa: Secretara de Cultura, Artes y Deportes, 2001, 179 p.

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El Salvador. Sueos de ciencia ficcin Rafael Menjvar Ochoa redaccion@centroamerica21.com Dentro de muchas clasificaciones, la cienci a ficcin se define como "literatura de evasin", esto es: como una alternativa a la rea lidad, y de preferencia una alternativa menos terrible que la realidad. Pero en pocos gnero s (o subgneros) se puede encontrar exploraciones ms profundas y directas del alma humana y de sus posibilidades, si se sabe dnde buscar y qu encontrar. La ciencia ficcin que ms vende es la llamada "pera espacial": muchas naves espaciales, planetas de ecologas no muy complejas, saltos al hiperespacio para lograr la velocidad de la luz, enemigos con forma de pul pos, armas de plasma, trajes espaciales de diseo improbable pero bastante llamativos y, de preferencia, vi ejos mitos o hermandades que buscan La Verdad a costa de lo que sea, o destruirla. "Star Wars" es quiz el producto -flmico, pero hay mucha literatura equivalentems ela borado y depurado de esa tendencia. Se crea una filosofa bsica, unos caballeros templarios de ltima generacin, la amenaza de un imperio controlado por un par de jedis renegados (e ntregados al "lado oscuro" de La Fuerza), seres de todas las apariencias posibles que conviven o se combaten, se agita, se sirve y se disfruta de unas buenas palomitas de maz. Lo ms importante: la tecnologa existe porque s, como la magia, y no hace falta que todo lo que hay u ocurre en una pieza de pera esp acial sea factible; el rigor cientfico no es su fuerte, ni tiene por qu serlo. Son westerns hi-tech, si se quiere, o la versin extrema de "Los caones de Navarone". En el extremo opuesto est la ciencia ficcin "dura", en la que lo que est de por medio es el planteamiento de una tesis cientfica real y su comprobacin a travs del laboratorio de pruebas que es un cuento o una novela. Los soviticos er an especialmente buenos en esta vertiente, con resultados a veces poco slidos literariamente. Del lado occidental, simov hizo algunos cuentos memorables y algunas novelas, como su serie de los robots y las primeras Fundaciones ("Fundacin", "Fundacin e imperio" y "Segunda Fundacin"; los dems de la serie fueron el aprovechamiento de un xito co mercial, aunque se dejan leer.) En medio hay de todo, desde las utopas, que rozan o se confunden con la literatura "de fantasa" o "de espada y hechicer a", hasta las distopas -el cont rario de las primeras-: "1984", de George Orwell; "Un mundo feliz ", de Aldous Huxley; "La mquina del tiempo", de H.G. Wells, o "La pianola", de Kurt Vonnegut. Una de las distopas ms interesantes del gnero es "La caja de las orqudeas", del alemn Herbert Franke (el mismo autor de la saga "D une"), una novela en la que se habla de mundos virtuales en las que jugadores encerrados en sus casas, frente a computadoras personales, viven

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y se matan -virtualmenteen juegos de rol simila res a Quake, o Half Life. A partir de la novela se han hecho pelculas de todo tipo, pero la novela de Franke fue escrita hace casi cuarenta aos, y su final espantoso es capaz de hacer que lo pensemos dos veces antes de jugar nuestros an primitivos juegos e incluso abrir el Messenger. Uno de los errores al hablar de ciencia ficcin -as el libro de Franke se acerque a elloes suponer que la ciencia ficcin busca predecir el fu turo, y que Orwell fall porque en el ao de 1984 "no se cumpli" lo que escribi en su famosa novela, ni se cumplir porque en 1990 cay la Unin Sovitica. Lo que hace la ciencia ficcin ms seria y reflexiva es lo que hace cualquier literatura seria y reflexiva: coloca a ciertas pers onas en cierto entorno y las pone a interactuar entre s y con su contexto, y a ver qu pasa. Existe tambin el error de suponer que el nfasis de la ciencia ficcin est en la tecnologa; en las obras de los mejores del gnero, la tecnologa puede ser apenas un pretexto o un teln de fondo para explorar el alma humana. Existen obras fundamentales no para la ciencia ficcin, sino para la literatura a secas, que no hay que perd erse: "Solaris", de Stanislaw Lem (la pelcula con Clooney es un palidsimo reflejo del libro); "Crnicas marcianas", de Ray Bradbury, o "Muero por dentro", de Jack Silverberg. Hay otras de gran calidad, como "El hombre terminal", "Parque Jursico" y "Mundo perdido", de Mich ael Crichton. (las pelculas