USF Libraries

La Estrella Bocarriba

MISSING IMAGE

Material Information

Title:
La Estrella Bocarriba
Physical Description:
Book
Language:
English
Creator:
Aguiar, Raul

Record Information

Source Institution:
University of South Florida Library
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
usfldc doi - S32-00003
usfldc handle - s32.3
System ID:
SFS0036165:00001


This item is only available as the following downloads:


Full Text

PAGE 1

1 1 LA ESTRELLA BOCARRIBA RAL AGUIAR

PAGE 2

2 2PR"LOGO 1 “Estos ya no son los Acill Etam del inicio, en este repiten un poco las frmulas. Salvo dos baladas y la que escuchas es lo mi smo casi en todas. En realidad fue un disco poco acogido. De todas formas a m me sigue gustando, no s, a lo mejor es porque me recuerdan el 29. Te acuerdas del 29? Ese ao signific bastante para m. S, fue el ao en que comenz todo.” Lilith ya no cree en islas predecibles, pero a veces se pone a pensar en lo sucedido con Aquiel y el resto del grupo y llega a la conclu sin de que todo aquello era como una inmensa pera-rock. Fotografas brumosas, cl aro; hombres y muchachas revoloteando en las calles como papeles sucios y el problema er a que ya la moda, la msica y las ideas no tenan nada que ofrecer, tan solo su teatro, su mascarada, siempre era sbado, noche para gozar. “Ahora que lo pienso me parece curioso. En el grupo slo se viva el presente. No es que dejaran las cosas para maana sino que el futuro no exista: se viva posponiendo. No s explicarlo mejor. Una noche dejaron de moverse y as se quedaron: inmviles fijos hasta la eternidad. Hace dos aos Raphael habl por primera vez de irse. Una cmara inflada, pastillas hidratantes, conservas, mach ete o pistola, remos, brjula, una sbana para cubrirse del sol, siete u ocho das en medio del ocano infectado de tiburones. Rapha compraba una guitarra y la venda a la semana siguiente para comprar otra. Los Brujos se reunan en su casa para escuchar la ctara de turno, hablar de bandas de rock o jugar a la verdad. Todos conscientes de estar senta dos sobre un almacn de dinamita, pero entretenidos en apagar la mecha una y otra vez, en espera del estallido final. Imagen perfecta: personas sentadas en crculo con las manos de palmas bocarriba, ojos cerrados y bocas abiertas, esperando la lluvia del cielo, man celeste. Me habra gustado fotografiarlos as, partida de sucias estatuas.” La verdadera gnesis de la situacin databa de los 40s., segn los socilogos: Democracia electrnica, bombardeo de objetos en nuevo software creador-disipador de tiempo, abocado a la vieja consigna del go ce como objetivo supremo, otra percepcin. Warhol Riken Backer Nam June Paik y Pierre Schaeffer sentando las bases del

PAGE 3

3 3Nuevo Malestar (elctrico) de la Cultura, pa utada ahora por los dioses del intercambio social, del intercambio simblico: Los Medios regulando encuentros y desencuentros, la era de los servicios clamando profesiona les, tiempo social, educacin, y como consecuencia directa la diferencia de edades, de roles. La Massa de pronto dej de ser informe porque ahora se haca necesario discriminar. Ya haba tiempo para ser joven, o al menos estudiante, y tambin se liber el espacio de los deseos, en l hizo eclosin un nuevo imag inario: la Cultura Juvenil. Y dentro de la subcultura de los Brujos nombres como Enru Obso, Diamante Rey, H-Sur, Los Plomos del Zeppelin una inmensa pera-rock. Pero no el rock que ellos crean conocer, debatido cada noche sino otro nuevo, extrao, como para despertar serpientes internas. Para diferenciarlo ella termin por llamarle Heavy Mental (Mente Pesada). Claro que de un mal odio que da todo a labios ocultos: Nunca se lo cont a nadie. Un da quiso componer una cancin sobre a quel modo de vivir y despus de una conflagracin a gritos con las estticas cuer das comprendi que sera mucho ms difcil de lo que haba imaginado. En realidad todo aquello no podra caber en un slo tema, si acaso una pera alternativa, una sinfona punk en mezcla de sonidos primitivos, clsicos y digitales, derrotas y atrevimientos explcitos girando alrededor de Aquiel. Aquiel tema central, guitarra leader o vocalista, tal vez los dos al unsono. El resto, sencillamente, instrumentos acompaantes, violines y sintetizadores de fondo, nada ms. Y no porque llegara a ser el jefe del grupo, el que impona su voluntad y voto a la vista de todos, sino por lo que ocultaba detrs de todo ello: atravesar los simulacros, encontrar de una vez lo Real, la ausencia, el agujero negro de toda cadena significante. “Seguimos presos como el grito de los desconocidos. Es para quedarse y olvidar al nufrago, al congelado que asciende y viene a destruir tu cuerpo.” Aquiel actor, trabajo direccional perforando inconscientes, como lo de robarle a Daybel cierto rbol, ciertas alas, porque ella era un animalito fiel, al principio. “Mira, esta es la foto donde sale mejor. Me gusta porque tiene puesto el amuleto que despus me regal. Viste que largo el pelo? Aquiel era el ms interesante de todos los hombres que conoc. No era tan atractivo como Raphael o Brizo, pero s el ms inteligente y el ms misterioso tambin. Fjate si es as que toda la onda del Lado Oscuro – la seria, la cruda, no la de antes vi no de l y sus libros raros y sus discursos

PAGE 4

4 4sobre los Lmites de la realidad, la Brujera Yaqui la Gotica la Magia Negra y miles de locuras ms. Claro, cuando aquello yo no saba, no conoca ni la dcima parte de estos temas, los aprend con l, cuando ya estbamos, pero escucha, escucha esa parte de la cancin, ah era cuando todos nos lanzbamos a bailar core … Light: Exit, Night: Enter, Hand my take… Al principio todo era muy infantil. Siempre todo fue infantil, claro, tal vez el concepto no sea el ms adecuado, al principio todo era ms…inocente.” Dentro de la inocencia emerga un nuevo esquema sensorial, nuevos ritos, mitos y lenguaje simblico: En los 50 el Roll and Rock el aullido de Ginsberg y los caminos de Kerouac. En los 60 los Beatles ( Escarabejos en el idioma de los Brujos), Hemos dicho Basta y Krishna Zen in the sky with diamonds Tambin, como era de esperar, aparecieron los nuevos-antiguos enemigos: Greenes Potencias Hojas de parra Esto es mo Napalm Dulces angelitos de Dios. Y por supuesto, las alternativas: Pelo pb(l)ico guerrillas psicoazules sexo sentido, Maryengel, Puertas, Atraviesa al otro lado, Aristopsiques Alucidelias generadoras de futuras muertes ideolgicas, gravitando en la explosin de opciones con canto de cisne utpico en Stockwood o las universidades de Troya y Alucinorte. Ms tarde la A-Diccin, fin de la p ica. Salvo raras excepciones, el System demostr que la Utopa era capaz de ser empaquetada, el imaginario – no slo juvenil se convirti en la mejor arcilla para la industria. Ci rcuito cerrado, aleatorio, las ideas terminaron transformndose en bacanal massivo, en superficie predictrica. Para entonces lo importante ya no fue ms la utilidad social, la meta o su sentido final, si acaso la implosin de signos. Una muy pequeita discontinuidad en los 70, con los No Future (lase punks) y as. Los Brujos se vestan en m ezcla de ropajes y peinados alternativos, se colgaban al cuello la espiral cuadrada y en salzaban a los grupos de moda y otros no tan de moda, ms bien una cultura musical, claro que esto era la actividad visible. Detrs de todo ello estaba Aquiel y ya ves, Lilith: su navaja era un nio jugando a matar, la ira bien oculta en el uso de la droga, consciente de ir sembrando deudas, para que nunca se cerraran las puertas de la fuga, evasin de lana y cristal lloviendo sobre las camas, sobre la mesa: “Ya te hundes, puta” y Lilith sin vestido entrando al espejo, cada noche ms ligera, ms levitante, “para triunfar sobre el mundo de la oscuridad sin lmites”. La Oscuridad…¡Ja!

PAGE 5

5 5 “Recuerden todos cuando no lo deseen, una ocasin como aquella vez de las mquinas, la accin de los androides arrastrando sus pasos.” Aquiel a veces pareca haber venido del futuro, pero de un futuro terrible, a lo 1984 Blade Runner o alguna de esas novelas ciberpunks. “Yo no escribo esto, nadie lo escribe. Slo son letras y frases al azar, aleatorias, convertidas en puntos luminosos de software.” Dime cul msica escuchas y te dir quin eres. El nuevo enfoque utilizaba la moda y la msica como mensaje exclusivo, en ellas se expresaba toda la ideologa sintetizada en cdigos para la tribu, una es pecie de retroalimentacin y desenfado. Lilith recuerda haber pagado cerca de 40 greenes por un holo de Cobain vestido de ultravioleta y se lo mostraba llena de orgullo a todos los visitantes del sanctuario “No s dnde estar ahora, debe estar guardado por ah, en alguna gaveta, junto a Castaneda y Duprey, bueno, no importa.” Lo importante era la misma accin, la operacin sin producto, sin realizacin en consecuencia. Fumar. Templar. Hablar. Semiticamente: terrorismo, muchachos peludos y sucios con sandalias y botas, collares de cuen tas, tatuajes y dems aditamentos desde la mueca hasta los codos – el piercing recin comenzaba -, cuerpos en oscilacin neoltica con la desastrosa msica nacional (neonacional) de un Provos o un Limits los dems eran muy blandos, “helado de fresa para rosados”, decan escupiendo a un lado. Vrtigo de novedad, de rupturas y anecdot arios, llegaba el punto en que lo nuevo se transformaba en simulacro, ya no haban sonidos ni actitudes originales, todo era remixado, redigerido, una revolucin de se gundos y ya, "el prximo". Autofagia. Calidoscopio. Deambular sin rumbo, operativid ad sin fronteras (Bueno s, el tiempo: Circular?, espiral?) o como dira un tal Maryengel : actividad productiva sin mercanca, dragn de mil cabezas devorando su cola, desintegrada por las explosiones de luz del acontecer emitindose como huella, como cicatriz, juego infinito. Un ejemplo: “La iniciativa ms atrevida del grupo, an tes de Aquiel, te estoy hablando de principios del 19, fue la de Raphael, que llen las calles de Viejo Vedado con alphs encerrados en crculos, un smbolo que confundi a todos porque haba un grupo de holoplsticos que tambin se reconocan por la mism a seal. O sea, al final result que Rapha era un propagandista involuntario de ArteLser …”

PAGE 6

6 6 Juego de apariencia trivial, tribal?, lo s Brujos diluan el tiempo pintando signos reinterpretados como dbiles ecos a su realidad nacional, fuera de significados y sentidos de producto, si acaso el Eros, soando ctara s, cuerpos y bandas, coleccionando compacts hasta que una noche apareci Aquiel “y todo cambi para siempre.” Baby little hush, word a say dont…

PAGE 7

7 7 PRIMERA PARTE: "HEAVY-MENTAL" “Vivimos dentro de una enorme novela. Cada vez, es menos necesario que el escritor invente un contenido ficticio. La ficci n ya est ah. La tarea del escritor es inventar la realidad” J. G. Ballard

PAGE 8

8 8 ALPH En el comienzo Lilith todava no es L ilith, sino Daybel lvarez, una muchacha de diecisiete aos con su mochila a cuestas atravesando las espirales de Choquelia. Son las diez o algo as y sus ojos recorren las hileras de amorfos que esperan su turno apoyados en las barandas de hierro o tragan sus helados con idnticos gestos de animal colectivo. Ella siente la lluvia pulverizada en el aire y se estremece. Busca algn atpico para colarse, pero al final desiste y sus pasos esquivan otros pasos sobre el suelo de granito desgastado. Ahora, en invierno, los androides se parecen todava ms, con sus brazos cruzados sobre el pecho o las manos en lo s bolsillos, el rostro mirando al suelo, la barbilla escondida en el cuello de sus impe rmeables o abrigos y las narices enrojecidas, presagiando futuras aspirinas y pauelos arrugados. Observa una pareja de strangers mujer y hombre, que enfocan sus ojos de video al mdulo superior de la espiral cuadrada y ella apura sus manos para evitar que su aureola quede presa en el haz convergente. Antropom etras. La pelcula es aqu la cicatriz pornogrfica de poros que no desean modelar, o al menos no a tan nfima distancia. Daybel diluye a sus espaldas el espacio y el oj o lser; por fin ha traspuesto el umbral del ltimo brazo de la espira y penetra en la noche. En realidad es como si pasara de un sexo a otro, de pronto se le anto ja el esplendor gris de homoides y granito un cerebro de ogro gigante o algo por el estilo. La noche es di stinta, es mujer inconsciente, promesa y preparacin de todas las cosas. All arriba las nubes eclipsan cualquier destello. Hay una luna desvada y como rota en jirones plidos que acentan la sensacin de frialdad de la muchacha. Frente a ella, en lado opuesto de la avenida, los resplandores nen del cine Yama le ofrecen cierta pelcula de ilustr acin criminal e intranscendente herona de piernas largas. En la esquina ms prxima, un grupo de atpicos vestidos de negro hacen oscilar sus cabezas al son de los fraseos ver tiginosos de unas guitarras invisibles. Daybel sonre, espera que un automvil pase delante y corre despus mirando a los lados.

PAGE 9

9 9“Hola Brujos, Cmo va eso?” (Brujos. Deambular sin rumbo. Las nue vas cuerdas pulsando los dedos, adorando al mismo demonio y sus vrgenes para “violar” de alas transparentes, para doblarlas, empujarlas o precipitarlas al abismo en conjuncin terrible al nacimiento del Rebelde.) Entre los jvenes que responden a su saludo se encuentra Raphael, uno de los lderes del grupo. Es bastante atractivo y el pelo a mitad de espalda es la envidia del resto, muchachas inclusive. Su nombre original sera Irving, pero aqu casi nadie guarda sus nombres originales. Por lo que sabe, l, Ze par y Conan son los ms viejos del grupo. Los dems ya no se diferencian tanto. “Hola colega, sintate aqu.” Beso en la mejilla y alguien le alborota el cabello. Reanudan la discusin sobre las facultades del guitarrista que escuchan, leader del grupo Morbosos, pero Daybel, pese a su costumbre, contempla a sus amigos sin intervenir. No hay cenizas para mayor desgracia. Por lo visto nadie ha trado cigarros. (Brujos. De la Rebelin tan solo lo visi ble, lo espectacular que en realidad no somos. Lgica del modelo tambin: sin la expectativ a se hubieran devorado a s mismos. Zas. Un existir sin enumerar noches, al fin y al ca bo algo vendr a suplantarlos de una vez y de nada valdran entonces todas sus posturas existenc iales, ya lo dijo el vidente: “El pas es viejo. Slo nos queda descansar en sillones, la espera nunca muere, se llena de peces etreos como amigos, siervos de la gran ci udad, las manos reposan y recuerdan a quienes olvidan, justo antes del caos definitivo.” (Amduscias, The Black Bible 58: 1-2c) Margarita Pajot y Brizo despus de un tiempo se aburren y vuelven a cabecear. El Brizo como si lo estuvieran ejecutando, una mueca de dolor y la cabeza disparada hacia atrs. Maggy en un estilo ingrvido, de cmar a lenta, un coito csmico con la msica. Daybel siempre le ha envidiado a esta muchacha su sentido del ritmo-esencia, no importa la velocidad percutiva de las grabaciones. “Mira lo que consegu”, le dice algui en al odo. Es el Zepar, nombre original desconocido; le muestra dos sobres de trihexifenidilo, (parasimpaticoltico y antiparkinsoniano, veinte cpsulas), pero ella hace un gesto con la cabeza y le devuelve los psicoazules encogindose de hombros: “Hoy no. Me siento mal.” “Qu te pasa?” Pero ella no contesta y aparenta escuchar la disertacin del Rapha sobre blackmetal.

PAGE 10

10 10 “¡Qu coo Obituario ni Obituario !, ¡Los Morbosos s son los geniales! Un da abrieron la tumba de un sacerdote y se llevaron el crneo a la gira. El cantante se corta el brazo antes de cada concierto y guarda la sangr e y al final barniza toda la guitarra con ella.” “Son unos payasos; eso es imagen, nada m s. Seguro no saben nada de Brujera. El que s sabe es Ega Pimmij ; tiene una librera de lo oculto y se compr un castillo famoso, ms bien una iglesia, donde desde el siglo pasa do se hacan rituales de misa negra y una vez se quem con una congregacin adentro. Del carajo.” (La asignificacin de los actos, de mane ra consciente, es un sistema inestable, siempre termina por anunciar algo, aunque luego este "Algo" resulte la muerte del sistema mismo. La superfluidad no existe. Esto ya lo saba perfectamente Aquiel cuando decidi insertarse en el grupo.) Daybel no se dio cuenta de su llegada. Apareci, sencillamente. Silencioso, los ojos negros alternndose entre un libro de muchas pginas y el debate a gritos entre Raphael y Zepar. De pronto rompe a hablar sobre la Magia y todos hacen silencio. Daybel no entiende muy bien, solo capta palabras sueltas y desconocidas como “Introito”, “Grimorio”, “Cirios negros” Los cirios son velas negras? y as contina alrededor de cinco minutos, describiendo punto por punto el ritual de la Misa Negra “abjura de cuanto defiende el Catolicismo”y como es de esperar todos, excepto Raphael, terminan con la boca abierta, tratando de averiguar si el muchacho est loco o son las pastillas. “El introito lo celebra la sacerdotisa. El atributo es como una especie de cliz pero hecho con una calavera cortada por la mitad, pegada en un cuerno de cabra, ms bien de un macho cabro, el smbolo del diablo o de cualquiera de los dioses cornudos.” “Muy interesante”, susurra Daybel sin aclarar si se refiere al joven o a su discurso. Se ha quedado mirndolo a los ojos y de pronto de sea la desaparicin de las muchachas del grupo, principalmente Margarita y Amy, que tienen buen cuerpo, mientras el suyo dista bastante de los cdigos masculinos y cas i no se le notan los senos. “Entonces la sacerdotisa se pone a leer el misal, que es un libro encuadernado con la piel de un nio muerto sin bautizar y despus se realiza la ofrenda de la virgen.” Cuando termina, en medio de los susurros de la gente, Raphael sonre y le palmea en el hombro. “Se los presento: este es Aquiel el hermano del Conan, posiblemente es el

PAGE 11

11 11tipo que ms le sabe a toda la onda negr a.” En sus palabras se nota un deje de admiracin: “Tambin fue el que me ense la Brujera Yaqui en el Pre.” Cruce de miradas. Daybel calcula las posibles edades y se regocija en secreto. Aquiel debe frisar cerca de los veinticuatro o veinticinco aos, “La edad perfecta para m”, luego la reunin sigue su curso normal. El Brizo se acerca y comienza a preguntarle por sus cassettes y ella contesta de mala gana. La Amy manipula en la grabadora mientras Raphael conversa en voz baja con el recin llegado que, por cierto, no se ha dignado a mirarla. El Zepar y Margarita recogen sus cosas. “Caballeros, nos vamos. Ya es muy tarde.” Daybel observa el crepsculo de la hora. Como si fuera una seal, todos excepto Rapha y el joven se levantan. Despedidas mutuas. Ella piensa que ya es tiempo de regresar al Himalaya, ese monte fortificado de acerbos osos familiares y dems parentela. “Esperen. No se vayan todava, vamos a planificar algo. Saben lo que se nos ocurri?”, y entonces Raphael les expone la idea de realizar un sabbat el viernes prximo, aprovechando la boda del Conan y la Cheng. Despus de la oficial, en el Pa lacio de los Matrimonios, reunirse por la noche y celebrar una boda Wicca Todos estn de acuerdo. La condicin impuesta es que todos debern ir vestidos de negro y con los rost ros maquillados. Viva el carnaval. Ser la primera Asamblea de Brujos de la isla. Daybe l se re con la idea, pero comprende que ellos dos, Rapha y el otro s se lo toman en serio. Aquiel sonre misteriosamente y dice: “Hay sorpresas” y todos quedan intrigados. “Quieres compaa?”, le pregunta el Br izo, pero ella niega con un gesto. Camina sola por la avenida. El tal Aquiel no le pr est la menor atencin. Ella odia ese regreso a casa por aceras eternamente transitadas, mirando pasar los autos plidos nocturnos. Dirige la vista en direccin al cine y descubre las dos figuritas conversando. Ahora debe esperar una maldita guagua que puede tardar horas y llegar al amanecer a su casa, a recibir el regao de turno, luego, y por suerte, el refugio de su cuarto. Se imagina como una hierba en medio de los insultos silvestres, hogar con exceso de poblacin-habitante. Dentro de su cuarto los tres nicos metros de ecologa privada, tres metros donde colgar su ropa y ocultar la toalla hmeda de sueos posibles. Pasar a su cuarto despus de abrir la puerta con la misma llave de siempre, pensando en Aquiel. Ms tarde vendr la acost umbrada taza fra de caf, y como esto no basta tratar de mitigar el hambre emba durnando un pan con sal y restos de papel

PAGE 12

12 12grasiento, sucia poesa nacional, para al fi n buscar el sueo que caiga como espada. Daybel se desnuda y acuesta bajo las sbanas, cierra los ojos. Imagina estar dentro de un huevo sin nacer, sin nacer pensando en cual ciel o del techo la protege. Pretericin. Ella siente que se est soando a s misma; suea con una muchacha de ojos cerrados y brazos en cruz, inmvil sobre su cama. La casa vaca y sin padres pedir silencio absoluto a las calles y casas vecinas ya sera demasiado un perro ladra tristemente en uno de los pasillos interiores y ella piensa que los perro s siempre saben lo que va a ocurrir pero no quieren decirlo a los hombres porque estos no entenderan o no querran entender nada fuera de su realidad simulada, ese subm undo repleto de monstruos con luces, patas redondas y olores desagradables. Daybel observa el dibujo de la luz en la pared, la franja que golpea contra el espejo y salta a uno de sus brazos extendidos y de pronto siente el temor de que aquello signifique algo en el idio ma oscuro de las estrellas, palabras que giran en rbita libre alrededor de muchos anim ales extraos flores sin espinas, hormigas con plumas y gorriones de seis patas que, por supuesto, viven en otros planetas o en los anillos de Saturno y que ahora desean com unicarle algo. Daybel sonre y escucha su algaraba, le piden secretamente que se una a ellos, los que padecen, millones y millones de seres pequeos flotando entre constelaciones; le piden que sea su Diosa Madre, pero ella sonre con tristeza y les explica que no tiene madera para Juana de Arco ni Don Quijote, que ya no le gustan los molinos, ni la s multitudes valga la redundancia -, ni el sol, que en otro siglo quizs habra sido posible, cuando todava no haba escondido a la nia entre las sbanas, pero que ya es muy tarde: no es inocente. Se siente desvalida, s, como ellos, y tambin sola, pero no es inocente. Entonces los animalitos se alejan como sombras, se pierden en ascenso de todo el hilo de luz que va hacia la ventana en di reccin al cielo recin pintado de naranja y prpura, se hunden con el sol enfermo tras las chimeneas de una fbrica y ella se muerde los labios, se sorprende de nuevo en soledad y se desenmascara cobarde, medusa que palpita fofa, enredada en sargazos. Daybel comienza a sentirse vaca de todo, como si alguien hubiera absorbido su sangre y sus rga nos, dejando tan solo la cubierta floja y quebradiza desparramada sobre la cama. “Quebrafloja”, dice y sonre por el descubrimiento. “Desparracama.”

PAGE 13

13 13 LA BIBLIA NEGRA LIBRO PRIMERO DE AAM"N COMUNMENTE LLAMADO EL PRINCIPIO Captulo 1 1. En el Principio no haba palabra y el mundo estaba vaco y muerto.. 2. Y la Grand Ma, la Nada que es el todo, dorma dentro del huevo ms pequeo de la Nada. 3. Y la Grand Ma despert y dijo “Alph” y el huevo ms pequeo de la Nada explot con gran fuego blanco y se hizo la Luz en el universo, quemndolo todo. 4. Y vio la Grand Ma que un mundo todo de Luz era malo, y decidi que hubiera Luz y Sombra. 5. Y diciendo “Bth”, convirti el Uno en Dos, y llam la Grand Ma a la Luz, “Da”, y a la sombra llam “Noche” y ordenole a la Noche que apagara los fuegos del Da pero no todos, y as quedaron el Sol, la Luna y las Estrellas. 6. Y el Da es el Sol y la Noche, la Luna y las Estrellas y la Grand Ma ordenoles que detuvieran la guerra y se juntaran como Marido y Mujer y hubiera paz y armona entre ellos. 7. Y de esta cpula de la Noche con el Da nacieron las Diosas Triples, y la Grand Ma les llam Tierra, Agua y Nube. 8. Y las Diosas Triples queran hijos y al no tener marido unironse entre ellas y solazronse unas con otras. 9. Y de la Unin de Tierra y Agua nacieron los ros y pantanos, los lagos y manantiales, pero es taban vacos, y no haban rboles ni animales para beber de ellos. 10. Y de la Unin de Tierra y Nube nacieron los desiertos y montaas, los vientos y el aire, pero estaban vacos, y no haban rboles ni animales para vivir en ellos. 11. Y de la Unin de Agua y Nube nacieron la lluvia, las olas grandes y furiosas, la nieve y el granizo, pero estaban vacos, y no haban rboles ni animales que vivieran en ellos. 12. Y de la Unin de Tierra, Agua y Nube nacieron los tornados y terremotos, los volcanes y todos los poderes sin ley, lo confuso y desarmnico.

PAGE 14

14 14

PAGE 15

15 15 PR"LOGO 2 “Haba una vez una Boda. He aqu a un tipo en una boda, mirando a la gente divertirse y diseccionando sus rostros y expresiones. Un r itual interesante, con slo dos das de planeada y los protagonistas brujos. Conan, el novio, es mi hermano. Ha venido vestido de negro total la ropa interior tamb in? -, la melena por los hombros, onda renacimiento en Venecia. Ella, la Cheng, de blanco, parece la Pulgarcita de los animados rusos. Tensin. No hay confetti, ni limosinas LADA llenas de preservativos inflados, ni vestidos azulcelestes rozando colillas de cigarros. La boda es rpida. ¡Pum!. Fogonazo. S. S. Un beso. Ya est. A dnde van? Al hotel. OK, nos vemos por la noche en la fiesta. Yo, por mi parte, me dejo arrastrar por Elisa a un automvil blanco. Llave en el encendido y vamos a casa de su amante. Amante. La amante. Es una lstima que tenga que usar artculos para definir un craso cas o de homorrelacin que por lo dems, no me repele mucho. Un solar. Tipos peligrosos, onda punto de yerba y coca. Un pasillo. Enya habla de refrigeradores, vender, mecnico, moto r, pero a m se me est haciendo la boca agua al ver dos torticas de morn encima de un plato. Elisa se me adelanta y no soy capaz de poner la mano palma bocarriba onda mendigo Charlot puente de Pars sobre el ro Sena. No recuerdo despus; salto al cuarto de Enya y estoy hojeando una revista de poesa concreta y oyendo a Gal Costa, las dos brasileas, of course La portada de la revista tiene a la Monna Lisa de da Vinci, pero toda desmelenada, con ojos de perversa y un pitillo de marihuana en la mano. Exquisita para un afiche.” “Elisa me est dando clases de educacin sexual y yo me entero por primera vez rete cabrn de que entre las tcnicas para de morar la eyaculacin est echarse las bolas hacia atrs y tratar de pensar en sapos llenos de gusanos purulentos, tambin me entero de que el problema no es que Yamila tenga el cltoris muy arriba, ni que sea frgida, sino que el hombre siempre debe encontrar el punt o exacto para satisfacer a la mujer, y ese punto est en el cerebro. Otras cosas, a ver…Ah, s, pero en afrodisiacos afroyorubas y esa es una moa cultural que no me invita mucho, algo s comprobado es el hachs, estimulador number one, como el da aque l que…pero no, porque ahora estoy hablando de la boda del Conan y en el recuerdo Elisa me dice que si quiero recobrar a la Fnix

PAGE 16

16 16debo cambiar ciento ochenta grados los polos de mi aureola verdiazulada y comenzar a oler diferente, pero ah la interrumpo y le respondo que mi problema no es la atraccin, que ahora es cuando ms mujeres atraigo, pero ella no me cree y ¡zas!, se lo demostr despus, esa misma semana. Chao. Chao. Nos vemos a la noche.” “Por la noche voy a ver a la Fnix, es decir, a Yamila. Es horrible que haya terminado todo, snif, era la pasin de mi vida, sn if, snif, gulp, no, por favor, Collado no, mejor Freud: ‘Me frustra bastante este complejo de castracin en el que me ha imbuido la susodicha.’ Punto y salto. Ahora estoy en mi sanctuario, vistindome de blanco completo con una cruz del Salvador hecha por los i ndios guerrilleros, qu cmico: estoy vestido para proyectar exactamente lo contrario de lo aparentado por m ha sta el da de hoy: un aristopsique disfrazado de brujo. Consejo de Elisa: ‘Vstete de colores oscuros. Vers como las cosas cambian’. Al final desisto de llevar la cruz y me largo.” “Otro salto. Ahora en casa del Diony. Le quier o cambiar un LP de Chaik que me rob por uno de Ludwing, pero me dice que no le interesa. Ah lo obligo a cargar varios compacts porque en casa de la Cheng no hay grabadora y nos largamos Calzada abajo o arriba, no s, con Tierras Sucias, H-Sur, Re d War, Chaikov y dos o tres ms. Llegamos. Hay grabadora. Hay ron. Menos mal, ron, al go. Raphael debe llegar dentro de poco con todo lo planificado en el Yama (psicoazules, de diseo y drinas amn de cuarenta greenes en ganja). Creo que Ega Pimmij en el equipo. Bla, bla. Salto. Yamila no viene.” “Yamila. Yamila. Yama. Gus. Pelandruja, grullita linda, puta asquerosa. Yamila alta de pelo largo vista de perfil, deseable. Cara pensativa. Ahora ojos cerrados de labios mordidos, desnuda debajo de m en arco yoga de msculos, sudor y droga. ‘S, yo tambin te quier.’ Ojos redondos en brillo gol dfish en el umbral de la sala. Gatos Gardfields, ladrels, lagartijas csmicas, mandalas. El patio lleno de helechos y libros de filosofa, mapas de Tolkien, bonsais. Ultimamente estoy odiando bastante a Foucault.” “No te pierdas, vuelve a la boda.” “Ya. Estn bailando con H-Sur, se abre la puerta y entra Raphael con toda su comitiva. Ah es cuando me fijo por primera v ez en Lilith. Viene detrs de Margarita y de pronto la veo jodida, tan jodida como yo o qui zs peor. Recuerdo que pens: ‘Mira, esta podra ser una buena aprendiz de bruja’, pe ro ni yo mismo s por qu llegu a esa conclusin en ese instante.”

PAGE 17

17 17 “El da anterior estaba discutiendo con Yamila el concepto de ‘Plstico’. Una discusin muy plstica, pienso. Despus encont r en un libro una definicin que me gust bastante: Un plstico es aquel que va a la universidad para lucir su ropa y luego va a las fiestas para hablar de filosofa. No s por qu se me ocurri en toda aquella onda de mover los puntos de encaje, borrar la histor ia personal, etc., comprobar si aquella muchacha, Daybel?, era plstica.” “Ciento ochenta grados. Se limit a mirarme con ojos asustados y la boca semiabierta. Ella no lo saba, pero la estaba violando con el cerebro. Realmente soy un sdico.” “ Esa noche Yamila no fue a la boda. Realmente soy un masoquista.”

PAGE 18

18 18BTH (1) No habr estallido ni pedazos de en cfalo, materia gris, manchando las paredes desconchadas, bruma de los que gritaron sobre la cama y la hierba. Recuerdo que fuiste una nia como todas, viviendo en una casa amenazada por la guerra, lo cuasieterno: Pap borracho, madre que gr ita y es proyectada con un puo hacia la pared, nia llorando bajo la cama (muy clsic o, factor de riesgo social). Ya a los catorce pones a derretir la virginidad del mundo al primero que susurre una frase tierna (que suene tierna) y luego recuerdas su ausencia y escribes pginas del diario y no perdonas nunca a los hombres. Realment e hoy no tienes deseos de dormir; de gaviota pasas a hierba, la casa desaparece y una nia drogada no va a regresar. (2) Es curioso, una se desnuda y cae en lo evidente. Inteligente hoja de parra, no acabo de aprender que lo evidente es tal vez innecesario. Quizs la solucin sea cambiar el vegetal por una lata de Beaf, carne prensada. (3) Un sueo largo, largo: (Comes.) Comen los profesores de arte los mu slos verdes de Lilith, pero ella no impide la vista, se deja deslumbrar por los haces de luz multicolor de las celosas, fija hoy sus ojos en tres gorriones que duermen sobre el te jido de cables telefnicos, abre sus piernas y escucha a los enemigos (a usted) decirle : “Qu obscena”, mientras hunden (hundes tus) tijeras en muecas onricas de barro y otoo cercano. Vuela bajo, quieres probar? Primero piensa. Conctate. Conctate. Conctate. Conctate. (4) Lilith: “El Sabbat? Super todo lo espe rado. Djame fumar, por favor. No s como se las agenciaron el Rapha y Aquiel pero haba de todo: cincuenta por ciento de psic.oblues treinta de nulips, drinas y piracetam, diez de yerba (a lo mejor no era tanto y estoy exagerando, claro, eso demuestra la impr esin que me dej. Celebraron los ritos de la boda wicca, con juramento de sangre y salto de la escoba, luego hicieron una especie

PAGE 19

19 19de sopa fra (Aquiel la llamaba Tympanum ) y nos bautizaron a todos con un nuevo nombre. No recuerdo muchos, slo los de algunos. Nos dieron una tarjeta y yo pude leer el mo: Lilith. No estaba tan horrible a pesar de... La tarjeta deca que Lilith era la Reina de los demonios scubos. Me gust eso. Aquiel? Aquiel era un demonio que slo apareca los domingos a las doce de la noche en luna nueva o cielo nublado en un lugar desierto. Por supuesto, cmo lo bamos a tomar? Todo era muy divertido. Recuerdo cuando Brizo me dijo: ‘Estos dos estn ms locos que el carajo’ y se puso a cabecear al lado de los bafles. Esa fue la noche en que Aquiel habl conmigo por primera vez. Fueron solo unos minutos, luego Zepar lo llam para lo de las tarjetas. Imagino que le dej la impresin de ser una magnfica imb cil. Ese es mi problema con los hombres: nunca me doy lugar.” Lilith en la Feria del Rock. Era antihogar. Era de conciertos de rockheros nacionales, buenos, regulares y malos, las fiestas patria s son un buen motivo para tocarse y eso no es secreto, no es secreto para nadie. Polvito blan co y resfro. El dilema es desfigurar la soledad. Como sea. Poner las tres o cuatro o seis filitas sobre el espejo y agruparlas con la cuchilla caliente y al minuto posarse con el casquillo conectado a la nariz, cuidando no romper el bcaro grawe de la Santa Madre Marmota con su plato lleno de ojos, manos rotas y tetas como gelatina de ganso. Total, la universidad esta cerrada y la Feria del Rock abre sus puertas antihogar. Muestra siempre interesante. Rock nacional. “Oste Lilith?, hoy dieron otro parte sobre la salud de Comte. Parece que no llega a la semana.” (5) El hombre comn, genrico, siempre ha sentido miedo de la realidad. Por eso el ocultamiento, el escondite, la mscara del No desnudo, lo pdico eterno (principalmente la muerte) que transforma cualquier visi n pornogrfica en contenido simblico. Por supuesto, para que la mscara funcione‚esta de be cambiar en el mismo sentido en que se va desarrollando el hombre. El tiempo infantiliza. (6) “Dicen que tienen un doble, un mueco mecnico para el caso de que muera.” “Que muera quin? Comte? Perdona pero creo que esa idea es bastante infantil, lo ms probable es un Golpe de Poder.”

PAGE 20

20 20 “Un Golpe de Poder... por quin?” “Por quin va a ser?, por el hijo de puta de Santo Toms.” “Eso es imposible. La gente no lo apoyara.” “Para apoyarlo tiene el ejrcito, no crees?”. “Bueno, s, hasta cuando todo, no?, la misma pregunta de siempre.” (7) Lilith es de las que se raya can tando y saltando al comps de cada cancin. Compact, Miguel Formell, Lagos, Orine Amarillo, Los Gatos Mutantes y Jules Andrs, con ellos se divierte en el auditorio de la feria. Lilith piensa que todos, hasta ella misma, son la demostracin perfecta de la enfermedad (obscenidad) del sistema. Hay que ensear a todos la viruela del tiempo. Ya est lle gando a los parajes donde la suponen en quietud, mejor sera pensar en escorpiones, una mujer violentamente desnuda y vaca de vestiduras (no es lo mismo) para que todos (u sted tambin) se la claven como locos hasta lo ltimo, de todos modos la clavan en poes a social, cagndose en la madre de todos los albedros. Lilith est en la feria y conforma la plstica, entra en la casa hmeda de lo permisible, cultura masturbatoria, plaza del esperma. Suced e que hay que decontruir, o lo que es lo mismo, reinventar, o lo que es casi lo mismo, reversibilizar la metfora de lo real enmascarado una y otra vez para que pueda seguir ocupando el lugar asignado, “Padre de Puertos, 1999, no te burles de mis sismos dorsa les”, para que mantenga as su concepcin simblica “El pas se ha vuelto textura de ojos dentro del salto esperando nuevas ideas”, para que pueda seguir siendo lo que es, “para no tener ya mas el pecho cubierto de tigres y ovejas”, pero, al fin y al cabo, cuidando mucho las creencias del da de feria. Apretado resumen: todos los participantes son duendes, los festivales rockheros son como esos cuentos donde uno se vuelve frgil y se convierte en mar. Poderoso y amado mar. Comienzas a besar a todos, a todos y lue go te vas pensando en el pan de cada da y en el frente fro y Lilith despierta aqu, co mo siempre, llena de esperma y olor a hombre entre sus muslos. Ella piensa sin saberlo en la importancia de seguir siendo lo que es: el ladrillo invisible de toda una construccin cultu ral, fabricada a expensas de la mascara. La realidad desnuda, como toda visin pornogrf ica, es obscena. Pero es que la realidad desnuda existe? y as, la misma pregunta con todas sus derivaciones. Algo para pensar.

PAGE 21

21 21(8) Quieres ancdota? Una vez Lilith abri los ojos para descubrir que Amy, su amable anfitriona, haba aprovechado el viaje Ketamnico para recorrerle los senos con la lengua y luego ofrecerle los suyos en una ba ndeja de plstico aun cuando juraba que su cama no estaba enmohecida y ella, al final, con una calma de nuevo tipo, mirando a travs de la ventana y sintindose Salom c on la cabeza del Bautista entre las piernas. Acaso...? Pero no, porque al ver a Aquiel senta el deleite de sus ros internos y el pensamiento de ser comandada sin meta por el pez fantico, todos fanticos, chicos y grandes, aprestndose en segundos al tema de siempre, un hoy continuo y ella tratando de sostener los benditos ojos en su mirada de regreso, culpables al ocultarse los durmientes, con rastro de olor pero nada mas, seal de arrancada en falso. (9) El sexo real existe? No ser tan slo autodefensa, representacin metafrica? Un cltoris puede ser interpretado, pero ojo, no ser el mismo significante, ni siquiera el mismo sentido que puede ser real o aparente y que cambia con la lengua de cada sujeto. (Igual que el recuerdo.) Lilith recuerda que hoy el Cocodrilo sali a escena con un hacha clavada en el crneo, truco ICAIC que desc onoce cierto cuadro de un tal Lorenzo Lott sobre Pedrito Mrtir, verdad de perrogrullo : el kitch viene de Lascaux, quizs todava de mucho antes, millions of years ago. Y tambin la inocencia: “Hacia ya tres se manas de la aparicin de Aquiel en el grupo y todos lo consideraban como el fantasma que influa al Rainbow. Lo consideraban el fantasma porque ya no hablaba en las reuniones y haba dejado de intervenir directamente en los planes que los brujos discutan cada noche, pero cada vez que el Rapha traa algo nuevo a realizar, todos miraban discretamente hacia Aquiel y a m se me antojaba entonces que ellos lo observaban de forma idntica a como lo hacan Los Escarabejos con Ono Yoko en la grabacin del Be it le ” (No te puedes quejar, todo lineal tercera, con guio de complicidad rock al narratario. Sigo as?) “A pesar de que algunos lo rechazaban por completo, poco a poco me fui haciendo su amiga. Aquiel hablaba ms conmigo que con el resto porque seguramente not mi aficin por la msica. l tocaba tambin guitarra y un buen da comenz a prestarme cassettes y folletos de rock y a darme conferen cias particulares que yo aprovechaba para acercrmele ms y poner la cabeza en sus piernas y l me acariciaba el pelo. Por lo visto

PAGE 22

22 22era slo cuestin de tiempo para que se deci diera a besarme o plantearme algo de tener relaciones. Estaba totalmente ciega. Una noche que planebamos una guerrilla para la Cueva del Agua vi como se apartaba del gr upo y se perda tras unos matorrales y luego de un rato fui por l. Entonces los v: Aquiel y Margarita. l le estaba orinando la cara y ella se rea como si aquello fuera lo ms agradable del mundo.” (10) En el gran concierto de la feria el Tetas y su grupo de punk ya no resultaban obscenos, a fuerza de repetirse, el mismo lanzamiento de preservativos llenos de espaguetis y otros postres al pblico, un buen ej emplo de la muerte de siempre: ocho o nueve animales (tres gatos) ahorcados en el poste de electricidad, todo tan cargante, barroco, que se converta en trivial. Lilith se sorprendi disfrutando la luz de un cocuyo extraviado, verdadera libertad. Ejemplifica. “Pues s. Estaban templando. Ah fue donde to m conciencia de lo estpido de mi comportamiento. Todos eran iguales, pensando solo en un culo, en un buen par de tetas y l no era diferente a los otros, por qu tena que serlo? Me pas como dos das empastillada, con una depre del carajo. Lue go llegu a la conclusin de que mejor pensaba en otra cosa, borraba de una vez la maldita autolstima de virgen quinceaera, an cuando resultaba bastante claro que yo no era virgen ni quinceaera precisamente, quizs todo lo contrario.” Mirar para recordar: (Quieres ancdota?) Serra con su pene grande tatuado. Funci n ambigua indexical, lo mismo que Adn y su hoja de marigua... perdn, de parra? Lilith fumndose un pito de parra, fumndos e las cortinas, las alfombras, los penes poticos de tantos gorriones en las cunetas oscuras de las grandes avenidas. (No queras ancdota?) Luis Daz y sus testculos desteidos de coca, ella lamiendo con celo, encas anestesiadas elctricas, dos me ses despus la foto de un Luis castrado en Milaguas. Lpez Larco y Vazquez sospechosos de asesinato, viva la humanidad. VIVA COMTE escrito con pluma para ocultar (an ms) lo que ya cubri la pintura gris. Tapar para ensear; esos idiotas del poder positivista todava creen que su msica es capaz de congregar a la gente que se entretie ne en encubrir cubriendo, a diferencia de

PAGE 23

23 23otros que desvan las cosas de su camino ( poemas del corazn oscuro). Todo es un gran concierto. “Poco a poco se nos fue incorporando un lenguaje distinto al de los dems metaleros. Ahora los conciertos eran aquelarres. Las ventanas, por ejemplo, se llamaban espejos tcticos y as miles de cosas. El smbolo de la A dentro del circulo (anarchy, alph) se transform en una estrella bocarriba. Nos de jbamos mensajes slo para iniciados. Los policas eran potencias, no recuerdo todos lo s cambios, pero si que de pronto nos entendan menos y fuimos quedando solos. En cada fiesta entraban dos o tres novatos en el grupo y otros se marchaban y no los veamos en largo tiempo.” (Quieres dilogo?) Hola,Day. Raphael me dijo que habas hec ho todas las pruebas. Este fin de semana ser tu Iniciacin, ya lo sabas? S, el Zepar me avis. Gracias de todas formas. Toma, lete este libro. Es un diccionario de ci encias ocultas. Ah te hablan de todo lo relacionado con los ritos. Claro, no son iguales. Los nuestros estn un poquito ms…modernizados. S… Y no te asustes que no vamos a matar a nadie, ni vas a hacer nada que no desees. Menos mal. Bueno hermanita, te dejo que Maggy me est esperando. Nos vemos. Adios Aquiel. Y otras intrascendencias. “Hermanita, mier da, cretino”, piensa con rabia pero lo peor del caso es que la relacin de Aquiel c on Margarita se extiende ya a tres semanas y no hay el menor indicio de una separaci n en corto tiempo. “Imperdonable”, murmura Lilith y mira con aspecto crtico el busto de la otra, “me voy a inyectar silicona” (11) Mostrar algo significa destruir su anterior sentido. “¡Qu obscena eres!” A la salida de su casa, en una de la s calles ms esquizofrnicas de la capital, donde haca unos das haban matado a un viejo para r obarle la bicicleta, sus pies haban tenido que dar un rodeo para esquivar una montaa de basura que la gente acumulaba all desde

PAGE 24

24 24haca unas semanas. (Claro que esos objetos no posean una traduccin esttica nica, slo en la percepcin. La finalidad de lo real es la destruccin de la realidad?) Coronando el tumulto de desperdicios haba un gato negro, aplastado y comido por los gusanos. (La finalidad de lo real es la recircularidad infinita?) Lilith record entonces un cuento de Salinger donde un tipo deca en un koan que deseaba ser un gato muerto en una onda zen bastante interesante. (Hay que reinventar el movimiento.) El libro y la explicacin superficial de lo que era un koan y el Zen haban provenido de Aquiel, como es lgico. “Quiero ser un gato muerto, quiero ser un gato muerto, porque entones nadie podra ponerme precio.” Aquella frase se le repeta en la mente con insistencia, borrando los dems pensamientos (el hombre es un animal intertextual). Desde una de las casas vecinas brotaba el sonido de un programa de televisin: “Las ltimas propuestas musicales quieren fusionar el rock con ritmos patriticos. Creen que de esa forma calan fuertemente en los amantes del barroco nacional...” (etc.‚ etc.) (12) Ninguna traduccin de la realidad es vlida en s misma, ya que implica el teatro, el enmascaramiento, como si solo as se evitara su inclusin en lo trivial. Si te pones a ver, todo es trivial, todo es obsceno.Lilith imagina por un momento que es la herona central de una historia de realismo sucio, o un ensayo sobre lo obsceno, o una obra de teatro punk, y se entretiene jugando con la idea: “Ahora en una esquina de la calle aparece un letrero que dice Item 4, o no, un trece entre parntesis, a lo mejor el escritor es un cretino de esos postmodern que lo liga todo en una incoherencia mayscula, es muy cmico: ahora cuando prenda un cigarro se acaba la escena Bth, o si no aparece un camin de basura y da las conclusione s del anlisis donde hay un hombre o una muchacha hablando en monlogo interior. Clsico.” (13) Exacto: En el camin de basura hab a un letrero, pero en vez de la frase que imaginaba estaba escrita otra con caracteres rojos: V I V A C O M T E

PAGE 25

25 25 (14) Conclusiones: Ah, en esa modalid ad de representacin que es todo un arte, VIVA COMTE, es donde suele darse la legitimacin de lo obsceno. Todo esto lo digo para que no fustiguen demasiado a Lilith: Al fin y al cabo, ella no tiene la culpa.

PAGE 26

26 26DALTH Baby little hush, word a say dont Aquiel tiembla porque nadie quier e cambiar. Dislocacin. Las flechas del pensamiento, de todos los pensamientos estn multifotografiadas son ciclodlicas, fluminiscentes psicogeolgicas ¡Ah, ambigerda de las palabras! No queda ms remedio que los mismos golpes autopecho de siempre, la misma antiflor rompindose en textos de visin perdida. Todo es visin perdida. El slo sabe que se va haciendo viejo en la noche, y que all afuera espera n con redes para crucificarlo. Y la accin? S. La respuesta podra estar en la Accin. Por ejemplo, la diatriba con Daybel: no hay palabras, no hay texto, slo una vulva ofrecida cada noche, remitiendo al mundo. Remitiendo a la muerte? “Con Daybel? No pierdas tiempo; esa tip a es mierda pura, es una cochina, se ha pasado a todo el barrio y ya ni los rockheros quieren saber de ella; debe estar llena de bichos, de SIDA, qu s yo? Mejor le das de lado.” Qu es una puta sino la mmica, lo obsceno del lenguaje disfrazado en accin, el gesto que no sustituye lo real, una puesta en escena, teatro de signos? Pero, tambin, su contrario: Una puta es un cementerio. Mejor vamos por partes: En un lugar del mundo Aquiel est reclutando aprendices de brujo. Pocos, muy pocos admiten su discurso: prefieren perderse en erotismo difuso, en sexo maquinizado. Esto, aunque tiene algo de obsceno, no lo es en esencia. Todava hablan en idioma de ngeles, todava cr een poder decir la mandarria creando polvo al pie de todos los muros y, sin embargo, Daybe l es diferente. Daybel es obscena, est ms all de cualquier representacin, ya que se ofrece y se sabe efmera. No hay ms. Sus piernas slo tienen sentido mientras sobr e-actan. Slo hay que darle el soplo vital, un camino, la existencia de otros planos de percepcin. Be could you be should you mine be could you…

PAGE 27

27 27INICIACI"N. (D-4.) Arte de Poder, Tetragrama. Los puertos de pronto se transforman en piedras cbicas; la base del Rito podra ser muy bien la naturaleza divisible de la Razn Ubjetiva “Padre del Lado Oscuro, no me dejes caer en la abundancia, no me dividas, ya lo estoy, slo ntreme de un nombre, y djame ser.” Lilith: “Para el Rito de Iniciacin, el novato antes tena que pasar determinadas pruebas. El Rapha le pona algn padrino y en el curso de un mes el aprendiz de brujo tena que realizar actos tales como ingeri r sobras de alguna cafetera (delante del padrino, por supuesto), pasar una noche deteni do en la estacin de polica (esto s era imprescindible), escribir diez signos de la estr ella bocarriba en lugares pblicos, hacer el amor o masturbarse en el cementerio de la ciudad y otras que Raphael dejaba a la imaginacin del padrino en cuestin, aclara ndo que si se cometa algn abuso con el novato, el padrino sera castigado por el resto de la cofrada de los brujos. Todas las pruebas estaban chequeadas por Aquiel desde el inicio. Las mas? No, prefiero no decrtelas, no me preguntes eso. Si quieres te cuento las de otra persona, pero las mas no. No es que fueran tan horribles, el probl ema es que eso sucedi hace mucho tiempo y ahora me da un poco de vergenza decrtelas. Mi ra, si quieres te cuento las de Margarita que esas si las…las mas, pero por qu? qu importancia tiene?… Bueno, est bien. Dale, pregntame.” “No, lo de la estacin no fue necesario; en uno de los conciertos no tuve suerte y me golpearon bastante, as que el Rapha decidi que aquello bastaba y no era necesario lo de las potencias. A ver…dibuj los signos eso era lo ms fcil luego me com un nylon con polvo de barquillo de un latn de Choquelia, delante de todos. No, no, eso fue fcil tambin. El problema es que nia al fin quise impresionar a Aquiel y entonces cog un sapo, le hund una aguja en los ojos y le pas la lengua y ah, te da asco, no?, pues recuerdo que estuve como dos das vomitando. Lgico, s. No, claro, pero obtuve lo que quera; el Rapha me liber del resto de las pruebas. Lo del cementerio? No, si te digo, con lo del sapo me salv de las otras pruebas.” “Bueno no, mentira, al fin y al cabo te es toy contando todo, no? qu ms da? S, claro que tuve que hacer lo del cementeri o. No te preocupes, no importa. Tuve que masturbarme delante de Raphael. Ya nosotro s habamos estado una vez, as que no me escandaliz mucho. El Rapha no me pareci ni una gota de excitado, a lo mejor era

PAGE 28

28 28porque ya no le gustaba mi fsico, por ese tiempo yo estaba superflaca. Claro que me sent humillada, pero fue peor cuando mi pap tuvo que buscarme en la estacin. Horrible. Era una lista de veintisiete situaciones y los novatos escogan las cinco que les fueran ms fciles de hacer bueno, las cinco menos difciles y se aceptaban iniciativas.” La Iniciacin sera a las diez de la noc he en el Bosque de los Umbrales. Divisibilidad. Uno de los requisitos era venir con el rostro y los brazos untados de grasa para escapar con mayor facilidad de las potencias. Por lo dems, Daybel ha llegado media hora antes al lugar de la cita y se r ecrimina por haber cometido ese error de ir en solitario con una linterna, pensando que los Ot ros ya estaran en el lugar acordado. De pronto siente deseos de orinar y toma concienc ia de lo peligroso de estar all, sola, en ese bosque encantado, donde podran salir de los agujeros todo tipo de duendes y monstruos del ms ac, con filos cortantes, y que jugaran a dejarla desnuda y ojal si todo se redujera a esa accin. Daybel piensa que sera irnico morir tan joven, morir violada despus de haberse ofrecido gratis tantas madrugadas, y todo por tratar de impresionar a un muchacho que ni siquiera la ha besado. Entonces se mira con otros ojos por primera vez y piensa si no ser a mejor alejarse del grupo, para siempre. “Al que mal vive, el miedo lo sigue”aforismo de la Grand Ma, escoba en mano Por suerte y alivio a los cinco minutos escucha la parodia de un aullido de lobo y risas. Llegan los Brujos. “Co, miren quin est aqu ”, y ella se siente reconfortada por la mirada de admiracin de los muchachos y la sonrisa de Aquiel. “No te violaron, chica? Djame ver.” “¡Vete al carajo, Zepar!” “Ja,ja por qu no nos esperaste? Estbamos en la pizzera.” Juego de encadenamientos. Mundo analgico. Lilith : “Esprate, mira a ver si ya est el t. S, dos cucharadas nada ms. Est bien. Oye, si quieres cambiar la msica, cmbiala, al fin y al cabo el equipo es tuyo. No? Bueno, all t. Ves? Esa es la que ms me gusta del disco. Por dnde bamos? Ah, s, por el Bosque de los Umbrales. Bueno, pues ese da no haba luna y…” La Oscuridad daba miedo. Daybel recu erda cierta conversacin con Aquiel, donde este le haba dicho que las noches de luna nueva eran las de mayor poder para los brujos, y ella siente ahora que debe ser as, porque al cabo de un tiempo la atmsfera se

PAGE 29

29 29deprime y los klippots se quedan en silencio mirando las llamitas de los faroles y ella est segura de que a todos los ha invadido la ansiedad. Aquiel est pintando otro de sus signos raros en el tronco de un rbol y cuando ella le pregunta, l responde que se trata de un Tetragrama, claro, pero eso no le dice nada a la muchacha, que se vuelve a alejar cuando nota la mirada recelosa de Margarita. Aquiel termina de pintar y Raphael le da las gracias y pide a todos se sienten en crculo alrededor del claro. Obedecen. El Ra pha busca en su mochila hasta encontrar algo as como una caja de cristal con una rana en su interior que coloca en el centro de la circunferencia. "La cuadratura del crculo" quiere bromear el Brizo y Raphael lo mira con expresin homicida. A Daybel, precisamente, esto es lo que le atrae de los ritos, en cada ocasin resultan ser diferentes. Imag ina que los smbolos tienen un significado esotrico conocidos por Aquiel y Rapha a la perfeccin, pero que el resto de los brujos desconoce y, al igual que la muchacha, se sienten intranquilos esperando la nueva sorpresa del instante siguiente. Lilith : “Por supuesto, yo no me llamaba Lilith, sino Daybel, pero ese nombre fue el que me dieron y como era ms bonito e intere sante que el real, fue uno de los que se quedaron. Eh?, no, con la mayora no pas lo mismo. You could be mine…But you're way out of line… Me qued bueno el t? En el jarro hay ms. Srvete, si quieres. Cmo? No, djame explicarte: no todos los que iban al Sabbat eran iniciados. Yo creo que el Rapha lo pensaba bien, no s cules elementos tendra en cuenta, pero de pronto iba y le deca al nuevo en cuestin que desebamos entrara en el grupo y ellos aceptaban. Ahora pienso que un poco estar con los brujos aumentaba su prestigio en otros lugares, aunque no entiendo muy bien el motivo. A lo mejor el Rapha era medio psiclogo tambin y saba de antemano quin es iban a aceptar o no, pero no todas las veces porque mira a Lisbeth, la ex-novia de Anabrio, que me dijo le gustara pertenecer al grupo pero l nunca la llam. Claro, tambi n primaba el inters material. A todos los participantes del Ritual les repartan psic oazules y casi siempre aparecan dos o tres prajos al final. Hongos? S, claro, tambin. Y flores y cosas rarsimas todas mezcladas. Ahora recuerdo la imagen de los klippots pas ndose la yerba al estilo de una pipa de la paz o una pelcula de guerra rusa hasta que casi se quemaban los dedos.”

PAGE 30

30 30 Nota pedante: Realmente la cantidad de humo ingerida no bastaba para una transportacin de los sentidos, ni mucho menos, pero s lograba desencadenar una sugestin compartida y hasta representada por los integrantes del grupo. De todas formas en la Magia siempre se rompe la linealidad objetiva de la causa-efecto. Pero prosigo: Los brujos que faltaran a algn sa bbat se quedaban fuera de la divisin de "regalos" en la reunin siguiente. Daybel no haba faltado hasta entonces, tampoco era muy frrea la medida; disciplina social, sencillamente. Lilith : “Esprate, voy a bajar un poco la grabadora. With your bitch slapped rappin' and you cocaine tongue … El Brizo? Y a qu viene esa pregunta ahora? Bueno, s, me gustaba, ya te lo dije. Era un trigueo delgadito de ojos claros, tena un pulver de Sodom y una guitarra espaola. No, l no tocaba, la tena para impresionar, nada ms. A la larga result un tarpido pero bueno, al principio no lo conoca.” Magia. No juzgues porque en el fondo no hay trampa. Est ms all. Con una sola transposicin de nmeros 2,9,9,l por ej emplo te puedes transportar al pas Ubjetivo pas de agua -, donde los rostros no discriminan estticas en favor de razones. Cuando Raphael llama por fin a Daybel, e lla piensa si no cruzar para siempre la puerta equivocada, el camino sin corazn de Castaneda, dira Aquiel -. De todas formas se hace difcil pensar cerca del fuego. Daybel avanza entre el silencio de t odos y se coloca en el centro del crculo. "Qutate el pulver", dice Rapha y esa orde n la deja sorprendida y confusa. Por un momento no sabe qu hacer, se avergenza; siempre ha pensado que sus senos son demasiado pequeos. La suerte es que la noche no deja mucho espacio para la percepcin. siente un ramalazo de enojo c ontra Raphael por haber impuesto esa nueva regla de juego; con Margarita no haba suced ido porque fue la primera. Por supuesto, aquello poda tener un sentido oculto, alejado de la pura accin ertica, claro que ella no comprenda los motivos racionales de Aquiel. Se quita la prenda y la deja caer al suelo. Daybel despierta en cualquier lugar del espacio. Siente fro por la lluvia de invierno y le molesta el erizamiento de los vellos de la nuca. Se sorprende hmeda y mira nervio sa al cortejo, teme que Raphael, el ms cercano, se d cuenta de la situacin. Intenta alejarse un poco, pero este la toma por un brazo y le ordena que se arrodille. De pronto ella sorprende los ojos fijos de Aquiel y

PAGE 31

31 31comprende que en el fondo lo desea, le excita la mirada de l sobre su miedo. Ahora no le importara desnudarse frente a todos, entie nde que el Rito es como una especie de disciplina, que hay algo que se va para si empre en cada acto del desvestir, que aquello es un test una prueba particular para l, un ex amen totalmente alejado del Eros, la cuestin es ms profunda, a nivel de actitudes o algo por el estilo, la cuestin no es una serie de obstculos a vencer para al final entrar o no oficialmente en el grupo, tampoco es una forma simple de juego, de diversi n como haba pensado al inicio, hay otras muchas cosas bajo la superficie y tambin, en ltima instancia, sacar un poco a jugar ese bichito exhibicionista que toda mujer lleva adentro. Ahora el Rapha le indica que repita todo lo que l va a decir. Ella asiente un tanto divertida. Al fin y al cabo es una especie de liturgia, pero a la inversa, casi punto por punto a ciento ochenta grados del ritual catlico. Las palabras llegan desde su espalda. “Yo, Daybel lvarez”y la antiMara, antiMagdalena, bueno, no tanto la segunda, repite la letana “Yo, Daybel lvarez, renuncio a mi nombre en el Sabbat y acepto ser Bruja.”Ella repite las palabras y casi siente como se mezclan con el humo del farol. “Desde hoy soy Lilith.” Por supuesto, algunos se ren por la representacin, pero Aquiel los hace callar con un gesto. “Desde hoy soy Lilith y escupo todos mis prejuicios y complejos, la educacin, la decencia, escupo el Poder Blanco y sus tres jerarquas de ngeles .” Ella susurra sin entender y observa al Rapha que clava una cuchilla en la rana, hunde sus dedos en las entraas y luego le mar ca una cruz al revs sobre el pecho. “Y si traiciono, que caiga sobre m el odio y la venganza de todos. Aqu y All.” “Aqu y All” repite Daybel y mira de reojo al pobre animal que todava se estremece, con los rganos desparramados y cubiertos de tierra. “Ests lista para la marca?” Daybel contesta afirmativamente y le ofrece su brazo a Raphael. Este saca una especie de tenedor de puntas afiladas y la araa con fuerza. Dolor. Cuatro hilos de sangre que brotan y deslizan brazo abajo. Ella se frota la piel y chupa para mitigar la ardenta. Por suerte el Rapha le dice que se ponga el pulver y ah termina todo. Daybel, error, Lilith pertenece a la cofrada de los br ujos. A partir de este momento nadie osar llamarla por su nombre anterior.

PAGE 32

32 32 Conjura de signos como liberacin a la teora secular del Hacedor de peces. Alguien le ofrece unas hojas del rbol para que cubra la herida y es Aquiel, que la mira de un modo distinto, con algo entre compasin y culpa. E lla le sonre un gracias y l se aleja de nuevo. Daybel sabe ya que guardar esas hoj as manchadas de sangre como recuerdo. Lilith comprende que ya est en camino: Da ybel ha muerto; su ltimo acto es ese de marcar las hojas con sangre de cordero.

PAGE 33

33 33 FRAGMENTOS EXTRADOS DE LA BIBLIA NEGRA DE AAM"N Captulo 2 13. Y las Diosas Triples quisieron marido y fueron a la Grand Ma para pedirle la simiente de vida.. 14. Y la Grand Ma dijo “Dalth” y arrancando su mitad cre a Anu, el Dios Cornudo, y de la Unin de Anu con Agua surgieron los peces, algas y todos los animales marinos. 15. Y de la Unin de Anu con Tierra nacieron los bosques, las hierbas y hongos y todo animal que se arrastra o camina. 16. Y al final de la cpula de Anu con Tierra uniseles Nube ya deseosa y de los tres nacieron las aves, los murcilagos y dragones, las moscas y mariposas. Y por eso no hay animales slo del cielo, sino que aquellos que vuelan tambin necesitan la tie rra para vivir. 17. Y djole la Grand Ma a Anu: “Yo tambin deseo tu simiente”. 18. Y de la cpula de la Grand Ma y Anu, nacieron al mismo tiem po Luzbel y Iahv, los Dos Hermanos. 19. Y dijo la Grand Ma: “Hagamos al hombre y a la mujer a nuestra semejanza, conforme a nuestra imagen, y seoreen y sirvan a las Diosas Triples y sus hijos, y haya paz y armona entre ellos por siempre ante mis ojos” Y ordenle a Luzbel que hiciese a la mujer, y ordenle a Iahv que hiciese al hombre, y ellos marchronse con placer en el corazn a obedecerle. 20. Y Iahv mezcl su simiente con las Diosas Triples, y esper solo siete das y siete noches pues deseaba ser el primero en terminar su obra frente a los ojos de la Grand Ma y por la prisa solo cre monstruos, hombres-len, hombres-toros, hombres-caballos, hombres-peces, y la Grand Ma rechaz sus criaturas porque no eran nacidas a su imagen ni conforme a su semejanza y envi de regreso a Iahv a recomenzar su trabajo.

PAGE 34

34 34 GAIM Cueva del Agua, puerta de fosforescentes grutas y galeras. La humedad rezuma las paredes estriadas y cortantes, mostrando la trama de siglos perdidos y cristales creciendo para nadie. Ni siquier a el tiempo logra detener el extrao reloj chino de goticas extraviadas entre tantas form aciones puntiagudas y cuchillas de yeso. Aqu abajo no hay ngeles, slo klipotts, brujos que no perciben el impredecible susurro de los ros microscpicos. Uno de los klipotts, Aquiel, trae un talismn que los descubre todava aprendices, envueltos en m sica de guitarras y olor a urbe recin abandonada. No saben de trasponer umbrales al lado oscuro del reino subterrneo. ( Souterrain Reich dira Friedrich.) Faltos de un ter cer ojo, descredos, cruzan las altsimas puertas invisibles, llenos de manos suaves que se afianzan al cristal de roca. Para ellos la vida es slida materia y es imprescindible que todo est en su sitio, siquiera los pretextos de la eterna bondad de Dios y sus pedazos, la recoleccin de destellos en admisin tribal, tiempo amontonado en los cerebros, cada uno cuasi el retrato del otro. “Te detienes y como soy cuchillo, siento la culpa de descender como blido sobre tu espalda, mujer de juguete. R ecuerdos. Los klippots me atraen al alcohol y todava faltan horas para que se rindan los abismos. Empiezo a amar a la nia cuyos ojos han comenzado a llenarse de rocas escarchadas, castillos de caramelos y otras resplandescencias. Lilith, t que te has descrea do dentro de las prisiones calizas, abres el rostro en el destello de las agujas, rocas salamandras del infierno celta, inmviles y goteantes, al murmullo de los labios resecos, blasfemia estropajosa.” Aquiel observa el abismo y siente la atraccin de los miles de metros que se pierden en lo hondo invisible. Se recrea en esa dicoto ma de sentidos que llevan implcitos todos los viajes al mundo inferior y se imagina colgando sobre el vaco, las piernas apoyadas en una pared vertical, quizs resbalando y caye ndo en un largo revoloteo ante los ojos demudados de la nia, Lilith surgida del fango, del centro de la Tierra, y l se pregunta qu quedara despus, a fin de cuentas. La desproporcin, sin duda. Sin que

PAGE 35

35 35nadie se d cuenta, nunca, ni ella misma. Slo el querer escapar de la bveda. La superfluencia absoluta y dulce. La hez apaci ble. Mierdazul?, dice pero por suerte Ella no escucha. Por otro lado, siente la culpa del quehacer indito: Maggy, con sus ojos comidos por la rabia, fuera ya de toda profeca potica, sus piernas blanqusimas consagradas a la enfermedad del abandono, objeto perdido. Margarita ahora, es slo la muchacha lejana que se qued una noche en el umbral, que fu e violada y absorbida por Ouroboros (demiurgo holgazn, el que vomita la arena del germen, el nuevo principio. Aquiel se delega en el modelo, la surgida del fa ngo, Lilith Aracn colgando del hilo ingrvida, sumergindose en el intangible, tomos negros. Despus de unos minutos se escuchan las voces abajo. “Ya. Todo est bien. El prximo.” “Te toca, Aronax.”, le dice Raphael. Aquiel sonre por lo intertextual de la broma, se pasa las correas por debajo de los muslos y revisa el cierre metlico. Bien. Li sto para la inversin del acrbata. Siempre le ha gustado el descenso a rapel. Saltos de metro y medio, abajo, siempre abajo, contacto mnimo de las suelas contra las deslizantes paredes del tnel. Todos hacen silencio. l tiene conciencia de los ojos de Lilith temiendo, cuerpo dual con la aureola de rezo y proyeccin fantasmtica. Doce metros? “Ya, ahora implsate un poco a la izquierda Pisa aqu. Bien. Completo. The next! ” Aquiel suspira aliviado. La tribu contina su camino Devorad a la Maggy, toda la conflagracin se reduce ahora a la competencia de proyecciones entre A quiel y Brizo para atr aer a la nia. Brizo se refugia en su dualidad de siempre, seduccin-fuerza. Mero espejo de s mismo, palpa primero en distorsin fsica, acude al pelig ro ante todos. Ante ella. Se lanza a romper los maleficios de cada umbral, a desintegrar las esfinges, no comprende que esta muchacha busca algo ms en el tiempo que una simple hora de Evas ancestrales, ha grabado la versin de Electra Sa fo en la ciudad de la sangre, prefiere colgar de los ojos de Aquiel, a quien ha descubier to de pronto en el plano fsico y adivina que este hombre puede muy bien ser el prximo precipicio, lo imagina desnudo inmvil posando antropomtrico, con su talismn celta colgando del cuello, piensa que un da,

PAGE 36

36 36aunque sea, debe guardar sus aristas, es ma lo tener pas afiladas, es triste, mejor cimentarse en el mar revuelto, sentir el juego de peces y algas entre sus muslos abiertos, sumergirse por vez primera en la grcil confusin de sus ros fieles. En cuanto a Margarita, slo es una campesina andaluza sin vestido blanco, cerebro de papel descentrado, pobre fruta sangunea, pobre. Aquiel sacude sus ojos y reniega de culpas mientras siente la mano de Lilith que dice “Cuidado” y sostiene su memoria de nuevo al equilibrio. l percibe (esta vez s) sus labios solcitos. “Gracias Lilith” y ella sonre y se encoge de hombros. Ahora la esboza de nuevo. Esta vez tiene alas grandes de ngel. Est desnuda, arrodillada, y de uno de sus tobillos parte una cadena que la une a un triciclo antiguo Piensa cual sera la reaccin de la muchacha si l le propusiera oficiar de modelo para sus experimentos con la ventana. Sabe que la bsqueda de lo s lmites fueron hace milenios "cosas de espritu", pero que al fin se descubren en su esencia. Y la esencia es cuerpo, Aquiel, siempre ha sido cuerpo fsico, sensible, acci n, y todava te sorprende sta revelacin sbita que ya fue descubierta por muchos, infinitos bardos ciegos de Irlanda, la verdadera cuna del barroco. Pero estas son disquisiciones fatuas, y l intenta no ser superficial. Se lanza a una conversacin asertiva con Lilith, se sorprenden en empata mxima, en juego verbal teleptico. Ella deja que l entre a sus regiones de sombras, “A ver qu pasa” y no se decepciona cuando este le contesta a cierta pregunta sobre Margarita. Malo est su amor por la de piernas bellas, ni en arabescos recuerda su existencia, masa hmeda de sexo diluido, oscuro hbito de monja poseda por el falo, saboreando su historia de hombres como si recogiera estigmas y Aquiel uno ms, nada especial, otro rasguo en la cabecera de la cama. Se han quedado un poco r ezagados del grupo y apuran el paso. Por fin llegan al Coto de los Anatemas, la roca de virgo. Los klipo tts ren al descubrir que Brizo, otra vez, ser el primero en ofrecerse. El juego consis te en atravesar una abertura muy estrecha, matriz de roca, tratando de no hacer contacto con cierta proyeccin calcrea en forma de falo. Para ello el cuerpo de Br izo se arquea y retu erce hasta que su propia complexin lo traiciona. Risas y silbi dos por parte de los otros. Van pasando de uno en uno, presos de las bromas del resto. A quiel soporta la prueba rindose de s

PAGE 37

37 37mismo ante los dems. Lilith decide seguir la estrategia de este y descubre la importancia del no darse importancia. En esta tribu de aprendices, el concepto "Ridculo" hace tiempo que no consta en el lxico. Raphael aprovecha el final del sacrificio para leer un texto que supuestamente tiene que ver con grimorios antiguos, y felicita a sus compaeros por el fracaso en la empresa. A partir de este momento queda oficialmente constituido el pas de los Brujos: Antamtap Ya nunca ms mostrarn, perdidas para siempre, la anacrnica concepcin del pecado y otras ticas afines. Los klipotts aplauden y nombran al Brizo "Sodomita Mayor", ttulo honorfico que desde ahora arrastrar a lo largo de toda la peregrinacin de los aprendices. Lilith siente el cansancio en las piernas, mezclado al reflejo Pavlov de vendi mia en el estmago. Por suerte al poco rato deciden hacer un receso y todos comienzan a hurgar en sus morrales en busca de vveres. Salen a la luz diversas conservas y paquetes de nylon que luego reparten equitativamente. “La gente nos mira”, piensa Lilith cuando Aquiel le cede un lugar a su lado. Entre un bocado y otro, Aquiel le explica a la muchach a que la mejor poesa del viaje todava est por aparecer. Pocetas consagradas para el bau tizo de los noveles, la Cmara de las Cataratas donde termina la peregrinacin y se piden los deseos ms recnditos. Ms tarde lo desconocido, la verdadera razn por la que han trado el doble del equipo a utilizar: cincuenta metros de hilo de Aria dna y provisiones para dos das ms, luz incluida. El ngel de pelo revuelto habla y Lilith no logra concebir esa cercana de piernas y voces en el universo extramuros. All afuera est Maggy y la barca de papel a mitad de horizonte Nu de los egipci os. Suceda lo que suceda en este inframundo, cuando regresen a la superficie todo volver a ser como antes. Daybel lvarez (Ciudad Virtud, 1976), se deja envolver en el susurro del nio pegaso cubierto de lodo, siente el trpico sensual que invade sus muslos y se sorprende hablndole de sueos y metas, decepciones e incertidumbres. Luego permite que sea l quien sostenga sus vitrales onricos, deja que invada sus fotos y telas gastadas, que los rellene nuevamente de hierbas y bosques amarillos, remonte un vuelo urgente al pas de Hypnos, donde se traicionan los espejos.

PAGE 38

38 38 Llega Brizo y se rompe la magia. “E s hora de continuar.”, oyen que dice y sus palabras son tijeras alegres, “todava falta un mes para llegar y ustedes durmiendo.” En el trasfondo del discurso Lilith percibe un aliento oscuro pero muy leve, muy acorazado, que no logra borrarse ni aun cuando les brinda un trago de su cantimplora, agua fuego del cao de Judas. Ella se levanta primera y le deja caer al intruso una mirada de uvas negras. “Vamos”, dice, y reanudan el camino. Racimo de pisadas en el fango blanco de la galera. Las telas empapadas se pegan como ranas al cuerpo en una molesta sensacin de casi dolor fro. Lilith siente sus pezones que quieren atravesar el logotipo de la camiseta, llena de cuajarones grises que chorrean lodo sobre un grupo de rock camuflado e indescifrable. Grita de alegra cuando por fin llegan a las piscinas heladas. Es una liberacin sentir como se revitaliza la sangre al contacto con el agua, los k ilos de barro y suciedad y sudor que desaparecen y con ellos todo el cansanc io, las tristezas, las culpas. Bautismo subterrneo. Los brujos salpican alegres, ha y quien se desnuda y bucea hasta tocar el fondo, otros esperan su turno o comparten la misma poceta como Lilith y Aquiel, cada uno en bordes opuestos, tiritando y re primiendo deseos de friccin clida que pase inadvertida por la noche de rocas. El regocijo es breve debido a la temperatura del agua, revolotea sobre el grupo una energa feliz e inocente que termina a la orden del Rapha sugiriendo proseguir la marcha. “Ya estamos limpios. Ahora podemos pedir los deseos.” Al margen de la locura, Lilith tiene la gracia de rozar la espalda desnuda de Aquiel, que ya no resiste ms, la detiene por el brazo y la besa. Ella no lo rechaza, le ofrece su olor de pan tibio, su rostro fantasma, siente los dedos de Aquiel y permite que se aten tras su nuca, beso tmido en apenas un roce de labios, beso pber, y se sorprende por lo sencillo del acto, de pronto se han ilumina do todos los dibujos, ya no hay fro ni paredes goteantes, no hay umbrales, no ha y puertas, al menos por un tiempo. Ella quisiera que esa accin muda pasara eterna, inadvertida. Cuando por fin se separan ella compre nde que la intimidad no existe, precisamente porque existe el Otro, los klippots est n mirando, mudos, y Lilith se siente como sorprendida en un hotel de voyeurs ha cado en la trampa de las siluetas, por suerte el Raphael pone de manifiesto su complexin de costumbre, rompe la incmoda situacin

PAGE 39

39 39con un “vamos” en tono adecuado y los dos, Lilith y Aquiel, se lo agradecen en silencio. El Brizo de pronto cambia la expresin de su rostro y se aleja con grandes zancadas. Continan la exploracin. Aquiel le explica a la nia algo sobre la virtud de buscar un nuevo pas, sin pensar en la pobreza del tiempo o en el lmite de tantas hojas prricas, reniega de Adanes y Evas, se confiesa cie go, palpador de rostros y exgeta de valores ancestrales, la Grand Ma, la Diosa Triple, el Dios Cornudo que no es precisamente el demonio. Mientras l habla, Lilith colecciona nuevos smbolos para dibujar el altar, se admira del hombre que no cree en el camuflaje de su apariencia bblica y atea al unsono, de su discurso que parece una suer te de evocacin religiosa y no lo es, de su ideal de msticas libertades de l espritu, del Camino del Conocimiento, es realmente curioso. Un hombre que le lleva ocho aos creyendo todava en valores csmicos que siempre han sido guillotinados desde el origen de los tiempos. Ella lo compadece, “Es como un Cristo”, piensa y se descubre triste. (Cristo es un idiota, segn Friedrich). Lilith lo vuelve a besar y reniega de su Ka cnico, por fin han llegado a la Cmara de las Cataratas y este es precisamente el lugar donde se piden los deseos. El Rito consiste en entrar a solas bajo la bveda gigante. El resto de los Brujos esperarn afuera, preparando una invo cacin que no tenga puntos dbiles. La invocacin a las deidades invisibles llevar implcito el deseo. No importa lo que murmuren o griten los labios. Se cump lir el deseo ms recndito, ms profundo. Aquiel piensa que de todos modos la reflexin ayuda. Analizarlos ms de una vez es borrar las fronteras de la angustia, es quedarse oyendo esa vieja voz sin nombre que resulta de concebir a Deus en nos, o mejor dicho, a nosotros como dioses... Cada aprendiz formula un deseo. Al final slo quedan ellos dos, el Brizo y Raphael. Raphael pide viajar a Alucinorte y tener xito con su msica. Propone discos de platino que no se cubran de polvo en varios siglos. Brizo desea hembras como jarrones antiguos y casas con piscinas de oro, luego regres a ebrio y exultante, palmea la espalda de Aquiel y le desordena el pelo a Lilith. Ellos deciden entrar juntos. Sus voces se rompen en miles de ecos que rebotan contra las paredes. Sonren, “t primero”, Lilith lo besa y se coloca bajo el chorro de la cascada principal. Cierra los ojos y traga un poco de agua “Quiero un buen amor sin lombrices”, susurra y luego lo mira: “Ven.” l obedece

PAGE 40

40 40y la abraza. “Pide algo t.” Aquiel sonre y niega con la cabeza. “Por qu?” (ella se extraa). “Dale, pide algo.” En una esquina de la galera se escu cha el rumor lejano de un derrumbe de piedras. l de pronto se separa y queda en una postura tensa, la mira a los ojos. Duda por unos segundos. De pronto todo est tan silencioso que se pueden or los latidos del corazn bombeando con fuerza. Aquiel susurra: “Quiero viajar al Lado Oscuro sin morir, sin volverme loco”, su voz queda ahogada por el estruendo de las cataratas que esta vez parecen contestar aumentando el fragor de su cada. Todos comprenden que esta vez ha si do diferente, ha sucedido algo mgico, no como antes.. “Tengo miedo”, dice Lilith y se estremece. Una sensacin de vaco en el pubis y los vellos erizados en la nuca. Escalofro. “Yo tambin”, murmura l. Adivinan que a partir de este momento sus vidas comenzarn a ser diferentes. Se han lanzado a un nuevo juego de posibilidades con de stino incierto y esto los atemoriza hasta el punto de sentir que todo, Todo, ha muer to y vuelto a aparecer con los tomos cambiados.

PAGE 41

41 41 FRAGMENTOS DE LA BIBLIA NEGRA DE AAM"N 21. Y Luzbel mezcl las sustancias de las Diosas Madres, y reglas con su simiente y esper treinta y tres das y noches hasta que Lilith, la primera mujer, abri sus ojos y diole las gracias por haberla trado al mundo. Y Lilith era mujer bellsima, criada a su imagen, a imagen de la Grand Ma la cri, hembra la cri. 22. Y Luzbel regres a donde la Grand Ma y Anu para decirles de la buena nueva, y sus padres felicitronle con gran alborozo. 23. Y ensase Iahv en gran manera, y decay su semblante, y regres para criar al hombre. 24. Y Iahv mezcl las sustancias y las reg esta vez con su sangre y esper treinta das y treinta noches hasta que Adn, el primer hombre, abri sus ojos y diole las gracias por haberlo trado al mundo. 25. Y Adn era bello, ms no como Lilith, la primera mujer, y tena la figura tosca, y era dbil y sin voluntad, y Iahv alent en su nariz soplo oscuro, y djole que l era mejor que Lilith, y ordenle seorear y no servir a las Diosas Triples, y ordenle seorear a su hembra, y colocarla sobre la tierra en la cpula y l sobre ella siempre, situado en el cielo.

