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Educational policy analysis archives

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Material Information

Title:
Educational policy analysis archives
Physical Description:
Serial
Language:
English
Creator:
Arizona State University
University of South Florida
Publisher:
Arizona State University
University of South Florida.
Place of Publication:
Tempe, Ariz
Tampa, Fla
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Education -- Research -- Periodicals   ( lcsh )
Genre:
non-fiction   ( marcgt )
serial   ( sobekcm )

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - E11-00453
usfldc handle - e11.453
System ID:
SFS0024511:00452


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Educational policy analysis archives.
n Vol. 13, no. 31 (May 20, 2005).
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b Arizona State University ;
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University of South Florida.
c May 20, 2005
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Universidad de las mil y una noches / Dr. Luis Porter.
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Education
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Arizona State University.
University of South Florida.
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A rchivos A nalticos de P olticas E ducativas Revista Acadmica evaluada por pares Editor: Sherman Dorn College of Education University of South Florida El Copyright es retenido por el autor (o primer coautor) quien otorga el derecho a la primera publicacin a A rchivos Analticos de Polticas Educativas. Los artculos que aparecen en AAPE so n indexados en el Directory of Open Access Journals (http://www.doaj.org). Editores Asociados para Espaol y Portugus Gustavo Fischman Arizona State University Pablo Gentili Laboratorio de Polticas Pblicas Universidade do Estado do Rio de Janeiro Volumen 13 Nmero 31 Mayo 20, 2005 ISSN 1068-2341 La Universidad de las Mil y Una Noches Dr. Luis Porter Universidad Autnoma Metropolitana, Unidad Xochimilco Citacin: Porter, Luis. (2005, Mayo 20). La universidad de ls mil y una noches Archivos Analticos de Polticas Educativas, 13(31), Retrieved [date] from http://epaa.asu.edu/epaa/v13n31. Resumen Se trata de un artculo que surge de una pregunta hipottica, aunque indudablemente realista, formulada por un profesor universitario mientras transita ru mbo a su institucin: Qu es mi universidad? Qu me hace pasa r de la decepcin al entusiasmo, para volver despus al sinsabor y remontar ms tarde la alegra? Las respuestas dan lugar a un dilogo interior, durante el que se toma conciencia de que la educacin trasciende las puertas y ventanas del aula, para llegar a a quellos lugares lejanos que Juvenal defina como “ ultra Auroram et Gangem ”, (“ms all de la Aurora y el Ganges”), y que nosotros, los latinoamericanos, podramos llamar: “ ultra Tropicus et Amazonam ”. En suma, en su dilogo interior el acadmico toma concie ncia de que su labor educativa abarca un territorio mayor al constreido a la geografa especfica de un sitio o de una institucin. De esta manera nos ayuda a asumir que en el mbito de la educacin existen varios atributos

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Archivos Analticos de Polticas Educativas Vol. 13 No.31 2 que debemos contribuir a crear o recrear: la esperanza, la oportunidad, la imaginacin. Tambin a entender que al dedicarnos a ejercer nuestra capaci dad de re-lacionar, re-latar, referir y re-flexionar, organizamos, discurrimos, transferimos, construyendo nuestra narrativa, es decir la capacidad de urdir en cada jornada un nuevo plan. Planear cada da, ser entonces, como Sherezada, tejer un nuevo cuento, necesario para poder seguir actuando, puesto que la palabra es el nico hilo que le da sentido a nuestra condicin de educadores, a nuestro ser universitario. Abstract This article uses the title of the famous book Arabian Nights which in Spanish ( Las mil y una noches ) has a time connotation, similar to “for ever and a day” in English. In Spanish, “thousand” is a way to mean “infinite”; if you add one to infinite then you have numberless nights. The article departs from a hypothetical question an academic asks him/herself in his way to the educational institution where he-she works: What is my university? What makes me change from enthusiasm to deception, from pain to happiness? The answers give place to a personal dialogue, which brings the awareness that education overflows from the windows and doors of the classroom, to reach those distant places that Juvenal defined as “ultra Auroram et Gangem” (beyond the rising sun and the Ganges), and that Latin Americans could translate to “beyond the Trpico and the Amazonas.” In short, to reach the consciousness that our educational work comprehends a larger territory than the one constrained to the limited geography of a site or an institution. In this broad realm, there are diverse attributes we have to crea te or recreate: hope, opportunity, imagination, and therefore be able to exercise our capacity to relate, to refer, to reflect. In do ing so, we organize, devise, transfer, building our narrative, our capability to plot in each journey a new plan. Every plan is a necessary n ew story, as those of Sherezade, needed to keep acting day by day, using the word as the only thread that gives meaning to our condition as educators, to our academic being. La Universidad de las Mil y Una Noches San Agustn se pregunt: “Qu es el tiempo? Si no me lo preguntan, lo s. Si me lo preguntan, lo ignoro”. Cada maana cuando voy camino a la univer sidad, ante la mezcla de sentimientos encontrados que ese hecho me provoca, me preg unto: Qu es mi universidad? Qu me hace pasar de la decepcin al entusiasmo, para volver despus al sinsabor y remontar ms tarde la alegra? En ese dilogo matinal conmigo mismo, veo como llega ese sentimiento incmodo de no tener las respuestas que me expliquen el sentido de mi quehacer cotidiano como docente