de Spielberg se pierden lo ms importante de los libros), verdad eros alegatos acerca de la utilizacin poco tica de la ciencia, la tecnologa y el poder. Hay un error ms: suponer que en la ciencia ficci n existen ms obras de mala calidad que en el resto de la literatura. Malos libros hay de todos los colores, tamaos y gneros, pero los de ciencia ficcin se venden ms, al menos dentro de ciertas culturas. En Amrica Latina es un gnero poco recurrido, quiz porque en lo cotidiano la tecnologa "de avanzada" no es un factor presente, quiz por un cierto complejo de inferioridad tecnolgico, casi justificado; quiz porque se ve el gnero como "evasin", y hay cosas ms importantes y urgentes de las cuales hablar; quiz una mezcla de todo lo anterior. Lo que en la literatura latinoamericana -y la salvadorease conoci como "literatura comprometida" tiene su antecedente no en el realismo socialista sovitico, quiz ni siquiera en el naturalismo francs, sino en los que se consid eran "subgneros" literarios, la "clase B", la "literatura de evasin": la novela ne gra y, claro, la ciencia ficcin. El naturalismo francs era ms una actitud estti ca que tica, aunque de por medio estuviera un cierto tipo de crtica social; tena que ver con un modo de escribir y de enfocar los temas, no de los temas en s y, desde luego, tampoco se pretenda que el pueblo fuera el consumidor fundamental. El realismo socialista, por otro lado, nace de una posicin paradjica: fue una imposicin del estado -oficializada en la Unin Sovitica en 1940 por medio del llamado "Decreto Zhdnov", y luego exportada a otros pa sespara hablar de las bondades del propio estado. El realismo socialista no era una literatura de protesta, sino de afirmacin del poder, y su pblico era necesariamente amplio, porque durante una poca -desde principios de los aos treinta hasta ya entrados los sesentano haba mucho ms que leer, y tampoco que or: los primeros acusados de contrarrevolucionarios, en virtud de su obra, fueron msicos como Shostakovich y Jachaturin. Su msica, deca el poder, era "burguesa", y padecieron persecucin y ostracismo, como en literatura lo padeceran Boris Psternk ("Doctor Zhivago") y muchos ms. Uno de los primeros y ms emblemticos casos en que el poder se ensa con un escritor "comprometido" fue el de Vladmir Ma yakovski, quien sin embargo se consideraba revolucionario, sovitico y cola borador ferviente del proceso iniciado con la Revolucin de Octubre. Mayakovski, promotor de lo que llamaba "futurismo" en la poesa -en Italia, bajo la lnea de Marinetti, sera bien acogido por el fa scismose suicid a sus 37 aos despus de un comentario oficial del peridico "Pravda" (que traducido, significa "Verdad"), sumado al hostigamiento constante de los comisarios culturales:

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"La intelectualidad pequeo-burguesa revolucionari a, que se uni al proletariado cuando ya se haba definido y establecido firmemente su victoria, comienza a sentirse la sal de la tierra. Desconectada del pasado proletario, de su trad icin de lucha, la intelectualidad tiende a considerarse como ms a la izquierda, ms revol ucionaria que el proletariado mismo. No cabe duda de que omos una falsa nota izquierdista en Mayakovski." Como se dijo en la entrega anterior, la cien cia ficcin tuvo un buen terreno en la URSS, pero muy poco de la crtica social que caracteriz a su contraparte en Estados Unidos: en general se planteaban temas "duros" de la ciencia, y lo s cuentos y novelas eran ms el desarrollo de hiptesis cientficas, con algunos personajes como pretexto, que un planteamiento esttico, y dentro de mrgenes ticos estrechos. Sera inju sto decir que no salieron de all grandes obras de la ciencia ficcin, pero sera excesivo decir que la mayor parte haya sobrevivido. Alrededor de 1926, en las puertas de la Gran De presin, apareci la revista "Amazing Stories", dirigida por Hugo Gernsback -eventualmente escr ibi tambin algunos relatos-, que, desde otra perspectiva, era la contraparte de "Black M ask", la mtica revista de gnero negro donde publicaron los grandes maestros del gnero, como Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Chester Himes y Jim Thompson. Gernsback no jugaba a la poltica, sino a la ca lidad. As como publicaba "peras espaciales" e historias cercanas a lo que ahora conocemos como "fantasa", tambin daba espacio a escritores que, a travs de la ciencia ficcin, planteaban los problemas ms graves