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Alter Cuba

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Material Information

Title:
Alter Cuba
Physical Description:
Book
Language:
English
Creator:
Aguiar, Raul

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - S32-00002
usfldc handle - s32.2
System ID:
SFS0036164:00001


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Full Text

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ALTER CUBA Ral Aguiar

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ALTER CUBA Ral Aguiar En el sueo l de pronto se encuentra en una ciudad muy similar a La Habana, pero no es La Habana. Al parecer es el da de l trabajador o algo por el estilo y participa en una especie de manifestacin pacfica junto a miles y miles de pe rsonas que gritan consignas, caminan con carteles y banderas cubanas a lo largo del muro del malecn, por la zona del Vedado, pero tampoco es el mismo Vedado. S, est el hotel Nacional, el Focsa, las principales avenidas sombreadas de rboles, pero faltan los edificios ms altos, las torres, los su pergrficos publicitarios, la s antenas parablicas. Despierta y mira el reloj. Todava siente el corazn bombeando con fuerza como inercia al viento de banderas alegres. Dos de la tarde. Hora de levantarse e ir a trabajar. De nuevo a la rutina, impartir conferencias clonadas a los mismos alum nos aburridos de siempre, horas vacas en la ctedra y sonrisas al jefe. Apenas se viste suena el celular. El importuno de costumbre, para recabar informacin fidedigna acerca de ciertos rumores sobre despidos de profesores que acaban por turbar todava ms la resignacin del despertar en solita rio.. Cuando cuelga piensa si no sera mejor tomarse la tarde para vagar sin ru mbo y detenerse en algn bar conocido. Mejor no, se aconseja. Ya habr tiempo despus, cuando terminen las clases. “Hoy no voy a revisar exmenes.” Se toma su caf bajo la reproduccin del Guernica y sale apresurado en busca del transmetro. En la calle todos juntos, vencedores o vencid os, a veces sonrientes, entregados a dismiles acciones y sin embargo conservan la mente fra, vigilante, tensando la mirada a todos lados para no regalarse al disparo, la explosin, el asalto, el accidente o el rapto.. Siempre hemos estado as, piensa, mala suerte. El transmetro por fin llega a la parada del Habana Hilton y l ba ja y luego asciende la avenida L en busca de la Colina. Universidad Pblica de la Ha bana. Sube por los costados de la escalinata y la histrica estatua de brazos abiertos le indica que ha llegado por fin al umbral donde se parte en dos el universo. Aqu adentro ya puede respirar aliviado Aqu es necesario, querido, se le respeta y a veces hasta se le aplaude. Surca la plaza Cadenas y su vista se desliza por las paredes llenas de carteles escritos a toda prisa y gr affitis en contra del Gobierno de Urquiza y los paramilitares. Entra a la Facultad de Filosofa y Letras. Viene Felipe, uno de sus mejores alumnos y le entrega un papel con la imagen de algo que parece un arbolito, pidindole que lo lea y luego lo firme. Mira la hora, se pone las gafas y comienza a leer. Es una especie de llamamiento en contra de la fumigacin en las zonas declaradas reserva natural para erradicar los cultivos ilegales de Da tura. No saba que Felipe estuviera en un grupo

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ecolgico, piensa. Luego estampa su firma, ms por quedar bien con sus estudiantes que porque lo hayan convencido con la proclama, tal ve z demasiado alarmista para su gusto. Ya en la ctedra, Eduardo siente como la dejadez y el aburrimiento le van cerrando los prpados. “Literaturas germnicas medievales”, sus ojos comienzan a desandar las estrofas ledas y no logra encontrarles significado alguno. Son las dos y cuarenta y tres de la tarde. A las tres y diez debe ir al aula a dar clases. Con esfuerzo, cierra el libro y lo guarda en el portafolios. Lo dejar para una mejor ocasin. “Eduardo”, escucha que lo llaman desde la puerta. Es una colega de Filologa. “T eres profesor del aula doce?” Un gesto de asentimiento y ella que le informa: “Ven conmigo; Domnguez quiere saber cules son los alumnos con problemas en tu asignatura” Leve fastidio que no transparenta el rostro y l se levanta, atraviesa los pasillos semivacos, las paredes llenas de carteles, listas de calificaciones y guas de examen, luego la escalera, otro pasillo y por fin la puerta del despacho del vicedecano. Un br eve saludo y al grano: “Cules son los alumnos que tienen problemas?” Eduardo observa que Domngue z tiene una lista de nombr es en la mesa y se contenta con decir los dos suspensos: “Alejandro y Vctor suspendieron conmigo”; “Bien, y en cuanto a la disciplina?”; “Esos mismos de la lista”. Ya est. El vicedecano circula los dos nombres mencionados y pone al lado una F mayscula. Eduard o aprovecha para encender un cigarro. “Algo ms?”, y al recibir la negativa regresa a la ctedra. Dos y cincuenta p.m. Ya falta poco. Ante sus ojos se recrea el futuro horrible de tres turnos seguidos, entre ello s tercero y cuarto, los dos ltimos, del carajo. Hoy no siente deseos de trabajar. Lunes, el peor da de la semana. Eduardo toma la caja de plumones, los registros y los mete dentro del portafolios. Suena el timbre. “Grupo 107. Esa es el aula de Alicia, la muchacha que me dio su intento de cuento para que lo criticara. Tengo tiempo todava. Vamos a ver…” …Las sombras son ojos. Los vivos mienten el sueo de sus muertes. Somos los hijos de un sueo de ciervo, al final del pas de Aicila, el llanto de la bestia perfecta felina. Lgrimasfurias, cayendo lentas en cataratas onricas, envueltas en la caricia del lodo. No llores…Aqu nadie te escucha. El cuento sigue por el mismo estilo. Eduardo piensa que Alicia ha ledo demasiado Tolkien, pero que tiene potencial de escritora en las vena s, claro que habra que… Vuelve el sonido del timbre, anunciando el fin del receso. Eduardo sube las escaleras en direccin al aula. Aguarda unos minutos a que los estudiantes hagan silencio y luego les da las gracias, saca los libros y comienza su conferencia. Hoy toca hablar del monlogo interior y la corriente de pensamiento. Cita a Joyce, lee fragmentos del Ulises, habla de Faulkner y Virginia Woolf. Sabe que para la mayora de los estudiantes sus palabras son co mo pregones lejanos pero a l no le importa; habla para los tres o cuatro que realmente escuchan y siente ms prximos, muchachos de

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hormonas todava selvticas pero de pensamiento hondo y escritura febril, soando editoriales, con preguntas intentando partir en dos lo indivisible. Es en ese momento cuando ella entra con un leve golpe de tos fingida para llamar su at encin. Permiso profesor, susurra, se acerca innecesariamente a la mesa, tal vez con la inte ncin de que le llegue su perfume y luego va a sentarse al fondo de la clase. El de pronto descubre que la muchacha es bo nita, un poco delgada, s, pero bonita, y decide discutir el texto con ella cuando terminen las clases “No creo que haya nada malo en eso, al fin y al cabo eso es tambin ensear, no?”, se refugia en la ltima idea pero adivina que en los ojos de esta muchacha hay algo ms, quizs hasta srdido pero muy atrayente a la vez. Bienvenido a la Repblica de los viejos verdes soando veinteaeras, se recrimina y trata de desviar la mirada de ciertas penumbras que se avistan debajo de la falda de la joven, los muslos abiertos peligrosamente, solo para l. Termina la conferencia de la mejor manera posible, orienta los trabajos para la casa y se despide. Antes de salir del aula ella lo atrapa y le pregunta cuando estar libre, deseara escuchar su opinin sobre el cuento. Se citan para las seis en la cafet era universitaria. El resto de la jornada se va fugaz, repitiendo ca si las mismas palabras al contestar las dudas de siempre, y ninguna es interesante. Tiene que ve r con la hora, y en que hoy tuvieron examen. Ya estn agotados. Suspira de alivio cuando escucha el ltimo timbre que indica el fin de las clases. Recoge su portafolios y se encamina al lugar de la cita. Ella tarda y Eduardo siente que est a punto de da rse de puetazos, piensa en qu necesidad tienen las mujeres de instigar deseo con demora, espera que la espuma de la cerveza baje un poco y se refresca con un trago largo, su memoria se desl iza por una decena de rostros femeninos cuasi olvidados y se recrimina por qu nunca ha sabi do negarse a una peticin femenina, siempre en funcin de luchar contra la soledad cae en extremos ridculos, regala su tiempo y energa por nada, por una sombra, una voz incitante y peor si los de signios astrolgicos con llevan milagrosamente al sexo. Despus se ven obligadas a convertirte la vida en un castigo. Por suerte se levanta un poco de viento y revolotean las hojas y l pasa a otros pens amientos ms constructivos. Ya es hora de irse a buscar la paz ansiada entre sus cuatro paredes, al frente del televisor o la computadora, a gastar el tiempo antes de ir a la cama donde, con suerte, p odr dormir sin esos sueos de marchas y banderas en una Habana absurda. Cuando ya est a punto de marcharse lo detiene la voz de Alicia, que viene ca si corriendo, jadeante y l de pronto comprende que cielo hay, en todas direcciones. Eso le pasa por denostar a priori. Si creas negatividad, el juego te sale negro. Te pasan la cuenta, por pesimista. De pronto se siente listo para la eterna lid de los sexos. Ay, profesor Eduardo, disclpeme, pero no pude salir antes. La clase era sobre Realidad y Ucrona, y se alarg ms de lo que pens. Los muchachos hicieron un milln de preguntas.

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Ucrona? S, el concepto de Umberto Eco. Un tipo de na rrativa fantstica. Qu hubiera pasado si lo que sucedi histricamente en nuestra realidad, hubiera sucedido de otra manera? Como “El hombre en el castillo” de Philip K. Dick. S, no lo he ledo, pero el prof esor Roberto lo cit en la clase. Ya. Y a ti te gusta la fantasa, No? Me di cuenta al leer tu cuento. S. Me puede decir qu le pareci? Eduardo ofrece su anlisis. Mientras habla se deja atrapar por el olor a jardn fresco de la muchacha, aspira su perfume y siente que se le humedecen las palmas de las manos, todava incrdulo de sus mutuas presencias se descubre nervioso, como si fuera un burdo conquistador adolescente, conciente del privilegio de captar su atencin, lo s ojos brillantes, la proximidad casi ntima de sus cuerpos en el espacio, ella asiente en silencio, al alcance de sus labios y l denuesta de intemperies y extraos, de su propia timidez ancestral, hasta que ella busca una rendija en su charla, murmura algo tan incomprensible como “Yo escribo para esto, profesor”, y lo besa en los labios. Envdienme dioses, piensa l eufrico cuando por fi n se separan para tomar aliento. Luego, sin saber por qu, recuerda a Tiresias, enceguecido, y les agradece en silencio. Qu vas a hacer ahora? – le pregunta a la muchacha y le parece que han estado sentados uno frente al otro desde hace siglos. Me puedes acompaar a casa? –ella mira su relojito de pulsera. – Todava debo estudiar para el examen de maana. Ya es tarde y Felipe est reunido con su grupo de ecologistas. Eduardo se pone de pie y reprime los deseos de preg untarle a Alicia el tipo de relacin que tiene con Felipe. Calcula cunto dinero tiene en la billetera Alcanza para un taxi. En eso pasa el rector, le saluda de lejos y l se separa imperceptibleme nte unos centmetros de la muchacha. Esboza una sonrisa servil y responde al saludo. Dale, vmonos de aqu – le dice nervioso a la muchacha. Esa noche no ocurre mucho ms. Otro beso en los labios como despedida y l promete telefonearle para concertar una cita. No, no se vern durante el da, lstima, l debe dar clases en Santa Marta, la universidad catlica. Regresa con la palabra “U crona” dominndole el pensamiento. Ya lo recuerda. El concepto aparece en un artculo titu lado algo as como “Los mundos de la ciencia ficcin”. Rpidamente toma su diario, lo abre sobr e la mesa y escribe la palabra seguida del nombre del escritor italiano. “Buscar artculo”, aclara de spus. Luego revisa uno de los bolsillos de la camisa, saca la direccin y el telfono de Alicia y los transcribe en una de las hojas finales de la misma agenda.

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Todava es temprano. Comienza a revisar los exmenes de sus alumnos de la Santa Marta – por suerte quedan pocos por calificar, debe entregar la s notas maana mismoy cuando por fin termina, una hora despus, enciende la televisin y busca el History Chanel pero lo que estn poniendo es un programa sobre instrumentos musicales y l se va a la cocina a prepararse la cena. Revisa los estantes pero solo tiene una bolsa con arroz y otra de judas, se hace la imagen de los pequeos granos temblando entre burbujas durante dos horas y opta por un refrigerio – ya ser hora de comenzar a hacer dieta para bajar la barriga incipiente, maldicin de los 40 – piensa, y prepara un sandwich con fondo de quenas, teponaztlis y cornamusas, hasta que no soporta ms, -nunca le han gustado las gaitasregresa a la sala y zapea un po co hasta dar con un canal de noticias cubano. La Comisin de Derechos Humanos adopt hoy una declaracin en la que expresa su 'grave preocupacin' frente a la situacin de los derech os y libertades fundamentales en Cuba y pide al Gobierno que contine el dilogo y el proceso de negociacin con los grupos ilegales armados. “Como si eso resolviera algo”, piensa Eduardo y de vora su sndwich ya sentado en el sof de la sala. Asimismo, destaca los esfuerzos del Gobierno de La Habana por establecer el Estado de Derecho en todo el pas, luchar contra la impunidad, el terrorismo y el narcotrfico respetando al mismo tiempo los derechos humanos. “Como si los del gobierno no fueran los peores de todos”, Eduardo se levanta y va en busca de una cerveza, la abre y regresa. Ahora ponen noticias in ternacionales. Invasin norteamericana a Libia. Bombardeo con NAPALM a los supuestos enclaves de las milicias amaznicas. El mundo se desmorona y esta gente sigue intentando resolver los problemas a patadas. Piensa en Alicia, recuerda su perfume y lo compara con el de Adriana, aquel carsimo que us durante tantos aos, el mismo siempre desde que l cometi el error de decirle que le gustaba. Adriana… Ayer mismo pudo por fin hackear su correo, puro masoquismo, para enterarse de que su ex-mujer tena una nueva relacin con un espaol, un tal Csar, y en uno de los mensajes le aclaraba cules eran los trmites para una invitacin en regla. Con la ltima frase “Te amo, Csar, eres maravilloso, contigo he aprendido otra vez a vivir intensamente”, Eduardo sinti como se le desteja el universo de una buena vez, la esperanza de una reconciliacin es capando de su ltimo refugio de la forma ms amarga y l perdiendo toda voluntad de continuar, se imagin de pronto haciendo equilibrios en las cornisas de cualquier edificio lo suficientemente alto para no tener la menor oportunidad de sobrevivir, una idea que por suerte de sapareci rpido apenas tom dos sedantes y se recost tranquilamente en la cama con la esperanza de despertar al da siguiente en el captulo II de esta novela grotesca, todava sintindose un perr o pero ya fuera de peligro, por suerte. Y ahora Alicia…

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No sabe cunto va a durar la aventura, posiblemente muy poco pero es reconfortante entregarse al paisaje feliz de una chica tan linda como la nieve, amn de sustituir unos recuerdos por otros, recin estrenados. Ya recuperado en su orgullo, conecta el despertador y se dispone a dormir plcidamente. Muy pronto comienza a soarse en la misma ciudad de siempre. El sueo esta vez consiste en un grupo de jve nes desconocidos, vestidos de negro y con cabellos hasta los hombros que, en pleno torneo de agudezas, le dicen adis a unas muchachas que se alejan en direccin contraria hacia el otro lado de la calle Muy pronto reconoce el lugar. Es la avenida de los presidentes, haciendo esquina con la de 23. Lo extrao es que ambas solo son de dos carriles, sin la va central para el transmetro y surcado por automviles de la dcada de los 50. Estar en el pasado?, piensa un instante pero de inmediato rech aza la idea al descubrir tambin automviles de ltimo modelo disputndole el espacio a los antiguos. Los motoristas tampoco usan chaleco con el nmero de las placas en el pecho y la espalda, como es de rigor. Qu pasa?, Habrn quitado la ley? Y siente un poco de temor por la posibilidad de una vuelta a la poca de los sicarios motorizados pero no, porque se respira un ambiente pacfico y esa situacin no parece importarle a ningn alma viviente. De todas formas se siente dbil, desprotegido, y an todava ms cuando uno de los jvenes se dirige a l, dicindole algo as como “Oye Eduardo, qu coo te pasa? Te has quedado mudo, o qu?” y entonces es cuando comprende que l es uno ms de ellos, ha rejuvenecido milagrosamente hasta la adolescencia unos veinticinco aos menos, que maravilla, y tambin lleva el pelo largo atado en una trenza pero vamos, esto es absurdo, piensa, esto no puede ser real, y entonces descubre que est dentro de un sueo. Dale, nos vamos para el malecn dice el otro y echa a caminar delante de l. Oye, espera, Eduardo piensa que no puede dejarlo ir as. Dnde estamos? le pregunta. Digo, en qu ao? Co. Te dio fuerte. Dnde vamos a estar? En el Vedado. Cuntos pastillas te tomaste? Dime, en qu ao estamos? insiste. En el 2006, viejo, no jodas ms. Dale, vamos. Concuerda. O sea, que no es el pasado. Echa a andar en pos del otro. Ahora tiene deseos de preguntar miles de cosas. Y de quin es la estatua esa? Asere, de quin va a ser? De Allende. De Allende? Por lo que l recuerda, en ese luga r haba un busto de Eduardo Chibs, el primer presidente por el partido ortodoxo, uno de los pocos que intent acabar con la corrupcin. Como la

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vez pasada, algunas cosas concuerdan, otras no. La diferencia esta vez es que se trata de un sueo autoconciente. Y si todo es un sueo, entonces pu ede hacer cualquier cosa que desee. Como volar por ejemplo. Da un saltito pero no pasa nada. La fuerza de gravedad sigue portndose exactamente igual que en el mundo de la vigilia. Observa al mu chacho. Esa es otra diferencia. Los seres de este sueo parecen completamente reales, igual que las calle s, los autos, los edificios. No se ven diluidos ni fantasmales como las otras veces. La sensacin es sumamente agradable, piensa, siempre y cuando se mantenga as y no se convierta en una pesadilla con monstruos, psicpatas o canbales persiguindole con lanzas. De todas formas se siente eufrico, con la embriaguez de un turista en una ciudad nueva por conocer, aunque esta no sea tan alta ni con tantas luces como su homloga en el mundo real. Aqu una estatua ecuestre, Quin es? Bolvar. Muy bien. Muy bueno eso de tener una estatua de Bolvar aqu, sustituyendo la de Pro, ese descarado. Y esta avenida es Lnea? Tambin. Menos mal. Y aqu no haba una iglesia grandsima de cienciologa? Nunca? Qu raro. Continan bajando en direccin al mar. Es cierto que hay menos esplendor pero se nota a la gente ms segura, sin temor al prjimo. Pasan por el costado del hotel Presidente que est idntico excepto en el color y en que no hay lumnicos anunciando el Casino, luego la estatua de Estrada Palma, pero de esta solo quedan un par de zapatos y por fin llegan al malecn. Edua rdo respira aliviado. Por lo menos la estatua ecuestre de Mximo Gmez sigue en el mismo lugar. Aqu no hay nadie. – dice su gua – Deben estar para la Tribuna, seguro que hay concierto. Vamos. Caminan a lo largo del muro, en direccin al monumento del Maine. Un grupo de jvenes estn sentados en el muro, o en los bordes del monumento, conversando a viva voz, jugando con sus amigos a perseguirse entre risas, una especie de hermandad rockera de la cual supuestamente l es parte integrante. Su gua le dice que espere y se aleja a saludar a unos conocidos. Eduardo se dedica a observar el monumento, muy poco iluminado, y cuando su mirada llega a la cima descubre que el guila ha desaparecido y ya no sabe ni qu pensar. -¡Eduardo! -escucha que llaman y de pronto es Alicia, que llega corr iendo, lo abraza y se sienta a su lado. -¡Mira lo que consegu!dice eufrica, rebusca en su mochila y saca un cuchillo, que luego resulta una especie de daga medieval. Te gusta? l no logra salir del ofuscamiento. S, es Alicia, hasta tiene la misma edad, pero es una Alicia en versin punk, con el pelo verde y llena de piercings en la nariz, orejas y labios. Casi ni se atreve a preguntar: -Alicia? Ella lo mira un tanto confundida: -Claro. Qu te pasa? Te sientes mal?