PAGE 42

42 42 HELH Metamorfosis de lo reprimido: Segn Ouspenky, el hombre puede conocer cuatro estados de conciencia. Estos son: el Sueo, el estado de Vigilia, la Conciencia de s y la Conciencia objetiva. El hombre slo vive en dos de estos estados: en estado de vigilia y en el sueo, aunque en realidad el estado de vigilia se diferencia muy poco del estado de sueo. Morrison Jim. Rostro pernil. Teatro No. Ce nicero lleno de filtros de cigarros y cintas de cassette. Un cuaderno de apuntes. El eterno car net de identidad y Aquiel que se siente vaco. Vaco. Recomenzando? Se levanta y rebusca dentro de su mochila hasta dar con un frasco donde se agita un lquido verdoso. Deja caer unas gotas en un vaso y luego va a la cocina y

PAGE 43

43 43lo rellena con alcohol. Se bebe todo el cont enido en varios tragos y vuelve a acostarse. Cierra los ojos. Y de pronto est en Antamtap. Es una ciudad o mejor dicho, la periferi a de una ciudad convertida en infierno, entregada al devenir animal de sus habitant es, los polimorfos perversos. El de pronto siente fro, conecta los termos de su cha queta y ajusta los dispositivos de policarbono. Sobre la superficie de la tela comienzan a moverse abigarradas formas y texturas y l se vuelve casi invisible sobre el fondo de los muros derruidos y montones de chatarra. Camina a lo largo de las calles, buscando la direccin sugerida por su ojo privado. A primera vista las avenidas parecen desiertas, pero en las pantallas cromo de sus gafas se mueven algunas siluetas fantasmales, captada s en el infrarrojo: seguramente guardianes de barrio o exploradores de las tribus, al prim er movimiento el disparo certero. Por suerte no cuentan con ningn adimento semejante a los suyos. (Adimento: palabra de la jerga tribal, posiblemente una contraccin, o me jor dicho, una fusin de los conceptos “aditamento” y “alimento”, para simbolizar lo s objetos provenientes del otro lado de las fronteras.) En medio de la calle una fogata gigantesca y toda la tribu Los Klippots? Reunidos al calor de las llamas, planea ndo alguna incursin fuera de sus lmites territoriales. Un atisbo de recuerdo. Todos busca ndo el origen, la gnesis de su existencia en Antamtap. Ninguno de ellos se pregunta si es correcto o justo o por lo menos lgico, diabtico, para qu hacerse preguntas si no hay puntos de comparacin, si estiman que todo aquello es la nica felicidad posible? Ya cerca de la casa buscada debe esquivar dos cuerpos desnudos fornicando de forma grotesca, a todas luces, en pleno delirio de algn psicoqumico de los viejos tiempos. Hasta ahora slo ha visto nios, al parecer la informacin es correcta: todos nios, la materia prima ideal para suplir cualquier deseo de los del otro lado. Mano de obra esclava?, objetos de goce?, carne de ca n?, conejillos de Indias?, Quin sabe? Por fin la casa. La puerta de entrada con demasiada custodia, al parecer tendr que rodearla e intentarlo por la de atrs. Exacto, en la de l fondo solamente hay dos guardianes, le resulta sencillo ponerlos fuera de combate proyect ndoles una escena de cibersex compartida. Penetra en la estancia. Un stano en pe numbras, una escalera, luego, y por fin, la

PAGE 44

44 44habitacin que busca. Dos? S, ellos estn en el interior. Deben sentirse muy confiados porque la puerta est abierta, pero, cmo podran saber? Traspone el umbral y desconecta los dispos itivos del traje, hacindose visible ya dentro. Ellos al principio se quedan con la boca abierta, mirndole sin comprender el milagro. Tan solo una pareja de nios nerv iosos y sucios, hembra y varn. Rpido, debe actuar antes de que reaccionen. Ellos no tienen capacidad para financiar implantes as que los paraliza con un leve choque elctrico y proyecta un sencillo fractal en sus cabezas, ramificacin de aros brillantes en intersecci n hipntica. Los nios lo miran primero sorprendidos y luego maravillados. El analiza sus facciones a la poca luz reflejada del nico anuncio supergrfico que logra invadir el cuartucho. El leader de la comunidad de los klippots es un nio. Es nia la bruja o sacerdotisa de esta tribu de pelos largos y ropa negra desc olorida. Nivel mnimo de informacin, la clase ms baja del sistema, promedio de vida di ecisiete aos reales, casi ninguno sobrevive a la carga diaria de violencia y qumica adulterada pequeos salvajes de los suburbios. Ya es hora de comenzar a liberarlos, claro que ese concepto, hablarlo, asegurar su opuesto, su rareza de algo inaprensible ms all del infin ito, podra ser un peligro en el diario bregar de una realidad sin espejos, simple cintica de l deseo, el grito, la violencia, la inocencia sdica del “infantil sujeto”, en el decir de Fr eud, la libertad puesta a morir sobre chatarra ferruginosa, sin escuchar ms que los canto s y msica redescubierta al percutir los pedazos de latn y acero, los cristales rotos, la base de una protorreligin mgica, sin esperanza de infinitud masoquista, si acaso una concepcin de ultratumba ms all de las fronteras lser. Por si los afecta demasiado el desfile de imgenes en cascada, Aquiel desconecta la proyeccin tambin gasta mucha energa y les ofrece un trodo a cada uno. “Tomen. Es un regalo. Solo dganme sus nombres.” Lo s nios dudan un rato, fascinados, con los pequeos pedazos de biometal en las manos. “Irving”, contesta el leader y le da un codazo a la nia para que tambin responda. “Daybel”, susurra ella. Luego Aquiel los ayuda a colocarse los chips en la nuca, detrs de las orejas. Piensa en la gran irona de esos dispositivos en aquellas cabezas peludas, llenas de piojos. Los nios lo adoran cuando los trodos comienzan a proyectar infogr afas acopladas a sus ritmos corporales. l se cuida de que el chip de Daybel tambin tenga adosado un scanner con acceso

PAGE 45

45 45limitado a algn hipertexto de enseanza elemen tal: al cabo de tres meses esa nia ya sabr leer y escribir, un buen inicio para su s planes. Ellos lo adoran todava ms cuando les muestra los cuarenta trodos en forma de tatuaje sobre los brazos y el cuello. Es curioso, piensa. La raza no parece extinguirse nunca con sus dos formas diferentes de re-produccin: los nios aparecen como larvas blancas y hmedas brotando de los vientres hinchados de tantas desarrapadas de las calles, pero tambin aparecen de sbito en pleno centro de Antamtap, aparecen de la nada, del vaco, una reverberacin del aire, nica huella, y junto a ellos la versin plas tificada del man celeste, en paquetes de alimentos y conservas enviados por quin sabe cules dioses de Amenthis, la ciudad de las luces eternas. De pronto el leader ordena a los suyos escoltarlo por los barrios prohibidos y la sacerdotisa enva observadores hacia los puntos estratgicos. Una cruzada. En realidad Aquiel no teme encontrarse con otra de las ba ndas: esta es una de las mejor pertrechadas en poder ofensivo. Comprende que podra jugar con cualquiera de ellos, induciendo caos, alterando sus percepciones de una manera sencilla. Casi ahogado por el humo y el he dor de tantos vertederos de basura, sale del territorio klippot y les ordena a los nios que lo si gan. Dejan atrs las primeras calles y pronto comienzan los enfrentamientos. Siempre ven cen. Van dominando los barrios en ruinas y perdonan magnnimos si le ofrecen el diezmo de unos cuantos fusiles y algo de droga en polvo para fumar. EDAD de PIEDRA. Arra san con los pocos que resisten y los sobrevivientes se unen a los vencedores como lo ms natural del mundo, siguiendo la pista de los neumticos quemados, el olor hediondo de tantos cigarros liados de prisa y los cantos guerreros de los klippots. Ninguna es trategia. Deber ensearles un poco para que sean realmente tiles. Algunos jefes de otra s tribus piden tregua y vienen a presentar sus respetos. Dialectos ininteligibles en mezcla grosera de lenguas de antepasados inmigs (inmigrantes) de todas partes del mundo. Para librarse de la chchara cuasirreligiosa Aquiel les regala algn trodo barato y si todava no se marchan, el leader de los klippots se encarga de desaparecerlo de su vista. Y tambin vienen nias a ofrecer sus piernas llenas de fango y cicatrices y enfermedades exticas, pero en el fondo slo en busca de polvo y yerba para inyectarse en los tobillos a la vista de todos, sin dejar de empujar sus nalgas contra el fornicador de

PAGE 46

46 46turno, sin dejar de actuar con orgasmos fi ngidos y decepcionadas por la poca atencin que les dispensan los leaders. Van dominando barrio tras barrio por calles re squebrajadas, llenas de baches y charcos de agua ptrida de las cloacas, los muros repl etos de graffittis milenarios en palimpsestos neobarroco, las teas encendidas iluminando la ba ndera del lobo-insecto y Aquiel ahora se siente como cierto flautista de los cuentos, con hordas de nios que lo siguen en medio de una fiesta orgistica de sangre y sexo y sudor llevndolo a los lmites de la ciudad prohibida. “Hasta qu” dice el leader y todos se detienen. Pasadas tantas calles como tribus a dominar han llegado a los primeros avisos de prohibicin del paso. Aqu la noche comienza a ser iluminada de nuevo por reflectores indicando fronteras. Aquiel comprende que lo s klippots lo han trado a este lugar a propsito. Desean contemplar el ltimo milagr o: su paso a travs de las barreras de seguridad. Quieren ver como l logra atravesar esos muros invisibles donde misteriosamente mueren todos los que intentan escapar del inmenso campo de concentracin en que se ha convertido la part e antigua de la ciudad. Traspasando la lnea, los conquistar para siempre. De ah el silencio nervioso, los cuchicheos, la palidez general transparentando una esperanza de fu turo donde todos podrn escapar del infierno hacia el otro lado, al pas de luz donde los hombres se visten con ropas que cambian de color, viven en grandes rascacielos que dest ellan a la puesta de sol, el mundo donde todos tienen alas y pueden convertirse en nios o an imales o lo que deseen y viajar con slo cerrar los ojos detrs de unas gafas, oh Dios, Aquiel de pronto entrev toda una religin y cosmogona naf, construida a expensas de la mascarada virtual y siente compasin por ellos, comprende que esos nios ya estn c ondenados por el slo hecho de haber nacido all, son cadveres mviles, zombies encerrados en los lmites de su territorio para sobrevivir unos pocos aos, porque no tienen otra opcin, han aprendido a vivir con la muerte. La sacerdotisa se seca las gotas de sudor de l rostro y luego observa su mano hmeda, que frota en un borde de su pantaln de strozado. Rebusca en su morral y saca una calavera de perro seca y todos hacen silenc io. “Oh, Seor Mosca”, susurra, “aydanos a salir del pantano”. La nia dice algo ms y luego pugna por acompaarlo unos metros, pero l la detiene con un gesto. Ya estn a punto de recibir los lseres de advertencia.

PAGE 47

47 47Aquiel le vuelve la espalda, sabiendo que clavarn sus ojos en l, tratando de memorizar cada detalle. Busca en su ojo priv ado la clave de salida y conecta con las potencias sobornadas del otro lado. Estas emite n una flecha lumnica que se desliza hasta sus pies y l, siguindola, se adentra en tierra de nadie, un paso en falso y recibira la descarga. Cuando llega a la zona de parqueo, donde su auto es guardado por un escudo de invisibilidad, lanza a las manos de los guard ianes una caja con los crditos prometidos y de paso una propina en chips que sabe la mentar despus, pero en ese momento la considera imprescindible para ganarse su favor en ulteriores ocasiones. Mientras maneja de regreso mira por encima del hombro y descubre que los nios todava estn all, observando en silencio. Busca a la sacerdo tisa y la descubre un poco alejada de los dems, la mano detrs de la oreja, segur amente acariciando el dispositivo. Ella s lo recordar, los dems no. La vida termina de prisa en Antamtap, las tribus se aniquilan mutuamente en cuestin de das. Adivina que cuando regrese ya habr otros, con nuevos nombres y rostros, pero idnticos en el f ondo, una masa variable y prescindible de carne tierna, sin historia, ni cronista para rescat arla. Pues bien: l, Aquiel, el hipcrita magnnimo, le ha regalado un camino a esa nia, Daybel?, la sacerdotisa de la tribu. Dentro de algunos aos se convertir sin duda s, en la primera mujer de una nueva raza, la madre de los ngeles sucios, y con esta nueva fuerza llegar el tan ansiado Caos, la Entropa como nica respuesta al poder de las s uperestructuras, el caos traer la libertad y ella ser entonces la reina de los brujos, de los demonios nuevos, como Lilith, la primera gran rebelde que se atrevi a desafiar a los dioses. Lilith ese sera un buen nombre para ella, algo para empezar. Solo en el automvil, avanza a toda velocidad. En el horizonte geomtrico de metalocristal comienzan a verse los primeros supergrficos publicitarios que lo llaman con goce inducido a sus centros de placer in conscientes. Aquiel, el hijo prdigo, de regreso a la ciudad de Amenthis, como siempr e. Vuelve a conectar todos sus trodos y se sumerge de golpe en la vorgine informativa… “Entonces lo de la cueva no significa nada?” “Yo no he dicho eso. Por qu no dejamos que las cosas fluyan?”

PAGE 48

48 48Aquiel abre los ojos. De vuelta en su sanctuario. “Esta vez la visin del windows ha sido tan perfecta, tan vvida…TAN LOGICA. Demasiado lgica. Y eso no es propio del Lado Oscuro. Por qu ests en mi cerebro? Por qu eres mi hija? Aquiel adivina que no puede escapar de su destino a travs de cualquier par de piernas cltoris adentro no puede bombardear la esquizofrenia sin mancharse los labios de sangre, intuye el error del camino esc ogido, las sbanas grises de carne y sexo y abrigo-calor, imagina otros brazos temblorosos, el hilo de saliva al borde de un muslo, la mirada infantil de Lilith perdida al extremo del vientre, su voz en resonancia con la piel salada del pubis pero no, lo sensible duele, inevitablemente termina castrando, es mejor el sexo puro, de pronto el espejo se llena de mujeres y nias de piernas abiertas, pensativas, sus flores se abren desde el cen tro del cuerpo sin que dentro guarden soles rojos empapados de sombra y misterio, no, slo nieve rosada deslumbrante y clida. Aquiel mira la hora. Es tarde. Ya ellos deben estar en la costa, esperndolo.

PAGE 49

49 49 HLET Han pasado tres das desde el regreso de la Cueva del Agua. Los miembros asociados a la Brujos S.A. se hallan compartiendo la herm andad del sonido nirvnico de las olas y el diente de perro fro, sometidos al humor soez de cada reunin y la autora grunge de un grupo de tantos. 61 Coast Nueve de la noche. Un vespertar como todos, slo que en esta ocasin Lilith se hace pareja del Brizo y esta es la excusa de su relato. En realidad todo ocurre de manera sencilla. El Brizo se nota bastante cargado. Lilith ya derram todas las canciones conocidas y le ofrece la guitarra al Rapha pero este no tiene muchos deseos de tocar dedos entumecidos por el fro -, as que deja reposar el instrumento apoyado contra una pared mural de ArteLser la grabadora con el volumen casi en el mnimo ahorrando bateras y los klippots sentados o acostados alrededor de la misma, cabeceando y fumando a ratos. Lilith como siempre est all, conversando con Aquiel acerca del soplo vital y la regresin edpica conectados con la talla, cl aro ella saboreando su voz: “Qu difcil se me hace esta nacimuerte coo”, y haciendo como que entiende, pero entonces llega el Brizo, se acuesta a su lado y pone la cabeza sobre sus muslos. Todo habra quedado as, de no ser porque adems de escuchar, ella em pieza a acariciarle el pelo y el Brizo cierra los ojos como si estuviera dormido y se crea una situacin extraa: Lilith hablando con Aquiel y al mismo tiempo acariciando al otr o, con tremendos deseos de intercambiar personajes. La situacin se sostiene por unos minutos de su propia oscuridad hasta que a mitad de una lluvia de conceptos abstractos que le est enseando, Aquiel arquea las cejas y le hace una sea como preguntndole en direccin al Brizo y Lilith se encoge de hombros. “Puede venir toda la ciudad. No me importa”, quiere decirle, pero l parece que no entiende el mensaje porque deja salir una sonrisa, le dice adis con un gesto y va a sentarse al lado de Margarita. Cuestin de ru inas mentales. Miseria de empata. Desde su regazo el Brizo abre los ojos y la mira fija mente durante un largo rato, serio, mientras la mano sube a la nuca de la muchacha y se acuna en su pelo y luego se aventura hasta los hombros y la espalda. Ella mira de reojo al grupo, una visin rpida para descubrir a

PAGE 50

50 50Aquiel besndose como siempre con Margar ita. Entonces piensa que es un poco tonto mantenerse fiel a un hombre que se entretiene en hacer trizas todas sus estatuas de barro, no se contenta con ello y la s escupe cada da ms en un olvidoculpa que lastima y ella otra princesa azul sin bateras defectuosa es tuvo siempre all en el latn de basura, sustituida por otra marca Taiwn pilitas atm icas y nalgas de lser, destornillador y tragapiedras Lilith se pregunta en que rincn de cual gaveta del cerebro de Aquiel estar criando polvo. En fin. La eterna dicotoma de su eo y realidad. El Brizo ahora se est lanzando a caricias ms atrevidas. “Ten cuidado”, quiere advertirle, pero l la obliga a bajar la cabeza y besa sus labios. Ella decide cerrar los ojos y dejarse llevar, al fin y al cabo este muchacho le gusta y Aquiel ha decidido seguir con Margarita. Continan besndose un rato y ella comienza a sentir el aleteo de cierto animal insomne explorando sus senos y muslos. Luego las pas del diente de perro en su espalda y la cabeza del Brizo tapando las estrellas “Aqu no”, le dice ella y se levantan quitndose la arena de la ropa y las piernas. “Sgueme”, le ordena Lilith que ya adivina la ciudad nacindole dentro. Busca con un poco de reserva un luga r ms oscuro y se encamina hacia all. “Divino”, susurra el Brizo que en ese in stante acepta cualquier condicionante pudorosa de la muchacha. Antes de perderse en lo oc ulto olvidando en claras mscaras ella vuelve a mirar al grupo con el rabillo del oj o y descubre que Aquiel los observa pero no logra descifrar la expresin de su rostro. “Indiferente? Desvalido?” Brizo la urge desabrochando el zipper de su pantaln y acaricindole todo el cuerpo y un poquito del alma. “Yo?, no, claro, pero esa es otra historia y si quieres tambin te la cuento pero no s si alcanzarn los cassettes, o el tiempo. Quieres que te ayude a escoger el arroz? Que siga hablando. Bueno, est bien. Te dir un poquito por arriba lo de mi relacin con el Brizo.” Con el Brizo todo era sexo y yerba: l y L ilith se convirtieron en mscaras deseantes que slo podan mirar los rincones, buscando sombras propicias para fumar o fornicar “Dale, aqu mismo, agchate y hzmelo con la boca” -, la inercia disciplinada que pona tantos gritos de horror en los labios de padr es, profesores y funcionarios, una alegra de maniqu, sonrisa inmvil en cada vestir-desvestir. En la escuela, examen, Lilith con dos asignaturas desaprobadas, pero sintiendo menos temor que una flor en la autopista, no tena mucho que aceptar, ni qu elegir, as que su existencia se transfor m en ir todos los

PAGE 51

51 51das a la escuela, pasarse la tarde c opiando clases atrasadas y licencindose en desnombrar conceptos (martillando sendas neuronales). A la salida Stop Basta de torturas mnemotcnicas, a la salida estaba el Brizo desempleado ya con un lugar y momento escogidos para fumar a solas. Lilith dej de ver a los Brujos, ese perodo casi no tuvo Sabbats, todo el mundo estaba bastante complicado. Para Lilith estaba claro que aquello no era amor, tan slo su caricatura, pero no poda negar que disfrutaba y quin va una noche a deshinchar las olas de un padre que duerme? Rutina. Las hojas manchadas de sangre se diluan en cada centro de la madrugada y por lo menos Brizo saba rer, no?, y tambin esconderse muy bie n, demasiado bien, en los valles de la ley, encendiendo sus piernas y nalgas en cada mo rir de los hombresperma, olimpiadas de carne, claro, y ella soslayando desde aqu cronmetro en mano ciertas geometras grotescas del muchacho que era mejor no ver, no descubrir, Lilith odiando bastante los campos y tuberas del ojo, dependencia. Lilith: “Eh? No, por supuesto, ¡qu iba a aprender! Senta como se me secaba el cerebro. Segua con la ganja, templando todos los das, dos y tres palos cada vez y yo fingiendo que todo era muy placentero. ¡E xistir, repitiendo lo mismo siempre, acompaada! Aquiel le llamaba a ese estado el Androide o el Devenir Animal y el problema es que yo terminaba destrozada, no? la guitarra cogiendo moho y al otro da en el aula con unas ojeras que llegaban al suelo, dormida en todas las clases, tropezando con los pupitres y contenes de las aceras, i nventando excusas menstruales, pero l me esperaba a la salida del pre y nos bamos para la costa o su casa. Suspensa en matemticas, of course.” Un buen da son el telfono y era Aquiel “Oye Lilith, ests perdida, vieja.” Terrible dilema ese en que una frase leve te trans porta y no tienes ms remedio que susurrar una respuesta que tiene de dormir velando. “Figr ate, las pruebas...” “Coo, pero no me has llamado, eres una falsa.” “Aquiel, t sabes que...” “S, s, ya s. Quieres ir a un aquelarre el sbado? Tocan Provos y Jpiter en la Casa de Cultura.” “A qu hora?” “Igual que siempre: ocho y media. Qu? Te embullas?” “S. Me cuadra muchsimo.” “Bueno, chao, no falles. Cmo est el Briz o?” “Bien. Y Margarita?” “Historia antigua. Cosas que pasan.” l de pronto se escapa como un alcatraz en invierno. “Te dejo que voy a baarme. Un beso. Cudate.” “Chao Aquiel.”

PAGE 52

52 52 Lilith se siente plena de sentimientos castos, camina hacia el cuarto y se siente poema de amor, selecciona un cassette que sabe le gusta a Aquiel y le busca un sitio entre sus senos, diminuta antologa de rboles y due ndes americanos, msica maya levitando en armona que luego es rota a jirones por la voz del Brizo que la llama desde el pasillo. Ese da, a raz de esa misma llamada se produce la primera y ltima conflagracin con el otro. Comienza como siempre: una pequea y tiern a discusin sobre si irn los dos al aquelarre Peter no quiere ir. Ha descartado un poco toda idea de continuar en el grupo. Estn poniendo un ciclo de pelculas polic iacas en uno de los cines de ensayo y precisamente el sbado proyectarn el mejor filme, premiado en miles de festivales y sucursales del Oscar. Lilith le contesta algo por el estilo de “nosotros somos libres” y le propone ir cada uno a su actividad de prefer encia. l no entiende o no quiere entender. Empieza a dejar caer insinuaciones sobre el dese o de la muchacha de “ver al loco ese” y otras crticas al margen hasta que estalla la guerra en puente abierto y la llena de eptetos donde “Puta” es uno de los adjetivos ms plidos y ella se dedica a conferirle verdades con fuego cruzado como todo buen poeta popular, obviando asertividades, justicias y diplomacias hasta que de pronto se ve es quivando sus golpes y respondindole con rabia, el Brizo la empuja contra la cama y ella sien te un golpe fuerte en el hombro y la mejilla ardiendo. El le desgarra las ropas y Lilith se descubre menos fuerte que las hojas. En ese momento desea matarlo. De pronto lo descubre c on toda su historia de defectos como un animal extrao y se lamenta por los siglos desperdiciados en pose de hormiga paciente, ah, San Brizo, no todo es reci bir el Oscar preparado por God (Dios), God is good pero ella ha sido una perfecta imbcil, lamiendo los zenitales de este dios eunuco suspenso en filologa, por haberse fumado su habano en la s universidades para miembros flccidos. El invade sus recursos naturales a la fuerza y ella comprende entonces que nunca ha dejado de engaarse a sabiendas, que todo va a terminar en una especie de diferencia insalvable, que su guitarra se convierte en madera pt rida con cada segundo de la relacin y que ya todo va cuesta abajo en sensacin de asco sobre el paladar, pero no puede llorar, no le va a dar ese gusto. Se deja hacer hasta el final, seca y fra entre las piernas, vientre de cuarzo “Ha sido un programa de Islavisin”, oye que dice el televisor del apartamento contiguo y de pronto siente unos deseos enor mes de rerse, tan pattico todo, no?, pero

PAGE 53

53 53l la mira asombrado, casi grita un “¡est s loca!” y sale pisando a propsito un pulver que se halla tirado en el su elo. S, claro, a la noche siguiente todo es muy fro. Lilith resiste las ironas del Brizo todo lo posible, pero adivina que ya la relacin est muerta, el final ser solo cuestin de das, y tambin de scubre que ya no le importa, que en realidad todo final es un alivio. El da antes del concierto, despus de haber aprobado su ltimo examen a duras penas, Lilith pierde el contacto con Brizo. Este desa parece toda la noche. En su casa le dicen que sali a las nueve de la maana y no saben de l. Tampoco ha ido a la escuela. Espera hasta las doce por su llamada sabiendo que esto ya es, ahora s, el final, y se olvida del tiempo practicando las ltimas clases de guitarra.

PAGE 54

54 54VAL Mientras se viste para el concierto, Lilith observa el parque a travs de la ventana. Nios que prueban triciclos destartalados y patinetas, dos ancianos jugando ajedrez en uno de los bancos que todava subsisten, un parque gris, menopusico, inquieto solo por el corretear de los nios, iluminados ahora de naranja por la muerte del sol. De pronto recuerda que debe devolverle ese libro a Aquiel al principio le pareci extrao que se lo recomendara. "Pero si es para nios", objet, pero l sonri negando con la cabeza. Tena razn: ese libro no era infantil, en absoluto. Al final le haba hecho desear las cuarenta y tres puestas de sol y que existiera en realidad un pequeo prncipe. El libro le produca una sensacin extraa, como de espera. S, una espera, pero de algo?, de alguien? Si lo pensaba bien Aquiel tena algo del Principit o, claro que ya un poco gastado. (Tendra que botar su cigarro alucingeno. Tendra que colg ar la mscara de una percha y dedicarse otra vez a cultivar rosas, para domesticarlas?) Lilith escucha el timbre de la puerta, pe ro no le presta atencin. Observa la rajadura de los tenis con deseos de llorar, lo poco que duran (infraestructura efmera, habra dicho l, hacindose el insoportable). Ahora tendr que buscar cuero sinttico y coserlos a mano durante das, un trabajo bastante molest o, en fin, todo sea por el poder emanante de la seduccin. Est pensando en eso cuando su s padres la llaman. Alguien ha venido a buscarla. Se encamina a la sala y ¡sorpresa!, All est el Brizo con el uniforme completo para ir al aquelarre. Lo saluda con un beso en la mejilla y le pregunta – muy diplomticamente si l no haba decidido ir al cine. Brizo contesta que cambi de idea y la acompaar al concierto. De todas formas no hay una verdadera revers ibilidad, l sigue distante. Lilith comprende que no va a volver, slo necesita una acompa ante y ella es la nica que tiene a mano, que desgracia. Piensa que tambin puede es tar equivocada: a lo mejor Brizo s desea reanudar la relacin, pero es incapaz de comuni crselo de alguna manera. Tal vez espera cierto comportamiento de su parte que ella no se molestar en descubrir, sino que decide seguirle la corriente y se muestra fra tambin.

PAGE 55

55 55 O para decirlo de otra manera: se h ace amiga de la esquizofrenia del clculo. El Brizo necesita una mujer para quedar bien con sus amigos? Est bien, sers su pareja, por hoy, quin va a mezclar la ira con la esta fa?, al menos puedes considerarlo un deber despus del mes que han pasado juntos. Tal vez y hasta lo que persigue este cretino es hacerle el amor por ltima vez, sin embargo ella no llega a ofenderse por esa posibilidad. No se hace presencia la herida donde no te es peran y Lilith tiene harta experiencia en eso de sentirse ajena bajo el goce triste de hombres diluidos. Le pide que la espere unos minutos y va al cuarto a terminar de arreglarse. Con los tenis altos mejor ni contar, si se los pone se van a destrozar ms y ser imposible arreglarlos, mejor se calza las botas. Recuerda que lleva en las piernas toda la fuerza de la orqudea: hoy, especficamente, debe obligar a los hombres a beber su roco como fuego, van a tener que dictarle sus nuevas caricia s en splica muda, hoy debe conquistar a Aquiel o al menos intentarlo sin ver ni escu char a nadie ms, ni siquiera a este muerto que espera en el sof de la sala. Se mira en el espejo y arregla sus collares. Perfecto. Todo el proceso de vestir es acumulativo. En cu anto al Brizo lo mejor ser conectar el radio y ponerlo a olvidar. No dejar que le apague el cerebro, diga lo que diga no se acostar con l. Si se pone molesto lo enviar bien lejos y regresar sola, no importa, o con Aquiel, si lo conquista, o con el Zepar, si le hace camino. Recoge los cassettes y el libro por devolver y los mete dentro de su mochila. Despus de dudar un poco siempre le han gustado los buenos finales arranca el afiche de Nirvana del armario y se lo lleva al zombie “Toma, yo s que te gustaba mucho.” l le da las gracias y se despiden de sus padres. Siete y media. Con suerte a las ocho estarn en el concierto. “Parece que no es barco”, dice l en la guagua ensendole a dos atpicos que estn sentados al final del pasillo. Por fin se desocupa un asiento y Lilith se ofrece a llevarlo cargado. El Brizo acepta, por supuesto (qu hombre no lo hara, segn Freud?). La misma ciudad de vidrio a travs de las ventan illas. Hay un ojo de pez policial que la mira desde una parada con expresin de verdugo. Quizs no sea nunca el hierro que golpea y, sin embargo, siente miedo. Regresa la vista a la espalda familiar del Brizo y apoya la cabeza en su hombro. Quiere acariciarle el pelo, pero l rechaza su mano con un gesto casi brusco y le dice que No. No hablan ms el resto del viaje. En el trayecto que va desde la parada a la Casa de Cultura l la abraza. Luego, en un arranque emocional la

PAGE 56

56 56besa en los labios y le pide que por favor, sigan siendo amigos. Ella contesta “claro, yo te quiero mucho”, pero l de pronto se coloca ot ra vez la armadura, entran al concierto y comienza a saludar a la gente como si fuera el hombre ms feliz del mundo. “Perdname, voy a ver a un amigo” y se pier de entre la multitud de cuerpos, dejndola sola. “Realmente nunca voy a entender a los hombres”, murmura ella y sus ojos corren hasta el corazn de la hierba donde alguien la llama. Estn casi todos: Leonardo, Raphael, Zepar, Margarita y al cabo de unos minutos llega Aquiel y ella se descubre feliz. De pr onto se siente con las alas libres, como un rbol al sol. Jpiter rompe a tocar y se acer can al escenario a bailar un poco. Excepto el cantante y el bajista, todos los dems integrantes de la banda son nuevos, sin embargo, las canciones suenan igual. Al fondo unos la bios enormes de poliespuma y la eterna lengua Stones Rolling, pero llena de pinchos en homenaje punk, luces y neblina rosada. La letra de la pieza clama por cierta nia que muri entre cigarros y polvo de pastillas. “S escribir, s cantar” se lamenta una voz distorsionada, “y por lo mismo soy culpable” A eso de la tercera descarga de guitarras Margarita le da un codazo a Lilith y le seala al Brizo besndose con una loca llena de piercing y mechones de pelo verde. Ella pone su mejor cara de circunstancias y se encoge de hombros: “Ya no estamos”, le explica y Maggy hace un gesto de comprensin. “Felicidades”, le dice, “viva la Freedom ” y luego continan cabeceando como si tal cosa. Al cabo de un tiempo algunos empiezan a bailar core y a lanzarse encima del escenario, as que los Brujos deciden despl azarse nuevamente hacia las sombras, al lado de los muros y se sientan sobre el csped. Desgarran las canciones, las clavan por la piedad de no ser infeliz. Hay una pareja de strangers filmando el concierto y entrevistando a la gente para algn documenta l sobre rock, de pronto se acercan al grupo y preguntan por el core hard. Zepar: "El Core hard es una onda bastante rara para los androides (ellos no entienden) quiero decir, para los que no est n en el ambiente. Nada, sencillamente te mandas a correr y chocas con el primer cu erpo que se te ponga delante. Por supuesto, trata de que sea un amigo o alguien que tamb in est bailando lo mismo y nunca caigas al

PAGE 57

57 57suelo porque de inmediato todos se te van a tirar encima y te aseguro que no es nada agradable.” (Los strangers sonren nerviosos y pasan el micrfono a Maggy) Margarita: “Otra modalidad es tratar de subirse arriba del escenario donde casi siempre hay un tipo o una potencia que te la nza otra vez al pblico. No s, yo no soy metalera dura, lo mo es lo alternativo, la onda grunge y as y todo yo nada ms que bailo cuando estoy en tremendo vuele o algo parecido.” Pasa algo, porque ahora hay como una especie de estampida de un centro comn. Una bronca. Por suerte termina al instante y todo sigue como antes. “Esta noche hay demasiada gente con mal viaje.” Raphael: “Est malo el ambiente. Hay una pila de gente. Muchos naticos .” Los ojos de Lilith recorren el patio de la casa donde ya no cabe nadie ms. En la puerta dos potencias observan el espectculo y conversan en voz baja. Es imposible descubrirlos y no sentir el alma atada y llena de candados, simple paranoia del espritu. Leonardo: “Un natico es uno de los nova tos que todava no estn en la nata, se entiende, un ridculo que antes de empezar el concierto ya est empacado y entonces se mete todo el concierto dando vueltas, busca ndo broncas y tirados por el suelo, vomitando a diestra y siniestra, con los ojos cerrados y sin fuerzas para levantarse. Un asco.” Lilith recuerda que al principio tambi n le sucedi, “pero slo las primeras veces. Despus una se volva aristcrata con los muchachos y no se poda perder puntos porque entonces te consideraban muy fcil y no tenas ms nunca una relacin que sirviera.” Fcil, sinnimo de Puta, sufijo de lo femenino en el rock duro. Una desgracia en este pas con veneracin de himen y otras castidades in cruentas. Pero mejor volvemos al concierto. Las potencias han acabado de entrar y ahor a estn parados encima del escenario. Un temba seguramente alguno de la misma Casa de la Cultura un pincho, un funcionario se atreve a tomar el micrfono. “Caballeros, hace falta que los que es tn maleando esto se calmen un poco porque si no vamos a tener que suspender el concierto.” Risas y silbidos desde el pblico. L ilith no entiende cul es el problema. El guardafronteras explica mejor la situacin. “ Rockers escchenme un momento, ustedes saben lo que pasa? Qu e ellos no saben lo que es el hardcore y se creen que es

PAGE 58

58 58otra cosa y por eso les pedimos, por favor, que cabeceen, bailen otra cosa porque si no el grupo no vas a poder seguir tocando.” El Ze par lanza uno de sus aullidos de lobo y todos se ren. Algunos gritan y abuchean al del micrfono. “¡Abajo el Gobierno!” grita otro en voz de falsete y Raphael mueve la cabeza con incredulidad: “Co, aflojen caballeros”, pero todo el mundo lo que hace es rerse – excepto las potencias, claro y luego siguen en sus cosas. Como parece que el ambiente se ha calmado deciden continuar el espectculo. Alivio general. “Qu te pas con Brizo?”, le pregunta Aquiel ¡Por fin! cuando se acerca para prender un cigarro. “No lo ves? Finish. The End ”, y l le revuelve el pelo y le aprieta el brazo. "Ahorita te voy a dar un regalito. Ests muy triste?" Ella niega con un movimiento de cabeza. A pesar de los mil deseos, entre la iluminacin – Ilumilusin, Ilumisin eterna de sus pasos, l se levanta y va a sentarse de nuevo junto al Zepar. Lilith piensa por un momento qu le habr querido decir con eso del regalito (alguna yerba, supone) y, luego, vuelve a prestar atencin a la banda. Las nueve y media. Quizs haya tiempo todava pa ra estar a solas, aunque slo sea por unos minutos. El Rapha ha vuelto a su lugar frente al escenario. Ella se entretiene un rato vindolo bailar, busca un instante al Brizo entre la gente, pero ha desaparecido. Mejor. Por lo menos no tendr que soportarlo al regr eso. Es curioso: no siente ni una gota de celos. Le resulta hasta cmico verlo toqueteando a aquella muchacha para joderla y ella oyendo de lo ms divertida el ltimo chiste del Zepar, o cambiando frases con Aquiel y Leonardo, lo ms probable es que ahora el muy cretino se fuera con esa tipa, sin saber que eso acabara por decepcionarla completamente. “Es un nio, qu desgracia”, y comprende que hasta le da un poco de lstim a tambin. Quizs ya sea hora de ir huyendo de todos cada vez que pueda – exceptuando a Aqui el, claro -, ya basta de sueos diciendo que puedes morir maana mismo por mano propia y sangre ajena, cada sbana por ensuciar se traduce en temor al hacha gigant e de tres siglas V I H que se alza en direccin a la cabeza. “¡Vyanse!”, quieres gr itar mentalmente, “¡Hey, al carajo todos ustedes, estoy harta!” (Exceptuando a Aquiel, claro.) Lilith se encuentra en ese peldao ntimo del llanto invisible cuando nota que Raphael tiene su mirada clavada en la entrada del patio. Ella escupe todas sus lgrimas hasta que olvida el destierro. Sigue la direcci n de los ojos del amigo – en realidad todos hacen lo mismo y enseguida comprende: A caba de aparecer una joven deslumbrante,

PAGE 59

59 59una de esas gegrafas de la seduccin, a todas luces degustadora de hombres como juguetes y otras aureolas magnticas (“ Mesmricas dira l, hacindose el insoportable”). Lilith adivina la prosa incoherente del Rapha, que le habla a la muchacha como si se conocieran de siglos, cabeza baja que evita el hedor persistente de la yerbalcohol. A ella la devora el hormigueo de la envidia cuando nota que Aquiel tambin la mira fijamente, un rostro que parece de papel y al que de pr onto le han cado muchos aos. El Zepar le hace una seal de complicidad a Leonardo y se encamina, casi corre, al lugar donde se encuentra la desconocida. “Esa es la Fnix” susurra Leonardo con admiracin, “todo el mundo est detrs de ella.” Aquiel juega a trazar signos en el suelo. Por supuesto, Raph ael la trae al grupo y Lilith comienza a escuchar el odio que su s poros transpiran. Todas las muchachas, incluso Margarita, son de pronto desterradas a algn crculo inferior. Al parecer la Fnix se basta para hacer brotar los ros masculi nos con todos los fuegos de su vientre. De pronto, ningn varn encuentra sus piernas, de repente no hallan su voz. Se ven vacos, pero sin perder los ojos del agua fresca de la muchacha. Pelo como cascada de oro – “o de orine” piensa vengativa Lilith. De todos modos la Fnix trasciende algo como de dinero sucio que saca a brillar sobre el l odo de un estandarte. Piropo comn: “No tengo dinero para pagarte, pero…” Lilith ya quisi era tener su piedra imn para atontarlos de esa manera. Al cabo de un rato comprende que el Rapha tiene las de ganar: la tal Fnix le sonre demasiado y ya casi estn hablando a solas, olvidados del resto. El Zepar – se le nota cierto enojo reprimido sale a bailar de nuevo con Margarita y Aquiel sigue en su extraa diversin de escribir, dibujar?, Signos invisibles. Segn Lilith puede sacar de la conversacin, la tal Fnix estudia filosofa y es modelo de la Caribbean Sunshine Lo suyo es un ambiente de teatro de posvanguard ia, msica clsica, ballet (“qu asco”) y treinta ondas ms, rarsimas todas, habla de libros que nunca ha odo mencionar, Budismo zen y psicoanlisis. De pronto y sin saber por qu la cabeza comienza a dolerle. Lilith: “Una aclaracin: me di cuenta entonces que el comportamiento de Aquiel frente a la Fnix no era normal porque no le ha ba dirigido la vista en todo el tiempo, lo contrario de esta que cada vez que deca una frase lo miraba y luego segua conversando

PAGE 60

60 60con el Rapha. Comprend todo de golpe: Ellos haban estado juntos. Entonces s que comenc a odiarla. Nada ms que haba llegado y el grupo se haba virado al revs, aparte de que ella saba lo bonita que era y actuaba de acuerdo a eso, como si nos estuviera haciendo un favor al estar aqu hablando con nos otros. Saba un milln de cosas, pero era como una mueca, entiendes?, no le llegaba a Aquiel ni a la sombra.” En un momento determinado, la Fnix dice que debe regresar temprano porque al da siguiente la examinan en su facultad y el Ra pha se ofrece a acompaarla. Aquiel mira a la muchacha una sola vez y no dice nada. Se encoge de hombros cuando la Fnix le pregunta cmo le va y por qu no la llama. “P uedes acompaarnos, si quieres”, pero l se niega y dice que desea ver todo el concierto. Raphael y la Fnix se marchan y l sigue con sus signos… Zepar y Margarita siguen bailando frente a la tarima. El cantante de la banda gime como si estuviera haciendo el amor a todo volumen: “Turismo, turismo, todo son toallas, pisci nas, dejando ver el ascenso del yunque a lo lejos. ¡Hey, Dear!” el pblico lo apoya “A quin estarn martillando ahora?” Leonardo se levanta a conversar con un am igo y ellos se quedan por fin solos. Aquiel parece concentrado en s mismo. “Qu dibujas ?”, le pregunta y l se digna a mirarla. “Slo son palabras sueltas, nombres, con lo s nuevos smbolos. Ves?” Aquiel traza uno de los signos en el suelo “As se escribe tu nombre en este sistema.” “Ah, s? Djame ver…” Ella se inclina para observarlo mejor. “Es bonito. Me vas a ensear ? ” l piensa que un hombre pierde su tiempo en descifrar el espacio, en abastecerlo con leyes y conceptos, la mayora de las veces equvocos o relativos a la persona que acta. Ya solo al final, viendo como Lilith intenta copiar los smbolos, comprende que la verdad est en asumir el destino que le ha to cado entre las pocas opciones ofrecidas. Por supuesto, el androide sera el que se conf orma con dos o tres opciones nicas y ni siquiera le interesa salirse de la inercia, se aferra a los esquemas existentes y los repite hasta el cansancio. Aquiel observa el oleaje de cabezas frente al escenario y siente la asfixia dentro de la masa de febrero del 29, Quin los detiene ahora?, han comenzado a llover los problemas de subsistencia y todos corren como animales de idntica nostalgia por los aos idos. Quin busca a alguien a hora? A golpes de amor o rabia chocan unos contra otros al borde de los pocos oasis de sensibilidad que todava subsisten, slo ellos

PAGE 61

61 61pueden comprender la realidad, aun dentro de la evasin psicoqumica y no los huspedes de allende el mar. Los Brujos se renen en los anfiteatros para danzar; para gritar como monstruos en funcin gratis por las cadenas televisivas, cadenas que mantienen a los pjaros alegres y frenticos dentro de sus jaulas. Aquiel vuela sobre los edificios y chimeneas y antenas y cordeles llenos de ropa mojada y se siente muy solo en su ritmo propio de airefro, su visin fra de halc n en movimiento nocturno alrededor de s mismo, Because the world is round it turns me on como diran los Escarabejos, y otros egosmos patticos. “Ella fue tu novia?”, le pregunta Lilith que se ha quedado sentada frente a l, mirndolo fijamente. “Es bonita, verdad?”, le dice, pero ella se encoge de hombros y quiere cambiar de tema. “Qu regalito ibas a hacerme?, tiene s ganja?”, Lilith piensa que debe hacerlo sonrer por lo menos. “No, tengo algo mejor.” Ella pone la mejor cara de aberrada con lo s ojos bien abiertos: “Tienes equis? ¡No me digas!” l sonre por fin: “No, bobita, no tan duro.” “¡Co!, ¡Qu honor!, ¡el profeta me sonri !”, y l amaga un golpe contra el brazo de Lilith. "No jodas. Dale, vamos, aqu no la puedo sacar.” “Ok. Y Margarita?” “Somos amigos, nada ms.” Se levantan y ella lo sigue entre el mar de gente hasta la escalerita que da al interior de la Casa. “Qu quieren ustedes?, no se puede pasar”, les dice el guardafronteras y Aquiel le explica: “Somos del taller de pi ntura. Vamos a ver a Roberto”. El negro duda un segundo y luego los deja seguir. Por suerte no se encuentran a nadie dentro hasta que llegan al pie de la escalera interior. Aquiel repite la misma excusa y luego suben a la planta alta. Todo a oscuras. Ni un alma. Van tantea ndo las puertas hasta encontrar una abierta. All abajo alguien sigue haciendo el amor a todo volumen. “Pasa”, le dice l, “esta es el aula de msica.” Ella le pregunta que cmo sabe todo eso y Aquiel contesta que estuvo un ao participando en el taller literario. “Y t escribes?”, pero l le dice No con la

PAGE 62

62 62cabeza y cierra la puerta con seguro. “Ven, si ntate.” Ella obedece sin decir palabra. Piensa que posiblemente cada frase, cada acto, hasta su ausencia, pertenecen a una inmensa regla del juego que algn da Aquiel le revelar como uno de esos maestros antiguos de tantas historias medievales. l rebusca un rato en su bolso hasta que saca una vela roja y despus un papel enrollado que le entrega para que lo sujete. “Esto es”, le dice y ella descubre por el tacto que contiene algn tipo de picadura. “No es yerba”, le aclara Aquiel, “es una mezcla de hongos, flores y otras sustancias alucingenas”. Luego le pide los fsforos para encender la vela. Ella observa como l va preparando los cigarros. Tiene plena conciencia de que se encuentran solos, Aquiel se ve mgico, piensa con el resplandor vacilante de la luz en su rostro, la msica y los gritos all afuera y l all, compartiendo con ella, su frente llena de goticas de sudor y el pelo chorreado cayndole sobre el rostro. Lilith se excita de mala manera, como haca tiempo no le suceda, se descubre tan excitada que de pronto tiene temor de que Aquiel se d cuenta; se siente tan hmeda que respira con dificultad y tiene las mejillas ardiendo. Por suerte – o desgracia no hay casi luz y l est concentrado en el rito. “Y es necesario que hagas todo eso?” le pregunta al ver como saca cuatro piedras redondas y las coloca en forma de tringulo. El se encoge de hombros. “Creo que tiene yagu o psilocibina, no lo he probado nunca. El que me lo trajo dice que es ms fuerte que el LSD. No lo creo, pero como no lo conozco es mejor hacer todos los ritos que exigen.” “Pero, por qu las piedras?, qu significan?” l ya ha terminado de fabricar el pr imer cigarro y pasa al segundo. “No s Lilith, el problema de estos rituales es hacer que todo funcione por analoga, por contigidad, a lo mejor las piedras lo que hacen es dirigir la alucinacin. Por qu preguntas? Tienes miedo?” “No, no.” Aquiel enciende, da cuatro bocanadas le ntas y luego le pasa el cigarro. Ella no nota la diferencia. Sabe parecido a la marihua na con pastillas. Fuman en silencio unos minutos. All fuera queda msica para rato, ya se preocupar despus, no sera bueno tampoco quedarse hasta que todos se hayan ido y entonces tener un problema y que

PAGE 63

63 63trajeran a las potencias, aunque bueno, eso podr a pasar tambin ahora y entonces los cretinos decir que estaban robando o algo por el estilo y luego presos los dos, y despus sus padres poniendo el grito en el cielo. M ecanismo contrafbico: "Qu nota ms mala", piensa Lilith y trata de centrar todos sus pe nsamientos en l, que est acostado a dos pasos, expulsando el humo en direccin al t echo, esperando? La cuestin es que Lilith no sabe lo que debe hacer; lo que desea s, claro, pero no lo que debe. Mejor le deja a Aquiel toda la iniciativa. “No siento nada”, dice un tanto decepcionada. “Espera. No es tan rpido. Ponte a pensar en algo agradable.” “Cmo qu?” “No s. Te gustan los caballos? Piensa en un caballo galopando por un campo de hierbas infinito. Imagina que se va alejando, luego se convierte en un punto y se pierde para siempre en el horizonte. A donde va?. Se guro que a un lugar maravilloso. Mira un punto fijo dentro del Tringulo de piedras y concntrate en la del medio.” Ella cierra los ojos y trata de imaginarse la escena. Al principio tiene xito, pero luego es sacudida por rfagas de visiones en las que el potro cae degollado al suelo y se asusta terriblemente. Abre los ojos y de pronto es de noche, en una inmensa ciudad como las de Blade Runner y camina extasiada entre anuncios de nen y autos volando en todas direcciones, luces rojas, anaranjadas, verdes y la msica que se superpone a los gritos, disparos y sirenas de una persecucin polic ial, anuncios de bebidas y computadoras dentfricas y all lejos, all lejos, sobre la cima de los rascacielos y monolitos de ferrocristal un sinfn de ovnis revolotean s obre la ciudad, puntos blancos que se acercan lentamente, y de pronto descubre son los ni cos elementos tranquilizadores de toda aquella mezcla de soledades, una va de escape a la ternura, y debe intentar llegar a ellos, trazar un crculo de fuego alrededor de su cuerpo, gritar, gritar, para que reparen en su existencia, la acojan en esa su migracin inte rplanetaria, fundirse de colores brillantes y alcanzar el Karma, el sexto estado de la materia, la percepcin absoluta del Yomismo, la religin del blackmetal, del “Coo, por fin soy algo.” Pero alguien desconecta un interruptor y la ciudad se apaga, lo nico vi sible son los discos blancos, todava estn lejos, muy lejos, y entonces, y…puede ocurrir cualquier cosa. Pronto se escucha el tronar de miles de pa sos, una marcha lenta, aplastante de veras, botas de hierro, un desfile de rostros humanos tradicionales, castos, sin ninguna

PAGE 64

64 64expresin en los ojos, muertos vivos. Po co a poco los cuerpos se endurecen, los movimientos se hacen rgidos, anchos pectoral es de plstico y ojos de mbar, puos de acero. Lilith pugna por huir pero la masa arra stra y ella observa sus manos, no puede mover los dedos, las uas han comenzado a tomar un color gris metlico, los colores palidecen, tienden a resumirse en tonos extr emos: Azul, Amarillo, Rojo. Blanco, Gris, Negro. Blanco, Negro…Negro. Todo desaparece, se convierte en nmeros y figuras geomtricas de ngulo recto, lneas definida s atravesndola en todas direcciones y de pronto una mano amiga que la arranca del tu multo, la eleva por encima de la multitud metlica, “Los Ovnis, son ellos”, piensa y L ilith y los extraterrestres ascienden, se elevan (no es lo mismo) y abajo queda el ro negro, la marcha de pasos como gota de mercurio, sola en el torrente y ella descubre asombrada que los platillos voladores son pastillas gigantes, en cada una un joven de ojos soolientos. Un nio su salvador?, la mira desde el otro extremo del disco. “Quin eres?”, pregunta Lilith todava confusa, su pecho jadeando de temor y las manos crispadas. “Soy el Principito”, contesta l, “del as teroide B-612” y es una sonrisa infantil, pero son ojos de un hombre experimentado, de un hombre dulcemente triste. “Acaso no has ledo a Saint Exupery?” y Lilith comprende entonces por qu sus ojos le recordaban a alguien. “Es por eso”, piensa, “porque so contigo” Ahora el niito se ha transformado en un joven delgado, de cabellos por los hombros, con un talismn celta colgado del cuello y l saca de uno de los bolsillos de su jeans un sobrecito de anfetaminas y se echa dos cpsu las en la boca. Se queda serio, mirndola durante un tiempo. Luego pregunta. “Y por qu no lo dejas todo?” “Es que las cosas no son tan fciles” contesta Lilith y se remueve inquieta. “Necesito ayuda. Yo sola no puedo.” “En realidad lo que tienes es un miedo horri ble”, l se levanta, camina por el borde de la pastilla con los brazos extendidos y lue go vuelve a sentarse. “Imagnate que yo te mostrara el futuro, todos tus futuros. La ayuda es necesaria, no lo niego, pero si realmente deseas ser libre, ser el centro de la s posibilidades infinitas tienes que actuar, la accin debe partir de ti. Yo solo puedo servir de testigo y nada ms.” “Tremendo testigo”, dice Lilith. Los dos sonren.

PAGE 65

65 65 De pronto la imagen desaparece y todo se llena de un intenso color prpura, una luz que parece brotar de cualquier parte, como en una atmsfera de otro planeta y en el centro del tringulo un montculo, que al principio es un bulto de nieve, pero en su centro se le deforma un vrtice puntiagudo y no es una roca como haba pensado, pero en su centro se le deforma un segundo vrtice y no es un animal tampoco, pero el bulto crece y se levanta y ahora en el camino hay un hombr e blanco, muy blanco Aquiel? Que parece esperarla, desnudo y excitado, con ojos fosforescentes como los gatos y unas alas enormes a la espalda, alas de murcilago o demonio, una visin terrorfica y muy atrayente a la vez, paradoja de los sentidos “No tengas miedo. Yo estoy aqu.” Luego la figura se va diluyendo en una especie de hue vo palpitante, una esfera cerebral porque desde ella y hacia ella convergen y se proy ectan todos los efluvios y se disgregan las formas y se alejan los lmites en una especie de libertad azul elctrica y las ramificaciones son suaves como tentculos que la acarician con un calor tibio y agradable, msicaseda entrando en ella por todos los poros hasta conformar los dos un solo cuerpo etreo, inmaterial, sin sensacin de peso, flotando ingrvidos como cuerpos astrales entre cuatro paredes que ya no s on obstculo alguno, tampoco el tiempo, ni la mente, slo la fusin de sus naturalezas n timasclaras, transparentes, pensando al unsono en plena interconexin de realidades psquicas… Postdormitium: La entrada de nuevo al mundo real es bastante dolorosa para Lilith. Siente como su cuerpo tiembla en espasmos y ella no puede controlar los msculos; Aquiel est sentado a horcajadas sobre sus piernas, le sujeta fuertemente las manos y abofetea su rostro repetidas veces. “Ya, ya”, dice, “fue una alucinacin, estamos en el concierto, yo estoy aqu contigo, clmate.” Al cabo de unos segundos ella siente un cansancio enorme, como si pesara varias toneladas y se derrumba en el suelo, el cuerpo empapado de sudor y la cabeza con punzadas dolorosas que van disminuyendo lentamente. Se mantienen callados un buen rato hasta que siente como su respiracin vuelve a ser acompasada y los msculos se relajan con pequeos temblores. l le seca el sudor del rostro con un pauelo. “Ya ests bien?” “No s, creo que s.” “Menos mal. Me preocup mucho. No saba que era tan fuerte.”

PAGE 66

66 66 Aquiel prende un cigarro normal y se de dica a observarla en silencio. Ella no quiere pensar en nada. Haba sentido pnico al desp ertar, pero por suerte ya pas todo. Qu hora sera? Le haba parecido una eternidad, aunque no debe ser muy tarde porque siente todava la msica del grupo tocando abajo. Cierra los ojos y desea con todas sus fuerzas que l la abrace o por lo menos que no est tan lejos como siempre. “Lilith”, le pregunta Aquiel al cabo de un rato, “aparte del preuniversitario y la guitarra, no piensas hacer otra cosa despus?”, su voz es lnguida y muy suave, como si estuviera a punto de dormirse. “Despus de qu?” le pregunta ella, aunque casi ha entendido a qu se refiere. “Despus”, le contesta Aquiel, “cuando te des cuenta que hay que salir del pantano”. “Cul pantano?” “Este pantano”, subraya l y abarca con un gesto toda la Casa de Cultura, la msica y los rockheros que bailan afuera, la ciudad, el pas y posiblemente tambin el universo. Ella lo piensa un rato. Desde hace bastante tiempo se viene rompiendo la cabeza tratando de averiguar eso mismo: aparte del rock y la guitarra, qu? Pero nunca hay una respuesta satisfactoria, slo una figura de mujer desvada en medio de una neblina griscea. “No s…quisiera ser distinta, aprender cosas, como Elisa, como t, no slo guitarra.” l asiente comprensivo. “Y t?”, le pregunta ella despus. Aquiel aplasta el resto de la picadura que todava humea en el suelo con la caja de fsforos y respira profundo: “Yo voy a ser esquizofrnico” y el tono es tambin triste, pero con una seguridad como si estuviera convencido, como si hubiera viajado al futuro con una mquina del tiempo y lo supiera de antemano. Ahora ella se ha acostado tamb in y su cabeza est muy cercana a la de l. Lilith siente que la mira pero como si la estudiara, sin decir nada y pensando para s mismo. El aire tibio de su respiracin le hace co squillas en el cuello y de pronto lo siente estremecerse. “Tengo fro”, le dice Aquiel con un susurro. “Abrzame un poquito”, le pide ella. El muchacho le pasa el brazo por en cima de los hombros y Lilith se aprieta a su costado. Estn un rato callados y al cabo de unos minutos ella no puede dominar el castaeteo de sus dientes. “Qu te pasa?”, le pregunta Aquiel y ella se aprieta todava ms, “te sientes mal otra vez?”

PAGE 67

67 67 “Nada, estoy nerviosa.” Pero por suerte l no pregunta nada ms, senc illamente la besa en el cuello y pasa su pierna por encima de los muslos de L ilith. Ella lo nota de inmediato, descubre que Aquiel tambin est excitado. De pronto no puede ms y lo abraza con fuerza. Al descubrir cada punto sensibilizado, el rostro de Lilith se enciende en llamaradas de explosin qumica intergalctica. Se abren t odas las puertas de todos los tringulos de todos sus cuerpos astrales. Los tringulos se funden, cambian sus ngulos, friccionan sus bordes en la conformacin de una pirmide en la cuarta dimensin del deseo, eternidad de piernas sobre piernas, piernas sobre manos al cen tro del cuerpo, al hombre desnudo, al pelo transpirado, a los senos y muslos de Lilith, derrame de pensamientos. Ella concede su piel y se revela abierta y lle na de seales. Aquiel susurra “Te deseo” y Lilith se descubre feliz. La lengua de l es un velero entrando en el puerto de la Pasin, se desliza piel contra piel, en direccin al ro stro y va entrando en ella lentamente, fuego quemando las neuronas, una pierna de la muchacha convertida en columna carnal, en ltimo templo al camino de contemplaciones, vientre de mrmol y seda, extendido como ofrenda a las pupilas nocturnas. Aquiel y la Dama del Lago sin hablar, regalando en cambio el sudor de sus cuerpos como agua be ndita, una ciudad por descubrir a partir de los cuerpos de ambos, un breve, pero feliz horizonte de miradas entre sombras abstractas en fusin a la noche de piedra sin sbana s, msica y tomos para encender hombros y nalgas como gemas brillantes. En los vr tices de cada poro, los dedos obstinados de Aquiel se adhieren a la humedad metablica de cada punto sensible. Otra vez su mano va bajando hasta descubrir su cltoris. Luego los labios recorren el mismo camino. Aquiel se deslinda, se revierte diablico. Baila serpiente-len, hijo de la luna, astrotlico, doctor que tortura sin ltigos, aristosdico. De pront o l, sin ninguna razn aparente, detiene sus movimientos, le dice “Lilith, no” y se levanta para irse. Todo est a oscuras, al parecer han derribado la vela con los movimientos y ella se siente de pronto muy confundida. “Aquiel, yo no soy una puta, yo quiero estar contigo.” “Por eso mismo”, le contesta l y Lilith no entiende nada. “No te vayas”, le pide. l sonre dbilmente y se acerca otra vez. “No te ngas miedo”, y pasa sus dedos por el rostro de la muchacha y luego deja posada la ma no entre sus senos. “Lilith, yo estoy enamorado

PAGE 68

68 68de la Fnix. Te puedo hacer mucho dao y t no lo mereces.” Ella no sabe qu contestar, lo abraza y se quedan un rato as, enlazados. “A veces te siento como si fueras una niita muy frgil, un ratoncito de laboratorio.” Lilith se enoja un poco con la frase pero lu ego comprende que no es una ofensa sino algo que suena muy triste, como con treinta significados y no protesta. “Poseidonios, un griego, un filsofo, d eca que los sueos eran lecturas de pensamientos de los demonios que viven en la luna.” Ella piensa que a lo mejor y es verdad que Aquiel est loco. “Mrame” dice l y ella obedece. “Tienes que olvidarme Lilith, yo estoy muy jodido” Entonces la besa en los labios. Esa noche las manos de l son luces en su rostro, Lilith se vuelve la nia que espa el instinto en los ojos dorados de los gatos, encuentra la alegra y el milagr o que faltaban, dice adis a todos los templos y crceles, se convierte en sueo lunar, en la inmortal que camina al borde de las calles pisando las estrellas de los charcos, fragment os de los ojos de Aquiel repartidos en tomos, preguntando a todos, preguntando por la ciudad nueva que no conoca. Esa noche, despus de un beso largo, muy largo, l se separa de nuevo y le dice “Vamos” y ella comprende que ah termina todo. Quiere abrazarlo otra vez, pero l se al eja. “Dale, vamos”, la urge y salen del aula. En el pasillo l le aprieta fuertemente la mano. Bajan por la escalera. El sereno se sorprende de verlos, mira la hora y comienza a regaarlos sobre quin les ha dado permiso para subir, que son unos frescos y otras obscenidades. Aquiel comienza a rerse y la toma del brazo para salir corriendo a la avenida, mirndola, feliz?, y jugueteando como un nio. El concierto ha terminado y los rockheros salen por millares del patio. Realidad cruenta: “Me vas a acompaar ?” Aquiel le dice que no con la cabeza y le seala al Zepar que slo vive a tres cuadras de su casa. “No importa, de todas maneras”, insiste, pero l no quiere. “No Lilith, voy a regresar demasiado tarde, no tengo carnet y hay demasiadas potencias. Me pueden coger con el material, es muy peligroso. Te llamar por la maana.” El Zepar y Margarita se acercan y conversan un rato de trivialidades acerca de la calidad del concierto y otras crticas postmorte m, luego Aquiel se despide de Lilith como si fuera solamente un amigo – en fin, qu era? -, toma del brazo a Maggy y se alejan en direccin a su parada. Lilith los ve unirse a un grupo que va en su mismo camino y como

PAGE 69

69 69se ponen a saltar, halarse los pelos y correr y se siente un poco celosa pensando que si l est tan alegre es debido a ella, a lo sucedi do all arriba. Luego l vuelve la cabeza, les hace un gesto para que lo esperen y regresa corriendo. “Se me haba olvidado decirte”, jadea por el esfuerzo, “La prxima vez que nos veamos te voy a prestar un libro”. Decepcin. Ella no entiende su regreso para esas palabras tan banales. “De qu?”, pregunta por inercia, aunque ya se siente un poco enojada. “De lo que viste. Del Dios murc ilago y los huevos de luz con proyecciones.” Sorpresa. “Y t cmo sabes?”, pero l s onre, misterioso como siempre, le dice “bienvenida al Lado Oscuro muchacha”, hace un ltimo gesto de despedida y se va corriendo.

PAGE 70

70 70ZAI Cadena de signos, mundo analgico: Lilith tiene una supersticin de lo ms interesante. Piensa que siempre hay una voz, una ley que le informa de antemano los sucesos que acontecern a lo largo del da: son signos que se repiten, se van sucediendo con una insistencia fuera de lo comn. Voces objetos, hechos comunes, claro que todo como a travs de una cortina: seales enviadas desde un sitio de nieblas y rumores leves, rondando entre sordos, inescuchables. Aquiel le llama a ese sistema de adivinacin Apatonancia, dice que es una forma de precogni cin por medio de los objetos que se ven de pronto, unin paralgica en el punto que separa el Ser del No Ser y otras metonimias de lenguaje oscuro. El problema esta en in terpretarlos. Una fruta, un mango, por ejemplo, puede ser la metfora perfecta y tropical de lo que para otros simbolizara una manzana como limitacin a ciertos fuegos internos o espantos deseadosy as. Aqu esta el fenmeno otra vez, a Lilith siempre le ha gustado jugar con esa idea pero nunca la ha tomado muy en serio. Llegado el punto siempr e se echa atrs, tabla de salvacin que desorganiza el germen de posibles rupturas mentales. Pero sera fantstico, no?, conocer la clave que une y antagoniza esos signos y predeci r lo que te va a ocurrir y evitarlo, si es negativo, o convocarlo, si lo deseas, la colm ena lgica agradecida al modo incondicional del verbo: "Sera..." Aquel da el tren de sucesos regres a desest abilizar fronteras y el signo cclico eran las manos. Ahora te explico mejor: Objeto 1 : Cierto payasito de nylon, relleno de caramelos y otras confituras. La cara, los zapatones y las manos recortados con cartulina. Origen : Premio a la sobrinita de Lilith por haber salido vanguardia o sobresaliente en una actividad cultural de la escuela. (Esto ha ba sucedido el da anterior al tiempo que se describe.) Suceso : Lilith sale del cuarto y se dirige al bao. Las manitos del payaso estn en el lavamanos, lo ms probable es que la nia las haya arrancado jugando o al tratar de sacar las golosinas. Lilith se fija en las uas pintadas y el detalle de los surcos de la mano.

PAGE 71

71 71 Reaccin : Ninguna. Memoria a corto plazo. Objeto 2 : Un vaso que presenta coincidenci a?, unas calcomanas de manos abiertas en las paredes de cristal. Origen : Lilith piensa que el diseador tan ocurrente de aquello debe ser un tipo morboso porque cuando alguien bebe leche o jugo de alguna fruta las manos parecen pertenecer a personas que se estn ahogando o algo por el estilo. Reaccin : Extraeza, desagrado. Suceso : Cada del vaso al suelo y la consi guiente fragmentacin en miradas de cristales segn las leyes de accin y reaccin harto conocidas. Y otros signos as. Precognocin El smbolo se le ha re petido tanto a lo largo del da que ella piensa por un momento que debe cuidarse las manos no vaya a ser que se queme o corte con algo. Ya despus del concie rto, con el recuerdo de Aquiel y todo lo sucedido en el aula a oscuras su voz, el cigarro alucingeno, los besos se olvida de todos sus temores y llega alegremente a la conclusin de que el signo indica la mano de Aquiel, clida y hmeda entre sus senos y se siente feliz por ello. Antagonismo, combinacin y equilibrio. Son los tres trminos de conversin que permiten el transito de un suceso a otro. “Y te escucho detente.” Aquiel escribe en su agenda de marras: “Siempre lo ignoramos, siempre. Una parte de la teos ofa fue valiente, principalmente cuando clamaba que lo oscuro es la base de lo bl anco y viceversa. Por qu ahora todos somos daltnicos? Es algo que no logro entender.” “Qu es la violencia? Cul es el smbolo de l verbo de su palabra interior? Cul es la luz de su intelecto?, Cmo verbalizar sus races?” Aquiel se esclaviza al shamadi, a la prisin que conduce al pas a un pensar maqunico, a un actuar fantasmtico: esas pers onitas arrodilladas frente al retrato de cualquier Dios pintado por Edipos y An tiEdipos, cantando himnos, odas que proceden a las sombras de antao. Legitimacin. Ideologa. En la foto de la pared el viejito de la

PAGE 72

72 72tnica se fuma un habano frente al cartel de hotel "Mentira", pasaje a la Feria, en trminos marxistas, subversin de infra y superestructura. INFRA : Mis pulmones no tienen zapatos. El r echazo de la boca es una declaracin de guerra a todos los jubilados. SUPER : Me siento en estado de sitio. Pero mejor veamos un ejemplo practico: 1) Todo el viaje de regreso en mnibus Lilith lo percibe eufrica y con un mareo leve, repitiendo vivencia por vivencia como si fuera un programa de vdeo, tratando de imaginar otros comportamientos y adelantar el futuro de sus relaciones con Aquiel. Son las once y media de la noche, todava es temp rano. Aquiel le sonre invisible desde el asiento desocupado de al lado y ella desea la llegada instantnea de la maana siguiente, temiendo la distancia que los separa, pero se gura, eso s, de que no va a quitarle nada a nadie; l es libre y la eligi entre todas la s piezas de caza, por suerte todava con fuerzas para discriminar algo verdadero mas all de ciertas exhibiciones de carne por las bendecidas criaturas de Dios. 2) Se bajan en su parada como siempre; el Zepar hilando los minutos con sus planes y sueos; ya para ese entonces est a punto de conquistar a una muchacha “Ya la vers, se llama Alina y es lindsima”, y Lilith lo felicita al verlo tan contento. l habla de caricias alucinantes, rechaza la pulsin de tanto agujer o personal, ahora todo es luz, escenarios de corazn pacfico, msculo resplandeciente. “Yo no s que me pasa, Lilith, esa muchacha me enajena.” Lilith lo escucha olvidada de todo lo dems, siguen conversando hasta que ella, entre brumas, se da cuenta de que cinco hombres los estn siguiendo. 3) An lo duda. Ella no quisiera, porque ama la s piruetas verbales de su amigo, pero el cuerpo se hace cmplice del miedo. Cuando va a reaccionar y avisarle al Zepar ya es demasiado tarde: uno de los hombres, a todas luces pasado de alcohol, se ha interpuesto en el camino y le pregunta al muchacho algo tan absurdo como “ustedes no eran los que estaban pintando la pared?” 4) “De qu t hablas?”, pero ya los ot ros tambin se han acercado. Confusin. “No se hagan los inocentes que ustedes saben bien de lo que estamos hablando. Del letrero.

PAGE 73

73 73Fueron ustedes, no?” Estatuas amenazantes, no hay tiempo para una negativa. Lilith de pronto ve un puo que se estrella contra el rost ro del Zepar y quiere gritar, pero recibe la bofetada en el labio, “t te callas, puta”, y un dolor horrible que la paraliza por completo. 5) Los sucesos se precipitan. Ella se zafa y consigue golpear un cuerpo que se vuelve, instantnea visin de ojos inyectados y luego siente las explosiones de dolor en sus odos. Telfono. Alguien la sujeta por detrs, otro la empuja y la hace caer al suelo y de pronto son las manos hurgando bajo su pulver y la boca que muerde sus senos, pero cada vez que intenta gritar en direccin a alguna casa reci be una bofetada en el rostro. Siente los dedos buscando un camino entre sus piernas y pa tea con rabia, toma conciencia de que pueden matarla, slo para divertirse, y cae en un abismo de pnico y empieza a llorar, mientras escucha los golpes sordos contra el cuerpo del Zepar que ya no reacciona y ella no puede hacer nada, slo retorcerse y empuj ar al hombre, serpiente que se escurre, reptando con todas sus fuerzas, tratando de que no le abra las piernas, sintiendo su aliento como fuego y ya casi noqueada por los golpes. 6) Ella por fin se rinde y el hombre la pe netra como un rey, sufre el objeto quemante y los gritos victoriosos de sus huestes, por suerte unos vecinos se han dado cuenta de lo que sucede y comienzan a gritar desde sus balcones. Otra voz para memorizar: “Oye, ests loco? Nos van a partir. Djala ya”. El viola dor por fin se desprende y le lanza una ltima patada como despedida. “Eso es lo que ha y que hacer con todos ustedes, partida de…”, pero ella no logra escuchar ms porque se han ido corriendo. 7) Lilith se acerca a Zepar. El muchacho tiene toda la cara llena de sangre y trata de esconder su imagen de los ojos de la j oven porque est llorando de impotencia. Ella espera unos segundos, sin saber como consolarlo y luego lo ayuda a sentarse. Desde el jardn azul brumoso llegan algunas siluetas que les preguntan si necesitan ayuda, si tienen alguna herida y se ofrecen a llevarlos al hospita l. Ella dice que prefiere ir a su casa, vive muy cerca y por suerte no, no los han cortado, no han llegado a violarla. 8) Lilith acomoda el ala que cuelga de su pulver destrozado y recoge el reloj que yace aplastado a dos pasos. El Zepar repite la letana de “maricones, maricones” y, mientras son acompaados hasta sus casas, ella se or ina de miedo, vigilando las esquinas por si aparecen otra vez, pidindole a Dios o al Diablo o al que sea una pistola para reventarlos,

PAGE 74

74 74cualquier cosa, temiendo el momento de llegar y mirarse en un espejo, le duele terriblemente el odo izquierdo, pero no hay sangre, slo en el labio, siente un ojo inflamado y araazos en el cuello y los senos. Piensa que ha salido con suerte, a pesar de todo. Podan haberla matado o dejarla desfigurada para toda la vida, del carajo. 9) Ni siquiera en la garita bajo el semfo ro hay potencias. Ella intenta recordar el rostro del nico cabrn que ha visto, pero el hijo de puta es tan comn, un blanquito de msculos y pelado surf, tan idntico a miles que ni siquiera podra describirlo malamente, aparte de que es de noche y no lo pudo ver bi en entre el miedo y la nusea provocada por los golpes, en fin: retorna la abeja chamuscad a de siempre, esta vez sin siquiera las alas, alguien se llev la infancia bien lejos. 10) Aquiel, Zepar, Lilith y los otros viven inmersos en aquello de lo cual todo el mundo toma parte. Sienten la vaharada de mile s de ideologas y leyes que los atraviesan y convierten en lquido suave, con remalazos pe ridicos de ira planificada, antorcha en mano. Algunos ms en todo el conjunto de seres sin rostro, mbito social en el que un gesto, una frase, una masturbacin en solitari o ya pertenecen por el slo hecho de su gnesis a cierto contrato politizante. 11) Theodor Reik osa llamar a este contrato Masoquismo de Masas Arguye que un leader es nuestra propia imagen idealizada, el ejecutor de nuestra agresividad reprimida y por ello se justifica la violencia, pero slo a nivel de Estado. Claro que este contrato se rescinde en tiempos de crisis, donde existe y no existe lo social, o por lo menos se cuestiona, razn suficiente. 12) EPLOGO : Lilith llega a su casa y la madre pone el grito en el cosmos. “Ponte hielo para la hinchazn. Vamos a la Polica a denunciarlos. chate bencidamina.” Lilith frente al espejo mgico, con enormes deseos de llorar y descuartizar a alguien, mirando el labio hinchado con la marca de los dientes y los hilillos de sangre, un ojo amoratado y la maldita mano roja marcada en el medio de la cara.

PAGE 75

75 75FRAGMENTOS EXTRAIDOS DE LA BIBLIA NEGRA DE AAM"N

PAGE 76

76 7627. Y la Grand Ma haba plantado un huerto en Uttarakuru al oriente, y puso all al Hombre y a la Mujer que Luzbel y Iahv haban formado. 28. Y despus de las siete primeras cpulas, preguntle Lilith a Adn: “Por qu me he de acostar debajo de ti siempre si yo tambin fui echa de la sustancia de las Diosas Triples y por ello soy tu igual?” 29. Y Adn golpela fuertemente para sojuzgarla y obedecer as los designios de Iahv y Lilith ensase y fuese de su lado para siempre, y Adn comenz a copular toda bestia y ave de los cielos y a todo animal de los campos: ms Adn no hall ayuda que estuviese idnea para l. 30. Y las Diosas Triples dijronle a la Grand Ma que Lilith haba quedado sola y tambin Adn, y esta preguntole a Iahv lo sucedido y al saber la respuesta enfurecise y desterrle de su lado y condenle a vagar por la Tierra y vivir la vida de sus criaturas, los hombresmonstruos y Adn. 31. Y Iavh, con el corazn devorado por los celos y el enojo, prepar un ejrcito de hombres-pjaros, y ayudado por sus criaturas, esper que la Grand Ma y Anu y Luzbel durmiesen y en aquella noche visit con su espada dura y fuerte los cielos y levantse contra Anu y le matle y arroj sus vsceras al mar. 32. Y encaden a la Grand Ma y ordenle servirle y obedecerle, y desterr a Luzbel a las profundidades de la Tierra. 33. Y Iavh hizo caer sueo sobre Adn, y este quedse dormido: entonces tom una de sus costillas, y cerr la carne en su lugar; 34. Y de la costilla que Iahv tom de Adn, hizo otra mujer, y trjola al hombre.

PAGE 77

77 77CHATH Ay muchacha, muchacha: olvidars la tierra y el pueblo en la primera leyenda del espejo. Vas a aprender a llorar como una mujer, destilando poemas de odio a las cuatro coordenadas de la soledad; aprenders a no revelar tu desdicha, te cansars de mirar paredes agrietadas y de buscar, buscar siempre, probndole mscaras la noche en que los dems se hacen el amor, en que los dems sern solo fantasmas que flotan como gatos sobre los parques. Tendrs que decirle a la cara: "Me marcho" y estar lloviendo, y el farol no va a iluminar el perfil de tus lgrimas y el mundo se transformar en estircol, te sentirs perseguida por dos ojos elctricos que jams te vern realmente, slo querrn bromear con tus pies descalzos... Muchacha: ellos querrn transformarte en gorrin gris cautivo, con temblor en las alas rotas, sers ent onces la amante de sus hijos, de todos los hijos mezclados de pelo largo. Los osos acorazados muy asertivamente se convierten en tigres confiados de sus garras y aseveran hiptesis en las cuales la susodicha ramera adolescente, que es su hija, provoca la agresin de los extraos por el pelo y la forma de vestir y su delincuencia y ella es muerta por la metralla de los cazador es, todo un anlisis sociolgico para concluir que si a ella la han intentado violar, ha sido nicamente por la provocacin con que rodea su apariencia as que debe cambiarla “pinate, pareces una bruja”, y otros mandamientos de buena fe inocente. Traduccin: Toda la culp a de los sucesos de la otra noche la tiene ella solita, por puta. Lilith los compadece. En fin. El patio de mi casa no es particular tocar en tiempo de trash durante cinco minutos -. Ella se pregunta de cul planeta habrn venido. Lilith : “La rabia se te quita al otro da, pero la humillacin no. De ms est decirte que estuve traumatizada cerca de una semana. Los tres primeros das esper la llamada de Aquiel y no sal de mi casa para nada. Las breves incursiones a la cafetera a comprar cigarros, o a casa de algn amigo tenan como condicin principal un regreso con escolta y tambin la hora, casi nunca ms all de las diez de la noche. Luego me cans de llamarlo, pero el telfono pareca descompue sto porque daba timbre y nadie contestaba nunca. Pas por su facultad un par de veces, pe ro all me dijeron que no haba ido en toda

PAGE 78

78 78la semana y estaban a punto de quitarle el der echo a examen por la cantidad de ausencias. Yo no conoca la direccin de su casa y e llos tampoco pudieron ayudarme. Cuando ya me iba un muchacho me aconsej que pasara por el edificio de Psicologa. Al parecer Aquiel asista como oyente a las conferencias de psicoanlisis.” Para ms datos: Lilith asegura una lgrima en los dedos. Qu es la frustracin? Podra decirte de una forma bastante pe dante que la frustracin es el choque que se establece entre la valoracin del Yo y la no satisfaccin de las necesidades de autoconfirmacin como persona til, de tal forma que la persona se ve primeramente orientada hacia la depresin, la autoagresin y, en los casos en que esta se repite con demasiada frecuencia, al suicidio. Pero no te voy a hablar de suicidios. Us toda esta palabrera a lo Milan Kundera porque Lilith, ahora, est sentada en el vestbulo de la facultad de Psicologa Marxista y los estudiantes la observan como si fuera de una especie rara, un hada cruzando el ro helvtico frente a los ojos de un Prez cu alquiera. Le molestan las sonrisas, el intercambio de gestos casi imperceptibles para sealar tal o cual detalle de su vestimenta? No. Ella sabe que est fuera de lugar, casi puede escuchar sus palabras: “Mira, esa es la friqui medio loca que viene a buscar a Aquiel todos los das.” Eso en el mejor de los casos. Lilith no quisiera percibir los pensamientos de los estudiantes de mirada compasiva o con rostro de asco, esperando el timbre para correr a sentarse frente a los ancianos que prometen ocanos para dejar de flagelarnos, tan de mierda... Ella esconde la sombra diluida de sus tenis destrozados. Ahor a deseara tener la capacidad de realizar algo imposible para la Ciencia; abrir los dedos, por ejemplo, y dejar escapar burbujas azules de gelatina que comenzaran a revolotear en direccin al techo y as ella se sentira superior, viendo como se rompen todos sus es quemas, todas sus poses de chicos bien, de doctores paternalistas con la verdad absoluta de los problemas existenciales. Ese mismo da Lilith visita al Zepar en el hospital pero los pocos brujos que encuentra tampoco saben nada. Su amigo est alegre “Me vino a visitar la muchacha que te dije”-, dentro de poco le darn de a lta. Aquiel no ha venido a visitarlo. Y as. En

PAGE 79

79 79Choquelia, en el Patio de la Virgen, en las co stas y anfiteatros, en todas las Casas de Incultura. Nadie lo ha visto. Luego decide ir a ver al Brizo sus pedazos de orgullo cayendo como mangos dentro de un estanque y le cuenta su odisea. l pone su mejor cara de circunstancias y le dice que aquello se est haciendo demasiado habitual se refiere a la emboscada nocturna, claro. Ella no le ha contado nada acerca de Aqui el y el muy imbcil le sugiere que abra bien los ojos para la prxima. Que hay una especie de guerra. Que un da van a matar a alguien. Que si sigue comiendo mierda muy bien puede ser ella. Que l siempre sale con una cadena en la mochila, etc. Despus de dos cigarros liados de prisa e lla no piensa ya nada de lo que escupe similares dudas, de repente se siente aco mpaada y es algo plido, pero mejor que el vaco y entonces esa noche se queda a dormir con l. La semana siguiente Lilith busca a Aquiel en las piernas de cada licenciado en sudor, en la emboscada SIDA de cada centmetro de yerba, besando los cabellos que revolotean y descargan su furia en cualquier ritmo. E lla quitndose el pulver sin pensar, sus senos recolectando miradas en la rabia, desac tivando las gotas de esperma, derribando las fronteras del rock barbitrico, un letrero c on los smbolos nuevos en el bao: “Aquiel, dnde recoo ests?” y luego y en el mismo l ugar regala su tringulo al primer pastillero que entra. Lilith con su jean hasta media rodilla, las manos en la puerta y los ojos cerrados. “Eres una puta, sabes?, una yerbolag a, garrapatosa de mierda.” Ella se deja clavar como droga, “herona Joplin drin a”, mezclando el odio con el sexo, ordenando filas de semen mgico multicolor, abriendo a las estadsticas sus senos infantiles. Se ha dado cuenta de que todo es una explicacin, el tair de su homosexo latente, espantada de lo concreto sucio, realuc inacin pornogrfica, comprendida en otros significados de lo que muestra: la lgica i rreverente de sus garras, comindose las uas, malagradecida, malagradecida de que sean af iladas hasta su desgarramiento. Despus de tres largas noches de interrelaciones mutuas entre los animales en que se conoce, comprende al fin que ellos no tienen razn de exis tir ni Ella, ni l, ni T -, los ve como hiedras sin races, que ms bien no parecen fuego, nunca toman viaje hacia sus labios y que todo, todo, tiene que ver con el muerto que desintegr en pedazos con sus ojos

PAGE 80

80 80lquidos. La resaca es larga -dos semanas encerrada en casa, temiendo cada proceso misterioso en la profundidad de su cuerpo y luego decide recomenzar. Ese da, 01 de Marzo del 29, pide una bi cicleta prestada y luego de varios trmites acompaados por ciertas miradas maliciosas se llega por el policlnico de la zona. Extraeza. No hay nadie esperando para el an lisis de sangre. Luego descubre la causa: estn pinchando a la gente solamente con la aguja, sin jeringuillas al parecer los esterilizadores se fueron hoy al otro mundo -, y la estampida, debido a esa causa, ha sido general. Pero a ella no le importa; cierra los ojos y deja escapar una parte de s por supuesto, muchsimo temor -. Al abrir los ojos observa a la enfermera adormilada que limpia la mesa llena de sangre con un algodn. Sugestin hipocondraca : “Si no tena SIDA me lo pegaron ahora”, luego el regres o a casa con todos los msculos contrados, “si dentro de dos semanas no me han venido a buscar para llevarme a Los Cocos, puedo considerarme libre?”. Al pasar por frente a una cafetera cree ver a una muchacha muy parecida a Margarita y se llena de celos. “ Y si Aquiel est viviendo con ella? Y si volvieron?” Cuando llega por fin a su casa desf allece, pero en vez de comer algo, baarse con agua tibia o relajarse un poco se acuesta as mismo, el cuerpo empapado de sudor y por supuesto se entrega toda la noche a las pesadillas. En el sueo, para impresionar a Aquiel, ella va armada con una espada medieval a una de las reuniones nocturnas. Los Klipotts estn sentados en el suelo, como siempre, los zapatos echando races y escuchan al vi dente acompaado de su ctara cantando el triunfo y la realeza de los mundos inferiores. Su s versos indican la tendencia planetaria a la entropa, todo el esfuerzo dirigido a una finalidad de hormiguero. El sarnoso pulsa las cuerdas y no repara en su existencia, ni si quiera la echa en falta, no la invita. Ella desclava sus piernas en embate huracanado, eleva su espada con furia para castigar, lo reta con un grito casi inhumano, de leona en celo pero l se re, llama en su auxilio a la refraccin luminosa y parte su arma en dos. Ahora estn solos. Los brujos se han escondido temerosos tras las sombras de la l una. El vidente le hace un espacio a su lado y la invita a sentarse “Lilith”, le dice, “nete a m. Junt os buscaremos la causa final”, pero ella no entiende y l se impacienta: “Por Dios, imagname un rbol con quien no hablar del amor. Es la nica manera.” “Pero por qu?”, pregunta ella. “Por qu no?”