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Porter: La universidad de ls mil y una noches 3 universitario. Leo libros dedicados al tema, y ellos me ofrecen una visin de la vida universitaria como si se tratara de una faena y no de lo que realmente es (o debera ser): una pasin y un placer. Qu le ha quitado a la universidad su sent ido de vida, su poesa? Si la poesa no es algo ajeno a la vida, y por lo contrario, la poesa (en su calidad de imaginacin viva) nos acecha, siempre lista a brotar en cada instante de nuestra jornada, somos nosotros los que la evitamos? Por qu se nos escapa cuando cami namos por los pasillos de nuestra institucin o estamoe en el aula con nuestros estudiantes? Parafraseando a Emerson dir que el mbito educativo es como una gruta mgica por la que deambulan en silencio fantasmas que vuelven a la vida cuando de sus pginas (o de sus bocas) surgen palabras. Estas palabras, al igual que las manzanas, no tienen sabor sino hasta que llegan al paladar que las degusta, es decir, los ojos que las leen o los odos que las escuchan. Para ello tienen que saber bien, ya que requieren en el contacto con otro, ser bien recibidas. La experiencia acadmica en s misma no pued e limitarse tan slo a uno. La “reflexin en la accin” requiere al menos dos para que se unan en el lazo del dilogo que construye una historia mutua. Puedo ser yo dialogando con la hoja de papel en blanco, silencioso dilogo que despus me unir con ese “otro” que suma su voz en el tejido de historias compartidas que se configuran en el telar de la comunicacin. M s all de la hoja de papel que contiene los resultados de mi reflexin, en cada tema, cada proyecto, se construye una historia cuya suma configura la historia de la universidad, una histor ia mltiple, como lo son los tramos de vida de todo aquel que est pasando o ya pas por ella. Qu es mi universidad? Es una entidad que cuando permanece inmvil es porque la detienen interferencias, atmsferas inadecuad as, condiciones que no promueven ni estimulan su articulacin armnica y creativa. Una entidad que suple la imaginacin por palabras muertas vertidas en legajos de documentos normativos, intrincados mapas burocrticos, requisitos e imposiciones que alteran su sustancia acadmica y poltica. Entonces, la cotidiana tarea de “hacer camino al andar”, se ve afectada desviando el ideal de “poder llegar a ser nosotros mismos”. La universidad somos nosotros, y nosotros no somos muy diferentes de aquellos soldados, de aquellos conquistadores histricos, cuya vida transitaba entre encuentros, guerras y epopeyas, pasando de un territorio a otro, de una nacionalidad a otra, muriendo en cada batalla, para renacer una y otra vez en nuevas c ontiendas, en nuevas campaas. Cuntos de los aqu presentes no ha trascendido los muros de su institucin, volcndose hacia otros sitios de su misma regin, o ms all, en lejanos confines “extramuros”, encontrando nuevas respuestas y reconocimientos en la multitud de interaccione s que llenan los vacos y desencuentros que se abren en su espacio inmediato? Nuestra docencia no se limita al aula ni al cubculo que parece atraparnos. Me viene a la mente la historia de un profesor a quien di mos por desaparecido cuando abandon la UNAM, alejndose definitivamente de sus aulas. Ms tarde supimos que su vida fue una larga travesa por regiones lejanas que tocaron los lmites pa tagnicos del Sur y rozaron las cumbres del Norte nevado del planeta. Su itinerario fue un intrincado camino a veces siguiendo una dbil intuicin, otras, senderos marcados por pasos casi invisibles, como quien va adivinando el derrotero de su propia libertad. En ese largo camina r, lleg a un recodo donde se encontr con un grupo de hombres y mujeres conversando en torno a un tema que el desconoca o ya haba olvidado. Pidi permiso para quedarse con ellos, atrado por la claridad de ese seminario formado por gente que sin saber quin era, lo acoga de buena manera. En su calidad de