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A l por fin se le ocurre una excusa para salir del atolladero. -Tom drogas. Parece que mezcl alguna s y ahora tengo un poco de amnesia. -Qu raro. Pero Cmo es? Qu te sientes? La excusa es perfecta, piensa Eduardo. Prdida de la memoria, cmo no se le ocurri antes? Ahora podr preguntar todo lo que desee. -Por ejemplo, qu pas con el guila que estaba aqu? -Qu guila? -La del monumento. La que estaba all arriba.. -¡Ahora s! -ella mueve la cabeza con in credulidad.-T ests hablando en serio? -S. De verdad no lo recuerdo. -Pero Eduardo, si todo el mundo sabe que al gu ila la tumbaron cuando triunf la Revolucin. -Cul Revolucin? Ella se queda en silencio unos segundos, luego sonre: -No, no, T me ests jodiendo. Coo, Edua rdo, me lo cre. ¡Q u pesado t eres! -Oye, de verdad que no me acuerdo. -Ya, ya, no juegues ms. No me cojas para eso. Pero al notar que l sigue callado, ella vuelve a preocuparse. -Quieres ir a un mdico? Creo que hay policlnico cerca de aqu. -No, no te preocupes –trata de tran quilizarla-, estoy seguro que se me pasa rpido, vas a ver. T solo explcame. -¡Imagnate t!Ella piensa durante un rato, luego se acerca y le toma las manos. -Por lo menos te acuerdas de m? -S, pero… qu somos? Amigos o novios? -Amigos. Buenos amigos. – sin embargo, su voz suena triste – Fuimos novios, pero yo… Ella mueve la cabeza y se sacude el pelo – A veces es mejor no recordar ciertas cosas. Dale, pregntame lo que quieras. -Explcame eso de la Revolucin. -Ya. Primero de enero. Te dice algo? -No.

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-Y Fidel Castro? Y el cuartel Moncada? Si, algo, pero no lo recuerdo bien. Un asalto no?, pero no tuvo xito. Los mataron casi a todos. Bueno, por lo menos te acuerdas de eso. Sierra Maestra? Playa Girn? -Son lugares de Cuba. -Cojones, qu loco ests. Ella ahora lo mira con lstima, sin embargo l miente. En el mundo real, su mundo, la Sierra Maestra, as como las otras cordilleras, el Escambra y, la Sierra de los "rganos, hasta los bosques del cabo de San Antonio se han convertido en un campo de batalla entre los traficantes y cultivadores de datura, los guerrilleros y el ejrcito gubernam ental. Esta guerra ya lleva cerca de 40 aos, desde que se descubri la maldita planta de flores violetas, datura cubensis en aquel momento endmica y a punto de extincin total y de pronto, a partir de las invasiones hippies de los 60, la droga asombrosa, nmero uno en el mercado underg round, superando ampliamente otras sustancias menores como la coca o la herona. Claro que Eduardo no le cuenta nada de esto a Alicia. Para qu? De todas formas, aunque solo se trate de un sueo. quiere encontrarle cierta lgica a todo lo que dice la muchacha. -De verdad no quieres ir al mdico?, insiste ella. Cada vez te veo ms plido. -No, mejor sgueme contando. Una Revolucin. Es difcil creerlo. En qu ao? Alicia enciende un cigarro, aspira una bocanada y contesta: -1959. Ahora se siente un poco mareado. Recorre el lugar con la vista y descubre que todo el paisaje ha comenzado a difuminarse en una especie de niebla ro tatoria y gris, el vrtice de un cicln. Lo asalta el vrtigo, como si de pronto estuviera al borde de un barranco infinito. -Qu te pasa? ¡Eduardo!grita ella con una voz que parece hueca. Intenta conc entrarse en la piedra mrmol del monumento. y cuando va a hablar nota que el rostro de la mu chacha se va haciendo cada vez ms transparente hasta desaparecer en una oscuridad total… Despierta y radio reloj lo saluda brutalmente lacerando de noticias sus odos. Un locutor grazna acerca de otro asesinato con parloteo de pjaro incansable. Maria Claudia Torres fiscal de Jaimanitas, fue asesinada en la noche del viernes a las puertas de su domicilio en Miramar,y a l le parece haber ledo ese nombre en los peridic os, otro ser que se ir a surcar las sombras por cuenta de un desconocido con arma de fuego. La fuente indic que el crimen tuvo lugar en Marianao, cuando la vctima aparcaba su vehculo particular en el domicilio Con gran esfuerzo de voluntad Eduardo mira la hora y se levanta de la cama. …precisa la Polica Metropolitana de

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Marianao, que el asesino huy a pie del lugar del hecho. l piensa, casi desesperadamente, que estos crmenes estn ocurriendo todos los das. Fue una mala idea eso de de spertarse con las noticias nacionales. Entonces, cuando ya est en el bao, recuerda que so. Un sueo raro, la misma fantasa de otras ocasiones pero esta vez mucho ms vvida, con dilogos, una extraa coherencia lgica y hasta la presencia de Alicia. La pasta del dentfrico sabe a manzana y al cep illarse da una sensacin como de arenilla en los dientes. No llega a ser desagradable pero para la prxima comprar otra marca. Y tambin algo para las canas. Siente nostalgia por las edades perdidas y los amigos ausentes. La mayora de ellos se largaron cuando imper el ltimo rgimen milita r, otros desaparecieron sin dejar rastro, los sobrevivientes decidieron enterrar la ideologa e identificarse con cierta l gica nihilista, la vida aplicada al consumo como objetivo primario, y al demonio los fusiles y aquellos vientos de banderas. Cmo habra sido Cuba si hubiera tr iunfado una Revolucin? Peor?, mejor? Ucrona. Debera anotar esos sueos, piensa, mucho ms a hora que han aparecido elementos concretos. Por suerte todava los recuerda. Qu nombres haba dicho la Alicia del sueo? Fidel Castro Moncada Playa Girn Todava sin vestirse apunta los nombres en el diario. Preguntar o buscar en Internet escribe. Santa Marta, como toda universidad privada construida en los ltimos aos, parece un hotel cinco estrellas, con piscinas, campos de pelota, ftbol y tenis, para estudiantes de altos ingresos, futuros gerentes y abogados. Aqu Revolucin es una mala palabra, su sola mencin ya atraera el fantasma del despido, an ms cuando los patrocinadores no tienen muy claro el por qu de darles un curso de literatura. Segn rumores, tanto dinero derrochado –hay un lago central con carpas y cisnes azules, de mil dlares cada unosolo puede provenir del narcotrfico. Eduardo imparte sus conferencias ante el mutismo habitual de sus alumnos, todos chicos bien, sin contradicciones de ningn tipo con el sistema. Cuando llega a la cafetera para comprar ciga rros, encuentra dos muchachos peleando. “¡Porque esos libros eran mos y nada ms que mos!”, grita un o de ellos. Llegan los profesores y se aclara la situacin. Son hermanos y mantienen una relacin bastante competitiva. Este tipo de peleas es bastante inusual aqu. Podra provocar la expulsin instantnea, si no fuera porque son los vstagos de un patrocinador importante. Suena el celular y es Ramn, profesor de historia de la universidad del Este, antiguo colega de la Colina. Oye, Eduardo, hace meses que no sabemos nada de ti. Dnde te metes? Conversan un rato. De pronto Ramn recuerda su cumpleaos -Cuntos cumples, 40?

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Eduardo suspira: -Ojal. Entonces su amigo le invita a pasar por su casa para celebrar. -No me hagas esto, viejo-, protesta cuando l intenta negarse, -Me dijiste la ltima vez, delante de Estela, que vendras a conocer al beb. No admito excusas. Eduardo le explica sin muchos deta lles lo de su cita con Alicia. -Trela. As la conocemos. l termina por aceptar y luego recuerda. -Oye, Ramn, me puedes ayudar con algo de historia? Es para una investigacin. -Claro. Lo que quieras. -Tienes informacin sobre un tal Fidel Castro? Dirigi un ataque a un cuartel en Oriente, en Santiago de Cuba. -En qu poca? -No estoy seguro. Dcada del 50, creo. Cuando Batista. -Quizs. Vamos a hacer una cosa. Djame investigar un poco y cuando vengas a la tarde te digo, Te parece bien a las ocho? As tendremos tiempo de conversar en lo que Estela cocina” -OK. -Bueno, entonces a las ocho. Apenas cuelga, mira la hora. Ya Alicia habr terminado? Busca el nmero en su agenda y llama. Ella lo saluda alegremente. Est feliz, sac una buena puntuacin en el examen oral. S, tiene libre el resto del da. y le parece una magnfica idea eso de encontrarse en un par de horas para ir a almorzar. -Te paso a recoger. Ella le dice que esperar en uno de los bancos de la plaza Cadenas. -Te quiero. -dice al despedirse y l de nuevo le agradece a Dios por el regalo. En esas dos horas, Eduardo recoge el cheque de su salario en Santa Marta y va a cobrarlo al banco. Cien mil pesos, unos 400 dlares. No es mucho, pero sumado al de la Colina que cobrar pasado maana ya le da para pagar los impuestos, el segu ro mdico, la mensualidad del apartamento y todo lo dems, sin lujos. Tal vez dentro de cinco aos podra comprarse un auto o una motocicleta, y si se aprieta bien, hasta un viaje a Nueva York o Espaa. Habr que imponerse una norma de gastos y comenzar a ahorrar, o conseguir otra fuente de ingresos. Pensando y soando le preguntar a Ramn

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si hay alguna plaza en su universidad para profes ores de literatura. Por lo pronto, ir a buscar a Alicia, luego definir a donde llevarla. Terminan en un pequeo restaurante ciberpunk cerca de Miramar. El ambiente es una copia fidedigna de los escenarios de Blade Runner. Msica suave de Vangelis. El aire acondicionado al mximo, como para morirse de fro. Ella, entre un bocado y otro, vuelve a mencionar a Felipe. -En Agosto nos marcharemos de vacaciones a Puerto Ri co. -Luego, al notar la mirada rara de l, le aclara. -No lo sabas? Somos hermanos. De padr es distintos, claro, por eso tenemos apellidos diferentes pero vivimos juntos. Eduardo de pronto siente como el corazn se le alivia y entonces, con los huesos casi congelados y entrechocar de dientes, se atreve a invitarla a su apartamento. Ella solo sonre y asiente con un gesto. En las avenidas, la eterna estampa de la desol acin. Gente pobre, afluencia de los suburbios, que vienen al centro a ganarse la vida buceando entr e la basura algn objeto para revender, limpiando ventanillas de autos, o si no como mercaderes ambulantes de cigarros, chicles, peridicos o cualquier tipo de baratija. En cada semforo varios negritos hacen juegos malabares sin importarles el peligro, actos difciles y no muy bien ensayados, vigilando el cambio de luz en los postes para pedir limosna a tiempo antes de que vuelva la verde. Alicia llama a uno de los negritos y le da unas monedas. Eduardo de pronto se siente miserable y en el prximo semforo hace lo mismo. Claro que esto no basta para irse a dormir tranquilo, piensa. -Este pas es un cementerio de vivos. -murmura el chofer del taxi y Eduardo se sorprende por lo certero de la metfora. Eduardo abre la puerta de su apartame nto e invita a pasar a la muchacha. -Quieres tomar algo? –pregunta. Alicia, despus de aceptar, -S, hazme un Cubalibre. se pone a observar los cuadros, adornos y letreros de las paredes. l pone el equipo de m sica y se va a la cocina en busca de la bebida. Para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre -lee ella en la base de uno de los cuadros, para que los cocodrilos duerman en largas filas / bajo el amianto de la luna. De quin es el poema? -pregunta. -De Garca Lorca. -Ah s, Lorca, por supuesto. Ya me pareca conocido. Eduardo regresa con una bandeja donde ha puesto dos vasos, una botella de bacard y un pomo de refresco.

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-Est fro, lo quieres con hielo? -No, as est bien. Se sientan en el sof. Por un rato no hablan, bebi endo de sus vasos y sumidos en la msica. Ella parece concentrada en el material azul topacio de que est hecha la mesa. Luego se acerca y roza sus labios en una caricia leve. -mame. susurra sensual y le rodea el cuello con sus brazos -Tanto como puedas, yo no te voy a pedir ms. El la besa en la frente, el pelo dorado sobre la nuca, luego la carga en brazos, tan delgadita Alicia que sus huesos le parecen hechos de plumas, y la lleva al dormitorio. El resto es oportunamente ertico. Se dedica a desnudarla sobre la cama y recorrerla con sus dedos y labios como si fuera un nio, luego ella se pega a su cuerpo y le abre las piernas para que l entre, primero con movimientos tmidos, luego en pugna y en busca del placer ms all del lmite hacia una especie de torbellino arrebatado y pantesta donde los dos se fusionan en un solo cuerpo que es el todo. Ya en el reposo y desmoronamiento de msculos que procede al acto, E duardo le dice a Alicia que so con ella y le cuenta con lujo de detalles. Alicia sonre: -As que en tus sueos soy una especie de punk? Qu interesante. -y luego queda pensativa unos minutos, el tiempo que tarda un cigarro en consumirse. Y si sencillamente ests soando una utopa ad olescente? –pregunta ellaun deseo insatisfecho? Creo que Freud deca algo de eso: que todos los sueos son deseos. Podra ser. Una Revolucin que tuvo xito. Yo ms joven, casi de tu misma edad. Y para colmo, rockero. Te veras muy bien disfrazado de rockero, ja, ja. No juegues. Lo que me asusta es que esos sueos son demasiado vvidos, coherentes, todo parece perfectamente real, en cada detalle, hasta el paso el tiempo. Sabes? Al contarme tu sueo me hiciste record ar el libro de un antroplogo, llamado Carlos Castaneda, que le hace tiempo. – Ella se incorpora y se sienta con la espalda recostada al respaldar de la cama. – El tipo plantea que esta realidad y nuestra percepcin de la misma est afianzada en lo que l llama el punto de encaje. Cada posicin del punto de encaje permite la percepcin de un mundo completamente diferente al mundo cotidiano, un mundo tan objetivo y real como el que percibimos normalmente. Cuando soamos ese punto de encaje se desplaza hacia otro lugar de nuestro huevo luminoso, y es como si viajramos a otra realidad. Un mundo paralelo?

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No, no lo creo. Digamos que a otra percepcin de la realidad, para nada similar a la de todos los das. Entonces, cuando despertamos, ese punto de encaje vuelve a su punto original. Hasta propone un mtodo para hacerlo concientemente “El arte de ensoar”, le llama. Y describe esos mundos? S, pero no son ucronas, nada parecido a los tuyos.. Ah, bueno…Decepcin. El de pronto recuerda la cita con su amigo – A propsito, qu hora es? – mira el reloj despertador y comprueba que estn a tiempo. Ella va al bao y l se viste. Media hora ms tard e los dos estn listos. Cargan un par de botellas de vino en una bolsa y lamentan no llevar ningn regalo para el beb y la madre. Ya en la esquina se detienen en una tiendecita para comprar un juguete. Por fin se deciden por un colgante de peces y estrellas multicolores para la cuna. Demoran un poco antes de tomar un taxi. El apartamento de Ramn queda al otro lado de la baha, un barrio nuevo de edificios poco elevados al estilo Miami para familias de clase media. Muy cmica la carita de inocencia del beb que de pronto no sabe como reaccionar ante ese nuevo objeto de colores brillantes que le han regalado. Luego de la cena, con el beb ya dormido y una botella semivaca, Ramn va en busca de unas hojas impresas y al regresar, se pone las gafas y entra directamente en materia. Lo averig. Fidel Castro, un abogado proveniente del Partido Ortodoxo, fue uno de los revolucionarios que dirigi el asalto al Cuartel Moncada, de Santiago de Cuba, en el ao 53. La accin no tuvo xito y despus de retirarse, muchos de esos jvenes fueron detenidos y masacrados por la polica de Batista. Fidel Castro y unos pocos lograron escapar a las montaas y all ofrecieron resistencia hasta el final. Ninguno sobrevivi. U no de los primeros grupos guerrilleros que se formaron en los 60 llevaba su nombre. Este grupo se disolvi despus de la segunda intervencin norteamericana en abril del 65. Hasta ah los datos que tengo. Me puedes dejar los papeles? S, claro. Los imprim para ti. Pero bueno, ya me tienes intrigado de qu se trata? Vas a escribir un ensayo o una novela histrica? Eduardo decide franquearse y le explica a fondo sus dilemas onricos. Unos sueos bastante subversivos – se re su amigo. – Fantasas de estudiante izquierdista. Esa variante es ms lgica que la de los universos paralelos. Puede ser. De todas formas, si quieres tener un porvenir tranqu ilo, no lo andes contando por ah, va y te ganas una sesin con los paramilitares.

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Una revolucin socialista en Cuba. – interr umpe EstelaNo lo creo. Sera una BMP. Qu es una BMP? Estela es matemtica –explica Ramn – Su tesis de doctorado trataba de las bifurcaciones fractales. Precisamente BMP son las bifurcaciones de mnima probabilidad. Y por qu mnima? – pregunta Alicia. Cuba es el pas menos idneo para realizar al go as. Pinsalo. Dependencia econmica casi total de los Estados Unidos, una gran cercana geogrfica y una envidiable situacin estratgica desde el punto de vista militar. Entiendo. A eso smale las dos bases navales, Guantnamo e Isla de Pinos. La mejor demostracin de que nunca admitiran un gobierno comunista en Cuba fue la intervencin del 65. Y si la interaccin econmica se desconecta de Estados Unidos y se vuelve para Rusia o China? Muy peligroso. Es una BMP todava mayor, equilibrios demasiado inestables, con una guerra nuclear como solucin de conflicto. No, seor. La historia permite accidentes, pero a la larga sigue las lneas de mayor probabilidad, esto tambin lo planteaba tu querido Engels. No importa que Hitler nunca hubiera existido, de todas formas habra surgido el nazismo y con l la segunda guerra mundial. Todas las condiciones econmicas llevaban a ello. Entonces? Nada. Que tienes unos sueos muy bonitos, pero na da realistas. Utopas adolescentes insatisfechas. De todas formas te los envidio. Ramn y Estela, sus figuras desgarbadas, diciendo adis desde la puerta y ellos que regresan sin que Alicia le diga nada a Eduardo acerca de llevarla a su casa.. -Sabes, Alicia? Lo que dijo Estela me hizo pens ar que este mundo tambin es una lnea de mnima probabilidad. Por qu lo dices? Por todo eso de la datura cubensis A ver, Qu probabilidad haba de que descubrieran una planta endmica as en pleno ao 64, cuando haba toda esa guerra civil en la isla? Y fjate que fue un punto de gran bifurcacin, a partir de ese descubrimiento todo cambi para siempre. No lo recuerdas? Quedaban cinco o seis plantitas nada ms en aquellos restos de mrmol azul, a punto de extinguirse, y de pronto el descubrimiento, la ex plosin alucingena, un milln de hippies de todas partes del mundo queriendo probarla y luego la prohibicin, el narcotrfico, corrupcin, mafia, etc., etc. El mejor ejemplo de un efecto mariposa.