PAGE 81

81 81 l sonre triste, se levanta. Busca bajo su tnica el zipper del pantaln y se saca el pene. "Prueba” le ordena. Ella, contenta, lo amasa con las manos. El falo de Aquiel va creciendo hasta un tamao absurdo, se dobla bajo su peso, va cayendo al suelo y all toma la forma de una culebra enroscada que repta por el cuerpo de la muchacha en direccin a su rostro, la punta es la cabeza de una serp iente que sisea entre colmillos venenosos, la lengua bifurcada buscando sus labios. Ella no pue de soportarlo y la rechaza con pavor. El cilindro se recoge y desaparece dentro de la portauela del muchacho. “Ves?”, dice l como con una irona triste, “De todo sirve un pene erecto imagolgico, un falo virtual.” Entonces ella despierta sobre su cama, c on los msculos doloridos y el hombro y una pierna engarrotados, la almohada y una parte de las sbanas estn cubiertas de vmito. Muchacha: desangrarse es tan cierto como morir sin haber terminado la frase, sin haberse encontrado en el pastor o la estatua, es sudar nfima-lnguidamente lgrimas. No lo olvides dieciocho aos: tendrs que apre nder miles de idiomas para conversar con todos los perros y rincones del cuarto. Cier tas noches saldrs aullando de horror en la tempestad, comprenders lo difcil del lenguaje de gestos, lo difcil de hundir la cabeza en la calle, de hacer el amor sobre una hoguera He aqu una Juana de Arco transportada en el tiempo nunca sabrs hasta donde. En fin, no tengas miedo, slo es una advertencia. Ahora puedes coger la manzana. Lilith: “Por dnde iba? Ah, s, la disc usin con mis padres. Pues nada, la ovejita negra vio como se retiraban los pastores a su s respectivos cubiles laborales y fue a llamar de nuevo jau, jau al famoso Aquiel. Entonces vi el papel que me haban dejado. Parece que el Rapha buen amigo haba telefonea do cuando yo estaba en el policlnico y me haban escrito el recado. Iban a hacer un Sabbat para iniciar a la Amy. Todos deban ir al parque Husserl, a las siete de la noche. “Lleva la guitarra” y Lilith, contenta, descuelga el telfono, pero no tiene tono como casi siempre y no puede avisar a nadie. Al da siguiente Raphael le dicta la di reccin de Aquiel. De pronto ella recuerda que puede nacer otra vez un martes como este. Se llena de valor y va a buscarlo Dnde ests orgullo? la navaja brilla y urge la tea del miedo. Por un lado espera alguna excusa sobre su desaparicin de estos das una vis ita a otra provincia, lo cogieron preso, quince das al campo, un ataque de sarampin, se muri la abuela del perro, algo -, pero en el

PAGE 82

82 82fondo temiendo lo que ya adivina: la esen cia de la piel huyendo al fuego; Aquiel sencillamente no desea hablarle, no la percibe a su mismo nivel y debe cuidarse de un dictamen negativo por parte de sus colegas flicos, los elfos enemigos. A lo mejor ni siquiera ella le gusta fsicamente, la ve solo como una niita histrica y al ella presionar como lo hizo la noche del aquelarre, acab por decepcionarlo. “Eres una estpida; nunca te das lugar.” Ella guarda bajo su almohada las hojas manchadas de sangre de la Iniciacin, tambin un pedacito de vela del concierto. “Nunca seremos absurdos.”, recuerda, pero por qu entonces todo lo sucedido en la cueva y en el aula? Por qu la bes? Y as Lilith se pi erde detrs de la duda, en un crucigrama de hiptesis posibles Crucimente dira l respuestas que poco a poco se tornan laberinto, incertidumbre neofamiliar prpura y ella que se deprime con cualquier variante “Nunca seremos absurdos.” Por fin llega a la casa de Aquiel y oprime el timbre. “Estar?” Le abre la madre. El apartamento es bastante espacioso. Sala, cuarto de estudios, muchos libros. La madre de Aquiel es muy fina y se parece en sus rasgos al hijo, pero bien vestida y con un estilo de profesora universitaria o secretaria de funcionario. Al preguntarle, la mujer contesta que Aquiel se ha mudado para casa de un amigo. No, no sabe su nombre ni su direccin, la llama de vez en cuando y parece irle bien. “T eres amiga de l?” y mira con aspecto crtico co mo va vestida, principalmente el pelo y la rajadura del jean en las rodillas. “Si lo ve s dile que ya Roberto se fue, que puede regresar” y Lilith de vuelta en la parada, un misterio ms Quin sera aquel Roberto? Y nuevas teoras ms o menos fantsticas sobre ci erto amante inteligente y verdoso de la madre, con bigote y guayabera y Aquiel discutiendo en voz alta, recogiendo su ropa en una mochila y cerrando de un portazo el ba o, cargando todos los psicoazules en los bolsillos de su pantaln y largndose enfurecido de la casa “Por eso fue que se perdi”, piensa aliviada. Claro, ella no sabe de cul amigo se trata, slo le falta esperar al sbado y verlo en el parque Husserl. La esperanza renovada se traduce en cierto despertar ertico. Qu hacer? De pronto Lilith se ve caminando “ por las anchas avenidas”, hambrienta, sin deseos de regresar a su caverna ni de hacer una cola infinita para comer en Choquelia, sin ver a ningn conocido, slo rostros que a veces se le antojan similares a los hombres de la emboscada nocturna tipos que se precipitan desde cada rama de rbol de los parques

PAGE 83

83 83, lo ms probable es que se estuviera vol viendo un poco paranoica con aquello. “¡Basta! No debo pensar ms en eso.” Soledad, siempre soledad. Ahora debera comer algo; podra acercarse a la Mc Comte, o sino ir a casa de Elisa a lo mejor le brinda algn pan o la invita a almorzar, quin sabe? -, lo cierto es que no puede es perar su turno para ser convertida en otro armario de caoba, al filo de la sierra elct rica. Pensndolo y hacindolo. En La Canoa la hilera de personas que esperan, llega hasta el mar, y en la Mc Comte slo moscas, ni siquiera cigarros ella comienza a sentir su cuerpo segado, el estmago trenzado en cuerdas y los msculos evocando un milagro animis ta -. Sube las escaleras del edificio de Elisa hasta llegar a su apartamento y toca la puerta. Nada. Cuando est a punto de marcharse siente los pasos de la viejita y suen an los cerrojos. “Al parecer la grand Ma me escucha”, piensa ella que de pronto escuch a canciones en los corazones de todas las piedras y caminos. Estn todos y despiertos. “Ah, pero si es Daybel, Cmo ests muchacha? Pasa, pasa” y al instante ella se siente muy alegre porque se encuentra a Julio que ha regresado de Espain hace unos das. Luego de los preliminares de rigor y dems diplomacias intranscendentes le muestran un equipo de videocompact recin adquirido y a ella se le hace la boca agua. Una coleccin de clsicos, un montn de Mozartbach, todos los discos de los Escarabejos y dos o tres de los Puerquitos Rosados “Quieres cerveza?, ron?, ensalad a?, ayer hicimos una fiesta y sobr.” Y Lilith sin hablar, asintiendo a todo lo que le ofrecen, buena gente, por dios, que suerte tiene. De los dos con la que mejor se llevaba era con Elisa. Una tipa cultsima, hippie de las viejas y bisexual; a lo mejor su gusto por lo s clsicos vino de ella. Aquello fue una vez que Lilith estaba en la escuela de msica, tratando de sacar una fuga muy complicada y entonces vino una desconocida, le pidi el inst rumento y la toc superlimpia, la dej con la boca abierta, alucinando. Luego conversaron sobre guitarra y Elisa la invit a su casa. Por un momento Lilith pens que era una invitaci n a otra cosa t me entiendes -, pero al llegar al apartamento vio que aquello es taba lleno de viejitas dando repasos para las pruebas de ingreso, una nia correteando por la casa y el esposo escribiendo en la computadora y entonces comprendi que no er a nada de lo que haba pensado ella siempre imaginando -, slo era una amistad desinteresada o algo as. Unos tipos

PAGE 84

84 84finsimos; le preguntaron cul msica pref era y cuando les contest que el rock alternativo se pusieron a discutir que si los jvenes como ella, sobre la generacin tachada y la Sociedad y la Represin y un montn de filosofadas de esas que Lilith no entendi, como es lgico. ‘Te voy a poner algo’, le dijo entonces Elisa y puso un disco de Mozartbach a guitarra y ella se transport para el cosmos. “Qu sonido ms lindo”, pensaba, “qu guitarra ms extraterrestre”, y as fue como empez a enamorarse de la msica clsica. Lilith guarda su penltima frase ante el hallaz go del espejo: Elisa es ella misma, pero algunos aos transportada al futuro. Piensa que sera muy bueno un devenir as: saber de cartas de amor y unicornios suicidas, tener e xperiencia para cambiar las seales de los das por llegar, cualquier da, diluir de una vez y para siempre su inocente virginidad de prostituta sin sueldo, conocer la ternura por primera vez y enlazarla, enroscarse a la ternura y no dejarla escapar jams, como toda buena hija de la serpiente y el arcngel, como Elisa, ese otro mundo tan lmpido y seguro de su fuerza. Pues bien, ahora Lilith est all, con su lata de cerveza en una mano y un buen emparedado en la otra escondiendo el deseo subdesarrollado de acabarlo todo de un golpe y le cuenta a Elisa sobre Aquiel, de su extrao comportamiento, de todo lo que siente y piensa sobre l. Su amiga indaga dos o tres detalles y luego afirma conocerlo bien. “Ten cuidado Daybel. Ustedes son muy di stintos. Slo lo he visto enamorado de una mujer.” “De la Fnix?” “No s si le di cen as ahora.” “De Yamila?” “Esa misma. Desde que se separaron Aquiel no anda muy bi en de la cabeza. Te repito: ten cuidado porque te puede hacer mucho dao.” “l me dijo lo mismo” “S? Qu raro.” Elisa va a ver a la nia y Julio le cuenta a Lilith de la novela que comenz a escribir en Espain ciencia ficcin policiaca, como siempre y luego le ensea un montn de libros que ha trado “Ah, me acord de lo que me pedist e sobre el AntiCristo” y cassettes de fbrica y ella le dice que si consigue alguno virgen se lo dar para que lo grabe. Elisa le pregunta despus por sus clases de guitarra y el grupo y el rock y los muchachos y lo que Lilith piensa de la realidad del pas, etc. A Lilith ya la cerveza le est haciendo ef ecto y dice que el pas no le interesa mucho; todo est bastante jodido y el planeta comple to es una mierda. Ellos comienzan a rer y

PAGE 85

85 85Lilith se contagia y se despiden alegrement e. “Buena gente estos tipos, de verdad, un poco locos y toda esa onda, pero, quin no est loco? Cada cual con su tema.” Ya fuera del edificio le echa una mirada al regalo. El libro se titula El Anticristo y el autor es un tal Nietzsche. Lo ha odo nombrar Es un filsofo de esos, alemanes, que le gustan a Aquiel. Cada vez que Lilith visita a su amiga siente deseos de grabar sus conversaciones porque las intuye profundas, inteligentes; c onversan de muchos temas en conceptos tan abstractos como los de Aquiel y ella term ina por no entender nada. Esto la acompleja un poco palabras siempre ajenas, alejadas por co mpleto de las de su gente, de los brujos que te hablan y te estn mirando la entrepiern a, filosofa del “Con las nias no se habla, se tiempla”, y ella que ha deseado siempre habl ar alto y fuerte, y ser escuchada, claro -. Ahora piensa que va a tener que empezar a leer, en serio, aunque no le guste.

PAGE 86

86 86 TET Cuando Lilith llega al parque Husserl se encuentra un montn de gente y muchos desconocidos. Primera mirada para Aquiel, que est abrazado hijadeputamente a la Amy y le acaricia la nuca. Ella se siente enferma de pronto ante la posibilidad harto evidente de que su ausencia slo haya servido para que pisoteen sus ventanas. Aquiel besa a la otra en la oreja y Lilith respinga por la bof etada invisible a los ojos; todo se transforma de sbito en un sabor de vejez, murmullo de gusanos al acecho. “Te quiero, Aquiel, te amo, por qu me haces esto?” Todo es disc urso soez, hermanita. Olvidas la compaa y el calor y la lluvia que baa tu rostro y comienzas a despertar en odio estancado a ti misma. Horror de balanza. Repulsin y atr accin al unsono, conformando el vaciado del fantasma. Para colmo de espantos recibe el c odazo de Leonardo y su voz ronca advirtindole que ellos estn viviendo juntos desde el da siguiente del concierto. Ella entonces cree comprender: nadie desecha ser su verdugo, no va le de nada apartar los labios de la cuchara y confiar en la promesa elemental y r udimentaria de la utopa. El amor no existe, todo queda siempre en protoplasma, en carne sucia llena de moscas y larvas. “A quin traen?” “A Lilith, la Nia de Miramar la que muri de amor.” Puaf. Ella rehusa del funeral de sombras; es verdad que la noc he siempre se acerca con navajas, nunca nadie sabe dnde cae, debajo de la cama o antes de la puerta, quin sabe? Ellos slo buscan maniques, mujeres que se fuguen a las vidriera s limpias de temor y sentimientos, tantos hombres muriendo en su tringulo y ahora es te ridculo frente a todos, como para esconder la cabeza en un nylon y desaparecer. “Qu me queda?” Ser cazadora, o alguna rana para destripar, o una calle de asfalto con su pez dcil en equilibrio castrado y al carajo todas esas estpidas ideas de calor, trabajo, accin normal, “todo es normal”, legislatura interna para la autorrepresi n en cinta sinfn de falos eternamente intercambiables. Ella de pronto quiere huir de all y no regresar jams, pero entonces ve como Aquiel le dice algo al odo a su pareja se levanta y viene sonriendo hasta donde se encuentra. “Cmo ests Lilith?” al parecer viene a favor de imposibles pacificaciones

PAGE 87

87 87csmicas -. Ella ni siquiera c ontesta el saludo. “Qu te pasa?” Luego, al comprender que la muchacha no va a responderle se sienta frente a ella y hace un intento de apoyar una mano en su rodilla, pero Lilith se la rechaza con fuerza. “Vete a la mierda”, le dice. Descubierta por el calor y los insectos que pululan y copulan tambin poticamente, ella se codifica en no ver esa mano como prem io. “Lilith, no seas nia”, dice l y ahora est triste, “podra explicrtelo cuando quieras .” “No me interesa”, le responde ella y se levanta con rabia, luego echa a correr entre los rboles para no verlo. Presiente que su nacin ya no es un poema de encuentros con cab alleros del siglo XV; ya ni sabe lo que es, prende un cigarro y nota el mareo. Todava siente los efectos de la cerveza ligada con el ron. Piensa que est bien jodida. Desde que conoci a Aquiel ya no poda hacer el amor con nadie ms al estilo de los cirenaicos, dira l -, se haba transformado en hongo, en un vegetal asexuado y le fue muy dif cil levantarse despus de la violacin, pero lo intentaba pese a todo por l, por l. Ahora decide que si Aquiel aparece y habla y le explica bien “ah, Lilith, sucede que ya no soy Rodrigo de Triana”, quizs y hasta podra perdonarlo, pero l no la haba seguido, nunca lo hara. Lilith comienza a coser sus disfraces en el hielo, absorbe la silueta de locura; quiere gritar y es rabia impotente, ahora deseara que entraran en su cabeza todos los demonios qumicos que nunca se quedan en la realidad sucia delante de las ventanas, no. Puertas, necesitaba puertas, que se murieran todos junt os de una buena vez, un gran misil atmico estallando en medio del crculo, deseaba drogarse hasta vaporizar sus neuronas, hasta el final, para olvidarlo todo, olvidar a Aquiel y sus pasos felinos de lince que abreva en el oasis, ternura asesina -, entregarse a un de lirio tan intenso que terminara en catalepsia. Eso le suceda por inmadura, por ciega, por no aprehender la evidencia de un Aquiel Demonio sentado en el centro de la Tie rra, vomitando los hongos de su establo mental, del sanctuario del poder, del simulacro, y ella creyendo en su respeto que ahora resultaba una camisa escondida, un uniforme a lo Sade y e lla tratando de rasgar la tela y arrancar sus insignias de coleccionista de cltoris, y que “me haba utilizado, coo”, mereca que lo ahorcaran. Aprende, y que la experiencia no se convierta en mal odio, no se te olvide en la playa, esta nia, seras una tonta si re gresaras despus a la misma piedra para seguir machacando poesa. Hoy el del diario afnico gr itaba a debate de carne contra literatura y ella en contra: Vivan las telenovelas porque 1984 se qued plido y ella quera olvidar al

PAGE 88

88 88Gran Hermano nmero III, como casi todos. Era mejor vivir en el bilenio inventado de Tolkien, Amadis de Gaula y ''Verde que te quiero verde", muriendo en plena y a veces demasiada cordura onrica. Sin opcin. Siente un sonido de hojas secas; alguien se acerca. “Lilith”, escucha que la llaman, pero no es Aquiel sino Leonardo con su voz ra jada y fea. “Lilith, toma” y ella ve que el muchacho le extiende su mano llena de pas tillas y media botella de alcohol preparado con hongos. Leonardo se sienta a dos pasos y la mira, mientras ella se mete todos los psicoazules de un golpe en la boca y se empi na de la botella. “Oye, despacio, despacio”, dice l angustiado, pero ella se encoge de hombros y sigue bebiendo la mezcla. Ya lo ha decidido: o rompe dibujos y cu adros arquetpicos que un da se levantan con la vida, falsendolo todo, o se entrega al rechazo de todo lo que no se torne un animal deseable. “Chica, djame un poquito” y, entonces, ella comprende: se ha cogido la parte del muchacho y se siente culpable. Le dice “perdona” y le pasa el fondito que queda, luego aparta unas piedras y se sienta, enfr indose dulcemente las piernas. “No importa, no te preocupes.” l bebe con lentitud de hierba domstica. “Ests enamorada de l, verdad?”, le pregunta y lanza la botella le jos, en traicin cuasifemenina del gesto; un muchachito criado entre demasiados tringulos lnguidos, siempre de regreso de una casa de rosados botones hmedos, provocando el rechazo inconsciente. Ella piensa contestarle que eso no le interesa, pero despus siente ls tima. “No s, creo que s”, y baja la cabeza. El mareo aumenta con cada minuto. “Dale, vamo s”, dice l y su voz intenta parecer una caricia con caramelos amentolados. Lilith re prime los deseos de humillarlo porque sabe que no sera justo, aunque ahora le gustara castrarlos a todos, uno a uno. l suspira... “A lo mejor va y cuadras con l cualqui er da de estos.” “No comas mierda.” Por lo visto en este pas todos prefieren dormir. Ella se pone a observar un bamb medio seco y l contina: “'Aquiel no est bien, t lo sabes.” De pronto a Lilith le parece muy cmico, el maricn este, rechazado por la familia de los brujos, defendiendo al otro. “No te ras”' ahora se ve un poco enojado “Ni siquiera sabes por qu lo hizo.” “Y t?, lo sabes?” “Creo que s. Un poco.” “Y por qu, a ver?” Leonardo se ha mostrado incapaz de opciones de odio, siquiera un deslizarse en aventuras de fantasma que se masturba en so litario, al olvido de lo viejo que ya son, tres

PAGE 89

89 89duros nios, slo que Aquiel dentro de un disfraz de hombre violado por demonios selectos. “Aquiel tiene un montn de problemas.” “Y yo no tengo problemas?” “S, pero es que l...” entonces se lo dice. Es una historia sin ley del padre, discurso metatextual del ser en s. Segn Leonardo, Aquiel est tan loco que ya su tendencia sdica experimentada con varias muchachas ha llegado a ser publicidad de ciertas asociaciones de Brujos. Es como si no sintiera ningn placer en sexo normal y tuviera que recurrir a experimentos y rituales rayanos en la angustia de lo tene broso. “Qu quieres decir?, que l...?” “Aqu nadie sabe lo que tiene escondido. l a veces se comporta como un homosexual reprimido.” Ah, hermanito, que soez toda esta visitacin de rumores, Lilith recuerda cierta caricia con un miembro duro, rozando contra su mano y pelvis. “Y entonces por qu lo hace?” “Porque est crazy, entiendes?, est enfermo. Se quem leyendo todos esos libros. Aquiel ve el sexo como otra forma de cruzar el umbral del dolor, de la muerte, quiere romper los lmites y eso siempre termina en locura, en perversin, por eso habla tanto del Lado Oscuro.” “ El Lado Oscuro ...”, para Lilith es un concepto inaprensible, algo as como colgarse de orlas al pescuezo, la imagen de Aquiel flagelndose arrodillado por una Santa sibila cualquiera. Por qu ese afn de los hombres en destruir las puertas, en el borde?, cul era la utilidad de convertirse en sombra extendiendo sus tentculos? Sin opcin. Sin opcin. Entonces le pregunta al muchacho si t odo eso se lo haba dicho el mismo Aquiel, pero Leonardo contesta que no, slo es una hiptesis. “Si yo fuera t tratara de olvidarlo”, prosigue, “puede que hasta sea un asesino psicpata en potencia, pero no lo sabe; puede que hasta inconscientemente sea como yo, pero lo reprime, no?” “Eso es lo que t quisieras Leonardo.” Lilith ya no tiene la opcin de ser menos cruel. Entonces el muchacho se levanta con enojo. “'Eres una estpida, chica, yo pensaba que t eras distinta”, y se aleja en direcci n a donde se encuentran los dems. Ella de pronto se siente avergonzada; vacas las cu mbres de la compaa mnima, no le queda ms remedio que pensar un poco en lo que ha dicho Leonardo. Puede que sea cierto, tal vez Aquiel busca un demonio hembra y por eso tiene tantas plazas inseguras, obtener su

PAGE 90

90 90favor sera bajar rpido al sanctuario y ofrecerse activa y no como objeto de goce, aparecer desnuda entre las claridades gritando “¡vilame, mtame si esta seguridad nos diluye!”, una esnifada nueva de lo que sea entre el silencio de los afiches para levantarse por fin del mapa ocre de la soledad humana. “Eres un perro egosta, pero yo tambin lo soy, as que no importa.” Todava duda un poc o y se fuma otro cigarro. Piensa que realmente nada importa porque cualquier sentim iento al final es slo polvo que besa los dedos en la ropa vieja de los armarios. L ilith por fin se decide y regresa a donde se encuentran los otros. La razn sobria para es tos momentos ya es una categora de lejana desaparicin en las revistas. Ella se pone con gusto su paoleta de aprendiz y se descubre sin prpados. Otra vez han conformado un c rculo y en el centro hay una especie de agujero en la tierra, con un nylon lleno de al go que le parece cerveza. Comienza a sentir los puntos luminosos revoloteando en el cerebr o. Trata de no mirar a Aquiel y le susurra una disculpa a Leonardo que le aprieta la mano en seal de reconciliacin. “Tal vez no es este mi camino”, piensa, “quizs estoy perdiendo mi tiempo y lo que debo hacer es irme de una vez a Mxico c on aquel grasiento cabrn”. Ya es de noche, “salir del CaribeTur en direccin a Santiago de los Aztecas”. Mira alrededor. Le parece que todos estn comenzando a sentir los efectos del tympanum. “Ah muchacha de ciudad”, recuerda, “la ciudad ya no es y mis padres me tien y se tien con venganzas lilas, me colocan carreteras desdhacia lo gastado mediocre.” Aquiel, ese mellador de espadas, empieza a dar un discurso en el que ofrece la sana opcin de destruir otra noche en las calles de la capital, de olvidar por un momento la angustia de entrar en las cabezas tanto sucio pas, el stranger que vomita en los hoteles iluminados para ofrecer greenes enganchndol os en el elstico de los bloomers del sanctuario, despiertan los nios en cuclillas una pesadilla salada, “eh, mster, tiene chicle?, me da un dlar?”, tan imperdonable... Cada da se pierden ms y ms. La lnea de fuga segn Aquiel es esta: correo electrnico al infierno. “La materia es el opio de los pueblos.” Raphael se ha maquillado el rostro a lo chamn amaznico y tiene dibujado en el pecho una especie de smbolo espiral. Hunde sus dedos en la cerveza y luego se traza una cruz y crculos concntricos como si se santiguara negando a Pedritomrtir diez veces. Letana en labios susurrantes que luego se traduce en cancin de sombras animistas. Le

PAGE 91

91 91hace una seal a la Amy para que se acerque Esta se levanta ebria y tambalendose un poco camina hasta colocarse en el centro. Rapha duda de la siguiente orden no ha estado en descubiertos complots cuando as se reprime hasta que mira a Aquiel, espera el gesto de asentimiento y luego se decide: “Desndate.” La Amy no necesita pensarlo para obedecer. Los gusanos del deseo escupen los ojos anrquicos de la noche, algunos empiezan a grita r y rerse y Lilith se sumerge en un mar de celos por la gran puta ofreciendo la imag en de sus piernas abiertas a todos, de sus nalgas tatuadas a Aquiel; la situacin desescribe poesa, no es magia, solo kitsch, carne colgando de un gancho para devorar. Raphael si gue con sus cnticos y a Lilith le parecen textos como horas, pero ni siquiera piensa en marcharse, tal vez por el estado en que se encuentra; la mente en oleaje psicoqumico, la s manos en busca de una cuerda invisible para sostenerse. Ahora quisiera desnudarse ta mbin para enfrentar a su rival; intenta primero quitarse la tela que oculta la libertad de sus pechos, pero Leonardo detiene sus movimientos y le pide en un susurro que no se rebaje al nivel de la otra. Siguen pasando cosas en la madrugada como diluyendo culebras. La Amy se arrodilla y hunde sus manos en el hoyo, las llena de cerveza y comienza a frotarse todo el cuerpo. Lilith no entiende la expresin de asco de Leonardo, pero luego cae en la cuenta de lo que sucede porque por unos segundos el ai re est a su favor, siente el olor del lquido y descubre que aquello no es cerveza si no orine y el estmago se le contrae un poco. Basta que la luna emerja de la proa de los rboles para que toda la suciedad de la Amy salga del armario. “Asquerosa.” Aquiel se acerca a ellos con media calavera en las manos, la hunde toda en el aguj ero y despus de llenarla hasta el tope deja chorrear el lquido sobre la cabeza de la iniciada, que sigue de rodillas ante el Rapha con los ojos cerrados. A Lilith alguien le pasa un cigarro de yerba y a las dos bocanadas se olvida de todo en su ocano de nuseas. La tierra comien za a girar a una velocidad vertiginosa, ella siente suaves sus huesos por el espacio, huesos suaves que enceguecen desde ningn lugar y ella no puede apartar la mirada de lo que sucede, pero es imposible enfocarlo bien, abre los labios rechazando rpido la vi sin; por un instante cree ver a la Amy en cuatro patas como si fuera una mesa o un alta r, Aquiel le est ensartando plumas afiladas por todo el cuerpo y Lilith quiere esconderse detrs de cualquier puerta, pero luego

PAGE 92

92 92comprende que aqu no hay puertas. Ms tarde una letana de frases que se parecen a las de su Iniciacin, pero mucho ms largas y co mo un debate a gritos guturales y ella en lagunas de semiconciencia, con deseos de vom itar y su rostro en mudez blanca empapado de sudor fro, San Aquiel quitndose tamb in el pulver, anto-lgicamente, devorando huellas de alcohol y matanza neuronal, a su lado una pareja fornicando, otro un poco ms lejos masturbndose detrs de unos bam bes, la mano de Raphael dejando caer un puado de granos de maz sobre la espald a de la Amy, mientras repite “como no voy, aqu y all”, aunque puede que no sean esas las palabras. Otra laguna de brumas: Lilith vomita y Leonardo trata de ayudarla pasndole la mano por la espalda. Los brujos bailan al es tilo apache de Morrison con los ojos perdidos en tympanum; Raphael que clama “¡vida!, ¡vida!”, a la luna, mientras Aquiel penetra a la Amy por detrs, alguien, Leonardo otra vez? le da algo de comer, pero sabe horriblemente a sangre y ella vuelve a vomitar y trata de levantarse, pero es imposible y comienza a rerse porque todo es tan ridcul o, no?, habra que preguntarle despus a Aquiel sobre el significado esotrico del R ito, empujando contra las nalgas de la Amy, eso, no olvidar preguntarle despus y l le e xplicar todo pacientemente, demente-mente, toda esta locura de gente pegando saltos y que se demoran tanto en caer, con furia regalada al escupir postmortem de tribus ol vidadas hace milenios y todo a ojos afuera; Rapha levitando bocabajo con los brazos extendi dos como una cruz al revs, “No puede ser real”, como no es, mujer, esto no es real; un negro con su lengua bifurcada de dos metros lamiendo a Margarita que grita horrori zada al ver como sus senos se transforman en lagartos gigantes mientras en algn luga r suenan los tambores y guitarras “De dnde viene esa msica?” y todos desnudos, con pl umas y tatuajes, deformados en seres grotescos de tantos grabados medievales, con gibas, omplatos que emergen bajo la carne como alas rotas, seres de seis piernas di sparadas en todas direcciones, gritos como rugidos borboteantes y en el centro de todo el monstruo terrible, mezcla de insecto y murcilago con algn demonio precolombino, carne fracturada en cabezas de fetos aullando desde los hombros y caderas, un falo enorme lleno de pas y venas fosforescentes, trompa retrctil con dientes bus cndola a ella entre todos, s, es a ella a quien busca y se acerca con esa sonrisa familiar y ella grita y quiere escapar, pero el demonio dispara tendones sanguinolentos que la azotan y capturan y de pronto es toda

PAGE 93

93 93ella envuelta en tentculos cortantes que la de sgarran, culebras que intentan penetrarla y de pronto Lilith se siente a punto de asfixia dentro del cerebro del monstruo, entre guedejas de materia gris que la aprisionan, y la pielcscara resquebrajndose entre los colmillos de un murcilago gigante que intenta devorarla y luego escupe sus restos al polvo, desde donde ella repta sin piernas ni br azos y siente su vientre hinchndose como un baln entre espasmos y dolores atroces, algo vi vo en su interior que intenta salir a toda costa destrozando piel y huesos, todas las v sceras y muy pronto es un clmax de agona donde su cuerpo se raja, se abre en dos y sa len a la luz criaturas luminosas, radiantes, nios de piel como cristal y ella llora de felicidad y los aprieta contra su cuerpo y los besa, “mis nios, mis nios”, todo el dolor se ha transformado en su contrario, ahora el mnimo gesto o accin implica un placer inefab le, orgasmos como cascadas en todas sus terminaciones nerviosas, goce sin lmites, ella mira a sus hijos y se descubre llena de amor y busca al padre, pero Aquiel bellsimo duerme y no se da cuenta de que algo est brotando a partir de sus alas, est brotando una mujer de fuego que la mira con desdn, alta, silenciosa, y Lilith comprende que son la Fnix y Amy unidas en un solo cuerpo y entonces desea que l no despierte jams, pe ro la mujer se re de una forma horrible y comienza a chuparlo entre las piernas y l despierta y empiezan a fornicar, Lilith le grita, pero Aquiel no parece escucharla y ella de pronto siente que lo odia con todas sus fuerzas, la atmsfera ha vuelto a cambiar tomando un color violceo y ella ve a uno de sus nios que se arrastra a gatas hacia la pare ja y no puede contener su rabia, lo golpea y el nio estalla en fragmentos de cristal-car ne que ella devora desesperada hasta que se acerca otro monstruo a castigarla con ltigos lle nos de agujas en los senos y muslos, hay algo que devora su vulva, miles de cuchillas se ensartan con ferocidad en sus labios y el cltoris, se abren paso a su vagina, los ojos inyectados y las garras como pinzas intentando arrancar sus pezones, y ella vuelve a gritar y desgarra y es desgarrada entre las piernas y de pronto es la expl osin de sangre en su interior, la esperma corriendo viscosa por las arterias y todo vuelve a ser dolor, agon a, y quiere llorar, pero se lo impide la lengua nauseabunda del demonio hembra que entra con fuerza hasta su garganta y ya no le importa nada. “Vengan todos, mtenme de una vez”, y tambin quiere dormir “vyanse”, pero descubre que es imposible, ahora todos se han fundido en un solo ser, una simbiosis total de excrecencias que pul san y se mueven en medio del hedor de

PAGE 94

94 94sudores y jugos, los gritos, el suplicio, la sensacin de miles de descargas elctricas en conjuncin de torturas y placer infinito, t odo a la vez, al fuego magma que corroe los cerebros “bienvenida al Lado Oscuro, much acha”, luego los pedazos de carne van estallando uno a uno en cadena de estertores al orgasmo final, explosin de venas y glbulos y Lilith est gritando su nombre, gr itando hasta que alguien la golpea en el rostro y todo es...

PAGE 95

95 95 IO Ella no sabe cunto tiempo ha estado inconsciente. Dos, tres horas? De pronto siente que la zarandean, la voz de Leonardo tr atando de despertarla y una tela hmeda mojndole el rostro. Lilith lo rechaza y protes ta un poco, pero despus comprende que el cabrn animalito etreo no la va a dejar seguir durmiendo. Le grita un par de insultos, “¡Djame ya, cojones!” Y abre los ojos. Todava es de noche y no es fcil despertar. Es como tratar de renacer, los pensamientos revoloteando en el espacio que hay desde los ojos al cerebro. Dormir por psicoazules o tympanum implica el sueo negro, sin imgenes, vaco, sin impresin de que dura, como si se estuviera muerto. Lilith le teme a ese estado porque sabe que la muerte sera as, sencillamente la nada ofreciendo la visin de su cuerpo gris, desmadejado, carne plida y dura contrastando con su horrible pelo mustio de playas. Resaca. Ella siente su cabeza estallando de dolor y se enfurece con el muy maricn que la ha despertado cuando todava es de noc he. Deben haberla magullado bastante porque all abajo tiene la sensacin de su sexo to mando cocana caliente en sorbos llenos de hormigas. Por lo visto el otro agujero se mantuvo intacto, como siempre, menos mal. “Ests despierta?” pregunta l. Lilith tiene la lengua reseca por lo que asiente con un gesto. “Qu quieres?” Leonardo tiene toda su camisa manchada de vmito y rota por una manga y al parecer el resto de los Bruj os duerme o ya se fueron al carajo. “Ven conmigo hasta la presa que voy a lavarme un poco y no quiero dejarte sola.” Ella se tambalea, pero su amigo la ayuda a levantarse hasta que logra mantenerse derecha. Las sienes le laten con punzadas dolorosas y si ente el aliento nauseabundo del vmito. “Est bien, vamos.” Mientras caminan recuerda entre nieblas lo sucedido, con grandes lagunas y le parece increble. “¡Qu mierda, dios, qu asco!” Claro que le es difcil separar lo real del delirio alucinatorio. Hoy es un da de marzo del 29 y no hay ningn golpe de suerte a la vista. Todo repugna, todo normal. “Son animales, son bestias, ¡Y todo fue real, coo, no fueron las pastillas!” Leonardo no dice nada.

PAGE 96

96 96Bien, Moral, Sabidura: significantes de pr onto vaciados en el nuevo esplendor del precipicio. Horror tambin. Los klippots se han lanzado a historias de amor siniestro ms all de cualquier filosofa plida del lmite, con pstulas de nombres latinums en el horizonte y es mejor olvidar que ha sucedi do, porque ella no puede haberse transformado en otra psicpata, devoradora de gatos o mas oquista, es mejor esconderse y no pensar en abismos, todo ha sido una pesadilla, una alucin acin, delirio, nada real, pero a cada paso los msculos se quejan y ellos pueden acercarse a la presa a duras penas. Lilith siente fro con el pulver mojado, Leo sigue hablando y ella de pronto descubre que su amigo est llorando. “Yo pens que estbamos haciendo al go bello”, gime, “algo que vala la pena seguir y ahora me destruyeron toda la ilusin” Lilith le aprieta el brazo y se siente culpable. Llegan al borde del lago y el muchacho se mete con toda la ropa dentro del agua. “T crees que se seque rpido?”, y ella se encoge de hombros. Leonardo sigue susurrando. “Esa puta por poco te mata.” Lilith sonre c on esfuerzo y niega con la cabeza. “Cmo?, quin?” “La Amy.” “Ella no est loca para eso”, contesta. Descubre que sus pantalones estn ms o menos limpios y decide no meterse, de todas formas ha lavado el pulver as que se llena la boca de agua y trata de quitarse el sabor, luego se echa bastante en el rostro y la cabeza. “Sucia, coo, estoy supers ucia, en todos los sentidos, que mal me siento. Y ahora como llego a la casa?. Mi mam me va a matar.” “No te preocupes”, dice l para tranquilizarla, “en mi casa te pr esto una camisa”. Ella no contesta y sigue restregndose la cara y los brazos. “Tres vi olaciones en un mes, estoy mejorando.” Ya comienza a amanecer. Lilith por fin se decide a preguntar: “Qu pas?” “Primero Aquiel. l solo te bes y des pus vino la Amy.” “Y que ms?” Leonardo desva la conversacin cobardemente. “Nos quedamos aqu hasta secarnos o nos vamos ahora mismo?” “No me embarajes, chico. Qu pas despus?” “No, despus vino la Amy y empez a toque tearte por todos lados y a morderte. Pareca que te estaba besando, pero empezaste a gritar y a toser y entonces me di cuenta de que quera asfixiarte. Los dems estaba n en sus cosas y no se daban cuenta. Por supuesto, le empec a dar golpes para quitrtela de arriba, si no te mata.” “Y despus?” “Entonces vino Aquiel otra vez y se empezaron a fajar por ti.”

PAGE 97

97 97“Y?”, Lilith no puede evitar cierto goce mo rboso con la revelacin, al mismo tiempo horrorizada en lo que se refiere a Aquiel “No, despus medio que se unieron varias pa rejas y entre Aquiel y yo te sacamos de all. Yo me qued cuidndote y l regres con Amy. Creo que los dos, Rapha y l se la templaron al mismo tiempo. Parece que le gustaba.” “La muy cabrona.. ¡La voy a reventar!” “Bueno, Lilith, ya lo sabes todo. Nos vamos o no?” Por lo visto Leonardo no le contar nada ms. Ella imagina los murmullos de la gente al verlos empapados en la guagua y la r eaccin de su madre y decide que mejor se quedan un rato. Tambin teme que las poten cias hayan cogido a algunos al regreso y todava estn vigilando. No siente mucho temor en realidad porque es muy poco probable. “Vamos al monumento de Santa Ague da, ah no va nadie a esta hora y a eso de las nueve nos largamos.” “Est bien.” Leona rdo se viste de nuevo. “Algunos te estaban llamando. Reconoc la voz de Margarita y el Rapha, pero yo no quera verlos, no pienso hablarles ms. Hice bien?” y Lilith asient e con un gesto. “Dale, vmonos. Cruzan por debajo del puente y se dirigen hacia la zona de la Casa del Sake y la Pea Poemaria. Un trabajador los mira con cara de asombro, pero ellos no le prestan atencin y continan su camino. Aquiel aparece entre volutas de humo imagin ario, pero ella rechaza la visin, mejor no pensar en l o seguir creyendo que la espera en la esquina que an no ha visitado. Ahora s que hace fro con la ropa hmeda y los pies encharcados de roco. “Sabes?”, le dice Leo, “me conviene que me acompaes hasta la cas a, mami va a pensar que estuve toda la noche contigo.” El se pone a hacer equilib rio en un muro como un saltimbanqui. “Y eso es bueno?”, le pregunta Lilith. “Pues claro.” E lla no desea que se lo explique as que no dice nada y contina caminando. Al cabo de unos minutos llegan al pie del monumento. “Qu flores son esas?” y l contesta que son orqudeas de chocolate, “parece mentira que no lo sepas.” Lilith desea arrancar una y comrsela, pero Leonardo la ataja a tiempo y le pide que no lo haga porque a lo mejo r hasta ponen multas. “Adems”, prosigue, “yo admiro mucho a la mrtir esa.” Le explica que esa mujer haba sido torturada hasta la muerte, le haban arrancado los pezones c on unas tenazas y que l tena una reproduccin donde estaba ella con un blusn negro y un pl atillo en las manos donde parecan haber

PAGE 98

98 98dulces, pero en realidad eran las puntas de sus senos. “Horrible”, dice ella y Leonardo la agarra del brazo para alejarla del jard n. “Hay un lugar descampado por all atrs, rodeado de rboles; vamos a poner a secar la ropa all.” “Ok.” El dolor de cabeza ha disminuido un poco y ahora siente un hambre atro z. De todas formas le agrada mucho ese lugar, en medio de un bosquecillo de pinos, si n ruidos ni voces de personas, se siente muy cmoda tambin por estar con Leo, o sea, estar con un brujo sin temer que le hiciera alguna proposicin o se excitara por verle los pechos, aunque fuera homo, en realidad importaba tanto? Leonardo le pregunta por lo sucedido el da del concierto y ella le relata a grandes rasgos toda la historia, la droga extraa, el beso, el delirio esa gelatina blanca de sensaciones -, la despedida satnica, la desa paricin posterior, luego ella aventura la manida frase de “Todos son iguales”. Lo cier to es que recordando aquello, lo de esta noche parece una pelcula morbo y se ha depr imido bastante, pero el muchacho le pide por favor que no generalice ni se tenga ta nta lstima porque de esa manera lo ms probable es que nunca logre nada. “Lograr qu?”, se pregunta ella, pero est tan Deep que ni siquiera se enoja. “Ya ni s si quiero estar con ese lagarto.” “Cmo?, un lagarto?” Leonardo empieza a rerse de una manera tan cmica que al rato Lilith se pone de buen humor. Entonces l le confiesa que le sucede algo parecido a lo de ella con Aquiel: est enamorado de un tal Jorge, pero este no es homosexual, as que todo se reduce a una especie de amor platnico. Conversan un rato ms de diferentes temas, confrontando profanaciones y l entre otras cosas le dice que le gusta pintar, “Nada esp ecial, cosas relacionadas con el rock, ya lo vers”, y luego lanza un bostezo largusimo. E lla le aconseja dormir, ya lo despertar despus. A los pocos minutos el muchacho est encogido de fro y con los ojos cerrados. Entonces Lilith lo observa y siente una gran compasin por su fragilidad y recuerda como se conocieron… Cuando Lilith lleg al grupo l ya participaba de las reuniones, al parecer se le haba pegado al Zepar, pero lo consideraban una es pecie de mascota. Era el ms nio de todos, unos catorce o quince aos cuando ms, pero pareca tener menos edad an porque era muy delgadito y con una cara como de sp timo grado. Ella se sorprendi mucho cuando

PAGE 99

99 99Margarita le confi que Leonardo era gay, que en su casa se haba armado una guerra mundial el da que lo sorprendieron con otro muchacho mayor. Despus haba estado internado unos meses en una clnica psiquitri ca, obligado por sus padres, pero como era de esperar, aquello no dio resultado y Leo sigui igual que antes. En aquel momento Lilith no crey la histor ia, pens que todo era un chisme de barrio, pero luego, en un juego de la verdad que hicieron en casa del Zepar, le preguntaron sobre ese tema y Leonardo cont casi exactamente detalles ms, detalles menos lo que le haba relatado la Maggy, agregando de paso un in tento de suicidio que a ella le eriz todos los pelos de la nuca. Un divorcio de sus padres a raz de lo sucedido y descripciones pintorescas o lgubres acerca de su estancia en el hospital. “Del carajo”, piensa ahora, “catorce aos y un intento de suicidio.” Desde la posicin en que ahora se encuentra, Lilith puede verle la cicatriz vertical en sus muecas y trata de ponerse en su lugar, pero no tiene xito. Por lo dems nadie saba gran cosa de l aparte de esto. Leonardo ex ista en el grupo, anacrona entre iguales, pero nada ms. Su opinin era la de un nio en una discusin de mayores. El muchacho era alguien con quien conversar de msica o con quien bailar, pero al final todos los cerebros se ausentaban a una mnima comprensin de su psicologa. Al inicio lo embarcaron dos o tres veces y lo molestaban bastante para que se fuera del grupo, pero l siempre volva a buscarlos en el Yama o en el Patio de la Virg en hasta que se habitu aron a l, al fin y al cabo tena buenos sentimientos y no se meta con nadie. Lilith imagina que pasado un tiempo los br ujos hasta llegaron a cogerle afecto verdugos rechazando destruir una cerradura in servible claro, a veces suceda lo contrario: Brizo, Zepar y Raphael por un lado; tres vaginas posibles por el otro. Leonardo importunando el cuadre, por lo tanto, el muchach ito sobra. Detalles as. De vez en cuando una extraita pasaba por el grupo e intentaba seducirlo y los klippots se ponan a vacilar aquello hasta que el muchacho la rechazaba y le explicaba su situacin. Extraita con la boca abierta y los brujos desternillados de risa ya tenan tema para hacer bromas durante una semana. Algo curioso. Despus de aquella relacin del escndalo no se le haba conocido ninguna otra. Si las tena nadie se enteraba nunca, es por eso que Lilith est todava

PAGE 100

100 100sorprendida, vindolo dormir como un feto, a fin de cuentas le haba confesado lo del tal Jorge, y eso no era una prueba clara de su confianza? Ya la ropa est medio seca, el sol ha come nzado a calentar y el dolor de cabeza casi ha desaparecido. Ella se siente cansada, ms que cansada, se siente agotada, enferma. Le duele todo el cuerpo, justamente como si esa maana fuese a morir. No hay leyes en el cerebro, solo inercia, los sucesos de la noche la han dejado con una especie de resquemor sordo, una mezcla de tristeza con rabia, con vaco, una onda extraa de preguntarse “Y ahora qu?, cmo voy a seguir?, para qu?” Repitiendo la escena. Donde no hay comprens in no hay cambio, es un lugar de donde nadie se marcha, pregunta infinita. Para es capar hara falta un grito destructor de demonios y no este llanto eterno de amante flagelada. “¡Basta! No importa que haya cambiado mi nombre, me sigo comportando como Daybel.” Lilith decide despertar a Leonardo y largarse de all de una buena vez. “Oye, despirtate. Nos vamos.” “Ya?”, y l que se orienta, lentamente r ecuerda lo sucedido el ltimo sabbat que no tuvo mucho de aire o agua limpios -, igua l que Lilith hace unas horas y se estremece, luego se arregla un poco la ropa y se marchan. “¡Qu sucios estamos!”, le dice, “por lo menos ya no tengo tanto fro. Dorm mucho? ” y ella niega en silencio. Descubre una mancha de fango en su camisa venganza de la noche triste y le pasa un brazo por la cintura para que no se le note tanto. Al rato estn en la parada. Realidad concreta. Un viaje largusimo, sofocante. Despus de llegar a su casa decisin de ltimo momento Lilith se siente mucho mejor. Sus padres no estn as que no tiene que construir estpidas desinformaciones, al menos hasta su regreso. Le presta un pulver a Leonardo y lo acompaa hasta su edificio, por suerte no es tan lejos como el parque Husserl. La madre lo recibe con una pregunta en lo s ojos y l le dice que se ha quedado a dormir en casa de Lilith. Por supuesto, la mujer lo regaa por no haber telefoneado, pero respira aliviada, tal como Leo haba predicho y hasta comienza a tratar a la nueva amiga de su hijo con deferencia, como si fuera una stranger o la salvadora de su hijo prdigo. En pocos minutos les prepara una merienda leche con t, pan con mayonesa y luego Leonardo le pregunta a Lilith si desea ver sus cu adros. Ella acepta encantada y l la invita a su sanctuario. Nada ms entrar se queda m uda por la sorpresa. El cuarto est lleno de

PAGE 101

101 101lienzos pintados por el pr opio Leonardo y ¡recontra!, son fantsticos, realmente no esperaba que el muchacho fuera tan bueno. Encima de la cama hay uno montado, medio cubista, que es como si unos rockers est uvieran cabeceando con una alegra desarmada, pero no estticos como una foto, sino como si se movieran, una onda cintica. Ese es el que ms le gusta. En otro hay un rbol seco, plateado, una luna, todo el fondo azul elctrico y siluetas de hombres desnudos volando. Un texto en la parte inferior: “Y me lanzo a traer la alegra por aqu con todos”. El ms raro es una especie de autorretrato de Leo, pero con la cara deformada y los ojos aterrados. El le explica y lo echa a perder que haba intentado apresar el momento en que las potencias lo golpearon en un aquelarre. “Del carajo”, piensa Lilith, “tremendo pintor y nadie saba nada.” Entonces lo mira y l sonre un poco tmido. “Te gustan? ” “¡Coo, claro!”, le contesta ella y le revuelve el pelo, “eres un brbaro, sabes?” “Yo estudi en la Elemental pero me fui en el ltimo ao, por aquello que te cont.” “Ah…” y Lilith entonces siente que lo admira por primera vez. Es curioso. Se pasa todos los das superdeprimida por cualquier motivo y de pronto, cuando ve algo as, echo con los pulmones, respira ms limpio, se siente curada, hasta feliz, esa es la nica parte que le gusta de la gente: que puede crear, h acer cosas, olvidarse de su ombligo por unos momentos,“Mira pa eso compay, un flacuc ho que todo el mundo trajina en el grupo y resulta un genio con los pinceles.” Es como si de pronto lo conociera por dentro, como si se desnudara y lo descubriera muy bello, mejo r que muchos slo por el echo de crear y claro, no puede explicarle nada de esto, slo sentirlo, aunque le gustara que l fuera telpata y no hubiera ninguna necesidad de decirlo. Lilith sigue descubriendo maravillas. Aquel se llama “Slo un rquiem al silln” y es un viejito todo arrugas, fumndose un tabaco y con el pecho lleno de medallas. En una esquina del cuarto hay una especie de hue vo o de glbulo gigante echo con pedazos de nylon y alambres amarrados, y la caja de un bajo o una guitarra elctrica, repleta de collares, velas, fotos y huesos como si fuer a un altar religioso o algo as. “Es para una accin plstica que estoy preparando”, le c onfa a la muchacha sin ella haberle preguntado, “otro da te voy a explicar mejor de qu se trata.” Lilith asiente en silencio y se acuesta en la cama. Leo susurra: “Ahora mi mam va a pensar que somos novios. No te molesta?” Ella hace un mohn despectivo; en realidad siempre le ha importado un

PAGE 102

102 102rbano lo que piense cualquier padre acerca de ella. “Tienes una aspirina? Me est empezando a doler otra vez la cabeza.” l le pi de que espere y sale del cuarto a buscar un vaso de agua. La muchacha vuelve a mirar las paredes. Le gusta mucho, le encanta porque la habitacin es Leonardo, muy personal, se ve que all vive alguien, no como el de ella donde no se puede pegar un afiche, ni un dibujo siquiera. “Labios de gato rojo” sigue leyendo: “Serenata a todo lo que no ocurre y se muestra” Los ttulos de los lienzos son tan geniales como las mismas pinturas. Leonardo regresa y le alcanza el vaso, luego se pone a buscar en la gaveta del armario y saca un bulto de fotografas. “Mira”, le di ce, “estos son los personajes de mi novela”. En un primer momento ella no entiende. “Cul novela?” “De mi vida, quiero decir.” “Ah…” La primera instantnea muestra un hombr e mayor, con bigotes y musculoso, con cara de ser el acabador del mundo. “Ese es mi padr e, antes de irse.” “Definitivo?” “S.” “A cul pas?” “Alucinorte.” “Te escribe?” “Ms o menos. No me puede perdonar aquello” un rechazo del odio en el gesto -. “Parece que le va bien.” La segunda cartulina deja ver un muchacho de unos dieciocho aos, pelado muy bajito, pero atractivo. “Y este?” “Jos Antonio. Fu e con l, lo que t sabes. Una lstima. Despus del escndalo no lo vi ms.” Ella pr efiere no hacer comentarios. Se siente un poco extraa. Ella en ese lugar, hablando con un joven sobre sus relaciones con otro hombre. Del diablo, pero hasta resulta admirable que Leo sea tan valiente. La tercera foto es del famoso Jorge. Nada de particular. Bonito y sabroso, como dice el mambo, pero nada ms. Tampoco una belleza. A Lilith le parece haberlo visto antes en algn lugar. Leo se queda un rato mirando las imgenes y luego las guarda de nuevo en el armario. Quedan un rato en silencio y l aprovecha para poner msica a bajo volumen. Sonido atmosfrico. Despus de la primer a cancin ella le pregunta si ha tenido relaciones con alguna mujer. “Con una mujer?” “S, claro.” “No. y t?” Ella decide ser sincera hasta las ltimas consecuencias. “S, una vez, hace tiempo, pero ya no” “Por qu?” “Coo, porque no, a m no me gustan las mujeres.” “Es lo mismo que me pasa a m.” “S, pero no es igual” “Por qu?” “No s, porque lo natural…” Leonardo sonre levemente. “Lo natural es todo aquello que ocurre en la naturaleza.” “Bueno s, es verdad, pero…” “Lo que no te gusta es el homosexualismo en general, o entre mujeres

PAGE 103

103 103nada ms?” “Entre mujeres nada ms.” “Aceptas el amor entre hombres?” “ S.” “Y no es lo mismo?” “No.” “Por qu?” “No s, pero no es lo mismo. Entre mujeres me da un asco del diablo pero entre hombres no.” Tneles de comunicacin. Lilith y Leonar do conocindose a fondo como vomitadores culpables. “Te fue muy desagradable aquella v ez?” Ella demora en contestar. Se lo dice o no? La luz los trae a olvidar la lluvia ne gra de la noche anterior. “Bueno, Leo, voy a confiar en ti.” “Te prometo que no se lo voy a contar a nadie.” Ella enciende un cigarro. “La mujer con la que estuve t la conoces.” “S?”, l la mira extraado. “Quin es?” “Amy, por eso me odia.” “Co, ahora entiendo…” “No entiendes nada. ramos muy nias y yo me dej llevar, pero luego me dio asco y la rechac. Ella nunca me lo perdon.” Leonardo queda callado durante unos minutos, aquilatando la informacin. Luego le pide el cigarro a su amiga y le explica: “Escucha Lilith: la heterosexualidad acrrima no es natural, por eso tantas represiones, tanta inhibicin. Si te pones a analizar lo natural sera la bisexualidad, o el sadomasoquismo, qu s yo. No hay ser ms s dico que un nio, ni ms ambiguo tampoco, sexualmente hablando. Es la cultura y las prohi biciones lo que te hacen ser heterosexual. Sabes por qu te digo esto? Porque para m lo peor son esas tipas maternales como Margarita Pajot que tienen el cerebro entre las piernas, y te enamoran pese a saber cmo sientes, va y a lo mejor tienen el gra ndsimo honor de convertir a un maricn en mujeriego.” Ella no sabe que responder a esto y Leonar do la coge por los hombros: “Lilith, no me defraudes”, esta es la parada, “Yo quiero ser tu amigo, tu hermano si lo deseas, pero nada ms. Entindeme, no puedo.” Hay un silencio donde ella quiere ponerle el co razn bajo la otra quietud: la amistad con que vigilar la fantasa desde un luga r comn a los dos, y que nadie se vuelva acompaante posedo. “No te preocupes”, le dice Lilith y trata de tranquilizarlo con un gesto, “yo s ser una buena amiga. Ya lo ver s”, y sonren. “Chcala”, le responde l y se dan un apretn de manos.

PAGE 104

104 104FRAGMENTOS DE LA BIBLIA NEGRA DE AAM"N: 35. Y Luzbel encontrose a Lilith en Uttarakuru, y pidiole ser su marido, para criar hombres-pjaros, que lo ayudaran a libertar a la Grand Ma en el cielo, y Lilith contestle “No ves? Soy serpiente; Iahv castig mi cuerpo; no puedo daros hijos con alas” 36. Y Luzbel djole a Lilith: “Hablar con todos los insectos y aves, y ellos nos ayudarn a criar hombres-pjaros para rescatar a la Grand Ma y liberar a los Diosas Triples.” 37. Y los pjaros e insectos negronle toda ayuda a Luzbel, y dijronle que Iahv era su seor y a l obedecan, y Luzbel busc en los lmites del mundo, y ningn animal volador prestle ayuda, ni ave, ni insecto, hasta que se adentr en las cavernas y escuch la voz. 38. Y vio Luzbel que le hablaba el murcilago. “S a lo que vienes”, djole este y con gran gozo posse en su hombro. “Yo te ayudar en todo lo que pidas”, y Luzbel sinti gran alegra en su corazn y regres con l al lado de Lilith. 39. Y copularon los tres con gran alborozo y de su unin primero nacieron dos, Raphael y Lucifer, y despus los otros: Belzebuth, Astaroth, Lucifugo, Agliareth y Fleuretti, y Sargatanas y Nebiros, por ltimo. 40. Y preparronse con gran secreto para rescatar a la Grand Ma y liberar a las Diosas Triples, pero Raphael senta gran inquietud en su corazn. 41. Y Raphael fue a hablarle a Iahv y djole: “Has de saber que mi padre, mi madre y mis hermanos planean destronaros del cielo”, y tambin contle todos los planes de su padre Luzbel. 42. Y Iahv tranformle a Raphael en hombre-pjaro y con sus criaturas preparse para sorprender a su hermano Luzbel y sus hijos-murcilagos. 43. Y despus de una larga guerra en los cielos, Luzbel y sus hijos fueron derrotados y Iahv orden que su hermano fuera castrado para que multiplicar rebeldes no pudiera jams, y encadenle al fuego del centro de la Tierra. 44. Y llamle a ese lugar Infierno y decidi enviar all a todos los hombres y hombrespjaros y mujeres que no le sirvieran y obedecieran en todo, y junto a Luzbel encaden a todos sus hijos. 45. Y a Lilith no importle que Luzbel no pudiera concebir ms hijos y fue su hembra para siempre, y jur ante la Grand Ma amarlo an sin simiente, por toda la eternidad.

PAGE 105

105 105 SEGUNDA PARTE: LA VOLUNTAD DE UN CAMBIO “Sometimes Sometimes everything Is wrong Now it's time You seek the wrong” Everybody hurts R.E.M.

PAGE 106

106 106KHAP Despus de ese da Leonardo y Lilith comienzan a salir juntos. Entre la vigilia y el canto a la nueva amistad no quedan ventanas pr opicias para las sombras. Abril. Despus de las clases van un par de veces al cine y en otra ocasin a la costa. Lilith acomplejada, como siempre. Todo el mundo bronceado por el sol y ella dndole publicidad gratis al yogur. Su amigo tambin es muy plido pero es a diferencia no parece afectarlo en lo ms mnimo. Ellos, sin ponerse de acuerdo, han d ecidido hablar sobre cualquier tema que no sea referido a los brujos. “Lezama no tena r azn, los perros…”, han decidido romper con todos desde aquel horrible sabbat, para no o r ascender desde los stanos del cerebro el aullido en voz de Aquiel, desde el mismo borde del mundo negro. Por lo visto el Lado Oscuro tantas veces preconizado por el shamn de los klippots es un retablo casi cuadrado que slo sirve para esconder a cad a culpable, todo es funcional de algn modo, hasta el ttere. Aqu nunca estuvo la deconstr uccin del cada cual a solas consigo, slo tocar la superficie, como huevos de culebra que se abren sobre las otras serpientes reales del ser, todo es ser. Principio de la perv ersin. En eso estn, comiendo un turrn de man que compraron en la cafetera del Crculo Social, cuando l saca una agenda y empieza a escribir algo a toda velocidad. Luego le dice a Lilith que son unas ideas nuevas para la accin plstica de la que le haba hablado y le pide que lo ayude a montarla. Ella quiere una explicacin somera del asunto y Leonar do demora un poco en contestar, como reuniendo ideas. “Es algo sencillo, sabes? Na da del otro mundo”, y luego comienza: “Imagnate un escenario con luz verde o azul intenso, te haces la imagen? Bien, entonces a la izquierda del escenario, el huevo ese que viste en mi casa, pero forrado con nylon y dentro una forma humana con una luz nara nja pulsante.” Ella de pronto se siente como la mujer que ascendi a la luna: “P arece un cuadro. Dale, sigue.” Al ver su curiosidad el muchacho se va entusiasma ndo con la explicacin. “Bueno, pues esa seras t. En realidad no es un huevo, es como un tero materno o un octaedro de Holbach o lo que sea, pero no es un huevo, entiendes? Y t estaras adentro vestida con un maillot color carne” “Un maillot ?” “S, eso que usan los bailarines, es como un leotard (no pongas esa cara), el mallot tendra los msculos y venas pintados y una mscara, pero sin

PAGE 107

107 107rasgos, o sea, como si no tuvieras rostro.” Ella, de pronto, se despertenece: “Coo, dos alitas y sera la portada de los Nirvnicos Made in tero No me gusta mucho eso del maillot, acurdate que estoy reflaca” “Bueno, entonces desnuda.” “¡Qu va!, ¡Menos todava! Me quedo con el leotard, gracias .” “Eso no es todo. Tambin hay como un cordn umbilical que est conectado a tu cabeza y al huevo.” “Cul huevo? No habas dicho que era un tero?” “Eso mismo, vieja. Te cuadra?” “Hasta ahora s. Tiene una onda punk del carajo.” Esa sera una buena opcin, piensa ella. Un perfomance Algo para mantener la paz en el vientre, para borrar la imagen de un ti po grave en pose de profeta, clavado en su inscripcin de nacimiento. Y el problema es que en estos das lo mejor ser olvidar ciertas flores del cuerpo, presentar solo facetas minerales, ninguna mujer; los hombres no existen, no estn, tampoco la claridad pa ra adelantarle y guiar su camino, “cul camino?”, es mejor esta seguridad del todo, sin A quieles rascacielos, slo mirar y ser mirada, nada ms. “Bueno, sigo: todo empieza cuando rompes el ter o y sales al exterior; va a escucharse una msica electroacstica, entonces muerdes el cordn umbilical, lo desgarras y luego te quitas la mscara y el maillot.” “Y me que do encuera.” “No, porque debajo del maillot tienes una camiseta y un jean ripiado.” “A h…” “Entonces comienzas a reconocer el espacio y a relacionarte con los objetos tira dos en el suelo.” “Cules?” “No s, una mueca, un vestido, cassettes.” “Mejor una guitarra elctrica.” “Ok.” Y as, Leonardo le muestra todo lo que ha inventado y Lilith nota como le brillan los ojos, l ya est viendo la obra en algn escenario y a ella se le pega el entusiasmo y de vez en cuando tambin aporta ideas que su amigo va aceptando o r echaza de acuerdo a su esquema general y en eso estn como dos horas. “Despus de reconocer los objetos, se escuchan voces confusas de tus padres llamndote. Los padres son unos muecos de alambre y peridicos y van a estar fijos en el suelo. Hay una primera escena donde quiero da r tus ataduras con el Edipo y el nombre del padre.” “Qu coo es eso?” “Ataduras c on la familia.” “Ah, y cmo lo hago?” “Ya te dir despus. Son ataduras visibles primer o e invisibles despus, hasta que caes en un estado de desesperacin.”

PAGE 108

108 108Al llegar a este punto Lilith comienza a preoc uparse al pensar que a lo mejor no es tan buena actriz como cree su amigo y no podra hacerlo, pero este le plantea que eso slo puede saberse con la prctica y que adems l le dar un mnimo tcnico de actuacin. Luego viene la escena del preuniversitario. En la escuela hay un pupitre frente al pblico; se escuchan voces de profesores dando sus conferencias o regaando alumnos y Lilith se va amarrando pedazos de poliespuma en las piernas y brazos y comienza a moverse como un robot, sube la mano para levantarse y contes tar. La accin se repite hasta el cansancio, realmente sdico. Despus Leonardo explica el fragmento siguiente que es el que ms la atrapa de todos, porque se empieza a escuch ar a muy bajo volumen una pieza de rock duro, “Esa la buscas t”, mezclada a risas juve niles, “entonces te sientes atrada por la msica hasta que deseas liberarte y te de sprendes de las poliespumas, te pones unos collares y pulseras, coges la guitarra y comien zas a evadirte, no?, y a hacer el sexo con ella.” “Cmo?” “Por supuesto, de mentira, chica. T siempre imaginando cosas, de verdad que eres una aberrada.” “Ms ab errado sers t.” “Ah, no me pongas esa carita que t sabes que estoy jugando contigo. El clmax llega cuando rompes el pupitre de una patada y destrozas a tus padres con la guitarra .” “Eso me encanta.” “Ah se apagan las luces y termina el primer acto.” Leo guarda su agenda y le dice que sola mente ha llegado hasta ese punto, que tiene algunas ideas para el segundo acto, pero no hay nada escrito todava. Lilith le confiesa que le gusta mucho el perfomance porque se parece un poco a su vida real y que puede contar con ella. Coordinan, entonces, discutir lo que resta en casa del muchacho y, despus, cuando tengan toda la obra planificada comenzarn a ensayar en serio porque en la segunda parte tambin trabajar l como pe rsonaje. A Lilith le parece bien. Sacude la arena de los muslos y se van a nadar un ra to. Los hombros le arden como nunca y los tiene rojsimos, ahora piensa que cometi un error al coger tanto sol el primer da. Ya en el agua se pregunta si a fin de cuen tas la vida no ser esto, aceptar lo que venga y no pedir ms de lo que te llega, sin egosmos ni posesividades porque en lo real nada ni nadie te pertenece, no lo puedes apresar y, adems, toda retentiva es masoquista, mejor gritar: quin no le tiene deseo y temor a la vida?, porque el resto es anodino, es Aquiel siempre infeliz hablando de despedidas o c onceptos desconocidos, tratando de colmar su ocio con cardenales de drogadicto, con palabr as, con ritos para afianzar su realidad

PAGE 109

109 109diluida, y en el fondo, es la angustia de no poder estructurar la muerte, es miedo. Claro que Lilith entiende sin comprender, lo intuye pero no puede explicarlo en una cadena lgica de razonamientos, y tampoco hace falta. Ella sabe y basta. A la noche se llegan por Choquelia. Por suerte es martes y no hay nadie del grupo en el Yama. De todas formas, para evitar un encuentro desagradable se van al poco rato de all. Un atpico les dice que casi todos estn en el Patio de la Virgen mirando videos de rock. Ya de regreso los sorprende un aguacero y llegan empapados al apartamento de Leonardo. Quedan en verse al da siguiente pa ra escribir el otro acto. De todos modos tienen tiempo para brindar con un poco de t por la guitarra y los valientes. Lilith llega a su casa cerca de las once. Todava sus padres estn despiertos viendo televisin y le informan que alguien la llam por telfono. “U n tal…Rafa.” Ella les da las gracias y se acuesta a dormir, preocupada por la llamada. “Habr pasado algo?”, y teme que sea alguna noticia atroz sobre alguna defuncin su icida (segunda parte) o algo por el estilo. Toca madera y trata de no pensar ms en eso, maana practicar un poco de guitarra y ver si coge la cancin esa que… Lilith: “No haba terminado de desayunar y ya estaba impaciente. Resulta que hace tres das Anabrio, el guitarrista de los Provos, me pidi que le guardara su fender con un amplificador y el bafle de referencia por que en su casa estaban construyendo y yo acept encantada, dndole mil seguridades de proteccin y cuidado de los equipos y loca por or las cuerdas. As que a las nueve en punto de la maana ya estaba punteando a todo volumen y despertando a los vecinos de la cuadra Por suerte ya los osos se haban ido a trabajar. Me puse a sacar una especie de bl ues dedicado a mi padre que luego se fue transformando en un trash dursimo. Tocaba mis canciones y estaba como poseda, no?, tremendo power como para destruir las calles, temiendo a cada minuto la negrura de apagn, gritaba con la ctara y dilua el pas luego se me ocurri grabar las piezas en un cassette y llevrselas a Leonardo a ver qu opinaba. En eso estuve como tres horas, soando como siempre en hacer un grupo o comprarme un buen equipo apenas me cayeran del cielo quinientos greenes -, no s de dnde, un delirio adolescente, como tantos, despus me ba, almorc que asco, es to se est pareciendo a un diario puse los ttulos de las siete canciones en la tapa del cassette, lo met en la mochila junto con los

PAGE 110

110 110libros y me largu para la escuela. Cuando term inara las clases ira directamente a casa de Leo.” Apagn (segunda parte, o tercera?). Abre la puerta la madre de su amigo con cara preocupada y le dice que Leonardo est enferm o, en la cama. De repente a Lilith se le quita toda la alegra. Cuando entra en el cu arto y lo ve tapado con dos colchas y tiritando de fiebre no sabe qu hacer, hasta se le humedecen un poco los ojos. Entonces descubre el cario que le ha tomado, como si fuer a su hermano menor o algo as, empieza a acariciarle el pelo y hablarle bajito para que se sienta mejor y Leonardo le susurra afnico que es una gripe por el aguacero de ayer, que debe tener las defensas bajas. Cuando se encuentre mejor discutirn el segundo acto de la accin plstica pero ella le dice que no se preocupe, ya habr tiempo pa ra todo. “Ponme msica”, pide l y Lilith introduce su cassette en la grabadora. Ningn pjaro de vagabundo…ninguna flor de la bruja… “Qu es eso?”, pregunta Leo. “Son tuya s?” Lilith le contesta afirmativamente, orgullosa, y tambin que le regala las canciones. “Son tuyas, haz como si las hubiera compuesto para ti.” Slo dos lanzas de sal para venir de otro espacio…tres esferas de cido para caer de este lado…y despertar, horror, despertar…” “Gracias, Lilith. Eres muy buena. Me gustan mucho.” Ella lo acompaa toda la tarde y slo se marcha cuando la fiebre ha cesado del todo y el muchacho se duerme. La mam le dice que se quede a comer, pero ella deniega la invitacin pi ensa que en realidad, con los tiempos que corren, es un poco abusivo eso de comer en una casa ajena ms de dos veces la misma semana -. “Lilith, muchas gracias por todo”, se despide la madre. Ella le promete que regresar al da siguiente para saber como sigue Leonardo. Que t tambin puedes saciarte Sorpresa. Cuando llega a su casa se encuentra a Raphael que la est esperando en la sala. “Hola”, ella no puede evitar frialdad en su saludo. “Qu quieres?” Rapha se levanta, cuel ga la mochila en su hombro. “Te esperaba. Quiero hablar contigo.” l mira a los padres de Lilith y susurra “a solas”. La muchacha de mala gana lo invita a pasar a su sanctuar io y cierra la puerta. “Qu quieres?”, repite. l se sienta en la cama y enciende un ciga rro. Est nervioso. “Vengo por dos cosas: la primera es para pedirte perdn por lo de la otra noche. Estaba comiendo mierda; por poco te matan y no fui a ayudarte. No sab a lo que estaba haciendo, creo que mezcl demasiadas cosas.”

PAGE 111

111 111Lilith no sabe qu contestar. Le parece que lo del parque Husserl sucedi hace mucho tiempo. “Olvdalo. Otras personas me hici eron ms dao.” “S, bueno…imagino que ya no se puede arreglar nada.” Esas son sus pala bras. Ella traga en seco, no contesta y l sigue fumando, su rostro inclinado hacia el su elo. “Lo que deseaba decirte es que sobrio nunca lo habra permitido. Pienso que eres una magnfica muchacha y no quera irme sin decrtelo. Por eso vine.” “Te vas? A dnde?” “T sabes. A Alucinorte. Esta vez s me voy. Consegu un bote y compr una pistola. Me largo de aqu. No has odo las noticias?” “Claro que s”, piensa ella. Aunque lo intentaran con todas sus fuerzas era imposible mantenerse totalmente aislados, siempre la realidad exterior los volva a infectar de alguna manera, enredndolos con su s flujos, ya fuera por los fragmentos de conversaciones escuchadas de paso en las para das u otros lugares pblicos, por el radio a todo volumen en una casa aledaa o por los mi smos debates parentales de sobremesa. Raphael sigue su explicacin innecesaria: “Abrie ron otra vez, un montn de gente se est yendo al descaro, delante de todo el mundo y yo tengo que aprovechar ahora, antes de que cierren otra vez.” Ella de pronto se siente triste. Piensa que pudo ser la primera en irse, cuando se lo propuso Nacho mexicano gordo, uno ms de tant os -, y a punto estuvo de aceptar. En aquella poca pareca que la hipercrisis no terminara jams, todos desconocan si acabara de escampar alguna vez, suavemente sin ros de sangre, y cada nuevo suceso indicaba que no, de ah la incertidumbre, pero por suerte pudo rectificar a tiempo. “Quera regalarte mis cassettes”, dice Raphael y su discurso se vuelve testamento, canciones por herencia. “Slo me llevo aquel que grabamos entre todos”, y entonces Lilith redescubre al viejo Irving, parecido a a quel del principio, cuando cantaban juntos aquellas primeras piezas, las que componan los valientes sobre los que se canta todo y ella piensa que Rapha debera haber naci do muy atrs en el tiempo, cuando los bardos celtas, o muchos aos despus, en alguna poca o lugar donde un pedazo de pan no pesara ms que un pulsar de guitarras, que un gritar a do, desnudos sobre las sbanas, la msica saliendo de ti hacia los gemidos leja nos. “Cundo?” “Esta misma noche.” Se abrazan. Ella hunde su rostro en el hombro de su amigo y reprime las ganas de llorar. “Te lo perdono todo, de verdad. Cudate Irving.” “S . No te preocupes Lilith. Yo llego, te lo prometo.” Se miran un rato en silencio, luego l la besa rpido y torpe en los labios, le

PAGE 112

112 112dice “desame suerte”, y se marcha. La ltima visin es su espalda fuerte atravesando el umbral de la puerta. Ella adivina que este es el principio del fi n de los klippots. “Y ahora quin se har cargo? El Zepar? A quiel? Y por qu necesariamente tiene que haber un leader ? Pero bueno, a ti que te importa? Ya no saliste del grupo? Entonces?”

PAGE 113

113 113 FRAGMENTOS DEL CUADERNO DE APUNTES DE LEONARDO “ Items sentencia inicial: Se encienden las luces y comienza la segunda parte del perfomance : Lilith en movimientos de pantera fe liz, recorriendo los lmites de una calle muy estrecha, vaca de amantes. Divorcio umbilical; los padres existen, pero su constatacin rpido paneo de ojos a las dos figuras grotescas se sustituye por un transitar sobre aceras que a partir de ese mo mento van a responder a toda incertidumbre y preguntarn por esos que estn c onscientes los unos de los otros, subjetos que escuchan y responden por todos, y preguntan por aque llos que recuerdan los sentidos de un despertar en el final de Hypnos, sustancia-dr oga. Ella tiene conciencia de la maquinaria paterna, pero obvia todo contacto: no les habl a, no logra encadenar sus (in)significantes, slo queda la claridad, la chupada de humo cido para cierto regurgitar de mares calmos. Aqu dudo sobre la conveniencia de actores en lugar de maniques como no me represento el rechazo de llegar a casa, con odi o, con hipocresa -, pero al fin retomo la idea original. Luego, como si estuviera exhaus ta, Lilith se lanza a escribir ese rechazo de viajar y re con los trazos. Ese es el momento cuando entro yo, vestido de gris, y me lanzo a un juego de seduccin ambigua, intentando llamar su atencin.” “Lilith se deja llevar, detiene la escritura y me besa, luego yo, entre sensual y generoso la tomo de la mano y guo su caligrafa y ella me sigue alegremente. La idea se levanta sobre dos montaas esenciales para cualquier anlisis: pulsiones Eros y Thanatos, claro -, la base de toda serenata a lo que queda y se clava o se muestra para borrar de alguna manera los versos inmundos de la calle. El personaje andrgino se duerme y ella revisa los pliegos, comprende su futilidad y los romp e en fragmentos minsculos; despus se aleja hacia el final del escenario y co mienza a escribir verbos al estilo de reversibilizar. Aqu surge cierta conflagracin de principios porque yo rechazo esas palabras ya dessubstancializadas por tanto metadiscurso, pe ro Lilith no est de acuerdo, as que este elemento queda para renacer ms tarde y yo le prometo a ella que encontrar otras del gusto de ambos. Hacemos un breve intento de imaginarlas con muy poco xito, el item no se deja levantar (y yo estoy consciente de que un tnel no es un tnel en tanto no sirva

PAGE 114

114 114para la fuga o el contacto), as que llego a la conclusin de que es mejor continuar frente a la opcin improductiva del circuito cerrado.” “Mi personaje (actante masculino?) despie rta y no comparte lo escrito sobre la pizarra. Retorna a seducirla y ella, tal vez ngel, responde otra vez a quien desea refundir eslabones, sentimiento ordinario, y se ve obligada a escribir la frase Soy feliz, soy feliz como castigo escolar hasta llegar al suelo. Al pr incipio la dirijo, pero despus sigue sola, por inercia (T eres la otra que atrae la si ma increble, la lluvia que hiela, pero no entristece), y entonces ro despectivo al verla arrodillada a mis pies y luego arrastrarse hasta sus padres. Ella primero trata de reconstruirlos lo mejor posible, luego se pone una sotana, se quita los pantalones destrozados y se amarra de nuevo a los muecos, como al inicio. (Ya no hay parques ni cavernas, solo desierto, llanura infinita salpicada por algunas dunas, pero nada ms.) Lilith se sienta y escribe otra vez, ninguna expresin en el rostro. Original y tres copias. Soy feliz, soy feliz les pone un cuo y los deja caer al pblico. Ya. Fin.” Segn Leonardo ah termina la secuencia “Superdeprimente”, piensa ella. La conclusin del perfomance indica la existencia de ciertos lugares siniestros que se pegan al esqueleto limpio de dudas, creyendo que slo as se hila el final en una cama dispuesta en Troya o Bak, para vivir desde fuera una muerte lnguida, rcord de longevidad. “Qu te parece?”, pregunta el muchacho y L ilith expresa su disgusto: “No me gusta que se acabe as. Dan tremendos deseos de suicidarse”. El nio saca de repente su segunda edad: “Claro, eso es lo que quera dar.” “Y para qu?” “No s…es una crtica a la sociedad, no?” A ella le gustara que no sobrepasaran la hora, pero entiende que esos smbolos los que se han obligado a escribir no traen clarid ad, no traen luz ni ngel, slo aire que se va, fuego muerto. “Yo tengo otra idea.” “Ah, s? Dmela.” Lilith le explica que a lo mejor el problema est en el software no hay recursos, cierto, pero hay que dejarse nacer, si no te dejas, no naces (de quin ser la frase?, de dnde sali?) “Es que las cosas no son as Leo. Has puesto un slo huevo y en realidad son muchos.” “S, es verdad.” “Fjate: cuando lo ltimo est sucediendo, por qu no empiezan a salir otros

PAGE 115

115 115hombres de sus teros, se quitan el cordn, la piel y empiezan a escribir o a bailar o a tocar msica?” “No s. T armaras otros huevos?” “Eso es lo de menos.” Lilith se lee y se descubre distinta. Alguien la devora, s, pero no quiere creer en ese quien del espejo, esos ojos de fuego que abrasa n la claridad. Piensa que a partir de ahora, cuando suee, ya no ser la ciudad, los terneros desbrozando la resignacin de las realidades, proyectadamente policiales, la imagen comn de alguien viajando a solas, pacfica, sola frente a las puertas cerradas, ahora es distinto. “Me gusta, Lilith. Entonces yo, el andrgi no, intentara seducirlos tambin. Algunos me rechazaran, otros no, pero como quiero abarcarlos a todos y me es imposible, los ya manipulados descubren la falsedad y me rechazan de nuevo.” “Bien, muy bien, sigue.” “Y entonces me voy volviendo como un reptil, no?, como si me estuviera destruyendo poco a poco. Me pongo la mscara sin ras gos y me voy quedando inmvil…” “¡Y entonces los otros comienzan a lanzar los papeles y yo, asombrada, los observo y despus me uno a ellos! ¡FIN!” “Exacto, Lilith. Un poc o utpico, pero s, ese sera el fin. Te felicito.” S, es distinto. Ya no est sola. Ahora hilvana familiares abrazos perdidos y le parece que fueran espritus entregados a un nacimien to de ideas, Leo y ella comprando milagros ningn canto sangriento, ningn secreto, todo por la claridad -. Lilith en un arranque emocional abraza a su amigo y lo besa con jbilo. “Ahora s, mortal.” “Te gusta?” “S, ahora s.” “Djame escribirlo.” Lilith: “Por supuesto, despus de todo lo que pas me doy cuenta de que el perfomance aquel no era nada del otro mundo, no?, pero esa noche, cuando Leo puso otra vez la palabra FIN y nos miramos, pens que habam os hecho algo grandioso y me imagin a un milln de gente en el pblico gritando y ap laudindonos y nosotros saludando alegres. ‘Vamos a celebrarlo’, me dijo l y sali del cuarto. Yo puse un cassette y me fij bien en la armazn de alambre del huevo para saber como hara los otros. Del diablo, no era fcil. Leo entr con dos copas donde tintineaban cubito s de hielo. ‘Es vino de pia’, explic y me alcanz el ms lleno. ‘Por nosotros’, y br indamos con un golpe fuerte. ‘De aqu para el Oscar’, dije y sub la grabadora a todo volumen.”

