Cuevas y megalitos: los contextos sepulcrales colectivos en la Prehistoria reciente cantábrica

Citation
Cuevas y megalitos: los contextos sepulcrales colectivos en la Prehistoria reciente cantábrica

Material Information

Title:
Cuevas y megalitos: los contextos sepulcrales colectivos en la Prehistoria reciente cantábrica
Series Title:
Munibe Antropologia - Arkeologia
Translated Title:
Caves and megaliths: Funerary collective contexts of the Recent Prehistory in Cantabrian Spain
Creator:
Ontañón, Roberto
Armendáriz, Ángel
Publication Date:
Language:
Spanish
Physical Description:
1 online resource

Subjects

Subjects / Keywords:
Caves ( lcsh )
Mass burials ( lcsh )
Genre:
serial ( sobekcm )
Location:
Europe -- Spain

Notes

Abstract:
En la Prehistoria reciente de la región cantábrica, los yacimientos funerarios de carácter colectivo son fundamentalmente de dos tipos: cuevas naturales y sepulcros megalíticos. La convivencia de ambos a lo largo del Calcolítico y parte de la Edad del Bronce plantea un problema arqueológico aún sin resolver. En este artículo se exponen las características de estos diferentes contextos, y se avanzan algunas posibles vías de explicación a su coexistencia a partir de su hipotética relación con áreas de explotación y uso del territorio también diferentes, aunque dentro de una misma realidad socioeconómica y cultural. ( ,,,,,,,, )
Abstract:
In the Recent Prehistory of Cantabrian Spain there are two major categories of collective funerary sites: natural caves and megaliths. The concurrence of both types along the Chalcolithic and the initial stages of the Bronze Age represent an archaeological dilemma still unresolved. In this paper we point out some of the main features of these different contexts, and put forward some possible ways to explain this dichotomy, mainly from their hypothetical relationship with land exploitation areas also different, but within a single socio-economic and cultural reality.
Abstract:
Kantauriko eskualdearen gertuko Historiaurrean, taldeko izaera duten hileta-aztarnategiak, funtsean bi motatakoak dira: kobazulo naturalak eta hilobi megalitikoak. Bi hilobi mota horiek Kalkolitikoan zehar eta Brontze aroaren zati batean zehar elkarrekin bizi izanak, oraindik ere argitu gabe dagoen arazo arkeologikoa planteatzen du. Artikulu honetan testuinguru horien ezaugarriak azaltzen dituzte egileek eta horiek aldiberean existitzeko bide posible batzuk aurreratzen dituzte, errealitate sozio-ekonomiko eta kultural beraren baitan egon arren, desberdinak ziren lurraldeko ustiapen eremu eta lurraldearen erabilerekiko harreman hipotetikoan oinarrituta.

Record Information

Source Institution:
University of South Florida
Holding Location:
University of South Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
K26-05337 ( USFLDC DOI )
k26.5337 ( USFLDC Handle )

USFLDC Membership

Aggregations:
Added automatically
Karst Information Portal

Postcard Information

Format:
serial

Downloads

This item is only available as the following downloads:


Full Text

PAGE 1

Cuevas y megalitos: los contextos sepulcrales colectivos en la Prehistoria reciente cant‡brica Caves and megaliths: Funerary collective contexts of the Recent Prehistory in Cantabrian Spain PALABRAS CLAVE: Cueva, sepulcro megal’tico, inhumaci—n colectiva, Neol’tico, Calcol’tico, Edad del Bronce, regi—n cant‡brica. KEY WORDS: Cave, megalith, collective burial, Neolithic, Chalcolithic, Bronze Age, Cantabrian Region. Roberto ONTA„N ngel ARMENDRIZ RESUMEN En la Prehistoria reciente de la regi—n cant‡brica, los yacimientos funerarios de car‡cter colectivo son fundamentalmente de dos tipos: cuevas naturales y sepulcros megal’ticos. La convivencia de ambos a lo largo del Calcol’tico y parte de la Edad del Bronce plantea un proble-ma arqueol—gico aœn sin resolver. En este art’culo se exponen las caracter’sticas de estos diferentes contextos, y se avanzan algunas posi-bles v’as de explicaci—n a su coexistencia a partir de su hipotŽtica relaci—n con ‡reas de explotaci—n y uso del territorio tambiŽn diferentes,aunque dentro de una misma realidad socioecon—mica y cultural.ABSTRACT In the Recent Prehistory of Cantabrian Spain there are two major categories of collective funerary sites: natural caves and megaliths. The concurrence of both types along the Chalcolithic and the initial stages of the Bronze Age represent an archaeological dilemma s till unresolved. In this paper we point out some of the main features of these different contexts, and put forward some possible ways to explainthis dichotomy, mainly from their hypothetical relationship with land exploitation areas also different, but within a single socio-economic andcultural reality.LABURPENA Kantauriko eskualdearen gertuko Historiaurrean, taldeko izaera duten hileta-aztarnategiak, funtsean bi motatakoak dira: kobazulo naturalak eta hilobi megalitikoak. Bi hilobi mota horiek Kalkolitikoan zehar eta Brontze aroaren zati batean zehar elkarrekin bizi izanak, oraindik ere argitugabe dagoen arazo arkeologikoa planteatzen du. Artikulu honetan testuinguru horien ezaugarriak azaltzen dituzte egileek eta horiek aldibereanexistitzeko bide posible batzuk aurreratzen dituzte, errealitate sozio-ekonomiko eta kultural beraren baitan egon arren, desberdinak ziren lurral-deko ustiapen eremu eta lurraldearen erabilerekiko harreman hipotetikoan oinarrituta. Instituto Internacional de Investigaciones Prehist—ricas de Cantabria (Unidad asociada al CSIC). Universidad de Cantabria. Avda. Los Castros s/n. 39005 Santander. R OBERTO O NTA„ON E-mail: roberto.ontanon@unican.es NGEL A RMENDARIZ E-mail: angel.armendariz@unican.es 1. EL PROBLEMA Los dep—sitos sepulcrales de car‡cter colectivo documentados en la Prehistoria reciente de laregi—n cant‡brica se reparten en tres tipos de con-textos: cuevas, estructuras megal’ticas y minas.Su representaci—n dista de ser homogŽnea: lasdos primeras categor’as concentran la gran mayor’a de los testimonios, limit‡ndose la tercera a ca-sos excepcionales. Contamos as’, con unos 1700contextos funerarios conocidos, de los que 360son dep—sitos en cueva, cerca de 1400 en megali-tos y dos en galer’as de minas. ISSN 1132-2217 MUNIBE (Antropologia-Arkeologia) 57 Homenaje a Jesœs Altuna275-286SAN SEBASTIAN2005