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Archivos Analticos de Polticas Educativas Vol. 13 No.31 4 hombre reflexivo, particip en el nuevo debate dentro de un campo del todo ignorado por l, pero que se agregaba a sus propias bsquedas. Permaneci con ellos largo tiempo, olvidando su pasado, y construyendo sobre sus olvidos nuevos proyectos. Sus renovadas historias lo mantuvieron transitando por ctedras y reunione s, foros y discusiones, hasta que en una de esas ocasiones en que le entregaban como retribucin un presente que consista en una seleccin de libros clsicos, vio entre ellos uno que lo inquiet. Al abrirlo y reconocerlo comprendi que ya era un hombre viejo, pues entre esas obras consagradas vena una edicin reciente del primer libro que haba escrito en su temprana juventud. Fue en ese instante cuando pudo recobrar su pasado, sus olvidos, las diferen tes etapas de su vida, y al hacerlo asumir que nunca haba dejado de ser un acadmico mexica no, como tampoco dejara de ser un acadmico canadiense, argentino, brasileo, puertorriqueo o colombiano, en el seno de aquel grupo o de los tantos grupos que en el ocaso de su vida lo seguan recibiendo y cobijando. Al evocar esta historia, comienzan a tene r respuestas las preguntas que nos hacemos sobre nuestra institucin y nuestra actividad do cente, el quehacer cotidiano que se va saliendo por las ventanas del aula, para llegar a aquellos lugares lejanos que Juvenal defina como “ultra Auroram et Gangem”, (“ms all de la Aurora y el Ganges”), y que nosotros le llamaramos: “ultra Tropicus et Amazonam”, “ms all del Trpico y del Amazonas”: refirindonos a ese territorio que une lo diverso por medio del lenguaje la imaginacin y relatos que no tienen fin. Intentemos desde estos atributos, constr uir con nuestra imaginacin un sistema explicativo – un simulacro – de los fenmenos que podran conformar la imagen de un mbito educativo que no se redujera a nuestra institucin y que en su verdadera dimensin, neutralizara las actuales jerarquas y los mbito s polticos/acadmicos intra-murales, cada vez ms agresivos e intrusos de nuestra intimidad, cada vez ms fragmentados y distantes del verdadero mundo educativo, tan ancho como sensible. Tal construccin la podemos proponer, no como un ejercicio fantstico de ciencia-ficci n, sino como un ejercici o de “reflexin en la accin” nacido de la imaginacin artstica, capaz de concebir un sistema real y superador, contingente y distinto a otros y, desde lueg o, ms completo, complejo e integrado desde nuestro actual horizonte de conocimientos. Cada uno de nosotros estamos dotados de una estructura somtica que hace posible, complejos procesos de relacin con lo real. Actualmente es posible combinan en tiempo real, la comunicacin cara a cara con la comunicacin verbal, escrita, (que puede incluir imagen y sonido) sin importar su localizacin. Hoy somos dueos de la posibilidad de ampliar nuestro campo de experiencia en forma “distanciadora”. En otras palabras, la experiencia humana se constituye en la biosfera, que determina las c ondiciones materiales de la existencia, pero tambin en el micro clima que surge de dichas c ondiciones y las reconstruye. Es aqu donde la imaginacin, por medio del lenguaje, desempea su papel fundador. La inteligibilidad es entonces, esencialmente, el resultado de un proceso de codificacin, de produccin de discursos o de relatos. El arte, o una “racionalidad artstica” o “de diseo”, como la llamaba Donald Schn (1983, 1987), abre el camino para traer a nuestra percepcin los diversos planos que surgen de la "realidad" y que nos permiten concebir un m bito educativo exento de todo lo que odiamos y rechazamos: las imposiciones, las amenazas, las rupturas, la incomunicacin… y que incluye sus aspectos inteligibles, sometidos a la razn (y por tanto previsibles, manipulables, comunicables) y los otros, los ininteligibles, que llegan a la sensibilidad, (y que son por tanto imprevisibles y azarosos). En esta conversaci n ejemplar se cumple la triada “reflexionaractuar-reflexionar” a la que se refera Schn (1 994): el triple movimiento de reflexionar