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En el sueo l de pronto se encuentra en una fiesta llena de jvenes, los cuerpos oscilando al comps de la msica o la embriaguez y todos con di sfraces ridculos. l tamb in est disfrazado con algo que parece una sotana o el tr aje de un mago, con capucha incluida, lo que le permite mirar con sutileza todo lo que ocurre y pa sar inadvertido. Busca algn rost ro familiar y pronto descubre a Alicia en versin punk aplastada contra la pared por un vampiro que le manosea el cuerpo y como ella, entre risas, se deja hacer. Eduardo de pronto siente una agona de celos con deseos de estrangular al imbcil pero luego recapacita en que sta no es su Alicia, por eso se marcha de la sala en direccin al portal donde otros muchachos cabecea n al ritmo de una msica ininteligible mientras otros, con aspecto de sonmbulos, se abrazan a las columnas, conversan con los faroles o hacen cosas todava ms absurdas. De pronto se siente como un extranjero en aq uel lugar. Entre tantos papeles, se dice, tena que coger el de un rocker ito ingenuo. De pronto siente deseos de beber y regresa a la sala. Ya Alicia y el otro no estn, seguro se metieron en alguno de los cuartos. Vuelve a reprimir otro ramalazo de celos. Pasa al comedor y se sirve de una de las botellas. Bebe un poco. -Asere, queda ron ah? El que le pregunta es precisamente el vampiro, desd e el otro lado de la mesa. Eduardo le alcanza la botella y ve como el muchacho llena su vaso y se va a conversar con otra chica disfrazada de doncella medieval. Ahora escucha que lo llaman y es una joven que se le acerca y le habla casi en el odo. -La Sonia est llorando, dice que ahora s te perdi, que seguro ests con otra y no le puedes perdonar lo que te hizo, por qu no hablas con ella? A lo mejor va y quiere volver contigo. Le seala con la cabeza a una muchacha, que est sentada silenciosa en la esquina ms alejada del jardn. Eduardo cruza por un sendero de gravilla y ocupa la pl aza vaca en el banco de la tal Sonia. S, est llorando y posiblemente tambin muy dolida. -Cmo te sientes? -se aventura. Ella, entre sollozos, le susurra algo como: -Te quiero, yo te quiero, Eduardo, pero no puedo ser feliz, al final siempre estoy sola porque nadie me comprende, te puedo hacer mucho dao, todo ahora me va mal, no soporto a nadie, ni el trabajo, yo nunca voy a ser feliz, estoy vaca. l no entiende como una muchacha tan bella pued e estar tan angustiada y desea abrazarla, agarra sus manos pequeas e intenta consolarla pero sabe sin siquiera dudarlo, que en estos momentos nadie puede ayudarla, que es un duelo de ella misma contra sus races infantiles, el sencillo problema de no saber qu hacer consigo ahora que r ecin descubre que el mundo no est construido

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con rombos y tringulos perfectos, y lo real no es un juego de damas chinas, con sus reglas tan fciles y sus movimientos tan predecibles. Eduardo se deja llevar por la entrecortada letana de su voz y se pregunta si existir esa Sonia en su mundo real, de vigilia, luego ella se va tranquilizando, ya no habla en diptongos y al cabo de un tiempo, le pide disculpas por el discurso y se marcha a buscar un vaso de ron. “Nunca voy a entender a las mujeres”, piensa l y siente un deseo atroz de acabar de despertar. Al fin y al cabo, antes que a Sonia, demasiado nia para su gusto, preferira amar a Alicia punk enfebrecida, que busca y encuentr a de pronto de rodillas, el cuello doblado e intentando controlar su nusea, en medio de un corro de jvenes que no saben de pronto qu hacer. -Aire, lo que necesita es aire. La mirada de Alicia se escapa hacia algn cielo de color rosado, la mente viajando por otros parasos. -Aydenme a llevarla hasta el bao. Ella se deja levantar por debajo de los brazos, lu ego se arquea enferma sobr e el lavamanos, vomita y l abriga la esperanza de que todo el veneno salga expulsado de su organismo, la mezcla de alcohol y pastillas y piensa que es una suerte que en este universo no exista la datura cubensis. Alicia sonre como si fuera natural el estado en que se encuen tra, vomita otra vez salpicando el suelo. Con esfuerzo Eduardo logra que se meta a la baera – le ha pedido antes al resto de los amigos que se retirenella se deja sacar la ropa entre risas, su blusa empapada y sucia como un trapo negro, tirada en el lavamanos. Eduardo le urge con infinita paciencia a que coloque su cabeza bajo el chorro de agua, ella pugna por abrazarlo y atraerlo y l la rechaza suavemente. Al cabo de un rato, despus de lavar la ropa de la muchacha, advierte como poco a poco Alicia regresa a la realidad, borra la sonrisa y abre los ojos, luego susurra algo que l no entiende. -Qu t dices? le pregunta y ella vuelve a murm urar algo sobre “el complejo de Edipo, por eso no vienes.” Y se vuelve violentamente dndole la es palda y l entonces descubre el tatuaje de una estrella invertida sobre su nalga derecha y se hace consciente de que esta no es su Alicia, aunque usen perfumes idnticos, aunque se asemejen como dos gotas de agua –o de mercurio, para salvarse del lugar comnno lo es. A esta muchacha, en este universo de rock, tan machista, alguien le asesin a la nia virgen, romntica, hace varios a os. Solo espera que no haya sido l mismo. Mira en derredor el chiquero en que se ha convertido el bao y encuentra una toalla. -Tengo fro. -dice Alicia y l le ayuda a secarse. -Esprame aqu. Voy a buscarte algo de ropa. Eduardo sale en busca de la duea de la fiesta. Esta le presta una saya y una camisa de hombre. -Pueden dejar la otra aqu se cndose y maana la recogen. Eduardo le dice que es una buena idea, regresa al bao y ayuda a Alicia a vestirse.

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-Ests molesto conmigo? -pregunta ella. El, como buen torero, esquiva la pregunta. -Cuando quieras nos vamos le dice. Mientras avanzan por la avenida, Eduardo se aplica en entretener a Alicia, mantenerla medianamente lcida, con la misma destreza necesaria para que no tropiece con los contenes de las aceras. Al fin consigue que ella le indique la parada ms prxima, 41 y 42, donde tomarn alguna guagua que llegue hasta el Vedado. El Vedado, piensa l, entonces la Alicia de este mundo no vive en el mismo lugar que en el otro. -Te mudaste? – le pregunta, pero ella niega con la cabeza y le di ce que siempre vivi all, con sus padres, desde que era nia. -Tienes hermanos? Ella vuelve a negar, trasta billa y se agarra a l por el brazo para no caerse. -Coo, Eduardo, has ido a mi casa un montn de veces. Sabes que no tengo hermanos, por qu preguntas? l no contesta porque de pronto ha descubierto la presencia de un grupo de jvenes y, sin ser Tiresias, adivina que no tienen buenas intenciones. No hay tiempo para escapar. De pronto siente un golpe contundente en el cuello y lo empujan para apartarlo de la muchacha. -¡Sultala!, ¡sultala! grita uno de ellos amenazndolo con un cuchillo pe ro l no entiende en el primer momento. Son cinco. Tres a su alrededor y dos frente a Alicia, a va rios metros de distancia. Otro golpe, -¡Sultalo! y l comprende al fin que se refieren a la mochila. La descuelga automticamente de su hombro y se la tiende sin protestar al ms cercano. La toma n y se vuelven rpido para irse. La avenida est desierta –ni autos, ni policasen tonces le grita a la muchacha: -¡Corre!, ¡corre! pero al instante comprende que es una tontera y pide auxilio -¡Polica!, ¡polica! con toda la fuerza de la que es capaz. Los asaltantes se atemorizan y comienzan a correr, y Alicia viene entonces donde l, por suerte no la han tocado, ni siquiera le arrebataron el bolso, so lo le picaron el cordn con un cuchillo, no les dio tiempo a ms, y l suspira aliviado. No quiere imag inar lo que habra sucedido si alguno intentaba violarla. Lo habran matado, seguro, porque l nunca lo hubiera permitido. -¡Vamos! – le ordena a Alicia y comprende que a ella de pronto el susto le ha quitado todo rastro de embriaguez. Comienzan a caminar de prisa hacia la parada, pero antes de llegar ella lo detiene y le dice: -Eduardo, ests sangrando muchsimo.

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l descubre que su pulver y las manos estn em papadas de sangre. Le resulta extrao porque no duele, cmo va a doler si esto es un sueo?, recuerda, y trata de tranquilizar a la joven: -No es nada. No te preocupes. Ni siquiera me duele. Alicia se ve bastante asustada, y l comienza a sent ir mareos por la falta de sangre. Se presiona la herida en el cuello con dos dedos y llegan por fin a la parada. Un centenar de personas esperando, sin rastro de guaguas, ni taxis, autos o po licas. Eduardo comienza a ponerse nervioso. -No hay ningn hospital o policlnico por aqu? le pregunta a Alicia y ahora s comienza a sentir temor, porque de pronto ha sentido una punzada muy dolorosa y eso no es normal, nada normal. -Por Dios, por dios, esto es un sueo, yo lo controlo, todo est en mi mente, no pasa nada, no tengo nada, -dice pero entonces comprende que est hablando demasiado y vuelve a preguntar: -¡Alicia!, No hay ningn policlnico por aqu?, ¡Contesta! Ella de pronto se ilumina: -S, creo que hay uno por all abajo, un poco lejos, por 42 y 15 o 17, no recuerdo bien. -Dale, vamos. Aqu me voy a desangrar. Y comienzan a bajar a toda velocidad. Por suerte, al pasar por una gasolinera a ella se le ocurre otra idea: -Vamos a ver si tienen algn telfono. Conversa con uno de los guardianes y ste los deja pasar a una oficina donde hay un telfono encima de una mesita. Alicia disca los nmeros y habla con alguien, posiblemente su padre: -S, nos atacaron. No es nada grave, no te preocupes, ni siquiera me tocaron, pero Eduardo est herido en el cuello y est soltando bastante sangre. Puedes venir a buscarnos? …S, aqu, en la gasolinera de 42 y 39. Ven rpido. Caminan hasta la esquina y esperan. -Qu tenas en la mochila? pregunta Alicia y l se encoge de hombros. Luego se palpa los bolsillos y al encontrarlos vacos deduce que junt o a la mochila ha perdido el dinero y todos los documentos de identificacin. Luego de un par de minutos vuelve a sentir mareos y ella lo abraza. -Coo, Eduardo, aguanta, no te desmayes ahora. Pero l siente que la herida sigue abierta, no im porta la presin de los dedos y que la sangre corre por sus brazos como un manantial. De pronto todo comienza a oscurecerse. -Mira, ah viene. puede

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escuchar antes de sentir que cae dentro de un a negrura total y se le van apagando todos los pensamientos. -¡Eduardo!, ¡Eduardo, despierta! escucha la voz de Alicia y sus manos que lo zarandean como si fuera un nio y l por fin, despus de un gran esfuerzo, abre los ojos. -Gritabas dormido. Tuviste una pesadilla? l de pronto reconoce su cuarto y a Alicia, semidesnuda, mirndolo preocupada. Eduardo se lleva la mano al cuello y palpa con alivio la piel lisa y sin huella de heridas, tan solo un pequeo dolor, posiblemente un eco lejano del sueo o producto de alguna mala posicin mientras dorma. -Dios, murmura -fue muy desagradable. Alicia le pasa la mano por el rostro. -Ya pas todo. Ests aqu conm igo, en tu casa. Reljate. l da un suspiro largo y busca su cajetilla de cigarros en la mesita. -Quieres que te traiga un vaso de agua? – pregunta ella pero Eduardo niega con la cabeza. -No, gracias, mi amor. Durmete, no pasa nada. -Djame abrazarte. Ella pasa un brazo alrededor de su cintura, se pega a su cuerpo y lo besa en el hombro. Se mantienen en silencio un largo rato y luego, por el ritmo de su respiracin, Eduardo comprende que ella se ha dormido de nuevo. “Ahora s voy a tener que ir al psiclogo”, piensa, “A ver si me recetan alguna pastilla que me corte todos estos sueos de una vez. Voy a hacer lo que sea. As me operen, o me trasplanten otro cerebro, o me injerten una planta. Lo que sea.” Quita suavemente el brazo de la muchacha y se in corpora. Va al bao y abre el botiqun sobre el lavamanos. Rebusca entre los frascos de medicina hasta dar con uno que contiene pldoras para dormir. Ya en la cocina llena un vaso de agua y se traga dos pastillas, luego vuelve a la cama y se acuesta. Suspende la mirada en el rostro de Alicia y se recrea en su belleza, en la calidez que comunica su cuerpo bajo las sbanas. As, desp einada y sin maquillaje, se parece mucho ms a la otra. Poco a poco va sintiendo como el sueo lo invade. Cierra los ojos y a los pocos segundos logra quedarse dormido. -Hola. dice Alicia cariosa y arregla la almohada sobre la que l descansa su cabeza. Va a volverse boca arriba pero ella lo ataja con un gesto. -No, no te vires. Qudate as acostado de lado, recuerda que tienes la herida y te puedes lastimar.

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-La herida? -al enfocar los ojos descubre que se encuentra en una cama de hospital, reconoce algunos aparatos mdicos y en su br azo izquierdo hay insertado un suero. -Recuerdas? Nos asaltaron. Y a ti te hirieron en el cuello. “Oh, no”, piensa l angustiado, “Otra vez este sueo no.” Alicia sigue contando: -Ya cuando pap llegaba en su auto te desmayas te por la falta de sangre y tuvimos que traerte corriendo para el hospital. Te hicieron una transfusi n, despus una placa y te cosieron la herida. Lo de la placa fue porque el doctor pensaba que po dan haberte jodido la cervical o uno de los pulmones. Por suerte no pas nada de eso. Ya es ts fuera de peligro, pero me asust muchsimo. Cre que te moras. -Bueno. murmura Eduardo por decir algo, pero en el fondo est molesto por la ineficacia de las pldoras para dormir. Esta Alicia tiene hmedos los ojos, como si hubiera llorado y ahora aprieta una de sus manos entre las suyas. l de pronto siente una punzada de dolor y reprime una mueca. -Te duele? Debe haber pasado el efecto de la anestesia. S, le duele y Eduardo piensa que no debera, si es un sueo, y es bien sabido que los sueos no duelen, y de inmediato las dudas lo asaltan, “Y si esto al final no es un sueo?” Y son dudas como araas deformes que lo invaden destruyendo la razn lgica, la explicacin cientfica o psicolgica de lo que sucede y l ya no sabe qu pensar. “Y si esto es un universo paralelo, una ucrona tan real como mi mundo?”, pero apenas ha esbozado la posibilidad se ate rra y no quiere creer. Totalmente confundido, ni siquiera se percata de que una de las enfermeras ha entrado en el cuarto y se dispone a quitarle el suero. -Ya se despert? Alicia es la que contesta: -S, le duele un poco. -Eso es normal Cmo te sientes? le pregunta la enfermera. l contesta automticamente: –Bien. -Puedes levantarte? Prueba a ver. Eduardo obedece. No hay problema. Salvo la molestia en el cuello se siente perfectamente. -Camina un poco. l da unos pasos.

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-Muy bien. Tienes mucha suerte. Un milmetro ms a la derecha y ahora posiblemente estaras en una silla de ruedas para toda la vi da. Con la sutura que te hicieron ya no se infecta. De todas formas, cuando te baes, lvate bien la herida con jabn de lavar. Dentro de una semana ya puedes quitarte los puntos. -Gracias. El deseara tener ahora una camisa limpia y no ese pulver lleno de sangre coagulada. -All afuera hay un polica que te va a tomar declaracin acerca del asalto. Luego se pueden ir. Despus de dar todos los datos ellos se alejan hast a el parqueo en busca del padre de Alicia que se ha quedado esperando en el auto. -Qu hospital es este? le pr egunta Eduardo a la muchacha. -El CIMEQ. Es uno de los mejores. Fjate que te hicieron un Rayos x. En los dems hospitales la gente pasa tremendo trabajo y a veces hasta tienen que esperar varios das para que le hagan una placa. -Y eso debe costar bastante, no? -Cmo que costar? De qu tu hablas? -Digo, esto lo cubre el seguro mdico? -No entiendo lo que me dices. No insiste con el tema. Saluda al padre de Alicia y entran al auto. -Quieres que te llevemos a tu casa?, tus padres saben de esto? A Eduardo de pronto se le acelera el corazn. “ Mis padres?”, piensa, “Estarn todava vivos en este universo?” Realmente no se siente preparado para un encuentro as. -No, no. -dice y se descubre aterrado con la posibilidad. -Mejor que no se enteren, por favor. No quiero preocuparlos. -Bueno. De todas formas ya son como las cinco de la maana y t vives bastante lejos. Mejor duermes en casa. -Se lo voy a agradecer. -Aparte de que no tengo gasolina para llevarte hasta Alamar. -Alamar? va a preguntar extra ado pero se reprime a tiempo. El auto arranca y a los pocos minutos ya estn en el Vedado, frente al edificio de Alicia.