PAGE 2

276 ROBERTO ONTA„N & NGEL ARMENDRIZ Munibe (Antropologia-Arkeologia) 57, 2005 Homenaje a Jesœs Altuna S. C. Aranzadi. Z. E. Donostia/San Sebasti‡n Las cuevas naturales, abiertas en la roca caliza, han sido profusamente utilizadas en el Cant‡-brico central y oriental 1 para practicar enterramientos. Se ubican predominantemente en laderas devariada pendiente, formando parte, bien de relie-ves positivos (colinas, cuetos), bien negativos (do-linas, torcas, uvalas). En general, se trata de cavi-dades de reducidas dimensiones y techos bajos -aveces simples gateras e incluso peque–as simasverticales-, o bien galer’as de cierto desarrollo pe-ro a modo de angostos pasadizos. No es raro que,adem‡s, presenten un acceso dif’cil. En algunoscasos, sin embargo, se han utilizado espacios hi-pogeos m‡s amplios que han sido objeto en otrosmomentos de ocupaci—n habitacional, eligiŽndoseentonces, por lo general, lugares escondidos oapartados dentro de las salas (hacia las paredes,en recovecos o nichos), peque–as galer’as secun-darias, o bien las ‡reas m‡s interiores de la cavi-dad. En todo ello se detecta una tendencia a bus-car espacios sepulcrales recogidos y ocultos. Las cuevas protot’picas, en especial, como es l—gico, las de menores dimensiones, han tenidoun uso exclusivamente funerario. En otras, el de-p—sito sepulcral viene a sellar niveles de habita-ci—n m‡s o menos densos, marcando el final deluso de la cavidad, muchas veces cuando el recin-to, colmatado de sedimentos, no admit’a ya ocu-paciones de otro tipo. Los yacimientos que han sido objeto de excavaciones met—dicas revelan por lo general inhuma-ciones colectivas practicadas en lapsos tempora-les relativamente breves, a juzgar por la homoge-neidad interna de sus respectivos ajuares funera-rios 2 Salvo alguna excepci—n 3 no se detectan fosas u otras estructuras destinadas a albergar loscad‡veres; Žstos eran sencillamente depositadossobre el suelo de las cavidades. De la tipolog’a de los objetos que integran los ajuares funerarios y del todav’a escaso repertoriode fechas de radiocarbono se desprende que eluso de las cuevas como recinto fœnebre de car‡c-ter colectivo tuvo su auge durante el Calcol’tico y las primeras etapas de la Edad del Bronce, aproxi-madamente durante el III milenio y la primera mi-tad del II milenio cal BC Por su parte, los megalitos cant‡bricos se integran en su pr‡ctica totalidad en la categor’a de losd—lmenes y tœmulos simples, en contraste con loque ocurre al otro lado de la Cordillera. Son conta-das las excepciones a esa preferencia morfo-l—gica 4 Ofrecen, no obstante su homogeneidad tipol—gica, una innegable variedad morfomŽtricaque abarca desde construcciones tumulares debuenas dimensiones -con o sin c‡mara ortost‡tica,de tipo "corto" o cuadrangular, "largo" o rectan-gular, o "poligonal"hasta recintos muy reduci-dos, como los denominados "tœmulos at’picos" o"cistas megal’ticas". A esa diversidad en la forma y el tama–o de las construcciones megal’ticas se le ha queridodar una explicaci—n cronol—gica, interpret‡ndoseesas estructuras cistoides o "at’picas" como ela-boraciones netamente m‡s tard’as que las formasconstructivas "cl‡sicas". Sin embargo, y aun su-perados los planteamientos tradicionales refleja-dos en las obras de autores comoB OSCH G IMPERA B ARANDIARAN P ERICOT M ALUQUER o A PELLANIZ que adscrib’an globalmente el fen—meno megal’tico amomentos metalœrgicos "eneol’ticos", exist’a enla investigaci—n regional de los œltimos a–os unatendencia m‡s o menos generalizada -aunque noadecuadamente contrastadaa considerar queciertos tipos "at’picos" corresponden a momen-tos constructivos tard’os. Es el caso de los peque-–os tœmulos no ortost‡ticos o de las estructurasde reducido tama–o, identificados con prolonga-ciones "degenerativas" de un rito implantado entiempos neol’ticos anteriores. La reciente prolife-raci—n de dataciones absolutas efectuadas sobrelas bases de estructuras megal’ticas cant‡bricasparece, en cambio, apuntar a un horizonte cronol—-gico antiguo para la erecci—n de estos monumen-tos, independientemente de su morfolog’a cons-tructiva (A RIAS A RMENDARIZ & T EIRA e. p.). Este conjunto de fechas, llamativamente homogŽneo y muy restringido temporalmente -se si-tœa en torno al 4000 cal BC permite paralelizar cronol—gicamente los megalitos cant‡bricos conlos m‡s antiguos de las regiones ubicadas inme-diatamente al sur, arrumbando la idea de que lasarquitecturas de la Cornisa son una adaptaci—n 1)Este fen—meno se rarifica considerablemente en el sector occidental de la regi—n, document‡ndose muchos menos yacimien-tos de este tipo en territorio asturiano. 2)En casos bien documentados como la cueva vizca’na de Pico Ramos parece atestiguada, sin embargo, una utilizaci—n sepul-cral del espacio hipogeo que se prolonga a lo largo de varioscientos de a–os (Z APATA 1995). 3)La m‡s patente, la salita interior de La Garma A (Cantabria), donde se han excavado dos fosas sepulcrales calcol’ticas. 4)El dolmen "con atrio" de Monte Areo XV, el sepulcro de corredor de Igartza Oeste, en Ataun-Burunda (en la misma divisoriacant‡brico-mediterr‡nea) y la galer’a cubierta de Jentillarri, enAralar.

PAGE 3

CUEVAS Y MEGALITOS: LOS CONTEXTOS SEPULCRALES COLECTIVOS EN LA PREHISTORIA RECIENTE CANTBRICA 277 Munibe (Antropologia-Arkeologia) 57, 2005 Homenaje a Jesœs Altuna S. C. Aranzadi. Z. E. Donostia/San Sebasti‡n posterior y simplificada de los sepulcros de corre-dor normesete–os y del Alto Ebro; parecen restarsolidez, adem‡s, a la suposici—n de que las estruc-turas menos "ortodoxas" son variantes constructi-vas aœn m‡s tard’as, debiŽndose interpretar Žstas,por el contrario, como manifestaciones del altogrado de polimorfismo de los monumentos cant‡-bricos. Por otro lado, la prolongaci—n de este ritualfunerario en el Cant‡brico hasta finales del III mile-nio/inicios del II cal BC est‡ bien atestiguada por los ajuares met‡licos u ornamentales documenta-dos en distintos megalitos y a travŽs de contadasfechas radiocarb—nicas. Resta por establecer, sinembargo, si tales casos significan una reutilizaci—no modificaci—n de estructuras ya antiguas (pr‡cticaconfirmada en algunos de ellos) o suponen, por elcontrario, testimonios de la erecci—n de nuevasconstrucciones 5 Los muy peculiares contextos sepulcrales situados en galer’as de minas prehist—ricas de co-bre se restringen a los casos del Aramo y el Mila-gro, en el centro y oriente de Asturias respectiva-mente (D E B LAS 1983, 1996). Es Žste un caso paradigm‡tico de la dualidad significativa que cabeatribuir a los dep—sitos funerarios prehist—ricos.Por un lado, su ubicaci—n en el interior de una es-tructura excavada espec’ficamente para la extrac-ci—n de mineral de cobre y su vinculaci—n exclusi-va en lo material al utillaje minero, demuestra deun modo indudable la relaci—n (expresada de lamanera m‡s propiamente f’sica) entre los usos se-pulcrales y econ—micos en estos momentos de laPrehistoria reciente cant‡brica. Pero al mismotiempo esta propia vinculaci—n puede ser interpre-tada a la inversa, como testimonio de una volun-tad de sacralizaci—n del lugar de procedencia deuna materia prima valiosa y escasa como es el mi-neral de cobre, de la propia actividad extractiva eincluso de las personas -o el grupo socialque de-sempe–aron tales labores 6 Tal diversidad en los emplazamientos y las tipolog’as de dep—sitos sepulcrales muchas vecescontempor‡neos en su utilizaci—n manifiesta unapluralidad de rituales funerarios que se expresa,de un modo general, en una repartici—n entre en-tornos hipogeos -naturales y artificialesy cons-trucciones erigidas sobre la superficie. Esta dico-tom’a representa un fen—meno arqueol—gico rele-vante que requiere, cuando menos, un intento deexplicaci—n. 2. UN INTENTO DE APROXIMACIN Un posible acercamiento a esta llamativa manifestaci—n de variabilidad funeraria pasa por unestudio comparativo de aquellas variables del re-gistro arqueol—gico que pueden considerarse sig-nificativas en relaci—n con el problema a tratar: Enprimer lugar, la distribuci—n espacial de los diferen-tes tipos de contextos sepulcrales; en segundo lu-gar, las caracter’sticas generales de los ajuarescontenidos en los yacimientos pertenecientes acada una de las categor’as funerarias. La primeravariable incluye dos aspectos diferentes perocomplementarios: la determinaci—n de la existen-cia de algœn grado de interrelaci—n en la reparti-ci—n de una y otra clase as’ como de asociaci—ncon los espacios de intervenci—n humana. La se-gunda constituye una indagaci—n cualitativa del re-gistro material de ambas categor’as sepulcrales.En tercer lugar, cabe considerar las cuestionesvinculadas con el modo de enterramiento o el ri-tual funerario: las formas de deposici—n de los ca-d‡veres y, aunque los datos cuantitativos disponi-bles son escasos y desiguales, la informaci—nexistente en relaci—n con el N.M.I. de inhumados. Finalmente, convendr’a evaluar la importancia delfactor cronol—gico en algunos de los aspectos con-siderados, especialmente su grado de influenciaen las divergencias observadas en el registro ma-terial de cuevas y sepulcros megal’ticos. Trata-remos este œltimo aspecto en el apartado de con-clusiones. Tenemos que advertir de las insuficiencias de todo tipo de que adolece la informaci—n manejada,procedente de conjuntos superficiales expuestosa todo tipo de alteraciones postdeposicionales y,en buena parte, deficientemente documentados.Tales carencias dificultan un adecuado acerca-miento cualitativo y hacen inviable -salvo en unospocos contextosuna aproximaci—n cuantitativa alfen—meno funerario. Ello es especialmente gravepor los especiales requerimientos de calidad enlos datos arqueol—gicos que exige la interpretaci—nde los rituales mortuorios, afectados por mœltiplescontingencias en el curso de los procesos de for-maci—n, tanto en su configuraci—n original comoen su preservaci—n arqueol—gica. As’, y con toda laprudencia necesaria a la hora de tratar un tema tanespinoso como es la interpretaci—n del registro fu-nerario, nos contentaremos con plantear un esbo-zo de aproximaci—n general a uno de los principa5)Recientes excavaciones en sepulcros megal’ticos guipuzcoanos parecen apuntar a la erecci—n de nuevos monumentos en tiem-pos calcol’ticos o incluso de inicios de la Edad del Bronce (M U JIKA 1996). 6)Otro caso muy significativo en este sentido es el de la llamada Cueva de los Hombres Verdes, de Urbiola (Navarra) (M ALUQUER 1962).