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Porter: La universidad de ls mil y una noches 5 (introspectivamente) para luego actuar y seguidamente volver a reflexionar, esta vez extrovertidamente, en nuestra comunicacin con el otro, para volver a pasar por estos tres vrtices. Pensemos en un poeta frente a la pgi na en blanco, en un escultor trabajando con arcilla, en un arquitecto bosquejando los trazos de un posible edificio o un inventor especulando sobre un mecanismo. Cada uno de ellos conversa con el material desde su inteligibilidad: (creencias, teoras, valores, contenidos, intenciones) utilizando la mano que mueve modelando ese material, que a su vez ha bla, respondiendo desde sus caractersticas, condiciones, limitaciones, posibilidades, resisti ndose y expresndose en su lenguaje. Se trata de la conversacin usual que el artista lleva a cabo consigo mismo y con los materiales con que se expresa. Se trata de un dilogo similar al que tenemos con nuestros estudiantes, con nuestros colegas, y que en su devenir construye un plan, que es decir una historia o un relato. Cotidianamente caminamos por el mundo, tocando estas dimensiones, y esa aproximacin puede ser superficial, convenciona l, o puede ser profunda, intensa y creativa. Nuestra cultura nos empuja a acceder a lo real, a participar del continuo indiferenciado que, desde visiones parciales, constituye el conj unto de hechos, dichos, pensamientos y sentimientos. Sin embargo, si me sentara con cu alquiera de ustedes a platicar en un caf, constatara que no estamos a gusto con nuestra realidad, que aspiramos a transcenderla desde la visin que histricamente nos corresponde. A este empeo, a esta necesidad de trascendencia, algunos le llaman la bsqueda de la “verdad”, como ideal cientfico, otros simplemente la ven como voluntad de corregir el presente. Esto es lo que me mueve cuando intento imaginar una educacin que resulta de mi propia ubicacin en ella y de ella como objeto contemplado. Una educacin donde no baste “decir” la verdad, sino desbaratar el entramado de poder que permite que un discurso determinado sobre esta realidad (digamos el de la planeacin o el de la evaluacin) logre una atribucin de veracidad que nos condene. Quiero imaginar con ustedes una educacin, ubicada en instituciones como la universidad, que parta del universo de los sentid os, que al igual que el conocimiento que all se genere y se imparta, sea de ndole sensorial y perceptiva, una re-presentacin cultural, que rompa las actuales codificaciones que filtran y desorganizan nuestras percepciones. Una educacin ubicada en una universidad producto de la imaginacin. Una universidad que es la sumatoria de relatos, de nuestros relatos, de los relatos que habitan y dan forma y vida a la universidad. Resultara muy aburrido concebir a la univer sidad utilizando tan slo la razn, y peor an si esa razn debe pronunciarse con las absurdas codificaciones de un “tabulador” o de “formatos a llenar” siguiendo las premisas de lejanas oficinas centrales o los juicios emanados desde una unidad tcnica o de la simple enaj enacin comisional. Resulta en cambio muy esperanzador y altamente estimulante, reconocer la verdadera universidad que vive en nosotros y en la que nosotros vivimos, la misma que ti ene como lmites el desrtico sur y el nevado norte. Una universidad que nos permite elaborar un a teora y una prctica nacida desde el juego especular de la escritura y de la lectura, en el que van reflejndose retazos o fragmentos de la nica realidad a la que pertenecemos, la realid ad que vive en nuestra imaginacin, apenas legitimada por gente de carne y hueso, que en alguna otra regin, ciudad o pas, comparte con nosotros la construccin de un relato. De esta manera, siguiendo el ejemplo de Bo rges, desciframos a la universidad de la misma manera que desciframos el orden y la conf iguracin de las manchas en la piel de un tigre. Dice Borges: "Consider que aun en los lenguajes humanos no hay proposicin que no