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-Estoy muerta -le susurra ella que apenas entran al apartamento va rpidamente a cambiarse de ropa por algo ms cmodo para dormir. El padre de Alicia le indica el sof de la sala. -Bueno, bastante que has dormido ah, ya ests acostumbrado. Se despide con un par de frases corteses y se encierra en su habitacin. Al minuto regresa la muchacha con una sbana y un pulver para l. -Vas a estar bien? -le pregunta y luego le dice: -N o te invito que duermas conmigo porque papi est un poco extremista ltimamente y te echa la culpa de todo lo que pas. Lo del aborto, ya sabes. Ya yo le expliqu que t no tenas nada que ver, pero no quiso creerme.” Eduardo se cambia de pulver. -Dmelo ac. -dice ella -Lo voy a poner en remo jo con detergente y maana lo lavamos. Ahora Alicia se acerca y lo abraza. -Eduardo, te quiero mucho. Lo besa rpido en los labios. -Siento por ti algo muy grande, que ni yo misma puedo explicarme muy bien pero no tiene nada que ver con el sexo, entiendes?” El no contesta y Alicia se separa y sonre triste. -Realmente tuvo que pasar algo as para darme cuenta de lo importante que eres para m. Ya s que este no es el mejor momento para decrtelo, pero te necesito ms de lo que imaginas. Hay un vaco de varios segundos donde los dos se mantienen en silencio. Luego ella rompe la escena con un bostezo. -Estoy reventada. Me voy a dormir. Hasta maana. -Hasta maana, Alicia. contesta l mecnicamente. Ella se aleja en direccin a su cuarto y Eduardo queda sin saber qu hacer, no tiene la ms mnima gota de sueo. Se dedica entonces a observar la sala, el televisor y el aparato de video con su coleccin de pelculas, la mayora son captulos de una telenovela de amor de esas, mexicana, por lo visto el kitsch reina en los dos mundos, aunque no cree que Alicia tenga tan mal gusto. Si acaso la madre. Ahora le toca el turno a un estante de varios pisos donde se alinean una gran cantidad de libros. Algunos escritores le son conocidos, otros ni siquiera los ha odo nombrar. Sin embargo sus ojos quedan prendidos en un ttulo concreto; Historia de Cuba (1950-2000) y rpidamente lo abre en busca de algunas respuestas que aclaren todo ese montn de dudas histricas que arrastra desde la

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primera vez que comenz a soar con este universo alternativo, hace veinte aos, cuando todava era un joven idealista que deseaba cambiar el mundo. Comienza a leer y ya desde el inicio empieza a en contrar divergencias. Por ejemplo, en este mundo Eduardo Chibs nunca lleg a ser elegido presidente sino que se suicid frente a los micrfonos de la emisora donde hablaba poco antes de las elecciones del 52. Ese mismo ao Batista dio un golpe militar que derrib al presidente Prio Socarrs y se hizo con el poder. En su mundo se dio ese mismo golpe seis meses ms tarde, despus que Chibs tomara posesin de la presidencia por eleccin popular y comenzara a promulgar medidas pr ogresistas a favor de los trabajadores y en contra de la corrupcin. Batista, con el apoyo del ejrcito, rode con tanques el palacio presidencial y conmin al Chibs a rendirse, pero ste se neg a deponer su mandato. Despus de un enfrentamiento de varias horas, el presidente y ot ros de sus seguidores fueron muertos por las balas de los soldados. Fulgencio Batista, una vez llegado al poder, suspendi la Constitucin, disolvi el Congreso e instituy un gobierno provisional, prometiendo elecciones para el ao siguiente. En 1953 se produce en los dos universos el asalto al cuartel Moncada, dirigido en ambos por Fidel Castro, proveniente del partido ortodoxo, con una ligera diferencia que luego resulta trascendental para el curso posterior de los hechos. Segn Ramn y los papeles que le dej, en su universo los soldados sorprenden y asesinan a Fidel junto al resto de sus hombres. Sin embargo, segn el libro, en este mundo Castro no muere, sino que casi milagrosamente es hecho prisionero y luego es trasladado, con otros supervivientes del asalto, al presidio de Isla de Pinos. Ms tarde es indultado y entonces se va a Mxico a preparar una expedicin. En 1956 Castro desembarca en la isla en un yate junto a 80 insurgentes ms. Con ellos viene un tal Ernesto Guevara, el “Ch”, quien va a ser muy importante para la historia de la Revolucin algn tiempo despus. A Eduardo ese nombre en especfico, Ernesto Guevara, le resulta familiar, pero no relacionado con Cuba, si no ms bien con las guerrillas andinas. Tendr que preguntarle a Ramn cuando despierte. Sigue leyendo. Los expedicionarios son emboscados po r el Ejrcito y sufren bastantes bajas. Fidel y los otros supervivientes se adentran en la sierra Maestra, donde comienzan a organizar el Ejrcito Rebelde. Durante el siguiente ao las fuerzas de Fidel Castro utilizan la guerra de gu errillas para enfrentarse al gobierno de Batista y obtienen un considerable apoyo popular; sus fuerzas logran constantes triunfos y el 31 de diciembre de 1958 Batista re nuncia al gobierno y huye del pas. Se establece un gobierno provisional y a principios de 1959 Fidel Castro se convierte en primer ministro. Es curioso, piensa Eduardo. Al parecer la suerte de Fidel Castro, el que sobreviviera o no, es un punto de gran bifurcacin, para hablar en los trminos fractales de Estela. A partir de ah la historia de Cuba toma un camino completamente distinto en ambos mundos. Pero ahora viene lo interesante.

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La lnea de mnima probabilidad. Qu pasa con la economa? Qu pasa con la dependencia de los Estados Unidos? Eduardo sigue leyendo. En 1960 el presidente de Estados Unidos suspende la cuota azucarera cubana. Como reaccin se nacionalizan las ms importantes compaas norteamericanas en la Isla. Cuba comienza los contactos con los pases socia listas y los Estados Unidos decretan el embargo (bloqueo) de mercancas con destino a esta. Poco despus Estados Unidos rompe sus relaciones con Cuba. En 1961, mil 300 exiliados anticastristas, apoyados y entrenados por Estados Unidos, llevan a cabo el ataque a Playa Girn y Playa Larga, en Ba ha de Cochinos. Estos son derrotados en solo 3 das. Eduardo mira la hora. Casi las seis y media de la maana. Ya a travs de la ventana se divisa una tenue claridad en el horizonte. De pronto se siente mortalmente cansado y le vuelve a molestar la herida en el cuello. Por un momento piensa dejar la lectura y dormir un poco pero es que ahora es cuando se pone ms interesante. Era como decan Ramn y Estela. Una vez rotas las relaciones con Estados Unidos, la economa cubana deriva hacia el bloque socialista. Sigue leyendo. En otoo de 1962 las relaciones entre ambos pases se vuelven an ms tensas, cuando Estados Unidos comprueba que Cuba ha instalado en su territorio misiles de origen sovitico. “Ya est”, piensa Eduardo, “la guerra nuclear como solucin de conf licto.” Despus de varios das de negociaciones, durante los cuales la guerra nuclear parece inminent e, el presidente sovitico Nikita S. Jruschov acepta desmantelar y eliminar las bases de misiles, a cambio de la promesa del presidente Kennedy de no invadir la isla. “Demasia do fcil”, piensa Eduardo. “Esta es otra lnea de mnima probabilidad, bastante inverosmil eso de no in vadir la isla, parece una solucin a lo Hollywood”, pero en el fondo se queda con la duda. Va a continuar leyendo, pero las letras han come nzado a bailar ante sus ojos y a ponerse borrosas, signo seguro de que ya es hora de regresar a su mundo. Bueno, por lo menos esta vez siente que aprovech bien el tiempo, piensa antes de que la ya conocida bruma gris se apodere de todo. Cuando despierta ya son casi las doce del da. Alicia se ha ido a sus clases y le ha dejado una nota encima de la mesa. “Hola, mi bello durmiente. Te veas tan plcido que me dio pena despertarte. Hoy me toca cocinar en casa, y me encantara que fueras. Nos vemos en clase. Un beso. Alicia.” Lo que Eduardo no entiende es por qu, si ya de spert, sigue sintiendo ese dolor en el cuello, exactamente en el lugar de la herida. Va al bao y se mira en el espejo. Toda la zona est enrojecida e inflamada, como si le fuera a brotar un grano. “Claro”, piensa, “eso es lo que explica de que doliera tambin en el sueo.” Ahora recuerda el caso que ley en un libro de psicologa, acerca de una nia que so que un perro la morda en un to billo, y das despus le apareci una llaga en el mismo sitio. Tres explicaciones posibles. Primera. Explicacin racional, la ms lgica: de alguna

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manera el inconciente “saba” que le iba a brot ar esa llaga, y esto provoc el sueo del perro. Segunda: Si a alguien en estado de hipnosis se le dice que le van a tocar con un cigarro o un clavo ardiente, y luego solamente le tocan con un lpiz o algn otro objeto inocuo, en el lugar aparece la huella de una quemadura. Esto explica el fenme no de los “estigmatizados.” Tercera. Explicacin ms irracional de todas. La nia viaja a un mundo paralelo donde es mordida un perro y al regresar le brota la herida en el mismo lugar. Entonces? Al parecer lo mejor es quedarse con la primera hiptesis. Bien, ya est la explicacin al dolor, sin necesid ad de mundos paralelos, pero de todas formas hay cosas que no encajan. Cuando Eduardo era adolescente, una vez so que estaba en una biblioteca llena de libros preciosos que estaba buscando desde haca tiempo. Abri uno de ellos pero no pudo leer porque las letras aparecan totalmente borrosas. Se puede leer en un sueo? Por qu no? El inconciente tiene poderes ocultos que…bla, bla. Ni siquiera se sabe qu coo es el inconciente. En verdad el concepto es tan irracional co mo la idea de los mundos paralelos. Llegando a la universidad hay una aglomeracin de personas curiosas alrededor de algo que despus resulta ser un muerto tirado en la calle. El lugar est acordonado por la polica y l le pregunta a un viejo lo que ha ocurrido. -Le metieron tres tiros. Uno en la cabeza. -le contesta el anciano. -Es un lavacarros. agrega despus despectivamente. La jerga popular le dice “Lavacar ros” a los mandaderos de los narcotraficantes. -Cmo lo sabes? pregunta Eduardo. -No lo ves? Tiene una cadena de oro y un reloj carsimo. No fue para robarle. -Y ya saben quin es? -No, parece que no es de por aqu. Es un cual quiera. Vena caminando y lo sorprendieron. A lo mejor en el peridico de maana lo dicen. -Ah, bueno. Gracias. Por lo visto el mundo del lado de ac sigue tan mediocre como siempre, llenndose de muertos, drogas y chimeneas y la nica opcin en el futuro, por lo menos para l, es acabar de jubilarse y terminar convirtindose en un escritor empedernido, eso en el mejor de los casos, con esposa e hijos, -preferiblemente Aliciarecordando aquell os sueos gloriosos en que una Revolucin se hace posible, y a cada uno le toca lo que le corresponde, as sea un plumero, un helicptero, cien lingotes de oro o un horno de microondas.

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Todava falta una hora para su clase, por lo que al llegar a la Colina decide visitar la biblioteca y revisar un poco en los libros de historia, para precisar algunos datos y compararla con la de Cuba de sus sueos. Por lo visto un buen punto de bifurcacin entre ambos universos es la accin de un grupo de jvenes universitarios, quienes atacan el palacio presidencial en marzo del ao 57 y logran ultimar a Batista. Al no recibir el apoyo esperado, muchos de esos jvenes, incluyendo a su propio dirigente, Jos Antonio Echevarra, son asesinados por la polica minutos despu s de retirarse de Palacio. Posteriormente a la muerte de Batista, hay una lu cha de poderes entre los diferentes partidos y sectores del ejrcito y Cuba se convierte en el escenario de una guerra civil que al final es lo que provoca la intervencin norteamericana en diciembre de ese mismo ao. A principios de enero del 58, la OEA acuerda el alto el fuego y establece sus propias fuerzas militares para mantener la paz. Las fuerzas de la OEA comienzan a llegar a mediados de febrero y en marzo los marines estadounidenses se retiran del pas, aunque permanecen 7.000 soldados de otros cuerpos militares. Durante el verano de 1958 la OEA intenta negocia r un acuerdo entre los leales a Batista y los dirigentes de los partidos opositores. A finales de agosto las facciones acuerdan establecer un gobierno provisional y posteriormente, se celebran las elecciones presidenciales, en las que el conservador Carlos Pro, por el Partido Autntico, gana con el 56 por ciento de los votos. Bajo su administracin, la fuerza mostrada por la econom a, con la ayuda de la inversin extranjera -en muchos casos provenientes de los grupos mafiosos norteamericanos-, el incremento del turismo y los altos precios del azcar, producen una relativa estabilidad poltica en el pas. Cuatro aos despus, en 1963, le toca a Orestes Noceda, por el Partido Ortodoxo, tomar el gobierno de Cuba. Ese mismo ao se produce el descubrimiento, nefasto por sus consecuencias, de la Datura Cubensis planta endmica a punto de extincin y -como se sabr algunos aos despus-, con propiedades psicoqumicas tan poderosas que se convertir, a partir del procesamiento de sus principios activos, en la droga ms codiciada por todos los narcotraficantes del mundo. Comienzan a desarrollarse grupos mafiosos nacionales que establecen guerras entre ellos para controlar el mercado. Poco a poco la corrupcin y la violencia se aduea de todos los estratos de la sociedad. La situacin se torna insostenible y se suceden unos gobiernos tras otros, cada cual ms corrupto que el anterior. Las huelgas y manifestaciones de obreros y estudi antes son tema casi cotidiano en los diarios y noticieros de televisin. Cada cierto tiempo surgen grupos guerrilleros en las montaas y movimientos de liberacin clandestinos en las ci udades que son rpidamente reprimidos por el ejrcito y los grupos paramilitares, pero estos vuelven a brotar como hongos despus de un aguacero. Y as hasta hoy. Cuba, la puta adicta de l Caribe, como la llaman por todos lados. Eduardo mira la hora y comprueba que ya es su turno. Devuelve los libros y sube las escaleras.

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Cuando llega al aula, Alicia le so nre desde la ltima fila y l le agradece en silencio que haya decidido guardar las apariencias. Hoy le toca dictar una clase sobre el punto de vista del nivel de realidad. Se explaya con “Otra vuelta de tuerca” de Henry James y “El reino de este mundo” de Alejo Carpentier. Casi nadie conoce a Carpentier, a pesar de su premio Cervantes, y mucho menos de su origen cubano. -Vamos para mi casa. le invita Alicia una vez que terminan las clases. -A Felipe un amigo le prest su auto y nos podemos ir con l. Ella se cuelga de su brazo y comienzan a caminar a un costado de la biblioteca. -Esta vez voy a cocinar yo, a ver si te gusta lo que hago. Te puedes baar all y mi hermano te presta algo de ropa. -Est bien. -contesta Eduardo, -yo me encargo de la ensalada fra o del cctel de frutas. -Me parece genial. Te gusta el pastel de limn?, lo compr ayer con descuento. -No. Es muy cido para m. -Qu lstima. Es uno de mis preferidos. Eduardo se detiene unos segundos para encend er un cigarro. Luego continan caminando. -Felipe dijo que lo esperramos en este lugar -dice Alicia y se detien en en la avenida que pasa por el costado de la universidad. -Mi hermano es un fan de la ciencia ficcin, sobre todo de la rusa. Le puedes preguntar todo lo que quieras sobre ucronas o universos paralelos. l sabe un montn de esas cosas. -Muy bien. Le preguntar. -Oye, no me has contado Ayer volviste a soa r con ese mundo? Dijis te que haba sido muy desagradable. -S, un poco. -Mira, ah viene Felipe. Me lo cuentas despus. Saludos, apretn de manos. El auto arranca y baja por calle L a buscar Lnea. Ya cerca del tnel hay congestin de trfico y deben esperar un cuarto de hora para proseguir. De pronto Eduardo reconoce el edificio del sueo. -Alicia, t viviste aqu cuando nia? Ella se sorprende: -S, toda mi infancia. Cmo lo sabes? -So que vena aqu, contigo, o mejor dicho, con la Alicia del sueo.

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-Mam y yo nos mudamos para Centro Habana des pus que a mi padre lo mataron. All conoci al pap de Felipe. Despus de un par de aos se casa ron y yo me gan al hermanito este que ves aqu. -Al principio no nos soportbamos. -explica Felipe y sonre recordando. -Nos hacamos maldades y siempre yo era el que terminaba castigado, por la carita de pureza virginal que pona la muy descarada. Todos ren. Luego exclaman con jbilo al ver que la fila de autos comienza a moverse. -Por suerte para m, con el tiempo nos fuimos entendiendo poco a poco hasta que nos hicimos inseparables. El auto acelera y comienza a atravesar el tnel. -…Por eso, cuando decidimos independizarnos, vinimos juntos para este apartamento en Playa. El auto toma por 31 y a los pocos minutos ya se encuentran frente al edificio. -Vayan entrando y haciendo algo en lo que compro algunas cervezas y busco un parqueo decente. sugiere Felipe y ellos aceptan. Ya en el ascensor, Alicia lo abraza. -Cuando le cont a mi hermano sobre nosotros, me dijo que yo era muy joven para ti. Que te iba a hacer mucho dao, porque t eras “silencioso y anti guo”, esto es una cita textual, y yo era medio alocada. -Y t que le contestaste? Eduardo siente que el corazn comienza a palpitarle un poco ms de prisa. -Que no se preocupara. Que te amaba as, que no me parecas ni silencioso ni antiguo, y nunca hara nada que pudiera dolerte. Se quedan callados, mirndose y luego se besan. El ascensor se detiene y las puertas se abren. Entran al apartamento. -Voy a hacerte un arroz imperial. Es sencillo pero s que te va a encantar. Vas a baarte primero? -Bueno… -Ven. Alicia lo gua hasta el bao. -Aqu tienes la toalla y todo lo que ne cesitas. Luego te traigo algo de ropa. Mientras se baa siente la llegada de Felipe. “E spera, te voy a ayudar”, escucha que le dice a la hermana y despus de unos minutos, cuando ya Eduard o est seco y envuelto en la toalla, se abre la puerta del bao y entra Alicia.