PAGE 116

116 116

PAGE 117

117 117

PAGE 118

118 118LAMH Lilith siente el fro que corre por sus vena s y se estremece. Jams volver a hablar del amor, ese concepto que se tuerce y tirita en espiral, ese animal sordomudo lleno de alfileres causando dolor en todos los puntos del cuerpo. Ahora odia a aquella nia flacucha que se muerde la lengua en el patio de la escuela, se estira, persigue salamandras alrededor de los troncos de rboles, su nico de seo es cruzarse con ella en ese instante del espacio y el tiempo, abofetearla al borde de la escalera, abrirle los ojos, ahorrarle la mitad del camino a la mente violada a destiem po y marchitndose en caminar desenfrenado bajo un hervidero de sopas alucingenas. Camb iar su mirada, alejarla de todo libro, de toda caricia precoz, evitar, esquivar los futuro s estallidos del deseo inconsciente, raptarla, hacerla crecer lejos del olor a ciudad de hombres sudorosos slo el de la lluvia en el bosque, slo el saludo de los gorriones y cual quier otra especie no hipcrita -, y sobre todo: renunciar a la totalidad de su yo. Empezar otra vez, de cero. Desdichados los que se resignan porque de ellos nunca ser el rei no de este mundo, ni de ningn otro. Renunciar al miedo y empezar desde la nia de fmur alargado. Hacer otra cancin. Llegar al patio y sentarse a su lado y saludarla y preguntarle su nombre. Encontrar la otra puerta. Desde el principio. Lilith al regreso del preuniversitario y su cam inar lento, relajado. Sabe que el precio de la paz es vivir sin lujos y no le aterra co mo a otros las miradas crticas a su atuendo desgastado, todo lo contrario: le aterrorizan las mujeres como vitrales, como la Fnix, mujeres que vuelven al principio de ofrecer su cuerpo objeto en papeles de celofn y pintura fosforescente. Los hombres son peores y nunca quedan conformes, pegan sus ojos aceitosos a los milmetros de piel tersa que transparentan las camisetas holgadas y entonces ellas sonren en diversin secreta o pblica y miran el crecimiento de sus garras y bultos en los pantalones, labios en contraccin imperceptible, bebiendo besos imaginarios en reflejo Pavlov salivales incl uidos, meneo de cola y ladridos tambin a ella le gustara escupir contra esas mirada s ridculas llenas de impotencia, “Sosigate querido, recuerda que soy bruja”, les dice me ntalmente y se siente pura e inaccesible porque entonces no sera agua para beber ni barro para modelar, sino todo lo contrario:

PAGE 119

119 119agua para modelar, barro para beber. Claro que a ella no le interesan esos hombres, buscadores de vrgenes. Quizs la solucin sea terminar de una vez de arrancarse sus ridculas alas de ngel, de cisne, y cambiarlas por las del vampiro, el mu rcilago. Convertirse en el deseo mismo, en un centro de seduccin, en una cancin sincera y libre, en oro, sexo y droga para los cretinos, o an mejor: simulacro que esconde al demonio hembra, la mujer como punto de posibilidades infinitas, encontrarse al final del lmite, su Yo real bifurcado en mltiples desdoblamientos y despus que sea lo que sea: Apuntar un fusil con mirilla telescpica y empezar a matar hijos de put a; pintarse de azul y salir desnuda a masturbarse e ignorarlos a todos, a todos; re-cr ear su imagen, su diferencia, crucificarse al estilo del Anticristo, luctuosa e impdica a la vez, con las piernas hacia arriba y la tnica manchada de semen y lodo. Entonces podr a arrojarse a la calle y salir indemne, rerse de todas las paredes, espejos y c onsignas, ya no sentira dolor porque nunca podran lastimarla, “Lilith”, como deca su tarjeta, “Reina de los demonios scubos.” Metamorfosis de lo reprimido. Ella piensa que lo primero en transformarse debe ser su cabello. Zas. Un golpe de tijeras y ya eres ot ra persona. Al principio piensa pelarse al cero o a lo mohicano, pero luego comprende que esto slo ahuyentara a los hombres futuras vctimas por lo que decide emular a la Fnix y quedarse en un corte cuadrado, como las modelos, el pelo a ras de la nuca. Cuando regresa de la peluquera sus padres la felicitan y el Oso mayor hasta se digna a inv itarla a viajar con ellos. “Nos vamos unos das para casa de tu to en Arte-Misa, Quieres venir?” Ella se niega con una sonrisa: “Cunto tiempo exactamente van a estar all?” “No, nada ms el fin de semana. Regresamos el lunes por la tarde.” Como ge sto de sublime generosidad el padre rebusca en su cartera y le regala diez flamantes green es. “Toma. Si eres inteligente los cambias por pesos y ya tienes dinero para tres semanas.” Cuando por fin se marchan ella piensa que lleg la hora de la reivindicacin hippie, del mundo donde todos son amantes que desbrozan el camino a la sabidura, que siguen la huella del pincel de Dal, que ofrecen nuevos ojos para perforar rascacielos, para suicidarse en masa con agona dulce hasta el orgasmo, para sembrar rosas en las tumbas de los mrtires Janis Morrison Cobain y los otros -, para acostarse a dormir desnuda en medio de la sala, en una estera llena de frutas y yerba, lejos de todos los anzuelos y

PAGE 120

120 120verdugos que acechan, de todos los androide s melalcohlicos y sus ochenta y tres mandamientos. “Hoy odio a todos los padres del mundo. Pienso que ninguno deja de ser ladrn de nuestra existencia, siempre la nariz de madre, de cualquier madre termina por oscurecernos las metas, las metas propias, en realidad no son padres, quin se los dijo? Slo son paisanos mayores de cuarenta aos, mentalidades en quiebra, radiografa de la Saciedad Humana y una obligada despus a obedecer su tajada de compulsiones, ultrasonido del Deberas, palabras como vaho de znganos acuticos, de Budas con guayaberas y para ellos toda la educacin se reduce a descerrajar el corazn de las chinches es decir, nosotros, nosotros somos chinches para ellos -, piojos en ebullicin fretica, ni siquiera seres humanos, pienso que si pudieran nos encerraran a todos en un garaje y slo nos sacaran para que admirramos sus trapisondeos de halcn en una carrera gnea para lagartos mimticos, pas de Jauja: TU PAP POR FIN PUDO VENDER LA BICICLETA Y TE COMPRAMOS UN PITUSA CON PARTE DEL DINERO y una, rebelde, avergonzada de los obsequios, una, comprada, pajiza culpabilidad, sabiendo que luego esos regalo s van a servir para encadenarte: DESPUS DE TODO LO QUE NOS SACRIFICAMOS POR TI ERES UNA MALAGRADECIDA, y yo quieta, mejor dicho inmvil, mejor dicho aquietada y mis verdaderos intereses bullen como rfagas de recuerdos en saco am arrado, tajo de guillotina, mi cuerpo frente al umbral, descomponindose dentro de una va ina de cocacolas y azul prelavado del cielo de la Terminal de trenes VISITE TROPICANATUR, zanja de dlares boomerang mis padres en corbata stranger despidindose afablemente, descifrando apenas el chirrido del eclipse cerebral de mi cabeza, pidindome garantas de asistencia frecuente a la Jaula pedaggica y yo que se lo prometo, curado ya el Oso se marcha seguido, of course por Madre slo hay una, los dos rodeados por un halo de ignorancia total. Por fin, ya soy libre. Ahora podr hacer lo que me d la gana: mandar la escuela al carajo, poner msica con los bafles a tope, andar por toda la casa desnuda y si me vuelvo loca hasta meter orgas aqu, el olor a sexo en cascada por los pasillos, cuando regresen la madriguera va a estar deliciosamente podrida.” Devenir animal. Rito de la Pantera Blanca.

PAGE 121

121 121Lilith tiene hambre. No es la hora, es el cuerpo, por lo tanto debe ser consecuente. Cundo se ha visto a una pantera sacrificar la caza por los recuerdos? Un espasmo de hojas en el bosque lejano la acaba de decidir. “Acostada sobre la roca solo encuentro descanso y mi especie debe sobrevivir.” Por ejemplo, la sala podra ser una selva, y el refrigerador… Observa al animal azul e inmvil, el animal gigantesco que se yergue inconmovible en un claro de la selva y esconde dentro de su piel la carne apetitosa y tibia, listo para ser cazado. Pensndolo mejor la imagen de la pant era ya no le resulta tan atractiva, mejor convertirse en una tigresa de esas de la I ndia, amarilla y con listas negras por todo el cuerpo. Para que la ilusin se haga completa L ilith se desnuda y abre su mochila en busca de un plumn con punta gruesa y tinta oscura. Comienza a pintarse rayas en los brazos y piernas, luego en los senos, hombros y vientr e y con un poco de esfuerzo en la espalda y las nalgas. Sabe que los trazos en muchos l ugares ni siquiera son rectos, pero no importa. Ya est a punto de lanzarse al suelo cuando r ecuerda que falta el rostro. Sonre divertida y tambin se pinta encima de los ojos, las me jillas y el cuello. No se permite pensar en otra idea que no sea la original: la casa es una selva y los muebles son rboles, hay animales ocultos en las oquedades, pero la pieza mayor se encuentra desprevenida. Por supuesto, la mitad de sus sentidos estn atento s a la irrupcin de los pasos de cualquier cazador que la obligara a metamorfosearse de nuevo en persona para pasar inadvertida. Por un momento piensa “Hace falta que no toque n ahora esa puerta”, pero la rechaza por anacrnica a ese universo y se adapta a su funcin felina, ajena al ruido y las calles, “esos son los monstruos que quieren apoderarse de mi territorio y no puedo permitirlo” El tigre es un ser que caza en solitario. Lilith casi no siente el peso de su cuerpo, salta al suelo por fin y en la ondulacin del torso y el cuidado en no hacer el mnimo ruido se desliza despacio sobre las hojas y lianas de los rboles. Observa sus dedos y se complace en el poder que emana de la finura de sus garras. Es un arte la ampliacin de sus percepciones, entrecierra los ojos y los contornos se difuminan, hay un fuego encendi do en uno de los claros, debe alejarse lo ms posible de all si no desea encontrars e con los cazadores. Se descubre distinta a travs de los verdes estremecidos por el vi ento, las patas que se afianzan en tensin controlada sobre el csped. Deseara que no hubi era luz, el animal podra verla y escapar.

PAGE 122

122 122Tiene el viento a su favor, el olor tan cercano de la presa la excita, ya a varios pasos se agazapa tras unas rocas y espera la ocasin pr opicia. Recuerda situaciones similares en el pasado, debe esperar que su vctima ofrezca la cerviz para poder desgarrarle la aorta de un zarpazo y evitar la cornamenta que de inmediato se girar para enfrentarla. Se siente segura de su victoria. El alimento no podr escapar, ms all de donde se encuentra hay un pantano que le impedir huir por all. Ella saldr del claro con la carne tibia manchada de la sangre olorosa que estremece los senti dos. En este momento el odo y el poder de rugir y paralizar a su vctima son innecesarios. Basta el olfato, la vista y el control de cada msculo del cuerpo, la velocidad del sa lto, la perfeccin de sus garras destrozando la piel y la carne. El animal se acerca al fu ego y esto puede ser peligroso. Espera que d su parte posterior. Esperar. El olor es tan excitante que apenas puede dominar su impaciencia. Todava, todava. ¡Ahora! Un salto gil y cae sobre su presa. Las garra s abren el cuerpo con facilidad, la carne alumbra como fuego, pero eso no importa, ya la bestia est en los estertores, ya expir para siempre. Ella come despacio y bebe su sangre incolora, arranca el pedazo de carne fra con movimientos bruscos, luego ruge c on jbilo a todos los rincones de la selva. Hasta que satisfaga completamente su apetito nadie osar molestarla, ahora es la duea del claro, todos se esconden y la observan c on una mezcla de temor y envidia a su poder recin demostrado. Lilith recorre el horizonte con los ojos perdidos del tigre. “Ya no queda ninguna de mi estirpe. Mujeres-pantera, mujeres-tigre dominando la especie. Nuestro miedo permiti que el cido y las aplanadoras amordazaran nuestros genes, inundando el subconsciente con flores, prncipes encantados y zapaticos de cristal, ms tarde de lavadoras y telenovelas. Ya no hay magia.” Enciende la luz de la sala y de la cocina. Digan lo que digan los sabios, ella sabe que no puede echar se a las calles. Hay demasiados cazadores de tigres. Ansiosa, despus de ese relmpago de lucidez que ha dado entrada a otra dimensin “ciclo del eterno retorno, yo era una tigresa en mi anterior reencarnacin?” -, regresa a la realidad fra de los tubos de nen, ladrillos y refrigeradores. Por lo menos se siente mucho ms autntica que antes, el jadeo de su respiracin la hace sentirse viva, casi convertida en rbol y yerba silvestre, aunque reaparezca la ciudad, vuelve a demarcar sus

PAGE 123

123 123lmites y a hacerla suya, “la casa, no la ciudad, claro”, aspira con fuerza el aire y regresa el pomo de agua y los sandwichs al congelador. “Quedan tres, maana me como uno en el desayuno, abro una lata para el almuerzo y me quedan esos dos para la noche.” Ahora observa su cuerpo, sonre por el sudor y la tinta corrida manchando sus senos y decide baarse mejor que nunca, “al estilo de la purificacin en el Ganges”, recuerda. Recorre los cuartos y la cocina con pasos la rgos, todava felinos, recogiendo lo necesario para el rito: toalla gigante, champ, jabn, t odo lo que sirva para lograr bastante espuma sin daarse la garganta. “Puta androide”, le dice a la muchacha reflejada en el espejo. Enciende el fuego de las dos hornillas y pone a calentar agua en unos cubos, luego va al bao, coloca un tapn en el tragante y abre t odas las llaves. Recuerda una de tantas pelculas donde la protagonista enjabonada toma de una copa de champn situada en la alfombra al lado de la baera, pero lue go decide seguir en la idea primitiva de la purificacin budista y no caer en el kitsch de Cleopatra o la Duquesa de Rocanflor, aunque no le vendra mal un buen vaso de ron o por qu no?, piensa, una cuchillita para cortarse las venas. Bueno, al menos tiene yerba, poca pero sufi ciente para liar un cigarrillo. Este podra ser el segundo rito, devenir esquizo, una llamada a la paz de las aguas, a los viejos y nuevos tripulantes del submarino alucingeno. Lilith se lleva el cigarro encendido a los labios y aspira la primera bocanada, ritu al hipntico. Espera. Aqu hace falta msica. Aos 60. La Joplin, modelo para armar. El humo se adue a de la noche rock, se lanza de una buena vez contra todas las espinas y vasa llos, muerde el viento sin vergenza ni sentido comn, Lilith escupe todas las mentir as, se expone al cansancio de los pasos y gestos en libertad, para decir “por fin ha llegado la alegra” y convertirse en nia y gaviota. Cuando termina de fumar se siente eufri ca y con deseos de un poco ms de locura. Rebusca en el joyero de su madre y esc oge algunas argollas y cadenas. Se las va colocando en el cuello, las muecas y lbulos de las orejas. Hay una especie de eslabn suelto, abierto, y ella se lo cuelga de la nariz con una ligera presin, luego le divierte la idea y encuentra ms argollas pequeas que van a ocupar el lugar de los pezones, labios y ombligo. Ahora otra cadena en el tobillo, una m s que parta de la nariz hasta la oreja y ya est. Miss Piercing.

PAGE 124

124 124Antes de meterse en el agua, Lilith se cont empla en el espejo. Se escucha “Detente.” Siempre ignora esa voz, siempre. Esta vez mira su rostro y una parte de su fisiologa vuelve a excitarse. No le gusta el adorno en el labio un poco molesto pero el resto es maravilloso. Desprende la argolla sin esfuer zo y se vuelve a observar. A pesar de las pastillas, la vida noctmbula, las enfermedades y las ojeras, sus lneas y curvas siguen ofreciendo una frescura adolescente y, aunque bastante modestas, son armoniosas. El nuevo pelado se ve muy bien. “Eres bonita, s abes?”, le dice a su imagen invertida, “puedo hacer brotar hombres con todos los fuegos de mi cuerpo.” Palpa con sus dedos la curva de los muslos y el vientre, acaricia delicadamente la piel de sus senos. “Encuentro tu goce, pero t no hallas mi voz.” Ahora abre las piernas y se coloca la argolla en el cltoris, detalle fina l. “Eso te mereces, por esclava, por no darte lugar.” Acerca sus labios y los posa sobre el cristal fro. “Ves? Yo te domino y por eso no puedes herirme.” Se sumerge en el agua ja bonosa y se deja penetrar por el calor en sensacin placentera. Lilith vaca, pero sin perder la vista del agua, la espuma que deja ver el ascenso de su caverna a lo lejos, no puede or el viento ni sus torturas, slo besar los labios de esa cuasiverdad que desaparece, la oscuridad de su interior parcialmente real, educarlo y protegerlo para que el extr aterrestre le ensee la fusin termonuclear y muera en otro tiempo que tambin ser impe rfecto o ptrido, el futuro no existe, devenir androide. Ella atrapa el jabn que est a punto de caer dentro del agua y se frota el cuello, los hombros y de nuevo los senos, hasta sentir cmo con el roce de las argollas se le endurecen las puntas. “Ya lo deca. Eres una puta. No me convencen tus rechazos, hacindote la nia tmida, el ngel disfraza do de monstruo, dejndote usar.” Ella sabe que la otra del espejo puede restarle y desi ntegrar sus alas, que esconde el pubis para engaarla y luego venderlo por solo una entr ada a cualquier concierto de yerbas, esos pedacitos de alegra para hacer ruido, para bajar del pararrayos cantando y golpeando todas las ventanas donde la libertad delimita las cercanas, porque el desorden del cerebro es percepcin levantada por el humo y nada deja de existir, todo es mentira, hay muy poco mar y la luna postal turstica est mal coloreada y entonces la virgen Daybel del espejo revolotea. Qu le queda sino eso?, revolotear marchita en el orgasmo del miedo,

PAGE 125

125 125en la metstasis del ridculo; Lilith quisiera sincronizar el nacimiento del tiranicida, se podra liberar entonces? Saca una pierna fuera del agua, se mira las uas del pie y sonre. Se echa hacia atrs, cierra los ojos y se estira como un lagarto. “Podr a imaginarlo: te bajas la falda o el jean o lo que sea hasta media rodilla y dices ‘Al carajo los hombres’ Entonces ellos siempre estaran cerca, deseando morir en tus piernas, entre yerba, alcohol y algo de penumbra, muslos de leche, inmvil”, y ella observa ndo el objeto que vomita lo ya conocido, ahora apuntan sus lanzas y la clavan en el ojo que posee su cuerpo, se convierte en nia sdica y ellos escuchan el ltigo, el grito del cerebro diluido en cido, Fuck me, beautiful girl! Ella acaricia su cuerpo debajo del agua y entrelaza sus dedos en los vellos del pubis. Lilith quisiera ahora contestar el por qu y el cmo de estar viva, unir su mente y su vagina, encontrarse de nuevo en cada cicatriz de pasado sin tener la obligacin de or el chasquido del zipper ni el gemido trunco “por favor, por favor, no me tortures”, y luego ella que es casi secuestrada por el deseo de la oblicuidad de las paredes hmedas, por el placer de ver su tristeza como ajena, sin co mprender el significado, el significante de una lgrima, mueve su mano de arriba abajo y a los lados y renuncia a la ciudad para drogarse con caramelos y pinchazos de luna, la luna libre y enigmtica encima de sus tenis altos. Rito de Venus. La sensacin que recorre su cuerpo la hace morderse la lengua y sentirse en nirvana. Lilith gime y proyecta un pedazo de ectoplasma a la atmsfera del bao, toma el sol que le brinda la lluvia de luz desde el techo, apaga la noche y se sumerge en el agua llena de burbujas. Las got as brillan en cadena, las piernas reciben el jabn de la superficie, se une al cuerpo imag en, se ama a s misma buscando la revelacin final, entrega sus dedos al polen tibio, barre las avenidas del vientre, se imagina soando el sueo de su doble, la caricia de las uas sobre la argolla, sobre la carne, bastan para hacer msica, la noche alla ante el redescubrimiento del placer infrtil, orgasmo que viene creciendo entre condecoraciones blancas ms rpido cada vez, el placer es una explosin que parte desde el universo subaqua y asciende en olas de luz y calor hacia el pecho, el dedo tortura hasta que los sentidos enceguecen, Lilith es una nova que arde y perece en el arco supremo del clmax…

PAGE 126

126 126

PAGE 127

127 127 MEH En el billonsimo aniversario del da en que Dios decidi por fin, que suerte descansar, Lilith y Leonardo vuelven a la costa, en busca de los predios del Leviatn. Ella le cuenta a su amigo sobre todos los atpic os del sbadochoquelia, despus vern con cual personaje se masturban o almuerzan, imaginar iamente, la muchacha escribe y describe y no hay verdad. Realidad abstracta. Haban plan eado infiltrarse en el Crculo Social de los HP hijitos de pap -, nadando por detrs del teatro Hendrix, pensando que en dicho lugar haba una cafetera bastante aceptable, con precios como dedicatorias tiernas, pero sucede que se encuentran a Azrael y al Zepar con una muchacha desconocida “se las presento: Alina”, y luego de los saludos y besos de rigor deciden quedarse en la coast Cinco brujos en los orificios puntiagudos crsicos. El hada ha trado una pelota y todos se entretienen un rato jugando voleibol. Hay algo solemne en la manera en que Zepar trata a la muchacha, como si fuera una copa de sanctuario, cristal de Bohemia. Al cabo de un rato el sol comienza a violar sus espaldas por lo que deciden interrumpir el juego y meterse en el agua. De inmediato Lilith toma una gran bocanada de aire y se zambulle. Renacimiento. Hay algo del espritu del i nnombrable que parece rodearla cada vez que bucea, sensacin de revolotear ingrvida, un re greso al tero, principio de toda creacindestruccin, alegra vivificante. Por desgracia no logra transformarse en sirena y despus de aguantar el mximo de tiempo posible regresa a la superficie para respirar, impotencia mamfera. A los quince minutos de salpicar agua salada en todas direcciones, ella siente un poco de fro. “Acompame”, le pide a Leonardo y salen del agua. Ya cuando estn todos en la orilla, Azrael los empieza a chotear por el color prpura de sus espaldas y les dice que parecen langosta s. “Por qu siempre tiene que ser as?”, piensa Lilith un poco enojada. Luego Zepar les pregunta el por qu ya no van a las reuniones del grupo. Ella aparenta no escuchar y el Zepar repite la pregunta. Leo trata de cambiar la conversacin y Lilith responde con evasivas, pero entonces Azrael dice que los necesitan, “indiscutiblemente”, los Brujos sin el Rapha se estn desintegrando y ya

PAGE 128

128 128casi nadie va a las reuniones, y las pocas que realizan son caricaturas tristes de las de antes. “Y Aquiel?”, pregunta Leonardo, pero Zepar contesta que “ese hijo de puta est cada da ms loco, y la Amy por el estil o, una onda sadomasoquista elevada al cubo”. “Y ustedes?”, pero Azrael dice que estn vac os de ideas y as no es divertido, se estn repitiendo demasiado. “Vayan aunque sea una v ez”, casi suplica y cuando Lilith mira el rostro de Leo descubre su indecisin. Por lo vi sto en el abismo se unen todas las risas y lgrimas, todas las mentes. “Est bien”, contes ta ella sin pensarlo, “de verdad lo estoy extraando un poco” y se sorprende cua ndo Leonardo apoya su idea con un “ok” inesperado. Fronteras del todo o nada. Los cinco trapecistas se disfrazan para protegerse del vidrio-desnudo-sol, a las once y cincuent a y dos del medioda. El Zepar y Azrael allan con jbilo y Alina les regala cigarros. “La prxima es en la rockoteca, el prximo sbado.” Los cigarros saben a estircol. “J odemos un poco hasta la una, que es cuando cierra y despus venimos todos para la costa, no fallen caballeros.” “De dnde sacaste esta mierda?”, pregunta Lilith despus de la primera bocanada. “A nosotros nos dan cajas todas las semanas”, contesta la otra, un poco avergonzada, “son como las de la bodega”. Zepar vuelve a la car ga: “De verdad que podramos tratar de que fuera otra vez como antes”. Luego van a baarse nuevamente. Leonardo le explica a Lilith que todava ha y tiempo de salvar al grupo, pueden hacer un frente comn y arreglar las cosas, lo ms fcil es dar la espalda e irse. “Es como un pas, entiendes?”, y trata de convencerse a s mismo, “Es como un pas dentro de otro pas y depende de nosotros, entiendes?, pode mos hacerlo mejor.” y lo dice con tal poder, con tanta seguridad que de pronto ella siente un nuevo brotar de adrenalina por las venas, en resonancia con los dems. Basta de gemidos suaves al odo del mellador de navajas, la voz de Aquiel a travs de terceros la jode ms que su impresencia; odia su disfraz, entre otras cosas porque con l no cabe entre sus dedos el rbol intil, se cansa, aburrida est despus de destrozar todos los rganos fijos de rabia y ocio en cualquier esquina, y el maldito Jerarca esquizofrnico siempre su surrando, nombrando los lmites del espacio en la calle de pavimento azul. Basta. Abajo la dictadura y vivan los anarcobrujos. Lilith se sumerge en el agua, se deja empapar de sombras y mar y esto es todo. Lilith corriendo entre disparos y rfagas de ametralladora. La cuestin sencillamente pudiera ser esa: crear un nuevo pas como hici eron con Palestrina un viejo nuevo pas

PAGE 129

129 129ella se desliza por toda la rampa de lanzamiento de misiles tierra-aire del Sahara; quizs la cuestin sea unirse al nuevo tallo universal al nuevo vals de pensamientos, dejar de una vez de lanzar puetazos a la monotona de un albergue para zombies, comenzar a descubrir con manos y cabeza la nueva realid ad, aprenderla, aprehenderla, chutar los golpes de respuesta, lanzarse de una vez y por todas a la concepcin de lo efmerofrustrado de toda felicidad egosta, alzar los ojos con asco de toda imitacin de vida, colocarse a la grupa del haz de gaviotas por fin, convertirse en lanzacohetes sin pretensiones de Mahoma, de Jesucristo redent or, golpear en la parte occidental-centralparietal de tantas mentalidades pixels, abof etear las concepciones caducas cuasinazis de tantos rostros, romper a palmadas el quiste mental de los narcisos idiotizados, salir del sancocho alucingeno, tocar un tambor de hojal ata a los cuatro mares, gritar, cantar, sacar a latigazos a tanto mercader de citas malinterpretadas, odiar, odiar ms all del aire, ms all de los montes Urales del mapa esco lar y los libros de tanta ave rapaz con gafas, batas de algodn y monograma, romper el cuo gigantesco de clasificar y aplastar individualidades, destrozar y desintegrar hasta su ms mnima expresin ese cuo, coo; desconsiderar de una vez y por necesid ad a tanto viejo barrigudo mamando chupetes histricos, “de qu te vale el pasado si te cagas en el presente?”, sacudir los ojos, observar en rayos equis tanta obscenidad del truco efectista discursivo; chapear, machetear toda la fronda de palabras hueras y sustituirlas por otras, rerse de todo ese harn ilustrado, enfrentarse comprendiendo la magnitud del lance, las espinas o jeringas que se clavarn necesariamente y que doler n, tambin necesariamente, pero es que el tiempo cambia, las nubes cambian y estn pr onosticando un nuevo frente, slo que esta vez van a llover navajas… “Oye, qu piensas? Te has quedado como tonta. Dale, vamos a salir ya” (Los problemas mentales en China se centran en la causalidad supersticiosa de la enfermedad como algo relacionado con la invasin de la mente por espritus nocivos, una nocin que…) De la costa se llegan a casa de Lilith y se entretienen un rato descargando con la guitarra. Cinco punteos de ctara para celebra r el nuevo amor del Zepar y Alina. Azrael pide la fender con toda seriedad, pero a las tres pr imeras notas todos descubren que ha sido una broma, porque el negro no logra esbo zar otra funcin de las cuerdas que no sea

PAGE 130

130 130como papel sanitario. La ciudad vaca de gr itos, as que de pronto se impone un cassette de los “Fabulosos desastres” y ellos se ponen a bailar como en los buenos tiempos, desfile carnaval por la violacin acstica de las paredes del puto vecindario. “¡Qu se jodan!”, luego Lilith le pide al Zepar que se lo deje para grabarlo y l acepta. “Ya termin con el tero”, le dice Leonardo en un momento que ella se sienta sofocada en la cama. “Me sobraron alambres, te los voy a dar para hacer los otros.” “Est bien”, le contesta Lilith y de pronto toma conciencia de su alegra. “Caballeros”, les pide a los otros, “me hace falta alambres y nylon.” “Para qu?” “No me pregunten. Pueden conseguir?” ellos contestan que intentarn buscar entre sus conocidos. Luego, cuando ya los demonios deciden irse dejando un montn de ropas quemadas en el sanctuario de la reina scuba -, esta le explica a Leonardo que ir por la noche a casa de Elisa a grabar el cassette. “Ok”, contesta su amigo y pide que le alcance la mochila, “yo voy a pintar un poco”. Quedan en verse por la maana para comenzar a construir el segundo huevo, tambin ensayarn otra vez la primera part e de la accin plstica. Un beso. “Adis.” “Adis.” “Recuerden el jueves la rockoteca.” “S, s.” “Qu piensas de la muchacha del Zepar? ”, pregunta Leonardo una vez que se han quedado l y Lilith a solas en el cuarto. “No s…”, contesta ella, “un cltoris demasiado infantil?” “No, no es eso. Sabas que ella estaba en Los Cocos?” Lilith tarda unos segundos en asociar el significante “Cocos” al sanatorio para los enfermos del SIDA. “Ah, s?” Despus de la primera impresin ella se encoge de hombros: “Y qu? Si estn enamorados y se cuidan, felicidades. Primera vez que veo al Zepar tan feliz.” “Es verdad, bueno, entonces hasta maana.” “S. Ch ao.” Ella cierra la puerta despus que su amigo baja las escaleras. Guarda los equipos recoge los cassettes y se acuesta en la cama. De pronto imagina a Aquiel amarra do con nylon y alambres y ella sobre l, ensartndole agujas por todo el cuerpo. Y el problema es que Lilith no sabe qu hacer si va cabalgando en visiones de sangre y sin embargo no puede apartar la luz de las tinieblas. “Te odio, cabrn.” Ya estn en Mayo, a dos meses casi del ltimo sabbat y todo se evapora en medio de la hoz que siega melenas de leones, brazos, anti guos nexos, y ella piensa divertida que la tortura de las agujas y el cuerpo amor tajado en nylon sera perfecto para Amy, un magnfico perfomance, “Cmo te sientes ahor a, querida? No te da miedo el viaje al

PAGE 131

131 131Abismo?” Como variante siniestra las aguj as podran muy bien estar infectadas con sangre de Alina, pero no, ya es demasiado. Lilith retrocede asustada ante el lmite perverso, rechaza rpido la imagen, no tanto por Amy o Aquiel, sino por la muchachita. Tal vez si se lo contara a Leonardo como un sueo accedera a pintarlo, “Escucha cuanto te permitan, ningn pintor del pas grafica ya na da de lo que no pasa y se muestra”, Lilith se deja nacer. Parasite woman Como cada tarde, despus de una pequea siesta despierta bajo una descarga de su madre por no haber sacado la basura, ni subido los cubos de agua, ni haber ido a buscar el pan, ni haber limpiado la casa, ni haber, ni haber…etc. (La ternura disfrazada de contrario, madre superiora su cesora de pisadas llenas de barro y polvo y esperma marchito.) Lilith piensa que sus padr es piensan “que una debe vivir slo para hacer colas y conseguir comida” Indudablem ente, no pertenece a la especie. Cultura matrilineal, educada para servir al falo esplendoroso. Stop. Penis at work A veces slo queda como ltimo recurso golpear la cabeza c ontra los contenes y alcantarillas de la esclaviTur saltar y esconderse por los tejados, o rerse con todo cinismo y en el fondo estar caminando en la curva del llanto, repartiendo bofetadas a los animalitos del bosque. Lilith: “Te aclaro: No es que fuera haragana, sino que estaba consciente de que hiciera lo que hiciera, nunca los iba a satisfacer y de todas formas me echaran perras descargas as que para aliviar el estrs los obedeca cuando me daba la real gana, y basta. Esta gente no entiende, ni siquiera ahora, que una no puede acordarse siempre de esas estupideces materiales.” “Estupideces materiales, no?”, le grita el Oso feroz, fuera de s, “¡pues bien, hoy no comes!, qu te has credo?”, y otras frases tan manidas como “yo no mantengo princesas” o “uno se mata trabajando por ustede s…”, etc., que a Lilith le daban deseos de largarse a vivir debajo de un puente. Pero bueno, esta vez no quiere llevar las cosas tan lejos, as que agarra el cubo de la basura y despus acarrea el agua y as tiene una tregua hasta el da siguiente. Piensa que en realidad los acervos osos familiares no tienen la culpa, solo estn esperando eternamente por su “sentido comn” para recluirla en sus besitos hmedos de padres amantsimos pobres viejitos en tierras ya desvastadas -. Ella se disfraza de candidez celeste hasta que ya no soporta ms y estalla lanzando sus cadenas a todos los rincones, rompiendo cr istales, quemando abrigos y sueos de

PAGE 132

132 132inocente pber. Entonces ellos vuelven a pe nsarla como zorra que acecha el precio de un artculo stranger realmente insoportable. Por eso esta vez, apenas se baa y devora su comida una concesin de Papato Piernas Larg as -, se marcha de ese infierno para casa de Elisa. Hoy en Uttarakuru paraso hind hay como una especie de reunin de aristopsiques tipos intelectuales con gafitas posmodern y uno de ellos est dando una conferencia de filosofa esquimal, o algo por el estilo, porque a Lilith le parece que habla en otro idioma; no entiende nada, absolutamente nada peor que nunca. Elisa la saca rpido de all y la mete en su cuarto para que grabe el cassette de los Desastres con la condicin de que se ponga los auriculares y no moleste, mandamiento que ella acepta, por supuesto. De todas formas la puerta est abierta y as puede observar lo que sucede en la sala. Resulta cmico: tremenda parafernalia en sus odos, y ellos sin mover un msculo, con caras de rescabucheadores ( voyeurs ) de dedos titilando cltoris hmedos, atendiendo al profesor? Y apuntando algunas frases en su s papeles o agendas, todo atencin y como paralizados. Ella se quita un momento los auri culares y ¡sorpresa!, el tipo est hablando de los Brujos. Ser posible? “Aguilar insiste en la subcultura de los kli ppots y le asigna un lugar privilegiado dentro de la Realucinacin pornogrfica o el devenir animal donde el sujeto es marginado y se automargina, tratando de obviar todo mode lo (cosa imposible), o intentando afianzar un presente sin simulacros, o con simulacin consciente a partir de la ingestin de psicofrmacos y la resemantizacin del lenguaje y de los espacios sociales, una especie de resistencia frente a los modelos, buscando su reversibilidad en lneas de fuga como retirada de la sociedad.” Lilith observa que ms o menos todos visten de forma parecida, con blusones y sayas por los tobillos, las mujeres onda neohippie o indigenista -, y camisas de mangas largas, los hombres. El orador parece hablar desde una vidriera que vende libertades o pianos de correo, est vestido de negro total “caramba, qu coincidencia, no?” y por lo visto sus frases son brillantes, porque despus de terminada su perorata estn un rato discutiendo y gesticulando a veces hasta enoja dos -, como si lo que hablaran fuera lo ms importante del mundo. Entonces ella co mprende que sera exactamente igual si

PAGE 133

133 133alguno de ellos visitara algn aquelarre; no entendera nada, con tantos nombres de grupos al revs, las palabras unidas, todos los lugares con sus denominaciones cambiadas y se sentira un extraterrestre por la ropa y el pelo, no?, tendra que “automarginarse” como ella ahora. Comunicajonamiento Nubebergs Entonces confirma lo que todos, Aquiel, Zepar y Leonardo quieren decir con es o de hacer un pas dentro de otro. Esta gente, los aristopsiques, tambin conforma n un pas en s, con sus modas, lenguajes y relaciones. A lo mejor hasta tienen ritos y leyes igual que los Brujos. Hay dos muchachas altas, al estilo de la F nix, muy lindas e inteligentes, pero ni soar hablar con ellas; por desgracia, no era, ni nunca sera de ese mundo. “Aparte, a m no me gustaban los plsticos, ni los culturosos, ni la gente demasiado aristocrticas, siempre te miraban desde arriba, como si estuvieran subidas en una escalera y t en el stano. Siempre queriendo aparentar que eran los m s sabios del mundo y en realidad lo que hacan era leerse setecientos libros, apre ndrselos de memoria y repetirlos como unos loros para que todos creyeran en su gran cu ltura filosfica, pero sin ninguna idea original. La nica excepcin, o sea, tipos inteligentes que me gustaran, eran Elisa, Julio y Aquiel. Nadie ms.” Termina de grabar el cassette y Elisa la i nvita a compartir la velada con ellos, han sacado varias botellas y continan el debate, ahora con los vasos repletos de ron o vodka. Elisa se sienta a su lado. “Y Julio?”, le pregunta Lilith despus de probar un trago. Su amiga la mira con una expresin rara en los ojos. “Qu pas?, se pelearon?”, pero Elisa niega con la cabeza, bebe de su vaso y contesta: “Se qued. En Spain. Me llam y dijo que estaba bien, que hara todo lo posible por sacarnos a m y a la nia.” “Co”, Lilith se queda sin palabras. La otra sonre y cam bia de conversacin: “Bueno, qu?, cmo te va con Aquiel?, ya se hicieron novios?” Ella se empina del vaso y demora en responder. “Todo el mundo dice que est loco. Debe ser verdad. Est haciendo cosas que…mejor lo olvido.” Elisa vuelve a preguntar: “Y t?, cmo te sientes?” “Estoy triste, por supuesto.” “Pobrecita. Nosotras siempre buenitas y fieles, al borde del infartoclmax ”, ahora se re: “Vaya, invent una palabra maleta como hacen ustedes.” “S, es verd ad.” Elisa le acaricia el cabello. “Sigues pensando lo mismo?” “Sobre qu?”, Lilith no entiende a qu se refiere. “Acerca de que el planeta completo es una mierda.” Ellas vuelven a rer y Elisa seala el vaso de su

PAGE 134

134 134amiga. “El otro da saliste bastante mareada. ” “Es que ligu muchas cosas”, le explica, “no me acord que haba tomado pastillas”; “ Y t tomas pastillas?” “S, un poco, pero ya las he dejado bastante, prefiero la yerba que es mucho ms sana” “Para escapar, no?” “No. Para sentirme bien. Yo no estoy pensando en escaparme ni nada de eso cuando las tomo. Eso es lo que dicen ustedes.” “Y quines somos nosotros?” “Ustedes, lo s aristopsiques, los psiclogos, toda la onda esa.” “Pero de todas formas es un escape, no?” “Igual que ustedes, a ver. Por qu estn tomando ahora?” “Pero no es lo mismo, t lo sabes.” “Bueno, s, pero de todas formas es peor que la yerba, adems, ustede s tambin le meten a la coca.” (Ella se harta del fango en los ojos.) “Elisa, yo no quier o hablar sobre eso, me drogo porque tengo muchos problemas.” “Y nunca has tratado de analizar esas cuestiones, tratar de arreglarlas?” “El problema es como en la cancin esa que grab ahora, no?, Yo soy el gato del portero del manicomio, qu puedo hacer?” “Coo, Lilith, si eres un gato por lo menos puedes araar al portero y tratar de que no te estrangulen.” “T crees que yo no he pensado en eso?” “S, pero es que nunca los veo hablando de esos temas, parecen tan felices todos ustedes” “Quines somos nosot ros?” “Ustedes, los brujos, los klippots.” “Y parecemos felices? No jodas.” “Yo pens que nada ms les interesaba la msica, los ritos y al diablo la sociedad.” “S, deben vernos as.” Lilith piensa en todo lo que dicen los Otros: que los brujos son sucios, adictos, sordos de vista, ciegos de odo, plantan donde no r ecogen y viceversa, sus espacios benditos y esenciales estn herrumbrosos, quietos, siempr e en las fronteras del Todo o Nada, hierba estircol. Su amiga vuelve al ataque: “Y qu opinas?” “De qu?” “De la sociedad.” “Ya te lo dije. Opino que es tremenda mier da, todo es falso, desde la escuela hasta mis padres, la televisin, las consignas, todo. Me cago en todas las polticas y los gobiernos, en la polica, en las leyes…” “Coo, Lilith, pero eso es muy superficial.” “S, ya lo s. Yo no tengo la cultura de ustedes y no s exp licarlo mejor. A veces me siento como un perro de esos que hay por ah, murindose de sarna, como si me hubieran entrado a patadas y hoy no pudiera pensar, pero es que no es hoy, sino todos los das, entiendes?, me estoy sintiendo as todos los das.” Elisa va a replicar algo pero Lilith se ad elanta: “Hace poco mand al carajo el grupo, a Aquiel y a todos los dems. Ahora voy a regres ar y no s lo que encuentre. Posiblemente

PAGE 135

135 135nada bueno. Todos estamos muy jodidos, pe ro si nos ponemos a pensar en eso terminaramos suicidndonos en masa. No ha y futuro, ese es el problema. No puedes hacer nada.” “Falta de opciones?” “Falta de opciones reales ms bien.” Elisa piensa un poco, toma un trago largo y luego le explica que a veces todo parece una suite en tono mayor de una pera absurda, pero que por suerte ella ama, odia mucho tambin y tiene todos sus centauros y tigres en la guitarra, y la solucin es precisamente esa: cantar, mientras los androides se arrastran como profetas de humo, no estar acechando a Jess Nazareno para traicionarlo, ya eso lo hacen casi todos sin darse cuenta. Y en cuanto a los Brujos, o los aristopsiques, son en su esencia minoras activas, los virus de las redes, del sistema, igual que lo s negros, las feministas, los indios, los homosexuales, subculturas horadando en los intersticios, probando las estructuras sociales del futuro en accin fragmentaria, todos vlidos. “Mira qu interesante la onda de los insumisos, o los que ocupan casas, o los que no votan, todo eso es anarquismo, sabes?” Y en cuanto a Aquiel, lo mejor se r que arda en fsforo vivo, exactamente al borde de una explosin de napalm. “Y por favor, Lilith, no te mientas, eso es lo fundamental. Ya te has acostado con bastan tes hombres, como para ignorar que slo necesitan unas piernas, una mirada golosa a su instrumento o un buen movimiento de nalgas, y nada ms.” Y as. Sencillamente este no es el planeta soado. “Por eso hay que irse, o quedarse, pero con un candelabro.” “Y para qu el ca ndelabro?” “Para mirar bien dnde vas a pisar.” “Entiendo.” Hablan un poco ms sobre el tema y luego Elisa se va a conversar con sus amigos. Cuando Lilith termina su vaso le hace una sea y la otra regresa. Acuerdan verse de nuevo dentro de una semana para repasar un poco de guitarra. “No te vayas todava, quiero prestarte algo.” Elisa va a su cuarto, demora unos minutos y luego regresa con dos libros en la mano. “Mira, quiero que te los leas. Este es una seleccin de escritores que fueron malditos en su tiem po: Sade, Lautreamont y otros un poco ms modernos, pero tambin con una visin oscu ra. Este otro es para que empieces a cultivarte con cosas serias. No te asuste s que no es nada complicado. Baudrillard. Te habla sobre el amor, la seduccin, el pode r y otros temas interesantes. Cuando los termines vienes y conversamos, est bien ?” “S, gracias Elisa. Eres muy buena conmigo”, luego se despiden con un beso y Lilith sale del apartamento.

PAGE 136

136 136De nuevo la noche, la ciudad de telaraas, carne y hueso y marihuana. Piensa pasar por el Yama a ver si encuentra algn conocido, pero ya es tarde y tiene un poco de sueo as que decide ir directamente hacia la parada. “Encend mis sienes” recuerda y se pone a cantar en voz baja, “Agonic en el vrtigo de un temblor de neuronas ” Cuando pasa frente al hotel Irpak ve una muchacha alta cuyo rostro le parece familiar. Esta se ha bajado de un turistaxi con un stranger y ahora camina hacia el lobby. De pronto la materia le trabaja el corazn y el desafo. “¡ Pero si es la Fnix!” Si no est jineteando, no entiende lo que hace all, y mucho menos con ese viejo que parece un intestino de rata. Lilith se queda unos segundos inmvil, mirando a la otra alejarse abrazada con el tipo despus de pagar al chfer del taxi. La Fnix no repara en su presencia. “Carajo”, piensa Lilith y busca en los bolsillos, pero no encuentra ningn cigarro. Ahora va a tener que pasarse tres horas en la parada rabiando por fumar. Por suerte en el sanctuario todava le queda una caja. “La F nix de jinetera”, murmura y mueve la cabeza en un gesto de incredulidad. “Es para morirse.” El pas debe estar muy mal si una muchach a como la Fnix, con todo su nivel, tiene que meterse a prostituta. Las seales estn ah, en la calle, la ciudad llenndose de cerdos, marginales y policas, el hambre por los gr eenes entrando hijadeputamente en todos los cuerpos, las avenidas repletas de putas amorosas escupindose los dedos para masturbarse ante la multitud que las seala hacindose los ofendidos la massa que aplaude hipcrita y son los mismos que r en cuando comprenden que no comprenden y al final se dispersan y se persignan frente al rbol que cuida la entrada al infierno del cielo, otra confunoche como tantas. NO PIERDAN LA ESPERANZA dicen todos los anuncios lumnicos. Lilith piensa que eso es lo peor de esta divina comedia.

PAGE 137

137 137MHEM “Tienes que desayunar como es debido, ests muy flaca, qu te parecen estos huevos con espinas?” Lilith protesta de los discurso s y los golpes, rechaza las manos de la Osa Mayor que intenta alimentarla por la fuerza, grita y golpea la cuchara y luego despierta. Que alivio, seor, saber que los verdugos parent ales estn a decenas de kilmetros, cada uno en su divisin social del trabajo y sin em bargo, ella de vacaciones, es bueno abrir los ojos y recordar la nueva libertad del sanctuar io, sin la necesidad diaria de perderse entre compromisos y objetos banales, estirarse a gusto, dulce pereza como la del enano tonto de la colina destiendo los colores de juni o. Prende la radio y un himno horrible le destroza los odos, es mejor el silencio para seguir liberando el instinto de gaviota, ya tendr tiempo, apenas salga a la calle, de as esinar al lince agazapado en el pecho, pero ahora no, por favor, ningn resquicio metlico, ni escalofros, ni sensacin de culpa. Termin el Pre, no?, Qu ms quieren? Por suerte tiene al amigo cerca, se sorprenden dando vueltas por ah, otra vez jugando como nios, mutilando las distancias. Leo llega a su casa cuando est viendo la ltima de animados por computadora. l viene con su mochila llena de alambres y rpidamente, sin esperar a que termine la pelcula, se ponen a trabajar el segundo huevo, msica de fondo y t odas las ventanas y puertas abiertas. El rock y el pelo se amigan en la descendencia del esfuerzo; primero hacen un meridiano central en forma de elipse alargada y dos crc ulos que lo cortan en sus focos. “Focos o polos?” Ella piensa que cuando terminen las vacaci ones ya no va a saber nada de lo que dio de matemticas en el Pre, en realidad ya nada recuerda si obviamos los procesos de compra o intercambio con monedas de poco valor nunca ha tenido memoria para los nmeros eso queda para los que se entregan d a a da a la codicia de la araa -, es ms: odia la geometra. Se acaba el filme y ellos todava estn en el sanctuario empatando alambritos y “La Cosa” ni siquiera se acerca lejanamente a la fo rma que desean; nadie gime, pero Lilith le calcula un siglo de trabajo o ms “¡Qu horro r!”, y ya comienza a arrepentirse por haber tenido la maldita idea. En realidad con el tiempo se le han apagado un poco los nimos con respecto al perfomance pero quin se lo dice a Leonardo?

PAGE 138

138 138 En uno de los recesos su amigo le confa que invit a Jorge para ir a Choquelia por la noche. “Cul Jorge?” “T sabes, mi amor platnico.” “Ah.” Ella sonre, “y acept?” “S.” “Qu raro, l sabe que t…?” “No, no sabe nada.” Entonces Leo le confiesa que la us a ella como carnada. “l realmente no esta ba muy interesado, pero le dije que ibas a ir y se embull. Tambin le ense la foto donde estamos t y yo en el Patio de la Virgen.” “Ven ac, y si de pronto quier e cuadrar conmigo?”; “Bueno…”, el muchacho rebusca en su mochila, saca ms material y lu ego se encoge de hombros. “T eres mi amiga, no?” “Qu quieres decir?” “No le de s vuelta a la cosa. Yo estoy consciente de que l es un heterosexual acrrimo. Y si va a cuadrar con una muchacha, es mejor que sea contigo, no?. Dale, chica, acompame, as la conversacin ser ms fcil.” Lilith acepta, siente curiosidad por c onocer al dolo de su amigo. Tambin lo compadece. Pobre nio, siempre en busca del roce imperceptible, la rpida caricia. Comprende entonces que est enamorado y algo curioso: le parece bien y puede que hasta sea lindo aquello, al fin y al cabo cada uno es un beso a su manera, y es cristal, y, aunque lo ms probable es que al final Leona rdo saliera destrozado, por lo menos ama, no? Y eso es mejor mil veces que el aullido de la esquizofrenia suicida consciente de Aquiel. A veces hay que llorar en la sombra pero es bueno porque la lluvia te empapa, moja tu rostro agudamente limitado y vives, vives, aunque el otro no se entere nunca. Se disponen a seguir su faena cuando e lla recuerda que hoy es sbado, da de la rockoteca. Por un momento se quedan sin sabe r qu hacer, luego a Lilith se le ocurre hacer las dos cosas, sencillamente, Leo debe llamar a Jorge y adelantar la hora de la cita. “Eso te conviene, a lo mejor despus lo em bullamos y viene a la rockoteca con nosotros.” “Lo dudo, a l no le gusta el rock.” Leonardo te me una negativa, pero ella le asegura que si San Jorge no quiere lo ayudar a convencerlo. “Dale, chico, t vas a ver como acepta.” Leonardo por fin marca el nmero. Pide que le pongan al amigo y le informa del cambio de planes. “S, ella va a ir.” Se le ilu minan los ojos cuando recibe la respuesta. Le hace un gesto afirmativo a Lilith y la seal de victoria con los dedos. “A qu hora le digo?” “Dile que a las siete.” Leo est superner vioso y se le traban las palabras. Ella se descubre deseando que su amigo conquiste al ot ro y no importa que sean gays, bisexuales o lo que sean; en fin de cuentas, tanta clas ificacin sexual, tanto ruido en el planeta, desgarra el sentimiento. Si no vienes cantando por el estrado impuesto ya que destruye

PAGE 139

139 139los instintos te convierten en marginal. Y en cuanto lo eres ya todos te tratan como potencias. Intentas conversar con ellos, lo s que siempre estn del otro lado, los del camino correcto, y ellos, los verdugos, toman su paga y tratan de entenderte y t sonres triste, porque pertenecen a equipos contrarios lo sabes, as que lo mejor ser evitar equivocaciones. Nunca podrn comprarte; t habitas las favelas y ellos la Europa medieval, nunca entendern que cada viernes, cada sbado, te empujen a la ciudad que jams han conocido, “la ciudad de telaraas, carne y hueso y marihuana” Lilith cambia el cassette. Leonardo cu elga el telfono y empieza a cabecear suavemente, con muy buen sentido del ritmo. Ella piensa que esa es la razn por la que todas prefieren bailar con l en los aquelarres; se sumerge en la msica con gestos como gritos, y permite al cerebro flotar bajo las luces y saborea las notas como si se trataran de un lquido dulce y cruel. Ahora se le nota la alegra en los ojos, en todo el cuerpo y tambin su pelo es maravilloso, muy lacio y negro brillante, como el de los chinos. Cuando por fin se aburre y vi ene a sentarse de nuevo en la cama, ya el huevo tiene la forma de una ameba con sarampin o algo por el estilo. “Est quedando bien”, dice, y al ver la cara incrdula de Lilith rompe a rer a carcajadas. El resto del tiempo se transforma en un monlogo de Leonardo sobre las virtudes de San Jorge. “Tiene un cuerpo muy bonito y como trabaja en un crculo social, est muy bronceado”, dice, entre otros detalles, “l me dijo que era buzo o pescador submarino. Es fuerte, seguro de s mismo, como a m me gustara ser. Un da pas por mi casa vendiendo pescado y as fue como lo conoc.” Lilith tiene la visin de un cachorro blanco que se lanza a competir con el fuego y termina quemndose. “Ven ac Leo, y no esta rs confundiendo el simple deseo con el amor? No me has dicho casi nada sobre su personalidad. Tiene que ver contigo, con tus gustos?” l se remueve inquieto. “Bueno, l vio mis cuadros y le gustaron mucho. Me pidi uno y luego me trajo pinceles y acr lico; tambin me dijo que tena algunos contactos y a lo mejor poda vendrselos a algn extranjero. Despus nos repartiramos el dinero. Ah fue que nos hicimos amigos. l viene a mi casa de vez en cuando para ver lo que estoy haciendo. Se encant con uno de una mujer desnuda bajo el agua y que se llamaba No creo que est peor aqu Se lo regal el da de su cumpleaos y s que lo puso en la sala de su casa, porque lo veo cada vez que paso por all.”

PAGE 140

140 140 Dos siluetas. Fuego desconocido. Lilith no ol vida que el discurso pertenece a alguien que no puede decir si est despierto, que habla y suea con un muchacho hermoso saltando sobre su espalda y gritndole algo suave, se unen con el espacio que sabe a polvo de algodn azucarado. Tal vez el deseo o el amor sea esto; un camino sin preguntas ni profetas, mezclando mitos calentados sobre el espejo. Ella no desea romperle la visin recitando la misma suerte letnica del “sin embargo…”. Por eso aprovecha un momento de respiro y le cuenta sobre su descubrimient o de la Fnix nocturna, al brazo de aquel stranger monstruoso. “Pero era ella?, ests se gura?” y ella reafirma con un gesto: “No puedo confundirla.” “Co”, dice Leonardo y quedan un rato callados. “Lo sabr Aquiel?”, pero ella se desentiende. “Debe sabe rlo”, aventura, “es difcil que no se la haya encontrado por ah. Adems, a m qu me importa? Y qu tiene que ver ahora Aquiel con ella?” “Estuvieron casados. Dos aos. No lo sabas?, pens que ya estabas enterada.” “Este…no, no saba nada.” Sorpre sa. Otro elemento para el desfile de ancdotas que se acomodan al vuelo de hongo podrido, ese hedor lozano a la sombra de la fbrica Aquiel. “Cuenta”, le pide Lilith y se acomoda para escuchar. Leonardo relata una leyenda acerca de dos ci berseres en duelo mental e infidelidades geomtricas, amor de teorema. Luego Aquiel se decide a descubrir el Lado Oscuro, el superconocimiento. “Ya sabes, los puntos de encaje, la Piedra Filosofal, la Biblia negra”, pero la Fnix no puede soportar sus flag elaciones y cambia de bando para respirar materia, arquetipo occidental. Cristo es cambia do por una bolsa de greenes. Lo deja en la estacada y l se lanza de cabeza al precipicio, ne uronas incluidas, crucifixin a la inversa, uno de los clavos en el pene. “Cristo es un idiota”, sentencia Lilith y su amigo la mira con curiosidad. “De dnde sacaste eso?” “De un libro. El Anticristo de Nietzsche. No entend mucho pero esa parte me gust. Dice que Jess era un retrasado me ntal o un epilptico” “T ests leyendo a Nietzsche?” Leo abre sus ojos como lunas y ella re divertida. “Estoy leyendo otras cosas tambin. Me he propuesto por lo menos tres libro s al mes. Claro, si todos son como el del Nietzsche, ese loco, me suicido. Ahora estoy en una coleccin de malditos que me prest Elisa. El marqus de Sade.” “Sade? Vaya, qu bien.” l se muestra agradablemente sorprendido. “Felicidades. Vas a ver como a medida que vayas leyendo el mundo se ir ampliando y haciendo distinto.” Ella hace una mueca y sonre: “El mundo va a seguir

PAGE 141

141 141siendo un asco, no importa la cantidad de lib ros que me lea.” “Dime algo nuevo, chica; eso est muy gastado.” Continan un rato ms construyendo el ter o hasta que Leo mira el reloj y sugiere terminar. “Tengo que irme. Voy a comer y a baarme. Psame a recoger a eso de las seis.” “Ok.” El muchacho carga con su mochila y se despide picndole un cigarro. Despus de cerrar la puerta Lilith observa el huevo en el centro del sanctuario y piensa dnde guardarlo, en la caverna no hay espacio para semejante armatoste. Al fin se le ocurre colgarlo de la pared, al lado de su cama y entonces imagina lo que dirn los osos cuando lo descubran, aunque en realidad eso no importa mucho, no?, es su cuarto. Cada vez que llueve ellos cuelgan sus tendederas llenas de medias y ropa interior en el centro de la sala, as que ella puede tambin tomarse sus atribuciones. “El mundo es un asco, pero el cielo lo es ms, y el patio de mi casa no es particular.” Asco-Art. El huevo se ve muy bien colgando donde antes estaba el afiche que le regal al Brizo. Todo un smbolo. Abre la puerta del closet y pasa revista a los disfraces de bruja. Ahora los ve como cantos de sirena vieja, que nunca resultan en llamado, ni atrae la siembra sensible, solo el desfile barato frente a las proas de los galeones piratas, vestirse de monstruo para ahuyentar, para ofrecerse como planeta c ontaminado, crcel posible y por lo mismo rechazada. Debe cambiar eso tambin. Basta de piernas ocultas, siempre de espaldas al espejo, una muchachita indiferenciada ms de ntro de la tribu insatisfecha, no. Mejor ofrecer una visin de lamia: rostro de mujer hermosa en cuerpo de serpiente, senos como naranjas ingrvidas, sus piernas como ros de fuerza magntica estallando en medio de las estatuas de sal, de las mujeres inmviles en cuadros pintados de sepia, con sus eternas poses de madre y prostituta, todas agonizando de labios azules, tontas, fatuas, carne para manchar, advirtiendo los captulos que los otros leern aburridos en el agua de sus ojos ciegos, simulando que las noches no son idnticamente vacas, el alma clamando simbiosis de ciervo y lechuzas. Lilith se prueba varias combinaciones. Le gustan algunas, como esas botas, haciendo juego con el vestido corto. Claro que ya di sfrazada, su cuerpo no cesa de protestar por otras complejidades. Olvida esos fragmentos de paisaje conocido y ensaya un pantaln amplio, con pliegues y elstico en la cintura, ensanchando caderas, luego lo escupe para contradecirse y opta por una falda y camiseta negras, despoblando reas del grito.

PAGE 142

142 142Encantamiento. Lo real mostrndose solo en el instante del “visto y no visto”, provocando malestar. Y todava falta el maquillaje. A las cinco y cincuenta y tres minutos Leonardo y Lilith desembarcan en la parada del Cervantes y se encaminan a Choquelia. San Jo rge los espera en una de las colas de la planta baja. Normal, onda surf ms atractivo que en la fot ografa, cuerpo deseable. Viste a la onda discotequera, un pantaln ancho y camisa de amebas pintarrajeadas. De inmediato Leonardo se lo presenta y ella sien te sus ojos detenidos como cogulos sobre toda su anatoma. Ella sugiere dirigir las pisadas hacia la cola de al lado, buscando la Torre. La hilera de amorfos no resulta tan la rga como esperaban, tambin tienen la suerte de que Jorge reconoce a un amigo, este le permite pasar a su puesto y as adelantan bastante. Mientras Leo conversa con su amor platnico ella se mantiene un poco apartada, duerme su valenta y en realidad no le interesa mucho la conversacin, que trata sobre si Jorge por fin ya consigui la moto pres tada, si ha ido a la playa, a los ciclos de cine o a la competencia de natacin. En un momento Leonardo le cuenta sobre la accin plstica y Lilith habla entonces un poco hasta que se va rompiendo el hielo y la situacin se torna ms cmoda. “Te acuerdas del italiano que te cont el otro da? Cuando lo llev a mi casa vio tu cuadro y se interes bastante. Hasta quera conocerte. Creo que le podemos vender el otro, cmo se llama?, el de la mulata y los dlares…” “ guila o cruz .” “S, ese mismo.” “A cunto?” “Creo que le puedo tumbar cuatrocientos. Cien para m y el resto es tuyo. Te cuadra?” “C oo, claro.” En ese momento llega su turno y suben la gigantesca escalera de caracol hacia la planta alta. Cuando les traen los helados, San Jorge, entre una cucharada y otra, le cuenta a Leonardo que se pele con su ltima novia y la historia es divertida. Describe una muchacha mojigata hasta la exageracin, virgen de piel como la leche, con vocacin de monja hasta el casamiento. “No, tampoco me toques los senos, mis padres se van a dar cuenta”, posponiendo la ofrenda de sangre hast a que diospadre bendiga, ya cuando la flor est seca, carne para solterona. Del otro lado el Santo en la playa, la ltima moda en trusas como hilos dentales desfilando frente a la pecera y l convertido en tiburn castrado, rechazando con esfuerzo todas las hi erbas-canciones, los poemas sobre muslos, los apartamentos a solas, los cuerpos moja dos, brillantes y grasientos por el dorador, llenos de arena, empinando las nalgas. Por eso al ensimo rechazo Jorge enva a la monja

PAGE 143

143 143bien lejos. Luego este conversa con Lilith, le dice que Leonardo le haba contado sobre ella, sobre su aficin por las cuerdas y su s composiciones, y como ese es el tema preferido ella rompe a narrarle sobre su vida y el otro queda impresionado o al menos eso aparenta. Al cabo de unos minutos Lilith se da cuenta de que han relegado a Leonardo a un segundo plano y eso no es justo, por lo que escribe un epitafio rpido a la historia y cambian de conversacin. Leo se descoagula y los invita a la rockoteca, pero Jorge comienza a excusarse y a pesar de que ella usa todas sus artes mesmricas y casi le ofrece su piel leve para conquistar, l no acepta la invitacin. Seguramente imagina un tumulto de siluetas dantescas golpendose en la noche de humo. “Yo ira con ustedes, pero a un sitio ms tranquilo, no s, algo de trova, o algn grupo de rock suave, en un teatro. Entindanme, es que esa no es mi onda, es lo mismo que si yo los invitara a ustedes a la Discofiesta o al Castillo de la Salsa.” “S, bueno”, piensa Lilith, “l no deja de tener razn”. “Vamos a hacer una cosa”, el muchacho de pronto se alumbra, “ya que Le onardo no tiene telfono me dejas el tuyo. As cuando tenga un tiempo los llamo y coor dinamos algo, no? A lo mejor y hasta puedo conseguir una botella de aejo”. Est n de acuerdo. Leo saca un bolgrafo y escribe los dgitos de su amiga. Jorge toma el papel, se lo guarda en el bolsillo y sonre. “Yo de rock nada ms que conozco Hotel Philadelphia .” Va a decir algo ms, pero en eso aparece un joven que Lilith desconoce, este le pregunta a Leonardo si no lo recuerda, “Fuimos compaeros en la secundaria”, pero por la cara que pone su amigo ella comprende que este no tiene la menor idea de quin es el tipo. Ello no es bice para que el desconocido se ponga a rebuscar en su porta folios, saque unas hojitas extraas y se las reparta al tiempo que dice: “Maana vamos a pone r videos, es la iglesia que queda por El Balcn”, y Lilith vacilando la portada del pl egable, donde hay una cruz con un letrero que dice LA GLORIA y debajo en rojo unos hombres quemndose con otro letrero indicativo del mismo color EL INFIERNO y en el centro, en letras ms grandes LA DECISI"N ES SUYA. El tipo se va, por suerte e lla le agradece en secreto por no haberles endilgado un discurso tedioso acerca de las virtudes de la moral -, y va a sentarse en una mesa de seis con otros de l mismo estilo, sus ropas y pelados pasados de moda. Leonardo dice en voz baja “son los Testigos de Papadis”, y ella comienza a rerse

PAGE 144

144 144porque le parece muy cmico que vengan a c onvertir precisamente a dos klippots. Luego ella y Leonardo se ponen a bromear con las citas de la Biblia que aparecen en el papel y a burlarse. Un ejemplo: LA DECISI"N ES TUYA. Cmo estn las cosas entre t y Dios? Y Leo responde: “Horrriblesss.” La muerte nos trae cara a cara con Dios. “Por eso mismo.” Si las cosas no son como deben ser, decdete ahora “hay que ir corriendo a apuntarse”, porque si no ests confiando en Cristo como tu Salvador personal, segn Juan 3:18 “Esto es la hora, no?”, e sts perdido y ya ests condenado. “Uy, qu miedo, qu espanto, ahora cuando salgamos de aqu nos cae una columna arriba y ya, derechitos pal infierno, llamada local, ja, ja” y el caso es que de tanto bromear los otros se han dado cuenta y uno de ellos, este de m s edad que el anterior, se levanta y viene a su mesa. Lilith y Leonardo aguantando la risa “Ustedes creen en l?”, y no tiene cara de buenos amigos. “Quin es l?”, le pregunta ella y el hombre parece enfurecerse ms. “Nuestro Salvador.” Leo no puede reprimirse ms y comienza a rer abiertamente. Jorge ha bajado los ojos, como avergonzado. “Sa bes lo que pasa?”, le pregunta Lilith y contina: “Que yo creo que Cristo era un pobre poeta y ninguno de sus discpulos entendi ni cojones nada de lo que dijo”. El tipo se ha ido poniendo lvido. “Aparte de que por cuenta de sus mismas ideas acabar on con todos los indios de Amrica. Eso demuestra que Dios, Jehov o como se llame es un fascista consumado.” De pronto ella piensa que el hombre la va a golpear, pero este solo cierra los puos y la mira con cara de asesino. “¡T ests muerta y eres el Anticrist o!, ¡por culpa de la gente como ustedes es que el mundo est enfermo!” Lilith siente temor, pero no quiere admitir amenazas con estos fanticos de la inmanencia, cualquier ag resin es posible y la enfurece lo gratuito del riesgo. Respira profundo y procura citar en voz baja: “Cudate de Dios, amigo” y el tipo queda confundido por el inesperado cambio de tono. “Cudate de Dios, que tiempla con su virgen cada vez que un hombre bueno muer e.” Entonces el tipo toma impulso para golpearla, pero ya se han acercado dos de su ge nte y lo agarran por los brazos y tratan de apaciguarlo, “no puedes decir esas cosas, no es as como debemos hacerlo, ellos estn ciegos, no conocen la Verdad”, hasta que el hombre se calma y regresa a sentarse con los suyos. San Jorge no ha dicho esta boca es tuya “Creo que se nos fue la mano”, le susurra Leo a Lilith. “No tenamos por qu haberlo lle vado a ese punto.” “Es que me jode que me quieran imponer esa mierda: debes creer en l.” “Eso fue un error del tipo. T viste como

PAGE 145

145 145lo regaaron los otros.” “De todas formas no me gusta, desde que era nia todo el mundo quiere imponerme cosas. Ya me cans. Adems, tena que defender mi religin, no?” Ahora es cuando Jorge decide intervenir con una pregunta: “Lilith, de cul religin t hablas?” “Coo, la de los Brujos, la de los klippots.” “No seas comemierda, chica”, riposta Leonardo, “eso no es ninguna religin”. “No”, ella no quiere rendirse, “es una antirreligin.” Jorge rompe a disertar sobre que si la filosofa marxista haba demostrado que… pero Leonardo lo interrumpe para indicarles con un gesto a los Testigos que ya se estn yendo. Lilith sonre, orgullosa por la victoria y lue go esboza en su rostro la caricatura de una paranoica: “Ahora nos esperan all afuera, nos raptan, nos meten por un pasadizo y llegamos frente a un Tribunal de la Inquisici n secreto, donde nos condenan a morir en la hoguera.” “Ah, Lilith, esta gente ha evoluci onado.” “S, bueno, entonces nos condenan a morir en un horno de micro-ondas gigante. ” “Coo, vieja, ests viendo demasiadas pelculas”, dice Leo y vuelven a rer. Les tr aen la cuenta y pagan. Jorge se despide y promete llamar pronto. “No digas nada; ya s que te gust”, opina Leonardo cuando su amigo se marcha. “S, es fanny ”, contesta ella restndole importancia. “Dale, vamos para la rockoteca”

PAGE 146

146 146NGEH Llegan temprano. Pagan y se dejan cachear en busca de armas blancas o botellas de aguafuego Ssamo brete y ellos penetran en el recinto, siempre de prisa en busca de buenas mesas, al borde de la pista de baile. Cuando comienza la msica, Lilith la reconoce en el acto. Es una gira de combate de Abraxas, un poco anticuada, pero le gusta que hallan puesto esa y no una fresada al estilo de “Borracho terminal” o “Los Listados”. La voz del cantante inspirada en la nobelleza del lodo, onda neopunk. Leo no parece disfrutar mucho con el sonido, pero s con la fauna cabeceante que los rodea. De todas formas ella comienza a contarle ancdotas de la banda y algunos de sus videoclips ms espectaculares. “Y entonces, donde el costado le hiere va saliendo la cabeza de una mujer como si estuviera pariendo y…”, pero l no logra interesarse con la historia y Lilith se rinde. Al poco rato comienzan a llegar los Brujos. Primero el Diony, luego Conan (solo) y por ltimo el Zepar y Azr ael con dos de los nuevos: Alastor y Mara Martn. Cuando Lilith le pregunta al Zepar por A lina, a l se le ensombrece el rostro y le dice que le contar luego, con ms calma. “ Qu sucedi?, se pelearon?” pero Zepar niega con la cabeza. “Mucho peor. Nos denuncia ron. Te cuento despus”, y aquello la deja preocupada por un buen rato. El Cona n la mira desde la otra mesa con una insistencia fuera de lo comn. De pronto lle ga Aquiel con Amy y Lilith se estremece. “No mires, no mires”, susurra Leonardo, pero ya es demasiado tarde. La tipa sonre despectiva y le enva un beso desde lejos. Aquiel les hace un gesto con la mano a todos. Normal. Aqu no ha pasado nada. En eso ponen uno de los himnos, Lgrima rota y el Conan viene hasta su mesa y la invita a bailar. “Y por qu no?”, piensa ella y deja que el otro la lleve de la mano al centro de la pista. Se trata de una balada suave. El joven la toma por la cintura y luego se adaptan al ritmo. “Ests muy linda hoy. Casi no te reconozco.” Lilith se encoge de hombros. “Estoy cambiando. Y la Cheng?” “Camos en una grieta. Quiero decir, decidimos separa rnos por un tiempo.” “Ah, qu lstima”, dice ella y lo siente de verdad. Siempre le hab a parecido que el Conan y la Cheng hacan una buena pareja. Ahora descubre que aquellas visi ones eran slo construidas por la mente, no estaban basadas en la realidad. “Y fuer on felices y comieron perdices” murmura y l

PAGE 147

147 147entiende de inmediato: “S. La rutina te mata la ilusin” y su tono es grave, casi triste, las manos del muchacho aflojan la presin s obre su espalda. “Y qu piensas hacer? Meterte a budista?” “No me confundas. Yo no soy Aquiel”, replica l. “Ya s que no eres Aquiel, no te preocupes”, contesta ella y se pega un poco. Conan aprovecha para bajar sus dedos varios centmetros. “Sabes que he tenido fantasas inconscientes contigo?” “Ya est” piensa Lilith, “ya empez”. Ent onces decide mirarlo a los ojos. “Qu quieres decir con eso de inconscientes?” l de momento no sabe qu contestar y ella prosigue: “Si ahora te pones a darme una conferencia del Lacn ese, te mando pa ’ casa del carajo.” “No, chica”, el Conan mira de reojo a los lados, su voz vuelve a ser un susurro en el odo: “Claro que no. Quera decir fantasas sexuales” Termina la msica y vuelve a prevalecer el sentido. “No crees que es muy temprano para eso?” “Bueno, perdona, yo…” “Conan, ya te dije que estoy cambiando. Despus si quieres me cuentas esas…fantasas, est bien? Ahora perdname, pero tengo que conversar con el Zepar.” l asiente resignado y Lilith regresa a su mesa. Leonardo se ha ido a bailar con Mara Martn y su lugar lo ha ocupado Margarita, que seguramente lleg cuando Lilith estaba con el Conan. Maggy par ece alegrarse con sinceridad de verla. “Hola loquita, sintate aqu. Te pelaste? Qu bien, qu bien, mira lo que yo me hice”, y entonces se sube la manga del pulver para mostrarle una serpiente maya en espiral, tatuada en el hombro. “Te embullas?” Lilith duda por unos segundos. “En realidad yo…”, pero luego se decide: “S. Quiero h acerme uno pero con una salamandra. Aqu.” Le indica con el dedo su omplato derec ho. “No hay problema”, le dice Margarita, “cuando tengas tiempo me llamas y yo te llevo a casa del tipo. Te lo puede hacer hasta con cinco o seis colores, la figura que desees. Tiene un catlogo como con doscientos diseos.” “Y cunto me costara?” “Depende. Si vas conmigo te lo puede dejar a mitad de precio. l me debe algunos favores.” “Ah, muy bien.” Lilith est encantada con la proposicin “tambin me quiero perforar la nariz y ponerme una argolla.” “Eso te lo puedo hacer yo misma: en la nariz y en cual quier otro lugar.” “No, no, gracias. Por ahora solo la nariz.” Se mantienen un rato calladas, mirando a los que bailan, hasta que Maggy la toca con la rodilla y le hace una sea con la barbilla en direccin a la mesa de Aquiel. La Amy est sentada a horcajadas sobre l y le restriega los labios contra el rostro.

PAGE 148

148 148“Estpida”, sentencia Margarita y a Lilith le agrada mucho esa frase. “A ti tambin te cae mal?”, pregunta. “Claro que s”, contesta la otra. “Por Aquiel?” “No, nena, yo nunca estuve enamorada de l, yo fui la que lo dej. Amy me cae mal porque tiene el cerebro en el culo, aparte de que es una arra strada y una cochina. Me dijeron que la otra noche por poco te mata, amn de otras cosas.” A Lilith el recuerdo le hace renacer el odio: “Ella me las va a pagar. Posiblemente hoy mismo, ya lo vers.” “As es como se habla. Estoy contigo Lilith.” Desde ese mome nto prevalece la complicidad entre ambas. Claro que fijarse en la conducta de la Pajot puede ser una forma de conocimiento. “Y por qu botaste a Aquiel?” “Demasiada angus tia, chica, y yo no estoy para eso. No me gustan los tipos obsesionados.” Lilith piensa que a lo mejor su amiga tiene r azn en regirse a toda hora por su instinto de ro todo fluye -, fuera de cualquier agre sin o divisin mental, se mueve sin culpas ni dependencias, solo bajo el dominio del eros, totalmente alejada de los pensamientos de muerte. “Oye, a quin est mirando Conan con tantas ganas? A ti o a m?” “Creo que a m, Maggy, pero si quieres…” “No, no, gracias. Ya templ lo suficiente por hoy.” Lilith se escandaliza un poco de la confesin tan directa de su amiga. Esta ve la expresin de su rostro y le alborota el cabello. “Ay, loquita, todava te falta bastante. ¡Librate chica, recuerda que estamos en el reino de Satn.” “Qu quieres decir?” “Que para construir un cielo en el infierno hay que gozar, entiendes? en el fondo de todo lo que sucede, de todo lo que te rodea hay un sentido sexual. Todo lo dems es teatro, pura bobera.” Lilith analiza que tal vez la filosofa de Maggy sea un buen modelo para seguir. Sexo sentido. De cualquier forma valdra la pe na probar a ver el mundo desde ese punto de vista. Ella prende un cigarro y cruza las piernas en direccin al Conan. Stairway to ocean Plomos del Zeppelin con Ega Pimmij en la guitarra. Al inicio una cancin de azcar, disfrazando un final abism o, cascada al infierno. Por supuesto, todos se levantan para bailar y ella va a morir otra vez en brazos del Conan. Lilith en su nuevo papel a lo Hcate, fi ngiendo una entrega a la fuga, provocando saliva en el otro, endurecimiento de msculos, turgencias, presiones tctiles. Luego el ritmo se va haciendo ms vertiginoso, cambia a un fraseo rpido de guitarras y ella suelta los brazos y se deja caer hacia atrs, Conan la sujeta fuertemente por la cintura y dirige su movimiento oscilatorio. Lilith cierra los ojos y se deja llevar, siente el contacto de sus

PAGE 149

149 149pelvis fundidas, las calles de la mente en medio del orgasmo sonoro, la falda se levanta con el roce continuo, un seno emerge a travs de su camiseta, pero a ella no le importa, casi jadea de gusto, luego, y por suerte, la msica amaina, el cuerpo vuelve a su posicin vertical, la pieza termina y ella se vuelve a acomodar la ropa aparentando indiferencia. Luego descubre a Aquiel a su lado, de espald as, mirando a la Amy que busca algo en el suelo. Lilith piensa que ese es su lugar perf ecto, revolcndose sobre el piso. Ella no desea que Aquiel la vea inmvil a slo dos pasos y le pide a Conan que la acompae hasta su mesa. Ya sentados, deja que la abrace y hast a le permite posar una mano sobre su rodilla. Luego los dedos de este se deslizan muslo arri ba, pero en el instante que topan el extremo de la falda llegan el Zepar y Leonardo y e lla rechaza la caricia. Sin culpa. l debe entender como ella de ciertas complejidades ticas. Mejor dicho: estticas. Zepar ha trado un vaso y le brinda a todos, pero Lilith solo prueba un sorbo y se lo devuelve. “Conan, dame un chance con Lilith, tengo que contarle un problema”, Zepar se ve un poco mareado, “dale, te prometo que ser r pido.” A Conan no le apetece mucho la idea, pero Maggy viene al rescate y lo saca a bailar. Zepar termina su vaso de un trago y luego se dirige a Leonardo: “T tambin escucha, es sobre lo que me pas con Alina.” Ellos se disponen a prestarle atencin. “Dale, cuenta.” “Bueno, t sabes Lilith que Alina est en Los Cocos.” “S, Leo me lo dijo.” “Y tamb in sabes que estoy enamoradsimo de ella.” “S, me lo imagino. Qu fue lo que pas?” Entonces el joven les relata una historia digna de Shakespeare ligado con Kafka, onda Romeo y Julieta en los tiempos del SIDA. Resulta que Alina y l haban decidido vivi r juntos, por lo menos cada vez que la muchacha saliera de pase. Por supuesto, ta mbin hacan el amor, pero siempre cuidndose al mximo y nadie de la familia del Zepar sospechaba nada. Pues bien, un mal da el vecino de al lado tuvo que ir al sanatorio por cuestiones de trabajo y reconoci a la joven. Entonces, como buena rata, vino corriendo a contrselo al padrastro del Zepar y de inmediato comen zaron los rugidos del gran cabrn, expulsando a la muchacha del paraso y prohibiendo que volviera a poner sus pies en esa casa. “ Of course yo me cagu en eso y le dije a A lina que ese tipo no tena ningn derecho a meterse en nuestras vidas, y al pase siguiente la volv a traer a mi sanctuario. l nos vio, pero no dijo nada y sali rpidamente. Co mo llevaba jabas de nylon y botellas vacas

PAGE 150

150 150pens que ira a buscar los mandados y me despreocup. Hasta llegu a pensar que por fin me haba escuchado aunque fuera de mala gana. Un gran error. Alina estaba agotada por el viaje y quera dormir as que nos acostamos y como haba un calor de chimenea medio que nos desnudamos tambin.” Ese fue el segundo error. Y el tercero, dejar la puerta sin seguro. No haban dormido ni media hora cuando de pronto los despertaron unos gritos y el padrastro entr en el cuarto seguido de las imprescindibles potencias. “¡Mrenla ah!, ¡Es ella!” Unos brazos intentan agarrar a la muchacha y el Zepar, devorado por la sorpresa y la rabia, lanza puetazos y patadas en todas direcciones “¡djenla coo!”, y se siente inmune a los golpes hasta que los rosados a ngelitos de Dios lo inmovilizan contra el suelo, le ponen las esposas y se los llevan para la Estacin. Teatro del Absurdo. Ya en el Quinto Crculo Celeste los amenazan con acusarlos, a ella de intento de homicidio y a l por atentar contra su propia vida. Despus los acontecimientos siguen su curso ilgico. Alina es conducida de vuelta al sanatorio la ltima visin que Zepar recibe de la muchacha es su rostro palidsimo y los ojos ap agados -, a partir de ahora los doctores no se arriesgarn a dejarla salir ms. A l lo su eltan al da siguiente ejemplar experiencia acerca de su falta absoluta de derechos en aquel antro no sin antes advertirle de los terribles peligros a los que se ha visto e xpuesto; que le impondrn una multa por su resistencia al arresto y que debe ir a hacerse la prueba del virus en compaa de una potencia, con carcter oblivuntario. l regresa a sus predios como si volviera de la guerra. Quiere escapar, desaparecer para siempre de su casa, imagina las mil y una formas de asesinar al gran hijo de puta, colgarlo de un gancho e irlo despedazando lentamente, observarlo desangrarse gota a gota, despus de caparlo, por supuesto, y otras torturitas tiernas. Al da siguiente va al sanatorio a preguntar por Alina, pero slo encuentra silencio, ojos acusatorios y l retorna con las manos vacas, quemadas las manos por la impotencia, el tiempo detenido en sus labios mascullando obscenidades, la vida anaranjada triste, maldito pas encadenado en dogmas. El Zepar, mientras concluye la histor ia parece un rbol calcinado, engendro de las sombras.