de Estados Unidos, como la depresin, el falso moralismo, la explotacin de los trabajadores en las fbricas, el racismo, extrapolndolos a otros tiempos, a otros espacios y a otras dimensiones. Lo que en la literatura negra era ms explcito -el crimen co mo herramienta fundamental de cualquier poder-, en la ciencia ficcin poda alcanzar nive les de cuestionami ento abrumadores. La saga de Tumitak de Loor, por ejemplo, no slo era la de un caverncola en contra de una raza mucho ms desarrollada que sojuzgaba a su puebl o, sino tambin un planteamiento libertario. Los extraos mundos y seres de Stanley Weinbaum iban ms all de la especulacin sobre el carcter de la vida en otros mundos y la creaci n de ecologas coherentes -fue el primero que lo hizo; antes de l todos los mundos eran casi co mo la Tierra, pero con gente rara-: eran verdaderos tratados, si se quiere ver as, acerca de los humanos enfrentados a s mismos, a sus prejuicios, a sus debilidades, a sus bondades y bajezas. Lo interesante es que, aunque hubo escritores "negro s" perseguidos durante las cclicas caceras de brujas anticomunistas -o antiterroristas, o anti algoen Estados Unidos, la ciencia ficcin permaneci intocada, y sus autores ms interesan tes no cambiaron su lnea de trabajo ni de denuncia. Y -lo mejor de todolas revistas y libros se vendan por millones. Como la novela negra, y como cualquier tipo de literatura, uno puede leer como quiera: divertirse con la historia a secas, entrar en los conflictos del personaje o ver todo lo que se mueve alrededor, que es donde puede venir la parte interesante si a uno le gusta eso de la denuncia, el "compromiso" o como se le quiera decir. El primer cuento de ciencia ficcin registrado de un autor salvadoreo es "La novela mecnica", de Hugo Lindo (1917-1985), publicado en 1947. Fue el primero de una serie de trece narraciones dedicadas al gnero que recopila ra la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA) en su coleccin Sptimo Da (San Jos, 1974), bajo el ttulo de "Espejos paralelos". El volumen -desconocido en El Salvador; una deuda pendiente de la Direccin de Publicaciones e Impresoses un grupo de relatos con temticas diversas, en estilos que pueden ser totalmente diferentes entre s, sin una intencin de unida d, contrario a "Guaro y champaa" y el ms conocido "Aqu se cuentan cuentos". Ello indicara que Lindo no pretenda hacer de la ciencia ficcin una constante en su obra, sino ms bien "divertimentos" de los que se escriben de tarde en tarde. Y, s, algunos de los relatos son divertimento pur o, como "La novela mecnica", que habla de una computadora capaz de escribir novelas con slo algunas instrucciones, un escritor que las publica sin siquiera revisarlas y un final un tanto pr evisible, pero que hace rer. Otros son de una

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gran profundidad humana (como "La ltima epid emia" y "Operacin NO"), y entra -con cierta timidez, pero de manera efectivaen la ciencia ficcin "dura", como en el desgarrador "Espejos paralelos" y "Testamento que ha de quedar inconcluso". Algo importante es que, en plena Guerra Fra, Lindo habla en casi todos los relatos de la cooperacin entre cientficos y naciones que a la postre se encontraban en franca pugna poltica, como la Unin Sovitica, Estados Unidos y Chin a, e introduce algo que entre los aos cuarenta y cincuenta poda parecer impensable: "latinos -salvadoreos incluidosinvolucrados en procesos de creacin, investigacin y manipulacin de alta tecnologa. Y, desde luego, en varios de los relatos hay un trasfondo que es la constant e del gnero: sistemas so ciales en los cuales el Poder ejerce la opresin sobre quienes no pertenecen a una elite que manipula a conveniencia la "realidad real". (Aqu vale hacer un parntesis para anotar que, aunque Hugo Lindo es uno de los narradores ms importantes con los que cuenta El Salvador, su obra de mayor poder se encuentra en la poesa. Entre sus obras fundament ales estn "Slo la voz" y "Maneras de llover", agotadas desde hace aos, en proceso de edicin por la DPI. Algunos de sus mejores versos pueden hallarse en el libro "Desmesura", de UCA Edito res. As sea slo un -inmensoborrador, cuyo proceso de escritura fue interrumpido por la muer te, es una de las obras de la poesa salvadorea que no pueden dejarse de lado.) En la cortsima lista de escritores de cienci a ficcin salvadoreos, l varo Menen Desleal (19312000) fue quiz quien la visit con