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-Mira, ponte esto. Ella vuelve a salir conteniendo la risa y l enseguida comprende. Es un T-shirt negro de esos que se ponen los rockeros, con la imagen de una banda cubriendo casi toda la parte delantera. Homeostatic Universe. Una broma. Lo curioso no es eso, sino que se trata del mismo pulver que usaba en el mundo del sueo. Simple coincidencia o algo ms profundo? Al final, resignado, se pone el disfraz y sale del bao. Felipe y Alicia rompen en carcajadas pero es una risa sana y por ello no se enoja. -Te ves hasta ms joven. dice ella y Eduardo comprende que lo dice en serio. Mientras Alicia se ducha, Felipe in vita a Eduardo a tomar cervezas. -Mi hermana me cont lo de tus sueos. Es muy inte resante. Casi de ciencia ficcin, no? Universos paralelos. Eduardo se revuelve inquieto y toma un poco de su botella. Luego se anima: -En ese tema debo reconocer que estoy en paales. Alicia me dijo que podas explicarme un poco. -Algo, s. Pero solo en superficie. No domino las matemticas ni los ltimos descubrimientos cientficos. Solo lo que he encontrado en Internet y en algunos libros. -Descubrimientos cientficos? Pens que eso era solo tema de la ciencia ficcin. Quiero decir, libros fantsticos, pelculas con efectos especiales, pero nada serio. -No lo creas. Hay muchos cosmlogos en la actualidad que proponen nuestro universo como una especie de red multiplicada de universos paralelos. La llaman multiversos o multidominios. Cmo es eso? Explcame mejor. -Seguramente conoces la teora del Big Bang. -S, claro. Lo dan hasta en la primaria: una pequea y superdensa bola de fuego que estall bruscamente hasta conformar este universo que ahora conocemos. -¡Exacto! Lo que sucede es que para la ciencia de hoy, el Big Bang es solo una parte de la cosmologa inflacionaria. As pueden explicar la complicada pregunta de Y qu haba antes? Olvdate de la bola de fuego. El universo m s bien se parece a un enorme fractal, un fractal creciente, con muchas burbujas que se inflan y generan otras, que a su vez dan nacimiento a otras, en un proceso infinito y eterno. Escuchan abrirse la puerta del bao y luego ven como Alicia sale envuelta en una toalla y se encierra en su cuarto a vestirse. Felipe toma un poco de cerveza y contina su explicacin: -Por lo tanto, Eduardo, la evolucin del universo como un todo no tiene principio ni final, y que se jodan los religiosos. Esto que siempre hemos llamado universo, es tan solo una de las burbujas del

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enorme fractal, un dominio independiente de un multiverso infinito. Por supuesto, cada burbuja podra enfriarse de forma diferente y estar gobernada por leyes fsicas distintas. A Eduardo la incredulidad lo corroe como una picazn de ortigas, hasta que no soporta ms la penitencia y pregunta: -Ven ac, y dnde estn esos universos? Por qu no los veo por las noches en el cielo? Por qu tampoco los han descubierto con los telescopios?” -No se pueden ver por algo llamado el radio de Hubble, que establece nuestro horizonte de observacin, y este es bastante pequeo, tan solo cuarenta potencias de diez de la escala atmica. Eduardo comienza a temer que nunca va a asimilar las proporciones que describe Felipe. -Ms all de nuestro radio de Hubble, -contina s te sin piedad -puede que se encuentren capas de estructuras mayores. El problema es que la luz t odava no ha llegado desde las regiones que estn situadas ms all de nuestro horizonte actual. A lo mejor en un futuro lejano podremos ver que habitamos un universo burbuja, y percibamos sus bordes. Alicia ha salido de su cuarto, pasa por la cocina un momento a revisar la coccin del arroz y luego viene a la sala, pero se sienta en un rincn de la misma. Desde all los mira con las rodillas abrazadas y asiente a todo cuanto dice su hermano, sin intervenir. Eduardo pregunta: -Y cmo es eso de que una burbuja genera otra? -Dicen, no est demostrado, que dentro de cada hueco negro tal vez se encuentre la semilla de un nuevo universo en expansin. Eduardo toma el ltimo sorbo de su cerveza y enciende un cigarro. -Todo esto que dices me parece muy interesante, pero no me sirve. O sea, veo la idea de los universos mltiples pero no la de universos paralelo s. Bueno, s, existen paralelamente, pero no son similares, ni siquiera parecidos. Y no creo que dentro de las infinitas combinaciones, de la casualidad de que surja otra burbuja, como dices, donde exista una Cuba alternativa, o donde existamos yo y Alicia. En cualquier caso, aunque as fuera, ese universo estara tan infinitamente lejos que nunca podramos comunicarnos con ellos. -S, por ese lado tienes razn. Quedan en silencio durante unos segundos, ocasin que aprovecha Alicia para entrometerse. -Conocen a alguien que prome ti ayudarme con la ensalada? -S, Alice, disclpame. Ahora mismo me encargo. -dice Eduardo y acompaa a la muchacha a la cocina. Felipe le hace un gesto de resignacin y se sienta frente a la computadora a revisar su correo electrnico.

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Eduardo es habilidoso y en diez minu tos logra terminar la ensalada. Mi entras tanto, Alicia separa las masas de pollo y las mezcla con mayonesa. -Algo ms? pregunta Eduardo y ella le encarga poner la mesa. Mientras cenan, y a peticin de Alicia, Eduar do cuenta los avatares de su ltimo sueo. -Y dices que te sali algo en el cuello? Djame ver… Ella se acerca y exclama: -S, lo tienes inflamado. Despus recurdame ponerte hielo. El sigue contando y Alicia se interesa especialmente por la parte donde aparece su padre. -Y cmo era? Descrbemelo. Eduardo la obedece y ella va asin tiendo con cada detalle y su rostro se torna triste. Luego se marcha a su cuarto y regresa con una foto. -Era as? l reconoce el rostro, afirma, aunque en la imagen est mucho ms joven y el padre de Alicia sonre al pie de una columna de mrmol quebrada. -Es de su viaje a Grecia. -aclara ella y se marcha otra vez al cuarto. Como demora en regresar, Eduardo se excusa con Felipe y va a buscarla. Ella est llorando sentada en la cama, con la foto entre las manos. -Lo mataron -dice ella con un susurro. Fueron lo s parapoliciales. Por revolucionario. Eduardo la abraza y espera que se calme. Luego regresan a la sala. Ya `para entonces Felipe ha recogido y fregado toda la vajilla. Abren ms cervez as y Felipe vuelve a tomar la palabra: -Todo este debate acerca de los mundos mltiples yo creo que viene desde la antigedad, desde Platn y Aristteles, pienso que los dos nos de jaron hiptesis muy interesantes, solo que el paradigma aristotlico fue el que ms se desarr oll, dominando todas las ramas de la ciencia. -Explcate. -Qu deca Aristteles? Lo que todos creemos hoy Que la realidad fsica es fundamental y las matemticas son solo una herramienta til para p oder describirla. En cambio, Platn deca lo contrario: que la verdadera realidad eran las es tructuras matemticas, y lo que nosotros percibimos como real son solo imperfecciones, dadas por las limitaciones de nuestros sentidos. O sea, si lo traducimos a nuestro tema, Platn sugiere que las estructuras matemticas existen y que cada una corresponde a un universo con sus propias leyes. Entonces nuestro mundo sera tan solo un subtipo de cierto universo matemtico. -S, todo eso est bien, Felipe, pero todava no encuentro nada, aunque sea lo mnimo, que explique de alguna manera todo esto por lo que estoy pasando.

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Felipe asiente con la cabeza. -Ahora recuerdo. Hay un libro de ciencia fi ccin rusa que he reledo varias veces, Viaje por tres mundos de los Abramov –creo que son padre e hijo, si no me equivocodonde hablan de universos paralelos, y lo que narra es muy parecido a lo que nos has contado. En esa novela, un periodista es suplantado temporalmente por un alter ego que vive en un universo paralelo. -Aj, eso me gusta ms. -Contino. Este doble le deja una nota al periodista donde le pide que busque en su mundo a dos cientficos concretos, y que ellos le explicarn lo que sucede. El personaje logra contactarlos y luego se somete a un experimento en el que su mente es disparada hacia el cuerpo de sus alteregos que viven en otros universos. -Interesante. -dice Eduardo. -Sigue contando. -El primer viaje es a una ucrona del presente, donde l ya no es periodista, sino cirujano, y est casado con otra mujer. El segundo viaje es al pasado, a una bifurcacin donde l se encuentra detenido por la Gestapo. (En el mundo real l pudo escapar) y el tercer viaje, que realmente echa a perder un poco el libro, es una visita al futuro lumi noso del socialismo. De todas formas es un relato bastante interesante. -Y cmo explican el experimento? -Disparates. Papilla neutrino-antineutrino, transfor mador de corriente biolg ica, superposicin de biocampos, ritmo kappa, etc. Lo mismo de siempre. Creo que lo tengo en digital. Te lo puedo enviar por correo. -Muy bien. Y cmo explican la existencia de esos mundos paralelos? -No la explican. Existen y ya. No se basan en la superposicin ni en los problemas de la funcin de onda, ni siquiera en el experimento del gato de Schrdinger.” -Felipe, me ests hablando en chino. Cul es el experimento ese del gato de no s quin? -De Schrdinger. Bueno, realmente es un experime nto mental, llamado as por Erwin Schrdinger, uno de los precursores de la mecnica cuntica. -Ah. -El experimento tiene que ver con una de las te oras ms locas de la fsica: La IMM, la Interpretacin de los Mundos Mltiples. De alguna manera es lo que buscamos. Segn esta hiptesis, no hay un solo universo fsico, sino infinitos de ellos, que coexisten en paralelo, cada uno diferente de los dems, algunos muy distintos, ot ros casi idnticos, con solo ligeras diferencias. -Perfecto. Sigue.

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-El experimento es un poco cruel, pero como es me ntal, no nos metemos en problemas con la liga de proteccin de animales. Por suerte cuando se public todava estas ligas no existan. -Al grano, Felipe. -Bien. El experimento consiste en encerrar a un gato en una cmara de acero que tiene un contador Geiger, en la que se ha colocado una fraccin minscula de sustancia radiactiva, tan pequea que la probabilidad de desintegracin del tomo es del 50 por ciento. El contador est conectado a un detector que, si ha tenido lugar la desintegraci n radiactiva, rompe un bulbo que contiene cianuro potsico. En caso contrario, el bulbo no se rompe. -Por supuesto -dice Eduardo -En el primer caso, el gato muere envenenado. En el segundo, el gato sobrevive. -¡Qu sdico! -comenta Alicia que reprime los deseos de bostezar. Bueno, sigue. -Al cabo de una hora, tenemos dos probabilidades: el gato est vivo o est muerto. -Elemental, Watson. -Sin embargo, y ahora viene lo interesante, segn pr opone la fsica cuntica, ¡el gato no estara en ninguna de las dos situaciones! -Cmo es eso? -Al cabo de una hora, la funcin de onda que describe al gato no sera la del animal vivo, ni la del muerto. El gato estara en estado cuntic o: el gato muerto junto con el vivo.” -Y si abrimos la caja qu es lo qu veramos? -El problema es que nosotros tambin nos dividiramos en dos. En un universo veramos al gato muerto. En otro veramos al gato vivo. No existe la reduccin de la funcin de onda, y la realidad viene dada por esa funcin. De pronto Felipe abre otra lata de cerveza, bebe con los ojos brilla ntes y dice un poco exaltado: -No entiendes? La consecuencia que se extrae de todo esto es que existen tantos universos como opciones csmicas haya habido hasta ahora, y en uno puede haber una Cuba donde triunf una revolucin socialista, y en otro estamos nosotros tres conversando y tomando cerveza, y en otro mi padre nunca conoci a la madre de Alicia, y en otro eres famoso, y en otro ests muerto y as, hasta el infinito. Esa sera la respuesta final a la pregunta de por qu este universo es como es y no de otra manera: porque existen tambin todos los otros. Felipe se calma, sonre y mira a Alicia que ya casi se ha quedado dormida. Baja la voz.

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-El otro da me le Cuarentena de Greg Egan, donde tambin se habla del principio de superposicin. Lo interesante es que en esta nove la, los observadores tienen el poder de elegir y colapsar aquellas bifurcaciones que ms les convienen. Quin sabe? A lo mejor eres el nico ser humano que tiene la capacidad de experimentar es a superposicin y observar otro de esos mundos. Sencillamente soando, sin aparatos, ni biocorrien tes, ni naves csmicas. A lo mejor eres una especie de gato de Schrdinger y ests fl uctuando entre tus dos funciones de onda. Se sirve otro vaso y se entretiene un rato en ver los reflejos del lquido en el cristal. Luego se acerca y habla todava ms bajo, como si temiera que alguien ms estuviera escuchando: -Lo jodido del gato de Schrdinger es que todos los observadores del experimento tienen un deseo secreto de verlo morir. Unos, para comprobar que este es el peor de los mundos posibles, otros, para registrar lo sublime de un universo nico, con el hombre como reliquia central, principio antropocntrico. Enciende un cigarro y mira al techo. -Imagina ahora un punto de gran bifurcacin. –dice -De pronto el pueblo judo elige que sea Barrabs y no Cristo el crucificado. O que Pila tos no se hubiera lavado las manos. Hubiera sido posible? Entonces Cristo tambin fue una especi e de gato de Schrdinger? Sacrilegio como funcin de onda. A nivel cuntico, Cristo no estar a ni vivo ni muerto. Cmo se interpreta? Cul es la significacin de un Cristo bifurcado? La Resurreccin? Tonteras. No es Dios, no es el Universo el que termina por joder a Cristo (o al gato de Schrdinger) es el colapso de mentes unidas. Los observadores. El paradigma, que de cierta manera se defiende cruelmente de todo aquel trasgresor que ose dinamitar sus estructuras, aunque despus se haga culto y se exalte a la figura sacrificada. Siempre es igual: mira la historia: Ar istteles, Nietszche, Mozart, Lovercraft, Van Goh, Giordano Bruno. Los locos. Eduardo interviene: -Y Newton, Edison y Einstein? Felipe sonre: -Esos no rompen el paradigma fundamental: la evol ucin de la tecnologa en mejores mquinas para matar, para borrar la especie. -Entonces Dios no nos quiere. -A qu te engaas, Eduardo? No es Dios; somos nosotros. Nos encanta matar gatos. -A menos que ste se rebele. -Exacto. Ya vas entendiendo. -Pero, cmo puede rebelarse un gato en esas condiciones?

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-Induciendo a la sustancia a no desintegrarse. -S, claro, pero cmo? -Cambiando la realidad con sus propias nuevas leyes. Irse a la estructura bsica, quin sabe?, a lo mejor hasta el nivel de las supercuerdas, del qubit, modelar las vibraciones. Y ya que estamos hablando de qubits, podra teleportarse y al carajo los observadores, el colapso, Dios, o lo que sea. No habra gato, ni vivo, ni muerto, sencillamente al abrir la caja no habra nada. Tercera opcin. Ahora Felipe se levanta y trastabilla un poco, como si estuviera mareado. -No me hagas mucho caso. Al fin y al cabo todo esto es solo literatura fantstica, no? Hasta maana, profesor. El joven se aleja y se encierra en su cuarto. -Hey, linda, vamos a dormir le dice Eduardo a Alicia, que lo abraza y se deja llevar hasta la cama como una nia pequea. Ella inmediatamente se acur ruca debajo de las sbanas y cierra los ojos. El, por el contrario, no puede conciliar el sueo. Esta vez no se dio cuenta de cmo lleg. Baja el teln, sube el teln y ya est del otro lado. Se encuentra en un dormitorio desconocido, las paredes repletas de fotos y afiches de bandas de rock. A su lado, cubierta por una sbana hasta los hombros, duerme una muchacha cuyo rostro le resulta familiar. La reconoce. Se trata de Sonia, aquella chi ca con la que convers en la fiesta de disfraces. Escucha el timbre de un telfono y pasos afuera, en lo que debe ser la sala del apartamento. Alguien descuelga y percibe una voz apagada, de mujer, que contesta la llamada. Luego los pasos se acercan a su puerta. -¡Eddy! Es para ti. l reconoce en el acto la voz de su madre, una voz que no escuchaba desde que muri de cncer seis aos atrs y que ahora lo estremece por completo. El corazn comienza a bombearle con fuerza. -Creo que es Alicia Vas a contestar? y l le responde que s, se pone un pantaln a toda velocidad y sale del cuarto preparado a duras penas para enfrentar su rostro. -Hola, mam. -tartamudea y ella se encoge de hombros y entra en la cocina. Todava temblando, Eduardo toma el auricular y se lo lleva al odo. –Dime. -Cuntame. Por fin que pas? S, es Alicia, pero no sa be a lo que se refiere. -Qu quieres decir?

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-Con Sonia. Me dijiste que ibas a salir con ella Volvieron? -Creo que s. -¡Felicidades! El percibe que su alegra no es autntica. -Alicia, quiero verte. Te ngo que contarte algo. Ella se demora en contestar. -Est bien. Cundo? -Ahora mismo. -Ahora? Y Sonia? l tiene deseos de decirle que la tal Sonia no le interesa en lo ms mnimo, pero se reprime. -No, ella se va a ir ahora. Creo que tiene un examen. -Ah, bueno. Quieres que vaya para all o t vienes a mi casa? -Ven t, lo ms rpido que puedas. -Est bien. Dentro de media hora estoy all. Cuelgan. Se impone, antes de cualquier acto que va ya a acometer en este mundo, una demostracin, un experimento, as sea el experimento ms trillado del mundo. Eduardo se pellizca en el brazo y s, le duele, entonces esto no es un sueo. Y a la mierda la psicologa. Se acerca a su madre, que est de espaldas, fregando la vajilla, y se queda mirndola con atencin. S, es ella, mucho ms joven, un poco ms delgada de lo que recuerda por las fotogr afas. Ella parece que se ha percatado de su presencia inmvil en la puerta porque le pregunta sin mirar: -Qu te pasa? -Nada. Solo quera verte. La madre sonre sin dejar de fregar. Se vuelve por un instante y l se queda extasiado ante ese rostro. -Todava tu muchacha est ah? l afirma sin dejar de observarla, luego se acerca y la abraza. -Eh, qu haces?, te volviste loco? pero l la aprieta fuerte y siente que los ojos se le humedecen. -Te amo, mam. -Ya, ya, djame, estoy toda mojada. Algo malo debiste hacer para que ests ahora tan carioso. Se separan y ella vuelve a su labor.

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-Ests muy raro. Pero l de pronto se siente feliz. -Y pap? -pregunta. -Trabajando. Dnde iba a estar? T sabes que l es ms comunista que nadie. -S? Eso le extraa realmente y lo hace sonrer. Que curioso. En su mundo su padre era “ms capitalista que nadie”, hasta el punto de que no pudo con el estrs y muri antes de cumplir los 60. Tendra tiempo para verlo o regresara a su univ erso sin haber tenido la oportunidad? -Quieres caf? Cgelo, est en el termo. Sali un poco aguado, la cafetera ya no sirve y tu padre no se ha dignado a comprarme otra. -Dnde estn las tazas? -Ah, donde siempre, en la repisa. -Ya. l se sirve y lo toma de un trago. Sabe horrible. Al ver su cara la madre sonre: -Tuve que mezclarlo con chcharos, t sabes. As rinde ms. De alguna manera este mundo le resulta mucho ms atractivo que el otro, con toda su pobreza. Regresa al cuarto y descubre que la muchacha est despierta y lo que es peor, completamente desnuda. -Hola, Eddy dice Sonia y l se siente un poco confundido. -Ven ac. Eduardo titubea en acercarse y la muchacha lo nota. -Qu te pasa? -No, no, nada. Se aproxima y ella lo abraza y lo besa en los la bios. El le corresponde de la mejor manera posible pero Sonia parece que nota su frialdad, porque de pronto se separa y lo mira con cara de reproche. -Qu sucede? Te arrepentiste? -No, no. Claro que no. -Entonces, por qu ests tan fro conmigo. -No, es que estoy…, un poco… pero no sabe qu contestar.

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Hay un silencio de varios segundos despus de los cuales l baja la cabeza y Sonia empieza a sollozar. -Entonces todo lo que me dijiste anoche eran mentiras no? Y yo que cre en ti, pero en realidad no me quieres. Solo deseabas acostarte conmigo. A Eduardo le gustara en ese momento dejar de se r un simple espectador, comprende lo humillada que se debe sentir, si pudiera explicarle -Sonia, hay algo que no entiendes. Es que yo…no soy yo. Pero entonces ella deja de llorar y se pone furiosa. -¡Ya ests otra vez con toda esa mierda! Se levanta y comienza a vestirse rpidamente. -Por favor, djame explicarte pero ella no quiere escuchar. -¡Me voy! ¡Ya me cans de tus mentiras! Eduardo intenta detenerla y ella lo rechaza con fuerza. l por fin, derrotado, la deja hacer. Para colmo de males su madre vuelve a tocar la puerta. -Eduardo, te buscan. Es Alicia. Y entonces Sonia explota y viene hacia l hecha una fiera. -¡Es por ella!, no? ¡Todava ests enamorado de esa puta! -Recoge su mochila y lo empuja. -¡No quiero verte nunca ms! Y sale dando un portazo. Al pasar por el lado de Alicia le grita un insulto y se pierde escaleras abajo. -Creo que met la pata. dice la madre de Eduardo. -Disclpame y se va a refugiar de nuevo en la cocina. Alicia tiene la expresin de quin no entiende nada. -No la vas a detener? Pero Eduardo se encoge de hombros y mueve la cabeza con resignacin. -No me toca a m. No sabra qu decirle. -No entiendo nada. Eduardo por un momento va a invitarla a pasar a su cuarto pero luego se lo piensa mejor. Todava deben quedar bastantes huellas de la noche anterior. Olores, sobre todo. Y si conversan en la sala, su madre podra escucharlo todo. -Mejor vmonos a un lugar tranquilo.