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Archivos Analticos de Polticas Educativas Vol. 13 No.31 6 implique el universo entero; decir el tigre es d ecir los tigres que lo engendraron, los ciervos y las tortugas que devor, el pasto de que se alim entaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio a luz a la tierra” (J.L. Borges, 1989). Decir universidad es decir las universidades que la engendraron, los profesores y alumnos que pasaron por ella, los libros en que se alimentaron, el conocimiento que fue ma dre de sus libros, el cielo que dio a luz la sabidura. Es evocar a todos aquellos que forman parte de nuestro pensamiento, colegas activos, autores que esperan en la biblioteca, hallazgos al navegar por los buscadores de Internet, captulos que agregamos a los mltiples cuentos que escribimos da a da. Lo especfico del hombre, es pues, su capacidad de valorar y de comunicar estas visiones parciales del mundo organizado en “la palabra a los otros”. Y esta capacidad le viene a travs del lenguaje, pues toda lengua no es ms que un sistema de valores (Saussure 19831). Y es en el lenguaje donde nuestra potencialidad discursiva ab re lugar para que emerja el yo y lo otro, al ejercer nuestra capacidad de re-lacionar, de re-lat ar, de re-ferir. El acad mico que reflexiona, al actuar ordena, organiza, discurre, transfiere: tr aslada unas cosas hacia otras construyendo su narrativa. Asumamos que la relacin que en este instante estamos teniendo, una conversacin programada que se suma a la que tenemos da a da con colegas y estudiantes, ocurre en y desde la palabra. El organigrama institucional no se limitara al marco normativo y su creciente variedad de derivados, en cambio formaramos parte de una red de redes, que toma la forma que nosotros queramos, a partir de un orden na cido de la auto-gestin educativa, donde el estudiante ejerce la autodidaxia siguiendo sus ri tmos, el dilogo con colegas y “autoridades morales” cuyas palabras cobran vida al abrir un libro, o simplemente al intercambiar ideas con su maestro. Podemos imaginarnos insertados en una complejsima red de relaciones en la que cada elemento llama a los restantes, hasta convocar esa esencial unidad de lo real, la misma a la que invita Edgar Morin (1999, 2001) desde su teora de la complejidad. La universidad real formara de esta manera parte de un continuum, de un todo de algo sin lmites ni fronteras, de algo ms all de significados y sentidos, de algo que esca pa a nuestra misma inteligibilidad. Lo real no es inteligible, y cuando lo es, desaparece transforma do en realidad, que se encuentra ya en este ms-ac de la conciencia, y que constituye el tejido de lo cultural humano (Vzquez Medel, 1996). En este panorama, la docencia y los estudiantes, conforman el vrtice necesario para cumplir con la triada: “reflexionar-actuar-ref lexionar” cuyo movimiento ayuda a conformar nuestros relatos universitarios. La universidad as concebida es la concatenacin discursiva, que no real, parecida a un relato slo posible re-fir iendo, re-lacionando, llevando unos signos hacia otros, estableciendo prioridades: un antes, un a hora y un despus; un aqu, un ah y un all; un yo, un t y un l (yo y el otro, mi colega acadmico, interactuando con l, el estudiante), repitiendo una y otra vez estos juegos tridicos. Una universidad construida en relatos desd e mentes que se experimentan como tales en la esencial relatividad y narratividad de la conciencia y del lenguaje. Vamos hilando entonces diferentes conceptos, para construir la univer sidad en el lenguaje: imaginacin, conciencia, discurso que articula relatos o narraciones. La narratividad que es el discurrir mismo, de la conciencia, de los seres humanos. Nuestra conc iencia relaciona, establece nexos: configura discursos. Esta esencial capacidad de comp render es abrazar, agrupar, asir, prender 1 Lingista suizo nacido y fall ecido en Ginebra (1857-1913)