PAGE 4

278 ROBERTO ONTA„N & NGEL ARMENDRIZ Munibe (Antropologia-Arkeologia) 57, 2005 Homenaje a Jesœs Altuna S. C. Aranzadi. Z. E. Donostia/San Sebasti‡n les aspectos implicados en las pr‡cticas sepulcra-les documentadas en el Cant‡brico durante la Pre-historia reciente.2.1. Distribuci—n espacial y vinculaci—n con lasactividades econ—micas En el estudio de los patrones de uso del territorio durante la Prehistoria reciente cant‡bricadestaca la existencia de una marcada disimilitudentre la distribuci—n altitudinal de las dos principa-les categor’as sepulcrales, definida por factoresgeomorfol—gicos (la existencia de litolog’as calizascarstificadas) pero tambiŽn humanos. La confron-taci—n de las cuevas sepulcrales y los monumen-tos megal’ticos manifiesta, en efecto, un compor-tamiento muy diferente de ambas categor’as con-textuales en cuanto a su distribuci—n en altura(Fig. 1). As’, mientras las primeras ofrecen una re-partici—n aproximadamente pareja o complemen-taria a la de los conjuntos habitacionales 7 ocupando en general las cotas m‡s bajas (por debajo delos 400 m), los megalitos muestran una dispersi—nesencialmente ligada a la variable altitudinal, ocu-pando en su mayor’a espacios m‡s elevados quelas anteriores. La contraposici—n fundamental enel comportamiento espacial de los yacimientos dela Prehistoria reciente cant‡brica no tiene lugar,as’ pues, entre los sitios de habitaci—n y los sepul-crales en general, sino entre las dos categor’as decontextos funerarios (y entre los primeros y losmegalitos). No se tratar’a, por consiguiente, deuna diferenciaci—n de ’ndole funcional, sino de una disociaci—n espacial espec’fica de las pautas fune-rarias, que debe explicarse a travŽs de otro tipo defactores socioecon—micos o culturales (O NTA„ON 2003). La ubicaci—n de las cuevas sepulcrales parece ’ntimamente vinculada a los espacios de preferen-te localizaci—n humana, esto es, las zonas bajaspr—ximas al litoral y los valles fluviales, donde sedesarrollar’an, a lo largo de todo el a–o, las princi-pales actividades vitales (asentamiento, explota-ci—n agropecuaria, caza y recolecci—n complemen-tarias). El empleo de oquedades normalmente an-gostas, a veces escondidas o de acceso dificulto-so, o la deliberada elecci—n de espacios reducidosen las cuevas m‡s amplias, parece indicar, comoya hemos dicho, una cierta voluntad de aparta-miento en la ubicaci—n de los lugares de enterra-miento. Por el contrario, los megalitos (que no olvidemos tambiŽn se dispersan por las tierras bajas yllanas del litoral) se disociar’an por lo general delos lugares principales de intervenci—n humana,tendiendo a erigirse en ‡reas de monta–a baja,media y alta, dotadas de un relieve m‡s enŽrgico yafectadas por condiciones clim‡ticas m‡s riguro-sas que limitan su capacidad productiva, reduciŽn-dola en las mayores altitudes a un uso estacional yrelacionado fundamentalmente con una explota-ci—n determinada, como es la ganader’a. Estas‡reas de monta–a pueden caracterizarse como zo-nas escasamente pobladas pero s’ frecuentadas -al menos estacionalmentedurante la Prehistoriareciente y, probablemente, dotadas de un ciertodinamismo cultural vinculado al desarrollo de inter-cambios entre grupos vecinos, a modo de ‡reasde agregaci—n socioecon—mica (tanto dentro de laregi—n cant‡brica como, en el caso de la Cordi-llera, con las comarcas normesete–as y del AltoEbro). Los lugares preferidos para su ubicaci—nson puntos prominentes o destacados dentro dezonas llanas o alomadas, con frecuencia asociadosa caminos o v’as de tr‡nsito; resultan, de ese mo-do, muy visibles en el entorno inmediato e inclusoa distancia, sugiriendo su construcci—n una inten-cionalidad de dominio o apropiaci—n simb—lica delpaisaje que ha sido interpretada mediante su inteFig. 1. Distribuci—n altitudinal de sepulcros megal’ticos y cuevas sepulcrales y de habitaci—n en el Cant‡brico central y oriental. 7)Esta afirmaci—n tiene validez en lo relativo al h‡bitat en cueva. Sin embargo, su vigencia general es provisional, dadas las enor-mes limitaciones de nuestro conocimiento del h‡bitat al aire li-bre en estos per’odos de la Prehistoria; limitaciones que seagravan, por diversas causas, en los sectores interiores y m‡selevados de la regi—n, precisamente en los que m‡s presenciatienen los megalitos. Sabemos, no obstante, de la existencia desitios de intervenci—n/habitaci—n -posiblemente estacionaldes-de el Neol’tico incluso en lugares de media y alta monta–a.