mayor frecuencia y fluidez. Despus de "Cuentos breves y maravillosos" (un divertido jue go basado en "Cuentos breves y ex traordinarios", de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares), que ms bien entrar a en el gnero de la fantasa -si es que a uno le gustan esas clasificaciones-, Menen Desleal se lanza de lleno a la ciencia ficcin con "Una cuerda de nylon y oro", contina con "La il ustre familia androide", quiz el mejor logrado; "Hacer el amor en el refugio atmico" (publicado en El Salvador, por la DPI, como "Tres novelas cortas y poco ejemplares") y no se detiene sino hasta su ltimo libro de relatos, "El ftbol de los locos". En Menen Desleal es evidente algo que olvidan quienes, en los ltimos tiempos, han decretado la muerte de la ciencia ficcin: sta no necesaria mente un gnero literario, sino que contiene una serie de herramientas y recursos que pueden utilizarse con comodidad y propiedad en la "literatura seria". La tecnologa, las paradoj as temporales, los viajes interplanetarios o intergalcticos no deberan ser diferentes a cualqui er trabajo en el cual los muertos y los vivos conviven e interactan en pie igualdad, por cita r un ejemplo; tendramos que colocar a "Hamlet" y a "Pedro Pramo" en el ndex de lo polticam ente incorrecto, es decir en los subgneros. No hay tema, estilo ni enfoque que Menen Desleal no desarrolle desde la ciencia ficcin: desde las francas bufonadas hasta la denuncia de la ridi culez de quienes detentan el Poder; desde la angustia de la catstrofe global hasta la econom a, pasando por relatos de una ternura inusual ("Los vicios de pap") y el desamor de un ho mbre que pende del cielo, solitario e inmortal, mientras la Tierra se ha destruido junto con su esposa, a quien no le perdona que lo haya engaado con el vecino. En el caso de Menen Desleal, pues, la utilizaci n de los recursos de la ciencia ficcin es incidental, pero no gratuito. Era uno de los tantos modos en que poda tratar los temas de sus relatos, y ms bien estamos ante un cuentista fu era de serie que escogi un modo particular de enfocar buena parte del centenar de relatos que lleg a producir. De sus libros de cuentos pueden conseguirse, en El Salvador, "La ilustre familia androide" que, como ya se dijo, quiz sea el mejor logrado, y "Tres novelas cortas y poco ejemplares". Sin embargo, con todo y que la ciencia ficcin se ha movido con ms comodidad en el reino de la novela que en el del cuento, es apenas hasta 2008 que aparece la primera escrita por un salvadoreo, publicada adems en Guatemala. Pa rece una especie de maldicin... o bendicin: la mayor parte de los relatos de ciencia fi ccin de Lindo y Menen Desleal se publicaron en el extranjero.

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PRIMER ENCUENTRO Alvaro Menen Desleal No hubo explosin alguna. Se encendieron, simp lemente, los retrocohetes, y la nave se acerc a la superficie del planet a. Se apagaron los retrocohe tes y la nave, entre el polvo y los gases, con suavidad poderosa, se pos. Fue todo. Se saba que vendran. Nadie haba dicho cundo; pero la vi sita de habitantes de otros mundos era inminente. As, pues, no fue para l una sorpresa total. Es ms: haba sido entrenado, como todos, para recibirlos. “D ebemos estar preparados—le instruyeron el Comit Cvico—; un da de estos (maan a, hoy mismo…), pueden descender de sus naves. De lo que ocurra en los primeros minutos del encuentro depender la direccin de las futuras relaciones interespaciales… Y quizs nuestra supervivencia. Por eso, cada uno de nosotros debe ser un embajador do tado del ms fino tacto, de la ms corts diplomacia.” Por eso camin sin titubear el medio kilmetro necesario para llegar hasta la nave. El polvo que los retrocohetes haban levantado le molest un tanto; pero se acerc sin temor alguno, y sin temor alguno se dispuso a esperar la salida de los lejanos visitantes, preocupado nicamente por hacer de aquel pr imer encuentro un trance grato para dos planetas, un paso agradable y placentero. Al pie de la nave pas un rato de espera, la vista fija en el metal dorado que el sol haca destellar con reflejos que le heran los ojos; pero ni por eso parpade. Luego se abri la escotilla, por la que se proyect sin tard anza una estilizada escala de acceso. No se movi de su sitio, pues tema que cu alquier movimiento, suyo por inocente que fuera, lo interpretaran los visitantes como un gesto hostil. Hasta se alegr de no llevar sus armas consigo.