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Porter: La universidad de ls mil y una noches 7 conjuntamente lo que ha sido previamente se parado, disociado. Nuestra propia existencia como discurrir, y los hechos que la configuran como discursos, es la clave misma de la narratividad. Una narratividad ontolgica, existenci al, que se encuentra en la raz misma de la capacidad productiva de relatos (Vzquez Medel, 1996). No hay duda, entonces que hoy aqu, entre nosotros, existen muchos fabulistas, que ejercen lo que el orientalista austraco Hammer Purgstall2 llam “confabulatores nocturni” es decir, personas que cuentan cuentos durante la noche para distraer el insomnio de los que no pueden conciliar el sueo. En nuestro caso esto s con-fabuladores seran autores de fbulas, cuyos personajes mgicos no son otros que los mismos con quien convivimos cotidianamente, algunos situados en la misma institucin, otros invitados provenientes de escenarios cercanos o distantes, que al interactuar provocan modificaciones, enriquecimientos sorprresivos, interdisciplinariedades buscadas en recorridos vi rtuales o reales, hacia o desde alguna ciudad austral o boreal, cercana o lejana, donde los cap tulos se compilan, para que de esa compilacin surjan nuevos puntos de partida y puertos de lle gada conformando as lo que la literatura rabe llama: “Hazar afsana”: Los mil cuentos Y es as como esta universidad que habita en mi mente y en mi escritorio, que aparece cotidianamente por el monitor de mi computadora o en el buzn todava situado en la puerta de la calle, con sus sobres y timbres arcaicos, adquiere contenido en cada una de mis jornadas, en cada noche en la que tengo que inventar un nuevo cuento. Por eso he decidido llamar a esta forma de educar, a esta universidad simb lica que me reconforta en su vastedad, la “Universidad de las Mil y una Noches”, porque cada uno de sus habitantes legtimos, cada uno de ustedes que me escuchan, al igual que yo que estoy leyendo, en nuestro intento por salvar a la universidad, es decir, por salvarnos a nos otros mismos, contamos historias de la misma forma que la gentil Scherezada cont las suyas en tiempos remotos, en la remota Persia, bajo la angustia de la muerte, bajo la espada de un sultn tirnico y misgino, y que, cmo pjaros maravillosos, animados por su verbo incomparab le, se difundieron ms tarde en su vuelo por todas las regiones de la tierra. Cada uno de nos otros estamos obligados a no dejar de narrar, a no dejar de urdir cada noche un nuevo cuento, que no es otra cosa que un nuevo plan, un nuevo proyecto, necesario para poder seguir vivien do, puesto que la palabra es el nico hilo que conecta nuestra existencia relativa, el mi smo que le da sentido a nuestra condicin de educadores, a nuestro ser universitario. Escritor austriaco (Graz 1774-Vienna 1856). Estudioso del mundo islmico y autor de la historia de la literatura rabe y otomana, poemas y dramas. Citado por Borges en “Siete Noches”.

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Archivos Analticos de Polticas Educativas Vol. 13 No.31 8 REFERENCIAS Borges, J.L. (1989). Obras Completas 3 vols., Barcelona, Emec. Borges, J.L. (1980). Siete Noches, Fondo de Cultura Econmica, Mxico. Borges, J.L. (2000). This Craft of Verse. Harvard University Press, Cambridge, Ma. USA. Morin, E. (1999). Los siete saberes necesar ios para la educacin del futuro, CIUEM. UNESCO. Morin, E. (2001). Amor, poesa y sabidura. Barcelona, Seix Barral, pp. 77. Saussure, F. (1983): Curso de lingstica general Alianza Editorial, Madrid. Lingstica sincrnica: Cap 4: El valor lingstico" pgina 193. Schn, D. (1983). The Reflective Practitioner, Ho w Professionals Think in Action Basic Books, Nueva York, Inc. Publishers. Schn, D. (1987). Educating the Reflective Practitioner The Jossey-Bass Higher Education Series. Schn, D. y Martin Rein, 1994. Frame Reflection Basic Books. Nueva York, Inc. Publishers. Vzquez Medel, Manuel Angel, (1996) Universidad de Sevilla “Narratividad y transdiscursividad: a propsito de la escritura del dios, de J.L. Borges” (Internet) Smith, M. K. (2005). donald schon (schn): le arning, reflection and change. Retrieved May 19, 2005 from http://www.infed.org/thinkers/et-schon.htm. Acerca del Autor Dr. Luis Porter Doctor en Educacin (HARVARD-1988), Arquitecto (UNAM-1967), Planificador Urbano (UNAM 1973) / Investigac in Educativa, Instituto Tecnolgico de Massachusetts, (MIT SPURS-DUSP 1981 ). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, (SNI) Nivel 1. desde enero 1, 2004 hasta diciembre de 2006, expediente 31825. Profesor investigador en la Universidad Autnoma Metropolitana, Unidad Xochimilco desde 1975 a la fecha. Correo electrnico: luisporter@prodigy.net.mx http://academia.uat.edu.mx/porter/