PAGE 5

CUEVAS Y MEGALITOS: LOS CONTEXTOS SEPULCRALES COLECTIVOS EN LA PREHISTORIA RECIENTE CANTBRICA 279 Munibe (Antropologia-Arkeologia) 57, 2005 Homenaje a Jesœs Altuna S. C. Aranzadi. Z. E. Donostia/San Sebasti‡n graci—n dentro de las formas de interacci—n inter-grupal (a modo de "marcadores" o "delimitadoresterritoriales") (T EIRA 1994). Si aceptamos un patr—n de doblamiento como el arriba propuesto, las dis’miles normas de locali-zaci—n de ambos tipos de contextos podr’an, en-tonces, considerarse sendos aspectos de un solomodelo de ocupaci—n y uso del territorio espec’fi-camente adaptado a las caracter’sticas f’sicas delespacio cant‡brico. Segœn ese modelo, las cuevassepulcrales y los monumentos megal’ticos -coet‡-neos en un prolongado lapso de su dilatado usopodr’an considerarse respuestas culturales dife-renciadas a espec’ficas condiciones del sistemasocioecon—mico que sustenta y estructura a unamisma comunidad prehist—rica, circunstancias quevendr’an definidas, en œltima instancia, por loscondicionantes f’sicos del territorio que aquellaocupa. Ambas manifestaciones funerarias esta-r’an, cada una de un modo distinto y caracter’sti-co, estrechamente vinculadas a los espacios y lasactividades socioecon—micas, demostrando uncomportamiento divergente que no puede atribuir-se, al menos exclusivamente, a factores de ’ndoleecon—mica: las cuevas sepulcrales, compartiendocon los nœcleos de habitaci—n preferente los espa-cios de m‡s densa ocupaci—n e intervenci—n y,dentro de ellos, buscando en general un cierto ais-lamiento o retiro; los monumentos megal’ticos,por el contrario, emplazados en lugares menosfrecuentados y econ—micamente m‡s especializa-dos, en los que, adem‡s, lejos de ocultarse a lavista ocupan las ubicaciones m‡s destacadas. Es Žste un modelo hipotŽtico cuya contrastaci—n con el registro material puede considerarse,al menos en buena parte, satisfactoria. Nuestrapropuesta, a la que podr’a achacarse por parte delas tendencias postmodernas un cierto reduccio-nismo economicista, resulta desde luego m‡sajustada a los datos que la visi—n tradicionalista(m‡s all‡ del difusionismo, verdaderamente migra-cionista), impl’cita o expl’cita en los postulados dealgunos autores, que defiende una instalaci—n enlas monta–as cant‡bricas de grupos de "pastoresmegal’ticos" llegados de ‡reas meridionales, loscuales, a modo de avanzada cultural en estas atra-sadas latitudes septentrionales, introducir’an enellas las innovaciones tecnol—gicas y, de aqu’, so-cioecon—micas, aculturando a las poblaciones ind’-genas trogloditas. Este planteamiento, por su-puesto, convierte en obvia toda explicaci—n acercade las diferencias detectadas en el registro entrelas estaciones megal’ticas y las localizaciones hi-pogeas. 2.2. Cultura material asociada a los contextosmortuorios 8 Los datos del registro arqueol—gico regional no resultan concluyentes en cuanto a la determina-ci—n de divergencias importantes entre los ajuaresde las dos principales categor’as contextuales. Porel contrario, muestran tanto similitudes como dife-rencias que, tras su somera exposici—n, tratare-mos de explicar.2.2.1. DiferenciasA) En cuanto a la industria l’tica se refiere, no es posible comparar adecuadamente las coleccio-nes procedentes de ambas clases de contextosdesde un punto de vista cuantitativo. Ello se debe,principalmente, a la propia escasez de esta clasede restos en sus respectivos contextos y tambiŽna las deficiencias de la informaci—n manejada.Debemos conformarnos, por tanto, con una com-paraci—n basada en categor’as industriales genera-les o en tipos concretos como las puntas de fle-cha con retoque plano. a) La categor’a industrial del utillaje pesado pulido-piqueteado (molinos, percutores, machacado-res), que obviamente alcanza su m‡xima presen-cia en los entornos habitacionales, sobre todo alaire libre, a pesar de su general escasez, tiene unpeso considerablemente superior en los contextosmegal’ticos que en las cuevas sepulcrales. La apa-rici—n de instrumentos de tan clara significaci—npaleoecon—mica en contextos megal’ticos podr’asugerir, al menos en algunos casos, su proximidadespacial a lugares de intervenci—n/asentamientotemporal/estacional?, a no ser que aceptemos eltraslado a mayores distancias de esta clase de uti-llaje con una finalidad fundamentalmente simb—li-ca. b) El tipo m‡s caracter’stico de la industria l’tica tallada de estos contextos, las puntas con reto-que plano, contribuye a marcar una cierta diferen-ciaci—n material entre los contextos funerarios encueva y los megal’ticos. Concretamente, en elan‡lisis estad’stico de la distribuci—n por subtiposde las puntas de flecha entre las diferentes cate-gor’as contextuales generales, se aprecian ten-dencias claras en los datos que alejan netamentea ambas clases de entornos sepulcrales (O NTA„ON 2002) (Fig. 2). As’, a los contextos megal’ticos seasocian ’ntimamente las puntas con base redon8)Omitimos en este apartado comparativo los enterramientos en galer’as de minas, cuyos distintivos ajuares se reducen a algu-nos instrumentos propios del trabajo extractivo.

PAGE 6

280 ROBERTO ONTA„N & NGEL ARMENDRIZ Munibe (Antropologia-Arkeologia) 57, 2005 Homenaje a Jesœs Altuna S. C. Aranzadi. Z. E. Donostia/San Sebasti‡n deada (subtipo F2C ) y, de forma mucho m‡s dŽbil, las puntas pedunculadas simples ( F1C ), relacionadas asimismo con los entornos habitacionales.Considerando la propuesta de evoluci—n morfol—-gica generalmente aceptada para esta clase deproyectiles, es necesario admitir la intervenci—n deun factor cronol—gico en la disimilitud observada,pudiŽndose vincular a momentos m‡s recienteslos dep—sitos en cueva que los megal’ticos. B) Los datos cuantitativos relativos a la industria —sea marcan tambiŽn algunas diferencias nu-mŽricas entre ambos tipos de contextos sepulcra-les, si bien en este caso debe tenerse en cuentala incidencia de factores de conservaci—n diferen-cial: Las posibilidades de preservaci—n de materiaorg‡nica son mucho mayores en ambientes b‡si-cos como los calizos, donde se abren las cavida-des sepulcrales; por el contrario, poco o nada deesta clase de materiales cabe esperar encontraren suelos ‡cidos como los que suelen servir desoporte a las construcciones megal’ticas. Hechaesta observaci—n, y considerando adem‡s la par-quedad de la muestra analizada (unas cuarentapiezas), el reparto de los elementos de industria—sea se muestra desigual entre los contextos se-pulcrales hipogeos y los megal’ticos. Pero la dife-rencia no es s—lo cuantitativa, sino tambiŽn de na-turaleza tipol—gica. En efecto, es en las cuevasdonde se observa una variabilidad morfol—gica re-lativamente mayor, tanto en las sepulcrales como en las de habitaci—n, lo que estrecha la conexi—nentre los dos ‡mbitos en este aspecto artesanal.Por el contrario, en los megalitos es la homogenei-dad la nota dominante, y la pr‡ctica totalidad delos objetos en ellos localizados pertenecen a unœnico grupo: el de los punzones, que queda as’ ca-racterizado como el conjunto tipol—gico m‡s neta-mente "megal’tico" entre las industrias —seas. C) No son menores las disimetr’as en la repartici—n de algunas de las manufacturas met‡licasm‡s singulares del per’odo de estudio, como lospu–ales de espigo, las puntas foli‡ceas peduncula-das o de tipo Palmela y las puntas de flecha. Losdos primeros tipos aparte hallazgos descontex-tualizadosson pr‡cticamente exclusivos de con-textos hipogeos. En el caso de los pu–ales de len-gŸeta conocemos cuatro ejemplares hallados encuevas pero, desafortunadamente, mal documen-tados; otros dos se han localizado en un entornoclaramente sepulcral. En monumentos megal’ti-cos, por el contrario, se cita œnicamente un casodudoso: un fragmento laminar de cobre interpreta-do como parte de un espigo del dolmen dePagobakoitza. El caso de las puntas Palmela pare-ce aœn m‡s determinante: cuatro se han docu-mentado en contextos funerarios en cueva y nin-guno en monumentos megal’ticos (O NTA„ON 2003). Por lo que respecta a las puntas de flecha,su presencia es tambiŽn m‡s importante en lascuevas. Fig. 2. Distribuci—n de los subtipos de puntas de flecha l’ticas por categor’as contextuales (Sistem‡tica de B AGOLINI 1970).