PAGE 151

151 151“Dale, vamos a bailar” lo invita Lilith y se levanta, “as de paso me salvas del Conan” “Salvar? Yo pens que te gustaba.” “S, pe ro no quiero que sea tan fcil. Dale, chico, hazme ese favor.” El Zepar acepta a regaadien tes. Ya cuando estn en la pista Lilith lo aconseja: “Coo, viejo, si es verdad que est s enamorado de Alina tienes que crecerte, tienes que luchar, seguro hay una solucin, ya vers.” “Yo lo que quiero es morirme.” “S, te entiendo. Yo tambin me sent as cuando Aquiel cuadr con la Amy, pero ya ves, ahora es como si estuviera naciendo de nuevo, no?, he comprendido que tengo toda la eternidad por delante.” “Lilith, estoy de sesperado, no s qu hacer.” “Bueno, algn medio habr, por lo pronto se pueden escrib ir, no creo que prohiban eso.” “No s…” “Y despus podemos buscar una forma de que en tres all.” “Como no sea infectndome.” “¡Ni lo pienses! Dale, anmate, ya inventaremos algo.” l sonre triste y pese a intentarlo su cu erpo se niega a coger el ritmo. “No estoy para esto.” “Bueno, est bien, no bailes ms.” Lilith se detiene y le da un beso en la mejilla, “tampoco es obligado, no?” l se disculpa con un gesto y se aleja. Muy a tiempo, porque en ese momento se escucha un estallido de guitarras y ella se topa con los ojos del Conan que ha venido al rescate. “Coo, chi ca, me has echado en el abandono.” “Y han muerto todas tus ilusiones?” “No, claro, eso no.” Comienzan a bailar. “Perdona viejo, es que lo del Zepar era importante.” “Ok. Te perdono. Pero no te me vas a escapar ms.” “Como quieras”, mientras sonre ella piensa que el mundo est plagado de imbciles. Baila con l tres piezas seguidas, la ltima sintiendo las manos que exploran la pequea curva de sus nalgas. Luego Conan la lle va a un rincn en sombras y la besa en la boca. Un beso dislocagente, pantogrfico por describirlo de alguna manera y ella sentada adentro, dejando que le amase los muslos. Al otro lado de la pista sucede algo parecido “Alguien se merece tener la nariz rota” piensa, “o un bao de gasolina con fsforo incl uido.” Lilith decide olvidar y se concentra en los dedos del Conan buscando nuevas virgenaciones por fin descubren un punto dbil y ella se estremece, comprueba ciertas humed ades naciendo mezcladas a notas de rock duro y entonces intuye que ha llegado el mo mento de frenarlo un poco: “Coo chico, deja algo para despus” y l se repliega sin prot estar, alegre por el territorio conquistado. De todas formas en la voz de Lilith est exp lcita la promesa sensual, manjar para los sentidos. Al cabo de un rato ella mira otra v ez a la pareja distante y comprende que al fin

PAGE 152

152 152ha llegado el momento que tanto esperaba: Amy se levanta, dice algo al odo de Aquiel y se encamina hacia el bao. “Oye Conan, dame cinco minutos. Me est oy orinando” l no habla, pero asiente amablemente y Lilith se aleja pensando en d ecenas de venganzas posibles. A mitad de trayecto se encuentra con Margarita y la hala por el pulver para que la siga, instrucciones en susurros: “La Amy fue a mear. Esta es la oportunidad. Yo entro y t te quedas afuera, vigilando. Cuando te haga una se a apagas la luz y te vas. Djame lo dems a m.” Maggy se re nerviosa. “Perfect o. Tenemos que apurarnos, esto est a punto de acabarse.” “Ya lo s. Por eso mismo.” Dicho y hecho. Dentro del bao solo hay otra muchacha, aparte de Amy, pero ya va a salir. Lilith simula mirarse una mancha en la camiseta hasta que la joven se marcha. Entonces entra al servicio contiguo de la odiada invisible. Sus ojos se detienen en un jarro grande que alguien ha puesto a un lado del inodoro, supuestamente para descargarlo, pero por lo visto no hay agua esa noche, “mejor”, porque el montn de mierda llega casi hasta el borde. Despus de unos segundos realmente es para pensarlo termina de decidirse. Tratando de no hacer ruido ni de mancharse aga rra el jarro y lo hunde en el agua turbia llena de excrementos. Ahora sale con todo cuidado, en cmara lenta y le hace una seal con la cabeza a Margarita. Esta sonre divertida, eleva una mano hasta el interruptor y apaga la luz. La Amy desde all dentro murmura un “eh, qu coo…?” pero no termina la frase, porque Lilith ya le ha vaciado todo el contenido del jarro por encima de la puerta y luego sale disparada para confundirse con los bailadores. Por un momento teme que la puta se ponga a gritar, pero al parecer todav a le queda alguna neurona en el culo porque no sucede nada. Claro que en esas condiciones tan duras para el paladar, en lo que menos pensara cualquiera es armar un escndalo. “Ven”, le dice al Conan para que la siga en direccin a la puerta de cristal y salen del club para encontrarse con Margarita que se ha dejado caer sobre el csped del parque en pleno ataque de risa. Al verla en ese esta do Lilith se contagia y suelta tambin la carcajada. “Eres una loca, sabes?”, le dice su amiga desternillndose. El Conan no entiende nada. Luego de uno o dos minutos de risa histrica, se van apaciguando y la Pajot le dice a Lilith “¡entra!” y se palmean las manos. “Qu pas?”, pregunta el Conan

PAGE 153

153 153con una sonrisa estpida. “Nada, chistes sobre poltica”, contesta Maggy, “no sabas que Lilith es una maestra contando pujos?” y ellas se miran y vuelven a rer por la cara que ha puesto el muchacho. Despus de un cigarro compartido se acaba la msica y empieza a salir la gente. “Ah, estaban aqu. Yo pens que se haban ido” dice Leonardo que viene en compaa del Zepar y Mara Martn. “Nos vamos para la costa?” “Espera”, responde Conan, “Faltan el Diony, Azrael, mi hermano y la Amy.” “Mej or no esperen al Negro”, advierte Leo refirindose a Azrael, “lo vi de lo ms acar amelado con una alemana.” “Co, ese tipo es una crcel, no se le escapa ni una.” “Y a A quiel no lo esperen tampoco”, interviene Maggy, “seguro est esperando a la Amy y ella se va a demorar bastante.” “Por qu?” “Est en el bao con tremendo dolor de estma go. Pobrecita, se vea bastante mal”, ella esboza una sonrisa cmplice en direccin a Lilith. “Bueno, entonces seguro que se marchan directo para su casa.” “S, es lo ms probable.” “Vamos caminando, el Diony sabe donde ir.” “Ok.” Ya cuando estn a mitad de camino escuch an un “¡Hey, esperadme!”, del Diony que viene corriendo y se rene con ellos jadea ndo, voz de mutilado sin piernas. “Candela. Dej a Aquiel discutiendo con la Amy en la puerta del bao, ella gritando que no poda salir, que se haba manchado y le daba pena.” A Lilith le encanta descubrirse hija de puta. Es una sensacin de alegra nacindole por las venas, sin culpa porque ha sido en leg tima defensa, “pensndolo bien, una legtima vendetta”, as que sonre y responde con ga nas al beso del Conan, que ya parece un volcn a punto de estallido y ella de pronto siente deseos de templar as, en idioma animal, templar, no hacer el amor, ni nada que suene a sentimiento, ni aborto de frases al estilo de “oh, mi adorada Dulcinea”, al carajo todo eso. Cuando llegan a la costa deciden sentar se en un lugar cmodo, donde hace un mes regaron cemento para suavizar las aristas del di ente de perro, unas rocas que a la luz de la luna parecen restos de lava. El Conan no espe ra para lamerle la oreja. “Dale, vamos”, pero ella aparta la cabeza. “No, viejo, quiero es tar un rato aqu.” El sonido de las olas se confunde con el susurro de los pinos, un pe queo bosque los oculta de las miradas de strangers El Diony prende un cigarro y se lo pa sa a Lilith con un gesto. Es bueno dar un par de caladas al principio, puedes absorber todo lo que deseas sin necesidad de quemarte

PAGE 154

154 154los dedos. El Conan se niega a fumar. Dice c on orgullo que l no tiene esos vicios. Sus debilidades son otras: las pesas, la comida y la s mujeres, nada ms. Ni tabaco, ni caf, ni alcohol y mucho menos las drogas. “Claro”, aclara, “yo no se los reprocho, cada quien se mata a su gusto.” Lilith comprende la gran diferencia que hay entre Aquiel y este muchacho y se pregunta cmo de un mismo tero pueden salir hombres tan opuestos, un misterio realmente. Unidad y lucha de contrarios, como dice Maryengel. Complementacin. Equilibrio. Los dedos del Conan jugando con el zpper de su falda. “Hace falta una ctara”, dice Leo aguantando el humo en los pulmones. “Me cuadra esta paz”, riposta Margarita con su cabeza sobre las piernas del Diony. “Deberamos planificar algo”, sugiere Lilith y se acomoda en el abrazo del Conan, “reunirnos, pero sin rituales, ni leyes, ni nada por el estil o. Sencillamente para pasarla bien. Sin gente diciendo lo que uno tiene que hacer.” “Me parece mortal”, apoya el Zepar. Lo s dems tambin estn de acuerdo. “Qu propones?”, pregunta Margarita. “Un lugar cerca, por favor”, pide Mara Martn. “Por qu no vamos a Los Molinos? El Diony lleva su grabadora y otros consiguen ron o yerba.” “Los Molinos?”, el Zepar se nota ba stante borracho, habla como si tuviera la lengua derretida, “ese es un buen lugar. En el medio de la City Me cuadra”. Se levanta y sus piernas trastabillean un poco sobre las ro cas. “Y ahora me disculpan, que voy a hacer pis.” Acuerdan el da y la hora: mart es, diez de la noche. Luego cambian de conversacin. En eso llega Aquiel. Solo. Segur o dej embarcada a la Amy en el bao. Tpico de l. Cuando por fin se sienta y la mira, Lilith aprovecha para volver la cabeza y besar al Conan. Este le va a preguntar algo, pero e lla sonre y le dice “Vamos.” Se levantan. “Oigan, venimos ahora.” “S, s, ya sabemos”, bromea Maggy, “no te preocupes, nosotros vigilamos. Si viene alguna potencia te damos un grito.” “Ok.” Conan la lleva a un lugar apartado, cerca del agua. Se detienen. “Te gusta aqu?” Ella encoge los hombros con indiferencia. Se mantienen un rato callados, acaricindose y luego se tumban de lado sobre las rocas. Por suerte es una zona bastante plana. Lilith permite que l le quite la camiseta y lue go bese y recorra sus senos con la lengua. Despus Conan se libera tambin de su pulver y ella palpa sus msculos tensos, abultados, aspira su olor agrio de hombre y se deja ir un poco cuando siente los dedos explorando entre sus piernas. Mientras la besa el Conan susurra “qu rico, qu rico”, y

PAGE 155

155 155aunque falta el buen discurso ella aplaude imaginariamente, las manos del muchacho son expertas en recorrer los ros de su cuerpo, ha y un chasquido de zppers y de pronto es ella desnuda, pero con las botas puestas, el j oven con su pantaln a medio tobillo, buscando invadir sus predios. “Esprate, esprate”, murmura Lilith y luego lo empuja. “¡Esprate!” l se detiene confundido. “Qu pasa?” “Trajiste condones?” l pone entonces su mejor cara de perdedor. “No. Como no saba…” Ella de golpe se enoja. “Entonces no. Te jodiste. Quin te manda a no traerlo.” “Coo, L ilith, no me dejes as” y ella siente lstima por su cara de nio sin juguetes, pero no quiere y no va a ceder. “Mira, Conan, yo me hice la prueba del virus hace poco. Estoy lim pia, entiendes? Y eso me da tremenda seguridad, ahora no voy a volver a la incertidumbre de antes.” “Entonces t piensas que yo…?”; “Chico, yo confo en ti, pero no en las tipas con las que te has acostado. Y s que la Cheng no ha sido la nica.” l no sabe qu contestar. Su miembro se va doblando como un reloj de Dal. Ella le acaricia el rostro. “No te preocupes que no te voy a dejar as.” Conan no puede contener un suspiro de alivio. “Ven. Acustate bocarriba” y l obedece. Entonces Lilith se sienta sobre el pecho del joven, pero dndole la espalda, lo amasa un poco hasta que logra excitarlo de nuevo y luego se extiende sobre l, acomodando su vientre para que la vulva cai ga exactamente sobre la boca del muchacho. “Tmala, dame placer” susurra y se abre ms, ofrecindole sus ptalos internos. Conan siente el sabor del Cuerpo de Lilith y comienza a mover su lengua por toda la zona vaginal, de vez en cuando muerde suavem ente el borde de sus labios menores. Ella se siente desfallecer de gusto, guerra ancestral, disfruta del roce de sus manos plidas sobre la piel mestiza del joven, se escupe la yema de los dedos y vuelve a frotarlo, hacia adelante y hacia atrs mientras l lame y sorb e entre sus muslos. En ese instante Lilith se siente ms bella que nunca, se est exc itando de modo increble, Conan puede morir tranquilo dentro de sus muslos, ella misma podra dormir en su vientre, el espacio se llena del perfume conocido y preguntas mudas a los bolsillos del deseo. l es ahora el hombre de tierra que busca races y encuentra una fuente; ella sigue el ritmo de su lengua, su curso a las estrellas en medio del sonido de las olas rompiendo sobre las rocas, se inclina y lame con suavidad sus testculos, le entrega su tringulo como si le regalara la totalidad de sus diecisiete aos, le ofr ece su biografa abultada de hombres, quizs, tambin, alguna mujer que flota por los al rededores, odiada e inconfesable pendiendo

PAGE 156

156 156sobre las aguas del pecho. l acepta uno de sus dedos y como premio ella devora su miembro y chupa con fuerza y entonces el Conan se suelta por completo, comienza a moverse con mayor rapidez y Lilith comprende que muy pronto va a tener su clmax. Piensa en el peligro, retira su boca y lo ayuda con las manos, ajustndose con precisin a su ritmo creciente y descontrolado. Conan de pronto gime y su cuerpo se sacude violentamente. El semen brota en chorros discontinuos, fuente interminable. l se vaca por completo y permanece tendido, sonriendo con los ojos cerrados. “Te gust?”, le pregunta ella volvindose pa ra enfrentarlo. Conan asiente sin hablar y le acaricia los muslos con un gesto cansado. L ilith todava se siente bastante excitada. “Te pregunto porque yo no termin, y te lo a dvierto: si t no logras que yo llegue hoy al final, olvdate de acostarte otra vez conmigo.” Entonces lo agarra por el pelo y tira de l hasta hundirle de nuevo el rostro entre sus pi ernas. “Dale, perro. T vas a parar cuando yo te diga.” Conan obedece y retorna a trabajarla de inmediato. Lilith se siente poderosa, observa en derredor con todos sus sentidos el ectrizados de placer y comprende que es la primera vez que domina a un hombre de esa manera, adivina que hay algo de goce satnico en todo esto.

PAGE 157

157 157 TERCERA PARTE: ATRAVIESA AL OTRO LADO “La ciudad forma a veces fsicamente, siempre psquicamente un crculo, un redondel de muerte con el sexo en el centro.” Jim Morrison

PAGE 158

158 158 NUM Es cierto, Lilith est alegre. Ha logrado terminar su segundo huevo y se sorprende deseando buenas maanas a los cuerpos de nadie. “Todos sean felices.” En este nuevo vespertar sus padres no llevan el odio en el himno y, aunque teme la recada, regresa la conviccin del cambio. “S, he cambiado.” No im porta la salamandra en su omplato o la argolla en la nariz, por lo visto el genetismo masoquista, tantas veces proclamado por los osos para calificar sus cualidades psicolgicas se va desmembrando como migajas ante la nueva visin del mundo. Observa el tatuaje de nuevo frente al espejo. Se enfra el agua en la carne, entrecierra los ojos. Todava le ar de, tendr que esperar unos das para que las desgarraduras suturen y desaparezcan las cicatri ces minsculas. A partir de entonces ese animalito verdiazulado ser su estandarte de guerra, el desafo, el recordatorio para que los hombres pierdan, aun penetrando su cuerpo, talismn integrado a la piel para secarlos en cada embestida y despus proseguir la bsqueda. Y es que ya hubo muchas siembras estriles, suficientes enemigos subterrneos, hacindole perder la inocencia y las fechas de nacimiento, aniquilando ternuras. Timbre. Telephonic Day. Del otro lado de la lnea una voz variableomtrica Conan. l habla y demuestra que en algo Lombroso tena razn. Qu se puede esperar de una cama donde la palabra msculo es sinnimo de cerebro, cuerpocrcel que nunca dejar de escucharte nada ms que como sexo. “Entonces la Cheng me dijo que estaba embarazada y eso cambia todas las cosas. Volv con ella, qu le voy a hacer? Pero la que realmente me gusta eres t. Si quieres…” Otra postura a odiar. Ella niega aliviada y lo felicita. All l y esa muchacha histrica, disfrazada de llanto que grita. Lilith adivina que Conan volver a ascender las escaleras abiertas a los grises pasillos de su manicomio, perdn, matrimonio. La felicitacin sera sincera si no adivinara que…si todo no fuera mentirnos como frailes de la ltima cruzada. Cuelga el telfono y sonre mordaz ante la proposicin del tarpido de continuar siendo amantes. “Qu lmite de la compaa quieres darme? Pues no, seor. Fin del captulo. Ya vendrs en otro momento a lamerme los pies.” Ella desanda una paz repleta de jbilos-respuestas y aborto de mscaras, lejos de una supuesta

PAGE 159

159 159realidad de la imagen, o la semitica de un discurso verdimensional despertando pulmones y cltoris, pero nada ms, “buena mierda”. Un rato despus llega Leonardo y ellos se dedican entonces a practicar el perfomance incubndose biunvocamente con nuevas ideas, exterminando algunas posturas de ingenuflexin. La cosa marcha. Leo tambin feliz, le cuenta que habl con los funcionarios del Patio de la Virgen con la misma Virgen tambin y acordaron la accin plstica & exposicin de Rock-art para el mes prximo, por tanto: deben quemarse repasando los items para que luego no haya culpa de languidez; la obra debe quedar limpia y afilada como un bloque de hi elo, comprometidos a trazar las mltiples trayectorias posibles, sacarle al acontecimien to toda la luz que puedan emitir, el sol sumergido en el gesto a los ojos del pb lico, chisporroteando piedras y rasguos para atraer las ovejas al conflicto, removerlos de su seguridad de la no bsqueda, para shockearlos de una buena vez, subversivos, “como nos decamos en los parques”. La verdad no existe, slo en la accin, as que a ensayar. Despus de agotar msculos y neuronas se acuestan a descansar unos minutos. “Estoy preocupado”, dice Leo y le da un golpecito al huevo colgado sobre la cama, “no se sabe nada sobre Raphael, ni siquiera si pudo llegar” Lilith se pierde en temores inartriculados, emerge la imagen del ausente guardando equilibrio sobre una balsa de caucho, disparando contra monstruos marinos, pero ella rechaza la visin. “No te desesperes”, trata de tranquilizarlo, “l me dijo que llegaba, me lo prometi. Puede que no haya conseguido dinero para llamar, los pr imeros das siempre son difciles”. Piensa que lo mejor es creer en esa variante, “tal vez dentro de dos o tres meses lo veamos por la televisin, de guitarrista con un grupo nuevo”. “Ojal.” Ahora sobreviene un silencio culpable en el que ninguno de los dos desea abundar sobre el tema. Encienden un cigarro y se lo van pasando por turnos, los ojos cl avados en el huevo. “Crees que lo hayan desviado para la Base?” “Puede ser.” Luego Leonardo se levanta para marcharse. “Ah, se me olvidaba Lilith: Tengo que acompaar a mi mam al hospital. La van a operar de los ojos.” Piel levemente erizada, ahuyentando la tos de una bocanada mal dirigida. “Es grave?” “No, pero esta noche no voy a poder ir a Los Molinos.” Nubes de sol. Lilith ya no recordaba la reunin y ahora lamenta haberla propuesto para intersemana. Mala suerte. Leo se despide con un beso y se larga. Ella lo ve alejarse desde el umbral. El

PAGE 160

160 160planeta all afuera sigue igual que siempr e, con sus carteles supergrficos llenos de consignas gastadas o de las nuevas: LO MO PRIMERO. YA ESTS LISTO PARA SER FELIZ?, y otras asquerosidades. Mejor cerrar la puerta de nuevo, ya deben estar al regresar sus padres. El timbre del telfono la sorprende en la duc ha. Ella se enrolla mal que bien en la toalla, denuesta a ese alguien cuya lnea siempre llega a destiempo y se encierra con el telfono en su sanctuario. “Oigo?” Es San Jorge. Su voz se desgrana en el auricular con una invitacin al cine que ella tarda en asumir. “Oye, chico, lo que pasa es que Leonardo…” pero l la interrumpe rpida mente con un “te estoy invitando a ti, no a Leonardo” que la deja sin recursos como no deb a ser, la toalla se desprende y ahora est ella desnuda escuchando la voz del otro seduc indole el odo: “Dale, chica, embllate, t sabes que me gustas muchsimo. El otro da fu i a Choquelia slo por ti.” y ella contesta que no, pero es una negativa minscula, toda men tira y l se da cuenta e insiste hasta que Lilith comienza a sentirse esclava del susurro en sus paredes internas, l habla con su voz acariciante y al final ella acepta, los dedos jugueteando nerviosos con los vellos del pubis, rezumando humedad entre los muslos. “Ok, Jorge. A las ocho en el Yama” Piensa que luego del filme se irn a la esquina de cualquier avenida para seguir conversando, para seguir…Ella no encuentra la imagen de Leonardo en su memoria, se borra en sed de aventura, la foto del muchacho se va diluyendo en vientos qumicos que nadie expli ca, contaminados. “Por qu a la hora de cuadrar la fidelidad a los amigos de saparece? Claro que Leo tampoco tiene que enterarse, no?, y aunque se enterara, no me dijo que asumiera, que no importaba? Fuera toda culpabilidad entonces.” Ella cuelga el auricular y regresa al espe jo. Mira los ojos que siempre la rechazan, la frente que reniega de la nia acusadora, mejo r se entrega a meditar. “Me tocas, s lo que no me haces”, pero el pronstico la urge a encomendarse al ensueo de sus muslos en futuras aperturas dilatantes dilatentes diletantes templando el espacio que alrededor de los dedos fros sobre sus ojos en el espe jo exige. Luego la mano se sumerge en la gaveta, entre el caos de sus prendas ntimas en busca de ciertos paraguas preservadores de baos posibles, encuentra dos que vienen lgicos al fondo de la mochila principio bsico para un canto sin culpas -, el a gua fluyendo sin miedo a posibles fecundaciones

PAGE 161

161 161csmicas, para dar la bienvenida a cierto animalito de marras, disfrazado en ltex. “Buenas, cmo ests? cul es tu nombre pequeo?” Una hora ms tarde, vestida para matar, en cuentra a San Jorge esperando en la entrada del cine. Ningn brujo a la vista, menos mal. Un beso en la mejilla y entran abrazados en la sala oscura. Primeras imgenes, una comedia de enredos, lo suficientemente banal como para que no le importe el rostro del muchacho tapando la pantalla, entregndole en los labios su respiracin de hombre anfibio. Pasan las olas, en el pasillo no hay mujeres con linternas lser para quemar actividades prohibidas. Lilith decide entonces abrir la nueva noche. Desliza su mano y cuando topa con el obj eto entre las piernas del joven, aprieta levemente para sentirmedir su estatura. Divinacin El derrama un jadeo cortado en su odo como un llanto de mar. Otro beso de lengua salada. Claro que mejor sera en un lugar a solas y no este compartir visiones en amarillo ms rojo delante de los rostrosparedes y simular que no estn. En la pantalla una carajuda bien epicurva y sus seguimantes devoran los kilmetros de astropista con sus autoviles refulgentes para destrozar y aqu abajo Lilith como si no sucediera el grito de la tetona plateada dentro de un edificio a punto de incendio, luego el terrible amarillo serosolar ms rojo y fuego y disparos y ellos que se lanzan a jugar a los substisexos el abrazo permite los dedos invisibles buscando milmetros rabiosos, titilando cltoris o deslizar de seda en movimiento fluctuante de un miembro adorable mente extenso, justo a tu gusto y los ojos escapan de quienes se evaden, es magnfico esto y tambin liberador, masturbarse a do en medio de tantos zombies con sus anticuados conceptos, es bueno subvertir el espacio mezclndose como animales suaves ilimitados, cagndose en la moralidad de tantos cerebros carcingenos “A este yo lo convierto en Brujo”, piensa Lilith y recuerda la reunin en los Molinos. Maldita creencia. La pelcula muere en el cen tro de la accin plstica. No hay sanctuario para despus, no hay cama-huevo sino que lo llevar al concilibulo de los klippots sin decirle, para que no escape, sorpresa. Y si se enoja le dir que espere, como le dijo al Conan la noche anterior, solo morirn interfundidos despus que San Jorge se empape de ideologa Zeppelin despus que experimente una noche de guitarras y faroles a lo

PAGE 162

162 162blues Dylan THE END Se encienden las luces, pero ya ellos se han disfrazado de nuevo como ngeles de la velocracia. Ya afuera y como era de esperar, el Santo le propone continuar la revolunin a ventanas cerradas, pero ella responde que el fuego es el siervo de sus puertas, que prefiere hacerlo entre rboles, bajo la luna, puro amorbierto y reniega de sanctuarios y ojos cerrados y las llamaradas de julio que los quemaran con sus temperaturas infernales y los dpteros vampiros, no. Basta de tortur as ajenas. “Vamos a los Molinos.” Quizs Jorge intuye que una negativa pondra en juego sus futuras internaciones as que acepta la proposicin de inmediato: “Los Mo linos? Perfecto. Hoy tengo alma para Don Quijote.” Lilith piensa que este muchacho es muy rico, helado de chocolate para saborear, lstima que no tengan nada que ver uno con el otro. Diez de la noche. La ciudad y sus valvulores maqunicos, infectos. Tal vez a Lilith hoy le sobren ojos para odiarla. Es todo un acu ario. La envidia de los caminantes por los motorizados, algunos que intentan destruir su lmite de patatas acompaados por sus carritos de pizzas y confituras, hay cigarro s, pero no abundancia, ni destituciones de precios, ni guitarras, ni sinceridad, ni arte en las calles, ni risas para conservar en un container de plomo, solo polvhumo colas, respiracin poluta, buldozer al pulmn, “mi pulmn”, casas apuntabladas clamando SOS a cualquiera que no destile citas del artfice en fin. Van caminando entre las luces, e lla encuentra los brazos amables cuando la escucha, pero Jorge no quiere o no puede ver. Este es su mundo, su universo y lo respira cmodo, al contrario de Lilith que repr ime sus deseos de gritar aterrorizada, la imagen fija de su rostro asfixiado em ergiendo en el borde de los montones de desperdicios, alimento para ratas. Cityphobia. Por suerte l rompe la visin helada y cuenta ancdotas divertidas y poco a poco se acercan a Los Molinos, uno de los pocos pulmones verdes de la Basurpolis. Ella llega a la conclusin de que se siente insegura y dbil ya que desde hace das no se entrega a la implosin psicoqumica y todo lo pensado en el trayecto es simplemente efecto de carencia, paranoia abstmica. Odia sentirse as, por eso empieza a buscar el grito de vida de los Brujos cuando cruzan la verja y empiezan a internarse entre los rboles. San Jorge se deja llevar, pero al or unas risas inesperadas y msica rock, y comprendiendo que se dirigen a ese lugar, su ro stro se transforma en la consigna de un

PAGE 163

163 163inquisidor. “Oye, a dnde vamos?”, y se detie ne. “Esa es mi gente”, le explica Lilith, “Quedamos en vernos aqu esta noche. Dale, chico, vamos. Seguro tienen yerba.” “T no me dijiste nada de esto.” Ella simula frases como lgrimas: “Disclpame Jorge. Es que tena miedo que no aceptaras. Dale, qu te cuesta? Adems, la idea de reunirnos aqu fue ma.” l se ve bastante enojado. “No, no, yo me voy”, su voz antes dulce se ha vuelto metlica y ella insiste: “Jorge, complceme. Estamos so lo cinco minutos. Nos tomamos un trago y despus hacemos lo que t quieras. No me decepciones.” La ltima frase lo hace dudar un poco y ella vuelve a la carga: “Por favor, solo dos minutos. Despus soy tuya”. Lo besa. Ella nota como su respiracin se nor maliza de nuevo. “Es raro”, piensa. “Tendr miedo? De qu?, o de quin?” Ahora Lilith toma una de las manos del joven y se la coloca entre los muslos. “Ves? Estoy caliente.” Ella piensa que si esto no funciona lo mandar a la mierda, “Me vas a dejar as, t oda excitada?” Lilith usa todas sus tcticas para que renazca la erupcin txica. l, por fi n se rinde: “Bueno, est bien”. Ella lanza un gritico de alegra y lo abraza. “Ya vers. Son gente fantstica, te van a encantar.” Jorge no parece muy convencido, pero deja que la muchacha lo gue entre los rboles. Llegan al claro. Estn casi todos, tambi n Aquiel. Slo faltan la Amy, “Hum, que interesante”, Conan y por supuesto, Alina y Leonardo. Un farol, dos botellas de ron, una grabadora. “Hola Brujos, me dejaron algo?”, y luego de los saludos y besos ella les presenta a su pareja: “Este es Jorge, un amigo mo y de Leo”. De pronto sucede algo extrao, porque Zepar borra la sonrisa, se acerca despacio con sus ojos-lanzas clavados en el rostro del recin llegado, lo observa bi en y luego le pregunta: “No te acuerdas de m?” La situacin se vuelve tensa. Jorge, confus o, va a encogerse de hombros, pero luego parece que algo recuerda porque se pone plido en un instante, murmura “puta” en direccin a Lilith y se lleva rpido la mano a la cadera. Zepar se abalanza sobre l, comienza a asestarle puetazos en medio del aturdimiento de todos. Lilith comienza a gritar que los separen, sin entender lo que su cede, de repente hay un brillo de navaja. “¡Maricn!, ¡te voy a matar!”, una patada y la cuchilla sale volando, Aquiel y Diony intentan apartarlos. “¡Sultenme cojones!”, grita el Zepar, “¡l fue uno de los que nos asaltaron!” y entonces a Lilith se le des nuda la memoria y enmudece por la revelacin

PAGE 164

164 164inesperada. Jorge empuja a Aquiel e intenta escapar, pero es derribado por el Diony que le lanza patadas al estmago, mientras el Negro le traba los brazos y Aquiel lo sujeta por las piernas. Entonces Zepar se da cuenta de que tiene una cortada en el brazo, por suerte solamente un rasguo, “coo, pero si tambin me pic”, y con ms rabia an le propina varios golpes contundentes a la cabeza hasta que lo pone fuera de combate. Luego se apartan y Lilith puede ver el cuerpo desmadejado, la sa ngre brotndole del rostro, mezclada con el fango y la hojarasca. “Amrrenlo”, dice Zepar y comienza a desabroc har su cinturn, “este me las va a pagar todas”. El Diony desata su pauelo. Maggy se agacha para soltarse los cordones. El negro Azrael y Mara Martn se alejan en busca de sogas, alambres o algo por el estilo. Es curioso, piensa Lilith. Ahora est vaca, no siente nada por ese bulto tirado en el suelo, no puede razonar con claridad, no hay em ociones. Este era el mismo con el que yo estaba besndome hace unos minutos? Se ha adueado de una de las botellas y toma un trago tras otro, como una mquina, mirando a los Brujos actuar, sin intervenir en nada, como si estuviera viendo una pelcula. Por ejemplo, ahora el Zepar aprovecha que Jorge ha recobrado el sentido para volverle a pegar sin miramientos. Lilith slo puede repetir una y otra vez la escena fija de cierta noche a oscuras, casi similar a sta, ella tirada en la calle con su pulver rasgado y el rostro de Jo rge, s, ahora est completamente segura, era l, por eso le resultaba tan familiar, el muy cabrn violndola con su risa alcohlica, sin atender sus gritos, sin importarle que est uviera llorando, abofetendola en medio de los insultos, hijo de puta. Imperdonable no haberl o reconocido antes, a lo mejor y hasta saba que era ella y quera repetir la hazaa. Ahor a slo siente odio. Si todava le quedaba alguna duda esta desapareci por completo cuando sali a relucir la navaja. Dios sabe a cuntas ms se haba violado por ah y lo que pensaba hacerle una vez que estuvieran a solas. Lilith se descalza y ya con las botas en las manos comienza a sacarles los cordones. Por cuenta del muy maricn se haba metido casi un mes escondida debajo de la cama, perdido todo el gusto del sexo, temiendo a cual quiera que pasara por su lado. Se vuelve a calzar y se acerca a donde estn todos. “Tome n.” Los cordones van a asegurar todava ms las ligaduras de las muecas. Azrael ha encontrado unos alambres y se encarga de atarle las piernas, el pauelo del Diony sirv e como mordaza. Despus de la segunda tanda

PAGE 165

165 165de golpes Jorge ha vuelto a perder el sentido. Ella de pronto descubre los ojos de Aquiel fijos en su rostro. “Qu hacemos?” le pregunta el Zepar. Lilith slo atina a encogerse de hombros en plena mirada de imgenes inconexas, ni nguna placentera para el bulto exnime. “Jdanlo”, contesta y luego va a alejarse de nuevo, pero Zepar la sujeta por el brazo. “No. Es tuyo. Haz lo que quieras con l. Vngate.” Ella vuelve a encontrar la mirada de Aquiel, que asiente con un gesto casi imperceptib le. l habla directamente a los labios de sus piernas, hay un batir de palmas secreto, fluyen las aguas, pero ella comprende que todava no es el instante, si acaso un comien zo, cae la cascada del deseo entre sus muslos llenos de voces. “Muy bien”, ahora vuelve a sentir el poder recincontrado Rito del tigre, de la pantera blanca. “Desndenlo.” Azrael rasga la camisa, mientr as el Zepar le baja los pantalones hasta los tobillos. “El calzoncillo tambin. Qutenselo todo.” La navaja rompe la tela para no tener que zafar otra vez las ligaduras. Jorge despierta y se remueve desesperado, pero el Zepar lo patea de nuevo dos veces hasta que se rinde. Lilith se acerca con una sonrisa sardnica. “Ya te despertaste Papito? Qu t queras hacerme con esa navaja?” l mueve la cabeza negando y cierra los ojos atemorizado. Sudor-escama. Ella observa su pene encogido, casi ridculo y se agacha a su lado. “Por eso no queras venir. Ahora lo entiendo todo, maricn”, y lo escupe a gusto en el rostro, luego se vuelve hacia Margarita: “Traeme la navaja” Su amiga se apresura, busca un rato entre las hojas donde la ha dejado caer Azrael y luego se la alcan za. “Aqu tienes. Mira a ver lo que haces.” Lilith sonre indiferente, en el rostro una muecamenaza. “Sabes que ahora te los puedo cortar si me da la gana?” l intenta arrastrarse, pero Diony lo in moviliza otra vez. Ella comienza a rozar levemente sus piernas con la cuchilla, le acaricia los testculos con el filo, pero tratando de no herirlo. “Sabes que no te puedes mover, si lo haces te vas a cortar.” La noche enmudece, todos los Brujos expectantes, la voz de la muchacha se ha vuelto lnguida, seductora. “No te preocupes. No te voy a cap ar…todava.” Lilith disfruta vindolo sufrir, duea del sudor de sus sienes, del pnico quemando el agua de sus ojos. “Aquiel, me puedes traer el ron?”

PAGE 166

166 166Ya con la botella en la mano, se da un tra go y deja caer un chorro de bebida sobre el miembro del joven. “Ests fro, as no me gustas, te voy a calentar un poco.” Risitas contenidas de la Maggy. Lilith se siente lib re como nunca, con la misma sensacin de poder de la otra noche en la costa. La ver genza, los escrpulos como una puesta de sol cuando el da termina, cuando despiertan los de monios. Ella lo acaricia un rato, ya sin la navaja, roza con los dedos sus paredes estriadas, el tronco suave capulloso, pero no hay reaccin, an restan cicatrices de hielo, dema siado miedo, hombre, hace falta probar con otra cosa. Lilith se inclina, se mete el pene en la boca y ayuda con las manos, chupa y lame un rato hasta que siente una discreta ereccin del objeto, se aplica sobre l, muerde y succiona con fuerza, luego se aparta y lo sigue masturbando de prisa para mantenerlo erguido, “dale, demuestra que eres macho”, luego le hace una sea a Margarita para que la auxilie. Esta viene con sonrisa divertida, toma su lugar, vuelve a aplicarle la boca y los dedos, Lilith retorna a bautizarlo con ron, le frota los testculos, poco a poco l se deja llevar, “te gusta eh?”, hay un momento en que su miembro alcanza el mximo de rigidez, es entonces cuando Lilith recoge un trozo de alambre del suelo, aparta a Maggy de la accin, se lo enrolla rpidamente alrededor del glande y tira con fuerza. Jorge se arquea de dolor en medio del orgasmo, ella aprieta ms para que el semen no escape y se levanta sin soltar el cable, los dedos empegota dos de sudor y tierra. “Ya te dije que no te iba a capar, sino a ahorcar.” La situacin es tan cruelmente cmica que todos se echan a rer. Ella hala con fuerza un par de veces m s hasta hacerle saltar las lgrimas. Luego se seca las manos con el pulver. “Ya visitaste el Paraso. Bienvenido al infierno.” La muchacha se vuelve a empinar la botella y se la pasa al Zepar. Se siente ms alegre que nunca, con una especie de jbilo negro, desenfrenado. “Ahora vas a conocer a Lilith, la Reina de los demonios scubos. ¡Vrenlo!” Al ver ese cuerpo de espaldas, las nalgas inde fensas ella piensa que todo esto es como besar a alguien con labios de espinas. “Azr ael, dame tu cinto.” l obedece. Una correa ancha de cuero, con broches plateados. “Ven, Mara Martn. T primero” La joven se acerca un poco indecisa y extiende la mano para recibir el zambrn. “Mralo. Lo ves? Ese es un cabrn violando mujeres. No sien tas lstima porque a lo mejor la prxima podas haber sido t. Dale diez veces. Cgelo como una prueba para entrar en el grupo.” Mara Martn comienza a zurrarlo. Nueve azotes tmidos. El ltimo falla. “Ya. Ahora

PAGE 167

167 167Margarita.” Esta ocupa el lugar de la primer a. “Dale diez tambin. Para que no se atreva ms con nosotras.” Maggy empieza dbil, lue go va incrementando la fuerza hasta el dcimo, que restalla como un ltigo. “Ahora me toca a m. Aguntenmelo bien.” Lilith comienza a fustigarlo con ganas. De scubre que con cada cintarazo el jbilo arrastra sus poros, ms fuerte, ms fuerte, siente la voz tmida del sexo humedeciendo la entrepierna, otro y otro ms, se le ofuscan los sentidos, llega a la cuenta de diez y sigue golpeando, es una sensacin maravillosa. Ya al borde del orgasmo unos brazos la sujetan fuertemente. Es Aquiel. “Djalo ya. Lo vas a matar. Hazle otra cosa.” Ella se revira. “Quiero humillarlo. Quiero que me recuerde toda su vida.” “Haz lo que te de la gana, pero no lo mates.” “S, claro”, recapacita, “tienes razn”. Hay un instante de duda en que Aquiel vuelve a alejarse, convertido en sombra de lince, es pectador pasivo. Todos los Brujos la miran, esperando la nueva tortura. Ella va a desistir, pero se refugia de nuevo en la imagen odiada, “Esto es lo que hay que hacerle a t odos ustedes, partida de…”, y es poseda de nuevo por los demonios de la luna. Jorge se ha movido un par de metros sobre la hierba. Lilith pide de vuelta la botella, se toma el ltimo trago y por fin se decide. Sabe que est media borracha, pero no importa. “Ahora vas a saber lo que se siente. Te voy a violar, maricn.” l intenta levantarse, pero el Ze par lo tumba con otra patada. “T te quedas hasta que ella termine.” Jorge se retuerce, trata de queda r boca arriba, pero es intil, a cada intento recibe un puetazo y luego lo s brazos de Azrael y Diony lo vuelven a colocar de bruces, inmovilizndolo con sus lla ves. Lilith piensa que ya queda muy poco de aquel machito valiente del asalto nocturno. Esta es otra noche, su noche ella se acerca con su instrumento de martirio, smbolo f lico y todos se aprestan a mirar la cada irreversible en el abismo, sacrificio final. “Ah, Grand Ma, Diosas Triples”, dice insp irada por el alcohol, “aqu tienen su venganza y la nuestra, la carne que debi ser, para lavar tantos siglos de violadores, de humillacin y desprecio.”, el resto de los Brujos la miran fascinados, incluso Aquiel, “yo soy Lilith, y ofrezco este hombre ante los oj os de la Diosa y me libero, por siempre jams”. “Ven”, le pide a Margarita para que la ayude otra vez. Esta acepta su nuevo papel contagiada por el discurso; agarra las nalgas de Jorge y se las aparta hasta que su agujero

PAGE 168

168 168queda bien a la vista. Por supuesto, la vctima no se est quieta y Lilith se enfurece: “¡T escoges, comemierda! ¡La botella o la navaja !” Sus palabras por lo visto hacen efecto porque el muchacho se queda inmvil de inmediato. Ella escupe en el ano, Margarita tambin, y luego prueba con un dedo. Bien, ya es t listo. Ah va, justo en el centro. Jorge muge con todas sus fuerzas detrs de la mo rdaza, mientras Lilith le va introduciendo la botella con cuidado, primero la boca, los bor des, con gran esfuerzo, aullidos de dolor ahogados por el pauelo, luego el cuello de vidrio. Ella le introduce cuanto puede el miembro falso para hacerlo sufrir, ultrajarl o, para que se degrade hasta el mximo, ver sus espasmos y los puos crispados, queriendo morir. “No te muevas que es peor”, le advierte. l llora de negro, obedece, se humilla trata de relajarse y ayudar para que duela menos; luego de un tiempo ms que suficiente, Lilith se aburre y deja que la carne expulse al objeto extrao. De todas formas ya se le ocurri otra. La ltima: Dejarle una marca como souvenir Lstima que no haya agujas ni tinta para un tatuaje. Sin embargo est la navaja. “No te preocupes, ya voy a acabar Te vas a ir con mi firma”, y entonces le traza despacio una letra L en la nalga derecha, no muy profunda, lo mnimo para una cicatriz visible, la marca inicial del rebao, para que no escape. “Ya est. Termin con l.” “Espera que falto yo.” El Zepar recoge la cuch illa y le esboza una zeta en la otra nalga. “El Zorro ”, dice Margarita y se echa a rer. “No, no. Led Zeppelin ”, acota Azrael y todos sueltan la carcajada. “Ok”, Lilith vuelve a hacerse cargo del asunto. “Recojan que nos vamos. Cada uno para su casa y aqu no ha pasado nada.” El Diony se agacha para recuperar su pauelo. “Qu coo haces? Djalo, yo te regalo otro.” Ella decide olvidarse de los cordones. Salen de prisa. Slo cuando llegan a la avenida es que se encuentran con un ancia no blanco, que probablemente medita con sus muertes prximas. “Los inocentes son los culpab les”, dice. Ella piensa que el viejo est tan borracho que al da siguiente seguro no r ecordar nada. Tambin est la posibilidad de la crcel, pero adivina que San Jorge va a tener que devorar sus gritos; est en la misma o peor situacin que la Amy en la rockoteca. Ya despus de alejarse un buen trecho ella prescinde de sus temores. Al fin y al cabo el tipo no est muerto, solo mancillado y eso no es tan grave. Que lance su s siete gemidos en secreto, sin que nadie

PAGE 169

169 169se entere, eso no es peligroso. Y luego que in tente vivir en paz consigo mismo, si es que puede. “Quieres que te acompae?”, le pregunta al guien al odo y ella descubre con sorpresa que es Aquiel. “S, por qu no?”, contesta y piensa que la noche todava es larga, muy larga.

PAGE 170

170 170 SAMH Avenida Charles 3, Ministerio Civil, T eatro de la Nacin… Aquiel y Lilith caminan en silencio, uno al lado del otro, sin tocarse apenas. Ella quisiera gritar de alegra por el gran hijo de…los demonios, que al fin, ¡por fin!, se ha dignado a acompaarla. Piensa que lo atrapar toda la noche hasta convocar el sol, aunque para ello tenga que beberse todos sus conceptos como sombras, sus octgonos simbiticos no importa. Esta vez tendr que explicarle bien, y luego escucharla. S, escucharla, porque ya basta de su pose siempre superior y emitiendo palabras como manoplas de agua que la han hecho llo rar, enmudecer, herir, quemar sus alas, el orgullo medido en nmeros diminutos contra el amor, contra esos ojos que no llegan a valorar su potencial real, la exactitud de una mirada regalando cuerpo y sentimiento, su alma entera incoherente, pero no, hoy debe hur tar esa entrega, ya apag los letreros de nen indicando la entrada a la caverna, al hoyo en el pecho, al corazn, ese sujeto universal escondido del tacto, luchando siempr e por su pedacito de felicidad, develando cubiertas, ltimamente sin encuentros ni r eencuentros, al abrigo del abrigo porque as no duele, es mejor esta variante, claro que s. “Qu te pasa?”, pregunta l, “ests callada desde que salimos. Te arrepientes de algo?”. Ella contesta sin pensar: “No. En ab soluto. Ese cabrn se mereca todo lo que le hicimos”. Cruzan la avenida de Mxico y conti nan subiendo por Pradera, en direccin a 32. Todava no debe ser muy tarde, porque se ven muchos autos y hasta ellos llega el sonido de los televisores encendidos. Aquiel se desva hacia el parque de los punks, que a esta hora debe estar desierto. Lilith lo sigue, a limenta su mente de madrugadas y piernas. “Soledad”, recuerda, “yo te escupo como a un perro sarnoso”. Ellos se adentran por un sendero a travs de los framboyanes y desembocan en la plazuela central, oculta a las miradas strangers por muros repletos de grafittis. Todas las farolas estn apagadas se han robado los bombillos y tambin alguien se llev los listones de madera de los bancos, por lo que tienen que sentarse en una de las pequeas escalinatas. “En este parque fue donde nos detuvieron por pintar los muros.”

PAGE 171

171 171 “S, lo s”, Lilith ya conoce la historia por Raphael, “En qu ao fue eso?” “En el 19 o el 29, no recuerdo bien. Eran otros tiempos. No te voy a decir que mejores, pero por lo menos haba Juventud.” “ No entiendo.” “ Ya la Juventud no existe, lo que exis te son los jvenes.” Ella lo mira sin comprender. “Qu quier es decir?” Aquiel se demora en contestar. Busca en su mochila, saca un cigarro y lo enciende. Da una bocanada larga y luego le explica. Su discurso comienza vomitando la ciudad. No le perdona que hayan escapado los sueos, la conciencia colectiva de ser joven, las viejas quimeras hippies con su aliento de rbol pegado a la nariz, las barricadas. Ahora t oda la lucha se reduce a mirarse la ropa en el espejo, ser el primero en ofr ecerse como imagen del fotgrafo stranger en las discotecas, dientes pepsodent y devenir objeto. Zombies, cerebro muerto. De los que deciden acostarse debajo de su rostro y hablar la novlengua de Orwell en pleno desfile de antorchas y dando vivas a Augus to Comte, mejor ni tenerlos en cuenta: dan asco, igual que los nuevos religiosos, realucinadores del pasado, sonando maracas y escapularios, vendiendo etnografas y mierda folklrica. En el otro extremo estn los peores, los que prefieren correr las bambalinas y pasar de todo, los que odian el jabn temprano, creyndose por ello salidos del System pero siempre con vocacin de televisor, los que se sientan a llorar entre dos fronteras, los cirenaicos, amando a sus dolos de rebelda empaquetada, coreando el grito de sus eco lejano, tibio, diluido en electrones, o buscan los caminos del sexo psicoqumico para traicionar al cuerpo aburrido, mortal, el ef mero gemir de las sbanas, sbado para inyectarse en las venas, devenir esquizo. “E sos somos nosotros.” Sin embargo Aquiel se advierte y se gasta en camino concienterrado le explica a Lilith que deseara ser el forastero, extraviarse de una vez y salir de la autopista, insulta a todos como buen acorazado medieval, pero tambin est atrapado en la mquina, como ella, como el resto de los Brujos. “Y sabes qu es lo peor?” Aquiel gesticula con ademanes bruscos, “lo peor es que sin sueos, y sin reconocernos vamos a terminar matndonos unos a otros por tonteras, por mujeres, drogas o bicicl etas”. l de pronto enmudece, porque el territorio es invadido por un hombre que se arrima a un rbol para orinar. “Vmonos, Lilith. Este parque se ha convertido en un bao pblico.” Hay algo de rabia mezclada con

PAGE 172

172 172tristeza en la ltima frase. Salen de nuevo a la avenida. Un viento hmedo hace mirar a la muchacha al cielo, donde no se ve una sola estrella. “Debe estar al llover”, dice y apuran sus pasos para escapar del agua. En la esquina del semforo una potencia los observa desconfiado, pero los deja seguir sin pedirles la documentacin. “Todos te ven si no ests en el centro, maldita curva de Gauss”, murmura el joven, pero ella no comp rende la frase. Comienza a sentirse un poco molesta cuando descubre que se dirigen a su parada. “Cmo conociste al tipo?”, le pregunta l y aminora el paso. “A San Jorge?” “S.” “Por Leonardo.” Ella le cuenta toda la histor ia a grandes rasgos. A quiel de pronto se ve preocupado. “Entonces l sabe donde viven ustedes”, Lilith comienza a adivinar hasta dnde quiere llegar l con su interrogatorio. “N o, Jorge nunca fue a mi casa, slo tena mi telfono. Pero s conoce la direccin de Leona rdo, lo visit varias veces.” Aquiel se detiene y la mira a los ojos. “Hay que avisarle a Leo. Ahora mismo, si es posible.” A ella le desagrada la idea. No se imag ina la cara del muchacho cuando le cuente lo sucedido, adems de que ya se haba hecho algunos planes para la noche. “Bueno, l no tiene telfono.” “Entonces vamos a su casa. ” “Pero, por qu? Cul es tu miedo?” Aquiel la agarra por el brazo. “No me dijis te que haban sido cuatro o cinco los que los asaltaron aquella noche? Quin te asegura que el tipo no busque a sus amiguitos para vengarse?” “Co.” Hasta el simple supuesto de que suceda algo semejante la llena de pnico. “Dale, vamos”, le dice y echan a caminar. De pronto son pedazos de noche que caen gritando y rugiendo en todos los rincones de la ciudad, cuchillos que bailan en la lejana y se acercan cada vez ms a la tierra de los Brujos, amenazadores. “l vive por 21, podemos ir caminando.” Avanzan a pasos rpidos hasta la esquina del cine Charles. De ah van internndose por los callejones estrechos y atravesando irre gulares vas hasta topar con la casa de Leonardo. “Ah es. En el segundo piso.” Todo est a oscuras. Tocan un par de veces el timbre, pero no parece haber nadie. Entonces ella recuerda: “Leo me dijo que iba a acompaar a su madre al hospital, para una operacin. Por eso no fue a Los Molinos. A lo mejor se qued con ella.” “En cul hosp ital?” “No s.” Comienzan a caer las primeras gotas de lluvia. “Aquiel, qu hacemos?” l se encoge de hombros. “Te dijo de qu la

PAGE 173

173 173iban a operar?” “Creo que de los ojos.” “Entonces lo ms pr obable es que hayan ido a Vistabuena. Eso es lejsimo de aqu, aparte de que no nos dejaran entrar.” “Yo me imagino que l regrese maana.” “S. Lo me jor ser venir lo ms temprano posible para avisarle o si no ir all, al hospital. Pero bueno, eso ser maana, ahora vamos para mi casa, antes de que nos coja el aguacero fuerte.” “Est bien.” Corren en direccin a Calzadilla, la calle donde vive Aquiel. Ella imagina la salvacin del deseo guiada por la mano del joven, que la hala tras s en medio del diluvio, una cuadra tras otra, saltando charcos, las ropas empapadas pegadas al cuerpo, el pelo chorreando agua hasta que llegan a su des tino. “Co, por fin.” Llave en la cerradura y entran en la casa. “Ve para mi cuarto. Es ese. Yo voy a buscar unas toallas.” Ya dentro del sanctuario lo primero que hace Lilith es quitarse las botas. Luego se seca los pies con la toalla que le brinda el muchacho. “Mira, cuando termines cmbiate la ropa y ponte esta camiseta.” “Est bien.” La blusa y la falda se distribuyen a un lado de la cama, exaltando todava ms el desorden del espacio ence rrado entre cuatro paredes cubiertas por anaqueles de libros. Instante. “Este es el libro de tu cada.” Su cuerpo bajo el afiche del titn del rock, en la esquina ms psicodlica del cuarto. “ Quieres or algo? Te voy a poner mi disco preferido.” l aprieta una de las teclas del e quipo y la estancia se llena de voces sordas, pasos de ciego. Un coro religioso en onda celta. “Qu es?”, pregunta ella que no conoce mucho de rock sinfnico. “El nombre del grupo es Kawkcir Se titula En busca del Santo Grial ” La historia comienza con Jos de Arimatea rico hebreo y guardin del cuerpo de Cristo. Afuera llueve, Lilith ya no recuerda la angustia de haber amado a gritos sin resultado alguno. Entreacto. Esta noche todo puede ser diferente. Ella aparece flotando en un rayo de luz y cubierta por un velo. El caballero se compromete a salir en su busca. “Ay, Galahad, Qu sabes de lo que siento? Hombre al fin, qu puedes saber de mis entraas y mis cadenas? Qu sabes de la so ledad del espacio?” Felicidad de vaco, donde se pudren las dudas. Sir Perceval lase Aquiel ha invitado a la virgen al Castillo del Rey Pescador y le pide que ocupe su puesto. Por suerte Bors lase el Zepar, un amigo esa noche accedi

PAGE 174

174 174a regresar solo a Camelot. Los dos se van rela jando con el sonido suave de la msica y al rato se sienten como guardados en el calor de un recipiente especial. Lilith mira a Aquiel y lo encuentra lleno de profecas invisibles Ella seguramente piensa: “Ahora los dos estamos caminando a ciegas, tratando de mira r con las manos, sobre una cuerda muy fina y roda por ratones gigantes”. Hay una sensacin de espera revoloteando por el sanctuario, serpientes enardecidas que sue an desde el centro del cuerpo, suean con dos figuras que se observan desde la mscar a hmeda de sus ropas y ella entonces descubre que este hombre es un desconocido, bebida de dioses desde el lado de la Oscuridad, servido en estuche lujoso y capaz, con slo un gesto, de proporcionar fuerza sobrehumana y vida inacabable; por lo genera l esta iluminacin sbita sucede despus de que Aquiel se ha perdido en frases hechas : “Ante todo quiero que me perdones por lo de…” y ella se siente ridcula en extremo, arti ficial en su pose de confesor del almas la Grand Ma siempre en su sitio, vigilante y no sabe el por qu del gigantesco sentimiento de culpa que la penetra y la asfixia hasta que l por suerte decide no hablar ms de conceptos archisabidos y esquemas de sentid o comn, tiene que salir del cesto mgico, punto muerto de todas sus posturas malin terpretadas “Caramba, Garahnir, hasta cundo?” -, tienen que comunicarse por prim era vez y de la forma ms sincera posible aunque y a pesar de que pueda resultar “otr o fracaso onrico” y recin comprende lo difcil, lo inmensamente complicado que le resulta desnudarse sin romper todas las armaduras. Entonces es mejor callar y hacer el amor slo con los ojos fuego del Grial -, Lilith que le agradece el silencio y compre nde que ahora estn unidos por una red de empata que los hace mejores, inexplicables an detrs de las camisas empapadas por el festival del agua -, que los hace nuevos y, esto, todo esto, en un lenguaje sensorial que no haba conocido antes, o tal vez s, pero que ya ha olvidado un poco de qu se trataba. “Un da vine a buscarte y conoc a tu mam Where is she? ” Todava faltan muchas horas para la muer te de la noche. El cambio de idioma hace sonrer a Aquiel, que mira el rostro incand escente de Lilith y adivina que cualquiera puede renacer de pronto a partir de recorrer las calles de un cuerpo. “No est”, contesta l, “se fue con su nuevo marido a un congre so en Las Dunas.” “Un tal Roberto?” “No, otro.” La joven de pronto asumiendo el pape l de Genevieve ciclo artrico de un tal Chrtien de Troyes, por eso el ingls y la voz lnguida -, y pregunta a Aquiel por el estado de su relacin con Amy. l sonre lo ha sorprendido a mitad de la preparacin

PAGE 175

175 175de un incienso y riposta con un “hablando de la Amy, qu t crees de ella?” que la desarma por unos segundos. La reina Gine bra acepta el anacrnico humeante que le ofrece el otro y mira nerviosa un gato talla do en bano que sirve de portalibros en uno de los anaqueles superiores. “T sabes que a m ella nunca me pareci una maravilla precisamente, pienso que es bastante retorcid a, y que solo fue un recurso que utilizaste, no s con cul objetivo, no puedo formarme un criterio muy exacto de la relacin de ustedes.” Hay un rictus en los labios de Aquiel, qu e seguramente ahora piensa en el suicidio que signific para l aquella versin de amor bufonesco. Lilith deseara explicarle el cambio de un verso en establo, argumento de leyenda alemana, su visin de la Amy como un fantasma de carne porcina, un buen objeto para gozar, para escupir, para coger un jarro lleno de mierda y vacirselo por la cabeza, pero nada ms. Ella prosigue: “La veo, y la veo muy poca cosa al lado tuyo. T necesitas y aspiras a algo distinto. Lo de la Amy fue pasajero; haca falta una mujer y apareci ella, slo eso”. En el rostro de Aquiel hay como un candado que se abre: “No, Lilith, no entiendes. Yo cuadr con Amy para no estar contigo. Sencillamente no estaba prep arado para ti, todava. No quera utilizarte como a las dems”. “Explcame eso. Y no te preocupes por el tiempo que tenemos toda la noche por delante.” “A ver, Lilith, Cmo me ves t a m? “Cmo te veo? En cuanto a qu?” “En general. Personalidad, carcter, defectos, todo.” Lilith convertida ahora en devota Madre de Dios, regina prophetarum: “Je, je. Bueno, ¡Qu difcil! Ok: Para m eres un tipo muy inteligente, que se quiere hacer el muy interesante, como si estuvieras pidiendo a gritos que se fijen en ti, que te hagan caso, alguien con mucho mundo interno, es verdad, y eso me gusta, eres capaz de desarrollar miles de cosas en tu mente, aunque casi nunc a las saques afuera, pero al mismo tiempo te veo como un tipo muy jodido y capaz de lastimar a todo aquel que se enrede contigo. Creo que eres tremendo hijo de puta manipula dor. Un tipo raro tambin, no s… En mi sano juicio nunca empatara co n alguien como t, pero ya es toy embarcada. No entiendo muchas de las conductas que tienes, a veces me parece que ests loco.” Aquiel tose un par de veces y le devuelve el cigarro. “S, a veces yo hasta me tengo miedo”, observa los ojos interrogantes de L ilith y contina, “Quiero decir, miedo de la locura, de terminar psictico, esquizofrni co. Recuerdo cuando estuve en el Servicio Militar…” una expresin de sorpresa divertid a en el rostro de la muchacha “S, como

PAGE 176

176 176lo oyes: Militar Estaba tan jodido que me invent un hermano mayor y hasta crea en su existencia real; comenc a materializarlo con supuestas fotos, ropas, cartas. Me hice la idea de que haba muerto en el frica; le hablaba de l a mis amigos, hubo hasta momentos en que me encerraba a solas para co nversar con su fantasma y el final de todo aquello fue que un da termin pegndole fuego a la oficina del poltico del batalln, por supuesto que despus me dieron la baja defini tiva del Ejrcito, aparte de que estuve una buena temporada visitando el ps iquiatra”. “Bueno”, reflexiona Lilith en voz alta, “eso no es tan grave. En el Ejrcito todo el mundo se vuelve un poco loco”. “S, Lilith, pero no es slo eso”, Aquiel se levanta y va hasta la grab adora. Saca el cassette y lo pone por la otra cara, pero con el volumen casi en el mni mo, luego regresa y contina: “Despus de unos aos, cuando ya estaba en la universida d, mis dos tos por parte de padre tuvieron un brote psictico casi al mismo tiempo, a raz de la muerte de mi abuelo. El diagnstico para los dos fue Esquizofrenia Paranoide. De pronto sent un miedo horrible de que aquello fuera hereditario y yo terminara co mo ellos. Por eso me puse a estudiar psicoanlisis como un desaforado, pero no creo que me haya servido de mucho, estoy haciendo cosas que podran verse como…psictic as”. “Bueno”, Lilith decide intervenir modestamente, “dicen que uno est loco cuand o escucha voces que le dicen lo que tiene que hacer”. “S, pero eso es cuando se dispar a el delirio, y no siempre es as; hay otros tipos de crisis.” Silencio. Los horizontes se abren y ella se siente de pronto sumergida en un mgico mar. “Creo que ya escamp. Que calor hace verdad?”. “Mejor te acompao a tu casa”, dice l y Lilith se sorprende con la proposicin, realmente era lo ltimo que esperaba. “Qu ho ra es?”, sus ojos recorren el cuarto hasta topar con un reloj colgado en la pared, “las tres. Todava es temprano”. Aquiel insiste sin muchos deseos. “No quiero que tengas prob lemas con tus padres.” Ella se encoge de hombros. “Ya deben estar acostumbrados. Les he dicho que solo se preocupen el segundo da que no sepan de mi, no el primero. As que resgnate, vas a tener que soportarme toda la noche.” Lilith ahora deseara recibir el efluvio su ave de Aquiel, de sus dedos fros por la lluvia, encontrarse a s misma en la carici a lenta de unos labios masculinos, pero comprende que acercarse en este instante y toca rlo sera romper todo el sortilegio que da el pequeo brillo de esperanza en sus ojos y es por eso que se rehace en el acto. l hace

PAGE 177

177 177una ligera mueca. “Bueno, no es tan terrible”, se acerca y le acaricia suavemente el rostro con los dedos, “Creo que hasta lo deseaba”. Entonces la besa y ella siente su sabor a fruto robado, de pronto el sanctuario se transforma en bosque, en nido de luces mesmricas, susurro de rbol y chapoteos en el estanque de la Diosa. Viaje al pasado la msica ayuda amor medieval. Lilith de pronto imagina al joven vestid o de prncipe caballero, con armadura, yelmo y espada, de rodillas ante ella, dicindole fr ases ardientes al estilo de “oh, delicada doncella, esplendorosa duea de mi humilde ser, amantsima Lilith, t que alivias mi espritu con alimentos y aguas de vida, t qu e llenas mis vendajes, mis tumbas de guerra con mosaicos lapislzuli de mirada amorosa, aqu me entrego. Si vier as, si al fin vieras que ya no es igual el mundo en tu presencia, debajo de este techo que es la luz ya no existe dolor ni pena alguna, slo el sentir de tus labios y dedos que hacen diluir todas mis sombras oscuras, te amo primera y ltima mujer, te amo Lilith y no necesito nada ms.” Claro que estn en el siglo XX, estos son otros tiempos y segn Barthes Rolando, “nunca se logra hablar de lo que se ama”, as que cuando los labios por fin se separan Aquiel decide no incursionar en la masa ex cesiva del discurso amoroso y se queda en silencio mirndola a los ojos. Y con esto basta. Tampoco ella puede escapar de la realid ad objetiva: “Aquiel, me estoy orinando. Cul es el bao?” “La puerta de la dere cha.” “Esprame, vengo enseguida. Ni te muevas.” “Est bien.” Alquimia. Lilith penetra en el antro del agua urgencia de un personaje dormido y al sentarse sobre la porcelana siente las asta s del toro clavadas en los muslos. Todo es culpa de Aquiel, que la ha obligado a correr y tensar msculos para escapar del diluvio que a fin de cuentas nunca los perdon. Tambi n es la falta de costumbre, de ejercicios. Piensa que a partir de esta noche deber ir a la bsqueda de ciertas contemplaciones sensuales de un cuerpo demasiado olvidado, pero que ya no le pertenece solamente a ella, por lo tanto luchar porque sus heridas correspondan de modo perfecto al rbol de la vida debe educar sus diez sefiroth para integrarse al sistem a universal de descripcin -, y todo ello en busca de la pura esencia, el Corazn de Corazones. In principio erat verbum pero no basta, tambin la sangre de la Reina de los demonios debe ser fuerte,

PAGE 178

178 178limpia, rbol modificado, el cliz de Malkhu t esperando por su transposicin final en Misa Roja. “Sagrada estoy”, susurra ella y sonre en el centro del Jardn Cerrado. Cuando sale descubre que Aquiel ha apagado todas las lu ces y ha encendido un candelabro de tres velas. Ella no quiere esperar ms. Lleva las manos a los bordes de la camiseta, tira de esta hacia arriba y libera sus senos de toda ve stidura. Su gesto descansa en el lmite de los ojos del joven que la identifica entre somb ras y se nutre de su olor a fiera cansada, sudorosa. Have you ever kissed a panther? Sir Perceval, de pronto inseguro, tiene u na visin en la que la Diosa se acerca montada en un dragn, le ofrece sus labios en apocalipsis y l se entrega y cae en el centro de sus pechos desnudos. Estn alegres, hay palabras que representan gemidos, los dedos custodian el Grial y acarician leve mente sus bordes. “Por favor, hazlo ahora”, Lilith se quita la ltima prenda y el caballero se desprende del yelmo y lo lanza lejos, se prepara para la escalada final al monte salvaje. Ella abre las piernas y se ofrece de ojos cerrados. Aquiel sabe que tiene defectos, como cual quier mortal, pero ya esto es el colmo; despus de unos segundos de mar, de entrada al abismo, toma conciencia de la inclusin de un elemento que no exista en el or iginal; debajo del escudo la espada ha desaparecido, la adarga cuelga rota del ijar del caballo, la serpiente duerme inoportuna y l casi cree escuchar las carcajadas grot escas que brotan desde la mesa redonda de Camelot, el asiento vaco y las burlas, amn de la trampa del espejo. “No puedo. No puedo, coo. No logro excitarme.” Deberan prohibir que los templeisen lloraran frente al Grial, drama sacro. “No importa”, susurra la muchacha con ojos to dava miel, “creme, no importa”. Hay palabras que hacen bien y el anciano que fu e rejuvenece cautivado por Medea. “Lilith, tengo que explicarte algo.” “A veces…”, Aquiel ya ve el alejamiento de finitivo de la espada mgica, “a veces me parece que estoy del otro lado de una puer ta que todos temen cruzar, prefieren estar encerrados dentro de una crcel con todas sus concepciones seguras, aceptando la imagen de s mismos que los Otros le ofrecen y viceversa, y el problema es que ya no acepto las mscaras o s, las acepto, pero no me las creo, no me engaan -, y entonces me cuesta un trabajo terribl e aceptar el juego social”.

PAGE 179

179 179 Lilith se ha transformado de nuevo en smb olo oculto, debajo de su tnica. “Aquiel, eso a m no me importa. Yo soy yo, sin mscaras. Por qu complicas las cosas? “T dices quererme. Yo no s ni lo que si ento. No s tan siquiera si ese concepto amor existe, es real. Creo que es slo un fantasma que nos inventamos.” “Si lo inventamos es porque nos hace falta.” “Segn Burroughs es un virus, una adiccin, y realmente no soluciona nada porque en el fondo slo nos amamos a nosotros mismos.” “No lo creo.” “T dices que ests enamorada, pero eso no es verdad, amas la imagen que tienes de m y se no soy yo, entiendes?” “No s Aquiel, eso que dices…, creo que ests completamente equivocado.” “Hace algunos aos pensaba co mo t. Era hasta romntico, celoso, posesivo y muy dependiente. Me entregaba por completo y de spus, cuando la relacin terminaba, yo me senta totalmente vaco.” “Eso es normal.” “S, pero yo me entregaba a la droga, al alcohol o al sexo puro. Despus de mi separa cin con la Fnix decid no engaarme ms. Estudiando psicoanlisis llegu a la conclu sin de que el famoso amor era slo transferencia o sublimacin. Entonces co menc a utilizar tcticas para provocar dependencias, era muy fcil: slo me pona en el lugar del saber, del goce y no daba casi nada a cambio; usaba a la pareja porque cono ca las reacciones, casi siempre las mismas en el fondo, casi siempre masoquistas, y un buen da o un mal da las personas, no slo las mujeres, se transformaron para m de repente en objetos de goce, en cosas para usar y tirar, rindome de sus limitaciones, po nindolos a trabajar para m todo esto sin culpas y de pronto descubr que ya no cr ea en nada y al mismo tiempo estaba dejando de sentir, slo lograba excitarme en la medida que usaba mi poder sobre la otra persona, humillndola, causndole dolor, me estaba vo lviendo cada vez ms sdico.” “Eso no te lo crees ni t mismo.” “No?. Con la Am y llegu a extremos increbles. Una noche descubr que la odiaba y que me estaba vengando con ella de lo que me haba hecho Yamila.” Aquiel deja de hablar y no se atreve a mi rarla. Hay un silencio de varios minutos, donde Ceridwen personaje muy similar al de Medea dice: “Todo eso es mierda”, y se marcha algo confundida a la cocina del cast illo para preparar una pocin de hierbas aromticas. El monje medieval transcribe la historia reciente y se denuesta con furia de espejo roto. Lilith trastea entre recipientes me tlicos y luego regresa. “Puse a hervir agua para hacer t.” Se sienta de nuevo junto a Aquiel y le revuelve el pelo “Mira, yo no soy

PAGE 180

180 180psicloga, ni me he ledo todos esos libros qu e dices, pero creo que tienes miedo. Tienes miedo de que te pase lo mismo que con Yam ila, de entregarte y perder ese poder que crees tener y quedarte en el hueco de nuev o. T dices que no sientes, pero eso es mentira. T ests todava enamorado de la Fnix.” “El amor no existe.” “Puede que como t digas, el amor ni exista, pero yo te pregunto: y eso que coo importa? Est bien, yo me engao. Pero a veces soy feliz, y me llena por completo, y a veces me duele, o me quedo vaca, pero me siento viva y eso es lo principal.” “S, as yo pensaba antes, pero ahora…” “Lo que yo s es que si no crees en nada ni en nadie, si ya no puedes sentir entonces mejor suicdate o bscate una isla desierta. Mi preocupacin es qu yo pinto aqu?, qu significo?, otro objeto?, otra Amy?” “No, eso no. Pens que contigo sera diferente.” “Por qu?” “Porque eres di stinta. Porque me entiendes, posiblemente hasta mejor que yo mismo. Fuiste la primera en decirme las verdades a la cara. Por eso pens que contigo podra ser normal otra vez, sin necesidad de…ya sabes.” “Y por qu hablas en pasado?” “¡Pero si ya lo vi ste, coo, no funciono, estoy jodido!” Lilith le pide un comportamiento que asemeje la paciencia “Confa en m. Yo no tengo prisa. Y en cuanto a la Fnix, tendr qu e aceptar su fantasma. Porque ella s es un fantasma, pero esa es mi guerra, si con el ti empo no logro que la olvides entonces no voy a tener ms remedio que rendirme o largarme, ya ver lo que hago, lo ms probable es que sea lo segundo.” Ella le explica que deben comenzar desde el principio. Toda accin fsica permisible esa noche se reducir a pasear los ojos y azuzar los escasos peces del estanque del alma, conformar el paisaje y la mujer con las ventanas cerradas, “para que no entren los fantasmas”. Promete una noche nctar para algn siglo prximo, claro que desde ahora pueden ir hacia l, hacia all, de la forma ms relaxada posible, juego de dioses, Lilith sin pecado concebida. Ms tarde pueden oculta rse en el taller de Hefestos y realizar una literatura de cuerpos desnudos, pero sin in vasiones internacionales ni desembarcos profundos la Grand Ma, creadora y duea del universo vigila y conduce y castiga y expulsa a todos los que osen romper sus mandamientos -, esas son las condiciones para que el tiempo feliz se haga eterno en el sanc tuario de las delicias, el reino de la Grand Ma, la casa de las Diosas Triples. Gan be eden (paradisus voluptatis) Algo para remedar memorias: “Aquiel”, dice Lilith y sonre, “no siempre estar aqu, esperando”. Sin

PAGE 181

181 181embargo ella le promete que por un tiempo ser para l una ciudad sin puertas, no importa el monstruo, ni la derrota de su ej rcito, ni el siglo de tenido. “Recurdalo.” l mira al paisaje-mujer, atisba por las re ndijas de sus ojos; desde all dentro el corazn le hace guios y la cordura se vuel ve poema que aparece entre cristales limpios, recin lavados, creando nostalgias futuras. Lilith recuerda de sbito la pocin que ha dejado olvidada en los aposentos oscuros. “¡ El t! Ahora vengo.” Sus labios retornan a ser mordaza fugaz, veneno dulce en los labi os de Aquiel. Uttarakuru, paraso hind, infusin incluida. l piensa qu e el origen de sus males est en esa fiebre gris que siempre rezuma pasados. Tiene en su haber demasiad as picaduras de avispas y se hace difcil olvidar. Pero podra intentarlo, con ayuda de Lilith. Desde el lugar en que se encuentra la puede ver de espaldas, slo cubierta por su camiseta la tnica y sin nada debajo. Hay un momento en que la muchacha se inc lina para recoger una cuchara que se le ha cado y el descubre entonces la estrella esco ndida, la rosa hmeda del Paraso de Dante. “Todo es misterio, seduccin por la palabra o la imagen.” La doncella regresa con su Grial como cliz, retorna con los estigmas de la pasin intactos. Coloca la bandeja en el suelo y le dice: “Ahora acustate. Te voy a acariciar hasta que te duermas”. l se extiende y trata de relajarse. Cie rra los ojos. “No, no. Tienes que mirarme.” La luz rebota en los rostros y de pronto las pupilas de Lilith han tomado el color de las llamas y Aquiel piensa que es cierto: ella es una salamandra, ese animal fabuloso de escamas purpreas y ojos centelleantes, todo concuerda: el gato smbolo egipcio que los mira fijamente desde lo alto de la repisa de maderas resinosas, la luz de la vela que parece incendiarlo todo a esa hora de la madrugada, las manos tibias recorriendo su piel, la msica ancestral y la seguridad de un existir fuera de la materia y el tiempo, a prioris sensitivos profetizando universos eternamente jvenes, fenomenologa del espritu. Aquiel va cerrando los ojos hasta qu e se duerme. Ella detiene las caricias y se acuesta a su lado. Sonre y lo abraza, buscando calor.

PAGE 182

182 182 TRANSCRIPCI"N DE UN CASSETTE GRABADO CON LA HISTORIA DE LOS BRUJOS, EN VOZ DE LILITH. (EN ESTE FRAGMENTO DEL RELATO ELLA SE REFIERE A LA BIBLIA NEGRA DE… Lilith: “Bueno, despus de la derrota de Luzbel y sus hijos, y la traicin de Raphael, la Biblia Negra se ajustaba ms o menos a lo que dice la Biblia Blanca, Quiero decir, la de Moiss. Est la historia del Diluvio, slo que en esta versin Iahv quera arrasar con todos los hombres porque Luzbel les haba como…lavado el cerebro, no?, dicindoles que fueran libres, y todo eso. Entonces Iahv tuvo miedo de que le cogieran el poder y plane el Diluvio, pero Luzbel se dio cuenta de lo que tramaba y llam a muchos Nos, y les dio los planos para que construyeran una especie de submarino, y salvaran tambin las plantas y los animales, y por eso no se acab la vida, entiendes?, y despus lo de la Torre de Babel: Luzbel le habl a los hombres para que construyeran un Shen que era como una especie de carroza volante o de na ve espacial, y cuando ya la tenan casi terminada lleg el tal Iahv otra vez, que era un bicho, y les cambi todos los idiomas para que no se pudieran entender, y as. Punt o por punto igual que en la Biblia Blanca, pero desde el punto de vista de los demonios no?, todo muy interesante. Es una lstima que no me dijeras antes que ibas a grabar toda la historia, si no te hubiera trado el libro, de verdad que es fantstico. Tambin te hubiera enseado unas hojas que le arranqu a una agenda de Aquiel, con cosas loqusimas…”

PAGE 183

183 183KWAI “Lilith, despirtate. Es tardsimo.” Ella por fin abre los ojos. Se descubre en una iluminacin de sol filtrado a travs de persianas. Su mirada se va enfocando con lentitud en un punto indefinido de la pared del sanctuario, una cuchillada de luz la modula en franjas psicodlicas de inmersin, sus manos y pies descalzos son los lmites de su e go consciente en los extremos de la cama. No hay conceptos sino sensaciones, una voz que viene de cerca, Aquiel? Y parece caer de una catarata y llenar todos los resquicios del espacio que ella ha marcado como su mundo cerrado e inconstante del sueo. Susurra: “Estoy muerta”, se extiende y abre las piernas con tibia voluptuosidad. “Qu hora es?” “Las nueve y media. Dale, vstete que tenemos que buscar a Leo.” Sus pensamientos se aclaran de golpe. “¡Le onardo!”, y se asusta de su propia voz. Lo haba olvidado por completo. Siente el pinc hazo conocido en los ovarios y se arquea un poco tratando de minimizar el dolor agudo que se ramifica por el vientre y la columna vertebral hasta llegar al pecho. “Mierda”, murm ura y mira bajo la sbana. Lo que tema: manchas de sangre. Esta vez se le adelant como cinco das. Aquiel ya est vestido y reprime su impaciencia. “Qu esperas?” Ella contesta avergonzada, como si todava transitara por las calles de la adolescencia pber. “Tengo que baarme. Ca con la regla.” En un primer momento l se queda confundido: “Ah, bueno…est bien.” “Tienes algodn? Me baj mucho, antes de lo que pensaba.” “No s, voy a ver si en el cuarto de mi madre hay algo.” “Tambin tengo que lavar las sbanas.” “No, no, olvdate de eso que no hay tiempo. Yo lo har despus. Ve para el bao y yo te alcanzo las cosas.” “Ok.” Un beso rpido. l se marcha y ella entra en la baera. Corre la cortina y deja que los hilos de agua caigan sobre su piel. Una de licia. Siente el cuerpo destrozado, pero sus neuronas estn intactas. Los pechos se elev an y vuelven a descender acompasadamente, el agua que expulsa por los labios entreabiert os tiene una magnitud de vida imposible de

PAGE 184

184 184calcular y sus ojos casi pueden percibir el movimiento browniano de los tomos abarcando el mar invisible que se extiende sobr e ella y brota por entre las rendijas de la ventana al exterior, a ese concepto “Afuera” que no debera existir, la plenitud infinita y no predecible de interacciones, costumbres, n ecesidades y violencia de una especie cada da ms neurtica, la falsedad vomitada por las vidrieras y espejos y parabrisas de la ciudad maldita, Cogito ergo sum como dice la frase mgica de Aquiel, y, luego, emborracharse o drogarse o masturbarse como nica salida, sin saber que en el amor estn todas las respuestas. La puerta se abre. “Lilith, te salvaste; encontr un par de ntimas. Te las dejo aqu encima de la repisa.” “Est bien.” “Dale, aprate.” “S, ya estoy terminando.” De pronto la cortina se corre y aparece el rostro de Aquiel, sonriendo. “S i cierras un momentico la ducha te doy un beso.” A ella le parece una idea muy buena. La lengua de l sabe a pasta dental. “Ya, puedes seguir”, Aquiel se separa, “no pude resistir la tentacin.” Mientras seca su cuerpo Lilith imagina que ellos dos estn perdidos en una selva y no necesitan a nadie ms; su mente se vaca en gritos de jbilo “soy feliz, soy feliz”, tanta espera por fin se ha tornado carne, realid ad sensible. Cuando termina de vestirse y enfrenta al espejo se descubre egosta y “es verdad que la felicidad total es imposible, siempre hay algo que la jode, ahora la maldita menstruacin y el problema de Leo”. Sin embargo no cree que haya pasado nada. Segur amente Leonardo se qued toda la noche en el hospital y est saliendo ahora, exactamen te a las diez de la maana que es cuando termina el pase de visita de los mdicos, y si estos se demoran entonces saldr todava ms tarde y lo vern cuando llegue a la casa. “Toma, en lo que te baabas hice caf.” Ella coge el recipiente que contiene la reliquia sagrada. “Gracias”, y se entrega al milagro del agua fuego en la garganta. “Y a. Te qued rico.” “Ests lista?” “S.” “Entonces vmonos.” Bajan las escaleras y salen a la calle. Aqui el escupe contra un perro que se rasca las costillas manchadas de moscas. “Por qu lo hiciste?” “Yo soy el amo de todos los gatos negros callejeros de la ciudad; por eso tengo que odiar a los perros.”

PAGE 185

185 185 Lilith se siente incapaz de darle una re spuesta protectora de animales. Desliza su mirada por las vidrieras de la avenida y piensa en la famosa “Ley de conservacin de la intensidad de los sucesos”, como l gusta llamar, a saber: en un da los sucesos afortunados y desafortunados se complementan en la misma medida; si pasas trabajo en conseguir una guagua puedes estar segura de que en el lugar donde vayas todo va a resultar y viceversa. “Lo malo”, piensa, “es que ayer todo me sali bien, demasiado bien claro que lo mejor es no pensar en eso, al fi n y al cabo es otra de las supersticiones de Aquiel” Recuerdo del pasado: “Mira, por aqu, en este parque, fue donde me hice novio de la Fnix.” “Por aqu?” “En este banco.” Brote de celos retrospectivos, que se esfuman un tanto cuando Aquiel acerca su rostro y el olor a hombre derriba todos sus fantasmas. Ella lo abraza nerviosa y lo besa en los labios. Cambio inteligente de conversacin. “No tienes la impresin de que somos unos desclasados?” “Por qu lo dices?” “No s, no me veo caminando junto a esa turba de gente acabada de levantar y ya deprimida, aparte de que fjate como nos miran.” “Es lgico, cmo quieres que nos miren si vas vestida de esa manera?” “¡Ja!, al amo de los gatos negros le da pena que lo vean conmigo, una sencilla muchacha que no tiene cordones para sus botas.” “Co, verdad, se me olvid conseguirte unos cordones, perdona.” “Ves? Vstete despacio cuando tengas prisa.” “S, pero no me puedes negar que aparte de las botas, tienes tremenda estampa de jinetera trasnochada.” Ella no quiere discutir, sabe que se trata de una broma para pincharla. “Est bien, pero yo no creo que sea solo mi forma de vestir, a lo mejor es que tenemos una aureola de la muerte al estilo de los brujos. Viste la pelcula del sbado?” “ No jodas.” Por fin arriban a casa de Leonardo. El timbr e se desgaita varias veces pero nadie contesta. “No debe haber llegado todava. Vamos a esperarlo.” Se sientan en la escalerilla que da al portal de la casa. Al poco rato, del edificio de al lado sale una mujer ya entrada en aos con un cubo de basura en la mano, La ven

PAGE 186

186 186dirigirse a uno de los contenedores y vaciar all su carga. Cuando regresa, la vieja los descubre y pregunta: “Ustedes buscan a Leonardito?” Aquiel se leva nta. “S. Usted sabe si ya regres del hospital?” La mujer tiene todo el tipo de ser una CD cederista destacada en el argot de los brujos porque toma aire como para una la rga conferencia y les informa: “El lleg ayer tardsimo, como a la una de la madrugada. Pero hoy tempranito lo vinieron a buscar dos muchachos y se fue con ellos.” “Cmo?, dos muchachos?” “S. Creo que Leonardito llevaba una mochila.” “Una mochila?” “S, a lo mejor se iban para un campismo.” Extrao. Ellos comienzan a ponerse nerviosos. “Y cmo eran esos muchachos?” “Ay, no s joven, no me fij tanto; me imagino que como ustedes.” La vieja vuelve a entrar en el edificio y ellos se miran preocupados. “Qu raro…irse de campismo con la madre en el hospital?” Ella no quiere pensar en sombras. “Por la mochila no te gues, porque Leo siem pre va con ella a todas partes.” “A lo mejor sali un rato a casa de alguien y regresa despus.” “S, puede ser, tendramos que llamar a la gente, al Zepar, al Diony o a Maggy, a ver si est con ellos.” “Tal vez fue para tu casa.” “S, es muy probable tambin. Puedo ir y telefonear desde all, o pasar por casa del Zepar, que se me hace camino.” “Y si regresa? Es mejor que alguien se quede aqu, esperando.” l le pone una mano en la rodilla. “Esto es lo que vamos a hacer: Yo me quedo y t vas para tu casa.. Puedes pasar por la del Zepar, si quieres. Te doy un tiempo determinado, no s, hasta las doce y luego te llamo y me dices.” A ella le parece una buena idea. “Ok.” “Atiende Lilith. Puede que solo sea para noia ma pero…, no regreses por el mismo lugar donde los asaltaron aquella noche. Tambi n le dices a tus padres que si alguien llama para averiguar la direccin de tu casa no importa si dicen ser de la compaa de telfonos, para una herencia, un concurso o lo que sea -, que no se la den, reclcales bien eso: no le pueden dar tu direccin a nadie.” “S, entiendo.” “Bueno, dame un beso.”