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-Como quieras. Bajan las escaleras y sale n del edificio. Caminan en silencio hasta encontrar un parque y se dirigen a un banco que est desocupado. -Sintate. Tengo que explicarte algo. Ella obedece, todava confundida. -Qu pas? -Recuerdas una noche en que nos encontramos en el monumento del Maine y yo te ped que me explicaras ciertas cosas, porque las pastillas me haban dado una especie de amnesia? -S. Pero eso qu tiene que ver con Sonia? -Djame continuar. Recuerdas la noche que nos asaltaron y a m me hirieron en el cuello? -Claro. l que no poda recordarlo hasta ahora eras t Recobraste la memoria? Es eso? -La cosa es mucho ms complicada, Alicia. Yo… no soy yo. -S, eso me decas la otra noche, pero yo pe ns que estabas jodiendo con todo eso de la doble personalidad, y lo que pensabas de que en determ inados momentos alguien te posea, un demonio o algo as, te refieres a eso? -Ms o menos. El problema es que yo soy, diga mos, para que lo entiendas de una manera ms sencilla, soy…la otra personalidad, o el demonio, si as lo prefieres. Ella opta por rerse. -De verdad que ests loqusimo, Eduardo. Eso te pasa por or tanto black metal. -Vale. Estoy loco. Pero ahora quiero que me dejes hablar, hasta el final, sin interrumpirme. -Est bien. Eduardo le cuenta la desgracia en la que se ha convertido su vida. Como al principio sus sueos no eran distintos a los del resto de la gente, sueos agradables o pesadillas absurdas sin mucha ilacin lgica, algunos en colores, otros en blanco y negro pero siempre difuminados, como tienen que ser la mayora de los sueos normales. Ya en la adolescencia estos comenzaron a ser cada vez ms vvidos y concretos, ms “realistas”, y siempre referidos a unos lugares especficos, los mismos paisajes, una especie de Cuba onrica alternativ a donde haba triunfado una revolucin socialista. -No veo qu tiene eso de alternativo. Aqu tambin triunf una revolucin. -Exactamente. Lo que te quiero decir es que este es el mundo con el que yo sueo. T eres solo una personaje de ese sueo. De pronto Alicia le da una bofetada fuerte en el rostro.

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-Qu haces? pregunta l extraado, llevndose la mano al lugar del golpe. -Nada. Un experimento. Si yo soy parte de tu sueo, entonces eso no debera dolerte, no? -No haca falta. Ya lo comprob y eso es lo extrao. Porque creo que este mundo tambin es real. Una especie de universo paralelo o algo as. Por eso te lo estoy contando todo, no? -Demasiado complicado. Si todo lo que dices es cier to, que no me lo creo todava, prefiero creer que tienes doble personalidad. El otro Eduardo me parece ms normal, t debes ser la personalidad aberrante, la que cree vivir en otro universo, la que hay que eliminar. -Muchas gracias. -Y qu pas con Sonia? Ayer mismo me dijiste que estabas loco por ella. Qu e te ibas a reconciliar. -No entiendes? En mi mundo no hay ninguna Sonia, y si la hay no la conozco. En mi universo t ests conmigo, es a ti a quien amo. O bueno, no a ti, sino a la otra Alicia. Ella de pronto se levanta airada. -Sabes lo que creo? Que todo esto es una pose para poder acostarte con las dos. Conmigo y con Sonia. Eres tan ciego Eduardo. Y tan infantil, que me das lstima. -Espera, no.. -No nos mereces. A ninguna de las dos. Ahora hast a me resultas pattico. Por eso mismo te vas a quedar solo. -¡Coo, Alicia, que no te estoy mintiendo! -Peor todava. Eso quiere decir que en verdad ests tan jodido que deberas ir a un psiquiatra. Urgente. Alicia se marcha sin mirar atrs y l se recrimina por haber sido tan estpido. Revisa sus bolsillos en busca de cigarros, pero solo encuentra un billete raro de color azul y unas cuantas monedas de diferentes tamaos. Observa el billete, “Banco Cent ral de Cuba. 20 pesos”, lee y se pregunta cunto representar eso a nivel adquisitivo. En su universo con esa cantidad no podra comprar absolutamente nada. Aqu dar para una caja de cigarrillos? Por lo visto el Eduardo de esta dimensin no fuma. Observa el billete por ambos lados. Hay un tipo barbudo con un sombrero de cowboy que no ha visto nunca antes. “Camilo Cienfuegos” dice abajo en letras minsculas, pero a l ese nombre no le dice nada. En el otro lado ha y diferentes escenas campesinas. Un hombre con un racimo de pltanos, otros guataqueando el surco, combinadas caeras y tractores. “Desarrollo agrcola.” Las monedas son ms sencillas. Escudos de Cuba, exactamente iguales a los de su mundo y estrellas con la consigna “Patria o muerte” encima En fin. Nada se pierde con intentar. Echa a andar en busca de algn estanco y al no encontrar ninguno le pregunta al primero que pasa por su lado.

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-Disclpeme, dnde se puede comprar cigarros por aqu? El otro mira a los lados, tratando de ubicarse, y luego pregunta: -En pesos cubanos o en divisas? Eduardo no entiende muy bien la pregunta pero de todas formas contesta: -En pesos cubanos, me imagino. -Ah, mira a ver si la bodega est abierta. Baja por esta cuadra y dobla a la derecha. Aprate, que ellos cierran a eso de la una. -Gracias. Sigue las indicaciones y encuentra la tienda sin dificultad. Dos personas esperan en una fila mientras la otra compra. Por lo que puede ver, el lugar est bastante desprovisto de mercancas. Observa como la dependienta apunta unos nmeros en una lista y luego va pesando y llenando los nylon con diferentes productos: arroz, frijoles, azcar. Lue go escribe algo en una pequea libreta y se la devuelve al cliente. -Son 10 pesos. Eduardo se tranquiliza. Por lo visto la cantidad de dinero que tiene da para comprar bastantes cosas. De todas formas le resulta muy curiosa esa libre tita. Una tarjeta de racionamiento? Puede ser. Confirma su hiptesis cuando le dependienta le dice al que va delante de l. “Te tocan tres libras por persona.” Y l se pregunta si los cigarros tambin estarn racionados, en cuyo caso va a tener que joderse, porque no tiene ninguna libretita de esas. Por fin es su turno y pregunta con timidez. -Me puede vender una caja de cigarr os? y le extiende el billete azul. -Suave o fuerte? El imagina que “fuerte” quiere decir cigarrillos negros. -Fuertes. -contesta. La dependienta le alarga la cajetilla y luego le trae el vuelto. Trece pesos, cuenta l. Entonces la caja vale siete. -Y mecheros? Ella lo mira con una expresin rara. -Quiero decir, encendedores, fsforos. -No, fsforos no hay, hace meses que no vienen. Y la s fosforeras bscalas en algn lugar en dlares. “Joder”, piensa l, “un pas sin fsforos. Y dlares? Ella dijo dlares? En un pas socialista?”

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Cada vez entiende menos. Por fin decide regresar a la casa. Apenas entra la madre le dice: -Ya casi est el almuerzo. Oye, por qu no pones el televisor para ver las noticias? Parece que hay un cicln que anda rondando cerca. -Est bien. Tienes algo ah para encender? le pregunta mostrndole un cigarro. -Ests fumando otra vez, mi hijo? le reprocha el la que, sin embargo, le trae una fosforera. El prende y aspira una bocanada de humo. Luego conecta el televisor. En la pantalla aparece un anciano, barbudo y ves tido de uniforme, dando un discurso lleno de cifras relacionadas con ndices econmicos. Cada cierto tiempo el discurso se interrumpe y las personas aplauden. No es una plaza pblica, sino una especie de sala de convenciones y l cree saber de quin se trata, pero reprime la pregunta y prefiere espera r. Ya ha tenido bastante falta de tacto en esta “visita”. Piensa que el otro Eduardo, cuando re grese, querr matarlo por todas sus meteduras de pata. Presta atencin al discurso. Ahora est hablando de “la Repblica Bolivariana de Venezuela”, y por lo que dice, parece que en ese pas tambin hay otra revolucin, con un tal Chvez al frente. Despus de un largo rato, el anciano termina con la consigna “Patria o muerte. Venceremos”, se interrumpe la imagen y aparece un locutor que confirma sus sospechas. Ese que hablaba es el propio Comandante en Jefe, Fidel Castro. “Vaya, al fin te ngo el gusto.”, piensa Eduardo. Por las otras noticias que comienzan entonces a dar, referidas a Cuba, parece que este es el pas ms pacfico del mundo. No hay muertos, ni manifestaciones, ni drogas, ni escndalos por corrupcin. El nico problema parece ser la generacin de electricidad, todo lo dems es perfecto. Intercambios culturales y convenios econmicos con China, y Vietnam. Festival Mundial de la Juventud en Venezuela. Luego pasan a las noticias internacionales y no hay mucha diferencia con las de su mundo: Actos terroristas en Gran Bretaa. Conflictos armados en Irak, Afganistn y Palestina, protestas en Brasil y Ecuador, desarrollo acelerado en Asia, ms tarde pasan a los deportes, que a l no le interesan en lo ms mnimo y por ltimo el parte meteorolgico. Su madre viene y se sienta junto a l en el sof. -Vamos a ver qu dicen. S, por lo visto hay una tormenta tropical y se acerca inexorablemente a Cuba. En dos das ya estar sobre la Isla. Por ahora tiene categora 3 pero puede aumentar en velocidad y pasar a categora 4. -Esto es lo ultimo que nos faltaba -suspira la madre. -Dale, vamos a almorzar. Ya sentado a la mesa, Eduardo se siente triste y feliz al mismo tiempo. Es una sensacin muy extraa, porque no es la ms idlica de las situ aciones. Su madre rezonga por los apagones que vendrn necesariamente despus del cicln y lo difcil de conseguir algo de comer, y tu padre, que siempre viene tarde por culpa de sus malditas reunion es y es incapaz de resolver lo mnimo, aunque sea un poco de dinero para arreglar el inodoro, que hace aos se tupe, etc., etc. y sin embargo, para

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Eduardo es maravilloso estar ah, compartiendo con su madre, viva y comer algo preparado por sus manos, as sea un poco de arroz con frijoles y una to rtilla, lo mnimo. Ahora ella se ha quedado unos minutos callada y luego pregunta: -Qu te pas con Sonia? Se volvieron a pelear? -Nada, fue un malentendido -contesta l que no quiere hablar sobre el tema, -Parece que lo ech todo a perder. -No te preocupes, t vas a ver como todo se arregla. -Ojal. De pronto se le ocurre una idea. Le escribir un mensaje al otro Eduardo, igual que en el libro ruso del que le habl Felipe. Termina de almorzar, toma un vaso de agua y se encierra en el cuarto. Rebusca un poco entre las gavetas hasta que encuentra papel y bolgrafo. Piensa un poco y luego escribe: Eduardo: disclpame por invadir tu cuerpo. Ante todo quiero que tengas la certeza de que no soy un demonio, ni el espritu de un muerto que te posee, ni t eres un esquizoide con desdoblamiento de la personalidad. Ojal fuera tan sencillo. El problema parece ser que vivimos en mundos paralelos. Aclaro que todo esto sucede en contra de mi voluntad, cada vez que sueo, y ni siquiera logro entender muy bien sus causas. Perdname tambin por los errores que he cometido al suplantarte, con respecto a Sonia y a Alicia, y cree que mis torpezas solo han sido por simple desconocimiento de tus emociones o circunstancias. Ya est. Muy a tiempo porque comienza a sentir la neblina que siempre antecede al regreso. Los objetos se diluyen poco a poco y, justo antes de perder por completo la conciencia, escucha unos toques tmidos en la puerta, -Eddy, ests ah? y cree reconocer la voz distorsionada de Alicia. No ha acabado todava de despertar cuando se da cuenta de que algo extrao ocurre. El televisor de la sala est a todo volumen dando alguna noticia en la que se escuchan ntidamente sirenas policiales. Alicia y Felipe estn de pie, completame nte vestidos y lo miran con expresin de alarma. -Qu sucede? -pregunta y ellos se demoran en contestar. -Tu casa… -comienza a decir Alicia y su hermano la interrumpe. -Un camin cisterna de Cubapetrol se estrell contra tu edificio y explot. Al parecer tu apartamento se incendi por completo. -Qu? pero las palabras han sido lo suficientemente cristalinas como para levantarse al instante y vestirse a toda velocidad. Corre a la sala y mira las imgenes del televisor.

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S, es su edificio. Estn sacando algunos heridos en camillas y metindolos en las ambulancias. Donde estaba su apartamento ahora solo se ven escombros humeantes. Vamos. -le urge Felipe -Tengo el auto esperando all afuera. Ya en camino Eduardo les reprocha: -Por qu no me despertaron? Alicia le responde: -Lo intentamos. Decenas de veces. Pero no r eaccionabas con nada. Parecas estar en coma. Avanzan a toda velocidad. Ya cuando estn cruzando el tnel, Felipe, que al parecer es el nico que se mantiene sereno, les informa: -Creo que un auto nos est siguiendo. Eduardo mira por el cristal trasero pero no ve nada fuera de lo comn. -Cmo lo sabes? -Es el peugeot plateado. Vamos a asegurarnos. Dobla por 12 como para subir a la avenida 23. El otro auto hace la misma maniobra. -Carajo. Ser la polica? -pregunta Eduardo y Felipe se encoge de hombros. -Ahora esos son los que menos me preocupan. Da un giro cerrado en U y regresa por la va contraria. Al peugeot le resulta imposible imitarlo por la afluencia de autos, especialmente un mnibus que le corta el paso. Pronto lo pierden de vista y respiran aliviados. -No entiendo. -dice Eduardo. -Yo tampoco. -reconoce Felipe y luego se vuelve perpicaz. -A menos que nos hayas contado todo. Quiero decir. Tienes alguna relacin c on los narcotraficantes que no sepamos? -Ninguna. -Y con las guerrillas? -Tampoco. -Y con los parapoliciales? -Muchsimo menos. Alicia se ve muy asustada. Susurra: -A lo mejor no es por Eduardo, es por ti.

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-S, es posible -reconoce Felipe y contina manejando en silencio -Todava quieren que vayamos all? -dice de pronto -Va a ser una pesadilla con todos esos policas tomndote los datos. -Qu le vamos a hacer? -Bueno. El auto se detiene cerca del cord n policial. Ellos se bajan, ci erran las portezuelas y avanzan abrindose paso entre los curiosos y periodistas hasta el polica ms prximo. -Qu quieren? No se puede pasar. -dice ste cerrndoles el paso. -Yo vivo en ese edificio. -le aclara Eduardo. -Mi apartamento fue uno de los destruidos. -S? Espera un minuto. El agente llama a uno de los investigadores para que se haga cargo de los interrogatorios. Una vez que los llevan a la estacin, el resto de la maana se pierde completamente entre los inventarios por prdidas y algunas preguntas capc iosas de los comisarios que al parecer desean encontrar cierta conexin del accidente con actos te rroristas. Por lo visto cualquier inquilino que no estuviera en el edificio durante el siniestro se les hace doblemente sospechoso. Por fin, abogado mediante, deciden soltarlos no sin antes advertir les, sobre todo a l, que deben mantenerse localizables. Cuando por fin pueden salir de las cuatro paredes ya son casi las dos de la tarde, el paisaje frente a la estacin les parece una primavera buclica. Felipe les dice que lo esperen all, que va a buscar el auto. -Eduardo, lo siento mucho. –dice Alicia y lo abraza -Ya s que el seguro te cubre en parte los daos, pero es muy triste perderlo todo as, de golpe. -S. l no sabe qu contestar. -Lo que ms pena me da son mis libros, la computadora. Se niega todava a creer. Le parece que todo es ilusorio, que todava est soando y no siente ninguna emocin, tan solo un cansancio atroz, unos enormes deseos de caer en la cama y olvidar lo sucedido. -Te puedes quedar a vivir con nosotros, por supuesto. -dice ella y le acaricia el pelo. Luego lo besa e intenta elevarle el nimo. -Maana mismo nos va mos de tiendas, a buscarte algo de ropa. Podemos ir a Ginger Street, el centro nuevo. Te voy a modernizar, vas a ver. El sonre dbilmente. -Est bien. El regreso de Felipe en el auto coincide con la llegada de una furgoneta policial repleta de jvenes en pleno efecto de datura cubensis, todos volando alto en quin sabe que dimensin artificial de los sentidos. -¡Somos los gatos cunticos! est grit ando uno de ellos y Eduardo se estremece por el

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mensaje sin destinatario aparente. Los policas van introduciendo a los jvenes uno por uno en la estacin y precisamente el muchacho que grita se resiste y recibe una tunda de golpes para obligarlo a caminar. -¡Reblense, escapen de la Matrix! vu elve a gritar antes de desaparecer junto con los otros dentro del recinto. -Vmonos de aqu. -dice Felipe y ellos entran en el auto rpidamente. Regresan por Zapata. Precisamente en el cruce con la avenida Paseo, un automvil se lleva la roja y los embiste. Felipe corta a tiempo y logra evitar el choque por unos pocos milmetros. Luego el chofer del otro auto se disculpa y les explica que tuvo un ataque de fatiga momentnea y eso fue lo que le hizo perder el control. Parece sincero. Tan pronto llegan a la casa Alicia se ocupa de prep ararles la cena. Nadie tiene deseos de hablar. Al rato Felipe pone el televisor con la idea de llenar de algn modo la atmsfera depresiva. La solucin es peor, porque es el mismo canal de noticias de por la maana. Inmediatamente se da cuenta de su falta de tacto y va cambiar de canal pero Eduardo le dice que lo deje. -… Sindicatos piden a Urquiza que acabe con la impunidad de los paramilitares que atentan contra los trabajadores. Ya estn dando el resumen -dice Felipe. -..El presidente Urquiza anunci ayer que est dispuesto a reunirse de inmediato y sin condiciones con delegados de las FAR para tratar sobre la lib eracin de los 5 polticos y los 18 soldados hechos prisioneros por esta guerrilla. Llega un momento en que ya no soportan ms. -… El Gobierno explica su polmica propuesta de pagar a los campesinos para que abandonen el cultivo de datura cubensis… Sin ponerse de acuerdo, con solo una mirada, de ciden romper con esa tortura meditica. Felipe zapea un poco. Todos son programas estpidos de participacin o chismes relacionados con los ricos y famosos o telenovelas lacrimgenas. En el Discovery estn poniendo un documental sobre el lenguaje de las hormigas. Eso tampoco. Por fi n se deciden por el canal de las pelculas. La Matrix, IV parte. Ya la viste? le pregunta Felipe y sin darle tiempo a contestar, le explica. -Realmente es muy mala, pero tiene una idea que me gusta. Los mundos simulados. Esa es otra variante de universos paralelos que se me olvid decirte ayer. Realmente Eduardo no se siente co n muchos deseos de conversar sobre ese tema, pero comprende que Felipe intenta hacerle pensar en otra cosa por lo que decide seguirle la corriente. -A ver, explcame.