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Lentamente, oteando, comenz a insinuarse, al fondo de la escotilla, una figura. Cuando la figura se acerc a la escala para ba jar, la luz del sol le peg de lleno. Se hizo entonces evidente su horro rosa, su espantosa forma. Por eso, l no pudo reprimir un grito de terror. Con todo hizo un esfuerzo supremo y esper, fi jo en su sitio, el corazn al galope. La figura baj hasta el pie de la nave, y se detuvo frente a l, a unos pasos de distancia. Pero l corri entonces. Corri, corri y co rri. Corri hasta avisar a todos, para que prepararan sus armas: no iban a dar la bienvenida a un ser con dos piernas, dos brazos, dos ojos, una cabeza, una boca… EL ANIMAL MS RARO DE LA TIERRA Para terminar este Informe sobre nuestro pr imer viaje de estudios a la Tierra, tan felizmente culminado, quiero referirme, disti nguidos colegas, a una de las criaturas ms interesantes que nos fue dable observar. Se trata de un mamfero vertebrado que pue bla el planeta en todas sus latitudes, instalado ya en cubiles toscos en la campia, ya en los altos edificios de las ciudades en que se almacenan alimentos y agua y se utiliz a energa elctrica. Pese a la persecucin y a las depredaciones de otras especies anim ales, algunas fsicamente superiores; pese a ser—excepcin hecha de cierto otro mamfe ro vertebrado—el nico animal que ataca y mata a sus semejantes; pese a los rigores ambientales, las hambrunas y las epidemias, la poblacin aumenta. En nuestras excursiones por aquel globo achat ado por los polos pudimos apreciar que el mamfero objeto de nuestra curiosidad no es sedentario. Utiliza todo gnero de vehculos para viajar, desde burdos cami ones de carga con motores movidos por combustibles lquidos de bajo octanaje, ha sta buques transocenicos de muchos miles de toneladas de desplazamiento; desde avi ones de reaccin hasta carretas elementales tiradas por cuadrpedos. C ubierto su menudo cuerpo con el ectrodos, ha salido de la atmsfera tpica del planeta en cohetes y cp sulas espaciales. As como ha roto la barrera gravitacional con las pr imeras velocidades csmicas, encontrndose al borde de

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los viajes interplanetarios, en igual forma se ha aventurado en las profundidades marinas, descendiendo en batiscafos a las hoyas abisales de sus mares hasta donde jams penetra la luz solar. Por extrao que parezca, la especie posee va riedades de distintas caractersticas, notables particularmente en lo que se refier e a la pigmentacin de la piel, que vara desde el blanco rosceo al negro lustroso. Este simple hecho se encuentra asociado con frecuencia a las marcadas diferencias cualitat ivas de las esferas en que se desenvuelve su vida de relacin. Por ejem plo, existe una manifiesta inc linacin a utilizar la raza blanca en las nobles labores cientficas en tanto que el grueso de los individuos pertenecientes a las razas oscuras deben arrast rarse por el campo y por las cinagas, por los rincones sucios y los trag antes de aguas negras, por las bodegas de los puertos y hasta por los retretes, en pos de su magra alimentacin. Fue alentador verlo cerca de la biblioteca, en cuyos locales, pblicos y privados, medra a toda hora rodeado de un silencio absoluto, verdadero homenaje a la cultura. Consume preferentemente los viejos libros, los incunabl es; literalmente se nutre de la herencia dejada por las Civilizaciones Que Han Sido. Gracias al cine y a los libros pudimos descubrir algunas otras de sus costumbres: su sospechar de todo lo que lo rodea, su duro luchar por la supervivencia, su poca responsabilidad en la reproducci n de la especie. Cuando su hembra da a luz, ella amamanta por un corto perodo a la progenie, en tanto el macho deambula lejos de lo que debera de consistir su ncleo familiar. La madre tambin abandona un da a la criatura. Mas no se crea por eso que tal animal acta de acuerdo a un libre albedro absoluto despreocupado de las medidas que se pueden tomar en contra de sus abusos. Pudimos constatar que la sociedad se ha organizado para la persecucin, la caza y la imposicin de penas a los transgresores de las normas. Se utilizan jaulas para el encierro de los delincuentes; y si stos han cometido faltas ms graves, se emplea un aparato en