PAGE 7

CUEVAS Y MEGALITOS: LOS CONTEXTOS SEPULCRALES COLECTIVOS EN LA PREHISTORIA RECIENTE CANTBRICA 281 Munibe (Antropologia-Arkeologia) 57, 2005 Homenaje a Jesœs Altuna S. C. Aranzadi. Z. E. Donostia/San Sebasti‡n D) Dentro del material cer‡mico, nos centraremos primero en la consideraci—n de una variableque se ha mostrado altamente significativa: el ’ndi-ce de decoraci—n de las colecciones. Trataremos acontinuaci—n acerca de dos elementos que son,en el ‡mbito de la tecnolog’a cer‡mica, los m‡ssignificativos de estas Žpocas en la zona de estu-dio: las decoraciones incisas denominadas "tipoTrespando" y las cer‡micas campaniformes ensus dos principales tipos: CZMe incisos. En el orden de prelaci—n ocupan el primer puesto, y de una manera destacada, las cuevassepulcrales, mientras los monumentos megal’ti-cos ofrecen los menores porcentajes. Parece que-dar as’ demostrada una neta divergencia en esteaspecto entre ambas clases de contextos funera-rios. Esa contraposici—n se ve reforzada por la apa-rente exclusividad de las cuevas como lugares deaparici—n de las cer‡micas incisas de "tipoTrespando", no localizadas en ningœn caso enajuares megal’ticos, as’ como de los campanifor-mes decorados con motivos incisos o inciso-im-presos, caracter’sticos asimismo de dep—sitos hi-pogeos 9 Coloreando estas divergencias, son los monumentos megal’ticos los contextos que hanofrecido cer‡micas campaniformes de tipo CZM. Creemos necesario recordar, no obstante, la necesidad de matizar las observaciones anterioresante la constataci—n de la existencia de variacio-nes no s—lo contextuales sino tambiŽn geogr‡ficasen la distribuci—n de las formas y decoracionesarriba aludidas. As’, los campaniformes CZMse documentan œnicamente en el extremo m‡s orien-tal de la Cornisa, zona que precisamente no pare-ce alcanzar la dispersi—n tanto de las cer‡micascon decoraci—n incisa "de rayas y puntos" comode los campaniformes incisos. Una explicaci—n delparticular comportamiento espacial de los campa-niformes "antiguos" por diferencias geogr‡ficasen las v’as de acceso a las novedades culturalesfor‡neas no resulta satisfactoria, sin embargo, a lahora de justificar la aparente ausencia de decora-ciones incisas en contextos megal’ticos, un fen—-meno no inusual en las regiones circundantes. E) Los elementos de adorno, gracias a su alto grado de especificidad tipol—gica y cronol—gica, seconvierten en la categor’a material m‡s apropiadapara el desarrollo de planteamientos como el abor-dado en este apartado. No faltan, en este sentido,rasgos diferenciales en la distribuci—n de los varia-dos componentes del repertorio ornamental en los ajuares sepulcrales hipogeos y megal’ticos. Perohay que apuntar, tambiŽn en este caso, una posi-ble distorsi—n en los datos derivada de cuestionesde conservaci—n diferencial, evidente desde luegoen el caso de los ornamentos fabricados en mate-riales org‡nicos. En el caso de las cuevas sepulcrales se observa una notable variabilidad, desde aquellas queconcentran conjuntos de elementos cuantitativa-mente importantes y variados, a otras que presen-tan escasas o ninguna pieza ornamental. Por elcontrario, en las sepulturas megal’ticas bien con-servadas es habitual la presencia de esta clase deobjetos, aunque en reducido nœmero y con unaconsiderable monoton’a tipol—gica (fundamental-mente cuentas de collar). Para calibrar convenien-temente estas diferencias habr’a que considerar elnœmero de inhumados en cada recinto, as’ comoel tiempo en que Žste se mantuvo en uso, ambasvariables indeterminables en la gran mayor’a delos yacimientos analizados Adem‡s de estas diferencias generales, se aprecian tambiŽn contrastes claros en la presenciade ciertos elementos de adorno en una y otra cla-se de contextos. Hay varios tipos de adornos, decronolog’a calcol’tica, cuya aparici—n podr’a consi-derarse discriminante para una u otra categor’acontextual. Sin embargo, los elementos que podr’-an resultar m‡s significativos a este respecto sontan exiguos que relativizan la obtenci—n de conclu-siones fiables. As’ ocurre con los contados "boto-nes" —seos con apŽndices laterales y perforaci—nsimple, procedentes de sendas cavidades, los es-casos "botones" con perforaci—n en V, localizadosen su mayor’a en sepulcros megal’ticos o los ador-nos ‡ureos y piezas de ‡mbar, exclusivas de estosœltimos contextos. En lo referente a la materia prima utilizada para la elaboraci—n de todos estos objetos se apreciantambiŽn algunas divergencias. As’, respondiendoaparentemente a pautas de captaci—n de los recur-sos m‡s pr—ximos, para la fabricaci—n de cuentasde collar en las cuevas destaca fuertemente la cal-cita, mientras en los megalitos predomina la piza-rra. Sin embargo, hay que se–alar el mayor pesoque en los ’ndices de materias primas de los se-gundos tienen las "piedras verdes", que multipli-can los porcentajes contados en los contextos hi-pogeos. Dado el car‡cter al—ctono de estos mate-riales, la interpretaci—n a esta disimetr’a puedebuscarse en una diferente intensidad de la interac-ci—n asociada a la adquisici—n de esta materia pri-ma o, probablemente, de objetos ornamentales yamanufacturados. 9)Sin embargo, recientemente se ha documentado un fragmento, posiblemente correspondiente a un campaniforme inciso en eldolmen de Otsaarte (M UJIKA 1997).

PAGE 8

2.2.2. SimilitudesTodas las categor’as materiales consideradas ofrecen, al mismo tiempo, evidencias que acercanel equipo funerario de una y otra clase de contex-tos, elementos que, en su distribuci—n compartidaentre las cuevas sepulcrales y los monumentosmegal’ticos, muestran la existencia de innegablessimilitudes entre ellos, lig‡ndolos culturalmentede un modo incontestable. A) El utillaje pulimentado de corte transversal es un componente no muy habitual (unas cincuen-ta piezas) pero tampoco raro en los ajuares sepul-crales en cuevas y megalitos. Este grupo indus-trial, cuando se halla contextualizado, presentauna marcada tendencia a concentrar sus efectivosen yacimientos sepulcrales, hipogeos o construi-dos en superficie, aunque no falta tampoco en si-tios de habitaci—n. Esta diversidad resulta muy su-gerente en cuanto a su interpretaci—n cultural, alaparecer asociada tanto a las actividades producti-vas como a las rituales. Usualmente se manifiestaen el registro arqueol—gico en forma de elementosindividualizados. S—lo los dep—sitos de las cuevasde Pico Ramos, con once piezas, y Lacilla II, conseis, ofrecen una importante concentraci—n de es-te tipo de utillaje. B)Las puntas l’ticas con retoque plano ofrecen algunos indicios de la presencia de conexionesculturales patentes -al menos de orden tecnol—gi-coentre los ajuares de monumentos megal’ticosy cuevas sepulcrales del Calcol’tico cant‡brico(O NTA„ON 2002). El an‡lisis estil’stico aplicado a esta clase de utensilios permite, en efecto, la dife-renciaci—n estad’stica de varios conglomerados depiezas entrelazadas por una indudable identidadmorfotŽcnica. Destacan, entre ellos, el "grupo es-til’stico" formado por las puntas con base redon-deada de la cueva sepulcral de Iruaxpe I y el dol-men de Pagobakoitza, y el constituido por las pie-zas de la misma tipolog’a de la cueva de Limurita yel dolmen de Igartza O. A esta evidencia de uni-dad cultural se une el hecho de que ambas agru-paciones relacionan objetos procedentes de yaci-mientos funerarios separados por escasa distan-cia, circunstancia que viene a apoyar la hip—tesisespacial enunciada en el cap’tulo anterior. C) En la industria met‡lica es el grupo de los punzones el que muestra un comportamiento m‡sequilibrado entre las dos categor’as contextuales.Esta clase de objetos, aparentemente la m‡s ar-caica de la metalurgia primitiva, muestra -dentrode su escasez generalunas pautas distributivas muy similares entre las cuevas sepulcrales y losmegalitos. Cinco se han documentado en tresconjuntos hipogeos, y el mismo nœmero en otrostantos ajuares megal’ticos. Su presencia mayorita-ria en entornos sepulcrales no obsta para que estegrupo alcance tambiŽn un peso considerable ensu aparici—n en contextos de habitaci—n (con cua-tro ejemplares). No parece necesario abundar enlo que la distribuci—n de este peculiar grupo demanufacturas met‡licas tiene de elemento culturalhomogeneizador desde el punto de vista contex-tual y espacial. D) Diversas caracter’sticas de la industria cer‡mica, tanto morfotŽcnicas como estil’sticas, apun-tan en idŽntico sentido, demostrando la existenciade una innegable uniformidad cultural en algunosaspectos materiales en una y otra clase de contex-tos funerarios. La distribuci—n de un elemento morfol—gico peculiar como las carenas muestra en la compara-ci—n de los ajuares de cuevas sepulcrales y los delos megalitos una palpable equivalencia. Si bien sufrecuencia de aparici—n en dep—sitos hipogeos esmuy superior a la de los megal’ticos, la considera-ci—n del nœmero de yacimientos de uno y otro tipoen que se ha documentado indica un reparto bas-tante ponderado. Tenemos as’ que este rasgo for-mal, presente asimismo en sitios de habitaci—n yconsiderado tradicionalmente como un buen indi-cador de cronolog’as avanzadas, reparte sus ma-gros efectivos de un modo equitativo entre los de-p—sitos sepulcrales hipogeos y los localizados enestructuras megal’ticas. Un elemento aœn m‡s diferenciado tanto por su particularidad morfotŽcnica como por su rarezanumŽrica, las asas, manifiesta en su parca presen-cia una distribuci—n igualmente equitativa. Este in-tegrante de la categor’a de los medios de prensi—nha sido documentado solamente en dos casos: unejemplar procedente de un contexto hipogeo yotro de un ajuar megal’tico. Por œltimo, y haciendo referencia a uno de los aspectos m‡s significativos del estudio cer‡mico,el decorativo, puede utilizarse aqu’ como argu-mento la evidencia de uno de los "grupos estil’sti-cos" que pueden definirse en el cat‡logo delCalcol’tico cant‡brico. Es el constituido por los va-sos con compleja decoraci—n incisa de la cuevadel Mapa en Cantabria y el dolmen de Igaratza Sen Gipuzkoa, cuya ’ntima similitud, y la gran dis-tancia geogr‡fica que separa ambos yacimientos,apunta a la existencia de una cierta comunidadcultural que trasciende el ‡mbito comarcal y se ex-tiende entre puntos considerablemente distantes. 282 ROBERTO ONTA„N & NGEL ARMENDRIZ Munibe (Antropologia-Arkeologia) 57, 2005 Homenaje a Jesœs Altuna S. C. Aranzadi. Z. E. Donostia/San Sebasti‡n