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-Supn que existe un mundo como el de Matrix, donde existen computadoras tan poderosas que son capaces de simular virtualmente otros universos, y que nosotros existimos como programas complejos dentro de una de esas simulaciones. Felipe baja el volumen del televisor y contina: -Imagina ahora, y voy a mezclarlo con la idea de El fin de la eternidad de Asimov, que en un Instituto de investigaciones a alguien se le ocu rri hacer simulaciones de diferentes desarrollos histricos posibles. Y si esta Cuba, y la de tus sueos, son solo dos de esas simulaciones virtuales? Y si t, especficamente, eres un programa que se desconfigur de pronto, o fue invadido por un virus, y ahora ests haciendo conexin con fragmentos de otra ucrona que no te corresponde? Eduardo hace algunas asociaciones lgicas y se estremece. -Eso me atemoriza todava ms. -Por qu? -Lo digo porque, si soy un programa, como t dice s, que se ech a perder o se desconfigur, lo ms sencillo sera borrarlo y volverlo a instalar. Nada grav e, ni perjudicial para el propio programa. Sera yo, de nuevo, en este universo, pero sin esos sueos raros de revoluciones y socialismos. Ningn recuerdo tampoco de mis experiencias pasadas. Pero si soy un virus, entonces trataran de eliminarme. Claro que no de esa manera… – Eduardo seala despectivo las figuras trajeadas y con gafas, los malos de la pelcula – Demasiado espectacular. Con un accidente o un infarto bastara. -A menos que infectes otras mquinas, o te hagas in visible para los antivirus, o mutes a tiempo antes de cada ataque. -Prefiero ser invisible. -Basta de ciencia ficcin, par de locos y vengan a comer. – dice Alicia – Co o, Felipe, no le llenes ms la cabeza a Eduardo con tus cosas. Una rastra de petrleo acaba con su apartamento, despus un carro por poco nos mata y t lo explicas todo con la Matrix. -Gracias por recordrselo. Se sientan a la mesa. Almuerzan en un silencio incmodo. -No lograremos nada haciendo como que no pas. Pero tampoco con esas caras de luto, inventando fantasmas, expedientes x o teoras de conspiracin. Prefiero creer en la casualidad. Hoy nos levantamos con mala suerte, y eso es todo. -La casualidad no existe. La mala suerte tampoc o. Recuerda que hoy haba un auto siguindonos. -Yo no voy a discutir ms contigo, Felipe. Y en cuanto a lo del carro misterioso, ests seguro de que el amigo que te prest el suyo est completamente limpio?

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Felipe se remueve inquieto. -Bueno, completamente limpio al ciento por ciento, no lo est. -Ya ves. Creo que lo mejor es que lo devuelvas. Hoy mismo. No queremos ms problemas. Eduardo decide intervenir: -Creo que Alicia tiene razn. Felipe se queda pensando unos segundos y luego hace un gesto como que le han convencido. -De acuerdo. Se lo llevar ahora. De todas formas tengo que contarle lo que nos pas, para que est atento. -Termina de comer y se levanta. -Hoy vo y a llegar tarde. Tengo que arreglar un montn de cosas antes del cicln. -Un cicln? -S. Lo pronostican para maana. Pa rece que viene derechito para ac. -En mi sueo tambin haba un cicln acercndose. -A lo mejor va y es el mismo. -dice Alicia. -Seguro. -la apoya Felipe. -Por qu no iba a serlo? Es la misma Cuba, no? Geogrficamente, quiero decir.-Mira la hora en su reloj. -¡Por dios, qu tarde se me ha hecho! -le da un beso rpido a su hermana y se marcha a la carrera. Alicia le pide a Eduardo que, mientr as ella friega y ordena un poco, le ponga precintas a los cristales de las ventanas. Por suerte son pocas y a la media hora ambos han terminado. Analizan la posibilidad de pasar por el centro comercial, a comp rar comida congelada, latas, bateras, velas y algo de ropa para Eduardo pero los dos se siente n tan fatigados que al final deciden descansar un poco y dejarlo para la noche o la maana siguiente. De todas formas es bastante probable que con el problema del huracn suspendan las clases en la un iversidad. Alicia lo abraza cariosamente y se duerme casi al instante de cerrar los ojos, pero l no puede conciliar el sueo. “Realmente son demasiadas cosas en un solo da”, piensa y de pronto se imagina en medio de un reguero de plvora y l con una antorcha encendida, sin saber qu hacer, dnde ponerse, cmo apagarla. Hay un golpe de viento, la plvora toma entonces la forma de una bifurcacin fractal y l comprende que debe encender una de las dos ramas, pero no se decide. Para qu, si al final se va a quemar todo como un rbol seco? Ahora mira a Alicia, la expresin tan dulce que pone cuando est dormida, el leve rumor que emite al respirar y se sorprende superponindole los ra sgos de la otra, el mechn de pelo azul, los piercings, el tatuaje con la estrella invertida y en tonces, de una manera totalmente irracional por lo inesperada, siente que se excita. La situacin no le es absurda por alguna razn tica, sino porque que es imposible, piensa, tener una ereccin despu s del da tan devastador por el que han pasado.

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Fija la mirada en un punto distante y trata de relajarse, pero sin x ito. Entonces se levanta suavemente para no despertar a Alicia y se marcha a la cocina. Enciende la cafetera y se va a dar una ducha rpida. Mientras el agua cae sobre su ca beza, con los ojos cerrados, siente que se excita de nuevo. “Es curioso”, piensa. “Si en verdad hay universos paralelos, y estoy pasando continuamente de uno a otro, entonces cundo descansa mi cuerpo? Pero ms interesante an. Cundo descansa mi cerebro?, C mo recupero toda esa energa? Por qu aqu tengo 43 aos y all tengo 19 o 20? Otra de tantas preguntas sin respuesta. Sale del bao y se dirige otra vez a la cocina. Ya est el caf. Se sirve en una taza, lo apura de un solo trago y vuelve a pasar por la habitacin. Se encuentra con la mirada de Alicia, que se ha despertado y le sonre todava soolienta. Ven, abrzame, s bueno conmigo – susurra. l se acerca a la cama y se sienta en donde le indica Alicia, que se ha incorporado a medias. Ella lo rodea con los brazos, se aprieta contra l y posa la cabeza sobre su hombro. Eduardo hunde sus manos en el pelo de la muchacha acaricindole con la yema de los dedos el cuero cabelludo, como si estuviese dndole un masaje y luego la besa suavemente. Eso me gusta – susurra ella y se aprieta un poco ms a su cuerpo. Luego se re. – El otro da le cont sobre nosotros a mi mejor amiga y me dijo que yo estaba loca, que cmo iba a empatar con un hombre que me doblaba la ed ad, que la gente nos iba a criticar a nuestras espaldas. Tu mejor amiga? S, se llama Sonia. T no la conoces, estudiam os juntas desde la secundaria pero luego ella matricul en otra universidad. Ella tiene sus defectos, pero es buena en el fondo. Eduardo, sorprendido, sospecha que se trata de la misma Sonia de sus sueos. Y qu le contestaste?, pregunta. Que te amaba desde haca tiempo y que me senta muy orgullosa de que me vieran contigo. Vaya, que bien. – El no puede evitar sentirse halagado. Se ve que eres libra, jaranea ella una los elogia nada ms un poquito y luego se hinchan como un pavo real. Me ests diciendo vanidoso? – se finge enoja do l. ¡Ahora va a ver! – y comienza a hacerle cosquillas que Alicia aparenta rechazar juguetoname nte, hasta que al final se deja caer sobre la cama. – Ven-, le dice, y abre las piernas para que Eduardo se acueste sobre ella. –mame, ahora. Para Eduardo entrar en la muchacha es descubri r el punto donde confluyen todos los instantes. La acaricia y su piel es suave, ingrvida, sus manos so n cierto movimiento de alas insospechadas en la oscuridad.

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-Bsame -pide ella transformada por momentos en la hija, la mujer y la madre, arabescos del espritu, -Te amo, Eddy -el paso del tiempo retenido por el palpitar de la sangre en las sienes, luego l deja que los labios se deslicen y escurran saliva por sus valles y promontorios mansos. Descubre una lgrima y la seca con el dorso de la mano. -Ests triste? -Claro que no, tonto. Dale, sigue. Poco a poco la cadencia se intensifica, su voz ahor a es una llamada urgente a la mezcla de fluidos, al dilogo feroz de los dedos y las lenguas en la piel, de pronto ella se voltea. -Ven. Ahora por detrs lo engulle y clama obediencias. Eduardo sorprendido de esta Alicia ardiente como fiera en celo que empuja con fuerza hasta percibir sus gemidos casi al borde del orgasmo, el grito reprimido en las uas aferradas a la espalda, Eduardo siente como to do su ser quiere escaparse de golpe y estalla al final en curva soberana de xtasis. Alicia re feliz -Ay, qu rico, Eddy y luego se dejan caer desfallecidos sobre las sbanas. l prende la luz de la lmpara en busca de cigarrillos y apenas sus ojos se acostumbran a la claridad descubre los mechones de pelo verde y el tatuaje de la estrella invertida en la espalda de la muchacha. Siente en tonces como si hubiera cruzado alguna especie de lnea invisible. Eduardo teme romper el silencio, es mejor no hablar y pretender que nada ha ocurrido. Ella se estira y emite un largo suspiro de satisfaccin. -Me sent como si estuviera volando, -dice -y t eras mi ngel negro. Oh, my dark angel, I need you canta con un hilo de voz. -Recuerdas esa ca ncin? Luego se inclina sobre l y lo besa largamente. -Gracias. -susurra, y de pronto l ya no siente a esta Alicia como una extraa, todo lo contrario, con pleno conocimiento de causa, acaba confesndose que tambin est enamorado de ella, posiblemente tanto como de su “otra” Alicia, y es que las dos se complementan a la perfeccin para conformar su mujer ideal, en todos los sentidos. -Antes de volver contigo me promet que te iba a ay udar. -dice Alicia despu s del primer cigarrillo. -Estuve leyendo sobre tu caso. -Qu caso? -El de la MPD: personalidad mltiple o alternante. T sabe s que yo quera estudiar psicologa en la universidad, pero no aprob los exmenes de ingres o. Estuve como cuatro horas en Internet bajando informacin sobre ese tema. Me sali un poco caro, a dlar la hora, pero me enter de muchas cosas. -Cmo cules? -Es uno de los debates ms candentes que hay ahora en la psiquiatra. Los ingleses no creen que existe y los norteamericanos la defienden a capa y espada. De todas formas cada vez son ms en el mundo los que la reconocen como diagnstico.

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-Y por qu dices que ese es mi caso? -Espera. Apunt algunas cosas y prefiero lertelas. Alicia se levanta y rebusca en su mochila. Luego saca una agenda y la abre en una pgina marcada por una cinta. -Aqu est. Sntomas: Los enfermos sufren prdida de memoria y desmayos, tienen sensaciones de irrealidad, escuchan voces y alternan varias personalidades. En un caso tpico como el tuyo, la personalidad principal no es consciente de las dems, que suelen aparecer en las crisis para tomar control del cuerpo. -Yo no escucho voces. -Pero todo lo dems s. Dicen que la personalidad mltiple tiene su origen en una infancia con abusos sexuales. Los nios en ese momento niegan lo que les ocurre. – lee Como consecuencia de esto, se desdoblan en otras personas que sufren el abuso. Cuando los nios crecen, los recuerdos traumticos se reprimen, pero no se eliminan, y ms tarde se manifiestan como los tpicos sntomas. -Que yo sepa nunca sufr de ningn abuso sexual. Estoy totalmente seguro de eso. -A lo mejor lo ests reprimiendo. -Que no, Alicia, coo. Estoy seguro. Eduardo se impacienta un poco. Por qu las mujeres siempre tendrn que hablar de cosas serias despus de tener una relacin sexual tan maravillosa? Y si le cuenta todo? No, mira la vez pasada. Ser mejor dejarla con su teora, al fin y al cabo en este mundo es tan vlida como cualquier otra. Se mantienen unos minutos en silencio. Luego ella vuelve a insistir. -Eddy, yo lo que quiero es ayudarte. -Est bien. -l se rinde. -Copiaste cul es el tratamiento en estos casos? -S. Dice que: los medicamentos para tratar estados psicticos no estn indicados Ya lo ves: no puedes tomar ms pastillas a lo loco como t haces. Lo que proponen los psiquiatras es descubrir el nmero de personalidades del paciente y luego hablar de manera individual con aquellas que causan el trauma. -O sea, que tengo que ir al psiquiatra. -S. No te preocupes. Yo te acompao todas las veces si quieres. l por fin se decide. Se lanzar a fondo y que veng a el desastre porque no soporta el engao, an ms cuando de pronto ha imaginado la nfima posibi lidad de lo qu pasara si Alicia al fin y al cabo fuera la que tuviera razn. Qu loco, no? Compr obar que todo el universo que crees real, todo lo que recuerdas, tu profesin, tu casa, la historia del mundo, tu pas, los amigos, Felipe, Alicia,

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absolutamente TODO, no existen en realidad, son un invento de tu mente. La posibilidad es tan aterradora que se niega a creer. No, es imposible. -Y si te dijera que ahora yo soy la otra persona lidad, la que dice venir de otro universo y que suplanta al Eduardo que t conoces? Y si te pido que me escuches, por favor, que me ayudes y que estoy dispuesto a ir despus al psiquiatra si as lo deseas? Ella se ha quedado plida. “Ahora viene la bofetad a”, piensa Eduardo pero se equivoca. Alicia traga en seco, seguramente probando su potencial como futura psicloga, suspira hondo, por un momento parece que va a preguntar lo que l ms teme, el mo mento de la superposicin, pero luego se calma, mira su ropa a los pies de la cama y se encoge de hombros con indiferencia. -Al carajo, susurra T tambin eres Eduardo. Lo mira a los ojos. -Cuntame todo. A ver si logro entender. Yo le dije a pap que me iba a quedar contigo hasta despus del cicln, as que tenemos tiempo. Bueno, yo tengo tiempo. No s t, as que empieza. En la hora siguiente l se abre ante ella co mo un nio bajo la luz confesando sus verdades, pidindole a Dios o al destino que el regreso no venga tan pronto como de costumbre. Hay un momento en que ella dice “Espera”, busca un bolgrafo y se pone a escribir. El piensa que aunque lo desee, no podr contarle todo y se apresura, va edif icando toda la maquinaria de su mundo, la historia de su vida a grandes rasgos, mientras Alic ia, al principio bastante perspicaz, poco a poco se va empapando del relato, se alegra o se entristece ante determinados pormenores, a veces pregunta. Y dices que all yo tambin tengo 18, como aqu pero t tienes 43 aos? Por qu? -pero l se encoge de hombros y contina, ahora ms relajado, a ella le gusta especialmente la parte donde no es hija nica sino que tiene un hermano y pide ms detalles. -Y dices que vivimos juntos?, sin nuestros padres?, ¡qu bien! Y cmo es l? l le cuenta como puede sobre Felipe y sus extra as teoras y ella asiente con la cabeza, seria, intentando comprender. Ya no atisba detrs de cada frase para destrozarle la coherencia lgica de lo narrado, sino que hasta la ha sorprendido a punto de llorar en determinados pa sajes, en especial los ms recientes. Poco a poco el discurso se va apagando y Eduardo termina con la boca reseca, despus de hablar sin descanso durante casi dos horas. -En tu historia hay tantas cosas concretas, tantos detalles -dice Alicia, todava asombrada -que por momentos llego hasta dudar un poco de la va lidez de mi idea de la doble personalidad. -Por qu?

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-No es tanto por los recuerdos, al fin y al ca bo en psicologa hay un fenmeno llamado paramnesia, que es la facultad que tienen algunas personas de inventarse recuerdos, si no porque pareces tener lecturas y conocimientos que no concibo como pudo obtener “mi” Eduardo, en solo 20 aos. Ella enciende el ltimo cigarro y prosigue: -Si algo s de l es que nunca ha sido un gran lector, ni un gran conocedor de historia tampoco como para fabricarse un universo tan complejo, ta n lgico y sin cabos sueltos como el que me has descrito. -Entonces? -Entonces no s. Ya no s nada. Para m todo esto es como un vuele con hongos. -Espera. Tengo mucha sed. Voy a la cocina a buscar agua. Eduardo se levanta y se pone el pantaln. -Quieres que te traiga? -S, gracias. Abre la puerta y atraviesa la sala. Mira el reloj. Ya son cerca de las tres de la maana. En la cocina hay un hombre de espaldas, Eduardo no lo ve en el primer momento, casi choca con l y los dos saltan del susto. El hombre sonre y Eduardo de pronto reconoce a su padre. -Eh, hola logra balbucear. -Qu tal, Eddy? Qu quieres? Igual que con su madre, a Eduardo le cuesta un e norme esfuerzo apartar los ojos de su rostro. -No, solo un poco de… agua. -No puedes dormir? Te sientes mal? l no puede dejar de mirarlo. -No, no. Estoy bien. No te preocupes. El vaso es para Alicia. -Ah, Por fin ella se va a quedar estos das con nosotros? -S. Eso creo. Por la expresin, Eduardo comprende que a su padre la idea no parece entusiasmarle mucho. Ya con el vaso lleno, Eduardo se despide y regresa a su cuarto. Alicia est echada en la cama, contemplando el techo mientras fuma, luego se incorpora y se apoya contra la cabecera. Aplasta lo que queda del cigarrillo contra el cenicero y sonre: -Sabes? Ests ms loco que el carajo, con todas esas historias de universos paralelos, y de una Cuba capitalista y todo lo dems, pero me gustas ta mbin con esta otra personalidad de profesor de literatura, con 43 aos, me resultas muy interesante.