el que el animal puede perder la cabeza cercenada po r los filos de las partes metlicas sujetas a gran velocidad y presin. Ese extrao animal que habita la Tierra de sde los trpicos hasta los polos; que mora indiferentemente en los pantanos en los desiertos, en las montaas, en el aire y en el mar, en las ciudades y las selvas, se llama rata Alvaro Menn Desleal. Nace en Santa Ana, El Salv ador, en 1931. Muere en San Salvador en 2000. Considerado el enfant te rrible de la literatura salvadorea. Form parte del Grupo Octubre y de la llamada Generacin Comprometida, junto a figuras como Roque Dalton e Italo Lpez Vallecillo. Fue periodista, poeta, dramaturgo, ensayista y, sobre todo, narrador. Incluso, fue boxeador de peso mosca a principios de la dcada de 1950. Fund el primer noticiario televisivo en El Salvador en 1956. Fue detenido por conspirar contra el rgimen de su pas y se exilio en varias ocasiones. Fungi como agregado cultural de El Salvador en Mxico, y fue director del Teatro Nacional. Entre sus libros publicados se encuentran: La llave (cuentos, 1960), Cuentos breves y maravillosos (Premio Nacion al de Cultura, 1963), Una cuerda de nylon y oro (cuentos, 1964), El extrao habitante (poesa, 1964), La ilustre familia androide (cuentos,1968), Hacer el amor en el refugio atmico (teatro, 1974), Revolucin en el pas que edific un castillo de hadas (cuentos, Costa Rica, 1977) y El ftbol de los locos (1998). Sus obras pstumas son: Tres novelas breves y poco ejemplares y La bicicleta al pie de la muralla (teat ro), ambas de 2000. Dej una extensa obra indita, incluyendo la novela No digas amor ni ante un espejo.

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RESEAS: El sueo de Mariana, de Jorge Galn Margarita Carrera Se trata de un reconocido escritor salvadoreo que ha recibido mltiples premios, nacionales e internacionales. F&G editores acaba de publicar su novela El sueo de Mariana, una obra que me ha h echo viajar en el tiempo. Exactamente, a los aos 60, cua ndo le, por primera vez, a Ray Bradbury: The illustrated man. Su traduccin El hombre ilustrado. Pens que se tratara de un hombre erudito. Mi asombro fue cuando me di cuenta de que se trataba de un hombre que tena todo su cuerpo ilustrado con tatuajes, que cada tatuaj e era un cuento vertiginoso que se iluminaba cada noche y escenificaba la historia del humano que se le acercaba. Me aficion a la literatura ciencia-ficcin desde entonces. Borges, asimismo, le escribe un prlogo a Bradbury: “Cmo pueden tocarme estas fantasas, y de una manera ntima?”, se pregunta. Habla, tambin, de “aquellos deleitables terrores”. El libro de Galn me ha vuelto a revivir estas mismas sensaciones. El sueo de Mariana nos saca de la realidad actual para enviar nos a una realidad futurista, en donde, sin embargo, el ser humano sigue siendo eso “humano”, con sus virtudes y debilidades. Esta sociedad est dividida en “megaedificio s” y “crculos”. En los primeros viven los poderosos, en los segundos, los miserables. Ma riana, el personaje central, que vive en los marginados “crculos”, trata de entr ar a la zona de lo s privilegiados. Las construcciones de los “megaedificios” son gigantescas y se comunican entre s por medio de puentes-carreteras. La tecnolog a ha alcanzado niveles no imaginables. Los “crculos” rodean a los “megaedificios”, si n tener acceso a sus ma ravillas. Esto es, contina, la eterna discrepancia entre rico s y pobres. “Los condena dos de la tierra”, frente a los opulentos y poderosos. Como en la actualidad, en donde los miserables del tercer mundo quieren disfrutar del primer mundo, del “american dream” de los Estados Unidos. El sueo de Mariana es el sueo de todos lo s habitantes de los “crculos”. Se supone que al alcanzar este sueo, puede disfrutar a plen itud de los avances cientficos y comprarse, por ejemplo, “una unidad robtica”, mandarse h acer un “clon”, viajar a la estratosfera o a Marte, o ver de cerca los anillos de Saturno. Los trabajos sencillos de los “megaedificios” son realizados por unidades robticas, as que no existe posibilidad de empleo para quienes viven en sus alrededores La tristeza y la frustracin propia de quienes habitan en los “crculos”, convierte a algunos en seres violentos, por lo tanto peligroso viajar le jos o por la noche.