PAGE 187

187 187 Esta vez el contacto es ms largo y al fina l l le muerde los labios. Ella pregunta: “Si todo sale bien, nos vemos despus?” Aquiel sonre. “Claro, no ests de vacaciones? Dale, vete, que tus padres te van a matar.” “Adis.” Lilith de nuevo caminando a solas, en dir eccin a la parada. Claro que esta vez no es igual, ahora est con Aquiel y eso lo cambi a todo: el estado de nimo, las imgenes, la vida por completo. Invoca el labio recin mord ido y sonre. Recuerda el labio de esa boca abierta en la oscuridad, estn solos, la cama comienza a crujir como un velero y a ella le parece escuchar el seco sonido del mueble, la mano que se apoya entre sus senos, que conoce nuevos castillos y altas colinas, la mano que precisa de la carne tibia y se mueve entre azagayas de luz coladas por las rendija s; comprende entonces lo subvivo de estar sola, desconociendo esta forma eterna de mezclar universos… Apenas llega a la casa telefonea al Zepar. Le contesta la voz hosca del padrastro. “No est. Se fue. Recogi todas sus cosas y dijo que se iba para un campismo.” “Ah, muchas gracias.” Qu alivio Lilith cuelga y siente como se le quita un gran peso de encima. “Menos mal.” De todas formas sera bueno asegurarse. Vuelve a discar, esta vez a casa de Margarita. Alguien le dice: “Espere”, y luego de unos minutos escucha la voz de su amiga. “Quin? El Zepar? ¡Ese est loco, chi ca! Despus que salimos de los Molinos, te acuerdas?, se le meti en la cabeza ir al Sana torio y raptar a la muchacha esa, Alina, y llevrsela para otra provincia. Hasta nos pidi que furamos con l. Trat de convencerlo de que no lo hiciera, pero t lo conoces. Por fin el Diony le dijo que lo iba a acompaar y entonces quedaron en ir a buscar a Leo. Yo, como vi que el Zepar lo iba a hacer de todas maneras, le prest quince greenes para que los cambiara”, un breve silencio y Maggy prosigue, esta vez con un tono ms bajo: “bueno qu? Cuadraste con Aquiel?” Lilith no puede contener su alegra. “S. Ms o menos. Ayer me qued en su casa.” “¡Ests loca! Bueno, all t. Para gustos se hicieron los colores. Despus me cuentas, debe ser interesante.” “Ok.” “Bueno, chao.” “Nos vemos.” “Uf, qu bien”, piensa Lilith. Ya est todo aclarado. Leonardo con su romanticismo del siglo trece, se fue con el Zepar a robarse a Alina de Los Cocos. El caballero y sus dos escuderos, en pos del rescate de la doncella virginal. Y despus dicen que en esta poca

PAGE 188

188 188no hay novelas rosadas, ni dramas de Shakes peare. Claro que no fue muy correcto eso de largarse con los amigos y dejar embarcada a la madre pero tampoco la operacin era grave, segn le dijo. Seguramente le dej una nota metindole un cuento y se fue a correr la aventura. “Coo, Aquiel, no se puede ser tan paranoico. Lo ves? El amor s existe. ” Despus de cambiarse de atuendo “ser verd ad que pareca una jinetera?”, escucha la voz del Oso Mayor desde la sala. “Esta ma ana te llam un muchacho.” Vuelta del temor. “S?, Quin?” “Ese que ha venido va rias veces, medio afeminadito.” Ella por fin vuelve a respirar. “Leonardo?” “S, ese mismo.” “Dej algn recado?” “No.” Buen chico. Seguro la haba tele foneado para que no se preocupara “Ojal todos fueran as.” Ella aprovecha que sus padres estn en la sala para dictarles las instrucciones, “nunca estarn de ms”, que le aconsej Aquiel. Inventa una historia donde cierto pez con pantalones la importuna con sus requerimientos insulsos, siendo rechazado cada vez con indiferencia, pero el tipo, como buen seguimante encarnado, consigue su telfono a travs de un conoci do mutuo y ahora de seguro querr saber la direccin de la casa. As que ella les pide que por favor si desean la paz en la tierra -, no le den esa informacin a nadie, absolutamente a nadie, quizs con el tiempo el imbcil se olvide de sus muertes platnicas y no insista ms. La historia no sale muy convincente pero los osos se cuelgan del silencio del da y la miran con sus rostros escudriadores de si empre. Ella borra sus perspicacias con un chiste: “Qu quieren? Yo no tengo la culpa de estar tan buena”, les logra sacar una sonrisa incrdula y aprovecha para regresar por el mismo sendero a su sanctuario. Por all abajo, “donde sangran las flores” frase acuada por tres generaciones de gazmoera matrilineal -, unas lanzas invisibl es aminoran un tanto su crueldad. Ella no cree que desaparezcan, pero bien podran mant enerse en ese nivel estable, sera un consuelo. An le da tiempo para remojar al gunas prendas ntimas en el lavabo, saltar de asco por un sapo que se cuela en el bao y luego escapa a escobazos por la ventana y recrearse en tiernas emociones materialistas cuando la llaman a almorzar. Hoy la desesperanza se traduce en un plato de arroz, masas de pescado y papas hervidas, realmente no est tan malo como en otras ocasiones. Al sentarse a la mesa, Lilith asume el ritu al establecido para la reunificacin familiar. Entre bocado y bocado, los bendecidos escupen a su modo el vmito de los espectros

PAGE 189

189 189informativos. Hoy hablan de los exmenes de ingreso y las posibilidades universitarias, pero ella les plantea su decisin de tomarse un ao sabtico para practicar temas clsicos en la guitarra y as poder, el ao siguiente, presentarse en las pruebas de la Escuela de Arte. Ellos estn de acuerdo, milagrosamente. Por lo visto ha logrado convencerles el odo con sus dotes innatas o por lo menos con tanto desgaitar de cuerdas. Fin del asunto. Siguen comiendo y la conversacin cae en el tema de los balseros, of course esos maestros en apostarse la existencia, el tema de moda en todos los peridicos y noticieros, an ms cuando desde hace un mes todos los que llegan a Alucinorte son desviados hacia Guan-tbano es decir, One Gadfly la base area, razn haba tenido Raphael al irse al principio de la Grand Emigration dnde estara ahora? En la Base o ensuciando sus piernas en Imaim ?, donde siempre pasa algo o soando arrepentido la ciudad? O en el vientre de algn calamar gigante, en medio del mar? Lilith termina su racin y vuelve y escapa y gime en el cuarto, a solas, ya no sigue sembrando sueos; Rapha no pudo llegar, eso estaba claro. El gran idiota ni siquier a pudo cumplir su ltima promesa, se convirti en otro pen sacrificado en el juego burdo de las obstinaciones. “Y cuando camines en contra de los corderos sers un loco, pero si besas las plantas de sus pies, un cobarde, cmo escapar? Por eso terminas siendo el amarillo ms rojo y azul fro como si descendieran los silencios a todas las casas.” Legna-nu-nis, 92:32:28 d.n.s. Por fin suena el telfono y ella corre a la sala Como esperaba, es el amo de los gatos. “Lilith?” Cuando ella escucha su voz siente la caricia del pelaje suave sobre sus muslos. La muchacha le informa lo del rapto de Alina y va desechando todas sus hiptesis sangrantes. Aquiel suspira con alivio y luego la cubre con planes para la noche prxima. “No s si podr quedarme”, duda ella, “ya seran dos noches seguidas, tendra que inventar algo bueno”. l piensa por unos segundos y luego se alum bra: “¡Ya est! Les dices que te invitaron a una casa en la playa para lo que queda de semana y as puedes venir y pasarte esos das conmigo.” “No s…” “Puedes traer una mochila con tu ropa y hasta la guitarra si no es muy difcil.” Ella siente poderosas llamadas a su ser pero no responde, toda su atencin est fija en la alfombra que rozan sus pies. “Bueno, tampoco es obligatorio. Si no quieres …” “¡Claro que quiero! Es que los osos no me van a creer. No es que me importe mu cho realmente lo que piensen o dejen de

PAGE 190

190 190pensar pero estoy en una especie de tregua con ellos.” “Nada se pierde con probar.” “Est bien. Voy a hacer el intento.” “¡Bravo! Oy e, estoy en un telfono pblico. Cuelgo y te vuelvo a llamar desde mi casa y entonces me dices.” “Est bien.” “Las personas mayores son bien extraas” piensa la Petite Princesse cuando sus padres no ponen ninguna objecin a la idea. Todo es relativo. All tambin se descubren, en situaciones como sta, las huellas de la incomunicacin generacional y la inmensa hipocresa de la moralidad y sus bestias amaestradas. En fin, the wall. Ya en el sanctuario reconoce que tiene miedo. “Y si no funciona? Ayer s, porque fue el pr imer da, pero si no soy fuerte ser lo mismo de siempre, en algn momento llegar la dependencia y despus la rutina y la decepcin. Hasta a hora se est portando bien conmigo…, menos mal. No me gustara verme la cara en un espejo; tengo que dejar las pastillas, se me hacen unas ojeras terribles y parezco ms flaca t odava.” Por un momento se compara con sus rivales, pero luego se tranquiliza. “Al carajo, al fin y al cabo lo que mata a los hombres en realidad no es el cuerpo, sino el cerebr o, y en eso yo estoy mejor que todas ellas juntas.” Revisa entre sus cosas en busca de un casse tte y encuentra el famoso libro que le regal Julio: El Anticristo Ser un buen regalo para l, a lo mejor y hasta se asombra de que lo haya ledo. Olfatea suavemente con su nariz pegada al lomo. “Humm, qu rico. Todava huele a Spain, una fragancia muy especial.” Prende un cigarro y espera la llamada observando las volutas de humo. Piensa que ya basta de complejos, ella no es la tigresa, la pantera blanca, la reina de los demonios scubos? Entonces, por qu ese miedo, esa inseguridad? Que venga lo que venga ya estar atenta para reaccionar como se deba, lista para ofrecer cada da una Lilith distinta. Por fin el timbre. l de nuevo. “Bueno, qu?, puedes?” Ella le cuenta los resultados halageos del plan y casi escucha como Aquiel da saltos de alegra. “Voy ahora?” le pregunta Lilith. “No, no. Quiero darte una sorpresa y neces ito que me des tiempo para conseguir algunas cosas. Te gusta el vino? ¡Ay!, se me escap. Bueno, no importa. Te cuadra?” “¡Claro!” “Bueno, entonces ven a eso de las siete y media o las ocho. Son varias sorpresas, pero hay una que te va a dejar loca.” “Est bien. Ya estoy intrigada.” “Te espero. Un beso. Good bye, blue sky .”

PAGE 191

191 191 Ella comienza a preparar la mochila. Los osos no estn muy lejos; se han sentado a espaldas del viento, ella los puede ver por que la puerta est abierta y de pronto los sorprende besndose como en los viejos tie mpos. “Vaya, que bien”, piensa y ahora comprende la facilidad con que la dejaron irse de excursin a la playa, “por lo visto se cogieron en serio lo del aniversario de boda s” De pronto se siente feliz, ahora s, totalmente, el mundo hoy amaneci rosadito a lo Walt Disney; “Leo en una aventura con el Zepar, y Raphael seguro que lleg tambin, lo que pasa es que debe estar muy ocupado fumando toneladas de ganja o templndose a las strangers de all, como si no lo conociera.” La nica manchita es el espant o que se derrama en pequeas gotas por sus ros internos, pero bueno, “quin te manda a ser mujer.” Todava es temprano, ni siquiera las dos de la tarde as que hasta podra echar una siestecita, para recuperar fuerzas. Cierra la puerta del sanctuario y se acuesta a pensar… “Oye, son las cinco de la tarde, t no ibas a ir a una casa en la playa?” Lilith abre los ojos. Su madre ha invadido en sanctuario y est sentada a un lado de la cama. “A qu hora se van?” “No, es por la noche”, explica ella, “el carro nos va a recoger en casa de Margarita a eso de las ocho.” “Ah…Y quines van?” Por supuesto, piensa la muchacha, “no poda marcharme sin el interrogatorio capcioso.” De todas maneras decide contestar: “A ver…Margarita, el Conan y su mujer, Mara Martn, su ta…” Buena idea esa de pone r en la lista una persona mayor, “el Zepar y su novia…”, djame ir cortando ya, tampoco puede ser tanta gente, “Aquiel y yo”. “Tanta gente en un carro?” “No, en la mqui na vamos cinco nada ms; los dems ya estn all.” “Y quin es ese Aquiel?” Lilith de pronto se cansa de mentir ta nto: “Aquiel? Mi pareja.” “Ese es nuevo, no?” Hay una irona leve en la pregunta y ella decide contestar en el mismo tono: “S. Lo estren hace unos das. Por qu?” “No, no, por nada. Mira a ver lo que haces.” “S. No te preocupes. Yo s cuidarme.” “Eso espero. Necesitas dinero?” “Claro, y tambin ntimas, todas las que puedas.” Lilith nota como con la ltima frase la madre se relaja. A lo mejor est pensando que la menstruacin es antagnica del sexo, o del embar azo, vaya usted a saber, tal vez imagina

PAGE 192

192 192que el algodn en las partes es como un cinturn de castidad, amn de las cincuenta lanzas bifurcadas pinchando con saa en los ovarios. “Cunto necesitas?” “No s…Veinte pesos?” “Te voy a dar cuarenta. Tampoco es para que te lo paguen todo. Y el muchacho ese, trabaja?” “No. Est en la universidad.” “S?, y qu estudia?” “Antropologa urbana.” “Ah, mira, qu bien.” Vaya, piensa Lilith, parece que le gust ese dato. Por fin la nave recoge sus anclas y da por concluidas sus pesquisas policiales. Ella termina de preparar la mochila y se baa. Milagrosamente el dolor casi ha desaparecido, ahora lo siente como el brillo lejano de una fogata diminuta. Se regodea en el agua hasta que el exceso la hace estremecerse de fro. Ya basta. Se viste esta vez trata de no parecerse a una puta y se va con el peine al espejo. Se hace un peinado hippie? Segn Aquiel el pelo ya no es lo que era, se ha convertido en una mercanca ms, lapis exilis traducido del latingls: piedra insignificante, rock del montn -, ya no repres enta rebelda, se transform en el juego cotidiano de todos, minimalismo Warhol que ya no es el borde herido de la copa, ni contiene las heridas de Dios, ni su presenci a, slo una fbrica-templo para desvelados, mejor asumir el papel de buscadores de nuevos castillos del Grial, en Camelot todos estn muertos y nada importa, ya no hay objeto que encontrar, ni mundo, ni doctrina del pecado original. Y hablando de pecados, Lilith piensa que la madre es una tonta por creer que el simple hecho de menstruar le ha robado todas las posibilidades de fuga. No sabe que ella goza a la izquierda de toda frontera moral, le importa ms la presencia que no esconde su rostro. Aquiel hasta podra cubrir el brillo de su arma con fango verde de la marisma y eso no le inquietara en lo ms mnimo. Es na tural y por eso me gusta, podra decir, para luego concluir: Lo nico indecente es el silenc io de la sangre, o alguna frase por el estilo que la Osa no entendera en un primer momento, pero que despus se le revelaran claras y transparentes, con sudor de neuronas, claro.

PAGE 193

193 193KWOR Lilith desembarca en el territorio de los bosques invisibles. Al llegar al castillo de Aquiel, el ka de la muchacha vuelve la espalda a todo cementerio metlico, escala con su morral al hombro la montaa que limita la realidad externa y se hunde en el pantano, en donde el joven que ha tomado la forma reencarnada de un lince o un dragn le sirv e de gua. Dentro de sus ojos los jardines comienzan a materializarse. Lilith imagina la entrada en la isla infini ta conducida por la mano del ngel rebelde que ha brotado desde la espesura de helechos de su sanctuario y le ofrece un plato con frutas y panes. Ella sabe que si el alma el ka acepta esos regalos, nunca podr regresar sobre sus pasos, el castillo volver a apresarla siempre, se har una esclava, nashbiti de sus migajas, de su esplendor sin precio. En el jardn crece un rbol, en un lugar puro ha sido creado. Su aspecto es de claro mbar y hacia el abismo extiende su raz. Es el lugar de descanso del ngel sobre la tierra. Es una morada cuya sombra se extien de como la de un ro y en cuyo interior nadie puede penetrar. All estn Aquiel y Lilith, los primeros seres creados por la Diosa, son de raza superior llamada K lippots, que no son humanos ni dioses. Para Lilith todo pasado es algodn, img enes como copos de niebla, pesadillas de siglos muertos. Las palabras son elefantes que revolotean torpes y se enredan en las ramas, entran por las rendijas y no logran traducir el premio de las sensaciones regaladas, de los sentimientos que brotan en cada encuentro de frases y gestos, de pronto se sienten personajes de un cuento para nios, Aquiel en el bosque de Sherwood, preparando el arco y la aljaba para su incursin final al castillo. Lilith acariciando unicornios y ciervos, en la isla de Circe, en la isla de Avaln, danzando en msica celta, los dos construyendo una casa con hojas de rbol, escarbando felices las ascuas donde se prepara el hechizo, olvidado s del Aqu y el Ahora, de la mediocre y ancha realidad llena de arrugas y surcos dolientes, la griscea faz del mundo resquebrajado y sucio. “Nunca me ir”, dice ella y est convenci da en esa fusin de tiempos y discurso irreversible, siempre ser la salamandra que brota de los escombros y la ceniza para buscarle, aunque se oculte en el pas de los cuervos con pico de hierro, aunque no

PAGE 194

194 194existan ya los sueos, ni el amor y todo el universo se vuelva una fragancia de guerra o de gusanos... “Te traje un regalo”, dice ella y saca el lib ro de Friedrich de su mochila, “espero que te guste”. San Bernardo de Claraval lase Aquiel obs erva el presente que le ha entregado la muchacha y asiente con un gesto de sorpresa: “El Anticristo ?”, la besa en los labios con jbilo, “Cmo lo conseguiste? ¡Hace aos que lo busco!” Ella se encoge de hombros con una sonrisa: “Saba que te iba a gustar”. l le dice: “Espera” y corre a su sanc tuario. Regresa con algo en las manos. “Vrate.” La joven obedece y siente como Aquiel le abrocha un collar en el cuello. Es una piedra traslcida que cuelga de un cordn negro. De pronto no sabe qu decir y se le humedecen los ojos. “Aquiel…”, pero l no la deja continuar, la hala suavemente por el pelo y le muestra la mesa servida. “Dale, vamos a comer que estoy muerto de hambre.” Apaga las luces, menos una lamparita en el suelo, y pone msica. Es una cena modesta, pero a Lilith le pa rece maravillosa y casi mgica. El vino es miel a sus labios, luego Aquiel prepara dos cigarros de hachs y ellos se remontan en la noche, se vuelven pjaros planeando sobre la tierra y sus risas llenan los rincones, desafiando espectros. “S que no somos dioses”, susurra l, traduciendo la cancin que ahora escuchan, “s que la piel esclaviza, sin la piel t odo sera mejor, pero no somos dioses”, y su rostro resplandece nocturno. “Ests preparada para la sorpresa?”, pre gunta l y sonre. Ella lo mira sorprendida: “Ah, pero no era esto?, todava hay ms?” “S, todava hay ms.” Aquiel se lleva la mano al bolsillo trasero del pantaln y saca un sobre. “Raphael est vivo”, explica, “la carta la echaron por debajo de la puerta y cuando llegu la vi”. “¡Mentira!”, Lilith le arrebata el sobre con un grito de alegra. “dale, lela”, le sugiere l. La muchacha su spira feliz y comienza a descifrar la letra embrollada del amigo.

PAGE 195

195 195 Imaim, Alucinorte. 02 de Junio del 59. Aquiel y el resto, my brothers: Perdonen la demora en el contacto. Su cede que cinco minutos antes de salir me dijeron que estaban desviando a los ba lseros para la Base Area as que decid largarme por abajo nosotros los brujos si empre invirtiendo las cosas -, hasta llegar a Grand Alligator, que pertenece a los englands. Del carajo. Una islita de nada, microscpica. Me dijeron que tendra que meterme dos aos all para nacionalizarme y poder largarme a la metrpoli. Por suerte me mov con unos tos de Alucinorte y a la semana y media logr un pasaje para Imaim en avin, por lo que no me desviaron, claro y rpido contact con mis parientes. Les cuento que estoy bien, sin pincha fija, de vez en cuando me cae algo, pero hasta que no resuelva mis papeles voy a estar jodido. Claro, este tiempo me sirve para mejorar el spanglish y hacer conexiones en la onda musica l. Ahora un amigo me dijo que si consegua una ctara poda ser ac ompaante de un grupito de…sal sa. No pongan esa cara, algo es algo, por lo menos para empezar. No piensen que he traicionado el shock and roll es solo una estrategia a largo plazo. La carta sigue por el estilo. Una mezcla intrincada de sueos y decepciones. …Este pas es del carajo. No se lo deseo a nadi e que viva all y piense como nosotros. Pero bueno, cuando uno ya est ac tiene que echar palante y lo bueno es que te alzas, pero a costa de renunciar muchas veces a la espiritu alidad, entre otras cosas. El ritmo aqu es depravado. Por ejemplo, cuadr con una peru ana muy linda, que tiene dos nios, y ahora tenemos que mudarnos y nadie o casi nadie acep ta alquilarnos. La ley prohibe que hagan eso, pero una cosa es la ley y otra la realidad. Y jdete si no encuentras algo. Pero bueno, tal vez es que nosotros estamos acostumbrados a otra cosa, una cierta decencia espiritual en ese sentido. “Melancolas de emigrado” piensa Lilith, “por lo menos all puedes alquilar, aqu ni eso”. Sigue leyendo: …Claro, ac si pinchas duro ti enes de todo, desde una Harley Davidson o una Fender hasta un nen o una mujer plstica, de l tamao y la forma que la qui eras. Por eso me gusta ms la idea que me dijiste hace tiempo de irte a Europa. Te aconsejo que no te vayas como

PAGE 196

196 196 refugiado que eso es tremenda mierda. Vete como estudiante, con una beca o algo as. Nada irreversible. Y si tienes suerte de empatart e con una pepilla o una temba importada mtele brujera y lujuria en la cama, eso es lo que va n buscando all la mayora: sexo, misticismo y fantasa ertica al grado mximo. Bueno, trem enda trova, ja, ja. Si por fin cuadras con alguna, no la cargues con historias complicadas ni conferencias aristopsiques, que te conozco. La vida ac es tan asfixiante, llena de papeles, impuestos, leyes, conflictos, apuros, que las jevas se espantan cuando ven relacion es complicadas. No, viejo; las nias strangers necesitan calma espiritual, que es igual a no pensar, y el sexo lujurioso y libre es lo que ms las calma. Bueno, ya basta de teque. Un besote a todos lo s klippots: Lilith, Zepar, Maggy, Leo, etc. Dile a las brujas que nos se pongan celosas, que ca da vez que me masturbo pienso en ellas. P. D: Yo estoy embarcao ahora, Aquielito, pe ro cuando est mejor te mando algo de msica o alguna revista. Todo lo que he ganado con mis trabajitos se lo daba primero a mis tos y ahora a Maritza para ayudarla con los ga stos de los nios y los mos. Como ves, me he vuelto un tipo responsable. Pa es o me hubiera quedado all. ¡Cudense! Los quiere, Raphael Lilith le devuelve la carta a Aquiel y sonre. “Vaya, menos mal, yo pens que se lo haba comido un tiburn.” “Viste?, sigue tan c nico como siempre. ‘Irse por abajo’, la verdad es que se la comi” “Hierba mala nunca muere.” Ella se descubre relajada y contenta como nunca despus de la lectura. “¡Qu bien! Tremenda sorpresa”, se acomoda en el mueble y estira las piernas. “Vamos pa ra el cuarto?, y llevamos la botella, el vino est riqusimo.” “Como quieras.” Ahora se encuentran sentados frente a fren te, en postura de loto sobre la cama recin bautizada “Montaa de Meru” por Aquiel a raz de ciertas asociaciones con el olor a incienso y la msica de ctaras en el equipo -. Los segundos son peces dorados que nadan en laberinto de palabras. “Vamos a casarnos”, susurra l de pronto y se re ante el aturdimiento de Lilith. “Quiero decir, una boda Wicca, como un ritual, slo entre nosotros.” Ella acepta la idea con un beso. l entonces se levanta, busca en tre sus cosas y trae va rios objetos extraos:

PAGE 197

197 197una cuchilla, un libro, dos anillos gruesos, de forma estrambtica y un frasco o ms bien una especie de copa tallada; los va coloc ando sobre la sbana. “Espera, falta una escoba.” Va y regresa rpido con el utens ilio y vuelve a subirse a la cama. Comienza a explicarle: “Una boda Wicca es la unin de los Ka, de las almas, en un plano multidimensional, ms all del tiempo. Ni si quiera la muerte los separa porque se siguen amando en todas sus reencarnaciones. Por eso es que se invocan a los primeros dioses o smbolos arquetpicos de toda magi a y toda religin: la Esfinge, el Hombre Dormido, la Espiral, las Diosas Triples, el Cornudo y la Grand Ma” Ahora Aquiel apaga todas las luces y enciende el candelabro que coloca sobre la mesita de noche. Abre el libro y comienza a leer: “A ustedes, los Antiguos, los Primeros, os convoco, Aqu y All, para que nos unan por siempre ante sus ojos. No tenemos histor ia. Nos ofrecemos desnudos y nuevos al Lado Oscuro, a la Magia del origen, para qu e nos tornen espiral en sus manos, para luchar contra la muerte del alma, nos prot ejan de todo el que persiga envenenarnos con mentiras azules. No pedimos nada a cambio, solo el pasto que pisen nuestras botas, como bebida nuestras lgrimas, sean claras o du ras, como final la muerte al servicio del Corazn de Corazones, otra vez, tantas ve ces como deseen, muerte eterna en sus ojos, para amarnos por siempre ante la voluntad de la Grand Ma, generadora de todo lo vivo y lo existente. Nosotros, hombre y mujer, Aq uiel y Lilith, les pedimos que sean testigos eternos de este juramento de sangre.” El deja reposar el libro sobre la cama y toma la cuchilla. Se hace un pequeo corte en el brazo y deja caer algunas gotas del rojo l quido en la copa, sin dejar de mirar en todas sus acciones a Lilith. “Ahora t”, le indica y ella recoge la navaja y se hiere ms o menos en el mismo lugar que Aquiel. Repite tambin el resto de la operacin, la sangre en la vasija y l toma su brazo, acerca sus labios y chupa y Lilith comprende que debe hacer lo mismo a su vez; lame la herida de Aquiel hasta que poco a poco la sangre deja de manar y luego se besan con ardor. “Ahora los claddags ”, dice l cuando por fin se separan y al ver el rostro de incomprensin de la muchacha le explica: “Los claddags eran los anillos de boda tradicionales de los celtas. Estos no son reales pero imagina que el mo es de plata y el tuyo de oro. Toma”.

PAGE 198

198 198 Lilith recibe el anillo que le corresponde y luego se lo colocan uno al otro. Todava realizan varios rituales ms. Se toman de la cintura y entre risas saltan tres veces la escoba; trazan sus nombres con vino en las sb anas, primero en castellano y luego con la simbologa de los klippots, ms tarde Aquiel me zcla en la copa el vino con la sangre de ambos, toma un poco y se lo extiende a la muchacha. Lilith acepta el cuenco y bebe, moja sus dedos en el lquido y acaricia la e smeralda que cuelga entre sus senos. “Ha sido todo muy lindo, Aquiel, gracias.” El Pescador de Luz se en trega al numen resplandeciente de la diosa. “Te regal esa piedra porque tiene que ver con la salamandra por el color. Imagina que es un talismn para la suerte.” “Es muy bonito, nu nca me lo voy a quitar.” “Bueno.” La hereje recuerda una noche de aquelarre, ella y el hijo del Grial alucinando a la par, un aposento en penumbras, ceremonia secreta, a la entrada de un juego onrico sin llegar a ltimas consecuencias, movimiento de labi os y manos, pero nada ms. Y la ventana, claro. Semicubierta por la sbana, Lilith parece salida de una lmina medieval. Sujeta el cliz con ambas manos, lo mira y se le antoja que ella ahora es otra mujer, con una voz lnguida y perversa, una nia desnuda en el mismo centro del universo. Ahora piensa que pudiera ser otra mirada la que l esconde bajo el candado de sus piernas, tal vez los ojos de un vagabund o pidiendo limosnas en un andn, o un unicornio que resopla intranquilo, mientras su potro llora en el matadero, piensa que quizs hasta podra discutir sus rigores, viol arlo tibia-mente sobre la noche, saciar por primera vez el vicio de la sangre y por segu nda el de viajar al Lado Oscuro, acompaada por el atravesador de lmites, el gallo en la valla, el desplumado de siempre a merced de aguaceros y vigas; luego regresar a la tierra y ponerse a recordar la visin como barro. Claro que una cosa es el deseo y la otra, el poder. Sabe que l no querra repetir la experiencia. No querra, a menos que ella lo convenciera de subvertir las fronteras. Una voz de hada se eleva desde la isla gi ratoria. Lilith le dice: “Quiero probar de nuevo”, pero l se describe cordero: “Lilith, no voy a funcionar”, y espera la revelacin definitiva en los labios de la muchacha. Es ta habla con voz adormecida: “S que podrs. Deseo que lo hagas por donde nunca he permitido que me invadan, quiero ser virgen para ti, ese es mi regalo” y le ofrece su ltimo reducto inconquistado, su agujero astral, anillo de la serpiente y esto significa que el templo se ha hecho cmplice y ha bajado sus

PAGE 199

199 199puertas, que el deseo ya no se perder co mo siempre en el miedo y la culpa, que ha llegado por fin el tan ansiado instante de la ilumisin final, la magna obra alqumica. El duda por un momento y Lilith lo ur ge. “Qu pasa?, no quieres?”, y Aquiel tartamudea un poco. “S, pero…no quiero causarte dolor. No lo hagas por m.” La muchacha se arrebuja todava ms en la sbana y suspira. “Claro que es por ti, pero yo quiero hacerlo, en verdad, de alguna manera sera como mi primera vez, entiendes?, como otro rito: el sacrificio de la virgen”, el soliloquio casi contiene la esencia espiritual de Jesucris to, “aunque me duela, me voy a sentir bien. Claro que t despus tendras que complacerme en algo… seras capaz de hacer lo que yo te pidiera?, cualquier cosa?”. “Creo que s. Yo no tengo complejos de ningn tipo en el sexo.” “Entonces aceptas?” “S, estoy de acuerdo.” Sellan el pacto con otro beso. Cliz de te la, el Grial se solaza con la Alquimia. “Ya vers. Ven, acustate, djame acariciarte como ayer.” Cuando Galahad viaja acompaado por la celebrante a la ciudad santa de Sarras, asiste a una misa inesperada donde cier tas visiones y caricias han provocado la resurreccin de la carne de Cristo al fin, por fin -, y l, de pronto, se siente inmortal, su espada desnuda evoca el renacimiento de la Tierra Desolada, smbolo de la renovacin de la leyenda, su mente se abre a las imgenes posibles del sacrificio de la virgen, la copa perlada de roco simboliza el trnsito ms all de la vida y la muerte, el camino a la conciencia superior, fugacidad de cuerpo fsico, transubstanciacin. Un bosque. Lancelot acaricia a Genevieve con majestad de ciervo, va recorriendo su cuerpo hasta el vientre de agua, se entreg a a la muerte de cualquier horizonte, de cualquier extremo del planeta mujer donde exis ta todava un lago mgico para postrarse nervioso ante sus dioses lquidos. Lilith es un cristal centelleante que lo ciega de pronto: est dispuesta y hmeda, resiste todos los intentos de identificacin y l est a punto de considerarla una fantasa ms. “Y si ahora…?”, pero no, mejor reprimir se para no caer en el terror del mendigo, mejor olvidar el animal despierto bajo la m anta y ponerse a mirar las paredes como buen caballero corts. Desliza sus ojos por la cpu la y los tejados dorados del templo de Takt, cualquier cosa con tal de que el Grial no escape de nuevo como tantas veces. Aquiel-Galahad impecable y puro frente a los muslos cubiertos de la doncella inmaculada. Por eso insiste en la le tana: “Yo no quiero utilizarte.”

PAGE 200

200 200 La virgen sonre tierna y niega con un ademn: “¡Qu bobo eres! Dale, busca algo para m, algn aceite para que sea ms fc il. Me han dicho que duele un poco”. l por fin se decide y va al otro cuarto. Ella no qu iere pensar en lmites, abajo las inhibiciones, es preferible hundirse en el poema del hombre nocturno, desesperacin del obsujeto argumentos neurticos en punto muerto, mega lomujer, es mejor la rabia de una mirada de agosto, porque tal vez septiembre se aparezca como una masacre autnoma que impedir escribir la posibilidad de los beso s de Aquiel, la recurrente poesa del nufrago nadando hacia su isla, en fin, que venga el dolor en funcin de goce. Bienaventurados los que se rebelan porque de ellos ser la nica libertad de este mundo. Amn. Aquiel aprovecha su paso por la sala para abrir el aparador y sacar el recipiente con el tympanum, la llave al Lado Oscuro. Come un poco y la vuelve a dejar donde antes. Cambia la msica de la grabadora. Basta de canciones celtas medievales. Mejor algo minimal o futurista, sonido para levitar en el cosmos, mezcla de ctaras digitales con sintetizadores atmicos. Escoge un grupo cibe rpunk suave. “Ya est bueno de viajes al pasado, vamos ahora al futuro…Realidad virtual.” Claro que el efecto del tympanum ingerido todava demorar unos minutos. En la penumbra del sanctuar io, Aquiel se acerca a Lilith. Trae en sus manos los aceites aromticos pa ra ungirla. Ella se libera totalmente de las sbanas y se vira boca abajo sin dejar de mirarlo a los ojos. “Ven”, susurra, “entra en m”, y el eva sus nalgas para mostrarle el camino. Derrame de pensamientos, la llama de una vela que se apaga.

PAGE 201

201 201PHA Deliciosa pereza. El apetito debajo de la almohada, satisfecho. Aquiel se diluye sobre los cristales clidos de Lilith, descubre las lgrimas en su rostro, pero ella sonre, susurra algo bajito y se acurruca bien pegada a su cuerpo. Ahora ellos necesitan de la muerte leve, reposar en silenc io, sentir la respiracin tibia del uno en el otro y olvidar de una vez los universos virtua les de Afuera, llenos de androides, pixels y cristales lquidos. l piensa que deberan de saparecer en otro espacio donde los hombres no encadenen las alas a su mente o, an ms, viajar a un mundo paralelo donde no exista la Otredad y por lo mismo el lenguaje; no, todo natural, slo gestos, accin o no accin, como esta de Lilith con sus ojos cerrados, un hilillo de saliva colgando de sus labios -, y all dentro su mente visualizando un zari pjaro maravilloso, que as de alas vuela con todo el hambremiedo y las garras como lanzas de muerte, aterrorizado del astro que devora la luz. Aquiel observa la curva suave de la espalda y el pelo revuelto de la nia y de pronto siente una oleada de culpa inexplicable. Recuerda la sustancia guardada en el fras co, oculta a toda mirada materna. Luego esboza en sombras la imagen de la muchacha temblando sin control, viajando por primera vez al Lado Oscuro. Con las otras no se haba atrevido, con ella s. Noche de muerte azul, muerte de miel para el fuego de sus pechos sin espinas. Se atrevera de nuevo? Necesaria es la locura para el que se acerca deseando aprender, para quien te ama y por lo mismo quiere lavar el insulto de la niebla sobre los ojos. La va ms rpida, recomendada por los antiguos videntes, el ty mpanum. Claro que es demasiado pequea la tierra verde del paraso, es efmera, cavila l con tristeza, las casas son frgiles, hechas con ramas de ababite prpura; al primer tornado se deshacen como polvo de cristal y ellos quedaran nuevamente desnudos, a merced de los gusanos de plata, de los cazadores y sus fieras amaestradas, no puede ser, recapac ita, debo protegerla, ensearle. Soy el zari, remonto caminos, veo a todos, hombres y animales, temiendo en las orillas, debo volar ms lejos an, siempre primero, sin que sorpre nda la muerte, luego regresar y mostrarle la va segura, el camino del conocimiento.

PAGE 202

202 202Observa su silueta delgada, adivina la mar ca del juramento de bruja en su brazo, el omplato cubierto por el tatuaje fosforescente de la salamandra y entre sus senos la piedrafuego ritual, dormida en el silencio m s frgil de la mente, ni un espacio para las tormentas del pensar, slo la danza de los r boles. Envidiable. No como l, seguro de que el cielo saldr maana a recibirlos nuevame nte para arrancarles otro pedazo de carne hacia la Nada y as ser hasta la noche de la Gran Ola, cuando en el instante ltimo renacern con sus ojos intactos, las palabr as y pensamientos mezclados como susurros entre la hierba y ser fcil imitarse y caminar juntos de vuelta a travs del hilo de espuma que sale de la tierra y llega al otro lado, la verdadera libertad, el Caos como orden, la lgica de la locura. “An con la coraza, el pasillo a oscuras y los espejos rotos, hacen callar a un recin liberado sin callar; parches, que ayer mismo gritaban: ¡S, a la hoguera todos! Pero que ahora se van replegando, se repliegan…” Aquiel se enfrenta al inicio, o mejor dicho, a los mltiples inicios del viaje. “Qu hacer?”, medita, “seguir estudiando ideas de ideas, ofrendar mi vida al Logos sin esperanza de trmino, connotando cada vez la soledad desmembrada de mi mente?, o construirme un universo ideolgico para sobr evivir, para intentar conocer las leyes estrictas de una mirada, un golpe, un grito, la lgica de unos pies descalzos?, o su contrario, luchar contra el mundo catico de ntro-fuera, odiar a todos los que puedan recordarme el estado ancestral, mi cuerpo par tido en pedazos?, qu soy?, qu es en fin de cuentas lo exterior a m?, qu es lo interior, si todo es todo al mismo tiempo y la muerte es solo una excusa para creer que estamos vivos?, para qu seguir repitiendo letanas tntricas, invocaciones paganas, de scubiertas hace milenios, desde mucho antes que las piedras de Sumer?, para qu seguir caminando por el borde del crculo infinito, el anillo de Moebius, de Dios convertido en Hegel? Esa sera una de las vas: Poner orden al Caos, sujeto fascista; y los otros su reverso: el caos como orden. Realmente lo contrario? No s nada. Admito la deconstr uccin de los trminos: Nada es No. Pensando y pensando uno siempre cae en el juego de los indecidibles”. Lilith se mueve, parece que va a despertar. Sus piernas, rectas bajo las sbanas, se doblan en ngulo de cuarenta y cinco grados hacia el techo. Un ojo hmedo y legaoso, seguido de su nariz recta, reaparecen entre la s almohadas para mostrar su rostro lleno de

PAGE 203

203 203pensamientos torpes y diluidos en la confusin de las primeras impresiones. Debe sentir los brazos entumecidos, despus de dormir en una posicin incmoda. “Dorm mucho?” l niega con la cabeza y le desordena an ms el cabello. “No, ms o menos una hora.” Aquiel se inclina hacia la mesita de noche y prende la grabadora. E hora j sei de aproveitar…la fora amor… “Cmo te sientes?” “Bien.” “De verdad?” “S.” Aquiel desnudo sobre la cama. El cuarto en penumbra lunar. Ella recostada en la cabecera del mueble, su silueta se destaca c ontra el fondo abigarrado del afiche pegado en la pared. Los hombros cados, habla con un dejo triste en la voz y l se siente otra vez culpable. La muchacha parece dialogar consigo misma: “Sabes? A veces pienso que he perdido mucho tiempo durante todos estos a os. Te escucho hablar de cosas que no conozco y entonces creo que t pegas mejor con tipas como la Fnix, que se ha ledo cincuenta libros y puede citar filsofos y cosas as, mientras que yo…” “Lilith, ya yo prob eso que dices y no result ”, la mano de Aquiel le acaricia los tobillos. La respiracin de Lilith se hace m s relajada con el contacto. “Lo prob con Yamila y todo se volvi una maldita competencia.” “S, pero…” “Parecamos dos cabronas computadoras intercambiando inform acin. Al final casi ni hacamos el amor, todo intelecto.” “Qu aburrido.” “Luego term in por anularme, me castr, como dira Freud. Tom por otro camino, se llen de armadur as, se volvi plstica, artificial, se fue por el camino de los androides, amplific el Edipo. Creo que ahora est ms jodida que yo.” “Y todava piensas en ella? Quiero decir, si ahora viniera a buscarte, volveras?” Una pregunta difcil. Aquiel busca con cu idado las palabras: “Quiero ser sincero contigo Lilith. Y la respuesta es que no lo s. S, todava pienso en ella; digamos que es un duelo que no logro superar. A lo mejor la misma cura sera volver, no?, para acabar de decepcionarme y as poder olvidarla. Pero no creo que eso suceda. Ella le dijo hace poco a mi hermano que yo no le interesaba en lo ms mnimo, ni siquiera como amigo.” “A m no me pareci. Cuando estaba en el aquelarre se pas todo el tiempo mirndote. Hasta te invit a irte con ella.” “No, Lilith. Me invit a que viera como se templaba a Raphael. No es lo mismo.” “S. Entiendo. Y Margarita? Y Amy?”

PAGE 204

204 204“Reaccin desesperada. Giro de ciento ochenta grados. Pens que la solucin estaba en la carne, en el sexo puro; coito, ergo sum : tiemplo, luego existo. Otra mierda. Creo que ya te lo cont ayer.” “S, es verdad.” Ella mira los gestos de Aquiel y queda en silencio. Se levanta, camina por la habitacin, luego se acerca, le quita el cigarro de los dedos y se lo lleva a los labios. l le hace una sea para que se acueste a su lado. Ella obedece y fuma con los ojos clavados en el techo. Parece que va a pregunt ar algo ms, pero el coraje se esconde en la garganta. Despus de unos segundos se decide: “Y yo?” “Contigo es diferente, Lilith. Lo que yo bus co ahora es sensibilidad. Alguien que me salve, que me haga una transfusin porque estoy muerto, soy una mquina, siento que tengo cristal lquido en las venas, en vez de sangre. Y t eres muy sensible, eso me encanta. Y tambin la sencillez, la sinceridad.” “¡Coo, pero yo tambin quiero saber miles de cosas!” Lilith, con un gesto violento, lanza el cigarrillo por la ventana, “y a m me gustara ser como t, o como Elisa, pero me empiezas a hablar del Lado Oscuro y no entiendo nada”. “Y t crees que es fcil, que en un mes ya lo vas a saber todo? Cmo t crees que yo empec? Igual que t, la nica diferencia es que yo te llevo como ocho aos de ventaja, pero nada ms. T eres inteligente, y creativa que es la base de la inteligencia verdadera. Mira tus canciones. Y en cuanto a entenderme no te preocupes que a veces no me entiendo yo mismo. T puedes ensearme a m un montn de cosas. Dice un psicoanalista famoso que las mujeres son las que saben y los hombres slo lo imaginan.” Silencio. Lilith mira al frente, a un punto en el aire en medio del sanctuario e imagina all la blanca montaa de conceptos, los miles de libros por leer conformando una pirmide monstruosa que se eleva hasta golpear el techo. Si el conocimiento pudiera medirse por un reloj, los suyos slo seran unos segundos comparados con las horas que marcara el de Aquiel o el de Elisa. Y as y todo l espera que ella encuentre su pas, que optimista. Claro que l no hablar desde una tribuna en el cielo, ni tampoco el camino ser un bosque de cactus infranqueable, pero por dnde empezar? Una de sus manos est apoyada en el hombr o del muchacho. La otra desciende hasta la grabadora, la apaga y extrae la cinta. “Ya s lo que voy a hacer”, le dice y se levanta de la cama, “espera”. Rebusca en su bolso y saca varios cassettes, escoge uno, lo introduce en

PAGE 205

205 205el equipo y aprieta las teclas para grabar “Bien, ahora imagina que ests conmigo en medio de un campo de peyote, eres el Brujo Don Juan, yo soy Castaneda y esta es tu primera clase y mi pregunta es: Qu coo es el Lado Oscuro?” l la descubre atenta, como siempre, los ojos expectantes, lista para escuchar toneladas de clasificaciones, hacia arriba la palanca de la aspiradora, cerebro transformado en esponja. Hay algo en Lilith que no espera ms, ya est dispuesta para confrontar la Nada que es el Todo, cul fue la pregunta que es cupieron sus labios? Ah, s, el Lado Oscuro. Aquiel toma un poco de aire y comienza: “Hay algo que siempre se nos escapa, nos fa lta. En cualquier cosa que tenga que ver con el pensamiento, con el lenguaje, con t oda la cultura. Es como un agujero, una ausencia. Para el hombre esto es insoportabl e y por eso siempre intenta rellenarlo, pero nunca lo logra.” “Sigue.” “Estos…intentos de tapar el hueco son los que han dado lugar a todas las ciencias, al arte, las religiones, lo s problemas mentales, la conducta, y al amor tambin. La gente lo llama Dios, agujero, elipse grado cero, falta en el Otro, lo Real, el ms all, el mundo aparte, en fin, millones de nombres para designar lo indescifrable. Yo he preferido llamarlo el Lado Oscuro.” “S, s, pero cmo es?” “Que cmo es? Eso nadie puede decirlo.” “Por qu?” “Porque pr ecisamente es el agujero que lleva toda cadena significante. Perdona, quiero decir que no lo puedes describir, es indecible.” “Pnmelo con un ejemplo concreto.” “Quieres un ejemplo concreto…”, Aquiel sonre, “a ver, cierra los ojos.” Lilith obedece. l espera unos segundos y lue go desliza sus dedos por la espalda, casi sin tocarla, un roce levsimo que la hace estr emecer. “No abras los ojos”, le pide l y contina. Ahora la mano acaricia su muslo, repta en direccin a la entrepierna, extiende el ndice y fricciona suavemente su cltoris, lu ego se retira. Ella re excitada y abre los ojos. “Qu sentiste?”, pregunta l. “Hum, no s. Muy rico.” “No, descrbelo mejor.” Lilith piensa durante unos segundos y luego contesta: “Al principio, en la espalda, como el ala de un pjaro, de una gaviota o algo as.” “Aj, y despus?” “Una serpiente.” “Bien, y despus?” “No, despus la lengua de la serpie nte”, ella vuelve a rer. “Fjate que me has dicho tres metforas, a lo mejor la poesa es una de las formas que tenemos para tratar de describir el Lado Oscuro.” “Entonces se puede describir.” “No, no se puede. Puedes tratar, acercarte un poco, pero no llegas, nunca llegas. Te voy a poner otro

PAGE 206

206 206ejemplo: Hace ms o menos una hora, tuve uno de los mejores orgasmos de mi vida. Te podra decir que me sent morir por un instante, que llegu al nirvana, que mi mente se fundi con el universo, etc., etc. Podra hasta escribir miles de libros, pintar millones de cuadros, pero as y todo siempre se me es capara algo, entiendes?, algo maravilloso e indescriptible. Ese es el Lado Oscuro.” Ella se siente alegre por la revelacin de Aquiel. “Quieres decir que es como un lugar al que uno se acerca hasta casi tocarlo, pero nunca llega?” “Ms o menos. Tambin lo puedes ver como un objeto, no?, algo que perdiste hace mucho tiempo y que jams podrs tenerlo de nuevo porque ni siquiera sabes de qu se trata. Entonces, para consolarte, lo sustituyes por otros, o lo conviertes en cultura, pero nunca quedars satisfecha con ese sustituto. Es lo mismo que pasa con el amor.” “Ya voy entendiendo.” Lilith recuerda cierta visin en un parque a los siete aos, el da que le hablaron por primera vez del sexo. Ahora siente un poco de fro parece mentira, en agosto y se cubre con la sbana. Aquiel prosigue: “T pue des tener cierta intuicin del Lado Oscuro a travs de los sueos, el orgasmo, las drogas, el arte, la locura y todo lo que se relaciona de alguna manera con la muerte”. “La locura?” “Pues s. La esquizofrenia. Esa es otra manera de percibir la realidad, con una lgica distinta, con otras relaciones en tre los significantes, eso es precisamente lo que estoy buscando, te imaginas? Poder comprender ese otro lenguaje, es como si abrieras una puerta y comenzaras a ver mundos alternativos, un orificio hacia otras dimensiones donde imperan otras leyes, universos de lgica alterada.” “Co”, Lilith trata de recordar el ttulo de aquella pelcula, cmo se llamaba?, donde haba un tipo que experimentaba con hongos alucingenos… “Ah, s, Estados Alterados.” “Claro chica, esto es mucho ms complejo. Yo estoy tratando de que lo veas como si fuera ciencia-ficcin y puedas tener al menos una idea mnima”, le ofrece el cigarro, pero ella niega con la cabeza. “No, Aquiel, no lo deca por eso. Es que record las visiones que tuve la noche del aquelarre. Fue muy ex trao: me aterroriz y al mismo tiempo qued fascinada. Hasta tengo deseos de proba rlo otra vez. Tambin me acuerdo de que dijiste algo as como Bienvenida al Lado Oscuro Ahora entiendo a qu te referas.”

PAGE 207

207 207“S? Bueno…”, Aquiel duda que su explicaci n haya servido de mucho. No por ella, sino por l mismo. Le confiesa que ha se guido probando a solas, apostndose la muerte en cada experiencia? Al cabo de unos minutos se decide: “Tengo ms. Lo he ido mezclando con otras cosas, tratando de controlar su s efectos, hasta el punto de que ahora no se puede fumar, es para comer, y he ido apuntando las visiones en un libro. Yo le llamo a esa droga La ventana. ” “ Windows ”, traduce ella y sonre, “eso es un lenguaje de mquina.” “S, tiene que ver.” Aquiel mira al equipo y piensa si es in teligente grabar todo aquello. “Las ltimas visiones son como si viajaras al futuro, onda ciberpunk”, aprovecha para deslizar su mano bajo la sbana. “¡Qu interesante!”, dice ella disfrutando de la caricia en el abdomen. l por fin decide colgarse de la oportunidad: “Quieres probar?” Un gesto de asentimiento por parte de Lilith, que acerca su rostro para besarlo y luego susurra: “S, quiero, ya te lo dije”. “Yo tambin, es una lstima que no podamos hacerlo los dos juntos.” “Por qu?” “Tengo que cuidarte para que no te hagas dao. Las primeras veces uno se pone agresivo; una noche cuando despert haba destrozado un montn de cosas. Adems recuerdo como te pusiste en tu primer viaje.” “Ya eso no me gusta tanto. Y si me pongo viol enta y la cojo contigo?”, a ella de pronto le viene la imagen de Aquiel corriendo, intentando escapar de ella que lo persigue por toda la casa con un cuchillo. Duda por unos segundos y luego el rostro se ilumina. “Ya lo tengo. La solucin es muy sencilla. Me amarras a la cama.” “Y si gritas?” “Tambin me puedes amordazar con algo.” Lilith imagina la escena y sonre: “Eso me suena a una onda masoquista del carajo, pero me gusta, no s por qu.” “Te suena no, es masoquista. Cada vez que tomas una droga lo eres.” Ella se muestra impaciente. “Bueno, qu?, lo hacemos?” “Est bien.” l se levanta en rescate del recipiente escondido y luego, entre los dos, revisan el armario en busca de todo lo necesario para las ligaduras. Lilith piensa que se encuentra otra vez en un final de algo, de una forma de ser y de actuar, y por supuesto que est atemorizad a con ello. Sin embargo, al mismo tiempo siente un vrtigo de placer ante lo desc onocido, la misma sensacin al montar una montaa rusa, o bajar en rapel por un precipici o; la cosquilla gozosa que sube desde el pubis al saberse en peligro de muerte e intent arlo de todas formas. Claro que un fallo de

PAGE 208

208 208las mquinas y los vagones saldran disparndos e al vaco, pero tambin es una muerte elegida, no? Ya est cansada de que siempr e elijan la muerte los Otros, de que se la muestren por televisin, el cine, las fotograf as y luego le digan lo que debe hacer o no para evitarla. Es mejor este camino partiendo, a la vez, en todas direcciones, guiada por la mano de Aquiel, en busca del puente al otro lado. Minutos ms tarde se encuentra como petr ificada en posicin horizontal, observa las manos del muchacho movindose hbiles entre los nudos hasta dejarla totalmente amarrada con las medias y cinturones, la palabra sin salir de sus labios, el roce fro de una cadena apresando el tobillo. Piensa en lo que diran los Osos si la vieran ahora en plena faena, “a todas luces perversa”, y no slo ellos, se divierte imaginando que diran las potencias maldecidas en este rincn de l pas o los androides de Ciudad Virtud, incomunicados en orejas como dice la cancin, al vaivn de la amnesia de la Oscuridad. Muriendo, muriendo la Ciudad, T odava queda alguno que no quiera perder el cerebro? Ahora levanta un poco la cabeza para recibir en la boca la pasta amarga que le ofrece Aquiel. “Toma, aqu tienes tu windows .” Ella mastica lentamente, piensa que la canela mejora un poco el sabor, pero as y todo es casi intragable, bueno, todo sea por la libertad. Los ms brillantes gritando que si afona, que si mordazas, cuando lo ms importante es emancipar de una vez las me ntes, abrir el cerebro a las posibilidades infinitas, al poder del Caos, como dice Aqui el, y luego hacer que todos salten contigo para romper la malla del Rey del Ajedrez. “Y a. No comas ms. Con esto basta para el primer viaje.” Agiturbada Las manos de Aquiel acaricindole como algas. Perceptividad creciente, primer efecto de la sustancia. Lilith sabe que l lo est disfrutando, la seal inequvoca son sus rugidos y murmullos de lince al acecho, cierto animal precioso que gime tambin sin que nadie lo escuche, la sorprende su tamao y su ereccin. “Te gusta, no?”, le dice y comprende que est igualmente excitada. “V en cuando quieras. Estoy lista”, pero como respuesta recibe un apretn de los dedos de Aquiel sobre su vulva. “T estars lista cuando yo diga, mientras, no hablas, bie n?” Una voz azul jadeante transformando comienzos. “No me tortures”, bromea Lilith, pero l no le presta atencin, enrolla un pauelo y se lo coloca alrededor de la boca, luego hace un nudo fuerte detrs de la nuca.

PAGE 209

209 209Acerca el rostro a su odo y sonre por lo bajo, susurra felino: “Voy a hacerte el amor cuando ests bajo los efectos”, le mete la lengua en la oreja y muerde el lbulo suavemente. “Vas a alucinar como nunca, hija de puta, te voy a hacer sufrir.” Lilith se retuerce para seguirle el juego. Comienza el viaje.

PAGE 210

210 210PHEH Lilith se sumerge en los bordes del Lado Oscuro ayudada por Aquiel. Se entrega al Caos con una seguridad h echa de negaciones neuronales; donde cada detalle disperqueo se reafirma en el segundo siguiente hasta una invocacin incrdula, que peridicamente se deconstruye a s misma en espirales, universo de lenguaje paralgico, cuyo ncleo iconogrfico es penetra do por las siluetas de inmersin, hasta descubrirse del miedo a descubrir, y ahora las filigranas del pensamiento se reversibilizan ante las visiones incoherentes para reafirmarl as y renegar la afirmacin, los significantes se remiten a s mismos, esquizofrenia suicidaconciente. Desde el dcimo nivel de terrazas, Lilith estudia variantes tcticas, busca medios de penetracin sin castigos, analiza por qus y porques. Del lado de ac un hombre sorbe la vida entre su s piernas, deja de existir como entidad separada, se pone a horcajadas sobre su cuerpo y el sanctuario jadea en sismos de jbilo que zigzaguean desde los primeros niveles del Kosmos transpositivo, Synaesthesia. Ella siente los hilos de energa atravesando su estmago y comprende que siempre ha sabido. El ngel-demonio alla en un karma autoimpue sto, sin saber que siempre vencer, trata lnguidamente de ceir sus muslos blancos sobre sus nalgas, esconviendo la espuma sanguinolenta que brota de las comisuras de los ojos, pero a Lilith no le preocupa eso. Enterospeccin. Sabe que Aquiel es penetraduro como el cuero, un rabioso perro negro y azul con cadenas y tatuaje, haciendo oscilar el cascarn bajo sus garras. Mientras encaja sus dientes en la mordaza, despus de la primera incursin, Lilith emerge por unos segundos a la superficie de l cascarn fludico, observa entre brumas a Aquiel que est mordiendo con rabia sus muslos y la habitacin respira en la madrugada, otra vez, recomenzando el espasmo de un xtasis que resulta todava mayor que la felicidad moldehojada de la fumigacin heavy mental al principio de la colisin de cuerpos. Lo sabe todo.. y se encarga de atrapar ms xtasis de lugares afines. Del lado de ac l la est perforando por sptima vez. Atrapado all en las lneas doradas del huevo, el gran y asqueroso hijo -perro, de una mnima longitud de 25

PAGE 211

211 211vendidos con su saliva aos de oruga a oruga, frotndole los labios de la vulva con tympanum “¡Estn echando los perros!”, grita Zepar desde uno de los espejos tcticos pero ella no le presta atencin. Haca tan solo una hora tiempo virt ual que Lilith haba conectado con Antamtap Encontr miles de klippots complodos con sus crneos pelados, llenos de trodos compaeros de cdula y tambin muchas potencias casi un ejrcito con sus sabuesos mecnicos Haba guerra y ellos Aquiel y Lilith se vieron obligados a entrar en el huevo, huir de las hogueras a travs del tringulo gotico, s ubir a la habitacin refugio con espejos tcticos y observaban todo desde all, amenacimgenes clavando sus garras en los muros y gruendo de rabia impotente. “No puede s hacer nada Lilith”, le dijeron, “slo escapar. Alguien os destruir una de las defe nsas de Utopie Virtud y ahora hay miles de hogueras. Estn quemando a los nuestros, L ilith. Llvate a Aquiel y desaparece a tiempo.” Ella tuvo suerte. Se mezcl entre lupas falaces y bithias de zamarras negras, silvestrozadas. Haba perdido a Aquiel al principio del Sabbat. l se fue con la Fnix, pero esta lo pudo ver despus haba sido atrapada por los anillos de las potencias menores. Confundida, Lilith perdi a Aquiel. Desticalza, busc entre el hielo y le contestaron de forma amplificada. Exttica haba cumplido con su espacio. Buscar. Buscar. Por fin. “Tengo que desaparecer.”, dijo l. “No se puede”, contest, “han trazado el crculo. Ven conmigo.” As se qued. Su rostro estaba manchado con la pintura de labios de la Fnix pero eso no le importaba ahora. Se que d y basta. Ni siquiera el olor. Finalmente, cuando vieron los primeros sabuesos atravesa ndo los muros, ella y Aquiel entraron al huevo. “Mierda, no me gusta. La clavaste tambin por detrs, no?”, pero l la atrapa y se mete adentro, permaneciendo 40 minutos. Su rostro azulado se humedeci, se ilumin; ella siempre estaba algo persucia, siempre enlodada, sudorosa. An notaban los sonidos de los sabuesos atacando, los gritos de los klippots quemndose en la hoguera, olor a

PAGE 212

212 212sopa de neuronas, fumigacin de fluidos elect rnicos. Si no era vidente, por qu poda oler su hoguera pentagonal? Precognocin ?, Le estara pasando algo a Leonardo? “Mira Aquiel, no necesito ms tympanum. Ya s que debera desgarrarte las arterias pero te lo voy a regalar.” Nevutralidad El acepta contento y se frota el pene y los testculos con el polvo de la escudilla metlica. Ella lo ama menos por no h acerlo que por su contrario y en el futuro, sabe que no formar parte de ningn pasado exquisito. “Aquiel, nos vamos?” “¡Miedo nunca!” La disfrazada decepcin en que se esconde, es como gritar “¡Aquiel!” Viendo el ro de lodo brotando por todos los orificios del cuerpo. Escabronido gorgoteante. Vuelve a escuchar a Leonardo. En ningn lugar, muy lejos, el llanto que es un grito. Pero el otro murmullo, muy cercano y que le rechaza el rostro con los labios es Aquiel, el ilumiembrado. “Qu pasa?” “Nada Aquiel.. cogieron a Leonardo.” Material es como son, ella no puede perder de vista la mueca del hombre. Vivan los milagros de la ciencia, Lilith no lo deja contar ms sus curvas ni armonas. En el dcimo nivel de terrazas, Leo ya no lu ce sus trodos y los ndices vitales estn en flatline Un nuevo zombie en las torres de informacin. Sueamento, alma externada. El nio escupe cuando ella vuelve la espalda. “l se fue con el Zepar.” Alivio. “Y Raphael?” Analizndolo con lgica desyerta, Raphael no tena por qu haber rechazado la oferta de Aquiel: una multipista para perforar todas las defens as de Utopie Virtud, prefiri hacerlo a su modo y ya ves: era un camino (H)errado; nunca dej de seguir el objeto ofrecido por los discursos del Amo, nun ca dej de hablar en lenguaje de pastonductores de regirse por la muertepulsin. No, Aquiel: la real y nica va era crear ventanas para todos; caotizar el maldito System, cortar sus h ilos con el resto de las redes hiperreales, la anarqua como multirrespuesta al poder de las superestructuras, la Revollicin etercontnua el Caos como orden para alcanzar la libertad. Zancaduleando all en las lneas doradas del huevo, un plateado celeste de cuatrocientos megabytes, intrpidamente transponiendo 109005 milmetros de ramificacin nerviosa, abrasando el crneo hast a recordar su leyenda de ms de tres

PAGE 213

213 213gramos en pasta windows, va, fue.. Lilith.. la Reina de los demonios. Rostro azul. Tan sucio como le era posible, doscien tos pnicos y quinientas fugas. Cronosumindose movida hacia el interior, siempre afuera. Comienza la regresin al mundo quiminfectado, miseraldea de los sentidos.. La transyestoria se desvuelve mucho ms dolorosa que la vez anterior. Sobredosis? La mordaza apaga los gritos, pero las ne uronas claman por estallar frente a lo insoportable de la tortura en los rganos muy pronto la agona alcanza un clmax donde el nico deseo es la muerte instantnea para no sufrir y ella intenta hundirse las uas en los ojos para alcanzar el cerebro y desgarra rlo, pero hay algo que le impide mover sus msculos, el cuerpo totalmente paralizado, ni siquiera los prpados obedecen y Lilith se hunde entonces en un abismo de terror que parece durar siglos hasta que siente un remanso en el suplicio “Dnde estn mi s manos?”, y el dolor comienza a amainar, “Denme mis manos, por la Grand Ma, no las ve o”, luego otra eternidad hasta que puede abrir por fin los ojos. Jesuspira con alivio. Ya es de da. l duerme abrazado a sus piernas, el vientre como almohada y su rostro baado en sudor. Los cuerpos y sbanas estn manchados de semen, sangre de la menstruacin, sudor y otras miles de sustancias groseras, mezcladas con olor nauseabundo. Ella siente el nudo en la garganta y se retuerce desesperada hasta que logra despertar a Aquiel, que por suerte se percata rpido de la situacin y se abalanza sobre el nudo de la mordaza “aguanta, aguanta un poco” Apenas ella libera su boca no puede contenerse ms, vuelve la cabeza hacia un lado y vomita, “Ay, coo, perdname”, repite l, nervioso, tratando de zafar las ligaduras con torpeza precipitada. Lilith se arquea de nuevo y vuelve a arrojar, esta vez sobre el suelo y contina una o dos veces ms hasta que vaca su estmago por completo. Aquiel le pasa una mano por la espalda y ella escupe, luego se va sintiendo mejor. “Espera”, dice l, “voy a traerte un poco de agua”. Ya con el vaso en la mano y despus de haber bebido, Lilith decide revivir. Mira en derredor y esboza una semisonrisa. “Cmo es t esto. Parece que pas un terremoto.” Aquiel la mira con ojos culpables. “Me que d dormido, perdname”, pero ella niega con la cabeza. “No te preocupes; parece que se nos fue la mano, eso es todo. Adems de que la idea no era muy buena. Quiero decir, lo de la mordaza Por lo dems estoy bien. Fue

PAGE 214

214 214maravilloso.” “S, todava ests viva.” l se pregunta horrorizado qu hubiera sucedido si Lilith se ahogaba con su propio vmito, igual que el baterista de…pero ella le coge una mejilla con los dedos: “Oye Aquiel, no me arrepiento de nada y no voy a dejar que te culpes porque la idea fue ma, ok? Arriba, quita esa cara y vamos a baarnos, que estoy realmente asquerosa”. “S, como t digas.” l por fin se relaja, permite que una sonrisa le salga a los labios. Lilith se levanta y observa la sbana con una mueca de asco. “Mira eso.” Aquiel estira los bordes y analiza las manchas. “Body Art. Si no apestara tanto lo dejaba as mismo y lo colgaba en un cuadro.” “¡Qu cerdo eres!” “Le pondra un ttulo como los de Leonardo, algo as como Saliendo con cinco gatos de mi neogeneracin. ” “Ay, ya, no sigas que voy a vomitar otra vez.” “Bueno, vamos.” Ya en el bao, cuando estn enjabonndose, suena el timbre del telfono. “Quin ser?” pregunta Lilith. “Nada, debe ser la Amy o mi madre, para controlarme. Olvdalo.” El timbre sigue sonando un rato y luego enmudece. “Estoy preocupada con el SIDA”, dice ella y se coloca bajo la ducha para enjuagarse, “con todos esos ritos y la sangre, si lo tenas seguro me lo pegaste.” “Y t a m?, Desde cuando no te haces la prueba?” “No, desd e hace poco y adems, me he protegido bastante” “Yo tambin. No poda confiar en la Amy, por eso nunca me descuid con ella, pero uno nunca sabe. De todas formas si quieres vamos los dos juntos al policlnico y as salimos de dudas.” “Est bien.” “Ya te lavast e la boca?” “S.” Se besan, luego ella deja que Aquiel la seque con una toalla. En el tiempo que Lilith termina de vestirse y lava las sbanas, Aquiel aprovecha para barrer el sanctuario y ordenar sus cosas. Despus friegan a do toda la vajilla usada desde el da anterior. Ella descubre que como todos los hombres l es un gran derrochador de detergente. A pesar del bao se siente agotada. Han sido dos noches casi sin dormir, y eso sin contar la resaca psicoqumica. Los estmagos comienzan a quejarse de hambre y el refrigerador se burla de ellos con su interior vaco. Deciden entonces salir a la ciudad de los tteres en busca de pertr echos. “Vamos”, y piensa Lilith, “que la materia es incambiable con el saber, diga lo que diga el gran amo de los gatos. De dnde sacar tanto dinero?”. Ella duda que lo cons iga sacudiendo su cabeza en los conciertos o de sus estudios de filosofa esquimal. Ya cu ando estn en la calle y han cerrado la puerta

PAGE 215

215 215vuelven a escuchar el telfono. “Hay gente que no tiene suerte”, murmura l y echa a andar como si no hubiera odo nada. Ella reafir ma su idea de la conflagracin madre-hijo, pero entiende que no es su problema as que se encoge de hombros y alcanza a Aquiel en la avenida. La expedicin muere frente a un puestecito bastante nutrido de vituallas. Panes, refrescos y otras golosinas. “Qu quieres?” Ella seala con el dedo la base fundamental de la comida italiana. Lilith se arrepiente tarde por su pizza en es tado de fuego. Le da un par de mordiscos y observa a Aquiel que se ha decidido por una empanada gigante y dos refrescos. Siente como la envidia la atraviesa con sus dardos recnditos. “Dame un pedacito”, y abre la boca para que los dedos de l le introduzcan en ella una lasca de grosor imperceptible. “Ven”, y se sientan en la hierba de un par que cercano a terminar cmodos el desayuno. Qu bien. Qu felicidad. La vida entra en Lilith como un verso de pulmn vertiginoso, adorable copa de vicios en los labios de Aquiel, todo goce, sin culpas ni exigencias patriarcales. Ella se siente renacer en es as hojas que susurran tranquilas en equilibrio sinfnico, bebe su refresco, mira a los ojos del joven y sonre. As. Deseara que de pronto el mundo se quedara inmvil como en una fotografa, con esa misma sensacin de paz y seguridad en s misma y que nunca la devolvieran a sus temores y problemas cotidianos, las obligaciones y regaos paternos, el precipicio mediocre de tantos corderos, lobos… Algo deben transparentar sus ojos en ese momento porque Aquiel se queda mirndola en silencio, como extasiado y de pronto le dice: “Has cambiado Lilith, has cambiado mucho”, y esa afirmacin es completamente cierta; ahora ella se siente Mujer, as, con maysculas. Ha desafiado a Dios ese viejo de calva amarilla, con su falo enhiesto y se est reconstruyendo a s misma. Ya basta de comportarse como Daybel lvarez, aquella niita para violar, bien adaptada a los deseos celestes, la carne sucia, dbil, sumisa y por lo mismo descartable. Ahora es Lilith, ya nadie jams podr dominarla porque se aburri de ser vctima. “Qu quieres hacer?”, pre gunta Aquiel. Ella termina de tomarse el refresco y se levanta. “Yo? Quiero descan sar. Aunque no duerma, tirarme en la cama un rato por lo menos.” “Est bien.” Aquiel se pone en pie, coge los vasitos de plstico y los bota en el contenedor de basura, luego regr esa. “Dale, vamos, yo tambin quiero dormir un poco ms.”

PAGE 216

216 216Mientras caminan de vuelta, Lilith observa a Aquiel y descubre que sigue enamorada de l, claro, pero de una manera distinta, sin aquella dependencia desesperada de meses atrs, aquella subordinacin tan humillante. S es amor, en eso no hay dudas, pero eso no implica dejar de ser ella misma, regalarse sin recibir nada a cambio. Ahora se brinda porque lo desea y as ser con todos, optando a conciencia por el desnudo o la mscara, sabe que es bueno utilizar los reflejos, el pode r de los disfraces, de la seduccin, porque esa ha sido y siempre ser el arma secreta de las mujeres: destilar misterio y deseo a lo largo de las autopistas amuralladas y rerse en secreto por sus penes blandos sobre ruedas pobre homo erectus siempre en busca de lo mismo con toda su cultura construida alrededor del miedo a las tijeras, educando a las nias en su propio temor racionalizado. Llegan al castillo y tienden la cama con sbana s nuevas. Ella le pide un libro y Aquiel le presta Viaje a Ixtln de Carlos Castaneda. “Aqu ta mbin te hablan del Lado Oscuro, pero con otros conceptos.” l escoge para s El Anticristo Por fin se acuestan. Aquiel acerca su rostro para besarla por ensima vez. La mira serio: “Lilith, estoy muy contento de que ests aqu. Me siento muy cmodo con tigo.” Ella no contesta sino que lo abraza. “Qu tierna eres”, susurra l y le acaricia la frente con los labios. En eso tocan a la puerta. “Mierda”, murmura Aquiel y se levanta. “No abras”, le pide Lilith. Los golpes se repiten con fuerza. “Quin coo vendr a joder a esta hora?”, refunfua l. Va hasta la puerta y la abre con desgana. En el umbral aparece Margarita. Viene empapada de sudor por la carrera en bicicleta y jadea de una manera extraa, como si estuviera llorando. “Mataron a Leonardo”, dice.

PAGE 217

217 217 CUARTA PARTE: “ALIEN-NATION” Beauty walks a razor's edge Someday I'll make it mine If I could only turn back the clock to when God and her were born “Come in”, she said, “I'll give you Shelter from the storm.” Shelter from the Storm Bob Dylan

PAGE 218

218 218TZA La alienacin es poderosa, de verdad; llega un momento en que disfrazada de su antnimo lleva a abolir el contacto con la r ealidad por completo. Comienzas a vivir en un mundo inventado, es terrible. “Clmate Maggy, ¡Clmate coo!” Lilith saluda al Abismo. Siente como mueren todas las presencias y sentimientos, ya no cree en pjaros ni dioses, grita y comprende que antes, muchos otros se han visto en esas mismas condiciones, los sobrevivientes clamando un quin, un cundo y un por qu de todos los finales absurdos. “Qu pas?”, pregunta Aquiel. Las preguntas no faltan cuando se tienen los pies sobre el fuego. “Lo encontraron ayer por la noche en una casa desierta…lo torturaron.” Lilith avanza un primer paso sobre la cuer da del trapecista. Maggy habla con gran esfuerzo: “Le dieron golpes en la cabeza, lo estrangularon y le clavaron un punzn”, ella parece tener la garganta llena de piedras, “seguro lo engaaron con algo de sus cuadros, haban varios en la mochila”. Es esto real? Veamos, Est sucediendo? O ser slo el efecto trasnochado de la ventana, alguna alucinacin que emerge cruz y se clava en la espalda? “Es imposible”, piensa Lilith, “Margarita no puede estar ah, desencajada, hablando de cosas sin sentido, se volvi loca o est drogada, s, seguro es eso, esquizofrenia”. “…los testigos dijeron que uno era Jorge, pero no los han cogido todava”. Lilith piensa en lo inefable de sus trayect orias bombardeadas de vigas, castigos como meteoritos ilgicos, el terror de ser una pris ionera ms, alma errante en equilibrado azar. Azar? Errante es familia de Error? Cul fue el error? “…La madre tuvo un ataque y…” Lilith temiendo que en cualquier instante regresen las noches sin dormir, la ciudad de los asesinos insomnes, robada por el espacio y el miedo, “ya yo habl con las potencias, les dije todo lo que saba”, una muchacha temblando bajo la cama, sin voz, convertida en orine de rata, procreando el pr incipio de la irrealidad confusa sobre el pecho de la nia, “ellos creen que ustedes estn en un campismo”, copiando papeles ya asignados por Dios hijo de puta con el afn, con la sed de perros aturdidos y la navaja que escribe la sangre sobre los ojos, “tambi n estn buscando al Zepar y a Alina”, y entonces Lilith no quiere escuchar ms: “¡Todo eso es mentira!” y sus labios gritan que la

PAGE 219

219 219odia, que es una borracha, una puta drogadicta. “¡Dime que eso es mentira!”, y la rabia explota en el pecho y ella se lanza sobre la embustera para hacerla callar, quiere golpearla, pero Aquiel le sujeta fuertemente los brazos: “¡Basta Lilith!”, y forcejean hasta que l le propina un par de bofetadas y ella cae llorando sobre la cama. “Yo tengo la culpa, yo tengo la culpa”, repite y Aquiel no sabe qu hacer. Margarita con la cabeza gacha parece estar concentrada en los cordones de sus sandalias. Transcurren unos minutos donde slo se escu chan los gemidos cortados de Lilith. l intenta acercarse y calmarla con caricias pero ella le rechaza la mano bruscamente, “¡djame sola!”. Aquiel mira a las dos jve nes en silencio. “Leonardo”, piensa, “el nio que nunca se vesta de uniforme, incapaz de aplastar una hormiga, al que siempre le surcaban mil pjaros por el rostro, casi tras lcido por lo sincero, posiblemente el mejor de nosotros, ¡Carajo!”. Siente el nudo en la garganta y se le humedecen los ojos. “Voy a traer un poco de agua”, carraspea y se marcha a la cocina. Sus ojos buscan entre los vasos y pomos con agua del refrigerador, pero los pensamientos retroceden a otro tiempo y geografa: Leo y l conversando sobre la Muerte, entre risas, al borde de un acantilado viendo a los brujos divertirse en una poceta distante y de pronto es como una visitacin, fantasmas extensiones que nada reclaman de nosotros, ni siquiera amor, que desagradecimiento este de no poder recordarlo todo, cada verano juntos cada siembra de ideas presas en el tiempo; y comprender que tantas cosas quedaron por hacer y decir, engullidas para siempre por el charco en el pantano, por la curva inesperada entre dos caminos, clamando los miedos y convocaciones telegrficas. Aquiel regresa al sanctuario y les alcanza los vasos a cada una de las muchachas. “Gracias”, susurra Margarita que ya se ha calmado un poco. Lilith sigue llorando, el rostro hundido en la almohada. La toca por el hombro, pero ella se niega a mirarlo. No insiste. Pone el vaso sobre la mesita de noche y enciende un cigarro. “Imagino que ya le hicieron la autopsia”, preguntafirma despu s de un rato. “S”, contesta Maggy, “ahora lo estn velando en Calzadilla y Koph.” “A qu hor a es el entierro?” “A las cuatro.” Lilith vuelve a sentarse en la cama, el rostro p lido, los hombros cados. l sigue preguntando: “Ya le avisaste a la gente?” “A los que pude: Mara Martn, tu hermano, el Negro y Amy.” “Est bien”, Lilith por fin decide intervenir, habla con voz mortecina: “Mis

PAGE 220

220 220padres, lo saben?” “S. La mam de Leo les dijo a las potencias que l sala contigo y entonces fueron a buscarte a tu casa.” Margarita pide fumar del cigarro de Aquiel. “Qu hora es?” “Casi las doce.” “Qu hacemos?, vam os a la funeraria?” “¡No, no!”, Lilith se levanta y comienza a caminar por la habitacin, “todo es muy rpido, yo…no estoy preparada, perdona, ¡no puedo!”. “Est bie n, est bien, tranquilzate”, l trata de apaciguarla, “vamos directo al cementeri o”. De nuevo silencio. Maggy termina de fumarse el cigarro, aplasta la colilla en el cen icero y se levanta. “Me voy”, dice y recoge su mochila, “nos vemos all despus”. Aquiel la acompaa hasta la puerta y la ayuda a bajar la bicicleta. “Por qu a l, eh?, por qu?” La voz de la muchacha vuelve a quebrarse. “Ya, ya”, l la abraza, “trata de no pensar en eso”. Margarita asiente triste, se se para y monta en la bici. “Cuida a Lilith, est muy mal.” “Lo s.” Ella se aleja pedaleando por la avenida y l entra en su casa como si le hubiera cado una rastra de siglos en la cabeza. “Maldito pas”, murmura. Se acuesta junto a Lilith y deja que ella lo abrace y se desahogue llorando todo lo que quiera. Al cabo de un tiempo bastante largo los gemidos de la muchacha se van espaciando hasta que su cuerpo deja de estremecerse. l la deja dormir un rato, lo necesita. Tres horas despus ambulan por las calles y les agobian los reflejos de una ciudad podrida, oprimen tantas fotos, sombras y cristale s rotos, sucede al final que la felicidad es una cancin que no llega a surgir jams, siempre termina suplantada por otra criminal que evoca un ser doblado, con barba plateada y rostro de tejas as lo imagina -, ese maldito vejestorio que se entretiene en vaciar de amor este mundo incoherente y estpido de lagartos venenosos. Lilith camina en medio del sopor de los seda ntes subiendo por 21, cuadra tras cuadra, hasta llegar al semforo de 32 y ms all la avenida de Mxico, los muros ocres del cementerio y sus grandes verjas de hierro, abie rtas de par en par. Ellos entran por uno de los arcos pequeos de la puerta gigante. Hay un cartel que el joven le parece macabro por su doble sentido: S"LO ENTRADA, igual que ese otro todava peor por sus reminiscencias de carnaval: DESFILE DE CARRO ZAS. En el parqueo se encuentran a los klippots esperando. Lgrimas, abrazos. Tambin hay otros rockheros que no son del grupo, amigos antiguos de Leo. “Y la madre?” “Todava est en la Funeraria.” Lilith no desea hablar

PAGE 221

221 221con nadie. Se sientan en uno de los bancos de la explanada, bajo los rboles. Por lo menos aqu no hace el calor agobiante de all afuera y hasta se siente un poco de fresco. El Conan se acerca con la Cheng y le habla a su hermano en voz baja: “Si preparas algo avsame. Esto no se va a quedar as.” Aquiel lo mira triste. “Ya basta de venganzas. Mira lo que pas, la pag el que no tena nada que ver; siempre pagan los inocentes.” “Los inocentes son los culpables”, recuerda Lilith en un susurro, pero nadie entiende la frase, excepto Aquiel, que le aprieta la mano en gesto de solidaridad. Luego de un tiempo opresivo, extremadamente largo, ven llegar al carro fnebre. La madre de Leonardo avejentada, con un ojo tapa do por vendas, recibe las condolencias de Lilith, pero no parece reconocerla en el prim er momento, luego se deja llevar por uno de sus parientes en peregrinacin final detrs de l carruaje. Marcha lenta, pesada, hasta que por fin llegan al lugar donde espera la fosa ab ierta. Conan ayuda a bajar el atad del auto. Margarita coloca una corona de flores blancas y rojas. Silencio. Un pariente habla en susurros con la madre y luego se dispone a dar la despedida del duelo. Comienza a hablar y es un discurso absurdo; describe a un Leonardo que nadie conoce, convertido en esqueleto de nio complaciente, un angelito que apareci de pronto y era perfecto, con alitas suaves de plumn nveo y borrado a la primera caricia de la madre, sin tiempo para… El stranger gesticula en pose que parece ensayada y Lilith piensa que esas mismas frases deben servir para la muerte de cual quier bebito acabado de nacer, o para un feto. Por suerte el tipo termina a los pocos minutos y los enterradores hacen bajar el fretro con sus correas y el aburrimiento disimulado de siempre. La caja toca el fondo de la fosa con un gol pe sordo y ya est. Se acab Leonardo, se transform en lgrima, en susurro de ojo tr iste, en Lado Oscuro. Los hombres se alejan del mrmol y guardan sus fajas. La ma dre deja caer un puado de tierra y solloza doblndose hacia la tumba. Hay un momento en que est a punto de caer, pero los brazos de otra mujer la sostienen de vuelta. Lilith mira a Aquiel con los ojos empaados, se zafa el collar de la piedra verde y lo arroja dentro de la fosa. Comienzan a marc harse los parientes. El Conan se quita las manillas y se aproxima al borde con la mism a intencin de la muchacha, pero un hombre se le interpone. Hay un cambio rpido de mira das hoscas que termina cuando la madre se

PAGE 222

222 222da cuenta de lo que sucede y dice: “Djenlo. Ellos eran sus amigos.” Conan deja caer las pulseras y se aparta un poco. El resto de los klippots tambin se acercan. Aquiel se despoja de su talismn celta y lo lanza. “Toma”, dice, “para el Lado Oscuro”. Los dems Brujos buscan tambin algo personal para la ofrenda. Margarita se desprende de sus aretes, Brizo riega un sobre de pastillas, Mar a Martn tira su pauelo, Azrael espolvorea un poco de yerba y as. Tambin se acercan los otros muchachos que no son klippots. En la fosa van cayendo argollas, collares, fot ografas, una revista de rock, un cassette, cuerdas de guitarra, pulseras, imperdibles, cigarros, preservativos, luego quedan como adormecidos, observando la tierra cayendo sobre la caja. Adivinan que tambin encontrarn algn da una fecha con destino in cierto y no pasar nada, o por lo menos nada especial y eso es lo peor -, slo el sonido sofocado de las paletadas y el puado de tierra chocando contra madera, nada ms. Lilith de pronto siente una sensacin de vaco y se estremece. “Abrzame.” Aquiel le pasa el brazo por encima de los hombros “Dale, vamos”, y sus pasos comienzan a desandar el camino de gravilla. Ella recuerda noches casi suicidas han tenido que ser noches sin alas y ahora comprende que dara cuatro vueltas alrededor del crculo de fuego si ello sirviera para revivirle, para que pudiera renacer el acorde interminable que siempre nos acompaa a todas las desgracias o las pequeas alegras. Lo otro es Nada, polvo csmico. “Atiendan”, dice Aquiel a los dems cuando ya se acercan a la salida, “los tipos que mataron a Leonardo todava estn en la calle; traten de ir siempre en grupo y no regresen solos por la noche, principalmente las muchach as”. “¡Ojal que se tiren!”, dice el Conan y se golpea la palma de una mano con el puo de la otra. “Cundo nos reunimos otra vez?”, pregunta Mara Martn. “Ya veremos” contesta Aquiel, “ya t y el negro hablaron con las potencias?” “Todava no.” “Bien, entonces slo quedamos nosotros, Zepar y el Diony. Alguien tiene idea de dnde puede estar el loco ese?” “El Zepar? A esta hora ya deben estar en Sierra del Ambar, o a lo mejor se metieron otra vez en la Cueva del Agua.” “S, puede ser. Bueno, nos vamos.” Un regreso triste. Los ojos de Lilith se fijan por unos segundos en la guitarra fender que porta un atpico en una moto, pero es in capaz de sentir nada en esos momentos, ni siquiera envidia. “Qu quieres hacer?”, le pregunta l, “Quieres ir a tu casa?” Ella se

PAGE 223

223 223encoge de hombros. “S, no…, me da lo mismo. Est bien, pero por la noche quiero regresar contigo.” “De acuerdo. Voy a hablar con tus padres.” Comienzan a caminar hacia la parada. Aqui el ms solcito y carioso que nunca, la trata como si fuera su hija ms que su pareja, le habla de tonteras, cualquier cosa con tal de que no piense en Leonardo. A mitad de tr ayecto ven por la ventanilla de la guagua cmo unas potencias bajan a un tipo esposado de un carro policial, pero no es Jorge, ni parece ser ninguno de los otros. “Les digo a tu s padres que a partir de hoy vas a vivir conmigo?” “Cmo?” La pregunta la sorprende, pero luego piensa que ya nada ser como antes, la infancia qued atrs, para siempre, vendi da por veinte monedas para comprar una guitarra hecha trizas, una noche agujereada, basta de lgrimas; las mujeres no lloran, allan a la luna como lobas rabiosas, el cerebro afrontando el vaco de la no existencia de Dios y de la Grand Ma, aversin al No Future resignado. No, ya no se repetirn ms aquellos perfiles de adolescente idiota, movida por los hilos rectos parentales, desprotegida en la baera, lista para el cuchillo de cualquier psictico Hitchcock. “No hace falta. Se los voy a decir yo misma.” Odiar a tambin estar en aquel cuarto a solas, sin Leo empatando alambres para su performance batido de sensaciones. Palos porque bogas y te proteges de los ata ques. Por fin llegan a su casa. Because we are dazed and confused Un recibimiento posmoderno, donde los osos le predicen todo tipo de nacimientos y muertes sin que les importe la presencia de Aquiel. El cerebro resi ste el agobio y luego responde. Ella les informa recalca en que les informa no les pide autorizacin de que se mudar para casa de su novio ese muchacho que ha venido acompandola. Los deja con la palabra en la boca y se marcha a su cuarto para recoger sus pertenencias. “Aquiel, ven, aydame”, le dice al jove n en un tono que no admite peros. l obedece y ella cierra la puerta. “¡El huevo!”, casi grita Lilith cuando nota el v aco en la pared. “Si sern hijos de puta, ¡No lo puedo creer!” “Qu huevo?”, pregunta A quiel sin entender a qu se refiere. “¡El tero!”, responde ella y sale hecha una furi a. “¡Se puede saber qu ustedes hicieron con lo que tena colgado en la pared?!” El Oso mayor se acerca y la encara: “Esa porquera

PAGE 224

224 224de alambres y nylon? La bot. Hicimos una limpieza general y vimos el trasto ese que no serva para nada.” “¡Pero cojones!”, Lilith de pronto siente ganas de matarlo, ¡Eso era mo, coo, un recuerdo de Leonardo, lo hicimos juntos!” “Yo no lo saba, ¡y mira a ver como t hablas !, ¡djate de faltas de respeto que ya te he soportado bastante!” “¡Ahora s que me voy pal carajo de aqu!” Lilith entra como un cicln en el sanctu ario, volcndolo todo y metiendo su ropa de cualquier modo en la mochila. La madre aparece en el umbral de la puerta. “No te puedes ir, la polica va a venir a tomarte decl aracin, me dijeron que los llamara cuando…” “¡Que vayan all a buscarme!, ¡no quiero vi vir ms aqu!” “Pero Daybel…” “¡Daybel ni pinga!, ¡ya yo no me llamo as!, ¡me cambi el nombre!” “Pero mi'ja.” “¡Me voy mam!, no lo entiendes?” Termina de cerrar la moch ila y se sienta en la cama llorando. “Aqu nunca me han respetado nada.” “Bueno, bueno”, la madre se sienta a su lado y la abraza. “Yo s que ahora ests bastante afectada por la muerte de tu amigo. Est bien, creo que ser bueno que te vayas por unos das a casa de…cmo dijiste que se llamaba? Ah, s, Aquiel. Disclpanos por haber tocado tus cosas, pero no sabamos lo que significaba para ti. Fue un error, lo reconozco, pero t ta mbin trata de entendernos. Cuando vino la polica nos preocupamos muchsimo y lo peor es que los asesinos de Leonardo todava estn sueltos. T no crees que estaras ms segura aqu, con tus padres?” Lilith ya se ha calmado un poco. “Creo que no”, contesta y se limpia la nariz, “fueron los mismos de la otra vez. Si no son imb ciles seguro que ya saben donde vivo. Es mejor que me vaya con Aquiel.” La madre por fin se rinde. “Bueno, si t lo dices.” “Aqu est mi direccin y mi telfono”, inte rviene Aquiel entregndole a la madre un papel con sus datos garrapateados de prisa, “no se preocupe por Lilith, yo respondo por ella. Llamaremos cada vez que podamos.” “Est bien.” El padre tambin ha entrado en el cuar to, pero no dice nada. Por lo visto ha comprendido al fin que aquella niita del pa rque, la alumna aplicada del Pre de Viejo Vedado ahora es una hija de la calle y no se va a retractar. Lilith le encasqueta una de las mochilas y su guitarra a Aquiel y ella se cuelga al hombro el otro bolso. “Adis”, le da un beso en la mejilla a la madre y luego le h ace un gesto al joven para que acaben de irse. Piensa que tampoco es para demorarse mucho con las despedidas, ya todo est dicho, son

PAGE 225

225 225casi las siete y dentro de poco empieza a oscu recer y por lo mismo aumenta el peligro, claro que en el fondo eso no tiene nada que ver; las cosas suceden o no suceden, no importa la hora. Mira a Leonardo. Ya en camino a la casa de Aquiel, el fantasma del nio pintor se dibuja y se vela, ciego se alza, esboza un cuerpo en el lienzo, da de morder al vientre, se fuma una colilla de yerba, pone la grabadora a todo volumen, luego est ah, en el sanctuario, frente a la cama, tratando de construir un huevo, intenta dormir, con Jimmy Plant Bonham sube la escalera del vaco, levanta un muro con cientos de alambres y piedras, masturba a la bestia alucingena que se corre sobre s misma imaginando un bosque de piernas levantadas y sin nombre propio, nosotros locos creyndonos inmortales, creciendo lejos de toda idea de fin irracional, pero no es corr ecto, la Muerte es una estadstica lejana en los diarios hasta que te toca. El agua fluye en el liquen, la vida tambin fluye, todo fluye, se transforma de sbito en cometas veloces volando sobre los techos de la ciudad, guardando el equilibrio con hilos frgiles a merced de cables elctricos o rayos o cuchillas, existir sera un absurdo si no nos salvara la visin fugaz de una peca o un tatuaje en el muslo, una fotografa donde algui en que ya dej de respirar nos mira con ojos de alegra feroz. Suena el maldito timbre de la puerta y Aquiel va a abrir. Por lo visto en todo este da horrible no tendrn descanso, ni siquiera una tregua de minutos. Ella escucha como l intercambia algunas frases con los visitantes y luego los invita a pasar. Regresa al cuarto con una expresin rara en el rostro y la besa en la mejilla. “Son las potencias. Vamos para la sala.” Ella asiente en silencio y vuelve a vestirse. Hay algunos desaparecidos que pueden crear la ambigedad de las fronteras. Quin lo dira? Aquiel y ella sentados frente por frente a los antiguos enemigos; las potencias comienzan a disparar sus preguntas como pi edras afiladas, revolviendo todo el ocano de recuerdos insoportables y a los pocos minutos Lilith desea escapar a la luna. Son dos. Uno parece un campesino bruto, o un je fe histrico de los de antes, cuando todava firmaban con letra mala las actas de fusilamiento. El otro semeja un escritor venido a menos, esclavo de las rdenes de mando. Para rematar en la casa de al lado est conectado un equipo con msica salsa. “Todo perfecto”, piensa Lilith, “el ambiente idneo para cortarse las venas”. Por suerte A quiel se encarga de contestar la mayora de

PAGE 226

226 226las preguntas. El interrogatorio es rpido, “pura rutina”, como se encarg de aclarar el que parece ser el jefe. Despus de inquirir s obre la noche de los Molinos y acerca de las relaciones entre Leonardo, Jorge y Lilith, la pes quisa se deriva hacia el posible paradero del Zepar, Alina y Diony. Aquiel plantea la total ignorancia de ambos con respecto a ese tema y, por supuesto, las potencias esbozan su mejor sonrisa de desconfianza. Insisten un poco cerco de dudas improductivas y luego, resignados, deciden marcharse por fin. Se escucha un suspiro de alivio cuando los visitantes desaparecen de nuevo tras la puerta. “Vamos a dormir”, le sugiere Aquiel y ella lo sigue al sanctuario.