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Pone la almohada a su espalda, bebe un poco y sonre: -No te voy a negar que me preocupaba con quin en realidad haba templado esta noche, pero ahora no me importa, ni tampoco me arrepiento, hasta te confieso que lo disfrut bastante, sobre todo al final. Eduardo la mira fijamente, atento a lo que pueda venir despus. -Lo que te quiero decir es que te estar esperando. Ella se aparta de la almohada inclinndose ha cia delante y se rodea las piernas con los brazos. -Bsame.. le pide y acerca sus labios con los ojos cerrados, pero no llega a rozar los suyos porque de pronto todo se desvanece de golpe en la ya conocida bruma gris. Est sonando el celular. La otra Alicia duerme en su lado de la cama, acurrucada junto al borde mismo del colchn. Quin ser el que llama a esta hora? Mira el reloj: las cuatro y media de la maana. No tiene ningn deseo de levantarse. Espera un rato que el importuno se rinda y termine de colgar pero la musiquita insiste, una y otra vez. Por fin se llena de valor y se incorpora. Toma el aparato y se lo lleva al odo. -Dgame. -¡Eduardo! –reconoce la voz excita da de Felipe ¡Rpido, despierta a Alicia! ¡Dile que haga lo que acordamos y que venga despus para ac! ¡Solo eso, no tengo tiempo para explicarte! ¡Ella te lo dir todo!– Felipe cuelga y l se queda unos segundos co n el celular al odo, escuchando el tono, sin entender. Por fin se decide a actuar. Zarandea suavemente a Alicia hasta que logra despertarla y le da el mensaje de su hermano. Al instante ella se de spabila por completo y as mismo, envuelta en la sbana, y al parecer bastante asustada, va co rriendo hasta la computadora y la enciende. -¡Rpido!” le dice ella -¡Vstete que nos vamos! Alicia manipula un rato en el ordenador, posible mente borrando algunas carpetas, apaga, saca el disco duro y luego regresa al cuarto. Ya para en tonces Eduardo est completamente vestido y le pregunta con nerviosismo: -Qu sucede? Incluso en estas condiciones ella le da un beso -Ahora te lo explico todo, mi amor. antes de correr a vestirse con lo primero que encuentra. -En la cocina busca un pote que dice Arroz integral ; treme lo que hay dentro.

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El obedece sin rechistar. El recipiente es un poco grande para lo que dice contener. Lo abre y encuentra arroz. Piensa por un momento si es una broma. Luego hunde la mano y toca algo slido, como metal. Lo extrae y confirma sus sospechas. Un bolso de nylon, con dos pistolas dentro y cargadores para cada una. Siente olor a papel quema do y plstico derretido. Regresa con el bolso al cuarto y ve que Alicia est en el bao, quemando documentos y discos de datos. -Ven, -le dice ella -Sigue con esto en lo que yo preparo la mochila c on mis cosas. chalo todo despus por el tragante. El ya no puede contener su curiosidad. -En qu estn ustedes? Ella mete a toda prisa algunas ropas y prendas ntimas en la mochila. -Somos del movimiento de liberacin Jos Antonio Echevarra. Eduardo piensa que debe ser un grupo nuevo porque nunca lo ha odo nombrar. -Guerrilleros urbanos? pregunta au nque ya sabe la respuesta. Alicia carga las pistolas y le ofrece una. -Toma. Por si acaso -que l guarda en la parte trasera del pantaln. -Vamos lo urge ella. -Aprate. Alguien nos delat y la polica debe estar al llegar en cualquier momento. Eduardo echa los restos incinerados al inodoro y hala la cadena. -Listo. Salen a la calle mirando a todos lados pero no hay ra stros de policas. Todava es de noche. -Menos mal. Ya son las cinco y diez. A las y cuarto pa sa el transmetro. Espero que nos de tiempo. -Dnde vamos? -A otra casa. Ms segura. A ll nos est esperando Felipe. Alicia y Felipe de guerr illeros. Quin lo hubiera adivinado? piensa Eduardo. Los exterminan y vuelven a surgir, una y otra vez, indomables, como la hierba silvestre. Idealistas en su busca eterna de la utopa revolucionaria, carne de can, la mayora terminaban muertos antes de los 30 aos. Pero por qu no me dijo nada antes? Eduardo concluye que es lgico, Para qu implicarlo? Tambin por la seguridad, la compartimentacin, y a fin de cuentas. Qu habra hecho l al enterarse?, alentarla o tratar de que abandonara ?, probablemente lo segundo. La madurez no es que nos haga ms inteligentes, sino ms cobardes, ms resignados. Y ahora esto. Por debajo de todo el futuro precario que se avecina, un gran temor Sin poder elegir, envuelto en el camino de la incertidumbre, de la posibi lidad real de la muerte.

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En la parada hay dos policas pero eso es normal a esta hora. De todas formas Alicia lo abraza y aparenta estar un poco mareada para dar la idea de que acaban de trasnochar en alguna discoteca. Compran los pasajes en la taquilla y se sientan a esperar en uno de los bancos. Ella susurra: -Perdname por haberte metido en esto. Todava puedes salirte, antes que lleguemos a la otra casa. El se encoge de hombros. -De todas formas no tengo ningn lugar donde ir. Y si me detienen, la polica no va a creer que no s nada. Por fin llega el transmetro y respiran con aliv io. Entran y se mantienen al lado de una de las puertas, por si acaso. El transmetro est bastante lleno a pesar de la hora. La mayora son trabajadores sin muchos recursos, gente que trabaja en las afueras y deben madrugar todos los das. Hay algo que no encaja en esa cantidad de personas precisamente hoy, pero Eduardo no logra darse cuenta de qu es lo que sucede. Al fin y al cabo es jueves, un da normal como otro cualquiera. La amenaza de que los sorprendan va disminuyendo en la medida que se van alejando del centro hacia los lmites de la ciudad. -Es en la prxima le indica Alicia y l asiente con la cabeza. Llegan a su parada y descienden. Solo tienen que caminar dos cuadras. Por fin llegan a una casa de paredes desconchadas, con un cartel que dice “Chapi sta” y Alicia toca la pu erta con tres golpes rpidos. -Quin? -. preguntan desde adentro. -Harlem contesta ella y la puerta se abre de in mediato. Un joven desconocido, un poco nervioso. -Pasen. Felipe est all atrs. Caminan por un pasillo y entran en el dormitorio. Felipe est sentado frente a una mesa, desmontando y limpiando las piezas de un M-16 del ejrcito. Se levanta y abraza a Alicia casi desesperadamente, luego le da un apretn de manos a Eduardo. -Lo lamento. Nunca quisimos involucrarte en esto. Eduardo se encoge de hombros como restndole importancia, -Qu le vamos a hacer? y luego mira el fusil sobre la mesa. -Es parte de lo que hacemos. le explica Alicia. -Conseguir armas, dinero y medicinas para las guerrillas de las montaas. El joven que les abri la puerta entra en el cuarto y se dirige a Felipe. -Ya est resuelto. Se quedarn aqu un par de das, en lo que les conseguimos nuevos papeles de identidad. Luego los trasladaremo s hacia otra provincia. All espe rarn nuevas rdenes. Ah… -se

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dirige esta vez a Eduardo y a Alicia -Yo soy Pa tricio. Mucho gusto y considrense en su casa. Tengo algo de comida, si quieren. -No, gracias. -Tambin hay caf. Pero hay que hacerlo. -Yo lo preparo. -dice Alicia y se va con Patricio a la cocina. Felipe termina de montar el arma. Mira a Eduardo y sonre -Uno se apega a estas cosas. dice. -Sin embargo, nunca he tenido que usarlo para matar a nadie. Luego comprueba la hora. -Qu horror. Las seis de la maana. No he dormido en toda la noche, preocupado por ustedes. Estoy muerto. Se levanta y va hacia el camastro. -Voy a dormir un poco. Una o dos horas, cualquier cosa me despiertan. -Est bien. Ya por la ventana se ven algunas claridades. Eduardo se asoma pero no reconoce el barrio, ni los edificios de aquella parte de la ciudad. Se entre tiene un rato observando como la ciudad se ilumina poco a poco, y la oscuridad va desapareciendo haci a un violeta cada vez ms claro, con alguna que otra tonalidad azul. No hay nubes. De pronto cae en la cuenta de lo que le molestaba en el transmetro, lo que no encajaba. El cicln. Segn el parte ya en estos momentos el cicln deba estar pasando sobre Cuba. -Toma. -Alicia le ofrece una de la s tacitas llenas de caf que trae en un plato. -Felipe se durmi? -S, el pobre. Dijo que lo despertramos dentro de dos horas. l toma el caf a pequeos sorbos, soplando antes de cada trago para no quemarse. -Te qued bueno. Enciende un cigarro y vuelve a mirar por la ventana. Ella se acerca y rodea su cintura con los brazos. -Ay, Eduardo, te hemos cambiado toda la vida en un instante. -No te preocupes. Ya vers como todo sale bien. Viste que lindo el da? No parece que haya un cicln cerca. -De qu cicln hablas?

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-No te acuerdas?, el que dijeron en el parte ayer por la noche. Supuestamente iba a pasar muy cerca de la Habana. Ella lo mira un tanto confundida. -Ayer no dijeron nada de un cicln. Todo lo contrario. Que iba a ser un da esplndido, sin nubes. Lo recuerdo perfectamente. -Espera. l siente una inmensa opresin en el pecho y ni siquiera quiere pensar en lo que eso implica. Tampoco le dan tiempo. De pronto se abre la puert a y aparece Patricio con el rostro muy plido. -¡Nos descubrieron! ¡La polica! ¡Estn aqu! Felipe se despierta en el acto, ag arra el fusil y lo rastrilla. -¡Mierda! Hay alguna otra salida? -Por la azotea. -¡Vamos! Eduardo mira a Alicia, le quita el seguro a la pistola y corren al fondo del pasillo. Ya Patricio ha abierto una claraboya en el techo. -¡Por aqu! ¡Rpido! Alicia es la primera en subir, ayudada por el herm ano. Luego es el turno de Eduardo y despus el de Patricio. Se inclinan para alzar a Felipe pero en eso se oye un gran estruendo y comprenden que los policas ya invadieron la sala. Suenan los primeros disparos y Felipe lanza una rfaga al tiempo que grita -¡Vyanse, cojones! ¡Yo los detengo! -¡Felipe, no! grita Alicia pero E duardo la hala por el brazo y la obliga a correr en contra de su voluntad. Por suerte las casas casi estn pegadas unas a otra s y pueden saltar hacia las azoteas ms prximas. A sus espaldas se siguen escuchando disparos y rfagas. -¡Lo matan!, ¡Lo van a matar! dice ella y pugna por regresar de nuevo pero l se lo impide. -¡Por aqu! -indica Patricio y se descuelgan hacia un solar. Se ocultan entre la hierba. Eduardo siente falta de aire y el corazn latindole a mil. -Lo mejor va a ser separarnos. As tendremos ms posibilidades. Ya no se oyen disparos y Alicia llora en silencio, sabiendo lo que eso significa. Patricio levanta la cabeza y mira hacia la avenida.

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-Estamos jodidos -murmura. -La calle est repleta de policas, tan exagerados como siempre. Si por lo menos pudiramos saltar aquella cosa… dice sealando un muro al fondo del terreno. -¡Entrguense! ¡Sabemos que estn ah! grita al guien desde la calle, posiblemente uno de los jefes del operativo. De pronto Eduardo se ilumina. El cicln, claro. Hay una mnima probabilidad de que ese no sea su universo. Y que sucedera si lo matan?, se pregunta, seguira vivo en el resto de los mundos? “A fin de cuentas no hay nada claro en todo este disparate de gatos cunticos y funciones de onda.” Le da un codazo a Patricio y le seala a Alicia. -Llvatela. Yo los entretengo. Ella se remueve con furia. -¡No! ¡No quiero perderte a ti tambin! -No me va a pasar nada. – inte nta tranquilizarla -No te he cont ado de mis sueos raros con otros mundos? -De qu t hablas? Ests loco? -Razn de ms -murmura l y rastrilla la pistola. -Es la nica manera. Si no lo hago, morimos los tres. Al menos as hay una posibilidad. -¡Que no, coo! De pronto Alicia se levanta y empieza a dispar ar enloquecida. El tambi n dispara, tratando de halarla de vuelta al suelo. Es entonces cuando siente el impacto en el cuello y al mismo tiempo ella da un salto hacia atrs y cae al suelo. Patricio sigue disparando e intenta alejarse en direccin al muro pero ya no hay nada que hacer. Estn perdidos Alicia tose y sus labios se llenan de sangre. Intenta decir algo y le aprieta la mano fuertemente, mientras su blusa se va tiendo de rojo. El tambin siente como las fuerzas lo abandonan. In tenta disparar las balas que le quedan pero descubre que su brazo se niega a obedecerle. Todo se va oscureciendo a gran velocidad y su ltima imagen son los ojos fijos de Alicia, que ya no respira. Casi la rechaza cuando ella viene enamorada a darle el beso de los buenos das. All afuera parece que se est acabando el mundo, con fuertes rfa gas de viento golpeando las ventanas. Eduardo comprende. El cicln. Ya est de vuelta. Suspira con alivio pero se siente ms triste que nunca e inmensamente cansado. -Que falta de pasin -d ice Alicia en son de br oma pero l no sonre. -Acabo de ver tu muerte. Y la de Felipe. En otro universo. Ustedes eran guerrilleros urbanos.

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-Co. Ella se aparta un poco y se sienta en el borde de la cama. Ahora est seri a. -No te niego que alguna vez fantaseamos con esa idea, Felipe y yo, pero nunca llegamos a concretar nada. El contacto que bamos a ver para ingresar en el movimiento, un ta l Patricio, fue detenido dos horas antes de la cita. -S, tambin conoc a Patricio. -Pero este no es el sueo de siempre, no? Ahora viajaste a otra Cuba. -S. Dnde est Felipe? Quiero sa ber qu coo significa todo esto. -En su cuarto, leyendo. Regres ayer por la noche, mientras dormas. Te lo llamo? -No, Alicia, prefiero baarme. Lo malo es que no tengo ropa aqu. -Quin dice que no tienes ropa? No te acuerdas que ayer fuimos a tu apartamento a buscarla y trajiste una maleta llena? -Mi casa? Pero mi casa no fue destruida ayer por un camin cisterna? -Claro que no. Qu tonteras dices? -Espera. Espera, espera… El siente que est a punto de volverse loco. -Por qu entonces me mud para ac? -Por el cicln, claro, acordamos pasar el cicln juntos, no lo recuerdas? El respira hondo. No puede contenerse. -Ya no entiendo nada Y qu hicimos ayer cuando regresamos de mi casa? -Vimos una pelcula. La matriz, cu arto episodio, creo. Conversaste un rato con Felipe de sus locuras de ciencia ficcin, en lo que yo cocinaba. -S, coincide. Qu ms? -Recuerdo que lo rega por estarte lavando el cerebro con todas esas fantasas. -Y despus? -Bueno, despus te baaste e hicimos el amor, por cierto, muy fervorosamente, un ratico. -Por qu un ratico? Ella sonre divertida. -Porque estabas tan cansado que te quedaste dormido por la mitad y tuve que acabar sola. Ella viene y lo besa sensual en la or eja. -Esa me la debes.

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“Esto es demasiado”, piensa l y se siente enfe rmo. Algunas cosas pegan, otras no. Y el ncleo del problema es que cada vez hay menos esperanza de regreso. A d nde? Ya no sabe cual es su universo real. Aquel del accidente con el camin o este? Sin elementos donde poner a trabajar la lgica. Una lgica que se ha demostrado reducida, incapaz de discernir algo concreto, fiable, dentro de todo ese marasmo mental en que se encuentra. -Me voy a baar -dice con voz cansada, -Dnde est mi ropa? -Los calzoncillos en la segunda gaveta. El resto en el closet. S, es su ropa, la que recuerda de siempre. Ni ngn atuendo extrao. Esto lo tranquiliza un poco. Ya en el bao, desnudo, se mira en el espejo de la puerta y se sorprende ms delgado. Se ducha en un santiamn. -S, por favor, llmame a Felipe. -le pide a Alicia una vez que est de regreso y se ha vestido completamente. Solo necesita diez minutos para ponerlo al corriente de sus ltimas vivencias y dudas. Cuando termina de contar, se nota que Felipe est impresionado. -No te voy a mentir, creo que ahora s ests bastante jodido. le dice moviendo la cabeza con pesadumbre. -Estaba leyendo ahora otro libro de ci encia ficcin rusa, una noveleta de los hermanos Strugaski, “Decididamente tal vez”, donde se decan tan por el concepto del Universo Homeosttico. -Qu es eso? Tiene que ver con el equilibrio, no? -La idea de esta novela puede resumirse en que el Universo conserva su estructura; trata de mantener el equilibrio entre el aumento de entropa y el desorden por un lado y el desarrollo de la razn y el orden por el otro. Por eso no existen las supercivilizaciones. Hay un lmite donde se rompe el equilibrio y el universo se defiende tratando de evitar a toda costa que siga incrementndose el conocimiento. Esto es lo que le s est sucediendo a los personajes. No es que sus investigaciones sean muy importantes en s, pero las derivaciones de estas en un largo perodo de tiempo, tal vez de miles de aos, podra n hacer desaparecer el universo. -Y? -Y? Que de alguna manera, como esos person ajes, pienso que t tambin has entrado en homeostasis con el todo, ests rompiendo la estructu ra bsica, que son los diagramas de bifurcacin. Estos mundos que visitas representan los cambios del resultado final segn mnimos cambios del parmetro inicial. Si al principio solo podas vivi r en dos universos, Ya solamente ese hecho, llevar un efecto cuntico a nivel de macrocosmos ha trastornado toda la estructura. -Y que va a pasar ahora?

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-Ahora tu capacidad se ha multiplicado. Eres el observador perfecto. Es como poder atravesar las bifurcaciones. Ves el gato vivo y el gato muer to. Y al otro, al que nunca cogieron para el experimento. Y tambin al que se teleport fuera de la caja. Si coges una lnea, una dimensin, y la arrugas, se puede decir que tienes un plano, no? Pues de alguna manera arrugaste nuestro universo y saliste a pasear por la cuarta, la quinta o ¡qu se yo?, una lluvia de realidades alternas cada vez. No te desanimes, todo lo contrario. Esto sea la nuevas posibilidades inesperadas para ti. -No entiendo. -No lo entiendes? Te has ido ms all de la simp le mezcla de agua y carbono que es el hombre, y por supuesto que esa experiencia es muy impactante. Te imaginas viviendo todos los mundos posibles al mismo tiempo? Por alguna causa que de sconocemos no puedes viajar al pasado ni al futuro. A lo mejor es que no existen, solo el instante presente, en sus infinitas variantes, pero en eso solo estoy especulando. Por supuesto que esto hace difcil o casi imposible formular alguna prediccin. -Intntalo Cmo terminar todo? -Quin sabe? Me imagino que el universo tendr qu e encontrar el equilibrio de nuevo. Por lo visto no pueden eliminarte. Sers inmortal? Creo que no, que al final morirs de viejo en todas las dimensiones. Ah se repondr el equilibrio homeosttico. Tal vez en alguno de esos viajes de pronto ya no haya vuelta atrs. La otra forma es que poco a poco pases ms tiempo en un universo especfico y menos tiempo en los otros hasta que todo sea como al inicio y solo existas en uno, con sueos normales y corrientes. De todas formas lo mejor es que te acostumbres. No te opongas, ni desesperes. Fluye con ello. Tampoco te sientas en cautiverio, todo lo contrario. T eres ms libre que todos nosotros juntos, al fin y al cabo somos propiedad de nuestros objetos, de nuestra realidad consensuada. Somos rgidos. -Si, pero no puedo elegir. -Ests en eternidad, el punto de las posibilidades infinitas. -Tampoco tengo un lugar de regreso. Ni siquiera estoy seguro de que este sea mi mundo. -Lo importante es que tengas gente esperndote. Y aqu tienes dos. A m y a Alicia. Los tres quedan en silencio, mirndose durante un rato. Alicia viene y se abraza a l, recuesta la cabeza en su hombro. All afuera sigue el viento batiendo con fuerza, pero ya se siente un poco ms dbil.


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