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El seor Peterson, de los “m egaedificios”, ha citado a Ma riana para que sirviera de modelo de “ClonDreams”, de la misma ma nera que hay un clon clsico de Marilyn Monroe. Hubo una poca en que muchos quer an ser Cristo y hasta ser crucificados. Antes de la prohibicin, vena gente que qu era hacer cosas perversas, asesinatos, torturas. “En el mundo virtual todo era posib le”. Las dificultades empiezan cuando el seor Peterson le habla de un hombre que est interesado en ella y en sus posibles clones para orgas. Tambin cuando al lamentar la muerte de su amiga, la seora Lena, le ofrece fabricarle una idntica. Pero no tendra alma, objeta Mariana. Eso no importaba a los habitantes de los “megaedificios”, donde se desconocan los sentimientos o se hua de ellos. Por fin Mariana se conforma con la herm osa y mnima mquina P, regalada por Peterson, con la que poda soa r lo que quisiese, aunque si el sueo era muy deleitable poda penetrar en este mundo y no salir nunca. “Saba que muchas personas se haban quedado sumergidas en un sueo hasta morir”. Tomado de www.prensalibre.com

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HISTORIA DEL CINE CIBERPUNK (1995)12 Monos (Twelve Monkeys) Estamos en el ao 2035. Tras el azote de un virus asesino que asola la Tierra, los supervivientes se refu gian en comunidades subterrneas, hmedas y fras. Cole (Bruce Willis) se ofrece como "voluntario" para viajar al pasado y conseguir una muestra del virus, gracias a la cual los cientfic os podrn elaborar un remedio. Durante el viaje conoce a una bella psiquiatra (Madeleine St owe) y a un excepcional enfermo mental (Brad Pitt). Cole tratar de encontrar al "Ejrcito de los 12 Monos", un grupo radical vinculado a la mortal enfermedad. El ex Monthy Python Terry Gilliam es el responsable de este film de ciencia-ficcin, el espeluznante retrato de un apocalptico futuro en el que la especie humana ha sido diezmada por un terrible virus y donde los supervivientes han sido desplazados de la superf icie del planeta y obligados a vivir bajo tierra. Con una peculiar narracin y un acertado estilo visual, Gilliam consigui rea lizar una entretenida pelcula fantstica, sin la necesidad de aturdir con efec tos especiales ni fuegos de artificio. Protagonizada por un contundente Bruce Willis, acompaado por Brad Pitt y Madeleine Stowe. Un film para disfrutar de sus interpretaciones, de su banda sonora y de la esplndida realizacin de Terry Gilliam. Est inspirada en La Jete (1962) de Chris Marker que es la historia de un hombre, marcado por una imagen de su infancia. Nos encontramos en el 2035 y con un mundo i nhabitable en su superficie. La raza humana se agrupa en el subsuelo donde lo que ms abundan son crceles y sectores de investigacin. James Cole es uno de los pres os de estas organizaciones gubernamentales que cumple demasiado a la perfeccin su pape l de conejillo de indias. En una de sus expediciones a la superficie se topa con lo que parece va a ser clave para encontrar el motivo del desastre y el antdoto a la bact eria que ha provocado dicha situacin. Unas pintadas de un ejrcito de liberacin de nominado "Los doce monos" parecen ser la respuesta a todos los enigmas. En su lucha cont ra la destruccin apo calptica Cole podr contemplar su propio final.

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SELECCI"N DE ESCENAS Escena 2. La ira de Dios (Un rtulo nos indica que esta mos en Baltimore, en noviemb re de 1996) (Exterior de un edificio. Unos plafones a la entrada indican : “Locura y visiones apocalpticas, por la Dra. Kathryn Railly”. Primero la omos y despus ya la vemos pronunciando la conferencia ) Kathryn: En una poca de gran pestilencia, hay pr ofecas y adivinaciones: “Y una de las 4 bestias entreg a los 7 ngeles 7 copas doradas llenas de la ira de Dios, que vive por los siglos de los siglos”. Apocalipsis. En el siglo XIV, segn cuentan los relato s de aquella poca, apareci de pronto este hombre en la aldea de Wyle, cerca de Stonehenge en abril de 1362. (Muestra la proyeccin de la imagen de un hombre con una cruz) Utilizando palabras poco usuales y con un acento extrao, dio pronsticos sobre una peste que, segn dijo, aniquilara la humani dad al cabo de 600 aos. Por supuesto, el panorama de esta plaga apocalptica es mucho ms brutal que la realidad en una enfermedad virulenta, ya se trate de la peste bubnica, la viruela o el SIDA. Y ahora tambin tenemos horrores tecnolgi cos. Como la guerra qumica, que se estren con los