PAGE 227

227 227KOP A Lilith ya todo le da igual. La vida se le desmorona y cree que el planeta completo tambin participa de su cada. Observa el cr ecimiento inusitado de la oscuridad en el sanctuario y enciende la luz de la lmpar a. De inmediato la proyeccin ntida de su sombra sobre la pared la tranquiliza. “Vendr alguien hoy?” y se sorprende sola y aburrida, deseando la inclusin de cualquier am igo. “Que desgracia, parece como si todos se hubieran evaporado”, en ese teln que baja a partir de las paredes y no permite la agresin de la calle. Por suerte la puerta tiene un ojo de cristal y as, si no le interesa la visita, puede guardar silencio y esperar la retirada del intruso. Mira el almanaque y descubre que han pasado tres semanas desde la muerte de Leonardo. Ella regresa con los senos manchados de sueo, la espalda llora s obre las sbanas, una pierna desciende a la alfombra y reconoce las ruinas. Paisaje despus de la batalla. En el cuarto hay cierto olor adolescente que brota de los resquicios por caminos de niebla gris (anhidrdica, nicotizante), perdida sin remedio esa lgi ca nocin del sobreviviente. Lilith camina todava ebria pisando libros (Castaneda y otros) y apartndolos con los dedos de los pies. Re burlndose de todos los ttulos (universos de tinta) y se pregunta de cul imprenta estpida habr salido ese cuarto y la isla y el planeta, igual o ms embrollado que la Carrollcity con sus gatos, reinas y moscas de mantequilla. Son las 10:45 de la maana, han pasado ya tres semanas de la muerte de Leonardo y ella aturdida, sin saber como recomenzar. La noche anterior ella le pidi a Aquiel casi suplic que le diera windows. l, entonces, le habl recio, le grit que la ventana era un camino al conocimiento, no un goce masoquista ni una va de autodestrucci n; que se estaba comportando como una niita histrica y ni siquiera le permita ayuda rla. El regao fue todava ms lejos y le dio a elegir: o se pona fuerte y reaccionaba de una puetera vez, o la relacin se acababa ah mismo. Ella comenz a llorar, se meti en el bao y estuvo encerrada horas, hasta que l vino a disculparse. Entonces la muchach a regres de nuevo a la cama. “Quisiera morirme”, susurr, “t no me quieres”, y l solo atin a encender un cigarro y mirarla a los ojos. “No digas eso”, contest.

PAGE 228

228 228La verdad es que Aquiel est haciendo lo imposible por sacarla del pantano, curso intensivo para desobstruir cerebros, para bo rrar la idea fija del cuerpo destrozado de Leo, pero no sabe que presionando de esa manera es peor. Ser que no entiende que lo tiene clavado en su interior como una cruz, como una fotografa? Claro, para l es fcil: pone a andar su psicoanlisis, su filosofa hiperrealis ta y ya est. No siente nada, inconmovible, estoico, el guerrero Aquiles con su espada en alto, clamando al fuego del Olimpo, ofrecindole vino a los dioses sin importarles un sacrificio ms o menos. Por lo visto su reaccin ante la muerte de Leonardo ha sido af ianzar la realidad. Ya no habla de Lados Oscuros ni comparte la fuga psicoqumica, ni el sexo parece mentira, precisamente l y ayer hasta cometi el sacrilegio de pelarse al estilo androide, ¡Qu horror!, ya no es el mismo, ella siente como se va alejando cada da que pasa. Claro, hasta puede entenderlo un poco. Ella est mal realmente, no logra reponerse de aquello, se ha pasado estos das drogada a base de pastillas y alcohol, casi sin hablar y ni siquiera el escape del sexo. “Eres un mierda un egosta, siempre tengo que humillarte para que reacciones, parece que quieres mete rte a monje, o es que ya no te gusto? Maricn, eres un maricn”, y como respuesta la explosin deseada, el “¡Basta Lilith!” seguido por la fuga cobarde, empeorando las cosas. Suena el telfono, ella descuelga y es su madr e. “Cmo ests?” Lilith cree percibir en su voz una nueva estrategia de acercamiento, por lo menos esta vez no la trata como a una hija puta con sus piernas manchadas de tinieblas. “Ms o menos”, responde, “Aquiel sali. Me dijo que iba a buscar un poco de dinero, creo que le iban a pagar un artculo en una revista o algo as”. “Mira que bien, par ece que por fin va a sentar cabeza.” “Mam, no empieces.” Lilith todava siente un poco de mareo y la boca pastosa. Descubre que ya estn en agosto del 29 y su madre sigue siendo la luz que se desvanece despus de injuriarla como desayuno. “Es que me avergenza que t…” “No tengas pena por m.” Ella quiere decirle que se resigne de una vez por no ser el diamante esperado, que en este momento est sucia, con resaca y que conoce a un hombre que se ha desinflado apenas se detuvo un momento a contemplar su aureola ne gra dibujada a lpiz. “Qu te pasa? Te noto la voz rara.” “Es que me desperta ste y todava estoy dormida.” “Ah, bueno…Te llamaba para dos cosas”, explica la Osa Ma yor, “la primera es que ayer vinieron los policas de nuevo y nos dijeron que ya hab an cogido a dos de los que mataron a tu

PAGE 229

229 229amigo.” “Ah, s?” “Los cogieron cuando intent aban salir de la provincia. Todava faltan los otros, entre ellos el Jorge ese que t dices, pero los investigadores suponen que tambin querrn perderse de la capital. Ya circularon sus fotos por todos lados.” “Vaya, menos mal”, Lilith sonre irnica, “por fin hicieron algo.” “Me dijo el teniente que los presos lo confesaron todo. Que engaaron a Leonardo con lo de vender unos cuadros, pero l se dio cuenta antes de tiempo de que era una trampa y tuvieron que golpearlo. Que Jorge quera unas direcciones, pero se le s fue la mano y…” “Por favor, no me hables ms.” “Bueno, disculpa.” Un breve silencio de l otro lado de la lnea. “Daybel, no s, te noto rara, como si estuvieras enferma. Por qu no regresas?” En la voz ella cree percibir una splica casi llanto. Lilith recuerda otro s tiempos donde siempre corra a decirle “Te quiero” para diluir la mirada de sus ojos cebo lla, pero se agot Es que no entiende? No desea mentir ms. “Mam, yo no voy a regres ar, convncete de una vez.” Vuelve el silencio, esta vez ms extenso, pero ella no quiere admitirse culpable. “Todava ests brava por lo que hizo tu padre?” “No, no es eso. Lo que pas, pas. Soy yo. No me siento bien.” “Oye, estuve hablando con tu padre y decidimos invitarlos a comer maana, a ti y a Aquiel…” “Vaya”, piensa Lilith, “ya que no funcion por el lado de los sentimientos ahora viene por lo material”. “No s, Mam, tendra que pr eguntarle a Aquiel.” “Dale, qu te cuesta? Si se hace muy tarde pueden hasta quedarse a dormir aqu.” Ella sonre, sabe que la ltima propuesta significa una concesin lmite “Bueno, ya veremos.” La madre suspira con alivio. “Si se deciden me llamas antes.” “Claro mam.” “Est bien. Cudate.” “Hasta luego” Lilith cuelga el telfono. Ahora siente hambre. No es la hora, es el cuerpo; desde ayer por el medioda no ha probado bocado. Se dirige a la cocina y descubr e que Aquiel le prepar el almuerzo. Pan con jamonada y t. Se lleva la bandeja a la cama y pone msica. Ega Pimmij, como la noche del deslumbramiento. Termina de comerse el pan y enciende un cigarro. Mira los anaqueles de libros. Hay uno que parece una agenda, tal vez un diario. De pronto le entra curiosidad. Se levanta y lo alcanza, luego se acomoda con el cuaderno en las manos y lo abre al azar. Lee: “Hoy estuve estudiando algo sobre el Budismo zen en la literatura occidental. Descubr que Jerome David aplicaba dos de sus preceptos bsicos para escribir sus historias. El

PAGE 230

230 230primero, la diferencia entre la meditacin, que nos dara el conocimiento, y el contraste aplicado a la accin. El segundo: anticipar el dese nlace a travs de toda una estructura de signos que permitira varias lecturas al mismo tiempo que alcanzar una especie de paralgica donde ya no existen o se diluyen la dicotoma de causa y efecto.” Aburrido. Lilith salta a otra pgina: “Estoy asustado: a medida que voy aprendiendo nuevas cosas, las fronteras tan claras que tena con respecto a la Realidad se van borrando. Es como si el Mundo real fuera tan solo un conjunto de significantes semiolgicos, instrumentos para describir el universo no s nada de semitica, estoy tratando de expr esar en conceptos cmo me siento, pero es imposible -. Resultado: mi vida se transforma en mi novela y viceversa. Performatividad. S casi exactamente lo que van a decir y hacer todos los que me rodean y entonces me parecen slo personajes actantes?, ya no ha y sorpresa o decepcin o milagro y me vaco. Un da voy a salir a la calle y ser invisible, slo palabras, significantes caminando por la avenida con las botas puestas.” Lilith de pronto no desea seguir leyendo. Demasi ados recuerdos. La silueta de Aquiel recostada sobre el umbral de la puerta, los ge stos bruscos pero invisibles y el rostro a oscuras, un rostro fantasma, sin expresin, solo una sombra a la que ponerle una sonrisa amorosa o bigotes a lo Dal, a lo Hitler o St alin o mejor an, una barbita en onda Freud, fuera de las palabras que emite como un programa televisivo sin volumen, pero a la inversa, y l que dice algo as como “Claro que te quiero Lilith, pero entiende que yo tambin estoy jodido, y no soporto ver como sigues torturndote, pensando que tienes la culpa. Ya me estoy cansando, entiende que Leo se muri y que no vas a revivirlo drogndote, tienes que acabar de reaccionar, cojones, tienes que seguir.” Y otros significantes mdulos semiolgico s que intentan comunicar? un estado de nimo referido a cierto suceso que a ella no logran interesarle lo ms mnimo, realmente una lstima, y luego el golpe en la puerta y los pasos que se alejan en direccin a la puerta de salida. Slo un recuerdo como tantos otros, tumulto de imgenes inconexas que regresan al archivo mental clasificado en horas o das y es como si ella hubiera perdido la clave para desentraar el orden cronolgico de cada una de ellas. Ahora le alcanza la imagen de cierta sustancia encerrada bajo lla ve en una de las alacenas de la sala y con ella el rayo de enojo ante la estupidez de Aquiel, “tan egosta que se ha vuelto”.

PAGE 231

231 231Analiza la posibilidad de forzar la vitrina y robar el frasco con windows. “Al fin y al cabo slo voy a probar un poco, no se puede pone r tan pesado; le puedo decir que me lo haba prometido, o sino pedirle dinero a mam y comprar una botella, s, pero entonces tendra que salir que asco o a lo mejor llamar a Maggy y decirle que me traiga yerba, pastillas, lo que sea.” De pronto puede verse desde afuera y se re por lo ridculo del hecho, una mujer ella misma zurciendo planes y excusas por algo que debera expropiar por derecho propio. Una idea absurda comienza a crecer dentro de su mente. “Podra comerme toda la pasta y despus suicidarme y ya est, l no podra decirme nada. Es curioso, cmo reaccionara si me viera muerta? Sera interesante sabe rlo”, pero ella de inmediato rechaza ese pensamiento y no vuelve sobre el asunto. “Yo soy superior a todo eso”, recuerda. De golpe siente miedo de s misma. “Me es tar volviendo loca? ¡Por la Grand Ma, que alguien toque ahora mismo esa puerta!” Sbitamente oye a Zeus y no cree en los dios es. “No puede ser”, pero s, los golpes en la madera se repiten. Lilith se levanta con esfuerzo y arrima su rostro al ojo de cristal. Descubre que es el Zepar, con su mejor car a de Cristo trasnochado. Abre de inmediato con una alegra feroz. “¡Zepar!” Un abrazo largo, fuerte, desesperado y luego lo lleva hasta el sof de la sala. “¡Co, qu falta me hacas!, cundo llegaste?” l sonre triste. “Vengo de casa de Margarita. Ya me cont lo de Leonardo.” “S”, ella siente como su jbilo desaparece. “Fuiste al cementerio? ” “S, con Maggy. Tambin me cont sobre la carta de Raphael. Carajo, han pasado slo tr es semanas desde que me largu y cuando regreso lo encuentro todo jodido. T misma, tanto lo con Aquiel y ahora que por fin estn juntos no tienes cara de ser muy feliz.” “S, bueno…”, ella quiere cambiar de c onversacin, “cuntame de ustedes, anda, Romeo y Julieta en la sierra del mbar. Fue ron a la Sierra por fin?” “S, claro. Hasta podra escribir una novela. Fue exactamente co mo dices: Romeo y Julieta, con final triste y moraleja y todo lo dems.” “Dale, cuntame.” l respira hondo y la mira. Comienza su relato a partir de donde Lilith dej de verle: la despedida en los Molinos. Relata algunos hechos que ella conoce por Margarita como la Iluminacin sbita, la discusin con lo s brujos y el apoyo incondicional del Diony. Ms tarde una visita nocturna a Leonardo “que por supuesto no estaba” y el rescate de la

PAGE 232

232 232doncella en el Sanatorio. “Ella al principio tena miedo, pero insist varias veces hasta convencerla. Entonces nos largamos para la Termin al y cogimos la guagua de las cinco para Milaguas.” La Odisea comienza. De Milaguas para Trinita rias y de ah un camin para la Sierra. El dinero volando, los greenes cambiados en ve rdes, cambiados en comida y pasajes. Al final, lo justo para un posible regreso y nada ms. Ya en plena Sierra, cerca de una zona tu rstica de salud, “Lmites descollantes”, encuentran en medio del bosque una casita de madera abandonada y descubren el paraso. Vegetacin ancestral, saltos de agua, un ro ta n limpio que dan deseos de baarse todo el da y campesinos amistosos. Qu ms se podra pedir? Todo perfecto. Las primeras dos semanas son maravillosa s: vida ldica, sexo tibio, caricias y conversaciones semi-intelectuales hasta la madr ugada. Todo lo sensitivo y astral a flor de brazos. El ro lava las preocupaciones y Alina est ms alegre y bella que nunca, principalmente cuando se desprende de la tnica y se sumerge desnuda en el agua. Qu suerte esta de apartarse de la historia y su s absurdas disciplinas y volver atrs, al tiempo de los galos o todava ms, la poca de los indios cuando todava no conocan la crucifixin ni el ltigo, comunismo liberta rio. Luego la Realidad se impone, no saben para qu, pero asimismo regresa, siempre s dica, atravesndolos con alfileres contra la amnesia para recordarles que toda felicidad es efmera. Poco a poco se acaban los vveres y de pronto se encuentran entre los presupue stos de la Economa Planificada. No lo dudan: la materia comienza a romper sus versos recin nacidos y un buen da se descubren incapaces para sobrevivir en base a las pocas hierbas, flores y frutas recolectadas o las invitaciones cada vez ms es pordicas de los habitantes del lugar que, repentinamente, parecen no tenerles confianza. Al llegar a este punto del relato, el Zepar aventura que alguno de los guajiros los habra visto nadando desnudos en la cascada, o al Diony, desesperado por el hambre, robndose una gallina, y aquello ha bastado para alejarles su hospitalidad. A mitad de la tercera semana el Diony comi enza a flaquear y lanzar indirectas hasta que una noche discuten agriamente y este deci de largarse. Es el principio del fin. Un da despus de la desercin del amigo, Alina se at reve a criticar al Zepar. Le achaca egosmo y harta vanidad al no contar con nadie para to mar sus decisiones, sin tener conciencia de

PAGE 233

233 233los sentimientos ni debilidades ajenas y ella le confiesa que ya no encuentra energas para moverse al comps de la aventura y le pide regresar. A quin no llama el mar? Como si su ausencia en la ciudad fuera tan importante. El no entiende. La Carrollcity le dispara al cerebro todas sus tristezas duras, todo su poder esquizofrnico y no desea volver. All afuera todo sigue igual, rostros idntic os lidiando sus tiempos y manos, hombres intolerantes, con mscaras Bergman, gente con su valor de uso a cuestas, ofertando cerebros o nalgas para las mquinas deseante s, sus cabezas llenas de cuentos televisivos, y aos despus no comprenden el por qu term inan marchitos y ni siquiera recuerdan deberan? sus placeres efmeros del lado r eal. Le explica que para los androides el mundo es solo un mstil de carne no importa el sexo que escribe todo pensamiento en cantos cursis o fascistas, invitando al futu ro incierto que, por supuesto, es disfrazado estratgicamente con el eco de sus hmedas y ofendidas sbanas tiradas por el suelo, etc., etc. En fin, recalca, Somos o no somos?, pe ro Alina no est para palndromos y se rebela, revela?. Saca del bolso el poco di nero de que an disponen y ejecuta los cmputos, le demuestra en cifras exactas la imposibilidad de continuar all, pero l se ciega. Ya no cree en nada ni en nadie. La ofende, le echa en cara su falta de amor y la enva bien lejos junto a todos los cobardes. ¡Fuck you every body! Ella desentierra los prpados de su labio de hierba y no dice nada. Esa noche se acuestan separados, dndose la espalda. Insomnio. Con el transcurrir de las horas la sobriedad regresa. Lejos de su mujer, muertas las manos opuestas al mismo pecho y recorriendo con los ojos las piernas y dedos crispados de la muchacha, Zepar se arrepiente de haberse convertido en roca inmvil, de haberla tratado como a una frazada. De pronto escucha un gemido. El se acerca y la descubre temblando, los ojos cerrados, posa la mano sobre su rostro y la descubre ardiendo de fiebre. “Y despus?”, le pregunta Lilith que ha prendido un cigarro y fuma desaforada. “No, despus…imagnate”, l suspira, “me volv como loco. Pens que se mora y que yo era el culpable. Ella estaba inconsciente, de lirando. Deba tener como 39 o 40 grados de fiebre. Por supuesto, ah mismo la cargu y sal corriendo con ella montaa arriba para el hospital”. “Qu hospital?” “No recuerdas? Ah en Lmites hay como una especie de hotel para enfermos.” “Ah, s, y despus?” “N o, por suerte le inyectaron no s qu cosa y reaccion. Estuve como tres das con ella ha sta que se pudo levantar. Le ped perdn de

PAGE 234

234 234todas las formas posibles, medio en broma y en serio, hasta me arrodill a suplicarle si me hubieras visto -, le promet que iba a cambiar, le dije que yo era un tarpido, un comemierda autosuficiente, que no la mereca. Luego la vinieron a buscar para llevrsela al Sidatorio de Milaguas. La iban a tener un tiempo en observacin y despus la traeran para ac. Entonces nos despedimos. Alina reconoci que todava me quera, pero que yo iba a tener que luchar por ella, demostra rle mi cambio de alguna manera. Que no me aseguraba nada, pero que pensara bien en todo lo sucedido. Y entonces nos besamos por ltima vez. Yo aliviado, claro. Por lo menos me dio una esperanza, no?” “Bueno Zepar, ahora depende de ti.” Lilith oprime la colilla contra el cenicero. “Qu vas a hacer?” l se demora en contesta r. “Ahora voy a disculparme con el Diony, eso antes que todo.” “S, es una buena idea.” “Lue go voy a ir al Patio de la Virgen.” “Para qu?” “Me dijeron que all hay un grupo de rockhe ros que trabajan en toda la cuestin de la prevencin SIDA y hacen actividades, dan conferencias, talleres, ponen videos… Creo que hasta de vez en cuando van a Los Cocos para participar en el taller literario.” “O sea, que te vas a meter ah para poder ir a verla.” “No, no. Trata de entenderme. Realmente quiero trabajar en eso, saber todo lo que tie ne que ver con la enfermedad, ayudar a que otra gente no se infecte; de verdad Lilith, no es solo por Alina, tambin es por m. Al fin y al cabo es una buena causa, no?, como otra cualquiera, ya me cans de mirarme el ombligo.” Ella de pronto lo envidia. Comprende que ahora el Zepar tiene un objetivo y no la muerte viniendo ms ac de los ojos, como antes, que han bastado dos horas de conversacin para desear el tiempo de vuelta, l espera una mujer mgica, baada de hojas y lodo, renacida con el orgullo de cualqui er serpiente interior de los templos celtas, al olvido de las sombras suicidas danzando en medio del fro. Ejemplifica. “Y t? Cmo te va con Aquiel?”, le pregunt a su amigo. Ella le cuenta despacio y l le escucha sin interrumpir, hasta el final. “Estas jodida”, le dice y se prepara para marcharse. La mira a los ojos. “Por lo que veo, sucedi como en el billar: un tacazo y todos salieron disparados en distintas direcci ones. Qu vas a hacer?” “Ahora? Baarme y leer un poco.” “No, no cambies la conversacin. Qu vas a hacer? ” l ha subrayado la ltima pregunta y espera.

PAGE 235

235 235“Zepar, no s. Por lo visto yo soy otra de las que se entretiene mirndose el ombligo. Tengo miedo de que ya no se pueda arreglar nada.” “Ahora recuerdo un consejo que me diste en la rockoteca. Lo quieres? Entonces lucha, coo o algo as. Un buen consejo. Aplcatel o, trata de salir del punto muerto, chica, si no lo vas a perder.” “El problema es que creo que l no est enamorado de m.” “Entonces djalo. No pierdas el tiempo. Pero asegrate antes.” “S, puede que tengas razn.” “Bueno, me largo. Cuando vayas a tu casa dame una vuelta para saber como sigues.” “Est bien.” “Chao preciosa.” Zepar se marcha y ella se queda de nuevo sola. Because the world is round it turns me on “T eliges, Lilith: o te levantas y vuelves a ser la mujer que admiro, o nos separamos.” Et c., etc. Un programa de suspense, pelcula del sbado. “Vete nio, con todo tu psicoanlisis de mierda, crees que me haces falta?”, pero recuerda terribles tiempos donde aspiraba sobre los ros de psicoazules y poda verlos a todos buscando la araa negra entre su s muslos, ella inmvil sobre las sbanas y aquellos barcos estrellndose al final del puert o, y era fcil, con la sangre loca todos los buques te dan felicidad, todas las humillaciones y torturas tambin “S, s, yo soy tu puta, s, soy tu esclava, s, necesito tu cosa grande y peluda, s, es la ms grande del mundo, ven, soy tuya, atravisame, quiero que me llegues hasta lo ltimo, as, as, qu rico” -, y despus huir sintindose mierda con los sobrecitos dentro de la vulva mirando a los lados por si las potencias... El futuro? No. A eso no poda llegar. Un camino falso, errado, un camino que desaparece a medida que lo recorres en direccin a la Nada. Lilith frente al espejo, otra vez, destruida, ap arentando un siglo de ms, mintindose, pensando que todava es capaz de suscitar el deseo, que ya no es otro llavero del olvido y la indiferencia para machos oblicuos, que Aquiel la olvid cuando deseaba su ausencia y que la visita cuando ella quiere, pero nunca le apetece y por eso no est pero no importa porque el amor no existe, y si emerge puede ser borrado con pastillas, con alcohol, con yerba, sera poderosa y nada tendra. Olvidarlo ? Y si tenan razn, en fin de cuentas? Y si estaba resultando una cobarde, una e gosta? Por qu estaba destruyndolo todo? Qu arreglaba con tirarse a morir sino joderse ms, perder a Aquiel para siempre, volver a la mierda? Lilith de pronto se ve con los ojos de l Zepar y se avergenza. “Todo lo que habas logrado se desmorona. Te estabas c onvirtiendo por fin en la mujer que siempre

PAGE 236

236 236quisiste ser, como Elisa, y ahora vuelves atrs, a la niita tonta, a la puta drogadicta, por qu?, para qu?” Neuronas sbitamente iluminadas. Debe rescat arlo, rescatarse. Se levanta y siente el mareo agolpndose en las sienes. Va tambalendose hasta el bao, se arrodilla frente al inodoro y se hunde el dedo en la garganta. R ito de purificacin. Vomita. “Que se vaya todo lo jodido, todo el veneno.” Vuelve a repe tir la operacin, esta vez la arqueada es dolorosa. Luego se desnuda con movimientos torpes y se mete bajo la ducha. “Rescatarme, rescatarme”, susurra. Se queda de bajo del agua hasta que siente fro y las losetas de la pared dejan de girar frente a sus ojos. “Bien, esta creo que soy yo, de nuevo.” Toma la toalla y empieza a secarse. En la media hora siguiente limpia y ordena el apartamento, revisa su monedero y coge los tres ltimos greenes que le quedan. Sale a buscar comida en el mismo tenderete de siempre y regresa con tres cajas de cartn que contienen un almuerzo criollo completo: carne, arroz congr, ensalada de tomate y yuca. Prepara la mesa al estilo de un restaurante lujoso, con cada elemento separado en una fuente distinta, cubiertos y candelabro. Cuando est rompiendo hielo para hacer un re fresco suena la llave en la cerradura y comprende que es Aquiel de vuelta. Se asoma un momento para ver la expresin de asombro en el rostro del recin llegado. “Te gusta?” El sonre y asiente con la cabeza. “Cmo te fue?”, conseguiste algo?” Aquiel no puede ocultar su alegra. “Felictame. Me pagaron los dos artculos que hice sobr e ‘Realidad Virtual y cultura ciberpunk’.” “¡Qu bien! ¡Felicidades!” Lilith lo besa y nota que l responde un poco fro. “Es lgico”, piensa, “todava es muy pronto”. A quiel mira la mesa. “Hum, que buen aspecto tiene. Cundo empezamos?” “Ahora mismo. Dale, sintate.” Ella aprovecha el almuerzo para hablarle sobre las aventuras del Zepar y las informaciones maternas sobre los asesinos de Leonardo. Tambin acerca de la invitacin a comer propuesta por los osos. El pone una cara contrariada. “Maana no puedo. Me invitaron a una reunin con unos amigos que hace tiempo no vea.” A ella no le gusta mucho la exclusin del plural. “Puedo ir?” A quiel la mira serio. “No s. Es una especie de fiesta de jazz y no conoces a nadie. Aparte de que todava no te sientes bien por lo de…” “Bueno, a m me gusta el jazz, y en cuan to a lo otro quiero despejar, a ver si como dices, acabo de salir del pantano.”

PAGE 237

237 237Aquiel sigue comiendo, sin contestar, pe nsando, preparando alguna mentira? “Coo”, piensa Lilith, “que no invente ahora ninguna historia rara.” Se habr convertido ya para l en una de tantas relaciones efmeras, muer tas con antelacin? Ya. Fuiste poseda, ahora te rechaza, no importa la causa, ni siquiera la excusa. l por fin la vuelve a mirar: “Qu hacemos con la invitacin de tu madre?” Ella se encoge de hombros, “la podemos llamar y deja rlo para pasado maana”. “S, claro”, Aquiel termina su plato y se sirve ms refresco. “Entonces?”, pregunta Lilith y l sonre. “V amos si me prometes que a la media hora no vas a arrepentirte de estar all”; “¡Claro que no!” Ella se levanta y comienza a recoger la me sa. Cuando pasa por su lado l la detiene por el brazo. “Dale, esprame en el cuarto, yo friego.” Lilith no renuncia a la ocasin para besarlo. Esta vez l le corresponde con calor y ella descubre entonces que todo esto del amor es un proceso siempre recomenzado y que puede evaporarse en un instante por cualquier majadera, abuso de poder, la rutin a o simplemente el veneno de las manos que dudan.

PAGE 238

238 238REH Lilith recostada a la pared, soportando las pup ilas histricas en estudio grosero a su vestimenta y/o anatoma y Aquiel que no regr esa, apenas llegaron a la fiesta se dej raptar por uno de sus amigos y ahora estarn conversando acerca del ltimo descubrimiento metafsico o algo por el estil o. Ella se deja empapar de msica jazz, desliza su mirada por la variopinta fauna ar istopsique y pronto descubre el trasiego de todo tipo de sustancias misteriosas. Una mu chacha extraa viene y le entrega un sobre con una nota en su interior que dice: “Usted es un sentido de accin y pasin en estado inercial. Todo transcurre sin cambios hasta que se bifurca su acontecer; entonces Ud. debe escoger y para ello dejar de ser el si stema que fue para ser otro. Reestructuracin”. Annimo. A casi todos los participantes les han dado un mensaje de seguro tan estrafalario como este: un espacio para meditar. Diez minutos despus un stranger se le acerca con una invitacin para esnifar a do. Cocana, una vieja conocida: Alcaloide cristalizable de las hojas de la coca del Per. Es la metilbenzoilegonina C17H21NO4. Jeroglfico de las neuronas. “No, gracias”, dec lina ella y el hombre se va a respirar su polvo mgico en una de las habitaciones de la casa. El apartamento es maravilloso. Se encuentra en la misma azotea de un edificio gigantesco al borde del mar, al lado del Hotel Sierra. Hasta ella fluye el dilogo interldico del piano, un bajo elctrico y la batera, improvisando variaciones armnicas. Jazz Latino. El pianista es excelente, deja brotar de las teclas una catarata de sonidos que urgen a bailar, pero todos prefieren mantenerse inmviles, escuchando, y otros beben de sus vasos o conversan en una indiferencia total a la msica. Lilith se descubre un poco aburrida de tantas sonrisas artificiales sobre preguntas retrasadas indudables efectos de l THC -, de tanta cultura derrochndose por los pasillos, y ella sin certeza de luz, sonriendo tmida y muda a los conceptos inasequibles. “Sabes cul es tu problema? ” ahora presta atencin a los dos jvenes afeminados que discuten a su derecha “el problema es que nunca has visto este universo como lo que en realidad es: un guijarro br illante”. “Y t? Lo has visto?” “A veces. Funciona, te lo aseguro.” “Y ese da te ha s quedado sin comer, no?” “Y eso que tiene que ver?” “Nada, nada. El otro da me le una saga escandinava o irlandesa, no recuerdo

PAGE 239

239 239bien, sobre un muchacho que era bellsimo e i nvulnerable a todo y entonces ret a los dioses y estos lo jodieron con una hojita de mu rdago.” “Y eso que tiene que ver?” “Nada, nada.” Un dilogo absurdo. Cultura gay. “La juve ntud no existe, lo que existen son los jvenes”, recuerda. Lilith se despide mental mente de sus interlocutores y siente los pensamientos recin liberados, escupe su decepcin a los enemigos que encima de su grito de verano se fugan por fin a la realidad presente, sonora. Lo oculto de la presencia real. PRIMERA ESCENA: “Ninguno para cero ms cero” slo armonas, timbres que al fin y al cabo todos entendemos, sistema individua l y social a la vez de ilimitacin. Por suerte el jazz nunca te abandona a la muerte semitica, siempre viene un poco como miel o hiel, pero jams te convierte en disidente. Ot ra vez por qu negarlo? ella se siente como un animal en madriguera ajen a. Aqu todos son aristopsiques, strangers o putas intelectuales. De pronto suena el timbre, alguien abre la puerta y hace su entrada la Fnix. “Lo ltimo que faltaba”, piensa Lilith que se aleja rpido entre la gente para no verla, con algo del grito y las garras, la metralleta del odio, aunque adivina que en el fondo esta muchacha es tan slo una de tantas hembras de la ciudad, puta plstica en medio de sus neones sedientos. El peligro no es tanto su at ractivo fsico, como que ella sabe, o debe saber tambin, de rupturas de lmites, de as fixia, de respiracin artificial y manoplas en la almohada, no es como la Amy sino que se trata de una Alien, de un ente de otra dimensin, molesta por lo desconocida, sin punt os dbiles. Lilith piensa que ya es hora de sacar las uas e ir a defender su territorio. Sale a la azotea y descubre a Aquiel conversando con un spain, recostados en el muro. “No chic o, t lo sabes, en un estado de derecho hay tres puntos fundamentales que hay que proteger incondicionalmente: El primero es la libertad de conciencia, el se gundo la libertad de mtines y manifestaciones y, por ltimo, el que creo fundamental, nuest ro derecho a controlar las decisiones del estado.” “Pero por lo que he ledo en los diar ios de ac, estos tres puntos se cumplen, o no?” “Es que las cosas son mucho ms compleja s, con un par de semanas aqu te dars cuenta de lo que es real o no de las noticias, y la nica manera es que te pasees por las calles y hables con la gente; no creo que ganes mucho metindote en uno de esos rebaos tursticos, con programacin de visitas y toda esa mierda.”

PAGE 240

240 240“Ah viene la Fnix”, piensa Lilith, que de pronto se queda como ciega, paraltica, castigando el disfraz de la otra. “Estas tipas siempre se enteran cuando una relacin no va bien y entonces aparecen de la nada, a rejode rlo todo.” Vindola con su ropaje etreo y la cara maquillada a lo Vogue le dan deseos de preguntarle por los nios africanos infectados de bola, muriendo como moscas sobre sus pisos de tierra y entonces sera interesante ver como se destie su rostro perfecto de modelo francesa, la naricita arrugada por la imagen tan sucia que le vi ene a los ojos, descubriendo de golpe que el mundo tiene el color y el sabor de la mierda. Yamila reparte besos y sonrisas a los pres entes “¡Qu bueno que viniste Aquiel!, esta es tu muchacha?”, la estrella desciende a saludarla magnnima desde su puesto en las nubes, pero Lilith le responde seca, tratando de convencerse de que l no ha venido por la Otra. “Y cmo se enter de la fiesta?, se ha brn visto antes?, ella lo invit?, por eso no quera que yo viniera?” La Fnix se va despus de intercambiar algunas frases brillantes y seductoras, as de compleja; el spain le guia el ojo a Aquiel y la persigue en direccin a la cocina. Como siempre, todos lo s rostros se vuelven a mirarla. El obscuro objeto del deseo. Maldita miseria. “Ahora es cuando debera irme y dejarlo con su Fnix de una puetera vez, pero no me da la gana, eso sera ponrselo muy fcil.” El grupo de jazz decide descansar unos minut os y rompe a sonar el equipo con msica de vanguardia. Algunos se embullan a baila r con aquel sonido que parece rabe o esquimal. Lilith mira al nio plido que ha que dado despus de la incursin de la Fnix y lo invita a incorporarse a la danza. Al prin cipio l rechaza la propuesta, pero luego, ante la insistencia exagerada de Lilith, acepta a regaadientes. A mitad de la segunda pieza ella sorprende los oj os de Aquiel en la espalda de su rival y siente una oleada de celos a rin des nudo. Claro que no lo demuestra, prefiere soportarlo estoica y ofrecer el resplandor del cuerpo, pero est consciente de que la mejor variante sera convencerlo para vagar por las calles y no quedarse aqu, a merced de aquella aplanadora de hombres danzando en el centro de la sala. Desde que lleg ya no existes, el sexo escucha un tigre que ha vi sibilizado la emersin de sus garras dentro fuera de ciertos eslabones que no forman cad enas visibles, ni anillos engarzados de Moebius, Aquiel se muestra carioso un segundo y evasivo al siguiente, sin saber que su conducta est crendole una decepcin devast adora a Lilith, una sensacin de impotencia

PAGE 241

241 241ante la fuga del Otro que por ahora se detiene en el grito interior, la pintura hmeda que quiere aparentar alegra, pero en el fondo de sespera de ser una silueta ms, con cada minuto que pasa. “Esto ya se jodi”, piensa, “debera ir me, pero me voy a quedar, a ver hasta dnde llega”. A la cuarta cancin Aquiel se detie ne y recuerda una conversacin pendiente con alguien. “Hijo de puta, saba que lo ibas a hacer .” l dice que lo espere y se marcha y ella sabe que es mentira, slo encuentra falsedad en todos los rostros de este lugar maldito, hasta en l, “cabrn, debera cortrtela”, ahora le gustara prenderle fuego al edificio, a la ciudad, que venga un maremoto y barra con t odo: los poetas comerciando sus versos, la msica prostituda y de las mujeres ni hablar; ahora le resulta mucho ms sincero Raphael con su balsa y su disparate suicida que toda esta gente tratando de legalizar la fuga, no acostumbrados a opciones irreversib les, mralos: no hay tan siquiera uno que no est vendiendo algo. Son muy inteligentes, es o s, estn ofreciendo sus nalgas tambin, como la mayora, pero con precios de luj o, los cerebros y culos envueltos en celofn. “Bueno, ahora s que me voy, al carajo con l.” “No pienses en la muerte del pequeo erizo”, dice una mujer a su odo y ella se vira a enfrentarla y descubre a Elisa, que la mira sonriente: “Hola loquita, qu haces aqu?” “¡Elisa!” Lilith la abraza con fuerza. Qu su erte, piensa, encontrar la excepcin de la regla, una amiga en quien confiar, a quien pedirle consejo para desenredar conductas y estrategias. De pronto el espacio le resulta menos asfixiante, menos plstico. “Qu es eso del erizo?”, le pregunta y la otra vuelve a sonrer. “Nada, un dibujo animado ruso, de los de antes. Viniste sola?”, y entonces ella explota y le cuenta a grandes rasgos todo lo sucedido en ese mes. Elisa la escu cha con atencin, moviendo la cabeza con incredulidad, triste frente a las ancdotas ms oscuras, luego se muerde los labios y rebusca pensativa una opinin que no tenga visos enciclopdicos. “Cuantas cosas. Me has dejado aturdida. Qu te puedo decir? Lo sien to por la muerte de tu amigo y por…esto otro. Lo de Aquiel, digo. Creo que esa historia ya muri. Djalo libre.” “Y si cuadra con la Fnix?” “Est en su derecho.” “¡Cmo?!” “Lilith, recuerda que una persona est con otra porque la elige, no porque la posee. l est en el derecho de cuadrar con la mujer que quiera, igual que t. Puedes mandarlo al diab lo, buscarte a otro o aguantar, la opcin es

PAGE 242

242 242tuya. Lo que s no te aconsejara es que armaras un escndalo, ni que te humilles, es mejor seguir lo que te indique el orgullo, tu autoestima.” “S, bueno”, dice Lilith sin crerselo realmente, “puede que tengas razn”. Es bueno contar con la experiencia de su amiga, al fin y al cabo ha pasado las dos universidades: la acadmica y la de la vida. Sa be que ella la ha aconsejado segura de que la nia plstica puede desdibujarte de una buena vez, y segn van saliendo las cosas, es muy probable que ya est sucediendo, y todava peor, cuando todos miran. “Ahora te cuento de m”, propone Elisa mientras se acomoda el cabello observndose de reojo en uno de los cristales del bar, “Ya me dieron el permiso de salida”. “S?” “Me voy la semana que viene. Ya Julio se mud de apartamento y est preparando todas las condiciones.” “Y Enya?” “Se fue tambin. Lo hizo va matrimonio con un espaol amigo nuestro que es homosexual.” “Vaya, qu bien.” “Ayer Julio me llam por telfono y me dijo que estaba trabajando en una empresa de computadoras.” “Y tu amiga?” “Tambin habl con ella. Est haciendo contacto con clubes de feministas y movimientos gays.” “Y tambin van a vivir juntos all?” “No s. Imagino que al principio s, en lo que salimos adelante. Despus ya veremos.” Por lo visto el grupo de jazz ha descansado lo suficiente porque apagan la grabadora y ocupan otra vez sus puestos. “Menos mal”, dice Lilith, “porque lo ltimo que estaba sonando pareca un coro de gatos destripados ”. “Me gustara que fueras por all el mircoles de la semana que viene”, propone su amiga, “para despedirnos. Quiero regalarte algunos libros y cassettes”. “Est bien.” Elisa va en busca de un vaso de ron y lue go regresa. “Quieres?” “No, no voy a tomar. Necesito estar clara.” “Buena idea.” Elisa se empina del vaso, escucha un poco de msica y luego le confiesa: “Lilith, si supieras…, me estoy cagando de miedo. Por el viaje. Es como si me hubiera cado la libertad sobre el cuello, entiendes? Ahora voy a poder visitar otros lugares, pero no s si saldr bien la cosa. All la vida est del diablo, tengo la imagen de un edificio lleno de cuchillas y vidrio s, el otro da tuve un sueo as, y no temo tanto por mi, sino por la nia”. “Te entiendo.” Silencio. Muerte efmera. Aquiel no regresa. Por suerte la Fnix est ah, al alcance de la vista, conversa con el Spain “Esprate, ese no es…?” Lilith descubre un rostro familiar, de cabellos largos y disfrazado de brujo

PAGE 243

243 243que conversa semioculto por sus interlocutores. “¡El Conan!” Ella se disculpa con Elisa y va a saludarlo. l realmente se alegra cuando la ve. “¡Coo, Lilith, qu sorpresa!” Un abrazo paquidrmico y un beso en la mejilla, casi en los labios. “Y Aquiel?” “Por ah, conversando. Y la Cheng?” l pone cara de disgusto. “Ni preguntes. Ahora s que se acab. Para siempre.” “Bueno, ven, te voy a presentar a una amiga.” “Ok.” Conan la sigue en direccin al bar. Elisa se deslumbra con su atuendo estrafalario de vampiro y el pelo negrsimo por los hombros. l explica que esta zona de la contracultura no es exactamente de las que acostumbra a fr ecuentar, pero lo invitaron por ser el hermano de Aquiel as que vino un poco en bus ca de aventuras y pedazos de cake u otros comestibles arrebatadores. “As que, c on permiso, voy a llegarme un momento a la cocina para hurgar detrs de ciertas puertas metlicas. Quieren que les traiga algo?”, pero ellas declinan el ofrecimiento y el Cona n se aleja. De pronto el rostro de Lilith se ensombrece. La Fnix ya no sigue con el spain desapareci con su orqudea sucia entre las piernas. En busca de Aquiel? Trata de reprimir sus temores escuchando la msica y las frases de la amiga, pero no presta atencin, pendiente de cada mujer que aparece ante su vista. Hay una muchacha doblada en dos sobre el muro de la azotea, vomitando su coca y con los pechos al descubierto, ella desea con el corazn duro que sea su rival pero no parece, no, no es ella, qu lstima. De sbito siente deseos de ir al bao. Pregunta y le indican una de las puertas que da al interior del apartamento. Bienvenida a la funcin de la cinta transportadora de desechos, el fango del espacio enlodar tus ojos. Mientras se vaca el estmago trata de con centrarse en el sonido diluido que llega del concierto, por eso demora en reconocer las voces que traspasan el ventanuco sobre la ducha. Sern ellos? Son ellos: Aquiel y la Fnix. Estn conve rsando, a solas. Termina de acomodarse la falda y se acerca para escuchar mejor virtudes no cometidas en la lucidez, masoquismo de melena Cristo -. La Fnix est diciendo: “Por eso quera verte, antes de…” Lilith piensa por un momento que si slo estn conversando todava no hay peligro. La otra contina: “Sigues con esa niita? A m ella me cae bien. Aparte, se ve que te quiere, pero no s qu tiene que ver contigo”. “Qu clase de comemierda”, piensa Lilith que de pronto ha descubierto que estn hablando sobre ella. Decide entonces introduc irse en la baadera y alzarse de puntillas

PAGE 244

244 244hasta que su odo queda a centmetros del vent anal. Ahora toma la palabra Aquiel: “T no entiendes. Ella es distinta. Hace poco perdi a un amigo y est realmente mal, pero as y todo me gusta. Es una buena aprendiz”. “Aquiel, el profesor de las vrgenes jodidas. A ti te interesa esa muchacha porque puedes manejarl a. No la escogeras para toda la vida, slo la necesitas para lograr de ella lo que quieres. Complejo de Pigmalin.” “No te burles. Por lo menos ha demostrado tener ms sensibilidad que t.” “Pero ests enamorado? Yo creo que no, sino, no estuvieras aqu conmigo.” Comienzan a tocar la puerta del bao. Peligro. Si contesta “ocupado” Aquiel se va a dar cuenta de que ella est ah, espiando, y si no contesta el otro puede pensar que no hay nadie, abrir y sorprenderla dentro de la ducha, mucho peor. “Y entonces?”, escucha la voz de Yamila. Vuelven a tocar, esta vez con ma yor insistencia. Ella por fin se decide a salir del bao. Regresa a la sala, donde se encuentra a E lisa. “Tu amigo, Conan? Vino un momento y pregunt dnde estabas. Por lo que pude notar est bastante interesado, y est muy bien, no es una belleza precisamente pero tiene buen cuerpo.” “Es el hermano de Aquiel. Fui al bao y los vi, digo, los o. El muy cabrn est con la Fnix, conversando sobre m.” “Quin?, Conan?” “No, Aquiel.” Elisa le brinda de nuevo su vaso de ron y esta vez ella acepta. “Quin era la Fnix?, esa que estaba vestida de blanco?” “Esa misma.” “Yo la conozco. Es un cerebro que sali de un cerebr o. Debe ser una muerta en la cama, seguro se acuesta con un libro de psicologa entre las nalgas.” “S, es muy probable”, a ella la ilumina la imagen y sonre. Claro que no pue de evitar el fuego en los ojos, “y si cuadran?” Un vaco homicida en las manos, la visin de una alfombra manchada de sangre, cubierta por pedacitos de carne de la Fnix. El Conan regresa con un platillo en las manos. “En todo este tiempo cuntos no se habr comido ya, es un salvaje.” Lilith se ha adueado del vaso de Elisa. Bebe y reprime los deseos de gritar. Ahora le gustara acercar se lentamente y ponerse detrs de esos dos, que fuera como aquella vez de los siete aos, en el bosque. Tal vez ese sea su papel como Lilith, impuesto por Dios desde la gnesis: Ad n y Eva templando y ella detrs del rbol de la vida, observndolos desde el pozo de la to rtura. Quizs lo que se espera de ella es que logre sentarse a cantar como buena hija de la serpiente con la cuchilla del pndulo silbando sobre su cabeza, entre paredes al rojo fuego, as que lo mejor ser no engaarse,

PAGE 245

245 245lo que est prescrito por la Grand Ma va a su ceder de todas formas, as que es preferible apresurarlo para que ocurra de una puetera vez, la incertidumbre es el peor de los suplicios. Le devuelve el vaso vaco a la amiga y regr esa al bao. Esta vez cierra la puerta con seguro, se coloca nuevamente en su puesto de escucha, pero no logra descifrar lo que dicen porque son murmullos, indudablemente sensuales. Pronto hay un silencio largo y ella adivina que se estn besando o algo pe or. Todava piensa durante unos segundos que confunde la realidad con la imaginacin, que sencillamente estn fumando yerba o algo por el estilo, pero luego se convence de que no, es real, “coo Aquiel, tuviste que hacerlo” y va deslizndose con la espalda apoyada en la pared hasta quedar sentada, siente el nudo horrible en la garganta. “Por qu me haces esto?”, entre lgrimas de rabia descubre que no ha nacido, ha vivido en el t ero de alguien por tres milenios y ahora despierta. Contrabando de sensaciones crticas el cuerpo y la mente paralizados de nuevo, conformando el Abismo. “Se solicitan personas para notas al margen”, una muchacha caminando por la O redonda gigante buscando, siempre buscando, se siente hecha para descifrar bufones, sorprenderlos en medio de los campos de trigo quemado o escondidos debajo del agua que fluye, t odo fluye, los descubre y clasifica segn el hundimiento de sus naves, camina descalza sobr e el mar y escucha sus palabras fatuas, sus hipocresas y sonre con asco mal encubi erto, sin respuestas. Lilith se siente como vaciada entre los objetos exnimes. “Enc iendan las luces. ¡Que nadie se mueva! Elemental dear Watson, ves aquel hijo de puta con la mirada culpable? Ese es el amo de los gatos sarnosos.” Lilith Holmes ya sabe y se aflige por tantos muertos alucinados de su ciudad onrica. Se ha gastado emitiendo mensajes en la di stancia que no tienen destinatario real, vagabundea bajo el mrmol blanco de cual quier parque o plaza o cementerio, insultando a todos, con sus manos sucias de semen; tambin ahora, buscando un lugar para lavarse y vomitar a gusto, pero no lo encuentra. Y a hora qu hacer? Le gustara salir del bao y buscar al Spain Moriarty para que le d polvo mgico a cambio de su ms secreto vicio. “Puedes pagarme cuando quieras”, responder a l, complacido, “Te aseguro que estoy libre de SIDA”, etc. Viaje al pasado con el haz de luz enchufndose al cerebro, cuatro, seis, diez rayas, como antes. Luego ya nada importara. El Spain sacndose la cosa y ella

PAGE 246

246 246de rodillas para pagarle el viaje. Lo ms horrible es que de este contrato saldra entumecida para siempre, con las neurona s quemadas o trece aos de crcel, convertida otra vez en la ceniza lunar del pantano. Go lpe de efecto: Lilith escucha un gemido de goce al otro lado del ventanuco y ya no hay dudas, blasfema por ltima vez contra todos los traidores del planeta y estalla en ondas de plasma rabioso a los cuatro vectores del espacio. Ya basta, no puede soportarlo ms. Sa le a toda prisa del bao y se dirige a la habitacin donde se encuentran. Abre la puerta sin hacer ruido y recibe la paliza en los ojos, escena prevista: La Fnix de piernas abie rtas, empujando contra la pelvis de Aquiel. l est de espaldas por lo que no se da cu enta, pero la puta s. Lilith no dice nada, slo vuelve a cerrar con cuidado y regresa al bar. “Elisa, me voy.” Su amiga la mira con extr aeza: “Qu pasa?”, le pregunta, “No te sientes bien?” “¡No!” Lilith aguanta los dese os de matar, “me lo hizo, pero no importa. Ya no me importa nada”. En eso reapar ece el Conan, que adivina algo. “Conan, me puedes acompaar a mi casa?” l se sorp rende con la proposicin. “Y Aquiel?” “Templando con la Fnix.” El joven palidece. “Dale, vamos, por favor”, insiste ella, “ahora mismo”. “Pero no vas a decirle na da?” “No.”; “Pero…”, l todava est confundido, luego reacciona: “Bueno, est bien”. L ilith lo agarra por el brazo y se dirigen hacia la salida. Cuando estn a punto de bajar las escaleras aparece Aquiel: “Oye, Lilith, espera”. Ella no puede contenerse ms: “Aquiel, vete al carajo”. “Por qu no te calmas un poco y hablamos?” “Mira chico. Qudate con tu Fnix y olvdate de m, eh?, por favor.” Ella le da la espalda y comienza a bajar apresuradament e. Aquiel intenta seguirla, pero el Conan lo detiene y empiezan a discutir. Ella desc iende sin pensar, saltndose los escalones de dos en dos. Hay un instante en que est a punto de perder el equilibrio, pero logra agarrar el pasamanos y al minuto ya se encuentra afue ra. Noche de lobos. Se sienta en uno de los contenes del parqueo y espera sin darse cuenta de su rostro empapado, haciendo esfuerzos para respirar. “Dame ms”, pide ella con desesperacin a alguien incierto, “cualquier cosa”.

PAGE 247

247 247RHESH Lilith piensa que la realidad debera ser ni camente como una la imagine, y es verdad todo lo que deca el muy cabrn sobre el am or. “El amor no existe, todo es mentira; despus de esto ya no me podrn herir ms, tanto cario me han dado.” Ahora concibe el mundo como una maquinaria de morder y recibi r araazos, nada ms, una epidemia de cerdos con alas de oro amarradas por cuerdas. “Los golpes me han hecho ms sabia? No jodas”, se contesta, “slo me han hecho le vantar ms y ms barricadas, creo que ya no podr enamorarme de nadie ms, ni soar c on la reivindicacin hippie qu mierda o con castillos y prncipes encantados, tipo Aquiel, que siempre resultan defectuosos a ltima hora”. Poco a poco el aire nocturno va calmando el ardor de la sangre. “Hijo de puta”, murmura y luego enciende un cigarro. “Si pien so mucho, si me concentro y le pido al amor que se vaya, y al dolor tambin, por s upuesto, como hacen los yogas, a lo mejor me curo, y si eso no funciona pues me tomo una tonelada de pastillas, pero juro que me lo arranco.” Lilith no va a ningn sitio. Ni siquiera buscando con paciencia encuentra sus ojos. Ser que se desliza por calles donde la luz es mnima, no hay corazn y su msica es slo un ritmo de palabras sin sentido que a nadie importa salvo a ella misma? “He recorrido tantos pasillos, he tocado en tantas puertas sin suerte, dnde me encuentro?” Cansada de ser hierro y segmentos de esp acio, antes de detenerse para siempre debe llorar por la ausencia de pasos y sombras. Piensa en huellas y trayectorias, no en fantasmas. “Al carajo los fantasmas.” Se descubre rezando en la noche a silencioso s astros por la llegada del fuego, ms all del lmite de alguien, consiente el acto de que fustiguen su espalda con ltigos de acero, de masturbarse con las manecillas de un reloj in somne o lo contrario: A partir de ahora se dejar violar por racimos de hombres imaginarios y animales, “no soy perfecta”. Mientras, lo ms probable es que algn pantaln empapado se seque tembloroso en un cordel del pasillo. De todas formas es bueno que amanezca y despertar y tambin exactamente lo inverso. El problema es nunca ver su sombra blanca, slo el sexo y la

PAGE 248

248 248rabia diaria nos salvan, ya sabe que toda s las cosas suceden y que nunca sucede ninguna. “Por siempre jams ante los ojos de la Diosa…¡Ja!” El Conan aparece y se sienta a su lado sin hablar. Ella sigue fumando, tratando de no pensar en nada. “Qu quieres hacer?” pregunta l al cabo de un rato, “vamos para tu casa?” Lilith remueve con el pie la gravilla del su elo. “Ya estoy cansada de equivocarme de puerta, me gustara largarme para siempre de aqu.” “De la isla?” “No, del planeta.” “Y a dnde iras, a ver?” “Qu se yo?, a otro tiempo, otra dimensin, otra galaxia.” “Qu tiempo?” “Mi infancia, o el futuro. El futuro tiene que ser mejor que todo esto.” Vuelven a quedar callados. “Qu hacemos?”, insiste l al cabo de unos minutos, mirando la colilla encendida que ha lanzado la muchacha. “No s. No tengo deseos de ver a mis padres ahora.” Conan se remueve inquieto. “T sabes que yo viva con la Cheng. Hasta pensaba pedirle asilo a ustedes hoy.” “Bue no, el problema con Aquiel es mo, no tuyo. Puedes ir a la casa.” “No, no quiero dejarte so la.” Ella de pronto recuerda un tiempo feliz de caballos en aparicin, alocados y jvene s. “Dnde se han ido por la Grand Ma?” Piensa melanclica en que los caminos podra n haber sido completamente distintos. Hay algo que sabe, sin embargo: la nave se oxida y ellos tambin, no importa la edad. “El tiempo pasa, nos vamos haciendo viejos” susurra. “Tremenda mierda te hizo mi hermano all arriba”, dice Conan, “por poco nos entramos a golpes y todo por la estpida esa”. “Mejor no toques el tema, quieres? Vamos a cambiar de conversacin. Por fin qu te pas con la Cheng?” l se demora en contestar, luego sonre. “Se enter que est uve contigo aquella noche. Me empez a decir cosas y a criticarte y explot; le dije que s que t me gustabas con cojones, desde haca tiempo.” “Qu horror”, piensa Lilith, “este mundo est loco. Siempre buscamos la felicidad donde no se encuentra, nos enamoramos de la persona a quien no le interesas en lo ms mnimo y viceversa, qu mala suerte. A lo mejor es que todos somos masoquistas y buscamos a aquellos que nos podran anular o castrar mejor. Ahora qu le digo?”. Ella no sabe qu contestar, son demasiadas co sas al mismo tiempo “Conan no se merece un rechazo, no merece que lo lastimes, pero tampoco que le mientas, no sera justo”. “Vmonos de aqu”, le pide Lilith, “vamos para la costa”. l se levanta junto con ella y comienzan a caminar despacio. Al rato sus zapat os encuentran el diente de perro. Aunque

PAGE 249

249 249no lo desea ella est pensando en Aquiel. Lo imagina aspirando polvillo blanco estornudante, al lado de su mueca Barbie, seguramente desnudos los dos, o se estn fumando un cigarro largo de cannabis, tal vez un poco arrepentido l por el placer de la mentira, y la Fnix le entrega sus labios y le ngua bifurcada a la cuerda que lo ata y lo une a otras lenguas disfrazadas de estacin, saliva curare de lagarto chorrendole por el rostro, engandolo con la paz neozen de su impresencia, mirndolo con esos ojos de maniqu ciberntica y Lilith encima del odi o del planeta, agonizando Faulkner, pide ayuda, perdida en pesadilla de imgenes, no puede nunca pudo romper las ligaduras, se equivoc de puerta, de hombre y de siglo. Conan la invita a sentarse en un lugar m s o menos cmodo y luego la mira como si esperara alguna respuesta a su pregunta no fo rmulada. Ella respira hondo y le coge una mano. “Conan…” “S?” “Yo estoy loca por Aqui el, t lo sabes.” “¡Pero si l no te merece! ¡Te lo demostr all arriba!” Ella no quiere discutir. “S, lo s, pero ese no es el problema. Una no manda en los sentimientos. Yo ahora estoy superjodida, por eso slo puedo darte mi amistad. T me gustas, pero…”, deja la frase en suspenso. l asiente con un murmullo: “S, entiendo”. Conan se ve triste y a ella la invade una oleada de ternura, de pronto siente una necesidad enorme de cario, de saberse importante para alguien. Entonces se decide y susurra: “Me gustara que me hicieras el amor, ahora.” “¡Cmo?!”, pregunta l ms por la sorpresa que por no haberla entendido bien. Ella no responde, se limita a acercar su rostro y besarlo suavemen te en los labios. Luego le aclara: “Conan, esto no se va a repetir, ser esta noche y nada ms”. l tiene los ojos felices. “No importa”, sonre, “a m me basta con una noche”. Lilith piensa que su decisin es completamente lcida, o por lo menos eso espera. Hoy es 51 de agosto del 59 y no desea mentirle a nadie, ni siquiera a s misma. Esta es la realidad: Hay un muchacho al que desea darle su cuerpo, porque se lo merece y punto. De todas formas debe confesarle la verdad: “Conan, te voy a utilizar; es que ahora me siento muy sola y necesito estar con alguien, entiendes?”. l se encoge de hom bros: “Bueno, por lo menos no lo hars para vengarte de mi hermano” “No, te aseguro que no. De verdad quiero hacerlo.” Ella se quita la blusa por encima de la cabeza y le muestra sus senos. “Ven”, susurra. Tiene la impresin de que todo esto ya ha ocurrido miles de veces. Deja vu Conan empieza a acariciarla y la besa en la nuca. “No te preocupes”, le dice al odo despus de un rato,

PAGE 250

250 250“hoy traje preservativos, me aprend la l eccin de la otra noche”. Lilith percibe un pequeito chispazo de deseo calentndole el rin, por lo menos un poco lo mnimo de gozo para comenzar a suplir el espacio ausente. “Durmete calle”, recuerda, “este es el coito nmero n, as de labios.” Siente una te la rasgndose en sus caderas y de pronto se descubre libre de ropas, como si hubieran sido absorbidas desde sus pies por alguna mquina extraa. Ella es consciente de que es ta es otra noche dedicada a Masoch, es slo otra cancin al Caballero del oprobio, as como es to es la Vida, abrir las piernas cada da ms, sin credenciales de venganza ni culpabilidad codificada, slo la alegra de la carne y compaa, retazos de luz tibia, algo que parece ser eterno por unos minutos, alguien que quiere fundirse humedecido a su vulva, masaje de la noche que se gasta en caricias, sus dedos aferrados a la nalga, frotacin de la tristeza sobre el pecho, entre los muslos, una muchacha que no mira ese objeto que quiere romper su espejo y que insulta, insulta a todos; ella se deja golpear por la pasiones y besos y no desea ver ni sentir, por qu no mira?, el rostro enloquecido del Conan pidie ndo ms, el problema ser de introducir el dedo en cualquier orificio de hombre, la salvacin del acto no prescinde de torcidos medios, ni de tempestades, l besa y muerde sus senos como si se hundiera en un arca de naranjas, en una sopa de fantasmas desnudos dibuja a la ninfa con sus manos en medio del humo lquido de las olas, de la piel, ella tambin esboza su rostro y le dice algo y luego lo hala hacia su casi tristeza, dejando que lama sus lgrimas y frotndole sus humedades hasta que se aferran los parches invi sibles y acarician los collares de la suerte, los amuletos internos, l solloza ya desd e el tejado de los hongos, suelta un gemido alucinado y se desborda con fuerza en embes tida final, un casi grito, luego cae sobre ella, saciado, los msculos pulsantes y los ojos re ndidos de fatiga. “Te quiero Lilith”, susurra, pero ella prefiere no escuchar, es mejor as. Se descubre todava lcida, comprueba lo que tema: el Conan en su desespero le ha desgarrado por completo el blmer, ahora tendr que regresar sin nada debajo. Por suerte hall tiempo para ponerse el condn, menos mal. Por supuesto que ella no lleg al final, pero as y todo lo disfrut bastante. Pensndolo bien, hasta podra repetirlo, quin sabe, claro que no esta noche. “Me templ a tu hermano, so maricn”, le dice al fantasma de Aquiel apenas reaparece de nuevo en la memoria, “y me gust muchsimo as que jdete”. Ahora comprende que s haba un poquito de venganza en el fondo de todo. Claro que nunca se lo dira a Conan. Le da unos

PAGE 251

251 251golpecitos en la espalda y lo zarandea un poc o para que reaccione. “Oye, ests vivo?” l se remueve y le besa un pezn. “No, est oy ms muerto que nunca.” “Bueno, sal, tengo miedo de que…” “S, esprate”. El muerto se lleva la mano a la base del pene y sujeta los bordes del preservativo, luego lo extrae con cuid ado. “Ya est. Fuera de peligro.” Le hace un nudo y lo lanza al mar. “Sabes que me de strozaste el blmer, no? Lo voy a tener que botar”, dice Lilith y sonre al ver la cara de culpabilidad que pone el otro. “Coo, chica, perdname.” “No te perdono nada. Ahora me va s a tener que prestar tu calzoncillo.” “No, es una trusa.” “Pues mejor todava. Dame ac.” “Coge.” Se visten. Por suerte el resto de la ropa es t intacta. Conan encuentra los pedazos de la prenda interior de Lilith y se los esconde en el bolsillo. “Me lo llevo de recuerdo.” Ella se encoge de hombros. “Eres un fetichista. Da le, vamos.” Comienzan a caminar por la avenida nocturna. Lilith se siente invadida por sentimientos contrapuestos. No logra entender el renacimiento de la muerte llamada Fnix en la historia de Aquiel. Sabe que algo se ha terminado en ella para siempre, pe ro se niega a escribir el llanto de todos los traicionados, no. Comenzar otra leyenda sobre sus pechos de pantera blanca a convertirse en centinela, an puede ser la guardiana de la pradera, subir y bajar al lodo en medio de teatro del asco, semejante y distinta a la vez de tantos crucificados orando en silencio, dormidos en el susurro de sus labios, no Seora, ella todava es hierba silvestre. Escribir en la autopista con sus piernas fi rmes, “por supuesto, despus de lo sucedido, con cualquier hombre que no me…” S. Debe remitirse a lo que hay. Sosigate Lilith, recrimina esas fantasas grotescas jugando en la garganta. Ella mira al Conan y adivina la satisfaccin del deseo por debajo de la muerte en que vive; l es real no es uno de esos personajes que ella se inventa para que terminen anulndola, sin dudas. Lo importante es lo que existe, lo Real de donde nacen al fin y al cabo todos los teoremas, la confianza o los gritos. Ya en el mnibus, mientras se deja besa r por el joven, se promete no escribir ms fantasas mentales, ni siquiera ciencia-ficcin, enfrentar lcida cada parte de sombra que le toque, saberse mujer con todas las posibilid ades de hacer nios o trucos o recuerdos, de todas formas la mquina ya empez a funcionar y est moliendo sus ojos, hace falta que no se le vayan nunca ms esos ojos, o por lo menos no tan lejos como siempre.

PAGE 252

252 252“Ves?”, se regaa para sus adentros, “qu fcil empiezas a hacer concesiones. No tan lejos Eres del carajo”. “En la prxima”, le advierte al Conan y se incorpora del asiento. “Voy a ver si convenzo a los osos para que te quedes, aunque sea durmiendo en el sof de la sala.” “No, deja, no hace falta”; “S, chico, no quiero que regreses solo.” “Bueno…” El mnibus se detiene en la parada y ello s descienden. “Esta es la misma calle donde los asaltaron?” “No, ests loco? Yo por ah no vengo ni aunque me maten.” “No te preocupes, yo estoy contigo.” “S. SuperConan.” Hay algo en la seguridad de su amigo que la contagia y muy pronto Lilith se descubre exenta de temor. Por este lado las calles es tn bien iluminadas y cuando ya estn a slo una cuadra de su destino l le llama la atencin sobre un rapado que fuma apoyado en un poste. Lilith niega con un gesto de incredu lidad. “No, no creo”, y siguen caminando. De todos modos, cuando pasan por el lado del hombre ella mira su rostro y se le disipan las dudas. “No, ese es un simple borracho” y continan un poco ms relajados. Ya se divisa la casa de Lilith. Ella busca la llave en su bolso. Entonces sucede. El supuesto borracho lanza un silbido corto indudablemente una seal de aviso y comienza a seguirlos. Conan se suelta la mochila del hombro, for cejea torpe con los cierres hasta que logra abrirla y luego le susurra a la muchacha: “Ahora cuando yo te diga te mandas a correr para la casa y gritas todo lo que puedas.” Por la esquina dobla otro hombre y Lilith lo reconoce de inmediato; “¡Es l!, ¡Jorge!”, y se detiene llena de pnico. Conan saca de la mochila una cadena y se dispone a enfrentarl os. Ellos cada vez se acercan ms. “¡Prense ah!” Muy prximo a donde se encuentran unos matorrales sale el tercero armado de un punzn. “No te metas, que esto no es conti go”, dice Jorge que se ha detenido a una distancia prudencial, “mi problema es con la puta esa, hace tres noches que la estamos velando”. “¡Ms puta eres t, comepinga!”, le grita el Conan que tira la mochila al suelo y comienza a balancear la cadena. “Dale, vengan, los estoy esperando.” Lilith ve como Jorge y el rapado se llevan las manos a la cad era y sacan cuchillas. “Ah, pero si el pelo es guapo” y se adelantan un poco. En ese mome nto el Conan la empuja “¡Vete!” y avanza contra los otros para protegerla.

PAGE 253

253 253Ella esquiva por milmetros la navaja del rapado y corre sin mirar atrs hasta la primera puerta que encuentra. Empieza a golp earla con todas sus fuerzas. “¡Hay mami!”, susurra y lucha contra sus cuerdas vocales “¡auxilio!, ¡polica!”, pero todo est ocurriendo demasiado aprisa. Mira de reojo y descubre al rapado en el suelo con las manos en el rostro y la cadena girando en el aire, tratando de mantener a los otros a distancia. Ella vuelve a aporrear la madera y grita todava con ms fuerza hasta casi sentir que se desgarran los pulmones y luego ve horrorizada como la cadena golpea al del punzn y sale disparada fuera del alcance de su amigo, que se queda de pronto indefenso. Jorge intenta esquivarlo y acercarse a ella, “¡puta!, ¡Te voy a matar!” Conan se interpone y el otro le lanza una cuchillada en el vien tre. “¡Lo matan!, ¡auxilio!”, caen los dos al suelo, y el del punzn, ya recobrado, aprovecha para clavarle su arma en la pierna. Lilith escucha el aullido de dolor de su amigo y grita ella tambin con los ojos cerrados, grita hasta que la puerta se abre y un brazo la hala hacia dentro y casi al unsono se escucha el motor de un auto que se detiene con chirrido de frenos y luego un par de disparos. “¡Quiero saber!, ¡quiero saber!, ¡djenme salir!”, le suplica a sus salvadores y se lanza de nuevo a la calle. Una potencia tiene inmovilizado al del punzn contra el suelo y otros dos estn esposando a Jorge, que est de rodillas y tiene todo el rostro lleno de sangre. Conan est en el suel o, inmvil, pero ella no logra discernir bien porque los policas impiden la visin. Corre y se abraza a su amigo. “Ay, Conan, qu te han hecho?”, pero unas manos la apartan. “No pasa nada, slo est herido, djanos trabajar.” Ella escucha la sirena de la am bulancia que por fin aparece y suspira con alivio. “¡Falta otro!”, recuerda, “uno rapado, con una cuchilla, eran tres”, pero luego comprende que su aviso es innecesario porque ya lo tr aen arrastrndolo inconsciente despus de una merecida tunda de golpes. Entonces se vue lve hacia Jorge cuando lo levantan para introducirlo en el carro, “¡maricn!”, y lo escupe de lejos, “¡ojal te pudras all adentro, asesino!”, pero alguien la empuja y ella re gresa a donde est su amigo. Tiene la camisa empapada de sangre y los hombres de blan co se afanan sobre su cuerpo, luego lo acuestan en una camilla y lo meten en la am bulancia. “Vienes con l?” “S.” “Dale, vamos.” Lilith descubre la palidez que se ha ido adueando del rostro de Conan. “Que no se muera”, clama cuando ve que le ponen una tr ansfusin en el brazo y luego la mscara de oxgeno, “que no se muera, coo”. La ambul ancia arranca a toda velocidad, el ulular

PAGE 254

254 254de las sirenas retumbando en los odos y ella piensa, llorando, que ese es el grito de la maldita ciudad. “Que no se muera”, le pide a la Grand Ma, una y otra vez.

PAGE 255

255 255 SHEN Esa noche, despus de llegar al hospital y dese sperarse en el pasillo durante casi tres horas, el doctor la llama para informarle que el Conan perdi mucha sangre, pero ya est fuera de peligro. Por suerte las herida s ms peligrosas no interesaron ningn rgano importante. “T eres algo de l?, su espos a o su novia?” y ella contesta negativamente. “No, slo soy…una amiga.” De pronto se le ocurre aprovecharse del hombre: “Mire doctor, aqu est el telfono de su mujer y el de su hermano, pero preferira que los llamara usted, para evitar problemas, podra hacerme ese favor?”. El doctor parece que adivina algo porque acepta la nota que ella le extiende y se marcha a la recepcin para telefonearles. Alivio. Luego puede ver al C onan por unos minutos. Est inconsciente, con sueros por todos lados y tubos en la nariz, rodeado de aparatos extraos. Cuando sale por fin al vestbulo del hospital una potencia la espera para interrogarla. Dos horas ms. Ella est muerta de sueo. Escena y recuerdo desagradable: Lilith regres ando de la inquisicin policial para saber la evolucin del amigo y al llegar descubre que el territorio ha sido ocupado por la Cheng y sus familiares. Estos la miran como si fuer a una leprosa, culpable de todo lo ocurrido lo peor es que en este punto ella les da una parte de razn y reprimen sus impulsos xenfobos civilizadamente hasta que la Cheng explota en crisis histrica y le grita entre insultos que se marche. Lilith recoge la misma sugerencia en los ojos y murmullos parentales y cuando est a punto de rebelarse y decirles de su derecho a estar donde le venga en ganas, aparecen Aquiel y su puta F nix tomaditos de las manos y ella no puede soportarlo ms: rinde su ejrcito y se larga con la cola entre las piernas, demasiadas fuerzas en contra y el nico que tal vez podra defenderla, Conan, est inconsciente, atiborrado de pastillas… Una semana despus Lilith est acostada en su sanctuario, imagina que es una flor secndose solitaria dentro de un cubo de cristal, comprada por las avenidas, gentes y guaguas o alguna otra obscenidad bien vista por todos. Ha descubierto que lo mejor es soar, tumbarse dulcemente, hacer una “encamada” a lo John Yoko, interrumpida

PAGE 256

256 256solamente para ir a la cocina o la sala en busca de agua, cigarros o la comida del refrigerador. Cuntos das podra resistir sin salir al espacio exterior, sin tocar nuevamente con sus ojos las colillas y excrementos de la turba extraa, esa inmensa cantidad de lobos mordiendo y gritando sus culpas montados en sus fretros con ruedas, los semforos rotos, esos muecos parlantes marchando al dictado? Claro que todo eso de “borrar tu historia pe rsonal” es pura utopa; para algo existen los osos. Hoy por suerte decidieron ir al cine, remanso de la neurosis. “Y el Conan? Cmo estar?” Lilith piensa que se ha comportado como una perfecta Daybel. Desde aquella noche no ha ido ms al hospital y cort la comunicacin con todos, literalmente. Despus de la primera llamada de Aquiel tom una tijera y cort el cable del telfono. No soportaba or su voz insistiendo en explicar le. Claro que no habra perdido nada en escucharlo, pero ella tema su pr opia debilidad. “Al carajo. Para qu?” Ya no quiere recordar, ni creer en nada. Es falso que se asfixia y que todo la desnombra? Este mundo lo hicieron otros antes de ella nacer. Descubr e que se ha pasado toda la vida buscando un lugar sacrlego para esconder sus virtudes y defectos, las estatuas que murmuran inocencias y sadismos, todas las noches se ca lienta las manos entre sus piernas de nia fantasma para seguir de largo despus, sumergida en el agua mental a tiempo de echar a andar los cronmetros al menos, una comple ja desaparicin, diran algunos -. Ya no existes, te transformas en un vegetal sin sueos y sin reposo, observas los cassettes y cuadros la herencia de Leo y el Rapha -, y se llena de vaco, si acaso es lgica esta expresin. Ayer mismo, tan slo ayer, la Os a Mayor le dijo que pareca una muerta y entonces piensas que es terrible tener bajo la s sbanas unos ojos blancos en la cara gris terrosa. Clama entonces por la extincin rpida del tiempo, “maana ir al hospital, y la Cheng va a tener que soportarme”, a travs de la ventana ya se pueden ver las estrellas. Un rectngulo despiadado, tan pequeo que no deja brillar la luna. El cielo est diferente. Ella no sabe cmo, pero hoy tiene algo… Una in cgnita, como si de pronto a la noche le hubieran salido millones de ojos abisales como si las constelaciones hubieran comenzado a vibrar y los pensamientos rebotaran con ecos desde las paredes. De pronto escucha el sonido de un claxon casi al frente de su puerta. Al principio no le da importancia, pero el ruido se repite una y otra vez hasta que ella, picada por la curiosidad, se asoma por la ventana de la sa la. “Esprate, ese no es el carro de…?”, y

PAGE 257

257 257entonces descubre que se trata de Elisa, hacindole unos gestos extraos desde el interior de su auto. Lilith, alegre, sale a saludarla. Su amiga la mira con reproche fingido. “Coo, chica, me dejaste embarcada. T no ibas a ir hoy a mi casa?” “¡Verdad!, se me haba olvidado por completo, perdona. Hoy es mircoles?” “Claro. Dnde t estabas que no sabes ni que da es hoy? Dale, vamos, que ha sta te prepar una cena de despedida.” “S, esprate. Le voy a dejar una nota a mis padres .” “Diles que te vas a quedar en mi casa hoy.” “S, ahora vuelvo.” Dicho y hecho. Ella garrapatea una nota, agarra su mochila y al minuto ya van a toda velocidad por la Dcima Avenida. “Dormiste bastante ayer? Te pregunto porque hoy vamos a conversar toda la noche.” A Lilith le parece una buena idea. Elisa pone la grabadora, empieza a cantar y la contagia un poco con su alegra. “El otro da me encontr al muchacho ese de la fiesta, el hermano de Aquiel…” “¡Conan!” “Ese mismo. Me cont todo lo que haba pasa do, que estuvo en el hospital y le haban acabado de dar el alta, que te estaba intentando llamar, pero tu telfono estaba roto.” “Bueno”, Lilith de pronto decide sincerarse, “lo que pas fue que Aquiel me llam y yo no quera hablar con l, por eso romp el telfono”. “Ah…Y tiene arreglo?” “S, nada ms le zaf un cable. Menos mal que mis padres no saben nada de como funcionan esos aparatos.” “¡Qu loca eres!” Por fin llegan a casa de Elisa. “Hoy vamos a estar solas”, le aclara esta, “le ped a los abuelos que se quedaran con la nia por ltima vez y ellos encantados”. Lilith piensa que es lgico; maana se irn para Spain y quin sabe cundo volvern a verla. Entran y su amiga la lleva hasta el cuarto. “Esta maleta es tuya. Son los libros y cassettes que te dije, y alguna ropa tambin. Al fin y al cabo es demasiado para llevrmelo y no conozco a nadie mejor que t para dejrselo.” Elisa abre la maleta y la vaca encima de la cama. “chale un vistazo en lo que voy a calentar la comida.” Esplndido, maravilloso. Entre los libros estn todos los tomos de Castaneda y otros de filosofa, ciencia-ficcin o bests sellers variados. Treinta cassettes de msica clsica o rock por lo visto slo se llevar los comp actos y algunos vestidos, pantalones y blusas. Ella se entretiene mirando los ttulos hasta que su amiga la llama para cenar. La mesa repleta de cosas, como nunca, langosta como plato principal y una botella de vino italiano para completar. A Lilith se le humedecen lo s ojos. Comienzan a comer con buen apetito, entre sonrisas de satisfaccin y un brindis por el xito de ambas. Luego Elisa la mira a los

PAGE 258

258 258ojos. “Lilith, quiero proponerte un negocio. Espero que lo aceptes.” “S?” ella piensa que en ese momento aceptara hacer por ella cualquier cosa, cualquier cosa -. “De qu se trata?” “Te dejo mi guitarra a cambio de tu vid a” “Cmo?” Ella realmente no entiende la proposicin. “De mi vida?” “No te asustes”, la otra se re, “por eso te deca lo de estar despiertas toda la noche. La cuestin es que hace tiempo quiero escribir una novela sobre ti. No pongas esa cara. Quiero que me cuen tes todo lo tuyo, sobre tu familia, el grupo, Aquiel, los ritos, todo eso. Claro, lo voy a grab ar en cassettes y me los llevo para Espaa, a ver si puedo escribir el libro all. Desd e haca tiempo deseaba proponrtelo, pero nunca hall la ocasin. Qu crees?”. Lilith no lo pien sa mucho, hasta se siente halagada por la propuesta. “Claro que s, cuando quieras.” Terminan de comer caf y cigarro de ye rba incluidos y se dirigen al cuarto. “Quieres empezar ahora mismo?”, le pregunta Lilith, pero Elisa se niega. “No. Recuerda que tu novela no est terminada, se me quedara demasiado abierta si la dejamos donde est, con muchos cabos sueltos.” “Y enton ces?” “Quiero que llames al Conan.” Ahora Lilith comprende y se encoge de hombros. “Est bien.” Disca el nmero del muchacho. Deben estar vi endo la telenovela porque se demoran en contestar. Por fin descuelgan el telfono y es la Cheng. “Oigo?”, pregunta esta y Lilith maldice por lo bajo. “Me puedes poner al Cona n?” “De parte de quin?” Ella piensa si mentirle, pero luego decide enfrentarla de una vez: “Cheng, es Lilith. Slo quiero saber cmo est y darle las gracias por salvarme la vida, nada ms”. Del otro lado de la lnea su rival duda y ella insiste: “Cheng, por favor, es algo que le debo”. Lilith espera hasta que por fin la muchacha contesta: “Est bien.” Se siente el leve toque del auricular sobre una superficie y despus de unos segundos la voz de su amigo: “¡Lilith!, ¡por fin! Te he estado llamando todos estos das, cmo ests? ”. “Bien, y t?” “Todava me duele un poco, pero dentro de dos semanas ya voy a poder hacer pesas de nuevo, claro, sin exagerar, los doctores me dijeron que estuve a punto de estirar la pata.” “S, lo s.” “No te sientas culpable por no haber estado conmi go. Me enter de lo que te sucedi con mis parientes y ya les ech la bronca que se merecan.” “Te llamaba para eso mismo, para darte las gracias y pedirte disculpas.” El C onan tose un par de veces y se re: “Ves? Ahora en un cuento de hadas la doncella caera rendida en brazos de su salvador, lstima

PAGE 259

259 259que esto no sea un cuento de hadas”. “Es ve rdad.” “Bueno, de todas formas ya sabes cmo siento as que ponme en tu lista, yo todava tengo esperanzas.” “Y la Cheng?”, ella desva la conversacin a consciencia y espera que por lo menos ella no est escuchando. “La Cheng? Ah, como siempre, hasta que se aburra de mi y me mande al diablo. No espero que cambie mucho la situacin, pero vamos a intentarlo, a ver qu pasa. Claro que si quieres verme, no respondo.” Lilith se muerde un pedacito de ua y la escupe. “Conan, a m no me gusta jugar sucio y s que la Cheng te quiere, por eso es mejor que dejramos de vernos un tiempo.” “S, entiendo. Todava sigues enamorada de Aquiel?” “Qu te voy a decir? No s, cr eo que s” “Yo tampoco voy a jugar sucio contigo Lilith: Fui a verlo el otro da y realme nte est embarcado, creo que ahora s le dio la psicosis. Yo voy a hablar con mam cuando regrese para ver si lo internamos en alguna clnica. Aquiel me hablaba como si estuvi era en una pelcula de ciencia-ficcin. Me pregunt por ti varias veces.” “Esa es la ventana.” “Cmo?” Elisa se acerca y le ofrece a Lilith un chocolate. Ella le guia un ojo, muerde la tableta y sigue explicndole al Conan: “Lo que dijiste de la ciencia-ficcin, son los efectos del windows una droga que est tomando. Las visiones te hacen viajar al futuro, tener telepata y cosas as.” “Ah…” l parece duda r un poco y luego pregunta: “Vas a volver con l?” “No. Hay cosas que no pueden perdonars e. Aparte, l est con la Fnix”. “No, ya no. La Fnix se fue del pas hace tres das.” “Cmo?” “No lo sabas? Con un austraco. Ya ellos se haban casado y todo; por eso fue que volvi a buscar a Aquiel. Para estar con l los ltimos das y luego largarse para Germandia. Fue como una especie de despedida, entiendes?” Ella ma stica sin hablar. Piensa que eso explica muchas cosas. El mellador de espadas contra el ave roc, el ave Fnix. Una pregunta la sigue todava: “Y cmo lo vi ste?” “A Aquiel? Ya te lo dije, est enfermo. No sale ni habla con nadie, y cuando lo hace es siempre en esa cuerda del ciberpunk y toda su bobera del Lado Oscuro.” “Interesante”, piensa Lilith. De vuelta a los orgenes. Por lo visto la Fnix termin de castrarlo otra vez, y l de masoquista. “Lo que es el destino, eh?”, est diciendo Conan, “si aquella noche en la fiesta no hubiera pasado nada, a l lo hubieran matado, no? Aquiel no tena ninguna cadena para defenderse, y a lo mejor t tampoco estar as viva”. “Tal vez no habra pasado nada,

PAGE 260

260 260porque hubiramos ido a su casa y no a la ma. ” “Bueno, s, es verdad. T decides. De todas maneras vamos a mantenernos en cont acto, bien?” “S, claro.” “Buena suerte entonces, Lilith. En todo lo que te propongas. Y recurdame de vez en cuando.” “Lo har. Chao.” “Qu vas a hacer?”, piensa ella una vez que ha colgado el telfono, “buena pregunta para el insomnio”. Sin embargo la conversacin con el Conan y las ltimas noticias le han dejado no poca energa, principalmente lo de la partida de la Fnix. Ahora siente deseos de gritar, de hacer cosas, subirse m uy alto no importa que sea de noche o que esa alegra sea simple efecto de la yerba y enfr entar la ciudad. No sabe el por qu de ese renacimiento. No le pregunten, no entiende na da, no sabra contestar. Son casi las once de la noche. Otra cadencia de la cuerda, el e quilibrio se resiente y todo puede otra vez, cuntas? comenzar de cero. Elisa regresa con una sonrisa y un beso. “Ya?” Lilith sonre satisfecha y se sienta en la cama, de cara a la grabadora que ya su am iga entretanto ha preparado para la grabacin de su historia. “Estoy lista”, le dice Lilith y respira hondo, “Cuando quieras”. Desde la ventana de al lado se escucha el comienzo de una cancin de Acill Atem “Estos ya no son los Acill Atem del inicio”, comenta, “en este repiten un poco las frmulas…”

PAGE 261

261 261THA El sanctuario est cerrado para los androides. “Estuvimos un rato leyendo Nietszche y a la noche hicimos un rito con un candelabro de cirios amarillos y la botella de Tympanum.” Aquiel entra en la camahuevo entre los cuatro lmites y se acurruca, adormilndose: venas y neuronas intoxicadas y anrgicas. “Hicim os el amor y luego la acompa hasta el aeropuerto.” El tero se hunde y lo envuelve como una cscara rota, sus alambres en espiral se calientan tras el efmero contacto de la espalda del joven. Delante y a los lados se encuentran los espejos tcticos y afiche s de otros tiempos, polvorientos, aunque no desgajados. En el interior de su cabeza se conforma la catedral de imgenes. Pensamientos barrocos se ramifican por un cerebro tan laberntico como ellos. Aquiel tira el pulver rado sobre la silla de hi erro y se tapa con la colcha. Piensa en la neguentropa delta N de tantos androides hologr ficos en su movimiento rectilneo hacia el orden anacrnico y opacogris. Se cubre tambin el rostro. Es un suicida potencial a los veinticinco sigl os: ha intentado las trescientas formas de Atipificacin desde Mara Liliana, en su primera mezcla, hasta Yamila Rodrguez, la decimosexta, en sie(n)te aos, venrea incorpor ada, sin experimentar en la trayectoria ms que una suave distorsin del lmite, sin llegar a la discontinuidad, slo la misma rplica, la misma seduccin de siempre, simetra emptica. La oscuridad va creciendo, misteriosa y amen azante entre las persianas del sanctuario, tiendo de violetanaranja todos los objet os que como moribundos oscilan hacia el horizonte. Rechaza el huevo, la m ezcla, el bimonlogo, quizs incluso rechaza la falsedad gtica de la luz. Percibe todos sus Yo. La ilusin de ser nico e indivisible ya pertenece a otro milenio, es piedra de Moiss. Casi al final de la mezcla con Yamila, una de las atpicas de siempre, donde la proyeccin implicaba una esperanza de destru ir el diagrama geomtrico, su camahuevo haba llegado a momentos de replicacin total del espacio.