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Porter: La universidad de ls mil y una noches 9 AAPE Comit Editorial Editores Asociados Gustavo E. Fischman & Pablo Gentili Arizona State University & Universidade do Estado do Rio de Janeiro Hugo Aboites Universidad Autnoma Metropolitana-Xochimilco Adrin Acosta Universidad de Guadalajara Mxico Claudio Almonacid Avila Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educacin, Chile Dalila Andrade de Oliveira Universidade Federal de Minas Gerais, Belo Horizonte, Brasil Alejandra Birgin Ministerio de Educacin, Argentina Teresa Bracho Centro de Investigacin y Docencia Econmica-CIDE Alejandro Canales Universidad Nacional Autnoma de Mxico Ursula Casanova Arizona State University, Tempe, Arizona Sigfredo Chiroque Instituto de Pedagoga Popular, Per Erwin Epstein Loyola University, Chicago, Illinois Mariano Fernndez Enguita Universidad de Salamanca. Espaa Gaudncio Frigotto Universidade Estadual do Rio de Janeiro, Brasil Rollin Kent Universidad Autnoma de Puebla. Puebla, Mxico Walter Kohan Universidade Estadual do Rio de Janeiro, Brasil Roberto Leher Universidade Estadual do Rio de Janeiro, Brasil Daniel C. Levy University at Albany, SUNY, Albany, New York Nilma Limo Gomes Universidade Federal de Minas Gerais, Belo Horizonte Pia Lindquist Wong California State University, Sacramento, California Mara Loreto Egaa Programa Interdisciplinario de Investigacin en Educacin, Chile Mariano Narodowski Universidad Torcuato Di Tella, Argentina Iolanda de Oliveira Universidade Federal Fluminense, Brasil Grover Pango Foro Latinoamericano de Polticas Educativas, Per Vanilda Paiva Universidade Estadual do Rio de Janeiro, Brasil Miguel Pereira Catedratico Universidad de Granada, Espaa Angel Ignacio Prez Gmez Universidad de Mlaga Mnica Pini Universidad Nacional de San Martin, Argentina Romualdo Portella do Oliveira Universidade de So Paulo, Brasil Diana Rhoten Social Science Research Council, New York, New York Jos Gimeno Sacristn Universidad de Valencia, Espaa Daniel Schugurensky Ontario Institute for Studies in Education, Canada Susan Street Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropologia Social Occidente, Guadalajara, Mxico Nelly P. Stromquist University of Southern California, Los Angeles, California Daniel Suarez Laboratorio de Politicas Publicas-Universidad de Buenos Aires, Argentina Antonio Teodoro Universidade Lusfona Lisboa, Carlos A. Torres University of California, Los Angeles Jurjo Torres Santom Universidad de la Corua, Espaa Lilian do Valle Universidade Estadual do Rio de Janeiro, Brasil

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Archivos Analticos de Polticas Educativas Vol. 13 No.31 10 EPAA Editorial Board Editor: Sherman Dorn Univ ersity of South Florida Production Assistant: Chris Murr ell, Arizona State University Michael W. Apple University of Wisconsin David C. Berliner Arizona State University Greg Camilli Rutgers University Linda Darling-Hammond Stanford University Mark E. Fetler California Commission on Teacher Credentialing Gustavo E. Fischman Arizona State Univeristy Richard Garlikov Birmingham, Alabama Gene V Glass Arizona State Univeristy Thomas F. Green Syracuse University Aimee Howley Ohio University Craig B. Howley Appalachia Educational Laboratory William Hunter University of Ontario Institute of Technology Patricia Fey Jarvis Seattle, Washington Daniel Kalls Ume University Benjamin Levin University of Manitoba Thomas Mauhs-Pugh Green Mountain College Les McLean University of Toronto Heinrich Mintrop University of California, Los Angeles Michele Moses Arizona State University Gary Orfield Harvard University Anthony G. Rud Jr. Purdue University Jay Paredes Scribner University of Missouri Michael Scriven University of Auckland Lorrie A. Shepard University of Colorado, Boulder Robert E. Stake University of Illinois—UC Kevin Welner University of Colorado, Boulder Terrence G. Wiley Arizona State University John Willinsky University of British Columbia