PAGE 9

E) Son asimismo varios -y algunos altamente significativoslos elementos de adorno cuya distri-buci—n se muestra muy proporcionada entre con-juntos sepulcrales en cueva y monumentos mega-l’ticos, afianzando la idea de su identidad cultural. Pueden citarse, en primer lugar, algunos tipos de cuentas que se encuentran entre las m‡s co-munes del cat‡logo ornamental, como las de sec-ci—n longitudinal biconvexa (o "de tonelete") y lascil’ndricas. Ambas hacen acto de presencia tantoen contextos funerarios hipogeos como megal’ti-cos, con ciertas matizaciones cuantitativas. Lascuentas biconvexas aparecen en mayor nœmeroen cuevas que en megalitos, aunque su frecuen-cia de aparici—n es superior en los œltimos, lo cualquiere decir que este tipo de adornos concentraespecialmente sus efectivos en los entornos se-pulcrales m‡s ricos en esta clase de cuentas. Entre los objetos ornamentales de mayor especificidad tipol—gica y m‡s acusada escasez nu-mŽrica no faltan tampoco ejemplos de elementoscompartidos entre las dos categor’as contextualesconsideradas, lo cual resulta aœn m‡s expresivoen el sentido del enunciado de este apartado. Hay que citar a este respecto el caso de las singulares cuentas segmentadas. Se han docu-mentado œnicamente en dos cuevas sepulcrales(seis piezas, cinco de ellas de Kobeaga en Vizcayay una de Los Hoyos I en Cantabria) y un monu-mento megal’tico (Pagobakoitza en Guipœzcoa),con dos objetos de este tipo. Salvando las diferen-cias cuantitativas y morfol—gicas existentes entrelos ejemplares hipogeos y megal’ticos, no cabedudar de la identidad cronocultural de todos estoselementos y, por ende, de sus respectivos tiposde contextos. Es el caso tambiŽn de dos grupos de adornos que, si bien individualizados en su an‡lisis siguien-do la tradici—n investigadora y atendiendo a la exis-tencia en ellos de innegables especificidades (re-feridas sobre todo a su materia prima), presentanal mismo tiempo, en ocasiones, una indudable co-munidad morfotŽcnica que impide su adecuadadistinci—n. Son los llamados "colgantes-placa" ylos denominados "brazales de arquero" -o colgan-tes rectangulares con m‡s de una perforaci—n-.Unos y otros, con sus correspondientes variantes,reparten sus efectivos entre cuevas sepulcrales ymonumentos megal’ticos; con algunas diferenciascuantitativas en el caso de los primeros -m‡s es-trechamente vinculados a los entornos hipogeos(al contrario que en las regiones vecinas)y enidŽnticas proporciones en el caso de los segun-dos. 2.3. El ritual funerario Mucho m‡s problem‡tico resulta intentar hallar diferencias y similitudes entre los enterramien-tos en cuevas y en megalitos en el cap’tulo de loscomportamientos simb—licos que guiaron la depo-sici—n de los cad‡veres en el seno de esas sepul-turas. Los saqueos de que han sido objeto la ma-yor parte de los monumentos megal’ticos y la cos-tumbre de dejar los cad‡veres sobre el suelo delas cuevas, sin fosas o estructuras protectoras,han provocado la fragmentaci—n, la remoci—n e in-cluso la desaparici—n de los restos. Por ello, losan‡lisis antropol—gicos generalmente cuentan conmagras evidencias en las que fundamentarse. En cualquier caso, a juzgar por los datos materiales disponibles, no se observan divergencias no-tables entre una y otra clase de contextos fune-rrios. En ambos casos se trata de sepulturas co-lectivas primarias de inhumaci—n. No existen indi-cios seguros de inhumaciones secundarias: losarrinconamientos o apilamientos de huesos detec-tados en algunos yacimientos parecen obedecer asimples reordenamientos de los sepulcros.Tampoco hay constancia de cremaciones, a pesarde que se han se–alado en algunas ocasiones. Por otra parte, tanto las cuevas como los sepulcros megal’ticos albergan a individuos de am-bos sexos y de todas las edades. En este aspecto,no se aprecian rasgos importantes de discrimina-ci—n, aunque es verdad que en algunos yacimien-tos existen anomal’as estad’sticas dif’ciles de ex-plicar. En ellos la poblaci—n representada no pare-ce corresponderse con los perfiles demogr‡ficosque cabr’a esperar al menos en lo referente a lostramos de edad, puesto que la determinaci—n delsexo es mucho m‡s problem‡tica a partir de losrestos disponibles (A RMENDARIZ & E TXEBERRIA 1995). El nœmero de inhumados en ambos tipos de sepultura parece muy variable, aunque, una vezm‡s, hay que lamentar el mal estado de conserva-ci—n de los restos —seos. Por lo que respecta a lossepulcros megal’ticos, dichos restos se han locali-zado pr‡cticamente s—lo en los monumentos vas-cos, dada la acidez de los suelos donde general-mente se emplazan los restantes. Con todo, s—lounos pocos proporcionan alguna informaci—n deinterŽs. Destaca el dolmen de Larrarte, un sepul-cro pr‡cticamente intacto, donde se recuperaronrestos correspondientes a 12 individuos en unac‡mara de apenas 2 m 2 (M UJIKA & A RMENDARIZ 1991). Algunos otros, a pesar de los saqueos, pre-sentan valores parecidos, aunque tambiŽn los hay CUEVAS Y MEGALITOS: LOS CONTEXTOS SEPULCRALES COLECTIVOS EN LA PREHISTORIA RECIENTE CANTBRICA 283 Munibe (Antropologia-Arkeologia) 57, 2005 Homenaje a Jesœs Altuna S. C. Aranzadi. Z. E. Donostia/San Sebasti‡n