PAGE 262

262 262En la actualidad casi todas las mezclas con llevan a la transformacin de Aquiel en androide expectante. La imagen de las piernas sucias de Yamila se abre ante l, tratando de absorberlo una y otra vez, atraccin cinemascope enturbiando las corrientes del barroco mental, diluyendo su cuarta dimensin en percepcin estereoscpica: diapositivas lanzadas en rfaga subliminal, pl anos hiperrealistas y fosforescentes de carne sudorosa, labios saliva, muslos llenos de roco, olor a mezcla de voces y la luz rompindose en tatuajes lquidos sobre el desorden de los cuerpos amorfos, desesperadamente lanzados uno adentro del otro, en busca de ciertas muertes ms all del orgasmo. Mientras se acurruca bajo la colcha, Aqui el lo est percibiendo an: seres polos mirndose por ltima vez a los ojos, apagando su s egos individuales a la velocidad de un parpadeo de nios, fundiendo sus miembros a la violencia del suceso, los pensamientos del sexo invisible condenados a vagar eternamente por los pasillos de la Noconciencia, minotauros microscpicos recorriendo arterias y nervios, traslcidos y fantasmticos, caminando de puntillas por los laberintos del sueo. Lilith: Esponja Radar. La calle est manchada de verde y salpicada de cristales. Ella entra a la cafetera XVenus en la avenida tercera y se detiene unos minutos, rascndose el brazo; movimientos torpes y poco flexibles. A su espalda pasan los carros: un Nissan corporativo, una bici que resiste el peso de tres jvenes, una guagua re pleta que de pronto se le antoja una ballena destripada. Sobre el muro de la esquina hay un letrero pintado, donde se destacan en caracteres rojos y verdes las palabras: T E N G O : P U E D O Detrs se alzan tres edificios que proyectan dos sombras difusas sobre la avenida. La cafetera tiene el cristal opaco y en el mostra dor se alinean cinco tacitas de caf. Una de las tacitas, llena, espera a que la mano de Lilith la suspenda por un momento en el aire y la lleve hasta sus labios salpicados con restos de migajas de pan.

PAGE 263

263 263Pan. Paneo rpido a gentes con cara molesta o deprimida que esperan en una parada tan polvorienta como sus ropas. Plano medio c ontrapicado. Lilith se acomoda una mochila colgada en el hombro y rebusca en los bolsillo s de su jean apretado. La mano acomoda el pelo detrs de la oreja y contina explorando dentro de la tela. Aparenta veinte aos. Ha caminado desde la baha, cerca del tnel, hasta casi el otro extremo de la ciudad, en tres horas, sin quere r esperar por el mnibus o alquilar un taxi; llenando las horas con el precio de un cansancio mortal y los tenis rotos, sencillamente, ir, el cerebro en el pasado o algn mundo fantasma, mezcla de vivencias brumosas. AUDIO : Una de las estructuras del ambiente sonoro est dominada por la voz de cierto locutor disfnico leyendo las noticias nacionales. “Comte ha muerto”, repite una y otra vez. VIDEO : Big close up al interior del bolsillo del jean de Lilith, donde se mezclan restos de picadura, un fsf oro sin cabeza y un papel arrugado de escritura borrosa, con la tinta corrida, en letra de Aquiel. Los dedos de Lilith tantean todos los res quicios, descubren un agujero por donde ha escapado la ltima moneda de la ltima hora. La mano emerge desconsolada a la superficie y traza un vuelo lento hasta el mostrador. Ahora la voz del locutor ha sido sustituida por un programa de himnos y marchas patriticas. “Perdone. No tengo dinero”, dice Lilith y tras lanzar una ltima ojeada a las volutas de vapor que despide la taza, se aleja triste en direccin a la parada. De pronto siente la necesidad de compaa, de conversacin, de en contrar a alguien en toda esa masa de siluetas grises realidad desvada -, slo sombras en movimiento, chocando contra la soledad de sus manos vacas. A ojo de camarero, detrs del mostrador, el dependiente esboza una mueca de fastidio y vaca de nuevo la tacita en su recipiente original. Luego la deja caer en una lata donde ondula el agua jabonosa. Una burbuja pugna por escapar desde el borde del lquido, pero la fuerza del aire deforma sus lneas de tensi n superficial hasta que la burbuja estalla por fin, sus tomos se expanden en todas direcciones.

PAGE 264

264 264 ––––––––– —————————————————————————————— –––––––––––––––– NOTA DEL AUTOR : LA SIGUIENTE CUARTILLA ES PRESCINDIBLE. ESTE ES EL CONTENIDO DE LA PGINA ESCRITA QUE SE ENCUENTRA EN EL BOLSILLO DEL PANTAL"N DE LILITH. ES UNA PGINA DE LA AGENDA DE AQUIEL. SIN COMENTARIOS. ATENCI"N EDITOR: NO PONER NOTAS A PIE DE PGINA. NO EXPLICAR LOS ELEMENTOS CONTENIDOS EN ELLA. NO CENSURAR NO TRADUCIR. NO LEER. GRACIAS. AKFAK : 3 lneas de anlisis. PENE ERECTO: IMPOTENCIA: VISI"N HOLOGRFICA SILENCIO. SE DECONSTRUYE COMO RUIDO BLANCO NIVEL SENSIBLE DE INCERTIDUMBRE COMPOSICI"N DEL SILENCIO: PARALELA O CONTENIDA EN SE DECONSTRUYE COMO SU ANDROIDE EXPECTANTE PROPIA CREACION. (Conformacin del Atpico) (En el Ruido no cuenta la ESTRUCTURA (Lo Atpico converge en rplica) es una forma de comuni cacin sin contenido formalizado, una asimetra de planos. Estos, Implosin como ruido? supuestamente inconexos, se tocan a nivel emptico) NO SE TRATA DE ENCONTRAR UNA ATIP ICIDAD A NIVEL SENSIBLE, TAN S"LO OTRA ASIMETRA EMPTICA, OTRO RUIDO. CONTINUIDAD EN EL LMITE, INSTANTE EN QUE LOS PLANOS ANIQUILAN TODA ATIPICIDAD. Seduccin Seduccin androide atpico Busca de discontinuidad? AFKAK PASA DE LA VISI"N HOLOGRFICA (PENE ERECTO IMAGOL"GICO) HASTA UNA REPLICACI"N DE TODO EL ESPACIO SOCIAL. AMPLIFICACI"N +DEL EDIPO? CONECCI"N AL LADO OSCURO?

PAGE 265

265 265Aquiel renace y se aburre de leer los mismos obituarios en la cama fretro: la certidumbre se incrementa, el deseo se androidiza. En cuestin de segundos ellos, los atpicos, sus cristales recin formados, estarn expandi ndose entre glbulos de acero, brazos y piernas electrnicos bailando msica concreta; el sanctuar io y la cama fretro cubiertos por entero de pantallas de computadoras, los programas clasificados en una gaveta del armario y ellos, los androides, abrazados en el sof de la sala, devorando televisores de bolsillo con prosa psicodlica. La crucimente de Aquiel se reb(v)ela por fin, rompe los ptalos obturadores del cerebro, abre los ojos y desa parece la retroproyeccin piernas de la Fnix. Imagina el impacto de un haz desintegrador y fuerza la vista en direccin a la ventana. Se abren las noches llenas de demonios. A ll afuera el monstruo respira con sus trillones de luces y olores a caucho quemado. La ciudad est erizada de rascacielos antiguos, reposa insegura sobre decenas de estratos llenos de fsiles automovilsticos y huesos desparramados. Aquiel se levanta y va hacia el espejo tctico. Mira a travs del ferrocristal. Observa los haces de luz que br otan de los vehculos voladores. Reconoce dos girpteros de la Potencia Civil iluminando la s casas medio derruidas de Viejo Vedado. No se ve un alma en las calles, al menos, no sin ve hculo, cosa extraa para esta parte de la ciudad. En la fachada de uno de los rascaci elos, unas letras fosforescentes enormes: IMPOTENCIA NO. “Akfak”, murmura Aquiel y sonre con tris teza. Ahora introduce su mano en el bolsillo del short y saca un cigarro. Lo enciende y expele el humo por la ventana hacia el exterior. Sus manos tiemblan sosteniendo el cigarrillo. Piensa que ya tiene veintiocho siglos y es un suicida impotente. Los otros Atpicos que todava sobreviven estn en peor estado, plagados de enfermedades irreversibles, a un paso del devenir esquizo y tratando siempre de romper el lmite. Tiene veintiocho mileni os, piensa, y precisamente los cumple hoy y est tan lejos del Lado Oscuro, de su meta sueo como al principio. Aspira la ltima bocanada y lanza la colilla por el espejo. Algunos de ellos, los Atpicos, haban l ogrado la discontinuidad, quizs en mayor medida al inicio, cuando no eran perseguidos. Ahora todos tienen puesto su precio en el tatuaje del rostro, la estrella bocarriba encerrada en un crculo, en la sien derecha. Los Atpicos se esconden cada uno en su sanctuar io, buscando miles de formas para disimular

PAGE 266

266 266la marca. Las reuniones estn prohibidas. Los Atpicos ya reposan al olvido, sin que nadie ose mirarlos, completamente inmviles. El sanctuario no est cerrado a los Atpicos. El humo recorre dolorosamente la garganta. Aquiel tose un par de veces y vuelve a chupar del cigarro hasta acostumbrarse. La camahuevo tiene adosada un reproductor de ruido blanco. Aquiel lo conecta desganado y sientescucha las primeras eufonas de silencio adrenalnico: Acill…acill parece susurrar el coro invisible, Acill Atem El sonido de un timbre viene a sumarse al silencio amplificado. Zumba tres veces ante s de que Aquiel tome conciencia de su condicin extramusical; el sonido no pertenece a la grabacin. Alguien est llamando a la puerta. “Una potencia?” Por un momento siente miedo al salir del sanctuario y dirigirse a la sala. Mientras camina trata de conectarse a la realidad. Presiente la probabilidad de no peligro y sus msculos se relaxan un poco. “T an slo otra presencia, conformada en cdigos tpicos”, piensa. Nada que preocupe a fondo. Llega al pie del rectngulo de caoba y acerca su boca a la rendija. “Quin es?” pregunta nervioso y lamenta no haber desconect ado el equipo. “Soy yo, Lilith”, le contesta la muchacha desde afuera. Suspira aliviado y descorre los cerrojos. Big Bang. Fundido encadenado para efecto de tr ansicin temporal. Suena la msica en el pasillo. La voz del leader se prende de las paredes y el sonido distorsionado de las ctaras lamen el suelo. Lilith toca el timbre del apartamento y espera unos minutos, luego vuelve a oprimir el botn con insistencia. La msica no se detiene Hay un sonido como de pies descalzos que se acercan desde el otro lado de la puerta y una rejilla que se abre y deja pasar la voz de Aquiel: “Quin es?” Ella contesta rpidamente, suenan los cerrojos y la puerta se abre. Junto con el olor a humo y ambiente cerrado, L ilith percibe la imagen del joven, el pelo revuelto, los ojos hmedos y neblinosos, un shor t rado y desflecado, gotas de sudor en el rostro. “Qu flaco se ha puesto”, piensa. Un beso. “P asa, rpido” y ella que traspone el umbral y escucha los pestillos al ser colocados nuevamente. “Esprame aqu. Voy a lavarme la cara.”

PAGE 267

267 267Aquiel se aleja en direccin al bao y Lilith se sienta en el sof. Inspecciona la sala, el afiche de John Yoko con la letra de Imagine en el extremo derecho, los ceniceros y el piso repletos de cenizas y colillas de cigarros; vaso s sucios, con restos de caf o algo peor, las paredes desconchadas por la humedad. Polvo en todas partes. Escucha el sonido del agua en el bao. Hurga entre las colillas del cenicero ms prximo, encuentra una cuyo tamao le satisface, la enciende y aspira intensamente. Ha decidido no ingerir ms drogas, pero la ye rba no es una droga. A la segunda bocanada siente el mareo leve provocado por la abstinen cia de los das anteriores. A la quinta el calor le quema los dedos. Oprime el resto cont ra el cristal y se acomoda en el mueble. Mira sus dedos manchados y se los frota en la costura del pantaln. ITEM 1 : Aquiel J. Pollock camina descalzo sobre un lienzo extendido en el piso, lleva en la mano una lata agujer eada, chorreando pintura. Al llegar al final le prende fuego. Ese es el cuadro. Una silueta de mujer, delgada y en form a de gacela aparece al otro lado del umbral; ojos felinos a la sombra lunar de la noche. Se hace a un lado para dejarla pasar y nota que est muy, muy tensa, con el pelo aleona do y cortado asimtricamente, muy delgada tambin y que lo mira con cierto tristemor reprimido. Contacto efmero de labios en suspensin. “Pasa, rpido”, y coloca los cerrojos de nuevo. “Esprame aqu. Voy a lavarme la cara.” Discurso. Otra vez de vuelta a la pertinenci a lingstica. Lo sensible atrofiado en la cadena sintagmtica. Ella no es ms que otro cuerpo pincel. ITEM 2 : Aquiel Ives Klein procede a baa r a Lilith en pintura roja. Luego se hunde l mismo en una baera de lquido azu l. Hacen el amor sobre el lienzo. Das despus, Aquiel coge una rata y la hunde en una lata de leo amarillo. El animal se arrastra semiahogado por el centro de la tela y luego logra escapar por el borde superior

PAGE 268

268 268Aquiel avanza trabajosamente hasta el ba o. De pronto comprende que todas las luces estn apagadas menos la de la sala, pero prefie re dejarlas as; en la ciudad es de mal gusto pasar fosforeciendo entre la gente. Corta el chorro de agua con sus manos y hunde su cara en ellas. El primer contacto con el lquido lo hace estremecerse de fro, el segundo y el tercero le aclaran la mente hasta el punto de rescatarlo nuevamente a la realidad Ubjetiva. Todo el lavamanos, los estantes y el suelo es tn manchados de sustancias indefinibles, gotas de sangre coagulada, restos de jabn y cristales rotos. Trata de recordar la gnesis del caos, pero ninguna imagen viene en su a yuda. “Quizs fue Yamila la ltima noche”, le dice al espejo, mientras se recoge el pelo con una cinta de cuero elastizado, “cunto tiempo hace ya de eso?, un mes? dos meses?”. El tipo del espejo se encoge de hombros y sorbe una gota de agua con la lengua. Mi aguja, la de clavar el sortilegio plido del sueo recuerda.. No es un poema ms transoscuro que los otros que ella le ha dedicado. Haca mucho tiempo que nadie limpiaba all, ni siquiera Yamila. De alguna manera las cosas estn en su sitio: el olor a sexdrogas de todas las Atpicas, el humalcohol, cpsulas vacas de psicoazules, fragancias, huellas de aire. Cabra otro tipo de ordenamiento espacial para aquello? El dedo de Aquiel se posa en el espejo y con la ua intenta descascarar un cogulo en forma de nebulosa que le impide verse la mejilla derecha. De pronto comprende que todo es un juego. La ciudad es un rompecabezas gigante y superfluo, donde ningn camino conduce a parte alguna. Juego de muerte y sexo mezcla dos, induciendo caos, verdaderos subversivos porque no acatan ningn poder ni or den y a pesar de ello siempre presentes, construyendo y diluyendo el ser. Trillones de alternativas pa ra el hombre como esta de quitar con las uas la escarcha rojxido del espejo -, pero todo actuar es ya exagerado y al mismo tiempo irreversible. Como esa de ir ahora a la sala y encontrarse otra multiplicidad alotpica de juegos nuevos esperando en forma de mujernia. Y lo peor de todo es la EsPeRaNzA, el maldito y corrosivo xtasis de la espera. Aquiel por fin se decide: “Yo nunca he tenido realmente una alternativa”. Regresa, trata de sonrer al sentarse frente a ella en el pis o, luego suspira: “As que viniste.”, sus ojos se

PAGE 269

269 269clavan en Lilith, recorren su barbilla, el pelo, se detienen en un punto central de su rostro. Ella, como siempre, se siente un poco incmoda. ITEM 3 : Aquiel Nikki se entretiene en lan zar dardos a preservativos inflados de color lquido que flotan sobre Ci udad Virtud. La ciudad previamente ha sido pintada de gris por las potencias que intentan borrar as toda huella de graffitti no supervisado. Lilith: “S. Me dijeron que estabas enferm o. Por eso vine a verte.” (Sonre.) “En realidad me dijeron que no estabas muy bien de la cabeza, que haca un mes no salas ni recibas a nadie. Es verdad?” Aquiel observa a la joven en silencio. Piel suave modelando un espacio, recostada en el mueble, intentando seducirle, segregando signos-cuerpo. Ella sonre y comienza a hablar de mensaj es que l no logra entender en un primer momento. Habla de amor, claro, pero lo que al final le atrae es el despliegue de sus manos plidas, el calor tibio en el trasfondo de sus muslos abiertos. Aquiel podra jurar que sus palabras parecen una coleccin de barcos de papel, hundindose en un lago de mercurio. Lilith: “Cuando me dijeron en qu condicione s estabas yo al principio pens mandarte al diablo. Ya no dependa de ti. Es cierto que te quera, te quiero todava, pero sin dejar de ser yo. Por eso dej pasar estas semanas. Quera encontrarme. Ahora tengo nuevos planes, tengo la guitarra, estoy leyendo como nun ca, me puse a ayudar al Zepar en lo del Patio de la Virgen, vamos a montar una e xposicin con los cuadros de Leonardo, hemos comenzado a reunirnos de nuevo, como antes, si n jefes. Me separ de mis padres y estoy viviendo con Margarita. No tengo un centavo arriba, estoy pasando tremenda hambre, pero no importa. Maggy est haciendo conect os para vender artesana, montar un puestecito y sacar algo para las dos. Por s upuesto, yo tambin entrar en el negocio. Puede que salga, puede que no.” ITEM 4 : Aquiel va introducindose jeringuillas en el cerebro y siente el abigarramiento de los colores mezclados. Escucha el sonido prpura de las

PAGE 270

270 270arterias que se abren sobre pulmones desteidos de blanco, cada neurona emitiendo una tonalidad distinta en toda la gama del espectro. Hace fro; Aquiel siente las flechas de hielo violando sus espaldas enfebrecidas, asocindolos a una identidad de animalitos e ndmicos. “T no entiendes”, susurra l que ha trado una caja de cigarros e intenta prende r uno, pero la muchacha se lo arrebata y lo enciende, fuma un par de veces, expira el humo en direccin al cenicero y luego se lo devuelve. “Y t?, Te entiendes?”, pero Aquiel fuma y no contesta. Lilith: “T queras que yo fuera tu aprendi z pero yo soy como soy, y en el momento en que me quieres cambiar me jodes. Me interesaste primero como hombre; estaba dispuesta a ser tu aprendiz porque te quer a como hombre y para tenerte utilic ese mtodo. A ti te pasaba todo lo contrario. Te interesaba la Lilith que ibas a fabricar despus que le ensearas todo tu conocimiento. T me veas primero como aprendiz, y despus como mujer. Por eso no te func ion con Fnix ni Maggy. Ninguna se dej cambiar. T quieres ser Dios, y por eso te fundiste cuando yo resbal por lo de Leonardo, porque se sala de tus planes. Realmente yo no te importo un carajo, te interesa el Alien, el bicho, el ente que puedas sacar de m. Pero es que ya no soy aquella del principio, ya no estoy dispuesta a eso. Ponte a fabricar me jor muecas de barro, porque eso no te va a funcionar con nadie, ni mujer ni hombre” Aquiel piensa que ella sigue hablando en idioma de ngeles, como todos, y no sabe explicarle que entender no es interpretar, que para romper el lmite lo nico vlido es la accin del fuego, es el abrasar ese mismo lenguaje de jerarquas como punto de despegue, es jugar a destruir los signos pero ella no comprende porque no ha nacimuerto todava, no puede entenderlo. Por eso habla de enfermedades y trascendencias, de los otros como meta de realizacin, de soledad y rechazo, y dolor. Lilith: “Y te digo esto porque si algo he ap rendido en estos meses es que una mujer no es un esquema y est ms all de cualquier concepto, de cualquier clasificacin. A lo mejor es que las mujeres no necesitamos viajar al Lado Oscuro porque ya estamos ah, no?. En fin, Aquiel, que no soy ni nunca ser algo fijo. He descubierto que soy dbil, y soy muy fuerte, y soy imbcil, pero muy inteligente, y soy hasta masoquista, pero tambin sdica, y que puedo amar y odiar al mismo tiempo a la misma persona, y puedo

PAGE 271

271 271ser virgen y puta, lesbiana y heterose xual, y arrodillarme frente a un hombre y abofetearlo al minuto sigui ente y todo eso porque soy Mujer entiendes? Y me siento orgullosa de serlo.” Ella se levanta, deja caer la colilla y la apla sta con sus tenis. Se sienta en el suelo al lado de Aquiel. Lilith: “Por lo dems, nada ha cambiado. P ongo el televisor o salgo a la calle y me parece que estoy en otro planeta. Sigo siendo Lilith, la pulga invisible. Le pregunto la hora a cualquiera y me escupe, me mira como si fuera una bruja o una leprosa, a lo mejor con la muerte de Comte nos transformamo s en vmito y no nos dimos cuenta, no?, Kafkamorfosis. Y el problema es que a na die le importas un carajo, ni siquiera a los brujos o los aristopsiques, as que elige: O te levantas y empiezas otra vez de cero, o te quedas revolcndote con tu ventana y tu Fnix y tu Lado Oscuro. Eso es todo.” Silencio. Luego una mueca en el rostro de Aquiel, casi imperceptible. l se deja llevar al vespertar de los cuerpos, hace consciente su disfraz, siente los cambios de piel, adivina el nuevo olor del sanctuario que un da ser y siente los ojos de un cuervo moribundo que grazna desde el otro lado de la ventana. “Tiene que volver a la realidad”, piensan los dos, uno del otro. FIN

PAGE 272

272 272 ANEXOS

PAGE 273

273 273SIMBOLOGIA Y ESCRITURA UTILIZADA POR LOS BRUJOS : LETRAS-NMEROS DEL ALFABETO DE LOS KLIPPOTS, UTILIZADOS PARA INVOCACIONES MGICAS, HECHICERAS O JUEGOS DE DE ADIVINACI"N Alph : (A-1) Primer sonido que ejecuta el ser humano y primera letra del alfabeto de los Brujos, expresa la idea de principio y unidad. El ser, la unidad madre de los nmeros, la sustancia primera, el poder plasmante o germen de maternidad. Expresa la causa, la fuerza, la actividad la estabilidad, el origen de todo lo existente. Bth : (B-2). Designa lo interior y activo. El binario, la Divisin creadora, la ley, la gnosis, la guerra, el amor, el sexo, el bien y el mal, la luz y la sombra. Dalth : (D-3) Iniciacin, poder, tetragrama. Divisin, puerta, juramento, la piedra cbica.. El hombre como unidad colectiva. Abundancia, nutricin. La naturaleza divisible, el camino, la reencarnacin. Gaim : (G-4) Designa lo interior del verbo, el n acimiento, los elementos de la naturaleza, la generacin en los tres mundos. Smbolo de todo lo profundo y oculto, lo enterrado, el abismo.

PAGE 274

274 274 Helh : (E-5) Demostracin, Indicacin, Ensea nza, la propagacin de la Fe, idea abstracta. La infancia, la inocencia, la incertidumbre, el nio visto como potencial futuro. Designa todo aquello que est por venir. Hlet : (H-6) Lo animal en el hombre. El ocio, la fornicacin, el vicio, la mediocridad, la estupidez y todo aquello que va en detrimento del Camino de la Sabidura. Val : (U-7) Es el smbolo del verbo de la palabra interior, de la luz del intelecto, el punto que separa el Ser del No ser. Trmino de conversin que permite el trnsito de una naturaleza a otra. Encuentro. En cadenamiento. Unin, combinacin. Equilibrio. Zai : (Z-8) Signo, seal, objeto como smbolo. Voz y Ley de los demonios. Modelo, molde. Adivinacin. La fuerza. La mano en actitud de arrebatar un objeto. Chath : (Ch-9) Bsqueda, atraccin y repulsin, perdn, despedida, promesa elemental, rudimentaria. Vida, espanto, amistad, alimento, espritu. Tet : (T-10) Smbolo de todo lo confuso y desa rmnico. La fealdad, lo grotesco, la embriaguez, la perversin sexual, la orga, la ceguera, la monstruosidad del ser, el Mal.

PAGE 275

275 275 Io : (I-11) Final y principio, tristeza, melanc ola, culpa. Purificacin, bao, amistad, amor entre personas del mismo sexo, limpieza, pundonor. Khap : (Kh-12) Smbolo de asimilacin, cohesin, afinidad, confianza. Matriz cosmognica, perdn, recuerdo, la mano en actitud de despedida, la creacin artesanal, el Arte. Lamh : (L-13) Smbolo del Ritual, de la comunin con los dioses, la invocacin. Expresa la idea de elevacin, iluminacin, expansin y desarrollo. Meh : (M-14) Smbolo del Juego, la convers acin, el placer, la fiesta, reunin de amigos. Asamblea de Sabios, descubrimiento. Mhem : (Mh-15) Simboliza la Diplomacia, los rituales de la cortesa y las buenas maneras, la conversin, el tringulo gotic o, la guerra contra los infieles, la Hermandad de los fieles.

PAGE 276

276 276 Ngeh : (Ng-16) Smbolo de la Accin exterior, formacin plstica, unin o separacin de la pareja por factores externos. Envidia, maleficios, brebajes afrodisiacos. Seduccin, la venganza por medio de la Magia Negra. Num : (N-17) Smbolo de la Perversin, la Venganza, la Tortura, el Sadismo, lo demoniaco en el hombre. Samh : (S-18) Smbolo de la Confesin. Elocuencia, Misterio, Movimiento circular, Edad Media, Caballeros, Verdad, Ciudad, Castas. Kwai : (Kw-19) Conservacin, fecundidad, debilid ades. Indica la idea de la Materia, el cuerpo fsico, todas las sustancias y n ecesidades del organismo, la sangre, los residuos, las enfermedades comunes, el hambre. Kwor: (Kr-20) Smbolo del matrimonio, las relaciones fsicas, la alquimia, la Historia, el pasado, la sabidura de los Antiguos Maestros. Pha : (F-21) Smbolo del Viaje, lo desconocido, la curiosidad humana, los Misterios, la Oscuridad, el Reino de los Muertos, la Locura.

PAGE 277

277 277 Pheh : (P-22) Smbolo de las alteraciones, subversiones, la Rebelda, la Sublevacin, el Regicidio, el Caos. Tza : (Ts-23) Smbolo de Duelo, Funeral, Prdida de un ser querido. Finalidad, Trmino, Injusticia. Honor a los muertos. Ofrenda, antepasados, fantasma, espritu. Kop : (K-24) Smbolo de incomprensin, arma ofensiva, golpe, herida, divorcio, separacin, dao, guerra, Muerte. Reh : (R-25) El ternario de la vida humana. Simboliza la cabeza, la msica, la unidad psquica del ser, la facultad de sentir, quere r y pensar. La Conciencia del ser en sus aspectos negativos. La capacidad de reconocer los pecados: La traicin, la mentira, la infidelidad, el engao de uno mismo, la ira, el desprecio, la tristeza. Rhesh : (Rh-26) Smbolo de todo lo relacionado con la Guerra. En su aspecto positivo la sed de lucha, la valenta, la heroicidad, la maestra en las armas, la hermandad bajo la bandera, los honores, el agradecimiento del pueblo. En su aspecto negativo el miedo, el horror, la muerte, las heridas, el saqueo, las violaciones, el odio. Shen : (Sh-27) Smbolo de la Reciprocidad. Lo sensitivo, la Herencia, la carne, la vida material. Imagen de la renovacin de las cosas por lo que a su accin se refiere; Relato, Historia, Transformacin, Evoluci n. En su segunda acepcin se refiere a la capacidad de volar. Carroza Volante.

PAGE 278

278 278 EJEMPLO DE GRAFFITIS DEJADOS POR LOS KLIPPOTS EN LAS PAREDES DE LA CIUDAD La estrella bocarriba Aquiel: Brujos: Nos vemos Dnde recoo ests? en los Molinos 8.00 p.m. NOMBRES -TALISMANES ASUMIDOS POR LOS BRUJOS. ORIGEN Y SIMBOLOGIA: Tha : (Th-28) Smbolo del final y principio de todos los sucesos. Los contrarios. La Soledad, el miedo a los otros, la pobr eza material, la riqueza espiritual, el Objetivo Primordial, el C onocimiento de s mismo en sus aspectos positivos.

PAGE 279

279 279 Amy : Una de las princesas de la monarqua infernal, protectora de los ladrones. Aparece en el Infierno rodeada de llamas, pero en la tierra se presenta en forma humana y ensea los secretos de la Astrologa y de las artes liberales, descubre a sus amigos los tesoros guardados por los demonios, proporciona buenos criados, aguarda que transcurridos 200 mil aos volver al cielo para ocupar el sptimo trono. Anabrio : Uno de los siete prncipes del Infierno que se presentaron un da delante de Fausto. Estaba transformado en perro blanco y negro, con orejas largas. En la Biblia Negra es un demonio menor, protector de los estafadores y jugadores empedernidos. Aquiel : Supuestamente el protector de los locos y los psicpatas, uno de los ms sabios y antiguos demonios despus de Luzbel, aunque no detenta ni ngn poder dentro de las je rarquas infernales y slo es su cronista principal. Aparece cuando se le conjura en un lugar desierto, c on luna nueva o cielo nublado. Azrael : Segn las tradiciones rabes, Dios le encarg a Azrael que tomara un puado de cada una de las siete capas de la tierra para crear al hombre con ellas. Dios qued satisfecho de la fiel y pronta obediencia de este ngel, a quien le dio el encargo de separar las almas, siendo por ese motivo

PAGE 280

280 280 llamado el ngel de la muerte. En la Biblia Negra, se le llama en cambio el Diplos y se considera que no es ngel ni demonio, sino un hbrido entre estos, la entidad encargada de mantener el equilibrio entre el cielo y el infierno. Brizo : Segn la Biblia Negra, es el demonio que tiene a su cargo los sueos, la amnesia y el letargo. Aparece en forma de una babosa descomunal que va dejando tras s un cam ino pegajoso y ptrido donde quedan atrapados los hombres que lo siguen. Conan: Demonio severo, ejecutor supremo de las sent encias del monarca infernal. Desempea las funciones de Nmesis. El verdugo. Protege a lo s asesinos pasionales o vengadores y a los que matan en duelo o en la guerra. Se presenta en forma de vampiro o guerrero forzudo, con armas antiguas y coraza medieval. Diony: (Dionisio) Dios del paga nismo clsico, cuyos mticos anteceden tes se remontan a las ms antiguas creaciones teognicas del Oriente. En la Biblia Negra es un demonio protector de los amores infieles y perseguidos, siempre que sean de hom bre y mujer. Se presenta en forma de joven hermossimo, pero con pezuas de carnero.

PAGE 281

281 281 Fnix : Pjaro fabuloso y simblico que posea la propiedad de renacer de sus propias cenizas. A veces hace referencia a la Piedra Filosofal, otras a la reencarnacin peridica del alma. En la Biblia Negra es una de las princesas infernales, protectora de las hechiceras y prostitutas. Leonardo : Segn los grimorios ms comunes, Leonardo es el nombre familiar dado por los Brujos a Satn cuando preside las reuniones sabticas. Sin embargo, en la Biblia Negra, Leonardo es un demonio menor que se presenta en forma de nio sobre un caballo encabritado de color rojo y protege los amores homosexuales, as como todo tipo de in cestos. Algunos estudiosos ven en Leonardo la contrapartida infernal de Cupido, dios del amor. Lilith : Reina de los demonios scubos, ocupa una posicin central en la demonologa juda. En la Biblia cristiana, aparece nombrada como una lamia, interp retada en el sentido de un monstruo nocturno, adaptndose ms al sentir popular e ignorando la significacin exacta de la voz hebraica. En el Talmud, sin embargo. Lilith fue la primera esposa de Adn y le dio hijos resplandecientes e hijas radiantes. Como fue creada de la tierra al mismo tiempo que Adn, se separ de este por cuanto no quera que el hombre yaciera encima de ella durante el contacto sexual. Dios cre a Eva, despus.

PAGE 282

282 282 Lilith, para vengarse de su rival humana, la inst a comer el fruto prohibido y a concebir a Can, hermano y asesino de Abel. A lo largo de la Edad Media, Lilith dej de ser una serpiente para ser un espritu nocturno. En la imaginacin popular, suele asumir la forma de una alta mujer silenciosa, de negro pelo suelto. Otra versin habla de como Sata ns fue castrado para impedir que multiplicase a los rebeldes y Lilith prefiri el triste amor de un ngel condenado al juramento de fidelidad y vasallaje a un hombre. Lilith ha sido el smbolo de la amante incomprendida, traicionada, llena de deseos de venganza en nombr e de su amor y a pesar del terror que evoca hay ternura en su desgracia. Margarita Pajot : Bruja supliciada en Tourierre (Francia) en 1576. Convicta y confesa de haber practicado muchos maleficios, de haber hecho morir a di versas personas y muchos animales, de haber asistido a sabatts y de haber causado mgicamente la muerte a cierto brujo que se neg a prestarle un pequeo favor, sus jueces la condenaron a la ltima pena. La soport con notable serenidad y valenta, ratificndose en todas sus confesiones brujescas. Mara Martn : Bruja, natural de Neufville le Roi (Francia). Fue perseguida por varios crmenes contra personas y sus ganados, que efectu por medio de maleficios. Convicta y confesa, fue condenada en Montdidier, a ser ahorcada, y se cumpli la sentencia el 25 de julio de 1856. Supuestamente hizo un pacto con Cervero, marqus del satnico imperio que aparece bajo la forma de un enorme pjaro negro.

PAGE 283

283 283 Raphael : Segn la Biblia Negra, fue uno de los principales lderes entre los ngeles rebeldes, junto a Satn y Lucifer, pero movido por los celos, delat la conjura a Iahv y por ello los rebeldes fueron expulsados del cielo. Agradecido por sus servicios, Dios le hizo un lugar junto a sus principales adeptos. En otro grimorio, Raphael es el espa de los demonios en el cielo. Hay tambin una tercera variante del mito que es la ms acepta da por los brujos segn la cual Raphael es un demonio o dignatario infernal y acude a la evocacin apareciendo ba jo la forma del ngel citado para confundir mejor a los hombres. Es el protector de los mujeriegos y emigrantes. Puede preguntrsele todas las cosas relativas al pasado, e infunde en sus adeptos astucia, deseos de viajar a mundos desconocidos y valor diablico. Zepar : Gran Duque infernal que aparece bajo la fo rma de un imponente guerrero. Fomenta en los humanos toda especie de malas pasiones pero prot ege a aquellos que por su promiscuidad han sido vctimas de las enfermedades venreas. Tiene a sus rdenes veintiocho legiones de diablos. PEQUEO GLOSARIO PARA STRANGE RS DE LA JERGA UTILIZADA POR KLIPPOTS, ROCKHEROS Y ARISTOPSIQUES:

PAGE 284

284 284A Aamn : Uno de los supuestos autores de la Black Bible o Biblia Negra. Segn el Diccionario de las Ciencias Ocultas, es un poderoso demonio que se presen ta a los aquelarres en forma de lobo con la cola de serpiente y echando llamas por la boca. Cuando toma la figura humana solo tiene de esta el cuerpo: su cabeza se parece a la de un bho y su pico deja ver dien tes muy afilados. Es el ms firme de los principales demonios, sabe el pasado y el porvenir, y reconcilia cuando quier e a los amigos enfadados. Manda cuarenta legiones. Ababite : rbol fantstico de Uttarakuru. De madera cris talizada muy frgil, de color prpura. Con esta madera hacen sus casas los habitantes del Paraso y las construcciones son de muy bella factura, pero no resistiran un viento de mediana intensidad, ya que se desharan al instante en polvo de cristal; es por ello que sirve como alegora a la felicidad. Acill Atem : Uno de los grupos de rock ms escuchados por los Brujos, sonido industrial generador de una atmsfera violenta y opresiva, con textos de alto vuelo potico y la utilizacin de guitarras con tecnologa de avanzada. Afroyoruba : Elementos relacionados con el folklore afro cubano pero vistos en sentido despectivo; tanto klippots como aristopsiques y rockheros lo cons ideran una subcultura ajena debido a su exagerada comercializacin turstica. Agiturbado : Palabra maleta; fusin de Agitado y Turbado Aguafuego : Toda aquella bebida que d ardor en la garganta. Ron, t, caf o aguardiente como contraposicin a las bebidas fras como la cerveza o el refresco. Akfak : Referido a los elementos propios de las obras de Kafka, indicando la reversibilizacin del individuo por la asfixia social. Alucidelia: Palabra maleta, fusin de Alucinacin y Psicodelia. Alucinorte: Estados Unidos. Ambigerda : Palabra maleta, fusin de Ambigedad y Mierda

PAGE 285

285 285 Amduscias : Otro de los supuestos autores de la Biblia Negra. Gran Duque de los Infiernos, tiene la figura de un unicornio y cuando es convocado se presenta de forma humana y da conciertos sin que se vean instrumentos de ninguna clase. Amenacimgenes : Imgenes amenazantes. Amenthis : Entre los griegos, el Reino de los Muertos, la residencia de las sombras. Amorbierto : Amor a campo abierto, bajo las estrellas. Amorfos : Perteneciente al rebao, a la masa indiferenciada. Anarcobrujos : Grupo de Brujos sin jefes o lderes, con rel aciones horizontales y democrticas entre sus miembros. Androide expectante : Persona comn, integrada a la sociedad, respetuosa de sus leyes y estructuras, pero que espera con ansia oculta un cambio de sistema y por ende, de sus condiciones econmicas. Antamtapp : Infierno de los indios, lleno de perros rabiosos de fieras e insectos nocivos. El condenado est tendido sobre peas y continuamente picoteado por cuervos con pico de hierro. Los suplicios de este infierno son eternos. Antiflor : Sin poesa, sin sentimientos. Apatonancia : Sistema de adivinacin por medio de los objetos que aparecen de pronto. Apuntabladas : Apuntaladas con tablas, de manera artesanal y frgil, producto de la carencia de los recursos necesarios para repararlas. Aquelarres : Conciertos de rock a cielo abierto. Aristopsiques : Subcultura de jvenes intelectuales. Asumen las teoras filosficas de moda y profesan un gran culto de la imagen. Tienen sus propios cdi gos de lenguaje, gustos artsticos, drogas y formas de vestir y, al igual que los Brujos conforman un grupo bastante cerrado. Aristosdico : Sdico psicolgico, aristocrtico, con tort uras sutiles basadas en el conocimiento del psicoanlisis.

PAGE 286

286 286 Artelser : Grupo de holoplsticos de finales del 09, que se dedican al arte efmero con murales y esculturas de luz en las avenidas y lugares pblicos. Se reconocen por el smbolo del aleph encerrado en un crculo. Sus artistas ms radicales intervienen activamente en los elementos propios de la infraestructura urbana, utilizando el lser para, por ej emplo, cortar en rodajas un autom vil, o intercambiar fragmentos de objetos dismiles. Artfice : Todo aquel que asume una autoridad de tipo suprem a o al menos que se coloca en el lugar del discurso del Amo. Asco-Art : Como su nombre lo indica, es todo aquel arte encaminado a causar rechazo o repugnancia por parte del pblico al que va dirigido. Se relaciona con el movimiento neopunk, en el sentido de revertir o reversibilizar la valoracin esttica del arte. Astropista : Vas superrpidas para el de splazamiento de los autoviles. En su segunda acepcin designa los caminos abiertos en el neuroespacio por las sustancias psicoqumicas. Astrotlico : Referido a la tcnica del viaje astral, propia de la parapsicologa, la magia, las tecnologas hiperreales o las drogas. Atpico : Marginal. Perteneciente a la subcultura de los rockheros o Brujos. Autopecho : Autocrtica, complejo de culpabilidad. Autoviles : Automviles de ltimo modelo, computarizados y de alta velocidad, harto peligrosos para los no motorizados. B Backer, Riken : Segn los aristopsiques, uno de los padres del Malestar Elctrico de la Cultura (MEC). Fue el inventor de la guitarra elctrica. Bambinas : Lesbianas (sin sentido peyorativo). Bithias : Famosas brujas de los Escitas, quienes tenan el poder de embrujar y matar solo con la mirada.

PAGE 287

287 287 Black Bible : Biblia Negra, tambin conocida como Biblia del Diablo, un texto fantstico que se supona realmente escrito, y que vendra a ser, respecto del dem onio, lo que los libros sagrados son respecto a Dios; es decir, su propia palabra. Posteriormente se ha dado al trmino una signi ficacin menos precisa y ms real, de manera que ahora resulta la Biblia Negra el conjunto de grimorios escritos en diversas pocas e idiomas por mltiples herejes que para escapar de la Inquisicin, utilizaban como seudnimos diversos nombres de demonios, aunque la mayor parte de los es critos se les atribuyen a tres autores fundamentales: Aamn, Amduscias y Aquiel. Bocarriba : Reversible, Rebelde, “Como gato bocarriba”. Referida a la Gotica o Magia Negra y, por consiguiente, a todo lo referido al reino de los Bruj os y demonios, incluyendo su lenguaje y simbologa. Boda Wicca : Es la unin de almas en un plano csmico y frmico, que tiene un impacto en las futuras reencarnaciones de los dos seres que participan en e lla: la muerte no separa y el juramento se hace por siempre, invocando a la Grand Ma, la gran Diosa primigenia de los antiguos. Brujera Yaqui : Segn el antroplogo mexicano Carlos Castaneda, mucho tiempo antes de que los espaoles llegaran a Mxico existan extraordinar ios videntes toltecas, hombres capaces de actos extraordinarios. Eran el ltimo eslabn de una cadena de conocimient o que se extendi a lo largo de miles de aos para conformar lo que se conoce como filosofa del Nagual o El Camino del Conocimiento. Castaneda ha escrito una gran cantidad de libros sobre el tema que, debido a su gran complejidad, preferimos no profundizar en este glosario. Brujos : Subcultura juvenil, conformada en sus inic ios por una parte del grupo de los rockheros o atpicos. Asumen las ideas animistas y satnicas, vist en de riguroso negro, con tatuajes, pinchos y otros aditamentos y gustan de la msica rock ms dura. Pr esentan sus propios cdigos de lenguaje, sus drogas y lugares de reunin y conforman un grupo bastante ce rrado, en el que para entrar se deben pasar determinadas pruebas e iniciaciones. Creen en la Magia Negra y realizan rituales con gran profusin de elementos ldicos y lbricos en ellos. Soslayan toda poltica y no creen en ninguna institucin o poder establecidos hasta el punto de cambiar o invertir los nombres de las cosas y lugares en una especie de rebelda semitica. C Camafretro : Se refiere a una cama despus de terminada una relacin amorosa. Cama triste, vaca, sin sueos, “para tirarse a morir”.

PAGE 288

288 288 Camahuevo : Es lo contrario de una camafr etro. Se refiere al inicio de una relacin amorosa, el sexo por descubrir. Camelot : Referido a un lugar distante. Como segunda acepcin, al grupo de los Brujos cuando la persona ya no se encuentra entre ellos. Carajuda : Persona muy valiente. “Valiente como carajo” Carcingeno : Enfermo, mediocre, gris, oxidado. Carrollcity : Ciudad absurda, ilgica. Concepto referido a “Alicia en el Pas de las Maravillas”, de Lewis Carroll. Cd : Cederista destacada. Chismosa de barrio. Cenizas : Colillas de marihuana llevadas hasta su mnima expresin. Choquelia : Heladera del centro de la capital, punto de reunin de todas las subculturas. Ciberpunk : Referido a los libros y pelculas del gnero; un futuro horrible donde los problemas sociales y las tecnologas de hoy se plotean a un mundo completamente maquinizado y poluto, hiperreal, donde ya resulta imposible diferenciar entre la simulacin y la realidad. Los hombres viven inmersos en la realidad virtual y tienen implantados divers os mecanismos o chips por todo el cuerpo. Ciclodlica : Psicodelia cclica. Cuando determinadas img enes, sonidos o conceptos se repiten una y otra vez, hasta llegar al agotamiento total de su significado inicial. Ciervo : Referido al alma, a los sentimientos. Crculo celeste : Estacin de polica. Cirenaicos : Pertenecientes a la escuela filosfica fundada por Aristipo. Segn esta doctrina, el nico fin de la vida humana es el placer sensible. Represen ta la primera y ms radical forma del hedonismo. Ctara : Guitarra.

PAGE 289

289 289 Cityphobia : Fobia a las ciudades. Clavar : Templar, fornicar en sentido machista, donde la mujer es slo un objeto para gozar. Complodos : Odos complotados. Personas preparando un complot, comunicndose por seas o susurros. Comte : Gran Hermano nmero III, supuestamente es el mximo poder del pas donde transcurre la vida de los Brujos. Comunicajonamiento : Comunicacin encajonada. Se refiere al cdigo de lenguaje utilizado por una subcultura o tribu en especfico que se revierte en contra de la posibilidad de comunicarse con personas extraas a ese grupo. Concienterrado : Conscientemente errado. En su segunda acepci n se refiere a un pasaje al acto, una accin donde no interviene la conciencia. Conectos : Personas que sirven como conecciones al mer cado negro para conse guir cualquier cosa, incluso drogas o armas. Confunoche : Noche confusa, uno sabe como comienza pero no como termina. Core hard : Baile tribal. Se corre en crculos levantando pi es y brazos y chocando entre s. A pesar de su apariencia violenta, no es un baile ag resivo, aunque a veces da inicio a pe leas. Otra modalidad es subir al escenario y tirarse sobre el pblico. Antes, los espectadores sostenan al que se tiraba, pero ahora la costumbre es que dejen un hueco, para el que se lan ce caiga al suelo, donde le pegan patadas. Por esta razn, es normal que los espectadores que se s uben al escenario se queden all bailando hasta que un polica o un guardafronteras lo empuje de vuelta hacia el pblico. Cronosumindose : Consumindose con el paso del tiempo. Oxidndose, envejeciendo. Crucimente : Concepcin de la mente como un gigantesco crucigrama, los pensamientos cruzndose unos con otros a toda velocidad. Cuadrar : Enamorar a alguien, comenzar a tener relaciones amorosas con otra persona.

PAGE 290

290 290 Cuerpocrcel : Concepcin del cuerpo y sus necesidades b sicas como una prisin que impide la libertad total del alma y el pensamiento. Cuerpoimagen : Concepcin del cuerpo como una imagen para vender al Otro, a travs de mltiples estrategias de seduccin y simulacro. D Datagloves : Guantes de fibra ptica para manipular objetos en un mundo simulado por la Realidad Virtual. Deep : Deprimido, Depre. Desdhacia : Desde…hacia…Se utiliza para ciclos cerrados, donde se parte y se llega al mismo lugar. Desticalza : Desnuda pero calzada. Desvuelve : Volver transformado en algo distinto. Desyerta : Inflexible, rgida, sin sentimientos. Dilatente : Proviene de las palabras Dilatante y Latente referido al sexo. Diosas Triples : Tambin conocidas como Diosas Madres. Trin idad venerada por los primitivos celtas, diosas de la fecundidad, conver tidas luego en protectoras de i ndividuos, familia, ciudades, etc. Dpteros vampiros : Mosquitos. Discontinuidad : Referido a los instantes de contacto con el Lado Oscuro. En su segunda acepcin, es un pequeo cambio en la inercia de los elementos que conforman un sistema, una pequea revolucin pero sin que vare la esencia de este. Discurso del Amo : Concepto aristopsique, proveniente del Psicoanlisis Lacaniano. Segn este, el significante amo se esconde a s mismo como sujeto tachado y pone a trabajar al inconsciente de cada sujeto para que busque el objeto a de placer. Es un discurso transindivi dual que determina el sujeto como efecto. Traduciendo a grosso modo: “Yo, que soy el Amo porque detento el poder y el saber, y no estoy

PAGE 291

291 291 castrado, te puedo indicar a ti, pobre sujeto comn, qu debes hacer para alcanzar ese objeto perdido que te har feliz” Dislocagente : Fenmeno que contradice la lgica de lo s sucesos. En su segunda acepcin significa enloquecedor, arrebatador. Divinacin : Encuentro o descubrimiento de algo divino. Drinas : Se refiere a las drogas psicoqumicas cuyo nombre termina con este sufijo. Dulces angelitos de Dios : Forma irnica de referirse a todos los que detentan el poder del Estado, fundamentalmente la polica. E Embarajar : Disimular, dar rodeos, estafar a alguien. Embarcar : Dejar a alguien plantado. Embarcarse : No tener xito en una accin planeada, o en contrar muchas dificultades para llevarla a cabo. Quedarse plantado en alguna reunin o cita por la no asistencia de los dems. Empacado : Estar drogado con parkisonil. Empastillado : Drogado con pastillas de cualquier tipo. Enfermacin : Enfermedad de la Informacin en la vida actual. Enterospeccin : Introspeccin exagerada, sin c ontacto alguno con la realidad. Epicurva : Mujer con buen cuerpo, llena de curvas. Era Antihogar : Perodo de Crisis econmica y por ende fam iliar, donde las tensiones y conflictos entre parientes, fundamentalmente entre padres e hijos alcanzan un grado mximo. Escabronido : Ruido insoportable. (Sonido cabrn, msica escabrosa)

PAGE 292

292 292 EsclaviTur : Diferencia extrema entre las condiciones de vida de un habitante del pas con respecto a las de los turistas en tiempos de la Crisis econmica. En su segunda acepcin se refi ere al trabajo esclavo de un nativo en hoteles u otros centros de atencin al turismo. Espejos tcticos : Ventanas o agujeros por los cuales poder mirar sin ser descubiertos. Esto es mo : Egosmo, insolidaridad. En su segunda acepcin se refiere al Capitalismo y la propiedad privada. Estrella Bocarriba : La estrella de cinco puntas constituye uno de los smbolos de la Magia, que siempre aparece en las operaciones de ritual. Su colocacin, o sea, la manera de orientar sus puntas, significa unas veces la operacin de Ma gia Blanca o Teurgia, y otras, la operacin de Magia Negra. Esta ltima se simboliza con una punta hacia abajo y atrae las influencias astrales del mundo inferior. Es el smbolo principal de la subcultura de los Brujos, en tre otras cosas porque la inversin de la estrella describe la reversibilidad del sistema por medio del lenguaje que ellos practican, tratando de crear un pas dentro de otro. Etercontinua : Eternamente continua, sin cam bios, movindose por inercia. En su segunda acepcin se refiere a la Masa social o al pas en sentido general. Exttica : xtasis del reposo absoluto. En su segunda acepci n se refiere a una imagen esttica de la cual no podemos salir hasta que no se realice una rees tructuracin de la psiquis. Tambin se denomina Repeticin de la Escena. F Feria del Rock : Referido a la Cultura y la Poltica del pas. De sde el punto de vista de los Brujos tiene un sentido carnavalesco. Flatline : Concepto extrado de la cultura ciberpunk para designar a aquellos hackers o piratas informticos que mueren en el mundo real pero sus personalidades siguen vivas y actuantes en las redes informticas. Freakie : Denominacin despectiva con que la sociedad llama a los Rockheros y Brujos

PAGE 293

293 293 Fresada : Msica rock comercial, muy emparentada con el pop y odiada por los Brujos. Fumigacin heavy mental : Drogas arrojadas al fuego para que de forma vaporosa y aromtica lleguen a las personas que las aspiran. G Garrapatosa : Atpica aficionada a drogarse con los vapores del pegamento para calzado. Germandia : Cualquier pas de habla germana. Gotica : Referido a la Goecia, la Magia Negra y todo lo demoniaco. Grand Ma : Segn la Biblia Negra es la Diosa Madre, creadora del Universo, duea de todo lo animado e inanimado, lo imaginario y lo real. Est muy cer canamente relacionada con la Diosa primigenia del paganismo clsico. Guerrillas : Excursiones a la naturaleza, (Sierras, m ontaas, cavernas o simplemente bosques). La mayora de las veces se realizan con muy pocos recursos y su funcin es ofrecer una alternativa social de vida comunitaria fuera de las leyes y las instituciones de la ciudad. Los alimentos y drogas son repartidos equitativamente y es muy comn la desinhibicin sexual de los participantes en un intento de regresar a las races. Guardafronteras : Atpico pagado por las bandas de rock que se encarga de la seguridad de los equipos y los integrantes del grupo en el escenario, cuando se encuentran en pleno concierto. Su papel es importante en los bailes de core hard ya que el jue go consiste en esquivarlo el mayor tiempo posible sobre el escenario para evitar que este empuj e al transgresor de vuelta al pblico. H Heavy Mental : Mente Pesada (Mentalidad de rock pesado) Hemos dicho Basta : Referido a los movimientos de liberacin nacional, las guerrillas, Ernesto Ch Guevara y toda la ideologa revolucionaria de los aos 60.

PAGE 294

294 294 Hielo : (Ver ICE ) Hojas de parra : Moralina, mojigatera, falsa moral. Holo : Holograma. Fotografa tridimensional. Holoplsticos : Grupo de pintores urbanos que se dedican a hacer graffittis tridimensionales sobre la base de tcnicas hologrficas en las calles de la ciuda d. Se reconocen por el smbolo del alph dentro de un crculo. Homoides : (Ver Amorfos ) Huevo : tero. Lo que est por nacer, por salir a la s uperficie. En su segunda acepcin se refiere a la familia en su aspecto de limitacin, de crcel. Humalcohol : Olor mezclado a tabaco, yerba y alcohol. HP : Hijitos de Pap. Jvenes con padres influyentes, que viven una existencia regalada y fcil, con privilegios y recursos de los que carecen los otro s. En su segunda acepcin significa Hijos de Puta. Hypnos : Sustancia droga. Alucinacin, delirio, sueo. I IA : Inteligencia Artificial espontneamente surgida en la matriz de un sistema ciberntico. ICE : Tambin conocido por Hielo Electrnica de las contramedidas de intrusin. Es la barrera corriente que protege la informacin confidencial en las estructuras de los bancos de datos, de las intrusiones de cualquier hacker o pirata informtic o. Algunos hielos como los de los sistemas militares tienen caractersticas ms agresivas ya que pueden es tar compuestos por killer-softwares que atacan la mente del intruso, causndole graves trastornos o hasta la muerte. Ilumiembrado : Iluminado por la esencia de lo femenino. En su segunda acepcin, maravillado por la belleza, inteligencia y las formas de una mujer.

PAGE 295

295 295 Ilumilusin : Estar ilusionado por una supuesta iluminacin sbita. Iluminacin : Pas de las iluminaciones sbitas. Forma irnica de referirse al Estado y su Constitucin, donde se crean o cambian leyes de un da para otro, sin razn lgica aparente. Ilumisin : Misin iluminada por Dios o el Demonio. Imaim : Meca de los que emigran a Alucinorte buscando escapar de la crisis econmica y poltica que vive el pas. Infartoclmax : Referido en sentido irnico a la concepcin que tienen los hombres de las mujeres con las que han hecho el amor. Siempre hablan de un coito fantstico donde las han llevado al borde del infarto como consecuencia de los mltiples orgasmos que les provocaron con su potencia y maestra en el sexo. Ingenuflexin : Referido a la danza, el teatro o el sexo. Son las posturas o ejercicios peligrosos, ingenuos, torpes o difciles de realizar por la falta de prctica y elasticidad. J Jerarquas de Angeles : Segn la teologa, los ngeles estn dist ribuidos en tres grandes jerarquas o principados, y cada jerarqua en tres compaas o coro s. Los de la primera y ms alta jerarqua son los Serafines y Querubines, cegados y abrasados en el fue go de la Caridad. Tambin estn los Tronos y Coros, llamados as porque proclaman la grandeza de Dios y lo hacen resplandecer. Los de la segunda jerarqua son las Dominaciones, que sealan a los ngeles infe riores sus misiones, las Virtudes, que cumplen sus prodigios, y las Potencias, que protegen con su fuerza y su vigilancia las leyes que rigen el mundo fsico y moral. Los de la tercera jerarqua son los Princi pados, los Arcngeles y los Angeles guardianes, que transmiten los mensajes y se ocupan de la seguridad y la santificacin de los creyentes. Por supuesto, los Brujos han hecho un paralelismo entre estas jerarqu as y las instituciones oficiales u organizaciones de masas del pas, como se evidencia al i gualar a las potencias con los policas. Jesuspirar : Suspirar diciendo “Jess” o “Cristo”. Los Brujos lo usan en sentido irnico o despectivo.

PAGE 296

296 296 Juego de la Verdad : Consiste en darle vueltas a una botella hasta que esta se detenga por s misma y a quien seale entonces el pico, deber contestar con sinceridad absoluta todas las preguntas que le hagan (una por persona) los otros que participan en el ju ego. Otra modalidad es sustituir las preguntas por castigos de diversa ndole. K Ka : Segn la magia egipcia, es el soplo o aliento de vida; el cuerpo mental humano. Kafkamorfosis : Metamorfosis kafkiana. Transformacin de una persona en insecto o animal o sustancia repugnante. Klippots : Subcultura juvenil (Ver Brujos) Trmino usado en la Kbala hebrea con varios significados. 1)Demonios. 2)Cascarones o envoltura s de los difuntos. 3)Espritus elementarios. Krishna Zen : Referido a las filosofas orientales y las sectas y grupos que las practican. L Lado Oscuro : Es un concepto bastante complejo de transmitir ya que designa lo que no puede ser descrito, lo que est ms all del lenguaje. Es la Ausencia promovida al rango de categora fundamental, llave maestra explicativa para todos los anlisis y universal metodolgico para todos los metalenguajes. Recibe mltiples denominaciones de acuerdo al enfoque utilizado como por ejemplo Falta en el Otro Laguna Grado Cero Agujero en la cadena significante, Elipse Lo Real por slo citar algunos. Segn el psicoanlisis Lacaniano, es el Objeto del deseo siempre inalcanzable, a partir del cual a travs de la sublimacin del objeto perdido o la simple sustitucin nunca satisfactoria del mismo es que se ha desarrollado toda la cultura humana. Ladrel : Animal fantstico que se va creando de acuerdo a la msica que uno escucha y se disuelve apenas esta termina.

PAGE 297

297 297 Ley de Conservacin de la Intensidad de los Sucesos : Supersticin cuya creencia es que los sucesos afortunados y desafortunados se equ ilibran a lo largo del da o de la semana, igualando de alguna manera sus intensidades. Lupas : Lobas. Mujeres de vida licenciosa, rameras, en los tiempos de la fundacin de Roma. La leyenda de que Rmulo y Remo, los fundadores de la ciudad eterna, fueron amamantados por una loba, proviene de este malentendido. En la tribu de los rockheros, se les llama con ese nombre a las muchachas de gran atractivo sexual, siempre vestidas de ne gro, que van en grupo a los conciertos de rock. M Maryengel : Marx y Engels vistos como unidos en un solo pensador. Los brujos lo dicen de esa manera en sentido burlesco o irnico. “Maryengel dijo…” Megalomujer : Mucha mujer (en sentido sexual) Melalcohlico : Borracho triste, melanclico. Mesmrico : Atractivo, magntico, seductor. Metasueo : El deseo ms recndito. Meter mano : Acostarse con una mujer. Robar algo. Mezclas : Relaciones de pareja que llevan im plcita la ingestin de drogas. Mierdsica : Msica mala o aburrida. Milenios : Aos duros, tristes o mediocres. Miseraldea : Ciudad miserable, propia de un pas del tercer mundo. Moldehojada : Hecha mgicamente, “como con hojas de un bosque de hadas”

PAGE 298

298 298 Moa : Onda, ambiente. Palabra proveniente de la jerga rapera, utilizada para definirse a s mismos. “La gente de la moa” Morir : Se utiliza segn el contexto. Cuando se refi ere al sexo, como por ejemplo, “Morir interfundidos”, se refiere a estar abrazados, completamente agotados despus del coito. Muecamenaza : Rostro con expresin amenazante. Muertepulsin : Atraccin por el peligro, por la muerte. Mujernia : “Toda muchacha tiene algo de mujer y algo de nia” El vocablo se refiere precisamente a esta acepcin, aunque tambin es utilizado para designar una joven poco de sarrollada fsicamente. Multifotografiadas : Vueltas a repetir una y otra vez. Msicaseda : El antnimo de Mierdsica Msica suave, atmosfrica, para transportar los sentidos, para levitar. N Nacimuerto : Alguien que regres del Lado Oscuro. En su segunda acepcin, alguien que domina el lenguaje y la paralgica de Lo Real. Napalm : Referido a la abrasin en su sentido ms amplio. Naticos : Novatos dentro de la subcultu ra rockhera o de los Brujos. Neguentropa : (Delta N) Concepto ciberntico que designa la informacin a partir de la Entropa con sentido negativo. Neohippie : Subcultura que intenta revitalizar la moda, msica e ideologa de los aos 60. Neopunk : Subcultura que intenta revitalizar la esttica y la ideologa de los primeros punks. Neozen : Paralgica.

PAGE 299

299 299 Nevutralidad : Nueva neutralidad. Nobelleza : Belleza escondida en cosas o seres a prim era vista repulsivos o desagradables. NoFuture : Ideologa del No Futuro. Resignacin ante las condiciones de vida existentes por la seguridad de que no pueden cambiarse, ya que sera pe or la cura que la enfermedad. Falta de opciones reales. En su segunda acepcin es la ideologa de los punkys o grunges. Novlengua : Concepto aparecido por primera vez en la novela 1984 de George Orwell, para definir un elemento de la conducta de Masas en un estado totalita rio, donde una frase o consi gna dentro del discurso del Amo sirve para designar exactamente lo contrario de lo que es en realidad. Por ejemplo “Ministerio del Amor” para designar una institucin militar, etc. Lo interesante del concepto de Novlengua es que el individuo manipulado no encuentra ninguna contradiccin l gica a este tipo de discurso o no se permite a s mismo encontrarla y por esa razn el Es tado las contina utili zando sin decoro alguno. Nubeberg : Discurso cargado de conceptos desconocidos, de l cul solo se entienden algunas palabras o frases, como si fueran icebergs, de los cuales solamente es visible la parte superior y la mayor masa se encuentra sumergida. Nulips : Pastillas para adelgazar, utilizadas por lo s rockheros como drogas estimulantes. O Oblivuntario : Actividad supuestamente voluntaria pero que los mecanismos sociales obligan a una persona a realizarlas, por temor a las consecuencias ne gativas que puedan acarrear para su futuro laboral o su simple desarrollo como individuo. Obsujeto : Sujeto convertido en objeto. Concepto aristopsique basado en las teoras marxistas de la alienacin del obreros. Octaedro de Holbach : El amor concebido como un diagrama geomtrico, puramente material. Probablemente es un concepto aristopsique, basado en la filosofa radicalmente materialista del Barn de Holbach (1723-1789)

PAGE 300

300 300 Octgonos Simbiticos : Remedo irnico de los conceptos abstractos de los aristopsiques, en realidad sin ninguna significaci n, solo es una caricatura de su forma de hablar. Olvidoculpa : Olvido consciente, plagado de culpas. Opacogris : Adjetivo r eferido a las mquinas, a la robotizacin del individuo. Osos : Padres. P Paco : Parkisonil. Psicofrmaco utilizado por al gunos rockheros y klippots para drogarse. Pantogrfico : Adjetivo multiuso, para describir de al guna manera cosas o acciones difciles de representar. Paraguas : Preservativos, condones. Paralgica : Otra lgica, distinta de la que conocemos. Paranoia abstmica : Efecto de carencia de algn psicoqumico. Parches : Sustituciones, sublimaciones, en el sentido psicoanaltico. Parentales : Referido a la familia, los pariente s, fundamentalmente a los padres. Partir : Sorprender a una persona cometiendo un delito o un pecado. Pastonductor : Pastor, conductor del rebao. Referido al P oder. Concepto aristopsique surgido del estudio de Michel Foucault. Dictadores, lderes de un sistema totalitario.

PAGE 301

301 301 Pedrito Mrtir : San Pedro el apstol, en sentido burlesco y despectivo. Pelandruja : Desmelenada, despeinada, bruja. Pelo pb(l)ico : Se refiere al pelo largo pero tambin a los vellos del cuerpo y los genitales como smbolo de rebelda y libertad sexual. Pelo : Atpico, rockhero, brujo, en sentido despectivo. Pene erecto imagolgico : Se refiere al papel de la Significaci n Flica en la sociedad actual pero teniendo en cuenta el papel de la imagen machista en los Medios y toda la ideologa patriarcal que trae aparejada. Penetraduro : Sexo violento, duro, animal. Perrogrullo : Animal fantstico con cabeza y cuerpo de perro con patas de grulla, que detenta las verdades obvias para todos. Persucia : Sucia de sexo, persona manchada con las sust ancias corporales propias del acto amatorio. Piedrafuego : Talismn, piedra ritual en la que se graban caracteres rnicos para adquirir poder, fortuna y voluntad. Piercing : Perforacin del cuerpo en dismiles lugares para colgarse aros, pendientes y cadenas con un objetivo de agresividad esttica as co mo de aumentar el placer sexual. Plstico : Persona de conducta sofisticada, artificial, snob. Poder Blanco : Instituciones oficiales del pas, incluida la polica y las organizaciones de masas. Polvhumo : Smog. Pornogrfico : Visin sin simulacros, sucia, realista. Potencias : Policas.

PAGE 302

302 302 Prajo : Cigarrillo de marihuana o Hachs. Precognocin : Conocer desde antes, tener una nocin certe ra acerca de algo o de alguien sin haberla conocido antes. Predictrica : Algo tan repetido que puede ser predicho sin dificultad. Preguntafirma : Pregunta que en el fondo es una afirmacin. Psicoazules : Sedantes, psicofrmacos. Psicoblues : Drogas de diseo. Psicogeolgicas : Referidas a las capas ms profundas del inconsciente. Punky : Miembro de los neopunks. Punto : Personaje que vende productos del mercado ne gro. En su segunda acepcin, lugar donde se realizan negocios ilegales. En su tercera acepcin, mujer fcil. Q Quiminfectado : Infectado con productos qumicos, poluto. R Rayarse : Esnifar cocana o masturbarse, depende del contexto en que se ubique este verbo. Real : Concepto aristopsique basado en el psicoanlisis Lacaniano. Lo que habitualmente llamamos realidad no es lo Real, sino que es efecto del orde n significante y de las cristalizaciones que impone lo imaginario. Por lo tanto lo Real siempre est separado del hablante por lo simblico. Un sujeto nunca encontrar lo Real como tal, sino que lo hallar ordenado estructurado se gn las convenciones o leyes

PAGE 303

303 303 del lenguaje, slo se encontrara con lo Real a partir de una ruptura del orden simblico. Es por eso que se considera como principio vaco de toda estructura, es decir, como pura Ausencia. Realucinacin del Pasado : Concepto aristopsique, proveniente de la teora de los Simulacros de jean Baudrillard. Plantea que como los principios de certidumbre se diluyen cada vez ms, y lo Real se ha convertido en una utopa, los individuos buscan de alguna manera afianzar los valores “ya consagrados por la historia” y para esto se dan a la tarea de reconstruir sucesos, episodios, costumbres e ideologas hasta el mnimo detalle, buscando su carcter de verdad retrospec tiva, muchos de ellos ahora faltos de sentido y de su esencia original, pero hipnticos al ofrecer una seguridad que no des ea enterarse de la desaparicin de aquel espacio que daba cabida a sus ideales de trascendencia. Reb(v)ela : Que se revela como un rebelde. Recincontrado : Recin encontrado. Revollicin : Relacin sexual muy enrgica. Revolunin : Relacin sexual normal. Rock-art : Todos los tipos de arte referidos a la temtica del Rock o a las subculturas asociadas a este. Rockheros : Palabra maleta proveniente de los sustantivos Rock y Hroes Hroes del Rock. Subcultura juvenil que engloba a todos los que asumen la msica y modas del rock. Tribu radio elctrica de la que se desglos el grupo de los brujos o klippots. Rockoteca : Discoteca especializada en msica rock. Rojxido : Color de la sangre coagulada. Roll and Rock : Es la moda del rock and roll pero vista desde el presente por aquellos que an no haban nacido en la dcada de los 50. Rosados : Cursis, amantes de la msica y la moda ms comercial. Rosados Angelitos de Dios : En sentido irnico, todos los que reprimen a los jvenes, fundamentalmente la polica. En su segunda acepcin., cualquier organizacin ofic ialista de jvenes que apoyan incondicionalmente al Estado.

PAGE 304

304 304 S Sabbat: Nombre clsico que reciben las peridicas asambleas nocturnas de los brujos. Sabuesos Mecnicos: Perros de polica. El concepto est tomado de una obra de Ray Bradbury, “Farenheit 451”. Saciedad Humana: Sentimiento de rechazo a la Sociedad humana. Salamandra: Ser fantstico, espritu elemental del fuego segn los cabalistas. Sanctuario: Cuarto, habitacin de un brujo. Schaeffer, Pierre: Otro de los padres del MEC ( Malestar el ctrico de la cultura) al crear la primera sinfona basada en precarios sonidos electrnicos y cintas magnticas trucadas: “Tratado de los Objetos Musicales” Seguimante: Enamorado molesto, perseguidor e insistente a pesar de haber sido rechazado. Seguimigos: Amigos ntimos, que nos seguiran hasta el fin del mundo. Sentirmedir: Sentir y medir al mismo tiempo (referido a lo sexual) Serosolar: Color de una explosin. Sexdrogas: Olor a sexo y marihuana mezclados. Sexo sentido: Sexo sin inhibiciones, amor libre. Shock and Roll: Rock duro, de los ms potentes (speed, grindcore, etc) Shockear: Provocar shock, remover estructuras mentales. Sidosa: Seropositiva o enferma de SIDA.

PAGE 305

305 305 Sie(n)te aos: Siete aos bien sentidos, dolorosos. Siervo: Se utiliza como antnimo de Ciervo. Se refiere a la rutina, la inercia, la resignacin y la esclavitud. Siglos : Aos llenos de vivencias tr istes y golpes decepcionantes. Silvestrozada : Ropa destrozada por moda, para aparentar marginalidad o pobreza. Simetra emptica : Empata entre iguales, reafirmacin. ES el antnimo de Asimetra emptica, referida a la complementacin. Sintioy : Referido a sentir con el cuerpo aquellos sonidos que no estn en el espectro auditivo humano. Software : Recursos materiales. Stockwood : Festival hippie de Woodstock, visto desde los jvenes de hoy. Subjetos : (Ver Obsujeto ). En su segunda acepcin se refiere a a quellas personas cuyo objetivo principal en la vida es tener objetos. Substisexos : Masturbacin mutua. En su segunda acepcin, cuando la mujer es la que penetra al hombre. Sueamento : Ensoacin. Tambin puede referirse al alma externada o cualquier transportacin de los sentidos por la ingestin de drogas. T Tarpido : Tarado y estpido. THC : Tetrahidrocannabinol, principio activo de la marihuana.

PAGE 306

306 306 Tortura ajena : Problemas externos incmodos, propios de la crisis econmica. Apagn, falta de agua o transporte, mosquitos, etc. Transoscuro : Ectoplsmico, extrao, misterioso, proveniente del Lado Oscuro. Transpositivo : Dimensin mgica. Transyestoria : Camino o trayectoria al Lado Oscuro. Tristemor : Tristeza y temor al unsono. Trodos : Electrodos. Chips implantados en el cerebro. Troya : Pars, Francia (Por Paris, hroe de la Ilada). Tympanum : Es la sopa de los brujos, mezcla de diversas sustancias comestibles con drogas y a veces sangre, junto a otros ingredientes groseros y repugnantes, de acuerdo al Ritual realizado. U Ubjetivo : Espacio donde se mezcla lo objetivo y s ubjetivo, lo imagin ario y lo real. Utopie Virtud : Es la Ciudad Virtud en el plano de la Realidad Virtual, una utopa imaginaria inducida por la ingestin de la droga windows, alegora de la ciudad hiperreal donde habitan los brujos. Uttarakuru : Paraso hind. V Valvulores : Olores artificiales y desagradables, propios de la ciudad, el transporte automotor o alguna industria contaminante. Variableomtrico : Adjetivo multiuso. (Ver Pantogrfico).

PAGE 307

307 307 Velocracia : Hipocresa social. Doble moral. Ventana : (Ver Windows) Verdimensional : Dimensin ertica o sentimental, de acuerdo al contexto en que se utilice. Vespertar : Despertar vespertino o nocturno. Virgenaciones : Referido a aquellos lugares del cuerpo que van dejando de ser vrgenes en la medida en que son acariciados. Visin hologrfica : Es el concepto opuesto al de visin pornogrfica. Se refiere a una concepcin del mundo manipulada por los simulacros, por la imagen. (Ver Pene Erecto Imagolgico ) Visitacin : Aparicin de un espectro, de una imagen fantasma. W Wall : Muro. Se refiere a la incomunicaci n social o entre generaciones. Warhol, Andy : Considerado otro de los padres del Malestar Elctrico de la Cultura, ya que fue el principal impulsor de la creacin artstica co mo producto para el consumo de masas. Windows : Es la sustancia droga, mezcla de mltiples ps icoqumicos que supuestamente tiene efectos telepticos y permite viajar al futuro, a un mundo alte rnativo o adentrarse en los bordes del Lado Oscuro. Su ingestin no implica necesariamente una descon eccin total con lo que est sucediendo en el mundo real, pero este aparece transfor mado en imgenes paralgicas. Y Yerbolaga : Adicta a la marihuana.

PAGE 308

308 308 Yomismo : Filosofa del ombligo. “Yo, por encima de todas las cosas” Egosmo e insolidaridad llevadas al grado extremo. Z Zancadulear : Vagabundear alucinado por la Ciudad. Zari : Pjaro fantstico, otro de los efectos del Window s, que permite la ilusin de volar sobre el mundo alucinado. Zenitales : Genitales de ngel o Dios, en sentido irnico. Alegora de la eyaculacin precoz o la impotencia sexual. Zombies : Muertos vivos, androides, pertenecientes a la Mass Media. BIBLIOGRAFA UTILIZADA PARA LA CONFECCI"N DEL GLOSARIO: Autores, Varios. Diccionario de Ciencias Ocultas. Coleccin Esotrica Universal. Editorial CAYMI, Buenos Aires, Argentina, 1956. Apcrifo. La Biblia Negra. Editorial Chevesque, La Habana, Cuba, 1949. Baudrillard, Jean. De la Seduccin. Editorial Ctedra, Madrid, 1981. Baudrillard, Jean. A la Sombra de las Mayoras Silenciosas. Kairos, Barcelona, 1978. Freud, S. La Interpretacin de los Sueos Tomo IV, Amorrortu, Buenos Aires, 1979. Lacan, J. Les psychoses Seuil, Pars, 1981. Lacan, J. Escritos I Siglo XXI, Mxico, 1971.

PAGE 309

309 309 FICHA BIOBIBLIOGRFICA DEL AUTOR: Ral Aguiar Alvarez (C. Habana, 1962). Narrador. Licen ciado en Geografa por la Universidad de la Habana. Ha publicado La Hora Fantasma de cada cual Premio David 1989 (novela); Mata Premio Pinos Nuevos 1995 (Novela corta); Daleth Premio Luis Rogelio Nogeras 1994 (Cuentos) y Realidad Virtual y Cultura Ciberpunk Premio Abril 1995 (Divulgacin cientfica), as como di versos relatos en ms de una decena de antologas en Cuba y en el extranjero como Los ltimos sern los primeros Fbula de ngeles, Toda esa gente solitaria, El cuerpo inmortal, El nfora del diablo, Contacto, Recurso Extremo, Anuario de la UNEAC 1994 y otras. Tambin ha publicado cuentos en diversas publicaciones perodicas como La Gaceta, Letras Cubanas, Revista Casa de las Amricas, Juventud Tcnica, Muchachas, Camin de Ruta (Per), Exgesis (Puerto Rico), etc. Es miembro de la UNEAC y de la Asociaci n Hermanos Saz. Actualmente trabaja en el Instituto Cubano del Libro como promotor cultural.

PAGE 310

310 310

PAGE 311

A B / V C D E F G H I / Y J K A B / V C D E F G H I / Y J K L M N O P Q R S T U / W L M N O P Q R S T U / W X Z ? : Ejemplo: X Z ? : Ejemplo: . . . . . .


xml version 1.0 encoding UTF-8 standalone no
record xmlns http:www.loc.govMARC21slim xmlns:xsi http:www.w3.org2001XMLSchema-instance xmlns:xlink http:www.w3.org1999xlink
leader nkm 22 Ka 4500
controlfield tag 008 000000c19749999pautr p s 0 0eng d
datafield ind1 8 ind2 024
subfield code a S32-00003
040
FHM
049
FHmm
1 100
Aguiar, Raul.
0 245
La Estrella Bocarriba
773
t Science Fiction and Fantasy Collection
786
311
4 856
u http://digital.lib.usf.edu/?s32.3