primeros ataques de gas mostaza en la I Guerra Mundial. (Muestra imgenes de la guerra) Existe el caso de este soldado que, durante uno de esos ataques en las trincheras francesas en octubre del 17 (muestra el rostro del soldado) fue herido durante un asalto y hospitalizado en plena histeria. Los m dicos descubrieron que ni comprenda ni hablaba francs, a pesar de su uniforme fran cs. Los servicios secretos comprobaron que no era un espa. Aquel hombre, aunque no afectado fsicamente por el gas, estaba fuera de s. Aseguraba haber llegado del futuro y estar buscando una bacteria pura que acabara barriendo a la humanidad de la faz de la tierra en 1996. A pesar de estar herido, el joven soldado despareci del hospital, si n duda intentando llevar a cabo su misin de

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avisar a losdems y sustituyendo la agona de la guerra por otra agona autoimpuesta que llamamos el Complejo de Cassandra. (Muestra un dibujo de Cassandra) Cassandra, en la leyenda griega, fue condenada a conocer el futuro, pero a no ser creda c uando lo predeca. De ah, la agona de saber algo de antemano sumada a la impotencia de evitarlo. Escena final. El acto redentor (El Dr. Peters est pasando su male tn en la revisin del aeropuerto) Encargado Disculpe, seor, me dejara ver el contenido de su maletn? (Kathryn y Cole se abren paso entre la multitud) (El encargado sostiene un frasco que estaba en el interior del maletn) Peters Muestras biolgicas. Tengo la documentacin aqu. Encargado Ya. Voy a tener que pedirle que abra esto, seor. Peters Abrirlo? Por supuesto. Ve? Son muestras Compruebe los pape les. Todo est en regla. Tengo el permiso. (Abre el frasco y extrae un tubo) Encargado Est vaco. Peters Pues s, parece vaco. Pero le aseguro que no lo est. (Mientras, Kathryn discute con una mujer que no la deja pasar) Mujer Pues no, no la puedo dejar pasar. Kathryn No lo entiende? Ese hombre es peligroso. Se trata de un virus. (Volvemos a ver a Peters) Peters Mire, lo ve? Es invisible a simple vista. Y ni huele, no huele a nada. Comprubelo. Encargado No es necesario. Aqu tiene. Gracia s por su colaboracin, que tenga buen vuelo. (Kathryn sigue discutiendo con la mujer. Mi entras, Peters avanza por la terminal) Encargado Alto. Espere un momento. (Le ensea unos calzoncillos que se haba dejado) (Kathryn sigue discutiendo, rodeada de much a gente. A lo lejos, ve a Peters) Kathryn ¡Ah est! ¡Ese hombre lleva un virus mortal! ¡Detnganlo! (No le hacen caso. Un agente de polica se acer ca a ella para detenerla. Ella le golpea y logra huir, junto con Cole) (Imgenes en cmara lenta. Cole y Kathryn co rren tras Peters, que lleva su maletn. Cole est a punto de dispararle, pero el polic a que les persigue lo gra disparar primero contra Cole) (Sigue la cmara lenta. Se elimina todo el sonido ambiente y slo hay una msica muy suave. Vemos a Kathryn, correr hacia Cole, qu ien ha cado fulminado. Primer plano de un nio —el joven Cole— que les mira. Plano de la mano de Cole acariciando el rostro de Kathryn. Los policas le s rodean, apuntndoles) (Cole muere. Planos del rostro del nio)

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(Kathryn mira al nio. Primer pla no de los ojos del nio, llorando) (Corte al interior del avi n. Peters toma asiento. Se oye la voz de una pasajera) Mujer Qu barbaridad. Tanta violenci a y tanta locura. Ahora hay disparos hasta en los aeropuertos. Somos la prxima especie en peligro de extincin. Los seres humanos. Peters Tiene usted razn, seora. Ha puesto el dedo en la llaga. Mujer Me llamo Jones. (Se dan la mano) Trabajo en seguros. (Plano picado del aparcamiento. El nio de an tes se dirige con su s padres hacia su coche. La cmara se acerca cuando entra. Corte a plano detalle de sus ojos con el sonido de fondo del avin que se eleva. La msica se va apagando. Corte a negro y crditos con la cancin What A Wonderful World cantada por Louis Armstrong) Ficha Tcnica : Ttulo original: Twelve Monkeys Ao: 1995 Compaa: Universal Pictures Director: Terry Gilliam Guin: Chris Marker, Davi d Peoples y Janet Peoples Actores: Bruce Willis (James Cole) Brad Pitt (Jeffrey Goines) Madeleine Stowe (Kathryn Railly) Christopher Plummer (Dr. Goines) Joseph Melito (James nio)


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Science fiction, Latin American
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Science fiction
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Science fiction
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