PAGE 10

que contuvieron un nœmero mayor de individuos,como el sepulcro "de galer’a" de Jentillarri oIgaratza Sur, ambos con un NMI de 27, Žste œltimo en una c‡mara no mayor que la de Larrarte.Las cuevas excavadas presentan nœmeros aœnm‡s variables, desde unos pocos individuos hastalos 104 de Pico Ramos, los 57 de Lacilla II, los 46de Urtao II, los 40 de Kobeaga I, etc. El elevadonœmero de inhumaciones en estas œltimas es po-sible gracias a la relativa amplitud de los espaciosfunerarios en cueva, en comparaci—n con las exi-guas proporciones de las c‡maras dolmŽnicascant‡bricas. Otro aspecto de interŽs, del que pr‡cticamente no existe informaci—n por las causas ya se–ala-das, es el referido al modo y posici—n en que fue-ron depositados los cad‡veres en el interior de lasestructuras funerarias. Son excepcionales los yaci-mientos en cueva donde se han detectado algu-nos restos en conexi—n anat—mica: Las Pajucas,Txispiri, Allekoaitze? y Urtao II. Este œltimo casoes el mejor documentado: en la Galer’a Norte dela cueva, dos o tres individuos fueron desplaza-dos o retirados para dejar sitio al œltimo, un infan-til que se hallaba en posici—n flexionada (A RMEN DARIZet al.,1989). Por lo que respecta a los sepulcros megal’ticos, la informaci—n es todav’a m‡sparca. S—lo en el dolmen de Larrarte, cuyo dep—si-to funerario se encontr—, como hemos dicho, pr‡c-ticamente intacto, pudo documentarse un esque-leto en conexi—n que ocupaba un espacio despeja-do mediante el arrinconamiento de los huesos co-rrespondientes a inhumaciones anteriores.3. CONCLUSIONES TENTATIVAS Tanto las evidencias espaciales como las industriales, podr’an argŸirse en favor de una inter-pretaci—n de corte tradicional que plantear’a -comode hecho se ha propuesto en distintas ocasiones-la posibilidad de discernir, a partir de la variabilidaddetectada, dos tradiciones "culturales" distintas.Tradiciones que, en la l—gica de la explicaci—n his-t—rico-cultural, identificar’an a dos grupos huma-nos diferentes: por un lado los "megal’ticos" y porotro, los que cabr’a entonces denominar "troglodi-tas" (o "poblaci—n de las cavernas" en tŽrminosde A PELLANIZ ). Dentro de unas coordenadas interpretativas m‡s acordes con lo que, a nuestro mo-do de ver, debe ser la explicaci—n arqueol—gica, yante la falta de pruebas emp’ricas que sostengantales planteamientos, pensamos que esta variabili-dad en los usos sepulcrales reflejar’a antes biendos aspectos diferentes de una misma realidadsocioecon—mica y cultural. Entendemos que este fen—meno de dicotom’a funeraria se puede intentar explicar a travŽs deuna conjugaci—n de factores sociales y simb—licosdeterminados por las estrategias econ—micas ycondicionados, en œltimo extremo, por las peculia-ridades f’sicas del medio explotado por las comu-nidades que habitaron la regi—n cant‡brica en laPrehistoria reciente. La dualidad de rituales mor-tuorios hipogeos/megal’ticos, en su -s—lo relativa-diferenciaci—n locacional y material, constituir’a as’una traslaci—n de la dicotom’a (al mismo tiempocomplementariedad) entre espacios centrales, fo-cos principales de localizaci—n e intervenci—n hu-mana, y ‡reas perifŽricas o secundarias, objeto deuna mayor especializaci—n econ—mica y, a la vez,netamente m‡s ritualizados, o, en otras palabras,dotados de una especial relevancia en la esferasimb—lica. En efecto, desde un punto de vista geo-gr‡fico global, las zonas elevadas en las que seemplazan mayoritariamente las necr—polis megal’-ticas cant‡bricas, ce–idas a la delineaci—n de es-trechos cordales monta–osos, pueden considerar-se marginales respecto a las mucho m‡s ampliasvegas fluviales que se extienden entre ellos, y,desde luego, a la llanura litoral. La dualidad sepul-cral detectada estar’a reflejando, por tanto, el con-traste entre unas zonas que sirven de soporte auna mayor variedad y riqueza de actividades hu-manas, m‡s vinculadas al ‡mbito habitacional, do-mŽstico y cotidiano, y otras menos frecuentadas,restringidas a unos usos concretos y, al mismotiempo, imbuidas de un car‡cter de l’mite o fronte-ra (doblemente connotado, a su vez, como lugarde separaci—n y, al mismo tiempo, de contacto en-tre grupos humanos), que constituir’an lugarescentrales en lo que se ha denominado la "geogra-f’a sagrada" de los habitantes de la regi—n en laPrehistoria reciente. La traducci—n de esa contraposici—n espacial en los comportamientos sepulcrales la encontra-mos, en las ‡reas bajas y m‡s intensamente ocu-padas, en la bœsqueda de espacios apartados quepermitan en cierto modo ocultar o, al menos, se-parar el mundo funerario del ‡mbito de la esferacotidiana (condiciones que cumplen a la perfec-ci—n las numerosas oquedades abiertas en las for-maciones c‡rsticas que, precisamente, dominan elpaisaje de estas ‡reas). Por el contrario, en las ele-vaciones de los interfluvios o cordales m‡s bajoslos espec’ficos usos socioecon—micos tienen sucorrespondencia en unos modos sepulcrales dia-metralmente opuestos, definidos por una voluntadde monumentalidad y dominio del paisaje que seplasma en la instalaci—n de los recintos mortuoriossobre la superficie del terreno a base de construc284 ROBERTO ONTA„N & NGEL ARMENDRIZ Munibe (Antropologia-Arkeologia) 57, 2005 Homenaje a Jesœs Altuna S. C. Aranzadi. Z. E. Donostia/San Sebasti‡n

PAGE 11

ciones levantadas con materiales perdurables yerigidas, adem‡s, en puntos destacados. En el orden industrial, la manifestaci—n de esa dualidad funeraria podr’a resumirse, de un modomuy global, en el contraste entre una mayor ela-boraci—n de la producci—n material propia de las‡reas centrales de actividad humana, y un reperto-rio marcadamente m‡s simple en las zonas secun-darias; divergencia que hay que entender, no obs-tante, como testimonio de variabilidad dentro deun acervo cultural comœn. En este sentido cabe in-terpretar las diferencias fabriles aludidas en elapartado anterior que, no olvidemos, se ven mati-zadas por pruebas incontestables de identidad cul-tural. Parece detectarse, en definitiva, una mayorausteridad global en los ajuares megal’ticos res-pecto a los de las cuevas sepulcrales, sobriedadque se ver’a, sin embargo, parcialmente refutadapor algunos indicios del registro material. Es el ca-so, por ejemplo, del mayor ’ndice relativo de "pie-dras verdes" en los megalitos, o de la aparici—nexclusiva en ellos de piezas de oro. Habr’a que contemplar, finalmente, la incidencia del factor cronol—gico en la variabilidad detec-tada. En efecto, la determinaci—n de una m‡s es-trecha vinculaci—n de ciertas categor’as y gruposde artefactos a uno u otro tipo de entorno sepul-cral es indicativa de la existencia de un dŽcalagetemporal en su utilizaci—n. As’, a los megalitos seasocian ’ntimamente los microlitos geomŽtricos,las puntas l’ticas m‡s simples (y, seguramente,m‡s antiguas), el grupo met‡lico m‡s primario (lospunzones) o una variedad de campaniforme consi-derada "antigua" (CZM). Las cuevas sepulcrales, en cambio, muestran una mayor conexi—n con laspuntas de flecha l’ticas de morfolog’a compuesta,con tipolog’as met‡licas m‡s avanzadas (pu–ales, puntas de flecha), con variedades campaniformesconsideradas del mismo modo (incisas), con deco-raciones que, posiblemente, puedan atribuirse aun ambiente "epicampaniforme" en el tr‡nsito alo que, en la periodizaci—n tradicional, se considerala Edad del Bronce (el "tipo Trespando") y conotras especies cer‡micas, como las grandes vasi-jas decoradas con aplicaciones pl‡sticas, caracte-r’sticas tambiŽn de momentos antiguos y plenosde esta Žpoca. Todo ello se puede interpretar como evidencia de una evoluci—n en el tiempo de los usos funera-rios de car‡cter colectivo presentes en la regi—ncant‡brica, que se iniciar’an con las sepulturas me-gal’ticas en momentos avanzados del Neol’tico. Apesar de la indudable continuaci—n por algœn tiem-po del uso de estas estructuras como lugares deenterramiento 10 a partir del Calcol’tico la dicotom’a funeraria se ir‡ desnivelando progresivamentehasta acabar resolviŽndose en favor de los espa-cios hipogeos. Con el tiempo, y en compasesavanzados de la Prehistoria reciente, las estructu-ras megal’ticas se abandonar‡n definitivamente,despojadas de su originaria significaci—n (adopt‡n-dose, empero, cercanas soluciones constructivasen espacios similares, como los "cromlechs" yotras manifestaciones "paramegal’ticas"). Mien-tras tanto, las cuevas sepulcrales seguir‡n siendointensamente utilizadas hasta la plena Edad delBronce, y mantendr‡n su vinculaci—n con ritualesasociados al mundo funerario hasta, por lo menos,la Alta Edad Media. CUEVAS Y MEGALITOS: LOS CONTEXTOS SEPULCRALES COLECTIVOS EN LA PREHISTORIA RECIENTE CANTBRICA 285 Munibe (Antropologia-Arkeologia) 57, 2005 Homenaje a Jesœs Altuna S. C. Aranzadi. Z. E. Donostia/San Sebasti‡n 10)En general de manera "intrusiva" hasta momentos avanzados de la Edad del Bronce, como demuestran algunas fechas demonumentos cant‡bricos, materiales met‡licos y otras clasesde evidencias. BIBLIOGRAFA ALTUNA, J.; ARMENDRIZ, A.; BARRIO, L. DEL; ETXEBERRIA, F.;MARIEZKURRENA, K.; PE„ALVER, X. & ZUMALABE, F.J.1990Carta Arqueol—gica de Guipœzcoa. I: Megalitos. Munibe, Supl. 7. San Sebasti‡n. ALTUNA, J.; ARMENDRIZ, A.; ETXEBERRIA, F.; MARIEZKURRENA, K.; PE„ALVER, X. & ZUMALABE, F.1995Carta Arqueol—gica de Gipuzkoa. II: Cuevas.Munibe, Supl. 10. San Sebasti‡n. ARIAS, P., ARMENDRIZ, A. & TEIRA, L.C.e. p.El fen—meno megal’tico en la regi—n cant‡brica: estado de la cuesti—n. In A RIAS O NTA„ —n Y G ARCIA -M ONCO (eds.)Actas del III Congreso del Neol’tico en la Pen’nsula IbŽrica(Santander, 5 a 8 de octubre de 2003). Instituto Inter-nacional de Investigaciones Prehist—ricas de Cantabria.Santander. ARMENDRIZ, A.1990 Las cuevas sepulcrales en el Pa’s Vasco. Munibe (Antropologia-Arkeologia) 42, 153-160. San Sebasti‡n.

PAGE 12

ARMENDRIZ, A. et alii1989Excavaci—n de la cueva sepulcral Urtao II (O–ati, Guipœzcoa). Munibe (Antropologia-Arkeologia) 41, 45-86. San Sebasti‡n. ARMENDRIZ, A. & ETXEBERRIA, F.1995Revisi—n del fen—meno funerario en las cuevas sepulcrales del Pa’s Vasco. In: B ERTRANPETIT & V IVES (eds.).Muntanyes i poblaci—. El passat dels Pirineus des d'una perspectiva multidisciplinaria, 75-83. Centre de Trobada de les Cultures Pirenenques. Andorra la Vella. BLAS CORTINA, M.A. DE1983La Prehistoria Reciente en Asturias. Oviedo: Fundaci—n Pœblica de Cuevas y Yacimientos Prehist—ricos deAsturias. Estudios de Arqueolog’a Asturiana 1. 1996La miner’a prehist—rica y el caso particular de las explotaciones cupr’feras de la Sierra del Aramo. Gallaecia14/15: 167-195. GORROCHATEGUI, J. & YARRITU, M.J.1984Carta Arqueol—gica de Vizcaya. Segunda parte: Materiales de superficie. Cuadernos de Arqueolog’a de Deusto 9. Bilbao. MALUQUER, J.1962Cueva sepulcral de Urbiola. Pr’ncipe de Viana 88/89, 419-424. Pamplona. MARCOS, J.L. 1982Carta Arqueol—gica de Vizcaya. Primera parte: Yacimientos en cueva. Cuadernos de Arqueolog’a de Deusto 8, 1-244. Bilbao. S. C. Aranzadi. Z. E. Donostia/San Sebasti‡n Munibe (Antropologia-Arkeologia) 57, 2005 Homenaje a Jesœs Altuna 286 ROBERTO ONTA„N & NGEL ARMENDRIZ MUJIKA, J. A.1996Monumento me gal’tico de Atxurbi (Ataun). Arkeoikuska 96, 116-120. Gobierno Vasco. Vitoria. 1997Dolmen de Otsaarte (Parzoner’a de Altzania). Arkeoikuska 97, 170-172. Gobierno Vasco. Vitoria. MUJIKA, J.A. & ARMENDARIZ, A.1991 Excavaciones en la estaci—n megal’tica de Murumendi(Beasain, Guipœzcoa): tœmulos de Trikuaizti I y II y dolmende Larrarte. Munibe (Antropologia-Arkeologia) 43, 105-165. San Sebasti‡n. MU„OZ FERNANDEZ, E. & MALPELO, B.1992 Las cavidades sepulcrales en Cantabria. Actas del VI Congreso Espa–ol de Espeleolog’a, 287-308. A Coru–a. ONTA„N PEREDO, R.2002Las puntas l’ticas con retoque plano del Calcol’tico cant‡brico: an‡lisis tecnotipol—gico y contextual. Zephyrus LV, 199-229. 2003Caminos hacia la complejidad. El Calcol’tico en la regi—n cant‡brica. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cantabria Fundaci—n Marcelino Bot’n. Santander. TEIRA MAYOLINI, L.C.1994El megalitismo en Cantabria. Aproximaci—n a una realidad arqueol—gica olvidada.Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cantabria. Santander. ZAPATA, L.1995La excavaci—n del dep—sito sepulcral calcol’tico de la cueva Pico Ramos (Muskiz, Bizkaia). La industria —sea y loselementos de adorno. Munibe (Antropolog’a-Arqueolog’a) 47, 35-90.


printinsert_linkshareget_appmore_horiz

Download Options

close
No images are available for this item.
Cite this item close

APA

Cras ut cursus ante, a fringilla nunc. Mauris lorem nunc, cursus sit amet enim ac, vehicula vestibulum mi. Mauris viverra nisl vel enim faucibus porta. Praesent sit amet ornare diam, non finibus nulla.

MLA

Cras efficitur magna et sapien varius, luctus ullamcorper dolor convallis. Orci varius natoque penatibus et magnis dis parturient montes, nascetur ridiculus mus. Fusce sit amet justo ut erat laoreet congue sed a ante.

CHICAGO

Phasellus ornare in augue eu imperdiet. Donec malesuada sapien ante, at vehicula orci tempor molestie. Proin vitae urna elit. Pellentesque vitae nisi et diam euismod malesuada aliquet non erat.

WIKIPEDIA

Nunc fringilla dolor ut dictum placerat. Proin ac neque rutrum, consectetur ligula id, laoreet ligula. Nulla lorem massa, consectetur vitae consequat in, lobortis at dolor. Nunc sed leo odio.